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Resúmen Contexto

El documento explora la psicología social a través del pensamiento de Enrique Pichón Rivere, quien define al grupo como un conjunto de individuos interrelacionados que buscan cumplir una tarea común. Se enfatiza la importancia de la interacción y la subjetividad en la construcción de la identidad del sujeto, así como el impacto de la globalización y el discurso social en la salud mental y la subjetividad contemporánea. La psicología social se presenta como una reflexión sobre el sujeto y su comportamiento en un contexto social cambiante, donde la salud mental se relaciona con la capacidad de adaptación y transformación en la realidad.
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El documento explora la psicología social a través del pensamiento de Enrique Pichón Rivere, quien define al grupo como un conjunto de individuos interrelacionados que buscan cumplir una tarea común. Se enfatiza la importancia de la interacción y la subjetividad en la construcción de la identidad del sujeto, así como el impacto de la globalización y el discurso social en la salud mental y la subjetividad contemporánea. La psicología social se presenta como una reflexión sobre el sujeto y su comportamiento en un contexto social cambiante, donde la salud mental se relaciona con la capacidad de adaptación y transformación en la realidad.
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Resúmen contexto

Enfoques y perspectivas en Psicología social (Ana P. Quiroga)

El concepto de grupo y los principios organizadores de la


estructura grupal en el pensamiento de Enrique Pichón Rivere

Pichón Rivere caracteriza al grupo como un conjunto


restringido de personas que ligadas por constantes de tiempo
y espacio y articuladas por su mutua representación interna
se propone, de forma explícita o implícita, una tarea que
constituye su finalidad, interactuando a través de complejos
mecanismos de asunción y adjudicación de roles. Para el autor,
la psicología se define como social a partir de la concepción del
sujeto, que es entendido como agente emergente, configurado en
una trama compleja en la que se entretejen vínculos y relaciones
sociales.

Según este planteo, la subjetividad está determinada en tanto


el sujeto se constituye como tal en proceso de interacción en una
dialéctica o inter-juego entre sujetos de la que el vínculo como red
vincular constituyen unidades de análisis. El sujeto aparece con un
doble carácter, como agente actor del proceso interaccional, a la vez
que configurándose en ese proceso, emergiendo y siendo
determinado por las relaciones que constituyen sus condiciones
concretas de existencia. Nuestra reflexión parte de una definición del
sujeto como “sujeto de necesidad”, pero el eje real de nuestro análisis
se sitúa en la contradicción interna inherente a ese sujeto como ser
vivo, inter-juego entre la necesidad emergente del intercambio
material del organismo con el medio y la satisfacción de esa
necesidad. Esa contradicción interna vuelca al sujeto sobre el mundo
externo en busca de la fuente de la gratificación en relación a otro
sujeto. La acción transforma, modifica al contexto, pero también al
protagonista de la acción, adquiere entonces la condición de
desaprendizaje.

El sujeto es “sano” en la medida en que aprehende la realidad


en una perspectiva integradora y tiene capacidad para transformar
esa realidad transformándose a la vez él mismo. El sujeto está
activamente adaptado en la medida en que mantiene un inter-juego
dialéctico con el medio, y no una relación rígida, pasiva,
estereotipada. La salud mental consiste en el aprendizaje de la
realidad, en una relación sintetizadora y totalizante, en la resolución
de contradicciones que surgen en la relación sujeto-mundo.
La psicología social no es una psicología de los grupos, sino una
reflexión acerca del sujeto y su comportamiento. Pero la concepción
vincular del sujeto implica una perspectiva en el interior de una red
vincular, en la que emerge y se configura a partir de esa
contradicción interna entre la necesidad y la satisfacción.

La conducta es esencialmente relacional y solamente puede ser


descifrada en la red vincular en la que se configura. El sujeto se
comporta en un contexto que es horizonte de su experiencia, y sólo
en ese contexto esa conducta adquiere significado.

La interacción: proceso motivado

Dos o más sujetos comparten un tiempo y un espacio, se


perciben recíprocamente y sobre la base de esa percepción recíproca
intercambian mensajes (verbal y no verbal). Se da interacción en
tanto se dé una determinación reciproca o inter-juego que se
efectiviza cuando la presencia y la respuesta del otro es incluida,
anticipada en la actitud de cada sujeto. Cuando se da el inter-juego
de expectativas recíprocas, en que cada sujeto aparece como
significativo para el otro, se habla de una acción direccional hacia el
otro. (Unidad interaccional).

La interacción es un proceso motivado, su fundamento


fundacional es la necesidad. Cada sujeto se incluye en una dialéctica,
en un inter-juego con otros sujetos a partir de la contradicción que
sólo puede resolverse en una experiencia, en una relación con otro.
La necesidad es la base, el motor de la relación con el otro, su
fundamento. La acción hacia el otro, en tanto está fundada en la
necesidad, plantea la idea de una relación direccional, que no surge al
azar sino con un objetivo o tarea, que podrá ser o no ser explícita.
Riviere sostiene que no hay vinculo y en consecuencia grupo sin
tarea, ya que en toda relación se establece un sentido de
operatividad lograda o no.

Para el autor, el grupo se define como una estructura de acción,


de operación. La realización de la tares exige que los integrantes del
grupo reconozcan esas necesidades y objetivos comunes.

La interacción, proceso eficaz

La interacción implica una secuencia de acciones recíprocas, un


desarrollo temporal. Se da un intercambio de mensajes, un acontecer,
en ese tiempo y espacio compartidos que tiene como eje la
comunicación.
La constitución del vínculo implica un aprendizaje, una
modificación estructural, profunda y no periférica de los sujetos
comprometidos en ella. Este aprendizaje significa un cambio
sustancial en el proceso de interacción, una transformación
cualitativa del mismo, a la vez que es efecto del inter-juego entre
sujetos. La transformación cualitativa del proceso interaccional está
dada por la internalización del vínculo.

Es a partir de la interacción, de esa capacidad de transformar


estructuralmente al sujeto, que caracterizamos al proceso
interaccional como dialéctica entre sujetos. En el vínculo cada sujeto
reconoce al otro como diferenciado de sí, a la vez que se relaciona
con él.

Las relaciones entre el proceso social y la subjetividad hoy

La psicología social como disciplina nace con la modernidad y el


surgimiento de fenómenos que llevan a interrogar la relación sujeto-
sociedad (fenómenos de masas, procesos revolucionarios, cambios en
las instituciones y formas de organización).

Hoy en la posmodernidad surgen nuevas preguntas y teorías


acerca de la sociedad, lo subjetivo y sus relaciones. Estas nuevas
interrogantes hicieron que la PS se redimensione y actualice por los
profundos cambios políticos, económicos y sociales en la
configuración de la subjetividad.

¿Cuál es el objeto de la psicología social?

No se trata de un “objeto” sino de una multiplicidad de procesos


y relaciones que se determinan y afectan recíprocamente. El trabajo
de la psicología social es indagar el nexo dialéctico que se da entre el
orden socio-histórico y la subjetividad.

Esta indagación implica el estudio de las relaciones sociales, las


instituciones y practicas que expresan esas relaciones; los sistemas
de representación; las formas organizativas; modalidades de
agrupación, vinculación y formas comunicacionales.

Estas relaciones, constituyen la génesis y desarrollo de la


identidad del sujeto.

El sujeto

Trabajar desde la PS, implica comprender una concepción del


sujeto como ser complejo.

El hombre es un sujeto complejo en el que encontramos que es


un sujeto de necesidades, que solo pueden ser satisfechas
socialmente. No hay nada en el hombre que no sea resultante de la
interrelación entre individuos, grupos y clases. El ser humano se
constituye en su subjetividad dada por su dimensión psíquica y social.

Entonces, si su subjetividad es formada por las relaciones


sociales, no debemos hablar de un “afuera social” y su “adentro
psíquico” ya que desde el inter-juego sujeto-mundo, lo interno se
hace externo y viceversa.

Concepción de salud

Se debe estudiar las posibilidades del sujeto para realizar


acciones transformadoras y adaptativas a la realidad,
preguntándonos por su capacidad cognitiva y emocional de
comprensión y resolución de conflictos (salud). Esto lo lograremos
analizando su conducta, sus vínculos y su representación del mundo.
Esto va a permitir visualizar el encuentro dialéctico entre el sujeto y el
mundo en tanto su realidad aprehendida, logrando hacer más
tangibles los nexos, las articulaciones, las fracturas, quiebres, vacíos
y ausencias dentro de dicha realidad.

Para elaborar un criterio de salud mental y de la promoción de


la misma, debemos reflexionar acerca de la organización material y
social de la experiencia personal y colectiva en un orden socio-
histórico determinado.

La situación actual

Hechos que convergen nuevas formas de cotidianidad y


organización con un claro impacto en la subjetividad:

1. La reunificación del mercado mundial bajo el signo del


sistema capitalista. Marca el fin de una etapa histórica y se
puede considerar como la base de la globalización.
2. La revolución informática y mediática. Produce y produjo
impactos en la subjetividad al modificarse los registros de
tiempo y espacio.
3. La globalización, un proceso creciente de cambios en la
organización del poder, de las fuerzas productivas, de las
relaciones, etc. La autora señala la destrucción de empleos a
causa de la aparición de la maquinaria y el problema del
imperio de la imagen.

El nuevo orden mundial, que se instala a partir de la


globalización, marca esta “compleja dialéctica entre las relaciones
sociales y subjetividad” de la cual se interesa la PS.

El discurso social y su impacto en la subjetividad


Homogeneidad vs soledad, desigualdad, exclusión: el discurso social actual habla
sobre lo global, el acceso universal a servicios, la libertad de expresión, democracia.
“homogeneidad” pero no se encuentra.
Logro vs agnosticismo, escepticismo: plantea la idea de logro y que todo es posible.
Pero también hay un escepticismo político, filosófico, científico y social.
Personificación vs individualismo: todo está pensado para la persona en particular:
todos somos importantes todos podemos elegir lo que queremos, somos
importantes para el sistema. Pero existe un individualismo en el que el “otro” no
tiene espacio en nuestra vida. Somos importantes en un sentido, pero
reemplazables en otro.
Discurso social: los discursos recorren el orden socio histórico.
Nombran enuncian y explican. Configuran percepciones, interpretan
experiencias y construyen una visión del mundo. Puede aclarar
hechos u ocultar otros.

El discurso social actual: Ana Quiroga plantea que está marcado


por el fin de las ideologías, declinación de estas. No hay proyectos
colectivos que nos una como comunidad. Nombra y enuncia el “horror
económico”: la economía como determinante de la vida de los sujetos
de manera radical. Causante de felicidad y a la vez del caos, la crisis.
Vemos como la posmodernidad estuvo atravesada por crisis
económicas de muchos países.

A partir de lo dicho anteriormente, hay ambigüedades:

Duda: personificación vs individualismo

Teóricamente todo esta personalizado al gusto del consumidor.


Todo es armable al gusto del sujeto. La paradoja tiene que ver con
que el paradigma de la personalización supone que el sujeto este más
presente y por consiguiente registrar a todos; pero no se genera, hay
una falta de registro del otro.

Ana Quiroga plantea que la posmodernidad muestra un “fin de


las ideologías”, pero sin embargo nunca van a dejar de estar
presentes e influenciarnos.

Son ideologías que se enmarcan y construyen en el contexto


posmoderno, y no por eso dejan de ser menos importantes ni cabe
objetar un “fin de las ideologías”. Nunca vamos a dejar de construir
nuestras propias percepciones del mundo a partir de nuestras
experiencias, por ende nunca vamos a dejar de generar ideologías.

Impacto en la subjetividad
Sobreadaptacionismo: creación Nos adaptamos al entrono crudo
de un falso yo, se alinea a lo que y virtual de las redes sociales en
los demás esperan que sea. donde buscamos mostrarnos de
Construcción de una falsa tal o cual manera con el fin de
identidad. Suprime una parte resaltar y no ser diferentes ante
significativa de las emociones y los demás.
el pensamiento.
Empobrecimiento psíquico y
deterioro de la simbolización.
Alteraciones de los procesos Se generan problemas para
identificatorios generar una identidad propia e
individual. Se puede generar por
sobreinformación.
Fractura de los lazos solidarios El individualismo sesga a las
personas a pensar la realidad de
los sectores bajos que necesitan
soporte comunitario y colectivo.
Melancolización: baja Puede ser producto de
autoestima, desesperanza, conductas antisociales llevadas
desmotivación a cabo por la virtualización del
mundo real.
Aislamiento/depresión
Violencia en las relaciones Una persona puede esperar
interpersonales: incapacidad de respuestas o conductas
ver al otro como válido específicas de otra sin siquiera
haber diálogo, puede generar
conflictos.
Conductas adictivas: sustancias, Sublimar la realidad y sustituirla
consumo en Gral., sexualidad, con satisfacciones que generan
etc. efímero bienestar en el sujeto.

Los seres humanos están intentando recuperar un rasgo


esencial de la identidad, el de ser protagonistas de la historia. Rasgo
fundado en la conciencia de la dignidad.

La subjetividad e intersubjetividad: un camino en la


comprensión de lo cultural – revista Linhas

La subjetividad es el modo de constituir una realidad social, en


los diferentes aspectos que la integran: social, cultural y político. A la
vez implica la manera de pensar, sentir, comunicar y dar sentido e
intencionalidad a las formas de interactuar y convivir del sujeto en la
cotidianidad en la cual se gestan procesos de interacción cultural. La
subjetividad se expresa en las vivencias propias de cada individuo,
como también en las construcciones generadas en relación con el
otro y con lo otro (el contexto).
La subjetividad trasciende lo cultural, lo espiritual, las
estructuras organizativas de la vida social y se instala en espacio y
tiempo concreto, pero dinámico.

Desde las Ciencias Sociales, indagar la subjetividad se


construye en la posibilidad para desentrañar y comprender una
realidad social. En la filosofía de Foucault da un sentido ético a la
estética de la existencia, mediante la relación del sujeto consigo
mismo sin desligar el papel del mediador, hacen posible a un sujeto
diferente.

Las nuevas formas de subjetividad expresadas en la filosofía


contemporánea, conciben el sujeto desde sí mismo y en relación con
el otro y lo otro como construcción cultural. Estos dan a la
subjetividad un sentido de construcción y transformación desde lo
social, lo cultural y lo político.

La subjetividad se construye en lo cultural, y en la medida en


que se dan las relaciones intersubjetivas, en planteamientos de
Touriane, “el deseo de ser sujeto puede transformarse en capacidad
de ser actor social a partir del sufrimiento del individuo desgarrado y
de la relación entre sujetos”.

Capacidad de interactuar con el otro y lo otro  transformarse y


transformar.

El ímpetu de la subjetividad e intersubjetividad se manifiesta en


la búsqueda de posibilidades que hace el sujeto y que se configuran
en la construcción de lo cultural.

En Foucault es relevante el concepto de sujeto como constructo


por medio del cual se efectúa la catarsis por sí mismo. Es el sujeto en
su condición espiritual quien puede abrirse a las transformaciones y a
la búsqueda de la verdad.

Es la persona como sujeto y el sujeto entendido en su


subjetividad quien puede reconocerse como creador de sentido, de
intercambio y de relaciones socioculturales intersubjetivas.

En la subjetividad del ser humano, la espiritualidad es un


componente que se constituye en el proceso catártico del sujeto. Le
permite imaginar una realidad, da cuenta de lo que acontece en el
interior del ser humano, que tiene que ver con sus pensamientos,
sentimientos emociones, que movilizan su voluntad, su manera de
dar sentido y proyectar el mundo en el que se vive.
Pensar en el sujeto, implica pensarlo como persona, como
individuo, un sujeto concreto que representa una unidad, como
cuerpo y espíritu sin negar su condición social y cultural.

La edificación de la intersubjetividad se gesta en el sentido


plural del sujeto, en un espacio social, colectivo, político y cultural.

Es importante reconocer la trascendencia que aporta la


subjetividad a la trayectoria conceptual del sujeto.

En la reflexión de la subjetividad es importante la comprensión


del sujeto como ser colectivo y singular porque estas dimensiones no
se excluyen, se complementan. Es el sujeto entendido en su
subjetividad, quien logra las transformaciones de sí mismo, como
también la apropiación de los contenidos culturales de la tradición de
su entorno con conciencia ética e histórica y los procesos de
interacción social e interpretación en un mundo intersubjetivo,
lingüísticamente mediado e históricamente contextualizado.

La subjetividad permite la comprensión de los fenómenos


sociales como procesos de construcción de sentido y es a partir de la
trama intersubjetiva en el tejido social que se forman los significados
de la acción social como práctica cultural, desde el mundo cotidiano
de la vida. La intersubjetividad permite adentrarse al campo de las
interacciones sociales en que las personas dan significado a todo lo
que tiene sentido en el mundo cotidiano, y es el lenguaje el
mecanismo mediador en las tensiones y relaciones de poder que
caracterizan los procesos de construcción de cultura. La comprensión
e interpretación con el otro constituye la verdadera comprensión de la
realidad.

Byung – Chul Han – la expulsión de lo distinto

El terror a lo igual

Los tiempos en los que existía el otro se han ido. La negatividad


del otro deja paso a la positividad de lo igual. La proliferación de lo
igual es lo que constituye las alteraciones patológicas de las que está
aquejado el cuerpo social. Lo que enferma es el exceso de
comunicación y de consumo, la permisividad y la afirmación. El signo
patológico es la depresión, la presión destructiva que proviene del
interior.

La expulsión de lo distinto, pone en marcha un proceso


destructivo: la autodestrucción. Un sistema que rechaza la
negatividad de lo distinto desarrolla rasgos autodestructivos.
La negatividad de lo distinto da forma y medida a una
mismidad.

El terror de lo igual alcanza hoy todos los ámbitos vitales. Los


medios sociales representan un grado nulo de lo social.

La interconexión digital total y la comunicación total, no facilitan


el encuentro con otros. Más bien, sirven para encontrar personas
iguales y que piensan igual, haciéndonos pasar de largo ante los
desconocidos y quienes son distintos.

Hoy en día nos dejamos llevar por el “esto es así y punto”, no


hay tiempo para el porqué, para preguntarse.

Heidegger diría que hoy, el ruido de la comunicación, la


tormenta digital de datos e informaciones, nos hace sordos para el
callado retumbar de la verdad.

Psicoanálisis y Ciencias Sociales – Cevasco

“Aplicar” el psicoanálisis, los descubrimientos, en el campo de


la ciencia de lo social es lo contrario de promover una reducción de lo
social a lo individual; lo contrario de promover el imperialismo de una
disciplina sobre otra.

El punto de vista del psicoanálisis en el campo de las ciencias


sociales se legitima a partir de una hipótesis: existe una dimensión
social del síntoma. Esta mínima y legítima hipótesis, permite
establecer un puente entre el saber del síntoma y el saber de la
cultura.

El psicoanálisis permite abordar lo que podemos llamar


“anverso de lo real social”, en la medida en que las psiconeurosis son
la respuesta a un “imposible de vida” inscripto en un estatuto mismo
de lo cultural.

Ese “imposible de vida” está ligado a la renuncia pulsional,


fundamentando su existencia y que opera como condición de su
reproducción. Se trata de abordar las neurosis como operador de
lectura del malestar en la cultura y de explorar, por medio del
síntoma, el punto ciego de lo social y hacer transformaciones
neuróticas.

La ética del encuentro – Najmanovich

La naturaleza no obedece a los deseos, esperanzas y/o criterios


del ser humano. No prefiere ni privilegia, no tiene jerarquías ni centro,
no hay trono ni alturas, ni direcciones, no existe la falta ni la falla.
No hay punto de vista privilegiado, ni medida absoluta, ni escala
de valores detentada por un soberano. Solo hay una naturaleza,
eternamente productiva, que no exige nada de nosotros. Todo lo que
existe le pertenece a esta naturaleza, todos somos parte inextricable
de ella.

Nuestra cultura es esclava de la trascendencia, de la autoridad


el mandato, el saber. En eso consiste la ética del control, en exigirnos
sumisión a algo superior.

Al eliminar toda trascendencia, quienes piensan – sienten -


actúan desde la ética del encuentro no pretender adoctrinarnos, sino
que nos invitan a experimentas, a habitar la propia vida sin estar
obligados por ningún ideal, sin encadenarnos a preconceptos o
metodologías.

En la modernidad la trascendencia divina tuvo que hacer lugar a


un rival que pretendió crear un imposible imperio dentro de otro
imperio: el sujeto – individuo racional. Creemos que nuestra razón
trasciende la naturaleza.

El enfrentamiento hombre – naturaleza se reduplica como


oposición mente – cuerpo. El hombre imagina tener un estatus
privilegiado por el cual es capaz de dominar tanto su propia
naturaleza como aquella que el ha definido como externa y separada
de sí.

Existimos en comunidad, participamos, pertenecemos a la


naturaleza en la que convivimos.

En lugar de pensarnos como individuos que se asocian


externamente, se trata de pensarnos como miembros de una
comunidad de relaciones siempre tensas e intensas. En esa
comunidad – red activa que es toda la naturaleza que está siempre
conformándose y transformándose, sin seguir ningún plan y sin
ningún propósito, lo singular y lo colectivo están entramados,
atravesados y enlazados en una incesante dinámica de intercambios.

La noción de comunidad es muy diferente a la de sociedad. Las


comunidades están formadas por individuos que creen ser capaces de
forjar su propio destino por sí mismos.

Vivimos en la mutualidad, aprendemos a través de los


encuentros, afectamos y somos afectados por el entorno de muchas
maneras diferentes. Cada existencia es única y al mismo tiempo y sin
contradicción, cada entidad comparte muchas cosas con otras en un
juego vincular que puede adoptar infinidad de formas.
La mirada antropocéntrica que privilegia la racionalidad
presupone un sujeto del saber que no se deja influenciar, que piensa
sólo por sí mismo y sólo gracias a la racionalidad. Sin embargo, todos
somos afectados y modulados por los encuentros. Todos hemos
experimentado encuentros potenciadores y otros inhibidores.

La ética del control nace de la ilusión de trascendencia e


independencia y configura un modo de relación con los otros y,
paradójicamente, también con nosotros mismos entendidos como
meros recursos y objetos manipulables.

Los vínculos, la afectación mutua, las mediaciones y la dinámica


vincular a partir de la cual se nos hace presente el mundo en la
experiencia. Lo singular y lo colectivo están siempre entramados y el
ser humano resulta ser una especie más entre todas las demás.

En esta clase, Denise Najmanovich propone abandonar la visión


occidental tradicional que ha entendido el mundo como un "cosmos"
ordenado y fijo frente al "caos", y que ha sostenido la ilusión de
control sobre la naturaleza y los otros. Este modelo, basado en la
trascendencia (de Dios, la Razón, el Estado, etc.), impone una ética
del control que legitima la dominación, la normalización y la supresión
de los afectos y vínculos como formas legítimas de conocimiento y
existencia.

Frente a esto, Najmanovich propone una ética del encuentro,


que se sustenta en la metáfora autopoiética: una visión en la que
la naturaleza y los seres humanos son parte de una misma trama en
constante transformación. Desde esta perspectiva, no hay centro,
jerarquías ni verdades universales. La vida se entiende como un
proceso colectivo, afectivo, relacional y dinámico, donde no existe
independencia absoluta, sino autonomía ligada: somos seres
singulares, pero en continua co-producción con otros.

La autora critica el modelo moderno basado en la racionalidad


desencarnada, la competencia, la objetividad y la supuesta
neutralidad emocional. Defiende el papel central de los afectos en la
vida, el conocimiento y la política, resaltando cómo han sido
históricamente reprimidos por el paradigma del control. Retoma a
pensadores como Spinoza y a estudios contemporáneos como el de
las neuronas espejo para reforzar la idea de que el conocimiento y
la empatía surgen en el encuentro y la interacción.

Najmanovich llama a una transformación del pensamiento y la


vida, no desde una nueva teoría abstracta, sino desde la experiencia,
la ternura activa y la empatía lúcida. Propone construir nuevas formas
de comunidad y convivencia que abracen la diversidad y la
complejidad, sin imponer normas universales ni proyectos cerrados.

Complejidad y Salud – Denise Najmanovich

En la contemporaneidad la complejidad se enlaza con la


metáfora de la red, con la idea de interacción, con la perspectiva de
la autoorganización y la evolución de sistemas complejos en entornos
activos. Desde esta mirada, es posible romper con el hechizo del
dualismo, con la pesadilla del mundo en blanco y negro de las
oposiciones dicotómicas.

El ser humano no es solamente un cuerpo físico, ni meramente


una máquina fisiológica, es un organismo vivo que evoluciona en
intercambio con otros y que es capaz de dar sentido a la experiencia
de sí mismo.

De la partícula a la red, del objeto a la configuración dinámica, de la


estructura a la actividad organizativa.

El pensamiento moderno y la ciencia newtoniana en particular,


concibieron un cosmos formado por partículas elementales aisladas
cuya única forma de relación era la composición mecánica. Desde
esta perspectiva, se ha encerrado al cuerpo con límites fijos y
fronteras impenetrables estableciendo una distinción radical entre el
medio interno y externo.

Las miradas de la simplicidad y la complejidad conciben de


modo diferente la naturaleza de lo que ha de llamarse sistema, de lo
que ha de concebirse como parte, y del vínculo que las relaciona.
Como claramente lo ha expresado Morin, hemos entrado en una
“doble crisis: la crisis de la idea de objeto y la crisis de la idea de
elemento” (Morin, 1981).

En el enfoque dinámico de la complejidad, los vínculos emergen


simultáneamente con aquello que enlazan en una dinámica de
autoorganización (Najmanovich, 2005). Todo conocimiento es una
configuración actual del mundo producida en la interacción y el
intercambio.

Henry Atlan, uno de los pioneros teóricos del campo de la


complejidad y la autoorganización, sostiene que “las organizaciones
vivas son fluidas y móviles. Todo intento de inmovilizarlas, en el
laboratorio o en nuestra representación, las hace car en una u otra de
las dos formas de muerte: el humo o el cristal. (…).”
Los abordajes de la complejidad conjugan la estabilidad y el
cambio, la unidad y la diversidad, la autonomía y el vínculo, la
individualización y la configuración sistémica.

El sistema organizado no es un producto fijo, sino una


resultante de un proceso dinámico de interacciones de redes que
genera sus propios bordes y produce una unidad autónoma. Esta
unidad sistémica solo existe y adquiere una estabilidad relativa a
través de los intercambios permanentes con el medio ambiente en el
que está embebida y del que forma parte inextricable.

Para comprender este proceso dinámico es necesario realizar un


pequeño rodeo epistemológico puesto que la concepción del
conocimiento en la que todos nos hemos formado es un obstáculo
fundamental para el pleno desarrollo del pensamiento dinámico. Las
diversas epistemologías de la modernidad, ya sean empiristas o
racionalistas, ya sea que formen parte de una postura atomista o
estructuralista, conciben el conocimiento como representación: una
imagen del mundo reflejada en el interior de un sujeto abstracto. En
los abordajes de la complejidad, el conocimiento es concebido como
un proceso de interacción de los sujetos con el mundo, que nunca es
individual sino social y mediado por nuestra biología, por la cultura y
por la tecnología.

La célula, mientras esté viva siempre está en actividad,


intercambiando materia y energía con su entorno en una dinámica
globalmente transformadora, aún cuando conserva la pertenencia a
una misma clase, pero en la medida que el proceso vital es siempre el
fruto de un intercambio permanente con el medio, nunca será
idéntica ni siquiera en sí misma.

Los seres vivos son un entramado multidimensional de redes


que se autoorganizan en distintos ritmos, algunos con una dinámica
de transformación más lenta y otras más rápida.

El cuerpo es la indispensable condición de posibilidad de


nuestro ser en el mundo, de nuestra humanidad de nuestra
animalidad, de nuestra organización social. Desde la perspectiva
vincular el cuerpo no puede ser pensado como un recipiente que nos
contiene, es lo que se forma – deforma- transforma y conforma en el
entramado de la vida. Nuestra biología forma parte de nuestro
peculiar estar en el mundo, pero la propia vida no está definida de
una vez para siempre. En el inter-juego de la trama corporal – vital
evolucionamos, nos transformamos, cambiamos.
La piel no solo nos separa de los otros, es por ella, a través de
ella, en que sentimos el contacto tibio del aliento de un ser querido. El
cuerpo no es solo territorio propio, sino que es lugar de encuentro.

Para entrar al reino de la complejidad es necesario, buscar


puntos de vista diferentes al de la perspectiva de la ciencia clásica
que privilegiaba la simplicidad y forjar otras formas de interacción, de
producción de sentido y de experiencias que nos permitan pensar a la
salud como un problema del vivir humano como sujetos entramados
en lugar de concebirla como un desperfecto mecánico.

Al concebirse al cuerpo como un sistema cerrado, compuesto de


subsistemas se fue aislando a las personas de sus entornos afectivos,
emocionales, cognitivos, relacionales y culturales.

Denise Najmanovich plantea que el pensamiento dicotómico


(cuerpo/mente, individuo/sociedad, público/privado) limita la
comprensión de la salud. Propone un enfoque complejo que considere
la vida como una red de interacciones y no como un sistema
mecánico y fragmentado. La salud no debe pensarse como ausencia
de enfermedad, sino como parte de un proceso vital, cultural, ético y
político.

Critica la visión mecanicista dominante en la medicina moderna


que ve al cuerpo como una máquina separada del entorno y del
sujeto. Esta visión ha generado prácticas fragmentadas,
desconectadas de la experiencia humana y del contexto social. Frente
a esto, la autora destaca el valor del pensamiento complejo, que
entiende los sistemas como abiertos, dinámicos, autoorganizados y
en permanente transformación.

Desde la complejidad, el cuerpo es concebido como una red de


relaciones, un nodo en la trama de la vida, con límites permeables y
vínculos activos. La salud, en este sentido, es relacional, contextual y
diversa; no puede reducirse a parámetros fijos ni a modelos
universales. Se requiere una mirada integradora y situada, que
reconozca la dimensión afectiva, simbólica, social y biológica de los
seres humanos.

Najmanovich sostiene que es necesario dejar de ver al


conocimiento como representación estática y comenzar a pensarlo
como producción situada, en interacción con el mundo. Para esto,
plantea el uso de modelos heterárquicos e interdisciplinarios, donde
las decisiones se construyan colectivamente con la comunidad, en
vez de imponerse desde estructuras jerárquicas y centralizadas.
Finalmente, enfatiza que la salud debe ser entendida como
un proyecto comunitario, no solo médico, donde los saberes
técnicos se articulen con las experiencias y valores del grupo
humano. Solo así se podrá construir una atención en salud
verdaderamente transformadora, crítica y comprometida con la vida.

Posdata sobre las sociedades de control – Gilles Deleuze

Foucault situó las sociedades disciplinarias en los siglos XVIII y


XIX; estas sociedades alcanzan su apogeo a principios del XX, y
proceden a la organización de los grandes espacios de encierro. El
individuo no deja de pasar de un espacio cerrado a otro, cada uno con
sus leyes: familia, la escuela, el hospital, la prisión…

Los diferentes internados o espacios de encierro por los cuales


pasa el individuo son variables independientes: se supone que uno
empieza desde cero cada vez, y el lenguaje común de todos esos
lugares existe pero es analógico.

Deleuze plantea que las sociedades disciplinarias, analizadas


por Foucault, dominaron los siglos XVIII y XIX, organizando la vida en
espacios de encierro (familia, escuela, fábrica, hospital, prisión).
Cada uno funcionaba con reglas propias y el individuo pasaba de uno
a otro en una secuencia controlada.

Estas instituciones están hoy en crisis: se habla


constantemente de reformas, pero en realidad están
desapareciendo. En su lugar emergen las sociedades de control,
un nuevo tipo de poder que ya no encierra, sino que modula
continuamente la conducta a través de tecnologías y estructuras
abiertas.

A diferencia del encierro disciplinario (molde fijo), el control


actúa como una modulación flexible y cambiante. Por ejemplo, en
vez de un salario fijo, ahora hay premios, rankings, competencias
internas; en lugar de exámenes puntuales, hay evaluación
continua. El individuo se convierte en un “dividuo”, un conjunto de
datos, cifras y accesos modulares.

Estas sociedades de control están ligadas al desarrollo de


máquinas informáticas, a diferencia de las mecánicas o
energéticas de épocas anteriores. El capitalismo también ha mutado:
ya no se organiza alrededor de la producción en fábricas, sino del
mercado, el producto y los servicios, en forma dispersa,
controlada por empresas sin dueños, administradas por cifras y
algoritmos.
La nueva figura no es la del “hombre encerrado”, sino la del
“hombre endeudado”, constantemente observado, evaluado y
gestionado. Las formas tradicionales de resistencia (como los
sindicatos) parecen ineficaces ante este nuevo régimen. El
marketing se convierte en el centro del control social.

Deleuze no propone temer ni esperar, sino buscar nuevas


armas para enfrentar este cambio. Termina señalando que estamos
al inicio de una transformación profunda, y que dependerá de las
nuevas generaciones descubrir cómo se los usa, como antes se
descubrió el verdadero propósito de la disciplina.

Estética del pensamiento complejo – Denise Najmanovich

En la modernidad se concibió el conocimiento como el reflejo


interno en el sujeto del mundo externo, al que se suponía objetivo e
independiente.

Recién en la modernidad hicieron emerger conjuntamente al


sujeto y la objetividad. El sujeto, una concepción entre muchas otras
del ser humano, habría de ser el protagonista de la escena moderna.
El hombre devenido sujeto pretende que es capaz de observar el
mundo objetivamente, es decir, independientemente de su propia
mirada.

El representacionalismo sólo admite mundos disjuntos, aislados,


mutuamente excluyentes. El problema reside en que si aceptamos
este punto de vista se hace imposible conocer.

El pensamiento complejo en el borde de las paradojas

La experiencia “del punto ciego” permite que nos demos cuenta


de que somos ciegos ante nuestra ceguera, si somos capaces de ir
más allá de la explicación fisiológica del fenómeno. El espacio de la
óptica clásica no puede explicar porque no vemos lo que no vemos,
para ello es necesario dar cuenta de la reflexibilidad del proceso
perceptivo. Es preciso comprender que la percepción no es un
proceso mecánico u óptico, no somos una tabula rasa en la que se
imprimen imágenes ni espejos que la reflejan. La percepción es una
actividad formativa, productiva, no un proceso pasivo.

Si aceptamos que el conocimiento es actividad y que pensar es


dar forma, configurar la experiencia, entonces se hace preciso
concebir una nueva forma de espacio cognitivo que pueda dar cuenta
de los fenómenos no lineales.

La autora plantea que los enfoques de la complejidad proponen


una estética del conocimiento basada en relaciones dinámicas y
contextuales, alejándose del pensamiento dicotómico. Este nuevo
paradigma cuestiona los supuestos naturalizados del conocimiento y
apuesta por una producción de sentido situada y responsable.

ESTÉTICA DEL PENSAMIENTO COMPLEJO

El pensamiento moderno se basó en una estética dualista


(sujeto/objeto), que concibe el saber como un reflejo del mundo
externo. Esta estética invisibilizó su carácter interpretativo.
Najmanovich critica esta “paradoja de la evidencia” y llama a pensar
el conocimiento como una actividad creativa y situada.

EL PENSAMIENTO COMPLEJO EN EL BORDE DE LAS PARADOJAS

Las paradojas incomodan al pensamiento clásico, pero el


pensamiento complejo las ve como puentes hacia nuevas
dimensiones cognitivas. Son “compuertas evolutivas” que invitan a
transformar nuestras formas de ver el mundo. En vez de resolverlas,
se propone habitarlas para ampliar el paisaje conceptual.

DINÁMICA VINCULAR: EL TIEMPO FORMATIVO Y TRANSFORMADOR

La complejidad concibe el conocimiento como proceso vincular


y temporal. Rompe con la visión del conocimiento como copia, y lo
entiende como creación. El tiempo no es lineal, sino un flujo con
retroalimentaciones (bucles), donde continuidad y cambio son
inseparables. Esto da lugar a procesos autopoieticos y
autoorganizativos.

ENSAMBLES DINÁMICOS Y REDES FLUIDAS

Frente a las formas fijas de la modernidad (pirámide, centro,


cuadrícula), la complejidad propone redes sin jerarquía ni centro fijo:
ensambles ad-hocráticos y redes fluidas. Estas redes no están
determinadas a priori: se construyen “al andar”, en interacción con el
entorno. Son sistemas abiertos, en constante transformación.

CARTOGRAFÍAS DINÁMICAS Y TERRITORIOS EXISTENCIALES

La autora propone abandonar los mapas conceptuales rígidos.


En su lugar, plantea una herramienta metafórica: el “configura-
zoom”, un enfoque cognitivo flexible y multidimensional que permite
crear itinerarios diversos, explorar diferentes escalas y modos de
relación. La complejidad no busca modelos cerrados, sino cartografías
vivas y relacionales.

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