JUSTIFICACIÓN POR LA FE
Romanos 4
Introducción y Contexto
Romanos 4 forma parte de la epístola de Pablo a los Romanos, escrita aproximadamente entre el
55 y 57 d.C., probablemente desde Corinto, dirigida a una iglesia mixta de judíos y gentiles en
Roma. En los capítulos anteriores, Pablo establece que todos, judíos y gentiles, son culpables ante
Dios (Romanos 1:18-3:20) y que la justificación se obtiene únicamente por la fe en Jesucristo
(Romanos 3:21-31). En el capítulo 4, Pablo profundiza en esta doctrina, utilizando a Abraham, el
patriarca del judaísmo, para demostrar que la justificación por la fe no es una novedad, sino una
verdad arraigada en las Escrituras del Antiguo Testamento.
El propósito principal de Romanos 4 es mostrar que la justificación por la fe, y no por las obras de
la ley, es el medio por el cual Dios declara justos a los seres humanos. Pablo utiliza a Abraham
como un caso paradigmático para ilustrar que la fe, no la obediencia a la ley mosaica, es la base
de la relación con Dios. Este argumento es crucial en un contexto donde los cristianos judíos
podrían haber argumentado que la circuncisión y la obediencia a la ley eran necesarias para la
salvación.
ANÁLISIS VERSÍCULO POR VERSÍCULO
Romanos 4:1-8 – Abraham, justificado por la fe
Versículos 1-3: Pablo plantea la pregunta retórica: "¿Qué, pues, diremos que halló Abraham,
nuestro padre según la carne?" (v. 1). Aquí, Pablo introduce a Abraham como el "padre" de los
judíos, pero también de todos los creyentes (como se desarrollará más adelante). Cita Génesis
15:6: "Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia" (v. 3). Este versículo es el pilar del
argumento de Pablo: Abraham fue justificado por su fe en la promesa de Dios, no por sus obras.
Observación teológica: La palabra griega para "contado" (λογίζομαι, logizomai) implica
un acto de imputación divina. Dios atribuye justicia a Abraham no porque él la mereciera,
sino porque confió en la promesa de Dios. Esto establece el principio de la imputación de la
justicia, un tema central en la teología paulina.
Versículos 4-5: Pablo contrasta la justicia por obras con la justicia por fe. Si Abraham hubiera sido
justificado por obras, su justicia sería un salario merecido (v. 4). Sin embargo, Pablo argumenta
que la justicia es un regalo para "el que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío" (v. 5).
Este es un punto radical: Dios justifica a los pecadores, no a los que ya son justos.
Observación teológica: La justificación del "impío" subraya la gracia soberana de Dios.
Esto desafía la mentalidad religiosa de la época, que enfatizaba la obediencia a la ley como
base para la aprobación divina.
Versículos 6-8: Pablo refuerza su argumento citando el Salmo 32:1-2, donde David habla de la
bendición del perdón de los pecados. La felicidad del hombre justificado no radica en sus méritos,
sino en que Dios no le imputa pecado, sino justicia.
Observación teológica: La conexión entre Abraham y David muestra la continuidad de la
justificación por la fe en el Antiguo Testamento. Pablo demuestra que esta doctrina no es
una invención cristiana, sino un principio bíblico consistente.
Romanos 4:9-12 – La fe de Abraham antes de la circuncisión
Pablo aborda la cuestión de la circuncisión, un punto de contención entre judíos y gentiles.
Pregunta: "¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión, o también para
los de la incircuncisión?" (v. 9). Responde que Abraham fue justificado antes de ser circuncidado
(Génesis 15:6 ocurre antes de Génesis 17, donde se instituye la circuncisión). Por lo tanto,
Abraham es el "padre" tanto de los circuncidados (judíos) como de los incircuncisos (gentiles) que
creen (v. 11-12).
Observación teológica: La prioridad temporal de la fe de Abraham sobre la circuncisión
demuestra que los rituales religiosos no son el fundamento de la justificación. La
circuncisión fue un "sello" de la justicia que Abraham ya tenía por fe (v. 11), no la causa de
su justificación.
Romanos 4:13-17 – La promesa a Abraham por la fe, no por la ley
Pablo explica que la promesa de que Abraham sería "heredero del mundo" (v. 13) no fue dada por
medio de la ley, sino por la fe. Si la herencia dependiera de la ley, la fe sería inútil y la promesa
quedaría anulada (v. 14), porque la ley produce ira al revelar el pecado (v. 15). En cambio, la
promesa se basa en la fe para que sea por gracia, garantizando que sea para todos, judíos y
gentiles (v. 16).
Observación teológica: La expresión "heredero del mundo" amplía la promesa de
Génesis 12:3 ("en ti serán benditas todas las familias de la tierra"). La salvación no se
limita a Israel, sino que abarca a toda la humanidad, un tema recurrente en Romanos.
Versículo 17: Pablo describe a Dios como aquel "que da vida a los muertos y llama las cosas que
no son, como si fuesen". Esta declaración resalta el poder creador de Dios, que es capaz de
cumplir sus promesas incluso en situaciones imposibles, como el nacimiento de Isaac.
Romanos 4:18-22 – La fe de Abraham como modelo
Pablo describe la fe de Abraham como un modelo de confianza en Dios frente a la imposibilidad
humana. A pesar de su edad avanzada y la esterilidad de Sara, Abraham "creyó en esperanza
contra esperanza" (v. 18). No dudó de la promesa de Dios, sino que fue "fortalecido en fe, dando
gloria a Dios" (v. 20). Su fe fue contada como justicia porque confió plenamente en el poder de
Dios (v. 21-22).
Observación teológica: La fe de Abraham no es pasiva, sino activa, caracterizada por
una confianza absoluta en la fidelidad de Dios. Esta fe no se basa en las circunstancias
visibles, sino en la palabra de Dios, lo que la convierte en un modelo para los cristianos.
Romanos 4:23-25 – Aplicación para los cristianos
Pablo concluye que la justificación de Abraham no es solo un evento histórico, sino un principio
universal: "No solo por él fue escrito que le fue contado, sino también por nosotros" (v. 23-24). Los
creyentes son justificados de la misma manera, por la fe en Dios, quien resucitó a Jesús de entre
los muertos. Jesús fue "entregado por nuestras transgresiones y resucitado para nuestra
justificación" (v. 25).
Observación teológica: Este versículo conecta la justificación con la obra redentora de
Cristo. Su muerte expiatoria cubre los pecados, y su resurrección asegura la justificación,
confirmando que Dios aceptó su sacrificio.
Temas Teológicos Clave
1. Justificación por la fe: Romanos 4 es uno de los textos más claros de la Escritura sobre
esta doctrina. La justificación es un acto declarativo de Dios, no un proceso de volverse
justo, y se recibe únicamente por la fe, no por obras o rituales.
2. Gracia soberana: La justificación de los "impíos" (v. 5) subraya que la salvación es un
regalo inmerecido, basado en la iniciativa de Dios, no en el mérito humano.
3. Universalidad de la salvación: Al presentar a Abraham como el padre de todos los
creyentes, judíos y gentiles, Pablo enfatiza que la salvación está disponible para toda la
humanidad, rompiendo las barreras étnicas y religiosas.
4. Continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: Pablo demuestra que la
justificación por la fe no es una novedad cristiana, sino un principio presente en las
Escrituras hebreas, como se ve en Abraham y David.
5. La fe como confianza en la promesa de Dios: La fe de Abraham es un modelo de
confianza en la palabra de Dios, incluso cuando las circunstancias parecen imposibles. Esto
invita a los creyentes a confiar en la obra de Cristo para su salvación.
Aplicaciones Prácticas
1. Confianza en la gracia de Dios: Romanos 4 desafía a los creyentes a descansar en la
gracia de Dios, no en sus propios esfuerzos. La salvación no se gana, sino que se recibe por
fe.
2. Unidad en la iglesia: La universalidad de la fe de Abraham llama a los cristianos a
superar divisiones étnicas o culturales, reconociendo que todos los creyentes son parte de
la familia de Dios.
3. Esperanza en las promesas de Dios: La fe de Abraham anima a los creyentes a confiar
en Dios en medio de circunstancias difíciles, sabiendo que Él es capaz de cumplir sus
promesas.
4. Proclamación del evangelio: Romanos 4 proporciona un fundamento sólido para
compartir el evangelio, enfatizando que la salvación es por fe en Cristo, accesible a todos.
Conclusión
Romanos 4 es un capítulo teológicamente rico que establece la justificación por la fe como el
corazón del evangelio. A través del ejemplo de Abraham, Pablo demuestra que la salvación
siempre ha dependido de la fe en las promesas de Dios, no de las obras humanas o los rituales
religiosos. Este mensaje no solo era relevante para la iglesia de Roma, sino que sigue siendo
fundamental para los cristianos de hoy, recordándonos que nuestra esperanza descansa en la obra
terminada de Cristo, quien fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra
justificación.
Bosquejo Expositivo Profundo de Romanos 4
Tema central: La Justificación por la fe: el ejemplo de Abraham
Introducción: La justicia que viene por la fe
Pablo, después de exponer en Romanos 3 que “por las obras de la ley ningún ser humano
será justificado” (3:20) y que “justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios”
(5:1), presenta en Romanos 4 a Abraham como prueba irrefutable de que la justificación siempre
ha sido por la fe, incluso antes de la Ley de Moisés. Este capítulo es fundamental para entender la
soteriología paulina y muestra cómo tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento coinciden en
este principio.
I. La justificación de Abraham fue por fe, no por obras
(Romanos 4:1–8)
A. Abraham no fue justificado por méritos humanos (v.1–2)
“¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue
justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios.”
Pablo anticipa una objeción judía: que Abraham fue justificado por obediencia.
Argumento central: Aun si Abraham hubiese hecho obras, no tendría mérito delante
de Dios, porque toda obra humana queda corta ante la justicia divina (Isaías 64:6).
La justificación es no por el esfuerzo humano, sino por la obra de Dios.
B. La fe le fue contada como justicia (v.3–5)
“Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia” (Génesis 15:6)
El término griego “elogíste” (λογίσθη) implica imputación o acreditación.
No se trata de una transformación moral instantánea, sino de una declaración legal
divina.
Dios considera justo al pecador por causa de su fe, no porque el pecador lo merezca.
C. David también habla de la bienaventuranza del perdón sin obras (v.6–8)
Cita de Salmo 32: “Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas…”
David, el rey y profeta, reconoce la gracia del perdón como algo inmerecido.
Subraya la no imputación del pecado como un acto soberano de Dios hacia quien cree.
Aquí se introduce la doctrina de la justicia imputada y el pecado no imputado.
II. La justificación es para todos: judíos y gentiles
(Romanos 4:9–12)
A. La fe fue acreditada antes de la circuncisión (v.9–10)
“¿Fue antes o después de ser circuncidado? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión.”
Abraham fue justificado en Génesis 15, pero no fue circuncidado hasta Génesis 17
(alrededor de 14 años después).
Esto demuestra que la fe es anterior a los ritos religiosos.
B. La circuncisión fue un sello, no el medio de justificación (v.11–12)
Pablo explica que la circuncisión fue una señal del pacto, no la causa de la justificación.
Abraham es llamado “padre de todos los creyentes”: tanto judíos como gentiles.
En Cristo, la fe une a todos los pueblos, sin distinción (Gálatas 3:28–29).
III. La promesa fue dada por fe, no por la ley
(Romanos 4:13–17)
A. La promesa de heredar el mundo no fue por la ley (v.13–15)
“Porque la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.”
Pablo aclara que la ley no fue el medio de la promesa hecha a Abraham.
La ley revela el pecado, pero no tiene poder para justificar (Gálatas 3:10–12).
La promesa fue dada basada en la justicia de la fe, no en el cumplimiento legal.
B. La fe garantiza que la promesa sea por gracia (v.16–17)
La gracia asegura que la promesa sea segura y universal, no limitada por nacionalidad ni
cumplimiento de leyes.
Abraham es padre de todos los que creen porque su fe precede a la ley y trasciende la
etnicidad.
“Dios... llama las cosas que no son, como si fuesen” — fe en el Dios creador y dador de vida
(Hebreos 11:12).
IV. El tipo de fe que justifica: la fe de Abraham
(Romanos 4:18–22)
A. Fe que persevera en medio de lo imposible (v.18–19)
“Contra esperanza, creyó en esperanza…”
Abraham creyó en la promesa de Dios aunque su cuerpo (y el de Sara) estaban “como
muertos”.
No permitió que la incredulidad detuviera su confianza en lo que Dios prometió.
Esta fe va más allá de la lógica humana: es una fe firme en el carácter de Dios.
B. Fe que da gloria a Dios y no duda (v.20–21)
No se debilitó, sino que se fortaleció en la fe.
Reconoció el poder de Dios para cumplir lo prometido.
Esta fe es una respuesta racional, espiritual y emocional al carácter fiel de Dios.
C. Esa fe le fue contada como justicia (v.22)
Dios considera justo al que cree, no al que obra.
Pablo usa a Abraham como ejemplo no solo histórico, sino teológico y universal.
V. Aplicación cristológica: fe en Jesús, no en nosotros
(Romanos 4:23–25)
A. Lo escrito sobre Abraham fue para nosotros (v.23–24)
La fe de Abraham es paradigma de la fe cristiana.
Nuestra fe debe estar puesta en el Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos,
como Abraham confió en el Dios que da vida a lo muerto.
B. Jesús murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación (v.25)
Muerte vicaria: “entregado por nuestras transgresiones” (Isaías 53:5).
Resurrección como confirmación del favor de Dios sobre el sacrificio de Cristo.
La fe que justifica hoy es la que se apropia de la obra completa de Cristo.
Conclusión: La fe como único camino a la justificación
Romanos 4 presenta un fundamento sólido e inmutable: la justicia de Dios es por la fe desde
el principio. Abraham no fue justificado por obras, ritos, ni ley, sino por una fe que confió
plenamente en Dios. Esta misma fe es la que salva hoy, cuando se deposita en Jesucristo
como Señor y Salvador.
Aplicaciones pastorales:
1. Contra la autosuficiencia religiosa: No se puede ganar el favor de Dios por buenas
obras.
2. Evangelismo: Toda persona puede ser justificada si cree, sin importar su trasfondo.
3. Vida cristiana: La fe que justifica también nos debe llevar a una vida de confianza y
obediencia constante.
4. Iglesia local: Debe predicarse con claridad la justificación por fe como el centro del
evangelio.
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