Fallo 17
Fallo 17
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Desde tal perspectiva de análisis, la ley 27.348 establece que una vez
agotada la instancia administrativa podrá solicitarse su revisión ante la Comisión
Médica Central o bien tendrá opción de interponer recurso contra la dispuesto por la
comisión médica jurisdiccional ante la justicia ordinaria del fuero laboral, agregando el
art. 2 de la ley 27348 “(…) que los decisorios que dicten las comisiones médicas
jurisdiccionales o la Comisión Médica Central que no fueren motivo de recurso alguno
por las partes así como las resoluciones homologatorias, pasarán en autoridad de cosa
juzgada administrativa en los términos del artículo 15 de la ley 20.744 (…)” y si bien
omitió establecer el plazo de dichos recursos, el art. 3 de la ley 27.348 prevé en lo que
aquí interesa que la “(…) La Superintendencia de Riesgos del Trabajo dictará las
normas del procedimiento de actuación ante las comisiones médicas jurisdiccionales y
la Comisión Médica Central (…)”
En virtud de ello y las facultades expresamente delegadas, la SRT
dictó la Resolución N° 298/2017 que en su artículo 16 dispone que “Los actos del
Titular del Servicio de Homologación de la Comisión Médica, que concluyan el
procedimiento sin que las partes arriben a un acuerdo, serán susceptibles de los
recursos previstos por el artículo 2° de la Ley Complementaria de la Ley sobre Riesgos
del Trabajo, dentro del plazo de QUINCE (15) días de notificado el acto, las partes
podrán interponer dichos recursos ante el Servicio de Homologación (…)”.
En el caso no se advierte que la resolución mencionada dictada en
virtud de la delegación conferida por el art. 3 de la ley 27.348 afecte la sustancia de la
norma de rango superior, esto es el art. 2 de la ley 27.348, pues el legislador en otros
casos ha fijado plazos similares o aún más reducidos para interponer recursos ante la
Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo o ante los jueces nacionales. Así entre
otras normas, el art. 62 de la ley 23.551 prevé un plazo de quince días hábiles para
recurrir ante esta Cámara las decisiones del Ministerio de Trabajo en materia sindical y
la ley 26.844 establece seis días para apelar la resolución del Tribunal de Trabajo para
el Personal de Casas Particulares; 6 días hábiles eara interponer el recurso judicial
contra las decisiones administrativas en materia de insalubridad (art. 200 de la LCT) y 5
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días para recurrir ante esta Cámara o ante el juez federal las multas por infracciones
laborales (art. 11 de la ley 18.695) (cfr. voto del Dr. Héctor Guisado en el Expte. CNT
47329/2018 “Luna Jorge Darío c/ Prevención ART S.A. s/ accidente ley especial”).
Paralelamente esta Cámara de conformidad con las facultades que le
otorga el art. 23, último párrafo de la ley 18.345 “(…) a fin de reglamentar el
procedimiento concerniente a las causas derivadas de los recursos previstos en los arts.
1° y 2° de la ley 27.348 como así también de salvaguardar las garantías de acceso y
eficacia de la jurisdicción “ resolvió que “los recursos deberán presentarse en la
comisión médica respectiva dentro del plazo de 15 días hábiles administrativos, con
patrocinio letrado” y también dispuso que “se podrán peticionar las medidas de
prueba denegadas o defectuosamente producidas, ello, sin perjuicio de las medidas
para mejor proveer que se podrán adoptar” (Acta CNAT N° 2669 del 16/5/2018).
En suma, la amplitud del recurso en el marco de lo referenciado tanto
por la citada jurisprudencia del Alto Tribunal como por las normas legales vigentes
conducen a que los planteos constitucionales no resulten idóneos para soslayar la vía
recursiva que prevé la ley 27.348; de allí que la pretensión de trámite por vía de
demanda autónoma la que por otra parte fue iniciada en exceso del plazo previsto por el
art. 16 de la resolución antes referida –el dictamen emitido por el titular del Servicio de
Homologación data del 16/11/2022 y la presente demanda fue promovida con fecha
05/02/2025- no puede dejar de lado los recursos administrativos regulados por la
mencionada disposición pues ello implicaría soslayar la normativa que regula el acceso
a la jurisdicción.
En definitiva no considero pasible de objeción constitucional a la
nueva normativa procesal aludida máxime si se agrega que no es atribución de los
jueces la valoración de aspectos vinculados a la oportunidad, mérito, conveniencia o de
apreciaciones axiológicas subjetivas para descalificar –en el análisis objetivo y
constitucional- a la normativa que nos ocupa (sobre este singular punto nuevamente
remito a las consideraciones que a este segmento se dedican en el citado caso
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“Burghi…” tanto del señor Fiscal General como de la Sala II de la Excma. Cámara
Nacional de Apelaciones del Trabajo).
De todos modos, tales cuestiones han sido objeto de tratamiento y
decisión por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en el caso “Pogonza, Jonathan
Jesús c/ Galeno ART S.A. s/ accidente – ley especial” del 2 de septiembre de 2021
quien en esta misma línea de análisis declaró la validez constitucionalidad del sistema
de comisiones médicas; de la obligación del trámite ante las comisiones para determinar
el carácter profesional de la enfermedad o contingencia, el grado de incapacidad y las
prestaciones correspondientes y la garantía de revisión judicial, ejercida por un recurso.
En definitiva, si bien la actora transitó la instancia administrativa
previa, no interpuso recurso alguno, como así tampoco demanda judicial directa dentro
del plazo previsto por la res. CNAT 2669.
A lo expuesto, cabe agregar que la Procuración General de la Nación
se ha expedido en esa misma línea de análisis, en la causa CNT 6871/2017 “Robledo,
Margarita del Carmen c/ Asociart ART S.A. s/ accidente “ señalando entre otras
consideraciones que el Ministerio Público y la Corte Suprema en Fallos: 344:2307
“Pogonza” convalidaron el procedimiento administrativo previo previsto en la ley
27348, al igual que avaló la vía recursiva prevista en el artículo 2 de la ley 27.348, “es
decir aceptó la validez del mecanismo a través de un recurso de apelación presentado y
sustanciado en la instancia administrativa contra el dictamen de la Comisión Médica
Jurisdiccional (…) “ recurso que fue reglamentado en ejercicio de las atribuciones
conferidas por el art. 3 de la ley 27.348, concluyendo por las razones que expone, que
el plazo de 15 días hábiles para recurrir ante la Justicia Nacional del Trabajo no resulta
arbitrario e incompatible con la garantía de acceso a la jurisdicción.
III. Que desde esa perspectiva, soy de la opinión de que la solución
adoptada en la instancia de grado debería ser confirmada.
En atención a la naturaleza de la cuestión planteada sugiero imponer
las costas de alzada en el orden causado (cfr. art. 37 L.O) y regular los honorarios por la
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representación y patrocinio letrado de los intervinientes en la alzada en el 30% de lo que
le correspondiere percibir por su actuación en la instancia anterior.
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de las prestaciones o del damnificado, las comisiones médicas efectuaran nuevos
exámenes para revisar el carácter y grado de incapacidad anteriormente reconocidos”,
norma vigente que no fue modificada por la ley complementaria 27.348.
Esto demuestra acabadamente que el reclamante inició el trámite
administrativo previo, luego del cual se promovió la presente acción. En tales términos,
a la luz de la documentación que obra en autos, debe habilitarse la instancia judicial a
fin de no conculcar los derechos constitucionales que asisten al justiciable.
Digo esto porque la norma del art. 2 de la referida ley habilita al
trabajador a interponer recurso contra lo dispuesto por la comisión médica jurisdiccional
ante la justicia ordinaria del fuero laboral. Y ello, en momento alguno implica que
exclusivamente el trabajador deba interponer recurso de revisión ante la Comisión
Médica Central, porque dicho criterio contraría la literalidad de la norma.
De hecho, incluso, éste es el lineamiento que sigue el art. 18 de la res.
298/17 SRT cuando reglamenta la forma en que debe articularse el “Trámite del recurso
de apelación ante la justicia ordinaria del fuero laboral”1, más allá de las diversas
objeciones constitucionales que merece la delegación indebida a la SRT, a la que me
referiré en los párrafos siguientes.
En esta ilación, lo cierto es que el caso que nos ocupa se circunscribe
a la existencia de una supuesta cosa juzgada administrativa introducida por el
sentenciante.
Sin embargo, cabe destacar que la cosa juzgada administrativa sólo
implica una limitación, para que la propia administración, revoque, modifique o
sustituya el acto, y, no impide que el acto sea impugnado y/o eventualmente anulado en
1
“Cuando el recurso interpuesto por el trabajador sea ante la justicia ordinaria del fuero
laboral de la jurisdicción provincial o de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, según corresponda al
domicilio de la comisión médica que intervino, el Servicio de Homologación en el plazo de DIEZ (10)
días de recibidas las contestaciones de las expresiones de agravios o vencido el plazo para la
contestación, elevará las actuaciones al juzgado competente. El recurso interpuesto por el trabajador,
atraerá al que eventualmente interponga la A.R.T ante la Comisión Médica Central y la sentencia que se
dicte en instancia laboral resultará vinculante para todas las partes".
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sede judicial (cfr. A. Gordillo, “Tratado de Derecho Administrativo, Tº III, El acto
administrativo, Bs. As. 2004, Edición de Fundación de Derecho Administrativo”).
Sostener lo contrario, entra en contradicción con el principio de
irrenunciabilidad que rige la materia (cfr. art. 12 LCT, art. 12 CCyCN y art. 11 LRT),
normas de orden público indisponible para las partes o para el juzgador, por cuanto
justamente lo que se encuentra en discusión es la existencia o no de un grado
incapacitante que puede afectar al reclamante y que, de otra forma, sería de imposible
reparación ulterior.
Por lo demás, el carácter homologatorio asignado por el legislador a
las resoluciones administrativas de índole médica emitidas por las comisiones médicas -
más allá del asesoramiento de un abogado que pueda acompañar al trabajador- siempre
pueden y deben ser revisadas en instancia judicial, máxime luego de lo expuesto por
nuestro Alto Tribunal en la causa “Pogonza” -considerando 10°- a la que también me
referiré más adelante.
A mayor abundamiento, y sólo para enumerar un sinfín de argumentos
que contradicen el criterio adoptado por el apelante, cabe recordar las circunstancias
apuntadas por el Alto Tribunal en el caso “Llosco” por el cual se restó toda eficacia en
términos de “cosa juzgada administrativa” a los dictámenes de las comisiones médicas,
por cuanto el sometimiento al sistema de la ley de riesgos del trabajo no implicaba la
abdicación a formular un reclamo posterior con fundamento en las normas de derecho
común, de aplicación analógica al presente, o incluso lo dictaminado por la CSJN en el
caso “Shell-Mex Argentina Ltda. c. Poder Ejecutivo de Mendoza” donde se expresó que
la fijación de un plazo para deducir demanda, establecido por normas locales, es
inválido si ello resulta incompatible con principios o garantías de la Constitución
Nacional o con disposiciones de aquella legislación que es constitucionalmente
privativa de la Nación… imponer para promoverla un plazo inferior al de la pertinente
prescripción del Código Civil importa invadir con el régimen legislativo local una
materia exclusiva de la legislación nacional (CSJN Fallos 200; 244). En dicho
pronunciamiento, además, se hace referencia a otro fallo caratulado “Roger García c.
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Provincia de Entre Ríos” (CSJN Fallos 193:231) en el cual se resolvió en idéntico
sentido.
II. Además, no es menos destacar que la norma del art. 2 de la ley
27.348 no dispone plazos perentorios para la interposición de recursos, ya que al ser una
ley complementaria de la ley 24.557 ha de remitirse a los previstos en la ley de fondo,
es decir a los indicados por el art. 44 LRT.
Tampoco puede pretenderse que la SRT suplante o modifique esta
normativa a través de las limitadas funciones delegadas por el art. 3 de la ley 27.348.
Primero por cuanto dicha delegación resulta ampliamente cuestionable e improcedente
en términos constitucionales si se trata de modificar el esquema normativo, y segundo
porque el “dictado de normas de procedimiento que regulen la actuación ante las
comisiones médicas jurisdiccionales y la comisión médica central” -como especifica la
norma en cuestión- claramente no incluye la incorporación de plazos procesales que
difieran del régimen común a la especie.
En tal sentido, las resoluciones administrativas dictadas por la SRT a
los fines de reglamentar el funcionamiento de las comisiones médicas, no pueden ir más
allá de lo establecido por la propia norma que se intenta reglamentar.
Por lo demás, al tratarse de legislación común todo lo referido a los
riesgos del trabajo, su sanción corresponde al Congreso Nacional, mientras que la
aplicación de la ley de fondo es privativa de las Provincias que conforman la Nación.
Por ello es que el art. 4 invita a las mismas a adherir al sistema así implementado -lo
que implica la delegación expresa a la jurisdicción administrativa nacional-
reservándose para ellas la aplicación en base a la normativa local que se dicte al efecto.
Por ello es que de modo alguno puede considerarse a la SRT -órgano
dependiente del poder administrador- habilitada a imprimir un plazo de caducidad -a
nivel nacional- de 15 días (art. 16 res. 298/17 SRT) que impida el acceso a la
jurisdicción, en contrario -incluso- a lo dispuesto por el propio art. 2 de la ley 27.348
que es la norma que pretende reglar. Esto demuestra la intención del poder
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administrador de restringir la vía recursiva, obstruyendo la misma, y por fuera de lo
previsto por el legislador en la norma complementaria de la ley especial.
Digo esto porque si el trabajador no interpone su recurso mediante
formulario preimpreso ante el poder administrador en el exiguo plazo de 15 días, el
derecho del trabajador accidentado/lesionado se extingue, conformándose así el efecto
de la caducidad que dispone el art. 2566 del Código Civil y Comercial.
Lo expuesto, además, afecta el instituto de la prescripción en tanto
violenta el plazo referido del art. 44 LRT así como también el del art. 257 y 258 LCT
por cuanto además de contrariar los plazos de la ley de fondo, a los fines interruptivos
de la prescripción basta con una presentación judicial (cfr. art. 2546 CCyCN) pero a los
fines de la caducidad los plazos no se suspenden ni se interrumpen, excepto que exista
una disposición legal en contrario (cfr. art. 2567 CCyCN).
Es decir que la petición que nos ocupa si bien interrumpió el plazo
prescriptivo de la acción -conforme el Código Civil y Comercial de la Nación-, el
derecho del actor se ve aniquilado por efectos de la caducidad por falta de presentación
administrativa dentro del exiguo plazo de 15 días, es inferior incluso al fijado por el
último párrafo del art. 25 de la ley 19.549 para impugnar los actos administrativos
estatales (el resaltado es de mi autoría).
Esto demuestra una inconsistencia jurídica, por lo que en modo alguno
puede interpretarse que las disposiciones del art. 3 de la ley 27.348 autorizan a la SRT a
restringir los plazos previstos por la ley de fondo.
Justamente por tratarse de un plazo de caducidad administrativa -que
apunta a proteger los derechos del administrado y no a utilizarla en su contra- es que no
puede interpretarse antojadizamente como si fuera un plazo procesal dictado por
autoridad competente, por cuanto, como dije previamente, ello es materia exclusiva del
Congreso Nacional que, en el caso de la Capital Federal de la Nación, actúa como
autoridad legislativa local en materia de competencia de los tribunales nacionales o en
materia procesal.
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En otro orden, tampoco puede imponerse al justiciable una actividad
que la propia ley adjetiva no exige, pues ello implicaría incurrir en una delegación no
prevista por la norma a reglar (doctrina sostenida por la CSJN en Fallos: 342:741).
Nótese que esto es lo que ocurre con la redacción del art. 16 de la res.
298/17. En concreto, el exiguo plazo de 15 días fijados por la res. 298/17 SRT, al ser un
plazo de caducidad en materia laboral, colisiona con el régimen de contrato de trabajo y
exorbita la funciones reglamentarias de la norma que pretende pautar, no sólo porque lo
hace en perjuicio del trabajador (sujeto de preferente tutela) y en favor del poder
administrador sin justificación alguna, sino porque además contraviene el principio
protectorio, la disposición del art. 259 LCT, impide el acceso a la justicia y la tutela
judicial efectiva en flagrante contradicción de lógica jurídica y trasgrede facultades
propias del Congreso de la Nación Argentina, violentando el régimen federal y por tanto
la Constitución Nacional (art. 14 bis, 18, 31 y 75 inc. 12 Constitución Nacional) y los
Tratados Internacionales de Derechos Humanos2.
La redacción de este artículo -sin adentrarme en la redacción de los
siguientes que componen la res. administrativa- no sólo trastoca los plazos prescriptivos
previsto por la legislación de fondo -LRT-, sino que indirectamente vuelve la exigüidad
del plazo en contra del administrado y no en su favor en tanto impide la apertura de la
instancia administrativa en detrimento del mismo.
Esto genera no sólo la modificación indebida de una norma de rango
superior, inadmisible por desnaturalizarla, sino que además se introduce por vía
reglamentaria, un plazo de caducidad conveniente a la autoridad administrativa y
aleatorio, cuya finalidad es impedir las demandas judiciales siendo su objetivo final
eximir a las ART de su obligación legal, circunstancia que se verifica perfectamente en
el caso de marras de seguir dicho criterio.
Por ello, conforme los términos normados por el art. 2568 CCyCN
debe entenderse nula la resolución administrativa que establece un plazo de caducidad
2
Con más las 100 Reglas de Brasilia sobre acceso a la justicia de las personas en condición de
vulnerabilidad que deben siempre ser consideradas en los distintos análisis de los casos traídos a nuestra
jurisdicción.
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que hace excesivamente difícil a una de las partes el cumplimiento del acto requerido
para el mantenimiento del derecho o que implica un fraude a las disposiciones legales
relativas a la prescripción, por contrariar el orden público de protección.
Aun de no compartirse este criterio, resulta palmaria la
inconstitucionalidad de la resolución administrativa analizada por violentar la
sistemática laboral, el acceso a la jurisdicción y contrariar una disposición legal de
rango superior. En la medida que la contradicción surge de la mera comparación de las
cadenas textuales sin necesidad de intervención de ningún elemento de prueba o
circunstancia externa, la constitucionalidad puede y debe ser declarada aún de oficio.
De lo contrario -resolver en función de la caducidad del derecho-
determinaría el aniquilamiento del derecho del trabajador a peticionar una instancia
revisora y la pérdida de su derecho indemnizatorio que repare un daño sufrido en su
persona.
Entiendo que no puede cercenarse -por vía de caducidad
administrativa- la ocurrencia del actor ante sede judicial a fin de someterse a la revisión
médica de un experto designado de oficio que evalúe una posible incapacidad
psicofísica, dictamen que por otro lado es eficiente, bilateral y con garantías
constitucionales para ambas partes.
Sobre todo, luego de lo decidido recientemente por la Corte Suprema
de Justicia de la Nación en el caso “Pogonza, Jonathan J. c/Galeno ART S.A.”
(sentencia del 2/9/2021 –ver en particular, considerando 10º-) al sostener que la
atribución de facultades jurisdiccionales a órganos administrativos sólo resulta legítima
y constitucional si se le asegura al administrado la revisión judicial plena, en remisión al
precedente “Fernandez Arias”.
Por lo demás, también es doctrina de la Corte Suprema de Justicia de
la Nación que los jueces deben actuar con suma cautela cuando deciden cuestiones que
conducen a la denegación de prestaciones de carácter alimentario, pues en la
interpretación de las leyes “el rigor de los razonamientos lógicos debe ceder ante la
necesidad de no desnaturalizar los fines que las inspiran” (CSJN “Vera Barros Rita E.
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C/ Est. Nac. Armada Argentina” sent. del 14/12/94). La exégesis de la ley requiere de la
máxima prudencia y cuidar que la inteligencia que se le asigne no lleve a la pérdida de
un derecho, o que el excesivo rigor formal de los razonamientos desnaturalice el espíritu
que ha inspirado su sanción (Fallos: 307:1018 y sus citas y 315:158).
Ello por cuanto el derecho a ser escuchado por un órgano judicial
incluye no sólo el acceso irrestricto a la jurisdicción sino también una tutela judicial de
los derechos del justiciable que debe ser efectiva en cuanto a la oportunidad de
resolución definitiva de la cuestión sometida al conocimiento del juzgador, tal como lo
reconocen los tratados internacionales con jerarquía constitucional a partir de 1994 (cfr.
Convención Americana sobre Derechos Humanos en sus artículos 8 y 25.2.a y el Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos en su artículo 14.1) (CSJN. Fallos:
337:530, 06/05/2014).
Frente a ello y en el entendimiento que la presente causa judicial debe
ser canalizada con la amplitud que las garantías constitucionales de la tutela judicial
efectiva imponen, no corresponde admitir ninguna objeción a la acción intentada, sobre
todo, reitero, por lo expresado por la Corte recientemente y que fuera transcripta en sus
partes pertinentes.
En el caso, cumplido el procedimiento previo administrativo,
corresponde revocar la decisión de grado y tener por habilitada la instancia judicial,
pues de lo contrario se caería en un excesivo rigorismo formal que repele los principios
de la seguridad social.
Para ello, corresponde remitir las presentes actuaciones al juzgado de
origen para la prosecución de la causa, la producción de la prueba y luego se expida
respecto de lo que es materia de litis.
IV. Que, en materia de costas, se imponen en ambas instancias en el
orden causado (art. 37 LO), y diferir la regulación de los honorarios hasta tanto exista
base suficiente para su cuantificación.
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El doctor ALEJANDRO SUDERA dijo: Que por análogos
fundamentos adhiero al voto de la Dra. Beatriz E. Ferdman.
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