DELITOS AMBIENTALES
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Nota periodística sobre los ateproyectos de modificación del código penal para la
inclusión de los “delitos ambientales”.
Libro “Derecho Ambiental”.
Autor: Marcelo Lopez Alfonsin.
Ed: Astrea
Pags: 157/163
La TUTELA PENAL EN MATERIA AMBIENTAL. — Sin duda, la tutela penal en materia
ambiental pone de manifiesto la trascendencia del bien jurídico protegido,
permitiendo inferir la importancia que los ordenamientos jurídicos le otorgan a la
cuestión ambiental. Por esta razón la analizamos en este capítulo sin profundizar la
dogmática penal, sino rescatando el carácter tuitivo de esta normativa.
La legislación penal que regula la temática no está unificada en un solo cuerpo
normativo; por el contrario, se encuentra dispersa en varias normas. Sirva de ejemplo
la responsabilidad penal contemplada en el Código Penal y en las leyes de residuos
peligrosos y de fauna silvestre.
El primero de los ordenamientos mencionados establece delitos contra la salud
pública, como envenenamiento o adulteración de agua potable, sustancias alimenticias
o medicinales (arts. 200, 201 bis y 203), así como también tipifica la violación de los
deberes a cargo de los funcionarios públicos (arts. 248 y 249).
“Art. 200.Será reprimido con reclusión o prisión de tres a diez años y multa de pesos
diez mil a pesos doscientos mil, el que envenenare, adulterare o falsificare de un modo
peligroso para la salud, aguas potables o sustancias alimenticias o medicinales
destinadas al uso público o al consumo de una colectividad de personas”.
“Art. 201 bis.-Si como consecuencia del envenenamiento, adulteración o falsificación
de aguas potables o sustancias alimenticias o medicinales, resultare la muerte de
alguna persona, la pena será de diez a veinticinco años de reclusión o prisión; si
resultaren lesiones gravísimas, la pena será de tres a quince años de reclusión o
prisión; si resultaren lesiones graves, la pena será de tres a diez años de reclusión o
prisión. En todos los casos se aplicará además multa de pesos diez mil a pesos
doscientos mil”.
“Art. 203.Cuando alguno de los hechos previstos en los artículos anteriores fuere
cometido por imprudencia, negligencia, impericia en su arte o profesión o por
inobservancia de los deberes a su cargo, se impondrá multa de pesos cinco mil a pesos
cien mil; si tuviere como resultado enfermedad o muerte se aplicará prisión de seis
meses a cinco años”.
“Art. 248.Será reprimido con prisión de un mes a dos años e inhabilitación especial por
doble tiempo, el funcionario público que dictare resoluciones u órdenes contrarias a las
constituciones O leyes nacionales o provinciales o ejecutare las órdenes o resoluciones
de esta clase existentes o no ejecutare las leyes cuyo cumplimiento le incumbiere”. “
Art. 249.— Será reprimido con multa de pesos setecientos cincuenta a pesos doce mil
quinientos e inhabilitación especial de un mes a un año, el funcionario público que
ilegalmente omitiere, rehusare hacer o retardare algún acto de su oficio”.
A mayor abundamiento, prevé que las sentencias condenatorias pueden ordenar la
reposición al estado anterior a la comisión del delito, en caso de que fuera posible,
estipulando a tal fin las restituciones y demás medidas necesarias; indemnización por
daño material y moral ocasionado a la víctima, a su familia o a un tercero. La obligación
del resarcimiento del perjuicio es solidaria entre todos los responsables1”.
Por otra parte, la ley de protección y conservación de la fauna silvestre 22.421, en su
cap. VIII, abarca diferentes tipos de delitos y sus respectivas penas. Básicamente se
tipifican las siguientes conductas: caza furtiva (art. 24), depredación de la fauna
silvestre (art. 25), uso de armas prohibidas (art. 26) y el comercio, transporte, acopio e
industrialización de los productos provenientes de las mencionadas actividades (art.
27).
“Art. 24. Será reprimido con prisión de un mes a un año y con inhabilitación especial de
hasta tres años, el que cazare animales de la fauna silvestre en campo ajeno sin la
autorización establecida en el art. 16, inc. a”.
“Art. 25.— Será reprimido con prisión de dos meses a dos años y con inhabilitación
especial de hasta cinco años, el que cazare animales de la fauna silvestre cuya captura
o comercialización estén prohibidas o vedadas por la autoridad jurisdiccional de
aplicación. La pena será de cuatro meses a tres años de prisión con inhabilitación
especial de hasta diez años cuando el hecho se cometiere de modo organizado o con el
concurso de tres o más personas o con armas, artes o medios prohibidos por la
autoridad jurisdiccional de aplicación”. “
Art. 26.— Será reprimido con prisión de dos meses a dos años y con inhabilitación
especial de hasta cinco años el que cazare animales de la fauna silvestre utilizando
armas, artes o medios prohibidos por la autoridad jurisdiccional de aplica cación”.
“Art. 27.— Las penas previstas en los artículos anteriores se aplicarán también al que a
sabiendas transportare, almacenare, comprare, vendiere, industrializare o de cualquier
modo pusiere en el comercio piezas, productos o subproductos provenientes de la caza
furtiva o de la depredación”.
Además, en la ley de residuos peligrosos 24.051 también se observan cláusulas
referidas a la responsabilidad penal que se aplican a la generación, manipulación,
transporte, tratamiento y disposición final de residuos peligrosos, sea que se
1
Jiménez, “Las acciones de tutela ambiental en el sistema constitucional federal argentino”, en Sassay
(dir.) ManiL1 (coord.), Constitución de la Nación Argentina, t. 2, p. 232 a 256.
encuentren ubicados en lugares sometidos a jurisdicción nacional o en el territorio de
una provincia, cuando estuvieran destinados al transporte fuera de esta, o cuando
fueran susceptibles de afectar a las personas o el ambiente más allá de la frontera de
la provincia en la que se hubiesen generado.
En el cap. IX de la mencionada normativa se establece el régimen penal relacionado
con la materia, se incorporan tipos penales dolosos y culposos y se prevé la extensión
de la responsabilidad cuando los delitos fueran cometidos por decisión de una persona
jurídica.
“Art. 55. Será reprimido con las mismas penas establecidas en el art. 200 del Cód.
Penal, el que, utilizando los residuos a que se refiere la presente ley, envenenare,
adulterare o contaminare de un modo peligroso para la salud, el suelo, el agua, la
atmósfera o el ambiente en general.
Si el hecho fuere seguido de la muerte de alguna persona, la pena será de diez a
veinticinco años de reclusión o prisión “
Art. 56. Cuando alguno de los hechos previstos en el artículo anterior fuere cometido
por imprudencia o negligencia o por impericia en el propio arte o profesión o por
inobservancia de los reglamentos u ordenanzas, se impondrá prisión de un mes a dos
años.
Si resultare enfermedad o muerte de alguna persona, la pena será de seis meses a tres
años”.
“Art. 57. Cuando alguno de los hechos previstos en los dos artículos anteriores se
hubiesen producido por decisión de una persona jurídica, la pena se aplicará a los
directores, gerentes, síndicos, miembros del consejo de vigilancia, administradores,
mandatarios o, representantes de la misma que hubiesen intervenido en el hecho
punible, sin perjuicio de las demás responsabilidades penales que pudiesen existir”.
Con relación a la competencia, expresamente el art. 58 prescribe que la justicia
federal es competente para conocer en las acciones penales que derivan de la
legislación de marras.
Por último, se torna necesario hacer mención de las disposiciones pertinentes
contenidas en el Código Procesal Penal de la Nación. Este cuerpo normativo dispone
que los delitos susceptibles de menoscabar el ambiente son de acción pública, lo que
implica que toda persona está en condiciones de realizar la denuncia correspondiente,
sin que se exija ningún tipo de capacidad especial.
“Art. 174. [FACULTAD DE DENUNCIAR] — Toda persona que se considere lesionada por
un delito cuya represión sea perseguible de oficio o que, sin pretender ser lesionada,
tenga noticias de él, podrá denunciarlo al juez, al agente fiscal o a la policía. Cuando la
acción penal depende de instancia privada, solo podrá denunciar quien tenga derecho
a instar, conforme a lo dispuesto a este respecto por el Código Penal. Con las
formalidades previstas en el Capítulo IV, del Título IV, del Libro primero, podrá pedirse
ser tenido por parte querellante”.
Además, no hay que olvidar que -según el Código Penal deber de denunciar esta
tipología de delitos recae de modo es pecial sobre los funcionarios públicos, pues de lo
contrario incurren en delito de omisión.
“Art. 277.1º) Será reprimido con prisión de seis meses a tres años el que, tras la
comisión de un delito ejecutado por otro, en el que no hubiera participado:
a) Ayudare a alguien a eludir las investigaciones de la autoridad o a sustraerse a la
acción de esta.
b) Ocultare, alterare o hiciere desaparecer los rastros, pruebas o instrumentos del
delito, o ayudare al autor o partícipe a ocultarlos, alterarlos o hacerlos desaparecer.
c) Adquiriere, recibiere u ocultare dinero, cosas o efectos provenientes de un delito.
d) No denunciare la perpetración de un delito o no individualizare al autor o partícipe
de un delito ya conocido, cuando estuviere obligado a promover la persecución penal
de un delito de esa índole.
e) Asegurare o ayudare al autor o partícipe a asegurar el producto o provecho del
delito”.
También es importante recordar que -de acuerdo con el Código Procesal Penalel
denunciante no se convierte automáticamente en parte en el proceso penal. Es decir
que la capacidad para denunciar no es asimilable a la requerida para ser querellante y
parte del procedimiento, dado que para adquirir este carácter se le exige a los
particulares que acrediten un derecho particular vulnerado.
“Art. 82. [DERECHO DE QUERELLA] — Toda persona con capacidad civil
particularmente ofendida por un delito de acción pública tendrá derecho a constituirse
en parte querellante y como tal impulsar el proceso, proporcionar elementos de
convicción, argumentar sobre ellos y recurrir con los alcances que en este Código se
establezcan. Cuando se trate de un incapaz, actuará por él su representante legal.
Cuando se trate de un delito cuyo resultado sea la muerte o la desaparición de una
persona, podrán ejercer este derecho el cónyuge, el conviviente, los padres, los hijos y
los hermanos de la persona muerta o desaparecida; si se tratare de un menor, sus
tutores o guardadores, y en el caso de un incapaz, su representante legal.
Si el querellante particular se constituyera a la vez en actor civil, podrá así hacerlo en
un solo acto, observando los requisitos para ambos institutos”.
No obstante, existe una tendencia —tanto a nivel doctrinal como jurisprudenciala
ensanchar los límites de la legitimación procesal activa en atención a las características
peculiares de la materia involucrada, de conformidad con lo estipulado en el segundo
párrafo del art. 43 de la ley suprema. Efectivamente, se acepta y propicia la ampliación
de las pautas constitucionales a otras acciones distintas del amparo colectivo. Por lo
tanto, la figura del damnificado reducida a la del individuo particular ofendido, como la
del ordenamiento procesal penal, debe ser aggiornada para ser aplicada en este tipo
de procesos. Entendemos que esta situación coadyuva a vigorizar el acceso a la
justicia, dado que la sociedad civil cuenta con nuevos mecanismos que posibilitan una
mejor participación en estos procedimientos judiciales*.
8 20. CONCLUSIONES. — Tal como surge del desarrollo de este capítulo, ha quedado
evidenciado un vastísimo catálogo procedimental en la materia que nos ocupa.
Consideramos que el balance de la constitucionalización del ambiente es altamente
positivo. No solo por el contenido del derecho reconocido con fuerza formativa en la
ley fundamental, desde la perspectiva de los derechos humanos ya descripta en los
capítulos anteriores, sino por marcar el eje desde la materia constitucional a las
diversas ramas del derecho, ya sean públicas o privadas. El ambiente es en sí mismo un
objeto de estudio transdisciplinario, y exige múltiples enfoques jurídicos, pero sin
perder la perspectiva global que debe dar el derecho constitucional. En suma, es
ineludible la conceptualización de esta disciplina como una rama jurídica ya afianzada,
sin dejar de lado su transversalidad sistémica.
El desarrollo legislativo posconstituyente, más allá de su demora, da también motivos
para el optimismo. Por supuesto, llevará un tiempo la adecuación de miradas frente a
los novedosos horizontes planteados.
Desde el derecho procesal constitucional stricto sensu, la variedad de acciones
ambientales no nos impide señalar la que consideramos, sin duda, la gran asignatura
pendiente a ya casi tres décadas del proceso reformista: una razonada y razonable
reglamentación de la figura del amparo colectivo. En efecto, es indispensable que toda
la variedad de acciones de tutela ambiental existentes en el ordenamiento jurídico
cuente con la legislación necesaria, a fin de dotarlas de efecto útil para la salvaguarda
del ambiente.
Queremos concluir este capítulo, más allá de las diferencias ya señaladas, con una cita
de Sagues, de gran prudencia y sabiduría.
“De aquí en más será la experiencia tribunalicia el teatro de operaciones donde se
jugará el éxito o el fracaso de esta figura. Son factores vitales para su buen suceso el
planteo correcto, fundado y sensato de las demandas, junto con un adecuado
reclutamiento y producción de pruebas, y su articulación ante daños reales al medio
ambiente. Demandas temerarias, extravagantes, caprichosas o descuidadas pueden
devaluar sociológicamente a este noble subtipo de amparo. El lanzamiento por ley de
una acción popular de amparo ambiental significa una verdadera experiencia de
laboratorio para el mantenimiento, difusión o posterior repliegue legal de tales
dispositivos de legitimación amplísima. Su uso trivial, desnaturalizado o pervertido
alentará su eliminación legislativa futura, o su acorralamiento judicial. Su empleo
correcto, por el contrario, los afirmará”2.
2
Sagues, El amparo ambiental, LL, 2004-D-1194.