SALVAMENTO DE VOTO
Demandante: Diego Arias Velásquez
Demandado: Administradora Colombiana de Pensiones
(Colpensiones)
Radicación: 88331
Magistrado Ponente: Fernando Castillo Cadena
Con el acostumbrado respeto a mis compañeros de
Sala, tal como lo expresé en la sesión en la que se debatió el
asunto, manifiesto que salvo mi voto, toda vez que no
comparto la argumentación expuesta en la solución del caso.
De acuerdo con la posición mayoritaria, la invalidez
recoge los conceptos de deficiencia física, psíquica y
sensorial. En este sentido, si esta contingencia es amparada
por el sistema de riesgos laborales -Ley 776 de 2002-, no puede
servir posteriormente para el reconocimiento de la pensión
de vejez anticipada prevista en el sistema general de
pensiones (parágrafo 4.º del artículo 9.º de la Ley 797 de 2003), toda
vez que se estaría ante el «mismo evento» que no puede dar
lugar a una doble cobertura.
Discrepo del anterior análisis porque la pensión
anticipada de vejez no ampara realmente la contingencia de
«invalidez» de las personas, sino que es la respuesta del
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sistema general de pensiones al riesgo de vejez de aquellos
afiliados que con alguna deficiencia física, síquica o sensorial
del 50% o más, cumplen 55 años de edad y han cotizado en
forma continua o discontinua 1000 o más semanas al
régimen de seguridad social establecido en la Ley 100 de
1993.
Es la forma en que la ley estableció una diferencia
positiva con requisitos menos rigurosos a los exigidos a la
generalidad, precisamente por la situación de vida que
sobrellevan y que, según el legislador, puede acentuarse en
esa edad de 55 años y dificultar el acceso a un ingreso digno
en la etapa de vejez, de ahí que también se reduzca el número
mínimo de semanas aportadas (CSJ SL4108-2020).
Precisamente en esta reciente decisión la Corte aclaró la
naturaleza del riesgo que protege esta prestación especial, en
los siguientes términos:
(...) debe precisarse que la pensión pretendida no es ni tiene la
estructura de una de invalidez. Ello es así pues busca
salvaguardar a las personas con deficiencia física, síquica o
sensorial, que es apenas uno de los componentes de aquel riesgo
según el artículo 7.º del Decreto 917 de 1999 -Manual único para
la calificación de la invalidez.
Para la Sala, al igual que la prestación especial contemplada en el
inciso 2.º del parágrafo 4.º objeto de análisis (CSJ SL, 18 ag. 2010,
rad. 32204), se trata de una pensión de vejez que se otorga de
manera anticipada por una razón protectora que valida el
tratamiento desigual frente a los demás afiliados del sistema. Esta
precisión es relevante, pues la acreencia se diseña como una
excepción a los requisitos generales para acceder a aquella
prestación de vejez. Además, según se evidenció en los
antecedentes legislativos de la norma, la discusión se centró en
que el mencionado grupo poblacional tuviera «por lo menos los
requisitos especiales para obtener la pensión de jubilación para
los discapacitados» -Gaceta 53 del 7 de febrero de 2003-.
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Por otra parte, es evidente la confusión que se presenta
en el fallo respecto al concepto de deficiencia e invalidez. La
primera es la que exige la pensión especial de vejez y solo es
un componente de la segunda, cuya calificación se determina
según los términos del parágrafo 4.º del artículo 9.º de la Ley
797 de 2003 y puede alcanzar hasta el 50% en la calificación
total de la invalidez, aunque para causar la pensión especial
solo se requiere, en estricto rigor, el 25% de esa calificación
general, puesto que es el 50% de la deficiencia calificada en
el dictamen de invalidez.
Además, si bien la valoración de la pérdida de capacidad
laboral tiene en cuenta los componentes funcionales
biológico, psíquico y social del ser humano, esto no quiere
decir que, en efecto, la deficiencia sea determinante para
establecer el grado de invalidez de una persona, por lo que al
ser conceptos disímiles, no puede afirmarse de forma
contundente y absoluta que se trata de un «mismo evento».
En este contexto, tampoco comparto la interpretación
literal que la mayoría realiza respecto al parágrafo 2.º del
artículo 10 de la Ley 776 de 2002 con el propósito de resaltar
que no puede ocurrir un cobro simultáneo de pensiones
otorgadas por los regímenes común y profesional «originados
en el mismo evento».
Además, y este argumento es de gran relevancia, estas
pensiones tienen diversas fuentes de financiamiento, pues la
de origen laboral está soportada en cotizaciones
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independientes y dirigidas a las aseguradoras de riesgos
laborales, mientras que la especial de vejez está respaldada
en los aportes sufragados ante las administradoras de los dos
regímenes pensionales -prima media y ahorro individual con
solidaridad. Nótese que, justamente en razón a esto, la única
incompatibilidad que puede predicarse es entre una pensión
de invalidez de origen común y una de vejez o especial de
vejez, tal y como expresamente lo estipula el literal j) del
artículo 13 de la Ley 100 de 1993 y lo venía adoctrinando la
Sala en su jurisprudencia -CSJ SL, 22 feb. 2011, rad. 34820.
Por lo expuesto, plantear una incompatibilidad entre
una pensión de invalidez laboral y una especial de deficiencia
que pretende proteger el riesgo de vejez, sencillamente carece
de sentido y justificación jurídica.
De modo que la Sala debió disponer el reconocimiento y
pago de la pensión anticipada de vejez deprecada por el actor
en aplicación de las normas propias del sistema general de
pensiones y no aquellas que desarrollan el subsistema de
riesgos laborales, pues estas solo cubren las contingencias
de invalidez y muerte originadas con ocasión del trabajo.
Por último, considero oportuno agregar que la
interpretación de la Sala pone en riesgo la incorporación real
y efectiva de las personas con un grado de invalidez superior
al 50% en el mercado laboral, así como su derecho a la
seguridad social, en la medida que sería inútil para una
persona beneficiaria de una pensión por invalidez de origen
laboral continuar laborando y efectuar cotizaciones para una
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pensión de vejez en el sistema general de pensiones, pues
según la tesis defendida por la mayoría de la Sala no tendría
derecho a ella; cuando en realidad ello si es posible y nada
obsta para que, sin importar el estado de invalidez, acceda a
un puesto de trabajo y cotice como cualquier trabajador para
obtener posteriormente la pensión de vejez.
Y nótese que ello obligaría a los ciudadanos que estén
en dicha situación a escoger entre la indemnización
sustitutiva o la devolución de saldos, según el régimen
elegido, pese a que conservan capacidad laboral para
continuar contribuyendo al subsistema de pensiones, cuyo
financiamiento es independiente al de riesgos laborales.
Dejo así planteado las razones de mi salvamento de
voto.
Fecha ut supra.
Magistrado