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Documentos Tema 2

Los documentos analizan la evolución del pensamiento político desde la ilustración hasta la independencia de Estados Unidos, destacando la importancia de la separación de poderes, la soberanía popular y los derechos individuales. Filósofos como Locke, Montesquieu y Rousseau argumentan sobre la naturaleza del gobierno y la necesidad de proteger la libertad y la igualdad. La Declaración de Independencia de 1776 refleja estos principios al afirmar que todos los hombres son creados iguales y tienen derechos inalienables, justificando la separación de las colonias de Gran Bretaña.

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Documentos Tema 2

Los documentos analizan la evolución del pensamiento político desde la ilustración hasta la independencia de Estados Unidos, destacando la importancia de la separación de poderes, la soberanía popular y los derechos individuales. Filósofos como Locke, Montesquieu y Rousseau argumentan sobre la naturaleza del gobierno y la necesidad de proteger la libertad y la igualdad. La Declaración de Independencia de 1776 refleja estos principios al afirmar que todos los hombres son creados iguales y tienen derechos inalienables, justificando la separación de las colonias de Gran Bretaña.

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DOCUMENTOS PARA O TEMA 2: A ILUSTRACIÓN

DOC 1. John Locke, Dos tratados sobre el gobierno civil (1690):


“En su consecuencia, siempre que cierto número de hombres se unen en
sociedad renunciando cada uno de ellos al poder de ejecutar la ley natural,
cediéndolo a la comunidad, entonces y sólo entonces se constituye una sociedad
política o civil. Este hecho se produce siempre que cierto número de hombres
que vivían en el estado de naturaleza se asocian para formar un pueblo, un
cuerpo político, sometido a un gobierno supremo, o cuando alguien se adhiere y
se incorpora a cualquier gobierno ya constituido. Por ese hecho autoriza a la
sociedad o, lo que es lo mismo, a su poder legislativo, para hacer las leyes en
su nombre según convenga al bien público o de la sociedad, y para ejecutarlas
siempre que se requiera su propia asistencia (como si se tratase de decisiones
propias suyas). Eso es lo que saca al hombre de un estado de naturaleza y lo
coloca dentro de una sociedad civil, es decir, el hecho de establecer en este
mundo un juez con autoridad para decidir todas las disputas, y reparar todos los
daños que pueda sufrir un miembro cualquiera de la misma. Ese juez es el poder
legislativo, o lo son los magistrados que él señale. Siempre que encontremos a
cierto número de hombres, asociados entre sí, pero sin disponer de ese poder
decisivo a quien apelar, podemos decir que siguen en estado de naturaleza.
Resulta, pues, evidente que la monarquía absoluta, a la que ciertas personas
consideran como el único gobierno del mundo, es en realidad incompatible con
la sociedad civil, y por ello no puede ni siquiera constituirse como una forma de
poder civil. La finalidad de la sociedad civil es evitar y remediar los
inconvenientes del estado de naturaleza, que se producen forzosamente cuando
cada hombre es juez de su propio caso (...). Allí donde existen personas que no
disponen de esa autoridad a quien recurrir para que decida en el acto las
diferencias que surgen entre ellas, esas personas siguen viviendo en un estado
de naturaleza. Y en esa situación se encuentran, frente a frente, el rey absoluto
y todos aquellos que están sometidos a su régimen.
Al partirse del supuesto de que ese príncipe absoluto reúne en sí mismo el poder
legislativo y el poder ejecutivo sin participación de nadie, no existe juez ni manera
de apelar a nadie capaz de decidir con justicia e imparcialidad, y con autoridad
para sentenciar, o que pueda remediar o compensar cualquier atropello o daño
que ese príncipe haya causado, por sí mismo, o por orden suya. Ese hombre,
lleve el título que lleve, zar, gran señor o el que sea, se encuentra en estado de
naturaleza con sus súbditos como con el resto del género humano. Allí donde
existen dos hombres que carecen de una ley fija y de un juez común al que apelar
en este mundo, para que decida en las disputas sobre el derecho que surjan
entre ellos, los tales hombres siguen viviendo en estado de naturaleza y bajo
todos los inconvenientes del mismo”.
DOC 2. Montesquieu, El espíritu de las leyes (1748):
“En cada Estado hay tres clases de poderes: el legislativo, el ejecutivo de las
cosas pertenecientes al derecho de gentes, y el ejecutivo de las que pertenecen
al civil.
Por el primero, el príncipe o el magistrado hace las leyes para cierto tiempo o
para siempre, y corrige o deroga las que están hechas. Por el segundo, hace la
paz o la guerra, envía o recibe embajadores, establece la seguridad y previene
las invasiones; y por el tercero, castiga los crímenes o decide las contiendas de
los particulares. Este último se llamará poder judicial; y el otro, simplemente,
poder ejecutivo del Estado (...).
Cuando los poderes legislativo y ejecutivo se hallan reunidos en una misma
persona o corporación, entonces no hay libertad, porque es de temer que el
monarca o el senado hagan leyes tiránicas para ejecutarlas del mismo modo.
Así sucede también cuando el poder judicial no está separado del poder
legislativo y del ejecutivo. Estando unido al primero, el imperio sobre la vida y la
libertad de los ciudadanos sería arbitrario, por ser uno mismo el juez y el
legislador y, estando unido al segundo, sería tiránico, por cuanto gozaría el juez
de la fuerza misma que un agresor.
En el Estado en que un hombre solo, o una sola corporación de próceres, o de
nobles, o del pueblo administrase los tres poderes, y tuviese la facultad de hacer
las leyes, de ejecutar las resoluciones públicas y de juzgar los crímenes y
contiendas de los particulares, todo se perdería enteramente”.

DOC 3. Jean-Jacques Rousseau, El contrato social (1762):


“Por tanto, si se aparta del pacto social lo que no pertenece a su esencia,
encontraremos que se reduce a los términos siguientes: cada uno de nosotros
pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema dirección de la
voluntad general; y nosotros recibimos corporativamente a cada miembro como
parte indivisible del todo (...).
No siendo la soberanía más que el ejercicio de la voluntad general, jamás puede
enajenarse, y el Soberano, que no es más que un ser colectivo, no puede ser
representado más que por sí mismo (...).
¿Qué es, pues, el gobierno? Un cuerpo intermediario establecido entre los
súbditos y el Soberano para su mutua correspondencia (...). De suerte que en el
instante en que el gobierno usurpa la soberanía, el pacto social queda roto, y
todos los simples ciudadanos, vueltos de derecho a su libertad natural, son
forzados, pero no obligados, a obedecer. (...).
La soberanía no puede estar representada, por la misma razón por la que no
puede ser enajenada; consiste esencialmente en la voluntad general, y la
voluntad no se representa; es la misma o es otra; no hay término medio. Los
diputados del pueblo no son, pues, ni pueden ser sus representantes, no son
más que sus mandatarios; no pueden concluir nada definitivamente. Toda ley no
ratificada por el pueblo en persona es nula; no es una ley. El pueblo inglés cree
ser libre, y se engaña mucho; no lo es sino durante la elección de los miembros
del Parlamento; desde el momento en que éstos son elegidos, el pueblo ya es
esclavo, no es nada”.

DOC 4. Jean-Jacques Rousseau, El contrato social (1762):


“Si se busca en qué consiste el bien más preciado de todos, que ha de ser objeto
de toda legislación, se encontrará que todo se reduce a dos cuestiones
principales: la libertad y la igualdad, sin la cual la libertad no puede existir.
Renunciar a la libertad es renunciar a ser hombre, a los derechos y a los deberes
de la humanidad.
La verdadera igualdad no reside en el hecho de que la riqueza sea
absolutamente la misma para todos, sino que ningún ciudadano sea tan rico
como para poder comprar a otro y que no sea tan pobre como para verse forzado
a venderse. Esta igualdad, se dice, no puede existir en la práctica. Pero si el
abuso es inevitable, ¿quiere eso decir que hemos de renunciar forzosamente a
regularlo? Como, precisamente, la fuerza de las cosas tiende siempre a destruir
la igualdad, hay que hacer que la fuerza de la legislación tienda siempre a
mantenerla”.

DOC 5. Jean-Jacques Rousseau, El contrato social (1762):


"Renunciar a la libertad es renunciar a ser hombre, a los derechos y a los deberes
de la humanidad.
La verdadera igualdad no reside en el hecho de que la riqueza sea
absolutamente la misma para todos, sino que ningún ciudadano sea tan rico
como para poder comprar a otro y que no sea tan pobre como para verse forzado
a venderse".

DOC 6. Voltaire, Cartas filosóficas (1734):


“El comercio, que ha enriquecido a los ciudadanos en Inglaterra, ha contribuido
a hacerles libres, y esta libertad ha extendido a su vez el comercio, así se ha
formado la grandeza del Estado. Es el comercio el que ha establecido poco a
poco las fuerzas navales por las que los ingleses son los dueños de los mares
(...).
Todo esto da un justo orgullo a un mercader inglés, y hace que se atreva a
compararse, no sin cierta razón, a un ciudadano romano. Tampoco el hermano
menor de un par del reino desdeña el negocio. Milord Townshend, ministro de
Estado, tiene un hermano que se contenta con ser comerciante en la ciudad (...).
En Francia (...) el negociante oye hablar tan a menudo con desprecio de su
profesión que es lo suficientemente tonto como para enrojecerse de ello. No sé,
empero, quién es más útil a un Estado, un señor bien empolvado que sabe
precisamente a qué hora se levanta el rey, a qué hora se acuesta, y que se da
aires de grandeza haciendo el papel de esclavo en la antecámara de un ministro,
o un negociante que enriquece a su país, da desde su despacho órdenes a
Surate o al Cairo, y contribuye a la felicidad del mundo”.

DOC 7. Condorcet, Cuadro histórico del progreso humano (1793):


“Nuestra esperanza en el porvenir de la especie humana puede reducirse a tres
puntos importantes: la destrucción de la desigualdad entre las naciones, los
progresos de la igualdad dentro de un mismo pueblo, y, en fin, el
perfeccionamiento real del hombre.
Llegará pues el día en que el sol no alumbrará en la tierra más que a hombres
libres, que no reconozcan a otro señor que su propia razón (...).
Con una buena elección tanto de los conocimientos como de los métodos para
enseñarlos, se puede instruir a todo un pueblo en todo lo que cada hombre
necesita saber sobre la economía doméstica, la administración de sus negocios,
el desarrollo de sus facultades, el conocimiento de sus derechos (...), para ser
dueño de sí mismo.
La igualdad de la instrucción corregiría la desigualdad de las facultades, lo mismo
que una legislación previsora disminuiría la desigualdad de riquezas. Aceleraría
el progreso de las ciencias y de las artes creándole un medio favorable y
multiplicando los artesanos (...). El efecto sería el crecimiento del bienestar para
todos”.
DOCUMENTOS PARA O TEMA 2:
A INDEPENDENCIA DOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA
DOC 1. Noticia recogida en la Gazeta de Madrid (4 de noviembre de 1765):
“Los avisos de Boston en la Nueva Inglaterra, recibidos por vía de Bristol, refieren
que por el mes de agosto último se había sublevado el populacho de aquella
ciudad con motivo de los nuevos impuestos, establecidas en la última sesión del
Parlamento; que no sólo fueron insultados los principales personajes del
continente, sin también hicieron pedazos los papeles y efectos del Controlador,
del Juez del Almirantazgo, del Repartidor de Sellos, y del Gobernador, en cuya
casa entraron a saco llevándose cuanto había en ella, y que no habían calmado
muchos desórdenes hasta que a principios del mes siguientes, que se pudieran
junta como unos 500 hombres, lograron arrestar a las principales cabezas de la
sublevación”.

DOC 2. Declaración de Benjamin Franklin contra la Stamp Act ante la


Cámara de los Comunes (1766):
"Pregunta: “¿Cree usted que el pueblo americano se conformaría con pagar el
impuesto del timbre si se redujera en su cuantía?
Respuesta: No. Sólo pagaría si se le impusiera por la fuerza de las armas...
P: ¿Qué actitud prevalecía en América respecto de Gran Bretaña antes de 1763?
R: La mejor del mundo. Todos aceptaban de buen grado el gobierno de la Corona
y en todos los tribunales se obedecían las decisiones del Parlamento. A pesar
de la abundante población repartida por las diversas provincias, no costaba nada
a Inglaterra mantener sometidos a sus súbditos, sin necesidad de gastarse nada
en fuertes, ciudadelas, guarniciones o ejércitos. Sólo hacía falta para
gobernarles, pluma, tinta y papel. Eran dóciles y sumisos. No sólo sentían
respecto, sino afecto por Gran Bretaña y sus leyes, sus costumbres, su
educación. Hasta gustaban de sus modas, tanto que contribuyeron a hacer que
floreciera el comercio entre nosotros.
P: Y ahora, ¿cuál es esta actitud?
R: Ha cambiado notablemente”.

DOC 3. Declaración de derechos de Virginia (12 junio 1776):

"1. Todos los hombres son por naturaleza igualmente libres e independientes, y
poseen ciertos derechos inherentes a su persona.
2. Todo el poder reside en el pueblo y, por consiguiente, deriva de él; los
magistrados son sus delegados y sirvientes, y en cualquier ocasión son
responsables ante aquél (…).
5. Los poderes legislativo y ejecutivo del Estado deben separarse y distinguirse
del judicial.
6. Las elecciones de miembros que actúan como representantes del pueblo en
la Asamblea deben ser libres; todos los hombres que tengan evidencia suficiente
del común interés tienen derecho al sufragio, y no se les pueden imponer
impuestos o expropiar su propiedad sin su consentimiento o el de sus
representantes así elegidos”.

DOC 4. Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América (4


julio 1776):
“Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un
pueblo disolver los vínculos políticos que lo han ligado a otro y tomar entre las
naciones de la tierra el puesto separado e igual a que las leyes de la naturaleza
y el Dios de esa naturaleza le dan derecho, un justo respeto al juicio de la
humanidad exige que declare las causas que lo impulsan a la separación.
Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son
creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos
inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la
felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los
gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los
gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora
de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir
un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes
en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su
seguridad y felicidad (…).
Tampoco hemos dejado de dirigirnos a nuestros hermanos británicos. Los
hemos prevenido de tiempo en tiempo de las tentativas de su poder legislativo
para englobarnos en una jurisdicción injustificable. Les hemos recordado las
circunstancias de nuestra emigración y radicación aquí. Hemos apelado a su
innato sentido de justicia y magnanimidad, y los hemos conjurado, por los
vínculos de nuestro parentesco, a repudiar esas usurpaciones, las cuales
interrumpirían inevitablemente nuestras relaciones y correspondencia. También
ellos han sido sordos a la voz de la justicia y de la consanguinidad. Debemos,
pues, convenir en la necesidad de establecer nuestra separación y
considerarlos, como consideramos a las demás colectividades humanas:
enemigos en la guerra, en la paz, amigos.
Por lo tanto, los Representantes de los Estados Unidos de América, convocados
en Congreso General, apelando al Juez Supremo del mundo por la rectitud de
nuestras intenciones, en nombre y por la autoridad del buen pueblo de estas
Colonias, solemnemente hacemos público y declaramos: Que estas Colonias
Unidas son, y deben serIo por derecho, Estados Libres e Independientes; que
quedan libres de toda lealtad a la Corona Británica, y que toda vinculación
política entre ellas y el Estado de la Gran Bretaña queda y debe quedar
totalmente disuelta; y que, como Estados Libres o Independientes, tienen pleno
poder para hacer la guerra, concertar la paz, concertar alianzas, establecer el
comercio y efectuar los actos y providencias a que tienen derecho los Estados
independientes.
Y en apoyo de esta Declaración, con absoluta confianza en la protección de la
Divina Providencia, empeñamos nuestra vida, nuestra hacienda y nuestro
sagrado honor”.
DOCUMENTOS PARA O TEMA 2: A REVOLUCIÓN FRANCESA
DOC 1. Memorias de Madame du Barry, amante de Luis XVI (París, hacia
1790):
“Luis XV no se consideró Rey de Francia hasta el día en que los antiguos
parlamentos dejaron de existir; yo había compartido su opinión y fue con
inquietud que vi reaparecer estos cuerpos de magistratura independientes de la
corte; mi inquietud no tardó en ser justificada. La magistratura se mostró ingrata
hacia el Rey que la restablecía: los forcejeos y resistencias se reanudaron con
todos sus inconvenientes.
Luis XVI, el mejor de los reyes, se vio obligado a tomar apariencias de tirano:
sus buenas intenciones fueron ignoradas y en todas partes del reino donde
retumbaba el ruido de estas querellas judiciales se decía que Luis XVI seguía los
pasos de su abuelo. Cuando se pudo conspirar, todos tomaron a gusto el papel
de frondista. No querían que la reina tuviera una favorita y algunos amigos, y
encontraban extraño que les enriqueciera. Se sentían irritados por el dinero que
se gastaba y hubieran querido hacer de la familia real un convento de monjas
mentecatas y avaras, sin ninguna liberalidad. Fue tan grande el mal humor contra
la corte que se llegó a criticar hasta la galantería de los príncipes, sin ponderar
ninguna de sus gracias ni de sus amabilidades. Ignoro qué es lo que se quería
de ellos, pero si los príncipes se hubiesen comportado según el gusto de la
multitud se hubieran convertido en criaturas muy vulgares.
El clero participó también de la censura popular. Se soñaban utopías
eclesiásticas, y se hablaba de los primeros apóstoles. Querían que nuestros
obispos y sus grandes vicarios fuesen piadosos, ordenados, modestos como los
párrocos de porción congrua. Se pedía una completa reforma clerical, sin piedad
por las buenas compañías ni por las demoiselles. En fin, la burguesía se
apercibió de que estaba excluida de los puestos de oficial en el ejército; el
comercio quería extenderse más; los obreros deseaban la supresión de las
pruebas de maestría. En una palabra: nadie estaba contento.
Por detrás de todo eso corría un viento de filosofía que empujaba los espíritus a
la revuelta. Las ideas del siglo, la libertad, la igualdad, fermentaban en todas las
cabezas. La nobleza había buscado la compañía de los filósofos, y éstos se
sirvieron de ella para hacer despreciable a la nobleza. La cosa llegó a tal punto
que los burgueses se creían nuestros iguales, y nuestros lacayos pensaban que
estaban hechos del mismo fuste que nosotros. Cada día nos dábamos cuenta
de estas pretensiones y hubiéramos debido estar precavidos, pero nadie se
cuidó de ello: fue un error muy grande, sin duda.
Estas causas principales llevaron a una desorganización completa: el desorden
penetró en las finanzas y se hizo necesario buscar un remedio. Pero, ¿dónde
encontrarlo? Los parlamentos se oponían a todo impuesto extraordinario, bajo
pretexto de cortar los víveres a Polignac y a los suyos. Exigían que la corte se
reformase, que no comiese más que lo que permitían los ingresos, que el rey, la
reina y los príncipes tuviesen las manos cerradas: era pedir lo imposible. Sin
embargo, era necesario hacer algo. Todo estaba lleno de obstáculos. El amable
Monsieur de Calonne creyó encontrar un recurso en la convocatoria de los
notables del reino: no era esto la asamblea de los Estados Generales, pero sí
algo parecido”.
DOC 2: Convocatoria de los Estados Generales (1789):
"El Rey:
Nós tenemos la necesidad del concurso de nuestros fieles súbditos para
ayudarnos a superar todas las dificultades en que Nos encontramos, relativas al
estado de nuestras finanzas y, para establecer, siguiendo nuestros deseos, un
orden constante e invariable en todos los aspectos del gobierno que afectan a la
felicidad de nuestros súbditos y a la prosperidad de nuestro reino. Estos
importantes motivos Nos han determinado a convocar la asamblea de los
Estados de todas las provincias de nuestra soberanía, tanto para aconsejarnos
y para asistirnos en todos los asuntos que serán expuestos ante ellos, como para
hacernos conocer los deseos y las peticiones de nuestros pueblos.
Por estas causas, Nós os advertimos y significamos que nuestra voluntad es la
de comenzar a celebrar los Estados libres y generales de nuestro reino (...); y
serán los dichos diputados provistos de instrucciones y poderes generales y
suficientes para proponer, representar, advertir y consentir todo lo que puede
concernir a las necesidades del Estado”.
DOC 3: Cuaderno de quejas del Tercer Estado. Vecinos de la parroquia de
Peumerit (Bretaña):
“(…) 3. Que el Tercer Estado en la provincia de Bretaña sea representado, tanto
en los Estados generales como en los Estados provinciales, por un número de
diputados que iguale el número de los dos primeros órdenes reunidos, los cuales
diputados no podrán ser nobles, ni procuradores fiscales ni eclesiásticos; y que
en ambos estados se vote por cabeza.
4. Que el clero y la nobleza contribuyan con el Tercer estado en la construcción
y en la conservación de los caminos mediante el pago de la corvea real (…).
6. Que la capitulación y las demás cargas pecuniarias sean todas ellas
comprendidas en un solo registro, en el cual estén incluidos también los
eclesiásticos y los nobles, y que cada contribuyente, a partir de ahora, pague de
acuerdo con su opulencia. De esta forma disminuirán las cargas que agobian al
pueblo (…).
9. Que los derechos feudales sean absolutamente abolidos como derechos
odiosos y vejatorios (…).
11. Que los plebeyos puedan ser admitidos a ocupar cualquier civil o militar,
teniendo en cuenta el mérito antes que el nacimiento”.

DOC. 4: Cuaderno de quejas de la nobleza. Bailía de Amont (Franco


Condado):
“3. Se atribuirá a los Estados generales la fijación de los límites de la influencia
del Rey en las deliberaciones, tanto si los dos órdenes opinan por cabeza como
si lo hacen separadamente; esta influencia debe ser tal que, manteniendo toda
la dignidad de la majestad real, la asamblea de la nación quede investida de todo
el poder que le corresponde.
4. La conservación de los privilegios personales y de las distinciones que la
nobleza ha tenido en todos los tiempos son atribuidos que la distinguen
esencialmente de los demás y que no podrán ser atacados ni destruidos. El
abuso que resultaría de tales cambios es demasiado evidente y, por lo tanto, no
es necesaria su discusión. La Nobleza de la bailía de Amont, pide, pues que el
orden al que pertenece conserve todas sus prerrogativas personales (…).
5. Todos los órdenes están unánimemente convencidos del respeto debido a la
propiedad. La Nobleza no tiene la intención, de ninguna manera, de despojarse
de sus derechos señoriales, honoríficos o útiles, tales como la alta, media y baja
justicia, derechos de caza, pesca, manos muertas, talla, corveas, laudemio,
censos, diezmos, comisos, embargos de bienes, derecho de retracto,
consentimiento y otros que puedan existir (…). Aquellos derechos antedichos
que la sabiduría y prudencia de los Estados generales estimen demasiado
onerosos en su forma actual podrían ser redimidos por quienes lo soportan,
mediante una indemnización convenida de buen grado entre ambas partes,
entendiendo la Nobleza que el rescate de dichos derechos no podrá realizarse
parcialmente en un mismo feudo sin el consentimiento del señor”.
DOC 5. Cuaderno de quejas del clero. Bailía de Orleans:
“Que S.M., a ejemplo de su predecesores, acuerde toda protección y favor a la
religión, que es el más firme apoyo de su trono, la base más sólida de la fidelidad
de sus súbditos, y la salvaguarda más segura de la estabilidad de los imperios;
que emplee todo su celo para hacerla florecer en sus Estados y toda su autoridad
para la defensa de los ataques múltiples de la impiedad y de la filosofía moderna;
que reprima con leyes severas la licencia desenfrenada de la prensa que inunda
la capital y las provincias de escritos escandalosos de todas clases; que los
autores que las escriben, los impresores que los publican, los libreros que los
venden y quienes propagan su contenido sean perseguidos con el rigor de las
ordenanzas (…).
Que se delibere con detenimiento sobre los medios que se utilicen para designar,
en todos los colegios, maestros instruidos y religiosos, capaces de formar a sus
alumnos en la piedad, en las buenas costumbres y en las ciencias profanas (…).
Que los eclesiásticos sean mantenidos en el disfrute de todos los diezmos de
cualquier naturaleza que posean sin que nadie pueda, por ningún motivo,
pronunciarse contra estas posesiones (…).
Que en las asambleas municipales los curas tengan siempre el primer lugar
después del señor y que no sean nunca precedidos por los síndicos de las
parroquias”.
DOC 6: ¿Qué es el Tercer Estado?, por Emmanuel-Joseph Sieyès (1789):
"Nos hacemos tres preguntas: ¿Qué es el Estado llano? Todo. ¿Qué ha sido
hasta el presente? Nada ¿Qué pide? Ser algo (...). Primera petición: Que los
representantes del Tercer Estado no sean elegidos más que por ciudadanos que
pertenecen verdaderamente al Tercer Estado (...). Segunda petición: Que sus
diputados sean iguales en número a los dos de los dos órdenes privilegiados
(...). Tercera petición: Que los Estados Generales voten no por órdenes, sino por
cabezas (...).
En este estado de cosas, ¿qué le queda por hacer al Tercer Estado si quiere
verse en posesión de sus derechos políticos de una manera útil a la nación? El
Tercer Estado debe reunirse aparte, no concurrirá con la nobleza y el clero (…).
¿Qué es una nación? Un cuerpo de asociados que viven bajo una ley común y
representados por la misma legislatura (…).
El Estado llano abarca todo lo que pertenece a la nación y todo lo que no es el
Estado llano no puede contemplarse como representante de la nación. ¿Qué es
el Estado llano? Todo".
DOC 7: Abolición del régimen feudal (Decreto de 4 de agosto de 1789):
“Artículo 1. La Asamblea Nacional suprime enteramente el régimen feudal y
decreta que los derechos y deberes, tanto feudales como censales, los que se
refieren a la mano muerta real o personal y a la servidumbre personal y los que
los representan, son abolidos sin indemnización, y todos los demás declarados
redimibles, y que el precio y el modo de la redención serán fijados por la
Asamblea Nacional. (...)
Artículo 4. Todas las justicias señoriales son suprimidas sin ninguna
indemnización; pero, sin embargo, los oficiales de estas justicias continuarán sus
funciones hasta que sea provisto por la Asamblea Nacional el establecimiento
de un nuevo orden judicial.
Artículo 5. Los diezmos de cualquier tipo y los censos a que dieren lugar bajo
cualquier denominación con que sean conocidas y percibidas, incluso por abono,
poseídos por los cuerpos regulares y seculares como sus beneficiarios, los
edificios y todo tipo de manos muertas, incluso las que hubiesen sido
abandonadas a los laicos en reemplazo y por opción de porción congrua, serán
abolidos (…).
Artículo 6. Todas las rentas raíces perpetuas, sea en especie, sea en dinero, de
cualquier clase que sean, cualquiera que sea su origen, a cualesquiera personas
a que sean debidas, gentes de manos muertas, dominios dotados, orden de
Malta, serán redimibles; las siembras de cualquier tipo y bajo cualquier
denominación lo serán igualmente cuando la tasa sea fijada por la Asamblea. Se
prohíbe en el futuro crear ningún censo no redimible.
Artículo 7. La venalidad de los oficios de la judicatura y de la municipalidad
quedan suprimidos desde este instante. La justicia será gratuita (...).
Artículo 11. Todos los ciudadanos, sin distinción de nacimiento, podrán ser
admitidos a todos los empleos y dignidades eclesiásticas, civiles y militares, y
ninguna profesión útil reportará deshonra (…).
Artículo 17. La Asamblea Nacional proclama solemnemente al Rey Luis XVI
restaurador de la libertad francesa.
DOC 8. Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (26 de
agosto de 1789):
Los Representantes del Pueblo Francés, constituidos en Asamblea Nacional,
considerando que la ignorancia, el olvido o el menosprecio de los derechos
del Hombre son las únicas causas de las calamidades públicas y de la
corrupción de los Gobiernos, han resuelto exponer, en una Declaración
solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados del Hombre, para
que esta declaración, constantemente presente para todos los Miembros del
cuerpo social, les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes; para que
los actos del poder legislativo y del poder ejecutivo, al poder cotejarse en
todo momento con la finalidad de cualquier institución política, sean más
respetados y para que las reclamaciones de los ciudadanos, fundadas
desde ahora en principios simples e indiscutibles, redunden siempre en
beneficio del mantenimiento de la Constitución y de la felicidad de todos.En
consecuencia, la Asamblea Nacional reconoce y declara, en presencia del
Ser Supremo y bajo sus auspicios, los siguientes derechos del Hombre y del
Ciudadano:
Articulo 1. Los hombres han nacido, y continúan siendo, libres e iguales en
cuanto a sus derechos. Por lo tanto, las distinciones civiles sólo podrán fundarse
en la utilidad pública.
Articulo 2. La finalidad de todas las asociaciones políticas es la protección de los
derechos naturales e imprescriptibles del hombre; y esos derechos son libertad,
propiedad, seguridad y resistencia a la opresión.
Articulo 3. La nación es esencialmente la fuente de toda soberanía; ningún
individuo ni ninguna corporación pueden ser revestidos de autoridad alguna que
no emane directamente de ella.
Articulo 4. La libertad política consiste en poder hacer todo aquéllo que no cause
perjuicio a los demás. El ejercicio de los derechos naturales de cada hombre, no
tiene otros límites que los necesarios para garantizar a cualquier otro hombre el
libre ejercicio de los mismos derechos; y estos límites sólo pueden ser
determinados por la ley.
Articulo 5. La ley sólo debe prohibir las acciones que son perjudiciales a la
sociedad. Lo que no está prohibido por la ley no debe ser estorbado. Nadie debe
verse obligado a aquello que la ley no ordena.
Articulo 6. La ley es expresión de la voluntad de la comunidad. Todos los
ciudadanos tienen derecho a colaborar en su formación, sea personalmente, sea
por medio de sus representantes. Debe ser igual para todos, sea para castigar o
para premiar; y siendo todos iguales ante ella, todos son igualmente elegibles
para todos los honores, colocaciones y empleos, conforme a sus distintas
capacidades, sin ninguna otra distinción que la creada por sus virtudes y
conocimientos (…).
Articulo 11. Puesto que la comunicación sin trabas de los pensamientos y
opiniones es uno de los más valiosos derechos del hombre, todo ciudadano
puede hablar, escribir y publicar libremente, teniendo en cuenta que es
responsable de los abusos de esta libertad en los casos determinados por la ley
(…).
Articulo 13. Siendo necesaria, para sostener la fuerza pública y subvenir a los
demás gastos del gobierno, una contribución común, ésta debe ser distribuida
equitativamente entre los miembros de la comunidad, de acuerdo con sus
facultades.
Articulo 17. Siendo inviolable y sagrado el derecho de propiedad, nadie deberá
ser privado de él, excepto en los casos de necesidad pública evidente,
legalmente comprobada, y en condiciones de una indemnización previa y justa”.
DOC 9. Constitución de 1791:
Preámbulo
La Asamblea Nacional, queriendo establecer la Constitución francesa sobre los
principios que ella ha reconocido y declarado, abole irrevocablemente las
instituciones que hieren la libertad y la igualdad de los derechos. Ya no hay
nobleza, ni distinciones hereditarias, ni distinciones de órdenes, ni régimen
feudal, ni justicias patrimoniales, ni ninguno de los títulos, denominaciones y
prerrogativas que de aquéllas derivaban, ni ningún orden de caballería, ni
ninguna de las corporaciones o condecoraciones, en las que se exigían pruebas
de nobleza, o suponían distinciones de nacimiento, ni ninguna otra superioridad,
más que la de los funcionarios públicos en el ejercicio de sus funciones. Ya no
hay venalidad, ni herencia de ningún oficio público. Ya no hay, para ninguna
parte de la Nación, ni para ningún individuo, privilegio o excepción alguna al
derecho común de todos los franceses. Ya no hay cofradías, ni corporaciones de
profesiones, artes y oficios. La ley ya no reconocerá ni votos religiosos, ni ningún
otro compromiso que sea contrario a los derechos naturales o a la Constitución.
TITULO I: DISPOSICIONES FUNDAMENTALES GARANTIZADAS POR LA
CONSTITUCIÓN
La Constitución garantiza, como derechos naturales y civiles:
1. que todos los ciudadanos son admisibles en los puestos y empleos sin otra
distinción que la de sus virtudes y talentos;
2. que todas las contribuciones serán repartidas por igual entre todos los
ciudadanos en proporción a sus facultades;
3. que los mismos delitos serán penados con las mismas penas, sin distinción
de persona. La Constitución garantiza así mismo, como derechos naturales y
civiles:
- la libertad de todo hombre para ir, permanecer y partir, sin poder ser arrestado
o detenido, más que según las formas determinadas por la Constitución;
- la libertad de todo hombre de hablar, escribir, imprimir y publicar sus
pensamientos, sin que sus escritos puedan ser sometidos a censura ni
inspección antes de su publicación, y de ejercer el culto religioso al que
pertenece;
- la libertad de los ciudadanos de reunirse pacíficamente y sin armas, de
conformidad con las leyes de policía;
- la libertad de dirigir a las autoridades constituidas peticiones firmadas
individualmente (…).
TITULO III: LOS PODERES PÚBLICOS
Artículo Primero. - La Soberanía es una, indivisible, inalienable e impresciptible.
Pertenece a la Nación; ninguna sección del pueblo ni ningún individuo puede
atribuirse su ejercicio.
2. La Nación, de la que emanan todos los Poderes, no puede ejercerlos más que
por delegación. La Constitución francesa es representativa: los representantes
son el Cuerpo legislativo y el Rey.
3. El Poder legislativo se delega en una Asamblea Nacional compuesta por
representantes temporales, libremente elegidos por el pueblo, para ser ejercido
por ella, con la sanción del Rey, de la manera que después se determinará.
4. El gobierno es monárquico: el Poder ejecutivo se delega en el Rey, para ser
ejercido bajo su autoridad por los ministros y otros agentes responsables, de la
manera que después se determinará.
5. El Poder judicical se delega en los jueces elegidos de tiempo en tiempo por el
pueblo (…).
Para formar la Asamblea nacional legislativa los ciudadanos activos se reunirán
cada dos años en asambleas primarias en las ciudades y cantones (…).
Para ser ciudadano activo hace falta:
- Nacer o haberse hecho francés;
- Tener la edad de veinticinco años cumplidos;
- Estar domiciliado en la ciudad o cantón durante el tiempo determinado por la
ley; pagar, en cualquier lugar del Reino, una contribución directa al menos igual
al valor de tres jornadas de trabajo y acreditarlo con recibo;
- No ser criado doméstico;
-Estar inscrito en la municipalidad de su domicilio en el registro de guardias
nacionales;
- Haber prestado el juramento cívico”.
DOC 10. Antoine Barnave reflexiona sobre los inicios de la Revolución
(1793):
“Todo estaba dispuesto en Francia para una revolución democrática cuando
subió al trono el infortunado Luis XVI. La conducta del gobierno la había
favorecido enormemente (…).
Los dos órdenes priviliegiados que formaban todavía la máquina del gobierno
estaban arruinados por su lujo y degenerados por sus costumbres. El tercer
estado, por el contrario, había adquirido grandes luces e inmensas riquezas (…).
Para que la autoridad real pudiera sostenerse en semejante coyuntura, hubiera
sido preciso que el trono fuese ocupado por un tirano o por un gran hombre (…).
Luis XVI no era ni lo uno ni lo otro (…). Su reinado fue una sucesión de buenas
tentativas y de actos de debilidad e impericia.
Si hubiera existido un medio de prevenir la explosión del poder popular, habría
sido asociar al pueblo al gobierno, abriendo todas las carreras al tercer estado.
Se hizo todo lo contrario (…), se volvió a llamar a los Parlamentos, se devolvieron
a la noble cuna todas sus ventajas, se excluyó al tercer estado de la carrera
militar, se pusieron las leyes en oposición a las costumbres y a la marcha natural
de las cosas; se hizo todo para excitar los celos de una clase y para exaltar las
pretensiones de la otra; se acostumbró al tercer estado a ver en el trono un poder
enemigo; se dio a la aristocracia esa ebriedad que luego, cuando se quiso
golpearla, la codujo a provocar una revolución de la que ella misma iba a ser la
víctima(…).
Lo que la naturaleza de las cosas había preparado, lo que la conducta del
gobierno había posibilitado, la guerra de América lo determinó, por ese milagroso
encadenamiento de circunstancias que dan lugar a los acontecimientos
extraordinario (…). Esa guerra tuvo tres efectos favorables: el primero, que la
nación se llenó de ideas de insurrección y libertad; el segundo, que el ejército
unió el entusiasmo de las virtudes cívicas al de las virtudes militares; el tercero,
que las finanzas acabaron de hundirse (…).
Por fin se reunieron en Versalles los Estados Generales (…). Los comunes, por
una parte, y los privilegiados, por otra, llegaron para hacerse la guerra, y sus
querellas comenzaron tomando por motivo la forma misma de la deliberación. La
nobleza y el clero, unidos por la intención común de conquistar tanta influencia
como pudieran sobre el trono y no conceder nada al pueblo, estaban fuertemente
ligados a las normas de 1614. Estas normas, que daban a cada orden el derecho
a deliberar por separado y a oponer su voto negativo a las propuestas de los
otros, les garantizaban la conservación de sus privilegios y les daban un medio
de obtener ventajosas concesiones, haciendo valer ante el trono la utilidad de
sus sufragios. Los comunes, sin compartir todos las mismas ideas, tenían sin
embargo por objetivo debilitar los privilegios, por lo que se empeñaban en que
se votase por cabezas. Y como en estas dos alternativas veían los unos todos
los medios de conservación y los otros todas sus esperanzas de éxito; como los
primeros tenían en su favor los usos establecidos y los segundos la razón
natural, era imposible que estos debates terminaran, si no se resolvían o por la
mediación del gobierno o por la fuerza del pueblo (…).
Causas naturales habían producido en aquel tiempo una gran escasez de
subsistencias, lo que había dado origen, en muchos pueblos, a movimientos
populares.
Por último, la capital, cuya inmensa población iba a tener tanta influencia sobre
los acontecimientos, estaba ya agitada por las elecciones y por los diferentes
escritos con que la habían inundado (…).
Todas estas circunstancias anunciaban que, por poco que se prolongaran los
debates, por poco que hicieran durar la inquietud pública y la parálisis del poder,
el pueblo intervendría para terminarlos y, una vez dueño de la situación, podría
convertirse en motor y árbitro de los acontecimientos”.
DOC 11. Constitución de 24 de junio de1793 (Año I). Suspendida desde
octubre del mismo año:
Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano
El pueblo francés, convencido de que el olvido y el desprecio de los derechos
naturales del hombre, son las únicas causas de las desgracias del mundo, ha
resuelto exponer en una declaración solemne, estos derechos sagrados e
inalienables, a fin de que todos los ciudadanos, pudiendo comparar en todo
momento los actos del gobierno con la finalidad de toda institución social, no se
dejen jamás oprimir ni envilecer por la tiranía; a fin de que el pueblo tenga
siempre ante sus ojos las bases de su libertad y de su felicidad, el magistrado la
regla de sus deberes, el legislador el objeto de su misión.
Artículo 1º. El fin de la sociedad es la felicidad común. El gobierno ha sido
instituido para garantizar al hombre el goce de sus derechos naturales e
imprescriptibles.
Artículo 2. Estos derechos son la igualdad, la libertad, la seguridad, la propiedad.
Artículo 3. Todos los hombres son iguales por naturaleza y ante la ley.
Artículo 4. La ley es la expresión libre y solemne de la voluntad general; es la
misma para todos, tanto cuando protege, como cuando castiga; sólo puede
ordenar lo que es justo y útil para la sociedad; sólo puede prohibir lo que es
perjudicial para la misma.
Artículo 5. Todos los ciudadanos son igualmente admisibles para los empleos
públicos. Los pueblos libres no conocen otros motivos de preferencia en sus
elecciones que las virtudes y los talentos.
Artículo 6. La libertad es el poder que pertenece al hombre de hacer todo aquello
que no perjudique a los derechos de los demás; tiene por principio la naturaleza,
por regla la justicia, por garantía la ley; su límite moral se expresa en esta
máxima: No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti.
Artículo 7. El derecho a manifestar el propio pensamiento y las propias opiniones,
ya sea por medio de la prensa, ya sea de otra manera; el derecho de reunirse
pacíficamente; el libre ejercicio de los cultos; no pueden ser prohibidos. La
necesidad de enunciar estos derechos supone o la presencia o el recuerdo
reciente del despotismo.
Artículo 8. La seguridad consiste en la protección concedida por la sociedad a
cada uno de sus miembros para la conservación de su persona, de sus derechos
y de sus propiedades.
Artículo 9. La ley debe proteger la libertad pública e individual contra la opresión
de los que gobiernan (…).
Artículo 16. El derecho de propiedad es aquel que tiene todo ciudadano de gozar
y de disponer como lo desee de sus bienes, de sus rentas, del fruto de su trabajo
y de su industria (…).
Artículo 21. Las ayudas públicas son una deuda sagrada. La sociedad debe la
subsistencia a los ciudadanos desgraciados, ya sea procurándoles trabajo, ya
sea proporcionando los medios de existencia a lo que no estén en condiciones
de trabajar.
Artículo 22. La instrucción es una necesidad para todos. La sociedad debe
favorecer con todas sus fuerzas los progresos de la razón pública, y poner la
instrucción al alcance de todos los ciudadanos.
Artículo 23. La garantía social consiste en la acción de todos para asegurar a
cada uno el goce y la conservación de sus derechos; esta garantía reposa sobre
la soberanía nacional (…).
Artículo 25. La soberanía reside en el pueblo; es una, indivisible, imprescriptible
e inalienable (…).
Artículo 28. Un pueblo tiene siempre el derecho a revisar, reformar y cambiar su
constitución. Una generación no puede imponer sus leyes a las generaciones
futuras (…).
Artículo 30. Las funciones públicas son esencialmente temporales; no pueden
ser consideradas como distinciones ni como recompensas, sino como deberes.
Artículo 31. Los delitos de los mandatarios del pueblo y de sus agentes nunca
deben quedar impunes. Nadie tiene derecho considerarse más inviolable que los
demás ciudadanos (…).
Artículo 33. La resistencia a la opresión es la consecuencia de los demás
derechos del hombre.
Artículo 34. Hay opresión contra el cuerpo social cuando uno sólo de sus
miembros es oprimido. Hay opresión contra cada miembro cuando el cuerpo
social es oprimido.
Artículo 35. Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección
es, para el pueblo y para cada una de sus porciones, el más sagrado de los
derechos y el más indispensable de los deberes (…).
Acta Constitucional
1. La República francesa es una e indivisible (…).
4. Todo hombre nacido y domicialiado en Francia con veintiún años cumplidos;
todo extranjero con veintiún años cumplidos, que, domiciliado en Francia desde
hace un año; viva ahí de su trabajo; o adquiriera una propiedad; o se case con
una francesa; o adopte a un niño, o alimente a un anciano; todo extranjero,
finalmente, que, según el Cuerpo legislativo, es merecedor de la humanidad;
será admitido al ejercicio de los derechos de ciudadano francés (…).
7. El pueblo soberano lo constituye la universalidad de los ciudadanos franceses.
8. Nombra de forma directa a sus diputados.
9 Delega en los electores la elección de los administradores, de los árbitros
públicos, de los jueces de lo penal y de casación.
10. Delibera sobre las leyes”.
DOC 12. Decreto sobre las personas sospechosas (17 septiembre 1793):
“1. Inmediatamente después de la publicación del presente decreto, todos los
sospechosos que se encuentren en el territorio de la República y que estén aún
en libertad serán puestos en estado de detención.
2. Son reputados sospechosos: 1. los que por su conducta, por sus relaciones,
por sus propósitos o sus escritos, se han mostrado partidarios de la tiranía o del
federalismo y enemigos de la libertad; 2. los que no puedan justificar de la
manera prescrita por el decreto de 21 de marzo último sus medios de existencia
y el cumplimiento de sus deberes cívicos; 3. aquellos a los que se hubiera
negado el certificado de civismo; 4. los funcionarios públicos suspendidos o
destituidos de sus funciones por la Convención nacional o por sus comisarios, y
no rehabilitados, especialmente aquellos que han sido o deben ser destituidos
en virtud del decreto del 14 de agosto pasado; 5. los hasta ahora nobles,
comprendidos los maridos, mujeres, padres, madres, hijos o hijas, hermanos o
hermanas, y los administradores de emigrados, que no hayan manifestado
constantemente su adhesión a la revolución; 6. los que han emigrado desde el 1
de julio de 1789 hasta la publicación del decreto del 30 de marzo de 1792,
aunque hayan vuelto a Francia en el plazo fijado por dicho decreto o con
anterioridad.
3. Los comités de vigilancia [...] quedan encargados, cada uno en su
circunscripción, de redactar la lista de sospechosos, de expedir contra ellos la
orden de detención y de sellar los papeles de éstos. Los comandantes de la
fuerza pública a los que serán enviados estas órdenes están obligados a
ponerlas en ejecución al instante bajo pena de destitución (…).
8. Los gastos de prisión son por cuenta de los detenidos y serán repartidos por
igual entre ellos. La custodia será confiada preferentemente a los padres de
familia o parientes de los ciudadanos que han marchado o marcharán a las
fronteras. El salario se fija para cada vigilante en el valor de una jornada y media
de trabajo”.
DOC 13. Discurso de Robespierre, 18 de pluvioso del año II (5 de febrero de
1794):
“Para fundar y para consolidar la democracia entre nosotros, para conseguir el
pacifico reinado de las leyes constitucionales, es necesario llevar a término la
guerra de la libertad contra la tiranía, y atravesar con éxito las tempestades de
la Revolución. Tal es el objetivo del sistema revolucionario que habéis
regularizado. Todavía debéis regular vuestra conducta de acuerdo con las
circunstancias tempestuosas en que se encuentra la República; y el plan de
vuestra administración debe ser el resultado del espíritu revolucionario
combinado conjuntamente con los principios generales de la democracia.
Entonces, ¿cuál es el principio fundamental del gobierno democrático o popular,
es decir, la fuerza esencial que lo sostiene y lo mueve? Es la virtud. Hablo de
aquella virtud pública que tantos prodigios obró en Grecia y Roma y que en la
Francia republicana deberá producir otros mucho más asombrosos, hablo de la
virtud que es, en sustancia, el amor a la patria y a sus leyes.
Pero, dado que la esencia de la República, o sea de la democracia, es la
igualdad, se deduce de ello que el amor a la patria implica, necesariamente, el
amor a la igualdad (…).
Es necesario ahogar a los enemigos internos y externos de la República o
perecer con ella. Así, en tal situación, la máxima principal de vuestra política
deberá ser la de guiar al pueblo con la razón, y a los enemigos del pueblo con el
terror.
Si la fuerza del gobierno popular es, en tiempo de paz, la virtud, la fuerza del
gobierno popular en tiempo de revolución es, al mismo tiempo, la virtud y el
terror. La virtud, sin la cual el terror es cosa funesta; el terror, sin el cual la virtud
es impotente.
El terror no es otra cosa que la justicia expeditiva, severa e inflexible: es, pues,
una emanación de la virtud. Es mucho menos un principio contingente, que una
consecuencia del principio general de la democracia aplicada a las necesidades
más urgentes de la patria”.

DOC 14. La Consitución de 1795 (año III) restaura el sufragio censitario:


“Art. 8. Todo hombre nacido y residente en Francia, que, con al menos veintiún
años cumplidos, se hace inscribir en el registro cívico de su cantón, que desde
entonces ha permanecido durante un año en el territorio de la República y que
paga una contribución directa, territorial o personal, es ciudadano francés (…).
Art. 35. Nadie puede ser nombrado elector si no tiene veinticinco años cumplidos,
y si no añade a las cualidades necesarias para ejercer los derechos de
ciudadano francés, una de las condiciones siguientes: En los municipios con más
de 6.000 habitantes, la de ser propietario o usufructuario de un bien evaluado en
unos ingresos iguales al valor local de 200 jornadas de trabajo, o ser inquilino,
ya sea de una habitación evaluada en unos ingresos iguales al valor de 150
jornadas de trabajo, ya sea de un bien rural evaluado en 200 jornadas de trabajo;
en los municipios inferiores a 6.000 habitantes, la de ser propietario o
usufructuario de un bien evaluado en unos ingresos iguales al valor local de 150
jornadas de trabajo, o ser inquilino, ya sea de una habitación evaluada en unos
ingresos iguales al valor de 100 jornadas de trabajo, ya sea un bien rural
evaluado en 100 jornadas de trabajo”.
DOC 15. En El Antiguo Régimen y la Revolución (1856), Alexis de
Tocqueville ofrece su visión de la Revolución Francesa:
“Los que hayan estudiado atentamente la Francia del siglo XVIII habrán
podido ver nacer y desarrollarse en su seno dos pasiones principales, que
no son contemporáneas y que no siempre tendieron al mismo fin.Una de
ellas, la más profunda y arraigada, es el odio violento e inextinguible a la
desigualdad. Este odio había nacido y se había nutrido de la contemplación
de esta misma desigualdad, y desde hacía mucho tiempo impulsaba a los
franceses, con una fuerza continua e irresistible, a desear destruir hasta sus
cimientos todo lo que quedaba de las instituciones de la Edad Media, para, una
vez el terreno vacío, construir en él una sociedad en que los hombres
fuesen tan semejantes y las condiciones tan iguales como lo exige la
humanidad. La otra, más reciente y menos arraigada, los llevaba a desear vivir
no solamente iguales, sino libres. Hacia el final del antiguo régimen, estas
dos pasiones eran tan sinceras y parecían tan vivas la una como la otra. Al
comienzo de la Revolución, ambas se encontraron, se mezclaron y se
confundieron por un momento, caldeándose con el mutuo contacto e
inflamando finalmente el corazón de toda Francia (…). En aquella época los
franceses se sintieron tan orgullosos de su causa y de sí mismos que
llegaron a creer que podían ser iguales dentro de la libertad.
Pero cuando esta generación vigorosa que había comenzado la Revolución
quedó destruida o debilitada, como le suele ocurrir de ordinario a toda
generación que emprende tales empresas; cuando, siguiendo el curso natural
de los acontecimientos de esta especie, el amor a la libertad perdió alientos
y fuerzas en medio de la anarquía y de la dictadura popular, y la nación
extraviada comenzó a buscar como a tientas un nuevo amo, el gobierno
absoluto encontró para renacer y establecerse unas prodigiosas facilidades,
que supo ver sin ningún esfuerzo el genio de aquél que habría de ser a la
vez continuador y destructor de la Revolución”.

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