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PERICLES

La 'Oración fúnebre' de Pericles es un discurso emblemático que rinde homenaje a los caídos en combate y al mismo tiempo defiende la democracia ateniense y la necesidad de la guerra contra Esparta. A través de su retórica, Pericles busca unir a los atenienses en torno a un ideal común y justificar el sacrificio de los soldados como un acto de valentía y deber cívico. El discurso, aunque registrado por Tucídides, refleja la propaganda política de la época y el contexto de la Guerra del Peloponeso.

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PERICLES

La 'Oración fúnebre' de Pericles es un discurso emblemático que rinde homenaje a los caídos en combate y al mismo tiempo defiende la democracia ateniense y la necesidad de la guerra contra Esparta. A través de su retórica, Pericles busca unir a los atenienses en torno a un ideal común y justificar el sacrificio de los soldados como un acto de valentía y deber cívico. El discurso, aunque registrado por Tucídides, refleja la propaganda política de la época y el contexto de la Guerra del Peloponeso.

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LA “ORACIÓN

FÚNEBRE” DE PERICLES

LA PRIMERA TEORÍA DE LA DEMOCRACIA


Y UN EJEMPLO CLÁSICO DE RETÓRICA POLÍTICA
La Oración fúnebre de Pericles es una pieza clásica de retórica política
que aprovecha una costumbre tradicional, el discurso de homenaje a los
muertos en combate por la ciudad, para convertirla en una apología de
Atenas, una teoría de la democracia, y la exposición del programa
político del partido democrático de Pericles (elegido para desempeñar ese
honor en el cénit de su carrera política).

El discurso era oral. Esta versión es la ofrecida por Tucídides en Historia


de la Guerra del Peloponeso. Tucídides, un ateniense contrario a la
democracia, estaba exiliado de Atenas, así que no pudo escuchar el discurso,
que reproduce de segunda mano. Sin embargo, se considera fiel a los
grandes argumentos del partido democrático, y al estilo de esta clase de
discursos oficiales (también es posible que hubiera versiones escritas del
discurso porque también era una obra de propaganda política que a
Atenas le interesaba extender por el mundo griego).

El momento histórico del discurso es conocido: el primer año de la Guerra


del Peloponeso que enfrenta a Atenas y su imperio con Esparta y sus aliados
(ciudades con sistemas oligárquicos). El eje central del discurso de Pericles
es justificar la necesidad de la guerra; puede ser larga y dura, pero el
destino de Atenas está en juego: si pierden lo perderán todo, pero si ganan
aumentarán su imperio, la riqueza y poder de la ciudad, y la democracia.
Pericles emplea con maestría los recursos retóricos para conducir la reflexión a
donde le interesa: Atenas no puede permitirse perder esa guerra necesaria, en
particular los ciudadanos pobres que podrían perder la libertad política y sus bienes
(dependían en buena medida del tesoro y los empleos públicos) y eran la base política
del partido democrático.

Utiliza numerosas falacias usuales en su círculo de sofistas, los sofismas o semi


verdades que atacara Sócrates. El objetivo del discurso es convencer de que todos los
atenienses de bien piensan como él, y que sus intereses son los mismos. Y para ello
recurre sistemáticamente a la generalización y otras falacias, cultivando los sesgos
cognitivos del falso consenso (creer que todo el mundo piensa lo mismo), de arrastre
gregario (si la mayoría piensa así, debe ser verdad) y de anclaje informativo
(información de partida que no se cuestiona).

El círculo intelectual de Pericles –aristócrata con una sólida educación- estaba


formado, entre otros, por los sofistas Protágoras y Aspasia (su amante), Sófocles,
Hipódamo de Mileto y Heródoto. Pericles, “el primer ciudadano de Atenas”, consiguió
el liderazgo de Atenas en pugna con el tradicionalista Cimón. Sus excepcionales dotes
de orador y su profundo conocimiento del razonamiento sofístico fueron esenciales
en su carrera. Irónicamente, murió durante la gran peste que asoló la ciudad durante la
guerra y debida, en buena parte, a su estrategia de abandonar el campo, concentrar a la
población del Ática en la ciudad y hacer la guerra en la mar. Atenas perdió.
APOLOGÍA FÚNEBRE DE I. La mayor parte de quienes en el pasado han hecho uso de la palabra en esta tribuna, han
LOS MUERTOS EN
tenido por costumbre elogiar a aquel que introdujo este discurso en el rito tradicional, pues
COMBATE, RITO
PUBLICO TRADICIONAL pensaban que su proferimiento con ocasión del entierro de los caídos en combate era algo
hermoso. A mí, en cambio, me habría parecido suficiente que quienes con obras probaron su
PERICLES SE PRESENTA valor, también con obras recibieran su homenaje –como este que veis dispuesto para ellos en
A SÍ MISMO COMO
ORADOR MODESTO Y sus exequias por el Estado–, y no aventurar en un solo individuo, que tanto puede ser un
QUIZÁS INADECUADO buen orador como no serlo, la fe en los méritos de muchos.
Es difícil, en efecto, hablar adecuadamente sobre un asunto respecto del cual no es segura la
apreciación de la verdad, ya que quien escucha, si está bien informado acerca del
homenajeado y favorablemente dispuesto hacia él, es muy posible que encuentre que lo que se
dice está por debajo de lo que él desea y de lo que él conoce; y si, por el contrario, está mal
informado, lo más probable es que, por envidia, cuando oiga hablar de algo que esté por
encima de sus propias posibilidades, piense que se está cayendo en una exageración. Porque
FALACIA DEL “HOMBRE los elogios que se formulan a los demás se toleran sólo en tanto quien los oye se considera
DE PAJA”: LOS
a sí mismo capaz también, en alguna medida, de realizar los actos elogiados; cuando, en
DISCONFORMES CON
EL DISCURSO NO SON cambio, los que escuchan comienzan a sentir envidia de las excelencias de que está
ECUÁNIMES siendo alabado, al punto prende en ellos también la incredulidad. Pero, puesto que a los
antiguos les pareció que sí estaba bien, debo ahora yo, siguiendo la costumbre establecida,
GANAR LA intentar ganarme la voluntad y la aprobación de cada uno de vosotros tanto como me sea
APROBACIÓN posible.
HOMENAJE A LOS II. Comenzaré, ante todo, por nuestros antepasados, pues es justo y, al mismo tiempo,
ANTEPASADOS apropiado a una ocasión como la presente, que se les rinda este homenaje de recordación.
Habitando siempre ellos mismos esta tierra a través de sucesivas generaciones, es mérito
AUTOCTONÍA Y
LIBERTAD DE ATENAS
suyo el habérnosla legado libre hasta nuestros días. Y si ellos son dignos de alabanza, más
aún lo son nuestros padres, quienes, además de lo que recibieron como herencia, ganaron
IMPERIO ATENIENSE, para sí, no sin fatigas, todo el imperio que tenemos, y nos lo entregaron a los hombres de
HERENCIA POLÍTICA
hoy.
En cuanto a lo que a ese imperio le faltaba, hemos sido nosotros mismos, los que estamos aquí
HOMENAJE A LOS presentes, en particular los que nos encontramos aún en la plenitud de la edad, quienes lo
PRESENTES
hemos incrementado, al paso que también le hemos dado completa autarquía a la ciudad,
FALACIA DE LA
tanto para la guerra como para la paz. Pasaré por alto las hazañas bélicas de nuestros
AUTARQUÍA antepasados, gracias a las cuales las diversas partes de nuestro imperio fueron conquistadas,
como asimismo las ocasiones en que nosotros mismos o nuestros padres repelimos
ardorosamente las incursiones hostiles de extranjeros o de griegos, ya que no quiero
extenderme tediosamente entre conocedores de tales asuntos. Antes, empero, de abocarme
CAUSAS POLÍTICAS Y al elogio de estos muertos, quiero señalar en virtud en qué normas hemos llegado a la
ÉTICAS DE LA situación actual, y con qué sistema político y gracias a qué costumbres hemos alcanzado
GRANDEZA DE
nuestra grandeza. No considero inadecuado referirme a asuntos tales en una ocasión
ATENAS, TEMA
CENTRAL DEL
como la actual, y creo que será provechoso que toda esta multitud de ciudadanos y extranjeros
DISCURSO lo pueda escuchar.
LA CAUSA VIII. La razón por la que me he referido con tanto detalle a asuntos concernientes a la ciudad, no ha sido otra que
SUPERIOR DE para haceros ver que no estamos luchando por algo equivalente a aquello por lo que luchan quienes en
ATENAS ES SU modo alguno gozan de bienes semejantes a los nuestros y, asimismo, para darle un claro fundamento al elogio
SUPERIORIDAD de los muertos en cuyo honor hablo en esta ocasión.

La mayor parte de este elogio ya está hecha, pues las excelencias por las que he celebrado a nuestra ciudad no
son sino fruto del valor de estos hombres y de otros que se les asemejan en virtud. No de muchos griegos podría
afirmarse, como sí en el caso de éstos, que su fama está en conformidad con sus obras. Su muerte, en mi opinión,
ya fuera ella el primer testimonio de su valentía, ya su confirmación postrera, demuestra un coraje genuinamente
LOS BENEFICIOS A
LA CIUDAD varonil. Aun aquellos que puedan haber obrado mal en su vida pasada, es justo que sean recordados ante
BORRAN FALLOS todo por el valor que mostraron combatiendo por su patria, pues al anular lo malo con lo bueno resultaron
ÉTICOS más beneficiosos por su servicio público que perjudiciales por su conducta privada.

A ninguno de estos hombres lo ablandó el deseo de seguir gozando de su riqueza; a ninguno lo hizo aplazar
FALACIA DE LA
GENERALIZACIÓN el peligro la posibilidad de huir de su pobreza y enriquecerse algún día. Tuvieron por más deseable
vengarse de sus enemigos, al tiempo que les pareció que ese era el más hermoso de los riesgos. Optaron por
VENGANZA correrlo, y, sin renunciar a sus deseos y expectativas más personales, las condicionaron, sí, al éxito de su
POSITIVA venganza. Encomendaron a la esperanza lo incierto de su victoria final, y, en cuanto al desafío inmediato que
tenían por delante, se confiaron a sus propias fuerzas.

LA COBARDÍA En ese trance, también más resueltos a resistir y padecer que a salvarse huyendo, evitaron la deshonra e
DESHONRA hicieron frente a la situación con sus personas.

MUERTE SUBLIME Al morir, en ese brevísimo instante arbitrado por la fortuna, se hallaban más en la cumbre de la
determinación que del temor.
DEBER CÍVICO CON LA IX. Estos hombres, al actuar como actuaron, estuvieron a la altura de su ciudad. Deber de quienes
CIUDAD les han sobrevivido, pues, es hacer preces por una mejor suerte en los designios bélicos, y llevarlos a
DEBER DE LOS VIVOS CON cabo con no menor resolución. No sólo oyendo las palabras que alguien pueda deciros debéis
LOS MUERTOS reflexionar sobre el servicio que prestáis –servicio que cualquiera podría detenerse a considerarse ante
vosotros, que muy bien lo conocéis por propia experiencia, señalándoos cuántos bienes están
comprometidos en el acto de defenderse de los enemigos–; antes bien, debéis pensar en él contemplando
en los hechos, cada día, el poderío de nuestra ciudad, y prendándoos de ella. Entonces, cuando la ciudad
se os manifieste en todo su esplendor, parad mientes en que éste es el logro de hombres bizarros,
conscientes de su deber y pundonorosos en su obrar; de hombres que, si alguna vez fracasaron al
LA COMUNIDAD ESTÁ POR intentar algo, jamás pensaron en privar a la ciudad del coraje que los animaba, sino que se lo
ENCIMA DEL INDIVIDUO ofrendaron como el más hermoso de sus tributos. Al entregar cada uno de ellos la vida por su
comunidad, se hicieron merecedores de un elogio imperecedero y de la sepultura más ilustre.

Esta, más que el lugar en que yacen sus cuerpos, es donde su fama reposa, para ser una y otra vez
recordada, de palabra y de obra, en cada ocasión que se presente.
METÁFORA DE TODA LA
TIERRA COMO TUMBA DE La tumba de los grandes hombres es la tierra entera: de ellos nos habla no sólo una inscripción sobre
LOS GRANDES HOMBRES sus lápidas sepulcrales; también en suelo extranjero pervive su recuerdo, grabado no en un monumento,
sino, sin palabras, en el espíritu de cada hombre.
LA LIBERTAD ES LA CLAVE Imitad a éstos ahora vosotros, cifrando la felicidad en la libertad, y la libertad en la valentía, sin
DE LA FELICIDAD Y LA
inquietaros por los peligros de la guerra. Quienes con más razón pueden ofrendar su vida no son
PROCURA EL VALOR
GUERRERO: EL CIUDADANO aquellos infortunados que ya nada bueno esperan, sino, por el contrario, quienes corren el riesgo de
TIENE MUCHO QUE PERDER sufrir un revés de fortuna en lo que les queda por vivir, y para los que, en caso de experimentar una
derrota, el cambio sería particularmente grande.
SUFRIR EL DOMINIO DE OTRO Para un hombre que se precia a sí mismo, en efecto, padecer cobardemente la dominación es más
ES PEOR QUE LA MUERTE penoso que, casi sin darse cuenta, morir animosamente y compartiendo una esperanza.

X. Por tal razón es que a vosotros, padres de estos muertos, que estáis aquí presentes, más que
CONSUELO A LOS PADRES DE
compadeceros, intentaré consolaros. Puesto que habéis ya pasado por las variadas vicisitudes de la vida,
LOS MUERTOS EN COMBATE
debéis de saber que la buena fortuna consiste en estar destinado al más alto grado de nobleza –ya sea en
la muerte, como éstos; ya en el dolor, como vosotros–, y en que el fin de la felicidad que nos ha sido
asignada coincida con el fin de nuestra vida. Sé que es difícil que aceptéis esto tratándose de vuestros
hijos, de quienes muchas veces os acordaréis al ver a otros gozando de la felicidad de que vosotros
mismos una vez gozasteis. El hombre no experimenta tristeza cuando se lo priva de bienes que aún no ha
probado, sino cuando se le arrebata uno al que ya se había acostumbrado. Pero es preciso que sepáis
sobrellevar vuestra situación, incluso con la esperanza de tener otros hijos, si es que estáis aún en edad de
procrearlos. En lo personal, los hijos que nazcan representarán para algunos la posibilidad de
LA ISEGORÍA E ISONOMÍA apartar el recuerdo de los que perdieron; para la ciudad, entretanto, su nacimiento será
IMPLICA ARRIESGAR A LOS doblemente provechoso, pues no sólo impedirá que ella se despueble, sino que la hará más segura,
HIJOS A LOS PELIGROS DE LA ya que nadie puede participar en igualdad de condiciones y equitativamente en las deliberaciones
LIBERTAD POLÍTICA políticas de la comunidad, a menos que, tal como los demás, también él exponga su prole a las
consecuencias de sus resoluciones.

Y aquellos de vosotros que habéis llegado ya a la ancianidad, tened por ganancia el haber vivido
felizmente la mayor parte de vuestra vida, considerad que la que os queda ha de ser breve, y consolaos
LA GLORIA Y EL HONOR con la fama alcanzada por éstos vuestros hijos. Lo único que no envejece, en efecto, es el amor a la
PÚBLICO COMO MÁXIMOS gloria; y cuando la edad ya declina, no es atesorar bienes lo que más deleita, como algunos dicen,
BIENES sino recibir honores.
EMULACIÓN DEL XI. Y en cuanto a vosotros, hijos o hermanos, aquí presentes, de estas víctimas de la guerra, veo
HEROISMO DE LOS
grande el desafío que tenéis por delante, porque solamente aquel que ya no existe suele
MUERTOS EN LA
GUERRA concertar el elogio de todos; a duras penas podréis conseguir, por sobresalientes que sean
vuestros méritos, ser considerados no ya sus iguales, sino incluso sus cercanos émulos. La
IRONÍA envidia de los rivales la sufren quienes están vivos; el que, en cambio, ya no representa un
obstáculo para nadie, es honrado con generosa benignidad.
Y si, para aquellas esposas que ahora quedan viudas, debo también decir algo acerca de las
SUMISIÓN DE LAS
MUEJRES, EXCLUIDAS virtudes propias de la mujer, lo resumiré todo en un breve consejo: grande será vuestra gloria
DEL ESPACIO PÚBLICO si no desmerecéis vuestra condición natural de mujeres y si conseguís que vuestro nombre
ande lo menos posible en boca de los hombres, ni para bien ni para mal.
XII. En conformidad con nuestras leyes y costumbres, pues, queda dicho en mi discurso lo que
me parecía pertinente. Ahora, en cuanto a los hechos, los hombres a quienes estamos sepultando
han recibido ya nuestro homenaje.
De la educación de sus hijos, desde este momento hasta su juventud, se hará cargo la ciudad. Tal
es la provechosa corona que ella impone a estas víctimas, y a los que ellas dejan, como premio de
tan valerosas hazañas. Cuando los más preciados galardones que una ciudad otorga son los que
recompensan la valentía, entonces también posee ella los ciudadanos más valientes.
FIN Y ahora, después de haber llorado cada uno a sus deudos, podéis marcharos.

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