CUIDANDONOS DE NO CAER
1 Corintios 1:1-22 (Verso clave 12-13)
Entre los cristianos que habían en Corinto existía un grupo que por sus conocimientos habían
logrado una comprensión más amplia del evangelio, sin embargo, esto había provocado un
exceso de confianza que los hacia cometer varios errores. Para ellos estaba claro que los
ídolos no eran nada, y que por tanto la carne que se ofrecía en los ritos paganos podía
comerse. Sin embargo, existía un grupo de débil conciencia los cuales al observarlo comer de
esta carne tropezaban de su fe. Y no solo esto, también algunos se confiaban tanto de su
conocimiento que se atrevían a entrar en sus templos paganos lo cual los hacia participar de
la mesa de los paganos en sus fiestas paganas las cuales estaban acompañadas de
borracheras y actos lujuriosos, exponiéndose no solo a contaminarse, sino a caer en estos
pecados. Pablo les acaba de advertir que su exceso de confianza les puede costar su fe, y les
puso el ejemplo del pueblo de Israel en el desierto, los cuales a pesar de haber gozado de
grades bendiciones y del conocimiento del Dios vivos cayeron en pecados muy parecidos a
los que se practicaban en Corinto.
“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga”.
1 Corintios 10:12
Si bien es cierto, la obra salvífica de Cristo es perfecta y la seguridad de
nuestra salvación es un hecho irrefutable en nuestra vida: “De cierto, de cierto
os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no
vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”, (Juan 5:24). Pero esto
es cierto, si es que realmente nos hemos rendido a Cristo.
El exceso de confianza y el mal uso de la libertad cristiana pueden exponernos
demasiado a la tentación y hacernos partícipes de terribles pecados. Este error le
paso a Israel al creer que por el pacto que Dios había hecho con su antepasado
Abraham les daba el derecho automáticamente de heredar todas sus promesas:
“Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus
generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia
después de ti”, (Génesis 17:7). Sin embargo, ni por todo esto Dios pasó en alto
su desobediencia: “Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la
fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme”, (Romanos 11:20). Como
cristianos debemos vigilar constantemente nuestra vida para asegurarnos que
nos encontramos en el verdadero camino de la fe: Así que, el que piensa estar
firme, mire que no caiga.
RESISTIENDO LA TENTACIÓN
“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios,
que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará
también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”.
1 Corintios 10:12-13
Aquí aparece una palabra que en el idioma griego puede tener dos
significados diferentes dependiendo de su aplicación. La palabra es peirasmós
(πειρασμός), la cual aquí se traduce como tentación, pero puede ser traducida
como prueba. Si se usa en relación al trato de Dios con sus escogidos se usa esta
palabra como prueba. Por ejemplo, Dios uso las calamidades que vinieron sobre
Job para probar su fidelidad y bendecirlo aún más. Generalmente, las pruebas
tienen el objetivo de formar nuestro carácter y dependencia de Dios para
prepararnos para un futuro brillante. En contraste, cuando se usa con referencia
al diablo significa tentar, y somos seducidos por el enemigo para romper nuestra
comunión con el Padre celestial, nos hace peores personas y tiene como único fin
destruirnos. Sin embargo, Pablo nos alienta a no dejarnos seducir por la
tentación, ya que la fidelidad de Dios nos ayudara a soportarla y escapar de ella:
pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino
que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis
soportar.
Definitivamente, como seres humanos imperfectos en la carne estamos
expuestos a caer en el lazo de la tentación y esto es algo que no podremos evadir.
Siempre que esta se presenta debemos estar conscientes que detrás de cada
tentación, también está la oportunidad de honrar el nombre de Dios. La Biblia nos
habla de la fe de Moisés, el cual tuvo la oportunidad de ceder ante la tentación
de los placeres temporales de Egipto, o someterse a la prueba del oprobio que lo
llevo a disfrutar de los tesoros de Cristo: “Por la fe Moisés, hecho ya grande,
rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con
el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo
por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios;
porque tenía puesta la mirada en el galardón”, (Hebreos 11:24-26). La tentación
siempre tratara de alejarnos de Dios, pero la prueba nos aprobara delante de su
presencia. El Señor también nos ha proporcionado salidas que podemos usar para
no caer en la tentación del diablo, estas son:
Debemos evitar la tentación cuanto nos sea posible: “No entres por la
vereda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos. Déjala, no pases
por ella; apártate de ella, pasa”, (Proverbios 4:14-15). Los corintios debían
abstenerse de ir a las fiestas paganas de la ciudad ya que allí no solo comían
de lo sacrificado a los ídolos, sino participaban en borracheras y
fornicaciones.
Si la tentación se presenta imprevistamente, debemos huir de ella: Pablo
exhorto a los corintios a huir de la fornicación: “Huid de la fornicación”, (1
Corintios 6:18); a huir de la idolatría: “huid de la idolatría”, (1 Corintios
10:14); a Timoteo le dice que huya de la codicia: “Porque los que quieren
enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y
dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque
raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se
extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”, (1 Timoteo
6:9-10); y también de la pasiones juveniles: “Huye también de las pasiones
juveniles”, (2 Timoteo 2:22). En general, debemos huir de la tentación.
Debemos guardar una actitud de oración constante en nuestra vida para
mantenernos puros de la contaminación de este mundo: “Crea en mí, oh
Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí”, (Salmo
51:10).
Debemos enfocar nuestras fuerzas y talentos en cosas de provecho que nos
mantengan ocupados no dando lugar al ocio y pensamientos impuros: “Por
lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo
justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay
virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”, (Filipenses 4:8).