GOBIERNO DE OSCAR HUMBERTO MEJIA VICTORES (1983-1986)
El gobierno de Óscar Humberto Mejía Víctores en Guatemala se extendió del 8 de agosto de 1983
al 14 de enero de 1986, siendo el último gobierno militar del siglo XX en el país.
Contexto y toma del poder:
Mejía Víctores llegó al poder tras dar un golpe de Estado contra el presidente de facto Efraín Ríos
Montt el 8 de agosto de 1983. Asumió como Jefe de Estado y Ministro de Defensa, sin tomar el
título de presidente, y prometió un retorno al gobierno democrático, convocando elecciones y
suspendiendo los tribunales militares especiales llamados Tribunales de Fuero Especial.
Medidas y política interna:
Disolvió el Consejo de Estado y derogó los Tribunales de Fuero Especial, con lo que buscó restaurar
ciertas garantías judiciales y el debido proceso.
Implementó un plan militarizado para el reasentamiento de población desplazada y reforzó el
control sobre la población civil mediante el plan Firmeza 83 y las Patrullas de Autodefensa Civil.
Enfrentó huelgas magisteriales con medidas como la promoción automática de estudiantes y
ofreció aumentos salariales limitados a los maestros, lo que tensó las relaciones con el sector
educativo.
Permitió el funcionamiento de partidos políticos y convocó a una Asamblea Nacional
Constituyente para redactar una nueva Constitución, que fue aprobada en 1985.
Represión y violencia:
Aunque prometió reformas democráticas, la represión continuó, con reportes de 90 a 100
asesinatos políticos por mes en 1984, y se mantuvo la lucha antisubversiva.
Transición democrática:
En noviembre de 1985 se realizaron elecciones generales que ganó Vinicio Cerezo, y el 14 de enero
de 1986 Mejía Víctores entregó el poder, marcando el fin del gobierno militar y el inicio de un
gobierno civil.
Después del gobierno:
En 1987 participó en un intento de golpe de Estado frustrado, tras lo cual fue enviado como
agregado militar a embajadas en Sudamérica y salió del país hacia Estados Unidos.
En resumen, el gobierno de Mejía Víctores fue una etapa de transición militar hacia la democracia,
caracterizada por la disolución de tribunales especiales, convocatoria a elecciones y una nueva
Constitución, pero también por la persistencia de la represión política y el control militar sobre la
sociedad.
Cuál fue el papel de Mejía Víctores en la historia militar de Guatemala
Óscar Humberto Mejía Víctores desempeñó un papel central en la historia militar de Guatemala
como un alto oficial del Ejército que llegó a ser el último dictador militar del país en el siglo XX. Su
carrera comenzó con su ingreso a la Academia Militar en 1948 y se destacó por su participación en
la lucha contrainsurgente durante la guerra civil guatemalteca, aplicando tácticas agresivas y
represivas contra los grupos guerrilleros, lo que le ganó reconocimiento dentro de las Fuerzas
Armadas, aunque también críticas por la brutalidad de sus métodos.
En 1983, Mejía Víctores encabezó un golpe de Estado que derrocó al general Efraín Ríos Montt,
asumiendo el poder como jefe de Estado y ministro de Defensa. Durante su gobierno militar (1983-
1986), continuó y fortaleció la estrategia contrainsurgente mediante la represión sistemática,
incluyendo detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas y control militarizado de la población
civil, como documenta el llamado "Diario Militar", un informe de inteligencia que registra
operaciones de secuestro y desapariciones bajo su régimen.
Además, impulsó una transición política que incluyó la convocatoria a una Asamblea Nacional
Constituyente y la realización de elecciones generales en 1985, que culminaron con la entrega del
poder a un gobierno civil en 1986, marcando el fin de la dictadura militar en Guatemala.
En resumen, Mejía Víctores fue una figura militar clave que combinó un liderazgo represivo
durante la guerra civil con un papel decisivo en la transición hacia la democracia, dejando un
legado marcado por la violencia estatal y la continuidad del control militar en la política
guatemalteca durante su tiempo en el poder.
Cómo justificó Mejía Víctores su golpe contra Ríos Montt
Óscar Humberto Mejía Víctores justificó su golpe de Estado contra Efraín Ríos Montt en agosto de
1983 principalmente por el malestar y la falta de confianza en los programas electorales
anunciados por Ríos Montt, así como por su forma errática de gobernar y el celo religioso que
generó alienación en la élite gobernante, compuesta por terratenientes, oficiales del ejército y
políticos conservadores. Además, se le criticaba por no convocar elecciones y por los abusos a los
derechos humanos durante su mandato.
Mejía Víctores, que era ministro de Defensa en ese momento, asumió el poder con la promesa de
iniciar una transición hacia el gobierno democrático y constitucional, convocar elecciones,
suspender los tribunales militares especiales (Tribunales de Fuero Especial) y continuar la lucha
antisubversiva, buscando así restaurar cierta legitimidad y orden institucional.
En resumen, la justificación oficial del golpe fue la necesidad de corregir el rumbo político y militar
del país, ante la crisis generada por el gobierno de Ríos Montt, con el argumento de que su
régimen había perdido apoyo y confianza, y que era necesario retomar el camino hacia la
democracia y el respeto al Estado de derecho.
Qué medidas tomó Mejía Víctores para controlar la oposición social
Durante su gobierno, Óscar Humberto Mejía Víctores implementó diversas medidas para controlar
la oposición social y mantener el orden ante la agitación reinante:
Ordenó el cierre temporal de centros educativos y congeló precios de artículos de consumo para
contener el descontento social.
Para enfrentar huelgas magisteriales, ofreció aumentos salariales limitados y promovió la
promoción automática de estudiantes, además de decretar el fin anticipado del ciclo escolar para
disolver el movimiento.
Continuó la política de contrainsurgencia militarizada, fortaleciendo el control sobre la población
civil mediante el plan Firmeza 83 y las Patrullas de Autodefensa Civil, que funcionaron como
milicias locales para suprimir protestas y actividades insurgentes.
Mantener la represión selectiva y el hostigamiento a dirigentes populares y sectores opositores,
incluyendo detenciones masivas y eliminación de líderes sociales.
Derogó los Tribunales de Fuero Especial, que eran tribunales militares secretos, y decretó un
indulto general para presos políticos, buscando dar una imagen de respeto a la institucionalidad,
aunque la represión continuó.
Estas acciones reflejan una combinación de medidas represivas y control social militarizado para
neutralizar la oposición y asegurar la estabilidad política durante su gobierno, en un contexto de
guerra civil y agitación social.
Cómo afectó su gobierno a los derechos humanos en Guatemala
El gobierno de Óscar Humberto Mejía Víctores tuvo un impacto negativo significativo en los
derechos humanos en Guatemala, caracterizado por una persistente represión y violaciones
sistemáticas durante su mandato militar (1983-1986).
Violaciones y represión:
Durante su gobierno continuaron las ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas y
detenciones arbitrarias de opositores políticos, defensores de derechos humanos y sectores
sociales críticos al régimen.
Se mantuvo la criminalización y persecución de líderes sociales y defensores de derechos
humanos, con un alto nivel de violencia estatal que generó un clima de miedo y censura.
La represión fue parte de una estrategia contrainsurgente militarizada, que afectó especialmente a
comunidades indígenas y campesinas, muchas de las cuales sufrieron desplazamientos y ataques.
Impunidad y falta de justicia:
La justicia militar y los tribunales especiales, aunque en parte disueltos, dejaron un legado de
impunidad que dificultó el enjuiciamiento de crímenes de lesa humanidad cometidos en ese
periodo.
La estructura judicial carecía de independencia, lo que permitió que muchos responsables de
violaciones quedaran sin castigo.
Contexto histórico:
El gobierno de Mejía Víctores fue el último régimen militar antes de la transición formal a la
democracia, pero no detuvo la violencia ni las violaciones a los derechos humanos que marcaron la
guerra civil guatemalteca.
En síntesis, el gobierno de Mejía Víctores profundizó la crisis de derechos humanos en Guatemala,
con graves abusos y una impunidad casi total para los crímenes cometidos por el Estado durante su
gestión.
Qué cambios constitucionales promovió durante su mandato
Durante el gobierno de Óscar Humberto Mejía Víctores se promovió la convocatoria a una
Asamblea Nacional Constituyente, la cual fue elegida en julio de 1984 con el objetivo de redactar
una nueva Constitución para Guatemala. Esta Asamblea trabajó durante nueve meses y finalizó la
redacción de la Constitución en mayo de 1985, que entró en vigor inmediatamente después.
Los principales cambios constitucionales promovidos en ese periodo incluyeron:
La definición del sistema de gobierno como republicano, democrático y representativo.
El reconocimiento y enunciación de derechos humanos civiles, políticos y sociales, incluyendo
garantías para su protección.
La creación de la figura del Procurador de los Derechos Humanos.
La instauración de mecanismos de control constitucional y judicial, como el control de
constitucionalidad de las leyes.
La prohibición de la reelección presidencial.
La regulación de períodos presidenciales y legislativos (cinco años).
La organización del sistema electoral, con elección de diputados por listas nacionales y distritales.
El establecimiento de garantías para la administración de justicia y la rendición de cuentas.
Estas reformas sentaron las bases para la transición hacia un gobierno civil, que se concretó con las
elecciones generales de 1985 y la toma de posesión del presidente Vinicio Cerezo en enero de
1986.
En resumen, el gobierno de Mejía Víctores impulsó una reforma constitucional que buscó legitimar
un sistema democrático y republicano, incorporando derechos humanos y controles
institucionales, en el marco de una transición política desde el régimen militar hacia la democracia
en Guatemala.
CRITICAS AL GOBIERNO DE OSCAR HUMBERTO MEJIA VICTORES
Las críticas al gobierno de Óscar Humberto Mejía Víctores se centraron principalmente en los
siguientes aspectos:
Violaciones a los derechos humanos: Durante su mandato continuaron las desapariciones forzadas,
ejecuciones extrajudiciales y detenciones arbitrarias, con un promedio de casi 80 personas
desaparecidas por mes en los primeros ocho meses de su gobierno. Se documentó la reaparición
de escuadrones de la muerte y un clima de impunidad para estos crímenes, afectando
especialmente a estudiantes, profesores, trabajadores universitarios y líderes sociales.
Falta de cambios sustanciales en la situación política y social: A pesar de las promesas de transición
democrática y respeto a la institucionalidad, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
(CIDH) señaló que no se evidenciaron cambios fundamentales en la situación de derechos
humanos ni en la estructura del poder militar, manteniéndose la represión y el control autoritario.
Represión de la oposición y movimientos sociales: Se mantuvo la política de control social
mediante fuerzas militares y paramilitares, con persecución de opositores, sindicalistas y sectores
críticos, lo que limitó la libertad de expresión y la participación política.
Presiones internacionales y cuestionamientos sobre legitimidad: Su gobierno fue cuestionado
internacionalmente por la continuidad de violaciones a los derechos humanos y la falta de una
verdadera apertura democrática, lo que finalmente llevó a la presión para realizar reformas y
convocar elecciones en 1985.
Acusaciones de impunidad: Mejía Víctores y otros altos mandos militares fueron señalados por su
responsabilidad en masacres y crímenes de lesa humanidad, permaneciendo en la impunidad
durante y después de su gobierno.
En síntesis, el gobierno de Mejía Víctores fue criticado por mantener un régimen militar represivo,
con graves violaciones a los derechos humanos y una transición democrática limitada y
condicionada por la presión nacional e internacional.