METEORISMO ESPUMOSO O EMPASTE
Ing. Gustavo Giménez*. 2007. Proyecto Lechero, Centro Regional Santa Fe, INTA.
*Agencia de Extensión del INTA Roldán, Santa Fe.
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COMBINAR Y CONTROLAR
Se lo conoce desde hace muchísimo tiempo, pero la gama de tecnologías adoptadas a partir de los años
noventa, propició que las ventajas obtenidas con el uso de alfalfas de baja latencia invernal, la mayor producción y
aprovechamiento del pasto y la dinamización del esquema de pastoreo rotativo racional, se ligaran a una mayor
frecuencia de observación de cuadros, tanto en rodeos de carne como de leche.
El empaste es un problema complejo y no tiene soluciones mágicas. Conocer la gran cantidad de factores que
intervienen en su aparición, las formas de prevención, manifestaciones, ventajas y desventajas que proporciona
cada tecnología según su oportunidad de uso, son las claves para llegar a ser más eficientes en su control.
Se trata de un trastorno digestivo debido a la anormal acumulación de gases en el rumen o panza, ocasionado
por la formación de espuma de alta tensión superficial, estable, que bloquea la eliminación de gas a través del
cardias, inhibiendo la eructación, y que genera presión suficiente para distender la pared y reducir la motilidad
ruminal. Este proceso afecta los normales mecanismos respiratorios y circulatorios, llegando a provocar en
muchos casos, la muerte.
CAUSAS MÚLTIPLES
Si bien se desconoce su etiología exacta, se sabe que numerosos factores interactúan en su manifestación.
Ambientales:
Si bien los factores climáticos, temperatura, humedad, vientos, presión atmosférica inciden, los casos se dan en
condiciones disímiles: días lluviosos, despejados y secos, nublados y húmedos, fríos y ventosos, cálidos y
ventosos, etc. (Ferrari, O., 1996). Humedades relativas altas (p.e. lluvias, rocío) permiten un incremento en la
turgencia de las células vegetales que facilita su ruptura por masticación y rumia, conduciendo a una rápida
liberación de los compuestos espumógenos, aumentando la velocidad de fermentación y la producción de gases
dentro del rumen. Con las heladas ocurre algo similar, ya que al congelarse el agua intracelular, se facilitan las
rupturas en las paredes de las células vegetales.
Condiciones de baja presión atmosférica se constatan en días con vientos cálidos (del sector norte). Aquí, el
equilibrio se desplazaría a favor de una expansión de la cavidad digestiva y pequeñas variaciones en la
acumulación de gases aumentarían la susceptibilidad al trastorno (Castillo, A. y Gallardo, M., 1990).
Animales:
Por lo general se acepta que las razas lecheras son más susceptibles que las de carne; pero también existen
diferencias entre animales de la misma raza (INTA, 1987), que se derivan del consumo, producción y secreción de
saliva, contenido de mucina y condiciones del medio interno relacionadas con el volumen de los contenidos
ruminales. Algunos estudios hablan de una máxima estabilidad en la espuma del medio ruminal cuando tiene
temperaturas inferiores a 37º C (Gorosito, R., 1994), y un pH marcadamente ácido (Moate, P., 1998).
Pastura:
El empaste ocurre en los planteos pastoriles, con bases forrajeras constituidas por leguminosas. Aunque está
muy difundida la idea de su aparición en animales sobre praderas con más de un 50% de su composición total en
leguminosas, hay reportes de casos con porcentajes no superiores al 25- 30% en la composición botánica de la
mezcla. (Ferrari, O., 1996)
Se ha enfocado como compuestos meteorizantes a saponinas, pectinas y hemicelulosas; pero hay evidencias de
que es necesaria una correlación positiva de mecanismos para que el empaste se desencadene. Una fracción
proteica en citoplasma (la proteína 18- S) al exceder el 1,8% como proporción de la materia seca, permitiría
catalogar a la especie como “timpanizante” (Gorosito, R., 1994). De todas maneras, las proteínas solubles son
macromoléculas localizadas intracelularmente que deben llegar al medio ruminal para desarrollar su acción
espumógena. Dado que son incapaces de atravesar la membrana celular intacta, la lisis de las células foliares
(mecánicamente, o por acción microbiana) es un evento central para la ocurrencia del proceso (Latimori, N. y
otros, 1994).
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Tabla Nº 1: Nivel de Proteína 18-S
Sp. % de la Materia Seca (promedio) % del total de la proteína (promedio)
Alfalfa 5.3 35
Trébol Rojo 3.9 31
Lotus corniculatus 0.5 5
Fuente: Rev. Super Campo, Octubre 1994, pp 32.
Como se ve en la Tabla Nº 1, Lotus corniculatus es una leguminosa de bajo nivel timpanizante, ya que su nivel
de 18- S es de 0,5%. A su vez, tiene alto contenido de taninos, compuesto que al formar complejos insolubles con
las proteínas del forraje, retarda su degradación, incrementando el periodo de masticación y secreción salival,
estimulando la espumólisis, disminuyendo así, el riesgo. Lo mismo pasa con otras Loteas, como tenuis,
pedunculatus, subbiflorus, y también con leguminosas tropicales (raramente señaladas como causantes de la
disfunción), como Lespedeza stipulacea y Lotononis bainesii.
La planta joven, en estado vegetativo, en rápido crecimiento, tierna, tiene mayor capacidad de empaste que la
madura, ya florecida; aunque en el caso de plantas “muy pasadas” se debe considerar que la existencia de un
rebrote basal, tierno, puede ser peligroso.
ESCALA DE 5
Este proceso lleva al animal por una transición, que se inicia con un estado de nerviosismo, en el cual tiende a
moverse más, esforzándose por defecar y eliminar gases, y puede culminar con el desenlace fatal, generalmente a
raíz de un paro cardio-respiratorio.
Existe una Escala de uso internacional que describe 6 puntos:
0. Normal
1. Ligera timpanización: leve distensión (hinchazón) del flanco izquierdo.
2. Timpanización moderada: creciente distensión del flanco izquierdo (situación del rumen), y leve en el
flanco derecho.
3. Timpanización severa: consiste en una hinchazón generalizada, visible en ambos lados del animal, quien
defeca y orina con una frecuencia anormal.
4. Timpanización peligrosa: durante el proceso, la compresión del diafragma disminuye la capacidad
pulmonar, el animal ya tiene serios problemas para respirar, se muestra angustiado, intentando patearse el
vientre. Regurgita como puede el alimento, mueve violentamente la cola.
5. Tratamiento o muerte: empeora el cuadro, aumentando la concentración de toxinas en el organismo, e
incrementándose las frecuencias cardíaca y respiratoria, llevando al individuo a echarse, mover las patas,
hasta la ocurrencia del deceso.
MEDIDAS SIN RECETAS
El INTA, a través de comunicados de prensa, ya en el año 1987 hacía hincapié en la necesidad de “aprender a
convivir con el empaste”, y en “buscar la forma para prevenir”, antes que en el uso de tratamientos drásticos
(trócar, punción o “chuceado”). En este sentido, cabe convenir en que NO EXISTE UN MÉTODO O RECETA
ÚNICA, que por sí solo permita el control con absoluta eficiencia, por eso no deberíamos basar nuestra suerte y la
del animal en un solo producto, sino emplear un paquete de medidas complementarias para minimizar los riesgos.
En este paquete la consideración pasa por:
A. Productos comerciales: el espectro de opciones va desde las promocionadas alfalfas antiempaste, agentes
antiespumantes en el agua de bebida, en la ración, o asperjados sobre la pastura, bolos intraruminales de
liberación lenta, sales de magnesio inyectables. (En el caso de los tensioactivos y antiespumantes, según su
origen químico, podemos clasificarlos en grasas y aceites vegetales y minerales, detergentes iónicos, siliconas,
plurónicos, detergentes alcohol etoxilados.)
B. Medidas de Manejo: Los primeros pueden combinarse con pautas que apunten a:
a. Evitar estados de stress (por corridas, arreos con perros, gritos y golpes), ya que se interrumpe la rumia
normal.
b. Evitar el ingreso de un animal hambreado a la pastura, pues en esta condición, la producción de CO2 en el
rumen es mayor que en animales saciados (Waghorn, G., 1991). Una forma de lograr esto puede ser la
implementación de un Pastoreo “Buffer”, ofreciendo fibra (heno) y silo previo ingreso a la pastura, para
promover salivación, motilidad ruminal, reducir el consumo y la velocidad de fermentación de los
compuestos meteorizantes.
c. Vigilar permanente tanto sobre los animales (en el potrero y después de retirarlos), como de la variación de
la composición botánica del lote y su estado fenológico, del estado del eléctrico (líneas, carga de la batería,
funcionamiento del boyero), el cierre de las tranqueras, etc.
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d. Clasificar la hacienda, de manera que no pastoreen juntos animales mochos y astados, grandes y chicos,
machos y hembras, evitándose problemas por dominancia en el pastoreo.
e. Reducir el potencial de empaste de la pastura, a través de procedimientos químicos o físicos. Entre los
primeros, la aplicación de desecantes entre 48 y 72 hs previas al ingreso al potrero. Según estudios de
INTA Venado Tuerto, Paraquat a bajas dosis, con caudales de 80- 100 Lt/ Ha producen un desecamiento
parcial del forraje previo al pastoreo (Correa Luna, M. y otros, 1993). Entre las opciones físicas, prácticas
sugeridas pueden ser el corte de la franja a consumir, dejándola orear para que pierda el exceso de humedad
(hasta quedar en un 40- 50% MS)- lo cual puede llevar entre 1 y 4 días o más-; o bien aumentar la presión
de pastoreo a partir de un incremento de carga animal, o con parcelas más pequeñas, de manera que el
animal no “despunte” o elija.
A modo de ejemplo, el Ministerio de Agricultura y Pesca de Nueva Zelanda reflexiona. “Mientras que se
puede usar un método menos confiable en condiciones de empaste leve, deben emplearse métodos más confiables
para casos de meteorismo severo. …tratar el agua de bebida, mientras que los tratamientos individuales
(drenching) y la pulverización de las pasturas se pueden aplicar durante períodos de peligro cuando el tratamiento
en los bebederos no controla totalmente el empaste…”
Hasta aquí, las pautas teóricas recomendables. Sin duda alguna se trata de un problema central ya que en una
pradera, los animales se empastan constantemente. Sin llegar a la mortandad, existen pérdidas en la eficiencia del
uso de la pradera en determinada época del año, y sobre el rumiante por caídas en el peso vivo, en la producción
de leche, sea por el empaste en sí mismo o por el continuo retiro de los animales de la parcela en cuestión.
Si se ha tenido que punzar un animal, éste se atrasa en su evolución, y algunas veces se producen infecciones y
bicheras, o daños en órganos vecinos que igualmente desencadenarán en muertes.
En general, la excesiva confianza lleva a que las estrategias de prevención recién se inicien cuando se han
producido los primeros casos, que a su vez deben ingresar a tratamiento. El nerviosismo lleva a tomar medidas
apuradas, que pueden tener o no los resultados esperados, pues “un método elegido puede ser de utilidad en
afecciones moderadas de empaste, pero no en las severas” (Lean, I., 1998), y la solución “mágica” no existe.
Lo importante es no perder la calma, y una vez elegida la combinación de métodos, evaluar si las condiciones
generales ayudan a su implementación (si se eligen bloques para lamer, asegurarnos que los animales los
consuman; si se aplican bolos, tener la seguridad de que no se los regurgitaron; si se aplica el antiespumante en el
agua de bebida, considerar que en días de lluvia, el consumo de líquido se reduce; si se asperjan desecantes para la
pastura, que el ambiente no sea en extremo seco).
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