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Sanación Interior

La sanación interior implica pedir a Jesús que nos libere de las heridas del pasado, comenzando por identificar y sacar a la luz esas heridas a través de la reflexión y el diálogo. La oración es un componente clave en este proceso, donde se pide a Jesús que cure las heridas y llene los vacíos emocionales con su amor. La imposición de manos puede ser beneficiosa, pero no es necesaria para la sanación, que se logra a través de la fe y la conexión con Dios.
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Sanación Interior

La sanación interior implica pedir a Jesús que nos libere de las heridas del pasado, comenzando por identificar y sacar a la luz esas heridas a través de la reflexión y el diálogo. La oración es un componente clave en este proceso, donde se pide a Jesús que cure las heridas y llene los vacíos emocionales con su amor. La imposición de manos puede ser beneficiosa, pero no es necesaria para la sanación, que se logra a través de la fe y la conexión con Dios.
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SANACIÓN INTERIOR

Sanación interior es pedir a Jesús retroceder al tiempo en que fuimos heridos, para que ahora nos
libere de ello. Esto implica dos pasos:

Sacar a la luz las cosas que nos han herido. Conviene hacerse ciertas preguntas que generalmente
nos revelan las heridas básicas por las que debemos orar:

(1) ¿Cuándo comenzó todo esto? O también: ¿fue una niñez feliz? Muchas de las heridas más
profundas se remontan a los primeros 2 o 3 años de vida, o sea, al tiempo en que fuimos más
vulnerables y menos capaces de defendernos a nosotros mismos. Pero también es verdad que
algunos han recibido sus heridas posteriormente en la escuela, en algunas experiencias sexuales
desdichadas, etc.

(2) ¿Qué fue lo que causó la herida? Muchas veces ya la respuesta a la primera pregunta revela las
razones de las viejas heridas. Muchas de ellas arrancan de algún rechazo o alguna relación rota.
Particularmente importantes son nuestras relaciones con los padres. Si la madre no acarició lo
suficiente al niño, si el padre regresaba del trabajo cansado y apenas hablaba con el niño o lo
castigaba duramente, si había demasiados niños para una madre enfermiza y no tuvo tiempo de
demostrarles afecto, o si uno de los padres falleció siendo todavía pequeño el niño. Todas estas
penosas experiencias dejan heridas que afectan profundamente los sentimientos básicos de la
persona.

Eso se logra mejor al dialogar con otra persona; incluso el hablar del problema constituye ya un
proceso de curación.

Orar al Señor para que nos cure de esas heridas. Si alcanzamos a recordar cómo y por qué
comenzó todo, entonces pedimos a Jesús que nos acompañe al pasado. Él, como Señor del
tiempo, es capaz de hacer lo que nosotros no podemos. Él puede curar esas heridas del pasado
que todavía nos hacen sufrir, a veces en forma inmediata.
Después de haber orado por la sanación de la herida, aspecto negativo de la curación, podemos
pedir al Señor que llene en forma positiva la vida nuestra de todo lo que estábamos echando de
menos.

Dado que tenemos una necesidad tan profunda de amor, la conclusión de la oración de sanación
interior es, por lo general, llenar del amor de Dios todos los ámbitos vacíos de nuestro corazón.

La curación interior da tanta paz y alegría a las personas, que es una pena que sean tan pocos los
que entiendan y practiquen esta clase de oración.

Así de manera sencilla, podemos decir que ponemos la purificación del subconsciente en manos
del Señor pidiéndole que Él cure las heridas.

Unas palabras sobre la imposición de las manos. No es necesario para la curación. Sin embargo,
esta práctica que ya encontramos en el Nuevo Testamento, tiene sus ventajas. Parece que algo,
como una corriente de energía curativa fluye del ministro a la persona enferma, una transferencia
de poder vivificante. Además, la preocupación y el amor se comunican mucho mejor por el tacto
que por la palabra; existe una sensación profunda de comunión y de amor en la imposición de
manos.

Oración para sanación interior


Y ahora les quiero hacer una sugerencia. Les voy a entregar una oración para sanación interior que
hace algún tiempo cayó en mis manos. La idea es, rezarla personalmente, en forma meditativa y
con fe sencilla, en un momento de gran paz y serenidad, frente al Señor, a lo mejor en un
Santuario.

Parece que esta clase de oración tiene generalmente una respuesta perceptible. Aunque tal vez la
curación sea progresiva y necesite de varios intentos, quiere decir, rezar esta oración de sanación
interior varias veces. Pero antes de rezarla tendrían que haber reflexionado y trabajado
seriamente sobre sus heridas interiores o impresiones no digeridas del subconsciente.

ORACIÓN PARA SANACIÓN INTERIOR

(Busca un lugar donde puedas estar en silencio, donde nadie te interrumpa. Ponte cómodo. Ve al
Señor en actitud de humildad y confianza).

(Entra en la oración de la manera que te sientas movido a hacerlo. Ya que la curación es un


proceso progresivo, esa oración no solucionará todos tus problemas. Nunca podremos llegar a
decir que ya acabaron los problemas, que todos los recuerdos han sido curados, pero podemos
quitar del camino toda barrera que nos impida estar sanos y saludables. La curación interior se
habrá llevado a cabo cuando un suceso del pasado no tenga ya poder para herirnos - cuando lo
podamos recordar sin tristeza, vergüenza o sentimiento de culpa. Entre en presencia de Dios).

Señor,
Tú puedes volver atrás conmigo y caminar conmigo a través de mi vida desde el momento que
fuera concebido.

Ayúdame, Señor, aun entonces: límpiame y líbrame de todo lo que pudo causarme dificultades en
el momento de mi concepción. Tú estabas presente en el momento que fui formado en el vientre
de mi madre. Líbrame y sáname de cualquier ataduras en mi espíritu que hayan podido llegarme
por mi madre o las circunstancias de la vida de mis padres aún cuando tomaba forma. Por esto, te
doy gracias.

También te alabo, Jesús, porque además me estás sanando del trauma de nacer. (Muchas de
nuestras madres tuvieron partos largos y dolorosos cuando nacimos, y esto tiene un efecto en la
criatura). Te pido, Señor, que me cures del dolor de nacer y de todo lo que sufrí al nacer. Te doy
gracias, Señor, porque Tú estabas allí para recibirme en tus brazos cuando nací. Conságrame en
ese mismo momento al servicio de Dios. Gracias, Jesús, porque esto se ha hecho.
Señor Jesús, te alabo porque en esos primeros meses de mi infancia tú estabas conmigo cuando te
necesité. (Hay muchas personas que necesitaban más amor del que recibieron de su madre,
porque fueron separados por circunstancias que no pudieron evitarse. No recibieron el amor que
les hubiera ayudado a sentir fuerza y estabilidad).

Hubo veces que necesité que mi madre me acunara en su pecho y me meciera y me contara
cuentos infantiles como solamente sabe hacerlo una madre. Señor, hazlo Tú en lo más profundo
de mi ser. Envíame a tu madre, María, para que me estreche en su regazo, me dé calor y me haga
todo lo que una madre hace para brindarle a su hijo ternura y seguridad. Déjame sentir su amor
maternal tan conmovedor, confortante y profundo que nada ya pueda separarme de ese amor
otra vez. Te doy gracias y te alabo. Señor, porque sé que ahora mismo estoy cobijado en los brazos
de tu madre y en los tuyos.

(También hay personas que necesitaron más del amor paternal en sus vidas). Por cualquier razón
que me haya sentido descuidado, rechazado, Señor, llena esa parte de mi ser con un profundo
amor paternal que sólo viene de un padre. Aunque yo no esté consciente de haber necesitado
unos brazos fuertes y un "papito" que me amara y me diera seguridad y apoyo, dámelo Tú ahora.
Gracias, Señor, porque esto también lo estás haciendo.

(Según crecíamos, algunos de nosotros pertenecíamos a familias donde no había mucho tiempo
para nosotros como individuos). He llegado a entender y a aceptarlo, pero una parte de mi ser en
realidad nunca se sintió completa, nunca se sintió verdaderamente querida. Te pido hoy una
curación de ese sentimiento. Señor, hazme saber que soy tu hijo, una persona importante en tu
familia, un ser único que amas de una manera muy especial.

Cúrame, Señor, las heridas causadas por las relaciones con mi familia, el hermano o hermana que
no me entendía del todo o que no me demostraba amor y bondad debidamente. Una parte mía
nunca se sintió amada por eso. Déjame ahora alcanzar en perdón a ese hermano o hermana.
Quizás a través de los años, nunca he podido aceptarlos porque nunca me sentí verdadera¬mente
aceptado por ellos. Dame un gran amor por ellos. Así que la próxima vez que los vea haya tanto
amor que todo lo viejo habrá pasado. Me habrás renovado. Te doy gracias por eso, Señor.

(Según crecíamos, el primer trauma real en nuestra vida pudo haber sido cuando fuimos a la
escuela por primera vez. Esa fue la primera vez que nos ausentábamos del hogar y todo lo que ello
representaba. Para algunos de nosotros que éramos muy sensibles, que éramos tímidos,
inseguros, esto fue difícil; - quedarnos con aquella maestra extraña, con compañeros extraños, en
un lugar extraño).

Señor, de veras nunca me recuperaré de esa experiencia, porque había cosas que esperaban de mí
y cosas que me herían mucho. Hubo maestras intratables y niños que no me mostraban amor o
comprensión.

Te pido, Señor, que me sanes de todos esos años que pasé en la sala de clase, que me quites todo
el dolor y sufrimiento que recibí en ese tiempo. Me retraje en ese entonces, Señor, y empecé a
sentir miedo de hablar en grupos porque me habían ridiculizado, castigado, criticado en la escuela.
Dejé de hablar porque era demasiado doloroso. Señor, te pido que abras la puerta de mi corazón.
Déjame relacionarme en grupos de una manera más abierta y libre de lo que he podido hasta
ahora. Según se lleva a cabo esta curación, tendré la confianza y el valor de hacer lo que me pidas
en toda situación. Gracias, Señor, porque creo que estás sanándome ya.

Señor, cuando entré en la adolescencia, empecé a experimentar cosas que me asustaron, me


avergonzaron y me causaron dolor. Nunca he podido sobreponerme del todo a algunas
experiencias que tuve cuando me estaba conociendo a mí mismo, lo que significa ser persona. Te
pido, Señor Jesús, que sanes todas las experiencias que tuve como adolescente; las cosas que hice
y que me hicieron y de las que nunca he sanado. Entra en mi corazón y quita todas las experiencias
que me causaron sufrimiento o vergüenza. No te pido, Jesús, que borres esto de mi mente sino
que lo transformes de manera que pueda recordarlo sin vergüenza, con acción de gracias.

Hazme comprender por lo que hoy están pasando los jóvenes, porque yo mismo también he
pasado por ello: esa época de búsqueda y conflicto. Según me voy sanando, déjame ayudar a otros
a encontrar la curación.

Señor, al salir de este período de mi vida, y al empezar a crecer en la vocación a que me llamabas,
tuve dificultades. (Algunos fuimos llamados a ser esposos y esposas, algunos fuimos llamados al
celibato, otros escogieron la soltería o ahora son viudos o divorciados. Ha habido dolor, ha habido
sufrimientos; no hay carrera alguna en la tierra que no conlleve dificultades de ajuste, problemas
que necesitaban curarse en la vida privada). Te pido, Jesús, que me cures en el estado de vida que
me encuentro hoy, y todo lo que eso ha significado para el mundo que me rodea.

(Esposos y esposas tienen cosas del pasado que se interponen en sus relaciones, heridas y
sufrimientos que solamente pueden existir entre quienes tratan de vivir juntos y conocerse en una
situación muy íntima). Señor, sáname de estas cosas. Haz que mi matrimonio empiece a ser de
nuevo lo que Dios quiere que sea. Toma en tus manos todas las heridas y sufrimientos del pasado,
para que desde ahora en adelante este matrimonio sea limpio y de nuevo tan libre y tan sano
como sea posible.

Gracias, Padre, que mediante esta curación podemos llegar a ser la clase de marido y mujer que Tú
pides que seamos.

(Los sacerdotes, religiosas y religiosos han tenido heridas que los han alejado de Jesús en vez de
acercarlos a Él). Señor, ayúdame a sentir tal calor y fortaleza de amor en mí que nunca jamás dude
yo, si el camino que sigo es al que me has llamado. Dame valor y confianza en la obra que me has
llamado a hacer. Llévame adelante con propósito y metas nuevas. Gracias, Padre, porque sé que
estás haciéndolo.

(La gente soltera que se han sentido llamados a esa vida, siguen los pasos de Jesús con un dolor y
sufrimiento que sólo Dios conoce). Me he sentido solo y en ocasiones, abandonado y totalmente
rechazado por el resto de la humanidad. Señor Jesús, lléname hoy de un nuevo sentido de
fortaleza y propósito. Hazme comprender lo que has puesto en mi corazón. Déjame ser un
testimonio vivo de Jesucristo. Te doy gracias, Padre, porque sé que estás haciendo esto.

Según siento la unción de tu amor, te glorifico, Señor, porque sé que está hecho. Señor, no hay
poder en el cielo y la tierra que pueda impedirlo. Te alabo, Señor, porque sé que mientras más te
entrego, dándote gracias y alabándote por ello, más me das la fortaleza de tu presencia, el poder
de tu espíritu, el amor de tu Divino Hijo. Te alabo, Jesús, por esta curación y te glorifico. Gracias.
Amén.

(Ahora permanece en silencio unos diez minutos. Deja que el Espíritu de Dios complete la obra de
curación en ti. Vacía tu corazón de todo lo que no es de Dios. Deja que Dios vuelva a llenarlo con
su Amor).

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