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A. Machado

Antonio Machado, poeta modernista, evoluciona hacia la Generación del 98, reflejando su preocupación por España y temas filosóficos a lo largo de tres etapas poéticas. Su obra abarca desde 'Soledades', donde explora sentimientos íntimos y universales, hasta 'Campos de Castilla', donde se identifica con el paisaje y aborda la decadencia de España, y finalmente 'Nuevas canciones', que presenta inquietudes filosóficas y una poética más esencial. A lo largo de su trayectoria, Machado utiliza símbolos recurrentes como el tiempo, el camino y la tarde, que reflejan su melancolía y búsqueda de sentido en la vida.

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A. Machado

Antonio Machado, poeta modernista, evoluciona hacia la Generación del 98, reflejando su preocupación por España y temas filosóficos a lo largo de tres etapas poéticas. Su obra abarca desde 'Soledades', donde explora sentimientos íntimos y universales, hasta 'Campos de Castilla', donde se identifica con el paisaje y aborda la decadencia de España, y finalmente 'Nuevas canciones', que presenta inquietudes filosóficas y una poética más esencial. A lo largo de su trayectoria, Machado utiliza símbolos recurrentes como el tiempo, el camino y la tarde, que reflejan su melancolía y búsqueda de sentido en la vida.

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TRAYECTORIA POÉTICA DE ANTONIO MACHADO

Machado comenzó siendo un poeta modernista (de un Modernismo intimista y simbolista)


pero su obra evolucionará hacia posiciones que lo han vinculado con la Generación del 98
por su preocupación por el tema de España y cuestiones filosóficas, en una trayectoria
que algunos críticos han descrito como “del yo al nosotros”.

En su poesía se diferencian tres grandes etapas, marcadas por sendos libros:

1.- Soledades (1902), luego ampliado a Soledades, galerías y otros poemas (1907).-
un poemario que presenta rasgos de un modernismo intimista y simbolista. En él,
Machado expresa sus sentimientos más íntimos y personales, pero que constituyen
grandes universales humanos (la melancolía, la nostalgia, el ansia de amor, la infancia
perdida, la incertidumbre vital, la soledad....) mediante una lengua evocadora y rítmica, en
la que aparecen muchas realidades sensoriales (la tarde, el camino, las galerías, las
abejas, la fuente, la noria, colores dorados, morados, verdes, melodías, sonidos, ...) que
son símbolos de estados de ánimo, actitudes o realidades abstractas. Y todo con una
lengua mucho más sobria y sencilla que otros poetas modernistas, buscando siempre la
expresión esencial, sin elementos simplemente ornamentales o retóricos.

En este libro aparecen ya algunos de los temas machadianos fundamentales:

- El tiempo (al que aparecen vinculados los grandes temas de la vida, la muerte, la
melancolía, la búsqueda de Dios) .

El propio Machado definió la poesía como “la palabra esencial en el tiempo”, y esto es lo
que él persigue con su poesía: captar la esencia de las cosas en su fluir temporal.

Más que el tiempo como abstracción objetiva (que aparece en algún momento
simbolizado por el reloj), a Machado le interesa el tiempo como algo vivido,
interiorizado, personal, que expresa muchas veces en forma de diálogo (también definió
la poesía como “el diálogo de un hombre con su tiempo”), y por ello muchas veces sus
interlocutores son elementos vinculados al tiempo de forma directa (como la mañana /el
alba, la tarde o la noche) o simbólica (el agua, que cuando brota es símbolo de la vida y
cuando está quieta y estancada es símbolo de la muerte, valor simbólico tradicional que
tenía ya desde Heráclito o Jorge Manrique). La tarde es un símbolo especialmente
recurrente, con el que expresa su estado de ánimo habitual: el de la melancolía (la
tristeza, la nostalgia), hasta tal punto que llega a identificar la tarde con su “alma”.
En muchos de estos poemas aparece también ya otro símbolo típicamente machadiano de
la vida y su discurrir temporal: el del camino y el caminante.

El tiempo, además, aparece, por su poder destructor, muy ligado a la muerte (en algún
poema llamará al tiempo “el homicida que nos lleva a la muerte”), y así el poeta expresa el
pesimismo y el dolor por pensar en la muerte como el fin de los sueños y de todo lo que la
vida conlleva. Frente a este poder destructor del tiempo y de la muerte, Machado aparece
siempre buscando a “Dios”, a un Dios que tal vez sea una fe religiosa o tal vez un ansia
de algo absoluto, de una verdad trascendente.

- El sueño: el sueño machadiano (que no es el sueño de cuando dormimos, sino que


es el sueño de la vigilia, de cuando estamos despiertos), aparece como la única forma de
conocimiento, pero también de vivir. Recogiendo la vieja idea de Calderón de la Barca,
toda la vida es sueño (algo efímero, inconsistente y lleno de incertidumbres). Recordar es
soñar, conocer es soñar, y vivir es soñar: convertir la vida y lo vivido en vivencia interior,
filtrada por la conciencia. Él mismo se retrató como un “hombre en sueños siempre
buscando a Dios entre la niebla” y cuando evoca su pasado dice “juventud nunca vivida,
quien te volviera a soñar”.
- El amor: el amor (y su objeto concreto, la amada) aparecen como una vivencia y
una proyección subjetiva, como un recuerdo o un ensueño, algo más añorado o soñado
que realmente vivido, sin que encontremos nunca en la poesía de Machado una
descripción física ni de la pasión ni de la amada. El amor soñado, añorado como recuerdo,
como ausencia o como anhelo, aparece muchas veces vinculado a la tristeza, la
nostalgia, la melancolía.

2.-Campos de Castilla (1912): el contacto con el paisaje soriano produce casi una
revelación y una revolución poética: Machado se identifica plenamente con él, y en él se
centran ahora gran parte de sus poemas. Sobre ese paisaje castellano que describe
proyecta ahora sus sentimientos y su mundo interior, pero también sus reflexiones e
impresiones sobre Castilla y España, su situación de decadencia, su carácter, su
pasado y su historia, sus perspectivas de futuro. Dentro de la obra, además, se distinguen
un grupo de poemas escritos a la muerte de Leonor en los que expresa su dolor por la
pérdida y el paisaje se llena con los recuerdos y la nostalgia dolorosa de lo que vivieron
juntos.

Encontramos así algunos de los grandes temas que ya aparecían en Soledades, (el
tiempo, el sueño /la vida como sueño, el amor...) pero con un tratamiento diferente. Si en
aquel poemario esos temas se expresaban a través de elementos simbólicos que
formaban parte de un paisaje también irreal y simbólico, ahora se proyectan sobre
elementos exteriores y concretos de un paisaje real, que se convierten así, en cierto
modo, en símbolos.
Pero la irrupción de la realidad exterior y concreta castellana en la poesía de Machado tuvo
otra consecuencia: la aparición de un nuevo eje temático que no aparecía en su primer
poemario, el tema de España, la preocupación y la reflexión por su situación de
decadencia, cerrazón y atraso; por su pasado, por sus perspectivas de futuro, por su
esencia, que a parecen a veces evocadas, vinculadas y proyectadas sobre el paisaje, a
veces de forma directa e independiente (como en el famosísimo “El mañana efímero”,
donde otra vez el tema del tiempo es el hilo en el que proyecta su visión del pasado y el
presente del ́país, y sus deseos (y esperanzas) para su futuro. Será sobre todo esta
preocupación por España y su expresión literaria lo que propició la vinculación de
Machado a la Generación del 98, tras la primera etapa modernista de Soledades.

Además, en este poemario se incluye una sección de poemas breves, sentenciosos y


reflexivos, titulada “Proverbios y cantares”, que anuncian ya el tipo de poesía filosófica,
breve y esencial que predominará en su tercera etapa.

3.- Nuevas canciones (1924): su último libro, en el que predominan sus grandes temas de
siempre, pero convertidos en inquietudes filosóficas (el ser y la vida, el tiempo, el
conocimiento, la búsqueda de Dios...), en poemas breves de carácter sentencioso (al estilo
de los proverbios), con una expresión que se ha depurado de elementos ornamentales. Es
decir, que predomina más la expresión poética de ideas y reflexiones que de sentimientos
propiamente dichos. También se incluyen un puñado de poemas dedicados a Guiomar, su
amor de madurez, con el que comparte y sobre el que proyecta reflexiones acerca de sus
inquietudes esenciales.

Por estos dos últimos libros se le puede incluir dentro de la Generación del 98, ya que en
él aparecen sus temas característicos (el tema de España, la reexión sobre su pasado, su
historia, sus gentes, su decadencia actual, sus perspectivas de futuro) y cuestiones
losócas, y se produce esa evolución hacia una lengua poética cada vez más sobria,
depurada y esencial, que se aleja del esteticismo modernista.
1.- IDENTIFICACIÓN DE TEXTO, DEL AUTOR Y CONTEXTUALIZACIÓN

Este poema pertenece al primer libro de Antonio Machado, publicado en 1902 como
Soledades y reeditado de manera ampliada en 1907 como Soledades, galerías y otros
poemas. Esta obra marca la primera etapa de la trayectoria del poeta, caracterizada por
un Modernismo intimista y simbolista, en el que Machado expresa sus sentimientos
personales en torno a los grandes universales humanos (la vida y su sentido, la
memoria, la nostalgia y la melancolía el tiempo, el amor y la búsqueda de Dios…) con una
lengua sonora, rítmica, con mucha atención a lo sensorial, (como es característica del
Modernismo) pero más sobria que, por ejemplo, la empleada por las primeras obras de
Rubén Dario.

​ tro rasgo muy importante del poemario es el uso de símbolos (acorde con la influencia
O
de la poesía simbolista francesa, una de las influencias más importantes del Modernismo y
del propio Machado, gran admirador de la obra por ejemplo de Verlaine), muchos de los
cuales se repiten a lo largo de los poemas: la tarde, el camino, el agua, los colores, la
primavera, las galerías, las abejas.... Así, en este poema encontramos algunos de los
símbolos machadianos más característicos, como el camino o la tarde, o la idea de la vida
como sueño.

En su siguiente obra, Campos de Castilla (1912), tras su contacto con las tierras sorianas
que le marcaron vital y poéticamente, su poesía pasará del mundo interior y abstracto de
esta obra a la evocación del paisaje castellano exterior, real y concreto, y sobre él
proyectará, aparte de reflexiones íntimas, sus preocupaciones sobre España,
aproximándose así a la Generación del 98, lo que continuará en su tercera etapa
(Nuevas canciones, 1927) en que cultivará sobre todo la poesía reflexiva, filosófica,
cada vez más esencial y breve, e incluirá poemas a su amor de madurez, Guiomar, que
muchas veces le servirá también para reflexionar sobre la naturaleza del amor.
2.-ARGUMENTOS, TEMAS Y ESTRUCTURAS

El tema del poema podría enunciarse como el vacío existencial por la ausencia del
amor, aunque fuera doloroso.

El poeta se describe a sí mismo “soñando caminos”, es decir, viviendo. El camino de la vida
(símbolo de larga tradición literaria, que aparecía ya por ejemplo en Manrique) se “sueña”:
la vida es un sueño, una experiencia interiorizada pero confusa y etérea como un sueño.
Pero son caminos “de la tarde”, uno de los símbolos machadianos más importantes de su
primera etapa, que expresa un estado de ánimo perenne de nostalgia, melancolía, tal vez
conciencia de la muerte (la tarde es el momento del día más próximo al final y la oscuridad
de la noche, en el que la mayor parte del día ya ha pasado) En ese camino encontramos
diferentes cosas, positivas o negativas. (colinas doradas, verdes pinos, polvorientas
encinas), pero su destino y recorrido es una incógnita expresada por la interrogación
retórica (“¿Adónde el camino irá?”). El poeta recorre ese camino “cantando” (el canto
siempre ha sido símbolo de la poesía) mientras insiste en ese estado de nostalgia que
subraya la tarde. Su canción aparece entrecomillada y recoge un cantar popular que
también aparecía en un poema de Rosalía de Castro, poetisa romántica del siglo XIX (ver
presentacíón): el amor aparece a través de la metáfora de una espina clavada en el
corazón, que hace sufrir, y que cuando conseguimos arrancarla, ya no se siente el dolor...
pero tampoco se siente ya nada, ni siquiera la vida (ya no siento el corazón). Y ante esta
idea, la melancolía y la tristeza se acentúan todavía más (la tarde más se oscurece) e
incluso desaparece el sentido de la vida (y el camino que serpea y débilmente blanquea se
enturbia y desaparece), y por ello vuelve a cantar, ahora su deseo de volver a sentir
El poema podemos dividirlo en dos partes simétricas de tres estrofas cada una
(simetría reforzada por la métrica)

1. En la primera parte
- en las dos primeras estrofas nos describe un paisaje simbólico de la vida del poeta,
un camino que recorre mientras cae la tarde
- en la tercera se recoge su “canción”, inspirada en la poesía popular y que habla de
ese amor que dolía, que consiguió olvidar y que hizo que ahora ya no sienta nada.
2.En la segunda parte, se describen los efectos de la idea de la canción sobre el poeta:
- en las dos primeras estrofas se habla otra vez del paisaje, pero ahora personificado
y reflejando la tristeza del poeta, con la tarde oscureciéndose y con el camino
desapareciendo, para expresar el vacío existencial que le ha provocado.
- la tercera estrofa vuelve a recoger la “canción”, ahora modificada para expresar el
deseo (con cierto aire de imposible, por el pluscuamperfecto de subjuntivo “pudiera”) de
volver a sentir amor, aunque cause dolor.
3.- CARACTERÍSTICAS FORMALES MÉTRICA

El poema utiliza el verso octosílabo, el verso tradicional y más característico de la literatura


española, especialmente la popular (importante porque el poema se basa en una canción
de raíz popular), agrupados en estrofas de cuatro versos con rima consonante, en
esquema alternante abab (cuarteta) las estrofas 1, 3, 4 y 6 y en esquema abrazado abba
(redondilla) las estrofas 2 y 5.

Esta distribución refuerza la división por el contenido en dos partes simétricas de tres
estrofas cada una que señalamos arriba, cada una formada por cuarteta-redondilla-
cuarteta.

En los poetas modernistas y simbolistas la métrica es una preocupación primordial,


por su relevancia para la belleza, la perfección formal y la sonoridad, pero también para el
ritmo, aspecto al que sobre todo los simbolistas daban especialmente importancia. Los
modernistas llevaron a cabo una intensa renovación de las formas métricas que a veces
partía de las estrofas tradicionales, que son las que emplea Machado en este poema, pero
de manera hasta cierto punto innovadora, al combinar dos estrofas diferentes, y utilizar
el octosílabo de aire popular con la rima consonante perfecta, que es uno de los aspectos
que contribuye al ritmo y sonoridad de este poema.

LENGUA, ESTILO, RECURSOS ESTILÍSTICOS

Machado definía la poesía como “la palabra esencial en el tiempo”, y una característica
propia de su poesía es (sin descuidar la belleza formal, el léxico, la sonoridad o los efectos
sensoriales) utilizar una lengua más sobria que la de otros modernistas esteticistas (como
el Darío de sus primeras obras). Aquí todos los recursos no se limitan a embellecer, sino
que están al servicio de la expresividad, de ajustarse a subrayar el contenido emotivo e
íntimo del poema, los sentimientos que expresa. Y así sucede en este poema, donde no
encontramos recursos meramente embellecedores, sino que todos tienen una función
expresiva importante.

Es importantísima la presencia de símbolos:


En “yo voy soñando caminos de la tarde” encontramos tres de los símbolos más
importantes y recurrentes en esta primera obra de Machado:

el sueño, símbolo de una concepción de la vida como vivencia interiorizada y filtrada por la
conciencia, pero también confusa y etérea como un sueño,
el camino, símbolo de la vida de amplia tradición (ya desde el homo viator latino o la
poesía medieval de Manrique) la tarde, símbolo de ese estado de ánimo de melancolía y
tristeza.

Estos símbolos reaparecen en la penúltima estrofa para expresar los sentimientos que
suscita la idea de que sin amor, aunque este sea doloroso, no se siente la vida; o que la
vida sin amor, aunque el amor duela, no tiene sentido: la tristeza se acentúa (la tarde más
se oscurece) y la vida pierde su sentido (el camino que serpea... se enturbia y desaparece)

El viento sonando en los álamos del río, símbolo de esos pensamientos, esa meditación
melancólica, ese misterio asociado a la vida (el río como símbolo de la vida es otro símbolo
tradicional)
Las colinas doradas, los verdes pinos, las polvorientas encinas: diferentes cosas que se va
encontrando el hombre en su recorrido por la vida.

El canto, la canción, el cantar, símbolo de la poesía, la actividad poética, la expresión de


sentimientos.

La interrogación retórica, (v 5) para expresar la incertidumbre ante la propia vida, cuyo


destino nadie conoce.

Las metáforas:

El amor como una espina clavada en el corazón, que hace daño. Arrancarse la espina (v 11)
es conseguir olvidar ese amor, aunque fuera difícil (como sugiere el “logré”); “no sentir el
corazón” es no sentir absolutamente nada, ni siquiera la vida, y el deseo de volver a sentir
una espina clavada es el deseo de volver a amar, aunque cause dolor.

El camino que serpea (hace curvas...)

Personificaciones:

En los vv 13-15 se personifica el paisaje, lo que deja claro su carácter simbólico, ya que el
poeta proyecta sobre él su propio estado de ánimo, meditabundo, “mudo y sombrío”
En el verso 21 se personifica al cantar, que “plañe”, es decir, llora: su poesía expresa su
tristeza.

La adjetivación, abundante como en todos los modernistas, no tiene valores simplemente


ornamentales, e incluso los adjetivos sensoriales se llena de sugerencias y evocaciones, y
contribuye al simbolismo de muchos elementos del poema (colinas doradas), incluso en el
caso de epítetos como verdes pinos o polvorientas encinas). Y así son muy significativos
viajero, aplicado al propio poeta, o mudo y sombrío aplicado al paisaje personificado pero
que exprese en realidad el estado de ánimo del poeta. Especialmente importante es la
doble adjetivación aplicada en el verso 22 a espina, aguda y dorada, que es contradictorio
(uno es negativo y otro positivo, en una especie de paradoja que expresa que es mejor
sentir amor aunque cause dolor que no sentir nada; por eso la espina es aguda, pero
dorada, bella, preciosa, valiosa.

Como los modernistas, también Machado deja ver de vez en cuando (aunque sea de
manera mucho más sobria y equilibrada que otros poetas) su preferencia por palabras
inusuales, y asi encontramos en el poema cultismos como serpea, se enturbia o plañir

Encabalgamientos (v 1-2 caminos /de la tarde) v 2-3 (colinas /doradas) v 13-14 (y todo el
campo un momento/ se queda mudo y sombrío/ meditando.)
Enumeración, asíndeton (que da impresión de lista abierta) y exclamación (que expresa
emotividad, emoción ante la vida y lo que nos va poniendo delante) encontramos en los v(v
2-4: ¡las colinas doradas, los verdes pinos, las polvorientas encinas!

Polisíndeton: v.17-20..y...y..y..y, para intensificar el efecto sobre el paisaje (símbolo de la


vida y el interior del poeta) de lo expresado por la canción.
Hipérbaton: v.8, 13-15, v 20

Así pues, en este poema encontramos las características de un Modernismo intimista y


simbolista:

- La expresión de sentimientos personales, en este caso, la nostalgia de ese amor


doloroso cuya ausencia deja un vacío existencial
- La expresión de esos sentimientos a través de símbolos (el camino, la tarde, los
elementos del paisaje, el sueño, el cantar, etc.)
- La atención a lo sensorial (colores “colinas doradas”, “el camino que blanquea se
enturbia” o sonidos “suena el viento en los álamos del río”)
- La importancia de la adjetivación (colinas doradas, verdes pinos, polvorientas
encinas, aguda espina dorada...)
- La utilización de cultismos (serpea, se enturbia, plañir...)
- La preocupación por el ritmo y la sonoridad (aspecto que todos los simbolistas
cuidaban mucho), perceptible en el uso de una métrica más sencilla (versos cortos, como
suele ocurrir en la tendencia intimista, frente a la esteticista, pero que solía preferir versos
largos) pero muy cuidada, con rima consonante perfecta, y el uso de estrofas tradicionales
(cuarteta, redondilla, en versos octosílabos) pero con un punto de innovación al
combinarlas para reforzar la estructura interna del poema.
- La utilización de una lengua evocadora y el cuidado por la forma del poema.
También encontramos lo característico de la poesía machadiana en esta primera etapa
correspondiente a sus Soledades:

Ese Modernismo intimista y simbolista que emplea una lengua cuidada, evocadora,
sensorial y rítmica, pero mucho más sencilla y sobria que la de otros poetas, buscando
siempre la expresión más esencial y ajustada al sentimiento que se trata de transmitir
(acorde con su definición de la poesía como “la palabra esencial en el tiempo”)

Algunos de sus temas fundamentales, que son grandes universales humanos: el carácter
temporal y confuso de la vida, la nostalgia, la melancolía, la incertidumbre existencial, el
amor como una experiencia subjetiva, interiorizada, recordada o soñada.

Varios de los símbolos que se han convertido en emblemas, en señas de identidad de la


poesía de Antonio Machado: el sueño, el camino, la tarde.
La influencia de la cultura y la poesía popular (que será constante en la obra de
Machado, y quizás una de las claves para que calara y siga calando tanto y tan hondo entre
tantos lectores).

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