0% encontró este documento útil (0 votos)
3K vistas238 páginas

Saudade

Saudade es una historia de romance entre Lan Wangji, un profesor de programación, y Wei Wuxian, un químico que se muda a Gusu. A medida que sus vidas se entrelazan, ambos enfrentan sus pasados y los sueños que creían olvidados. La narrativa explora temas de amor, crecimiento personal y la búsqueda de respuestas en un entorno moderno y alternativo.

Cargado por

adalizc12
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
3K vistas238 páginas

Saudade

Saudade es una historia de romance entre Lan Wangji, un profesor de programación, y Wei Wuxian, un químico que se muda a Gusu. A medida que sus vidas se entrelazan, ambos enfrentan sus pasados y los sueños que creían olvidados. La narrativa explora temas de amor, crecimiento personal y la búsqueda de respuestas en un entorno moderno y alternativo.

Cargado por

adalizc12
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Saudade

Posted originally on the Archive of Our Own at [Link]

Rating: Mature
Archive Warning: Creator Chose Not To Use Archive Warnings
Category: M/M
Fandoms: 魔道祖师 - 墨香铜臭 | Módào Zǔshī - Mòxiāng Tóngxiù, 陈情令 | The
Untamed (TV)
Relationship: Lan Zhan | Lan Wangji/Wei Ying | Wei Wuxian
Characters: Lan Zhan | Lan Wangji, Wei Ying | Wei Wuxian, Jiang Yanli, Wen Ning |
Wen Qionglin, Lan Huan | Lan Xichen, Wen Qing (Modao Zushi)
Additional Tags: Alternate Universe - Modern Setting, Alternate Universe - Reincarnation,
Alternate Universe - Canon Divergence, Light Angst, Slice of Life, Slow
Burn, Mutual Pining, Getting Together, Friends to Lovers, Professor Lan
Zhan, Professor Wei Ying, Dreams and Nightmares
Language: Español
Series: Part 1 of Saudade
Stats: Published: 2021-01-23 Completed: 2021-06-06 Words: 84,228 Chapters:
40/40
Saudade
by rovi

Summary

Lan Wangji es el mejor profesor de programación del Instituto Lan. Wei Wuxian es un
químico brillante recién llegado a Gusu. Cuando sus caminos se cruzan, los sueños que creían
haber dejado atrás regresan, junto a las respuestas que ambos han estado buscando por tanto
tiempo.

Notes

Inspirado en el video de Node Zero

Las canciones de cada capítulo están en esta lista de reproducción

Actualizaciones los sábados. La historia está completa, pero en proceso de edición.


Éxodo

Canción: Look Up! - R Plus

Look up
Don't miss a thing

El sonido de la alarma encontró a Wei Wuxian con la mirada fija en el techo. Contrario a la
mayoría de las noches, no pudo pegar un ojo la noche anterior. Las horas transcurrieron
dando vueltas de un lado a otro, acomodando la almohada y cambiando de posición en la
cama, como si así pudiera engañar el repentino insomnio. A pesar de la pesadez de sus
párpados, escuchar la alarma era una especie de bendición. Por fin llegaba el día cero.

Sentándose en la cama, lo primero que vio fue dos maletas enormes abiertas de par en par.
Llevándose las manos a la cabeza, miró el reloj y supo entonces que le quedaban unas cinco
horas para salir hacia la estación, sin embargo, la habitación seguía siendo un desastre.
Empezaba a arrepentirse de no haber aprovechado las horas en que no lograba conciliar el
sueño. En vez de insistir, hubiera podido pararse y terminar de empacar. Pero prefirió hacerle
caso a la voz chillona en su cabeza que le aseguraba que en algún momento caería en brazos
de Morfeo.

—A-Xian —la dulce voz de su shijie lo sacó de su letargo.

Su plan era ir primero donde ella, pero Jiang Yanli siempre se adelantaba. El orfanato era un
barril sin fondo de ocupaciones, aun así, ella buscaba la forma de sacar tiempo para su
hermano adoptivo favorito.

—Shijie. Ya casi termino…

—Sí, claro —comentó ella entrando a la habitación y siendo testigo del desorden. Sus ojos
pasaron inventario con rapidez y con los labios fruncidos miró a Wei Wuxian—. Ya sabes que
si…

—En serio… —interrumpió él poniéndose de pie y rascándose la cabeza—. Puedo resolver


esto en una hora. Solo me llevaré la ropa, como te dije.

—¿Seguro?

—No necesitaré más nada —dijo casi en su susurro, tratando de convencerse más a sí mismo
que a su hermana.

Jiang Yanli trató de camuflar toda su preocupación, pero sus ojos eran muy cristalinos. Wei
Wuxian podía leer a través de ellos con el menor esfuerzo, por eso trataba de mantener una
sonrisa en el rostro todo el tiempo. Desde que le comunicó que se marchaba a Gusu, se había
tropezado con esa mirada cargada de preguntas y una intranquilidad que no desaparecía a
pesar de sus palabras alentadoras.

“Gusu es un buen lugar.”

“El cambio me viene bien.”

“Ya no soy un niño.”

Ella estaba consciente de todo eso. Pero ambos sabían que una parte de Wei Wuxian siempre
estaba huyendo y esta vez esa eterna carrera contra sus demonios se materializaba en forma
de mudanza a otra ciudad. Lo que la calmaba un poco era que las circunstancias parecían
haberse dado para que esto ocurriera. No era un invento de Wei Wuxian que el laboratorio
donde trabajaba cerrara operaciones allí y le ofrecieran un traslado a la planta de Gusu para
no dejarlo desempleado. Él era un profesional excelente y se entregaba de lleno a su
trabajo… tanto que se olvidaba de cuidarse. Por eso Jiang Yanli volvía a sentir una espinita
en el pecho.

—Promete que vas a comer bien.

—¿Otra vez?

Ella sonrió con tanta tristeza que era preferible verla enojada.

—Shijie…

—Vamos a llenar esas maletas —dijo antes de que las lágrimas que estaba conteniendo se
desbordaran y le hiciera las cosas más difíciles a Wei Wuxian.

—Pero… tienes que trabajar.

—Hoy estoy libre para A-Xian.

Wei Wuxian no pudo contenerse y sorprendió a su shijie con uno de sus abrazos de oso, como
cuando era un niño y necesitaba sentir algo de calor en días de invierno. Ella estalló de risa y
por un instante olvidó que este niño grande ya no estaría a su lado.

El taxista le estaba haciendo la primera fase de su nueva travesía más difícil. Recostado de su
asiento, Wei Wuxian cerró los ojos para no seguir trayendo recuerdos que no venían al caso.
Cada calle por la que el taxi giraba estaba impregnada de momentos que de una forma u otra
marcaron su vida hasta convertirlo en el hombre que era. Ahora dejaba todo atrás e iniciaba
una nueva vida. Excepto por Jiang Yanli, no quedaba nadie a quien extrañar, no había lazos
que mantener en la distancia, Wei Wuxian era un lobo solitario que ni siquiera recordaba de
dónde venía. Marcharse no tenía por qué ser tan complicado.

La radio estaba a un volumen prudente, pero la canción que recién empezaba taladraba sus
oídos. Faltaban unos cuantos minutos para llegar a la estación, por lo que probablemente
tendría que escucharla completa, así que, con disimulo se colocó sus auriculares. No quería
molestar al taxista para que cambiara de estación ni tampoco hacerle saber de su molestia. El
hombre era muy simpático y estaba haciendo su trabajo. Colocó el programa de música en
modo aleatorio y comprobó que el destino era caprichoso. Otra canción que encajaba a la
perfección con su día.

Soltó un suspiro y se dejó llevar. Por suerte, tenía la capacidad de aislar las letras y disfrutar
de la música. Estaba tan absorto en esa tarea que no se dio cuenta de que habían llegado a la
estación hasta que el taxista abrió la puerta y bajó del auto. Él hizo lo mismo enseguida para
retirar sus maletas del baúl y medio sonrojado le dio las gracias al taxista. Revisó su celular
para confirmar el pago y de paso dejar una buena propina.

Su tren partía en media hora. Tenía tiempo suficiente para registrar su equipaje y comprar
algo de comer. Jiang Yanli le había preparado algunos bocadillos para el camino, pero
conociendo su estómago, Wei Wuxian optó por añadir algo más. Para otra persona, un viaje
de unas cuatro o cinco horas era corto; para una persona tan hiperactiva como él, era una
tortura que solo podía soportar manteniendo las mandíbulas ocupadas. Leer estaba descartado
porque terminaba mareado y ver el paisaje no le ayudaría a mantener la nostalgia a raya. Un
podcast y una buen ración de refrigerios eran los ingredientes perfectos para su viaje.

La llamada para abordar lo sorprendió ayudando a una señora a registrar su equipaje.


Después de ayudarla, corrió hasta la plataforma correspondiente con todo lo que compró para
el camino. A pesar de la cantidad de personas que viajaban ese día, no tardó en subir al tren y
encontrar su asiento. Su suerte sumando puntos le regaló un grupo de asientos vacíos, podía
acomodarse a su antojo y disfrutar de sus cuatro horas sin cruzar palabras innecesarias con un
desconocido. Su naturaleza no era tímida, pero ese día no tenía ánimo para ser el parlanchín
sinvergüenza de siempre. Esa tarde estaba viviendo un cambio importante, quería regalarse
ese tiempo a solas y desconectarse de todo y de todos. Se colocó sus auriculares y se recostó
cómodamente, no sin antes ubicar sus meriendas al alcance de su mano.

Gusu lo esperó con una llovizna fina y el caos característico de una ciudad importante. Se
suponía que no era temporada de lluvias y el clima otoñal era el más agradable de la ciudad,
pero las nubes eran caprichosas como las canciones de su reproductor de música. Antes de
que las gotas se hicieran más fuertes, tomó un taxi rumbo al que ahora sería su hogar, el cual
solo había visto en fotos en el sitio web donde hizo el trámite para rentarlo. Sin conocer a
nadie en Gusu, no tenía más opción que confiar ciegamente en lo que su arrendador dijera.
Esperaba no encontrar una sorpresa desagradable y que la referencia de uno de sus
compañeros de trabajo fuera tan buena como le había escuchado decir.

Para no sufrir por el tráfico congestionado, tomó el celular para ver la ruta que le llevaría
desde la estación de trenes hasta el complejo de apartamentos. Pero como lo suyo no eran los
mapas, ese interés duró un par de minutos. Eran tantas las líneas entrecruzadas que su cabeza
se estaba convirtiendo en un caos. Optó por retomar el podcast que dejó por mitad cuando el
tren llegó a su destino y recostó su cabeza sobre el asiento, dejando que el taxista hiciera lo
suyo.

Llegar le tomó el tiempo de escuchar dos episodios. Cuando por fin bajó del taxi, sus piernas
estaban acalambradas, mientras que su mente daba gritos por tener que soportar estar quieto
en un mismo lugar por tanto tiempo. Luego de bajar sus maletas y pagar, se quedó un
momento mirando el enorme edificio frente a él. Ya empezaba a extrañar su casa… su
tranquilidad. Le bastó el trayecto que acababa de recorrer para darse cuenta de que el ritmo
de esta ciudad era muy acelerado. Él también lo era en espíritu, pero no estaba seguro de que
más adrenalina fuera lo mejor para él.

La alarma de su celular le notificó que era hora de encontrarse con su arrendador. Sin
pensarlo mucho, entró al edificio y tomó el ascensor hasta el piso correspondiente. Al final
del pasillo, una señora cuarentona lo saludó con una sonrisa. Un buen comienzo, al menos.

—¿Wei Wuxian?

Wei Wuxian la saludó con una ligera reverencia que a la vez respondía la pregunta.

—Señora Huang… espero haber llegado a tiempo.

—Claro, acabo de llegar. ¿Cómo estuvo el viaje?

—Bien, un poco cansado, pero todo bien.

Ella asintió y abrió la puerta del apartamento.

—Bueno, te muestro todo rápido para que puedas descansar.

—Gracias.

La señora Huang era muy amena y le brindó toda la información necesaria para instalarse.
Para dicha de Wei Wuxian, el apartamento era tal como mostraban las fotos. Incluso se veía
más grande. Para una persona soltera, era el espacio perfecto. Para alguien como él, hasta
enorme resultaba. Sólo iría a dormir, así que ni siquiera necesitaba una cocina, pero por
insistencia de su shijie, tuvo que rentar uno con cocina.

—Creo que queda todo claro —agregó la señora Huang caminando hacia la puerta—.
Cualquier cosa que necesites, tienes mi número.

—Muchas gracias por todo.

—Espero que te encuentres a gusto en Gusu.

Con una enorme sonrisa, Wei Wuxian la vio caminar hasta la puerta del ascensor. Luego
cerró la puerta y soltó un enorme suspiro. Después de quitar las maletas del medio de la
pequeña sala, fue hasta la habitación y se tiró sobre la cama. Necesitaba una ducha, un mapa,
comprar comida y artículos esenciales, pero tenía unos cuantos días para organizar su
existencia antes de entrar a trabajar.

De momento, solo quería desconectar su cerebro y no pensar en todas las cosas nuevas y
desconocidas que le esperaban.

*
Cuando despertó, todo estaba oscuro. Solo unas pocas luces de la ciudad se colaban por su
ventana. Le costó un par de minutos ubicarse en su nueva realidad. No sabía cuánto había
dormido y, de no ser por los ruidos de protesta de su estómago, hubiera seguido hasta el
amanecer. A tientas encontró su celular sobre la cama, el cual estaba lleno de notificaciones.
Se enjugó los ojos y se fijó en la hora. Dos de la mañana.

—Mierda…

Al desbloquear el celular, confirmó que casi todas las notificaciones eran de su shijie, otras
dos eran de un colega que también se había trasladado a Gusu y había llegado la semana
anterior. A esa hora no era prudente responder; lo haría en cuanto se levantara en la mañana.

Con la ayuda de la linterna de su celular, ubicó el interruptor y encendió la luz. Le pesaba no


haber hecho un reconocimiento rápido de la zona antes de caer rendido. Las opciones de una
comida decente eran nulas; su hambre tendría que conformarse con las chucherías que
sobraron de su viaje.

—Shijie no tiene por qué saberlo.

Con la improvisada cena en sus manos fue hasta el pequeño balcón adyacente a la sala. La
temperatura era muy agradable y la vista casi de ensueño. No podía creer que le había
costado tres décadas de su vida dar ese salto. Sintiendo un vacío en el pecho, trató de
despojarse de esa desagradable percepción de desolación que le perseguía sin importar la
distancia recorrida ni la cantidad de personas que le rodearan. No podía huir de sí mismo,
pero el nuevo aire que respiraba le regalaba un poco de esperanza para escribir la historia que
siempre se había negado.
Días extraños

Canción: Honestly OK - Dido

On a different day if I was safe in my own skin


Then I wouldn't feel lost and so frightened
But this is today and I'm lost in my own skin

Las luces del piso veinte se fueron apagando una a una. Al final, solo quedaba la luz de una
oficina. Eso ocurría los días de la semana en que su dueño trabajaba de forma presencial. Era
el único empleado en la empresa con el privilegio de poder trabajar remoto sin dar
explicaciones, pero Lan Wangji iba martes y jueves sin falta. Sus compañeros no lo
entendían, pero como era una especie de espectro más que una persona real de carne y hueso,
no se preocupaban mucho por él.

A las ocho en punto, Lan Wangji se quitó sus lentes antirreflejos, apagó el computador
portátil y lo guardó en su mochila junto a su libreta. Todas las tareas pautadas para ese día se
completaron en el tiempo planificado. Podía ir a casa, tomar una ducha y estar en cama a las
nueve.

En días como ese reafirmaba su mejor inversión fue mudarse al condominio que quedaba al
frente de la torre donde trabajaba. Para la mayoría de las personas era un derroche de dinero
que una persona joven, soltera y sin planes de tener familia viviera en un lugar tan costoso.
Para él, era cuestión de practicidad. El manejo efectivo del tiempo era una prioridad no
negociable.

Con su paso medido y la cabeza siempre en alto, Lan Wangji salió de la torre.

—Buenas noches, señor Lan.

—Buenas noches, señor Yang.

Las mismas palabras a la misma hora. El señor Yang siempre suspiraba viéndolo partir; él
siempre lo escuchaba aunque no diera muestra de ello. Podía imaginar más o menos lo que
pasaba por la cabeza del encargado de seguridad. En la punta de la lengua quedaba alguna
invitación a cenar con su familia, o alguna pregunta más allá del monótono saludo. A Lan
Wangji no le molestaría. En realidad, no sabía qué haría con esa invitación, pero si en toda
una década no había ocurrido, no esperaba que surgiera de la noche a la mañana.

Con esos pensamientos, llegó hasta la recepción de su edificio, saludó al portero con una leve
inclinación de la cabeza y fue directo al ascensor. Era una rutina para la cual no necesitaba
tener los ojos abiertos. Los pasos hasta su apartamento estaban contados, así como la
distancia entre cada una de las áreas de su hogar. Llegar, colocar la mochila en su lugar,
quitarse la ropa y tirarla en el contenedor para la ropa sucia, entrar al baño, ducharse, ponerse
el pijama, sentarse en el sofá junto a su cama, continuar con el libro de turno hasta las nueve.
Todo era sencillo de esa manera. Su cerebro se había moldeado a las tareas y los horarios, sus
ideas fluían con mayor rapidez, sus pesadillas se mantenían a raya.

Leyendo por quinta vez la misma línea se detuvo. ¿Por qué había vuelto a pensar en eso?
Tenía años sin vivirlo, meses sin recordarlo. La lectura no iba a prosperar esa noche. Colocó
el marcapáginas, cerró el libro y lo puso sobre la mesa. A su izquierda un amplio ventanal le
mostraba la vida fuera de esas cuatro paredes, pero él nunca miraba hacia esa dirección.
Faltando un cuarto para las nueve, la vida nocturna apenas empezaba. Las calles estaban
congestionadas, la gente se aglomeraba en las plazas, ya fuera para ir al cine o a cenar,
siempre había una excusa para reunirse con los amigos y los seres queridos.

Él no entendía esas cosas. Tampoco les hacía falta porque nunca las había tenido. Lan Wangji
se masajeó las sienes y se paró frente al ventanal, dedicándose al paisaje compuesto por
infinidad de luces que se perdían entre sí. Era solo uno de esos días, no había ningún
problema. También era un ser humano con emociones y la llegada del otoño siempre traía
consigo sensaciones que lo sacaban de su zona de confort. No era la primera vez, tampoco
sería la última.

Cinco para las nueve. Lan Wangji miró el reloj y, a pesar de saber que esa noche
probablemente la pasaría en vela, se preparó para ir a la cama como cada noche.

Lan Wangji no tomaba café, pero esa mañana envidiaba a quienes lo hacían. Tal como
predijo, la noche fue larga, muy larga, y el sueño se perdió entre sus pensamientos
existenciales. Por desgracia, su ataque de insomnio tocaba la noche anterior a uno de los tres
días en que impartía clases en el Instituto Lan. Por lo tanto, no tenía más opción que
mantener los ojos bien abiertos y cumplir con sus clases matutinas. En todo el tiempo que
llevaba siendo profesor, nunca había faltado y no iba a agregar una falta a su impecable
perfil.

Antes de entrar al salón, un hombre alto con una sonrisa enigmática se acercó a él.

—Wangji.

—Primo.

Lan Wangi y Lan Xichen tenían cierto parecido, con la diferencia de que este último siempre
llevaba una sonrisa amable y el rostro relajado. Quizá esa era la razón por la cual las personas
creían que ambos tenían la misma edad, cuando en realidad Lan Xichen casi llegaba a los
cuarenta y Lan Wangji solo tenía treinta y dos.

—¿Mala noche?

Lan Wangji se limitó a hacer un diminuto gesto con los labios que denotaba disgusto. La
manera sobreprotectora de Lan Xichen le irritaba, a pesar de entender que su primo se
preocupaba por él. Solo quería encontrar las palabras para explicarle que había pasado mucho
tiempo, que todo estaba bien, que podía dejar de actuar como un tutor. Era un adulto, podía
cuidarse solo y una noche de insomnio la tenía cualquiera.
—El té…

—Lo olvidé…

Mirando el reloj con insistencia, Lan Wangji le dio a entender que la conversación había
llegado a su fin. Lan Xichen optó por dejarlo ir esta vez, no haciendo uso de sus privilegios
de coordinador académico.

—Almorcemos juntos. Esta semana es la evaluación de nuevos profesores y necesito tu


ayuda.

—Mn.

Lan Wangji ingresó al aula ante la expresión preocupada de Lan Xichen.

Compartir almuerzo con Lan Xichen significaba que Lan Wangji tenía que comer con el resto
de los profesores y estudiantes en el comedor. Aunque el ambiente en general era tranquilo, la
multitud representaba una tortura para él.

Viéndolo entrar al comedor, Lan Xichen levantó una mano desde la mesa más apartada. El
semblante de Lan Wangji se relajó un poco y, lonchera en mano, fue a su encuentro.

—La comida de este año es muy buena —comentó Lan Xichen señalando la ensalada—.
¿Cuándo le vas a dar una oportunidad?

—Mucha sal —se limitó a decir Lan Wangji mientras colocaba su comida sobre la mesa.

Lan Xichen movió la cabeza de un lado a otro. Lan Wangji podía imaginar lo que estaba
pensando: que para ser tan inteligente y tan joven era demasiado terco, que era la
reencarnación del primer Lan, que dónde estaba su espíritu de juventud. Cosas que nunca
diría por mantener la paz. El silencio se instaló entre ambos, pero no por mucho tiempo. Al
ver a Lan Xichen inclinarse ligeramente hacia él, podía anticipar el inicio de otra
conversación, muy probablemente el motivo por el cual lo había invitado a almorzar con él.

Lo notó batallar con las palabras que quería decir y con las reglas de los Lan. Lan Wangji
parecía el hijo perdido del fundador del Instituto Lan y llevaba las reglas tatuadas en su piel;
por eso, mientras quedara comida en su plato, de su boca no saldría una sola palabra.
Tomándose su tiempo, disfrutó hasta el último bocado de su insípido almuerzo. Luego limpió
sus utensilios y los guardó en su lonchera. Entonces le dirigió la mirada a Lan Xichen, quien
parecía estar sufriendo en silencio.

—Querías hablarme del examen.

—Sí —respondió Lan Xichen sin esperar el tiempo prudente, dejando salir el aire contenido
en sus pulmones—. La evaluación será este sábado —Lan Wangji frunció el ceño al escuchar
esto—. Sé que tus sábados ya están programados, pero de verdad necesito tu ayuda porque la
cantidad de candidatos es mucho mayor que la esperada.
—Siempre ha sido día de semana.

—Lo sé, pero queríamos darle oportunidad a las personas que trabajan.

—Mn.

—¿Cuento contigo?

La idea de alterar su agenda semanal no era muy del agrado de Lan Wangji. Pero negarse a
ayudar a Lan Xichen tampoco entraba en la ecuación. Era el único al que consideraba un
familiar cercano, la única persona que lo entendía y a la que podía acudir cuando tenía un
problema. Lan Xichen rara vez le pedía un favor, lo dejaba ser y respetaba sus decisiones.
Solo por él estaba dispuesto a dejar de lado su orden casi patológico y adaptarse a las
circunstancias.

—¿A qué hora debo estar aquí?

—A las ocho está bien. El resto de la información te la envío al correo.

Lan Wangji se levantó y, sin decir nada más, se retiró del comedor.

El sábado llegó demasiado rápido para Lan Wangji. Lo positivo de todo esto fue que la
reorganización de sus actividades lo dejó exhausto y le permitió volver a dormir sin
interrupciones.

Para él, las evaluaciones eran igual de caóticas que los primeros días de clase. Personas
nuevas de diferentes sitios, voces entrecruzadas que terminaban llegando a sus oídos como un
murmullo molesto. La gente y su necesidad de estar junta y revuelta.

Estos candidatos no se conocían y estaban compartiendo en los pasillos como si fueran viejos
amigos. Algunos sí lo eran y aprovechaban para ponerse al día; otros se veían por primera
vez y charlaban igual de animados. Lan Wangji vio algunos rostros conocidos de la
universidad, incluso de la secundaria. Pero él no se acercaba a nadie y nadie se acercaba a él.

Lan Xichen le asignó el grupo de química. Él no entendió por qué, su área era informática y
cuando ayudaba en los exámenes se encargaba de ese grupo. Quizá el cambio se debió a su
incorporación a última hora, quizá eran cosas del azar.

Faltando quince para las nueve, Lan Wangji entró al salón asignado para revisar que todo
estuviera en orden. Minutos más tarde, el grupo empezó a entrar. Para desgracia suya, eran
los más habladores entre los aspirantes que estaban fuera.

A pocos minutos del inicio del examen, Lan Wangji aclaró su garganta y todos se quedaron
en silencio.

—Buen día. Mi nombre es Lan Wangji y voy a estar acompañándoles durante las tres horas
que dura la evaluación. Todo lo que necesitan está frente a ustedes. Si tienen alguna pregunta,
deben hacerla ahora. Está prohibido hablar y hacer ruido durante el examen.
Todos se quedaron mirándolo sin atreverse a abrir la boca. A pesar de su edad, Lan Wangji
lucía tan estricto que todos los presentes se sintieron retroceder a su época de estudiantes.

Lan Wangji esperó un poco más. Al ver que no había preguntas, se acomodó en su escritorio.

—Pueden empezar, entonces.

El sonido de las hojas de papel era el único que se escuchaba al principio. Luego se instaló un
silencio que por momentos resultaba ensordecedor. Pasados dos minutos, la puerta del salón
se abrió de repente.

Un hombre vestido de negro, con el pelo recogido en un moño del cual escapaban par de
mechones, jadeaba en la puerta, sosteniéndose del pomo. Sus mejillas sonrojadas lo hacían
lucir mucho más joven de lo que era, pero Lan Wangji pudo descifrar enseguida que tenía
más o menos su edad.

—Disculpe... ¿este es el grupo de química?

Los ojos de Lan Wangji se entornaron y las personas que apenas empezaban su examen
parecían contener el aliento.

—La evaluación empezó hace tres minutos. Llega tarde.

—Lo siento, de verdad, no soy de aquí y…

El hombre se detuvo al ver la expresión de Lan Wangji. Su mirada fría pareció anular su
capacidad de habla. No era la primera vez que sucedía, pero Lan Wangji sentía que su interior
estaba en ebullición. Su razón le decía que su reacción era exagerada, sin embargo, le costaba
controlarse.

—¿Todo bien? —se escuchó la voz de Lan Xichen detrás del hombre de negro.

Lan Xichen supuso que tendría que intervenir para que el extraño lograra pasar.
Técnicamente, estaba dentro del margen establecido para entrar a la evaluación. Pero para
Lan Wangji la puntualidad era sagrada y quien no estuviese a la hora en punto no tenía
permitido entrar.

Lan Wangji miró a su primo, luego al hombre cuya llegada asemejaba un tornado.

—Puede pasar —musitó quitándole por fin los ojos de encima.

El hombre le dedicó una sonrisa tímida a Lan Xichen y entró deprisa al salón para tomar el
único lugar disponible: justo frente a Lan Wangji.
(A)normal

Canción: (Still A) Weirdo - KT Tunstall

I'd always thought it's automatic


to grow into a soul less static
But here I am upon the same spot
Attempting to lift off into space

En otros tiempos, llegar tarde y ser el primero en entregar el examen hubiera sido un chiste
común para Wei Wuxian. Las reglas, la disciplina extrema y la mayoría de las convenciones
sociales le parecían absurdas. Pero él ya no estaba en su adolescencia ni en sus tempranos
veintes. Su energía para darse a entender dentro de una sociedad tan cuadrada se consideraba
agotada. Así que, un perfil bajo era el modo que había elegido para el resto de su vida. Por
desgracia, el destino se encargaba de jugarle un par de malas pasadas de vez en cuando.

Su día empezó literal con el pie izquierdo, que en una mala pisada terminó dejándole un
tobillo lastimado y cada vez más hinchado. Casi cojeando salió a toda prisa de su
apartamento para tomar el tren y llegar a tiempo, pero como nuevo residente de la ciudad se
equivocó de línea y terminó en la ruta contraria.

La idea de tener un segundo trabajo como profesor de química empezaba a parecerle un


fastidio. Varios compañeros de trabajo y la misma Jiang Yanli le aconsejaron que se decidiera
a hacerlo una vez se mudara a Gusu. El Instituto Lan era una institución de prestigio y sería
un valor agregado a su currículo. Además, enseñar se le daba con naturalidad. En el orfanato,
lo hacía voluntariamente. Disfrutaba convertir en fascinación el miedo que la mayoría de los
estudiantes sentía por la química.

Cuando agarró el examen, sus manos temblaban tanto que era casi evidente. Todavía sentía
su corazón saltar en el pecho. Entre la carrera que pegó para llegar a la hora justa y el susto
de que no lo dejaran entrar, la dosis de adrenalina era más que suficiente. No quería pensar en
su pie. Cuando su cuerpo se enfriara, lo lamentaría.

Para completar el combo, estaba sentado justo frente al hombre de ojos dorados que no
dejaba de mirarlo de vez en cuando con tanta frialdad que podía congelar el infierno. Había
escuchado unas cuantas historias sobre la disciplina de los Lan, pero esto era absurdo.

Wei Wuxian respiró profundo y agarró el lápiz con firmeza. Era un simple examen de una
materia que dominaba muy bien. Solo tenía que empezar a escribir las respuestas y saldría
muy pronto de todo. Su confianza fue aumentando a medida que respondía cada pregunta, su
rostro empezó a relajarse y, sin darse cuenta, tenía pintada una gran sonrisa de satisfacción.

Esa era la sensación que necesitaba para ignorar el pinchazo en su pie izquierdo, un leve
martilleo en su cabeza y unos ojos que seguían clavándose en él casi con descaro.
“¿Qué le pasa a este tipo?” pensó mientras pasaba la página. No se atrevía a levantar la
cabeza para no romper la sagrada comunión que había entablado con los mecanismos de
reacciones orgánicas que tenía que desarrollar. Era su parte favorita y no lo iba a arruinar por
un extraño que se había obsesionado con él.

Las horas pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Wei Wuxian repasó el examen dos veces. Le
daba tiempo para revisar una tercera vez, pero si lo hacía empezaban las dudas y con ellas los
cambios de respuestas. Eso solía terminar mal. Al levantar la cabeza sintió como su cuello y
su espalda tronaron. Definitivamente, después de los treinta, empezaban todos los achaques.
El enorme reloj colgado en la pared detrás del hombre de ojos dorados —del cual no sabía su
nombre por llegar tarde— marcaba las diez y treinta. Todavía le quedaba media hora, mas no
quería mirar más el examen ni ser el primero en entregar.

Después de masajear su cuello, sintió que lo miraban de nuevo. Esta vez no huyó y clavó sus
ojos en el hombre frente a él. Por primera vez lo observó bien. Y tragó en seco. Decir que era
atractivo era quedarse corto. Wei Wuxian no tenía ningún inconveniente para apreciar la
belleza viniera de quien viniera. Las maravillas de la naturaleza fueron creadas para ser
admiradas y sus ojos estaban siendo agraciados en ese preciso instante. Era más hermoso que
el precipitado de sulfato cúprico y para él no existía un tono de azul más hermoso que ese.

Tenía que entregar el examen y salir de allí o terminaría haciendo un papelón más grande que
el que protagonizó con su tardanza.

—¿Puedo entregar? —preguntó en silencio moviendo los labios de forma exagerada y


pausada para que el otro pudiera leerle—. Terminé —agregó señalando su examen al ver que
no lo entendía.

El hombre de ojos dorados le hizo una seña con la mano derecha para que se acercara. Wei
Wuxian obedeció rápidamente, antes de que su mente se fuera más lejos. Ya que el día
insistía en irse por un barranco desde el amanecer, lo mejor era encerrarse rápido en su
apartamento y esperar que pasara.

Wei Wuxian abandonó el salón tan pronto entregó. Cuando se estaba acercando a la salida del
instituto, su tobillo lo trajo de vuelta a la realidad. Se detuvo y levantó un poco su pantalón
para mirar. Se arrepintió enseguida. Volver a casa en metro quedaba descartado. El tobillo
estaba rojo y muy hinchado. Estar sentado y concentrado en la evaluación lo hizo
desconectarse del dolor, pero ya no podía hacerlo.

—¿Le fue bien?

Esa voz casi le hace pegar un brinco. Wei Wuxian se volteó tratando de ocultar la expresión
de dolor en su rostro, resultando en una mueca tan extraña que no pudo pasar desapercibida.

—¿Le pasa algo?

—Nada, solo…

Lan Xichen no esperó una explicación, ayudó a Wei Wuxian hasta un banco cercano y le
echó un vistazo a su pie.
—¿Por qué no dijo nada antes?

A Wei Wuxian ni siquiera le pasó por la cabeza. Este Lan Xichen era tan amable y oportuno
que aunque no quedara seleccionado como profesor, pensaba volver para agradecerle todo lo
que había hecho por él esa mañana. Primero lo asistió cuando llegó perdido y asustado, luego
intervino para que lo dejaran pasar al salón y ahora se preocupaba por su pie cuando de
seguro estaba muy ocupado con la evaluación. Solo sabía su nombre y que era coordinador
académico del Instituto Lan, pero ya lo consideraba como una especie de ángel guardián.
Contrario a otros, personas como él hacían que un día de mierda no fuera un completo
desastre.

—La enfermería está cerrada hoy, pero puedo ir por mi botiquín. Con un parche y un
analgésico puede aguantar hasta llegar a un hospital.

—No, no es necesario. Usted está muy ocupado. Tomaré un taxi a casa y allá resuelvo.

Lan Xichen se levantó sin responderle y se perdió en el enorme pasillo, dejando a Wei
Wuxian sin más opción que esperar. Soltando un enorme suspiro, volvió a mirar su pie.
¿Cómo se le ocurría lesionarse cuando ya casi tenía que entrar al trabajo? No debió salir sin
el amuleto que Jiang Yanli con tanta insistencia le hacía llevar consigo a todas partes.

Cuando Lan Xichen regresó con el botiquín, las personas empezaban a salir de los salones.
Ya eran las once. Wei Wuxian sintió un hueco en el estómago de solo pensar que podría
volver a encontrarse con el hombre de los ojos dorados.

Wei Wuxian extendió su mano queriendo acelerar el tiempo. A esa hora debería estar rumbo
a casa, no en ese lugar. Lan Xichen solo sonrió y se acercó a él ignorando por completo su
desesperación. Wei Wuxian quería que se lo tragara la tierra. Este hombre a quien acababa de
conocer en serio pensaba colocar un parche en su tobillo delante de todas las personas que
estaban saliendo de los salones.

—Puedo hacerlo yo mismo —intervino Wei Wuxian tratando de rescatar lo poco que quedaba
de su dignidad.

Lan Xichen notó su incomodidad y le pasó el parche. Luego le pasó una botella de agua y un
sobre de analgésicos.

—Muchas gracias, de verdad.

—No es necesario —replicó Lan Xichen levantando una mano—. ¿Ya pidió el taxi o…?

—Sí —Wei Wuxian sacó su celular rápidamente, antes de que Lan Xichen también se
ofreciera a pedir el taxi.

—Entonces, me retiro. Cualquier cosa, no dude en avisarme.

Wei Wuxian le sonrió con una leve reverencia. Ya no sabía cómo agradecerle y finalmente
escapar de allí. Recibir tanta atención siempre lo abrumaba. Estaba acostumbrado a ser
invisible. Lo vio caminar por el pasillo hasta mezclarse con la multitud y sintió un gran alivio
en su interior. Agarrando valor con una bocanada de aire, se puso de pie y salió del instituto
haciendo un esfuerzo sobrenatural para disimular su cojera. Solo cuando estaba seguro de
estar fuera del alcance de cualquier Lan, se detuvo y pidió un taxi.

—¡Déjame ver el pie, A-Xian!

—Te dije que no es nada.

La sonrisa de Wei Wuxian no fue suficiente para calmar a Jiang Yanli, quien pocas veces se
veía realmente enojada. Lo de la videollamada fue un error, o más bien, lo de estar contando
todo lo acontecido de forma tan desenfrenada. Podía hablarle del examen y de los ojos
dorados acosadores sin mencionar el tropezón de la mañana, pero su boca simplemente no
tenía filtro.

—Mira, mira… ya está mucho mejor —Wei Wuxian colocó la cámara hacia su pie—. Me
puse un parche, me tomé unos calmantes y cuando termine de hablar contigo, lo pondré en
agua caliente. No es para tanto, shijie.

—Busca el agua caliente ahora.

—¡Shijie!

—Te conozco, A-Xian. Además, no tengo prisa. Podemos hablar toda la tarde.

Cierto, era sábado. Jiang Yanli se tomaba muy en serio lo de no hacer nada los fines de
semana. Tenía tiempo de sobra para dar sermones, aunque estuviera a kilómetros.

—¿Entonces crees que te fue bien?

—¡Claro! Estuvo fácil —respondió mientras llenaba el cubo con agua caliente—. Pensé que
estaba más oxidado. Pero… no sé si me llamen.

—¿Por qué no?

—Llegué tarde, le caí mal a ese tipo... Que creo que es un Lan. Ellos son muy exigentes y
seguro tomarán en cuenta la puntualidad.

—Pero dijiste que el coordinador fue muy amable contigo.

—¡Ah sí! Lan Xichen. Creo que si dependiera de él, me hubiera dado el trabajo hoy mismo.

Wei Wuxian soltó una carcajada, mientras Jiang Yanli lo miraba divertida. Finalmente,
colocó el cubo con agua caliente en el piso, se sentó en el sofá y sumergió el pie mostrando la
evidencia a través de la cámara.

—¿Conforme?

Jiang Yanli asintió, levantando el pulgar derecho.


—Serás profesor del Instituto Lan. Ya verás.

—Si mi shijie lo dice, es un hecho.

—Deja de decir tonterías. Vas a entrar porque eres talentoso y te lo mereces.

Las mejillas de Wei Wuxian tomaron un color rosa. A pesar de parecer muy seguro de sí
mismo, hasta el punto de que muchos lo consideraban pedante, él no estaba acostumbrado ni
se sentía cómodo al recibir un halago sincero. En el fondo, Wei Wuxian dudaba hasta de su
propio nombre y su pose de charlatán no era más que una forma de evadir la inseguridad.
Desestimar su talento era uno de sus pasatiempos, por eso Jiang Yanli aprovechaba cualquier
ocasión para recordárselo.

—¿Qué tal las cosas por allá? Imagino que se siente una paz inmensa.

—A cada rato preguntan por ti.

—Nah…

Jiang Yanli quería pellizcarlo como hacía cuando lo tenía a su lado. Tenía que conformarse
con fruncir el ceño y dedicarle una de esas miradas.

—Ay… no vuelvas a mirarme así. Te pareciste a él.

—¿Al de los famosos ojos dorados?

—Sí… —Wei Wuxian notó enseguida la sonrisa sospechosa de su shijie—. ¡Hey! No me


mires así, ¿qué insinúas?

—Yo nada… ¿en serio no conseguiste su nombre?

—¿Para qué quiero su nombre? Espero no volver a verlo nunca. Es aterrador.

Wei Wuxian se sacudió como si un escalofrío recorriera todo su cuerpo. El rumbo de la


conversación no le estaba gustando. Era momento de encontrar una excusa y despedirse de su
shijie.

—Bueno shijie —dijo fingiendo un bostezo—, este día ha sido agotador. Voy a echar una
siesta.

—Hablamos luego, A-Xian. Cuídate.

Wei Wuxian le tiró un beso a la pantalla y terminó la llamada. En realidad no pensaba


hacerlo, pero dormir un rato no le vendría nada mal.
Retazos

Canción: 먼지 (Dust) - Averua

Pieces of my broken and cold heart


That have hardened, stopped
I blankly take them out in this deep and dark night

Lan Wangji no era una persona de pedir deseos, pero estaba deseando que todo el asunto de
los nuevos profesores terminara pronto. La notificación del correo electrónico del instituto
saltaba a cada rato con mensajes de Lan Xichen y las respuestas del grupo encargado de la
evaluación de este año. Sumado a eso, ver la bandeja de entrada llena de mensajes sin abrir
contribuía con su ansiedad y mermaba su capacidad de concentración. Él no podía estar
tranquilo mientras viera un puntito rojo o un número indicando la cantidad de mensajes no
leídos. Sus bandejas y sus aplicaciones de mensajería instantánea siempre estaban limpias;
para una persona nada sociable como él, no conllevaba ningún esfuerzo.

A nivel productivo, daba el día como perdido. Las tareas tachadas en su lista de quehaceres
eran muy pocas en comparación con su rutina normal. Eso solo podía significar una de dos
cosas: trabajar hasta la madrugada o sacrificar su fin de semana. Su celular vibró con una
llamada del culpable de su caos.

—¿Viste quién obtuvo la nota más alta de química? —preguntó Lan Xichen desde el otro
lado.

Lan Wangji se despegó el celular y se quedó mirando la pantalla un rato. ¿Le había marcado a
él o se había equivocado?

—¿Wangji?

Eso respondía a su pregunta. Sin embargo, no lo sacaba del estado de confusión. Él solo
prestó su ayuda ese día, no trabajaba con la gente de química, no necesitaba esa información.

—No he podido ver los correos. Estoy trabajando.

—Lo supuse, por eso te llamé —a Lan Xichen le importaba poco el tono cortante de su primo
menor. Ya estaba acostumbrado, así que no le afectaba—. Resulta que Wei Wuxian tuvo un
examen casi perfecto. Solo se equivocó en una pregunta.

—¿Quién es Wei Wuxian?

—El que llegó tarde.

Oh. Esa persona. Estaba tan furioso con él que ese día cuando le entregó el examen ni
siquiera cotejó sus datos. Solo colocó el folleto sobre el escritorio y volvió a fijar la mirada
en la pared del fondo del salón, mientras esperaba que se cumplieran las tres horas.

—¿Y por qué me dices eso?

Lan Xichen no estaba a su lado, pero Lan Wangji podía escucharlo sonreír, si eso era posible.

—Porque no querías dejar entrar al mejor candidato de este año.

—No tiene disciplina.

El silencio en ambos lados daba a entender que no había más que decir. Lan Xichen tenía
licencia para molestar a Lan Wangji, no por eso abusaba de ello.

—Luego hablamos de eso. Te dejo trabajar —y colgó sin más.

Lan Wangji colocó el celular en su lugar y volvió su atención a la pantalla que tenía enfrente.
Los códigos que había escrito parecían burlarse de él, de la misma forma en que ese hombre
se había burlado de todos ese día llegando tarde y para colmo sacando la mejor puntuación.
Wei Wuxian. Se llamaba Wei Wuxian. Por suerte, pertenecería a un departamento que no se
relacionaba con el suyo. Lo vería, si acaso, cada dos o tres meses en alguna reunión de
profesores. Los profesores de química solían ser demasiado extravagantes para su gusto. Ni
siquiera se sabía el nombre de uno de ellos.

—Señor Lan… —llamó una de las asistentes del departamento, cuyo nombre tampoco sabía.

—Mn.

—Hoy van a fumigar la oficina, así que todos debemos irnos a más tardar a las seis.

—Gracias.

Otro cambio de planes. La vida se estaba encaprichando con arrojarle eventos inesperados. El
reloj marcaba las cinco y ya todos recogían sus cosas, sin poder esconder la felicidad en sus
rostros por poder salir a una hora decente.

Luego de guardar el poco avance que tuvo, apagó su portátil, la colocó en su mochila y
recogió sus cosas. Viendo truncado su plan de trabajar hasta muy tarde, decidió salir con los
demás. Eso significaba soportar la mirada curiosa de sus compañeros, así que se colocó los
auriculares. Con música clásica de fondo, cualquier escenario se tornaba más placentero.

Caminar entre tantas personas, cuando el sol aun estaba fuera, sin decirle buenas noches al
señor Yang, era extraño. No recordaba la última vez que abandonó la oficina antes de que
oscureciera. Estuviera en el instituto o en la oficina, Lan Wangji regresaba a casa en la noche,
listo para ducharse y dormir. Los únicos días que esto no sucedía eran sábados y domingos.

El grupo de empleados se fue separando en grupos más pequeños, unos rumbo a la estación
del metro, otros hacia un centro comercial cercano. Al final, Lan Wangji quedó solo
contemplando la escena como un espectador. Solo cuando un transeúnte tropezó con él, se
dio cuenta de que se había quedado de pie en medio del amplio parque que separaba su
trabajo de su hogar y que a esa hora lucía como un pedazo de tierra invadido por cientos de
hormigas obreras que salían de las diferentes oficinas de la zona.

Sus pies reanudaron la marcha. Su cerebro seguía estancado en pensamientos extraños.


Culpaba al cambio brusco del horario de salida y al hecho de que tendría que improvisar su
cena. Trabajar cuando llegara a casa estaba descartado. La experiencia le había demostrado
que programar distraído era una receta desastrosa.

Al llegar al edificio, lo saludó un portero que no conocía, encontró el ascensor lleno de


personas y por primera vez vio a alguien más abrir una puerta en su pasillo. Las miradas
extrañas no le sorprendían. Él era una especie de fantasma en ese condominio. La variable
que sobraba en la ecuación.

Apenas entró a su apartamento, lo embargó esa rara sensación que venía persiguiéndolo por
días. En vez de ducharse, fue hasta la cocina a preparar un poco de té. Mientras calentaba el
agua, sacó su portátil y revisó con calma los mensajes acumulados del instituto, que ya eran
el triple. Todos intercambiaban opiniones sobre los nuevos candidatos como si no fuera algo
que tuviera lugar cada año. El nombre de Wei Wuxian salía cada dos o tres líneas.

Lan Wangji no podía leer todo eso. Siendo profesor se preguntaba en qué momento los demás
profesores preparaban sus lecciones, revisaban las asignaciones y tenían vida social si le
dedicaban tantas horas a los mensajes de texto.

Su teléfono volvió a sonar. Esta vez no le sorprendió.

—Supe que saliste temprano. Ahora no tienes excusa para no ponerte al día.

—¿Quién te lo dijo?

—Eso no importa.

Lan Wangji estaba muy agradecido con la atención que Lan Xichen siempre le brindaba, pero
a veces le daba miedo que supiera tanto de él. Luego recordó que su primo tenía buenos
amigos en la empresa donde él laboraba. Estaba pecando de paranoico.

—Se asignaron las inducciones. Como sé que no vas a leer todo eso, ve hasta el final. Cargué
el listado hace poco.

Lan Xichen no bien terminó de dar las indicaciones cuando Lan Wangji ya tenía la lista
abierta. Tenía a su cargo cuatro profesores nuevos, incluyendo a…

—¿Wei Wuxian? Nunca doy inducciones a departamentos ajenos al mío.

—Siempre hay una primera vez. Además, por cuestión de horarios, es más cómodo así.

La explicación no terminaba de convencer a Lan Wangji. Desde el día del examen, Lan
Xichen no dejaba de mencionar al tal Wei Wuxian.

—Hablamos mañana —fue lo único que dijo Lan Wangji antes de terminar la llamada. El
tema lo estaba incomodando y él no era muy diestro manejando emociones que raramente le
invadían.

Cuando volvió a prestar atención a la estufa, el agua tenía un buen rato hirviendo y sus
deseos de tomar té se evaporaron con la mitad del agua. Necesitaba centrarse, encontrar su
punto de equilibrio y enfrentar el caos mundano que amenazaba su paz interior. De uno de los
cajones, sacó una caja de incienso de sándalo y tomó una varilla. Antes de encenderla la pasó
por su nariz, sintiendo de inmediato su efecto calmante.

Dejando atrás su portátil y su celular, colocó la varilla de incienso encendida en la sala y


abrió la puerta de cristal de su balcón. No entendía qué de interesante tenía la calle, la gente
pasar, la noche que parecía absorberlo en un agujero desconocido. Se limitó a entregarse al
deseo de permanecer de pie allí, sin hacer nada.

El lugar estaba oscuro, tanto que abrir y cerrar los ojos daba igual. Era extraño. En esa época
del año él no usaba las cortinas blackout porque la luz no era tan molesta como en verano.
Siempre se colaba un hilo de luz que servía de reloj natural. Tal vez había algún corte de
electricidad en la zona.

En medio de esa nada, intentó ubicarse moviendo su mano izquierda hacia la mesa de noche
para alcanzar el celular, pero ante el menor intento de movimiento, un dolor punzante le
recorrió todo el cuerpo. Se dio cuenta entonces de que estaba acostado boca abajo, posición
en la cual nunca dormía.

Era un sueño, no tenía otra explicación. Y estaba atrapado en el camino a mitad de estar
dormido y estar despierto. Su cerebro llegaba antes que su cuerpo una vez más. Esa maldita
sensación de impotencia.

La última vez que tuvo una parálisis del sueño pensó que terminaría sufriendo un infarto.
Además de no obtener respuesta de su cuerpo, sentía que todo se movía a su alrededor y que
los cristales de las ventanas vibraban con tanta intensidad que pronto estallarían.

Por lo menos, en esta ocasión no tenía efectos especiales adicionales. Aunque el dolor en su
cuerpo era demasiado real. Intentó mover la mano una vez más y el pinchazo fue más
profundo, como si la piel de su espalda estuviera abierta.

Se olvidó de moverse y trató de concentrarse en su respiración antes de ceder ante el pánico.


Por experiencia, sabía que la desesperación era su peor enemigo, que en momentos como ese
lo mejor era volver a la posición anterior, hacer creer que se dormía de nuevo y entonces salir
del trance con una sacudida inesperada. Si intentaba forzar el cuerpo a moverse, éste se
volvería más rígido y la sensación de estar atrapado aumentaría tanto que su corazón
terminaría saliendo por su boca.

Cerró los ojos y contó hasta perder la cuenta. Al sentir el cuerpo relajado, abrió los ojos e
intentó sacudir todos sus músculos de un tirón. La estrategia no funcionó.

Sus ojos chocaron con la misma oscuridad de antes. Otro de esos sueños realistas
prolongados. Tenía años sin experimentar uno. No los extrañaba para nada. Solo podía
entregarse a la nada y dejar que el mundo onírico tomara posesión de él, entregando sus
huesos a un sinfín de emociones que no lograba comprender y que al día siguiente lo dejaban
hecho mierda.

Contra todo pronóstico, volvió a relajarse y olvidó el sentido de la vista, para activar otros
sentidos. La habitación era fría, con un olor a madera, específicamente a sándalo, pero no el
sándalo de sus varillas de incienso. Era un olor más penetrante. Sí, era la habitación de
siempre. La de sus sueños. Esa decorada de blanco y azul, donde él también vestía de blanco
y azul, tocaba el guqin y meditaba por largas horas.

En una etapa de su vida, soñó tanto con esa versión suya que pudo llenar un diario. Hasta un
día que lo dejó abierto sobre el escritorio y Lan Xichen lo vio y tuvo que inventar una excusa
sobre una investigación sobre leyendas y fantasías para una clase de literatura. Entonces no
quiso escribir más al respecto, guardó el diario en un lugar tan seguro que ni él mismo
recuerda.

Reemplazó la escritura con una rutina más cargada. No supo si fue eso, pero con el tiempo se
deshizo de los sueños. A pesar de ello, las escenas más intensas regresaban a su memoria y,
por el temor de volver a caer, se torturó con muchas noches de insomnio. Nunca encontró
explicación para eso. Se convenció de que su mente era muy activa y en ese momento esa
energía se traducía en sueños sin sentido.

Cuando por fin logró despertar, sintió un cosquilleo en sus manos característico de los
momentos en que necesitaba escribir dejando el control a la pluma. Una pregunta se repetía
una y otra vez en su cabeza: ¿Por qué había vuelto a soñar?
Ojos dorados

Canción: Golden Eyes - HANNI

I can't help but feel that thunder


The sun came up
But feeling darker

La primera semana de trabajo se sintió como un regreso de vacaciones para Wei Wuxian.
Excepto por el tamaño de las instalaciones y la cantidad de empleados, el ambiente laboral de
la planta de Gusu era prácticamente el mismo que el de Yunmeng. Su perfil y sus tareas no
habían cambiado, solo tenía que aprenderse los nombres de sus compañeros y de su nueva
jefa, lo cual para él era fácil. Toda su vida había sido un ir y venir de personas, por lo que
adaptarse a rostros y nombres nuevos era una misión sencilla. El “chico de Yunmeng” le caía
en gracia a todos, con su hermosa sonrisa y sus palabras dulces. Eso sin contar la sólida hoja
de vida que lo acompañaba.

—Chico…

Wei Wuxian volteó para encontrarse a una mujer alta, de pelo negro y largo recogido en una
cola, con los brazos cruzados y una expresión de estar estudiando una presa. La había visto
en varias ocasiones, pero no sabía que era de su departamento.

—Hola. Soy Wei Wuxian. ¿Tú eres?

—Wen Qing. La dueña de esa silla.

Wei Wuxian miró a su alrededor, luego la silla donde estaba sentado.

—Oh… me dijeron que esta es mi estación.

—Sí, esa es tu estación, pero esa es mi silla.

Parándose de inmediato, Wei Wuxian volteó la silla y verificó el código que tenía en una de
las patas.

—Lo siento mucho, Wen Qing.

Wei Qing tomó su silla y la llevó hasta su puesto.

—No hay problema. Hay algunos aquí que no sé como consiguieron su título.

Wei Wuxian se limitó a responder con una sonrisa tímida. La personalidad de Wen Qing era
un terreno fangoso que le tomaría unas cuantas semanas para descifrar. Mejor cuidaba sus
pasos. No quería empezar mal con la persona que trabajaba a su lado y con la que
probablemente pasaría muchas horas. Aunque cada quien manejaba proyectos
independientes, el trabajo de desarrollo analítico también dependía en gran parte de compartir
los datos y las estadísticas. Una buena comunicación era clave para no trabajar doble.

Luego de llevar su verdadera silla hasta su puesto, Wei Wuxian volvió a sentarse y
concentrarse en su lectura. Le tocaba terminar con la parte aburrida de ponerse al día con los
proyectos de esa planta, antes de entregarse a lo que más le gustaba: experimentar.

—Recuerda reservar tus equipos antes del viernes —le dijo Wen Qing desde su estación.

—Lo haré el jueves en la mañana —Wei Wuxian la vio ponerse los lentes y los guantes y
sintió un poco de envidia.

—¿Es cierto que vas a dar clases en el Lan?

Wei Wuxian afirmó con la cabeza.

—Empiezo el entrenamiento este fin de semana.

—Si pasaste ese examen, eres muy bueno.

Wei Wuxian no sabía si sentirse halagado u ofendido ante el tono de incredulidad de Wen
Qing. Le parecía irónico que la primera persona que cuestionaba su capacidad en Gusu fuera
precisamente su compañera de departamento. Ignorando el comentario, volvió a fijar su
atención en el enorme libro que tenía sobre la meseta. Sin embargo, no lograba leer más allá
de dos líneas. Sentía un par de ojos clavados sobre su espalda.

—¿Pasa algo?

Wen Qing señaló hacia abajo dejando a Wei Wuxian confundido.

—¿Qué? ¿Esta silla tampoco es mía?

—Tu pie. ¿Qué te pasó?

—Ah… —Wei Wuxian no recordaba que llevaba la bota ortopédica. Los días iban tan deprisa
que se adaptó sin darse cuenta—. Resultado de empezar el día con mal pie.

Un intento de sonrisa apareció en el rostro de Wen Qing. Wei Wuxian podía fácilmente soltar
el libro y hacerle toda la historia del pie y como casi pierde el examen del Instituto Lan, pero
se contuvo. En estos pocos minutos, había comprendido que Wen Qing funcionaba como un
destilador: gota a gota. Si la abrumaba con su energía, se evaporaría la magia más rápido que
el éter.

—Vaya forma de empezar tu vida en Gusu.

Wen Qing tomó su libreta y se fue a otra área bajo la atenta mirada de Wei Wuxian. En otros
tiempos, la gente enigmática era uno de sus pasatiempos favoritos. Si la hubiera conocido en
secundaria, estuviera persiguiéndola como un papagayo, hablando de cosas irrelevantes, hasta
irritarla por completo y causar que lo odiara o cediera y se convirtiera en su amiga.
Pero él ya no era un adolescente, tampoco un universitario, ni siquiera estaba en Yunmeng.
No tenía claro cuál era su vida ni hacia dónde iba, solo intentaba hacer contar cada día, sin
pensar en el mañana. Hacía años había decidido que el presente era lo único real. El resto no
tenía mucho sentido.

El viernes llegó muy rápido. Wei Wuxian puso varias alarmas y dejó su cuarto impecable
porque no quería tropezar de nuevo. El colgante de amatista que su shijie le regaló como
amuleto fue lo primero que se puso al salir de la ducha. A él le gustaba esa piedra, además
combinaba bien con sus atuendos negros. No tendría problemas para usarla. Lo de sus
propiedades para calmar la mente y el espíritu… eso estaba por verse.

Luego de vestirse con lo más decente de su armario, Wei Wuxian volvió a recordar que ya no
podía postergar la visita al centro comercial. En el laboratorio sus jeans descoloridos y sus
camisetas negras de bandas desconocidas pasaban desapercibidos debajo de las batas y las
ropas de protección. En el instituto, en cambio, aunque usara batas para las prácticas, en
clases teóricas y en reuniones con los profesores tenía que lucir más decente. La disciplina y
el prestigio de los Lan eran reconocidos no solo en Gusu sino en todo el país.

Wei Wuxian pisó el instituto veinte minutos antes de la hora prevista. Así podía tomarse su
tiempo para recorrer con calma los pasillos que había atravesado corriendo el día del examen.
Su mente lo transportó enseguida a sus días de universidad, cuando sacar las mejores notas
después de una noche de fiesta era un chiste, el enorme libro de química servía de almohada
después de devorar cualquier comida de la calle y echaba una siesta antes de la próxima
práctica, cuando todos tenían sobre él las más altas expectativas y él solo quería fluir.

—Wei Wuxian.

La voz de Lan Xichen lo trajo de vuelta al presente. Medio sonrojado le sonrió.

—Miraba los murales.

Lan Xichen asintió con una mirada difícil de leer, como buen embajador de los Lan. Luego
miró hacia abajo y notó la bota ortopédica.

—Fue serio lo del pie.

—Un poco —Wei Wuxian movió la mano, como si con ese gesto fuera capaz de restarle
importancia al asunto—. Ya casi está sano.

Lan Xichen asintió y dejó a un lado el tema. Era evidente que Wei Wuxian no se sentía
cómodo hablando sobre eso.

—Lan Wangji está en el salón donde tomaste el examen.

—¿Llegué tarde de nuevo?

—No —respondió Lan Xichen riendo un poco—. Lan Wangji siempre llega muy temprano.
Wei Wuxian suspiró, entonces mientras avanzaban hacia el salón, sus neuronas hicieron clic.
Ese nombre que Lan Xichen había mencionado dos veces no estaba registrado en su cabeza.

—¿Lan Wangji? ¿Es el encargado de mi inducción?

—Sí, perdona. Lo mencioné como si ya lo conocieras. Aunque… ya lo conoces.

Wei Wuxian se detuvo en seco. Sentía un enorme deseo de enviarle a Jiang Yanli un mensaje
cuestionando las propiedades mágicas de la amatista. Había llegado sano y salvo al instituto,
la mañana iba sin contratiempos. ¿Por qué tenía que caer de nuevo en manos de “esa”
persona?

De la boca de Wei Wuxian querían salir tantas cosas. Una sonrisa casi falsa era lo único que
se podía ver en su rostro. Eso y sus mejillas más rosadas de lo normal. Tal como había
sospechado, el hombre de ojos dorados era un Lan, lo que no se atrevía a preguntar era su
relación con Lan Xichen o qué tan importante era él dentro del instituto.

—¿Todo bien?

—Sí… sí… —las palabras de Wei Wuxian comunicaban lo contrario a su cuerpo y su rostro.

—Lan Wangji es un poco estricto, pero es muy buen instructor y profesor. No te preocupes.

Wei Wuxian movió la cabeza sin saber exactamente si asentía o negaba. Sus pies retomaron
la marcha y el camino hasta el salón dejó de parecerle divertido. Su nivel de ansiedad era tan
absurdo que quería estallar de risa ahí mismo.

Cuando él y Lan Xichen llegaron al salón, solo había tres personas allí: Lan Wangji y dos
nuevos profesores. Todavía faltaban unos diez minutos.

Lan Xichen fue directo hacia Lan Wangji y Wei Wuxian no sabía que hacer con sus pies.
Notó que en cuanto se percató de su presencia, la postura del hombre de ojos dorados se
tensó un poco. El día del examen apenas pudo ver más allá de esos ojos que le perseguían
como si fuera el peor de los criminales, así que esta vez Wei Wuxian aprovechó para
estudiarlo de pies a cabeza: era más alto que él, con piel de porcelana, vestido de camisa y
pantalón formal y el pelo recogido con una cinta azul en lo que parecía una… trenza. Tenía el
pelo más largo que él. Las neuronas de Wei Wuxian no soportarían tanto.

—Ya que no se presentaron formalmente ese día —Lan Xichen volteó al notar que no tenía a
Wei Wuxian a su lado y le hizo un gesto para que se acercara—, Wei Wuxian, te presento a
mi primo Lan Wangji, profesor de programación y encargado de darte la bienvenida al
instituto. Lan Wangji, te presento al profesor mejor calificado de este convocatoria: Wei
Wuxian.

Tanto Lan Wangji como Wei Wuxian se quedaron por un rato en silencio, sin moverse, sin
entender por qué Lan Xichen estaba comportándose tan casual. Por la actitud de Lan Wangji,
Wei Wuxian sospechaba que este no era el protocolo habitual de una inducción. Notando que
el silencio se tornaba incómodo extendió a su mano hacia Lan Wangji.
—Mucho gusto, Lan Wangji. Y… mis disculpas por haber llegado tarde ese día.

Lan Wangji miró la mano suspendida en el aire y lo pensó unos segundos antes de
corresponder el saludo. Wei Wuxian sintió como si tocarlo fuera un sacrificio para Lan
Wangji y retiró la mano en un tiempo prudente.

—Bienvenido al Instituto Lan —fue todo lo que dijo Lan Wangji.

Lan Xichen estaba saludando a los otros profesores y a los que en ese momento empezaban a
entrar al salón. Wei Wuxian seguía de pie frente a Lan Wangji, quien tampoco se movía un
milímetro y lo miraba como el día del examen. Ya empezaba a preguntarse si este Lan Wangji
lo conocía de algún lado, en sus años en que hacer disparates era su día a día, y le había
ofendido de alguna forma.

—Voy… voy a sentarme —le dijo Wei Wuxian señalando la primera fila de asientos.

Lan Wangji asintió y se movió hacia el escritorio que había ocupado el día del examen. Wei
Wuxian pudo al final respirar cuando se rompió el contacto visual.

A las diez en punto, los profesores citados ocupaban sus asientos y Lan Xichen dio un breve
discurso de bienvenida. Luego introdujo a los encargados de inducción de este año, los cuales
estarían a cargo de orientar a los nuevos profesores, ayudarlos a iniciar sus labores y
formarlos en materia de los reglamentos de la institución.

Después de la pequeña charla general, cada grupo se fue con el inductor asignado. Lan
Wangji, aparte de Wei Wuxian, tenía a su cargo tres profesores más, todos del departamento
de informática. Eso representaba un inconveniente. Informática y química estaban en
edificios diferentes y el primer día de inducción era el único presencial.

Wei Wuxian podía notar el conflicto en el rostro de Lan Wangji. Había algo que lo estaba
incomodando y las probabilidades de que fuera su presencia incrementaban con cada minuto
que pasaba. El recorrido por las áreas generales del instituto terminó y Lan Wangji se detuvo
a mitad del pasillo principal. Wei Wuxian estaba a punto decir algo cuando la voz de Lan
Wangji lo detuvo.

—Vamos a separar el grupo. Wei Wuxian, ¿te importaría esperar unos minutos?

—No, claro que no.

—Bien. Voy a llevar primero a los de informática y les daré un recorrido rápido. Como a
ustedes los veré con más frecuencia, puedo aclarar cualquier duda durante la semana.

—Pensaba proponer lo mismo —agregó Wei Wuxian—. O volver otro día.

—No es necesario. Ya estamos aquí y hay que respetar el tiempo de todos.

Wei Wuxian buscó donde sentarse en cuanto vio a Lan Wangji alejarse con los otros
profesores. Su pie latía por primera vez en muchos días. Sin darse cuenta había caminado
más de lo indicado. Que el grupo se separaba, no le caía tan mal.
La sonrisa

Canción: The Smile - Schiller feat. Sarah Brightman

There is a smile
A smile upon your face
I wonder why
Why you're full of grace

Media hora después, Lan Wangji regresó del recorrido con sus nuevos colegas. Encontró a
Wei Wuxian sentado en un banco leyendo algo en su celular, tan entretenido que no se
percataba de su presencia.

Luego de despedir a los nuevos profesores de informática, Lan Wangji se quedó de pie en
medio del pasillo observando a Wei Wuxian aun sumergido en su lectura. Sus labios se
curvaban y el brillo de sus ojos aumentaba de vez en cuando. Cuando sonreía se formaban
unos hoyuelos que lo hacían lucir más como un estudiante que como un profesor. Si Lan
Wangji no hubiera visto su perfil, creería que no llegaba a los treinta. Curiosamente, tenían la
misma edad.

La mirada de Lan Wangji fue entonces hacia el pie izquierdo de Wei Wuxian. Había notado la
bota desde que lo vio entrar al salón junto a Lan Xichen y recordó como ese día, aparte de la
respiración acelerada, algo no estaba bien con su andar. También vio como Lan Xichen lo
auxilió en el pasillo después del examen. Sin preguntarle, Lan Xichen le contó toda la
historia sobre el pie. De todas formas, su impresión sobre Wei Wuxian seguía siendo la
misma.

Mientras Wei Wuxian continuaba en el mundo de la pantalla de su celular, Lan Wangji


trazaba un mapa mental para hacer que el recorrido por el área de química no fuera tan largo
y cansado. Para una persona sana, recorrer ambas áreas no era ningún problema. Pero para
alguien que tenía una lesión, podía representar un retroceso en su proceso de recuperación.

—Wei Wuxian…

Wei Wuxian levantó la cabeza enseguida.

—Oh, Lan Wangji —dijo guardando el celular y levantándose—, ya estás de vuelta.

—Mn. ¿Esperaste mucho?

—Para nada, ni siquiera sentí el tiempo. Me entretuve en algo.

—Vamos entonces.
Lan Wangji normalmente era de andar pausado. Caminar con pasos aún más lentos lo hacía
lucir casi robótico, así que trató de mantener un ritmo un poco más calmado, pero sin caer en
lo antinatural. El rostro de Wei Wuxian había vuelto a su expresión neutra, tan relajada como
si el mundo fuera de color rosa. Lan Wangji agradecía en silencio. La sonrisa de ese hombre
era una distracción tan fuerte que alteraba el modo de operación de su cerebro.

Llegando al área de química, Lan Wangji se detuvo y empezó a explicarle la distribución de


las aulas y de los laboratorios. De vez en cuando, sus ojos hacían una pausa en el rostro de
Wei Wuxian, quien asentía y le dedicaba toda su atención. Parecía estar grabando cada detalle
en su cabeza sin necesidad de tomar notas.

—¿Te asignaron alguna química básica?

—Sí, Química I.

—Entonces te toca uno de los laboratorios de este nivel —Lan Wangji le hizo un gesto para
que lo siguiera y ambos entraron al primer laboratorio de ese pasillo—. No sé si te asignarán
este, pero todos los de este lado son iguales.

Wei Wuxian observaba y caminaba como un niño en una juguetería con total libertad para
elegir lo que quisiera.

—Ah… qué suerte tienen los estudiantes de ahora. Me hubiera gustado estar en uno así en
mis años.

La sonrisa brillante estaba otra vez pintada en el rostro de Wei Wuxian y Lan Wangji de
repente encontró muy interesantes los tubos de ensayo y los mecheros de Bunsen. Temía
sufrir un cortocircuito. Wei Wuxian emanaba mucho más energía de la que él estaba
acostumbrado a manejar.

—¿Qué otra química tienes?

—Cuantitativa —respondió Wei Wuxian concentrado frente a la enorme tabla periódica en la


pared del fondo.

—Vamos arriba.

La costumbre llevó a Lan Wangji hasta las escaleras, pero justo antes de colocar un pie en el
primer peldaño se detuvo. Esos laboratorios estaban en el cuarto nivel. Para él, subir no era
ningún esfuerzo, lo tomaba como ejercicio; en cambio, para su acompañante no era prudente.
Medio cabizbajo señaló hacia el ascensor al fondo del pasillo. Wei Wuxian caminaba detrás
suyo, en total silencio.

Al llegar, Lan Wangji sacó un juego de tarjetas y separó la que necesitaba para abrir.

—La seguridad en estos niveles es más rigurosa —explicó Lan Wangji dándole paso a Wei
Wuxian—. Los equipos y la cristalería son costosos, así que el acceso es más restringido.

—Comprendo.
—El coordinador del área te explicará la logística de acceso y manejo de materiales. Desde
que completes el entrenamiento en línea, te llegará un correo suyo.

Wei Wuxian levantó el pulgar en señal de aprobación. Sus ojos estaban ocupados entre
buretas y balanzas que peleaban por su atención. Lan Wangji se recostó del marco de la
puerta y lo dejó ser. No estaba consciente de cuántos minutos pasaron antes de que Wei
Wuxian finalmente volteara a verlo.

—Lo siento —expresó con una risa nerviosa—. Tenía mucho sin estar en un ambiente como
este… de vuelta a lo básico, ¿entiendes? —Lan Wangji levantó una ceja—. No, no entiendes.
Es que… te preguntarás por qué me asombro si trabajo a diario en analítica, pero la
tecnología ha dejado todo esto atrás. Los instrumentos hacen todo por uno, presionas un
botón y listo. Entonces me pregunto cuántos realmente recordamos lo esencial.

Lan Wangji podía entenderlo aunque su área de conocimiento fuera muy distinta a la de Wei
Wuxian. Escucharlo hablar con esa emoción le hacía olvidar que apenas unos minutos atrás,
su primera impresión sobre él no era la mejor. ¿Fue eso lo que vio Lan Xichen? El instituto
contaba con docentes que podían considerarse entre los mejores del país. En sus años como
estudiante y como profesor, había conocido a gente muy talentosa. Sin embargo, ese desborde
de pasión… era la primera vez que presenciaba algo así.

—Vives la química.

—¡Es para vivirla! —Wei Wuxian abrió los brazos de par en par—. Pero la mayoría le tiene
tanto miedo que no se da la oportunidad de acercarse y conocerla.

Como la vida misma, pensó Lan Wangji, huyendo una vez más de la sonrisa de Wei Wuxian.

—Tenemos que bajar.

—Ah, claro… claro.

Wei Wuxian contuvo un poco su excitación, echó un último vistazo al laboratorio y salió
primero. Lan Wangji cerró y ambos caminaron de vuelta al ascensor.

—¿Cuánto tiempo llevas dando clases? —preguntó Wei Wuxian incapaz de mantener la boca
cerrada después de tanta efusividad.

—Unos diez años.

—¿Tantos?

—Mn. Desde que me gradué.

—Oh. Yo solo he dado tutorías, pero clases en serio, nunca.

Lan Wangji no dijo nada más, no porque no quisiera continuar la conversación, sino porque
no sabía cómo hacerlo. Había excedido su límite diario de palabras y empezaba a marearse.
Las puertas del ascensor se abrieron en el primer nivel y Lan Wangji salió disparado como si
necesitara oxígeno con urgencia.
En el pasillo principal, Lan Xichen contemplaba el mural con las manos detrás de su espalda.

—Lan Wangji, ¿terminaste con el señor Wei?

A Lan Wangji le causaba ruido el título de señor asociado con Wei Wuxian.

—Mn.

—¿Cómo estuvo el primer día, señor Wei? —preguntó Lan Xichen al ver a Wei Wuxian
asomarse detrás de Lan Wangji—. Espero que no haya tenido que caminar mucho —agregó
señalando su pie.

—Todo muy bien. Lan Wangji es un excelente guía.

Como un espectador, Lan Wangji observaba el intercambio entre su primo y Wei Wuxian.
Ambos sonrientes, conversando como si fueran viejos amigos. Algo que para él no resultaba
natural. Su incapacidad para ser un ente social no le quitaba el sueño, al contrario, carecía de
importancia para él. Por eso, este momento lo tomaba por sorpresa. Esa sensación
indescriptible que crecía en su pecho y se convertía en una bola en su garganta, que le hacía
apretar los puños discretamente para no quebrantar su apariencia inmaculada. ¿Cómo se
llamaba? ¿Impotencia? ¿Inseguridad? ¿Envidia?

¿Por qué le importaba de repente? Miró su reloj anticipando su ruta de escape y procedió sin
pensarlo.

—Tengo que ir a mi oficina.

Lan Xichen asintió y Wei Wuxian lo miró con el ceño fruncido, como si no esperara ese
cambio brusco en él.

—Oh… ok. Muchas gracias por todo, Lan Wangji.

La sonrisa estaba de vuelta, aumentado la urgencia de escapar de Lan Wangji.

—De nada, Wei Wuxian. Permiso.

Lan Wangji no supo si sus pasos fueron muy rápidos. Solo fue consciente de llegar a su
pequeña oficina y cerrar la puerta. Acababa de mentir con descaro. Wei Wuxian no se daría
cuenta, pero Lan Xichen sí. No tenía nada que hacer en la oficina; de hecho, nunca la pisaba
los fines de semana. Recostado contra la puerta, contó hasta que su pulso volvió a la
normalidad. Luego miró su escritorio y al verlo vacío recordó que ni siquiera tenía su
computador portátil consigo. Solo le quedaba abrir el archivo y buscar algún documento para
no salir con las manos vacías.

El escritorio vacío lo llevó de vuelta a sus años de infancia y adolescencia, donde en vez de
teclados tenía libretas y lápices. Había pasado tanto tiempo desde la última vez que volcó sus
ideas en papel, cuando guardó su diario y sus ganas de escribir detrás de una gaveta con llave.
No lo extrañaba, no hasta ahora que sus sueños volvieron a aparecer, que un extraño sacudía
su normalidad.
Las palabras que no salían de sus labios buscaban otra forma de ver la luz. Pero qué podía
decir. Nunca tenía nada que comunicar a los demás. Su vida parecía un voto de silencio. Una
promesa de antaño. Una penitencia extraviada de la causa que la provocó.

Sosteniendo una carpeta, Lan Wangji abandonó la oficina antes de que Lan Xichen lo
abordara y la mentira se escurriera de sus manos. Por suerte, su primo no estaba a la vista, así
que pudo salir del instituto sin pasar por un interrogatorio. De todas formas, aguantó la
respiración hasta poner en marcha su carro y estar fuera del área.

Había sobrevivido. El resto de su interacción con Wei Wuxian sería un par de correos
electrónicos y listo. Su coordinador se haría cargo del resto. El semestre iniciaría sin
contratiempos, cada uno continuaría su ocupado camino. Uno entre reactivos y fórmulas, el
otro entre códigos y lenguajes.

¿Por qué insistía su cerebro en bombardearle pensamientos absurdos? Si fuera una máquina,
qué fácil resultaría todo.

La insistencia de Lan Xichen no era nueva para él. Anteriormente, había utilizado un par de
trucos sucios para hacer que Lan Wangji coincidiera en más de una ocasión con una misma
persona. Cuando cumplió veinte y estaba a punto de graduarse, este tipo de coincidencias
eran más comunes. Hasta que un día Lan Wangji se cansó y le pidió que dejara de jugar al
casamentero. A esa edad, todos los Lan —o casi todos— estaban saliendo con alguien o
tenían una relación formal, porque todos se casaban y tenían hijos. Era una especie de regla
no escrita, pero asimilada por todo aquel que llevara ese apellido.

Si Lan Xichen no se atrevía a ser la excepción, Lan Wangji lo sería. No estaba interesado en
tener una relación ni en formar una familia. Contrario a Lan Xichen, no estaba dispuesto a
tener una relación para complacer al resto y darle largas y largas hasta hacer que todos se
preguntaran si en verdad se va a casar, a tal punto que en las reuniones familiares ya ni se
tocaba el tema.

En el fondo, Lan Xichen lo hacía para que socializara un poco. Entendía su preocupación,
pero él no era infeliz estando así. Su soledad era parte de su personalidad y sabía vivir con
ella. Mientras otros disfrutaban la compañía de los demás, el disfrutaba estar consigo mismo.
No era fácil todo el tiempo, sobre todo cuando empezaba a cuestionarse cosas que no
llevaban a ningún lado y se ponía existencial de repente. Pero eran momentos efímeros que
no representaban un porcentaje significativo de su tiempo.

Si la vida lo llevó a crecer solo, algún motivo superior había. Esforzarse en algo que no fluía
naturalmente de él era un desperdicio de energía. El tiempo en la tierra era muy corto pera
desperdiciarlo en aquello que no le gustaba.
Catálisis

Canción: In The Nightside of Eden - HIM

Forever we are
Forever we've been
Forever we'll be crucified to a dream

Wei Wuxian no entendía por qué, a pesar de mantener un perfil bajo, acaparaba la atención de
las personas como si fuera un terrón de azúcar en medio de un hormiguero. En una semana
pasó de ser “el chico de Yunmeng” al “chico de la sonrisa linda”.

—Que no soy tan chico —decía una y otra vez. Antes tenía que mostrar su identificación para
poder entrar a los bares o a la disco, ahora estaba a punto de mostrarla para que se
convencieran de que no era un jovencito recién graduado.

La ventaja que sacaba de todo esto era la facilidad con la que podía realizar cualquier
proceso. La señora del comedor le servía un poco extra, la chica del almacén le entregaba sus
reactivos antes de lo acordado, el encargado de los equipos nunca ponía un pero si por algún
motivo Wei Wuxian se veía obligado a cambiar el horario del análisis.

La única que no parecía muy contenta, era su compañera de departamento Wen Qing.

—Debe ser un demonio —la escuchó murmurar un día mientras esperaba que terminara de
usar la campana de gases. Optó por ignorar su comentario. A fin de cuentas, él no era Coca
Cola para caerle bien a todo el mundo.

Después del incidente de la silla, todo fluía normal con Wen Qing, excepto por ese
comentario. Wei Wuxian comprendió poco después que su problema no era directamente con
él, sino con la atención que atraía hacia su persona, lo cual se traducía en visitas más
frecuentes en el departamento. Wen Qing era la ermitaña de la planta, que prefería estar sola
en su esquina, concentrada en sus tareas, con la menor interacción social posible. Le
recordaba a otra persona.

—Harían clic de inmediato.

—¿Qué?

—Que la reacción fue inmediata —dijo Wei Wuxian colocando otro post-it en la pared de su
estación.

Wei Qing alzó una ceja no muy convencida.

—¿Cómo estuvo tu primera semana de clases?


Wei Wuxian se mordió los labios para no sonreír. Su manual del comportamiento
impredecible de Wen Qing seguía en proceso, así que todavía le costaba acostumbrarse. Su
rostro no era el más amigable, sin embargo, estaba iniciando una conversación.

—Muy bien. Con tantos recursos, resulta muy fácil dar clases. Además, los estudiantes son
tan disciplinados que espanta.

La risa de Wen Qing fue tan breve que Wei Wuxian creyó estar alucinando.

—Es una universidad de élite. Si logras entrar, por supuesto que soportas toda la disciplina.
Ser expulsado del Lan es destruir tu futuro profesional.

Wei Wuxian la miró boquiabierto. No tenía idea de la relevancia del instituto. Sí sabía que era
importante, pero no hasta qué grado. La verdad no tenía tiempo ni interés para estar pendiente
de las cosas a nivel nacional. Su vida en Yunmeng era tan simple que su mayor preocupación
era el menú de la cena. La mayor parte del tiempo no miraba más allá de las paredes del
laboratorio y del orfanato.

—Con razón…

—¿Qué?

A los oídos de Wen Qing no se le escapaba una palabra esa mañana. Si era interés genuino o
morbo, Wei Wuxian no podía descifrarlo.

—Nada, nada.

La química no insistió y se sentó en su puesto. Wei Wuxian hizo lo mismo. Aunque esperar
en silencio lo desesperaba, esa opción era mejor que tocar ciertos temas.

Por primera vez en varias semanas, Wei Wuxian llegó temprano a su apartamento. Fue
directo a la cocina, abrió la nevera y soltó un quejido de frustración.

—¿Por qué las compras no se hacen solas?

—Porque no se puede ser tan vago, A-Xian —respondió Jiang Yanli desde el teléfono.

—Ya entiendes por qué prefiero llegar a dormir.

—No puedes trabajar horas extras siempre. ¿Olvidaste lo que hablamos?

Wei Wuxian asintió aunque su shijie no podía verlo. Él le marcó desde que subió al metro y
llevaban todo el trayecto a casa hablando, pero sin la cámara activada.

—¿Y si regreso?

—¿Vas a abandonar dos trabajos de ensueño por no ir al supermercado?


Hasta para él era absurdo. Pero para qué negar lo incómodo que le resultaba manejar asuntos
de la casa. Podía trabajar como una máquina diez o doce horas, pero agarrar una escoba o
hacer una lista de compras le daba dolor de espalda.

—No puedo ser bueno en todo —comentó tirándose sobre el sofá y activando la cámara del
celular—. Pero mi hermosa shijie me va a ayudar con eso.

—Ok, pero me tienes que contar del instituto.

—¿Qué quieres saber de allá? Dar clases no tiene nada de especial.

Wei Wuxian solo estaba tomando la delantera. Sabía muy bien hacia dónde se estaba
desviando la conversación.

—No me has dicho nada del “hombre de los ojos dorados”.

—Ah… Lan Wangji.

—Por fin te sabes su nombre.

—Claro que me sé su nombre. Le tocó darme la inducción.

Jiang Yanli se acomodó en su asiento, sin ocultar su enorme sonrisa.

—Tampoco me dijiste eso.

—Shijie… no hemos hablado desde que tomé el examen.

—Cierto, pero un mensaje…

Wei Wuxian no pudo evitar interrumpirla.

—¿Un mensaje para decirte eso? Aiyaaa… es un colega, además es del departamento de
informática, le tocó ser mi tutor por casualidad y ya eso pasó. Solo nos vimos el primer día;
desde entonces no nos hemos cruzado más en el instituto. Supongo que tenemos horarios
distintos y aunque tuviéramos horarios similares, estamos en edificios diferentes, así que no
hay razón para que nos encontremos. Y aun estando en el mismo edificio, se nota que es una
persona que no le gusta hablar ni compartir mucho con los demás. No va al comedor a la hora
de todos ni asiste a reuniones a menos que sean obligatorias.

Cuando terminó de hablar sintió como si hubiera estado debajo del agua demasiado tiempo y
tomó una gran bocanada de aire.

—Vaya… muy detallado todo tratándose de alguien que no te interesa.

Wei Wuxian lamentó el momento en que convirtió la llamada en videollamada.

—Y si te lo vuelves a encontrar, ¿le vas a hablar?

—Shijie…
—Tienes que ganarte esa lista del super. Todo tiene un precio en la vida.

—No eras así cuando dejé Yunmeng.

—Responde la pregunta y pasamos a lo importante. Aunque esto es importante también.

—Te desconozco —resopló Wei Wuxian sin más alternativa que terminar contándole todo lo
sucedido el último día que interactuó con Lan Wangji.

Después de ponerla al día con su nueva vida en Gusu, Jiang Yanli lo ayudó a hacer la lista del
supermercado, a buscar una aplicación para que no tuviera que salir y recibiera todo en la
puerta de su casa. Luego hicieron una sesión de cocina en vivo porque Wei Wuxian estaba
antojado de una sopa de raíz de loto y costilla, que al final no quedó como la original, pero
tampoco quedó tan mal bajo la tutela de la propia autora de la receta.

—¿Cuántas horas llevamos hablando? —preguntó Yanli ocultando un bostezo. Su cocina ya


estaba limpia, mientras que Wei Wuxian estaba limpiando el último utensilio.

—No sé cuántas, pero ninguna respuesta es saludable.

—Una vez al mes no está mal.

Por eso Jiang Yanli era su persona favorita. Podía buscarle el lado positivo a todo y hacer de
cualquier simple actividad toda una experiencia. No había tenido tiempo de echarla de menos
entre tantas ocupaciones, pero después de volver a compartir con ella casi como en los viejos
tiempos, no había forma de ocultar ese sentimiento. La extrañaba demasiado y su vida no era
lo mismo.

—Te quiero dar un abrazo.

—En vacaciones podrás hacerlo.

—O sea que tú no quieres abrazarme…

Jiang Yanli viró los ojos ante el comentario. Wei Wuxian estaba buscando chisme de nuevo y
si se llevaba de eso, prolongarían la videollamada unas tres horas más.

—Hora de dormir, Wei Wuxian.

—Ahh, ¡no me llames así!

—Si no te portas bien, te llamaré así.

Wei Wuxian puso cara de niño bueno y le tiró un beso.

—De acuerdo, shijie. Siempre seré obediente para mi shijie.

—Recuerda tus palabras.


La despedida duró otra media hora y al final terminaron colgando porque Jiang Yanli tenía
una llamada de su esposo.

A rastras, Wei Wuxian llegó hasta su habitación y luchó contra el impulso de tirarse a la
cama. Tenía que ducharse primero, cosa que debió hacer hacía rato. Sin pensarlo dos veces,
entró al baño y abrió la ducha y mientras el agua se calentaba se cepilló los dientes. Cuando
sintió el agua caer sobre su piel, soltó un suspiro de alivio. Después de un día largo, todos los
músculos de su cuerpo estaban resentidos. Tenía que hacerle más caso a su shijie y no
trabajar tanto. Aunque no lo sintiera, tendría repercusiones sobre su salud.

Las reflexiones bajo la ducha se vieron interrumpidas por un recordatorio repentino en su


cerebro: la factura del agua y la electricidad llegarían por las nubes si seguía en plan
contemplativo. Podía trasladar su sesión existencial a la cama.

Era una hora prudente para dormir, pero el sueño decidió escaparse en ese momento. Así que
tomó su computadora y abrió la planificación docente de la semana. Era un remedio infalible
contra el insomnio. Lo comprobó la primera vez que recibió el documento y en cuestión de
cinco minutos estaba rendido sobre su almohada. El momento era propicio para repetir el
experimento.

El resultado no se hizo esperar.

El murmullo de voces era continuo y crecía en intensidad con cada segundo, convirtiéndose
en un zumbido ensordecedor, donde no se distinguía una voz de otra, ni lo que querían
expresar. Era como si una multitud lo empujase contra un estrecho laberinto, robando el poco
aire disponible, dejándolo sin otra alternativa que rendirse y escuchar hasta perder el sentido.

Sin embargo, seguía lúcido. Su cerebro saturado se negaba a apagarse y regalarle un poco de
paz. De sus poros brotaba un calor que más que hacerlo sentir cálido, lo quemaba sin
terminar de consumirlo.

Nada tenía sentido. Y aun así era lógico que terminara allí. No tenía el por qué, pero sí la
convicción de que era el final escrito para él.

—Déjenme —susurraba sin que nadie escuchara. Su voz se perdía entre el murmullo, no
tenía seguridad de que hubiera salido de su garganta.

El zumbido era más fuerte. Las voces más insistentes. Las demandas más absurdas. Él no era
nadie. Por qué querían tanto de él. Por qué no le dejaban marcharse. Por qué…

Una voz en particular se destacó entre el caos. Era un nombre. ¿Su nombre? No era claro.
Agudizó su oído en la medida de lo posible para tratar de descifrar las letras entre tanto ruido.
Volvió a escucharla, más cerca… era grave, cálida, no como el infierno de su cuerpo, sino
como el abrazo de una madre.

Había alguien allí, el dueño de esa voz. Mas entre tantas sombras no lograba distinguir su
figura. Solo un destello blanco que curiosamente no irritaba sus ojos ya acostumbrados a la
oscuridad.

—¿Quién…

Su propia voz lo traicionaba. Su mano se negaba moverse. El zumbido volvía a aumentar en


intensidad, impidiendo que encontrara una respuesta a su más reciente curiosidad.

Antes de dar un paso, una mano lo agarro del cuello con tanta fuerza que sentía como se le
iba la vida.

—¡NOOOO!

Wei Wuxian se sentó en la cama tan rápido que todo dio vueltas. Su corazón latía tan deprisa
que le costaba respirar. Preso del pánico, no encontraba el camino de vuelta a la realidad. Con
torpeza, bajó de la cama y entró al baño, donde, sin siquiera encender la luz, abrió la llave y
se echó agua en la cara.

La sensación de mareo se le pasó un poco. Su cuerpo seguía reaccionando al shock. Tratando


de no caerse volvió a la cama, se sentó y tomó el celular de su mesa de noche. Las tres de la
mañana. Luego tomó el vaso con agua que también estaba sobre su mesa de noche y se lo
bebió con tanta prisa que terminó tosiendo.

Con las manos temblorosas, desbloqueó el celular, buscó el contacto de Jiang Yanli y escribió
un mensaje con la agilidad que le permitía el poco control que tenía sobre sus dedos.

No sé por qué, pero estoy soñando otra vez.


Distracción

Canción: Can't Get You Out of My Head - The Sweeplings (Cover)

I just can't get you out of my head


Boy it's more than I dare to think about…

Lan Wangji pasaba por casualidad cuando escuchó algo que lo hizo frenar en seco.

—¡Qué delicia!

El problema no eran las palabras, era el tono. Demasiado insinuante. Con disimulo, miró
hacia el lado de donde procedía dicha voz y se encontró con un rostro que, a pesar de tener
varios días sin ver, recordaba con detalles.

Wei Wuxian tenía cara de estar haciendo de todo, menos tomar una taza de chocolate
caliente. La especialidad del comedor del instituto. Una de las formas de diferenciar a los
nativos de los visitantes era su reacción al chocolate. Pero lo de Wei Wuxian era… una
exageración.

Para salvar puntos de su dignidad, el comedor estaba casi vacío a esa hora. Casi todos los
estudiantes se habían ido a casa y dos o tres profesores tomaban un café o un té para cerrar la
jornada. Lan Wangji solo pasaba para llenar su termo de agua. Empezaba a arrepentirse
porque sabía que…

—¡Lan Wangji! Estás aquí.

…Esto iba a suceder.

—Pensé que era mentira que dabas clases en este lugar.

Los demás volcaron su atención hacia Lan Wangji y el famoso nuevo profesor de química.
Nadie se atrevía a dirigirse de esa manera al nieto menor de Lan Qiren, al egresado estrella de
la academia, al profesor más ilustre del área de informática.

—Wei Wuxian —dijo Lan Wangji como un saludo carente de expresión.

—¿Por que no me dijiste que este chocolate era tan rico?

Lan Wangji no se dio cuenta del momento en que pasó, pero Wei Wuxian estaba a su lado,
casi hombro con hombro, pasándose por alto el espacio personal que para Lan Wangji era
más sagrado que las reglas del instituto y la puntualidad. De repente recordó que el bebedero
que quedaba al final del pasillo donde estaba su oficina no estaba tan lejos como creía. El
paseo por el comedor le estaba saliendo caro.

—Eso no es parte de la inducción.


—Debería serlo —respondió Wei Wuxian con tanta seriedad que no había forma de
ignorarlo. Sin aviso, se detuvo colocando una mano sobre la muñeca de Lan Wangji—. Dame
un segundo —entonces se volteó—. Nos vemos mañana, Mianmian. Recuerda escribirme
para el material.

Mianmian le sonrió levantando un pulgar y Lan Wangji seguía sin entender qué ocurría y por
qué estaba en medio del comedor con Wei Wuxian sosteniéndolo del brazo.

—Vámonos, Lan Wangji.

—¿Ir dónde? Acabo de llegar.

Wei Wuxian abrió la boca, se rió y soltó a Lan Wangji, todo casi al mismo tiempo y tan
deprisa que no daba tiempo para procesar sus acciones. En su rostro había una mezcla de
vergüenza y picardía; era difícil para Lan Wangji adivinar donde terminaba una y empezaba
la otra.

Si fuera otra persona, ya estaría hablando sola en medio del comedor, pero con Wei Wuxian,
para su sorpresa, se quedaba allí esperando por la siguiente acción de una trama
impredecible.

—Voy a llenar mi termo —explicó Lan Wangji a un Wei Wuxian que aun buscaba las
palabras correctas.

Lan Wangji fue hasta uno de los bebederos, llenó el termo y cuando se disponía a marcharse
se dio cuenta de que Wei Wuxian ya no estaba en el comedor.

En ese momento, Lan Xichen entró.

—¿Has visto a Wei Wuxian? —preguntó Lan Wangji antes de darse cuenta de lo que hacía.

—No, ¿por qué?

—Por nada.

Lan Wangji se marchó antes de que otra pregunta llegara a sus oídos. Llegó al
estacionamiento con tanta prisa que no le dio a tiempo a sentirse mal hasta que estaba dentro
de su auto. Era la segunda vez que huía de su primo de esa manera. No quería despertar sus
alarmas, pero estaba haciendo justo lo contrario.

Antes de encender el auto, bajó y echó un vistazo por todo el estacionamiento. No pudo ver a
nadie parecido a Wei Wuxian. O seguía dentro del instituto o había corrido hacia la estación
del metro.

¿Por qué lo estaba buscando? ¿Qué le sucedía? Nunca le había importado relacionarse con
sus colegas del instituto ni de su trabajo en la empresa de software.

Unas gotas cayeron sobre su rostro, trayéndolo de vuelta a la realidad. Abrió el auto y entro
rápidamente. Debía llegar a casa antes de que cayera un aguacero y el tráfico se
congestionara.
*

Lo primero que Lan Wangji hizo al entrar al apartamento fue escribirle un mensaje a Lan
Xichen.

Lo siento, quería evitar el tráfico.

El timbre de un nuevo mensaje no se hizo esperar.

No hay problema. Sé que tienes tus horarios. Me debes un café para el viernes.

Lan Wangji suspiró sabiendo que ese café era el nombre diplomático de una tanda de
preguntas sobre su comportamiento reciente, incluyendo el por qué buscaba a Wei Wuxian.
Él no lo había vuelto a mencionar desde que terminó el proceso de inducción, pero Lan
Xichen no paraba de preguntarle sobre él o de contarle cualquier suceso en torno a su
persona.

Gracias a su primo sabía que Wei Wuxian era el fenómeno de química, querido por
estudiantes y profesores. A pesar de tener una metodología distinta a la norma, los
estudiantes eran muy receptivos al mismo y el temor inicial de sus colegas se convirtió en
aceptación. Por supuesto, no faltaba quien consideraba que su propuesta era muy arriesgada,
pero esto se vería más claro en el momento de los primeros exámenes parciales.

Después de tomar una ducha, Lan Wangji recordó que no había cenado. Fue hasta la cocina y
sacó los ingredientes para preparar una ensalada rápida. Luego se sentó a cenar mientras
revisaba los mensajes y correos del día. Se detuvo solo cuando el conteo de sus bandejas de
entrada llegó a cero y el cuenco de ensalada tenía un buen rato vacío.

Esa noche el sueño no parecía muy cercano. Las ganas de leer tampoco eran muchas. No le
gustaba obligarse con el libro de turno porque terminaba repasando las mismas líneas y era
cansar su vista sin resultado alguno. Abrió el explorador y escribió una palabra en la barra de
búsqueda: Yunmeng.

El sueño le sorprendió leyendo sobre una ciudad de la que sabía muy poco.

La alarma del reloj lo espantó. Podía contar con una mano las ocasiones en que ocurría, por
eso le costó unos minutos ubicarse y sacudirse de su aturdimiento.

Estuvo soñando de nuevo. Él era el mismo hombre de blanco de sus sueños anteriores, pero
contrario a la mayoría de sus sueños, este no era una pesadilla. El hombre era más joven,
físicamente lucía como un adolescente, mas su comportamiento se asemejaba al de un
anciano.

Otras personas le acompañaban, pero no podía ver sus rostros. Solo un desfile de largas ropas
blancas que hacían juego con un escenario salido de una novela de fantasía. Él no leía ese
tipo de libros, tampoco le interesaban los dramas wuxia o xianxia de los que no paraban de
hablar los jóvenes y los no tan jóvenes a su alrededor. De dónde su cerebro extraía esas
imágenes tan claras y detalladas, era un misterio.

Entre esas personas de blanco, había otro chico que llamaba su atención. Tenía una larga
cabellera negra y se desplazaba con una energía muy peculiar, que parecía alterar todo a su
paso, incluyendo sus ojos. No podía apartar la mirada de él. Caminaba de un lado a otro
dando saltos, era incapaz de permanecer en el mismo lugar por mucho tiempo, como si bajo
sus pies hubiera lava en vez de madera y piedras.

Ese Lan Wangji trataba de conseguir un vistazo de la cara de aquel chico, pero era inútil. Se
movía demasiado rápido, justo cuando pensaba que lograría verlo, algo se interponía: su pelo,
sus amplias mangas o algún elemento de la arquitectura del lugar. En esa última oportunidad,
pudo ver algo de su perfil antes de que la alarma rompiera el trance.

La pantalla de la computadora tenía dos horas mirando a Lan Wangji. Quien pasara por su
oficina, juraría que él estaba concentrado en sus códigos, como de costumbre; sin embargo,
estaba atrapado en la misma línea de caracteres. No podía culpar a ningún factor externo por
su distracción. No había ruido, la temperatura del aire acondicionado era perfecta, nadie le
había interrumpido. Todo debía fluir de acuerdo a su planificación diaria, de no ser porque su
cerebro se negaba a cooperar y seguía enfrascado en asuntos muy lejanos a su realidad actual.

Las escenas de su sueño acudían a él sin parar, causándole una curiosidad nueva, muy distinta
a sus experiencias anteriores con sus sueños y pesadillas de la adolescencia. Por primera vez
obtuvo una información concreta: ese lugar donde todos vestían de blanco y reinaba una paz
casi celestial estaba en Gusu. Fue lo único que pudo rescatar entre tantas imágenes.

Pero Gusu no le decía nada. Era su ciudad natal y conocía lo más relevante de su historia
como cualquier persona que se tomara sus estudios en serio. Suspiró frustrado y se levantó de
su silla. Tenía una fecha límite próxima y, por primera vez en sus treinta y dos años, no tenía
cubierto el porcentaje de avance esperado. El tiempo extra que siempre calculaba para
resolver alguna falla no anticipada corría peligro.

Lan Wangji volvió a sentarse y fijó sus ojos en la línea de caracteres que seguía esperando su
atención. Donde antes veía una función con un objetivo específico, ahora solo veía un
conjunto de letras y números que no le comunicaban nada.

Se frotó los ojos y volvió a levantarse. Quizá subir a la azotea a respirar un poco de aire
fresco le ayudaría a recuperar la concentración necesaria para trabajar. Pero él no subía a la
azotea. Ni siquiera sabía por dónde hacerlo. Además, atraería la mirada curiosa de sus
compañeros de trabajo, que nunca lo veían a menos que tuvieran que ir a su oficina. Y eso
tampoco era muy común. Hasta para recibir y entregar sus proyectos, Lan Wangji hacía uso
de herramientas que redujeran al máximo el contacto con otras personas.

Su celular vibró en ese momento con un mensaje de Lan Xichen, recordándole que le debía
un café. No era una reclamación ni un recordatorio serio. Su primo acostumbraba enviarle
mensajes por cualquier cosa en algunos momentos del día para distraerlo un poco. En
silencio le agradecía. Algún día se lo diría en persona.
Esos mensajes se quedaban sin responder la mayor parte del tiempo. Esta vez fue la
excepción.

Ese café puede ser esta tarde. ¿Puedes?

Lan Wangji se quedó mirando el celular un rato, esperando recibir una llamada en vez de otro
mensaje. Su intuición acertó.

—¿Te sientes bien?

—Mn.

—En serio…

—¿Quieres el café o no?

—¡Claro, claro! —respondió Lan Xichen rápidamente antes de que Lan Wangji cambiara de
opinión—. Hoy salgo temprano de aquí, nos vemos en tu oficina.

Lan Wangji terminó la llamada con más animo para seguir. Lan Xichen tenía ese efecto en él.
Sus dedos se desplazaron por el teclado en modo automático y en ese instante supo que su
ritmo normal estaba de regreso.

Un ligero toque en la puerta hizo que Lan Wangji sacara la cabeza de detrás del monitor. Lan
Xichen estaba recostado en el marco, dando golpecitos al reloj que llevaba puesto.

—Ya casi termino.

Lan Xichen esperó en silencio. El concepto de tiempo y espacio de Lan Wangji era muy
preciso. Si decía que estaba terminando, le tomaría como máximo dos minutos. Odiaba
esperar, por lo tanto, no hacía esperar a los demás.

Después de apagar y guardar su computadora, se colocó su chaleco, tomó su mochila y cerró


la oficina. Lan Xichen lo acompañó en silencio hasta que abandonaron el edificio. Él era muy
conocido entre los empleados de esa empresa y no quería llamar la atención. Si alguien lo
escuchaba, empezaría una conversación que llevaría a otra y otra, resultando en que nunca se
tomarían el café prometido.

—¿Dónde quieres ir? —preguntó Lan Wangji una vez llegaron al parque frente al edificio.

Por la cara que puso Lan Xichen, Lan Wangji supuso que empezaba a asustarse. Aunque su
rostro no mostrara evidencia, era divertido sorprender de vez en cuando a quien creía
conocerlo tan bien.
Imán

Canción: If I Lose Myself (Alesso & OneRepublic)

If I lose myself tonight


It'll be by your side…

En esos días, la emoción de Wei Wuxian era doble. Por un lado, Jiang Yanli estaría de visita
en Gusu para asistir a un congreso y, por otro lado, los preparativos de la feria científica del
instituto lo tenían con la creatividad en su punto máximo. Ambos eventos parecían
conjugarse para distraerlo un poco de sus pesadillas, las cuales comenzaban a suceder con
más frecuencia.

Llevándose del consejo de Mianmian, Wei Wuxian compró unas mascarillas para las ojeras.
No quería que su shijie se preocupara cuando viera las sombras bajo sus ojos. En realidad no
se sentía tan cansado, pero ella exageraba todo y de seguro se alarmaría y hasta se le ocurriría
llevarlo a un médico.

En cuanto a la feria, su horario se alteró tanto que tuvo que pedir un día libre en el trabajo
para dedicarse de lleno a darle soporte a los estudiantes. Todos lo querían de supervisor de
sus proyectos, o al menos pedían unos minutos para recibir consejos.

—Voy a abrir una línea de asistencia. Así tengo un ingreso extra —se le escuchaba decir
cuando recorría los pasillos y escuchaba su nombre en boca de varios estudiantes a la vez—.
Pero tú no eres mi estudiante —le dijo a otro joven que lo detuvo antes de entrar a uno de los
laboratorios del primer nivel.

Wei Wuxian se acercó a una estudiante y la ayudó a montar el equipo que tanta dificultad le
estaba dando.

—La cristalería es tu amiga, no le tengas miedo. No debe intimidarte. Del piso no va a pasar.

—Y tengo que pagarla.

—Por supuesto. Sacrificar la novela del mes no te va a matar.

-¿Cómo…

—Tengo ojos en la espalda. Y también tuve tu edad.

El resto de los estudiantes no podía controlar la risa al ver la cara de espanto de la chica.

—Ahora, si me disculpan, debo retomar mis actividades —dijo colocándose los auriculares
—. Si ya no tienen nada más que hacer aquí, el patio es enorme y muy fresco.
Los estudiantes terminaron la práctica y se marcharon enseguida. Wei Wuxian podía ser el
profesor más relajado del instituto, pero cuando se ponía a escuchar música electrónica y se
concentraba en su experimento, se desconectaba del mundo y si lo interrumpían con alguna
pregunta que no fuera una verdadera urgencia, se despertaba el monstruo. Un monstruo que
no tenía que recurrir a las palabras para intimidar a los demás.

Wei Wuxian preparó sus reactivos y colocó el beaker en la placa de calentamiento. Después
de repasar sus anotaciones para confirmar el tiempo de mezcla, subió la temperatura y contó
los minutos con el reloj de la pared. Había olvidado su cronómetro en otro laboratorio. Por
estar anotando algunas cosas en su libreta, perdió el seguimiento del tiempo.

—Mierda, ¿falta un minuto o dos?

La reacción no parecía haber comenzado. Le daría un minuto más. Pero antes de bajar un
poco la temperatura, el vapor subió de repente, llegando hasta sus ojos. A tientas, apagó
rápidamente la placa de calentamiento.

—Genial —sin atreverse a abrir los ojos, Wei Wuxian lamentaba haber despachado a todos
sus alumnos.

Antes de dar otro paso a ciegas, sintió una mano sujetarle tímidamente del brazo.

—¿Quién…

Wei Wuxian escuchó una voz distante, pero la música no lo dejaba identificarla. Luego otra
mano le quitó uno de los auriculares.

—Wei Wuxian, ¿estás bien?

—Ah, Lan Wangji —Wei Wuxian sonrió. La enorme roca que sentía sobre sus hombros se
desvaneció enseguida—. ¿Qué haces por aquí? Qué suerte la mía.

—¿Qué pasó?

—Nada, nada, una reacción traviesa. Nada serio. Pero, por precaución, llévame al lavaojos,
¿sí?

Wei Wuxian esperó un rato.

—¿Por qué no avanzas?

—Quítate el otro auricular.

—Cierto, cierto —con una risa nerviosa, hizo tal como le dijo Lan Wangji y extendió su
mano con el auricular—. Colócalo en la meseta por mí, por favor.

—Mn.

Entonces Lan Wangji empezó a guiarlo hasta el lavaojos.


—¿Por qué no tenías gafas?

—Fue muy rápido —explicó Wei Wuxian echando agua a sus ojos—. Y era un experimento
sencillo.

—Debes ser más precavido.

Lan Wangji le pasó papel toalla y Wei Wuxian se secó la cara con cuidado. Luego abrió los
ojos poco a poco, aunque sabía que no pasaba nada serio, solo un poco de ardor por el vapor
de amonio. Después de parpadear par de veces y comprobar que efectivamente no iba a
quedar ciego por esto, se fijo en Lan Wangji, quien tenía una expresión tan seria que Wei
Wuxian no se atrevió a soltar uno de sus chistes malos.

—No me has dicho a qué debo tu visita.

—Estoy haciendo el inventario de la feria.

—Siempre te tocan las cosas aburridas.

Lan Wangji lo miró en silencio. Wei Wuxian no esperaba respuesta. Fuera de lo académico,
Lan Wangji parecía no tener nada que decir y después de su papelón en el comedor, Wei
Wuxian prefería mantener la distancia. No entendía aun qué rayos le pasó por la cabeza en
ese momento para tratar a Lan Wangji con tanta confianza.

—Gracias por tu ayuda —agregó para romper el silencio que se estaba tornando incómodo—.
¿Qué necesitas de mí para el inventario? —Wei Wuxian empezó a llevar toda la cristalería de
su experimento fallido al área de lavado—. Me puedes decir mientras organizo esto.

—Necesito el listado de equipos, reactivos y materiales que se utilizarán en la feria. Me


dijeron que eres el supervisor de química.

—Ni siquiera me preguntaron, pero sí, lo soy. ¿Me alcanzas ese beaker? —preguntó
señalando la meseta del fondo—. No muerde.

Lan Wangji alzó una ceja y Wei Wuxian se cuestionó seriamente si el jade de informática —
así supo que lo llamaban gracias a sus estudiantes— no era capaz de captar el sarcasmo.
Quizá su retorcido sentido del humor estaba fuera de su alcance. Mejor no seguir ese camino.
Lan Wangji le pasó el beaker no muy convencido de que pudiera tocar eso y salir intacto de
allí.

—Te puedo dar datos estimados, pero no precisos. Todavía se están puliendo algunos
proyectos. ¿Para cuándo lo necesitas?

—La próxima semana.

—Hm… siendo así, sí. Para la próxima semana estamos listos, y quien no lo esté se queda
fuera.

Wei Wuxian secó la cristalería y la colocó en su lugar provisional. Echó un breve vistazo
hacia fuera y se dio cuenta de que todo estaba desierto. Las únicas luces encendidas eran las
de ese laboratorio.

—Rayos, ¿soy el único que queda en este edificio?

—Mn.

—Seguridad me va a odiar. Pero ya terminé aquí. Podemos irnos, Lan Wangji.

Wei Wuxian se quitó la bata y la colgó en su lugar. Al momento de apagar las luces, notó que
Lan Wangji seguía paralizado en medio del laboratorio, mirándolo como si le estuviera
naciendo una segunda nariz.

—¿Lan Wangji?

—¿Irnos?

—Sí, a casa. ¿O piensas amanecer aquí?

Los ojos de Lan Wangji parpadearon con rapidez unas cuantas veces. Wei Ying se asustó por
un momento, pensando que el vapor le había afectado también. No era probable, pero
tampoco imposible.

—¿Estás bien? Tienes las orejas rojas.

Wei Wuxian se acercó a él, pero Lan Wangji retrocedió por instinto.

—Estoy bien. Vámonos.

Lan Wangji empezaba a parecerle peor que Wen Qing. ¿Qué había hecho en sus otras vidas
para que en esta le tocara trabajar con gente tan peculiar? Antes de sentirse más avergonzado
retiró el brazo que se quedó colgando en el aire, apagó las luces y cerró. Para su sorpresa, Lan
Wangji seguía en el pasillo esperándolo. Con la reacción anterior, pensaba que ya estaría en el
estacionamiento o quien sabe dónde, pero lejos de él.

Ambos atravesaron los largos pasillos hasta llegar a la puerta principal del instituto. Una vez
en el estacionamiento, Wei Wuxian se detuvo.

—Nos vemos… ¿en un mes? —Wei Wuxian no quería reírse, pero no pudo evitarlo—. Iba a
decir mañana, pero tú eres como los eclipses.

—Vengo tres veces por semana.

—Ohh… ¿y los otros dos días qué haces?

—Trabajo en una empresa de desarrollo de software.

—Ahhh qué interesante. Yo trabajo en… —Wei Wuxian se detuvo al darse cuenta de que
estaba compartiendo un dato nada nuevo—, eso ya lo sabes.
Lan Wangji asintió levemente. Por lo menos, no era la mirada inexpresiva de siempre, pensó
Wei Ying. Una brisa fresca empezaba a soplar y Wei Wuxian no pudo evitar abrazarse. Su
chaqueta era muy fina para la temperatura, pero todavía no estaba acostumbrado al clima de
Gusu.

—Debes usar una chaqueta más gruesa —comentó Lan Wangji pareciendo leer sus
pensamientos.

Los dos se quedaron en silencio, como esperando que el otro hablara. Wei Wuxian no era
amigo de los silencios prolongados, ni siquiera entendía por qué no era capaz de hablar. A lo
mejor, el modo hermético de Lan Wangi era contagioso, o temía decir algo inapropiado.
Aunque eso nunca le había importado. Él era él y decía lo que tuviera que decir. Lo de las
consecuencias de su lengua sin filtro, mejor ni pensarlo.

—Creo que… —dijo finalmente Wei Wuxian— es hora de ir al metro. Luego se pone
tenebroso.

—¿Vives muy lejos?

—A quince minutos en metro.

—Te puedo llevar.

—No es necesario —Wei Wuxian alzó la mano de inmediato. El tráfico a esa hora seguía
siendo pesado. No podía permitir que Lan Wangji perdiera tiempo y combustible llevándolo
hasta su casa. Además, ni siquiera sabía dónde vivía él.

—¿Dónde vives?

Wei Wuxian no podía creer que de verdad Lan Wangji lo llevaría a su casa.

—Hacia el este.

—Yo también —comentó Lan Wangji y comenzó a caminar hacia su auto, dejando a Wei
Wuxian sin más opción que seguirlo.

El auto de Lan Wangji era tan organizado y limpio como su dueño. Quizá solo en un centro
de ventas aparecía un auto tan… vacío. Wei Wuxian temía incluso respirar. Colocó su
mochila en sus piernas y se sentó tan derecho como cuando lo llamaban a la dirección
después de hacer otra travesura.

Luego de encender el auto, lo primero que Lan Wangji hizo fue ajustar la temperatura. Wei
Wuxian sintió enseguida como su cuerpo le daba la bienvenida a la calidez, incluso se relajó
y se olvidó de que Lan Wangji lo estaba llevando a casa.

—Lan Wangji, lo menos que puedo hacer es brindarte algo.

—No hace falta.

—Me sentiré mal si no lo hago.


—Mn.

Wei Wuxian le indicó que entrara al drive-thru de uno de sus cafés favoritos. Ordenó un té
para Lan Wangji y un chocolate para él, porque Lan Wangji no le permitió una dosis de
cafeína a esta hora, haciendo énfasis en sus enormes ojeras. ¿Se notaban tanto? Su shijie lo
iba a matar en cuanto lo viera.

Mientras disfrutaban de sus bebidas, en medio del caótico tránsito, Wei Wuxian se dio cuenta
de que la radio estaba apagada.

—¿No te gusta la música?

—Sí.

—¿Y por qué no pones nada?

—Puedes poner lo que quieras.

Wei Wuxian no esperaba esa respuesta. Lan Wangji se estaba esforzando al máximo para
dejarlo con la boca abierta y voltear la torta cada vez que Wei Wuxian creía tener todo
controlado. Esto tenía que ser una broma. La cámara oculta debía estar en algún rincón del
auto. Mañana saldría en el canal del instituto y todos se burlarían de él hasta hacerlo
marcharse de vuelta a Yunmeng.

Trató de bajar las revoluciones de su mente. Estaba siendo muy dramático. Por suerte, le hizo
caso a Lan Wangji y no compró un café.

—Mejor lo dejamos así. Como quiera estamos conversando.

No estaban conversando. Y si era una conversación, hablaban en códigos telegrafiados,


donde cada palabra costaba tanto que era mejor pensar bien antes de dejarla salir.

Wei Wuxian notó que se acercaban a la calle que llevaba hasta su residencial.

—En la próxima a la derecha.

Hasta ese momento a ninguno de los dos se le ocurrió que podían usar el GPS. Pero como
todo eran tan surrealista esa noche, era solo una rareza más.

—Conozco ese residencial.

—¿Sí?

—Lan Xichen vivía ahí.

Lan Wangji finalmente se estacionó, sin tener que seguir las indicaciones de Wei Wuxian.
Realmente conocía el lugar.

—¿Quieres subir?
La pregunta salió disparada de la boca de Wei Wuxian antes de que este pudiera darse cuenta
de lo que estaba haciendo.
Causas

Canción: Crystal Ball (Keane)

Who is the man I see?


Where I'm supposed to be?
I lost my heart, I buried it too deep
Under the iron sea.

El cerebro de Lan Wangji entró en modo seguro. La invitación de Wei Wuxian era una
probabilidad, pero no un hecho que veía venir, así que cuando la escuchó, la negación salió
antes de procesarla. Tan solo esperaba no haber sonado grosero. La expresión de Wei Wuxian
sufrió una ligera baja, nada serio, y con su sonrisa habitual se despidió y bajó del auto.

Lan Wangji estaba seguro de que su colega había entendido el por qué no aceptaba subir
hasta su apartamento. Quien no terminaba de entender por qué había conducido casi media
hora hacia una dirección totalmente opuesta a su apartamento era él. Ya pasaba de las nueve.
Todavía faltaba un buen rato para llegar y estaba preso del tráfico de una ciudad cuya vida
nocturna era agitada.

¿Cuándo se había convertido en uno de esos puntitos que veía desde su balcón? No podía
señalar el momento preciso. Si fue cuando decidió visitar a Wei Wuxian en una hora en que
solo él estaría allí, o cuando Wei Wuxian dijo “podemos irnos”. Nunca le había resultado tan
atractivo que alguien hablara en plural incluyéndole. ¿Hacia dónde podría ir con él?

La fila de autos se negaba a avanzar. Lan Wangji encendió la radio y puso una estación al
azar. Nunca lo hacía. Su radio estaba sincronizada con sus listas de reproducción, las cuales
estaban saturadas de música instrumental, en su mayoría tradicional. Le ayudaba a repasar
mentalmente las partituras cuando le faltaba tiempo para tocar el guqin. Las canciones que
pasaban en la estación eran desconocidas para él. Imaginaba que Wei Wuxian se las sabía
todas.

Wei Wuxian otra vez. Sin pensarlo, cambió a una de sus listas de reproducción. Si no le
ayudaba a despejar su mente, al menos afinaría sus oídos. El tráfico empezó a avanzar poco a
poco. Después del próximo semáforo, sería una ruta expreso hasta llegar a su apartamento.

Mientras intentaba en vano sacar la imagen de cierta persona de su cabeza, le llegó la


conversación que tuvo con Lan Xichen el día anterior.

Lan Xichen conocía mejor que él los mejores lugares para sentarse a tomar un café y
conversar tranquilamente en los alrededores de su casa. Durante el tiempo que estuvieron
juntos, la pregunta de cómo lo sabía si vivía tan lejos de allí estuvo en la punta de su lengua,
mas no se atrevió a formularla. Su primo parecía tener el mismo perfil que él: un Lan serio,
taciturno, poco sociable, pero él sabía mejor que nadie que era un simple fachada.
Lan Xichen era una mariposa social. Contaba con la dosis perfecta de encanto y diplomacia,
así que adaptarse a diferentes entornos era un talento natural. No bien habían puesto un pie
en el café cuando una de las camareras lo estaba saludando con alegría y llevándolo a la
mejor mesa.

—¿Vas a tomar lo de siempre?

Quizá ese día estaba más sensible de la cuenta, pero la pregunta le molestó un poco a Lan
Wangji. No había caído en cuenta de lo monótona que era su existencia, hasta el grado que
la gente ya sabía lo que iba a hacer, comer, tomar o decir.

—Veré el menú.

Lan Xichen sonrió sin quitarle los ojos de encima. Lan Wangji estaba acostumbrado a esa
mirada, a esa expresión que parecía decir “te conozco mejor que nadie”. Y tenía razón. El
rostro de Lan Xichen era uno que Lan Wangji recordaba desde que tenía uso de razón,
incluso mejor que los de sus padres. Ambos sabían que esta reunión no era para saldar una
deuda de un café o pagar un favor. Lan Wangji estaba viviendo algo; algo que quizá
resultara insignificante para otros, pero muy grande para él.

—Quiero la recomendación de la casa —le dijo Lan Xichen a la camarera—. Nunca falla.

La chica le devolvió la sonrisa y anotó su orden. Miró a Lan Wangji sin atreverse a
interrumpir su concentrado estudio sobre el menú.

—Volveré en cinco minutos —dijo la chica casi susurrando.

Lan Xichen asintió y le guiñó un ojo.

—¿Nada interesante?

—Hay muchas variedades de té —respondió Lan Wangji sin despegar los ojos del cartón que
tenía en sus manos—. No me había percatado de eso.

—Tienen servicio a domicilio. Así que ya sabes.

—Casi nunca pido comida en casa. Pero lo tendré en cuenta.

Lan Wangji finalmente bajó el menú. Buscó a la camarera con la mirada y le hizo una señal
muy sutil. Cuando la chica se acercó, le señaló su elección.

—Tiene un gusto exquisito —dijo ella, llevándose el menú consigo.

—Gracias —respondió él. Si era coqueteo o simple observación, no le quedaba claro. Lo


menos que podía hacer era ser cortés.

La mirada de Lan Wangji volvió a perderse entre sus manos y los motivos que decoraban la
mesa. Una clara señal de que quería hablar de algo, pero no sabía por donde empezar.

—¿Estás durmiendo bien?


Lan Wangji levantó la mirada de inmediato, con una expresión de agradecimiento que solo
Lan Xichen era capaz de interpretar.

—No realmente.

—Los sueños.

—Mn.

—¿Cuándo empezaron?

Lan Wangji tuvo que meditar la respuesta un momento. Estaba ocurriendo tanto en tan poco
tiempo que los días pasaban a una velocidad que le hacía perder la cuenta.

—Después de la evaluación de los profesores nuevos.

—¿Qué crees que los haya desencadenado?

Para Lan Xichen era difícil mantener el psicólogo apartado del primo. Lan Wangji lo notaba
en su rostro y en el cuidado que tomaba para formular cada pregunta. No quería que esta
conversación se convirtiera en una sesión de terapia. No le correspondía. Se había negado
antes y también se negaría ahora. No era ético.

—No lo he pensado.

Las bebidas de ambos llegaron y la conversación se perdió entre el aroma y el sabor de


estas.

¿Qué había cambiado para él desde el día de la evaluación? Se lo había preguntado muchas
veces, pero siendo el protagonista de la historia era incapaz de ser objetivo y percatarse de los
pequeños cambios que estaba viviendo.

Lan Wangji llegó finalmente a casa. Luego de estacionarse, se atrevió a decir en voz alta la
respuesta que venía rondando en su cabeza.

—Wei Wuxian.

Era un simple experimento, pero la reacción de todo su organismo fue casi una explosión. Se
dio cuenta en ese momento de que esa persona, que al principio le molestaba sin razón
aparente, lo atraía como un imán. No era algo físico. No tenía experiencia en ese campo, pero
estaba seguro de que no lo era. Era algo mucho más profundo. Algo que no se quedaba en sus
ojos, sino en lo que había detrás de esa mirada.

Antes de bajar del auto escribió un mensaje.

Tengo una respuesta. Pero me genera más preguntas.

El mensaje de Lan Xichen no se hizo esperar.

¿Te puedo llamar?


Lan Wangji lo meditó un momento.

No, ahora no.

Era muy tarde. Tenía que acostarse, tenía que madrugar y llegar a la oficina antes que todos
para avanzar antes de la reunión de cierre de mes de la cual no podía librarse.

Sabía que no iba a dormir nada, su mente estaba a millón. Tanto que probablemente tampoco
soñaría, porque para eso tenía que dormirse primero.

Entró al apartamento sin recordar el recorrido desde el estacionamiento. Contrario a su orden


acostumbrado, tiró su mochila en el primer mueble que se le atravesó y fue directo al baño.
No esperó bien a que se calentara el agua, a pesar de la temperatura fría. Cada día se hacía
más frío, recordando la inminente llegada del invierno.

La cercanía de la temporada festiva aumentaba un poco más su ansiedad. Vendrían


vacaciones y con ellas tiempo libre. O tiempo en que tenía que inventar excusas para no ir a
la reunión familiar donde siempre sentía que estaba de más y que lo invitaban por pena o por
costumbre. Ni siquiera entre los Lan encajaba, incluso compartiendo sus manías y su
disciplina ridícula.

Lan Wangji se sentó en la cama sin el libro que le acompañaba para ayudarle a conciliar el
sueño. Solo tenía el celular, algo que iba en contra de sus reglas. Las pantallas estaban
prohibidas en su cama. Para trabajar tenía un escritorio. Y el celular solo lo usaba para
llamadas o mensajes. Ni siquiera el correo revisaba en este, a menos que fuera algo muy
urgente.

Pero esa noche era atípica, así que se permitiría quebrantar esa regla por esta vez. La pantalla
principal de su celular estaba desierta. Algunas veces se fijaba en las pantallas de sus
estudiantes o de otros profesores. La vista de íconos desorganizados que no dejaban apreciar
el fondo de pantalla desataba su lado obsesivo compulsivo. ¿Cómo podían vivir así? Él tenía
las aplicaciones básicas y como quiera las colocaba dentro de carpetas organizadas de
acuerdo a la función de dichas aplicaciones: trabajo o instituto. Para ocio, no tenía nada. Si
quería leer algo que no estuviera disponible en físico, tenía un lector electrónico. La pantalla
del celular era muy pequeña para eso.

En su pantalla secundaria, había una carpeta que había olvidado. Tenía varios íconos, entre
ellos el de Weibo. Nunca lo usaba. Descargó la aplicación por insistencia de Lan Xichen,
luego de meterlo a la fuerza al grupo familiar de WeChat. Su cuenta de Weibo existía también
por obra de Lan Xichen. Hasta una foto de perfil cargaron. Cuando entró a su perfil se
encontró con tantas notificaciones que se arrepintió. Ahora no podía devolverse sin limpiarlo
todo.

La mayoría de las notificaciones eran por etiquetas de actividades del instituto. De


publicación en publicación se dio cuenta de que el único profesor que no participaba
activamente en redes sociales era él. De hecho, las notificaciones eran viejas. Después de un
par de meses, la cantidad se redujo significativamente y del mes pasado no tenía ninguna.
Parecía que la gente se cansó de etiquetarlo y no recibir respuesta, o de entrar a su perfil y
encontrar un desierto.
La idea de dormir se alejaba con cada clic. Sus dedos tomaron vida propia y de repente Lan
Wangji se encontraba en el perfil de Wei Wuxian. No fue difícil encontrarlo. El hombre no
tenía ni tres meses en el instituto y tenía más menciones y fotos que él. Las publicaciones
recientes no le interesaban, podría verlas más adelante. Lo que quería ver de Wei Wuxian era
su vida antes de llegar a Gusu. O por qué había dejado su ciudad natal para venir a una
ciudad donde no tenía a nadie.

Lan Wangji estaba al tanto del cierre de la planta de Yunmeng. Era un dato que figuraba en el
currículo de Wei Wuxian. Pero quería saber si había algo más. Si volvería con su familia en
las próximas vacaciones… cómo era esa familia.

Lan Wangji seguía viendo publicaciones, mientras su curiosidad y su confusión iban en


aumento. Las publicaciones personales de Wei Wuxian eran escasas, la mayoría eran fotos de
paisajes. La única persona que se repetía en las pocas fotografías en las que salía era su
“shijie”, una mujer que lucía de la edad de Lan Xichen aproximadamente. Sobre año nuevo y
otros festivales importantes no había nada. ¿Con quién pasaba esas fechas?

Un bostezo lo tomó desprevenido. Sus párpados empezaban a cerrarse cuando una fotografía
lo trajo de vuelta a la lucidez. Wei Wuxian posaba con un grupo de niños, también estaba su
shijie y un hombre al lado de ella. La descripción de la foto mencionaba un orfanato.

Oh. De inmediato buscó el perfil de la shijie a través de la etiqueta en la publicación. Jiang


Yanli era su nombre, era directora del orfanato Jiang, el más antiguo de Yunmeng. Entonces
esa hermana no era realmente su hermana. Pero por lo que pudo apreciar en las fotos, era una
persona muy importante para él. La luz que desprendía Wei Wuxian no era compatible con
una persona que había crecido en un orfanato. ¿De verdad era huérfano?

Lan Wangji miró el reloj en la pared. Las tres y veinte de la mañana. En menos de dos horas
tenía que estar de pie. Lo de dormir no iba a suceder esa noche.
Veranillo

Canción: Something Just Like This (Coldplay feat. The Chainsmokers)

Where'd you wanna go?


How much you wanna risk?
I'm not looking for somebody
With some superhuman gifts

Durante una semana, el ambiente del instituto dejó de ser similar al de un templo escondido
en medio de una montaña, para lucir más como la universidad que era, llena de jóvenes llenos
de energía y profesores intentando mantener el orden. Los familiares y los amigos visitantes
inundaban los pasillos de los diversos edificios y el patio central parecía un mercado donde,
en vez de mercancías, se mostraban experimentos de las diferentes áreas de estudio que el
instituto abarcaba en su oferta académica.

Los de química por lo general se robaban el espectáculo año tras año. Pero este año en
particular, bajo la tutela de Wei Wuxian, los proyectos eran tan vistosos que hasta los padres
de los estudiantes de otros departamentos terminaban desfilando por la zona dedicada al
departamento de química.

El último día de la feria, Wei Wuxian ya no tenía conciencia de sí mismo. Lo único que
lograba mantenerlo de pie era que Jiang Yanli lo visitaba ese día y tenía que lucir mejor que
nunca. Ella había llegado la noche anterior. Wei Wuxian le ofreció alojamiento en su
apartamento, pero como llegaba muy tarde, ella se quedó en un hotel esa primera noche,
prometiendo hacer el cambio cuando salieran del instituto.

Jiang Yanli se quedaba una semana en Gusu y Wei Wuxian no se cambiaba por nadie. No
importaba que solo pudieran verse durante la noche. Esas pocas horas que podrían compartir
eran mucho más de lo que él esperaba después de dejar Yunmeng.

—Recuerden empezar a recoger un poco antes de la hora de cierre —le dijo Wei Wuxian una
vez más a los encargados—. En la ceremonia de premiación no es necesario tener todo esto,
así que podemos adelantar ese trabajo.

Los jóvenes asintieron y se alejaron de Wei Wuxian antes de que los atormentara con otra
cosa. Nadie comprendía por qué estaba tan inquieto, excepto él mismo. Miró el reloj una vez
más. ¿Por qué no llegaba su shijie?

—A-Xian…

—¡Shijie!

Wei Wuxian corrió hasta ella y le dio un fuerte abrazo. Poco le importaba atraer la mirada de
los demás. Había suficiente espectáculo alrededor para que se fijaran en él.
—¿Por qué tardaste tanto? ¿Estás bien?

—Todo bien, A-Xian. El tráfico un poco complicado.

—Cierto. Las maravillas de Gusu.

Wei Wuxian la llevó hasta un sitio más tranquilo. De momento no tenía que hacer ninguna
presentación. Además, quería a su shijie solo para él.

—Cuéntame, ¿qué tal el viaje? ¿Y el congreso?

—Calma, A-Xian —respondió Jiang Yanli entre risas—. Tenemos una semana para ponernos
al día.

—Ok, ok. Aunque no es suficiente.

Ella le acarició el pelo, como si fuera un niño.

—No cambias para nada.

Él le regaló una enorme sonrisa. Por primera vez en casi dos meses, se olvidó de la feria y de
todo el caos que tenía a su alrededor. Jiang Yanli emanaba tanta paz que con tenerla unos
minutos cerca sabía que podría conciliar el sueño fácilmente por muchos días.

—¿Quieres ver la feria ahora o prefieres descansar un poco más? Nos queda algo de tiempo
antes de la actividad de cierre.

—Vamos ahora —respondió ella halándolo del brazo—. Así me explicas con calma y de paso
me presentas a tus compañeros.

Wei Wuxian notó enseguida la mirada sospechosa de Jiang Yanli. Preguntar a qué venía su
comentario estaba de más. A ella no le interesaba realmente conocer a sus compañeros, sino a
un compañero en específico.

—De acuerdo. Empecemos por el departamento más aburrido —Wei Wuxian se detuvo no
bien terminó la frase. A su criterio, ese departamento era el de informática. Si empezaba por
ahí, tentando su suerte y encontrándose a Lan Wangji enseguida, Jiang Yanli no soltaría el
tema incluso después de su regreso.

—¿Y ese cuál es?

—Física.

Jiang Yanli lo miró no muy convencida, aunque Wei Wuxian no distaba mucho de la realidad.
Los experimentos de física por lo general solo lo entendían los físicos. Para él resultaba
curioso que teniendo tantas cosas en común con la química, ambas ramas fueran tan
diferentes.

A estas alturas de la feria, los estudiantes no estaban tan enérgicos como al principio. Para
suerte de Jiang Yanli, pudo disfrutar de cada proyecto sin ser abordada por explicaciones de
las cuales captaría muy poco. Su naturaleza curiosa la llevaba a preguntar cuando algo
llamaba su atención. Los estudiantes, al verla acompañada de Wei Wuxian, se esforzaban
para ofrecer la mejor respuesta.

—Seguro creen que eres uno de los jueces secretos —le susurró Wei Wuxian notablemente
divertido.

—Te burlas de ellos.

—Para nada.

Después de terminar con física, Wei Wuxian decidió continuar por la ruta trazada para los
visitantes, sin importar qué departamento siguiera. Juraba que el cálculo no fue intencional,
pero de esta forma, informática era casi el último en visitar.

A pesar del favor del azar, una figura alta y esbelta que no había visto en todo el día se
acercaba a él.

—Wei Wuxian…

Jiang Yanli apartó la mirada de la muestra que tenía enfrente y volteó siguiendo el sonido de
la aguda voz. Wei Wuxian notó el momento justo en que ella se fijó en los ojos de Lan
Wangji. Ya no necesitaba decir su nombre, sabía quién era. Solo le quedaba rogar en silencio
a todos los dioses de todos los panteones posibles para que ella no saliera con uno de sus
comentarios comprometedores.

—Lan Wangji —Wei Wuxian trató de mantener un tono neutro, sintiendo que fallaba
vergonzosamente—. Pensé que no habías venido hoy.

—¿Por qué?

—Nada, solo que no te había visto.

—Estaba en logística.

El silencio se instaló entre los tres por un buen rato, hasta que un par de neuronas de Wei
Wuxian hicieron sinapsis.

—Ah, Lan Wangji, te presento a mi hermana, Jiang Yanli —dijo él sin mirar a los ojos de
ninguno de los dos—. Shijie, él es Lan Wangji, profesor de informática y también fue la
persona encargada de mi inducción.

—Mucho gusto, Lan Wangji —saludó Jiang Yanli con esa sonrisa que no se borraba de su
cara—. Gracias por guiar a mi no tan pequeño hermano.

—Un placer saludarla —respondió Lan Wangji extendiendo su mano para sorpresa de Wei
Wuxian—. No tiene que agradecerme, es parte de mi trabajo.

Jiang Yanli estrechó la mano de Lan Wangji mientras Wei Wuxian los miraba boquiabierto. A
Lan Wangji no le gustaba tocar a otras personas, tampoco le importaba lucir frío en una
presentación. ¿Qué estaba pasando?

—¿Cuándo llegó a Gusu?

De repente, Wei Wuxian tuvo un ataque de tos. Jiang Yanli lo miró algo asustada.

—A-Xian, ¿te sientes bien?

Wei Wuxian asintió levantando una mano. Esperó un rato antes de hablar.

—Solo… un poco de agua —Lan Wangji iba a decir algo, pero Wei Wuxian no lo dejó—.
Regreso en un rato.

Para Wei Wuxian no era buena idea dejar a Jiang Yanli conversando a solas con Lan Wangji.
Pero esa pajita en su garganta se negaba a irse. Rápidamente ubicó un bebedero, tomó un
vaso con agua y fue de vuelta a donde estaban ellos.

—No conozco la ciudad. Es la primera vez que vengo —le escuchó decir a Jiang Yanli
mientras se acercaba. —A-Xian, ¿ya estás mejor?

—Sí, sí, todo bien.

—Seguro pasaste todo el día hablando sin hidratarte. Tienes que cuidarte más.

—Mn —intervino Lan Wangji-. Ha estado trabajando sin parar para la feria.

Si Lan Wangji seguía así, la tos de Wei Wuxian no iba a parar ni con una mezcla de miel y
limón. Seguro estaba drogado. Pasó muy cerca de alguno de los proyectos de química e
inhaló un vapor extraño.

Wei Wuxian no era el único sorprendido. Los estudiantes del puesto frente al cual estaban
conversando tenían caras de no creer lo que veían. Lan Wangji compartiendo voluntariamente
con alguien desconocido y diciendo más de dos palabras en una oración era todo un evento.

—A-Xian, tu compañero es muy simpático. Se ofreció a darnos un recorrido por el centro de


Gusu, ya que tampoco eres un experto.

—¿Cómo que no soy un experto? —Wei Wuxian necesitaba aferrarse a unos de sus
comentarios sarcásticos o uno de sus chistes malos, pero todos sus recursos estaban en su
contra—. Es cierto que Lan Wangji es un nativo, pero en estos meses también he caminado
un poco.

—No seas maleducado.

—Lo está haciendo por cortesía, shijie. Lan Wangji está tan ocupado que aun trabajando en el
mismo lugar, lo veo una o dos veces al mes.

Wei Wuxian notó que Lan Wangji observaba el intercambio sin su acostumbrada expresión
de estar sumamente aburrido. Si se detenía un poco más en su rostro, se daría cuenta de que
incluso se estaba divirtiendo. Pero era demasiado. No quería arriesgarse.
—Elijan el día y me avisas, Wei Wuxian. Ahora, si me disculpan, debo ir a ver a mis
estudiantes. Hasta luego, señora Jiang.

—Hasta luego, Lan Wangji.

Jiang Yanli esperó hasta que Lan Wangji estuviera a una distancia prudente para agarrar a
Wei Wuxian del brazo y llevárselo hasta uno de los pasillos desiertos.

—¿Qué fue todo eso? —su emoción era mayor que cuando le contó a Wei Wuxian que el
pavo real quería salir con ella.

Wei Wuxian seguía procesando la información, incapaz de darle una respuesta.

—¡A-Xian!

—No estoy seguro de que ese era Lan Wangji.

—Es el de los ojos dorados, ¿verdad? ¿Por qué no me dijiste que son amigos?

—No somos amigos, shijie —Jiang Yanli lo miró alzando una ceja—. ¡Hablo en serio! Solo
hemos hablado un par de veces aquí en el instituto y una vez me llevó a mi casa.

—¿Te llevó a tu casa? —le interrumpió su shijie.

—Shh… te van a escuchar.

—A-Xian, creo que esta noche no se duerme.

Wei Wuxian viró los ojos. No había cosa que lo desesperara más que estar diciendo la verdad
y que no le creyeran. Sobre todo cuando se trataba de la única persona cuya opinión era
realmente importante para él.

—Ya te dije que no hay nada que contar.

—Pues yo creo que hay alguien aquí que no está entendiendo nada.

Ambos regresaron a la exhibición para aprovechar el poco tiempo que quedaba antes de la
ceremonia de premiación y cierre. Wei Wuxian tenía que encargarse de algunos detalles para
poder salir temprano con Jiang Yanli, por lo que la dejó un rato en compañía de Mianmian.
Siendo honesto consigo mismo, él no quería dejarla con nadie, pero no tenía más opción.
Además, sentía que Mianmian era quien podía ofrecer la información más inofensiva al
interrogatorio que sabía que Jiang Yanli haría sutilmente.

Cuando regresó al patio principal, ambas estaban charlando como si fueran viejas conocidas
en un reencuentro escolar. De repente, esta gran ciudad dejaba de sentirse tan extraña y fría,
sin importar que tuviera que agregar una capa de ropa en estos días, como aviso de la llegada
de un invierno mucho más cruel del que estaba acostumbrado a vivir.
Jiang Yanli no estaría ahí para él siempre. Lo supo desde la primera vez que sintió la calidez
de su abrazo. Por eso, cada gesto, cada palabra, cada minuto que pasaba a su lado los
atesoraba y los repartía en su corazón de forma tan cuidadosa que quedara reservas
suficientes para los días más duros. A ella le debía no rendirse cuando todo parecía venirse
abajo. Y habiendo llegado tan lejos, tampoco pensaba abandonar el camino por más cuesta
arriba que fuera.

Cuando volvió en sí, Wei Wuxian escuchó que llamaban su nombre desde la tarima principal.
Más que confundido, avanzó hacia allá empujado por los estudiantes eufóricos que aplaudía,
vitoreaban y repetían su nombre.

—Nada de esto hubiera sido posible sin el gran trabajo de nuestro profesor Wei Wuxian —
dijo una estudiante colocándole una medalla en cuanto subió al podio.

Él seguía sin comprender qué estaba sucediendo, pero se dejó llevar por la secuencia de
eventos. Al final, no importaba. Ver a su hermana de pie, aplaudiéndole con tanto orgullo que
le brillaban los ojos, era el mayor reconocimiento que podía recibir. Escuchar a sus
estudiantes agradecerle por el trabajo que hicieron ellos era el bono extra.

Pero ver a Lan Wangji de pie al fondo del patio, aplaudiendo enérgicamente, sin quitarle los
ojos de encima era algo para lo que no estaba preparado.

Entonces, así de la nada, su absurda vida empezaba a tener sentido.


Felicidad prestada

Canción: Gravity - John Mayer

Gravity is working against me


And gravity wants to bring me down
Oh, I'll never know what makes this man
With all the love that his heart can stand

Entre una clase y otra, Lan Wangji tenía la costumbre de encerrarse en su pequeña oficina a
revisar sus apuntes, corregir asignaciones o trabajar en la programación docente del siguiente
mes. Ese día ninguna de las opciones le parecía atractiva, por lo cual terminó entrando a
Weibo, específicamente al perfil del Instituto Lan, a ver las fotos de la feria.

Para su sorpresa, él estaba etiquetado en unas cuantas fotos. Muchas más de las que esperaba
según lo estimado a partir de eventos anteriores. Su segunda sorpresa fue encontrar una
notificación de nuevo seguidor: Wei Wuxian.

Lan Wangji sintió un frío en el estómago al recordar que recientemente había entrado al perfil
de Wei Wuxian y había visto sus publicaciones hasta fechas muy lejanas. Temía haber sido
descubierto, pero eso no era posible. Nadie podía saber quién entraba a ver su perfil, a menos
que esa persona dejara una reacción o un comentario. Lo más probable era que Wei Wuxian
encontrara su perfil a través de otros estudiantes o del mismo instituto. Cuando ocurría un
evento, ese tipo de cosas terminaba pasando. El problema era que nadie nunca se interesaba
en seguir un perfil que estaba vacío y seguía teniendo la configuración preestablecida.

Volviendo a la cuenta del instituto, Lan Wangji se tomó su tiempo para estudiar cada
fotografía, revivir los mejores momentos de la feria y enterarse de otros que no pudo
presenciar por estar trabajando tras bambalinas. También dejó su acostumbrado mensaje de
felicitación a los equipos ganadores de los tres primeros lugares. Era una de las pocas
ocasiones en que escribía algo en una red social.

La feria fue todo un éxito. Y el departamento de química brilló más que nunca. Podía
asegurar que las solicitudes de ingreso para las carreras de esa área se iban a disparar en el
próximo ciclo de admisiones.

Al ver la hora, Lan Wangji salió rápidamente de Weibo y se puso a adelantar tareas que
normalmente hacía luego de su última clase de la tarde. Ese día tenía en agenda un recorrido
por el centro de Gusu junto a Wei Wuxian y su hermana, por lo que saldría apenas terminara
la clase.

De camino al hotel donde se realizaba el congreso al que asistía Jiang Yanli, Lan Wangji se
percató de que no tenía forma de contactar a Wei Wuxian. Ambos se pusieron de acuerdo en
el instituto, pero nunca intercambiaron sus números de teléfono. Lan Wangji no tuvo más
opción que estacionarse y ubicar el salón específico del evento para esperar a Jiang Yanli. Por
suerte, llegó temprano y ella aun no salía.

Justo a las cinco treinta las puertas del salón se abrieron y las personas comenzaron a salir. Él
se levantó enseguida para ubicar a Jiang Yanli más fácil. Siento tan alto, no era una tarea
compleja para él.

—Lan Wangji —saludó ella ubicándolo enseguida y caminando hacia donde estaba. Con su
sonrisa característica extendió su mano para saludarlo—. Llegas puntual.

—Mn. ¿Cómo estuvo el congreso hoy?

—Muy interesante. El programa de hoy era el que más llamaba mi atención y no me


defraudó.

A falta de saber qué decir, Lan Wangji asintió.

—A-Xian viene de camino. Su jefa le asignó algo a última hora y no pudo escaparse un poco
antes como tenía previsto. ¿Te dijo?

—No, no tengo su número.

—Oh. Bueno, podemos ir a la recepción y lo esperamos ahí.

—Mn.

Lan Wangji hizo un gesto para que caminara primero.

Al llegar a la recepción, ambos ubicaron un lugar para sentarse que les permitiera ver la
entrada fácilmente.

—A-Xian es muy despistado —comentó ella—. Pero cuéntame, aprovechando su ausencia,


¿cómo le va en el instituto?

—No he visto su trabajo directamente, porque soy de otra área, pero la retroalimentación de
profesores y estudiantes ha sido muy buena.

—Él es brillante, aunque no se lo cree.

Lan Wangji frunció el ceño. Wei Wuxian no parecía ser una persona que no creyera en su
capacidad, al contrario, lucía muy seguro de sí mismo y de conquistar a cualquier persona
con su encanto. Pero siendo Jiang Yanli tan cercana a él, no se atrevía a dudar de su
comentario.

—No le digas que te conté esto, pero el día de su examen en el instituto, el pobre casi se
muere de nervios. Entre la caída, llegar tarde y que no lo dejaran entrar… —Jiang Yanli se
cubrió la boca en ese momento—. ¡Cierto, eras tú! —exclamó casi aterrada de haber dicho
algo incorrecto—. Lo siento…
—No tiene que disculparse por eso.

Jiang Yanli no decía más. Con sus mejillas rosadas, evitaba la mirada de Lan Wangji. Parecía
creer que de verdad había metido la pata y que lo había ofendido en cierta forma. Lan Wangji
quería que siguiera contando, pero no sabía como pedírselo. Su expresión fría probablemente
no colaboraba mucho porque no coincidía con lo que estaba pensando.

—Bueno —continuó Jiang Yanli con un tono más moderado—, ese día A-Xian salió del
instituto pensando que no estaba a la altura de sus requerimientos. De verdad creía que no iba
a entrar.

Lan Wangji tampoco pensó que entraría al verlo ese día. Ni siquiera cuando entregó el
examen de primero, o cuando Lan Xichen le comentó que había sacado la calificación más
alta entre todos los aspirantes. Aquel desconocido con el moño flojo y la camiseta negra con
tipografía extravagante no podía tener lo que se le pedía a un profesor del Instituto Lan. Eso
había pensado él incluso después de haberse concretado su contratación.

—Pero yo sabía que lo haría. A-Xian es la persona más inteligente y apasionada que conozco.
Aunque nos… —el timbre del celular interrumpió a Jiang Yanli en ese momento, dejando a
Lan Wangji con la intriga de lo próximo que escucharía sobre Wei Wuxian—. Ah, ya llegó.

Jiang Yanli se levantó y Lan Wangji hizo lo mismo. Ambos caminaron hasta la entrada del
hotel. En ese mismo momento, Wei Wuxian entró y los miró con una gran sonrisa.

—Ahhh, ¡qué bueno verlos! Pensé que tendría que buscarlos por el hotel y ya saben —su risa
interrumpió su discurso o más bien lo adornó.

Con su aspecto informal, compuesto por sus jeans negros desgastados, una camiseta de una
banda desconocida debajo de una camisa de cuadros y un moño alto descuidado, Wei Wuxian
lucía cinco años más joven. Era el mismo Wei Wuxian que Lan Wangji conoció el día de la
evaluación y que no había vuelto a ver; ya que para ir al instituto Wei Wuxian vestía un poco
más conservador.

—Lan Wangji —la voz de Wei Wuxian lo sacó de su trance—, no puedo creer que no
intercambiamos números— Wei Wuxian le pasó su celular en ese momento—. Escríbelo. Si
no fuera porque te dije de este hotel, ¿cómo nos hubiéramos puesto de acuerdo?

Lan Wangji tomó el celular y agregó su contacto. Parecía una escena paralela, como si
hubiese abandonado su cuerpo, presenciando todo desde fuera.

—Y ustedes dos —agregó Wei Wuxian señalando con el dedo—, ¿qué andaban murmurando
de mí?

—¿Le estás diciendo chismosa a tu shijie?

—No, no, no —se defendió él enseguida abrazando a Jiang Yanli como un niño travieso—.
Ella no es chismosa, solo muy conversadora.
Jiang Yanli fingió halarle una oreja. Wei Wuxian hizo una mueca dramática que no duró
mucho tiempo porque sucumbió ante otra carcajada.

—Ah, shijie, tengo que comportarme delante de Lan Wangji. Es un Lan y me puede echar del
instituto.

—Tú empezaste —le reclamó Jiang Yanli.

Los tres caminaron hasta el estacionamiento y al llegar al auto de Lan Wangji empezó una
nueva disputa. Wei Wuxian quería que Jiang Yanli se sentara en el asiento delantero para que
pudiera apreciar mejor la ciudad, mientras que ella se negaba y aseguraba que desde el
asiento trasero podía apreciar todo igual de bien.

Al final terminaron resolviendo sus diferencias con piedra, papel y tijera, resultando en una
derrota para Wei Wuxian, quien tuvo entonces que sentarse en el asiento del pasajero junto a
Lan Wangji.

—Si quieren ir los dos atrás… —comentó Lan Wangji casi creyendo que era la razón por la
cual ninguno de los dos quería ir delante.

—Ah, Lan Wangji, no eres un taxista —Wei Wuxian subió enseguida y se puso el cinturón de
seguridad—. Sorpréndenos —agregó con otra sonrisa que hizo que Lan Wangji mantuviera la
vista hacia el frente durante todo el trayecto.

El recorrido preparado por Lan Wangji no podía abarcar tanto como quería. A esa hora, el
tráfico empezaba a tornarse pesado, así que lo ideal era llegar al área más atractiva,
estacionarse y recorrer el resto a pie. Jiang Yanli estaba encantada con la propuesta. Después
de pasar tantos días encerrada en aire acondicionado, respirar aire fresco era una bendición.

Al final del tour, Lan Wangji los sorprendió con una reserva en un restaurante con platos
propios de la región y con una de las mejores vistas de la ciudad.

—Te voy a contratar como guía turístico, Lan Wangji —comentó Jiang Yanli.

—En un rato también le dirás que es tu persona favorita —intervino Wei Wuxian sin poder
ocultar sus celos.

Lan Wangji seguía disfrutando de su comida en silencio, con una sonrisa casi imperceptible.
Para él, hablar durante las comidas estaba prohibido, pero no podía imponer las reglas de su
familia a otras personas.

—Entonces, Lan Wangji, ¿eres soltero? ¿casado?

—¡Shijie! —la bebida casi sale por la nariz de Wei Wuxian—. No tienes que responder, Lan
Wangji.

Las orejas de Lan Wangji se pusieron rosadas enseguida. No esperaba ese tipo de pregunta.

—Pero nos estamos conociendo. Es de mala educación no saber nada sobre nuestro anfitrión.
Wei Wuxian parecía querer meterse debajo de la mesa. Lan Wangji no comprendía por qué
estaba tan avergonzado, si la pregunta estaba dirigida a él.

—Soltero.

—No me digas que eres del clan de Wei Wuxian, que piensan ser fieles a su soltería para toda
la vida.

Lan Wangji escuchó una especie de gruñido procedente de Wei Wuxian, quien estaba muy
entretenido con la cerámica del platillo donde estaba su postre. También sintió que el rubor
de sus orejas empezaba a pasar a sus mejillas.

—Nunca he pensado en casarme. ¿Wei Wuxian tampoco?

Los ojos de Wei Wuxian se abrieron como platos. De su hermana esperaba este tipo de
conversación incómoda, pero que Lan Wangji se prestara al juego ya era muy raro.

—No tengo tiempo para eso —respondió Wei Wuxian sin levantar la mirada—. Entre trabajo
y clases, ¿a qué hora voy a tener una cita?

—No tenías citas ni cuando estabas ocioso.

—¿Podemos hablar de otra cosa, shijie? ¿O es la hora de ‘avergoncemos a Wei Ying’?

—Wei Ying —susurró Lan Wangji pensando que no lo escucharían.

—Es mi nombre de nacimiento —aclaró Wei Wuxian—. Perdona, Lan Wangji, te estamos
aturdiendo con nuestras discusiones.

—No tienes que disculparte. Ustedes se llevan muy bien.

—Sí —intervino Jiang Yanli—. Él es necio, pero lo amo de todas formas. ¿Y tú no tienes
hermanos?

Lan Wangji negó con la cabeza. Wei Wuxian aclaró su garganta y levantó su vaso.

—Brindemos por tan rica cena —exclamó intentando desviar la conversación hacia otro
lado.

Jiang Yanli y Lan Wangji imitaron el gesto. Luego chocaron sus vasos.

El camino de regreso fue un poco más fluido dada la hora. Lan Wangji insistió en llevarlos
hasta su casa, ya que quedaba de camino a la suya, lo cual era mentira, pero ninguno de los
dos tenía que saberlo. Además, le parecía de mal gusto que después de haberlos invitado a
dar un recorrido por la ciudad, los enviara de vuelta en un taxi.

—De verdad, muchas gracias por todo, Lan Wangji. Me voy tranquila sabiendo que Wei
Wuxian tiene un gran amigo aquí.
Wei Wuxian se limitó a levantar un pulgar y sonreírle. No se atrevía a interrumpir el discurso
de su hermana.

—No tienen que agradecerme —respondió Lan Wangji. Con un breve gesto, se despidió y
tomó la larga ruta hasta su apartamento.

Un gran amigo. Lan Wangji no podía dejar de preguntarse si a partir de ese día podía
considera a Wei Wuxian su amigo.
Melancolía

Canción: On Melancholy Hill - Gorillaz

Are you here with me?


Just looking out on the day of another dream

Jiang Yanli quería decir algo. Wei Wuxian lo notaba en la forma en que se mordía los labios,
se agarraba la oreja y se quedaba con los ojos clavados sobre él, hasta que él se daba cuenta y
ella desviaba la mirada.

—Escúpelo —le dijo Wei Wuxian mientras se levantaba del sofá, tomaba las dos tazas vacías
e iba a la cocina por más té.

—¿Qué?

—Nos conocemos, shijie.

—Los sueños… —dijo ella titubeando. El tema era incómodo para ambos. Si bien ella nunca
había tenido problemas para dormir ni sueños desagradables, vivió en carne propia ese
calvario durante la adolescencia de Wei Wuxian.

Wei Wuxian sintió que la jarra de té se le escapaba de las manos. La agarró más fuerte y
respiró profundo. Jiang Yanli se iba al día siguiente; no quería atormentarla precisamente en
el momento de su regreso.

—Solo fue una vez —mintió él—. No ha vuelto a pasar.

Jiang Yanli se volteó para estudiarlo detenidamente. Él odiaba cuando ella hacía eso. Parecía
una máquina con rayos láser, capaz de leer más allá de su piel y de sus huesos. Sus
emociones más profundas eran transparentes ante esa mirada. No había lugar para las
mentiras. Ella solo pretendía dejarlas pasar.

—Hablo en serio, shijie.

—¿Igual que aquella vez?

—Una escena similar, pero no duró mucho.

Wei Wuxian volvió a la sala con dos tazas humeantes. Colocó las tazas en la mesa, se
acomodó de nuevo en el sofá, esta vez recogiendo sus piernas hasta abrazarlas.

—¿Por qué ahora? Ha pasado unos…

—Diez años —le interrumpió Wei Wuxian. También se había hecho la misma pregunta—.
Quizás el cambio de ambiente, no sé.
Jiang Yanli se levantó y se sentó a su lado. Tomándolo por los hombros lo atrajo hacia ella
hasta colocar su cabeza sobre sus piernas. Desde niño, Wei Wuxian tenía un sueño
intranquilo, por lo que Jiang Yanli le contaba alguna historia o le preparaba una taza de té
para tomar antes de ir a la cama. Con la adolescencia, llegaron esas pesadillas extrañas que
arrancaban gritos horribles de su garganta. Jiang Yanli buscaba la forma de llegar hasta su
habitación, rescatarlo de las garras de sus sueños y acariciar su pelo hasta sentir que la
tranquilidad volvía a él.

Entre los veintiún y veintidós años las pesadillas desaparecieron misteriosamente. Wei
Wuxian ya estaba trabajando como pasante en un laboratorio y Jiang Yanli preparaba su boda
con Jin Zixuan. Aunque su sueño no fuera ideal, ya no podía refugiarse en el cariño de su
hermana. A fin de cuentas, eran adultos, ella no era su hermana real y la gente siempre
buscaba una razón para alimentar el chisme.

—Si vuelve a pasar, ¿qué harás?

—Decirte —respondió soltando una risa un poco amarga. Wei Wuxian no estaba listo para
tomar el camino hacia donde se dirigía esa pregunta—. No nos adelantemos, shijie. Tal vez
fue solo el estrés de la mudanza.

—Ok, hablemos de otra cosa.

Wei Wuxian sintió enseguida como se tensaron los músculos de su cuello y sus hombros. El
otro tema pendiente sólo podía involucrar a un hombre un poco más alto que él, de ojos
dorados y comportamiento impredecible. Jiang Yanli le masajeó la nuca.

—Pareces una piedra, A-Xian.

—Si te vas a burlar de mí… —dijo intentando levantarse, pero Jiang Yanli lo detuvo.

—Tranquilo. Ahórrate el esfuerzo de escapar.

Wei Wuxian exhaló dramáticamente, resignado a su suerte y al espíritu casamentero que de


vez en cuando poseía a su hermana. Él no podía mirar ni siquiera el tronco de un árbol.
Enseguida ella buscaba la forma de emparejarlos.

—¿De qué quieres hablar?

—Tú sabes.

—¿Qué quieres saber de él?

El masaje de Jiang Yanli se detuvo. Un Wei Wuxian tan cooperador era un asunto raro. Pero
como las estrellas se habían alineado de esa manera, no iba a desaprovechar la oportunidad
de tirar directo al blanco.

—¿Qué tanto te gusta?

Wei Wuxian sonrió abiertamente. Su shijie no podía ver su cara, así que tenía libertad de
mostrar sus dientes, sonrojarse, dejar que sus ojos brillaran mientras soñaba despierto.
—Muy sutil, shijie. Dame el beneficio de la duda.

—A-Xian, solo he visto esa mirada en dos ocasiones: cuando te regalé tu dizi y cuando
compraste esa balanza antigua en la subasta. Podemos omitir la pregunta anterior a esa.

Wei Wuxian se tomó un tiempo antes de responder. De verdad no había pensando en ello,
más que las veces que Jiang Yanli lanzaba indirectas. Su manía de tener siempre las manos
llenas de ocupaciones no le daba oportunidad para esas pequeñas cosas que no eran tan
pequeñas. Para bien o para mal, no tenía tiempo para reflexionar sobre lo que estaba
sucediendo.

—No sé… es extraño.

Wei Wuxian se levantó, volviendo a sentarse con las piernas pegadas a su pecho. Más que
adoptar una postura defensiva, quería mantener una conversación decente y si Jiang Yanli
seguía pasando sus dedos por su cuero cabelludo, la iba a dejar hablando sola.

—¿Extraño en qué sentido?

—Pues ya sabes como soy —un coqueto por naturaleza, pensó sin necesidad de agregarlo—,
pero realmente nunca me ha gustado nadie. Con Lan Wangji es… distinto. Pero ni siquiera sé
si es… eso.

—Hmm.. ¿y qué es eso distinto con él?

—Me causa curiosidad.

—Coqueto y despistado. Mala combinación —Jiang Yanli tomó un sorbo de su té y soltó un


gran suspiro—. He fallado como hermana mayor. Yo que pensé que no tendría que guiarte
por los caminos misteriosos del amor.

—¡Shijie!

Wei Wuxian ocultó su cara detrás de un cojín. No podía creer que estaba teniendo esta
conversación con su hermana, a estas alturas de juego. Estaba dejando mal parado al supuesto
adulto responsable que inició una nueva vida en otra ciudad con un futuro brillante por
delante.

Contra la negativa de Jiang Yanli, Wei Wuxian madrugó para llevarla a la estación de tren.
Nunca le contaría que para lograrlo tuvo que poner cinco alarmas y que, estando la mañana
tan fría —mucho más de lo pronosticado— despegarse de las sábanas fue un enorme
sacrificio. Solo por ella era capaz de hacer esas cosas.

—Podías dormir un poco más —le reclamó Jiang Yanli una vez más al verlo más abrigado de
la cuenta, haciendo su mejor esfuerzo para que no se le notara el frío y el sueño que tenía.

—¿Y perderme otro par de horas con mi shije? ¡Jamás!


Jiang Yanli le regaló una cálida sonrisa y le pellizcó una mejilla. La llamada de abordaje
finalmente llegó, cambiando el semblante de Wei Wuxian instantáneamente.

—Estoy muy viejo para hacer pucheros, lo sé.

Ambos se rieron, no con tanta alegría como quisieran, pero era una buena distracción para no
pensar en la separación. En poco tiempo, Wei Wuxian tendría vacaciones. Podía empezar la
cuenta regresiva desde ya. Él abrió los brazos de par en par y Jiang Yanli se acercó a él
manteniendo su sonrisa con un esfuerzo sobrenatural.

—Cuídate mucho. Y… ten una cita con Lan Wangji.

Wei Wuxian se separó de ella, dedicándole una mirada poco amistosa.

—Siempre arruinando el momento —se quejó empujándola lentamente hacia la plataforma


de abordaje.

Wei Wuxian sentía más la ausencia de Jiang Yanli que cuando se mudó a Gusu. Volver a
verla reactivó todas esas emociones con las que había lidiado las dos primeras semanas luego
de su mudanza. Pensaba que ese capítulo estaba cerrado, pero todo parecía indicar que no.

Esa mañana tenía que impartir el laboratorio de cuantitativa. Los estudiantes notaron
enseguida que algo le pasaba. A su expresión decaída se sumaba la falta de los chistes malos
con que solía acompañar sus lecciones y la lentitud con que procesaba su cerebro. La
encargada de la clase decidió hacerse cargo de las dudas de sus compañeros, quienes
acordaron por unanimidad leer el manual las veces que fuera necesario y no hacer ninguna
consulta a menos que fuera un asunto de vida o muerte.

—Maestro Wei, ya terminamos las titulaciones —le informó la encargada.

—Bien. Me dejan sus informes aquí y en la próxima clase comentamos los resultados.

Después de limpiar la cristalería y dejar sus puestos en orden, los estudiantes se retiraron
despidiéndose. Solo recibieron a cambio una simple mano levantada. Wei Wuxian recogió los
informes, los guardó en la gaveta de su escritorio y dio una última vuelta al laboratorio antes
de cerrarlo.

De camino al comedor, se perdió un par de veces. Finalmente llegó, encontrando poca gente
en la fila. A esa hora almorzaban más profesores que estudiantes.

—¿Que desea comer, Maestro Wei?

—Lo que quieras.

Wei Wuxian no se fijó en lo que pusieron en su plato. Tampoco escuchó que Lan Xichen lo
llamaba para que se sentara en su mesa. Solo siguió de largo y se sentó en una mesa contigua
con una bandeja llena de cosas que normalmente no comía.
—Wei Wuxian…

Frente a él estaba Lan Wangji con una expresión similar a la preocupación. Wei Wuxian no
estaba seguro. Lan Wangji era como una roca cuyos filos y curvas no cambiaban ante el frío
o el calor.

—¿Qué pasa Lan Wangji?

—¿Estás bien?

La pregunta lo sacudió un poco. Qué cara traería él para que una persona como Lan Wangji
se acercara y le preguntara cómo estaba. Lan Wangji nunca estaba atento a nadie. ¿Por qué se
fijaba en él precisamente hoy?

Aun no le daba una respuesta a Lan Wangji. Tampoco tenía idea de qué decirle. Estaba. Solo
estaba. Lo demás carecía de importancia.

—¿Jiang Yanli se fue?

Wei Wuxian asintió. Sus ojos volvieron a clavarse en la bandeja con la comida que empezaba
a enfriarse. Lan Wangji se sentó frente a él. Desde el paseo por el centro de la ciudad, no se
habían visto. Tampoco habían intercambiado mensajes más allá de un gracias escrito por Wei
Wuxian a través de WeChat.

Lan Wangji y Wei Wuxian intercambiaron miradas. Uno no era propenso a hablar, él otro no
encontraba las palabras. Wei Wuxian tomó sus palillos, comenzó a comer con pocas ganas,
pero la promesa de cuidarse que le hizo a su hermana volvió a su memoria. A lo que no le
daba la bienvenida de vuelta era a la conversación que había tenido con ella la noche anterior
en torno a Lan Wangji.

El sonido de una silla lo obligó a levantar la mirada de nuevo para encontrar a Lan Wangji
abandonando la mesa sin decir nada. Wei Wuxian pensó que finalmente se había cansado de
su actitud, o de actuar como si realmente le importara. Sin embargo, volvió, se sentó y colocó
delante de Wei Wuxian un frasco con salsa picante.

—La olvidaste.

Wei Wuxian tuvo que darse rápidamente un trago de agua para que la comida que acababa de
llevarse a la boca no se fuera por otro camino y evitar hacer el ridículo delante de sus colegas.
De por sí, sus bizarras interacciones con Lan Wangji eran el foco de atención de todos. No
necesitaba darles más espectáculo.

—Gracias —susurró sin creer lo que estaba viendo. Lan Wangji y él nunca habían comido
juntos, exceptuando la cena con Jiang Yanli. En esa ocasión, Wei Wuxian se abstuvo de su
amor extremo por el picante, por respeto a la comida tradicional de Gusu y al propio Lan
Wangji—. ¿Cómo sabes…

—Esa información es de dominio público.


La primera sonrisa del día apareció en el rostro de Wei Wuxian. No podía creer que se la
debía a Lan Wangji, el hombre más serio que había conocido en su vida.

El calor se apoderó de sus mejillas al recordar el consejo de su hermana antes de subir al tren.
¿Por qué recordaba eso en ese preciso instante? Ni siquiera había usado la salsa picante en la
comida, así que no podía echarle la culpa. Por mucho que disfrutara de la compañía de Lan
Wangji —aunque apenas intercambiaran palabras— quería que lo dejara solo. Tenía muchos
pensamientos cruzados en su cabeza y su presencia lo perturbaba aun más.

Me causa curiosidad.

Un interruptor para su cerebro no vendría mal.


Lluvia

Canción: Let It Rain - Sarah Brightman

Where do we end? Where do we begin?


Are we lost or must we lose to win?
We depend on where we stand
Are we free to choose the lives we live?

La lluvia empezó a las dos cuarenta y cinco de la mañana. Lan Wangji lo sabía porque un
rayo lo despertó, o más bien, lo sacó de una realidad alterna, en la cual probablemente
también llovía. Estaba a punto de gritar un nombre cuando el estruendo se combinó con un
gemido que terminó mutilado en su garganta, le arrancó el alma del cuerpo o se la retornó de
golpe.

Le costó ubicarse. Como en esos días de su juventud en que despertaba bañado en sudor
extendiendo los brazos hacia la nada. Hacia ese alguien que no correspondería el abrazo que
tanto necesitaba. En un internado no había padres que dieran besos en la frente en noches de
tormenta con chispazos de luz que producían sombras capaces de activar la imaginación del
menos miedoso.

Él no tenía miedo a los fantasmas. Su mayor temor era que ninguno de esos espíritus
merodeadores en un plano que debían dejar atrás no fuera el de su madre ida a destiempo. Por
eso en noches adornadas por la lluvia y los truenos, él se quedaba en vela, esperando,
deseando, hasta caer dormido sin recibir respuesta.

Su frente estaba mojada, con par de mechones pegados. Tras la descarga que sirvió de
despertador, se abrieron las nubes y todo era agua. Caía sin cesar, variando de intensidad
entre una hora y otra, pero siempre constante. Amenazando con llenar las calles y volverlas
ríos. Anunciando que un paraguas no sería suficiente.

Lan Wangi prendió la lámpara junto a su cama. Tomó el pañuelo que guardaba en la gaveta
para los resfriados que llegaban sin invitación con el cambio de clima. Se quitó de la frente el
sudor frío. Su habitación lucía como todos los días, pero no lograba sentir que estaba
presente. Tal vez había saltado de un sueño a otro. O estaba tan oxidado en materia de sueños
que ya no sabía cómo enfrentarlos.

Fue hace tanto tiempo.

Permaneció en la cama sentado sin tomar el libro que solo adelantaba en noches como estas.
Mirando hacia la nada. En su mente había un enorme hueco. Como cuando meditaba, mas no
era producto de la meditación. Sino de su búsqueda constante de las imágenes de las cuales
fue arrancado por capricho de la naturaleza. Ese nombre que casi sale de sus labios. Ese
rostro que nunca se dejaba ver.
En su adolescencia nunca lo vio tan claro. Solo era una silueta, una sombra. Tan abstracto que
no llegó a asociarlo con una persona real.

A Lan Wangji le gustaba la lluvia. Pero la vista de la ciudad bajo un aguacero interminable le
resultaba deprimente. La lluvia de invierno era muy rara, también era la peor. Era un teaser
barato del frío desolador que se avecinaba.

Se paró de la cama arrastrado por una partitura anónima que lo llevó hasta su guqin. A esa
hora, mientras todos dormían o hacían creer que dormían, él podía tocar a gusto sin molestar
a nadie. Las paredes de su residencial estaban diseñadas para que todos vivieran en su
perfecta armonía o en su armonioso caos.

Sus dedos se deslizaron sobre las cuerdas que le daban la bienvenida de vuelta como fieles
amigas. De esas que no reprochaban la ausencia prolongada, el casi olvido. Ellas siempre
esperaban en silencio, como lo hacía él de niño. Quizá lo aprendió de ellas, o ellas de él. Su
guqin era una de las pocas constantes en el mundo tan variable que le tocó vivir. Todos iban y
venía, eran nombres y números. Rostros difusos que se cruzaban por las calles.

Y, sin embargo, él era un mal amigo. Olvidaba al único que siempre estaba. Lo abandonaba
por meses con la excusa del trabajo, del afán, de una carrera que nunca llegaba a la meta.
Solo buscaba de él cuando las cosas empezaban a tambalearse. Qué egoísta era con quien
tanto le había dado.

Cuando terminó de tocar era hora de ducharse. Los adultos responsables no se detenían por la
lluvia. Los adultos solitarios llegarían a tiempo a pesar de ella.

Frente al espejo se cepilló el pelo más veces de las normales. La humedad era una enemiga
silente que tenía que enfrentar en esta época. Después de acomodar su cola, se colocó su
chaqueta reservada para días lluviosos. Todavía era muy temprano para marcharse al
instituto, pero de todas formas, saldría.

A esa hora, las avenidas seguían un poco desiertas. Lo estarían incluso en la hora pico. El
clima complicado era una excusa para llegar más tarde. Otros incluso no llegarían. Él no los
culpaba. No conscientemente. Su privilegio no lo cegaba ante la realidad de aquellos que
tenían que tomar un autobús o atravesar calles inundadas.

Por eso condujo sin pensarlo, en un sentido contrario que conocía bien, que insistía en
recorrer una vez más. Según sus cálculos llegaría justo a tiempo, quizá unos minutos antes, lo
cual sería perfecto.

Al llegar a su primera parada, sacó el celular y escribió un mensaje.

¿Saliste?

Ni buenos días, ni cómo estás. Con este extraño curiosamente asumía una familiaridad que no
usaba con su propia familia. Su respuesta llegó en la forma prevista.

—Lan Wangji… ¿y este aguacero? —la voz de Wei Wuxian se perdía entre el agua torrencial
—. ¿No que en esta época no llueve? Si no salgo en cinco minutos voy a llegar tarde.
Wei Wuxian respondía como si el mensaje fuera algo normal y Lan Wangji le agradecía con
toda el alma. No quería una validación externa de que lo que estaba haciendo era una rareza.

Lan Wangji podía ver su silueta detrás del cristal de la entrada de su edificio. Con un
paraguas negro en una mano y el teléfono en otra.

—En un minuto te da una oportunidad —le respondió Lan Wangji, como si fuera
pronosticador del tiempo o tuviera poderes mágicos sobre la lluvia.

—¿Y tú? ¿Ya de camino o no tienes clases hoy?

—Mn. Hice una parada.

—¿Una parada?

En ese momento, el agua mermó un poco y Lan Wangji se sorprendió de su capacidad de


coincidir con el universo.

—Aprovecha ahora.

El silencio al otro lado de la línea le dio a entender que Wei Wuxian estaba procesando lo que
acababa de escuchar.

—¿Lan Wangji? ¿Estás aquí?

—Mn.

Wei Wuxian ya estaba fuera del edificio, protegido por su paraguas, paralizado al ver que el
vehículo estacionado justo a unos metros frente a él era de Lan Wangji. Lan Wangji
observaba como el otro caminaba, primero dudando de lo que veía, luego apurando la marcha
como una reacción al hecho de que esperaban por él. Abrió la puerta del auto, subió y trató de
escurrir el paraguas antes de cerrar la puerta.

—Lan Wangji… —los ojos de Wei Wuxian eran un mar sin fondo lleno de preguntas. Lan
Wangji comprendía mejor que nadie. Él también tenía toda una lista de preguntas en relación
a su comportamiento en los últimos días.

—Quedas en ruta. Y el aguacero.

—Gracias —exhaló Wei Wuxian permitiendo a su cuerpo relajarse contra el asiento—. La


estación queda cerca, pero con este diluvio todo se aleja. ¿Puedo? —preguntó señalando la
visera.

—Mn.

Wei Wuxian bajó el visera y destapó el espejo. Estudió su cabello encrespado víctima de la
humedad y murmuró unas cuantas quejas ininteligibles. Contrario a todas las veces que lo
había visto, Wei Wuxian llevaba una cola. Virando los ojos, la soltó y empezó a peinarse con
los dedos. A Lan Wangj le resultaba muy difícil mantener su atención hacia el frente.
—No hay forma de hacerse un moño con este clima. Parezco salido del manicomio.

—La cola estaba bien.

—¿Bien? ¿No viste como estaba todo el pelo parado al frente? Y mi banda no aparece en
ninguna parte.

Lan Wangji apretó el volante con más fuerza. Él no necesitaba esa imagen. No en un día
como este en que sentía que podría tomarse una taza del alabado chocolate del comedor, solo
para verificar si tenía tan buen sabor como el que daba a entender Wei Wuxian cuando le
daba un sorbo.

Wei Wuxian insistía en tener un peinado decente. Lan Wangji casi tuvo la necesidad de
informarle que eso era imposible en días lluviosos. Se mordía la lengua para no
interrumpirlo, porque verlo intentar una y otra vez sin desfallecer era una escena cálida en un
día tan frío.

—Pensé que hoy entrabas más tarde o que no ibas.

—Tengo clases más tarde, pero llego temprano.

—¿Y por qué nunca te veo? —Wei Wuxian se respondió a sí mismo antes de que Lan Wangji
pudiera hacerlo—. Obvio, estás en otro edificio y seguro te encierras en tu oficina a planificar
las clases.

—¿Cómo…

—Es de dominio público.

Lan Wangji limitó su sonrisa pensando que se le podían rasgar las mejillas. Por suerte, la
atención de Wei Wuxian estaba volcada por completo en su pelo. De esa forma no podía
notar la batalla que se libraba en el rostro de Lan Wangji, entre sus ganas de sonreír y los
músculos de su cara no acostumbrados al gesto.

Cuando llegaron al instituto, la lluvia caía con rabia. Lan Wangji extrañaba por primera vez
no tener un estacionamiento subterráneo a su disposición. Tampoco era un asunto que le
causara ansiedad. Tenía casi media hora a su favor, una muy buena compañía en el auto, y la
excusa de que todos llegarían tarde ese día.

—Las cosas que hago por ustedes los Lan —comentó Wei Wuxian. Por fin se decidió a dejar
su cola como estaba, solo un poco más apretada que cuando subió al auto. Después de darle
las vueltas necesarias a la bandita negra, amarró una cinta roja por encima. Era la primera vez
que Lan Wangji veía la cinta porque siempre quedaba oculta con el moño—. Esperaremos un
poco, ¿verdad?

—Mn. ¿Entras a las ocho?

—No, a las nueve. Pero me gusta preparar la práctica con tiempo. También puedo calibrar los
equipos tranquilamente.
Lan Wangji quería preguntar tantas cosas. Era como si una válvula en su cerebro, una que
había estado sellada toda su vida, se abriera de golpe, trayendo consigo un torrente de
inquietudes que no podían esperar. El único freno que encontraban era su boca cerrada que no
tenía por costumbre hablar mucho y se negaba a cooperar.

En ese momento, Wei Wuxian lo miró, a la expectativa. Lan Wangji notó que esos ojos eran
tan inquietos como su dueño. No se mantenían fijos en un punto, saltaban de un lado a otro,
como queriendo abarcar más de lo que podían.

—¿Es difícil? —preguntó Lan Wangji finalmente.

—¡Para nada! Lo que haces es más difícil.

Esa respuesta no convencía mucho a Lan Wangji. Ambos tenían profesiones que no eran muy
populares y las personas consideraban complejas. A Wei Wuxian seguro le pasaba lo mismo
que a él: lo disfrutaba tanto que toda dificultad parecía un juego.

La lluvia se redujo a una fina llovizna. Primera vez desde la madrugada. Lan Wangji no dijo
nada. Wei Wuxian se dio cuenta enseguida.

—Vámonos ahora, o será imposible.

Lan Wangji alcanzó su paraguas en el asiento trasero, mientras Wei Wuxian bajaba del auto.
Ambos caminaron lentamente hacia la entrada, cuidado de no mojar sus botas más de la
cuenta.

—Ahh… ¿cuándo va a parar?

—¿No te gusta la lluvia?

—Con frío, no tanto.

Ambos guardaron sus paraguas en el área destinada para ello. Mientras caminaban por el
largo pasillo principal, se dieron cuenta de que en realidad pocas personas habían llegado.

Al final del pasillo, se detuvieron al mismo tiempo.

—¿Ya vas a encerrarte en tu oficina? —preguntó Wei Wuxian en un tono que Lan Wangji no
pudo identificar como triste. Tal vez un poco apagado, tal vez solo era producto de su
imaginación.

—Mn.

—¿Qué tal si te invito a una taza del mejor chocolate que he probado en mi vida? Seguro
estás cansado de él, pero los días lluviosos merecen una taza de chocolate.

Lan Wangji no tomaba chocolate. Nunca se había preguntando el por qué. Simplemente no
era parte del desayuno que día tras días le colocaban en la mesa, el cual luego aprendió a
hacer para seguir con un ritual de procedencia desconocida. Wei Wuxian esperaba una
respuesta con una sonrisa pícara y unos ojos brillantes que hacían olvidar que era un día gris
y deprimente.

—Vamos —respondió Lan Wangji sorprendiéndose a sí mismo.

Desde ese día, la lluvia empezó a adquirir un nuevo significado.


Con la corriente

Canción: Sweet Surrender - Sarah McLachlan

Take me in
No questions asked
You strip away the ugliness
That surrounds me

Si pudiera grabar este momento, Wei Wuxian lo haría. Luego le enviaría una copia a su shijie
para que viera que no era tan lento como ella decía. Bueno, a decir verdad él no esperaba que
Lan Wangji apareciera frente a su residencial a rescatarlo del horrible temporal. Todavía
estaba en deuda con él por el paseo y la cena que les ofreció a él y a su hermana. Ahora tenía
que sumar este nuevo favor.

—¿En serio no lo habías probado?

Lan Wangji movió la cabeza una vez más. Wei Wuxian no podía controlar la risa. ¿Cómo era
que el más Lan de todos los Lan no conocía una bebida que era un sello de los Lan?

—¿Pero por qué? —el pobre Lan Wangji lucía perdido. No tenía una respuesta para eso—.
Entonces tienes que agradecerme por hacerte descubrir esta maravilla que se escondía en tus
narices.

Wei Wuxian lo decía en broma, como la mitad de las cosas que salían de su boca. En serio no
esperaba que Lan Wangji le hiciera caso.

—Gracias… Wei Ying.

Y, de paso, lo dejara paralizado.

Si Lan Wangji fuera Wei Wuxian, en ese momento estuviera doblado de risa ante la expresión
de Wei Wuxian. Pero como era Lan Wangji y a todo le daba una segunda lectura, sus orejas
empezaron a ponerse rojas y sus manos se apretaban, tornándose blancos sus nudillos.

—Perdón…

—¡Lan Wangji! —exclamó Wei Wuxian—. Ni siquiera me sé tu nombre de nacimiento y


recuerdas el mío. ¡No es justo!

El rostro de Lan Wangji se relajó en ese instante, como por arte de magia.

—Lan Zhan —susurró como si revelara un secreto de estado.

—Lan Zhan —repitió Wei Wuxian saboreando el nombre más que el chocolate que tenía en
sus manos—. Lan Zhan… lo siento, pero dejaste de ser Lan Wangji en este momento. Lan
Zhan va más contigo.

Lan Wangji tomó otro sorbo de su chocolate. Wei Wuxian se aseguró de que ya no se sintiera
incómodo. Pensó que se le saldrían los ojos cuando estaba pidiendo perdón por usar su
nombre de forma tan repentina.

Cuando terminaron, Wei Wuxian recogió las tazas de ambos. Luego miró su reloj. Le
quedaba media hora para el inicio de una clase que probablemente se cancelaría por baja
asistencia.

Los celulares de todos vibraron. Wei Wuxian tomó el suyo enseguida. Era un mensaje del
instituto advirtiendo que habían declarado alerta por la lluvia. Los estudiantes que no habían
llegado podían quedarse en sus casas. El resto debía regresar a sus hogares en cuanto les
fuera posible.

—Extraño mi cama —comentó Wei Wuxian cabizbajo—. Bueno, Lan Zhan. Serás feliz
encerrado en tu oficina. Yo estaré mirando buretas. Los químicos somos dormilones y dudo
que alguno de mis estudiantes aparezca.

Wei Wuxian esperó a Lan Wangji junto al carrito de bandejas. Al salir del comedor, sus pasos
se hicieron más lentos. Había pasado tan buen rato con Lan Wangji que no quería llegar a la
parte en que el pasillo se dividía en dos y cada cual tomaba su camino hacia su respectivo
edificio.

Finalmente llegaron a la bifurcación. Wei Wuxian dobló a la izquierda, cabizbajo, entonces se


detuvo y se volteó para despedirse de Lan Wangji, quien inesperadamente estaba a su lado.

—Hoy voy a tomar clases con Wei Ying.

Wei Wuxian quería pellizcarse para confirmar que no estaba dentro de alguno de esas novelas
que su shijie leía desde que la Internet llegó a sus vidas. Esas que todavía seguía leyendo a
escondidas de su esposo.

—¿Tampoco tienes alumnos?

—Mi clase era más tarde y fue cancelada.

Wei Wuxian meditó un rato.

—Bien, vendrás conmigo, pero con una condición.

—¿Cuál?

—No quiero aprender a programar.

—Mn.

Wei Wuxian y Lan Wangji subieron hasta el cuarto piso. Wei Wuxian abrió el laboratorio e
invitó a Lan Wangji a pasar y sentarse cerca de su escritorio. Algunas estaciones de
estudiantes tenían el equipo preparado para la práctica de hoy.
—Voy a guardar esas buretas. Hay mucha humedad en el ambiente.

—Te ayudo.

Wei Wuxian le explicó rápidamente como desmontarlas, que debía proteger sobre todo las
puntas y cargarlas como si fueran los bebés más sensibles del mundo. Lan Wangji no
necesitaba muchas explicaciones. Aprendía rápido y tenía unas manos más delicadas que las
de Wei Wuxian. Manos de músico.

Lan Wangji estaba a punto de desmontar la última bureta cuando Wei Wuxian lo detuvo.

—Deja esa. Quiero probar algo.

Wei Wuxian normalmente tenía su propio rincón para trabajar, pero su equipo no estaba
montado. Era más practico usar uno que ya estaba listo.

—Hay unos reactivos que están a punto de vencerse.

Lan Wangji solo asentía sin entender mucho de qué le hablaban. Wei Wuxian se tomó todo su
tiempo para decirle en qué consistía una titulación, como se hacía, qué se necesitaba. Después
de cubrir toda la parte teórica, pasaron a la práctica.

—Ok, Lan Zhan. Vamos a ver la parte divertida después de todo ese mareo sistemático.

—No fue un mareo.

—A ver —dijo Wei Wuxian colocándose frente a la bureta—. Vas a sostener el beaker con la
mano derecha. Con la mano izquierda vas a controlar la llave de la bureta.

Wei Wuxian hizo un gesto para que Lan Wangji se acercara. Él le cedió su lugar.

—Con la práctica uno sabe más o menos qué cantidad de titulante consume una sustancia.
Pero para los principiantes, es mejor ir gota a gota.

Lan Wangji no escribía con la mano izquierda, pero tantos años de práctica con el guqin le
había dado suficiente destreza en ambas manos. Así que manejar la llave con la izquierda no
fue un problema. Al principio, fue torpe como todo el que estaba aprendiendo, pero pronto le
cogió el truco.

—Ahh… tengo razón cuando le digo a mis estudiantes que deberían tocar algún instrumento.
Mira lo rápido que aprendes.

Lan Wangji estaba tan concentrado en su tarea que parecía que ignoraba el cumplido de Wei
Wuxian.

—Ahora tienes que poner en práctica esa buena coordinación.

Wei Wuxian acercó su mano a la mano derecha de Lan Wangji y se detuvo justo antes de
tocarla. Él estaba entregado a su rol de profesor, pero en ese momento se dio cuenta de que
probablemente violaría un límite de confianza.
—¿Cómo debo hacerlo? —preguntó Lan Wangji dejando su mano derecha estática en el
mismo lugar, a escasos milímetros de la mano de Wei Wuxian.

Wei Wuxian no sabía si tomarlo como un visto bueno. Él nunca pensaba demasiado las cosas,
así que siguió con lo que iba a hacer y rodeó la mano de Lan Wangji con la suya, para
indicarle como girar el beaker, en sentido contrario a las manecillas del reloj.

Siendo Lan Wangji más alto que él, se le dificultaba un poco poder guiarle manteniendo una
distancia prudente. No recordaba por qué pensó que era esto era buena idea. Tener a Lan
Wangji tan cerca, poder sentir su piel un poco fría pero no por ello desagradable, su perfume
amaderado, provocaba que sus neuronas colapsaran y que el funcionamiento motor de su
cuerpo se asemejara al de un recién nacido.

—Tienes que mantener la velocidad de giro constante —explicó Wei Wuxian con una voz
más ronca de la que esperaba—. Así el vórtice es constante y no se altera la reacción.

—Mn.

Ese “mn” fue una vibración que recorrió a Wei Wuxian de pies a cabeza. Así como de
profunda era la voz de Lan Wangji, así de intensa era la vibración.

Al ver que Lan Wangji ejecutaba el movimiento con naturalidad y, que en vez de ayudar
entorpecía, Wei Wuxian retiró su mano y dio un par de pasos hacia atrás para supervisar la
tarea de su nuevo alumno.

—Está empezando a cambiar —comentó Lan Wangji muy concentrado.

—Reduce un poco la velocidad de goteo. Y mantén el ritmo de la agitación.

Lan Wangji asintió, obedeciendo inmediatamente a Wei Wuxian. El líquido contenido en el


beaker se tornaba de un color rosa pálido, pero volvía hacia atrás. Después de unas cuantas
gotas más, el color rosa se tornaba más y más intenso.

—Más lento.

Lan Wangji hizo lo indicado. Finalmente, el color rosa se quedó fijo. Lan Wangji detuvo el
goteo.

—Si todos mis alumnos fueran como tú… —Wei Wuxian soltó un suspiro, como si
rememorara todos los momentos fallidos de esa práctica—. Ahora anota el volumen que te da
la bureta. Esa es tu primera lectura.

Wei Wuxian pensaba parar la demostración ahí, pero Lan Wangji era un seguidor estricto de
las reglas, procedimientos, instructivos y todo cuanto significara seguir pasos para lograr un
objetivo. Como el manual decía que se debían realizar tres lecturas, Lan Wangji realizó las
tres. Wei Wuxian optó por sentarse y observar la calma con la que Lan Wangji rellenaba la
bureta de titulante, preparaba un nuevo beaker e iniciaba el proceso. Al finalizar, analizó sus
datos, sacó el promedio y le pasó una hoja a Wei Wuxian.

—Revisa.
Wei Wuxian alzó una ceja. ¿En serio este hombre también pretendía que evaluara sus
resultados? Sin más remedio que seguir con el juego que él mismo inició, revisó los cálculos
de Lan Wangji y levantó el pulgar.

—Ya vi que eres bueno en todo lo que haces.

—No creo.

—Deja de ser modesto, Lan Zhan. Eres un genio.

Antes de que Lan Wangji vaciara la bureta, Wei Wuxian lo detuvo.

—Déjame eso a mí. Ese titulante mancha la piel.

—¿Por qué no me lo dijiste antes?

—Porque tengo comprobado que si lo menciono antes, terminan manchándose.

Lan Wangji le dedicó una de esas miradas incomprensibles. Le dejó el espacio a Wei Wuxian,
sentándose en la silla que ocupaba él antes. Wei Wuxian se sentía tan observado que pensó
que derramaría el nitrato de plata y haría el ridículo. Contó hasta tres para enfocarse en salir
ileso del laboratorio. Otro accidente con Lan Wangji de testigo en tan poco tiempo hablaría
muy mal de él como profesor.

—¿Cómo va la lluvia?

Lan Wangji tuvo que salir al pasillo. Encerrados en el laboratorio no se enteraban de nada, ni
siquiera por el sonido lograban distinguir si había parado o seguía más fuerte.

—Un poco débil, pero el cielo está negro.

—Creo que terminaré aquí y me iré. Aunque tenga que comer alguna porquería instantánea.

El silencio de Lan Wangji hizo que Wei Wuxian se volteara hacia él, para ver si seguía ahí o
en uno de sus arranques impredecibles se había ido. Lo encontró sentado con la mirada
perdida, como si quisiera decir algo, pero una fuerza invisible lo detuviera.

Wei Wuxian ya no quería robarle más tiempo. Lan Wangji era una persona muy organizada.
Seguro le estaba haciendo compañía porque le daba pena dejarlo solo, pero tenía cosas que
hacer. Por eso Wei Wuxian prefería irse a casa y renunciar a una comida segura en el
comedor. Tampoco iba a arriesgarse a que el clima empeorara.

—Bueno, mi querido alumno. Eres libre de volver a tus códigos incomprensibles.

—No son incomprensibles.

Wei Wuxian levantó la mano enseguida.

—Recuerda nuestro trato. No quiero aprender a programar.


—Mn.

De regreso a la bifurcación que siempre los separaba, Wei Wuxian no lo pensó mucho.

—Hora de irme a casa. Nos vemos… un día de estos.

—Ve con cuidado, Wei Ying.

Wei Wuxian empezó a caminar, se despidió alzando una mano, haciendo su máximo esfuerzo
para no mirar atrás. Si lo hacía, se iba a devolver, acompañaría a Lan Wangji a su oficina con
cualquier excusa. Pasaría el día junto a él, entonces él se sentiría obligado a llevarlo a su casa.
No, eso no.

No se sintió tranquilo hasta llegar a la estación y subir al metro. Rápidamente hizo un repaso
mental de lo que había en su cocina. El panorama era desolador. No moriría de hambre, pero
tampoco iba a tener un festín o una comida saludable.

En ese momento entró un mensaje de su shijie, preguntando por el mal tiempo en Gusu.
Como siempre, la conversación se extendió por todo el camino. Y probablemente se
extendería por toda la tarde.
Momentos

Canción: Moondust - Jaymes Young

I'm building this house on the moon


Like a lost astronaut
Lookin' at you like a star
From a place the world forgot

Los días antes de las vacaciones de invierno eran los peores. Entre los exámenes finales y la
cantidad de actividades que surgían en el mes de diciembre, el calendario parecía tener días y
horas de menos. Todos iban cargando sus horribles ojeras, sus termos llenos de café y hasta el
pijama si era necesario. El único objetivo en mente era salvar el semestre.

Para Lan Wangji nada de eso resultaba estresante porque su programación tenía incluida una
brecha para cualquier tipo de contratiempo. Él conocía muy bien a sus estudiantes. Sabía
quién entregaría a tiempo, quién se retrasaría y pediría prórroga —algo que rara vez concedía
— y quién merecía una segunda oportunidad porque de verdad lo había intentado. En esos
días, su oficina dejaba de ser un lugar tranquilo y armonioso, por lo que la evitaba a toda
costa.

¿Dónde se metía? Nadie lo sabía.

Nadie, excepto Wei Wuxian, quien un día fue a parar a su rincón oculto de la biblioteca por
pura casualidad. La razón por la que llegó hasta allí era la misma por la cual Lan Wangji se
refugiaba en ese espacio.

—Ah… Lan Zhan… ¡estás vivo!

—Wei Ying.

Wei Wuxian lucía horrible. Era todo lo contrario a Lan Wangji en ese momento. El círculo
debajo de sus ojos le daba un aspecto de zombie que combinaba muy bien con su habitual
vestimenta oscura; su cinta roja amenazaba con caerse; su moño… ya no podía llamarse un
moño. Sumando a ese look la bata de laboratorio, cualquiera pensaría que era un personaje
salido de un cuento de terror a medio escribir.

—Pensé que no había nadie aquí… —dijo Wei Wuxian más nervioso de la cuenta—. Perdona
si te interrumpo.

—Te ves…

—¿Fatal? Sí, ya lo sé.


Lan Wangji le hizo una seña para que se sentara en la silla que tenía a su derecha. La
biblioteca no era un lugar para conversar, pero como estaban en uno de los salones privados
que poca gente sabía que existía, Lan Wangji no insistió en recordarle esa regla. Además, Wei
Wuxian parecía estar al borde un ataque de nervios. Hablarle de reglas era lo último que
necesitaba.

—¿Qué pasa? —preguntó Lan Wangji con su acostumbrada calma.

—Necesito dormir —respondió Wei Wuxian dejando caer su cabeza sobre la mesa. Sus ojos
parecían cerrarse automáticamente, pero él se resistía.

—¿Y por qué no duermes?

—Las pesadillas…

Wei Wuxian se detuvo enseguida dándose cuenta de que hablaba de más. Pero para Lan
Wangji esa palabra fue una especie de detonante.

—¿Qué pesadillas?

—Nada… nada… sigue en tu trabajo. Voy a echar una siesta.

Lan Wangji lo miraba fijamente. Wei Wuxian cerró los ojos y acomodó su cabeza tomando
sus brazos cruzados como almohada. No era la posición más cómoda, pero él la hacía parecer
mejor que su cama. Su rostro se relajó enseguida, el ritmo de su respiración también cambió.
¿De verdad se había quedado dormido tan rápido?

Los ojos de Lan Wangji volvieron al libro que tenía en sus manos. Su atención, en cambio, ya
estaba dispersa. Desde inicios de diciembre, había visto a Wei Wuxian muy pocas veces,
todas ellas de un pasillo a otro, con un efímero saludo de mano. Sus conversaciones eran
básicamente a través de WeChat, casi siempre iniciadas por Wei Wuxian, quien era experto
en enviar memes que Lan Wangji por lo general no entendía, y en hacer preguntas aleatorias
a cualquier hora del día. Incluyendo la madrugada. Por suerte, Lan Wangji ponía el celular en
modo silencioso antes de dormir.

Pero ese desfase horario en la rutina de Wei Wuxian le arrojó un dato que nunca salía en sus
conversaciones: ambos tenía problemas para dormir. Problemas, que al parecer, se iban
agravando cada vez más. El motivo que le faltaba a Lan Wangji, acababa de descubrirlo. Wei
Wuxian también tenía pesadillas. ¿Sobre qué serían esos sueños que no lo dejaban dormir?

Lan Wangji no tardó en darse cuenta de que a Wei Wuxian le encantaba hablar de muchas
cosas y de nada a la vez. Ese semestre representó el inicio de una relación que no se atrevía
aun a catalogar como amistad. Pero haciendo un rápido repaso de su vida, podía decir que sí,
que Wei Wuxian era su primer amigo. Ese excéntrico profesor de química, amante del picante
y del caos organizado se había colado en su vida y era la única persona con la que hablaba a
diario, aunque fuera mediante un emoji.

Pero Wei Wuxian sabía más sobre él que él sobre Wei Wuxian. Detrás de su eterna sonrisa
había un sólido muro, construido con esmero y con muchos años de desconfianza. El por qué
todavía era un misterio para él. Se había prometido resolver ese enigma, encontrar la clave
para pasar a través de esa enorme pared.

Lan Wangji cerró el libro. Lo que menos esperaba esa tarde era ver a Wei Wuxian, tenerlo a
su lado, poder ser testigo y guardián de su siesta. Su semblante reflejaba la paz de quien tenía
un sueño tranquilo, muy ajeno a las pesadillas que mencionó anteriormente. Lan Wangji tomó
su chaqueta, la dobló y con cuidado la colocó debajo de la cabeza de Wei Wuxian. Si seguía
sobre sus manos, estas terminarían acalambradas.

Si tuviera la facilidad de tomar una siesta a cualquiera hora y en cualquiera lugar, sin duda
alguna le acompañaría. Pero él estaba hecho de otro material. Borrar ciertas costumbres
tatuadas en su piel con la aguja de la disciplina era una tarea compleja. Se conformó con
verlo dormir, con verlo descansar por los dos.

Su cerebro caprichoso le lanzó entonces otra de sus preguntas sin respuesta: ¿por qué dos
cuerpos tan jóvenes parecían estar poseídos por almas tan viejas?

Un poco más de una hora pasó antes de que Wei Wuxian abriera los ojos. Su aspecto
desorientado lo hacía parecer hasta cierto punto adorable. Al menos desde el punto de vista
de Lan Wangji. Cuan objetiva fuera esa apreciación, estaba en tela de juicio.

—¿Qué hora es? —preguntó Wei Wuxian arrastrando la voz.

—Las cinco.

Wei Wuxian abrió los ojos bien grandes, luego volvieron a su normalidad. Lan Wangji sabía
que no tenía ninguna clase hasta las seis; por eso lo dejó dormir.

—¿Por qué me dejaste dormir tanto? Era una siesta.

—Para que no termines besando un mechero en la próxima práctica.

La carcajada de Wei Wuxian hizo eco en toda la biblioteca. Rápidamente se tapó la boca,
recordando el lugar donde estaba.

—Lo siento —susurró verdaderamente avergonzado, aunque todavía luchando contra la risa
—. ¿Cómo se te ocurre decirme algo así en este lugar?

Lan Wangji se encogió de hombros. Él era la última persona en la tierra de la que se esperaría
un chiste, pero al parecer juntarse con Wei Wuxian seguía teniendo efectos secundarios muy
notorios.

—¿Te sientes mejor?

—Hmm… pero sigo pareciendo un zombie, ¿no?

—Mn.

—Tan sutil, Lan Zhan —Wei Wuxian entornó los ojos, luego trató de arreglarse el moño
mutante que llevaba en la cabeza—. Es hora de seguir enfrentando mi destino. Gracias por…
no sé por qué, pero gracias.

Wei Wuxian se marchó tan rápido como llegó. Lan Wangji se quedó en una especie de limbo
existencial. No tenía caso quedarse en la biblioteca cuando el libro que leía ya no despertaba
su interés. Había invertido una hora en ver a una persona durmiendo, a pesar de todos los
pendientes por marcar en su lista de quehaceres. Una hora que pudo dedicar a pasar varias
páginas a la izquierda la dedicó a mirar un rostro. Estaba empezando a asustarse.

Después de guardar el libro de poemas, Lan Wangji abandonó la biblioteca y fue hasta su
oficina. Tal como dijo Wei Wuxian antes de marcharse, era hora de enfrentar su destino y las
quejas de los estudiantes que no hicieron nada durante el semestre y pretendían salvarse.

A eso de las seis treinta, Lan Xichen entró a la oficina de Lan Wangji y lo rescató de un
estudiante. En silencio, Lan Wangji le agradeció. Luego le preparó un poco de té del que
siempre tenía guardado para sobrevivir a esta temporada de locura. Lan Xichen era de los que
peor llevaba este ciclo, entre los malabares para coordinar todos los exámenes sin que los
profesores se quejaran y adelantar la programación del próximo semestre.

—¿A qué hora terminas? —preguntó Lan Xichen dándose un ligero masaje en las sienes. Era
raro verlo tan cansado, pero no imposible.

—Técnicamente terminé.

—¿Podemos ir a cenar? Y por favor, acepta esta vez. Necesito respirar otro aire que no sea el
instituto o mi apartamento.

La respuesta de Lan Wangji normalmente sería una declinación desviada hacia su prometida.
Pero la misteriosa prometida de Lan Xichen estaba en un viaje de negocios. Además, llevaba
mucho tiempo rechazando sus invitaciones a cenar, por lo que esta vez decidió ser un buen
primo y aceptar.

—¿Dónde quieres ir?

El rostro de Lan Xichen cambió enseguida. Lan Wangji no era capaz de describir
exactamente lo que sintió en ese momento, pero era algo muy agradable, cálido, quizá eso
que la gente decía que sentía cuando estaba en familia. Para él, el término familia no estaba
asociado a la calidez, sino a las reglas y la disciplina. A hacer lo correcto y vivir en armonía
con la sociedad.

Los abrazos, las confidencias, las reuniones en días festivos, todo eso de lo que hablaban las
personas que lo rodeaban en la oficina o en el instituto, eran cosas que para él no tenían un
significado claro, por eso las catalogaba como aéreas. Wei Wuxian también hablaba de esas
cosas, pero solo en torno a una persona: su shijie. El resto era un enorme vacío del cual Lan
Wangji seguía sin saber nada.

—Hay un nuevo restaurante al que no he podido ir. Queda en ruta.


Lan Xichen no vivía muy cerca de Lan Wangji, pero desde el instituto era hacia la misma
dirección. De hecho, era el Lan que tenía más cerca y el único que permitiría tener a unos
cuantos kilómetros razonables.

En el pasillo principal se encontraron con Wei Wuxian, quien venía prácticamente corriendo
y bajó la marcha al ver al dúo Lan.

—Hey… —saludó con la respiración agitada—, ¿ya de salida?

—Mn —respondió Lan Wangji—. ¿Por qué tanta prisa?

—El coordinador de área se me perdió. Necesito algo. ¿Lo has visto, Lan Xichen?

—Se fue hace un rato.

Wei Wuxian se llevó la mano a la cabeza.

—Aish… ni modo. Veré como resuelvo.

Lan Wangji quería buscar la forma de ayudarlo, pero no sabía cómo y ya se había
comprometido a irse con Lan Xichen.

—¿Seguro? —insistió, provocando una mirada sospechosa de Lan Xichen.

—Seguro, Lan Zhan. Lan Xichen, por favor, secuestra a este adicto al trabajo.

—Eso hago precisamente —respondió Lan Xichen—. Lo estoy obligando a que me lleve a
cenar.

—¡Bien! —exclamó Wei Wuxian con un ligero aplauso—. ¿A cuál van? Mientras más caro
mejor.

Lan Wangji le clavó una mirada que arrancó otra carcajada de Wei Wuxian. ¿Qué clase de
amigo era este?

—Lo llevo al Jiangxi.

—Ahhh… ese queda cerca de donde fuimos, ¿verdad Lan Zhan?

Los ojos de Lan Xichen casi se salen de sus órbitas. Lan Wangji asintió ligeramente
queriendo que la improvisada conversación terminara porque Lan Xichen ignoraba muchas
cosas, incluyendo que Wei Wuxian era prácticamente su amigo, el paseo con su hermana, las
veces que lo había llevado hasta su casa, los chats diarios. Eso no significaba nada, pero Lan
Xichen podía extrapolar las cosas.

—Lan Wangji es muy buen primo —agregó Wei Wuxian mientras Lan Wangji sentía que
algo ácido subía por su garganta—. Mira que llevarte a comer a un sitio que queda
prácticamente en el lado opuesto de donde vive.
Lan Xichen miró a Lan Wangji y Lan Wangji lo miró de vuelta con tanta desesperación que
su primo comprendió enseguida.

—Sí… es muy bueno —dijo Lan Xichen con una sonrisa misteriosa—. Aunque solo en
contadas ocasiones.

—Bueno… sigan en lo suyo. Yo tengo que regresar antes de que quemen el laboratorio.

Wei Wuxian se alejó por el pasillo como un torbellino, dejando la verdadera llama en el lugar
donde Lan Xichen y Lan Wangji seguían de pie, incapaces de moverse.
Rumbo al precipicio

Canción: Bad Medicine - Bon Jovi

I ain't got a fever, got a permanent disease


And it'll take more than a doctor to prescribe a remedy

Wei Wuxian tenía vacaciones del instituto, pero no de la planta. Visitar a Jiang Yanli no era
posible, así que lo mejor que pudo hacer fue retomar la rutina de lunes a viernes en la planta
y adelantar sus proyectos para no estar tan atareado cuando llegara el momento de regresar a
clases. La dinámica de trabajo de esta planta era muy similar a la de Yunmeng, por lo que ya
conocía las temporadas altas y bajas.

De hecho, trabajo no le faltaba. Wen Qing estaba de vacaciones, por lo que una parte de sus
proyectos cayó sobre sus hombros. Aunque ella no era muy conversadora, el departamento
sin ella se sentía muy vacío. Entre ambos había una camaradería particular con sus propios
códigos que el resto nunca lograba entender. El humor ácido de Wen Qing se compenetraba
muy bien con las ocurrencias de Wei Wuxian.

Apenas tenía una semana sin pisar el instituto y lo extrañaba tanto que le daba risa. Quién iba
a pensar que la vida de profesor le sentaría tan bien. Otra cosa que agradecerle a su shijie por
convencerlo para que se decidiera a dar ese salto.

Su celular vibró en su bolsillo, pero Wei Wuxian estaba ocupado con una reacción en la
campana de gases. Después de destruir la pantalla de su último celular por desesperado,
aprendió que ser paciente tenía su recompensa.

Después de completar otro intento fallido, volvió a su estación, anotó los resultados, entonces
tomó el celular. Era un mensaje de Lan Wangji.

Encontré la salsa que buscabas.

Lan Wangji, contrario a Wei Wuxian, seguía su rutina habitual de ir a la oficina solo dos
veces por semana. Los días que ocupaba en el instituto estaban libres, aunque conociéndolo,
de seguro ya estaban llenos de actividades programadas con seis meses de antelación.

Wei Wuxian se pasó una semana quejándose de que no encontraba una salsa picante que
usaba mucho en su antigua casa y que no lograba conseguir en esta ciudad. La que trajo de
Yunmeng se le había agotado y todavía le faltaba un mes para regresar. Un mes sin su salsa
era una eternidad. Lan Wangji no dijo nada sobre la salsa ni sobre su repetido lamento. El
mensaje tomaba a Wei Wuxian totalmente desprevenido.

Le marcó enseguida a Lan Wangji.

—Lan Zhaaan… ¿en serio?


—Mn.

La voz de Lan Wangji no se escuchaba muy bien, se perdía entre el ruido ambiental. O sea
que Lan Wangji estaba en la calle y acababa de encontrar la famosa salsa. ¿Día de compras?
Wei Wuxian prefería no imaginarse a Lan Wangji haciendo compras. Le daba escalofríos.
Alguien tan metódico como él le causaría un ataque de ansiedad. O él a Lan Wangji. No sabía
en qué orden o en qué sentido, pero algo así sucedería. Wei Wuxian echaba en el carrito lo
primero que veía. Lan Wangji seguro tenía un lista, con marcas, tamaños, sabores específicos.
Verificaba la fecha de caducidad de cada producto. Le hacía un examen minucioso a cada
fruta y verdura.

No. Wei Wuxian movió la cabeza para sacudir esas imágenes. Eran espantosas.

—¿Dónde la encontraste? Así voy y la compro.

Wei Wuxian lo dijo sabiendo que Lan Wangji ya había comprado la salsa. Tan solo quería
sentirse menos cargado agregando otro favor a la lista de deudas. Y no había pagado ni la
primera.

—Ya la compré para ti.

Pocas veces Wei Wuxian se ruborizaba. Era una de esas pocas veces. Por suerte era una
conversación telefónica y estaba solo en el laboratorio. De lo contrario, tendría a Wen Qing
haciendo preguntas indiscretas sin el menor decoro. Incluso llegó a pensar que ella estaba
interesada en él, pero luego confirmó que era solo por el chisme.

—Ah, Lan Zhan. No tenías que hacerlo. Pero ya que lo hiciste, este fin de semana podemos ir
a comer algo. Yo invito.

—Mn. Hablamos luego, voy a conducir.

Lan Wangji colgó antes de que Wei Wuxian pudiera despedirse. Él tenía una especie de
alergia a las llamadas telefónicas, por lo que estaba acostumbrado a esos cortes bruscos.
Curiosamente, las llamadas suyas eran las que parecía tolerar más. Lo que nunca iba a
presenciar era una llamada de Lan Wangji. Si sucedía, tenía que estar pasando algo muy
grande.

De repente, Wei Wuxian se sintió muy nervioso. Exceptuando la salida con Jiang Yanli, era la
primera vez que vería a Lan Wangji fuera del entorno académico. Incluso las veces en que
Lan Wangji lo llevaba del instituto a la casa o viceversa, eran circunstancias relacionadas con
ese lugar.

Invitarlo a comer. Wei Wuxian se había embarcado en una misión suicida. Lan Wangji tenía
un paladar exquisito, por no decir quisquilloso. Wei Wuxian era testigo de eso las veces que
compartían en el comedor, que han sido unas cuantas en los últimos dos meses. Él siempre
llevaba su comida. Además cargaba un termo con té o con agua. Los postres… nunca los
tocaba. Tenía pendiente preguntarle si no le gustaban los dulces.
En resumen, Lan Wangji nunca comía nada del comedor. Ni siquiera comía en el comedor a
la hora en que todos acostumbraban a hacerlo. Eso había cambiado un poco gracias a Wei
Wuxian, pero no cambiaba el hecho de que todo lo que entrara a la boca de Lan Wangji venía
directo de su casa.

El fin de semana atrapó a Wei Wuxian con la misma duda sobre la comida que podía
ofrecerle a Lan Wangji. Cocinar estaba fuera de las opciones. No era tan malo en la cocina,
pero su repertorio era muy pobre y todo incluía picante. Ni su shijie se atrevía a complacerlo
en eso.

Durante la semana, Wei Wuxian ubicó unos cuantos restaurantes vegetarianos con buena
puntuación en su zona. No sabía qué tan cerca vivía Lan Wangji, pero según sus palabras y
las veces que lo había llevado a su casa, no debía ser tanta la distancia. Así que elegir algo de
ese perímetro era lo mejor. Su segunda duda era sobre el lugar: ¿ir al restaurante o pedir en el
apartamento? ¿Su apartamento o el de Lan Wangji? No, eso del apartamento de Lan Wangji
quedaba tachado. Wei Wuxian había hecho la invitación. ¿Cómo iba a invitar a Lan Wangji a
su propio apartamento?

Si iban a un restaurante, Lan Wangji insistiría en pasar por él, entonces sería doble trabajo
para él. Si lo invitaba a casa, sería un recorrido más corto para Lan Wangji, podían tomarse
todo el tiempo del mundo para conversar, incluso ver una película y no dependían de la
calefacción manejada por otros.

Entre tantas dudas, terminó preguntándole al invitado.

WY: ¿Prefieres ir a un restaurante o venir a mi casa?

LZ: Lo que Wei Ying prefiera.

WY: Eres el invitado, no seas así.

LZ: La casa de Wei Ying está bien.

WY: ¡Perfecto!

Duda despejada. El trabajo ahora era tener la casa limpia. Normalmente lo estaba, Wei
Wuxian pasaba poco tiempo en ella. Ni siquiera parecía que un ser tan caótico como él
habitara allí. Con par de detallitos, estaría todo listo para recibir a su segundo invitado.
Estaban tan orgulloso. En Yunmeng no se le ocurriría llevar a una persona a su casa. Todo
estaba patas arriba.

Wei Wuxian puso su lista de reproducción de música para limpiar, una lista muy ecléctica
pero con los niveles de intensidad necesarios para una buena limpieza: desde una balada
cortavenas para quitar el polvo hasta heavy metal para dejar el piso y las mesetas de la cocina
brillantes.
Con un pañuelo en la cabeza y un delantal, le mandó una foto a Jiang Yanli, quien marcó
enseguida muerta de risa.

—¡A-Xian! ¿Y ese milagro?

Wei Wuxian colocó el celular en un mini trípode que tenía para sus conversaciones eternas
con su hermana.

—¿Qué insinúas, shijie?

—Nunca te he visto limpiando con tanta emoción —Wei Wuxian viró los ojos—. Es más, no
sabía que podías agarrar una escoba.

—La música está muy buena. Si sigues así voy a colgar.

—Ya, ya —Jiang Yanli juntó sus manos e hizo una pequeña reverencia, en señal de perdón.
Wei Wuxian apenas la vio, dando vueltas por toda la sala con la escoba—. Ahora dime, ¿a
qué se debe el milagro?

—Tengo visita.

—¡Por fin!

Wei Wuxian se detuvo y miró la pantalla alzando una ceja.

—Ni siquiera te he dicho quién es.

—No tienes que decirlo. Ni siquiera por mí te pones tan hacendoso.

Una especie de gruñido salió de su garganta. Mala idea mandarle una selfie a su hermana. Él
mismo se buscó terminar siendo víctima de su burla.

—Entonces… ¿por qué etapa van?

—¿De qué hablas? Somos amigos, o al menos eso parece.

—Mmm… hablan todos los días. Son amigos. Ya deja de dudarlo.

—Lan Zhan no es el tipo que socializa, así que no sé si para él soy su amigo.

—¿Lan Zhan?

Ah claro. Wei Wuxian ahora lo llamaba por su nombre de nacimiento, cuando nadie lo hacía.
Levantó un par de miradas curiosas en el instituto, pero como a Lan Wangji no pareció
importarle, seguía llamándolo así. Era divertido. Además, Lan Wangji lo hizo primero.

-¿Qué?

—Nada. Solo falta que te llame Wei Ying.


El rostro de Wei Wuxian se puso rojo de inmediato. Jiang Yanli se quedó boquiabierta. Luego
soltó otra carcajada que de seguro de escuchó en el edificio que quedaba frente al orfanato.

—Ustedes son tan tiernos…

—Sí, dos treintañeros muy tiernos.

—No hay edad para el amor.

—Vas muy rápido, shijie.

—No, A-Xian, tú vas muy lento. Necesito ir a tu boda mientras pueda usar un vestido
entallado.

Wei Wuxian se secó el sudor de la frente y tomó un poco de agua. Nunca pensaría que, aun
en invierno, limpiar un apartamento tan pequeño lo pusiera a sudar. Ya sabía qué hacer
cuando la peor parte del invierno llegara.

—¿Y qué van a hacer?

—Pediremos comida —le gritó Wei Wuxian desde la cocina—. Quizá veamos una película.

Jiang Yanli emitió un sonido parecido a un “awww”. Wei Wuxian solo pudo poner cara de
asco. Tendría que hacerle una llamada a su cuñado para que alejara a su hermana un poco del
televisor. El exceso de dramas estaba afectando su imaginación.

—Tengo que dejarte, shijie. Si sigo sirviendo de entretenimiento para ti, llegará Lan Zhan sin
haber terminado de limpiar.

—Claro, claro… recuerda ponerte una ropa decente.

—Sí, me pondré una camiseta rota y mis jeans más viejos.

Jiang Yanli se despidió entre risas y terminó la llamada. Wei Wuxian subió el volumen de la
música, miró el reloj y aceleró su jornada de limpieza. Debía dejar tiempo suficiente para
ducharse. Pero sobre todo para elegir la ropa que se pondría. Eso le tomaría más tiempo del
que había invertido en limpiar y organizar el apartamento.

Lan Wangji llegó a las seis en punto. Wei Wuxian miraba el reloj contando los segundos
cuando el timbre sonó y sus labios se curvaron. Ni un segundo más ni un segundo menos.

Wei Wuxian respiró profundo. Fue hasta la puerta tratando de calmarse. Era Lan Wangji, su
amigo y colega. No había razón para sentirse nervioso.

Del otro lado de la puerta, encontró un Lan Wangji muy distinto al serio profesor de
informática con quien compartía la hora del almuerzo en el Instituto Lan. No había muchos
cambios en el estilo y los colores de su vestimenta, pero dos o tres detalles marcaban una
diferencia del cielo a la tierra. En vez de su acostumbrada trenza, llevaba una cola suelta. Su
atuendo formal fue reemplazado por unos jeans de color gris y un suéter azul oscuro. No
dejaba de ser conservador, pero ese look le quitaba par de años de encima.

—¿Puedo pasar?

Wei Wuxian quería meterse debajo del mueble. En su descarado análisis visual, no se percató
de que había dejado a Lan Wangji esperando en la puerta como un tonto.

—Claro, perdona —dijo señalando con una mano y haciéndose a un lado para que pasara.
Aprovechó para mirarlo por detrás y se arrepintió enseguida. No sabía exactamente que
estaba pasando con él, pero tener a Lan Wangji en su apartamento empezaba a parecerle una
muy mala idea.
Aprendiz

Canción: Sun To Me - Faithless

I stumbled into you


Accidentally
And yet
Feels as though you were
Sent to me...

Lan Wangji llegó quince minutos antes y se quedó sentado en su auto. La hora acordada era
las seis, pero la puntualidad incluía llegar justo a tiempo, no varios minutos antes. A lo mejor
Wei Wuxian no estaba listo, quizá se estaba duchando o terminando de vestirse. Lan Wangji
no quería importunarlo.

La invitación era de parte de Wei Wuxian. Eso no limitó a Lan Wangji de traer un obsequio.
Estaba visitando a alguien por primera vez, una persona que era relativamente nueva en la
ciudad. Lo correcto era llevarle algo. De la poca información que había podido reunir sobre
Wei Wuxian, se quedó fijo en su memoria que le gustaba el vino. Ya no consumía alcohol
como en sus años de universidad, pero de vez en cuando disfrutaba de una copa de vino
viendo una película o escuchando música.

Lan Wangji no sabía de vinos. Para esas ocasiones recurría a Lan Xichen o a alguno de sus
estudiantes. Al final fue un estudiante quien lo rescató de sus dudas al respecto. Lan Xichen
haría preguntas que él no estaba listo para responder.

Faltando cinco minutos, Lan Wangji salió del auto. Supuso que ese tiempo le tomaría entrar
al residencial, subir al ascensor, llegar hasta la puerta de Wei Wuxian. Probablemente le
sobraría uno o dos minutos. Perfecto. A las seis en punto tocó el timbre.

Wei Wuxian abrió la puerta casi enseguida, vistiendo su sonrisa característica, una cola casi
desecha y un atuendo muy hogareño, pero no tanto como para hacerlo sentir incómodo. Notó
que sus ojos lo recorrían de pies a cabeza. Sus orejas se calentaron enseguida. Seguro estaban
rosadas. Hacerse una cola con par de mechas sueltas fue una buena elección.

Tuvo que preguntarle a Wei Wuxian si podía pasar para que volviera a tierra. De verdad no
quería avergonzarlo así, pero estar de pie frente a la puerta era… raro. En cuanto Wei Wuxian
cerró la puerta, Lan Wangji levantó el paquete que llevaba en la mano.

—¿Dónde puedo poner esto?

—Lan Zhaaan… no tenías que traer nada.

—Mn. Tu salsa.
Wei Wuxian se llevó una mano a la frente, como si recordara de repente el motivo original de
esta reunión. Siendo sincero, Lan Wangji tampoco recordaba la salsa. Casi la dejaba sobre el
desayunador. Estaba tan pendiente del vino y de su vestimenta que la salsa pasó a un segundo
plano.

—Gracias, Lan Zhan. De verdad, muchas gracias.

—No tienes que agradecerme.

Wei Wuxian tomó el paquete de la mano de Lan Wangji. Dejó salir un gemido de sorpresa al
ver el vino.

—Lan Zhan, ¿qué es esto?

—Un vino.

Lan Wangji fue hasta la sala sin esperar que lo invitaran a sentarse. Curiosamente, después de
estar dentro del apartamento, todo estaba inundado de la energía de Wei Wuxian. Podía dejar
las formalidades a un lado. Era otro aire, otro ambiente, donde ser flexible estaba permitido.

—Conseguiste un buen lugar —comentó Lan Wangji después de echarle un vistazo rápido al
apartamento. Conociendo la ciudad y lo costosa que podía ser para alguien que venía de otro
lugar, Wei Wuxian tuvo mucha suerte.

—Sí, todos dicen eso. Pero también tuve un poco de asesoría local.

Lan Wangji volteó a mirar a Wei Wuxian, quien estaba abrazando la salsa como si fuera un
tesoro preciado. Wei Wuxian podía ser feliz con las cosas más simples; al menos, eso parecía
en el exterior. Después de guardar el vino y la salsa, fue hasta la sala y le extendió la mano a
Lan Wangji, quien lo miró confundido.

—Ven a darte un tour. Prometo que no te vas a cansar.

Lan Wangji dudo antes de tomar la mano de Wei Wuxian. No quería dejarlo con la mano
extendida, tampoco quería arriesgarse a tomar su mano y no poder soltarlo. Desechando sus
temores, aceptó la invitación y se levantó del sofá batallando con las ganas de sonreír. Wei
Wuxian siempre tenía una forma de sorprenderlo.

Wei Wuxian lo llevó primero a su habitación. A Lan Wangji le costaba pasar de la puerta.
Sentía que estaba invadiendo un territorio muy privado. Wei Wuxian lo haló al verlo
estacionado en el umbral, como un espíritu atrapado entre los dos mundos.

—Esta es mi habitación —dijo abriendo los brazos de par en par como un artista que muestra
orgulloso su obra—. Guarda esta imagen en tu cabeza, porque no creo que vuelvas a verla así
de organizada.

Lan Wangji solo pudo mover la cabeza de un lado a otro. De repente, lo llevaban hasta el…
baño.
—Mi baño —anunció Wei Wuxian tomándose muy en serio el papel de guía turístico—. Me
encanta porque para ser un apartamento tan pequeño, el baño es muy espacioso. Lo mejor es
que puedo dar conciertos en la ducha sin molestar a los vecinos.

No, Lan Wangji no quería mantener esa imagen en la cabeza. Sin que Wei Wuxian se diera
cuenta, desvió la mirada hacia el objeto más insignificante que tuviera el baño.

Wei Wuxian lo llevó entonces por la cocina, la pequeña área de lavado, la sala-comedor y
finalmente el mini-balcón. Estaba tan entregado a su tarea de mostrar el apartamento que no
se percató de la cantidad de colores que pasaron por el rostro de Lan Wangji, quien
permanecía mudo y respondía a los comentarios de Wei Wuxian con leves movimientos de
cabeza.

—¿Qué te parece?

—Está muy bien distribuido —respondió Lan Wangji, tratando de sonar lo más normal
posible—. Y la ubicación es excelente. Creo que Wei Ying tomó muy buena decisión.

La risa de Wei Wuxian adornaba una vez más los oídos de Lan Wangji. Podría ponerla de
tono de su celular.

—¿Tienes hambre? ¿Pedimos ahora o vemos algo? Tú eres el invitado, así que tus deseos son
órdenes.

Por el rostro de Lan Wangji desfilaron un sinnúmero de expresiones que no eran evidentes
para Wei Wuxian, pero que tenían a Lan Wangji sumamente a la defensiva, temiendo ser
transparente. Nadie podía leerlo como Lan Xichen. Su miedo era irracional.

—Podemos ver algo y ordenar en media hora.

—¡Genial!

Una vez más, la mano de Wei Wuxian estaba sobre la muñeca de Lan Wangji, haciendo que
su termostato se descontrolara otro poquito más. Era el invierno más cálido de toda su vida y
no podía culpar al calentamiento global.

Ambos se sentaron en el sofá; Wei Wuxian tomó el control y empezó a navegar entre las
diversas opciones.

—Confieso que paso más tiempo buscando qué ver que viendo algo. Así que, dime qué
prefieres.

Lan Wangji no quería decir que no veía televisión. En su apartamento había una que rara vez
encendía. Lo hacía de vez en cuando para que no se dañara y era solo para poner música. Ver
a Wei Wuxian tan entusiasmado no le permitía compartir ese dato con él. Cómo decirle que
era una persona muy aburrida para los estándares de Wei Wuxian.

—Puedes poner alguna película nueva.

—Buena idea. Pero nada de terror. Suficiente tengo con…


Wei Wuxian se detuvo enseguida, con una risa nerviosa. Su atención, normalmente dispersa,
se enfocó sospechosamente en la búsqueda de la película.

—¿Con qué? —preguntó Lan Wangji. Era la segunda vez que salía el tema de los sueños y
Wei Wuxian lo desviaba de inmediato. Wei Wuxian no lo había dicho, pero Lan Wangji sabía
que la palabra que no llegó a pronunciar era “pesadillas”. Llevaba esa misma expresión que
tenía en la biblioteca.

—Ah, Lan Zhan, andas muy curioso hoy.

—Nunca te pregunto nada. Sé muy poco de ti.

Y tú sabes mucho de mí, quiso agregar, pero había dicho demasiado. La cara de Wei Wuxian
era el termómetro perfecto para darse cuenta de que era así.

—¿Qué quieres saber? —preguntó Wei Wuxian con un tono más serio del que esperaba Lan
Wangji. ¿Lo habría incomodado? Pensar en esa posibilidad le causaba una sensación fría en
la boca del estómago.

—No tienes que decir nada. Perdona.

—Lan Zhan —Wei Wuxian se volteó para mirarlo de frente —, no estoy molesto. Lo
pregunto en serio porque tienes razón.

Las palabras comenzaron a jugarle sucio a Lan Wangji. Los ojos de Wei Wuxian fijos sobre
él, la forma en que se preocupaba por lo que había expresado, el cambio repentino en la
atmósfera, todos esos factores jugaban en contra de Lan Wangji.

—¿Ibas a decir sueños? —Lan Wangji sacó su voz de algún lugar recóndito, en contra de su
voluntad.

Wei Wuxian asintió. Sus ojos vacilaban, queriendo romper el contacto visual, pero Wei
Wuxian se mantuvo firme.

—Pesadillas, más bien. Pero no diré más. Algún día podré hablar de eso.

—Mn.

—¿Qué más quieres saber?

—¿Ya elegiste una película?

La mirada de Wei Wuxian fue una que Lan Wangji no pudo interpretar. Volviendo a
acomodarse en su asiento, Wei Wuxian tomó el control, repasó rápidamente las opciones de
estreno y eligió una película al azar del género de suspenso.

—Es mejor al azar. Si no nos gusta, nos podemos burlar de ella.

El tono de voz de Wei Wuxian se sintió como un balde agua fría para Lan Wangji. La película
inició y el silencio se instaló en la sala como un castigo. En circunstancias normales, el
silencio era una bendición para Lan Wangji. Junto a Wei Wuxian, era un síntoma de que algo
no andaba bien.

Él nunca había visto una película junto a Wei Wuxian. Pero lo imaginaba compartiendo sus
opiniones cada cinco minutos. Diciendo cualquier cosa, por más insignificante que fuera,
pero diciendo algo. No con la boca cerrada, la mirada clavada en el televisor y las manos
tensas sobre el control remoto.

A los veinte minutos de tortura, Lan Wangji no soportaba más.

—Wei Ying… lo siento.

Wei Wuxian volteó confundido.

—Yo… no sé… no tengo amigos. Así que no sé… si fui grosero contigo…

—No, Lan Zhan… no…

Wei Wuxian lo miró sin saber qué hacer con sus manos. Lan Wangji pensó por un momento
que agarraría las suyas. Las movía de un lado a otro como si tuvieran vida propia y buscaran
un lugar propicio para aterrizar. Finalmente, Wei Wuxian dejó salir todo el aire que estaba
conteniendo.

—Yo tampoco soy bueno en esto.

—¿Tú? Pero si eres muy sociable.

—Hablo con todo el mundo. Hago chistes malos. Pero eso no quiere decir que tenga amigos.

—¿Por qué no tienes amigos?

Lan Wangji podía ver las tuercas dando vueltas en la cabeza de Wei Wuxian.

—Nunca lo he pensado —respondió Wei Wuxian con toda sinceridad. Hasta él mismo se
sorprendía de lo que estaba diciendo—. Quizá tenga que ver con que… cierto, ¿nunca te he
dicho que soy huérfano?

—No.

Wei Wuxian se cubrió los ojos con las manos.

—No puedo creer que me enojara porque me dijeras la verdad.

—¿Cuál verdad?

—¡Nunca te digo nada de mí!

Lan Wangji no sabía que hacer con esa información. Por fin, Wei Wuxian confesaba que se
había enojado. Admitía que nunca decía nada de él. Todo en cuestión de segundos. ¿De eso
se trataba la amistad? Lan Wangji no tenía una escala para comparar; eso lo frustraba. La
parte positiva de esto era que Wei Wuxian parecía estar igual de perdido que él.

—Podemos aprender —comentó Lan Wangji con mejor ánimo.

—¿Ah?

—A ser amigos.

—Ah… ¡oh!

Wei Wuxian levantó el pulgar entre risas. La tranquilidad volvió a Lan Wangji al ver que las
aguas retomaban su nivel.

—¡Lan Zhan! ¡No pausé la película!

Lan Wangji miró la pantalla, donde sucedía algo de lo que no tenía la menor idea, tampoco le
interesaba.

—No importa. Es aburrida.

Wei Wuxian rió con todo su cuerpo. Era la mejor vista que podía tener Lan Wangji en toda la
tarde-noche.

—Ahhh, pensé que era el único que la encontraba aburrida. Creo que es hora de pedir la
comida.

—Mn.

—¿La quito?

—La puedes dejar de música de fondo.

Wei Wuxian abrió la aplicación en su celular sin parar de reír. Para Lan Wangji, el momento
incómodo quedaba atrás. Quizás era un trago amargo necesario para llegar a esta parte. Pero
valía la pena, tanto que, si tuviera que vivirlo de nuevo, con tal de ver ese rostro adornado por
una risa genuina, lo haría mil veces.
Calidez

Canción: Closer - Dido

And when you look that serious


It just makes me want you more
And I've been meaning to tell you…

Wei Wuxian odiaba el invierno. Y en Gusu se sentía mucho más que en su ciudad natal. Para
rematar, la humedad era tan insoportable que se colaba hasta sus huesos y lo hacía sentir
mojado todo el tiempo. Su pelo tampoco parecía estar de acuerdo con el clima de la ciudad.
La batalla seguía tan viva como el primer día.

En el nuevo semestre, Wei Wuxian continuaba fijo como profesor de Química Cuantitativa.
La única rotación que tuvo fue pasar de Química I a Química Orgánica I porque la profesora
encargada tenía problemas de salud que le impedían estar en el laboratorio ese semestre. Wei
Wuxian era la persona más calificada para sustituirla, así que la coordinación tomó esa
decisión sin siquiera preguntarle.

El cambio no le agradaba mucho. La carga horaria de esa asignatura era mayor, pero ese no
era el problema. Su problema era que el laboratorio de Orgánica era muy lento para una
personalidad con tanta chispa como la suya. Una reacción en orgánica podía llegar a tardarse
las tres horas que duraba la práctica.

—Moriré de aburrimiento —murmuró revisando su nuevo horario.

Después de terminar la primera clase, una breve introducción que no pasaba de una hora, Wei
Wuxian bajó al comedor en busca de su amada taza de chocolate. Ese día sentía que la
calefacción nunca sería suficiente. Se sentó en su mesa de siempre a pasar inventario de caras
nuevas. Era uno de sus pasatiempos.

De repente, vio a Lan Wangji entrar al comedor. Este lo ubicó enseguida y se dirigió hasta su
mesa.

—¿Y tú aquí?

—No estabas en el laboratorio.

—Pensé que no vendrías hoy —Wei Wuxian tomó otro sorbo de chocolate, poniendo su
expresión cuasiorgásmica—. Hoy está mejor que nunca.

Lan Wangji lo miró sin inmutarse.

—Siempre dices eso.


Wei Wuxian hizo una mueca de desaprobación. Lan Wangji nunca entendería la belleza de las
cosas simples, como ese chocolate.

—Pasé a ayudar a Lan Xichen con algo —agregó Lan Wangji entendiendo que el silencio de
Wei Wuxian era que esperaba una respuesta a su comentario.

—Nerdo —susurró Wei Wuxian.

Lan Wangi fue en busca de una taza de chocolate. Luego se sentó frente a Wei Wuxian sin
decir nada. Otros pensarían que algo raro sucedía. Para ellos, era la dinámica normal.

—¿Terminaste por hoy?

—Sí, era introducir y ya.

—Mn.

Ambos terminaron su bebida y abandonaron el comedor hombro con hombro. Para los
estudiantes de Wei Wuxian esta era una escena cualquiera en la vida de su sociable profesor.
Para los estudiantes de Lan Wangji, seguía siendo un misterio ver a su profesor fuera de la
oficina, comiendo junto a alguien en el horario habitual o fuera de hora, pero sobre todo,
manteniendo una conversación trivial con alguien.

—Voy por mis cosas —dijo Wei Wuxian doblando hacia el pasillo de la izquierda.

Lan Wangji lo esperó leyendo las nuevas publicaciones del enorme mural del pasillo
principal. Algunas eran conocidas, otras las colocaban los estudiantes en busca de nuevos
integrantes para sus clubes o sus círculos de estudio.

A su regreso, Wei Wuxian encontró a Lan Wangji tan concentrado que no quiso
interrumpirlo. Se paró a su lado en silencio, tratando de adivinar cuál de los anuncios había
captado su atención.

—Déjame adivinar a qué club pertenecías… —Wei Wuxian fingió estar pensativo por un
rato, golpeteando su nariz con el dedo índice una y otra vez—. Ajedrez.

Lan Wangji volteó a mirar a Wei Wuxian. Sus labios medio curvados y su mirada enigmática
eran una combinación que no fallaba en dejar a Wei Wuxian perplejo.

—Intenta de nuevo.

Wei Wuxian resopló y empezó a caminar hacia la salida. Lan Wangji lo siguió.

—Hoy no estoy en adivinanzas.

—Mn.

Mientras se ponía los guantes y se acomodaba la bufanda, Wei Wuxian volvió a meditarlo.

—Lectura.
—Tampoco.

Wei Wuxian se detuvo justo antes de la puerta. Él momento más difícil para él era enfrentarse
al exterior. Tenía que confirmar si se iba en metro o si Lan Wangji lo llevaría hasta su casa. Si
era lo primero, correría hasta la estación. Si era lo segundo, esperaría que Lan Wangji llegara
hasta su auto y lo abriera, entonces correría hasta su auto.

—¿Vas…

—Mn.

Lan Wangji salió primero sin cambiar nada de su atuendo. El frío parecía no afectarle para
nada. Al contrario, mientras más bajaba la temperatura mejor lucía. Como si ese fuera su
entorno natural. La ropa de invierno le quedaba de maravilla, contrario a Wei Wuxian que
parecía una especie de burrito mal envuelto.

Cuando Lan Wangji entró al auto, Wei Wuxian procedió a su graciosa carrera, cubriéndose la
cara con la bufanda para no sentir que se colaba más aire frío hacia su interior.

—Tanta tecnología y todavía tenemos que soportar esto.

El sonido procedente de Lan Wangji parecía una risa, pero Wei Wuxian sabía que Lan Wangji
no se reía.

—Entonces no me vas a decir en qué club estuviste.

—En ninguno.

Wei Wuxian no le creía. Lan Wangji tenía perfil de estudiante sobresaliente, disciplinado, de
esos que acumulaban méritos participando en grupos que sumaban puntos a su currículo,
aunque la parte social no fuera su fuerte.

—Mentira.

—Es cierto. Sabes que la gente y yo…

—Sí, pero tampoco es como que no sepas manejar ese entorno. Eres profesor.

—Antes era peor.

Wei Wuxian dejó salir un “oh” apenas audible. Lan Wangji de por sí tenía el aura de una
persona muy solitaria. Si antes era peor, ¿acaso veía la luz del sol?

—Además… —agregó Lan Wangji sin despegar la vista de la avenida. Mirando por el rabillo
del ojo, Wei Wuxian notó como apretaba el volante—. La gente no me quería en sus clubes.

Cierto. Era un Lan. Lo veían como un espía más que como un compañero de clases. Y con su
reputación intachable pensarían que se comportaría como un profesor.

—¿Y con Lan Xichen era igual?


—Lan Xichen siempre ha sido muy distinto a mí.

—Bueno… pero ese es el pasado. ¿Vas a tu casa de una vez o te quedas a cenar?

Wei Wuxian se estaba acostumbrando muy rápido a que después de aquella primera cena,
Lan Wangji subiera y se quedara un rato en su casa cada vez que lo llevaba.

—¿Hiciste compras?

—Sí, pero tú cocinas.

—Mn.

El estacionamiento asignado a Wei Wuxian empezó a tener nuevo inquilino en cuanto el


invierno entró de lleno. Wei Wuxian no iba a permitir que Lan Wangji soportara ese frío en
horas de la noche, o tuviera que salir bajo la lluvia, teniendo un estacionamiento vacío en el
sótano. Incluso le colocó el sticker de seguridad al auto de Lan Wangji, para que no diera
explicaciones en caso de que llegara solo. De todas formas, después de un par de semanas no
era necesario. El encargado de seguridad ya reconocía a Lan Wangji.

Lan Wangji condujo directamente hacia el sótano. Si Wei Wuxian había llenado las alacenas,
no era necesario hacer una parada antes de llegar al apartamento. Ambos subieron y en
cuanto entraron, Lan Wangji fue a la cocina a inspeccionar lo que había disponible para la
cena.

—Voy a ducharme —gritó Wei Wuxian ya llegando al baño. En días fríos, él necesitaba agua
caliente en cuanto llegaba a casa, de lo contrario, se pasaría toda la noche sintiendo el frío de
la calle y el sueño se espantaría más de lo normal. Su baño se convertía en un cuarto cargado
de vapor. Que la alarma contra incendios no se disparara era un milagro.

La frente de Lan Wangji siempre se arrugaba cuando lo veía regresar del baño seguido de una
densa neblina.

—Ahh… por fin calooor.

—Un día te vas a quedar sin piel.

—Mi piel no es tan gruesa como la tuya, Lan Zhan —Wei Wuxian comenzó a olfatear en el
aire—. ¿Qué estás haciendo? Eso huele rico.

Lan Wangji alzó una mano para detenerlo. Wei Wuxian tenía la manía de meter la mano para
probar, robarse pedazos de ingredientes y, si lo dejaban solo, al final no quedaba nada para
comer.

—Ve a esperar en la sala o siéntate del otro lado.

—Me echan de mi propia cocina —murmuró fingiendo enfado. Él era feliz fuera de la cocina.
Si Lan Wangji quería cocinar todos los días, bienvenido era. Al final se instaló en una
banqueta al otro lado de la meseta, fuera del alcance de todo lo que Lan Wangji estuviera
usando para cocinar. Sus manos inquietas morían por tocar algo, pero no tomaría el riesgo de
quedarse sin cena. Acercó un frasco con almendras y lo abrió.

—No comas antes de la cena —Lan Wangji le arrebató el frasco de inmediato. Wei Wuxian
ya empezaba a creer que tenía ojos en la espalda.

—Tan aburrido. Oye, Lan Zhan. ¿Qué vas a hacer para año nuevo?

Los movimientos de Lan Wangji se detuvieron por unos segundos. La rigidez en su postura
no pasó desapercibida para Wei Wuxian, quien notó enseguida como los nudillos de la mano
que sostenía el cuchillo se tornaron blancos.

—No tengo planes. ¿Y tú?

—Voy de regreso a casa. Ya compré los boletos.

—¿Vas a estar toda la semana? —la voz de Lan Wangji parecía más apagada.

—Sí, aquí no tengo nada que hacer más que estar encerrado.

—Mn.

Wei Wuxian no quería leer más allá de lo que veía en el inexpresivo rostro de Lan Wangji. A
pesar de que compartían cada vez más, interpretar sus microexpresiones y el tono de su voz
aun le resultaba complicado.

Wei Wuxian sabía que Lan Wangji no tenía una verdadera familia. El más cercano era su
primo Lan Xichen, con quien pasaba todas las festividades cuando no tenía forma de escapar
del compromiso. Los Lan, más que una familia, parecían una gran empresa, donde cada quien
tenía un enorme compromiso y las reuniones familiares parecían más bien una junta de
negocios en la cual se presentaban informes e indicadores.

El tema de las próximas vacaciones desataba en él un lío de contradicciones. Por un lado


estaba feliz de ir al lugar que llamaba casa, aunque a la única que consideraba familia era a
Jiang Yanli. Por otro lado, surgía cierta incomodidad al pensar que estaría lejos por una
semana cuando empezaba a llevarse tan bien con Lan Wangji. Sentía por momentos el
impulso de invitarlo, pero se preguntaba si era correcto. En este baile torpe que habían
bautizado amistad, ninguno de los dos tenía consciencia de si sus pasos eran correctos. Wei
Wuxian temía tropezar y arruinarlo todo.

—Coloca los platos —dijo Lan Wangji sacando a Wei Wuxian de sus reflexiones.

Wei Wuxian lo obedeció rápidamente, antes de que los gruñidos de su estómago empezaran a
escucharse.

Lan Wangji sirvió y fue en ese momento que Wei Wuxian pudo ver de qué se trataba la
misteriosa cena. Este hombre lo estaba haciendo comer vegetales sin que se quejara. Todo un
hito en la historia de la humanidad.

—Si mi shijie ve esto…


Lan Wangji solo alzó una ceja. Él trataba de mantener su regla del silencio en las comidas,
aunque no la impusiera en los demás.

—Nada… es que a mí nadie me hacía comer vegetales.

Lan Wangji se llevó el siguiente bocado a la boca con una expresión de satisfacción que
arrancó una carcajada de Wei Wuxian.

—¡Cuidado si se te explota el ego!

—Wei Ying…

Wei Wuxian quería agarrar su cámara y detener el tiempo para grabar ese momento. Lan
Wangji había hablado en medio de su cena, con una sonrisa de verdad, no de esas medias
sonrisas que Wei Wuxian tenía que completar con su imaginación, sino de esas sonrisas que
parecen una luna creciente, que ya tienen luz suficiente para iluminar la noche.

—¡Lan Zhan!

Las mejillas de Lan Zhan se encendieron ante la mirada atónita de Wei Wuxian. Con un gesto
exagerado se llevó la mano al pecho y empezó a escribir en el aire con un lápiz imaginario.

—Querido diario… mi corazón dio un vuelco cuando el enigmático profesor Lan Wangji me
regaló una sonrisa en medio de la cena.
Perdido

Canción: Long & Lost - Florence + The Machine

Is it too late to come on home?


Are all those bridges now old stone?
Is it too late to come on home?
Can the city forgive? I hear its sad song

La casa del abuelo era un baúl que en vez de tesoros cargaba recuerdos que permanecían
mejor en el olvido. Sus paredes frías y sus pasillos eternos evocaban sensaciones que ningún
niño debía tener. Las risas brillaban por su ausencia, los juegos eran cosas de vagos. Cada
minuto marcado por el enorme reloj del comedor debía convertirse en una experiencia rica
para el intelecto. Un Lan nacía para ser un ente prominente en la sociedad, no uno más en la
larga lista de parásitos.

La postura de Lan Wangji se tornaba más rígida en cuanto cruzaba el umbral. El peso de
todas las cosas que se esperaban de él caía sobre sus hombros como una enorme barra de
hierro, pero no por ello tenía excusa para que apareciera una arruga en el cuello de su camisa.
Los Lan eran fuertes por naturaleza. Pero no la fortaleza de aquellos que mostraban los
músculos y destruían con los pies lo que hacían con las manos. Era una fortaleza que venía de
arriba, de dominar lo que resultaba más difícil para el ser humano: la mente.

Conquistar la mente era conquistar todo lo demás. Por eso Lan Wangji se prohibía tener
miedo, aunque las pesadillas empeoraran cada noche. Aunque en todas ellas sus manos se
tiñeran de rojo sin nadie que fuera a su auxilio, sin nadie que lo llorara, sin nadie que lo
extrañara. ¿Quién osaba echar de menos a un hombre débil? En cuanto cerrara los ojos, todos
se olvidarían de él. De la vergüenza que trajo a su familia consigo.

Un pinchazo en el lado derecho de su cabeza le obligó a cerrar los ojos por un momento. Al
sentir el sudor frío en sus manos, recurrió a las palabras de su consejera —los Lan no iban a
terapia, eso era de gente débil— y contó hasta diez. Era un simple saludo, una reunión que no
llegaba a la media hora. Las mismas preguntas, las mismas muecas de decepción.

“¿Qué has hecho con tu vida, Lan Wangji?”

“A tu edad, yo había hecho el doble.”

“No entiendo a esta generación.”

El sonido de la cuchara chocando contra la taza de porcelana equivalía a mil martillos que
encontraban en sus sienes la superficie perfecta para desatar su furia. Lan Wangji daba otro
sorbo del té amargo, que resultaba placentero frente a las afiladas palabras de Lan Qiren.
Lan Wangji había escuchado muchas anécdotas de abuelos tiernos, que contaban historias a
sus nietos en las heladas noches de invierno, mientras les ofrecían sus platillos favoritos.

“Uno más… uno más”.

¿De verdad existían? ¿O eran producto del imaginario colectivo? Mientras escuchaba el
discurso sin inmutarse, Lan Wangji trataba de imaginar a su abuelo ofreciéndole algo que no
fuera una orden o un reproche. Entonces sentía un minuto de envidia por Lan Xichen y su
aparente capacidad de no verse afectado por la montaña de expectativas con la que nacía un
miembro de esa familia.

Terminado el discurso, su cuerpo hizo el debido saludo. Su mente estaba muy lejos de allí.
Recorrió los mismos pasillos con más prisa que antes, buscando la luz, el oxígeno. El aire
exterior, aun helado, era más cálido que el que se respiraba entre aquellas paredes.

Al otro lado de la puerta, Lan Xichen lo esperaba con su eterna calma.

—¿Tienes hambre?

Cualquier pregunta era válida, siempre y cuando no se hablara de lo ocurrido dentro. Lan
Xichen sabía mejor que nadie lo hiriente que podía ser el abuelo cuando los planes no salían
como él quería. Por eso, intercedía como un ángel guardián para que a Lan Wangji le fuera
mejor en la rendición de cuentas de año nuevo.

Lan Wangji asintió y subió al auto con Lan Xichen. El día del saludo al abuelo nunca iba en
su propio auto. Lan Xichen se ofrecía a buscarlo y llevarlo de vuelta. Era una costumbre
pasar el día juntos, darse apoyo moral en silencio, hacer cosas al azar.

—Hay una heladería nueva. Tienen los sabores más extraños.

Un día de estos, Lan Wangji le preguntaría a Lan Xichen de dónde sacaba tiempo para
enterarse de todas las cosas que se inauguraban en la ciudad. Pero no ese día. La parecía
descortés luego de una invitación muy bienvenida. A Lan Wangji le encanta comer helado en
invierno. En verano era desesperante porque se derretía y comer con prisa le quitaba el placer
de saborearlo.

Cuando llegaron al lugar y Lan Wangji vio el menú, entendió a qué se refería con los sabores
más extraños. De verdad tenían helado de cualquier cosa.

—Tienes que traer a Wei Wuxian —le dijo Lan Xichen señalando el helado de chile.

Lan Wangji no esperaba ese comentario. Wei Wuxian le escribía todos los días, o lo llamaba
para contarle alguna ocurrencia suya en el orfanato. Ese día no tenía noticias de él. Quería
escribirle desde temprano, quería contarle cuánto odiaba ir a saludar a su abuelo y ser la
decepción de la familia. Quería decirle tantas cosas, pero no encontraba la forma.

—Este le gustaría más —respondió Lan Wangji señalando el de chocolate con chile.

Lan Xichen se rió, llevándose del ambiente todo rastro de incomodidad. Ellos nunca
hablaban de Wei Wuxian. Por mucho que le gustara molestar a su primo, Lan Xichen conocía
los límites y se abstenía de hacer preguntas incómodas. Tomaba lo que Lan Wangji estaba
dispuesto a darle. Mientras estuviera bien, no presionaba.

Luego de revisar el menú, Lan Xichen se levantó para ordenar.

—¿Vas a pedir vainilla como siempre?

Lan Wangji negó con la cabeza y se levantó.

—Iré contigo. Quiero probar algo nuevo.

Lan Xichen parpadeó varias veces. Lan Wangji se mordió los labios sutilmente para esconder
su sonrisa. Su primo tenía años luchando por hacer que él intentara cosas nuevas, se saliera
de la rutina, “viviera la vida”, como decía con entusiasmo. La reacción de Lan Xichen reflejó
su resignación a recibir una respuesta negativa de su parte. En el fondo, le daba cierto
remordimiento que ese cambio se produjera gracias a otra persona y no a él.

Pararse frente al mostrador y tomar una decisión no era tan sencillo como lo pintaba en su
mente. Eran tantos los sabores y complementos, tan diversa la oferta que su cerebro se
cerraba y volvía a la única opción posible: lo conocido. Sus ojos se desviaban hacia el helado
de vainilla, como si el resto de los colores fueran demasiado intensos para sus retinas.

Antes de volver a caer en la vieja costumbre, señaló un sabor que tenía más colores que el
arcoiris.

—Ese. Tamaño grande.

Las cejas de Lan Xichen iban a alcanzar el techo. Lan Wangji tomó su orden, esperó por la de
Lan Xichen y pagó ambas.

—Yo invité —reclamó Lan Xichen.

—No importa.

Ambos regresaron a su mesa.

—¿Qué harás el resto de los días?

—Tengo unos libros que terminar. También voy a practicar el guqin.

Lan Wangji notó algo de culpa en el rostro de Lan Xichen. Los dos se habían olvidado de la
música entre tantas ocupaciones. Era una de las actividades que solían unirlos, excusas para
pasar tiempo de calidad juntos. Ahora se limitaban a los saludos en los pasillos y las
asambleas de profesores.

—Si abuelo supiera… —comentó Lan Xichen.

—Él no tiene que saberlo todo —refutó Lan Wangji enseguida con una rebeldía desconocida
hasta para él mismo.
—Tienes razón.

El resto de la tarde quedó en manos de la espontaneidad que pocas veces practicaban los Lan.
De una heladería a una tienda de antigüedades, o una caminata por un parque que siempre
veían de camino a sus casas, pero que nunca se habían detenido a visitar. Hablaban de
cualquier cosa, siempre y cuando no se tratara de temas de la familia. Era un día libre del
resto de sus días.

—¿Cuándo le dirás a Wei Wuxian?

—¿Qué cosa? —Lan Wangji lo miró confundido y nervioso a la vez.

—Que vives en una ruta opuesta a la suya.

De repente, Lan Wangji encontró que sus manos eran muy interesantes. Los pliegues de sus
dedos, el nacimiento de las uñas, las líneas de las palmas que algunos aseguraban leer… todo
aquello era mucho mejor que mirar a la cara a Lan Xichen.

—¿Cuántas veces has desviado la propuesta de ir a comer a tu casa? —insistía Lan Xichen.

Y no lo hacía por molestar. Por eso Lan Wangji no se enojaba con él. Si Lan Xichen traía el
tema a colación era porque le preocupaba que esa no tan pequeña omisión le causara
problemas con Wei Wuxian en un futuro. Algún día tendría que llevarlo a su casa, o contarle
que en realidad no vivía cerca de él. No podía adivinar su reacción. Eso era lo que le había
llevado a prolongar la mentira más y más tiempo.

—Le diré cuando regrese.

—¿Crees que se moleste?

—Quizás, pero no por mucho tiempo.

Wei Wuxian no se tomaba nada a pecho, incluso las ofensas más graves. Lan Wangji había
sido testigo de ello en algunas reuniones donde los profesores más conservadores arremetían
contra él. Sentía incluso que él soportaba más de lo debido, como si estuviera acostumbrado a
que la gente lo pisoteara por simple gusto.

—¿Qué cambió? Al principio no te gustaba.

Lan Wangji detuvo la marcha para mirarlo fijamente.

—Estás muy parlanchín hoy, primo —luego señaló un puesto de frutas al fondo del parque—.
¿Quieres?

Lan Xichen lo siguió moviendo la cabeza de un lado a otro. Se preguntaba seriamente qué
había pasado con su primo… bueno, de eso más o menos tenía la respuesta. Pero verlo en
vivo era una experiencia distinta.

Entrada la noche, Lan Xichen dejó a Lan Wangji en su casa. A pesar de la mañana, había sido
un buen día, de esos que solo ocurrían una vez al año, pero con tantos recuerdos creados que
bastaban hasta la próxima ocasión.

En cuanto atravesó la entrada de su edificio, Lan Wangji le escribió un mensaje a Wei


Wuxian.

LZ: ¿Todo bien?

WY: ¡Lan Zhan! Te echaba de menos. ¿Cómo estás?

Lan Wangji no quería escribir, más bien quería escucharlo, así que marcó enseguida.

—¿Por qué no me escribiste?

—Aiyaaa… no quería molestar. La gente hoy suele visitar la familia, no sé si estabas


ocupado.

—Un mensaje no molesta, Wei Ying.

—Ya sabes que a veces me pongo creativo —explicó entre risas—. ¿Cómo estuvo tu día?

Lan Wangji le contó todo el recorrido con Lan Xichen, después de resumir las primeras horas
de su día en un breve “visité a mi abuelo”. Luego escuchó a Wei Wuxian hablarle de mucha
comida, de nombres que nunca había escuchado, pero que de seguro pertenecían a los niños
del orfanato. Al fondo escuchaba algunas risas y cómo lo llamaban en coro.

—Niñooos… ¡estoy en una llamada!

—Ve con ellos.

—Nahh… ya les toca ir a arreglar sus camas, pero como shijie no está, se aprovechan de mi
nobleza— Wei Wuxian activó la videollamada en ese momento—. Estás virando los ojos, lo
sé. Enciende la cámara.

Lan Wangji sonrió antes de encender la cámara. El sexto sentido de Wei Wuxian le daba
miedo a veces.

—¿Contento?

—Ahhh… Lan Zhan… qué apuesto te ves con ese suéter.

—¿Para eso querías videollamada?

—¡Claro! Aquí no hay nadie a quien piropear.

Unos meses antes, Lan Wangji hubiera terminado la llamada o buscado una cueva donde
meter su cabeza. Pero él ya era inmune a los comentarios coquetos de Wei Wuxian. Él era la
conjugación del verbo coquetear en todos sus tiempos y modos. Su soltería seguía siendo un
misterio para Lan Wangji.
La conversación se extendió tanto que, sin darse cuenta, Lan Wangji tenía el pijama puesto y
estaba en su cama. Incluso se sentía exhausto por el recorrido que había hecho virtualmente
por todo el orfanato, supervisando cada habitación junto a Wei Wuxian, quien también
bostezaba de vez en cuando pero se negaba a cortar la llamada, porque alguien tenía que
sufrir con él.

—¿Cómo has estado durmiendo?

—Muy bien. Shijie me prepara su té milagroso. Si no, comienza a hablar de finanzas y caigo
enseguida.

Lan Wangji le sonrió con los ojos a media asta. No recordaba muy bien si estaba escuchando
la voz de Wei Wuxian, o su respiración o unos ronquidos, cuando finalmente quedó rendido
sobre su almohada.
Refugio

Canción: Fade Into You - Mazzy Star

A stranger's light comes on slowly


A stranger's heart without a home
You put your hands into your head
And then its smiles cover your heart

Wei Wuxian volvió a despertar con un grito que hizo eco en todo su apartamento. Bañado en
sudor y aturdido, se levantó de la cama y fue hasta el baño a echarse agua fría en la cara, a
pesar de que la temperatura seguía siendo helada para su gusto. Ni siquiera le molestó estar
descalzo. Todo su cuerpo temblaba ante esa sensación tan aterradora y real de que algo lo
devoraba desde su interior. Algo peor que el fuego.

Tenía miedo de mirarse al espejo y encontrar una imagen similar a lo que su subconsciente
fabricaba para él. ¿De dónde venían esas imágenes? ¿Por qué surgían de nuevo después de
tanto tiempo? Aquella vez no encontró explicación. Su terapeuta dijo que era fruto de sus
traumas, del entorno en el que había crecido, pero le parecía que aquello no era más que
puras tonterías.

¿Qué relación podía tener el crecer sin un hogar con soñar que su cuerpo y su alma era
alimento para demonios? Le cruzó por su mente aquella vez que una mujer extraña lo agarró
del brazo por la calle y le dijo que estaba maldito. Su mirada era tan intensa y su tono tan
profundo que lo sintió hasta en la planta de los pies. Jamás ha podido borrar ese rostro de su
memoria. Tampoco esas palabras. De vez en cuando se refugiaba en ellas, porque la vida se
encargaba de recordarle que tal vez era cierto, que estaba maldito.

Cuando sintió que se le congelaba la cara, cerró la llave y se secó rápidamente. Evitando el
espejo salió del baño y llegó dando tumbos hacia su cama. Su visión empezó a nublarse y el
lado derecho de su cabeza empezó a latir. Genial, lo que le faltaba para empezar el día.

Tenía tanto tiempo sin sufrir un ataque de migraña que no recordaba donde había puesto las
pastillas. Además, empezado el dolor, poco efecto le harían. Con torpeza tomó su celular y
marcó un número.

—Es muy temprano, Wei Wuxian —gruñó una voz femenina, del otro lado.

—Wen Qing… tengo… tengo migraña, no creo que pueda llegar ahora.

—¿Wei Wuxian? —el tono de voz de Wen Qing cambió al instante—. Hoy no te toca venir,
tienes clases. ¿Estás bien? ¿Estás solo?

—Me voy a acostar… si mejoro llego.


Wei Wuxian soltó el teléfono y se tiró bocabajo en la cama. No quería ver la luz, no quería
escuchar nada. Solo quería que el martillo en su cabeza se detuviera. Lo cambiaba incluso por
la pesadilla más horrorosa. Prefería sentir el fuego del infierno, ver su cuerpo deshacerse.

No supo si pasaron horas o días. Wei Wuxian sintió unas manos y una voz distante que lo
llamaba. Ese alguien lo acomodaba en la cama, colocando su cabeza sobre la almohada,
tratándolo con la delicadeza de quien tiene en sus manos algo muy preciado. ¿Estaba soñando
de nuevo?

—Wei Ying…

Wei Wuxian abrió un poco los ojos, la habitación estaba en penumbras. Le tomó unos
segundos distinguir el rostro de la persona que lo llamaba con tanta preocupación.

—¿Lan Zhan?

—Wei Ying, ¿qué pasa?

—Migraña…

Wei Wuxian volvió a cerrar los ojos. Si era Lan Wangji podía olvidarse del mundo, todo
estaría bien. Con Lan Wangji nada podía salir mal. No sabía por qué estaba allí ni cómo había
entrado, pero eso no le importaba. Nada tenía sentido de todas formas.

En un momento, él estaba a su lado. En otro, escuchaba sus pasos recorrer la habitación como
si buscara algo. Luego sintió una toalla tibia sobre su frente y una mano suave acariciando su
pelo y sus sienes. En ese momento se dio cuenta de que había estado llorando. El dolor era
tan fuerte que ni eso sintió. Entonces se relajó… seguía doliendo, pero no estaba solo. Ya
pasaría. Todo pasaba. Esto también.

Cuando abrió los ojos de nuevo, estaba solo en la cama. Desorientado por las horas dormidas
durante el día, trató de entender lo que estaba ocurriendo sin éxito. ¿Había imaginado que
Lan Wangji estaba ahí? El olor procedente de la cocina le respondió que no se trataba de su
imaginación. Alguien estaba en su apartamento. Y ese alguien no podía ser otra persona.

—Lan Zhan…

—¿Qué haces de pie?

Wei Wuxian lo miraba con dificultad. Lan Wangji había corrido las cortinas para que entrara
la luz y eso llegaba a los ojos de Wei Wuxian como un destello enceguecedor.

Lan Wangji dejó lo que estaba haciendo en la cocina y fue rápidamente hasta Wei Wuxian,
guiándolo de vuelta a la habitación oscura.

—Ya pasó el dolor, no es para tanto.

—Acuéstate. No te hace bien estar en la luz.


Wei Wuxian no tenía energía para discutir con Lan Wangji en condiciones normales, mucho
menos en ese estado. Si quería jugar a enfermero, lo dejaría ser. El problema era que se
suponía que Lan Wangji debía estar dando clases, entonces, pensar que estuviera faltando a
sus responsabilidades por culpa suya lo estresaba más y eso empeoraba su cuadro.

Lan Wangji regresó a la habitación con una mesa plegable para cama que Wei Wuxian había
comprado un día y no había vuelto a ver más. No iba a preguntar de dónde la había sacado
para no delatarse.

—¿No tienes clases hoy?

—No te preocupes por eso.

—¿Y mi laboratorio?

—Eso también está resuelto.

Antes de colocar la mesa en la cama, Lan Wangji lo ayudó a sentarse.

—Ay, Lan Zhan, no estoy convaleciente. Y no tengo hambre.

—Tienes que comer y tomarte el medicamento.

Lan Wangji no era divertido en su versión de enfermero. Una razón más para no enfermarse
nunca. Wei Wuxian hizo pucheros en balde y agarró la cuchara sin muchas ganas. Por lo
menos el caldo preparado por Lan Wangji tenía un olor agradable. Su estómago gruñó como
respuesta.

—Traidor… —le susurró al escucharlo.

—¿Por qué no me avisaste?

Wei Wuxian ni siquiera recordaba cómo había empezado todo. De la pesadilla al dolor, todo
pasó tan rápido que no le dio tiempo a reconocer los síntomas.

—Estaba tan perdido que le marqué a Wen Qing pensando que me tocaba ir a la planta.
Supongo que ella te avisó.

—Ella llamó al instituto. Entonces te llamé y no respondías.

Y de seguro soltó todo en el instituto y fue corriendo hasta su apartamento, convenció al


casero de dejarlo entrar y el resto de la historia ya la conocía.

—No tenías que venir. Iba a despertar en cuanto pasara el dolor. Esto no es nuevo para mí.

—No importa.

Lan Wangji lucía calmado, pero Wei Wuxian podía notar la tensión en sus manos. Además de
tenso, parecía estar un poco enojado.
—¿No vas a comer? —le preguntó Wei Wuxian al ver que solo había servido una porción
para él.

—Ya comí.

Los ojos de Wei Wuxian se entornaron. Entonces se fijó en el reloj colgado en la pared de su
habitación. Las tres de la tarde.

—Mierda… ¿qué hora era cuando llegaste?

—Las nueve.

Lan Wangji tenía todo el día allí cuidando de él. Y él todavía sin pagar el primer favor.

—Lan Zhan…

—No digas que no haga algo que quiero hacer.

Wei Wuxian no abrió mas los ojos porque no quería arriesgarse a sentir más dolor del que ya
tuvo. La sinceridad de Lan Wangji a veces impactaba más que sus comentarios
desvergonzados. Sin decir más, se terminó el caldo y casi pidió más. Lan Wangji era un
excelente cocinero aunque casi nunca divulgara del contenido de sus recetas. Si fuera otra
persona, pensaría que lo estaba envenenando poco a poco.

—La última vez que casi me da fue el día del examen.

Lan Wangji lo miró con la boca abierta y algo de culpa. Entre tantas cosas que hablaban
últimamente, ese día no era un tema de conversación.

—Casi nunca me estreso, pero si lo hago… y ese día, de verdad pensé que había fracasado
sin intentarlo.

—Lo siento —murmuró Lan Wangji.

—Ah Lan Zhan, solo estabas haciendo tu trabajo.

—Estabas a tiempo. Solo estaba siendo…

Wei Wuxian levantó la mano y colocó un dedo sobre los labios de Lan Wangji para callarlo.
Su intención era hacer un simple gesto. Al notar que efectivamente había tocado su boca
quería meterse debajo de la colcha y desaparecer. Lentamente, retiró la mano y trató de decir
algo, pero su cerebro estaba en mutis.

—¿Quieres algo más?

Wei Wuxian negó con la cabeza. Lan Wangji retiró la mesa y fue hasta la cocina. Wei Wuxian
lo escuchó abrir la llave, seguro lavaría los platos. Tenía unos cuantos minutos para
sonrojarse y darse contra la pared por el exceso de confianza. Como excusa siempre se
repetía que Lan Wangji no colaboraba con la causa. Su comportamiento era alimento para sus
pensamientos y sentimientos absurdos.
Respiró profundo una, dos, tres veces. No más estrés. Necesitaba despejar su cabezota,
mantenerse tranquilo, sin evocar demonios conscientemente. Con los inconscientes, ya tenía
suficiente trabajo.

Cuando Lan Wangji regresó a la habitación, Wei Wuxian sintió algo en el pecho. ¿Se iría?
Wei Wuxian no quería que se fuera. ¿Por qué estaba siendo tan sincero consigo mismo? Era
molesto, por no decir aterrador, escucharse sin filtros.

—¿Te sientes mejor?

—Mmm… solo un poco lento, pero es normal.

—¿Quieres dormir más?

—No, ya no tengo sueño. Podemos ver algo.

Wei Wuxian no quería ser tan evidente, pero su lengua no le obedecía. Otra traidora.

—Cero televisión ni lectura.

Los pucheros de Wei Wuxian volvieron a escena. Sin televisor ni celular el aburrimiento
terminaría con su vida antes que las pesadillas o la migraña. Él no podía estar quieto por
voluntad propia. Lan Wangji tenía que saber eso a estas alturas.

—Podemos jugar algo —propuso Wei Wuxian, a pesar de que la combinación de Lan Wangji
y juego le arrojaba un error de cálculo. No se perdía nada con intentar.

—¿Cómo qué?

—Algún juego de mesa… cartas… ¿sabes jugar?

—Sé jugar todos los juegos de mesa.

—Oh… —fue la única respuesta de Wei Wuxian ante tal despliegue de modestia. Con su
expresión seria, Lan Wangji pasaría por pedante. Suerte que Wei Wuxian lo conocía más allá
de las apariencias.

Lan Wangji seguía de pie al lado de la cama como si sus pies estuvieran fijados al piso con
cemento. Con todo lo que había hecho, desde entrar a su apartamento hasta cocinar y cuidar
de él, Wei Wuxian encontraba adorable que le costara sentarse en su cama. Si solo le faltaba
dormir en ese apartamento, para qué tanto medirse.

—¿Te vas a quedar ahí parado?

—¿Puedo? —preguntó Lan Wangji señalando la cama y haciendo que Wei Wuxian riera tanto
que se pusiera la mano en la cabeza—. Wei Ying, no te rías así —susurró preocupado
acercándose a él.

—Lan Zhan, cómo no me voy a reír. Claro que te puedes sentar en mi cama. No muerde.
Lan Wangji alzó una ceja y se sentó apenas en la orilla.

—¿Vas a jugar así? Te vas a torcer la espalda. Sube los pies y siéntate cómodo.

Aunque pareciera burla, Wei Wuxian solo quería animarlo a salir un poco más de ese molde
rígido que parecía enmarcar la vida de Lan Wangji. Seguro para él, en la cama solo se
dormía. No era para comer, ni para jugar, ni para… Wei Wuxian detuvo ese pensamiento. No
era bienvenido en este momento si de verdad quería evitar otro dolor de cabeza que lo dejara
fuera de servicio.

Lan Wangji se quedó un rato mirando sus zapatillas, antes de abandonarlas y finalmente subir
los pies en la cama y sentarse con las piernas cruzadas frente a Wei Wuxian. La imagen era
extraña; no coincidía con la persona. Lan Wangji era siempre tan formal que incluso verlo en
jeans era un asalto al cerebro. Wei Wuxian había ido desbloqueando poco a poco cada nivel.
De verdad daba gracias por las cosas que era capaz de ver de Lan Wangji. La mayoría de las
personas se perdía de un gran ser humano detrás del enorme témpano de hielo.

—El que pierda tiene que contar algo que el otro no sepa —comentó Wei Wuxian terminando
de barajar y repartiendo las cartas.

—Mn.

Wei Wuxian sentía que su racha de buena suerte apenas iniciaba.


Confesión

Canción: Nothing Fails - Madonna

I'm in love with you, you silly thing


Anyone can see
What is it with you, you silly thing
Just take it from me

La clase terminó un minuto antes de las cuatro. Lan Wangji tenía tiempo de sobra para sus
tareas pendientes, porque Wei Wuxian no terminaba el laboratorio hasta las cinco. La práctica
de ese día era larga y se tomaría todas las horas. Pero cuando Lan Wangji estaba ansioso,
mirar el reloj se convertía en una manía que incluso a él mismo le molestaba.

Los estudiantes salieron del aula y Lan Wangji seguía de pie frente a su escritorio. Así lo
encontró la profesora de la clase siguiente.

—¿Profesor Lan?

Lan Wangji la saludó inclinando la cabeza levemente. Recogió sus cosas y salió del aula.
Cuando llevaba unos cuantos metros recorridos, se dio cuenta de que iba en sentido contrario
a su oficina. No quería devolverse en frente de todos, así que entro al baño, se encerró un rato
y luego salió rumbo a su oficina.

Su teléfono vibró.

Cuando termines ven para acá. A ver si así estos angelitos entienden que no tenemos todo el
día para la práctica!!!!

Wei Wuxian juraba que Lan Wangji intimidaba a sus estudiantes, pero en realidad, ellos ni
siquiera le hacían caso. Las primeras veces que visitó el laboratorio, levantó varios pares de
ojos curiosos, luego ni se inmutaban por su presencia. Al contrario, lo adoptaron como “el
amigo del profesor Wei”.

Lan Wangji terminó de asentar algunos datos, cerró la oficina y fue camino al cuarto piso del
área de química. Ese día, a pesar de estar disperso, prestaba mucha atención a lo que sucedía
en esos pasillos. Sobre todo al hecho de que todos le saludaban como una figura familiar,
cosa que antes no ocurría.

Al llegar al laboratorio, Wei Wuxian ayudaba a una estudiante con una titulación. Lan Wangji
recordó esa tarde en que Wei Wuxian le enseñó como hacer una lectura y sintió que sus orejas
se encendían.

—Tienes que ir más despacio —explicaba Wei Wuxian con toda la paciencia del mundo—.
Recuerda, no es el mismo punto de equivalencia.
Los hombros de Lan Wangji se relajaron en ese instante. A pesar de tener a Wei Wuxian
cerca… de que casi eran las cinco.

Wei Wuxian se volteó y notó su presencia.

—Ok, chicos —dijo chocando sus manos para atraer la atención de todos—. Queda media
hora para las cinco. Tienen que terminar la lectura, retirar los reactivos y limpiar la cristalería
en ese tiempo. ¿Pueden hacer el milagro?

Una queja colectiva se elevó en el laboratorio.

—¿Cuál es su prisa, profesor Wei? —preguntó una de las estudiantes—. ¿Tiene una cita?

El grupo estalló en risas y Wei Wuxian se cruzó de brazos.

—No hay respeto para el profesor Lan.

—El profesor Lan ya es conocido en esta clase —intervino otro estudiante.

Lan Wangji permanecía cerca de la puerta, intentando sobrevivir a esa extraña conversación
grupal sin que sus mejillas cambiaran de color. En ocasiones como esa detestaba que su piel
se expresara por cuenta propia. Los estudiantes de Wei Wuxian estaban acostumbrados a
hablar sin filtros al igual que su profesor, pero era la primera vez que era testigo de un
comentario tan directo.

—Además, según las malas lenguas, usted sigue soltero. ¿No es un desperdicio para la
humanidad?

Wei Wuxian se llevó una mano la cara. Luego miró a Lan Wangji como si pidiera auxilio.
Lan Wangji solo pudo encogerse de hombros. Era su grupo, él seguía siendo un extraño. Sin
decir nada, se sentó en una banqueta desocupada, haciendo formal su rol de espectador en
este extraño debate sobre la soltería de Wei Wuxian.

—Mi soltería no es el tema de esta clase —dijo Wei Wuxian tratando de mantenerse serio—,
y les queda quince minutos.

Todos volvieron a lamentarse. Aun así, retomaron sus actividades porque sabían reconocer
cuando terminaba el chiste. Los murmullos y las conversaciones colectivas fueron
reemplazados por la sinfonía de cristalería y equipos que se desinstalaban, de puertas y
gavetas que se abrían y cerraban.

—Y recuerden cuánto cuesta una bureta. Que los veo muy contentos.

—Si pasa algo es culpa suya. Tenemos un Lan como testigo.

Los ojos de Wei Wuxian se entornaron.

—Son terribles —murmuró este acercándose a Lan Wangji. Iba a decir algo más pero se
contuvo.
Lan Wangji dedujo que preguntaría sobre sus planes después de clases. Y estando el tema tan
candente, era mejor no echarle más leña al fuego.

Cuando finalmente los estudiantes abandonaron el laboratorio y ambos quedaron solos, Lan
Wangji soltó la bomba que lo mantuvo ansioso todo el día.

—Iremos a mi casa.

Lan Wangji agradeció que Wei Wuxian no tuviera nada de cristal en sus manos en ese
momento, porque con la expresión que puso daba por seguro que terminaría en el suelo.

De repente, Wei Wuxian empezó a reírse como loco.

—Ahh… Muy gracioso, Lan Zhan. Si te sigues juntando conmigo, en un mes te puedes
dedicar a la comedia.

Otra persona se hubiera ofendido ante la forma en que Wei Wuxian reaccionó, pero Lan
Wangji entendía muy bien de dónde venía dicha reacción. Fueron tantas las veces que Wei
Wuxian dijo que tocaba ir al apartamento de Lan Wangji que terminó tomándolo como un
chiste interno entre ambos. Probablemente se resignó a que no sucedería. Tal vez le
molestaba o no comprendía del todo tanta privacidad y recelo cuando podían considerarse
buenos amigos, pero lo respetaba. Por eso no cuestionaba ni insistía más allá de la broma
habitual.

Lan Wangji agradecía ese respeto. Por eso, seguir mintiendo se le hacía tan pesado.

—Hablo en serio.

Wei Wuxian dejó de reírse.

—¿De verdad?

—Mn.

Por su cara pasaron tantas emociones distintas que a Lan Wangji le costaba realmente
entender que sucedía con él. ¿Estaba feliz o triste o preocupado por lo que acababa de
escuchar?

—No tienes que hacerlo, Lan Zhan. No tienes que sentir que es una obligación.

Si Wei Wuxian supiera cuánto le molestaba a Lan Wangji que creyera que todo lo que hacía
era una especie de obligación o compromiso hacia él, no lo repetiría jamás. En serio, qué vida
tan jodida había tenido aquel hombre para que creyera que todo tenía una segunda intención y
que cualquier gesto hacia él no era genuino.

—Wei Ying…

—Lo siento, lo siento —Wei Ying levantó la mano rápidamente, dándose cuenta de su error.
Después sonrió con todos sus dientes-. Por fin podré conocer la guarida secreta de Lan Zhan.
La sonrisa era contagiosa. En Lan Wangji eran unos labios apenas curvados, pero era mucho
más de lo que estaba acostumbrado.

—Oye, Lan Zhan… creo que todo este tiempo me has mentido.

Lan Wangji contuvo la respiración.

—¿Por qué?

—¿Y si fue ahora que conseguiste un apartamento?

Lan Wangji sintió que su corazón volvió a bombear. Wei Wuxian debía venir con una etiqueta
de precaución. Cada comentario que salía de su boca podía provocar en Lan Wangji una paz
inmensa o una agitación desmedida. Nunca nada equilibrado.

—Me descubriste —respondió Lan Wangji volviendo a sentir la tensión en su nuca,


anticipando el momento en el que ambos bajaran al estacionamiento y Lan Wangji condujera
por una ruta completamente distinta a la que conocía Wei Wuxian.

Cuando lograron salir del instituto eran casi las seis; la peor hora para regresar a la casa. Wei
Wuxian ya no colocaba la calefacción hasta convertir el auto en un sauna. El invierno estaba
dando paso a la primavera y el sufrimiento de Wei Wuxian comenzaba a mermar.

Mientras Lan Wangji buscaba la forma de abrirse paso entre la enorme cola de vehículos, Wei
Wuxian manejaba la radio.

—¿Qué quieres escuchar hoy? —la pregunta era una costumbre. Lo que sucedía en realidad
era que Wei Wuxian terminaba poniendo lo que quería.

—Metal —respondió Lan Wangji decidido a tirarle una sorpresa tras otra a Wei Wuxian. La
última vez escucharon música electrónica. El día estaba despejado, Wei Wuxian querría
escuchar metal. Lan Wangji ya podía adivinar lo que pediría sus oídos según el clima. Así
funcionaba su radar musical. Los peores días eran aquellos en que ponía baladas ochenteras.

Wei Wuxian lo miró de reojo. Todavía no se daba cuenta del cambio de ruta y Lan Wangji
cruzaba los dedos para que se mantuviera distraído hasta el final. Pero era imposible. En
algún momento miraría hacia la calle y…

—Oye, Lan Zhan… ¿qué ruta es esta?

—La ruta hacia mi casa —respondió Lan Wangji sin pensarlo mucho.

—Hoy estás en modo bromista. ¡Quién lo diría!

Lan Wangji soltó un suspiro que pasó desapercibido. Mejor así. Le daba tiempo a llegar,
estacionarse y no tener el volante en sus manos cuando tuviera que explicarle que no era una
broma, que en su afán de alimentar su deseo egoísta de pasar más tiempo a su lado le había
hecho creer que vivía en la misma zona que él.
Quince minutos después, Lan Wangji alcanzaba a ver la entrada a su residencial. Los árboles
del ancho parque que separaba su vivienda de su segundo trabajo tenían unos tímidos
capullos que aun no se decidían a abrirse. Entró al estacionamiento, se colocó en su lugar y
apagó el auto. Wei Wuxian entonaba una nota aguda de la canción que sonaba.

—Ashhh… no me hagas eso. Soy desvergonzado, pero no tanto.

Bajaron del auto, entraron al edificio, subieron al ascensor, bajaron, entraron al apartamento y
Wei Wuxian seguía en el limbo.

—Bienvenido a mi casa.

—Lan Zhan —exclamó Wei Wuxian boquiabierto—. Esto es un templo.

En realidad no era mucho más grande que el que tenía Wei Wuxian, pero la decoración
minimalista y la distribución de los espacios lo hacía lucir enorme. Wei Wuxian no necesitó
invitación y dio un rápido recorrido por el lugar, ensimismado con cada detalle que
encontraba a su paso.

—Llegamos muy rápido —agregó Wei Wuxian echando desde el balcón—, ¿esto es antes de
llegar a mi casa?

—Wei Ying… siéntate.

—¿Qué pasa, Lan Zhan?

Lan Wangji se sentó a su lado en el sofá, sacó su celular, hizo una búsqueda en el mapa y
luego se lo pasó a Wei Wuxian. Este tomó el celular en su mano y vio la pantalla sin
entender.

—¿Qué es esto?

—La distancia hasta tu casa.

Wei Wuxian permaneció un momento con la mirada fija en la pantalla. Primero su expresión
de estar perdido se vio reemplazada por un leve cambio a medida que iba atando los cabos
sueltos: la ruta, las palabras de Lan Wangji, su comportamiento extraño… Se levantó del sofá
y volvió hacia el balcón, donde permaneció un rato mirando hacia la calle. Lan Wangji
supuso que estaba tratando de identificar el área.

Cuando volvió a mirar a Lan Wangji, enrollaba un mechón de cabello entre sus dedos. Lo
soltaba y lo volvía a enrollar.

—Todo este tiempo…

—Mn.

A Lan Wangi le costaba mucho mantener la mirada. Pero no iba a ser un cobarde. Ya estaban
aquí y tampoco quería lucir como que era el culpable de un gran delito. Solo había gastado
mucho combustible y ni siquiera representaba un problema para su presupuesto.
—¿Por eso no me traías?

—Me daba vergüenza admitir que…

—Pero por qué después de esa vez no me dijiste.

—Porque no habrías aceptado que te llevara hasta tu casa otra vez.

Eso frenó el interrogatorio de Wei Wuxian. Su cuerpo y su mente se paralizaron procesando


la información. Lan Wangji estaba temoroso de la conclusión a la que pudiera llegar a partir
de los resultados que arrojara su cabeza. Parecía que iba a reírse, después se ponía más serio,
luego arrugaba la frente como si le costara mucho esfuerzo concentrarse en lo que estaba
sucediendo, en las palabras que estaba escuchando.

—Querías llevarme hasta mi casa.

—Mn.

—Ok.

Wei Wuxian volvió al silencio que torturaba a Lan Wangji peor que las lecciones kilométricas
de caligrafía impartidas personalmente por su abuelo.

—Porque te gusta pasar tiempo conmigo.

—Mn.

—Y todo este tiempo has estado viajando al extremo contrario de la ciudad solo para
llevarme.

Lan Wangji asintió, incapaz de emitir otro sonido.

—Esto es imperdonable, Lan Zhan.

El rostro de Lan Wangji palideció.

—¿Sabes cocinar pasta?

El cerebro de Lan Wangji estaba a punto de sufrir un cortocircuito. ¿Qué tenía que ver una
pasta con lo que estaban hablando?

—Para perdonarte tendrás que hacer pasta de cena —dijo tratando de controlar la risa que
estaba a punto de apoderarse de él.

Cuando Lan Wangji suspiró, algo que se escuchó en toda la sala, Wei Wuxian lo golpeó en el
brazo, inundando el espacio con su risa, la mejor música para los oídos de Lan Wangji.

—Eres tan tonto, Lan Zhan.

Sí, era muy tonto. Y se pasaría el resto de la noche escuchando a Wei Wuxian burlarse de él
por hacer todo un drama de algo tan diminuto. Pero así funcionaba él en su aprendizaje
autodidacta sobre las relaciones con los demás. De tropiezo en tropiezo se iba desenredando
esa enorme cadena llena de nudos que llamaban vida.
Fuego
Chapter Notes

Actualizado para agregar el fanart de YukigirlArt (IG: @yukigirl_art, TW: @Sora0kun)


que me ha dejado enamorada. ¡Muchísimas gracias!

Canción: Skyfire - Shogun

Our minds and our cries share the pain


for we are nowhere at all
but seek a painting of the sun

Decir emocionado era quedarse corto. Wei Wuxian parecía estar flotando sobre nubes en vez
de caminar. La fecha del concierto de Armin van Buuren por fin había llegado y ese día él era
un baúl lleno de sonrisas para regalar a todos a su paso. Hasta el laboratorio de Orgánica le
pareció divertido.

Después de clases, Wei Wuxian se fue directo a la casa. Lan Wangji tenía clases hasta más
tarde, por lo que acordaron reunirse en la entrada del concierto.

—Todavía no puedo creer que convencí a Lan Zhan de ir conmigo —le comentó a Jiang
Yanli mientras salía de la estación del metro—. Lan Zhan en un concierto de música
electrónica… ¡y yo de testigo!

—Todavía no puedo creer que no entiendas el por qué.

Wei Wuxian ignoró el comentario. Su shijie siempre salía con sus teorías de conspiración.
Para ella todos estaban enamorados de todos. Debió dedicarse a escribir novelitas rosa.
Todavía estaba a tiempo.

—Tienes que ayudarme a elegir la ropa.

—A-Xian, tenemos dos semanas en eso. ¿Volviste a cambiar de opinión?

La puerta del ascensor se abrió. Wei Wuxian saludó con una pequeña sonrisa a una vecina
que solía encontrar a esa hora. Solo sabía que bajaba un piso antes que él.

—Estuve haciendo combinaciones nuevas —dijo bajando el volumen de su voz para no


molestar a su vecina—. Ahora te muestro, casi llego.
La subida hasta su apartamento se le hacía eterna. Después de la pausa donde bajaba su
vecina, por fin era su turno de bajar. Salió corriendo del ascensor, fue directo hasta su puerta
y abrió con la prisa de quien necesita un baño urgente.

—Faltan tres horas para el concierto, A-Xian. Si te caes por andar corriendo es peor.

—Shhh, no digas esas cosas.

Wei Wuxian abrió su closet. Sacó tres pantalones, cinco camisetas, dos camisas. Activó la
videollamada y colocó el celular en el trípode.

—No puedo creerlo —comentó Jiang Yanli exasperada—. Es un concierto al que vas a sudar,
no un desfile de modas.

Y para colmo la apariencia nunca había sido importante para Wei Wuxian. Pero últimamente
se estaba comportando como un adolescente gobernado por las hormonas.

—Me voy a poner la primera combinación.

Jiang Yanli se acomodó en su silla. La tanda era larga. Con todas las prendas sobre su cama,
Wei Wuxian hizo todas las combinaciones posibles, todas distintas a las últimas que le había
mostrado a su hermana en la última llamada. A la hora, Jiang Yanli le recordó que tenía que
irse al concierto y por fin coincidieron en el atuendo. Para el pelo, por lo menos se pusieron
de acuerdo rápido en que una cola era lo ideal. Iba a saltar y bailar, su pelo sería un desastre
sin importar como lo arreglara.

Wei Wuxian entró a ducharse tarareando algunas de sus canciones favoritas. La adrenalina en
su cuerpo le devolvió a su adolescencia y sus tempranos veintes. La época de los conciertos y
los festivales. De las fiestas universitarias que no tenían fin, aunque fuera temporada de
exámenes. Revivir esa época por una noche no estaba mal. Se lo merecía después de tanto
trabajo. Después de demostrarse a sí mismo que sí podía ser alguien en la vida.

Cuando salió de la ducha, encontró un mensaje de Lan Wangji en su celular.

Voy de camino a casa. ¿Seguro no quieres que pase por ti?

Wei Wuxian le escribió enseguida, antes de que Lan Wangji lo hiciera cambiar de parecer.

Nos vemos allá. Tómate tu tiempo para cambiarte y cenar.

La razón principal por la que Wei Wuxian no cedía ante la oferta era para que Lan Wangji no
hiciera fila. Él haría turno y le avisaría para que llegara justo cuando las puertas estuvieran a
punto de abrir. Ya que accedió a acompañarlo —todavía no estaba muy seguro de que lo
hiciera por complacerlo o porque realmente le interesara ir—, no quería abusar de su
confianza y consideración.

Además, estaba totalmente seguro que una vez dentro, Lan Wangji insistiría en pagar por la
cena o por la bebida. También lo llevaría hasta su casa de regreso.
Wei Wuxian dejó de mirarse en el espejo. Pidió un taxi y bajó a esperarlo. Su lista de
reproducción preconcierto estaba lista. El tráfico y el caos de la ciudad se perdieron entre las
melodías seleccionadas para calentar el cuerpo y la mente. Nadie podría entender su emoción
de poder asistir a un concierto de uno de sus artistas favoritos después de tanto tiempo.

Al llegar al lugar del concierto, las filas ya estaban formándose. Por supuesto, los primeros
puestos estaban ocupados por jovencitos enérgicos que podían soportar seis o siete horas de
pie sin problemas. Él ya no estaba para esos trotes. Antes hacer fila en un concierto era tan
divertido como patinar en el parque con el asfalto mojado. Ahora hacer fila en el
supermercado le daba dolor en los pies. Todavía no estaba muy seguro de que podría saltar
durante las horas que durara el concierto; ponía toda su fe en la adrenalina y alguna bebida
energética.

Colocándose detrás del último, volvió a confirmar sus boletos electrónicos y las copias
impresas que llevaba en el bolsillo trasero de su pantalón. La diversidad de estilos en la fila
que le tocó y en las filas aledañas le sirvió de distracción durante el tiempo de espera. Lo
interesante de ese tipo de conciertos era que los gustos y los colores eran tan variados como
la cantidad de asistentes. Muy distinto a la multitud de negro de los conciertos de rock.

No faltaron los estudiantes que reconocieron al “profe Wei” y se acercaron a saludarlo.


Ninguno se sorprendió de verlo allí. Todo el que tomaba clases con Wei Wuxian sabía que la
música electrónica era su banda sonora cuando estaba inmerso en un experimento. Incluso en
medio de prácticas largas, se aislaba con sus auriculares y los estudiantes tenían que contener
la risa cuando empezaba a mover el cuerpo al ritmo de la música sin darse cuenta.

Al ver la hora, Wei Wuxian le mandó un mensaje a Lan Wangji.

WY: Creo que ya puedes salir. En el tiempo que tomas para llegar y estacionarte se van
abriendo las puertas.

LZ: Bien.

Como si lo hubieran calculado con un cronómetro, Lan Wangji llegó justo en el momento en
que se abrían las puertas. Wei Wuxian agitó su mano eufórico y Lan Wangji fue hasta su lado.

—¿Pudiste estacionarte sin problemas?

—Mn.

A Wei Wuxian apenas le dio tiempo para echarle un vistazo a lo que Lan Wangji llevaba
puesto. Ya estaba acostumbrado a ver su versión no académica, pero el de hoy era el aspecto
más fresco que había visto en él. Que la fila empezara a avanzar en ese momento fue algo
muy bueno porque su corazón empezaba a latir con más fuerza y rapidez.

Una vez dentro, entre las luces y la multitud sería difícil fijarse bien. Mejor así. O al menos
eso creía él, hasta el momento en que estaban dentro y volteó a mirar a Lan Wangji. Su rostro
con el reflejo de las luces era… otra cosa.
Wei Wuxian quería estar pendiente de su expresión y de sus gestos. Estaba llevando a Lan
Wangji a un entorno muy distinto al que estaba acostumbrado. Quería asegurarse de que él
disfrutara del concierto tanto como él. Quizá no tanto, porque Wei Wuxian era un fan, pero al
menos que pasara un buen rato y no que sintiera que estaba allí por obligación.

—¿Quieres tomar algo? —preguntó Wei Wuxian casi gritando.

Lan Wangji le hizo un gesto con la mano. No escuchaba nada. Wei Wuxian respiró profundo
y se acercó para hablarle al oído. Cayendo en cuenta de todos estos detalles, la noche sería
una real prueba de resistencia.

—Que si quieres tomar algo ahora. Más tarde se pondrá un poco difícil.

Lan Wangji asintió y ambos fueron al área de comida. Wei Wuxian compró una cerveza y
Lan Wangji un agua carbonatada. También compraron algunas golosinas para mantener el
nivel de azúcar. Luego buscaron un lugar decente donde quedarse. Los más locos siempre
estaban adelante, así que ese espacio lo dejaban para los más jóvenes. Ellos dos podían estar
bien un poco atrás. La música se escuchaba igual y tenían espacio para moverse.

Cuando Armin subió a tarima el público enloqueció, incluyendo a Wei Wuxian, quien desde
que arrancó el set se olvidó de que pasados los treintas sus rodillas no eran las mismas y su
espalda baja le hacía la vida imposible de vez en cuando. Entre brinco y brinco, volteaba a
ver a Lan Wangji, quien alternaba su mirada entre Wei Wuxian y la multitud poseída por la
música. No lucía incómodo, pero su serenidad contrastaba con la euforia del lugar.

Wei Wuxian le bajó un poco a su energía. Tenía que mantener reservas para todo el concierto.
Acercó su lata de cerveza al agua carbonatada de Lan Wangji como un brindis. Un tipo que
estaba bailando cerca de ellos dos se acercaba cada vez más a Wei Wuxian. Este tomó a Lan
Wangji del brazo y lo llevó hacia un lugar más despejado.

—Tengo suerte para atraer locos —le dijo al oído—. Quiero bailar tranquilo, pero parezco
una lámpara para insectos.

Lan Wangji colocó sus manos sobre los hombros de Wei Wuxian y lo volteó para que mirara
de vuelta hacia la tarima. Luego se inclinó hasta acercar sus labios al oído derecho de Wei
Wuxian.

—Quédate delante de mí. Nadie se va a acercar.

Wei Wuxian sintió como se erizaron todos los vellos de su piel. Las manos de Lan Wangji se
quedaron sobre sus hombros, no como algo que lo detuviera, sino como una garantía de que
estaba seguro y de que nadie se iba a acercar a él. Wei Wuxian temía molestar a Lan Wangji
si bailaba tan cerca de él, pero ese temor se desvaneció enseguida.

El espacio alrededor de ellos permanecía vacío. Las personas no se acercaban y si iban a


hacerlo, se devolvían como si algo les impidiese avanzar. Wei Wuxian no entendía muy bien
qué estaba pasando, pero lo disfrutaba al máximo. Se volteó entre risas y se acercó una vez
más a Lan Wangji.
—¿Qué clase de brujería es esta?

Lan Wangji le respondió con una pequeña sonrisa que coincidió con el inicio de la canción
favorita de Wei Wuxian. Definitivamente, el universo conspiraba para que muriera esa noche.

Wei Wuxian alzó las manos y cerró los ojos casi de forma dramática. Luego miró a Lan
Wangji y le indicó con el dedo que escuchara con atención. A mitad de la canción, el ritmo se
tornaba suave, casi de ensueño, envolviendo a Wei Wuxian en una especie de fantasía. Esa
canción despertaba en él una extraña sensación de nostalgia, de algo que faltaba en él, pero
no sabía qué… solo que había algo o alguien ahí fuera esperándolo. Como la promesa de un
reencuentro.

Abrió los ojos y la mirada de Lan Wangji parecía tener todas las respuestas que él buscaba.
Sus manos ya no lo sujetaban… los movimientos de Wei Wuxian no lo permitían, así que
estaban sueltas a cada lado de su dueño. Pero Wei Wuxian quería sentir esas manos otra vez.
Firmes y suaves a la vez sobre sus hombros, cálidas sobre sus brazos…

We.. are one of the same / Our stories untold / Running... Waiting for the skyfire to fall…

Wei Wuxian cantaba cada palabra como si fuera una confesión. No podía explicar de dónde
venía aquello que lo estaba impulsando a actuar, que subía por su pecho como lava
amenazando con convertirlo en cenizas si no daba rienda suelta a sus deseos. Los ojos de Lan
Wangji estaban cada vez más cerca. A pesar de la oscuridad, podía verse reflejado en ellos.
Los mechones que caían sobre su cara invitaban a sus manos inquietas a arreglarlos. Con la
última palabra de la canción, todo a su alrededor se desvaneció. De lo único que fue
consciente fue del cambio de ritmo, de nuevo acelerado, al tiempo que sus labios chocaron
con los de Lan Wangji.
Primeras veces

Canción: Stay Right Where You Are - Ingrid Michaelson

Stay right where you are


Come on let me dance with you
Tell me where to start
Let me put my hands on you

La música alta, los gritos de la gente, el juego de luces, la vibración del lugar… todo eso
desapareció. Sus cincos sentidos se conjugaron en uno solo y todas sus terminaciones
nerviosas se enfocaron en la sensación proveniente de sus labios. Wei Wuxian lo estaba
besando. Wei Wuxian lo estaba besando en medio de una multitud que no estaba pendiente a
ellos ni los conocía. Wei Wuxian lo estaba besando y sus piernas iban a ceder ante la
gravedad si seguía pensando en ello.

Sus brazos inmóviles cobraron vida y rodearon a Wei Wuxian atrayéndolo más a él. La
respuesta fue un gemido que murió entre los pares de labios que se alejaban y se volvían a
encontrar, como si necesitaran saldar deudas de antaño. Se separaban para tomar aire y se
repetía el ritual.

Cuando volvió a tener consciencia de lo que sucedía, su mano izquierda se aferraba a la


espalda baja de Wei Wuxian, su mano derecha acariciaba su nuca, allí donde empezaba su
larga cabellera negra, que se escapaba rebelde del lazo que intentaba sujetarla. Sus labios se
movían sobre los de Wei Wuxian siguiendo indicaciones desconocidas. Nunca había hecho
esto. No estaba seguro de que se hiciera así, pero se sentía tan bien que no iba a parar. Las
manos de Wei Wuxian estaban a ambos lados de su cara, aferrándose como si fuera un
espejismo que iba a escapar en cualquier momento.

La multitud chilló de repente y ambos se separaron intentando adivinar qué estaba pasando.
Wei Wuxian lo miraba con la respiración agitada, con los ojos brillosos, los labios rojos y un
poco hinchados. La canción con la que empezó todo había terminado. ¿Cuántas canciones
habían pasado? Wei Wuxian seguía con sus ojos clavados en él. Al parecer su artista favorito
ya no era tan importante.

Lan Wangji quería besarlo otra vez. La barrera que contenía todo lo que sentía por Wei
Wuxian y se guardaba por temor a no ser correspondido se había roto. Ya no tenía forma de
controlar todo aquello. Las manos que reposaban sobre su cara se entrelazaron detrás de su
cuello, convirtiéndose en un abrazo coqueto y posesivo que hacían perfecta combinación con
la expresión de Wei Wuxian.

Este se acercó un poco más para susurrarle al oído.

—Pensé que iba a tener que salir corriendo.


Él hubiera pensado lo mismo. Peor aun, hubiera salido corriendo pensando que había
cometido un grave error aun sintiendo que recibía una respuesta a ese beso.

Lan Wangji no tenía forma de responderle, más que dándole un beso en la mejilla. Para la
sesión intensa que acababan de tener, este resultaba tierno, pero él no quería arriesgarse a
caer de nuevo en esos labios y no poder separarse jamás. Ya se lo imaginaba, pero acababa de
confirmar que Wei Wuxian era adictivo.

—¿Te estás divirtiendo? —le preguntó Wei Wuxian notablemente sonrojado.

—¿Tú qué crees?

Wei Wuxian se mordió los labios y Lan Wangji tuvo que recurrir a sus técnicas de relajación
con respiración.

—¿Ya no quieres bailar? —preguntó Lan Wangji tratando de salir con vida del concierto.

Wei Wuxian comenzó a moverse sin quitarle los ojos de encima. Lan Wangji empezaba a
arrepentirse de haber hecho esa pregunta. La canción que sonaba en ese momento tenía un
tono sumamente sensual. Wei Wuxian lo sabía y se aprovechaba de eso. Una gota de sudor
empezaba a bajar desde la sien de Wei Wuxian, recorriendo todo el contorno de su cara, hasta
llegar a su mentón y frenar unos segundos allí, como si invitara a Lan Wangji a acompañarlo
en la siguiente parte del recorrido, cuello abajo.

Lan Wangji tragó en seco. Su botella de agua estaba en el suelo al lado suyo… vacía.

—¿Tienes sed, Lan Zhan?

Sí, mucha, pensó Lan Wangji. Tanta que el agua no daría abasto para saciarla. Quizá el cuello
de Wei Wuxian y esa gota de sudor y la sal de sus labios y…

—Mn.

—Compremos algo —gritó Wei Wuxian tomando su mano y llevándolo consigo entre la
multitud que saltaba, bailaba y cantaba ajena al concierto paralelo que tenían ellos dos.

El camino al área de comida fue más rápido. La zona estaba prácticamente despejada, así que
tampoco hubo que hacer fila. Wei Wuxian pidió dos botellas de agua y más golosinas. Le
pasó una botella a Lan Wangji, mientras se pasaba la suya por el cuello para refrescarse. Lan
Wangji la destapó rápidamente antes de que el calor que emanaba sus manos la hiciera entrar
en ebullición.

Se tomó el agua con más prisa que cuando acababa de correr un maratón.

—Wow… sí que tenías sed.

Seguía teniendo sed. Pero el agua no la iba a calmar.

—¿Compro otra?
—Mn.

Así lo hizo Wei Wuxian y ambos regresaron al concierto, al mismo espacio que ocupaban
antes, que misteriosamente esperaba por ellos vacío. Una canción terminó, otra empezó y
Wei Wuxian volvió a hacer eso que hacía cuando una canción le gustaba mucho, cerrando los
ojos, alzando las manos, echando la cabeza hacia atrás como si estuviera experimentando
algo divino, inexplicable. Una especie de éxtasis incomprensible para Lan Wangji.

Sin aviso, Wei Wuxian lo rodeó con sus brazos, arrastrándolo consigo al ritmo de la canción.
Lan Wangji no bailaba, nunca le había encontrado la gracia al baile, a pesar de ser músico y
tener bastante ritmo. Sus pies y sus caderas parecían estar conectados con el espíritu de Wei
Wuxian, porque se dejaron llevar, soltándose con facilidad, convirtiéndose en una marioneta
en manos de ese hombre travieso.

—¡Sabes bailar!

—Aprendo de Wei Ying.

La sonrisa de Wei Wuxian era más brillante que las anteriores. Lan Wangji no entendía como
era posible. Solo lo disfrutaba. Entre pasos torpes y un baile que se asemejaba más a un
abrazo con ritmo, Wei Wuxian cantaba en sus oídos y de vez en cuando chocaban sus labios,
no por mucho tiempo para no perder la noción del tiempo, lo suficiente para saber que
vendrían otros besos y mejores.

Después de esa primera vez era tan fácil. Solo tenían que acercarse, solo tenían que ser. Lan
Wangji sintió por unos segundos que había perdido tanto tiempo, entonces comprendió que
esto pasaba en el momento preciso en que tenía que pasar. Ni antes ni después. El verano
apenas estaba arrancando y ya era memorable para él. Se preguntaba qué otras historias
fascinantes podrían surgir en esta estación.

Todos hablaban de veranos inolvidables. Lan Wangji por fin estaba viviendo el suyo. Y
quería vivirlo al máximo, así que se olvidó del ritmo, de los pasos, de que nunca había
bailado, de que nunca había besado. Para todo había una primera vez y tenía la mejor
compañía para vivirla.

Lan Wangji nunca había llegado a su casa al amanecer. Todo iba tan deprisa que le parecía
estar viviendo un sueño del cual despertaría en cualquier momento. Tenía miedo de escuchar
su alarma, encontrarse solo en su cama, frente a un nuevo día cargado de monotonía. Esa
palabra le sorprendió. Era consciente de que sus días comprendían una lista de tareas
rutinarias, pero nunca le había llamado monótono a ese estilo.

A su lado, Wei Wuxian dormía con la boca abierta. Desde que puso en marcha el auto, toda la
adrenalina se fue de su sistema y la energía derrochada empezó a hacer mellas en su cuerpo.

—Ya no tengo veinte —murmuró antes de caer en un letargo del cual salía de vez en cuando
solo para volver a rendirse. Ni siquiera preguntó hacia dónde iban.
Cuando llegaron a casa de Lan Wangji, este tuvo que llevarlo casi a rastras. Wei Wuxian
balbuceaba palabras ininteligibles y apenas caminaba. Lan Wangji lo sentó en el sofá y trató
de despertarlo.

—Wei Ying…

Wei Wuxian trataba de acomodarse más en el sofá, pero Lan Wangji no iba a permitir que
durmiera allí.

—Wei Ying, tienes que ducharte.

La misión parecía imposible. Aun así, Lan Wangji lo intentó, llevó a Wei Ying hasta el baño,
abrió la ducha y esperó por el agua caliente. Extrañamente, el sonido del agua despertó a Wei
Ying lo suficiente para entender lo que estaba pasando. De todas formas, Lan Wangji no se
descuidó y estuvo pendiente del tiempo que se tomaba en la ducha. Al cabo de unos minutos,
Wei Wuxian salió envuelto en el pijama que Lan Wangji le dejó, uno que ponía en evidencia
la diferencia de estatura entre ambos. Como un zombie, caminó hacia Lan Wangji.

—Dormir -balbucéo casi estrellándose contra su pecho.

Lan Wangji lo llevó hasta su cama, donde lo acomodó y lo dejó arropado. Luego se fue a la
sala, llevando consigo una almohada y una sábana. El sofá era lo suficientemente cómodo
para dormir, aunque nunca lo había probado. Antes de acostarse, se aseguró de sellar bien las
cortinas. Era la primera vez que dormiría de día, no estaba seguro de que pudiera conseguirlo,
pero con el cansancio que tenía ni siquiera le dio tiempo a dar el par de vueltas que daba en la
almohada antes de quedar dormido.

El escenario era muy distinto a la habitación en penumbras en la que solía despertar


confundido. Esta vez estaba en una cueva, sus ropas blancas estaban manchadas de sangre.
Con dificultad pronunciaba un nombre que no lograba recordar bien. Lan Wangji intentaba
acercarse a un hombre, quizá ese a quien llamaba desesperado. Sus pies apenas avanzaban, en
la oscuridad de la cueva todo era confuso. Su corazón latía con fuerza, su mano derecha se
aferraba a su espada como si de esta pudiera extraer la energía necesaria para cumplir su
misión.

—¡Piérdete! —gritó aquel hombre con furia. Su rostro estaba cubierto por su cabello
desaliñado. Lan Wangji ansiaba ver ese rostro… extendía su mano para tocarlo, pero todo se
desvanecía.

—¡Noooo!

Lan Wangji despertó agitado, sin entender por qué estaba durmiendo en el sofá. Casi
enseguida un par de manos lo sujetaban con fuerza.

—Lan Zhan… ¿estás bien?


Wei Wuxian. ¿Qué hacía Wei Wuxian ahí? Ah claro, el concierto. Las imágenes comenzaron
a llegar poco a poco a su cabeza.

—¿Lan Zhan?

Wei Wuxian lo miraba con tanta preocupación que Lan Wangji olvidó pronto el episodio
amargo de su pesadilla y le dedicó una pequeña sonrisa.

—Estoy bien. Solo fue un mal sueño.

Eso no fue suficiente para borrar el rastro de preocupación del rostro de Wei Wuxian. Ahora
le quitaba el sudor de la frente y acomodaba los mechones de su cabello.

—¿También tienes pesadillas?

Lan Wangji no quería hablar de eso. Tampoco quería mentir. Al igual que Wei Wuxian, no
estaba listo para tocar ese tema. ¿Cómo iba a explicarle que tenía sueños recurrentes sobre un
hombre igual a él pero en otra época? Que incluso había buscado siguiendo las escasas pistas
que arrojaban esos sueños sin encontrar nada. Todo era producto de una fantasía descabellada
que inventaba su cerebro para rellenar los baches de su vida.

—Mn. Pero es raro. Ya pasó, tranquilo —Lan Wangji colocó una mano en su mejilla, le
acarició con delicadeza—. ¿Dormiste bien?

—Aishh, no cambies los roles. Se supone que te estoy consolando.

—¿No puede ser mutuo?

Wei Wuxian finalmente sonrió, exhalando y moviendo la cabeza de un lado a otro.

—Ven —dijo Wei Wuxian tomándolo del brazo para pararlo del sofá—. No sé en qué
momento se te ocurrió dormir aquí y dejarme solo en una cama tan grande.

—Eres mi invitado.

Era la excusa más fácil y más sana que podía dar. La verdadera razón era que no garantizaba
comportarse si se acostaba a su lado. Él no tenía experiencia en esa área, pero no era idiota.
Su cuerpo estaba dando señales de alerta desde que vio a Wei Wuxian salir de la ducha con su
pijama puesto. Además, solo habían compartido varios besos… muchos besos en una sola
noche bajo la adrenalina de la música electrónica. Todavía no estaba muy seguro de lo que
continuaba después de eso.

—Soy un invitado muy considerado —Wei Wuxian subió a la cama y dio palmaditas a su
lado para que Lan Wangji se colocara ahí—. No puedo permitir que mi anfitrión duerma
incómodo en un sofá y para colmo tenga pesadillas. Mucho menos después de ser arrastrado
por mí a un concierto de música que no suele escuchar.

—Ya no tengo sueño, Wei Ying.

—Yo tampoco, pero la cama es muy cómoda. Y es sábado. Y estamos trasnochados.


En eso tenía razón. Lan Wangji definitivamente no iba a contradecirlo.
Su nombre

Canción: Pieces Of A Dream - Anastacia

Now I'm lost in restless nights.


Just a whisper of the life that we created.
Shadows falling,
I am calling.

Mientras todos se quejaban del verano, Wei Wuxian lo disfrutaba a plenitud y le daba la
bienvenida con los brazos abiertos. Ese lunes en particular, su rostro brillaba más que todos
los días. No recordaba cuantos “buenos días” y “feliz inicio de semana” había repartido en
los largos pasillos de la planta hasta llegar a su departamento. Antes de iniciar sus análisis
programados, notó a Wen Qing observándolo con los brazos cruzados desde su esquina.

—¿Qué? —le preguntó empezando a sentirse incómodo. La verdad nunca podía saber lo que
estaba pensando esa mujer.

—Luces… distinto.

Wei Wuxian frunció el ceño. Llevaba el mismo tipo de ropa, no se había hecho un corte de
pelo, ni siquiera se había puesto una mascarilla el fin de semana. Quizá se refería a la resaca
post-concierto, cosa que ni siquiera sentía. Ese sueño lo recuperó entre el sábado y el
domingo.

—¿Distinto? ¿En qué sentido?

—Tienes un… brillo inusual.

Wei Wuxian desvió la mirada de inmediato. ¿Cómo diablos se había dado cuenta? ¿Acaso se
notaba? Sí, estaba feliz como nunca. Pero él siempre llegaba de buen humor a la planta y era
simpático con todos y saludaba. ¿Había exagerado hoy?

—Cuidado si te sale humo de la cabeza.

—Hoy estás más creativa de lo normal.

Tomando su bitácora de trabajo, Wei Wuxian fue a preparar el cromatógrafo de gases. Para su
desgracia, Wen Qing lo siguió y se estacionó a su lado.

—¿Cómo te fue en el concierto?

—Muy bien —respondió sin despegar los ojos de la columna que estaba instalando—. Armin
es lo máximo.

—Mmm… ¿y Lan Wangji?


Mierda. Olvidaba que le había comentado a ella que iría con Lan Wangji. A veces odiaba
tener una lengua tan suelta.

—Lan Wangji también se divirtió.

Wen Qing le iba a perforar la piel con la mirada. No tenía que voltear hacia donde ella para
darse cuenta. Cuando su misión era sacar información y confirmar sus hipótesis, nada la
detenía. Wei Wuxian estaba claro de que era su conejillo de indias esa mañana. De esta no
saldría ileso.

—Wen Qing, ¿me buscas otra columna de estas, por favor?

—Claro.

Él respiró aliviado por unos segundos, pero ella era demasiado rápida cuando quería. Regresó
con la columna solicitada y volvió a ocupar la posición que tenía. Wei Wuxian entendió que
este favor lo convertía en deudor cuya única salvación era dar una respuesta.

—Entonces… Lan Wangji…

—¿Qué quieres saber, Wen Qing?

Wen Qing se acercó un poco a Wei Wuxian, mirando sus labios, haciendo que él
retrocediera.

—Ya tengo mi respuesta. Por cierto, muy intenso el Lan Wangji.

Wen Qing se alejó dejando a Wei Wuxian preocupado. Ya no podía enfocarse en su análisis.
Necesitaba un espejo con urgencia.

Lo que más le gustaba de verano era los días largos. Wei Wuxian podía salir del trabajo y
hacer un montón de cosas antes de que cayera el sol. Saliendo aprovechó para ir al
supermercado y hacer una compra como un adulto decente. Ese era su plan para el fin de
semana, pero se lo pasó refugiado en el apartamento de Lan Wangji, del cual, honestamente
no quería salir.

Todavía le costaba creer que en esta nueva realidad él podía besar a Lan Wangji. Y que Lan
Wangji quería besarlo. Este lunes era su primer encuentro con el mundo exterior después de
pasar de viernes a domingo en una burbuja de ensueño. Las preguntas llegaron a su cabeza
por montones, sin pedir permiso, empujando una contra otra, en una batalla campal por
obtener una respuesta.

¿Qué pasaba ahora? ¿Era asunto de un fin de semana? ¿Seguían siendo amigos? ¿Era solo
limitado a cuando estaban solos? ¿Qué tan frecuente era muy frecuente? Wei Wuxian sabía
que él era muy impulsivo. Lan Wangji era más reservado. Pero… después del primero beso,
comprobó que Lan Wangji podía ser tanto o más impulsivo y apasionado que él. De hecho, le
pareció que el sábado después de despertar de esa pesadilla se estuvo conteniendo para no
saltarle encima.
El tema de la pesadilla era otra preocupación que le rondaba. Sí tenía conocimiento de que
Lan Wangji sufría de insomnio y por eso se pasaba el día lleno de ocupaciones. Pero nunca le
había dicho que al igual que él sufría de pesadillas. No se atrevió a seguir con el tema porque
él tampoco había sido muy abierto cuando hablaron sobre las suyas.

Jiang Yanli lo llamó en ese momento.

—Me quedé esperando tu llamada todo el fin de semana.

—Hola, shijie, ¿cómo estás? —respondió Wei Wuxian conteniendo sus ganas de reír—. Yo
también te quiero mucho.

—Empiezas a contarme pero ya.

Con su shijie no habría problemas para rememorar todo lo ocurrido desde el viernes en la
noche. Ya imaginaba que haría la compra del supermercado con Jiang Yanli al otro lado de la
línea suspirando, riendo, pidiendo más detalles. Ella nunca tenía suficiente. A veces sentía
que él y Lan Wangji eran personajes de un drama y su shijie era una shipper empedernida.

En la cola para pagar, recibió un mensaje de Lan Wangji. El primer mensaje en todo el día.

¿Cómo estuvo tu día, Wei Ying?

—Lan Zhan me escribió.

—¿No has hablado con él hoy?

—No.

—¡A-Xian!

—¿Qué? Me pasé el fin de semana en su casa —exclamó sintiendo una frustración hasta
ahora desconocida para él—. No sé si estoy molestando. No hay un manual para estas cosas.

Hubo un largo silencio al otro lado del teléfono.

—¿Shijie?

—¿Cómo que pasaste el fin de semana en su casa?

Wei Wuxian no había llegado a esa parte de la historia. Apenas iba por el final del concierto,
pues el tema del beso se extendió más de lo pensado, entre su dramática forma de narrar los
acontecimientos y las preguntas de Jiang Yanli. Antes de seguir, tomó un momento para
responderle a Lan Wangji.

Todo bien. ¿Y tú? Te puedo llamar en un rato, si quieres. Estoy hablando con mi hermana.

El celular vibró tan rápido que Wei Wuxian casi pega un salto.

Día tranquilo. De acuerdo. Espero tu llamada.


—Espera mi llamada —dijo Wei Wuxian olvidando que tenía a su hermana en suspenso con
una gran pregunta sin responder.

—¿Qué?

—Nada, le respondía el mensaje.

—Ay, te perdimos —Jiang Yanli soltó un largo suspiro.

—Si quieres cuelgo y mejor llamo a Lan Zhan.

—No te atrevas. Continúa.

La compra era muy pesada para regresar en metro, por lo que Wei Wuxian tomó un taxi. El
problema era que en las partes más emocionantes de la historia tenía que contenerse. El
taxista le lanzaba unas miradas extrañas por el retrovisor.

Al llegar a su casa, retomó el curso normal de la historia. Mientras acomodaba la compra, por
fin pudo terminar de contar y finalizar la llamada. Jiang Yanli tenía material para ser feliz por
seis meses, pero daba por hecho que recibiría mensajes suyos interdiario para saber si había
algún avance.

Antes de marcarle a Lan Wangji, Wei Wuxian lo pensó un rato. Le daba trabajo hacerlo. ¿Por
qué? Antes solía marcarle por cualquier pequeñez, sin el menor indicio de vergüenza. Ahora
lo pensaba dos veces. ¿De dónde salía esa timidez?

Wei Wuxian se sentía realmente estúpido. Tantos libros, fórmulas, cálculos no servían para
nada para resolver asuntos tan simples como los relacionados con el corazón. Las materias
más importantes para la vida siempre quedaban fuera del programa.

La conversación se prolongó lo suficiente para que llegara la hora de la cena, terminaran


cenando juntos a través de una videoconferencia, conversando de todo y de nada a la vez.
Wei Wuxian y Lan Wangji siempre encontraban un tema sobre el cual debatir, a pesar de sus
puntos de vistas opuestos en muchos de ellos. Quizá era eso lo que le daba sazón a sus
intercambios. Con dos personalidades tan distintas, encontraban la forma de ubicar un punto
medio y ponerse de acuerdo.

Lan Wangji fue quien terminó la llamada para no alterar el horario de dormir de Wei Wuxian,
quien todavía tenía que ducharse. Él iba a hacer lo mismo y Wei Wuxian casi deja escapar un
comentario un poco subido de tono. Entre él y Lan Wangji la tensión sexual se podía cortar
con una tijera, mucho más después del fin de semana pasado, retirados de la realidad.

Wei Wuxian fue a dormir temprano tal como le prometió a Lan Wangji. Ambos tenían una
especie de obsesión con el tema del sueño y de lograr descansar las horas suficientes en las
noches en que tenían la dicha de conseguirlo. Todavía no podía borrar de su mente la
expresión de Lan Wangji, jadeando en el sofá, despertando tras un grito que casi le arrancó el
alma del cuerpo. Wei Wuxian pensó tantos escenarios, uno más horrible que el otro, mientras
corría de la cama a la habitación, que todavía no entendía de dónde sacó fuerzas para
consolar a Lan Wangji y rescatarlo de su aturdimiento.

Quizá su propia experiencia. Había despertado así tantas veces que perdió la cuenta. Se moría
de curiosidad por saber con qué soñaba Lan Wangji. Pero se preguntaba si estaba listo para
darle a Lan Wangji su propia historia a cambio. Se había pasado la vida buscando algo que no
sabía exactamente qué era… y ahora que tenía a Lan Wangji a su lado se ha olvidado por
completo de esa búsqueda. ¿Acaso lo había encontrado en él? ¿Por qué seguía soñando
entonces?

Recordó una conversación que tuvo con Wen Qing sobre los sueños, uno de esos raros días
en que ella hablaba sin parar, como si necesitara un par de oídos dispuestos a ser testigos de
su verborrea. Con Wen Qing se podía hablar de cualquier tema, por extraño que fuese. De
hecho, ese día se dio cuenta de que ella era bastante ecléctica en muchos sentidos. Tenía una
mente muy abierta para alguien con una formación en ciencias duras.

Wei Wuxian no le dio muchos detalles de sus sueños, lo suficiente para que el tema siguiera y
él pudiera obtener algo de información. Supo entonces que tenía un hermano llamado Wen
Ning que había estudiado psicología y estaba especializado en los sueños, la hipnosis y la
regresión. Wen Qing le habló de vidas pasadas. No era la primera vez que escuchaba del
tema; de hecho, él creía en la reencarnación. Pero era la primera vez que alguien hacía esa
conexión entre sus sueños y posibles vidas pasadas.

¿Era esa la respuesta? Todo seguía siendo muy confuso. Wen Qing también insistía mucho en
Lan Wangji. Ella sabía de él porque era de la promoción de Lan Xichen, así que no era muy
lejana a los Lan. De repente, tenía necesidad de hablar con ella, pero era muy tarde ya. Era
hora de dormir, aunque no sabía si lo lograría.

Curiosamente, pensando en las palabras sueltas de Wen Qing, el sueño lo sorprendió y lo


llevó a tiempos remotos.

En la misma cueva, el hombre de blanco insistía en acercarse. Wei Wuxian no quería ver más
allá. Esa persona era importante para él, pero su cuerpo y su alma estaban tan exhaustos que
eran incapaces de reconocer ese sentimiento. Solo quería terminar con todo. Cerrar los ojos.
Detener la locura. Ese hombre seguía llamándolo con un nombre que nunca llegaba a sus
oídos.

—¡Piérdete!

Lo decía más por ese extraño hombre que por él mismo. Él ya no tenía nada que perder.
Aquel hombre tenía toda una vida por delante. ¿Por qué insistía? ¿Para qué perdía el tiempo?
No tenía nada que buscar allí. No era su mundo.

El hombre se acercó a él más que todas las veces anteriores. Su vestimenta blanca, su piel
reluciente, eran un contraste casi burlón ante la oscuridad que le envolvía. Wei Wuxian
levantó la mirada solo por un segundo, solo para encontrarse un par de ojos dorados que le
volvieron a clavar un enorme puñal en el pecho.
—¡Piérdete, Lan Wangji!

Wei Wuxian abrió los ojos con un gemido que casi lastima su garganta. Se llevó la mano al
pecho para tratar de controlar su corazón que iba a millón. Su mundo estaba patas arriba.
Laberinto
Chapter Notes
See the end of the chapter for notes

Canción: Ghost - Wildes

The memories I kept and stole


Trapped inside my heavy soul
Will they stay in while I grow old
A timeless chamber.

Lan Wangji se frotó los ojos una vez más. Después de un fin de semana perfecto, donde pudo
dormir sin interrupciones -para su sorpresa, pues siempre creyó que no podría compartir su
cama con otra persona- sus pesadillas regresaron con mayor frecuencia e intensidad. Sumado
a eso, los episodios tenían una secuencia caótica que no le permitían extraer datos concretos.
Algunos pasajes los había visto antes, otros eran completamente nuevos pero tan cortos que
no arrojaban luz.

Su mañana estaba libre de clases, aun así decidió llegar temprano al instituto. No quería estar
solo en casa con un montón de imágenes fragmentadas rondando su cabeza. Además, sentía
que el silencio en su apartamento era insoportable desde que su invitado del fin de semana
tuvo que marcharse para regresar a la realidad.

En el enorme pasillo principal, el que había recorrido tantas veces, se detuvo a recordar el día
en que estaba decidido a dejar a Wei Wuxian fuera del examen. Quién diría que…

—Wangji.

Lan Wangji volteó a mirar a Lan Xichen, cuya expresión cambió súbitamente. ¿Estarían tan
marcadas sus ojeras? No recordaba el aspecto de su rostro antes de salir.

—Primo… ¿tienes unos minutos?

Lan Xichen asintió sin pensarlo. Minutos era lo que menos tenía, pero para él siempre
encontraba un espacio en su agenda. Una vez en la oficina de Lan Xichen, éste le indicó a su
asistente que no le pasara llamadas y cerró la puerta.

—Te escucho.

Lan Wangji respiró profundo y tomó asiento. Hablar con su primo nunca había sido difícil
para él, con la excepción de muy pocos temas, entre los cuales figuraba el que estaba a punto
de tratar.

—¿Recuerdas cuando te pregunté sobre los libros ocultos?


Más que una pregunta, era una introducción. Por supuesto que Lan Xichen recordaba. Si
alguien tenía una memoria tan buena que resultaba problemática era su primo. En ese
entonces, Lan Wangji no obtuvo más respuesta que lo que ya sabía. Los libros ocultos de los
Lan estaban tan bien guardados que para muchos eran una especie de leyenda que quizá
surgió del imaginario colectivo y el morbo que despertaba la vida tan hermética de esa
familia.

Contrario al resto de las familias que conformaban el selecto club de descendientes de lo que
en una época remota se conoció como los cinco grandes clanes, la familia Lan compartía muy
poco de su historia. Más se sabía de ella en los libros dedicados a otras familias que en los
pocos escritos sobre la suya. Lo único que parecía ser de dominio público era la absurda lista
de reglas que parecía crecer año tras año, aunque por suerte estas reglas ya no se aplicaban a
los estudiantes del instituto.

Los rumores sobre los libros ocultos empezaron a rondar cuando Las Profundidades de las
Nubes abrió sus puertas al público como una especie de museo. El resto de las familias había
hecho lo mismo con sus antiguas residencias y, ante la presión social, la familia Lan tuvo que
ceder. En uno de los salones figuraba un enorme árbol genealógico con los miembros más
destacados del clan. Sin embargo, tras la visita de un descendiente de los Jin, comenzaron los
rumores de que el árbol genealógico de los Lan no estaba completo, incluso que habían
borrado a uno de sus cultivadores más prominentes.

Lan Wangji no supo nada de esto hasta bien entrada su adolescencia, cuando a sus oídos
llegaban los cuentos que circulaban entre sus compañeros de secundaria. En ese entonces,
abrumado por las pesadillas y por todas las obligaciones para con su familia, hacía caso
omiso a los comentarios. Además, era una regla de los Lan no prestar atención a los chismes.

La respuesta de Lan Xichen fue una leve inclinación de la cabeza. Su silencio no hacía que la
situación fuera menos incómoda para Lan Wangji, pero él entendía que era su forma de
invitarle a abundar sobre el tema. Por loco que pudiera parecerle, sentía que su primo había
estado esperando este momento por años.

—Esa vez me dijiste que no debía prestar atención a esos rumores. Esta vez… quisiera saber
si tu respuesta sigue siendo la misma.

—Antes de responder —dijo Lan Xichen sentándose sobre el borde de su escritorio, luciendo
muy poco como un Lan—, quiero saber el porqué de tu pregunta.

—Eso ya lo sabes.

—En quince años pudo haber cambiado, ¿no crees?

Lan Wangji se mordió el labio. Empezaba a parecerle una mala idea esta reunión improvisada
que temía que se convirtiera en otra sesión de terapia.

—Si no quieres decirme…

—No es que no quiera decirte —le interrumpió Lan Xichen casi resoplando—. Wangji… tan
solo estoy preocupado por ti.
Eso era justo lo que él no quería escuchar. Que los otros se preocuparan por él era una carga
pesada que evitaba llevar. Suficiente tenía con las expectativas no cumplidas. Cuando estaba
a punto de hablar, Lan Xichen levantó una mano.

—No me digas que no me preocupe porque no cambiará nada. Eres como un hermano para
mí y recuerdo muy bien por qué te atreviste a mencionar esos libros y todo lo que sufriste
aquella vez. ¿Entiendes que es lógico que me sienta así?

Lan Wangji asintió en silencio. No podía refutar la verdad, así que sus palabras sobraban. Lan
Xichen se levantó y abrió una de sus gavetas. Luego volvió al lado de Lan Wangji y colocó
una tarjeta en sus manos.

—Esta es tu tarjeta de acceso a la cámara prohibida. Está en el sótano.

La expresión de Lan Wangji le arrancó una sonrisa a Lan Xichen.

—No me mires así. Tengo años esperando para entregártela, pero nunca has solicitado
acceso.

—¿Algún otro secreto familiar que deba saber?

La risa de Lan Xichen hizo eco en la oficina. Pretendiendo reflexionar sobre el asunto
permaneció unos segundos con la mirada perdida antes de responder.

—Creo que no.

Lan Wangji se levantó sin dejar de mirar la tarjeta que tenía en sus manos. No era el
escenario que había imaginado en su cabeza cuando se instaló la idea de volverle a preguntar
a Lan Xichen sobre los misteriosos libros. Ahora sentía un frío incómodo en el pecho, como
si de repente saltara al vacío.

—No sé si lo que busques esté ahí —agregó Lan Xichen resignado a no escuchar nada más
de Lan Wangji—, pero espero que sirva de algo.

—Gracias —expresó Lan Wangi sintiendo el extraño impulso de abrazar a su primo. Impulso
que terminó controlando porque él no era propenso a tocar a las demás personas.

Todavía faltaba algo de tiempo para su primera clase, pero Lan Wangji no tenía planes de ir a
la biblioteca enseguida. Cuando se internara en ella, necesitaba tener muchas horas
disponibles para todo lo que pudiera encontrar. En la bifurcación del pasillo que dividía las
rutas hacia química e informática, recordó que Wei Wuxian no daría clases en verano.
Tampoco había hablado con él. Amaneció tan aturdido que apenas se daba cuenta de que no
había recibido la dosis de memes que a esta hora del día tenía su celular.

Sin pensarlo, le escribió un mensaje, aunque su deseo era llamarlo, pero no lo consideraba
prudente mientras estuviera trabajando.

¿Estás bien? Me quedé esperando el meme del desayuno.


La respuesta no llegó enseguida. No sabía si era la ansiedad causada por no saber de él o si
realmente estaba en medio de algún análisis, pero le pareció que el tiempo que transcurrió
hasta sentir su celular vibrar fue eterno.

Bien. Bien. Mucho trabajo. ¿Y tú?

Lan Wangji revisó el número para confirmar que no le había enviado el mensaje a otra
persona. Él no era la persona más indicada para hablar de emociones ajenas, tampoco era
experto en chats ni todo lo que fuera comunicación virtual, pero no podía sacar de su cabeza
que algo estaba pasando con Wei Wuxian.

Estoy bien… rumbo a preparar mis clases. ¿Seguro que estás bien? Llámame cuando puedas.

Par de minutos después llegó un “¡Sí!” que no lo tranquilizó mucho. Quizá era solo su mente
volviendo a crear escenarios inoportunos y Wei Wuxian realmente estaba muy ocupado. Pero
ese sabor amargo en su garganta no se disipaba.

Lan Wangji terminó sus clases y la llamada de Wei Wuxian nunca llegó. El nudo que antes
tenía en su garganta ahora era una bola gigante que por momentos amenazaba con cortarle la
respiración. Le tranquilizaría saber que lo vería al día siguiente cuando Wei Wuxian viniera a
sus clases, pero en estos días eso no iba a suceder.

Wei Wuxian casi siempre iniciaba sus interacciones. Ahora no tenía idea de cómo proceder,
ni del tiempo que debía esperar. Todos tenían sus altas y bajas, aunque nunca había visto a
Wei Wuxian tener realmente un mal momento. Quizá necesitaba un tiempo a solas. Él
entendía eso mejor que nadie porque casi todo el tiempo la soledad era su estado ideal… pero
Wei Wuxian le hizo conocer la compañía y ahora lo dejaba varado en terreno desconocido.

Al igual que él, Wei Wuxian era un adicto al trabajo, pero eso no le impedía enviarle
mensajes a Lan Wangji a cada rato. A veces se preguntaba cómo lograba mantener su
atención en lo que hacía y en un montón de cosas más a la vez sin cometer errores. Era como
si su cerebro solo pudiera operar en modalidad multitarea.

Lan Wangji miró el reloj una vez más. Las horas parecían no avanzar. En otros tiempos, el
verano era su gran oportunidad para programar sus próximos semestres sin interrupciones ni
distracciones. En menos de un año, todo eso había cambiado.

—Señor Lan… Señor Lan…

Lan Wangji se sobresaltó un poco al escuchar su nombre. Seguía de pie en medio del pasillo
que llevaba hacia el comedor. Por la expresión del señor de seguridad, parecía que había
estado allí por un tiempo más largo del que se consideraba normal.

—¿Solo quedo yo?

—Sí.
Los planes de biblioteca se fueron a pique en ese momento. Su curiosidad no estaba por
encima de su consideración hacia el personal de seguridad. No le iban a reclamar si decidía
quedarse hasta altas horas de la noche, pero no iba a hacerles trabajar extra. Además, era un
desperdicio de energía tener tantas luces encendidas solo para él.

Después de recoger sus cosas, Lan Wangji salió del instituto y subió a su auto sin tener un
rumbo definido. En medio de horrible tráfico, tuvo tiempo de sobra para reflexionar sobre su
poca interacción con la ciudad que lo vio nacer. Conocía todo porque entendía que era un
deber, pero en realidad su vida transcurría entre paredes. El sonido de la bocina del vehículo
que iba detrás suyo lo regresó de vuelta a la avenida. En ese momento cayó en cuenta de que
estaba haciendo la ruta hacia el apartamento de Wei Wuxian. Estando tan distraído, decidió
que lo mejor era llegar a casa cuanto antes.

Una sesión de meditación y una taza de té después, Lan Wangji se metió a la cama. Creía que
tendría que leer un poco antes de intentar dormir, pero ambas cosas colaboraron con su
cansancio para lograr que sus ojos empezaran a cerrarse. Antes de dejar el celular en su mesa
de noche, escribió otro mensaje sin esperar nada a cambio.

Buenas noches. Espero que duermas bien.

Enseguida lo puso en modo silencioso y lo dejó sobre la mesa, junto a la libreta en la que
anotaba todos los detalles de sus sueños más recientes. Esa noche no iba a desear lo
imposible. Si soñaba bien, si no también. Si recordaba algo, lo anotaría, si no, ya habría otra
ocasión. Quizá la visita a la biblioteca era lo que necesitaba para encajar las piezas. Mejor
dejar de pensar en eso. Estaba tan preocupado por Wei Wuxian que lo demás pasaba a
segundo plano. Quizá el karma le estaba dando una cucharada de su propia medicina, por
todas las veces que había dejado a Lan Xichen con nada más que silencio. ¿Sentiría su primo
la misma frustración e impotencia que estaba sintiendo en este momento?

El karma… él nunca hablaba del karma. ¿Sería Wei Wuxian el suyo?

Chapter End Notes

Estoy haciendo unos reajustes porque la historia ya está entrando en su fase final. No
actualizaré doble hoy, pero mañana prometo subir el segundo de la semana y
probablemente uno adicional. Gracias por su paciencia :)
Caos

Canción: How To Fight Loneliness - Wilco

How to fight loneliness


Smile all the time
Shine you teeth till meaningless
Sharpen them with lies

Wei Wuxian estaba haciendo de nuevo lo que prometió dejar de hacer cuando se fue de
Yunmeng: huir. Aunque cambiar de ciudad también fuera parte de su manía de salir
corriendo. Esta vez no podía comprar un boleto hacia rumbo incierto y desaparecer dos o tres
meses; tampoco podía irse al parque a correr horas muertas hasta que sus pies le pidieran que
se detuviera. Solo podía poner su celular en silencio y recurrir al método más adecuado para
adultos funcionales: trabajar sin parar.

Contrario a cuando estaba en el instituto, en la planta casi nunca llevaba los auriculares
puestos, pero Wei Wuxian decidió aislarse del mundo con una de sus listas de reproducción
de emergencia, esas cargadas de sesiones eternas de música electrónica, sin sorpresas ni
contratiempos… solo beats que lo inducían a un estado de trance más profundo, pero que le
permitía realizar sus análisis con normalidad. Wen Qing ya le había dedicado unas cuantas
miradas sospechosas; él no estaba de humor para dar explicaciones.

En días normales, el trabajo que estaba haciendo le arrancaría más de una queja, sin embargo,
en este estado de ánimo era más que bienvenido. Cuando su vida decidía complicarse, los
experimentos complejos eran sus mejores aliados. Esas rutinas tediosas hacían sus días
pesados más llevaderos porque consumían tanto su energía como su tiempo; ya no podía
pensar en otras cosas. En apenas dos horas de jornada, su bitácora llevaba unas cuantas
páginas llenas de anotaciones. A ese ritmo, iba a necesitar una nueva al final del día.

La hora del almuerzo llegó y se fue. Wei Wuxian seguía entre su estación de trabajo y la
campana de gases. La voz de Wen Qing sonaba lejana con una pregunta que no llegó a
entender del todo. Dedujo que iba a alguna reunión y solo hizo un gesto con el pulgar, para
seguir atendiendo la reacción que recién iniciaba. En un momento en que necesitaba calcular
algo y a su calculadora se le ocurrió desaparecer, tomó el celular para hacerlo.

Error. La pantalla estaba llena de notificaciones de los mensajes de Lan Wangji.

En días pasados le mortificaba la idea de no tener que asistir al instituto durante el verano. El
departamento de química solo impartía algunos cursos introductorios y él no se había inscrito
en ninguno para dedicarse de lleno a su trabajo en la planta. En este momento creía que no
había podido ocurrir algo mejor que eso. Al sentir que sus pensamientos se estaban
descarriando, se dio un leve golpe en la mejilla y volvió en enfocarse.
Así pasaron más horas. Todo iba acorde a su plan hasta que tomó su termo de café y casi
poniendo un pie en el pasillo una mano lo sujetó fuertemente de la muñeca.

—Wei Wuxian —le sermoneó Wen Qing al tiempo que le quitaba uno de los auriculares. Wei
Wuxian se asustó tanto que solo atinó a retroceder un poco. Su cuerpo era un mar de cafeína
incapaz de hilvanar una respuesta coherente—. ¿Qué está pasando?

Él hizo un gesto interrogante acompañado de un intento de sonrisa. Entonces percibió el


temblor de sus manos y quiso esconderlas detrás de su espalda, pero Wen Qing fue más
rápida.

—No más café —dijo arrebatándole el termo y llevando a Wei Wuxian hasta su silla.

Wei Wuxian no sabía si ella era muy fuerte o si a él no le quedaban fuerzas. Lo llevaba como
cometa al compás del viento.

—¿Cuántos días tienes sin dormir? —Wen Qing podía ser aterradora cuando se enojaba, pero
Wei Wuxian no tenía deseos ni energía para enfrentarla. Le importaba poco que gritara todo
lo que quisiera—. Si no respondes iremos a recursos humanos.

—Estoy ocupado, Wen Qing —respondió apelando a otra sonrisa falsa que terminó más bien
en una mueca—. ¿No tienes nada que hacer? ¿Te dejé sin trabajo?

—Antes eras todo sonrisas y hoy mírate. ¿Qué pasó? ¿Es Lan Wangji?

Wei Wuxian trató de ser inmune ante ese nombre, pero su cara lo traicionó. Lo supo en el
momento en que Wen Qing soltó un suspiro que caló en sus huesos y le hizo darse de bruces
con su realidad. ¿Por qué seguía repitiendo los mismos errores?

El problema era que no sabía cómo explicar que Lan Wangji no era el problema, pero sí parte
del mismo. O más bien, que el problema era él mismo, pero Lan Wangji era una especie de
catalizador. De verdad necesitaba tomar agua y aclarar sus ideas. Mientras estaba ocupado
saltando de un experimento a otro, no lo sentía, pero en total reposo los efectos de la cafeína
empezaban a golpearlo sin piedad. Su corazón iba tan rápido como sus pensamientos.

—¿Podemos salir un rato? —dijo casi en un susurro. Hasta su voz desconocía.

Wen Qing asintió en silencio y le hizo un gesto para que caminaran. Antes de salir al área
verde donde había un pequeño parque, Wen Qing compró dos botellas de agua. Le pasó una a
Wei Wuxian.

—No dejes ni una gota.

Wei Wuxian obedeció sin objeción. En realidad no necesitaba mucho esfuerzo. En todo el día
solo había tomado café y su cuerpo pedía a gritos algo más. Al terminar esa botella, Wen
Qing le pasó la otra.

—¿No tienes hambre? —preguntó Wen Qing dejando de lado totalmente su tono autoritario.
Parecía haber adoptado la personalidad de hermana mayor. Wei Wuxian no tenía muy claro si
esta nueva faceta de ella lo intimidaba más que la que estaba acostumbrado a ver.
Wei Wuxian negó con la cabeza. Por raro que pareciera, era cierto. Él siempre tenía hambre,
excepto cuando estaba realmente nervioso o alterado.

—Escúchame bien porque no voy a hablar dos veces. No me pagan para esto y el tiempo es
oro.

Ok. La Wen Qing que Wei Wuxian conocía estaba de vuelta. Poco a poco, la tensión fue
abandonando sus hombros y el verde que les rodeaba empezó a cobrar vida.

—Vas a llegar a tu casa, te vas a duchar, vas a pedir una buena cena… no de esas porquerías
instantáneas que crees que alimentan. Me vas a llamar en ese momento, porque necesito la
evidencia.

-¡Qué…

-Shh… —Wen Qing levantó un dedo—. No he terminado y no quiero interrupciones.


Después de cenar, vas a llamar a Lan Wangji. No me importa qué le vas a decir, pero al
menos déjale saber que estás vivo —Wen Qing se detuvo un rato, como si organizara sus
ideas antes de continuar. Wei Wuxian no se atrevía ni a respirar—. No. Primero vas a enviarle
mensaje y cuando te responda, me mandas captura.

—¿Por qué mejor no pones una cámara en mi apartamento?

—Buena idea, pero ahora no tengo tiempo para eso. Wei Wuxian, no me distraigas, no he
terminado. Si no haces caso, voy a hacer que tu hermana tome el primer tren de mañana.

Wei Wuxian abrió los ojos como platos.

—¿Cómo sabes…

—Yo sé muchas cosas, Wei Wuxian. Así que te comportas como el adulto que eres, pones a
funcionar esa cabezota que tienes y dejas de ahogarte en un vaso de agua.

La mirada de Wei Wuxian se fijó en sus manos. El temblor había cedido un poco y de repente
sus uñas le parecían muy interesantes. Wen Qing tenía la razón, pero no le podía decir eso
porque inflaría aun más su ego.

—Ok. Hora de regresar —Wen Qing se puso de pie y caminó hacia el edificio. Entonces se
detuvo de forma tan abrupta que Wei Wuxian casi chocó con ella—. ¿Por qué me estás
siguiendo?

Wei Wuxian se golpeteó la nariz. Esta mujer… de verdad era necesario que trajera un
manual.

—Mis cosas… están arriba.

—Mmm… ok. Tienes un minuto para recoger tus cosas.

*
El metro estaba casi vacío. Era raro para Wei Wuxian estar rumbo a casa un día de semana
antes de la hora pico. Pero las amenazas de Wen Qing eran para tomarse en serio. No quería
que Jiang Yanli se enterara de que estaba atravesando otra crisis existencial.

Antes de llegar a su apartamento, se paró a comprar algunas cosas. Para que Wen Qing
llevara sus anotaciones, le mandó foto de sus compras con un mensaje.

Voy a cocinar. Esto se considera saludable, ¿no?

Wei Wuxian abría la puerta del apartamento cuando llegó la respuesta.

La idea no es que te intoxiques.

Wei Wuxian viró los ojos y la ignoró. Ya que tenía claro lo que iba a preparar, lavó sus manos
y comenzó a preparar los ingredientes. Los reportes a Wen Qing podían esperar.

Cuando puso la salsa al fuego, la cocina se impregnó del olor del orfanato esos días en que su
shijie se metía a la cocina a preparar la cena para todos. Él la acompañaba a picar
ingredientes, o a limpiar los utensilios que ella iba empleando; algunas veces, en una pequeña
libreta que llevaba consigo, anotaba las cantidades y la forma en que mezclaba o agregaba los
ingredientes para luego replicarlo. Sus intentos por lo general no eran igual de exitosos, de
todas formas le salvaron muchas veces cuando se mudó solo.

Nunca llegaría a cocinar como ella, pero tan solo seguir su receta era una gran satisfacción.
Le hubiera gustado que una foto pudiera capturar los olores y las emociones que evocaba el
plato que preparaba. Sin pensarlo, tomó una foto y se le envió a Lan Wangji.

El celular vibró en pocos segundos.

¿Siguiendo los consejos de tu shijie?

Wei Wuxian casi olvidó toda la mierda que había sentido desde que despertó de aquel sueño.
Este hombre era perfecto. Le mandaba una simple foto y recibía una respuesta que describía
justo lo que estaba viviendo. Ni siquiera recordaba haberle hablado a Lan Wangji de sus
tantas conversaciones con su shijie en torno a la comida y su capacidad para curar todo.

Tenía que marcarle, aunque no supiera qué decir.

—Lan Zhan…

—Wei Ying.

¿Por qué era tan difícil esto?

—Te debo una disculpa, Lan Zhan.

Tanto que hablaba y este día no encontraba la manera de que las palabras salieran. Tenía que
empujarlas.

—¿Estás bien?
—Mmm…

—Entonces todo está bien.

Ahh… Lan Wangji lo complicaba todo. Las cosas no estaban bien, pero Lan Wangji hacía
que fuera fácil dejar lo negativo de lado y seguir como si nada. No, no era el plan. Eso era
seguir huyendo.

—No, Lan Zhan. No todo está bien. No debí desaparecer así.

—Necesitabas tu tiempo.

—Lan Zhaaan…

Del otro de la línea se hizo el silencio y Wei Wuxian aprovechó la oportunidad para
disculparse y explicarle a Lan Wangji lo que estaba haciendo. Estuvo tentado a activar la
opción de videollamada porque quería ver la expresión de Lan Wangji a medida que lo
escuchaba, pero no quería dejarse ser. Debía lucir fatal… por eso tampoco se atrevía a
insinuar una invitación. Lan Wangji no se autoinvitaría ni tomaría la iniciativa, por ese lado
estaba tranquilo. Cuando hablara con Wen Qing más tarde le pediría algún consejo para lucir
más decente mañana.

Su comida estaba lista. Hora de terminar la llamada. Lan Wangji, como siempre con su radar
inexplicable, se adelantó a despedirse.

—Mañana voy por ti al trabajo. Buen provecho.

—Gracias, Lan Zhan.

Wei Wuxian no pudo decir más nada, entre la sorpresa y el hecho de que Lan Wangji colgó
enseguida. Mejor se concentraba en su cena antes de que se enfriara. Ya sabía qué hacer
luego de mandarle su reporte a Wen Qing: una buena ducha con concierto incluido; luego
pondría la película más larga y aburrida que encontrara. Se llevaría su almohada al sofá. Esa
noche debía dormir y dormir bien.

Los fideos le quedaron tan ricos que guardaría un poco para su almuerzo de mañana. Tomó
otra foto y le escribió un mensaje a su shijie. Merecía saber que se estaba alimentando bien
gracias a ella -y a la orden de Wen Qing, pero no tenía que compartir tantos detalles.

Te voy a preparar estos cuando te vuelva a ver. ¡Ya me gradué! XD

Jiang Yanli le mandó un meme con cara de sorpresa. Uno de esos tantos que Wei Wuxian
compartía con ella un día cualquiera. Una extraña emoción lo invadió, tanto que sus ojos se
aguaron y tuvo que dejar de comer unos segundos para respirar profundo.

Las palabras que Wen Qing le dijo antes de que saliera de la planta volvieron a resonar en su
cabeza:

“Tienes personas maravillosas que te quieren y que están ahí para ti en las buenas y en las
malas. Te lo mereces y es hora de que te lo creas”.
Entrega
Chapter Notes

Estoy de buen humor... así que va el capítulo extra para hoy.

Canción: Islands - The XX

I am yours now
So now I don't ever have to leave
I've been found out
So now I'll never explore

Una voz femenina sacó a Lan Wangji de su letargo.

—Tiempo sin vernos, Lan Wangji.

Lan Wangji volteó para encontrarse con una Wen Qing mucho más adulta que la que
recordaba. Sus facciones habían cambiado muy poco, excepto por algunas líneas alrededor de
sus ojos y en su frente.

—Wen Qing. ¿Cómo está?

—Ah, tan formal como siempre —ella se acercó y extendió su mano. Lan Wangji le
correspondió el saludo con un breve apretón—. ¿Vienes por Wei Wuxian?

—Mn.

Cierto. Ahora recordaba que Wei Wuxian le había mencionado que su compañera de
departamento era una química de nombre Wen Qing. Por alguna extraña razón y a pesar de
que no era un nombre muy común, su cerebro no asoció ese nombre con esta Wen Qing.

—¿Cómo está su hermano?

—Muy bien. Hace unos días preguntó por ti. Le hablaba de Wei Wuxian y de que ustedes son
muy buenos amigos.

Como si fuera invocado, Wei Wuxian caminaba hacia ellos en ese momento. Lan Wangji notó
la expresión de curiosidad en su rostro al verlo conversar con Wen Qing y no pudo evitar
sentir cierta tensión.

—Aiya.. ¿qué tenemos por aquí? Las dos personas más sociables que conozco.
Lan Wangji lo miró con su cara de póquer. No sabía cómo saludarlo, aunque sentía unas
ganas enormes de abrazarlo y plantarle un beso ahí delante de todos. Wen Qing los miraba
bastante divertida.

—Eres tan… —comentó Wen Qing sin poder encontrar un adjetivo que hiciera honor a lo
que quería expresar.

—¿Maravilloso? Lo sé, gracias —Wei Wuxian se expresaba con su chispa habitual, como si
el día anterior no hubiera existido—. ¿Y ustedes de dónde se conocen?

Lan Wangji quería responder esa pregunta para evitar que ciertos detalles salieran a flote,
pero Wen Qing fue más rápida. Seguía siendo la misma de antes.

—Ah… Wei Wuxian. ¿Tienes problemas de memoria? Recuerda que te comenté que mi
hermano y yo estudiamos con Lan Xichen.

—¡Cierto! —Wei Wuxian se llevó una mano a la frente.

—Dormir mal te está pasando factura.

Wei Wuxian le dedicó una mala mirada a Wen Qing. Lan Wangji notó el gesto. Eso y el
comentario de Wen Qing reactivaron su alerta.

—No le hagas caso, Lan Zhan. Wen Qing siempre anda inventando cosas.

Wen Qing se limitó a dedicarles una de sus sonrisas misteriosas.

—Mejor me voy. No quiero que me culpen de cosas en las que no tengo nada que ver. Me
saludas a tu hermano, Lan Wangji.

—Mn.

Wen Qing se alejó de ellos dejando atrás un silencio incómodo. Después del concierto
pasaron tantas cosas, todas ellas de matices tan distintos que parecía que había transcurrido
más tiempo y solo fue un par de días. El Wei Wuxian que vio la última vez cuando se
despidieron en la puerta de su apartamento no era el mismo que tenía enfrente esa tarde.
Aunque hiciera su mayor esfuerzo, sus ojos no tenían la misma luz.

—¿Volviste a tener pesadillas?

La expresión de Wei Wuxian le dio una respuesta antes que sus palabras. De todas formas, no
esperaba que él lo admitiera abiertamente.

—Sí —respondió Wei Wuxian contra todo pronóstico.

—¿Por qué no me dijiste?

—No quería preocuparte, Lan Zhan. Además, todavía no me recupero del susto que me diste
ese día.
Lan Wangji se mordió los labios. De verdad no podía exigirle a Wei Wuxian que compartiera
con él su carga cuando él mismo no lo hacía. Dos tercos con mucho equipaje se habían
encontrado y ahora tenían que hacer frente a esa realidad.

—Cuando quieras hablamos de eso.

Wei Wuxian sonrió y se acercó a él. Lan Wangji pensó que iba a besarlo, tal como él quería
hacerlo desde que lo vio. Wei Wuxian solo le acomodó un mechón de cabello y le tocó la
punta de la nariz, como si fuera un niño travieso atreviéndose a dar un gran paso.

—Estás muy serio, Lan Zhan.

—Siempre lo estoy —respondió tratando de relajarse un poco.

—Vamos a hacer que Lan Zhan sonría —Wei Wuxian se colgó de su brazo—. ¿Cuáles son
los planes de mi profesor favorito?

Lan Wangji mentiría si dijera que le costaba no sonrojarse ante esos comentarios tan francos
de Wei Wuxian. Los halagos hacia su persona no eran algo nuevo, pero ahora se sentía
doblemente especial. Lan Wangji todavía seguía teniendo dudas sobre su manera de proceder.
En Wei Wuxian percibía lo mismo, pero él era más libre, se permitía ser y sentir sin reservas,
por eso se le hacía más sencillo, o al menos eso parecía.

—Te voy a llevar a una heladería que conocí en año nuevo.

—Ohh… ese me parece buen plan.

Rumbo al estacionamiento, con un atardecer que prometía traer de vuelta los colores del fin
de semana pasado, Lan Wangji se olvidó de los temas serios pendientes. Podía regalarse estas
horas, ofrecerse como veleta empujada por un huracán llamado Wei Wuxian. Le costó
admitirse a sí mismo que dejarse llevar por él le gustaba demasiado. Por eso le daba miedo a
la vez.

¿Hasta dónde podía llegar si se dejaba llevar y ser uno con el aire? ¿Cómo sería la vida sin
los grilletes que por tanto tiempo había llevado puestos? ¿En quién se convertiría?

—Deja de pensar tanto —le dijo Wei Wuxian mientras esperaban que el semáforo cambiara a
verde.

Lan Wangji no se había dado cuenta del tiempo que llevaba en silencio. De que había perdido
el hilo del monólogo que tenía Wei Wuxian desde que subieron al auto.

—¿Te pasa algo? ¿Wen Qing dijo algo raro? Ella siempre sale con teorías extrañas. Aunque si
la conoces de antes, seguro ya lo sabes.

—No he compartido mucho con ella —respondió Lan Wangji poniendo el auto en marcha de
nuevo.

Más le preocupaba lo que Wen Qing le haya dicho a Wei Wuxian en una de sus
conversaciones casuales durante el trabajo. Aunque hasta ahora no parecía haber soltado nada
serio. De todas formas, sería muy poco ético de su parte y ella se caracterizaba por ser muy
profesional.

—Ella es muy… ella. Espero que su hermano sea más simpático.

—Wen Ning es muy distinto.

—¿Lo conoces?

Lan Wangji apretó el volante inconscientemente. Se le estaba haciendo difícil continuar con
el tema.

—Claro, que idiota soy. Estudió con tu primo.

—No eres idiota.

—Es una simple expresión —aclaró Wei Wuxian riendo.

La heladería ya podía verse. Por suerte, había lugar disponible para estacionar en la misma
calle. Wei Wuxian bajó del auto con la alegría de un niño. Lan Wangji lo siguió de cerca,
queriendo contagiarse de esa alegría. Wei Wuxian tuvo razón al decir que estaba muy serio.
Encontrarse con Wen Qing removió recuerdos en él que ya de por sí estaban agitados a causa
de sus sueños.

—Lan Zhan… ¡estos sabores son increíbles!

—Mn. Te traje por uno en particular.

Lan Wangji se sentó a su lado y señaló directamente el sabor que llamó su atención el día que
vino con Lan Xichen. En ese entonces, ni siquiera pensaba que realmente pudiera traer a Wei
Wuxian.

Wei Wuxian vio el sabor que señalaba Lan Wangji, volteó a mirarlo con gran sorpresa y se
acercó a él para darle un rápido beso en la comisura de los labios.

—Quiero besarte justo aquí —le susurró colocando un dedo sobre sus labios—. Pero me
temo que soy un hombre de muy poco autocontrol.

—Después del helado me puedes besar todo lo que quieras.

Wei Wuxian se cubrió la cara con las manos apenas escuchó esas palabras.

—Lan Zhan… ¡avísame!

Lan Wangji sintió como una vibración extraña recorría todo su cuerpo. No podía parar, solo
entregarse a ella. Cuando se dio cuenta de que estaba siendo dominado por una risa
incontrolable, solo reía más y más. La cara de Wei Wuxian no lo ayudaba en absoluto.
Cuando por fin paró, con una mano en el pecho y la otra secando sus lágrimas, miraba de un
lado a otro en busca de las reacciones de las personas que estaban allí. ¿Se había reído muy
alto? ¿Creerían que estaba loco? ¿De dónde vino esa risa?
—Lan Zhan… eso es lo más hermoso que he visto en mucho tiempo.

Esas palabras tomaron a Lan Wangji por sorpresa, como una gran ola que golpeaba justo
cuando se le daba la espalda al mar. Era tan sincero que Lan Wangji tuvo que tomar aire
como si estuviera en una sesión de yoga. Enfocarse para no dejarse abrumar, para no pasar de
la risa al llanto en cuestión de segundos. No entendía qué estaba pasando con sus emociones.
De repente, todas querían salir a flote sin control.

—Tú… también deberías avisarme —respondió Lan Wangji con la voz quebrada.

Wei Wuxian posó los ojos en el helado de violetas de Lan Wangji, notando que empezaba a
derretirse.

—¿Está bueno?

—Mn. Es de mis favoritos. ¿Y el tuyo?

—Está delicioso. Te daría a probar un poco, pero no creo que el picante te vaya muy bien.

Wei Wuxian tomó la cuchara de Lan Wangji y se robó un poco de su helado. Cerró los ojos y
se quedó un momento saboreando, analizando, intentando descifrar qué era lo que pasaba por
su paladar.

—Es como si… me comiera el perfume.

—Algo así —dijo Lan Wangji asintiendo. Fue exactamente lo que pensó la primera vez que
probó ese helado.

—A veces hueles a violetas. Otras a sándalo… Pero normalmente es una mezcla de ambos.
No me había dado cuenta hasta ahora.

Lan Wangji era muy atento a los detalles de su persona, pero nunca se había preguntado a qué
olía. Tampoco se lo había dicho nadie. Recibir una información tan personal de otra persona
era surrealista y a la vez muy cálido. ¿A eso llamaban intimidad?

Antes de que se derritiera, Lan Wangji se terminó su helado, sin desviar los ojos de Wei
Wuxian y todos los movimientos que involucraban su persona. Capturar detalles en él era un
reto. Estaba demasiado vivo… su risa, su voz, sus gestos, cada uno parecía tener vida propia
y llevar su propio ritmo, creando un torbellino imposible de resistir.

—No me gusta comer helado en verano —dijo Lan Wangji.

—Se derrite muy pronto, ¿verdad?

—Mn.

—A mí me gusta esa adrenalina. Sobre todo cuando es un cono.

Lan Wangji lo imaginó enseguida y desvió la mirada. Ya no podía distinguir las bromas que
Wei Wuxian hacía a propósito de los comentarios sin intención alguna. No sabía si Wei
Wuxian era muy descarado o si él estaba al borde de su límite. La silla empezaba a sentirse
muy pequeña y el aire de la heladería caliente.

—¿Podemos salir?

—¡Claro! Ya terminé.

Caminar. Respirar aire fresco. Hacer que la sangre circulara por su cuerpo. Fijar su atención
en otras cosas que no fuera Wei Wuxian. No era que no disfrutara esa agradable vista. Era
que la estaba disfrutando demasiado. ¿Esto era normal? Nunca deseó tener un hermano para
hablar ciertas cosas, para él toda la información estaba en los libros. Pero ahora no creía que
eso fuera cierto. Un libro no sería capaz de aclararle un poco este panorama nuboso.

—No conozco esta calle —comentó Wei Wuxian girando la cabeza hacia un lado y hacia
otro, asumiendo el rol de turista.

—Tienes menos de un año aquí. La ciudad es muy grande.

—Ahh… me subestimas, Lan Zhan. Solía ser un trotamundos. Ahora soy un adulto aburrido
que trabaja de ocho a cinco más horas extras. Sale para ir a casa y se duerme hasta la
siguiente jornada. ¿Quién lo diría?

—No es lo único que haces.

—Cierto. También salgo con mi apuesto…

Wei Wuxian se detuvo y frenó en seco. Lan Wangji hizo lo mismo. Contuvo la respiración
esperando que Wei Wuxian completara la frase. ¿Su apuesto qué? Las opciones no eran
muchas, pero una en particular era su anhelo.

Lan Wangji cruzó los dedos detrás de su espalda para que Wei Wuxian no saliera con uno de
sus comentarios jocosos en este momento. Si alguno de los dos iba a sacar el tema de aquello
que eran pero no eran, que fuera Wei Wuxian y no él. Él era el cobarde que se moría de ganas
por llamarlo, estar a su lado, saber más de él, pero se conformaba con lo que Wei Wuxian le
ofreciera.

—¿Tu apuesto qué? —preguntó finalmente Lan Wangji, incapaz de soportar más aquel
silencio.
Despertar
Chapter Notes
See the end of the chapter for notes

Canción: Digital Love - Daft Punk

The time is right


To put my arms around you
You're feeling right
You wrap your arms around too

Para Wei Wuxian, decir cualquier cosa en cualquier momento, sin filtros, sin pensar en las
consecuencias, por pura diversión, era una actividad cotidiana. Pero ese mismo Wei Wuxian
frente a un par de ojos dorados que había llegado a su vida de manera imprevista y se había
quedado en ella contra todo pronóstico, era incapaz de mover los labios y dejar salir una
palabra. Una sola palabra que podía no tener ningún efecto o arruinar lo único perfecto que
había tenido en su vida hasta este momento.

De su imaginación podía extraer muchas palabras. De la realidad vivida, muy pocas. Lan
Wangji empezó siendo un extraño, un simple instructor en su nuevo trabajo. Luego se
convirtió oficialmente en un colega de otra área al que apenas veía. Con el tiempo, los
encuentros se fueron multiplicando, hasta el grado que compartir una comida juntos era lo
normal. La transición de compañeros de trabajo a amigos fue tan natural que no era posible
señalar el momento exacto. El paso de amigos a algo más… todavía lo estaban viviendo. Por
eso una simple palabra pesaba mucho. Quizá para él no, pero para Lan Wangji, que tenía un
lugar y un momento para cada cosa…

De todas las miradas que había recibido de Lan Wangji desde el viernes pasado, esta era la
que más le costaba enfrentar, por el peso que colocaba sobre sus hombros.

—¿Qué quieres que diga?

Era una movida cobarde. Muy cobarde. Pasarle la pelota a Lan Wangji no era el plan, no
cuando leía en sus ojos la incertidumbre que estaba viviendo.

—Lo que tú quieras que sea —respondió Lan Wangji sin darle tiempo a pensar,
devolviéndole el golpe con otro más fuerte. Este hombre era su final.

Si antes no sabía qué decir ahora menos. ¿Cómo explicarle que no había palabra que
contuviera todo lo que Lan Wangji representaba para él?

—Todas las palabras se quedan cortas —fue su mejor intento. Y Lan Wangji lo comprendió
enseguida, lo notó en la forma en que desapareció la línea de su frente, en que sus ojos
volvieron a exudar esa paz que Wei Wuxian tanto adoraba en él.
Lan Wangji se acercó a él y lo besó en la frente, arrebatándole toda capacidad de habla.
Como respuesta lo abrazó, escondiendo su cara contra su cuello, dejando salir un quejido que
Lan Wangji interpretó muy bien porque se estaba riendo.

Ahora se reía. Este hombre se iba superando cada vez más. Nadie lo preparó para esto.

—Wei Ying…

—¿Mn?

—¿Quieres ir a casa?

Wei Wuxian asintió sin despegarse de Lan Wangji. Aparte de la suavidad de su cuello
acababa de volver a notar esa mezcla de violeta y sándalo tan particular que recién había
descubierto. No había forma humana de ser inmune a este raro elemento de la naturaleza. La
tabla periódica necesitaba una actualización.

Ambos permanecían en la misma posición en medio de la calle. Wei Wuxian reaccionó


entonces al papelón que debían estar haciendo. Si uno de sus estudiantes los viera así, tendría
que renunciar el lunes a primera hora. No porque fuera contra las reglas, sino porque no iba a
soportar las burlas.

—Deberías ser ilegal, Lan Zhan —dijo Wei Wuxian separándose en contra de su voluntad.
Debería ser posible teletransportarse.

—¿Por qué?

—Te gusta todas las estupideces que digo, ¿verdad?

—No dices estupideces.

—Nunca pensé que diría esto, Lan Zhan, pero eres más cursi que yo.

Wei Wuxian esperaba cualquier cosa, menos que lo besaran hasta quitarle el aliento. No tenía
a Lan Wangji por alguien que diera demostraciones públicas de afecto, pero al parecer el baúl
de sorpresas apenas iba por el primer nivel desbloqueado.

—Perdona —dijo muy serio al separarse de él—. No te avisé.

—Profesor Lan… usted aprende muy rápido.

El camino hacia el apartamento de Wei Wuxian se vio interrumpido por una cena imprevista.
Cuando llegaron estaban tan cansados que pusieron una película y se quedaron dormidos a
mitad de esta. Acurrucados en el sofá, los encontró la luz del sol.

Aunque era sábado, Lan Wangji tenía que pasar por el instituto, así que en cuanto despertó, se
fue a su apartamento con la promesa de regresar en la tarde a terminar la película. Wei
Wuxian todavía estaba en piloto automático y arrastrando sus pies decidió seguir durmiendo
en su cama, solo una hora más.
Todo iba bien hasta que volvió a sumergirse en el profundo abismo de su pesadilla recurrente.
Tal como una película que había pausado, su mente retomó la escena con la que despertó
alterado la última vez.

El hombre de blanco lo miraba aterrorizado. El dolor reflejado en sus ojos era incomprensible
para él. ¿Quién podía estar sufriendo más que él? ¡Nadie! Lo que sentía, lo que le quemaba,
lo que ante el resto era tan abominable… todo eso lo estaba viviendo en carne propia. ¿Cómo
se atrevía este hombre a mirarlo así?

Las penumbras se desvanecieron para dar paso a un escenario muy distinto. Estaba vestido de
blanco, rodeado de blanco, saltaba de un lado a otro con la energía de un joven que tenía todo
un futuro por delante. Nada de sangre, nada de heridas, nada de demonios que lo rodeaban
para alimentarse de su alma. A su lado pasaba el hombre de blanco, tan joven pero no tan
vivo como él. Lucía tan frío como el jade, pero igual de hermoso.

—¡Lan Zhan! ¡Espérame Lan Zhan!

Wei Wuxian abrió los ojos sintiendo que caía al vacío. Esta vez no hubo gritos, ni sudores.
Tampoco sentía que el corazón se le caía por la boca, que estaba a punto de morir solo en su
cama por culpa de un sueño que no tenía pies ni cabeza.

No había olvidado que el nombre de Lan Wangji había salido de su boca en ese sueño. No
guardó ese pequeño detalle en un remoto rincón de su cerebro con el resto de cosas absurdas
que le había tocado vivir. Ya no podía elegir ese camino.

Lo que había visto era muy claro. Ese hombre de blanco era el mismo Lan Wangji que
conocía de ahora. No era solo un rostro, era todo él… desde su forma de caminar hasta la
forma en que sus ojos se entornaban cuando algo o alguien le molestaba. Ya no tenía forma
de explicarlo. Si estaba proyectando su presente en esos sueños, o si se trataba de momentos
que había vivido alguna vez y que su mente traía de vuelta en forma de recuerdos
fragmentados.

Nunca tuvo valor para buscar los nombres extraídos de sus viajes oníricos. Tampoco tenía
mucha consciencia de ello en sus años de adolescencia. Estaba ocupado en otras cosas,
tratando de encajar en un mundo que lo empujaba sin esfuerzo hacia la parte de atrás.

Olvidándose de que tenía sueño, salió disparado de la cama y encendió su computadora.


Empezó a vaciar en un bloc de notas todas las cosas que llegaban a su cabeza, desde los
detalles más importantes hasta los más insignificantes.

Tomó el celular y le escribió un mensaje a Wen Qing.

Necesito el número de tu hermano.

Si se estaba volviendo loco. Si su imaginación era muy activa. Si la realidad y la fantasía se


estaban confundiendo hasta volverse una sola. Cualquier de las opciones, tenía que buscar
una salida. Ya no estaba dispuesto a entregarse en brazos de sus sombras y dejar que lo
consumieran. Quería vivir una vida normal, tenía un motivo para despertar cada día, sentir
que todo era maravilloso, que cada día traía una nueva sorpresa agradable. Tenía unos brazos
a los cuales deseaba regresar con tantas fuerzas que lo demás pasaba a un segundo plano.

Si antes había sido estúpido en su dolor, ahora no quería serlo.

La respuesta de Wen Qing llegó sin preguntas ni comentarios sarcásticos. Le daba gracias por
eso.

Lan Wangji regresó a las tres de la tarde. Wei Wuxian aun no había comido y estaba sentado
en el sofá viendo el televisor apagado con enormes ojeras bajo sus ojos.

—Wei Ying.

Wei Wuxian pegó un salto al escucharlo. Se habían separado en la mañana, pero sentía que
había transcurrido una eternidad. Una simple siesta pudo sacarlo de órbita de esa manera. Ni
siquiera recordaba haberle dado una copia de su llave a Lan Wangji en caso de que al regresar
estuviera dormido. Sus sueños sabatinos eran tan profundos que el mundo podía estarse
cayendo a pedazos y él seguiría roncando despreocupado.

—Lan Zhan… me asustaste.

—¿Qué pasa?

Wei Wuxian agitaba una mano en su intento de explicar que no pasaba nada, que la vida
seguía su curso. Pero su cara decía otra cosa y Lan Wangji no iba a tragarse ese cuento tan
fácilmente, porque si alguien lo observaba con toda la dedicación del mundo, ese era Lan
Wangji.

—Me dormí y otra vez…

Lan Wangji se acercó a él, se sentó a su lado y lo atrajo a sus brazos. Los abrazos de Lan
Wangji tenían ese toque de ternura que por más que este hombre le alterara las hormonas,
Wei Wuxian no era capaz de mezclar una cosa con la otra. Era hasta paradójico que su
cercanía pudiera despertar en él sentimientos contrarios y complementarios a la vez.

—Gracias —murmuró Wei Wuxian en un tono apenas audible—. Sabes, me he dado cuenta
de que a tu lado no tengo pesadillas.

—Mn.

Su respuesta emitió una vibración tan cálida que Wei Wuxian empezó a olvidar lo absurdo de
minutos atrás. Él no quería separarse de él porque se sentía demasiado bien para ser real, pero
también porque desde que Lan Wangji entró al apartamento, había evitado mirarle a los ojos.
Temía traer de vuelta las imágenes y confirmar que realmente la persona de sus sueños era la
persona que lo rodeaba con sus brazos.

—Si quieres dormir un poco más, está bien. Pero primero, tienes que comer.
Otro pequeño detalle que había olvidado, pero que Lan Wangji no pasaría por alto. ¿Por qué
tenía que ser tan recto y disciplinado? ¿Podría hacerlo más flexible también en ese aspecto?

Wei Wuxian gruñó como un niño al que llamaban para que entrara a la casa porque se acabó
la hora del juego. No era una experiencia propia, porque en el orfanato se cumplían horarios.
Pero lo vio en otros niños, a los que secretamente envidiaba porque tenían una madre, un
padre y una casa a la cual regresar.

—Vamos, Wei Ying. Después te dejo babearme.

Eso sirvió para que Wei Wuxian se separara de él de inmediato.

—¡Yo no babeo!

Le pareció ver una sonrisa en los labios de Lan Wangji, pero no pudo confirmarlo. Seguía
esquivando aquellos ojos como lo hacía con la pantalla del televisor cuando estaban pasando
una escena sangrienta: nublando la mirada sin que nadie se diera cuenta.

Lan Wangji preparó todo en el desayunador. Menos desorden y menos trabajo de recogida y
limpieza en un sábado ocioso.

—¿Tus pesadillas son siempre las mismas? —preguntó Wei Wuxian sin levantar la mirada de
su plato. Era muy difícil no mirar a Lan Wangji, porque estéticamente, el hombre era un
deleite para la vista y el resto de los sentidos.

Lan Wangji se quedó un rato en silencio. Wei Wuxian pensó que ignoraría la pregunta cuando
finalmente dijo algo.

—No, pero es casi siempre el mismo entorno.

—¿Cómo así?

—Como… diferentes pasajes de una misma época —aclaró Lan Wangji.

Wei Wuxian sintió como se le erizaba la piel. Una misma época. La lengua le picaba por
hacer más preguntas, mientras una esquina de su cerebro le gritaba que se detuviera.

—O sea, que sueñas con otra época.

—Mn —un silencio prolongado volvió a instalarse entre ellos. Luego de algo similar a un
suspiro, se volvió a escuchar la voz de Lan Wangji—. Creo que soy yo, en otra época.

Wei Wuxian tuvo que hacer malabares para no dejar caer los palillos de sus manos. Esa voz
interior tenía razón. No debió seguir preguntando, ya no quería saber, quería darle para atrás
y borrar lo que acababa de escuchar. El plato frente a él ya no le resultaba apetitoso.

Chapter End Notes


Gracias a @YukigirlArt por sugerir la canción ;)
Ayuda

Canción: Stirb nicht vor mir - Rammstein

I don't know who he is


In my dreams he does exist
His passion is a kiss
And I can not resist

Cultivación. Lan. Núcleo dorado. Sectas.

Esas palabras aparecían resaltadas en las notas del diario de Lan Wangji una y otra vez. Al
salir temprano de clases, lo primero que hizo fue encerrarse en la biblioteca a solas con una
pila de libros secretos, un diario impregnado de episodios borrosos y las preguntas de Wei
Wuxian. No podía borrar la expresión de su rostro al escuchar lo poco que compartió sobre
sus sueños. Aunque no duró más que unos pocos minutos y el resto fue más risas,
conversaciones triviales y otra película que quedó por mitad, su intuición le decía que algo se
había movido en el interior de Wei Wuxian. Y no tener acceso a eso le frustraba.

Los libros que había hojeado hasta el momento no le decían nada importante. Pero no por
ello iba a rendirse. En sus manos yacía una oportunidad que hace quince años no tenía y no
iba a desaprovecharla. Sus investigaciones de aquel entonces arrojaron poca luz a la historia
que se desarrollaba en su subconsciente. Los libros de historia de Gusu que estaban a su
alcance no hacían referencia a nada similar a los escenarios de sus sueños. Así, terminó
catalogando todo de fantasías absurdas, sin sentido, producto de la imaginación de un
adolescente que necesitaba sacar por algún lado toda la energía que no dejaba salir preso de
una vida rutinaria, llena de deberes y responsabilidades que no correspondían a un chico de
su edad. Y, aunque los sueños se prolongaron hasta sus tempranos veintes, decidió no buscar
más. La vida universitaria le absorbía la mayor parte del tiempo. El cansancio le vencía hasta
hacerlo caer como un pesado bloque y los sueños se fueron desvaneciendo hasta que un día
no hubo más.

Entonces, Wei Wuxian llegó a su vida y esas escenas volvieron a aparecer. No hizo la
conexión de inmediato, pero estaba cayendo en cuenta de que mientras más cercano a Wei
Wuxian se volvía, más claros y frecuentes eran los sueños.

Vestido de blanco como yo, aquel chico se movía entre todos como si estar quieto fuera
sinónimo de estar muerto. Su risa llegaba hasta mis tímpanos y despertaban una furia
desconocida en mí.

Tras leer esa entrada en su diario, Lan Wangji se paralizó. Esa imagen y esa emoción eran
muy conocidas para él. Las había vivido en sus sueños recientes, pero sobre todo las había
vivido el día que Wei Wuxian llegó tarde al examen para nuevos profesores. Después de
marcar esa página, tomó otro libro y lo hojeó rápidamente, en busca de algo que llamara su
atención. Su capacidad de lectura rápida era más que útil. Al ver la palabra “Yunmeng” se
detuvo y otra vez el tiempo parecía detenerse. Con las manos temblorosas, leyó esa página
para no encontrar más que información muy general. Este libro tenía la peculiaridad de
ofrecer muy pocos nombres.

Lan Wangji cerró los ojos y respiró profundo. Así permaneció hasta que la presión en su
pecho cedió y notó que sus dedos dejaron de temblar. Entonces tomó el celular y buscó un
número que guardaba en su agenda desde hacía tiempo, pero que nunca se atrevía a usar.
“Solo por si acaso”, le dijo Lan Xichen aquel día, sabiendo que no marcaría ese número
porque había cierto orgullo inútil que corría por las venas de los Lan y que les impedía pedir
ayuda aun cuando eran conscientes de que la necesitaban.

Sin darle más tiempo a las excusas, hizo la llamada.

—Wen Ning… habla Lan Wangji.

Lan Wangji tenía más cosas en las que no creía que en las que creía. Volcar su atención hacia
los números lo hizo aun más racional, dejando de lado su parte emocional, que al parecer solo
servía para estorbarle. A veces se preguntaba si tenía un espíritu. Y si lo tenía, qué había
pasado con él.

Entonces empezaba el dilema de la culpa. El hombre en quien se había convertido, ¿era


resultado de las circunstancias que le tocó vivir o de la forma en que quiso y eligió
enfrentarse a esas circunstancias? Cuando las cosas se tornaban difíciles, podía culpar a su
abuelo, a su familia, al sistema tan estricto en que le tocó crecer. Pero, él no era el único que
había experimentado esas cosas. Su ejemplo más cercano era Lan Xichen. ¿Qué tenía de
diferente su primo?

Lan Wangji llegó hasta el consultorio de Wen Ning resguardado en un cómodo caparazón de
mentiras que fue tejiendo poco a poco. Para empezar, solo iba a hacer una serie de preguntas
para satisfacer una curiosidad. No iba en busca de terapia, no era algo que tuviera que hacer
de momento. Primero, quería ciertas respuestas que un profesional como Wen Ning podía
tener.

—Cuánto tiempo, Lan Wangji —le saludó Wen Ning con su calidez característica. Él y Lan
Xichen tenían muchas cosas en común, como varios estudiantes de esa generación. Todavía
le costaba creer que Wen Qing y él hubieran nacido el mismo día.

—Bastante —confirmó Lan Wangji sin más que decir.

Wen Ning y él se vieron por primera vez cuando Lan Xichen llevaba a Lan Wangji al
instituto y lo colaba en la biblioteca. En una de esas sesiones ocultas de biblioteca, el tema de
los sueños de Lan Wangji salió a flote y entre ambos lograron convencerlo para que fuera a
terapia por un tiempo. Justo antes de entrar a la universidad, los sueños eran tan intensos que
Lan Wangji le tenía miedo a quedarse dormido, acarreando consigo un grave problema de
insomnio.
Lan Wangji terminó yendo a terapia con un profesor de Wen Ning que también era su tutor de
tesis. Por eso, en algunas sesiones, Wen Ning estaba presente como asistente. El periodo de
terapia no fue muy extenso. Lan Wangji entró a la universidad, las tareas se apoderaron de su
vida, la terapia quedó atrás. El tema de sus sueños apenas empezaba a tratarse cuando se
interrumpió el ciclo.

—Cuéntame, ¿qué te trae por aquí?

La voz de Wen Ning lograba tranquilizar a Lan Wangji, quien no hacía otra cosa que jugar
con sus uñas. Esta visita era algo que nunca hubiera salido espontáneamente de él en otra
etapa de su vida. Ni siquiera podía creer que estaba allí.

—Recuerdas esa vez… —Wen Ning asintió en silencio, dándole espacio a Lan Wangji para
que hablara cuanto quisiera. Lan Wangji respiró profundo antes de continuar. Le costaba
tanto hablar de él que hasta molesto le resultaba—. Bueno, estoy teniendo esos sueños otra
vez.

—¿Igual que antes?

—Mn. No empezaron tan intensos, no me ha alterado el sueño como esa vez, pero… siento
que puede terminar así.

Wen Ning tomó su bloc de notas y escribió algunas cosas. Esa pequeña acción hizo que la
tensión volviera al cuerpo de Lan Wangji. No estaba en terapia. ¿Para qué tomaba notas?

—¿Crees que hay algo que desencadenara los sueños otra vez?

—¿Es posible que una persona sea la causa? —Lan Wangji no quería responder una pregunta
con otra pregunta, pero ante tantas dudas no tenía nada más que ofrecer.

—Es posible. Y parece que tienes a alguien en mente.

—Mn. Y… estoy aquí no por la terapia convencional. Sé que… has estado trabajando en
otras áreas, sobre todo con el tema de los sueños.

Lan Wangji miraba la puerta constantemente. Mientras hablaba se preguntaba si se vería muy
mal pararse en ese momento, abrir la puerta y marcharse sin mirar atrás. Wen Ning soltó el
bloc de notas y se levantó de su asiento. En una mesita ubicada al fondo de su oficina, tenía
un termo con agua caliente y par de tazas. Abrió una gaveta y sacó varias cajas. Se acercó a
Lan Wangji con una pequeña bandeja y las variedades de té que tenía para ofrecer.

Lan Wangji señaló una de las cajas. Wen Ning volvió a su mesita a preparar el té para ambos.

—¿Azúcar o miel?

—Ninguno.

—¿Está prohibido edulcorar en tu familia? —preguntó Wen Ning con un tono un tanto jocoso
—. Todavía me pregunto como Lan Xichen puede pasar ese trago por su garganta.
—Es costumbre. Se aprecia el verdadero sabor.

—Entonces nunca lo apreciaré.

Wen Ning volvió a su lugar, colocando una taza en la mesa contigua a Lan Wangji. Su taza la
mantuvo en sus manos, moviendo la cucharilla sin parar, asegurándose de que el azúcar
estaba disuelta antes del primer sorbo.

—Esa vez llevabas un diario… apenas recuerdo eso. Disculpa, pero fue hace tanto tiempo y
duró poco…

El tono casual de Wen Ning le devolvió la tranquilidad a Lan Wangji. Ahora sí podía sentir
que estaba compartiendo con un viejo conocido, en vez de ser sometido al interrogatorio de
un terapeuta.

—Todavía conservo el diario. Si necesitas…

—No, no es necesario. Prefiero que tú me cuentes lo que está pasando.

Después de tomar un largo sorbo de té, Lan Wangji intentó relajarse en el sofá. Lo primero
que necesitaba era olvidar el lugar en el que estaba, incluso hacer de cuentas que hablaba
consigo mismo. Traducir sus imágenes a palabras habladas era más complicado que
convertirlas en entradas de un diario que nadie leería. En voz alta todo sonaba muy absurdo,
pero era un paso que debía dar.

El principio estuvo lleno de pausas y trastabilleos. Luego la historia fue fluyendo con tanta
facilidad que le pareció estar dentro del sueño. Las imágenes regresaban a su memoria con
velocidad sorprendente. Los detalles, los colores, los olores, los sonidos de una época que no
tiene seguridad de que existió. Todo volvía a cobrar vida.

De vez en cuando tropezaba con la expresión de Wen Ning, quien lo miraba absorto. Parecía
estar tan atrapado en la historia como él. Para ser tan poco hablador, Lan Wangji era muy
buen narrador.

—Entonces, solo te falta ver el rostro de esa persona —comentó Wen Ning fascinando
cuando Lan Wangji concluyó.

—Mn.

—¿Crees que eso puede darte una respuesta?

Lan Wangji lo meditó un momento. ¿Era ver ese rostro la solución? ¿Acaso tenía
expectativas sobre esa persona? Algo en su interior le decía que sí, que inconscientemente le
había puesto un rostro al misterioso hombre de negro que le pedía una y otra vez que se
alejara de él. Y si al final coincidían el sueño y su deseo, ¿cuál era el siguiente paso? ¿No
tendría más preguntas?

—Yo sé que no crees en estas cosas. Incluso me sorprende que estés aquí —confesó Wen
Ning—. Pero esto no parece un simple sueño.
—Lo sé —afirmó Lan Wangji volviendo a mirar sus manos. Las dudas volvían a aflorar.
Tenía que calmarlas; había llegado muy lejos para estropearlo todo.

—Supongo que quieres llegar al fondo de todo esto.

Wen Ning se levantó, fue hasta su escritorio y buscó entre sus papeles hasta extraer un
pequeño folleto. Se acercó a Lan Wangji y se lo entregó.

—Quiero que leas esto. Si entonces estás decidido a seguir, entonces puedes volver, pero
quiero que Lan Xichen esté aquí.

Lan Wangji no quería involucrar a otras personas, pero confiaba en que su primo sería tan
hermético como él mismo. También confiaba en el criterio de Wen Ning. Después de todo era
el profesional en esa área y si solicitaba la presencia de alguien que era un nexo entre ambos,
no iba a cuestionarlo.

En su taza quedaba un poco de té que ya estaba frío. Lan Wangji lo ignoró y se levantó.
Entendía que ya no debía quitarle más tiempo a Wen Ning.

—Vuelve a escribir —agregó Wen Ning antes de que Lan Wangji alcanzara la puerta—. Será
muy útil.

—Mn. Gracias por todo —Lan Wangji salió de la oficina sin decir más. La sensación de que
el mundo era un lugar inmenso que escapaba de su control se apoderaba de él, como un nudo
subiendo por su pecho, como una camisa de fuerza que apretaba sin parar. Siguió caminando
hasta salir al exterior y respirar como si acabara de sacar la cabeza de debajo del agua.

Lan Wangji nunca había pedido nada en la vida. Ahora que de verdad sentía que tenía una
razón para sonreír, para sentirse vivo, se preguntaba por qué tenía que pasar todo esto. Pero
también entendió que si no sanaba heridas que ni siquiera reconocía, no sería capaz de
entregar lo mejor de sí a otra persona.

Sintió su celular vibrar en el bolsillo de su pantalón. Apenas recordaba que lo tenía en


silencio todo este tiempo y que probablemente tenía un sinfín de mensajes o llamadas
perdidas… de una sola persona, por supuesto. Lan Wangji abrió el primero de los mensajes.

Quiero darte un abrazo.

Lan Wangji pudo escuchar el tono del mensaje. No era el tono habitual coqueto de Wei
Wuxian, sino una llamada de auxilio. No podía explicar cómo descifraba todo eso a partir de
un simple mensaje de texto, pero no se equivocaba. Sus dedos estaban presionando para
hacer la llamada sin esperar a recibir una orden.

—¿Dónde estás?
Catarsis
Chapter Notes
See the end of the chapter for notes

Canción: Breathe Me - Sia

Be my friend
Hold me, wrap me up
Unfold me, I am small
And needy, warm me up
And breathe me…

La última vez que Wei Wuxian se sentó en un parque sin tiempo a ver la gente pasar con una
libreta en blanco llena de bocetos horribles, su única preocupación era pasar los exámenes
parciales. Lo que la gente dijera, las expectativas que tenían sobre él, la enorme carga que la
sociedad pretendía colocar sobre sus hombros… nada de eso le importaba. La única persona a
la que le rendía cuentas era una hermana que le había regalado la vida para que no se sintiera
tan solo. Fuera de ahí, solo se tenía a sí mismo.

Wei Wuxian se repitió tantas veces que era fuerte que terminó creyéndose la mentira. Al final
del día, cuando entre cuatro paredes nadie podía verlo, se sentía el ser más insignificante. Su
shijie lo pellizcaría fuerte si pudiera escucharlo, pero hasta ella tenía ahora una familia a la
cual cuidar. Él seguía vagando sin rumbo.

El parque frente al edificio donde vivía Lan Wangji era muy bonito. Sospechaba que Lan
Wangji nunca se había sentado en él. Era probable que no supiera que tenía bancos para
sentarse, en medio de un área verde que pasaba desapercibida porque todos atravesaban el
concreto con prisa. La gente salía de las oficinas rumbo a sus casas, rumbo a una cita o a
hacer compras. Nadie tenía tiempo para sentarse en medio de la nada a mirar lo que hacía el
resto. Nadie excepto él.

—¿Dónde estás? —le preguntó Lan Wangji sin camuflar su preocupación.

Wei Wuxian le envió la ubicación. Tenía un nudo enorme en la garganta que le impedía
hablar. Y no quería llorar. De verdad no quería llorar, pero las lágrimas empujaban con
insistencia, como un río que bajaba con fuerza después de una tormenta.

Echaba de menos su libreta. Después de terminar la universidad, la dejó abandonada junto


con su dizi y sus ganas de desafiar las leyes del universo. Todas estas cosas estaban en una
maleta forrada de post-its que su shijie guardaba para cuando quisiera regresar por ellas. Ella
tenía más fe en él que él mismo.

Alguien se sentó a su lado. Alguien que olía a sándalo, pero que ayer olía a violetas.
—Me pidieron un abrazo —dijo esa voz grave que le daba frío y calor a la vez.

Él se movió un poco más a la derecha, hasta sentir que rozaba otro par de piernas. Se inclinó
hasta que un par de brazos lo rodearon. Se recostó allí dejándose caer desde un enorme
acantilado. Inhaló con todas sus fuerzas, dejándose embriagar por la esencia de aquel
conocido que seguía resultando tan extraño.

—No recuerdo cuándo llegué al orfanato —dijo aclarando su garganta, tratando de encontrar
la voz que seguía traicionándole—, shijie dice que tenía cinco años. Pasé por todas las etapas
posibles: el llorón, el inadaptado, el travieso, el juguetón. Me hice amigos de todos, los que
llegaban y los que se iban. Los que duraban días, los que permanecían años junto a mí. Yo no
entendía por qué todo era tan cíclico, simplemente me acostumbré a ello.

Wei Wuxian sintió una mano sobre su mejilla. La cubrió con una de las suyas para asegurar
que permaneciera ahí todo el tiempo.

—Cuando llegué a la adolescencia, comprendí que ese era mi hogar, no tendría otro. Pero eso
no se llevaba mi pregunta: ¿por qué otros se iban y yo me quedaba? No era que quisiera
irme… sí, tenía cierta envidia de ver que otros iban a sus nuevos hogares y nadie venía por
mí. Pero en el fondo era feliz mientras estuviera cerca de Jiang Yanli. Una vez me atreví a
preguntarle. Ella no supo responder. Es la única pregunta para que la que no pudo darme nada
a cambio. Entre pesadillas y noches infernales, llegó el momento de entrar a la universidad.
Ya era un adulto, podía buscar la información que por tantos años me fue negada. ¿De dónde
venía yo?

Una pausa prolongada siguió a su monólogo. Un par de brazos cálidos se apretaron más
fuerte a su alrededor.

—Nadie me sabía decir quiénes era mis padres. Si habían muerto, si se habían ido. Si
tuvieron que renunciar a mí por razones más fuertes que ellos. Entonces descubrí que no me
daban una respuesta porque tampoco la tenían. Me dejaron en la puerta del orfanato, con una
simple nota. No había nadie a quien reclamar. Mis padres simplemente decidieron
abandonarme. Por eso tampoco encontré un nuevo hogar… ¿quién iba a querer a un niño que
sus propios padres no quisieron?

—Wei Ying…

—Jiang Yanli lo sabía también, pero se negaba a decirme algo así. Para ella, yo era el
hermanito caído del cielo, a pesar de que ella tenía otro hermano, sangre de su sangre. Ella
supo cuando me enteré, pero nunca dijo nada. Hasta el sol de hoy no hablamos de eso. Es un
acuerdo tácito entre los dos. Una especie de secreto a voces. “Él es brillante, pero no tiene
familia”. No sé cuántas veces escuché eso. La gente pensaba que yo no podía oírles, pero sus
murmullos llegaban a mis oídos. Hasta que un día dejé de escuchar. Ya no me importaba. Me
volví inmune al mundo y sus ridiculeces.

Wei Wuxian comenzó a acariciar con el pulgar la mano que Lan Wangji tenía sobre su
mejilla.
—Tenía que decirte esto por dos razones: primero, porque no quiero esconderte nada.
Segundo, porque siento que entre los dos hay algo muy especial, algo que no he vivido
nunca. Pero no puedo ser tan egoísta de no decirte que yo solo soy un número en una nómina.
Ni siquiera sé si mi apellido verdadero es Wei —agregó con una risa amarga—. Ah, Lan
Zhan, soy tremendo personaje.

Finalmente, Wei Wuxian se levantó, extrañando enseguida la comodidad del regazo de Lan
Wangji. Al mirar su rostro, notó que sus ojos estaban rojos.

—Lan Zhan…

Lan Wangji colocó un dedo sobre sus labios, impidiéndole continuar.

—Tú eres Wei Wuxian. Tú eres un analista excelente, un profesor de química brillante,
admirado y respetado por sus alumnos, amigo y guía de cada uno de ellos. Tú eres Wei Ying,
una chispa que todavía no termino de entender, pero sin la que mis días carecen de luz. El
mensaje sin sentido de la mañana; la sonrisa cálida de la tarde. Tú eres lo mejor que me ha
pasado en esta vida. Y sé que no quiero un futuro sin ti.

Wei Wuxian ya no podía verlo. Una cortina de lágrimas se había instalado en sus ojos,
mientras otras tantas caían. Lo abrazó hasta que los sollozos se apoderaron de él y lloró
mojando sus ropas, peor que cuando despertaba desorientado en noches solitarias, mordiendo
su almohada para no molestar a los demás. Sintió las manos de Lan Wangji recorrer su
espalda de arriba a abajo. Era un gesto tan sencillo y tan poderoso a la vez. Le daba la
seguridad de que podía seguir llorando, de que no había ningún problema en interrumpir su
sonrisa permanente por un momento de catarsis.

Cuando dejó de temblar, las manos de Lan Wangji se quedaron fijas sobre su espalda. Le
transmitían más calor que cuando las estrechaba, pues normalmente eran frías. Lan Wangji
era muy poco humano en ese aspecto. Al principio, le parecía que este hombre realmente
estaba hecho de jade. Ahora sabía que había carne, huesos, sangre y un enorme corazón
debajo de esa máscara de frialdad.

—Tu ropa —balbuceó Wei Wuxian intentando levantarse, sin esforzarse mucho. Estar
rodeado por los brazos de Lan Wangji se sentía demasiado bien para ser legal—. ¿Me vio
mucha gente?

Lan Wangji resopló en un intento de risa. Los comentarios aleatorios de Wei Wuxian tenían
ese efecto en él. Por eso en varias ocasiones se contuvo antes de decirle que le pagara por
cada vez que le arrancara una sonrisa. Lan Wangji podía tomárselo literal y volver a su forma
inexpresiva.

—Creo que te vieron casi todos mis compañeros de trabajo.

—¿En serio? —preguntó Wei Wuxian separándose bruscamente.

Lan Wangji aprovechó para acomodar sus mechones de cabello y limpiar el sendero recorrido
por sus lágrimas. Wei Wuxian estaba seguro de que lucía como un poema retorcido. Un cono
de helado en manos de un niño distraído en pleno agosto.
—Vamos a casa —dijo Lan Wangji tomando su mano.

Con esas simples tres palabras, Wei Wuxian sintió que le preparaban un baño caliente en
medio del día más frío, con los olores de la infancia que soñaba tener. Mientras caminaba
rumbo al apartamento de Lan Wangji, se permitió perderse en una de las fantasías que tenía
de niño. Una mujer hermosa, con el cabello azabache como el suyo, llegaba a la puerta del
orfanato y preguntaba por él. En sus manos llevaba sus dulces favoritos y en cuanto lo vio, le
regaló una sonrisa inolvidable. Wei Wuxian recogió sus cosas y se fue con ella. Lo mejor de
todo era que a esa mujer podía llamarle “mamá”.

—Wei Ying…

—¿Hmm?

—Ya estamos aquí. ¿Quieres hacer algo?

Wei Wuxian pensó en muchas cosas… ninguna posible de expresar en voz alta. Su cerebro
tenía un modo raro de funcionar. En un momento estaba triste, en el siguiente estaba teniendo
pensamientos subidos de tono. La vida de celibato empezaba a cobrarle.

—¿Puedo ducharme? Siento que apesto.

—No apestas, pero puedes hacerlo.

Lan Wangji buscó una toalla y ropa. Siendo de estatura más baja que él, Wei Wuxian se veía
muy gracioso en las prendas de Lan Wangji, pero le encantaba llevarlas puestas. Todas sus
prendas eran muy suaves y olían a él. ¿Qué más podía pedir? Su otra afición era la ducha de
Lan Wangji. De hecho, todo su baño. Era como un templo donde se podía desconectar del
mundo, entrar en contacto con su yo superior y descifrar los misterios del universo. Todo en
el curso de una ducha de diez o quince minutos. Era maravilloso. Cada producto de ese baño
parecía estar cuidadosamente seleccionado para armonizar con el resto. No había una esencia
que desentonara en el conjunto.

Wei Wuxian tenía como pasatiempo leer las etiquetas de los productos mientras se duchaba.
Así que por supuesto conocía los componentes de lo que usaba Lan Wangji. Para ser alguien
sin conocimiento sobre química, era bastante meticuloso con sus productos de cuidado
personal. Era un Lan, no debía sorprenderle.

Al lado de la ducha, había una tina cuadrada. En una de sus esquinas, reposaban tres velones
aromáticos. Siempre que su ojos encontraban esa esquina, Wei Wuxian trataba de pensar en
el método analítico que estaba desarrollando. O en una molécula de esas que no se disolvían
ni con peregrinajes al Tibet. Cualquier cosa podía ocupar su cabeza con tal de no invocar la
imagen de Lan Wangji tomando un baño en esa tina.

Wei Wuxian sacudió su cabeza con todo y pelo mojado. Ah sí, se había metido de cabezas
debajo de la ducha porque sentía que lo que más apestaba en ese momento eran sus
pensamientos. Además, el olor del champú de Lan Wangji lo estaba tentando. Lo probó ese
fin de semana después del concierto y decidió que quería oler a eso otra vez.
Cuando Wei Wuxian salió del baño, con los pantalones arrastrándose por el piso y el pelo
mojado cayendo sobre sus hombros, Lan Wangji estaba sentado al fondo de la sala detrás de
un hermoso guqin.

La postura, sus ojos cerrados, su cabello suelto y el humo del incienso trajeron de vuelta a la
memoria de Wei Wuxian imágenes que habían quedado sepultadas incluso en sus sueños.
Cuando la melodía que emanaba del contacto de los dedos de Lan Wangji con las cuerdas
llegó a sus oídos, la venda ante sus ojos pareció desprenderse.

Ese hombre de blanco, de presencia inmaculada. Ese rostro sereno que no llegaba a ver en las
penumbras de la cueva. Esos ojos dorados que le miraban con la desesperación de quien
pierde lo más valioso de su vida. Esa persona realmente era Lan Wangji.

Wei Wuxian se acercó a él poco a poco, luego se arrodilló hasta quedar frente al guqin al
mismo nivel del Lan Wangji que tocaba con los ojos cerrados, como si su alma viajara en ese
instante a otros tiempos.

—Lan Zhan… quiero hablarte de mis sueños.

Chapter End Notes

Confieso que este capítulo me hizo llorar cuando lo edité.


Continuum
Chapter Notes

Doble capítulo tempranito para que no tengan que esperar ;)

Además, el capítulo 23 fue actualizado con un fanart precioso de YukigirlArt. Pasen a


verlo y darle amor :D

See the end of the chapter for more notes

Canción: Continuum - Tanerélle

I say you’re space,


You say I’m time
What if the two could intertwine

La sensación que tuvo Lan Wangji fue similar a la sacudida causada por soñar que se cae al
vacío. Su cuerpo no se agitó, pero el frío en su pecho, el salto en sus latidos, fueron
imposibles de ignorar. Sus dedos siguieron desplazándose sobre el guqin, rescatando
melodías que incluso algunos libros daban por perdidas. Él no sabía de donde venían, las
conocía desde siempre.

Cuando abrió los ojos, el Wei Wuxian frente a él lucía como un joven diez años menor. Con
el pelo mojado y ropas más grandes que las de su talla, con la mirada perdida pero a la vez
muy enfocada en él, los puños apretados a cada lado del pantalón, como si fuera el único
punto de ancla disponible para él.

Parecía un náufrago a la deriva pidiendo rescate a un bote que no podía mantenerse a flote
por mucho tiempo. Lan Wangji detuvo sus dedos y los suspendió sobre las cuerdas hasta que
estas dejaron de vibrar.

—Te escucho.

En realidad quería levantarse, colocarse al lado de Wei Wuxian, traerlo de vuelta a su regazo,
pero eso no era lo que el otro necesitaba. Prestarle toda su atención era el mejor regalo que
podía ofrecerle.

Wei Wuxian comenzó a hablar sin apartar la mirada. Se notaba el enorme esfuerzo que estaba
haciendo, por eso Lan Wangji se mantuvo firme. Cuando los detalles de sus sueños fueron
surgiendo poco a poco, Lan Wangji sintió que ingresaba a una realidad paralela. Lo que Wei
Wuxian compartía eran fragmentos incompletos, inconexos, carentes de lógica, incluso de
temporalidad. Pero todo lo que decía parecía tener una pieza complementaria en su cabeza.
Esas imágenes él las había visto. Ese lugar no era extraño para él.

—La Profundidad de las Nubes… —susurró Lan Wangji sin darse cuenta.

Wei Wuxian se detuvo.

—¿Lan Zhan? ¿Qué está pasando, Lan Zhan?

Lan Wangji sentía que Wei Wuxian estaba a punto de perder el control otra vez. No podía
permitirlo. Esta vez él no tenía fuerza suficiente para los dos. Rápidamente volvió a colocar
las manos sobre el guqin. Cuando todo parecía derrumbarse, la música venía al rescate. Tan
solo esperaba que para Wei Wuxian funcionara de la misma manera. Dejó que sus manos se
desplazaran solas, al compás de las notas enviadas por su subconsciente.

Escuchó a Wei Wuxian exhalar profundamente. No dijo más. En medio de tanta confusión,
agregar más imágenes era echar gasolina al fuego.

—Me gustaría tener mi dizi en este momento.

Era la primera vez que le escuchaba hablar de ello. Wei Wuxian seguía desplegándose como
un rollo de papiro interminable. No imaginaba a Wei Wuxian tocando un instrumento, pero si
tocara uno, el dizi le venía como anillo al dedo. Era algo en lo que realmente podía
concentrarse.

—Lan Zhan… ¿y si no son solo sueños? ¿Y si yo…

Y si yo en realidad me alejé, como parece que lo hice, pensó Lan Wangji. Y te dejé solo en
esa agonía. ¿Qué hice yo después?

—¿De verdad quieres saber? —preguntó Lan Wangji sin ocultar la batalla que se libraba en
su interior.

—¿No quisieras saber?

—A veces me da miedo.

Wei Wuxian lo miró con sorpresa. Como si tener miedo no fuera algo posible en él.
Precisamente de eso tenía miedo. Wei Wuxian lo tenía en una especie de pedestal y él no era
más que un ser humano de carne y hueso, lleno de cargas y de muchas noches sin dormir.

—¿De qué?

De no estar ahí para ti, pensó nueva vez. Le frustraba tener más cosas en su cabeza de las que
podía decir. No era nuevo, pero con Wei Wuxian empezaba a descubrir el placer de hablar sin
filtros, de expresarse libremente. Ahora, en cambio, era como si retrocediera diez pasos
después de haber avanzado tres.

—De que cambie el rumbo de las cosas.


Wei Wuxian alzó una ceja. Dudando de nuevo.

—Por primera vez en mi vida… puedo decir que soy feliz.

Lan Wangji sintió un enorme peso desprenderse de su espalda. No esperaba decir algo así,
pero la sensación de liviandad era incomparable. Le gustaría retroceder unos segundos y
vivirlo de nuevo.

—Si lo dices con esa cara, me cuesta creerte —comentó Wei Wuxian con la expresión de
quien recién recibe una anestesia y lucha por mantenerse despierto. Lo entendía. Todo era
muy surrealista—. En serio, Lan Zhan… ¿qué tiene ese incienso?

Lan Wangji no quería reír, pero Wei Wuxian no ayudaba mucho. En el momento más serio
tenía que salir con un comentario inesperado. ¿Por qué seguían estando separados por el
guqin? Se levantó no bien había terminado de formular la pregunta en su cabeza y le extendió
una mano a Wei Wuxian.

—¿Jugamos a las cartas?

Le resultaba absurdo lo que estaba haciendo. Estaban en medio de una conversación seria que
no concluiría ese día. No sabía si compraban tiempo o simplemente huían. Había una verdad
latente y filosa en medio de los dos.

Wei Wuxian tomó su mano, se incorporó y lo siguió a la habitación. Porque el sitio ideal para
jugar cartas era la cama. Aquella que solo usaba para dormir antes de que Wei Wuxian
atravesara la puerta de su apartamento. Quizá por eso evitó traerlo por tanto tiempo. Algo en
su interior sospechaba la cantidad de cambios que traería consigo.

Antes de subir a la cama, Wei Wuxian le colocó una mano en la frente. Lan Wangji frunció el
ceño.

—Solo me aseguro de que no estás delirando.

Lan Wangji sintió unas ganas enormes de morderlo. ¿Qué le pasaba? Controló esas ganas y
se limitó a darle un beso en los labios. Tenía horas queriendo hacerlo, pero sentía que no era
el momento adecuado. Antes de separarse, mordió ligeramente el labio inferior de Wei
Wuxian. No pudo evitarlo.

Wei Wuxian emitió un sonido que casi lo hace olvidarse de las cartas. ¿Era con cartas que
iban a jugar? De repente quería recogerle el pelo a Wei Wuxian. Su cabellera suelta, a medio
secar, era una distracción muy grande. Cuando lo vio treparse a la cama, tragó en seco y
buscó su lista de mantras en la esquina de su memoria dedicada a emergencias e imprevistos
emocionales.

Finalmente, Lan Wangji subió a la cama, se sentó cruzando las piernas frente a Wei Wuxian.
Este barajó las cartas y las repartió. Lan Wangji daba por perdida esta primera mano. Sus
neuronas no estaban funcionando.
—Ayer fui a ver a Wen Ning —dijo Lan Wangji colocando la primera carta entre los dos. Su
tono casual no era una forma de disimular. Realmente quería tener esta conversación de la
forma más natural posible. No podía pensar en otra manera de encarar una situación tan
extraña.

Notó como Wei Wuxian desvió la mirada para ocultar su reacción ante lo que había
escuchado.

—Wen Qing me habló de él —fue lo único que dijo, aunque Lan Wangji podía jurar que se
moría de ganas por hacer muchas preguntas. Wei Wuxian enmascaró muy bien su sorpresa,
pero para Lan Wangji no pasó desapercibida la forma en que se mordía los labios y el interior
de sus mejillas.

Pregúntame, pensó Lan Wangji lanzando otra carta y pensando en lo mezquino y cobarde que
era en este momento. Tenía tantas cosas que contar, mas no sabía por dónde empezar.

—Puedes ir conmigo la próxima semana.

Los ojos de Wei Wuxian dejaron de huir y se clavaron en él. Lo que había en ellos era difícil
de leer… una novedad para Lan Wangji. La invitación era sincera y arriesgada a la vez. Sin
haberlo dicho con palabras, ambos ya estaban conscientes de que sus sueños estaban
relacionados.

—¿A qué vas? —Lan Wangji sentía que el habla le traicionaba, así que recurrió a su mirada
confiando en que fuera una respuesta suficiente para Wei Wuxian. Al parecer había
funcionado. Este soltó enseguida las cartas que tenía en la mano—. ¿En serio, Lan Zhan?
Pero tú no crees…

—Nunca me había hecho la pregunta en serio.

La duda en los ojos de Wei Wuxian lo puso en alerta de inmediato. Wei Wuxian tenía la
manía de culparse de todo.

—Lo estoy haciendo por mí también, Wei Ying. Por los dos.

—Lan Zhan… yo puedo hacerlo.

—No.

Lan Wangji esperaba que Wei Wuxian entendiera sus razones sin tener que decirlo. No quería
ponerle palabras a esas imágenes. Y si uno de los dos tenía que atravesar ese calvario de una
manera más vivencial que las pesadillas, mejor que fuera él y no Wei Wuxian.

Wei Wuxian se olvidó de las cartas y se acercó a Lan Wangji, asaltando sus labios de
sorpresa. Era el beso más desesperado que Lan Wangji había recibido. El más violento que
habían compartido. Lan Wangji trataba de leer la furia que poseía a Wei Wuxian, pero era
demasiado para sus sentidos. Sus dientes con sus dientes, su lengua se enredaba con la suya.
Solo se dio cuenta de que ya no estaba sentado, su espalda tocaba el colchón y Wei Wuxian
estaba sobre él.
Sus manos, ¿dónde estaban? Pasando lista de cada parte de su cuerpo, encontró una aferrada
a la espalda de Wei Wuxian, la otra firme sobre su cadera. Las de Wei Wuxian sostenían su
cara como si trata de demostrar algo, no sabía exactamente qué, pero no le importaba
mientras esa calidez permaneciera allí.

Un gemido los trajo de vuelta al mismo tiempo. Se miraron sin saber de cuál de los dos salió
y la realidad de la posición en que estaban se hizo palpable. Las pupilas dilatadas de Wei
Wuxian, su piel sonrojada y caliente, su pelo alborotado cayendo sobre él como cortinas…
todo era muy real. Demasiado real. Demasiado cerca. No necesitaba un espejo para confirmar
que él estaba igual. La mirada de Wei Wuxian hablaba por los dos.

Antes de que dijera algo, Lan Wangji colocó el dedo índice sobre sus labios. Cuando estuvo
seguro de que permanecería en silencio, los acarició lentamente con el dedo pulgar. Aun
teniéndolo tan cerca, con cada parte de su cuerpo tocando su cuerpo, su lado racional pedía
más evidencia.

—Yo nunca… —susurró Lan Wangji sintiendo la duda de Wei Wuxian saltar a él.

Fue el turno de Wei Wuxian de callarlo a él.

—¿No quedamos en aprender juntos?

Lan Wangji contuvo el aliento. No era lo mismo llamar al diablo que verlo llegar. La
respuesta a su pregunta de quién sería él si se dejara llevar estaba a un sí de distancia.

—Mn.

Wei Wuxian le sonrió y el huracán de minutos atrás fue reemplazo por una suave brisa. Lan
Wangji era un hombre de planificación, sin variables caídas del cielo. Todo analizado,
premeditado, medido. Cada posible ruta evaluada. Sus fuera de especificación eran una
rareza. Wei Wuxian estaba decidido a poner su sistema de cabeza sin siquiera proponérselo.

Lan Wangji lo atrajo en un abrazo, se estaba acostumbrando a la cálida sensación de la


cabeza de Wei Wuxian escondida en su cuello… como su nariz rozaba su piel y le enviaba
escalofríos que subían desde las plantas de sus pies. Podía sentir los latidos acelerados de
ambos, sus respiraciones intentando volver a la normalidad. Pero Lan Wangji creía con
firmeza que no había sesión de meditación que los llevara a tierra firme.

Cuando Wei Wuxian empezó a jugar con sus dedos recorriendo su pecho, Lan Wangji volvió
a sentir un calor asfixiante. El control sobre cada parte de su cuerpo se escapaba lentamente.
Sobre una parte en particular… nunca lo tuvo. Imaginaba que estando sobre él, Wei Wuxian
ya lo había sentido. Estaba tan embriagado de la esencia de Wei Wuxian que ni siquiera
sentía vergüenza. Al contrario, algo indescriptible le devolvía la seguridad que perdió un
poco antes, cuando se dio cuenta de lo que estaban haciendo.

—Lan Zhan… la primera vez que te vi… no pensé que terminaríamos así.

—Mn.
—Aunque te confieso que me moría de ganas porque no fuera solo un sueño.

Lan Wangji cedió ante su impulso y los giró hasta quedar sobre Wei Wuxian. Si la vista
anterior era perfecta, esta no sabía que calificativo merecía.

—Ese día en el laboratorio… no sé cómo me aguanté para no morderte el cuello.

Si el plan de Wei Wuxian era provocar una combustión espontánea en él, lo iba a lograr.
Entonces se quedaría con sus cenizas y probablemente no estaría muy contento. ¿Qué
demonios estaba pensando?

—Wei Ying… —le salió más profundo de lo pensado. Ya su garganta se había unido al
conjunto de partes de su cuerpo que proclamaban su autonomía.

Chapter End Notes

Ya sé. Estos dos tienen que hablar. Pero, ¿desde cuándo las personas hacemos lo que
debemos hacer?
Ayer

Canción: The Scientist - Coldplay

Nobody said it was easy


It's such a shame for us to part
Nobody said it was easy
No one ever said it would be this hard

Wei Wuxian no pudo evitarlo. En cuanto pisó el edificio, su mente se fue a la época en que
recorría todas las semanas un pasillo igual de sombrío de la mano de Jiang Yanli para su
sesión semanal. Aunque ya sabía a lo que iba, el sudor frío en sus manos y su corazón
latiendo a toda prisa eran fijos. Peor que cuando le tocaba ir al dentista.

Lan Wangji, por el contrario, lucía muy tranquilo y relajado. Si alguien tenía derecho a estar
nervioso era él, sin embargo, su mano se apretaba fuertemente contra la suya para
tranquilizarlo.

—Todo va a salir bien.

—Ahh.. Lan Zhan —replicó Wei Wuxian con una risita nerviosa.

Wei Wuxian se pasó los días anteriores a la cita repitiéndose una y otra vez que podía vivir
con la curiosidad. Las pesadillas no habían vuelto para ninguno de los dos, curiosamente
desde que habían estado durmiendo juntos. Fue entonces que confirmaron lo que
sospechaban desde aquel primer fin de semana en que Wei Wuxian se recluyó en el
apartamento de Lan Wangji: si dormían juntos, no había pesadillas.

La solución le parecía genial. Pero para Lan Wangji esa no era una solución real. Wei Wuxian
no tenía más opción que darle la razón. Era cierto. Dormir juntos era genial, fuera por esa
razón o por cualquier otra, pero con respecto a la situación de los sueños era un simple
placebo.

—Sea lo que sea, hay que enfrentarlo —le dijo Lan Wangji antes de salir del apartamento.

Wei Wuxian repetía esa frase en su cabeza una y otra vez. Así se pasó el trayecto hacia el
consultorio de Wen Ning. Sin embargo, la calma nunca llegó.

Wen Ning los recibió con una sonrisa cálida, de esas que había visto tantas veces en Lan
Xichen y sus amigos. Wei Wuxian se preguntaba si era un asunto generacional o solo se
limitaba a ese grupo. Y si Wen Qing realmente había nacido ese año o solo hacía creer que
era melliza de Wen Ning para lucir más interesante. Ella y su hermano solo tenían en común
el apellido. A Wei Wuxian le costaba creer que hubieran nacido con pocos minutos de
diferencia.
—¿Cómo estás, Lan Wangji? —saludó Wen Ning extendiendo su mano—. Y tú… debes ser
Wei Wuxian.

—Hasta ahora sí —respondió Wei Wuxian tratando de camuflar sus nervios. Total, al
estrechar la mano de Wen Ning este se daría cuenta.

—Tomen asiento, por favor. Lan Xichen llegará en unos minutos.

—No sabía que venía —comentó Wei Wuxian mirando a Lan Wangji.

—Le pedí que me asistiera como colega. También como la persona más cercana a Lan
Wangji… bueno —Wen Ning aclaró su garganta—, que lo conoce por más tiempo.

A Wei Wuxian le pareció ver que las mejillas de Lan Wangji se tornaba un poco rosa, pero
prefería no imaginar cosas. Su atención estaba dispersa entre el ambiente del consultorio,
estudiar la personalidad de Wen Ning, la cara de póquer de Lan Wangji y lo que estaba por
suceder, que no sabía exactamente qué era.

—Wei Ying… —Lan Wangji tomó sus manos y las colocó entre las suyas, dándose cuenta de
su torbellino interior y tratando de calmarlo.

La puerta del consultorio se abrió en ese momento y Lan Xichen asomó la cabeza antes de
entrar.

—¿Se puede?

Ni siquiera Wei Wuxian, que tenía una sonrisa tatuada en el rostro el noventa por ciento de
las veces, podía entender como este hombre mantenía ese estado de ánimo tan optimista. Wei
Wuxian siempre se quedaba mirándolo como si en cualquier momento empezaría a levitar.
Esa era el aura que transmitía. Su presencia era mas calmante que la de Lan Wangji y eso era
mucho decir.

—Ah, Lan Xichen, pasa, pasa —dijo Wen Ning desde su rincón, preparando el té.

Lan Xichen entró y se acercó a Wei Wuxian y a Lan Zhan para saludarlos. Luego fue a
ayudar a Wen Ning con el té. Más que colegas a punto de trabajar juntos, parecían dos viejos
vecinos comentando el estado del tiempo mientras esperaban que sus ropas se secaran. Lan
Xichen rara vez ejercía. La coordinación académica en el instituto le absorbía todo el tiempo,
pero sacaba unas cuantas horas para investigar y mantenerse al tanto de las novedades en su
campo.

La calma empezó a instalarse en el espíritu de Wei Wuxian. Ver a todos tan tranquilos
causaba que su cuerpo se entregara a la tranquilidad del ambiente y se relajara. Cada vez que
posaba los ojos sobre Lan Wangji, buscando alguna señal que le diera a entender que debajo
de ese aspecto frío estaba nervioso, lo notaba tan sereno como cuando salía de la ducha, listo
para dormir. Resultaba hasta sospechoso.

—Bueno, la única persona nueva aquí es Wei Wuxian —explicó Wen Ning acercándose con
una bandeja con dos tazas de té—. Esta tiene la cantidad de azúcar que te gusta —agregó
señalándole una taza a Wei Wuxian.

Wei Wuxian tomó la taza y la acercó enseguida para olerla. En realidad, quería desaparecer
detrás de ella. De repente sentía que la atención de todos estaba puesta en él.

—Supongo que Lan Wangji te explicó lo que haremos —Wen Ning se sentó frente a Wei
Wuxian. Su actitud se tornó más seria, aunque su rostro mantenía esa expresión serena que
emanaba confianza.

—Sí, me comentó sobre el proceso.

—Bien. Normalmente una sesión de regresión dura unos noventa minutos. Con Lan Wangji
no creo que sea tanto. Está acostumbrado a meditar, así que entiendo que el proceso de
inducción será más breve.

Wei Wuxian volteó hacia Lan Wangji y no pudo evitar colocar una mano sobre las suyas. A
estas alturas le importaba poco lo que vieran o interpretaran a partir de ese gesto.

—¿Estás seguro?

Lan Wangji asintió con una leve sonrisa.

—Podemos empezar cuando gusten —dijo sin apartar la mirada de Wei Wuxian.

Lan Wangji y Wei Wuxian se quedaron en el sofá, uno en cada extremo. Wen Ning se ubicó
frente a Lan Wangji y Lan Xichen ocupó el escritorio de Wen Ning, desde donde tomaba
notas y grababa el proceso.

Wen Ning inició con la etapa de relajación. Lan Wangji cerró los ojos y eliminó toda la
tensión de su rostro. Wei Wuxian presenciaba absorto como funcionaba la magia. Había visto
a Lan Wangji meditar unas pocas veces, pero nunca estar en un estado tan relajado en tan
poco tiempo. Probablemente su presencia lo distraía demasiado.

Lan Wangji permaneció así por unos cuantos minutos, unos diez o quince, según la cuenta
mental de Wei Wuxian. Parecía dormido, pero en realidad no lo estaba. Había algo en su
expresión que daba a entender que escuchaba con claridad las palabras de Wen Ning.

El discurso de Wen Ning entonces cambió. Wei Wuxian perdía el hilo de lo que decía. Su
concentración se dedicaba por completo a Lan Wangji y a cualquier microexpresión que
atravesara su rostro. De buenas a primeras, Lan Wangji apretó una mano y Wei Wuxian sintió
una punzada en su pecho.

—Lan Wangji, ¿dónde estás?

—En Gusu… en La Profundidad de las Nubes.

Wei Wuxian sentía que le faltaba el aire. Otra vez escuchaba ese nombre de labios de Lan
Wangji. Un nombre que nunca había escuchado pero resultaba tan familiar.

—Estás tenso. ¿Qué pasa?


Lan Wangji se quedó en silencio. Wen Ning volteó a mirar a Lan Xichen en silencio y éste
asintió. Wei Wuxian no entendía qué clase de código secreto compartían, pero no se atrevía a
hablar para no interrumpir el proceso.

—Wangji —le llamó Lan Xichen con suavidad—, cuéntame qué sucede.

—Ese estudiante nuevo. Sigue rompiendo las reglas y alterando la paz de La Profundidad de
las Nubes.

—¿Qué estudiante?

—Sabes cuál, hermano. Wei Wuxian.

La falta de respuesta de Lan Xichen fue una relevación para Wei Wuxian. Eso le sorprendió
más que escuchar su nombre y confirmar que efectivamente él y Lan Wangji se conocieron
en otra época.

—Pensé que ustedes podrían ser buenos amigos —continuó Lan Xichen.

Lan Wangji no respondió. Sus manos volvieron a relajarse y Wen Ning intervino otra vez.
Esta vez, la frente de Lan Wangji se arrugó… lucía preocupado por algo.

—Hermano… quiero entrar a la sección prohibida de la biblioteca.

El comentario tomó a Lan Xichen desprevenido. Wei Wuxian no pudo interpretar muy bien
su expresión. En realidad, era tanta la información que recibía en tan poco tiempo que su
capacidad de análisis estaba bloqueada.

—¿Por qué?

-Quiero ayudar a alguien.

Wei Wuxian sabía a quién. Y quería que todo esto parara. Le aterraba escuchar lo que vendría
después. Lan Wangji era quien estaba sometido a la hipnosis, pero las imágenes empezaban a
llegar a Wei Wuxian como si el detonante necesario fuera ciertas palabras claves del Lan
Wangji de esa época.

Lan Wangji se volvió a relajar. Wen Ning dejó que fuera avanzando por cuenta propia. Si
había un momento significativo al que quería volver, lo haría. Él tenía las condiciones para
hacerlo, pero sobre todo tenía la voluntad para rescatar esos recuerdos y cerrar un ciclo
pendiente.

El cuerpo de Lan Wangji volvió a tensarse. En su cara apareció una mueca de dolor.

—Lan Wangji…

—Tengo… tengo que salvarlo —dijo Lan Wangji con dificultad.

—Recuerda, Lan Wangi —intervino Wen Ning—, no sientes dolor. Solo cuenta lo que ves.
—Wei Ying no está bien… tengo que ayudarlo… tengo que salvarlo. Pero no me deja.

—¿Dónde están? ¿Qué pasó?

—Estamos en Yiling… él está herido. Yo también.

Wei Wuxian no necesitaba más detalles. Las imágenes eran claras ahora. Lo que estaba
viendo Lan Wangji, él podía verlo también.

—No sigan, por favor —susurró sin ser escuchado.

—Wei Ying solo dice que me pierda… pero no puedo, no puedo dejarlo solo —prosiguió Lan
Wangji, torturando a Wei Wuxian con cada palabra.

—¿Quieres parar, Lan Wangji?

—¡No! Necesito saber que va a estar bien.

Wen Ning se aseguró de que Lan Wangji estuviera en capacidad de continuar. Aunque lucía
un poco alterado, su pulso estaba bien, su respiración seguía normal. No había señales de
alerta. Wei Wuxian, en cambio lucía como que estaba a punto de desmayarse.

—Wei Wuxian… si necesitas salir.

Wei Wuxian negó con la cabeza. No iba a dejar a Lan Wangji solo en esto. Vinieron aquí por
los dos y juntos lo soportarían.

—Hermano… ¿por qué están aquí? Déjenme solo… voy a quedarme con Wei Ying. Voy a
protegerlo…

Lan Xichen lo miraba como si comprendiera todo. Wei Wuxian quería preguntarle tantas
cosas, mas no podía en este momento.

—Wei Ying…

Lan Wangji extendió una mano en el aire y Wei Wuxian no soportó más, aferrándose a esta
mano. Si no podía hablar, por lo menos quería dejarle saber que había alguien a su lado que
se preocupaba por él y que nunca lo abandonaría.

—¿Qué está pasando, Lan Wangji? —preguntó Wen Ning después de un largo silencio.

—Tengo que regresar… recibir mi castigo. Luego volveré por Wei Ying. Él está mejor… va a
estar bien… yo volveré.

Wei Wuxian sabía que no volvería. Era la última vez que vería a Lan Wangji. Los días
siguientes fueron lentos y tortuosos, sumergido entre sombras, devorado por los mismos
demonios que evocó y trajo de vuelta a la vida. En su mente no había rastro de Lan Wangji,
no recordaba su rostro, tampoco su voz a pesar de haberla escuchado repetidas veces en
aquella cueva. Recordaba la calidez de la energía espiritual que le transmitía, de su mano
sosteniéndolo con firmeza, pero nada más. Esa otra parte que tomaba posesión de él no lo
dejaba ver más allá. Ni siquiera le dio tiempo a arrepentirse.

La muerte llegó a Wei Wuxian alejado de todos, rodeado de su propia creación. Sus ojos se
cerraron sin aviso y fue como si cayera una gran cortina negra. Así su mundo terminó.

—Quiero volver… pero no puedo…

—¿Por qué no puedes?

—…duele… el castigo…

—¿Dónde estás?

—Encerrado, acostado en una cama. No sé si es mi habitación. No parece mi habitación.

—¿Por qué te castigaron?

—Por defender a Wei Ying. Por romper las reglas de mi clan.

Lan Xichen ya no tomaba notas. Wen Ning lucía desconcertado.

—Hermano… —dijo Lan Wangji. Su voz había perdido intensidad, como alguien que había
perdido todo y no tenía motivos para continuar—. ¿Cómo está Wei Ying? ¿Sabes algo de él?

La habitación permaneció en silencio. Wei Wuxian era el único que tenía una respuesta para
él y no se atrevía a hablar.
Libro en blanco
Chapter Notes
See the end of the chapter for notes

Canción: No Plan - Hozier

There's no plan
There's no kingdom to come
I'll be your man
If you got love to get done

A pesar de todo lo que estaba experimentando, la tranquilidad de Lan Wangji permanecía


inmutable. Era un contraste curioso, porque la mayoría de los episodios a los que había
regresado en su trance, habían dejado una huella emocional fuerte en su vida de entonces. Su
cerebro hizo los saltos apropiados: conocer a Wei Wuxian; reencontrarlo y darse cuenta de
que algo grave sucedía con el; intentar salvarlo de lo inevitable. Los eslabones perdidos de su
historia por fin aparecían ante sus ojos. Ya podía entender de qué se trataba todo.

El viaje a través de su memoria seguía pausado en aquella habitación donde estaba postrado,
recuperándose de unos latigazos que pocas personas eran capaces de soportar. Él era muy
fuerte, un cultivador de renombre, más allá de cualquier humano normal. Sin embargo, las
heridas de su espalda no eran un juego de niños. El tiempo que pasó en cama era muy
confuso y se le hacía eterno, los días se sucedían uno tras otro y nada cambiaba. En aquella
oscuridad, le era imposible calcular.

Su mente decidió llegar a aquel día en que su hermano entró y le informó que Wei Wuxian
había muerto. Entonces el tiempo se aceleró. Sacó fuerzas de donde no tenía y fue en busca
de Wei Wuxian solo para encontrarse con la nada. A su regreso a La Profundidad de las
Nubes, sumado a un cuerpo débil por las heridas, tenía un alma rota. Ya no le importaba
seguir.

Lan Wangji volvió a encerrarse y no se supo más de él.

—¿Lan Wangji? —la voz de Wen Ning volvía a anclarlo a su realidad—. ¿Dónde estás? ¿Qué
sucede?

—Wei Wuxian está muerto. Yo… ya no quiero seguir.

—¿Quieres que detenga el procedimiento?

—Ya no quiero seguir con mi vida —aclaró Lan Wangji. Hablaba del hombre del pasado.

Algunas veces Lan Wangji se preguntaba si alguien podía morir de tristeza. Siempre que se
sorprendía haciéndose esa pregunta, le daba vueltas y vueltas al por qué. De dónde salía. Por
qué llegaban a él esos pensamientos, casi siempre acompañados de una profunda angustia
que se instalaba en su pecho varios días. En este momento pudo comprender el origen de su
interrogante.

—Lan Wangji…

—No pude más —dijo con un hilillo de voz.

El silencio se instaló en ambas realidades. No sabía qué seguía. Suponía que ya tocaba
regresar.

La voz de Wen Ning volvió a llenar sus oídos con ciertas indicaciones. Esos pasajes se
desvanecieron de su cabeza y con lentitud abrió los ojos de vuelta en el consultorio.

La expresión de Wen Ning era neutra. En Lan Xichen, en cambio, encontró cierta simpatía. A
su izquierda, Wei Wuxian agarraba su mano como si de eso dependiera su vida, con los ojos
rojos y las mejillas mojadas. Llevando su mano libre hasta su cara, se dio cuenta de que sus
mejillas también estaban húmedas.

Lan Wangji acercó su mano al rostro de Wei Wuxian, secando sus lágrimas una vez más. ¿Por
qué se estaba haciendo costumbre?

—Creo que tienen mucho de que hablar —dijo Wen Ning, haciéndole una seña a Lan Xichen
—. Regresaremos en un rato.

—Mn.

La caja de pañuelos justo al lado de Lan Wangji atrapó su atención. Tomó un pañuelo para
Wei Wuxian y uno para él. Wei Wuxian se limpió la cara sin mucho ánimo. Al parecer, su
aspecto no le importaba en lo absoluto.

—Yo creía que Hanguang-Jun alcanzaría la inmortalidad algún día —comentó Wei Wuxian
con voz ronca.

—Yo creía que podría salvar a Wei Ying.

Lan Wangji no necesitaba estar dentro de la caótica cabeza de Wei Wuxian para saber lo que
estaba pensando. Y no quería escucharlo. Los dos cometieron errores. Eran jóvenes brillantes
y estúpidos a la vez, cada uno a su manera. Pero eso era parte de un pasado que no podían
controlar ni cambiar. Tenían un presente, un futuro por delante, una nueva oportunidad.

—¿Por qué querías salvarme? Tú... Tú me odiabas.

Eso Lan Wangji no se lo esperaba. Antes de hablar, se volteó para mirar a Wei Wuxian de
frente y sujetó con firmeza sus brazos, como si ese gesto le diera más peso a lo que iba a
decir.

—Yo nunca te odié, Wei Ying. Todo lo contrario.


Wei Wuxian lo miró incrédulo. Luego estalló en una risa que era más que bienvenida para
aligerar el ambiente cargado del consultorio.

—Ahh… estúpido desde tiempos ancestrales.

—No eres estúpido.

—Lan Zhan… cuando se trata de mí, no eres objetivo —Wei Wuxian se acercó a él y lo
abrazó por largo rato—. Creo que es hora de salir de aquí— murmuró contra su pecho.

Lan Wangji pasaba la mano por el pelo de Wei Wuxian sin parar. Eso y abrazar a Wei Wuxian
eran nuevas adicciones para las cuales no tenía pensado buscar ayuda.

—Primero tienes que peinarte.

Wei Wuxian se separó lo suficiente para mirar a Lan Wangji y frunció los labios.

—¿Regresaste con sarcasmo?

Los labios de Lan Wangji se curvaron. Antes de que Wei Wuxian pudiera protestar de nuevo,
le dio un beso en la frente que lo hizo sonrojarse y esconder su cara de nuevo en su pecho.
Tomar a Wei Wuxian desprevenido se estaba convirtiendo en uno de sus pasatiempos
favoritos. Despertaba en él las mejores reacciones, las que quería fijar para siempre en el
álbum de su memoria.

Ambos se despidieron de Wen Ning y de Lan Xichen con la promesa de volver. Esa sesión
era el inicio de muchas otras. Simplemente habían destapado la caja de Pandora, y les tocaba
enfrentar las emociones desatadas por lo que había ocurrido hacía mucho tiempo.

—Lan Zhan… ¿vas a preparar pasta?

Lan Wangji se detuvo antes de entrar al auto.

—No, iremos a tu apartamento. Hoy la cocina es de Wei Ying.

Wei Wuxian se quedó con la boca abierta, justo como esperaba Lan Wangji. No estaba muy
seguro de qué se había despertado en su interior, pero le gustaba. Le gustaba mucho y no iba
a parar.

—Pero no tengo nada —gruñó Wei Wuxian finalmente subiendo al auto.

—El supermercado queda de camino.

—Lo planificaste todo, ¿verdad?

—Mn.
Lan Wangji extrañaba el apartamento de Wei Wuxian, su calidez y la vibra que emanaba.
Aunque su apartamento con la presencia de Wei Wuxian no se sentía tan solitario, pensaba
que no se comparaba con la sensación de hogar que se desprendía de ese pequeño rincón. Y
él necesitaba eso.

Mientras Wei Wuxian seguía buscando excusas para evadir su compromiso culinario, Lan
Wangji se detuvo en el supermercado, donde compraron lo necesario, volvieron al auto,
retomaron la ruta, llegaron al residencial de Wei Wuxian y este seguía refunfuñando de una
forma que Lan Wangji no podía tomar en serio. De todas formas, no iba a poner un pie en la
cocina. Aunque su estómago ardiera por el exceso de picante, no quería otra cosa que el
sazón de Wei Wuxian.

—¿Terminaste? —preguntó Lan Wangji refiriéndose al extendido sermón de Wei Wuxian.


Este solo alzó una ceja, tratando de descifrar la pregunta.

—Eres cruel cuando te lo propones —respondió Wei Wuxian de modo dramático, sacando la
compra de las bolsas para ver cuál sería el menú. Ni siquiera le prestó atención a lo que Lan
Wangji echaba en el carrito.

Lan Wangji se acercó y se paró detrás de él. Al rodearlo con sus brazos, sintió cómo Wei
Wuxian se paralizó, como quien esperaba algo y temía arruinar el momento con el mínimo
movimiento; pero Lan Wangji solo colocó un papel sobre la meseta de la cocina.

—Quiero que prepares esto —le susurró al oído a Wei Wuxian. Lan Wangji notó los vellos de
su piel erizarse enseguida. Resistirse era imposible, así que depositó un beso en su cuello.

—Lan Zhan… —su voz era apenas audible—. Así no puedo leer, mucho menos cocinar.

Entonces Lan Wangji lo abrazó.

—Es una motivación.

Wei Wuxian estaba a punto de convertirse en líquido en sus brazos. Esto le divertía y le
causaba ternura a la vez. Más allá de eso, se preguntó por qué estaba pensando como un
químico. Su risa le sorprendió más el coloquio que se desarrollaba en su interior. Wei Wuxian
intentó voltearse al escucharlo.

—¿Qué? ¿De qué te estás riendo?

—De nada.

—Lan Zhaaaan…

Los brazos de Lan Wangji apretaron más fuerte para evitar que Wei Wuxian se volteara.
Quería extender este momento solo un rato más. Era perfecto así.

—Solo pensaba en la influencia de Wei Ying.

Lan Wangji aflojó los brazos, dejó que Wei Wuxian se volteara y lo estudiara con la cara de
confusión que traía desde que salieron del consultorio. ¿Qué tenía que hacer para que creyera
que se merecía todo lo bueno que le pasara de ahora en adelante? Los dos tenía mucho
trabajo por hacer.

Aprovechando el silencio de Wei Wuxian, Lan Wangji le recogió el pelo en una cola más
apretada. Luego buscó un delantal que guardaba justo para un momento como este y se lo
colocó. La expresión de Wei Wuxian, intentando decir algo que no le salía, era tan pintoresca
que quería agarrar su celular y grabarlo. Descartó la idea de inmediato porque tendría que
romper el contacto visual y no quería perderse un solo segundo.

—El chef está listo —dijo Lan Wangji apreciando su obra—. ¿Necesita algo más?

Wei Wuxian se cubrió la cara con las manos y soltó un largo suspiro. Lan Wangji ya conocía
ese número, así que lo dejó ser, sin caer en el juego. Invertir los roles y ser el travieso por un
día le parecía genial y le gustaba más de lo esperado. Cuando soñó el despertador en la
mañana, no tenía muy claro cómo transcurriría este día y qué pasaría con los dos después de
arrojar cierta luz sobre esa trama bizarra que los unía en esta vida. Sin embargo, si le dieran a
elegir, no cambiaría nada. Estaba más que convencido de que cada momento vivido desde
que Wei Wuxian llegó tarde a ese examen tenía su razón de ser y su debido tiempo.

Cuando volvió a tierra, Wei Wuxian casi lo perforaba con los ojos. Una delgada línea en su
frente le decía que su repentino silencio lo estaba preocupando.

—¿Qué pasa, Wei Ying?

—Eso te pregunto yo a ti… ¿estás bien?

Lan Wangji asintió. ¿Había durado tanto tiempo sumergido en sus reflexiones?

—Estoy bien… mejor que nunca.

Wei Wuxian se llevó una mano al pecho.

—No vuelvas a asustarme así si quieres comer.

Lan Wangji le echó un vistazo a la cocina. Notó que todo seguía exactamente en el mismo
lugar. Luego bordeó el desayunador y se acomodó en una de las banquetas de madera.

—Quiero comer, pero al ritmo que vas…

Wei Wuxian le dio la espalda a Lan Wangji, agarró el cuchillo y tomó unas verduras para
picarlas. Lan Wangji empezó a contar mentalmente los segundos hasta que Wei Wuxian se
volteara y le reclamara.

Cinco… cuatro… tres… dos…

—Sabes, Lan Wangji…— dijo señalándolo con el cuchillo. La vista tenía el potencial de ser
amenazadora, pero el delantal no ayudaba mucho—. Te quiero mucho, pero a veces eres…

Wei Wuxian se detuvo de repente. Su cara se puso más roja que cuando se pasaba de picante.
Lan Wangji también sentía cómo aumentaba la temperatura de la piel de su cuello y su cara.
Por suerte, casi nunca se le notaba más allá de sus orejas. Era la primera vez que uno de los
dos hablaba de sus sentimientos hacia el otro. Y, aunque su corazón estaba palpitando a mil,
quería molestar un poco más a Wei Wuxian.

—¿Me quieres mucho?

—Aiya…

Con manos temblorosas, Wei Wuxian soltó el cuchillo, tomó su celular y lo manipuló con
torpeza. La curiosidad de Lan Wangji no duró mucho tiempo. Una melodía que no era capaz
de identificar inundó el ambiente y Wei Wuxian empezó a mover la cabeza y el cuerpo al
compás de la música.

—Te presento…— dijo tomando el cuchillo de nuevo para masacrar una pobre zanahoria—
el playlist de cocina de Wei Ying.

Debió verlo venir. Wei Wuxian era experto en arreglar cualquier situación con música. A su
catálogo mental agregó entonces esta nueva “lista de reproducción de cocina de Wei Ying”.
Limpieza, ducha larga, domingos patéticos, viajes en hora pico… Ya eran tantas que tendría
que empezar a tomar notas.

Eso, en realidad, no le importaba. Todo lo que estuviera relacionado con Wei Wuxian tenía
pase directo al rincón de tesoros de su memoria.

Chapter End Notes

No puedo creer que esto lleva más de 70K... esto empezó con 50K y decía que era
demasiado.

Ay Wangxian... ¡me pones de relajo! Pero los amo tanto. Estoy exhausta, me duelen los
ojos de tanto trabajar, pero estos dos me devuelven a la vida.
Piel
Chapter Notes

1. Es mi cumple, así que quería regalarme este capi ñoño.


2. El segundo capi de la semana será sábado o domingo. De momento, me desconecto.
¡Disfruten!

Canción: Skin - Madonna

Kiss me, I'm dying


Put your hand on my skin
I close my eyes
I need to make a connection
I'm walking on a thin line

Wei Wuxian no quería cerrar los ojos. Mantenerlos abiertos le costaba tanto, pero tanto, sin
embargo lo intentaba. Valía la pena el esfuerzo. La vista de Lan Wangji sobre él, dedicándole
una mirada cargada de cosas para las cuales no existían palabras en el diccionario, con
mechones rebeldes enmarcando su rostro ligeramente sonrojado, sus labios coqueteando con
una curva discreta que no era sonrisa, sino mucho más, era algo a lo que no estaba
dispuesto a renunciar. El problema era que las manos de Lan Wangji causaban en él efectos
más fuertes que su capacidad de controlar sus párpados.

En un momento, su espada se curvaba, de repente extrañaba esos labios sobre sus labios.
Luego esos labios sobre su cuello, acompañados de pequeños mordiscos que arrancaban
suspiros o quejidos. O la mano que tímidamente subía desde su rodilla hasta su entrepierna.
O la forma juguetona en que Lan Wangji mordía el lóbulo de su oreja, mientras su
respiración entrecortada le causaba un escalofrío que llegaba a la planta de sus pies.

Mientras tanto su cerebro luchaba para conectar la imagen del Lan Wangji que conoció en el
instituto, el que no sabía sonreír, el de las miradas de desaprobación y la disciplina
intachable, con el Lan Wangji que se revelaba ante él como una película inédita, que
aprendía con increíble rapidez y memorizaba los movimientos y los rincones de su piel donde
arrancaba los mejores gemidos.

Wei Wuxian también quería hacerlo sentir lo que él estaba sintiendo, mas no encontraba
oportunidad de escapar de aquel ataque imprevisto, del cual no tenía queja alguna excepto
el temor de que todo terminara muy rápido porque se sentía demasiado bien.
Cuando volvió a abrir los ojos -sin recordar el momento en que los había cerrado- Lan
Wangji estaba besando el trayecto debajo de su ombligo y el sonido que escapaba de su
garganta era algo que le avergonzaría en otras circunstancias. La cola de Lan Wangji era
casi un recuerdo; los mechones que caían a cada lado de su rostro eran cada vez más,
rompiendo la armonía característica de su dueño. Entonces se dio cuenta de que gran parte
de la cola de Lan Wangji estaba en su mano en forma de puño y probablemente ese look
desaliñado fuera obra suya.

Lan Wangji levantó la mirada cuando la mano de Wei Wuxian soltó su pelo y Wei Wuxian
sentía que iba a morir. No podía computarlo… Lan Wangi entre sus piernas, con el mentón
apoyado justo debajo de su ombligo, con los ojos clavados en los suyos enviando un mensaje
que bailaba entre la advertencia y la anticipación.

—Lan Zhan…

Ven aquí, quería decirle, pero no salía nada más. Lan Wangji sonrió sin disimularlo y Wei
Wuxian aceptó su destino. Estaba perdido. No había vuelta atrás. Si existía la opción de no
abandonar nunca esa cama y ser el único testigo de esta versión de Lan Wangji, firmaría sin
pensarlo, sin leer las letras pequeñas del contrato.

Ya sabía que Lan Wangji tenía un ego inflado que sabía camuflar muy bien con su
personalidad serena. Ahora ese monstruo no necesitaba ocultar lo mucho que estaba
disfrutando volverlo un manojo de nervios que experimentaba todos los estados de la
materia en cuestión de segundos.

La sonrisa desapareció, dando paso a otra mordida y más besos y más hacia abajo y Wei
Wuxian solo atinaba a echar la cabeza hacia atrás y morderse los labios y dejar de pensar en
lo que vendría después, porque sería muy vergonzoso venirse en sus pantalones cuando la
fiesta apenas comenzaba.

Al sentir la mano de Lan Wangji con firmeza justo sobre su erección, separada apenas por
una fina capa de tela, algo se activó en su cerebro y volvió a mirar. Se dio cuenta entonces de
que ya no tenía puesta la camiseta y que el pantalón estaba vuelto un etcétera en alguna
esquina de la cama, mientras que Lan Wangji estaba completamente vestido. ¿En qué
momento le había quitado la ropa?

—Lan Zhan…

—Mn…

—Algo anda mal aquí.

El semblante de Lan Wangji se tornó serio enseguida. Wei Wuxian aprovechó para tomar
ventaja.

—Tienes toda la ropa puesta.

Wei Wuxian no esperó a que Lan Wangji procesara la información para sentarse y halarlo
por las solapas de su camisa, atrayéndolo hasta tenerlo al alcance de sus besos y
demostrarle que el también podía sorprender. Que también tenía dedos astutos y rápidos
aunque no tocara el guqin. Lo evidenció desabrochando la camisa de Lan Wangji mientras le
robaba el aliento literalmente. Cuando se separaron para tomar aire, notó que el rojo que
normalmente se quedaba en las orejas de Lan Wangji, había pasado a su cuello y a sus
mejillas.

Lan Wangji sin camisa era otro problema. Wei Wuxian desvió rápido sus pensamientos. Ya
tendría ocasión para dedicarle el tiempo merecido a los músculos de su pecho, esos que
escondía muy bien debajo de sus camisas y sus suéteres. Su prioridad era deshacerse de unos
pantalones que le impedían sentir más piel contra su piel, llevar al límite las sensaciones que
podía experimentar esa noche.

—Ahora sí —comentó Wei Wuxian asintiendo en señal de aprobación.

Pero… Wei Wuxian no contaba con que su momento de protagonismo duraría muy poco
porque Lan Wangji, cuando se lo proponía, no tenía rival. Y otra vez estaba encima de Wei
Wuxian… y a Wei Wuxian se le volvió a olvidar cómo se envía un mensaje a su cerebro para
que sus brazos obedecieran. O para que su garganta dejara de emitir esos sonidos tan…

—Lan Zh…

Lan Zhan lo silenció de nuevo. Aun cuando dejó en libertad sus labios no pudo pronunciar
palabra porque rápidamente una mano de Lan Wangji estaba sobre su ropa interior y esa
fina tela que antes los separaba dejó de ser un obstáculo entre los dos y la mano de Lan
Wangji lo rodeaba y…

—Ohhh…

Si era frío o calor o algo entre medio… esa variable no tenía comparación porque no era lo
mismo su mano que la de otra persona, ni era lo mismo estar a solas que con alguien que no
simplemente lo tocaba como el más delicado de los instrumentos, sino que iba tatuando con
sus labios cada milímetro y cada esquina de un cuerpo que pensó que jamás recibiría una
gota de amor.

Otra vez la batalla por abrir los ojos lo dejaba exhausto, pero no por eso dejaba de ser
placentero. Y entonces sí tendría que pellizcarse para comprobar que era verdad que Lan
Zhan estaba recorriendo su miembro con su lengua, para luego depositar un beso en la
punta y abrir su boca y…

—¡Wei Ying!

Wei Wuxian volvió a su realidad, que comprendía un laboratorio lleno de jóvenes en medio
de una práctica, Lan Wangji frente a él y una pipeta aun rozando sus labios. ¿Por qué Lan
Wangji estaba pipeteando con la boca? Tratando de esconder que el corazón le latía a millón,
se frotó los ojos en busca de algún sentido a lo que acababa de sucederle.

Hizo un rápido repaso mental: Lan Wangji llegó al laboratorio a ver su práctica, Wei Wuxian
explicó el experimento y luego Lan Wangji se antojó -como siempre- de hacer parte del
experimento también, por eso terminó con una pipeta en la boca que llevó a Wei Wuxian de
vuelta a ese primer día en que hicieron… cosas.

Su rostro estaba rojo… sin tener un espejo consigo estaba consciente de que todos podían
notar su estado.

—¿Se siente bien, maestro Wei?

Con un ademán de mano y su risita nerviosa, Wei Wuxian buscó salir del apuro, pero Lan
Wangji lo conocía mejor que nadie. Aunque, al parecer, en esta ocasión la verdadera razón de
su bochorno pasaba desapercibida para él. De saberlo, no hubiera seguido sosteniendo la
pipeta tan cerca de su boca, rozando sus labios de la misma manera en que lo hizo anoche y
la noche anterior a esa y…

—Wei Ying… ¿qué pasa?

Fingiendo una tos, Wei Wuxian se levantó rumbo a la puerta del laboratorio.

—Voy a… tomar un poco de aire. Creo que fue el amoníaco.

La excusa era tan mala que Wei Wuxian ni se atrevió a mirar la cara de sus estudiantes. Se
preocuparían un rato, pero este tipo de cosas sucedían a veces. Aunque él nunca era el
protagonista. Apenas pudo respirar un poco de aire fresco cuando el perfume de Lan Wangji
le avisó enseguida que ya estaba a su lado antes de que hablara. ¿Cómo le pedía de la manera
más inofensiva posible que se fuera de la clase para así poder terminarla?

Como aparentemente estaba poseído por un adolescente de trece años, carecía de capacidad
para controlar sus neuronas. Y su mente caprichosa, que normalmente pasaba tantas
imágenes por segundo que terminaba teniendo pésima memoria, decidía dejar como imagen
fija a Lan Wangji entre sus piernas succionándole la existencia.

—¿Te sientes mal?

El salto que pegó Wei Wuxian no lo iba a ayudar a convencer a Lan Wangji de que realmente
estaba bien, excepto por su repentina excitación que empeoraba con cada centímetro que Lan
Wangji sustraía a su favor. Pensar en electrones de valencia… quizá esa era la salida.

—Ah.. Lan Zhan.. ¿y esa cara? Estoy bien… solo estoy un poco viejo para tantos reactivos.

Lan Wangji alzó una ceja. Wei Wuxian se recostó del muro, suspiró mirando hacia el patio
central, donde había un pozo al que nunca le había prestado atención hasta ese momento. ¿Le
funcionaría lanzar una moneda o el pozo lo ignoraría tal como él lo había hecho todo este
tiempo?

—Te vas a reír si te digo lo que me pasa.

La ceja de Lan Wangji subió un poco más. Estaba a punto de romper su propio récord.

—Hagamos algo… —agregó Wei Wuxian acercándose a él lo suficiente para convencerlo de


cualquier cosa, pero no tanto para llamar la atención de los demás—. Vas a ir a la biblioteca a
echarle un vistazo a ese libro del que me hablaste, en lo que yo termino la práctica. Entonces
nos vamos a casa y te cuento todo, ¿sí?

Lan Wangji asintió no muy contento con la propuesta. Odiaba que Wei Wuxian lo dejara a
oscuras, sobre todo después de todo el trauma de los sueños y la regresión. A pesar de su
incomodidad, respetaba el espacio de Wei Wuxian y cedía. Y Wei Wuxian lo amaba un
poquito más por eso. Quería besarlo ahí mismo, mas su única opción era contenerse.

Wei Wuxian volvió a entrar al laboratorio sin rubor en sus mejillas y con el ánimo recargado,
repitiendo fórmulas al azar en su cabeza para no perder el control otra vez.

—¿Todo bien con el novio, maestro Wei? —le preguntó una estudiante no bien puso un pie
dentro.

—¿Quieres repetir el semestre?

El intercambio fue tan rápido que el paso de la risa a un “ohhh” colectivo tardó apenas
segundos.

—Está prohibido mentir en el Instituto Lan —continuó la estudiante aun creyendo que podría
salir ilesa del intercambio.

Wei Wuxian colocó las manos en sus bolsillos y comenzó a recorrer el laboratorio, mirando
el trabajo de cada uno con más atención que en un examen final. Cuando todos cerraron sus
bocas y pusieron sus ojos asustados sobre él, lanzó su última sentencia.

—Tengo una cita en cuarenta minutos con el Lan más apuesto de este instituto. Así que ya
saben lo que tienen que hacer para no perder puntos. Hoy ando restando por partida doble.

Ese método funcionó tan bien que antes de los cuarenta minutos Wei Wuxian estaba en la
biblioteca, sorprendiendo a Lan Wangji con un abrazo por la espalda. Antes de que este
pudiera decir algo, Wei Wuxian se adelantó.

—No hay nadie aquí, así que puedo hacer cualquier cosa ahora mismo y no tendremos
testigos.

Lan Wangji volteó ligeramente. Lo miró mordiéndose los labios, con cara de estar recitando
todas las reglas en su mente.

—Tranquilo, Lan Zhan. Es una de mis fantasías que me cojas en la biblioteca, pero hoy
prefiero la comodidad de mi cama… o de la tuya.

Wei Wuxian decidió que en cuanto tuviera oportunidad anotaría esta fecha. Primero fue
testigo de la rapidez con que sus estudiantes terminaron la práctica y dejaron el laboratorio
impecable. Ahora presenciaba cómo Lan Wangji recogía sus cosas como corredor olímpico
intentando superar su propia marca. Por supuesto, sin perder su sello Lan.
Cuánta razón tenía su shijie cuando decía que al estar enamorado todo cobraba sentido y
dejaba de tenerlo a la vez.
Reconciliación

Canción: Lovesong - The Cure

Whenever I'm alone with you


You make me feel like I am young again
Whenever I'm alone with you
You make me feel like I am fun again

Lan Wangji nunca había viajado en tren. Nadie lo creería. Tampoco le dio tanta importancia
al asunto hasta que vio la estación y se alojó en él una extraña sensación que no dejaba de ser
agradable.

—Alegría se llama eso —dijo Wei Wuxian haciendo malabares con su equipaje.

Wei Wuxian había vuelto a casa en dos ocasiones desde que se instaló en Gusu. Esta vez el
regreso tenía un matiz distinto. Se le notaba a kilómetros. Para empezar, no estaba haciendo
ninguna de las cosas que le comentaba a Lan Wangji entre sus tantas anécdotas. No traía una
montaña de golosinas para hacer que las cuatro horas de viaje fueran menos aburridas. Ni
cargaba un libro que nunca leería, ni había mencionado una nueva lista de reproducción
cuidadosamente curada para viajes en tren.

—Porque los viajes en tren de por sí son nostálgicos —le explicó Wei Wuxian el día anterior
tratando de meter algo más en una maleta que casi suplicaba piedad—, no es bueno tentar a la
suerte.

Lan Wangji solo asintió, sin más opción que creerle. No conocía eso. También era su primera
vez viajando por placer. Su vida hasta ese momento había transcurrido en Gusu y todo lo que
necesitaba estaba en esa ciudad. Las contadas veces que viajaba lo hacía en un avión que lo
llevaba a algún país muy lejano que le esperaba con más conocimientos para meter en su
cerebro. Lan Xichen algunas veces lo acompañaba, haciendo lo imposible para que disfrutara
el viaje, pero siempre tenía ese sabor a misión y a compromiso que no le dejaba ser libre.

—Wei Ying…

Lan Wangji regresaba de la cafetería con dos vasos enormes y dos bolsas de papel que
atraparon los ojos de Wei Wuxian de inmediato. Contrario a él, Lan Wangji lucía como quien
iba a la biblioteca de la esquina a trabajar en su tesis: una simple mochila sobre su espalda y
nada más.

—¿En serio eso te da para una semana? —preguntó Wei Wuxian por quinta vez.

La pregunta estaba de más. Wei Wuxian ya lo había visto meter diez camisas donde a él
apenas le cabía un pantalón. Wei Wuxian le confesó en ese entonces que creía que su
apartamento era mágico: siempre lucía vacío y espacioso cuando en realidad albergaba una
cantidad inimaginable de cosas. En su mejor acto de modestia, le explicó que simplemente
era experto en almacenar sin desperdiciar el espacio.

Wei Wuxian le prometió leer a Mari Kondo para ver si así podía algún día acompañarle en el
misterioso camino del minimalismo, pero solo lo vio con el libro en dos ocasiones. Luego
desapareció sin motivo alguno. En un arranque gritó que no podía deshacerse de nada, que
curiosamente, de unos meses para acá, todo le causaba felicidad.

—Mn. Estoy seguro de que ante cualquier eventualidad, tu enorme maleta servirá de algo.

Lan Wangji le pasó un vaso y una de las bolsas. La idea era tener algo para picar en el
trayecto, o al menos cuando abordaran. Viendo el rostro de Wei Wuxian, esa idea ya no le
parecía tan factible.

La llamada de abordaje para los pasajeros rumbo a Yunmeng interrumpió los planes de Wei
Wuxian. Lan Zhan quería ayudarlo… pero por dónde empezaba. Lo miraba hacer un pequeño
número de circo mientras cargaba su maleta, la comida, más el cojín que terminó colocando
en su cuello.

—Ahh… Lan Zhan… nuestro primer viaje— Wei Wuxian hizo un intento para agarrarlo del
brazo, cosa que le resultaba imposible—. Espero que no te duermas o te pongas a leer.

—No… —respondió Lan Wangji tomando de vuelta el vaso y la bolsa antes de que todo
terminara en el suelo o sobre la ropa de uno de los dos—. Voy a hablar contigo todo el
camino.

—¿Cuatro horas? Nunca hablas tanto, Lan Zhan.

Cuando subieron al tren, Wei Wuxian se concentró en la búsqueda de sus asientos. Lan
Wangji iba detrás de él estudiando todos sus gestos. Aunque no viera su rostro, imaginaba su
sonrisa y sus ojos irradiando alegría por todo el pasillo. Una de las partes favoritas de Wei
Wuxian era llegar a su asiento… otro dato curioso compartido en una tarde de ocio. Lan
Wangji empezaba a entenderlo ahora… era el preludio del viaje, la emoción de la partida y de
disfrutar el camino tanto como la realización del sueño de llegar a destino.

Wei Wuxian se detuvo de golpe justo en el momento calculado por Lan Wangji. Tal como
predijo, miró el boleto y el número de asiento una y otra vez. Entonces se volteó con la
expresión de confusión que Lan Wangji estaba esperando.

—Lan Zhan…

—Mn.

—¿Por qué nuestros asientos están aquí?

Lan Wangji se encogió de hombros. Se le estaba haciendo difícil mantener sus labios en esa
línea recta que lo hacía lucir como un robot.

—Me pediste que comprara los boletos.


Wei Wuxian soltó un suspiro que Lan Wangji decidió ignorar para no empezar a pensar cosas
sin sentido. Todavía tenía que batallar con su lado inseguro. A veces no era tan sencillo.
Sobre todo si se trataba de Wei Wuxian. Cuando compró los boletos de primera clase,
esperaba algún tipo de reprimenda. Wei Wuxian seguía sin saber cómo recibir regalos. Lan
Wangji persistiría hasta que aprendiera.

—Lan Zhaaaan… esto es tan grande que te tendré muy lejos.

—Si no estás cómodo, podemos cambiar.

—Naahhh —respondió acomodando su equipaje—. ¿Ventana o pasillo?

—Lo que quieras.

Wei Wuxian se puso tan serio que Lan Wangji pensó que de verdad había un problema. En
silencio acomodó las cosas de ambos, luego alteraba su mirada entre él y la vista por la
ventana.

—Es tu primer viaje en tren —su voz cargaba la misma seriedad de su rostro—. Te toca la
ventana.

Wei Wuxian hizo espacio para que Lan Wangji pasara. Lan Wangji obedeció aun perdido en
el repentino cambio de su acompañante.

—Felicidades, Lan Zhan.

Lan Wangji no tenía un espejo a mano, pero no lo necesitó. Wei Wuxian estalló de risa en
cuanto lo miró fijamente a los ojos.

—¿Por qué me felicitas? —su voz era apenas un murmullo.

—Eres la primera y única persona a la que le doy la ventana. Ahhh… Lan Zhan… ¿que estás
haciendo conmigo?

—¿Alterándote el pH?

Wei Wuxian abrió la boca, la volvió a cerrar… lo señaló totalmente mudo y se llevó la mano
a la cabeza. Parecía querer reírse, decir algo, todo a la vez pero nada le salía. Lan Wangji se
sentó y echó un vistazo por la ventana. El andén de la estación no le interesaba en absoluto;
solo buscaba una forma de esconder la sonrisa que ya no podía controlar.

Cuando sintió que halaban su brazo con insistencia se dio por vencido y se volteó. Bastó
mirar a Wei Wuxian unos segundos para empezar a reír. Desde ese día en la heladería no
había tenido una ataque de risa como este.

—Lan Zhan… haces chistes malos y además te ríes de ellos. Soy muy mala influencia.

Lan Wangji no quería que dijera más. Ya le dolían las costillas de tanto reír.

*
Yunmeng les dio la bienvenida con un atardecer muy distinto a los que Lan Wangji
acostumbraba a ver en Gusu. Saliendo de la estación, la realidad de aquella ciudad recibió a
Lan Wangji con una bofetada de aire cálido que enrojeció su piel.

En medio del estacionamiento, Jiang Yanli los esperaba con una enorme sonrisa, moviendo
su mano de un lado a otro.

—Le dije que podíamos tomar un taxi —le susurró Wei Wuxian—, pero es más terca que tú.
¡Shijie!

Wei Wuxian corrió a abrazarla con todo y maleta. Lan Wangji se preguntaba de dónde le salía
tanta energía. Aun viéndolo saltar como poseído en el concierto, le seguía sorprendiendo su
forma tan explosiva de ser.

Lan Wangji mantuvo su distancia. Jiang Yanli no era una desconocida para él, pero tampoco
una figura familiar. Desde su visita a Gusu solo había hablado con ella dos o tres veces
cuando Wei Wuxian insistía en ponerlo frente a la cámara en su llamada semanal. Su calidez
era contagiosa, como la de Wei Wuxian, sin embargo, él apenas se estaba acostumbrando a
Wei Wuxian. El contacto con las personas no era su fuerte.

—¡Lan Wangji! ¡Bienvenido!

Jiang Yanli abrió los abrazos acercándose a él y Lan Wangji sintió sus pies paralizarse, como
si hubieran echado raíces en el concreto.

—Shijie… a Lan Zhan no le gusta tocar a las personas.

—Va a aprender— dijo ella llegando hasta Lan Wangji y rodeándolo con sus brazos sin
preámbulos—. Además, ¿cómo no voy a abrazar a la persona más importante para mi A-
Xian?

Lan Wangji apenas reaccionó cuando Jiang Yanli se separó de él.

—Y mejor se portan bien, porque sigo molesta. No puedo creer que no quisieran quedarse en
el orfanato.

—No queríamos molestar —fueron las primeras palabras de Lan Wangji.

—Ridículo —refutó abriendo el baúl de su auto—. Eso no es molestia.

Wei Wuxian guardó las maletas y Lan Wangji se quedó de pie junto al auto en busca de
alguna señal que le indicara qué hacer.

—¿Cómo estuvo el viaje? —preguntó Jiang Yanli haciéndole una seña a Lan Wangji para que
subiera. Lan Wangji iba directo al asiento de atrás—. ¡Hey! Te toca delante… eres el turista
aquí.

Lan Wangji le echó un vistazo a Wei Wuxian, quien trataba de contener la risa sin mucho
éxito.
Jiang Yanli los dejó en el hotel con la promesa de pasar por ellos temprano para desayunar.
Se salvarían de la invitación a cenar porque estaban cansados por el viaje y consideraban más
prudente llegar a desempacar y acomodar sus cosas para aprovechar al máximo su agenda
desde el día siguiente. Wei Wuxian quería mostrarle tantas cosas que no estaba seguro de que
el tiempo les alcanzaría. De todas formas, cualquiera que fuera el recorrido, Lan Wangji tenía
la certeza de que sería placentero. Tenía la mejor compañía.

Cuando Wei Wuxian abrió la puerta de la suite, solo entornó los ojos. Ignorarlo era lo más
saludable. Su drama duraría unos pocos minutos. Antes de que el huracán Wei se desatara,
Lan Wangji abrió su mochila, ubicó su lado del closet y empezó a colocar su ropa, la cual
llegó sin una arruga.

—¿No puedo dejar todo en la maleta?

Wei Wuxian ya estaba sobre la cama con los pies y los brazos extendidos, como quien no
tenía la menor intención de pararse de ahí.

—Si quieres planchar cada día…

-Aiya, Lan Zhan… ya parecemos una vieja pareja aburrida y ni siquiera hemos pasado por la
luna de miel.

Lan Wangji terminó de empacar sus cosas. Abrió la maleta de Wei Wuxian y éste enseguida
saltó de la cama.

—Noo… déjame eso a mí.

—Puedo ayudar sin problemas.

Solo así Wei Wuxian organizaría sus cosas sin quejarse.

Después de ducharse, ambos subieron al restaurante que tenía una terraza más espectacular
que lo que mostraban las fotografías en su página web. Si bien para cenar querían algo ligero,
estaban de acuerdo en que tomar aire fresco era una buena idea.

Wei Wuxian se entregó al paisaje desde que se ubicaron en la mesa que eligieron. Lan Wangji
también quería apreciar el paisaje de Yunmeng, pero sus ojos terminaban distraídos por Wei
Wuxian.

—Es tan raro…

—¿Qué cosa?

—Estar en un hotel en esta ciudad.

Claro. Debía ser extraño ser extranjero en su propia tierra. Aunque dudaba que Wei Wuxian
realmente se sintiera en casa en este lugar.
—¿Cómo te sientes?

Lan Wangji hacía la pregunta esperando silencio a cambio. Hablar del pasado para Wei
Wuxian era terreno fangoso. Para él era igual. De todas formas, a tropezones iban
aprendiendo a desenredar los nudos.

—Pues… ni yo mismo creo que diga esto, pero… finalmente puedo hacer las paces con este
lugar.

Wei Wuxian extendió una mano hacia Lan Wangji invitándolo a ponerse de pie. Mientras
llegaba la cena, una ciudad enorme encendía sus luces ante sus ojos. El viento jugaba con el
pelo de Wei Wuxian y lo hacía lucir diez años más joven. Quizá era una visión de ese Wei
Wuxian que recorría estas mismas calles antes de conocerlo. No había visto una foto suya de
esos años y era lo que más anticipaba de su visita al orfanato. Ponía su fe en que Jiang Yanli
podría satisfacer su curiosidad.

—Ese edificio de allá —señaló Wei Wuxian con su enorme sonrisa, —es la facultad de
química. Pero no te pienso llevar… escucharás cosas que no son ciertas.

—Mn. No importa lo que escuche, solo le creeré a Wei Ying —prometió Lan Wangji
dejándose arrastrar por la magia de la ciudad. Sintiéndose joven por primera vez.
En espiral
Chapter Notes

El segundo capítulo de la semana lo subiré mañana porque el universo conspiró para que
no pudiera terminar de editar hoy.

Disfrútenlo despacito porque esto se acaba la semana próxima ;)

Canción: Those Were The Days - R Plus

We were kids
We'd know it all
We will live
We will love forever more

Wei Wuxian se detuvo en la puerta, la cabeza inclinada hacia arriba y la mirada fija entre un
enorme letrero con el nombre del orfanato y el cielo. De niño creía que cuando creciera el
letrero y el cielo no estarían tan lejos de sus manos. Le bastó extenderla para confirmar que
se equivocaba. Seguía siendo muy pequeño en comparación.

A su lado, Lan Wangji no le quitaba los ojos de encima. Percibía su preocupación aunque no
escuchara sus palabras. Wei Wuxian se volteó a mirarlo sonriendo en competencia con el sol
de la mañana.

—Lan Zhan… bienvenido a mi antigua casa.

Lan Wangi tomó su mano y Wei Wuxian empezó a caminar saboreando cada segundo de esa
primera vez que atravesaba esa entrada en compañía de alguien. Había recorrido ese sendero
infinidad de veces, en circunstancias diversas, ninguna de las cuales le ofrecía la sensación de
seguridad que en ese instante le invadía.

Golpeado por una oleada de sentimientos encontrados, tomó aire dos, tres, cuatro veces, en
un intento desesperado para evitar el ardor en sus ojos. Era muy temprano para llorar. Lan
Wangji apretó su mano como si leyera su mente y, como por arte de magia, la tierra bajo sus
pies volvió a aparecer.

—Shijie ya debe estar en el comedor —dijo Wei Wuxian sin molestarse en aclarar su
garganta—. Espero que no te espantes.

—¿Por qué me espantaría?


—Ni siquiera soportas el comedor del instituto. Este no se compara.

Por la forma en que Lan Wangji lo miró, Wei Wuxian supo que este no le creía.

—Ahhh… Lan Zhan… no conoces el caos, pero lo conocerás pronto.

Halándolo del brazo, Wei Wuxian llevó a Lan Wangji hasta la puerta del comedor, la cual
abrió de repente queriendo hacer una entrada triunfal. En su interior, decenas de niños
sentados en varias mesas largas de madera esperaban su desayuno en silencio.

—¡A-Xian!

Jiang Yanli corrió hasta ellos y los recibió con un enorme abrazo. Detrás de ella, se asomaron
unas cabecitas curiosas, al tiempo que todo el comedor volteó a mirarlos.

—¡Es el profe Wei!

Wei Wuxian trató de dividir su atención entre la avalancha que iba a saludarlo y la transición
en el rostro de Lan Wangji al ver cómo el comedor que había encontrado en total paz se
convertía rápidamente en un campo de batalla.

—Te lo dije —le susurró sin saber si Lan Wangji lo escucharía.

Entre el abrazo de su shijie y unas manitas que se agarraban de sus piernas, Wei Wuxian
trataba de recordar tiempos que parecían tan remotos, cuando solo había pasado par de meses
desde su última visita.

Wei Wuxian cargó a la niña más pequeña que lo llamaba sin parar.

—¿Me extrañaste, meimei?

La niña asintió sin dejar de mirar a Lan Wangji.

—¿Por qué no te creo? —la niña ignoró la pregunta. Wei Wuxian empezaba a creer que
quería que la cargara solo para estar más cerca de Lan Wangji—. ¿Te gusta este gege?

Al notar que las orejas de Lan Wangji y las mejillas de la niña se ponían rojas al mismo
tiempo, Wei Wuxian soltó una carcajada.

—Tienes una fan, Lan Zhan.

Lan Wangji lucía como una estatua y Jiang Yanli decidió ayudarlo a escapar.

—Deja de molestarlo, A-Xian. Vamos a nuestra mesa, Lan Wangji… si nos llevamos de estos
dos no comemos hoy. Siempre que viene, es lo mismo.

—Con razón dijo que el comedor era caótico.

Wei Wuxian se quedó boquiabierto. El muy traidor de Lan Wangji ya estaba confabulando en
su contra con su propia hermana. Había creado un monstruo.
—No es cierto… ¡el caos lo trae él! —aseguró Jiang Yanli mirando de reojo a Wei Wuxian.

—Ya veo que no me necesitan —murmuró Wei Wuxian rumbo a una mesa que no era la que
tenía prevista—. Mejor desayuno con mis niños.

Contra todo pronóstico, Lan Wangji abandonó a Wei Wuxian más allá del desayuno. Su shijie
se tomó en serio el rol de anfitriona, pero solo para el único invitado real. Wei Wuxian era
parte de la familia y, según ella, podía moverse y resolver cualquier asunto por sí mismo.
Además, los niños no le daban tregua. Después del desayuno, empezaban las demás
actividades y él se encontró saltando de salón en salón, asumiendo roles desde asistente de
profesor hasta encargado de cambiar pañales.

El reloj casi marcaba las doce cuando Wei Wuxian vio a Lan Wangji acercarse todo
pensativo.

—Estaba a punto de pagar tu rescate —dijo Wei Wuxian caminando hacia él—. ¿Qué tanto
hablaron?

—Cosas…

—¿Cosas? ¿Qué cosas?

La expresión de Lan Wangji pertenecía al pequeño grupo de microexpresiones que Wei


Wuxian todavía tenía problemas para interpretar. Y lo peor era que lo estaba haciendo a
propósito. ¿De qué podrían haber hablado esos dos que Lan Wangji no quería soltar la sopa?
Él era el protagonista de la conversación, sin duda alguna, pero…

—Ohh… no me digas que fue… —Wei Wuxian se acercó un poco más para susurrarle— la
charla.

—Mn.

Wei Wuxian se tapó la boca con una mano para controlar su risa. No quería llamar la atención
de los niños ni de ninguno de los empleados del orfanato. Había encontrado a Lan Wangji y
no pensaba soltarlo por el resto del día.

—Ven… quiero enseñarte algo antes de que me atrapen de nuevo.

Wei Wuxian lo llevó hasta la que había sido su habitación hasta el momento en que se mudó
a Gusu. Si bien vivía en un pequeño estudio que rentó cuando empezó a trabajar, su shijie
decidió dejar esa habitación intacta para cuando quisiera regresar. Incluso cuando volvió de
Gusu en sus primeras vacaciones, se encontró con la sorpresa de que seguía reservada para él,
aun cuando le hizo prometer a Jiang Yanli que la usara para algo más en vez de desperdiciar
ese espacio.

—Mi antigua habitación.


Lan Wangji se tomó su tiempo para estudiar cada esquina. Por momentos miraba a Wei
Wuxian, luego volvía a su exploración.

—Se nota que ya no estás aquí.

Wei Wuxian frunció los labios. Iba a responder el comentario cuando notó su vieja maleta,
aun forrada de post-its -algunos reforzados con cinta adhesiva- en una esquina.

—Realmente ya no vivía aquí —Wei Wuxian se acercó a la maleta y se puso de cuclillas


frente a ella—. A mitad de carrera, conseguí un trabajo y me mudé solo. Pero antes de irme a
Gusu pasé mi última semana aquí y bueno… esta maleta fue lo único que dejé.

—¿Qué tiene?

—Cosas que no estaba seguro de llevarme.

Sintiendo como tronaban sus rodillas, Wei Wuxian se puso de pie y llevó la maleta frente a la
pequeña cama donde pasó tantas noches en vela. Se sentó y dio golpecitos a su derecha para
que Lan Wangji se sentara junto a él. Luego acomodó la maleta en el suelo para abrirla.

El contenido era tan diverso que parecía un collage: desde algunas piezas de ropa, pasando
por varias libretas, objetos curiosos, hasta un estuche que sobresalía entre todo lo demás. Fue
lo primero que Wei Wuxian tomó en sus manos. En su interior reposaba un dizi negro que
arrebató un soplido de Lan Wangji.

—Chenqing… —susurró.

—Es muy parecida —respondió Wei Wuxian sujetándola—, igual que tu guqin. Pero
supongo que no se llama Wangji.

Lan Wangji, con media sonrisa, movió la cabeza de un lado a otro.

—¿Por qué la dejaste?

—Cuando empecé a verla en mis sueños me espanté y no quise volver a tocar. No iba a
cargar con algo que me recordaba lo que quería dejar atrás.

Lan Wangji volvió a mirar el interior de la maleta. Wei Wuxian notó sus labios en línea recta
y su posición más rígida que de costumbre. Entonces colocó una mano sobre su rodilla.

—¿Qué más tienes aquí? —preguntó Lan Wangji.

Wei Wuxian hurgó un poco, destruyendo en segundos el orden con que su shijie había
colocado todo.

—Ropas… que pensaba quemar pero shijie no quiso. Bueno, en realidad pensaba botar
todo… algunos regalos. Libros. Diarios… ahí anotaba mis sueños. Ahh… el compás. ¡Mi
creación universitaria!

—¿Por qué querías deshacerte de todo esto?


Wei Wuxian soltó un enorme suspiro. No, no era difícil responder. Solo buscaba una forma
de comunicarle sus pensamientos a Lan Wangji sin provocarle una arruga en la frente. Era
consciente de que él venía más alerta que de costumbre. Wei Wuxian quería asegurarle que
todo estaba bien. Incluso cuando no parecía.

—Mudarme a Gusu fue mi último gran escape— los ojos entornados de Lan Wangji le
hicieron reír. Rápidamente Wei Wuxian colocó un dedo sobre su frente para evitar que
apareciera esa línea necia—. No me mires así, Lan Zhan… eso no aparece en mi currículo,
pero cada cierto tiempo yo soltaba todo y me iba sin rumbo definido. Normalmente, firmaba
contratos a corto plazo con el laboratorio, por eso no tuve problemas con ellos. Además, en
las temporadas altas de trabajo, siempre contaban conmigo… quizá por eso me soportaban.

—No digas eso…

—En fin… cuando me avisaron del cierre de esta planta y me ofrecieron el traslado a Gusu lo
vi como una oportunidad para madurar —Wei Wuxian hizo unas comillas con sus dedos—.
Me enfoqué en irme de Yunmeng de una vez por todas y… bueno, no quería cargar con estas
cosas. Por otro lado, yo no estaba seguro de que me asentaría en Gusu. Creo que por eso
shijie decidió guardar todo a pesar de mi negativa.

—¿Y ahora… estás seguro?

Wei Wuxian no pudo evitar mirar a Lan Wangji con ternura. ¿Cómo podía dudarlo después de
todo?

—Ahh… Lan Zhan… ¿quieres saber si hay posibilidad de salir de mí?

—No digas tonterías…

Risueño, Wei Wuxian se acercó y lo besó en la mejilla. Le encantaba ver cómo Lan Wangji se
sonrojaba por cualquier pequeñez, cuando para otras cosas apenas reaccionaba.

—Sí… me voy a quedar en Gusu. Porque mi persona favorita está allí. Y me voy a llevar
todo esto porque quiero compartirlo con él. También quiero torturarlo con mi dizi porque
seguro no estoy nada afinado.

—Ridículo —dijo Lan Wangji antes de callarlo con un beso.

Era su forma preferida de que lo callaran. Y Lan Wangji siempre estaba dispuesto a usar ese
método. Razón importante por la cual no podía dejar de decir tonterías. Eran útiles.

Cuando sentía que el beso estaba subiendo de tono, Wei Wuxian se aferró a la poca sensatez
que le fue otorgada en esta vida y se separó de Lan Wangji.

—Lan Zhan… no puedo creer que sea yo quien tenga que recordar donde estamos.

Rojo como un tomate, Lan Wangji desvió la mirada y se paró de la cama.

—Lo siento…
—Nooo, no lo sientas. Guarda esa energía para la noche porque ahora nos espera un recorrido
por Yunmeng.

Wei Wuxian le guiñó un ojo conociendo muy bien el efecto que causaba y Lan Wangji lo
empujó contra la pared, lo besó hasta que soltó un gemido que esperaba que nadie hubiera
escuchado y hasta que sus piernas se volvieron gelatina. Entonces rompió el beso así sin más,
se colocó frente a un pequeño espejo en la pared, se acomodó el pelo y la ropa. Caminó hasta
la puerta como si nada hubiera pasado, donde se detuvo antes de salir.

—Te espero en la entrada para nuestro paseo.

Lan Wangji cerró la puerta y Wei Wuxian seguía recostado de la pared intentando recordar
cómo se respiraba y de qué paseo hablaba.

—Yunmeng… Wei Ying… las calles de Yunmeng… recuerda —se dijo dándose golpecitos
en las mejillas.

Le gustaba jugar con fuego. En este pulso, Lan Wangji siempre salía ganando y él seguía
apostando al número que nunca resultaba ganador. ¿Ahora cómo salía sin una ducha fría?
¿Cómo rayos podía Lan Wangji volver a la normalidad tan rápido?

Era un hecho. Por fin le haría caso a los consejos de Lan Wangji y aprendería a meditar.

Wei Wuxian se paró frente al espejo y se dio cuenta de que no podía salir tan campante como
Lan Wangji. Su pelo estaba alborotado, sus mejillas encendidas y sus labios hinchados y
rojos. Claro, lo habían mordido… como de costumbre. Pero sin más opción que salir, se
peinó rápidamente con los dedos, alisó su camiseta y se paso la mano por la cara como si eso
fuera a resolver algo.

Yunmeng los esperaba. Y un almuerzo con el que se desquitaría de Lan Wangji, porque esta
no se iba a quedar así.
Familia
Chapter Notes
See the end of the chapter for notes

Canción: Apocalypse - Cigarettes After Sex

Got the music in you baby


Tell me why
You've been locked in here forever
and you just can't say goodbye

Lan Wangji retomó el hábito de escribir por las mañanas. Esta vez por razones mucho más
placenteras que la última vez. Ser madrugador estaba en su ADN, esas horas de la mañana en
que el sol aun coqueteaba con la idea de salir y la mayoría dormía eran las más productivas
para él. Podía dedicarse a esas pequeñas cosas que las ocupaciones del día echaban a un
lado.

Su lista de prioridades, sin embargo, había cambiado. Mucho. Su lista de cosas favoritas
también. O, mejor dicho, ahora tenía una lista de cosas favoritas. Si antes le preguntaban
sobre sus gustos, más allá del silencio y el color azul no sabía qué responder. Quizá agregaría
observar el amanecer, razón por la cual le gustaba subir hasta la azotea de su edificio. Pero la
pobre azotea sufrió un abandono repentino. Ya no necesitaba subir… lo mejor estaba en su
cama.

La costumbre de despertar a las cinco estaba tan arraigada en él que nunca necesitó un
despertador. Estaba pensando en comprar uno para despertar un poco antes y poder disfrutar
de la hermosa vista que tenía cada mañana al abrir los ojos… una cabellera negra desaliñada
detrás de la cual se asomaba una piel a veces bronceada, otras veces más clara, pero que no
fallaba en atraer sus labios.

A esa vista, que por supuesto ya estaba en su lista, sumaba la forma en que el pecho de Wei
Wuxian subía y bajaba con cada respiración, su rostro relajado al dormir, los pequeños
sonidos que emitía cuando Lan Wangji lo acariciaba o salía de la cama con mucho cuidado
para no despertarlo. Sus labios se fruncían un poco cuando el calor de Lan Wangji le faltaba,
se volteaba para abrazar la otra almohada y seguía en su sueño.

Lan Wangji solía tomar su té mirando a través del pequeño balcón hacia la calle aun desierta.
El sofá ahora estaba en dirección hacia la cama. Alterando la taza de té con su libreta, iba
escribiendo lo que pasaba por su mente. Sus escritos pasaban de lo cursi a lo erótico con
facilidad asombrosa. No podía evitarlo… Wei Ying despertaba en él desde la ternura más
infantil hasta el apetito más voraz. Le había hecho conocer un lado que juraba no tener. Hacer
cosas que jamás pensó que haría.
Si no tenían trabajo o clases, Lan Wangji elegía despertar a Wei Wuxian con su método
preferido: metiéndose debajo de las sábanas y escuchando atentamente cómo susurraban su
nombre repetidas veces hasta que lo agarraban del pelo, lo volteaban y hacían con él lo que
quisieran.

Pero esa mañana, Wei Wuxian iba al laboratorio y él al instituto. Así que después de su sesión
de yoga, tomaría una ducha, prepararía el desayuno, mientras Wei Wuxian batallaba contra
las sábanas hasta lograr escapar de la cama y meterse al baño como un zombie. El aroma del
café que Lan Wangji preparaba solo para él era lo que lo hacía despertar finalmente.

—Amaneció muy rápido —el mismo comentario todas las mañanas—, o te levantaste más
temprano hoy.

—Ninguna de las dos.

Lan Wangji le dio un beso en la frente y soltó su cinta roja para peinar su cabello. Se había
vuelto una costumbre necesaria para poder salir a tiempo.

Pasando balance de las últimas semanas, Lan Wangji no podía señalar el momento exacto en
que comenzó a pasar. Fue tan paulatina la transición que sin darse cuenta un buen día ambos
tenían cosas de los dos en ambos apartamentos. Sus rutas coincidían al final del día sin
importar que estuvieran en extremos opuestos de la ciudad. En consonancia con las partes del
día en que tenían mayor energía, Lan Wangji se encargaba de los desayunos, Wei Wuxian de
las cenas. Los fines de semana se daban el lujo de alterar totalmente sus agendas y entregarse
a la espontaneidad que incluía música, paseos, o quedarse en casa estrenando las pocas
esquinas que quedaban sin usar.

Cuánto tiempo había pasado no tenía relevancia. Lo único que Lan Wangji tenía claro era que
quería pasar el resto de sus días así. Ya no quería ni podía recordar la vida sin Wei Wuxian.

—¿Listo?

—Sí, ya vámonos.

Al principio, Wei Wuxian no estaba muy conforme con que Lan Wangji lo llevara porque era
una vuelta innecesaria. Pero no le quedó de otra que aceptarlo. Ya debía estar acostumbrado,
si desde el principio Lan Wangji había mentido para pasar más tiempo con él.

—Todavía no puedo creer que dijeras esa vez que vivías cerca de mí —comentó Wei Wuxian
estudiando sus ojeras que cada día se notaban menos.

—Efectos secundarios de Wei Ying —respondió Lan Wangji sin apartar la vista del camino.

Lan Wangji se estacionó frente al laboratorio a la hora de siempre. Wei Wuxian soltó su
cinturón y lo rodeó con sus brazos para darle un beso de despedida que siempre lo dejaba con
deseos de más.

—Nos vemos más tarde —dijo bajando del auto con esa sonrisa que Lan Wangji calificó
como ilegal desde el principio.
Camino al instituto, Lan Wangji podía tomarse todo el tiempo que quisiera. Sus clases no
iniciaban hasta media mañana y su planificación estaba lista. En su agenda solo una cosa se
salía de su rutina: almorzar con Lan Xichen. Ya no recordaba la última vez que le había
dedicado tiempo de calidad a su primo. Para agregarle un poco más a la culpa, ese almuerzo
tampoco era porque quisiera pasar tiempo con él. Tenía sus razones egoístas para verlo.

A las doce en punto, Lan Wangji estaba en la puerta de la oficina de Lan Xichen.

—Wangji… dame dos minutos. Se presentó algo de repente.

—Mn.

El pasillo central estaba lleno de estudiantes a esa hora. Unos salían de clase rumbo al
comedor, otros corrían para llegar a su próxima clase mientras mordían un pan o una galleta.
Algunos se detenían frente al enorme mural en busca de información. Casi todos, a diferencia
del año anterior, saludaban a Lan Wangji a su encuentro. Se preguntaba entonces, qué clase
de expresión traía él que provocaba en los demás una distancia que se acercaba más al temor
que al respeto.

—Wangji.

Lan Wangji se sobresaltó un poco al escuchar a Lan Xichen.

—Ya soy libre. ¿Dónde vamos?

—A tu sitio favorito.

Lan Xichen sonrió sin más. Lan Wangji también lo conocía muy bien, aunque nunca dijera
nada al respecto. Su memoria era excelente para las pocas personas importantes en su vida.
Cada detalle estaba muy bien guardado.

Antes de subir al auto de Lan Wangji, Lan Xichen fue a su auto y sacó una bolsa.

—No lo olvidé —dijo Lan Xichen entregándosela a su primo.

—Sé que no.

—Ahora me debes toda una historia.

—A eso vamos.

El trayecto hacia el restaurante fue en total silencio. Lan Wangji organizaba sus
pensamientos, mientras Lan Xichen respondía mensajes en su celular, sin siquiera molestarse
en mirar el camino. Cuando llegaron, un mesero los recibió y los llevó directo a la mesa
reservada.

—¿A qué se debe la ocasión? —preguntó Lan Xichen estudiando el menú.

—Me haces sonar como un mal primo.


Lan Wangji sacó un estuche de la bolsa que le pasó Lan Xichen antes. Pensaba dejarla en el
auto, pero luego creyó que merecía ser testigo de esta conversación.

—Quizá lo soy —agregó estudiando el estuche en sus manos.

El mesero se acercó y ambos hicieron sus pedidos. Luego, Lan Wangji volvió a centrar su
atención en el estuche y lo abrió.

—¿Por qué la pediste?

Lan Wangji miró la cinta azul con el antiguo emblema de los Lan en su centro. Recordó
entonces como Wei Wuxian había dejado su flauta en el olvido tras verla en sus sueños. Se
cuestionaba si había tomado esa decisión por las mismas razones o por rebeldía hacia su
familia. Todos guardaban la cinta consigo, como un tesoro invaluable, excepto él, quien la
había dejado en casa de su abuelo cuando se fue a vivir solo.

El favor que le había pedido a Lan Xichen era que fuera a buscarla por él. Por eso le estaba
pagando con una comida en su restaurante favorito. También porque era la única persona,
familia o no, a la cual podía hablarle de lo que estaba pasando por su mente y del futuro que
tenía previsto.

—Quiero entregarle la cinta a Wei Ying.

Lan Wangji esperaba preguntas, una mirada de sorpresa, una actitud crítica, un poquito de
duda. Lan Xichen no era su abuelo, pero seguía siendo un Lan y conocía las reglas igual que
todos aunque viviera jugando al borde de sus límites. Entregar la cinta a alguien era un paso
tan importante que ni siquiera Lan Xichen se había atrevido a hacerlo y llevaba años viviendo
con su pareja, atrayendo críticas del resto de la familia.

Lan Xichen asintió, su semblante relajado no denotaba nada de lo que Lan Wangji buscaba.
Eso le causaba más ansiedad que encontrar una oposición. Tener el camino libre para hacer lo
que quisiera era demasiado nuevo para él. O más bien… aceptar que esa libertad siempre
había estado ahí, que los grilletes solo estaban en su mente.

—Ambos se lo merecen.

—¿En serio?

—Wangji… nunca te había visto tan feliz. No… corrijo. Nunca te había visto feliz, hasta que
conociste a Wei Wuxian.

Lan Wangji encontró difícil sostener la mirada de Lan Xichen. Sintiéndose como un niño
vulnerable, las servilletas sobre la mesa eran un buen pretexto para mirar hacia abajo. Cuando
se sorprendió jugando con ellas, las soltó repentinamente, intentando que el gesto pasara
desapercibido.

—¿Crees que acepte?

—¿Por qué no va a aceptar?


—No sé… —titubeó por primera vez.

Wei Wuxian parecía un alma libre. A pesar de que con hechos más que con palabras había
prometido estar a su lado, cuestionaba si de verdad aceptaría dar este paso. ¿Estaba yendo
muy rápido?

—Quiero vender el apartamento y comprar uno nuevo —lo que decía no llevaba el orden
lógico con el que acostumbraba expresarse, pero su mente estaba en modo aleatorio.

—¿No estás a gusto en ese?

—Sí, pero… es un lugar diseñado para mí. Y… me gustaría que tuviéramos algo que sea de
los dos desde el inicio. Wei Ying es muy creativo y sus ideas son brillantes. Creo que lo
podría dejar decorar todo.

—Wei Wuxian… —pregunto Lan Xichen al aire—. ¿Qué has hecho con Wangji? No es queja
—agregó alzando una mano—, solo curiosidad.

El enorme peso que Lan Wangji sentía sobre su nuca y sus hombros desapareció y una
pequeña carcajada surgió de él, haciendo que Lan Xichen se atragantara con el agua que
estaba tomando en ese momento. En un intento de ayuda, Lan Wangji le pasó una servilleta,
sin poder borrar la sonrisa que tenía pintada en su rostro. Lan Xichen lo miraba como si le
hubiera salido un par de orejas nuevas.

—Tengo que hablar con Wei Wuxian —dijo Lan Xichen cuando por fin cedió la tos.

—¿Le harás lo mismo que me hizo su hermana?

—¿Qué te hizo?

El mesero se acercó con la comida de ambos y Lan Xichen soltó un suspiro de frustración.
Tendría que esperar hasta después de comer para escuchar una respuesta.

Wei Wuxian subió al auto, le dio un beso a Lan Wangji y sincronizó la radio con su celular.
El cielo estaba despejado, la brisa un poco fresca… ya más o menos podía adivinar el tipo de
música que escucharían rumbo a casa.

—¿Cómo estuvo la sesión de hoy? —preguntó Lan Wangji poniendo el auto en marcha.

—Muy buena. Ese Wen Ning es increíble. Su hermana debería aprender un poco de él.

Lan Wangji no le hizo mucho caso. Con el tiempo supo que uno de los pasatiempos de Wei
Wuxian era quejarse de Wen Qing… por nada.

—¿Hoy quieres cenar fuera o de tu chef favorito? —preguntó Wei Wuxian tocando una
guitarra imaginaria.

—De mi chef favorito.


—Ahh… ten piedad de este pobre empleado.

—Si quieres yo cocino.

Wei Wuxian se detuvo en seco. Acercó una mano a la frente de Lan Wangji frunciendo el
entrecejo.

—¿Te sientes bien?

—Mn. Solo quiero cenar en casa y hablar contigo.

—¿Hablar conmigo?

Lan Wangji asintió y selló sus labios. Sabía que Wei Wuxian detestaba cuando se ponía en
modo misterioso. El camino sería una queja constante y muchos intentos fallidos por
adelantar la conversación. Pero no iba a ceder. Lo que iba a hablar con él era sin duda la
conversación más importante que tendría en su vida. Además, la impaciencia de Wei Wuxian
le hacía lucir tan adorable que no le importaba voltear la cabeza de vez en cuando para verlo
hacer pucheros con los brazos cruzados engurruñado en su asiento.

Chapter End Notes

Perdonen la tardanza, la migraña y la vida real a veces se interponen.


Para siempre
Chapter Notes
See the end of the chapter for notes

Canción: We’re All We Need - Above & Beyond

I told you of a place that I had been


It was dark and I was supremely alone
No matter now if the compass fails again
'Cause in your love, I built a home

Al entrar al apartamento Wei Wuxian casi podía escuchar las tuercas en su cerebro dar
vueltas sin parar. El misterio de Lan Wangji lo tenía al borde de morderse las uñas, pero no
estaba molesto. Siendo honesto consigo mismo, era adicto al drama y le gustaba hacer
pucheros y poner caras, sin embargo, no creía que existiera algo que le hiciera enfadarse con
Lan Wangji. De todas formas, había una espinita en su pecho que no lo dejaba ser. Y el
silencio de Lan Wangji no ayudaba. No era novedad. Nunca había sido conversador y no
tenía por qué serlo de la noche a la mañana… el asunto iba más allá. Porque Wei Wuxian ya
estaba aprendiendo a clasificar los silencios de Lan Wangji y este era… sospechoso.

Tenía unos cuantos días notándolo. Lan Wangji hablaba menos que de costumbre, o se
quedaba mirándolo sin tiempo, cuando lo descubrían se ruborizaba y se ponía a hacer algo
más o hacía de cuentas que no pasaba nada. Esa noche bajaron del auto, subieron al
apartamento y la banda sonora en todo el trayecto eran sus pasos y el sonido que emitían las
bolsas del supermercado al que Lan Wangji fue antes de pasar por Wei Wuxian. Porque, por
supuesto, sus planes no tenían fallos.

Wei Wuxian también notó la bolsa que Lan Wangji traía en su mano izquierda, la cual
sostenía como si contuviera algo muy importante. La forma en que la llevaba y la trataba de
esconder de su vista sumaba puntos al comportamiento extraño de Lan Wangji.

—¿Qué almorzaste hoy? —preguntó Wei Wuxian iniciando su discreta investigación. Ambos
habían tomado el cursi hábito de enviar fotos de sus comidas y Lan Wangji brilló por su
ausencia ese día.

—Almorcé con mi primo —Lan Wangji esquivando la pregunta principal era otro motivo de
alerta.

—Oh… ¿y esa rareza? ¿Por fin empezaste a saldar tus deudas?

Lan Wangji resopló como si recordara algo divertido. Wei Wuxian empezaba a tener la
necesidad de conectar un cable USB a su cerebro para saber qué demonios estaba pasando en
su interior.
—En realidad no —respondió caminando hacia su habitación… sin soltar la dichosa bolsa—.
Voy a tomar una ducha mientras preparas la cena.

Y así sin más, Lan Wangji cerró la puerta de su habitación por primera vez desde que se
habían visto hasta el alma.

Wei Wuxian se cruzó de brazos recostado de la meseta de la cocina, rodeado de más dudas
que ingredientes y ganas de cocinar. Para colmo, Lan Wangji había truncado su plan de
colarse en la habitación mientras estaba en la ducha para averiguar el contenido de la bolsa.
¿Acaso era tan transparente?

—Es un Lan… ¿qué esperas? —no le quedaba de otra que entregarse a su monólogo interno
y desahogar su furia en las verduras, que quedarían bien picaditas esta noche. Lan Wangji no
le dijo qué quería pero le bastó ver lo que trajo del supermercado para darse cuenta.

La olla estaba a fuego lento cuando Lan Wangji salió de la habitación, vestido con su mejor
pijama, secándose el pelo que nunca se lavaba de noche y con una expresión de satisfacción
que llevaría a Wei Wuxian a la locura.

—Ve a ducharte. Yo me encargo de preparar la mesa.

—Pero…

—Ve…

Lan Wangji lo empujaba por los hombros, no tan sutilmente y Wei Wuxian no tuvo más
remedio que dejarse llevar. No era su cumpleaños, tampoco se celebraba nada especial -a
menos que fuera alguna festividad exclusiva de Gusu-, ni se cumplían tantos meses o días
o… ¿sería eso? Su mente era tan mala para llevar cuentas. Su agenda mental era inexistente.

Al cerrar la puerta del baño se encontró con que las pijamas que se pondría ya estaban ahí,
junto con un juego de toallas que nunca había visto. Y el aroma del baño… oh cielos, era el
mismo aroma que llevaba Lan Wangji, sabía que percibía algo distinto en él… ¿Qué
demonios?

Aunque no estaba haciendo tanto calor, Wei Wuxian optó por una ducha fría que le sacara de
golpe el desfile de pensamientos sin sentido que transitaban por su cabeza. Estaba entrando
en pánico y lo único que Lan Wangji había hecho era comportarse de forma un poco extraña
y pedirle una cena.

—No va a hacer todo eso para decirme que esto no funciona, ¿o sí?

Wei Wuxian se soltó el pelo, luego cambió de idea y lo recogió. Se lo había lavado el día
anterior. Sin dar más vueltas se metió a la ducha y dejó que el chorro de agua fría hiciera el
trabajo de aterrizarlo.

El nuevo gel de baño olía riquísimo. No sabía qué ingredientes tenía, pero si su objetivo era
relajarlo, lo estaba cumpliendo con éxito. Cinco estrellas para ese servicio. Se fijaría en la
marca cuando quitara la espuma de sus ojos.
Saliendo de la ducha, Wei Wuxian trató de encontrar más pistas, pero su espíritu volátil no
quiso colaborar. El pijama captó toda su atención. Era muy parecido al que llevaba Lan
Wangji; una tela tan suave que no podía dejar de pasarle la mano, mientras modelaba frente al
espejo. Sí, la ducha antes de la cena le cayó de maravillas. Quizá cambiaría la rutina y lo
haría así de ahora en adelante. Un poquito de las reglas de los Lan no le vendría tan mal.

Al salir de la habitación, Wei Wuxian se encontró con la mesa preparada… no solo


preparada. Totalmente decorada. Lan Wangji estaba colocando un… ¿termo? en la mesa
cuando notó la presencia de Wei Wuxian.

—Ya estás aquí —dijo con un tono tan natural, tan neutro, como quien lee el titular de una
noticia en el periódico.

La bolsa, que parecía guiñarle un ojo a Wei Wuxian desde que notó su existencia, también
estaba sobre la mesa.

—¿Qué…

—¿Cenamos?

Lan Wangji ya lo llevaba rumbo a la silla cuando Wei Wuxian lo detuvo.

—Lan Zhan… ¿qué pasa?

Wei Wuxian notó entonces que las manos de Lan Wangji temblaban ligeramente y que sus
ojos se desviaron hacia la mesa.

—Lan Zhan… —insistió Wei Wuxian colocando una mano en su mentón y moviendo con
suavidad su cabeza hasta lograr que lo mirara de nuevo—, dime qué celebramos o si
simplemente querías una cena así… pero dime algo, ¿sí? Mi pobre corazón no aguanta tanto.

—Wei Ying…

Lan Wangji lo tomó de las manos y lo llevó hasta la silla. Luego se sentó frente a él. Sus ojos
tenían un brillo especial y en sus labios se percibía un temblor muy sutil que Wei Wuxian
solo había visto en dos ocasiones: cuando estaba muy enojado o cuando estaba muy
nervioso.

—Lamento la tortura —agregó dejando salir todo el aire.

—No es tortura, Lan Zhan… bueno… sí, lo es. Solo me… estás asustando… un poco.

—No… no es la idea. Es que no sé por donde empezar.

—Por el principio —Wei Wuxian sonrió esperando que esa sonrisa fuera contagiosa y
aligerara un poco el ambiente—, o por decirme… qué trae la bendita bolsa.

Lan Wangji miró la bolsa señalada por Wei Wuxian, luego miró a Wei Wuxian y algo en su
rostro volvió a cambiar. Wei Wuxian descifró cierta frustración, no algo serio, pero sí un fallo
en la programación prevista. Sí, Wei Wuxian se dio cuenta de que acababa de alterarle los
planes.

—Ok —dijo Lan Wangji tomando la bolsa y sacando de ella un estuche. Wei Wuxian abrió
los ojos un poco más si era posible. Estaba más perdido que cuando le pidió que fuera a
ducharse—. Quiero… quiero entregarte esto —Wei Wuxian se dejó llevar por la curiosidad y
tomó el estuche para abrirlo, pero Lan Wangji lo detuvo enseguida—. No puedes tocar lo que
hay dentro si no lo vas a aceptar.

Wei Wuxian estaba a punto de darse por vencido con los acertijos de Lan Wangji.

—¿Pero puedo verlo?

—Mn.

Wei Wuxian tomó el estuche y lo abrió con delicadeza, bajo la mirada de un Lan Wangji que
parecía que iba a desmayarse de un momento a otro. ¿Por qué se estaba tomando esto como
un asunto de vida o muerte? ¿Qué podía contener en…

-Oh…

Su garganta se cerró en ese momento. La cinta azul con motivos de nubes que tenía ante sus
ojos lo llevó a tiempos remotos en un viaje tan repentino que sentía todo dar vueltas.

La emblemática cinta de los Lan era una especie de leyenda urbana. Claro que él la conoció
en otros tiempos, donde no cedía en sus intentos por tocarla una y otra vez. Sin embargo,
pensaba que en esta vida era un simple recuerdo. En el instituto había escuchado algunos
rumores, anécdotas que iban y venían, pero como nadie nunca había visto una cinta, no
pasaba de ser un mito perteneciente a las páginas de los libros de historia.

“Supongo que los Lan actualizaron el software”, dijo una vez en el comedor arrancando risas
de algunos colegas.

Se sentía tan idiota por haber hecho un chiste de eso. Sus labios se movieron para decir algo,
las palabras se negaban a salir.

—No sé si sabes lo que significa… no sé si lo recuerdas.

Por supuesto que conocía el significado de la cinta de los Lan, pero no porque lo recordara de
ese entonces. Tuvo que enterarse tarde, varias vidas después, entonces quiso darse contra la
pared por sus estupideces de antaño.

Wei Wuxian asintió casi luciendo desesperado. En realidad, lo estaba. Todo lo que quería
expresar, no encontraba la forma de organizarlo. Se estaba volviendo un nudo en su pecho y
otra vez las válvulas de sus ojos amenazaban con no obedecer sus órdenes. Hablaría
seriamente con Wen Ning. Eso de entrar en contacto con sus emociones no le estaba
gustando. Se había vuelto un llorón.

—De todas formas, quiero que sepas… lo que eres para mí.
Wei Wuxian debía haber entrado a una dimensión paralela en la que sus palabras lo
abandonaron y se fueron con Lan Wangji. Solo así podía explicar su incapacidad para hablar
y la facilidad con que Lan Wangji se estaba expresando a pesar de no poder controlar el
movimiento involuntario de sus manos, cómo estas sudaban, la forma en que parpadeaba y
batallaba para mantener los ojos fijos en él. Estaba frío, literalmente, pero no podía distinguir
si era él o Lan Wangji.

—Quiero que sepas que doy gracias cada día por haberte conocido. O por… la oportunidad
de poder coincidir contigo una vez más y poder decir lo que me guardé aquella vez.

—Lan… —Wei Wuxian no estaba listo… en realidad nunca lo estaría.

—Creo que se dice más con las acciones, pero… mereces escuchar que eres todo para mí.
Que no veo mi vida sin ti a mi lado. Que sueño con un presente y un futuro contigo. Que… te
amo —la voz de Lan Wangji se quebró—. No sé cuánto es para siempre, pero… ¿quieres
estar conmigo todo ese tiempo?

¿Había algo más allá de la felicidad? Wei Wuxian juraba que había conocido el límite, que
había llegado a la cima cuando se cumplió su sueño de besar a Lan Wangji, de tocarlo, de
dormir a su lado, de llamarlo sin necesitar excusas, de saber que era correspondido aunque no
tuviera claro hasta qué punto. No se atrevía a pedir nada más, ni a ir más allá porque había
tenido mucho más de lo que esperaba. Y él, la verdad, nunca esperaba nada. Por eso no
invertía en sus sentimientos. Los guardaba en una caja en un rincón polvoriento de su
corazón fantaseando con que un día se irían solos.

—Lan Zhan…

Lan Wangji ahora sostenía su rostro y sus manos ya no se sentían frías. Eran tan cálidas que
podía quedarse allí, en ese para siempre para el cual le pedía compañía. Y en sus ojos había
tanto más de lo que había dicho que para Wei Wuxian era imposible no estremecerse. ¿Qué
hacía con tanto? ¿Cómo se hacía?

Si intentaba hablar de nuevo, sería para repetir su nombre. Optó entonces por tomar la cinta
del estuche, escuchando como Lan Wangji contenía el aliento. No conocía el protocolo ni si
estaba rompiendo una de las tantas reglas que una vez vio talladas en una enorme pared. Su
instinto le susurró que enrollara la cinta en su muñeca y así lo hizo. Luego copió el gesto y
colocó sus manos sobre las mejillas de Lan Wangji.

—Lan Zhan… puedes hacer lo que quieras conmigo —por fin le salía la voz, aunque apenas
se entendiera-. Y no sé qué hice para merecerte, solo sé que eres lo mejor que me ha pasado.
Y te amo tanto que… Ahhhh… —Wei Wuxian rodeó a Lan Wangji con sus brazos y se
escondió en su cuello—. Soy pésimo en esto —murmuró apretándose más contra Lan
Wangji, sintiendo sus latidos acelerados.

Cuánto tiempo pasaron abrazados, no lo sabían decir. Cuando se separaron, ambos miraron la
mesa y rieron al unísono.

—Lan Zhaaan… me pones a cocinar para dejar enfriar la cena.


Lan Wangji no podía dejar de mirar la cinta en su mano.

—No es culpa mía. Dije que cenáramos primero.

—¿Y pretendías que comiera con todo este misterio?

Ambos por fin se sentaron a la mesa. El plato principal no estaba tan frío como creían, así no
que no hubo necesidad de calentarlo. Wei Wuxian por primera vez se ciñó a la regla del
silencio durante la comida. Todavía estaba tratando de asimilar todo lo sucedido. Llegado el
momento del postre, no pudo soportarlo más.

—¿Qué es ese termo?

Las orejas de Lan Wangji se tornaron rojas. De nuevo.

—No creo que vaya con esta cena, pero quería traerlo.

Lan Wangji abrió el termo y cuando comenzó a servir, Wei Wuxian no daba crédito a lo que
veían sus ojos.

—¿Es…? ¿En serio? —la risa no lo dejaba seguir—. ¿Chocolate del instituto? ¿Pero por qué?

—Porque dijiste que es lo mejor que has probado en Gusu. Y… quería darte lo mejor.

—¡Lan Zhan! —Wei Wuxian se cubrió la cara con las manos. Si esta era la vida que le
esperaba—… ¡Tienes que avisarme para decir esas cosas!

—De acuerdo.

Wei Wuxian saboreó su chocolate haciendo los mismos gestos que en aquellos primeros
encuentros causaban en Lan Wangji algo indescriptible.

—Una delicia —reiteró mordiéndose los labios—. Pero tengo que aclarar algo.

—¿Qué?

—Esto ya no es lo mejor que he probado en Gusu.

Wei Wuxian miró a Lan Wangji de arriba a abajo con su sonrisa pícara.

—Desvergonzado.

—Como te gusta.

Wei Wuxian levantó su vaso para hacer un brindis. Cuando Lan Wangji hizo lo mismo, sintió
el tiempo pausarse un momento. Si ese día en el comedor alguien le hubiera dicho que un año
después terminaría viviendo una noche como esta, le habría felicitado por su gran
imaginación. Fue la primera vez que tocó a Lan Wangji en un arranque de espontaneidad que
lo llevó a salir corriendo como un niño avergonzado, no tanto porque había rebasado un
límite de confianza, sino porque en ese instante supo que si volvía a tocarlo, probablemente
no quisiera separarse jamás.

Chapter End Notes

El capítulo final se publicará mañana.

Ya estoy sensible. Voy a extrañar tanto el Wangxian de este universo.


Santuario
Chapter Notes
See the end of the chapter for notes

Canción: Sanctuary - Tenno

(Instrumental)

A las seis en punto, Lan Wangji apagó el computador y recogió sus cosas. En el piso de su
oficina, la mayoría de los empleados seguían en sus puestos, concentrados en sus labores.
Eran días intensos. El proyecto más importante del año estaba llegando a su fase final y el
estrés era el común denominador para todos, menos para él. Su agenda estricta era su
salvación en días como estos. Contrario al resto, se levantaría de su asiento, cerraría su
oficina y se marcharía a casa donde dormiría sin pensar en el trabajo.

Nadie volteó a verlo cuando recorrió los pasillos a una hora en que tiempo atrás aún estaría
detrás del monitor. La rutina de Lan Wangji había cambiado gradualmente y todos lo notaron,
pero nadie se atrevía a preguntar o decir nada al respecto. Su trabajo seguía siendo igual de
eficiente, así que lo que hiciera con su tiempo no era problema de la empresa, mucho menos
de sus empleados. En la pequeña cocina de su piso escuchó a alguien decir que a lo mejor
había descubierto que había una vida fuera de la oficina. Lan Wangji llenó su botella de agua
con una sonrisa en el rostro, dejando a sus dos colegas con cara de querer que se los tragara la
tierra. Los consejos de Wei Wuxian rendían frutos divertidos.

En la recepción del edificio, el señor Yang escuchaba las noticias. Sintiendo la presencia de
Lan Wangji, levantó la cabeza para despedirse de él, como cada vez por tantos años. Algo se
movió en el interior de Lan Wangji… este señor era una parte de una rutina que ya no estaría
más.

—Señor Lan.

—Señor Yang.

Lan Wangji se quedó inmóvil tiempo suficiente para que el señor Yang le dedicara una
mirada curiosa.

—¿Sucede algo?

—Solo quería despedirme.

—¿Se va de la empresa?

—No, no —Lan Wangji alzó una mano—. Pero ya no saldré por aquí —la confusión en el
rostro del señor Yang lo obligó a expresarse mejor—. Voy a bajar directo al estacionamiento,
ya no saldré por esta puerta.
—Oh… ¿ya no vive al frente?

—Mn.

El señor Yang y él no intercambiaban más que un “buenas noches” dos días por semana. Lan
Wangji no sabía si tenía familia, si le gustaba su trabajo, a qué hora cenaba. Sin embargo, ese
hábito silente le haría falta.

—Espero que le vaya muy bien en su nuevo hogar.

—Gracias, señor Yang.

Lan Wangji se despidió inclinando la cabeza ligeramente. Caminó entonces hasta la puerta
principal y salió un rato del edificio hasta el parque que dividía su ahora antiguo apartamento
de la oficina. Hacia la derecha quedaba el banco donde una vez Wei Wuxian lo esperó con la
promesa de un abrazo que terminó en muchas lágrimas y probablemente un buen espectáculo
para algunos de sus compañeros. Sus pies lo llevaron sin permiso hasta ese banco. Se sentó y
sacó su celular. Iba a mandarle una foto a Wei Wuxian, pero las notificaciones de mensajes le
distrajeron.

¿Ya saliste? Estoy terminando. Puedes venir directo por mí.

¿Leíste? Seguro estás conduciendo.

Lan Zhaaaan!!!

No había ni un minuto de diferencia entre un mensaje y otro. La impaciencia de Wei Wuxian


no conocía límites. Le había hecho prometer no llegar solo a casa, porque le tenía una
sorpresa y esta vez no se la iba a arruinar. Lan Wangji se mantuvo fiel a su promesa porque
siempre arruinaba las sorpresas de Wei Wuxian -él era pésimo escondiendo las cosas-, así que
se esforzó para fijarse menos en los pequeños detalles que podían ser pistas.

Ya casi salgo para allá.

Escribió Lan Wangji antes de que llegara otra cadena de mensajes o una llamada. Wei
Wuxian había asumido muy en serio su rol de decorador y se tomó unos días libres para
terminar de dar los toques finales al nuevo apartamento y de paso concluir con su mudanza.
Pero esa tarde pasó por el instituto a firmar unos informes de calificaciones.

Lan Wangji se quedó unos minutos más en el banco antes de levantarse y volver al edificio.
Antes de entrar al ascensor que lo llevaría al sótano, miró nuevamente hacia el señor Yang,
quien despedía a unos empleados que iban de salida. Su celular volvió a vibrar.

Perfecto. Tengo unos minutos para chismear con Lan Xichen entonces.

A Lan Wangji esto no le sorprendía. Por suerte, ambos tenían tantas ocupaciones que raras
veces coincidían. Esto lo tranquilizaba un poco. La idea de que su primo y Wei Wuxian se
hicieran cercanos no le convencía del todo. Eran muy propensos a conspirar en su contra.

*
Lan Wangji llamó a Wei Wuxian desde el estacionamiento. No quería entrar al instituto
porque perdería más tiempo y ya quería llegar a casa, quitarse esa ropa y darse un buen baño.
Desde el auto vio a Wei Wuxian despedirse de varias personas, con su sonrisa de oreja a
oreja, levantando la mano pero incapaz de cortar la conversación. Lo normal. A veces se
preguntaba si no se aburría con él.

Wei Wuxian subió al auto y le dio un beso rápido en la mejilla.

—Apesto… no te me pegues. Solo vine a firmar y Mianmian terminó metiéndome en el


laboratorio de cuali para que la ayudara a descartar unos reactivos. Ahhh… siempre se
aprovechan.

—Mn —Lan Wangji sabía que no era ningún sacrificio para él. Probablemente fue todo lo
contrario y él terminó ofreciéndose de voluntario, porque si de algo no se cansaba era de estar
en un laboratorio.

Lan Wangji condujo mientras Wei Wuxian narraba lo acontecido en su día, alternándolo con
cantar algún verso de una canción que le gustara mucho. El camino se le hizo tan corto que
ya empezaba a amar su nueva ubicación.

—¿Dónde vas tan rápido? —Wei Wuxian lo sostuvo del brazo antes de que pudiera colocar la
clave para abrir la puerta.

—¿No puedo entrar?

—Sí, pero… ayyy… quería cubrirte los ojos con mis manos, pero mis manos están apestosas.
¿Por qué nada me sale?

—Claro que te sale. Estoy seguro de que hiciste un gran trabajo hoy.

Wei Wuxian hizo una mueca no muy convencido.

—Ok.. Ok… podemos entrar. Peeeero… —agregó volviendo a impedir que Lan Wangji
ingresara la clave—. Me prometes que no vas a entrar al estudio sin mí. Y eso será cuando
ambos tomemos un buen baño.

—Lo prometo —Lan Wangji levantó una mano y le hizo un gesto a Wei Wuxian para que
abriera la puerta. Ya temía que ocurriera otra interrupción.

No era la primera vez que estaba allí. Pero sí la primera vez que oficialmente dormiría en su
nuevo apartamento, sin tener otro lugar al cual regresar. Dos días atrás, todavía estaba casi
vacío. Unas cajas por allí, algunos muebles regados. Cosas que habían ido comprando, pero
que no tenían un lugar definido. Al abrir la puerta, Lan Wangji se quedó fijo en el umbral,
contemplando la escena ante sus ojos. El aroma en el ambiente despertó sus sentidos,
haciendo erizar su piel. Este lugar olía a ambos… lucía como ambos, se sentía como… llegar
a casa. A su santuario personal.

—¿Te gusta, Lan Zhan?


Wei Wuxian lo miraba como un niño inquieto, mostrando su gran obra de arte. Lan Wangji
tomó su mano y recorrió a su lado cada rincón, excepto el estudio.

—Es perfecto —susurró Lan Wangji.

Wei Wuxian se acercó a él para abrazarlo, pero retrocedió enseguida.

—No… apesto, apesto. Hora del baño.

Lan Wangji se dejo llevar hasta el baño, aun absorto en la decoración del apartamento, en la
forma en que cada elemento encajaba con la personalidad de cada uno y de los dos al mismo
tiempo, que a pesar de sus grandes diferencias convergían en un punto de armonía. Alquimia.
No podía llamarlo de otra forma.

Wei Wuxian abrió la llave y preparó el baño para Lan Wangji.

—Por fin puedo abrir esto —exclamó abriendo las nuevas sales de baño que había comprado
para él. Wei Wuxian se volteó para avisarle que estaba todo listo y al ver a Lan Wangji de pie
en el mismo lugar sin quitarse la ropa, alzó una ceja—. Lan Zhan… ¿hiciste cortocircuito?
¿Te gusta tanto?

—Mn.

Lan Wangji empezó a quitarse la ropa con tanta torpeza que Wei Wuxian terminó
ayudándolo. Cuando se metió a la tina, soltó un gemido que hasta a él mismo le sorprendió.
Se sentía tan bien, todo era tan perfecto que le daba miedo despertar.

—¿No vienes conmigo? —preguntó al ver a Wei Wuxian recostado del tocador.

—No… me daré una ducha rápida primero. No quiero contaminar tu baño.

—Exageras.

Sin embargo, no pudo hacer que Wei Wuxian cambiara de parecer. Este se metió a la ducha y
salió después de unos minutos.

—Ahora sí… soy todo tuyo, Lan Zhan.

Wei Wuxian se metió a la tina y Lan Wangji lo acomodó contra su pecho. Le dio un beso en
la cien y cerró los ojos disfrutando de su nuevo paraíso.

—Es el tamaño perfecto.

—Mn.

—Ahh… olvidé las velas.

—No hace falta.

—Presiento que vamos a terminar como pasas.


No le importaba. Era parte del placer de sentirse vivo, al igual que la vibración de la risa de
Wei Wuxian, las hebras rebeldes de su pelo que le hacían cosquilla en la nariz, sus finas
pestañas que casi podía contarlas cuando estaba muy cerca.

—Necesito un nuevo playlist. Esta tina se merece uno muy especial.

—Mn. Te ayudo con eso.

Lan Wangji y Wei Wuxian salieron con tanta hambre del baño que la curiosidad por el
estudio pasó a un segundo plano. Wei Wuxian había pedido suficiente comida para calentar
en la cena, así que se estacionaron en el desayunador, sin pensar en platos ni cubiertos ni
mesa. Eso lo estrenarían otro día. La prioridad era llenar el estómago. Además, después de un
baño tan relajante limpiar platos no era una idea muy atractiva.

—¿Te gusta ese cuadro ahí? —Wei Wuxian recogió los envases de comida y los tiró en la
basura—. Pensaba ponerlo en la otra pared, pero siento que va mejor de ese lado.

—Ahí queda perfecto.

Lan Wangji se levantó a ayudar a poner todo en orden en la cocina. Todavía quería hacer
tantas cosas y sentía que la noche avanzaba muy rápido.

—¿Ya puedo entrar al estudio?

-Ah, ¿por eso comiste tan rápido?

Lan Wangji viró los ojos. No era cierto. Pero había aprendido a no caer en los juegos de Wei
Wuxian porque era un terreno donde siempre tenía las de perder. Wei Wuxian le pellizcó la
mejilla y lo llevó hasta el estudio, donde otra vez se detuvo.

—Te estás desquitando por lo de la cinta, ¿verdad?

Wei Wuxian abrió la boca y se llevó la mano al pecho.

—No puedo creer que pienses eso de mí.

La mirada de Lan Wangji fue más que suficiente para darle a entender que no estaba
comprando su drama esta vez.

—Sí, tienes razón -admitió Wei Wuxian abriendo la puerta y dejando pasar a Lan Wangji—.
No tienes idea de lo que me hiciste sufrir ese día.

—Mn. No te vi sufrir, todo lo contrario.

El golpe en el brazo llegó tal como esperaba. Pensaba copiar uno de los gestos exagerados de
Wei Wuxian y seguirle la corriente, pero al encender la luz del estudio, volvió a perderse en
todos los detalles. Si Wei Wuxian se había esmerado en el resto del apartamento, en esta parte
simplemente había volcado su alma.
Ahora comprendía por qué Wei Wuxian estaba pasando tanto tiempo en la biblioteca, o sus
reuniones clandestinas con Lan Xichen. La organización de los libreros y del escritorio era
muy Lan, sin embargo, los colores y los detalles eran muy de Wei Wuxian. Al fondo, había
un espacio reservado para el guqin, justo a su lado, un soporte para el dixi. Y en la pared
detrás de los instrumentos, un retrato que creía fruto de su imaginación.

—¿Dónde…

—Lan Xichen me consiguió una foto.

—¿Lo hiciste tú?

Wei Wuxian asintió. Lan Wangji percibía su emoción, muy en sincronía con lo que él mismo
estaba sintiendo. ¿Cuánto le costaría dibujar el retrato de su madre cuando él no conocía el
rostro de la suya?

Lo abrazó por largo rato, besando su pelo. Quería darle las gracias, pero esa palabra quedaba
corta para la dimensión de su gratitud. Cuanto el resto no bastaba, siempre quedaba la
música.

—¿Quieres tocar?

—Unjú —murmuró Wei Wuxian sin romper el abrazo, avanzando hacia los instrumentos. Por
muy diestro que fuera Lan Wangji en el guqin, no veía la forma de tocar así. Pero tenían
tiempo, todo el tiempo del mundo—. Ok… toquemos.

Wei Wuxian se separó de él y buscó su dixi. Lan Wangji se ubicó detrás del guqin. Sus dedos
se suspendieron sobre las cuerdas. Su mente se quedó en blanco.

—¿Algo en particular?

—Yo empiezo —dijo Wei Wuxian tomando el dixi y guiñando un ojo—. Esta pieza era mi
favorita cuando tocaba.

Wei Wuxian acercó sus labios a la boquilla de la flauta, cerró los ojos y se dejó llevar. La
melodía empezó con timidez. Lan Wangji no la reconocía por más que se concentrara en
escuchar. Pero a medida que fue subiendo, fue tomando forma y el corazón de Lan Wangji
dio un vuelco. Esa canción también era extrañamente familiar para él. Era la primera que
llegaba a su mente cuando no sabía qué tocar. También era la que más disfrutaba. Sin
embargo, no fue hasta que tuvo acceso a la cámara prohibida de la biblioteca que pudo
obtener información sobre su procedencia. Sus dedos danzaron sobre las cuerdas y el dueto
inundó el estudio. Lan Wangji miró a Wei Wuxian concentrado, medio sonriendo, medio
entregado al anhelo que evocaba esa composición.

Saudade, escribió una noche entre sus notas. Ese algo que no sabía describir, pero que le
acompañaba a todas partes, hasta el día en que encontró las respuestas que tanto buscaba de
la manera menos prevista.
El joven de la sonrisa brillante volvía a aparecer ante sus ojos y ya no era un invitado
angustiante. Sus pesadillas poco a poco quedaban atrás, la imagen de esos dos adolescentes
se iba tornando borrosa. En su lugar aparecían sueños de cosas que nunca sucedieron. Quizá
producto de su fantasía, o de su deseo de cambiar aquel final. Pero era hora de cerrar ese libro
y superar esa etapa. Su realidad era mucho mejor que lo que podía ofrecerle la imaginación.

Faltando diez minutos para las nueve, Lan Wangji terminó de pasar la lista. El grupo de
concursantes no le quitaba los ojos de encima; todos estaban sentados tan rectos que seguro
terminarían con dolor de espalda. Lan Wangji se apoyó del escritorio y pasó su vista
rápidamente por cada uno de ellos. Quería asegurarse de que estaban respirando.

—¿Alguna pregunta? —nadie dijo nada. Lan Wangji miró su reloj otra vez—. Todavía no son
las nueve, pero ya que no tienen ninguna pregunta, pueden empezar. Recuerden que está
prohibido hablar durante toda la evaluación.

Todos voltearon sus folletos al mismo tiempo e iniciaron el examen. El silencio era tal que
hasta la pluma de alguien que apoyaba muy fuerte podía escucharse. A las nueve en punto la
puerta se abrió y todos levantaron la cabeza sorprendidos. Sus expresiones de espanto
hicieron que Lan Wangji apretara sus labios para no reírse.

—Oops -susurró el hombre de negro cuya expresión era todo lo contrario a la de Lan Wangji
—. Lo siento —se podía leer del movimiento exagerado de sus labios.

Lan Wangji sonrió y se acercó a Wei Wuxian delante de muchos pares de ojos que contenían
la respiración.

—Estás disfrutando esto, ¿verdad? —le susurró Wei Wuxian echando un vistazo a los pobres
aspirantes.

—Mn —confirmó Lan Wangji colocando una mano sobre el hombro de Wei Wuxian—.
Suerte.

—Gracias. Aunque la necesitan ellos más que yo.

Lan Wangji lo siguió con la mirada hasta verlo instalarse delante del escritorio y hacer un
gesto al grupo para que continuara con su examen. Entonces, con cuidado de no hacer ruido
salió del salón y cerró la puerta.

El enorme pasillo estaba desolado. Era temporada de vacaciones y los pocos salones en uso
estaban ocupados por personas que tomaban su examen. Rumbo al comedor, alcanzó a ver a
Lan Xichen sosteniendo un vaso humeante, con la espalda encorvada y unas ojeras que se
notaban a distancia. Su aspecto normal en esta época.

Lan Wangji se sentó junto a él y se inclinó ligeramente hacia delante, imitando su postura.

—Gracias.

Lan Xichen volteó a mirarlo.


—¿Por qué?

—Por dejarlo entrar ese día.

Chapter End Notes

Cuando terminé “Los libros de piedra lunar y turmalina” dije que no me metería en el lío
de escribir otro WIP. Wangxian siempre me carga de muchas emociones, sobre todo Lan
Zhan (sí, lo admito, soy débil con él y por él volví a escribir fanfiction). Pero, uno nunca
debe decir nunca. Al ver el video de NodeZero la idea de Saudade se instaló en mi
cabeza y fue imposible sacarla de allí. Entonces decidí dedicar NaNoWriMo a esa
historia, por lo que en noviembre pasado me tracé la meta de escribir 50,000 palabras en
30 capítulos. Ese era el proyecto original. En el proceso de edición y reescritura,
surgieron diez capítulos más y tuve que ser fuerte porque este universo no me quería
soltar.

Confieso que me sorprendió querer escribir un Modern Setting porque, salvo muy pocas
excepciones, no me gustan. Soy fiel al Wangxian en su época original. Siento que tiene
ese algo especial que otros entornos no pueden superar. Por eso se convirtió en un reto
para mí volcar el espíritu de ambos en una época moderna y entiendo que la premisa de
la reencarnación encajaba perfectamente a esos fines. Esto también me daba la libertad
de elegir personajes de la historia original y diferentes circunstancias.

No me voy a extender en teoría de la reencarnación porque no me considero experta y


supongo que existen muchos libritos, pero el contexto de los personajes puede cambiar.
Por eso, por ejemplo, Lan Xichen es su primo o aparecen unos personajes y otros no.
Elegí aquellos que entendía clave para el proceso o la lección que ellos debían superar.
También quería enfocarme exclusivamente en Wei Ying y Lan Zhan. Más que los
hechos me importaban las emociones… ese fue el hilo conductor para mí.

Alguien me preguntaba por A-Yuan, otra persona preguntaba si no recordaron la


segunda vida de Wei Ying. En Ao3 puse el tag de “canon divergence”, en Wattpad
siempre me vuelvo un etcétera con los tags jaja. No soy muy de aclarar puntos, creo que
la interpretación del lector es parte importante de la experiencia de leer una historia, por
eso prefiero en ocasiones dejar cosas a la imaginación (no me miren mal por los
“detalles” jajaja… la historia desde el principio era mature, no explícita). Pero, para no
dejar esa duda en el aire, aclaro que la segunda vida de Wei Ying nunca pasó. En el
capítulo de la regresión, queda implícito que Lan Zhan murió poco tiempo después. Por
eso la historia de los dos queda pendiente hasta el reencuentro que se da en este
universo.

Por cierto, en el playlist hay canciones que nunca usé para los capítulos, pero que fueron
importantes para mí en el proceso de escritura, por eso las voy a dejar ahí. Lo digo para
los que hayan pasado por ahí, si no pasaron está bien jaja. Y si no lo han escuchado
porque no les interesa (lo cual está bien también), por lo menos escuchen la del capítulo
final porque toda la atmósfera de la historia está encerrada en esos casi tres minutos.

Finalmente, si llegaron hasta aquí, muchas muchas pero muchas gracias a los que me
acompañaron en este trayecto con sus votos, comentarios, ocurrencias, a los que saltaron
y lloraron conmigo cada semana, a los que se inspiraron gracias a esta historia. En esta
época tan compleja, es hermoso coincidir en un mismo espacio por un dúo tan especial
como Wangxian. Sé que tengo deudas pendientes y las voy a saldar en unos capítulos
extras (sí, la historia del playlist viene ahí), porque la historia principal ya estaba
definida y no quería alterarla ni extenderla más.

¡Abrazos virtuales!
Please drop by the Archive and comment to let the creator know if you enjoyed their work!

También podría gustarte