0000297
DOSCIENTOS NOVENTA Y SIETE
2022
REPÚBLICA DE CHILE
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
____________
Sentencia
Rol 11560-2021
[26 de abril de 2022]
____________
REQUERIMIENTO DE INAPLICABILIDAD POR
INCONSTITUCIONALIDAD RESPECTO DEL ARTÍCULO ÚNICO,
INCISOS DOCE, TRECE Y CATORCE, DE LA LEY N° 21.330
4 LIFE SEGUROS DE VIDA S.A.
EN EL PROCESO ROL N° 264-2021 (CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO), SOBRE
RECLAMO DE ILEGALIDAD, SEGUIDO ANTE LA CORTE DE APELACIONES DE
SANTIAGO
VISTOS:
4 LIFE Seguros de Vida S.A. acciona de inaplicabilidad por
inconstitucionalidad respecto de “los incisos 12°, 13° y 14° de la de la Disposición
Quincuagésima Transitoria de la Constitución Política de la República incorporada
por el artículo único de la Ley N° 21.330”, que modifica la carta fundamental, para
establecer y regular un mecanismo excepcional de retiro de fondos previsionales y
anticipo de rentas vitalicias, en las condiciones que indica, en el proceso Rol N° 264-
2021 (Contencioso Administrativo), sobre reclamo de ilegalidad, seguido ante la Corte
de Apelaciones de Santiago.
Precepto legal cuya aplicación se impugna
El texto de los preceptos impugnados dispone:
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0000298
DOSCIENTOS NOVENTA Y OCHO
“Ley N° 21.330, que modifica la carta fundamental, para establecer y regular
un mecanismo excepcional de retiro de fondos previsionales y anticipo de rentas
vitalicias, en las condiciones que indica,
(…)
Artículo único.- Agrégase la siguiente disposición transitoria en la Constitución
Política de la República:
QUINCUAGÉSIMA. (…)
A partir de la publicación en el Diario Oficial de esta reforma y hasta los 365 días
siguientes, los pensionados o sus beneficiarios por renta vitalicia podrán, por una sola vez y de
forma voluntaria, adelantar el pago de sus rentas vitalicias hasta por un monto equivalente al
diez por ciento del valor correspondiente a la reserva técnica que mantenga el pensionado en la
respectiva compañía de seguros para cubrir el pago de sus pensiones, con un tope máximo de
ciento cincuenta unidades de fomento.
El retiro que efectúen los pensionados o sus beneficiarios que opten por solicitarlo, se
imputará al monto mensual de sus rentas vitalicias futuras, a prorrata, en forma proporcional
y en igual porcentaje que aquel que represente el monto efectivamente retirado.
Las reglas relativas a la intangibilidad y naturaleza de estos recursos, la tramitación
de la solicitud, el pago de pensiones de alimentos impagas y la información a las autoridades
correspondientes, incluida la Comisión para el Mercado Financiero, contenidas en los incisos
precedentes de esta disposición, serán aplicables a las solicitudes de anticipos que efectúen los
pensionados o sus beneficiarios por rentas vitalicias. Con todo, el pago de los fondos solicitados
se efectuará al pensionado o sus beneficiarios en un plazo máximo de treinta días corridos,
contados desde la recepción de la solicitud. La Comisión para el Mercado Financiero dictará las
instrucciones necesarias para la aplicación de los incisos precedentes”.
(…)
Síntesis de la gestión pendiente y del conflicto constitucional sometido al
conocimiento y resolución del Tribunal
Señala la requirente que actualmente se sustancia reclamo de ilegalidad
presentado por ella contra el Oficio Circular N° 1208 de 30 de abril de 2021 de la
Comisión de Mercado Financiero (CMF) que “Imparte instrucciones a las compañías de
seguros de vida que mantienen reservas técnicas de rentas vitalicias”.
En dicha gestión sub lite se encuentra pendiente de vista el reclamo antes
referido ante la Corte de Apelaciones de Santiago tras orden de suspensión decretada
por esta Magistratura.
Afirma que las disposiciones objeto de los requerimientos son impugnables
por vía de inaplicabilidad por inconstitucionalidad
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DOSCIENTOS NOVENTA Y NUEVE
La disposición transitoria quincuagésima de la Constitución, incorporada por
la Ley N° 21.330, tiene la calidad de ley al margen o con independencia de su
denominación, por lo que su constitucionalidad es susceptible de ser revisada
mediante los requerimientos de marras.
En tal sentido, afirman que el rango de ley o de disposición constitucional no
lo otorga ni el quórum con el que haya sido aprobado, ni el nombre con el que se
tramite o promulgue, sino que la naturaleza misma de la norma, de manera que no
bastaría con denominar “reforma constitucional” a aquello que en su opinión no lo es,
en razón a que el Derecho Público Chileno no le ha conferido competencia al
legislador para actuar de la forma en que en los hechos lo hizo.
Indican que sostener lo contrario, que la mera denominación de una
disposición determina su esencial naturaleza, implicaría que mayorías accidentales
podrían por la vía de una sobre constitucionalización del derecho intentar regular
materias que le están vedadas, so pretexto de afirmar estar reformando la
Constitución.
Lo anterior ha sido ratificado de manera expresa por este Tribunal al dictar la
sentencia en la causa Rol N° 9797 de 30 de diciembre de 2020, sobre “Requerimiento
de Inconstitucionalidad formulado por S.E el Presidente de la República, respecto del
proyecto que modifica la Carta Fundamental, para establecer y regular un mecanismo
excepcional de retiro de fondos previsionales, en las condiciones que indica (Boletines
N°13.736-07, 13.749-07 y 13.800-07 refundidos)”.
Se arguye la existencia de una vulneración al art. 19 N° 24 de la Constitución
El conflicto pretendido guarda relación con la aplicación de una ley que, por
la vía de agregar una disposición transitoria a la Carta Fundamental, pretende
desconocer, en forma absoluta y directa, la naturaleza, características y efectos
esenciales de un contrato reconocido y regulado en nuestro ordenamiento jurídico;
esto es, los contratos de seguros de renta vitalicia.
El contrato de renta vitalicia no reconoce, en modo alguno, la figura de
“adelantos” o “anticipos” por decisión unilateral del beneficiario. Por el contrario,
como lo reconoce la autoridad sectorial fiscalizadora y reguladora, para el debido
cumplimiento de esta clase de contratos se aceptan e incentivan las inversiones de
largo plazo, contrarias, por su propia naturaleza, a la pronta liquidez necesaria para
afrontar pagos anticipados o adelantados.
Asevera que con motivo de su aplicación se afecta gravemente el derecho de
dominio, toda vez que se pretende obligarles a entregar dinero de su propiedad a sus
contrapartes contractuales sin que exista convención o acuerdo previo al respecto. El
único y exclusivo derecho del beneficiario es percibir la renta pactada, la que se paga
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TRESCIENTOS
con recursos propios de la compañía toda vez que el precio pagado por aquel ya ha
ingresado al patrimonio de la respectiva compañía.
Así, bajo el ambiguo e inaplicable concepto de “adelanto”, lo que de verdad se
ha buscado es que entregue dinero, adicional al que correspondería por aplicación del
contrato, a los pensionados bajo la modalidad de renta vitalicia o a sus beneficiarios,
asumiendo, erróneamente, que dicho monto podrá descontarse de futuras rentas cuyo
efectivo devengo carece de la mínima certeza.
Destacan que el concepto de “adelanto” o “anticipo” es contrario a la esencia
del contrato de renta vitalicia. La certeza de una renta permanente, en general hasta
la muerte del beneficiario, es contraria a la búsqueda de inmediatez en la obtención
de beneficios patrimoniales derivados del previo pago de un precio fijo y
determinado. La Ley que se cuestiona, en definitiva, viene a desnaturalizar, en su
perjuicio, el contrato de renta vitalicia, y ello es contrario a la Constitución.
Vulneración al artículo 19 N° 20 de la Constitución
Arguye la existencia de una vulneración a la igualdad en la repartición de las
cargas públicas (artículo 19° N° 20 de la Carta Fundamental). Desde esta perspectiva,
no resulta admisible que el Estado imponga a un grupo reducido de personas, en este
caso las Compañías de Seguro, una carga especial, que consiste en el sacrificio de su
derecho de propiedad, a fin de financiar y aliviar la situación económica y social de
los afiliados y beneficiarios de dichas Compañías, que son la contraparte de éstas en
los contratos de renta vitalicia.
Vulneración al artículo 65, inciso cuarto, N° 6, de la Constitución
Arguye que la disposición constitucional que se impugna vulneró normas que
regulan el procedimiento legislativo en particular, afirmando que con ello invadiría
las materias de iniciativa exclusiva del Presidente de la República, en lo que respecta
a la dictación de normas que modifiquen la regulación en materia de seguridad social
o que incidan en ella, como es el caso.
Vulneración al artículo 5°, inciso segundo, de la Constitución
Al igual que para esta Magistratura Constitucional, para la Corte
Interamericana de Derechos Humanos no cualquier restricción o limitación a la
propiedad es compatible con el tratado. Ellas deben reunir diversas condiciones
necesarias para ampararse en los estándares de la Convención.
Aun si se entendiera como limitación la norma cuestionada y no expropiación,
ella no sortea el test que emana de la jurisprudencia de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos y de su Comisión.
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TRESCIENTOS UNO
Afirma que los incisos impugnados de la Disposición 50° Transitoria vulneran
el derecho de propiedad configurado en la Convención, en tanto permiten la
afectación de derechos adquiridos y no meras expectativas. Bajo la aplicación de
dichas normas, deberán desembolsar anticipadamente de sus dineros propios un 10%
de lo que al pensionado o beneficiario le correspondería recibir a futuro por rentas
vitalicias, con cargo a una reserva técnica cuyos fondos están dentro del patrimonio
de estas compañías y son parte de su propiedad.
En consecuencia, bajo las normas del tratado y la jurisprudencia internacional
referida, las medidas de los preceptos impugnados afectan inequívocamente derechos
adquiridos de las compañías.
Añade que, así como los preceptos impugnados afectan derechos adquiridos,
también estos producen efectos retroactivos. En efecto, para cumplir lo ordenado por
la CMF en su Oficio Circular N° 1.208, las Compañías de Seguros de Vida deberán
utilizar fondos comprendidos en las reservas técnicas de su propiedad.
Dichos fondos han sido conformados en parte por lo que hemos llamado el
“Capital Afiliado”, cuya tradición traslaticia de dominio se ha realizado válidamente
en cumplimiento de un contrato celebrado entre privados. Esto es propiamente una
situación jurídica consolidada dentro del iter contractual, se ha cumplido plenamente
la obligación del afiliado de hacer la tradición de dichos fondos. De esta manera,
conforme a los criterios de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, afectar
estas situaciones jurídicas ya consolidadas constituye dotar de efecto retroactivo a la
norma, cuestión que se considera contraria a las normas de la Convención
Finalmente, los retiros que permiten los preceptos impugnados tampoco se
ajustan al principio de proporcionalidad al que ha hecho referencia la Corte, al
vulnerar los subprincipios de idoneidad, necesidad y proporcionalidad en sentido
estricto.
Consecuentemente, este desborde constituye una consecuencial infracción a lo
dispuesto por el artículo 5°, inciso segundo, y el artículo 54 N° 1 de nuestra
Constitución, toda vez que se ha vulnerado el derecho de propiedad protegido por un
tratado internacional ratificado por Chile y que se encuentra vigente (Convención
Americana de Derechos Humanos), desconociéndose sus obligaciones en contra de
las normas propias del derecho internacional.
Sin perjuicio de lo anterior, afirma que aun si los Preceptos Impugnados fueran
constitución material (no sólo formal), aquellos infringirían los preceptos, cláusulas y
derechos fundamentales antes mencionados. En efecto, ni aún el constituyente
derivado puede actuar abusivamente y sin límites; las reformas constitucionales
también pueden ser calificadas como inconstitucionales y ser controladas por esta
Magistratura.
Así, el poder constituyente derivado –ya sea modificando el texto permanente
o las disposiciones transitorias de la Constitución– no puede alterar elementos
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TRESCIENTOS DOS
esenciales e irreformables de la Constitución. Y dentro de ellos se encuentran los
derechos fundamentales, incluyendo el de propiedad y el de igualdad ante las cargas
públicas.
Tramitación
El requerimiento fue acogido a trámite por la Segunda Sala, con fecha 23 de
agosto de 2021, a fojas 153, disponiéndose la suspensión del procedimiento.
En resolución de fecha 21 de septiembre de 2021, a fojas 189, se declaró
admisible. Conferidos traslados el Consejo de Defensa del Estado evacuó el mismo a
fojas 200.
Traslado del Consejo de Defensa del Estado
1. El precepto impugnado, en tanto norma constitucional, no es un “precepto
legal”
Tanto los poderes colegisladores como aquellos que participaron de alguna
forma en el proceso previo a la publicación de la reforma constitucional contenida en
la Ley N° 21.330 consideraron que tal precepto era un precepto constitucional y no
uno legal.
Explica que “No hay Constitución si esta no es suprema.” Todo el
ordenamiento jurídico, en cualquiera de sus aspectos, tiene como fundamento la
Constitución. No puede dejarse al arbitrio del requirente la determinación de qué
norma de la constitución le “gusta” y es constitucional y cual le incomoda, y por tanto
no lo es.
Afirma que se cuestiona toda la teoría de fuentes del derecho que conocemos,
al menos, desde hace dos siglos con la consagración de las constituciones escritas.
Añade que no hay criterio alguno que nos permita dilucidar esta
diferenciación. Y ello obedece a que simplemente no puede existir tal distinción.
En nuestra Constitución hay diversas disposiciones que perfectamente
podrían estar reguladas en las leyes por su naturaleza. Pero el constituyente
determinó que lo estuvieran en la Constitución. Así, por ejemplo, los requisitos que se
exige a los fiscales regionales podrían haber estado contemplados en normas legales
(art. 86, inciso tercero). Sin embargo, por diversas razones el constituyente lo incluyó
en la Constitución, sin que se pueda negar razonablemente que sean normas
constitucionales.
Lo que en realidad pretende la inaplicabilidad es un velado control de
constitucionalidad de algunos incisos de la reforma constitucional contenida en el
artículo quincuagésimo transitorio de la Constitución Política de la República. No
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TRESCIENTOS TRES
obstante, el control de constitucionalidad de las reformas constitucionales sólo
procede en virtud del artículo 93 N° 3 de la Carta Fundamental.
El requerimiento está orientado a la declaración de inconstitucionalidad y no
de inaplicabilidad de un precepto para un determinado caso en concreto.
2. No hay vulneración al art. 19 N° 24 de la Constitución
Como compensación al anticipo construido en esta reforma constitucional, la
misma Carta Magna ordenó que este adelanto “se imputará al monto mensual de sus
rentas vitalicias futuras, a prorrata, en forma proporcional y en igual porcentaje que aquel que
represente el monto efectivamente retirado”. El requirente omite que la Constitución
Política de la República ha dispuesto anticipar las pensiones, es decir, pagar antes una
parte de lo que se debía pagar después. En términos simples, no se ha alterado la
equivalencia de las prestaciones, ya que el mayor pago anticipado, se ve equilibrado
con la reducción de los pagos futuros.
No toda regulación, aun cuando ella pueda restringir las facultades del
dominio o delimitar la libertad con las que se ejercen esas potestades, puede ser
considerada como inconstitucional, menos si esta tiene rango constitucional. Por el
contrario, la doctrina y la jurisprudencia han considerado que esas restricciones solo
son inconstitucionales, y admiten indemnización, cuando son privaciones del
dominio o cuando se trata de obligaciones especialmente intensas y excesivas para los
particulares, rompiendo con ello el respeto al principio constitucional de igualdad
ante las cargas públicas.
En autos, lo que sucede, es que se adelanta el pago de una obligación con la
contrapartida de la reducción de la pensión futura a pagar en la forma de la renta
vitalicia previsional.
La limitación de que se trata deriva de uno de los aspectos propios de la
función social y de la regulación de la seguridad social, que se establece en beneficio
colectivo, a favor de la comunidad y por circunstancias especialísimas, ajustándose a
la Constitución.
En tal sentido;
- Respeta en plenitud la reserva legal de las cargas y limitaciones del dominio,
en este caso, “reserva constitucional”, al establecer con determinación y especificidad
la obligación.
- Está justificada en las causales constitucionales de la función social, pues se
inserta dentro de los intereses generales de la Nación ante la gravedad de la pandemia.
- No constituye una privación del dominio ni una carga desproporcionada. Por
el contrario, se trata de una obligación razonable toda vez que lo que se impone al
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TRESCIENTOS CUATRO
regulado es la anticipación de una obligación de dar, con una reducción de la
obligación futura, por contrapartida, todo, en condiciones claras y determinadas.
- Es igualitaria y no discriminatoria puesto que la limitación se aplica a todos
quienes están en la misma y,
- No afecta la esencia del derecho puesto que la compañía solo está llamada a
solventar un porcentaje mínimo de la obligación contraída con el pensionado,
reduciendo su deuda con este en el futuro.
3. Niega asimismo otras contravenciones constitucionales.
Es principio general y básico del derecho constitucional chileno la “reserva
legal” en la regulación del ejercicio de los derechos fundamentales; esto es, toca al
legislador, y sólo a él, disponer normas al respecto. Pero de esta norma, no se
desprende que el Constituyente o el Legislador no puedan modificar una situación
normativa existente en un determinado momento y, de este modo, sujetar a una
regulación nueva y distinta a la que ya regía con anterioridad.
En lo relativo a un examen en concreto, no se ha otorgado un tratamiento
discriminatorio y, por ende, un tratamiento que implique una vulneración de su
derecho a la igualdad. La instrucción -oficio circular- y la norma de carácter general
impugnada en la gestión pendiente aplica a todas las Compañías de Seguros en la
misma situación.
A partir del contexto legislativo aplicable, es que los regulados por la CMF,
cuentan con todas las herramientas procesales y sustantivas para defender
adecuadamente sus derechos, tanto en sede administrativa como judicial. Su derecho
al debido proceso, en tal virtud, se encuentra resguardado en forma idónea en la
normativa atinente, lo que permite descartar la concurrencia de una eventual
transgresión al artículo 19 Nº 3º de la Carta Fundamental.
Si bien existe el derecho a desarrollar una actividad económica, ello es siempre
que se cumpla la condición de que se trate de una actividad no contraria a la moral,
orden público o seguridad nacional, y respetando las normas legales que la regulen.
Precisamente son estas últimas, en este caso normas constitucionales, las que han
reglamentado con precisión y especificidad una obligación para las compañías de
seguro que en nada limitan su derecho a desarrollar su libertad económica. Solo lo
regulan de modo general y razonable.
4. Ineficacia del requerimiento de inaplicabilidad deducido
Adicionalmente, resulta ineficaz el planteamiento de la inaplicabilidad
solicitada. En el evento que este Tribunal decida acoger el requerimiento, y que, como
consecuencia de ello, los jueces del fondo decidan acoger el reclamo de ilegalidad que
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TRESCIENTOS CINCO
constituye la gestión pendiente, dejando sin efecto actos administrativos
cuestionados, el artículo quincuagésimo transitorio de la Constitución Política de la
República seguirá plenamente vigente, los pensionados igualmente tendrán el
derecho a exigir un anticipo, y la compañía de seguros requirente seguirá obligada a
pagarlo, tal como por lo demás lo han realizado hasta la fecha. El único efecto de tal
declaración sería que el mercado no contaría con un procedimiento uniforme de
tramitación, previsto, justamente para evitar incumplimientos, reclamos,
desinformación y defectos de atención.
A mayor abundamiento, acoger la pretensión de la requirente, en definitiva,
generaría efectos inconstitucionales. La norma constitucional le mandata a dictar las
instrucciones necesarias para su aplicación, por lo que en el evento de no poder ser
aplicada aquella, se verá en un dilema de “antijuridicidad forzada” pues no podría de
forma alguna cumplir la orden expresa que la Constitución le ha dado a la CMF.
Vista de la causa y acuerdo
En Sesión de Pleno de 9 de diciembre de 2021 se verificó la vista de la causa,
oyéndose la relación pública y alegatos de la requirente del abogado Arturo
Fermandois Vöhringer, y del Consejo de Defensa del Estado, del abogado Sebastián
Soto Velasco.
Se adoptó acuerdo en sesión del 4 de enero de 2022, conforme fue certificado
por el relator de la causa.
CONSIDERANDO:
CUESTIONES DE CONSTITUCIONALIDAD
PRIMERO: Que, según se puede leer en la parte expositiva de esta sentencia,
en la especie se objeta que la autodenominada “Ley de Reforma Constitucional” N°
21.330 haya venido a afectar sendos contratos de renta vitalicia -de que es titular la
requirente-, a pretexto de circunstancias adventicias y extraordinarias, por completo
ajenas al objeto jurídico y devenir natural de dichas convenciones.
Efectivamente, esta Ley N° 21.330, junto con reconocer que está incidiendo en
materias de seguridad social, al citar “el artículo 65, inciso cuarto, N° 6” constitucional,
y después de invocar como motivo excepcional la necesidad de “mitigar los efectos
sociales derivados del estado de excepción constitucional de catástrofe por calamidad
pública decretado a causa del COVID-19” (inciso 1° de la disposición quincuagésima
transitoria), a la postre, en sus incisos 12° y 13° innova sustancialmente en la materia,
al disponer que los pensionados o beneficiarios de este sistema pueden “adelantar el
pago de sus rentas vitalicias”, merced a un “retiro” actual susceptible de descuento
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TRESCIENTOS SEIS
futuro. El inciso 14°, a su vez, encarga a la Comisión del Mercado Financiero dictar las
“instrucciones” necesarias para la aplicación de los incisos precedentes.
Dichas normas, se verá, no solamente desconocen señaladas atribuciones
constitucionales del Presidente de la República, en tanto Jefe de Estado. Además, su
aplicación ha revelado la afectación de los derechos de propiedad y a la seguridad
social que amparan a las compañías aseguradoras y a los propios pensionados, amén
de sustraerlos a todos del estatuto jurídico que les es propio;
SEGUNDO: Que, para acoger entonces el requerimiento planteado, la
presente sentencia discurrirá sobre la base de los siguientes conceptos y premisas:
I. El respeto irrestricto al orden institucional de la República, ahora amagado,
fuerza reiterar la necesidad de que los órganos legisladores se enmarquen dentro de
su esfera de atribuciones, atentos a no continuar barrenando el principio de separación
de funciones.
II. En Chile no existen derechos en condiciones pasivas, ya que todos pueden
ser tutelados a través de las acciones procesales que a sus titulares les franquea la ley,
cualquiera sea la calidad de las leyes que los tergiversen o menoscaben.
III. Si el Tribunal Constitucional puede inaplicar una ley que se ha ceñido
rigurosamente a todas las formalidades constitucionales, habiendo sido requerido al
efecto, con cuanta mayor razón puede censurar un acto legislativo que no lo ha hecho
y que, más encima, vulnera derechos fundamentales.
IV. Menos que una reforma a la Constitución, la Ley N° 21.330 es un acto que
entraña una variación a contratos en curso, alterándolos en su esencia y
desconociendo derechos adquiridos a su amparo, de una manera que no se
compadece con ninguna de las vías legítimas que posee el legislador para afectar el
respectivo derecho de propiedad.
V. Al transfigurar contratos de seguro destinados a cubrir un específico riesgo
o contingencia social, la Ley N° 21.330 afecta la eficacia real del derecho a la seguridad
social que le asiste a sus beneficiarios. Al paso que sustrae a ambas partes del estatuto
legal que les es propio, representado por el DL N° 3.500, para insertarlos dentro de
una normativa nueva que les resulta completamente impertinente.
I. ORDEN PÚBLICO INSTITUCIONAL
TERCERO: Que, las razones que justificaron la STC Rol N° 9797-20, son
comunicables en este caso y deben presidir el presente reparo a la Ley N° 21.330, toda
vez que esta normativa, tal como se dijo respecto al análogo Proyecto de Ley
reprochado en dicha oportunidad, aparece dictada sin sujeción al principio basal de
competencia recogido en el artículo 7° de la Carta Fundamental, al tener su origen en
mociones parlamentarias y no en un mensaje presidencial, como en derecho
corresponde.
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0000307
TRESCIENTOS SIETE
Con el mérito de la indicada sentencia, no pudo pues sino procederse en
consecuencia, adoptándose las medidas conducentes a evitar que un conflicto
institucional de esa índole volviera a producirse. Más allá del alcance de dicha
sentencia, donde se reprobó un Proyecto de Ley sobre retiros previsionales semejante,
los términos amplios en que fue expresada hacían inexcusable que los órganos
colegisladores obraran, en lo sucesivo, de manera coordinada y dentro de sus
respectivas esferas de atribuciones, evitando la duplicación o interferencia de
funciones.
Tal deferencia para con las potestades ajenas, aparece recogido en importantes
cuerpos orgánico constitucionales, como son las Leyes N°s. 18.575 (artículo 5° inciso
segundo) y 19.640 (artículo 6° inciso segundo), y no encuentra obstáculo alguno -en
razón de su propia virtud- para ser considerada como una de las Bases de la
Institucionalidad; específicamente como parte del deber que recae sobre todos los
órganos del Estado de “garantizar el orden institucional de la República”,
contemplado en el inciso primero del artículo 6° de la Constitución Política;
CUARTO: Que, en esta lógica, durante la tramitación parlamentaria de esta
Ley N° 21.330, a la que se le venía dando el carácter de reforma constitucional, debió
entonces observarse el mandato íntegro y perentorio dado en las reglas vigentes sobre
“Reforma Constitucional”, consagradas en el Capítulo XV del propio texto supremo.
Cuyo artículo 127, en su inciso tercero, dispone -para lo que aquí interesa- que
“serán aplicables a la tramitación de los proyectos de reforma constitucional las
normas sobre formación de la ley”. Es condición necesaria de toda ley -y no escapa a
ello la ley de reforma constitucional- la de producirse “en la forma prescrita por la
Constitución”, para que enseguida pueda válidamente mandar, prohibir o permitir,
según reza el artículo 1° del Código Civil.
Remisiones a la Constitución que -a su vez- no pueden sino entenderse
efectuadas al párrafo “Formación de la ley” contenido en el Capítulo V, el cual se inicia
precisamente con su artículo 65, donde se indican las materias de ley que son de
iniciativa excluyente del Presidente de la República;
QUINTO: Que el inciso cuarto del citado artículo 65 es claro e indisponible, en
orden a que corresponde al Presidente de la República la “iniciativa exclusiva” -léase
excluyendo a cualquier otro órgano estatal- para “6°. Establecer o modificar las
normas sobre seguridad social o que incidan en ella, tanto del sector público como del
sector privado”.
No es dudoso, tampoco, que la Ley N° 21.330 incide en la materia, al haber
sido promulgada por decreto expedido a través del Ministerio del Trabajo y Previsión
Social.
Conviniendo destacar que la norma constitucional copiada no envuelve una
fórmula meramente protocolar o de simple prioridad, que valide afirmar que si la
iniciativa allí indicada no la ejerce el Presidente de la República -en su defecto- podría
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TRESCIENTOS OCHO
asumirlas por sí y ante sí el Congreso Nacional. Trata ella de una materia -la seguridad
social- que en la forma prescrita por la Constitución -por mensaje presidencial- es de
resorte privativo del Jefe de Estado activar;
SEXTO: Que igualmente pertenece al Primer Mandatario, como potestad
propia, la iniciativa exclusiva para crear nuevos servicios públicos semifiscales o
autónomos -como es el caso de la Comisión para el Mercado Financiero- “y determinar
sus atribuciones o funciones”, acorde con el N° 2 del inciso cuarto del mencionado
artículo 65.
No ha procedido, en consecuencia, que una autoproclamada “Ley de Reforma
Constitucional” encargue directamente a una entidad supervisada por el Presidente
de la República, pero prescindiendo de él, la dictación de unas “instrucciones” para la
aplicación de sus disposiciones. La individualizada Comisión está investida
únicamente de autoridad para dictar las normas necesarias para la aplicación y
cumplimiento de “las leyes y reglamentos”, a la letra de lo prescrito en el artículo 5°,
N° 1, de su estatuto orgánico, aprobado por Ley N° 21.000.
Incluso, de poseer el carácter de reforma constitucional que se atribuye, y al no
ser materia de ley, como pretende el Congreso Nacional, entonces su regulación
secundaria únicamente podía ser objeto de un “reglamento autónomo” del Jefe de
Estado, con arreglo a lo prescrito en el artículo 32, N° 6, de la Constitución Política, lo
que tampoco aparece respetándose acá;
SÉPTIMO: Que de ninguna manera ha correspondido, por ende, admitirse
que una norma incursione en ambos temas sin contar previamente con dicho
patrocinio presidencial.
Teniendo en consideración el inequívoco tenor literal de los citados artículos
127, inciso tercero, y 65, inciso cuarto, N°s 2 y 6, no cabe tolerar su incumplimiento
aduciendo que, de respetarse rigurosamente, esto haría imposible cualquier reforma
constitucional que no contara con la anuencia del Presidente de la República.
Al margen de que lo favorable u odioso de una disposición no puede tomarse
en cuenta para ampliar o restringir su recto sentido y alcance, tal excusa carece de
base, ya que la concesión de atribuciones a una determinada autoridad, implica
obviamente restárselas a otras, de suerte que no pueden éstas sustituirse a aquélla, ni
aun a pretexto de circunstancias extraordinarias o a guisa de que la autoridad
competente no estaría actuando como le parece al suplantador;
OCTAVO: Que, por lo demás, la voluntad inequívoca del constituyente
originario ha consistido precisamente en excluir la iniciativa parlamentaria en temas
de seguridad social. Las normas disciplinarias del artículo 65 constitucional, han
decantado y se han asentado tras una dilatada experiencia, que alecciona no dispersar
su activación, sino que imprimirles cada vez mayor unidad y concentración.
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TRESCIENTOS NUEVE
Es así que la STC Rol N° 2025-11 discurrió latamente sobre este particular,
mostrando cómo la evolución histórica ratifica la conveniencia de radicar la iniciativa
legal en el Presidente de la República, con vistas a implementar un sistema coherente
de gastos, actuales o futuros, que puedan comprometer el gobierno y la
administración del Estado.
Lo anterior, contrasta con la posición en que se encuentran los parlamentarios,
afectos a las presiones cotidianas amén de no ser responsables por su actuación como
tales (considerandos 25°-44°). Como en múltiples sentencias se ha señalado, estas
normas constitucionales han tenido desde su génesis el insoslayable objetivo de que
“se ponga término al régimen de irresponsabilidad existente en la materia”, dado que
un mismo asunto podía antes ser objeto de variadas y contradictorias iniciativas
parlamentarias, promovidas por simples afanes electoralistas (Francisco Cumplido,
La reforma constitucional de 1970);
NOVENO: Que conviene además citar al constitucionalista don Alejandro
Silva, quien también enseñó esta verdad: “La seguridad social persigue un fin de bien
público. Puede definirse como un conjunto de técnicas destinadas a dar protección a
necesidades y situaciones. En la actualidad es un principio político y como tal debe
inspirar la organización total de la comunidad nacional y también en el plano
internacional”.
Para enseguida subrayar que “Cualquiera que sean las técnicas que se utilicen,
a base de cotizaciones o regímenes tributarios para financiar servicios previsionales
del Estado, los orígenes o fuentes de los recursos financieros destinados a
proporcionar la seguridad social son eminentemente públicos y desde ese punto de
vista debe competer en forma privativa al Presidente de la República, en su calidad
de administrador del Estado, la conducción, manejo y dirección de toda política de
seguridad social y -he aquí lo relevante- no quedar entregada a la iniciativa
parlamentaria que podría ser ejercida en forma errada e inorgánica por
desconocimiento técnico del problema, que es sumamente complejo y vasto; además
[que] requiere un conocimiento muy especializado” (Alejandro Silva Bascuñán,
Tratado de Derecho Constitucional tomo V, Editorial Jurídica de Chile año 2000, pág.
214).
Abona el indicado parecer, de que el Presidente de la República es el único
llamado a liderar la emisión de estas normas, el hecho de que ahora -para enfrentar
las complejas consecuencias de toda índole producidas por el COVID-19-, éste haya
patrocinado treinta y seis leyes, comprometiendo un denodado esfuerzo
interministerial: leyes N°s. 21.360 (12.7.2021); 21.353 (17.6.2021); 21.354 (17.6.2021);
21.351 (14.6.2021); 21.350 (14.6.2021); 21.352 (7.6.2021); 21.347 (3.6.2021); 21.342
(1.6.2021); 21.340 (22.5.2021); 21.339 (8.5.2021); 21.323 (6.4.2021); 21.312 (15.2.2021);
21.307 (3.2.2021); 21.301 (5.1.2021); 21.299 (4.1.2021); 21.306 (31.12.2020); 21.289
(16.12.2020); 21.288 (14.12.2020); 21.283 (7.11.2020); 21.265 (8.9.2020); 21.260 (4.9.2020);
21.263 (4.9.2020); 21.256 (2.9.2020); 21.253 (20.8.2020); 21.249 (8.8.2020); 21.251
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TRESCIENTOS DIEZ
(3.8.2020); 21.252 (1.8.2020); 21.247 (27.7.2020); 21.242 (24.6.2020); 21.243 (23.6.2020);
21.232 (1.6.2020); 21.230 (16.5.2020); 21.229 (24.4.2020); 21.227 (6.4.2020); 21.225
(2.4.2020), y 21.220 (26.3.2020), sin perjuicio de otras muchas y variadas medidas
administrativas;
DÉCIMO: Que, luego, sin separar artificiosamente el correcto funcionamiento
de las instituciones con la seguridad jurídica que requiere el ejercicio tranquilo de los
derechos, no procede sostener que la infracción de las referidas normas sobre
“formación” de la ley no incidiría en su “aplicación” y que, por tanto, la normativa
cuestionada quedaría a salvo o por solo ello inmunizada de una ulterior acción de
inaplicabilidad por inconstitucionalidad.
La observancia estricta de las aludidas reglas constitucionales sobre iniciativa
presidencial, es exigida por la Ley Fundamental no solo para honrar el principio de
separación de poderes, sino que justamente con miras a infundir en los destinatarios
de las materias concernidas una cierta estabilidad, en cuanto a que ellas no podrán ser
objeto de dispersas e indiscriminadas mociones parlamentarias.
De allí que esa misma confianza depositada en el correcto funcionamiento de
la institucionalidad del país, resulta defraudada cuando -inspiradas en impulsivos o
subalternos designios- otras autoridades deciden sustituir al único órgano
competente, para pasar a detentar atribuciones que les han sido explícitamente
vedadas y -más aún- operando a pretexto de circunstancias extraordinarias que -en
último término- toca al Presidente de la República superar;
DECIMOPRIMERO: Que, para lo dicho y lo que se dirá, es útil transcribir el
pronunciamiento de este Tribunal Constitucional, recaído en STC Rol N° 207-95:
“la Constitución Política consagra la existencia de un Estado de Derecho. Basta
tener presente en tal sentido, por citar algunas disposiciones, lo que disponen los
artículos 5°, 6° y 7°, que forman parte de las Bases de la Institucionalidad. Se ha
considerado que, entre los elementos propios de un Estado de Derecho se encuentran
la seguridad jurídica, la certeza del derecho y la protección de la confianza de quienes
desarrollan su actividad con sujeción a sus principios y normas positivas. Esto implica
que toda persona ha de poder confiar en que su comportamiento, si se sujeta al
derecho vigente, será reconocido por el ordenamiento jurídico, produciéndose todos
los efectos legalmente vinculados a los actos realizados”.
“Esta confianza -prosigue el veredicto- se ve naturalmente disminuida si el
legislador, con posterioridad, le atribuye a dichos actos consecuencias jurídicas que
son más desfavorables que aquellas con las cuales quien los realizó en el pasado
podría contar al adoptar sus decisiones. Se desprende de lo anterior, que tal como se
ha reconocido en el derecho comparado, en principio y sin perjuicio de la o las
excepciones que el propio ordenamiento constitucional contempla, la retroactividad
de una ley atenta en contra de los valores antes mencionados, que son esenciales en
un Estado de Derecho como el que establece nuestra Constitución” (considerando
67°).
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TRESCIENTOS ONCE
En igual línea jurisprudencial se inscriben las STC roles N°s 46-87
(considerandos 19° y 21°); 280-98 (considerando 12°), y 2299-12 (considerando 19° del
voto por acoger);
II. DERECHO A RECLAMO Y ACCESO A LA JURISDICCIÓN
DECIMOSEGUNDO: Que la gestión pendiente en que incide esta sentencia
consiste en un “reclamo de ilegalidad” deducido por 4 LIFE Seguros de Vida S.A.,
contra la Comisión para el Mercado Financiero, por la dictación de la Circular N° 1208,
de 30 de abril de 2021, ejecutada por resolución exenta N° 2340 de igual fecha, en que
esta entidad instruyó acerca de las medidas necesarias tendientes a materializar el
anticipo de rentas vitalicias establecido en la Ley N° 21.330.
Este reclamo fue deducido ante la I. Corte de Apelaciones de Santiago de
conformidad a lo prevenido en el artículo 70 de la Ley N° 21.000, que reemplazó el
contenido del DL N° 3.538, por cuanto dicho acto administrativo -en concepto de la
reclamante- “es ilegal y les causa perjuicio”.
Tal acción procesal es una de las vías de reclamo que la legislación prevé para
el caso en que una persona sea lesionada en sus derechos por la Administración del
Estado, de acuerdo con el artículo 38, inciso segundo, de la Carta Fundamental. Misma
que debe entenderse apta de conformidad con la Ley N° 18.575 sobre bases generales
de la Administración del Estado, artículo 2°, en cuya virtud “todo abuso o exceso en
el ejercicio de sus potestades” puede dar lugar al ejercicio de la acción
correspondiente;
DECIMOTERCERO: Que, las normas precitadas, satisfacen una condición
esencial de todo Estado de Derecho, cual es la protección judicial debida a quienquiera
se vea afectado en sus derechos por un acto estatal, “aun cuando tal violación sea
cometida por personas que actúen en ejercicio de sus funciones oficiales”, en los
términos amplios empleados por el artículo 25 de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos.
Por su parte, el derecho a la acción, fue asegurado en el artículo 19, N° 3, de la
Constitución Política de Chile, justamente para evitar la existencia de derechos en
condiciones pasivas, esto es, sin posibilidades reales de que los tribunales de Justicia
puedan exigir su respeto y conservación a los demás Poderes del Estado. De donde se
explica que el Tribunal Constitucional chileno haya rechazado sistemáticamente
cualquier forma de indefensión que pueda enervar la debida tutela judicial efectiva
(STC Rol N° 9399-20, considerando 7°), sobre todo cuando una norma dice o se aplica
de suerte que, contra algún acto de la autoridad, “no procederá recurso alguno” (STC
roles N°s. 7203-19, considerando 33°, y 8719-20, considerando 38°).
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TRESCIENTOS DOCE
En consonancia, lo dicho, con la más autorizada doctrina sustentada por el
tratadista don Eduardo Soto Kloss, Derecho Administrativo. Temas fundamentales, Legal
Publishing-Abeledo Perrot año 2009, pp. 559-572;
DECIMOCUARTO: Que, en este contexto, carece de todo asidero la idea de
que un acto administrativo pueda resultar inmune a la jurisdicción, y que -además-
sería irrecurrible la ley en que dicho acto se basa.
Una tal exención o inmunidad jurisdiccional, no reconoce precedentes en el
derecho público chileno. Aún la Ley de Reforma Constitucional N° 17.450, del año
1971, no obstante asumir una nacionalización que ella misma reservó a la ley, por
razones simbólicas tratándose de la Gran Minería del Cobre, en todo caso consultó la
existencia de un alto tribunal llamado a dirimir las controversias que se suscitaran
tocante a su aplicación, en la entonces disposición 17ª. transitoria.
Es más, un privilegio de ese talante, que anula la posibilidad de reclamar y
abroga la correlativa potestad jurisdiccional, ha ameritado un texto expreso en la
reciente LRC N° 21.200, en el nuevo artículo 136 constitucional. Merced al cual, y solo
respecto a determinados y muy acotados actos de la Convención Constitucional, se
estatuyó que “Ninguna autoridad, ni tribunal, podrán conocer acciones, reclamos o
recursos vinculados con las tareas que la Constitución le asigna a la Convención, fuera
de lo establecido en este artículo” (inciso penúltimo);
DECIMOQUINTO: Que, desde que aparecieron juntos en la Carta de 1925, en
los correlativos artículos 86 y 87, se puede observar la estrecha relación existente entre
lo contencioso legislativo y lo contencioso administrativo: si un afectado objeta en un
juzgado un acto de la Administración y ésta esgrime que solo está ejecutando un acto
del legislador, a dicho afectado le es dable elevar la cuestión para que un tribunal
superior examine la constitucionalidad de dicha ley.
Sobre el tema, valga recordar que en su momento se discutió acerca de cuál
sería la sede judicial competente para ilegitimar una norma que no era stricto sensu
una ley, por no haberse ajustado al proceso de formación previsto al efecto en la Carta
Fundamental. Siendo incluso algunos de la opinión que todos los órganos de la
jurisdicción ordinaria podían resolver la cuestión (Fernando Saenger y Guillermo
Bruna, Inaplicabilidad por inconstitucionalidad. Jurisprudencia 1980-2005, Editorial
Jurídica de Chile año 2006, pp. 108-110).
Solución, está última, que después de la Reforma Constitucional del año 2005
ya no es posible mantener, por haberse concentrado el control de constitucionalidad
de la ley en esta Magistratura, tal como lo declaró en las Conclusiones de la II Jornada
de Reflexión Interna, acordadas el 4 de noviembre de 2016;
III. COMPETENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
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TRESCIENTOS TRECE
DECIMOSEXTO: Que, con este acopio de antecedentes, procede a
continuación afirmar el deber inexcusable que le asiste al Tribunal Constitucional de
resolver jurídicamente la presente cuestión de inaplicabilidad.
Debiendo resaltar, por de pronto, que la Ley N° 21.330 no puede estimarse
como una “reforma constitucional” aséptica e indiscutida en cuanto a su plena
conformidad con la Carta Fundamental. El que en esta sede se haya declarado
inadmisible una impugnación previa enderezada en su contra por el Presidente de la
República, en STC Rol N°10774-21, sin entrar al fondo del asunto, no implica abonar
su ya por entonces cuestionada constitucionalidad, del mismo modo que la votación
parlamentaria que la respaldó -con el título de “Reforma Constitucional”- no es
bastante para purgar su inconstitucionalidad.
Adicionalmente, es relevante consignar que esta Ley N° 21.330 se dictó a
sabiendas que la STC Rol N° 9797-20, emitida con mucha anterioridad, el 30 de
diciembre de 2020, y debidamente comunicada a la Cámara de Diputados y al Senado,
ya había declarado inconstitucional un proyecto de ley análogo, por su propio
contenido y por tener su origen en una moción parlamentaria. Esto constituye un
ejemplo palmario de que, en un Estado de Derecho real, no puramente ilusorio o
nominal, el control de constitucionalidad de las leyes no puede confiarse al mismo
órgano infractor: desde el Código de Justiniano viene resonando como verdad eterna
en la historia de la humanidad que “nadie puede ser juez de su propia causa” (nemo
esse iudex in sua causa potest);
DECIMOSEPTIMO: Que, de consiguiente, si la ley manda, prohíbe o permite,
en la medida que la voluntad soberana haya sido “manifestada en la forma prescrita
por la Constitución”, es inconcuso que en la especie esta premisa básica no aparece
debidamente satisfecha, al vulnerarse ex profeso y en las circunstancias anómalas
reseñadas, sus artículos 65, inciso cuarto, N°s 2 y 6, y 127, inciso tercero.
Infracción que no recae, como se lleva visto, en la omisión de algún trámite
secundario ni en la imperfecta realización de una diligencia accesoria o periférica, sino
que ha consistido -nada menos- que en eludir una regla de competencia
constitucional, referida a la Primera Magistratura de la Nación.
Lo cual resta todo valor jurídico -en cuanto ha querido guarnecer sus normas
bajo el manto de una sedicente reforma constitucional- a la Ley N° 21.330, por
aplicación directa e inmediata de los artículos 6° y 7° de la Carta Fundamental;
DECIMOCTAVO: Que, por las razones anotadas, a la Ley N° 21.330 no puede
atribuírsele gratuitamente la categoría de “Reforma Constitucional”, a los efectos de
evadir la iniciativa exclusiva presidencial y, además, de poder esquivar un recurso de
inaplicabilidad por inconstitucionalidad deducido en su contra.
Menos cuando rehusar que se trata de una simple ley, traiciona la teoría de la
realidad, merced a la cual las cosas son lo que determina su esencia y no su
nomenclatura. El axioma de que en derecho las cosas son lo que son, con
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TRESCIENTOS CATORCE
independencia de la denominación que se les dé, asume significación mayor desde
que envuelve una facultad jurisdiccional inalienable, cual es la que tiene el juez para
“conocer”, según su leal saber y entender, cuáles son realmente las premisas
normativas y fácticas involucradas en un caso, para luego poder “juzgar” en
consecuencia.
El derecho no es una simple logomaquia, en que las palabras puedan significar
lo que quiere que signifiquen quien tiene más poder;
DECIMONOVENO: Que, así es, los cuestionados preceptos de la Ley N°
21.330 deben ser conocidos a fondo, más allá de su cobertura formal, en cuanto a su
materialidad o sustancia, lo que -sin perjuicio de la inconstitucionalidad de origen de
que padece la Ley N° 21.330 por intromisión indebida- revelará su calidad de normas
meramente legales, pero en todo caso reprochables por inconstitucionalidad de
ejercicio, al violar sendos derechos fundamentales.
Es decir, incluso contando con el omitido patrocinio presidencial, a
continuación se descubrirá que la Ley N° 21.330 viene aprobando normas legales y
que éstas conculcan los derechos constitucionales invocados en la presente acción;
VIGESIMO: Que en STC Rol N° 9797-20 se reflexionó en extenso acerca de lo
reprensible que resulta atribuirle la naturaleza de reforma constitucional a lo que, en
realidad, es una ley, a la luz de su propio objeto, denotativo de un contenido nada
abstracto y detentor de un grado de concreción al detalle.
A la par de dar por reproducidos en esta sentencia todos los conceptos vertidos
en aquel fallo, valga reiterar cuán irregular se observa universalmente esa
deformación llamada “hiperconstitucionalización”, arbitrio consistente en llevar a la
constitución lo que es materia de ley, especialmente cuando una mayoría
circunstancial busca con este resquicio impedir o sustituir la acción de otro órgano
constitucional (Lucio Pegoraro y Ángelo Rinella, Derecho constitucional comparado 2,
Sistemas constitucionales volumen 2, Editorial Astrea año 2018, pp. 419-420);
VIGESIMOPRIMERO: Que, así como una ley simple no adquiere carácter de
ley orgánica constitucional, por el solo hecho de aprobarse por las cuatro séptimas
partes de los senadores y diputados en ejercicio, una ley de quórum calificado -
necesitada de una mayoría absoluta para su aprobación- no se convierte en ley de
reforma constitucional ni siquiera tras su aprobación unánime (artículo 66 de la
Constitución Política).
Dado que solo en contados casos el legislador ha englobado explícitamente en
alguna de estas categorías a determinados artículos o normaciones legales, con
variada exactitud, y por sobre el calificativo que se les haya atribuido en sede
parlamentaria, bien o mal, el Tribunal Constitucional inveteradamente ha procedido
a identificarlos atendiendo al contenido o sustancia jurídica de los preceptos
aprobados.
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0000315
TRESCIENTOS QUINCE
Patrón de conducta que resulta irreprochable. Tanto menos en ausencia de una
preceptiva semejante a la del DL N° 788, de 1974, hasta cuya emisión la unanimidad
explícita de los legisladores bastaba para legitimar una norma contraria u opuesta con
la Constitución, lo que así se entendió como medida excepcional y solo necesaria hasta
el restablecimiento del normal desenvolvimiento institucional del país;
VIGESIMOSEGUNDO: Que no es óbice para que el Tribunal Constitucional
pueda efectuar la cualificación en comento, el artículo 84, inciso primero, N° 4, de su
ley orgánica constitucional N° 17.997, cuando obliga a declarar inadmisible una acción
de inaplicabilidad por inconstitucionalidad que se dirija contra un precepto que no
tenga “rango legal”.
Determinar dicho rango, demanda exactamente atender a la categoría o
calidad del precepto examinado y no a su sola presentación. “El intérprete -se dijo en
STC Rol N° 591-96- debe ir más allá del mero literalismo”, citando a Patricio Aylwin
y el “principio de primacía de la realidad por sobre el nominalismo”, a fin de
desentrañar la verdadera naturaleza de un acto jurídico (considerandos 25° y 26°).
Así por ejemplo, no porque una regla se encuentre inserta en el Reglamento
del Registro del Conservador de Bienes Raíces, es -de suyo- materia de decreto
presidencial, si su contenido delata que es en verdad una norma legal, y en este
entendido se ha modificado (por las leyes N°s. 7.612 y 10.512, además de otras
complementaciones legales) y considerado en grado de inaplicabilidad (en STC Rol
N° 5031-18, donde se inadmitió un requerimiento en su contra pero no por la causal
de tener la condición de reglamento);
VIGESIMOTERCERO: Que, la alegación subsiguiente de que una reforma
constitucional no reconoce límites en cuanto a su objeto y que, por ende, podría
abarcar cualquier indiscriminado contenido, importa admitir el absurdo de que una
ley de este tipo poseería la inusitada capacidad para reescribir todo lo escrito
previamente en la misma Carta Fundamental.
Tal despropósito, desde luego, macula un principio general de derecho: el que
nadie puede ir válidamente contra sus propios actos; venire contra factum proprium non
valet. Hasta la reciente la Ley de Reforma Constitucional N° 21.200, incluso para el
evento de aprobarse una nueva constitución, ordena respetar -entre otros elementos
indispensables a un Estado de Derecho- el carácter de República del Estado de Chile,
su régimen democrático, las sentencias pasadas en autoridad de cosa juzgada y la
palabra empeñada en tratados internacionales.
Es más, esgrimir que dondequiera se entrometa una ley de reforma
constitucional, no podría ser reprochada, no solamente engendra la impresión de
querer situarse al margen de la juridicidad, sino que, además, vulnera derechamente
lo prevenido en el artículo 5°, inciso segundo, de la Carta Fundamental, donde muy
límpidamente se dice que “el ejercicio de la soberanía reconoce como limitación el
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TRESCIENTOS DIEZ Y SEIS
respeto a los derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana”, y que es
deber del Estado -como imperativo jurídico- respetarlos y promoverlos;
VIGESIMOCUARTO: Que, al margen de las observaciones precedentes, es lo
cierto que cualquier reforma constitucional debe poder insertarse en un contexto
coherente y unitario, a fin de no deteriorar la consistencia del ordenamiento
constitucional y la obligación -que igualmente alcanza al constituyente derivado- de
promover el bien común “con pleno respeto a los derechos y garantías que esta
Constitución establece”, según prescribe su artículo 1°, inciso cuarto.
Sumándose a lo anterior la advertencia enunciada en su artículo 39: “El
ejercicio de los derechos y garantías que la Constitución asegura a todas las personas
sólo puede ser afectado bajo las siguientes situaciones de excepción”, que enseguida
enumera taxativamente en sus artículos siguientes. Esto es, derivadas de dichos
estados de excepción, no hay más restricciones o limitaciones que aquellas
contempladas en los artículos 39 al 45 del texto fundamental y reguladas en su
implementación por la Ley orgánica constitucional N° 18.415.
Si la Constitución ha clausurado las posibilidades de afectar el ejercicio de los
derechos que ella asegura, circunscribiéndolas a las situaciones de excepción que ella
misma especifica, entonces, fuera de los casos y formas allí previstos, no procede que
una Ley de Reforma Constitucional establezca paralelamente unas nuevas y distintas
obligaciones o limitaciones, por no guardar conformidad con la Carta Fundamental;
VIGESIMOQUINTO: Que, por último, atingente al variado y variable
contenido que -se dice- podría dársele a una reforma constitucional, conviene poner
de resalto que -de ser así- no se ha explicado cómo una misma temática, del todo afín
a la que se trata en este caso, un día pudo considerarse como ley de quorum calificado
(Ley N° 21.295, de 10 diciembre de 2020), en circunstancias que antes se había
catalogado como ley de reforma constitucional (Ley N° 21.248, de 30 de julio de 2020).
Simplemente constatar que algo así ocurrió en los hechos, no valida de por sí
las fluctuaciones inmotivadas del legislador, en consideración al pleno respeto que
debe a los derechos constitucionales, lo que solamente puede lograrse en un entorno
jurídico de estabilidad y certeza jurídica;
IV. DERECHO DE PROPIEDAD AFECTADO
VIGESIMOSEXTO: Que, un escrutinio más afinado de los preceptos
censurados, deja ver que -en el fondo- ellos no han buscado tanto reformar alguna
norma constitucional ni legal, como alterar directamente el cumplimiento normal de
ciertos contratos que se hallaban en pleno desarrollo y sujetándose a la legislación que
les es propia.
No se puede dispensar voluntariosamente la naturaleza de “reforma” a
cualquier alteración, pues, según se desprende del Diccionario de la Lengua Española,
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TRESCIENTOS DIEZ Y SIETE
reformar significa modificar algo con la intención de mejorarlo o enmendar un defecto
censurable, cuyo no es el caso. Tampoco puede decirse que se trate simplemente de
“cambiar” las reglas del DL N° 3.500, de 1980, puesto que, si se observan los efectos
de la Ley N° 21.330, se verá que su aplicación ha mudado sustancialmente un estatus
jurídico, al extremo de sustituirlo o reemplazarlo por otro régimen completamente
distinto, generando unos nuevos contratos que -en ningún caso- pueden asimilarse a
aquellos regulados en el citado DL N° 3.500.
Si, por lo demás, la aplicación práctica puede constituir un elemento de
hermenéutica legal, cabe verificar que no existen precedentes de que una alteración
con este alcance y profundidad, como la que introduce la Ley N° 21.330, se haya
producido antes mediante una reforma constitucional o un cambio a la legislación
previsional;
VIGESIMOSEPTIMO: Que, en estas condiciones, procede indagar entonces
si la Ley N° 21.330 ha podido alterar -de las maneras como se señalará- los referidos
contratos de renta vitalicia, no obstante que -por de pronto- de ellos han derivado para
las partes derechos personales o créditos que, en su condición de cosas incorporales,
se encuentran amparados por el derecho de propiedad, con arreglo a lo prescrito en
los artículos 563, inciso tercero, 576, 578 y 583 del Código Civil.
Se trata éste de un resguardo que, con la intención de ponerlo especialmente a
salvo de ulteriores legisladores, fue elevado a rango constitucional, de suerte que por
eso ahora es la Carta Fundamental quien “asegura” directamente a todas las personas:
“24°. El derecho de propiedad en sus diversas especies sobre toda clase de bienes
corporales o incorporales” (inciso primero);
VIGESIMOCTAVO: Que, como se sabe, la norma constitucional precitada
cristalizó la opinión que, sobre la base de las aludidas normas del Código Civil, habían
sustentado juristas como don Luis Claro Solar, al decir que “los efectos del contrato
son regidos por la ley en vigencia a la época de su perfeccionamiento, y están al abrigo
de un cambio de legislación”. Y toda vez que esta seguridad contractual venía siendo
vulnerada por una legislación sobreviniente tan dispersa como fluctuante, advertía
por eso que “hacerlos regir por una nueva ley, que los contratantes no han podido
tener a la vista al contratar, sería sustituir una nueva convención a las que las partes
han celebrado, y despojarlas, al mismo tiempo de derechos adquiridos” (Explicaciones
de Derecho Civil Chileno y Comparado, Editorial Jurídica de Chile, tomo I, pp. 79-80).
Es el mismo problema, los cambios constantes del legislador, que sin tasa ni
medida pretende deshacer o rehacer las cosas al amaño de su propia voluntad, cuya
solución fue iluminada por el profesor don Jorge López Santa María, al recordar el
génesis del artículo 22 de la Ley sobre Efecto Retroactivo de las Leyes (“En todo
contrato se entenderán incorporadas las leyes vigentes al tiempo de su celebración”),
en punto a que, del Mensaje del Presidente de la República que forma parte de su
historia fidedigna, se desprende claramente la intención de excluir tanto el efecto
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TRESCIENTOS DIEZ Y OCHO
retroactivo como el efecto inmediato de la leyes nuevas sobre los contratos celebrados
con anterioridad:
“el que contrata -decía el Mensaje- no lo hace por lo regular tomando en cuenta
sólo el momento en que ajusta su convención; sus cálculos abrazan, además, el
porvenir y trata de asegurarse al amparo de la ley una posición que en cuanto se pueda
está a salvo de eventualidades caprichosas. Sería, pues, contraria hasta un punto muy
peligroso a la confianza de las especulaciones, si hubiera de verse expuesto en el curso
de su desarrollo a sufrir los cambios más o menos radicales que se originasen de la
promulgación de una nueva ley. Para evitar estos inconvenientes, el proyecto sienta
el principio de considerar incorporadas a un contrato a las leyes que le eran aplicables
al tiempo de su celebración”. Señalando a renglón seguido que “puede afirmarse que
los derechos contractuales son derechos adquiridos y que la adquisición se produce
en el momento mismo de la conclusión del contrato según la legislación entonces
vigente. La regla de supervivencia de las leyes antiguas excluye el efecto inmediato
de las leyes nuevas” (Los contratos. Parte general, Editorial Jurídica de Chile año 1986,
pág. 206);
VIGESIMONOVENO: Que esta es, en suma, la raíz y razón de ser de las
constituciones del siglo XX: si antes se erigía la ley como la guardiana paradigmática
de los derechos civiles y políticos, y en los parlamentos se depositaba su resguardo, a
partir de este momento se trata de defenderlos frente al absolutismo legal.
El temor de que la victoria electoral de un grupo o clase sobre otro pudiera ser
suficiente para alterarlo todo, es el causante de “que las nuevas Constituciones se
hicieran rígidas y fue a partir de esa rigidez donde el control de constitucionalidad de
las leyes como problema teórico y práctico comenzó a tener sentido” (Javier Tajadura,
Constitución y democracia en la Unión Europea, en Justicia Constitucional y Unión Europea,
varios autores, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid año 2008, pág.
18);
TRIGESIMO: Que idéntica constatación hizo el catedrático Eduardo García
de Enterría, acerca de la “situación actual en que la sociedad se nos aparece inundada
por una marea incontenible de leyes y reglamentos, no sólo no estables, sino en estado
de perpetua ebullición y de cambio frenético” (Justicia y seguridad jurídica en un mundo
de leyes desbocadas, Editorial Civitas año 1999, pp. 47-48). Y Luigi Ferrajoli:
“tal crisis se manifiesta en la inflación legislativa provocada por la presión de
los intereses sectoriales y corporativos, la pérdida de la generalidad y abstracción de
las leyes, la creciente producción de leyes-acto, el proceso de descodificación y el
desarrollo de la legislación fragmentaria, habitualmente bajo el signo de la emergencia
y la excepción” (Derechos y garantías. La ley del más débil, Editorial Trotta año 2010, pp.
16-17).
Cerrando esta cita de autores, en ningún caso taxativa, la comprobación de los
comparativistas italianos Sres. Luicio Pegoraro y Rinella: “Frente a una legislación
hipertrófica y heterogénea, expresión de una acción política arbitraria, la unidad y
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TRESCIENTOS DIEZ Y NUEVE
coherencia del ordenamiento jurídico no pueden más que encontrar su anclaje en los
principios supremos establecidos en la Constitución. Se entiende, por tanto, como rol
altamente relevante, que se haya asignado gradualmente a los Tribunales
Constitucionales el papel de custodios de la legalidad constitucional” (Derecho
constitucional comparado 2 citado, volumen A pág. 112);
TRIGESIMOPRIMERO: Que el propio Tribunal Constitucional ha estimado
subsistentes en los contratos las leyes vigentes a la época de su celebración, aunque
estas leyes hayan sido invalidadas por una posterior sentencia de inconstitucionalidad
con efectos erga omnes: a pesar de que una ley haya sido derogada o anulada, si
subsiste y sigue produciendo efectos al formar parte de un contrato, no hay
impedimento para declarar su inaplicabilidad por inconstitucionalidad en el gestión
judicial particular de que se trate (STC Rol N° 1552-09 considerando 6°, y otros muchos
posteriores que siguieron en la materia).
Como se puede apreciar, este predicamento que ampara los derechos
adquiridos al cobijo de contratos válidamente celebrados, no significa que el
legislador estaría impedido para variar la normativa pertinente hacia el futuro: puede
hacerlo, pero es obvio que la nueva ley únicamente puede regir aquellos acuerdos de
voluntad que se convengan desde la fecha de su publicación en adelante. Pero, si
además esta nueva ley busca alcanzar contratos ya celebrados, trastornando o
damnificando derechos adquiridos por su intermedio, esa ley no sería modificatoria
sino pura y simplemente una ley expropiatoria (lo que tampoco le está inhibido hacer,
si se dan las causales constitucionales cualificadas de bien común exigidas para ello).
No hay tal réplica, pues, como que todo esto significaría crear un “derecho
adquirido sobre la legislación”, o que los contratos podrían “congelar la legislación”.
Son estos enunciados con visos retóricos los que -en alguna ocasión pasada- han
conseguido deformar el correcto entendimiento del artículo 19, N° 24, inciso primero,
de la Constitución, en relación con los contratos y los derechos personales o créditos
que emanan de ellos;
TRIGESIMOSEGUNDO: Que la intangibilidad de los contratos antes
descrita, supone, entonces, que las partes no están jurídicamente obligadas a soportar
el albur estatal, de modo que, si dichos pactos fueron celebrados en su momento
conforme con la legalidad, les son inoponibles las leyes venideras. A menos, por cierto,
que las mismas partes hayan acordado, de antemano o con posterioridad, la
adecuación a dicha legislación posterior.
Es enteramente aceptable que los contratantes deben asumir el riesgo natural
del negocio; sin embargo no lo es que habrían de asimilar, además, el azar legislativo
futuro. Si una intempestiva y sobreviniente normativa ordena alterar contratos en
curso, por interpósita autoridad, a las partes interesadas les es dado reclamar tanto
contra el acto administrativo de aplicación cuanto, también, contra el acto legislativo
que ordena la reconfiguración.
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TRESCIENTOS VEINTE
Y ello, porque de suyo e inmediatamente, una tal alteración implica un
perjuicio o lesión, ya concretado en grado de perturbación, que consiste sin más en
“trastornar el orden y concierto, o la quietud y el sosiego de algo o de alguien”, según
el Diccionario. Es ampliamente aceptado, en el ordenamiento positivo chileno, que no
solo la privación o amenaza configuran modos de herir un derecho, sino que
igualmente lo es la perturbación, en el sentido indicado: aparte de los artículos 20 y 21
de la Constitución, pueden citarse en este sentido las leyes N°s. 20.422 (artículos 6°
letra a) y 57); 20.609 (artículo 2°); 21.120 (artículo 25); 21.155 (artículo 1° N° 3), y 21.325
(artículo 1° N° 7);
TRIGESIMOTERCERO: Que, ahora bien, el artículo 2264 del Código Civil
define (esto es, fija con claridad, exactitud y precisión la naturaleza de una cosa, según
el Léxico) que “La constitución de renta vitalicia es un contrato aleatorio en que una
persona se obliga, a título oneroso, a pagar a otra una renta o pensión periódica,
durante la vida natural de cualquiera de estas dos personas o de un tercero”.
Rasgos característicos que, en lo medular, repite el artículo 62 del DL N° 3.500:
“Renta Vitalicia Inmediata es aquella modalidad de pensión que contrata el afiliado
con una compañía de Seguros de Vida, en la que ésta se obliga al pago de una renta
mensual, desde el momento en que se suscribe el contrato y hasta su fallecimiento y a
pagar pensiones de sobrevivencia a sus beneficiarios señalados en el artículo 5°,
segundo corresponda”.
E igualmente el legislador proyecta las mismas singularidades al
conceptualizar los contratos de Renta Vitalicia Inmediata con Retiro Programado, en
el artículo 62 bis, y de Renta Temporal con Renta Vitalicia Diferida, en el artículo 64;
TRIGESIMOCUARTO: Que, por ende, el contrato de renta vitalicia es
reconocible como una especie de contrato típico o nominado, es decir, con una
identidad y fisonomía propias, que lo distinguen nítidamente de otras fórmulas
convencionales, desde que sus características esenciales, origen y ejecución se
encuentran normados de antemano por la ley. Contrato nominado -precisa el
Diccionario del Español Jurídico- es aquel “que tiene una regulación propia en la ley,
en que se establecen sus características generales y principios de su régimen jurídico”.
Siendo de acotar que, atinente a este especial contrato, en cuanto reglado en
aquellos aspectos de que trata específicamente el DL N° 3.500, de su preceptiva no
aparece que las partes deban aceptar más cambios legislativos que aquellos
concernientes a esos componentes y solo a efectos de perfeccionar su conmutatividad.
Nada hay en esta normativa que permita sostener que las partes se han
abandonado a cualquier legislación venidera, que -como acontece en la especie- pueda
llegar hasta desfigurar los contratos y desplazarlos hacia un negocio jurídico
totalmente diferente, por circunstancias por completo ajenas al acontecer de lo
estipulado originalmente;
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TRESCIENTOS VEINTE Y UNO
TRIGESIMOQUINTO: Que, en este orden de ideas, resulta evidente que la
Ley N° 21.330 altera radicalmente las cualidades distintivas del contrato de seguro
antes perfilado, comoquiera que, al desconocer que las primas pagadas ya ingresaron
legítima y definitivamente al patrimonio de las compañías aseguradoras, y al abrigo
de esa convicción éstas hicieron sus cálculos e inversiones, justamente para poder
satisfacer cumplidamente sus obligaciones a futuro, ha removido los cimientos de este
contrato para transustanciarlo en un préstamo forzoso.
Es más, al disponer la Ley N° 21.330 una transferencia de recursos que
ingresaron al patrimonio de las aseguradoras a título de pago de la respectiva prima,
para ayudar a las personas que se encuentren en un estado de necesidad producto de
la circunstancia extraordinaria que invoca, adelanta desde ya que su finalidad no se
concilia con alguna razón de interés social o de utilidad pública, ya que “la causa de
ella no es otra que el beneficio exclusivo de una persona determinada”, conforme lo
razonado en la SCS Rol N° 10.229 de inaplicabilidad por inconstitucionalidad, de 8 de
noviembre de 1973 y publicada en Fallos del Mes N° 187 (1974) pp. 84-88. Análogo
postulado consagró la STC Rol N° 334-01, evocando la autorizada doctrina de don
Enrique Evans (considerando 22°),
En rigor, si ha menester auxiliar o subsidiar a los damnificados por una
epidemia terrible, a raíz de la cual se les ha ordenado cesar de trabajar, es el Estado,
autor de la decisión y protector de la población, quien debe satisfacer esta nueva
necesidad pública, imprevista y extraordinaria, como apuntó la STC Rol N° 9797-20
(considerando 27° párrafo tercero), siguiendo una jurisprudencia arraigada a contar
del conocido caso Benjamín Ábalos con Fisco, sentencia N° 5.185 aparecida en Gaceta de
los Tribunales N° 3.001 (1890);
TRIGESIMOSEXTO: Que, establecida la inconformidad de la Ley N° 21.330
con el inciso primero del artículo 19, N° 24, constitucional, cuadra apuntar, a
continuación, que tampoco guarda armonía ni relación con su inciso segundo, que
reza así: “Solo la ley puede establecer el modo de adquirir la propiedad, de usar gozar
y disponer de ella y las limitaciones y obligaciones que deriven de su función social.
Esta comprende cuanto exijan los intereses generales de la Nación, la seguridad
nacional, la utilidad y la salubridad públicas y la conservación del patrimonio
ambiental”.
A cuyo respecto debe advertirse -una vez más- que no es lo mismo regular el
modo de adquirir y ejercer el derecho de propiedad, que las limitaciones u
obligaciones a que puede dar lugar su función social. En los términos del N° 26 del
mismo artículo 19, mientras la regulación o complemento tiene por objeto perfeccionar
o hacer más íntegra y perfecta dicha garantía, la limitación -en cambio- se traduce en
reducir la extensión donde puede tener lugar o desarrollarse en plenitud el derecho,
aunque sin llegar hasta afectar su esencia o a imponerle requisitos que impidan su
libre ejercicio.
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TRESCIENTOS VEINTE Y DOS
En STC Rol N° 2684-14, el Tribunal Constitucional tuvo oportunidad de
precisar que el acto regulatorio difiere de una limitación en su contenido y alcance. El
primero es aquel que tiene por propósito determinar las reglas conforme a las cuales
se debe usar, gozar o disponer de la propiedad, orientadas precisamente a resguardar
su ejercicio efectivo e impedir que se emplee contra ley o contra derecho ajeno. El
objeto de la limitación, agregó en dicha sentencia, consiste en restringir, acortar o
ceñir, reduciendo a menores límites, la extensión donde puede ejercerse el derecho,
pero dejando plenamente vigentes sus facultades esenciales (considerando 25°);
TRIGESIMOSEPTIMO: Que, por lo visto, es la ley -expresada en el DL N°
3.500- la que ha regulado acabadamente el modo de adquirir, usar, gozar y disponer
los derechos personales o créditos provenientes de los contratos de seguros allí
tratados. Por lo que, siendo en principio admisible que una ley posterior pueda venir
a perfeccionar el modo de ejercer el mismo derecho, a fin de promoverlo e impulsar
su desarrollo, esta vez acorde con el inciso segundo del artículo 5° de la Constitución,
no le está dado al legislador posterior el poder para deconstruirlo o desvirtuarlo.
Menos, invocando circunstancias extraordinarias que no condicen ni guardan
vinculación ninguna con el quehacer propio e inherente a ese derecho.
Lo anterior no procede ni aun tratándose de una genuina ley de reforma
constitucional, al hilo de lo razonado precedentemente;
TRIGESIMOCTAVO: Que, concerniente ahora a las obligaciones y
limitaciones que la ley puede imponer al ejercicio del dominio, procede descartar que
la Ley N° 21.330 encuentre aquí refugio constitucional. Desde luego, porque la
invocación a la “función social” hecha por la defensa fiscal parece un intento de
justificación post hoc, toda vez que ninguna de las causales que le son constitutivas -
como los “intereses generales de la Nación” o la “utilidad y salubridad públicas”- fue
motivo de debida calificación durante la tramitación de esta Ley N° 21.330.
Esta falta de oportuna justificación legislativa adquiere entidad, una vez
convenido que -siendo el ejercicio pacífico de los derechos aquello que se encuentra
por regla general asegurado- la imposición de limitaciones u obligaciones comporta
una figura excepcional y que solo procede al configurarse alguna de esas categorías.
No siendo suficiente, en un régimen jurídico en que los actos del Estado se encuentran
sujetos a escrutinio y control, la mera afirmación de que concurrirían estos requisitos,
sino que es condición sine qua non su formal declaración y debida comprobación (STC
roles N°s. 226-95 considerando 47°; 280-98, considerando 29°; 334-01, considerando
22°; 370-03, considerando 22°);
TRIGESIMONOVENO: Que, sin perjuicio de lo anterior, no pudiendo menos
que admitirse la existencia de personas necesitadas, incluso desamparadas, a causa
del COVID-19, este hecho no es posible encuadrarlo dentro de los “intereses generales
de la Nación” ni procede calificarlo como relativo a la “utilidad y la salubridad
públicas”, con vistas a imponer cargas a los propietarios particulares, dado que una
mera aseveración en tal sentido riñe con el mandato indelegable de que es el Estado,
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TRESCIENTOS VEINTE Y TRES
con cargo a las rentas generales de la Nación, quien tiene la obligación de procurar el
bien común y proteger a la población, al tenor expreso del artículo 1° de la
Constitución (incisos cuarto y quinto).
No siendo lícito que el Estado desatienda dicho deber y que, por la vía de una
ley, ingenie a este respecto una virtual subrogación por cambio de deudor.
Para apoyar este aserto y no atenerse únicamente a una negación, valga
destacar que estos luctuosos hechos ya han sido calificados como una “calamidad
pública”, aplicando el artículo 41 constitucional, tal como lo admite la propia Ley N°
21.330, en el inciso primero que se agrega a la disposición quincuagésima transitoria.
De suerte que, siendo estos hechos la causa que motiva tal calificación, ellos no
justifican la imposición de otras afectaciones al ejercicio de los derechos que aquellas
expresa y taxativamente contempladas para paliar el correspondiente estado de
catástrofe;
CUADRAGESIMO: Que, por último, interesa clarificar que tampoco la ley de
marras se compadece con el inciso tercero del artículo 19, N° 24, de la Constitución,
que garantiza lo siguiente: “Nadie puede, en caso alguno, ser privado de su
propiedad, del bien sobre que recae o de alguno de los atributos o facultades
esenciales del dominio, sino en virtud de una ley general o especial que autorice la
expropiación por causa de utilidad pública o de interés nacional”.
Esto es así teniendo básicamente en consideración lo afirmado por esta
Magistratura en STC Rol 334-01: que “no sólo se produce privación del dominio
cuando se despoja a su dueño totalmente de él o de uno de sus atributos o facultades
esenciales, sino, también, cuando ello se hace parcialmente o mediante el empleo de
regulaciones que impidan libremente ejercer su derecho o uno de sus atributos”, a un
tiempo que citaba a don José Luís Cea, quien había sentado la correcta doctrina al
decir que la privación implica un sacrificio, ablación o destrucción, “total o parcial,
efímero o permanente” del contenido o sustancia del derecho (considerando 19°).
Cuyo es también el actual caso. Si la sola Ley N° 21.330 implica perturbar el
devenir normal de los contratos de renta vitalicia, alterando el ejercicio derechos
personales o créditos antes adquiridos, en general, enseguida el legislador se adueña
de la facultad de disposición que tienen las compañías de seguro para administrar los
ingresos legítimamente percibidos a título de prima, y -mediando una orden retiro del
asegurado- les ordena desprenderse de unos dineros que, como bienes corporales, ya
habían ingresado a su patrimonio;
CUADRAGESIMOPRIMERO: Que no es atendible, en esta sede, la alegación
estatal de que el susodicho retiro habría de efectuarse con cargo a una “reserva
técnica” que las compañías de seguro tendrían que mantener, por cuanto este caudal
no está conformado por montos que sean de propiedad de los asegurados y, de
acuerdo con el DFL N° 251, de Hacienda, de 1931 (artículo 20), se encuentra
únicamente destinado a cumplir el pago de la renta o pensión mensual acordada por
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TRESCIENTOS VEINTE Y CUATRO
el acaecimiento de una de aquellas contingencias sociales enumeradas en el DL N°
3.500.
No expía tampoco la infracción constitucional cometida, la circunstancia de
que existiría una compensación por el anticipo de rentas, al disminuir las futuras
rentas mensuales en proporción a lo retirado. Este argumento -negado de contrario-
no concierne a la invalidez de un acto legislativo por incumplir las causas que hacen
procedente afectar legítimamente el derecho de propiedad, acorde con la
Constitución; dice relación con un hipotético contencioso posterior donde se discutan
sus efectos patrimoniales civiles y la cuantía del perjuicio que se habría producido.
Por ende, de cara al inciso tercero del artículo 19 N° 24, de la Constitución, la
observación atenta de los preceptos de la Ley N° 21.330 deja advertir que se está en
presencia de una normativa que simplemente priva a las compañías titulares de las
facultades inherentes al dominio y de los bienes que adquirieron e incorporaron a su
patrimonio al amparo de las reseñadas disposiciones constitucionales y legales
vigentes;
V. DERECHO A LA SEGURIDAD SOCIAL
CUADRAGESIMOSEGUNDO: Que el artículo 19, N° 18, de la Constitución,
al asegurar el derecho a la seguridad social, circunscribe la acción del Estado a
“garantizar el acceso de todos los habitantes al goce de prestaciones básicas
uniformes”, obligación que -en armonía con el deber del Estado de “respetar y
promover” los derechos fundamentales, consagrada en el artículo 5°, inciso segundo,
constitucional- tendría que orientarse a propiciar el desarrollo del sistema previsional
estatuido en el DL N° 3.500, de 1980, absteniéndose de crear incertezas que puedan
poner en duda su efectiva realización.
Lo dijo la STC Rol 7442-19 (considerando 30°) y lo repitió la STC Rol N° 9797-
20 (considerando 25°): “la única forma de asegurar que el Estado cumpla con su
obligación de garantizar el acceso a una prestación mínima o la que resulte de un
monto superior por la cuantía de los fondos previsionales acumulados, es que la ley
exija que los fondos destinados a financiar las prestaciones de seguridad social tengan
ese único objetivo”. Concluyendo ambos pronunciamientos “que el destino de los
fondos previsionales es para cubrir únicamente las prestaciones a que se refiere el
Decreto Ley 3.500, como son las pensiones por vejez, por invalidez y por
sobrevivencia, lo cual permite asegurar el efectivo ejercicio del derecho a la seguridad
social”.
De modo que “si tales fondos tienen un destino predeterminado, amparado
por la Constitución, no es lícito darles otra aplicación pública diferente de aquellas
que justificaron su creación” (STC Rol N° 9797-20, considerando 26°);
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TRESCIENTOS VEINTE Y CINCO
CUADRAGESIMOTERCERO: Que, de consiguiente, en la especie no cabe
articular una ficticia colisión de derechos entre la propiedad y la seguridad social. No
solo porque los derechos constitucionales deben operar en armonía y compatibilidad,
siendo improcedente invocar uno para anular la eficacia de otro; además, porque la
Ley N° 21.330 ha venido a perturbar y a expoliar uno sin siquiera beneficiar al otro,
que de soslayo resulta amagado.
La exigencia de cotizaciones obligatorias para enfrentar riesgos futuros y no
emergencias actuales, así como la subsistencia de instituciones privadas
especializadas en recaudar e incrementar este ahorro forzoso, resultan amagadas al
expedirse leyes que, invocando situaciones extraordinarias que compete al Estado
subsidiario solventar, malversan dicha finalidad esencial del derecho a la seguridad
social;
CONCLUSIONES
CUADRAGESIMOCUARTO: Que, de estas consideraciones, la conclusión
que se impone es que la Ley N° 21.330, a pretexto de unas circunstancias
extraordinarias pero excediendo lo que permite hacer expresamente el
correspondiente Estado de Excepción Constitucional, y por aplicación de los
preceptos objetados en el presente requerimiento, ha venido a afectar
inconstitucionalmente los derechos de propiedad y de seguridad social implicados en
el sistema previsional vigente.
No obsta esta declaración el que la Ley N° 21.330 se presente como una
“Reforma Constitucional”, con vistas a arrebatar una atribución que es del Jefe de
Estado, según se ha demostrado, y de paso enervar la acción del Tribunal
Constitucional. Dicha apariencia no le impide a esta Magistratura entrar al fondo y
sincerar que se trata de una simple ley, cuya aplicación causa la afectación de derechos
fundamentales aludida en el parágrafo anterior.
Y TENIENDO PRESENTE lo preceptuado en el artículo 93, incisos primero,
N° 6°, y decimoprimero, y en las demás disposiciones citadas y pertinentes de la
Constitución Política de la República y de la Ley N° 17.997, Orgánica Constitucional
del Tribunal Constitucional,
SE RESUELVE:
I. QUE SE ACOGE EL REQUERIMIENTO DEDUCIDO A FOJAS 1,
POR LO QUE SE DECLARA LA INAPLICABILIDAD POR
INCONSTITUCIONALIDAD RESPECTO DEL ARTÍCULO ÚNICO,
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0000326
TRESCIENTOS VEINTE Y SEIS
INCISOS DECIMOSEGUNDO, DECIMOTERCERO Y
DECIMOCUARTO, DE LA LEY N° 21.330, QUE MODIFICA LA
CARTA FUNDAMENTAL, PARA ESTABLECER Y REGULAR UN
MECANISMO EXCEPCIONAL DE RETIRO DE FONDOS
PREVISIONALES Y ANTICIPO DE RENTAS VITALICIAS, EN LAS
CONDICIONES QUE INDICA, EN EL PROCESO ROL N° 264- 2021
(CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO), SOBRE RECLAMO DE
ILEGALIDAD, SEGUIDO ANTE LA CORTE DE APELACIONES DE
SANTIAGO. OFÍCIESE.
II. ÁLCESE LA SUSPENSIÓN DEL PROCEDIMIENTO DECRETADA
EN AUTOS. OFÍCIESE.
DISIDENCIA
Acordada con el voto en contra de los Ministros señores GONZALO GARCÍA
PINO, de la Ministra señora MARÍA PÍA SILVA GALLINATO, y del Ministro señor
RODRIGO PICA FLORES, quienes estuvieron por rechazar el requerimiento, por las
siguientes razones:
I. INAPLICABILIDAD Y OBJETO DE CONTROL: INCOMPETENCIA DEL
TRIBUNAL EN EL PRESENTE PROCESO
1. La jurisprudencia del Tribunal, en sentencia de inadmisibilidad 2848
señaló que “la expresión precepto legal “como ya ha resuelto esta Magistratura, es
equivalente a la de norma jurídica (de rango legal), la que puede estar contenida en
una parte, en todo o en varios de los artículos en que el legislador agrupa las normas
de una ley. Así, por lo demás, ya tuvo oportunidad de razonarlo y concluirlo la
sentencia de inadmisibilidad Rol 626, de 16 de enero de 2007, en cuyo considerando
1º, luego de examinar la jurisprudencia y la doctrina, se concluye que “en suma,
debemos aceptar que los vocablos “preceptos legales” son equivalentes al de regla o
norma jurídica, aunque de una determinada jerarquía (legal)”.
2. En el considerando 3º de esa misma sentencia, se razonó que “una
unidad de lenguaje debe ser considerada un “precepto legal”, a la luz del artículo 93
de la Constitución Política, cuando tal lenguaje tenga la aptitud de producir un efecto
contrario a la Constitución” y de dejar de producirlo en caso de ser declarada
inaplicable. Por último, en el considerando 6º de esa misma sentencia se estableció que
para que una unidad lingüística pueda ser considerada una norma o precepto legal
de aquellos que trata el artículo 93 de la Carta Fundamental, no es necesario que sea
completa o autárquica. Por lo demás, esta Magistratura ha declarado inaplicables
preceptos legales que constituyen sólo parte de un inciso de un artículo. (Sentencias
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TRESCIENTOS VEINTE Y SIETE
de 31 de agosto de 2007, Rol 747 y de 31 de marzo de 2008, Rol 755)” (Sentencia de 13
de mayo de 2008, Rol Nº 944).
3. En el mismo sentido, este Tribunal ha razonado que la expresión
precepto legal “es equivalente a la de norma jurídica (de rango legal), la que puede
estar contenida en una parte, en todo o en varios de los artículos en que el legislador
agrupa las normas de una ley”, en términos tales que es equivalente a “regla o norma
jurídica, aunque de una determinada jerarquía (legal)”. Concluyéndose que “una
unidad de lenguaje debe ser considerada un ‘precepto legal’, a la luz del artículo 93
de la Constitución Política, cuando tal lenguaje tenga la aptitud de producir un efecto
contrario a la Constitución y de dejar de producirlo en caso de ser declarada
inaplicable” (sentencia de 28 de mayo de 2009, Rol Nº 1204, reiterado en sentencia de
veinticinco de agosto de dos mil nueve, Rol Nº 1288)”
4. En un pronunciamiento diferente y anterior, en la sentencia rol Nº 993,
de 13 de mayo de 2008, el tribunal razona que “todo precepto legal que se impugne
no constituye generalmente una norma aislada, sino que es un enunciado que, puesto
en aplicación, guarda relaciones de interdependencia y operatividad con otros, a la
luz de los cuales cabe ser interpretado y aplicado”.
5. De la misma forma, la sentencia de inadmisibilidad rol Nº 1416, de 14
de julio de 2009, se reitera que “como ya se ha sentenciado, la expresión precepto legal
es equivalente a la de norma jurídica de rango legal, la que puede estar contenida en
una parte, en todo o en varios artículos en que el legislador agrupa las disposiciones
de una ley. Así, se ha razonado que “una unidad de lenguaje debe ser considerada un
‘precepto legal’, a la luz del artículo 93 de la Constitución Política, cuando tal lenguaje
tenga la aptitud de producir un efecto contrario a la Constitución” (Roles Nº 626/2007
y 944/2008). De este modo, para que una unidad lingüística pueda ser considerada un
precepto legal de aquellos a que alude el artículo 93 de la Carta Fundamental, no es
necesario que sea completa sino autárquica o, en otros términos, que se baste a sí
misma”.
6. Así, en general, cuando la impugnación se refiere a un acto
administrativo o a una revisión de actos procesales o investigativos del Ministerio
Público, es declarada inadmisible por no recaer en un precepto legal, al ser normas
infralegales, independientemente de su contenido, pues es primer término es la
dimensión formal, y no otra, lo que determina que una norma es o no “precepto legal”.
7. Por otra parte, frente al planteamiento de cuestiones de inaplicabilidad
por inconstitucionalidad en las que se ha pretendido impugnar normas
constitucionales, este tribunal tiene dos pronunciamientos de inadmisibilidad que son
paradigmáticos, cuales son los Roles N°s 2392 y 2124.
8. En efecto, en el cons. 9 de la interlocutoria de inadmisibilidad Rol N°
2392 se señala expresamente que “en cuanto a la impugnación de la disposición octava
transitoria de la Constitución Política, procede declarar la inadmisibilidad, por no ser
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TRESCIENTOS VEINTE Y OCHO
procedente respecto de preceptos que no tengan rango legal, de conformidad con lo dispuesto
en el numeral 5° del artículo 84 de la citada ley Orgánica de esta Magistratura”, delimitando
claramente la competencia de este Tribunal en sede de inaplicabilidad.
9. A su vez, el cons. 13 de la sentencia de inadmisibilidad Rol N° 2124,
referida a una impugnación del artículo 20 de la Constitución, razonó que “se colige
claramente que el requerimiento no recae en un precepto legal en los términos usados
por el numeral 4º del artículo 84 de la citada ley orgánica constitucional”, por ser
precisamente una norma constitucional.
10. Es errada la tesis que plantea que es el contenido y no la forma lo que
determina si una norma es o no precepto legal. En efecto, en un Estado constitucional
y democrático, la voluntad del legislador, representante directo de la pluralidad del
pueblo -entendido como soberano y titular del poder- se manifiesta mediante el
procedimiento legislativo, en el marco del principio de separación de poderes y dentro
de los canales institucionales determinados por la Constitución.
11. Así, en un régimen democrático es ley lo que el pueblo manifieste de
esa forma como su voluntad, por intermedio de sus representantes. Es por ello que las
normas del iter legis, sobre iniciativa, indicaciones, plazos, veto, promulgación y todas
sus otras materias, no son solo cuestiones técnico-jurídicas, sino que son las normas
que concretan la canalización de la voluntad del soberano en el desenvolvimiento
diario de la toma de decisiones en el sistema político. Al mismo tiempo, es la
Constitución la norma que establece el sistema de fuentes del derecho, determinando
las materias de cada norma, sumado a las competencias, procedimientos y
formalidades para cada una de ellas.
12. A su vez, siendo las constituciones normas dinámicas y siendo el poder
constituyente la primera y más relevante manifestación de la soberanía, entendida
como derecho de autodeterminación de los pueblos, su ejercicio no se agota con la
dictación de una constitución, sino que el pueblo retiene y mantiene su poder
constituyente en todo momento, sin el cual jamás sería soberano. Es por ello que todo
documento jurídico que conceptualmente merezca el nombre de constitución ha de
contemplar procedimientos de reforma de la misma, sean parciales o totales, sea por
los poderes constituidos o sea apelando a una manifestación de voluntad
constituyente originario (cuestión que en materia de reforma integral la carta de 1980
no tuvo en su texto hasta la dictación de la Ley de reforma constitucional N° 21.200).
13. De ello derivan varias cuestiones, pues las normas impugnadas en este
caso son de rango y fuerza constitucional, dictadas en función de poderes
constituyentes derivados ejercidos desde el Congreso Nacional y en el procedimiento
que la propia norma constitucional vigente contempla. Así, cabe concluir que es
imposible que este tribunal se erija en un órgano capaz de anular o inaplicar las
normas constitucionales que tiene por función defender. En efecto, este tribunal se
encuentra sometido a las normas constitucionales y no sobre ellas, pues es un órgano
creado por la norma constitucional y no un creador de normas constitucionales, ya
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TRESCIENTOS VEINTE Y NUEVE
que ese poder en la constitución vigente se le entrega al Congreso Nacional actuando
con el Presidente de la República, o a la Convención Constitucional, con mandato y
ratificación del pueblo.
14. Este tribunal no es un órgano constituyente, y en un régimen
democrático jamás podría serlo, pues no es el depositario de la inalienable soberanía
de la cual emana el poder constituyente y tampoco es un representante de su titular
electo en urna. Por eso, sostener el pretendido carácter constituyente de este tribunal,
pugna con la concepción de república democrática del artículo 4° de la Constitución
vigente y con la titularidad de la soberanía establecida para nación y pueblo por
artículo 5° de la Constitución, pues el elemental poder constituyente es parte de ella y
no es a un tribunal a quien corresponde en una república democrática, sino al titular
de la soberanía.
15. Corolario de ello es que incluso en el texto original de la carta de 1980
pueden leerse claramente sus artículos 6° y 7°, de los cuales cabe señalar varias cosas:
la primera es que este tribunal es un órgano del Estado, por lo que está sometido a las
normas constitucionales y no sobre ellas, debiendo además garantizarlas como parte
del orden institucional de la república, lo cual es todo lo contrario de inaplicarlas. La
segunda es que este Tribunal no tiene más potestades que las entregadas en el artículo
93 de la Constitución y desarrolladas en su ley orgánica constitucional, de lo cual
deriva que la conceptualización y delimitación de lo que es o no precepto legal no es
una cuestión académica ni creativa: es ni más ni menos que la delimitación de los
poderes de este tribunal en sede de inaplicabilidad, y como toda delimitación de
potestades no puede ser interpretada extensivamente, pues este órgano del Estado
solamente puede actuar en los casos y formas que determine la ley.
16. Ello determina que en el catálogo de atribuciones de este tribunal, en el
artículo 93 de la constitución, y en las normas procedimentales de su ley orgánica, se
determinan los casos y formas en los que puede ejercer sus potestades, teniendo
presente que el objeto de control y los requisitos de admisibilidad son algunos de
dichos elementos. Así, cabe mencionar que cuando a este tribunal se le han otorgado
atribuciones de control sobre normas de tipo constitucional se ha señalado ello
expresamente en el artículo 93, numeral 3°, de la Constitución -en control preventivo-
y no podría ser de otra forma, pues el artículo 7° de la misma constitución exige
señalarlo expresamente y delimitar el objeto de la atribución, a lo cual se agrega que
no podría sino ser en control preventivo, pues de otra forma este tribunal no tendría
límites externos en la constitución para el ejercicio de sus propias potestades al
disponer por sí y ante sí de ellos, erigiéndose no como un garante de normas
constitucionales sino como un cercenador de ellas, cuestión que es un sin sentido
conceptual y a la vez la negación de su carácter de poder constituido y sometido a
derecho en la misma constitución.
17. Es en tal sentido que si la inaplicabilidad se refiere a “precepto legal”,
ello tiene un significado que delimita las atribuciones de este tribunal: la potestad del
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TRESCIENTOS TREINTA
numeral 6° de la Constitución se refiere solamente a normas de rango legal, no supra
ni infra legales, ni menos a normas constitucionales, que pasarían a ser a la vez objeto
y parámetro de control sin que la constitución lo disponga, dependiendo de la sola
voluntad del intérprete el señalar cual de las normas invoca como primacista para
hacer desaparecer la que no le guste, en un ejercicio a lo menos errado.
18. En este sentido, acoger los presentes requerimientos es desconocer el
legítimo ejercicio de las atribuciones constituyentes derivadas del Congreso Nacional
al crear la norma, y señalar que se hace porque se refiere a una materia reglada en el
decreto ley 3500 es un error, pues en un sistema democrático el constituyente,
originario o derivado, puede constitucionalizar la regulación de la materia que le
plazca, teniendo como límite solamente el derecho internacional de los derechos
humanos, motivo por el cual se estudia centenariamente la figura de la constituciones
extensas o desarrolladas, en atención a la cantidad de materias que recogen y a la
especificidad de su regulación, sin que por ser desarrolladas, extensas y específicas
dejen de tener naturaleza y rango de normas constitucionales, ya que ello es un
elemento de forma y no de contenido.
19. Por más que en el voto por acoger se invoque doctrina y normativa
comparada, ello es un ejercicio errado y estéril, pues no son ni pueden ser fuente de
potestades en el derecho chileno, que por virtud del artículo 7° de la constitución
vigente requiere de norma jurídica de derecho positivo que de forma expresa entregue
la potestad. Así, el voto por acoger tiene una carga imposible de cumplir: encontrar
norma expresa que entregue a este tribunal la explícita y literal potestad de dejar sin
efecto normas constitucionales vigentes, y la acción de inaplicabilidad no alcanza para
ello, pues se refiere solamente a “preceptos legales” contrastados con norma
constitucional en los efectos de su aplicación, siendo así la norma constitucional
parámetro y no objeto de control.
20. Que, por otro lado, no es la acción de inaplicabilidad por
inconstitucionalidad una vía idónea para determinar perjuicios patrimoniales, por lo
que es un error pretender darlos por establecidos en esta sentencia. En efecto, la acción
de inaplicabilidad no es de tipo declarativa ni menos de naturaleza patrimonial, y no
tiene término probatorio porque en ella no hay hechos litigiosos, de lo que deriva que
no tiene un período de discusión con réplica ni dúplica ni menos normas regulatoria
prueba para su rendición y valoración, pues no existe en ella prueba alguna. En efecto,
todo ello en el sistema chileno corresponde a los tribunales del fondo, por disposición
expresa del artículo 76 de la Constitución vigente, al ser parte de las atribuciones de
conocer y juzgar, no teniendo este tribunal facultad alguna en la resolución de
conflictos declarativos patrimoniales civiles, porque incursionar en dicha materia a
propósito de esta causa sería una intromisión en las atribuciones de los tribunales del
orden civil para conocer eventuales litigios entre las aseguradoras requirentes y el
Estado de Chile por posibles perjuicios patrimoniales, si es que se ejerciesen esas
acciones.
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TRESCIENTOS TREINTA Y UNO
21. En efecto, si los requirentes y los ministros por acoger creen -
erradamente- que la norma cuestionada es precepto legal, entonces estaríamos frente
a una cuestión de responsabilidad patrimonial del Estado por actividad
pretendidamente legislativa, y es en un posible juicio declarativo de ese tipo (sin
entrar a calificar el estatuto de ello en el derecho chileno) en el marco de lo cual debiese
entonces ventilarse la presente cuestión. En ese sentido, se derivan dos grandes
cuestiones: en primer lugar no es efectivo que exista vulneración del derecho a la
acción como lo pretende la requirente -por lo que tal alegación es descartada desde
ya- y en segundo lugar las gestiones invocadas en procesos de este tipo son simples
contenciosos administrativos de mera legalidad formal contra actos de la Comisión
para el Mercado Financiero, tutelas jurídicas en las cuales el debate de derecho nada
tiene que ver con una acción declarativa de responsabilidad patrimonial ni menos con
actividad probatoria de avaluación de perjuicios, por lo que la sentencia no puede
tener el efecto que se le atribuye por los requirentes.
22. Así, no es el de inaplicabilidad el proceso debido para declarar
perjuicios patrimoniales, y en clave constitucional del numeral 3° del artículo 19, no
es este el proceso previo legalmente tramitado que corresponde para pretender
declarar perjuicios patrimoniales, como tampoco son idóenas para ello las sedes de
reclamo de ilegalidad contra la Comisión para el Mercado Financiero ni menos una
acción de protección. En el mismo orden, en ningún proceso declarativo civil se
declararía la existencia no menos el monto de tales perjuicios sin etapa probatoria ni
rendición de prueba ni examen ni objeción de la misma por la contraparte, y además
ningún sentenciador civil tendría por prueba del daño planillas Excel e informes
financieros emanados de la propia parte que los presenta y que pretende la
declaración de perjuicios, documentos que además no tienen la aptitud de cambiar la
naturaleza jurídica de una acción de inaplicabilidad ni menos de alterar el reparto de
potestades entre este tribunal y la judicatura civil.
23. Como si lo anterior fuese poco, cabe tener presente los caracteres y
elementos de la gestión pendiente en los 6 procesos planteados respecto de la
normativa cuestionada en estos autos y que tuvieron vista conjunta el día 09.12.2021,
roles 11230/11350/11559/11560/11633/11683-21. Las gestiones pendientes se refieren a
reclamo de ilegalidad por actos de la Comisión para el Mercado Financiero, y a acción
de protección, nada de lo cual tiene que ver algo con declaración o indemnización de
perjuicios ni menos con litigios acerca del derecho de propiedad sobre algún objeto de
la misma, sino sobre cuestiones contencioso administrativas de legalidad formal. Así,
cabe tener presente que la sentencia que acoja no tendrá en la gestión pendiente
incidencia alguna para restituir algún derecho de propiedad pretendidamente tocado.
A su vez, las gestiones pendientes nada tienen que ver con litigios ante tribunales
internacionales ni organismos financieros ni menos con temas relacionados con
tratados de libre comercio, y si lo tuvieran, no es esta Magistratura la que tenga
atribuciones para resolver ello, de manera tal que si ello es ponderado o si fue tenido
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TRESCIENTOS TREINTA Y DOS
en cuenta, es nuevamente exceder la órbita potestativa de este órgano, en infracción
al artículo 7° de la Constitución, al no tener potestades para ello.
24. Es decir, el requerimiento no debió ser declarado admisible, y nunca
este proceso debió haber llegado a esta etapa, pues este Tribunal no tiene competencia
ni atribución alguna para declarar inaplicable una norma constitucional vigente,
motivo que ya es suficiente para rechazar el requerimiento sin siquiera examinar el
fondo.
II. ESTE TRIBUNAL Y LOS PROPIOS PODERES CONSTITUYENTES
DERIVADOS RECONOCIERON EL CARÁCTER DE NORMA
CONSTITUCIONAL -Y NO DE PRECEPTO LEGAL- DE LAS REGLAS
CUESTIONADAS EN ESTOS AUTOS
25. En el proceso en el proceso rol 10774-21-CPT, Requerimiento de
inconstitucionalidad presentado por S.E. el Presidente de la República respecto del
proyecto de ley que modifica la Carta Fundamental, para establecer y regular un
mecanismo excepcional de retiro de parte de los fondos previsionales, en las
condiciones que indica (Boletines N° 13.950-07, 14.054-07, y 14.095-07 refundidos),
ante este tribunal se formuló un requerimiento acerca de un proyecto de reforma
constitucional, que dio origen a la normativa cuestionada en estos autos.
26. Cabe señalar que tanto el Presidente de la República, la dos cámaras y
este Tribunal entendieron y dieron por hecho que se estaba en presencia de un control
preventivo y contencioso de un proyecto de reforma constitucional, y no de norma
con rango y fuerza de ley. En efecto, el Presidente de la República a fojas 1 y ss. del
proceso Rol N° 10774 identifica normas de un proyecto de reforma constitucional, y a
fojas 2 señala que “… al ser una enmienda implícita de sus disposiciones permanentes,
violenta el sentido mismo de la Constitución…”, debiendo recordarse que el proyecto en
las cámaras se presentó y tramitó como uno de reforma a la Constitución. Es decir, por
más que en 142 páginas de requerimiento presidencial se quisiera decir lo contrario
en dicho proceso, en lugar de ello a fojas 2 se reconoce lo obvio: que un proyecto
presentado, etiquetado y tramitado como reforma constitucional se modifica la
normativa contemplada en la Constitución. Adicionalmente, es evidente que el
entonces proyecto de reforma constitucional, hoy norma constitucional vigente, tuvo
por materia la regulación de una materia ya constitucionalizada: el retiro de fondos
previsionales, que ya se reguló en las normas de la propia Constitución mediante la
dictación de la ley de reforma constitucional N° 21.248, publicada en el diario oficial
de 30 de julio de 2020, que permite el retiro excepcional de los fondos acumulados de
capitalización individual en las condiciones que indica, regulando tal materia
mediante la introducción de una nueva disposición transitoria a la Constitución, cual
es la trigésimonovena.
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TRESCIENTOS TREINTA Y TRES
27. Es del caso señalar que este Tribunal no tiene en el catálogo cerrado de
potestades del artículo 93 de la Constitución poder alguno para
“desconstitucionalizar” ni menos para “transformar en materia de ley” alguna
materia que el constituyente derivado introduzca a la normativa constitucional
mediante reformas parciales e incluso temporales a la Constitución con posterioridad
a su dictación, cual es el caso de lo que se verificó con la dictación de la ya citada Ley
N° 21.248, sin que ahora se pueda hacer ello en un proceso de inaplicabilidad, pues no
hay competencia pare ello y por otro lado se erigiría este órgano en un administrador
de la voluntad constituyente derivada, lo cual supera su rol de órgano de control
jurídico sometido a las normas constitucionales vigentes.
28. A este respecto, cabe traer a colación lo razonado por esta Magistratura
en resolución dictada en el proceso Rol N° 6662-19-CPT, en tanto “El Tribunal
Constitucional tiene una función jurisdiccional de garantía de la supremacía
constitucional o, como se expresó en estrados, de "defensa de la Constitución", pero ello
no lo convierte en un suprapoder
omnímodo puesto que la Constitución asigna, distribuye y arbitra atribuciones y competencias
a un conjunto mucho más amplio de órganos del Estado”, agregando que “ Entre las funciones
asignadas a partir de la ley de reforma constitucional N° 20.050, compete a todos los órganos
del Estado "garantizar el orden institucional de la República" (inciso primero del artículo 6°
de la Constitución)” y que “Con ello, el constituyente nos recuerda, respecto de tan
emblemático papel, que no se trata solamente de una dimensión retórica sino que de la garantía
y defensa de la Constitución. Con ello, se sostiene la noción de que la suma de comportamientos
leales al ordenamiento democrático profundiza su respeto y desarrollo. Lo anterior, tiene un
conjunto denso de deberes sobre los cuales no cabe, en esta oportunidad, pronunciarse. Sin
embargo, estamos contestes en que una de las maneras en que se garantiza el orden
institucional de la República es mediante el respeto a los procedimientos que nos hemos dado y
a los ámbitos de competencia que dimanan de los artículos 6° y 7° de la Carta Fundamental.
Ese es un punto de partida razonable para obtener resultados constitucionalmente
valiosos” (cons. 19°), cuestión que cobra relevancia a propósito de los límites de las
atribuciones de este Tribunal en el proceso de inaplicabilidad, en lo relativo al objeto
de control.
29. A su vez, la resolución que no admitió a tramitación el requerimiento
del Presidente de la República en el proceso Rol N° 10.774-21-CPT, señala en su cons.
25° “Que, de esta forma, al referir los vicios de forma alegados al texto del proyecto y no a las
actuaciones del proceso de reforma constitucional en el que se producirían, no se indica en
forma precisa la cuestión de constitucionalidad planteada y no se permite a este Tribunal
conocer e identificar los pretendidos vicios sobre los que tendría que pronunciarse”. Cabe
observar que al aludir el objeto del requerimiento este Tribunal entonces calificó las
normas como propias de reforma constitucional, y no como de ley, calificación que
ahora se pretende cambiar para sostener que sería “precepto legal”, lo cual es en sí
misma una adulteración del sistema de fuentes del derecho que carece de sustento
normativo.
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TRESCIENTOS TREINTA Y CUATRO
30. Si lo dicho expresamente en tal considerando precedentemente
transcrito no resulta suficiente el lector, cabe señalar que la aludida resolución tiene
además un título VII, que comienza en su razonamiento 42°, cuyo nombre es
“ACERCA DEL ESTÁNDAR ARGUMENTATIVO DE UN REQUERIMIENTO
SOBRE PROYECTO DE REFORMA CONSTITUCIONAL”, considerando 42 en el cual
se señala que “Adicionalmente, el presente proceso se refiere al control de constitucionalidad
de un proyecto de reforma constitucional, es decir, a los límites materiales del poder
constituyente, que, sea originario o derivado, es la más alta manifestación del derecho de
autodeterminación de los pueblos en el marco de un sistema democrático. Es por ello que,
estando contemplada tal atribución de control para este Tribunal en el artículo 93, numeral 3°,
de la Constitución, el estándar argumentativo y de formulación de un conflicto de
constitucionalidad de control de reforma constitucional requiere de alta precisión y específica
delimitación, de forma inequívoca y clara, pues tal atribución convive con el poder de reforma
constitucional de los órganos constituyentes derivados. En ese mismo sentido, es la dimensión
jurídica de la Constitución aquello que este tribunal ha de garantir, y lo anterior cobra especial
relevancia si el proyecto en cuestión ha sido aprobado con un quorum holgadamente superior
a los 2/3 máximos exigidos en cada cámara para una reforma a la constitución, lo que obliga a
plantear el conflicto con la precisión necesaria”. En lo que atañe a este proceso, es evidente
que la incorporación de normas sobre tercer retiro de fondos previsionales,
incluyendo a pensionados de rentas vitalicias, es norma constitucional y no precepto
legal, y este Tribunal no solo lo entendió así, sino que lo expresó, razonó y resolvió
detallada, fundada y expresamente.
31. Es por ello que no cabe sino concluir que la normativa cuestionada no
solo no es precepto legal, sino que no podría serlo, ya que los órganos constituyentes
derivados y este mismo Tribunal ya han reconocido su indiscutible carácter de norma
constitucional.
III. CUESTIONES PLANTEADAS EN EL PROCESO ROL 10774-21-CPT,
NO ACOGIDO A TRAMITACIÓN POR ESTE TRIBUNAL AL CONSIDERAR
QUE NO EXISTÍA CONFLICTO DE CONSTITUCIONALIDAD EN LA
TRAMITACIÓN DEL PROYECTO QUE DA ORIGEN A LAS NORMAS
CONSTITUCIONALES CUESTIONADAS
32. Cabe tener presente que la resolución que no admitió a tramitación el
requerimiento del Presidente de la República en el proceso rol 10774-21-CPT,
identificando las pretendidas cuestiones planteadas, constató que:
“16°. En este sentido, a partir de estas dos eventuales infracciones constitucionales
centrales, el requirente deriva una serie de otros cuestionamientos que pondrían en entredicho
la constitucionalidad del proyecto. A lo anterior, se suman las objeciones de constitucionalidad
a la posibilidad de que los pensionados o sus beneficiarios por renta vitalicia puedan adelantar
el pago de sus rentas hasta por un 10% del valor correspondiente a la reserva técnica que
mantengan en la respectiva compañía de seguros, con un límite máximo de 150 UF. En este
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TRESCIENTOS TREINTA Y CINCO
último caso se plantean como posibles vulneraciones, una transgresión a la garantía del derecho
de propiedad respecto de los dineros que han sido traspasados en virtud de un acuerdo
contractual desde los pensionados a las compañías aseguradoras, así como una vulneración a
la igualdad de las cargas públicas al imponer un sacrificio patrimonial sobre tales compañías,
el que deben soportar sin mayores compensaciones, además de una infracción al artículo 68
constitucional.
17°. En este sentido, regido el presente proceso por el principio dispositivo y sujeto a
traba de litis determinada, en el requerimiento se alegan inconstitucionalidades de forma, pero
posteriormente se constata que lo requerido es el texto del proyecto, según se desprende de fojas
2, al señalar que el objeto del requerimiento es “que este Excmo. Tribunal declare la
inconstitucionalidad del proyecto” y en la parte petitoria del requerimiento “que declare
contrarios a los artículos 1° inciso cuarto, 5°, 6°, 7°, 19, N°s 18, 20° y 24°, y 65 incisos tercero
y cuarto N° 1 y 6, todos de la Constitución Política y todos en relación al artículo 127 de la
misma, como también los artículos 68 y 94 de la Constitución, el proyecto...”. En su sentido
natural y obvio, la voz “el proyecto” alude al texto de la iniciativa, es decir a su texto, lo que es
coherente con lo expresado en la parte petitoria y con lo señalado a fojas 2.”.
33. Es decir, en un proceso de tipo abstracto y de efectos erga omnes, la
mayoría de las cuestiones de constitucionalidad planteadas en el presente proceso
fueron descartadas in limine litis, motivo por el cual resulta además anómalo
resucitarlas hoy estando fenecido el proceso Rol N° 10.774 que las descartó, más a
pretexto de un proceso de inaplicabilidad, pues no son estas normas un precepto legal
de aquellos a que se refiere como límite a esta potestad el numeral 6° del artículo 93
de la propia Constitución.
IV. INVOCACIÓN ERRADA DE SENTENCIA DE EMPATE ROL N° 9797
COMO PRETENDIDO PRECEDENTE
34. Por otro lado, se pretende traer a colación como precedente lo resuelto
en la sentencia de control preventivo dictada en empate en el proceso Rol N° 9797 y
lo razonado en el voto de acogimiento en empate que circunstancialmente contó con
la adhesión de quién presidía el tribunal. Cabe mencionar que siendo este proceso uno
de inaplicabilidad, las sentencias de este tipo requieren en su fundamentación 6 votos
de 10, en la medida que el numeral 6° del artículo 93 de la Constitución requiere
“mayoría de miembros en ejercicio” para declarar la inaplicabilidad por
inconstitucionalidad, por lo que nada que tenga menos de 6 votos puede ser tenido
como fundamento de la sentencia. Es del caso señalar que el mal pretendido
precedente Rol N° 9797 es una sentencia de empate, en una materia en la que la ley
orgánica de este tribunal contempla el voto dirimente, que en inaplicabilidad no tiene
cabida porque en esta sede empate significa rechazo por no haber mayoría para
acoger. Adicionalmente, control preventivo abstracto y control a posteriori concreto
(inaplicabilidad por inconstitucionalidad), son materias y atribuciones diferentes, en
un sistema jurídico en el que además no se contempla ni se regula la fuerza obligatoria
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TRESCIENTOS TREINTA Y SEIS
del precedente, motivo por el cual tal construcción argumentativa no puede tener
cabida en esta sentencia.
35. En efecto, la invocación del voto de empate por acoger en la sentencia
Rol N° 9797 como un pretendido precedente no es una cuestión nueva, y ya fue
descartada expresamente por este tribunal en la resolución que no admitió a
tramitación el requerimiento del Presidente de la República en el proceso Rol N°
10.774-21-CPT ya aludido, al señalarse que “…se alega como infringido el efecto de la
sentencia de empate Rol N° 9797 de esta Magistratura, a partir del artículo 94 de la
Constitución, pre suponiendo, como cuestión de fondo, un efecto de cosa juzgada extra proceso
y extra proyecto cuestionado en dicha causa…” (cons. 35), recalcándose posteriormente
que “la alegación de infringirse la fuerza de un precedente pre exige una construcción
conceptual necesaria si es que ello es un conflicto constitucional: la elaboración argumental de
un sistema de precedentes a partir de normas constitucionales sobre la materia, expresando los
fundamentos de un estándar de constitucionalidad, la infracción de normas específicas y
explicitando cómo se produce, nada de lo cual se hace en el requerimiento, que además omite
parte del artículo 94 de la Constitución, pues se argumenta que su texto dispone que “Las
disposiciones que el Tribunal declare inconstitucionales no podrán convertirse en ley”, pero se
omite señalar expresamente que a continuación se incluye la frase explicativa “en el proyecto
o decreto con fuerza de ley de que se trate”, omitiendo además que en Chile los criterios
plasmados en sentencias de órganos jurisdiccionales pueden legítimamente cambiar en casos
sucesivos, en el marco de la legítima actividad hermenéutica del derecho. Adicionalmente, tal
ejercicio argumental se hace desde una sentencia de empate, dando el carácter de “precedente
constitucional” a un voto de empate que es sentencia por la vía de un voto dirimente que se
establece no por la Constitución sino por ley orgánica del Tribunal, además de que tal sentencia
recayó en un proyecto de reforma constitucional que autorizaba un segundo retiro de los fondos
previsionales, que había sido rechazado por la Cámara revisora y cuya tramitación se paralizó
por haberse dictado la ley N° 21.295 - promovida por el propio Poder Ejecutivo que había
presentado el requerimiento en contra del proyecto de reforma- cuerpo legal que también
autorizaba tal retiro” (cons. 36°).
36. Adicionalmente, la misma resolución, frente a la misma pretensión de
efecto de precedente, se señaló que “el voto por acoger de la sentencia de empate rol 9797
que se cita como precedente, citándola parcializadamente y respecto de solo alguna de las
cuestiones que aborda, abordó cuestiones que no eran parte de las líneas jurisprudenciales de
este Tribunal, y tuvo dos votos antagónicos de 5 Magistrados cada uno, sin que en el
requerimiento se señale cómo ni por qué uno de ellos tendría fuerza de precedente más allá del
voto dirimente, y sin hacerse cargo de las argumentaciones contenidas en el otro voto de
empate…” (cons. 44°), lo cual es evidentemente necesario en sede de inaplicabilidad,
que requiere a lo menos 6 votos de 10 para justificar una decisión estimatoria.
37. Es decir, este tribunal ya rechazó hace más de 6 meses que el voto de
empate por acoger de la sentencia Rol N° 9797 pudiese ser un precedente, incluso en
un proceso de la misma materia, cuyo no es este caso, en el que el empate no tiene
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TRESCIENTOS TREINTA Y SIETE
voto dirimente. Así, el argumento de pretendido precedente no puede sino ser
rechazado.
V. INAPLICABILIDAD Y VICIOS DE CONSTITUCIONALIDAD DE
FORMA
38. En el caso concreto se ha alegado un vicio de constitucionalidad de
forma, consistente en una pretendida invasión de la iniciativa exclusiva del Presidente
de la República en materia de seguridad social, contenida en el artículo 65 de la
Constitución Política, al iniciarse la tramitación de la reforma constitucional por
iniciativa parlamentaria.
39. Además de lo ya señalado acerca de la naturaleza de norma
constitucional y no de precepto legal de la norma cuestionada, lo que desde ya
determina el rechazo del requerimiento por motivos de forma, si efectivamente
estuviésemos en presencia de un precepto legal, no puede preterirse el carácter
concreto propio de la acción de inaplicabilidad, el cual determina que el vicio de
constitucionalidad en esta sede es el pretendido y potencial efecto contrario a la
Constitución que la aplicación de la norma produce en el caso concreto. En este
sentido, este Excmo. Tribunal Constitucional al ejercer el control concreto de la
constitucionalidad de la ley, lo hace centrado en la aplicación al caso sub lite, cuya
resolución se limita a que las disposiciones legales determinadas, en sí mismas,
resulten en cuanto reglas de derecho, inconciliables en sus efectos con normas
iusfundamentales de la CPR, siempre en su aplicación en el caso concreto1. Por ello, la
jurisprudencia de este tribunal ha sostenido que la acción de inaplicabilidad por
inconstitucional tiene por objeto el impedir la aplicación de un precepto legal que,
rectamente entendido e interpretado, trae como resultado una contravención a la
Constitución2.
40. En tal sentido, la problemática de los vicios de constitucionalidad de
forma ha sido claramente reconocida por la doctrina: ya en el año 2010 se señala que
“el vicio de forma se produce antes de que el precepto legal exista, lo que lo aleja de los efectos
que la norma jurídica producirá una vez que entre en vigencia. el vicio de forma, entonces, no
se relaciona con los casos que se presenten ante el juez”3, por lo que “[…] en consecuencia, la
inconstitucionalidad de forma no está presente en el texto o enunciado normativo, ni en la
interpretación que los autores o la jurisprudencia puedan elaborar del mismo”4. Si se llegara
a estimar, erradamente, que hay vicio de constitucionalidad de forma, a su vez, la
profesora Miriam Henríquez Viñas, en su trabajo “Justicia constitucional chilena y
1
STC, Rol Nº1300-09, 25 de mayo de 2009.
2
STC, Rol N°2740-14, 20 de agosto de 2015.
3
Verdugo Ramírez, Sergio. INAPLICABILIDAD Y VICIOS DE FORMA. ¿UN PROBLEMA
RESUELTO?, Revista de derecho, Universidad Austral, vol. XXiii - nº 2 - diciembre (2010) páginas
83-112.
4
Id. ant.
41
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TRESCIENTOS TREINTA Y OCHO
vicios de forma: un caso de improcedencia”5, nos recuerda que, en primer lugar “[…]
Los vicios de inconstitucionalidad de forma y de fondo que afectan las normas legales vigentes
son distintos. Los primeros no suponen una contradicción normativa con la Constitución, sino
el hecho del incumplimiento por el legislador de las normas constitucionales procedimentales
para su producción o que existan vicios de competencia. La distinta naturaleza del vicio
justifica un diferente régimen de invalidación”, por lo que en este sentido, el vicio de forma
o infracción constitucional propia, como un vicio de origen, afecta la validez de la
norma contenida en un precepto legal. Agrega la autora que “[…] la infracción
constitucional propia afecta la validez de la norma legal y tal invalidez debe ser declarada. Como
se ha dicho, la acción de inaplicabilidad de ninguna manera busca enjuiciar la validez
de un precepto legal, sino determinar si su aplicación produce efectos
inconstitucionales en un caso concreto.”6. Cabe insistir sobre el punto. La sentencia
estimatoria de inaplicabilidad tiene efectos particulares, los cuales no son coherentes
con un pronunciamiento sobre un pretendido vicio que afecta la validez de un
precepto legal, concluyendo que no se puede controlar el vicio de constitucionalidad
de forma por medio de la acción de inaplicabilidad por inconstitucionalidad, que
además ha de referirse a preceptos legales y no a normas constitucionales.
41. De igual forma, Valeria Lübert sostiene que, al analizar un vicio de
forma en sede de inaplicabilidad, el Tribunal Constitucional se estará pronunciado
sobre la ley en abstracto, con total prescindencia de las circunstancias del caso e
instrumentalizándolo para emitir un pronunciamiento de carácter general7, que es
justamente lo que se pretende en este caso.
42. Examinado el requerimiento de autos, cabe concluir que no cumple
desde esta perspectiva con comunicar de forma precisa el pretendido efecto en el caso
concreto de la aplicación de la norma en su conexión causal con los pretendidos vicios
de constitucionalidad de forma, más bien parece un intento forzado de justificar su
acción con clara intención de transformar un control abstracto de una norma
constitucional vigente en una inaplicabilidad de un pretendido precepto legal que se
debiera traducir en un control concreto de la norma. Ello vulnera el evidente y prístino
texto del numeral 6° del artículo 93 de la Carta Fundamental, prescindiendo del efecto
de aplicación que dicha norma exige ponderar, radicando el vicio en una cuestión
abstracta como es el iter legis, es decir, en el proceso legislativo y en las supuestas e
inexistentes infracciones cometidas por el legislador -actuando como constituyente
derivado- lo que no satisface el estándar argumental de control concreto que la
Constitución y la Ley N°17.997 exigen.
43. De esta forma el requerimiento no explicita cómo los pretendidos vicios
de constitucionalidad de forma o competencia inciden en la aplicación de la norma
5
Henríquez Viñas, Miriam. Justicia constitucional chilena y vicios de forma: un caso de improcedencia,
(2017). Disponible en http://www.scielo.edu.uy/pdf/rd/n15/2393-6193-rd-15-00049.pdf
6
Íd. ant.
7
Lübbert, Valeria, “El proceso legislativo frente a los jueces: El caso de la inaplicabilidad por vicios de
forma”, Revista de Derecho Público, N° 76 (2014), p. 383
42
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TRESCIENTOS TREINTA Y NUEVE
legal cuestionada al caso concreto, siendo suficiente ello para rechazar la invocación
de tal vicio.
VI. ¿INICIATIVA EXCLUSIVA POR ANALOGÍA EN MATERIA DE
REFORMA CONSTITUCIONAL?
44. No obstante lo expresado en el capítulo anterior, y sin preterir que cabe
tener presente una vez más el indiscutible carácter de norma constitucional de la
preceptiva cuestionada, cabe agregar que al igual que en la sentencia de empate rol
9797 se pretende en el voto por acoger la construcción de una verdadera entelequia
argumentativa: la supuesta existencia de iniciativa exclusiva de ley extendida por
analogía en materia de reforma constitucional, lo cual es una trampa argumentativa,
al construirse una potestad presidencial por analogía con el proceso legislativo,
analogía que además es falsa y errada al ser contra norma expresa por no estar cubierta
en la remisión que el artículo 127 hace a artículo 65 a propósito de lo que se aplica al
procedimiento de reforma constitucional de lo dispuesto en el iter legis. En efecto, no
hay iniciativa exclusiva del Presidente de la República en leyes de reforma
constitucional ni ésta facultad se puede crear por analogía sin vulnerar. Eso es un
contrasentido al poder constituyente derivado que no pueda decidir y ni siquiera toca
presupuestos constitucionales esenciales como el régimen democrático y la defensa de
derechos fundamentales. Por eso, se concluirá que no existe infracción al artículo 65
de la Constitución.
45. Adicionalmente, existen un conjunto de diferencias entre las normas de
rango legal y de rango constitucional, cuestión que es anterior e independiente de su
contenido. Todo ello podría quizás abordarse suficientemente a nivel de un tratado,
pero claramente no se puede agotar en la presente sentencia. Aún así, cabe considerar
una serie de cuestiones. La primera de ellas es que la caída del régimen democrático
el 11 de septiembre de 1973 implicó la muerte –o extinción en un sentido técnico
constitucional- de la Carta de 1925 ese mismo día en tanto constitución real -sin
perjuicio de los copiosos e infructuosos esfuerzos por decir lo contrario, desmentidos
en la praxis por la propia junta al señalar por medio del decreto ley N° 128 el sentido
que le autoasignó al decreto ley N° 1 que dictó, en orden a que se autoatribuye
poderes para redactar e imponer lo que después será la constitución en su texto
original8- y la dictación de la carta de 1980 por el régimen militar mediante su decreto
ley 3.464 de 1980, echaron por tierra –como en muchas otras materias- los 140 años de
historia constitucional a este respecto, pues la carta originalmente otorgada por la
8 "El Poder Constituyente y el Poder Legislativo son ejercidos por la Junta de Gobierno..." señala en
su artículo 3° el referido decreto ley 128, a lo cual debe agregarse lo dispuesto en su artículo 2, en
orden a que “Las disposiciones de los decretos leyes que modifiquen la Constitución Política del
Estado, formarán parte de su texto y se tendrán por incorporadas en ella”, de lo cual deriva que la
Constitución de 1925 deja de ser un límite jurídico y externo al poder y lo poco que formalmente
sobrevive de su texto pasa a ser disponible por la sola voluntad de la junta.
43
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TRESCIENTOS CUARENTA
junta, en los artículos 116 a 119 del texto original, establecía procedimientos especiales
de reforma constitucional, con un grado exacerbado de rigidez, pero sin alusión
alguna a los trámites de formación de la ley, con las solas excepciones señalar que se
origina por mensaje o por moción y que se aplica el sistema de urgencias del proceso
legislativo, lo que era declarado expresamente en el artículo 116, inciso final. Lo
anterior era complementado mandatando expresamente al legislador orgánico
constitucional para que en la Ley Orgánica Constitucional del Congreso Nacional
estableciera lo concerniente a los vetos y tramitación de los proyectos de reforma en
todo lo no establecido por la Constitución, y a ello cabe agregar que el texto original
de la Constitución de 1980 estableció las normas de formación de la ley dentro del
Capítulo de “CONGRESO NACIONAL” en sus artículos 62 a 72, sin que ellas a la vez
contuvieran alusión alguna a la reforma constitucional.
46. A todo lo expuesto cabe agregar que en la comúnmente denominada
“historia fidedigna”9 del establecimiento de la carta de 1980, el Consejo de Estado
suprimió la posibilidad de constituir comisiones mixtas en el proceso de reforma
constitucional, cuestión que fue establecida recién en la reforma constitucional de 2005
por medio de la Ley N° 20.050.
47. Con todo lo ya expuesto, la constitución en su texto originario eliminó
el histórico y tradicional “reenvío” al proceso legislativo (el que sólo fue reestablecido
mediante la ley 20.050 de 26 de Agosto de 2005, en su artículo único, N° 50),
disponiendo que la tramitación de la reforma constitucional se normaría en la Ley
Orgánica Constitucional del Congreso, lo que –interpretando literalmente y
prescindiendo de todo otro criterio hermenéutico- en principio lleva a concluir que la
tramitación de un proyecto de reforma constitucional y la de un proyecto de ley
aparecerían -en lo general- diferenciadas enteramente en el texto original, al punto de
poder caracterizarse como instituciones del todo autónomas entre sí, con una
aplicación meramente supletoria y en vacío de las normas del proceso legislativo. Un
antecedente muy revelador es que a pesar de que los artículos 116 a 119 del texto
original de la carta del 80 sólo hablaban de “reforma constitucional”, en ninguna parte
de los mismos se hablaba de “ley de reforma constitucional”, terminología que
tampoco figura en el originario artículo 63.
9 A este respecto no parece adecuado hablar de “historia fidedigna” respecto de actas de meros
órganos asesores y consultivos, que nunca tuvieron el carácter de resolutivo-constituyentes ni
menos un mandato democrático del pueblo en las urnas, por lo que no fueron constituyentes ni en
sentido deontológico ni ontológico, pues la potestad constituyente, entendida solo como un factum
de fuerza, estuvo radicada de hecho en la junta militar, que expresamente lo declaró así precisando
que se la había auto atribuido ab initio, mediante la dictación del decreto ley 128 de 1973, que
“aclara” el sentido y alcance del decreto ley N°1. A causa de ello cabe recordar que muchas normas
de la Constitución carecieron incluso de referencias en su sentido de origen (baste citar por ej. el
actual artículo 63 no. 20° por ejemplo), pues las actas de la junta y del Consejo de Estado fueron
secretas hasta bien entrada la década del 2000.
44
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TRESCIENTOS CUARENTA Y UNO
48. A pesar de ello, y siguiendo la tradición política y jurídica, ha sido una
convención política y jurídica unánime el denominar “ley de reforma constitucional”
a las modificaciones a la Constitución, y aún más que ello, darles número de ley, lo
que ha sido practicado por los poderes colegisladores, constituyentes derivados y aun
por los órganos de control. Lo anterior es indicativo que el aparente cambio normativo
en orden a diferenciar la reforma constitucional de la ley, stricto sensu, no es parte de
lo que en sociología se denominaría como “la constitución real”, en su dimensión de
praxis de la misma, pues en el período 1981-2005 el sistema político ha asimilado la
reforma constitucional a la ley, en todo lo que no esté especialmente reglado a su
respecto, al punto que incluso la primera reforma a la Constitución de 1980, la reforma
plebiscitada el año 1989, es etiquetada como una ley, con número y forma de ley (N°
18.825), agravada con las formalidades propias de la reforma, convención que ha
seguido operando hasta la fecha.
49. Lo antes dicho resulta de especial relevancia, pues el sistema político
entero, Tribunal Constitucional y Contraloría incluidos, han entendido que salvo las
formalidades específicas del Capítulo XV de la carta de 1980, la reforma constitucional
se tramita como una ley, de lo que deriva que se sancione, promulgue, publique en el
Diario Oficial y se le asigne numeración correlativa de legislación, lo que no está
dispuesto en ninguna parte, y por ende, emana de una convención política y no de
una norma jurídica que sea parte de la constitución formal, es decir, es parte de lo que
Ferdinand Lassalle llamaría “constitución real” (¿Qué es una Constitución?,
Ferdinand Lassalle, Ed. Ariel, Madrid, 2001), en un sentido sociológico, al punto que
en las cátedras de Derecho constitucional es enseñada como “ley de reforma
constitucional”, terminología que muy difícilmente puede llamar a equívocos.
50. Respecto de la tramitación del proyecto de reforma, es del caso señalar
que a lo largo del período 1990-2005 los órganos constituyentes derivados han dado
tramitación de proyecto de ley a las reformas constitucionales, agregando en lo
pertinente las formalidades del capítulo de reforma constitucional contenido en la
Constitución de 1980. De lo anterior, se concluye que el problema de dudar si era o no
aplicable el proceso legislativo a la reforma constitucional surge sólo con el
advenimiento de la Constitución de 1980, y en realidad sólo desde la instalación del
Congreso el 11 de marzo de 1990, hasta la dictación de la ley 20.050, pues desde 1833
hasta el 11 de septiembre de 1973, las normas de los propios textos constitucionales,
la práctica del proceso legislativo y el propio sistema político hicieron que no cupiera
duda alguna que la respuesta era afirmativa sin excepción alguna, a lo que se
agregaban las formalidades especiales y agravadas propias del procedimiento de
reforma constitucional, que no eran más que las establecidas expresamente.
51. Este cambio aparente trajo una serie de complicaciones, tales como la
facultad de insistir, las indicaciones, la formación de comisiones mixtas ante el rechazo
en una cámara, etc.; frente a ésta última cuestión se señaló que estar en presencia de
45
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TRESCIENTOS CUARENTA Y DOS
un verdadero “vacío constitucional”10 (que parecía ser más aparente que real), por la
suerte de nebulosa normativa que se produciría respecto de ciertas situaciones
durante la tramitación de la reforma constitucional, vacío que en realidad significaba
la omisión de algunos trámites -comisión mixta por ejemplo- y que vino a ser
“llenado” o “cubierto” mediante un importante cambio normativo, que es la norma
del nuevo artículo 127, instituido por la reforma de la ley 20.050, que hace aplicables
expresamente las normas de formación de la ley en lo no reglado expresamente a
propósito del procedimiento de reforma, con el límite del respeto de los quórums de
reforma constitucional.
52. A la luz de lo expuesto, entonces es necesario concluir que la
diferenciación de la tramitación de un proyecto de reforma a la constitución y de un
proyecto de ley en sentido estricto está hoy dada por lo que expresa y directamente
determine una norma constitucional que es diferente. Tampoco cabe confundir la
función que se le entrega al Tribunal Constitucional de control de constitucionalidad
de las reformas constitucionales de aquella que le compete cuando el control recae
sobre fuentes de derecho que tienen una jerarquía inferior a la de la Carta
Fundamental. Ello es consecuencia de que la finalidad que persiguen es diferente. En
el caso del control sobre reformas “[e]l objeto del control está representado por
normas de rango super-primario, dotadas de fuerza para modificar, mediante un
cambio, una adición o abrogación, una parte de la Constitución” (Ragone, Sabrina
(2012).Ob. cit., p. 191). Según Pedro De Vega, la reforma constitucional actúa, en
primer lugar, “[c]omo un instrumento de adecuación entre la realidad jurídica y la
realidad política. En segundo término, como mecanismo de articulación de la
continuidad jurídica del Estado. Y, por último, como institución básica de garantía”
(De Vega (1985). Ob. cit., p. 67). Tales finalidades no se dan estrictamente en la ley
porque ésta, teniendo una jerarquía inferior a la de la Carta Fundamental, busca
regular y concretar -en reglas generales, abstractas y predeterminadas- los valores,
principios y reglas contenidas en ella.
53. Así, las particularidades de las reformas constitucionales explican que
el procedimiento para aprobarlas sea diverso respecto al común aplicable a la
legislación, exigiéndose un consenso más elevado que la usual mayoría relativa u otra
forma de agravamiento. De tal forma, es un error y un acto de cercenamiento de
atribuciones parlamentarias el querer aplicar normas sobre el proceso de formación
de la ley al procedimiento de reforma constitucional, no existiendo jurisprudencia o
doctrina que valide dicha interpretación. En efecto, el procedimiento legislativo de
reforma constitucional tiene reglas propias a las cuales se le incorporan algunas del
proceso de formación de la ley. Atendido lo señalado, el único sentido plausible que
es posible adjudicar al artículo 127 de la Constitución es que la iniciativa de reformas
10 En este sentido ver el ya aludido trabajo de Francisco Zúñiga Urbina, “Reforma del Capítulo XV,
“Reforma de la Constitución”, en “Reformas Constitucionales”, VVAA, libro colectivo, ed. Lexis
Nexis, Stgo., 2005.
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TRESCIENTOS CUARENTA Y TRES
constitucionales le corresponde tanto al Presidente de la República como también a
quiénes integran alguna de las Cámaras legislativas del Congreso Nacional, como
dispone su propio texto. En efecto, si los proyectos de reforma constitucional pueden
iniciarse por mensaje del Presidente de la República o por moción de cualquiera de
los miembros del Congreso Nacional, estas últimas sólo tienen la restricción a que
alude el inciso 1° del artículo 65 vinculada al número de parlamentarios que la pueden
suscribir en una y otra Cámara, sin que se apliquen a su respecto las demás
disposiciones contemplados en el artículo 65 referidas a la iniciativa legal exclusiva
del Presidente de la República.
54. Así, precisada la diferencia entre proyecto de ley y proyecto de reforma
constitucional en tanto fuentes del derecho, en su dimensión procedimental cabe
señalar que en materia de iniciativa de proyectos de ley goza el sistema vigente de dos
normas en su artículo 65: en primer lugar, una regla general, cuál es que los
parlamentarios pueden iniciar proyectos, y en segundo lugar, una regla especial de
excepción, que reserva ciertas materias propias de ley a la iniciativa presidencial, en
aquello que el presidencialismo latinoamericano llama “iniciativa exclusiva”, y que
constituye una de sus principales diferencias con el régimen presidencial originario o
estadounidense. En efecto, “Los presidentes latinoamericanos disponen a menudo de las
siguientes atribuciones que no posee constitucionalmente el Presidente de Estados Unidos:
iniciativa de ley; iniciativa exclusiva de ley en ciertas materias; declaración de urgencia en la
tramitación de los proyectos de ley; participación en el debate parlamentario de la ley a través
de los ministros de Estado; ejercicio del veto suspensivo parcial, delegación de facultades
legislativas hechas por el Congreso al Presidente, entre otros factores institucionales”
(Nogueira Alcalá, Humberto. “La tipología de gobiernos presidencialistas de América
Latina y gobiernos semipresidenciales en Europa”, Estudios constitucionales [online].
2017, vol.15, n.2 [citado 2020-12-23], pp.15-82. Disponible en:
<https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-
52002017000200015&lng=es&nrm=iso>.ISSN0718-5200.
http://dx.doi.org/10.4067/S0718-52002017000200015.).
55. A su vez, no debe perderse de vista que las reglas especiales y de
excepción en materia de derecho público son de derecho estricto, por lo que no pueden
ser interpretadas analógica ni extensivamente, más aún si se refieren a poderes, pues
la regla más preciada en un Estado de Derecho es la sumisión del poder a la norma
jurídica, cuestión que en Chile se contiene en los artículos 6 y 7 de la Constitución
Política. Así, no hay más casos y formas para ejercer potestades que los que se
establezcan expresamente y la interpretación analógica no puede ser usada para
evadir la sumisión a la norma generando potestades no contempladas expresamente.
Al contrario, arrogarse potestades de iniciativa exclusiva por analogía, como lo sería
en materia de reforma constitucional, constituiría una violación flagrante al artículo
127 de la Constitución vigente. Ese es el prisma que debe usarse para analizar si el
proyecto de reforma constitucional sometido a control es o no materia de iniciativa
exclusiva presidencial. En este sentido, el artículo 65 de la Constitución dispone la
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TRESCIENTOS CUARENTA Y CUATRO
iniciativa exclusiva presidencial como una regla especial que excepciona a la regla
general de iniciativa parlamentaria. En el mismo orden, la iniciativa exclusiva se
establece solamente para las materias de ley y para la fuente del derecho denominada
“ley” en sentido estricto, es decir, leyes ordinarias, de quorum calificado u orgánicas
constitucionales.
56. En ese orden, lo anterior significa que: a) El mensaje o moción son
iniciativas idóneas para comenzar el proceso de reforma constitucional, sin
limitaciones materiales al no estar establecidas expresamente, y, por tanto, en el caso
concreto, no se altera las reglas procesales ni materiales del ejercicio del poder
constituyente derivado en el marco de las reglas constitucionales establecidas para su
ejercicio en el marco del régimen democrático. b) Lo único remitido para la reforma
constitucional al artículo 65 es lo reglado en su inciso primero, descartándose la
analogía de distinción de materias por una pretendida iniciativa exclusiva al estar en
otras normas del ismo artículo 65, al ser reglada expresamente en sentido contrario
por haber remisión expresa y además limitada solo a una parte del artículo 65 y no al
resto del mismo.
57. Entonces, si no existe entonces una esfera reservada a la iniciativa
exclusiva del Presidente para iniciar un proyecto de reforma constitucional, ella puede
originarse por moción parlamentaria independientemente de que por la materia de
que trate eventualmente el proyecto podría haber sido reglamentado por una ley
reservada a la iniciativa exclusiva del Presidente.
58. En efecto, las disposiciones sobre la iniciativa exclusiva legal del
Presidente “[n]o se aplican en materia de iniciativa constitucional, porque no son
reglas de tramitación, de procedimiento, sino sustantivas”, señaló en 1965 un Informe
de la Comisión de Constitución del Senado que, recogiendo la opinión del senador
Francisco Bulnes Sanfuentes, se pronunció sobre diversos aspectos relacionados con
el despacho de los proyectos de reforma constitucional y, especialmente, con la
interpretación de los arts. 108 y 109 de la Constitución de 1925 que reglamentaban la
tramitación de una reforma (Rolando Acuña Ramos (1971): La Constitución de 1925 ante
la Comisión de Constitución, Legislación, Justicia y Reglamento del Senado, Ed. Jurídica de
Chile, p. 777). Refuerza la idea lo dicho por el profesor Sebastián Soto: “[l]as materias
de iniciativa exclusiva del Presidente de la República tienen un ámbito de aplicación
exclusivamente legislativo, esto es, circunscrito a la tramitación de los proyectos de
ley. No implica, por lo tanto, una limitación parlamentaria en las demás atribuciones
de ambas cámaras como son, entre otras, fiscalizar o proponer acuerdos. De este
modo, no hay limitación alguna para que una comisión investigadora o un acuerdo
de alguna de las salas aborden estas materias.” afirmando “[n]o existe en materia de
reformas constitucionales materias de iniciativa exclusiva del Presidente de la
República” (Soto Velasco, Sebastián (2015). Congreso Nacional y Proceso Legislativo.
Teoría y Práctica. Legal Publishing, p. 231 y 224).
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TRESCIENTOS CUARENTA Y CINCO
59. Así, se concluye que las reglas constitucionales sobre iniciativa
exclusiva legal del Presidente aluden a la distribución de competencias entre el
Ejecutivo y el Congreso en un sistema presidencialista como el nuestro y únicamente
en relación a la común tarea que tienen ambos en su calidad de colegisladores, al
reconocerse que es atribución del Presidente de la República “concurrir a la formación
de las leyes con arreglo a la Constitución, sancionarlas y promulgarlas” (artículo 32
N° 1).
60. Por una parte, el listado de materias de ley contenido en el art. 63 se
establece para regular cuales son las que necesariamente deben tener jerarquía legal
con el objeto de que no puedan ser reguladas por el Ejecutivo en ejercicio de su
potestad reglamentaria. De este modo la Constitución contemplando un dominio
máximo legal o “total de competencia”, como señala el profesor José Luis Cea (Cea
Egaña, José Luis (1999). Teoría del Gobierno. Derecho chileno y Comparado. Ediciones
Universidad Católica, p. 141).
61. Además el artículo 127 de la Constitución no señala en parte alguna
que exista una limitación de materias para dotar de contenido específico a un proyecto
de reforma constitucional y no podría hacerlo en la medida que la propia Constitución
proclama en su artículo 4° que Chile es una república democrática y en el artículo 5°
se determina la titularidad de la soberanía en la nación, dentro de la cual no debe
olvidarse que el poder constituyente es la primera de sus manifestaciones, entendida
como el derecho de autodeterminación de los pueblos, comprendido como un
principio imperativo de acción “(…)conformado por un haz de cuatro derechos,
autoafirmación, autodefinición, autodelimitación y autodeterminación (…)” (Forno, G.,
Apuntes sobre el Derecho a la autodeterminación de los pueblos, Agenda
Internacional, Año IX, Nº 18, p. 108), que se manifiesta como un derecho del pueblo y
un deber del Estado, y que sirve de piedra angular para el desarrollo de los demás
derechos fundamentales.
62. Por otra parte, no puede preterirse que modificar el régimen de
iniciativa exclusiva legal del Presidente contenido en el art. 65 de la Carta requiere de
un quórum de los 3/5 de los parlamentarios en ejercicio. Si el constituyente no quiso
enmendarlo en esta oportunidad de manera general y específica en el artículo 65, es
porque no resultaba adecuado ni lógico para establecer un estatuto jurídico de tipo
temporal y de plazo limitado. Así, por la materia de que trata el proyecto cuestionado,
juzgó apropiado regular la materia a través de una regla de excepción transitoria,
porque para cumplir con su objetivo no requería alterar el sistema de iniciativa
exclusiva permanente que sólo se aplica a las leyes.
63. Asimismo, la práctica del constituyente demuestra que han habido
reformas constitucionales iniciadas por mociones parlamentarias que, de acuerdo a su
sustancia, podría considerarse que recayeron en materias de iniciativa exclusiva legal
del Presidente. Desde ya cabe anotar que la gran reforma de la ley N° 20.050, de 2005,
fue iniciada por moción parlamentaria y muchas de sus normas regulan materias que
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TRESCIENTOS CUARENTA Y SEIS
podría considerarse que revisten esa característica. Ellas han recaído no sólo en reglas
permanentes, sino en disposiciones transitorias, como las Nº 29, 30, 31 y 37, todas las
cuales tuvieron su origen en mociones de parlamentarios.
64. Adicionalmente, se concluye que el constituyente chileno ha obrado así
ajustándose al régimen republicano y democrático establecido en el artículo 4°
constitucional. Al efecto no puede olvidarse que, como dice Karl Loewenstein, a partir
de las reglas que regulen el procedimiento de reforma constitucional “[s]e puede
deducir el carácter político del régimen” ya que “[l]a ideología del Estado
constitucional democrático exige que la competencia para la reforma constitucional
no sea el monopolio de un único detentador del poder, sino que debe estar lo más
distribuida que sea posible”, de manera que participen en ella el Gobierno, el
Parlamento y el pueblo (Loewenstein, Karl (1976). Teoría de la Constitución, 2° ed,
Barcelona, Ed. Ariel, p. 172).
65. Del mismo modo, Miguel Carbonell, citando a Pedro De Vega, expresa
que “[n]o es difícil constatar, por ejemplo, que es característico de los sistemas
políticos autoritarios el que la competencia para la iniciar la reforma constitucional se
conceda fundamentalmente al Poder Ejecutivo” (Carbonell, Miguel (1998). Ob. cit., p.
225), lo cual pone de relieve la gravedad que implica para el régimen democrático
desconocer a quienes representan la voluntad popular en el Parlamento la facultad de
iniciar proyectos de reforma constitucional para que, según su contenido, sólo puedan
ser impulsados por el Presidente de la República. En definitiva, “[e]l sujeto que tiene
la facultad de propiciar el procedimiento de reforma constitucional tiene la
posibilidad de fijar la agenda del poder constituyente derivado, es decir la posibilidad
de determinar el momento y el contenido que deben tener las reformas” (Carbonell
(1998). Ob. cit., p. 241) por lo que atribuir únicamente al Jefe del Ejecutivo la
posibilidad de iniciar una enmienda constitucional atenta contra el régimen
republicano y democrático de gobierno.
66. Si examinamos el derecho comparado en aquellos ordenamientos
constitucionales que establecen un sistema presidencial de gobierno, no existe una
especie de super poder del Presidente de la República que reserve a su iniciativa
ciertos contenidos de reforma constitucional.
67. Desde ya cabe tener presente que la Constitución de Estados Unidos
que establece el modelo del régimen presidencialista no confía al Jefe de Estado, sino
sólo a las dos terceras partes de ambas Cámaras, la proposición de enmiendas a su
texto (artículo V). Dentro de las constituciones latinoamericanas hay algunas, como la
boliviana por ejemplo, que sólo permiten iniciar el proyecto de reforma por la
Asamblea Legislativa (art. 411). Otras, creando mecanismos de participación
democrática del pueblo, no sólo posibilitan al Gobierno y a los parlamentarios
presentar todo tipo de proyectos de reforma constitucional, sino que también a sus
ciudadanos, quienes, reuniendo los requisitos que señale cada texto, pueden
patrocinar un proyecto a través de la iniciativa popular. De este modo lo establecen,
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TRESCIENTOS CUARENTA Y SIETE
por ejemplo, la Constitución de Colombia (art. 375), la del Perú (art. 206), la de Bolivia
(art. 144 II.), la del Ecuador (art. 441 N°2) y la del Uruguay (art. 331). Incluso hay
constituciones que amplían aún más los órganos legitimados para iniciar una
enmienda constitucional, como es el caso de la ecuatoriana, que no sólo permite la
iniciativa popular, la del Presidente y de los congresales, sino la de la Corte Suprema
de Justicia y el Tribunal Constitucional (art. 281).
VII. ACERCA DE LAS CUESTIONES DE CONSTITUCIONALIDAD DE
FONDO
68. Que, sin caer en la trampa argumentativa y error de sostener que la
normativa cuestionada sería precepto legal, y bastando las argumentaciones ya
expuestas para rechazar un requerimiento que nunca debió ser declarado admisible,
se contestaran las diversas alegaciones de constitucionalidad de fondo planteadas en
los capítulos siguientes. Ello no obsta a que reconociendo el verdadero carácter de las
normas cuestionadas, de rango y naturaleza constitucional, es imposible sostener que
la reforma constitucional que las agregó no haya cambiado el sentido, regulación y
alcance de las materias a que se refieren, por lo cual no puede ser tenido como
parámetro de control de constitucionalidad material lo pre existente a ellas que se ve
modificado, error en el cual cae el voto por acoger, petrificando sin decirlo
expresamente las regulaciones constitucionales que invoque para declarar pretendida
y anómalamente “inconstitucionales” las normas constitucionales que se objetan.
VIII. CONTROL DE CONSTITUCIONALIDAD DE NORMAS DE UNA
REFORMA CONSTITUCIONAL
69. De todo lo señalado, cabe reiterar algo que ya es evidente: la única
potestad de control de reformas constitucionales que este tribunal tiene es el control
abstracto preventivo y contencioso, con legitimación activa restringida, del numeral
3° del artículo 93 de la Constitución, no teniendo potestades de control sobre normas
constitucionales vigentes y no siendo la inaplicabilidad una vía que permita ello.
70. Los requirentes en este tipo de procesos de inaplicabilidad recaídos en
disposiciones transitorias de la propia Constitución, y también los Ministros que están
por acoger los requerimientos, han elegido un camino distinto a abordar estos
procesos como lo que son, un control de constitucionalidad de reforma constitucional,
para eludir esta cuestión y calificar como “precepto legal” las normas constitucionales
que no son de su agrado ni beneficio y usar contra norma expresa el control de
inaplicabilidad de precepto legal.
71. Así, cabe recordar dentro del Estado Constitucional y Democrático de
Derecho que nos rige, la autonomía de que goza el poder constituyente derivado para
fijar tanto el contenido como la oportunidad de una reforma constitucional encuentra
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TRESCIENTOS CUARENTA Y OCHO
su límite en las normas sobre producción de la reforma que están contenidas en la
propia Constitución y que se contienen en su Capítulo XV (arts. 127 a 129). Esas reglas
dicen relación con la forma en que las normas sustantivas deben generarse,
señalándole al poder derivado el ámbito competencial y el procedimiento al que debe
ajustarse para que tales reglas puedan surgir válidamente. Al conocer de un
requerimiento de inconstitucionalidad en contra de un proyecto de reforma
constitucional que vulnere tales reglas procedimentales, el Tribunal Constitucional
puede acogerlo en virtud de lo que dispone el artículo 93 N° 3 que le entrega tal
facultad, mas no en sede de inaplicabilidad al estar fuera de su competencia.
72. Así, resulta más difícil, mientras tanto, justificar la posibilidad de
imponer límites sustanciales o materiales al poder constituyente instituido o derivado
por parte de los órganos encargados de ejercer el control de constitucionalidad de una
reforma constitucional debido a que las funciones otorgadas a los Tribunales
Constitucionales se desarrollan al interior del orden constitucional constituido para
defenderlo de actos que están subordinados a la Constitución, mientras tanto que
cuesta justificar que se permita controlar una modificación a la Constitución porque,
como dice Sabrina Ragone, ello provoca una superposición entre el parámetro y el
objeto del juicio de constitucionalidad, ya parece poco lógico controlar “una reforma
que necesariamente debe modificar (o al menos integrar) la Constitución, de lo
contrario no tendría sentido”, lo cual pone “[e]n discusión la dicotomía entre poder
constituyente y poderes constituidos, al menos por lo que se refiere a los Tribunales
Constitucionales, que se colocan por encima del legislador encargado de llevar a cabo
la reforma, en una posición para-constituyente, siendo capaces de las actuaciones del
órgano al que la misma Constitución ha conferido la facultad para modificarla”
(Ragone, Sabrina (2012).Ob. cit., p. 11). En el presente proceso, de inaplicabilidad, se
produce un efecto aún más perverso: el objeto y el parámetro de control son normas
constitucionales, motivo por el cual el garante dela Constitución, se erige sin decirlo
en un depurador a piacere de la misma, excluyendo normas vigentes de ella en vez de
someterse a las mismas.
73. Surge entonces la duda de si el Tribunal Constitucional puede controlar
no sólo los vicios de forma en que podría haber incurrido una reforma constitucional
sino también los de carácter sustantivo. En ese orden, incluso en la poco ortodoxa
redacción conceptual del artículo 5°, inciso primero, de la Constitución (soberanía
nacional v/s soberanía popular), se reconoce el derecho de autodeterminación, en
tanto ejercicio de tal soberanía por el pueblo y por los órganos de representación
popular, el más plural y representativo de los cuales es el Congreso Nacional, que en
este caso actúa como constituyente derivado. Así, fuera de los límites al ejercicio de la
soberanía que establece el inciso segundo del mismo artículo 5°, no existe norma
constitucional alguna que limite la atribución parlamentaria consistente en presentar
un proyecto de reforma constitucional sobre la materia que los autores de la moción
determinen.
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TRESCIENTOS CUARENTA Y NUEVE
74. Reiterando lo ya señalado acerca del derecho de autodeterminación de
los pueblos, que se ejerce mediante el poder constituyente, sea originario o derivado,
y al ser parte de los artículos 4° y 5° de la Constitución vigente es también parte del
parámetro de control, por lo que el ejercicio de atribuciones de control de
constitucionalidad no puede ejercerse denegándolo o anulándolo, lo que acarrea como
consecuencia que el parámetro y el ejercicio de control deben ser estricta y claramente
delimitados y específicos, sin analogías ni reglas que carezcan de explicitación, pues
entonces no serían reconocibles los casos y formas de ejercicio de tal potestad, que si
es ejercida de manera extensiva y amplia termina invisibilizando al poder
constituyente derivado.
75. En ese marco debe responderse a la pregunta de ¿cuál es el límite de
materias a regular en una constitución? Y más allá de todo esbozo técnico, se puede
hablar del piso necesario a partir del contenido mínimo de derechos y limitaciones al
poder, desde los principios del constitucionalismo clásico y del constitucionalismo
social post segunda revolución industrial, pero si se busca un techo como límite
máximo de contenidos, la respuesta no puede ser técnica, sino exclusivamente
política: serán las materias que el ejercicio del derecho de autodeterminación de los
pueblos (originario o derivado) precise, por ser relevantes o “fundamentales” para el
devenir de esa sociedad en ese momento histórico, como lo fue en nuestro país reglar
constitucionalmente la nacionalización del cobre o el rol de las Universidades en la
televisión, o como en México lo fue regular la cabida máxima de los predios agrícolas
comprables por sociedades mercantiles por acciones, o como en Argentina la
reivindicación soberana sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur
o en Colombia el proceso de paz y de justicia especial transicional, por citar solamente
unos pocos ejemplos, sin que por ser una constitución extensa y específica en sus
normas, dejen de tener la misma naturaleza y rango constitucional.
a. La hipótesis de los límites materiales expresos (artículo 5° inciso 2° y 19
N° 26).
76. Al efecto cabe recordar que diversas constituciones contemplan
cláusulas pétreas que imponen un límite insalvable al poder constituyente derivado,
ya que constituyen normas intangibles que “[n]o podrían ser reformularse ni aún con
el consenso de la unanimidad de la población, con lo cual se estaría en una tensión
absoluta con los elementos democráticos presentes en el constitucionalismo moderno”
(Colombo Murúa, Ignacio (2011). Límites a las reformas constitucionales, Buenos Aires,
Ed. Astrea, p. 181). En el caso chileno no se contempla declaración de petrificación de
normas en el texto de la Constitución vigente, más allá de lo que podrían ser los limites
del proceso constituyente en curso contemplados en el artículo 135, con los límites de
justiciabilidad que tal norma establece.
77. Por lo tanto, en dichos ordenamientos constitucionales es posible
considerar que existen no sólo restricciones formales o procedimentales sino también
materiales o de fondo a los que el constituyente derivado debe asimismo ajustarse. En
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TRESCIENTOS CINCUENTA
su lectura de nuestra Carta Fundamental los profesores Alejandro Silva Bascuñán,
Humberto Nogueira y José Manuel Díaz de Valdés han identificado como límite
material de carácter autónomo y explícito, es decir, consagrado expresamente en la
propia Constitución, el contemplado en el artículo 5, inciso segundo, esto es, los
derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana.
78. Al respecto don Alejandro Silva Bascuñán sostiene: “[S]i la Carta de
1980 precisa que “el ejercicio de la soberanía reconoce como limitación el respeto de
los derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana” (art. 5º inc. 2º), el Poder
Constituyente instituido o derivado, al reformar la Carta, no puede prescindir de la
valla constitucional que ha tenido en cuenta el constituyente, por cuya autoridad se
estableció el Estatuto Básico y se ha venido complementando y adaptando” y es por
ello que “[e]l trazado del ámbito de competencia confiado al Tribunal Constitucional
se esclarece si se toma en consideración que la Constitución Política, en la unidad de
su razón, objetivo e imperatividad, es un título representativo que otorga legitimidad
a las autoridades que pueden decidir conforme a ella, respetando las bases
fundamentales que expresan su filosofía y que están concretadas en sus norma, entre
las cuales se encuentran las que dan fuerza jurídica a valores que incluso están por
sobre ella misma y que pueden resumirse en que el Estado existe para que en la
sociedad se imponga el bien común y en que la soberanía está limitada por los
derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana” (Silva Bascuñán, Alejandro
(2004). Tratado de Derecho Constitucional, Tomo X, Ed. Jurídica de Chile, pp. 264-265).
79. Por su parte, según el profesor Humberto Nogueira “[u]na reforma
constitucional no podría abrogar o desconocer atributos básicos de los derechos
fundamentales ya asegurados por la Carta Fundamental, ya que el artículo 5º de la
Constitución establece un límite sustantivo o material expreso, al determinar que el
ejercicio de la soberanía reconoce como limitación los derechos esenciales que derivan
de la naturaleza humana.” (Nogueira Alcalá, Humberto (2009), “Consideraciones
sobre poder constituyente y reforma de la Constitución en la teoría y práctica
constitucional”, en Revista Ius et Praxis, Año 15, N°1, p. 260).
80. En un sentido coincidente, Díaz de Valdés indica: que “[n]o existe en el
derecho absolutamente ninguna institución que pueda hoy sostenerse si no es
compatible con los derechos fundamentales. Es por ello por lo que el artículo 5º de la
Constitución, más que establecer un límite novedoso y de escasa aplicación práctica,
está reconociendo una realidad en innegable consolidación.” (Díaz de Valdés, José
Manuel (2006), “Algunas preguntas pendientes acerca del control de
constitucionalidad de los proyectos de reforma constitucional”, en Sentencias
Destacadas 2006, p. 157).
81. Si bien los derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana
limitan el ejercicio de la soberanía (art. 5 inc. 2°) -encontrándose consagrados no sólo
en la Carta Fundamental sino en tratados internacionales ratificados por Chile y
vigentes-, puede entenderse que esa limitación incluye la tarea que compete al poder
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TRESCIENTOS CINCUENTA Y UNO
constituyente derivado, en cuanto al alcance que cabe dar al vocablo “esencial” que
está contenido en dicha disposición constitucional, el profesor Alejandro Silva indica
que “ [e]s el mismo que debe reconocerse cuando el art. 19 N° 26 o el art. 19, N° 24 inc.
3° se refieren a él”, entendiendo que “[l]os derechos esenciales deben comprenderse
todas las conclusiones que derivan de lo natural”, y que tal concepto “[n]o puede
proyectarse hacia consecuencias más o menos lejanas de aquello que es ineludible, por
corresponder más bien a las diversas alternativas de aplicación, que provengan de las
distintas situaciones de hecho o de la repercusión de innumerables factores
secundarios, coyunturales, relativos, discutibles, etc. que deben tomarse en cuenta
para concretar las decisiones que se expresan en las normas jurídicas” ((Silva
Bascuñán, Alejando (1997). Tratado de Derecho Constitucional, tomo IV. Ed. Jurídica de
Chile, pp. 106-107).
82. Esta Magistratura, al interpretar el citado numeral 26 del artículo 19
constitucional, ha sostenido que se afecta el núcleo esencial de un derecho a “cuando
se le priva de aquello que le es consustancial, de manera que deja de ser reconocible,
cuando se impide su libre ejercicio sometiéndolo a exigencias que lo hacen
irrealizable” (STC 43 c. 21°, 200 c. 4, 226 c. 38, etc). Asimismo, ha dicho que “la
determinación del contenido esencial debe tener en consideración dos elementos
irrenunciables. En primer lugar, el momento histórico de cada situación concreta, por
el carácter evolutivo del contenido esencial del derecho y, luego, las condiciones
inherentes de las sociedades democráticas, lo que alude a determinar el sistema de
límites del ordenamiento jurídico general y cómo juega en ella el derecho y la
limitación” (STC 792, c. 13°).
83. Sin perjuicio de lo anterior, no puede olvidarse que sólo se puede
hablar de democracia -porque constituye un elemento que la identifica- si existe un
reconocimiento previo de los derechos fundamentales que posibilitan su ejercicio. Así
una Constitución es legítima en la medida que asegura y consagra en su texto tales
derechos, porque ello forma parte del ethos democrático, lo cual nos lleva a afirmar la
existencia de un Estado Constitucional y Democrático de Derecho. Por lo tanto, si
esos derechos no estuviesen establecidos como un límite explícito al poder reformador
en el artículo 5 inciso 2°, de todas maneras no podrían ser vulnerados por él porque,
como dice Habermas, “[e]stos principios del Estado de derecho estarán enraizados, en
los motivos y en el ánimo de los ciudadanos, de un modo más libre y duradero que a
través de la inmunización jurídica formal contra el deseo de modificar la constitución
por parte de unas mayorías tiránicas” (Habermas, Jürgen (2004). “El Estado de
derecho democrático: ¿una unión paradójica de principios contradictorios” en Tiempos
de transiciones, Madrid, Ed. Trotta, p. 148).
84. En efecto, no puede olvidarse que la racionalidad es la base de las
deliberaciones democráticas, por lo que la esencia o núcleo fundamental de los
derechos fundamentales resultará resguardado como consecuencia de un ejercicio de
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TRESCIENTOS CINCUENTA Y DOS
la razón bien conducido. Normalmente, se ejemplifican con casos extremos que pasan
por alto la posibilidad racional de oponerse a esas reformas constitucionales.
b. La hipótesis de los límites materiales implícitos (artículos 6° y 7°).
85. Una opción adicional no ventilada en este proceso es que la fuente de
la reforma pueda alterar algún límite implícito subyacente en los artículos 6° y 7° de
la Constitución.
Aquí hay un doble ejercicio retórico en la construcción de un límite. El primero,
es una regla de oro del constitucionalismo chileno en orden a sostener el artículo 7°
que “ni aún a pretexto de circunstancias extraordinarias” ninguna magistratura,
ninguna persona ni grupo de personas pueden atribuirse “otra autoridad o derechos
de los que expresamente se les hayan conferido en virtud de la Constitución o las
leyes”.
Sin embargo, esta tesis desconoce el origen de la potestad de los
parlamentarios en cuanto a impulsar libremente iniciativas de reforma constitucional.
Las circunstancias extraordinarias que veda el artículo 7° son obrar fundado en la idea
de la excepcionalidad, pero al margen de toda potestad normativa. En cambio, los
proyectos de reforma constitucional, en su versión original, lo que hacen es configurar
normativamente dichas potestades para hacer frente a circunstancias extraordinarias
como los efectos sociales derivados de la pandemia del Covid-19. Ésta justifica el
proyecto de reforma constitucional pero no se actúa al margen del derecho.
86. En ese punto, dimensionan un segundo límite derivado, ahora del
inciso 1° del artículo 7° de la Constitución, en cuanto los “los órganos del Estado
actúan válidamente previa investidura regular de sus integrantes dentro de su
competencia y en la forma que prescriba la ley”. Esta sería un caso de curiosa
transfiguración del principio de legalidad elevado a la categoría de principio
competencial.
Aquí, asumiendo que los parlamentarios en el ejercicio del poder constituyente
derivado configuran un órgano del Estado, están habilitados previamente por su
condición de tales y por haber venido precedidos sus poderes de reforma
directamente del inciso primero del artículo 127 de la Constitución.
La competencia que tienen para reformar sería limitada o cuestionada bajo un
argumento que el artículo 6° y 7° de la Constitución no resuelven por sí mismos: esto
es que carecerían de competencia por tratarse de materias de iniciativa exclusiva del
Presidente de la República o por ser leyes de reforma constitucional que tienen tal
nivel de detalle que son puramente leyes. En consecuencia, esta tesis no construye un
límite por sí mismo desde estos preceptos constitucionales y requiere del auxilio
interpretativo de otras reglas. Por eso, apenas, si es que fuera cierta esta tesis, sólo
alcanza para construir indeterminados límites implícitos. Pero al ser objeto de
interpretación transforman al intérprete en constituyente sin que nada diga la
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TRESCIENTOS CINCUENTA Y TRES
Constitución acerca de que el Tribunal Constitucional es el “intérprete supremo de la
Constitución”.
c. No hay parámetro de control independiente de quién desea controlar. El
problema metodológico de los límites del autocontrol.
87. La auto u hetero asignación de poderes de control de reforma
constitucional, no exime de la tarea intelectual de identificar la frontera desde la cual
se realiza el control y dónde la sustitución. El examen de constitucionalidad de una
regla constitucional exige una técnica interpretativa que resulta ajena al deber de esta
Magistratura puesto que implicaría sujetar los contenidos constitucionales a una
interpretación particular ajena a las formas y competencias que la propia Constitución
requiere.
A este respecto, el control de constitucionalidad material de reforma
constitucional encierra un problema conceptual: las constituciones se reforman para
que su texto exprese algo diferente de lo que expresan al momento de ser reformadas,
por lo que si se compara el texto propuesto con el texto existente nunca serán
armónicos, lo que en clave de control de constitucionalidad toda reforma sería
siempre inconstitucional. Es por ello que para sostener la existencia de un control
material -y no solo formal- de reforma constitucional se requiere como presupuesto
necesario alguna cláusula pétrea, intangible o inmutable que constituya el parámetro
de control.
Por lo mismo, este es un problema no solo normativo, sino que principalmente
metodológico. No es posible concebir, a partir de los propios artículos 6° y 7° de la
Constitución y fuente de actuación, sin tener certidumbre sobre la fuente de
sustentación de dicho control. El problema metodológico se inicia con la
singularización del artículo 93, numeral 3° de la Constitución, pero está lejos de
terminar ahí. Por lo mismo, buena parte de esta tarea, en lo argumental le compete a
quién recurre en un caso tan excepcional. A ello debe agregarse que no es el caso de
este proceso, que es de inaplicabilidad, y ello no es casual, pues es una sede inidónea
para tal ejercicio, ya que está vedado someter a control normas constitucionales en él,
ya que son parámetro y no objeto de control. Aún así, se examinarán las cuestiones de
constitucionalidad de fondo planteadas, solo para demostrar que si se estuviese en
presencia de un precepto legal, debiesen rechazarse en todas sus partes.
d. Otras cuestiones
88. Se ha sostenido que “el control de constitucionalidad de una reforma
es, probablemente, el fragmento más delicado de toda la teoría del control de la
producción estatal, en razón de que tal enjuicia y pone en evidencia quien tiene la
última palabra de la arquitectura del poder y los derechos fundamentales. Visto desde
esta óptica, el control jurídico se trataría, por decirlo de una vez y en pocas palabras,
de la competencia de las competencias; a la función específica consistente en
interpretar los significados de la realidad constitucional, los jueces agregarían la
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TRESCIENTOS CINCUENTA Y CUATRO
potestad de constituir las reglas mismas” (Ferreyra, Raúl Gustavo (2007). Reforma
Constitucional y Control de Constitucionalidad. México. Ed. Porrúa, pp. 153-154).
89. A este respecto, el Tribunal Constitucional no puede convertirse en un
sustituto del poder constituyente -menos en sede de inaplicabilidad de precepto legal-
sino en un mero árbitro que resuelve un conflicto entre órganos cuando conoce de un
requerimiento deducido por algún órgano legitimado que le plantea un conflicto
jurídico y normativo para que lo resuelva ajustado a lo que la propia Carta
Fundamental determina, en el marco de la potestad que para ello sea idónea, cuyo no
es el caso de la inaplicabilidad por inconstitucionalidad de precepto de ley. En ese
sentido, tiene una competencia muy acotada, debiendo actuar con prudencia y
conforme a los principios de deferencia y de interpretación conforme a la
Constitución, reconociendo la esfera de discrecionalidad de que goza el poder
reformador. No hacerlo así conlleva el peligro de atentar en contra de su propia
legitimidad al enfrentarse con un poder que es muy fuerte desde la perspectiva
democrática: el poder constituyente derivado o reformatorio de la Constitución.
90. Cabe recordar al respecto que este Tribunal ha expresado que la
autonomía del legislador -y por cierto también y, con mayor razón la del poder
constituyente derivado como es en este caso- “comprende, básicamente, el conjunto
de apreciaciones de conveniencia y oportunidad política que lo llevan a la adopción
de una u otra fórmula normativa”(STC Roles Nos. 1219, c. 10 y N° 1295, c. 28), sin que
le competa emitir un juicio de mérito técnico o político sobre ella (STC Roles N° 141,
c. 26°; 465 c. 22°; 1838 c. 36°; 2487 c. 15°, entre otras), por cuanto esta Magistratura “no
legisla ni administra, ni entra a calificar la bondad de las disposiciones legales o
administrativas sometidas a su control. Sólo debe resolver si dichos actos se ajustan o
no a los preceptos constitucionales” (STC Rol N° 517 c. 12°). Es por ello que este
Tribunal no puede incorporar “a los fundamentos de sus resoluciones cualquier
elemento de ese carácter” (STC Roles N° 231, c. 7° y N° 242 c. 3°), debiendo “prescindir
de cualquier consideración o raciocinio factual” (STC Rol N° 325, c. 38). Tampoco está
facultado para cuestionar “la precisión, completitud y eficiencia de la ley”, ya que no
puede sustituir “el juicio propio del legislador ni juzgar la sabiduría o mérito de los
instrumentos que emplea” (STC Rol N° 1295, c. 2). En definitiva, como el Tribunal
Constitucional sólo ejerce un control de juridicidad o jurídico, vinculado a la
constitucionalidad de los preceptos legales, y no un control político o de las
“cuestiones políticas”, porque esto último es facultad privativa del órgano legislativo,
ha de respetar el principio del “judicial restraint” –es decir, de la auto limitación
judicial- o también llamado de la “deferencia razonada” o de la “corrección
funcional”, el cual -según Pérez Luño- “[o]bliga al intérprete a respetar el marco de
distribución de funciones estatales consagrado por la Constitución” (Pérez Luño,
Antonio E. (2010). Derechos Humanos, Estado de Derecho y Constitución. Madrid.
Ed. Tecnos, 10° ed., p. 283), para así no desvirtuar la distribución de funciones y el
equilibrio entre los poderes del Estado diseñado por la Constitución.
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TRESCIENTOS CINCUENTA Y CINCO
IX. LA ALTERACIÓN SOBREVINIENTE DE CONDICIONES DE
ACTIVIDADES ECONÓMICAS Y EL DERECHO DE PROPIEDAD
91. Que, tal como lo señalara este Tribunal en sentencia Rol N° 506, de 6 de
marzo de 2007 (cons. 15), el artículo 19 número 24 de la Constitución Política del
Estado asegura a todas las personas el derecho de propiedad sobre toda clase de
bienes corporales o incorporales. Esta Magistratura no desconoce que a raíz de
haberse asegurado el derecho de propiedad sobre bienes incorporales, primero a
través de la jurisprudencia y luego por medio del precepto constitucional aludido, se
han producido efectos que han generado una cantidad abundante de debates y
críticas, particularmente entre los cultores del derecho civil. No le corresponde a esta
Magistratura resolver ninguno de esos debates ni referirse a ninguna de esas críticas.
El texto de la Constitución es claro y su sentido inequívoco: la Constitución asegura el
derecho de propiedad sobre bienes incorporales y a ello debe atenerse esta
Magistratura para resolver este caso. Distinto es determinar las diferencias de la
propiedad que se ejerce sobre unos y otros bienes.
92. Siguiendo la doctrina asentada en la misma sentencia Rol N° 506, ya
citada, cabe observar que si bien existen diferencias evidentes en la propiedad que
puede ejercerse sobre bienes corporales e incorporales, la Constitución, en el número
24 de su artículo 19, establece un mismo y único estatuto de protección para ambas
especies de propiedad, por lo que sólo cabría hacer, entre ellas, las diferencias que
resulten ineludibles en virtud de la naturaleza de una y otra. En lo que importa al caso,
el numeral 24° del artículo 19, en su inciso 2º, dispone que sólo la ley puede establecer
las limitaciones y obligaciones que deriven de su función social, la que comprende
cuanto exijan, entre otros, los intereses generales de la Nación y la utilidad pública.
Esta autorización, dada por el constituyente al legislador para disponer limitaciones
y obligaciones a la propiedad, a condición de que se deriven de su función social y así
lo exijan, entre otros, los intereses generales de la Nación y la utilidad pública, se
aplica, prima facie, a todas las clases y especies de propiedad, incluyendo la propiedad
sobre bienes incorporales, sin excluir los que nacen de los contratos, pues el propio
constituyente no ha hecho distinción alguna y ha permitido que el legislador regule y
limite todas las especies de propiedad. Al establecer reglas para balancear los
legítimos intereses públicos con la defensa de la propiedad privada, la Carta
Fundamental establece unos mismos criterios, cualquiera sea el origen o título de la
propiedad adquirida. Tampoco hay nada en la naturaleza del derecho de propiedad
sobre bienes incorporales que impida limitarlos en razón de la función social de la
propiedad.
93. Que el texto de la Constitución no permite sostener que la propiedad
sobre bienes incorporales que nacen del contrato no pueda cumplir una función social
y que ésta fue establecida sólo en relación a los bienes corporales. (La doctrina de la
intangibilidad de los contratos tiene consagración en otras Constituciones, donde
tampoco se le ha dado un sentido absoluto, pero no en la Carta Fundamental de Chile).
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TRESCIENTOS CINCUENTA Y SEIS
Sostener la intangibilidad absoluta de los derechos que nacen de los contratos no sólo
carece de fundamento constitucional, sino que tendría, para ser congruente, que
sostener como constitucionalmente ilícitas numerosísimas prácticas habituales de
nuestro sistema jurídico, como la de otorgar, por ley, nuevos beneficios laborales o
previsionales a favor de trabajadores con cargo a sus empleadores o sostener que la
intangibilidad del contrato permite a un arrendatario explotar un bien del modo
convenido con su arrendador, sin importar las normas que limitan tal explotación en
defensa del medio ambiente. Se podrá decir que en estas dos situaciones el límite a la
propiedad tiene fundamento constitucional, pero también es un límite con
fundamento constitucional el que se pueda fundar en la función social de la
propiedad, conforme a las exigencias de la utilidad pública. Los derechos de
propiedad sobre cosas incorporales que nacen de contratos entre privados no están
inmunes a ser limitados o regulados, en conformidad a la Constitución. La
Constitución valora la certeza que otorgan los derechos de propiedad adquiridos. En
ellos descansa la legítima confianza que hace funcionar el sistema económico que nos
rige. De allí que sean exigentes los requisitos que habilitan al legislador para afectar
tales derechos de propiedad; pero las limitaciones a los derechos están
constitucionalmente autorizadas, sin distinción de su origen o naturaleza.
94. Adicionalmente, el hecho que no haya impedimento para que el
legislador pueda regular o limitar la propiedad sobre cosas incorporales de origen
contractual, no implica desconocer las peculiaridades de esta especie de propiedad a
la hora de establecer su aptitud de ser limitada. Lo anteriormente expuesto ya hace
constitucionalmente admisible la preceptiva cuestionada, si es que fuera de rango
legal, mas no puede preterirse además que, conforme a lo ya expuesto, es una norma
de rango constitucional y es el propio constituyente el que ha determinado la
normativa cuestionada, por lo que no puede ser objeto de un examen de
inaplicabilidad no menos ser tachada de inconstitucional estando vigente.
95. Por otra parte, la circunstancia que un derecho se origine en un contrato
privado, y no en la disposición de una ley, naturalmente hará más improbable
justificar la limitación del mismo en razón de la función social de la propiedad, por
así exigirlo el interés nacional o público. Esta dificultad obligará a examinar, y a
hacerlo intensamente, cómo es que el legislador (ya que otro no podría hacerlo)
justifica su acto de limitar, con reglas heterónomas, los derechos que nacieron de un
pacto entre privados. Pero estas dificultades que puede encontrar la justificación de la
limitación legal no deben, con todo, oscurecer la afirmación central de lo razonado en
este apartado, cual es que la Constitución no impide al legislador limitar y regular la
propiedad sobre bienes incorporales, si es que se verifican los requisitos de interés
público que ella misma establece para todas las especies de propiedad. El origen
contractual de un derecho de propiedad hará más improbable justificar el interés
social que legitima alterarlo, pero tal origen no es, por sí mismo, un impedimento de
regulación.
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TRESCIENTOS CINCUENTA Y SIETE
96. Que la distinción entre “privar” de propiedad, por una parte y
“regular” o “limitar” la propiedad, por otra, es una de las que mayor debate han
suscitado en la doctrina. A su respecto han debido pronunciarse las jurisdicciones
constitucionales más influyentes del mundo. En general, puede decirse que
conceptualmente ambas figuras pueden distinguirse, pues un acto de privación
tendrá por objeto despojar, quitar, sustraer una determinada propiedad de su titular,
mientras el acto regulatorio tendrá por función determinar las reglas a que debe
ajustarse el ejercicio del dominio, estableciendo un modo limitado y menos libre de
ejercer la propiedad sobre la cosa. Así, habrá casos claros de privación (como cuando
se le quita a una persona todo el bien sobre el que recae el dominio) y otros casos claros
de regulación (como aquellos en que los actos propios del dominio que se limitan son
irrelevantes). Sin embargo, si el acto de regulación o de limitación afecta en una
magnitud significativa las facultades o atributos esenciales del propietario, éste podrá
argumentar que se le ha privado del dominio, pues ya no puede hacer las cosas
esenciales que éste conllevaba. Se trata de lo que el derecho comparado ha
denominado desde hace casi un siglo “regulaciones expropiatorias”. Nuestra Carta
Fundamental contiene una distinción muy útil para acometer esta tarea, pues trata
como equivalentes la privación de la propiedad con la de cualquiera de sus atributos
o facultades esenciales y, fundado en ello, esta Magistratura ha estimado que ciertas
regulaciones resultan inconstitucionales por privar a los propietarios de atributos
esenciales de su dominio, como por ejemplo en el proyecto de ley sobre pensiones de
seguridad social (considerandos 19 y 20 del fallo de 21 de agosto de 2001, rol 334).
97. Que, como ya lo señalara este Tribunal hace aproximadamente 15 años,
“la magnitud de la regulación no resulta entonces indiferente. Por una parte porque
toda regulación o limitación priva al propietario de algo. A partir de la regulación,
alguna autonomía, privilegio, ventaja o libertad que tenía, desaparece para su titular.
Si tuviéramos por propiedad cada aspecto de esa autonomía, privilegio, ventaja o
libertad, la regla constitucional que permite limitar la propiedad equivaldría a letra
muerta, lo que se contradiría con múltiples fallos de este Tribunal que han tolerado,
en determinados casos y bajo ciertas condiciones, la regulación de la propiedad”
(sentencia Rol N° 506, de 6 de marzo de 2007, cons. 23).
98. Cabe así distinguir entre el fundamental estatuto constitucional de la
propiedad -que no pretende agotar en la constitución su regulación- y el estatuto legal
de las diversas formas de la propiedad, en una constitución que al legislador le entrega
una amplia capacidad normativa del derecho de propiedad, al disponer -para todas
las formas de propiedad- que “Sólo la ley puede establecer el modo de adquirir la
propiedad, de usar, gozar y disponer de ella y las limitaciones y obligaciones que
deriven de su función social”, teniendo entre los elementos de la función social los que
señala el mismo inciso del numeral 24° del artículo 19 se encuentran incluidos en ella,
consistentes en “los intereses generales de la Nación, la seguridad nacional, la utilidad
y la salubridad públicas y la conservación del patrimonio ambiental”.
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TRESCIENTOS CINCUENTA Y OCHO
99. Es así que el legislador tiene una amplia capacidad regulatoria sobre
los límites, cargas y obligaciones asociadas al derecho de propiedad, y si la preceptiva
cuestionada fuera de rango legal, ya ello determinaría su plena constitucionalidad,
pues cabría entonces examinar si se afecta o no el contenido esencial del derecho de
propiedad de las aseguradoras. A este respecto cabe señalar que esl Estado no es la ha
cancelado la autorización de existencia, no les ha estatizado las primas ni les ha
limitado el giro, sino que solamente les ha impuesto nuevas obligaciones, que no
implican condiciones de mercado ni de gestión que hagan imposible el desarrollo de
su negocio, sino que solamente ha determinado un mecanismo de adelantos de pago,
con reembolso contra pagos futuros, el cual además descarta cualquier alegación de
expropiación, al haber devolución y al no ser el Estado quien se apropia de los bienes
en cuestión, elemento que es esencial para poder hablar de expropiación. En efecto, si
no se quiere aceptar que se está en presencia de un pago adelantado contra rembolso,
se debe concluir que se establece simplemente lo que es calificable como un contrato
forzoso, de mutuo de dinero, con regulación de plazo y pago, un contrato forzoso
como muchos existen en Chile, como lo es por ejemplo el que todo propietario de un
vehículo debe celebrar justamente con aseguradoras para acceder al SOAP (seguro
obligatorio de accidentes personales), sin que se plantee razonable declarar la
inconstitucionalidad de la figura de los contratos forzosos.
100. En el sentido antes dicho, la aseguradora requirente plantea una suerte
de derecho de propiedad, que de manera asumida o no asumida, implica per se
plantear una suerte de inamovilidad normativa de carácter general y abstracta como
parte de ese derecho, sustentando su pretendido derecho de propiedad en una base
argumentativa feble: el sostener que el Estado no puede tocar la normativa que regula
en negocio en el que ella invirtió en un momento dado. Es del caso señalar que el
poder normativo del estado es parte del ejercicio de soberanía por parte de los órganos
que la Constitución establece, a partir del artículo 5° de la Constitución, y que en este
caso es el propio poder constituyente (derivado) el que dictó las normas cuestionadas.
Valga repetir una vez más que el poder constituyente es la más alta y relevante
manifestación del derecho de autodeterminación de los pueblos, y es en las normas
que de él derivan donde se establece el estatuto constitucional de la propiedad, dentro
de lo cual caben las normas cuestionadas, que por tener rango constitucional no
pueden ceder ante las normas de rango legal que configuraban el negocio de las rentas
vitalicias antes de tal reforma constitucional, pues ello sería invertir y pervertir el
paradigma de sumisión a la constitución del ordenamiento jurídico emanado del
derecho interno del Estado.
101. En efecto, toda actividad económica se realiza legítimamente y dentro
del marco constitucional siempre que se cumpla con la normativa legal que la regule,
tal como lo dispone el numeral 21° del artículo 19 de la Constitución, y si lo
cuestionado en estos autos fuera preceptiva legal (que no lo es), no cabría más que
identificarla como parte de la normativa sectorial regulatoria, al igual que toda la
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TRESCIENTOS CINCUENTA Y NUEVE
normativa legal de la ley general de seguros y del decreto ley 3500 en lo relativo a las
rentas vitalicias.
102. Que en materia de servicios de relevancia pública por parte de
particulares, la función social de la propiedad tiene especial relevancia, pues la
contraparte, en un sentido global, es la comunidad completa. En efecto, como se
señalara en la ya citada sentencia Rol N° 506, “en la provisión de un servicio de
utilidad pública esencial, como es la electricidad para la población, el legislador puede
legítimamente disponer un nuevo sistema tarifario que altera, para lo futuro, el
sistema de precios que se pagan entre empresas privadas que participan en el sector
para proveer, con afán de lucro, el respectivo servicio, aunque con ello afecte los
derechos establecidos en un contrato válidamente celebrado, siempre que, como
demuestra en la especie la historia legislativa, el legislador lo haga en razón de
exigencias de utilidad pública y que, con tales alteraciones, no prive a los participantes
de lucro o beneficio económico o de algún otro atributo o facultad esencial de su
propiedad” (cons. 36). Tales argumentaciones cobran plena validez en el caso
concreto, pues la utilidad pública y la función social de las rentas vitalicias derivadas
del sistema de pensiones del decreto ley 3500 es evidente.
103. A su vez, el impacto de la aplicación del precepto impugnado en flujos
financieros futuros no es una cuestión que sea parte del derecho de propiedad ya
constituido y amparado por la constitución, pues es a lo más una mera expectativa,
que en el sistema jurídico chileno no puede constituir derecho, menos respecto de
contratos de seguros, que por definición son aleatorios, y en ese sentido uno de los
elementos del alea es justamente la incerteza del resultado, por lo que tal argumento
implica per se una tautología leonina en la relación contractual de las partes: que el
contrato sería aleatorio para el asegurado pero no para la aseguradora.
X. COMPAÑÍAS DE SEGUROS E INVOCACIÓN DE TITULARIDAD DEL
DERECHO INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS HUMANOS
104. Que, adicionalmente, tanto en estrados como en la deliberación se
invocó como pretendidamente infringido el artículo 21 de la Convención Americana
de Derechos Humanos, a propósito de la protección de las diversas formas de
propiedad. Debe tenerse presente que en el presente caso una empresa de seguros,
sociedad anónima de giro único, invoca como infringidas normas de derecho
internacional de derechos humanos contenidas en tratados internacionales. A este
respecto, no debe perderse de vista que la Corte Interamericana de Derechos
Humanos emitió la Opinión Consultiva OC-22/16 sobre «Titularidad de derechos de
las personas jurídicas en el sistema interamericano de derechos humanos
(interpretación y alcance del artículo 1.2, en relación con los artículos 1.1, 8, 11.2, 13,
16, 21, 24, 25, 29, 30, 44, 46 y 62.3 de la Convención Americana sobre Derechos
Humanos, así como del artículo 8.1.a y b del Protocolo de San Salvador)»,
concluyendo que “se desprende con claridad que las personas jurídicas no son
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TRESCIENTOS SESENTA
titulares de derechos convencionales, por lo que no pueden ser consideradas como
presuntas víctimas en el marco de los procesos contenciosos ante el sistema
interamericano” (párrafo 70), reconociendo como excepciones parciales a las
comunidades indígenas o tribales y a las organizaciones sindicales (solamente
respecto de los Estados parte del Protocolo de San Salvador), en tanto serían titulares
de ciertos derechos específicos, agregando que “«el ejercicio del derecho a través de
una persona jurídica debe involucrar una relación esencial y directa entre la persona
natural que requiere protección por parte del sistema interamericano y la persona
jurídica a través de la cual se produjo la violación, por cuanto no es suficiente con un
simple vínculo entre ambas personas para concluir que efectivamente se están
protegiendo los derechos de personas físicas y no de las personas jurídicas» y que «se
debe probar más allá de la simple participación de la persona natural en las
actividades propias de la persona jurídica, de forma que dicha participación se
relacione de manera sustancial con los derechos alegados como vulnerados» (párrafo
119)”, todo lo cual permite descartar las alegaciones de la requirente invocando la
Convención Americana de derechos Humanos en el caso concreto.
105. A su vez, la normativa cuestionada no hace imposible ni altamente
gravoso el ejercicio de la actividad económica de seguros de vida en lo referido a las
rentas vitalicias, motivo por el cual, si estuviésemos frente a normas de rango legal,
cabría rechazar entonces las alegaciones referidas a las vulneraciones de los derechos
de propiedad y libertad económica.
XI. EL CONTRATO DE RENTA VITALICIA, SU REGULACIÓN Y EL
DERECHO A LA SEGURIDAD SOCIAL
106. En efecto, el contrato de renta vitalicia a que se refiere el caso de autos
no se agota con la comprensión de la decimonónica figura de derecho común
contemplada convencionalmente entre particulares por el derecho privado en el
artículo 2264 del Código Civil desde la década de 1850 (época en la que no existía el
derecho fundamental a la seguridad social ni la legislación sobre Derecho de la
seguridad social) ni con el concepto de acto mercantil de la actividad de seguros que
da el artículo 3° del Código de Comercio del insigne Gabriel Ocampo (también dictado
en una época en la que no existía el derecho fundamental a la seguridad social ni la
legislación sobre Derecho de la seguridad social).
107. En efecto, el contrato de rentas vitalicias contemplado en los artículos
62 y siguientes del decreto ley 3500 no se ubica ni en la legislación civil ni mercantil,
sino que se establece como una modalidad de pensión de un sistema de seguridad
social frente al estado de necesidad llamado vejez, en el marco de un sistema
normativo que pretende satisfacer el derecho fundamental a la seguridad social
contemplado en el numeral 18° del artículo 19 de la Constitución, en el artículo 9 del
universal Pacto Internacional de Derechos Económicos Sociales y Culturales y en el
artículo 17 de la Convención Interamericana Sobre la Protección de los Derechos
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TRESCIENTOS SESENTA Y UNO
Humanos de las personas mayores, ambos ratificados por Chile y vigentes a los
efectos dispuestos por los artículos 5° y 54 de la Constitución Política vigente.
108. A este respecto, el artículo 17 de la Convención Interamericana Sobre
la Protección de los Derechos Humanos de las personas mayores dispone que Los
Estados Parte promoverán progresivamente, dentro de los recursos disponibles, que
la persona mayor reciba un ingreso para una vida digna a través de los sistemas de
seguridad social y otros mecanismos flexibles de protección social. En tal sentido, se
desnuda que todo sistema de seguridad social ha de definir los estados de necesidad
social que han de generar prestaciones, siendo los mínimos y elementales al año 1947
desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus
medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad,
agregándose los cuidados especiales propios de la maternidad (artículo 25 de la
declaración Universal de los derechos humanos).
109. Es del caso señalar que en la normativa del decreto ley 3500 se
contempla un sistema de pensiones financiado por el trabajador con descuentos de su
propia remuneración, con lo cual se conforma un fondo previsional individual, en la
llamada “cuenta de capitalización individual”, sin aportes del empleador -que solo
descuenta y entera los montos de la remuneración ya pagada al trabajador-, y
solamente en el evento que dicho fondo no alcance a cubrir una pensión mínima se
produce el aporte estatal del llamado “pilar solidario” del sistema de pensiones,
creado por la reforma previsional del año 2008, para asegurar una pensión que de otra
forma el sistema no podría cubrir. En el caso señalar que en el caso que el fondo
previsional individual alcanzase para cubrir una pensión, el pensionado puede elegir
modalidades de pensión con cargo al fondo: entre retiro programado, retiro
programado con renta vitalicia diferida, renta vitalicia con retiro programado diferido
y renta vitalicia inmediata.
110. Cabe mencionar que en las modalidades de retiro programado la
pensión se paga con cargo al fondo, surgiendo la elemental pregunta acerca de su
agotamiento. Es del caso señalar que en pensiones de vejez, sobrevivencia e invalidez
cada beneficiario consumirá fondos desde su subsaldo determinado en cuotas desde
el fondo previsional y individual, y no procederá el pago con cargo a él una vez
agotado el saldo de la cuenta. Es decir, una vez agotado el saldo, en el diseño del
sistema se agota la pensión originalmente determinada en función de haberse agotado
su fuente de financiamiento, no obstante que el pensionado siga evidentemente en el
estado de necesidad social: vejez, invalidez u otro, lo cual pugna frontalmente con el
deber estatal de asegurar el derecho a la seguridad social y con la normativa de
derecho internacional de los derechos humanos ya citada, que además solamente
viene a establecer estándares de piso mínimo para los Estados. En tal entorno, cabe
constatar una conclusión lapidaria: El Estado de Chile, contraparte y obligado
correlativo de la persona en el ejercicio y garantía del derecho fundamental a la
seguridad social del numeral 18° de la Constitución Política, abdicó de su rol de
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0000362
TRESCIENTOS SESENTA Y DOS
garante y del cumplimiento de las obligaciones de aseguramiento del ejercicio de este
derecho, traspasando al afiliado la garantía del mismo al establecer como fuente de
financiamiento la propia remuneración y al establecer un sistema netamente
individual, sin solidaridad, aporte patronal ni aporte estatal directo al financiamiento
(siendo desde 2008 el pilar solidario un aporte subsidiario y de seconda ratio). Frente
a ello, en caso de agotamiento de los fondos de la cuenta individual de financiamiento
de pensiones conforme a lo precedentemente señalado, la posible respuesta para no
dejar en la inopia y en el desamparo al pensionado podría ser el cumplimiento de los
presupuestos para acceder a una Pensión Mínima por Garantía Estatal de acuerdo a
lo establecido por la Ley N° 20.255, y si no se tiene derecho ello se podría postular a
una pensión asistencial, considerando además que no se accederá siempre a alguna
de dichas prestaciones, pues no siempre se cumplirán sus requisitos legales de
derecho estricto, además de no perderse de vista la merma en el monto de las
prestaciones mensuales, considerando que en Chile el monto mínimo de las diversas
tipologías de pensiones no se encuentras asociadas ni menos asimiladas al sueldo
mínimo es sus pisos.
111. En tal entorno, la celebración de un contrato de renta vitalicia -
entendido con su elemento esencial de pagar al pensionado una renta mensual hasta
el día de su muerte, independiente del monto del fondo previsional, que se traspasa
como una prima a una aseguradora- viene a ser la única forma segura y clara que el
sistema jurídico chileno le deja al pensionado para poder satisfacer su derecho de
acceder a una pensión segura y conocible hasta el día de su muerte, y así satisfacer el
estándar mínimo de su derecho humano a la seguridad social durante su vejez, de
forma tal que su celebración no es necesariamente fruto de una prístina y espontánea
decisión de la autonomía de la voluntad en condiciones de igualdad frente al sistema
previsional, como lo hubiese concebido la doctrina civil clásica y decimonónica del
siglo XIX, sino que es una de las alternativas que ha de tomarse como decisión de vida,
en la vejez, la más difícil de dichas etapas, para determinar cómo se han de obtener
recursos mínimos para subsistir, si es que se obtienen, pues el sistema jurídico
conduce a la individualidad en ello.
112. Así, no es posible señalar a buenas y a primeras que el Estado ha
interferido en contratos libre, espontánea y voluntariamente celebrados en los que el
afiliado entregó su fondo a una aseguradora, pues además de ser un contrato dirigido
y fuertemente regulado, la finalidad del contrato de renta vitalicia previsional es la
satisfacción de una prestación de seguridad social por parte de empresas
aseguradoras. De sobra está decir que el derecho a la seguridad social no es de
titularidad de la aseguradora, sino que del pensionado que es su contraparte
contractual, por lo que es imposible sostener por la aseguradora un efecto
inconstitucional de vulneración de normas constitucionales vinculadas a tal derecho
en su favor en esta sede, por carecer de legitimación activa para ello al no ser titular
de ese derecho fundamental.
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0000363
TRESCIENTOS SESENTA Y TRES
113. Que, a propósito del contrato de salud entre una ISAPRE y el afiliado a
ella, en la histórica sentencia de inconstitucionalidad Rol N° 1710, este tribunal señaló
que “hay que considerar la naturaleza del contrato de salud que junto con ser un
contrato con elementos de orden público, lo es de tracto sucesivo, no de ejecución
instantánea. A diferencia de, por ejemplo, un contrato de compraventa, el contrato de
salud origina una relación de permanencia entre la Isapre y el cotizante. De hecho,
ésta es la razón por la cual se permiten revisiones en las condiciones del contrato. Las
circunstancias fácticas que se tuvieron en consideración al momento de celebrar el
contrato pueden cambiar y por ello se admiten ciertas modificaciones (en un marco
de razonabilidad y proporcionalidad)”. Es del caso señalar que lo expuesto resulta
plena y totalmente pertinente de ser predicado y fijado como estándar en el contrato
de renta vitalicia de seguridad social del decreto ley 3500, por los motivos ya
expuestos, más teniendo presente que en dicha sentencia se razonó latamente acerca
del derecho a la seguridad social (cons. 124 y ss.).
114. Así, teniendo el contrato de renta vitalicia del decreto ley 3500 el
carácter de medio de satisfacción de prestaciones de seguridad social, no pueden
preterirse los estándares que hace más de una década fijó esta magistratura al
respecto. En efecto, en sentencia Rol N° 1273, de 8 de septiembre de 2009, se señala
expresamente “el deber de los particulares y de las instituciones privadas de respetar
y promover el ejercicio de los derechos consustanciales a la dignidad de la persona
humana en cuanto a su existencia y exigibilidad, se torna patente respecto de aquellos
sujetos a los cuales la Constitución, como manifestación del principio de
subsidiariedad, les ha reconocido y asegurado la facultad de participar en el proceso
que infunde eficacia a los derechos que ella garantiza. Tal es, exactamente, lo que
sucede con las instituciones de salud previsional, en relación con el derecho de sus
afiliados a gozar de las acciones destinadas a la seguridad social, así como a la
protección de la salud, consagrados en el artículo 19, Nºs 9º y 18º de ella,
respectivamente” (cons. 37), cuestión que al referirse expresamente a la satisfacción
de prestaciones de seguridad social por particulares es también un estándar en el
presente proceso, agregándose en la misma sentencia que “las instituciones aludidas
tienen también asegurados sus derechos en la Carta Política, pero, con idéntica
certeza, ha de afirmarse que ellos se encuentran sometidos a los deberes correlativos,
de los cuales resulta menester realzar aquí su contribución al bien común, haciendo
cuanto esté a su alcance, dentro del ordenamiento jurídico, por materializar el goce
del derecho a la protección de la salud. Consiguientemente, el desarrollo de sus
actividades empresariales y el ejercicio del dominio sobre sus bienes encuentran
límites y obligaciones legítimas, impuestos por la ley en cumplimiento de lo previsto
en la Carta Política, a propósito de las exigencias derivadas de la función social de la
propiedad” (cons. 38), cuestión que reconduce y confirma lo ya señalado a ese
respecto.
115. Adicionalmente, cabe reiterar que el contrato de renta vitalicia
celebrado por la compañía de seguro requirente es por definición aleatorio. En efecto,
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0000364
TRESCIENTOS SESENTA Y CUATRO
el artículo 1441 del Código Civil dispone que tales contratos son aquellos en los que
el equivalente de las prestaciones contractuales consiste en una contingencia incierta
de ganancia o pérdida, que en este caso está dado por la “sobrevida” del pensionado,
en términos de que lo que entrega como prima -su fondo previsional- sea o no mayor
que lo que la aseguradora pague y rente con él. En tal sentido, más allá de las tablas
de mortalidad que el sistema y las aseguradoras tengan de referencia, la muerte de
una persona natural es un hecho futuro cierto en cuanto a su ocurrencia (nadie es
inmortal), pero del todo incierto en cuanto al momento o época de su ocurrencia, por
lo cual al no haber certeza no puede sostenerse que frente a ello la aseguradora tenga
pérdidas por alterarse el flujo derivado del uso de tales tablas, constituyendo ello a lo
más una mera expectativa, mas no un objeto de derecho de propiedad. En otras
palabras, la aseguradora no tiene propiedad sobre la fecha de la muerte del afiliado, y
felizmente no puede determinarla, por lo que mal podría tener un perjuicio acerca de
ello derivado de las normas cuestionadas. Además de lo expuesto, no puede haber
objeto cierto de propiedad sobre flujos futuros derivados del incierto pago de la renta
al ser el contrato aleatorio para ambas partes, descartándose así nuevamente
vulneración del derecho de propiedad.
116. Todo lo expuesto precedentemente significa desde la definición del
contrato de renta vitalicia previsional la compañía aseguradora no tiene derecho
adquirido ni constitucionalizado respecto del alea de la posible utilidad que reclama
como parte de su derecho de propiedad.
117. Cabe reiterar además y nuevamente, que nada de lo precedentemente
razonado acerca de la determinación de utilidades ni de derecho de propiedad se
conecta con lo que se discute en la gestión pendiente, motivo por el cual, de acogerse
este requerimiento, la sentencia que acoja no podrá tener efecto alguno a este respecto
en la gestión pendiente, lo cual desnuda otra falencia insalvable: el requerimiento no
debió ser declarado admisible, pues al no producir el efecto atribuido por la requirente
una eventual sentencia, no resulta de aplicación decisiva el precepto impugnado,
contrariándose al ser declarado admisible el artículo 93, inciso undécimo, de la
Constitución Política y el numeral 5° del artículo 84 de la ley orgánica constitucional
de este Tribunal.
118. Todo lo expuesto en este capítulo constituye parte relevante del
fundamento de la regulación del “mercado” de las rentas vitalicias, si es que se puede
hablar así en materia satisfacción de derechos económicos sociales y culturales, y es
esa naturaleza especial de dicho contrato de renta vitalicia de seguridad social el que
motiva la existencia de cargas, obligaciones y regulaciones especiales respecto del
mismo.
XII. ACERCA DE LA RESERVA TÉCNICA EN MATERIA DE SEGUROS
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TRESCIENTOS SESENTA Y CINCO
119. No puede tenerse fuera de la argumentación del presente proceso la
regulación de la actividad de seguros en el derecho chileno. En efecto, parte esencial
de su regulación es la que se contiene en el texto actual del Decreto con Fuerza de Ley
N° 251, de 1931, sobre COMPAÑIAS DE SEGUROS, SOCIEDADES ANONIMAS Y
BOLSAS DE COMERCIO, usualmente llamado Ley General de Seguros, que en su
artículo 20 dispone que “Las entidades aseguradoras y reaseguradoras establecidas
en el país, para cumplir con las obligaciones provenientes de la contratación de los
seguros y reaseguros, deberán constituir reservas técnicas, de acuerdo a los principios
actuariales, procedimientos, tablas de mortalidad, tasas de interés y otros parámetros
técnicos que, por norma de carácter general, establezca la Superintendencia”. Cabe
mencionar que las reservas técnicas tienen por finalidad asegurar el cumplimiento de
obligaciones futuras y por ende no son recursos de libre disposición. A propósito de
su conceptualización y funcionalidad, en la Circular N° 2.062 de 2012 citada en la
Circular N°1208 de la Comisión para el Mercado Financiero, se define la reserva
técnica base (pág. 3), a propósito del pago anticipado de rentas vitalicias. En forma
muy sintética, se puede decir que las reservas técnicas son las provisiones que deben
constituir las Compañías de Seguros para atender las obligaciones contraídas con sus
Asegurados (CMF, sf), y en forma un poco más detallada (CMF, sf): La reserva técnica
en seguros de renta vitalicia se determinará, para cada póliza, como el valor presente
de los flujos proyectados de pago de pensiones [ ], descontados utilizando la tasa de
descuento menor entre la tasa de mercado vigente a la fecha de entrada en vigencia
de la póliza y la tasa de venta de la renta vitalicia (ver Biblioteca del Congreso
Nacional, Asesoría Técnica Parlamentaria, Mayo de 2021, Normas aplicables a
reembolso de retiro en caso de clientes de rentas vitalicias: Ley N° 21.330 Antecedentes
normativos y proyecto de ley, disponible en
https://obtienearchivo.bcn.cl/obtienearchivo?id=repositorio/10221/32119/2/BCN_Nor
mativa_aplicable_a_reembolso_de_10__retirado_en_Rentas_Vitalicias_coment_GW.
pdf). A su vez, dentro de los 6 tipos de reservas técnicas que establece el artículo 20
del texto actual del Decreto con Fuerza de Ley N° 251, de 1931, sobre COMPAÑIAS
DE SEGUROS, SOCIEDADES ANONIMAS Y BOLSAS DE COMERCIO, y que las
aseguradoras se encuentran obligadas a constituir, se encuentra en el numeral 5 de
dicha norma la llamada “Reserva de descalce, por los riesgos originados en el descalce
de plazo, tasa de interés, moneda e instrumentos de inversión, entre los activos y
pasivos de la compañía”. Es decir, la ley chilena y su autoridad administrativa
ordenan como parte de la normativa regulatoria del negocio del seguro el constituir
reservas para asegurar descalces de plazos de pago, que entonces son eventos y
riesgos previstos y contemplados por la compañía aseguradora. No puede ser cierto
entonces que las aseguradoras requirentes en este tipo de procesos se hayan visto
sometidas a un imprevisto, a un gravamen no conocido, ni menos conocible ni a
alguna carga pública que por primera vez en su vida institucional se les plantee. En
efecto, siendo un adelanto con reembolso, lo establecido en la norma constitucional
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TRESCIENTOS SESENTA Y SEIS
que se hace es determinar por una norma nueva, constitucional, el uso de la reserva
técnica para descalce de plazo.
120. A lo anterior cabe tener presente que no siendo las reservas técnicas
recursos de libre disposición y teniendo un fin determinado, no resulta sostenible que
se pre suponga en esta sede que su destinación a pagos derivados de anticipos
dispuestos constitucionalmente sea una vulneración del derecho de propiedad, pues
la configuración de la reserva técnica en la ley preexistente a la norma constitucional
ya la destina a tal efecto, no siendo recursos de libre disposición de la aseguradora,
por lo que mal podría afectarse una inexistente libre disposición para hacerlas rentar
si su fin directo es el pago de obligaciones, más allá de que sean capitalizables por
expresa disposición de la ley, que a la vez regla su uso, agregando normas estrictas
sobre su inversión en el artículo 21 del mismo DFL.
121. Adicionalmente, el mismo artículo 20 que establece y regula las
reservas técnicas establece normas especiales para las referidas a seguros y rentas
vitalicias regladas en el decreto ley 3500 -es decir, del sistema de pensiones- al señalar
que “en el caso de seguros contemplados en el decreto ley Nº 3.500, de 1980, y tratándose de
cesiones de reaseguro a reaseguradores extranjeros, la deducción por reaseguro no podrá
exceder del 40% del total de las reservas técnicas correspondientes a los seguros señalados o del
porcentaje superior que establezca la Superintendencia. No obstante, tratándose de seguros de
rentas vitalicias contemplados en el decreto ley Nº 3.500, de 1980, las tablas de mortalidad para
el cálculo de las reservas técnicas serán fijadas por la Superintendencia conjuntamente con la
Superintendencia de Administradoras de Fondos de Pensiones.”.
122. Cabe mencionar que ninguna de dichas normas del Decreto con Fuerza
de Ley N° 251, de 1931, sobre COMPAÑIAS DE SEGUROS, SOCIEDADES
ANONIMAS Y BOLSAS DE COMERCIO, sobre conformación, uso, destino e
inversión de las reservas técnicas, ni ninguna otra sobre potestades de la Comisión
para el Mercado Financiero tendientes a reglar u ordenar su uso han sido impugnadas
en este proceso, motivo por el cual ningún efecto a ese respecto tendrá la sentencia de
inaplicabilidad, manteniéndose la potestad de tal órgano administrativo de ordenar
pagos con cargo a ella y ordenar su ajuste en cuanto a montos, títulos y caracteres de
los mismos, tanto para este proceso de inaplicabilidad como para la gestión pendiente.
123. Lo expuesto en este título refuerza y lapida lo ya concluido, en orden a
que no existe ni puede existir vulneración de las garantías de la libertad de empresa y
de la propiedad que se pretenden a la luz de los numerales 21° y 24° del artículo 19 de
la Constitución Política de la República.
XIII. ACERCA DEL HECHO DEL PRÍNCIPE Y LA TEORÍA DE LA
IMPREVISIÓN
124. Que siendo formalmente una relación contractual la existente entre un
pensionado de renta vitalicia y la aseguradora requirente, cabe tener presente que la
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TRESCIENTOS SESENTA Y SIETE
normativa constitucional cuestionada introduce una obligación de anticipo de pago
como obligación correlativa del ejercicio de un derecho nuevo que la misma normativa
establece. Así, si la compañía de seguros considera que hay un hecho nuevo que hace
más gravoso y antijurídico el cumplimiento de sus obligaciones, al parecer se estaría
en presencia de lo que la doctrina civil llamaría “la teoría de la imprevisión”, definida
como "la facultad del deudor de solicitar la resolución o revisión del contrato de
ejecución postergada cuando un imprevisto ajeno a la voluntad de las partes ha
transformado su obligación en exageradamente onerosa" (Abeliuk, Rene, Las
obligaciones, 4 a ed. actualizada, Santiago, Editorial Jurídica de Chile, 2003, p. 756), y
en el caso de autos, en particular, por un cambio normativo, no por un acto de la
naturaleza ni por un hecho de un tercero, es decir, en lo que se llamaría “el hecho del
príncipe” en tanto acto de autoridad superior e irresistible por las partes.
125. Cabe mencionar que, en general, en materia de contratos bilaterales y
conmutativos, la ocurrencia de un imprevisto no imputable a las partes e imposible
de resistir, que altere el equilibrio contractual, podría dar lugar a una modificación de
los términos contratados para reestablecer el equilibrio y quizás hasta dar lugar a la
exoneración del cumplimiento de las obligaciones según la entidad y magnitud del
imprevisto. Es del caso señalar que la teoría de la imprevisión no tiene regulación
expresa en la legislación chilena (Momberg Uribe, Rodrigo. (2010). TEORÍA DE LA
IMPREVISIÓN: LA NECESIDAD DE SU REGULACIÓN LEGAL EN CHILE. Revista
chilena de derecho privado, (15), 29-64. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-
80722010000200002). En específico, la normativa del decreto ley 3500 tampoco
contempla para las aseguradoras mecanismo que permita alegar teoría de la
imprevisión, y ello no es casual, por varios motivos, entre ellos que el contrato es
aleatorio y por otro lado que están satisfaciendo prestaciones derivadas de un derecho
humano, cual es el derecho a la seguridad social.
126. A reglón seguido, cabe determinar si un cambio normativo es o no un
real imprevisto, cuestión que no resiste análisis en un Estado democrático, pues la
legislación al ser expresión de un sistema constitucional dinámico y que expresa la
voluntad del titular del poder no es ni puede ser perpetua, más en un rubro como la
seguridad social y las rentas vitalicias, rubro en el cual se registran diversas
modificaciones legislativas en las últimas 5 décadas, de manera tal que es imposible
sostener que el cambio normativo sea imprevisible.
127. Por otra parte, no puede sostenerse que el adelanto de pago sea una
afectación del patrimonio de las aseguradoras que haga imposible el cumplimiento de
la obligación, pues como ya se viera para ello existía y existe en la ley la reserva técnica
de descalce, y con cargo a reservas técnicas -dispuestas para enfrentar imprevistos y
contingencias- se hicieron los pagos, que además contemplan devolución por el
pensionado en la misma norma cuestionada.
128. De tal forma, tampoco a partir de la teoría de la imprevisión podría
configurarse un daño a las aseguradoras.
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TRESCIENTOS SESENTA Y OCHO
XIV. ACERCA DE LAS ALEGACIONES DE DISCRIMINACIÓN Y
DESIGUAL REPARTICIÓN DE CARGAS PÚBLICAS
129. Así, las alegaciones de desigual y desproporcionada repartición de
cargas públicas (no. 20° del artículo 19 constitucional) y de discriminación por
vulneración de la igualdad a la ley (en su vertiente común del numeral 2° y en su
vertiente económica del numeral 22°, ambas del artículo 19 constitucional) pasan
forzosamente por determinar si la regulación cuestionada -de ser precepto legal-
carecería de fundamento razonable, cuestión que a la luz de lo expuesto se descarta
desde ya. A su vez, la alegación referida a las cargas públicas pasa por la misma falacia
que las del derecho de propiedad y la libertad de empresa: un pretendido derecho a
inamovilidad normativa para no estar afecto a cargas de cambios normativos
sobrevenidos, lo cual ya fue descartado, y sin lo cual tales alegaciones decaen, sin que
pueda sostenerse que el cumplir lo dispuesto por la ley a propósito del uso y
conformación de la reserva técnica de las aseguradoras sea una práctica
discriminatoria o una carga pública desproporcionada, salvo que se quiera ejercer la
actividad aseguradora sin cumplir con las normas de reserva técnica que garantizan
solvencia y certeza en el cumplimiento de obligaciones futuras.
XV. CONCLUSIONES
130. A partir de todo lo expuesto, se concluye que la normativa cuestionada
no es precepto legal, sino norma constitucional vigente, como ya lo declarara
expresamente este tribunal en el proceso Rol N° 10.774, por lo que esta Magistratura
carece de competencia para enjuiciarla y el presente proceso nunca debió superar la
etapa de admisibilidad
131. Adicionalmente, este tribunal es un órgano constituido, sometido a
normas constitucionales vigentes, y no un órgano constituyente ni menos supra
constituyente capaz de dejar sin efecto, ni en lo particular ni en general, normas
constitucionales vigentes
132. Que carecen de asidero las alegaciones de vicios de constitucionalidad
de forma, pues no existe iniciativa exclusiva del Presidente de la República en materia
de reformas constitucionales, como sí lo existe en el caso de normas de rango
simplemente legal
133. Que bastando con lo expuesto para rechazar el requerimiento, si la
normativa cuestionada fuese precepto legal, no se verifica ninguno de los pretendidos
vicios sustanciales alegados en su aplicación, en primer lugar por no tener los mismos
conexión alguna con la materia a discutir y resolver en la gestión pendiente, y en
segundo lugar por no poder ser efectivos
134. Que por todo lo expuesto, el requerimiento ha de ser rechazado.
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0000369
TRESCIENTOS SESENTA Y NUEVE
El Ministro señor JUAN JOSÉ ROMERO GUZMÁN concurre al rechazo del
requerimiento por ser improcedente, toda vez que se dirige contra un precepto de
rango constitucional y no uno de rango legal. En este sentido, adhiere a lo señalado
en los considerandos 1º a 11º y 24º del voto por rechazar.
El Ministro señor GONZALO GARCÍA PINO y la Ministra señora MARÍA PÍA
SILVA GALLINATO previenen que concurren a la disidencia con las siguientes
puntualizaciones:
1° Compartimos los considerandos 7° a 34°; 40° a 68°; 72°, 75° a 87°; 89°,
92° a 94°; 99°, 101° a 103°; 111° a 113°, 117 a 121°; 124°, 125° y 130 a 134° de la disidencia.
2° Adicionalmente, sostenemos que no es posible soslayar que el precepto
impugnado no tiene rango legal.
El precepto impugnado es una norma constitucional y, en consecuencia, a su
respecto no procede la acción de inaplicabilidad por inconstitucionalidad, puesto que
esta acción está prevista para obtener la declaración de inaplicabilidad de un
“precepto legal”, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 93 N° 6 de la
Constitución Política y en el artículo 84 N° 4 de la LOC del TC.
3° El precepto impugnado es una norma constitucional, en primer lugar,
porque fue creada por el órgano competente y con arreglo al procedimiento para su
dictación, según lo disponen los artículos 127 a 129 de la Carta Fundamental. En
efecto, la Ley N° 21.330, que contiene los preceptos impugnados, fue iniciada por
moción parlamentaria, aprobada con quórum de 3/5 (en la práctica, los preceptos
impugnados fueron aprobados por más de 2/3 de los parlamentarios, pues en la
Cámara de Diputados contó con 107 votos a favor, en primer trámite, y 119, en tercer
trámite, y en el Senado, con 30 votos a favor) y sancionada por el Presidente de la
República. Y, justamente por lo anterior, las disposiciones de la Ley N° 21.330 pasaron
a formar parte de la Constitución desde su entrada en vigor, en cumplimiento de lo
dispuesto en el inciso final del artículo 129 de la Ley Fundamental, de conformidad
con el cual, una vez promulgado el proyecto de reforma constitucional y desde la
fecha de su vigencia, sus disposiciones pasan a formar parte de la Constitución y se
tienen por incorporadas a ella.
4° El procedimiento de aprobación de esta reforma constitucional es
diverso y agravado respecto de una ley. En este orden de ideas, cabe tener presente
que tanto el poder constituyente derivado -el poder para reformar la Constitución
Política- como el poder legislativo -el poder para crear leyes- reside en el Presidente
de la República y en el Congreso Nacional, según lo establecen los artículos 129 y 65
de la Constitución, respectivamente. El ejercicio de uno u otro está dado por el
procedimiento que se siga para su materialización, ya que el procedimiento de
reforma constitucional contempla quórums más altos de aprobación y,
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0000370
TRESCIENTOS SETENTA
eventualmente, la convocatoria a plebiscito. En consecuencia, la Constitución no
confunde la función legislativa de la función constituyente.
5° El ejercicio de la función constituyente del Congreso puede divorciarse
respecto del Presidente. El presidencialismo no supone que la legislación y las
reformas constitucionales deban exigir el consentimiento del Presidente de la
República. La Constitución dispone las hipótesis de desencuentros en el ámbito legal
(observaciones o vetos) y también en las reformas constitucionales (vetos y plebiscito
de los artículos 32, N° 4 y 128 de la Constitución). No es resorte de este Tribunal entrar
en los argumentos de mérito que impidieron que se hubiera recurrido a este precepto
constitucional. Lo central es que la propia Constitución reconoce la facultad
independiente del Congreso Nacional para tener iniciativa, promoción y aprobación
de una ley de reforma constitucional.
6° El contenido no define la materia constitucional sino que su procedimiento
de ingreso a la Constitución. Lo anterior, demuestra que no es el contenido el que
define la naturaleza del precepto, sino su procedimiento. De lo contrario, si se
entendiera que es el contenido el que determina la naturaleza de la norma, se estaría
subordinando la norma de máxima jerarquía -la norma suprema constitucional- a la
norma de inferior jerarquía -la norma legal-, dado que es la Carta Fundamental la que
prescribe cuál es el ámbito material de la ley. En este sentido, en el voto disidente de
la STC 9797, que se pronunció sobre el requerimiento de inconstitucionalidad
presentado por el Presidente de la República en contra de la reforma constitucional
que establecía un segundo retiro de fondos previsionales, se señaló que la definición
de las materias de ley por la Constitución Política tiene por objeto delimitar la potestad
reglamentaria del Presidente de la República (c. 116°). En esta línea, es dable señalar
que en la gran mayoría de las Constituciones la diferencia entre el poder de reforma
constitucional y el poder legislativo radica en que el primero se ejerce a través un
procedimiento distinto y agravado. En definitiva, no es el contenido el que define la
naturaleza de la norma constitucional, sino el procedimiento con arreglo al cual es
producida.
7° La tesis de las normas constitucionales inconstitucionales supone sostener
que la norma tiene rango constitucional. El hacer suyo, mediante la STC 9797, c. 12°,
la tesis de la inconstitucionalidad de las normas constitucionales o de su
hiperconstitucionalización implica aceptar que la norma cuestionada tiene el máximo
rango jerárquico del ordenamiento. En cambio, ahora la sentencia parte del supuesto
contrario desconociéndole ese carácter y definiendo que se trata de una
“autodenominada ley de reforma constitucional”. O sostienes que es una norma
constitucional inconstitucional y lo confrontas con una tesis relativa a la identidad
material o jerárquica de ciertas reglas fundamentales o explicas porqué sería una
norma legal definida por la materia reservada por la Constitución a la ley. Como el
sincretismo jurídico no es una opción, queda desestimada la idea de una “identidad
constitucional supraordenadora” del texto fundamental la que, a partir de normas
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0000371
TRESCIENTOS SETENTA Y UNO
constitucionales pétreas, defiende la democracia constitucional, el Estado de Derecho
y la salvaguardia de los derechos. Al calificarla como ley se elimina este camino.
8° El razonamiento de la sentencia gira en el reconocimiento de la condición
de norma constitucional de la regla cuestionada sin explicar por qué sería un precepto
legal. La STC 9797 también sirve de apoyo para sostener que el precepto impugnado
no tiene rango legal, sino constitucional. En la citada sentencia, la mayoría estimó que
el proyecto de reforma constitucional que establecía un segundo retiro de los fondos
previsionales era inconstitucional por abarcar materias reservadas a la ley. En el fallo,
se afirmó, entre otras aseveraciones, que “las reformas constitucionales no están
exentas de reproche por ser contrarias a las respectivas Cartas Fundamentales” (c.
10°), que “es posible declarar una reforma constitucional como inconstitucional” (c.
10°), que “el Proyecto de Ley examinado, menos que enmendar una regla
constitucional vigente, pretende actuar como legislador, pero sin respetar las normas
contempladas al efecto” (c. 16°) y que “el Proyecto de Ley objetado absorbe una
competencia que está expresamente entregada para ser ejercida solo por medio de una
ley de quorum calificado de exclusiva iniciativa presidencial” (c. 22°). Todas estas
afirmaciones parten del supuesto de que el proyecto en examen es uno de reforma
constitucional que modifica el contenido de la Carta Fundamental.
9° Pese a que resulta contradictorio con el juicio anterior, el voto de mayoría
de la referida sentencia 9797 señaló que, adicionalmente, el proyecto de reforma
constitucional no cumplía con el quórum de aprobación previsto para las reformas
constitucionales que inciden en las materias del Capítulo III de la Constitución. Así,
razonó que “[e]l proyecto de reforma constitucional requiere, entonces, para ser
aprobado, el voto conforme de dos tercios de los senadores y diputados en ejercicio,
lo cual justifica declarar la inconstitucionalidad solicitada también por este concepto,
atendido que, como consta en la historia fidedigna de dicha reforma, no fue así
considerado en primer trámite constitucional y, en cualquier caso, en su segundo
trámite constitucional, ni siquiera se alcanzó dicho quórum” (c. 30°). En consecuencia,
se tiene que el voto de mayoría en la STC 9797 estimó que el proyecto de reforma
constitucional modificaba la Constitución, pero que no cumplía con los requisitos
formales y materiales para ser legítima. En otras palabras, no se trataba de una
iniciativa que contenía preceptos de rango legal, de lo contrario, no tendría la fuerza
para modificar la Ley Fundamental. Más aún, la misma sentencia exige que la reforma
debió ser aprobada con quórum de 2/3 para ajustarse a la Carta Fundamental,
reconociendo que se trata de una reforma constitucional, no legal.
10° La Ley N° 21.330 es similar al proyecto de reforma constitucional que
establecía un segundo retiro de los fondos previsionales y que fue declarado
inconstitucional por el TC en la STC 9797, en el sentido que se trata una ley que
modifica la Constitución Política y se incorpora a ella como disposición transitoria. La
circunstancia de que no se haya declarado inconstitucional el proyecto de ley que
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TRESCIENTOS SETENTA Y DOS
culminó con la dictación de la Ley N° 21.330 no cambia la naturaleza de los preceptos
que la conforman.
11° La materia fue resuelta por este Tribunal en la STC 10.774/2021. En este
mismo orden de ideas, el Presidente de la República presentó un requerimiento en
contra del proyecto de reforma constitucional que pasó a ser la Ley N° 21.330. Por
resolución de 29 de abril de 2021, el TC no admitió a trámite el requerimiento. En dicha
resolución, al referirse a su competencia, sostuvo que el requerimiento estaba dirigido
en contra de un proyecto de reforma constitucional: “la competencia que se le atribuye
a este Tribunal en el numeral 3° del artículo 93 de la Constitución, en concordancia
con el artículo 63 de la Ley Nº 17.997, es de naturaleza tasada y limitada a resolver
sobre “todas las cuestiones que se susciten durante la tramitación de un proyecto de
ley de reforma constitucional”, lo que exige delimitar con precisión el conflicto que el
Tribunal conocerá, pues no puede extender su competencia a temas no comprendidos
en la traba de la Litis, quedando fuera de ella cuestiones de mérito legislativo y
conflictos diferentes de los calificables como jurídico-constitucionales” (c. 14°).
Asimismo, en el c. 42° señaló que “el presente proceso se refiere al control de
constitucionalidad de un proyecto de reforma constitucional, es decir, a los límites
materiales del poder constituyente, que, sea originario o derivado, es la más alta
manifestación del derecho de autodeterminación de los pueblos en el marco de un
sistema democrático. Es por ello que, estando contemplada tal atribución de control
para este Tribunal en el artículo 93, numeral 3°, de la Constitución, el estándar
argumentativo y de formulación de un conflicto de constitucionalidad de control de
reforma constitucional requiere de alta precisión y específica delimitación, de forma
inequívoca y clara, pues tal atribución convive con el poder de reforma constitucional
de los órganos constituyentes derivados. En ese mismo sentido, es la dimensión
jurídica de la Constitución aquello que este tribunal ha de garantir, y lo anterior cobra
especial relevancia si el proyecto en cuestión ha sido aprobado con un quorum
holgadamente superior a los 2/3 máximos exigidos en cada cámara para una reforma
a la constitución, lo que obliga a plantear el conflicto con la precisión necesaria”. Estas
consideraciones dan cuenta de que las disposiciones de la Ley N° 21.330 son normas
constitucionales, no preceptos legales.
12° De concluirse que las disposiciones de la Ley N° 21.330 son de rango legal,
ello conduciría a sostener que el proyecto de ley que la originó no era una reforma
constitucional, sino una reforma legal. Tal afirmación no se aviene con lo resuelto por
el TC en la STC 9797 y en la resolución que no admitió a trámite el requerimiento rol
N° 10.774. Pero, además, ese planteamiento permite afirmar que el proyecto de
reforma constitucional que establece un cuarto retiro de los fondos previsionales
(Boletín Nº 14210-07), rechazado el día viernes 3 de diciembre de 2021 por la Cámara
de Diputados, por no haberse alcanzado el quórum de 3/5 exigido para la reforma
constitucional, debiera continuar su tramitación, toda vez que sí alcanzó el voto
conforme exigido para las leyes de quórum calificado. Esta conclusión resulta ilógica
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0000373
TRESCIENTOS SETENTA Y TRES
desde el punto de vista del procedimiento al que se ciñó la tramitación del
mencionado proyecto.
13° Del mismo modo, de estimarse que una reforma constitucional puede ser
atacada mediante la acción de inaplicabilidad en razón de su contenido, dejaría sin
efecto lo dispuesto en el artículo 93 de la Constitución. Tal como se indicó en el voto
de inadmisibilidad del requerimiento rol N° 11.230, “la vía de impugnación de las
leyes de reformas constitucionales está definida y tasada competencialmente en el
artículo 93, numeral 3°, de la Constitución, atribuible únicamente a un conjunto
específico de requirentes institucionales. En consecuencia, no es la vía idónea la acción
de inaplicabilidad para producir el efecto buscado puesto que dicha regla no puede
ser sustraída del ordenamiento para efectos particulares” (Voto de inadmisibilidad de
29 de julio de 2021, del requerimiento rol N° 11.230, c. 6°). Desde este punto de vista y
considerando que siempre podrá objetarse el contenido de una reforma
constitucional, la Constitución ya no sería norma la suprema, puesto que sus
disposiciones podrían ser dejadas sin efecto para casos particulares, al igual que
cualquier precepto de rango legal.
14° El precepto impugnado no es decisivo para la resolución del asunto. La
gestión judicial pendiente en que incide el requerimiento de inaplicabilidad guarda
relación con la impugnación de actos administrativos emanados de la Comisión para
el Mercado Financiero. Sin embargo, el reproche formulado por la requirente radica
en los efectos supuestamente inconstitucionales que genera el otorgamiento de un
derecho a los pensionados con renta vitalicia para obtener un anticipo de sus rentas
hasta por un monto equivalente al 10% del valor correspondiente a la reserva técnica
que mantengan en la respectiva compañía de seguros para cubrir el pago de sus
pensiones, con un tope máximo de 150 UF. Los actos administrativos dictados por la
CMF, en cumplimiento de lo dispuesto en el inciso decimocuarto de la quincuagésima
disposición transitoria, tienen por objeto implementar los procedimientos para
materializar este derecho. En este sentido, la declaración de inaplicabilidad
eventualmente podría conducir a que se resolviera por el juez de fondo que la CMF
no estaba facultada para emitir los actos administrativos impugnados, al desaparecer
el sustento normativo, pero en caso alguno eliminaría el derecho de los pensionados
con renta vitalicia a solicitar el anticipo. Por consiguiente, el precepto impugnado no
es decisivo para la resolución del asunto en el sentido que ha sido desarrollado por la
requirente en las acciones de inaplicabilidad, esto es, cuestionando el derecho al
anticipo y no las facultades de la CMF. Por lo demás, el precepto impugnado tampoco
resulta decisivo en el caso que lo cuestionado fueran las facultades de la CMF, ya que,
de acuerdo con el artículo 20 N° 3 de la Ley N° 21.000, la CMF puede dictar normas
de carácter general, circulares, oficios circulares y otras resoluciones que se requieran.
15° La irrelevancia del precepto cuestionado en el sentido que ha planteado la
requirente queda en evidencia si se analiza la gran cantidad de anticipos ya
concedidos por las compañías aseguradoras. En efecto, según datos de la CMF, al 1 de
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TRESCIENTOS SETENTA Y CUATRO
octubre de 2021, los pensionados con renta vitalicia son 657.332, de ellos, 328.666 (50%)
han solicitado el adelanto, a 264.339 pensionados se les ha confirmado su solicitud y,
de estos, 260.560 han recibido el anticipo (CMF (2021). Anticipo de Rentas Vitalicias.
Proyectos de reforma constitucional. Presentación ante la Comisión de Constitución,
Legislación y Justicia del Senado). De este modo, la suspensión decretada por el TC
para la gestión judicial que sirve de base al presente requerimiento en nada ha
impedido que las personas hayan ejercido el derecho que los preceptos cuestionados
les han concedido, por lo que, acudir a esta Magistratura para pedirle un
pronunciamiento de constitucionalidad en abstracto de la reforma constitucional,
lleva a que ésta ejerza un control de mérito y actúe como un órgano de carácter
consultivo a fin de que su sentencia sirva a las compañías para poder invocarla ante
otras instancias.
16° Finalmente, el impedimento de cuestionar la norma constitucional misma
no dificulta que exista pleno acceso a la justicia para impugnar las normas que
concretizan la norma constitucional y en donde la eficacia diferida del precepto
permitiría identificar el núcleo de derechos que la parte requirente estima afectada.
PREVENCIÓN
El Ministro señor NELSON POZO SILVA, estuvo por acoger el requerimiento
deducido a fojas 1 y siguientes, compartiendo sólo los argumentos de la mayoría
expresados en los considerandos 12; 13, párrafos uno y dos; 15, párrafo tercero; 20, 33,
34, 35, párrafos uno y dos; 40 y 41, párrafos uno y dos; y en base a los siguientes
razonamientos y motivaciones que pasa a exponer:
I.- CARÁCTER DE NORMA IMPUGNADA. ¿PRECEPTO LEGAL O
NORMA CONSTITUCIONAL?
1.- El efecto de la afirmación de carácter no discrecional de la actividad, y
consecuentemente no dispositivo, sino declarativo de los pronunciamientos del juez
constitucional constituye el planteamiento principal del problema. De partida, el
control de legitimidad de la Corte Constitucional sobre una ley o un acto que tenga
visos de fuerza de ley excluye toda valoración de naturaleza política y todo examen
(control) del uso del poder discrecional del Parlamento.
Las mínimas razones de existencia de una jurisdicción y de un proceso
constitucionales de las libertades, entendidos como jurisdicción y como proceso
especial, surge en el sistema del Estado moderno, dominado por el principio de
legalidad en su máxima expresión, este tipo de sentencias carecen de frecuencias, en
el entendido que cada vez con menor rigidez frente a la función jurisdiccional se
tiende a atribuir el juez una mayor libertad, extendiendo los limites tradicionales ante
tan rígidamente regulados.
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TRESCIENTOS SETENTA Y CINCO
La naturaleza de la justicia constitucional se refiere a un carácter no
jurisdiccional de la función – como de un peligro eventual e inevitable, o como de un
seguro daño y fatalidad –. El juez constitucional realiza un examen de carácter en
cierto sentido abstracto o de dogmática jurídica, consistente – para el ordenamiento –
en ver el examen (control) de la legitimidad constitucional de las leyes puede o no
incluirse dentro de los esquemas lógicos del concepto de jurisdicción.
Independiente de la indagación sobre la naturaleza de la justicia
constitucional, el ámbito de los poderes de la actividad del juez está directamente
relacionado con la naturaleza jurisdiccional o no jurisdiccional, sino más bien dicen
relación con lo que es efectivamente su esencia, su razón de ser: o sea en relación con
sus propios fines, como resultan en base a la voluntad positiva constitucional.
La distinción de sustancias y un íntimo, necesario y perenne contraste entre
“político” y “jurídico”, lo establece la naturaleza dinámica, mutable e irracional, que
busca siempre adaptarse a las relaciones momentáneas y fugaces de la vida; lo
segundo, consiste que por su naturaleza tendencialmente estático- racional trata de
vincular, casi podría decirse domesticar y amansar las vitales fuerzas políticas. Es en
este latente conflicto – que, bajo un plano también metajurídico, puede recordar el
conflicto entre “naturaleza” y “razón”, entre existencialidad y normatividad lo que da
el sello al derecho y la jurisdicción constitucional. De ello emana que lo político
siempre busca sustraerse lo más posible y por su misma naturaleza a los aprietos de
su propia reglamentación jurídica y, sobre todo, de su propio control de los rígidos
esquemas jurisdiccionales. (Mauro Cappelletti): Es por eso que el juez constitucional
– como afirma la recordada relación -, cuando interpreta la norma o más bien el
ordenamiento constitucional y esos conceptos y esas fórmulas, debe tener en cuenta
el carácter particular del derecho constitucional. Y debe por consiguiente, por
necesidad de las cosas, del mismo modo pero con mayor intensidad y penetración de
lo que sucede siempre en la interpretación de los “unbestimmte und dehnbare
Rechtsbegriffe” [conceptos jurídicos indeterminados y flexibles], integrar la norma a
la luz de los valores, haciendo así que su pronunciamiento corresponda al íntimo y
objetivo significativo político de la voluntad constitucional, o sea a los valores
políticos, como pueden ser objetivamente deducibles de la Constitución entendida
como un todo orgánico e indisoluble: “der Verfassungsrichter wird (…) eine
Entscheidung suchen müssen, die dem objektiven politischen Sinngehalt der
Verfassung gerecht wird” [el juez constitucional deberá (…) buscar una decisión que
satisfaga al sentido político o objetivo contenido en la Constitución]. (Cappelletti,
Mauro, “Proceso, Ideologías, Sociedad”, Ed. Ejea, Buenos Aires, 1974, p. 404).
La justicia constitucional en la actualidad, en especial referencia a América
Latina importa un diseño adecuado que conjuga el evitar incurrir en ciertos riesgos.
Si bien no existen reglas ni recetas, y que cada país, con su cultura jurídica, atendiendo
sus modalidades y sellos históricos, económicos, etc…, debe buscar las consecuencias
de un modelo técnico.
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TRESCIENTOS SETENTA Y SEIS
Sin embargo, la experiencia comparada conduce a que la rapidez en la
aplicación de la justicia constitucional, unida a la prudencia, es una fuente de
legitimidad para la propia justicia constitucional y, por ende, para todo el sistema
institucional. La segunda idea a considerar es que la existencia de la justicia
constitucional debe articularse desde el punto de vista procesal con el resto de las
funciones jurisdiccionales, tomando en cuenta que la constitución es la regla básica
del ordenamiento, que todo conflicto jurídico puede convertirse procesalmente en un
conflicto constitucional. La tutela de los derechos y situaciones jurídicas legales logren
funcionar adecuadamente y, en especial, la de los derechos y las situaciones jurídicas
que vinculan al ciudadano con la administración.
La apertura de la justicia constitucional no sólo debe realizarse desde una
perspectiva estrictamente comparable. Otra línea de estudio es la relativa a la defensa
de los derechos fundamentales. En un proceso de internacionalización de los derechos
humanos. El impulso y la guía de la Corte Interamericana está representando para el
constitucionalismo en América la opción de convivencia entre tribunales
constitucionales y la Corte Interamericana, independiente de ser una fuente de
conflictos reales o potenciales, pues lo positivo es que la justicia constitucional
ciertamente permite que los procesos de integración jueguen un papel importante por
un lado, y ellos además aseguren las categorías jurídicas que la integración genera
para proyectarlas sobre el ordenamiento jurídico.
II.- FASE DE INAPLICABILIDAD DE ADMISIBILIDAD YA PRECLUYÓ
(SE DEBE ENTRAR AL FONDO DE LA INA).
2.- Que en el caso sub judice la fase del proceso de inaplicabilidad se encuentra
superada, puesto que tanto su admisión a trámite como la admisibilidad propiamente
tal han agotado o mejor dicho precluido, asentando que es necesario un
pronunciamiento sobre el fondo de la controversia o dilema constitucional sobre el
cual este órgano jurisdiccional se debe pronunciar.
Los elementos que la Ley N° 17.997, Orgánica Constitucional de esta
Magistratura preve que cualquier acción de inaplicabilidad deviene en el inicio de un
proceso de constitucionalidad en el cual se verifica un control jurisdiccional de
carácter concreto, represivo y facultativo, dado que el Tribunal Constitucional como
órgano que ejerce un tipo de control de constitucionalidad efectúa un control concreto
de los denominados extremos fácticos del caso en que la aplicación del precepto legal
resulte hipotéticamente contraria a la Constitución. Además, su carácter represivo
tiende a producir efectos en situaciones o relaciones jurídicas y constituye a la vez un
control facultativo, en la medida que partes legitimadas utilizan esta acción a fin de
una inaplicación de ley o norma.
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TRESCIENTOS SETENTA Y SIETE
La discusión previa a la admisibilidad equivale a que una regla de derecho,
con unidad lingüística y de significado, e independiente del enunciado normativo
respectivo sea sometido al control de inaplicabilidad.
Lo que busca la acción de inaplicabilidad por inconstitucionalidad es la
antinomia entre la norma legal y el estatuto constitucional, y a tales efectos el
requerimiento cumple con los requisitos del artículo 80 de la Ley Orgánica
Constitucional del Tribunal Constitucional, al describir el relato de los hechos y
fundamentos y como se produce la infracción constitucional, la cual deriva en uno o
más vicios de constitucionalidad con indicación de las normas fundamentales
infringidas (STC Rol N°1284/2008 cc. 5 y 6).
A la par de lo anterior, cabe tener presente que el artículo 84 de la Ley N°
17.997, complementa el proceso de admisibilidad y por lo tanto, establecido el
conflicto hay una razón relevante del pronunciamiento sobre el fondo, lo cual implica
que esta Magistratura no puede obviar la necesaria decisión que deberá pronunciar
sobre el conflicto traído a estrado en virtud del “principio de inavocabilidad” que el
propio constituyente se encarga de recordar.
III.- NATURALEZA JURÍDICA EN JUEGO. NO ES UN PROCESO O
VICIO, SINO EL FONDO CONTROVERTIDO: UN NUDO CONSTITUCIONAL.
3.- La rigidez de los textos constitucionales y la posibilidad de los tribunales
constitucionales de sancionar sus vulneraciones, ha alargado la escala de valores, a
cuyo vértice se pone ahora la Constitución; en algunos ordenamientos sin embargo,
se encuentra una suerte de “hiper-constitución” cuya existencia no sólo se presupone
– en sede doctrinal -, sino que también está declarada, o por las mismas disposiciones
que impiden la revisión, o por los Tribunales constitucionales, cada vez que
identifican “los principios fundamentales”, en cuanto a tales inmodificable (Lucio
Pegoraro y Angelo Rinella, Directores, Derecho Constitucional Comparado, N°3, G.
Giappichelli Editore-Astrea, Buenos Aires-Bogota-Portoalegre, 2019, p. 187).
4.- La idea de que los jueces deben no sólo ser guardianes de la Constitución,
sino también los diuturnos forjadores de un Derecho anclado a valores presuntamente
inmutables y eternos, cualquiera que sea el lugar donde ellos deben ser aplicados. En
muchos países, la doctrina ha alimentado la jurisprudencia constitucional, que a su
vez la usa de forma masiva para justificar un excesivo activismo que a menudo
reescribe las ponderaciones del legislador, imponiendo axiologías no siempre
ancladas en la cultura jurídica y social subyacente, y a las interpretaciones que de ella
dan los órganos colectivos (Pegoraro y Rinella, op.cit., p. 189).
El nudo constitucional planteado está centrado en que la Ley N° 21.330, en
cuanto a su planteamiento de fondo, más allá del debate sobre la naturaleza de la
disposición impugnada (lo cual constituye un argumento de forma), en los hechos
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TRESCIENTOS SETENTA Y OCHO
afecta la garantía constitucional, en particular vulneratoria del derecho de propiedad
sobre fondos ingresados al patrimonio de la Compañía de Seguro requirente.
La duda que surge tiene implicancia con la amalgama de tratados bilaterales
que pudieran comprometer al Estado de Chile a proteger y promover la inversión
extranjera en el país. Existen antecedentes en tal sentido, al haberse acusado al Estado
de Chile que por medio de la autorización del retiro de fondos de las aseguradoras
que entregan pensiones de rentas vitalicias se habría incurrido en un acto
expropiatorio y podría considerarse que aquello implicaría desconocer, a partir del
derecho internacional de inversiones, la protección al inversor si el Estado ha
prometido ciertas condiciones específicas, incluso en el evento que no exista un
contrato, cuando el inversor las tuvo en cuenta al invertir en el país. En el precedente
llamado caso Pey Casado, el Estado fue condenado por actos del Ministerio de Bienes
Nacionales y la omisión de entrega de justicia oportuna por parte del Poder Judicial.
Razonando en un mismo sentido, una eventual declaración de inaplicabilidad de la
norma cuestionada podría servir de antecedentes para, a lo menos, dubitar que la Ley
N°21.330, pudiera ser calificada como un acto expropiatorio para la inversión
extranjera.
Todo lo anterior, en definitiva parte de premisas hipotéticas, las cuales
requieren la concurrencia de factores propios de la responsabilidad por actos lícitos,
teniendo en consideración el famoso caso Lapostol (1908), donde la Corte decidió que
el Estado debía indemnizar a una persona que sufría un gravamen en su propiedad
producto de medidas prohibitivas para realizar una actividad (prohibición de
explotación de un fundo para resguardar la calidad del agua potable), cuando dichas
medidas se adoptan en beneficio de la comunidad, pues nadie podía ser privado de
lo suyo.
Sin embargo, en un criterio contrario las sentencias Inmobiliaria Mauchin con
Fisco (2010) y Producto Fernández con Ministerio de Salud (2012), ha fallado en
sentido inverso, radicando el tema en la objeción ante la igualdad ante las cargas
públicas, la cual requiere ser invocada para fundar indemnizaciones por daños
imprevistos, probablemente innecesario para cumplir con la voluntad legislativa. Lo
anterior es controvertido y escapa al ámbito de la presente de acción de inaplicabilidad
por inconstitucionalidad, razón por la cual este voto particular no se referirá a dicho
tópico.
IV.- RENTA VITALICIA.
5.- El contrato de renta vitalicia como instituto jurídico se encuentra regulado
en el artículo 2264, del Código Civil, el que lo define señalando que: “La constitución
de renta vitalicia es un contrato aleatorio en que una persona se obliga, a título oneroso, a pagar
a otra una renta o pensión periódica, durante la vida natural de cualquiera de estas dos personas
o de un tercero.”
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TRESCIENTOS SETENTA Y NUEVE
Al definirlo como contrato aleatorio, su caracterización se remite a los artículos
1440 y 1441 del mismo cuerpo legal, conforme a los cuales el contrato es oneroso
cuando tiene por objeto la utilidad de ambos contratantes, gravándose cada uno a
beneficio del otro y el contrato oneroso es conmutativo “cuando cada una de las partes
se obliga a dar o hacer una cosa que se mira como equivalente a lo que la otra parte
debe dar o hacer a su vez; y si el equivalente consiste en una contingencia incierta de
ganancia o pérdida, se llama aleatorio”. Así, según su estatuto civil, se trata de un
contrato oneroso, puesto que ambas partes se gravan en beneficio mutuo, y aleatorio,
pues la contraprestación del precio es una obligación cuya cuantía depende de la
duración de la vida del constituyente. Será también, un contrato solemne y real, pues
conforme al artículo 2269 debe celebrarse por escritura pública y se perfecciona con la
entrega del precio.
6.- En el campo previsional de acuerdo con el DL 3500, una vez que el afiliado
cumple con los requisitos que contempla la ley para pensionarse, nace el derecho a
hacerlo. Este es un derecho que sólo puede ejercer el afiliado, el que no puede ser
obligado a pensionarse. Bajo este presupuesto, existen diversas modalidades de
pensiones: retiro programado, la renta vitalicia, la renta temporal con renta vitalicia
diferida, y la renta vitalicia inmediata con retiro programado. Así, en materia
previsional, la renta vitalicia es la pensión que ofrecen las Compañías de Seguros,
garantizando una pensión mensual fija en unidades de fomento para toda la vida
desde el momento en que se firma el contrato (renta vitalicia inmediata) o a partir de
un periodo establecido (renta vitalicia diferida), que no varía según las fluctuaciones
de la economía. Se obtiene al traspasar los fondos desde la AFP a la Compañía de
Seguros. En tal sentido, atendida su naturaleza, aquel convenio no puede ser dejado
sin efecto por la voluntad unilateral de una de las partes –Compañía de
Seguros/Afiliado- (artículo 62 DL 3.500, “tiene el carácter de irrevocable”), requiriendo
para su término la anuencia de ambas partes contratantes o mediante resolución
judicial; antecedente que debe ser comunicado por la Aseguradora a la
Administradora de origen, con la indicación de la fecha de la resciliación, nombre y
RUT del afiliado, Nº de la póliza y nombre y RUT de la aseguradora, a fin de que la
administradora la ingrese a sistema. Si bien se inserta en el sistema previsional, el
contrato de seguro de renta vitalicia, mantiene su fisonomía, en particular, su carácter
aleatorio y su irrevocabilidad.
7.- El artículo 62, inciso primero del DL Nº 3500, define la renta vitalicia
inmediata como “aquella modalidad de pensión que contrata un afiliado con una
Compañía de Seguro de Vida, en la que ésta se obliga al pago de una renta mensual,
desde el momento en que se suscribe el contrato y hasta su fallecimiento y a pagar
pensiones de sobrevivencia a sus beneficiarios señalados en el artículo 5º, según
corresponda”. A su vez, en su inciso segundo, se especifica que este contrato de seguro
deberá ajustarse a normas generales que dicte la Superintendencia de Valores y
Seguros (hoy Comisión para el Mercado Financiero), y tendrá el carácter de
irrevocable, deberá resguardarse la “naturaleza previsional” de este seguro y
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TRESCIENTOS OCHENTA
permitir una adecuada comparación de las ofertas de pensión. Para el cálculo de la
renta deberá evaluarse el total del saldo de la cuenta individual del afiliado, salvo que
éste opte por retirar excedentes de libre disposición en conformidad al inciso sexto. El
monto de la renta mensual que resulte de aplicar lo anterior, podrá ser constante o
variable en el tiempo.
V.- ESENCIA DE LAS RENTAS VITALICIAS.
8.- Como lo ha expresado la Iltma. Corte de Apelaciones de Santiago, el
contrato de renta vitalicia es en su esencia aleatorio, aunque de naturaleza previsional;
así, si bien está tratado en el Código Civil al encontrarse en la clasificación contenida
en el artículo 2258 del referido cuerpo normativo y también en los artículos 2264 y
siguientes, lo cierto es que este contrato está amparado por las disposiciones del DL
3500, por lo que el del caso de marras es de naturaleza previsional. Sin embargo, no
debe escapar su análisis que al ser en sí un contrato aleatorio, se tiene presente que no
resulta posible determinar al tiempo de su celebración, las ventajas o desventajas que
producirá el contrato para los interesados en ese sentido, el artículo 62 del Decreto Ley
3500 define el contrato de renta vitalicia como una "modalidad de pensión que
contrata un afiliado con una Compañía de Seguros de Vida, en la que ésta se obliga al
pago de una renta mensual, desde el momento en que se suscribe el contrato y hasta
su fallecimiento y a pagar pensiones de sobrevivencia a sus beneficiarios señalados en
el artículo 5°, según corresponda". De tal forma que para los contratantes hay
obligaciones; para el afiliado, “entregar” la totalidad de sus fondos previsionales
ahorrados en una AFP a la Compañía Aseguradora y, para esta última, entregar una
renta mensual para aquel hasta que fallezca, o si el afiliado tenía beneficiarios, pagar
a estos. En ese sentido, el contrato de renta vitalicia siempre lleva la contingencia
incierta de ganancia o pérdida. (sentencia rol 37176-2020,cc. 11°, 12°).
9.- La doctrina por su lado define renta vitalicia inmediata como aquella
modalidad, en la cual “el afiliado adquiere, con los ahorros de su cuenta individual,
una Renta Vitalicia en una Compañía de Seguros de Vida, la que se obliga a pagarle
una renta mensual hasta su fallecimiento y a pagar las pensiones de sobrevivencia a
sus beneficiarios. Este contrato es irrevocable y su monto se expresará en unidades de
fomento u otro sistema de reajustabilidad que fije la Superintendencia“; y renta
vitalicia con retiro programado “aquella modalidad de pensión por la cual el afiliado
contrata con una Compañía de Seguros de Vida una Renta Vitalicia Inmediata con una
parte del saldo de la cuenta de capitalización individual, acogiéndose con la parte
restante a la modalidad de Retiro Programado” (Héctor Humeres, Derecho del
Trabajo y Seguridad Social. Tomo III, Editorial Jurídica, 2013, pp. 266-269).
De lo anterior, emana que, la diferencia jurídica más relevante, entre retiro
programado y renta vitalicia radica en la propiedad sobre los recursos o ahorros
previsionales acumulados, en el primero, el titular conserva dicha propiedad, prueba
de ello es que, si el titular muere, dichos valores acrecen la herencia; y en cambio en el
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TRESCIENTOS OCHENTA Y UNO
caso de la renta vitalicia, la propiedad se transfiere a una compañía de seguros de
vida para que ésta otorgue una pensión de por vida. Dicha compañía adquiere una
obligación de pagar esa renta vitalicia, surgiendo, de ese contrato, el derecho
personal para obtener esa renta. El afiliado, por tanto, no es propietario ni tampoco
titular de los recursos que contractualmente han sido transferidos, pasando estos
fondos previsionales a ser el valor de la prima por la cual la compañía de seguros
se compromete a la entrega de la renta fija. Sin perjuicio de ello, se mantiene su
naturaleza previsional.
VI.- EFECTOS Y CARACTERES DE LA RENTA VITALICIA COMO
MODALIDAD DE ESTRUCTURAR UN SISTEMA DE PENSIONES.
10.- “Renta Vitalicia Inmediata. Esta modalidad de pensión se expresa en la
celebración de un contrato entre el afiliado y una compañía de seguros, por el cual el
beneficiario, afiliado pensionante, se obliga a transferir sus fondos previsionales o la
parte de ellos que se convenga, desde su AFP a la entidad aseguradora que elija, y ésta
a pagar un pensión mensual constante en Unidades de Fomento desde el momento en
que se suscribe el contrato hasta su fallecimiento, y producido éste, una pensión de
sobrevivencia a sus beneficiarios.
La renta vitalicia convenida es irrevocable, por el hecho que el afiliado deja de
ser dueño de los fondos previsionales traspasados, éstos se transfieren a la compañía
de seguros a cambio de la renta vitalicia contratada, y porque el valor de la pensión se
mantiene constante en el tiempo (UF).
Características: Se trata de una modalidad que consta de un contrato
irrevocable.
La cuantía de la pensión es de revalorización automática (se determina en UF).
Se requiere que los recursos destinados al financiamiento de la pensión
aseguren una de un monto mínimo para optar por esta modalidad de pensión.
La renta vitalicia se financia con el saldo total de la cuenta individual del
afiliado, a menos que este opte por retirar excedentes de libre disposición y el saldo
existente lo permita.
Los fondos traspasados de la cuenta individual por la AFP a la Compañía de
Seguros designada por el afiliado, constituye la prima con que se entera el capital para
constituir la renta vitalicia. (Cifuentes, Arellano y Walker, Seguridad Social. Parte
General y Pensiones, Ed. Librotecnia, 2013, Santiago de Chile, pp. 352 y 353).
11.- Rol de las Compañías de Seguros de Vida. Las compañías de seguros de
vida, entidades con las cuales se contratan pensiones de renta vitalicia en las
modalidades que analizamos en este apartado, son sociedades anónimas nacionales
que tienen por objeto, el comercio de asegurar y reasegurar riesgos a base de primas.
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TRESCIENTOS OCHENTA Y DOS
A las compañías de seguro de vida, se le han atribuido adicionalmente,
funciones de seguridad social, entre ellas se pueden mencionar, entre otras: pagar
pensiones por rentas vitalicias; Seguros de Invalidez y Sobrevivencia (SIS);
observación en la calificación de invalidez; comisión y normas de calificación
invalidez; Cotizaciones voluntarias. A su vez, también tienen obligaciones en lo
relacionado con el pago de asignaciones familiares a los pensionados y descuentos a
favor de las Cajas de Compensación de Asignación Familiar, de las prestaciones que
pagan a pensionados por alguna de las variantes de la renta vitalicia que se afilian a
una Caja, por cotización y eventuales préstamos de crédito social.
“Cabe hacer presente que las compañías de seguros, concurren al
financiamiento de prestaciones por accidentes, enfermedades y fallecimiento en actos
de servicio de miembros de los Cuerpo de Bomberos, correspondiéndole a la
Superintendencia de Valores y Seguros, el control y gestión superior de estas
prestaciones de aseguramiento que desarrollan de forma voluntaria tales entidades.
Ellas por su contenido no escapan a los objetivos generales de la seguridad social”
(Cifuentes, Arellano y Walker, op. cit., pp. 353 y 354).
12.- Que las rentas vitalicias obedecen a uno de los tres regímenes previsionales
que existen en nuestro país. El sistema de rentas vitalicias esta regulado en los
artículos 62 a 65 del Decreto Ley N°3.500 y en las normas de carácter general de la
Comisión del Mercado Financiero. Constituyen por ello una modalidad de pensión
acordada mediante un contrato de seguro celebrado entre el afiliado y la compañía de
seguros, que debe ajustarse a las normas generales que dicte el órgano que las
supervigila (hoy Comisión del Mercado Financiero, ex SVS). Tienen un carácter de
irrevocable (art. 62 del D.L. 3.500), debiendo resguardarse la naturaleza previsional
del seguro, lo que en otras palabras es aquella modalidad de pensión por medio de la
cual la Compañía de Seguros se obliga al pago de por vida de una venta vitalicia al
afiliado, y a pagar pensiones de sobrevivencia a sus beneficiarios, según corresponda,
desde la fecha de vigencia de la póliza.
Sus características principales son: contrato irrevocable, su revalorización
automática, la necesidad de que los recursos destinados al financiamiento de la
pensión aseguren una de monto mínimo para optar a ella, se financia con el saldo total
de la cuenta individual del afiliado y los fondos traspasados (cambio de dominio) de
la cuenta individual por la AFP a la Compañía de Seguros, constituye la prima con
que se entera el capital para constituir y diseñar la renta vitalicia.
En resumen, estamos ante una modalidad de pensión en la cual la transferencia
de la totalidad o parte de los fondos previsionales convenidos, configuran la
obligación de pago de una pensión mensual constante en UF desde el momento en
que se suscribe el contrato hasta su fallecimiento. La irrevocabilidad de la renta vitalicia,
atendido a que el afiliado pierde su condición de dueño de los fondos previsionales traspasados,
conforman que el titular de ellos es la Compañía de Seguros, a cambio de la renta vitalicia
contratada.
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TRESCIENTOS OCHENTA Y TRES
Es un hecho indubitado que el titular del dominio es la Compañía de Seguros,
puesto que el contrato de renta vitalicia es en la esencia aleatorio e irrevocable.
VII.- INAPLICABILIDAD. EFECTOS EN EL CASO CONCRETO.
NECESIDAD DE ACREDITAR PERJUICIOS.
13.- Que la función jurisdiccional en Chile se define a partir de lo establecido
en el artículo 76 de la CPR, a saber, aquella facultad de los tribunales de justicia en
general de conocer causas civiles y criminales, de resolverlas y de hacer ejecutar lo
juzgado.
Se conceptualiza como un poder-deber que tienen los tribunales de conocer y
resolver por medio de un proceso y con efecto de cosa juzgada, los conflictos de
relevancia jurídica que se desenvuelven en el orden temporal y cuya solución le
corresponder intervenir. Andrés Bordali (2013), decanta que la función de los
tribunales de justicia consiste en resolver, por medio del proceso, la confrontación de
pretensiones y resistencias o un conflicto intersubjetivo de intereses. Obviamente,
tales definiciones no cubren muchas actuaciones jurisdiccionales. Sin embargo, la idea
moderna de jurisdicción la podemos encontrar en Ferrajoli quien concluye que los
tribunales conocen y resuelven asuntos en muchos casos subyace un conflicto
intersubjetivo, pero no siempre es así. Tiene presente que a los órganos
jurisdiccionales le corresponde a diferencia de la función de gobierno que diseña y
decide el espacio de la política, una función de garantía secundaria, esto es,
desarrollan la función de establecimiento y sanción o reparación de la violación de
una garantía primaria. “La regulación actual de la jurisdicción y el rol que le
corresponde desempeñar en un Estado de Derecho contemporáneo hacen de la
función judicial un tema muy complejo, donde no se pueden dar respuestas simples
ni excluyente” (Rodrigo Cerda San Martín, Justicia en Chile. Constitución y Órgano
Jurisdiccional, Ed. Insurgente, 2021, Santiago de Chile, pp. 34-35).
Cerda San Martín arguye “Desde otra perspectiva, una visión contemporánea
de la jurisdicción asume que no es efectivo que el juez pueda solucionar cualquier caso
mediante la aplicación de las normas generales y abstractas, dentro del ordenamiento
jurídico completo y coherente, utilizando la lógica de la subsunción (los hechos en la
premisa menor y la norma en la premisa mayor). La tarea es mucho más compleja, ya
que el juez necesita fijar el contenido normativo del Derecho que estima aplicable,
mediante su interpretación de acuerdo a la Constitución y, de ese modo, regular la
situación litigiosa. Entonces deberá delinear la norma jurídica según los dictámenes
de la Carta Fundamental, porque la idea de validez de la ley está vinculada a los
principios constitucionales y a los derechos fundamentales” (Cerda San Martín,
op.cit.,p.35).
14.- Que la justicia constitucional es la materialización de la jurisdicción
constitucional, que tal como se señaló en forma previa corresponde al mecanismo
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TRESCIENTOS OCHENTA Y CUATRO
declarativo de los pronunciamientos del juez constitucional, donde la actividad de
este “juez es de control”, no como interferencia o invasión respecto de los poderes del
Estado. Los límites de esta actividad están determinados por el carácter de su función
, por los matices de la actuación de la voluntad constitucional que tiende al equilibrio
de los poderes, evitando siempre que dicha jurisdicción se transforme en una función
política, peligro por otra parte evitable, de manera que el control de normas y sus
efectos mediante la justicia constitucional implique en su naturaleza misma que el juez
constitucional realice un examen, en cierto sentido abstracto o de dogmática jurídica
consistente, dentro del ordenamiento jurídico, si tal examen (control) de la legitimidad
constitucional de las leyes puede o no incluirse dentro de los esquemas lógicos del
concepto de jurisdicción, pero que si corresponde a aquellos parámetros mínimos para
entender la noción de Estado de Derecho constitucional.
La verdadera esencia de toda Corte constitucional es inductiva a comprender
que el fin genérico de su actividad es el resguardo de la actuación de la voluntad
constitucional, de manera que su sustento lo configura la legitimidad constitucional
de las leyes y de los actos que tienen fuerza de ley.
15.- La acción de inaplicabilidad por inconstitucionalidad que recoge nuestra
doctrina jurisprudencial de esta Magistratura establece en la sentencia Rol N°558
(590)/2006, de 5 de junio de 2007, el rol político institucional en materia de
constitucionalidad de normas con un evidente sello jurisdiccional. Aquello resulta
evidente pues el sistema de jurisdicción constitucional en general y el Tribunal
Constitucional en particular se asientan en la quiebra teórico-práctica del principio de
separación de poderes, no para negar tal principio de distribución de poder público
sino para salvarlo, conservando los poderes públicos una lógica de interrelación, que
el Barón de Montesquieu la identifica como los poderes de estatuir normas y los
poderes de impedir o anular normas. Agrega un comentarista: “En un Estado de
Derecho el poder de estatuir normas los tienen, tratándose de la legislación, los
poderes colegisladores y el poder de impedir o anular normas lo tiene principalmente
el Tribunal Constitucional. Esto significa que el Tribunal Constitucional no tiene un
rol modelador o arbitrador en el sistema político, sino un rol político institucional de
heterocomposición en un proceso constitucional de conflictos de normas (decisiones
políticas) para dotar a la Constitución, en cuanto sistema de normas o reglas de
competencias, de supremacía, y valor normativo y eficacia”. (Zúñiga Urbina, Fco.
Acciones de Inaplicabilidad e Inconstitucionalidad, Ed. Abeledo- Perrot, 2da. Edición,
Chile, 2011, p.230).
16.- En un análisis más profundo, el desarrollo de la jurisdicción constitucional
por un lado otorga plena fuerza normativa a la Constitución (García Pelayo, 1986),
produciendo que el Estado legal de Derecho mute en un Estado Constitucional de
Derecho.
Los tribunales o cortes constitucionales son órganos supremos constitucionales
de única instancia, de carácter permanente, independientes e imparciales, que tienen
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TRESCIENTOS OCHENTA Y CINCO
por función esencial y exclusiva la interpretación y defensa jurisdiccional de la
Constitución, a través de procedimientos contenciosos constitucionales referentes
como núcleo esencial a la constitucionalidad de normas infraconstitucionales y la
distribución vertical y horizontal del poder estatal, agregándose generalmente la
protección extraordinaria de los derechos fundamentales, que actúan sobre la base de
razonamientos jurídicos y cuyas sentencias tienen valor de cosa juzgada, pudiendo
expulsar del ordenamiento jurídico las normas infraconstitucionales consideradas
inconstitucionales.
Como señaló en su momento Bachof, el carácter político de un acto “no excluye
un conocimiento jurídico del mismo, ni el resultado político de dicho conocimiento le
despoja de su carácter jurídico (Bachof, 1985)” (Humberto Nogueira Alcalá, Tribunal
Constitucional Chileno y Teoria Democrática, Hemiciclo, Revista de Estudios
Parlamentarios, p.13).
Los tribunales constitucionales resuelven a través de procedimientos
contenciosos constitucionales, que es su competencia especializada, la determinación
de la inconstitucionalidad de normas infraconstitucionales o que provienen del
derecho internacional al incorporarse al derecho interno; resuelven conflictos entre
órganos constitucionales, y protegen a través de acciones o recursos extraordinarios,
por regla general, los derechos fundamentales, sin perjuicio de ejercer otras
competencias no esenciales. En todo caso, las materias contenciosas reservadas al
tribunal constitucional deben contener como mínimo la constitucionalidad de las leyes
(Favoreu, 1986: 28), siendo los únicos órganos que pueden impedir su incorporación
o su expulsión del ordenamiento jurídico y la distribución horizontal y vertical del
poder estatal. Además, ellos no ejercen jurisdicción ordinaria. Este aspecto determina
el elemento material de la definición de un tribunal constitucional. (Humberto
Nogueira Alcalá, op.cit.,p.13).
Es necesario precisar, además, que la palabra de la jurisdicción constitucional
no es la última palabra, ya que el cuerpo político de la sociedad y el poder
constituyente instituido, si consideran que los jueces constitucionales ha sobrepasado
la idea de derecho, válida y vigente en la sociedad política respectiva, pueden
modificar el texto constitucional referente a la composición, competencias y
procedimientos del tribunal constitucional, obligándolo a actuar en la dirección
determinada por dicho cuerpo político de la sociedad (Humberto Nogueira
Alcalá,op.cit., p. 14).
Como afirma Calsamiglia, la dogmática jurídica, en este caso la dogmática
constitucional, se opone a la inseguridad que genera el lenguaje jurídico, ella
“construye criterios racionales integrados a una teoría para la resolución de casos
dudosos. La seguridad que ofrece la dogmática no es una seguridad literal sino
racional” (Calsamiglia, 1988:140) (Humberto Nogueira Alcalá,op.cit., p. 14).
Como consideraciones sobre el tópico en cuestión cabe establecer que aquellas
aseveraciones que implican interpretaciones ideologizadas con falta de fundamento
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TRESCIENTOS OCHENTA Y SEIS
jurídico, que convierten en legislador positivo al órgano constitucional en labores
jurisdiccionales, ajenos a su función, contrariando la voluntad legislativa expresada
por los órganos colegisladores se transforman en pronunciamientos más bien político
– valóricos, que escapan a la competencia de esta Magistratura.
VIII.- NO ES CUESTIONAMIENTO DE LA CONSTITUCIÓN.
17.- Que en el caso de autos la jurisdicción constitucional debe percibirse a
partir del observador mismo que realiza esa percepción, tomando en consideración la
coherencia con las circunstancias fácticas. No debemos olvidar nunca que nuestro
mecanismo de coordinación es el lenguaje, dado que el cerebro hace un mapa del
mundo externo que se expresa en el lenguaje. En otras palabras, el lenguaje es la
orientación de la atención, de forma tal que los elementos propios del caso concreto,
incluso los factores culturales pueden cambiar el entendimiento de determinado
problema sobre el cual reflexiona el sujeto que controvierte un dilema constitucional.
18.- La sistemática de los modelos de justicia constitucional se encuentran
refrendados, especialmente, en un criterio de formulación de una propuesta que parte
criticando a Tusseau, no solo contrastando la pureza del modelo estadounidense, sino
poniendo en duda además que pueda ser considerado un modelo difuso; de este
modo el modelo basado en criterios rígidos es conducente a visualizar que cualquier
órgano superior de la judicatura – Corte Suprema o Corte Constitucional -, su
principal función es el control de constitucionalidad donde los elementos que inciden
en el objeto de escrutinio conllevan que la función de control va aparejada en su
integración al control jurisdiccional un factor de control político u otras formas de
control.
De esta manera, no estamos en presencia de un cuestionamiento de factores de
optimización o relevancia de una constitución o no sino que más bien ante elementos
de la Constitución de 1980 – cuestionada o no – resultan antinómicos con la garantía
consagrada en el texto hoy en proceso de revisión por la Convención Constituyente.
IX.- DERECHO DE PROPIEDAD.
19.- A partir del examen del derecho de propiedad constitucional se arriba a la
conclusión de que sus elementos distintivos están representados por la existencia de
una relación directa entre una persona y una cosa (relación de pertenencia), que le
otorga al titular los más amplios poderes sobre ella, sin perjuicio de las limitaciones o
restricciones a las que pudiera verse sometido, por obra del legislador, así, el tipo
iusfundamental “derecho de propiedad, asumido por la Constitución, consiste en “ la
atribución exclusiva de un bien a una persona, representativa de las más amplias
facultades de aprovechamiento, sin perjuicio de las limitaciones y obligaciones que el
legislador pueda imponerle, en razón de la función social” (Montory Barriga,
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TRESCIENTOS OCHENTA Y SIETE
Gonzalo, “La propiedad constitucional: Limitaciones, privaciones, contenido
esencial”. Tirant lo blanch, Valencia, 2019, p. 33).
El derecho de propiedad asumido por la Constitución tiene un carácter
unitario, en el sentido de que sus características y elementos distintivos se encuentran
presentes en todas sus modulaciones, por lo que su esencia actúa como un elemento
unificador, sin perjuicio que, en base a la función social, el legislador pueda limitar el
alcance concreto de las facultades y prerrogativas del dueño. (Montory Barriga,
Gonzalo, Op. Cit. p. 42).
20.- Los límites del derecho de propiedad representan las fronteras del mismo
y se establecen a partir del Texto Constitucional, conformando la tipicidad
iusfundamental y sus limitaciones, señalan las disminuciones de esas fronteras que
por diversas causas puede establecer el legislador, encontrándose entregadas al
legislador ordinario, por medio de una reserva de ley. (Montory Barriga, Gonzalo, Op.
Cit. pp. 53 y 54). Así, en cuanto a las facultades reguladoras del legislador en materia
de derecho de propiedad, su alcance y la distinción que presenta esta función con el
establecimiento o configuración del tipo constitucional del derecho de propiedad, esto
escapa a las prerrogativas del legislador ordinario, siendo el papel de la función social
externo al derecho de propiedad, representando solamente la justificación de las
limitaciones y cargas que el legislador puede imponerle, sin que forme parte de su
esencia o estructura material.
21.- La distinción entre limitaciones y privaciones al derecho de propiedad, se
diluye cuando dichos conceptos son aplicados al derecho y no a la cosa sobre la que
recae, lo que se encuentra recogido en el artículo 19 Nº 24, inciso 3º de la Constitución,
al referirse a la privación de “atributos o facultades esenciales del dominio”, debiendo
dicha distinción centrarse en la intensidad o el grado de penetración de la medida en
el derecho, cuyo límite lo constituye la esencia del derecho de propiedad, que nuestra
Constitución recoge tanto en la expresión ya transcrita, como también e la expresión
“afectación de la esencia”, del artículo 19 Nº 26.
A partir de dichos preceptos, surgen dos métodos de protección del derecho
de propiedad, que descansan en las concepciones del dominio que se conocen en
doctrina, uno es el analítico, centrado en los atributos o facultades del dominio; y el
otro es el sintético, que se representa por el concepto de esencia, radicando la utilidad
práctica de cada método, en la distinta forma de acometer el examen de adecuación
de una norma reguladora del derecho de propiedad, a la Constitución, siendo la
concepción sintética, más abarcadora ya que permite incorporar en el examen las
características del dominio, y no sólo a sus atributos o facultades, otorgando al análisis
una orientación más cualitativa que cuantitativa (Montory Barriga, Gonzalo, Op. Cit.
p. 132).
22.- Que en el caso deducido en estos autos la invocación del derecho de
propiedad se establece a partir de aquellas circunstancias de facto en la cual la
Compañía Aseguradora adquiere la calidad de titular del dominio sobre los bienes o
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TRESCIENTOS OCHENTA Y OCHO
valores que percibe a título de prima, tal como se señala más adelante y en particular
el contrato de renta vitalicia obliga al ente asegurador al pago en virtud del contrato
que lo vincula con su contraparte a entregar una mensualidad no desvalorizada,
constituyendo de este modo factores que conforman el principio de intangibilidad de
lo pactado, por lo tanto, no es posible modificar aquellos principios que informan el
referido pacto contractual sin la voluntad de los suscribientes, a menos que nos
encontremos en aquellas excepciones que expresamente el constituyente estableció
para afectar tales circunstancias.
X.- INCIDENCIA DE RENTA VITALICIA EN EL ÁREA DE LA
SEGURIDAD SOCIAL.
23.- Que el sistema previsional chileno lo constituyen tres regímenes
previsionales: las entidades previsionales del antiguo régimen previsional de reparto
(Instituto de Previsión Social -IPS-), el sistema de Administradoras de Fondos de
Pensiones (DL. N° 3.500 de 1980) y el Sistema Solidarios de Pensiones de la Ley N°
20.255.
En cuanto a las modalidades de pensión, los afiliados que cumplan los
requisitos para jubilar, los afiliados declarados inválidos totales y los afiliados
declarados inválidos parciales, pueden optar a disponer de sus fondos de la cuenta
individual (artículo 61 del DL N° 3500). Hay cuatro modalidades a su vez para hacer
efectiva la pensión: renta vitalicia inmediata, renta y temporal con renta vitalicia
diferida, retiro programado y renta vitalicia con retiro programado.
El sistema de renta vitalicia previsional se encuentra regulado en los artículos
62 a 65 del DL N° 3.500 y en normas de carácter general de la Comisión de Mercado
Financiero. Esta constituye una modalidad de pensión consistente en un contrato de
seguro celebrado entre el afiliado y la Compañía de Seguros, como se señala
previamente.
24.- El sello de la modalidad de renta vitalicia previsional es en esencia
aleatorio, aunque de impronta previsional. Sin embargo, al ser un contrato aleatorio
no resulta posible determinar al momento de su celebración los pro y los contra que
generará como efecto el contrato para los interesados, tomando en cuenta que es un
pactum contractual con una Compañía de Seguros de Vida, donde los contratantes
tienen obligaciones y en el caso de la Compañía Aseguradora la obligación de entregar
una renta mensual, entidad que hace que el contrato de renta vitalicia siempre lleva
una contingencia incierta de ganancia o pérdida.
25.- Que reafirma el criterio establecido precedentemente de la naturaleza
jurídica de la renta vitalicia un Informe en Derecho del informante Sr. Zúñiga,
presentado durante la tramitación del proyecto de ley del tercer retiro de parte de los
fondos previsionales, señala que las rentas de los contratos de seguro de renta
vitalicia, nacen día a día, pudiendo esto no ocurrir, de manera que no se puede
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TRESCIENTOS OCHENTA Y NUEVE
adelantar, con lo cual el proyecto de ley que reforma la constitución impondría en
realidad, la devolución a los asegurados, por las compañías aseguradoras de parte de
la prima de estos contratos. Dichas primas advierte el citado opinante, ya fueron
pagadas, y en dinero fungible, de manera que como tales no existen, con lo que lo
afectado es directamente el patrimonio de las aseguradoras, lo cual se propone
retribuir con disminución de las pensiones, pero estas son obligaciones futuras e
inciertas, que incluso pudieran no llegar a existir, por ende, afirma el citado Zúñiga
que lo que en realidad se afectaría son bienes y derechos garantizados por el artículo
19, N° 24 de la Constitución (Comisión de Constitución, Legislación, Justicia y
Reglamento. Tramitación legislativa de proyectos de ley boletines Nos. 13950-07,
14054-07, y 14095-07 refundidos).
XI.- CAMBIO DE LA CONSTITUCIÓN: SU NECESIDAD. IMPLICANCIA
DE RECONOCER AL ESTADO ACTUAL.
26.- Que si bien no es propio abocarnos al tema del cambio constitucional y las
implicancias que pudiera tener el estado actual del Sistema de Seguridad Social
resguardado en la Carta Fundamental de 1980, no podemos obviar que el canon de
constitucionalidad implica cierto grado de racionalidad y coherencia del
ordenamiento, dado que la calidad de la ley se reconduce ya a principios
constitucionales, explícitos o implícitos, derivados de la moderna idea de Estado de
Derecho: seguridad jurídica como protección de la confianza y certeza del derecho,
interdicción de la arbitrariedad (razonabilidad), tolerabilidad. Todo ello se prolonga
en conceptos trasversales fundamentales: proporcionalidad, ponderación, sin
descartar en un horizonte cercano el criterio de la subsidiariedad.
27.- El propio Tribunal Constitucional Español ha señalado como límite a la
libertad de configuración del legislador la interdicción de la arbitrariedad. Al expresar
que no resulta pertinente realizar un análisis de fondo de todas las motivaciones
posibles de la norma y de todas sus eventuales consecuencias, sin embargo, tampoco
cabe confundir lo que es el arbitrio legítimo del legislador con capricho,
inconsecuencia o incoherencia creadores de desigualdad o distorsión en los efectos
legales (STC 13/2007, de 18 de enero de 2007).
En ese sentido, no resulta apto que el proceso de evaluación legislativa y el
pertinente control de constitucionalidad no dejen de considerar las implicancias del
estado actual del sistema de pensiones en su modalidad de rentas vitalicias,
entendiendo que si bien el derecho a la seguridad social podría implicar una
disminución inmediata de las pensiones en la hipótesis deducida en estos autos.
XII.- LO PRIVADO Y LO PÚBLICO EN SU RELACIÓN CON LAS RENTAS
VITALICIAS.
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TRESCIENTOS NOVENTA
28.- En síntesis, lo privado contra lo público, y viceversa; uno dirigido a
magnificar las propias virtudes ilustrando las disfunciones y los fracasos del otro. Las
virtudes de lo privado, que reducen al mínimo el espacio de lo público. O la inversa,
las virtudes de lo publico que sanan los pecados y los egoísmos de lo privado. Un
esquema contrapositivo, a mi parecer todavía presente en la cultura política y
constitucional (Mauricio Fioravanti, Público y Privado. Los Principios Fundamentales
de la Constitución, Ed. Porrúa, México, 2017, p. 11).
En relación a lo anterior es posible señalar que la idea de supremacía de la
Constitución es antiquísima y, a la vez, actual, puesto que renovar por el giro
constituyente la supremacía de la Constitución consolida que la Ley Fundamental
capaz de impedir en el futuro un regreso a las condiciones de un pasado que no
respete la Carta Política.
29.- Resulta obvio concluir que: el modelo constitucional de la relación entre lo
público y lo privado es, en último análisis, aquel de la doble limitación y, por tanto,
del doble valor de la Constitución, que opone siempre a sí misma, y los derechos
fundamentales en ella sancionados, a uno como al otro, cada vez que las razones de
uno o de otro devengan desmedidas, sean ellas las razones de un público que quiere
invadir las esferas de los individuos, o las de un privado que, en razón de su potencia
económica, quiere dominar la escena pública. Se podría también decir: la Constitución
socorre siempre al más débil, al público cuando es invadido arbitrariamente por el
privado, y viceversa. Abandonar este modelo significa, por tanto, correr riesgos
gravísimos, tanto en una vertiente como en la otra.
Por tanto, no hay que tratar la Constitución como una simple ley políticamente
reformable y enmendable. La vicisitud de la relación entre público y privado nos ha
enseñado que en ella está fijado un pilar, un pilar de sostén, un esencial punto de
equilibrio. Sin aquella Constitución, sin aquel tipo de Constitución que hemos
iniciado a construir el siglo pasado, y sin aquel pilar, no tendríamos un problema más
o un poco menos de democracia, pero probablemente sí el inicio de la disolución de
la forma política democrática, en el sentido específico del regreso a un predominio
indiscriminado de los poderes arbitrarios, sean públicos o privados (Fioravanti,
op.cit., p. 26).
30.- Desde este punto de vista, existe un núcleo duro en los problemas que
tenemos enfrente, una objetividad de las cosas destinada a imponerse, a menos que
no se decida caminar deliberadamente hacia el precipicio. Hoy, que se trata de las
necesidades sociales primarias, desde la alimentación a la casa, o de la salud, o de la
asistencia, o del ambiente, se llega siempre a la misma conclusión: casi ninguna de
estas problemáticas es resoluble sino en sentido estructural, que muy poco se resuelve
con la política del momento, con la mayoría del momento. Las constituciones, también
las contemporáneas, precisamente como normas por su misma naturaleza
predispuestas a durar en el tiempo, están destinadas a desarrollar esta función
esencial e imprescindible: catalogar los bienes esenciales de la persona que cada
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TRESCIENTOS NOVENTA Y UNO
mayoría tiene el deber de cuidar y en este sentido representar la comunidad, la
dimensión profunda y persistente de las necesidades sociales que sólo la Constitución
puede en el tiempo adecuadamente reflexionar, y que en su objetividad se pone bien
por encima de las meras políticas de mayoría, con las cuales se llega ahora ya solo
hasta cierto punto, insuficiente para un gobierno serio de las sociedades y de las
democracias contemporánea (Fioravanti, op.cit., pp. 27-28).
31.- La Constitución puede defendernos de modo más o menos eficaz de los
poderes desmedidos. Pero no está de pie por sí sola. El mejor y más sólido
fundamento de la Constitución – por lo demás, el único posible – está precisamente
en esta conciencia de su necesaria dependencia de alguna más que la precede. En una
palabra, lo que la Constitución de verdad presupone, precisamente por plantearse
como Normas Suprema, es la existencia misma de una sociedad suficientemente
cohesionada, dotada de instrumentos que le permitan ser también sociedad política,
y no simple sociedad de individuos dotados de derechos más o menos perfectamente
garantizados.
En una palabra, una sociedad política y no solo una sociedad civil. Esta es hoy
la cuestión al orden del día de las democracias contemporáneas. No existe supremacía
de la Constitución sin sociedad política, y no existe sociedad política sin estables
instrumentos de participación, y sin la investigación, por cuanto atormentada y
problemática, de un principio de unidad. Sin todo esto, la Constitución vacila. En
síntesis, es verdad que podemos contar como tutela de nuestros derechos, como límite
al exceso de cada poder, público o privado que sea, pero no olvidemos nunca que
también la Constitución, a su vez, cuenta con nosotros (Fioravanti, op. cit.,pp. 28-29).
32.- No es posible aceptar el salir de la Constitución puesto que aquello
significa salir del modelo de relación entre lo público y lo privado que ella ha diseñado
y que limita a ambos: el primero no puede expresarse más que con el lenguaje del
legislador omnipotente, pensando poder normar cada aspecto de la vida individual y
de relación, y no puede, por tanto invadir arbitrariamente las esferas de los
ciudadanos, pero también el segundo no puede ser terreno de desarrollo de poderes
desmedido, sobre todo, incidentes en modo no menos peligroso sobre los derechos
fundamentales de la persona. La Constitución no predica en síntesis alguna virtud, ni
del Estado ni de mercado, simplemente porque piensa que tanto el primero como el
segundo pueden violar los derechos de la persona.
La clave es el modelo constitucional de la relación entre lo público y lo privado,
que en el caso en estudio, la fijación de un sistema previsional de rentas vitalicias no
puede ser desconocido en su funcionamiento y sus efectos con la afectación de la
Constitución, esencialmente en el derecho de propiedad.
XIII.- HECHO ESENCIAL, LAS FACULTADES ACREDITADAS POR LOS
REQUIRENTES.
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TRESCIENTOS NOVENTA Y DOS
33.- Que resulta esencial para la determinación en estos autos constitucionales
que las requirentes acrediten un perjuicio efectivo y real, en términos que incidan en
una afectación patrimonial, constituyendo aquello elemento clave para configurar la
afectación al derecho de propiedad que se ha alegado.
Si bien el concepto de función social del artículo 19, N°24 de la Constitución
Política, han sido reconocido por esta Magistratura, del mismo modo en el fallo sobre
Rentas Vitalicias, este órgano jurisdiccional invalidó en un proyecto los preceptos que
restringían fuertemente las facultades de disposición de los cotizantes sobre sus
ahorros previsionales. La noción relevante se orienta a limitar facultades esenciales
del dominio, hecho que aparece ratificada en la sentencia Rol 7.442-19 de 18 de mayo
de 2020, donde se cuestionaban las limitaciones contenidas en el D.L. N°3.500 respecto
de la propiedad sobre los fondos previsionales (en igual sentido en STC Rol N° 7548,
de 14 de mayo de 2020).
34.- Junto a lo anterior, es necesario expresar que la privación de los derechos
emanados de un contrato es un bien incorporal y por lo tanto, debe ajustarse a los
términos en que el constituyente estableció el “principio de intangibilidad” en los
contratos, sólo con las limitaciones que este mismo órgano estableció al efecto.
35.- Que, de igual manera, los requirentes acreditando un perjuicio en un
patrimonio separado configura una afectación, del mismo modo, la indisponibilidad
de la renta vitalicia fuera de la esfera de la competencia que tiene el legislador para
afectar el derecho reclamado, razón por lo cual se ha generado una alteración
contractual de lo convenido entre aquellas partes suscribientes del contrato de renta
vitalicia.
XIV.- NO COMPETE PRONUNCIARSE SOBRE EL PROCESO
LEGISLATIVO DE LA LEY EN ESTA OPORTUNIDAD.
36.- No es posible esta Magistratura pueda pronunciarse sobre acápites o
incidencias propios de un control preventivo, atendido que la sede en la cual nos
encontramos es de aquellas de inaplicabilidad que establece el artículo 93, N°6 del
Código Político. Del mismo modo, tampoco es posible emitir juicio sobre un tema que
escapa derechamente a lo planteado por la actora constitucional, en base a que el
cuestionamiento sustancial es el instituto de la renta vitalicia previsional definida en
el artículo 62 del D.L. N°3.500.
37.- Que la “petitio” de la parte solicitante deduce su pretensión de
inaplicabilidad por causa de inconstitucionalidad, en gestión consistente en un
reclamo de ilegalidad que conoce la Iltma. Corte de Apelaciones de Santiago, por lo
tanto, el objeto delimitado de la controversia constitucional es, si existe o no afectación
al sistema de rentas vitalicias, el cual generaría normativamente una contradicción con
alguna garantía constitucional de aquellas deducidas por la actora.
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TRESCIENTOS NOVENTA Y TRES
38.- Si bien es cierto que nominalmente podríamos estar en presencia de una
reforma constitucional de la Carta Fundamental, también es susceptible de calificarse
de una ley común de reforma de la Constitución, cuyas reglas de modificación
conllevan trámites especiales que deben satisfacerse. La materialidad se expresa en
leyes que históricamente consistieron en doce mecanismos de reforma constitucional,
que han estado vigentes en Chile. Las constantes modificaciones que no pueden
sorprender del mecanismo de reforma constitucional depende la estabilidad
institucional del país y su formalización es mediante una ley que actualiza a la norma
fundamental del ordenamiento jurídico, bajo estándares democráticos y en su
implementación deben estar presentes las reglas normativas que aseguren de manera
adecuada los dos objetivos que pueden identificados sobre la materia: me refiero a la
búsqueda de legitimidad política y la estabilidad del sistema político-institucional.
XV.- EL TEMA SE DEBE RESOLVER SUSTANCIALMENTE POR EL JUEZ
DE FONDO, ATENDIDA LA NATURALEZA ESTIMATIVA DE LA SENTENCIA
CONSTITUCIONAL.
39.- Las sentencias del Tribunal Constitucional en nuestro sistema jurídico, en
base al modelo que a partir del año 2005 sobre jurisdicción constitucional implican,
siguiendo al efecto a Cappelletti, quien afirma que el órgano constitucional cumple un
rol argumentativo del sistema de control constitucional, por tanto, en cada caso
concreto en que debe fallar, implica discernir las circunstancias fácticas y normativas
de la misión que se le ha entregado.
40.- Las razones y el mérito de los argumentos empleados por los jueces
constitucionales a fin de constatar una mayor calidad argumentativa de sus fallos lleva
ínsito que la jurisdicción constitucional debe exigirle, como interprete superior y
último de la Carta Fundamental, que ofrezca sus mejores razonamientos al fundar las
sentencias. Ya Lorence Tribe (1988) señalaba que la jurisdicción constitucional debe
desarrollar un discurso constitucional que fundamente y aporte razones que sustenten
sus puntos de vistas sobre el comportamiento de otros órganos y potestades estatales,
mediante un dialogo con quienes leen la misma Constitución, aunque sostengan
diferencias de criterios.
En general, es la comunidad jurídica quien debe evaluar a los jueces
constitucionales, su capacidad intelectual y su rol de juristas de derecho público, que
denoten no sólo el conocimiento técnico-jurídico sino también el criterio y visión
desde la perspectiva constitucional del caso concreto a resolver.
XVI.- VICIO DE CONSTITUCIONALIDAD DEL DERECHO DE
PROPIEDAD INVOCADO DEBE SER PLAUSIBLE.
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TRESCIENTOS NOVENTA Y CUATRO
41.- El diseño del derecho de propiedad consagrado en la Constitución de 1980,
se construye en oposición a la idea de que reformas sociales como las que se discutían
a fines de los 60 en Chile, se hicieran con cargo al sacrificio de la propiedad, lo que
implicaba desconocer de alguna manera la autonomía individual. Así, se consagra un
derecho de propiedad extensivo, incluso más allá de los supuestos de la tradición
civilista del siglo XIX, con un condicionamiento de las causales que justificaban la
función social de la propiedad y los títulos de expropiación, así como el
reconocimiento de títulos de propiedad para la explotación de derechos comunes,
como las aguas, lo que configuró un modelo constitucional que la propiedad era útil
al funcionamiento eficiente de los mercados. Esta construcción del derecho de
propiedad implicó oponer este derecho a la regulación pública como un verdadero
muro de inmunidad, complementado por la “reserva de ley” como garantía frente a
las regulaciones de la Administración (Miriam Henríquez Viñas y Enrique Rajevic
Mosler, Coordinadores, Derecho de Propiedad. Enfoques de Derecho Público,
Ediciones DER, 2019, Chile, prólogo).
42.- A partir del retorno a la democracia esta concepción del derecho de
propiedad entró en tensión, al enfrentarse con las reformas regulatorias de los 90 en
nuestro país, que como en la mayoría de los sistemas comparados requerían adoptar
decisiones que implicaban afectar o bien reconcebir la propiedad, en particular frente
a la intervención de organismos administrativos, evidenciando que una forma
absoluta de comprender el derecho de propiedad y su reserva de ley era sencillamente
incompatible con el desarrollo de mercados razonables en democracias modernas y
que esta debía ser tutelada, pero sus obligaciones debían ser proporcionales a sus
beneficios.
43.- En este contexto, existe una radicalización de argumentos cada vez que se
discute sobre los alcances de la regulación pública frente al derecho de propiedad. Por
una parte, algunos defenderán la supremacía del derecho de propiedad privada sobre
las decisiones democráticas basándose en que la propiedad privada es un derecho
“natural” y otros, en un mismo sentido, pero sin basarse en la idea de derecho natural,
consideran que es necesario proteger la propiedad en integridad por consideraciones
utilitaristas. Por otro lado, como crítica a las concepciones anteriores, aparecen
posturas que sostienen que el derecho de propiedad es de carácter fundamentalmente
diferente a otros derechos y libertades; se lo considera como un mecanismo
convencional creado para el avance del progreso social. Y otros podrán objetar el
carácter intocable del actual sistema de distribución de propiedad, mientras sí se
admite la existencia de un derecho general a tener propiedad como una condición del
progreso humano.
La plausibilidad del vicio de constitucionalidad del derecho de propiedad
aducido conjuga dos elementos a nuestro criterio: en primer lugar, un factor de
racionalidad jurídica, entendiendo por tal en un sentido Weberiano que el Derecho
racional se rige por un sistema de reglas formuladas en código de ordenación de la
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TRESCIENTOS NOVENTA Y CINCO
vida, conforme a principio y esquemas prefijados de regulación jurídica. Estamos en
presencia de racionalidad jurídica equivalente a una defensa de la racionalidad
instrumental; por otro lado, la concepción jurídica esencialmente positiva vincula
íntimamente el Derecho racional moderno con la dominación legal, centrando su
atención en el formalismo del Derecho positivo con un elevado grado de
sistematización realizada por juristas profesionales. De esta manera una concepción
formalista corresponde a legitimar una dominación legal cuya legalidad se basaría en
un Derecho de estructura estrictamente decisional. El tema de la legitimidad es propio
de una impronta constitucional en el marco de la teoría del Estado y del Derecho.
XVII.- QUE NO ES RELEVANTE EN EL PLANO CONSTITUCIONAL LOS
EFECTOS QUE PUDIERE TENER EL JUICIO DE FONDO, PUES SUS LÍMITES
SON LA VULNERACIÓN ACREDITADA.
44.- Atendida la naturaleza estimativa, como ya se ha señalado
precedentemente, de la sentencia constitucional en nuestro ordenamiento jurídico
cabe ponderar lo resuelto por la mayoría en autos que al resolverse el asunto de fondo,
los factores probatorios y circunstanciales que pudieren tener relevancia al efecto,
resultan absolutamente independientes, en la medida de lo posible, de lo resuelto por
esta Magistratura.
45.- Que lo antes aseverado con motivo de la incidencia del asunto
constitucional sobre el cual ha versado el conflicto de derecho público de autos no
hace más que reafirmar, que el plano limitativo de este nivel exclusivamente
significativo de la judicatura constitucional se acota o mejor dicho se recompone en
torno a la preceptiva propia de la Carta Fundamental.
46.- Que así las cosas la dimensión ético-sustantiva del Estado constitucional
del derecho contemporáneo trata de que la sobre interpretación de la constitución en
relación a los ordenamientos constitucionales conllevan un peligro latente dado que
la dimensión ético-sustantiva a que nos referimos implica la idea moderna en las
últimas décadas que las constituciones no solo regulan las relaciones entre privados,
en el sentido que imponen o prescriben un determinado modelo de sociedad, sino que
también el juez constitucional se hace cargo de la defensa de garantías constitucionales
que la Carta Política ha implementado al respecto.
Los textos normativos expresan una multiplicidad de normas que pueden ser
interpretadas de diversas maneras, de forma tal que esta Magistratura como interprete
del texto normativo debe elegir aquella que desemboque en una norma compatible
con la constitución o bien elegir una interpretación que sea incompatible con la
constitución declarando de esta manera el vicio de inaplicabilidad por
inconstitucionalidad que prescribió el constituyente.
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TRESCIENTOS NOVENTA Y SEIS
XVIII.- DIFERENCIA ENTRE FONDOS PREVISIONALES (AFP) Y
RENTAS VITALICIAS.
47.- Que el sistema de AFP, les corresponde registrar en las cuentas de
capitalización individual de todo cotizante, las cotizaciones que enteran los afiliados
(dependientes, independientes y voluntarios) y los empleadores por sus trabajadores.
Las AFP también cumple funciones en relación con el cobro de cotizaciones que no
figuran registradas, producto de relaciones laborales vigentes, terminadas o
suspendidas. Las AFP deben registrar las cotizaciones y encargarse de su inversión
conforme a su estatuto en el marco de la seguridad social.
Diferente es el mecanismo de la renta vitalicia donde está de por medio la
vigencia de un contrato entre el afiliado y la Compañía de Seguros, siendo la renta
vitalicia convenida un instituto irrevocable, por el hecho que el afiliado dejo de ser
dueño de sus fondos previsionales traspasados, los cuales ingresan a la Compañía de
Seguros a cambo de una renta contratada, porque el valor de la pensión se mantiene
constante en el tiempo (UF).
Su diferencia esencial es que la renta vitalicia es un negocio jurídico de
prestación fungible, cuyo objeto es una pensión constante en número y/o cosas
fungibles, determinable y revalorizable, que la diferencia de otros negocios jurídicos
de igual naturaleza. En otros términos, es un negocio nominado, típico, de atribución
patrimonial, de duración y ejecución periódica, aleatorio y neutro. La gran diferencia
con el sistema de AFP es que este último carece de la impronta que tiene la renta
vitalicia consistente que es un auténtico negocio jurídico el cual fue en una clásica
definición De Castro y Bravo, F (El negocio jurídico, Ed. Civitas, Madrid, 1985, P. 34)
que expresa:
El Derecho considera como negocio jurídico (…) la declaración o acuerdo de
voluntades, con que los particulares se proponen conseguir un resultado, que el Derecho estima
digno de su especial tutela, sea en base sólo a dicha declaración o acuerdo, sea completado con
otros hechos o actos.
En resumen la esfera, las características, las funciones entre el rol de las AFP y
el de las rentas vitalicias radica en su verdadero sello: la noción de intangibilidad que
presentan las rentas vitalicias.
XIX.- FACTORES FÁCTICOS QUE NO SE PUEDEN OBVIAR.
48.- Que en el caso de autos (Rol 11.560), el reclamo de ilegalidad por estimar
que el acto administrativo correspondiente al Oficio Circular N°1208, de fecha 30 de
abril de 2021, que “Imparte instrucciones a las compañías de seguros de vida que
mantienen reservas técnicas de rentas vitalicias”, cuya emisión fue acordada por el
Consejo en Sesión Extraordinaria N° 102 de la misma fecha, acuerdo ejecutado por la
Resolución Exenta N° 2340 de igual data, ambos dictados por la CMF, es ilegal y le
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TRESCIENTOS NOVENTA Y SIETE
causa perjuicio. En primer lugar se alega la infracción al artículo 20 N° 3 de la ley
21.000, puesto que al dictar el Oficio reclamado que corresponde normativamente a
un oficio circular, la CMF no dio cumplimiento a la obligación legal de efectuar su
consulta pública, dando a conocer el proyecto de norma previo a su dictación,
publicándola en la página web de la CMF y disponiendo los mecanismos que
aseguren a los interesados formular sus observaciones, como se lo ordena
imperativamente el precepto legal infringido, indicando que la infracción cometida
por la CMF en la dictación del Oficio Reclamado, fuera de constituir un ilícito que se
basta a sí mismo, causa evidente perjuicio a la Compañía.
En segundo término, alega la infracción a la Ley 21.330, al artículo 20 del DFL
N° 251, a la Circular N° 1512 de 2 de enero de 2001 y a las facultades de la CMF
establecidas en el inciso 2° del artículo 1° y en el número 1 del artículo 5° de la Ley
21.000. Indican que las razones del perjuicio surgen de la ilegal interpretación que el
Oficio Reclamado hace de la Ley 21.330 y demás infracciones denunciadas en este
capítulo, producen a la Compañía, un perjuicio patrimonial actual, determinado y
determinable. Agregan que, dependiendo del número de pensionados que soliciten el
anticipo a cuenta de sus flujos futuros de rentas vitalicias, el daño aumentará en forma
proporcional a las reservas técnicas base de los respectivos pensionados que incluyen,
como se ha explicado, la parte del Aporte Compañía que la constituye y que se efectuó
con recursos propios de esta.
49.- Por último, se alega la infracción al N° 7 de la Norma de Carácter General
N° 208 de 2007 de la CMF, al artículo 20 del DFL 251 y a las facultades de la CMF
establecidas en el inciso 2° del artículo 1° y en el número 1 del artículo 5° de la Ley
21.000. Se indica que las razones del perjuicio consisten en que la ilegal interpretación
que el Oficio Reclamado hace de la Ley 21.330 y demás infracciones normativas y
legales denunciadas en este capítulo, producen a la Compañía un perjuicio
patrimonial actual, determinado y determinable; puesto que, dependiendo del
número de pensionados que soliciten el anticipo a cuenta de sus flujos futuros de
rentas vitalicias, el daño aumentará en forma proporcional a la disminución de las
reservas técnicas base de los respectivos pensionados.
50.- Mediante escrito de fecha 09 de diciembre de 2021, la requirente
acompaña certificado emitido por el Gerente General de 4 Life Seguros de Vida S.A.,
en el cual certifica que hasta el 07 de diciembre de 2021, un total de 3.388 pensionados
bajo la modalidad de renta vitalicia han solicitado el “retiro” o “anticipo”, pagando la
cantidad de UF 385.116,86, equivalentes a $11.877.916.654.- por dicho concepto, monto
que equivale al 47,46% del monto total susceptible de ser retirado o adelantado.
Agregando que, ha incurrido en gastos por un total de $88.768.261.- directamente
asociados con la implementación y pago de los retiros o anticipos.
Anexo a los factores de hecho que sustentan la decisión, el ex presidente del
Banco Central Mario Marcel y el presidente de la Comisión del Mercado Financiero
Joaquín Cortés llegaron a aseverar que existía una manifiesta afectación al patrimonio
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TRESCIENTOS NOVENTA Y OCHO
de las compañías de seguro de vida en el contexto de un nuevo anticipo de las rentas
vitalicias.
XX.- CONCLUSIONES.
51.- Que, con el mérito de lo razonado, no cabe más que acoger el
requerimiento en los términos referidos, en la medida que habría una afectación
patrimonial de la requirente de autos.
Redactó la sentencia el Ministro señor IVÁN ARÓSTICA MALDONADO y la
disidencia, el Ministro señor RODRIGO PICA FLORES.
Las prevenciones corresponden al JUAN JOSÉ ROMERO GUZMÁN, GONZALO
GARCÍA PINO y NELSON POZO SILVA, respectivamente.
Comuníquese, notifíquese, regístrese y archívese.
Rol N° 11.560-21-INA
Pronunciada por el Excmo. Tribunal Constitucional, integrado por su
Presidente, Ministro señor JUAN JOSÉ ROMERO GUZMÁN, y por sus Ministros señores
IVÁN ARÓSTICA MALDONADO, señora MARÍA LUISA BRAHM BARRIL, GONZALO GARCÍA
PINO, CRISTIÁN LETELIER AGUILAR, NELSON POZO SILVA, JOSÉ IGNACIO VÁSQUEZ
MÁRQUEZ, señora MARÍA PÍA SILVA GALLINATO, MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ
GONZÁLEZ y RODRIGO PICA FLORES.
Firma el señor Presidente del Tribunal, y se certifica que los demás señora y
señores Ministros concurren al acuerdo y fallo, pero no firman por no encontrarse en
dependencias físicas de esta Magistratura, en cumplimiento de las medidas dispuestas
ante la emergencia sanitaria existente en el país.
Se certifica que los Ministros señores JUAN JOSÉ ROMERO GUZMÁN, IVÁN
ARÓSTICA MALDONADO, señora MARÍA LUISA BRAHM BARRIL y señor GONZALO
GARCÍA PINO concurren al acuerdo y fallo, pero no firman por haber cesado en el
ejercicio de su cargos.
Autoriza la Secretaria del Tribunal Constitucional, señora María Angélica
Barriga Meza.
Cristián Letelier Aguilar María Angélica Barriga Meza
Tribunal Constitucional Tribunal Constitucional
Fecha: 29-04-2022 Fecha: 29-04-2022
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