La extorsión en el Perú: una amenaza
persistente para la seguridad y el
desarrollo
Introducción
La extorsión se ha consolidado como una de las principales amenazas
a la seguridad ciudadana en el Perú. Este delito, que implica exigir a
una persona o institución dinero u otros beneficios mediante
amenazas o coacción, ha aumentado considerablemente en los
últimos años. Las estadísticas reflejan una preocupante realidad:
desde pequeños comerciantes hasta grandes empresarios, pasando
por transportistas, trabajadores de la construcción civil y ciudadanos
comunes, todos pueden convertirse en víctimas. Esta práctica
delictiva, alimentada por el crimen organizado, la debilidad
institucional y la falta de políticas eficaces de seguridad, ha
provocado consecuencias económicas, sociales y psicológicas de gran
magnitud. En este ensayo se analizarán en profundidad las causas
que propician la extorsión, su impacto multidimensional y las posibles
estrategias para combatir este fenómeno.
Desarrollo
1. Causas estructurales de la extorsión en el Perú
La extorsión no es un fenómeno aislado, sino el resultado de múltiples
factores estructurales. Uno de los más significativos es la fragilidad
del sistema de justicia y de las instituciones encargadas del
orden interno. En el Perú, la corrupción, la sobrecarga judicial y la
falta de recursos humanos y tecnológicos dificultan una respuesta
eficaz ante las denuncias de extorsión. Muchas veces, las
investigaciones se estancan o no llegan a identificar a los
responsables, lo que genera una sensación de impunidad.
Además, las cárceles se han convertido en verdaderos centros
de operaciones criminales. Lejos de cumplir un rol rehabilitador,
muchos penales peruanos son controlados por organizaciones
delictivas que extienden sus redes hacia el exterior. Desde las
prisiones, se planifican extorsiones telefónicas mediante el uso de
chips móviles ingresados de forma clandestina. Estas llamadas
amenazan con secuestros, ataques o incluso asesinatos si no se
cumplen las exigencias económicas impuestas.
El aumento de la informalidad laboral y económica también ha
sido un factor determinante. Según datos del INEI, más del 70% de la
población económicamente activa trabaja en la informalidad. Esto
hace que muchos pequeños negocios y trabajadores estén
desprotegidos legalmente y sean más vulnerables a las amenazas
extorsivas, sin acceso a seguros, asesoría legal o redes de protección.
2. Modalidades de extorsión más comunes
En el Perú, las modalidades de extorsión han evolucionado y se han
adaptado al contexto socioeconómico y tecnológico. Entre las más
comunes se encuentran:
Extorsión telefónica: Los delincuentes llaman o envían
mensajes amenazantes, fingiendo ser parte de organizaciones
criminales como "Los Malditos de Bayóvar" o "Tren de Aragua".
Exigen dinero a cambio de no hacerle daño a la víctima o a sus
familiares.
Cobro de cupos: Es una práctica frecuente en sectores como
la construcción civil, el transporte público y el comercio
ambulatorio. Los delincuentes exigen un pago periódico a
cambio de permitir que la persona trabaje o "garantizar" su
seguridad.
Extorsión por redes sociales: Esta nueva forma de extorsión
consiste en obtener imágenes privadas o información personal
para luego chantajear a la víctima, amenazándola con hacer
pública dicha información.
Extorsión carcelaria: Como ya se mencionó, muchas bandas
operan desde los penales, utilizando información filtrada desde
el exterior para identificar a víctimas potenciales.
3. Impacto económico y social de la extorsión
La extorsión tiene un impacto devastador sobre la economía formal e
informal. Muchos empresarios deciden cerrar sus negocios o dejar de
invertir ante el temor de ser extorsionados. Esto no solo genera
pérdida de empleo, sino que también frena el crecimiento
económico y desalienta la formalización. En regiones como
Trujillo o Piura, numerosos proyectos de inversión se han visto
paralizados por la presencia de mafias que controlan zonas
estratégicas y exigen cupos a contratistas.
En el plano social, la extorsión genera miedo, ansiedad y
desconfianza en las instituciones. Las comunidades más
afectadas sufren un deterioro del tejido social, ya que los ciudadanos
viven en constante temor y muchas veces optan por no denunciar por
miedo a represalias. La extorsión también afecta el sistema
educativo, ya que en algunas zonas, profesores y directores son
amenazados para permitir el ingreso de drogas o bandas juveniles a
los colegios.
Además, la extorsión profundiza la desigualdad, ya que las
poblaciones más pobres y con menor acceso a protección legal o
mediática son las más afectadas. Mientras tanto, las bandas
criminales se fortalecen, adquieren armas, reclutan jóvenes y
consolidan su poder territorial.
4. El rol del Estado y la necesidad de reformas urgentes
Frente a este panorama, la respuesta del Estado ha sido insuficiente y
en muchos casos, reactiva en lugar de preventiva. Si bien se han
implementado operativos policiales y se ha incrementado la presencia
militar en algunas regiones, estas medidas no han logrado erradicar
el problema de fondo.
Es urgente una reforma profunda del sistema penitenciario, que
incluya control tecnológico de comunicaciones, mejoras en la
infraestructura carcelaria y medidas efectivas para separar a los
internos según su peligrosidad. Asimismo, se requiere capacitar y
modernizar a la Policía Nacional, dotándola de herramientas
tecnológicas para rastrear llamadas, identificar redes criminales y
actuar de manera coordinada con el Ministerio Público.
La cooperación internacional también es clave, sobre todo
considerando que algunas bandas como el "Tren de Aragua" tienen
presencia en varios países de la región. El intercambio de
información, la vigilancia fronteriza y los tratados de extradición son
esenciales para desarticular estos grupos.
Por otro lado, se debe apostar por políticas de prevención social,
enfocadas en brindar oportunidades educativas y laborales a los
jóvenes, fortalecer la cultura de legalidad y promover espacios
seguros en las comunidades. La educación, el arte y el deporte
pueden jugar un papel fundamental para alejar a la juventud de las
redes delictivas.
Conclusión
La extorsión en el Perú representa un desafío urgente y complejo, que
no solo pone en riesgo la seguridad de los ciudadanos, sino que
también afecta el desarrollo económico y la estabilidad social del
país. Enfrentar este flagelo exige una estrategia integral que combine
represión eficaz del delito, reforma institucional y políticas de
prevención. Es necesario que la sociedad civil, los medios de
comunicación, las autoridades locales y el gobierno central trabajen
de manera coordinada para recuperar el control del territorio,
restaurar la confianza en las instituciones y garantizar el derecho de
todos los peruanos a vivir sin miedo. Solo así se podrá construir un
Perú más seguro, justo y con oportunidades para todos.