Salud Visual
Tutor: Participantes:
Licda. Lucila Hernandez Calderón Dilan CI: 32.941.240
Delmar Lubin CI: 30.970.565
El Vigía, Mayo del 2025
Salud Visual
La salud visual es un estado de bienestar que abarca la plena función y
aceptación de la visión, permitiendo a los individuos interactuar eficazmente con
su entorno y mantener una calidad de vida adecuada.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS),más de 2.7 mil millones
de personas en el mundo padecen algún tipo de problema visual, lo que subraya
la importancia de abordar esta cuestión desde una perspectiva integral que incluya
la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades oculares, la salud
visual no se limita únicamente a la agudeza visual, sino que incluye aspectos
como la percepción de la profundidad, la percepción del color, y la adaptación a
diferentes condiciones de luz, además del estado de los ojos y sus estructuras
asociadas.
Un enfoque integral de la salud visual considera la prevención, el
diagnóstico temprano y el tratamiento de patologías oculares, así como la
promoción de hábitos visuales saludables (WHO, 2019).
Desde un punto de vista más amplio, autores como Wolffsohn y hollands
(2016) sostienen que la salud visual implica la capacidad de procesar, interpretar y
responder a estímulos visuales de manera efectiva, lo cual es fundamental para el
desarrollo personal, educativo y laboral.
Por tanto, la salud visual puede definirse como el conjunto de condiciones,
funciones y procesos que garantizan una visión clara y funcional, promoviendo no
solo la ausencia de enfermedades oculares, sino también la adecuada integración
del sistema visual en la vida cotidiana, promoviendo así el bienestar general y la
participación social.
Globo Ocular
Es un órgano complejo y fundamental para la percepción visual, cuya
estructura anatómica comprende varias capas y componentes especializados que
permiten la captación y el procesamiento de la luz.
Según Westheimer (2008), el globo ocular está compuesto por tres capas
principales: la esclera, la córnea y la úvea, además de estructuras internas como
la retina, el cristalino, y el humor acuoso y vítreo, que facilitan la transmisión y
enfoque de la imagen.
La córnea, siendo la primera línea de refracción, es esencial para la visión
clara, mientras que la retina convierte la luz en señales eléctricas que el cerebro
interpreta como imágenes visuales (Rao, 2020).
La importancia del ojo en la salud visual ha sido reconocida globalmente
por organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la cual estima
que más del 80% de los trastornos visuales son prevenibles o tratables, resaltando
la necesidad de políticas de preservación y cuidado del órgano ocular (OMS,
2019).
Además, la ONU a través de su iniciativa Vision 2020, promueve acciones
para reducir la carga de la ceguera y mejorar la calidad de vida mediante la
detección temprana y el acceso a tratamientos adecuados (Naciones Unidas,
2013).
La comprensión de la estructura y funcionamiento del globo ocular es, por
tanto, esencial para el desarrollo de estrategias de salud pública dirigidas a
prevenir patologías y mantener la salud visual en la población mundial.
Glaucoma
Es un grupo de enfermedades oculares que se caracterizan por la pérdida
progresiva del nervio óptico, lo cual puede conducir a una pérdida irreversible de la
visión si no se detecta y trata a tiempo. Es considerado una de las principales
causas de ceguera en todo el mundo, afectando a millones de personas,
especialmente en edades avanzadas (Organización Mundial de la Salud, 2021).
Causas
Las causas del glaucoma pueden variar, pero los factores de riesgo
incluyen la herencia genética, la edad avanzada, la diabetes, y condiciones como
la hipertensión ocular. El aumento de la presión intraocular ocurre cuando el
líquido ocular no drena adecuadamente, lo que puede dañar el nervio óptico con el
tiempo (Weinreb et al., 2014). La fisiopatología del glaucoma implica un
desequilibrio entre la producción y la eliminación del humor acuoso, lo que
conduce a la acumulación de líquido y, en consecuencia, a la elevación de la
presión intraocular (PIO).
Signos y síntomas
El glaucoma puede presentarse de manera aguda o crónica. En su forma
aguda, como en el glaucoma de ángulo cerrado, los síntomas suelen incluir:
Dolor ocular intenso
Visión borrosa
Halos alrededor de las luces
Náuseas y vómitos.
En su forma más frecuente, el glaucoma de tipo abierto, los signos y
síntomas son menos evidentes, y la progresión suele ser asintomática en las
etapas iniciales, lo que dificulta su detección temprana. La pérdida de la visión
periférica y la excavación del nervio óptico son indicativos de daño avanzado
(World Glaucoma Association, 2022).
Prevención
La prevención del glaucoma se centra en la detección temprana y el control
de los factores de riesgo. La OMS recomienda exámenes regulares de la vista,
especialmente para personas mayores de 40 años y aquellos con antecedentes
familiares de la enfermedad. Dado que el glaucoma puede ser asintomático en sus
fases iniciales, la prevención se basa en la detección precoz y en la evaluación
regular de la visión, especialmente en personas con alto riesgo. La adopción de
hábitos saludables, control de enfermedades crónicas como la hipertensión y la
diabetes, y el uso de protección ocular también contribuyen a su prevención
(Organización Mundial de la Salud, 2021).
Tratamiento
El objetivo del tratamiento del glaucoma es reducir la presión intraocular
para prevenir o limitar el daño al nervio óptico y preservar la visión. Las opciones
terapéuticas incluyen:
Medicamentos como los fármacos betabloqueantes y prostaglandinas, son
comunes para reducir la presión intraocular. Procedimiento como terapia láser,
como la trabeculoplastia pueden ayudar a mejorar el drenaje del líquido ocular, e
intervenciones quirúrgicas como la trabeculectomía o la implantación de
dispositivos de drenaje suelen ser necesarios en casos más avanzados para crear
un nuevo canal para el drenaje del líquido ocular (Weinreb et al., 2014).
El tratamiento es individualizado y debe ser supervisado por un oftalmólogo
para asegurar la eficacia y minimizar los efectos secundarios. La adherencia al
tratamiento y el seguimiento periódico son fundamentales para evitar la progresión
de la enfermedad (American Optometric Association, 2023).
Degeneración macular asociada a la edad (DMAE)
Es una enfermedad ocular progresiva que afecta la mácula, la región
central de la retina responsable de la visión fina y detallada. Según la
Organización Mundial de la Salud (OMS, 2021), la DMAE es una de las principales
causas de pérdida de visión irreversible en adultos mayores a nivel mundial,
representando aproximadamente el 8-10% de la discapacidad visual en personas
mayores.
La patología se clasifica en dos formas principales: seca (atrofia macular) y
húmeda (neovascular o exudativa). La forma seca, más común, se caracteriza por
el desgaste progresivo de las células maculares, mientras que la húmeda implica
la formación de neovasos que producen fuga de líquido y sangrado, causando
daño rápido y severo en la mácula (Wong et al., 2014).
Causas
Las causas de la DMAE son multifactoriales, incluyendo factores genéticos,
ambientales y relacionados con el estilo de vida. La edad es el principal factor de
riesgo, dado que la incidencia aumenta notablemente después de los 50 años.
Otros elementos contribuyentes incluyen el tabaquismo, la hipertensión arterial, la
exposición excesiva a la luz ultravioleta, la obesidad y una dieta deficiente en
antioxidantes (Chew et al., 2013).
La DMAE puede clasificarse en dos tipos: seca y húmeda. La forma seca es
más común, representando aproximadamente el 85-90% de los casos. Se
caracteriza por la acumulación de depósitos amarillos llamados drusas, que
causan una degeneración gradual del tejido retiniano. La forma húmeda, aunque
menos prevalente, es más grave y se produce por el crecimiento anormal de
vasos sanguíneos en la retina que pueden filtrar líquido y provocar daño.
Signos y Síntomas
La patología suele manifestarse inicialmente con pequeños depósitos
llamados drusas en la retina, acompañados de cambios en la pigmentación y
distorsión visual, que progresan hacia la pérdida de la visión central, afectando la
capacidad para leer, reconocer rostros o realizar tareas que requieren visión fina,
acompañado de visión borrosa o distorsionada, puntos ciegos y dificultad para ver
en condiciones de poca luz (Lim et al., 2012).
Prevención
Se apoya en hábitos saludables, como mantener una dieta equilibrada rica
en antioxidantes (vitaminas C y E, zinc, luteína y zeaxantina), evitar fumar,
controlar condiciones como la hipertensión y protegerse de la exposición excesiva
a la luz ultravioleta (Friedman et al., 2004). La detección temprana es fundamental
y se realiza mediante exámenes oftalmológicos regulares, incluyendo la prueva de
visión y la tomografía de coherencia óptica (OCT).
Tratamiento
Depende de la forma clínica. La forma húmeda puede tratarse eficazmente
con terapias que inhiben el factor de crecimiento vascular endotelial ( anti-VEGF),
que reducen la formación de neovasos y estabilizan o mejoran la visión (Wells et
al., 2016). Además los tratamientos láser también suelen ser efectivos en algunos
casos. Para la forma seca, actualmente no existen tratamientos curativos, aunque
algunas investigaciones avalan el uso de suplementos antioxidantes y cambios en
el estilo de vida para retrasar la progresión.
Este panorama enfatiza la importancia de la prevención primaria, detección
temprana y avances en terapias, con el objetivo de reducir la carga global de la
DMAE, que según la ONU (2019), afecta millones de personas en edad avanzada
y representa un desafío de salud pública mundial.
Retinopatía Diabética
La retinopatía diabética es una de las complicaciones microvasculares más
frecuentes de la diabetes mellitus. Esta patología se caracteriza por daño
progresivo a los vasos sanguíneos de la retina, lo cual puede llevar a la pérdida
significativa de la visión, convirtiéndola en una de las principales causas de
ceguera prevenible en adultos.
Causas
La retinopatía diabética ocurre principalmente en pacientes con diabetes de
larga duración, siendo más frecuente en aquellos con mal control glucémico. Los
niveles elevados de glucosa en sangre ocasionan daño en el endotelio vascular, lo
que lleva a la disfunción endotelial, formación de microaneurismas, hemorragias y,
en etapas avanzadas, proliferación anómala de vasos sanguíneos. Según la OMS,
la diabetes afecta a aproximadamente 422 millones de personas en todo el mundo
y su prevalencia está en aumento, lo que incrementa el riesgo de complicaciones
como la retinopatía diabética (WHO, 2021).
1. Retinopatía Diabética No Proliferativa (RDNP): Etapa temprana donde se
presentan microaneurismas y hemorragias.
2. Retinopatía Diabética Proliferativa (RDP): Etapa avanzada con
crecimiento anormal de vasos sanguíneos, lo que puede llevar a la pérdida de la
visión.
Signos y Síntomas
Los signos iniciales pueden ser asintomáticos o incluir visión borrosa y
fluctuante. A medida que la enfermedad progresa, los pacientes pueden
experimentar áreas oscuras o vacías en su campo visual, aparición de manchas o
sombras en la visión, dificultad para ver colores e incluso ceguera, conforme a la
severidad y cambios vasculares presentes.
Prevención
Una de las medidas más eficaces para la prevención de la retinopatía
diabética es el control riguroso de los niveles de glucosa y la presión arterial. La
OMS promueve campañas de detección temprana, destacando la importancia de
los exámenes oculares regulares para personas diabéticas, lo cual permite
establecer intervenciones tempranas.
Es crucial que los pacientes diabéticos se sometan a exámenes oculares
regulares para detectar la enfermedad en etapas tempranas, donde el tratamiento
es más efectivo.
Tratamiento
El tratamiento de la retinopatía diabética varía según su gravedad e incluye
desde la observación en casos leves hasta intervenciones mediante
fotocoagulación con láser, terapia anti-VEGF (factor de crecimiento endotelial
vascular) e incluso cirugía de vitrectomía para eliminar sangre y tejido cicatricial
del interior del ojo, en etapas avanzadas. Estos tratamientos tienen como objetivo
controlar la progresión de la enfermedad y preservar la visión según estudios
recientes (Smith & Chen, 2024)
Ambliopía
La ambliopía comúnmente conocida como "ojo perezoso", es una alteración
visual caracterizada por la disminución de la agudeza visual en uno o ambos ojos,
que no puede explicarse únicamente por anomalías estructurales o patológicas del
ojo. Esta condición se relaciona con una interrupción en el desarrollo visual normal
del cerebro, se presenta cuando la ruta nerviosa desde el globo ocular hasta el
cerebro no se desarrolla durante la infancia. Este problema se lleva a cabo debido
a que el ojo anormal envía una imagen equivocada al cerebro. La ambliopía suele
presentarse en la infancia y, si no se trata a tiempo, puede conducir a una pérdida
permanente de visión en el ojo afectado. Según la Organización Mundial de la
Salud (OMS), la ambliopía representa una de las principales causas de
discapacidad visual en niños en todo el mundo, afectando aproximadamente al 2-
3% de la población infantil (OMS, 2019). La ONU, en el marco de sus metas de
salud universal, destaca la importancia de detectar y tratar tempranamente
patologías visuales para reducir la carga mundial de discapacidad (OMS y ONU,
2018).
Causas
Las causas de la ambliopía son variadas y suelen estar relacionadas con
condiciones que provocan una desigualdad o ambigüedad en la estimulación
visual durante la infancia, tales como:
Estrabismo: Desalineación ocular que provoca una estimulación
diferente en cada ojo (Dürr et al., 2016).
Errores refractivos no corregidos: Miopía, hipermetropía o astigmatismo
no tratados que generan una visión borrosa en uno o ambos ojos
(Holgado et al., 2020).
Deprivación visual: Presencia de cataratas congénitas, ptosis o
anomalías en la córnea que bloquean o dificultan el paso de la luz al ojo
(Chen et al., 2018).
Estas causas producen una interrupción en la integración visual que impide
el normal desarrollo del sistema visual en la infancia temprana.
Signos y Síntomas
Los signos y síntomas más comunes de la ambliopía incluyen:
Disminución de la agudeza visual en uno o ambos ojos.
Dificultad para distinguir objetos o detalles finos.
Estrabismo o desalineación ocular.
Supresión de la imagen de uno de los ojos durante la fijación.
A menudo, la ambliopía no presenta síntomas evidentes, por lo que el
diagnóstico precoz mediante exámenes oculares regulares en niños es
fundamental.
Prevención
La prevención de la ambliopía implica acciones dirigidas a la detección
temprana y corrección de las condiciones que puedan causar está patología:
Exámenes visuales periódicos en niños: La OMS recomienda realizar
chequeos oculares desde la infancia temprana, preferiblemente a los 3
años (OMS, 2019).
Corrección de errores refractivos: Uso de anteojos o lentes de contacto
adecuados.
Tratamiento de estrabismo y patologías oculares: Cirugía oclusiva,
terapia visual, o medicación según el caso.
Educación comunitaria: Sensibilizar a las familias sobre la importancia
de la detección temprana de problemas visuales (ONU, 2018).
Tratamiento
El objetivo principal del tratamiento de la ambliopía es estimular la visión en
el ojo afectado y mejorar la función binocular. Las principales estrategias incluyen:
Terapia de oclusión: Cubrir el ojo dominante para estimular el ojo
ambliopo (Dürr et al., 2016).
Ejercicios visuales: Fomentar la colaboración binocular mediante
ejercicios específicos.
Corrección óptica: Uso de lentes correctivos para errores refractivos.
Procedimientos quirúrgicos: Corrigen condiciones como el estrabismo.
La eficacia del tratamiento es mayor si se realiza en etapas tempranas,
preferiblemente durante la infancia, donde el sistema visual aún tiene plasticidad
(Holgado et al., 2020).
La ambliopía es una condición tratable y prevenible que puede tener un
impacto duradero en la calidad de vida de un individuo si no se aborda
adecuadamente. La detección temprana y el tratamiento son fundamentales para
asegurar que los niños alcancen su máximo potencial visual. La labor de
organismos internacionales en promoción de la salud visual y la realización de
campañas de detección temprana es crucial para reducir su prevalencia y
consecuencias sociales.
Desprendimiento de Retina
El desprendimiento de retina es una afección ocular grave que puede
causar pérdida irreversible de la visión si no se detecta y trata oportunamente. La
retina es una capa fina de células sensibles a la luz situada en la parte posterior
del ojo, responsable de convertir la luz en estímulos nerviosos que viajan al
cerebro para formar imágenes visuales, cuando esta capa se separa de su
posición normal, se interrumpe el suministro de nutrientes y oxígeno, lo que es
perjudicial para el globo ocular. Esta patología puede llevar a la pérdida
irreversible de la visión si no se trata adecuadamente y de forma oportuna.
El proceso patológico generalmente involucra la presencia de un desgarro
retiniano que permite que el humor vítreo penetre la retina, creando una cavidad
subretiniana. La acumulación progresiva de líquido impide que la retina
permanezca en su posición normal, causando el desprendimiento.
El desprendimiento puede clasificarse en tres tipos:
1. Desprendimiento regmatógeno: Ocurre debido a un desgarro en la retina
que permite la entrada de líquido.
2. Desprendimiento traccional: Resulta de la tracción sobre la retina,
generalmente debido a condiciones como la diabetes.
3. Desprendimiento exudativo: Se produce por la acumulación de líquido
debajo de la retina sin desgarro previo, a menudo asociado a enfermedades
inflamatorias o tumores.
Causas
Los factores de riesgo para el desprendimiento de retina incluyen:
Miopía severa
Edades avanzadas
Traumatismos oculares
Historial familiar
Cirugía ocular previa
Signos y Síntomas
El diagnóstico temprano requiere reconocimiento de signos y síntomas
característicos, que incluyen:
Destellos de luz (fotopsias): Especialmente en el campo temporal del ojo
afectado.
Cuerpos flotantes: Sensación de pequeñas manchas o filamentos en la
visión.
Pérdida de visión periférica: Puede experimentar una sombra o un velo
que cubre parte del campo visual.
Reducción súbita de la agudeza visual.
La presencia simultánea de estos signos requiere atención oftalmológica de
emergencia.
Prevención
La prevención del desprendimiento de retina implica la detección oportuna
de desgarros retinianos en pacientes de riesgo mediante exámenes oftalmológicos
regulares. La identificación y cierre de los desgarros con técnicas de láser o
crioterapia puede reducir significativamente la probabilidad de progresión a un
desprendimiento completo.
Asimismo, en pacientes con miopía elevada o antecedentes familiares, se
recomienda realizar sesiones de revisión periódicas, especialmente si presentan
síntomas visuales.
Tratamiento
El tratamiento del desprendimiento de retina depende de la ubicación,
extensión, gravedad y tipo del desprendimiento. Las opciones incluyen:
Cirugía escleral (cilindro escleral o buckling): Consiste en colocar una
banda de silicona alrededor del ojo para reducir la tracción.
Vitrectomía: Remoción del humor vítreo para eliminar las atracciones y
facilitar la reabsorción del líquido subretiniano.
Técnicas combinadas: En casos complejos, se pueden usar diversas
técnicas simultáneamente, como laserterapia y crioterapia.
Retinosis
Es un término general que hace referencia a un grupo de enfermedades
hereditarias que afectan la retina y conducen progresivamente a la pérdida de la
visión. La retina es la capa de tejido sensible a la luz ubicada en la parte posterior
del ojo que convierte la luz en impulsos nerviosos que el cerebro interpreta como
imágenes visuales.
La retinosis más conocida y estudiada es la retinosis pigmentaria, que se
caracteriza por la degeneración progresiva de las células fotoreceptoras (conos y
bastones) de la retina. Esta patología puede ser hereditaria, con diferentes
patrones de transmisión genética, incluyendo autosómica recesiva, dominante y
ligada al X (Hartong et al., 2006).
Causas
Las causas principales son mutaciones genéticas en diferentes genes
responsables de la estructura y función de la retina. La genética desempeña un
papel fundamental, aunque también factores ambientales pueden influir en la
progresión de la enfermedad. La retinosis pigmentaria, por ejemplo, está
relacionada con mutaciones en más de 60 genes, incluyendo RHO (rodopsina) y
RP1 (Hartong et al., 2006).
Signos y Síntomas
Los signos iniciales incluyen dificultad para adaptarse a la oscuridad
(nictalopía), visión periférica reducida y presencia de depósitos pigmentarios en la
retina. Con el tiempo, los pacientes experimentan una disminución progresiva de
la visión central y pérdida de la agudeza visual. La progresión es variable, pero
generalmente conduce a la ceguera en la edad avanzada (Berkowitz et al., 2004).
Prevención
Aunque no existe una cura definitiva para la retinosis pigmentaria, el
diagnóstico temprano es fundamental para planificar la gestión y el apoyo. La
detección se realiza mediante anamnesis familiar, evaluación oftalmológica, fondo
de ojo, electroretinografía y análisis genético. La prevención incluye
asesoramiento genético para familiares en riesgo y evitar factores que puedan
acelerar la degeneración, como exposición a luz ultravioleta excesiva.
Tratamiento
Actualmente, no hay una cura para la retinosis pigmentaria. Sin embargo,
algunas intervenciones pueden ralentizar la progresión o mejorar la calidad de
vida:
Terapia de soporte: Uso de lentes especiales, prótesis visuales y
rehabilitación visual.
Vitaminas y suplementos: Estudios sugieren que la vitamina A puede
retrasar la pérdida de visión, aunque su uso debe ser supervisado
(Bennett et al., 1993).
Terapias avanzadas: Investigación en terapia génica y células madre
presenta perspectivas prometedoras para futuras intervenciones.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que las enfermedades
de la retina como la retinosis pigmentaria son una causa significativa de
discapacidad visual a nivel mundial, especialmente en países en desarrollo (WHO,
2010). La ONU, a través de sus objetivos de Desarrollo Sostenible, promueve la
inclusión social y accesibilidad a servicios de salud, incluyendo la atención a
personas con discapacidad visual (ONU, 2021).
Ojo Seco
La patología del ojo seco, o enfermedad de ojo seco, es una afección
común que afecta a millones de personas en todo el mundo. Se caracteriza por la
falta de una adecuada lubricación y humectación de la superficie ocular. Este
trastorno puede producir síntomas incómodos y llevar a daños en la córnea si no
se trata adecuadamente.
La enfermedad del ojo seco se define como un desequilibrio en la
producción y evaporación de las lágrimas, lo que lleva a incomodidad ocular,
alteraciones visuales y, potencialmente, daño en la superficie del ojo. Según la
Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades de los ojos,
incluyendo el ojo seco, son un problema de salud pública global, debido a su
prevalencia e impacto en la calidad de vida.
Causas
Puede resultar de varias causas, entre ellas:
Disfunción de las glándulas de Meibomio (DGM): Reducción en la
calidad de la capa lipídica de la película lagrimal.
Factores ambientales: Exposición al viento, humo o aire seco.
Uso prolongado de pantallas: La disminución en la frecuencia de
parpadeo durante el uso de dispositivos digitales.
Envejecimiento: La producción de lágrimas tiende a disminuir con la
edad.
Condiciones médicas: Trastornos autoinmunes como el síndrome de
Sjögren.
Signos y Síntomas
Los síntomas más comunes del ojo seco incluyen:
Sensación de ardor o picazón en los ojos.
Sensación de arena o suciedad en el ojo.
Enrojecimiento ocular.
Visión borrosa y fluctuante.
Fatiga ocular, especialmente después de tareas visuales prolongadas.
Prevención
Prevenir la enfermedad del ojo seco implica varias estrategias:
Control ambiental: Uso de humidificadores y evitar situaciones con aire seco.
Higiene de los párpados: Mantener los párpados limpios para prevenir
disfunciones.
Descansos regulares frente a pantallas: Seguir la regla 20-20-20 (mirar algo
a 20 pies cada 20 minutos durante 20 segundos).
Tratamiento
El tratamiento para el ojo seco varía dependiendo de la severidad de la
condición:
Lágrimas artificiales: Suplementación de la humedad del ojo con lágrimas
artificiales.
Compresas tibias: Mejoran la función de las glándulas de Meibomio.
Medicamentos: Fármacos que aumentan la producción de lágrimas o
reducen la inflamación.
Procedimientos quirúrgicos: En casos severos, pueden considerarse
procedimientos para cerrar los puntos lagrimales y reducir la evacuación de
lágrimas del ojo.
Conjuntivitis
La conjuntivitis, también conocida como "ojo rosa o rojo" es una inflamación
de la conjuntiva, la mucosa transparente que recubre la parte blanca del ojo y el
interior de los párpados. Es una de las afecciones oculares más frecuentes a nivel
mundial, afectando a personas de todas las edades y condiciones
socioeconómicas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la
conjuntivitis representa una carga significativa en la salud ocular, especialmente
en regiones con recursos limitados, debido a su alta prevalencia y potencial para
causar discapacidad temporal o permanente si no es diagnosticada y tratada
oportunamente.
La conjuntivitis se caracteriza por enrojecimiento, inflamación, secreción y
molestias en el ojo afectado. Se clasifica en varias categorías según su etiología:
Viral: Causada comúnmente por adenovirus, la forma más prevalente,
especialmente en brotes epidémicos.
Bacteriana: Generalmente atribuida a bacterias como Staphylococcus
aureus, Streptococcus pneumoniae y Haemophilus influenzae
Alérgica: Relacionada con reacciones alérgicas a polen, polvo, o ácaros,
afectando especialmente a personas con antecedentes atópicos.
Química: por exposición a contaminantes o irritantes como productos
químicos o vapores.
Causas
Las causas de la conjuntivitis varían según el tipo, pero en general incluyen:
Infecciones: virus y bacterias son las principales responsables en las formas
infecciosas.
Alergias: exposición a alérgenos comunes en ambientes cerrados o durante
temporadas específicas.
Factores ambientales: humo, polvo, contaminación química o luz solar
excesiva.
Higiene deficiente: contacto con manos sucias o uso compartido de toallas,
lentes de contacto o maquillaje.
Según la OMS, el control de la salud pública y la mejora en las condiciones
higiénicas son fundamentales para reducir la incidencia.
Signos y síntomas
Los signos y síntomas que acompañan a la conjuntivitis varían según su
causa, pero en general incluyen:
Enrojecimiento del ojo afectado.
Secreción acuosa, mucosa o purulenta.
Picazón, ardor o sensación de cuerpo extraño.
Sensibilidad a la luz (fotofobia).
Hinchazón de los párpados.
Visión borrosa temporal debido a secreciones.
En casos virales, los síntomas suelen ser leves y autolimitados, mientras
que la bacteriana puede presentar secreciones densas y persistentes.
Prevención
Las estrategias preventivas son esenciales para controlar la propagación de
la conjuntivitis, especialmente en entornos comunitarios y escolares:
Higiene de manos:lavado frecuente con agua y jabón.
Evitar tocarse los ojos: reducir la contaminación manual.
No compartir objetos personales: toallas, lentes o maquillaje.
Manejo adecuado de lentes de contacto: desinfectarlos correctamente y
evitar su uso prolongado.
Control de alérgenos: reducir la exposición a agentes alérgicos en
ambientes cerrados.
Tratamiento
El abordaje terapéutico dependerá del tipo de conjuntivitis:
Viral: generalmente autolimitada; se recomienda lubricantes o lágrimas
artificiales y evitar el contacto cercano con otras personas.
Bacteriana: uso de antibióticos tópicos, como ungüentos o gotas, basado en
la sensibilidad del agente infeccioso
Alérgica: antihistamínicos tópicos o sistémicos y evitar el contacto con
alérgenos
Química: enjuagues con soluciones salinas o agua y evitar la exposición a
irritantes.
Es fundamental evitar el uso indiscriminado de medicamentos sin
supervisión médica y mantener una buena higiene ocular durante el tratamiento.
La conjuntivitis, aunque generalmente no causa pérdida visual permanente,
puede tener un impacto importante en la calidad de vida y la productividad,
especialmente en comunidades vulnerables. Según la OMS, el acceso a
diagnóstico, tratamiento y educación sanitaria son estrategias clave en la lucha
contra esta patología, en línea con los objetivos de salud universal.
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