A. L. G. D. G. A. D. U.
Or. de Buenos Aires, junio 21 de 1999.- (e.v.)
LA HEREJIA DE LOS CATAROS Y LA CRUZADA CONTRA LOS ALBIGENSES
INTRODUCCION
Según José Ingenieros, hereje es todo el que discute y niega los
dogmas, todo el que somete a su propia razón las conclusiones de una teología .- (1)
Esta herejía nace de un profundo sentimiento religioso que exige a su
autor repensar totalmente aquello que le han enseñado, buscando su propio camino hacia
Dios. El dogma se convierte en su prisión, por ello, para lograr su libertad de pensamiento y
acción, necesariamente rompe con las estructuras existentes que, a su vez, lo tachan de
inmoral y peligroso.-
Las herejías de Sócrates, Jesucristo, Spinoza, Bruno y Lutero regaron
con sangre la evolución de la experiencia religiosa del hombre, pero la hicieron posible. Las
herejías de Pitágoras, Copérnico, Galileo y Darwin, conmovieron la moral pública de sus
respectivos tiempos, pero sentaron las bases del adelanto científico de la humanidad.-
A fines del siglo XII, en el suroeste de Francia, se desarrolló un
movimiento religioso y cultural que convocó las adhesiones de innúmeras ciudades,
expandiéndose rápida e intensamente entre los habitantes de esas comarcas, tanto entre
señores cuanto entre plebeyos. Un soplo de libertad, tolerancia y solidaridad campeaba en
esa sociedad en la que católicos y disidentes convivían pacíficamente, mientras el comercio,
las artes, el conocimiento, la agricultura y la industria, crecían, proveyendo de sustento
material y espiritual a la comunidad.-
Esta situación comenzó a molestar a Roma e interesar al Rey de
Francia, que no recibía tributo de estas tierras. El Papa Inocencio III, finalmente, fulminó de
herejes a los Cátaros (que así se denominaban los integrantes de esa rama religiosa)
decretando una Cruzada en su contra. Los nobles del norte de Francia alistaron sus armas,
interesados en tan fértiles y prósperos condados y llevaron la cruz de sus espadas para la
conquista del Languedoc.-
ANTECEDENTES:
La cuestión del mal:
Todas las antiguas religiones han elaborado en profundidad el tema
del mal, como principio opuesto al Bien. Sin embargo no se han puesto de acuerdo al
momento de definir y personalizar, al Señor de las Tinieblas, como opuesto al Señor de la
Luz.- (2)
En efecto, la tradición Judeo-Cristiana, a través del Antiguo
Testamento, nos trae la teoría de que Dios es creador de todo (lo que incluye al bien y al
mal), que Lucifer, el Angel de la Luz, se convirtió en el Angel caído y, ahora, representante
de las Tinieblas, de donde el Bien y el Mal, proceden de una misma esencia y Ser.-
Sin embargo, otras cosmogonías consideraron impropio hacer
descender al Mal de la Divinidad, por lo que desarrollaron la creencia en un principio del
Mal, distinto de Dios que, permanentemente, lanza sus huestes contra él, provocando una
lucha entre el Bien y el Mal que culmina, pero se renueva incesantemente.-
En esta disyuntiva, el hombre debe obrar dentro de las normas
divinas, aceptando el camino del bien, que es su contribución a la guerra entre las potencias
celestiales y que le permitirán, al fin de sus días en la tierra, presentarse al juicio divino, con
esperanzas de lograr su salvación.-
Estas corrientes religiosas llamadas “dualistas” tienen en Zoroastro
(siglos VII antes de Cristo) a uno de sus más conspicuos representantes. Su religión, el
Mazdeísmo, plantea en el Libro Sagrado denominado AVESTA, la eterna lucha entre
Ahura Mazda u Ormuz y Ahriman; la llegada de un Mesías o Salvador que anunciará la
victoria definitiva de Ormuz y el fin de los días en que se desarrollará el Juicio Divino, en
el que los elegidos, ingresarán en el paraíso de la Luz.-
Los Maniqueos:
Después de la aparición del Cristianismo, estas teorías dualistas
fueron sostenidas por los gnósticos, dentro de los cuales de incluye a Manes o Mani, nacido
el 14 de abril del 216 al norte de Babilonia y cuyo movimiento religioso recibió la
aceptación oficial de Sappur, rey persa, entre 242 y 273 D.C., por lo que, bajo su
protección, Mani recorrió el imperio y extendió la influencia de su teoría, aunque fue
finalmente arrestado y ejecutado por un sucesor de aquel monarca.-
Sin embargo el Maniqueismo no murió con su creador y lejos de ello
se extendió hacia occidente, penetrando en Palestina, Asia Menor, Noráfrica (San Agustín
en un principio abrazó estas ideas), ingresando a Europa a través de los Balcanes e Italia y
llegando finalmente hasta las Galias y España.
En el centro de Asia y China fue religión oficial en varios períodos y
recién declinó definitivamente a partir de las incursiones de Ghenghis Khan. En Europa,
pese a las persecuciones de los emperadores romanos del siglo IV, se mantuvo vigente con
los Paulicianos y Bogomilos en Bulgaria y Bosnia hasta la invasión turca en el siglo XV,
extendiendo su influencia, merced a las continuas migraciones de trabajadores hacia el
oeste; en el norte de Italia (Toscana, Lombardía) y el mediodía francés.-
En 1167 se celebró un Concilio dualista en el Languedoc que fue
presidido por el diácono de Constantinopla, Niquinta y varios documentos de la Inquisición,
se refieren a estos vínculos entre las iglesias dualistas de oriente y occidente.-
Los maniqueos habían sido considerados herejes por la iglesia
católica romana desde muy antiguo. Cánones de los siglos VI y IX, dan testimonio de ello.
Cuando a principios del siglo XI, se descubre la existencia de dualistas entre el propio clero
de Francia, se habla de ellos como neomaniqueos y se los comienza a denominar
CATAROS, del griego Katharós, que significa puros; afortunada expresión que,
seguramente, derivó de las costumbres casi ascéticas de sus miembros.-
LA DOCTRINA
Los Cátaros sostenían que el paso por la tierra era para el hombre una
prueba, ya que la verdadera vida comenzaba después de la muerte física, al poder unirse a la
esencia divina. El camino hacia de perfección se cumplía a través de una existencia
mesurada, sin apego a las cosas materiales que, de ninguna manera podían representar
expresiones de la voluntad divina. Tanta era su intransigencia con esta norma, que descreían
de la posibilidad de que a través de bienes materiales pudiera adorarse a Dios, por lo que
rechazaban los sacramentos, el culto y aún la existencia de templos.-
Los guías religiosos, denominados elegidos o perfectos, no comían
carne o huevos, ni tenían contacto sexual, hacían largos ayunos y estaban impedidos de
matar a cualquier ser, ya fuera humano o animal.-
Se dijo de ellos que practicaban el suicidio, lo que no está probado,
aunque varias circunstancias históricas los muestran dispuestos a aceptar perder su vida,
antes que a violar uno de sus mandamientos-
Una categoría intermedia entre los perfectos y la feligresía en general,
estaba compuesta por los auditores o creyentes, que acompañaban y asistían a los elegidos
en su misión.-
Tan grande era su preocupación por la gente común que recorrían
permanentemente comarcas y ciudades, atendiendo los requerimientos de todos,
confortándolos en el dolor y asistiéndolos en caso de muerte o peligro inminente de muerte
a través del único cuasi-sacramento que practicaban, el consolamentum.-
Esta actitud desprendida y solidaria cautivó a las masas y propició su
desarrollo. Entre los elegidos había hombres pobres y también nobles y terratenientes que
abandonaban sus bienes para consagrarse a la vida piadosa y de servicios. Si bien
florecieron en toda Europa, en ningún lugar lograron el desarrollo y la adhesión obtenida a
través de los habitantes del sur de Francia; ello se debió a particulares circunstancias
sociales de esa región que conocemos como Languedoc.-
EL LANGUEDOC:
Esta importante comarca que comprende trece departamentos
de la actual Francia, en el siglo XI estaba unida, cultural y políticamente a la región
pirenaica y catalana de España. En efecto, los señores de Toulouse, Beziers, Carcassona,
Albi y otras ciudades, eran vasallos de Pedro II, rey de la confederación
catalanoaragonesa.-
Esta confederación constituía, por aquella época, un ejemplo
de reino ordenado y sociedad pujante, trabajadora y respetuosa de la vida y condición
humanas. Tolerante en lo religioso, dedicada principalmente a la industria textil y al
comercio marítimo, la comunidad catalanoaragonesa gustaba disfrutar de la convivencia
pacífica, el progreso económico y la práctica de las artes y las ciencias.-
Pedro II era un monarca liberal y su presencia en las comarcas
transpirenaicas nunca representó un símbolo de opresión, al contrario, defendió por todos
los medios pacíficos a su alcance, la libertad religiosa y el modo de vida de sus súbditos
franceses ante el propio papa Inocencio III y cuando sus esfuerzos fracasaron, no dudó en
pelear a su lado, dejando la vida en el campo de batalla de Muret (1213).-
Jaime I, hijo y sucesor en el trono de Pedro II, llevó a su
máximo esplendor al reino catalán, preocupándose tanto de su poderío político, cuanto de
su desarrollo económico y cultural. Durante su reinado florecieron las ciencias médicas, la
legislación comercial y los tribunales y magistraturas populares.-
Este gran rey, conocido como el Conquistador, aunque nunca
reclamó sus derechos sobre el Languedoc tras la muerte de su padre, había sido hecho
prisionero por Simón de Monfort, cuando era un niño, al término de la batalla de Muret, en
la que falleció su padre. Entregado a los Templarios que cuidaron de él, fue educado en esas
tierras, hasta su retorno a Cataluña.- (3)
En estas ciudades francesas convivían católicos y cátaros en la
más absoluta tolerancia. El siglo XII fue la época del despertar cívico y técnico. Los burgos
reemplazaron a las plazas fuertes. Los nobles se convirtieron en protectores del trabajo y las
artes. La figura del Señor Feudal que gobernaba despóticamente y basaba su poder en la
fuerza de su ejército profesional, fue desplazada por estos barones imbuidos por el ideal de
caballería, que protegían a sus súbditos con un puñado de compañeros de armas no muy
numeroso y que, fundamentalmente, administraban las comarcas, legislaban, juzgaban de
acuerdo a códigos preestablecidos y, sin dejar de ser guerreros, aprendieron a ser
estadistas.-
En este siglo desapareció el siervo. El agricultor y el artesano
fueron protegidos. Comenzó a utilizarse la fuerza hidráulica, creció el número de molinos
de viento, se modernizaron los arreos permitiendo duplicar la fuerza del tiro y enganchar
varios caballos en serie; se generalizó el uso del herraje y el estribo, se inventó el torno, el
fuelle, las sierras y el árbol de levas, aplicado al trabajo de los herreros.-
El Languedoc no fue ajeno a estos movimientos culturales,
por el contrario heredera de tradiciones celtas, de influencias árabes, de instituciones
romanas y de aportes visigodos, resumió estos antecedentes en una sociedad abierta y
progresista en la cual el hijo del siervo, devenido en ciudadano podía aspirar a formar parte
de la caballería y desarrolló un movimiento literario-cultural de inusitadas dimensiones a
partir de la actividad de los trovadores.-
La poesía surgía de los corazones y las voces de nobles,
caballeros, clérigos y simples ciudadanos; por eso se cantaba al amor, a los sentimientos
íntimos, a los devaneos sentimentales, pero también a la condición humana, a la libertad, a
la igualdad, al respeto del más débil, al honor y a la rectitud.-
Los trovadores cantaron a todo aquello que afectaba a la
sociedad, emitiendo juicios de valor sobre las conductas del gobernante y del obispo; la
política y la iglesia cayeron bajo su expresión crítica y sincera, y en sus versos es posible
hoy encontrar más rastros de aquella época dorada, que en muchas páginas de historia
escrita.-
LA IGLESIA DE ROMA Y LOS CATAROS
En 1119, el papa Calixto II encontró tanta resistencia en
Toulouse que se sintió en la obligación de excomulgar a los herejes. En 1147 Bernardo de
Claraval, luego San Bernardo, recibió como respuesta a sus palabras, gritos hostiles e
irónicos y en 1167, los disidentes organizaron el Concilio de Saint-Félix-de-Caraman,
bajo la presidencia del citado Niquinta de Constantinopla. Para colmo de males en
1176, durante un coloquio en Lombers, cerca de Albi, los cátaros discuten públicamente
sus ideas con los enviados del Papa, por lo que, Alejandro III decide actuar directamente
y exige a Raimundo V, duque de Toulouse que castigue a los barones bajo su órbita por
un incidente con enviados especiales de Roma.-
Estas primeras acciones no tienen ningún resultado, pero en
1198 sube al trono de San Pedro Inocencio III, decidido a poner fin a esta “herejía”, para lo
cual envía como representante suyo a Pedro de Castelnau quien fracasa en su misión y que,
durante su viaje de regreso a Roma, en circunstancias no muy claras, es asesinado en Saint-
Gilles.-
Ante esta situación Inocencio III ordenó una cruzada contra
los cátaros o albigenses, llamados así por ser muy numerosos en la ciudad de Albi.
Raimundo VI, señor de Toulouse no quiso enemistarse con Roma, pero como era
sospechado de proteger a los herejes, fue obligado a someterse a una pública humillación y
a partir de entonces participó como observador de la guerra.-
El primer objetivo fue destruir al vizconde de Carcassona y
de Béziers, el joven Raimundo-Roger, de la dinastía Trencavel.-
El sitio a Béziers terminó con una espantosa matanza en la
que perecieron todos los habitantes, aún los niños. Es famoso el episodio sucedido en esta
batalla cuando, ordenado el degüello general, los capitanes preguntaron como debían
distinguirse los católicos de los herejes, y la orden fue: “Degollad a todos: después de
muertos, Dios separará en el Juicio a los buenos de los malos”.-
Después siguió Carcassona, en cuya defensa fue hecho
prisionero el vizconde Roger quien, al poco tiempo, falleció por causas extrañas, quedando
Simón de Monfort, llamado el Caballero Negro, Jefe de los Cruzados, como Señor de
esas tierras.-
Así, uno a uno, fueron batidos los castillos del Languedoc por
el invencible Simón de Monfort. Desde la matanza de Béziers el 20 de julio de 1209, hasta
junio de 1215, en que Raimundo VI abandonó sin luchar la plaza de Toulouse, para
radicarse en Inglaterra con su hijo Raimundo VII. Fueron seis años de lucha y muerte y
significaron la desaparición de uno de los focos culturales más importantes de la Edad
Media donde cada hombre valía por lo que era y por lo que hacía. La tierra del Gay Saber y
del Gay Decir, porque la inspiración de los trovadores encarnó en una lengua más rica en
expresiones que el propio idioma italiano, derivado del latín (4). Y de aquellos poetas nos
llega esta sentencia histórica hecha poema: “No me admiro Roma, si el mundo está en el
error, ya que has puesto al siglo en trabajo y guerra; porque por tí han sido muertos y
sepultados el mérito y la misericordia...Reinas perversamente, Roma; húndate Dios en
ruinas, pues tan falsamente reinas por dinero. Roma, estás demasiado trabajada por el
ímpetu de tus traidoras predicaciones contra Tolosa; roes horriblemente las manos, a la
manera de serpientes hambrientas, a los pequeños y a los grandes...Roma engañosa, tu
avaricia te extravía; esquilas muy al rapé la lana a tus ovejas; pero el Espíritu Santo, que
se revistió de carne humana, oiga mis oraciones y quiebre tus brazos, Roma, porque eres
falsa y mala para con nosotros”.- (5)
EPÍLOGO
La muerte de Inocencio III en 1216, reanimó los espíritus
albigenses y Raimundo VI desembarcó en Marsella iniciando una rebelión que lo devolvió
al trono de Toulouse, siendo eliminado en batalla, el hasta entonces invencible Simón de
Monfort.-
En 1223 a la muerte de Raimundo, su hijo, Raimundo VII
comenzó su reinado signado por continuas batallas hasta que, en 1228 suscribió el Tratado
de Meaux por el cual, si bien nunca había sido derrotado, se humilló en París ante la
autoridad eclesiástica, tal cual había hecho su padre 20 años antes y abdicó todos los
derechos políticos y religiosos de su pueblo. Su permanencia en el trono a partir de
entonces fue controlada por una nueva institución creada por Roma y administrada por los
monjes dominicos: La Inquisición.-
Esta situación provocó una reacción popular que sordamente
actuó durante años hasta que en 1240, Raimundo Trencavel, hijo de aquel joven vizconde
de Carcassona, levantó un ejército reforzado por infantería aragonesa y realizó una
campaña corta, pero tan violenta que, pese a ser derrotado, se acordó con él su salida
indemne hacia España donde Jaime I, hijo también de una víctima de la represión católica,
lo acogió como caballero en sus ejércitos, participando, incluso, en la conquista de las
Baleares.-
Entre 1241 y 1242, Raimundo VII intentó una segunda
expedición para librarse de la autoridad del rey de Francia, pero fracasó y en 1248, murió
sin descendencia masculina. Su hija, casada con el hermano del rey Luis IX, heredó sus
posesiones y Toulouse, definitivamente, se unió a Francia.
En 1244 y 1256 cayeron las dos últimas fortificaciones
cátaras, Montsegur y Quéribus. La Inquisición obtuvo de Roma la posibilidad de usar la
tortura contra los sospechados de herejía. Los procesos fueron tantos que el rey San Luis se
vio obligado a ampliar las cárceles bajo la ciudadela de Carcassona. Los cátaros se
desmembraron para siempre, aunque los autos de fe, cada vez más aislados, continuaron
hasta entrado el siglo XIV.-
¿Que fue de los últimos cátaros que se asilaron en tierras
aragonesas? Nada dice la historia que conocemos. Sólo nos queda el recuerdo de aquella
sociedad de los “hombres buenos”, como los llamaba el pueblo. Aquel pueblo del
Languedoc, que aún profesando la religión católica de Roma, se batió valientemente contra
los “cruzados” de Inocencio III y luchó hasta la muerte, sin entregar a sus vecinos herejes,
lo que les habría representado salvar la vida propia; porque estaban defendiendo ideales
mucho más elevados que un simple disenso ritual.-
Los antiguos celtas entraban a la batalla cantando y peleaban
como guerreros-poetas; los cátaros saltaban a las piras incendiadas en los autos de fe,
elevando sus voces armoniosas y el relato de este holocausto nos llega como versos
nostálgicos, en la palabra del trovador Sicard de Marvejols
“Ay! Béziers, Carcassona,/ Provenza y tierra de Agenais/ Cómo os he visto!/ Y cómo os
veo ahora!” (6)
VH Raúl Ernesto Vaccaro
(1) Hacia una Moral sin Dogmas, pag. 135 - José Ingenieros
(2) La Doctrina Secreta, Vol IV, Secc. IV - H.P. Blavatsky
(3) Los Siglos del Gótico, pag. 100 - Carl Grimberg
(4) Historia Universal, To. V, pag. 49 - César Cantú
(5) Op. Cit. , pag 370
(6) Cátaros y Albigenses, pag. 109 - Fernando Niel