OPTATAM TOTIUS
–Concilio Ecuménico Vaticano II–
#16 Las disciplinas teológicas han de enseñarse a la luz de la
fe y bajo la guía del magisterio de la Iglesia, de modo que los
alumnos deduzcan cuidadosamente la doctrina católica de la
Divina Revelación; penetren en ella profundamente, la conviertan
en alimento de la propia vida espiritual, y puedan en su ministerio
sacerdotal anunciarla, exponerla y defenderla.
Fórmense con diligencia especial los alumnos en el estudio de
la Sagrada Escritura, que debe ser como el alma de toda la
teología; una vez antepuesta una introducción conveniente,
iníciense con cuidado en el método de la exégesis, estudien los
temas más importantes de la Divina Revelación, y en la lectura
diaria y en la meditación de las Sagradas Escrituras reciban su
estímulo y su alimento.
Ordénese la teología dogmática de forma que, ante todo, se
propongan los temas bíblicos; expóngase luego a los alumnos la
contribución que los Padres de la Iglesia del Oriente y del
Occidente han aportado en la fiel transmisión y comprensión de
cada una de las verdades de la Revelación, y la historia posterior
del dogma, considerada incluso en relación con la historia general
de la Iglesia; aprendan luego los alumnos a ilustrar los misterios de
la salvación, cuanto más puedan, y comprenderlos más
profundamente y observar sus mutuas relaciones por medio de la
especulación, siguiendo las enseñanzas de Santo Tomás; aprendan
también a reconocerlos presentes y operantes en las acciones
litúrgicas y en toda la vida de la Iglesia; a buscar la solución de los
problemas humanos bajo la luz de la Revelación; a aplicar las
verdades eternas a la variable condición de las cosas humanas, y a
comunicarlas en modo apropiado a los hombres de su tiempo.
Renuévense igualmente las demás disciplinas teológicas por
un contacto más vivo con el misterio de Cristo y la historia de la
salvación.
Aplíquese un cuidado especial en perfeccionar la teología
moral, cuya exposición científica, más nutrida de la doctrina de la
Sagrada Escritura, explique la grandeza de la vocación de los fieles
en Cristo, y la obligación que tienen de producir su fruto para la
vida del mundo en la caridad.
De igual manera, en la exposición del derecho canónico y en
la enseñanza de la historia eclesiástica, atiéndase al misterio de la
Iglesia, según la Constitución dogmática De Ecclesia, promulgada
por este Sagrado Concilio.
La sagrada Liturgia, que ha de considerarse como la fuente
primera y necesaria del espíritu verdaderamente cristiano, enséñese
según el espíritu de los artículos 15 y 16 de la Constitución sobre
la misma. Teniendo bien en cuenta las condiciones de cada región,
condúzcase a los alumnos a un conocimiento completo de las
Iglesias y Comunidades eclesiales separadas de la Sede Apostólica
Romana, para que puedan contribuir a la restauración de la unidad
entre todos los cristianos que ha de procurarse según las normas de
este Sagrado Concilio.
Introdúzcase también a los alumnos en el conocimiento de las
otras religiones más divulgadas en cada región, para que puedan
conocer mejor lo que por disposición de Dios, tienen de bueno y de
verdadero para que aprendan a refutar los errores y puedan
comunicar la luz plena de la verdad a los que no la tienen.