El Cementerio de la Avenida Independencia
y Santo Domingo Amurallada
Memoria urbana, identidad caribeña y modernidad
Archivo General de la Nación
Volumen CCCXII
Amparo Chantada
El Cementerio de la Avenida Independencia
y Santo Domingo Amurallada
Memoria urbana, identidad caribeña y modernidad
Santo Domingo, R. D.
2017
Cuidado de la edición: Harold M. Frías Maggiolo, William Capellán Ferreira
Diagramación y diseño de portada: Harold M. Frías Maggiolo
Motivo de cubierta: Tumba de Adelaide Steinkoff viuda Mena, enterrada en
1939 en el Cementerio de la Avenida Independencia, R. D.
Primera edición, 2017
© Amparo Chantada
De esta edición
© Archivo General de la Nación (vol. CCCXII)
Departamento de Investigación y Divulgación
Área de Publicaciones
Calle Modesto Díaz, núm. 2, Zona Universitaria,
Santo Domingo, República Dominicana
Tel. 809-362-1111, Fax. 809-362-1110
[Link]
ISBN: 978-99-45-90725-4
Impresión: Editora Búho, S.R.L.
Impreso en República Dominicana / Printed in the Dominican Republic
Contenido
Presentación, William Capellán Ferreira. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
A manera de introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13
Motivaciones. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 19
Objetivos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21
Metodología. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23
Capítulo I
El cementerio patrimonial de la avenida Independencia
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .25
Concepción e interpretación de la muerte. . . . . . . . . . . . . . . . 27
El arte funerario. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29
Arquitectura funeraria. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 30
Las lápidas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31
Breves concepciones de la muerte entre Oriente y Occidente. . . 32
El rito frente a la muerte. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 32
Capítulo II
Entierros en Santo Domingo Amurallada
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .39
Siglo xvi . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43
Siglo xvii. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 55
7
8 Amparo Chantada
Capítulo III
Peripecias en torno al cementerio
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .61
La Orden Real de España a las colonias. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 61
La ocupación haitiana 1822-1844 y la Revolución francesa . . . 63
Santo Domingo en la ocupación haitiana. . . . . . . . . . . . . . . . . 65
Santo Domingo durante la Anexión a España. . . . . . . . . . . . . . 71
Santo Domingo a final del siglo xix . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 75
Capítulo IV
El Cementerio de la Avenida Independencia: ayer y hoy
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .81
Fundación y recinto. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81
El cementerio en los 60. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 94
Tipología de las tumbas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 97
El cementerio en la actualidad. Año 2000, fecha
de nuestras primeras fotos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .109
Lista de los muertos de 1965. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 156
El entorno del cementerio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 159
La avenida Independencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 161
A manera de conclusión
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .163
Recomendaciones técnicas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 165
Reflexión final. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 167
Bibliografía. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 171
Anexos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 173
Índice onomástico. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 199
Presentación
E l caminante solitario que decide recorrer las añosas calles
de la antigua y señorial ciudad de Santo Domingo, encamina
sus pasos hacia el oeste, cruza la emblemática Palo Hincado
y a unos pasos, pocos pasos, tomando la esquina suroeste del
Parque Independencia, llega, precisamente, al cementerio de
la Avenida Independencia. Franquea el umbroso portal de en-
trada y observa pausado, tranquilo, a la sombra de árboles ami-
gos, en un cálido entorno tropical, monumentos y tumbas a ras
de tierra.
Otea el ambiente y acierta a confirmarse a sí mismo que todo
el conjunto es un monumento histórico, un gran libro abierto
que proclama que hay un pueblo multicolor, multirracial, mul-
ticultural, abierto, acogedor... que abraza a los dominicanos en
todo su potencial.
Es la misma Amparo Chantada, la autora, quien presenta
al caminante el lugar, el ambiente, los recuerdos... y lo invita a
entrar con estas palabras:
[...] en el lado sur del Parque Independencia, tras
majestuosos laureles centenarios se cobija este
monumento nacional, donde la gran mayoría de los
muertos que allí yacen han escrito páginas ilustres de
nuestra historia, sobre todo del siglo xix, siglo en el que
se forjó la identidad del pueblo dominicano […].
Allí alternan apellidos tales como Mañón, Guerra, Fiallo,
Pichardo, Meriño, Mejía, Vásquez, Pellerano, Martínez, Jansen,
Mena, Machado, Billini, Sanlley, Marchena y muchos más,
9
10 Amparo Chantada
procedentes de todas las latitudes. Españoles y criollos, judíos,
ingleses, holandeses, blancos, mulatos, negros, muchos des-
conocidos o anónimos, todos juntos en un concierto de huesos
blancos.
Al presentar nociones generales de los cementerios, la autora
dice:
Entonces se convierten en museos a cielo abierto
de arquitectura funeraria, en auténticos libros de
historia de una insólita majestuosidad, donde vida
y muerte se confunden en una sola madeja. Bajo el
entendido de que: El rito de la muerte constituye
pues el tránsito de lo humano a lo sobrenatural y
esta es una característica recurrente en las distintas
sociedades tradicionales.
Y añade:
Este cementerio nos ofrece mil y un aspectos de extremo
interés: la arquitectura mortuoria [...]; las clases sociales
se reproducen aquí [...] con más fuerza; las enfermeda-
des y epidemias del pasado siglo xix arrastran sus trage-
dias en las numerosas tumbas de infantes y adolescentes;
las nacionalidades que confluyeron para formar el ser do-
minicano [...]; el propio abandono del camposanto, triste
realidad de nuestros días.
En breves palabras nos presenta un panorama que impacta
y entristece: impactan los recuerdos y la historia; entristece el
abandono, la incuria y la indolencia ante un patrimonio irrepe-
tible, situación que involucra a propios y deudos, y a un estado
carente del criterio de continuidad en la protección de la memo-
ria histórica de la nación.
Y Amparo rememora la historia como un nostálgico recor-
datorio en el que pone a desfilar a canteros y canterías, ca-
sas señoriales y conventos, iglesias y mercados, murallas y el
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 11
repiqueteo de las herraduras de las cabalgaduras, el martilleo
del herrero y los misereres conventuales en un gregoriano
propio de Maese Pérez el organista, ¡Ay, Bécquer! Hombres
y prohombres, curas y malandrines, aventureros y hombres
de letras, políticos y truhanes, en calles y callejones, en casas
de mampostería y ranchetas miserables donde habitaban los
hacedores de esta historia dominicana tan querida y tan poco
comprendida.
Y nos trae pueblos, y la gente y la vida de la gente: «En 1508
ya existían trece villas en toda la isla (Salvatierra de la Sabana, Vi-
llanueva de Yaquimo, La Yaguana, Santamaría de Verapaz, Lares
de Guaba, Puerto Real, Monte Cristo, La Isabela, Puerto Plata,
el corredor norte-sur con Santiago, La Vega, Cotuí, y en la costa
sur, Azua, Buenaventura y El Seibo)».
Y hasta nos cita nombres de barrios y de cosas tal vez no tan
gratas, y lo dice:
El Polvorín, San Lázaro, San Miguel, San Antón y San-
ta Bárbara, al norte de la zona habitada, en un farallón
cerca de los hospitales, de los centros de internamiento
de leprosos y manicomio. Es posible imaginar la falta de
higiene y la pobreza, ya que el agua tuvo que ser escasa y
difícil de procurar en ese lugar a menos que existiera un
lago natural o un arroyo subterráneo (calcáreo, de grutas
y cavernas).
Y añade: «[…] la zona sur de la ciudad es más pobre y su po-
blación cohabita con actividades muy diversas; no solo alberga
familias humildes, sino también el mercado, el matadero, inclu-
yendo las prostitutas y actividades ligadas al juego, junto a bares
de los obreros portuarios».
En un ambiente en que se compra y se vende de todo: «la harina,
pan, carnes saladas, bacalao, caballa, arenques, mantequilla,
queso, tocino, jabón y velas, sillas, muebles, madera, letreros de
oficina, ferretería y artículos corrientes de algodón[...]».
12 Amparo Chantada
Y hasta citas para riñas y peleas: «en el almendro te espero».
Y es que los muertos hicieron la historia porque también
tuvieron su propia historia.
Es muy probable que entre tantos planteamientos y muchas
hipótesis perdidas en cuartillas dispersas por el viento se hayan ido
seres que se quedaron en lo futurible, en el probable imposible
de llegar a ser. Eso sucede. Pero lo concreto, lo tangible, el aquí
y el ahora aparecen plasmados con la nitidez propia del escultor
renacentista. En sus objetivos la autora se propone, y nos propo-
ne, como un desafío: «conservar una memoria histórica capaz de
contribuir a la formación de ciudadanos responsables de sus patri-
monios, conscientes de sus orígenes y de su historia, decididos en
preservar sus valores culturales, caribeños y dominicanos».
Complace al Archivo General de la Nación presentar a nuestros
lectores la obra El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo
Domingo Amurallada de la doctora Amparo Chantada que consti-
tuye, sin dudas, un aporte significativo a la preservación del patri-
monio material de la República Dominicana, a la vez que hace un
llamado para salvar del olvido los monumentos que representan
la identidad nacional y forman parte de la herencia cultural de las
generaciones presentes y futuras de nuestro pueblo.
Ojalá que así sea.
William Capellán Ferreira
A manera de introducción
En el estudio de la ciudad, espacio lleno de vida, encontra-
mos algunos lugares secretos que pocos gustan escudriñar: los
cementerios son un ejemplo, quizás porque muchos creen que
no tienen vida. Estos forman parte de la ciudad, pero incons-
cientemente su presencia se relega, son olvidados en las me-
morias, en las lejanías del recuerdo urbano. Sin embargo, los
viejos cementerios son espacios de vida del pasado.
En la mayoría de los libros sobre la ciudad, o de urbanismo
en general, solo se mencionan como espacio fijo, cartográfico.
Se realizan pocos estudios sobre su contenido de vida. Algu-
nos grandes cementerios son excepciones, como el Cemen-
terio Colón de La Habana, o en pleno París los cementerios
del Pere Lachaise, el de Montmartre y el de Montparnasse,
los tres verdaderos monumentos-museos, espacios verdes en
la ciudad.
José Ramón Báez López-Penha nos relata cómo se cons-
truyeron las aceras, las alcantarillas, los ensanches, las calles
y avenidas principales de la ciudad de Santo Domingo, pero
no nos habla de las vidas que construyeron la ciudad ni menos
aún de las que dejaron de ser y que llenaron el Cementerio
de Santo Domingo o de la Avenida Independencia. No nos
habla del hito que representaba el cementerio para la ciudad
ni nos dice por qué el cementerio fue determinante para el
trazado de la avenida Independencia y las calles Las Carre-
ras y Padre Billini, de Ciudad Nueva. Solo lo menciona para
referirse a los linderos:
13
14 Amparo Chantada
El lindero Sur del camino se iniciaba con el cementerio
católico y el cementerio judío que tienen en total 187
metros. Hace mucho tiempo que el lindero entre los dos
cementerios no existe y la terminación de la última medida
corresponde a la esquina N-O del cementerio cuando
encuentra la actual calle Las Carreras.1
En otra parte de su obra, se referirá al cementerio cuando ex-
plica las peripecias y dificultades que llevaron a la urbanización
de Ciudad Nueva y de la Sabana del Estado, el terreno contiguo.2
El cementerio es visita obligada cuando se entierra a un
amigo o a un pariente o cuando se quiere recordar, el 2 de no-
viembre de cada año, a ese ser querido. Ese día se puebla de
un ejército de limpiadores, las marchantas con sus flores abiga-
rradas llenan de colores las entradas, las tumbas y panteones se
deshierban y decoran con flores, así recobra vida algunas horas,
se llora; pero rápidamente el cementerio vuelve a la soledad, al
abandono. Entonces, se transforma en el territorio de perros,
gatos e indigentes que buscan algo de vida en ese recinto. Es el
espacio silencioso.
Quizás porque se construyen lejos de la vida cotidiana, la
muerte parece ser reservada a los demás, no nos concierne hasta
el día que nos toca despedir a un ser querido; entonces vamos al
cementerio para volver un año más tarde.
El estudio de los cementerios constituye, en la actualidad,
una de las vertientes más atractivas para el conocimiento y la
comprensión de la ciudad y la sociedad, de sus valores, creen-
cias, modas y la mentalidad de comunidades extranjeras en par-
ticular. Esos espacios de silencio y recogimiento asustan y, por
ese motivo, la sociedad moderna los construye lejos y los relega
en su subconsciente, contrario a otros tiempos, cuando los muer-
tos permanecían próximos a los vivos, a la familia, a la sociedad,
y en algunos casos, incluso, dentro de la casa o de la ciudad, en las
iglesias que eran visitadas diariamente.
1
José Ramón Báez López-Penha, Por qué Santo Domingo es así, Santo Domingo,
Banco Nacional de la Vivienda, 1992, p. 161.
2
Ibídem, p. 163.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 15
Es, por lo tanto, un compromiso generar una nueva visión de
los cementerios patrimoniales, entendidos estos como espacios
culturales y ambientales alternativos. Son la ciudad de los muer-
tos y, por lo tanto, su estudio requiere de todas las disciplinas
del saber. En la postmodernidad, pocos miran hacia los cemen-
terios; sin embargo, hay uno, en pleno Manhattan en New York
que los habitantes veneran. Reproducimos la lápida de la capilla
St. Paul situada en un pequeño rincón de ese cementerio, al pie
de las Torres Gemelas, y que sobrevivió a los atentados del 11 de
septiembre de 2001. Testimonio vivo, pruebas tangibles, heren-
cia inevitable, memoria, están allí, para las futuras generaciones.
El Cementerio de la Capilla St. Paul es fundamental para la
memoria de ese país: quedó prácticamente intacto a los atenta-
dos y lo tienen como un referente porque en él están enterrados
los soldados franceses, holandeses e ingleses que lucharon por
la independencia. Hoy en día es un hito urbano en pleno centro
financiero de New York, insustituible, irrepetible, un testimonio
de ese triste 2001.
En los cementerios se pueden apreciar las diferentes clases
sociales que, como en vida, se distancian por sus gustos, sus va-
lores y aspiraciones. Los sociólogos tienen en ellos materia para
comprender comportamientos sociales y religiosos.
Los cementerios son también parte de la cultura universal,
diversa y plural, y constituyen conjuntos culturales que permiten,
a partir de una lectura compleja de las sociedades del pasado, de
sus valores artísticos, arquitectónicos, no solamente la confluen-
cia y aporte de todos los sectores de la vida intelectual en una
práctica interdisciplinaria y holística, sino también la compren-
sión de la sociedad en su evolución para la conformación de una
visión más solidaria, tolerante y humanizada del mundo actual.
El cementerio no es tan solo un locus que nos ilumina respecto
de estrategias adaptativas, cronologías culturales, relaciones in-
terculturales, tecnologías, paleodemografía, paleopatologías de
momentos de nuestra historia, sino que nos remite además a la
dimensión ideacional y simbólica de la cultura; y si bien es cier-
to que son espacios manipulados por los que quedan en vida
16 Amparo Chantada
«Ci git Etienne Marie Bechel
Sieur de Rochefontaine, né
l’an 1755 dans le canton
d’Ay en Champagne,
Departement de la Marne, et
décédé le 30 janvier 1814 a
New York».
Traducción:
Aquí yace Etienne Ma-
rie Bechel, Señor de Ro-
chefontaine, nacido en
1755 en el Canton d’Ay
en Champagne, Depar-
tamento de la Marne
[Francia] y fallecido el 30
de enero de 1814 en New
York.
Su mausoleo está en el pe-
queño Cementerio de la
Capilla St. Paul.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 17
a través de la inscripción en ellas de un modelo de la realidad,
no menos cierto es que permiten decodificar aspectos sociales,
psicológicos, del tiempo pasado.
El cementerio es el lugar donde el difunto, carente de sufri-
mientos, es despedido de la vida por la sociedad a la que perte-
nece e integrado en el ámbito de los antepasados para alcanzar
la felicidad eterna, y esa alegría se puede estudiar a través de los
mensajes y pensamientos que se inscriben en las lápidas.
Es un lugar tan rico en enseñanzas que quizás nos transmite
más datos sobre lo que somos en la actualidad, que sobre lo que
fuimos.
Motivaciones
M uchos años de estudio sobre lo urbano y la ciudad han evi-
denciado que, en los inventarios inmobiliarios o en la valoriza-
ción de los bienes materiales urbanos, no figura nunca uno de
los más tangibles: los cementerios. Pocos escritos de urbanismo
mencionan estos espacios sagrados, desde el siglo xviii siempre
planificados en las afueras de las ciudades. Fagocitados poco a
poco por el crecimiento de la ciudad, un buen día los cemen-
terios se encuentran dentro del tejido urbano como grandes
espacios verdes, silenciosos, recogidos ante el bullicio y la indife-
rencia de la población. En algunos casos sus terrenos son recon-
vertidos por la avaricia infinita de los contemporáneos. En otros,
se declaran monumentos culturales, patrimonios nacionales,
debido a sus riquezas materiales e inmateriales. Entonces se con-
vierten en museos a cielo abierto de arquitectura funeraria, en
auténticos libros de historia de una insólita majestuosidad, don-
de vida y muerte se confunden en una sola madeja.
Es el caso del Cementerio de Ciudad Nueva o de la Avenida
Independencia, en la avenida del mismo nombre, cementerio
céntrico, pero ignorado, en un Santo Domingo que, con 500 años
de existencia –y a pesar de ellos–, no ha podido sacudirse de la
triste imagen de ciudad sucia, descrita por Eugenio María de
Hostos al final del siglo xix.
Desorganizada y anárquica, sin urbanidad, Santo Domingo
es hoy día un modelo de caos urbano reforzado por su repen-
tina y descabellada atomización en cinco municipios. En uno de
ellos, el Distrito Nacional que es también el espacio de la ciudad
de Santo Domingo, en el lado sur del Parque Independencia,
tras majestuosos laureles centenarios se cobija este monumento
19
20 Amparo Chantada
nacional, donde la gran mayoría de los muertos que allí yacen
han escrito páginas ilustres de nuestra historia, sobre todo del
siglo xix, siglo en el que se forjó la identidad del pueblo domini-
cano. Este cementerio nos ofrece mil y un aspectos de extremo
interés: la arquitectura mortuoria nos da muestras de las modas
existentes en aquel entonces en torno a materiales, lápidas y es-
culturas funerarias; las clases sociales se reproducen aquí, en este
espacio sacro, con más fuerza; las enfermedades y epidemias del
pasado siglo xix arrastran sus tragedias en las numerosas tumbas
de infantes y adolescentes; las nacionalidades que confluyeron
para formar el ser dominicano, se manifiestan de igual modo en
tragedias como el ciclón San Zenón y la Guerra de Abril de 1965
y asimismo el propio abandono del camposanto, triste realidad
de nuestros días.
Objetivos
A l iniciar esta investigación nos anima una voluntad profun-
da de:
• Auspiciar la realización a nivel nacional de los inventarios y
delimitación de los cementerios de valor patrimonial.
• Conservar una memoria histórica capaz de contribuir a la
formación de ciudadanos responsables de sus patrimonios,
conscientes de sus orígenes y de su historia, decididos en pre-
servar sus valores culturales, caribeños y dominicanos.
• Contribuir a la implementación de acciones de reanimación
urbana de espacios, como el cementerio o callejones o es-
calinatas, que han dejado de cumplir funciones esenciales
en la cotidianidad por su simbolismo o por ignorancia de la
reingeniería urbana social, que permitan la incorporación
de esos espacios públicos, no al tejido urbano sencillamente,
sino como un elemento primordial del espacio público cen-
tral, parte de la Zona Colonial de Santo Domingo en el caso
del Cementerio de Santo Domingo o de la Avenida Indepen-
dencia, como un espacio lúdico, diario, familiar, de descan-
so, de contemplación, de meditación del ayer, de convivencia
social a cada instante, a la manera de un libro urbano de
historia social.
• Compartir ese interés con la sociedad dominicana en su
conjunto y que este libro sea un instrumento de educa-
ción y formación ciudadana a favor de la tolerancia, de la
comprensión de la historia, del amor al pluralismo y del
respecto a la diferencia para más apego a un humanismo
generalizado.
21
22 Amparo Chantada
• Demostrar que a partir de un cementerio, se pueden analizar
elementos de la vida cotidiana, la identidad, sociedad y cul-
tura, pero además, enfocar el estudio de la ciudad de Santo
Domingo, de otra manera.
• Iniciar un recorrido en la historia, en la genealogía de las
familias nacionales y extranjeras enterradas tratando de en-
contrar los apellidos en Francia, Haití, Curazao, Estados Uni-
dos en particular y buscando las razones de las muertes de
infantes y adolescentes, vía la reconstrucción de la situación
sanitaria pública de finales de siglo xix.
El estudio del cementerio demuestra que es imprescindible
protegerlo, que se debe trabajar en él, para una re-ambientación
interior y su posterior transformación en parque urbano patri-
monio nacional, rescatando las tumbas deterioradas con valor
arquitectónico o indispensable para la reconstitución de todos
los momentos de la historia dominicana. Lo que ha de hacerse
con premura, ya que el cementerio se deteriora, las lápidas des-
aparecen, se pierden nombres, las tumbas se vuelven anónimas
por el efecto indetenible del tiempo, los robos, el vandalismo
diario. Mucho se ha perdido ya, bajo la indiferencia de los vivos.
Metodología
L a investigación del cementerio se realizó porque se hacía un
estudio del urbanismo de la Zona Colonial y de las modalidades
de su expansión en su perímetro original limitado por murallas
en ruinas y puertas de entrada, simbólicas hoy pero que hasta
los albores del siglo xx funcionaron como «especie de puerta
de entrada» donde se pagaba un impuesto para entrar y poder
vender. En la época colonial, seguramente se abrían y se cerraban
de noche para proteger la ciudad y sus habitantes. Ese urbanismo
de ciudad fortificada medieval, en estado de sitio desde su
fundación y de letargo prolongado algunas veces, replicó bajo
los trópicos cálidos, un modelo urbano vigente en Europa con
su damero, sus plazas e iglesias, su jerarquización del espacio y
su característica segregación socioespacial entre la parte llana y
la elevada.
El estudio del Cementerio de la Avenida Independencia se
integró a esa investigación sintetizada de la Ciudad Amurallada
de Santo Domingo, espacio de apenas 1 km2 y algunas cuadras,
y de su evolución poblacional, para entender las modalidades
de los entierros, un tiempo en las iglesias y después en ese lugar
específico, apéndice de la ciudad.
El lugar escogido en 1824 por los haitianos que ocupaban
el país (1822-1844), estaba alejado del centro de las actividades
sociales y económicas, escondido detrás de la Puerta de El Con-
de, en una zona de amortiguamiento entre el campo y la ciudad,
marginado del resto de la ciudad. Era el lugar donde los campesi-
nos aparcaban los animales y sus monturas cuando venían al mer-
cado, que se situaba detrás de la Puerta de la Misericordia. El lugar
era también el paredón donde se fusilaba a los delincuentes y a
23
24 Amparo Chantada
los opositores políticos, como María Trinidad Sánchez que fue
fusilada en la pared este del cementerio. El libro de Francisco
Veloz Molina3 es un extraordinario testimonio de esa parte sur
de la zona amurallada.
En ese sitio se ubicó el cementerio, como un nuevo concepto
de enterramiento de los difuntos, ya que hasta esa fecha se ente-
rraban en patios o en las iglesias de la zona: los más notables en
la Catedral Primada de América y los más pobres, en los pilares
de las iglesias y en fosas comunes, en general, como en la iglesia
de Santa Bárbara, donde el antropólogo Fernando Luna Calde-
rón encontró varios esqueletos al pie de un pilar de la iglesia.
3
Francisco Javier Veloz Molina, La Misericordia y sus contornos 1894-1916, narra-
ción de la vida y costumbres de la vieja ciudad de Santo Domingo de Guzmán, Santo
Domingo, Col. del Banco Central de la República Dominicana, 2002.
Capítulo I
El cementerio patrimonial
de la avenida Independencia
Tal como lo plantea la Organización de las Naciones Unidas
para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) para los
cementerios patrimoniales como parte del Patrimonio Cultural
Universal, el Cementerio de la Avenida Independencia se revis-
te de mucha importancia para la sociedad dominicana, para su
cultura y memoria histórica, como patrimonio viviente, tangible,
para toda el área del Caribe, sea este Caribe inglés, holandés,
francés o español, por sus interrelaciones, conexiones, similitu-
des o diferencias con los cementerios de Cabo Haitiano, de La
Habana, Santiago de Cuba, el de Curazao o St. Thomas. Pode-
mos definir este patrimonio como:
1. Material, que son los bienes representados por la estructura
urbana, las edificaciones simbólicas y de servicio, los mauso-
leos, monumentos y tumbas así como los componentes de
valor ambiental y paisajístico como puertas, verjas, inscripcio-
nes, tarjas.
2. Inmaterial, a saber, es el ritual funerario que se debe asu-
mir como otro componente en que se conjugan las más va-
riadas expresiones ancestrales, con adaptación constante
a las nuevas realidades. Estos rituales y costumbres varían
según las nacionalidades, las creencias, los lugares y las
clases sociales. En el caso del Cementerio de la Avenida In-
dependencia, y a pesar de ser un cementerio céntrico,
25
26 Amparo Chantada
es ignorado, en una Santo Domingo, que con 500 años de
existencia y unos pocos menos de modernidad, no ha podido
sacudirse de la triste imagen de ciudad sucia, descrita por
Eugenio María de Hostos al final del siglo xix. Ciudad des-
organizada, anárquica y sin urbanidad que es hoy en día un
modelo de caos urbano, donde en un rincón del parque In-
dependencia, tras majestuosos laureles centenarios, se cobija
ese monumento nacional en el que yace la gran mayoría de
los muertos que ha escrito páginas ilustres de su historia, so-
bre todo en el siglo xix, en el que se forjó la identidad del
dominicano. Los otros son muertos anónimos, habitantes de
la ciudad con lápidas que nos recuerdan las penas y tristezas
que dejaron atrás. Otras sepulturas son más insólitas, pues
albergan a varios muertos, como es el caso de la tumba de
Jacques Viau, un poeta haitiano, que luchó en el 1965 y que
está enterrado con otros muertos.
En ese cementerio, que podemos estudiar como si fuera una
pequeña ciudad, la arquitectura funeraria refleja los gustos evi-
dentes en ese entonces, con los materiales de las tumbas y las
lápidas. Las clases sociales se evidencian por la ubicación de las
tumbas, con el tamaño de las sepulturas, sus adornos y el tipo
de material. Sin embargo, vemos como nadie, rico o pobre, pue-
de escapar a las enfermedades y epidemias del siglo pasado que
arrastran sus tragedias en las numerosas tumbas de infantes y
adolescentes. El cementerio exhibe las otras grandes tragedias,
que se unieron para formar el ser dominicano, como la trage-
dia de Cabo Hatteras, el maremoto que hundió al Memphis,
el ciclón San Zenón de 1930 y la Guerra de Abril de 1965.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 27
Concepción e interpretación de la muerte
Una de las principales ideas del pensamiento religioso y fi-
losófico, constante en todas las épocas, es la convicción de que
todos los bienes mundanos son efímeros y perecederos. Entre
estos bienes se incluye a la vida. Esta idea ha encontrado una
expresión variable tanto a lo largo de las tradiciones como en
las diferentes situaciones. Este enfoque condiciona la gran canti-
dad de iconografías que existen, transmitiendo a través de ellas
diversas alusiones simbólicas, muchas estremecedoras y otras lle-
nas de expresividad. La muerte es un fenómeno que en última
instancia enfrenta al hombre a su trascendencia y en ello radica
la gran importancia que le atribuye toda sociedad. Lévy-Bruhl
enfatizó las diferencias que existen entre el modo de pensamien-
to característico de las sociedades tradicionales con respecto al
que estamos habituados a emplear en nuestras cotidianidades.
Mientras el pensamiento mítico se caracteriza por ser totali-
zante y sintético, el pensamiento tecnológico es más bien frag-
mentario y analítico. En la conciencia mítica, el universo se
presenta como una totalidad organizada e indiferenciada. No
existen los elementos o los fenómenos discretos o aislados, sino
que más bien todo lo real se encuentra unido por medio de re-
des de correspondencias y asociaciones que no están regidas por
las categorías modernas de la causalidad y la individualidad. Esto
significa que el mundo de lo sobrenatural es parte constitutiva
de la realidad natural, estas categorías se confunden en una mis-
ma experiencia en el mundo.
Como contraparte, en el pensamiento tecnológico, y de for-
ma aún más evidente en el postmodernismo, impera una lógica
individualizadora, analítica, que disgrega la realidad en elemen-
tos y fenómenos aislados e independientes, los que se pueden re-
lacionar a través de las categorías de causa y efecto, por ejemplo.
Esto ha llevado a la sociedad occidental a separar lo natural de lo
sobrenatural, lo religioso de lo político o lo social, considerando
como únicamente real y verdadero, y por ende digno de análisis
científico, incluso respecto de las sociedades primitivas, aquello
que puede ser percibido por medio de los sentidos.
28 Amparo Chantada
Por otro lado, toda religión tradicional se fundamenta sobre
un conocimiento de la realidad que proviene del tiempo mítico,
periodo originario y primordial durante el cual el universo en-
tero adquirió las características actuales y cuando todas las cosas
llegaron a ser lo que son. Las personas que vivieron en el tiem-
po primordial son siempre seres sobrenaturales y sus activida-
des creadoras en el mundo, no directamente percibidas por los
hombres, han quedado inmortalizadas en forma de mitos. Estos
últimos describen entonces las diversas y dramáticas irrupciones
de lo sagrado (o lo sobrenatural) en el mundo. Es esta irrupción
de lo sagrado la que fundamenta realmente el mundo y la que
le hace ser tal como es hoy en día. Más aún el hombre es lo que
es hoy, un ser mortal, sexuado y cultural, a consecuencia de las
acciones de los seres sobrenaturales. Es de esta manera que a tra-
vés de los mitos una sociedad comprende e interpreta la realidad.
El mito la provee de las explicaciones del mundo y de la parti-
cipación del hombre en él. Es decir, el mundo se presenta ante
la conciencia humana como ordenado, clasificado, significado y
explicado, dadas las actividades y los designios de los antepasados
en el tiempo primordial. Esta ordenación cultural del mundo, ex-
presada en una estructura de categorías, constituye el contexto
de significación del comportamiento humano y pensamos que es
factible de ser reconocida arqueológicamente a través del rito.
En el pensamiento tecnológico, el conocimiento ha sido des-
mitificado, racionalizado, orientado a la identificación de leyes
naturales válidas o exclusivamente en términos de la correcta
utilización de un método y monopolizado por una comunidad
científica. No es que en la sociedad actual la religión desaparezca
por completo de la escena social, pero es indudable que en ella
se produce un proceso vertiginoso de secularización, debido en
gran parte, paralelamente, al desarrollo de la lógica científica y
el capitalismo, que se evidencia en la distinción sagrado-profano,
en la pérdida del carácter colectivo y social de la vida religiosa.
En la sociedad moderna, tanto el mundo del trabajo como el de
la política han sido separados del orden religioso y de los contac-
tos con lo sobrenatural.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 29
El arte funerario
El ángel muestra al pecador arrepentido, un reloj señala que
la vida es breve y por tanto debe buscar la virtud y no los valores
mundanos que le aporta la ciencia, las pompas de jabón signifi-
can la fugacidad y lo frágil que es lo terrenal, el cráneo corona-
do de laureles representa esencialmente la vanidad de la gloria
terrestre como también las joyas, dignidades efímeras y riquezas
ilusorias.
La presencia de la muerte conlleva la consideración y lo poco
duradero de la vida y es por esto que a los pies de un cadáver o de
una tumba aparecen en un orden confuso y poco claro, los signos
del poder, del saber y la gloria humana. Que desde la perspectiva
de la vanidad, el hombre será representado por la tiara, el báculo,
el cetro y una corona regia. La vanidad puede estar representada
por una dama encopetada que lleva una corona, un abanico y una
copa de la cual emergen suavemente burbujas de jabón. Es la se-
ñora del mundo, es la alegoría más representativa de la vanidad
humana femenina. Si se recurre a la técnica de vendarle los ojos,
es para producir el efecto contrario, es decir, que no sufra las ten-
taciones del mundo y de sus vanidades; debe retirarse del mundo
y por tanto decir adiós a las seducciones terrenales.
Así las ideas de vanidad y fugacidad se relacionaron desde
un comienzo con el pensamiento de la muerte, con la idea del
futuro, de reconocer la continuidad de la especie, de la entrada
en la vida de la naturaleza y también en una dimensión más tras-
cendental por medio de la vida situada más allá de los sentidos a
la que tendrá acceso el alma después de haberse liberado de la
existencia terrenal, mortal y miserable. Pero el hombre tiende,
incluso después de muerto, a permanecer en la mente de los vi-
vos, y qué mejor manera que hacerlo a través de una estatua, de
un medallón, un busto, un monumento, algo que refleje exacta-
mente lo que él fue en vida, la importancia que tuvo, todo esto
caracterizado en un objeto que lo cosificara en algo que cuente
de su vanidad y por cierto que permanezca en el recuerdo de
quienes lo conocieron en vida.
30 Amparo Chantada
Arquitectura funeraria
El cementerio, para los arquitectos, es un espacio de estudio
muy especializado y también muy poco practicado. Las formas
de las tumbas, mausoleos y panteones, los materiales utilizados,
las lápidas, cercas, esculturas, su representación, sus modelos, el
origen del material utilizado, son muchos elementos que confor-
man la búsqueda de la identidad y cultura de una sociedad en
ese espacio y que dan al arquitecto enseñanzas de una sociedad
en evolución, de sus gustos, aprensiones y representaciones. En
tumbas, panteones o mausoleos se plasman formas de arte. Se
erigen en un momento con orden, después sin orden, naciona-
lidades confundidas, sin edades, sin pudor, las lápidas reflejan
amor y amargura por la pérdida del ser tan amado. Esos testimo-
nios tangibles poseen un doble valor de referencia:
1. Ante todo, son una muestra a pequeña escala de sucesivos es-
tilos escultóricos que emergen contemporáneamente, mani-
festándose casi como una forma de copia falsa en la ciudad de
los muertos. Se aprecia con el uso del ladrillo, en las formas
que se repiten en la Zona Amurallada y el cementerio. Eso se
refiere al rol conmemorativo, alegórico o estético que tienen
en el ámbito citadino y que cambian su función en el aspecto
de la muerte. Es la vanidad del hombre de fijar su memoria en
ese espacio funerario con una escultura o una obra arquitec-
tónica, la que lo mantendrá en el recuerdo de los vivos para
siempre. Las vanitas son los símbolos de la existencia terrenal, la
mortalidad de la vida humana y la resurrección a la vida eterna.
2. Son también un indicador de las bases imaginativas, de las
connotaciones de las cargas simbólicas e incluso hasta de los
complejos procesos sicológicos que subyacen a cada estilo y
monumento artístico. A causa de eso, surgen intervenciones
creadoras de otras profesiones, como los poetas, pintores, li-
teratos, herreros que hacen de esos espacios catálogos de in-
tenciones, códigos, bases sicológicas representativas no solo
de las personas, sino también de los diferentes periodos y
etapas históricas del país y nacionalidad del difunto.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 31
Las lápidas
Las lápidas del Cementerio de la Avenida Independencia nos
obligan a reflexionar sobre el estado de la salud pública en el siglo xix
por las innumerables tumbas de infantes, niños y niñas, y adolescen-
tes que dejan en sus lápidas las horas de sufrimientos y angustias de
la separación definitiva, y esperanzas de reencuentro en el más allá
con los padres. Pocos estudios sistemáticos de salud sobre el siglo
xix se encuentran en el país que nos permitieran entender las cau-
sas de las muertes tan prematuras, sean epidemias, hambrunas, ma-
las costumbres alimenticias o malas prácticas de las parturientas o
comadronas de la época. Felizmente los libros del doctor Moscoso
Puello, del señor Francisco Veloz y las observaciones recogidas por
el historiador Emilio Rodríguez Demorizi nos acompañaron duran-
te todas las investigaciones. Las muertes violentas, por las catástrofes
naturales y las epidemias explican las muertes prematuras. Son mu-
chas en nuestro cementerio patrimonial, son las numerosas tumbas
diminutas sin lápidas y en otros casos, más excepcionales, son las
tumbas de niños de familias adineradas que se encuentran en la
avenida principal del cementerio con lápidas patéticas de dolor.
32 Amparo Chantada
Breves concepciones de la muerte
entre Oriente y Occidente
No pretendemos ser especialistas de ese tema, pero recor-
dar algunas expresiones en torno a la muerte nos ayuda a vi-
sualizar las grandes diferencias que existen entre Occidente y
Oriente, por ejemplo con el luto: en Occidente, el color del
luto es el negro, en Oriente lo es el color blanco. En Occidente,
la muerte trata de ignorarse, ocultarse o maquillarse, resulta
espantosa y en lo posible se trata de ahuyentar su imagen. En
Oriente la muerte se confunde con la vida, resulta cotidiana y
familiar y no tiene nunca esa base macabra que adquiere en los
países occidentales.
En Oriente, la muerte es nacer a otro estado, del mismo
modo que nacer a este mundo fue morir en un estado anterior.
Casi todos los pueblos del Oriente creen en la reencarnación o
en el renacimiento. Se cree que el espíritu es expulsado hacia
el cielo por las llamas, mientras que el cuerpo es destruido para
que no vague por la tierra. En los países cristianos la cremación
estuvo prohibida durante siglos porque se oponía a la doctrina
de la resurrección corporal.
En las sociedades occidentales, la muerte se ha considerado
tradicionalmente como la separación del alma del cuerpo. En
esta creencia, la esencia del ser humano es independiente de
las propiedades físicas, y como el alma carece de manifestación
corpórea, su partida no puede ser vista o, lo que es lo mismo, ser
determinada objetivamente, de ahí, que esta creencia ha consi-
derado el cese de la respiración como el signo de la muerte.
El rito frente a la muerte
El rito se puede dividir en tres etapas o fases.
– La primera contempla la separación del individuo de la cate-
goría de lo vivo.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 33
– La segunda corresponde en una gran cantidad de culturas a
la categoría de muerto reciente.
– La tercera señala la adscripción definitiva del difunto a la
categoría de antepasado de la comunidad.
El rito de la muerte constituye pues el tránsito de lo humano
a lo sobrenatural y esta es una característica recurrente en las dis-
tintas sociedades tradicionales. Algunas resultan curiosas, otras
tan atractivas que son ofertadas en los paquetes turísticos, como
atractivo cultural. Así, algunas de ellas:
• En Transilvania, Rumania, las mujeres que mueren jóvenes
sin haberse casado se convierten en novias en su funeral. Las
visten de blanco, con su velo y todos los elementos propios
de tal ceremonia. En su funeral se hace una boda simbóli-
ca para que su espíritu pueda abandonar esta tierra en paz,
cumpliendo un ciclo indispensable de la vida. Existe la creen-
cia de que si no se lleva a cabo este ritual, los espíritus intran-
quilos se quedan entre los vivos.
• En Nueva Guinea, tribu de Papúa, cuando un pariente
se muere es momificado, deshidratándolo. La ceremonia
dura cuatro días, durante los cuales los jóvenes se lamen-
tan, se arrancan el pelo y se golpean con piedras hasta
que sangran. Una vez que el proceso de deshidratación
del cuerpo concluye, las lamentaciones cesan. Cuando el
cuerpo está completamente momificado es expuesto en
un lugar de honor.
• En China, las tradiciones taoista y confucionista tienen una
perspectiva completamente diferente de la muerte. Para es-
tas culturas resulta ser un acontecimiento en el que, además
de llorar y guardar luto en señal de amor y respeto al difunto,
se celebra un festejo en el que también cabe el gozo pues se
muere para renacer y entrar a una nueva vida. Todos llegan
al funeral vestidos de blanco, el color de la muerte, a lo largo
de la procesión para llevar el cuerpo al panteón, se lanzan
cohetes para ahuyentar a los malos espíritus.
34 Amparo Chantada
• En México, en su día de recordación, se piensa que los muer-
tos regresan a su casa para convivir con los vivos, para ello,
se erigen altares para recibir a los que nos visitan en espíritu
para degustar su comida favorita, colocando fotos, velas, flo-
res, incienso. Es una celebración en la que se mezcla el luto
con el color de las flores y el papel picado, el dolor con la fies-
ta y el humor. A la «calavera» se le hacen bromas esperando
caerle bien, para que no regresen en mucho tiempo, según
Laura Novaro en una conferencia inédita.
• En la tradición judeo-cristiana, que se inicia hacia el comienzo
del segundo milenio antes de Cristo, el cristiano de religión
católica, al acercarse la hora de la muerte quiere paz, formula
deseos: disponer de sus bienes, despedirse de los suyos y pre-
pararse para el encuentro con Dios. Y para sus fieles en peligro
de muerte, la Iglesia católica tiene tres sacramentos que han de
ser celebrados por el presbítero, el diácono o un laico ministro
de la Eucaristía. La Reconciliación por la que se perdonan los
pecados, la Unción de los enfermos que fortalece el alma para
encarar la muerte y aplica al enfermo los méritos de Cristo y la
Comunión eucarística, en forma de viático. Así como se cele-
bra de una manera especial la primera comunión, así también
la Iglesia le da una solemnidad especial a la última comunión.
• Para los que no tienen fe, la muerte es a veces la oportunidad
de gritar sus sacrificios, sus convicciones, sus esperanzas y los
motivos ideológicos que sustentaron los actos de su vida. La
muerte se transforma en un acto de resistencia frente al mo-
mento. Los condenados a muerte gritan consignas como lo
hicieron en épocas diferentes: Julián Grimau, ejecutado por
Francisco Franco en España en 1963, o el joven francés, hé-
roe nacional de 14 años, Guy Mocquet en 1942 o los fusilados
parisinos, obreros e intelectuales, en el Muro de los Fede-
rados, en el Cementerio del Père Lachaise, en París, donde
murieron los últimos sublevados de la Comuna de París en
1871 gritando su fe en un futuro mejor.
• En la sociedad actual, el rito mortuorio se ha transformado
en un mero ceremonial, carente de un contenido simbólico
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 35
y religioso profundo. La distancia entre los vivos y el muer-
to se crea inmediatamente ocurre la muerte porque de una
vez intervienen asistentes foráneos en todos los preparativos
para el entierro. No siempre fue así. Hace algunos años, los
muertos eran velados en casa y transportados a su última mo-
rada en un largo y silencioso recorrido a través del pueblo o
la ciudad donde había transcurrido su vida.
• En Europa, el ataúd era montado en un carruaje fúnebre,
tirado por dos caballos adornados de ropa luctuosa, mane-
jado por un oficial de pompas fúnebres, vestido de negro
por completo incluyendo el sombrero, con guantes blan-
cos, asistido de algunos ayudantes de la misma manera. El
cortejo asustaba los niños por su lúgubre vestimenta, sus pa-
sos lentos, precedido a veces de una orquesta fúnebre que
cadanceaba el paso de los caballos. Ese ceremonial conlle-
vaba el recogimiento de todos los transeúntes por donde
pasaba el funeral y su persignación en plena calle. Algunos
recuerdan los entaponamientos que provocaba tal cortejo
en las calles de la postguerra, cuando el automóvil empeza-
ba ya a democratizarse.
• En Dominicana, en particular, hace algunos años, los muer-
tos eran velados en el barrio, en su habitación, donde acu-
dían familiares, vecinos y también el sacerdote. El ejemplo
más reciente fue la muerte del expresidente de la Repú-
blica, doctor Joaquín Balaguer Ricardo, quien fue velado
durante días en su lecho, creando un efecto de continui-
dad entre sus actividades políticas, que ejercía desde más
de 60 años, su enfermedad, su internamiento en la clínica
y su muerte. La congregación de amigos, políticos o no, y
seguidores suyos del pueblo dio la sensación de una muerte
pueblerina, donde todos tenían que estar presentes, para
que los vieran haciendo fila, llorando y saludando una últi-
ma vez a su líder de siempre. Fue como un acto fuera de so-
lemnidad, tumultuoso, desordenado, como ocurría cuando
el difunto distribuía juguetes a los niños, el día 6 de enero.
Todos los representantes de las clases sociales dominicanas,
36 Amparo Chantada
con rango y sin rango, eclesiásticos o no, tuvieron que em-
pujar, sudar, saludar y venerar un muerto en medio de muy
poco recogimiento pero demostrando al fin, su profunda
desolación y tristeza.
En los casos de infantes, en algunos campos dominicanos,
se celebran los baquinís (entierros de infantes) cantando y ofre-
ciendo el muerto en calidad de ángel. En la zona rural, los en-
tierros de los ricos del pueblo, terratenientes o políticos locales,
daban lugar a concentraciones importantes de familiares y ami-
gos, vecinos y no tan vecinos venidos de lejos, a quienes se les
brindaba hospitalidad, comida, café, mentas, en fin todo tipo
de atenciones que aligeraran la estadía del cumplidor durante
todo el entierro, que incluía los nueve días siguientes, porque el
noveno día era ocasión de misa especial, por representar la se-
paración del alma del cuerpo y la subida del alma al infinito. Ac-
tualmente la muerte ocurrida en barrios pobres o de clase alta,
se disimula públicamente, en lo posible se evitan las atenciones
personales de los familiares y se recurre a la acción de terceros
en el trato del cadáver. Una observación cada vez más recurrente
es la moda que consiste en maquillar el difunto como para ir a
una gala y vestirlo con su ropa preferida. Sin embargo, se debe
precisar que en algunas familias pobres, esos servicios son dema-
siado costosos y se atiende al difunto en un círculo restringido
compuesto por mujeres principalmente.
En ese contexto, el fenómeno de la muerte adquiere cada
vez menos importancia para la familia y el difunto en sí. Una
observación de los ritos funerarios actuales nos demuestra que
están más destinados a los vivos que a los muertos: en las nuevas
funerarias, se exhiben miembros eminentes de la clase social a la
cual pertenece la familia, no obligatoriamente la clase social del
difunto, las funerarias tienen inmensos parqueos donde el des-
file de carros es representativo de la importancia de la familia.
Las modernas tienen una arquitectura absolutamente anónima,
se confunden con cualquier otra edificación, exceptuando la fu-
neraria Altagracia que sigue ubicada en una magnifica antigua
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 37
casa de Gascue. Las otras pueden ser cualquier cosa, incluso una
funeraria. La llegada al gran salón, muy mundano, espacioso y
elegante es el preámbulo al recogimiento, en ese momento algu-
nos aprovechan, después de las congratulaciones, saludos y abra-
zos y una conversación recordatoria del difunto, sus cualidades,
su papel en la sociedad, sus bondades, para reanudar contactos
distanciados. A la entrada de la capilla, se debe firmar un libro
como testimonio de la presencia física en el lugar, incluso para
los militares se rinden honores militares, se hacen guardias de
honor en algunos casos.
La verdadera expresión de pesares se hace en la capilla, fren-
te al difunto, a sus familiares y a los presentes. Al mismo tiem-
po, en un pequeño salón, se muestran modas de féretros, a la
americana, a la puertorriqueña, con satín o con seda, de trajes y
vestidos hechos o comprados para la ocasión, joyas, lentes, len-
tejuelas enseñando sus marcas de fábrica, toda esa vestimenta
especialmente portada los días de luto y de entierro. Incluso,
se mandan coronas de diferentes tamaños, de flores nativas o
importadas, de varias floristerías reputadas, con mensajes que
expresan el agradecimiento y la presencia de la familia… y el
precio de las mismas.
En ese sentido, los ritos de la muerte en las capillas y en el
cementerio constituyen la representación de una sociedad. Es
una cartografía de cómo la sociedad se piensa a sí misma, y un
análisis adecuado de ella nos puede acercar a una mejor com-
prensión de fenómenos sociales más amplios.
Capítulo II
Entierros en Santo Domingo Amurallada
La Ciudad Colonial o Amurallada es el centro patrimonial,
histórico de la República Dominicana. En ella se leen «muchas
épocas», como la época ovandina, la ocupación haitiana, la ciu-
dad de fin de siglo xix, también hay rasgos de la ocupación
norteamericana (las Escuelas Normales), del rico decenio de
los años 20 (hoteles alrededor de la Plaza Independencia, la
gran mayoría de los grandes edificios de la calle El Conde) y
más cerca, de la Era de Trujillo (La Muralla, las calles Hostos,
30 de Marzo, el Puerto, el muelle y muchas casas de familias),
que terminó la urbanización completa de la ciudad amuralla-
da. Los hispanófilos privilegian la zona ovandina que tiene un
inmenso valor por ser la primera ciudad occidental en el viejo
mundo, un ensayo de trasplante de la ciudad medieval europea
en América.
Asumimos que la Zona Colonial es toda la zona amurallada,
conviniendo que en su recinto una parte es colonial y otra es
poscolonial, desde la ocupación por Haití, la República y la Era
de Trujillo. Fue declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad
en 1992 por la UNESCO, tras un informe de Raymond Lemaire
(1990), por el inmenso valor de sus edificaciones y ser Primada
de América.
El origen de la fundación de la ciudad de Santo Domingo
está vinculado a las figuras del primer almirante don Cristóbal
Colón, de su hermano, el Adelantado don Bartolomé Colón, y de
un joven aventurero, Miguel Díaz. La fecha de fundación de
la ciudad provoca controversias, unos dicen 1496 otros 1498.
39
40 Amparo Chantada
Asumiremos la primera, ya que es en su segundo viaje (1493-
1496) que el Almirante exploró la costa sur de la Isla Hispaniola.
La ciudad de Santo Domingo de Guzmán fue fundada
el 4 de agosto de 1496 por el Adelantado Bartolomé Colón.
Controversia hay también sobre el origen del nombre de la
ciudad. Existen varias versiones, la de Bartolomé de Las Ca-
sas que escribió: «porque el día que llegó allí fue domingo
y por ventura día de Santo Domingo…»; mientras Fernando
Colón, sobrino del Adelantado, sostiene que «el nombre de
Santo Domingo se lo dio Bartolomé Colón en memoria de
su padre que se llamaba Domingo…». En cuanto a la ver-
sión de Gonzalo Fernández de Oviedo, se le dio tal nombre
porque el padre del primer Almirante y del Adelantado, su
hermano…, «se llamó Domingo, y que en su memoria, el
hijo llamó Santo Domingo a esta ciudad». Difícil intervenir
en ese debate. Cual sea el motivo, la ciudad se llamó Santo
Domingo de Guzmán.
La ciudad recién fundada en la orilla oriental del río Ozama,
fue destruida por un huracán que devastó el sur de la Isla en el
mes de julio de 1502 y Nicolás de Ovando, designado Goberna-
dor de la Hispaniola, la trasladó, poco después, de la margen
oriental a la margen occidental del río Ozama. ¿Cuáles son las
razones exactas que determinaron el traslado de la ciudad a la
otra orilla?
Todavía las versiones divergen y las opiniones abundan, qui-
nientos años después. Se habla de mala ubicación de la prime-
ra, de mejor topografía en la orilla occidental, de la ubicación
de la casa de don Francisco Garay, primera casa de piedra, en
las tierras de Catalina, construida antes de la llegada de Ovan-
do (ya que Garay era muy amigo de Miguel Díaz, ese aventu-
rero que se separó de la servidumbre de don Bartolomé en La
Isabela, al herir a otra persona en una riña y, queriendo escapar
del castigo, huyó de La Isabela, para llegar a la orilla del río
Ozama, en la costa Sur, donde se casó con una india, llamada
Catalina y se dedicó a la explotación del oro). Otros alegan que
el suministro de agua fue determinante para escoger la margen
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 41
occidental, ya que en la margen oriental no había ríos cercanos
ni posibilidad de llevar el agua por gravedad. Ahí se construyó
una capilla que sirvió de lugar de enterramientos: la capilla de
Nuestra Señora del Rosario, construida en la margen oriental
del río Ozama, en el primer lugar de fundación de la ciudad de
Santo Domingo de Guzmán; sirvió, desde principios del siglo
xvi y hasta el siglo xix como depósito de tumbas. Era como una
fosa común.
El sitio donde se ubicó definitivamente la ciudad, es una
pequeña llanura costera, al pie de un farallón (de los batiportes
del sur hasta la actual calle Las Mercedes) que forma parte
de las diferentes terrazas arrecifales sucesivas en forma de
escalones existentes en ese sitio, testimonios del movimiento
eustático del mar y tectónico de las placas, que levantan la
Isla la Hispaniola por el Sur y dejan a descubierto parte de
las tierras sumergidas anteriormente (de roca caliza dura,
esas terrazas tienen aguas subterráneas y muchas cavernas).
El sitio pareció idóneo por estar al margen del río Ozama
que tiene una desembocadura protegida; además, en altura,
permitía la observación del mar. Se instala el puerto al final
de la calle Los Canteros (calle Arzobispo Meriño hasta Santa
Bárbara) convirtiéndolo en un puerto seguro, a pesar de los
vientos del sur que soplan de día. El puerto estaba protegido
además por una barrera de arena que impedía la entrada de
buques de gran calado.
La llanura costera bastante estrecha en la capital, se amplía
hacia el oeste, lo que permitió posteriormente explotar las minas
de Haina y San Cristóbal e instalar los primeros ingenios azuca-
reros, entre la ciudad de Santo Domingo y Azua, donde los ríos
Nigua, Nizao y Jura fueron a la vez la fuente energética y la vía de
transporte del azúcar hacia el puerto de Santo Domingo y hacia
España.
En 1502, Nicolás de Ovando inició la construcción de la Torre
del Homenaje con la Casa del Alcalde, que defendía la entrada
el puerto, su silueta recuerda las fortalezas medievales europeas.
42 Amparo Chantada
Es la primera gran edificación militar que marca el proceso de
urbanización de lo que es hoy la primera ciudad europea en el
Nuevo Mundo. Ovando, armado mentalmente y culturalmente
del modelo occidental y medieval de ciudad, traza a escuadra y
cordel un damero o cuadrícula que hace referencia a los campos
militares romanos, inspirados de la ciudad griega de Hipodamo,
y ubica estratégicamente las edificaciones. Ese propósito sufrirá
muy pocas modificaciones. Siguió con la apertura de las calles
Norte-Sur:
• De La Fortaleza (Las Damas), del Comercio o del Caño o
principal de Las Canteras (Isabel La Católica) y de Los Canteros
(Arzobispo Meriño), la del Estudio (Hostos), la de los Mártires o
del Trabajo (19 de Marzo), la Cuesta de San Diego (Emiliano Teje-
ra), la de Regina (José Reyes), la de La Luna (Sánchez) y la de los
Jerónimos (calle Espaillat). Allí, los conquistadores, personajes de
la burocracia colonial, construyen sus casas solariegas. En la calle
de La Fortaleza (Las Damas) se elevan quince viviendas en total.
• De este a oeste, se inician las calles del Truco (de Las
Mercedes), El Conde, la del Guarda Mayor (Luperón), la de la
Cruz (Salomé Ureña), la del Arquillo (Arzobispo Nouel), la de
la Universidad (Padre Billini), la de la Misericordia (Arzobispo
Portes) y la Atarazana (Presidente González). La anchura y fi-
sionomía de las calles son parecidas a las calles de los Burgos
españoles. Miden doce varas castellanas y de las calles andaluzas
conservan los aleros de tejas, las puertas enrejadas, las galerías
cubiertas, los balcones. Se trazan tomando en cuenta la trayecto-
ria del sol, la insolación y la sombra y la dirección de los vientos
dominantes.
Un poco alejado de la zona de residencias, de los palacios
y de la administración, el Comendador construyó, alejado del
quehacer diario, el primer hospital militar del Nuevo Mundo, el
Hospital e Iglesia San Nicolás de Bari.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 43
Siglo xvi
1500-1520
En 1508, la Villa de Santo Domingo recibe escudo de armas.
Es una plaza importante para el Nuevo Mundo. Entre 1509-1514
y 1519-1523, fechas del Virreinato de don Diego Colón, la ciudad
se construye respondiendo a las necesidades objetivas de la pobla-
ción, alterando un poco los planes urbanísticos de Nicolás de Ovan-
do, ya que la construcción del palacio el Alcázar (1510) se hace
en un lugar excéntrico del centro político y religioso de la recién
fundada ciudad como también las Atarazanas Reales. Se completan
las edificaciones de administración de la isla con la Casa de Con-
tratación, las Casas Reales. En 1511, se crean la Real Audiencia y
la Cancillería de Indias, la Real Hacienda y la Contaduría Real.
La ciudad cuenta con importantes obras.
Iglesias: la Iglesia-hospital de San Nicolás de Bari (1503-1508).
Conventos: el Convento de los Dominicos (1511). Universidad:
la Universidad Primada de América, Santo Tomas de Aquino
(1538). Plaza Mayor: la Plaza de Armas (parque Colón), donde se
inicia la construcción de la Catedral, Primada de América en pie-
dra. Situada en la Plaza Mayor, en ella están enterrados los per-
sonajes importantes de la Colonia, entre otros los descendientes
del almirante don Cristóbal Colón debajo del Altar Mayor de la
Catedral Primada de América. En 1877 se llevaron a cabo repara-
ciones a la Catedral que permitieron encontrar los restos de don
Cristóbal Colón, acerca de los cuales se creía que habían sido
sacados de la isla en 1795 cuando en realidad se trataba de los
de su hijo, el segundo almirante don Diego Colón. Para albergar
dignamente las cenizas del Almirante, se levantó un monumento
sepulcral en mármol y bronce en el año 1896. Existe una contro-
versia en torno al lugar de enterramiento de Cristóbal Colón.
Dejamos el tema a los historiadores españoles y dominicanos,
para elucidar definitivamente dónde están los restos de Colón,
los que ahora descansan en el Faro a Colón, que inauguró el
44 Amparo Chantada
doctor Balaguer en 1992 para el V Centenario del Descubri-
miento de América o del Encuentro de dos civilizaciones en 1492.
En cuanto a enterramientos, en las catorce capillas existen-
tes: las capillas de Nuestra Señora de la Angustia, de la Altagra-
cia, de Nuestra Señora de la Luz, de los Santos Cosme y Damián,
del Cristo de la Agonía, de la Virgen de los Dolores, de las Áni-
mas, de Jesús en la Columna, de Nuestra Señora del Sagrado Co-
razón, de San Francisco, de Pablo, de San Pedro, del Santísimo
Sacramento, de San Juan Bautista, de Santa Ana, se enterraron
los dignatarios de la isla, representantes de la Corona española,
de la Administración, de la Justicia y de la Iglesia y de las familias
que vivían en la ciudad.
La Catedral Santa María La Menor
Su patio se consagró como el primer cementerio de la ciu-
dad de Santo Domingo, hasta que se construyera la Catedral de
piedra.
La Iglesia Santa Bárbara
Entre las calles Principal de Canteros y la del Caño se cons-
truyó en el siglo xvi esa iglesia, en el barrio obrero de la época,
de estilo gótico tardío, el mudéjar y el barroco. La iglesia posee
ocho capillas donde los parroquianos de la época eran enterra-
dos, hasta la Orden Real del Rey de España que prohibió los
enterramientos en las iglesias y capillas, por razones de higiene
y salud pública, como a final de siglo xviii ocurre en todas las
ciudades europeas, porque los Estados han adoptado medidas
de salud pública de control de las epidemias y de las plagas, y
después por el saneamiento ambiental, a partir de las grandes
obras de arquitectura dentro de la renovación urbana.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 45
Iglesia conventual de Santa Clara
Cerca de la Catedral Primada se encuentra el conjunto
de Santa Clara, iglesia y convento de las monjas clarisas. Su
construcción se inicia en 1522. Está ligada al comendador
Álvaro Caballero Serrano, al obispo Rodrigo de Bastidas y su
protector don Rodrigo de Pimentel, rico personaje de la época,
que se hizo enterrar en la iglesia bajo una hermosa lápida en
mármol donde se destaca su escudo de armas. La iglesia sirvió
de asilo, lo que hace suponer que ahí descansan más muertos,
anónimos.
Imperial convento de Santo Domingo
Este es el primer convento de la Orden de Predicadores en
América. La más antigua iglesia del Nuevo Mundo que queda
en pie. Fue fundado en septiembre de 1510, se inició con el
convento y se siguió con la iglesia. En el claustro se podían
enterrar los frailes y personas civiles devotas de la orden. En ese
lugar se impartió la primera cátedra de teología en 1532. El papa
Paulo III le concedió rango de universidad en 1538, la primera
en América.
Iglesia conventual de las Mercedes
Edificada en el año 1527 y terminada en 1555 es saqueada
por el corsario sir Francis Drake en 1586; es sede de los padres
mercedarios y consta de un templo, un convento y varias capi-
llas laterales comunicadas entre sí a través de portillos. Fue par-
cialmente destruida por los terremotos de 1635 y 1684. En esa
iglesia fue enterrada una gran mujer, poetisa, maestra, madre
de Pedro Henríquez Ureña, Salomé Ureña, que había nacido el
21 de octubre de 1850 y que murió de tuberculosis el día 6 de
46 Amparo Chantada
marzo de 1897. Por sus méritos, sus restos fueron trasladados al
Panteón Nacional.
Esta tumba muestra que todavía a mitad del siglo xix en
República Dominicana se enterraban los muertos ilustres en las
capillas de la zona intramuros.
La Iglesia San Miguel
Lejos de lo que era el centro de la ciudad ovandina, se ubicó
una pequeña iglesia, en una colina, cerca de las murallas norte.
La iglesia se encontraba en medio de un populoso barrio donde
se les daba cristiana sepultura, por ser un lugar de enfermedades
contagiosas y sembrar el terror en los demás.
Se inicia la fortificación de la ciudad con el inicio de la cons-
trucción de la muralla (1543) y sus salidas, las puertas de El Con-
de y de la Misericordia al oeste y la puerta de San Diego, al este.
En las partes elevadas de la ciudad, donde es difícil acceder en
ese momento, se construyen, al norte, la Iglesia de Santa Bárba-
ra (1574) y el Monasterio de San Francisco y un poco más lejos,
hacia el oeste, también sobre las canteras de la segunda terraza
arrecifal, las iglesias de San Miguel, de San Lorenzo, y en las
afueras de la muralla, la de San Carlos.
La Iglesia-hospital de San Lázaro
En ese hospital, construido también en una colina, lejos de
la ciudad ovandina, se albergaban los leprosos y otros enfermos
contagiosos. De estilo neoclásico, en piedra, estaba en completa
ruina en el siglo xix y fue restaurado recientemente.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 47
Iglesia Nuestra Señora del Carmen
Se inició su construcción en el primer tercio del siglo xvii,
ejecutada en piedra, y se sigue en el primer tercio del siglo
xviii, con ladrillos. Tiene dos capillas donde se enterraban los
feligreses del barrio y devotos de nuestras señoras del Carmen y
de Lourdes.
Monasterio de San Francisco
Situado en una colina, en alturas y lejos de la ciudad ovandi-
na, ese monasterio, sede de los padres franciscanos que llegaron
a la isla en 1500, fue primero un monasterio, una iglesia y una
capilla. En su interior, se conservaron los restos del conquista-
dor Alonso de Ojeda, que fueron hurtados y llevados a Venezue-
la. El monasterio se convirtió en manicomio y en cárcel, hecho
que descubrieron los antropólogos Luna Calderón y Tavárez en
1992, cuando encontraron dos cuerpos de presos, con sus grille-
tes y cadenas. Esos restos fueron cubiertos sin que las autorida-
des dieran explicaciones, hecho lamentable ya que ese hallazgo
podía haber convertido el monasterio en un monumento con
más valor cultural que el que tiene en la actualidad, ya que está
en un estado ruinoso, dado que sufrió graves daños con el terre-
moto de 1673 y su visita es limitada.
Hospital de San Nicolás de Bari
Es el hospital más antiguo del Nuevo Mundo, construido por
Nicolás de Ovando en 1503. En parte destruido, ese hospital fue
descrito por el ingeniero Antonio Ladrón de Guevara en 1786
donde se recoge que era un hospital para pobres enfermos, pero
servía también para las tropas y presidiarios de la capital. Tenía
sala de funciones, sala de tísicos, capilla de nuestra Señora de
48 Amparo Chantada
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 49
50 Amparo Chantada
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 51
La Altagracia, sala calabozo para los presos de tropa y presidiarios,
vivienda del sacristán mayor y menor, cementerio, cuerpo de
guardia, Iglesia de San Nicolás, sala de la caridad y traspatio. El
hospital contaba además con cuatro salas de enfermería para mi-
litares y pobres.
A esas infraestructuras se añaden las casas de los dignatarios
como las familia Bastidas, Dávila, Juan de Vitoria, Francisco Garay,
Francisco Tostado. Estas albergan a moradores fijos y a gente de paso.
Se encuentra la gran burocracia colonial (gobernador, militares, fun-
cionarios de la Real Audiencia y Cancillería), oficiales y regidores del
Cabildo, encomenderos que poseen ingenios y minas, comerciantes,
negreros, profesionales de la medicina y pequeños artesanos, además
de todos los sacerdotes, monjes y misioneros de la Iglesia católica.
En 1508 ya existían trece villas en toda la isla (Salvatierra de
la Sabana, Villanueva de Yaquimo, La Yaguana, Santamaría de
Verapaz, Lares de Guaba, Puerto Real, Monte Cristo, La Isabela,
Puerto Plata, el corredor norte-sur con Santiago, La Vega, Cotuí,
y en la costa sur, Azua, Buenaventura y El Seibo), lo que ocasionó
un importante intercambio comercial, financiero y de mano de
obra, entre el interior de la isla y el puerto de Santo Domingo.
En ese momento, el puerto es el principal lugar de llegada y sali-
da de las mercancías y de las personas, tanto hacia España como
hacia el continente americano; es la aduana principal, es el cen-
tro neurálgico del país, en él se concentran todas las actividades,
e incluso ya contaba con barrios obreros.
Estos debieron ser conformados por los constructores de la
ciudad, por la servidumbre de la aristocracia española, por los
mendigos, por los esclavos libres y los obreros del puerto. Esos
barrios son: El Polvorín, San Lázaro, San Miguel, San Antón y
Santa Bárbara, al norte de la zona habitada, en un farallón cerca
de los hospitales, de los centros de internamiento de leprosos y
manicomio. Es posible imaginar la falta de higiene y la pobreza,
ya que el agua tuvo que ser escasa y difícil de procurar en ese lu-
gar a menos que existiera un lago natural o un arroyo subterráneo
(calcáreo, de grutas y cavernas).
52 Amparo Chantada
Esta tumba muestra que todavía a principios del siglo xx, se enterraban los
muertos ilustres en las capillas de la zona intramuros, en lugar del cementerio.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 53
El ingeniero Báez López-Penha habla de la permanencia en
ese lugar de construcciones muy modestas de madera, exclu-
yendo las iglesias construidas de mampostería y tapia, pero ellas
también modestas.
Es evidente que donde hay barrios obreros o de clase humil-
de, no hay calles empedradas, solo callejones; por eso, la ciudad
contó pronto con sus callejones y callejas4 como son el callejón
del Embudo (frente a la Iglesia de San Miguel), el de Sal si Pue-
des (Plaza Restauración hacia la calle Santiago Rodríguez), el
de María la O (calle Duarte con calle Juan Isidro Pérez), el de
Jobo Bonito (detrás de la Iglesia de San Miguel), el del Convento
(entre Padre Billini y Arzobispo Portes), el de la Lugo (entre El
Conde y Mercedes), el de las Lagunas (entre las calles Duarte y
avenida Mella), el de Los Almirantes, el de Las Flores (calle de
Diego Colón), el del Palacio (el Palacio Nacional hoy, donde ha-
bía un pozo público).
Esos callejones eran en general callecitas, producto de la
ubicación de los moradores más pobres, en terrenos difíciles de
construir, de rocas muy resistentes (calcáreas), en parcelas sub-
divididas entre muchos y que formaban el inicio de los tugurios.
Además, el norte de la ciudad se especializó muy pronto por el
ser el lugar de extracción de los materiales de construcción (San-
ta Bárbara), de ubicación de los establecimientos religiosos (mo-
nasterio) y sanitarios de enfermedades contagiosas, de enfermos
mentales y por lo tanto, era la zona menos atractiva de la Zona
Colonial.
En contraste, el sur de esta se especializó muy temprano; era,
además de la administración colonial, Atarazanas, y residencia
de los administradores. Fue también la zona de los negocios,
grandes o pequeños, de manufacturas, de las escuelas o colegios
y por lo tanto atraía una población más adinerada, comerciantes,
religiosos y administradores. Por eso, los callejones de la parte
sur de la ciudad son entre dos iglesias, entre conventos por donde
4
José Ramón Báez López-Penha, Por qué Santo Domingo es así, Santo Domingo,
Banco Nacional de la Vivienda, Col. Quinto Centenario, 2008.
54 Amparo Chantada
transitaban, sobre todo, sacerdotes y monjes. Quizás el pueblo
después le dio otros usos, como todos los callejones de la ciudad
medieval: era lugar ideal para los robos, atracos y por qué no, de
muertes violentas.
El arquitecto Rodrigo de Liendo, quien trabajaba para la
Orden de los Mercedarios en la Iglesia y Convento de Las Mer-
cedes tuvo la encomienda de traer el agua a la Plaza Mayor
(hoy Plaza Colón y Catedral) desde la Noria de San Francisco
(pozo), construyendo para eso un tubo de reducción y pilas, lo
que es considerado hoy como el primer acueducto de América
(1575). En 1992, los antropólogos del Museo del Hombre Do-
minicano encontraron los restos de las canaletas que transpor-
taban el agua a las tinajas de la parte ovandina y la noria que
la repartía, para gran alegría del ingeniero José Ramón Báez
López-Penha (don Moncito Báez) que pudo morir tranquilo,
después de ese hallazgo fundamental para explicar las modali-
dades de distribución y almacenamiento del agua de los habi-
tantes de la parte ovandina.
En ese corto lapso de tiempo, Santo Domingo tuvo que ser
un inmenso campo de obras, semejante a hormigas o a abejas.
Los obreros tuvieron que levantar la ciudad en poco tiempo, de-
biendo cobijarse en casas temporales, dependiendo esto de los
materiales extraídos de las canteras del segundo farallón desde
Santa Bárbara. Es decir, que los vaivenes tuvieron que ser per-
manentes, el bullicio del puerto, la llegada de barcos: es fácil
imaginar, una ciudad en proyección y construcción.
1520-1600
Santo Domingo tendrá otra primacía, la de haber sido un
punto de llegada y venta de esclavos africanos en el puerto a
las alturas de Santa Bárbara, bajando la cuesta (Negreta) y lle-
gando al barrio de los portuarios y artesanos. Este fue el lugar
donde se reunían en el mercado de esclavos y se negociaban (La
Seiba). Ese negocio se convirtió en el más rentable en la época, a
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 55
partir del comercio triangular (África, América, Europa). Los
indígenas habían desaparecido por enfermedades, suicidios,
epidemias o maltratos en las minas de oro, y para iniciar la
explotación de las encomiendas y el negocio de la caña de
azúcar, que prometía tanto, se debió recurrir a la mano de
obra esclava. Entre 1520 y 1560, aproximadamente 20,000
esclavos llegan a la Isla. Los esclavos contribuyeron al auge
de las explotaciones azucareras (Nigua, Boca de Nigua, Azua,
Sepi Sepi, Baní, Cambelén, Engombe), y al poblamiento de la
isla sobre todo en la costa sur y, posteriormente, a su mestiza-
je, cuando la isla se despuebla.
A partir de 1526, la isla inicia su proceso de despoblación,
se inicia el contrabando en la costa norte entre corsarios
franceses y holandeses; un terremoto destruye Santiago y La
Vega en 1562 y el corsario inglés Francis Drake se apodera
de la ciudad en 1586, asentando su cuartel general en la
Catedral.
Entre 1605-1606, Antonio de Osorio ejecuta una decisión
de los Reyes de reubicar la población norteña en un períme-
tro cercano al de Santo Domingo, creando así las ciudades de
Monte Plata y Bayaguana. Esa política errónea de despobla-
ción, de interrupción de un proceso de acumulación origi-
naria, como repuesta al contrabando, favoreció la instalación
de los franceses en la parte oeste de la isla, redujo el espacio
vital de los españoles a una franja estrecha, la economía se
contrajo a un nivel de sobrevivencia y contribuyó al éxodo de
la población hacia tierras continentales. En el censo que él
efectúa para la época, se cuenta 5,960 habitantes más 9,600
esclavos aproximadamente.
Siglo xvii
Se terminan las murallas el 16 de febrero de 1631, casi 88
años después de iniciadas, siendo gobernador y presidente don
Gabriel de Chávez y Osorio.
56 Amparo Chantada
En 1655, una nueva invasión se presenta al mando del almi-
rante Penn y el capitán Venables, el conde de Peñalva la contiene
y en agradecimiento a su valor, se le pone Conde a la calle y puer-
ta que llevan ese apelativo, hoy en día.
En 1666, una epidemia de disentería golpea la población que
queda en la Parte española, en la que permanecen solo los más
pobres. En 1673, 1684 y 1691 la isla es sacudida por varios tem-
blores de tierra que se repiten en 1751 provocando el éxodo de
la población, principalmente hacia Cuba.
La isla está casi despoblada, la economía de subsistencia pre-
valece con la montería y el cuidado del hato.
La ciudad amurallada se limita casi a la parte ovandina: Santa
Bárbara, las Atarazanas, las alturas de los monasterios San Fran-
cisco y San Miguel, la parte sur en los alrededores de la Catedral.
La faja sur de la ciudad, comprendida entre las calles Misericor-
dia y San Pedro (arzobispo Portes y José Gabriel García) forman
los barrios Ponce y El Navarijo siendo sus pobladores bien mo-
destos y ocupados en las labores del puerto.
La Iglesia de los Jesuitas (hoy el Panteón Nacional)
Situada en la Calle Las Damas esquina Las Mercedes, fue
originalmente la Iglesia de la Compañía de Jesús en Santo Do-
mingo, que se estableció en la isla en el siglo xvii. La iglesia de
estilo neoclásico, se construyó desde 1714 hasta 1745. Cuando
la Compañía es expulsada en 1767, el templo pasó a manos de
la Corona, igual que la Casa de los Jesuitas, para ser Almacén de
Tabacos. En 1955 se dispuso su restauración y transformación
en Iglesia Panteón Nacional para enterrar los dominicanos más
ilustres de la República. En determinadas épocas, se procede
a trasladar los restos de insignes dominicanos, lo que conlleva
cada vez a largas discusiones teóricas, políticas e ideológicas por
el trasfondo que supone tal decisión.
En el censo realizado en 1737 se cuentan en toda la Parte es-
pañola, apenas 6,000 habitantes y 2,225 esclavos. Santo Domingo
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 57
llega en ese momento a tener 500 personas. La pobreza impera
con la despoblación.
Sin embargo, la situación cambia en el siglo xviii. Se crean
nuevas villas, se produce un repoblamiento de la isla para llegar
a tener en 1783, 60,000 habitantes en la Parte española y en la
Parte francesa más de 570,000, la mayoría esclava; los franceses
(población blanca) llegan apenas a 30,000 habitantes. La im-
plementación de un sistema de explotación colonial tan feroz
contribuye a la prosperidad de las grandes ciudades marítimas
francesas en Europa, tales como Rouen, Nantes, La Rochelle,
Burdeos y de sus burguesías locales. La política aplicada por Col-
bert contribuye a la creación de las Manufacturas Reales y a la
prosperidad de Francia.
El aumento poblacional en cincuenta años, se debe tam-
bién a un cambio de la política comercial por los Borbones,
que rompen el monopolio de la Casa de Contratación y crean
la Compañía de Barcelona o de Santo Domingo y permiten las
inmigraciones de campesinos canarios que reactivan el comercio
entre los dos países.
La cuestión fronteriza empieza a ser el tema geopolítico fun-
damental entre las dos naciones: en 1785, con el tratado de Basi-
lea, se cede la Parte española a Francia, lo que provoca una serie
de luchas internas y la ocupación del territorio de la colonia es-
pañola por parte de los haitianos, reconquista de la colonia por
parte de los franceses y revueltas para expulsar a los invasores de
la antigua colonia española. Sin embargo, esas luchas disimulan
la profunda transformación que ocurrió en Santo Domingo.
Sabemos por el legislador esclavista de 1784, Agustín Emparan
y Orbe, que «la ciudad de Santo Domingo era, en 1784 y venía
siéndolo presumiblemente desde muchos años atrás, la capital
negra de Hispanoamérica si la esclavitud era a lo sumo en ella,
un espantapájaros legal del que nadie hacia caso o más aun, si en
su seno vivían principescamente negros y mulatos».
Del Código Negro español señala «[…]que en la ciudad de
Santo Domingo se producían actividades entre negros y mulatos
que sus entierros y funerales van acompañados del mismo aparato
58 Amparo Chantada
que los de las personas blancas o por mejor decirlo, los de las
personas más visibles de Europa, a saber comunidades religiosas,
de los sudarios o cruces, de las infinitas cofradías que tienen y de
coro de música para los oficios eclesiásticos y que para reducirlas
y contener sus restantes manifestaciones que incluía bailes de
negros esclavos y libres en las plazas, calles y lugares públicos en
innumerables días festivos, las cofradías negras se recluirán en la
Iglesia de San Miguel».
El doctor Abel Fernández Mejía (hijo de la feminista domi-
nicana Abigail Mejía, primera sufragista dominicana, enterrada
en el cementerio de la Avenida Independencia) habla, para los
años comprendidos entre 1795 y 1822, de «resquebrajamiento y
final desaparición de dos instituciones que constituían principal-
mente la base económica de la clase dirigente colonial: la esclavi-
tud y el “mayorazgo”; la emigración de esa misma clase dirigente
cumplida durante esos años, va a coadyuvar al reemplazo de la
vieja sociedad por una nueva».
Las vicisitudes de la población y de la ciudad no permitieron
un crecimiento continuo ni una permanencia constante y ne-
cesaria para edificar el espacio intramuros completamente. Es
obvio que durante esos años, que significan el paso de una socie-
dad colonial y sus instituciones a la formación de la nación y de
nuevas instituciones, en particular la militar (Batallón de Pardos
Libres o de Morenos, fuerte, de 400 hombres, en 1821-1822),
la ciudad está abandonada y empobrecida. A principio de siglo
xix, la población de la Parte española emigra hacia Cuba y Vene-
zuela. Los acontecimientos políticos se aceleran. En 1821 se pro-
duce la Independencia efímera. Los haitianos, liberados de los
franceses, ocupan por segunda vez la parte española, en 1822.
En la víspera de la ocupación haitiana de 1822-1844, la ciu-
dad intramuros de Santo Domingo no llega todavía a las mura-
llas. Las casas están en proceso de descalabro, muchas están en
ruinas, otras ya habían desaparecido. Las partes norte y sur de la
ciudad estaban urbanizadas principalmente de casas muy pobres
de madera y tablas de palma y sus moradores estaban empobre-
cidos (barrios San Lázaro, San Antón, San Miguel, El Navarijo y
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 59
Ponce), existiendo una relación entre pobreza y manifestaciones
culturales, lo que nos induce a pensar que los esclavos, liberados,
vivían en la parte norte de la capital.
La zona sur de la ciudad es más pobre y su población coha-
bita con actividades muy diversas; no solo alberga familias hu-
mildes, sino también el mercado, el matadero, incluyendo las
prostitutas y actividades ligadas al juego, junto a bares de los
obreros portuarios.
La zona norte se dedica a las actividades portuarias y comer-
ciales aunque estas son muy reducidas. Las invasiones no vienen
ya por mar, la población tiene la mirada fijada hacia la Puerta de
El Conde, porque es por tierra que ocurren ahora las invasiones
peligrosas.
Capítulo III
Peripecias en torno al cementerio
La Orden Real de España a las colonias
El siglo xviii es el siglo de la modernidad. En Europa, se renueva
la ciudad con grandes obras arquitectónicas, de paisajismo y de
saneamiento. El esteticismo se mezcla con el higienismo. Una
de las primeras Órdenes Reales en torno a los cementerios en
España y sus colonias fue la orden de Carlos III en 1775 que
señalaba que debían abolirse los cementerios parroquiales.
La Orden Real por disposición de Carlos III, estipulaba que
todo centro urbano, pequeño, mediano o grande, contara con
un cementerio «fuera de poblado», y prohibía las sepulturas en
los templos. La secularización de los enterramientos tomará mu-
chos años. Se harán muchas ordenanzas complementando los
nuevas modalidades de enterramientos que no obligatoriamente
significaban la separación del Estado y la Iglesia que se ocupaba
de los actos de la vida cotidiana. Esto se asocia al inicio de la Re-
volución Industrial, de las primeras medidas de higienización de
las ciudades y la entrada en la modernidad.
Dicha ordenanza debía ser cumplida tanto en España como
en sus colonias, a partir de lo cual se provocó toda una discusión
referida a la construcción de los cementerios urbanos.
Estos debían cumplir con un conjunto de normas adecua-
das, como era su localización en áreas fuera de las márgenes de
los poblados, en lugares donde imperaran los vientos para que
se llevaran los malos olores y debían ser plantados árboles de suaves
fragancias que ayudaran a esta aireación. Sin embargo, la resistencia
61
62 Amparo Chantada
fue grande por parte de los feligreses y sobre todo de las parro-
quias; hubo que esperar unos pocos años más para que los ce-
menterios, en su concepción actual de ubicación extramuros de
la ciudad, fueran realidades y en general diseñados por grandes
arquitectos.
La usanza de enterrar a los difuntos en el interior de los tem-
plos fue un tema muy discutido en toda España y sus colonias, a
lo largo del siglo xviii, partiendo la iniciativa de limitar esta cos-
tumbre de la propia Iglesia española a la que respondió el Estado
iniciando políticas de prevención para erradicar el riesgo de epi-
demias, entre las que estaba la propia creación de los cementerios
extramuros. Otras medidas seguirían después, como la creación
de planes generales de alcantarillado, servicios de limpieza que
retiraban los desperdicios de las calles y férreos controles en los
puertos de mar, auténticas puertas de entrada para las enfermeda-
des y plagas. En 1781 se registró en España una epidemia devasta-
dora por la presencia de los muertos en las iglesias y los templos
en el centro de las ciudades y el 3 de agosto de 1784, una nueva
Orden Real dictada por Carlos III dispuso que a partir de enton-
ces los cadáveres no fueran inhumados más en las iglesias.
Tres años más tarde, en 1787, esta medida fue ratificada por
medio de una Real Cédula en la que se disponía la construc-
ción improrrogable de los cementerios fuera de las poblaciones,
siempre que no hubiere dificultad invencible o existieran gran-
des anchuras dentro de ellas, en sitios ventilados e inmediatos a
las parroquias, y distantes de las casas de los vecinos, lejos de las
fuentes de agua y si posible, en alturas. Porque se sabe que los
feligreses se resistieron a ser enterrados fuera del ámbito de los
templos y la oposición de las parroquias fue más grande aún, por
el terror a perder una de sus principales y más directas fuentes
de financiación.
No podemos afirmar que en ese fin del siglo xviii, la Colonia
de Santo Domingo cumpliera con esa disposición, ya que sus in-
tereses estaban fijados en temas de mucha más importancia para
su porvenir; por eso pensamos que todavía en ese fin de siglo,
se siguió enterrando en las capillas privadas, los que podían
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 63
costear esos gastos y los otros en tumbas anónimas, en las igle-
sias, contrario a otras colonias donde pudimos comprobar que
en ese siglo se fundan los principales cementerios de las grandes
ciudades de América, cumpliendo la Orden Real.
La ocupación haitiana 1822-1844
y la Revolución francesa
Una hipótesis de esta investigación, en el transcurso del in-
ventario, fue comprobar si la creación del cementerio fue pen-
sada en la primera ocupación de la parte española por Toussaint
L’Ouverture en 1801-1802 y por qué no lo hizo en su tiempo, y
por qué es realizada en 1824 durante la segunda ocupación hai-
tiana por Boyer. Los libertos haitianos, y en particular Toussaint
L’Ouverture, eran diputados de la Asamblea Colonial y Nacional
Francesa y por lo tanto tenían mucho interés en modificar las ins-
tituciones de la parte española, en particular, la separación del
Estado y la Iglesia. Sabemos que en algunos aspectos actuaron
así, en particular con la secularización de las actividades ligadas
a la vida cotidiana, que eran para la Iglesia fuente de ingresos, y
separando el Estado de la Iglesia, aquellas en particular que son
ligadas a la vida: los nacimientos, bautismos, matrimonios y la
muerte, lo que contribuyó a la ruina de las finanzas eclesiásticas
e incluso a su exilio a Cuba.
La Asamblea Constituyente de Francia rehusó el 13 de abril
de 1790 declarar al catolicismo como religión del Estado, aun-
que la Constitución de 1791 seguirá reconociendo parcialmente
una situación privilegiada para la Iglesia católica ya que el Estado
se hacía cargo de los gastos del culto. No será hasta la Conven-
ción (República Thermidoriana) cuando se recoja con mayor
claridad la separación entre el Estado y las instituciones religio-
sas. El decreto de 18 de septiembre de 1794 establecía que no
se mantendrá culto alguno, ni se reconocerá, ni se retribuirá a
ningún ministro de culto, ni se suministrará local alguno. Este
precepto será confirmado por el decreto del 21 de febrero de
64 Amparo Chantada
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 65
1795, que recoge el principio de la separación entre el Estado y
las posesiones religiosas. Estos principios serán consagrados en
la Constitución del 22 de agosto de 1795 y se recogerán también
en el Decreto sobre el libre ejercicio de los cultos del 19 de sep-
tiembre de 1795. Como consecuencia de estas disposiciones, el
Departamento de Cultos fue abolido y los sueldos de los minis-
tros de culto fueron suprimidos.
Por último, se produce la secularización («laïcisation») de al-
gunas instituciones como el matrimonio, que pasa a ser conside-
rado como contrato civil y se reconoce el divorcio; los registros
de nacimientos, matrimonios y fallecimientos, según la Constitu-
ción de 1791, fueron transferidos a las autoridades municipales.
Esta secularización se trasladó incluso al calendario y a las fiestas.
Santo Domingo en la ocupación haitiana
Según un censo de 1819, publicado por el historiador Frank
Moya Pons, Santo Domingo y su común tenían en ese momento
aproximadamente 11,205 habitantes, o sea, aproximadamente
2,241 familias, lo que significaba una concentración excepcional
en torno a la principal ciudad de la isla en ese momento,
incluyendo Puerto Príncipe, en torno a su puerto y a actividades
de comercio y de exportación.
La ocupación dio lugar a varias interpretaciones y posiciones,
ya que no pareció ser una mera ocupación para determinados
sectores que la desearon. Según Moya Pons, en su libro sobre
la ocupación haitiana: «a las siete de la mañana del día 9, los
miembros del Ayuntamiento esperaban en la Puerta de El Con-
de, al presidente Boyer para acompañarlo a la Sala Municipal
donde se le rindieron honores como presidente y el ciudadano
José Núñez de Cáceres, que hasta entonces habían estado a la
cabeza de la municipalidad, anunció al Presidente la ceremonia
que era de práctica en semejante oportunidad y que consistía en
entregarle las llaves de la ciudad, como para significarle que se
colocaba bajo su dominación del mismo modo que el territorio
66 Amparo Chantada
del cual era la capital. Después de un Tedeum en la Catedral,
así se inicio la ocupación haitiana de 22 años, sin resistencia ni
muertos».
Según el antropólogo Marcio Veloz Maggiolo, los haitianos
se cuidaron de extirpar toda manifestación cultural dominicana,
que era en 1822, episódica e individual. La Universidad era una
institución sin infraestructuras educativas pues jamás existieron,
en la Era Colonial, planteles escolares de instrucción secundaria.
En 1812, el panorama de la instrucción en Santo Domingo
era prácticamente inexistente, según el informe del Arzobispo
Pedro Valera. En la colonia entera, solo existían 2 clases, servidas
por 2 maestros y para todos los niveles educativos, a los que solo
asistían 79 estudiantes. La Universidad de Santo Tomas de Aqui-
no funcionaba en forma precaria desde 1795 y estaba cerrada
desde 1802, fue reabierta 3 años después de ese informe. Este
nuevo periodo durará solo 8 años, fue cerrada en 1823 por los
haitianos.
De las primeras medidas importantes del presidente Boyer,
se debe mencionar la de abolir la esclavitud y prometer tierras a
todos los libertos para que, al salir del tutelaje de sus amos, pu-
dieran dedicarse a vivir libremente en parcelas propias donadas
por el Estado y levantar la agricultura en sus propiedades. Fácil
es imaginar el desencanto y las dificultades del gobernador y co-
mandante de la plaza de Santo Domingo, general Borgellá, al
querer aplicar una ley importante, en torno a la tierra, la ley del
8 de julio de 1824, que buscaba eliminar el sistema de los terre-
nos comuneros, bajo el cual la propiedad territorial de la parte
del este no podía ser fiscalizada en modo alguno por el Estado,
al mismo tiempo que buscaba asentar al pequeño campesino en
su parcela.
El desorden imperante con los títulos de propiedad de la tierra,
el usufructo y ocupación de tierras comuneras, incluso de bienes
de la Iglesia, por parroquianos que se aprovecharon del abandono
de la isla por el Arzobispo y las órdenes religiosas a raíz del Tratado
de Basilea, frente a las deudas de los terratenientes tanto con estas
como a los seculares adscritos a la catedral, tuvo que sorprender a
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 67
los haitianos acostumbrados a la administración implacable y rigu-
rosidad de los franceses; también tuvieron que enfrentar el disgusto
de los ganaderos y de los exportadores de madera que no asimilaban
las nuevas orientaciones económicas de la administración de Boyer.
Otra medida que provoca descontento es la de prohibir el
comercio de exportación entre Haití y las demás islas de las An-
tillas como Martinica, Ave de Gracia, Saint Thomas y Curazao
de donde iban y venían continuamente goletas y bergantines a
cargar caoba, tabaco, a cambio de harina, arroz, telas, salazones,
artículos de hierro y otras manufacturas para el consumo co-
rriente. Esa medida tuvo que mermar las actividades del puerto
y provocar un receso en la llegada de inmigrantes a la capital.
Otro disgustado era el arzobispo Pedro Valera, frente a la polí-
tica de secularización de los bienes de la Iglesia y la aplicación de
medidas de confiscación de las propiedades eclesiásticas, y mucho
más frente a la orden de Boyer del 5 de enero de 1823, se suspen-
día el pago de los sueldos que tanto él como los otros miembros
recibían de manos del Estado. Eso significó que la Iglesia católica
pasara a vivir pobremente, pues sus recursos económicos prove-
nían solamente de sus servicios tales como bautismos, entierros,
y algunos oficios religiosos, además de los préstamos que hacía,
pero que parecían en ese momento ser mal negocio.
Los sacerdotes debían mantenerse de ahora en adelante
de las rentas eclesiásticas y en caso de que estas resultaran in-
suficientes, entonces deberían hacerse cargo de las parroquias
y curatos de la Banda del Sur que necesitaba mucho de re-
ligiosos. En vista de esta disposición, el arzobispo Valera salió
hacia La Habana (28 de julio de 1830), quien está considera-
do un potencial aliado español, y quien fue sustituido por un
sacerdote de Santiago, Tomás de Portes Infante, con el cargo
de vicario general y gobernador eclesiástico, pero Boyer que-
ría nombrar como vicario suyo en toda la Parte occidental al
doctor Correa y Cidrón. Boyer se negó a reconocer su digni-
dad de arzobispo y a aceptar la validez de sus nombramientos
hasta que no se considerara arzobispo y ciudadano de Haití. Pare-
ce ser que la crisis llegó al colmo porque el clero dominicano
68 Amparo Chantada
había perdido además de sus sueldos, sus cargos en la Universi-
dad de Santo Tomás, después que en diciembre de 1823, Boyer
dio órdenes a sus comandantes de la parte este para que recluta-
ran a todos los jóvenes de 16 a 25 años. Ese reclutamiento llegó a
las mismas aulas de la Universidad, que al perder sus estudiantes,
cerró sus puertas. Boyer debió tener tremendo problema al en-
frentarse al desorden de las tierras comuneras que dejó la admi-
nistración española, pues los franceses desde muchos años atrás
habían legalizado la propiedad de la tierra. Su imposición y la
imposibilidad de Boyer de aplicar tales medidas, seguramente
representó para él una situación difícil: querer liberar a los escla-
vos, asentarlos en propiedades de no menos de 5 carreaux (76,8
tareas) y fiscalizarlos, confiscar los bienes de la Iglesia y tenerla
de enemiga, querer organizar la producción agrícola del país,
sin tener el apoyo de los campesinos, ni de la parte exespañola ni
de su tierra, Haití, donde imperó el desorden y la vagancia, eran
propósitos inalcanzables. Boyer no podía ni aumentar las re-
caudaciones, ni imponer impuestos, ni aumentar la producción
agrícola y las exportaciones, ni controlar el negocio de la caoba
del sur. El Código Rural reflejaba todas esas utopías producto de
una revolución a destiempo, llena de interrogantes y de espe-
ranzas, pero incapacitada para resolver sus problemas internos,
endeudada, sumida en la indisciplina, enfrentada a la hostilidad
de las potencias coloniales y, por lo tanto, en la imposibilidad de
reorganizar la producción y el nivel de recaudación de la isla,
copiando el modelo de Jean Jacques Dessalines.
La ocupación haitiana tiene varias consecuencias para el cre-
cimiento físico de la ciudad:
1. Sin lugar a dudas, frenó su crecimiento ya que gran parte de
la población huyó del país.
2. Por otra parte, le devolvió a la plaza de la Catedral su carácter
central: los haitianos ubican la casa de su gobernador, Borgellá,
en esa misma plaza, dándole el carácter cívico-político-adminis-
trativo que no le había dado la administración española, más
identificada con el puerto, las atarazanas y las recaudaciones.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 69
La importancia de la Plaza es tal, que sirve de parada militar.
La constitución haitiana había impuesto el servicio militar,
civil, obligatorio (imitando a Francia) y la revista se efectuó
en ese lugar el 12 de junio de 1823, con la formación de dos
regimientos (el 31 y el 32).
3. Por otra parte, la ocupación haitiana transformó la arqui-
tectura de algunas casas de la ciudad amurallada y por fin
provoca la apertura de un cementerio en las afueras de las
murallas, para enterrar sus notables fenecidos durante la
ocupación.
Se sabe que a finales del siglo xviii, cuando se llamaba la Sa-
bana del Rey, era un lugar de pastoreo y de crianza de ganado, y
que al mismo tiempo servía para ejecutar criminales y delincuen-
tes para después enterrarlos en fosas comunes, sin inscripción
alguna, ni identificación de ninguna clase.
La posición anticlerical de los haitianos, fuertemente inspi-
rados por la Revolución Francesa por una parte y la actitud de
la jerarquía eclesiástica abiertamente hostil y antihaitiana por la
otra, en particular por la confiscación de sus bienes, inmuebles y
tierras, indujo una degradación significativa de todas las estruc-
turas físicas de las casas, conventos e iglesias; es decir, que esas
edificaciones iniciaron en esos años ciertamente un proceso de
decadencia que tuvo que dar a la capital un aspecto de abando-
no, de ruinas y de extrema pobreza, situación que prevalecerá
hasta el final del siglo xix y principio de siglo xx.
En contraparte, la ocupación haitiana trajo consigo familias
de comerciantes y negociantes, que hicieron sus vidas en la ciu-
dad. Eso implicó para las autoridades haitianas, la decisión de
abrir un cementerio fuera de la ciudad amurallada, ya que se
necesitada un lugar específico para enterrar sus muertos, que
no podían ser enterrados en iglesias ni capillas. Sin embargo, se
puede comprobar por las fechas de enterramientos, que los po-
cos notables españoles que quedan siguen enterrando sus muer-
tos en las iglesias y capillas.
70 Amparo Chantada
En fin, la influencia haitiana se nota en las modificaciones
observadas en la arquitectura civil, que algunos llaman colonial
afrancesado. Esas modificaciones no conciernen al interior de
los edificios en general, sino solamente el exterior. La mejor ex-
presión es el Palacio del Gobernador Borgellá (1826) que los
haitianos reconstruyen, ya que la edificación está prácticamente
en ruinas; también cambian el edificio de Las Casas Reales, en
estilo neoclásico para alojar las oficinas del Gobierno en 1805.
De esta modificación no tenemos vestigios ya que fue modificada
nuevamente en la primera década del siglo xx. Esa edificación
volvió a su estado original en la restauración llevada a cabo en
1970:
– Dotaron las casas de balcones corridos a todo lo largo de las
fachadas para un uso lúdico.
– Bajaron los niveles de las ventanas tanto del primer piso
como del segundo. En las segundas plantes, se instalan los
pequeños balcones corridos soportados por mensuras de ma-
dera y cubiertos con techo de tejas.
– Se alinean los huecos sobre un mismo eje, creando un efecto
rítmico y se agregan tímidas molduras (estilo renacentista).
– Al unificar los huecos de puertas, se colocó doble hoja de
madera, una exterior sólida que servía de protección y otra
interna ligera con persianas que permitía el paso de la brisa
estando protegidos, como las casas coloniales en Haití.
– Se remataron las viviendas con antepechos a veces moldurados
para darle más altura a la construcción.
Durante la ocupación haitiana se inaugura el primer cemen-
terio fuera de las murallas, en agosto de 1824.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 71
Santo Domingo durante la Anexión a España
Con el fin de la ocupación haitiana, la ciudad de Santo Do-
mingo tuvo algunas dificultades para volver a sus actividades nor-
males. La Primera República tuvo a la ciudad capital como su
centro del poder político, pero la cronología de sus acciones más
memorables son eminentemente espacio-militares. El campo de
batalla es el territorio nacional, la lucha contra Haití se sedimen-
ta alrededor del antihaitianismo y de las ideas conservadoras
contra los militares fieles a los trinitarios y a su pensamiento.
Por lo tanto, la ciudad capital es abandonada, no se transforma
físicamente, al contrario, se deteriora progresivamente.
Los civiles y las ciudades pasan a un segundo plano. El espa-
cio nacional en formación implica en sus estrategas una com-
prensión y aprovechamiento del paisaje y de sus potencialidades
geopolíticas muy finas, ya que las tropas están formadas de cam-
pesinos, muy poco aguerridos, frente a un ejército regular, uni-
ficado detrás de la consigna de Toussaint L’Ouverture «La isla,
una e indivisible». Sin embargo, un análisis espacial de los gru-
pos económicos permite diseñar el territorio en regiones, de la
manera siguiente: en el este, predomina la propiedad ganadera
mediana, ocupada por hateros, semiquebrados; en el sur, el terri-
torio es destrozado por las invasiones y batallas militares, donde
se aglutinaban algunos de los exportadores de madera, suplido-
res de caoba para la burguesía francesa e inglesa; en cuanto al
Cibao, esta región en formación estaba estructurada en torno al
cultivo del tabaco, de la pequeña y mediana propiedad agrícola,
confiriendo al conjunto una estructuración urbana más densa y
jerarquizada alrededor de Santiago y Puerto Plata, como puerto.
En las ciudades portuarias, Puerto Plata y Santo Domingo,
existían grupos económicos extranjeros, ligados a las exporta-
ciones e importaciones, compuestos por judíos sefarditas que
operaban desde Saint Thomas y Curazao, quienes se mezclaban
con ingleses, norteamericanos, alemanes y holandeses activos
en torno a la venta del tabaco. La mayoría de ellos eran agen-
tes comerciales con triples funciones: compraban, prestaban y
72 Amparo Chantada
conspiraban. Eran muy influyentes en los gobiernos que se suce-
dieron durante la Primera República, al punto que se beneficia-
ban de medidas adoptadas para los comerciantes dominicanos,
como la exoneración del impuesto de patentes en 1856, gracias a
las presiones de los cónsules sobre el Senado consultor; muchos
de ellos tenían sus casas comerciales en los puertos de Santo Do-
mingo, Azua y Puerto Plata, algunos en Sánchez.
Podemos imaginar, gracias a Emilio Rodríguez Demorizi,
lo que ocurrió cuando el ejército formado por Pedro Santana,
compuesto de campesinos con la cabeza envuelta en un pañue-
lo, a la usanza campesina, incluso algunos acompañados de pe-
rros, oriundos de las montañas del Cuey, de La Candelaria, de
Guaiquía, de El Prado, de Ananá, de Hato Mayor y de El Seibo,
llegó a la ciudad capital posiblemente los días 5 y/o 6 de mar-
zo de 1844 y que acampó frente al Palacio Viejo (Museo de las
Casas Reales) ante la Puerta de la Capilla de los Remedios y en
San Carlos. Cuánto desorden, cuánta suciedad y poca urbani-
dad. Santo Domingo tuvo que ser en ese momento un campa-
mento militar, con algunos civiles tratando de sobrevivir. Emilio
Rodríguez Demorizi expresó: «no hay en el ejército, ni estímulo,
ni disciplina. El sueldo que se les da, no les alcanza ni aun para lo
más preciso y con la misma facilidad que de meros artesanos pa-
san estos habitantes a coroneles, generales y almirantes, vuelven
a sus antiguos oficios a ganar su subsistencia, sin que extrañe ver
a cada paso antiguos oficiales de la mayor graduación ejerciendo
la profesión de carreteros o destapando barriles en las casas de
comercio».
La ciudad es transformada en una gran guarnición con una
reducida población apabullada, asustada, con militares movi-
lizándose hacia todas las direcciones, y en el mar, con buques
franceses observando la situación y a la espera de cualquier ins-
trucción del representante de Francia, el cónsul Saint Denys y
del contralmirante De Moges, quienes además de entrometer-
se en los asuntos políticos, ayudaban económicamente a Pedro
Santana, a través de varias casas extranjeras, establecidas en la
ciudad de Santo Domingo. La cárcel pública funcionaba en el
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 73
Cuarto de «los profetas» de la fortaleza Ozama, donde Duarte
fue encarcelado antes de ser desterrado el 10 de agosto de 1844,
con destino a la ciudad alemana de Hamburgo. El perímetro de
las acciones es sumamente reducido (el Puerto, la Fortaleza, la
Casa de Gobierno) y la ciudad debió de estar en un proceso de
ruralización y de estancamiento.
¿Qué incidencia tuvo para la ciudad de Santo Domingo y sus
habitantes la anexión de nuevo a España? Seguramente muchas
pero para el cementerio poca, hasta la llegada al país del cónsul
de Su Majestad británica, sir Robert Schomburgk, a principios
de 1849. De inmediato se quejó de la falta de informaciones so-
bre el país y de las imprecisiones en los datos. Sin embargo, a
grandes rasgos, los años que siguen a la ocupación haitiana son
de intensos esfuerzos para restablecer el cultivo de los rubros de
exportación en un país que se divide regionalmente en tres: El
Cibao con sus productos agrícolas: tabaco, resina de guayacán,
cueros de res, chivos, miel de abejas, cera, almidón, cocos, con-
chas de carey, azúcar y víveres, además de las maderas preciosas,
en cambio compraban lo que necesitaban como medicinas, te-
las, aceites, etc. El sur, de donde se exportaba siempre la madera,
sobre todo caoba muy de moda en Europa, y el este, sobrevivía
con el hato, la montería y el ganado, una realidad hecha de te-
rratenientes dedicados en grandes latifundios a la crianza y a la
cultura de los establos y de la caballería.
Lo que llama la atención, en esos años, es que Santo Do-
mingo estaba dominado por una minoría de comerciantes
extranjeros que se dedicaban a la exportación y a la impor-
tación, entre ellos judíos, españoles, alemanes. Esos comer-
ciantes eran los canales del comercio exterior y de los pocos
individuos que contaban con capitales (dinero). Eran fiado-
res y financiadores de los pequeños comerciantes al deta-
lle, en su totalidad dominicanos, porque la ley no permitía
que los extranjeros se ocuparan del comercio minorista en la
República Dominicana.
El teniente de la Marina de los Estados Unidos, David Por-
ter, quien llegó al país a principios de mayo de 1846, enviado
74 Amparo Chantada
especialmente por el presidente de su país para que le describa
el estado de la nación, expresó que:
[...] muy poco se exporta de Santo Domingo, fuera de la
caoba y el palo de Campeche, con estos dos artículos se
hace un buen comercio con los Estados Unidos y Gran Bre-
taña cerca de 40 buques americanos visitaron este puerto
el año pasado y este año habrá un aumento a juzgar por
las apariencias. Los barcos tienen que ir allá para aclararse
para la costa y luego de recibir a bordo su carga, deben re-
gresar para obtener su despacho hacia los Estados Unidos.
Los ingleses no tienen sino poco comercio con este puerto
mientras los holandeses tienen 20 o 30 barcos al año, el
comercio de cabotaje es pequeño y no alcanza a más de 20
embarcaciones, pequeñas goletas usadas principalmente
en buscar madera de la costa, las provisiones son traídas
totalmente de los Estados Unidos y los barcos encuentran
rápida venta para la harina, pan, carnes saladas, bacalao,
caballa, arenques, mantequilla, queso, tocino, jabón y ve-
las, sillas, muebles, madera, letreros de oficina, ferretería
y artículos corrientes de algodón son en la mayoría de las
casos y pronto lo serán en todos, artículos de exportación.
De azúcar, solo se hace lo suficiente para el consumo do-
méstico aunque este año podrán competir con el azúcar
cubano y si algunos de ustedes hubiera salido de Santo Do-
mingo se daría cuenta que la tecnología agrícola apenas
pasaba del machete y la coa, y los habitantes del país vivían
en perfecta adaptación a las condiciones ecológicas. Por
ejemplo, en San Cristóbal la gente vivía de la siembra de
víveres y algo de tabaco y cana, en Baní la gente vivía de
las salinas, la crianza de chivos, la ganadería y el corte de
maderas. La frontera estaba casi totalmente despoblada,
convertida en una especie de tierra de nadie. En 15 años,
de 1844 a 1859, la estructura de la economía no había va-
riado en lo más mínimo.
Cuando Pedro Santana llegó al poder el 12 de julio de 1844,
el país estaba padeciendo una crisis financiera espantosa. El papel
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 75
de financiadores del comercio de importación dominicano por
parte de los comerciantes mayoristas de Saint Thomas tiene una
larga historia sin la cual muy difícil es comprender la historia
política y económica de la Primera República y aun de los años
posteriores a la Guerra de la Restauración, pues ellos no solo fa-
cilitaban los créditos que los comerciantes dominicanos necesita-
ban, vendiéndoles las mercancías a largo plazo, sino que estaban
asociados con las grandes casas exportadoras dominicanas que te-
nían fuertes relaciones con los partidos políticos; el caso de Báez
y el de Luperón son ilustrativos. La ciudad de Santo Domingo
recibía la mayoría de las mercancías y manufacturas que venían
de Saint Thomas y Curazao que, por ser puertos libres cercanos
a la Isla, permitían adquirir a relativamente buenos precios lo
que la población necesitaba. Más de las tres cuartas partes de los
artículos que se consumían en Santo Domingo eran de manufac-
tura inglesa, pero no todo venía de Inglaterra, sino a través de los
mayoristas de Saint Thomas, de donde llegaban tejidos de algo-
dón, de lino, media, de lana, cubiertos de metal, vasijas de barro
y vajillas. De los Estados Unidos venían harina de trigo, velas y
velones, jabones, materiales de construcción de buques, artículos
mecánicos; y de Martinica venían quesos, mantequilla, piel de be-
cerro, vinos, ginebra y sedas, licores y frutas secas. Tenemos, pues,
una idea general de las actividades de la ciudad.
Santo Domingo a final del siglo xix
¿Cómo era la ciudad en esos años? La ciudad de Santo Do-
mingo tenía en el censo de 1892, a los cuatrocientos años de su
existencia, un total de 14,072 residentes; había 11,819 nacionales
y 2,253 extranjeros, lo que era muy significativo del movimiento
migratorio y del dinamismo que imperaban en la ciudad en esos
años. Tenía 2,654 casas, de las cuales:
– 2,361 eran de una planta;
– y 293 eran de dos plantas;
– 1000 casas eran de mampostería y 1,367 de madera (falta de
modernidad), si se compara con La Habana de la época.
76 Amparo Chantada
– En esos años se registran 2,282 casados y 11,196 solteros y
entre la población había 6,128 varones y 7,943 hembras, lo
que significa que la población no se casaba, vivía sin esa for-
malidad quizás por la pobreza imperante.
– Lo que planteamos se comprueba por los pocos matrimonios
que se registran: 40 matrimonios, 460 defunciones y 425 na-
cimientos.
En cuanto a infraestructuras en la ciudad, tenemos una visión
de lo que ocurría cuando en el censo se dice que tenía 1,593 ca-
ños, lo que nos demuestra que la insalubridad imperaba, ya que
dejaba sus aguas residuales correr por cañadas hacia el mar al no
tener alcantarillado. Además, vemos cómo las autoridades tar-
dan en adaptar la capital a los tiempos modernos, ya que en casi
todas las grandes capitales de Europa, en nombre de la higiene,
de la salubridad y de la seguridad contra el incendio, en parti-
cular, se propagaba una nueva visión del urbanismo moderno.
Eso se traducía por grandes transformaciones urbanísticas, con
obras viales acompañadas de grandes parques, plazoletas, a par-
tir del ensanchamiento de tierras circundantes que desplazaron
a la burguesía del centro de las ciudades a las afueras. Todas esas
ciudades se modernizaron además con obras de infraestructuras
sanitarias (agua potable, alcantarillado, fuentes y canalización de
ríos) e incluso construcción de metro en las grandes urbes como
París, Londres y New York.
La ciudad de Santo Domingo tenía en esa época tres parques
y 8 plazas:
– El de Colón con 58 bancos de hierro y 8 ramilletes de hierro
con 40 faroles;
– el Duarte con 24 bancos de hierro y 12 faroles montados en
sus columnas de madera pintada y
– el Padre Billini formado por un cuadro con verja de hierro
y una fuente con 6 bancos de hierro y 4 faroles montados en
columnas de hierro.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 77
La ciudad contaba con 356 faroles (no había energía eléctri-
ca todavía).
Tenía 2 hoteles, 8 cafés y 1 restaurante, 2 clubes: el Club
Unión y el Club de Regatas.
La precariedad de las construcciones se comprueba por el
material de construcción de las casas:
– 907 estaban cobijadas de yagua,
– 687 lo eran de zinc,
– 868 romano o de ladrillos,
– 687 eran de mampostería,
– 89 de tejas de barro,
– 54 de tablillas,
– 54 en ruinas,
– 49 (de extrema pobreza).
Lo que es fundamental para explicar las numerosas muertes
de infantes en la época por gripe o influenza, fiebres y tuberculo-
sis: la ciudad no estaba preparada para responder a las exigentes
condiciones climáticas debido a su ubicación en los trópicos.
En cuanto a profesiones, vemos que la ciudad contaba con
20 abogados, 5 notarios, 5 ingenieros, 2 maestros de obras, 5
agrimensores, 18 médicos, 10 boticas, 4 dentistas, más 3 asilos de
beneficencia y un manicomio. También la ciudad tenía 3 socie-
dades literarias, 10 filantrópicas, 6 de recreo y 5 religiosas. Las
actividades de la ciudad con características del incipiente desa-
rrollo social y económico son las siguientes:
– 37 escuelas de la cuales 20 eran públicas y 17 eran privadas,
25 de enseñanza elemental y 12 de secundaria.
– 4 bibliotecas públicas, 4 librerías y 12 publicaciones a nivel
nacional.
78 Amparo Chantada
En cuanto a actividades económicas, fueron censados los
locales siguientes:
– 2 talleres de pintura,
– 1 de fotografía,
– 1 de escultura,
– 1 de fundición,
– 1 de herrería,
– 1 de maquinaria,
– 1 fábrica de cerveza,
– otras de jabón,
– otras de hielo,
– 1 de velas esteáricas,
– 1 de fideos,
– 1 de vino de cajuil,
– 1 de chocolate,
– 1 de ladrillos al vapor,
– 1 de ladrillos a fuerza de sangre,
– 1 de curtiembre al vapor,
– 3 fábricas de perfumes,
– 3 fábricas de baúles.
Se registró también el movimiento marítimo: se contó en 11
meses con la llegada de 133 barcos, 63 a vapor y 70 a vela; en el
río Ozama, se contó un promedio de 25 canoas para 100 per-
sonas transportadas diariamente. Por ese movimiento llegaron
muchos italianos, expertos marineros, al país.
La ciudad amurallada siempre tuvo 2 salidas hacia el oeste,
pero la principal fue la salida por la Puerta del Conde y es preci-
samente a partir de esa puerta y un pequeño puente que saltaba
el foso que partían hacia el interior del país los caminos creados
por las cabalgaduras, recuas, carretas y caminantes. Se llegaba al
cementerio también.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 79
En 1890, ya la ciudad cuenta con 6 caminos hacia el interior
de la Isla:
1. El de Güibia, San Jerónimo, Haina y San Cristóbal.
2. El de Santa Ana (la actual calle Enrique Henríquez).
3. Una bifurcación del anterior camino, hoy calle Julio Verne.
4. El del Cibao, hoy la 30 de Marzo.
5. El de Galindo (al norte de la muralla norte de la ciudad).
6. Y otro que salía del de Galindo (calle Del Monte y Tejada).
Esos caminos serán los puntos de referencia y de partida para
la creación del sistema vial que uniría la capital con las principa-
les ciudades del interior del país, para su futura expansión física
en los terrenos que rodeaban la ciudad amurallada y para la lo-
tificación de las fincas solariegas en solares urbanos. Sorprende
ver la influencia de los grandes propietarios de terrenos alrede-
dor de la ciudad amurallada y el espíritu de lucro y de especula-
ción que los animaban; eso dificultó la toma de decisión de las
autoridades para un trazado vial lineal de las calles y avenidas y
que explica las tortuosas y sinuosas calles de Gascue, la Generala,
Primavera y Don Bosco.
Para los acontecimientos públicos de castigo o juicios
militares, siguiendo el camino de San Jerónimo, se escogió
un lugar para proceder a los fusilamientos y ejecuciones de
delincuentes, ladrones y opositores al gobierno; ese terreno
estaba situado en la Sabana del Rey o Sabana del Estado, lo que
le dio bastante mala fama a la zona suroeste de la ciudad capital
y la especializó, para determinadas actividades: cementerio,
mercado, matadero, zona de aparcamiento de las bestias y
burros, hospedaje de los campesinos, incluso para extracción de
material de construcción.
Don Carlos Larrazábal Blanco y don Emilio Rodríguez De-
morizi nos relatan que los reos eran trasladados desde la For-
taleza Ozama al son de redoblantes por la calle Separación o
Conde pasando por la puerta hasta el pie de un antiguo almen-
dro donde, después de fusilados, eran tirados en la fosa común.
80 Amparo Chantada
Ahí murieron fusilados María Trinidad Sánchez y Antonio
Duvergé. Don Carlos Larrazábal Blanco menciona que ese árbol,
que existe hoy en día, dio lugar a una expresión popular «en el
almendro te espero» para indicar una cita de riña y de pelea. Es
en ese lugar preciso, que se delimita el actual cementerio.
El Ayuntamiento de Santo Domingo en esos años, era muy
representativo de los estratos sociales y ocupaciones de la socie-
dad de ese entonces, estaba integrado así:
– José Manuel Jiménez, presidente.
– Manuel de Jesús Troncoso de la Concha, vicepresidente.
– Haim López-Penha (hermano del ingeniero Osvaldo Báez,
padre del ingeniero José Ramón Báez López-Penha).
– José María Bonetti.
– Arístides Fiallo Cabral.
– Diógenes Mieses.
– Manuel de Jesús Pellerano.
– Emilio Billini.
– Arturo Pellerano Sardá.
– Ricardo Martínez.
– Manuel Emilio Machado.
– Ramón Jansen.
– Manuel Mena.
– Esteban Nivar.
– Fernando Escobar.
– Isaac Flores.
– Luis Felipe Marín, regidor.
Era síndico de Santo Domingo, Tomás Sanlley y secretario,
Miguel Ángel de Marchena. Casi todos están enterrados en el
Cementerio de la Avenida Independencia.
Capítulo IV
El Cementerio de la Avenida
Independencia: ayer y hoy
Fundación y recinto
El Cementerio de Santo Domingo (llamado también de la Sa-
bana) o Cementerio Católico fue inaugurado, durante la segun-
da ocupación haitiana por el presidente Jean-Pierre Boyer, el 29
de agosto de 1824.
Se inauguró como cementerio católico y el terreno escogido
era un cuadro de 40 varas de frente (castellanas) por 58 de fon-
do, cercado en los primeros días de mallas y después de madera.
Podemos pensar que el terreno fue dividido en cuatro a partir de
una avenida principal y dos calles secundarias, como se hiciera en
una ciudad pequeña. La primera persona enterrada, la baronesa
del cementerio, es una mujer llamada Juana Flores. De este ente-
rramiento, podemos ver la placa conmemorativa en la entrada del
cementerio, por la puerta principal, que queda en la actual aveni-
da Independencia, el antiguo camino de San Jerónimo. Esa perso-
na es motivo de culto dentro de una arraigada creencia popular y
mítico-religiosa propia de la religiosidad popular dominicana que
venera la primera persona enterrada en un cementerio.
Después de la Independencia, se habían radicado en el país
varias familias de origen judío y judío sefarditas, por lo tanto
pronto se plantearía el problema de su última morada.
En el lado oeste, se reservó un área para los judíos, donde se
encuentra el primer judío enterrado que data de 1826. Se llamaba
81
82 Amparo Chantada
Entrada del Cementerio de la Avenida Independencia.
Juana Flores, la primera enterrada, la baronesa del cementerio.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 83
Jacobo Pardo Matif, había nacido en Ámsterdam y murió a los 64
años de edad.
El cementerio antiguo estuvo dividido físicamente en dos zo-
nas discriminatorias, de un lado un cementerio cristiano y detrás
separado por una pared de piedra, el cementerio judío.
En 1852, gracias a las gestiones de la Sociedad Masónica La
Estrella de Oriente se comenzó a limitar una parte del cemente-
rio, mediante un alambrado de púas en su frente norte o camino
de San Jerónimo, y se colocó una puerta de madera como entra-
da, pero el cementerio se quedó abierto por los lados especial-
mente por el suroeste que se extendía casi hasta al mar.
En el año 1853, le fue concedido a sir Herman Schomburg,
cónsul de S. M. Británica en Santo Domingo, un terreno para
dar sepultura a los súbditos ingleses, de religión protestante, que
fallecieran en esta ciudad, advirtiéndosele que no se trataba de
una donación de propiedad, sino una facultad que se le con-
cedía, exclusivamente para el uso indicado y no otro. El Ayun-
tamiento temía la reacción de la Iglesia católica y no resolvió
oficialmente.
Se declaró cementerio municipal por decreto del gobierno
de Pedro Santana en su segundo mandato el 17 de mayo de 1853
y se prohibieron los enterramientos en los patios, pero a pesar de
ser oficial, la falta de cuidado y de una infraestructura adecuada
comenzó a generar problemas a la ciudad y a la población. El ce-
menterio católico estaba abandonado. Actos de saqueos, perros
muertos, malos olores, se denuncian en el periódico El Orden en
La Bandera Española y en la Gaceta de 1852-1853. La ola de protes-
tas provoca que en 1854 el Ayuntamiento recabe los fondos para
dar comienzos a la obra de un cercado mediante la construcción
de una pared de mampostería que se continuaría con la imposi-
ción de un impuesto para todos los enterramientos de 5 fuertes.
(Luis Alemar, en su libro La Ciudad de Santo Domingo).
Cuando se le construyó el portal de mampostería ahí se
colocó la inscripción de la muerte de Juana Flores.
84 Amparo Chantada
¿Cuántos habitantes tenía Santo Domingo en ese momento?
Marcio Veloz Maggiolo habla de una nota aparecida en la
Revista Quincenal Dominicana, en donde se muestra la nómi-
na de escuelas y se dice que 29 de cada 100 jóvenes en edad
escolar recibían en ese momento formación. Parte de la nota
dice:
[…]tomando por base de la población de Santo Domin-
go, el número de 12,000 almas, la prudencia del cálculo
nos permite suponer que la 1/5 parte de ella está todavía
en estado de edad de aprendizaje. De esta parte o mejor
dicho de los 2,400 niñas que necesitan educación, hay
661 que están a la escuela, supongamos que personal-
mente. Tendremos entonces que en vez de 661 habrá 700
que están estudiando. En este caso, podemos suponer
que aproximadamente de cada 100 jóvenes, solo hay 29
recibiendo educación.
Es decir que Santo Domingo era una muy pequeña capi-
tal, con un sistema educativo embrionario, elitista al fin
y anticuado.5
En 1862, el Ayuntamiento de Santo Domingo cedió un sitio
para satisfacer al señor Elías Gross, pastor de la Iglesia Metodista
Africana. Se le dio un espacio para los enterramientos de pro-
testantes con una puerta de acceso especial para ellos. En ese
mismo año, los vecinos protestaban todavía por el mal estado
del cementerio que algunos llamaban el de Los Ángeles y que
carecía de mantenimiento ya que se había transformado en un
lugar donde los animales pastoreaban y donde se desenterraban
los muertos.
En 1865, el gobierno autoriza al Consejo Municipal am-
pliar el cementerio y fue utilizada la porción noreste o calle
5
Marcio Veloz Maggiolo, artículo tomado de Revista Quincenal Dominicana,
15 de abril de 1860.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 85
Nouel con calle Estrelleta de la Sabana del Rey para enterrar
las numerosas víctimas que fallecieron de cólera morbus y de
influenza (neumonía) que azotó la ciudad capital por muchos
años. Desde entonces, esa porción fue utilizada para entierros
de gente pobre y de enfermedad contagiosa en una fosa co-
mún.
El 21 de septiembre de 1880, se fundó la Sociedad Cosmopo-
lita conformada por judíos y en ese año, dichos terrenos que en
1878 median 11 pies de largo y 10 pies de ancho, fueron cedidos
a esta sociedad integrada por descendientes de hebreos, estable-
ciéndose el cementerio judío.
Pero el 12 de marzo de 1883, fue cerrada la parte sur con
otro muro de tapia sin salida debido a que personas ines-
crupulosas comenzaron a «coger terrenos» para construir su
casa.
En 1883, durante el gobierno de Ulises Heureaux, el ce-
menterio fue intervenido otra vez. Esta vez se adquirió la verja
de hierro en Estados Unidos a un costo de 1,125 fuertes (oro).
Para colocar la verja fue rebajado el muro de tapia de la parte
norte que llegaba a colindar con la esquina del Parque Inde-
pendencia, aunque el terreno del cementerio continuaba hasta
la hoy calle La Estrelleta. El 11 de febrero de 1884, el Decreto
2198 del general Ulises Heureaux, autoriza la demolición de
las murallas de Santo Domingo en el espacio necesario para
prolongar las calles de Las Mercedes, Santo Tomás (Arzobispo
Nouel), Universidad (Padre Billini) y la Misericordia (arzobis-
po Portes) y las transversales de Los Mártires (19 de Marzo) y
Regina (José Reyes). Por resolución del Ayuntamiento, el 27
de mayo de 1887 se le designó cementerio protestante o de los
hebreos. Ya se le había colocado una verja de hierro que lo se-
paraba del cementerio católico. Gracias a los esfuerzos progre-
sistas de la sociedad llamada Cosmopolita se hicieron notables
mejoras de ornato, debido a que muchos de sus miembros eran
notables prominentes del comercio de la capital, descendien-
tes de judíos sefarditas. Entonces se le llamó Cementerio Cos-
mopolita de católicos y judíos.
86 Amparo Chantada
La avenida principal N-S.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 87
En la parte judía vemos hoy las tumbas de los judíos allí ente-
rrados, que excepto una o dos, están en muy malas condiciones:
– De León.
– De Marchena.
– López Penha.
– Pardo.
– Levy.
– Curiel.
– Pereyra.
– Moisés de Castro (25 de julio de 1844 y fallecido el 6 de
noviembre de 1884).
– Namias.
– Cohén.
– Henríquez y García.
• Jacob James, nacido el 24 de diciembre de 1857 y fallecido el
1 de febrero de 1923. Su lápida dice así:
«D.D.P.E. of the African Methods Episcopal Church.
Served as pastor in the following states: Wisconsin, Iowa, Illinois,
Minnesota, Dominican Republic, capital, San P. de Macorís».
Traducción: «Representante de la Iglesia Metodista Africana.
Sirvió como pastor en los siguientes estados: Wisconsin, Iowa,
Illinois, Minnesota, República Dominicana, capital, San P. de
Macorís».
• Jacobo B. Curiel, nacido el 16 de abril de 1853 y fallecido el
7 de marzo de 1895.
• Jacob Reissmann, nacido en 1850 y muerto en 1943 (el últi-
mo enterrado en el cementerio, según el recorte de periódi-
co que nos enviaran sus descendientes radicados en Nueva
York, Estados Unidos).
Estas tumbas, excepto una, están muy deterioradas, sin
lápida, con signos de vandalismo.
88 Amparo Chantada
La verja de hierro que costó 1,125 fuertes (oro) proveniente de los Estados
Unidos.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 89
Detalle de la verja del cementerio.
90 Amparo Chantada
Jacobo B. Curiel, nace el día 16 de abril de 1853, fallece el 7 de marzo de 1895.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 91
Tumba de Haim de López-Penha, en la parte judía del cementerio.
Tumba de Moisés N. de Crasto, judío.
92 Amparo Chantada
Tumbas de Rafael N. Crasto, y Rebeca N. de Crasto, judíos.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 93
Jacob Reissmann (El abuelito),
1850-1943
94 Amparo Chantada
Hasta el año 1915, el cementerio judío perteneció a la corona
inglesa, arreglo del que fue autor el señor Abraham León. En ese
mismo año, dicho señor, junto al cónsul inglés de entonces, sir M.
George Garston, gestionaron la donación y entrega del cemente-
rio hebreo. (Los últimos encargados del cementerio hebreo fue-
ron los señores Benjamín de León y don Haim López-Penha).
En 1916, durante la primera intervención estadounidense,
en la Isla (Haití y Santo Domingo) la parte noreste del cemen-
terio fue tomada para construir la Escuela Normal Superior de
Varones de Santo Domingo, cuyo patio se extendía por el sur,
limitado con las calles Canela y La Estrelleta.
El cementerio fue clausurado en 1938, 114 años después de
su inauguración (pero siguió funcionando hasta 1943), porque
el presidente Trujillo había previsto la construcción de un nuevo
cementerio, en las afueras de Ciudad Trujillo, en Villa Juana,
que llamó Cementerio Nacional y que inauguró en 1942.
El cementerio en los 60
En el año 1964, el cementerio parece haber sido el blanco de
detractores que quisieron cercenarlo y algunos quisieron hasta
destruirlo completamente.
Se abrió un gran debate en la prensa nacional en el cual in-
tervinieron todos los intelectuales y dolientes de difuntos, para
que no fuera destruido. Es difícil conocer el origen de los detrac-
tores, pero la Iglesia católica parece haber tenido un papel activo
en esas calumnias y detracciones, ya que al final se le concedió
parte de los terrenos del cementerio. A favor del cementerio se
pronunciaron muchas personas, como la señora Amada Nivar
Pittaluga quien en el Listín Diario de febrero de 1964, escribió
un artículo defendiendo el valor del cementerio, ella que tenía
muchos ascendientes enterrados ahí.
La inconsciencia llegó tan lejos que el 12 de marzo de 1964,
Alfonso Acosta Feliz, escribió en Prensa Libre: «que en el cemen-
terio no hay ninguna joya arquitectónica».
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 95
En febrero de 1964 se decidió restaurar el cementerio y el
síndico del Ayuntamiento de la ciudad, ingeniero Tancredo
Aybar Castellanos, avisó a la población que abría un registro el
lunes 17 de febrero de 1964 y que cerraría el 28 del mismo mes,
para que los dolientes pudieran ubicar las tumbas de sus ascen-
dientes y favorecer así la identificación de las tumbas sin lápidas.
El 13 de mayo de 1964, el gobierno del Triunvirato donó
1,000 m2, parte de los terrenos del antiguo cementerio, para la
construcción de un templo católico, el San Pío X, lo que generó
muchos debates y oposición en la sociedad dominicana del mo-
mento. Según algunos planos que circularon en ese momento,
el proyecto era muy ambicioso, algunos quisieron la destrucción
pura y simple del cementerio para hacer en su lugar un parqueo,
iglesia, colegio y dejar un área verde. Felizmente, la opinión pú-
blica reaccionó a ese proyecto antinacional en un momento en
que precisamente se jugaba la soberanía y el porvenir democrá-
tico de la nación. Sin embargo, el país estaba en una crisis tan
grave, que la que generó esa donación no pudo impedir que las
malas intenciones en relación con el Cementerio siguieran tras
bastidores.
En 1967, el presidente Balaguer entregó una segunda partida
de terrenos para la construcción del colegio del mismo nombre
completando un total de 3,000 m2, lo que le dio al cementerio
una configuración aún más irregular.
El área del cementerio, por descuido de los gobiernos y por la
gravedad de los eventos históricos del momento, se convirtió en un
área de delincuencia. El más grande saqueo ocurrió con los robos
de placas de mármol, lápidas, hierro forjado y sobre todo por el
abandono irreversible en el cual cayó el cementerio. Como la ma-
yoría de los muertos enterrados ahí eran inmigrantes, políticos de
paso, sus familias no pudieron cuidar las tumbas. Por otra parte, el
lado judío quedó semiabandonado cuando se abrió otro cemen-
terio judío en la avenida Máximo Gómez. Por su parte, el propio
gobierno tiene parte de culpa por tanto descuido, ya que desen-
terró muchos muertos gloriosos en vida y los trasladó al Panteón
Nacional y, por último, las familias pudientes no mantuvieron
96 Amparo Chantada
las tumbas de sus familiares, como tenemos muchos ejemplos en
el cementerio.
Por Decreto No. 557-87, el gobierno del doctor Balaguer
declaró el antiguo Cementerio de Santo Domingo Monumen-
to Histórico, y de inmediato se ordenó una nueva restauración.
Los trabajos se realizaron con un presupuesto de RD$1,600,000
acorde con un programa de cuatro partes elaborado bajo la di-
rección de la Oficina de Patrimonio Cultural, el Ayuntamiento
del Distrito Nacional y la Dirección Nacional de Parques. La res-
tauración constaba de varias etapas: la del rescate (investigación,
registro o inventario físico histórico), la de inventario antropoló-
gico y una clasificación y definición de las tumbas. Los trabajos
de restauración finalizaron en 1989. Se declaró el cementerio
Monumento Nacional.
La restauración de 1987, realizada por el equipo del arquitec-
to Gustavo Fernández, bajo la supervisión del arquitecto Euge-
nio Pérez Montás por parte del Estado, realizó un levantamiento
en todo el camposanto (22,000 m2) y se contó y registró:
– 3,393 tumbas.
– 11 por ciento de esas tumbas eran de infantes, o sea, aproxi-
madamente 379 tumbas.
– 4 por ciento tenían algún ornamento, o sea, 132 tumbas.
– 55 por ciento eran sencillas, o sea, 1,600 tumbas, de las cuales
7 por ciento eran sarcófagos y criptas.
– 1,266 tumbas deterioradas.
– 1,972 tumbas con lápidas.
– 135 tumbas podían considerarse como monumentos
artísticos.
– 227 tumbas eran nichos, sarcófagos o criptas.
– 1,863 tumbas eran planas.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 97
Tipología de las tumbas
En la tipología de las tumbas, se advierten las diferentes con-
cepciones religiosas y culturales de los difuntos y sus familias, así
como las posiciones económicas de los mismos y, por qué no, las
modas que se imponían de diferentes países.
Las tumbas son construidas de hormigón armado porque
resiste mejor la intemperie y el paso del tiempo. Permite más
plasticidad para el moldeado de formas decorativas, obtención
de texturas diversas, tonalidades, brillo.
En los materiales de terminación, a modo de revestimiento
sobre las superficies de las tumbas, se destacan el mármol, el
granito, el yeso, el ladrillo. Algunas tienen además metales, es-
pecíficamente tubulares y barras de acero, material característi-
co de los primeros periodos de la arquitectura del siglo pasado.
La moda se observa en el diseño. Vemos cómo algunas repro-
ducen exactamente monumentos coloniales de la zona amura-
llada: algunas son de ladrillo, como la Casa de Bastidas, otras
son de mampostería, otras copian las raíces de un árbol, otras
una montañita de piedras. En fin, otras con verjas diferentes de
hierro forjado se singularizan por cadenas, por farolitos, por
pilares en las esquinas y otras por diferentes tipos de floreros.
Tumbas aisladas
Las tumbas individuales son poco ostentosas, tienen dimen-
siones de una persona, son bajitas, usan pocos materiales de
adorno, a veces una cruz, algunas una verja, otras un banco; tie-
nen una lápida que recuerda el nombre de la persona, su fecha
de nacimiento, a veces con orgullo, el lugar de nacimiento y la
fecha de su muerte; algunas mencionan la edad.
98 Amparo Chantada
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 99
100 Amparo Chantada
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102 Amparo Chantada
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106 Amparo Chantada
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 107
Tumbas familiares
En general son de familias pudientes del final del siglo xix
y principio de siglo xx; pueden contener de dos hasta seis per-
sonas, cuyos nichos se agrupan en un solo bloque de grandes
dimensiones que se constituyen en el sarcófago representativo
de cada familia. Esta agrupación de nichos conforma monumen-
tos de grandes dimensiones que acentuaban la preminencia pre-
tendida por las personas pudientes en sus enterramientos. Se
destacan desde las tumbas conformadas por la agrupación de
dos a cuatro bloques de ataúdes, formando grandes bloques rec-
tangulares, hasta los majestuosos mausoleos cuyo tamaño épico
se adorna de una variada gama de detalles plásticos y de gran
estética.
– Tumba cuadrada.
– Tumba rectangular.
– Un modelo de tumba con verja.
– Un modelo con madera.
– Un mausoleo.
– Tumba de ladrillo.
– Tumba de mármol.
– Tumbas de granito.
– Tumbas de concreto.
– Tumbas de infantes.
Las tumbas de infantes son la mejor expresión estética de la
muerte y muestran la posición económica de la familia en vida:
casi todas son obras de artes, tumbas adornadas de ángeles, cer-
cadas de hierro forjado con lápidas.
El 19 de diciembre de 1991, el Ayuntamiento del Distrito Na-
cional formalizó la entrega del cementerio a la Oficina Nacional
de Patrimonio Cultural. La entrega del camposanto fue realiza-
da por el síndico Rafael Corporán de los Santos, en cumplimien-
to del Decreto No. 390-91 del Poder Ejecutivo.
108 Amparo Chantada
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 109
El cementerio en la actualidad.
Año 2000, fecha de nuestras primeras fotos
La verja perimetral tiene un exquisito y fino dibujo, que in-
tegra perfectamente el cementerio al resto de la ciudad, pues
el muro que la soporta tiene apenas 27.55 pulgadas de altura lo
que permite ver el cementerio como un elemento urbano coti-
diano, transparente que ni discontinúa la perspectiva ni impide
la visión de las casas de la calle Padre Billini. La percepción es
que estamos frente a un espacio público, abierto, verde, espacio-
so y solitario y que permite una mejor integración del cemen-
terio como espacio público, tan pronto se realice una obra de
recuperación y de embellecimiento del lugar.
El cementerio ocupa hoy una parcela de forma irregular, en
la manzana que limita:
– al norte la avenida Independencia,
– al este la calle La Estrelleta,
– al sur la calle Padre Billini y
– al oeste la calle Las Carreras.
Así, su frente principal norte está en la avenida Independen-
cia, donde se ubica su entrada principal, con un sendero defini-
do de unos dos metros de ancho con pavimento de adoquines de
hormigón color barro. Este sendero central se desarrolla lineal-
mente y conecta con la puerta hacia la calle Padre Billini en el
extremo opuesto, generando así un trazado que divide en dos el
cementerio; pero como a la mitad de ese sendero parten hacia
los lados este-oeste dos caminos.
El cementero se divide en 4 grandes partes:
– 1 y 2 al lado de la pared este del cementerio y
– las partes 3 y 4 del lado de la Avenida Independencia hacia
la calle Las Carreras y Padre Billini.
110 Amparo Chantada
En el lado oeste, todavía son visibles las piedras que consti-
tuían la pared que dividía el cementerio católico del cementerio
judío, pero las tumbas en ruina dificultan la visión de tal división.
La vegetación del cementerio
El cementerio fue sembrado de numerosas especies, todas
de amplia sombra y endémicas, entre ellas: amapola, anacahui-
ta, aguacate, almácigo, almendra, alelí, flamboyán, gina, guasita,
limoncillo macho, limón, mangos, mamón, naranjas, palmas rea-
les, robles, en particular.
El espacio proyecta un frescor muy notable, que muchos
aprovechan en las tardes, cuando el sol resplandece en el cielo
de Santo Domingo. Ahí se reposa en sociego bajo un microcli-
ma, inteligentemente creado. Muy pocas tumbas están expuestas
al sol.
Árboles en la avenida principal del cementerio, norte-sur.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 111
Cuadrantes 1, 2, 3, 4
Mapa del cementerio en cuatro partes.
Estudiar el cementerio es como investigar a una ciudad de
22,000 m2 y de 3,393 habitantes-tumbas. Genealogía, historia,
geografía, historia de la medicina, arquitectura funeraria, activi-
dades económicas son algunos de los secretos que nos revela su
estudio. Arquitectura, esculturas, materiales son elementos pre-
sentes y admirados en el cementerio. Nos obliga a tener varios
niveles de lecturas y a interpretar en ese pequeño espacio, los
tiempos diferentes del pasado, la modernidad y las sociedades y
nacionalidades que conformaron el espacio dominicano desde
la mitad del siglo xix.
Como en la ciudad, en la calle principal N-S del cementerio
se ubicaron las tumbas y monumentos funerarios de las prime-
ras familias que allí enterraron sus familiares. Vemos que son
cosmopolitas, y que algunas son, en la actualidad, parte de tron-
cos familiares que todavía dominan la vida política y económi-
ca del país; pero lo que predomina en esa calle principal son
las tumbas de personas muy jóvenes y sobre todo de infantes:
112 Amparo Chantada
«Michelito Masturzi, nato el 11 maggio 1894 y morto el 15 dicembre 1896» a la
edad de 2 años y medio. (La lápida fue robada, aquí la devolvemos).
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 113
La tumba monumental de las hermanas Mota, de las familias
Lluberes-Saviñón (1.9 y 4.3090), de la familia Du Breil. Las per-
sonas comunes, más humildes se ubican detrás y de manera sor-
prendente, se observa que desde la segunda fila ya no se respeta
el trazado cuadricular, ni orden de jerarquía, ninguna organi-
zación, recordando los callejones y su informalidad en la ciu-
dad. Esto demuestra la discontinuidad en las acciones tanto del
Ayuntamiento como del Estado dominicano, que no pudieron
hacer calles adyacentes a las avenidas principales del cemente-
rio, ni hacer respetar una cierta armonía trazando cuadrículas,
y organizando lotes o parcelas de forma similar. Además, entre
las tumbas de personas adultas aparecen numerosas tumbas de
infantes enterrados, solos, en lotes muy pequeños, hecho que se
repite a lo largo del cementerio.
Observación sobre clima y edad de los difuntos
Tierra insalubre, la Isla lo fue en cierta medida pero la ciu-
dad de Santo Domingo lo era, sin lugar a dudas. El clima sub-
tropical, es decir lluvioso y cálido de mayo a diciembre y menos
lluvioso y más seco desde diciembre a mayo variaba según la lo-
calización de las ciudades en la Isla y de la exposición o no a las
brisas marinas. La ciudad de Santo Domingo, además de tener
un clima subtropical, tiene una exposición a las brisas marinas
que le proporciona un clima especial. Expuesta al sol inclemente
algunas horas del día, también está expuesta a la extrema hu-
medad que provocan las brisas marinas y su particular localiza-
ción en el estuario del río Ozama. Además se construyó en una
planicie, al pie de un farallón, lo que acentúa las condiciones
de humedad, por el efecto de pared que causa el farallón. Esta
situación constituyó, sin lugar a dudas, un serio problema para
los médicos de la época. Por esos motivos, se había construido
el monasterio-hospital de San Francisco en lo alto del farallón,
para recibir las brisas de tierra, más secas y más sanas para los en-
fermos de tuberculosis, ya que muchas enfermedades no tenían
114 Amparo Chantada
cura en la época, como la influenza, la viruela, la tuberculo-
sis y las fiebres tifoideas, que provocaron la muerte selectiva
de poblaciones muy jóvenes y mayores de edad o de delicada
contextura.
Otros problemas constituían serios inconvenientes para la
curación de esas enfermedades. Primero, la ciudad no tenía
saneamiento ambiental: sin alcantarillado, con agua almacena-
da en aljibes y atravesada por cañadas de aguas residuales, no
ofrecía una salubridad requerida por las autoridades médicas
de la época; pero, además, las casas o residencias familiares no
habían sido construidas para el clima tropical húmedo, solo
se concibieron para luchar contra el sol, por eso se ubicaron
a lo largo de calles estrechas, pero perpendiculares al mar, lo
que las convirtieron en ideales para limitar los efectos del sol y
óptimas para la circulación de las brisas marinas, provocando
más húmedad. En cuanto a los materiales de construcción –pie-
dras calcáreas, mampostería–, no podían tampoco garantizar
una adecuada temperatura interior todos los meses del año.
Sin calefacción, muchos de ellos facilitaban ambientes frescos
y por lo tanto húmedos. Como lo indican relatos de viajeros de
la época, el clima era ideal, más seco en el interior que cerca del
mar. Por esos motivos, la muerte de infantes y sus numerosas
tumbas en el cementerio, más del 10 por ciento de las tumbas.
Los infantes morían de fiebres y gripes a temprana edad, pero las
tumbas de adolescentes de 20 y 30 años son también numerosas.
• Las lápidas reflejan el dolor de sus familias, como ese
niño francés:
«A la memoire de Jean Alexandre Depré, né a Santo Domin-
go, le 16 Septembre 1826 et décédé le 24 Juillet 1829, a l’age
de 2 ans, 10 mois et 8 jours».
Traducción: «A la memoria de Jean Alexandre Depré, nacido
en Santo Domingo 16 de septiembre de 1826 y fallecido el 24
de julio de 1829, a la edad de 2 años, 10 meses y 8 días».
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 115
La lápida expresa el dolor de sus padres: «L´amour paternel
en pleurante sa perte lui éleva ce froid monument».
Traducción: «El amor paterno, llorando su pérdida, le cons-
truyó este frío monumento».
• Como los mellizos, César y Olga Tirado nacidos en 1929 y
muertos en 1931. Con tres años de edad.
• Como Piero: 1.11.1930, muerto 27.2.1940. «Mamma e papa
al loro adorado Piero». Con diez años de edad,
Traducción: «Mami y papí a su adorado Piero».
• Donal Lee Corum, «Born april 18 1942, died april 18, 1942».
Murió al nacimiento.
Traducción: «Donal Lee Corum, nacido el 18 de abril de
1942 –murió el 18 de abril 1942».
• Donato Salbussi: «Nato a San Cristoforo il 7 de agoto 1842,
morto in Santo Domingo il 1.8.1886. Il fratello Francesco do-
lentissimo pose». Murió con 44 años de edad.
Traducción: «Donato Salbussi. Nacido en San Cristóbal el 7
de agosto de 1842, muerto en Santo Domingo el 1.8.1886. El
hermano Francisco se siente entristecido».
Como el Mausoleo de las hermanas Mota Canela, donde ve-
mos que la primera murió el 17 de julio de 1907 a la edad de 21
años y su hermana Genoveva, el 5 de marzo de 1908 a la edad
de 20 años. Cuánta belleza, cuánto amor en esa escultura fune-
raria de granito oscuro. Los Mota era una familia acomodada de
Puerto Plata, donde Federico Henríquez y Carvajal descansaba
cuando iba camino a su sede diplomática, en Cabo Haitiano.
Como el hijo de Salomé Ureña, que tiene una tumba muy
llamativa, representativa del gusto de Salomé, muestra muy so-
briamente el dolor que sintió por la muerte de su hijo Eduardo
Henríquez. La lápida es sencilla, es un pergamino que se desa-
rrolla con solo el nombre del pequeño, diciendo: «A nuestro
hijo Eduardo Henríquez».
116 Amparo Chantada
Mausoleo de las hermanas Mota Canela.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 117
Como la lápida de la tumba de «Victor Durocher, 29 juin
1803-1818 janvier 1828 –neaux Cayes (Haití)».
«Bon fils, bon père, bon epoux, bon ami et bon citoyen laisse
après lui les regrets sinceres de tous les honnetes gens. Re-
quiescat in Pace».
Traducción: «Buen hijo, buen padre, buen esposo, buen ami-
go, buen ciudadano, dejan detrás de él, lamentos sinceros de
todas las personas honestas. Descansa en paz». –Tumba No. 12.
Murió a los 25 años de edad.
Francois Seger Laforgne
«Né aux Cayes et décédé en cette ville le 25 juin 1832, age
de 26 ans, il emporte dans la tombe les regrets sinceres de sa
famille et de ses amis».
La lápida dice así: «La mort dans son cruel cours, a tranche
ses jours, il meurt au printemps de son age, mais dans nos
coeurs, il vit toujours, Requiescat in Pace». –Tumba No. 13.
Traducción: «Nacido en los Cayes, murió en esta ciudad el 25
de junio de 1832, a la edad de 26 años, se lleva a la tumba, los
lamentos de su familia y de sus amigos».
La lápida dice: «La muerte en su cruel curso, tronchó sus
días, él murió en la primavera de su vida, pero en nuestros
corazones, él vive siempre. Descansa en paz».
El cementerio es testigo de todas las nacionalidades que acu-
dieron al país en esos años.
• De Polonia, Stanislas Statkowski, vino a morir aquí, el 15 de
octubre 1897, había nacido el 4 de diciembre de 1855, su lápida:
Tumba de Polonia, Stanislas Statkowski.
«Dem auge fern, Demherzen EwigNah». Fue robada, pero
aquí la devolvemos con su traducción:
«Lejos de los ojos pero eterno en el corazón», le dedicó un
familiar dolido por su muerte.
118 Amparo Chantada
Eduardo Henríquez, hijo de Salomé Ureña de Henríquez.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 119
Mausoleo de la familia Saviñón.
Pertenece a don Francisco Saviñón y a sus sucesores, construida en abril 1885.
120 Amparo Chantada
Pertenece a la familia Schack, 1867-1932.
Stanislas Statkowski, de Polonia.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 121
• De los Estados Unidos, están enterrados:
Grace C. Kennison, en Santo Domingo, nacida el 21 de di-
ciembre de 1908, murió el 18 de noviembre de 1937 con 29 años.
También Harry Brown, enterrado en 1938 (1.562).
Freddy Battle Basden (2.1441).
El señor Manfield (1.408).
El señor W. Smith John (2.839).
La señora Anelica Weise (3.2387).
Angelica Wollowsky (3.2387).
Eduardo Winter (1.446).
Juan Whatts (4.2948).
• De Italia, la familia Rotellini (1.521), la familia Bonetti
(la tumba está en muy mala condición, le cayó un árbol con el
ciclón George), la familia Cambiaso.
• De España, el señor Manuel Quintano (1.3) y su hija
francesa, Marie Manuelle Quintano, su tumba dice así:
«Ici repose dame Marie Manuelle Quintano, épouse de
Mr. Bertrand Veron, née a Coro (Cotte Ferme) et décédée
le 26 août 1835 a l’age de 31 ans. Elle fut bonne épouse, et
generalement regrettée de ses amis et de tous ceux qui l’ont
connue». Tumba No. 14.
Traducción: «Aquí yace la señora Marie Manuelle Quintano,
esposa del señor Bertrand Veron, nacida en Coro, Costa fir-
me [Venezuela] y muerta el 26 de agosto de 1835 a la edad
de 31 años. Fue buena esposa y generalmente lamentada por
sus amigos y por todos aquellos que la conocieron».
– Narciso Alberti Bosch (3.1785), un científico español, botánico.
– Manuel Machado, que volveremos a mencionar porque su tum-
ba es compartida con muchos valientes de la Guerra de 1965.
– Manuel M. Valencia y Billo, un infante español que había
nacido en 1837 y murió en 1840.
122 Amparo Chantada
La lápida dice así: «Por la parca arrebatada a una familia afli-
gida. Serás, hijo de mi vida, eternamente llorado».
Otra tumba de español, la lápida decía así: «Aquí yace José
Joaquín del Monte, falleció el 23 de enero de 1854 a la edad de
84 años, habiendo consagrado 60 años de su vida al servicio de
su Patria. Requiescat in Pace».
– La familia Velázquez.
– Jaime Bou Pla, Ana María Bou y Salvador Bou.
– De don Miguel Galindo, cónsul de España, muerto el 9 de
junio de 1886,
• J. Pérez Lajara. Nació en Neyba el 20 de julio de 1784
y murió en Santo Domingo el 19 de noviembre de 1857. «Que
Dios tenga su alma en descanso». Homenaje de un buen hijo.
• También la tumba de María Paula Alfonzo que nació
el 26 de enero 1817 y falleció el 3 de junio 1863 con 46 años,
4 meses y 4 días.
• Las tumbas de las familias Crasto, Curiel, comerciantes,
judíos de Curazao, están apenas legibles, muertos en 1895.
• De Holanda, vino Carlos Haseth Evertz y de las islas
inglesas vino Jacobo Paul James, pastor de la Iglesia Metodista
Episcopal Africana, quien murió aquí en 1923.
• Solo dos tumbas de nacionales chinos fueron mencionadas
pero no las encontramos en el cementerio.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 123
El cementerio registra las muertes violentas de la ciudad
como lo atestiguan las lápidas
• P. Obregón Silva, venezolano, su lápida dice:
«Venezolanus. Suis et amici patriaque die frebuarii tredecim
ann MDCCCLXXXIX perfida scelerata que manu abruptus».
Traducción: «Venezolano. Protector y amigo de los suyos.
Cortado por una mano pérfida y veloz el día 13 de febrero
del año 1889».
• José Arturo Mejía Billini fallecido el 21 de mayo de 1942, la
lápida dice así:
«A la memoria de mi inolvidable hijo José Arturo Mejía Billini,
desaparecido en el torpedeamiento del vapor Presidente
Trujillo, E.P.D.».
• C. A. Read, muerto trágicamente en febrero de 1929. E.P.D.
Muertos por una tragedia marítima que commocionó a la
ciudad y en particular a la familia de Henríquez y Ureña, por la
cercanía que existía entre las familias. Hurgando encontramos
algunas explicaciones al drama que mantuvo la ciudad en alerta
durante varias semanas, en las calles y en la prensa local:
A la memoria de Tata, Carlos, Luisa, Juan y Nelly «St. Na-
zaire» cabo Hatteras, marzo 1897 (naufragio en la Costa
Este de los Estados Unidos).
Sabemos gracias a Teófilo Barreiro, que consultó a Vetilio
Alfau Durán y a Emilio Rodríguez Demorizi, que el señor era
cubano casado aquí con una dominicana. Toda la familia se ha-
bía embarcado en un buque que naufragó y el acontecimiento
causó mucho estupor en la pequeña ciudad de Santo Domingo.
Intentamos buscar más explicaciones.
Por casualidad nos encontramos con la publicación del se-
ñor Alfredo A. Roggiano, de la Universidad de Pittsburgh, quien
124 Amparo Chantada
P. Obregón Silva, venezolano.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 125
publicó su doctorado, que analizaba la obra de Pedro Henríquez
Ureña, y en particular en Las memorias de Pedro Henríquez Ureña
pudimos leer una patética y triste reseña sobre la muerte de una
pareja amiga de la familia Henríquez Ureña en el buque St. Na-
zaire (apellido de una ciudad portuaria francesa del Atlántico
quizás el lugar donde se construyó ese buque) que naufragó en
cabo Hatteras (Carolina del Norte). Dice así:
Pero otro suceso vino a convertir en desastre mi descon-
cierto. Altagracia Friar y Troncoso, esposa de Juan de
Dios Tejada, y protegida de mi familia, de la cual había
llegado a considerarse miembro cercanísimo, había par-
tido a Nueva York desde 1893; su recuerdo no estaba para
mí muy vivo, pero su afecto seguía viviendo para noso-
tros, y en la familia se comentaban siempre con regocijo
sus cartas, pues tenía ella don especialísimo para el esti-
lo epistolar; ya tenía cuatro hijos, y ahora había pensa-
do regresar a Santo Domingo, con su esposo y sus hijos.
Embarcaron en Nueva York, precisamente el 6 de marzo,
día de la muerte de mi madre, a bordo del vapor francés
Ville de Saint-Nazaire; y debían llegar a Santo Domingo el
14. Tuvimos cierta alarma cuando vimos que el buque no
llegaba; supimos que corrían rumores de naufragio, y de
pronto llegó un enigmático telegrama dirigido por Tejada a
mi padre: «Catástrofe general. Calme familia…». El telegra-
ma, por supuesto, se comenta en todos los tonos: pero muy
pocos se aventuraron a sospechar la verdad. Al día siguiente,
sin embargo, la prensa trajo noticias telegráficas detalladas:
el vapor había naufragado el día 8, frente al cabo Hatteras
(Carolina del Norte); los pasajeros se habían refugiado en
los botes, y uno de ellos, en el cual iban Tejada y su fami-
lia, estuvo seis días aislado en el océano Atlántico; con ese
tiempo, murió Altagracia con sus cuatro hijos; lo mismo que
otras veinte personas, de frío, hambre y sed; y cuando un
buque que pasaba acudió en auxilio del bote perdido, solo
se recogió vivos a Tejada y a otros tres supervivientes.
126 Amparo Chantada
La tumba suntuosa de las víctimas de la familia en cabo Hatteras en Ville de
Saint-Nazaire.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 127
Esa espantosa noticia, tan trágica, a raíz de la muerte de
mi madre, produjo verdadero desconcierto en todos no-
sotros. Todavía recuerdo cómo, durante un año, Asun-
ción Troncoso, la pobre madre de Altagracia, lloraba
siempre que entraba a nuestra casa. Pero la noticia, por
lo inusitada, provocaba comentarios constantes; y era de
ver cómo una superstición al modo indostánico negaba al
infeliz Tejada el derecho a la vida, declarando que la úni-
ca solución de su desgracia habría sido arrojarse al mar
con el cadáver de su último hijo. La verdad es que aquel
hombre abandonado de la suerte, ya que de modo sor-
prendente había sobrevivido a tan inaudita catástrofe, no
habría podido resistir largo tiempo si se hubiera dejado
vencer por el influjo de sus recuerdos; pero el impulso de
la vida suele sobreponerse a las más penosas fuerzas de
destrucción, y Tejada, cuando recobró sus fuerzas físicas y
mentales que el desastre había afectado, buscó solución a
su caso; se dedicó a enterrar el pasado, y se casó de nuevo,
seis meses después del naufragio. Ya se comprende que
los comentadores del primer suceso recibieron como es-
cándalo semejante matrimonio.
Muertos de la ocupación haitiana
Los muertos de familias de comerciantes franceses durante
la ocupación haitiana que perdieron sus familiares aquí fueron
enterrados con lápidas escritas en francés que recuerdan su paso
sobre la tierra:
– «Sous ce monument repose la dépouille mortelle de Jean Fé-
lix Depré, né au Cap Haitien le 25 juin 1787, décédé a Santo
Domingo, le 25 decembre 1851:
«Il fut bon pére et bon ami, il laisse des regrets et le deuil».
Traducción: «Debajo de este monumento descansan los res-
tos de Jean Félix Depré, nacido en Cabo Haitiano, el 25 de
128 Amparo Chantada
Francois Licairac
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 129
junio del 1787, fallecido en Santo Domingo, el 25 de diciem-
bre 1851: Fue buen padre y buen amigo, deja aflicción y duelo».
Son varios los muertos de la familia Licairac:
– La familia de Aurelien Licairac, muerto con 22 años.
– De Alexandre Licairac, muerto con 25 años, ambos nacidos
en Santo Domingo.
Otra dice así:
– «Ci git Francois Licairac né en 1796 et décédé le 26 juillet
1871 à l’age de 75 ans».
Traducción: «Aquí yace Francois Licairac, nacido en 1796
y fallecido el 26 de julio 1871 a la edad de 75 años».
– Victor Durocher, nacido el 29.6.1803, muerto el 18.1.1828.
La lápida dice así:
«Bon fils, bon père, bon èpoux, bon ami et bon citoyen lais-
sant après lui les regrets sinceres de tous les honnetes gens.
Requiescat in pace».
Traducción: «Buen hijo, buen padre, buen esposo, buen ami-
go y buen ciudadano, deja detrás mucho pesar sincero de toda
la gente honesta. Descanse en paz». Murió con solo 25 años.
– Francois Seger Laforgne: «Ne aux Cayes et décédé en cette ville
le 24 juin 1832 à l’age de 26 ans, il emporta dans la tombe les re-
grets sinceres de sa famille et de ses amis. La mort dans sa crue-
lle ronde, a tranche le cours de sa vie; il meurt au printemps de
son age, mais dans nos coeurs, il vit toujours. Repose en paix».
Traducción: «Nació en Los Cayos [Haití], y murió en esta
ciudad [Santo Domingo] el 24 de junio de 1832 con 26 años,
él se llevó a la tumba el pesar sincero de su familia y de sus
amigos. La muerte en su ronda cruel, ha tronchado el curso
de su vida; él murió en la primavera de su edad pero en nues-
tros corazones vivirá para siempre. Descanse en paz».
130 Amparo Chantada
Dos tumbas de familias árabes.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 131
Hay dos tumbas de familias árabes, una nacional de Líbano,
María Latuff de Elías, nacida en 1858 y fallecida en 1936. Había
nacido en Bazo en Monte Líbano y su esposo le dedicó esas pala-
bras en la lápida: «Te dedico este recuerdo, con los hijos. Rogad
por su alma».
Hay otra tumba, de un nacional de Líbano, pero está muy
deteriorada, imposible de identificar.
Otros apellidos árabes
– José Ysa Katime, Antonio Selman (1879-1919), Matilde Sel-
man (1909-1919), Natividad Lama, descansan en el cemen-
terio, pero no ubicamos las tumbas por falta de placas de
identificación.
Otros apellidos de origen francés se pueden leer en tumbas
que han perdido su identificación, pero pudimos rescatar los
apellidos siguientes:
– Marie Joseph Pradel.
– La familia Bona de Corsega.
– Oscar Cosfrillón, Schack.
– Estefanía Roa de Doghert.
– Manuel Joaquín Del Monte.
– La familia Du Breil.
– Pauline Henriette Cuastveuve Du Breil.
– Adele Laforgue.
– Matilde Gautier.
– Francisco Pimentel y José Gautier.
– Soliere, de la familia de Abigail Mejía.
– Lamarche.
– Traboux (4.2839).
132 Amparo Chantada
Felipe Mañón, soldado restaurador.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 133
Los muertos puertorriqueños
– Pedro Pablo Bonilla (1807-1881), ministro de la Justicia
(1863-1865).
– Miguel Pagani (Salicup) 1.145 –nacido el 12 de marzo 1849
en San Juan de Puerto Rico y muerto en Santo Domingo el
22 de enero de 1896, era músico.
Las muertes de la Anexión a España
– Joaquín Suárez de Avengoza, brigadier que murió el 19 de
agosto de 1864, la lápida dice: «Recuerdo de su hermano po-
lítico Rafael Alberne, E.P.D.».
– Asistente militar de Pedro Santana, José Caminero.
Las muertes de la Guerra de Restauración
– Felipe Mañón (1848-1938), soldado restaurador, comandan-
te de armas de Bayaguana, jefe de operaciones en guerra y
entonces jefe de reserva, gobernador interino, jefe del puer-
to, regidor, elector, presidente del consejo de guerra, pre-
sidente de la Junta de Caridad Padre Billini, Masón 6.30,
Caballero Marca Odd Fellows.
– Manuel de Js. Blonda (1850-1925), prócer de la Restaura-
ción.
– Juan P. Sterling (1846-1930).
– Jacinto Gross (1846-1920).
– Wenceslao Álvarez.
– José Valdez.
– Ricardo Chevalier.
– Manuel Lovelance.
– Rafael Tejada.
134 Amparo Chantada
Miguel Pagani. De Puerto Rico.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 135
Los diplomáticos extranjeros acreditados en el país
– Don Ricardo Alfredo Palominio y Carcan, cónsul de primera
clase de España, fallecido en esta ciudad el día 10 de julio de
1884.
– Don Miguel Galindo y Oros, fallecido el 29 de junio de 1886,
cónsul de España en esta ciudad.
Los próceres de la guerra de Independencia
– Juan Bautista Alfonseca.
– Lorenzo Deogracia Marty.
– Leopoldo Navarro.
– Eustaquio Puello.
– José María Serra.
– Pedro Báez.
– Juan Sterling.
– María Veloz.
– Eduardo Abreu.
– Concepción Bona.
– Fernando Valerio.
– José María Imbert.
En la lápida de Leopoldo Navarro (1861-1908), «El Ayun-
tamiento de Santo Domingo reconoce la memoria del ilustre
maestro Leopoldo Navarro, E.P.D.».
Las personalidades de la ciudad como
– Gerardo Jansen: «El Ayuntamiento de Santo Domingo a la
memoria del Lic. Gerardo Jansen, munícipe benemérito y
esforzado batallador por la enseñanza pública».
– Eugenio María de Hostos: «MDCCCXXXIX-MCMIII. Justitia
veritatem dilexit colvit».
136 Amparo Chantada
Leopoldo Navarro 1861-1908: El Ayuntamiento de Santo Domingo a la
memoria del ilustre maestro Leopoldo Navarro E.P.D.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 137
Traducción «Cultivo y amó la verdad con justicia». Nacido
el 11 de enero 1839 y muerto el 1 de agosto 1903. Sus restos
fueron trasladados al Panteón Nacional y según sus deseos
serán trasladados a Puerto Rico, cuando la isla esté libre de
la ocupación de los Estados Unidos, país que los colonizó en
1898. (1.169).
– Luisa Ozema Pellerano de Henríquez (1870-1927): «Sinite
párvulos venire ad me».
Traducción: «Dejad que los niños vengan a mí».
– Arturo Pellerano Sardá: julio 4 de 1888 y fallecido el 5 de
agosto de 1943, director del Listín Diario, diputado ante el
Congreso Nacional.
– Aurelio Napoleón Ortori: capitán de navío, 1860-1935.
– Isabel P. Sánchez Ocejo: noviembre 1929-marzo 1938: «Tu
misión fue corta y santa, síguela desde el cielo».
– Lic. Juan Ruiz (Juanito), 1881-1936: «Juanito ya que reposas
en el seno de los justos ruega a Dios por tu desolada compa-
ñera Nini».
– Deseada García de Langweiler, fallecida el 17 de agosto 1934.
Su lápida dice: «Cansada de ser buena».
– Del capitán José García hijo: «A su inolvidable amigo capitán
Ramón Fernández V.».
– Carmen Ma. Pimentel, fallecida a los 19 años de edad: «Co-
razones sensibles derramad una lágrima a la memoria de la
joven. Elevad preces al cielo por el descanso de su alma»,
fallecida el 2 de julio de 1881.
– Luis Betances, había nacido en mayo de 1897, murió en París
el 14 de diciembre de 1926, realizando estudios superiores
de Medicina. Su lápida dice: «Recuerdo de sus amigos».
– Genoveva Gautier de Vásquez, nació en la ciudad de Santo Do-
mingo el 19 de agosto de 1869 y murió en Washington el 29 de
mayo de 1900. Su lápida dice: «Fue buena. Paz a sus restos». Su
tumba es un exquisito diseño, la escultura es fina y elegante e
inspira un sentimiento de respeto, por la belleza de la misma.
– Don José Núñez de Cáceres, edecán del cabildo de la Cate-
dral, tío homónimo del prócer de la Independencia Efímera.
138 Amparo Chantada
Luisa Ozema Pellerano de Henríquez.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 139
Luis Betances.
140 Amparo Chantada
Genoveva Gautier de Vásquez.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 141
Tumbas de poetas, artistas y literatos
Muchas de esas tumbas fueron diseñadas por Abelardo Ro-
dríguez Urdaneta que nació el 24 de junio del 1870 y murió en
1933 en los Estados Unidos. El guardián del cementerio, y con-
firmado por el pequeño artículo de Teófilo Barreiro, dice haber
visto una tumba que decía: «ABELARDO, 1870-1933 –R.I.P.»,
que hemos visto, pero no volvimos a ver la lápida, confesamos
nuestra confusión, por sus dimensiones.
Algunas de las esculturas en las tumbas son de Abelardo, en
particular el panteón de Luisa Ozema Pellerano.
– Luisa Ozema Pellerano: maestra normal, discípula de Euge-
nio María de Hostos. Su tumba vino de Jeumont, Francia, de
la Empresa llamada Monuments Rombaux Roland. La ins-
cripción en una esquina es poco visible pero la tumba está
adornada por una pequeña estatua de infante. Todo el con-
junto es obra de Abelardo Rodríguez Urdaneta.
– Luis Conrado del Castillo: jurista, maestro y patriota, nació
en el sector capitalino de San Carlos en 1888. Y murió el 8 de
noviembre de 1927, en un accidente de tránsito.
– Nemesio Rodríguez Objío: nació el 19 de diciembre de 1838, en
Santo Domingo, rompió con el presidente Santana y antes de
la Anexión de la República a España, tuvo que buscar asilo en
Saint Thomas. Falleció en Santo Domingo el 18 de abril de 1870.
– Armando Cayetano Rodríguez: fue discípulo de Eugenio
María de Hostos, es el primer geógrafo y cartógrafo de Re-
pública Dominicana, hombre político progresista, era un
eminente intelectual (1.239). Falleció en 1953.
– José Reyes y Emilio Prud’Homme: autores compositores del
Himno Nacional de la República, cuya tumba está vacía por-
que los restos fueron llevados al Panteón Nacional. Debemos
recordar que José Reyes aprendió música con el profesor
Alfonseca cuyos restos están enterrados en la zona amuralla-
da en una iglesia de la zona.
– Amelia Bobadilla.
142 Amparo Chantada
Tumba de la familia Cestero.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 143
– Manuel de Jesús Galván: nacido en Santo Domingo, el 19
de enero de 1834, murió en San Juan el 12 de diciembre de
1910. Fue un novelista, político, periodista y diplomático do-
minicano, autor de la novela Enriquillo, publicada en 1879.
– Emilio Prud’Homme: fundó en febrero de 1895 el Liceo
Dominicano, que tenía como profesores a José Pantaleón
Castillo en Geografía, Francisco Raúl Aíbar en Grámatica (y
no cualquiera, la de Bello), Federico Henríquez y Carvajal en
Literatura Española, Eladio Sánchez en Matemáticas, Rafael
M. Moscoso en Ciencias Naturales, míster Goodin, pastor
protestante, en Inglés.
– Abigail Mejía: poetisa y luchadora para los derechos civiles
de la mujer.
Míster C.E. Goodin, pastor protestante. «Born in Ja-
maica, died July 18, 1914». (Traducción: Nacido en
Jamaica, fallecido el 18 de julio de 1914).
144 Amparo Chantada
José Reyes y Emilio Prud’Homme.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 145
Manuel de Jesús Galván.
146 Amparo Chantada
El USS Memphis (todavía USS Tennessee) cruzando la esclusa de Pedro Miguel en
el Canal de Panamá. Esta fotografía fue tomada, casi con certeza, el 27 de abril
de 1916, de regreso de la comisión a Sudamérica y cuatro meses antes de su
pérdida en Santo Domingo. (Foto: autor desconocido así como el comentario).
El USS Memphis, en Santo Domingo: naufragó frente a la capital el 29 de agosto
de 1916.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 147
La primera Intervención norteamericana en el país
Los muertos norteamericanos del acorazado Memphis
(Teennesee).
El acorazado naufragó frente a la capital el 29 de agosto de 1916,
a las 11 a.m., producto de un maremoto (en la época el periódico
Listín Diario del 30 de agosto de 1916 habla de «mar de leva»)
que dejó un saldo de 43 muertos y 200 heridos. Hubo otro buque
afectado con el fenómeno, el Castine. Queremos mencionar a un
barahonero ilustre, Virgilio Gautreaux, quien reporta en un artículo
reciente que ese día, en Barahona ocurrió un oleaje inusual y que la
gente hablaba de maremoto en toda la costa sur de la isla.
Nueve de esos marineros de los Estados Unidos reposan en
suelo dominicano, hubieran podido ser más, sin la saga del ex-
traordinario héroe Emeterio Sánchez, quien salvó él solo a seis
marinos, lanzándose en las aguas enfurecidas del mar Caribe. La
primera intervención norteamericana creó gran malestar en la
población, en el país, pero el humanismo y la bondad primaron
sobre las circunstancias políticas.
Solo se lee en la tumba estos nombres:
– Myron Timothy Cotter, Ohio Pvt US Marine Corps, fallecido
el 27 de diciembre de 1919.
– Juan Whatts, muerto en 1916 (4.2948).
Supimos que la embajada de los Estados Unidos se proponía
restaurar ese monumento en ocasión del centenario, pero no
pudo ser y lo lamentamos, porque la tumba está en condición
deplorable.
Se destaca la tumba del héroe Emeterio Sánchez.
De las organizaciones importantes para la época, debemos
mencionar el monumento de la Filantrópica Sociedad Manos
Protectoras a la memoria del socio Bernardo Mejía.
148 Amparo Chantada
Los muertos norteamericanos del acorazado Memphis.
Emeterio Sánchez.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 149
Otros intelectuales enterrados en el cementerio
– Casimiro de Moya: uno de los cartógrafos de la ciudad de
Santo Domingo y sus afueras, un precursor de la geografía
dominicana. Sus mapas son instrumentos obligados para
conocer la ciudad a principios de siglo xx por la cartografía
de los lotes de terrenos alrededor de la ciudad de Santo
Domingo.
– Ramona Rodríguez de Fiallo: entre otros miembros de la fa-
milia Fiallo, ya que son numerosos los enterrados de esa fa-
milia en ese cementerio.
– Aida Bonnelly.
– Abigail Mejía Soliere: había nacido el 15 de abril de 1895 y
murió el 15 de marzo de 1941, fue una extraordinaria lucha-
dora feminista, educadora de la escuela hostosiana.
– Pedro Francisco Bonó: considerado el padre de la sociología
dominicana.
– Antonio Rodríguez.
– Luis A. Lockward.
Ahí descansaron, también, los presidentes de la República
Francisco Gregorio Billini Aristy y el Padre Billini.
Tumba de las víctimas del ciclón San Zenón
De las catástrofes naturales, encontramos los muertos del
ciclón San Zenón (3 de septiembre de 1930). Los restos fueron
enterrados primero en una fosa común en la Plaza Colombina,
donde posteriormentre el presidente dictador Trujillo mandó
a construir un parque y una piscina (el hoy Eugenio María de
Hostos), diseñados por Guillermo González. Por esos motivos los
muertos ahí enterrados fueron cremados y llevados a un monu-
mento sencillo en el cementerio. En dicho monumento se hon-
ra a miles de muertos, ya que se cree que fueron más de 8,000
personas, solo en la ciudad de Santo Domingo, y en pocas horas.
150 Amparo Chantada
Piscina del parque Ramfis (hoy parque Eugenio María de Hostos).
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 151
Monumento a las víctimas del ciclón San Zenón. El monumento dice:
«El clero arquidiocesano. A las innumerables víctimas del 3 de septiembre de
1930. Recuerda oh cristiano, que a la sombra de esta cruz redentora reposan
las cenizas de nuestros hermanos, fallecidos en el horrible huracán que arrasó
esta ciudad Primada de América. Eleva al Señor una oración por el eterno
descanso de sus almas».
152 Amparo Chantada
La fosa común antes.
Y después, 2015.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 153
El cementerio se llenó poco a poco hasta 1965, cuando dra-
máticamente se reabrieron tumbas para enterrar los muertos de
la guerra patria de 1965.
Los muertos de la Revolución de Abril de 1965
Los muertos de la Revolución de Abril comparten en general
tumbas con otros muertos, pero la mayoría fue enterrada en la
fosa común que se ubica en el extremo este del cementerio a su
entrada.
– Manuel Machado, ciudadano español nacido en 1837 y
muerto en 1900, comparte su tumba con:
– Jacques Viau Renaud: haitiano, poeta, nacido en 1941 y
muerto el 21 de junio del 1965, y
– Pablo Rodríguez, muerto el 15 de mayo de 1965, y
– Ramón Euclides Morillo, muerto el 22 de mayo de 1965 en el
asalto al Palacio Nacional.
– Illio Capocci, hombre rana, entrenador italiano de los hom-
bres rana del coronel Montes Arache. Capocci murió el 19 de
mayo de 1965, en el asalto al Palacio Nacional.
– André Riviere, aventurero idealista francés, muerto aquí el
15 de junio de 1965, se cree que venía de la guerra de Indo-
china.
– Juan María Lora Fernández, comandante de Ejército Nacio-
nal, muerto el 19 de diciembre de 1965. Sus restos fueron
trasladados a la sepultura familiar.
– Ramón Mejía del Castillo (Pichirilo), comandante muerto el
14 de agosto de 1965. Sin él, a lo mejor la historia de Cuba
fuera diferente, porque fue el comandante del Granma en su
viaje de México a Cuba con Fidel a la cabeza y los expedicio-
narios del 1956. Es un real héroe, idealista, desprendido y un
poco olvidado de nuestra historia.
– Juan Miguel Román, muerto en combate el 19 de mayo de
1965. La lápida decía estos versos de José Martí: «Cuando se
154 Amparo Chantada
Tumba de Illio Capocci, esa placa de mármol ya no se encuentra.
Tumba de Frank Díaz.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 155
muere en brazos de la patria agradecida, la muerte acaba, la
prisión se rompe y empieza al fin, con el morir, la vida».
– Frank Díaz, valiente estudiante de medicina de la Universi-
dad de Santo Domingo, muerto a los 23 años. La Escuela
de Medicina de la UASD, cuando implementó su labor de
extensión, puso el nombre de ese joven a ese equipo.
– Yolanda Guzmán, muerta el 24 de abril de 1965, de las muje-
res más valientes del 1965.
– Eduardo Abreu, muerto el 4 de octubre de 1965.
– Parcifal Gautreau, Juan Hernández (Koki) y Víctor Mena,
muertos en defensa de la patria. Los tres están abrazados con
la muerte porque comparten una misma tumba.
– Amador Conde Sturla (3.1563), hermano de Pedro Conde
Sturla, escritor dominicano de renombre, de las familias de
origen árabe, Conde e Isa.
En una investigación difícil, tratamos de elaborar una lista de
todos los muertos en el año de 1965, incluyendo a Amelia Ricart
Calventi.
156 Amparo Chantada
Lista de los muertos de 1965
Nombre No. Tumba
Rafael Abreu 1-687
Amelia Altagracia Ricart-Calventi (1966) 4-3221
Eduardo Abreu Heredia 4-2910
Angelita de Burgos 4-3584
Rafael Vásquez 1-199
Cristóbal Cohén Portes 1-427
Amador de Jesús Conde Sturla 3-1563
Javier Caballero 4-2992
Illio Capocci 1-280
Frank Díaz Vásquez 1-362
Rey de Jesús Lugo 2-765
Luis Díaz de la Cruz 2-917
Fellito Delgado 4-3378
Francis Fernández 2-1503
Terma Felipe 3-1557
Parcifal Gautreau 1-171
Yolanda Guzmán 2-992
García Vásquez 2-1246
Marino Enrique García 1-86
Juan Hernández 1-133
Luis Fernando Jordich 1-555
Esteban Tejada 2-830
José (Jiménez) 1,299
Juan María Lora Fernández 1-336
Aquiles Leyba Matos 2-1121
Pedro Mena 1-12
Rey de Jesús Lugo 2-765
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 157
Nombre No. Tumba
Ramón Euclides Morillo 1-98
Ramón Martínez 1-98
Víctor Mena 1-171
Ramón Mejía del Castillo (Pichirilo) 1-336
José Antonio Mañón 2-1376
Miguelina Alt. Montero 4-3027
Adela R. de Paulino 1-483
Elvira Pereyra 2-1472
Josefa Peabre 3-1804
Pablo Rodríguez 1-98
Juan Miguel Román 1-443
André Riviere 2-1239
Pedro Rojas 2-1447
Irene Rodríguez Núñez 4-3004
J. Alt. Sarmiento 1-213
Jean Sateur 1-443
Dr. Luis Santamaría D. 4-3061
Ramón Tavárez 1-133
Félix Fernando Taveras Rojas 2-1249
Pedro Tirado Calcaño 2-43
Pedro Ureña 4-2788
Ramón Villanueva 1-125
Rafael Vásquez 1-572
Julio César Valdez 2-1079
Jacques Viau Renaud 1-98
Fallecidos del 65 con identificación de sus tumbas incluyendo
a Amelia, que murió un año después.
158 Amparo Chantada
Tumba de Amelia Ricart Calventi, última enterrada en este cementerio en 1966.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 159
Ese sencillo recorrido a través de la historia y el tiempo se
hace en un espacio, hoy declarado Patrimonio Cultural, situado
en el corazón de la capital, pero sus habitantes temerosos lo ig-
noran, desconocen la emoción sentida frente al mausoleo de las
hermanas Mota Canela.
En frente de esa tumba se encuentra el mausoleo
majestuoso, pero destruido, de la familia Saviñón y de la
familia Lluberes. En toda la avenida principal, a lo largo de su
recorrido, va enseñando un pasado lleno de tristeza y pena. En
ella permanecen muchas tumbas de infantes, de emigrantes y de
héroes de la República.
En cuanto a la última enterrada, es parte de la historia reciente
y gloriosa de Santo Domingo y de la República Dominicana:
– Amelia Ricart Calventi, ametrallada a los 14 años, frente al
Palacio Nacional, en 1966. Acompañaba a su padre que lu-
chaba por un presupuesto justo para la universidad pública,
el respeto a la Constitución del 1963 y por las libertades pú-
blicas en el país. Toda una agenda, aún por cumplir.
Amelia es la figura de la guerra y la paz, de la bella y la bestia,
de la ignominia y lo sublime, ella es, sencillamente, un monu-
mento a la lucha por la libertad del pueblo dominicano.
El entorno del cementerio
La primera urbanización fuera de las murallas fue Ciudad
Nueva que nace como prolongación del Navarijo. Se prolon-
garon las calles San Pedro (José Gabriel García) y Misericordia
(Arzobispo Portes) siguiendo la Padre Billini. Después de este a
oeste, se construyen las calles Beller y Canela, que disminuyeron
las manzanas y redujeron los solares. Se ahorró terrenos, al no
dejar linderos entre casas. Es la primera urbanización con ca-
sas pegadas las unas a las otras, urbanización típica de los aloja-
mientos para clase media u obrera en Europa. Ese concepto era
160 Amparo Chantada
La fábrica de blocks y mosaicos J. T. Tavares, ubicada en el terreno frente a la
entrada del Cementerio de la Avenida Independencia. (Anuncio publicitario
extraído del Libro Azul).
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 161
muy original para la época. Al ser colindante con familias muy
pobres, Ciudad Nueva tardó muchos años antes de venderse, ya
que se considera como el primer proyecto donde las casas se
compraron con un sistema financiero novedoso para la época,
que consistía en un financiamiento a largo plazo. Esa modalidad
se generalizó años después.
La avenida Independencia
De 1909 a 1911 se inicia y termina la construcción de la aveni-
da Independencia que hasta esa fecha era el Camino de Güibia
o de San Jerónimo, siendo este último lugar el punto final de
la primera etapa de la avenida, según el ingeniero José Ramón
Báez López-Penha (Moncito).
Este nos señala que a final del siglo xix, tres ministros del
presidente Heureaux habían adquirido solares en el camino de
Güibia y que en menos de veinte años ya aparecían construccio-
nes a todo lo largo de la primera manzana El Pru o sea, frente al
cementerio, lo que explica según él, que las construcciones eran
para gente pobre, dada la vista. Señala, sin embargo una casa de
dos plantas, la casa de la familia Taulet y luego de un incendio,
el solar fue comprado por don José Turull y después por el in-
geniero Juan Tomás Tavares. En este solar se levantó la primera
fábrica de bloques, convirtiendo esa zona en una pequeña área
industrial, más tarde en la avenida Bolívar, casi a la misma altura,
se edificaría la Ferretería Read.
A manera de conclusión
C on el inventario de los enterrados en el cementerio elabora-
do por la señora Vilma Benzo de Ferrer (muy incompleto, no
sistemático, pero muy importante porque es el único que existe)
contamos los difuntos que figuran con su fecha de defunción,
para sacar algunos datos interesantes:
1. En el siglo xix pudimos identificar a 138 difuntos cuyos
apellidos eran:6
Sardá, Suárez, Cestero, Pontier, Quintano, Ruiz, Reda,
Riviere, Rojas, Rodríguez Ravelo, Valencia, Villamil, Vásquez,
Veras, Sepulveda, Ricart, Rivas, Garrido, Ferdinand, Galindo,
Dipre, Hatton, De Pool, Álvarez, Ernest, Bonetti de Pellerano,
Bonetti, Hernández, Billini, Begnino, De León, Fernández,
Calero, Castillo, Crasto, Cambiaso, De la Concha, Mena,
Del Monte, Du Breil, Duquela, Guerrero, Del Rosario, De
Jesús, Fajardo, Delaudy, Garrido, Pagani, Salado, Henriette,
Henríquez, Gortico, Sánchez, Hamelberc, Pradel, Natural,
Leyba, Próspero, Licairac, Pimentel, Luna, Laforgue, Lepine,
Ozema, Ortega, Saviñón, Pichardo, Pineda, Nanita, Suazo,
Manfield, Mejía, Peralta, Moliné, Moscoso, Masturzi, Núñez
de Cáceres, Mateo, Mieses, Muñoz, Travieso, Pérez, Leger,
Laforgue, Perdomo.
Queda comprobado el cosmopolitismo de la época con esa
mezcla de apellidos españoles, franceses, árabes, judíos, etc.
6
Para consultar nombre y apellidos de los enterrados en el cementerio
ver Censo de tumbas en el Cementerio Viejo de Santo Domingo, disponible en:
[Link]
163
164 Amparo Chantada
2. De las inhumaciones en el siglo xx y siempre según
la base del inventario realizado por Vilma Benzo de Ferrer,
contamos con: 1,184 enterrados. Se evidencia la lentitud de los
entierros en el siglo xix y se confirma que el cementerio se llenó
en la primera mitad del siglo xx, es decir, que en menos de 50
años se hizo lo que en 80 años no se había hecho, pero notamos
además que ya desapareció el cosmopolitismo y aparecen apelli-
dos nuevos como Matos, Celado, Lambertus y Traboux.
3. Observamos que ocurren menos enterramientos de ju-
díos. ¿Por qué? No podemos contestar esa pregunta, pero emiti-
mos hipótesis como que:
a. Podría ser la apertura de un nuevo cementerio en la avenida
Máximo Gómez.
b. La desaparición de los apellidos por matrimonios.
c. Por exilio en la Era de Trujillo.
d. Quizás, también, por menos oportunidad de negocios y una
reducción efectiva de su presencia.
4. Se comprueba que las familias pudientes siguieron ente-
rrando sus muertos durante toda la primera mitad del siglo xx,
en las iglesias y capillas de la Zona Amullarada o Colonial.
5. A pesar de haber sido inaugurado por un gobierno hai-
tiano, no hay un solo soldado o ciudadano haitiano en el ce-
menterio, solo nombres de comerciantes franceses pudientes,
nacidos en Cabo Haitiano en el siglo xviii.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 165
Recomendaciones técnicas
A esa clasificación de las construcciones del cementerio se
debe advertir que la calidad del monumento funerario y su di-
funto, no pueden ser los criterios para la conservación del mismo
y su protección. El inventario, clasificación y estudio pormenori-
zados del cementerio podría seguir el esquema siguiente, a pesar
de los años de descuido, de depredación, los robos de lápidas, de
las plaquitas que la Oficina de Patrimonio había colocado detrás
de todas las sepulturas, de los adornos, de las losetas, de las cerá-
micas y de todos los adornos de hierro como farolitos, cadenas,
floreros: usar los cuadrantes para restaurar las tumbas sabiendo
que el lado occidental es el cementerio judío, en general. Se po-
dría seguir la siguiente metodología:
Tumbas por tipos Escultóricas
Bóvedas
Panteones
Nichos
Lápidas por tipo y formas Los mensajes
Material de construcción
El idioma de las lápidas
Color de las tumbas Gris
Blanco
Crema
Rojo
Verde
Materiales utilizados Mármol
Piedra cáliza
Granito
Hormigón
Ladrillo
Losetas
166 Amparo Chantada
Textura Lisa: mármol, pañete, losetas
Rugosa: ladrillo, piedra o
cemento
Verjas de las tumbas Madera de forma rectangular
Madera con forma de raíces
y ramos de árboles
Piedra
Hierro de forma rectangular
Hierro y representación de
la naturaleza con hojas o flores
Adornos Lámparas o farolitos
Coronas de flores de concreto o
floreros de concreto
Estatuas: cuerpo entero, bustos,
caras
Ángeles de mármol
Palomas de mármol
Cadenas de hierro
Organización de las Cristianas
sepulturas Judías
Disposición de las
sepulturas en torno a las Norte-sur
avenidas y este-oeste
principales
Inventario de las tumbas de infantes, edad de la muerte,
nacionalidad
Circulación interna del cementerio: hacer recorrido de color
diferente en el suelo según categorías a establecer: hombres
y mujeres políticos, personalidades de las letras, eventos
históricos y catástrofes nacionales, etc. Muertos del 1965, etc.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 167
Reflexión final
Néstor García Canclini en Culturas híbridas dice que nues-
tro continente «es el resultado de la dicotomía entre tradición
vs modernización y de culto vs popular» completando con las
observaciones de Rodolfo Kusch, que dice que «hay dos logos
en nuestro continente que no siempre conjugan el mismo ver-
bo identitario. En primer lugar habría una América periférica,
austral que sería dominio de la tradición occidental, depositaria
del individualismo, del mundo secularizado, de la racionalidad
instrumental, y la modernidad que simbolizaría la equivalencia
entre “ser alguien” y la acción evolutiva del ser humano en el
estandarte del control y el dominio, que vive constantemente
en una escalada por trascenderse a sí mismo y suprimir al otro
en la competitividad y exclusión […]; al interior de América
en su “profundidad”, existiría una cosmovisión diferente y con-
servada a pesar de la conquista occidental. Este logos no está
orientado a la definición sino más bien dirigido hacia “el aquí
y el ahora” como una perspectiva de encuentro, donde predo-
minaría una dimensión colectiva de lo humano sobre una in-
dividual, la totalidad sobre la particularidad y una concepción
de pertenencia al entorno ajustando el mundo a un sentido
mítico y religioso, el sujeto “se vive” como domiciliado en su
circunstancia, desde la cual se desprende su sentido ontológico
particular referido “al estar”».
En este punto Kusch realiza un análisis acabado y genial
de las diferencias ontológicas de nuestra América multicultural
y sincrética que en definitiva se oponen a la homogenización
y a la globalización de nuestra cultura social, impidiendo por
razones «del ser latinoamericano» la homogenización de una
identidad.
Es decir, y como lo menciona García Canclini, la hibridación
de América Latina sería «una articulación compleja de tradicio-
nes y modernidad, semejante al mestizaje y al sincretismo, no
obstante la diferencia del primero por cuanto no quiere signifi-
car sólo procesos raciales, y del segundo, porque no quiere tratar
168 Amparo Chantada
sólo de fenómenos tradicionales»; vale decir, «una concepción
amplia y contemporánea de la combinación y mezcla cultural
entre tradición y modernidad».
Ahora bien, y como señala Larraín, la postmodernidad ac-
tual de nuestro continente se caracteriza por la fragmentación y
discontinuidad cultural, las cuales se identificarían por una serie
de intersticios o vacíos culturales, los cuales –según nuestra ló-
gica– serían ocupados por elementos foráneos, provenientes de
la globalización y de la forzosa apertura cultural que ella provo-
ca. Estos elementos reemplazarían imágenes, sonidos, sabores,
etc., los cuales –y gracias a la fragmentación cultural híbrida de
nuestro continente– son incorporados y asimilados rápidamente
como propios de nuestra identidad. La cultura global de masas
tiende a la homogenización de las demás culturas sin disolverlas,
opera a través de ellas. Por eso tiene un idioma universal que es
el inglés, que sin desplazar a las otras culturas las «hegemoniza».
En este sentido, lo local y lo exótico es sacado de su contexto,
re-empaquetado y vendido, es decir, «lo global no reemplaza a lo
local, sino que lo local opera dentro de lo global». Por ejemplo,
al mismo tiempo que Europa o Norteamérica se llenan de res-
taurantes de comida tailandesa, música afroamericana y pinturas
primitivas neozelandesas; nosotros aprendemos a jugar Ninten-
do, a saborear hamburguesas McDonald’s y a beber Coca Cola
y la inigualable cerveza Heineken. Este bombardeo constante
y sostenido de elementos defragmentados de distintas culturas
provoca –sobre todo en la juventud– lo que el filósofo español
Daniel Innerarity llama «ética indolora», caracterizada por la no
fijación cultural, descompromiso con el presente y por ende con
la idea de futuro; es decir, una especie de dislocación cultural y
amnesia histórica. No profundizaremos en este punto sobre la
amnesia histórica, pero solo argumentaremos que es:
a. Rechazo al saber histórico y al pensamiento crítico,
b. Repudio al compromiso con el presente, y
c. Desvalorización de la cultura propia.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 169
Todo esto se resumiría en la notoria falta de compromiso
con el presente y en el sentido de pertenencia social, algo
que actualmente rebota en casi todos los ámbitos de nuestra
cultura.
La lectura de nuestro cementerio, detenida y analítica-
mente, nos reenvía a esa cultura caribeña, fundada en la fu-
sión, la simbiosis, en la interpenetración de cosmovisiones
diferentes, occidentales e indígenas, negros africanos y judíos
caribeños, costumbres y religiones que produjeron un sincre-
tismo cultural en estas tierras bañadas por el mar Caribe y los
barcos cargados de emigrantes y de sus sueños. Ellas y ellos
son, anónimos o no, como ese cementerio, la memoria y la
identidad nacional del pueblo dominicano de hoy, producto
de una globalización silenciosa, donde se fusionan identida-
des y culturas diferentes para hacer lo que somos hoy. De ahí
el valor de este cementerio patrimonial, a pesar de la época
en la cual vivimos, donde muchos son desmemoriados, apáti-
cos, amnésicos y despreocupados por su patrimonio y su his-
toria. Este es un vigoroso llamado a la reflexión sobre lo que
somos y hacia dónde vamos.
Bibliografía
Libros
Báez López-Penha, José Ramón. Por qué Santo Domingo es así,
Santo Domingo, Banco Nacional de la Vivienda, Col. Quinto
Centenario, 2008.
García Canclini, Néstor. Culturas híbridas. Estrategias para entrar
y salir de la modernidad, Buenos Aires, Argentina, Editorial
Sudamericana, 1995.
Girault, Christian y otros. La Republique haitienne, etat des lieux et
perspectives, París, ADEC-Karthala, 1993.
Illanes, María Angélica. La batalla de la memoria. Ensayos históricos
de nuestro siglo. Chile 1900-2000, Santiago, Chile, Editorial
Planeta/Ariel, 2002.
Larraín, Jorge. Modernidad, razón e identidad en América Latina,
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Moya Pons, Frank. La dominación haitiana 1822-1844, 3ra. edi-
ción, Santiago, R. D., Universidad Católica Madre y Maestra
(UCMM), 1978
_______________. Historia colonial de Santo Domingo, Santiago,
R. D., UCMM, 1977.
171
172 Amparo Chantada
Veloz Molina, Francisco Javier. La misericordia y sus contornos
1894-1916, narración de la vida y costumbres de la vieja ciudad
de Santo Domingo de Guzmán, Santo Domingo, Col. del Banco
Central de la República Dominicana, 2002.
Revista
Innerarity, Daniel. «Ética indolora: en busca de una moral sin
inconvenientes» en Cuadernos de Bioética, Nº 1, España, Uni-
versidad de Zaragoza, 1993.
Kusch, Rodolfo. «Libro III: Sabiduría de América» en América
profunda, Buenos Aires, Editorial Bonum, 1986.
Roggiano, Alfredo A. «Las memorias de Pedro Henríquez Ureña»,
doctorado sostenido y publicado por la University de Pittsburgh.
Periódico
Chantada, Amparo. «La fosa común del cementerio» en perió-
dico Hoy, Opinión, 2015.
Conferencia
Colectivo. Descubrimiento, conquista y colonización de America: mito
y realidad, Conferencia Internacional de Reflexión crítica
sobre el pasado, el presente y el futuro de los pueblos aborí-
genes y afroamericanos, 10 al 14 de febrero de 1989.
Folleto
Barreiro, Teófilo. «Apuntes previos para un estudio del cemen-
terio antiguo de Santo Domingo», folleto.
Anexos
• Mapa del Cementerio de la Avenida Independencia.
• Mapa del cementerio con los muertos de la Revolución
de Abril de 1965.
• «Apuntes previos para un estudio del Cementerio Anti-
guo de Santo Domingo». Por Teófilo Barreiro.
174 Amparo Chantada
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 175
176 Amparo Chantada
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 177
Teófilo Barreiro, sociólogo dominicano, fallecido en 2002.
Fuente foto: [Link]
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 179
Apuntes previos para un estudio del
Cementerio Antiguo de Santo Domingo
Por Teófilo Barreiro1
A. Introducción
El presente artículo es la síntesis de un proyecto de investiga-
ción que se está realizando en el Cementerio Antiguo de Santo Do-
mingo con miras a ser publicado extensamente al ser concluidas
todas sus etapas. Esto nos obliga metodológicamente a limitarnos
a señalar, en forma superficial, algunos aspectos que considera-
mos de mayor interés para los lectores de esta publicación.
Nuestro interés en realizar un estudio de esta naturaleza se
originó en la premisa básica de la relación existente entre los ele-
mentos materiales de la cultura y las formas de comportamiento
del hombre en sociedad. A su paso a través de formas colectivas,
el hombre va produciendo elementos culturales y dejando ma-
teriales que son producto de las normas, de las creencias, de los
valores, de las costumbres, de las instituciones que le han tocado
vivir en su hoy temporal. Estos remanentes materiales permiten
a las generaciones venideras hacer inferencias válidas sobre pe-
ríodos pasados. En el caso particular del Cementerio Antiguo
de Santo Domingo, producto de un vertiginoso pasado colonial,
creemos posible escudriñar aspectos históricos, sociales, políti-
cos, económicos y culturales en las deterioradas lápidas y monu-
mentos que lo componen. Es por ello que consideramos válido
un estudio de esta naturaleza: constituye un aporte modesto a la
búsqueda e interpretación de nuestras propias raíces.2
1
N. del editor: se respetó la manera en que el autor elaboró las notas al pie.
2
Domingo Rosain en su obra Necrópolis de La Habana. Historia de los cementerios
de esta ciudad, 1875, hace un inventario total del Cementerio de La Habana.
180 Amparo Chantada
B. Metodología
La metodología utilizada en este proyecto de investigación
presenta dos vertientes principales:
1. A nivel de gabinete
a. Primera etapa
Búsqueda de bibliografía relacionada con el Cementerio de
Santo Domingo. Búsqueda de referencias en diversos autores na-
cionales.
b. Segunda etapa
Búsqueda y clasificación de las actas de defunción, el Libro
de Registros de Actas de nacimientos, promesas de matrimonio, ma-
trimonios y defunciones pertenecientes a Oficialías del Estado
Civil de Ciudad Trujillo en el Archivo General de la Nación.3
2. A nivel de campo
Inventario total de tumbas en el antiguo cementerio. Levan-
tamiento topográfico, registro fotográfico, clasificación del ma-
terial, entrevistas.4
Es la única obra que conocemos sobre este tema.
3
En esta etapa contamos con la colaboración del señor Marco Antonio Martí-
nez Paulino, subdirector del Archivo General de la Nación.
4
En el trabajo de campo colaboraron con nosotros los estudiantes Víctor
Ruiz, Rafael Castillo, Arlette Pichardo y Onelia Estrada, de la Escuela de
Sociología de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 181
C. Datos históricos sobre el Cementerio de Santo Domingo
En su proceso de desarrollo histórico la ciudad de Santo Do-
mingo de Guzmán contó con dos cementerios principales: el de
la Iglesia Catedral de Santa María la Menor5 y el de la Iglesia de
Santa Bárbara. Estos cementerios eran utilizados por los vecinos
que no tenían el privilegio de enterrar a sus difuntos en capillas
particulares y en las numerosas iglesias existentes en la época.6
Los referidos cementerios dejaron de ser usados a comienzos
del siglo xix y desaparecieron paulatinamente en los procesos
de cambio originados por las diferentes etapas de adaptación y
de remodelación de la zona colonial.7 La costumbre de enterrar
personas en las iglesias todavía hoy se mantiene, no obstante las
legislaciones existentes al respecto.
El Cementerio de Santo Domingo (llamado también de la
Sabana, Cementerio Católico y Cementerio de la Avenida In-
dependencia) fue inaugurado, durante la Segunda Ocupación
Haitiana, por el presidente Jean Pierre Boyer el 29 de agosto de
1824. La primera persona enterrada en él fue una mujer llamada
Juana Flores.8 De este enterramiento existe constancia en la en-
trada principal de la necrópolis. Luego de 114 años de existencia
fue clausurado en 1938 ya que su localización, para ese entonces,
5
Para detalles consultar el «Informe de las excavaciones arqueológicas reali-
zadas en la Plazoleta de los Curas y en la calle Juan Barón» en Revista Domi-
nicana de Arqueología y Antropología, Enero-Junio 1971.
6
Estamos preparando un bosquejo de trabajo para recopilar todas las epigra-
fías y epitafios que aparecen en las iglesias de la capital.
7
En Relaciones Domínico-Españolas (1844-1859) de don Emilio Rodríguez De-
morizi aparece una cita de «La República» de Alejandro Angulo Guridi re-
lacionada con el Cementerio de Santo Domingo: «Cementerio General. El
19 de mayo de 1853 dio el Congreso Nacional (Q.E.P.D.) un decreto por el
cual se prohibió enterrar los muertos en los patios de las iglesias, y se ordenó
la reconstrucción del que “parece” haber habido en esa como sabana en
donde hoy se satisface aquella triste necesidad[...]». (p. 333).
8
J. Marino Incháustegui en su Historia Dominicana refiere «Con la inhuma-
ción de los restos de la señora Juana Flores fallecida el día anterior, quedó
inaugurado el 29 de agosto de 1824 el Cementerio Católico de la ciudad de
Santo Domingo, situado ahora en la avenida Independencia esquina Las
Carreras». (p. 17).
182 Amparo Chantada
era muy próxima al centro de la ciudad, y porque, además, no
existía espacio para nuevos enterramientos.9
El Cementerio Antiguo estaba dividido, físicamente, en dos
zonas separadas: el cementerio católico y el cementerio judío.
Esta división puede aún ser apreciada en la actualidad por la
distribución de las tumbas que presenta el cementerio judío.10
En el aspecto político, el cementerio fue escenario de nu-
merosos fusilamientos producto de las contiendas propias de las
diferentes épocas. Don Carlos Larrazábal Blanco y don Emilio
Rodríguez Demorizi relataron que los reos eran trasladados de
la fortaleza hasta la puerta del cementerio al son de redoblantes
por la calle Separación (actual calle El Conde). En el camposan-
to eran ejecutados al pie de un antiguo almendro que allí existía
y que era utilizado para tales fines. Don Carlos mencionó que
esta práctica dio lugar a una expresión popular: «En el almendro
te espero» para indicar cualquier situación desagradable.
D. Resultados preliminares de la investigación
Tomando en consideración que el proyecto de investigación
todavía se encuentra en proceso, nos limitaremos a ofrecer algu-
nas informaciones de carácter general sobre los aspectos principa-
les del estudio, que serán tratados más detalladamente en la obra
Apuntes sociológicos sobre el Cementerio de Santo Domingo.
9
Datos ofrecidos por don Vetilio Alfau Durán.
10
Al respeto Harry Hoetink en El pueblo dominicano: 1850-1900 escribe: «no
sorprende, pues, que en el primer cuarto del siglo xiv algunos judíos se ha-
bían establecido en la parte oriental de La Hispaniola. La lápida considera-
da como la más antigua de lo que fue la parte judía del Cementerio de la
Avenida de la Independencia en la capital dice: “Jacob Pardo, agé 46 ans.
decede 6 dec. de 1830. avec le regret de sa famille et amis”, (p. 4). Francisco
Veloz en su obra La misericordia y sus contornos afirma: «Y en el Cementerio
de Avenida Independencia, un pequeño sector, que le decían “Cementerio
Judío”, donde se enterraban a los que profesaban el protestantismo...», (p.
285). Parece ser que en esta última cita, la de Veloz, existe una confusión
entre judío y protestante que podrá derivar de la prohibición católica de
enterrar juntos a los que morían «en la iglesia» con los que morían «fuera
de la iglesia».
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 183
1. Las clases sociales
Las clases sociales siempre han buscado símbolos para ob-
tener su propia identificación. Esta simbología es un factor de
coherencia para los del mismo estrato y de referencia para los
estratos diferentes al de pertenencia. Hoetink menciona en su
obra El pueblo dominicano: 1850-1900 que la terminología utiliza-
da en Santo Domingo a finales del siglo pasado respondía a pa-
trones definidos que se identificaban con la estratificación social
de la época.11 Esta simbología también se hace manifiesta en las
tumbas del Cementerio Antiguo de Santo Domingo. Es evidente
que en determinados períodos de la existencia del cementerio,
las clases sociales más altas de la sociedad de la época ocupa-
ban la avenida principal del camposanto y sus zonas aledañas,
mientras que la proximidad a los muros laterales se identificaba,
gradualmente, con clases o estratos sociales más inferiores de la
sociedad. Todo esto se infiere de la naturaleza, diseño, estructu-
ra y contenido de los monumentos o tumbas familiares e indivi-
duales que se encuentran en la zona señalada.
He aquí algunos de los apellidos de familias que aparecen
en la zona central del cementerio: Ricart, Vidal, Gautier, Olives,
Mota, Castillo, Pool, Pichardo, Aybar, Billini, Morales, Velázquez,
Álvarez, Calero, Ravelo, Castro, Santoni, y Pérez, entre otros.12
La mayoría de estas familias han sido tradicionalmente aristo-
cráticas y sus miembros han desempeñado posiciones públicas
de renombre, y descollado en el campo del comercio y de las
finanzas.
Posteriormente, el presente estudio ofrecerá datos más espe-
cíficos sobre la relación existente entre las posiciones familiares
11
Hoetink, op. cit., pp. 272-273.
12
Con relación a la simbología de los monumentos como indicadores de status
social, Edwin S. Dethefsen y Kenneth Jansen han publicado un interesante
trabajo con el título de «Social Commentary from the Cementery» en la
revista Natural History, junio-julio, 1977. Los autores señalan que la erección
de monumentos de mármol en los cementerios norteamericanos guarda es-
trecha relación con «el incremento de la estratificación económica y social
de la expansión industrial del siglo xix» (p. 35).
184 Amparo Chantada
dentro del cementerio y el status adscrito dentro de nuestra so-
ciedad de ayer.
2. Las ocupaciones militares del siglo xix
a. La Segunda Ocupación Haitiana
La Ocupación Haitiana de 1822 hasta 1844 dejó huellas
significativas en el Cementerio de Santo Domingo. Muchas
tumbas correspondientes al período posterior a la inauguración
del cementerio han permanecido través del tiempo. A modo de
ejemplo ofreceremos algunos epitafios:
— Victor Durochep.
29-6-1803; 18-1-1828
Bon fils, bon père, ben époux, bon ami et bon citoyen, laissant apres
lui les regrets sinceres de tous les honnetes gens. Requiescat in Pace.13
— Francois Seger Laforgne.
Né aux Cayes et decedé en cette ville le 24 juin 1832; age 26 ans, il
importa dans la tombe les regrets sinceres de sa famille et de ses amis.
La mort dan son cruel range,
de ses jours a tranché le cours
el meure au printemps de son âge,
mais dans nos coeurs il vit toujours.
Requiescat in Pace.14
13
Traducción: «Buen hijo, buen padre, buen esposo, buen amigo, buen ciuda-
dano. Dejó tras de sí la pena sincera de todas las personas honestas. Descan-
se en paz».
14
Trad.: Nació en Los Cayos y murió en esta ciudad el 24 de junio de 1832 a
la edad de 26 años. Se lleva a la tumba la pena sincera de su familia y de sus
amigos.
La muerte en su ronda cruel,
de sus días ha tronchado el curso,
él muere en la primavera de su edad,
más, en nuestros corazones vivirá para siempre.
Descanse en paz.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 185
— Marie Manuelle Quintano.
26-8-1835
Ici repose dame Marie Manuelle Quintano, épouse de Mr. Bertrand
Veron, née a Coro (Cotte Ferme) et decedée le 26 aôut 1835 a l’âge de
31 ans. Elle fut bonne épouse, et generalement regrettée de ses amis et
de tous ceux qui l’ont connue.15
Se puede apreciar en estas lápidas la reiteración de un pa-
trón definido: proliferan las cualidades individuales, se utilizan
elementos poéticos, se expresa una gran emotividad y un marca-
do sentimentalismo, y en fin, los epitafios son excesivamente des-
criptivos (datos biográficos, enumeración de funciones, grados
de relación, etc.).16
Otras lápidas de la misma época corresponden a familias de
ascendencia española que residían en Santo Domingo al momen-
to de la Segunda Ocupación Haitiana. He aquí algunos ejemplos:
— Yace aquí J. Pérez Lajara. Nació en Neyba el 20 de julio de
1784 y murió en Sto. Domingo el 19 de noviembre de 1857. Que
Dios tenga su alma en descanso. ¡Homenaje de un buen hijo!
— Aquí yacen los restos mortales de Doña María Paula Alfon-
zo que nació el 26 de enero 1817 y falleció el 3 de junio 1863
de edad 40 años, 4 meses y 4 días.
— Manuel M. Valencia y Billo.
1837-1840.
Por la parca arrebatado a una familia afligida. Serás, hijo de
mi vida, eternamente llorado.
15
Trad.: Aquí reposa la señora María Manuela Quintano, esposa del señor
Bertrand Veron. Nació en Coro (Costa Firme) y murió el 26 de agosto
de 1835 a la edad de 31 años. Fue buena esposa y buena madre, y ha sido
lamentada en forma general por sus amigos y todos aquellos que la cono-
cieron.
16
Es interesante señalar que las tres lápidas en francés, escogidas al azar, regis-
tran las edades de 25, 26 y 31 años. En el proceso de investigación se verifi-
cará si este patrón se repite.
186 Amparo Chantada
— Aquí yace José Joaquín del Monte. Falleció el 23 de enero
1854, a la edad de 84 años habiéndose consagrado 60 años de
servicio de su patria. Requiescat in Pace.
El patrón de estos textos es muy similar al de los epitafios
precedentes aunque existen ciertos matices que los diferencian,
tales como la sobriedad de los últimos comparada con la emoti-
vidad de los primeros.
b. La Anexión a España
Del período de la Anexión a España se conservan numero-
sas tumbas en el Cementerio Antiguo de Santo Domingo. Estas
son menos discernibles ya que solamente pueden distinguirse
por descripciones de rango militar o de funciones diplomáticas.
Algunas tumbas de este período permiten inferir una definida
asimilación de funcionarios españoles a la estructura familiar do-
minicana. Hoetink trata este aspecto detalladamente en su obra
ya citada.17
He aquí un ejemplo:
— El valiente brigadier don Joaquín Suárez y Avengoza
murió gloriosamente el 19 de agosto de 1864. Recuerdo de
su hermano político Rafael Alberne. E.P.D.
3. Próceres dominicanos
Muchos epitafios del antiguo comentario hacen alusión a las
actividades realizadas en diferentes gestas nacionales. Tal es el
caso de:
17
Hoetink, op. cit., pp. 58-59.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 187
— Felipe Mañón.
1848-1938.
Soldado restaurador, comandante de Armas de Bayaguana,
jefe de operaciones en Guerra y Antonci, jefe de reserva, go-
bernador interino, jefe del puerto, regidor, elector, presidente
del consejo de guerra, presidente de la Junta de Caridad Padre
Billini. Masón 6.30. Caballero Marca Odd Fellows. P.N.P.18
— Manuel de J. Blonda.
1850-1925. Prócer de la Restauración. R.I.P.
— Juan P. Sterling.
1846-1930. (Restaurador).
— Jacinto Cross. (Prócer).
1846-1920.
Un análisis más documentado nos permitirá posteriormente,
establecer relación entre estos personajes y hechos históricos par-
ticulares. De esta forma saldrán del olvido muchos que contribu-
yeron con su esfuerzo y con sus vidas a la realización de la Patria.
4. Grupos de inmigrantes
Nos habíamos referido anteriormente a la existencia de un
cementerio judío en el Cementerio Antiguo de Santo Domingo.
Este es el único grupo de inmigrantes que se encuentra sectori-
zado en el cementerio. Muchos otros grupos utilizaron los servi-
cios del camposanto, y sus tumbas aparecen dispersas en el lugar.
En este puede encontrarse gran cantidad de tumbas de italianos,
palestinos, árabes, norteamericanos, polacos, isleños, cocolos, y
otros. Hasta el momento sólo se han encontrado dos tumbas de
nacionales chinos.
18
P.N.P. significa «Past Noble Padre».
188 Amparo Chantada
He aquí algunos ejemplos:
— Rey Jacob Paul James.
24-12-57; 1-2-1923.
D.D.P.E. of the African Methods Episcopal Church. Was born
december 24th 1857, age 66 years, 31 days. Serves as pastor in the
following states: Wisconsin, Iowa, Illinois, Minnesota, Dominican
Republic, capital, San P. de Macorís. Died february 1 1th 1923.19
— Piero.
1-11-1930; 27-2-1940.
Mamma e papa al loro adorado Piero.20
— Alla memoria di Donato Salbussi. Nato a San Cristoforo, 7-8-
1842. Morto in Santo Domingo il 1-8-1886. Il fratello Francesco
dolentissimo pose.21
— Donald Lee Corum.
Born April 18, 1942, died april 18, 1942. R.I.P.22
— Pastor C. E. Goodin.
Born in Jamaica, died july 18, 1914.23
— María Latuff de Elías.
1858; 1-6-1936.
Nació, en Bazoun-Monte Líbano. Murió en Ciudad Trujillo le
dedican este recuerdo su esposo e hijos. Rogad por su alma.
19
Traducción: D.D.P.E. de la Iglesia Episcopal Africana. Nació el 24 de diciem-
bre de 1857. Edad 66 años, 31 días. Sirvió como pastor en los siguientes es-
tados: Wisconsin, Iowa, Illinois, Minnesota, República Dominicana, capital,
San Pedro de Macorís. Murió el 1 de febrero de 1923.
20
Traducción: Mami y papa a su adorado Piero.
21
Traducción: A la memoria Donato Salbussi. Nació en San Cristóbal el 7-8-
1842. Murió en Santo Domingo el 1-8-1886. El hermano Francisco se siente
entristecido.
22
Traducción: Nació abril 18, 1942. Murió abril 18, 1942. Descanse en paz.
23
Traducción: Nació en Jamaica. Murió el 18 de julio, 1914.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 189
— Moisés M. de Castro.
25-7-1844; 6-11-1884.
— Jacobo B. Curiel.
16-4-1853; 7-3-1895.
5. Muertes violentas
Muchos epitafios del Cementerio Antiguo especifican, para
la posteridad, la causa de la muerte cuando se trata de una muer-
te violenta o accidental. Tal es el caso de los ejemplos que a con-
tinuación citamos:
— P. Obregón Silva.
Venezolanus. Suis et amici patriaque die februari tredecimann
MDCCCLXXXIX perfida scelerata que manu abruptus.24
— José Arturo Mejía Billini.
21-5-1942.
A la memoria de mi inolvidable hijo José Arturo Mejía Billi-
ni, desaparecido en el torpedeamiento del vapor «Presidente
Trujillo». E.P.D.
— A la memoria de Tatá, Carlos, Luisa, Juan y Nelly. «St. Na-
zaire». Cabo Hatteras. Marzo 1897.25
24
Traducción: Venezolano. Protector y amigo de los suyos. Cortado por una
mano pérfida y veloz el 13 de febrero de 1889.
25
Con relación a este epitafio consultamos al historiador Juan Daniel Balcácer,
quien a su vez consultó con don Vetilio Alfau Durán y don Emilio Rodríguez
Demorizi. Don Vetilio informó que recordaba un acontecimiento de fines del
pasado siglo en el cual un ciudadano cubano casado con una dominicana
hacía una travesía por barco hacia los Estados Unidos. Habiendo naufragado
el barco a la altura de Cabo Hatteras, en las costas de Carolina del Norte,
el cubano y su familia se salvaron en un pequeño bote. Fueron los únicos
sobrevivientes del desastre. La familia estuvo a la deriva por algún tiempo y
fueron muriendo uno a uno. El padre de familia los iba arrojando al mar hasta
quedar solo con un único recuerdo de su esposa: una manta. El cubano fue
190 Amparo Chantada
— C. A. Read.
Muerto trágicamente en febrero de 1929. E. P. D.
6. Diplomáticos extranjeros acreditados en el país
En algunas tumbas de los distintos períodos históricos se
hace alusión a cargos diplomáticos desempeñados en vida por
los difuntos. Por ejemplo:
— Don Ricardo Alfredo Palominio y Carcan.
Cónsul de Primera Clase de España. Fallecido en esta ciudad
el día 10-7-1884.
— Don Miguel Galindo y Oros.
29-6-1886.
Cónsul de España en esta ciudad, R. I. P.
7. Personalidades públicas
La labor realizada en beneficio de la comunidad es, muchas
veces, incluida en los textos de las lápidas. Parece ser una mani-
festación propia de la sociedad global que reconoce los méritos
de sus miembros más distinguidos. A este propósito ofreceremos
los siguientes ejemplos:
— Gerardo Jansen.
1914.
El Ayuntamiento de Santo Domingo a la memoria del licen-
ciado Gerardo Jansen, munícipe benemérito y esforzado batalla-
dor por la enseñanza pública.
rescatado y regresó, a Santo Domingo. Al morir fue envuelto en la manta y
arrojado al mar, según fue su último deseo. Don Vetilio no recuerda nombres,
pero todo parece indicar que esta lápida se refiere a ese caso.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 191
— Eugenio María de Hostos
MDCCCXXXIX-MCMIII [1839-1903]
Justitia veritatem dilexit colvit.26
— Leopoldo M. Navarro.
1861-1908.
El Ayuntamiento de Santo Domingo a la memoria del ilustre
maestro Leopoldo Navarro, E. P. D.
— Luisa Ozema de Henríquez.
1870-1927.
Sinite parvulos venire ad me.27
— Arturo Pellerano Sardá.
Julio 4, 1888-Agosto 5, 1943.
Director del Listín Diario. Diputado ante el Congreso Nacional.
— Capitán de navío.
Aurelio Napoleón Ortori.
1860-1935.
En otros casos, la labor pública desempeñada no es mencio-
nada y solamente el conocimiento de las actividades desarrolla-
das permite diferenciar estas tumbas de las demás. En este caso
nos encontramos las siguientes lápidas:
— Abelardo.
1870-1933.
R. I. P.
— Manuel de Js. Galván.
1867-1932.
R. I. P.
26
Trad.: Cultivó y amó la verdad con justicia.
27
Trad.: Dejad que los niños vengan a mí.
192 Amparo Chantada
— Joaquín Salazar.
1871-1942.
— Dr. José Dolores Alfonseca.
1876-1933.
8. Tragedias
En lo que respecta a tragedias nacionales citaremos el texto
del monumento levantado por el clero arquidiocesano las vícti-
mas del ciclón de San Zenón.
— El Clero Arquidiosesano. Recuerda, oh cristiano, que a la
sombra de esta cruz redentora reposan las cenizas de nues-
tros hermanos fallecidos en el horrible huracán que arrasó
esta ciudad primada de América. Eleva al señor una oración
por el eterno descanso de su alma. 1930.
Este monumento fue erigido sobre las cenizas de las víctimas
del huracán que fueron cremadas en la Plaza Colombina.
9. La Revolución Constitucionalista de 1965
Durante el tiempo que duró la Revolución Constituciona-
lista de 1965 se dio uso, nuevamente, al Cementerio de Santo
Domingo. Es por ello que se encuentran actualmente una gran
cantidad de tumbas correspondientes a ese período de lucha fra-
tricida. Algunas de las lápidas rezan del siguiente modo:
— Juan Miguel Román Díaz.
19-5-65.
— Cuando se muere en brazos de una patria agradecida, la
muerte acaba, la prisión se rompe, y empieza al fin, con el morir
la vida.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 193
— Illio Capocci.
19-5-1965.
— S. Parcifal Gautreau O.
4-5-45; 14-6-1965.
— Juan A. Hernández (Koki)./ Víctor M. Mena.
Muertos el 15 de junio de 1965 en defensa de la Patria.
10. Pertenencia a instituciones
Don Emilio Rodríguez Demorizi en su obra Sociedades, co-
fradías, escuelas, gremios y otras corporaciones dominicanas hace un
recuento de todas las organizaciones existentes en el país en di-
versos períodos históricos. Algunas de estas organizaciones apa-
recen registradas en las tumbas del antiguo cementerio. He aquí
dos ejemplos:
— Paz, felicidad, prosperidad. Cámara Ruth Constancia No.
739. G.O. de O.F. en América. Recuerdo cariñoso a su hijo.
— La Filantrópica Sociedad Manos Protectoras a la memoria
del socio Bernardo Mejía.
11. Ocupación Norteamericana de 1916
En el Cementerio de Santo Domingo existe un mausoleo eri-
gido para los miembros de la Marina y del Ejército de los Estados
Unidos fallecidos en el país en diversas épocas. Algunas lápidas
hacen referencia a soldados caídos durante la Ocupación Nor-
teamericana de 1916. Por ejemplo:
— Myron Timothy Cotter.
Ohio. Pvt. U.S. Marine Corps,
Dic. 27, 1919.
194 Amparo Chantada
12. Elementos socio-culturales de la época
Muchas lápidas del cementerio antiguo responden a las nor-
mas y costumbres características de cada época. Es por ello muy
común que los epitafios recojan pensamientos y sentimientos di-
rigidos tanto a los difuntos como a los visitantes del cementerio:
— Isabel P. Sánchez Ocejo.
Nov. 1929-Marzo 1938.
Tu misión fue corta y santa, síguela desde el cielo.
— Lic. Juan B. Ruiz. (Juanito).
1881-1936.
Juanito ya que reposas en el seno de los justos ruega a Dios
por tu desolada compañera Nini.
— Deseada García de Langweiler.
17-8-1934.
Cansada de ser buena.
— Del capitán José García hijo a su inolvidable amigo capitán
Ramón Fernández V.
— Corazones sensibles derramad una lágrima a la memoria
de la joven Carmen Ma. Pimentel. Fallecida a los 19 años
de edad. Elevad preces al cielo por el descanso de su alma.
2-7-1881.28
13. Dominicanos fallecidos en extranjero
Un aspecto que es importante señalar, y que debe guardar
estrecha relación con la estratificación social, es el de los do-
minicanos fallecidos en el extranjero. Hoetink se refiere, en su
28
Consultar en Hoetink el capítulo «Cambios en los órganos de transmisión
cultural», op. cit., pág. ss.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 195
obra citada en varias ocasiones, a la aspiración societaria del do-
minicano de realizar viajes al extranjero (Europa y los Estados
Unidos).29 Los epitafios que hemos encontrado en el Cementerio
Antiguo corroboran esta aspiración y constituyen un indicador
válido para establecer un status definido dentro de la estructura
social de la época. Bástenos señalar dos ejemplos al respecto:
— Luis M. Betances.
Mayo 9 de 1897-Murió en París 14 de diciembre de 1926.
Recuerdo de sus amigos.
— Genoveva de Vásquez.
Nació en la ciudad de Santo Domingo el 19 de agosto de
1869 y murió en Washington el 29 de mayo de 1900. Fue bue-
na. Paz a sus restos.
29
Hoetink, op. cit., p. 265 ss.
196 Amparo Chantada
E. Conclusiones preliminares
1. Existe una relación evidente entre los elementos materiales
de la cultura y las formas de comportamiento humano.
2. El cementerio constituye una manifestación material de la
cultura y por ello es posible inferir de su contenido caracte-
rísticas que han identificado las diferentes etapas de desarro-
llo de una sociedad determinada.
3. El Cementerio Antiguo de Santo Domingo, con 114 años de
existencia, constituye un buen registro material de las dife-
rentes etapas de la existencia de la ciudad de Santo Domingo
a partir de 1824.
4. Un análisis detallado de este registro material nos permite
inferir algunas características históricas, sociales, culturales,
económicas y políticas de los períodos de desarrollo de la
ciudad de Santo Domingo.
5. Un análisis de esta naturaleza nos permitirá conocer mejor
nuestro pasado e interpretar mejor nuestro presente
histórico.
6. El presente artículo no es más que un somero bosquejo de
un trabajo más amplio de investigación. Su pretensión ha
sido ofrecer información sobre una realidad que ha sido des-
conocida hasta hoy y que está en busca de ser interpretada.
Tal interpretación ayudará sobremanera a la identificación
de nuestras propias raíces.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 197
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Veloz Molina, Francisco. La misericordia y sus contornos, 1894-
1916, Santo Domingo, R.D., Editora Arte y Cine, 1967.
Índice onomástico
A Battle Basden, Freddy 121
Abreu, Rafael 156 Begnino 163
Abreu Heredia, Eduardo 135, 155, Benzo de Ferrer, Vilma 163, 164
156 Betances, Luis M. 137, 195
Acosta Feliz, Alfonso 94 Billini 163
Aíbar, Francisco Raúl 143 Billini, Emilio 80
Alberne, Rafael 133, 186 Billini, Francisco Xavier 149
Alberti Bosch, Narciso 121 Billini Aristy, Francisco Gregorio 149
Alemar, Luis 83 Blonda, Manuel de Js. 133, 187
Alfau Durán, Vetilio 123, 182, 189, Bobadilla, Amelia 143
190 Bona, Concepción 135
Alfonseca, José Dolores 192 Bona de Corsega 131
Alfonseca Baris, Juan Bautista 141 Bonetti 163
Alfonzo, María Paula 122 Bonetti de Pellerano 163
Álvarez, Wenceslao 133, 163 Bonetti, José María 80
Angulo Guridi, Alejandro 181 Bonilla, Pedro Pablo 133
Aybar Castellanos, Tancredo 95 Bonnelly, Aida 149
Bonó, Pedro Francisco 149
B Borgellá, Gerónimo Maximiliano
Báez, Buenaventura 75 66, 68, 70
Báez, Osvaldo 80 Bou, Ana María 122
Báez, Pedro 135 Bou, Salvador 122
Báez López-Penha, José Ramón Bou Pla, Jaime 122
(Moncito Báez) 13, 14, 53, 54, Boyer, Jean-Pierre 63, 65-68, 81,
80, 161, 171 181
Balaguer Ricardo, Joaquín 35, 44, Brown, Harry 121
95, 96 Burgos, Angelita de 156
Balcácer, Juan Daniel 189
Barreiro, Teófilo 123, 141, 172, C
173, 178, 179 Caballero, Javier 156
Bastidas, Rodrigo de 45 Caballero Serrano, Álvaro 45
199
200 Amparo Chantada
Calero 163 D
Cambiaso 163 De Jesús 163
Caminero, José 133 De la Concha 163
Capocci, Illio 153, 154, 156, 193 Delaudy 163
Capellán Ferreira, William 12 De León 87, 163
Carlos 189 Delgado, Fellito 156
Carlos III 61, 62 Del Monte, Manuel Joaquín 131, 163
Castillo, Rafael 163, 180 Del Rosario 163
Castro, Moisés M. de 87, 189 De Marchena 87
Castro Ruz, Fidel 153 De Moges 72
Casas, Bartolomé de las 40 Deogracia Marty, Lorenzo 135
Cayetano Rodríguez, Armando 141 De Pool 163
Celado 164 Depré, Jean Alexandre 114
Cestero 163 Depré, Jean Félix 127
Chantada, Amparo 12, 172 Dethefsen, Edwin S. 183, 197
Chávez y Osorio, Gabriel de 55 Díaz de la Cruz, Luis 156
Chevalier, Ricardo 133 Díaz, Miguel 39, 40
Cohén Portes, Cristóbal 87, 156 Díaz Vásquez, Frank 154-156
Colón, Bartolomé (el Adelantado) Dipre 163
39, 40 Drake, Francis 45, 55
Colón, Cristóbal 39, 43 Duarte, Juan Pablo 73
Colón, Diego 43 Du Breil 131, 163
Colón, Domingo 40 Duquela 163
Conde Sturla, Amador de Jesús Durocher, Victor 117, 129, 184
155, 156 Duvergé, Antonio 80
Conde Sturla, Pedro 155
Conrado del Castillo, Luis 141 E
Corporán de los Santos, Rafael 107 Emparan y Orbe, Agustín 57
Correa y Cidrón, Bernardo 67 Ernest 163
Cosfrillón, Oscar 131 Escobar, Fernando 80
Cotter, Myron Timothy 147, 193 Estrada, Onelia 180
Crasto 163
Cross, Jacinto 187 F
Cuastveuve Du Breil, Pauline Fajardo 163
Henriette 131 Felipe, Terma 156
Curiel, Jacobo B. 87, 189 Ferdinand 163
Fernández 163
Fernández de Oviedo, Gonzalo 40
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 201
Fernández, Francis 156 Grimau, Julián 34
Fernández, Gustavo 96 Gross, Elías 84
Fernández Mejía, Abel 58 Gross, Jacinto 133
Fernández V., Ramón 137, 194 Guerrero 163
Fiallo Cabral, Arístides 80 Guzmán, Yolanda 155, 156
Flores, Isaac 80
Flores, Juana 81, 181 H
Francesco 115 Hamelberc 163
Francisco 188 Haseth Evertz, Carlos 122
Franco, Francisco 34 Hatton 163
Friar y Troncoso, Altagracia 125, 127 Henriette 163
Henríquez 163
G Henríquez, Eduardo 115
Galindo 163 Henríquez Ureña, Pedro 45, 125
Galindo, Miguel 122 Henríquez y Carvajal, Federico
Galindo y Oros, Miguel 135, 190 115, 143
Galván, Manuel de Jesús 143, 145, Henríquez y García 87
191 Hernández, Juan (Koki) 155, 156,
Garay, Francisco 40, 51 163, 193
García Canclini, Néstor 167, 171 Heureaux, Ulises Hilarión 85, 161
García, José 194 Hoetink, Harry 182, 183, 186,
García, José Hijo 137 194, 195, 197
García, Marino Enrique 156 Hostos, Eugenio María de 19, 26,
García de Langweiler, Deseada 135, 141, 191
137, 194
Garrido 163 I
Garston, M. George 94 Illanes, María Angélica 171
Gautier, José 131 Imbert, José María 135
Gautier, Matilde 129 Incháustegui, J. Marino 181, 197
Gautier de Vásquez, Genoveva Innerarity, Daniel 168, 172
137, 140
Gautreau O, S. Parcifal 153, 154, J
191 Jacques Dessalines, Jean 68
Gautreaux, Virgilio 147 James, Jacobo Paul 87, 122
Girault, Christian 171 Jansen, Gerardo 135, 190
González, Guillermo 149 Jansen, Kenneth 183, 197
Goodin, C. E. 143, 188 Jansen, Ramón 80
Gortico 163 Jesucristo 34
Jiménez, José 156
202 Amparo Chantada
Jiménez, José Manuel 78 Lovelance, Manuel 133
John, W. Smith 121 Lugo, Rey de Jesús 156
Jordich, Luis Fernando 156 Luisa 189
Joseph Pradal, Marie 131 Luna Calderón, Fernando 24, 47,
Juan 189 163
Luperón, Gregorio 75
K
Kennison, Grace C. 121 M
Kusch, Rodolfo 167, 172 Machado, Manuel Emilio 80, 121,
153
L Manfield 121, 163
Ladrón de Guevara, Antonio 47 Mañón, Felipe 133, 187
Laforgue, Adele 131, 163 Mañón, José Antonio 157
Lamarche 131 Marchena, Miguel Ángel de 80
Lambertus 164 Marie Bechel, Etienne (Señor de
Larraín, Jorge 168, 171 Rochefontaine) 16
Larrazábal Blanco, Carlos 79, 80, Marie Joseph Pradel 163
171, 182 Marín, Luis Felipe 80
Latuff de Elías, María 131, 188 Martínez Paulino, Marco Antonio
Lee Corum, Donald 115, 188 180
Leger 163 Martínez, Ramón 157
Lemaire, Raymond 39 Martínez, Ricardo 80
León, Abraham 94 Masturzi, Michelito 112, 163
León, Benjamín de 94 Mateo 163
Lepine 163 Matos 164
Levy 87 Mejía 163
Lévy-Bruhl 27 Mejía, Abigail 58, 131, 143
Leyba Matos, Aquiles 156, 163 Mejía, Bernardo 147, 193
Licairac 163 Mejía Billini, José Arturo 123, 189
Licairac, Alexandre 129 Mejía del Castillo, Ramón (Pichirilo)
Licairac, Aurelien 129 153, 157
Licairac, Francois 129 Mejía Soliere, Abigail 149
Liendo, Rodrigo de 54 Mena 163
Lockward, Luis A. 149 Mena, Manuel 80
López-Penha, Haim 80, 87, 94 Mena, Pedro 156
Lora Fernández, Juan María 153, Mena, Víctor M. 155, 157, 193
156 Mieses, Diógenes 80, 163
L’Ouverture, Toussaint 63, 71 Mocquet, Guy 34
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 203
Moliné 163 P
Monte, José Joaquín del 122, 186 Pagani, Miguel (Salicup) 133, 134,
Montero, Miguelina Alt. 157 163
Montes Arache, Manuel Ramón Palominio y Carcan, Ricardo
153 Alfredo 135, 190
Moreta Castillo, Américo 171 Pantaleón, José 143
Morillo, Ramón Euclides 157 Pardo Matif, Jacobo 83, 87
Moscoso 163 Paula Alfonzo, María 185
Moscoso, Rafael M. 143 Paul James,Rey Jacob 188
Moscoso Puello, Francisco Eugenio Paulo III (papa) 45
31, 171 Peabre, Josefa 157
Mota Canela, Genoveva 115 Pellerano, Manuel de Jesús 80
Moya, Casimiro de 149 Pellerano Sardá, Arturo 80, 137,
Moya Pons, Frank 65, 171 191
Muñoz 163 Pellerano de Henríquez, Luisa
Myron 147 Ozema 137, 141, 163, 191
Peñalva, conde de 56
N Penn, William 56
Namías 87 Peralta 163
Nanita 163 Perdomo 163
Natural 163 Pereyra, Elvira 87, 157
Navarro, Leopoldo M. 135, 136, 191 Pérez 163
Nelly 189 Pérez Lajara, J. 122, 185
Nini 137, 194 Pérez Montás, Eugenio 96
Nivar, Esteban 80 Pichardo, Arlette 163, 180
Nivar Pittaluga, Amada 94 Piero 115, 188
Novaro, Laura 34 Pimentel 163
Núñez de Cáceres, José 65, 137, Pimentel, Carmen Ma. 137, 194
163 Pimentel, Francisco 131
Pimentel, Rodrigo de 45
O Pineda 163
Obregón Silva, P. 123, 124 Pontier 163
Ojeda, Alonso de 47 Porter, David 73
Ortega 163 Pradel 131, 163
Ortori, Aurelio Napoleón 137, 191 Próspero 163
Osorio, Antonio de 55 Prud’Homme, Emilio 141, 143,
Ovando, Nicolás de 40-43, 47 144
Puello, Eustaquio 135
204 Amparo Chantada
Q S
Quintano 163 Saint Denys, Eustache Juchereau
Quintano, Manuel 121 de 72
Quintano, Marie Manuelle (María Salado 163
Manuela Quintana) 121, 185 Salazar, Joaquín 192
Salbussi, Donato 115, 188
R Sánchez 163
R. de Paulino, Adela 157 Sánchez, Eladio 143
Read, C. A. 190 Sánchez, Emeterio 147, 148
Reda 163 Sánchez Ocejo, Isabel P. 135, 194
Reissmann, Jacob 87 Sanlley, Tomás 80
Reyes, José 141, 144 Santamaría D., Luis 157
Ricart-Calventi, Amelia Altagracia Santana Familias, Pedro 72, 74,
155, 156, 158, 158, 163 83, 133, 141
Rivas 163 Sardá 163
Riviere, André 153, 157, 163 Sarmiento, J. Alt. 157
Roa de Doghert, Estefanía 131 Sateur, Jean 157
Rodríguez, Antonio 149 Saviñón 163
Rodríguez, Pablo 153, 157 Schack 131
Rodríguez de Fiallo, Ramona 149 Schomburgk, Herman 83
Rodríguez Demorizi, Emilio 31, 72, Schomburgk, Robert 73
79, 123, 181, 182, 189, 193, 197 Seger Laforgne, Francois 117,
Rodríguez Núñez, Irene 157 129, 184
Rodríguez Objío, Nemesio 141 Selman, Antonio 131
Rodríguez Ravelo 163 Selman, Matilde 131
Rodríguez Urdaneta, Abelardo Sepulveda 163
141, 191 Serra, José María 135
Roggiano, Alfredo A. 123, 172 Silva, Obregón 189
Rojas, Pedro 157, 163 Soliere 131
Román, Juan Miguel 153, 157 Statkowski, Stanislas 117, 120
Román Díaz, Juan Miguel 192 Sterling, Juan P. 133, 135, 187
Rosain, Domingo 179, 197 Suárez de Avengoza, Joaquín 133,
Ruiz, Juan B. (Juanito) 137, 163, 194 163, 186
Ruiz, Víctor 180 Suazo 163
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo Amurallada... 205
T Valencia y Billo, Manuel M. 121,
Tatá 189 163, 185
Tavares, Juan Tomás 161 Valera, Pedro 66, 67
Tavárez 47 Valerio, Fernando 1335
Tavárez, Ramón 157 Vázquez 163
Taveras Rojas, Félix Fernando 157 Vásquez, García 156
Tejada, Esteban 156 Vásquez, Genoveva de 195
Tejada, Juan de Dios 125 Vásquez, Rafael 156, 157
Tejada, Rafael 133 Veloz, Francisco 31, 182
Tirado, César 115 Veloz, María 135
Tirado, Olga 115 Veloz Maggiolo, Marcio 66, 84
Tirado Calcaño, Pedro 157 Veloz Molina, Francisco Javier 24,
Tostado, Francisco 51 172, 197
Traboux 131, 164 Venables, Robert 56
Travieso 163 Veras 163
Trinidad Sánchez, María 24, 80 Veron, Bertrand 121, 185
Troncoso, Asunción 127 Viau Renaud, Jacques 26, 153, 157
Troncoso de la Concha, Manuel Villamil 163
de Jesús 80 Villanueva, Ramón 157
Trujillo Molina, Rafael Leonidas Vitoria, Juan de 51
94, 149
Turull, José 161 W
Weise, Anelica 121
U Whatts, Juan 121, 147
Ureña, Pedro 157 Winter, Eduardo 121
Ureña, Salomé 45, 115 Wollowsky, Angelica 121
V Y
Valdez, José 133 Ysa Katime, José 131
Valdez, Julio César 157
Publicaciones del
Archivo General de la Nación
Vol. I Correspondencia del Cónsul de Francia en Santo Domingo, 1844-1846.
Edición y notas de E. Rodríguez Demorizi, C. T., 1944.
Vol. II Documentos para la historia de la República Dominicana. Colección
de E. Rodríguez Demorizi, Vol. I, C. T., 1944.
Vol. III Samaná, pasado y porvenir. E. Rodríguez Demorizi, C. T., 1945.
Vol. IV Relaciones históricas de Santo Domingo. Colección y notas de
E. Rodríguez Demorizi, Vol. II, C. T., 1945.
Vol. V Documentos para la historia de la República Dominicana. Colección
de E. Rodríguez Demorizi, Vol. II, Santiago, 1947.
Vol. VI San Cristóbal de antaño. E. Rodríguez Demorizi, Vol. II, Santiago,
1946.
Vol. VII Manuel Rodríguez Objío (poeta, restaurador, historiador, mártir).
R. Lugo Lovatón, C. T., 1951.
Vol. VIII Relaciones. Manuel Rodríguez Objío. Introducción, títulos y
notas por R. Lugo Lovatón, C. T., 1951.
Vol. IX Correspondencia del Cónsul de Francia en Santo Domingo, 1846-1850.
Vol. II. Edición y notas de E. Rodríguez Demorizi, C. T., 1947.
Vol. X Índice general del «Boletín» del 1938 al 1944, C. T., 1949.
Vol. XI Historia de los aventureros, filibusteros y bucaneros de América. Escrita
en holandés por Alexander O. Exquemelin, traducida de una
famosa edición francesa de La Sirene-París, 1920, por C. A.
Rodríguez; introducción y bosquejo biográfico del traductor
R. Lugo Lovatón, C. T., 1953.
Vol. XII Obras de Trujillo. Introducción de R. Lugo Lovatón, C. T., 1956.
Vol. XIII Relaciones históricas de Santo Domingo. Colección y notas de
E. Rodríguez Demorizi, Vol. III, C. T., 1957.
Vol. XIV Cesión de Santo Domingo a Francia. Correspondencia de Godoy, García
Roume, Hedouville, Louverture, Rigaud y otros. 1795-1802. Edición
de E. Rodríguez Demorizi, Vol. III, C. T., 1959.
207
208 Publicaciones del Archivo General de la Nación
Vol. XV Documentos para la historia de la República Dominicana. Colección de
E. Rodríguez Demorizi, Vol. III, C. T., 1959.
Vol. XVI Escritos dispersos. (Tomo I: 1896-1908). José Ramón López. Edición
de A. Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2005.
Vol. XVII Escritos dispersos. (Tomo II: 1909-1916). José Ramón López. Edición
de A. Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2005.
Vol. XVIII Escritos dispersos. (Tomo III: 1917-1922). José Ramón López.
Edición de A. Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2005.
Vol. XIX Máximo Gómez a cien años de su fallecimiento, 1905-2005. Edición
de E. Cordero Michel, Santo Domingo, D. N., 2005.
Vol. XX Lilí, el sanguinario machetero dominicano. Juan Vicente Flores,
Santo Domingo, D. N., 2006.
Vol. XXI Escritos selectos. Manuel de Jesús de Peña y Reynoso. Edición
conjunta del Archivo General de la Nación y el Banco de Reservas,
Andrés Blanco Díaz (editor), Santo Domingo, D. N., 2006.
Vol. XXII Obras escogidas 1. Artículos. Alejandro Angulo Guridi. Edición de
A. Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2006.
Vol. XXIII Obras escogidas 2. Ensayos. Alejandro Angulo Guridi. Edición de
A. Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2006.
Vol. XXIV Obras escogidas 3. Epistolario. Alejandro Angulo Guridi. Edición
de A. Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2006.
Vol. XXV La colonización de la frontera dominicana 1680-1796. Manuel
Vicente Hernández González, Santo Domingo, D. N., 2006.
Vol. XXVI Fabio Fiallo en La Bandera Libre. Compilación de Rafael Darío
Herrera, Santo Domingo, D. N., 2006.
Vol. XXVII Expansión fundacional y crecimiento en el norte dominicano (1680-
1795). El Cibao y la bahía de Samaná. Manuel Hernández González,
Santo Domingo, D. N., 2007.
Vol. XXVIII Documentos inéditos de Fernando A. de Meriño. Compilación de José
Luis Sáez, S. J., Santo Domingo, D. N., 2007.
Vol. XXIX Pedro Francisco Bonó. Textos selectos. Santo Domingo, D. N., 2007.
Vol. XXX Iglesia, espacio y poder: Santo Domingo (1498-1521), experiencia fundacional
del Nuevo Mundo. Miguel D. Mena, Santo Domingo, D. N., 2007.
Vol. XXXI Cedulario de la isla de Santo Domingo, Vol. I: 1492-1501. Fray
Vicente Rubio, O. P. Edición conjunta del Archivo General de la
Nación y el Centro de Altos Estudios Humanísticos y del Idioma
Español, Santo Domingo, D. N., 2007.
Vol. XXXII La Vega, 25 años de historia 1861-1886. (Tomo I: Hechos sobresalientes
en la provincia). Compilación de Alfredo Rafael Hernández
Figueroa, Santo Domingo, D. N., 2007.
Vol. XXXIII La Vega, 25 años de historia 1861-1886. (Tomo II: Reorganización de
la provincia post Restauración). Compilación de Alfredo Rafael
Hernández Figueroa, Santo Domingo, D. N., 2007.
Publicaciones del Archivo General de la Nación 209
Vol. XXXIV Cartas del Cabildo de Santo Domingo en el siglo xvii. Compilación de
Genaro Rodríguez Morel, Santo Domingo, D. N., 2007.
Vol. XXXV Memorias del Primer Encuentro Nacional de Archivos. Santo Domingo,
D. N., 2007.
Vol. XXXVI Actas de los primeros congresos obreros dominicanos, 1920 y 1922.
Santo Domingo, D. N., 2007.
Vol. XXXVII Documentos para la historia de la educación moderna en la República
Dominicana (1879-1894). Tomo I, Raymundo González, Santo
Domingo, D. N., 2007.
Vol. XXXVIII Documentos para la historia de la educación moderna en la República
Dominicana (1879-1894). Tomo II, Raymundo González, Santo
Domingo, D. N., 2007.
Vol. XXXIX Una carta a Maritain. Andrés Avelino. Traducción al castellano e
introducción del P. Jesús Hernández, Santo Domingo, D. N., 2007.
Vol. XL Manual de indización para archivos, en coedición con el Archivo
Nacional de la República de Cuba. Marisol Mesa, Elvira Corbelle
Sanjurjo, Alba Gilda Dreke de Alfonso, Miriam Ruiz Meriño,
Jorge Macle Cruz, Santo Domingo, D. N., 2007.
Vol. XLI Apuntes históricos sobre Santo Domingo. Dr. Alejandro Llenas.
Edición de A. Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2007.
Vol. XLII Ensayos y apuntes diversos. Dr. Alejandro Llenas. Edición de
A. Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2007.
Vol. XLIII La educación científica de la mujer. Eugenio María de Hostos, Santo
Domingo, D. N., 2007.
Vol. XLIV Cartas de la Real Audiencia de Santo Domingo (1530-1546).
Compilación de Genaro Rodríguez Morel, Santo Domingo, D. N.,
2008.
Vol. XLV Américo Lugo en Patria. Selección. Compilación de Rafael Darío
Herrera, Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. XLVI Años imborrables. Rafael Alburquerque Zayas-Bazán, Santo Domingo,
D. N., 2008.
Vol. XLVII Censos municipales del siglo xix y otras estadísticas de población.
Alejandro Paulino Ramos, Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. XLVIII Documentos inéditos del arzobispo Adolfo Alejandro Nouel. Tomo I.
Compilación de José Luis Saez, S. J., Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. XLIX Documentos inéditos del arzobispo Adolfo Alejandro Nouel. Tomo II.
Compilación de José Luis Sáez, S. J., Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. L Documentos inéditos del arzobispo Adolfo Alejandro Nouel. Tomo III.
Compilación de José Luis Sáez, S. J., Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. LI Prosas polémicas 1. Primeros escritos, textos marginales, Yanquilinarias.
Félix Evaristo Mejía. Edición de A. Blanco Díaz, Santo Domingo,
D. N., 2008.
210 Publicaciones del Archivo General de la Nación
Vol. LII Prosas polémicas 2. Textos educativos y Discursos. Félix Evaristo
Mejía. Edición de A. Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. LIII Prosas polémicas 3. Ensayos. Félix Evaristo Mejía. Edición de
A. Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. LIV Autoridad para educar. La historia de la escuela católica dominicana.
José Luis Sáez, S. J., Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. LV Relatos de Rodrigo de Bastidas. Antonio Sánchez Hernández, Santo
Domingo, D. N., 2008.
Vol. LVI Textos reunidos 1. Escritos políticos iniciales. Manuel de J. Galván.
Edición de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. LVII Textos reunidos 2. Ensayos. Manuel de J. Galván. Edición de Andrés
Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. LVIII Textos reunidos 3. Artículos y Controversia histórica. Manuel de
J. Galván. Edición de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo,
D. N., 2008.
Vol. LIX Textos reunidos 4. Cartas, Ministerios y misiones diplomáticas. Manuel
de J. Galván. Edición de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo,
D. N., 2008.
Vol. LX La sumisión bien pagada. La iglesia dominicana bajo la Era de Trujillo
(1930-1961). Tomo I, José Luis Sáez, S. J., Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. LXI La sumisión bien pagada. La iglesia dominicana bajo la Era de Trujillo
(1930-1961). Tomo II, José Luis Sáez, S. J., Santo Domingo,
D. N., 2008.
Vol. LXII Legislación archivística dominicana, 1847-2007. Archivo General
de la Nación, Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. LXIII Libro de bautismos de esclavos (1636-1670). Transcripción de José
Luis Sáez, S. J., Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. LXIV Los gavilleros (1904-1916). María Filomena González Canalda,
Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. LXV El sur dominicano (1680-1795). Cambios sociales y transformaciones
económicas. Manuel Vicente Hernández González, Santo Domingo,
D. N., 2008.
Vol. LXVI Cuadros históricos dominicanos. César A. Herrera, Santo Domingo,
D. N., 2008.
Vol. LXVII Escritos 1. Cosas, cartas y... otras cosas. Hipólito Billini. Edición de
Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. LXVIII Escritos 2. Ensayos. Hipólito Billini. Edición de Andrés Blanco
Díaz, Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. LXIX Memorias, informes y noticias dominicanas. H. Thomasset. Edición
de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. LXX Manual de procedimientos para el tratamiento documental. Olga
Pedierro, et. al., Santo Domingo, D. N., 2008.
Publicaciones del Archivo General de la Nación 211
Vol. LXXI Escritos desde aquí y desde allá. Juan Vicente Flores. Edición de
Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. LXXII De la calle a los estrados por justicia y libertad. Ramón Antonio Veras
(Negro), Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. LXXIII Escritos y apuntes históricos. Vetilio Alfau Durán, Santo Domingo,
D. N., 2009.
Vol. LXXIV Almoina, un exiliado gallego contra la dictadura trujillista. Salvador
E. Morales Pérez, Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. LXXV Escritos. 1. Cartas insurgentes y otras misivas. Mariano A.
Cestero. Edición de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo,
D. N., 2009.
Vol. LXXVI Escritos. 2. Artículos y ensayos. Mariano A. Cestero. Edición de
Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. LXXVII Más que un eco de la opinión. 1. Ensayos, y memorias ministeriales.
Francisco Gregorio Billini. Edición de Andrés Blanco Díaz,
Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. LXXVIII Más que un eco de la opinión. 2. Escritos, 1879-1885. Francisco
Gregorio Billini. Edición de Andrés Blanco Díaz, Santo
Domingo, D. N., 2009.
Vol. LXXIX Más que un eco de la opinión. 3. Escritos, 1886-1889. Francisco
Gregorio Billini. Edición de Andrés Blanco Díaz, Santo
Domingo, D. N., 2009.
Vol. LXXX Más que un eco de la opinión. 4. Escritos, 1890-1897. Francisco
Gregorio Billini. Edición de Andrés Blanco Díaz, Santo
Domingo, D. N., 2009.
Vol. LXXXI Capitalismo y descampesinización en el Suroeste dominicano. Angel
Moreta, Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. LXXXIII Perlas de la pluma de los Garrido. Emigdio Osvaldo Garrido, Víctor
Garrido y Edna Garrido de Boggs. Edición de Edgar Valenzuela,
Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. LXXXIV Gestión de riesgos para la prevención y mitigación de desastres en el
patrimonio documental. Sofía Borrego, Maritza Dorta, Ana Pérez,
Maritza Mirabal, Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. LXXXV Obras. Tomo I, Guido Despradel Batista. Compilación de Alfredo
Rafael Hernández, Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. LXXXVI Obras. Tomo II, Guido Despradel Batista. Compilación de
Alfredo Rafael Hernández, Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. LXXXVII Historia de la Concepción de La Vega. Guido Despradel Batista,
Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. LXXXIX Una pluma en el exilio. Los artículos publicados por Constancio Bernaldo
de Quirós en República Dominicana. Compilación de Constancio
Cassá Bernaldo de Quirós, Santo Domingo, D. N., 2009.
212 Publicaciones del Archivo General de la Nación
Vol. XC Ideas y doctrinas políticas contemporáneas. Juan Isidro Jimenes
Grullón, Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. XCI Metodología de la investigación histórica. Hernán Venegas Delgado,
Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. XCIII Filosofía dominicana: pasado y presente. Tomo I. Compilación de
Lusitania F. Martínez, Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. XCIV Filosofía dominicana: pasado y presente. Tomo II. Compilación
de Lusitania F. Martínez, Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. XCV Filosofía dominicana: pasado y presente. Tomo III. Compilación de
Lusitania F. Martínez, Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. XCVI Los Panfleteros de Santiago: torturas y desaparición. Ramón Antonio,
(Negro) Veras, Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. XCVII Escritos reunidos. 1. Ensayos, 1887-1907. Rafael Justino Castillo.
Edición de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. XCVIII Escritos reunidos. 2. Ensayos, 1908-1932. Rafael Justino Castillo.
Edición de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. XCIX Escritos reunidos. 3. Artículos, 1888-1931. Rafael Justino Castillo.
Edición de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. C Escritos históricos. Américo Lugo. Edición conjunta del Archivo
General de la Nación y el Banco de Reservas, Santo Domingo,
D. N., 2009.
Vol. CI Vindicaciones y apologías. Bernardo Correa y Cidrón. Edición de
Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. CII Historia, diplomática y archivística. Contribuciones dominicanas.
María Ugarte, Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. CIII Escritos diversos. Emiliano Tejera. Edición conjunta del Archivo
General de la Nación y el Banco de Reservas, Santo Domingo,
D. N., 2010.
Vol. CIV Tierra adentro. José María Pichardo, segunda edición, Santo
Domingo, D. N., 2010.
Vol. CV Cuatro aspectos sobre la literatura de Juan Bosch. Diógenes Valdez,
Santo Domingo, D. N., 2010.
Vol. CVI Javier Malagón Barceló, el Derecho Indiano y su exilio en la República
Dominicana. Compilación de Constancio Cassá Bernaldo de
Quirós, Santo Domingo, D. N., 2010.
Vol. CVII Cristóbal Colón y la construcción de un mundo nuevo. Estudios, 1983-
2008. Consuelo Varela. Edición de Andrés Blanco Díaz, Santo
Domingo, D. N., 2010.
Vol. CVIII República Dominicana. Identidad y herencias etnoculturales indígenas.
J. Jesús María Serna Moreno, Santo Domingo, D. N., 2010.
Vol. CIX Escritos pedagógicos. Malaquías Gil Arantegui. Edición de Andrés
Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2010.
Publicaciones del Archivo General de la Nación 213
Vol. CX Cuentos y escritos de Vicenç Riera Llorca en La Nación. Compilación
de Natalia González, Santo Domingo, D. N., 2010.
Vol. CXI Jesús de Galíndez. Escritos desde Santo Domingo y artículos contra el
régimen de Trujillo en el exterior. Compilación de Constancio Cassá
Bernaldo de Quirós, Santo Domingo, D. N., 2010.
Vol. CXII Ensayos y apuntes pedagógicos. Gregorio B. Palacín Iglesias. Edición
de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2010.
Vol. CXIII El exilio republicano español en la sociedad dominicana (Ponencias del
Seminario Internacional, 4 y 5 de marzo de 2010). Reina C. Rosario
Fernández (Coord.) Edición conjunta de la Academia Dominicana
de la Historia, la Comisión Permanente de Efemérides Patrias y el
Archivo General de la Nación, Santo Domingo, D. N., 2010.
Vol. CXIV Pedro Henríquez Ureña. Historia cultural, historiografía y crítica
literaria. Odalís G. Pérez, Santo Domingo, D. N., 2010.
Vol. CXV Antología. José Gabriel García. Edición conjunta del Archivo
General de la Nación y el Banco de Reservas, Santo Domingo,
D. N., 2010.
Vol. CXVI Paisaje y acento. Impresiones de un español en la República Dominicana.
José Forné Farreres. Santo Domingo, D. N., 2010.
Vol. CXVII Historia e ideología. Mujeres dominicanas, 1880-1950. Carmen
Durán. Santo Domingo, D. N., 2010.
Vol. CXVIII Historia dominicana: desde los aborígenes hasta la Guerra de Abril.
Augusto Sención (Coord.), Santo Domingo, D. N., 2010.
Vol. CXIX Historia pendiente: Moca 2 de mayo de 1861. Juan José Ayuso, Santo
Domingo, D. N., 2010.
Vol. CXX Raíces de una hermandad. Rafael Báez Pérez e Ysabel A. Paulino,
Santo Domingo, D. N., 2010.
Vol. CXXI Miches: historia y tradición. Ceferino Moní Reyes, Santo Domingo,
D. N., 2010.
Vol. CXXII Problemas y tópicos técnicos y científicos. Tomo I, Octavio A. Acevedo.
Edición de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2010.
Vol. CXXIII Problemas y tópicos técnicos y científicos. Tomo II, Octavio A. Acevedo.
Edición de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2010.
Vol. CXXIV Apuntes de un normalista. Eugenio María de Hostos. Edición de
Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2010.
Vol. CXXV Recuerdos de la Revolución Moyista (Memoria, apuntes y documentos).
Edición de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2010.
Vol. CXXVI Años imborrables (2da ed.) Rafael Alburquerque Zayas-Bazán. Edición
conjunta de la Comisión Permanente de Efemérides Patrias y el
Archivo General de la Nación, Santo Domingo, D. N., 2010.
Vol. CXXVII El Paladión: de la Ocupación Militar Norteamericana a la dictadura
de Trujillo. Tomo I. Compilación de Alejandro Paulino Ramos.
214 Publicaciones del Archivo General de la Nación
Edición conjunta del Archivo General de la Nación y la Academia
Dominicana de la Historia, Santo Domingo, D. N., 2010.
Vol. CXXVIII El Paladión: de la Ocupación Militar Norteamericana a la dictadura
de Trujillo. Tomo II. Compilación de Alejandro Paulino Ramos.
Edición conjunta del Archivo General de la Nación y la Academia
Dominicana de la Historia, Santo Domingo, D. N., 2010.
Vol. CXXIX Memorias del Segundo Encuentro Nacional de Archivos. Santo
Domingo, D. N., 2010.
Vol. CXXX Relaciones cubano-dominicanas, su escenario hemisférico (1944-1948).
Jorge Renato Ibarra Guitart, Santo Domingo, D. N., 2010.
Vol. CXXXI Obras selectas. Tomo I, Antonio Zaglul. Edición conjunta del
Archivo General de la Nación y el Banco de Reservas. Edición
de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2011.
Vol. CXXXII Obras selectas. Tomo II, Antonio Zaglul. Edición conjunta del
Archivo General de la Nación y el Banco de Reservas. Edición
de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2011.
Vol. CXXXIII África y el Caribe: Destinos cruzados. Siglos xv-xix, Zakari Dramani-
Issifou, Santo Domingo, D. N., 2011.
Vol. CXXXIV Modernidad e ilustración en Santo Domingo. Rafael Morla, Santo
Domingo, D. N., 2011.
Vol. CXXXV La guerra silenciosa: Las luchas sociales en la ruralía dominicana.
Pedro L. San Miguel, Santo Domingo, D. N., 2011.
Vol. CXXXVI AGN: bibliohemerografía archivística. Un aporte (1867-2011). Luis
Alfonso Escolano Giménez, Santo Domingo, D. N., 2011.
Vol. CXXXVII La caña da para todo. Un estudio histórico-cuantitativo del desarrollo
azucarero dominicano. (1500-1930). Arturo Martínez Moya, Santo
Domingo, D. N., 2011.
Vol. CXXXVIII El Ecuador en la Historia. Jorge Núñez Sánchez, Santo Domingo,
D. N., 2011.
Vol. CXXXIX La mediación extranjera en las guerras dominicanas de independencia,
1849-1856. Wenceslao Vega B., Santo Domingo, D. N., 2011.
Vol. CXL Max Henríquez Ureña. Las rutas de una vida intelectual. Odalís G.
Pérez, Santo Domingo, D. N., 2011.
Vol. CXLI Yo también acuso. Carmita Landestoy, Santo Domingo, D. N.,
2011.
Vol. CXLIII Más escritos dispersos. Tomo I, José Ramón López. Edición de
Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2011.
Vol. CXLIV Más escritos dispersos. Tomo II, José Ramón López. Edición
de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2011.
Vol. CXLV Más escritos dispersos. Tomo III, José Ramón López. Edición de
Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2011.
Vol. CXLVI Manuel de Jesús de Peña y Reinoso: Dos patrias y un ideal. Jorge
Berenguer Cala, Santo Domingo, D. N., 2011.
Publicaciones del Archivo General de la Nación 215
Vol. CXLVII Rebelión de los Capitanes: Viva el rey y muera el mal gobierno. Roberto
Cassá, edición conjunta del Archivo General de la Nación y la
Universidad Autónoma de Santo Domingo, Santo Domingo,
D. N., 2011.
Vol. CXLVIII De esclavos a campesinos. Vida rural en Santo Domingo colonial.
Raymundo González, Santo Domingo, D. N., 2011.
Vol. CXLIX Cartas de la Real Audiencia de Santo Domingo (1547-1575). Genaro
Rodríguez Morel, Santo Domingo, D. N., 2011.
Vol. CL Ramón –Van Elder– Espinal. Una vida intelectual comprometida.
Compilación de Alfredo Rafael Hernández Figueroa, Santo
Domingo, D. N., 2011.
Vol. CLI El alzamiento de Neiba: Los acontecimientos y los documentos (febrero de
1863). José Abreu Cardet y Elia Sintes Gómez, Santo Domingo,
D. N., 2011.
Vol. CLII Meditaciones de cultura. Laberintos de la dominicanidad. Carlos
Andújar Persinal, Santo Domingo, D. N., 2011.
Vol. CLIII El Ecuador en la Historia (2da ed.) Jorge Núñez Sánchez, Santo
Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLIV Revoluciones y conflictos internacionales en el Caribe (1789-1854). José
Luciano Franco, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLV El Salvador: historia mínima. Varios autores, Santo Domingo,
D. N., 2012.
Vol. CLVI Didáctica de la geografía para profesores de Sociales. Amparo
Chantada, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLVII La telaraña cubana de Trujillo. Tomo I, Eliades Acosta Matos,
Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLVIII Cedulario de la isla de Santo Domingo, 1501-1509. Vol. II, Fray
Vicente Rubio, O. P., edición conjunta del Archivo General de la
Nación y el Centro de Altos Estudios Humanísticos y del Idioma
Español, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLIX Tesoros ocultos del periódico El Cable. Compilación de Edgar
Valenzuela, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLX Cuestiones políticas y sociales. Dr. Santiago Ponce de León. Edición
de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLXI La telaraña cubana de Trujillo. Tomo II, Eliades Acosta Matos,
Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLXII El incidente del trasatlántico Cuba. Una historia del exilio republicano
español en la sociedad dominicana, 1938-1944. Juan B. Alfonseca
Giner de los Ríos, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLXIII Historia de la caricatura dominicana. Tomo I, José Mercader, Santo
Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLXIV Valle Nuevo: El Parque Juan B. Pérez Rancier y su altiplano. Constancio
Cassá, Santo Domingo, D. N., 2012.
216 Publicaciones del Archivo General de la Nación
Vol. CLXV Economía, agricultura y producción. José Ramón Abad. Edición de
Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLXVI Antología. Eugenio Deschamps. Edición de Roberto Cassá, Betty
Almonte y Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLXVII Diccionario geográfico-histórico dominicano. Temístocles A. Ravelo.
Revisión, anotación y ensayo introductorio Marcos A. Morales,
edición de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLXVIII Drama de Trujillo. Cronología comentada. Alonso Rodríguez
Demorizi. Edición de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N.,
2012.
Vol. CLXIX La dictadura de Trujillo: documentos (1930-1939). Tomo I, volumen 1.
Eliades Acosta Matos, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLXX Drama de Trujillo. Nueva Canosa. Alonso Rodríguez Demorizi.
Edición de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2012
Vol. CLXXI El Tratado de Ryswick y otros temas. Julio Andrés Montolío. Edición
de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLXXII La dictadura de Trujillo: documentos (1930-1939). Tomo I, volumen 2.
Eliades Acosta Matos, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLXXIII La dictadura de Trujillo: documentos (1950-1961). Tomo III,
volumen 5. Eliades Acosta Matos, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLXXIV La dictadura de Trujillo: documentos (1950-1961). Tomo III,
volumen 6. Eliades Acosta Matos, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLXXV Cinco ensayos sobre el Caribe hispano en el siglo xix: República
Dominicana, Cuba y Puerto Rico 1861-1898. Luis Álvarez-López,
Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLXXVI Correspondencia consular inglesa sobre la Anexión de Santo Domingo a
España. Roberto Marte, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLXXVII ¿Por qué lucha el pueblo dominicano? Imperialismo y dictadura en América
Latina. Dato Pagán Perdomo, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLXXVIII Visión de Hostos sobre Duarte. Eugenio María de Hostos. Com-
pilación y edición de Miguel Collado, Santo Domingo, D. N.,
2013.
Vol. CLXXIX Los campesinos del Cibao: Economía de mercado y transformación
agraria en la República Dominicana, 1880-1960. Pedro L. San
Miguel, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLXXX La dictadura de Trujillo: documentos (1940-1949). Tomo II, volumen 3.
Eliades Acosta Matos, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLXXXI La dictadura de Trujillo: documentos (1940-1949). Tomo II, volumen 4.
Eliades Acosta Matos, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLXXXII De súbditos a ciudadanos (siglos xvii-xix): el proceso de formación de las
comunidades criollas del Caribe hispánico (Cuba, Puerto Rico y Santo
Domingo). Tomo I. Jorge Ibarra Cuesta, Santo Domingo, D. N., 2012.
Publicaciones del Archivo General de la Nación 217
Vol. CLXXXIII La dictadura de Trujillo (1930-1961). Augusto Sención Villalona,
San Salvador-Santo Domingo, 2012.
Vol. CLXXXIV Anexión-Restauración. Parte 1. César A. Herrera. Edición conjunta
entre el Archivo General de la Nación y la Academia Dominicana
de la Historia, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. CLXXXV Anexión-Restauración. Parte 2. César A. Herrera. Edición conjunta
entre el Archivo General de la Nación y la Academia Dominicana
de la Historia, Santo Domingo, D. N., 2013.
Vol. CLXXXVI Historia de Cuba. José Abreu Cardet y otros, Santo Domingo,
D. N., 2013.
Vol. CLXXXVII Libertad Igualdad: Protocolos notariales de José Troncoso y Antonio
Abad Solano, 1822-1840. María Filomena González Canalda,
Santo Domingo, D. N., 2013.
Vol. CLXXXVIII Biografías sumarias de los diputados de Santo Domingo en las Cortes
españolas. Roberto Cassá, Santo Domingo, D. N., 2013.
Vol. CLXXXIX Financial Reform, Monetary Policy and Banking Crisis in Dominican
Republic. Ruddy Santana, Santo Domingo, D. N., 2013.
Vol. CXC Legislación archivística dominicana (1847-2012). Departamento de
Sistema Nacional de Archivos e Inspectoría, Santo Domingo,
D. N., 2013.
Vol. CXCI La rivalidad internacional por la República Dominicana y el complejo
proceso de su anexión a España (1858-1865). Luis Escolano
Giménez, Santo Domingo, D. N., 2013.
Vol. CXCII Escritos históricos de Carlos Larrazábal Blanco. Tomo I. Santo
Domingo, D. N., 2013.
Vol. CXCIII Guerra de liberación en el Caribe hispano (1863-1878). José Abreu
Cardet y Luis Álvarez-López, Santo Domingo, D. N., 2013.
Vol. CXCIV Historia del municipio de Cevicos. Miguel Ángel Díaz Herrera,
Santo Domingo, D. N., 2013.
Vol. CXCV La noción de período en la historia dominicana. Volumen I, Pedro
Mir, Santo Domingo, D. N., 2013.
Vol. CXCVI La noción de período en la historia dominicana. Volumen II, Pedro
Mir, Santo Domingo, D. N., 2013.
Vol. CXCVII La noción de período en la historia dominicana. Volumen III, Pedro
Mir, Santo Domingo, D. N., 2013.
Vol. CXCVIII Literatura y arqueología a través de La mosca soldado de Marcio Veloz
Maggiolo. Teresa Zaldívar Zaldívar, Santo Domingo, D. N., 2013.
Vol. CXCIX El Dr. Alcides García Lluberes y sus artículos publicados en 1965 en el
periódico Patria. Compilación de Constancio Cassá Bernaldo de
Quirós, Santo Domingo, D. N., 2013.
Vol. CC El cacoísmo burgués contra Salnave (1867-1870). Roger Gaillard,
Santo Domingo, D. N., 2013.
218 Publicaciones del Archivo General de la Nación
Vol. CCI «Sociología aldeada» y otros materiales de Manuel de Jesús Rodríguez
Varona. Compilación de Angel Moreta, Santo Domingo, D. N.,
2013.
Vol. CCII Álbum de un héroe. (A la augusta memoria de José Martí). 3ra edición.
Compilación de Federico Henríquez y Carvajal y edición de
Diógenes Céspedes, Santo Domingo, D. N., 2013.
Vol. CCIII La Hacienda Fundación. Guaroa Ubiñas Renville, Santo Domingo,
D. N., 2013.
Vol. CCIV Pedro Mir en Cuba. De la amistad cubano-dominicana. Rolando Álvarez
Estévez, Santo Domingo, D. N., 2013.
Vol. CCV Correspondencia entre Ángel Morales y Sumner Welles. Edición de
Bernardo Vega, Santo Domingo, D. N., 2013.
Vol. CCVI Pedro Francisco Bonó: vida, obra y pensamiento crítico. Julio Minaya,
Santo Domingo, D. N., 2013.
Vol. CCVII Catálogo de la Biblioteca Arístides Incháustegui (BAI) en el Archivo General
de la Nación. Blanca Delgado Malagón, Santo Domingo, D. N.,
2013.
Vol. CCVIII Personajes dominicanos. Tomo I, Roberto Cassá. Edición conjunta
del Archivo General de la Nación y la Comisión Permanente de
Efemérides Patrias, Santo Domingo, D. N., 2014.
Vol. CCIX Personajes dominicanos. Tomo II, Roberto Cassá. Edición conjunta
del Archivo General de la Nación y la Comisión Permanente de
Efemérides Patrias, Santo Domingo, D. N., 2014.
Vol. CCX Rebelión de los Capitanes: Viva el rey y muera el mal gobierno. 2da edición,
Roberto Cassá. Edición conjunta del Archivo General de la
Nación y la Universidad Autónoma de Santo Domingo, Santo
Domingo, D. N., 2014.
Vol. CCXI Una experiencia de política monetaria. Eduardo García Michel, Santo
Domingo, D. N., 2014.
Vol. CCXII Memorias del III Encuentro Nacional de Archivos. Santo Domingo,
D. N., 2014.
Vol. CCXIII El mito de los Padres de la Patria y Debate histórico. Juan Isidro
Jimenes Grullón. Santo Domingo, D. N., 2014.
Vol. CCXIV La República Dominicana [1888]. Territorio. Clima. Agricultura. Industria.
Comercio. Inmigración y anuario estadístico. Francisco Álvarez Leal.
Edición conjunta del Archivo General de la Nación y la Academia
Dominicana de la Historia, Santo Domingo, D. N., 2014.
Vol. CCXV Los alzamientos de Guayubín, Sabaneta y Montecristi: Documentos. José
Abreu Cardet y Elia Sintes Gómez, Santo Domingo, D. N., 2014.
Vol. CCXVI Propuesta de una Corporación Azucarera Dominicana. Informe de
Coverdale & Colpitts. Estudio de Frank Báez Evertsz, Santo Domingo,
D. N., 2014.
Publicaciones del Archivo General de la Nación 219
Vol. CCXVII La familia de Máximo Gómez. Fray Cipriano de Utrera, Santo
Domingo, D. N., 2014.
Vol. CCXVIII Historia de Santo Domingo. La dominación haitiana (1822-1844). Vol. IX.
Gustavo Adolfo Mejía-Ricart, Santo Domingo, D. N., 2014.
Vol. CCXIX La expedición de Cayo Confites. Humberto Vázquez García. Edición
conjunta del Archivo General de la Nación, de República
Dominicana y la Editorial Oriente, de Santiago de Cuba, Santo
Domingo, D. N., 2014.
Vol. CCXX De súbditos a ciudadanos (siglos xvii-xix): El proceso de formación de las
comunidades criollas del Caribe hispánico (Cuba, Puerto Rico y Santo
Domingo). Tomo II, Jorge Ibarra Cuesta, Santo Domingo, D. N.,
2014.
Vol. CCXXII Bromeando. Periodismo patriótico. Eleuterio de León Berroa, Santo
Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCXXIII Testimonios de un combatiente revolucionario. José Daniel Ariza
Cabral, Santo Domingo, D. N., 2014.
Vol. CCXXIV Crecimiento económico dominicano (1844-1950). Arturo Martínez
Moya, Santo Domingo, D. N., 2014.
Vol. CCXXV Máximo Gómez. Utopía y realidad de una República. Yoel Cordoví
Núñez. Edición conjunta del Archivo General de la Nación,
de República Dominicana y la Editora Historia, de La Habana,
Cuba, Santo Domingo, D. N., 2014.
Vol. CCXXVI Juan Rodríguez y los comienzos de la ciudad de Nueva York. Anthony
Stevens-Acevedo, Tom Weterings y Leonor Álvarez Francés.
Traducción de Ángel L. Estévez. Edición conjunta del Archivo
General de la Nación, de República Dominicana y el Instituto de
Estudios Dominicanos de la Universidad de la Ciudad de Nueva
York (CUNY DSI), Santo Domingo, D. N., 2014.
Vol. CCXXVII Gestión documental. Herramientas para la organización de los archivos de
oficinas. Olga María Pedierro Valdés, Santo Domingo, D. N., 2014.
Vol. CCXXVIII Nueva historia mínima de América Latina. Biografía de un continente.
Sergio Guerra Vilaboy, Santo Domingo, D. N., 2014.
Vol. CCXXIX La olvidada expedición a Santo Domingo, 1959. María Antonia Bofill
Pérez, Santo Domingo, D. N., 2014.
Vol. CCXXX Recursos de Referencia de Fondos y Colecciones. Departamento de
Referencias, Santo Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCXXXI Cartas de la Real Audiencia de Santo Domingo (1575-1578). Genaro
Rodríguez Morel, Santo Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCXXXII Cuando amaban las tierras comuneras. Pedro Mir, Santo Domingo,
D. N., 2015.
Vol. CCXXXIII Memorias de un revolucionario. Tomo I, Fidelio Despradel, Santo
Domingo, D. N., 2015.
220 Publicaciones del Archivo General de la Nación
Vol. CCXXXIV Memorias de un revolucionario. Tomo II, Fidelio Despradel, Santo
Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCXXXV Treinta intelectuales dominicanos escriben a Pedro Henríquez Ureña
(1897-1933). Bernardo Vega, editor. Edición conjunta del
Archivo General de la Nación y la Academia Dominicana de la
Historia, Santo Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCXXXVIII África genitrix. Las migraciones primordiales, mitos y realidades. Zakari
Dramani-Issifou de Cewelxa, Santo Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCXXXIX Manual de historia de Santo Domingo y otros temas históricos. Carlos
Larrazábal Blanco. Edición de Andrés Blanco Díaz, Santo
Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCXL De súbditos a ciudadanos (siglos xvii-xix): El proceso de formación de las
comunidades criollas del Caribe hispánico (Cuba, Puerto Rico y Santo
Domingo). Tomo III, Jorge Ibarra Cuesta, Santo Domingo, D. N.,
2015.
Vol. CCXLI Paso a la libertad. Darío Meléndez, Santo Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCXLII La gran indignación: Santiago de los Caballeros, 24 de febrero de 1863
(documentos y análisis). José Abreu Cardet y Elia Sintes Gómez,
Santo Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCXLIII Antología. Carlos Larrazábal Blanco. Edición de Andrés Blanco
Díaz, Santo Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCXLIV Cosas añejas. Tradiciones y episodios de Santo Domingo. César Nicolás
Penson. Prólogo y notas de Rita Tejada, Santo Domingo, D. N.,
2015.
Vol. CCXLV El Código Rural de Haití de 1826. Edición bilingüe español-francés.
Traducción al español y notas de Francisco Bernardo Regino
Espinal, Santo Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCXLVI Documentos para la historia colonial de la República Dominicana.
Compilación e introducción de Gerardo Cabrera Prieto, Santo
Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCXLVII Análisis del Diario de Colón. Guananí y Mayaguaín, las primeras
isletas descubiertas en el Nuevo Mundo. Ramón J. Didiez Burgos,
Santo Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCXLVIII Por la verdad histórica (VAD en la revista ¡Ahora!). Vetilio Alfau
Durán, Santo Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCXLIX Antología de cartas de Ulises Heureaux (Lilís). Cyrus Veeser. Colección
Presidentes Dominicanos, Santo Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCL Las mentiras de la sangre. Lorenzo Sención Silverio. Santo Domingo,
D. N., 2015.
Vol. CCLI La Era. Eliades Acosta Matos. Edición conjunta de la Fundación
García Arévalo y el Archivo General de la Nación, Santo Domingo,
D. N., 2015.
Publicaciones del Archivo General de la Nación 221
Vol. CCLII Santuarios de tres Vírgenes en Santo Domingo. Fray Cipriano de Utrera.
Edición de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCLIII Documentos del Gobierno de Carlos F. Morales Languasco 1903-1906.
Compilación de Alfredo Rafael Hernández Figueroa, Santo
Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCLIV Obras escogidas. Ensayos I. Emilio Cordero Michel, Santo
Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCLV Los comandos. Bonaparte Gautreaux Piñeyro, Santo Domingo, D. N.,
2015.
Vol. CCLVI Cuarto Frente Simón Bolívar. Grupos rebeldes y columnas invasoras.
Testimonio. Delio Gómez Ochoa, Santo Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCLVII Obras escogidas. Cátedras de Historia Social, Económica y Política.
Emilio Cordero Michel, Santo Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCLVIII Ensayos, artículos y crónicas. Francisco Muñoz del Monte. Edición
de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCLIX Cartas, discursos y poesías. Francisco Muñoz del Monte. Edición
de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCLX La inmigración española en República Dominicana. Juan Manuel
Romero Valiente, Santo Domingo, D. N., 2015.
Vol. CCLXI En busca de la ciudadanía: los movimientos sociales y la democratización en
la República Dominicana. Emelio Betances, Santo Domingo, D. N.,
2015.
Vol. CCLXII Obras completas. Compendio de la historia de Santo Domingo. Volumen 1,
tomos I y II. José Gabriel García, Santo Domingo, D. N., 2016.
Vol. CCLXIII Obras completas. Compendio de la historia de Santo Domingo. Volumen 1,
tomos III y IV. José Gabriel García, Santo Domingo, D. N., 2016.
Vol. CCLXIV Ni mártir ni heroína; una mujer decidida. Memorias. Brunilda Amaral,
Santo Domingo, D. N., 2016.
Vol. CCLXV Zarpas y verdugos. Rafael E. Sanabia, Santo Domingo, D. N., 2016.
Vol. CCLXVI Memorias y testamento de un ecologista. Antonio Thomen, Santo
Domingo, D. N., 2016.
Vol. CCLXVII Obras escogidas. Ensayos 2. Emilio Cordero Michel, Santo Domingo,
D. N., 2016.
Vol. CCLXVIII Cien años de feminismos dominicanos. Una colección de documentos
y escrituras clave en la formación y evolución del pensamiento y el
movimiento feminista en la República Dominicana, 1865-1965. Tomo I.
El fuego tras las ruinas, 1865-1931. Ginetta E. B. Candelario y April
J. Mayes (compiladoras), Santo Domingo, D. N., 2016.
Vol. CCLXIX Cien años de feminismos dominicanos. Una colección de documentos y
escrituras clave en la formación y evolución del pensamiento y el movimiento
feminista en la República Dominicana, 1865-1965. Tomo II. Las siempre
fervientes devotas 1931-1965. Ginetta E. B. Candelario, Elizabeth S.
222 Publicaciones del Archivo General de la Nación
Manley y April J. Mayes (compiladoras), Santo Domingo, D. N.,
2016.
Vol. CCLXX La conspiración trujillista. Una fascinante historia. Andrés Zaldívar
Diéguez y Pedro Etcheverry Vázquez, Santo Domingo, D. N.,
2016.
Vol. CCLXXI Memorias del IV Encuentro Nacional de Archivos. Archivos regionales:
derechos, memoria e identidad (Santo Domingo, 19, 20 y 21 de febrero de
2014). Archivo General de la Nación, Santo Domingo, D. N., 2016.
Vol. CCLXXII The Events of 1965 in the Dominican Republic (documents from the
British National Archives). Edición facsimilar. Presentada al Archivo
General de la Nación por el embajador Steven Fisher, Santo
Domingo, D. N., 2016.
Vol. CCLXXIII Obras casi completas. Tomo 1. Recuerdos, opiniones e impresiones.
Federico García Godoy. Edición de Andrés Blanco Díaz, Santo
Domingo, D. N., 2016.
Vol. CCLXXIV Obras casi completas. Tomo 2. Cartas. Federico García Godoy.
Edición de Andrés Blanco Díaz, Santo Domingo, D. N., 2016.
Vol. CCLXXV La Vega en la historia dominicana. Tomo I. Alfredo Rafael Hernán-
dez Figueroa, Santo Domingo, D. N., 2016.
Vol. CCLXXVI La Vega en la historia dominicana. Tomo II. Alfredo Rafael Hernán-
dez Figueroa, Santo Domingo, D. N., 2016.
Vol. CCLXXVII Archivo General de la Nación. Ayer y hoy. Santo Domingo, D. N.,
2016.
Vol. CCLXXVIII Antes y después del 27 de Febrero. Roberto Cassá, Santo Domingo,
D. N., 2016.
Vol. CCLXXIX Las columnas de bronce. Biografía de los hermanos Eusebio, Gabino y
José Joaquín Puello. Franz Miniño Marión-Landais, Santo Domingo,
D. N., 2016.
Vol. CCLXXX Bibliografía afrodominico-haitiana 1763-2015. Carlos Esteban
Deive, Santo Domingo, D. N., 2016.
Vol. CCLXXXI Notas sobre Haití. Charles Mackenzie, Santo Domingo, D. N.,
2016.
Colección Juvenil
Vol. I Pedro Francisco Bonó. Textos selectos. Santo Domingo, D. N., 2007.
Vol. II Heroínas nacionales. Roberto Cassá, Santo Domingo, D. N., 2007.
Vol. III Vida y obra de Ercilia Pepín. Alejandro Paulino Ramos, Santo
Domingo, D. N., 2007.
Vol. IV Dictadores dominicanos del siglo xix. Roberto Cassá, Santo Domingo,
D. N., 2008.
Publicaciones del Archivo General de la Nación 223
Vol. V Padres de la Patria. Roberto Cassá, Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. VI Pensadores criollos. Roberto Cassá, Santo Domingo, D. N., 2008.
Vol. VII Héroes restauradores. Roberto Cassá, Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. VIII Dominicanos de pensamiento liberal: Espaillat, Bonó, Deschamps
(siglo xix). Roberto Cassá, Santo Domingo, D. N., 2010.
Colección Cuadernos Populares
Vol. 1 La Ideología revolucionaria de Juan Pablo Duarte. Juan Isidro Jimenes
Grullón, Santo Domingo, D. N., 2009.
Vol. 2 Mujeres de la Independencia. Vetilio Alfau Durán, Santo Domingo,
D. N., 2009.
Vol. 3 Voces de bohío. Vocabulario de la cultura taína. Rafael García Bidó, Santo
Domingo, D. N., 2010.
Colección Referencias
Vol. 1 Archivo General de la Nación. Guía breve. Ana Féliz Lafontaine y
Raymundo González, Santo Domingo, D. N., 2011.
Vol. 2 Guía de los fondos del Archivo General de la Nación. Departamentos
de Descripción y Referencias, Santo Domingo, D. N., 2012.
Vol. 3 Directorio básico de archivos dominicanos. Departamento de Sistema
Nacional de Archivos, Santo Domingo, D. N., 2012.
El Cementerio de la Avenida Independencia y Santo Domingo
Amurallada de Amparo Chantada, se terminó de
imprimir en los talleres gráficos de Editora Búho,
S.R.L., en el mes de octubre de 2017, Santo Domingo,
R. D., con una tirada de 1,000 ejemplares.