Disenchanted - by Disenchanted 11
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Harry y Louis se enamoraron muy profundamente y con más rapidez de la esperada, así que seis
meses después, se casaron.
Pero no siempre es "Y vivieron felices por siempre" después del matrimonio, no es un cuento de
hadas y no hay buenos ni villanos en estas historias.
Por lo tanto, cuando se enteran de que su divorcio tardará otros seis meses en los que deberán
seguir conviviendo diariamente, tal vez es hora de aprender que los mejores cuentos no se
cuentan a la hora de dormir, y no incluyen princesas en apuros, caballeros de brillante armadura
ni castillos encantados.
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Capítulo 1.
Había dejado la casa desayunando un par de galletas de avena que tomó de la despensa y las
acompañó con café en el trayecto al trabajo. Allá tuvo tres reuniones, siempre en compañía de su
padre, más tarde varios papeles por revisar y algunos por firmar.
Finalmente cuando entró a la zona residencial suspiró de alivio, estaba de vuelta en casa y a
tiempo para comer algo decente. Su estómago rugía y la cabeza comenzaba a dolerle.
Después de comer solo vería la televisión, aunque probablemente se quedaría dormido después
de un rato y hasta la hora de la cena.
Estacionó el automóvil frente a una de las viviendas más destacadas en toda la calle, el ejemplo
perfecto de la casa de los sueños de cualquier individuo promedio; tenía mucha hambre y pereza
para meterlo en el garage. Mientras caminaba al pórtico desanudándose la corbata, notó la pluma
del buzón arriba, así que se desvió un poco para sacar la correspondencia de éste. El césped
estaba recién cortado y el penetrante aroma de las gardenias le llenaba las fosas nasales a cada
paso dado.
Abrió la puerta con un "click" sordo, lo primero que vio fue, como de costumbre, la fuente de
réplica de la Venus del Milo que decoraba la entrada de la casa en el corto tramo antes de dar
vuelta a la sala de estar. En la pared frente a la fuente, enmarcada y deslumbrante, la foto de
bodas.
Decenas y decenas de bolsas adornaban la sala entera. Bolsas de zapaterías, tiendas de ropa,
tiendas de artículos para teléfonos móviles, tiendas de música, tiendas de arte, tiendas de
artículos personales y un largo etcétera.
Y justo en el amplio sofá del fondo, sentado en medio de un abrigo recién abierto y una muñeca
de porcelana todavía en su caja: su esposo mirándolo fijamente, una mano sosteniendo el
pequeño plato y la otra levantando la taza de té que bebía.
—Hola —saludó con una sonrisita mientras también alzaba la taza a modo de saludo.
—¿Qué es esto? —preguntó levantando una bolsa de la larga lista que llenaba aquella
habitación.
—Cosas.
—"Esa perra", Louis, tiene nombre —dejó la taza en la mesa de centro—. Todos tenemos un
nombre, es algo que te enseñan desde que eres niño.
—¿Qué...? —miró un masajeador eléctrico para pies a un metro de él, suspiró—. ¿Cuánto
gastaste en todo esto?
—No lo sé, hasta que me dijeron que todas las tarjetas habían pasado del límite.
—Tienes razón —se levantó—, pero tal vez eso te enseñe a no volver a meterte conmigo.
—¿Ah?
—¿Tanto drama por unas jodidas cortinas? —Louis bajó la voz un poco, saberse descubierto lo
había tomado con la guardia baja.
Ese era el punto. La noche anterior el socio y mejor amigo de Louis había estado en la casa, y sí,
fumaron un poco junto a la ventana mientras Harry veía la televisión arriba porque detestaba al
sujeto más de lo que podía expresar. No se dio cuenta porque terminó por quedarse dormido
antes de que Louis subiera a la habitación, y esto le dio un par de horas para perder los efectos,
ducharse y desaparecer la evidencia. Claro que Louis no contaba con que el olor quedaría en las
cortinas favoritas de Harry y que éste se daría cuenta por la mañana.
Así que el primer impulso de Harry fue tomar las tarjetas, llamar a su amiga y salir los dos a
gastar en todo lo que se les pusiera en frente. Por cierto, esto incluyó a Harry quejándose todo el
tiempo de Louis y llorando de vez en cuando al sentirse traicionado.
Siendo sinceros, Louis ni siquiera había notado que las cortinas ahora eran blancas, Harry habría
hecho que las cambiaran y enviaran las otras a lavar en cuanto lo notó.
—Ya deja de ser tan dramático —suspiró Louis—. Sí, volví a fumar hierba ¿y qué? no es la gran
cosa, ya supéralo.
—¿Por qué lo hiciste? —la voz de Harry comenzaba a quebrarse.
—Porque me estreso —pateó algunas bolsas para avanzar fuera de la sala—, me estresas.
—Tú sólo vas con tu padre y finges hacer algo para que te pague.
—¡No tienes idea porque nunca lo has hecho! —volvió a gritar—. Tuve un día difícil y todo lo que
quiero es almorzar algo y después sentarme a ver la televisión, pero me encuentro con que
llevaste mi crédito al límite por uno de tus estúpidos caprichos.
—¡Mierda, Harry! —respiró profundamente y se llevó los dedos a las sienes para dar un pequeño
masaje y calmarse, la cabeza le punzaba fuertemente en repetidas veces—. Te doy todo lo que
quieres. Querías mudarte aquí y lo hicimos, querías una boda grande y la tuvimos, querías de
cumpleaños esa estúpida camisa que llevas puesta y la mandé a hacer a tu medida.
—Y la naturaleza es sabia porque me alegro de que mis inexistentes hijos no puedan ver lo
basura que es su padre haciendo promesas sin cumplirlas.
—¿Podemos olvidarlo? Me duele la cabeza —Louis entró en la cocina con Harry siguiéndolo.
—¡No huyas! Todo es su culpa ¿cierto? Sabía que no debía dejarlo entrar a mi casa.
—¡También es mi casa! —lo enfrentó. Había llegado a la mitad de la cocina, sin embargo no se
percibía el olor a nada comestible o recientemente hecho—. Además él no me ayudaría a
despilfarrar en estupideces que jamás usaré, como esa amiga tuya.
La discusión siguió y siguió, hasta desviarse del tema original y comenzar con los reproches de
todo lo que se debían en los once meses y tres semanas que llevaban de casados, hasta que
ambos habían olvidado cómo es que comenzaron a elevar la voz.
La casa era grande, estaba limpia y cuidada y por fuera lucía espectacular, si alguien hubiera
pasado por ahí en ese preciso momento, lo suficientemente lejos para no escuchar lo que adentro
sucedía, habría asegurado que la casa la habitaba un matrimonio perfecto.
Aunque esta suposición estaba muy lejos de la realidad, de hecho, más de un año atrás todos les
habían dicho que era una muy mala idea.
*Flashback*
25 de febrero.
Fue el día en que Louis, en su último año de universidad, le había propuesto oficialmente a Harry
ser su novio.
El patio de la universidad cubierto de cientos de rosas. Blancas eran las del fondo y las rojas
formaban la frase “¿Quieres ser mi novio?” , la cual solo se podía leer a la perfección desde el
tercer piso del edificio de la facultad de Arquitectura donde estaba el salón de Harry.
Podía sonar muy cursi y enfermo para algunos, para otros, era el acto más hermoso y romántico
sobre la faz de la tierra. Harry pertenecía fielmente a estos últimos. Sería completamente estúpido
decirle que no al hombre del cuál había estado flechado mucho antes de que éste lo notara como
persona.
La gente hablaba de él como una estrella de rock. Su vida estaba casi resulta, el puesto de Vice-
presidente en una de las empresas más importantes de entretenimiento en Londres esperaba por
él.
La gente podía apostar que Louis, basaba en su vida en asistir los viernes a cada fiesta a la que
era invitado junto con su mejor amigo, Zayn, beber hasta perder el conocimiento, y fumar de vez
en cuando lo que estuviera a su alcance. Y sí, apostaban correctamente. Pero desde pequeño
había desarrollado la habilidad de separar su vida de esfuerzo de la diversión.
Harry había sido constantemente advertido de Louis, pero eso no le impedía que todos los días
desde la ventana de su edificio, pudiera verlo llegar, con su caminar lento, haciendo lucir esos
pantalones ajustados negros como la mejor pieza de algún reconocido diseñador, el jersey verde
que era su favorito, pero sin duda alguna disfrutaba los días en los que tenía que ir vestido
formalmente. Ese jodido traje Gucci.
—Voy a ser novio de Louis —le aseguraba a Kaya, su mejor amiga desde que tenía uso de
conciencia. Claramente podía decir que era como su hermana, sino fuera por el hecho de que
Gemma siempre terminaba celosa de ese comentario.
—Claro —rodó los ojos—, quitando que jamás le has hablado, y sus relaciones se basan a no
más de dos meses como tiempo récord.
En el mundo perfecto de Harry, Louis se enamoraba de él, le pedía ser su novio, luego ser su
esposo, y por último vivirían en una casa con las mismas proporciones de los planos que había
elaborado para su clase de Residenciales, denominándola “La casa de mis sueños” en la cual
correrían tres hermosos niños, dos varones: Cedric y Jack, y la preciosa niña que llamaría
Audrey.
Louis por su parte imaginaba su vida, viajando por todo el mundo en base a su trabajo, teniendo
cientos de amores en cada país que pisara y en un futuro muy, muy lejano formar la familia
completa que no tuvo.
Pero no había contado con encontrar un día a Harry.
Las vacaciones de invierno habían terminado, la nieve de la escuela había desaparecido poco a
poco dejando rastros de agua por todo el piso.
Y allí estaba Harry, experto en tropezar con sus propios pies, cargando la maqueta más perfecta
ante sus ojos en la que había invertido toda la tarde y gran parte de la madrugada. Había olvidado
por completo una de las reglas básicas de supervivencia: “No correr en pisos mojados”.
Estaba tan acostumbrado a resbalar, chocar con puertas de vidrio, tropezar por las escaleras,
golpearse con muebles, pero ese día había sido el colmo. Cayó justo con la cara enterrada en su
preciosa maqueta.
—¡Joder! —un chillido, de algún curioso le recordaba que aunque el gran patio estuviera casi
vacío, siempre existía una persona que era testigo de tu más terrible vergüenza—. ¿Te
encuentras bien? —corrió a su auxilio, riendo por debajo.
—¡No me toques! —gritoneó Harry, irritado—. No es educado que te burles de mi cuando he roto
mi proyecto y por otro poco mi nariz —se sentó sobre sus rodillas tallándose la cara para tratar de
borrar el par de lágrimas que escurrían por su mejillas. Aún no estaba seguro si lloraba, por el
golpe, por haber destruido en segundos tanto esfuerzo o por la vergüenza, o quizá todas.
Era oficial, Harry hubiera deseado que el golpe lo hubiera dejado muerto en el piso y evitar que
Louis Tomlinson fuese quien estaba frente a él, tratando de ayudarlo después de haberlo visto en
una de sus típicas caídas.
—Bueno, si quieres... —notó que no respondía. Louis podía pecar completamente en tomar las
cosas a la ligera, pero no era ningún inhumano careciente de sentimientos como la mayoría de
gente solía definirlo y sí, para Louis, ver a Harry había tocado alguna fibra mucho más sensible en
alguna parte de su corazón instantáneamente, una parte que nadie había podido hacer temblar.
—Sí —soltó Harry por fin—. Pero ¿no tienes cosas qué hacer?
—Para alguien tan lindo como tú, creo que pueden esperar.
Contrario a lo que Harry pudiera haber previsto, Louis había entrado completamente en su vida.
Definitivamente era como haber hecho pacto con el mismísimo diablo para lograr que de un día a
otro Louis lograra fijarse en él, como un posible prospecto.
Y por parte de Louis, era sumamente confuso, no podía recordar a Harry, conocía la más grande
constructora de casas de Londres, pertenecientes a los Styles, estaba seguro de que en algunas
ocasiones habían estado posiblemente en los mismos eventos, pero no; definitivamente ese día
estaba hecho para conocer a Harry, y robarle gran parte de sus suspiros.
No sabía a ciencia cierta qué era lo que más le gustaba de Harry. Los grandes ojos verdes que
brillaban cada que se veían, los rulos castaños echados hacia atrás, con los cuales algunas veces
adornaba con sombreros o bandanas, las largas piernas que poseía y que seguían enredándose
casi a propósito para hacerlo lucir torpe, su risa histérica cuando Louis decía una broma
completamente estúpida o probablemente eran esos labios carnosos que siempre lucían rojos a
causa de que Harry siempre solía comer caramelos y paletas sabor cereza. Sí definitivamente
eran todas, y se sentía jodido.
—Le pediré ser mi novio —Louis le daba el último jale a su cigarrillo antes de pisarlo.
—¿Hace cuánto que hablas con él? —Zayn no prestaba atención, conocía a la perfección a su
mejor amigo y sabía que era otro de sus caprichos.
—¿Y ya se la metiste?
—¡¿Qué?! No, Zayn. Ni si quiera lo he besado —se ruborizó—. Esta vez voy en serio
—¡Me estás jodiendo! Pensé que ya, y esa era la razón para hacerlo “formal” —se burló—. Les
doy no más de tres meses.
Zayn ayudó a que todas las rosas, estuvieran en su lugar, incluso tuvo que comprar el estúpido
oso de peluche de 1.50m, que Louis le había dado a guardar en su cochera para la ocasión. Oso
que el día de la fecha desprendía olor a marihuana, trayendo como consecuencia una de las
razones por las cual Harry lo detestaba.
Contra todos los pronósticos de toda la gente, incluso del mismo Louis, estaban cerca del sexto
mes de noviazgo, cuando Louis estaba completamente seguro del siguiente paso. El que la
mayoría de la gente le tema a una edad tan temprana.
Después de una cena romántica, en uno de los sitios más lujosos, caminando por un hermoso
sendero, cubierto con globos y velas, tal y como Harry le había hecho saber que era fan absoluto
de las cosas ostentosas, le propuso matrimonio junto con un anillo de oro blanco Tiffany.
“No puedes casarte con alguien con el que llevas saliendo hace menos de 6 meses, Harry.”
“Sí tanto deseas casarte con ese Tomlinson, no necesitas más de nuestro dinero.”
“Eres demasiado joven para esto, y él no es la persona más estable que exista.”
La familia de Harry podía ser una verdadera pesadilla, en cuanto se tocaba el tema de la boda. Él
solo podía responder con la misma frase de siempre: “Amo a Louis, él es lo único que necesito,
él cambiaría por mi”.
Louis no tenía más que a su padre, el cual tampoco estaba completamente seguro de la decisión
que había tomado, pero confiaba en que en cualquier asunto asumiría responsabilidades y
consecuencias. Zayn por su parte le recordaba todas las libertades que estaba a punto de perder.
Pero Louis también tenía siempre una respuesta: “A él no le importa, el acepta como soy y así
me ama”.
Y ya no importaba en realidad, si alguien tenía dudas de su relación, si el mundo les advertía que
no era una buena idea. Ellos habían tenido una de las más grandes bodas de la ciudad y por
supuesto caras, incluidas con unas hermosas vacaciones en Italia, de las cual Harry había
terminado de convencer a Louis en lugar de escoger el viaje a Egipto que él tanto ansiaba.
*Fin de flashback*
—¿Y qué hay cuando te vas todo el fin de semana? ¿Se supone que te espere aquí sin salir a
ninguna parte?
—¿No se te ocurre alguna forma de hacer algo productivo y no aburrirte? —Louis respondió con
sarcasmo.
—¿Por qué siempre tienes que traer eso a la charla? —se dio media vuelta—. No sé por qué te
sigo soportando.
—Si soy tan difícil de soportar, ¿por qué no te divorcias de mi?
Le dolía la cabeza, tenía hambre y ahora se encontraba tenso además, golpeó un servilletero
tirándolo de la mesita. No le sorprendió no encontrar nada en la estufa, no era que Harry supiera
cocinar, pero desde que supo que quería hacerlo enojar imaginó que le había dado el día libre a
la cocinera. Terminó por poner más agua en la cafetera y buscar lo único que encontró en el
refrigerador. Cortó un pedazo grande del pastel de queso con zarzamoras de la tarde anterior y
comenzó a comerlo apoyado en la alacena.
Sabía a rayos.
Arriba Harry también permanecía de pie, la espalda apoyada en la puerta cerrada de la habitación
y los brazos cruzados sobre el pecho. Las cortinas abiertas proporcionaban suficiente luz, a pesar
de ser un día nublado.
La habitación era amplia, y su estado era reluciente gracias a la mucama. Era exactamente la
habitación que quería e imaginaba desde pequeño cuando pensaba en su vida después del
matrimonio. Toda la casa era lo que siempre quiso, en eso Louis tenía razón, todo se había hecho
a su gusto, incluso la ubicación de la casa.
Primero, una repisa en la que una vez encontró un libro falso que ocultaba los cigarrillos de
Louis.
Luego, el espejo recién adquirido hace un par de meses porque Louis rompió el anterior cuando
creyó que él lo engañaba.
Después, el inmenso armario cerrado, donde de lado izquierdo descansaban todas y cada una de
las prendas que salía a comprar cada vez que Louis le fallaba.
Finalmente, la cómoda cama king size en la que definitivamente Louis no dormiría esa noche.
Y de repente, pensando en los primeros recuerdos que venían a su mente en cuanto miraba su
habitación, comenzó a considerar que la última propuesta de Louis tal vez no era tan mala idea.
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Capítulo 2.
Louis era un excelente planificador en cuestión de lugares, siempre estaba un paso adelante para
poder cumplir las expectativas de Harry. Era así como funcionaba, Harry decía y él cumplía.
Para muchos era solo seguir alimentando la actitud mimada del menor, pero eso a Louis aún no
le incomodaba en lo absoluto, porque después de llenar las expectativas de su novio se sentía
satisfecho al ver sus ojos verdes brillar más de lo normal, su boca siempre formaba una “o” en
forma de sorpresa, para ser desplazada por la sonrisa acompañada con el par de hoyuelos propia
de Harry.
Había batallado por varias semanas por tener una reservación en el “Alain Ducasse”, uno de los
restaurantes más caros de Londres, pero no era del todo imposible si su nombre iba acompañado
del Tomlinson. Era la ocasión perfecta para pedirle matrimonio a Harry, una perfecta cena en el
mejor lugar de la ciudad.
—Creo que puede llegar a ser mi lugar favorito para comer —Harry habló antes de tomar con la
punta de su cubierto un poco del cangrejo de su plato.
—Podemos venir cada que quieras —despegó sus labios de la copa llena de vino, para poder
sonreír.
—Sé que es difícil reservar aquí... —limpió su boca con la servilleta con pequeños golpes en la
comisura de sus labios— sólo dejémoslo para ocasiones “especiales” —guiñó el ojo.
Y si definitivamente Louis no podría dejar pasar que ese lugar estaba marcado como uno de los
lugares, de los cuales no debía olvidarse jamás.
~*~
Zayn se entretenía girando en una de las sillas movibles, esperando ser atendido por su mejor
amigo. Louis seguía revisando una pila de papeles mientras con una mano tecleaba su móvil
desesperadamente. Ambos sabían que era solo desperdicio de tiempo, porque él no estaba
enfocado a ninguna de las cosas, no como debería.
—Hmmm... no —sonrió, para seguir girando un par de vueltas más—. No es mi culpa que no
hayas hecho la reservación a tiempo —paró la silla frente al escritorio, mientras se compadecía
de su socio, tomando algunas carpetas para leer.
—Joder, he estado muy ocupado con el próximo evento de Otoño... —pasó ambas manos por su
rostro frotándolo— ... y las cosas siguen sin ir bien con Harry.
Pero claramente no lo haría hasta que este también lo fuera con él. Cosa que probablemente
Harry no tendría en su lista de acciones por hacer.
—Bien, entonces ¿por qué no lo hizo? —contestó un poco más calmado—. Has estado la última
semana de viaje, y él solo sigue gastando el dinero. También es su cena del primer aniversario,
no solo tuya —terminó de hablar regresando a las innumerables hojas por leer. Louis sabía que
estaba en lo correcto y no podía justificarlo.
—He pensado que, podríamos tener esas típicas cosas de “Terapias de parejas”.
Zayn tenía en la punta de la lengua el comentario del año para responder, pero fue interrumpido
por el sonido de los tacones de una mujer de cabellos rojizos con un entallado traje de oficina.
Una de las tantas asistentes de Louis entraba con otra pila de documentos.
—¿Puedo poner estos documentos en su escritorio, Sr. Tomlinson? —la pelirroja le sonrió
mordiendo con descaro su labio inferior.
—¿Solo los documentos? —coqueteó Louis guiñándole el ojo antes de que la mujer volviera a
salir, moviendo exageradamente sus caderas.
Louis nunca había desechado los pensamientos sobre unos buenos pechos, pero definitivamente
no se acercaba ni a la mitad de lo que le atraían los hombres. No, definitivamente Louis no era
infiel, jamás en su vida se atrevería a serlo, gozaba cada que podía coquetear con las personas
para poder conocer los cortos límites de ellos, pero amaba mucho más hacer rabiar a Harry con
este tipo de acciones.
Harry no era el tipo de persona que se tomaba tan a la ligera los “inofensivos” coqueteos como
Louis, claro que él también lo había hecho para devolverle la jugada, pero éste solo comenzaba a
reír y a canturrear “Eres tan patético, corazón”. Harry se asemejaba más a un gran actor de
escenas de drama, incluso Louis estaba completamente seguro que la vocación correcta de él era
ser actor y no arquitecto.
—Bien, si quieres “salvar tu matrimonio” —Zayn movió sus dedos para enfatizar las palabras—,
no creo que eso esté permitido, compañero.
Louis solo lo dejó pasar como siempre, él había aceptado la responsabilidad que conlleva casarse
tan joven.
**
La gran casa seguía teniendo el aroma a canela que ambos habían acordado, pero hoy Harry no
sentía que llenara del todo sus fosas nasales, su sentido del olfato estaba bloqueado, al igual que
probablemente sus demás sentidos. Pudo despertar cuando sintió un par de manos cubrir sus
ojos.
—¡Feliz aniversario! —Louis besó su mejilla ruidosamente.
—Feliz aniversario, Louis —se giró para juntar sus labios debidamente.
—Pensé que cenaríamos aquí —habló confundido—. O eso dijiste hace una semana antes de
volver a irte.
—No puedes ir vestido así a Alain Ducasse —Harry estaba vestido con una jean negros de
gamuza, una playera blanca lisa y, en unas lindas y afelpadas pantuflas del personaje principal de
la caricatura “Coraje, el perro cobarde”.
—¡¿Alain Ducasse?! —gritó emocionado antes de abalanzarse al cuello de Louis y aferrar sus
piernas a su cadera con una pizca de emoción.
Louis era al menos diez centímetros más bajo que Harry, pero siempre era el encargado de
cargarlo... o bueno eso era antes.
—Tenemos el suficiente tiempo para ducharnos y vestirnos —con cuidado lo regresó al suelo.
El próximo par de horas, se volvieron a sentir tan tensas como en los últimos meses se
acostumbraba. Ambos se arreglaban sin decir ninguna palabra.
—¿Cuándo te hiciste ese tatuaje? —mencionó Louis después de mucho tiempo, al notar el
abdomen al descubierto de su esposo.
—Oh, ¿esto? —Harry toco el par de ramas dibujadas en su abdomen inferior—. Hace un mes...
creo.
—¡¿Un mes?! —habló sorprendido—. ¿Y por qué no me habías dicho?
Harry volteó a mirarlo de una forma asesina. Pero no era el momento para discutir... No aún.
—Lo hice un día antes de hacérmelas —suspiró y trató de hablar de la forma más tranquila
posible—, y al día siguiente de haber ido.
—Sí. ¿Y tú cuándo compraste ese traje? —señaló con la cabeza la pieza azul marino que
descansaba en la cama.
—¿Ese? —preguntó Louis— Hace tres meses, te traje uno a ti igual negro cuando fui a Milán.
—Ah, cierto —mintió.
Ambos se quedaron mirando por unos cuántos segundos que parecían horas, solo preguntando
mentalmente.
“¿Te conozco?”
***
Cuando faltaban pocas calles para llegar al hotel donde se encontraba el restaurante, se dieron
cuenta de que no habían hablado más de lo necesario, si acaso tres o cuatro palabras en todo el
camino.
Los dos estaban muy sumidos en sus propios pensamientos como para hablar de algo. Louis
pensaba en lo que tenía planeado para esa noche, la exquisita cena, algunas actividades
románticas en medio de ésta y el postre en el que estaría escondido un nuevo anillo para Harry.
Él por su parte pensaba en un martirio que le rondaba la cabeza desde hacía varios días, el
panorama desde dentro del auto se veía gris, triste.
—Hey —Louis interrumpió sus pensamientos—, espero que te guste tu regalo de aniversario.
Ambos intercambiaron risitas leves que no duraron mucho, miraron después en silencio el
parabrisas, pensando en lo mismo sin atreverse a decir nada. Fue Louis el que lanzó la pregunta.
—Cierto, cierto... —trató de hacer memoria— ¿dos semanas? ¡No! espera, creo que la semana
pasada...
—¿La semana pasada? ¿No ha pasado más tiempo?
—No lo sé —se encogió de hombros. Habían llegado al hotel y el valet parking los esperaba.
Louis le entregó a aquél hombre las llaves de su reluciente Camaro y tomó el brazo de Harry para
guiarlo al interior del restaurante, escucharon el motor mientras llevaban el auto a estacionar.
—Y estúpidos.
Tomaron sus respectivos asientos, frente a frente de cada lado de la mesa. No había mucho que
decir porque en realidad no sabían si querían decir algo. Estaban festejando un año de
matrimonio y con cada segundo que pasaba se convencían un poco más de que estaban
cenando con un desconocido.
—Es nuestro aniversario, creí que lo haría más romántico ordenar lo mismo que la noche del
compromiso, cangrejo y lomo de venado para ti.
Una mesera con el uniforme del lugar se acercó llevando sus platos en una charola, en la otra
mano llevaba la botella de vino, reserva de 1999 que Louis había ordenado.
—Bienvenidos —dijo poniendo las cosas sobre la mesa, en medio de la pequeña atmósfera de
tensión—, ¿necesitan algo más?
—No lo sé, pregúntele a mi esposo —Harry sonrió de manera hipócrita—, le encanta decidir por
mi.
—Harry, estoy intentando tener un gesto lindo contigo —Louis susurró inclinándose hacia él, la
mesera se sintió incómoda al instante y se retiró—, podrías por lo menos apreciarlo.
Harry rodó los ojos y a regañadientes dejó de protestar, simplemente se dedicó a cortar trozos
pequeños de su alimento y a comer en silencio, sin levantar la vista del plato. Cualquiera pensaría
que era el aniversario más absurdo y deprimente de la historia, pero en realidad así habían sido
todas las cenas desde hacía algunos meses.
—Había pensado... —dijo Louis sirviendo el vino— ¿por qué no renovamos nuestros votos
matrimoniales?
—Buena idea —Harry suspiró tomando su copa. Otro largo silencio se adueñó de la mesa.
—¿Y bien?
—¿Louis? ¿Louis Tomlinson? —una voz masculina se escuchó en otra parte del restaurante,
interrumpiendo a Harry.
Un sujeto de cabello negro vistiendo un traje gris, acompañado de una mujer rubia en un corto
vestido azul rey se acercó a ellos y Louis soltó su mano de las de Harry para saludarlo.
—Nada nuevo, traje a Goldie a cenar —dijo señalando a la rubia de sonrisa tonta.
—Bien, él es Harry, mi esposo; y Harry, él es Gabe Saporta, su padre es dueño del teatro donde
en tu cumpleaños te llevé a ver tu musical favorito ¿cuál era? ¿Cabaret?
—Lo que sea. En fin, Gabe me dio gratis las entradas en el palco VIP.
—Harry, debiste haber estado ahí —Louis empezó a reír de la nada—, tenías que haber visto la
paliza que le di en tenis.
—¿Miami? —Harry forzó una sonrisa—. ¿Cuando regresaste dos días después de lo acordado,
Louis?
—Es que es un lugar paradisíaco —respondió Gabe en su lugar—. Playa, sol, fiestas... y ya
debes saber cómo es Louis, sabe que un poco de diversión no le hace mal a nadie.
—Claro que sé cómo es él —Harry mantenía la sonrisa forzada mirando fijamente a Louis, que
ahora lo esquivaba y reía de manera nerviosa.
—Aunque claro que todo eso no impidió que me pidiera el favor de tu cumpleaños mientras
estábamos en el jacuzzi...
—¿Jacuzzi?
—Relájate, no estábamos solos —Louis le habló en voz baja para calmar la situación, pero lo
suficiente para que Gabe escuchara y volviera a hablar más de lo necesario.
—Ah, no, no estábamos solos, en ese mismo hotel hubo un desfile de modas esa tarde, ¡y las
modelos! —se mordió el labio— y los, también. Hubieras ido, Harry, estoy seguro de que te
hubiera gustado.
Louis agradeció que fuera imposible matar con miradas, gracias a la que Harry le estaba
lanzando a través de la mesa.
—Nos vamos, nuestra mesa está en aquél rincón. Gusto en verte, Louis; un placer, Harry —tiró
del brazo de su acompañante y se alejaron en alguna dirección desconocida dentro del
restaurante.
—Adiós, Gabe. Adiós, Goldie —dijo el nombre de ésta última en tono seductor, ella se volteó para
sonreírle y despedirse ondeando la mano de forma coqueta—. ¿No es todo un caso ese tipo?
—Louis volvió a reír nerviosamente y sorbió un poco de vino.
—La próxima vez elige un lugar en el que estés seguro de que tus amigos no te van a delatar
—habló con rabia y encajó el cuchillo en la carne de su plato, seguramente imaginando que era
Louis.
—La próxima vez elige tú el lugar —gruñó—. Bastantes problemas pasé para reservar y tú no lo
aprecias.
—Debiste ser más creativo. Primer aniversario: cena y sexo, ¡qué original!
—Parece que nos quedaremos sin la última parte —dijo repitiendo los movimientos de Harry,
cortando la comida con más fuerza de la necesaria—. Es lo que obtienes por dejarme planearlo
todo solo.
—¡¿Cosas necesarias?! Harry, compraste una membresía a la competencia del spa al que vas,
un edredón para cama individual con estampado de Frozen y una caja de condones del oso
Rilakkuma.
—O podrías usarlos en tus viajes "de negocios" con Gabe y con no-sé-quienes-más —dejó
también los cubiertos a un lado— ¿Miami? ¿jacuzzi? ¿modelos? ¡Por Dios, Louis, no soy
estúpido!
Louis no respondió.
Solo lo miró dolido, destrozado y sin el más mínimo ápice de querer seguir discutiendo. Volvió a
tomar el tenedor y regresó a su plato. Las personas que los habían volteado a ver llamados por el
ruido de la discusión también volvieron a sus asuntos.
—Louis...
—Cállate y come.
Su voz sonaba firme y fuerte, pero también lastimada. Harry no se movió, dejó pasar un par de
minutos en completo silencio e insistió.
—Louis, lo lamento.
—Dije que...
—Lo siento, pastelito —usó el mismo sobrenombre con el que lo llamaba siempre desde que
descubrió su debilidad por el pastel de queso con zarzamoras.
Movió el brazo para liberarse de su agarre. Harry estaba sorprendido, y ahora dolido también, le
habló con la voz medio quebrada.
—Tuve que decir eso —suspiró mirándolo a los ojos—, había apostado con Zayn que me
acostaría contigo antes de los tres meses.
No lo vio venir.
Lo siguiente fue muy rápido, de repente tenía líquido rojizo oscuro derramado en el costoso traje,
adornado también con porciones de guiso cortadas en porciones pequeñas. Harry le había
arrojado su plato y en su camino éste había tirado también la copa.
Harry se levantó buscando algo más en la mesa, tal vez para irse de una vez o quizá para
arrojárselo también ¿qué importaba? De cualquier forma ya todos los estaban viendo. Había sido
tan predecible, y sintió tal alivio inexplicable al escuchar esas palabras en un momento tan crítico
en su matrimonio, que Louis no pudo contener una risa mientras se limpiaba el saco con la
servilleta.
"No importa, Zayn sigue siendo personaje semi-principal, no puede romper su contrato con
nosotras, somos peor que M!M" — Mayte, 2015.
PD: Los condones del oso Rilakkuma existen, googléenlos porque están bonitos <3
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Capítulo 3.
Había sido idea de Louis que antes de anunciar el compromiso frente a sus padres lo anunciaran
frente a sus amigos. Así que rentaron una noche en su club favorito y los invitaron a todos ellos.
Incluyeron por supuesto, a Zayn, el mejor amigo de Louis; a Kaya, la mejor amiga de Harry; e
incluso a la hermana de éste último, Gemma. Todos bebían, bailaban y se divertían, hasta que en
el punto más alto de la noche, la música se detuvo y los dos anfitriones se colocaron abrazados
frente a la cabina del DJ sosteniendo un micrófono.
—Algunos imaginaban que existía una razón para una fiesta tan grande —habló Louis acercando
a Harry por la cintura más contra él—, y en realidad, la hay.
—¡Nos vamos a casar! —anunció Harry abrazando con más fuerza a su prometido mientras
ambos sonreían tan grande como podían.
Un silencio excesivamente incómodo llenó todo el lugar, las personas se habían quedado
boquiabiertas y ni siquiera murmuraban entre ellas, lo que rompió ese silencio fue la descarada
carcajada de Zayn.
—Ustedes dos no van a durar —uno de los primos de Louis se encogió de hombros. Harry lo miró
de arriba abajo con desprecio.
—¡Cierra la maldita boca, tú eres virgen!
Se armó el bullicio poco a poco, todos comentando que era mala idea, que no deberían
apresurarse, hasta que las voces se hicieron inentendibles y la pareja les seguía asegurando que
eso iba muy en serio. En cuanto se dio cuenta de esto, Zayn los miró desaprobando todo eso,
negó con la cabeza, alzó ambos brazos diciendo “Me voy” y se dio la vuelta, saliendo del lugar.
—¡No, hombre! ¿A dónde vas? —Louis intentó seguirlo, pero Harry lo detuvo de la camisa.
—¿Es que nadie tiene algo amable para decir? —preguntó indignado. Desde la barra, una muy
alcoholizada Kaya que apenas y podía mantenerse erguida, alzó la mano mientras eructaba—.
¡Lo sabía! —pidió silencio y ella habló.
—Harry, quiero que sepas que yo estaré contigo, apoyándote... —Harry sonrió enternecido—
cuando él te deje.
~*~
Se habían conocido en séptimo grado, cuando cambiaron a Harry de colegio porque los Styles
creían que el anterior no era suficiente para desarrollar sus capacidades.
Desde el primer día la capitana de animadoras de ese curso puso los ojos en él. Era una chica
linda, rubia, ojos color miel, hermosa sonrisa. Sin embargo a Harry no le interesaba y aún no tenía
edad suficiente para entender por qué. Pero a ella sí que le interesaba, así que esperó al
siguiente partido de voleibol, cuando su equipo se coronó como ganador y ella había estado
deslumbrante. Se acercó al chico nuevo del colegio, y lo invitó a su casa, él aceptó, después de
todo ¿quién se resistiría a una niña tan linda?
Eso no bastó, ella lo llevó más lejos, intentó robarle un beso. La reacción inmediata de Harry fue
empujarla y gritar que se alejara mientras se limpiaba los labios. Sucedió frente a todo el estadio
de la escuela, todos lo vieron, todos se rieron. Ella soltó sus pompones y salió corriendo entre
sollozos y la cara ardiendo por la humillación pública.
Al día siguiente Harry desayunaba en la cafetería, completamente solo porque al mismo tiempo
continuaba con la lectura de la semana para su clase de literatura, cuando un par de pompones
con los colores del colegio cayeron en la mesa. Alzó la mirada para encontrarse con una chica de
cabello castaño y ojos azules ondeando en su mano la insignia de capitana de animadoras que
recién le había sido entregada.
La otra chica, la rubia, a quien Harry rechazó, dejó la escuela sabiéndose incapaz de soportar la
vergüenza. Ella había quedado a cargo ahora. Le sonrió amistosamente y en un mudo
agradecimiento.
**
No se equivocó, ahí estaban varios años después, en la terraza de su cafetería favorita, cada uno
con un capuchino y conversando acerca de las noticias que Harry tenía para ella.
—Estoy tan orgullosa de ti —sonrió de manera tierna tomando la mano del chico—, finalmente te
diste cuenta de que puedes conseguir algo mejor.
—Lo sé, ya era hora —suspiró—. ¿Sabes qué me duele? la argolla de bodas.
Soltó la mano de ella y miró la suya extendida sobre la mesa, la izquierda. La alzó mirándola
contra el cielo como apreciando lo bien que se veía en su dedo, y finalmente con ayuda de su
mano derecha quitó el anillo de donde estaba.
—¿Te vas a divorciar y sigues usando eso? —hizo una expresión de asco.
—¡Míralo! es cien por ciento platino y esto —recorrió con la uña ambas series de pequeñas
piedras en los bordes de la argolla—, son todos diamantes. ¿No es precioso?
—Lo es —Kaya le quitó la joya y la contempló por algunos segundos, antes de intentar encajarlo
en uno de sus propios dedos.
—¡No te queda, idiota! —la regañó—. Pero sí, una de mis cosas favoritas de la boda fueron los
anillos, más de veinte mil dólares cada uno —tomó entre sus manos la taza de café y se dejó caer
en el respaldo de su silla—. Los compró en Nueva York, es lo único que ha hecho bien en la
vida.
—¿Louis?
—No, el estúpido de su amigo —escupió las palabras con resentimiento—. Él fue el padrino,
¿recuerdas? y llegó tarde.
—Ya sé de quién hablas —bebió un poco del café—. No me sorprendería que sea él quien le ha
metido varias ideas a Louis.
—Yo estoy completamente seguro de que lo ha hecho, todo lo que fue mal en nuestra relación
fue por su culpa —devolvió la taza a la mesa y se cruzó de brazos—. Voy a necesitar un buen
abogado.
—Podemos solucionar eso —limpió con su servilleta un poco del líquido derramado en la mesa—.
Mientras tanto, tenemos que celebrar tu nueva futura libertad, ¿a dónde quieres ir esta noche?
Harry contuvo un suspiro por la mayor cantidad de tiempo que pudo, liberándolo por fin en
pequeños trozos entrecortados. No se había dado cuenta de que ya estaba acariciando su propio
dedo anular izquierdo, la piel se sentía nueva, por los meses que había estado cubierta por el
costoso metal y su mano se sentía mucho más ligera, culpó a los diamantes.
Miró a su derecha, la ciudad. No se había dado cuenta de lo nublado que estaba el día, aunque
se tratara del clima de un día normal en Londres. Cuando habló se sorprendió de lo frágil y
entrecortada que sonó su voz.
—Hecho —Kaya le sonrió de lado devolviéndole el anillo, Harry lo guardó en su bolsillo—. ¿No te
lo vas a quedar, verdad?
—Tiene el nombre de Louis grabado por dentro —le mostró la parte interna de la argolla, de
inmediato un sobrecito de sustituto de crema para café lo golpeó en la cara—. ¡Auch! Y no, por
eso no puedo quedármelo.
—Buena idea, puedo subir el precio si quiero —suspiró pensativo—. ¿Qué crees que haga Louis
con el suyo?
—¿No es lo que está haciendo ya? —el sobrecito que le había arrojado a Harry le fue devuelto de
la misma manera—. ¡¿Qué te sucede?!
—¡Louis no me está dejando, fui yo quien pidió el divorcio! —casi gritó, de no ser porque estaban
en un lugar público, después se acomodó en su lugar, mirando de nuevo la ciudad debajo de esa
terraza del segundo piso donde se encontraban—. Es a él a quien le está doliendo, esto no me
está afectando en absoluto.
Dijo esto último más para sí mismo que para alguien más, y no esperó reacción alguna. Después
de un par de segundos Kaya empezó a hablar de otra cosa y él a fingir que prestaba atención
cuando en realidad estaba más concentrado en la soledad de su dedo anular, el peso ardiente en
su bolsillo y los matices grises de la ciudad, que se extendían hasta la taza de café.
***
—¡El día ha llegado, oh, hermanos míos! —Zayn se levantó extendiendo los brazos como
agradeciendo la salvación.
—¡Un yate! Oh, sí, una gran fiesta en un yate este fin de semana, habrá música en vivo, alcohol,
hierba y decenas de cuerpos esculturales celebrando el final de tu trato con el demonio.
—El mejor disponible, amigo mío. Ahora, encarga una botella, esto amerita un brindis.
—No estoy seguro de querer brindar todavía —puso ambos codos en el escritorio y dejó caer su
cabeza entre las manos, Zayn volvió a sentarse.
—¿Qué fue lo que te dijo exactamente? —dijo arrojando un dardo al blanco que Louis tenía
detrás de la puerta.
—Ya te lo he dicho, cito de manera textual “Louis, quiero el divorcio” —dijo imitando la voz de
Harry.
—Esa es una etapa fúnebre en mi vida y no la quiero recordar —arrojó otro dardo.
—¿Cómo se llamaba ella? —ambos se quedaron quietos y pensando en silencio por varios
minutos, incapaces de recordar el nombre de la ahora ex señora Malik—. Bueno, lo que sea,
¿cómo es que duraron tan poco y aún así conseguiste quedarte con la mitad de su compañía?
—Claro que no quiero arruinar a Harry... —se apresuró a responder— Aunque, los Styles nunca
me quisieron ¿sabes?
—Ya, entiendo —no había más dardos en el escritorio, se acomodó frente a Louis—. Conseguí al
mejor abogado que encontré, nada barato, pero el mejor.
***
Habían pasado solo dos días desde que Harry en serio había hecho la propuesta a Louis, a decir
verdad, se habían visto más veces que las últimas dos semanas. Ninguno de los dos se había
dignado a dejar la casa y aunque ésta fuera lo suficientemente grande para poder evitarse,
seguían teniendo desafortunados encuentros, en los cuales nadie hablaba, solo existía la tensión
que se podía palpar.
Ahora Louis se encontraba fuera de un juzgado, esperando solo por escuchar el “solo una firma
más y estarán oficialmente divorciados”, sólo de imaginarlo sintió un nudo en la garganta. Aun no
podía definir si era porque en realidad seguía queriendo a Harry y de verdad había imaginado
tenerlo a su lado hasta sus últimos días, o sólo era la idea asfixiante y traumática a la que
siempre le temió.
El abandono.
No tardó mucho en ver llegar el Mercedes A200 negro, último modelo de Zayn, a su lado bajaba
un hombre mucho más corpulento que su amigo con un traje gris y un maletín de cuero negro.
—Bien, este es Louis —presentó al hombre de traje—. Él tuvo el infortunio de casarse con la
sanguijuela que te he contado.
—Liam Payne, —ofreció la mano que fue estrechada rápidamente—. Llevaré tu caso, Louis, no
dejaremos que Harry obtenga más de lo que ya le has dado.
—Tú no deberías preocuparte —habló Zayn a la par mientras prendía un cigarrillo y ofrecía otros
a sus compañeros—, deja que Liam haga su trabajo.
Hablaron alrededor de 15 minutos más afuera del enorme edificio, solo esperando a que llegara el
futuro ex esposo de Louis Tomlinson. Las nubes grises comenzaban a cubrir el cielo como era
costumbre mientras una ligera brisa de lluvia se hacía presente.
—Creo que deberíamos esperarlos adentro —propuso Liam tomando camino al interior. Louis
asintió mientras caminaba con lentitud siguiéndolos.
El golpeteo de unos botines se escuchaba en la pequeña explanada del edificio, Louis en realidad
podía adivinar a quién pertenecía ese molesto sonido de las botas corriendo, la lluvia comenzaba
a aumentar, no pudo evitar el girarse a ver como Harry corría con las manos dentro de su abrigo,
así que fue inútil el evitar la caída al resbalarse y caer justo con el hombro izquierdo.
Corrió los pocos metros que le separaban de él, ofreciéndole una mano para levantarse.
Ambos sintieron una extraña sensación, pero de igual forma Harry aceptó, no quería seguir
mojando su abrigo negro.
—Pensé que habías dicho que no te gustaba esto de repetir las mismas escenas —sonrió Louis
viendo como Harry se sacudía un poco de la tierra de sus pantalones.
—No seas ridículo, no hice esto para recordar ese horrible día —aseguró molesto.
—Bien, bien, pero ¿quién sigue siendo el imbécil aquí? —caminó de regreso a la recepción.
—¡Tú, por supuesto! —gritó Harry siguiéndole un par de pasos atrás.
—¿Y tu ejercito de Barbies? —se burló al notar que había llegado solo.
—¡No les digas así! —respondió irritado—. Estaban estacionando el automóvil, pero yo
necesitaba... ir al baño...
—Ya...
—Sí...
—Te veo arriba —habló Louis cuando escuchó el timbre de las puertas de metal abrirse, subió
solo, pues era obvio que tanto su abogado como su mejor amigo ya se encontraban en la oficina
indicada.
Harry esperó unos segundos hasta que él desapareció, regresando al asunto principal por el cual
había bajado antes del auto.
Entró olvidando por completo su objetivo, ahora solo necesitaba un momento para estar solo y
darse ánimos a sí mismo para convencerse de que en serio era su mejor opción. Se tomó unos
cinco minutos antes de salir del baño y enfrentarse a lo que él mismo le había dado inicio.
Cuando subió al piso número siete, sólo encontró a Kaya sentada en uno de los enormes sillones
marrones, hojeando una revista vieja de modas. Zayn se encontraba platicando seductivamente
con uno de los recepcionistas.
Porque cabía decir que Zayn, también entraba directamente en el club al que antes Louis se
hacía pertenecer. Ser heterosexual en primer plano con algunos momentos de “debilidad” por los
de su mismo sexo. Estaba seguro que en realidad que el oji-miel era el presidente de ese
estúpido grupo.
Lo que más le hervía en la sangre a Harry, era saber que su futuro ex esposo, probablemente
aprendió a la perfección las estúpidas enseñanzas de infidelidades de su mejor amigo.
—¿Por qué estás aquí afuera? —se dirigió a su amiga, tratando de ignorar la mirada pesada de
Zayn sobre él.
—“Ese”, se llama Louis Tomlinson, y “ese” paga para que tu amiguito Harry te regale cosas caras
—habló Zayn a la defensiva.
Harry los dejó seguir discutiendo para entrar a la oficina, era demasiado grande para lo que se
esperaba, pero no podía esperar menos, la vida que llevaban nunca se había puesto límites
pequeños, así como sus problemas.
Encontró a Jeff, su abogado. Gran amigo con el cual solía salir de fiesta cada que su esposo no
se encontraba, tenía muy buenos dotes en ganar todo tipo de demandas. Por supuesto que él
también pertenecía a las tantas personas que le advirtieron que su matrimonio no iba a triunfar, y
ahí estaba su apuesta; ahora estaba a cargo de llevarlo una vez más a la “libertad”.
Jeff hablaba con el que supuso que era el juez, un hombre mayor de gran peso, y a su lado, el
que debía ser de Louis, los tres se encontraban en una pequeña discusión que no se molestó en
escuchar. La oficina era grande, pero no tanto para no ver a Louis, que definitivamente no estaba
siendo participe del intercambio de las palabras.
—No... definitivamente eso no puede ser posible —Jeff negaba con la cabeza enojado, sacando
hojas de su maletín.
Los tres hombres ni si quiera habían notado la presencia de Harry, todo se sentía tan tenso como
para darse cuenta de que él estaba recargado en la puerta buscando a su todavía esposo.
—¿Y Louis? —preguntó por fin Harry, jalando una de las mangas de su abrigo.
—Balcón —hablaron los tres al mismo tiempo, sin darle más importancia, regresando a su
conversación.
Harry suspiró fuertemente, en realidad no sabía si era conveniente salir con Louis o quedarse
para fingir un poco de interés en lo que hablaban, pero seguramente no entendería nada así que,
al demonio... sería de las últimas veces que podría hablar con Louis... ¿no?
El balcón estaba a la derecha del escritorio principal, salió sintiendo de golpe el frío de otoño. El
olor de cigarrillo ni si quiera le molestó cuando inundó sus fosas nasales.
Se acercó un poco a dónde estaba Louis fumando mientras miraba el poco transitar de los carros
por la avenida.
—No, gracias.
—Gracias —lo aceptó, mientras deshacía con una mano el pequeño chongo sobre su cabeza.
—¿Ves por qué es más cómodo y caliente vestir así? —habló refiriéndose a la diferencia enorme
de sus vestuarios.
Más segundos en silencio.
—¿Se supone que deberías estar adentro, no? —Harry veía las hojas marrones volar frente al
edificio.
—No entendí muy bien lo que hablaban —se encogió de hombros—. Confío en Jeff.
—Y yo en Liam.
Louis había acabado instantes atrás su cigarrillo. Podría culpar a la situación si en ese instante
estaba sacando otro y llevándolo a su boca, pero la realidad que intentaba mantener oculta era
que sí, se estaba siendo un jodido adicto al cigarro, pero tampoco era algo que quisiera detener.
El sonido de un celular interrumpió su (no) charla, Louis rápidamente sacó el suyo, sabiendo que
era el que sonaba, se tomó unos segundos para leer algo y reír en voz baja.
Definitivamente la pequeña risa fue la que le erizó los vellos de los brazos a Harry y no una ráfaga
de aire frío. Su mente trabajaba mucho más rápido cuando se trataba de imaginar cosas
negativas y Louis siempre le ofrecía una y mil formas de encender su pequeña máquina de tortura
mental.
Las uñas de Harry chocaban contra el barandal de metal, esperando una explicación de por qué
Luis lucia más entretenido mensajeando con “no sé quién”, que hablando con él. Pero como si
éste hubiera leído sus pensamientos habló después de un rato.
—Mándale de mi parte también —el padre de Louis era la única persona de ambas familias que
los había apoyado, y no era porque creía que era una buena idea. Él sólo quería ver feliz a su
único hijo, y en realidad creyó que Harry lo hacía. Tal vez también se equivocó.
—Sigue en Texas —respondió Louis sonriendo hacia el celular—, cree que sabe montar caballos,
pero es un asco —giró la pantalla hacía él mostrándole una foto del viejo Tomlinson con una
hermosa yegua azabache.
Ambos rieron.
Louis y él entraron dejando a Harry afuera, él también decidió adentrarse más tarde, viendo como
su abogado seguía negando, mientras le ofrecía una mirada de disculpa. En una esquina Louis se
encontraba con su abogado hablando en voz baja... tampoco lucían del todo contentos.
Louis fue el único que se acercó, llevándolo a un punto más lejano de todos los presentes.
—¿Qué pasa?
—¡¿Tanto?! —gritó sorprendido, jamás pensó que aunque ambos estuvieran de acuerdo les iba a
llevar tanto tiempo—. ¿Entonces?
Harry definitivamente se sentía con muy mala suerte, la más pésima y mala suerte del mundo y
sobre todo en un chiste de muy mal gusto. Pero no tenía otra opción, de todas maneras estaba
completamente seguro de que no iba a funcionar.
—Bien, iremos.
_____
Gracias por leer y por esperar a que subiéramos capítulo, nos sentimos profundamente
agradecidas de que les esté gustando la historia y ojalá que les siga mientras dure :D gracias por
tanto y perdón por tan poco. En serio amamos que comenten mucho <33.
=================
Capítulo 4.
La familia de Harry no tomó muy bien la noticia. Su madre se desmayó, su padre le gritó, y
cuando ambos se enfrascaron en una discusión y Louis intentó detenerlos, el señor Styles lo
apartó con un “no te metas, este no es asunto tuyo”. Así que un muy furioso Harry salió de ahí
junto a Louis sin escuchar más. Durmió en casa de los Tomlinson y al día siguiente Louis fue a
dejarlo de regreso, después del medio día para que no tuviera que toparse a nadie.
Pero Harry supo que había sido un error en cuanto entró y sus padres lo esperaban sentados en
uno de los lujosos sofás, frente a un sillón vacío que supuso era para él. Gemma estaba de pie
junto a ellos, “maldita traidora”, pensó.
—Estuvimos pensando en aquella decisión que has tomado —dijo su madre uniendo las manos
en su regazo—. El señor Tomlinson nos parece una persona maravillosa, a juzgar por los pocos
encuentros que hemos tenido con él, amable, educado, culto, todo un caballero —se encogió de
hombros—. Lamentablemente, no podemos decir lo mismo de su hijo.
—Así que, Harry, no pensamos que sea buena idea que des ese paso tan importante, ni siquiera
sabes lo que quieres. Pero creemos saberlo nosotros —tomó una carpeta del lado del sofá que
no estaba ocupado por su esposo, Harry ni siquiera había notado que estaba ahí. La abrió sobre
la mesa, junto a la bandeja de té, exponiendo varias fotos impresas de un edificio muy amplio con
fachada en café y blanco, Harry de inmediato se acercó a pasar las páginas con imágenes—. Si
decides no casarte, estudiarás aquí, la mejor escuela de arquitectura de Europa. Además tendrás
una casa en donde tú decidas, duplicaremos tu bono anual y subiremos hasta un treinta por
ciento de tu salario cuando trabajes.
—¿Están intentando comprarme? —Harry frunció el ceño y soltó la carpeta para cruzarse de
brazos—. No, gracias. Voy a casarme, amo a Louis y él es todo lo que necesito.
—No queríamos tener que llegar a esto —su padre se aclaró la garganta inclinándose hacia
enfrente—, pero debes aprender que en este mundo no se vive del amor.
—Harry, si te casas puedes despedirte de todos los beneficios que te otorga esta familia —su
madre mantenía la postura erguida y el tono de voz calmado.
—Claro que iremos a tu boda, si es lo que quieres —sonrió—. Pero desde el momento en el que
firmes el acta que te una a Louis Tomlinson, perderás tu herencia, todas tus bonificaciones
monetarias, el acceso a nuestras cuentas bancarias, el derecho a laborar en nuestra empresa y tu
lugar en esta casa.
—Tienes hasta el día de la boda, cariño —se levantaron a la vez—, todos tenemos derecho a
cambiar de opinión.
Harry sintió su garganta cerrarse y sus ojos arder, fue incapaz de moverse mientras sentía a sus
padres abandonar la habitación. Tampoco tuvo palabras cuando pudo alzar la cabeza y pudo
mirar a Gemma, todavía de pie en donde estaba cuando llegó y mirándolo con lástima, murmuró
un “lo lamento” antes de subir por las escaleras.
Estaba solo.
~*~
El silencio era imperfecto únicamente gracias al tic tac del reloj en la pared.
Estaban en la sala de espera en el tercer piso del edificio, con el mismo clima gris afuera. El
espacio estaba pintado de color azul celeste y era estrecho, solo se podía acceder por las
escaleras, después del corredor un arco sin puerta llevaba a la habitación. Junto a la pared de
éste arco había un cómodo sofá de cuero negro con plantas de sombra en macetas grandes a
cada lado y un revistero. En la pared conjunta estaba la ventana con las persianas recorridas y un
sofá un poco más pequeño. En la pared frente a las macetas y el arco, una especie de
mostrador/escritorio alto de madera con una secretaria que anotaba cosas en la computadora
(seguramente expedientes) y la puerta en la que se leía “Dra. Fischer”. En la última pared la
decoración eran los múltiples diplomas y reconocimientos de ésta mujer y una televisión de
pantalla plana en un soporte casi llegando al techo.
Harry y Louis se encontraban sentados en el sofá más grande, frente a la secretaria, con poco
más de un asiento de por medio entre los dos. Louis hojeaba una revista de curiosidades que
tomó del revistero, Harry miraba la televisión, las noticias locales, mientras degustaba lo último de
su paleta. Sabor cereza. Después de la tercera vez que Louis lo besó le dijo “tus labios siempre
saben a cereza”, después de eso le puso un sobrenombre: Cherry lips.
La puerta se abrió y la atención de ambos se desenfocó a lo que hacían para mirar lo que
pasaba. Salió un hombre de edad madura, con poco cabello de color blanco y un pedazo grande
de plástico de burbujas en las manos, reventó una antes de acercarse a la secretaria. Se pusieron
a intercambiar algunas palabras, seguramente arreglando su próxima cita en aquél consultorio, de
vez en cuando el sujeto reventaba otra burbuja, pop, pop, pop.
—No sé por qué estamos haciendo esto —murmuró Harry apenas lo suficientemente alto para
que Louis escuchara, pop—. Ni por qué me trajiste al mismo lugar que Pablito Burbujas.
—Mi dinero —lo corrigió. No sé por qué insistes en no pedirle nada a tus padres, ya ha pasado un
año, deberías perdonarlos.
Louis no sabía que fueron los padres de Harry quienes lo expulsaron de la familia, él creía que
Harry era quien estaba furioso con ellos por no aceptar su matrimonio, eso era lo que le había
dicho. Y no tenía intención alguna de decirle la verdad en ningún momento pronto.
—¿Señores Tomlinson? —la secretaria los llamó mientras el hombre salía por el arco a las
escaleras, pop, pop, pop—. La doctora ya puede atenderlos.
—Gracias —dijeron al mismo tiempo, dejando el control remoto y la revista de donde los tomaron
y acercándose a la puerta de madera.
**
En el consultorio había un sofá similar a los de afuera, pero de color crema, en el que sentaron a
ambos. Frente a ellos, la doctora anotaba algunas cosas, entre la silla y el sofá había una mesa
baja y circular con un cronómetro de cocina. Los primeros cincuenta minutos se fueron en una
dinámica que consistía en programarlo durante cinco minutos, en los que uno de ellos tenía que
hablar sobre lo que le molestara de su matrimonio mientras el otro tenía completamente prohibido
interrumpir o comentar cualquier cosa; cuando esos cinco minutos terminaban, era el turno de su
compañero y aplicaban las mismas reglas.
Era el último turno de Louis, así que Harry ya no sentía la necesidad de poner atención para
poder contraatacar porque él ya no tendría otra oportunidad de hacerlo, así que se concentró en
la doctora. Era mayor, de más de cincuenta años y tenía el cabello muy corto teñido de rubio,
seguramente para disimular las canas. Usaba lentes pequeños que descansaban sobre una nariz
recta y se vestía en colores neutros. La campana sonó por última vez.
—Percibo más rencor del que expresan —explicó—. ¿Hay algo que haga que le guarden rencor a
su pareja?
—¿Harry?
Harry fingió no escuchar, jugaba con su propia lengua dentro de su boca y miraba a su alrededor
buscando una manera de esquivar la pregunta. Pronto las miradas, tanto de la terapeuta como de
Louis se hicieron más pesadas de lo que podía ignorar. Suspiró.
—Pero lo hice porque quería dedicarte todo mi tiempo después de casarnos. ¡Me faltaba un año y
la dejé por ti!
—No fue mi culpa —Louis se dirigió a la doctora—, yo le dije que podríamos retrasar la luna de
miel hasta sus próximas vacaciones y —miró a su aún esposo—, ¿qué dijiste, Harry? “No, Louis,
no volveré a la escuela”.
—Incluso te dije que yo pagaría lo que restaba de tu carrera si tanto insistías en no volver a
pedirle nada a tus padres.
—Si de eso se trataba esto, entonces yo también deje muchas cosas por ti.
—Por favor —se burló—, no dejaste nada por mi, sigues yendo a fiestas y coqueteando con todo
el mundo.
—¿Lo ve? —preguntó a la doctora, señalando a Harry—. Siempre hace eso, no confía en mi.
—¡Tú mejor que nadie sabes que no te engañaría! —gritó—. Sabes que odio a la gente que
engaña, sabes que no lo haría.
Incluso Harry se sobresaltó por el grito de Louis, la mujer se acomodó mejor en su silla y volvió a
tomar sus apuntes.
—Cuando era pequeño —dijo con esfuerzo— mi madre engañó a mi padre. Y luego se fue, nunca
volvió ni siquiera para asegurarse de que yo estaba bien.
Harry se encontraba ahora cruzado de brazos y piernas, como intentando darle la espalda a
Louis. Pero era inevitable sentirse mal por lo difícil que era para el mayor, el pequeño arranque de
ansiedad hizo que comenzara a morder sus uñas aún mientras fingía que no le importaba.
La doctora le lanzó una mirada cargada de empatía y volvió a escribir algunas palabras más. Dejó
el cuaderno en donde lo tenía antes y se inclinó hacia ellos.
—¡Podrías apreciar lo que intenta hacer por nosotros, Harry! —Louis lo regañó.
—Silencio los dos, por favor —continuó ella—. Tendrán una cita. Arreglen una cena romántica,
con una condición, no deben salir de casa. Dedíquense una noche, platiquen, compartan incluso
los silencios, traten de recordar cómo es que se enamoraron y recuperar eso. ¿Pueden hacerlo?
Asintieron a regañadientes, aún sin mirarse y conservando el espacio vacío entre ambos. Ella
también asintió para sí misma y dio por concluida la consulta con un “nos vemos en una semana”.
Había comenzado a llover, la lluvia del otoño, el trayecto en el auto fue igual de incómodo y
silencioso que los días pasados.
—Sabes que no fue mi culpa —dijo Louis cuando estaban a punto de llegar a la casa. Harry no
contestó.
Louis había texteado un par de minutos antes de subir al automóvil a su cocinera, que se llevara
lo que había cocinado, hoy no la necesitarían, claramente ella aceptó la generosa oferta.
—Muero de hambre, ojalá haya cocinado esa langosta —Harry sacó su gabardina colgándola en
el perchero de estilo clásico, que había comprado en una tienda online vintage—. Dame —ofreció
su mano para sostener el saco de Louis.
—Esperaba que pudiéramos cocinar o algo así —su voz sonaba intimidada ante la reacción que
podría tener Harry.
El pastel favorito de Louis era el que cocinaba Harry cada aniversario de mes desde el primero de
novios, pero en las últimas veces éste había puesto como pretexto haber perdido el papel de la
receta.
Completamente falso. Harry la sabía de memoria, eran las únicas instrucciones de cocina que
jamás pudo olvidar en sus clases exprés de Postres que tomó cuando tenía 18. En los demás
platillos era un asco , pero el pastel de zarzamoras con queso era la perdición de Louis, él podía
apostar que podría sobrevivir toda su vida solamente comiendo eso.
Él jamás había entrado a la cocina, incluso un simple café siempre le fue servido a los segundos
que él lo solicitaba.
—Esfuérzate, recuerda que todo esto es tu idea —dicho esto, Harry salió en busca de sus
ingredientes al cuarto de almacén especial para los postres.
“Innecesario”, siempre decía Louis. Para eso existía la cocina. Pero con un esposo como el que
tenía confió en hacer ese cuarto especialmente para que pudiera practicar sus postres que
habían terminado en el cesto de basura.
Los minutos pasaban y Harry estaba demasiado concentrado en el pastel para prestar atención a
lo que su esposo hacía. Para esos instantes cuando Harry iba a tres cuartos de acabar la receta
Louis solo había conseguido poner el par de copas para vino tinto, las servilletas de tela, la vajilla
francesa marrón con dorado (estaba seguro de que no habían utilizado desde hace mucho) y por
último un jarrón repleto de gardenias.
Louis no sabía si salir a cortarlas al jardín fuera contra las reglas de: “no deben salir de casa”,
pero lo hizo de todas formas.
—Luce muy bien —se aplaudió mentalmente al ver la mesa preparada para la cena.
—¡Ya casi termino, Louis! —Harry gritó, terminando de colocar la crema batida por toda la orilla
del pastel.
El sonido de los botines hicieron que Louis entrara en pánico, se había llevado casi todo el tiempo
moviendo de un lado a otro la decoración de la mesa y el escoger entre la botella de vino Francés
o el Argentino.
—Asumo que has terminado de preparar la comida —Harry subía por las escaleras a su
habitación sin molestarse en mirar la mesa principal—. Me cambiaré la camisa, no tardo.
El sonido lejano de sus zapatos hizo que Louis pudiera correr dentro de la cocina buscando algo
“instantáneo” y “fácil” de cocinar, algo que simplemente no pudiera arruinar.
Contaba con menos de cinco minutos, y ni el mejor chef del mundo podía salvarle. Tomó lo
primero que encontró a su alcance, no estaba del todo seguro de que fuera una buena elección
pero no había otra cosa la cual lo salvara. Un par de ingredientes más y ¡Listo!
Suspiró de alivio, no fue tan difícil, seguramente su esposo seguía en esa estúpida dieta que la
inútil de su amiga le había sembrado en la cabeza.
—¡No bajes aún! —Louis suplicó arreglando los últimos detalles, como el servir el licor rojo dentro
de las copas.
Como pudo, logró subir a su habitación encontrando a Harry sentado en el borde de su cama
demasiado ocupado con su móvil.
—¿Interrumpo?
—Oh, espera —buscó dentro de sus cajones algo que pudiera servir para taparle los ojos.
—Creí que eso era para después de la cena —mordió su labio con fuerza intentando lucir
provocativo.
Pero Harry no era bueno mintiendo, era pésimo. Su cara reflejaba algunos tintes de lujuria, pero
nada comparado a lo que su cuerpo reflejaba anteriormente con tan solo sentir a Louis a un par
de metros de él.
—Si eso quieres —rió, mientras ataba la bufanda detrás de la nunca de Harry. Lo tomó de la
mano para guiarlo a la planta baja y también Louis lo supo, al sentir la tibia mano del chico que le
provocaba taquicardias con tan solo sonreír.
No sintió la estúpida corriente eléctrica por todo su cuerpo, ni tampoco la sudoración en las
palmas de sus manos como solía sucederle.
Justo al quedar frente al comedor principal, era inevitable que Harry no percibiera uno de sus
olores favoritos.
El de sus amadas gardenias. Si era verdad lo que se imaginaba, juraba que ahorcaría a Louis con
esa maldita bufanda que seguía obstruyéndole la vista.
Contrario a sus peticiones, la mano que sostenía fue reemplazada por una copa.
—¿Vino? —se desvendó los ojos sin que Louis le hubiera dado la señal.
—Que no quiero vino, yo quería champagne —la voz de Harry sonaba irritada—. ¿Por qué
siempre vino?... —antes de poder seguir reprochando sobre la bebida, se dio cuenta que su
primera sospecha era cierta.
—¡Louis! —gritó furioso— ¡Arrancaste mis, mis...! Oh, por Dios —jaló con ambas manos su
cabello hacia atrás con frustración.
“No lo hizo a propósito, Harry... él sólo quiso tener un detalle”, se repetía una y otra vez.
—No importa, está bien —bebió de golpe todo el contenido de vino—, vamos a comer.
Realmente Harry estaba esperando por un exquisito platillo como langostinos o quizá algún tipo
de carne a la parrilla con espárragos.
Pero ese era uno de los principales errores de los humanos, sus expectativas son tan altas, que
la caída a la realidad era el triple de dolorosa.
El olor a atún recién abierto mezclado con mayonesa, le picaba las fosas nasales.
Mayonesa.
Harry estaba completamente seguro de que su ojo derecho estaba brincando de la ira,
frustración y desesperación. Todo mezclado al mismo tiempo.
—¡Me esforcé para hacer ese estúpido pastel que tanto te gusta, para que tú me dieras veneno!
—¡Eres un maldito dramático! —bufó—. Y ese estúpido pastel que haces ni siquiera es mi
favorito... —mintió.
No tenía muchas armas con las cuáles defenderse, pero no iba a dejarse vencer por Harry, así
que solo tomó lo más cercano a él y acabó con todo por fin.
—...También mentí en eso —manoteó el pequeño recipiente al piso, sin importarle el ruido de los
vidrios y la crema batida derramada por todo el piso.
Se arrepentiría después por haber hecho mierda su comida favorita, pero no esa noche.
Harry no pudo contener más las lágrimas en sus ojos que comenzaban a picar de la rabia.
Tampoco le importaba que Louis lo viera porque sabía que con eso le estaba dando
automáticamente la victoria.
—Si tanto crees que lo soy ¿Por qué no te vas de la casa? —soltó hirientemente.
—¡Si tuviera un maldito lugar ya lo hubiera hecho! —su voz se desgarró—. ¿Quieres saber por
qué mis padres no vinieron a mi último cumpleaños? ¿Quieres saber por qué el día de la boda
solo estuvo una maldita hora? ¿No adivinas? —sus lágrimas corrían por sus mejillas fuertemente.
Claro que lo sabía, lo sospechó desde el principio, pero siempre era bueno ignorar que el
problema estaba allí.
Ese era el problema de Louis, siempre esperaba que el tiempo solucionara todo o que alguien
más lo hiciera por él.
—Harry...
—No hablaba en serio de que te fueras... —suspiró más calmado—. Esta también es tu casa,
puedes estar aquí hasta que solucionemos lo del divorcio.
Y Harry sentía que lo odiaba más, porque no obstante que había ganado Louis la pelea, siempre
se retiraba con su maldita caballerosidad, lo detestaba porque ese maldito cuarto era el segundo
más grande...
La habitación que él había diseñado para el día en que pudieran al fin adoptar, el lugar en donde
dormiría el menor de los Tomlinson-Styles.
_____
=================
Capítulo 5.
Lo supo cuando tenía ocho y aún jugaba con las niñas de su escuela a cuidar a sus muñecos
como un “buen padre”.
Lo supo cuando en la secundaria fue el único alumno de su clase que regresó intacto el típico
proyecto de adoptar un huevo como hijo, e incluso se atrevía a cambiarle la “ropa” todos los días
por una diferente que combinara con la suya.
Claro que lo supo, cuando en el proyecto de la casa de sus sueños tenía maquetado el espacio
donde iría la recamara de su primogénito.
Durante el segundo mes de noviazgo, la primera (y única) vez que salieron de la rutina de
lugares de etiqueta, fue el paseo al centro comercial principal de la ciudad. Harry amaba esos
helados de yogurt acompañados con frutas y cereales.
Louis hablaba por teléfono con su asesor de la carrera, mientras estaba tomado de la mano de
Harry en la fila para pagar el par de helados. Y a decir verdad, Harry odiaba eso de tener que
estar formado esperando por algo, estaba dispuesto a tomar también su celular para
entretenerse, cuando una pequeña cabeza lo mira recargado en el hombro de una mujer que
estaba formada justamente frente a él.
El bebé lucía como un hermoso ángel, su cara era regordeta, su piel era blanca y sonrojada al
mismo tono que un durazno, también podía apostar que así se sentían las regordetas mejillas del
bebé, su cabello eran finos hilos de oro largos que tapaban sus ojos azules.
—Hey —Harry sonrío. El bebé solo sonrío dejando ver un hoyuelo—. ¿Tienes sueño? —preguntó,
aun sabiendo que no tendría una respuesta concreta, cuando el pequeño talló con su puño uno
de sus ojos, mientras que con la otra cargaba un pequeño oso de peluche.
El niño que no rebasaba aparénteme más de los dos años, tiró su oso de peluche, probablemente
esperando que Harry lo recogiera (o probablemente no), pero así lo hizo. Soltó la mano de su en
ese entonces novio para tomar del suelo el oso de felpa que olía a la típica loción para bebés.
Durante los cinco minutos que duró el camino hasta la caja, Harry se encontraba jugando con el
pequeño oso haciendo reír al bebé frente a él... Mientras Louis... él había salido de fila dejando un
par de billetes para pagar y seguir hablando por teléfono.
En el momento de regresar el oso y ver al bebé salir en brazos de su madre, claramente sintió
una opresión en su pecho.
Louis al momento de cortar la llamada buscó con la mirada dentro del local de helados e incluso
por los dos establecimientos juntos a donde se encontraban.
Harry no estaba.
Caminó por unos metros, hasta que encontró la mata de risos revueltos sujetados por una
bandana color malva, justo frente al aparador del local de bebés. Su novio posaba su mirada por
todos los artículos que le fueran posibles mirar desde el exterior del lugar.
Paseaba sus ojos desde las pañaleras con figuras de sonajas, hasta la ropa diminuta de los
colores básicos para un bebé. Louis solo pudo abrazarlo por detrás recargando su barbilla en su
hombro, Harry dejó salir un pesado suspiro desde su interior, al ver reflejado a su novio por el
cristal.
—¿Cuántos? —preguntó Louis, haciendo cosquillas a su cuello con su pequeña nariz.
—¿Cuántos, qué?
Los ojos de Harry brillaron incluso más, al darse cuenta que él también quería.
—¿Son muchos, no? —rió un momento, hasta que notó que Harry fruncía el ceño—. De acuerdo,
serán cinco, pero primero será uno y esperaremos un par de años para los otros, ¿de acuerdo?
—besó su mejilla sonoramente.
—¿Verde?
—Es un color neutro, no sabremos si es niño o niña —sonrío—, y por el color de tus ojos.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo.
~*~
No quería estar dentro de la casa, viendo como Louis comenzaba a sacar sus pertenecías de la
habitación que habían compartido.
Ni si quiera quería mirarlo, no estaba seguro del por qué, tampoco quería salir con Kaya, así que
sólo se sentó en una banca del jardín del frente, con vista a la calle.
Su estómago dolía, y una vez más no tenía idea si era por no haber comido desde el día anterior
o por el hecho de que era más que oficial que él y Louis no formarían la familia que tanto
esperaban.
Duele.
Probablemente un día obtendría una familia con alguien más. No sería Louis quien se quejaría de
que el niño preferiría jugar fútbol americano antes que el deporte favorito de Louis, el soccer.
Ni quien tendría que armar la carriola del bebé porque Harry se hubiera golpeado en la espinilla al
tratar de abrirla.
Tampoco sería quien lo ayudaría a decorar la habitación para cuando lo tuvieran en sus brazos.
El pensamiento de imaginarse con alguien más era abrumador, por el simple hecho de que deseó
fuertemente algo y odiaba el cambio de planes al último momento.
Abigail, la cocinera de la casa, se acercaba lentamente a donde estaba Harry, no quería
molestarlo después de todo lo que había pasado. La gente solía pensar dos veces antes de
hablar con Harry con temor a ser respondidos mal o de una forma sarcástica, lo contrario a Louis
que el 99% de la gente a su alrededor terminaba riendo junto con él.
—Harry —le respondió tranquilamente por primera vez—. Harry, está bien.
—De acuerdo... Harry —tomó aire—. ¿Tiene algo preferente para comer hoy?
—Helado —respondió con la mirada perdida en algún punto fuera de la cerca blanca de su patio.
—¡Si! —gritó enojado, haciendo que la mujer diera un pasó atrás—. Solo vayan por un maldito
envase de helado de yogurt y ya.
No tardó mucho en que Abigail saliera apresurada a la calle a conseguirlo, no quería tener
problemas con el aún dueño de la casa.
Eran las 6:45 pm, el aire comenzaba a ser más frío, dentro de la sala de estar, frente al televisor
Harry miraba el especial sobre bebés en uno de sus canales favoritos, Home & Health, mientras
comía el único alimento que había querido.
Seguía sin atreverse a subir a su habitación, Louis seguía rondando en ese cuarto y en el nuevo,
así que tenía que conformarse al estar acostado sin una manta viendo el capítulo sobre una
pareja estadounidense, que había adoptado a diez niños a lo largo de su matrimonio.
—Yo sólo quería cinco —bufó, mientras seguía comiendo el bote de helado.
“Al carajo Kaya”, se dijo a sí mismo, al recordar que él y su amiga se habían puesto un tipo de
dieta en donde no podían consumir nada de dulces artificiales. Él seguiría comiendo de ese
maldito bote e incluso se lo terminaría, si no fuera porque el turno de la cocinera había terminado
le hubiera pedido que fuera por un segundo.
Ni todo el azúcar que había consumido sirvió para mantenerlo despierto, sus lágrimas saladas
mezcladas con el sabor de yogurt habían hecho la mezcla exacta para dormir.
Comenzó a escuchar cada vez más lejos el audio de la televisión, sus párpados ya no veían los
colores de ésta, apenas distinguía los tonos rojos por dentro de sus párpados y apenas pudo
percibir el perfume de Louis en la sala.
Pero no tuvo fuerzas para averiguar si en realidad se trataba de él o solo su cabeza lo estaba
recordando por última vez.
Solo se dejó sucumbir por el sueño que venía cargando desde días atrás, sin importarle su
alrededor.
**
Cuando despertó estaba en su cama, cubierto con las cobijas pero aún usando la ropa del día
anterior, las cortinas de la habitación estaban corridas y el sol se dejaba asomar no muy fuerte.
Se encontró confundido al principio, hasta que escuchó ruidos desde el armario.
Se levantó de inmediato para fijarse quién estaba allá adentro, internamente deseaba que se
tratara de alguna de las mucamas, a pesar de que su instinto le decía que no era así.
Las puertas del armario estaban abiertas, eran dos de color blanco y un estilo un tanto antiguo
que combinaba con el ambiente de toda la habitación, y por dentro el armario era incluso más
grande que dicha habitación, era ancho y profundo, incluso contaba con su propio alumbrado.
La parte de en medio estaba alfombrada, y de cada lado había varias series de tres cajones
desde el suelo, arriba de estos colgaban los trajes y demás prendas en ganchos. Más adentro
estaban las repisas ocupadas en su mayor parte por camisas. Era exactamente el mismo diseño
de cada lado, pero la parte de la derecha la ocupaban las prendas de Louis y la de la izquierda
las de Harry.
Además, y continuando con el diseño idéntico por ambos lados, al final de todo esto había dos
puertas frente a frente, casi del tamaño de un casillero de preparatoria, cada una con un
interruptor afuera para encender la tenue luz dentro de lo oscuro que podía llegar a estar adentro
puesto que eran pequeños armarios dentro del armario principal, y contaban con sus propias
repisas. Éstos eran para guardar algunas otras cosas, más personales pero sin llegar a ocultarlas
del otro. La diferencia entre ambas puertas, es que la de Louis contaba con varias perchas por
todo lo largo, que tanto él como Harry ocupaban para colgar accesorios grandes, mientras que la
del lado de Harry estaba cubierta casi en su totalidad por un gran espejo.
Por último, en la pared del fondo, había varias repisas inclinadas y que cruzaban el mismo largo
de la pared en su totalidad, ahí estaban los zapatos. De nuevo, la mitad de la derecha eran de
Louis y la otra mitad los de Harry, pero nada más los dividía.
Cuando Harry entró, no había nada en los cajones ni en las repisas del lado derecho. Encontró
también la luz encendida y no tuvo que hacer mucho esfuerzo para notar que en el espejo de su
lado, se reflejaba la otra puerta abierta y Louis dentro removiendo algunas cosas.
No supo por qué, pero no hizo ni dijo nada, solo se quedó de pie en la entrada sintiendo el frío de
haberse levantado tan repentinamente del calor de su cama.
—Oh, buenos días —Louis saludó sin mirarlo al percatarse de que estaba ahí.
—Días —dijo con voz ronca mientras lo veía sacar una caja y dejarla en el piso.
—Anoche te quedaste dormido en la sala, así que me tomé la libertad de cargarte hasta donde
estuvieras más cómodo.
Harry asintió. A pesar de ser mucho más bajo y pequeño de complexión que él, Louis aguantaba
bien su peso. Zayn se llegó a burlar una vez diciendo que sería más sencillo dejarlo en el piso y
arrastrarlo por los pies. Pero a Louis le gustaba cargarlo si podía, incluso en su noche de bodas lo
llevó en brazos como en la más cliché de las películas. Era sencillo.
Todo solía ser tan fácil.
—Eso creo —sacó una caja más pequeña y la dejó encima de la otra.
—Como las ocho y media —dijo con medio cuerpo metido otra vez dentro de su pequeño armario
personal—. Desperté temprano y no podía volver a dormir, así que desayuné algo que encontré,
me duché y tenía tiempo de sobra —se encogió de hombros—, entonces termino de mudarme.
Harry ni siquiera había notado que Louis estaba en pijama, seguramente volvió a ponérsela
después del baño. Pero ya no era su asunto, estaba a punto de darse la vuelta para dejar que
terminara de hacer lo que estuviera haciendo, pero el mismo Louis lo detuvo.
—¿Harry?
—¿Uh?
—¿Qué es esto?
No quería acercarse, porque lo que menos deseaba era estar cerca de Louis, pero la curiosidad
fue más fuerte. Louis ahora se había sentado en posición de loto en el suelo alfombrado y
sostenía el objeto en sus manos. Harry terminó arrodillándose a su lado, viendo cómo deshacía el
nudo del listón verde que mantenía juntas las páginas de aquél grueso libro.
Recordó lo que era una décima de segundo antes de que Louis lo abriera.
Tenían un mes de haberse casado cuando crearon el álbum de su futuro bebé, solo les faltó
decorar las pastas. En las páginas había espacios para poner fotografías y otros recuerdos,
desde el embarazo porque habían acordado que para el primer bebé conseguirían un vientre, los
siguientes los adoptarían. Debajo de cada espacio había algunas inscripciones:
“Ultrasonido”
“Primer baño”
"Primer diente”
“Primeros pasos”
Louis pasó un par de páginas sin decir nada, el ambiente se había vuelto tristemente tenso a más
no poder. No hacía falta que se miraran para conocer la expresión del otro en ese momento.
Tras varios segundos Louis acarició una de las decoradas y coloridas páginas del libro, y lo cerró
de golpe.
—¿Qué hago con esto? —elevó la voz para evitar que se quebrara.
—Tíralo a la basura.
La respuesta de Harry le sorprendió, más que nada porque siempre supo lo mucho que le
emocionaba la idea de tener una familia. Pensándolo bien, era lógico que no quisiera saber nada
más de eso. Después de todo, en algunos meses ya no tendrían vínculo alguno.
—Está bien —se levantaron, Louis tomó el libro y lo sumó a la columna de dos cajas que tenía
ahí, cerró la estrecha puerta y se dispuso a salir del armario cargando las tres cosas—. Lo dejaré
allá cuando me vaya.
—Solo hace falta cambiarme —eso le recordó que los trajes y zapatos seguían ahí—. Por cierto...
¿puedo dejar el resto de mis cosas aquí? El armario de allá no es muy grande.
Se encerró en el baño y abrió la llave de la bañera para hacer ruido y que él no escuchara que
probablemente, en medio minuto estaría sollozando por la familia que nunca tendría.
Mientras tanto Louis se vistió en la que ahora era su antigua habitación después de llevar las
cajas a la nueva. Bajó con el álbum y lo dejó en el bote de basura junto a la acera antes de subir
a su auto. Sí, tenía un cargo importante en la empresa, pero podía faltar si quería puesto que su
padre era el jefe, y esa era su idea original. Pero después de recordarse a sí mismo que ya ni
siquiera dormiría en la misma habitación que Harry, no le quedaron ganas de quedarse en casa.
***
Zayn estaba esperándolo en su oficina, como siempre que lo visitaba temprano. El moreno solía
decir que la oficina de Louis era un paraíso, con juegos de azar y muchos entretenimientos. Él los
usaba mucho más que el dueño.
—Woah ¿en verdad? —rio burlón—. Creí que la otra vez dijiste que tú y Harry encontrarían la
manera de hacer que su matrimonio funcionara y que el divorcio no sería necesario.
—¡¿Mudarte?! —prácticamente gritó— ¿Por qué? ¡Esa casa es más tuya que de ese maldito
zángano!
Louis no dijo nada por varios minutos mientras Zayn continuaba formando una fila de fichas de
dominó en el piso. Al final, terminó por soltar algo que nunca creyó decir, o por lo menos, no en
voz alta.
—Ayer, después de la terapia de pareja intentamos hacer que funcionara, pero terminamos
peleando y creo que eso me hizo darme cuenta de que no podemos repararlo, y no sé
exactamente qué sentir.
—Puedes sentir felicidad, si me preguntas.
—No... creí que estaría devastado, pero no —lo consideró por un par de segundos—. Tal vez ya
no siento tanto amor por Harry.
—Siempre lo supe.
En el escritorio de Louis tenía una foto que tomó en su luna de miel, y ahora resultaba
imposiblemente incómoda. La volteó.
Tal vez los sentimientos se desgastaban con el tiempo, y vaya que eso había sido rápido. Pero
por respeto a todo lo que alguna vez sintió, no quería seguirlo lastimando con un matrimonio tan
destructivo.
Era lo mejor.
¡Sorpresa!, gracias por leer y comentar <3 Espero que les siga gustando, tanto como Yatziri y yo
amamos escribirla. Ya hasta tenemos el final planeado.
=================
Capítulo 6.
Harry tenía un problema, y ese era que le gustaba tener siempre lo que quería sin esforzarse.
Todos le dijeron siempre eso, que era un problema y uno muy grande. Todos menos Louis.
Faltaba una semana para que cumplieran cuatro meses de noviazgo. Estaban en una de las
mejores cafeterías de la zona compartiendo un pastel de chocolate mientras Harry le contaba sus
planes para el gran día.
-Suena encantador, amor, pero creo que yo tendría que irme después del cine, papá tiene una
cena importante y quiere presentarme como su futuro vicepresidente, tú entiendes.
-Oh.
-Quiero vainilla -Louis hizo una mueca ante su taza de café y se levantó para buscar a una
mesera que lo llevara a donde tenían el delicioso ingrediente, cometió el error de dejar su teléfono
en la mesa.
Nadie cancelaba el final del plan de Harry Styles, ni siquiera Louis con algo importante para su
futuro.
-He vuelto... ¿y mi teléfono? -Harry se encogió de hombros-. ¡Mierda! -Louis se agachó y recogió
el aparato con la pantalla completamente destrozada, inservible-. Debí tirarlo cuando me levanté.
Harry tenía un problema, y ese era que si no tenía lo que quería sin esforzarse, quería que al
culpable le doliera.
~*~
Aún sentía los ojos arder y la nariz ligeramente congestionada, pero estaba mejor que hacía un
par de horas. De hecho había durado mucho tiempo en el baño, incluso después de que el agua
se enfrió él se quedó sentado junto a la bañera envuelto en su bata.
Ahora a medio día vestía su pijama favorita, la que usaba antes de casarse y que dejó olvidada
desde la primera noche que durmió con Louis después de la boda. Era cálida y suave y se sentía
muy confortable después del horrible día anterior. Se encontraba en la cocina, en la barra de
desayuno con una taza de té enfriándose entre sus manos.
Se le ocurrió que ese día tampoco tenía hambre, le diría a la cocinera de nuevo que fuera por
helado, tres botes esta vez. Se mantendría de helado hasta que dejara de sentirse así de triste,
tal vez con el tiempo olvidaría por completo todo lo que había estado rondado por su cabeza
anteriormente, que ahora era nada. Estaba en blanco.
Al abrir la puerta Jeff esperaba con una sonrisa que solo podría definir como "profesional" y con
un portafolio en la mano derecha.
Su única respuesta fue hacerse a un lado para que su amigo y abogado entrara en la casa.
Esperó a que se sentara y cerró la puerta. El té estaba frío, pero igual tomó otro sorbo. Se sentó
en un sillón diferente a en el que Jeff estaba y esperó a que hablara mientras sacaba algunos
papeles.
-¿Cómo va la recuperación de tu matrimonio?
-¿Por qué?
-Investigué un poco en los últimos días -dijo encogiéndose de hombros-. Dime, ¿cómo va tu
cuenta bancaria?
-Eso supuse -continuó acomodando los papeles, a Harry le dio la impresión de que en realidad
solo buscaba mantenerse ocupado para no crear un ambiente incómodo, algo iba mal-. ¿Cómo
pagaron la boda y el viaje?
-No exactamente -dejó la taza en la mesa de centro y deseó en silencio que aquél extraño
interrogatorio ya hubiera llegado a su fin-. Verás, tenía mi diseño de la casa perfecta, así que
como regalo de compromiso Louis encontró una lo más parecida posible e hicimos varias
remodelaciones para que quedara como yo la quería. Tiramos un muro que estaba por allá -
señaló a su izquierda-, ampliamos la cocina, levantamos otro espacio junto a ésta, corregimos la
forma de ático, cambiamos el tejado y toda la pintura exterior.
-¿Por qué? -el tono de Jeff no le había gustado para nada, sintió un nudo empezar a formarse en
su garganta-. ¿Jeff? -lo tomó de un brazo- ¿Qué ocurre?
-La casa la compró Louis, él es el que invierte en la mayoría de todo lo que han adquirido a lo
largo de su año de matrimonio -suspiró fuerte mostrándole una gráfica que no comprendió del
todo, pero supo que era algo relacionado a Louis-. Tú no tienes trabajo, ni mucho con qué
defenderte. No creo que puedas sacar muchos beneficios de esto, Harry.
Harry dejó de escuchar a Jeff en cuanto supo de qué se trataba esa visita. Sintió los oídos
zumbarle y por un momento se sintió tan mareado que creyó que se desmayaría. Pero no
sucedió, solo volvió a quedar en blanco, un blanco cegador y confuso.
-Zayn aconseja a Louis todo el tiempo -murmuró saliendo poco a poco de su trance-, no va a
querer que lleguemos a un acuerdo.
-Su abogado es Payne, es de los mejores de la ciudad, no hay mucho que yo pueda hacer en
esta situación.
-Harry, no tienes dinero, vine a verte porque somos amigos, pero -se encogió de hombros-,
aceptémoslo, no me vas a pagar.
-Sigo casado con Louis, tengo acceso a su dinero -argumentó. Jeff arqueó una ceja.
-Podría... -pensó por un par de segundos solo para volver a bajar la voz- Tal vez mi familia me
devuelva mis bienes cuando sepan que me estoy divorciando.
Jeff volvió a guardar todo en el portafolio sabiendo que Harry no se molestaría en mirar las demás
gráficas y se levantó yendo directo a la puerta con el rizado siguiéndole de cerca.
-Escucha, te aprecio -dijo desde el pórtico-, por eso te lo digo: lo más lógico es que ellos jueguen
sucio.
Intentó que su voz sonara firme, pero el miedo se dejaba escuchar entre sílabas. Jeff se despidió
y Harry cerró la puerta despacio. Se encontraba de nuevo solo en la enorme casa. Ni siquiera
recordaba el sabor del té que olvidó en la taza, y ahora mucho menos quería ingerir otra cosa.
Faltaba media hora para que llegara la cocinera, hasta entonces, tenía poco tiempo.
Tomó el teléfono y marcó el número de las oficinas que bien conocía y había memorizado,
seguido de la extensión. Tras tres tonos le respondió una mujer.
-¿Quiero hablar con Louis -dijo serio. Seguramente ella era otra de las muchas mujerzuelas que
rodeaban a Louis en aquella oficina.
-¿Quién habla?
-El señor Tomlinson, mi esposo, tu jefe -recalcó-, dijo una vez que si no lo localizaba en el celular
lo llamara a la oficina; no responde el celular -mintió-, y como su esposo tengo todo el derecho de
saber en dónde se encuentra -la escuchó bufar.
-Él está almorzando con los señores Malik y Payne -dijo de mala gana.
La combinación de esos dos apellidos no era una buena idea, mucho menos con Louis. Sintió su
sangre hervir al notar que mientras él no llamó a Jeff, Louis no había perdido el tiempo en salir
con su abogado. Y seguramente Zayn ya lo había convencido de quitarle la casa.
SU casa.
No le gustaba hacer las labores de ésta, pero por fortuna sabía cómo funcionaba la lavadora.
Subió a la habitación verde, ya que Louis se había llevado la mayoría de sus cosas, y buscó la
caja pequeña que lo vio sacar en la mañana. Estaba sobre la cama, eso le facilitaba todo. Sabía
lo que había adentro, su playera del Real Madrid autografiada por David Beckham. Prácticamente
bajó corriendo al cuarto de lavado y la botó en la lavadora, antes de vaciar casi toda la botella de
blanqueador en ella. Aun así, no parecía suficiente, entonces subió a su habitación por una vieja
camisa que no planeaba volver a usar, pero que era de color rojo brillante. La tiró junto con la
prenda de Louis, y presionó un par de botones en la máquina.
-No, cariño, es algo más... complicado -explicó calmado-. ¿Recuerdas a mi esposo, Louis? -el
pequeño asintió- ¿Y recuerdas su auto? Uno negro y bonito.
-Muy bonito.
-Así es... -sacó de la camisa de su pijama el desarmador plano que llevaba escondido y tocó la
punta sin dejar de mirar al niño-. Solo necesito que pases esto con todas tus fuerzas por ese auto.
¡Hazle un rayón enorme!
-Pero él es muy bueno conmigo -dijo sin entender-, juega conmigo a la pelota y me impulsa en el
columpio, ¿por qué rayaría su auto?
-¡Eso! porque él es muy bueno... -improvisó- y no quiere comprarse otro mejor. Entonces si ese
ya no sirve, no tendrá más excusas -James dudaba mucho, así que Harry sacó más billetes y se
los mostró-. ¿Te parece que sean diez?
-¡Claro! -su rostro se iluminó de repente. Harry le dio los billetes y se levantó.
-Espera a que él regrese. Yo dejaré abierta la puerta de la cocina, entra por detrás, a un lado está
la entrada a la cochera, hazlo y sal disimuladamente por el mismo lugar, te estaré observando -
indicó y comenzó a caminar de vuelta a su casa-. ¡Ah! por cierto -dijo girándose otra vez-, cuida
que no te vea, y no le digas nada a nadie -sonrió-, es una sorpresa.
Louis regresó a casa a las seis de la tarde, cuando Harry estaba leyendo una revista. Lo escuchó
meter el auto en la cochera y entrar a la casa. Él previamente le había indicado a la servidumbre
que se fueran temprano, esto iba a ser interesante.
Vio a James correr de vuelta a la calle un par de segundos antes de que Louis bajara por las
escaleras. Sonrió para sí mismo y corrió a los controles de la casa para simular que recién había
bajado una palanca pequeña de ahí. Convenientemente, el cesto con la ropa limpia se
encontraba a un lado.
-¡Ah! A una de las mucamas le dio por buscar ropa sucia en las habitaciones, y al parecer
confundió el blanqueador -fingió una expresión de dolor-, también echó a perder una de mis
camisas favoritas.
-¡Qué demonios! ¡Mierda con esta gente! ¡Pero...! -gritaba caminando de un lado a otro jalándose
el cabello e incapaz de formular frases completas-. ¡Está despedida! ¡Todos están despedidos!
Ella, la cocinera, el jardinero, ¡todos!
Sabía que después de esto Louis buscaría salir de nuevo a dar una vuelta. Harry se sintió
reconfortado cuando lo escuchó volver a la cochera, y aún mejor cuando volvió a escuchar gritos.
-¡NO!
Se acercó tratando de disimular la sonrisa, pero de todas formas Louis no lo habría visto, estaba
muy ocupado de rodillas mirando el enorme rayón en su precioso auto casi al borde de las
lágrimas.
-Te dije que dejaste la puerta abierta -regañó-, tuve que cerrarla. Seguro una pandilla de vándalos
que iban pasando, qué suerte que no entraron a la casa -sonó un timbre corto desde el teléfono
de Harry-. ¡Oh! Mi programa ya empezó.
Louis ni si quiera se despidió, salió furioso de la casa maldiciendo en los cinco idiomas que
dominaba.
Harry regresó a su cómoda habitación a ver el maratón de una de sus series favoritas,
increíblemente se sentía mucho más animado, el hecho de ver a Louis sufriendo por algo no se
comparaba ni en una pequeña parte a lo que él había sentido la noche anterior.
Su ánimo subió tanto que ni siquiera volvió a pedir a la cocinera los botes de helado. Una comida
sencilla a la cama con una humeante taza de té y se sentía todo a la perfección dentro de sus
sábanas, aunque tuvo un par de arcadas cuando se dio cuenta que el aroma a Louis aún seguía
impregnado en las sábanas.
Regularmente Louis no demoraba mucho en sus salidas después de un golpe de estrés o enojo,
pero ya no era incumbencia de Harry.
10:30 pm.
Los capítulos se los sabía de memoria así que ya no estaban dando fruto en entretener a Harry,
que comenzaba impacientarse.
Era muy diferente, a las veces que sabía que Louis no estaba por un viaje o por mucho trabajo,
supo soportar todas esas horas solo, pero cuando sabía que él no estaba por esas razones le
ponía los pelos de punta no escuchar el ruido de sus zapatillas vans que usaba para holgazanear,
deambulando por toda la enorme casa. Sí, se sentía diferente.
11:50 pm.
Harry se sentía como un pequeño león enjaulado, ya había salido al jardín, había intentado hacer
unos panques que fueron un fracaso una vez más, incluso estaba considerando llamar a Kaya
para salir, y como sí ella le leyera el pensamiento recibió un mensaje suyo.
No era el mensaje que esperaba recibir, pero por lo menos lo mantendría entretenido.
"Estoy en Boujis, ¿y adivina quién está aquí bailando muy feliz y bebido hasta el culo?"
Boujis, era uno de los clubes nocturnos más importantes de la ciudad, buen ambiente, buena
música, increíbles cocteles. Harry había ido unas cuantas veces con su mejor amiga en su vida
de soltero y otro par de veces con Louis.
¿El único defecto?
Louis se la vivía en ese lugar desde que había alcanzado la mayoría de edad.
Lugar en donde, siempre se corrió el rumor de que fue el centro principal de todas las conquistas
que alguna vez tuvo.
Su primer pensamiento fue el cambiarse la pijama color uva de satín por uno de sus jean y tomar
uno de los abrigos, pero el pensamiento de "Se van a divorciar" golpeo duramente su cabeza
deteniéndolo.
Intentó volver a llamar a su amiga, pero probablemente ella también ya estuviera en esos
instantes cayéndose de ebria.
-Me las vas a pagar, Louis -se dejó caer en su cama, mientras cubría su cara con una de las
almohadas.
El control remoto sufría las consecuencias de su furia, presionaba el botón para cambiar de canal
al punto de dejar blanco su pulgar de la fuerza que ejercía.
12:35 am.
Cayó dormido, no pudo seguir peleando contra lo pesados que se sentían sus parpados, estaba
aburrido y desesperado y al parecer Louis iba a tardar en llegar (si es que aparecía), Harry ya
tendría tiempo de reclamarle por la mañana.
***
La música se escuchaba muy lejos para venir de la planta baja de la casa, y muy cerca para
asumir que era algún vecino desconsiderado que hace fiestas en plena semana laboral. Así que
Harry lo dejó pasar, volvió a cerrar sus ojos por unos instantes hasta que escuchó el ruido de una
de las puertas cerrarse salvajemente.
"We are Young", sonaba por toda la casa, coreada por dos voces, y sí, no era nada difícil adivinar
de quiénes eran.
El sonido de vasos cayendo contra el piso era ya parte del ritmo que le habían dado a la canción.
Ellos no cantaban mal, pero el alcohol no es para nada favorable a las gargantas, más que notas
altas Harry creía que eran sonidos de tortugas apareándose.
Bien, lo iba a aceptar, probablemente Louis ya había asumido que Harry había destruido su
precioso carro y sobre todo su amada camiseta y esta era una tipo de venganza que apostaba
que su estúpido y entrometido amigo le había sugerido.
Louis estaba cien por ciento consiente de que una de las cosas que su esposo odiaba era el ser
despertado por cualquier razón, su reloj biológico le prohibía dormirse después de la 1 am, como
el despertarse antes de las 9 am. Era un delito, era completamente insano para Harry que una
persona no pudiera dormir sus ocho horas diarias reglamentarias.
Y por supuesto que el motivo fuese una fiesta en su preciosa casa, le iba a sacar más de dos
cabellos blancos en los risos cafés que tenía.
Harry busco su par de pantuflas nordikas con toques de animal print, con sus pies fríos por la
alfombra. Cuando las encontró se acercó a la puerta escuchando el ruido de más cosas
estrellándose en el suelo y ahora sí, estaba rogando porque fuera la vajilla completa y no alguno
de los jarrones caros que había comprado y que decoraban la sala principal.
Su mezcla de canciones era fatal, sabía que Louis tenía un extraño sentido sobre "la buena
música", ¿pero poner el soundtrack de una película animada? ¿En serio? Harry se acercó más a
la puerta dudando entre salir o no y enfrentarlo, pero enserio estaba temiendo por toda la
decoración de su casa, así que caminó hasta las escaleras para ver al par de escandalosos.
Y ciencia cierta, Harry tuvo que aferrarse al barandal de las escaleras cuando pudo visualizar el
desastre que habían provocado. Louis y Zayn se encontraban tirados en unos de los sofás
bebiendo de una botella transparente, con anticuados gorros de fiesta mal acomodados sobre sus
cabezas.
Pero no había bajado lo suficiente para que alguno de los dos notara su presencia y el tono de su
voz había sido muy bajo para escucharse sobre el volumen de la música.
El nombrado volteo sonriendo y con los ojos completamente rojos apenas abiertos.
-¡Harry! -su voz era mucho más aguda de lo normal-. Ven, vamos a celebrar.
-¿Celebrar qué? -mordía el interior de su mejilla en un esfuerzo de no lanzársele directo a la cara.
-¡Que por fin se va a deshacer de ti! -contestó Zayn, mientras servía fallidamente el licor del
vodka dentro de un vaso que terminó tirando.
-No son tus vasos -corrigió Louis entré hipos-, son míos, yo los compré.
Zayn rápidamente sonrió triunfante ante Harry, tomando otro de alguna parte del sofá dejándolo
caer de nuevo.
-No puedes venir a hacer una fiesta a la casa -la vena de su frente comenzaba a notarse.
Louis hizo un sonido similar a algún programa de concursos de televisión cuando alguien comete
un error.
-Corrección de nuevo, mi querido Harry -se acomodó sobre el sillón tomando una postura más
recta-, esta también es mi casa y puedo hacer ésta y muchas fiestas más.
-Eres un maldito.
Harry estaba reventando en cólera, estaba completamente seguro de que si no hubiera bebido lo
suficientemente de té anteriormente, ya hubiera estrangulado el largo cuello de Zayn y hubiera
golpeado los filosos pómulos de Louis.
Trató de pensar en algo que los pudiera callar de una vez por todas, pero antes de poder idear
algo, el olor que más detestaba dentro de su casa estaba inundando sus fosas nasales.
-No, Louis, no te atrevas -alzó un dedo en forma de amenaza.
-Basta.
-¿Esto? -mostró el cigarro de marihuana- ¿por qué no? Es mi casa, ya te lo dije -se encogió de
hombros. Jaló un poco de él mientras Harry formaba una o con su boca completamente
indignado.
-¡Tú no te atrevas o juro que te rompo la cara! -amenazó bajando los últimos escalones que los
separaban.
Pero siendo Zayn, hizo caso omiso, haciendo una mueca de satisfacción y burla mientras también
degustaba del cigarrillo.
Ya habían arruinado las cortinas favoritas de Harry, y ahora estaban echando a perder las
segundas, color beige.
Sus pasos eran más pesados y dejaba caer sus piernas en cada escalón sin importarle si a la
mañana le dolieran los tobillos, antes de estar completamente arriba la música se hizo mucho
más potente erizando los vellos del cuerpo de Harry.
Buscó el par de tijeras no usadas de jardinería que había comprado en la pasada venta de
primavera y sin pensarlo dos veces, comenzó a picotear el colchón correspondiente a la
habitación de Louis, no tardó más de cinco minutos en dejarlo completamente inservible.
Rompió cualquier colchoneta que pudiera funcionar como sinónimo de algo cómodo.
Louis solía tener dolores de espalda demasiado fuertes a causa del estrés y de caídas que había
sufrido por practicar en sus tiempos de ocio (o vagues como denominaba Harry) al practicar el
skate, haciéndole imposible conciliar el sueño en cualquier colchón normal. Ni siquiera era una
opción el caer dormido después de estar completamente ebrio o bajo alguna otra sustancia, el
dolor de su espalda era mucho más fuerte que todo esos métodos.
Así que básicamente Harry lo estaba empujando a dormir en el incómodo sofá por toda la noche y
hasta que volviera a pedir sus colchones especialmente para él, que tardaban más de dos
semanas en llegar.
Escuchó la música disminuir y la voz de Zayn despidiéndose en gritos mientras se oíanel motor
de otro carro fuera de su casa.
Los golpes y maldiciones contra su puerta, que eran de Louis, ahora eran lindas notas de cuna
que lo comenzaron a arrullar hasta dejarlo completamente dormido.
_____
=================
Capítulo 7.
Tenían un mes saliendo oficialmente, ya conocían los horarios de clase del otro y se reunían cada
que podían. Estaban en su derecho de querer estar juntos todo el tiempo que fuera posible,
llevaban poco tiempo como novios. De hecho fue de esa manera durante todos los seis meses de
su relación.
—Amor.
—Claro —Louis rodeó con un brazo la cintura de su novio mientras comenzaban a caminar—,
¿ocurre algo?
Harry le había dicho a Louis que en varias ocasiones Nick lo invitaba a verse después de clases y
solía sentarse a su lado en esa clase. Y esa especie de sexto sentido de Louis le decía también
que el sujeto lo detestaba desde que era él quien se paseaba de la mano de Harry por todas
partes, como justo en ese momento.
—¿E irás?
—Deberías ir.
Harry frenó en seco y miró fijamente a Louis, hasta que ambos quedaron enfrentados en medio
de uno de los corredores entre edificios de la universidad.
—¿Por qué?
—De cualquier forma, no le darás lo que él quiere —Louis lo besó delicadamente en la mejilla,
muy cerca de los labios, solo para tentar—. Sé que puedes salir con alguien más y no vas a
defraudarme.
—Lou... —sonrió enternecido y le robó el beso que no había llegado—. No voy a salir con él, te
tengo a ti y respeto nuestra relación —suspiró tomando sus manos—. Pero significa mucho que
confíes tanto en mi.
El asunto quedó allí, con Harry sabiendo que Louis confiaba ciegamente en él y Louis sabiendo
que Harry no sería capaz ni siquiera de salir con alguien más en plan de amigos. Ganaron mucha
seguridad en la relación en esa ocasión.
Sin embargo dos días después, afuera del edificio de la facultad de arquitectura, Louis tomó el
rostro de Harry entre sus manos y lo besó apasionadamente. Harry se dejó llevar, no era la
primera vez que Louis hacía algo así y él no era nadie para negarse o resistirse a los besos de
Louis.
Cuando liberó sus labios, Louis abrazó fuertemente a su novio, apoyando la cabeza en su
hombro. Desde ahí le sonrió de manera altanera a Nick, quien se acercaba al edificio y había
visto todo. Esa había sido la intención.
Si bien Louis no era un hombre celoso, le gustaba saber que la gente sí tenía celos de él.
~*~
Cada año se celebraba uno de los festivales más importantes en Alemania, y la compañía de
eventos de los Tomlinson se hacía cargo de parte de la organización. Louis debía viajar en su
nuevo puesto en la empresa para encargarse de aquél festival.
No era la primera vez que viajaba, ya varias veces en ese año lo habían enviado a inspeccionar
que algunos espectáculos en colaboración con sus socios a lo largo del mundo se llevaran a cabo
a la perfección. Incluso llegó a pelear con Harry en varias ocasiones, ya que éste le reclamaba
con frases como "Nuestros hijos crecerán con la ausencia de uno de sus padres" y "Ya ni siquiera
recordaba tu voz".
Pero sí era la primera vez que viajaba desde que comenzaron con todo el asunto del divorcio.
La siguiente semana y media desde la noche que llegó con Zayn a despertar a Harry con el
propósito de hacerlo rabiar, no le dirigió la palabra a su aún esposo. A duras penas lo miraba. Su
humor había cambiado por completo a malhumorado todo el tiempo, gracias a que el sofá no lo
dejaba dormir bien y tenía que tomar medicamento para el dolor de espalda a lo largo de todo el
día. Y obviamente, era culpa de Harry.
Esto a Harry le sentaba de maravilla, ver a Louis tan mal significaba que él había ganado. Y en
verdad adoraba ganar.
Pero era solo una pequeña batalla, la guerra sería mucho más larga y compleja de lo que
esperaban.
Ahora Louis llevaba fuera varios días organizando el festival. No se despidió de Harry, no le avisó
a donde iba, él tuvo que llamar de nuevo a la compañía para saberlo. Tenía derecho, hasta que
los papeles indicaran lo contrario, ellos dos seguían casados.
La casa siempre se sentía sola sin Louis, por eso es que Harry detestaba que viajara tanto.
Detestaba el silencio en las habitaciones cuando él era la única persona en un lugar tan grande.
Las mucamas, el jardinero y la cocinera no estaban ahí todo el tiempo (porque no, Louis no los
despidió cuando supo que todo fue idea de Harry), por las noches era solo él. Y no podía negar
que se sentía más tranquilo cuando sabía que por lo menos Louis dormía incómodo en la sala.
Quería invitar a Kaya a mudarse con él, por lo menos en lo que volvía Louis, que podían ser
varias semanas más. Podrían mirar películas, cotillear sobre las personas que ambos conocían y
pasar buenos ratos que ya no serían solitarios.
Tenía todo en mente, la manera en que se lo propondría e incluso la cara de tristeza y desamparo
que pondría para convencerla, algo así como la que solía usar cada que quería algo de Louis. Se
lo diría en cuanto salieran de la clase de spinning.
—Múdate conmigo —le dijo una vez que los dos bajaron de las bicicletas fijas.
—¿Qué?
—Louis no está... —se quejó—. Y aunque estuviera, la casa es muy grande para no tener nadie
con quién hablar.
—Consigue a alguien para esta noche —rodó los ojos—. Sé de alguien que no dejaba de mirarte.
Harry volteó hacia donde su amiga miraba, en dirección al nuevo instructor de la clase. Había
comenzado esa misma mañana, se había presentado como "Ricardo", era de origen español y
bastante atractivo. Tenía buenas piernas, buen trasero, músculos marcados por todas partes, piel
bronceada, ojos oscuros y el cabello un tanto largo.
—Excelente desempeño —se vieron interrumpidos por la voz del sujeto con su acento hispano,
no se habían dado cuenta del momento en el que se había acercado.
Le guiñó un ojo a Harry sin que Ricardo viera, indicándole también con señas que lo esperaba
afuera. Tomó sus cosas en la pequeña maleta de ejercicio que llevaba y salió del gimnasio. Eran
los únicos que quedaban de todas formas.
—Gracias, es sencillo con tan buen instructor —Harry se tomó la libertad de poner una mano en
el firme brazo del español—. Soy Harry.
—Es un placer, Harry.
—Créeme, el placer es todo mío —no pudo evitar una risita un tanto tonta. Intentó evadirla
bebiendo de su botella de agua.
—Tal vez esto suene un poco atrevido, pero ¿sales con alguien?
—Es de hecho, muy atrevido, nos acabamos de conocer —sonrió—. Estoy divorciándome.
—¿Qué mi matrimonio haya sido un fracaso o que el proceso no está terminado todavía?
—Definitivamente la última.
Ambos rieron por lo bajo.
Estuvo a punto de retractarse. Ricardo era muy atractivo, y parecía una persona interesante, pero
por un momento no estuvo seguro de querer seguir con su vida sin Louis. Ni siquiera tenían los
papeles de divorcio, ¿en verdad quería salir con alguien más tan rápido? Sabía que una vez que
todo estuviera firmado ambos tendrían que continuar sus caminos de manera separada, pero era
muy pronto.
—Aunque eso no me detendría para salir esta noche, solo digo —dijo en tono seductor y
acercándose un poco más.
—Pasa por mi a las ocho —dijo sin mirar atrás y saliendo por donde Kaya lo hizo antes.
Eso había sido muy rápido para conseguir una cita, y mucho más rápido para la primera cita
desde quien creía iba a ser el amor de su vida.
**
—¡Harry! —desesperada comenzó a jalar su propio cabello—. Llevas más de una hora
probándote distintos cambios de ropa, entiendo que te emocione la primera vez que conocerás
algo distinto en más de un año, pero no es para tanto.
Le iba a refutar, a decirle que era importante porque era su primera cita desde Louis y que las
primeras citas siempre son las más importantes, pero ambos se quedaron en silencio al escuchar
un auto estacionarse frente a la casa. Kaya se levantó de la cama y miró por la ventana.
—¡¿Ya son las ocho?! —comenzó a entrar en pánico y corrió al armario para cambiarse una vez
más.
—Creo que es mejor que me vaya —rodó los ojos, suponiendo que en el preciso momento que
Louis la viera dentro de su casa, él comenzaría a hacer un drama.
—Tienes menos de veinte minutos para que llegue tu cita —guiño un ojo con picardía—, llámame
si necesitas lubricante —salió corriendo antes de ser golpeada por uno de los cojines que había
lanzado Harry directo a su cara.
Kaya bajó las escaleras, preparándose para la pequeña batalla con Louis.
La mejor amiga de Harry, ni si quiera tuvo que responder, una sonrisa cínica contestó por si sola
la pregunta. Louis no era imbécil y pudo conectar las cosas rápidamente.
Una vez más Louis no estaba teniendo una oleada de celos, la forma en la que se sentía era más
parecida a un sentimiento de traición.
Eso.
Se sentía traicionado porque ni si quiera había hecho el esfuerzo de esperar hasta quedar
completamente divorciados.
—Bien, si quieres jugar así, querido Harry —se volvió a tirar directo al sofá tomando una postura
más relajada—, así será.
Louis esperó por lo menos unos diez minutos para subir al piso de las habitaciones, y otro par de
minutos fuera de la pieza principal donde podía escuchar el caminar desesperado de Harry.
—Luces bien —halagó desde el marco de la puerta.
—Ho-hola —tartamudeo.
Louis miró directo a la enorme montaña de ropa sobre la cama, dándose cuenta que Harry seguía
indeciso en qué usar, ya que seguía con el torso desnudo.
—Como sea —caminó directo al closet cargando un par de trajes que usó en su viaje.
Harry por su parte intentaba no prestarle atención al hecho de que Louis ni si quiera hubiera
cuestionado acerca de la escena, pero claro, él no era así. Harry tenía que recordarse cada tres
minutos que nunca le importó lo que hacía de su vida, salvo el hecho de que su estado de cuenta
estuviera con varias cosas sin encajar.
—Yo creo que deberías usar la negra transparente —le sugirió sin mirarlo, aun acomodando
cosas dentro de su viejo armario.
—¿Qué?
—Que deberías usar esa —señaló una camisa que estaba en una silla.
—Ah... —Louis se encogió de hombros dándole a entender que sólo era una simple sugerencia.
—Cuando llegue tu cita te aviso —salió de la habitación sin mirarlo, claro que si lo hubiera hecho
no hubiera aguantado las enormes ganas de mofarse frente a su cara.
Y por supuesto, Harry se había quedado con la boca abierta y completamente confundido sobre
su actitud, no esperaba una escena común de celos, pero tenía idealizado como mínimo un
pequeño reclamo por ser tan rápido en el método de superación.
Louis bajó mucho antes de que la puerta fuera llamada, ahora vestía un pijama suelta con una
camiseta por lo menos tres tallas más grandes a la que era.
Se había dado la oportunidad de imaginar cómo luciría el desafortunado hombre que tendría que
soportar por una noche a Harry, se compadecía de él y esperaba poder decírselo de frente. Pero
no imaginaba que este le sacara más de veinte centímetros y le doblara en musculatura.
—¿Está Harry? —preguntó la voz ronca. Louis tuvo que morderse fuertemente la lengua para no
soltar una penosa carcajada.
—¡Claro! —respondió efusivo—. Pasa, amigo, él baja en unos minutos —le dio el paso para
adentrarse a la perfecta sala de estar.
Sería muy estúpido no pensar que Louis no tenía algo preparado para vengarse de Harry
después de que le hizo dormir unos días en la maldita sala, así que sí... era su oportunidad clave.
Ricardo ni si quiera imaginaba que Louis era el "me estoy divorciando" de Harry.
—¿Siempre tarda tanto? —miró su reloj después de cinco incomodos minutos junto a Louis.
Era el momento.
—Siempre —Louis fingió no divertirse con lo que seguiría—, seguramente está rociándose esa
mierda de fragancia de vainilla en ya sabes dónde —señaló con su dedos en dirección a su entre
pierna.
El hombre bronceado tosió un poco incómodo.
—Cada que le daba ese tipo de besos olía a... —se encogió de hombros.
—A decir verdad nunca pensé que encontraría a otra persona que le gustara las mismas cosas.
—¿A qué te refieres? —preguntó curioso.
—Ya sabes —le dio una mirada de obviedad—. Alguien que también guste de meterse objetos
punzocortantes por el culo.
—No te preocupes es tiempo de costumbre, sólo no hagas movimientos raros o podrías cortarte.
Louis pudo escuchar cómo él tragaba saliva fuertemente y sus dedos comenzaban a apretarse en
las palmas de sus manos.
—Oh, por cierto, toma —estiró su mano directo a Ricardo una bolsa transparente con algunos
artículos como botellas de vidrio y un par de cubiertos, que había tomado de la cocina sin
pensarlo mucho.
—¿Qué es esto?
—Creo que yo... —buscó las palabras en su cabeza— me he olvidado que debo resolver un
problema —mintió.
—Un gusto conocerte —buscó el pomo de la puerta para salir lo más antes posible.
Puede que Louis haya escuchado decir al hombre entre dientes algo como "par de locos", pero
también pudo ser que su cabeza fuera la que le dijera eso.
Regresó directo a la sala justo para tirarse de nuevo al sillón antes de que bajara Harry.
Los pantalones negros se le ajustaban a la perfección a sus piernas largas, y la camisa blanca
con adornos de pequeñas flores rojas con azules.
—Tú no, idiota —rodó los ojos—. ¿Dónde está Ricardo? —buscó con la mirada.
—Se fue.
—¡¿Qué?! —gritó.
Harry salió directo a la calle en busca del hombre, pero el aire frio y la oscuridad de la noche lo
hizo volver adentro.
—¡Idiota!
—¿Por qué no le marcas por teléfono? —Harry bajó la mirada—. ¿Acaso no lo tienes? —se burló
Louis al notarlo.
Un segundo.
Dos segundos.
Tres segundos.
Cuatro segundos.
Y el golpe de la puerta le avisó que podía reírse ruidosamente por haberlo logrado. Rodó por el
sillón hasta que una de las cosas en la bolsa se incrustó en su espalda haciéndolo chillar del
dolor. Pero incluso eso no le quito la satisfacción de que así como Harry podía jugar sucio, él lo
haría.
Harry sentía que podía explotar, quiso echarle la culpa completamente a Louis, pero lucía
estúpidamente inocente, aun sabiendo de las profesionales maniobras de él y sus capacidades
increíbles actuando y mintiendo a la perfección.
—Estúpidos todos
Se tiró a la cama, imaginando y suponiendo miles de teorías y escenarios por los cuales su
"perfecta cita-hispa" había sido cancelada.
Gracias por los buenos comentarios de la historia y por las intenciones de promocionarla <3, no
hacen felices. Si quieren que les dediquemos algún capítulo sólo díganos.
=================
Capítulo 8.
Era el lugar favorito de Louis desde niño, un punto en el lago acercándose a las afueras de la
ciudad. Ese parque estaba rodeado de árboles, el lago incluso tenía una pequeña isla y un puente
que la unía a la orilla. Había bancas de madera para que la gente disfrutara de la vista, pero él
siempre se sentó en un tronco hueco que descansaba en el suelo cubierto de musgo hasta la
mitad.
Llevó a Harry ahí en cuanto cumplieron una semana como novios, y desde entonces era un lugar
solo para ellos dos. Ahí se dijeron por primera vez "te amo".
La noche anterior habían anunciado su compromiso ante la familia de Harry, esa ocasión donde
las cosas salieron todo lo contrario a bien. Esa tarde Louis esperaba a Harry en el tronco caído,
nervioso después de recibir un mensaje de su novio solicitando verse cuanto antes, a pesar de
haber pasado la noche con él.
Supo que su presentimiento no era erróneo y algo andaba mal cuando sintió la presencia de
Harry junto a él, y al alzar la vista notó lo rojo en su mirada.
Su voz se quebró cuando gritó, así que se arrojó a los brazos de Louis sintiéndose
completamente vulnerable. Él no le negó el abrazo, acarició su espalda y sus rizos susurrándole
que todo iba a estar bien y sintiendo la humedad en su ropa y los fuertes sollozos de Harry.
No sabía que Harry le estaba ocultando las verdaderas razones para alejarse de su familia. No
sabía lo que le habían propuesto esa mañana, ni que la verdad detrás de su llanto era que le
habían vuelto la espalda sin importarles nada. Y ciertamente, él no planeaba decírselo nunca.
Harry haría que Louis creyera que Harry renunciaba a todos sus bienes en lugar de ser despojado
de ellos.
—Yo me encargaré de ti —susurró en su oído cuando Harry se calmó un poco—. Nunca voy a
dejarte desamparado, nunca voy a dejarte solo. Yo cuidaré de ti, lo prometo.
—Lo sé.
Lo que sí le diría pronto, es que no pensaba regresar a la escuela solo para corresponderle con
atenciones esa promesa.
~*~
Harry tuvo que despertar temprano para cambiarse de clase, no se sentiría cómodo teniendo aún
a Ricardo como instructor después de lo que sea que Louis le haya dicho.
Bajó las escaleras recién cambiado con su ropa deportiva, pero aún frotándose los ojos. La
cocinera había llegado antes, y el desayuno estaba listo, algo muy simple: cereal y pancakes, con
la miel a un lado para que la sirviera cada uno a su gusto.
Cuando Louis bajó a desayunar, algunos minutos después de que Harry se había ido, encontró
de igual manera el desayuno, solo que esta vez el pancake de la cima tenía escrito con miel un
"te odio".
Rió escandalosamente, porque seguía sintiendo en la lengua el sabor de la victoria de saber que
había arruinado la cita de Harry, y descansado gracias al nuevo colchón en su habitación.
**
Tres días después debían reunirse con los abogados y el juez para establecer los primeros
términos del divorcio. Louis se encontró con Liam afuera del edificio. Subieron a la misma oficina
de la última vez, el juez no estaba presente.
—Buenas tardes.
—Buenas tardes.
Jeff los había saludado cordialmente dándole a ambos la mano, pero únicamente fue Jeff. Liam
rodó los ojos y se sentó para buscar los papeles que necesitaría más adelante, un par de
segundos después fue que Louis entendió el origen de aquél gesto. No había visto que también
estaba ahí Harry, sentado en una de las sillas giratorias casi a mitad de la habitación y se
encontraba muy concentrado en su iPad.
Pudo ser que ni siquiera los volteó a ver por esa razón, o simplemente porque no quiso.
Tal vez un poco de ambas, porque en verdad estaba muy enfocado en la pantalla táctil, no notó
cuando Louis se acercó rodeándolo muy despacio para quedar detrás de él. Se inclinó un poco
para ver lo que Harry veía, su ceño se frunció casi al instante. Harry leía en una página de
consejos para el cuidado de bebés, un artículo titulado "Cómo hablar del divorcio con tus hijos".
—¿Qué demonios? —dijo en voz alta sin darse cuenta. Harry se sobresaltó y bloqueó la pantalla,
dejándola en negro.
—Es por eso que no era buena idea tener hijos tan pronto. ¿Te imaginas si los tuviéramos en
este punto?
—Louis —lo llamó Liam interrumpiendo su pequeña discusión—, ¿puedes venir por un segundo?
Louis asintió y se dirigió hacia donde su abogado estaba, sin embargo éste se levantó y caminó
hacia el balcón, indicándole que salieran. Harry mostró su lengua en un gesto infantil a sus
espaldas, y volvió a su lectura de educación parental.
—¿Qué fue todo eso? —Liam preguntó mientras cerraba la puerta corrediza de cristal para evitar
ser escuchados.
—¿Qué cosa?
Aún lo recordaba, empezó exactamente el día en que cumplieron dos meses casados. Harry
había encargado comida en uno de sus restaurantes favoritos y tenía la mesa puesta para una
romántica velada, con algunas sorpresas incluidas.
Justo al finalizar el postre le mostró a Louis las fotografías que imprimió esa misma tarde de las
voluntarias a alquilar su vientre para que ellos tuvieran a su primer hijo. Pasaba una foto tras otra
diciendo cosas como "ella tiene ojos verdes así que usaríamos tu esperma" y "esta me agrada,
parece una persona muy artística, quiero a mi hijo así".
Tomó varios minutos y mucho tacto y delicadeza para Louis explicarle que era muy pronto para
tener hijos, que lo mejor sería esperar un poco más, y aún así Harry se molestó porque quería un
bebé lo antes posible. Desde entonces, y aunque siguieron planificando una familia con mucho
anhelo, Harry aprovechaba las oportunidades entre discusiones para recordarle a Louis que no
tener hijos lo estaba haciendo miserable.
—Bueno —dijo Liam haciéndolo volver al presente—, es bueno que no los tengan, sería todavía
más complicado resolver el asunto de la custodia.
—Y la pensión —suspiró—, Harry pediría pensión.
Liam no respondió a eso, para ese momento Louis se había vuelto a perder en la nada, mirando
sin mirar y pensando sin darse cuenta, en lo maravilloso que habría sido tener un bebé juntos.
—El juez está aquí —anunció Liam mirando dentro de la oficina y abriendo la puerta para volver
allá.
***
—Supongo que dejaremos esto para otra ocasión, les sugiero que sea pronto, no queremos
prolongar más el proceso.
—Seguro —gruñó Louis—, ya bastante tiempo voy a tener que soportar esto.
—Te gustaría que fuera mañana mismo, ¿no es así? —Harry lo miraba con resentimiento—.
Entre más pronto, mejor, te urge deshacerte de mi y convertirme en un hermoso recuerdo.
—Silencio, —regañó el juez levantándose—, no queremos escuchar sobre lo que los condujo a
esto. Debo atender otro caso ahora, si me disculpan...
—Señoría —llamó Jeff deteniendo así el movimiento del otro hombre de abandonar su lugar y la
sala—, me gustaría aclarar algo rápidamente.
—Adelante —volvió a sentarse mostrando impaciencia. Jeff puso sobre la mesa una serie de
hojas de papel.
—Reuní algunas cosas, como pueden ver. Esto son copias fotostáticas de recibos de impuestos,
comprobantes de pago y estados de cuenta —le mostró los papeles al juez—. Ahí se muestra,
que el sustento de la vivienda y de mi cliente, es el señor Tomlinson.
—Correcto.
—Mi cliente exige su derecho a una pensión alimenticia después del divorcio.
—¡¿Qué?!
Louis sintió que se ahogaba con su propia saliva, por poco se levanta de la silla al escuchar esas
palabras. Del otro lado de la mesa Harry le sonreía de lado, con los brazos cruzados y arqueando
una ceja. Si no estuvieran frente a una autoridad, estaba seguro de que habría saltado sobre la
mesa solo para ahorcarlo y quitarle esa mirada burlona de una vez.
—De hecho —se levantó Jeff—, si tuvieran hijos sería otro tipo de pensión. Pero están casados, y
usted, señor Tomlinson lleva todos los gastos dentro de su vida marital —caminaba lentamente
de un lado a otro con los brazos detrás de sí mismo—. La ley indica que, en casos así, la parte
que no se sustenta por sí misma puede exigir cierta cantidad monetaria a la otra parte para poder
subsistir hasta que tenga un empleo fijo, o vuelva a casarse.
—Sin embargo, también en casos así —Liam se levantó también, apoyándose con fuerza en la
mesa para inclinarse hacia enfrente, se veía tenso—, la misma ley no puede privilegiarlo en
sobremanera. Harry no puede exigir mucho dinero si duran casados únicamente un año.
—¿Le gustaría revisar esa carpeta, señor Payne? —Jeff señaló lo que tenía el juez en sus
manos—. Ahí se muestra que Harry dependía económicamente de Louis en su totalidad, de ser
así, claro que puede exigir mucho.
—¡Esto no es justo! —se levantó también Louis a punto de perder los estribos—. Ustedes no lo
conocen, ¡no va a querer conseguir trabajo! es capaz de no levantarse nunca del sofá solo para
seguir sacándome dinero por el resto de su vida.
—¿Yo? —preguntó Harry fingiendo inocencia.
—Yo no voy a pagarle nada —Louis volvió a sentarse con los brazos cruzados.
—Louis, ¿sabes que de haber una demanda la ley protegería a la parte que no se sustenta por sí
misma, cierto? —preguntó Jeff con tono burlón— ¿En verdad quieres visitar la cárcel?
—Escuché que allá adentro les gustan mucho los chicos como tú —agregó Harry simulando
revisar sus uñas.
Louis no pudo soportar más la situación y salió de la oficina maldiciendo en todos los idiomas que
practicaba y los que probablemente en ese momento ya estaba inventando.
****
Ir de regreso a su trabajo no era su primera opción, pero definitivamente no iba a regresar a casa
para encontrarse a un Harry en ropa cómoda disfrutando el día en la terraza, sabiendo que sólo le
estaba jodiendo más la vida.
Zayn lo vio llegar, y sabía que las cosas iban mal cuando no le devolvió el saludo.
—Tengo que mantenerlo hasta que consiga trabajo —frotó en círculos sus sienes—, ¿sabes
hasta cuándo es eso?
—Lo sé —buscó en uno de los cajones la cigarrera en forma de control de videojuego que
guardaba—. ¿Quieres? —ofreció.
—Hoy no —prendió un cigarrillo normal sin importarle que las ventanas estuvieran cerradas—,
sólo quiero ir a casa, encerrarme en mi habitación y dormir las próximas quince horas.
—Bueno, de ahora en adelante será vivir de esa forma hasta que tenga cuarenta —Zayn negó
divertido una vez más.
—Bueno, la hermosa pelinegra, de grandes ojos... —hizo un ademan con las manos refiriéndose
a los pechos de la mujer— verdes, con unas piernas... —silbó— encargada de la próxima Expo
de Lencería.
—Oh.
—Vamos, el año anterior no dejaba de lanzarte indirectas de que le gustabas —Zayn le guiño el
ojo.
—¿Estás consiente de lo que estás diciendo, no? —Louis puso los ojos en blanco.
—Bueno, entonces fuera de aquí y dile que traiga su enorme y redondo culo aquí —Louis y Zayn
comenzaron a reír.
—¿Así que tengo un enorme y redondo culo? —una tercera persona se encontraba en la misma
oficina.
Louis comenzó a ahogarse con su propio cigarrillo, cuando la vio frente a él con su falda negra de
piel, acompañada con un par de botas del mismo color y una blusa blanca.
—Y bien —espero a que Michelle se encontrara sentada—, creo que llevará la misma estructura
del año pasado, ¿cierto?
*****
Dos horas y treinta y siete minutos después, Louis y Michelle habían terminado de hablar sobre
negocios, ahora habían construido una atmosfera más amable, ninguno de los dos habita vuelto a
temas relacionados con el coqueteo. Louis realmente necesitaba algo así en estos momentos,
una persona con la que pudiera estar riendo sobre el pésimo evento que la competencia había
generado en un recital de música independiente.
—Era un granero, estoy segura. Un granero con miles de adolescentes buscando sexo en un
lindo charco de lodo.
—Bien, Louis —se levantó de la silla acomodando su falda—, debo hacer un par de cosas más
—Louis asintió también poniéndose de pie, acompañándola directo a la salida—. Escuché que te
estabas divorciando.
—Algo así —comenzó a rascarse incómodamente la nuca—. Yo sólo quería preguntar, si... —su
hablar se comenzaba hacer más lento y titubeante.
Y Louis sería realmente estúpido si no sabía que la chica intentaba a invitarlo a cenar a él, y lo
sería mucho más si dejara que ella lo hiciera, así que le daría sólo por esta vez el turno de ser la
invitada.
—Podemos ir a cenar y terminar de arreglar datos para dar inicio a la campaña previa al evento
—sonrío Louis mostrando sus dientes aperlados.
—¡Claro! —gritó emocionada—. Digo... si está bien —su cara estaba pintada por un color rojizo
acentuado principalmente en sus mejillas—. Tengo tu número y eso, podríamos hablar sobre el
lugar —Louis asintió, y fue lo último que se dijo hasta que ella dio paso al largo corredor directo al
elevador.
Así que, qué más importaba, hoy tendría una buena noche.
Regresó mucho antes a casa, no había rastro de Harry deambulando por las salas principales, así
que estaba bien con eso, o probablemente era el hecho de que no había dejado de mensajearse
con Michelle, justificando solamente con ciertos detalles sobre, colores, posibles modelos que
bien podían ser solucionados en la misma cena, pero se sentía bien seguir teniendo contacto con
ella.
—¿Estás viendo porno? —preguntó Harry haciendo que Louis diera un pequeño brinco.
Estaba confundido de que le estuviera hablando tan tranquilamente y con un tono de voz neutral,
incluso podía apostar que sonaba amistoso.
—Es que estás sonriendo al celular —frunció el ceño, sentándose en una de las sillas de jardín
frente a Louis.
El clima de la terraza era perfecto y Louis era de esas personas que disfrutaba comer en ese
lugar, sintiendo el aire golpear ligeramente su cara.
—Supongo.
Harry era demasiado curioso para no intentar siquiera controlar el impulso de ver los mensajes,
pero algo le decía que tenía que hacerlo. Los tres primero mensajes sólo tenían bromas sin
sentido, o él no le encontraba uno, pero los dos últimos sobrepasaban sus límites.
"Creo que sigues luciendo muy bien y profesional aunque uses camisa con jeans"
"Te veo en el Locanda Locatelli a las 9, mi enorme y redondo culo no va a esperar un retraso".
Harry estuvo a punto de tirar el celular contra la pared, pero intentó hacer los ejercicios de
respiración que aprendió en yoga, para tranquilizarse, así que lo único que hizo fue borrar los
mensajes.
El transcurrir de las horas no estaban ayudando a Harry, lo estaban alterando más y poniendo los
nervios de punta.
¿Celos?
Harry estaba convencido que no era eso, porque ni siquiera estaba seguro ya de querer a Louis,
sólo estaba furioso porque él no podía tener una cita y Louis sí.
Así que sí, Harry debatió por varias horas en si sabotear la cita de su aún esposo era buena idea
o no. No estaba seguro de que Louis hubiera hecho lo mismo con la que él iba a tener así que,
intentaba llevar las cosas con calma.
Pero la gota que terminó derramando el vaso, fue escuchar al propio Louis hablar por teléfono
con esa "zorra", él sonando tan amable, incluso se atrevía a comparar el tono de voz, con el que
usaba para hablar con él, cuando eran novios.
El hecho de que Louis reía con algún comentario estúpido que ella estuviera diciendo del otro
lado de la línea y el maldito punto de que él estaba usando uno de los trajes azul marino que no
pertenecía a la colección de "trajes ejecutivos, exclusivos para citas de trabajo", que él mismo le
había armado con diferentes estilos y colores.
—Sí, voy saliendo para allá —fue lo último que dijo Louis antes de colgar.
—Yo también —Harry habló entre dientes, sintiendo como la sangre le quemaba por dentro.
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Muchas gracias por sus lecturas, votos, comentarios y recomendaciones a otras personas, son un
amor <3 y gracias a Guishe por recomendar el fic dentro de su fic :') Nos leemos la próxima
semana.
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Capítulo 9.
Harry se sentía orgulloso de que Louis fuera suyo, completamente suyo.
El ser la persona con la quien el castaño había pasado más tiempo en una relación, le hacía
sonreír ante las miradas de envidia de algunas personas en la universidad, estaba seguro de que
muchos le pedían a un ser divino que ellos dos terminaran para tener una pequeña oportunidad
con Louis. Pero él estaba completamente seguro de que eso jamás iba a pasar.
Aunque los celos fantasmas siempre se apoderaran de él, Louis había tenido cientos de personas
rodeándole, le hacía enojar, le hacía recordar constantemente la vida de soltero que tenía Louis y
definitivamente le ponían a flor de piel las estúpidas bromas de su novio cuando jugaba a
coquetearle a alguien frente a él.
A comparación de Louis, él no hacia el mínimo esfuerzo por ocultar sus celos, ni tampoco
silenciaba las ideas de hacerle pagar a las personas que se atrevían a insinuar algo sobre la
belleza física o personal de su novio.
Ambos recordaban el día en que una compañera de curso de Louis cometió la imprudencia de
hablar sobre lo "bien" que era tener sexo con Louis, y sobre lo lamentable que era tener que
esperar a que éste terminara con el rizado. Cuando el comentario llegó hasta los oídos de Harry,
no tardó en tratar de idear algo que le cerrara la boca a ella y a toda persona que compartía el
mismo sentimiento. Kaya le había ayudado, seguía sin estar convencida sobre su relación, pero
Harry era demasiado obstinado para desistir en la idea, así que solo lo hizo.
Divertido para unos e infantil para otros, pero el carro convertible rojo de la joven quedó cubierto
de estiércol de vaca, con una pequeña nota que sólo contenía una cara feliz, no se necesitaba ser
muy inteligente para deducir quién había sido. Pero ese era el punto.
Louis siempre le decía "Eres muy celoso Harry, así que entre más te enojes sobre la situación,
más lo seguiré haciendo", Harry rodaba los ojos y golpeaba fuertemente su brazo.
Aunque fuera un mal chiste por parte de Louis, Harry, se negaba tangentemente a compartirlo
de cualquier forma. Otra razón por la cual odiaba que Zayn estuviera siempre cerca de ellos.
Y en realidad una parte de él sabía perfectamente que Louis jamás se atrevería a serle infiel, lo
aseguraba cuando Louis solía ir a su lugar especial a llorar por los recuerdos de su madre, al
traer consigo el hecho de que le aterraba la idea de ser abandonado nuevamente por alguien que
apreciaba tanto, siendo la razón principal de que la relación con otras personas le parecía un
juego ardiente en donde él podía tener el control de no encariñarse con alguien en verdad.
~*~
Inhalación.
Exhalación.
¿En serio estaba haciendo eso? ¿Seguirlo hasta las puertas de un restaurante sólo para
arruinarle la noche?
Sí.
El peor inconveniente era que el tipo de lugares a que acostumbraban a ir, era que
definitivamente todos eran bajo reservación, cosa imposible de entrar en cualquier momento. La
única forma en la que podía entrar era una vez más llamando a Kaya.
-Necesito tu ayuda -demandó Harry, recién escuchó ruido del otro lado de la línea.
"Claro, ¿Cómo estás, mejor amiga?, Muy bien, Harry, ¿y tú?"
Pudo escuchar como Kaya dejaba de hacer lo que estuviera haciendo para prestarle atención.
-¿Sigues siendo "amiga" del dueño del Locanda Locatelli? -preguntó, mirando hacia la dirección
donde Louis se encontraba parado esperando.
"Si con amiga te refieres a que si sigo cogiendo con él... sí, ¿qué hay con eso?", estaba un tanto
confundida.
-Necesito que hables con él, ahora mismo, para que me deje entrar.
Harry estuvo a punto de contestar, pero la postal que tenía frente a él le consumió cualquier frase
coherente.
La mujer que esperaba Louis, había bajado de un camioneta, la vista no era tan perfecta pero
estaba seguro de que pudo ver como Louis alagaba el vestido negro de tirantes entallado que
vestía, incluso apostaba que ella estaba exagerando demasiado el movimiento de su cabello, en
forma de coqueteo
-Patética.
Harry no pensaba gastar muchas palabras así que en cuestión de segundos justificó su presencia
en ese lugar.
Tal como Kaya le había prometido sólo tuvo que decir su nombre, la suerte jugaba de su lado esa
noche, había podido conseguir una mesa lo suficientemente lejana para no ser descubierto, pero
la vista era a la perfección, esta vez Harry podía mirar mejor las facciones de la mujer, sus labios
estaban pintados de un color ciruela que resaltaban en su piel blanca.
El cabello negro largo y ondulado, que seguramente había invertido varias horas acomodándolo.
Harry podía debatir sobre el aspecto de la chica por varias horas, pero sólo llevaba un par de
minutos inspeccionándola y no había rastro de Louis, ella sólo estaba sentada jugando con sus
dedos encima de la mesa.
¿Cómo lo había podido olvidar? Louis era de esas personas que tenía que lavarse las manos
cada cinco minutos o a cualquier contacto con algo del exterior.
Unos segundos después lo vio caminar hacia la mesa, su andar era muy minucioso, la forma en
que sus caderas se balanceaban en un vaivén de derecha a izquierda, muy poco masculino para
algunos y fascinante para cualquier persona que gustara de ver su redondo y respingado trasero.
En realidad, Harry aun no comprendía porque la gente aun encasillaba a Louis como alguien
heterosexual; tampoco entendía por qué él siempre era puesto como la "mujer" de la relación.
Mierda, cómo odiaba eso. Definitivamente no era su culpa ser menos hipócrita con la gente sobre
sus gustos, a comparación de Louis, pero si alguien era lo suficientemente observador,
entendería lo que pensaba Harry de él.
La forma en la que la muñeca derecha de Louis, siempre caía con un tono dramática cuando
caminaba. La forma en la que dejaba caer todo el peso de su cuerpo en una pierna cuando
estaba de pie, junto con una mano apoyada en su cadera.
Cualquier persona que hubiera vivido con él en los últimos meses, se daría cuenta que su outfit
constaba de sus pantalones cortos color malva, Hollister, junto con su par de Toms azul marino.
Muy masculino
"¿Cómo puede no notar esa estúpida risa chillona nada varonil?", pensó Harry. "Seguro es
lesbiana".
Harry tuvo que callar la gran carcajada que había soltado para no ser descubierto cuando la mujer
tomó de imprevisto la mano de Louis, y él rápidamente la alejó para rascar su nuca
incómodamente.
-Cariño, Louis tiene un letrero en la frente de que no le gustan las vaginas -habló lo
suficientemente fuerte para que el par de mesas a su alrededor se giraran a mirarlo con una
mirada de disgusto-. Tú definitivamente no tienes lo que el ama -señaló con sus dedos su entre
pierna-, no lo harías gritar como yo lo hacía, ni dejarle el trasero tan adolorido que, Louis usaría el
próximo par de días su almohada especial de estampado de cebra para poder sentarse en
cualquier lugar.
Un par de carraspeo incómodo sonó nuevamente de a alguna mesa, que no se dignó a observar.
No, eso ni si quiera lo iba a detener de decir lo que pensaba sobre su futuro ex esposo.
Antes de que la carta llegara, Harry se apresuró a caminar directo hacia donde se encontraba el
gerente principal.
-Así es -sonrió al darse cuenta que no era tan necesario presentarse, después de todo.
-Aún no he ordenado -contestó antes de ser interrumpido-, en realidad, necesito otro favor.
-¿Ves a esa pareja? -señaló discretamente hacia la mesa de Louis, donde seguían charlando y a
Harry no le podía hervir más la sangre.
"Morgado".
"Esa perra, desgraciada", Harry tuvo que hacer un último gran esfuerzo para no recorrer toda la
sala y tirarle toda la vajilla del lugar en la cara.
No le había bastado con coquetearle un año atrás a Louis a un par de semanas después de su
boda, ella en serio tenía que regresar a hurtar lo que aún era suyo.
Harry sabía la respuesta y aun así no iba a dejar las cosas seguir su curso, porque
definitivamente para eso él estaba, para ayudar a que todo vaya en dirección a sus necesidades.
-Sí, ella -se aclaró la garganta-. Él hombre que está junto a ella se le va a proponer -tuvo que
morderse la lengua para no gruñir.
-¿En serio? -preguntó el hombre, genuinamente sorprendido-. No parece una de esas cenas
especiales.
-Exacto -contestó Harry-, fue algo espontáneo, yo soy amigo de ellos y necesito ayudar a mi
amigo para que la comida sea perfecta.
-¡No! -gritó Harry-, me refiero a que soy el encargado oficial y, estaba pensando en yo poder
armar todo el acontecimiento.
El hombre pareció realmente dudar sobre la propuesta, pero si algo tenía Harry Styles, era sonreír
mostrando su par de hoyuelos en las mejillas, que lo hacían lucir como un hermoso ángel.
-Perfecto, necesito salir... puedo entrar después solo con mi nombre ¿verdad?
-Por supuesto.
-Gracias -Harry dio un par de saltitos emocionados e infantiles y salió casi corriendo del
restaurante.
Tenía poco tiempo, así que pisó el acelerador para volver a la casa tan pronto como pudo. Subió
corriendo las escaleras, por poco tropieza faltando tan solo dos escalones para la parte más alta,
maldijo en voz baja y continuó su rápido camino hasta la habitación.
En un cofre de tamaño mediano junto al mueble con espejo que por poco quedaba frente a la
cama, es en donde guardaba algunas de sus cosas más preciadas. Tal vez no solo para él,
cualquier persona en su posición guardaría aquellos accesorios como un tesoro.
Se trataba de los anillos que Louis le regaló con el paso del tiempo.
Tenía algunos otros cofres con joyería, pero ese era exclusivo para las pequeñas cajas de
terciopelo con anillos. Louis adoraba darle anillos. Además del caro anillo de compromiso había
uno de tres bandas de platino que le dio cuando cumplieron un mes de novios, uno más de oro de
24 quilates que le regaló cuando sacó tan buenas notas al terminar su semestre y un sinfín más.
Uno de sus favoritos era el de oro rosa con inscripciones de "Te amo" a lo largo de toda la banda,
ese fue un regalo de seis meses de casados.
Sin embargo no tenía tiempo para contemplarlos tanto como quisiera, que era mucho. Desde que
iniciaron con todo el proceso de divorcio no usaba ninguno de esos, ni siquiera el de bodas, solo
regalos de sus padres antes de que comenzara a salir con Louis, algunos adquiridos por él mismo
y la delgada banda de plata que era algo como una promesa de amistad entre Kaya y él. Tomó
una cajita ligeramente más grande que las otras, de terciopelo color vino y extrajo el anillo de su
interior dejándolo solo en el cofre. Ese, de oro y platino con un diamante, había sido un regalo de
disculpa, por haber pasado en Nueva York el aniversario de la fecha en que se conocieron.
Con la cajita en el bolsillo y el reloj corriendo, volvió a su auto. Aún le faltaba pasar a la tienda de
artículos para pesca y necesitaba tiempo para hacer todo sin ensuciarse las uñas.
**
Volvió al lugar justo a tiempo, aún no les llevaban el postre, y justo como le prometieron, pudo
volver a ingresar sin problema. Tuvo la oportunidad para hablar con uno de los meseros y de
darle el par de billetes para hacer su trabajo. Después de eso, no volvió a su mesa, sino que se
quedó en un rincón escondido cerca de la cocina para mirar todo con atención y tener tiempo de
salir cuando fuera necesario.
El momento esperado llegó cuando Louis se levantó para lavarse las manos una vez más,
entonces el mesero se acercó para llevarles el postre, Harry vio cómo se acercaba a Michelle
para decirle algo en voz baja, que sabía de sobra qué era. Ella se miró sorprendida y
entusiasmada a la vez, no esperaba eso, que Louis haya pedido que le llevaran especialmente
eso.
Cuando él volvió a la mesa ella lo esperaba con una sonrisa tímida y expectante, de inmediato
cortó un pedazo del pastel de helado, y se encontró con la textura dura de lo que definitivamente
no era helado.
-¡Por Dios, Louis, es muy pronto! -exclamó con emoción- Pero no puedo creer que hagas esto.
Él la miró sin comprender, estirándose para mirar el plato a la vez que ella abría la cajita que no
sabía, Harry había ordenado que metieran entre su postre. Al estar ésta abierta, se produjo una
escena asquerosa: una decena de lombrices de tierra retorciéndose y buscando salir de su
prisión.
-Oh por... -Michelle se llevó ambas manos a la boca para contener las náuseas.
Para ese entonces Harry hubiera deseado quedarse a mirar la escena, pero debía huir si quería
evitar ser descubierto.
-¡Patán!
Michelle se levantó y tomó su bolso, abandonó el restaurante con pasos firmes y furiosos. Louis
tardó en comprender, mirando con asco el plato donde los pequeños seres comenzaban ya a
arrastrarse por la comida. Segundos después salió detrás de ella.
La siguió hasta su camioneta, tratando de disculparse por algo que no había hecho sin que ella lo
escuchara. Pero hubo algo que llamó su atención. Definitivamente conocía el auto del otro lado
de la calle. Su mirada se cruzó con otra muy conocida por dos décimas de segundo a través del
retrovisor.
Estúpido Harry.
Se dirigía hacia él para detenerlo, pero un encargado del restaurante ya había salido por él para
evitar que se fuera sin pagar, dándole así tiempo al rizado para emprender la marcha y salir de
ahí. Bien, de todas formas, el personal del lugar le debía algunas explicaciones a Louis.
***
Harry esperaba en el sillón, con su pijama favorita puesta y mirando una película cualquiera que
había en la televisión, pretendiendo haber estado ahí todo el tiempo. Algunos minutos después
escuchó el auto estacionarse y la puerta abrirse y cerrarse con mucha fuerza.
-Eres la persona más despreciable que he conocido -vociferó Louis entrando en la sala-. Siempre
supe que tu comportamiento era inmaduro, pero no esperaba algo así.
-Ah -sonrió-, entonces no estás tan ciego en realidad. Así que es verdad que no necesitas los
lentes.
-No puedo creer que llegaras tan lejos, pudiste costarle la reputación y prestigio al restaurante. ¡Y
Michelle! Ese evento es grande, la empresa lo necesita -decía molesto recorriendo el cuarto
entero.
-Te van a salir arrugas -dijo volviendo la mirada a la televisión. Louis se acercó furioso a ésta y la
apagó-. ¡Oye!
-No deberías preocuparte mucho, ella se ve barata. Llévala a cualquier motel y te garantizo que
tendrás ese negocio de vuelta, claro, si es que lo logras, porque ¡estoy seguro de que incluso
debes ser alérgico a las vaginas!
-Las mujeres profesionales no se visten así para una simple cena de trabajo -refutó.
-Y además tú no eres la persona más indicada para reclamarme, no fui yo quien buscó una cita
con el primer imbécil que se cruzó por su camino en la última semana.
-¡Y eso es lo que me molesta! -gritó también Harry mientras se levantaba-. Arruinaste mi perfecta
cita pero tú sí puedes salir con esa... esa zorra.
Louis permaneció en silencio durante un par de segundos para lograr normalizar su respiración y
calmarse en lo posible, no fue sino hasta ese entonces cuando se dio cuenta de la verdad
escondida detrás de la escena montada.
Su primer impulso fue reír, pero supo contenerlo principalmente por lo enojado que se veía Harry,
y en parte por la extraña y repentina corriente de ternura que esa revelación le trajo.
-Hazz... -tosió para aclarar su garganta, porque el nombre había salido muy suave- no estaba
pensando salir con nadie en ese plan, no mientras sigamos casados. Y aunque así fuera, sabes
que en algunos meses ya no habrá nada que nos una.
-Y eso me alegra -exclamó yendo escaleras arriba-, no sabes lo feliz que me hace deshacerme
de ti.
Esperó los segundos que usualmente le tomaba a Harry cerrar de golpe la puerta de la
habitación, pero ese momento no llegó. Esperó treinta segundos, un minuto, dos minutos, y nada.
Finalmente se preocupó y subió por las mismas escaleras, muy despacio y procurando no hacer
ruido.
El pasillo estaba tan solo ligeramente iluminado por las pequeñas lámparas en forma de flores
que decoraban las paredes. Y ahí estaba Harry, sentado en el suelo, abrazando sus rodillas y
escondiendo la cara entre éstas, con la espalda apoyada contra la pared, justo debajo de un
cuadro.
Ese era el único cuadro en esa pared, en ese lado del pasillo, el punto más próximo a la
habitación que compartían hasta hace algunas semanas y que ahora era solo de Harry. Él lo
había pintado en su luna de miel, era una imagen del lago Emosson en Suiza, con las montañas
de fondo y flores en primer plano. No lo pintó realmente, encontraron un curso rápido en alguna
plaza en Venecia, el anciano encargado colocaba los colores estratégicamente en la madera y le
explicaba de qué manera mover el pincel para lograr los trazos que dejarían la pintura formando
las figuras perfectas.
Louis suspiró y se agachó para meter las manos debajo de los brazos de Harry e intentar
levantarlo.
-¡Suéltame!
Se resistió. A Louis no le quedó más remedio que tomarlo de las manos y llevarlo arrastrando
hasta su habitación, porque Harry no quería levantarse. Incluso puso rígido todo el cuerpo para
dificultarle la tarea, y vaya que Louis se dio cuenta, pero también lo culpó a que tal vez Harry
había crecido en esas semanas y él no lo había notado. Era posible.
Le resultó graciosa la idea de cómo vería la escena un tercero. Louis arrastrando a Harry, quien
incluso dejaba caer la cabeza hacia atrás y no ayudaba en lo más mínimo en el camino al punto
central de la alcoba.
Lo arrastró hasta la cama, donde Harry ya no se resistió más y se levantó por su cuenta para
subir a ésta. Al momento de levantarse, sin embargo, se golpeó en la rodilla con el borde. Louis
rio por lo bajo.
Harry, tan torpe como siempre.
-Tú no deberías estar aquí -gruñó sobándose en la zona afectada-, esta ya no es tu habitación, ni
siquiera es de este lado del pasillo.
-Sí, sí, lo sé, ya me voy -Louis alzó las manos en señal de paz, levantó una esquina del edredón
de plumas para comenzar a preparar la cama-. Pero duerme, es tarde, mañana tienes que ir a...
lo que sea que ahora tomes por las mañanas.
-Pilates.
Harry, sentado sobre la cama, observó cuidadosamente el detalle de las sábanas mientras Louis
retiraba lo que había encima y acomodaba las almohadas. Nunca había notado los bonitos
diseños que había en éstas.
-Y tú tienes que ir a disculparte con la tipa esa -murmuró-. Tú, yo no, yo no me arrepiento de
nada.
-¡Genial! -exclamó con una sonrisa exagerada- ¡Louis Tomlinson, el señor de los mil talentos
ahora también es adivino!
-Deja el sarcasmo para otro momento, porque sí lo sé -suspiró e hizo una pausa larga-. Lo hiciste
porque todavía me amas, Harry.
Su respuesta fue una risa aún más exagerada, extremadamente falsa. Rodó los ojos mientras
Harry se levantaba para volver a acomodarse debajo del edredón.
-Por favor, claro que no. Ya te dije que me hizo enojar que tú tengas citas y yo no. No fue porque
todavía te ame, porque no lo hago, te odio -sacudió la cabeza-. No, ni siquiera te odio, no siento
ya nada por ti.
Louis asintió para darle la razón, a pesar de que sabía que no la tenía. Esperó a que Harry se
acomodara en la cama, dándole la espalda obviamente, y caminó hasta la puerta.
-Está bien, como digas -dijo en tono calmado y apagando la luz-. Yo sé que sí.
Cerró la puerta después de abandonar la habitación. Escuchó el sonido suave de algo que
impactó contra la puerta cerrada, seguramente una almohada. Sonrió para sus adentros. Conocía
a Harry, y sabía que esa sería su reacción. No iba a admitirlo.
Para alguien como Louis, era una pesadilla saber que su matrimonio terminaría. Para él era algo
casi sagrado, la promesa eterna que hizo con la persona que más amaba en todo el mundo,
incluso en universos alternos, de ser que existieran. Y el saber que Harry todavía lo amaba había
logrado levantarle al ánimo en enormes cantidades, no importaba cuánto tuviera que rogarle a
Michelle para mantener el evento en pie.
Lograr mantener sentimientos vivos, le decía que no todo había sido un fracaso.
Necesitaba un baño de burbujas y de ahí iría directo a la cama. En el camino al baño, volvió a
pasar frente al cuadro de la luna de miel. Otro detalle acerca de ese cuadro, era la inscripción en
la parte trasera, que Harry escribió junto con la fecha con color negro y un pincel muy delgado.
Amamos que comenten MUCHO la historia así que ya sabemos quien comenta y sino lo hacen
lloramos, ah. Hubo demasiado drama esta semana y no creo que sea necesario comentar porque
sólo una cosa creo que podría hablar por Yatz y por mi, nosotras estamos aquí por Larry.
Este capítulo va para Laura y Vanessa que ESTÁN ESCRIBIENDO UNA HERMOSA HISTORIA
DE SUSPENSO LLAMADA : "Cada Semana •LARRY STYINSON•" Creo que es bueno que le den
la oportunidad ;)Pueden encontrarla en el usuario a quién esta dedicado el cap.
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Capítulo 10.
Louis sabía que los gustos de los Styles eran ligeramente distintos a los que él estaba
acostumbrado, por lo menos en lo que a estilo de vida se refiere. Por lo tanto, procuró no
quedarse observando mucho tiempo cada punto la tarde que visitó su casa por primera vez.
Para ser dueños de una de las constructoras más grandes del país, vaya que tenían buen gusto.
No estaba seguro de si tenían más dinero que su padre, menos o aproximadamente la misma
cantidad, pero era evidente que invertían mucho más en su vivienda. Lógico, tomando en cuenta
precisamente a qué se dedicaban.
Lo primero que vio cuando le permitieron pasar y conducir su auto a través de la parte empedrada
hasta el estacionamiento a un costado, fue el impecable y perfecto jardín, con varios árboles y el
césped recién cortado. Siguiendo ese camino de baldosas en medio de la alfombra verde natural,
una fuente hacía ruido justo frente a la entrada principal de la casa, con dos más pequeñas a
cada lado, que dejaban caer el agua al piso. Después estaba la casa, con paredes que parecían
de mármol (o probablemente lo eran), columnas en el pórtico, enormes ventanales e incluso un
par de torres. Se preguntó si en verdad había allí habitaciones o solo estaban ahí a modo de
decoración. La casa imponía, y si no hubiera llevado los lentes de sol puestos seguramente lo
habría deslumbrado.
Y por dentro le hacía justicia al exterior, las escaleras principales se dividían en dos por la parte
de arriba para llevar a ambos extremos de la casa, los muebles se veían costosos incluso a
simple vista y otras tantas columnas jónicas se dejaban ver cada cierto número de pasos. Era
algo excesivo, en su opinión. Él siempre había vivido en una casa menos grande, en un estilo
más sencillo, y eso no significaba que no pudiera gastar millones en cualquier cosa que le
gustara. De cualquier forma, procuró no distraerse, y en cuanto encontró a una de las mujeres de
limpieza le pidió indicaciones para encontrar a su novio.
Se perdió en un par de ocasiones, pero finalmente logró dar con la habitación. Adentro, en una
alcoba tan grande como supuso con relación al tamaño de la casa en general, Harry ya lo
esperaba recostado en la cama Queen Size y sonriendo grande a la puerta. Incluso llevaba una
pequeña flor en el cabello.
Louis sonrió de lado y sin darle tiempo de decir nada más, corrió y se dejó caer sobre él con
cuidado para besarlo con todas las ganas que guardó durante las veinte horas que no lo había
visto. Cuando su respiración comenzaba a agitarse en grandes velocidades, muy
convenientemente recordó para qué estaba ahí, que faltaban aproximadamente veinte minutos
para la hora acordada y los nervios llegaron de golpe. Se alejó de Harry para mirarlo.
—¿Y?
—Tengo que ir al baño —dijo y se levantó dispuesto a salir de la habitación. Sabía donde
quedaba un baño, lo encontró sin querer abriendo la puerta equivocada en busca de la habitación
de Harry.
Y claro que los nervios lo estaban haciendo pedazos, parecía que presentía el desastre de la
cena. Aunque resultaría peor de lo que pudiera imaginar, con un interrogatorio a fondo, silencios
incómodos y algunos comentarios poco discretos que le indicaba a Harry que sus padres no
estaban felices con su nueva relación.
Antes de que Louis llegara a la puerta para salir a hacer sus necesidades, Harry gritó en tono
juguetón.
Louis miró de nuevo a la cama y ahí estaba, tratando de contener la sonrisa que mostraría sus
precioso hoyuelos y frunciendo el ceño, señalándolo de manera acusadora y abrazando contra su
pecho un peluche del oso Rilakkuma. No pudo contener un suspiro, porque Harry era
definitivamente lo mejor que le había pasado.
¡Y lo amaba tanto!
~*~
Parecía que habían pasado décadas, y no únicamente un año y un mes desde la última vez que
estuvo ahí.
Se encontraba sentado en el mismo sofá en donde estuvo la mañana que intentaron sobornarlo
para que no se casara, bebía una taza de té preparada especialmente para él mientras charlaba
con Gemma y esperaban a sus padres.
La tarde anterior pasó más de dos horas en el teléfono con ella, le contó de su divorcio y todo
sobre su situación actual. Tal vez también se permitió llorar un poco. Al final ella le pidió que fuera
a la casa esa misma mañana, se encargaría de contarle a sus padres y convencerlos de que lo
recibieran para conversar.
Y ahí estaba, fingiendo escuchar sobre la situación de la constructora cuando en realidad estaba
concentrado en los verdes jardines, tan verdes que solo tenían algunos rosales blancos muy
separados entre sí. Esos jardines le habían hecho decidir que cuando tuviera la casa de sus
sueños, los jardines serían coloridos y tendrían cientos de flores perfectas y perfumadas.
Gemma calló y ambos giraron las cabezas hacia las escaleras cuando escucharon los tacones y
los pasos pesados acercándose. El señor y la señora Styles se veían tan elegantes como
siempre, sonriendo de manera gentil. Harry se levantó para saludarlos en cuanto se acercaron.
—Mamá, papá —los abrazó a ambos por turnos, tan fuerte como pudo.
—Estamos tan felices de verte, hijo —dijo su padre separándose del abrazo.
—Habrá una cena especial esta noche para ti, comenzamos a planear todo desde que Gem nos
dijo que llamaste.
—Por supuesto que no, todos sabíamos que ese matrimonio no duraría —dijo su padre haciendo
lo mismo. Harry bajó la cabeza sintiendo el golpe de las palabras. De nuevo tenía a toda su
familia de frente, y la sensación de Deja vú lo mareaba.
—Supongo que fue eso. No nos llevamos muy bien, y nos dimos cuenta de eso con el paso del
tiempo —dijo mirando la taza de té entre sus manos, el líquido se movía—. Tenían razón, siempre
la tuvieron, todos.
—Te lo dijimos.
—No sabemos, hay algunos problemas —se encogió de hombros—. Por la casa y eso, lo más
rápido sería que él se la quede, pero sería injusto para mi.
—Es un patán —gruñó su madre—, te aseguro que hará todo lo posible porque así sea.
—Tal vez —bebió otro trago—. Como sea, por ahora sigo viviendo ahí, y él también. No
compartimos ya la habitación, pero sí la casa.
—Todo saldrá bien —su padre se levantó y se cambió de asiento, a su lado, para darle una
palmada en el hombro—. Es lo mejor que ha sucedido, es la mejor decisión que has tomado y
estamos orgullosos de ti.
—Gracias —sonrió sin ganas—. Así que, supongo que es lo que querían desde un principio, ya
puede todo volver a lo que era antes.
—Era predecible —suspiró su madre—. Por supuesto que volverá a como era antes.
—Y eso significa que puedo recuperar mi dinero, mi parte de la herencia de la familia y todo eso.
—Así será.
Los señores Styles se miraron entre sí por un par de segundos, entonces la madre de Harry cruzó
las manos sobre su regazo para hablar con tono serio.
—Harry, de ninguna manera.
—¿Cómo?
—¿En verdad crees que nos arriesgaríamos a devolverte todo y que al final del divorcio la mitad
de ese todo sea para Louis? —preguntó su padre frunciendo el ceño.
—Papá, pero lo necesito —pidió desesperado—. Necesito pagar al abogado, necesito buscar otro
lugar a dónde vivir, no puedo seguir viviendo con Louis, y ya no puedo depender de su dinero
—buscó con la mirada a su madre al no obtener ni siquiera un gesto como respuesta—. Mamá,
por favor.
—Oigan, yo creo que es justo —Gemma, que no había dicho nada en todo el rato, interrumpió—,
él tiene razón, si tan solo...
—No vamos a darle nada de nuestro dinero a ese infeliz —vociferó la Sra. Styles.
—¡¿Y qué va a pasar cuando me bloquee sus cuentas?! —gritó Harry al borde de las lágrimas—.
Por favor.
—Si ese bastardo en verdad te quiso algún día, no va a hacer eso —sonrió la mujer mayor.
—Ustedes me iban a dejar sin nada, tenía que hacerlo para conseguir algo de los Tomlinson.
La voz de Harry se quebró al final y sintió el ardor propio de las lágrimas en sus ojos. Tragó saliva
para evitar quebrarse en ese momento. No ahora. No frente a ellos. No otra vez.
Después de algunos segundos de silencio la señora Styles se levantó también para sentarse al
otro lado de su hijo menor, y habló con dulzura que fue imposible sentir para él.
—Hijo, si el problema es la casa, puedes volver aquí cuando quieras, tu cama sigue en tu
habitación —acarició su cabello—. Por favor, entiéndelo.
—Tendrás todo de vuelta el día que ese divorcio esté firmado y validado.
—Está bien.
—Claro que está bien, cielo —su madre le dejó un beso en la cabeza y se levantó—. Yo tengo
una reunión con las chicas, y tu padre irá a jugar golf con un socio, ¿recuerdas al señor Brown?
—Sí.
—Volveremos para la cena, te va a encantar —su padre le dio otra palmada suave en el hombro.
—Gracias.
Por último, Gemma también se levantó y le dio la mano para ayudarle a hacer lo mismo. La
escena le recordaba mucho a la de la vez anterior, con la excepción de que ahora fueron los hijos
los primeros en dejar el salón principal. La mayor caminaba delante del chico, aún llevándolo de
la mano como si fuera tan pequeño que podría perderse. Lo internó dentro de los largos y
relucientes pasillos, hasta una puerta que conocía bien. La abrió, y esta vez lo dejó pasar primero.
En efecto, todo estaba ahí: la cama hecha, las cortinas levantadas para que la luz del sol o de la
luna entrara libremente, la televisión en el soporte en la pared y los puffs de colores para sentarse
a verla, incluso el pequeño trono en el que acomodaba a su oso de peluche, que ahora
descansaba en una repisa en su nueva habitación.
Todo parecía susurrarle las palabras de su madre en eco: "puedes volver aquí cuando quieras".
Se acercó a la puerta de cristal que llevaba al balcón, estaba cerrada pero le bastaría con mirar
por el vidrio para volver a contemplar la inmensa piscina. Claro que en su nueva casa tenían una
piscina, pero mucho más pequeña, porque la que ahora miraba no acostumbraban usarla mucho
así que cuando diseñó la casa de sus sueños quiso la suya de menor dimensión. Esta piscina, la
grande, la de la casa donde creció, era cuadrada y profunda, y la que más la usaba era Gemma.
Él la usó en muy pocas ocasiones después de cumplir los veinte, de hecho la última fue para
hacer el amor con Louis en el agua mientras no había nadie en casa.
Básicamente, lo habían hecho en varias habitaciones de esa casa, y de la del padre de Louis, y
en todas las de su nuevo hogar. Claro que, eso fue cuando aún podían presumir su vida sexual.
No era que no le gustaran las piscinas, no le gustaba esa piscina. Era muy grande para su gusto,
más del estilo de una alberca de natación. Louis solía decirle que pedía muchas cosas
innecesarias, pero es que Louis no conocía muy bien a los padres de Harry, porque ellos nunca le
permitieron acercarse así. Ellos sí que gustaban de cosas innecesarias, incluso el mismo Harry lo
creía.
Gustaban de cosas innecesarias y materiales, pero, vamos, ¿quién no disfruta de un buen lujo?
Sin embargo incluso para las personas más materialistas hay límites, y no parecía que ellos los
conocieran. ¿Por qué preferían proteger su dinero antes que a su propio hijo cuando lo
necesitaba? Él iba a divorciarse, justo como ellos querían, ¿no era suficiente?
—Quiero decir, eres adulta, eres exitosa, eres linda... Ganas mucho en la empresa familiar, no
comprendo. ¿Por qué sigues viviendo aquí?
—Me gusta aquí —se encogió de hombros—, estoy bien, y es lo que mejor conozco.
—¿Por qué no construyes la casa de tus sueños? —Gemma rió negando con la cabeza.
—Las casas de los sueños no existen, Harry. Una vez que la tengas querrás algo mejor, es sobre
lo que haya adentro en lo que consiste ser feliz.
Harry asintió comprendiendo a lo que se refería. De pronto comenzó a considerar en serio volver
a esa casa, pero desechó el pensamiento de inmediato. No podía. Ya no se sentía cómodo.
Distaba mucho de la casa de sus sueños, y no tenía que ver con que ésta última ya estuviera
construída a su gusto exacto y ahora viviera en ella. Era más con respecto a las personas que la
habitaban, y a que disfrazaran con hipocresía su ambición.
—¿Eres feliz?
Gemma lo pensó durante algunos segundos y volvió a encogerse de hombros frunciendo los
labios.
Harry la abrazó mientras lo decidía, no iba a volver. Ni siquiera cuando recuperara todo lo que
ahora le negaban, así significara seguir viviendo con Louis hasta que el divorcio estuviera
completado.
—Por favor diles que tengo que ver a mi abogado más tarde... o lo que sea, inventa algo para mi
ausencia en la cena.
—Me dio mucho gusto verte —ella ajustó más el abrazo, comprendiendo.
En el camino de vuelta, luchando de nuevo para que su vista no se nublara tanto que le impidiera
conducir, se puso a pensar en los clásicos cuentos de hadas y sus perfectos finales felices.
Siempre el príncipe pelea contra el malvado dragón para rescatar a la princesa de la torre
encantada y llevarla a su reino. Fin. ¿Qué ocurre después? ¿Y si la princesa y el príncipe no se
llevan tan bien como esperaban? Nadie se molesta en contar esos finales.
¿Qué pasa en esas historias? ¿La princesa volvería a la torre en donde comenzó todo?
Probablemente, pero ¿por qué regresaría a ese lugar? No tenía sentido hacerlo.
Lo mejor para un final feliz, después de que no hubo un verdadero final feliz, sería que el príncipe
azul dejara que la princesa permaneciera en su reino. Pero desafortunadamente Louis no era un
príncipe, y Harry se había dado cuenta de eso ya muy tarde.
**
El reloj marcaba las 1:47 pm, el sabor del frappé de cajeta, comenzaba a hostigarle o quizá eran
las miradas que un par de meseras le lanzaban, diciendo.
Louis, realmente trataba de ignorarlas, juraba que si Liam no llegaba durante los próximos 13
minutos se largaría. Pero antes de siquiera intentar pedir su cuenta, él llego portando uno de sus
negros trajes típicos.
El abogado de Louis le había llamado un par de horas atrás, y en realidad no sonaba demasiado
alentador o con alguna noticia buena que fuera a darle para llamarle con tanta urgencia.
—Tardaste mucho —se quejó Louis—, dime cómo van las cosas —se cruzó de brazos.
Liam lucía muy serio a decir verdad, cosa que Louis intuyó desde el primer segundo en que lo
vio. Colocó su portafolio encima de la pequeña mesa, mientras re buscaba algunos papeles
dentro de él.
—Eso ya me lo suponía —rodó los ojos—, ¿pero qué tan malas son?
—¿Recuerdas que tenía que hacer una evaluación de sus bienes? —Louis respondió con un
simple asentimiento de cabeza—. En realidad fue muy sencillo, porque sólo era un trabajo...
—Liam, ¿puedes ser más directo? Comienzo a creer que todo el azúcar que me bebí me está
poniendo más ansioso de lo normal.
—Louis, Harry no tiene nada —los dedos se su mano se entrelazaron sobre su maletín—. Los
únicos bienes que comparte contigo, es lo único que tiene.
La risa estrepitosa de Louis, sonó por toda la cafetería. En las pocas mesas ocupadas no fueron
nada discretos al voltear a verlo al mismo tiempo.
—¿De qué me hablas, Liam? La familia de Harry es igual o incluso más rica que la mía —su
sonrisa se borró casi de inmediato cuando vio a Liam con la misma mueca de preocupación.
—Eso parecía, así que cuando encontré esa información, llegamos al punto en que Harry
realmente no contaba con alguna otra cuenta bancaria que no fuera la que habías puesto tú a su
nombre, ni propiedades que los Styles tienen.
Las manos de Louis fueron directo a su propio cabello jalando con evidente frustración.
—No sabemos si fue una estrategia de ellos, previniendo algo como esto —Liam explicaba
encogiéndose de hombros.
—Ese maldito hijo de puta nunca me dijo nada —Louis explotaba en cólera—. Pero me va a
escuchar esa pequeña sanguijuela verde.
—Louis...
—No te preocupes, Liam —se levantó furioso—, voy a descubrir qué traman esos desgraciados.
Dejó un par de billetes sobre la mesa y salió del lugar, sin despedirse o dar las gracias, no tenía
tiempo para ser amable, Harry le había dado una mala jugada y necesitaba explicaciones.
***
—¡Harry! ¡Sal de donde mierda estés! —gritoneó por toda la casa, en su búsqueda.
—¡Sal, estúpido, no puedes esconderte! —se atrevió a buscarlo en todas las habitaciones de la
casa, pero el silencio era solo signo de que no estaba, incluso que ni la cocinera se encontraba.
Se había dado completamente por vencido, así que sólo se tumbó en uno de los sillones mientras
masajeaba sus sienes en círculos.
Solo diez minutos habían transcurrido, su cabeza ya no palpitaba como antes, pero el sonido del
motor del carro de Harry lo hizo entrar en alerta.
Espero frente a la puerta para poder enfrentar de cara a Harry, pero demoró de más cuando
escuchó a éste gritar de dolor, probablemente había vuelto a tropezar con una de las macetas de
cemento que adornaban el camino hacia la puerta principal.
—Le dije que eran pésima idea ponerlas ahí —dijo para sí mismo.
Y de un momento a otro, Harry entraba mirando hacia el suelo ignorando que Louis estuviera casi
obstruyendo el paso con una pose típica de él.
Louis se quedó perplejo sobre la actitud de Harry, le tomó unos segundos para poder reaccionar y
seguirlo hasta la gran cocina.
Se vio a sí mismo en el papel de Harry, en alguna otra situación, pero estaba más distraído
notando que él ni siquiera había respondido de la forma que solía hacerlo.
—¿Por qué no me lo dijiste?
Harry alejó un poco el vaso de cristal de sus labios y alzo su mirada hasta donde podía ver a
Louis con el ceño fruncido.
—¿El qué?
—¡Me frustras tanto! —tomó uno de las frutas de plástico que adornaba uno de los estantes de la
mesa para lanzarla directo a una pared— ¡¿Por qué no me dijiste que sólo contabas con mi
dinero?!
Harry se inmovilizó. Se sintió con la peor suerte de la vida porque no podía ser el día de
recordarle que era básicamente un mantenido y lo seguiría siendo quien sabe hasta cuándo.
—Yo... —tomó una bocanada antes de confrontarlo— simplemente no pensé que iba a ser
necesario que tú algún día lo supieras —sus ojos cristalinos se veían sinceros.
Louis se sintió como un verdadero estúpido, no era de esas personas que veían al dinero como
una cualidad de alguien, y realmente estaba creyendo que había sonado como una de esas
personas, pero realmente no entendía qué estaba pasando.
—Sólo necesito que me expliques —habló más calmado al notar como un par de lágrimas se
deslizaban por las mejillas de Harry.
—Renuncié —en ese punto Harry ya no podía contener el llanto había guardado durante el día—,
a todo, al dinero, a los bienes, por ti.
Louis sintió una punzada en su corazón que le hizo acercarse un poco más a donde se
encontraba su esposo.
—¿Ellos te lo quitaron por casarte conmigo? —Harry no pudo contestar, pero su silencio era una
respuesta clara—. Vaya, estaba consciente de que no era del agrado de tu familia —se rasco la
nuca—, pero nunca creí que hasta esos extremos.
—Yo, sólo supuse que no sería necesario decírtelo algún día —Louis asintió.
De una forma infantil trató de subir a la mesa continua del lavaba platos, una distancia cómoda
para poder hablar con Harry.
—No —contestó rápidamente Harry—. Ellos probablemente me devolverán todo cuando estén
seguros de que estoy oficialmente divorciado de ti.
—Es por eso que no venían seguido —Louis comenzaba a juntar las piezas—, por eso preferías ir
a la casa de mi padre en fechas especiales.
Harry no sabía que contestar pero, ya no era necesario. Sus lágrimas habían frenado, sólo
dejándole un poco rojizos los ojos y su pequeña nariz del mismo tono.
—¿Sabes que lo del divorcio puede tardar, no? —preguntó Louis tímido.
—Lo sé, ¿sabes?, siempre tuviste razón en decirme que era un mantenido —rió sin ganas.
—Yo no pienso quitarte nada de lo que estás acostumbrado.
—No necesito tu lástima —lo interrumpió antes de recibir alguna frase de consuelo.
Las gotas de lluvia comenzaban a golpear el vidrio de la enorme ventana que daba hacia una
parte del jardín.
Era el único sonido que llenaba la casa. Ninguno de los podía saber cuántos minutos se quedaron
absortos en sus propios mundos.
Si comenzaban a sincerarse, Louis tenía algo qué confesar y la idea le venía dando vueltas de
hace unos días.
—Dime —su semblante lucía mejor, incluso se atrevió a dar una sonrisa genuina.
Y Harry realmente lo sabía, se había planteado tantas veces ese tipo de respuestas, pero no
podía al menos evitar no sentirse mal.
Escuchar a Louis confesarlo tan tranquilamente, sin titubeos le había dado darse cuenta que
definitivamente él no podía estar cien por ciento seguro de que lo había dejado de querer. Así
como que algo en lo más profundo de su ser, le hacía creer que Louis también mentía.
La noche en la que lo había llevado hasta su cama, y había actuado tan protector con él. El roce
de sus dedos delicados cuando lo tomó entre sus brazos no eran movimientos cualquiera.
Pero Harry se negaba a aceptar cualquiera de las dos teorías que estaban en el aire, de la única
cosa que estaba seguro es que él no iba a ceder en ningún momento.
—Ya lo sabía —respondió evitando mostrar algún sentimiento que delatara su mar de
confusiones.
—¿Todo bien?
—¿Alguna vez estuvimos del todo bien, Louis? —ahora fue el turno de Louis de quedarse callado
evitando responder lo que era obvio.
_____
YAAAAAAAAY, una disculpa, saben que procuramos subir lo más temprano posible, pero
personalmente tuve una semana horrenda y ni siquiera me acordaba de que tenía que subir
capítulo.
Tal vez este capítulo les haya dolido, pero el que sigue es mi favorito de los dieciseis que
llevamos escritos, y creo que también de Mayte, y ya empieza lo bonito, es promesa :)
GRACIAS POR VOTAR, COMENTAR, COMPARTIR, LEER Y ODIARNOS (?) LAS AMAMOS.
Capítulo 11
Sus respiraciones sonaban pesadas, pero en algún punto comenzaban a regularse, sus pieles
estaban completamente sucias por el sudor, lubricante y por su puesto su propio líquido.
No recordaban la última vez que habían hecho el amor en la habitación de Louis, en realidad no
directamente en la cama, y estaban realmente agradecidos de que esta no se hubiera roto
después de todo el desastre que habían hecho.
-¿El qué? -Louis tenía los ojos cerrados, realmente estaba agotado.
-La música.
-Es el coro de los ángeles, las arpas tocan después de que tenemos sexo, amor. ¡Estamos en el
cielo! -bromeó Louis, recibiendo un fuerte golpe justo en la cara con una almohada-. Es mi padre,
siempre le ha gustado poner música cuando está en casa, odia el silencio completo.
-Oh.
*
Llegaron al pequeño comedor, o así lo veía Harry si lo comparaba con el de la casa de sus
padres, definitivamente deberían tener uno así en su casa, era más "acogedor".
-No esperaba llegar antes, pero imaginé que Harry no estaría contigo y no me permitiría el dejarte
comer solo, pero me equivoqué -se encogió de hombros.
-Por supuesto que no, ni si quiera pude escuchar mis propios pensamientos -les dio una mirada
divertida a ambos-. Harry, ¿Cuando se casen vendrán a vivir aquí?
Harry no entendía la cara divertida de su futuro suegro, sólo podía ver las pequeñas arrugas en
sus ojos que se marcaban ocultando su risa.
-No lo creo -dijo volteando ver a Louis que seguía con la mirada fija en su padre.
-Bueno, si es así creo que debo conseguir un nuevo sistema de reproductor de música.
-¿Cómo?
-Harry, había escuchado gemidos, pero estaba comenzando a asustarme de que se estuviera
cometiendo un asesinato en mi casa.
El comentario les cayó como un balde de agua fría. Harry comenzó ahogarse con el trago de vino
que había tomado segundos antes, el líquido le quemaba la garganta y estuvo a punto de
escupirlo, Louis por su parte comenzó a reírse histéricamente de la vergüenza.
-Chicos, ustedes realmente son ruidosos, si van a volver hacer esas cosas en la casa, les
recomendaría música... música muy, muy alta.
~*~
Harry terminaba de pegar el techo de la pequeña maqueta en la que había invertido su tiempo en
los últimos días, la estructura era muy diferente al diseño de las que solía hacer.
Bueno, realmente se aburría ahora que no tenía el valor de malgastar tanto el dinero de Louis, se
sentía un poco apenado después de que supiera la verdad como para seguir yendo de viaje
mientras él no estaba, así que optó por seguir haciendo una de las cosas que más lo relajaba.
El tiempo lo tenía justo, Kaya le había invitado a la fiesta de uno de sus ex compañeros de
escuela. Podía negarse, pero la verdad el encierro en los últimos días le estaba deprimiendo.
-Pensé que sería una reunión pequeña -giró su vista alrededor de la decoración del bar.
-Bueno, tú perfectamente sabes que para nosotros nunca hay reuniones pequeñas -jaló el brazo
de Harry introduciéndolo a interior de lugar.
La gente bailaba y bebía por todo el lugar, realmente había olvidado lo que era ir de fiesta. Ya ni
si quiera podía recordar qué música era la más popular en esos días.
Harry no discutió eso, así que sólo se dedicó a degustar el sabor del vodka con el cointreau y el
jugo de arándanos.
-Tómatelo despacio, amigo -le ofreció otra copa con el mismo coctel-, no eres bueno con esto de
llevar el alcohol bien.
-¿Cómo llevas el asunto de "Yo no creo seguir enamorado de ti realmente"? -habló con una voz
extremadamente aguda, tratando de imitar la de Louis.
-¿A qué punto quieres llegar? -entrecerró los ojos, captando que su amiga le estaba dando un
tipo de reto estúpido como siempre, y que estúpidamente él iba a aceptar.
**
Harry había bebido lo suficiente para "convivir" durante las tres horas que estuvo ahí,
definitivamente era mucho más divertido salir de nuevo que encerrarse a ver la repetición de los
capítulos de "Say Yes to the Dress".
Las pláticas con sus ex colegas seguían siendo entretenidas, los chismes que se había perdido
brincaban de lengua a lengua sólo para ser escuchados por él, y una parte muy en el fondo de él
se estaba arrepintiendo de haberse casado tan rápido y haber dejado a un lado la vida joven que
había rechazado solo por cumplir con su propio "cuento".
El reloj marcaba las 11:37 pm, y aún no había podido cumplir con la apuesta de Kaya, o en
realidad nadie le había llamado la atención para poder siquiera dar el paso.
Un par de ojos azules le habían seguido de un lado a otro desde hace más de una hora, Harry no
se atrevía a mirar directo a ellos, así que fingía estar ocupado en la plática del pequeño grupo de
personas en el que se encontraba.
-Si no te das prisa, vas a tener que pagarme ese collar de oro rosa de Tiffany -molestó Kaya-. Te
quedan veintitrés minutos, cariño.
No tenía mucho de donde escoger, así que cedió a mirar de frente al chico que lo cazaba con la
mirada. Y a decir verdad, no estaba del todo mal, el joven poseía unos ojos azules,
completamente diferentes a los que Louis tenía, así que esto no iba a ser del todo incómodo,
agradecía también que su cabello no era totalmente castaño (al estilo Tomlinson), y algunas
hebras eran rubias.
-Oh, por Dios, Harry, deja de comparar todo con ese estúpido -se regañó a sí mismo.
-Soy Harry -se presentó sin preámbulos, soltando una voz demasiada coqueta.
-Harry, debo decirte que sabes cómo ir al grano. Soy Niall -se movió solo un poco a su derecha
para permitir que él se sentara a su lado.
Después de la presentación, los segundos siguientes parecían incomodos.
Pero Niall no lo había tomado como la mayoría de personas que se encontraba ahí. Él no lucía en
realidad como uno de ellos. En su lugar comenzó a reírse estrepitosamente.
Harry sintió sus mejillas calientes, ese tipo de sonrojo ni si quiera lo había podido conseguir con
su intento fallido de cita del instructor. Niall sabía cómo coquetear.
En este punto, Harry tomó lo poco que quedaba de su cordura, acompañada de la idea de la
apuesta y siguió el juego.
Un par de frases coquetas intercambiadas con el rubio que tenía en frente, en un par de
ocasiones se atrevió a morder sus labios seductoramente, el juego de miradas tentadoras habían
finalizado el trabajo. Nada de contacto físico, y eso se aplaudió Harry, sin entender aún por qué.
Minutos más tarde, Niall se encontraba en el asiento del copiloto mirando tentativo a Harry de
pies a cabeza, la forma en que sostenía el volante le estaba calentando mucho, y no faltaba
mucho para que hiciera que Harry aparcara en algún lado de la carretera para poder follar. Pero
él había sido muy estricto con el "No hasta que lleguemos a mi casa".
-Vives muy lejos, Harry -recargó su cabeza en el frío vidrio, como un pequeño niño aburrido.
-No falta mucho, lo juro -respondió nervioso, realmente no creía que estaba haciendo esto.
El camino del fraccionamiento de casas lujosas, enmarcada por varios pinos grandes, anunciaba
que estaban justo por llegar a su destino. Niall no reprimió un silbido de sorpresa cuando vio la
casa de Harry.
-Bonita -admiró.
La puerta del garaje había sido cerrada automáticamente y Harry había apagado el motor del
carro.
"Y ¿ahora qué?", se preguntaba Harry, pero casi instantáneamente sintió la mano de su
acompañante en su muslo, y la respiración caliente en su cuello.
-¿Es porque te diste cuenta que yo probablemente no tengo ni tres cuartos de dinero que tú? -
preguntó desilusionado.
-¿Qué? ¡No!
-¿Entonces?
-No.
Harry gritó con frustración.
-Mira, Harry -volvió a poner su mano en su muslo, pero esta vez de forma amigable-, sólo dime la
verdad y puedes regresarme a la ciudad y...
-¡No! -chilló-. Mira, tengo un plan, en donde yo solo finjo para hacer creer a mi esposo... a mi casi
ex esposo -se corrigió rápidamente- que me estoy acostando con alguien más, pero no, ¿ahora sí
entendiste?
-Sí... -admitió con pena-. Pero puedo pagarte por esto y mañana temprano hacer que regreses a
donde sea que vives.
-No soy una jodida puta, ¿sabes? -lo miró con el ceño fruncido- pero está bien, suena divertido y
necesito dinero más que coger.
-¿Eres bueno actuando? -Niall se encogió de hombros, y por lo menos eso bastaba por ahora-.
Bien, vamos -salió del carro, para adentrarse a la casa.
En lugar de entrar por la puerta interna que los llevaría directo a la cocina, Harry decidió que
debían darle la vuelta por enfrente a la casa para entrar por la puerta principal. Sus razones eran
simples: así tendría más posibilidades de que Louis los viera, lo sabía por la luz encendida.
Niall caminaba casi de puntillas, y Harry agradecía esto aunque no se lo dijera. Su jardín era
perfecto justo así (tal vez solo le hacían falta un par de girasoles), recién arreglado y luciendo listo
para grabar una película o por lo menos un comercial de fertilizante.
-Sígueme el juego -le susurró antes de abrir la puerta.
-No.
La expresión de Harry cambió a una completamente seria. No es que en verdad quisiera que Niall
lo besara, pero de alguna forma eso le había golpeado justo en el ego. Chasqueó la lengua
restándole importancia y el rubio se encogió de hombros con una muda disculpa.
-Solo sube por las escaleras en cuanto entres, yo... yo le explico -giró la llave-. Y me esperas allá.
Niall asintió y la puerta se abrió. Harry entró primero, y su invitado no pudo evitar la expresión de
asombro que iluminó su rostro al encontrarse de frente con el lujo de la decoración.
Sin embargo, en el giro del pasillo hacia la derecha, para entrar a la sala de estar y a las
escaleras, fue inevitable para ambos notar la televisión encendida en algún programa de dibujos
animados. En cuestión de segundos la cabeza de Louis se asomó del sillón. Estaba despeinado y
lucía como si no se hubiera levantado en varias horas, a punto de quedarse dormido. Sus ojos se
abrieron y cualquier pizca de sueño que le quedara, se esfumó cuando advirtió una presencia
ajena en su casa.
Harry le dio un leve empujón a Niall, la señal para que subiera ahora que Louis ya lo había visto.
-Hey, hey, hey, ¿qué está pasando aquí? -Louis se levantó de golpe tirando a su paso dos bolsas
de frituras.
-Ah, estás en casa -dijo Harry con indiferencia pretendiendo subir por las escaleras.
Louis lo detuvo de un brazo y él sonrió. Claro que sabía que Louis estaría ahí porque tan solo la
noche anterior Netflix había puesto disponibles todas las temporadas de su caricatura favorita.
-¿Un amigo? -preguntó alzando la voz- ¿Por qué lo traes aquí tan tarde? ¿Por qué está arriba?
-Louis -Harry sonrió y se soltó del furioso agarre de su esposo-, eso no te importa.
-¿Disculpa?
-Sí, mi error, perdona -tosió para aclararse la garganta, y habló después con cordialidad-. Con
todo el respeto que corresponde y te debo, el asunto entre mi invitado y yo, que tendrá lugar allá
arriba, no es de ninguna manera de incumbencia tuya.
-Oye, no -cuando Louis hizo ademán de subir por las escaleras dispuesto a lo que fuera, fue
Harry quien lo detuvo-. ¿Por qué te molesta? De todas formas, tú mismo dijiste que ya no crees
seguir enamorado de mi.
Silencio.
Poco a poco fue cediendo, sin dejar de lado el dolor en su mirada que únicamente le cuestionaba
algo a Harry: "¿por qué?", a pesar de saber que no tenía derecho de cuestionarlo cuando esas
fueron las palabras de su boca.
Harry le dio la espalda físicamente y subió ansioso las escaleras. Niall lo esperaba a un lado del
pasillo, cerca del cuadro pintado en Italia. En silencio, el rizado lo jaló de una mano para llevarlo a
la habitación y cerrar la puerta tan fuerte como para que Louis escuchara.
-¿Cuál plan?
Harry sonrió, más para sí mismo que para Niall, y se estrelló a sí mismo de espaldas contra la
puerta.
-Este plan.
Niall lo miró sin comprender. Lo siguiente que Harry hizo fue asegurarse de que algunas de las
tablas de la cama estuvieran un poco flojas, y entonces con entusiasmo se sentó en ésta y
comenzó a saltar.
-Te dije que me siguieras el juego, recuerda que voy a pagarte -Harry lo señaló de manera
acusadora, como recordatorio.
-¡Mucho mejor!
Continuaron con los gritos fingidos, y con Harry haciendo ruido en la cama para aparentar que
estaban en ella por alrededor de cinco minutos más. No tardó en aparecer una sombra del otro
lado de la puerta, Louis.
-¡Oh, sí, cariño, más! -Harry gritó más fuerte, incluso sobresaltando al mismo Niall. Cuando tuvo
su atención le hizo señas con las manos para que también elevara el volumen.
-¡Dios mío, más, sí! -siguió con los síes hasta que la sombra desapareció. Sonrió para sí mismo.
-Harry, me aburro -le dijo Niall acercándose, ya había recorrido todo el cuarto y no encontraba
nada más para distraerse.
En un corto instante de silencio, Harry escuchó la puerta de la habitación de Louis cerrarse. Pero
no había terminado.
-Sí, la cocina está a la izquierda, yo puedo continuar solo -con más señales de las manos
prácticamente lo desalojó. Niall agradeció con un gesto de la cabeza y salió de ahí, dejando a
Harry saltando todavía en la cama y gimiendo fuerte para que Louis lo escuchara del otro lado del
pasillo.
Mientras tanto, en esa habitación, el mayor del matrimonio enterraba la cabeza en la almohada y
rogaba porque esos sonidos cesaran.
En ese momento estaba deseando más que nunca que el hombre con el que aún estaba casado
tuviera alguna manía como ser amordazado todo el tiempo o algo por el estilo.
No importaba cómo se sintiera con respecto a Harry, él le estaba fallando a todas sus creencias y
valores sobre el matrimonio, y lo sabía. Creció jurando que sin importar las circunstancias, jamás
sería infiel a la persona con quien se casara. Pocos conocían aquél que fue el mayor trauma en la
infancia de Louis, y esas pocas personas eran en las que él confiaba, porque sabía que con tan
valiosa información podrían destruirlo en cuestión de segundos. Desafortunadamente, la persona
con más poder estaba siendo la primera en aplicarlo de esa manera destructiva, como una
granada de mano. En la mente, con las convicciones de Louis, seguía siendo infidelidad mientras
siguieran casados. Y se seguía resumiendo a esa pregunta.
"¿Por qué?"
Creyó en Harry, creyó que a pesar de todo seguiría respetando aquél acuerdo que firmaron una
mañana de otoño, llamado matrimonio. Solo estaba buscando respuestas en su cabeza, pero
cada que creía que estaba a punto de encontrarlas, un nuevo sonido de aquella voz ronca lo
sacaba de su mundo y le recordaba que estaba sucediendo.
Sentía rabia, coraje y más que nada la tristeza de la traición, que no estaba dispuesto a
demostrar.
Se volvió insoportable, necesitaba salir de ahí. Tenían un pequeño bar en la sala de juegos, cerca
de la mesa de billar, pero más que beber necesitaba estar lejos de él.
No se molestó en cambiarse la pijama, solo tomó su chaqueta y salió. Bajó las escaleras a toda
prisa para evitar seguir escuchando cómo su esposo tenía sexo con otro sujeto. Necesitaba
alcohol, y tal vez haría lo mismo, necesitaba...
Rápidamente metió la mano en un cajón secreto en el mueble junto al que estaba, pero lo único
que encontró fue una botella de lubricante a medio terminar (de cuando él y Harry solían tener
relaciones por toda la casa). Se golpeó a sí mismo en la frente al recordar lo que sucedió con el
arma que también solían guardar ahí: la policía la confiscó después de que Harry la disparara dos
veces porque "escuchó ruidos en la casa".
Tenía que pensar rápido, y lo único a su alcance era un candelabro para tres velas con el que
adornaban la mesa en sus cenas románticas. Caro y pesado.
-Ah, hola -saludó con la boca llena-. Tú debes ser Louis, soy Niall.
El desconocido, ahora identificado como "Niall" le ofreció la mano para que la estrechara. Louis
estaba atónito, pero igual lo hizo, entonces Niall cayó en la cuenta de su error.
Louis no entendía del todo el por qué de su sorpresa, ni del arrepentimiento del rubio, pero
terminó de entender cuando se fueron los efectos de su estado de alerta y notó que,
efectivamente, arriba los ruidos continuaban.
Tomó veinte segundos para que Louis entendiera por completo lo que estaba sucediendo, y
entonces comenzó a reír. No muy fuerte, claro, porque escuchar a Harry así ahora era tan cómico
que no quería perderse de mucho.
-¿Te ha pasado que crees que una persona ya alcanzó su límite, y entonces hace algo que lo
supera? Bueno -habló acercándose a la cafetera para servirse lo que quedaba.
De la alacena había tomado una taza negra de Batman, ignorando la que decía "El mejor esposo
del mundo" y que Harry le había regalado más de un año atrás, porque se sentiría muy tonto de
recordar eso ahora que minutos atrás se había sentido como basura por su culpa.
-Hey, yo tengo una igual -señaló Niall terminando lo último de su sándwich, Louis se dio la vuelta
y pudo ver bien su playera-. ¡Oh por Dios! ¡La camiseta del Real Madrid!
-¿Qué? -Louis miró su propia prenda-. Ah, sí, tengo varias, esta la uso para dormir -sonrió
orgulloso-. Tenía una autografiada por David Beckham, pero... se arruinó.
***
Una hora después, Niall y Louis se encontraban sentados en el sofá frente a la televisión,
terminando con las frituras y bocadillos que Louis había dejado y viendo algún partido que Louis
tenía grabado en la televisión.
-Meh, no fue tan buena, deberías haber visto la de... -los sonidos más fuertes de la cama en el
piso de arriba lo interrumpieron-. Mierda, ¿nadie le ha dicho que es imposible tener sexo por tanto
tiempo de manera ininterrumpida?
-Déjalo así, me voy a dormir -se levantó, estirándose-. Solo dile que caí, ¿está bien?
-Claro.
-Gusto en conocerte, Niall, estás en tu casa -se despidió subiendo las escaleras.
Algunos minutos más tarde, el sueño atacó también a Niall, así que apagó la televisión y subió
por las mismas escaleras, pero directo a la habitación a la que Harry lo había llevado. Ahí mismo
lo encontró, ya saltando de manera cansada, gimiendo más bajo, con los auriculares puestos y
mirando la pantalla de su celular.
-Volví -dijo tocándole el hombro. Harry se sobresaltó, pero se tranquilizó al ver que era él.
-Genial, ¿sabes algo de Louis? -preguntó quitándose los cables de los oídos.
-Se lo creyó por completo -sonrió-. O eso creo, escuché cómo arrojaba y rompía cosas dentro de
su habitación.
Harry se levantó, agradeciendo a todos los dioses que su condición física impidiera que las
piernas le dolieran tanto. Aseguró la puerta y después entró en su armario, volviendo con un
bulto, que resultó ser una especie de colchón inflable de esos que funcionan con una bomba de
aire automática. Entró un par de veces más para sacar mantas y una almohada, y acomodó todo
en un rincón de la alcoba. Finalmente, le señaló a Niall la cama recién armada. Éste no podía
quejarse, así que agradeció y se acurrucó en ésta
-Y te lo advierto, si te atreves a tocarme, te corto las bolas con una navaja oxidada -dijo Harry
antes de apagar la luz y meterse en su propia cama.
Esta semana llegamos lograr entre los primeros 350 lugares en fan fics, y básicamente lloramos
de la felicidad. No saben cuán agradecidas estamos de que les guste la historia :'(
Por cierto, Felicidades a Sofi :) te mandamos muchos abrazos aunque tu cumple es el Lunes(?
Capítulo 12.
Si había algo que no podían negar los demás, era que durante los "días felices", ellos dos eran la
pareja perfecta.
Llegando el verano, poco antes de la graduación de Louis, se llevó a cabo el famoso baile de
graduación porque la sociedad de alumnos así lo quiso. Y por supuesto que Louis se las arregló
para llevar a Harry como su pareja.
Lo presentó con todos en el lugar, tomándolo de la mano y sonriendo orgulloso. Pero tan pronto
se iba comenzaban los susurros a espaldas de la súperpareja de la universidad.
Un par de semanas después, fue la cena de bienvenida de Louis a la empresa de los Tomlinson,
la excusa perfecta de su padre para presentarlo a todos sus socios y trabajadores como su nuevo
vicepresidente. Esa vez, también invitó a Harry.
Lo presentó abrazándolo por la cintura mientras con la otra mano sostenía su copa y sonreía
grande. No hizo falta que nadie dijera nada, porque todos pensaban lo mismo.
Y algunos meses más tarde, Louis tuvo una reunión de trabajo en Francia, y por supuesto que
también llevó al hombre con el que acababa de cumplir tres meses de casados.
Decía esas líneas con su brazo sujeto al de Harry y sonriendo discretamente como todo el rato
que permanecieron en el salón. Y como era de esperarse, en cuanto se retiraron a su habitación
del hotel, comenzaron a hablar de ellos.
Sin embargo, después de todos esos "no van a durar", nadie se atrevía a comentar el segundo
pensamiento en sus cabezas, porque no era muy ético comentar algo que sacara a relucir la
envidia que acostumbraban esconder.
~*~
Una de las cosas favoritas tanto de Harry como de Louis sobre su casa, era la zona en la que
estaba ubicada. No era lo suficientemente alta, ni la casa lo suficientemente lujosa como para
considerarse "mansión", pero la zona era bastante exclusiva, habitada por empresarios,
herederos e incluso varios artistas y famosos.
Las casas eran grandes y sinceramente, preciosas. Diferentes cada una de la otra, bellas a su
propia manera, con sus jardines propios y cercas de madera. Vaya que era una zona maravillosa
para vivir.
A un costado de los Tomlinson estaba la familia Pyfrom, de donde venía el pequeño James, que
barría la entrada de los vecinos a cambio de galletas. El mismo al que Harry le pagó para arruinar
el auto de Louis.
Del otro lado vivía la señora Hoffman, una dulce anciana que disfrutaba viendo a los niños jugar
mientras ella tejía en su pórtico.
Y cruzando la calle, justo frente a la casa del jardín impecable lleno sobre todo de gardenias, un
buzón en estilo clásico y la placa dorada que anunciaba que ahí vivía la familia Tomlinson, residía
un adolescente cuyo nombre desconocían y con el que nunca habían tratado.
Su familia se había mudado a Londres desde otro país desde que él era muy pequeño, y habían
extendido su imperio hasta aquella ciudad. Sin embargo llegó la hora de que él asistiera a la
universidad, y ésta quedaba muy lejos de la vivienda familiar, así que la solución fue enviarlo a la
casa vacacional de la zona residencial alejada del desastre del centro, y a quince minutos del
campus, confiando en que sería lo suficientemente responsable como para vivir solo.
Sus padres lo visitaban cuando era posible, para cerciorarse de que la casa estaba en buen
estado y él llevaba bien las cosas. Pero era todo lo que se sabía. Difícilmente lo veían incluso los
vecinos, era del tipo de persona que se aísla todo el tiempo, se encierra y no sale a menos que
sea necesario.
Pero la noche anterior había salido. Y esa mañana esperaba junto a la ventana de la cocina, con
la mirada fija en la casa de enfrente, pendiente del momento en el que se abriera la puerta.
Mientras tanto en aquella casa, Niall ayudaba a Harry a levantar las cosas que sacó para que él
durmiera, porque esperar a que la mucama lo hiciera era arriesgarse mucho a que Louis viera
algo y supiera que ni siquiera se quedaron en la misma cama. Ya incluso le había pedido un taxi
varios minutos atrás, y no dejaba de agradecerle por haberle ayudado.
—Bueno, tu taxi está aquí —dijo cerrando la puerta del armario—, será mejor que bajemos.
No esperó una respuesta, él salió primero esperando que Niall lo siguiera. Se sentía bien,
respiraba la victoria a cada paso que daba, y eso le encantaba. Para aumentar esa sensación de
triunfo, encontró a Louis desayunando en la cocina, café y galletas. En la mesa se encontraba
abierto el periódico del día, que seguramente habían entregado muy temprano, y se concentraba
en leerlo con las gafas puestas.
Cuando sintió a Niall detrás de él, giró sobre sus talones y tomándolo de las mejillas, fingió un
beso apasionado, que más bien fue en la barbilla, rogando que Louis no notara desde el ángulo.
—Anoche fue increíble —dijo fuerte para que Louis escuchara, mientras guiaba al rubio a la
puerta.
Harry frunció el ceño, porque probablemente Louis ni siquiera había visto su actuación de beso.
Un segundo después sintió su corazón detenerse, ¿lo había llamado por su nombre?
—¿Qué?
—Vamos, te acompaño al taxi —Louis se levantó y ahora fue él quien guió a Niall a la puerta en
lugar de Harry, mientras él se quedaba boquiabierto y mirándolos sin entender bien—. Ah, por
cierto —sonrió deteniéndose para mirar a su esposo—, Harry, el tiempo promedio del coito es de
siete a quince minutos, no de dos horas.
Prácticamente salió corriendo detrás de Niall para evitar la ira de Harry, porque ahora que se
sabía estafado no se quedaría tranquilo.
—Claro, me agradas —dijo dándole una palmada suave en la espalda justo antes de que subiera
al taxi.
—Genial, gracias —le dio la mano a su nuevo amigo para despedirse—. Entonces nos vemos
después.
—Desde luego, cuídate —ondeó su mano a la vez que el vehículo se alejaba por la calle.
Suspiró, Niall era un buen chico. El día era soleado y le gustaba, tal vez era que se sentía más
tranquilo de que Harry no había...
Como sea.
Notó la pluma del buzón arriba, tenía correspondencia. Disfrutando del día, sintiendo el césped
bajo sus pies desnudos (olvidó las pantuflas en la cocina), fue a recoger lo que le habían dejado.
Era tan solo un sobre. Se disponía a volver al interior de la casa, pero notó a un muchachito no
muy menor que él cruzando la calle para dirigirse a él.
—Soy Michael —le dio la mano a Louis, para después intentar chocar los puños, sin éxito porque
Louis se confundió, así que el chico desistió—, vivo enfrente. En fin, creo que necesito hablar con
usted.
—Sí... no lo creo —dijo con una mueca—. Antes que nada, como una persona que vive de
manera solitaria, soy responsable de la casa, no organizo fiestas aquí, procuro no invitar a mucha
gente, pago un jardinero y saco la basura durante las noches para cumplir con mis deberes
dentro de la sociedad de esta calle.
—Entonces, anoche después de terminar un complicado trabajo para evaluación, salgo a caminar
para relajarme antes de ir a dormir. Y al salir de los límites de mi jardín, me topo con algo tan
desagradable con lo que desafortunadamente, cualquier persona de esta calle que saliera a esa
hora pudo toparse también.
—Te escucho.
—Así que le agradecería que mantenga su actividad sexual en todo el silencio posible, porque ¡se
escuchaba hasta mi lado de la acera! —se quejó—. Este es un barrio decente y todas estas
personas no se mudaron acá para...
—No, no, no —lo interrumpió Louis riendo—. No era yo, era mi esposo, y no estaba teniendo
sexo, solo fingía para darme celos. Está loco, es todo un caso.
Michael no reaccionaba ante su risa, solo mantenía una expresión de fastidio y de querer
estrangular a Louis.
—No derrotamos a las potencias del eje para esto —dijo serio y cruzando los brazos, se dio la
vuelta y volvió a su casa.
Louis sin poder parar de reír, hizo lo mismo. Ese chico parecía especial, pero de alguna forma le
agradaba, no entendía por qué no se conocieron antes. Cerrando la puerta detrás de él y
caminando de vuelta a la cocina pareció olvidar que Harry podría estar furioso, y se dirigió a él
como si nada.
—Hazz, no vas a creerme, vino el sujeto de enfrente y... —un vaso se estrelló en la pared detrás
de él, sobresaltándolo.
—¡Te odio!
—Hey, tranquilo.
—¡No me pidas que esté tranquilo, te odio! —gritó arrojándole ahora un plato—. ¿Crees que
puedes simplemente burlarte de mi como lo hiciste? —la azucarera voló.
—Admite que lo que tú hiciste fue muy patético —dijo Louis evitando el desastre de azúcar y
cristales rotos a sus pies.
—¡Cállate!
Si Louis no hubiera puesto el sobre frente a él, el cuchillo se habría clavado en su cuello.
—Lou... Louis... —murmuró asustado mientras se acercaba a él—. Lo lamento tanto, perdón,
perdona.
—Casi...
—Dios mío...
—Casi me matas.
Louis miraba atónito lo que había entre sus manos, el sobre el cuchillo atravesándolo justo por el
centro, y agradeció que el mango fuera lo suficientemente grueso como para no pasar por la
abertura que hizo la navaja en el papel.
—¡Casi muero!
—¡La cárcel! Rodeado de todos esos reos gordos y peludos en constante abstinencia y ansiosos
de un cuerpo joven y sensual como yo.
—¡Harry!
—¡No quiero ir a la cárcel! —se dejó caer en una silla y comenzó a sollozar abrazándose a sí
mismo.
Harry respiró profundo varias veces, justo como le enseñaron en yoga, buscando desaparecer
todos los pensamientos horribles de cómo sería su vida en prisión. Mientras tanto, Louis rompió el
sobre por la abertura que le hizo el cuchillo, sólo el sobre, dejando el contenido casi intacto.
—Es una invitación —dijo con la voz medio quebrada, pero buscando ocultarlo para que Harry no
supiera que en verdad se había asustado.
"Señores Tomlinson:
—Pues la adelantaron este año —suspiró—. No puedo llegar solo, tendrás que ir conmigo.
—¡No! —gritó buscando algo más para arrojarle, pero se arrepintió en seguida recordando esa
casi trágica última vez.
—Por favor, todos esperan que vayas conmigo, pocos ahí saben que me estoy divorciando y
preguntarán y...
—Pues haz un anuncio —gruñó levantándose y yendo de vuelta a las escaleras, Louis
siguiéndolo por éstas—. No iré contigo, ¿y sabes por qué?
—¿Por qué?
—¡Porque te odio!
—Louis, obtuve un diploma de tiro con arco en el campamento Harper a los quince años; créeme,
si en verdad hubiera querido matarte, no habría fallado.
—No te quiero ver hasta la hora de irnos —volvió a cerrar de un golpe la puerta.
Louis suspiró fuertemente, a veces creía que probablemente no leyó bien esa acta de matrimonio
con las especificaciones de que su futuro esposo era un maldito loco, o tal vez sí lo estafaron
ocultándolo, pero de todas maneras no faltaba mucho para dejar todo ese estilo de vida.
Harry bien podía salir de su recámara a practicar su clase de yoga en el jardín para tratar de
borrar esa imagen suya con un traje naranja y los pies encadenados, pero una segunda imagen
apareció en su mente de Louis tirado en el piso junto con un charco rojo, ésta última le hizo pegar
un brinco en la cama y darse cuenta de que había pasado gran parte de la mañana dormido.
Fuera de su recámara pudo escuchar el movimiento de las mucamas haciendo la limpieza básica,
una charola de fruta, jugo de manzana y una pequeña porción de distintas semillas estaba en una
de las mesas más alejadas, ahí mismo se encontraba un papel mal cortado que decía "Debes
estar listo antes de las 4", pudo reconocer la caligrafía de Louis.
Eran alrededor de las 2 de tarde, el tiempo necesario para poder buscar dentro del gran armario,
algo adecuado para un evento que no tenía idea de qué era y que tampoco estaba dispuesto a
preguntar, así que solo escogió una de sus camisas favoritas, una blanca con pequeños puntos
negros que pudieran combinar con el traje de ese color, el cabello ligeramente hacia atrás y
estaba listo.
Su salida de la habitación había sido unos cuantos minutos antes de la hora que Louis le había
dicho. Harry siempre era acusado de ser vanidoso, pero insistía sobre el "ustedes lo dice porque
no viven con Louis", así que estaba completamente seguro que antes de salir de la casa, este se
miraría por lo menos diez veces más al espejo asegurándose de que su peinado no se hubiera
movido.
Y tal como lo anticipaba, escuchó los pasos de Louis bajar por la escalera de caracol, Harry tuvo
que tragar fuertemente para no dejar salir un chillido al verlo, su traje negro lucía más ajustado a
su cuerpo de los que solía usar, y ya estaba odiándolo mentalmente porque su cuerpo era tan
pequeño y curvilíneo que le sentaba a la perfección, su cabello estaba sujeto en un pequeño
copete el cual seguía acomodando en cualquier espejo expuesto por la sala.
—¿Quieres lanzarme algo más antes de irnos o cuando regresemos? —trató de bromear al notar
que Harry no la quitaba la mirada de encima.
—Eres un fastidio —apartó la vista rápidamente—, ya supéralo.
Ambos caminaron hacia uno de los carros que raramente utilizaban si no era para salir juntos, la
tensión dentro del carro se podía palpar, Harry trataba de entretenerse en uno juego de su
celular, evitando mantener un mínimo contacto con Louis, este por su parte mantenía aferradas
sus dos manos al volante con la mirada completamente fija en la carretera.
—¿Y cómo se supone que debo presentarme? —preguntó Harry, aun mirando la pantalla de su
celular.
—Como lo que aún eres —respondió un poco tenso—. Harry, si no fuera esto importante para
ambos, no te lo pediría.
—¿Para ambos?
Estaban muy cerca de aparcar para que uno de los encargados estacionaria el auto, el estómago
de Harry se comprimió un poco, era la primera vez que acompañaba a Louis.
—Sí, necesito hablar con algunos amigos de este cliente en la fiesta —suspiró cansado—, si
logro lucir como un hombre estable en todos los sentidos, obtendré más contratos y eso significa
dinero.
—Oh.
La cabeza de Harry se debatía en seguir peleando sobre el hecho de que no quería lucir como el
esposo feliz que no era, pero no podía negarse después de que Louis había acordado con seguir
apoyándolo monetariamente.
—Me siento como una prostituta —Harry se quejó, mientras el motor del carro se silenciaba.
—Bueno, ya has bailado en un tubo —rió Louis bajando rápidamente del automóvil, evitando
algún otro ataque contra su persona.
La especie de reunión se llevaba a cabo cada año con motivo de compartir intereses sobre los
próximos eventos alrededor de toda la Gran Bretaña, siendo éste uno de los eventos donde Louis
tenía más oportunidades de crear buenos lazos con nuevas personas.
La música de jazz en vivo ambientaba toda la sala principal de la fiesta, la gente platicaba con
copas de champagne en mano, pero se detuvieron rápidamente cuando vieron a Louis cruzar la
puerta de cristal. Las miradas estaban encima de ellos. Algunas cara reflejaban emoción al verlos,
otros sólo miraban a Louis con atención de forma diplomática y existían las que se comían con la
mirada a Louis y entre esas estaba la cara de Michelle.
Que rápidamente apartó la vista negando, cuando descubrió que Harry estaba junto a Louis.
—¡Louis Tomlinson! —un hombre de más de cincuenta años se acercó palmeando el hombro de
Louis—. Me alegro de que estés aquí, debo presentarte a varios amigos que están interesado en
que lleves sus campañas —dijo emocionado—. Y él debe ser... —miró a Harry que poco a poco
se juntaba más hacía Louis intimidado por las decenas de personas mirándole.
—Un gusto, Harry —estrechó la mano con el más joven—. Y debo agregar que ustedes lucen
muy bien juntos, me agrada esto de la nueva era del "open mind".
—El placer es mío —sonrío forzadamente—. Y debo contestar, gracias... supongo —la última
palabra la dijo apenas en un susurro.
—Bien Harry, debo llevarme unos minutos a tu querido esposo, espero no te moleste.
Vio alejándose al hombre y a Louis, llegando a una mesa donde había una decena de personas
más, probablemente dueños de empresas que necesitaban promoción.
Harry no estaba seguro de qué tenía que hacer, la mayoría de las esposas de los empresarios se
reunían hablar en algún punto del salón, era evidente que Harry no iba a juntárseles, no iba a
volver a quedar con el papel de "la señora de la casa", así que solo buscó un sillón alejado de
todos los pequeños grupos, degustando un bocadillo junto con su copa de champagne.
**
Apenas había pasado una hora, y ya había olvidado cuántas copas de champagne había bebido,
pero definitivamente le estaban ayudando a pasar los niveles en el juego que le había servido de
entretenimiento.
—Así que, Harry —saludó Michelle frente a él—. Es bueno conocerte —sonrió.
—Vamos, ambos sabemos quiénes somos, y debo decir que tu sabotaje fue ingenioso —tomó
asiento junto a él sin pedir permiso—. Me lo contó todo Louis.
—No sé de qué hablas, Michelle —tapó rápidamente su boca dándose cuenta de que se había
delatado solo, ella sólo pudo reír ruidosamente.
—Es gracioso, que te presentes aquí como su esposo, cuando están en trámites de dejar de
serlo.
—Tarde o temprano será oficial, y no, esto lo hago por Louis, él es lindo —su sonrisa era cínica y
divertida—, jodidamente lindo, ese traje le queda... perfecto. Quizás en un futuro él y yo...
—Cállate —interrumpió molesto—. Aun cuando él y yo estemos divorciados seguirá siendo gay.
—Eso no lo sabes, Harry —habló triunfante, alejándose de él para ir directo hacia donde se
encontraba el grupo de Louis.
Michelle caminaba moviendo las caderas con mucha provocación, hasta llegar junto a Louis y
saludarlo, como a los que le rodeaban, pero Harry sabía perfectamente las intenciones cuando
ella logró sentarse a un lado de Louis.
—Idiota.
Louis parecía divertido sabiendo que Harry le miraba con una chispa de irritabilidad al ver que
Michelle estaba cerca, así que estaba en sus manos provocarlo sólo un poco más. Estaba
consciente de que era un juego peligroso, pero ella estaba de acuerdo en seguirlo, porque no
había nada más satisfactorio que hacer rabiar a la persona que le jugó una pesada broma antes.
Harry trataba de ignorar la cercanía entre su esposo y la mujer, sabía que todo era algo para
provocarlo. Desde el roce intencional de sus manos, hasta la descarada cercanía de él al
susurrarle algo al oído.
—Bien, yo también puedo hacer esto Louis —habló para el mismo, mientras buscaba alguien que
pudiera servirle.
El hecho de que era un evento con la mayoría de personas arriba de los 45 años, no sonaba muy
tentador. Había algunas chicas jóvenes, pero Louis jamás lo tomaría en serio y lo primero que
haría sería burlarse de él por toda una semana.
El único hombre joven que estaba a su alcance, se divertía jugando con un cubito de hielo, en
una mesa no tan alejada de él. Su cabello era negro, su piel era blanca lechosa y unos pequeños
ojos azules.
Comenzaba a creer que su karma era toparse únicamente con hombres de orbes celestes. Claro
que podía comenzar a culpar a Louis, porque todo naturalmente era su culpa.
—Odio estos lugares, pero mi padre quiere hacer crecer la empresa —respondió con fastidio.
Se acercó tranquilamente para no verse desesperado, intercalando miradas al mismo tiempo con
Louis, que seguía coqueteando discretamente con la "Morticia", como había apodado ahora
Harry.
Lo que parecía haber sido una idea desesperada comenzaba hacer incluso agradable para el
rizado, el muchacho que ahora llamaba Brian, no era ningún ser aburrido, era todo un amante del
fútbol americano y para sorpresa de Harry, también era un fiel cheesehead seguidor de los
Packers.
Tampoco tuvo que dar el primer paso en el flirteo, Brian conocía el estilo de ligue y parecía tener
en algunas ocasiones el control sobre Harry. No parecía importarle el hecho de saber que Harry
estaba casado, y tampoco se había detenido en acariciar sus manos y sus mejillas suaves.
Louis apenas y sentía el tacto de los dedos de Michelle sobre su muslo, hubiera querido aprender
a leer los labios y saber qué tanto murmuraba el joven de cabello negro a Harry, pero no tardó
mucho en saber. El chico le guiñaba un ojo a su aún esposo, incitándole con un movimiento en la
cabeza a seguirle al baño.
"Es un niño, nunca sabes jugar al nivel", se burló mentalmente Louis, algo que no tenía
contemplado es que Harry estaba apoyando su larga copa sobre la mesa para seguirle, mientras
le veía lamer y morder sus labios.
Todas las personas voltearon a verlo extrañados, a excepción de Harry, que lo miraba con una
sonrisa victoriosa.
—¿Te encuentras bien, Louis? —preguntó uno de los tantos empresarios que le rodeaban.
—Sí, pero creo que es hora de marcharme, hemos hecho muy buenos acuerdos hoy, ¿no es así?
—todos a su alrededor coincidieron.
Harry había ganado, después de mucho, sentía el sabor de la victoria saltando en su boca.
Lo único que no pudo sentir, fueron los movimientos rápidos de Louis, sólo hasta que la pequeña
mano de este sujetaba a su muñeca mientras la otra se aferraba a su nunca acercándolo
completamente sus labios.
No lo haría.
Porque aunque quisiera seguirlo o alejarlo, él no podía, porque estaba completamente helado,
frente a todos que ronroneaban un "ow" por la romántica escena de una "feliz pareja de esposos".
Su mente se había nublado, sus sentidos estaban estáticos y había comenzado a sentirse
estúpido solo por ese casi beso.
—¿Qué fue eso? —preguntó justo después de haber escuchado la portezuela del carro cerrarse.
—Todos comenzaban a notar lo que hacías —respondió Louis con simpleza.
—¿Lo que yo hacía? —cuestionó enojado—. Disculpa, pero tú también estabas jugando con esto
—habló indignado
—¿Importa ya?
—Claro que sí —Harry no dejaba de mirar con ira a Louis que prefería mantener la vista al
frente—. ¡No debiste hacerlo! Estamos divorciándonos —gritó.
—Sólo si tú aceptas que hiciste todo esto porque sigues celoso de Michelle.
Louis había enredado una de sus extremidades en la trampa de Harry, estaba sólo a otro paso en
falso de darle la victoria del día. Pero su talento de dañar profundamente cuando se era necesario
llegó justo a tiempo.
—Harry, no seas idiota —suspiró—, no puedo sentir celos de alguien que no quiero —el chirrido
de los dientes de Harry fue el punto final de todo.
Silencio nuevamente.
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Una disculpa si hay algunos errores, Wattpad anda de la mierda y tenemos muchos problemas
para actualizar correctamente, nos cambia los guiones por chiquitos, no respeta las cursivas y
todo eso. Ya enviamos una queja, pero tampoco es como que solucionen la gran cosa.
Y hm es todo, estamos terriblemente ocupadas las dos, pero gracias por votar, comentar, leer,
compartir, reírse y odiarnos c: las queremos tanto como Harry ama las botitas.
Amor, uvas, LARRY SIGUE SIENDO MUY REAL Y LO VA A SER SIEMPRE, y manzanas xx~ Y.
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Capítulo 13.
Louis había frenado debajo de un árbol para descansar, había pasado las últimas horas
esquiando por toda la montaña. La nieve comenzaba a golpear sus mejillas fuertemente.
—No es eso —se acercó lentamente hasta a su esposo ahuecando sus mejillas—. Pero
probablemente sí, deberíamos entrar, tu nariz comienza a ponerse roja —juntó su pequeña nariz
con la de Harry frotándola lentamente.
—Sé que no es la mejor forma de celebrar tu cumpleaños —suspiró cansado—, y sé que en serio
querías hacer esa fiesta.
—No —interrumpió rápidamente—. Bueno sí, pero me gusta más estar contigo.
Louis había imaginado desde principios de año, que el día de su cumpleaños organizaría una de
las mejores fiestas, incluso había estado considerando en llevar a alguna banda o cantante
famoso ese día, pero sus planes fueron modificándose en el transcurso cuando conoció a Harry,
todo lo que alguna vez se había planteado había tomado otro rumbo.
Así que ese año, la primera vez que festejaría su cumpleaños con Harry, los planes de su
"enorme fiesta" habían sido enterrados, una vez más por los caprichosos de su recién esposo.
Harry pensaba más en una cena o viaje familiar con el padre de Louis en Gales, donde podían
pasar su cumpleaños y navidad, no una fiesta con cientos de personas bebiendo y fumando
hasta las flores de decoración de su nueva casa.
~*~
El ruido de la planta baja había despertado minutos antes a Harry, pero no fue hasta que escuchó
la risa completamente escandalosa de Louis, que por fin se paró de su cama.
Había pasado los últimos días de viaje en Holmes Chapel junto a Gemma; era donde había
nacido y vivido los primeros seis años de su vida, cuando el olor de las flores y árboles le
parecían el aroma más hermoso del mundo, y no el de la pila de perfumes que tenía en el mueble
frente a él. La casa de sus abuelos siempre había sido ese lugar predilecto que toda persona
tiene para alejarse de sus problemas, para meditarlos y volver consigo mismo a la tranquilidad.
Louis le había deseado buen viaje antes de que partiera, él también viajaría con otro rumbo a
terminar los proyectos antes de fin de año.
La voz aguda de su esposo sonando por todos los pasillos no le iba a dejar seguir acostado más
minutos, quería gritarle que se callara por un par de horas más, pero imaginaba el porqué de todo
el ruido.
Buscó con sus pies sus pantuflas por la alfombra. La cama lucía el triple de grande de lo que solía
ser para él, y era extraño porque antes de irse le parecía tan cómoda, sin Louis manoteándolo por
las noches dentro de sus pesadillas o el tener que soportar el despertar con los pies de Louis
sobre su cara.
Inmediatamente buscó la caja que había guardado en el fondo de su armario. Una caja que
había hecho y decorado con sus propias manos. La abrió por décima vez desde que había
llegado a la casa, para asegurarse de que lo que estaba dentro no se hubiera mágicamente
estropeado. La tapó rápidamente cuando escuchó la voz de las sirvientas avisarle que el
desayuno estaba listo.
El movimiento del personal era abrumador, algunos trabajadores iban y venían cargando cajas
con botellas de alcohol y bocadillos.
—¿Dónde está Louis? —preguntó a la cocinera que también se movía de un lado a otro.
Lo encontró sentado disfrutando de un plato de pancakes repleto con miel y chocolate líquido,
mientras hablaba por el celular.
Cualquiera podía pensar que los desayunos de Louis, eran más bien de un niño de siete años.
—Te digo que está todo listo —masticaba sutilmente su desayuno—, ¿Invitaste a todos? —Harry
lo miraba aún desde la entrada—. Bien, todo perfecto, sí, nos vemos en la noche —se despidió
rápidamente, regresando a su comida.
—¿Harás fiesta este año? —Harry se atrevió a preguntar.
—Ya sé que no estoy invitado, no te preocupes —se sentó en el lado opuesto de Louis,
recargando la caja en sus piernas—. Y fue bueno, realmente bueno.
La incomodidad de ambos era palpable, así que como la mayoría de veces, Louis intentaba huir.
—Tengo algo para ti —soltó antes de que Louis desapareciera del comedor.
—¿Para mí? —regresó unos pasos hasta estar a un metro de distancia de Harry.
Louis comenzó a reír infantilmente y fue hasta que Harry entendió el chiste.
—Eres un idiota —rodó los ojos, mientras también reía—. Como al parecer me perderé tu fiesta...
—Sé que no es del Real Madrid —explicó—, pero sigue siendo la firma de Beckham —mordió su
labio, esperando por la opinión de su nueva playera del Manchester United firmada por el jugador
favorito de Louis, cuando eran sus días de gloria en ese equipo—. Oh, y un nuevo jersey de los
Rovers.
—¡Muchas gracias! —alzó sus manos al aire, para evitar brincar al regazo de Harry—. ¡Esto es
perfecto! —sonrió felizmente.
—Me alegra que sea así —trató de seguir comiendo para ocultar la felicidad que le había dado de
que sus regalos fueran aceptados.
—Bien, debo acabar algunas cosas —se despidió sólo con una palmada en el hombro.
Louis salió rápidamente, para adentrarse a la sala, no podía seguir conteniendo más su emoción,
tan rápido como pudo, se deshizo de la camiseta sin mangas que traía puesta para ponerse la de
los Rovers, estaba claro que la nueva de Beckham la iba a meter en una caja fuerte.
Salió luciendo su nuevo jersey al patio, junto con una sonrisa radiante.
—¿En serio conoces a los Rovers de Doncaster? —abrió los ojos con emoción—. Me regaló mi
esposo, Harry. Yo soy originalmente de ahí, cuando era niño jugaba en el club en una liga
pequeña.
—Qué bien —fingió una sonrisa. Tomó en sus manos los sobres dando a entender que no quería
seguir platicando.
—Es algo que haría yo —admitió Louis—, pero, mañana es mi cumpleaños, así que hoy tendré
una fiesta, en el jardín que está a un par de cuadras de aquí. Creo que deberías ir.
—Lo pensaré.
—Será de disfraces —movía sus cejas en plan de convencerlo, pero realmente no funcionaba
cuando se trataba de Michael, que lo seguía mirando de la forma neutra de siempre.
**
Un gran arco conformado por ramas decoraba la entrada principal, el sonido de la música del Dj,
ambientaba el lugar, luces de colores saliendo del piso daban el escenario como si fuera una
discoteca real.
Personas vestían desde el traje típico de Miley Cyrus en los MTV Awards 2013, hasta el clásico
traje de vampiro estilo victoriano. Todos bailaban, bebían, coreaban en ocasiones el nombre de
Louis cuando estaba cerca merodeando.
—¿Podrías dejar de hacer eso? —Louis se quejó, escuchando a Zayn hacer el ruido de
exhalaciones pesadas—. Puedes hablarme bien si te quitas el casco.
—Pero perdería todo el sentido —Zayn hizo un puchero, haciendo a un lado una parte elemental
de su traje—. ¿Qué sería de Darth Vader sin su casco?
—Creo que ese sólo le queda a la perfección a Liam —señaló con su vaso hacia donde se
encontraba—. Luce jodidamente bien —dio un trago a su bebida—, con y sin él.
—Bueno uno no se divorcia tan rápido y logra tener más de lo que dio tan facilmente —se
encogió de hombros.
—¿Es por eso que mi caso tardará seis meses más? —dijo divertido.
La fiesta llevaba unas cuantas horas de comenzar, y el olor a simplemente todo estaba en el aire
como una pequeña capsula, Louis se sentía feliz de haber escogido esta vez un lugar al aire libre,
si la hubiera hecho en la casa, estaba seguro de que Harry hubiera corrido a todos en menos de
una hora.
La idea de no ver a Harry le hizo oprimir un poco el corazón. No lo extrañaba en lo absoluto, solo
que le hubiera divertido tan solo un poco verlo hacer su típico baile de la escena de Pulp Fiction
donde Uma Thurman y John Travolta bailan en el "Jack Rabbit Slim's", que ellos hacían a dueto.
"Épico".
Louis bebía una cerveza cuando vio llegar a Michael. No tenía casi nada de conocerlo, pero
realmente lo veía como un pequeño hermano. Uno que hubiera deseado tener para no sentirse
tan solo. Estaba completamente consciente que Michael distaba de ser el prototipo de hermano
que anhelaba, pero su temperamento antipático le divertía.
—Robin de Arkham —movió su cabeza con aprobación el disfraz de Louis—, buena elección.
—Sí, bueno no había alguna película que me llamara la atención hoy —mintió—. Por cierto, toma
—estiró su mano para darle un pequeño y delgado regalo perfectamente envuelto con papel
negro.
Louis agradeció varias veces hasta quitarle el envoltorio, Michael se sentía enfermo de sólo ver
que la persona que tenía frente era mucho mayor que él pero mentalmente era menor y aun así le
seguía pareciendo fastidiosamente agradable.
—¿Green Day? —preguntó Louis, revisando cada pequeña parte de la caja del disco.
—Creo que eso es obvio ¿no? —rió Michael—. Pensé que eras de esos tipos que escucha punk,
rock y alternativo.
—Me encanta el regalo —agradeció nuevamente—, en realidad te sorprenderías de mis gustos
musicales —rió solo ante su propia broma—. Este disco me recuerda a Harry, salió el mismo año
que nació y unos días antes —habló como si fuera cualquier dato que le importara a Michael.
—Hablas mucho de Harry y no lo veo por aquí —mencionó Michael buscando en sus alrededores
alguna mata de cabellos rizados que distinguía cuando Harry salía a correr por las calles.
—Él no vendrá —Michael lo miró inquisitivo—. Es difícil de explicar... Mejor te presentaré a mis
amigos —lo jaló del brazo hacía el grupo de personas más cercanos.
—¡Chicos él es Michael! —gritó fuertemente para ser escuchado por encima de la música—.
Trátenlo bien, ¿de acuerdo? —amenazó con la mirada, trayendo que todos los que lo habían
escuchado asintieran y saludaran al menor.
—Por favor, alguien que le traiga un jugo —gritó a un empleado que estaba cerca—, ¿manzana,
mango o piña? —preguntó.
Mientras tanto una pareja entraba al jardín. No precisamente una pareja, nada más lejos de la
realidad, pero la intención inicial era parecerlo para pasar desapercibidos.
—Vamos, admite también que te morías por ver qué tal está el ambiente por aquí.
—Pudimos comprar una como la tuya, solo algunos cortes por aquí y por allá, algo de spray y listo
—se cruzó de brazos.
—¿Puedes dejar de quejarte? —rodó los ojos y sacó un espejo del bolsillo de su pantalón
amarillo con franjas negras a los laterales—. Demonios, el rubio en serio se me ve genial.
Harry volvió a suspirar de frustración. Sí, era verdad que la curiosidad por ver qué tal estaba la
fiesta de Louis lo había vencido (también quería cerciorarse de que éste no terminara haciendo
twerking con alguien más a mitad de la noche), así que llamó a Kaya para salir a una tienda de
disfraces y colarse en la noche. Pero ahora su instinto le decía que había sido mala idea, y se
sentía incómodo en medio de todos los amigos de Louis desde la universidad, sabiendo que la
mayoría lo conocían y que se supone que no estaría ahí.
Mientras Kaya se miraba en el espejo, acomodando su peluca rubia lacia del disfraz de Beatrix
Kiddo ("La mamba negra" en Kill Bill), por fin puso atención a lo que sucedía a su alrededor,
porque había estado muy ocupado escondiéndose a medias de la multitud durante los pocos
minutos que llevaba ahí.
La barra era larga y con muchas botellas detrás del hombre que atendía, tal vez habían vaciado
más de una licorería completa. Además de las luces que decoraban la pista, la decoración
consistía en varias lámparas chinas que parecían flotar sobre los asistentes. Todos bebían como
si fuera su último día en la tierra. Mientras tanto, sonaba una canción cualquiera de ABBA.
Kaya lo miró con ironía, los ojos entrecerrados y amenazándolo con su katana sin filo. Harry ya no
pudo resistir la risa, porque era verdad lo que su amiga dijo sin hablar: "¿Qué tanto crees, si está
casado contigo?"
Y como habiéndolo invocado, Louis apareció subiendo a una tarima frente a la barra. Llevaba un
micrófono consigo y reía con alguien a quien Harry no pudo ver bien. El disfraz de Robin en el
videojuego Batman: Arkham City se le ajustaba a la perfección, y le quedaba tan bien incluso la
capa con la capucha cayendo hacia atrás.
Harry contuvo un suspiro, no solo por lo magnífico que se veía en su disfraz, sino porque ese
videojuego se lo regaló él, cuando le prestó a Zayn el que ya tenía y éste lo perdió. De cualquier
manera, ni siquiera en otras circunstancias se habría permitido suspirar ante la visión de la
persona de la que ya se estaba divorciando.
—Ven, canta conmigo —le decía Louis a Michael jalándolo del brazo.
—No, no quiero —forcejeaba para bajar de la tarima, sin que el resto de los amigos de Louis se lo
permitieran.
Cambiaron la música y los invitados comenzaron a ovacionar, al mismo tiempo los Blenheim que
pidieron Harry y Kaya les fueron servidos. Como era de esperarse, la atención de éste se fue
directo al pequeño espectáculo de karaoke que empezaba en la tarima donde Louis rodeaba a
Michael con un brazo.
—Uptown girl, she's been living in her uptown world... —Louis cantó las primeras líneas y
después le pasó el micrófono a Michael manteniendo una especie de baile moviéndose de lado a
lado al ritmo de la música sin romper su medio abrazo. El más joven ni siquiera abrió la boca, se
limitó a mirarlo fijamente de manera asesina.
Louis insistió un par de veces sin tener respuesta de parte de su vecino, hasta que se rindió y lo
soltó para seguir cantando solo. Michael no perdió tiempo y bajó de ahí mientras los amigos de
Louis seguían aclamando al anfitrión.
—"Uptown girl" —rió Harry dirigiéndose a su amiga—, ni siquiera le gustan las... ¿Kaya?
Buscó a su alrededor a la chica que se suponía que estaría cerca de él toda la noche. La
encontró un par de metros más adelante charlando de manera coqueta y comparando espadas
con un sujeto disfrazado de El Zorro, a juzgar por la nueva copa en su mano ya incluso le había
invitado otro trago. La maldijo en voz baja y se dio la vuelta para beber lo suyo mientras la voz de
Louis seguía llenándole los oídos a través del micrófono.
—¿Me da un Gin-tonic? —dijo alguien al barista sentándose en el banco vacío que Kaya había
dejado junto a Harry—. Oye, yo te conozco.
Mierda.
Eso último había sido dirigido a él. Fingió que no escuchó y agachó la cabeza como si eso lo
hiciera desaparecer mágicamente.
—No, no soy, me confundes —dijo fingiendo la voz para que sonara incluso más grave de lo
normal.
—Sé que no, te he visto cuando sales a correr por las mañanas y cuando sacas la basura y... por
cierto, ¿podrías dejar de usar batas de animal print? Son una grosería para mis ojos.
Levantó la vista un poco para encontrarse con el mismo sujeto al que Louis intentó hacer cantar,
el único invitado que iba vestido con ropa de todos los días.
—Como digas, Harry —se encogió de hombros—. Hey, ¿qué se supone que eres?
Harry tardó varios segundos en responder, mientras Michael miraba de arriba abajo el atuendo de
pantalones ajustados, botas hasta las rodillas, guantes, camisa blanca de holanes y chaqueta
brillante azul que por detrás llegaba casi hasta el borde de las botas, además del antifaz un tanto
tétrico.
—Jareth, el rey de los goblins —dijo como si nada, Michael frunció el ceño sin entender—. De
Labyrinth, ¿no? —suspiró cansado—. David Bowie en una película de 1986.
—Oh.
—¿Y tu disfraz?
—No tengo tiempo para esas cosas —rodó los ojos como si fuera algo obvio—, Harry.
Michael rompió en carcajadas ante el comentario, Harry se sintió más estúpido todavía.
—No digas nada —le suplicó tomándolo del hombro—, no se supone que esté aquí.
—Como quieras —respondió secándose las lágrimas de la risa—, igual se nota que eres tú.
Michael se alejó con su vaso perdiéndose de nuevo entre la multitud y murmurando para sí
mismo "no soy yo" en el tono que usó Harry, solo para volver a reírse solo.
Mientras tanto Louis ya había bajado, y Michael llegó hasta un pequeño grupo de personas entre
las que estaba él, Zayn, Liam y Niall, que iba disfrazado como Alex DeLarge de La Naranja
Mecánica.
—Lo digo en serio, pagaría por verte a ti o a Niall vestidos de El Marinerito de Malvavisco de Los
Cazafantasmas —le decía Louis a Liam entre risas.
—¿Cuánto pagarías?
—Tengo una mejor idea, Liam —dijo Niall riendo también—. La próxima vez tú serás El Marinerito
de Malvavisco y yo seré El hombre de Jengibre de Shrek. Es lo mismo, pero más barato.
—Louis —llamó Michael jalándolo de la capa para apartarlo del resto mientras ellos seguían
hablando.
—Harry está aquí —murmuró apenas tan alto como para que Louis escuchara, y tomando un
poco más de su bebida señaló el rincón en donde estaba el más alto del matrimonio Tomlinson.
La expresión de Louis se tornó seria, a la vez que se abría paso entre la gente para llegar hasta
aquél rincón en la barra en donde había divisado la figura que conocía muy bien, a pesar del
cabello arreglado con plancha y fijador.
—¿Qué haces aquí? —preguntó en cuanto llegó a su lado, Harry se volteó disimuladamente
hacia otro lado—. Quiero decir, si querías venir no tenías que hacerlo escondiéndote.
—No sé de qué me hablas —respondió de nuevo con esa voz fingida y rogando a todos los
dioses que apareciera Kaya a salvarlo, pero ella estaba muy ocupada con su nueva conquista.
—Harry, claro que lo sabes, tú y yo debemos ser las únicas personas en esta fiesta que conozcan
el origen de tu disfraz, hemos visto la película por lo menos tres veces y...
Louis comenzó a reír de manera casi histérica, hasta que el hecho de que Harry ni se inmutara le
hizo darse cuenta de que no lo había dicho en modo de broma y calló de golpe.
—Yo creo que no, así que deja de molestarme —y dicho esto tomó su segunda copa entre las
manos y le dio la espalda a Louis.
—Perdón pero jamás te había visto en mi vida y te aseguro que no soy quien tú crees.
Louis estaba a punto de gritar de frustración, sin embargo la canción que comenzaba a sonar en
ese preciso momento le dio una idea. Definitivamente todo en esa fiesta le sonreía. Tomó a Harry
por el antebrazo, haciendo que volviera a prestarle atención.
Ambos empezaron a moverse al mismo tiempo, tomando el baile desde el punto en el que la
canción iba, que no eran más de diez segundos desde que comenzó. Por acuerdo mutuo, Harry
era quien bailaba como Uma Thurman, porque Louis en la secundaria interpretó a Danny Zuko y
según él, eso le daba derecho a interpretar los papeles de John Travolta de por vida.
Los invitados sin excepción alguna, estaban muy ebrios para darse cuenta de que era Harry a
pesar de todo. Probablemente al día siguiente ni siquiera recordarían lo que estaban viendo, tal
vez en ese momento ni siquiera recordaban qué película estaban recreando.
En el punto de la famosa escena donde la canción se desvanece y la locación cambia, ellos dos
tenían una parte de improvisación, pero eso al parecer el DJ no lo sabía porque no dejó que
terminara, sino que la cambió por una melodía más famosa.
La atención se desvió de ellos, las bebidas y la hora pronto hicieron que el círculo que se había
formado en torno a la pista se deshiciera y en su lugar, ésta se llenara de personas dispuestas a
bailar con otras personas en un estilo más "moderno".
Sonaba "I'm A Slave 4 U" de Britney Spears y ahora todo era muy incómodo.
Pero contrario a cualquier pronóstico, Louis no se alejó de su pareja de baile, sino que lo atrajo
más a él por la cintura y sonrió. Definitivamente, Harry estaba culpando al alcohol.
—Así que... eso fue muy convincente para alguien que no me conoce —Louis sonrió con un aire
pícaro.
—Esto es muy convincente, para alguien que aún lleva la argolla de bodas —dijo Harry
presionando el metal en el dedo de Louis, a través del guante—. Dime, ¿qué diría tu esposo si
supiera que te gusta bailar de esta manera con extraños?
Louis mordió su labio sin parar el constante movimiento de sus caderas contra las de Harry ni
aflojar el abrazo que mantenía sus cuerpos muy juntos.
Louis le sonrió de la misma manera, ambos cómplices. Con los ojos cerrados y sin detener su
nuevo baile buscaron sus labios mutuamente, y esta vez vaya que ambos correspondieron. Fue,
tal vez, su beso más apasionado en meses, caliente asfixiante, con las manos desesperadas
aferrándose a la nuca del otro sin nada más que pedir, porque en ese momento, claro que estaba
permitido.
No sé si es casualidad o somos brujas pero bueh ya igual llevamos atinado que hace una semana
salió Michael y Louis y él se tuitearon después de año, tuvimos lo de Lauren y Louis y como
sabrán (o no) Michelle en la historia es ella y bueh con lo de Green Day esto lo escribimos antes
de que Louis usara sus converse de GD :)
Muchas gracias por todo su amor, esta semana llegamos al puesto #262 en Fan fic :) las
amamos.
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Capítulo 14
Tenían dos meses y una semana saliendo la primera vez que hicieron el amor, fue dulce,
apasionado y simplemente perfecto. Fue de hecho, tan perfecto, que Louis ni siquiera le dijo a
Zayn que en eso culminó aquella visita de Harry, sino hasta tres semanas después, cuando su
apuesta de "acostarse con Harry antes del tercer mes" estaba a punto de vencer; simplemente
porque quería mantenerlo como una especie de secreto con su novio.
Y lógicamente, después de esa primera le siguieron muchas más. Durante poco más de un año
llegaron a tener sexo en casi todas las habitaciones de la casa de Harry, de la de Louis, el
estacionamiento de un cine, los vestidores de un estadio, un pequeño almacén de limpieza en la
universidad, la recámara de Zayn, el baño de Kaya, un elevador cuando se fue la energía
eléctrica y cada rincón en "nueva" casa.
Lo normal sería decir "enfriando" más como "normalizando", del tipo cuando una pareja aprende a
controlar sus hormonas y empiezan a moderar su vida sexual. Pero en este caso el enfriamiento
fue casi total.
Después de los ocho o nueve meses de matrimonio el sexo se volvió casi automático y tan
simple, que no era de sorprenderse que la vez del tatuaje en el abdomen de Harry, Louis lo
notara hasta un mes después.
Intentaron algunas cosas para volver a "encender la llama", Harry compró lencería bonita y Louis
experimentó con algunos de esos buttplugs con colas de zorros y conejos. Y vaya que los
resultados fueron buenos, pero por razones que ambos desconocían, simplemente no volvieron a
intentarlo.
La última vez que lo hicieron fue una semana y media antes de su aniversario de bodas, o mejor
dicho, una semana y media antes de que decidieran divorciarse.
—Me aburro —le había dicho Harry a Louis después de recorrer tres veces todos los canales en
la televisión. Louis estaba a su lado, mirando la pantalla con la misma expresión de quien está a
punto de quedarse dormido.
—Hm —dijo estirándose un poco y reconsiderando la lista de actividades que podrían hacer para
matar el aburrimiento. La repasó las mismas tres veces, hasta que terminó por seleccionar la
última—. ¿Quieres tener sexo?
Y Harry hizo lo mismo, rápidamente hizo pasar por su mente una serie de cosas para distraerse, y
coincidió en que sería esa, tal vez, la menos aburrida.
—Bueno —se encogió de hombros y apagó la televisión, botó en algún lugar el control remoto y
se subió a horcajadas sobre Louis para besarlo de la misma manera automática de los últimos
meses.
~*~
La fiesta seguía su curso en el jardín lleno de gente ebria con la música a todo volumen. A este
punto, Michael estaba seguro de que la próxima vez sí elegiría quedarse en casa. No era una
persona muy sociable, y definitivamente el porno que estaría viendo a esa hora tendría una mejor
definición que ver a sus vecinos comerse la boca en plena pista.
—¿Siempre han sido tan empalagosos? —preguntó a Zayn, que muy distante de mirar a la pareja
buscaba a alguien para bailar por su cuenta, Michael incluso podría jurar que ni siquiera los había
visto.
—¿Qué?
—Louis y Harry.
—¿Qué? —repitió entre risas—. Ellos no son empalagosos, se están divorciando. Ya ni siquiera
duermen en la misma habitación, ¿no es genial?
Nadie más parecía reconocer a Harry, así que él no sería el que delataría a sus vecinos con
alguien más.
Louis no podía dejar de estremecerse mientras Harry tarareaba el coro de "I'm Still In Love With
You" justo en su oído. Sus manos se aferraban a sus caderas para asegurar una mayor fricción
de sus cuerpos y sus movimientos podían pasar como la réplica de la pareja del video.
—¿Así que te dedicas a infiltrarte a fiestas y seducir al festejado? —enarcó una ceja con burla.
—Increíble lo que se hace por esos ricos bocadillos, ¿no?
—¿Así que esto es por comida? —alejó un poco la cara de Harry para mirarlo directamente. Su
corazón estaba tan agitado, como si hubiera jugado un partido completo de futbol tan solo de ver
las pupilas completamente dilatadas de su amante.
—Sí —su lengua se paseaba una y otra vez por sus labios—, pero me gustaría probar algo más.
Las manos grandes de Harry atrajeron la pequeña y curvilínea cintura de Louis para volver a
besarlo, sus labios no seguían un tono delicado, todo era tan salvaje y necesitado. Sus dientes
chocaban al intentar abrir más sus bocas.
—No —susurró.
Seguido de eso, Louis tomó la mano de Harry jalándolo por una de las entradas secundarias del
jardín, esperaba que nadie los hubiera reconocido, pero en realidad no le importaba en esos
momentos, sólo necesitaba llegar a casa.
Corrieron las pocas calles que los alejaban de su casa, entre algunos tropezones que por
supuesto eran más de Harry. Sus risas eran infantiles, su adrenalina era comparada a la de un
par de adolescentes huyendo de una travesura.
Quiso agregar otro comentario pero la boca de Louis había comenzado atacar la pequeña parte
desnuda de su cuello, sus manos intentaban quitarle lo más rápido el blazer de brillos. Harry por
su parte ya había quitado la capucha del traje de Louis tirándolo por algún lugar de la sala.
—Estás muy urgido —le dio una mirada lujuriosa—. ¿Cuánto tiempo has estado sin sexo? —una
de sus manos se aventuró a apretar un glúteo de Louis sobre las mallas.
Sin dejar de besar a Louis, Harry aferró ambas manos al enorme cinturón del disfraz, buscando la
parte por la cual se zafaba, agradeció a los dioses de todas las religiones que conocía cuando se
dio cuenta de que, definitivamente, era un traje de dos piezas.
Lo preguntó de manera tentadora mientras bajaba un poco la mano y acariciaba a Louis ya semi
duro, éste tragó con dificultad y se quejó por lo bajo cuando Harry volvió al cinturón después de
tan solo dos segundos.
Harry sonrió, porque sabía que ya lo tenía completamente dominado, Louis nunca había podido
negarse a las habilidades orales del rizado, no importaba que por el momento estuvieran
simulando ser otras personas, y él ahora mismo casi podía sentir como las rodillas le temblaban
en anticipación. Lo dejó por un instante para deshacerse de sus guantes y facilitarse el trabajo.
Louis tampoco perdió tiempo y se deshizo de sus propios guantes y la parte superior del disfraz,
así como la réplica exacta del cinturón del videojuego. Cuando Harry notó esto lo sujetó por las
muñecas para impedir que continuara con lo que él quería hacer, con un suave empujón lo hizo
caer sentado en el sofá más grande. Se colocó de rodillas entre sus piernas y procedió a bajar
muy despacio la tela, no le sorprendió después de todo que Louis no llevara ropa interior porque
ya lo suponía. Acarició su erección muy despacio durante un rato, hasta que Louis ya era una
maraña de súplicas.
Le acarició los testículos con la otra mano, manteniendo su ritmo calmado y lento solo para
desesperarlo más. Cuando se cansó de ser cruel, bajó a lamerlos suavemente, subiendo poco a
poco por toda su extensión y permitiéndose todo el tiempo que quiso para lamerlo, poniéndolo
más duro todavía. Entonces cambió de idea y lo introdujo en su boca casi sin previo aviso,
masajeando desde la base hasta donde su mano llegaba a encontrarse con sus labios apretados
alrededor de Louis, bombeando y succionando despacio, todo a la vez. No era necesario que
encontrara un ritmo, porque lo conocía bien y sabía lo que le gustaba.
Lo soltó para continuar masturbándolo ahora que estaba mojado y caliente, los labios de Louis
estaban casi tan rojos como lo suyos, de tanto morderlos. Leía los ruegos en su mirada oscura de
lo dilatadas de sus pupilas, a pesar de continuar ambos con la mitad del rostro cubierta.
Volvió a su tarea, esta vez llevando todo el pene de Louis dentro de su boca. Ya no sentía
malestar alguno, se fue con el tiempo y la práctica. Continuó ahuecando las mejillas y gimiendo
grave para hacerlo delirar, hasta que sus muslos estaban temblando y empezó a murmurar
incoherencias.
Harry se alejó dejando un beso en el glande, Louis gruñó a modo de queja, pero aún sin poder
reunir las palabras necesarias para pedirle que se la siguiera chupando.
Louis aún estaba casi inmovilizado por sus propios sentidos, sobre el sofá, con las piernas
abiertas y los brazos colgando, tratando de recuperarse mientras Harry se levantaba.
Cuando estaba seguro de que la vista ya le respondía como es debido, buscó el primer botón de
su camisa por debajo de los holanes, y lo deshizo casi con la misma lentitud de algunos minutos
atrás, buscando seducirlo un poco más. En poco tiempo todos los botones estuvieron fuera, y la
camisa cayó en la alfombra con un sonido mudo.
Su pecho tenía una ligera capa de sudor cubriéndole, Louis no pudo resistirse a mojar sus labios
viendo la piel brillar de esa forma, tenía que aceptar que los tantos ejercicios que practicaba Harry
tenían un buen efecto en él. Tampoco pudo evitar posar sus manos en los grandes pectorales de
este, su tacto era mucho más lento y delicado, como si tratara de comprobar la suavidad de ellos.
Tomó las mejillas de Louis entre sus manos para volver a besarlo. No recordaba cuando fue la
última vez que se había sentido tan caliente por él.
—Quiero que me folles —Louis susurró en su oído. Todo su cuerpo se erizo con el tono de voz
que utilizó.
—¿Siempre dejas que extraños lo hagan? —comenzó a amasar sus glúteos febrilmente.
Harry ni si quiera había pedido permiso para tomar por los muslos a Louis y cargarlo. Sus
erecciones habían encontrado una perfecta alineación para la fricción mientras seguían
besándose.
Las escaleras eran todo un lio, en mal momento habían escogido que fuera de forma de caracol.
Harry tenía que parar por algunos momentos para acomodar el pequeño cuerpo de Louis que se
resbalaba en cada paso que daba. Esos pequeños inconvenientes los hacían presionar sus
miembros con más vigor.
—¿Podrías apurarte?
Cuando sintió su espalda sobre el colchón sabía que no había vuelta atrás, no estaba seguro si
se arrepentiría al amanecer y tampoco le importaba mucho, sólo necesitaba que lo llenara como
hace mucho no lo hacía.
No necesitó mucho esfuerzo para quitarle las mallas de un solo movimiento, afortunadamente
ambos ya se habían deshecho de sus propias botas en el transcurso del camino.
—Es enorme —aduló Louis con la mirada fija sobre la entrepierna de Harry.
Sus bocas se conectaron nuevamente mientras se molían. La cabeza del pene de Harry
comenzaba a llenarse de pre semen. Un solo movimiento hizo para girar a Louis bocabajo, buscó
una almohada para ponerla justo en su abdomen y tener un poco más en alto su trasero.
Los puños de Louis se cerraron en las sábanas blancas, no iba aguantar mucho si Harry seguía
jugando de esa forma.
—¡Hazlo ya!
—Voy a responder a tu pregunta —tragó saliva—. No he tenido sexo en más de tres meses,
gracias a que mi esposo es un pequeño egoísta que me tiene en abstinencia.
—¡Hey! —reclamó, dándose cuenta de su error tan solo un segundo después—. No hables de tu
esposo mientras estás conmigo —ordenó dándole una palmada fuerte en el trasero, haciendo que
gimiera.
Subió a gatas por el cuerpo de Louis, dando un suave masaje por toda su espalda y hombros, se
acercó para besar su cuello, mordisquearlo ligeramente.
Louis por poco se suelta a reír por el tono que usó Harry y que no encajaba con lo desesperado
de sus acciones, ni con la manera en que uno de sus dedos empezaba a acariciar entre los
glúteos de Louis mientras la erección del más alto se enterraba en su cadera.
—Lo hice —aseguró buscando sus labios—. Pero ¿en qué cambiaría si no?
Justo como esperaba, Harry no respondió con palabras. Lo besó una vez más, un beso
prolongado con mucha saliva y dientes. Los labios les quedaron hormigueando y deseosos de
más. Harry pasó a la nuca de Louis dejando besos por todo el camino y en la parte posterior del
cuello. Y más besos por toda su columna vertebral, húmedos, con mordidas muy ligeras,
haciendo a Louis suspirar repetidas veces y...
¿Cuándo había sido la última vez que Harry había hecho eso?
Pasó la lengua lentamente por el periné, haciendo ligera presión y dejando después un beso que
hizo temblar a Louis de pies a cabeza.
Empezó a hacer círculos con la lengua alrededor del agujero de Louis, deleitándose con la
manera en que se contraía y sintiendo que su propio pene daba un brinco por la anticipación de
enterrarse ahí. Introdujo únicamente la punta de su lengua y escuchó a Louis gemir más fuerte de
lo que había hecho en toda la noche.
Louis se mordía los labios, buscaba con desesperación algo a lo que aferrarse, al final terminaba
por tomar de nuevo las sábanas con tanta fuerza que sus nudillos se ponían blancos. Estaba tan
duro que dolía, de manera inconsciente empezó a moverse prácticamente follándose a las
almohadas debajo de él. Era más de lo que podía soportar, Harry lamiendo, chupando, mojando,
besando. No le quedaba más que dejarse hacer y lloriquear, retorcer los dedos de los pies y
luchar por no correrse de una maldita buena vez.
Abrió los ojos de golpe y jadeó fuerte al sentir la punta de uno de los dedos de Harry comenzar a
hacerse paso en el mismo sitio en el que su lengua seguía trabajando.
Harry sonrió para sí mismo y no dejó que entrara más allá de un nudillo cuando lo sacó por
entero.
Su dedo volvió a introducirse lentamente por completo, su saliva estaba funcionando como un
buen lubricante, pero sabía que no iba a ser suficiente.
Habían pasado tres meses sin sexo, pero podía jurar que eran más de cuatro sin haber estado él
dentro de Louis, así que definitivamente estaría muy apretado para recibirlo.
—¿Lubricante?
Harry estaba seguro de que Louis pensaba algún chiste sobre el olor del lubricante; no perdía la
oportunidad de hacerlo aunque estuviera en pleno orgasmo.
—¡Cállate! —dio otro manotazo a uno de sus glúteos, logrando suprimir otro comentario por un
gemido. Rápidamente introdujo dos dedos dentro de él.
La cabeza de Harry se comenzaba a nublar de sentir el calor interno de Louis, lo estrecho que se
sentía hacia que su pene comenzara a doler.
Sus dedos se abrían y cerrabas como tijeras, mientras dejaba unas cuantas marcas rojas de
succiones en la cadera. Añadió un tercero después de un minuto en busca del punto sensible,
Cuando por fin lo encontró y le escuchó gritar sabía que estaba listo.
Se colocó rápidamente el condón, no quería seguir perdiendo más tiempo, aplicó más lubricante
sobre él antes de alinearse en su entrada.
Empujó lentamente sintiendo a Louis contraerse, ambos gemían con la sensación que tanto
habían extrañado.
Ambos soltaron un gruñido cuando estuvo por completamente dentro. Sus respiraciones eran
ligeramente agitadas. Ninguno se movía y sus ojos estaban cerrados.
Los segundos de silencio fueron interrumpidos por el propio Louis, que comenzaba a moverse en
círculos. Harry esta vez era el que tenía el control, así que no faltó mucho para que sujetara sus
caderas y comenzara a embestirlo, lenta y profundamente. Se permitía sacar casi todo su
miembro y enterrarlo por completo.
—Joder —suspiró.
—Por supuesto que es estrecho —se quejó—, no me han cogido como se debe en meses.
Harry se inclinó lo suficiente para quedar de nuevo justo en el cuello de Louis, con la respiración
caliente y pesada contra su piel. Mordió ligeramente la piel sensible, Louis volvió a suspirar de
manera entrecortada.
Lo dijo con toda la intención de provocarlo, y vaya que funcionó, Harry dio un empuje más fuerte,
logrando quitarle el aliento de golpe y que su rostro se contrajera perdido en el doloroso e
inexplicable placer de Harry tan dentro suyo.
Las manos de Harry subieron tan sólo un poco para acariciar la delgada y marcada cintura de
Louis. Podría adorar toda la vida el cuerpo de Louis, a pesar de todo todavía era capaz de
excitarlo y despertar sus instintos más bajos, de no ser así no estaría ahí en ese momento.
Lo sabía en ese momento, aplicando presión mientras lo follaba duro contra el colchón para
mantener el control, admirando como el sudor lo iba cubriendo y sintiendo el suyo propio
haciendo que su cabello se mojara, sobre todo escuchando los maravillosos sonidos de la boca
de Louis, sus jadeos y gemidos y pequeños "uh" con cada movimiento, la manera en que
ahogaba los gritos en la garganta cada que él tocaba un lugar especial. Sabía que era el mejor
narcótico del mundo, y él estaba en el más alucinante viaje.
Salió de Louis y haciendo caso omiso a sus quejas lo levantó ligeramente de la cadera.
—En cuatro.
Louis obedeció poniéndose en sus manos y rodillas, con un gemido largo cuando volvió a sentir la
invasión en su cuerpo, más profundo esta vez, que seguía sin ser suficiente.
La delicadeza se fue olvidando, Harry comenzó a embestir más rápido justo como él lo pidió,
delirando un poco con cada embiste y perdiendo el ritmo. Se movía de manera errática perdido en
la visión de su pene desapareciendo dentro de Louis, sintiendo el choque de sus pieles y
asegurando que dejaría las marcas de sus dedos en la cadera del más bajo.
Louis también lo sentía en el ardor de donde sus cuerpos se tocaban, en donde las yemas de los
dedos de Harry dejarían moretones que le terminarían recordando por días ese momento, en lo
sucio de sus jadeos, en lo intenso que era todo y en lo lleno que se sentía, tan caliente, perdido.
Harry estaba tan duro dentro de él y golpeando en su interior con tanta precisión que cualquier
pensamiento que estuviera a punto de cruzar por su cabeza era desechado de inmediato por las
oleadas de placer que lo atacaban sin avisar.
Se tuvo que sostener con sus antebrazos cuando sintió una de las manos grandes de Harry en su
pene, el ritmo que puso estaba sincronizado con las embestidas que daban justo a su próstata.
Louis realmente estaba teniendo serios problemas para recordar como respirar.
—Más rápido, Harry —sus músculos se comenzaban a contraer sintiendo llegar a su orgasmo—
Ha... —la otra mano que estaba sostenida en su cadera tapó rápidamente su boca evitando que
volviera a llamarlo por su nombre.
Definitivamente Harry amaba escuchar los gemidos ruidosos de Louis, y el sabor dulce había sido
palpable cuando escuchó su nombre, pero no quería arruinar todo el hermoso juego que ya
estaba acabando.
Louis no desaprovechó el tener algo cerca de su boca, comenzó a lamer en círculos la palma de
la mano de Harry, se abrió camino poco a poco hasta llegar a uno de sus dedos y comenzó a
chuparlo y morderlo, sabía que su esposo amaba locamente eso, fingir una mamada en uno de
sus dedos le ponía el doble de lo que ya estaba.
Harry tomó la sensación como un indicio de comenzar a masturbar más rápido a Louis, él solo
gemía aun con uno de los dedos dentro de su boca balbuceando palabras que no eran
entendibles. Sintió el pequeño cuerpo de su amante contraerse por completo, así como el semen
escurriéndole por toda la mano.
El cuerpo de Louis estaba más ligero y cansado, pero se dio oportunidad de seguir empujándose
contra el pene dentro de él. Harry comenzaba a ver puntos brillantes bajo sus párpados, sacó
rápidamente su palpitante miembro, así como el látex que le cubría. Siguió por su cuenta
estimulándolo con su mano hasta dejar salir un grito ronco desde su garganta. Se había corrido
tan fuente sobre la zona lumbar de Louis que varios hilos de semen resbalaban por la curvatura
de su trasero.
Lo único que ahora se escuchaba era sus respiraciones tratando de encontrar su ritmo natural.
Louis se había hecho a un lado para dejar que Harry se desplomara junto a él.
Ninguno de los dos se atrevió a decir algo más, ni moverse algún centímetro.
Después de unos minutos Harry quiso hacerle saber a Louis que podían compartir cama solo por
esta noche, pero los leves ronquidos de éste último le dijeron que estaba completamente
dormido. Puede que haya sonreído sólo un poco, pero la luz de la recamara escondía cualquier
gesto que tuviera.
Tomó un par de respiros más y se dispuso a salir de la cama, sus piernas todavía temblaban con
cada paso que daba, llegó al baño solo para tomar un par de toallas para humedecer, una la
utilizo para limpiar todo el desastre de en su cuerpo y la otra la llevó de regreso a la cama para
limpiar el cuerpo pegajoso de Louis. La pasó por toda su espalda y piernas quitando sus propios
residuos, el frio de la tela hizo temblar un poco el cuerpo tumbado.
Harry no podía mentirse, la cara de la persona que estaba irrumpiendo una parte de su cama,
lucía angelical y podía mentirse negando que se veía hasta feliz. Una de sus manos llegó hasta
su cabello todavía húmedo, alejándolo de sus ojos.
—Feliz cumpleaños, Lou —susurró tan bajo que apenas pudo ser escuchado por él mismo.
Sólo por hoy dejaría que Louis ocupara el mismo sitio de lado izquierdo de la cama, el que
todavía y siempre había sido suyo.
___
Yeeep, el smut era necesario, queríamos una escena con ciertas características así que era
necesario, créanme, espero no haber hablado de mas. Pero odiamos escribir smut c:
Mayte es una bebita hermosa que hizo un trailer del fic, está en la sección multimedia del capítulo
pero últimamente Wattpad no muestra ésto, así que igual lo dejo en un comentario, y si sigue sin
verse pueden buscarlo como "Disenchanted Larry" en Youtube, está bajo el usuario Loupdates s.
Ñañaña entonces, gracias por leer, comentar, votar, compartir, sufrir, reír y llorar con esta historia
y dense una vuelta por el trailer :D las amamos tanto que podríamos rodar en el piso.
PD: Aún en shock por lo de Michael bebito hermoso y esperando que se recupere pronto.
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Capítulo 15.
Ya pasaba de las quince horas según el reloj de Harry, y Louis apenas venía acercándose con el
paso calmado. El rizado incluso alcanzó a ver cómo se despedía de Zayn, porque éste seguro no
quería toparse con el novio de su mejor amigo, ya que probablemente terminarían peleando como
cada que terminaban juntos. Sentía su sangre hervir, porque no podía culpar a Louis,
seguramente había sido culpa de Zayn que hubiera tardado tanto.
-Hola, amor -lo saludó con un beso-. Lo lamento, me quedé charlando y perdí la noción del
tiempo.
-Ya lo suponía.
-¿Qué sucede? -preguntó encarándolo, estaba furioso-. Sucede que hace más de treinta minutos
una avioneta que esperaba mi señal por radio, pasaría por aquí con una enorme pancarta que
dice "Te amo, Louis".
-¿Y eso qué tiene? Yo la vería, ¿no era eso lo que querías?
-¡Quería que todos lo vieran! -soltó un gruñido de frustración-. Si no pasaras tanto tiempo con
ese... ese vago. Lo detesto.
-"Ese vago" es mi mejor amigo, Harry -respondió serio-. Y creo que soy yo quien debería
molestarse, me hieres al hacerme pensar que sales conmigo solo por "fama".
-¡¿Entonces qué es todo este drama de "ya no, porque nadie lo verá"?!
-¡Que yo quería que todos vieran cuánto te amo! Pero si dudas de mi amor, adelante, vete con
cualquiera de las putas de tu carrera, a fin que la cola por un poquito de ti es muy larga.
Louis lo miró dolido y un tanto sorprendido por el repentino ataque de drama que le había
esperado en el patio principal del campus. No se imaginaba que ese sería tan solo el primero de
muchos a lo largo de su relación y futuro matrimonio con Harry, tenían apenas un mes y dos
semanas saliendo. Le dio la espalda y empezó a alejarse.
-Louis... -Harry lo siguió- Louis, perdóname, por favor, me estresé porque tardaste y...
-Ahora no, Harry -retiró el brazo que lo detenía. Harry sintió su pecho oprimirse.
Total, sabía que Louis no era de relaciones largas. Sin embargo, dolió, y dolió mucho. Para su
suerte y sorpresa, Louis giró la cara para hablarle sin dejar de caminar. Lo amaba mucho como
para rendirse en el primer conflicto.
Harry sintió el alivio llegarle y su corazón volver a latir. Pero Louis seguía caminando, y dos
segundos después, se dio cuenta de que esas palabras también habían dolido mucho.
Su única respuesta fue el movimiento de cabeza de Louis de manera afirmativa, mientras lo veía
alejarse sin notar que la avioneta con el gran cartel sobrevolaba la escuela, el piloto se había
cansado de esperar.
~*~
Louis despertó por la mañana temprano, cuando los rayos de sol ya permitían la claridad dentro
de la habitación. Se sentía molido en toda la extensión de la palabra, con los residuos de la noche
anterior entre los que destacaban una molesta jaqueca y un impresionante dolor de culo.
Cuando el sueño se fue ahuyentando y sus pensamientos cobraron suficiente claridad, es que
pudo enfocarse en su amante de la noche anterior, durmiendo tranquilamente a su lado. Los
antifaces que llevaban se encontraban en puntos distantes sobre la cama, ni siquiera notó cuándo
los perdieron.
Debía haberlo dejado desde el momento en el que él fingió no conocerlo y seguir por su propia
cuenta en la fiesta, después de todo no tenía intención alguna de echarlo.
Ahora miraba a Harry dormir con tanta serenidad que no podía evitar recordar la imagen de él
dormido a los pocos meses de haber nacido, un recuerdo entre las fotos que Gemma le mostró
una tarde en un intento de avergonzar a su hermano, de entre las cuales robó una de Harry
abrazando un pequeño oso de peluche, y que aún conservaba en una caja con las fotografías de
su propia infancia.
Y no podía evitar regañarse a sí mismo mentalmente por haberlo llevado tan lejos. Había ido
mucho más allá del beso en el evento algunas semanas atrás, era algo que sencillamente no
debería haber sucedido. Se estaban divorciando, y no conocía mucho de leyes, así que rogaba
que no existiera una que le afectara en el proceso de divorcio por lo que había sucedido la noche
anterior. Después de todo, se trataba solo de un one-night stand, él ya no sentía nada por Harry.
¿Cierto?
Por suerte, Harry no se tuvo que enfrentar a este tipo de conflictos mentales, pues cuando
despertó estaba solo en la enorme cama, como cada noche desde que habían dejado de dormir
juntos.
Bajó a la cocina usando únicamente su bata favorita, de animal print y refregándose los ojos por
el cansancio y el sueño. Ahí encontró a Louis sentado frente al desayunador, ya vestido y con el
cabello todavía húmedo por el baño previo, mordiendo una rebanada de pan tostado y simulando
leer el periódico, como era usual.
Le señaló un plato a su lado sin despegar la vista del papel. Harry asintió y se sentó frente a la
comida, tomó un poco de tocino con el tenedor y se lo llevó a la boca. Todo se sentía tenso,
incluso mientras ambos masticaban lento y a destiempo, y desayunaban lado a lado pero casi
dándose la espalda. Supo que no debería mencionar lo que de ahora en adelante conocería
como "el asunto".
La pregunta tomó por sorpresa a Louis, quien terminó por dejar lo que leía a un lado de su plato y
aclararse un poco la garganta antes de hablar.
-Bien, divertida.
-¿Sí, te divertiste?
-Así que...
-Frío, como es usual. Pero despejado -le aseguró Louis aún sin atreverse a mirarlo a los ojos.
-Ah.
-Sí... -terminó su jugo y puso los cubiertos sobre el plato ya vacío-. Me voy.
Hasta ese momento Harry notó frente a ellos la pequeña maleta en la que seguramente Louis
solo llevaba un cambio de ropa.
-Oh, está bien. No te digo "feliz cumpleaños" porque, bueno, ya te lo dije ayer, antes de darte tu
regalo -sintió un pedazo de comida atorarse en su garganta, tuvo que toser un par de veces para
despejarla-. Quiero decir, las playeras, ya sabes.
-Sí, lo sé, ¿qué otra cosa si no? -rió de manera nerviosa-. En fin, nos vemos mañana, supongo.
Feliz navidad, Harry.
Cuando Louis se levantó, Harry vio claramente como también se llevaba consigo el cojín circular
que había puesto debajo de él, y que después trató de ocultar con la maleta. De cualquier forma,
y aunque no lo hubiera visto, le habría sido necesario contener otra sonrisa por la manera
graciosa en que su esposo caminaba.
-Feliz navidad, Louis -dijo divertido segundos antes de que la figura del castaño desapareciera y
se dejara escuchar la puerta principal.
Esperó varios minutos para asegurarse de que Louis ya no estuviera en la cochera, el jardín o los
alrededores de la casa, mientras terminaba lo último de su desayuno. En cualquier otra
circunstancia le habría molestado que Louis se fuera y lo dejara para una fecha importante, pero
ahora incluso agradecía haberse reconciliado con su familia, aunque fuera a medias, porque él
también iría a su antigua casa esa noche. De no ser así, seguramente la familia de Kaya le abriría
las puertas.
Cuando fue a dejar los platos (algo que comúnmente no hacía, pero que por alguna razón su
buen humor lo llevó a hacer en esa ocasión), notó que tenían correo. Se vistió las pantuflas que
había dejado bajo su banco en el desayunador y se dirigió a recoger lo que fuera que habían
dejado en su buzón.
En el camino se topó con el espejo ovalado junto a la pared, y no pudo evitar mirarse en él. Sí, se
veía cansado, no había dormido mucho, pero se veía más tranquilo que en semanas previas, se
atrevería a decir que incluso meses. Sin embargo lo que llamó su atención fue la marca rojiza en
su cuello, que seguramente Louis le había dejado durante el juego previo a "el asunto".
Tomó del perchero una bufanda que afortunadamente había dejado olvidada un par de noches
atrás, y la usó para cubrir la evidencia. Todo listo, salió al jardín.
Harry se quedó en silencio por varios segundos, pensando. Se suponía que no se conocían, y
que no se habían conocido porque supuestamente él no estuvo en la fiesta, y no habría
escuchado cómo los amigos de Louis llamaban al chico por su nombre. Como sea. Abrió el buzón
y sacó un par de estados de cuenta, propaganda y una postal sin sobre que llamó su atención
desde el primer momento. Se trataba de la imagen impresa del emoji de dos ojos mirando a un
costado. La volteó, del otro lado había cinco palabras en cursiva con marcador azul.
Su primera reacción fue asustarse y levantar la cabeza, lo primero que vio fue al muchacho
subiendo las escaleras para el pórtico de su vivienda.
-¡Michael! -lo llamó mientras se apresuraba a cruzar la calle para alcanzarlo, la mano derecha
mostrando la postal, la izquierda sosteniendo el resto de la correspondencia, la angustia en el
rostro.
-¿Ahora qué? -Michael se giró para quedar frente a frente-. ¿Por qué usas una bufanda pero
sales con bata? Y... ¡Harry, por Dios, te pedí que dejes de usar esa cosa!
-¿Tú enviaste esto? -preguntó ignorando sus palabras previas y mostrándole la postal.
-No... está bien, me muero por decirlo, sí, fui yo.
-¡Es que no debía suceder! -casi gritó-. Michael, esto está mal, no sé qué me sucedió, me dejé
llevar y cuando me di cuenta ya estábamos besándonos y no quise que nada se detuviera -
suspiró fuerte-. Nada de esto debía haber sucedido, ¿entiendes? ¡Nos estamos divorciando!
-¡Porque estoy desesperado! -apretó los puños, arrugando entre éstos los papeles-. Mierda, si
alguien me reconoció... ¿Cómo demonios vamos a quedar frente a los demás? ¿Cómo demonios
voy a quedar frente a sus amigos?
Harry en verdad estaba angustiado, poco le faltó para sentarse en el césped y derrumbarse ahí
mismo de pura frustración. Michael no sabía como manejar la situación, así que solo habló
despacio y guardando su distancia.
-Hey, tranquilo, estoy seguro de que nadie más te reconoció. Y de todas formas no pensaba
decírselo a nadie -se encogió de hombros-, solo quería molestarlos.
-Gracias -Harry lo abrazó con fuerza ya sintiéndose aliviado-, eres un buen sujeto.
-Sí...
Michael se quedó estático. No le gustaban las muestras de afecto en lo absoluto, así que
permaneció con los brazos en los costados hasta que Harry se alejó.
-Lo de anoche, fue el mejor sexo que hemos tenido en mucho tiempo.
-¡Ugh! ¡Eso no me interesaba! -hizo una mueca y sacudió la mano frente a su cara, como si
intentara quitarse una imagen mental que no solicitó, antes de entrar a su casa y cerrar la puerta
sin despedirse.
Volvió a la casa justo a tiempo para escuchar el teléfono sonando, se apresuró para responder la
llamada con un "click".
-Diga.
"Ah, estás en casa, creí que estarías afuera despilfarrando el dinero de tu esposo."
-Hoy no me apetece, gracias -fingió dulzura en la voz, para molestar-. Hey, sigues vivo, ¿ya
comiste?
"A diferencia de ti, no necesito estarme matando de hambre con dietas inútiles."
-Te han mal informado, no hago dietas inútiles, es Louis quien me paga el gimnasio.
-Y lo seguirá haciendo por mucho, mucho tiempo -rodó los ojos-. Ve al grano, Zayn, ¿qué es lo
que quieres?
"Sólo comentarte algo. La fiesta de anoche fue un éxito, la mejor fiesta de la historia ¿sabes?"
-Qué interesante.
-No.
"Bien, ¿qué tal esto?: Louis se fue temprano con alguien. Un sujeto llegó, bailaron, se magrearon
en un rincón y se fueron pretendiendo no ser vistos. ¿Qué tal? Tu esposo, el que paga tu
gimnasio, el que te mantiene, del aún no te has divorciado, el que ya no siente nada por ti,
anoche folló con alguien más."
Harry no lo negaría, le dolió aquél "que ya no siente nada por ti". Pero no lo demostraría, no
cuando un segundo después tuvo que morderse para reprimir la carcajada y el "pobre ingenuo
Zayn, si tan solo supieras" que se le quedó atorado en los labios. Quiso decirle que, por supuesto
que sabía cómo estuvo la fiesta, porque él estuvo ahí, que él y Louis "bailaron, se magrearon en
un rincón y se fueron pretendiendo no ser vistos", ah, y que era su culpa y de nadie más si Louis
no podía caminar durante los siguientes días.
Silencio del otro lado de la línea. Con suerte, Zayn interpretaría eso como desinterés, y la falta de
respuesta le decía que ese era el caso. Harry suspiró cansado de la llamada.
-Te daré un consejo: en lugar de preocuparte por lo que sucede con Louis, ocúpate de tus
asuntos. ¿Crees que nadie sabe que te acuestas con su abogado? -esperó por un par de
segundos para marcar la importancia de la pregunta-. Piensa en si eso traería problemas con la
corte si alguien decide contarlo, y deja de hacerme perder el tiempo, tú... intento de Sean Paul de
tres centavos.
Cortó la llamada y arrojó el teléfono a algún lugar del sillón. No tenía ánimos de estar escuchando
tonterías. Por el momento debía enfocarse en tomar un baño, guardar algunas cosas y los
regalos del intercambio para noche, y partir hacia la mansión de sus padres. Sentía que tenía el
tiempo medido, definitivamente también tenía que despejar su mente y evitar seguir pensando en
la noche anterior.
Pero no podía dejar de hacerlo, no cuando se miraba al espejo y veía las marcas rojas sobre su
cuello, y mucho menos cuando aún sentía la pequeña lengua de Louis jugando sobre la suya, sus
manos tocándolo con desesperación.
**
La casa lucía tristemente vacía cuando entró Louis al día siguiente de Navidad. Este año no
estaba el aroma del pino con canela y tampoco estaban las luces de los cientos de adornos que
hace un año Harry había ocupado para decorar toda la casa.
Tiró la maleta que llevaba en alguna parte de la sala, mientras abría un paquete de galletas de
chispas de chocolate. Era extrañamente re confortante el silencio de la casa se preguntaba si así
iba a ser dentro de unos meses cuando volviera a estar solo. Suspiró fuertemente tratando de
alejar el sentimiento de soledad que le comenzaba a invadir por todo el cuerpo, lo único que pudo
pensar para distraerse fue ir directo a la piscina.
Nadó durante un unos minutos como buen ejercicio, el cual le hacía falta, pero también como
buen Louis optó por dormir sobre una colchoneta flotando durante el transcurso de la tarde.
-No es así como funciona el ejercicio -lo despertó una voz ronca. El susto lo hizo voltearse por
completo.
Sus sentidos aún adormilados no le hicieron funcionar al instante dejando que el agua entrara por
sus fosas nasales y la desesperación hizo que sus piernas no encontrara el fondo de la alberca,
pero un par de brazos lo tomaron de los hombros para acércalo un poco más a la orilla y así
ponerlo a salvo.
-Eres un tonto -protestó Louis aun con los ojos brillantes por lágrimas.
-¡Tú me has asustado mientras dormía! -gritó-. ¿Me estás escuchando? -preguntó ofendido
cuando Harry dejó de hablar.
Su mirada estaba perdida sobre la línea del tatuaje del pecho de Louis, donde aún estaban las
pequeñas succiones y mordidas que había dejado.
-¿Harry?
Comenzó a preparar uno de los sobres de té para calmar sus nervios, no sabía cómo Louis había
superado el par de días después de su altercado sexual, pero él definitivamente no lo tomó tan
bien. Intentó de mil formas sacar de su mente las imágenes que se reproducían una y otra vez.
Contó siete películas con temática navideña e incluso trató de integrarse a la plática de su padre
sobre negocios.
-¿Te encuentras bien? -Louis ya cubría su cuerpo con una camiseta blanca que llegaba hasta la
mitad de los muslos.
-¿Te molesta?
-No, igual ya es vieja -bebió un poco de su té, buscando que los efectos de relajación
comenzaran.
Louis quiso restarle importancia, así que solo se dedicó a servirse un plato con cereal y leche.
La cocina estaba en un silencio un tanto incomodo, solo se escuchaba el ruido de la vajilla chocar
contra la barra de mármol.
-Y qué tal fue tu cena de Navidad? -preguntó Louis tan simple como si hubiera preguntado por el
clima.
-Bien, ¿y la tuya?
-Bueno no está muy contento sobre el divorcio -centró su mirada en el rizado- pero sólo ha dicho
"Se los dije".
-Tu padre sigue siendo increíble hasta en estos momentos -dijo sinceramente. Louis por su parte
no comentó alguna otra cosa con relación, estaba consciente que el tema de apoyo familiar no
era el más acertado-. ¿Pasarás año nuevo con él? -intentó cambiar de tema.
-No, se irá a Dubai, sabes que no me gusta pasar año nuevo fuera del país -dio unas últimas
cucharadas a su tazón-. Así que probablemente me vaya de fiesta con algunos amigos de la
universidad, ¿y Tú?
-Gemma se irá a Nueva York y ya sabes que mis padres odian estas fiestas, bastante hacen el
esfuerzo de celebrar Navidad -suspiró.
-Oh.
Silencio nuevamente.
-Entonces, -carraspeó Louis su garganta al intentar encontrar las palabras- ¿te quedarás en
casa?
-Bien, -comenzó a morder su labio inferior- es una propuesta, no tienes que decir que sí por
compromiso -sus dedos comenzaron a jugar entre sí, no se había sentido nervioso de pedirle a
algo a Harry desde hace mucho-. Podemos pasar aquí año nuevo si quieres.
Louis esperaba más segundos de silencio o una risa histérica por parte de Harry, pero no tenía
contemplado que él aceptaría en milésimas de segundo con una posible chispa de emoción en
sus ojos; no estaba completamente seguro, probablemente aún tenía algo de cloro en sus ojos y
lo hacían ver cosas diferentes.
-Supongo.
-Bien pero yo elijo la cena -Harry salió de la cocina para seguir con sus actividades y
probablemente reír histéricamente de la evidente "no" felicidad que estaba teniendo.
***
Cualquier persona que conociera a Harry estaría asustado por el desempeño de toda la semana
para escoger una excelente cena. Había insistido tanto a Louis en que él solo podía hacerse
cargo de la preparación de todo, y así fue.
En una de las tantas pláticas de media noche mientras habían sido novios, Louis le había
confesado sobre su interés de probar comidas exóticas, entre risas y comentarios sarcásticos
escuchó un "¿A qué sabrá el fugu*?"
La inquietud de Harry y su insistencia en probar a Louis que no era un inútil de todo le llevó a
seguir una línea un tanto ilegal para conseguir el platillo.
No estuvo muy seguro de cómo es que logró conseguir el pez y a alguien que se había ofrecido a
cocinarlo para él, con la promesa de que él solo tendría que darle unos últimos toques y la
presentación. Sonaba tentadoramente fácil. Por supuesto que le había costado muchas libras el
adquirir un pez prohibido en Europa, pero valía la pena si quería sorprender por completo a Louis.
Los trozos del fugu se miraban un tanto apetitivos, después de seguir los pasos y mezcla de
ingredientes que vio en un tutorial por internet sobre el "¿Cómo preparar Fugu?". Harry no se
había podido resistir a probarlo. No estaba nada mal el sabor e incluso apostaba que le gustaría a
Louis, pero ambos tendrían que esperar otro día más para comerlo en la cena.
Lo último que faltaba por cocinar era las "orejas de mar" que le habían sido ofrecidas como un
paquete jugoso. A diferencia del primero, no lucía nada apetitivo pero confiaba en las palabras de
la misma persona que le había vendido todos los productos.
Le tomó mucho más tiempo concentrarse en los videos y en cocinarlo por los repentinos dolores
de cabeza. Estaba seguro que tenía que ver con el estrés, así que le había restado importancia a
todo hasta terminar los platillos.
Louis apareció en casa un par de horas después encontrando a Harry dormido sobre uno de los
sillones, aún llevaba puesto el delantal de cocina.
-¿Qué quieres? -respondió Harry aún adormilado, su cabeza comenzaba nuevamente a palpitarle
fuertemente.
-Te has quedado dormido sobre el sillón y no pensaba llevarte de nuevo a tu habitación -sonrió
con malicia.
-Bueno, lamento decirte que cuando tienes un partido de futbol serio, sudas.
-Vamos, ¿cómo puedes llamarle partido a un juego con tus amigos donde todos apestan
jugando? -se burló Harry.
-¡Harry! -gritoneó.
El rizado se levantó perezosamente ante el llamado, apostaba que había descubierto sus
grandiosos platillos y probablemente obtendría un "Bien hecho". Sus pasos se volvieron más
lentos cuando sintió todo su alrededor moverse.
-¿Qué sucede? -Harry llegó hasta la cocina viendo a Louis con el ceño fruncido.
-Nuestra cena.
-¿Pero qué carajos es esto? -agitó el plato en sus manos-. ¡Dios!, esto se ve asqueroso - tomó
con uno de sus dedos una porción de las Orejas de Mar. Su textura era de un cartílago gelatinoso
el cual le pareció aún más asqueroso y terminó por aventarlo a algún punto de la cocina-. ¡Pensé
que eras alérgico al pescado!
-¿Por qué carajos tiraste eso? -lo miró sorprendido-. ¡Son orejas de mar y sashimi! -gritó- ¡Y no
soy alérgico al pescado, idiota!
-¿No? -preguntó dudoso- Tienes mil alergias supuse que era una de ellas.
-¿Supusiste? -habló indignado- Ni si quiera recuerdas a lo que soy alérgico, ¿no es así? -lo miró
desafiante.
Louis sostuvo la mirada tratando de pensar en las varias alergias que tenía Harry, estaba seguro
de que alguna vez lo supo, pero no lograba recordarlas.
-Claro que no, si me diste mayonesa la última vez -escupió.
-¡Supéralo!
-¿Cómo quieres que supere el hecho de que jamás te importo lo que me hacia daño?
-Dios, deja de ser dramático -rodó los ojos-. No es mi culpa que tu cuerpo sean tan inútil como tú,
y que no puedas cocinar algo bueno.
-¿Hacer qué? -Louis estaba furioso realmente y no estaba seguro del porqué.
-Culparme de todo -se tragó el nudo en su garganta-. Siempre me has hecho ver como el egoísta,
como el que jamás se preocupó por ti... -sus lágrimas comenzaban a caer- Todo lo que intentaba
hacer para que te sintieras feliz de estar conmigo nunca fue suficiente.
-Ni siquiera puedes aceptar tu culpa -pareció no escuchar las palabras dañadas de Harry-
¿puedes dejar de rascar tus brazos, me estás poniendo ansioso?
Harry no se había dado cuenta que había un picor en sus brazos y su propio cuerpo lo trataba de
aliviar.
-Si tanto te molesta que haya intentado hacer esto, ¿por qué no te vas de fiesta?
-Muy buena idea -asintió con la cabeza-, no pienso soportar esta mierda de comida y uno de tus
dramas.
La cabeza de Harry comenzó a sentirse más pequeña, el piso comenzó a girar mucho más rápido
haciendo que sus piernas se hicieran más débiles y no pudieran sostener más su cuerpo, cayó de
bruces contra el suelo sin poder evitarlo.
-Eso no va a funcionar, Harry -habló Louis cerca de la puerta de salía de la cocina-. Vamos, deja
de hacer el ridículo con uno de tus dramas.
El cuerpo de Harry seguía contra el suelo sin moverse, el ángulo que tenía Louis de él no le
permitía ver si estaba fingiendo, pero después de unos segundos se dio cuenta de que no era
una actuación. Corrió hasta el cuerpo para girarlo y encontrase con una de las escenas más
aterradoras de su vida.
La piel de su esposo se comenzaba a pintar de un color azul a falta del oxígeno en su cuerpo. -
*Fugu: palabra japonesa utilizada para denominar al pez globo y al plato preparado a partir de la
carne de este pez.
Gracias por leer y comentar, SIEMPRE LEEMOS TODO. Una aclaración exprés, para las dudas
del smut (lol), Yatz y yo somos Team Versátiles. :)
Por cierto, LEAN "WANNABE", una historia de Yatz :) está en su usuario Braveisfree.
Y si son Louisg o no, siganme en twitter en "loupdates_" son noticias especialmente de Louis. (en
lo largo de esta semana será más activa).
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Capítulo 16.
Polvo
Nueces
Maní
Mayonesa
Duraznos
Frutos Secos
Aceitunas
Insectos
Polen
Eran algunas de las tantas cosas a las que Harry era alérgico.
La primera vez que Louis presenció una de las alergias de Harry al accidentalmente ingerir frutos
secos en una ensalada, realmente entró en pánico. No supo cómo actuar mientras veía la
hermosa piel blanquecina de su novio llenarse de pequeños puntos rojos, al mismo tiempo que
comenzaba a hincharse. Su única salvación había sido llamar a Kaya, la cual terminó llevando a
Harry a Urgencias.
Pasaron alrededor de tres días para que Louis visitara a Harry después del altercado. Por
supuesto que le había mensajeado, pero él realmente no se sentía con el valor de visitarlo.
—Luces mejor —sonrió al ver a Harry dentro de las cobijas de su cama leyendo un libro.
—Amor... —se acercó lentamente— Lamento no haber venido antes —suspiró—, realmente
apesto en las cuestiones de ser enfermero y no soy muy bueno cuidando a la gente.
Harry cerró su libro y lo puso en la mesa de noche junto a él, con otra de sus manos hizo una
señal de invitación para que Louis se sentara junto a él.
—Claro que solo cuando me enfermo —respondió—, soy la persona más dulce y pacífica del
mundo.
—No hubieras dicho eso después de que fui al médico —su cabeza ahora se acomodaba sobre el
pecho de Louis—, estaba hinchado y rojo y totalmente horrible.
—Imposible —sus dedos comenzaban a enredarse en los risos de Harry—. No importa si tienes
mil ronchas en tu cara —pellizcó una de sus mejillas—, si te pones tan gordo como un luchador
de zumo —su mano viajó hacia el abdomen de Harry sobre su camiseta— o incluso si llegas a ser
calvo, siempre te voy a amar —y por último besó la coronilla de este.
—¡Cállate! —gritó con pánico—. Jamás va a pasar eso. Louis comenzó a reír por la reacción de
su novio, pero de un momento a otro su risa se esfumó y un gran silencio se hizo dentro de la
habitación. La yema de sus dedos ya no frotaba en círculos en cuero cabelludo de Harry.
—¿Pasa algo, pastelito? —preguntó Harry preocupado.
—Es sólo... —calló por unos segundos— ¿Recuerdas la última vez que enfermé de gripe?
—Mhm —asintió.
—Tú estabas ahí —suspiró—. Tú llegaste, con medicamentos, con sobres de té, hiciste que me
hicieran una sopa de verduras e incluso cambiabas la compresa de agua fría para regular la
fiebre —juntó más su cuerpo con el de Harry—. No te separaste de mí en todo el día ni en la
noche.
—Oh, Lou, pero lo hice porque te amo y realmente quería cuidarte —giró su cara para quedar
muy cerca de la de Louis.
—Ese es el punto, Harry —lo miró fijamente—. Yo también te amo, y no quiero que algún día
pienses que no quiero cuidarte, porque mierda, yo siempre te voy a proteger.
~*~
La gente iba de un lado a otro, sin ni siquiera darle una mirada de preocupación. Emergencias
pasaban todos los días en todos los hospitales del mundo ¿por qué debería ser un caso especial?
Habían pasado una hora cuarenta y cinco minutos desde que Louis había entrado con Harry en
sus brazos.
Sus gritos hicieron que rápidamente enfermeras lo pusieran sobre una camilla y lo adentraran
dejándolo a él solo. Solo cinco minutos después un doctor le hizo muchas preguntas que no
estaba seguro de responder, la única que pudo contestar fue sobre la estúpida cena, después de
eso el hombre se marchó y desde entonces no había salido.
Sus manos seguían sudadas y temblando. Sus uñas estaban ya tan pegadas a la carne después
de habérselas mordido y su cabello estaba completamente enmarañado de las incontables veces
que lo había agitado con frustración.
Aun podía ver el cuerpo de Harry recostado sobre el asiento trasero de su automóvil,
completamente inerte, algunos balbuceos desesperados escapaban de su boca pero eran poco
entendibles. La forma en que sus ojos verdes lagrimosos reflejaban desesperación le volvía a
provocar una ráfaga de ansiedad.
Probablemente se había pasado una, dos o más de siete luces rojas de los semáforos y quizá
aparcó mal su automóvil en el estacionamiento, pero ahora eso no le preocupaba en lo más
mínimo, sólo necesitaba saber que había pasado con Harry y por qué nadie se había atrevido a
decirle algo.
Sus ojos comenzaban a picar y no pudo contener más el llanto. Sus lágrimas corrían
desesperadas por todo su rostro. Tampoco pudo suprimir los gemidos de la desesperación que
tenía ahogados en su garganta.
Una de las pocas personas que se encontraban en la sala de espera fue la única que alzó la
mirada hacia donde él estaba sentado.
—Toma —una voz desconocida le habló a Louis que tenía su cara contra sus manos.
—¿Mhm? —miró sobre sus pestañas húmedas a una hombre blanco con pecas por todo el rostro.
—Lo necesitas más que yo y te ayudará a calmarte un poco —volvió a ofrecer un vaso con té
caliente.
—No te preocupes, la gente comienza acostumbrase a la realidad sobre que un hombre también
puede llorar públicamente —se sentó un costado de Louis dejando un asiento vacío entre ellos.
—Es una mierda que la persona que amas esté haya adentro y nadie se digne a informarnos, ¿no
lo crees?
—Esposo —corrigió con un susurro—, bueno, en realidad nos estamos... —calló rápidamente.
No tenía las ganas suficientes para contarle a un desconocido sobre su situación personal, no
ahora
—No lo sé —las lágrimas comenzaron a juntarse en sus ojos—, estaba dejando de respirar y
estaba inmovilizado.
—Lo lamento —habló genuinamente—. Espero que todo salga bien. Entiendo ahora porque
estabas tan desesperado.
—Lo sé, son fuertes —su voz comenzó a temblar—. Ella es algo como un fastidio y sé que la
mala hierba no es fácil de deshacer. No se da por vencida fácilmente.
—Eso nos hace ver como los más sensibles en nuestras relaciones —quitó con su pulgar un par
de lágrimas de sus ojos.
Los minutos seguían pasando, si el bien el té no lo habían calmado del todo, los comentarios al
azar de su nuevo conocido le hacían ocupar su mente en algo.
—¿Harry Styles? —Louis brincó de su asiento hasta llegar hacia donde había hablado.
—Aquí.
—¿Usted es...?
—¿Puedo verlo?
—¡Gracias!
—Louis —habló serio—, Harry se intoxicó por el Fugu, ¿tú también lo comiste?
—¿Sabes que el pez globo es una de las comidas más toxicas y mortales si no son preparadas
por un profesional? —Louis lo miró sorprendido por la gravedad—. Tuvo mucha suerte de que
hayamos podido ayudarle a limpiar su organismo.
—Pero ahora está bien —lo tranquilizó—. Algo que debo también informarte es que este tipo de
comida exótica no está permitida en Europa, no entiendo cómo es que lo han conseguido, es mi
deber dar informe a las autoridades, probablemente consigan una multa por esto.
Louis dejó salir un bufido, las cosas no se podían poner más en su contra.
—Es lo de menos —respondió tranquilamente—, lo único que me importaba es que Harry
estuviera bien.
La pregunta le cayó como un balde de agua fría. Ni siquiera le había pasado por la cabeza
avisarle a la familia de Harry, probablemente le colgarían el teléfono o le cerrarían la puerta en la
cara al saber que era él. Tal vez Gemma lo atendería, pero su trato con él siempre fue, en
realidad, neutral. Ni hablar de Kaya, no le agradaba y él a ella mucho menos, además el doctor
había dicho "familiares".
El doctor lo miró con duda, pero algo vio en él que le hizo decidir que era mejor no cuestionarlo.
Quizá fue el alivio de saber que Harry estaba bien, o la determinación a cuidarlo él mismo por
razones desconocidas.
—Te recomiendo que vayas a darte un baño y cambiarte, come algo también y después regresa
aquí, cuidarás de Harry por la noche.
Hasta ese momento fue que Louis se dio cuenta de que aún llevaba la ropa con la que salió a
jugar, que estaba lleno de tierra y sudor y que probablemente había dejado lodo en los pasillos.
Posiblemente la señora de la limpieza de ese piso lo estaba odiando.
Asintió agradeciendo al doctor en medio de un suspiro y se dio la vuelta, quería apresurarse para
no perder ni un solo segundo después de que le permitieran entrar a verlo.
Pero antes de abandonar la sala de espera, se detuvo en la silla en la que aún permanecía
sentado su nuevo conocido.
—¿Él está bien, cierto?
Le dio una palmada leve en el hombro a modo de consuelo, a pesar de no saber para qué,
porque en verdad estaba seguro de que la familia de aquél hombre era fuerte, tan fuerte como
Harry que, por desgracia o fortuna, no había dejado todavía sus días de atormentarlo.
**
Louis estaba ahora sentado en la misma sala, cuando llegó de vuelta al hospital el sujeto ya no
estaba, no supo si le permitieron por fin entrar a ver a su mujer, o si también tuvo que salir como
él. No dio tiempo para averiguarlo, porque apenas duró esperando cinco minutos cuando el
mismo doctor salió de nuevo.
Agradeció nuevamente y siguió al médico a otra zona no muy lejos de ahí, donde ya tenían a
Harry acomodado en una habitación individual. Le hormiguearon las manos un segundo antes de
pasar por la puerta de la pieza.
Harry estaba dormido, pero tenía una manguera administrándole algún líquido incoloro por medio
de una aguja en su brazo derecho. Había un sillón junto a la pared, del lado contrario al monitor
destinado a registrar los signos vitales del paciente, y una silla junto a la cama.
Si hubiera llegado algunos minutos más tarde, o si se hubiera ido un par de segundos antes...
Se estremeció. Se dedicó en su lugar a mirar el libro que llevaba en sus manos, uno de los
favoritos de Harry, lo tomó de la habitación antes de salir. Tal vez Harry querría que lo distrajera
un poco, pero ahora estaba dormido y no quería despertarlo. Llevaba las gafas colgadas al cuello,
se las acomodó y apoyó el libro abierto en sus piernas, el pantalón deportivo se sentía cálido
dentro del frío de las paredes blancas.
Después de un par de capítulos, por puro impulso, llevó su mano hasta la orilla de la cama, y sin
dejar de leer dejó que se aferrara a una más grande, de alguien perdido en el mundo de los
sueños.
***
Era muy temprano cuando Harry despertó, y lo primero que sintió fue la conocida calidez en su
mano izquierda.
No por instinto, más por necedad, pero la movió al instante, despertando a Louis que había
permanecido dormido superficialmente desde algunas horas atrás.
Harry no respondió, le habían informado su condición poco antes de moverlo a esa habitación,
pero a decir verdad no había entendido del todo gracias a que aún se sentía semi noqueado.
—¿Cómo te sientes? —preguntó Louis—, ¿llamo a una enfermera?
—Estoy bien —murmuró con la voz un poco rota—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Wow, aprecio tu cordialidad —sonrió con sarcasmo—. Cuidándote, tonto, ¿qué más?
—No fue alergia, te intoxicaste —explicó mientras se estiraba, la posición en la que se quedó
dormido le había incomodado al despertar—. ¿En qué pensabas? Esa cosa era tóxica, ¿quién en
su sano juicio cocinaría algo que sabe que está prohibido en Europa? ¡Las cosas están
prohibidas por una razón!
—Déjame en paz —gruñó—. Yo trataba de hacer algo especial para que no te fastidiara tanto
tener que quedarte conmigo.
Harry ni siquiera estaba mirando a Louis a los ojos, solo veía sin interés cada rincón de la
habitación al alcance de su vista desde aquella cama. Una dosis de dolor se sintió en el ambiente
en esa última frase, una herida que se había abierto poco antes de que perdiera la conciencia.
—Pero no lo puedes apreciar. Y te quedaste de todas formas —murmuró—. Yo... no quiero seguir
fastidiándote en realidad, mejor vete.
Transcurrieron varios segundos en completo silencio, con Louis jugando con los cordones de su
sudadera mientras buscaba las palabras adecuadas, y Harry marcando un ritmo a destiempo con
los dedos sobre la sábana.
—Nunca, jamás, en toda mi vida, Harry, y esto escúchalo bien... nunca antes había tenido tanto
miedo.
Harry miró a Louis por primera vez desde que él lo saludó. Seguía jugando con las pequeñas
cuerdas de color blanco, mantenía la cabeza baja y aún así, sabía que luchaba contra un nudo
invisible a la altura de su garganta.
—Así que no importa lo imbéciles que podamos ser la mayor parte del tiempo, ni lo mucho que
me desesperes, no quiero volver a pasar por esa situación, ¿sabes? Ya te había dicho que lo que
quiero es quedar divorciado, no viudo.
Ambos sonrieron por su parte ante la frágil broma. Harry sin pensarlo volvió a acomodar su mano
en donde estaba cuando despertó, pero Louis ya no la sujetó esta vez. Estaba ocupado
deshaciendo otro nudo, uno físico y palpable hecho de delgadas cuerdas blancas.
—Entonces no gastes energías pidiéndome que me vaya, porque no pienso irme. ¿Por qué lo
haría de todas formas? ya te lo debía.
Harry volvió a suspirar, cerró los dedos como si ya tuviera otros llenando los espacios entre ellos.
De alguna manera, todo ese rato estuvieron tratando con elementos invisibles. Objetos y
emociones.
—Bien, quédate —fingió enojo—, pero que quede claro que esto lo hago por ti.
Una vez que tuvo su atención, le mostró la lengua de manera juguetona que fingía ser grosera, y
obtuvo el mismo gesto de vuelta. Por un instante compartieron otra sonrisa, un breve momento de
complicidad que sería interrumpido por la llegada de una enfermera.
****
Harry permaneció en observación todo el día, con Louis a su lado como la única persona
encargada de supervisarlo que no contaba con un empleo en el hospital. Solo se fue por treinta
minutos para bajar a comer algo en la cafetería, y comió tan rápido que por poco se ahoga.
Tuvieron tiempo de sobra para hablar de sus celebraciones la semana pasada, Louis le contó
sobre la nueva novia de su padre, lo agradable que era y lo bien que se llevaría con Harry,
probablemente.
También discutieron acerca del libro que Louis aún tenía consigo. Por mucho tiempo Louis no le
había prestado atención a pesar de saber lo mucho que a Harry le gustaba, alardeando incluso
que debía ser una trama boba por la obviedad de su carga de romance. Pero Harry era del tipo de
personas que incluso podrían ver Titanic a diario durante un mes, y seguir sintiendo su corazón
romperse al final.
Sin embargo la noche anterior lo leyó casi entero antes de quedarse dormido. Harry no le dio
mucho crédito, después de todo era una historia corta. A Louis le sorprendió que de hecho, el
libro era muy bueno, entretenido y profundo, y muy entrada la tarde, volvió a acomodarse las
gafas para leerle a Harry, quien incluso completaba algunas frases que conocía de memoria.
Ahora, en la noche, y a decir verdad un poco tarde, el doctor acababa de efectuar un chequeo
más en Harry ante los ojos de Louis.
—No entiendo por qué solo dicen que vas mejorando, pero no te dejan ir —dijo sentándose de
nuevo en la silla cuando volvieron a quedarse solos.
—Admítelo, saben que los estoy bendiciendo con mi presencia —sonrió grande—. Ya, continúa.
Louis tosió un poco y continuó leyendo, como llevaba haciéndolo un rato. Pero Harry dejó de
escuchar. Probablemente era el aroma a desinfectante del lugar, o el exceso de color blanco,
pero se perdió. Todo lo que veía era a la persona a su lado pasando la mirada azul sobre las
páginas encuadernadas en sus manos, los labios moviéndose despacio y un par de cabellos
castaños alborotándose con la corriente de aire que entró por algún lugar, todo en cámara lenta.
Fue una frase la que lo sacó de su trance.
—<<Su voz de escuálido ruiseñor suena aún mejor que en mis sueños. Quisiera tomarme el
tiempo de contemplarla tranquilamente, aclimatar mi corazón a su presencia.>>
La petición sorprendió a Louis, pero no lo demostró. Cerró el libro y lo dejó descansar en sus
piernas.
—Está bien.
Pasó un largo rato entre los trámites, la firma de papeles y los pagos del hospital. Sin embargo
para Harry pasó rápido, muy rápido. Parecieron tan solo segundos en los que se cuestionó todas
y cada una de las decisiones que había tomado en la vida, hasta que se encontraba con Louis de
nuevo en el auto.
—Bueno —dijo encendiendo el motor—, son casi las once y cuarto y es 31 de Diciembre. ¿Qué
quieres hacer?
—Vamos a casa —dijo sin pensar, pero se retractó un segundo después—. Quiero decir, a menos
que tengas planes. Ya sabes, querías salir anoche y ya no lo hiciste, no es muy tarde. Puedes
llevarme con Kaya si quieres, supongo que estará donde siempre.
—Muy bien —asintió yendo en reversa para salir del estacionamiento—, a casa entonces.
Como era de esperarse, la casa estaba vacía, todos quienes trabajaban en ella se encontraban
en sus propias celebraciones. Olía a encerrado y las luces habrían deslumbrado a los muebles de
tener éstos vida en cuanto se encendieron. Louis fue inmediatamente a la cocina para preparar
dos tazas de té, sabía que a Harry le gustaría y a decir verdad, él también quería un poco. Harry
lo siguió hasta la entrada de la cocina, donde se quedó apoyado en el marco de la puerta mirando
a quien aún llevaba su anillo de matrimonio en el dedo mientras vertía el agua.
—Es cierto —afirmó buscando el azúcar—, pero aunque la tuviéramos probablemente no podrías
comerla.
Harry recordó las razones por las que había estado en el hospital, abrió el refrigerador y tomó la
comida que lo había intoxicado, ahora le daba náuseas. Tiró todo a la basura, incluso el plato.
—Dejé en la sala los papeles con indicaciones del médico sobre lo que puedes comer hasta el
lunes, cuando te lleve a tu revisión, toma —se acercó a él y le entregó su taza—. Cuidado, está
caliente.
—No deberíamos seguir actuando como actuamos si vamos a seguir viviendo juntos los próximos
tres meses.
—Quisiera que nos lleváramos mejor, un trato más cortés, tratar de ser... ya sabes.
—En eso tienes razón, creo que nos saltamos esa parte —rió sin ganas, la mirada fija en la mesa.
—Y fuimos novios.
—Y directo a la boda.
—Sí... —suspiró— Me gustaría. Nunca lo intentamos, es algo nuevo.
—Claro —sonrió, Louis lo hizo también al ver los bonitos hoyuelos que se le formaban.
—Entonces, feliz año, Harry —Louis levantó su taza en el aire—, brindo por nuestra amistad.
—Feliz año —Harry hizo lo mismo, chocando sus tazas en medio de ambos—, nuevo amigo.
_____
¿Ya habíamos dicho que el nuevo Wattpad es una mierda? Ya tenía el capítulo editadito y todo
bien bonito y literal, me acabo de pasar cuarenta minutos volviendo a poner todo el espaciado
porque no lo respeta, no sé tampoco si volverá a poner guiones chiquitos o si mostrará los
comentarios en el texto. Wattpad, te odio.
Amor, uvas, no chill Larry sin barbas nunca jamás + Harry publicando la bandera LGBT y
manzanas xx~ Y.
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Capítulo 17.
Faltaban algunas semanas para la graduación de Louis cuando Harry lo sorprendió. Hizo que la
servidumbre de los Tomlinson le preparara una maleta, y le avisó al señor Tomlinson que su hijo
estaría fuera por un par de días. Ese viernes cuando Louis salió de clases, el chofer los llevó a él
y a Harry a donde pasarían todo el fin de semana juntos y completamente solos: una de las
muchas propiedades de los Styles, una casita de madera en medio del bosque, con su terraza e
incluso buena iluminación.
—¿Qué clase de pregunta es esa? —Harry sonrió abriendo los ojos de nuevo—. Por supuesto
que me gusta.
—Solo por curiosidad —dijo besando su hombro—. Porque a mi me gusta acariciarte, lo disfruto
mucho. Me gusta tu piel.
Harry mantuvo su sonrisa de genuina felicidad y estaba a punto de quedarse dormido en los
brazos de su novio, cuando éste volvió a hablar, recorriendo con sus caricias cada parte que
mencionaba.
—Me gustan tus piernas. Me gusta tu cabello. Me gustan tus labios —se detuvo y suspiró—. Y tus
ojos... en verdad me gustan mucho tus ojos.
—¿Qué más?
—Me gusta tu voz. Me gustan tus opiniones. Me gusta el aspecto que tienes al despertar, y antes
de irte a dormir. Me gustan los sonidos que haces cuando hacemos el amor. Me gusta que me
mires de reojo y después finjas que no lo hacías cuando te das cuenta de que lo noté. Me gusta
que te rías fuerte, incluso si lo que dije no fue tan gracioso.
Giró suavemente a Harry para que quedara con la espalda al piso y pudiera mirarlo directamente
a los ojos, verdes y grandes, brillando llenos de sentimientos.
—Me gusta saber lo que estás pensando en este preciso momento, y créeme, yo más.
Lo besó tomándose su tiempo, porque ahí escondidos del mundo en verdad no existía nadie
más. Cuando rompieron el beso Louis tardó algunos segundos más en seguir hablando.
—Son solo todas esas cosas en conjunto y por separado, todas me gustan. Me gustas tú. Te
adoro.
—Si te vas a poner así de romántico cada que te monte, tal vez debería hacerlo más seguido
—ambos soltaron una carcajada, pero antes de terminar por perder el ambiente completamente,
Harry entrelazó sus dedos con los de Louis—. Yo también te adoro, Lou. Estoy tan enamorado
que a veces duele.
—Yo tampoco. Y si algún día dudas de cuánto te amo, recuerda que durante dos años y medio no
pude ni siquiera reunir el valor para hablarte.
Louis terminó por acomodarse en el pecho de Harry, dejando que jugara con su cabello.
—Y me gusta tu tendencia de tropezar con prácticamente todo —suspiró y dejó un beso justo
sobre donde sentía los latidos—. Le debo mi vida entera.
~*~
Harry no tenía problemas con desayunar solo, de hecho a veces disfrutaba de su soledad. Era
muy temprano y de cualquier manera, le habían dado el día libre a todos los que trabajaban en la
casa, incluyendo a Abigail. Aún sentía náuseas cuando consideraba comer algo más, y no sabía
a ciencia cierta qué era lo que tenía permitido ingerir, así que solo se preparó otra taza de té y se
sentó a beberlo en la mesa de la cocina.
En el absoluto silencio de la casa, se preguntó si en verdad podría ser amigo de Louis, porque era
cierto que jamás lo habían intentado.
Pero a pesar de que Harry contaba con su propia popularidad dentro de su facultad, nunca se
sintió capaz de poder acercarse a Louis. Se limitó a admirarlo a distancia, a sumarse a la larga
lista de remitentes anónimos que le enviaban tarjetas en San Valentín, y a salir con otros chicos
para evitar cegarse por algo que, aunque lo negara, creía imposible.
El día en que por fin se conocieron como debía ser, a pesar de no haber sido en las mejores
circunstancias, fue cuando los roles se invirtieron. Desde ese entonces Louis lo esperaba afuera
de todas sus clases para conversar por lo menos un rato, le llevó un pequeño (y adorable) detalle
en su cumpleaños, e incluso en un par de ocasiones se ofreció a llevarlo a casa después de la
escuela, aunque Harry nunca lo invitara a pasar. Él estaba decidido a no dejar ver que en
realidad, llevaba veintiocho meses muriendo en silencio por Louis, ocultando su enorme interés
en él, llegando al grado de voltear la cara en cada intento de beso robado, hasta que después de
un mes entero del mayor haciendo de todo para impresionarlo, logró que hiciera algo que Louis
nunca había al menos considerado con nadie: le pidió comenzar una relación formal.
Y se lo recordaba cada que podía a Kaya, su mejor amiga, la que nunca creyó cuando Harry en
sus momentos "poco cuerdos" le aseguraba que se quedaría con el corazón de Louis.
"Se la acabo de chupar al chico más popular del campus en el asiento trasero de su auto,
envídienme todos."