20240830.
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Estas letras son para ti, Portavóz del Viento.
Para que escuches la voz que me ha llamado desde el sueño y me ha dicho: "pregunta
al aire si el camino te está llamando, guarda silencio en la encrucijada, cierra
los ojos del sol, observa el corazón, toma la voluntad y abre la puerta, pinta la
palabra y dibuja la visión. El humo hablará."
Un día que el temporal llamaba a la puerta desde temprano, la niebla amaneció más
callada que otros. Los tontos clavaron suficientes alfileres en mi espalda,
suficientes para doler, para intentar lastimar de verdad, aún sin verdad. Mi
silencio habló tras el pensamiento.
Medio día pasando llegó la tormenta. Blanca y terrible para los tontos que la
miraban con asombro y desagrado. Inesperada y tranquilizante para mi, aunque no ese
día, no ese instante, no ese segundo.
Sentado, en silencio, mirando hacia la luz que refulgia fuera. No supe cuánto
tiempo, no supe en qué momento, el Relámpago retumbo con su Treno por todo el
lugar, un mar de luz. Y al segundo paralelo vi cómo mis manos comenzaban a tomar
cada una de mis pertenencias, cerraba todo y comenzaba a bajar la escalera. Al
cruzar el umbral la lluvia arreciaba, los Dragones de la Tormenta escondían la
mirada. Caminé cruzando el primer camino con las manos en las bolsas del pantalón,
cerradas. Escuché las voces de los tontos a los lejos, su burla, su pensamiento.
Torné la mirada hacia ellos con tristeza, con desesperanza. Ya cargaba sus espinas
en la pierna derecha y en el lado izquierdo de la espalda. Lo callaba pero era
demasiado evidente. "¿Qué hace ese idiota ahí mojándose?", escuché preguntar. En
ese momento la mano derecha, que había permanecido serena, salió de la bolsa que la
resguardaba y se abrió, como una flor. En ese instante un nuevo Relámpago brilló en
el cielo, entre las nubes negras zigzagueó como una serpiente de luz y se posó
cálido como un ave sobre mi mano abierta. Cerré el puño con mi nuevo amigo en él,
metí de nuevo la mano a su bolsa y encaminé mis pasos hacia la segunda vereda
regresando la mirada con una sonrisa que nadié pudo ver gracias a la lluvia.
Esa tarde regresé a la casa donde me permitían vivir. Recogí todas mis cosas. Subí
al Cerro por última vez con mi camarada de camino, con los perros. Respiŕe ese aire
una vez más para no olvidarlo, me despedí del sauce de la bruja, me despedí de los
pinos y del bosque, agradecí toda la enseñanza al cerro y nunca más regresé a ese
lugar.
Los dragones de la tormenta, embrevecidos me corrieron del lugar. Los relámpagos
dibujando una cortina de luz trazaron el camino hacia la cueva donde ahora he
recibido el sueño.
Portavóz del Viento. Da oportunidad a mis pasos de encontrar el camino del Nagual
que me aguarda en la choza del hombre del gran bastón azul claro.