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El artículo analiza la evolución de los estándares interamericanos sobre empresas y derechos humanos en las Américas, destacando la creciente preocupación por los abusos de derechos humanos en el contexto empresarial. Se centra en el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de 2020, que establece mínimos estándares de conducta para Estados y empresas. Además, se discuten las iniciativas y resoluciones adoptadas por la OEA para promover una conducta empresarial responsable en la región.

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El artículo analiza la evolución de los estándares interamericanos sobre empresas y derechos humanos en las Américas, destacando la creciente preocupación por los abusos de derechos humanos en el contexto empresarial. Se centra en el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de 2020, que establece mínimos estándares de conducta para Estados y empresas. Además, se discuten las iniciativas y resoluciones adoptadas por la OEA para promover una conducta empresarial responsable en la región.

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ANUARIO VOL. 16 NÚM. 2 (2020) • PÁGS. 347-379 • DOI 10.5354/0718-2279.2020.

57394
DE DERECHOS HUMANOS RECIBIDO: 27/5/2020 • APROBADO: 21/9/2020 · PUBLICADO: 31/12/2020

temas emergentes

Estándares interamericanos sobre empresas y


derechos humanos: Nuevas perspectivas para la
conducta empresarial responsable en las Américas
Inter-American standards on business and human rights:
New perspectives for responsible business conduct in the Americas

Daniel Iglesias Márquez


Universidad de Sevilla, España

RESUMEN En los últimos años, la cuestión sobre empresas y derechos humanos en


las Américas ha tenido una evolución significativa, debido a los diversos y constantes
episodios de abusos de derechos humanos cometidos en el contexto de las actividades
empresariales. Así, en una región dependiente, influenciada y azotada por las élites em-
presariales, han emergido acciones e iniciativas desde los Estados y las organizaciones
regionales en las que se promueve una conducta empresarial responsable. El presente
artículo tiene como objetivo reflexionar y analizar el alcance, el contenido y las apor-
taciones novedosas del informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
en materia de empresas y derechos humanos de 2020, que contiene y desarrolla los
mínimos estándares de conducta exigibles a los Estados —y a las empresas— para res-
petar y garantizar el disfrute de los derechos humanos en el contexto de las actividades
empresariales.

PALABRAS CLAVE Empresas, derechos humanos, estándares, Sistema Interamericano


de Derechos Humanos, América.

ABSTRACT The issue of business and human rights in the Americas has significantly
evolved over the last years due to the various and constant episodes of business-related
human rights abuses. Thus, in a region reliant on, influenced and hit by business elites,
actions and initiatives have emerged from States and regional organizations that pro-
mote responsible business conduct. The purpose of this article is to reflect and analyze
the scope, content, and novel contributions of the 2020 report of the Inter-American
Commission on Human Rights on business and human rights, which contains and de-
velops the minimum standards for States – and business – to respect and guarantee the
enjoyment of human rights in the context of business activities.

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IGLESIAS MÁRQUEZ
ESTÁNDARES INTERAMERICANOS SOBRE EMPRESAS Y DERECHOS HUMANOS

KEYWORDS Businesses, human rights, standards, Inter-American Human Rights Sys-


tem, America.

Introducción

El marco institucional y jurídico de la economía-mundo capitalista estimula y bene-


ficia el desarrollo de actividades empresariales, con graves impactos negativos sobre
los derechos humanos y el medio ambiente.1 Esto ha planteado la progresiva necesi-
dad de explorar y profundizar en la relación entre las empresas y los derechos huma-
nos. En el seno de las Naciones Unidas, los Estados han debatido desde la década de
1970 sobre la responsabilidad de las empresas en el ámbito de derechos humanos e,
incluso, han alcanzado importantes avances, como los Principios Rectores sobre em-
presas y derechos humanos, aprobados en 2011 por el Consejo de Derechos Humanos
(CDH) (A/HRC/17/31), que rigen en la actualidad la agenda nacional e internacional
en este ámbito. Los Principios Rectores, junto con otros instrumentos no vinculantes
de carácter general, marcan el punto de partida para el actuar de los Estados y las em-
presas en esta materia. Después estos actores deberán adoptar las medidas necesarias
para aplicarlos según las necesidades y particularidades de contextos específicos.
Por ello, los debates en el ámbito de empresas y derechos humanos se han trasla-
dado a nivel regional —e incluso a nivel nacional— para atender de manera concreta
los retos y las necesidades particulares de asegurar una conducta empresarial respon-
sable según el contexto económico, jurídico, político y cultural del que se trate. Por
ejemplo, el continente americano es un destino atractivo para el desarrollo de proyec-
tos y actividades empresariales de gran envergadura para la economía-mundo capita-
lista, ya que muchos de sus Estados disponen de los recursos naturales y la mano de
obra necesaria, así como de las políticas económicas favorables para que las empresas
de la región y extranjeras lleven a cabo sus operaciones. Sin embargo, los Estados
cuentan, al mismo tiempo, con grupos de población en situación de vulnerabilidad
(pueblos indígenas, personas viviendo en situación extrema de pobreza, etcétera),
altos niveles de corrupción y sistemas regulatorios laxos, entre otras cuestiones, que
potencian los impactos negativos de las actividades empresariales sobre los derechos
humanos y el medio ambiente.
Por lo anterior, en los últimos veinte años los Estados del continente y su principal
organización regional, la Organización de los Estados Americanos (OEA), han pro-
fundizado de manera progresiva en la cuestión sobre empresas y derechos humanos.2

1. Sobre la economía-mundo capitalista, véase Wallerstein (2005: 40-51).


2. Para un panorama general de las cuestiones y debates en materia de empresas y derechos humanos
en las Américas, véase Cantú Rivera (2017a).

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ANUARIO DE DERECHOS HUMANOS
vol. 16 núm. 2 (2020) • págs. 347-379

Desde el continente han emergido propuestas interesantes en la materia, como la


liderada por Ecuador, junto con Sudáfrica, de adoptar un tratado que regule la pre-
vención y reparación de los abusos de derechos humanos cometidos por empresas.3
Asimismo, en la región, el papel de los dos órganos principales del Sistema Intera-
mericano de Derechos Humanos (SIDH), la Comisión Interamericana (CIDH) y la
Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) ha sido clave para que los
Estados avancen en la materia a la luz de sus obligaciones contenidas en los instru-
mentos interamericanos de derechos humanos. Históricamente, ambos órganos, en
el ejercicio de sus competencias y en relación con la doctrina de la Drittwirkung, han
abordado de manera directa o indirecta cuestiones relativas al ámbito de empresas y
derechos humanos.4
El presente artículo tiene como objetivo exponer y examinar los estándares iden-
tificados y desarrollados en el informe de la CIDH, titulado «Empresas y derechos
humanos: Estándares interamericanos», publicado a inicios de 2020. Para ello, en
primer lugar, se hace una retrospectiva sobre la evolución de la cuestión de empresas
y derechos humanos en el seno de la OEA y sus distintos órganos. En segundo lugar,
se explora y analiza críticamente la naturaleza jurídica y el contenido del informe.
En tercer lugar, se exponen algunas de las principales novedades y aportaciones que
ofrece el SIDH al debate universal y regional de empresas y derechos humanos a
través del informe analizado. Por último, se ofrecen algunas consideraciones finales.

Evolución histórica de la responsabilidad empresarial en el seno


de la Organización de los Estados Americanos y sus órganos

La responsabilidad de las empresas de respetar los derechos humanos y proteger al


medio ambiente no es una cuestión novedosa en el seno de la OEA y sus diferentes
órganos —políticos y consultivos— que la componen. Desde el año 2001, la Asam-
blea General de la OEA ha adoptado diversas resoluciones que debaten y promueven
una conducta empresarial responsable (Salazar, 2015: 9-11; Villalta Vizcarra, 2020:
191-192). La Resolución 1.786 (XXXI-O/01), sobre la Promoción de la Responsabili-
dad Social de las Empresas en el Hemisferio, marcó un importante punto de partida,5
ya que encomendó al Consejo Permanente de la OEA el análisis de la responsabilidad
social de las empresas, con el fin de precisar su alcance y contenido dentro del contex-
to interamericano. A partir de entonces, esta cuestión ha formado parte de la agenda

3. Sobre el tratado en materia de empresas y derechos humanos, véase Iglesias Márquez (2019a).
4. Véase la sentencia del caso Velásquez Rodríguez con Honduras, Corte Interamericana de Derechos
Humanos, fondo, 29 de julio de 1988, serie C núm. 4.
5. Organización de los Estados Americanos, AG/RES 1.786 (XXXI-O/01), Promoción de la Responsa-
bilidad Social de las Empresas en el Hemisferio, 5 de junio de 2001.

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ESTÁNDARES INTERAMERICANOS SOBRE EMPRESAS Y DERECHOS HUMANOS

de trabajo de la OEA, con miras a que las empresas de la región lleven a cabo sus
operaciones de forma congruente con sus responsabilidades sociales y ambientales.
La OEA se ha mostrado abierta al diálogo sobre la responsabilidad empresarial no
sólo entre los Estados miembros, sino también con otras organizaciones internacio-
nales y regionales capaces de influir en el comportamiento de las empresas. En este
sentido, la Resolución 1.871 (XXXII-O/02) solicitó al Consejo Permanente que fo-
mentara el intercambio de experiencias e información entre la OEA, otras organiza-
ciones multilaterales, instituciones financieras internacionales, el sector privado y la
sociedad civil, entre otros actores pertinentes, con el fin de coordinar y fortalecer las
actividades de cooperación en el área de la responsabilidad social de las empresas.6
Por otra parte, en el seno de la OEA se ha instado a los Estados miembros a que
apoyen los programas e iniciativas de promoción de la responsabilidad social de las
empresas a través de principios y lineamientos reconocidos internacionalmente. Por
ejemplo, las Resoluciones 2.123 (XXXV-O/05), 2.194 (XXXVI-O/06), 2.336 (XXXVII-
O/07) y 2.483 (XXXIX-O/09)7 exhortaban a los Estados miembros a promover el uso
de directrices, herramientas y prácticas aplicables en materia de responsabilidad so-
cial de las empresas, incluyendo las Directrices para las Empresas Multinacionales de
la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos, la Declaración Tripartita
de Principios sobre las Empresas Multinacionales y la Política Social de la Organi-
zación Internacional del Trabajo (OIT), el Pacto Mundial de las Naciones Unidas,
los Principios Voluntarios sobre Seguridad y Derechos Humanos y los principios
contenidos en la resolución de la OIT sobre la Promoción de las Empresas Sosteni-
bles, entre otros. Asimismo, se recomendaba a los Estados miembros que explotan
activamente los recursos naturales a participar en la Iniciativa para la Transparencia
en las Industrias Extractivas.8
La adopción de los Principios Rectores en 2011 influyó, sin duda, en la perspectiva
de la Asamblea General, y de otros órganos de la OEA, sobre la responsabilidad de las

6. Organización de los Estados Americanos. AG/RES 187 (XXXII-O/02), Promoción de la Responsa-


bilidad Social de las Empresas en el Hemisferio, 4 de junio de 2002. En un sentido similar, véase, AG/
RES 1.953 (XXXIII-O/03), y AG/RES 2.013 (XXXIV-O/04), ambas resoluciones promueven el análisis,
intercambio y divulgación de información y de los avances alcanzados por los Estados miembros en
materia de responsabilidad empresarial.
7. Organización de los Estados Americanos, AG/RES 2.123 (XXXV-O/05), Promoción de la Respon-
sabilidad Social de las Empresas en el Hemisferio, 7 de junio de 2005; AG/RES 2.194 (XXXVI-O/06),
Promoción de la Responsabilidad Social de las Empresas en el Hemisferio, 6 de junio de 2006; AG/RES
2.336 (XXXVII-O/07), Promoción de la Responsabilidad Social de las Empresas en el Hemisferio, 5 de
junio de 2007; AG/RES 2.483 (XXXIX-O/09), Promoción de la Responsabilidad Social de las Empresas
en el Hemisferio, 4 de junio de 2009.
8. Sobre el desarrollo e implementación de estas iniciativas de responsabilidad empresarial en las
Américas, véase Gos (2016).

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empresas de respetar los derechos humanos (Carrillo-Santarelli y Arévalo-Narváez,


2017: 76-97). Por ejemplo, la Resolución 2.753 (XLII-O/12), reconoció —en un len-
guaje similar al de los Principios Rectores— que las empresas y otros actores sociales
desempeñan un papel importante y comparten la responsabilidad de promover y
respetar la observancia de los derechos humanos en el contexto de sus actividades.9
Dicha resolución puede considerarse como un primer paso en la evolución del en-
foque de la agenda regional sobre la materia, ya que intenta alejarse de la filantropía
de la responsabilidad social corporativa para asegurar que las empresas respeten los
derechos humanos en sus operaciones a través de estándares articulados en el marco
de las obligaciones y compromisos internacionales de los Estados. De esta manera, la
perspectiva de la OEA sobre el tema de la responsabilidad empresarial se alineó con
los avances y desarrollos alcanzados en el sistema universal de derechos humanos.
Tras la adopción de los Principios Rectores, la Asamblea General de la OEA no
sólo adoptó la terminología y el lenguaje empleado en los Principios Rectores en sus
resoluciones sobre la materia, sino que también redirigió los esfuerzos de los Estados
a su promoción e implementación. En este sentido, solicitó a distintos órganos de la
OEA que, en el ámbito de sus competencias y de manera coordinada, apoyaran el
desarrollo de planes de acción nacionales sobre derechos humanos y empresas como
una forma de implementar a nivel nacional los Principios Rectores.10
Un segundo paso importante en la evolución de la agenda sobre la responsabili-
dad empresarial en el seno de la OEA lo constituye la Resolución 2.887 (XLVI-O/16),
ya que el tratamiento de esta cuestión profundiza en la visión regional. De esta mane-
ra, se promueve una conducta empresarial responsable que responda a las necesida-
des y características particulares de las Américas. Esto supone una mayor efectividad
para asegurar el disfrute de los derechos humanos en el contexto de las actividades
empresariales. Para ello, mediante la Resolución 2.887, por un lado, se solicitó a la
CIDH un estudio sobre los estándares interamericanos en materia de empresas y de-
rechos humanos que sirviera de insumo para los Estados miembros. Esta petición dio
lugar al informe que se analiza en los siguientes epígrafes y que debe ser considerado
como un siguiente paso en la evolución de la agenda regional en la materia. Por otro
lado, se encomendó al Comité Jurídico Interamericano, cuerpo consultivo de la OEA
en asuntos jurídicos, una recopilación de buenas prácticas, iniciativas, legislación,

9. Organización de los Estados Americanos, AG/RES 2.753 (XLII-O/12), Promoción de la Responsa-


bilidad Social de las Empresas en el Hemisferio, 4 de junio de 2012.
10. Véase, Organización de los Estados Americanos, AG/RES 2.840 (XLIV-O/14), Promoción y
Protección de los Derechos Humanos en el Ámbito Empresarial, 4 de junio de 2014; AG/RES 2.887
(XLVI-O/16), Promoción y Protección de Derechos Humanos, 14 de junio de 2016; AG/RES 2.908 (XL-
VII-O/17), Promoción y Protección de Derechos Humanos, 21 de junio de 2017; AG/RES 2.928 (XLVIII-
O/18), Promoción y Protección de Derechos Humanos, 5 de junio de 2018.

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ESTÁNDARES INTERAMERICANOS SOBRE EMPRESAS Y DERECHOS HUMANOS

jurisprudencia y desafíos, que pudiera ser utilizada como base para identificar alter-
nativas en el tratamiento del tema.11
En suma, el debate sobre la relación entre las empresas y los derechos humanos
tiene una larga trayectoria en la agenda de trabajo de la OEA y de los distintos ór-
ganos que la componen, aunque ha recibido un tratamiento cauteloso y pasivo. Esto
explica, al menos en parte, que no se hayan adoptado instrumentos regionales de
carácter vinculante que promuevan una conducta empresarial responsable como, por
ejemplo, en el caso de Europa. La Unión Europea ha adoptado instrumentos que
imponen obligaciones de diligencia debida o de divulgación de información a de-
terminadas empresas que cumplan ciertas características o pertenezcan a un sector
específico.12 Si bien en el ámbito americano aún se está lejos de este tipo propuestas,
no debe obviarse que el tema de empresas y derechos humanos ha tenido una impor-
tante evolución y un continuo desarrollo atendiendo a las necesidades y particulari-
dades de la región.

Estándares interamericanos en materia de empresas y derechos humanos

Como se señaló, en 2016 la Asamblea General de la OEA solicitó a la CIDH un es-


tudio sobre los estándares interamericanos en materia de empresas y derechos hu-
manos (AG/RES. 2887 (XLVI-O/16)). La CIDH, en el ejercicio de su función de pro-
mover la observancia y la defensa de los derechos humanos y de servir como órgano
consultivo de la OEA,13 ha contribuido con importantes aportaciones al debate sobre
empresas y derechos humanos en la región de diferentes maneras, como a través
del sistema de peticiones individuales, el otorgamiento de medidas cautelares y, no
menos importante, de las más de 30 audiencias que ha celebrado sobre cuestiones de
empresas y derechos humanos que ponen en evidencia la necesidad de avanzar en
este tema desde una perspectiva regional (Gonza, 2016: 359).14

11. Véase, Organización de los Estados Americanos, AG/RES 2.887 (XLVI-O/16), Promoción y Protec-
ción de Derechos Humanos, 14 de junio de 2016.
12. En el ámbito de la Unión Europea se consolida cada vez más la propuesta de adoptar una normati-
va europea de diligencia debida en materia de derechos humanos y medio ambiente. En este sentido, la
Comisión Europea ha anunciado su intención de discutir en el seno de la Unión una iniciativa legislativa
para imponer a las empresas obligaciones de prevenir abusos de derechos humanos y daños ambienta-
les a lo largo de su cadena de suministro. Véase, «Introductory remarks by commissioner Phil Hogan
at OECD Global Forum on Responsible Business Conduct», Consejo de Europa, 19 de mayo de 2020,
disponible en https://bit.ly/2IvxxCr.
13. Véase el artículo 41 de la Convención Americana y artículo 1 del Reglamento de la CIDH.
14. Por ejemplo, Estados, empresas y derechos humanos en América del Sur 158, periodo de sesiones,
7 de junio de 2016; Derechos humanos e industrias extractivas en Perú 162, periodo de sesiones, 25 de
mayo de 2017; Empresas y derechos humanos en las Américas 172, periodo de sesiones, 8 de mayo de
2019; entre otras.

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ANUARIO DE DERECHOS HUMANOS
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La CIDH, a raíz del plan estratégico 2017/2021 (CIDH, 2017: 35-36), puso en mar-
cha en 2017 la Relatoría Especial sobre Derechos Económicos, Sociales, Culturales
y Ambientales (Redesca),15 con un mandato que implicaba avanzar en el tema de
las empresas nacionales y transnacionales y sus impactos sobre los derechos huma-
nos para desarrollar los estándares interamericanos al respecto (CIDH, 2017: 36). En
cumplimiento de la petición de la Asamblea General, la CIDH encomendó el estudio
sobre los estándares interamericanos en materia de empresas y derechos humanos a
la Redesca.
Para la elaboración del informe, la Redesca se basó en el diálogo y la colabora-
ción con múltiples actores de la región (Estados, sociedad civil, academia y otros
actores interesados), a través de la organización y participación en talleres, eventos,
reuniones de trabajo, audiencias públicas y consultas de expertos (CIDH, 2019: pá-
rrs. 33-37). En este punto, la Redesca destacó el alto nivel de interés y participación
en torno al informe, lo que puso en evidencia la relevancia y transversalidad de la
cuestión de empresas y derechos humanos en la región, así como la necesidad de un
entendimiento común de la temática de acuerdo con los sistemas políticos, jurídicos,
económicos y culturales de los Estados americanos.
El informe «Empresas y derechos humanos: Estándares interamericanos» de la
CIDH y su Redesca sistematiza y analiza diversos pronunciamientos que se han dado
dentro del SIDH en relación con el tema. El principal objetivo del informe es esclare-
cer el contenido de las obligaciones de los Estados, según los principales instrumentos
interamericanos, en particular la Convención Americana sobre Derechos Humanos
y la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre, la jurisprudencia
interamericana y la inclusión articulada de avances internacionales en esta materia.
Por ende, el informe busca identificar y desarrollar estándares interamericanos que
coadyuven al cumplimiento de las obligaciones de los Estados. Al mismo tiempo,
estos estándares deben servir para empoderar a las personas, comunidades y sindi-
catos para el uso de los instrumentos jurídicos y estándares interamericanos en este
ámbito, fortalecer las acciones de diligencia debida en el contexto de las actividades
empresariales, aumentar la rendición de cuentas ante abusos de derechos humanos
en estos contextos y mejorar el acceso a reparaciones para las víctimas en este ámbito
(CIDH, 2019: párrs. 28-29).
Se trata, sin duda, de un informe único en su clase en la región, ya que constituye
una contribución sustancial para la discusión integral de la responsabilidad de las
empresas en materia de derechos humanos y, sobre todo, para la configuración de
iniciativas normativas y políticas, tanto a nivel regional como para los Estados. Sin

15. Tras el correspondiente concurso público interamericano, la CIDH designó como primera y actual
Relatora DESCA a Soledad García Muñoz. Véase «Origen», Organización de los Estados Americanos,
disponible en https://bit.ly/3oCtsM9.

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IGLESIAS MÁRQUEZ
ESTÁNDARES INTERAMERICANOS SOBRE EMPRESAS Y DERECHOS HUMANOS

embargo, cabe matizar la naturaleza y los efectos jurídicos del informe y de los están-
dares identificados y desarrollados en éste.
En este sentido, el informe sobre empresas y derechos humanos de la CIDH y
su Redesca no es resultado de su competencia cuasi jurisdiccional, que le permite
examinar peticiones individuales relativas a violaciones de derechos humanos ga-
rantizados en la Declaración Americana, la Convención Americana y otros tratados
interamericanos de derechos humanos.16 En el sistema de peticiones, la Comisión
puede emitir informes que contienen su opinión, conclusiones finales y recomenda-
ciones que considere necesarias respecto de los casos planteados. Por ejemplo, en el
asunto Empleados de la Fábrica de Fuegos de Santo Antônio de Jesus con Brasil, la Co-
misión consideró responsable al Estado por la falta de fiscalización a una fábrica en
la que sabía que se hacían actividades industriales peligrosas. Por tanto, recomendó
al Estado, entre otras medidas, fortalecer sus instituciones para asegurar que cum-
plieran debidamente con su obligación de fiscalización e inspección de empresas que
desarrollan actividades peligrosas mediante mecanismos adecuados de rendición de
cuentas frente a autoridades que omitan el cumplimiento de dichas obligaciones.17
La naturaleza jurídica de los informes emitidos por la CIDH a partir del sistema
de peticiones ha generado diversas discusiones doctrinales. Algunos autores atribu-
yen un carácter vinculante a estos informes, ya que reúnen las condiciones y forma-
lidades para ser obligatorios y, sobre todo, porque son el resultado de un proceso con
todas las garantías (Hitters, 2008: 136; O’Donnell, 1989: 490). No obstante, la opinión
de la Corte IDH es que los informes de la Comisión en el sistema de peticiones no
son vinculantes ni ejecutables, salvo que sus recomendaciones se incluyan en una
sentencia.18 Esta controversia no afecta directamente al informe objeto de este artícu-
lo, en tanto que su función principal es recoger estándares preexistentes y avanzar en
el desarrollo de otros. Por tanto, aunque carezca de efecto vinculante, su fuerza radica
en su autoridad moral y política, debido a que contiene orientaciones que auxilian a
los Estados y a los órganos del SIDH en la aplicación de los instrumentos interameri-
canos de derechos humanos en el contexto de las actividades empresariales.
En el SIDH, sus principales órganos se han encargado del establecimiento de es-
tándares, con el fin de darle contenido a los derechos reconocidos en los instrumentos
interamericanos. La CIDH define dichos estándares como «el conjunto de decisiones
judiciales, informes temáticos y de país, y otras recomendaciones adoptadas por la
[CIDH]» (CIDH, 2015a: 13). A su vez, añade que «el término “estándares jurídicos”

16. Véase el artículo 44 de la Convención y el artículo 23 del Reglamento de la CIDH.


17. Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Informe de Fondo 25/18, Empleados de la Fábri-
ca de Fuegos en Santo Antônio de Jesús y sus familiares (Brasil), 2 de marzo de 2018, párr. 176.
18. Véase la sentencia del caso Genie Lacayo con Nicaragua, fondo, reparaciones y costas, 29 de enero
de 1997, serie C núm. 30, párr. 93.

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vol. 16 núm. 2 (2020) • págs. 347-379

asimismo se refiere a los tratados regionales de derechos humanos que gobiernan el


sistema interamericano, como la Convención Americana y la Convención de Belém
do Pará. El concepto igualmente se refiere a las sentencias y opiniones consultivas
emitidas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos» (CIDH, 2015a: 13).
Por otra parte, reconoce que los estándares establecidos en el SIDH cumplen una
función de guía para el actuar político de los Estados. En este sentido, la CIDH señala
que los estándares «no solo tienen un importante valor como guía de interpretación
de la Convención Americana para los tribunales nacionales, sino que pueden con-
tribuir a mejorar la institucionalidad de las políticas y servicios sociales en los países
americanos, y a fortalecer los sistemas de fiscalización, transparencia y rendición de
cuentas, así como los mecanismos de participación y vigilancia social de las políticas
públicas en esta materia» (CIDH, 2007: párr. 4).
Por lo anterior, los estándares establecidos y utilizados en el SIDH son catalogados
como soft law, ya que únicamente orientan a los Estados en su actuar o en la cons-
trucción de su normativa y política pública interna con el fin de asegurar el ejercicio
pleno de los derechos humanos (De Casas, 2019: 295). No obstante, la Comisión ha
intentado dotarlos de fuerza vinculante, ya que considera que «el desarrollo jurídico
de estándares en el marco del [SIDH] debe estar acompañado por esfuerzos de los Es-
tados de ponerlos en práctica» (CIDH, 2015b: párr. 4). Sin embargo, en ocasiones, la
amplitud de los estándares interamericanos genera dificultades en su interiorización
en los sistemas nacionales y en las prácticas de los Estados (Molina Vergara, 2018:
246-252). La falta de incorporación de los estándares interamericanos en la legisla-
ción, políticas y prácticas de los Estados impide alcanzar la efectividad del SIDH. Al
respecto, la Comisión ha manifestado su preocupación por la falta de incorporación
de dichos estándares en países que no han ratificado los instrumentos interamerica-
nos de derechos humanos (CIDH, 2015b: párr. 39).
En definitiva, aunque el informe «Empresas y derechos humanos: Estándares in-
teramericanos» no es vinculante ni ejecutable, recopila y desarrolla valiosos estánda-
res que buscan impactar en los sistemas políticos y jurídicos de los Estados, con el
fin de alcanzar la operatividad efectiva de las normas del SIDH en el contexto de las
actividades empresariales. En otros ámbitos, los estándares del Sistema han guiado
las políticas de los Estados en beneficio de los derechos de las mujeres, los niños, las
niñas y los pueblos indígenas (CIDH, 2015b: párr. 44). Por tanto, el informe aporta
insumos relevantes para orientar la actuación de los Estados en este ámbito, así como
para diseñar una hoja de ruta para un plan regional sobre empresas y derechos huma-
nos, que incluya la adopción de instrumentos y políticas que respondan a las caracte-
rísticas y necesidades de los Estados americanos de conciliar el desarrollo económico
con el respeto de los derechos humanos.19

19. Sobre la propuesta de un plan regional en la materia en el seno de la OEA, véase Cantú Rivera (2018).

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IGLESIAS MÁRQUEZ
ESTÁNDARES INTERAMERICANOS SOBRE EMPRESAS Y DERECHOS HUMANOS

Las obligaciones de los Estados en el contexto de las actividades


empresariales a la luz de los estándares interamericanos

El informe de la CIDH y su Redesca constituye un importante avance en la identifica-


ción y entendimiento de los mínimos exigibles a los Estados americanos para el cum-
plimiento de sus obligaciones de derechos humanos en el contexto de las actividades
empresariales. En principio, se identifica la intención de esclarecer no sólo el conte-
nido de las obligaciones que emanan de la Convención Americana, sino también de
la Declaración Americana, considerada en el SIDH como una fuente de obligaciones
jurídicas para los Estados miembros de la OEA.20 De esta manera, se promueve la in-
corporación de los estándares interamericanos sobre empresas y derechos humanos
en la legislación, políticas y prácticas de países como Estados Unidos y Canadá, que
no han ratificado la Convención Americana, pero cuyas empresas han generado im-
pactos negativos sobre los derechos humanos y el medio ambiente en la subregión de
América Latina.21 No obstante, la lectura y el análisis del informe permiten observar
que la CIDH y su Redesca identifican y desarrollan los estándares interamericanos
en esta materia, principalmente, a partir de las obligaciones erga omnes de respetar
y garantizar los derechos humanos contenidas en el artículo 1.1 de la Convención
Americana.

La obligación de respetar en el contexto de las actividades empresariales

La obligación de respetar consagrada en la Convención Americana implica la restric-


ción al ejercicio del poder estatal. Es decir, «toda circunstancia en la cual un órgano
o funcionario del Estado o de una institución de carácter público lesione indebida-
mente uno de tales derechos, se está ante un supuesto de inobservancia del deber
de respeto».22 En el ámbito de empresas y derechos humanos, la CIDH y su Redesca
señalan que esta obligación supone que «los Estados deban abstenerse de desplegar
conductas vinculadas a actividades empresariales que contravengan el ejercicio de los
derechos humanos» (CIDH, 2019: párr. 69). De lo contrario, la acción o inacción de
las empresas puede dar lugar a la responsabilidad directa de los Estados por el incum-
plimiento de dicha obligación, sobre todo en los casos en los que existe un vínculo
entre el Estado y las empresas implicadas en los abusos de derechos humanos.23
La CIDH y su Redesca identifican tres supuestos que pueden generar la responsa-

20. Corte Interamericana de Derechos Humanos, Opinión Consultiva OC-10/89 del 14 de julio de
1989, serie A núm. 10, párrs. 35-45.
21. Sobre el impacto de las empresas canadienses en América Latina, véase, por ejemplo, Mijares Peña
(2014) y DPLF (2014).
22. Caso Velásquez Rodríguez con Honduras, párr. 169.
23. Véase el comentario del Principio 5 de los Principios Rectores.

356
ANUARIO DE DERECHOS HUMANOS
vol. 16 núm. 2 (2020) • págs. 347-379

bilidad directa de los Estados por la acción e inacción de las empresas: i) si la empresa
ejerce atribuciones del poder público; ii) si la empresa está bajo la dirección y control
del Estado; y iii) si el Estado reconoce y adopta como propio el comportamiento de
la empresa. Aunque estos supuestos se recogen de las disposiciones 5, 8 y 11 de los
Artículos sobre Responsabilidad del Estado por Hechos Internacionalmente Ilícitos,
adoptados por la Comisión de Derecho Internacional de Naciones Unidas, tienen
una relevancia importante en la región, ya que pueden aplicarse en el contexto de
empresas públicas o con participación estatal mayoritaria, en la contratación pública
de bienes y servicios y, por último, en la privatización de servicios públicos. Según se
extrae del análisis de la jurisprudencia del SIDH, el comportamiento de las empresas
en estos supuestos puede generar la responsabilidad de los Estados, al mismo tiempo
que representan ámbitos de oportunidad para promover una conducta empresarial
responsable, ya que los Estados tienen una mayor capacidad de influir en el compor-
tamiento de las entidades empresariales.
Las empresas públicas, en especial las del sector extractivo y de hidrocarburos,
son agentes económicos con un papel importante en la región y, por tanto, deben pre-
dicar con el ejemplo del ejercicio de las prácticas de diligencia debida en materia de
derechos humanos, como se indica en los Principios Rectores.24 Incluso, se reconoce
que la estrecha relación entre una empresa pública y el Estado supone que el compor-
tamiento de estas empresas se rija directamente por las obligaciones internacionales
de derechos humanos de prevenir y, en su defecto, reparar violaciones de derechos
humanos (Schönsteiner, 2019: 900-901).
Algunas de las empresas públicas de América Latina no sólo han expandido sus
actividades a lo largo de la región, sino que también mantienen relaciones comercia-
les con otras entidades privadas implicadas en abusos de derechos humanos. En estos
casos, se intuye que los Estados disponen de un mayor nivel de influencia y control
del comportamiento de las empresas públicas, ya que tienen una participación sig-
nificativa en la toma de decisiones y en el financiamiento de sus actividades (Backer,
2017). Por tanto, la obligación de respetar se hace más estricta para los Estados cuan-
do se trata de empresas públicas. En este sentido, según la opinión de la CIDH:
Cuando los proyectos extractivos, de explotación o desarrollo, se realizan por par-
te de empresas administradas por el Estado, se requiere llevar a cabo estrictas tareas
de supervisión y fiscalización por parte de entidades que cuenten con las garantías
mínimas de independencia e imparcialidad, con las competencias necesarias para
verificar el respeto a los derechos humanos en estos contextos y actuar frente a su
vulneración (CIDH, 2015c: párr. 101).

24. Véase, Consejo de Derechos Humanos, «Informe del Grupo de Trabajo sobre la cuestión de los
derechos humanos y las empresas transnacionales y otras empresas», A/HRC/32/45, 4 de mayo de 2016,
párrs. 74-77.

357
IGLESIAS MÁRQUEZ
ESTÁNDARES INTERAMERICANOS SOBRE EMPRESAS Y DERECHOS HUMANOS

En relación con la contratación pública, el Estado es el mayor demandante de bie-


nes y servicios en la economía y, por tanto, no son pocos los casos en los que los Es-
tados adquieren bienes y servicios de empresas privadas que pueden estar implicadas
en abusos de derechos humanos (Morris, 2020: 9). Para determinar la responsabili-
dad directa del Estado en estos supuestos, se debe considerar si el comportamiento
de la empresa responde a las instrucciones o al control efectivo del Estado (CIDH,
2019: párr. 72). Como bien expone Cantú Rivera (2020: 16), en el contexto de la con-
tratación pública, los Estados gozan de una posición de superioridad que les permite
imponer a las empresas las condiciones necesarias para asegurar que se respeten los
derechos humanos en el desarrollo de sus actividades. Para ello, pueden establecer
cláusulas contractuales que determinen obligaciones jurídicas concretas de identifi-
cación y prevención de riesgos en materia de derechos humanos.
La utilización de cláusulas contractuales contribuye a que los Estados cumplan
con su obligación de respetar los derechos humanos en el contexto de las actividades
empresariales. En este sentido, la CIDH y su Redesca recomiendan, en línea con el
Principio Rector 5, que
los Estados pueden imponer directamente ciertas normas de conducta a los acto-
res empresariales en contextos determinados; por ejemplo, en la contratación públi-
ca […] que efectivamente puede exigir, y en su caso, cambiar cierta conducta o com-
portamiento del actor empresarial en correspondencia al cumplimiento de ciertos
estándares en materia de derechos humanos (CIDH, 2019: párr. 164).

La consolidación de una práctica habitual de los Estados de incluir cláusulas de


respeto de los derechos humanos en los contratos públicos tiene el potencial de ge-
nerar a largo plazo cambios en el comportamiento de las empresas de determinados
sectores en beneficio del respeto de los derechos humanos y de la protección del me-
dio ambiente (Cantú Rivera, 2020: 16).
En la región también abundan casos en los que los Estados facultan a empresas
privadas a ejercer atribuciones del poder público. El neoliberalismo en América La-
tina dio lugar a un importe proceso de privatización de servicios públicos con una
regulación muy laxa. Esto permitió la participación de empresas privadas y la crea-
ción de asociaciones público-privadas en la provisión de servicios básicos, que son
imprescindibles para el disfrute de los derechos humanos (Solanes, 1995: 158-161). La
experiencia de la privatización de los servicios públicos en América Latina dio lugar
a diversos conflictos entre el interés público y los objetivos de las empresas privadas,25
en los que suelen primar los intereses empresariales, según advierte la CIDH y su
Redesca (2019: párr. 220). Ante tal situación, la Corte IDH señala que

25. Para un panorama de la luchas sociales y sindicales en contra de la privatización de servicios pú-
blicos en América Latina, véase Hernández Zubizarreta y otros (2013).

358
ANUARIO DE DERECHOS HUMANOS
vol. 16 núm. 2 (2020) • págs. 347-379

si bien los Estados pueden delegar [la prestación de servicios públicos] la delega-
ción a la iniciativa privada de proveer esos servicios, exige como elemento funda-
mental la responsabilidad de los Estados en fiscalizar su ejecución, para garantizar
una efectiva protección de los derechos humanos de las personas bajo su jurisdic-
ción y para que los servicios públicos sean provistos a la colectividad sin cualquier
tipo de discriminación, y de la forma más efectiva posible.26

Por lo tanto, la CIDH y su Redesca establecen que los Estados deben abstenerse
de atribuir a las empresas privadas funciones de poder público, como es el caso de la
prestación de servicios públicos (como el suministro de agua, electricidad, seguridad,
salud, educación, entre otros), si no se cuentan con marcos regulatorios y políticas
claras que aseguren que las empresas respetan los derechos humanos en juego. Asi-
mismo, deben someter a las empresas implicadas a la plena rendición de cuentas de
sus operaciones y a un examen riguroso bajo sistemas de vigilancia transparentes y
eficaces, previendo sanciones efectivas y reparaciones adecuadas para los casos de in-
cumplimiento (CIDH, 2019: párr. 232). De lo contrario, como advierte el comentario
al Principio Rector 5, las consecuencias pueden ser perjudiciales para la reputación
del propio Estado y conllevar problemas legales.27
Finalmente, en relación con la obligación de respetar en el contexto de las acti-
vidades empresariales, la CIDH y su Redesca advierten que los Estados transgreden
este deber cuando la conducta —activa u omisiva— de los agentes estatales implica
su aquiescencia, tolerancia o colaboración respecto del comportamiento de las em-
presas que constituya violaciones de derechos humanos (CIDH, 2019: párrs. 73-78).
En este sentido, recuerdan la amplia jurisprudencia del SIDH, en la que se atribuye
una responsabilidad directa al Estado por complicidad en las violaciones de derechos
humanos cometidas por actores paramilitares y paraestatales.28

26. Sentencia del caso Ximenes Lopes con Brasil, Corte Interamericana de Derechos Humanos, 4 de
julio de 2006, serie C núm. 149, párr. 96.
27. En Muelle Flores con Perú, la Corte IDH determinó la responsabilidad del Estado por la falta de
salvaguardias normativas para evitar violaciones al derecho a la seguridad social en procesos de priva-
tización de una empresa estatal que crearon obstáculos para el cobro efectivo de las pensiones de un
adulto mayor en Perú. Sentencia del caso Muelle Flores con Perú, Corte Interamericana de Derechos
Humanos, excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas. 6 de marzo de 2019, serie C núm.
375, párr. 139.
28. Véase, por ejemplo, sentencia del caso 19 Comerciantes con Colombia, Corte Interamericana de
Derechos Humanos, fondo, reparaciones y costas, 5 de julio de 2004, serie C núm. 109, párr. 135; sen-
tencia del caso Yarce y otras con Colombia, excepción preliminar, fondo, reparaciones y costas, 22 de
noviembre de 2016, serie C núm. 325, párr. 180.

359
IGLESIAS MÁRQUEZ
ESTÁNDARES INTERAMERICANOS SOBRE EMPRESAS Y DERECHOS HUMANOS

La obligación de garantizar en el contexto de las actividades empresariales

La obligación de garantía en el artículo 1.1 de la Convención Americana implica que


los Estados adopten las medidas apropiadas para proteger y preservar los derechos
humanos reconocidos en ésta. Es decir, la obligación exige una acción positiva de los
Estados, que no se agota con la existencia de un orden normativo dirigido a hacer
posible su cumplimiento, sino que requiere, a su vez, una conducta gubernamental
que asegure la eficaz garantía del libre y pleno ejercicio de los derechos humanos.29 La
obligación de garantía se proyecta más allá de la relación entre los agentes estatales y
las personas sometidas a su jurisdicción, por lo que implica el deber de prevenir, en
la esfera privada, que terceros vulneren los bienes jurídicos protegidos en el SIDH.30
La CIDH y su Redesca destacan que la obligación de garantizar tiene correspon-
dencia con el Pilar 1 de los Principios Rectores sobre el deber de proteger los derechos
humanos. Por tanto, los Estados deben adoptar las medidas apropiadas para prevenir,
investigar, castigar y reparar abusos de derechos humanos cometidos en su territorio
o su jurisdicción por terceros, incluidas las empresas. Para ello, la CIDH y su Redesca
identifican y desarrollan cuatro deberes estatales interconectados para dar cumpli-
miento a la obligación de garantía en el contexto de las actividades empresariales: i)
deber de prevenir violaciones a los derechos humanos en el marco de actividades em-
presariales; ii) deber de fiscalizar tales actividades; iii) deber de regular y adoptar dis-
posiciones de derecho interno; y iv) deber de investigar, sancionar y asegurar el acceso
a reparaciones integrales para víctimas en dichos contextos (CIDH, 2019: párr. 86).
En cuanto al deber de prevenir, en el ámbito de empresas y derechos humanos
este deber implica que las autoridades correspondientes de los Estados adopten las
medidas oportunas para identificar y prevenir los impactos y riesgos, posibles y rea-
les, de las actividades empresariales sobre los derechos humanos. Asimismo, supone
que deben adoptar, o en su caso, requerir y asegurar que las empresas involucradas
en dichos impactos y riesgos implementen medidas de corrección. Aunado a las me-
didas anteriores, los Estados deben fortalecer a las instituciones competentes para
que puedan proporcionar una respuesta efectiva a dichos impactos y riesgos (CIDH,
2019: párrs. 86 y 89).
Aunque no detallan una lista exhaustiva, la CIDH y su Redesca identifican algu-
nas acciones que deben ser consideradas por los Estados para cumplir con el deber
de prevenir. Por ejemplo, la adecuación de los marcos normativos para regular la

29. Caso Velásquez Rodríguez con Honduras, párr. 167.


30. Véase la sentencia del caso «Masacre de Mapiripán» con Colombia, Corte Interamericana de Dere-
chos Humanos, 15 de septiembre de 2005, serie C núm. 134, párr. 111; y sentencia del caso Gonzales Lluy y
otros con Ecuador, excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas, 1 de septiembre de 2015, serie
C núm. 298. párr. 170.

360
ANUARIO DE DERECHOS HUMANOS
vol. 16 núm. 2 (2020) • págs. 347-379

actuación de las empresas en el campo de los derechos humanos, la implementación


de políticas de protección en casos de actividades empresariales riesgosas, la creación
de estrategias para superar violaciones extendidas relacionadas con determinadas in-
dustrias o sectores económicos y la producción de estadísticas que permitan el diseño
y la evaluación de las políticas públicas en la materia (CIDH, 2019: párrs. 90-95).
Por su parte, el deber de supervisar en el contexto de las actividades empresariales
requiere el diseño y la implementación de mecanismos para dicho fin, según el tipo
de actividad y la naturaleza de la empresa. La falta de supervisión de las actividades
empresariales es un elemento común en diversos casos en el SIDH. Por ello, la CIDH
y su Redesca hacen especial énfasis en el reforzamiento de las medidas de control y
vigilancia de determinadas actividades propensas a afectar los derechos humanos y
el medio ambiente, como los proyectos extractivos de recursos naturales y las acti-
vidades peligrosas. En este sentido, la CIDH y la Corte IDH se han pronunciado en
diversas ocasiones sobre el deber de los Estados de fiscalizar las actividades empresa-
riales bajo su jurisdicción.31 En Kaliña y Lokono con Surinam, la Corte IDH subraya:
El Estado tiene el deber de proteger tanto las áreas de reserva natural como los te-
rritorios tradicionales con el fin de prevenir daños en el territorio indígena, inclusive
aquél que proceda de terceros, a través de mecanismos adecuados de supervisión y
fiscalización que garanticen los derechos humanos, en particular, mediante la super-
visión y fiscalización de estudios de impacto ambiental.32

En relación con el deber de regular, la CIDH y su Redesca clarifican que en el


ámbito de empresas y derechos humanos éste deber comprende la adopción de legis-
lación interna y políticas pertinentes para la protección de los derechos humanos en
el marco de la actividad empresarial de que se trate, lo que supone la incorporación
de garantías sustantivas y procesales que aseguren el respeto a los derechos humanos
en las disposiciones que regulan el comportamiento empresarial, incluyendo la crea-
ción, operación y disolución de las empresas (CIDH, 2019: párrs. 106-112).
La CIDH y su Redesca destacan algunos desarrollos adoptados en la región que
cumplen con el deber de regular en el ámbito de empresas y derechos humanos. Por
ejemplo, en Brasil, la Resolución 4.327/201433 dispone la obligación de las institucio-
nes financieras de crear una política de responsabilidad social y ambiental. Asimis-
mo, en Estados Unidos, la California Transparency in Supply Act34 de 2010 impone

31. Véase, por ejemplo, Corte Interamericana de Derechos Humanos, Opinión Consultiva OC-23/17,
15 de noviembre de 2017, serie A núm. 23, párrs. 154 y 163; CIDH, Informe de Fondo 40/04, Comunida-
des Indígenas Mayas del Distrito de Toledo, (Belice), 12 de octubre de 2004, párr. 147.
32. Sentencia del caso Pueblos Kaliña y Lokono con Surinam, Corte Interamericana de Derechos Hu-
manos, fondo, reparaciones y costas, 25 de noviembre de 2015, serie C núm. 309, párr. 221.
33. Banco Central de Brasil, Resolução 4.327, 25 de abril de 2014.
34. California Transparency in Supply Chains Act of 2010, Civil Code Section 1714.43.

361
IGLESIAS MÁRQUEZ
ESTÁNDARES INTERAMERICANOS SOBRE EMPRESAS Y DERECHOS HUMANOS

a determinadas empresas la obligación de publicar en su sitio web un informe sobre


las medidas adoptadas para erradicar la esclavitud moderna, tráfico de personas o
trabajo forzado en sus filiales y cadenas de suministro. Si bien estos son avances im-
portantes en la región, aún son escasos en comparación, por ejemplo, con Europa,
donde hay una evidente tendencia al desarrollo normativo para garantizar el respeto
de los derechos humanos en el contexto de las actividades empresariales (Iglesias
Márquez, 2019b: 343-400).
El desarrollo normativo en Europa ha servido para avanzar progresivamente en
la obligación de las empresas de implementar procesos de diligencia debida en dere-
chos humanos, de conformidad con el Pilar 2 de los Principios Rectores. En Francia,
por ejemplo, se aprobó la Loi relative au devoir de vigilance des sociétés mères et des
entreprises donneuses d’ordre en 2017. La Loi de vigilance impone a las empresas que se
encuentran bajo su ámbito de aplicación la obligación de elaborar y publicar un «plan
de vigilancia» que incluya las medidas razonables orientadas a identificar los riesgos
y prevenir violaciones de derechos humanos y daños ambientales, que resulten de sus
actividades o de sus subcontratistas o proveedores con una relación comercial esta-
blecida. Otros desarrollos similares en Europa son la Modern Slavery Act de 2015 en
el Reino Unido, la Directiva europea sobre divulgación de información no financiera
y el Reglamento sobre los minerales de zonas de conflicto de la Unión Europea. En
países como Suiza, Alemania, Australia, Bélgica y Finlandia, entre otros, se proponen
iniciativas legislativas similares a las señaladas.35
No cabe duda de que los anteriores desarrollos normativos deben tenerse en cuen-
ta por los Estados americanos al momento de diseñar sus propias medidas legislati-
vas. No obstante, como señala Cantú Rivera, la legislación especializada en diligencia
debida no es la única solución. El autor indica que la legislación que rige la creación y
transformación de las sociedades mercantiles constituye un área desde la que se pue-
den plantear obligaciones generales de prevención, en la misma línea que los marcos
normativos antes descritos. Por tanto, la adecuación de la legislación de sociedades
es de particular relevancia para países con sistemas normativos o regulatorios me-
nos desarrollados, en virtud de que el incremento en la especificidad normativa debe
coexistir de forma simultánea con la capacidad del Estado para supervisar efectiva-
mente su cumplimiento, lo cual en muchas ocasiones termina siendo el elemento
que conlleva a la violación de las obligaciones convencionales en materia de dere-
chos humanos (Cantú Rivera, 2020: 14).

35. Para más información sobre el proceso y el contenido de las iniciativas de diligencia debida obliga-
toria en diversos Estados europeos, véase «National & regional movements for mandatory human rights
& environmental due diligence in Europe», Business & Human Rights Resource Centre, 22 de mayo de
2019, disponible en https://bit.ly/2Kw4yiR.

362
ANUARIO DE DERECHOS HUMANOS
vol. 16 núm. 2 (2020) • págs. 347-379

Además del desarrollo normativo, la CIDH y su Redesca recomiendan que la le-


gislación debe ir acompañada de políticas públicas que exijan el respeto de los dere-
chos humanos por parte de los diferentes actores empresariales (CIDH, 2019: párr.
120). Al respecto, destacan la estrategia de algunos Estados de la región, como Co-
lombia, Estados Unidos y Chile, de elaborar y adoptar Planes de Acción Nacional
(PAN) sobre empresas y derechos humanos.36 Los PAN son instrumentos de política
pública que hacen un balance de las acciones necesarias para aplicar los Principios
Rectores y, a su vez, determinan los ámbitos que requieren de la acción estatal.37 A
pesar del potencial que tienen los PAN para incluir el contenido de los Principios
Rectores en los sistemas jurídicos y políticos de los Estados, no se deben obviar las
limitaciones que presentan. Por ejemplo, se ha demostrado que los PAN dependen
de tendencias políticas, están sujetos a períodos gubernamentales y, sobre todo, no
generan los efectos jurídicos deseados que requiere un cambio en la conducta empre-
sarial (Cantú Rivera, 2020: 13).
Finalmente, la obligación de garantía abarca el deber de investigar, sancionar y
garantizar el acceso a mecanismos de reparación. Este deber está estrechamente rela-
cionado con el artículo 25.1 de la Convención Americana, que contiene la obligación
de ofrecer a todas las personas sometidas a su jurisdicción un recurso judicial efec-
tivo contra actos violatorios de sus derechos fundamentales. Uno de los principales
retos en la región es la reparación efectiva a las personas que sufren abusos empre-
sariales de derechos humanos. La confluencia de una serie de factores, como la falta
de voluntad política, la captura corporativa, la corrupción, la falta de asistencia legal
a víctimas, la politización del Poder Judicial, la estructura y el carácter transnacional
de las empresas, entre otros, impiden el acceso efectivo a la justicia. A esto se suman
otros obstáculos sustantivos y procesales, como la asimetría de recursos entre las em-
presas y las víctimas y los posibles riesgos que enfrentan las personas que interponen
las denuncias (CIDH, 2019: párrs. 131-139).
Con base en los estándares mínimos del Pilar 3 de los Principios Rectores, la
CIDH y su Redesca sugieren que los Estados deben implementar algunas medidas
para proporcionar medios adecuados de reparación a las personas o grupos perjudi-
cados y asegurar la rendición de cuentas de las empresas (CIDH, 2019: párr. 134). Los
Estados no sólo deben tener en cuenta los recursos judiciales (administrativo, civil

36. Además de estos países que ya han publicado sus PAN, Argentina, Brasil, Guatemala, Honduras,
México y Perú están en proceso de elaboración de sus propios planes. Sobre el contenido y el estado de
los Planes en la región, véase el sitio de National Action Plans on Business and Humans Rights, dispo-
nible en https://globalnaps.org/.
37. Para un análisis sobre la efectividad de los PAN sobre empresas y derechos humanos como herra-
mientas para dar efectividad al derecho internacional a nivel interno, véase Cantú Rivera (2017b). Asi-
mismo, sobre los PAN, véase Muñoz Quick (2017) y Márquez Carrasco, Iglesias Márquez y Domínguez
Díaz (2019), así como las referencias bibliográficas incluidas en ambos textos.

363
IGLESIAS MÁRQUEZ
ESTÁNDARES INTERAMERICANOS SOBRE EMPRESAS Y DERECHOS HUMANOS

o penal), sino también los mecanismos alternativos, como los extrajudiciales y no


estatales, que puedan facilitar la rendición de cuentas de las empresas y la reparación
a las víctimas. Estos mecanismos deben ser complementarios a los recursos judiciales
y deben reunir al menos las características de garantía indicadas en los Principios
Rectores: accesibilidad, predictibilidad, transparencia o equidad (Principio Rector
31) (CIDH, 2019: párrs. 143-144). Por ende, los recursos judiciales y extrajudiciales
disponibles para las víctimas de abusos corporativos deben ser capaces de determinar
la existencia de violaciones a derechos fundamentales, de reparar el daño causado y
sancionar a las empresas responsables.
Algunas de las medidas propuestas por la CIDH y su Redesca para cumplir con
este deber son, entre otras: el establecimiento de regímenes jurídicos de responsabi-
lidad compartida de la empresa matriz o del grupo empresarial, el ofrecimiento de
asistencia jurídica y otros sistemas de financiación a la parte demandante, la habili-
tación de demandas colectivas relacionadas con los derechos humanos y los litigios
de interés público, el acceso a la información mediante legislación de divulgación
obligatoria, la adopción de normas de procedimiento que permitan a las víctimas
obtener la divulgación de pruebas en poder de la empresa acusada y la inversión de
la carga de la prueba cuando la empresa demandada tenga conocimiento o control
exclusivo de la totalidad o parte de los hechos y datos pertinentes para resolver una
reclamación (CIDH, 2019: párrs. 134 y 139).

La responsabilidad de las empresas de respetar


los derechos humanos: Perspectiva interamericana

Los altos niveles de impunidad corporativa y la asimetría normativa a nivel nacional


e internacional respecto de la regulación de las empresas en materia de derechos hu-
manos han planteado la necesidad de imponerles obligaciones directas en virtud del
derecho internacional de los derechos humanos. Esto ha generado intensos debates
que desafían las fronteras y los conceptos básicos del régimen jurídico internacional.
Así, la doctrina iusinternacionalista avanza cada vez más en el desarrollo de la tesis
que postula que los cambios y los retos que enfrenta la sociedad internacional, así
como el beneficio y la participación de facto de las empresas en las relaciones inter-
nacionales, implican el reconocimiento de una subjetividad internacional parcial y
limitada de las empresas, que es funcional y diferente a la de los Estados, que mantie-
nen el papel primario en el derecho internacional. De esta manera, a las empresas no
sólo se les atribuyen derechos, sino también obligaciones, cuya ejecución podría ha-
cerse a nivel nacional (López Latorre, 2020: 82-83; Iglesias Márquez, 2019c: 100-101).
No obstante, la configuración actual del SIDH recoge en gran medida la visión
clásica del derecho internacional (state-centered approach), caracterizada por una in-
visibilidad jurídica de las empresas, que no son consideradas como titulares directas

364
ANUARIO DE DERECHOS HUMANOS
vol. 16 núm. 2 (2020) • págs. 347-379

de obligaciones internacionales y cuya virtualidad siempre depende de la mediación


estatal. Por tanto, las obligaciones en materia de derechos humanos de las empresas
que operan en la región derivan principalmente de los ordenamientos jurídicos in-
ternos que se constituyen en relación con los compromisos internacionales de los
Estados. A diferencia del Sistema Europeo de Derechos Humanos,38 la Corte IDH, en
su Opinión Consultiva OC-22/16, ha rechazado la titularidad de derechos de las per-
sonas jurídicas en el SIDH. Según la Corte, los derechos humanos pertenecen prin-
cipalmente a las personas físicas y sólo se aplican a personas jurídicas para concretar
los derechos humanos de las personas físicas que las integran.39 No obstante, este
pronunciamiento no resuelve la cuestión sobre cuáles son las obligaciones y respon-
sabilidades de las empresas en virtud de los instrumentos del SIDH, lo que plantea la
posibilidad de que en un futuro la Corte IDH ejerza su competencia consultiva para
aclarar y profundizar en este aspecto en concreto (Carrillo Santarelli, 2017: 103).
El informe de la CIDH y su Redesca aborda las limitaciones competenciales de
los órganos del SIDH para pronunciarse sobre la responsabilidad de las empresas por
abusos de derechos humanos. En este sentido, destacan que
existe un déficit en la adecuación o existencia de normas secundarias de derecho
internacional que ayuden a fincar responsabilidad internacional a actores empresa-
riales por violaciones de derechos humanos, con la excepción de aquéllas provenien-
tes del derecho penal internacional y sin perjuicio de las iniciativas y discusiones
vigentes y relevantes sobre un tratado internacional sobre el tema (CIDH, 2019: párr.
193).

Por ello, se vislumbra que el informe tiene un enfoque principalmente estatocén-


trico, ya que se orienta a esclarecer el contenido y el alcance de las obligaciones esta-
tales en materia de derechos humanos en el contexto de las actividades empresariales.
No obstante, también aporta elementos claves para entender la responsabilidad de las
empresas de respetar los derechos humanos a la luz de los instrumentos y estándares
del SIDH.
La CIDH y su Redesca reconocen en el informe objeto del presente estudio que
«las empresas tienen la capacidad fáctica de incidir de forma directa [en los derechos

38. En el Sistema Europeo de Protección de los Derechos Humanos, las empresas han interpuesto
acciones ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en las que alegan violaciones a derechos con-
tenidos en la Convención Europea de Derechos Humanos. Principalmente alegan que los Estados han
vulnerado sus derechos procesales, su derecho a la libertad de expresión y su derecho al respeto de sus
bienes. Como antecedentes de estos supuestos se pueden destacar casos como Sunday Times con The
United Kingdom (1979), Société Colas Est and Others con France (2004), GT Verein gegen Tierfabriken con
Switzerland (2001) o Autronic AG con Switzerland (1990).
39. Corte Interamericana de Derechos Humanos, Opinión Consultiva OC-22/16, 26 de febrero de
2016, serie A núm. 22.

365
IGLESIAS MÁRQUEZ
ESTÁNDARES INTERAMERICANOS SOBRE EMPRESAS Y DERECHOS HUMANOS

humanos], y en algunos casos decisiva, en su realización» (CIDH, 2019: párr. 194). En


el sistema de peticiones, aunque los órganos no se han pronunciado sobre la respon-
sabilidad de las empresas, sí han analizado y considerado las consecuencias negativas
de las acciones y actividades de las empresas sobre los derechos humanos. Por ejem-
plo, en el caso Sarayaku con Ecuador, la Corte IDH determinó que «los actos de la
empresa, al pretender legitimar sus actividades de exploración petrolera y justificar
sus intervenciones en el territorio sarayaku, dejaron de respetar las estructuras pro-
pias de autoridad y representatividad a lo interno y externo de las comunidades».40
Por tanto, la CIDH y su Redesca concluyen que las obligaciones internaciona-
les en materia de derechos humanos dirigidas a los Estados pueden proyectar efec-
tos en el comportamiento de las empresas en el mismo sentido que el Pilar 2 de los
Principios Rectores sobre la responsabilidad de las empresas de respetar los derechos
humanos (CIDH, 2019: párr. 181). Es decir, los Estados, en el cumplimiento efectivo
de sus obligaciones de respeto y garantía de los derechos humanos, deben asegurar
que las actividades empresariales se desarrollen de manera respetuosa con los dere-
chos humanos. Como se analizó en los epígrafes anteriores, esto se logra a través del
ejercicio de las competencias normativas, supervisoras, preventivas, investigativas y
sancionatorias de los Estados. De esta manera, como señala la Corte IDH, se logra
que «la obligación de respeto y garantía de los derechos humanos, que normalmente
tiene sus efectos en las relaciones entre los Estados y los individuos sometidos a su
jurisdicción, también proyecta sus efectos en las relaciones interindividuales».41
Se puede intuir entonces que el informe avanza de manera modesta y limitada
en el reconocimiento de las obligaciones y responsabilidades de las empresas en vir-
tud de los instrumentos interamericanos de derechos humanos. Este reconocimien-
to se ve respaldado por la —aún incipiente— jurisprudencia del SIDH respecto de
esta cuestión en particular. Por ejemplo, en Kaliña y Lokono con Surinam, la Corte
IDH, haciendo referencia a los Principios Rectores, se pronunció sobre el deber de
las empresas de actuar de conformidad con el respeto y la protección de los derechos
humanos, así como prevenir, mitigar y hacerse responsables por las consecuencias
negativas de sus actividades sobre los derechos humanos.42

40. Sentencia del caso Pueblo Indígena Kichwa de Sarayaku con Ecuador, Corte Interamericana de
Derechos Humanos, fondo y reparaciones, 27 de junio de 2012, serie C núm. 245, párrs. 194 y 209. Véase
también caso Pueblos Kaliña y Lokono con Surinam, párr. 223.
41. Corte Interamericana de Derechos Humanos, Opinión Consultiva OC-18/03, 17 de septiembre de
2003, serie A núm. 18, párr. 146.
42. Caso Pueblos Kaliña y Lokono con Surinam, párr. 224. Incluso en la jurisprudencia del arbitraje
internacional en la región existen importantes precedentes que avanzan en el reconocimiento de las
obligaciones directas de las empresas en virtud del derecho internacional de los derechos humanos. En
el caso Urbaser con Argenitna, el tribunal de arbitraje ha reconocido que las sociedades comerciales y las
empresas internacionales se encuentran alcanzadas por las obligaciones resultantes del derecho inter-

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ANUARIO DE DERECHOS HUMANOS
vol. 16 núm. 2 (2020) • págs. 347-379

Asimismo, la posición de algunos Estados americanos en las negociaciones del tra-


tado sobre empresas y derechos humanos en el seno del CDH supone también un res-
paldo a las obligaciones directas de las empresas en el SIDH. Países como Ecuador, Bo-
livia y Cuba propusieron en las etapas preliminares de las negociaciones que el futuro
tratado incluyera obligaciones directas de carácter internacional para las empresas. El
Estado de Ecuador, por ejemplo, señaló que el futuro instrumento vinculante debería
incluir obligaciones para las empresas, como la diligencia debida hacia sus empleados
y hacia las comunidades en las que operan.43 En un sentido similar, la delegación de
Bolivia consideró que el tratado debería articular obligaciones, claras y directas para
que las empresas transnacionales puedan ser consideradas responsables de prevenir,
mitigar y compensar por los efectos de sus actividades en los derechos humanos, a fin
de evitar la impunidad por sus acciones.44 Cuba, por su parte, indicó que uno de los
objetivos del tratado debería ser delinear las principales obligaciones de las empresas
transnacionales para prevenir, mitigar y compensar de forma efectiva las violaciones
de derechos humanos que puedan ser cometidas como parte de sus operaciones.45

Avances del Sistema Interamericano de Derechos Humanos en la protección


de los derechos humanos frente a las actividades empresariales

El informe de la CIDH y su Redesca presenta importantes e innovadores avances que


son claves en la región para asegurar el disfrute de los derechos humanos en el con-
texto de las actividades empresariales. Los siguientes epígrafes se dedican al análisis
de tres cuestiones que son consideradas en el informe como criterios fundamentales
que deben ser abordados en los sistemas políticos y jurídicos de la región cuando se
trate de la cuestión de empresas y derechos humanos. Estos son: personas defensoras
de derechos humanos, cambio climático y extraterritorialidad.

nacional sobre los derechos humanos. Centro Internacional de Arreglo de Diferencias, caso ARB/07/26
(Urbaser S.A. y Consorcio de Aguas Bilbao Bizkaia, Bilbao Bizkaia ur Partzuergoa contra Argentina)
Laudo, 8 de diciembre de 2016, párr. 1159.
43. Delegación de Ecuador, «Mejorando la responsabilidad de las empresas transnacionales y otras
empresas de negocios con respecto a los derechos humanos, incluyendo prevención, mitigación y reme-
diación», Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, 8 de julio
de 2015, disponible en https://bit.ly/3gtJ5Tt.
44. Delegación de Bolivia, «Estado Plurinacional de Bolivia, Panel VI: Sobre las obligaciones de em-
presas transnacionales y otras empresas», Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
Derechos Humanos, 8 de julio de 2015, disponible en https://bit.ly/2VWQRfd.
45. Delegación de Cuba, Intervención de la consejera Claudia Pérez Álvarez en la Primera sesión del
Grupo de Trabajo Intergubernamental de composición abierta sobre un instrumento internacional ju-
rídicamente vinculante sobre las empresas transnacionales y otras empresas con respecto a los derechos
humanos», Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, 8 de
julio de 2015, disponible en https://bit.ly/3704CzS.

367
IGLESIAS MÁRQUEZ
ESTÁNDARES INTERAMERICANOS SOBRE EMPRESAS Y DERECHOS HUMANOS

Personas defensoras de derechos humanos

En América Latina es habitual que los impactos negativos de los proyectos y activida-
des empresariales sean un inminente llamado a la acción de las personas defensoras
de derechos humanos que luchan por los intereses sociales y ambientales frente a los
puramente económicos de las empresas. En el SIDH, se entiende que un defensor o
defensora de derechos humanos es «toda persona que de cualquier forma promueva
o procure la realización de los derechos humanos y las libertades fundamentales re-
conocidos a nivel nacional o internacional» (CIDH, 2006: párr. 13). Asimismo, existe
una importante jurisprudencia consolidada que reconoce la labor de las personas de-
fensoras, por ser fundamentales para el fortalecimiento de la democracia y el Estado
de derecho.46
Las personas defensoras de derechos humanos tienen también un papel funda-
mental en el fomento del respeto de los derechos humanos por parte de las empresas,
ya que se encargan de proteger la tierra y el medio ambiente, asegurar unas condi-
ciones de trabajo justas y seguras, luchar contra la corrupción, respetar los derechos
indígenas y lograr el desarrollo sostenible, entre otros.47 Este importante papel está
reconocido en los Principios Rectores. Así, el Principio Rector 18 insta a las empre-
sas a consultar a las personas defensoras como importantes expertas en derechos
humanos. Mientras tanto, el comentario del Principio Rector 26 especifica que los
Estados deben velar por la no obstrucción de las actividades legítimas de estas per-
sonas defensoras.
América Latina se ha convertido en una de las regiones más peligrosas y mortales
para la defensa y la promoción de los derechos humanos en el contexto de las activi-
dades empresariales. El riesgo es aún mayor para las mujeres defensoras de derechos
humanos, que no solamente sufren de manera diferenciada y desproporcionada los
impactos negativos de las empresas, sino que también están en el punto de mira por
cuestionar el poder de las empresas en el marco del sistema capitalista patriarcal.48 En
países como Guatemala, Colombia, México, Brasil, Perú y Honduras se eleva cada vez
más el número de casos de ataques físicos, intimidación, amenazas, criminalización
e incluso de asesinatos por defender los derechos humanos de las consecuencias ne-
gativas relacionadas con los proyectos y actividades de las empresas. Por ejemplo, en

46. Véase la sentencia del caso Valle Jaramillo y otros con Colombia, fondo, reparaciones y costas, 27
de noviembre de 2008, serie C núm. 192; y sentencia del caso Defensor de derechos humanos y otros con
Guatemala, excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas, 28 de agosto de 2014, serie C núm.
283.
47. Véase el Informe del relator especial sobre la situación de los defensores de los derechos humanos,
A/72/170, 19 de julio de 2017, párr. 1.
48. Sobre el sistema capitalista patriarcal, véase Ballester Buigues (2010) y Elguero Altner y Moreno
Velador (2016).

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ANUARIO DE DERECHOS HUMANOS
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Guatemala, los asesinatos de las personas defensoras aumentaron de 3 en 2017 a 16 en


2018, lo que lo convierte en el país más peligroso en 2018 (Global Witness, 2019: 9).
En estos casos, las empresas suelen estar implicadas, directa o indirectamente, en los
ataques, sobre todo las que pertenecen a sectores como la minería, la agroindustria,
el petróleo, el gas, el carbón y la construcción de presas.49
Por lo anterior, la CIDH y su Redesca consideran que el derecho a defender los
derechos humanos es un criterio interamericano fundamental que debe considerar-
se e incluirse en los marcos normativos y políticos desarrollados por los Estados en
el ámbito de empresas y derechos humanos. En este sentido, el informe de la CIDH
y su Redesca, en primer lugar, reafirma que los Estados son los principales responsa-
bles en garantizar que se prevengan, identifiquen y sancionen las violaciones contra
las personas defensoras de derechos humanos (CIDH, 2019: párr. 327). En segundo
lugar, el informe avanza en la consolidación del deber de los Estados americanos de
establecer «un marco legal claro, que prevea sanciones contra empresas que están in-
volucradas en la criminalización, estigmatización, abusos y violaciones contra quie-
nes defienden los derechos humanos, incluyendo empresas privadas de seguridad y
contratistas que actúan en nombre de la empresa involucrada» (CIDH, 2019: párr.
47). Finalmente, en el marco de las instituciones internacionales de financiamiento,
en el informe se sugiere a los Estados la implementación de sistemas independientes
y participativos, en los que se tengan en cuenta las consideraciones de las perso-
nas defensoras de derechos humanos en el momento de otorgar el financiamiento
(CIDH, 2019: párr. 317).

Cambio climático

El cambio climático es uno de los mayores retos a los que se expone América Latina
y el Caribe, debido a la alta vulnerabilidad frente a sus efectos adversos, que tienen
especial repercusión en el disfrute de diversos derechos humanos. La alta vulnerabili-
dad de la región al cambio climático ha llevado a que la Asamblea General de la OEA
reconozca de manera expresa que «el cambio climático genera impactos negativos
en todo el hemisferio provocando la degradación de la calidad de vida y del medio
ambiente para las generaciones presentes y futuras».50
La Corte IDH, por su parte, también ha reconocido de manera cautelosa en su
Opinión Consultiva 23/17 que «los efectos adversos del cambio climático afectan el

49. Informe del relator especial sobre la situación de los defensores de los derechos humanos, A/72/170,
19 de julio de 2017, párrs. 16 y 54.
50. Véase Organización de los Estados Americanos, AG/RES. 2818 (XLIV-O/14), El Cambio Climático
en el Marco del Desarrollo Sostenible en el Hemisferio, 4 de junio de 2014; Resolución AG/RES. 2429
(XXXVIIIO/08), Derechos Humanos y Cambio Climático en las Américas, 3 de junio de 2008.

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IGLESIAS MÁRQUEZ
ESTÁNDARES INTERAMERICANOS SOBRE EMPRESAS Y DERECHOS HUMANOS

goce efectivo de los derechos humanos».51 No obstante, ha perdido una importante


oportunidad de esclarecer, a la luz de los estándares interamericanos, el contenido y
el alcance de las obligaciones (extraterritoriales) de los Estados en materia de dere-
chos humanos relacionadas con los efectos transfronterizos del cambio climático. Es
decir, las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) —o incluso la falta de am-
bición climática— de un Estado pueden afectar el disfrute de los derechos humanos
reconocidos en el SIDH de personas en el territorio de otro Estado. Esto se enmarca
dentro de la cuestión planteada por la Corte IDH en su Opinión Consultiva 23/17
sobre en qué medida, de acuerdo con lo estipulado en el artículo 1.1 de la Conven-
ción Americana, debería considerarse que una persona, aunque no se encuentre en
el territorio de un Estado parte, podría estar sujeta a la jurisdicción de dicho Estado
en el marco del cumplimiento de obligaciones en materia ambiental. En este sentido,
en 2004, la Conferencia Circumpolar Inuit, en nombre de todas las regiones árticas
de Estados Unidos y Canadá, presentó una petición ante la CIDH en la que se alegó
la responsabilidad de Estados Unidos por violaciones de derechos humanos protegi-
dos por la Declaración Americana. Según los peticionarios, el Estado incumplía sus
obligaciones en materia de derechos humanos debido a la desregulación de ciertas
actividades emisoras de GEI que afectan el modo de vida de los pueblos indígenas
de las regiones árticas. La petición del caso inuit fue rechazada por la CIDH debido
a que la información no era suficiente para determinar el nexo causal entre la acción
del Estado y las vulneraciones de derechos humanos asociados al cambio climático.
No obstante, es un precedente importante que pone de manifiesto la necesidad de
que el SIDH siga explorando la relación entre cambio climático y derechos humanos
para avanzar en la agenda de justicia climática desde la perspectiva regional.
En el sistema universal, el relator especial de las Naciones Unidas sobre derechos
humanos y medio ambiente ha señalado que las obligaciones de derechos humanos
son aplicables no solo a las decisiones relativas al grado de protección del clima, sino
también a las medidas de mitigación y adaptación adoptadas a los efectos de la protec-
ción. Esto implica, por tanto, que los Estados tienen obligaciones positivas de medidas
destinadas a la protección de los derechos humanos frente a los impactos del cambio
climático. En este sentido, los Estados deben controlar las actividades de las empresas
que contribuyen al cambio climático mediante la adopción y aplicación de marcos
jurídicos e institucionales para proteger de los daños ambientales que interfieran o
puedan interferir en el disfrute de los derechos humanos y para responder a todas las
violaciones de los derechos humanos causadas por la degradación ambiental, incluido
el menoscabo de los derechos humanos en relación con el cambio climático.52

51. Corte Interamericana de Derechos Humanos, Opinión Consultiva OC-23/17, 15 de noviembre de


2017, serie A núm. 23, párr. 47.
52. Véase el Informe del relator especial sobre la cuestión de las obligaciones de derechos huma-

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ANUARIO DE DERECHOS HUMANOS
vol. 16 núm. 2 (2020) • págs. 347-379

La relación entre empresas, derechos humanos y cambio climático es una cuestión


poco explorada todavía, pero que recibe una creciente atención (Iglesias Márquez,
2020: 101-107). En este sentido, el informe de la CIDH y su Redesca complementa
los estándares internacionales en materia de empresas y derechos humanos, que no
siempre abordan explícitamente el cambio climático. Lo hace a través de una serie
de orientaciones y recomendaciones que los Estados deben seguir para dar cumpli-
miento a sus obligaciones de respetar y garantizar, con el objetivo de asegurar que el
comportamiento y las relaciones comerciales de las empresas no continúen contribu-
yendo al cambio climático.
En relación con lo anterior, es posible identificar en el informe de la CIDH y su
Redesca los siguientes estándares respecto al ámbito de empresas y derechos huma-
nos en el contexto de la crisis climática. En primer lugar, en cumplimiento de la obli-
gación estatal de regular efectivamente a actores privados, los Estados deben asegurar
que cualquier política pública y marco normativo que se implemente en relación con
la mitigación, adaptación y resiliencia al cambio climático debe hacerse con un enfo-
que de derechos e incluir los impactos y vulneraciones producidas por las empresas,
incluyendo a los agentes de financiamiento e inversión. En segundo lugar, los Estados
tienen la obligación positiva de garantizar que empresas públicas y privadas genera-
doras de emisiones de GEI las reduzcan y rindan cuentas por el perjuicio que puedan
ocasionar al clima (CIDH, 2019: párrs. 246-247).
En tercer lugar, los Estados deben incrementar sus acciones hacia una política
de transición hacia fuentes de energía renovables y limpias, mediante estrategias de
desarrollo con bajas emisiones en las que se respeten los derechos humanos. Esto im-
plica evitar los incentivos financieros y fiscales para actividades que no se enmarquen
dentro de los mecanismos de la reducción de la huella de carbono, de modo de crear
una medida de mitigación que prevenga mayor riesgo y daño. Por último, en rela-
ción con el Pilar 2 de los Principio Rectores, los Estados deben garantizar el acceso
a la justicia y a la reparación del daño en materia climática.53 Para ello, deben contar
con mecanismos accesibles, asequibles, oportunos y efectivos para impugnar aquellas
acciones u omisiones que puedan afectar los derechos humanos por el cambio climá-
tico y obtener la reparación de los daños derivados de los riesgos climáticos y de las
políticas que se tomen al respecto, ya sea que estas acciones provengan del Estado o
de las empresas (CIDH, 2019: párrs. 244, 248 y 250-251).

nos relacionadas con el disfrute de un medio ambiente sin riesgos, limpio, saludable y sostenible, A/
HRC/31/52, 1 de febrero de 2016, párrs. 23-32 y 66-67.
53. Sobre la litigación climática en contra de las empresas, véase Iglesias Márquez (2019d).

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IGLESIAS MÁRQUEZ
ESTÁNDARES INTERAMERICANOS SOBRE EMPRESAS Y DERECHOS HUMANOS

Extraterritorialidad

Uno de los temas más controversiales en el ámbito de empresas y derechos humanos


es el ejercicio de la jurisdicción extraterritorial de los Estados (Cantú Rivera, 2019),
a pesar de que el derecho internacional contemporáneo no lo prohíbe para regu-
lar y hacer efectiva la responsabilidad de las empresas domiciliadas o registradas en
su territorio o bajo su control, siempre que haya una base jurisdiccional reconocida
(Augenstein y Kinley, 2013: 276-277). Diversos órganos de derechos humanos han
recomendado a algunos Estados la adopción de medidas para impedir que las em-
presas registradas en su jurisdicción cometan abusos en el extranjero. Por ejemplo, el
Comité de Derechos Humanos ha alentado a Canadá a que establezca claramente que
todas las empresas domiciliadas en su territorio o bajo su jurisdicción deben respe-
tar en todas sus actividades —incluidas las que se llevan a cabo en el extranjero— la
normativa de los derechos humanos de conformidad con el Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos (CCPR/C/CAN/CO/6).
El aumento de la cooperación sur-sur fomenta el comercio y los flujos de inver-
sión entre los Estados de la región, lo que a su vez favorece las estrategias de deste-
rritorialización y descentralización de las actividades empresariales.54 Por tanto, las
empresas latinoamericanas operan en diversos países de la región con un alto poten-
cial de generar graves impactos sobre los derechos humanos y el medio ambiente. Al
respecto, destacan en la región los impactos negativos sobre los pueblos indígenas y
comunidades afrodescendientes derivados de las actividades extractivas de empresas
con origen en un tercer Estado (CIDH, 2015c: párrs. 77-88). Por ejemplo, el caso de
la empresa canadiense Hudbay Minerals, acusada de complicidad por la comisión de
violaciones de derechos humanos a las comunidades indígenas en Guatemala.55
Por lo anterior, el ejercicio de la jurisdicción —prescriptiva y jurisdiccional— ex-
traterritorial es esencial en la región. No obstante, esta cuestión ha sido abordada
de manera incipiente por los órganos políticos de la OEA (Cerqueira, 2015: 18-21).
En este sentido, el informe sobre empresas y derechos humanos presenta un nuevo
panorama y nuevas oportunidades para el desarrollo de esta cuestión en la región.
Según la CIDH y su Redesca, en el contexto de la sociedad altamente globalizada, la
aplicación extraterritorial de los sistemas políticos y jurídicos nacionales en materia
de empresas y derechos humanos constituye un elemento clave, ya que se ajusta a
las complejas formas de organización y operaciones transnacionales de las empresas

54. Anabel Gonzalez, Christine Zhenwei Qiang y Bertram Boie, «South-South investment: Develop-
ment opportunities and policy agenda», World Bank Blog, 28 de abril de 2015, disponible en https://bit.
ly/2Lopc4K.
55. Véase «Perfil de las demandas judiciales contra Hudbay por actividades en Guatemala», Centro
de Información sobre Empresas y Derechos Humanos, 12 de julio de 2013, disponible en https://bit.
ly/39YU3Pq.

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ANUARIO DE DERECHOS HUMANOS
vol. 16 núm. 2 (2020) • págs. 347-379

(CIDH, 2019: párr. 52). La Corte IDH ha interpretado que el concepto de jurisdicción
bajo el artículo 1.1 de la Convención Americana abarca cualquier situación en la que
un Estado ejerza autoridad o control efectivo sobre las personas, dentro o fuera de
su territorio. Por ello, en relación con lo dispuesto en la Observación General 24 del
Comité de Naciones Unidas de Derechos Económicos, Sociales y Culturales,56 los
Estados del SIDH están obligados a adoptar todas las medidas necesarias para evitar
que las actividades desarrolladas en su territorio o bajo su control afecten los dere-
chos de las personas dentro o fuera de su territorio. No obstante, la Corte también
ha delimitado que el ejercicio de la jurisdicción de un Estado fuera de su territorio
es una situación excepcional que debe analizarse en cada caso concreto y de manera
restrictiva.57
La CIDH y su Redesca, por tanto, se muestran partidarias del ejercicio de la juris-
dicción extraterritorial de los Estados en relación con la actuación de las empresas,
con base en los conceptos de autoridad y control efectivo. Asimismo, añaden la capa-
cidad de influencia de los Estados en el comportamiento de las empresas para justifi-
car el ejercicio de la jurisdicción extraterritorial. En línea con los pronunciamientos
de diversos órganos del sistema universal,58 la CIDH y su Redesca consideran que los
Estados deben adoptar medidas para regular, supervisar e investigar el comporta-
miento de las empresas domiciliadas en su jurisdicción que afecten el disfrute de los
derechos humanos en terceros Estados, siempre y cuando no se afecte el principio de
soberanía o el principio de igualdad de todos los Estados (CIDH, 2015c: párr. 153).59

56. El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales justifica el ejercicio de la jurisdicción


extraterritorial cuando un Estado parte puede influir en situaciones que se producen fuera de su territo-
rio, de conformidad con los límites impuestos por el derecho internacional, controlando las actividades
de las empresas domiciliadas en su territorio o bajo su jurisdicción y, por lo tanto, contribuir al disfrute
efectivo de los derechos económicos, sociales y culturales fuera de su territorio nacional. Véase Comité
de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Observación General 24, de 2017, sobre las obligaciones
de los Estados en virtud del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales en el
contexto de las actividades empresariales, 10 de agosto de 2017, E/C.12/GC/24, párr. 28.
57. Opinión Consultiva OC-23/17, 15 de noviembre de 2017, serie A núm. 23, párr. 104. Sobre la aplica-
ción extraterritorial de las obligaciones de los Estados contenidas en los instrumentos interamericanos,
véase Cassel (2004).
58. Véase, por ejemplo, Comité de los Derechos del Niño, Observación General 16, CRC/C/GC/16,
17 de abril de 2013, párr. 43; Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, Obser-
vaciones Finales (Suiza), CEDAW/C/CHE/CO/4-5, 25 de noviembre de 2016, párr. 41; Comité para la
Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, Recomendación General 37, CEDAW/C/GC/37, 13 de
marzo de 2018, párrs. 43-51.
59. En este sentido, el Comité Derechos Económicos, Sociales y Culturales ha señalado que «las obli-
gaciones extraterritoriales surgen cuando un Estado parte puede influir en situaciones que se producen
fuera de su territorio, de conformidad con los límites impuestos por el derecho internacional, controlan-
do las actividades de las empresas domiciliadas en su territorio y/o bajo su jurisdicción y, por lo tanto,

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IGLESIAS MÁRQUEZ
ESTÁNDARES INTERAMERICANOS SOBRE EMPRESAS Y DERECHOS HUMANOS

Eso implica el deber de diseñar instituciones y disposiciones jurídicas con efectos


extraterritoriales que disminuyan los riesgo previsibles de abusos o violaciones de de-
rechos humanos en terceros Estados, así como la creación o el fortalecimiento de re-
cursos efectivos para que las víctimas en dichos Estados puedan acceder a la justicia
y a una debida reparación de acuerdo con el derecho internacional de los derechos
humanos (CIDH, 2019: párr. 168). La CIDH y su Redesca aclaran que lo anterior no
implica una disminución de las obligaciones de los Estados receptores donde tienen
lugar los abusos de derechos humanos, sino más bien implica un deber de cooperar
entre los Estados para no obstaculizar el disfrute de los derechos humanos en otros
países y, sobre todo, para evitar situaciones de impunidad (CIDH, 2019: párrs. 169,
172 y 174).

Conclusiones

Los impactos negativos de las empresas sobre el disfrute de los derechos humanos
constituyen una de las externalidades más evidentes de la economía capitalista en
las Américas. Las acciones —individuales y colectivas— de los Estados de la región
para garantizar el respeto y la garantía de los derechos humanos en el contexto de las
actividades empresariales se han mostrado insuficientes hasta el momento. Sin em-
bargo, ante esta situación, los Estados americanos y la OEA, a través de los órganos
del SIDH, parecen estar despertando del largo letargo generado por la necesidad de
alcanzar un desarrollo económico que los entorpecía y los incapacitaba para hacer
frente a los abusos corporativos que tienen lugar a lo largo del continente.
En los últimos tiempos, los esfuerzos globales y universales por promover una
conducta empresarial responsable han tenido una especial resonancia en las Amé-
ricas. Así, la OEA, mediante sus órganos políticos y consultivos, ha profundizado
y avanzado de manera más activa en el debate sobre empresas y derechos humanos
para asegurar el respeto de los derechos humanos en el contexto de las actividades
empresariales, teniendo en cuenta las características particulares de la región. Si bien
en el seno de la organización por el momento no se han adoptado instrumentos re-
gionales en la materia, como en el caso de la Unión Europea, sí que se han dado los
primeros pasos que marcan una hoja de ruta para cambiar el paradigma del business
as usual y promover una conducta empresarial responsable. Sobre todo, se vislumbra
la configuración de una posición regional sobre la conducta empresarial deseable,
que permite avanzar en la refinación y modulación de los estándares universales en
materia de empresas y derechos humanos para que respondan a las necesidades en la

contribuir al disfrute efectivo de los derechos económicos, sociales y culturales fuera de su territorio na-
cional». Véase Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Observación General 24, E/C.12/
GC/24, 10 de agosto de 2017, párr. 28.

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ANUARIO DE DERECHOS HUMANOS
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región de un desarrollo socioeconómico que sea respetuoso con los derechos huma-
nos y el medio ambiente. De hecho, esta posición incluso puede ser trasladada a las
negociaciones del tratado en el seno del CDH.
En esta línea se enmarca el informe encargado por la Asamblea General de la
OEA a la CIDH sobre los estándares interamericanos en materia de empresas y de-
rechos humanos analizado en el presente artículo. Éste, por un lado, sienta las bases
para avanzar en un plan regional que incluya acciones vinculantes y no vinculantes
para prevenir y reparar abusos corporativos a la luz de otros estándares interameri-
canos de derechos humanos. Estas acciones deben tomar en consideración cuestio-
nes como la situación de las personas defensoras de derechos humanos, el cambio
climático o las obligaciones extraterritoriales de los Estados, que son temas que han
sido abordados de manera cautelosa en los foros internacionales, pero que son de
especial relevancia en la región. Por ello, son considerados criterios fundamentales
en la materia.
Por otro lado, este informe cristaliza, armoniza y consolida los esfuerzos políticos
y normativos individuales de los Estados americanos que promueven una conducta
empresarial responsable. En este sentido, el informe orienta a los Estados a adoptar,
o en su defecto, a alinear sus sistemas políticos y normativos en materia de empresas
y derechos humanos para que cumplan con los requisititos mínimos para dar cum-
plimiento a sus obligaciones de respetar y garantizar los derechos reconocidos en los
instrumentos interamericanos de derechos humanos.
Por último, aunque el informe no está dirigido directamente a las empresas, gene-
ra mayores expectativas en el comportamiento de estos actores en la región, ya que
sus actividades se someten a un considerable escrutinio por parte de los Estados y
otros actores de interés en el ámbito de empresas y derechos humanos. Asimismo,
las víctimas de abusos corporativos o las personas defensoras de derechos humanos
pueden invocar los estándares identificados y desarrollados por la CIDH y su Redes-
ca en posibles acciones judiciales, lo que genera una mayor presión para los Estados
a la hora de promover cambios en la cultura empresarial.

Reconocimiento

El presente estudio ha sido elaborado en el marco del proyecto de investigación «Go-


bernanza y aplicación de la responsabilidad social empresarial en la Unión Europea»
(DER2017-85834-R) y del Grupo de Investigación SEJ 055, «Nuevos sujetos, nuevos
derechos, nuevas responsabilidades: derechos humanos en la sociedad global» de la
Universidad de Sevilla, España. Asimismo, parte de la investigación ha sido elabora-
da en el marco de colaboración con el Instituto de Derechos Humanos y Empresas de
la Universidad de Monterrey, México.

375
IGLESIAS MÁRQUEZ
ESTÁNDARES INTERAMERICANOS SOBRE EMPRESAS Y DERECHOS HUMANOS

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Sobre el autor

Daniel Iglesias Márquez es doctor en Derecho cum laude por la Universidad Ro-
vira i Virgili, España. Licenciado en Derecho por la Universidad de Colima, México.
Máster en Derecho Ambiental por la Universidad Rovira i Virgili y Máster en Gober-
nanza Global y Derechos Humanos por la Universidad Castilla-La Mancha, España.
Es investigador postdoctoral «Juan de la Cierva» del Departamento de Derecho In-
ternacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Sevilla, Espa-
ña, y miembro del Consejo de la Academia Latinoamericana de Derechos Humanos
y Empresas de la Global Business and Human Rights Scholars Association. Su correo
electrónico es [email protected]. https://orcid.org/0000-0003-2759-3064.

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ANUARIO DE DERECHOS HUMANOS

El Anuario de Derechos Humanos es una publicación semestral de referencia y consulta en


materia de derechos humanos y campos afines. Busca ser un espacio de discusión de los temas
centrales en el ámbito nacional e internacional sobre derechos humanos. Es publicado desde
2005 por el Centro de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la Universidad de
Chile.

editora
Claudia Iriarte Rivas
[email protected]
sitio web
anuariocdh.uchile.cl
correo electrónico
[email protected]
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y la conversión a formatos electrónicos de este artículo
estuvieron a cargo de Tipográfica
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Common questions

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Regional organizations play a vital role in promoting responsible business conduct by advancing and encouraging the integration of Inter-American standards into state policies and practices. They provide guidance and set expectations for member states, thereby facilitating the establishment of legal and institutional frameworks that promote human rights within business practices. Their role is crucial in aligning national codes of conduct with regional human rights obligations .

Inter-American standards address corporate responsibility by focusing on the role of businesses in potentially impacting human rights positively or negatively. While not directly binding on corporations, the standards frame corporate responsibility within state obligations, particularly in implementing and enforcing respect for human rights. The CIDH report suggests that states should ensure businesses comply with human rights norms through regulatory oversight and hold them accountable for violations .

The lack of binding legal force in the Inter-American standards on businesses and human rights poses challenges to their integration into national systems. This impedes the effective implementation of the Inter-American Human Rights System (SIDH) because states vary in their adoption and internalization of these standards. Notably, countries that have not ratified Inter-American human rights instruments struggle more with this implementation, undermining the mission of the SIDH to affect change in political and judicial systems .

State-centric approaches, as reflected in Inter-American standards, may limit direct engagement with corporate entities and fail to account for the transnational nature of businesses. Such a focus may not address the complexities of governmental and corporate interactions, possibly leading to enforcement gaps and overlooking the importance of directly obligating corporations to uphold human rights independently of states .

Incorporating Inter-American standards into national legislation faces numerous challenges, including reluctance by states to adopt non-binding guidelines, disparities in legal systems across countries, and varying levels of commitment to human rights advocacy. The lack of ratification of key human rights instruments by some countries further complicates the internalization process, inhibiting the standards' effectiveness .

Inter-American standards on business and human rights clarify the obligations of states under articles like Article 1.1 of the American Convention, linking state responsibility to ensuring that business activities respect human rights. States are encouraged to prevent business-related abuses by maintaining a legislative framework that aligns with these standards, and they are held accountable if companies contravene human rights, especially when under state influence or when public functions are delegated to businesses .

The 2020 report by the Inter-American Commission on Human Rights offers a comprehensive analysis of the minimal standards that states and businesses must adhere to ensure the respect and enjoyment of human rights within business contexts. It provides novel contributions by clarifying the scope and content of these standards and underscores the importance of incorporating them into national legislation and practice. It emphasizes a statutory requirement for states to hold corporations accountable and promote responsible business conduct .

States can use Inter-American standards to hold multinational corporations accountable for adverse human rights impacts by creating robust legal frameworks that require corporations to operate within human rights parameters. They can implement due diligence requirements, prosecute violations, and exert diplomatic pressure on non-compliant corporations. By aligning corporate operations with international expectations, states mitigate negative impacts and promote global accountability .

Inter-American standards raise expectations for corporate behavior by framing them within a human rights context, encouraging companies to integrate these practices into their core operations and strategies. This can lead corporations to adopt preventative measures, foster transparency, and implement reliable mechanisms for addressing grievances—ultimately contributing to a cultural shift towards greater social responsibility and ethical conduct .

States can significantly influence corporate behavior by embedding Inter-American standards into national law, thereby creating a legal obligation for companies to adhere to human rights principles. Through regulatory supervision, preventive actions, and punitive measures against violations, states ensure that corporate entities operate in ways that respect human rights. This proactive stance can lead to a shift in corporate culture towards greater social responsibility .

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