7 Inventoras
Stephanie Kwolek nació el 31 de julio de 1923 en New Kensington,
Pennsylvania. Hija de inmigrantes polacos, su padre, un apasionado
naturalista le inculcó la pasión por la ciencia, y su madre, ama de casa, la
pasión por la moda y las fibras. Ambas pasiones serían determinantes para el
futuro de la pequeña Stephanie.
Desarrolló gran parte de su carrera en el laboratorio de investigación de fibras
textiles, donde realizó su gran descubrimiento en 1965, a la edad de 42 años. En
aquella época el trabajo de Stephanie consistía en encontrar nuevas fibras sintéticas
y nuevos procesos de policondensación a bajas temperaturas que permitieran
conseguir nuevos materiales capaces de resistir condiciones extremas. La idea era
obtener una fibra más resistente que el nylon y que pudiera utilizarse en neumáticos.
Para ello sintetizaba distintas poliamidas aromáticas de alto peso molecular que
disolvía en distintos disolventes para luego hilarlos y crear fibras. El problema era
que, en vez de obtener soluciones transparentes y viscosas, lo habitual a la hora de
disolver nylon para su posterior hilado, solía obtener soluciones opacas y fluidas
cuando experimentaba con esos nuevos polímeros. Por eso, aparentemente, aquellos
eran experimentos fallidos. Un día y por alguna razón, Stephanie decidió no
descartar una de aquellas muestras y se la llevó al técnico para que la hilara. Aquel
hombre no estaba muy dispuesto a poner su máquina en peligro, ya que el aspecto
turbio de la disolución parecía indicar la presencia de partículas que harían atascar
la máquina de crear fibras; pero ella insistió de tal forma que el pobre técnico tuvo
que desistir. El resultado fue impresionante: la fibra resultante era mucho más
resistente que el nylon, de hecho, era mucho más resistente que el acero, y además
era muy ligero. Había nacido el Kevlar® (poliparafenileno tereftalamida);
un polímero cristal líquido (por eso formaba soluciones opacas) en el cual las
cadenas poliméricas se orientaban de tal forma que formaban hilos de una dureza y
resistencia extraordinarias. Aquello fue solo el principio. Ensayos posteriores
demostraron que este nuevo material era aún más resistente cuando se calentaba.
Después de poner a todo un equipo a trabajar en aquel nuevo material, DuPont
comenzó a comercializar el Kevlar® en 1972. La insistencia de Stephanie en hilar un
producto aparentemente defectuoso hizo que la empresa patentara uno de sus
productos estrella.
Actualmente el Kevlar® tiene más de doscientas aplicaciones. El más conocido es su
uso en la fabricación de chalecos antibalas. De hecho, aunque no acabó estudiando
medicina, al final Stephanie cumplió su sueño de salvar vidas. Realmente es muy
difícil calcular el número de vidas que han salvado los chalecos antibalas en todo el
mundo, pero han hecho que la inventora del Kevlar® se sintiera tan afortunada como
la gente que protegen esos chalecos
Además de en los chalecos, este material se utiliza en la fabricación de piezas
aeroespaciales, de cuerdas superresistentes, de material deportivo (raquetas,
esquíes…), equipos de protección individual (guantes, cascos…), paracaídas,
materiales de construcción y un largo etc.
Beulah Henry nació en Raleigh (Carolina del Norte), en una familia de
distinguido linaje. Era nieta de William Woods Holden (1818-1892),
gobernador republicano del Estado (1868-1871), y también descendiente
directa de Patrick Henry (1736-1799), dos veces gobernador de Virginia
(1776-1779 y 1784-1786) y uno de los Padres Fundadores de los Estados
Unidos. Beulah se crio en un ambiente cultivado y propicio a las bellas artes.
Ya de niña realizaba modelos y diseños con herramientas y aparatos
domésticos.
Inventora y empresaria estadounidense completamente autodidacta, responsable
de unas 110 invenciones y 49 patentes, razón por la que fue conocida con el
apelativo de “Lady Edison”, en analogía con el prolífico Thomas Alva Edison
(1847-1931), autor a su vez de más de un millar de inventos.
Entre algunos de estos inventos podemos mencionar: En 1912, obtuvo su primera
patente (no. 1.037.762). Se trataba de una máquina de hacer helados que incluía
una cámara congeladora rodeada por una estructura aislante gracias a la cual se
alcanzaba gran rapidez en la fabricación con mínimo gasto de hielo, además de
servir para enfriar agua. En 1912, obtuvo su primera patente (no. 1.037.762). Se
trataba de una máquina de hacer helados que incluía una cámara congeladora
rodeada por una estructura aislante gracias a la cual se alcanzaba gran rapidez
en la fabricación con mínimo gasto de hielo, además de servir para enfriar agua.
En 1913, recibió otras dos patentes estadounidenses (nos. 1.063.031 y
1.079.240). La primera fue por un bolso de mano con cubiertas intercambiables
para poder usarse combinando ropa de diferentes tonos y, de esta manera, evitar
el tener demasiados de estos complementos o uno que no fuera a juego con la
vestimenta. Además, el bolso disponía de varias cremalleras, era flexible para
introducir artículos de compra y tenía compartimentos donde llevar objetos de
tocador o de escritura. La segunda patente protegía un parasol adaptado para
plegarse en un perímetro estrecho y con un mango desmontable que servía como
estuche de maquillaje.
Aunque otras inventoras como las químicas estadounidenses Ruth Benerito (1916-
2013) y Giuliana Tesoro (1921-2002) alcanzaron un registro más numeroso de
patentes (50 y 125 cada una), el mérito de Beulah Henry es incluso mayor, al
tratarse de una autodidacta y de una época como la que vivió donde innovar y,
más aún, vivir de las innovaciones era algo vedado a las mujeres.