0 calificaciones 0% encontró este documento útil (0 votos) 76 vistas 8 páginas CUADERNOS PHASE EL AñO LITURGICO TEOLOGIA Y PASTORAL
El documento explora el significado del Año Litúrgico como una experiencia de salvación que permite a los cristianos vivir el misterio de Cristo en el presente. Se destaca la importancia de la liturgia y el culto, que trascienden el tiempo y conectan a los fieles con la vida eterna de Dios. A través de la celebración de las festividades, los cristianos participan en la acción divina y experimentan la salvación en su vida diaria.
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CUADERNOS PHASE
14
EL ANO LITURGICO
(teologia y a
a
renee el
CENTRE DE PASTORAL LITURGICA DE BARCELONACentro de
Investigaciones
Teolégicas
VIVIR EL TIEMPO
COMO HISTORIA DE SALVACION
El Afio Litirgico, atin dentro de una actitud cristiana, lo
podemos vivir con més 0 menos profundidad y, por tanto, con mas
© menos provecho espiritual. Puede ser, simplemente, un
sucederse pedagégico de recuerdos histéricos de la vida de
Cristo, o bien una ‘experiencia gozosoa, tanto en la celebracién
litargica como en la vida, de cémo el misterio de Cristo se nos
aplica con una actualidad siempre nueva en el “hoy” de cada fiesta
o tiempo littirgico.
Pedagogia 0 misterio: la primer ya es buena, pero el segundo
es lo que el Afio Liturgico pretende comunicar a cada cristiano y a
cada comunidad.
Ofrecemos aqui
otras de reflexién pastoral
de materiales practicos, ‘sino
praxis. :
La teologia viene encabezada, ante todo, por una pagina ya
clésica de O. Casel, que aparecié di
“hodie” es una palabra densa que ya indica el camino: a lo largo del
Afio Littrgico los acontecimientos salvadores de Cristo -su
nacimiento, su muerte y resurreccion...— se hacen presentes en el
“hoy” de una comunidad celebrante, comunicandole su fuerza
salvadora.
‘Ademas hemos querido traducir e incluir aqui una antigua pero
siempre valida teflexién teolégica del abad Salvatore Marsili, de
feliz memoria, que fue profesor de liturgia en el Instituto de San
{ante todo unas paginas de teologia, y luego
, que no quieren ser tampoco una serie
de reflexion iluminadora de nuestra
+‘Anselmo, en Roma. Lo hemos hecho convencidos de que puede
ayudar a entender el sentido “organico”, no sdlo “organizativo”,
del Afio cristiano. La salvacién es doblemente “hist6rica”: porque
sucedié histéricamente en su acontecimiento fundamental por
ejemplo, la Navidad del Sefior- y porque se nos hace
experimentable, con su presencia salvadora, en la celebracién
liturgica.
La reflexién pastoral nos la ofrecen autores como Oftatibia,
Bellavista y Floristén, de reconocido prestigio en este tema del
Afio Liturgico, y que, cada uno desde perspectivas diferentes,
contribuyen a discernir direcciones, problemas y pistas de
actuacién en toro a este ritmo de vivencia del tiempo que
tenemos los cristianos.
Entre unos y otros, se trata de que las fiestas, los tiempos, en
resumen, el tiempo césmico que va transcurriendo para todos, los
cristianos lo vivamos como un verdadero sacramento de la
salvacion de Dios para nuestra existencia. En ese tiempo en que
Dios quiso encarnarse y actuar, y en el que nos alcanza
continuamente con su salvacién precisamente en la dimension
celebrativa littirgica. J.A.a ” FS
HODIE Centode
Investigaciones
Teolégicas
Por medio de la palabra y el rito, el misterio del culto actualiza
la obra redentora del Sefior y la hace presente entre nosotros.
Dios es presencia. Para él, ni el pasado ni el futuro existen. Dios
es el punto de congerbencia de todas las cosas; a la vez fuente y
término de todo lo existente. Y esto, porque no hay en é1 sino
un ¢hoy» divino, que es completamente distinto de este choy» que
concebimos nosotros a la manera humana. Cuando decimos «aho-
rap, este «ahora» se nos aleja al momento; cae ya en el pasado.
Haste tal punto nuestro instante presente y el hoy de la tie
‘ra son fugaces. Pero en Dios hay un «hoy» sin término, que
berga una presencia sin fin, un ‘presente eterno, inmutable. No
egamos a comprenderlo. No podemos tener de é] mas que cierta
representacién y retroceder de pavor. Pero el verdadero cristia-
no no se admira de que su espiritu se mantenga incapaz de
comprender a Dios; siente por ‘ello gran alegria. Se lena de
santo temor, de este temor de Dios del que habla a menudo el
‘Antiguo Testamento; pero sin caer en un temor servil.
Pero Dios nos ha dado la posibilidad de penetrar ya ahora,
deste aqui abajo, en su inmutable presente y en su hoy eterno.
Nos ofrece esta posibilidad gracias al misterio del culto. En
a también para nosotros, el pasado y el futuro desaparecen: todo
&u dies presente, Lo que corresponde al pasado, histéricemente,
como por ejemplo la muerte de! Sefior, y lo que no nos ha le-
fado aun en la historia, como por ejemplo la Parusia final: todo
Secpace presente, incluso actual, cuando celebramos los santos
‘misterios.
EI cristiano vive en este mundo con un doble aspecto: a causa
de cu cuerpo mortal, esté atado al plano terrestre; pero por
mecio de su espiritu habita un plano celestial. El misterio del
culto le ofrece la pesibilidad de franquear les limites de este
mundo terrestre, trasladarse al mundo de Dios y estar en co-
munién con el eterno presente divino. A través de los santos
Inisterios, Dios nos atrae hacia su misma vida, y es por esto que
‘aun viviendo en la tierra nos encontramos ya en el eterno? hoy
de Dios para tomar parte Ja «accion de la vida celestial'r.
El misterio nos debe situar en la accién de la vida eterna, en la
liturgia celestial. Se trata de una accién que se lleva a cabo en el
scielo, pero a la que nos asociamos y tomamos parte a través
de la celebracién del misterio.
Esta accién, la conocemos por via de aproximacién. Podemos
afirmar que Dios es accion — tal como decimos que es reposo—
eternamente, inmutablemente. Dios es vida; es la misma vida,
ni mas ni menos. Sabemos que toda vida tiende a la accién, porque
tiene necesidad de extenderse. El Padre da toda su vida divina
al Hijo; a su vez, el Hijo, en un movimiento leno de amor, se
entrega’al Padre, y el Padre y el Hijo, en idéntica espiracién, se
comunican el Espiritu uno al otro. Esa entrega y esa comunién
de vida constituyen una actividad eterna en el seno de la Trini-
dad divina, la accién misma de la vida eterna de Dios.
Es verdaderamente en esta accién divina donde nos inserta-
mos a través del misterio, porque el amor de Dios ha querido
comunicarse igualmente a los seres creados, al mundo y a Ja hu-
manidad. En su Hijo, Dios ha salvado, luego, la humanidad: por
medio del Hijo hecho hombre, también el Espiritu no cesa de de-
rramarse en las almas y atin en la creacién entera. Y también
por medio de Cristo, el Espiritu vuelve al Padre. Aquel que,
a través del misterio, se une ahora a las obras del Sefior, se
Sitta pues de leno dentro de la accién de la misma vida di-
vina; lo que él hace se convierte, por ello, en divino y celestial.
Es esto lo que constituye la fiesta, a la que estamos lamados
para celebrar en el cielo. En la liturgia de la tierra, la anticipa-
mos ya. Pero no es solamente en el instante de la celebracién de
los santos misterios cuando vivimos en este ambiente divino:
el cristiano se encuentra siempre dentro de esta fiesta; sin ce-
sar se encuentra entroncado en esta divina liturgia porque, en
Cristo, permanece siempre ante el Padre. Cualquier solemnidad
exterior desaparecerd, pero. la fiesta interior perduraré siempre.
Tanto en el judaismo como en el paganismo, el culto no se
celebraba sino en ciertos dias cuidadosamente determinados, y
no se podian ofrecer los sacrificios sino en lugares igualmente
designados. El culto estaba atado a las exigencias del tiempo y
del lugar. Para honrar a Dios, se debia asistir al templo, ya que
Dios no habitaba sino en el. El hombre, en efecto, posee tan
solo el presente del momento; esta en el tiempo que desaparece
sin cesar, y, al igual que el tiempo que huye, él no se puede d:-
tener. El culto antiguo estaba en la linea de esta condicién te
esire del hombre, hasta que vino Cristo a hacerle trascen-
5 oe El culto se encontraba antes pendiente del tiem-
Be ins a curso del sol y de la luna, como también al ritmo
tiempo . sare y de la vegetacién; se ponia al alcance del
tierra, y es asi como se llega a deificar a la mis-
+e naturaleza y a las fuerzas secretas que se manifiestan en
ella.
El cristianismo ha cambiado este orden. Cristo nuestro Sefior ha
atravesado la muerte y ha entrado en la eternidad; no esté ya
sometido a las exigencias del tiempo y a sus fluctuaciones. He aqui
por qué el culto cristiano no estd atado a Ja naturaleza sino a la
vida eterna; no depende de dias y horas determinados sino
que va unido al més alld celestial. Cuando celebramos nuestro
culto cristiano, trascendemos al tiempo presente. Si observamos
dias de fiesta, es porque debemos Ievar an una vida humana
enmarcada en el tiempo y no podemos evadirnos de ella. Obran-
do asf, rendimos un culto no a la naturaleza sino a lo que sim-
boliza. Asi, por ejemplo, en el momento en que las noches largas
y profundas disminuyen y la luz del dia se afirma de nuevo, ce-
Jebramos e] nacimiento de Cristo, que es nuestra verdadera
luz; y cuando la vida, joven y fuerte, reaparece en la natur:
Jeza, celebramos 1a Pascua, la misteriosa renovacién de la «7ea-
cion realizada en Cristo. Tenemos fiestas cuyo contenido 2s espi-
Titual, pero para celebrarlas las ponemos en relacién con las
cosas de la tiera que representan y simbolizan las del cielo. En
espiritu nos encontramos ya en el cielo, en la eternidad, inclu-
80 permaneciendo con e] cuerpo atados al tiempo y a las con-
diciones de vida que nos impone. Es este el motivo por el que po-
demos decir en verdad que el cristiano vive siempre en fiesta;
porque en Cristo permanece siempre en presencia del Padre y por-
que dirige su plegaria al Padre por medio del Hijo.
El misterio del afio litirgico es siempre uno. Pero, jesta in-
sistencia en su unidad no repercute en quitarle la atraccién de la
variedad que evita al espiritu la fatiga y lo estimula sin cesar?
Ciertamente que no, pues unidad no significa monotonfa; cuanto
més una idea es una, tanto més es profunda, y la atraccién que
ejerce en el espiritu esta en proporcién con su profundidad. La
plenitud del pensamiento y su riqueza se expresa en la cons-
tante variedad de los ritos.
La misa constituye siempre la cima més alta de la liturgia,
puesto que contiene el misterio de la salvacién en su misma fuen-
fe, que es la Pasion y la Resurreccién del Sefior. De esta fuen-
te brota y corre un rio caudaloso de misterios, de sacramentos y
sacramentales, que fecundan el Edén de la Iglesia. En las orillas
Ge este rio mistico se levanta, bajo imagenes diversas y siempre
nuevas, la palabra espiritual de la liturgia que da al rite su
vestidura y su explicacién. La palabra de la Escritura, y la
de la liturgia, no es solamente palabra de hombre nacida de es-
piritu humano y efimero como el soplo del viento Contiene
una virtud divina:«Como baja la Uuvia y la nieve de lo alto del cielo
vuelven alld sin haber empapado y fecundado la tierra y haben?
hecho germinar, dando la simiente para sembrar y el pan a
hecho eta palabra que sale de mi boca no vuelve a mi vocia
Siro que hace lo que yo quiero y cumple su misién.» (Is.. 55, 10-11)
La palabra participa por tanto de la eficacia de los mister
eHay también algo sacramental en las divinas Escrituras, al al
sie el Espiritu Santo realiza un efecto interior por medio de
$e Sion eficaz de la palabran, dice San Pascasio Radbertot. En la
1a acy palabra sagrada existe una presencia divina, San Agustin
Tien ebscuchemos el Evangelio como si el mismo Sefor estuvie-
Gietrate nosotros para hablarnos». Y asi nos explica por qué
Thode siempre la asamblea se pone de pie durante la lectura
a"Santo Evangelio’. San Benito prescribe en su Regla a los
weoajes que todos deben estar de pie, Henos de respeto y santo
monies Aientras el mismo Abad lee el Evangelio (cap. Il). En
temortiguo sermon de la fiesta de la Anunciacién, se dice: «La
Iglesia universal celebra cada afio la venida del Sefor y salva-
{losis stro, y gracias a este retorno anual recibe gran gozo, Lo
due el mundo creyente ha recibido una vez para su salvacién, lo
transmite de una a otra generacién para que sea celebrado... El
frilagro acaecido en el pasado revive ahora ante nuestros ojos
Thando, cada afio, las divinas lecturas nos ofrecen los aconteci-
crates antiguos’ y cuando, en la celebracién, conmemoramos
religiosamente su retorno anual.nt
Esta presencia, en el rito y en la palabra sagrada, de las
obras tedndricas y redentoras explica también que la Iglesia, que
posee siempre el misterio en su total integridad, cante sin em
bargo en ciertas fiestas y a propésito del acontecimiento que ce-
lebra, el «Hodies. Asi en Navidad: «Hoy ha nacido Cristo...2; @
Epifania: «Hoy la Iglesia se ha unido a su esposo celestial...»; m
Pascua; «Hoy es el dia que ha hecho el Sefior...»; en Pente-
costés; eHoy se ha manifestado el Espiritu Santo...» En su union
y totalidad, el afio liturgico es en verdad Ja imagen de la etern?
y divina economfa de la salvacién, y contiene todo el mister”
de Cristo, Pero en el interior del gran ciclo y en el curso de #
ritmo, el ‘misterio se pone al alcance de la mirada humana aut
ho es alin capaz, como lo serd en el cielo, de_abrazat bes
sola visién esta totalidad. Y al igual que el afio liturgico con”
fone, divina, cada festividad del ciclo trae ¥ hace
Sai el acontecimiento salvador, que en otro tiempo le
per ogg usantidad particular: «Sic praegens testatur dies, ©)
reulum, quod solus q sede Patris mundi salus advew
ries tat 7
» (Himno de Navidad, version monistica).
eLos simbolos tomados de la naturaleza y de las cosas son
siempre los mismos y demuestran la unidad inmutable del mis-
terio, pero la palabra, que es més alada, mas facil de manejar,
nos expresa la plenitud y la riqueza infinitamente variada, al
mismo tiempo que las hace actuales. Cada dia celebramos la san-
ta misa y con ella, todo el misterio de la salvacién. Por medio de
la palabra, sin embargo, se hacen actuales los diversos hechos
salvadores: la Encarnacién del Sefior en Navidad y Epifania,
su Muerte y Resurreccién en Pascua. Lo que da al misterio este
significado particular, nunca es el solo pensamiento humano,
sino que es siempre la presencia divina.
La Maison-Dieu, nim. 65, 1961, pp. 127-132
ODO CASEL, osb.
1. Ad caclestis vitae transferat actionem (secreta del segundo domingo
después de Pentecosiés). Se trata de una participacién en la fe; es bao
€l velo de la fe que nos sostenemos en el choy» divino, y esto en is
medida en que Dios nos atrae hacia su vida activa, hacia el presente
eterno e inmutable de su vida y de su accién,
2. Liber de corpore et sanguine Domini, 3.
3. In Ioannem, 30,1.
4. Sermén atribuido a San Leén (P. L., 54, 580),
probablemente a Proclo de Constantinopla,” *° °60 Dero aue pertenece
a
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Congar, Y. M. - Danielou, J. - Schillebeeckx, E. - Schoonenberg, P. - Rahner, K. y Metz, J. B., La Respuesta de Los Teólogos, 1970
93 páginas
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