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Contra La Fraternidad

El documento presenta 'Contra la Fraternidad', una obra de teatro del dramaturgo Esteve Soler, que forma parte de una trilogía que critica aspectos de la sociedad contemporánea. La obra explora temas de confusión y relaciones humanas a través de un encuentro entre dos hombres y una mujer en un hogar, donde se desatan tensiones y revelaciones. Además, se menciona la protección de derechos de autor y la influencia del género grotesco en la narrativa.

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Contra La Fraternidad

El documento presenta 'Contra la Fraternidad', una obra de teatro del dramaturgo Esteve Soler, que forma parte de una trilogía que critica aspectos de la sociedad contemporánea. La obra explora temas de confusión y relaciones humanas a través de un encuentro entre dos hombres y una mujer en un hogar, donde se desatan tensiones y revelaciones. Además, se menciona la protección de derechos de autor y la influencia del género grotesco en la narrativa.

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¡REVOLUCIÓN!

Volumen Tres

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Contra la Fraternidad
( 7 obritas Grotescas )

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Este texto está protegido por la ley de derechos de autor.
No está permitido ningún tipo de adaptación ni uso sin el permiso correspondiente.
El incumplimiento de esta prohibición y el uso del texto sin el permiso correspondiente
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t
ca
relacionados con dicha ley, y comportarán responsabilidades civiles y penales.
En caso de estar interesado en utilizar este texto, deberá dirigirse a los representantes

a.
legales correspondientes.
Si está interesado en utilizar este texto le pedimos que contacte con la Sala Beckett
am
catalandrama@[Link]
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w
Definición ‘Grotesco’

Género artístico de origen italiano


que hace convivir lo contemporaneo
y lo monstruoso con el objetivo de
extrañar el mundo a través de la
invención de lo improbable, la
yuxtaposición de lo incompatible y

t
la fusión entre la comedia y el

ca
horror.

a.
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TRILOGÍA DE LA INDIGNACIÓN
VOLUMEN 1. CONTRA EL PROGRESO

VOLUMEN 2. CONTRA EL AMOR

VOLUMEN 3. CONTRA LA DEMOCRACIA

TRILOGÍA DE LA REVOLUCIÓN
VOLUMEN 1. CONTRA LA LIBERTAD

VOLUMEN 2. CONTRA LA IGUALDAD

t
VOLUMEN 3. CONTRA LA FRATERNIDAD

ca
a.
am
dr

Esteve Soler
Barcelona, 1976
an

Dramaturgo formado en el Institut del Teatre y la Sala Beckett, donde


imparte clases de escritura dramática. Desde 2008, la trilogía formada
al

por las obras Contra el progreso, Contra el amor y Contra la


at

democracia se encuentra disponible en 17 idiomas (Catalán, Inglés,


Francés, Alemán, Castellano, Griego, Italiano, Danés, Rumano, Checo,
.c

Húngaro, Ruso, Croata, Portugués, Esloveno, Sueco y Finlandés),


w

mientras que más de 70 directores se las han hecho suyas en países


w

como Alemania, Estados Unidos, Francia, Rumanía, Inglaterra, Suiza,


w

Austria, Grecia, Venezuela y Chile. Ha formado parte de las secciones


oficiales de los festivales Theatertreffen y Literaturfestival, ambos de
Berlín, y del certamen francés La Mousson d’Été (en dos ocasiones).
Contra la democracia fue galardonada con el premio Serra d'Or 2012
al mejor texto teatral del año y Contra el progreso con el premio
Godot de Francia a la mejor obra del año. Ha sido finalista a los premios
Max y Goya. Como cineasta sus trabajos se han presentado en festivales
del prestigio de Clermont-Ferrand, BFI London, Cannes (Short Film
Corner) o el New York’s Rooftop Films, entre muchos otros.
“O eres mi hermano o te mato.”
Nicolas Chamfort

“En un mundo donde la

t
responsabilidad ha quedado

ca
desdibujada hasta extremos

a.
inimaginables la única alternativa es
recurrir al Grotesco, el auténtico
am
estilo antiburgués.” Friedrich
Dürrenmatt
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1.

Un hogar. Un hombre y una mujer sentados en un sofá. Suena el timbre.


Pausa.

Hombre 1 – ¿Quién es mi vecino?

Suena el timbre. Alguien intenta abrir desde fuera con llave, pero no lo
consigue. Pausa. Suena el timbre de nuevo. Hombre pretende
levantarse, pero Mujer le pide con un gesto que no abra. Suena el
timbre de nuevo. Pausa. Hombre 1 se levanta y abre. Detrás de la
puerta está Hombre 2, que entra, inquieto.

Hombre 1 – Lo siento. (Pausa larga.) La llave de mi casa también abre la

t
vuestra. (Pausa larga.) Me he equivocado de piso. Lo siento. (Pausa

ca
larga.) Habría querido... (Pausa.) No me encuentro del todo bien.
(Pausa.) Por un momento... (Pausa.) Me hubiera gustado... (Pausa.) Ser

a.
como vosotros. (Pausa breve.) Y no ser yo. (Pausa larga.)
am
Hombre 2 – Hace mucho rato que intento entrar.
dr

(Pausa.)
an

Hombre 1 – Todo va bien.


al
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(Pausa.)
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w

Hombre 2 – ¿Dónde estan las niñas?


w

(Pausa.)
w

Hombre 1 – Estan bien, arriba. Jugando.

Hombre 2 se dirige específicamente a Mujer.

Hombre 2 – ¿Dónde estan las niñas?

Silencio.

Hombre 1 – Estan bien, créame. Estan arriba, jugando. (Pausa.) Sus


hijas son extraordinarias. Me hubiera encantado que...

Pausa.
Hombre 2 – ¿Que qué?

Hombre 1 – Nada. (Pausa.) Que fueran mías.

Hombre 2 – ¿Qué está pasando aquí? (Pausa. Hombre 2 se dirige


específicamente a Mujer.) ¿Qué está pasando aquí? (Pausa.)

Hombre 1 – Lo que le he contado. Nada más. Me he confundido. Quizá


he subido con el ascensor a un piso que no me correspondía. Quizá.
Creo que he tocado un botón que no era el de mi piso. No lo sé. O
simplemente he abierto una puerta que no era la mía. A veces las llaves
son muy parecidas. No sé ni cómo, pero la puerta se ha abierto. Cuando
he entrado todo era como en mi casa, pero también era nuevo. Se
parecía a mi casa, tenía una distribución parecida, pero los muebles, los

t
azulejos, la decoración... Todo era distinto. Era mi casa, pero renovada,

ca
diferente. Parecía mejor. Mejor por diferente.

a.
Hombre 2 – Es mejor, pero es mía.
am
Hombre 1 – Seguramente, pero...
dr

Hombre 2 – ‘Seguramente’ no, es mi casa.


an

Hombre 1 – Ya le he dicho que estaba confundido. He encendido el


al

televisor y daban lo mismo, he abierto la nevera y he echado un trago a


at

una botella. Todo se parecía tanto. Entonces me he sentado en el sofá y


.c

me he dormido. Supongo que era la confusión.


w

Hombre 2 (se dirige a Mujer.) ¿Hasta cuándo he de soportar esto?


w
w

Hombre 1 – Discúlpeme. Era una sensación muy... placentera.

Hombre 2 – ¿‘Muy placentera’ dice?

Hombre 1 - El calor que venía de la chimenea también / era...

Hombre 2 – ¿El calor?

Hombre 1 – He encendido la chimenea. Era tan cálida. Tan acogedora.

Hombre 2 (se dirige a Mujer.) – ¿Y tú no has hecho nada?


Hombre 1 – Me ha despertado. Cuando ha entrado con las niñas. Ya se
lo he dicho. Son encantadoras. He jugado un rato con ellas.

Pausa.

Hombre 2 – Pues nada, a casa. Se ha acabado la broma.

Hombre 1 (mira a Mujer.) – Sí.

Hombre 2 – Seguro que su familia le estará añorando. Usted tiene un


niño pequeño y su mujer trabaja en el mercado. Ya deben estar en casa
a esta hora.

Hombre 1 – Mientras estaba aquí ha llamado su madre.

t
ca
Hombre 2 – No debería haber cogido el teléfono.

a.
Hombre 1 - Está en una residencia. Tiene Alzheimer. ¿Lo sabe?
am
Hombre 2 – Por supuesto que lo sé.
dr

Hombre 1 - Dice que hacía mucho tiempo que no la llamaba.


an

Hombre 2 – No es cierto. / Está perdiendo...


al
at

Hombre 1 – Me ha dicho tan amorosamente que me quería, que me he


.c

emocionado.
w

Hombre 2 – Basta.
w
w

Hombre 1 - Le he dicho que iré a visitarla.

Hombre 2 – Se acabó.

Hombre 1 - No le importa, ¿verdad?

Hombre 2 - Váyase a su casa.

Pausa.

Hombre 1 – Cuando ha llegado su mujer, me ha encontrado durmiendo.

Hombre 2 – Ya me lo ha dicho. Y le ha despertado.


Hombre 1 – Exactamente. Pero, ¿sabe cómo me ha despertado?

Hombre 2 – ¿Qué pretende? (Se dirige a su mujer.) ¿Se puede saber


qué estáis haciendo?

Hombre 1 – Cuando me ha despertado estaba aquí en el sofá. Sentada


en el sofá. He puesto la cabeza encima de su regazo.

Hombre 2 – ¿Ah, sí?

Hombre 1 – Y me acariciaba el pelo.

Hombre 2 – ¿El pelo?

t
Hombre 1 – Como si fuera un niño.

ca
Hombre 2 – ‘Como si fuera un niño’...

a.
am
Hombre 1 – ¿Y sabe qué es muy diferente también de mi casa?
dr

Hombre 2 - ¿La manera de gritar de mi mujer cuando folla?


an

Hombre 1 – ¿Qué?
al

Pausa. Hombre 2 mira a Mujer. Hombre 1 también lo hace.


at
.c

Hombre 2 – Seguro que ahora me dirá que sus gritos son muy diferentes
w

de los de la suya. De hecho, la mía simplemente abre la boca, com si


estuviera a punto de hacer un grito, pero nunca lo hace. En cambio la
w

suya dicen que grita muchísimo. Me sorprende que no sepa que lo dice
w

todo el mundo en la escalera.

Pausa. Hombre 2 no saca su mirada de Mujer.

De hecho, seguro que se lo han montado aquí mismo, mientras las niñas
les miraban desde la puerta y que a ella no le importaba, que seguía tan
callada como ahora mismo.

Hombre 1 – Esto no es cierto. Es una broma de muy mal gusto.

Hombre 2 – ‘Una broma’ dice... Quiero que salga ahora mismo de mi


casa.
Hombre 1 – No es cierto.

Hombre 2 – Fuera de aquí.

Hombre 1 - En este momento usted y yo estamos igual de confundidos.

Hombre 2 – Qué risa... ‘Confundidos’...

Hombre 1 – Es comprensible... Lo que parecía cierto y seguro quizá no


lo es tanto.

Hombre 2 – Llamaré a la policía.

Hombre 1 – No hace falta.

t
ca
Hombre 2 – Hace falta lo que yo diga.

a.
Hombre 1 - No tiene nada que decirles. ¿De verdad cree que su mujer se
am
acaba de follar un vecino delante de sus hijas?
dr

Hombre 2 (mirando a Mujer.) – ¿Es eso lo que ha pasado entonces? ¿Por


qué callas?
an

Hombre 1 – Su mujer me ha dejado quedarme.


al
at

Hombre 2 (de nuevo a Mujer.) - ¿Se puede saber por qué no dices nada?
.c
w

Hombre 1 – Ella también se siente confundida.


w

Hombre 2 – Te voy a pegar un puñetazo y vas a ver lo confuso que


w

quedas.

Hombre 1 – No le ocurre nada que no me haya pasado antes a mí o que


te pueda pasar a ti ahora. Me ha visto en su casa, dormido en su sofá,
como si viviera con algún otro. Se ha visto en perspectiva / ante una
situación cotidiana y le ha llevado a...

Hombre 2 - ¿Por qué no te callas de una puta vez?

Hombre 1 – ¿Ha leído alguna vez a Chesterton? Es típico de él describir


una chimenea como si fuera un útero.

Hombre 2 – ¿Un qué? ¿‘Un útero’ ha dicho?


Hombre 2 se va poniendo muy nervioso.

Hombre 1 - Cuando acabamos de nacer es como si nos tiraran por la


chimenea de una casa y hemos de adaptarnos a los extraños que nos
encontramos allí. Cuando ya estaba aquí dentro y he comprendido
nuestra situación, la de todos, durante un instante he pensado que quizá
éste era mi papel. Ayudarles, a ella, a usted, por el simple hecho de /
quedarme y...

Hombre 2 intenta golpear a Hombre 1, pero éste se aparta a tiempo.

Hombre 1 – Maldito cabrón.

Hombre 2 – Tranquilícese, sería mejor que...

t
ca
Mujer indica la puerta a Hombre 2. Pausa.

a.
Hombre 2 – ¿Qué?
am
Pausa.
dr

Hombre 1 – Quiere que se vaya.


an

Hombre 2 – Esto es mi casa... Mi casa... (Se dirige a Mujer.) ¿Pero qué


al

está pasando? No puede ser que un vecino entre accidentalmente en


at

casa y te trastornes.
.c
w

Hombre 1 – Sólo quería ayudarles con / el simple hecho de quedarme.


w

Hombre 2 – (a Mujer.) ¿Qué te he hecho? ¿Cuánto hace que os


w

conocéis?

Hombre 1 – Menos de una hora.

Hombre 2 – (Sigue hablando a Mujer.) ¿Qué te pasa? ¿Por qué me


quieres fuera? ¿Por qué me pides que me vaya?

Hombre 1 – Le quiere fuera y ya está. Ahora mismo.

Hombre 2 - ¿Qué he hecho mal?

Hombre 1 – No ha hecho nada mal.


Hombre 2 – ¿Y las niñas? ¿Y las cosas?

Hombre 1 – En otro momento.

Hombre 2 – Pero, ¿qué coño pasa?

Hombre 1 – Márchese, por favor.

Airado y abatido, Hombre se va, aunque se gira en el último momento.

Hombre 1 - No entiendo nada, de verdad. ¿No me lo puedes explicar,


por favor?

Silencio. Hombre 2 se va. Hombre 1 habla desde la puerta.

t
ca
Hombre 1 - En este edificio, en algún piso u otro, puede encontrar otra
familia con los que quizá se pueda entender si pone un poco de voluntad

a.
y amor. (Pausa.) Por un rato o para siempre.
am
Hombre 1 cierra la puerta y vuelve al sofá, al lado de Mujer, donde se
dr

sienta. Pausa. Desde fuera, Hombre 2 llama a la puerta. Suena el


timbre. Hombre 1 pone la cabeza encima del regazo de Mujer, que le
an

acarícia.
al

Oscuro.
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.c
w
w
w
2.

Una adolescente con las muñecas llenas de cortes en la cama de su


habitación, decorada completamente en rosa. Llaman a la puerta.
Aunque no contesta, su madre abre la puerta y entra dentro de la
habitación. Se sienta en la cama, a su lado.

Madre – Esto que has hecho... no está bien. (Pausa.) ¿Me oyes? (Pausa.
Hija se incorpora, quedando sentada. Y cada vez más indignada.) Si te
quieres suicidar bien no te has de cortar las venas en horizontal, has de
hacerlo en vertical, sino no sale bien la sangre, tardarías semanas en
desangrarte.

Hija – ¿También me has de corregir por eso?

Madre – Cómo te pones... La gente no lo sabe y acaba haciendo


barbaridades. Se hacen todo tipo de cortes y no hay manera de que

t
salga la sangre como debería.

ca
Hija – ¡Basta!

a.
Madre – ¡Pero si lo digo por tu bien! ¿Quieres que te ayude o no?
am
Hija – No, quiero hacerlo yo.
dr

Madre – ¿Dónde tienes el cuchillo? Déjamelo hacer a mí.


an

Madre encuentra el cuchillo y persigue a su hija.

Hija – No.
al

Madre - Venga, que es un momento...


at

Hija – ¡Que te he dicho que no, ostia!


.c
w

Pausa. Las dos se sientan.


w

Madre – Muy bien, muy bien, pero si después te pasas toda la tarde sin
w

morirte no vengas después a quejarte... (Como si la imitara.) “Mamá,


ayúdame, que no sé morirme...”.

Hija – Sal de la habitación.

Madre – Creo que ésta no es la mejor manera de suicidarse.


Hija – ¡Me suicidaré como me dé la gana!

Madre – Ya, sí, muy bonito, ¿pero quién sacará las manchas de las
sábanas?

Hija – ¡Me da igual, estaré muerta!

Madre – Estarás hecha un filete, toda cortada, pero desgraciadamente


viva.
Hija – ¿‘Desgraciadamente’ para quién?
Madre – Oh, desgraciadamente para todos.

Hija – ¿Y tú también lo lamentarás?

Madre - ¿Que no me oyes? ¡Soy yo quien lavará todo esto y no salen


fácilmente estas manchas!
Hija – Te odio.

Madre – Por eso me quieres dejar con todo este ‘marrón’, ¿no?
Hija – ¿Y qué me sugieres entonces?
Madre – ¡Pero si ya te lo estoy diciendo!

Hija – ¡¿Pero qué?!

Madre - ¡¡Lo que te digo!! ¿¡Que estás sorda!? ¡¡Haz caso a tu madre!!
¡¡Si te has de suicidar como mínimo hazlo bien!!

t
ca
Hija – ¿¡¡¡Y qué quieres decir con hacerlo bien!!!?

a.
Madre – No sé... Supongo que lo más práctico sería que te metieras bajo
un tren, ¿no?
am
Hija – Quiero hacerlo en casa.
dr

Madre – Muy bonito... Aquí en casa... Siempre he de cargar yo con todo


el trabajo. Sin comentarios...
an

Hija – ¿Quieres callar de una puta vez?


al

Madre - La vida es tan injusta conmigo...


at

Hija – Deja de hacerte la víctima de una vez por favor...


.c

Madre – ¡Oh, es que soy la víctima!


w

Hija – Claro, mamá, ‘tú siempre eres la víctima’...


w
w

Madre – No sabes de lo que hablas.

Hija – De aquí a un rato tendrás aquí el cadáver de tu hija y tú seguirás


siendo la víctima.
Madre – No te líes y a lo tuyo. ¿Te quieres matar o no?
Hija – ¿Pastillas entonces?

Madre - Sí, pero ¿ya sabes qué pastillas?


Hija - ¿Cuáles quieres que me tome?

Madre - Si te metes según qué caja te vamos a tener un mes seguido


cagando por aquí...

La Madre ríe.
Hija – Mama... Te he dicho ‘¿Cuáles?’...

Madre – Tú eres la que tiene los cajones llenos de antidepresivos...


La Hija abre su cajonera y empieza a sacar cajas de pastillas.

Hija – ¿Éstas?

Madre - Ai, no lo sé...

Hija - ¿O éstas?

Madre – Yo creo que si te las metes todas revientas seguro.

Hija – Ve a buscarme agua.

Madre coge una de les cajas y ríe.

Madre – ¿Recuerdas cuándo te recetaron éstas?

t
Hija – Mamá...

ca
Madre – Ai, hija, qué quieres que te diga...

a.
Hija – No fue divertido ir al psicólogo contigo.
am
Madre – ¿Por qué?
dr

Hija – Me hiciste pasar por un inferno y me demostraste por enésima


vez que no te importaba en absoluto.
an

Madre – ¿‘Que no me importabas en absoluto’?


al

Hija – Pues sí, mamá, no te importo en absoluto.


at

Madre – Eso es mentira.


.c

Hija – Cuando tuve la primera regla me dijiste que me estaba muriendo.


w

Madre – ¿Seguro?
w
w

Hija – Entonces me enviaste al cementerio y me diste cincuenta euros


para que les pidiera que me enterraran viva.
Madre – Pero no lo hicieron.

Hija – Lo intentaron.
Madre – Normal. La gente cumple con lo que les pides.
Hija – Pagabas a las niñas de mi clase para que me pegaran.

Madre – No es verdad. Les daba caramelos.

Hija – Veía como llegabas al patio, les dabas cosas y después me venían
todas una a una para zurrarme.

Madre – Hace mucho tiempo, ya no me acuerdo...


Hija – Nunca tuve ni una sola amiga por tu culpa.

Madre – Los niños ya se sabe cómo son...

Hija – Pero no tuviste suficiente con dinamitarme la infancia, has querido


acabar con todas y cada una de las personas que me querían...
Madre – ¿Ahora me volverás a hablar de papá?

Hija – No he vuelto a saber nada de él.

Madre – Te enviaba cartas para contactar contigo. No lo sabes, pero las


reciclaba en forma de papel de wáter. Llevas limpiándote el culo durante
años con su amor.

Hija - Está en la prisión por tu culpa.

Madre – No merecías su amor. Intenté que le odiases, pero como


parecía imposible, me fue más fácil acusarlo de tocarte y alejarlo de ti

t
ca
para siempre. Tarde o temprano los hombres ‘siempre’ te
decepcionaran.

a.
Hija – Claro porque desde entonces tú ‘nunca’ has tenido nada que ver
am
con mis decepciones con los hombres, ¿no?

Madre – ¿En qué estás pensando ahora?


dr

Hija - ¡Te follaste a mi primer novio!


an

Madre – Mujer... Lo que se dice follar, follar, no sé...


al

Hija - Mamá, ¡os encontré que te estaba dando por el culo en el


at

comedor!
.c

Madre - Nunca he considerado el sexo anal como relaciones sexuales. Si


w

no hay placer, para mí no es lo mismo. ¿A ti te gusta por el culo? Es que


a mí por el culo no me acaba de...
w
w

Hija – Eres la peor madre que una hija pueda tener.

Madre - En todo caso, ya te digo que si hubieras sido un niño lo hubiera


hecho igual. No te pienses que hay algún tipo de discriminación por
género en mi odio hacia ti. En casa siempre hemos defendido los
derechos de la mujer, incluso cuando no estaban de moda.
Hija - Nunca te he importado en absoluto.

Madre - Bueno, aunque me lo pintes así... Pero que no me importes


debería haberte hecho más fuerte, ¿no? No debería haberte convertido
en una suicida... Es que eres tan débil como tu padre, hija mía... Eres
demasiado débil...

Hija - Y tú eres una miserable. Cuando me haya matado y no sepas con


quien pelearte me añorarás...
Madre - No, que va... Yo pongo la tele un rato y ya estoy pensando en
otra cosa. (La Madre ríe.) De verdad.
Hija – Muy bonito...

La Madre acaricia su Hija, con una mirada amorosa, mientras ella


empieza a recopilar pastillas.

Madre - No sufras. Nunca te añoraré. Nunca. Es completamente


imposible.

Hija – Ya lo he entendido.
Madre - Nunca. Es imposible que te añore.

Hija - Basta.
Madre – Imposible.

t
Hija – Eres la peor madre de la historia.

ca
Madre – Nooo... Hay madres e hijas que se llevan peor.

a.
Hija – Imposible.
am
Madre - Realizarse a través de otro no es fácil.
dr

Hija – Amargarse a través de otro no es fácil.


an

Madre - No hay nada que sea más normal que amargar la vida de aquel
que tienes más cerca a cambio que tarde o temprano también decida
al

amargarte a ti.
at

Hija - ¿Y el agua que me habías de traer?


.c

Madre - Pero no es nuestro caso. Yo sé que tú serás una fracasada


w

hagas lo que hagas.


w

Hija – Quizá me puedo tomar un trago de colonia.


w

Madre - Pero no sólo lo sé yo, es un clamor generacional. Cuando el


suicidio se convirtió en la manera más habitual de morir, superando las
víctimas de accidentes automovilísticos, el gobierno decidió que matarse
sería considerado técnicamente una manera de ir a buscar trabajo al
extranjero, concretamente, al más allá.

Hija – Voy para allí.

Madre - Si eres pobre, matarse es la mejor manera de favorecer el


interés general del país.
Hija – ¿Qué?

Madre - Todo aquel que se mate pasa a engrosar las listas de población
activa. Es la única manera posible de acabar con el paro en este país. Al
final la muerte en masa siempre acaba siendo la solución de la derecha.
Es una larga tradición.
Hija – Pero pensaba que todo esto era entre tú y yo.

Madre – ¡Pues claro! ¿Que no me oyes? Tú eres sangre de mi sangre,


nadie como tú puede amargarme.
Hija – ¿Y todo esto que dices del país y del interés general?

Madre – Tonterías que se le dicen a una moribunda.

Hija – Si me mato quiero hacerlo únicamente por ti.

Madre – ¡Y tanto!

Hija – No quiero que la gente diga que me he matado por el paro o


porque vivía en una situación desesperada.

t
Madre – ¡Por supuesto que no!

ca
Hija – ¡Quiero que sepan que la hija de puta de mi madre fue la

a.
responsable! am
Madre – ¿Pero a quién le podría pasar por la cabeza una idea que no
fuera ésa?
dr

Hija – Eres capaz de decirle a todo el mundo que me maté porque no


an

encontraba trabajo o casa o una cosa de éstas...

Madre – ¿Por quién me has tomado?


al

Hija – Te conozco muy bien, aprovecharás mi muerte para llamar a papá


at

y decirle que la culpa es suya.


.c

Madre – ¿Pero qué te inventas?


w

Hija – Y llorarás en el hombro de todos mis novios sólo para que te


w

metan mano.
w

Madre – Puedo follarme a todos tus novios sin necesidad de montar


ningún numerito.

Hija – Pues ahora no me mato.


Madre – ¿Pero qué dices?

Hija – Lo que oyes.

Madre – ¿Pero qué harás viva a tu edad?


Hija – Lo que quiera.
Madre – Piensa en todo lo que te podrás perder si te matas.

Hija – Tu cara de amargada, ¿no?


Madre – No hará falta que me soportes a mí, pero tampoco falsas
amistades, compromisos sociales absurdos, todo tipo de decepciones
vitales...

Hija – Sólo quiero vivir para llevarte la contraria, como si fuéramos una
madre y una hija normales.

Madre – ¡Nada de eso señorita!

Hija – ¡Te jodes!

Madre - Venga, cállate, no te quiero oír más... Te voy a buscar el vaso


de agua y te vas ahora mismo al otro barrio. Quiero verte tomar todas
las pastillas una tras otra.

Hija - ¡No, ahora no quiero!

Madre sale e Hija tira las pastillas a la basura. Entra la Madre

t
inmediatamente.

ca
Hija – No me podrás convencer para... ¿Dónde está el vaso de agua?

a.
Madre se saca una pistola y le pega un tiro. Hija cae muerta.
am
Madre – Puta.
dr

La Madre coge a su Hija por un pie y se la lleva fuera de la habitación.


an

Oscuro.
al
at
.c
w
w
w
3.

Un perro muerto, tan realista como sea posible, colgado entre dos
hombres vestidos con indumentarias primitivas, pero que encajan en la
condición de un criado y su amo. Se van repartiendo la cuerda con la
que cargan el peso del perro muerto. Pausa.

Criado - He matado mi perro porque a usted le gustaba.

Pausa larga.

En el siglo V antes de Cristo un criado y su amo se encontraron bajo el


perro colgado del sirviente. Estuvieron hablando de la amistad cívica que
había entre todos los ciudadanos, que era aquello que llamaban

t
fraternidad. Y hablaron de como ésta excluía a las mujeres, los

ca
extranjeros, los niños y los esclavos, como el criado. ¿Qué sentido tenía
la fraternidad si el criado, después de trabajar todo el día para el amo,

a.
veía como éste acababa queriendo más al animal piojoso que le
am
acompañaba en la granja? ¿Qué sentido tenía que el amo cuidara e
hiciera caricias a una bestia mientras a él no le dirigía la palabra? ¿Cómo
dr

se podía excluir de la fraternidad a un igual?


an

Amo – En el siglo XV después de Cristo un criado y su amo se


encontraron bajo el perro colgado del sirviente. Estuvieron hablando de
al

la hermandad cristiana que había entre todos los ciudadanos, que era
at

aquello que llamaban fraternidad. Y hablaron de como ésta excluía de


.c

hecho a todos aquellos que se considerasen al margen de su moralidad,


como el descreído criado. ¿Qué sentido tenía la fraternidad si el criado,
w

después de trabajar todo el día para el amo, veía como éste acababa
w

queriendo más al animal piojoso que le acompañaba en la granja? ¿Qué


w

sentido tenía que el amo cuidara e hiciera caricias a una bestia mientras
a él no le dirigía la palabra? ¿Cómo se podía excluir de la fraternidad a
un igual?

Criado – En el siglo XVIII después de Cristo un criado y su amo se


encontraron bajo el perro colgado del sirviente. Estuvieron hablando del
sentimiento revolucionario que compartían entre todos los ciudadanos,
que era aquello que llamaban fraternidad. Y hablaron de como ésta era
más que un derecho e incluia de hecho a todos aquellos que creyeran en
la igualdad entre los humanos. Tenía sentido que el hombre tuviera
cuidado y hiciera caricias al animal mientras su compañero hacía lo
mismo a su lado. No se podía excluir de la fraternidad a un igual.
El criado baja el perro, completamente deformado por la presión de la
cuerda. Los dos le acarician.

Amo – En el siglo XXI después de Cristo un criado y su amo se


encontraron bajo el perro colgado del sirviente. Estuvieron hablando de
la solidaridad altruista que había entre todos los ciudadanos, que era
aquello que llamaban fraternidad. Y hablaron de como ésta,
amparándose en la libertad económica, excluía de hecho a todos
aquellos desafortunados en la vida como el criado. ¿Qué sentido tenía la
fraternidad si el criado, después de trabajar todo el día para el amo, veía
como éste acababa queriendo más al animal piojoso que le acompañaba
en la granja? ¿Qué sentido tenía que el amo cuidara e hiciera carícias a
una bestia mientras a él no le dirigía la palabra? ¿Cómo se podía excluir
de la fraternidad a un igual?

t
ca
Entre los dos vuelven a poner la cuerda en el cuello del perro y le
cuelgan de nuevo.

a.
am
Criado – ¿Cuántas veces tendré que seguir matando a mi perro?
dr

Oscuro.
an
al
at
.c
w
w
w
4.

Un hombre maduro sale de un centro comercial, cansado por el peso de


unas cuantas bolsas de plástico llenas. Encuentra una chica vestida con
un modelito y un sombrero, como si estuviera ofreciendo productos
promocionales.

Chica - ¡Buenos días!

Hombre – Lo siento.

Chica – ¿Se quiere correr en mi cara?

Hombre, confundido, se detiene.

t
ca
Hombre - ¿Perdón?

a.
Chica - Si, le preguntaba si se quiere correr en mi cara.
am
Hombre - ¿Ahora mismo?
dr

Chica – Sí.
an

Hombre - ¿Aquí en medio del centro comercial?


al
at

Chica – Por supuesto.


.c
w

Hombre - Vaya, ésta no me la esperaba...


w

Chica – ¿No?
w

Hombre – Bueno, no sé... Frecuentemente te ofrecen promociones o


productos...

Chica – Diferentes.

Hombre – Sí, tratamientos faciales o queso o... Escuche, ¿esto se lo


pregunta a todo el mundo que entra aquí?

Chica - A todo el mundo. Bueno, a veces se me escapan. Y les persigo


preguntando si quieren o no quieren.

Hombre - ¿Si se quieren correr en su cara?


Chica - Claro. ¿Lo encuentra extraño?

Hombre – Un poco. ¿Y qué? ¿Aceptan?

Chica - Ya se sabe. No todo el mundo está por estas cosas. La gente


tiene prisa para llegar a casa o van a buscar a sus hijos o...

Hombre - Pero, ¿de verdad, hay gente que se apunta?

Chica - Sí, y tanto...

Hombre - No lo sé, ¿pero no es un poco...?

Chica – ¿No le gusta mi cara?

t
ca
Hombre – No, no, me encanta, pero...

a.
Chica – ¿Quizá la encuentra poco de aquí mi cara?
am
Hombre – ¿’Poco de aquí’?
dr

Chica – Quiero decir que quizá no le gusta correrse en la cara de alguien


an

inmigrante o un poco charnego...


al

Hombre – No, no. No tengo ningún problema por correrme en la cara de


at

nadie. Quiero decir que...


.c
w

Chica - También se puede correr en la cara de cualquiera de las


personas de estas galerías comerciales.
w
w

Hombre - ¿Perdón?

Chica - Le puedo dar un vale promocional.

La chica le da un vale.

Hombre - ¿Entonces con este vale puedo ir a la mercería y correrme en


la cara de Mireia?

Chica - Exactamente. O de las chicas de la panadería. O del viejo de la


ferretería. Aquí no hay discriminación.

Hombre - ¿Y no me dirán nada?


Chica - Es parte de su trabajo.

Hombre – O sea que si me planto en la tienda de ropa me la casco


delante del vigilante y me corro en su cara no pasará nada tampoco.

Chica - Siempre que lleve este vale.

Hombre - ¿Y esto por qué lo hacen?

Chica - No sea hipócrita, ¿no es esto lo que desearía? ¿Y este centro


comercial no busca satisfacer todos sus deseos?

Hombre – Bueno, pero ciertas cosas quizá las querría reservar para la
intimidad...

t
ca
Chica – La pornografía pública es el futuro. No se resista.

a.
Hombre – Muy bien... Pero esto no es lo mismo que si estuviera
am
promocionando otro tipo de productos...
dr

Chica - Es absurdo esconderse. Hay que reivindicar la pornografía y su


relevancia en nuestra sociedad.
an

Hombre – No sé si ‘relevancia’ es la palabra.


al
at

Chica – Claro, la pornografía es residual, ¿no?


.c
w

Hombre – Seguro que hay un cierto interés, pero...


w

Chica – Una de cada cuatro personas que está en este momento en


w

Internet está consumiendo pornografía. Hay 68 millones de búsquedas


diarias. Si lo consideramos un género de ficción, los sueños de la raza
humana están completamente colonizados por el porno.

Hombre – ¿No es residual entonces?

Chica – La literatura es residual, el sexo en el matrimonio es residual, la


ilusión del amor romántico es residual.

Hombre – Quizá exageras un poco...

Chica - Más de la mitad de los enganchados al porno rompen con sus


parejas tarde o temprano, pero nunca con el porno.
Hombre – Caramba, cuántas cosas que sabes...

Chica – Este centro comercial me pagó los estudios.

Hombre - Ok, te veo muy bien informada...

Chica – Si no entendemos nuestra realidad no sabemos en qué mundo


vivimos.

Hombre – ¿Y por eso quieres que me corra en tu cara?

Chica – Simplemente este centro comercial no es hipócrita y quiere ser


honesto con los sueños de sus compradores. ¿Quiere seguir siendo un
hipócrita?

t
ca
Hombre – No es que sea hipócrita, es que lo que me ofreces es más que
pornografía... es prostitución.

a.
am
Chica – ¿Y qué?
dr

Hombre – Bueno... Es un crimen.


an

Chica - La prostitución está profundamente establecida en todas las


sociedades. Hace un siglo aquí en esta ciudad la gente presumía de irse
al

de putas y se hacían fotos y las mostraban a sus amigos.


at
.c

Hombre – Hasta que se consideró un crimen.


w

Chica – Todo depende de la perspectiva que tomemos de las cosas. Si


w

salimos beneficiados de avalar la esclavitud que ejercen las grandes


w

marcas de ropa en el tercer mundo, porque no también de unos


servicios sexuales que podamos consumir igualmente de una manera
rápida y moralmente satisfactoria. Entro y me compro una chaqueta por
cuatro duros donde me da la gana, entro y pego un polvo aquí mismo
por cuatro duros. Y ni sufro por las víctimas de la esclavitud textil ni por
los putos trabajadores del centro comercial.

Hombre – No es lo mismo.

Chica – ¿Me permite ver qué lleva en sus bolsas?

Hombre – Tengo un poco de prisa.


Chica – Será un momento.

Chica remueve la bolsa y va sacando productos.

Hombre – Vaya con cuidado.

Chica saca una crema de cacao.

Chica – Con esto no sólo fomenta la esclavitud, sino que con el aceite de
palma que se utiliza provoca la deforestación de la selva y la muerte de
les especies que viven allí.

Hombre – Está muy buena.

t
Chica saca un iPad.

ca
Chica – El mineral que hacen servir para este trasto es tan exclusivo que

a.
el control de la región donde lo producen ha generado regímenes
am
dictatoriales, hasta el punto que al Coltan le llaman el mineral de la
sangre.
dr

Hombre – No será en todos los aparatos.


an

Chica – ¿Y si le digo que sí? El resto de sus productos utilizan tantos


al

plásticos que se mezclan con nuestra constitución que son una generosa
at

lotería de cáncer. ¿Y sabe por qué los consumimos? Porque a todos nos
.c

resulta más fácil, más barato. Mejor en una palabra.


w

Hombre – Muy bien de acuerdo, avalamos el horror, la destrucción, la


w

enfermedad y el crimen en todo el planeta, de acuerdo, ningún


w

problema, pero si yo entro en el centro comercial y violo al primero que


me encuentro, lo que hago es personal, aquella persona que me está
mirando a la cara, eso me lo llevo encima. Puedo olvidarme de la
fraternidad con los demás si no les veo, pero no si los tengo delante.

Chica – No veo porqué. Nos han educado para que nos hagan todo tipo
de vejaciones sin que digamos nada. Así serán las escuelas públicas del
futuro. Además, aquí podemos estar muy contentos. Tenemos un
complemento económico. Será como hacer una hora extra.

Hombre – El dinero no lo es todo. Todavía está la dignidad y la


integridad personal.
Chica – Esto lo dice usted porque debe tener mucho dinero. Pero para mí
es la diferencia entre llevarle o no llevarle comida esta noche a mi hijo.
Si estuviera en mi situación también lo haría, no sea hipócrita.

Hombre – Escuche... No quiero discutir con usted... Muy bien, entonces


qué debo hacer para dejar de ser hipócrita. ¿Tengo que correrme en su
cara para hacer contento a su hijo?

Chica – Ésa es la actitud.

Hombre – Tengamos una relación pornográfica.

Chica – Bueno, de hecho, es más una expresión consciente y puntual en


medio de una vida pornográfica.

t
ca
Hombre – ¿Y va incluida en el precio de la compra, no? ¿Cómo el
parquin?

a.
am
Chica - También tenemos un servicio especial con el que al final me
puede pegar un par de tiros.
dr

Hombre - ¿Y si te mueres?
an

Chica - Ui, entonces cuenta como una paga doble...


al
at

Hombre - Ves, pues esto sí que me hace ilusión...


.c
w

Chica – Claro, hombre...


w

Hombre - De hecho, es una vieja fantasía...


w

Chica - Todo por el cliente.

Hombre - ¿Y no me puedo saltar el sexo?

Chica - Quiere pegarme un par de tiros y ya está.

Hombre – En el fondo, es mucho más fiel al propósito general de todo lo


que llevo en mi compra, ¿no?

Chica – Y tanto.

Chica le da una pistola.


Hombre – ¿Y no le va a saber mal a su hijo?

Chica – Hay que dar dignidad a la prostitución, la inmoralidad y la


muerte y llevarlas donde no deberían haber marchado nunca, del
consumo de masas. Y hay que asumirlas como si nos hubieran educado
desde pequeños para ello.

Hombre – Me dejas mucho más tranquilo.

Hombre se prepara para dispararla.

Chica – ¡Ah! ¡Y no se olvide volver!

Hombre le pega un par de tiros. Se detiene. Sigue disparando hasta que

t
vacía todo el cargador. Se detiene. Ríe. Coge las bolsas del suelo. Se va,

ca
mientras silva despreocupadamente una canción.

a.
Oscuro.
am
dr
an
al
at
.c
w
w
w
5.

El escenario es el interior de una gran caja, un cubo cuadrado rojo.


Aparece una chica con una caja roja en las manos.

Aquí mismo, en esta ciudad, pero hace mucho tiempo, mucho antes de
que hubiera la idea de ciudad, mucho antes de que nadie hubiera dado
un nombre a este lugar ni a nada a su alrededor, una chica descubrió en
medio de la hierba una caja roja. Era una caja perfecta, tan cuadrada,
reluciente y limpia que parecía imposible encontrarse algo tan precioso
en este lugar. Un regalo de los dioses que la chica decidió llevarse y
mostrar a aquellos con los que compartía casa. La ciudad donde vivía
era tan pobre y primitiva que aquella caja les reunió a todos a la espera
de abrirla y ver qué había dentro y qué les podía reportar.

t
ca
La caja de la chica se ilumina.

a.
La caja se iluminó y la chica escuchó atentamente las palabras que
am
parecían venir de dentro. “Trabajad para la nada y os haré ricos.” Todos
se sorprendieron de aquel mensaje y la chica receló de la caja. Muchos
dr

de los que habían visto imágenes del horror bélico dedujeron que la
nada era aquello que traía la guerra. La chica les explicó que alimentar
an

la guerra no podía ser bueno a la larga, pero sus compañeros


empezaron a hacer planes. En poco tiempo los talleres de la ciudad
al

quemaban de actividad haciendo tejidos y armas para la guerra de los


at

países vecinos.
.c

La caja se apaga.
w
w

La chica tiró la caja en el mismo descampado donde la encontró, donde


w

pronto se edificó un suntuoso palacio. La ciudad creció y se convirtió en


una de las más prosperas del momento hasta que la guerra llamó a sus
puertas y se llevó todo lo que había. Todo quedó reducido a cenizas, los
palacios fueron derrumbados y allí donde había edificios volvieron los
descampados, pero con ruinas que pisaban la hierba.

La caja se ilumina.

Muchos años después, la chica se hizo mayor y tuvo una hija, y ésta a
su vez tuvo otra. Y la nieta, caminando de nuevo por el descampado se
encontró de nuevo con la caja, que seguía ejerciendo la misma
fascinación de siempre. La chica no había vivido la guerra, ni tan sólo los
buenos tiempos que la precedieron, pero sabía hasta qué punto habían
sido afortunados en aquella ciudad en el pasado y pensó que merecían
volver a serlo. La caja se volvió a iluminar y la chica escuchó
atentamente las palabras que parecían venir de dentro.

La iluminación de la caja parece crecer.

“Trabajad para la nada y os haré ricos.” Todos se sorprendieron de aquel


mensaje y la chica receló de la caja. Muchos empezaron a pensar qué
podían significar aquellas palabras, pero dedujeron que nada tenía más
valor que sus casas y que habían de vaciarlas para dejar que otros más
adinerados las habitaran. La chica les explicó que alimentar aquella vacía
avaricia no podía ser bueno a la larga, pero sus conocidos comenzaron a
hacer planes: habías de ser idiota para no acumular tanto dinero como
fuera posible. En poco tiempo las casas de toda la ciudad se llenaron de

t
desconocidos huidizos que las habitaban puntualmente sin permitir que

ca
nadie las viviera realmente. Las calles de la ciudad quemaban llenando y
vaciando habitaciones a imagen y parecido de los paises más prosperos.

a.
La chica tiró la caja en el mismo descampado donde la encontró, donde
am
pronto se edificó un suntuoso hotel y ella se prometió recordar a sus
hijas y a sus nietas el peligro de la caja. Era necesario destruirla y
dr

apagarla para siempre jamás.


an

La caja se apaga.
al

La ciudad creció y se convirtió en una de las más exclusivas del


at

momento hasta que el exceso llamó a las puertas del lugar y se llevó
.c

todo lo que había. Los extranjeros substituyeron los nativos y la ciudad


murió. Se convirtió en una representación vacía de ella misma donde no
w

había ciudadanos, sino consumidores. Todo quedó reducido a cenizas


w

emocionales, donde las relaciones de los que vivían allí eran


w

constantemente derrumbadas y sólo quedaba una masa de carne


humana que pisaba el asfalto y hacía difícil ver el suelo por su constante
movimiento.

La caja se enciende.

Muchos años después, la chica se hizo mayor y tuvo una hija, y ésta a
su vez tuvo otra. Y la nieta, caminando por esta tierra de nadie se
encontró de nuevo con la caja, que seguía ejerciendo la misma
fascinación que siempre. La chica no había vivido en la ciudad, ni en
aquella parodia que la sustituía, pero sabía hasta qué punto habían sido
afortunados en aquella ciudad en el pasado y pensó que merecían volver
a serlo.
La iluminación de la caja parece crecer mientras el escenario se oscurece
de manera absoluta.

La caja se volvió a iluminar y la chica escuchó atentamente unas


palabras que parecían venir de dentro.

“Trabajad para la nada y os haré ricos.”

Entonces la chica recordó lo que le había contado su abuela y...

Por sorpresa, se abre la trampa central del teatro, o una puerta lateral,
por donde entra luz, y la narradora desaparece violentamente. La caja
se le escapa de las manos y queda fuera, abierta. Vuelve la luz del
escenario por un instante. Silencio.

t
ca
Oscuro.

a.
am
dr
an
al
at
.c
w
w
w
6.

Una comisaría de policía. Una agente vestida con gabardina y un hombre


que, como si nada, lleva clavados en la espalda seis puñales y una
flecha. La agente le da un par de vueltas, desconcertada.

Agente - Así que... ¿No quiere hablar?

Víctima - No lo sé... Tengo la impresión que siempre acabo hablando de


mí mismo y no es una imagen que quiera seguir dando a los demás...

Agente – Ya... Me puedo meter en su piel, pero debería saber que aquí
hay bastante más en juego...

Víctima - Sí, pero comprenda que no tengo ninguna obligación de hablar


con usted y en cambio lo estoy haciendo.

t
ca
Agente – Su información nos puede resultar de vital ayuda.

a.
Víctima - Sí, pero últimamente he pasado por una cierta melancolía y me
am
parece que la gente está harta de escucharme hablar sobre mí mismo...
dr

Agente - Puede creerme, yo no me hartaré.


an

Víctima - ¿Seguro?
al

Agente - Totalmente.
at

Víctima – Tengo un problema. Necesito estar constantemente


.c

haciéndome la víctima. Cuando alguien no me hace suficiente caso, la


culpa es suya. Si en el trabajo tengo algún problema, la culpa es del
w

supervisor. Que no llego a final de mes, el responsable es el gobierno.


w
w

Agente – Permítame que li diga que no pretendo hablar con usted de


ninguna circunstancia que sea rigurosamente personal, a menos que
afecte directamente a los hechos que nos atañen.

Víctima – Todo es personal. Si la borsa baja, te afecta. Si llueve o no, tú


acabas modificando tu agenda. Estoy completamente convencido que
todo te acaba afectando de una manera u otra.

Agente - No quiere hablar, ¿verdad?

Víctima - No es eso. Es lo que le dicho antes.

Agente - ¿Que no quiere hacerse la víctima?

Víctima - Exacto.
Agente – Pues créame, en este caso, lo es. Sino no habría una
ambulancia a 200 kilómetros por hora por el medio de la ciudad para
intentar salvarle de lo que parece el apuñalamiento más reiterado y
masoquista que he visto nunca.

Víctima - ¿Usted cree que he pasado de ser una víctima potencial a una
víctima de hecho?

Agente - Lo podría afirmar de manera bastante contundente.

Víctima – Pues no es una cosa que me haga sentir demasiado bien,


créame...

Agente - Seguro. Si habla o si nos da alguna mínima pista podría


ayudarnos decisivamente a descubrir a su asesino.

Víctima - Todavía no estoy muerto...

t
ca
Agente - Sí, de hecho, ese detalle también es bastante interesante.

a.
Víctima - Si le digo quien fue, ¿dejaré de ser una víctima?
am
Agente - Me temo que no...
dr

Víctima - Ya me lo imaginaba yo...


an

Agente - Pero, como mínimo, podrá morir en paz...


al

Víctima – Usted ya me ve muerto, ¿eh? A mi morir en paz tanto me da.


at

Fíjese, la gente no se acordará si al morir tenía alguna preocupación, en


.c

todo caso se quedarán con el detalle de la víctima. Créame, se lo digo


yo.
w
w

Agente - Y si publicamos un anuncio en el periódico a toda plana donde


w

quede claro que usted no resultó la víctima de ninguna de las maneras,


aunque paradójicamente murió en el asesinato... Entonces, ¿me dirá
quién fue?

Víctima – Fue Manolo, el vecino de enfrente.

Agente - Muy bien.

Víctima - Y ahora, ¿podríamos dejarlo un rato? Tengo un poco de dolor


de cabeza.

Agente – Lo siento. Deberíamos aclarar todos los detalles antes de que...


de que...

Víctima – ¿Antes de qué? ¡Pero qué manía con que voy a morir!
Escuche, ¿no le estoy atendiendo con toda la tranquilidad?
Agente – De acuerdo. Quiero decir antes de que... llegue la ambulancia.

Víctima – ¿No tarda mucho esta ambulancia?

Agente – Que venga cuando quiera, pero lo que importa es que usted
me explique...

Víctima – Ya no sé si tiene mucho sentido que venga, sinceramente...

Agente – Explíqueme qué llevó Manolo a apuñalarle tantas veces.

Víctima – No crea, la costumbre...

Agente – ¿La flecha también es suya?

Víctima – Creo que sí... Si no lo recuerdo mal...

t
ca
Agente – ¿Pero tenía algún móvil, alguna motivación en concreto, su

a.
vecino? am
Víctima – Primero vino a buscar un poco de sal, como todos, y cuando se
iba ya intuí que tenía una mirada asesina.
dr

Agente – No deja de ser consecuente.


an

Víctima – Después me pidió un martillo para colgar un cuadro.


al

Agente – Eso ya es mucho más peligroso.


at
.c

Víctima – Como quien no quiere la cosa, como de broma, me dio un


golpe con el martillo.
w
w

Agente – ¿Y no le denunció?
w

Víctima – Fue sólo un golpe, en mitad de la cara, casi no se notaba.

Agente – Hombre...

Víctima – Le digo que con las gafas casi no se notaba.

Agente – ¿Y usted no reaccionó de ninguna manera?

Víctima – Me lo plantee.

Agente – Bien hecho.

Víctima - Y se lo plantee a él también.

Agente – ¿Qué le planteó?


Víctima – Si había de plantear el hecho de plantearme, a lo mejor, algún
tipo de planteamiento.

Agente – Entiendo.

Víctima – Li dije que se lo planteara como si fuera una terapia


psicoanalítica o una sesión de meditación que hiciéramos juntos.

Agente - Y claro, eso tuvo consecuencias.

Víctima –Después de explicárselo me tiró por la ventana desde un cuarto


piso.

Agente – Y aquí fue cuando dijo basta.

Víctima – Decidí que no volvería a dejarle sal nunca más.

t
ca
Agente – Quizá debería haber sido más contundente.

a.
Víctima – Eso es muy fácil de decir.
am
Agente – Hay que marcar un poco de respeto.
dr

Víctima – Usted porque se dedica a esto y lleva una pistola en su


an

cartuchera, pero me gustaría verle en su casa.


al

Agente – ¿Y cuándo se decidió a denunciarle?


at

Víctima – No fui yo. La vecina de abajo vio como se había filtrado mi


.c

sangre después de días goteando.


w

Agente – ¿Días?
w
w

Víctima – Yo iba a lo mío... Siempre estoy atareado.

Agente – Debería haberse plantado. ¿Qué llevó Manolo a clavarle seis


puñales?

Víctima – Y una flecha.

Agente – Y una flecha.

Víctima – Oh, es que es muy puta, es la que va clavada más al fondo.

Agente – ¿Cómo consiguió una reacción así?

Víctima – Le invité al teatro.

Agente – ¿Qué me dice? Pero si ahora están superando la crisis...


Víctima – Parece que le cuesta aceptar la ficción.

La Víctima se acerca al Agente y se da cuenta que tiene una mancha de


sangre.

Víctima - ¿Eso no es sangre?

Agente - No, no, qué va...

Víctima - ¡Sí que lo es!

Agente – Debe ser suya...

Víctima – ¡Nada de eso!

t
ca
Víctima saca su gabardina a la Agente, aunque se resiste.

a.
Agente – Pero ¿qué está haciendo?
am
dr

Víctima descubre que la Agente tiene toda la camisa llena de impactos


de pistola.
an

Víctima – ¿Qué es todo esto?


al
at

Agente - Manchas de tomate.


.c

Víctima – Esto no es tomate.


w
w

Agente – ¡Devuélvame la gabardina!


w

Pausa.

Víctima - La ambulancia no llegará nunca, ¿verdad?

La Agente no sabe qué decir.

Agente – No le puedo engañar.

Pausa breve.

Víctima - No hay cura para esto que tenemos.


Agente - Usted no puede ser atendido por...

Víctima – Ni usted. La cura no existe.

Agente - Yo tampoco quiero hacerme la víctima...

Víctima - Ya lo entiendo todo...

Víctima se abraza con la Agente. Pausa.

Agente - Pero yo tengo que ocultarlo.

Víctima - Claro.

t
Agente – Me comprende, ¿verdad?

ca
Víctima - Claro.

a.
am
La Agente se muestra desconsolada.
dr

Agente - Nos disparamos... Cuando vuelvo a casa... Con mi pareja...


Cada noche...
an

Víctima - Tranquila...
al
at

Agente – No lo podemos evitar... De verdad, ¡no lo podemos evitar!


.c
w

Víctima – Claro...
w

Agente – Con los años casi ni sentimos dolor, simplemente nos


w

disparamos...

Víctima – Cuando ya no pueden más...

Agente – Sí. Al principio nos asustamos un poco, pero ahora ya es una


costumbre que mantenemos...

Víctima – Una costumbre, como lo mío...

Agente – Ahora mismo no entenderíamos nuestra cotidianidad sin


vaciarnos un cargador cada día.

Víctima - Es una manera de relacionarse.


Agente - El brazo derecho lo tengo casi apedazado de tantos impactos
de bala...

Víctima – Se trata de una manera de tratarnos… Como cualquier otra.

Agente – Alguien diría que es una barbaridad.

Víctima – Yo diría que no hay nada que le haga más humana.

Agente - Le diría que a veces casi parece que nos lo pasamos bien.

Víctima – Claro...

Agente - Detrás de su dolor a veces no puedo evitar descubrir una cierta

t
sonrisa cómplice.

ca
Víctima sonríe.

a.
am
Víctima – Tiene todo el sentido.
dr

La Agente sonríe. Pausa. La Agente saca una pistola de un cajón y se la


da a la Víctima.
an

Agente – Pongamos a prueba nuestra humanidad.


al
at

La Agente y la Víctima se disparan largamente, hasta acabar


.c

irreconocibles. Oscuro.
w
w
w
7.

La cabina de un avión. El piloto se dispone a dirigirse a los pasajeros.

Buenas tardes. Les habla el piloto.

Pausa.

Ehhh...

Pausa.

Lo que les explicaré ahora mismo... será... será olvidado. Nadie lo


recordará. Quizá con los años cuando alguien hable de esto, de esta

t
situación, se recordará el nombre de la compañía y algunos con más

ca
memoria el número de vuelo, la destinación o la hora de embarco. Pero
esto que les diré, esta grabación, de hecho... En definitiva, lo que les

a.
explicaré, lo que haya registrado en la caja negra, será olvidado, se
am
perderá. Intencionadamente. Nadie lo recordará. Nadie querrá
recordarlo.
dr

Pausa.
an

¿Por dónde puedo empezar?


al
at

Se oye como llaman a la puerta.


.c
w

Bueno, primero debo decirles, a todos, a ustedes y a la tripulación, a


todos, debo decirles que no hay ninguna razón para preocuparse por lo
w

que pueda explicarles, ni por la atención que pueda dedicar mientras el


w

avión vuela. Los pilotos tenemos poco trabajo más allá del ascenso y el
descenso. Lo digo de verdad. Soy plenamente consciente del rumbo, del
rumbo que han elegido todos. Y eso es lo que importa. Todo ha sido
planificado y determinado mucho antes de que ustedes o yo mismo
entrásemos en el avión.

Pausa breve.

Normalmente el piloto interrumpe la rutina del vuelo para exponer datos


sobre el tiempo en el lugar de destino o sobre la situación del vuelo en el
mapa. Esta vez será distinto. Sea como sea, vaya por delante que les
agradeceré su atención.
Pausa.

Imagino que cuando el piloto de un avión decide dirigirse


simultáneamente al pasaje y a su tripulación para exponerles algo íntimo
y privado debe ser porque tiene una cierta excepcionalidad. Felicitar de
un aniversario, una boda, un pasajero galardonado... No creo que sea el
caso. Lo que les explicaré no es trascendente ni será recordado, aunque
creo que es coherente, creo que debo hacerlo. Coherente conmigo o
coherente con los tiempos que vivimos, no lo sé. Sí, quizá sea más bien
sobre el ‘Zeitgeist’. ¿Les suena la palabra? Tiene origen alemán y
significa algo parecido al espíritu del tiempo. Bueno, espero que tenga
que ver con todo.

Pausa.

t
ca
Cuando tenía 20 años intenté matarme. Como mínimo lo planifiqué para
que fuera así. Aunque no me salí con la mía. Parece evidente, ¿no?

a.
am
Se oye un fuerte golpe en la puerta.
dr

Sé que esto les habrá alarmado a todos. No hay ninguna razón para
hacerlo. Me pueden creer. No cambiaré el rumbo, su rumbo. También
an

imagino que les habrá venido a la cabeza alguna situación similar, como
la de German Wings. Les entiendo. Y hasta cierto punto puedo
al

comprenderles.
at
.c

Pausa corta.
w

Los más astutos habrán intuido ya que una persona que hace una
w

sentencia así a sus pasajeros, con su tripulación escuchando, sabiendo


w

que la compañía tarde o temprano lo sabrá, pues, en fin, sabe que habrá
unas ciertas consecuencias, ¿no? Un antes y un después como mínimo.

Hay diversas y crecientes réplicas de los golpes a la puerta.

De entrada es una irregularidad cerrar la puerta para que tu compañero


de cabina y copiloto no pueda entrar de nuevo. Lo sé. Lo asumo. Me
sabe mal haber traicionado su confianza. Y, pese a todo, les pido que me
escuchen. Os pido que me escuchéis. Una vez acabe todo esto, todo
quedará mucho más claro. Creedme. No quiero hacer nada que cambie
lo que ya está previsto.

Pausa.
¿Por dónde iba? Ah, sí. Con 20 años me quería matar.

Pausa breve.

Lo tuve en la cabeza constantemente durante toda mi adolescencia,


desde hacía mucho tiempo, y supongo que fue entonces cuando decidí
que era el momento adecuado. Decidí que lo haría en un país extranjero
para evitar que nadie de mi familia tuviera que sufrir por verme a
pedazos en medio de una vía. Dejarse caer a una vía del tren de un país
lejano, sin ningún documento en el bolsillo me hacía pensar que sería
más fácil para todos. No lo sé. Eso es lo que pensaba. Planifiqué irme un
día que no hubiera nadie en casa por algún motivo u otro y que fuera
difícil echarme a faltar durante un tiempo. Repartí mis pocas
propiedades entre mis amigos, en aquel momento muy pocas, cuatro

t
cómics y cuatro películas, e hice alguna declaración amorosa que debía

ca
dejar a alguien muy fuera de juego. Pero eran formas de decir adiós.
También he bromeado sobre el tema en muchas ocasiones con

a.
amistades que no sabían si tomarme en serio o no. Siempre agradecía
am
secretamente a los que lo hacían, de verdad.
dr

Los golpes a la puerta crecen y se unen a gritos, cada vez más


desesperados.
an

Supongo que es una actitud que siempre he llevado encima. Incluso me


al

he llegado a preguntar si la comparto con una generación que ha


at

decidido convertirla en su manera preferida de salir de este juego, las


.c

cifras hablan por ellas mismas, o quizá simplemente la comparto con mi


familia, que siempre ha tenido una cierta actitud nihilista nada
w

disimulada. Siempre he pensado que mi abuela se suicidó en secreto y


w

que eso generó en todos un cierto pesar secreto, aplicado a la forma de


w

tratar a los demás o a cierta negror a la hora de ver la vida. Quién sabe.
Seguro que no son sentimientos tan lejanos, ¿no? Seguro que alguno de
los pasajeros se ha sentido así. Es más común de lo que parece.

Pausa breve.

¿Saben aquello de ‘O eres mi hermano o te mato’? La frase no es mía, ni


tan solo es de mi propio hermano, pero es apropiada a este caso. Hay
una razón por la cual no me suicidé a los 20 años, por la cual lo frené
todo en ese momento. Una llamada telefónica extrañamente emotiva
precisamente de mi hermano, que me hizo coger a la vida cuando no
había nada a lo que cogerse. ‘O eres mi hermano o te mato’ quizá se
podía aplicar a aquella llamada, pero ¿se puede aplicar a todo lo que
hacemos en nuestra vida cotidiana, a todos con los que compartimos
asiento ahora mismo, con los que estamos separados por una cortina
respecto la clase preferente? No me lo parece, sinceramente. Y no veo
tampoco a mi hermano creérselo ahora mismo. ¿Tiene sentido la frase si
no se puede aplicar a todos? ¿Hay algún lugar menos fraterno que el
interior de un avión?

Pausa breve. Los golpes y los gritos cesan un instante. Vemos


progresivamente como el avión ha cogido un rumbo que lo aproxima a
una zona montañosa.

Tampoco sé si conseguiréis entrar a tiempo en la cabina o no. Cuando vi


la tragedia de German Wings pensé que no podía haber menos
fraternidad en una acción concreta. O en una falta de acción, si no hizo

t
nada para que chocaran.

ca
Los gritos y los golpes se vuelven desesperados.

a.
am
Y también pensé que no podía haber una situación donde se reflejara
mejor el ‘Zeitgeist’, el espíritu del tiempo. El menosprecio cotidiano y la
dr

desesperación interior aplicados masivamente desde la soledad dentro


de una cabina de avión. ‘O eres mi hermano o te mato.’ Pues eso.
an

Pausa. Vemos como el rumbo del vuelo le acerca progresivamente a una


al

montaña.
at
.c

Yo no he marcado este rumbo. De verdad. Lo ha hecho alguien, mal,


quizá por error, quizá porque iba rápido y aplicó las coordenadas
w

erróneamente o quizá porque no le importaba, porque tenía otras cosas


w

más importantes que solucionar. Pero nos vamos directos hacia una
w

montaña. En breves minutos. Un error, seguro. No sé quién lo ha


cometido, pero parece claro e irreversible. La pregunta es si debo
corregirlo yo, precisamente, el rumbo. ¿No sería eso corregir el signo de
los tiempos? ¿Ir en contra del ‘Zeitgeist’? No lo sé. Antes les he dicho
que se preocupasen porque de hecho éste es su rumbo, el rumbo que ya
habíamos decidido llevar todos. Les he visto mirarse entre ustedes,
cuando las cortinas les han separado para no herir las sensibilidades al
repartir los diferentes menús, cuando han visto avanzando por una cola
prioritaria a otra persona, cuando han reclinado su asiento sin importarle
qué hacía el de atrás, cuando les ha tocado sentarse al lado de alguien
que era demasiado gordo, demasiado marrón, demasiado lo que sea.

Pausa.
La propia compañía es culpable también de este rumbo, por eso cuando
encuentren esta grabación, harán todo lo posible para ocultarla, para
que la olvide todo el mundo. Nadie recordará estas palabras que estáis
escuchando. Dirán que no había nada registrado en la caja negra o que
todo era un largo silencio en el descenso hacia el impacto.

Pausa.

Ese era nuestro rumbo. Todo nos lleva inexorablemente hacia aquí.

Pausa.

Preferir ser hermanos los unos de los otros o morir. Encenderé la luz del
avión una última vez.

t
ca
Se encienden las luces de la platea.

a.
Mírense un momento a ustedes mismos, no individualmente, mírense
am
como colectivo. Gírense, atrás o adelante, depende de donde estén
sentados. Hacia la derecha o la izquierda. Mírense como un colectivo,
dr

como si fueran uno.


an

Pausa.
al

Saben perfectamente donde van a ir a parar.


at
.c

Pausa.
w

¿De verdad vale la pena?


w
w

El choque con la montaña parece inevitable. Oscuro.

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