El está leyendo el periódico
Él - “Colegiala vejada por siniestro profesor de lenguas muertas…”. “Dos
actores son golpeados violentamente por público al terminar una mala función
en el teatro (---)…”. Bien hecho. “Una mujer estrangulada por un marido
furioso”… (presta más atención a este último y sigue leyendo). “Fue
encontrado ayer el cadáver de una bella mujer ultrajada cobardemente.
Presentaba huellas evidentes de haber sido estrangulada con el cordón de un
audífono de estéreo. La situación se presenta bastante confusa a pesar de su
sencillez. Estos son los hechos: a las 8:30 de la mañana, la mujer que hacía el
aseo en el departamento y que dice llamarse Antona, tocó repetida veces el
timbre. Al no abrirle nadie usó su propia llave y entró. Preguntó si había alguien
en la casa, para no importunar, y oyó una voz que le decía “Pasa, Antona…”.
Encontró al señor preparándose unas tostadas y en el dormitorio el cadáver de
la pobrecita. Las declaraciones que hizo el marido a la policía eran confusas…
(Él deja el diario y habla directamente al público. Se suelta el cuello de la
corbata y adopta el aire fatigado de un acusado en un interrogatorio
policial). Sí, yo la mate. Por lo menos, la persona que está tirada allí en el
dormitorio es la que yo maté. Y sé muy bien por qué lo hice. Ustedes habrían
hecho lo mismo al encontrar a un extraño adueñándose de su casa, desde el
pijama hasta el cepillo de dientes. ¿Saben ustedes?... Ella estaba en todas
partes. Inexplicablemente la encontraba en la mesa del desayuno, comiéndose
mis tostadas; la encontraba en la tina de baño; al afeitarme, en el espejo, me
encontraba su cara echándose crema o depilándose las cejas. La encontraba
al despertarme por las noches, en mi propia cama. Era algo irritante. Pero,
señoras y señores… ¿a quién maté? ¿A la mujer del espejo? ¿A la mujer que
encontraba algunas veces en mi cama y que se parecía tanto a la jovencita con
la que me casé hace diez años? ¿La mujer de la tina baño? ¿La mujer del
estéreo con música de rock? ¿La mujer que estaba empezando a enamorarme
ahora? ¿O, era simplemente “Esperanzada”, a quien había yo escrito a Correo
Central?... No lo sé. Los extraños me dan miedo y lo que estaba ocurriendo
ahora, como encontrar mi dentadura postiza dentro de la zapatilla de levantarse
de una desconocida, fue superior a mis fuerzas. Ustedes han visto: mis discos
de Gardel se llenaban de polvo porque ella se negaba a bailar tangos. Yo
puedo llorar horas enteras escuchándolos. Pero ella no. Ella sólo sufría con la
música de rock. ¿Y qué se puede hacer cuando una persona se pone
nostálgica con el bandoneón y la otra sólo con la guitarra eléctrica?... Y si dos
personas no pueden llorar juntas por las mismas cosas, ¿qué otra cosa pueden
hacer?... ¡Ustedes tienen la palabra, señoras y señores! ¡Pero recuerden que
todos, todos, (dirigiéndose al público) si, usted, y usted, el de primera fila,
todos, todos tenemos un cepillo dientes…!
Él se vuelve a sentar y anudar la corbata. Adopta el aspecto anterior,
despreocupado, casi sonriente. Toma el periódico y lee en voz alta e
indiferente.
Él - “Esas fueron sus declaraciones. La policía piensa que se trata de un típico
caso de crimen pasional. Se busca a una tercera persona, posiblemente
francesa. Mañana daremos más informaciones”. (Él deja el periódico). ¡Oh, lo
mismo de siempre…! Esta prensa sensacionalista se está poniendo cada vez
más morbosa. Es el veneno del pueblo… en la realidad, la vida es mucho más
aburrida.
Empieza a echar mermelada en una tostada. Se oye sonar el timbre de la
puerta del apartamento. Un silencio. Nuevamente el timbre en forma
insistente. Un silencio. Ruido característico de una llave en la cerradura y
luego el crujido de una puerta al abrirse. Pasos.
Una Voz - ¿Se puede?
Él - ¡Pasa, Antona, el cadáver está en el lugar de siempre!...