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El Conocimiento 1

El conocimiento es un acto inmanente y espontáneo que permite al ser humano hacerse presente a sí mismo y a su entorno, sin ser una producción o movimiento. La intencionalidad del conocimiento implica una relación entre sujeto y objeto, donde la inmaterialidad es necesaria pero no suficiente para dicha relación. Además, el conocimiento se fundamenta en la experiencia y en una actividad intelectual a priori que permite la abstracción y la universalidad en los juicios.

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El Conocimiento 1

El conocimiento es un acto inmanente y espontáneo que permite al ser humano hacerse presente a sí mismo y a su entorno, sin ser una producción o movimiento. La intencionalidad del conocimiento implica una relación entre sujeto y objeto, donde la inmaterialidad es necesaria pero no suficiente para dicha relación. Además, el conocimiento se fundamenta en la experiencia y en una actividad intelectual a priori que permite la abstracción y la universalidad en los juicios.

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EL CONOCIMIENTO 1

. El ser del conocimiento.

Es difícil dar una definición verdaderamente esencial y general del


conocimiento. La dificultad no consiste en superar la dualidad del
conocimiento sensible y del conocimiento intelectual, pues en la medida en
que ambos tienen por objeto el mundo se dejan situar en un mismo género. La
dificultad consiste más bien en superar la oposición entre el conocimiento del
mundo y la conciencia de sí.
La fórmula, clásica en la escuela, que dice que conocer es «hacerse el otro»,
no conviene a la conciencia de sí. Pero, inversamente, la epistemología
moderna está tan impregnada de idealismo que reduce todo conocimiento a la
conciencia. Desde Kant, cualquier conocimiento, empezando por la sensación,
recibe el nombre de una «conciencia».
El conocimiento es un acto, espontáneo en cuanto a su origen, inmanente en
cuanto a su término, por el que un hombre se hace intencionalmente presente
alguna región del ser Ante todo,
El conocimiento es una especie de ser, o mejor aún una manera para el
hombre tencialismo contemporáneo ha revalorizado esta idea,
Con rain pues todo es ser, tanto el conocimiento como lo demás.
Hay que precisar enseguida que especie de ser es el conocer.
El conocimiento es un acto Esto significa dos cosas que no un es movimiento
y que no es una producción,
En términos positivos, que de suyo es pura contemplación inmóvil La noción
de conocimiento, primeramente, no implica ni temporalidad ni cambio.
El movimiento es paso de la potencia al acto Y, sin duda, hay movimiento
cada vez que el hombre pasa de la ignorancia al conocimiento, o de un
conocimiento a otro.
El conocimiento no es el movimiento, es el acto al que está ordenado el
movimiento.
El conocimiento no es de ningún modo una producción.
El error más grave, tal vez, que comete el idealismo, en el que por lo demás se
identifica con el materialismo, es concebir toda actividad según el modo de la
actividad física, y en consecuencia definir el conocimiento come una
construcción o una fabricación.
Espontaneidad.
La espontaneidad se define como el conjunto de acciones irrazonadas
presentes en el comportamiento humano.
La espontaneidad no es absoluta. No lo es en el plano sensible en el que es
indispensable una excitación para que nazca una sensación, ni tampoco en el
plano intelectual en el que la prensa miento depende de la sensibilidad.
La espontaneidad no es, pues, primera o primitiva, es segunda. Por ello es
justo llamar a las facultades humanas «potencias pasivas»: son incapaces de
crear su objeto y deben esperar a que se les dé. Es, pues, tan falso, definir,
como hace Kant, la sensibilidad como la pura «receptividad de las
impresiones», como definir el entendimiento como la pura «<espontaneidad
de los conceptos».
Hay tanta pasividad como espontaneidad en los dos planos. En cuanto a
definir el espíritu, como hace Brunschvicg, como una espontaneidad radical,
libre no solamente respecto de sus objetos, sino respecto de su propia
naturaleza, es no sólo falso sino absurdo.
Equivale a decir que el conocimiento se crea a sí mismo ex nihilo, y crea
después a la vez su sujeto y su objeto.
La espontaneidad del conocimiento no tiene nada que ver con la libertad que
es el atributo de algunos actos de voluntad. 'Las facultades de conocimiento,
tomadas en sí mismas, están estrictamente determinadas en su actividad. Es el
hombre el que es libre, a veces, de dirigir como quiere su mirada su
pensamiento, su atención, su cuerpo, gobernando indirectamente así su
conocimiento.
Inmanencia
La inmanencia del acto tampoco ofrece ninguna duda. El principio de
inmanencia, fundamento del idealismo, no disfruta de ninguna evidencia, pero
el hecho de la inmanencia es evidente. El conocimiento no modifica en nada
las cosas, es un enriquecimiento, un perfeccionamiento del sujeto (S.Th. 1, 82,
2; cf. Meta. IX, 8, n.° 1862-1865). Por consiguiente, queda claro que
inmanencia no significa con ciencia. La conciencia es el conocimiento de sí.
La expresión «tener conciencia de las cosas» es viciosa. Se comprende en
Kant, para quien las cosas en el espacio son fenómenos, es decir, simples re
presentaciones en nosotros. Se comprende en Husserl, que ha empezado por
reducir el mundo a la apariencia que hay en el pensamiento. Pero es puro
idealismo, y emplear expresiones de esta clase es lo mismo que profesar
implícitamente el idealismo. Cuando decimos que el conocimiento es un acto
inmanente, queremos decir que este acto no tiene otro fin que su mismo
ejercicio, y que perfecciona al sujeto que lo ejerce. Ello no significa que el
objeto del conocimiento sea necesariamente un estado de conciencia.
Intencionalidad.
Por último, es un hecho también que el acto de conocimiento es intencional.
El acto de conocimiento hace presente a una facultad un ser en tanto que
objeto.
La intencionalidad no es, pues, distinta del conocimiento mismo, la relación
sujeto-objeto.
Acerca de esto hagamos unas simples observaciones. En la relación, el papel
del sujeto es objetivar o fenomenalizar el ser, mientras que el papel del objeto
es especificar el acto. Esta relación no es de orden físico. La presencia de un
cuerpo en un lugar no tiene evidentemente nada en común con el
conocimiento. E incluso si se trata de una presencia no espacial, como, por
ejemplo, la presencia de Dios en nuestra alma a título de creador, esta
presencia no es intencional.
El conocimiento es un tipo original de presencia, que puede aliarse con
cualquier distancia espacial e incluso con cualquier trascendencia ontológica.
De ahí se sigue, según nos parece, que no pueden identificarse pura y
simplemente las nociones de intencionalidad y de inmaterialidad. El
conocimiento es una presencia inmaterial, dicha de otro modo, la
inmaterialidad es una condición necesaria de la intencionalidad. Pero toda
presencia inmaterial no es un conocimiento; se necesita además que se
establezca la relación específica sujeto-objeto.
La inmaterialidad no es la condición suficiente de la intencionalidad.
La noción de intencionalidad es valedera para toda especie de conocimiento,
no sólo para la sensación y el concepto, sino también para la conciencia. En el
caso de la conciencia, surge una nueva relación en el seno del sujeto mismo: a
su identidad consigo mismo. Que es una presencia ontológica, se superpone
una presencia intencional que consiste en que se aparece o se toma como
objeto.
Observemos aún que la noción de intencionalidad no basta por sí sola para
salir del idealismo. Éste admite sin esfuerzo que el cono cimiento es
esencialmente relación a un objeto. La cuestión es saber qué existencia tiene el
ser que se toma como objeto. Ahora bien, un análisis del conocimiento en
general no permite decidir esta cuestión, pues la existencia sólo, nos es dada
por un medio especial de conocimiento, a saber, por la experiencia. Pero
importa notar desde ahora que si la existencia real no nos fuera dada
primitivamente, todo el sistema de las intenciones se hundiría en la o por flojo
que sea el lazo que une una esencia nada. Por tenso pensada con lo existente,
este lazo nunca puede romperse. Incluso los seres de razón, como los números
imaginarios de los matemáticos, tienen un fundamento en la realidad; sino, no
serían ni imaginarios, no serían nada. La alternativa es indudable: el ser o la
nada; y el ser, cualquiera que sea, tiene relación con la existencia. He aquí por
qué la metafísica nace antes de que empiece la crítica.
La razón en el acto del conocimiento
La esencia de abstraer experiencia: después a posteriori. Pero hay en ella algo
que no procede de la experiencia, que depende de la naturaleza de la
inteligencia Y que por lo tanto, puede llamarse a priori.
Así, siempre que encontremos universalidad, no sólo en el juicio, sino ya en el
concepto, veremos la huella de una actividad intelectual que puede llamarse A
priori.
Además en el juicio de los términos son abstractos; pero su función de sujeto y
del predicado les es impuesta por el espíritu. Y el razonamiento el orden y el
lapso de los juicios son lógicos, es decir introducidos por la razón.

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