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Sinopsis

El documento analiza diversas crisis financieras que han afectado a países y mercados a lo largo de las décadas, comenzando con la crisis de la deuda externa en América Latina en los años 80, seguida por el colapso de la Bolsa de Nueva York en 1987, y las burbujas financieras en Estados Unidos y Japón. También se abordan crisis específicas en México, Rusia, Argentina y Panamá, destacando la importancia de la regulación financiera y la gestión prudente de la deuda. Finalmente, se menciona el impacto de la pandemia de COVID-19 en el contexto financiero global.

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El documento analiza diversas crisis financieras que han afectado a países y mercados a lo largo de las décadas, comenzando con la crisis de la deuda externa en América Latina en los años 80, seguida por el colapso de la Bolsa de Nueva York en 1987, y las burbujas financieras en Estados Unidos y Japón. También se abordan crisis específicas en México, Rusia, Argentina y Panamá, destacando la importancia de la regulación financiera y la gestión prudente de la deuda. Finalmente, se menciona el impacto de la pandemia de COVID-19 en el contexto financiero global.

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Universidad de Panamá

Facultad de Economía
Escuela de Finanzas y Banca
Licenciatura en Finanzas y Banca

Primer semestre 2025

Nombre:
Frederick Gonzalez 8-995-1460

Fundamentos de inversión y riesgo

Introducción al Riesgo

Profesora:
Kira Soo

13/4/25
Sinopsis

1. La crisis de la deuda externa en la mayoría de países


latinoamericanos en los ochenta
Durante las décadas de 1960 y 1970, muchos países latinoamericanos se
embarcaron en procesos de industrialización y modernización financiados
mediante préstamos del exterior, especialmente de bancos
estadounidenses y europeos. Inicialmente, los créditos parecían una
solución viable para impulsar el crecimiento económico, ya que los tipos de
interés eran bajos y existía un acceso relativamente fácil al financiamiento
internacional. Sin embargo, esta situación se tornó insostenible cuando, a
principios de la década de 1980, los tipos de interés internacionales
comenzaron a subir drásticamente y el dólar se fortaleció.
Uno de los factores clave que desencadenó la crisis fue la decisión de la
Reserva Federal de los Estados Unidos de aumentar las tasas de interés
para combatir la inflación interna. Esto encareció el servicio de la deuda
para los países que habían contratado préstamos en dólares. A esta
situación se sumó una caída en los precios de las materias primas,
principal fuente de ingresos de exportación para muchos países
latinoamericanos. Al ver reducidos sus ingresos externos, los países
comenzaron a tener dificultades para cumplir con sus compromisos de
deuda.
La crisis estalló oficialmente en agosto de 1982, cuando México declaró
que no podría cumplir con el pago de su deuda externa. Esta situación
generó un efecto dominó en la región. Países como Brasil, Argentina,
Venezuela, Perú y otros también cayeron en cesación de pagos o
reestructuraciones forzadas. La región entró en lo que se conoce como la
década perdida, caracterizada por recesión, inflación, aumento de la
pobreza, desempleo y políticas de ajuste estructural impuestas por
organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial.
Las reformas exigidas por estos organismos incluyeron la reducción del
gasto público, privatizaciones, apertura al comercio internacional y
liberalización financiera. Aunque en algunos países estas reformas
ayudaron a estabilizar la economía, en muchos otros profundizaron la
desigualdad y deterioraron los servicios públicos. La crisis también minó la
confianza en las instituciones políticas y generó un creciente escepticismo
hacia las recetas del Consenso de Washington.
A nivel global, la crisis evidenció los riesgos del endeudamiento masivo sin
una planificación adecuada y la dependencia excesiva del crédito externo.
También impulsó reformas en la arquitectura financiera internacional, así
como un replanteamiento de los modelos de desarrollo económico.
2. La caída de la Bolsa de Nueva York en 1987
El 19 de octubre de 1987, conocido como Lunes Negro, la Bolsa de Nueva
York sufrió una caída estrepitosa del 22.6 % en un solo día, marcando la
mayor pérdida porcentual en una sola jornada en la historia del mercado
bursátil estadounidense. Este colapso no fue un evento aislado, sino parte
de una reacción en cadena que afectó a los mercados financieros de todo
el mundo, generando una ola de pánico e incertidumbre global.
A diferencia de otras crisis financieras, el desplome de 1987 no tuvo una
causa económica directa evidente, como recesión, inflación o problemas
estructurales graves. Más bien, se trató de una combinación de factores
técnicos, psicológicos y estructurales en los mercados financieros. Uno de
los elementos más señalados fue el uso generalizado del "program
trading" o comercio programado, es decir, operaciones automatizadas
basadas en algoritmos que vendían acciones cuando estas bajaban de
cierto valor, generando un efecto en cascada.
A esto se sumó el creciente uso de instrumentos derivados y estrategias
de cobertura como el "portfolio insurance", que funcionaban bien en
condiciones normales, pero que exacerbaron la venta masiva cuando los
precios comenzaron a caer. Además, el aumento de la globalización
financiera significó que los mercados de Europa y Asia también se vieran
arrastrados por la caída estadounidense.
La respuesta de las autoridades fue rápida. La Reserva Federal, bajo la
dirección de Alan Greenspan, actuó para asegurar la liquidez del sistema
financiero, enviando un mensaje de confianza a los mercados. Esto
permitió que el impacto a largo plazo fuera menor al esperado: la
economía estadounidense no entró en recesión y los mercados se
recuperaron relativamente rápido en los meses siguientes.
No obstante, el Lunes Negro dejó lecciones importantes sobre la
vulnerabilidad de los mercados ante mecanismos automáticos de venta, la
necesidad de regulación en el uso de nuevas tecnologías financieras, y la
importancia de la coordinación entre bancos centrales. También subrayó
cómo los mercados financieros pueden ser extremadamente volátiles
incluso sin fundamentos económicos negativos subyacentes.
En retrospectiva, la crisis de 1987 es vista como un ejemplo de cómo los
factores psicológicos y técnicos pueden converger para provocar una crisis
sin precedentes, y cómo una intervención decidida por parte de las
autoridades puede frenar una caída potencialmente devastadora.

3. La explosión de las burbujas financieras e inmobiliarias


Las burbujas financieras e inmobiliarias surgen cuando los precios de
activos como acciones, bienes raíces o tecnología suben a niveles muy por
encima de su valor real debido a la especulación. Estas burbujas suelen
explotar repentinamente, provocando pérdidas masivas y, en muchos
casos, crisis financieras generalizadas. En las últimas décadas, se han
registrado varios episodios destacados de este tipo de fenómenos.
Una de las burbujas más significativas fue la del sector inmobiliario en
Estados Unidos durante los primeros años del siglo XXI. A partir de 2001,
una combinación de tasas de interés bajas, crédito fácil y un entusiasmo
generalizado por la compra de viviendas hizo que los precios de los
inmuebles se dispararan. Las entidades financieras comenzaron a otorgar
hipotecas a personas con baja capacidad de pago (conocidas como
subprime), lo que generó un crecimiento artificial del mercado.
Esta burbuja fue alimentada también por la innovación financiera, en
especial la titulización de hipotecas, donde los bancos agrupaban
préstamos hipotecarios y los vendían como instrumentos de inversión.
Estos productos se volvieron populares, pero ocultaban el verdadero
riesgo que implicaban. Cuando los deudores comenzaron a incumplir sus
pagos a mediados de la década de 2000, los precios de las viviendas
cayeron y estalló la burbuja.
Las consecuencias fueron catastróficas. El estallido de la burbuja
inmobiliaria en 2007-2008 provocó una crisis financiera global, conocida
como la Gran Recesión. Bancos de inversión como Lehman Brothers
colapsaron, y gobiernos de todo el mundo tuvieron que intervenir para
evitar un colapso total del sistema financiero.
Además del caso estadounidense, otras burbujas notables incluyen las
inmobiliarias en España e Irlanda, que siguieron patrones similares. Estas
crisis pusieron de manifiesto cómo las dinámicas de mercado
desreguladas y el exceso de confianza pueden conducir a desajustes
peligrosos.
En resumen, las burbujas financieras e inmobiliarias representan uno de
los riesgos más recurrentes en la economía moderna. Su estudio ha
servido para mejorar los mecanismos de supervisión financiera, aunque su
aparición sigue siendo una amenaza latente debido al comportamiento
especulativo inherente a los mercados.
4. En Japón en los noventa y la de las empresas a finales de los
noventa
Durante la década de 1980, Japón experimentó un fuerte auge económico
impulsado por la especulación en los mercados inmobiliarios y bursátiles.
El valor de los activos se disparó, en parte gracias a una política monetaria
expansiva del Banco de Japón. Sin embargo, este crecimiento resultó
insostenible. En 1991, la burbuja estalló: los precios de los bienes raíces y
las acciones colapsaron, lo que sumió al país en una profunda recesión.
La llamada Década Perdida de Japón fue un periodo prolongado de
estancamiento económico, deflación y crisis bancaria. Los bancos se
vieron atrapados con activos sobrevalorados y préstamos incobrables. La
respuesta del gobierno japonés fue lenta y cautelosa, lo que agravó la
crisis. Aunque se adoptaron varias medidas de estímulo y reestructuración
bancaria, el país no logró recuperar el dinamismo económico anterior.
Al mismo tiempo, a finales de los años 90, se vivió otro fenómeno
especulativo, esta vez en el sector tecnológico. La llamada "burbuja
puntocom" fue impulsada por la euforia en torno a las nuevas tecnologías
de Internet. Inversionistas depositaron grandes sumas en empresas
tecnológicas, muchas de las cuales no generaban beneficios ni contaban
con modelos de negocio sostenibles. El índice Nasdaq creció
vertiginosamente entre 1995 y 2000.
Sin embargo, a partir del año 2000, el mercado comenzó a corregirse.
Muchas de las empresas tecnológicas no pudieron cumplir con las
expectativas de crecimiento y comenzaron a quebrar. El Nasdaq perdió
casi el 80 % de su valor entre 2000 y 2002. Aunque algunas compañías
como Amazon y Google sobrevivieron y prosperaron, muchas otras
desaparecieron.
Ambas crisis comparten características clave: crecimiento acelerado
basado en expectativas infladas, exceso de crédito y especulación
desmedida. También dejaron importantes lecciones sobre la necesidad de
una regulación efectiva, transparencia en los mercados financieros y la
importancia de evaluar adecuadamente los fundamentos económicos de
las inversiones.
Estas experiencias ayudaron a moldear la política económica global,
alertando sobre los peligros de las burbujas especulativas y la necesidad
de una supervisión macroeconómica más sólida.
5. El “tequilazo” en México durante 1994
El “tequilazo” hace referencia a la grave crisis financiera que afectó a
México a finales de 1994 y principios de 1995. Esta crisis estalló poco
después de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América
del Norte (TLCAN) y representó un punto de inflexión en la economía
mexicana. Su detonante fue una combinación de factores políticos,
desequilibrios económicos internos y una gestión deficiente de la política
cambiaria.
Durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, México atrajo una gran
cantidad de capital extranjero, en parte por la estabilidad aparente y las
promesas del TLCAN. Sin embargo, este crecimiento se sustentaba en
una sobrevaluación del peso, una creciente deuda de corto plazo y un
déficit en cuenta corriente elevado. En paralelo, en 1994 el país vivió una
fuerte inestabilidad política: el levantamiento del EZLN en Chiapas, el
asesinato del candidato presidencial Luis Donaldo Colosio, y
posteriormente el de José Francisco Ruiz Massieu, generaron
incertidumbre y fuga de capitales.
En diciembre de 1994, el nuevo presidente Ernesto Zedillo decidió
devaluar el peso. Esta medida fue interpretada como señal de debilidad y
desató una retirada masiva de capitales. La moneda se desplomó, la
inflación se disparó y México entró en recesión. Para evitar el colapso total,
Estados Unidos y el FMI otorgaron un paquete de rescate de 50 mil
millones de dólares.
El "tequilazo" tuvo efectos importantes: provocó un aumento del
desempleo, caída del PIB, crisis bancaria y un fuerte impacto social. Sin
embargo, también llevó a la implementación de reformas estructurales más
profundas y a una mayor supervisión financiera. Fue una advertencia
sobre la vulnerabilidad de las economías emergentes ante los flujos de
capital especulativos.
7. La crisis financiera de Rusia 1997
Rusia vivió una grave crisis económica en 1998, resultado de problemas
internos acumulados tras la transición del sistema comunista al capitalismo
y el impacto indirecto de la crisis asiática. Tras la caída de la URSS, el país
implementó reformas rápidas de liberalización económica, pero sin un
marco institucional sólido, lo que derivó en corrupción, fuga de capitales y
debilitamiento de la base productiva.
En 1997, Rusia se vio afectada por la caída de los precios del petróleo, su
principal fuente de divisas. Al mismo tiempo, su deuda interna crecía
debido a los préstamos a corto plazo emitidos por el gobierno (GKO).
Cuando los inversionistas comenzaron a perder confianza en la capacidad
de pago del Estado, exigieron tasas más altas o simplemente se retiraron
del mercado.
En agosto de 1998, el gobierno ruso suspendió pagos de deuda interna,
devaluó el rublo y declaró una moratoria parcial sobre la deuda externa.
Esto causó una pérdida masiva de valor en el rublo y una crisis bancaria.
Muchas empresas quebraron y la inflación se disparó.
El impacto fue profundo, aunque de corta duración. En parte gracias a la
recuperación del precio del petróleo, Rusia comenzó a salir de la crisis en
1999. La experiencia dejó como lección la importancia de una gestión
fiscal prudente, supervisión bancaria efectiva y la necesidad de diversificar
la economía.
8. La crisis financiera en Argentina en 1998
La crisis financiera argentina, que se profundizó entre 1998 y 2002, fue
una de las más severas en la historia del país. Aunque el periodo inicial de
crisis comenzó con una recesión en 1998, los problemas estructurales se
venían acumulando desde la adopción de la convertibilidad en 1991, que
fijaba el peso argentino al dólar estadounidense en una paridad uno a uno.
Este sistema generó una falsa sensación de estabilidad, pero a largo plazo
restó competitividad a las exportaciones y encareció los costos internos. Al
mismo tiempo, el país acumuló deuda externa para financiar el déficit
fiscal. Cuando Brasil devaluó su moneda en 1999, Argentina perdió aún
más competitividad.
A partir de 2001, la situación se volvió insostenible. El gobierno restringió la
salida de depósitos (el famoso "corralito"), lo que generó protestas
masivas. En diciembre de 2001, el país declaró el default más grande de la
historia hasta ese momento. El desempleo superó el 20 %, la pobreza
alcanzó a más de la mitad de la población y el país vivió una crisis política
con cinco presidentes en menos de dos semanas.
La recuperación comenzó lentamente en 2003, gracias a la devaluación,
un entorno internacional favorable y una renegociación de la deuda. Esta
crisis demostró los límites de las políticas de tipo de cambio fijo y la
necesidad de una política fiscal sostenible.
9. La crisis financiera en Panamá 1987 -1989
Panamá vivió una grave crisis financiera y política entre 1987 y 1989, en
un contexto de creciente tensión con Estados Unidos y una economía
dominada por el régimen militar de Manuel Antonio Noriega. La situación
se agravó tras la acusación de Noriega por narcotráfico en EE.UU. y el
deterioro de la gobernabilidad.
En 1987, comenzaron protestas masivas contra el régimen, lo que provocó
una respuesta represiva. Como reacción, EE.UU. congeló los activos
panameños en bancos estadounidenses y suspendió los pagos al gobierno
panameño por el uso del Canal. Esto provocó una crisis de liquidez severa.
En 1988, EE.UU. impuso un bloqueo económico y bancario que colapsó el
sistema financiero panameño.
Durante este período, los bancos cerraron temporalmente, se limitó el
acceso a depósitos, y el crédito desapareció. La economía cayó en
recesión profunda, con aumento del desempleo y la pobreza. En diciembre
de 1989, EE.UU. invadió Panamá para capturar a Noriega. Tras su
derrocamiento, se restauró la democracia y se inició un proceso de
recuperación económica.
La crisis evidenció cómo los conflictos políticos pueden derivar en colapsos
financieros. También mostró la vulnerabilidad de los países pequeños ante
sanciones internacionales y la importancia de mantener instituciones
sólidas.
10. Impacto Financiero de la pandemia COVID-19
La pandemia de COVID-19, que comenzó en 2020, provocó una de las
crisis económicas más profundas desde la Gran Depresión. Las
restricciones sanitarias impuestas para frenar la propagación del virus
llevaron al cierre masivo de actividades económicas, caída del comercio
global, interrupciones en las cadenas de suministro y una contracción sin
precedentes del PIB mundial.
Los mercados financieros reaccionaron con fuertes caídas en marzo de
2020, aunque se recuperaron rápidamente gracias a la intervención de los
bancos centrales y los paquetes de estímulo fiscal. La Reserva Federal y
otros bancos adoptaron políticas expansivas históricas, incluyendo tasas
de interés cercanas a cero, compra de activos y programas de crédito. Los
gobiernos también implementaron transferencias directas, subsidios y
ayudas a empresas.
Sin embargo, el costo fiscal fue elevado, y muchos países aumentaron
significativamente su deuda pública. La crisis también aceleró tendencias
como la digitalización, el teletrabajo y el comercio electrónico, mientras que
sectores como el turismo, la aviación y la hostelería fueron gravemente
afectados.
En los países en desarrollo, el impacto fue más severo debido a la menor
capacidad fiscal y a la dependencia de ingresos externos. La pobreza y la
desigualdad aumentaron, y muchos avances sociales se revirtieron.
A largo plazo, la pandemia ha generado un debate sobre la necesidad de
fortalecer los sistemas de salud, mejorar la protección social y construir
economías más resilientes. También dejó en evidencia la importancia de la
cooperación internacional para enfrentar crisis globales.

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