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FELICIDAD

El documento explora la naturaleza de la felicidad a través de la historia, destacando diversas corrientes filosóficas que han intentado definirla, desde el eudemonismo de Aristóteles hasta el hedonismo de Epicuro. También se discuten posturas contemporáneas sobre la felicidad, incluyendo la influencia de la actitud y la percepción personal en la búsqueda de la felicidad. Finalmente, se concluye que la felicidad es un estado subjetivo y un camino a recorrer, no un destino final.

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FELICIDAD

El documento explora la naturaleza de la felicidad a través de la historia, destacando diversas corrientes filosóficas que han intentado definirla, desde el eudemonismo de Aristóteles hasta el hedonismo de Epicuro. También se discuten posturas contemporáneas sobre la felicidad, incluyendo la influencia de la actitud y la percepción personal en la búsqueda de la felicidad. Finalmente, se concluye que la felicidad es un estado subjetivo y un camino a recorrer, no un destino final.

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¿Es posible alcanzar la felicidad y atesorarla o solo se puede aspirar a momentos


felices?

¿Existe un camino que garantice ser feliz?

Se trata de algunas de las preguntas que todos, alguna que otra vez, nos hemos
planteado, ya que la felicidad siempre ha sido una de las metas más añoradas del ser
humano. En los últimos años, sobre todo a raíz de la difusión de la Psicología Positiva y
su énfasis en la búsqueda del bienestar, la felicidad ha vuelto a cobrar protagonismo.

1. El concepto de felicidad a lo largo de la historia

La felicidad, de una forma u otra, siempre ha estado en el centro de la filosofía y en


algunos casos incluso ha llegado a convertirse en uno de los conceptos clave alrededor
del cual surgieron diferentes escuelas de pensamiento. De hecho, la felicidad
desempeñó un papel protagonista en la aparición y el desarrollo de la ética griega.

Los filósofos griegos se plantearon dos preguntas esenciales: qué es la felicidad y


qué hace felices a las personas. Sus respuestas dieron lugar a tres posturas diferentes.
Por una parte, se encontraban los filósofos como Aristóteles, que afirmaban que ser feliz
implicaba lograr la autorrealización y alcanzar las metas que nos hemos propuesto,
logrando un estado de plenitud y armonía del alma. Esta corriente filosófica se conoció
como eudemonismo.

Otro grupo de filósofos afirmaba que la felicidad significaba valerse por sí mismos,
ser autosuficientes y no tener que depender de nadie. En este sentido, los seguidores del
cinismo afirmaban que todos llevamos dentro los elementos necesarios para ser felices y
autónomos pero para lograrlo necesitamos seguir una vida sencilla y acorde a la
naturaleza. Por su parte, los estoicos iban un paso más allá y afirmaban que solo se
puede alcanzar la verdadera felicidad cuando se es ajeno a las comodidades materiales y
se sigue una vida basada en la razón, la virtud y la imperturbabilidad.

Por último, la tercera corriente de la filosofía griega que se dedicó a analizar la


felicidad fue el hedonismo. Para su máximo representante, Epicuro, la felicidad
significaba experimentar placer, tanto a nivel físico como intelectual, huyendo del
sufrimiento. No obstante, también indicaba que la clave para ser feliz radicaba en evitar
los excesos, porque estos terminan provocando angustia. Epicuro apuntaba que se debe
cultivar el espíritu sobre los placeres de la carne y que es imprescindible hallar un punto
medio.

No obstante, los filósofos griegos no fueron los únicos que se interesaron por desvelar
los secretos de la felicidad. Más tarde, el racionalismo le dio una vuelta de tuerca al
concepto de felicidad al comprenderla como la mera adaptación a la realidad.
Spinoza, por ejemplo, pensaba que para ser felices es necesario que nos despojemos de
las cadenas que implican las pasiones y que lleguemos a comprender el mundo que nos
rodea, solo así dejaremos de sentir miedo y odio. Los racionalistas afirmaban que la
clave radica en conocer la realidad, este conocimiento nos permite aceptar los sucesos y,
por ende, ser más felices.
A mediados del siglo XIX surgió una corriente filosófica muy interesante
denominada “Nuevo Pensamiento” para la cual la felicidad era una actitud mental,
una decisión. Según estos filósofos, todos estamos buscando constantemente un camino
que nos permita ser más felices, pero la clave radica en aceptar nuestra condición,
nuestra historia de vida y nuestro pasado. Cuando tomamos esa decisión
conscientemente, nos acercamos a la felicidad.

Matthieu Ricard, un biólogo molecular que dejó su carrera para abrazar el budismo, nos
desvela otro de los secretos de la felicidad. Ricard recibió el título del “hombre más
feliz del mundo” cuando neurocientíficos de la Universidad de Wisconsin escanearon su
cerebro y obtuvieron resultados que lo situaban muy por encima de los demás en la
escala de felicidad. Según Ricard, el altruismo y la aceptación del presente son las
claves para alcanzar la felicidad auténtica, pero es necesario ser perseverantes a lo
largo del camino. También indica que debemos focalizarnos en nuestro interior, en vez
de concentrarnos en el exterior, e ir poniendo en práctica pequeños cambios que nos
proporcionen alegría interna.

Mihaly Csikszentmihalyi, considerado el investigador más importante del mundo


en el ámbito de la Psicología Positiva, cree que la felicidad es un producto, el
resultado de un estado de flujo. El flujo sería una experiencia en la cual nos
mantenemos muy motivados, absortos en lo que estamos haciendo, hasta tal punto que
perdemos la noción del tiempo. Cuando ese estado de flujo representa un reto y conduce
al crecimiento personal, también nos reporta satisfacción y felicidad.

Por supuesto, a lo largo del tiempo también ha habido filósofos, como Nietzsche,
para quienes el ser humano no ha sido concebido para ser feliz, sino que está
destinado a sufrir. Y no faltan neurocientíficos que intentan reducir la felicidad a una
serie de cambios bioquímicos que ocurren en nuestro cerebro una vez que hemos
satisfecho nuestros deseos más anhelados.

2. ¿Qué es realmente la felicidad?

El concepto de felicidad no es una idea meramente filosófica exenta de repercusiones en


nuestra vida cotidiana. De hecho, la imagen que tengamos de la felicidad influye en
nuestra actitud ante la vida e incluso puede hacer que seamos más o menos felices.

A grandes rasgos, se puede hacer referencia a tres grandes posturas sobre el concepto de
felicidad, posturas que provienen de las grandes corrientes filosóficas pero que se han
popularizado y forman parte de las creencias de muchas personas.

 Escépticos: son aquellos que están convencidos de que la felicidad no existe o es


imposible alcanzarla por lo que ni siquiera la buscan.
 Limitados: son quienes afirman que no existe la felicidad sino momentos felices por lo
que debemos darnos por satisfechos las pocas veces que esta toca a nuestra puerta.
 Optimistas: son personas que piensan que la felicidad existe y se puede conquistar de
manera definitiva.

Dependiendo de la postura que asumamos, desarrollaremos una actitud más o


menos proactiva ante la vida, esperaremos a que la felicidad toque a nuestra
puerta o, al contrario, saldremos a buscarla.
En este sentido es particularmente revelador un experimento realizado en la Universidad
de Hertfordshire. Estos psicólogos reclutaron a un grupo de personas y las dividieron en
aquellas que creían que eran afortunadas y las que creían que tenían mala suerte. A
todas se les propuso la misma tarea: contar el número de fotografías que aparecía en un
periódico.

Curiosamente, quienes creían que tenían buena suerte terminaban en apenas unos
segundos, mientras que quienes consideraban que eran desafortunados invertían mucho
tiempo en terminar la tarea. La diferencia estribaba en que las “personas afortunadas”
veían inmediatamente un anuncio que señalaba: “deje de contar, el periódico tiene 43
fotografías”. Las “personas desafortunadas” no vieron este anuncio y contaron las
fotografías hasta el final.

Este experimento nos indica que la buena o la mala suerte también es una cuestión de
actitud, de estar abiertos a las oportunidades. Obviamente, lo mismo vale para la
felicidad.

Podríamos conceptualizar la felicidad como un estado de satisfacción plena, una


definición simple pero que tiene profundas implicaciones desde el punto de vista
práctico:

 La felicidad es un estado subjetivo, cada persona la experimenta de una manera


distinta
 La felicidad puede estar provocada por diferentes cosas o situaciones, dependiendo
del significado que cada persona le confiera a estas
 La felicidad puede ser un estado duradero, pero también puede caducar.

Y recuerda, la felicidad no es una meta, sino un camino a recorrer. Trabajar por ser
cada día un poco más felices está en nuestras manos.

Por Rosario

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