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Tres Ensayos

El documento presenta una exploración de las aberraciones sexuales según Freud, clasificando las desviaciones en relación al objeto y la meta sexual. Se discuten conceptos como la inversión sexual, las perversiones y la sexualidad infantil, enfatizando la influencia de factores innatos y adquiridos en el desarrollo sexual. Además, se analizan las pulsiones y su relación con las zonas erógenas, así como la importancia de la amnesia infantil en la formación de inhibiciones sexuales.
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Tres Ensayos

El documento presenta una exploración de las aberraciones sexuales según Freud, clasificando las desviaciones en relación al objeto y la meta sexual. Se discuten conceptos como la inversión sexual, las perversiones y la sexualidad infantil, enfatizando la influencia de factores innatos y adquiridos en el desarrollo sexual. Además, se analizan las pulsiones y su relación con las zonas erógenas, así como la importancia de la amnesia infantil en la formación de inhibiciones sexuales.
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●​ TEXTO: TRES ENSAYOS DE LA TEORÍA SEXUAL – FREUD, Sigmund

ENSAYO 1: Las aberraciones sexuales


Llamamos objeto sexual a la persona de la que parte la atracción sexual y meta sexual a la
acción hacia la cual esfuerza la pulsión.

1-​ Desviaciones con respecto al objeto sexual………………………………..​

●​ La inversión:

- Invertidos absolutos: el objeto sexual tiene que ser de su mismo sexo, mientras que
el sexo opuesto nunca es para ellos o que toda añoranza sexual. El sexo opuesto
les provoca repugnancia, lo que los incapacita para ejecutar el acto sexual normal

- Invertidos anfígenos (hermafroditas psicosexuales): su objeto sexual puede


pertenecer tanto a su mismo sexo como al otro; la inversión no tiene entonces el
carácter de la exclusividad.

- Invertidos ocasionales: bajo ciertas condiciones exteriores, entre las que


descuellan la inaccesibilidad del objeto sexual normal y la imitación, pueden tomar
como objeto sexual a una persona del mismo sexo y sentir satisfacción en el acto
sexual con ella.

Concepción de la inversión: la primera apreciación de la inversión consistió en concebirla


como un signo innato de degeneración nerviosa, en armonía con el hecho de que los
observadores médicos tropezaron por primera vez con ella en enfermos nerviosos. Esta
caracterización contiene el carácter innato y la de degeneración.

Degeneración: Varios hechos hacen ver que los invertidos no son degenerados en el
sentido legítimo del término:

- Se halla la inversión en personas que no presentan ninguna otra desviación grave


respecto de la norma.
- Se halla en personas cuya capacidad de rendimiento no solo no está deteriorada,
sino que poseen un desarrollo intelectual y una cultura ética particularmente
elevados.

Carácter innato o adquirido. Se demuestra que muchas personas están sometidas a


mismas influencias sexuales (aún en la temprana juventud seducción, onanismo mutuo) sin
por ello convertirse en invertidas o permanecer duramente tales. Así, nos vemos llevados a
esta conjetura: la alternativa innato-adquirido es incompleta o no abarca todas las
situaciones que la inversión plantea ya que es preciso puntualizar que en el primer caso una
persona traería consigo, innato, el enlace de la pulsión sexual con un objeto sexual
determinado. En el otro caso cabe preguntar si las múltiples influencias accidentales
alcanzan para explicar la adquisición sin la necesaria solicitación.

- El recurso de la bisexualidad: Existe una disposición originariamente bisexual que,


en el curso del desarrollo, se va alterando hasta llegar a la monosexualidad con
mínimos restos del sexo atrofiado.

- Objeto sexual de los invertidos: La teoría del hermafroditismo psíquico presupone


que el objeto sexual de los invertidos es el contrario al normal. El hombre invertido
se sentiría a sí mismo como una mujer y buscaría al hombre. El objeto sexual no es
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lo igual en cuanto al sexo, sino que reúne los caracteres de ambos sexos, acaso
como un compromiso entre una moción que aspira al hombre y otra que aspira a la
mujer, siempre bajo la condición de la virilidad del cuerpo (de los genitales): por así
decir, el espejamiento de la propia naturaleza bisexual.

Comprobamos que las personas después invertidas atravesaron en los primeros años de su
infancia una fase muy intensa, pero también muy breve, de fijación a la mujer (casi siempre
a la madre), tras cuya superación se identificaron con la mujer y se tomaron a sí mismos
como objeto sexual, vale decir, a partir del narcisismo buscaron a hombres jóvenes, y
parecidos a su propia persona, que deberían amarlos como la madre los había amado.

Cabe destacar que la conducta sexual definitiva se decide solo tras la pubertad, y es el
resultado de una serie de factores en parte constitucional, en parte accidental.

- Meta sexual de los invertidos: De ningún modo puede hablarse de meta sexual
única en el caso de la inversión.

2. Desviaciones con respecto a la meta sexual

La unión de los genitales es considerada la meta sexual normal en el acto que se designa
como coito y que lleva al alivio de la atención sexual y a la extinción temporaria de la pulsión
sexual. Empero, ya en el acto sexual más normal se anuncian los esbozos de aquello que,
si se desarrolla plenamente, lleva a las aberraciones que han sido caracterizadas como
perversiones. En efecto, ciertas maneras intermedias de relacionarse con lo sexual como, el
palparlo y mirarlo, se reconocen como metas sexuales preliminares. Esto nos ofrece,
entonces, aspectos que enlazan las perversiones a la vida sexual normal, aplicables aún a
la clasificación de aquellas. Las perversiones son, o bien:

a) transgresiones anatómicas respecto de las zonas del cuerpo destinadas a la unión


sexual, o

b) demoras en relaciones intermediarias con el objeto sexual, relaciones que normalmente


se recorren con rapidez como jalones en la vía hacia la meta sexual definitiva.

A. Transgresiones anatómicas

Sobreestimación del objeto sexual: La estima psíquica de que se hace partícipe al objeto
sexual como meta deseada de la pulsión sexual solo en los casos más raros se circunscribe
a sus genitales. Más bien abarca todo su cuerpo y tiende a incluir todas las sensaciones
que parten del objeto sexual. Esta sobreestimación sexual es la que apenas tolera la
restricción de la meta sexual a la unión de los genitales propiamente dichos y contribuye
elevar quehaceres relativos a otras partes del cuerpo a la condición de metas sexuales.

●​ Sustituto inapropiado del objeto sexual ˃ Fetichismo: En objeto sexual normal es


sustituido por otro que guarda relación con él, pero es completamente inapropiado para
servir a la meta sexual normal. La sobreestimación sexual, es de la cual dependen estos
fenómenos, que conllevan a un abandono de la meta sexual.

●​ El sustituto del objeto sexual es, en general, una parte del cuerpo que es muy poco
apropiada a un fin sexual (el pie, los cabellos) o un objeto inanimado que mantiene una
relación demostrable con la persona sexual, preferiblemente con la sexualidad esta
(prenda de vestir o ropa interior).

●​ El anudamiento con lo normal es procurado por la sobreestimación del objeto sexual,


que es psicológicamente necesaria; es inevitable que ella invada todo lo conectado con
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el objeto por asociación. Por tanto, cierto grado este tipo de fetichismo pertenece
regularmente al amor normal, en particular en los estadios del enamoramiento en que la
meta sexual normal es inalcanzable o parece postergado.

●​ El caso patológico sobreviene sólo cuando la aspiración al fetiche se fija, extendiéndose


de la condición mencionada, y reemplaza la meta sexual normal; y, además, cuando el
fetiche se desprende de esa persona determinada y pasa a ser un objeto sexual por sí
mismo. En la elección del fetiche se manifiesta la influencia persistente de una impresión
sexual recibida casi siempre en la primera infancia,

B. Fijaciones de metas sexuales provisionales

Surgimiento de nuevos propósitos: Todas las condiciones externas e internas que dificultan
el logro de la meta sexual normal o la posponen (impotencia, alto precio del objeto sexual,
peligros del acto sexual) refuerzan, como es lógico que acontezca, inclinación a demorarse
en los actos preliminares y constituir a partir de ellos nuevas metas sexuales que pueden
reemplazar a las normales.

●​ Tocar y mirar: Al menos para los seres humanos, un cierto grado de uso del tacto
parece indispensable para el logro de la meta sexual normal. Por tanto, el demorarse
en el tocar, siempre que el acto sexual siga adelante, difícilmente puede contarse
entre las perversiones. Algo semejante ocurre con el mirar, la impresión óptica sigue
siendo el camino más frecuente por el cual se despierta la excitación libidinosa.

El placer de ver se convierte en perversión cuando: a) se circunscribe con exclusividad a los


genitales; b) se une la superación del asco (voyeur), o c) suplanta a la meta sexual normal,
en lugar de servirle de preliminar. Este último caso es, marcadamente, el de los
exhibicionistas.

●​ Sadismo y masoquismo: La inclinación infringir dolor al objeto sexual y su


contraparte, ha sido bautizada, como la activa y la pasiva, como sadismo y
masoquismo. El sadismo respondería, a un componente agresivo de la pulsión
sexual, componente que se ha vuelto autónomo, exagerado, elevado por
desplazamiento al papel principal. En el concepto usual, el concepto de sadismo
fluctúa entre una actitud meramente activa, o aún violenta, hacia el objeto sexual,
hasta el sometimiento y el maltrato infligidos a este último como condición exclusiva
de la satisfacción.

La designación ‘masoquismo’ abarca todas las actitudes pasivas hacia la vida y el objeto
sexual, la más extrema de las cuales es el condicionamiento de la satisfacción al hecho de
padecer un dolor físico o anímico infligido por el objeto sexual. En cuanto a perversión, el
masoquismo parece alejarse de la meta sexual normal más que su contraparte.
El masoquismo no es otra cosa que una prosecución del sadismo ha vuelto hacia la
persona propia, la cual en un principio hace las veces de objeto sexual. Un sádico es
siempre también al mismo tiempo un masoquista.

3. Consideraciones generales sobre todas las perversiones

La experiencia cotidiana ha mostrado que la mayoría de estas transgresiones, siquiera las


menos enojosas de ellas, son un ingrediente de la vida sexual que raramente falta en las
personas sanas. Si las circunstancias lo favorecen, también la persona normal puede
reemplazar durante todo un periodo la meta normal por una perversión. En ninguna persona
sana faltará algún complemento de la meta sexual normal que podría llamarse perverso.
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En la mayoría de los casos podemos encontrar en la perversión carácter patológico, no por


el contenido de la nueva meta sexual, sino por su proporción respecto de lo normal. Si la
perversión no se presenta junto a lo normal (meta sexual y objeto) cuando circunstancias
favorables la promueven y otras desfavorables impiden lo normal, sino que suplanta y
sustituya lo normal en todas las circunstancias, consideramos legítimo casi siempre juzgarla
como un síntoma patológico; vemos este último, por tanto, en la exclusividad y en la fijación
de la perversión.

Dos resultados. El estudio de las perversiones nos ha procurado esta intelección: la


coalición sexual tiene que luchar contra ciertos poderes anímicos en calidad de la
resistencia; entre ellos, se destacan de la manera más nítida la vergüenza y el asco. Es
lícito conjeturar que estos poderes han contribuido a circunscribir la pulsión dentro de las
fronteras consideradas normales, y que, si se han desarrollado temprano en individuo, antes
que la pulsión sexual alcanzará la plenitud de su fuerza, fueron justamente ellos los que
marcaron la dirección de su desarrollo.

Pulsiones parciales y zonas erógenas

Por ‘pulsión’ podemos entender que es la agencia representante psíquica de una fuente de
estímulos intrasomática en continuo fluir; ello a diferencia del ‘estímulo’ que es producido
por excitaciones singulares provenientes de fuera. Así, ‘pulsión’ es uno de los conceptos del
deslinde de lo anímico respecto de lo corporal. Las pulsiones serían una medida de
exigencias de trabajo para la vida anímica. Lo que distingue a las pulsiones una de otras y
las dota de propiedades específicas es su relación con sus fuentes somáticas y con sus
metas. La fuente de la pulsión es un proceso excitador en el interior de un órgano, y su
meta inmediata consiste en cancelar ese estímulo de órgano.

Los órganos del cuerpo brindan excitaciones de dos clases, basadas en diferencias de
naturaleza química. A una de estas clases de excitación la designamos como la
específicamente sexual, y al órgano afectado, como la 《zona erógena》 de la pulsión parcial
sexual que arranca de él. En el caso de las inclinaciones perversas que reclaman valor
sexual, el papel de la zona erógena es visible sin más. En todo respecto se comporta como
una parte del aparato genital. En el caso se la histeria, estos lugares del cuerpo (cavidad
bucal…) se convierten en la sede de nuevas sensaciones y alteraciones de inervación, en
un todo similares a las de los genitales verdaderos bajo las excitaciones de los procesos
sexuales normales.

ENSAYO II: La sexualidad infantil

Amnesia infantil: es la amnesia que en la mayoría de los seres humanos cubre los primeros
años de su infancia, hasta el sexto o el octavo año de vida. Aquellas impresiones que
hemos olvidado dejaron, no obstante, las más profundas huellas en nuestra vida anímica y
pasaron a ser determinantes para todo nuestro desarrollo posterior. No puedo tratarse,
pues, de una desaparición real de las impresiones infantiles, sino consiste en un mero
apartamiento de la conciencia (represión). Sin amnesia infantil no habría amnesia histérica.

[1.] El periodo de latencia sexual de la infancia y sus rupturas

Las inhibiciones sexuales: Durante este periodo de latencia total o meramente parcial se
edifican los poderes anímicos que más tarde se presentarán como inhibiciones en el camino
de la pulsión sexual y angostarán su curso a la manera de unos diques (el asco, el
sentimiento de vergüenza, los reclamos ideales en lo estético y en lo moral). En el niño
civilizado se tiene la impresión de que el establecimiento de esos diques es obra de la
educación, y sin duda alguna ella contribuye mucho. Pero en realidad este desarrollo es de
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condicionamiento orgánico, fijado hereditariamente, y llegado en el caso puede producirse


sin ninguna ayuda a la educación.

Formación reactiva y sublimación: Las mociones sexuales infantiles mismas, cuyo aflujo no
ha cesado, pues, ni siquiera en este periodo de latencia, pero cuya energía es desviada del
uso sexual y aplicado a otros fines. Mediante esa desviación de las fuerzas pulsionales
sexuales de sus metas, y su orientación hacia metas nuevas (un proceso que merece el
nombre de sublimación) se quieren poderosos componentes para todos los logros
culturales. Las mociones sexuales de estos años infantiles serían, por una parte,
inaplicables, pues las funciones de la reproducción están diferidas, lo cual constituye el
carácter principal del período de latencia; por otra parte, serían en sí perversas, esto es,
partirían de zonas erógenas y se sustentarían en pulsiones que dada la dirección del
desarrollo del individuo sólo provocarían sensaciones de displacer. Por eso suscitan fuerzas
anímicas contrarias (mociones reactivas) que construyen, para la eficaz sofocación de ese
displacer, los mencionados diques psíquicos: asco, vergüenza y moral.

Las exteriorizaciones de la sexualidad infantil

EL CHUPETEO: aparece ya en el lactante y puede conservarse hasta la madurez o persistir


toda la vida. Se trata de un contacto de succión con la boca (los labios, repetido
rítmicamente), que no tiene por fin la nutrición. Algo como el pie, el dedo gordo, un lugar de
la piel a su alcance son tomados como objeto sobre el cual se ejecuta la acción de mamar.
La acción de mamar con fruición cautiva por entero la atención y lleva al adormecimiento o
incluso a una reacción motriz en una suerte de orgasmo. No es raro que el mamar con
fruición se combine con el frotamiento de ciertos lugares sensibles del cuerpo, el pecho, los
genitales externos. Por esta vía, muchos niños pasan del chupeteo a la masturbación.

AUTOEROTISMO: la pulsión no está dirigida a otra persona, se satisface en el cuerpo


propio, es autoerótica. La acción del niño que chupetea se rige por la búsqueda de una
placer ya vivenciado y ahora recordado. Aspira a renovar experiencias, su primera actividad
y la más importante para su vida (el mamar el pecho materno) no pudo menos que
familiarizarlo con el placer.

Los labios del niño se comportaron como una zona erógena, y la estimulación por el cálido
flujo de leche fue causa de la sensación placentera. La satisfacción de la zona erógena se
asoció con la satisfacción de la necesidad de alimentarse.

El quehacer sexual se apuntala primero en una de las funciones de la vida y solo más tarde
se independiza de ella. Se divorcia de la necesidad de buscar alimento, y que se vuelve
inevitable cuando aparecen los dientes y la alimentación ya no es exclusivamente
mamando, sino masticando. El niño no se sirve de un objeto ajeno para mamar; prefiere una
parte de su propia piel, porque le resulta más cómodo y así se independiza del mundo
exterior al que no puede dominar, y de esa forma también procura tener una segunda zona
erógena, aunque sea de menor valor.

Entonces, en el chupeteo o el mamar con fruición hemos observado ya los tres caracteres
esenciales de una exteriorización sexual infantil. Esta nace apuntalándose en una de las
funciones corporales importantes para la vida. Todavía no conoce un objeto sexual, pues es
auto-erótica, y su eta sexual se encuentra bajo el imperio de una zona erógena.
Anticipemos que estos caracteres son válidos también para la mayoría de las otras
prácticas de la pulsión sexual infantil.

La meta sexual de la sexualidad infantil


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La meta sexual de la pulsión infantil consiste en producir la satisfacción mediante la


estimulación apropiada de la zona erógena que, de un modo u otro, se ha escogido. Para
que se cree una necesidad de repetición, debe haber una satisfacción basada en una
vivencia anterior.

La necesidad de repetir la satisfacción se trasluce por dos cosas: un peculiar sentimiento de


tensión, que posee más bien placer, y una sensación de estímulo o de picazón
condicionada centralmente y proyectada a la zona erógena periférica. Por eso la meta
sexual puede formularse también asi: procuraría sustituir la sensación de estímulo
proyectada sobre la zona erógena, por aquel estimulo externo que la cancela al provocar la
sensación de la satisfacción.

Este estimulo externo consistirá la mayoría de las veces en una manipulación análogo al
mamar.

Las exteriorizaciones sexuales masturbatorias

Las diferencias más notables refieren a los pasos que se necesitan dar para obtener la
satisfacción, que en el caso de la zona labial consistían en el mamar y que tendrán que
sustituirse por otra acción muscular acorde con la posición y la complexión de las otras
zonas.

ACTIVACION DE LA ZONA ANAL: la zona anal, a semejanza de la zona de los labios, es


apta por su posición para proporcionar un apuntalamiento de la sexualidad en otras
funciones corporales. Un lactante que se rehúsa obstinadamente a vaciar el intestino
cuando lo ponen en la bacinilla, vale decir, cuando la persona encargada de su crianza lo
desea, se está reservando esta función para cuando lo desea el mismo.

Evidentemente, lo trata como a una parte de su propio cuerpo; representa el primer regalo
por medio del cual el pequeño ser puede expresar su obediencia hacia el medio circundante
exteriorizándolo. A partir de este significado de regalo, más tarde cobra el de hijo, el cual,
según una de las teorías sexuales infantiles, se adquiere por la comida y es dado a luz por
los intestinos.

La retención de heces que al inicio se practica deliberadamente para aprovechar su


estimulación masturbatoria, la zona anal para emplearla en relación con las personas que
cuidan al niño.

Es preciso distinguir tres fases en la masturbación infantil. La primera corresponde al


período de la lactancia, la segunda al breve florecimiento de la práctica sexual hacia el
cuarto año de vida, y solo la tercera corresponde al onanismo de la pubertad, el único que
suele tomarse en cuenta.

●​ LA SEGUNDA FASE MASTURBATORIA INFANTIL: Después del período de


lactancia, en algún momento de la niñez, por lo común ates del cuarto año la pulsión
sexual suele despertar de nuevo en esta zona genital y durar un lapso, hasta que
una nueva sofocación la detiene o proseguir sin interrupción. Todos los detalles de
esta segunda activación sexual infantil dejan tras sí las más profundas
(inconscientes) huellas en la memoria de la persona, y determinan el desarrollo de
su carácter si permanece sana, y la sintomatología de la neurosis si permanece
después de la pubertad,

RETORNO DE LA MASTURBACION DE LA LACTANCIA: la excitación sexual del período


de lactancia retorna en los años de la niñez indicados; pude hacerlo como un estímulo de
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picazón, condicionado centralmente, que reclama una satisfacción sin ayuda de ninguna
acción.

DISPOSICION PERVERSA POLIMORFA: el instructivo que bajo la influencia de la


seducción el niño pueda convertirse en un perverso polimorfo, descaminado a practicar
todas las trasgresiones posibles. Tales transgresiones son posibles según sea la edad del
niño no se han erigido todavía o están en formación de los diques anímicos contra los
excesos sexuales de la vergüenza, el asco y la moral.

PULSIONES PARCIALES: tenemos que admitir que tanto la vida sexual infantil a pesar del
imperio que ejercen las zonas erógenas, muestra componentes que envuelven a otras
personas en calidad de objetos sexuales.

En ciertos años muestra complacencia al desnudarse. Correspondiente de esta inclinación


perversa, muestra curiosidad de ver los genitales de otras personas, esos niños se
convierten en voyeurs, fervientes mirones de la micción y la defensa de otros. Sobrevenida
la represión de estas inclinaciones, la curiosidad de ver los genitales de otras personas (de
su propio sexo o del otro).

Con independencia aun mayor respecto de las otras prácticas sexuales ligadas a las zonas
erógenas, se desarrollan en el niño los componentes crueles de la pulsión sexual. La
crueldad es cosa enteramente natural en el carácter infantil, en efecto, la inhibición en virtud
de la cual la pulsión de apoderamiento se detiene ate el dolor del otro, la capacidad de
complacerse, se desarrolla relativamente tarde. Niños que se distinguen por una particular
crueldad hacia los animales y los compañeros de juego despiertan la sospecha, por lo
común confirmada, de una práctica sexual prematura e intensa proveniente de las zonas
erógenas; y en casos de madurez anticipada y simultanea de todas las pulsiones sexuales,
la práctica sexual erógena parece ser primaria.

La investigación sexual infantil

●​ PULSION DEL SABER: a la par que la vida sexual del niño alcanza su primer
florecimiento, entre los tres y cinco años, se inicia en él también aquella actividad
que se adscribe a la pulsión de saber o investigar. La pulsión de saber no puede
computarse entre los componentes pulsionales elementales ni subordinarse de
manera exclusiva a la sexualidad.

El primer problema con esta Génesis del despertar de esta pulsión del saber de dónde
vienen los niños.

Para el varoncito es natural suponer que todos poseen un genital como el suyo y le resulta
imposible unir su falta a la representación que tiene de ellas.

●​ COMPLEJO DE CASTRACIÓN Y ENVIDIA DEL PENE: el varoncito se aferra con


energía a esta convicción, la defiende obstinadamente frente a la contradicción que
muy pronto la realidad le pone, le abandona sólo tras serias luchas interiores
(complejo de castración).

El supuesto de que todos los seres humanos poseen idéntico genital (masculino) es la
primera de las sombrosas teorías sexuales infantiles.

En cuanto a la niñita es presa de la envidia del pene culmina en el deseo de un varón.

●​ TEORIAS DEL NACIMIENTO: ¿de dónde vienen los niños?


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Investigación que corresponde a los primeros años de infancia. Los hijos se conciben por
haber comido algo determinado (como en algunos cuentos tradicionales) y se da a luz por
los intestinos, como materia fecal.

●​ CONCEPCION DEL COMERCIO SEXUAL: el niño no comprende nada de lo sexual,


no puede menos que concebir el acto sexual como una especie de maltrato o
sojuzgamiento, en sentido sádico.

●​ EL TIPICO FRACASO DE LA INVESTIGACION SEXUAL INFANTIL: la investigación


sexual en la primera infancia es siempre solitaria. Pero como la investigación sexual
ignora dos elementos importantes, el papel del semen y de la existencia de una
abertura sexual femenina, los esfuerzos del pequeño investigador por lo general son
infructuosos y terminan renunciando, dando como resultado un deterioro
permanente de las pulsiones del saber.

La investigación sexual de la primera infancia es siempre solitaria; implica un primer paso


hacia la orientación autónoma en el mundo y establece un fuerte extrañamiento del niño
respecto de las personas de su contorno, que antes habían gozado de su plena confianza.
Los esfuerzos del pequeño investigador resultan por lo general infructuosos y terminan en
una renuncia que no rara vez deja como secuela un deterioro permanente de la pulsión del
saber.

FASES DEL DESARROLLO DE LA ORGANIZACIÓN SEXUAL:

La vida sexual infantil es esencialmente autoerótica (su objeto se encuentra en su propio


cuerpo) y sus pulsiones parciales singulares aspiran a conseguir placer cada una por su
cuenta, enteramente destacadas entre sí.

Llamemos pre genitales a los organismos de la vía sexual en que las zonas genitales
todavía no han alcanzado su papel hegemónico.

1. Una primera organización sexual infantil es oral o si se prefiere, canibalica. La actividad


no se ha separado todavía de la nutrición. El chupeteo es un ejemplo como un resto de esta
fase. Ha resignado el objeto ajeno a cambio de uno situado en el propio cuerpo.

2. La segunda fase pregenital es la de la organización sádico-anal. La actividad es


producida por la pulsión de apoderamiento a través de la musculatura del cuerpo y como
órgano de meta sexual pasiva se constituye ante todo la mucosa erógena del intestino.

AMBIVALENCIA: El conjunto de los afanes sexuales se dirigen a una persona única, y en


ella quieren alcanzar su meta. He ahí, pues, el máximo acercamiento posible en la infancia
a la conformación definitiva que la vida sexual presentará después de la pubertad. La
diferencia respecto de esta última reside sólo en el hecho de que la unificación de las
pulsiones parciales y su subordinación al primado de los genitales no son establecidas en la
infancia, o lo son de manera muy incompleta. Por tanto, la instauración de ese primado al
servicio de la reproducción es la última fase por la que atraviesa la organización sexual.

Los DOS TIEMPOS DE LA ELECCIÓN DE OBJETO: la elección de objeto se realiza en dos


tiempos, en dos oleadas.

1. La primera se inicia entre los dos y los cinco años, y el período de latencia la detiene o la
hace retroceder; se caracteriza por la naturaleza infantil de sus metas sexuales.
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2. La segunda sobreviene con la pubertad y determina la conformación definitiva de la vida


sexual.

Los hechos relativos al doble tiempo de la elección de objeto, que en lo esencial se reducen al
efecto del período de latencia, cobran suma importancia en cuanto a la perturbación de ese
estado final. La elección de objeto de la época de la pubertad tiene que renunciar a los
objetos infantiles y empezar de nuevo como corriente sensual.

FUENTES DE LA SEXUALIDAD INFANTIL: hemos hallado hasta aquí que la excitación


sexual nace:

a) como calco de una satisfacción vivenciada a raíz de otros procesos orgánicos

b) por una apropiada estimulación periférica de zonas erógenas

c) como expresión de algunas «pulsiones» cuyo origen todavía no


comprendemos bien (p. ej., la pulsión de ver y la pulsión a la crueldad).

EXCITACIONES MECÁNICAS: tenemos que incluir en esta serie la producción de una


excitación sexual mediante sacudimientos mecánicos del cuerpo, de carácter rítmico.
Debemos distinguir en ellos tres clases de influencias de estímulo:

· las que actúan sobre el aparató sensorial de los nervios vestibulares,

· las que actúan sobre la piel

· y las que lo hacen sobre las partes profundas (músculos, aparato articular).

La existencia de esas sensaciones placenteras, entonces, producidas por ciertos


sacudimientos mecánicos del cuerpo, es documentada por el gran gusto que sienten los
niños en los juegos de movimiento pasivo, como ser hamacados y arrojados por el aire,
cuya repetición piden incesantemente. La sexualidad proviene del carácter placentero de las
sensaciones de movimiento y si después se une a la represión esas mismas personas
reaccionarán en su adolescencia o madurez con náuseas si son mecidas o hamacadas, o
bien un viaje por ferrocarril las agotará terriblemente, o tenderán a sufrir ataques de
angustia.

ACTIVIDAD MUSCULAR: es sabido que una intensa actividad muscular constituye para el
niño una necesidad de cuya satisfacción extrae un placer extraordinario.

En la promoción de la excitación sexual por medio de la actividad muscular habría que


reconocer una de las raíces de la pulsión sádica. Para muchos individuos, el enlace infantil
entre juegos violentos y excitación sexual es co-determinante de la orientación preferencia
que imprimirán más tarde a su pulsión sexual.

Procesos afectivos: Es fácil comprobar mediante observación simultánea o exploración


retrospectiva que los procesos afectivos más intensos, aun las excitaciones terroríficas,
desbordan sobre la sexualidad. El efecto de excitación sexual de muchos afectos en sí
displacenteros, como el angustiarse, el estremecerse de miedo o el espantarse, se
conserva en gran número de seres humanos durante su vida adulta. Si es lícito suponer que
también sensaciones de dolor intenso provocan idéntico efecto erógeno, sobre todo cuando
el dolor es aminorado o alejado por una condición concomitante, esta relación constituiría
una de las raíces principales de la pulsión sadomasoquista.
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Respecto de estas fuentes de la excitación sexual, la cualidad del estímulo es sin duda lo
decisivo, aunque el factor de intensidad no es del todo indiferente. Además, preexisten en el
organismo dispositivos a consecuencia de los cuales la excitación sexual se genera como
efecto colateral, a raíz de una gran serie de procesos internos, para lo cual basta que la
intensidad de estos rebase ciertos límites cuantitativos. Lo que hemos llamado pulsiones
parciales de la sexualidad, o bien deriva directamente de esas fuentes internas de la
excitación sexual o se compone de aportes de esas fuentes y esas zonas erógenas.

●​ TEXTO: METAMORFOSIS DE LA PUBERTAD (ENSAYO 3 DE LOS TRES


ENSAYOS DE FREUD)
III. La metamorfosis de la pubertad

Con el advenimiento de la pubertad se introducen los cambios que llevan la vida sexual
infantil a su conformación normal definitiva.

La pulsión sexual era hasta entonces predominantemente auto-erótica; ahora halla al objeto
sexual. Hasta ese momento actuaba partiendo de pulsiones y zonas erógenas singulares
que, independientemente unas de otras, buscaban un cierto placer en calidad de una única
meta sexual. Ahora es dada una nueva meta sexual; para alcanzarla, todas las pulsiones
parciales cooperan, al par que las zonas erógenas, se subordinan al primado de la zona
genital. Puesto que la nueva meta sexual asigna a los dos sexos funciones muy diferentes.

La normalidad de la vida sexual es garantizada únicamente por la exacta coincidencia de


las dos corrientes dirigidas al objeto y a la meta sexual: la tierna y la sensual.

La nueva meta sexual consiste para el varón en descarga de los productos genésicos, a
este acto final del proceso sexual va unido el monto máximo de placer. La pulsión sexual se
pone ahora al servicio de la función de reproducción.

[1.] En primado de las zonas genitales y el placer previo

Se ha escogido como lo esencial de los procesos de la pubertad lo más llamativo que ellos
presentan: el crecimiento manifiesto de los genitales externos, que durante el periodo de
latencia de la niñez habían mostrado una relativa inhibición.

Al mismo tiempo, el desarrollo de los genitales internos ha avanzado hasta el punto de


poder ofrecer productos genésicos, o bien recibirlos, para la gestación de un nuevo ser.

Este aparato debe ser puesto en marcha mediante estímulos, los estímulos pueden
alcanzarlo por tres caminos:

●​ Desde el mundo exterior, por excitación de las zonas erógenas.


●​ Desde el interior del organismo.
●​ Desde la vida anímica, que a su vez constituye un repositorio de impresiones
externas y un receptor de excitaciones internas.

Por los tres caminos se provoca lo mismo; un estado que se define como de “excitación
sexual” y se da a conocer por dos clases de signos, anímico si somáticos el signo anímicos
y somáticos.

El signo anímico consiste en un peculiar sentimiento de tensión, de carácter en extremo


esforzante; entre los múltiples signos corporales se sitúa en primer término una serie de
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alteraciones en los genitales: la preparación, el apronte para el acto sexual (la erección del
miembro masculino, la humectación de la vagina).

La tensión sexual: El estado de excitación sexual presente, pues, el carácter de una tensión;
sentimiento de tensión tiene que conllevar un carácter de displacer. Un sentimiento de esa
clase entraña el esfuerzo a alterar la situación psíquica: opera pulsionalmente, lo cual es por
completo extraño a la naturaleza del placer sentido. Pero si la tensión del estado de
excitación sexual se computa entre los sentimientos de displacer, se tropieza con el hecho
de que es experimentada inequívocamente como placentera.

¿Cómo coinciden entre sí esta tensión displacentera y esté sentimiento de placer? Con esta
excitación se conecta ya, por una parte, un placer; por la otra, tiene como consecuencia
aumentar el estado de excitación sexual, o provocarlo cuando todavía falta.

Una sensación de placer que pronto se refuerza con el que proviene de las alteraciones
preparatorias [de los genitales], por un lado y, por el otro, un aumento de la tensión sexual
que pronto se convierte en el más nítido displacer si no se le permite procurarse un placer
ulterior, es decir un contacto provoca ya un sentimiento de placer, pero al mismo tiempo es
apto, como ninguna otra cosa, para despertar la excitación sexual que reclama un placer
mayor.

Mecanismo de placer previo: Brindar, mediante su adecuada estimulación, un cierto monto


de placer, de este arranca el incremento de la tensión, la cual, a su vez, tiene que ofrecer la
energía motriz necesaria para llevar a su término el acto sexual. La penúltima pieza de este
acto es, de nuevo, la estimulación apropiada de una zona erógena (la zona genital) por el
objeto más apto para ello, bajo el placer que esta excitación procura, se gana, esta vez por
vía de reflejo, la energía motriz requerida para la expulsión de las sustancias genésicas.
Este placer último es el máximo por su intensidad y diferente de los anteriores por su
mecanismo. Es provocado enteramente por la descarga, es en su totalidad un placer de
satisfacción, y con él se elimina temporariamente la tensión de la libido.

El placer provocado por la excitación de zonas erógenas y el producido por el vaciamiento


de las sustancias sexuales, se diferencia en, el primero puede designarse como placer
previo, por oposición al placer final.

El placer previo es, entonces, lo mismo que ya podía ofrecer, aunque en escala reducida, la
pulsión sexual infantil; el placer final es nuevo, y por tanto probablemente depende de
condiciones que solo se instalan con la pubertad. La fórmula para la nueva función de las
zonas erógenas sería; son empleadas para posibilitar, por medio del placer previo que ellas
ganan como en la vida infantil, la producción del placer de satisfacción mayor. Es decir, se
alcanza un efecto de placer mayor en virtud de una sensación placentera menor, qué opera,
así como una prima de incentivación.

Peligros del placer previo: Del mecanismo en qué es incluido el placer previo deriva,
evidentemente, un peligro para el logro de la meta sexual normal: ese peligro se presenta
cuando, en cualquier punto de los procesos sexuales preparatorios, el placer previo
demuestra ser demasiado grande, y demasiado escasa su contribución a la tensión. Falta
entonces la fuerza pulsional para que el proceso sexual siga adelante, todo el camino se
abrevia, y la acción preparatoria correspondiente reemplaza a la meta sexual normal. De
esta clase es, en efecto, el mecanismo de muchas perversiones, que consisten en una
demora en actos preparatorios del proceso sexual.

Ya en la niñez se engendra, junto al placer de satisfacción, cierto monto de tensión sexual,


si bien menos constante y no tan vasto. Las exteriorizaciones infantiles de la sexualidad no
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marcan solamente el destino de las desviaciones respecto de la vida sexual normal, sino el
de su conformación normal.

[2.] El problema de la excitación sexual

La tensión resulta de algún modo del placer mismo, no solo es en sí muy improbable, queda
invalidada por el hecho de que el placer máximo, unido a la expulsión de los productos
genésicos, no produce tensión alguna, al contrario, suprime toda la tensión. Por lo tanto,
placer y tensión sexual solo pueden estar relacionados de manera indirecta.

Papel de las sustancias sexuales. La acumulación de los materiales sexuales crea y


sostiene a la tensión sexual: ello se debe tal vez a que la presión de estos productos sobre
la pared de sus receptáculos tiene por efecto estimular un centro espinal, el estado de este
es percibido por un centro superior, engendrándose así para la conciencia la conocida
sensación de tensión. Si la excitación de zonas erógenas aumenta la tensión sexual, ello
solo puede deberse a que tienen una prefigurada conexión anatómica con esos centros,
elevan el tono mismo de la excitación y, cuando la tensión es suficiente, ponen en marcha el
acto sexual, pero cuando no lo es incitan la producción de la sustancia genéticas. Los
puntos débiles de esta doctrina, toma poco en cuenta las situaciones de los niños, de las
mujeres o varones castrados. En tales casos no puede hablarse de una acumulación de
productos genésicos.

Apreciación de las partes sexuales internas. Las observaciones de varones castrados


parecen corroborar que la excitación sexual es, en grado notable, independiente de la
producción de sustancias genésicas.

[3.] Teoría de la libido

El concepto de la libido como una fuerza susceptible de variaciones cuantitativas, que


podría medir procesos y transposiciones en el ámbito de la excitación sexual. La
diferenciamos de la energía que ha de suponerse en la base de los procesos anímicos en
general, y le conferimos así un carácter también cualitativo. Al separar la energía libidinosa
de otras clases de energía psíquica, damos expresión a la premisa de que los procesos
sexuales del organismo se diferencian de los procesos de la nutrición por un quimismo
particular. El análisis de las perversiones y psiconeurosis nos ha permitido inteligir que esta
excitación sexual no es brindada solo por las partes llamadas genésicas, sino por todos los
órganos del cuerpo. Así llegamos a la representación de un quantum de libido a cuya
subrogación psíquica llamamos libido yoica.

Ahora bien, está libido yoica solo se vuelve cómodamente accesible al estudio analítico
cuando ha encontrado empleo psíquico en la investidura de objetos sexuales, cuando se ha
convertido en libido de objeto. La vemos concentrarse en objetos, fijarse a ellos o bien
abandonarlos, pasar de unos a otros y, a partir de estas posiciones, guiar el quehacer
sexual del individuo, el cual lleva a la satisfacción, o sea, a la extinción parcial y temporaria
de la libido.

Los destinos de la libido de objeto: es quitada de los objetos, se mantiene fluctuante en


particulares estados de tensión y, por último, es recogida en el interior del yo, con lo cual se
convierte de nuevo en libido yoica.

Relación entre ambas: la libido narcisista o libido yoica se nos aparece como el gran
reservorio desde el cual son emitidas las investiduras de objeto y al cual vuelven a
replegarse, y la investidura libidinal narcisista del yo, como el estado originario realizado, en
la primera infancia, que es solo ocultado por los envíos posteriores de la libido, pero se
conserva en el fondo tras ellos.
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Se disuelve el concepto de la libido haciéndolo coincidir con el de una fuerza pulsional


psíquica en general.

[4.] Diferenciación entre el hombre y la mujer

Zonas rectoras en el hombre y en la mujer: En la niña la zona erógena rectora se sitúa sin
duda en el clítoris, y por lo tanto homóloga a la zona genital masculina, el glande.

La pubertad, que en el varón trae aparejado a que el gran empuje de la libido, se caracteriza
para la muchacha por una nueva oleada de represión, qué afecta justamente a la
sexualidad del clítoris. El refuerzo de las inhibiciones sexuales, creado por esta represión
que sobreviene a la mujer en la pubertad, proporciona después un estímulo a la libido del
hombre, que se ve forzada a intensificar sus operaciones, y junto con la altitud de su libido
aumenta su sobreestimación sexual, que en su cabal medida solo tiene validamiento para la
mujer que se rehúsa, que desmiente su sexualidad. Y más tarde, cuando por fin el acto
sexual es permitido, el clítoris mismo es excitado, y sobre él recae el papel de retransmitir
esa excitación a las partes femeninas vecinas.

Durante ese lapso la joven es anestésica. Esta anestesia puede ser duradera cuando la
zona del clítoris rehúsa a ceder a su excitabilidad. La anestesia de las mujeres no es a
menudo sino aparente, local. Son anestésicas en la vagina, pero en modo alguno son
inexcitables desde el clítoris. Y después, a estas ocasiones erógenas de la anestesia vienen
a sumarse todavía las psíquicas, igualmente condicionadas por represión.
Toda vez que logra transferir la estimulabilidad erógena del clítoris a la vagina, la mujer ha
mudado la zona rectora para su práctica sexual posterior. En cambio, el hombre la conserva
desde la infancia.

[5.] El hallazgo del objeto

Durante los procesos de la pubertad se afirma el primado de las zonas genitales, y en el


varón, el ímpetu del miembro erecto remite imperiosamente a la nueva meta sexual,
penetrar en una cavidad del cuerpo que excite la zona genital. Al mismo tiempo, desde el
lado psíquico, se consuma el hallazgo de objeto, preparado desde la más temprana
infancia. Cuando la primerísima satisfacción sexual estaba todavía conectada con la
nutrición, la pulsión sexual tenía un objeto fuera del cuerpo propio: el pecho materno.
Después la pulsión sexual pasa a ser, regularmente, autoerótica, y solo luego de superado
el periodo de latencia se restablece la relación originaria. El hallazgo de objeto es
propiamente un reencuentro.

Objeto sexual del periodo de latencia: Luego de que la actividad sexual se divorció de la
nutrición, una parte considerable, que ayuda a preparar la elección de objeto y, así, a
restaurar la dicha pérdida. A lo largo de todo el periodo de latencia, el niño aprende a amar
a otras personas que remedian su desvalidamiento y satisfacen sus necesidades.
El trato del niño con la persona que lo cuida es para él una fuente continua de excitación y
de satisfacción sexuales a partir de las zonas erógenas, y tanto más por el hecho de que
esa persona dirige sobre el niño sentimientos que brotan de su vida sexual, lo acaricia, lo
besa y lo mece, y claramente lo toma como sustituto de un objeto sexual de pleno derecho.
Estas muestras de ternura despiertan la pulsión sexual del niño y prepara su posterior
intensidad. Ya sabemos que la pulsión sexual no es despertada solo por excitación de la
zona genital, lo que llamamos ternura infaliblemente ejercerá su efecto un día también sobre
las zonas genitales.
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●​ Angustia infantil: La angustia de los niños no es originariamente nada más que la


expresión de su añoranza de la persona amada, por eso responden a todo extraño
con angustia.

●​ La Barrera del incesto: El respeto de esta barrera es sobre todo una exigencia
cultural de la sociedad, tiene que impedir que la familia absorba unos intereses que
le hacen falta establecer unidades sociales superiores, y por eso en todos los
individuos, pero especialmente en los adolescentes, echa mano a todos los recursos
para aflojar los lazos que mantienen con su familia, los únicos decisivos en la
infancia.

La elección de objetos se consuma primero en la representación, fantasías, o sea,


representaciones no destinadas a ejecutarse. A raíz de estas fantasías vuelven a emerger
en todos los hombres las inclinaciones infantiles, solo que ahora con un refuerzo somático.
Y entre estas, en primer lugar, y con la frecuencia de una ley, la moción sexual del niño
hacia sus progenitores, casi siempre ya diferenciada por la atracción del sexo opuesto.
Contemporáneo al doblegamiento y la desestimación de estas fantasías claramente
incestuosas, se consuma uno de los logros psíquicos más importantes, pero también más
dolorosos del periodo de la pubertad, el desasimiento respecto de la autoridad de los
progenitores, el único que crea la oposición, tan importante para el progreso de la cultura,
entre la nueva generación y la antigua.

Efectos posteriores de la elección infantil de objeto: Quizá la elección de objeto, en general,


se produce mediante un apuntalamiento. El varón persigue, ante todo, la imagen mnémica
de la madre, tal como gobierna en él desde el principio de su infancia, y armoniza
plenamente con ello que la madre, aún viva, se revuelva contra esta renovación suya y le
demuestra hostilidad. Dada esta importancia de los vínculos infantiles con los padres para la
posterior elección de objetos sexuales. La inclinación infantil hacia los padres es sin duda la
más importante, pero no es la única, de las sendas que, renovadas en la pubertad, marcan
después el camino a la elección de objeto.

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