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República Bolivariana de Venezuel1

La inteligencia artificial (IA) es una tecnología transformadora que imita funciones cognitivas humanas y ha revolucionado sectores como la medicina, la educación y la industria. A pesar de sus beneficios, la IA plantea desafíos éticos y sociales, como la privacidad, el desempleo tecnológico y la responsabilidad legal. El futuro de la IA dependerá de decisiones técnicas y políticas que busquen un desarrollo responsable y éticamente informado.

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La inteligencia artificial (IA) es una tecnología transformadora que imita funciones cognitivas humanas y ha revolucionado sectores como la medicina, la educación y la industria. A pesar de sus beneficios, la IA plantea desafíos éticos y sociales, como la privacidad, el desempleo tecnológico y la responsabilidad legal. El futuro de la IA dependerá de decisiones técnicas y políticas que busquen un desarrollo responsable y éticamente informado.

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República Bolivariana De Venezuela

Universidad Pedagógica Experimental Libertador


Instituto Pedagógico "Luis Beltrán Prieto Figueroa"
Departamento de Educación Física
Barquisimeto – Lara

Inteligencia Artificial

Estudiante
Arambulet Anais C.I 23298675
Seccion: I
UC: Las TIC
Profesor: Anthonny Bracho

Barquisimeto 13 De mayo 2025


Inteligencia Artificial:
La inteligencia artificial es uno de los desarrollos tecnológicos más transformadores del
siglo XXI. Definida generalmente como la capacidad de las máquinas para imitar funciones
cognitivas humanas como el aprendizaje, el razonamiento y la resolución de problemas, la
IA ha revolucionado múltiples sectores: desde la medicina y la industria hasta el
entretenimiento y la educación. A pesar de sus beneficios, también plantea desafíos éticos,
sociales y económicos de gran envergadura. Este análisis explora el origen y evolución de
la IA, sus aplicaciones actuales, las implicaciones éticas y los escenarios futuros que
podrían definirse por su desarrollo.
1. Historia y evolución de la IA
El concepto de máquinas inteligentes se remonta a mitos antiguos y obras de ficción, pero
la IA como disciplina científica surgió formalmente en la década de 1950. Alan Turing,
pionero de la computación, propuso en 1950 el célebre “Test de Turing”, que consistía en
determinar si una máquina podía imitar la inteligencia humana de manera indistinguible.
En 1956, en la conferencia de Dartmouth, John McCarthy acuñó el término "inteligencia
artificial", dando inicio a una nueva disciplina. Durante las décadas siguientes, el campo
pasó por ciclos de entusiasmo y estancamiento, conocidos como “inviernos de la IA”. Los
primeros sistemas eran expertos en tareas muy específicas, pero carecían de flexibilidad.
Fue a partir de los años 2000, y especialmente en la década de 2010, cuando la IA vivió un
auge gracias a tres factores fundamentales: el aumento del poder computacional, la
disponibilidad masiva de datos (big data) y los avances en algoritmos de aprendizaje
automático (machine learning), especialmente las redes neuronales profundas (Deep
learning).
2. Tipos de IA
Se suele clasificar la IA en tres niveles:
 IA débil o estrecha: Es el tipo de IA más común hoy. Está diseñada para realizar
tareas específicas como traducir idiomas, reconocer imágenes o jugar ajedrez.
 IA general: Sería capaz de realizar cualquier tarea cognitiva que un ser humano
pueda hacer. Aún no se ha logrado.
 IA superinteligente: Sería una forma hipotética de IA que superaría en todas las
capacidades cognitivas al ser humano. Este tipo plantea profundas
preocupaciones filosóficas y éticas.
3. Aplicaciones actuales de la IA
La IA ha encontrado aplicaciones en prácticamente todos los sectores. Algunos ejemplos
incluyen:
Salud: Diagnóstico asistido por IA, análisis de imágenes médicas, descubrimiento de
fármacos, cirugía asistida por robot, seguimiento de pacientes.
Finanzas: Detección de fraudes, análisis de riesgos, automatización de procesos contables,
asesoría financiera automatizada (robo-advisors).
Transporte: Vehículos autónomos, optimización del tráfico, mantenimiento predictivo.
Educación: Sistemas de tutoría inteligente, personalización del aprendizaje, análisis de
rendimiento estudiantil.
Entretenimiento: Remendadores de contenido (Netflix, Spotify), videojuegos con IA
dinámica, generación de música e imágenes.
Industria y manufactura: Robótica industrial, mantenimiento predictivo, control de calidad
con visión por computadora.
4. Ética y desafíos sociales
El desarrollo de la IA plantea una serie de interrogantes éticos fundamentales que no
pueden ignorarse:
Privacidad: El uso masivo de datos personales para entrenar algoritmos plantea riesgos para
la privacidad individual. ¿Hasta qué punto es legítimo que las empresas recopilen y utilicen
datos sin consentimiento explícito?
Transparencia y sesgo algorítmico: Muchos algoritmos de IA son “cajas negras”; es decir,
sus decisiones no son fácilmente comprensibles ni auditables. Además, pueden perpetuar
sesgos sociales si se entrenan con datos históricos sesgados.
Desempleo tecnológico: La automatización impulsada por la IA podría reemplazar millones
de empleos, especialmente aquellos repetitivos o basados en reglas. Esto podría aumentar la
desigualdad y requerir políticas públicas de protección social y reconversión laboral.
Responsabilidad legal: ¿Quién es responsable si un vehículo autónomo causa un accidente?
¿El fabricante, el programador, el usuario?
Armas autónomas: El uso de IA en sistemas armamentísticos plantea riesgos existenciales,
al permitir la creación de sistemas letales sin intervención humana.
Manipulación de la información: Algoritmos que personalizan contenidos pueden encerrar a
los usuarios en “burbujas de filtro” y difundir noticias falsas. Los modelos generativos,
como los que crean imágenes o videos falsos (deepfakes), pueden dañar la confianza
pública.
5. IA generativa: una nueva frontera
Desde 2022, la IA generativa (como los modelos de lenguaje los generadores de imágenes
como DALL·E) ha abierto una nueva era. Estas IA no solo analizan o reconocen patrones,
sino que crean contenido: textos, imágenes, música e incluso código.
Esto tiene implicaciones revolucionarias:
En la creatividad, democratiza la generación de contenido.
En la educación, permite tutorías personalizadas.
En la industria tecnológica, acelera el desarrollo de software.
Sin embargo, también introduce riesgos: desinformación, suplantación de identidad,
derechos de autor y dependencia excesiva de estas herramientas.
6. Gobernanza de la IA
Frente al avance acelerado de esta tecnología, diversos gobiernos y organismos
internacionales han comenzado a diseñar marcos regulatorios. La Unión Europea, por
ejemplo, ha aprobado en 2024 la Ley de Inteligencia Artificial, que clasifica los usos de la
IA en niveles de riesgo y prohíbe aquellos considerados inaceptables (como el
reconocimiento facial masivo o la puntuación social).
Por su parte, organizaciones como la UNESCO y la OCDE han promovido principios
éticos: transparencia, seguridad, inclusión y responsabilidad. Sin embargo, aún falta
coordinación global y hay tensiones geopolíticas en torno a la supremacía tecnológica entre
potencias como EE. UU. y China.
7. Perspectivas futuras
El futuro de la IA dependerá de decisiones técnicas, éticas y políticas. Algunos escenarios
posibles incluyen:
Convergencia con otras tecnologías: La IA podría integrarse con la computación cuántica,
la biotecnología o el internet de las cosas (IoT), multiplicando sus capacidades.

Educación y formación: Cambiarán los perfiles laborales requeridos. Las habilidades


blandas, el pensamiento crítico y la alfabetización digital serán esenciales.
IA explicable: Se desarrollarán algoritmos más transparentes y auditables para garantizar
confianza pública.
Humanidad aumentada: La IA no solo reemplazará tareas, sino que potenciará las
capacidades humanas, desde la salud hasta la creatividad.
Regulación proactiva: Las democracias podrían establecer estándares éticos globales,
equilibrando innovación con derechos humanos.
Conclusión
La inteligencia artificial representa una de las revoluciones más profundas de nuestro
tiempo. Sus aplicaciones ya están transformando nuestras vidas, y sus implicaciones apenas
comienzan a desplegarse. Ante este panorama, es esencial no caer ni en el entusiasmo
acrítico ni en el alarmismo paralizante. La clave está en un desarrollo responsable,
inclusivo y éticamente informado de la IA, que ponga en el centro a la dignidad humana.
Solo así podremos aprovechar su inmenso potencial sin sacrificar los valores fundamentales
que nos definen como sociedad.
La inteligencia artificial se ha convertido en un tema central en nuestra sociedad actual,
transformando la manera en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. En términos
simples, la IA se refiere a la capacidad de las máquinas para realizar tareas que
normalmente requieren inteligencia humana. Esto incluye desde el reconocimiento de voz
hasta la toma de decisiones complejas.
Uno de los aspectos más fascinantes de la IA es su capacidad para aprender y adaptarse. A
través del aprendizaje automático, las máquinas pueden analizar grandes volúmenes de
datos, identificar patrones y hacer predicciones basadas en esa información. Por ejemplo,
los algoritmos que alimentan plataformas como Netflix o Spotify utilizan IA para
recomendar contenido personalizado a los usuarios, mejorando así la experiencia del
consumidor.
Sin embargo, a pesar de sus beneficios, la IA también plantea desafíos significativos. Uno
de los principales es el temor a que reemplace puestos de trabajo humanos. A medida que
las máquinas se vuelven más capaces, existe una creciente preocupación por el impacto que
esto tendrá en el empleo. Algunas industrias están viendo cómo tareas rutinarias son
automatizadas, lo que puede llevar a una reducción en la demanda de mano de obra
humana.
Otro tema importante es la ética en el desarrollo y uso de la IA. La toma de decisiones
automatizada puede ser problemática si no se considera cuidadosamente cómo se entrenan
los modelos y qué datos se utilizan. Los sesgos presentes en los datos pueden llevar a
resultados injustos o discriminatorios. Por lo tanto, es crucial establecer marcos éticos y
regulaciones que guíen el uso responsable de la IA.
También debemos considerar el impacto social de la IA. La tecnología tiene el potencial de
mejorar sectores como la salud, donde puede ayudar a diagnosticar enfermedades más
rápidamente o personalizar tratamientos. Sin embargo, también existe el riesgo de que
amplíe las brechas existentes entre quienes tienen acceso a esta tecnología y quienes no.
A medida que avanzamos hacia un futuro cada vez más dominado por la inteligencia
artificial, es fundamental fomentar un diálogo abierto sobre su desarrollo y aplicación. La
colaboración entre gobiernos, empresas y sociedad civil será clave para asegurar que los
beneficios de la IA se distribuyan equitativamente y que se minimicen sus riesgos.

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