Módulo I: Conceptualizaciones de la Violencia en la pareja.
Unidad 1: Violencia de Género. Enfoques.
De lo privado a lo público.
Violencia basada en Género.
La violencia basada en el género ha sido invisibilizada y acallada desde los inicios de la
humanidad. Esta clase de violencia pudo ser normalizada y justificada, desde la
estructura cultural/discursiva que la produjo (Patriarcado), llevando la problemática al
lugar de lo privado.
Sin embargo, la lucha política de los distintos feminismos y movimientos de mujeres,
comenzaron a plantear la urgencia de deconstruir las relaciones asimétricas, basadas en
la dicotomía dominación/subordinación, y desiguales en términos de la distribución del
poder.
El concepto de Violencia de Género no debe identificarse plenamente al de violencia
contra las mujeres. Relieve en el contexto de vulnerabilidad en que ciertas personas se
desarrollan producto de su género y/o sexualidad.
El género condicionará los espacios prioritariamente usados por las personas, así como
también las posiciones que asumimos en las interacciones sociales y los potenciales
riesgos o daños que enfrentamos.
Los varones adultos y niños tienen más probabilidades de sufrir violencia en
situaciones delictivas o conflictos armados. Las mujeres adultas y niñas están más
expuestas a sufrir: violencia en el seno doméstico. También son más vulnerables a sufrir
violencia sexual en general. Las consecuencias de este tipo de violencia tienen
particularidades cuando la sufren las mujeres.
Enfoque de Género.
Género: Concepto fundamentado en la/s relación/es, y que explica la construcción de
identidades y ejercicio de roles y formas de vinculación entre hombres y mujeres
(integrando las distintas identidades sexuales y orientaciones).
http://www.who.int/gender/es/
Igualdad de Género: Igualdad de oportunidades para hombres y mujeres.
Equidad de Género: Cambio transformador de las estructuras. Busca hacer
comprensible la forma en que las identidades y roles impactan en la vida de las
personas. Asume el lugar de desventaja que ocupan las mujeres en la sociedad.
Enfoque de Género: Introduce en las políticas públicas el intento por transformar las
desventajas sufridas por motivos de género, a través de determinadas prácticas.
Análisis de género Metodología del enfoque de Género. Busca diagnosticar y plantear
soluciones frente a la inequidad, fomentando la participación equitativa. Incorpora otras
categorías sociales de acuerdo a la población estudiada (clase, etnia, migración,
orientación, rango etáreo, discapacidad).
-. Programas sensibles al Género.
-. Programas transformadores desde la perspectiva de Género.
Al pensar un fenómeno, y abordarlo a través de programas, deben contemplarse las
categorías sociales involucradas: género, edad, clase, etnia (también la condición de
migrante, la orientación sexual, religión, estado civil, discapacidad).
Cada categoría social aporta lecturas sobre la posición de inclusión-
hegemonía/exclusión-subordinación.
La violencia, entendida como fenómeno social y eventualmente acto de carácter
delictivo, debe referirse en su comprensión a sus causas y consecuencias integrales,
tanto para generar estrategias de prevención eficaces, como políticas de restitución y
protección consistentes con los factores involucrados.
(Fuente https://www.giz.de/fachexpertise/downloads/giz2013-es-backup-gender-
guidelines.pdf)
Enfoque de Derechos Humanos.
La violencia contra las mujeres y niñas comienza a ser reconocida como una forma de
discriminación y perjuicio contra el desarrollo, tratándose como un problema de
Derechos Humanos ¿Por qué? Por la Violación del Principio de Igualdad entre los seres
humanos. La violencia basada en género atenta contra los derechos y libertades de las
mujeres, profundizando aún más las desigualdades en el acceso a oportunidades.
La violencia de Género comienza a ocupar importantes puestos en la agenda
internacional, a través de distintas convenciones y tratados (instrumentos de tratados
internacionales y de las legislaciones nacionales), desde el enfoque de DD.HH.
Declaraciones y Convenciones.
Género y DD.HH.
1980 – 1985. 2ª y 3ª Conferencias Mundiales de la Década de las Mujeres de las
Naciones Unidas.
1979: Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la
Mujer (CEDAW).
1990: Convención de Derechos del Niño.
1993: ONU. Declaración sobre la eliminación de la violencia contra las mujeres. Se
declara la violencia contra las mujeres como una violación a los derechos humanos.
“A los efectos de la presente Declaración, por "violencia contra la mujer" se entiende
todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda
tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer,
así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la
libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada.
1994: Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia
contra la Mujer (Convención de Belém do Pará)
1995: La Plataforma de Acción de Beijing
2003. Alto Comisionado de las N. U para los refugiados. “La violencia por motivos de
género es aquella que está dirigida en contra de una persona con base en su género o
sexo. Este concepto incluye actos que causan daño o sufrimiento físico, mental o sexual,
la amenaza de tales actos, la coacción y otras formas de privación de la libertad”
2011. Convención sobre la prevención y lucha contra la violencia hacia la mujer y la
violencia doméstica (Consejo de Europa).
Tipos de violencia basada en Género.
Galtung (1995), distingue tres niveles de violencia
a) Directa. Violencia sufrida directamente, a través del uso de fuerza física,
maltrato psicológico, abusos económicos y agresiones sexuales.
b) Cultural. Violencia derivada de las prácticas y discursos ideológicos, religiosos,
artísticos y lingüísticos.
c) Estructural. Sistemas de marginación, exclusión y explotación, provenientes de
la estructura social (sistemas económico y político).
Violencia Directa. Contextos.
En la Familia: Escenario prioritario en el cual las mujeres, en base a su género, sufren
violencia, particularmente en las relaciones de pareja.
-. Abuso físico: Manifestaciones de violencia dirigidas al cuerpo de la persona,
implicando diversas conductas (Centro Clínico y de Investigación La Morada /
UNFPA).
-. Abuso emocional y psicológico. Actos u omisiones que buscan intimidar y controlar
el comportamiento, los afectos y los pensamientos de las mujeres. (Martínez, Walker
cols. 1997, en Centro Clínico y de Investigación La Morada / UNFPA).
-. Abusos sexuales: Imposición de actos sexuales, contra la voluntad de las mujeres.
-. Abuso financiero/patrimonial: Consistente en privar a la persona de los satisfactores
de sus necesidades básicas o la apropiación de su dinero o bienes.
En la comunidad: En los lugares de estudio y trabajo, tanto por parte de los pares como
de las autoridades; En la vía pública por parte de desconocidos; en los medios de
comunicación. En organizaciones ilícitas, a través de la explotación sexual infantil y
prostitución forzosa.
Por el Estado (ejecutada o tolerada). Violencia sexual como arma de guerra o
herramienta de tortura. Violencia sexual en situación de privación de libertad, uso de la
esterilización forzosa para controlar la tasa de natalidad.
Efectos de la Violencia de Género
Los efectos y consecuencias de la violencia basada en género dependerán de la
interacción de varios factores, atendidos en lo siguiente:
ü Según tipo de violencia sufrida. Interacción entre dos o más formas de
manifestación de violencia, cronicidad de los abusos.
o Violencia sexual es indicador de mayor riesgo.
o Toda violencia de género implica violencia psicológica y emocional.
ü Según contexto en el cual se desarrolla la violencia. Relación entre la víctima y
su agresor, ya sea su pareja, familiar, conocido o agente de Estado.
ü Según etapa vital en la cual se sufre la violencia.
o Antes del nacimiento.
o Primera infancia.
o Niñez y adolescencia.
o Adultez.
o Vejez.
ü Según la respuesta del entorno:
o Invisibilización
o Normalización
o Incredulidad
o Culpabilización
o Apoyo y protección.
ü Consecuencias fatales: Femicidio, Suicidio, Infanticidio, Mortalidad materna,
muerte por lesiones ocasionadas en agresiones sexuales, efectos de ITS.
ü Consecuencias no fatales: Efectos en la salud física, psicológica, sexual y
reproductiva, economía, consecuencias laborales y sociales.
ü Efectos en los hijos/as y en la red primaria y natural.
ü Efectos en la comunidad y sociedad.
ü Gasto público en seguridad, salud, legal, penitenciario.
Conceptualización de Masculinidades
Los estudios respecto a las Masculinidades apuntan a analizar y sistematizar los
procesos y cambios desarrollados en las construcciones de género e identidades, nacidos
a partir de las transformaciones sociales, políticas y económicas, efectos de los
movimientos civiles y particularmente aquellos feministas.
Entendiendo que la Masculinidad es un constructo social y cultural, incorporado a
través del aprendizaje y de la socialización, los estudios de masculinidades abordan
básicamente dos preguntas: ¿Qué define el ser hombre? Y ¿cuáles son los desafíos a los
que la identidad masculina se enfrenta actualmente?
Definición de lo Masculino: Lugar de la autoridad “simbólica”. Puede señalarse que
históricamente lo masculino ha sido asociado a la autoridad, principalmente frente a lo
femenino (definición negativa). No obstante, y atendiendo a los cambios que han
ocurrido durante el último siglo (desde el movimiento sufragista), pero especialmente
desde los último 30 años, el concepto de autoridad ha requerido continuas
resignificaciones, motivo por el cual la autoridad simbólica asociada a la masculinidad
también requiere de reinterpretaciones, tanto en los discursos sociales como en las
prácticas y hábitos relacionales diarios.
Debido a lo anterior, en el presente existe una profunda dificultad en poder generar una
definición acabada y unívoca de lo qué es la Masculinidad (Connel, 1995). En esta
complejidad, aparecen intentos interpretativos de tipo esencialista, positivista,
normativos y semióticos, los que serán revisados en los textos complementarios.
Ahora bien, los tópicos de lo masculino y su expresión relacional, pueden rastrearse en
diferentes áreas de desarrollo: producción, consumo, posición en las instituciones y
ambientes naturales, lugares en las luchas sociales (Connel, 1995). Sobre esto, la/s
Masculinidad/es serán entendida/s como procesos relacionales y prácticas sociales en
los cuales hombres y mujeres llevan sus vidas en el género. La Masculinidad es
atendida entonces como una práctica de género.
Tres áreas de desarrollo en las cuales se va configurando la masculinidad como práctica:
1- Relaciones de poder.
2- Relaciones de producción (división sexual del trabajo).
3- Vínculos afectivos.
Las principales relaciones en las cuales las masculinidades se construirán serán: La
relación con el trabajo, las relaciones familiares (ser pareja y padre) y la relación con
otros hombres. La masculinidad significada positivamente desde el patriarcado, implica
una serie de estereotipos y mandatos, privilegios y prohibiciones respecto al ideal o
deber ser del hombre dentro de estas interacciones. Por ejemplo, aun cuando los varones
han logrado integrarse a tareas, actividades y funciones reconocidas como femeninas de
acuerdo a la lógica patriarcal, de todas formas esta integración es sólo parcial: Si bien
muchos hombres juegan y comparten espacios de afecto y recreación con sus hijos, las
madres o cuidadoras femeninas son las principales responsables de las labores de
cuidado y crianza. La paternidad, como uno de los roles propios de la masculinidad, se
ha visto atravesada por importantes modificaciones, pero se está lejos de lograr una
cabal equidad.
Respecto a las relaciones de pareja, históricamente se ha configurado la masculinidad
desde un rol activo, protector, racional, contrario a los estereotipos y definiciones
atribuidas a lo femenino y sus representantes. La identidad masculina tradicional se
construye sobre dos procesos complementarios e interdependientes: una exteriorización
de las funciones del yo, centrado éste en el hacer en el mundo y, paralelamente, una
represión de la esfera afectiva (Corsi, El Modelo Masculino Tradicional). La debilidad,
asociada a la expresión afectiva, sería propia de lo femenino, situación que debe
evitarse, de acuerdo a los mandatos de género. Así, lo exigido a lo masculino dentro de
la relación de pareja es la protección, cumplir con la provisión y restringir su expresión
emocional.
Si bien lo anteriormente descrito ha ido flexibilizándose, también es cierto que el
dominio y control dentro de las relaciones es un “privilegio” propio de lo masculino,
hecho que según Corsi, se sustenta en varios mitos, incorporados desde la infancia.
1) La masculinidad es la forma más valorada de la identidad genérica.
2) El poder, la dominación, la competencia y el control son esenciales como pruebas de
masculinidad.
3) La vulnerabilidad, los sentimientos y emociones en el hombre son signos de
feminidad, y deben evitarse.
4) El autocontrol, el control sobre los otros y sobre su entorno son esenciales para que el
hombre se sienta seguro.
6) El éxito masculino en las relaciones con las mujeres está asociado con la
subordinación de la mujer a través del uso del poder y el control de la relación.
7) La sexualidad es el principal medio para probar la masculinidad; la sensualidad y la
ternura son consideradas femeninas y deben ser evitadas.
8) El éxito en el trabajo y la profesión son indicadores de la masculinidad.
9) La autoestima se apoya primariamente en los logros y éxitos obtenidos en la vida
laboral y económica. (1995, en Montecinos, 2002. Pp. 14).
Existe una marcada tendencia masculina a manifestar comportamientos violentos,
arriesgados o competitivos, aspecto que se refleja en un mayor índice de mortalidad de
los hombres en comparación con el de las mujeres, por motivos de accidente o violencia
(Subirats, 2007: 49-135). Esta tendencia, basada en la demostración de valía o
superioridad y en la rivalidad como elemento central de las relaciones personales,
guardaría relación con un aprendizaje de género dentro de los valores tradicionales que
han constituido la socialización sexista.
El heroísmo, la combatividad y el conocimiento sexual experimentado serían para
Morgan (1999) los tres valores más importantes del aprendizaje de género masculino; el
sexismo, la misoginia, la agresividad y la homofobia, para Guasch (2008), lo que le
llevaría a suponer que la masculinidad, en tanto que conjunto de valores o construcción
cultural, constituiría una herramienta básica para preservar el control social por parte de
la población masculina (Téllez & Verdú. 2011, pp. 80-103). La idea del hombre como
sujeto protagonista y superior con respecto a las mujeres, le otorgaría una autoridad
material y simbólica en todos los órdenes sociales, a través de la legitimación del uso de
la violencia.
La violencia es una forma de afirmar y validar la masculinidad no sólo frente a lo
femenino, sino que también en el marco de las luchas con grupos masculinos. Es un
método de control para afirmar la hegemonía y dominación, toda vez que el poder
amenaza con redistribuirse. Así, la violencia será entendida como un método de control
atribuido a lo masculino y legitimado en los hombres, a través de prácticas vinculares
cotidianas.
MÓDULO I: CONCEPTUALIZACIONES DE LA VIOLENCIA EN LA PAREJA.
UNIDAD 2: PERSPECTIVAS EXPLICATIVAS Y COMPRENSIVAS DE LA VIOLENCIA EN LA PAREJA.
Violencia de Género en la Pareja.
Sobre la base de lo revisado en la unidad anterior, en esta unidad abordaremos una
manifestación particular de la violencia por motivos de género, la violencia sufrida en la
pareja.
La violencia de género expresada en la pareja recibe varios nombres, usados a veces
indistintamente: Violencia doméstica, violencia íntima, violencia conyugal. En lo
siguiente, se entenderá relación de pareja como aquel vínculo afectivo, que nace con la
intención de perdurar en el tiempo, que se elije en base al afecto del enamoramiento y
que responde a una organización relacional distinta –aun cuando los mismos miembros
pueden cumplir otras funciones- (Del Río y Jara, 1989).
La violencia en la pareja adviene como un sistema de abusos –físicos, psicológicos,
sexuales, morales y económicos- entre los miembros, uni o bidireccionalmente.
En lo siguiente, revisaremos las principales perspectivas explicativas de la violencia en
la pareja, las que favorecerán posteriormente la comprensión de la figura del agresor.
a) Perspectiva de Género:
Cómo ya hemos revisado, se entenderá por género aquel constructo simbólico que
condiciona la atribución de roles, tareas y significaciones respecto a lo masculino y
femenino. El Género se expresa desde los hábitos, las rutinas, las expectativas respecto
al sí mismo/a, a los otros/as y al mundo, al lenguaje y cultura, relevándose la injerencia
que tiene este constructo en el modo de relacionarnos con el otro género.
Al insertos/as en una Cultura Patriarcal, lo masculino, el ser-hombre, se encuentra en
una posición de dominancia y control respecto a lo femenino, poseyendo mayor poder
los unos sobre las otras.
Evidentemente, esta situación se reactualiza en los sistemas familiares y particularmente
en los subsistemas de relación íntima, lugar dónde no sólo se reproducen los roles de
género sino que pueden legitimarse, reforzarse y perpetuarse (Daskal & Ravazzolla,
1991). Las mujeres, en esta línea, quedan situadas en el ámbito de lo privado/doméstico,
a cargo de la contención, en el lugar de lo pasivo; mientras, los hombres han sido
socializados y orientados para ser los proveedores económicos del hogar, los encargados
de tomar la iniciativa para la actividad sexual, los ostentadores del liderazgo familiar, en
definitiva, la parte dominante.
Mabel Burín, a través de su tesis de la socialización sexista, señala que las mujeres
construyen su yo en la medida que la relación lo ampare, lo que evidentemente
implicará una posición que no favorece sino que merma la actualización de sus
potencialidades.
La violencia en la pareja, desde la perspectiva de género, permite comprender cómo y
en qué medida los valores y sistemas de creencias personales se asocian al entramado
cultural hegemónico, lugar donde la desigualdad y violencia contra las mujeres se
encontrarían legitimadas y validadas, haciendo de este problema social una situación
normal desde la mirada de los estereotipos de género.
b) Perspectiva Transgeneracional:
Los antecedentes de violencia en la familia de origen y los antecedentes de maltrato
infantil advienen como predictores de violencia en la pareja en la adultez, y se asocian
asimismo con mayor gravedad en dicho sistema de abuso (Martínez, V. 1998).
La perspectiva transgeneralcional facilita la comprensión de varios aspectos: En primer
lugar, se releva que los grados de diferenciación dados en la familia de origen tienden a
transmitirse y posteriormente reproducirse en la familia formada en la adultez, y bajo la
misma lógica, será más probable repetir los patrones de interacción.
La violencia al interior de la pareja, como una de las dificultades propias de la baja
diferenciación de los miembros en la pareja, llevan a elevar os niveles de ansiedad, al
tiempo que las modalidades relacionales impiden u obstaculizan el abordaje
constructivo de los conflictos.
Además del aprendizaje y condicionamiento dado en las familias, interesa subrayar un
principio interaccional clave en la transgeneracionalidad de la violencia: las lealtades
invisibles (Boszormenyi Nagi & Spark, 1983), o códigos internos que regulan el
comportamiento y valores de los miembros de un sistema familiar. Las lealtades serían
estrategias de mantención para el equilibrio, es decir, cada persona podría regular su
comportamiento en base al cumplimiento o no de las expectativas que sobre ella caen.
La violencia en la pareja, para quien la ejerce o la sufre, puede relacionarse no sólo con
patrones de interacción aprendidos o ejercicio práctico de los roles de género
incorporados, sino que con intentos de resolución de conflictos familiares pasados,
transgeneracionales, o una descarga de antiguos sentimientos de culpa o deuda.
La violencia en la pareja, vista desde esta perspectiva, implica abordar la historia
familiar de cada miembro, evalúa los significados dados a los patrones interaccionales
transgeneracionales y observar como el otro miembro de la relación representa o
subroga símbolos de la biografía familiar.
c) Perspectiva de interaccional1:
Ravazzolla (1997) propone entender la violencia en la pareja desde la noción de
Circuito de Violencia. En este circuito, entrarían en juego tres participantes: El agresor
(generalmente un hombre) denominado A1. A2 o la persona abusada, quien
frecuentemente es una persona en situación de vulnerabilidad (mujer, niño/a o
anciano/a) y, finalmente, el testigo (A3).
Este circuito de violencia propio de las relaciones abusivas además contempla tres
bases en su constitución: las ideas, las conductas y las estructuras.
Las ideas son todas aquellas significaciones que los participantes argumentan para
entender y justificar la violencia y los abusos. Las conductas refieren a todo acto, gesto
u omisión que pudieran comprender malos tratos pero que dentro del circuito son
normalizados o minimizados. En el orden de la estructura, el circuito se organiza en
jerarquías rígidas, por ejemplo, asignación de roles que condicionan la estructura
relacional.
Este circuito de violencia logra perpetuarse en base al concepto de doble ciego: los
participantes de la interacción no sólo no registran el malestar que los afecta producto
del abuso, sino que además no sabrían que no ven. Complementando esto, se daría la
delegación emocional, una suerte de transferencia se pensamientos y sentimientos entre
1
Proyecto
de
Atención
Nivel
Secundario
en
violencia
hacia
la
mujer.
Centro
Clínico
y
de
Investigación
Corporación
La
Morada.
los participantes. Así, quien recibe los malos tratos y el abuso es quien siente vergüenza
y culpa tras los episodios violentos.
Para la autora señalada, los circuitos de violencia vienen a reconfirmar a los
participantes que serían incapaces de negociar, adviniendo como alternativas la
traingularización, la evitación o la violencia.
d) Perspectiva del trauma en la relación de pareja.
Principalmente debido a sus efectos, la violencia de pareja puede también comprenderse
desde la conceptualización del traumatismo psíquico. Debido a la conmoción implicada
en la intensidad emocional que significa vivir violencia por parte de la persona que se
supone debería cuidar y proteger (como función propia del subsistema de pareja),
además sufrir el traumatismo implicado en las respuestas inadecuadas del entorno, es
que las consecuencias de la violencia en la pareja deben ser comprendidas como
secuelas psíquicas y afectivas propias de una traumatización.
El trauma relacional no sólo se fundamenta en las agresiones y episodios violentos.
Desde esta perspectiva se enfatiza la acumulación de traumatismos, lo que propiciaría el
daño y secuelas psíquicas en la persona abusada, volviéndose progresivamente más
complejo enfrentar y afrontar los nuevos episodios de violencia de forma activa.
Esta perspectiva permite comprender la noción de revictimización, vale decir, los
motivos subyacentes al hecho que muchas personas víctimas de violencia, se expongan
continuamente a nuevas fuentes de daño, provenientes desde terceros o de sí mismos.
e) Perspectiva del vínculo y apego.
Puede comprenderse el concepto de vínculo como el registro acumulativo de
experiencias emocionales con otro. Las relaciones de apego seguras advienen como la
repetición de interacciones en las que un miembro expresa sus necesidades, mientras
que el otro las identifica y las satisface en un tiempo adecuado. En la relación de pareja
adulta, ambos miembros deben relacionarse de forma recíproca tanto en la expresión de
la necesidad como en la satisfacción de la misma, es decir, cada uno de los miembros
puede tanto depender como responder a la dependencia (sistema de apego bidireccional
o apego complejo) (Proyecto de Atención Nivel Secundario en violencia hacia la mujer.
Centro Clínico y de Investigación Corporación La Morada).
El apego inseguro en la pareja se caracterizaría por la disminuida flexibilidad y
reversibilidad en la interdependencia, características que facilitan el inicio y
perpetuación de la violencia.
En una relación abusiva y violenta, el sistema de apego inseguro puede ser tan o más
intenso que en una relación con apego seguro. Frente a amenazas, riesgos o daños, el
sistema de apego tiende a activarse, movilizando a la persona a buscar refugio y
contención psíquica en su pareja, aun cuando ésta sea la causante del dolor emocional.
En la misma línea, debido a experiencias de apeo insatisfechas, la violencia adviene
como una estrategia que busca asegurar la cercanía con la figura de apego. Los abusos
aparecerían como respuesta frente a la amenaza –fantaseada o real- de separación o
abandono, hechos que gatillan fuertes montos de ansiedad, la que no logra ser
debidamente regulada ni tramitada.
Tal como señala Bowly, la calidad del vínculo no se relaciona con la fuerza del mismo.
Las personas con estilos de apego inseguro y que viven la relación íntima desde la
ansiedad, son más propensas no sólo a sufrir episodios de violencia, sino que también a
permanecer en estos vínculos.
MÓDULO I: CONCEPTUALIZACIONES DE LA VIOLENCIA EN LA PAREJA.
UNIDAD 3: VIOLENCIA EN LA DINÁMICA DE LA RELACIÓN DE PAREJA.
La unidad 3 busca sistematizar las modalidades en que la violencia de pareja toma
forma y las lógicas relacionales y dinámicas a las cuales obedece.
a) Tipos de violencia según gravedad y riesgo.
1. Manifestaciones de Violencia menos grave:
Presencia de uno o más de los siguientes indicadores, sumado a un aislamiento
relativo, y con frecuencia mayor a mensual entre los episodios de violencia.
Violencia Psicológica Violencia Física Violencia Económica:
Insultos. Empujones. Control de ingresos.
Ridiculizaciones. Tirones de pelo. Control de gastos.
Humillaciones. Zamarreos.
Descalificaciones. Bofetadas.
Gritos.
No respeto a sus decisiones
2. Manifestaciones de violencia grave:
Presencia de uno o más de los siguientes indicadores, sumados a aislamiento
también grave, que se mide por contar con una escasa red de apoyo a la cual acudir. La
Frecuencia se estima desde diaria a mensual:
Violencia Psicológica Violencia Física Violencia Económica:
Amenaza. Golpes de puño. Quitarle recursos
económicas por la
fuerza o amenazas
Intimidaciones. Heridas o lesiones
menores.
Destrucción de Maltrato en embarazo.
objetos personales.
Control de salidas.
3. Manifestaciones de violencia hacia la mujer que alertan de riesgo muy
grave y/o riesgo vital.
Presencia de uno o más de los siguientes indicadores:
Violencia Psicológica Violencia Física Violencia Sexual
Amenazas de matar o lastimar Uso de arma de fuego o Obligación de tener
a hijos-as u otro cercano, ya arma blanca en contra de relaciones sexuales con la
sea utilizando o no armas de la víctima víctima bajo amenaza o
fuego o blanca. fuerza.
Amenazas de matar o lastimar Intento de Obligación de tener
a la víctima ya sea utilizando o estrangulamiento contacto sexual de manera
no armas de fuego o blanca. humillante.
Agresor controla la mayoría o Pateaduras o golpes con
todas las actividades diarias de lesiones que requieren
la mujer incluso el contacto atención en salud
con familiares.
Manipulación exponiendo a Quemaduras que requieren
niñas y niños a daños. atención en salud
Encierro
Celos violentos y/o constantes
b) Direccionalidad de la violencia.
La direccionalidad de la violencia alude a cuáles de los miembros de la pareja ejerce
conducta violenta. Unidireccional refiere a cuando uno de los miembros es quien
ejecuta la violencia (cerca del 77% de los casos según los estudios epidemiológicos
revisados en Corsi, 1995); mientras que la bidireccionalidad implica que ambos
miembros violentan al otro, en alguna medida (23%).
La direccionalidad es importante, como primer foco del análisis de la dinámica,
mientras pueda aunarse con otros elementos, v.gr., la frecuencia e intensidad de los
episodios.
Ahora bien, es fundamental entender la direccionalidad como una descripción en los
contextos de crisis, ya que desde las diferentes perspectivas revisadas, se comprende
que ambos miembros se encuentran en una relación y vínculo abusivo, donde
probablemente ambos argumentan sentirse agredidos, y justifican su conducta en un
sistema de puntuación (Proyecto de Atención Nivel Secundario en violencia hacia la
mujer. Centro Clínico y de Investigación Corporación La Morada).
c) Dinamismos.
Una de las principales características de la violencia en la pareja, responde a su
estructura cíclica. Es Leonore Walker (Síndrome de la Mujer Maltratada) quien formuló
el ciclo de la violencia en mujeres maltratadas, refiriendo tres fases progresivas y
repetitivas que caracterizaban a las relaciones abusivas.
ü Fase de Acumulación de tensiones. Refiere a episodios de agresiones menores,
en los cuales la parte agredida intenta generar o implementar estrategias de
control sobre la situación, particularmente minimizar los incidentes y ceder a las
agresiones, en el intento de calmar la situación. No obstante, en la medida que
estos pequeños incidentes se vuelven más frecuentes, ambos miembros
comienzan a frustrarse cada vez más, perdiendo gradualmente el control. Debido
a sus pensamientos y las legitimizaciones sociales, el agresor no siente que deba
controlarse más.
ü El incidente agudo de agresión. Esta fase implica la descarga incontrolable de la
tensión que se venía acumulando (a veces, incluso durante años). Aun cuando el
agresor justifique su conducta atribuyéndola a los errores de la otra parte o a
elementos externos (consumo de alcohol o drogas, problemas laborales), una de
las principales características de este estadio es que para ambos la descarga
violenta resulta, finalmente, incomprensible e incontrolable. La autora refiere
que la expectativa ansiosa del miembro agredido es tal que muchas veces se
optará –inconscientemente- de precipitar la crisis, siendo en cierto sentido
preferible asumir la agresión que esperarla con temor y angustia. Por otro lado,
en base a las entrevistas realizadas por Walker, prácticamente ninguno de los
agresores pudo describir el episodio de descarga, viniendo el relato
exclusivamente desde la parte agredida.
ü Amabilidad, arrepentimiento y comportamiento cariñoso. Una vez descargada la
ira (fase 2), acumulada durante la fase 1, el agresor está convencido que no
volverá a atacar ni agredir a su pareja, en parte porque cree que ésta ha
comprendido la lección. Por otro lado, la víctima (quien se convierte en una en
esta fase, según Walker), generalmente apegada a los estereotipos de género,
comienza a sentir culpa por la posibilidad de romper un matrimonio o relación y
se siente responsable del destino emocional del agresor.
Complementario al ciclo de la violencia, Walker sitúa el concepto de escalada, vale
decir, proceso a través del cual la intensidad y duración de la agresión aumenta. Es
decir, al transcurrir el tiempo, la violencia se hará más intensa, frecuente y riesgosa.
Como último aspecto de esta revisión, se incorpora la distinción realizada por Perrone y
Nannini, a saber, violencia agresión versus violencia castigo. La violencia agresión
corresponde a una relación simétrica donde ambos miembros disputan pública o cuasi
públicamente del poder. De acuerdo a Ibaceta (2011), cada miembro reconoce al otro, es
decir, las agresiones no apuntan a invisibilizarlo, sino que tendrían por objeto asegurar
la igualdad. Generalmente se trata de agresiones bidireccionales y con mejor pronóstico,
en caso de existir pautas complementarias (períodos de arrepentimiento y acciones
efectivamente reparatorias).
La violencia castigo adscribe a relaciones complementarias y desiguales, donde las
agresiones son íntimas y secretas. También denominada terrorismo íntimo, la violencia
apunta a desconfirmar al otro, y por ende, lo castiga por las supuestas fallas,
profundizando en cada episodio la desigualdad de la relación. Evidentemente, este tipo
de violencia implica un pronóstico más reservado, en tanto no existen pautas y el daño
generado es más profundo.
d) Consecuencias de la violencia en la pareja.
1.- Efectos físicos:
Efectos fatales No fatales.
Femicidio ITS.
Parricidio Síntomas psicosomáticos
Suicidio Discapacidad permanente o parcial
producto de lesiones.
Mortalidad materna. Alteraciones funcionales.
Consecuencias fatales de ITS, Abuso de alcohol y drogas
particularmente VIH.
Obesidad.
Asma y jaquecas.
2.- Efectos Psicológicos
Efectos en la Salud Mental.
Miedo condicionado.
Trastornos afectivos: Depresivo mayor, recurrente.
Trastornos ansiosos: Trastorno de Estrés Pos traumático, Ansiedad generalizado, T. de
Pánico.
Trastornos somatomorfos: quejas de dolores somáticos, alteraciones del sueño, del
deseo sexual.
Trastornos de personalidad.
Consumo abusivo y adicciones.
Bajo control inhibitorio de impulsos.
3.- Efectos en la salud sexual y reproductiva.
Efectos psiquiátricos
ITS
Embarazos no deseados y de alto riesgo; ausencia de controles tras el parto,
dificultades en el parto y lactancia (mayor cantidad de abortos espontáneos por golpes;
niños de bajo peso; partos prematuros).
Inflamación pélvica y dolor pélvico crónico.
Abortos realizados en precarias condiciones sanitarias.
Trastornos psicosexuales: dolor vaginal, pérdida del placer.
4.- Efectos en los hijos e hijas:
Los efectos en los hijos e hijas testigos de violencia en la pareja, son múltiples y
variados. En primer término, los niños y niñas expuestos a estas experiencias presentan,
frecuentemente, sintomatología similar o idéntica a niños/as que han sufrido
vulneraciones y maltratos de forma directa. Lo anterior es conocido como
traumatización vicaria, es decir, se activan y desarrollan procesos de traumatización por
el hecho de ser testigos de situaciones con un nivel de intensidad que sobrepasan los
recursos cognitivos, afectivos y madurativos de los niños/as. En este sentido, cabe
señalar que debido al hecho de presenciar la violencia de pareja, los niños, niñas y
adolescentes también pueden desarrollar alteraciones y trastornos en su salud mental,:
depresión, desajuste social desde el polo de la impulsividad o inhibición, agresividad,
oposicionismo, pesadillas, ansiedad, consumo precoz de alcohol o estupefacientes,
conductas de autoagresión.
En la misma línea, los hijos e hijas de parejas pertenecientes a sistemas abusivos de
relación, manifestarán alteraciones en su desarrollo socio-afectivo, presentando
generalmente deterioro en su autoestima, sentimientos de indefensión e impotencia,
bajo sentido de autocompetencia y autoeficacia, desesperanza aprendida.
En segundo lugar, y como parte del aprendizaje del rol sexual y de los procesos de
identificación a los roles de género, niños y niñas –como producto del daño- presentarán
la tendencia a reproducir la traumatización en sus propias relaciones. Los varones
presentarán una mayor tendencia a dominar y controlar a sus parejas –
independientemente de la orientación sexual-, y las niñas, en su adolescencia y adultez,
podrán tender a manifestar un comportamiento más sumiso, basado en la socialización
preferentemente del rol de víctima, aumentando en el futuro las probabilidades de ser
controladas y agredida por sus parejas.
En muchos países, parte importante de los recursos estatales y privados destinados al
abordaje de la violencia en la pareja, son destinados a intervenciones de niños y niñas
testigos de violencia entre sus padres, no sólo con objetivos reparatorios sino que
también preventivos, debido a lo anteriormente descrito.
MÓDULO I: CONCEPTUALIZACIONES DE LA VIOLENCIA EN LA PAREJA.
UNIDAD 4: REALIDAD NACIONAL RESPECTO A LA VIOLENCIA EN EL CONTEXTO DE
PAREJA.
Estadísticas y cifras.
1) Estadísticas por denuncia efectuada y detenciones, según base AUPOL.
a. Denuncias y detenciones por violencia intrafamiliar con lesiones menos
graves, graves y gravísimas.
Total de denuncias: 3.033
Número de víctimas mujeres: 2380.
Número De víctimas mujeres de 18 a 64 años: 2180.
Del total de denuncias y detenciones efectuadas por procedimientos de violencia
intrafamiliar durante el año 2015, el 78,4% de las víctimas fueron mujeres, y de ellas,
91.8% son adultas entre los 18 y 64 años.
b. Denuncias y detenciones por violencia intrafamiliar con lesiones
psicológicas o leves.
Total de denuncias: 117.229
Número de víctimas mujeres: 94.330.
Número De víctimas mujeres de 18 a 64 años: 84.810.
Del total de denuncias y detenciones efectuadas por procedimientos de violencia
intrafamiliar durante el año 2015, el 80,4% de las víctimas fueron mujeres, y de ellas,
89.9% son adultas entre los 18 y 64 años.
(BASE: HTTP://WWW.SEGURIDADPUBLICA.GOV.CL/ESTADISTICAS/DATOS-POR-SEXO-Y-
EDAD/)
2) Estadísticas año 2015, Ministerio Público.
Número de delitos ingresados a nivel nacional: 130.634.
Número de casos terminados: 159.717 2(122%).
Delitos sexuales: 0.46%
Maltrato habitual: 9.75%
Femicidio: 0.06%
2
El
número
de
casos
terminados
es
independiente
al
año
en
el
cual
ingreso
el
delito.
Otros delitos: 1.43%
Desacato: 3.29%
Parricidio: 0.05%
Homicidio: 0.02%
Lesiones: 47.43%
*En el boletín revisado, no hay distinciones por sexo/género según víctima.
(BASE:
FILE:///C:/USERS/DONA/DOWNLOADS/BOLETIN_ANUAL_ENERO_DICIEMBRE_2015%20(2)
.PDF )
3) Estadísticas en relación al Género. Registro Civil y de Identificación.
El Registro Civil y de Identificación publica en el año 2014 las siguientes estadísticas:
HTTPS://WWW.REGISTROCIVIL.CL/PORTALOI/PDF/BANNER%20DE%20GENERO%20FINA
L.PDF
Particularmente, el organismo informa respecto al sexo de los agresores efectivamente
condenados (hombres en el 75.4, 97.28, y 97.6% en los años 2014, 2013 y 2012,
respectivamente), y al tipo de violencia que prioritariamente alcanza condenas
(violencia física en la gran mayoría de los casos). Así mismo, es interesante analizar
cómo ha variado anualmente el número de sentencias definitivas en causas de VIF, al
tiempo de observar las medidas accesorias concurrentes a dichas causas (siendo la más
frecuente, la prohibición de acercamiento).
Es importante referir que las cifras y estadísticas nacionales respecto a la violencia de
género y específicamente a aquélla sufrida al interior de la pareja, están poco
desarrolladas o sólo alcanzan un nivel descriptivo. La sistematización de información
existente no es de fácil acceso, aun cuando determina procesos de decisión en materia
de planificación y políticas públicas.
MARCO LEGISLATIVO NACIONAL.
¿QUÉ ES LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR?
“Todo maltrato que afecta la vida o la integridad física o síquica de quien tenga o haya
tenido la calidad de cónyuge del ofensor o una relación de convivencia con él; o sea
pariente por consanguinidad o por afinidad en toda la línea recta o en la colateral hasta
el tercer grado inclusive del ofensor, su cónyuge o su actual conviviente, o bien, cuando
esta conducta ocurre entre los padres de un hijo común, o sobre un menor de edad o
discapacitado que se encuentre bajo el cuidado o dependencia de cualquiera de los
integrantes del grupo familiar”.
Son sujetos de protección de esta Ley: El cónyuge, ex cónyuges, conviviente, ex
conviviente, padre o madre de hijo común, aunque no haya existido convivencia. Se
incluyen por igual a los parientes del ofensor, de su cónyuge o actual conviviente, en
su línea recta (toda la ascendencia y descendencia) o colaterales hasta la relación tíos /
tías/ sobrinos / sobrinas, y además, cualquier otra persona que sea menor de edad, o
con discapacidad que se encuentre bajo la dependencia de cualquier integrante de la
familia.
El instrumento jurídico creado para reglamentar las acciones contra los actos de
violencia intrafamiliar es la ley 20.066, cuyos objetivos son:
ü Prevenir y sancionar la violencia intrafamiliar.
ü Proteger a las víctimas de dicha violencia.
ü Erradicar los actos de violencia intrafamiliar
Las garantías ofrecidas por esta ley, guardan relación con reconocer el delito de
maltrato habitual, es decir, la violencia psicológica y física ejercida habitualmente
podía ser castigada con privación de libertad. Además, aumenta en un grado las lesiones
causadas en contexto de VIF. En la misma línea, otorga mayor protección a las
víctimas, a través de medidas cautelares y de protección.
Cuando los actos de violencia intrafamiliar no constituyan delito, serán competentes los
Tribunales de familia. El Ministerio Público, cuando los actos de violencia
intrafamiliar constituyen un delito, iniciará la investigación. Toda vez que el Tribunal de
Familia se declare incompetente frente a actos que se constituyen como maltrato
habitual, deberá remitir los antecedentes al Ministerio Público. Además, el registro Civil
y de Identificación tiene la obligación de llevar un registro actualizado de aquellas
personas condenadas como autoras de violencia intrafamiliar.
En las sentencias por violencia intrafamiliar, los/as Magistrados/as, además del cobro de
multa, deberá aplicar una o más de las siguientes medidas accesorias.
ü Obligación de abandonar el hogar en común, de convivir con la víctima.
ü Prohibición de acercarse a la víctima o a su domicilio, lugar de trabajo o de
estudio. En caso de estudiar o trabajar en el mismo sitio, se oficiará al director
del establecimiento, con objeto de que se adopten las medidas de resguardo
necesarias.
ü Prohibición de porte y tenencia de arma de fuego3.
ü La asistencia obligatoria a programas terapéuticos o de apoyo familiar.
Además de estas medidas accesorias, un Juez de la República puede ordenar las
siguientes medidas cautelares, en razón de proteger la integridad de la víctima.
o Prohibir al ofensor acercarse a la víctima y prohibir o restringir la presencia de
aquél en el hogar común y en el domicilio, lugar de estudios o de trabajo de ésta.
o Asegurar la entrega material de los efectos personales de la víctima que optare
por no regresar al hogar común.
o Fijar alimentos provisorios.
o Determinar un régimen provisorio de cuidado personal de los niños, niñas o
adolescentes, y establecer la forma en que se mantendrá una relación directa y
regular entre los progenitores y sus hijos.
o Decretar la prohibición de celebrar actos o contratos.
o Prohibir el porte y tenencia o incautar cualquier arma de fuego.
o Decretar la reserva de la identidad del tercero denunciante.
3
La
infracción
de
la
primera,
segunda
o
tercera
medida,
implicará
sanción
penal
o
arresto
por
quince
días.
o Establecer medidas de protección para adultos mayores o personas afectadas por
alguna incapacidad o discapacidad.
En el año 2010, se modifica la Ley 20.066, estableciendo el delito de femicidio, el que
tendrá las mismas penas que el parricidio, y concurrirá toda vez que se produzca el
homicidio de una mujer, que haya sido cónyuge o conviviente del autor. Con la ley
20.480, el delito tendrá el nombre de femicidio, teniendo la misma sanción que la del
parricida, que va de 15 años y un día a presidio perpetuo calificado.
Programas gubernamentales de atención a la violencia de Género.
A nivel gubernamental, existe un instrumento denominado Agenda de Género, el cual
se orienta a coordinar acciones entre diversas carteras e instituciones con el propósito de
erradicar la violencia por motivos de género. Los objetivos de la agenda refieren a
cuatro puntos: (a) promover el derecho de las mujeres a una vida sin violencia, (b)
entregar una oferta institucional que proteja a las víctimas de la violencia, (c) reparación
del daño, y (d) que empoderamiento para el ejercicio pleno los derechos en las mujeres.
Esta agenda se materializará en diferentes programas regionales y locales, los que a su
vez están diseñados para establecer trabajo intersectorial con otros programas y
políticas.
Ministerio de la Mujer y Equidad de Género:
Ø 102 Centros de la Mujer. Estos dispositivos de presencia comunal intervienen
con el objetivo de erradicar la violencia de género en sus usuarias, a través de la
promoción de derechos con ellas y la comunidad. Atiende mujeres mayores de
18 años, víctimas de violencia en la pareja.
Ø 35 casas de acogida, a lo largo del territorio nacional. En las residencias, se
acogen mujeres –junto a sus hijos- que hayan sufrido violencia de pareja grave y
que haya sido evaluado alto el riesgo contra su integridad. Las mujeres
residentes reciben atención integral, atendiendo primeramente al objetivo de la
protección, con un tiempo limitado de estadía
Ø 3 Centros de atención reparatoria a Víctimas de agresiones sexuales, localizados
en la región metropolitana, Valparaíso y Concepción. En estos dispositivos, el
trabajo más que preventivo es reparatorio, interviniendo en la restitución de los
derechos y funcionamiento psicosexual de mujeres víctimas de delitos sexuales.
Ø 15 Centros para HEVPA (Hombres que Ejercen Violencia de Pareja). Los
hombres pueden llegar tanto por demanda espontánea como por derivación
judicial. El programa apunta a fortalecer el sistema protección de las mujeres
víctimas de violencia en la pareja, disminuyendo las probabilidades de
revictimización.
Además de los programas del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, diferentes
organismos centrales, municipales y organizaciones civiles intervienen sobre la misma
población. Resalta el circuito femicidio, coordinación intersectorial que se activa frente a
femicidios perpetrados y concretados o frustrados. En dicha coordinación, se releva la presencia
de Carabineros, Ministerio del Interior (a través de la Subsecretaría de prevención del delito, en
su dispositivo Centro de Apoyo a Víctimas de Delitos Violentos) y SENAME.