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Abstencionismo 2.3

El documento aborda el abstencionismo y ausentismo electoral, diferenciando entre ambos conceptos y analizando sus causas y consecuencias en el contexto democrático. Se discuten factores estructurales, institucionales y contingentes que afectan la participación electoral, así como la evolución histórica del ausentismo en Perú. Se concluye con propuestas para abordar estos fenómenos y mejorar la participación ciudadana en los procesos electorales.

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Abstencionismo 2.3

El documento aborda el abstencionismo y ausentismo electoral, diferenciando entre ambos conceptos y analizando sus causas y consecuencias en el contexto democrático. Se discuten factores estructurales, institucionales y contingentes que afectan la participación electoral, así como la evolución histórica del ausentismo en Perú. Se concluye con propuestas para abordar estos fenómenos y mejorar la participación ciudadana en los procesos electorales.

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UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE LOS ANDES – FILIAL CUSCO

FACULTAD DE CIENCIAS JURIDICAS, CONTABLES Y SOCIALES

ESCUELA PROFESIONAL DE DERECHO

DERECHO
ELECTORAL
DERECHO ELECTORAL

TEMA: ABSTENCIONISMO y AUSENTISMO

DOCENTE: Mgt. Gorky Alberto Andrade Tecsi

ALUMNOS:

Altamirano Quispe, Isabel Jasmin

Palma Timpo, David Israel

CUSCO - PERÚ

2024
INDICE
INTRODUCCION .....................................................................................................................3

CAPITULO I .............................................................................................................................4

ABSTENCIONISMO ................................................................................................................4

LA NATURALEZA DEL VOTO COMO MEDIDA DEL ABSTENCIONISMO............5

IMPLICACIONES DEL ABSTENCIONISMO.................................................................6

CAPITULO II............................................................................................................................9

AUSENTISMO..........................................................................................................................9

Ámbito estructural:............................................................................................................10

Ámbito institucional:.........................................................................................................10

Ámbito contingente:..........................................................................................................11

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL AUSENTISMO EN EL PERÚ ..................................12

CONTEXTO ELECTORAL.............................................................................................14

COMO SOLUCIONAR EL ABSTENCIONISMO Y EL AUSENTISMO............................19

CONCLUSION........................................................................................................................21

BIBLIOGRAFIA .....................................................................................................................22

INTRODUCCION

La democracia es el sistema que tiene como uno de sus fundamentos principales la

participación política. La participación es tan vital para la democracia como la sangre para el

cuerpo, por lo que una mayor participación impacta en su buena salud; lo contrario también

es cierto. Lo opuesto, la antípoda, lo que niega la participación, es lo que se denomina

abstencionismo. Si bien es frecuente encontrar que el término abstencionismo se emplea de

manera alternativa como sinónimo de ausentismo, en realidad no son iguales. Este artículo

tratará de mostrar estas diferencias, y comprender sus orígenes, impactos y las probables

respuestas frente a los problemas que plantean.


El ausentismo y el abstencionismo son fenómenos que afectan significativamente la

dinámica de los procesos electorales y la calidad de la democracia en cualquier país. Aunque

a menudo se utilizan de manera intercambiable, estos términos tienen matices diferentes en su

aplicación y significado.

CAPITULO I

ABSTENCIONISMO

El Diccionario electoral define abstencionismo como “la no participación en el acto de

votar de quienes tienen derecho a ello, es un indicador de la participación: muestra el

porcentaje de los no votantes sobre el total de los que tienen derecho de voto” (Alcubilla,

2000: 1). En este caso el término se define de manera negativa, esto es, por la contraposición

entre participantes y abstencionistas en un proceso determinado, y el factor diferenciador

entre ambas categorías, es el hecho de ejercer efectivamente el sufragio.

Otros autores ven el abstencionismo más bien como la escogencia de un

comportamiento distinto del de sufragar por una de las opciones en un proceso determinado.

En efecto, para algunos existe lo que se denomina “abstención activa”, que se expresaría en

los votos en blanco y aun en los votos nulos, esto es, en la votación que, producida en las

urnas, se separa de las opciones, partidarias o individuales, abiertas al electorado (Hernández

Bravo, 2004). En esta concepción, la no concurrencia a la mesa electoral, el ausentismo

electoral, se uniría a la votación expresada en las papeletas en blanco o anuladas

intencionalmente en la conformación de la categoría mayor, el abstencionismo. Para los

efectos del presente documento, preferimos afiliarnos a la mayor parte de la doctrina y excluir

de la definición de abstencionismo aquellos casos en que el elector concurre a la votación y

ejerce su derecho a voto, ya que consideramos que el campo abarcado por el abstencionismo

es suficientemente amplio y complejo en su entidad como para añadirle manifestaciones de


voluntad similares en algunos aspectos, pero distantes en otros, puesto que quien concurre a

las urnas y emite un voto en blanco tiene más elementos en común al menos objetivamente

hablando con quien vota por un partido determinado que con quien no

concurre al recinto de votación. En tal sentido, abstencionismo y ausentismo serían conceptos

paralelos.

En primer lugar, deberíamos distinguir los casos en que el abstencionismo se produce

por factores objetivamente ajenos a la voluntad del potencial elector. Entre ellos, lo que

Alcubilla (2000) llama “abstención estructural”, esto es, derivada de la estructura misma del

proceso electoral. Probablemente, las principales causas de este fenómeno se encuentran en el

padrón electoral y en la ubicación de los centros de votación. En efecto, todo padrón electoral

contiene un margen de electores que objetivamente no pueden ejercer el voto. Aun sin

considerar el margen de error que significan los difuntos recientes, son numerosos los que

han perdido su documento habilitante para el voto, los que han emigrado al extranjero o se

encuentran en él temporalmente, los que han trasladado su domicilio después de cerrada la

etapa para modificación del padrón electoral; son todos casos en que el abstencionismo no es

consecuencia de la decisión voluntaria de un elector potencial. Lo mismo es cierto en los

casos en que el elector es trasladado de recinto sin que se le informe de la nueva ubicación y

sin que funcionen oportunamente los mecanismos previstos para comunicar el nuevo puesto

de votación

LA NATURALEZA DEL VOTO COMO MEDIDA DEL ABSTENCIONISMO

No todos los sistemas jurídicos latinoamericanos —o de otras latitudes— conciben el voto de

la misma manera y, por lo tanto, asignan diversas consecuencias a su ejercicio o a la

abstención. El común denominador, por lo demás internacionalmente reconocido, es que el


sufragio es el ejercicio de un derecho cuya protección está garantizada por diversas ramas del

ordenamiento jurídico. Por ello, el sentido mismo del derecho electoral en una sociedad

auténticamente democrática gira en torno a las formas de garantía de este derecho y de las

condiciones que un proceso electoral debe reunir para que el voto adquiera su verdadera

dimensión.Si el voto es el ejercicio de un derecho, lo que importa es que existan las

condiciones jurídicas, estructurales y procesales para hacerlo viable y para asegurar que se

contabilice y se respete como expresión de la voluntad de la ciudadanía. Éste es el caso de

Colombia o Guatemala. Como bien se entiende, la abstención no pasa en este caso de ser una

conducta legítima, cuya interpretación compete a diversas corrientes, pero que poco tiene que

ver con el derecho electoral, hasta que no se conciba como generadora de instituciones

jurídicas. Pero la noción del voto como un derecho no es única ni está exenta de matices en la

doctrina y en las fórmulas jurídicas (Fernández Segado, 2000). Para algunos, más que tratarse

de un derecho, y sin negar su condición de tal, en el voto estamos en presencia de una función,

esto es, un papel asignado a la ciudadanía para determinar la continuidad de las instituciones

por medio de la escogencia de los respectivos representantes, esto es, un elemento en la

construcción de la mayoría como forma de designación de representantes. En esta concepción,

el voto es un deber, o puede ser percibido como tal. Es esta segunda noción la que a menudo

alimenta la prescripción del voto como un deber en buena parte de los ordenamientos jurídicos

latinoamericanos.Y de esta concepción derivan otras consecuencias, distintas de las de

garantía que se desprenden del voto como un derecho. Si es un deber, su incumplimiento

podría acarrear responsabilidades diversas. Si no acarrea ninguna consecuencia, hablaríamos

del voto como deber sin sanción por no ejercicio. Es el caso de Costa Rica. En este supuesto,

la abstención sería el incumplimiento de un deber sin consecuencias jurídicas.

IMPLICACIONES DEL ABSTENCIONISMO

Como se verá, hay una variedad de juicios relativos a la importancia y el significado del
abstencionismo, algunos de los cuales difieren en función del tipo de abstencionismo de que

se hable, tema que ya esbozamos. Los más extremos varían desde interpretar un creciente o

persistente abstencionismo como una amenaza a la vigencia del régimen democrático hasta

considerarlo una escogencia racional en virtud del “costo asociado” con el acto de votar

(Verba y Nie, 1972; Riker et al., 1968). Probablemente ambas posiciones encierran una

verdad parcial. Hay, seguramente, algunos que se abstienen porque han perdido la fe en la

democracia como sistema13 y hay, ciertamente, otros que no concurren a las urnas porque en

su forma de vida el voto es oneroso frente a sus demás actividades y porque posiblemente no

consideran indispensable su participación particular en el proceso democrático o aun porque

confían en el resultado sin importarles una opción partidaria concreta. En el fondo, existe una

diferencia de concepción del voto y su ejercicio que no debe desconocerse. En una posición

“liberal” —vinculada ciertamente con el régimen que preceptúa el voto exclusivamente como

un derecho— el ejercicio del voto es un acto potestativo y la abstención una manifestación de

esa potestad. En la posición contraria, “funcionalista”, el voto se ve como un deber y una

función y no ejercerlo es un incumplimiento —relacionada esta posición con el régimen de

voto obligatorio—.14 Pero hay variaciones entre las posiciones. Así, uno de los factores

importantes, al que, por ejemplo, la doctrina estadunidense ha dedicado especial tiempo,

esfuerzo y propuestas, es el de determinar cuál sea el costo del voto, en términos relativos y

para una persona determinada, teniendo en consideración el posible beneficio que derive del

triunfo de una opción política, por ejemplo, frente a la pérdida de una eventual ganancia

económica en el tiempo que se emplee para concurrir a las urnas, en un sistema en el cual las

elecciones se realizan en un día laboral (véase Riker et al., 1968). De la misma manera habrá

quienes recurran al abstencionismo como una forma de protesta, sea contra el sistema o bien

contra la oferta partidaria o las opciones abiertas para el respectivo proceso15 y quienes se

mantengan al margen porque les es indiferente —en un sentido no necesariamente negativo—

quien resulte electo. Puede argumentarse, mientras no se viole ninguna disposición


específica,16 que el abstencionismo es una forma de expresión, en tanto la disconformidad es

válida y sana en toda sociedad democrática.

CAPITULO II

AUSENTISMO

Ausentismo electoral es definido como el hecho en el cual un conjunto de ciudadanos

no realiza el acto de sufragio. Esto, sin embargo, incluye a dos grupos: aquellos que

voluntariamente decidieron dejar de participar en el acto electoral, a quienes se les denomina

abstencionistas; y los que queriendo votar no pudieron hacerlo, es decir, para estos últimos el

no sufragar es un acto involuntario. El ausentismo electoral puede ser estudiado como un

indicador de la participación si se tiene en cuenta el porcentaje de los no-votantes sobre el

total de los que tienen derecho de voto (NO-HALEN 2004: 143; TUESTA 2003: 54;

ALCUBILLA 2000: 3).

El abstencionismo, subconjunto del ausentismo electoral, se concibe como un

fenómeno voluntario dentro del marco de funcionamiento de las democracias modernas. En

este caso, el ciudadano decide no votar por diversas razones; por ejemplo, si no está de

acuerdo con el sistema democrático, o por apatía sobre los efectos del voto, o rechazo a la

oferta de las candidaturas en competencia, entre otras razones. Este tipo de abstencionismo es

definido por Alcubilla como «abstencionismo político oracional» (2000: 3).

El segundo grupo comprendido dentro del ausentismo electoral está constituido por

aquellos ciudadanos que quisieron votar pero no pudieron hacerlo. Varias son las razones que

explican este hecho. Entre las causas que denominamos endógenas se encuentran la carencia

de recursos económicos, la no inscripción en los registros correspondientes, tener mal estado

de salud, entre otras. El otro grupo de razones,llamadas exógenas, agrupa eventos como por

ejemplo la falta de mesas de votación en determinados lugares, desastres naturales,

intimidación de grupos armados, lejanía del local de votación, dificultades técnicas del
padrón electoral, etc. Este tipo de ausentismo es clasificado por Alcubilla como

«abstencionismo técnico» y gran parte de las razones expuestas deben ser tomadas en

consideración por los administradores y gestores electorales (ALCUBILLA 2000: 3). Por lo

definido hasta aquí es posible clasificar las causas del ausentismo en tres ámbitos: estructural,

institucional y contingente. Éstos, a su vez, nos derivan a determinadas variables (NOHLEN

2004; ZOVAITO 2003, TUESTA 2003, ALCUBILLA 2000) que pasaremos a detallar:

Ámbito estructural:

1. Composición étnica del electorado.

2. Nivel educativo.

3. Cultura política.

4. Religión; sistema de comunicaciones.

5. Zona en que se reside (rural/urbano).

6. Grado de desarrollo económico.

7. Concepción del voto por parte del electorado como derecho o deber.

Ámbito institucional:

1. Características del sistema electoral.

2. Legislación sobre el proceso de empadronamiento y la votación misma.

3. Modo de registro de los electores.

4. Tipo de competencia entre partidos políticos.

5. Grado de movilización del electorado a través de los programas (polarización).

6. Desempeño del gobierno saliente.

7. Expectativas vinculadas a los candidatos en competencia.

8. Rechazo al sistema democrático porque se procura otro.

9. Apatía en relación con los efectos que pueda producir el voto.


10. Percepción de fraude en el proceso electoral.
11. Rechazo vinculado a las decisiones de gestión electoral.

12. Ausencia de renovación de la clase política.

13. Naturaleza de los vínculos entre los partidos políticos y principales grupos de

pertenencia (expectativas).

Ámbito contingente:

1. Imposibilidad de movilización del elector al lugar de votación (enfermedad, distancia,

etc.).

2. criterios de elección racional.

3. Tipo de proceso electoral (donde las elecciones presidenciales cobran mayor

importancia que las municipales).

4. Fecha de la elección.

5. Naturaleza de las elecciones (si hay una transición democrática o se tienen elecciones

presidenciales, el ausentismo es menor que en las elecciones congresales o

municipales).

6. Locales de votación ubicados en lugares de difícil acceso.

7. Dificultad y costos de inscripció.

8. Desconocimiento o dificultad en la distribución territorial de los locales de votación.

9. Cambio domiciliario no reportado.

10. Altos costos para desplazarse al local de votación.

11. Desastres naturales.

12. Ausencia de voto en el extranjero (mesa de transeúntes, etc.).

13. Intimidación de grupos armados.


EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL AUSENTISMO EN EL PERÚ

El comportamiento histórico del ausentismo electoral en el Perú, en sus esferas


presidencial y subnacional (1962-2002), puede ser explicado de la siguiente manera: En lo

referente al ausentismo en las elecciones presidenciales, encontramos tres hitos claramente

definidos. El primero corresponde a 1963, cuando alcanzó un índice cercano al 5%; el

segundo hito se da en 1985, con un ausentismo del orden del 10%; mientras que el tercer hito

ocurrió el año 2000, donde este porcentaje bordeó el 17%. Los dos primeros hitos

comprenden un período de alta variabilidad de la tasa del ausentismo. En contraste, el período

abierto a partir del 2000 muestra cierta estabilidad en esta tasa. La explicación del hito de

1963 posiblemente responda a aspectos institucionales entre los que se pueden enumerar: el

efecto de la depuración del padrón electoral (ley 14207); la expedición de una nueva ley de

elecciones políticas (decreto legislativo 14250) y la nueva ley de elecciones municipales, ley

14669 (PANIAGUA 2003: 63). Para entender el hito de 1985 debemos tomar en

consideración la renovación del registro electoral nacional, las intensas campañas a favor de

la participación democrática en contraposición al discurso de la violencia política iniciada por

Sendero Luminoso (SL) y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), y el rápido

desgaste político del segundo gobierno de Belaunde.

El hito del año 2000 se corresponde con el endurecimiento de las penalidades por no

ir a sufragar; sin embargo, el ausentismo baja pero no tanto como en los casos de los hitos

revisados antes debido a que, entre otras razones, el padrón no fue depurado oportunamente.

A esto confluyó la presión política de Fujimori para ser reelegido por tercera vez como

presidente del país. Todo ello conllevó a la promulgación de una serie de normas electorales

aparentemente contradictorias: la ley 27190 del 3 de noviembre de 1999, donde se rebajó el

monto de las multas a los ciudadanos omisos a los anteriores procesos electorales y el

comunicado 008-2000-GIEE de la ONPE del 21 de mayo de 2000 en el cual se establecía que

aquellos omisos al proceso electoral quedaban inhabilitados para acreditar su identidad,

aspecto que fue cuestionado por la Defensoría del Pueblo (PANIAGUA 2003: 67).
En lo referente a las elecciones subnacionales (municipales y regionales), lo más

resaltante que se puede apreciar es que el ausentismo es más alto que el de las elecciones

presidenciales. En efecto, si se observa el pico de ausentismo más alto de las elecciones

presidenciales del período de estudio encontramos que corresponde al año 1995, donde se

presenta un ausentismo del 25%. En cambio, el ausentismo más alto de los procesos

electorales subnacionales se registra el año 1983, con un índice de 35%. Podemos apreciar

también que los hitos de ausentismo más bajos han coincidido con los observados en las

elecciones presidenciales.

El alto índice de ausentismo observado en las elecciones subnacionales se encuentra

explicado básicamente porque la población percibe que sufragar en una elección subnacional

probablemente no resuelva sus problemas de bienestar como sí sucedería participando en las

elecciones presidenciales. Ello, aunado con los costos de traslado hacia la mesa de votación,

posiblemente haya presionado un mayor grado de ausentismo que el observado en las

elecciones presidenciales. Otro factor de importancia que reforzó el ausentismo fue la

violencia política, a través de dos fenómenos poblacionales: el incremento de decesos y la

migración. Ambos fenómenos parece ser que tuvieron un efecto directo en el deterioro del

padrón electoral.

CONTEXTO ELECTORAL

Movilización social y violencia terrorista :

El año preelectoral de 1984 concluyó con una grave crisis económica, con más de 110%

de inflación y más de 150% de devaluación, junto con graves conflictos sociales como

consecuencia de las demandas por aumentos salariales y mejores condiciones de vida.

Asimismo, fue un año de enfrentamientos armados, atentados terroristas, muertes, también de

violaciones de los derechos humanos, desapariciones de ciudadanos en las provincias


declaradas en emergencia, hallazgos de tumbas colectivas y clandestinas (DESCO. RESUMEN

SEMANAL 28.12-3.1.85: 1).

El panorama no cambió durante 1985. La inflación subió a 158,3%. Las

movilizaciones sociales continuaron. En marzo, la CITE inició una huelga indefinida, a ella

se unieron los trabajadores de la Corporación Peruana de Aeropuertos y Aviación Comercial

S.A. (Corpac), Canal 7, Ministerio de Justicia, SUTEP, Seguro Social, Municipalidad de

Lima y JNE. Después de 22 días de paralización, el gobierno aceptó casi todas las demandas

de los huelguistas, entre ellas el aumento de las remuneraciones; entonces los trabajadores del

CITE, SUTEP, JNE y de la Municipalidad de Lima levantaron la huelga.

Las tácticas sangrientas del PCP-SL y del MRTA para anular las elecciones El

contexto electoral estuvo marcado también por las acciones violentas del PCP-SL y, desde

1984, del MRTA. Ambos incitaron a la población a sumarse a la lucha armada contra «el

hambre, la miseria y la pobreza». Intentaron obstaculizar las elecciones de 1985 intimidando

a los ciudadanos y a los dirigentes a través del asesinato de autoridades locales.

Por ejemplo, en el mes de febrero de 1985 asesinaron al teniente alcalde pepecista de

Ticlayán, en el departamento de Cerro de Pasco, luego de someterlo a un «juicio popular»

(LA REPÚBLICA 9.2.85). En Acro (Mariscal Luzuriaga) mataron al alcalde de AP delante

de los pobladores por «ser el culpable del atraso y miseria del pueblo». En la localidad de

Sutica (Pampa, Cangallo) ajusticiaron al teniente gobernador y a su familia (DESCO.

RESUMEN SEMANAL 30.3-4.4.85: 6). En marzo, ejecutaron en Totos (Huamanga) al

alcalde de Pampacangallo (DESCO. RESUMEN SEMANAL 19-25.4.85: 7).

El mismo día de las elecciones, 14 de abril, en San Juan Salinas (Azángaro)

eliminaron a su alcalde (DESCO. RESUMEN SEMANAL 7-13.6.85: 6). Esta situación

empeoró aún más la vida política del país. Asimismo, el PCP-SL y el MRTA en su intento de
interrumpir las elecciones generales de 1985 dirigieron sus acciones terroristas contra los

candidatos y locales políticos.

Por ejemplo, en el mes de marzo, en Huancayo, dinamitaron el local de IU mientras se

realizaba un mitin. Hasta en dos oportunidades destruyeron los locales políticos del PPC,

APRA y UNIR. En Huánuco atentaron contra un candidato de AP. En Arequipa, atacaron el

local del APRA y a militantes apristas con armas de fuego y dinamita (DESCO. RESUMEN

SEMANAL 19-25.4.85: 7).

En el mes de abril, nuevamente en Huancayo, hicieron explotar el local del registro

electoral y el del APRA. En Lima, atentaron con «bomba motolov» contra el local del APRA

en Chorrillos. El día previo a las elecciones, en diversos lugares, atacaron seis locales del

PPC y uno de FDUN; el 14 de abril, día de las elecciones, hubo intentos de dinamitar hasta

siete colegios donde se habían instalado mesas de sufragio en diversos lugares de la capital

(DESCO. RESUMEN SEMANAL 7-13.6.85: 6-7). Sin embargo, los atentados no sólo fueron

selectivos, dirigidos a autoridades locales, candidatos políticos y locales partidarios, sino

también fueron generales. En los primeros días de abril, según información de algunos

viajeros, en la carretera a Tingo María bandas terroristas emboscaron a los vehículos y

requisaron las libretas electorales de los pasajeros para inutilizarlas con el sello del «símbolo

de la hoz y el martillo atravesado con una inscripción que dice “¡Viva el presidente

Gonzalo!”. Los viajeros que se resisten a entregar tal documento son asesinados sin piedad»

(OIGA 8.4.85: 10). Según el Prefecto de Pasco, Rafael Suárez Escurra, la célula terrorista

«Edith Lagos» asolaba pequeñas comunidades en las provincias de Oxapampa y Daniel

Alcides Carrión destruyendo los documentos de identidad de los pobladores y dejando en las

paredes la inscripción de «¡Viva el presidente Gonzalo!» (OIGA 8.4.85: 10). Al parecer estos

actos violentos no garantizaban a los terroristas el fracaso de las elecciones y continuaron

esparciendo terror en la población de manera más directa. Así, en Huancavelica y Ayacucho


un grupo terrorista del PCP-SL mutiló los dedos de campesinos, entre hombres y mujeres, por

el hecho de portar sus libretas electorales y afirmar que iban a votar en las elecciones (LA

REPÚBLICA 12.4.85). Además el PCP-SL, en su objetivo de obstaculizar las elecciones,

decretó en Ayacucho un paro general para los días 13, 14 y 15 de abril. Dicha medida debía

ser cumplida por todo el pueblo ayacuchano. Pese a ello, las elecciones se realizaron en todo

el territorio del departamento de Ayacucho, incluso en aquellas provincias donde

anteriormente se habían suspendido las elecciones municipales de 1983. Frente a las

amenazas del PCP-SL y del MRTA, el gobierno dispuso que el 14 de abril de 1985 las

elecciones fueran protegidas por 60 mil policías provenientes de las tres instituciones

policiales: Guardia Civil, Policía de Investigaciones y Guardia Republicana (LA

REPÚBLICA 9.4.85). El resultado de la jornada electoral fue exitoso porque la mayoría de la

población acudió a los locales de votación, pese a las amenazas de dichos grupos terroristas.

El resultado de las elecciones incluso mostró una baja en la proporción de electores ausentes

con respecto a las elecciones generales pasadas; en 1980 el ausentismo tuvo un índice del

21%, el mismo que en 1985 se redujo al 9% (TUESTA 1994: 530, 556). Luego de 10 días de

realizadas las elecciones, el 24 de abril, en pleno proceso de escrutinio, el Presidente del JNE,

Domingo García Rada, fue víctima de un atentado terrorista con metralletas y granada. El

atentado dejó muy herido a García Rada y un muerto (CHÁVEZ 2002: 98-105). El mismo día

asumió interinamente la presidencia del JNE Rómulo Muñoz Arce, quien concluyó el proceso

electoral haciéndose cargo del conteo de votos. Los atentados terroristas se incrementaron de

1.734 en 1984 a 1.960 en 1985. Sus principales ataques fueron a las torres de alta tensión,

locales policiales, agencias bancarias, domicilios particulares, locales políticos,

municipalidades, puentes, entre otros (MAUCERI 1989: 27-8). Asimismo, dentro de sus

objetivos políticos, se plantearon anular las elecciones generales de 1985, pero como veremos

más adelante, sin mayor éxito.


El proceso electoral de 1985 se desarrolló en un contexto de inseguridad política generada
sobre todo por las acciones terroristas del PCP-SL y, desde 1984, del MRTA. A
pesar de que los actores políticos y la población electoral recibieron amenazas y ataques

constantes provenientes de estos grupos armados, con la finalidad de anular

LOS PROCESOS ELECTORALES EN EL PERÚ: 1978-1986. PROBLEMAS Y

LECCIONES

Las elecciones generales, la participaron en la jornada electoral del 14 de abril fue de

91%. El ausentismo del 9% fue más bajo que el de los dos últimos comicios. Este resultado

constituyó un duro golpe a las acciones subversivas del PCP-SL y del MRTA, porque pese a

los atentados los actores políticos y los ciudadanos asistieron a cumplir con su deber cívico y

eligieron al Presidente de la República y a los Senadores y Diputados que integrarían el

Congreso.

La promulgación de la ley 23903 cambió las reglas de competencia para las elecciones

generales de 1985. Esta norma en su artículo 6º reinterpretó el artículo 203º de la

Constitución de 1979 donde se mencionan los «votos válidamente emitidos», incluyendo en

éstos los votos nulos y blancos. Esta reforma perjudicaba al APRA quien reaccionó poniendo

una acción de inconstitucionalidad ante el Tribunal de Garantías Constitucionales. Sin


embargo, la ley llegó a ejecutarse porque los miembros del tribunal se dividieron y no

lograron quórum.

La reinterpretación del concepto «votos válidos» o «votos válidamente emitidos» fue

una clara estrategia política para impedir al APRA llegar al gobierno con la esperanza de que

en una segunda vuelta ganaría la alianza AP-PPC-CODE.

No obstante el esmero del ente organizador durante la organización del proceso electoral para

que los comicios sean eficientes y no fueran cuestionados por ningún partido político

participante ni por la población en general, se evidenciaron algunos errores. Éstos se dieron

en la renovación del registro electoral nacional, en la elaboración del padrón electoral, en la

confección de la cédula de sufragio y en el despliegue del material electoral. Pero son dos los

hechos que más afectaron la organización de las elecciones: la incapacidad de negociar con

los trabajadores del JNE y el conteo de votos.

El JNE no pudo resolver el problema laboral con sus trabajadores por lo que constantemente

éstos se declararon en huelga poniendo en peligro el cronograma de las elecciones. La

solución que dio el jurado al problema laboral fue contratar a un nuevo personal para las

tareas electorales; esto más que una solución fue otro problema porque la falta de experiencia

de los nuevos trabajadores contribuyó, en la etapa del conteo de votos, al desorden y a la

adulteración de los votos preferenciales, previo soborno a los responsables de garantizar la

veracidad del escrutinio. Estas huelgas laborales también perjudicaron a los electores en sus

intentos de reinscripción y actualización de datos; aquí también se generaron cobros

indebidos por parte de algunos funcionarios.

Finalmente, la implementación de un sistema de cómputo para acelerar los resultados

electorales no cumplió su objetivo. El JNE tardó 45 días en presentar los resultados finales; si

bien el retraso también fue provocado por otras causas, el sistema de cómputo no fue

eficiente en las elecciones generales del 14 de abril de 1985.


COMO SOLUCIONAR EL ABSTENCIONISMO Y EL AUSENTISMO

La mejor manera para solucionar el abstencionismo es que los ciudadanos hábiles

estén muy bien informados con respecto a los candidatos , los cuales representaran un cargo

publico, y sus propuestas, que serán estas para el pueblo. Para esto la implemteacion de

nuevas estrategias políticas dentro de su campaña, como la transparencia en sus propuestas, y

que sean de acceso totalitario al pueblo, sobre todo a aquellos que no pueden informarse por

su cuenta como ancianos y personas vulnerables, aquellas alejadas de la ciudad con poco

acceso a la tecnología .

Para solucionar el ausentismo debería implementarse un mayor presupuesto que sea

destinado para la mejora y expansión de centros de votación, así aquellas personas que no

pueden votar por factores como la lejanía a su centro de votación puedan hacerlo, también

como la capacitación para aquellos miembros de mesa sea consciente y obligatoria, por que

estos mismos son los que dirigirán a las demás personas a un correcto voto.

CONCLUSION

El abstencionismo en el Perú es un fenómeno con profundas implicaciones para la

legitimidad y representatividad del sistema democrático. La legislación peruana ha

establecido el voto obligatorio como una medida para asegurar una alta participación

electoral, complementada con sanciones para quienes no votan y campañas de

concientización para educar y motivar a los ciudadanos. A pesar de estos esfuerzos, persisten

desafíos relacionados con la desconfianza en el sistema electoral y la accesibilidad del

proceso de votación. Es crucial continuar mejorando las condiciones para la participación

electoral, incluyendo la modernización del sistema electoral y la eliminación de barreras

logísticas, para fortalecer la democracia en el Perú y asegurar que todas las voces sean

escuchadas en el proceso político.


BIBLIOGRAFIA

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