El modernismo.
Rubén Darío
El modernismo es el movimiento literario propio del ámbito hispánico
vinculado al Fin de Siglo.
El máximo representante del modernismo fue el poeta nicaragüense Rubén
Darío, autor de Azul (1888), Prosas profanas (1896) y Cantos de vida y esperanza
(1905). En España, participaron del modernismo autores como Ramón M.° del
Valle-Inclán o Juan Ramón Jiménez.
Las principales características del modernismo literario son las siguientes:
○ Rechazo del presente, que se traduce en un anhelo de evasión de la realidad por medio
de la literatura. Los poemas recrean, así, los cuentos de hadas y la mitología; o se
ambientan en lugares exóticos o refinados (China, París..), que contrastan con el
prosaísmo de la vida cotidiana.
○ Aburrimiento, melancolía, angustia o insatisfacción vital ante la falta de sentido de la
existencia.
○ Uso de símbolos como el color azul, el cisne o el jardín para representar el ideal o la
belleza.
○ Importancia del erotismo y de la sensualidad.
○ Renovación de la lengua poética, con el predominio del verso alejandrino y de un léxico
inusual, exquisito, cargado de referencias sensoriales.
La generación del 98
El sentimiento de crisis finisecular se agudizó en España tras la pérdida de las últimas colonias
de ultramar (Cuba y Filipinas) en el llamado desastre del 98.
Se conoce como generación del 98 a un grupo de autores que participaron, también, del espíritu
de Fin de Siglo, y que presentan como rasgo distintivo la preocupación por la regeneración de
España.
El núcleo del grupo lo forman Miguel de Unamuno, Pío Baroja y Azorín, y en él se incluyen
también Antonio Machado y Ramón M." del Valle- Inclán.
Las novelas de 1902
En 1902 se publicaron cuatro novelas que marcaron el inicio de la renovación
novelística del primer tercio del siglo xx.
En estas novelas hallamos los rasgos propios de la narrativa de Fin de Siglo:
○ La voluntad de superación del realismo. En estos relatos prevalece la expresión de la
subjetividad y del mundo interior de los personajes, frente al reflejo de la realidad
exterior propio de la novela del siglo XIX.
○ El pesimismo y la conciencia del sinsentido de la existencia. Los protagonistas, abúlicos y
desorientados - en particular, Antonio Azorín en La voluntad y Fernando Osorio en
Camino de perfección-, se caracterizan por la falta de convicciones profundas y de
voluntad de vivir.
○ La preocupación por la realidad española de la época. Se critican el poder excesivo de la
Iglesia y del Ejército, el caciquismo y la incultura, y se proponen medidas de carácter
regeneracionista.
○ La renovación estilística, que oscila entre la prosa musical y preciosista de Valle, las
frases cortas de Azorín o el estilo antirretórico de Baroja.
Pío Baroja
Baroja se instala en la tradición realista, pero renuncia a la pretensión de objetividad e
incorpora las inquietudes existenciales propias del Fin de Siglo.
En las novelas de Pío Baroja, la vida se concibe como una lucha incesante que carece de
finalidad. Esta confrontación produce una angustia ante la que
caben dos posibles actitudes:
○ En ocasiones, los protagonistas combaten la falta de sentido de la vida entregándose al
dinamismo y la aventura continua. Algunos títulos que manifiestan esta visión son La
busca (1904), Zalacaín el aventurero (1908), Las inquietudes de Shanti Andía (1911), o la
serie de veintidós novelas titulada Memorias de un hombre de acción (1913-1935), sobre
Eugenio de Avinareta, antepasado del autor.
○ En otros casos, los personajes tratan de aliviar su sufrimiento mediante la búsqueda de la
ataraxia: estado de equilibrio y serenidad, caracterizado por la ausencia de todo temor o
pasión que pueda turbar el ánimo. Es el caso de Andrés Hurtado, protagonista de El
árbol de la ciencia (1911), un médico que fracasa en su pretensión de hallar en la ciencia
la respuesta a las preguntas últimas. El suicidio final del personaje es la expresión del
pesimismo que impregna las novelas del autor.
José Martinez Ruiz, Azorin
José Martínez Ruiz toma su seudónimo de Antonio Azorín, protagonista de la trilogía formada
por La voluntad, Antonio Azorín y Las confesiones de un
pequeño filósofo.
El tema fundamental de la narrativa de Azorín es la melancolía por el paso del tiempo,
entendido como un fluir inexorable hacia la muerte y la extinción.
Encontramos este tema en algunas de sus obras más destacadas:
○ Las confesiones de un pequeño filósofo (1904). Esta novela, de carácter autobiográfico,
está formada por una sucesión de estampas en las que el autor evoca su infancia, en
particular, sus vivencias como alumno interno en un colegio religioso en Yecla (Murcia).
○ Castilla (1912). Componen este volumen doce textos a medio camino entre el ensayo y el
cuento. En ellos, Azorín recrea personajes de obras maestras de la literatura española (La
Celestina, Lazarillo de Tormes...), o bien describe la ruina y el abandono de los pueblos y
ciudades castellanas, como expresión de la decadencia de España.
En las obras de Azorín lo importante no es la acción, sino las sensaciones e ideas de los
personajes. La descripción y la reflexión predominan, por tanto, sobre la narración de
acontecimientos.
Miguel de Unamuno
Unamuno concibe la novela como cauce de expresión de los problemas filosóficos.
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Las novelas de Unamuno plantean profundas inquietudes existenciales:
○ Ansia de inmortalidad. El miedo a la finitud y el deseo de perdurar llevan al ser humano
a creer en Dios y en la vida eterna, a pesar de que la razón contradice esa creencia. Es el
tema principal de la novela San Manuel Bueno, mártir (1930), protagonizada por un
sacerdote que ha perdido la fe, pero considera que el consuelo de la religión es necesario
para sus feligreses; y es el eje del ensayo Del sentimiento trágico de la vida (1912).
○ Concepción de la vida como ficción. Augusto Pérez, el protagonista de Niebla (1914), se
enfrenta con su creador -el propio Unamuno- trata de controlar una vida que no es más
que un relato en la imaginación del autor. Se establece de esta manera un paralelismo
entre la relación del
○ personaje con su autor y la del hombre con Dios.
La preocupación por la realidad de España, característica del 98, se refleja en Abel Sánchez
(1917), obra en que denuncia la envidia y el tradicional cainismo hispánico. En este relato, como
en las otras novelas del autor, cobra especial importancia el diálogo, frente a la casi total
ausencia de descripciones.
Antonio Machado
Las dos obras más importantes de Antonio Machado son los poemarios
Soledades, galerías y otros poemas y Campos de Castilla.
En Soledades... (1903-1907), Machado expresa sentimientos universales (soledad, anhelo de
trascendencia, angustia por el paso del tiempo y la muerte...) por medio de elementos del paisaje
que adquieren valor simbólico. Entre los símbolos más frecuentes se encuentran la tarde
(desilusión, melancolía o presentimiento de la muerte); la fuente (ilusiones o esperanzas, o bien
monotonía de la existencia); el camino o el río (vida, paso del tiempo); y el viento (soledad).
Campos de Castilla (1912-1917) es, por su parte, un libro heterogéneo, formado por distintas
secciones:
○ Una serie de poemas descriptivos que ponen de relieve la belleza del paisaje castellano,
pero también el atraso o la ignorancia de su gente. Esta preocupación por la realidad de
España lo entronca en la generación del 98.
○ El romance «La tierra de Alvargonzález», un extenso poema narrativo que cuenta el
asesinato de un hacendado por sus hijos mayores.
○ Los «Proverbios y cantares», un conjunto de poemas breves, de carácter
○ sentencioso o filosófico.
○ Un ciclo de composiciones dedicadas a Leonor, en las que el poeta recuerda
○ emocionadamente a su esposa.
El teatro anterior a 1936
• El teatro comercial y el teatro de renovación
En el teatro anterior a la Guerra Civil se distinguen dos orientaciones:
un teatro comercial y un teatro de renovación.
El teatro comercial incluye obras formalmente más convencionales que
responden a los gustos del público de la época:
○ Las comedias de ambientación burguesa (Rosas de otoño, Pepa Doncel) y los
melodramas rurales (La malquerida), todas de Jacinto Benavente.
○ El teatro cómico de Carlos Arniches (Los caciques) y el de los hermanos
Serafín y Joaquín Álvarez Quintero (Las de Caín).
En el teatro comercial destacan dos obras dramáticas: Los intereses creados, de Benavente, y La
señorita de Trevélez, de Arniches. En la primera se critica la hipocresía de la sociedad burguesa,
regida por la conveniencia y el dinero («Mejor que crear afectos es crear intereses»); en la
segunda, la ociosidad e inmoralidad de la burguesía de provincias (que «no se ríe de su propia
alegría, sino del dolor ajeno»), en sintonía con el regeneracionismo del 98.
En el teatro de renovación se sitúan obras más complejas e innovadoras, como las de Unamuno
o Azorín y, sobre todo, las de Valle-Inclán y Lorca.
El teatro de Valle- Inclán
Ramón M.° del Valle-Inclán (1866-1936) es el creador de una nueva fórmula
teatral que recibe el nombre de esperpento.
El esperpento consiste en una deformación caricaturesca de la realidad («los héroes clásicos
reflejados en los espejos cóncavos dan el esperpento»), para evidenciar lo absurdo y miserable
de la existencia. Para lograr el esperpento,
Valle emplea los siguientes procedimientos:
○ La recreación de ambientes violentos y degradados.
○ La animalización y cosificación de los personajes.
La manifestación más lograda del esperpento es Luces de bohemia (1920).
En esta obra, Valle realiza una crítica feroz de la realidad política y social de la España de la
época («España es una deformación grotesca de la civilización europea», expresa el
protagonista, Max Estrella). Este tratamiento del tema de España permite incardinar al autor en
la generación del 98.
El teatro de Lorca
Federico García Lorca es el principal dramaturgo de la generación del 27.
Obras dramáticas
En la producción teatral de Federico García Lorca, una de las cimas del teatro universal,
destacan las siguientes obras.
FARSAS
Una farsa es una obra generalmente breve, y de carácter cómico o grotesco.
A este subgénero pertenecen La zapatera prodigiosa (1930) y Amor de don Perlimplín con Belisa
en su jardín (1933). En ambas, los maridos (el Zapatero y don Perlimplín)
se disfrazan de hombres más jóvenes para despertar el amor de sus esposas.
TEATRO MAYOR
○ Doña Rosita la soltera (1935). Rosita espera en vano el retorno de su prometido, que ha
emigrado a Argentina.
○ Bodas de sangre (1933). Después de casarse, la Novia abandona al Novio y huye con
Leonardo, su antiguo amor. El Novio los persigue y, finalmente, los dos hombres se
enfrentan y mueren.
○ Yerma (1934). La protagonista, Yerma, no logra quedarse embarazada. El dolor y el
resentimiento que esto le causa la lleva a matar a Juan, su marido.
○ La casa de Bernarda Alba (1936). Tras morir su esposo, Bernarda, autoritaria e hipócrita,
decreta ocho años de luto en los que sus cinco hijas no podrán salir de casa.
Temas y estilo del teatro lorquiano
El tema característico del teatro de Lorca es la frustración o insatisfacción, que nace del choque
entre dos fuerzas:
○ Un deseo de libertad, de plenitud erótica y vital, encarnado casi siempre en personajes
femeninos: Adela, en La casa de Bernarda Alba; la Novia, en Bodas de sangre; Rosita, en
Doña Rosita la soltera; la Zapatera, en La zapatera prodigiosa; Belisa, en Amor de don
Perlimplín con Belisa en su jardín.
○ La realidad (la sociedad, la tradición, el destino...) que se opone al cumplimiento de esos
impulsos.
En cuanto al estilo, el teatro de Lorca presenta los siguientes rasgos:
○ El empleo de un lenguaje intensamente poético, saturado de símiles, de metáforas y de
símbolos.
○ El uso del verso y la prosa. Algunas obras, como Mariana Pineda -drama en el que recrea
la figura histórica de una heroína liberal ejecutada por Fernando VII-, están escritas
íntegramente en verso; otras (La zapatera prodigiosa, Bodas de sangre) alternan verso y
prosa.