Cuentos cortos para leer a tus hijos sobre las
normas de convivencia
En un bosque mágico, vivían muchos animalitos que eran muy buenos
amigos. Había un conejito llamado Bruno, una ardilla llamada María, un
osito llamado Max y una pajarita llamada Lila. Todos vivían felices, pero a
veces tenían problemas porque no siempre sabían cómo convivir de la
mejor manera.
Un día, Bruno estaba muy emocionado porque había encontrado una
deliciosa zanahoria, pero María se la quitó sin preguntar. Max no dejaba
que los demás jugaran con su pelota porque tenía miedo de que la
rompieran. Y Lila siempre hacía mucho ruido cuando los demás intentaban
descansar.
El sabio búho Mario, que vivía en el árbol más alto, los observó y decidió
hablar con ellos. 'Amigos, para que todos podamos vivir felices en este
bosque, necesitamos seguir algunas normas de convivencia', les dijo con
su voz suave. '¿Qué son las normas de convivencia?' preguntó María
curiosa.
'Son reglas sencillas que nos ayudan a llevarnos bien y a ser buenos
amigos', explicó Mario. 'Por ejemplo, si quieres algo que otro
tiene, siempre es mejor pedirlo prestado. Y si tienes algo que todos
quieren usar, compartirlo hará que todos se diviertan más. También hay
que respetar el espacio de los demás'.
Los animalitos escucharon atentamente y decidieron seguir las normas del
sabio búho Mario. Desde entonces, Bruno siempre pedía permiso antes
de tomar algo que no era suyo, María aprendió a compartir, Max dejó
que todos jugaran con su pelota, y Lila volaba en silencio cuando los
demás querían descansar.
Los hermanos felices - Relato infantil sobre las
reglas en casa
En una pequeña casa, vivían tres hermanos: Marta, Diego y Lucas.
Aunque se querían mucho, a veces tenían problemas porque no siempre
seguían las normas de convivencia en su hogar. Marta dejaba sus juguetes
por todos lados, Diego subía el volumen de la televisión sin
preguntar, y Lucas no ayudaba a recoger la mesa.
Un día, su mamá los reunió en la sala y les dijo: 'Queridos, para que todos
vivamos felices en nuestra casa, necesitamos seguir algunas normas que
nos ayuden a llevarnos mejor y a disfrutar del tiempo juntos. La primera
norma es respetar el espacio de los demás'.
Marta, entendió que eso significaba que debía guardar sus juguetes
después de usarlos para que nadie se tropezara con ellos. 'La segunda
norma es compartir y preguntar antes de hacer algo que pueda afectar a
los demás y la tercera norma es ayudar en las tareas de la casa',
agregó.
Lo anterior significaba que Diego, no debía subir el volumen de la televisión
sin asegurarse de que a todos les pareciera bien y que Lucas debía
ayudar a recoger la mesa para que el trabajo fuera más rápido y pudieran
pasar más tiempo juntos.
De esta manera, los tres hermanos entendieron que las normas de
convivencia no eran para hacerles la vida difícil, sino para que todos
pudieran vivir en armonía y disfrutar de su tiempo en casa,
compartiéndolo con su mamá y haciendo actividades todos juntos.
Cuento breve de normas de comportamiento en la
escuela - La clase unida
En la escuela de Colina Alegre, había una clase donde todos los niños
eran grandes amigos. Pero, a veces surgían problemas porque no seguían
las normas de convivencia. Pedro interrumpía cuando otros
hablaban, Sara no compartía sus colores y Juliana empujaba a sus
compañeros para ser la primera en la fila.
Un día, la maestra Ana decidió hablar con ellos. 'Niños, nuestra clase es
como una gran familia. Para que todos nos sintamos felices y cómodos, es
importante seguir algunas normas de convivencia', les dijo con una
sonrisa. '¿Qué normas, maestra?' preguntó Sara.
'La primera norma es respetar cuando los demás están hablando. Pedro,
eso significa esperar tu turno antes de hablar para que todos puedan
escuchar y ser escuchados', explicó la maestra Ana. Pedro asintió,
entendiendo lo importante que era.
'La segunda norma es compartir lo que tenemos. Sara, cuando compartes
tus colores, haces que todos se sientan incluidos', continuó la
maestra. Sara sonrió, dispuesta a ser más generosa. 'Y la tercera
norma es ser amable y respetuoso con todos. Juliana, eso significa no
empujar ni ser ruda', explicó Miss Ana.
'Recuerda que podemos turnarnos y que todos somos iguales', añadió.
Desde ese día, los alumnos de la escuela Colina Alegre comenzaron a
seguir las normas de convivencia. Pedro escuchaba con atención, Sara
compartía sus cosas con alegría, y Juliana esperaba su turno en la fila con
paciencia.