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Cuidados Paliativos

Los cuidados paliativos se centran en proporcionar confort y significado a la vida de los pacientes en fase terminal, evitando tratamientos que prolonguen el sufrimiento. Se enfatiza la importancia de la atención integral al paciente y su familia, así como la colaboración en equipo de profesionales para aliviar síntomas y brindar apoyo emocional. La filosofía de estos cuidados rechaza la eutanasia, promoviendo en su lugar el alivio del dolor y la dignidad en el proceso de morir.

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Temas abordados

  • cuidados paliativos,
  • equipo interdisciplinario,
  • alivio,
  • miedo,
  • cuidado emocional,
  • síntomas,
  • acompañamiento en la muerte,
  • cuidado humanizado,
  • respeto,
  • cuidado del enfermo
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Cuidados Paliativos

Los cuidados paliativos se centran en proporcionar confort y significado a la vida de los pacientes en fase terminal, evitando tratamientos que prolonguen el sufrimiento. Se enfatiza la importancia de la atención integral al paciente y su familia, así como la colaboración en equipo de profesionales para aliviar síntomas y brindar apoyo emocional. La filosofía de estos cuidados rechaza la eutanasia, promoviendo en su lugar el alivio del dolor y la dignidad en el proceso de morir.

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  • cuidados paliativos,
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  • alivio,
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  • cuidado emocional,
  • síntomas,
  • acompañamiento en la muerte,
  • cuidado humanizado,
  • respeto,
  • cuidado del enfermo

¿QUÉ SON LOS CUIDADOS PALIATIVOS?

Para que conozcan algo más lo que son los cuidados paliativos o lo
que es lo mismo, la medicina paliativa, les diré que estos cuidados
no tienen como objetivo alargar la existencia, sino contribuir a dar
confort y significado a la vida hasta la llegada de la muerte a su
momento. En este contexto es fácil razonar que toda una serie de
medidas obligatorias en la práctica de la medicina curativa, cuya
función es recuperar la salud, no lo serán en una enfermedad
terminal biológicamente irreversible, como pueden ser la respiración
artificial, los sueros, las sondas de alimentación, la reanimación
cardio-respiratoria, etc. Incluso, en algunos casos, estaría claramente
contraindicada la aplicación de supuestos tratamientos que puedan
producir sufrimiento al enfermo en fase terminal. Sería contrario a la
ética utilizar la Ciencia para prolongar la agonía.

Esta medicina procura ver simultáneamente a la persona que está


enferma para seguir a su lado, respetándola y cuidándola, y, a la
vez, ver su biología irremediablemente dañada para abstenerse de
acciones que no le van a reportar ningún beneficio.

Actualmente, los profesionales de la medicina disponemos de un


verdadero arsenal de analgésicos y otros tratamientos del dolor, de
la ansiedad… de modo que no tiene sentido justificar la eutanasia
por motivo del sufrimiento. La eutanasia creo que es innecesaria: los
enfermos en fase terminal no la necesitan, lo que necesitan es que
les aliviemos sus síntomas (su dolor, sus vómitos, su dificultad para
respirar…), que se comparta con ellos sus miedos, sus incertidumbres
y sus esperanzas; necesitan sentirse queridos, que no se les considere
una carga.

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Fundación San Juan de Dios
Los médicos podemos y debemos permitir la muerte de los enfermos
en fase terminal sin caer en la obstinación terapéutica, pero nunca
debemos provocar la muerte intencionadamente. La eutanasia no es
una técnica, no es un recurso de la medicina; la eutanasia expulsa a
la medicina, la sustituye. El enfermo desea que le curemos; si no lo
podemos hacer, que le cuidemos y le aliviemos hasta que llegue su
muerte a su tiempo; pero en ningún caso desea que le eliminemos.

Los profesionales asistenciales de cuidados paliativos estamos


convencidos de que cuando se consigue que el enfermo fallezca en
paz, con comodidad y que tanto él como su familia hayan recibido un
apoyo emocional adecuado, se llega a descubrir que dar alivio a las
molestias físicas y emocionales de una personas es tan importante
como curar.

La filosofía de los cuidados paliativos considera una serie de


principios básicos en la estrategia de cuidar que deseo compartir
con ustedes en este libro, para que comprendan que la dedicación
del tiempo que empleemos en acompañar a los enfermos incurables
que se están acercando al final de su vida es muy valiosa. El enfermo
va a valorar nuestra compañía, nuestra sonrisa, nuestro acercamiento
humano así como nuestra generosidad.

Los principios básicos de los cuidados paliativos son los siguientes:

1. La muerte es una etapa de la vida.


La preocupación por la muerte ha nacido con la humanidad, aunque
la forma de abordarla ha evolucionado a lo largo del tiempo. La
muerte conocida, serena y familiar ha llegado a ser, tras la Revolución
Industrial, la muerte prohibida, inaceptable y sucia. Los escasos
contactos con la muerte y los vertiginosos progresos de la tecnología
médica han creado una sensación de inmortalidad, o al menos, de
aplazamiento indefinido de la muerte.

Con estas actitudes, la muerte representa un tabú vergonzoso que


hay que esconder. Incluso, las continuas exhibiciones morbosas de
muertes violentas en los medios de comunicación contribuyen a una
negación como una realidad natural.

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¿Cómo cuidar a las personas en el proceso de morir?
Por otro lado, también se encuentra la angustia que la muerte
ocasiona en quienes rodean al moribundo. La gente se aparta física
y emocionalmente de ellos en un periodo en el que necesitan gran
ayuda para adaptarse a todas las pérdidas presentes y futuras.

El rechazo social de la muerte se refleja, igualmente, en los


profesionales, que la viven como un fracaso. Las pérdidas repetidas
de enfermos ocasionan frustración y ansiedad. Para poder ayudar a
un enfermo en situación terminal es imprescindible una profunda
reflexión personal sobre nuestra actitud ante la muerte. La aceptación
de la evidencia real de la muerte y el contemplarla en su lugar, en
la vida, son los primeros pasos para mejorar nuestro enfoque de la
enfermedad terminal. Para la medicina paliativa, el fracaso no radica
en la muerte, sino en la presencia de sufrimientos inútiles que podrían
haberse aliviado.

2. Siempre hay algo que hacer.


La idea de que no puede hacerse nada está desterrada de la medicina
paliativa. Con una continua atención al mínimo detalle siempre es
posible aliviar el sufrimiento de un enfermo moribundo. Un pilar
importante de esta medicina es un exquisito control de los síntomas
físicos del enfermo. Se debe tener en cuenta que los distintos
síntomas se interrelacionan entre ellos y que la vivencia personal de
su significado tiene gran influencia en su control.

Es bien conocido, por ejemplo, que el nivel del dolor aumenta con
el insomnio, la ansiedad, el miedo o el abandono social y disminuye
con la simpatía, la comprensión, la compañía y la relajación. En los
últimos años afloran con frecuencia situaciones de especial tensión
por la proximidad de la muerte.

Tener el conocimiento necesario para permitir la muerte es necesario


para evitar actos anticientíficos e inhumanos de obstinación
diagnóstica y terapéutica. Ello no significa abandono, al contrario, las
actuaciones de confort deben intensificarse durante la agonía.

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Fundación San Juan de Dios

3. El paciente es el principal protagonista.


La etapa terminal de una enfermedad representa para el enfermo una
experiencia única e individual. Un objetivo de la medicina paliativa es
la optimización de la calidad de vida. La cuestión radica en saber lo
que da valor a cada vida y eso sólo puede decirlo el propio enfermo.
Por eso, es necesario tiempo para escuchar y saber escuchar.

El enfermo no puede perder su precioso y escaso tiempo que le


queda intentando ser aceptado por el sistema, para ser “un buen
paciente”. Es la organización asistencial quien debe adaptarse a las
demandas cambiantes de cada enfermo y de un mismo enfermo en
distintos momentos. La relación con el enfermo moribundo va más
allá de lo que pueden indicar los protocolos de actuación.

El cuidador debe olvidar sus egos y aportar su imaginación y


sensibilidad para empatizar con el enfermo y transmitir compasión. El
enfermo escoge con sabiduría ancestral a los profesionales a los que
otorgará el privilegio de su cuidado, de participar en su importante
y último viaje. Se establece entonces una relación íntima entre dos
seres humanos mortales. Los profesionales tenemos la oportunidad
única de compartir con los enfermos sus mejores cualidades y
sentimientos, que afloran en las etapas finales. Son, como señala
Elisabeth Kübler-Ross, nuestros mejores maestros.

Tenemos la oportunidad de recoger sus enseñanzas y aplicarlas a


otros seres humanos, estableciendo una cadena interminable de
solidaridad. Son estos enfermos, que se mueren, los que nos enseñan
a vivir, a distinguir entre lo superficial y lo profundo.

4. La familia es coprotagonista.
La enfermedad terminal ocasiona un gran impacto emocional sobre
la familia, entendiendo por ésta el entorno más próximo del enfermo.
Cuando la naturaleza de la enfermedad es oncológica, la información
inadecuada, los mitos, la presencia de la muerte y la idea de un
sufrimiento inevitable crean una intensa atmósfera de angustia.
Continuamente recibimos ejemplos de la dedicación abnegada de
las familias a sus enfermos, del regalo de cuidar.

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¿Cómo cuidar a las personas en el proceso de morir?
La sociedad y los profesionales asumimos fácilmente que los
familiares deben ocuparse del cuidado de los moribundos.
Efectivamente, la mayor parte de los enfermos desean permanecer
y fallecer en su domicilio, en contacto con sus seres y objetos
queridos. No obstante, tenemos que reconocer que esta dedicación
representa una importante carga, tanto desde el punto de vista físico
como psicológico y económico. En ocasiones esta carga les parece
insoportable y nuestra misión no es juzgar sino encontrar soluciones.

La sociedad que anima al cuidado domiciliario tiene la responsabilidad


ética de facilitar recursos para ello. No se trata de “colocar” al
enfermo en su domicilio por las presiones de la falta o el coste de
las camas hospitalarias o residenciales. Los programas de cuidados
paliativos deben garantizar un óptimo nivel de atención en cualquier
momento y lugar donde se encuentre el enfermo. La inseguridad,
el miedo y la sensación de abandono sanitario crean gran angustia
a los familiares y precipitan los traslados al hospital en situaciones
caóticas. Es necesaria una gran dedicación para el apoyo durante el
duelo anticipado, el asesoramiento técnico, el refuerzo positivo de la
labor realizada y la resolución de conflictos.

La atención en el duelo forma parte de la práctica asistencial de la


medicina paliativa. El proceso comienza cuando a un familiar se
le comunica que existe una enfermedad incurable. Un objetivo
fundamental de los programas de duelo es el acompañamiento a lo
largo del proceso, permitiendo la expresión natural de emociones
y sentimientos. Cuando el enfermo ha fallecido en nuestra Unidad
tenemos la costumbre de enviar una carta a la familia en la que
expresamos nuestras condolencias, agradecemos y reconocemos la
ayuda que nos ha prestado para cuidar a su familiar hasta el final, y
nos ponemos a su disposición para todo lo que necesite a partir de
ese momento, tras la pérdida de su familiar.

La labor realizada con los familiares tiene la importancia adicional de


prevenir el sufrimiento futuro y de extender a la sociedad la filosofía
de los cuidados paliativos. Es además un privilegio emocionante
recibir el generoso agradecimiento de los familiares de un enfermo
que ha fallecido y poder establecer con ellos lazos permanentes de
autenticidad y de respeto.

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Fundación San Juan de Dios

5. El trabajo debe hacerse en equipo.


Todos los profesionales tenemos la responsabilidad de contribuir
al alivio de los enfermos moribundos a los que atendemos. Resulta
evidente que una persona sola sería incapaz de abordar las acciones
terapéuticas intensivas que requieren los enfermos moribundos. La
solución es el equipo interdisciplinario en el que varios profesionales,
cada uno en su especialidad, trabajan por un objetivo común: el
bienestar del enfermo.

El enfermo en su fase final necesita de todos los miembros del equipo:


la enfermera y la auxiliar que le curan, le asean y le cambian las sábanas
todos los días para que estancia en la cama sea menos molesta, le
administran la medicación que le va aliviar sus síntomas molestos;
las empleadas de la limpieza que van a hacer que su habitación,
donde va a pasar sus últimos días, esté confortable; el psicólogo que
trata de ayudarle con sus propios recursos a resolver sus cuestiones
pendientes y a asumir su enfermedad, y además ayuda a la familia del
enfermo y a cada uno de los miembros del equipo, ya que atender
a estos enfermos puede provocar ciertos síntomas del síndrome
de estar quemado (burnout) que son precisos superar para poder
continuar realizando nuestro acompañamiento y nuestros cuidados;
la trabajadora social que le ayuda al enfermo y a su familia a arreglar
esos papeles que tenía aún sin concluir; el sacerdote o el agente
pastoral, que resuelve sus necesidades espirituales y le reconforta en
ese momento trascendental para el enfermo; el médico que controla
sus síntomas y coordina a todos los miembros del equipo para que
la ayuda que le proporcionemos sea más eficaz y que, además, es su
referencia en todo lo concerniente a su enfermedad; los voluntarios
que alivian los momentos de soledad del enfermo, que condicionan
tanto su calidad de vida, y en los que el enfermo verá la presencia de
sus hijos o sus familiares que no nos acompañan porque no están
presentes o porque no se interesan por ellos.

Para el enfermo, de los profesionales es su humanidad lo que más


necesitan, su acercamiento humano, porque la Ciencia ya no les va
evitar una muerte próxima. Todos vamos a ser necesarios, pero será
el enfermo quien va a valorar la importancia del papel de cada uno.

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¿Cómo cuidar a las personas en el proceso de morir?
Durante toda nuestra vida hemos realizado todos los intentos
posibles, unas veces consiguiéndolo y otras veces no, por respetar al
ser humano que estaba junto a nosotros. Pues bien, cuando estamos
junto a una persona tan vulnerable, tan frágil, como es un enfermo
en la fase final de su vida, ese respeto deberá ser exquisito. Si no
queremos equivocarnos, hagamos a los demás lo que quisiéramos
nos hicieran a nosotros si estuviéramos en su misma situación.

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Common questions

Con tecnología de IA

Palliative care principles redefine the role of medical professionals by shifting the focus from curing to providing comfort and quality of life at the end of life. They emphasize relieving pain, managing symptoms, and supporting emotional needs, rather than prolonging life artificially. These principles advocate against therapeutic obstinacy and instead promote a holistic approach that views the dying process as a natural life stage, requiring compassionate support rather than medical intervention aimed at curing . They also stress the importance of teamwork, ensuring all healthcare providers contribute to the patient’s comfort . Additionally, palliative care principles insist on the importance of the patient's and their family's emotional and psychological involvement in the process .

The patient's role is emphasized as central in palliative care to ensure the care provided is aligned with the individual's needs, values, and preferences, thereby enhancing their quality of life. Palliative care recognizes the terminal phase as a unique and personal experience, where the patient's perspective on what gives their life value is paramount. This focus empowers patients to make decisions about their care and fosters a sense of agency, which is critical in maintaining dignity and personal meaning when facing end-of-life circumstances . It requires healthcare providers to be adaptable and responsive to changing needs, ensuring care is tailored to the individual’s desires and comfort rather than adhering strictly to medical protocols .

Palliative care practices address the psychological and emotional needs of terminally ill patients by providing thorough support, fostering open communication, and creating an environment where patients can express fears, concerns, and hopes. Supportive communication strategies, such as active listening and empathy, help patients articulate their feelings and receive reassurance. Counseling from psychologists and spiritual advisors aids in processing emotions and finding closure or peace with life circumstances. Palliative care teams also emphasize the importance of maintaining personal relationships and family involvement, ensuring patients feel loved and supported, thus reducing feelings of isolation and anxiety .

The concept of teamwork in palliative care improves patient outcomes by bringing together a multidisciplinary team to address the complex needs of patients during the end-of-life phase. Each team member, including doctors, nurses, social workers, psychologists, and spiritual advisors, contributes their expertise to manage pain, provide emotional support, and assist with practical matters. This collaborative approach ensures comprehensive care, allowing for effective symptom management and emotional support, leading to better patient satisfaction and quality of life . Additionally, teamwork helps in handling family dynamics and education, easing the burden on individual caregivers and enhancing overall care .

Palliative care challenges societal perceptions of death and dying by reframing death as a natural and inevitable part of life, not as a medical failure. It promotes acceptance and preparation for death, opposing the modern tendency to hide or deny it. Palliative care practitioners work to demystify and normalize discussions about dying, advocating for comfort and dignity over the extension of life at all costs. They encourage open dialogues about end-of-life wishes and priorities, which contrasts with the common view that associates death with shame and failure . Moreover, by focusing on quality of life and emotional support, palliative care emphasizes the value of life’s final stages, thereby shifting perceptions toward seeing them as meaningful periods for reflection and closure .

Palliative care specialists play a crucial role in preventing burnout among healthcare providers through several strategies. They encourage a multidisciplinary team approach, sharing the burdens and responsibilities of care to prevent individual overload and stress. By fostering open communication within teams, palliative care creates a supportive environment where professionals can discuss challenges and seek solutions collaboratively. Specialists often implement regular educational sessions and debriefings that allow staff to process difficult emotions and experiences, minimizing the emotional toll of working with terminally ill patients . They emphasize self-care and mental health resources to ensure that caregivers maintain resilience and continue providing compassionate care . Additionally, recognition of the importance of their roles and the value of their work boosts morale, reducing feelings of isolation that can contribute to burnout.

Withholding life-prolonging treatments in palliative care involves ethical considerations centered around the principles of autonomy, beneficence, and non-maleficence. Ethically, palliative care prioritizes respecting the patient's autonomy by aligning medical interventions with their wishes, especially when treatments may not provide significant benefits. The principle of beneficence calls for actions that improve the patient's comfort and quality of life. In contrast, non-maleficence requires avoiding interventions that cause unnecessary suffering or extend pain without meaningful improvement in quality of life. Palliative care views prolonging life through aggressive treatment as potentially contradictory to these ethical principles if it prolongs the process of dying without improving patient wellbeing .

The family is recognized as a co-protagonist in the palliative care process as their involvement is critical in providing emotional and practical support for the patient. Palliative care acknowledges that a terminal illness affects both the patient and their closest loved ones, impacting dynamics and emotional states. The family plays a crucial role in shared decision-making, supporting the patient’s daily care, and being present during significant moments. Palliative care programs often involve families in the care process through education, emotional support services, and counseling to help them cope with anticipatory grief and eventual loss, acknowledging their emotional and psychological burdens . This support is crucial in ensuring a holistic approach to care that considers the emotional wellbeing of both patient and family .

Palliative care incorporates symptom control to improve the quality of life for terminal patients by meticulously managing pain, nausea, breathlessness, and other distressing symptoms. This is achieved through a range of medical interventions, including advanced analgesic techniques and medications tailored to individual needs, intended to provide relief without heavy sedatives that might impair the patient's cognitive function. Effective symptom management allows patients to remain comfortable and retain as much independence as possible, facilitating a dignified experience during the end-of-life phase . Additionally, by addressing the interconnectedness of physical and emotional symptoms, such as anxiety or depression, palliative care ensures comprehensive relief and supports emotional wellbeing .

The fundamental differences between palliative care and traditional curative medicine lie in their primary goals and approaches. While curative medicine aims to eliminate diseases and extend life, palliative care focuses on enhancing the quality of life of patients with terminal illnesses by managing symptoms and providing emotional and psychological support. Palliative care does not strive to extend life at any cost and instead seeks to ensure that the patient's remaining time is as comfortable and meaningful as possible, which can involve foregoing aggressive treatments that may cause additional suffering .

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