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NADA Jan Teller

La adaptación de 'Nada' de Janne Teller, escrita por Bárbara Perrín Rivemar, explora la vida de un grupo de estudiantes que enfrentan el desasosiego y la desesperanza tras el impactante comentario de su compañero Pedro, quien afirma que 'nada importa'. A medida que regresan a la escuela después de las vacaciones, los personajes lidian con la presión de la vida escolar y la búsqueda de significado, mientras se sienten atraídos por la idea de la 'nada' que Pedro representa. La historia se desarrolla en un contexto de amistad, miedo y la lucha por encontrar un propósito en un mundo que parece vacío.

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NADA Jan Teller

La adaptación de 'Nada' de Janne Teller, escrita por Bárbara Perrín Rivemar, explora la vida de un grupo de estudiantes que enfrentan el desasosiego y la desesperanza tras el impactante comentario de su compañero Pedro, quien afirma que 'nada importa'. A medida que regresan a la escuela después de las vacaciones, los personajes lidian con la presión de la vida escolar y la búsqueda de significado, mientras se sienten atraídos por la idea de la 'nada' que Pedro representa. La historia se desarrolla en un contexto de amistad, miedo y la lucha por encontrar un propósito en un mundo que parece vacío.

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nada.

Adaptación de la novela de Janne Teller


por Bárbara Perrín Rivemar

0. DESCUBRIMIENTO

PEDRO:
Nada importa. Hace mucho que lo sé.
Así que no vale la pena hacer nada.
Eso, acabo de descubrirlo.

I. EL DÍA MÁS DIFÍCIL EN LA VIDA DE TODO ESTUDIANTE

ANA: Primer día de clases después de las vacaciones.

4: El verano te aplasta la cara.

3: Cuánta flojera.

ANA: Es el calor.

2: Me estoy derritiendo…

1: Me pone de malas.

4: Los tenis se pegaban al cemento como cuando pisas una mancha de refresco que se
secó antes de poder limpiarla.

ANA: El recuerdo de la dulce primavera en nuestros cuerpos había quedado muy atrás.

3: Estábamos hastiados.

1: Caminar hasta la escuela es como atravesar el desierto.

2: El desierto de nuestras ilusiones vacacionales.

ANA: No, no era como el desierto: te podías encontrar frutas maduras que se habían
caído de los árboles.

1: ¿Cómo un cementerio?

4: Manzanas, peras, duraznos de los morados…

3: ¡Ciruelas! Son ciruelas, idiota.

ANA: Todas podridas por el calor.

2: A un paso de volverse pasa.

1: ¡Qué ganas de patearlas!

3: O de usarlas como ¡Misil!


ANA: Era el primer día de escuela luego del ocio del verano.

3: Regresar a clases después de la belleza de las vacaciones.

ANA: Nada pesaba más.

1: Vamos, resignación.

3: ¡Ánimo!

4: Valor.

2: Todo esto terminará un día.

ANA: Ahora lo sé.

3: El salón.

1: Huele a productos de limpieza.

ANA: Olía a vacío prolongado.

4: Las ventanas nos regresan nuestros reflejos perfectos y deslumbrantes.

3: ¡Ventanas limpias!

2: Disfrútalas, que no las vuelven a limpiar en todo el año.

1: Ni un rastro de gis en el pizarrón.

ANA: Los pupitres estaban muy bien acomodados de dos en dos en filas rectas.

4: Como pasillos de hospital.

2: Somos el salón de 6to C.

1: Los últimos de los últimos de la primaria.

3: Ya somos de los grandes.

ANA: Cada quien tomó su lugar.

4: Con cuidado. Sería raro descuadrar tanta pulcritud.

3: Ya vendrá el momento de darle en la madre a todo esto.


4: ¡Pero hoy no!

ANA: El maestro nos dio la bienvenida.

1: El maestro Esquivel.

2: Siempre nos da la bienvenida con el mismo chiste.

1: Cada año.

3: ¡Alégrense de este día, jovencitos! ¡No existiría lo que llamamos vacaciones si no


existiera lo que llamamos escuela!

2: La verdad, todavía no sé si es un chiste.

ANA: Pero todos nos reímos.

1: Hicimos como que nos reímos.

2: Por lo menos tiene una forma chistosa de decirlo.

ANA: Y justo ahí. En medio de las risas y sin ninguna advertencia:

PEDRO: Nada importa. Hace mucho que lo sé. Así que no vale la pena hacer nada. Eso
acabo de descubrirlo.

4: Demasiado presente de golpe.

1: Recoge sus cosas.

4. Que acababa de sacar.

2: Las mete a su mochila.

3: Un gesto de “todo me da igual”.

ANA: Pedro salió sin cerrar la puerta y sucedió tan en nuestras narices que no tuvimos
tiempo de…

1: De nada.

(Pedro salta al vacío)

ANA: Y la puerta nos sonrió


2: ¡Nunca había visto a la puerta hacer eso!

3: Pedro dejó la puerta abierta y sonriente.

4: Como las fauces de un animal riéndose.

2: Seduciéndome.

1: Invitándome a seguirlo.

4: Invitándonos a todos.

3: Para engullirnos.

ANA: Miré a mi alrededor. Miré a todos.

4: Silencio.

3: Silencio.

1: Silencio.

2: Silencio.

ANA: Ese molesto silencio me decía que todos los demás también se habían dado
cuenta.

1: Nos vamos a transformar en algo, puedo sentirlo.

2: Y algo quiere decir alguien.

3: Algo va a cambiar. Se siente en todo


el cuerpo.

4: O alguien, lo siento en todas partes.

ANA: Y tuve miedo. Miedo por Pedro.

1: Miedo por mí.

2: Mucho miedo.

3: Más miedo.

4: Miedo por todos.


II. UN CHICO TREPADO EN UN CIRUELO

ANA: Vivíamos en un…

1: Una ciudad muy pinche.

4: ¡Preciosa!

3: ¿Muy pinche preciosa? ¿O pinche-y-preciosa?

2: Un poco de ambas.

ANA: Un lugar casi bonito.

1: Casi ciudad.

2: Un poco de todo.

3: Bardas con muros agrietados.

1: Edificios con muchos pisos.

ANA: Y terrenos baldíos en donde vivían los niños con los que nunca jugábamos.

4: También hay algunas mansiones blancas.

2: Donde vive toda la gente fina.

1: Con esos tampoco jugábamos.

3: Nuestra escuela está justo en medio de todo.

ANA: Y Pedro vivía al final de esa calle.

1: Con su papá y un grupo de gente muy rara.

4: Hippies.

3: Atrapados, al final de la calle, en 1968.

ANA: En el jardín de su casa, había un árbol grande y viejo.

4: Un ciruelo.

3: Nos gusta brincar hasta alcanzar la ciruela más lejana y podrida.


1: Y luego tragártela.

4: Que asco.

2: Pero no este verano.

ANA: Pedro dejó la escuela para subirse a ese árbol.

3: Y aventarnos ciruelas.

1: No es que tenga buena puntería.

3: Es como si una fuerza superior depositara cuidadosamente en el blanco todas las


ciruelas de Pedro.

1: ¡Auch!

2: ¡Hey!

3: Auuuu…

4: ¡Pedro!

ANA: El ojo de Jimena, la nalga de Lucía, las costillas de Ian o la tarea de Ahmed.
Todos sus lanzamientos eran certeros. No entendíamos bien por qué, pero eran otro tipo
de misiles los que más nos lastimaban.

PEDRO: Todo da igual. Todo empieza para acabar. En el mismo instante en que naces,
empiezas a morirte. Y así pasa con todo.

1: ¡Auch!

PEDRO: ¡La Tierra tiene cuatro mil seiscientos millones de años, pero ustedes llegarán
como máximo a los cien!

2: ¡Hey!

PEDRO: Existir no vale la pena ¿Para qué? Todo es un gran teatro que consiste sólo en
fingir y en ser el mejor en eso.

3: Auuuu….

ANA: Hasta entonces no había nada que nos hubiera hecho pensar que Tony supiera algo
de la vida que nosotros no.
2: Pero de repente nos lo pareció a todos.

4: Sus palabras nos revelan algo.

1: Pero nadie quiere reconocerlo.

3: Ni en voz alta ni en silencio.

ANA: Ni ante nuestros padres.

2: Ni ante nuestros profesores.

1: Mucho menos entre nosotros.

4: No queremos vivir en ese mundo tuyo.

ANA: Nosotros sí vamos a hacer a ser algo que valga la pena.

2: Vamos a ser alguien.

ANA: El profesor intentó borrar toda huella de Pedro.

3: En clase.

1: Y en nuestras mentes.

2: Pero algo de él permanecía en nosotros.

4: Como un fantasma.

3: Como un monstruo.

2: Y la puerta seguía sonriendo.

ANA: Quizá por eso, pasó lo que pasó.

1: Dos ciruelas golpean la espalda de Sofía.

SOFÍA: Te pasas las horas como idiota viendo al aire ¿Eso es mejor que esto?

PEDRO: Ni como idiota ni al aire. Miro el cielo y me ejercito en no hacer nada.


SOFÍA: Mierda… Eso es lo que haces.

(Sofía recoge un palo, se lo avienta con mucha fuerza pero cae muy lejos de
Pedro).

ANA: Tony se rió tan fuerte que se pudo oír hasta la escuela. Hasta el profesor
Esquivel.

SOFÍA: ¡Eres la persona más desagradable que conozco! ¡Ojalá … te caguen todos
los pájaros!

PEDRO: Si valiera la pena enojarse por algo, también existiría algo por lo que
alegrarse. Y si valiera la pena alegrarse por algo, existiría algo que importara ¡Y no
es así! Dentro de pocos años, todos muertos y olvidados se convertirán en nada, así
que también ustedes deberían empezar a practicar.

ANA: Ahí fue cuando decidimos hacer bajar a Pedro del árbol.

III. UN CIRUELO TIENE MUCHAS RAMAS.

4: La escuela.

1: Grande y cuadrada.

2: Dos pisos de cemento gris.

3: Realmente fea.

ANA: Pero nosotros no tenemos tiempo para pensar en eso.

2: Mucho menos ahora que todo nuestro tiempo se va en tratar de no pensar en lo que dice
Pedro.

1: Pero ese martes la fealdad de la escuela se nos estrelló en toda la cara.

4. Igual que una de esas amargas ciruelas de Pedro.

3: ¿Siempre ha sido así de fea?

ANA: Cuando dimos vuelta a la cuadra y el edificio apareció ante nuestros ojos nos
quedamos mudos: como si la Nada que Pedro vociferaba se hubiera apoderado de nosotros
durante el camino y se materializara ahora.
2: Auch.

1: La escuela es tan gris y fea y cuadrada que casi no puedo respirar.

4: Es como si la escuela fuera la vida y la vida no debería verse así…

3: ¡Pero así se ve!

ANA: Siento una necesidad incontrolable de correr, trepar al ciruelo y quedarme junto a
Pedro mirando al cielo hasta convertirme en parte de la inmensa nada y no tener que pensar
nunca más.

1: Yo voy a convertirme en algo y también en alguien.

3: En alguien o algo que importa.

2: No voy a correr hacia el ciruelo.

4: Mejor voy a enterrarme las uñas en la palma de mi mano hasta hacerme daño y sentir
dolor.

ANA: Sentir lo que sea, cualquier cosa menos la nada.

TODOS: ¡Auch!

2: ¡Puerta! Maldita puerta sonriente, ciérrate ¡Ciérrate de una vez!

ANA: Ian fue el primero en reaccionar.

IAN: Tenemos que hacer algo.

ANA: Ian sabe tocar en la guitarra las canciones de los Beatles sin que puedas notar la
diferencia entre los reales y él.

2: Puede hacer la voz de Paul y de John. Y no tengo idea de cómo, pero en los coros,
puedes escuchar 4 voces al mismo tiempo salir de la boca de Ian.

1: Y además ¡Se llama Ian! Es como un nombre inglés que no suena tonto aunque no seas
inglés. Es sexy eso ¿no? (Fiu, fiu).

IAN: Tenemos que hacer algo.

2: Sí, tenemos que hacer algo.

3: ¿Pero qué?
1: ¡Shhhh! Ahí vienen los de secundaria.

3: ¿Pero qué?

ANA: Ian nos pasó un mensaje durante la clase de matemáticas.

IAN: Recreo. Todos a las canchas de futbol. PD: Todos menos Enrique.

ENRIQUE: ¡Ey!

2: Enrique es el hijo del profesor de biología y no queremos correr ningún riesgo.

IAN: Esto no puede continuar así.

3: Estamos a punto de terminar la primaria y todos somos tan modernos y experimentados


como para tener claro que en la vida importa más cómo se ven las cosas que cómo son en
realidad.

1: ¿No era al revés?

2: Como sea, lo más importante es convertirse en algo que tenga apariencia de algo.

4: En todo caso no es como para quedarse sentado en un ciruelo lanzando ciruelas a la


gente.

3: Seguro se va a bajar cuando llegue el invierno y no queden ciruelas.

2: ¿Y si se pone un suéter y nos empieza a lanzar ramas secas? Es igual de horrible.

1: Pues entonces hay que bajarlo a la fuerza.

ANA: Cuando íbamos en quinto Pedro se rompió la nariz por darle un cabezazo a uno de
secundaria.

2: Y a pesar de la nariz rota ganó la pelea.

1: Al de secundaria lo ingresaron en el hospital con conmoción cerebral.

IAN: No, bajarlo a la fuerza es mala idea.

1: Pero entonces ¿Qué hacemos?

TEO: En casos como este, sólo queda orar y pedir a nuestro Señor.

TODOS: ¡Cállate!
ANA: El padre del piadoso Teo era parte del grupo de la iglesia y era alguien importante
ahí adentro y por lo visto también su mamá.

2: Sólo Dios sabe qué hacen en ese grupo.

TEO: Somos personas de distintos países, culturas y lenguas que tenemos los mismos
objetivos. Sobre todo queremos honrar a…

TODOS: ¡Cállate!

2: Podemos presentar una queja.

TODOS: ¿A quién?

2: A Esquivel

ANA: Esquivel era nuestro prefecto, llevaba gabardina negra, reloj de oro y no se inmutaba
ante los problemas, fueran grandes o pequeños.

2: ¿Al subdirector?

1: No podemos quejarnos con Esquivel, ni con el subdirector ni con ningún adulto porque
tendríamos que explicarles lo que Pedro dice y eso es imposible, porque los adultos no
quieren oír que sabemos que en realidad nada tiene sentido y que todos fingimos, igual que
ellos.

3: Tienes razón, es tiempo perdido.

4: ¿Entonces qué hacemos?

ANA: Miré hacia el sol frunciendo los ojos y después miré los postes de la portería sin red,
los costales de balones azules y rojos, las colchonetas apiladas y la canasta de basket. Una
leve brisa sacudió las jacarandas que rodeaban la cancha. De pronto, fue como si estuviera
en la clase de educación física un día cualquiera. Casi olvido por qué debíamos bajar a
Pedro del ciruelo.

“Por mi parte puede quedarse ahí sentado hasta que se pudra”

Pensé. Pero no lo dije.

1: Hay que lanzarle piedras.

3: Buena idea.

2: La mejor que he oído.


4: Supongo que si no tenemos otra…

ANA: No teníamos otra.

IV. EL QUE ESTÉ LIBRE DE INSIGNIFICANCIA QUE LANCE LA PRIMERA


PIEDRA

ANA: Una piedra.

1: Dos piedras.

2: Muchas piedras.

3: Todas las piedras que quepan en la carretilla de Teo.

TEO: Pesa como un caballo muerto.

ENRIQUE: ¡Mínimo 2 piedras por cabeza!

ANA: Hasta Enrique había venido. En este plan, mientras más manos lanzaran piedras,
mejor.

1: Ni para qué viniste Enrique ¡Tiras piedras como nena!

2: ¡Hasta las de Sofía llegaron más cerca!

PEDRO: ¿Tanto les asusta la nada?

1: La piedra de Hans llegó hasta el árbol y chocó con una ciruela que esparció su pulpa
hacia todas partes.

ANA: Hans era nuestro chico rudo. Hans el grande, el brazo armado de 6ºC.

HANS: Tú estás allá arriba porque tu papá se quedó atrapado en 1968.

1: ¡Malditos hippies!

2: Tú papá se quedó arriba pero mínimo no arriba de un ciruelo.

ANA: Todos festejamos esos chistes. Aunque no fueran ciertos.

4: Pedro y su papá son miembros de una comuna donde cultivan verduras orgánicas, hacen
yoga y leen el tarot los fines de semana.
ANA: Pero el papá de Pedro era un programador que siempre se vestía impecable.
Trabajaba en una empresa que desarrollaba software para empresarios viejos que querían
hacerse más ricos con esto de la era digital. Eso nada tenía que ver con los 60.

PEDRO: Mi papá no se quedó atrapado en ninguna parte ¡Ni yo tampoco! Yo estoy


sentado en la nada, que no es lo mismo. ¡Y mejor estar sentado en la nada que en algo que
no es nada!

4: Silencio.

2: Uno, dos, tres…

1: Alguien haga algo con este silencio. No lo soporto.

3: ¡Le toca a Ana!

ANA: Nunca he tenido buena puntería, pero ese día estaba enojada y decidida a dar en el
blanco. Una.

1: Nada.

ANA: ¡Dos!

2: Casi.

PEDRO: ¿Tanto te duele creer que nada importa, Ana?

ANA: ¡Tres!

PEDRO: ¡Au!

3: ¡Yes!

PEDRO: Si viven hasta los 80 años habrán dormido 30, ido a la escuela y hecho tarea
como 9 y trabajado casi 14. Como ya gastaron 6 años en ser niños y jugar, luego sigue
mínimo unos 12 de limpiar la casa, hacer comida y cuidar hijos. Eso les deja ¿Qué? ¿Nueve
años como máximo para vivir?

ANA: Pedro lanzó sin fuerza una ciruela que no llegó muy lejos pero nos golpeó a todos.

PEDRO: ¿Y cómo van a usar esos 9 años? Fingiendo que tienen éxito en este teatro
absurdo en vez de empezar a disfrutar esos años ahora mismo.

1: ¡No es un teatro!

PEDRO: ¿Por qué se empeña todo el mundo en darle importancia a lo que no lo tiene y al
mismo tiempo fingen que lo realmente importante son tonterías? ¿Por qué es importante dar
las gracias y los buenos días? “Cómo te va, cómo has estado”… ¿Qué importa cómo hemos
estado si eventualmente dejaremos de estar? Lo saben. Más vale quedarse aquí sentado
comiendo ciruelas y acostumbrándote a ser parte de la nada.

ANA: Las dos piedras del piadoso Teo disparadas una tras otra.

PEDRO: Cuando nada importa más vale hacer nada que algo. Sobre todo si ese algo es
lanzar piedras porque no se atreven a subirse a un árbol.

ANA: Las piedras empezaron a caer sobre el ciruelo al ritmo de armas automáticas.

1: ¡Pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa-pa!

4: Olvídense de los turnos.

PEDRO: ¡Ahhhhh!

3: Ándele, por nihilista cabrón.

ANA: Un costal de carne y hueso azotando contra la hierba. Pedro había caído.

1: ¡Vámonos!

ANA: A la mañana siguiente el ciruelo estaba en silencio.

2: ¡Ya no está!

3: ¿Ganamos?

4: ¡Gracias Dios mío! ¡Las cosas importantes importan de nuevo!

ANA: Pero no nos duró mucho el gusto. A los dos días Pedro se había vuelto a trepar al
ciruelo y venía armado de nuevas ocurrencias.

PEDRO: Aunque aprendan cosas que los hagan sentir que son buenos en algo, siempre va
a ver alguien que sea mejor que ustedes.

ANA: ¡Ya cállate la boca! Yo sí voy a hacer cosas que importen. Cosas que signifiquen
algo ¡Que muevan a los otros! Y me van a conocer en todo el mundo.

PEDRO: Sí, Ana. Vas a ser una gran diseñadora, con “métodos de producción
sustentables” que “no sacrifiquen la elegancia de las prendas” ¡Sí, sí, muy bonito discurso!
Mucha gente va a estar de acuerdo contigo y se sentirán importantes usando tu ropa y
repitiendo como pericos tu filosofía. Pero tú eres mejor que eso. Tarde o temprano vas a
darte cuenta que no eres más que una payasa “entaconada” en el circo del mundo de la
moda y que tú y todo lo que te rodea está vacío, hagas lo que hagas.

ANA: ¡Tú eres el perico! Trepado en una rama, diciendo sandeces y…

PEDRO: ¿Por qué no aceptas de una vez que nada importa y te pones a disfrutar la nada
desde ahorita?
ANA: Le pinté dedo y le aventé una lata de jugo. Usé todo mi repertorio de mímica soez y
Pedro en vez de ofenderse se rió.

LUCÍA: No le hagas caso Ana, tu no eres una payasa, aunque te gusten los tacones.

ANA: Lucía mi amiga, mi amiga de pelo azul. Azul, más azul, lo más azul. Si mi madre no
me lo hubiera prohibido terminantemente yo también hubiera llevado el pelo azul.

IAN: Recreo. Nos vemos en las canchas. Da igual si está Enrique o no.

ANA: ¿Qué pensaron?

LUCIA: Yo pensé que…no, mejor no.

IAN: ¿Qué? Dilo.

LUCIA: Es que…

HANS: ¡Ya dilo!

LUCIA: Mejor no.

TEO: Yo pensé que…

TODOS: (Menos Ana) Cállate.

HANS: O te rompo tu madre.

ANA: Hans estaba insoportable.

2: Ninguna propuesta buena.

3: Y pocas, malas.

ANA: Sofía habló después de un rato de tener la mirada perdida en el suelo.

SOFÍA: Vamos a convertirnos en alguien.

2: Silencio.

SOFÍA: Tenemos que probarle a Pedro que existen cosas que importan.

4: Silencio.

2: ¿Pero qué cosas son esas?

SOFÍA: Las cosas que tienen valor. Las cosas que tienen significado.

2: ¿Probarle a Pedro que hay cosas que importan…?


4: Cosas con significado… Claro ¿y Pedro va a entender eso? ¿El hecho de que
esté en un ciruelo no quiere decir que está un poco incapacitado para encontrarle
valor a las cosas?

3: ¿Qué podemos perder?

ANA: No teníamos idea.

2: ¡COSAS QUE IMPORTAN!

3: Me gusta. Me gusta eso. Cosas que importan…

ANA: El insoportable recordatorio de la nada ya no venía solamente del ciruelo.

4: ¡Y claro que hay cosas que importan! Cosas que significan mucho.

ANA: Venían de todos lados, de cualquier cosa, de nosotros mismos. Y teníamos


que probarnos a nosotros, no a Pedro, que las cosas todavía nos importaban.

2: Pues como vamos.

ANA: ¡Manos a la obra!

V. LA VIEJA FÁBRICA.

3: ¡La vieja fábrica!

1: ¡Sí! Es perfecta.

2: ¿La que está por casa de Sofía?

4: ¡¿Hasta allá?!

ANA: Es media hora caminando, no exageres.

4: ¡Media hora! Ahí acaba la ciudad.

2: Ahí acaba el mundo.

3: Está después del lote baldío atrás de casa de Sofi.

1: Es grande, lleva años abandonada… lo tiene todo.

ANA: La vieja fábrica no estaba en funcionamiento e iba a ser derribada para


construir un polideportivo del cual los importantes de la ciudad habían hablado
durante años. Ya nadie creía realmente en ese polideportivo y aunque la fábrica
estuviera en ruinas, con los cristales reventados y un agujero en el techo, se
mantenía todavía en pie y era justo lo que necesitábamos.

3: Hay que conseguir un candado entonces.

2: Ve por uno a la ferretería.

4: ¿¡Hasta allá?!

ANA: Los diez minutos que tardó en llegar el candado los usamos para deliberar
cuál iba a ser la clave que escogeríamos para proteger el protón de la vieja
fábrica.

2: Cinco-Cero-Dos.

1: Cinco de febrero: el cumpleaños de Pedro.

3: Bien. Tenemos la vieja fábrica, tenemos candado y sabemos qué hacer.

ANA: Pero era más difícil de lo que imaginamos.

2: Cosas que importan…

ANA: Quizá Pedro tenía razón y encontrar cosas que significaran mucho no era un
asunto sencillo.

4: No tienen que ser grandes cosas, a veces lo pequeño tiene mucho valor
sentimental.

ELISA: Mi primera Barbie.

3: Bien, bien.

ELISA: Mejor dicho, lo que queda de ella.

ANA: Tocino, el perro bóxer de Elisa, había destrozado la Barbie veterinaria de su


dueña en un irónico arranque de violencia juguetona.

4: Ese Tocino es muy simpático. No tiene cola, pero cómo mueve el tambache.

ELISA: Oye, no lo defiendas. Se comió a mi Barbie.

3: Concéntrense: más cosas que importan.

IAN: Mi primer cassette de los Beatles.

ANA: Van dos.

LUCIA: El peine nacarado que me dio mi abuelita.


TEO: Tengo una biblia muy vieja que ya no tiene forro, pero tiene subrayados
muchos versículos importantes.

2: Deberíamos ir de puerta en puerta pidiendo cosas significativas.

1: Nos van a azotar la puerta en la cara.

ANA: Nos azotaron varias veces la puerta en la cara, pero algunos viejitos
adorables de la cuadra nos dieron aportaciones interesantes.

1: Una foto del los padres del Señor Gámez.

2: Un carrito de hojalata con el que jugaba el hijo de Doña Armida.

3: El hijo de Doña Armida hubiera cumplido 50 años el mes pasado si un carrote


de hojalata no le hubiera pasado encima hacía 22 años.

4: Y una rosa seca del ramo de bodas de la vieja María Luisa…

CHICAS: Awwww.

TEO: Divorciada a los 5 años de casarse porque su marido le pegaba.

ANA: Zapes para Teo por romper nuestros corazones llenos de esperanza.

1: La señora Carlota me dio la última bola de estambre con la que jugó Pelusita
antes de abandonarla para siempre. Lloró un poquito.

ANA: El montón de significado crecía y crecía, pero no parecía significar tanto.

LUCIA: Hemos juntado un montón de tiliches que le importan poquito a alguien,


pero no estoy segura de que nos importen mucho a nosotros…

4: ¡Eh, zapes para Lucía por demeritar nuestro esfuerzo!

ANA: Lucía no recibió ningún zape porque sabíamos que tenía razón.

IAN: Recreo. Canchas de futbol. Puede ir Enrique si promete que no se va a echar


para atrás.

ENRIQUE: Sí, pero que no se entere mi papá.

ANA: La dinámica era reconocer cosas que realmente nos importaban. El primero
fue Daniel.

DANIEL: Sé que me voy a arrepentir de esto…

ANA: Suspiró profundo y confesó valiente:


DANIEL: Mis libros de Dungeons and Dragons.

ANA: Daniel sacó de su mochila una pila de libros leídos y re leídos, casi se los
sabía de memoria.

1: He ahí una cosa importante.

IAN: Tienes que llevarlos a la fábrica saliendo de la escuela.

ANA: Todos estuvimos de acuerdo. Cuando Daniel llevó el montón de libros, Hans
hizo notar de inmediato…

HANS: ¡Eh! ¡Falta un volumen de la serie!

DANIEL: ¡No, ese es mi favorito!

ANA: Daniel berreó y berreó que ese era su favorito. Pero el hecho de que le
importara tanto fue el principal argumento que usamos para hacerlo ceder. Daniel
regresó a su casa por el libro que faltaba. Era uno de los volúmenes con menos
páginas y a pesar de esto, cuando lo dejó caer en el suelo junto a los demás,
golpeó el piso con una fuerza tal que abrió en la fábrica un abismo enorme de
significado.

3: ¡Eso importa!

ANA: Daniel no tardó en señalar la caña de pescar de Chava.

CHAVA: ¡Eh, esa me la dio mi papá!

ANA: Importa.

CHAVA: Pues que Ricardo entregue su balón.

RICARDO: ¿Qué? ¿Y con qué vamos a jugar? ¿Con las pelotas horribles de la
escuela?

2: ¡Importa!

RICARDO: ¡Los aretes de pericos de Laura!

LAURA: ¡No! ¡Me las trajo mi tía de África! ¡Y son cacatúas no pericos!

4: ¡Importa!

ANA: Debimos haber parado ahí. Pero ya era demasiado tarde.

LAURA: Las sandalias verdes de Ana.

JIMENA: ¡Eso!
ANA: Auch. No. No. No. No acabo de escuchar eso. Piensa, Ana ¡Piensa!

¿Las sandalias verdes?

Ni me gustan tanto, eh…

JIMENA: ¡JA!

ANA: La idiota de Jimena se rió de mí.

Mi estrategia era buena, pero era evidente que amaba esas sandalias verdes con
plataforma.

Son los primeros zapatos de tacón que mi mamá me deja comprar.

Pasé meses rogándole y me decía que no eran zapatos de niña.

8 de junio.

Las rebajas de medio año y mi cumpleaños número 12.

Una cajita verde con un moño lila a los pies de mi cama.

¡Te juro que si es otra Barbie se la doy al perro de Elisa!

Pero no, claro que no.

¡Eran mis sandalias verdes!

¡Gracias, gracias, gracias!

Mamá, eres la mejor mamá.

Son perfectas.

JIMENA: Las sandalias, Ana, no te hagas.

ANA: No puedo, mi mamá me va a preguntar por ellas y se va terminar dando


cuenta de todo.

CHAVA: ¿Y mi papá no va a preguntar por mi caña de pescar?

RICARDO: ¿Y el mío por mi balón?

LAURA: ¡Y mi tía por las cacatúas!

ANA: No hubo piedad.

JIMENA: Traigo unas chanclas en la mochila que uso para natación. Te las puedo
prestar para que no te regreses descalza.
ANA: Las horribles chanclas de Jimena me quedaban chicas y me sacaron una
ampolla en el dedo gordo. El camino a casa se me hizo más largo que nunca y
cuando di vuelta en la esquina me senté en la banqueta y me puse a llorar.
Cuando cerré la puerta de mi cuarto aventé las chanclas, miré mis pies descalzos
y me dije a mi misma: Jimena me las va a pagar.

VI. EL PUNTO DÉBIL DE JIMENA

ANA: Me costó tres días encontrar el punto débil de Jimena.

JIMENA: Y durante esos tres días fuiste terriblemente amable conmigo…

ANA: (A Jimena) Cállate. Nunca había sentido particular simpatía por Jimena.

3: Escupe cuando habla, eso no está chido.

4: Y cuando se ríe es peor. Nunca le volvería a contar el chiste del pingüino.

ANA: Además se pegaba siempre a Lucía y no la dejaba en paz.

LUCÍA: Un día me invitó a dormir a su casa y me dieron de cenar chayotes.

JIMENA: Y te regalé mi perfumito.

3: Ese perfume apesta.

ANA: Lucía es mi mejor amiga. Tiene 6 trenzas azules y siempre se viste de


negro. Si mi mamá fuera como Lucía yo siempre me vestiría de negro y usaría el
cabello de colores. Y tendría muchas sandalias de plataforma. Pero ahora todo
giraba alrededor de Jimena.

ANA: Me gusta Hans.

HANS: Ahhhhhh.

JIMENA: ¿Te gusta Hans?

TODOS: ¡Uuuuuuuuuuu!

ANA: Eso le dije. Para ganar su confianza. Fue una mentira de “fuerza mayor”. No
sé por qué, pero uno tiene permitido decir de esas mentiras.

2: ¿Y cuál es su punto débil?

ANA: Los primeros días no saqué nada. Llamó mi atención un póster de Jonathan
Tabacchini que adoraba y besaba antes de irse a dormir.
TODAS: Ahhhhhh.

4: Debe estar lleno de baba.

ANA: Y una colección de mini novelas románticas con uno que otro capítulo donde
la cosa se ponía candente. Médicos y enfermeras. Jefes y secretarias. Amantes
del siglo XVII.

3: ¡Uy! Que nos las preste.

ANA: Pero no fue hasta que me invitó a casa de su papá que di en el blanco.

1: Vive una semana con su mamá y otra con su papá ¿No?

4: A lo mejor por eso escupe tanto.

ANA: Había algo que la hacía querer volver a casa de su papá lo antes posible.
Algo que su mamá jamás hubiera permitido porque le aterraba, algo que Jimena
amaba y la hacía sentirse útil. Era perfecto.

Jimena, vas a tener que entregar a Oscarito para el montón de significado.

JIMENA: ¡No! ¡No! No puedes hacerme esto ¡Les voy a decir a todos los de Hans!

ANA: “¡Ja!” Lo de Hans era mentira. Lo dije para ganarme tu confianza.

HANS: Auuuuu.

JIMENA: ¡No! Todo menos Oscarito.

LUCÍA: ¿Oscarito?

ANA: Oscarito, un pequeño hámster blanco con manchas cafés.

3: Eres malvada.

4: Pero sí que suena importante.

ANA: Jimena no paraba de llorar.

3: De llorar y de escupir.

ANA: Estuve a punto de arrepentirme, pero bastó ver mi hermosas sandalias en lo


más alto del montón de significado para no rendirme. Lucía y yo escoltamos a
Jimena por Oscarito, no podíamos darle oportunidad de escapar.

JIMENA: Tengo que dejarle doble ración de comida.

ANA: Lo que sea, pero el hámster se queda.


JIMENA: Ya chiquito. Todo va a estar bien.

ANA: Cuando Jimena terminó de alimentar a Oscarito yo subí por la escalera y


coloque la jaula hasta arriba del montón. Fue como ponerle la estrella a un árbol
de Navidad.

LUCÍA: Ay.

ANA: Después del “Ay” de Lucía hubo un silencio horrible. Oscarito provocaba
algo en el montón de significado que ni mis sandalias, ni la caña ni las cacatúas
habían logrado.

3: Ahora sí tenemos un buen de significado.

1: Ni Pedro podría contra tanto.

ANA: Era hora de regresar a casa. Mañana le tocaba escoger a Jimena.

VII. EL HERMANITO DE ELISA

JIMENA: El trofeo de la Olimpiada de la Ciencia de Enrique.

ENRIQUE: ¡Pero está en el salón de mi papá!

1: Exacto.

ENRIQUE: ¡Me va a matar!

4: ¡Exacto!

ANA: El trofeo de la Olimpiada de la Ciencia no era algo tan importante, pero ya


que estuvo colocado en el montón de significado tuvo más sentido.

2: Se ve imponente.

3: Es mucho más grande que el trofeo de fut que ganamos.

1: Y más dorado.

ANA: Casi-casi llegaba a símbolo patrio y quizá por eso le dio un aire sagrado a
todo el montón de significado.

ENRIQUE: Ahora me toca a mí. Pero quiero pensarlo bien.

ANA: Enrique se tardó 8 días en decidir y si su ocurrencia no hubiera sido tan


grandiosa jamás le hubiéramos perdonado que:
1: Idiota ¿cómo se te ocurrió robarte el trofeo después de nuestra clase?

2: Era obvio que iban a sospechar de nuestro salón.

4: Esto amerita una severa sesión de zapes para Enrique.

ANA: El maestro nos castigó a todos hasta que se resolviera el misterio del trofeo
robado. Menos a Enrique, porque…

PAPÁ DE ENRIQUE: Es absurdo siquiera pensar que mi hijo, que además es el


ganador de ese trofeo, lo haya robado.

4: Ya te tardaste mucho, llevas casi una semana pensando.

ANA: Cada día que pasaba era como si el montón de significado se hiciera más
insignificante y eso nos ponía nerviosos a todos. Los gritos de Pedro volvían a
cobrar fuerza.

PEDRO: ¿Qué pretenden ustedes las chicas teniendo novio? Primero te


enamoras, después tienes novio y luego el enamoramiento se esfuma y te
separas.

CHICOS: Tsssssss

LUCIA : ¡Cállate!

ANA: Se sintió particularmente herida porque precisamente acabábamos de


hablar de Ian y de los sentimientos que no se podían gobernar.

PEDRO: Y así una y otra vez hasta que estén tan hartas que preferirán fingir que
el chico que en ese momento tienen a su lado es el único ¡Que pérdida de
energía!

CHICOS: Uuuuuh.

CHICAS: ¡Cállate de una vez!

ANA: Aunque yo no tuviera novio y tampoco supiera quién podría ser, deseaba
con ansia tenerlo y pronto. Pedro no tenía derecho a destruir mi amor antes de
estrenarlo.

PEDRO: Van a la escuela para tener trabajo y trabajan para tener tiempo y dinero
para no hacer nada ¿Por qué entonces no hacer nada desde el principio?

HANS: Eso no suena mal.

SOFIA: ¡Cállate!

ANA: Espera y verás.


PEDRO: No hay nada que esperar ¡Y no hay nada que ver! ¡Y cuanto más se
espera, por supuesto, menos queda por ver!

HANS: ¿Cómo?...

4: Ya estuvo Enrique. Elige ya.

ENRIQUE: Denme un día más.

1: ¡Más vale que sea brillante, cabezón!

ENRIQUE: Te prometo que sí.

ANA: Quizá fueron las constantes sesiones de zapes las que inspiraron a Enrique
a ensañarse tanto con su petición, pero si de significado se trataba… sin duda
había sido brillante.

ENRIQUE: El hermanito de Elisa.

ANA: Todos sabíamos lo que eso significaba. El hermanito de Elisa tenía dos
años y se había muerto hace seis meses.

3: Está enterrado en el cementerio.

1: Tendríamos que desenterrar el ataúd a la mitad de la noche.

4: Y cargarlo hasta la fábrica.

ANA: Miramos a Elisa. Con la esperanza de que dijera algo que nos detuviera.

3: No dijo nada.

ANA: Su hermanito había estado enfermo desde que nació y durante todo ese
tiempo sus papás se habían dedicado en cuerpo y alma a cuidar al bebé.

1: Mientras, Elisa vagaba por ahí entre lo triste y lo enojada y sus calificaciones
cayeron en picada.

4: Se convirtió en una “mala influencia” ante los ojos de nuestros padres de un


ciclo escolar a otro.

ANA: No creo que se pusiera realmente triste por la muerte de su hermanito.


Tampoco por desenterrarlo y ponerlo en el montón de significado. Creo que lo que
le importaba realmente a Elisa eran sus papás y ser descubierta haciendo una
cosa así significaba arriesgarse a perderlos.

ELISA: No podemos.

3: Técnicamente, sí podemos.
TEO: ¡Es una profanación! Vamos a invocar la ira de Dios. Los muertos deben
descansar en paz.

ANA: El comentario de Teo normalmente lo hubiera hecho ganador a una buena


tanda de zapes, pero este asunto era tan serio que lo dejamos pasar.

3: Tenemos que ser cinco.

4: Tres para cavar por turnos y dos para vigilar que no venga nadie.

1: Hay que decidirlo al azar.

ANA: Acordamos en que sacaríamos cada uno una carta de una baraja. Los tres
que sacaran las cartas más altas irían al cementerio.

2: ¿Tres nada más?

1: Obviamente Enrique y Elisa tienen que ser dos de los cinco.

ANA: Voy corriendo a mi casa por una baraja.

2: ¿Te acompaño?

ANA: Pero yo ya había desaparecido por la puerta.

3: A Ana siempre le ha gustado jugar a las cartas y tiene muchas barajas.

1: Con que no traiga las que tiene atrás caballitos de colores.

ANA: Las negras con bordes dorados eran las más solemnes. Había algo funesto
en ellas, pero por lo mismo me parecieron las más adecuadas.

4: ¿Qué tienen de malo las de caballitos?

ANA: Estaba aterrada. No podía ¡Yo no podía desenterrar al hermanito de Elisa!

2: Pues sería bastante irrespetuoso decidir una cosa tan seria con la baraja de
caballitos.

ANA: Tenía dos opciones: “traer un dos bajo la manga” o de plano marcar una
carta.

1: ¿No es ya bastante irrespetuoso lo que vamos a hacer?

3: Pues sí, pero hay que tener tantita madre.

ANA: Decidí marcar todos los dos. Era menos riesgoso.

2: Oigan, esta mujer ya se tardó.


ANA: ¡Listo! ¡Tengo la baraja!

Nadie hizo bromas. A nadie le dio gusto que llegara. Desgraciadamente la tensión
no iba a romperse por usar una baraja de caballitos de colores, así que nadie lo
intentó.

3: Préstame la baraja.

LUCÍA: ¡Qué nervios! ¿Tú tienes miedo?

ANA: Lucía me susurró su preocupación, pero yo estaba tranquila. Las cartas


marcadas me hacían sentir segura.

1: Hay que barajearlas bien.

HANS: ¿El as es la más baja o la más alta?

IAN: La más alta bestia. Para que nadie haga trampa vamos a poner las cartas
hacia abajo y apiladas, todos tomamos estrictamente la de arriba ¿Va?

1, 2, 4: Va.

ANA: Ian dijo otra cosa pero ya no escuché nada. No había escapatoria. Sugerir
cualquier otro método me hubiera delatado ¿Por qué no me guardé un dos bajo la
manga?

1: Ay.

2: Uf.

3: Oh-Oh.

4: Jm…

ANA: Todos sacaban la carta, hacían un ruido rarísimo y la apretaban contra su


pecho. Cuando llegó mi turno supe de inmediato que la carta que me tocaba no
podía ser un dos: estaba impecable. Me tiemblan las manos, no puede estar
pasando esto ¿Habrá forma de hacer como que las tiro y re acomodarlas? Me
parece que puedo ver un dos aquí abajo… podría…

1: ¡Ana, ya agarra la maldita carta! ¡Por Dios!

ANA: Mierda.

3: Esto no es un juego de póquer, Ana.

ANA: As de espadas.

2:¡Mierda!
ANA: Pasé el resto del sorteo con la mirada perdida y la cabeza llena de
imágenes horripilantes. Sólo pude volver a la realidad cuando me encontré en un
círculo con Elisa, Teo, Enrique y Jimena.

ENRIQUE: Nos vemos a las 11 en casa de Jimena. Con sus bicis. De ahí, al
cementerio.

TEO: No es buena idea. Me pueden expulsar de la congregación.

ELISA: Tiene razón ¿No puedes escoger otra cosa? ¿Mi reloj? Me lo dio mi papá
cuando me mandaron a vivir con mi abuela. Es importante.

ENRIQUE: No.

ELISA: ¿Mi celular?

ANA: Elisa sacó de su mochila el reluciente teléfono. El más grande. El más


nuevo. Era la única del salón que tenía el modelo más reciente. Pero Enrique dijo
que su decisión era final.

ELISA: Tenemos que tomarle foto a las flores de la tumba para volverlas a plantar
igual después de sacar el ataúd.

ENRIQUE: Tú Lucía te traes una pala y Teo la carretilla. Ana, Elisa ¿Tienen
linternas en su casa?

ANA, ELISA: Sí.

IAN: Se las traen también.

VIII. EL CEMENTERIO

ANA: La cita era a las 11:00 de la noche. Me metí temprano a la cama y puse el
despertador a las 10:30 con la intención de dormir un rato, pero no lo logré.

10:25

No puedo más.

Me pongo mis jeans y las botas de lluvia.

Alcanzo a escuchar a mis papás viendo televisión en el otro cuarto.

La ventana es mi única salida.

Quizá debería quedarme en casa.


Pero es ya es demasiado tarde, voy camino a casa de Ian.

Paso firme pero viendo el suelo.

TODOS: Un, dos, un, dos.

Cuento mis pasos para no escuchar mis pensamientos.

ANA: Enrique dijo:

ENRIQUE: El que no venga, tendrá que hacerlo solo al dia siguiente.

ANA: El recuerdo de sus palabras fue suficiente para echarme a correr.

TODOS: Un, dos, un, dos, un, dos.

ANA: Ya no tengo frío.

10:50.

Teo muerto de miedo con su carretilla.

Elisa y Jimena con sus bicicletas.

También tienen los ojos clavados en el piso.

No sé si por miedo o por vergüenza.

Enrique llega exactamente a las 11:00.

Ninguno de nosotros dijo nada mientras nos abríamos paso por las calles
dormidas de la ciudad.

La cuesta del cementerio es muy empinada y está llena de grava, así que Teo
tuvo dejar la carretilla en la entrada.

TEO: No puedo, si alguien la reconoce…

ENRIQUE: No inventes. Es una carretilla común y corriente.

TEO: Pero no quiero dejarla aquí.

JIMENA: Bájale a tu mala vibra o te la bajamos a zapes.

ANA: Teo cede poco convencido y su mirada vuelve al piso.

Es miedo y vergüenza.

Nunca me ha gustado estar en el cementerio.


TODOS: Un, dos, un, dos, un, dos.

ANA: No por los muertos.

1: Por la nada.

3: Nada.

4: Más nada.

ANA: Terriblemente más nada después de la muerte.

TODOS: Uno, dos, uno, dos.

ELISA: Aquí es.

TEO: Emilio, amado hijo y hermanito, 2014-2016.

ANA: Esas palabras me dolieron hasta el alma.

ENRIQUE: Es muy bonita.

JIMENA: Y muy blanca.

TEO: Dos palomas de mármol coronando la tumba de Emilio.

ANA: Elisa sacó el teléfono que había ofrecido entregar hacía unas horas y tomó
una foto de la tumba para usarla como guía a la hora de re acomodar las flores.

TEO: No voy a llorar, no voy a llorar, no voy a llorar...

ELISA: Miren cuántas estrellas.

ANA: Todos vimos al cielo.

JIMENA: ¿Qué dijo Pedro hoy por la mañana?

ENRIQUE: Que la luna da vuelta a la Tierra en 28 días mientras la Tierra tarda un


año en dar la vuelta al sol.

JIMENA: Ja, claro.

ANA: Volviendo los ojos al piso me crucé con la mirada del piadoso Teo.

TEO: No sé si Ana siente lo mismo que yo, pero nos vimos a los ojos.

ANA: Parecía estarse aguantando las ganas de llorar.

TEO: Igual que yo.


ANA: Tanto silencio… la nada de Pedro estaba por todas partes.

TEO: Pero estos segundos en los que Ana me regresa la mirada puedo sentir
algo.

ANA: Algo en medio de la nada.

TEO: El otro.

ANA: El otro sintiendo lo mismo.

TEO: Y esto tiene que ser importante.

ENRIQUE: Ya, pues, empecemos antes de que venga alguien.

ELISA: Yo tengo que quedarme aquí. Tengo que ver que dejen todo como estaba.

ENRIQUE: Jimena y Ana, ustedes vigilan.

JIMENA: Está bien.

ENRIQUE: Separadas. Tienen que cubrir los dos frentes.

ANA: Enrique se sentía importante en el grupo por primera vez y ya no se


acordaba de su papá.

TEO: ¿Y yo?

ENRIQUE: Tu y yo nos quedamos a desenterrar el ataúd.

TEO: Auch.

ANA: Jimena vigilaba del lado de la iglesia, muy lejos de donde yo estaba. No nos
hablábamos desde lo de Oscarito, pero a ninguna nos hubiera molestado
tranquilizarnos la una con la presencia de la otra.

TEO: Golpe.

ENRIQUE: Tierra.

TEO: Golpe.

ENRIQUE: Tierra.

TEO: Golpe.

ENRIQUE: ¡Con cuidado!

JIMENA: Estoy a unos cincuenta metros de la tumba del hermanito de Elisa pero
el silencio hace que los palazos se escuchen mucho más cerca.

ENRIQUE: Más lento, hay que sacar la menos tierra posible.

ANA: Habían llegado al ataúd. Esa era la única explicación que encontré para que
los golpes de la pala y el ruido de la tierra cayendo disminuyeran su ritmo.

JIMENA: ¿Qué pasa? ¿Por qué se detienen?

ANA: El ruido hace muy fácil imaginarse la escena de lo que sucede en la tumba
de Emilio y prefiero distraerme con cualquier cosa: un arbolito, dos arbolitos, tres
arbolitos, cuatro arbolitos…

¿Qué fue eso?

Son pasos. Me quedo inmóvil. Quiero descartar que no sean mis propios pasos
antes de hacer un alboroto.

Mierda. No son mis pasos.

Quiero salir corriendo, pero no veo nada. Enrique nos hizo dejar las linternas para
que ellos pudieran ver por dónde cavaban.

¡La clave! Sí, el llamado en clave. Eso era lo que tenía que hacer.

“¡Uhhhhhhhhh!”

“Uhhhhhhhhhh”

ENRIQUE: ¿Qué pasa?

ANA: Ahí. Ruido. Camino. Pasos. Algo. No sé.

ENRIQUE: Déjame ver.

ANA: No quiero ver. No quiero ver nada.

ENRIQUE: ¡Ah, ya!

ANA: ¿Ya qué?

ENRIQUE: Es Cenicienta.

ANA: ¿La perra de Don Pablo?

ENRIQUE: Desde que se murió su dueño vive en el cementerio.

ANA: Pobrecita.
ENRIQUE: El velador le da de comer y es para lo único que se despega de la
tumba de Don Pablo.

TEO: “Auuuuuuuu”

ENRIQUE: Era “Uh” no “Au”, idiota.

JIMENA: ¿Ya terminaron?

ELISA: Esperen...no quedó igual.

JIMENA: Hay que acomodar las flores.

ANA: Elisa se echó a llorar.

ENRIQUE: ¿Qué pasó aquí?

TEO: ¡Las leyes de la física!

ANA: Los chicos habían regresado toda la tierra a la tumba, pero no llenaba ni las
tres cuartas partes del agujero.

JIMENA: ¿Cómo es posible que el ganador del concurso de ciencias no pensara


en esto? (Zape a Enrique)

ENRIQUE: ¡Auch!

JIMENA: Y no te doy otro por respeto a la paz de los muertos.

ANA: Las lápidas.

ELISA: ¿Qué con las lápidas?

ANA: Hay que llenar el hueco con otras lápidas y les echamos tierra encima.

ENRIQUE: Van a darse cuenta de que no están.

TEO: Pero nadie tiene por qué sospechar que están en la tumba del bebé Emilio.

ELISA: Sobre todo si las flores quedan como estaban.

ANA: Fue mucho más agotador de lo que pensamos, pero lo logramos.

ELISA: ¡Las flores quedaron igual!

ENRIQUE: Ya van a dar las 12.

ANA: Y precisamente ahí.

TEO: Las campanadas del reloj en medio del cementerio.


ELISA: El ataúd de mi hermanito, blanco y pequeño.

JIMENA: No conté las campanadas pero pareció que eran mucho más de doce.

ANA: Enrique señaló el ataúd.

ENRIQUE: Prosigamos.

ANA: Enrique se las ingeniaba para no mencionar la palabra “ataúd”.

TEO: Debió haber sido muy bonito.

ELISA: Completamente blanco.

ANA: Ahora lo blanco estaba hinchado de forma repulsiva y no quedaba ni rastro


de lo bonito que había sido. Lo alzaron entre los chicos y Elisa insistió que le
correspondía también a ella cargar la caja de su hermano.

JIMENA: Ana y yo iluminamos el camino.

ANA: Cenicienta, la perra de Don Pablo, decidió seguirnos. Se arrastraba cual


vieja y gorda era atrás de nuestro cortejo improvisado.

ELISA: Qué tierna.

TEO: ¿Hasta donde va a seguirnos este animalito?

ENRIQUE: No ha dejado el cementerio desde que murió Don Pablo, no creo que
pase de las puertas.

ANA: Pero lo hizo.

ELISA: El velador va a echarla de menos.

ANA: Después de intentar regresarla cuatro veces al cementerio nos rendimos.

TEO: Que nos siga hasta donde quiera, está muy viejita. Va a terminar
cansándose.

ANA: Pero no lo hizo.

JIMENA: ¿Qué? ¿Ahora vamos a tener una mascota del significado?

ANA: En cuanto abrimos la puerta de la vieja fábrica Cenicienta entró como si


fuera su casa.

ELISA: Pues parece que sí.

ANA: Debajo de la luz blanca de la fábrica, el ataúd de Emilio perdió cierto


misticismo. Era tan sólo el cuerpo de un niño con madera podrida alrededor.

ELISA: Dejen a Cenicienta dormir aquí.

ANA: El ataúd ya no me daba miedo.

TEO: Esto no está bien. Busco de nuevo la mirada de Ana.

ANA: Menos sagrado.

TEO: Necesito encontrar a alguien que me comparta un poco de algo, de lo que


sea.

ANA: Al final de esa noche, Teo me miró como queriendo leerme pero no pude
darle nada. Lo siento. Estaba demasiado cansada para ponerme triste. Sólo
quería volver a casa.

IX. AZUL, AZUL, AZULÍSIMO

1: ¿Supiste lo del cementerio?

2: ¿Es cierto que tuvieron que meter dos lápidas para cubrir el hueco del ataúd?

3: ¿Es cierto que tuvieron que hacer todo a oscuras?

4: Me dijeron que el perro de Don Pablo empezó a aullar y casi los descubren.

1: ¿El velador los persiguió con una pala?

2: ¿Que el ataúd estaba lleno de gusanos?

3: ¿Es cierto que Enrique sintió una mano que le jalaba la pierna cuando estaban
desenterrándolo?

4: ¿Y que oían al bebé llorando debajo de la tierra?

ANA: ¿¡Qué?!

2: ¿Quién dijo todo eso?

1: Nadie.

3: La historia creció demasiado.

4: Cada vez que alguien repite la historia vuelve la noche más oscura.

ANA: Y todo mucho más siniestro.


3: Toda la maldita ciudad está hablando del cementerio.

1: Le están echando la culpa a unos vagos que viven cerca de ahí.

2: Pobres.

4: ¿Nadie ha preguntado por Cenicienta?

ANA: Ah, no. Que la perra se haya ido del cementerio tiene contentos a todos.

1: A nadie le gusta que se caguen en la tumba de su abuela.

2: ¿Entonces nadie sospecha de nosotros?

3: Nadie.

4: Siempre y cuando no aparezca Cenicienta, supongo.

ANA: ¿Qué vamos a hacer con ella?

3: No se separa del ataúd del hermanito de Elisa.

1: No podemos dejar que nadie nos vea con ella.

ELISA: Supongo que puedo sacarla a pasear en la noche. La fábrica no está tan lejos de mi
casa.

ANA: De todos modos a los padres de Elisa no parecía preocuparles que estuviera afuera
hasta tarde.

3: A mí me parece un buen plan.

ELISA: Y otra cosa…

ANA: Elisa trató de ser sutil y no lo logró.

ELISA: Y otra cosa…

ANA: Esa otra cosa era un reclamo. Estábamos a punto de escuchar una exigencia.

4: Un premio de consolación ante su sacrificio.

ANA: Algo le dolía y era justo llevarse a alguien con ella:

ELISA: Quiero el pelo de Lucía.

1: Azul.

3: Más azul.
4: Azulísimo.

LUCÍA:

Mis manos corren hacia mis trenzas azules y las aprietan con fuerza.

¡No, no, no, no, no!

No puedo contenerme. Me delato.

Todos me ven y lo saben.

Me retumba en la cabeza el recuerdo de todas las veces que me han dicho que soy original.

1: ¡Me encanta tu cabello!

LUCÍA: ¡Gracias!

1: Pero yo nunca me atrevería a hacerme algo así.

LUCÍA: Yo sí me atreví.

Soy distinta a los demás.

Pero me delato.

Puedo verlo ahí en los ojos de todos.

Lo saben.

No me da miedo que me corten el cabello.

Suelto mis trenzas lo más rápido que puedo.

Sonrío.

Esa es buena, Elisa. No lo vi venir.

¡No te toques el pelo Lucía!

HANS: ¿Entonces? ¿Alguien tiene tijeras?

AHMED: Yo traigo tijeras.

ANA: Ahmed sacó de su mochila unas horribles tijeras Barrilito.

1: Yo se lo corto.

AHMED: Entre los dos porque son mis tijeras.


LUCÍA: Me quedo quieta

¡Quiero gritar! ¡Quiero salir corriendo de aquí!

Pero no puedo moverme.

No voy a moverme.

Esta vez logro detener el impulso de mis manos.

Sigo sin moverme.

Miro de reojo caer a mi lado un pedazo de azul.

Ya no está.

Hace un momento podía sentir el peso de mi cabello sobre mi hombro izquierdo y ahora no
hay nada.

Otro pedazo de mí cae al suelo.

Y otro.

Y otro más.

No, por favor, no.

Tal vez si no me muevo puedo…

ANA: Lucía estuvo completamente quieta y en silencio mientras le cortaban el cabello.

LUCÍA: !No!

ANA: Pero las lágrimas rodaban por sus mejillas y era como si el azul de su pelo quedara
reflejado en sus labios.

LUCÍA: No.

ANA: Miré hacia otra parte para no echarme a llorar yo también.

4: Se ve muy distinta.

3: Parece un vagabundo.

LUCÍA: Azul. Más azul. Azulísimo.

ANA: Lucía vio durante un rato sus trenzas sobre el montón de significado. Ya no lloraba.
Todo lo contrario.

AHMED: ¿Qué me ves?


ANA: Sus ojos llenos de coraje clavados en Ahmed.

LUCÍA: Quiero tu alfombra de rezos.

X. TODO LO QUE PUEDE CONTENER EL AMARILLO

ANA: Ahmed palideció.

2: Que Teo sea así de mocho religioso es una cosa.

TEO: ¡Oye!

1: Pero con Ahmed pasa algo muy distinto.

ANA: Que Ahmed fuera musulmán era algo que no acabábamos de entender.

4: Lo sabíamos pero él no habla mucho de ello.

3: Con nosotros siempre se comporta normal.

2: No es como que invoca a Alá en medio de la clase ni nada raro.

ANA: Por eso nos tomó por sorpresa que se resistiera tanto.

AHMED: ¡No! ¡No pueden hacerme esto!

HANS: Eh, cómo vas.

AHMED: ¡No, de verdad! ¡No puedo hacer eso!

HANS: Aquí nadie se echa para atrás.

AHMED: No puedo.

ANA: Golpe.

1: Auch.

2: Jaloneo. Hans logra someterlo.

1: Ahmed medio torcido con la cara aplastada en el suelo y Hans encima.

AHMED: No, no tienen idea. Ustedes no entienden. Cualquier cosa menos eso.

HANS: La tienes que entregar, Ahmed. No te voy a dejar ir hasta que me jures que la vas a
entregar.

ANA: Ahmed estaba muerto de miedo.


2: Ahmed, el chico normal al que Alá parecía tenerle sin cuidado.

1: Ahmed, uno de los chicos más rudos del salón estaba aterrado.

ANA: Se echó a llorar como un bebé recién nacido y nosotros no entendíamos por qué.

HANS: Vamos por tu alfombra de una vez.

ANA: De quien tenía miedo lo descubrimos una semana después.

2: ¿Estará bien?

1: Ya es el tercer día que falta.

4: ¿Deberíamos ir a buscarlo?

3: Pedro sigue en el ciruelo y no podemos retrasarnos demasiado.

ANA: Los alaridos de la nada nos estaban alcanzando de nuevo.

1: ¿Habrá faltado por lo del alfombra?

4: No creo ¿Toda la semana?

ANA: ¡Ahmed!

4: Morado. Amarillo. Verde.

1: Azul. Muy azul. Casi negro.

3: Pequeños puntos rojos y violetas debajo de sus ojos.

2: Un cabestrillo sosteniendo su brazo izquierdo.

ANA: Los moretones lo habían convertido en un chico multicolor.

2: Su cara se ve distinta.

1: No sé si es porque sigue inflamada por los golpes.

ANA: O porque algo dentro de Ahmed se había ido para siempre.

4: Estas fracturas no se pueden soldar con un yeso.

ANA: Su padre le había dicho que no era un buen musulmán.

3: Y luego le había puesto una golpiza inolvidable.

ANA: Pero lo peor no había sido la golpiza.


2: Lo peor era no ser buen musulmán.

1: Y nosotros no teníamos idea de lo que significaba ser buen musulmán.

3: Pero ya sabíamos algo del dolor y la vergüenza.

ANA: Ahmed no quería decir quién sería el siguiente.

2: Solo meneaba la cabeza con tristeza.

ANA: Pero finalmente señaló al gran Hans.

AHMED: Quiero tu bici amarilla.

ANA: No era gran cosa.

2: De verdad que eso no es la gran cosa.

ANA: Pero Hans se puso como desquiciado.

1: ¿Qué tiene de especial esa bici?

LUCÍA: Es amarilla.

1: ¿Y eso qué?

LUCÍA: Nada, nada.

HANS: ¡Mierda! Mierda y más mierda. Coman todos mierda.

¡No saben nada! ¡Tontos!

Las únicas cosas que me gusta ver son amarillas.

Es mi color favorito.

Y es muy raro que algo me parezca bonito a mí.

Yo soy Hans, el niño más alto y más fuerte de toda la escuela.

Soy el gran Hans, el que se peleó con tres de quinto en la cafetería.

El amigo de Ian y Ahmed.

Y también soy Hans, el que le levantó la falda a Mimi atrás de los salones de tercero.

Mi bici es amarilla y puedo verla todo el tiempo. Flamante y nueva, amarilla, cromada y de
carreras ¡Es hermosa!

¡Cómo el Mustang amarillo de mi papá!


Cada vez que veo mi bici me pongo de buenas.

No importa que me haya pasado. La veo y sigue siendo bonita.

Y pedaleo y pedaleo y pedaleo.

Lo más rápido que puedo y cada tanto volteo a ver muy rápido el manubrio.

¡Y sigue siendo amarillo!

Eso es todavía mejor que pegarle a los de quinto.

¡Es mejor que todo lo que conozco!

¡Mi bici amarilla es mejor que todo lo que conozco!

SOFÍA: ¡Entrégala ya! Tú bici ya no es tuya, es parte del significado.

ANA: Sofía fue una de las que más presionó. No debió haberlo hecho.

XI. SIGNIFICADO POR SIGNIFICADO

LUCIA: ¡Eres un enfermo!

ANA: No soy capaz de explicar lo que Sofía tenía que entregar.

IAN: ¡Eso no es una cosa, Hans!

HANS: No es una cosa, pero tiene significado. Muchísimo.

ANA: Sólo un chico podía pedir una cosa así.

LUCIA: Me das asco.

ANA: Sofía no dijo nada. Solo movía de un lado a otro la cabeza. Como si tratara de
entender algo.

LUCÍA: Sofía del color de una hoja de papel.

HANS: Tiene que entregarla. Son las reglas.

IAN: No es lo mismo.

HANS: ¿Cómo sabes que mi bici amarilla no significa lo mismo para mí que para Sofía su
virginidad?

ANA: No lo sabíamos. No había forma de saberlo. No sabíamos bien a bien qué significaba
ni una cosa ni la otra.
LUCÍA: Sofía ya no nos ve. No nos oye.

IAN: Entonces tiene que hacerlo Hans.

LUCÍA: No voy a ser parte de esto.

HANS: Está bien. Ustedes se van a casa.

IAN: Yo me quedo.

ANA: La cita era esa misma noche en la vieja fábrica.

SOFÍA: Sé lo que está pidiendo. Pero no entiendo. Sé como se llaman las cosas.
Nos lo explicaron el año pasado. Se supone que todos entendimos. O dijimos que
entendimos.

ANA: Y la verdad es que sólo teníamos idea de algunas cosas. Todos hemos visto
una escena en una película o alguien nos contó algo que su prima le contó.

TEO: Hay tantas cosas que me pasan que no entiendo. ¿Por qué sueño siempre
con Hans a pesar de que me cae tan mal?

LUCÍA: Y sabíamos que era normal que nos dieran ganas de hacer cosas. Y que
las haríamos pronto, cuando todas usáramos brassiere y a los chicos les saliera la
barba.

ANA: Sabíamos que ya no éramos niños, pero tampoco éramos grandes.

SOFIA: Mi virginidad. Mi “inocencia”. Sí significa. Mucho. Pero no entiendo ¿Qué


es la inocencia y qué pierdes?
Esto es precisamente una de las cosas que más importan y no estoy segura de
que los demás lo entiendan, pero estoy renunciando a más, a mucho más. Este es
el sacrificio. Esa es la inocencia que tanto quieren los adultos que cuidemos.
A partir de esta noche sabré algo que ninguna de las niñas de sexto sabe y todas
ellas tendrán algo que yo habré perdido para siempre.
Si así tiene que ser, que así sea.

ANA: La energía del salón estuvo rarísima ese día. Estábamos muy nerviosos. Era como si
todos fuéramos a perder nuestra virginidad esa noche, pero sólo Sofía iba a pagar los platos
rotos.

LUCÍA: El maestro notó que algo muy raro estaba pasando.

MAESTRO: Desde el principio del año. No sé qué les pasa. O están demasiado callados o
hablan demasiado… Algo les pasa a ustedes. En mis 17 años de docencia he aprendido a
darme cuenta cuando un grupo trae algo… inusual. ¿Nada? Muy raro. Son un grupo muy
raro, muchachos.
ANA: Si Sofía se hubiera levantado de su mesa-banco en ese momento y hubiera dicho
algo como…

SOFÍA: Sí hay algo raro, maestro. Pedro nos está volviendo locos y ahora esta bola de
salvajes quieren violarme para probar que hay cosas que importan.

ANA: No creo que nadie se lo hubiera reprochado. Es más, creo que lo habríamos
agradecido. Pero no lo hizo.

LUCÍA: Está totalmente quieta, pálida.

SOFÍA: Tan blanca como debió haber sido el ataúd del pequeño Emilio.

LUCÍA: Y a pesar de todo tranquila y entera.

ANA: Como imaginaba yo que las santas debían abrazar la muerte.

LUCÍA: No lo soporto, ya quiero que termine.

TEO: Se va a condenar al infierno para siempre…

HANS: ¡Cállate!

ANA: Vamos a acabar mal de la cabeza.

4: ¿Oyeron a Pedro hoy en la mañana?

PEDRO: Los changos tienen el cerebro y el ADN casi idéntico al nuestro. Estamos a un
pelo de ser chimpancé. No tiene nada de especial eso de ser una persona.

2: Se está volviendo loco él también.

4: Urge juntar el significado.

PEDRO: Hay seis mil millones de personas en la Tierra. Son demasiadas, pero en
el año 2025 seremos ocho mil millones y medio ¡Lo mejor que podemos hacer
para el futuro del mundo es morirnos!

3: ¡Cállate! Tú eres el chango, trepado en el ciruelo diciendo sandeces.

2: Está insoportable.

4: Esa tarde Sofía fue a la fábrica escoltada por el escuadrón del significado.
Tenía que salvarnos a todos.

ANA: Claro que sí, Sofía hacía bien en apretar los dientes. Había algo que
importaba a pesar de todo, aunque ese algo fuera algo que iba a perder.

LUCÍA: Al día siguiente, en el montón de significado sólo había un pañuelo


embarrado de sangre. Poquísima sangre diluida en fluidos pegajosos. ¿Eso es
todo?

ANA: No era el pañuelo. Era Sofía. Tenía algo distinto. Se había vuelto orgullosa,
casi inaccesible.

LUCÍA: Hans está como su perrito faldero. ¿Crees que quiera repetir?

ANA: No respondí nada. Más tarde, traté de sacarle a Sofía algo de información ¿Qué
había pasado aquella noche? ¿Cómo había sido? ¿Dolía? ¿Se sentía bien? ¿Seguía siendo la
misma? Cuando se pierde la inocencia ¿Qué queda en su lugar?

LUCÍA: ¿Y?

ANA: Sofía no dijo nada, pero eso bastó para que contestara una de mis preguntas. No, ya
no era la misma. Había descubierto algo que ninguna de nosotras sabía.

XII. LO MÁS SAGRADO DEL MUNDO

SOFIA: Teo.

TEO: ¿Qué?

ENRIQUE: Uy.

SOFIA: El Jesús clavado en la cruz.

TEO: ¿Qué?

SOFIA: Tienes que entregar al Jesús clavado en la cruz de la iglesia del centro.

ANA: Jesús crucificado no era sólo el Todopoderoso del piadoso Teo.

3: Es lo más sagrado que hay en la iglesia.

2: Y la iglesia es básicamente lo más sagrado en la ciudad.

ANA: Era lo más sagrado que podíamos imaginar.

ENRIQUE: Yo no soy creyente.

LUCIA: Ni yo.

SOFIA: No importa. Es sagrado. Seas o no creyente.

TEO: ¡No puedo! No puedo, ni debo. Y aunque no me importara que no debo, en verdad
creo que es físicamente imposible…
SOFIA: Vas a necesitar ayuda.

ANA: La baraja de nuevo. Nadie podría bajar solo a ese cristo del altar.

LUCIA: Piensa Teo, El Cristo va a estar aquí guardado. Puedes venir a rezar o lo que sea
cada vez que quieras. No le va a pasar nada.

ENRIQUE: Además lo vamos a devolver a la iglesia cuando terminemos.

TEO: Bueno, supongo que si tenemos cuidado…

ANA: Volvimos a echarlo a la suerte: Lucía, Enrique y…¡No! ¿Otra vez?

TEO: Me pidieron que me quedara escondido en la iglesia después de la última misa del
domingo.

3: Uno. Dos. Tres.

2: ¡Uno! ¡Dos! ¡Tres!

TEO: Tres golpes suaves y tres golpes fuertes en la puerta principal. Les abrí la puerta
como acordamos, pero no fue hasta que dieron el primer paso dentro de la iglesia que me di
cuenta de qué tan grave era lo que estábamos haciendo.

SOFIA: Teo, por favor ¡No llores! Nos van a escuchar.

ENRIQUE: Ana, quédate con él y cálmalo.

ANA: ¿Cómo era posible que me volviera a salir el as de espadas? Y ahora tenía que
hacerla de niñera de Teo. Soy pésima cuando la gente se pone sensible. No sé qué decir.

TEO: Por favor ¡No! Déjenlo en paz. Hay cosas que no podemos tocar ¡Hay cosas que sí
son sagradas! ¡Por favor!

ENRIQUE: Oye Teo, yo tengo un telescopio y nunca he visto a Dios en el cielo.

ANA: ¡Cállate! Eso no ayuda.

TEO: ¡Estúpido! ¿Cómo puedes creer que es así de fácil?

SOFIA: Es un muy buen telescopio.

LUCIA: Cállense los dos. Tú, ayúdame con el Cristo que se ve que pesa.

ENRIQUE: Ni creas que voy a cargarlo solo.

TEO: ¡No quiero ver! ¡No quiero oír! ¡No quiero saber nada de tu estúpido telescopio! ¡No
quiero nada! ¡No quiero ser parte de esto! ¡Nada de lo que me digan importa!
¡Nananananananannana!
ENRIQUE: ¡Ana! Haz que se calle ¡Dile algo! ¡Nos van a descubrir!

ANA: No puedo decirle nada. Tiene los oídos tapados y grita como loco.

SOFIA: ¡Dale unos zapes!

ANA: Pero sólo lo abracé. Los alaridos de Teo se volvieron sollozos y pudimos retomar el
plan.

ENRIQUE: Tú, agárralo de la pata.

ANA: ¿A Teo?

ENRIQUE: ¡No idiota! ¡al Cristo!

SOFIA: Está atornillado al altar.

LUCIA: A ver, déjenme ver… ¡Ahhhh! ¿Qué es esto?

SOFIA: ¡¿Qué?!

LUCIA: Me quemó la mano ¿Por qué está tan caliente?

ANA: Y antes de que alguien pudiera empezar a articular una explicación razonable al
fenómeno del Cristo hirviente, el Señor Todopoderoso se soltó de la pared y aterrizó en el
suelo haciendo un gran escándalo.

TEO: ¡No! Su piernita ¡Lo rompieron!

ANA: Jesús perdió precisamente el pie que Lucía había tocado. Pude ver el terror en el
rostro desencajado de mi amiga no creyente.

TEO: ¡Rápido! No pueden dejar a Jesús tirado ahí.

SOFIA: Pesa demasiado.

ENRIQUE: Les dije que iba a terminar cargando… ¡Ayyyy si pesa!

LUCIA: Necesitamos más manos.

TEO: No puedo.

SOFIA: Teo, si no nos ayudas lo dejamos aquí tirado y decimos que fuiste tú.

ANA: Daba igual si queríamos o no. Todos tuvimos que cargar al cristo.

TEO: Esto es una peregrinación hacia el infierno. Jesús deshecho viajando por la ciudad en
la misma carretilla que usamos para transportar el ataúd de un bebé muerto.
ANA: Era una imagen horrible.

TEO: El rostro de Nuestro Salvador, lleno de sangre y con el gesto solemne de siempre.

ANA: Pero tenía algo distinto.

2: Las piernas rotas.

3: Las costillas raspadas, no sólo por la herida de lanza finamente tallada…

1: Las costillas despostilladas de la caída…

TEO: ¡La herida sobre la herida! Traición, sobre traición…

2: Sí se ve distinto.

ANA: Parecía reclamarnos con la mirada, condenarnos…

3: Parece que está enojado con nosotros.

SOFIA: ¿No se supone que Dios todo lo perdona? ¿No dijo Jesús “Perdónalos, Padre, no
saben lo que hacen” cuando lo crucificaron?

ANA: Y entonces me cruzó por la cabeza una duda: ¿Sabemos lo que estamos haciendo?

TEO: ¡Estamos robando lo más sagrado del mundo!

ANA: Porque todo nuestro mundo era esa ciudad pueblerina, donde lo más sagrado que
podíamos encontrar era la iglesia al final de la calle.

LUCIA: ¡El Cristo me mira! ¡Deja de verme así! Tú no existes. Enrique tiene un telescopio
y ha visto el cielo de cerca ¡No hay nada! ¡Deja de mirarnos así!

ENRIQUE: Cállate, loca. Estás peor que Teo. Cállense todos. Me están poniendo muy
nervioso.

LUCIA: Una vela. Había una vela en el altar. Me está saliendo una ampolla. Por eso estaba
caliente ¿Verdad?

ENRIQUE: ¡Shhh!

SOFIA: No abre el candado. No podemos entrar.

LUCIA: ¡Estamos atrapados afuera de la fábrica con un Cristo despedazado!

SOFIA: ¡Cállate!

ENRIQUE: ¡Es tu culpa! ¡Maldita cosa! No significas nada.


LUCIA: ¡Deja de patear a Jesús, carajo!

TEO: ¡Ya! Por favor, lo van a romper más. Por favor…

ANA: Las patadas de Enrique terminaron por voltear la carretilla y el Cristo cayó boca
abajo en el lodo, quebrándose la otra pierna.

TEO: ¡No! Esto es la peor de las blasfemias. No sólo nos robamos a Jesús, lo rompimos y
lo ahogamos en el lodo.

SOFIA: Siempre dices que todo pecador puede ser perdonado si realmente se arrepiente de
lo que hizo ¿Estás arrepentido?

TEO: ¡Mucho!

SOFIA: ¡Entonces no vamos a ir al infierno!

ANA: Los demás ya nos habían alcanzado en la fábrica y Elisa tomó las riendas del asunto.

ELISA: ¡Ya abrió el candado!

TEO: ¡Ay, Dios mío, gracias!

ELISA: Estabas poniendo los número al revés, zopenca.

ANA: Cuando entramos a la fábrica arrastrando a Jesús, fue Cenicienta, la perra de Don
Pablo, la que se puso como loca. Ladraba y ladraba y nos tiraba mordidas cada vez que
tratábamos de acercar a Jesús al montón de significado.

TEO: Eh, perra loca. Perra diabólica ¡Deja pasar al Señor!

ENRIQUE: Se nos va a lanzar a la yugular.

SOFIA: Lo dejamos aquí. ¡Vámonos!

ANA: ¡Claro!

ENRIQUE: ¿Qué?

ANA: Cenicienta cree que Jesús la separó de Don Pablo.

SOFIA: No inventes.

ANA: Es en serio ¡Está enojada con Dios!

ENRIQUE: Pues enojada o no, tenemos que llevar la cruz hasta el montón del significado.
Si no, no cuenta.

ELISA: ¿Y si lo rompemos más y lo llevamos en pedacitos?


TEO: ¡Ih! No.

ANA: Un Cristo en pedazos no significa lo mismo.

ELISA: ¿Y si lo pintamos de negro para que no lo reconozca?

ENRIQUE: Tampoco creo que un Cristo negro signifique lo mismo.

ELISA: ¿Y si saco a la perra a pasear y ustedes acercan a Dios al montón?

ANA: Elisa le puso la correa a Cenicienta y tan pronto las perdimos de vista Ian y Hans
arrastraron a Jesús hasta el montón de significado.

3: Oscarito chilló, el pobrecito.

JIMENA: No. Pónganlo más lejos del ataúd.

ANA: No nos conviene que la perra se ponga nerviosa.

2: Ahí.

3: Jesús, bienvenido al montón de significado.

ANA: Cuando Elisa volvió con Cenicienta todo estaba listo. La perra olfateó a Jesús mucho
más tranquila y luego de un breve momento de contemplación…

2: Se orinó encima de nuestro salvador.

TEO: ¡No, no, no! Perra, no.

JIMENA: ¡Ja!

JIMENA: Perdón.

ANA: Pero era muy tarde. Ian soltó la carcajada después de Jimena. Y luego Lucía y luego
Hans. Y luego yo. Y finalmente, Teo, que no sabía si reír o llorar, empezó a llorar de la
risa. Era absurdo: toda la divinidad meada por una perra gorda y vieja ¡Nuestro significado
no era más que un excusado para Cenicienta! Sofía sacó su teléfono y como si nos hubiera
leído la mente, puso una canción viejita que nos gustaba a todos.

Cantamos y reímos a todo pulmón, como hacía mucho tiempo no hacíamos. Se nos había
olvidado que así se sentía no preocuparse por el significado de las cosas.

2: ¡Ya son las nueve y media!

3: ¡Fuga!
ANA: Y todos huimos despavoridos hacia nuestras casas.

XIII. OJO POR OJO, SANGRE POR MIERDA

TEO: La cabeza de Cenicienta. La cabeza de Cenicienta. La cabeza de Cenicienta.

1: Cenicienta no es de ninguno de nosotros.

3: Si es de alguien más que de todos, es de Elisa.

ANA: Pero Elisa ya entregó a su hermanito.

1: Sólo faltan Ian y Dalia.

ANA: ¿Y por qué la cabeza de la perra significaría más para ellos dos que para los demás?

3: Pide otra cosa, Teo.

TEO: La cabeza de Cenicienta.

ELISA: En serio, no.

TEO: La cabeza de Cenicienta.

ELISA: No puedes pedir eso.

TEO: La cabeza de Cenicienta.

ANA: Todos sabíamos muy bien por qué Teo pedía lo que pedía. Desde que Jesús llegó a la
fábrica, Cenicienta lo había usado de excusado. Jesús había perdido un poco de divinidad
después de romperse las piernas, pero…

ELISA: Un Jesús meado ya no tiene mucho de sagrado.

1: Teo, tienes que escoger una cosa que signifique algo para Ian o para Dalia.

TEO: Bueno.

Que Dalia le corte la cabeza a Cenicienta.

ANA: Y ahí nos acorraló. Todos sabíamos que Dalia no soportaba ver sangre.

1: Una vez se raspó la rodilla en el recreo y se desmayó cuando le pusieron el curita porque
volteó a ver el raspón.

DALIA: ¡No puedo! No voy a poder ni empezar.


ANA: Eso significaba mucho.

ELISA: ¡Cenicienta no…!

DALIA: Me voy a desmayar al momento que salga un poco de sangre. De sólo pensarlo me
dan ganas de… (vomita)

1: Pues entonces no se hable más.

ANA: Dos de nosotros se echaron a llorar: Dalia y Elisa. Elisa lloró como nunca, abrazada
a la tumba de su hermanito. Cenicienta le lamía la cara para consolarla y le daba de
topecitos con su cabeza peluda. Yo también estuve a punto de llorar.

IAN: Voy a traer el cuchillo de mi papá.

ANA: El papá de Ian era carnicero.

IAN: Voy a dejarlo en la fábrica y Dalia puedes venir el día que quieras. Haz lo que tengas
que hacer, pero hazlo.

ANA: Fue mucho más rápido de lo que esperamos. La tarde siguiente, el cuchillo de Ian
estaba cubierto de sangre seca.

ELISA: Ay, no.

ANA: La cabeza de Cenicienta nos veía con reproche desde lo alto del montón.

ELISA: Nunca dejó solo a mi hermanito.

ANA: El cuerpo de la perra desplomado sobre el pequeño ataúd.

ELISA: Quedó completamente rojo.

1: Rojo muerto.

ANA: Esa mañana Dalia nos contó que había sido asqueroso y terrible.

DALIA: ¡Tuve que apagar la luz para no ver la sangre!

ANA: Y seguro fue muy buena idea, porque cuando Dalia entró con nosotros a la fábrica…

2: ¿Dalia?

ANA: Se desmayó sin decir pío.

IAN: Cómo crees ¡Eh, Dalia! ¡Despierta!

ANA: Cuando recuperó la conciencia Hans se burló muchísimo de ella.


HANS: ¡Eso! Oye, ya que despertaste… el pug de Teo ronca fatal por las noches ¿No crees
que deberías terminar con el sufrimiento de ese pobre animal?

2: Ya párale.

IAN: Ja, ja. Perdón, perdón. Es que ya ves. Matas a un perro…

ANA: Quizá no se habría reído tanto si hubiera visto venir cuál sería la aportación de Dalia
al montón de significado.

XIV. LA ÚLTIMA COSA IMPORTANTE

1: Lluvia.

ANA: Cántaros de lluvia.

2: La primera del año.

3: El cielo es gris oscuro hasta donde el ojo alcanza.

ANA: Ni un rayito de sol logra pasar la capa de nubes que cubren nuestra pequeña ciudad
pueblerina.

4: El viento sí.

ANA: Se cuela por todas las rendijas.

4: El viento que sacude con violencia las hojas muertas del otoño.

2: Lastima. Nos parte los labios hasta hacerlos sangrar.

ANA: Amenaza de tormenta.

1: Los árboles se estremecen.

3: El día se siente mucho más oscuro que otros días de aguacero.

4: Toda la ciudad apesta como la sangre podrida de la fábrica.

ANA: No se trataba sólo del clima hostil del otoño. Cuando Dalia tosió para hacer notar
que era su turno, a todos nos dio un escalofrío.

ANA: Todos los ojos sobre Ian.

1: Todos los ojos sobre Dalia.

2: Todos los ojos al piso.


ANA: Había algo sospechoso. No en que la guapa Dalia hubiera podido cortarle el cuello a
Cenicienta sin tambalearse y después hubiera caído redonda al ver la sangre en el ataúd,
aunque eso fuera ya bastante raro en sí mismo.

IAN: No, no, no… por favor, no.

ANA: Lo sospechoso nos explotó en la cara esa tarde cuando Dalia le pidió a Ian el dedo
índice de su mano izquierda.

3: ¡No! Eso no puede pedirse. No a Ian.

2: No a Ian de manos largas y bonitas.

ANA: No a Ian que toca canciones de los Beatles en la guitarra.

2: ¡En algún punto tenemos que poner un límite, por favor!

ANA: Todos estuvimos en desacuerdo. No, no y no. No el dedo de Ian. Todos, menos…

2: ¿Sofía?

SOFIA: Todos pidieron lo que querían. Si Dalia quiere el dedo de Ian, que se lo corten.

2: Nadie va a querer cortarle el dedo.

ANA: Para nada.

SOFÍA: Yo se lo voy a cortar.

2. Silencio.

ANA: Desde todo aquello de la pérdida de la inocencia, una extraña frialdad envolvía a
Sofía.

IAN: Frío. Muy frío. Hielo.

ANA: Ian había estado esa tarde en la fábrica.

IAN: Teo se quedó afuera. Dijo que no quería ser irrespetuoso.

ANA: No quiero imaginarme qué había hecho Ian con ese dedo.

IAN: Hans hizo el trabajo rudo, yo simplemente…

ANA: Nunca dije nada. Pero lo supe de inmediato.

DALIA: El día que murió Cenicienta recibí un papelito en clase.

SOFÍA: Yo puedo cortarle la cabeza a la perra.


DALIA: Sólo tenía que darle una cosa a cambio.

SOFÍA: El dedo de Ian.

ANA: Si Ian no hubiera sido el último, lo hubiéramos dejado pasar. Pero no, esto tenía que
acabarse lo antes posible. Y a estas alturas, sólo el dedo de Ian podía cerrar el montón de
significado.

1: Tiene que ser el sábado.

ANA: A la una de la tarde.

2: Sofía le cortaría el dedo.

3: Lo más rápido posible.

1: De un solo corte.

ANA: Le vendaríamos el dedo al instante.

3: Meteríamos a Ian en la carretilla.

2: Mientras Elisa llamaba a una ambulancia.

ANA: Teo y Hans se lo llevarían hasta su casa.

1: A sólo dos cuadras de la fábrica.

2: La ambulancia estaría llegando en ese momento.

3: Analgésicos. Sutura. Vendaje.

ANA: Nada podía salir mal.

1: Un plan maestro.

3: ¿Qué tanto puede doler que te corten un dedo?

2: ¡Un solo corte!

1: ¡Zaz! Y ya.

ANA: El sábado estaría listo el montón de significado y podríamos ir a buscar a Pedro.

XV. UN OLOR NAUSEABUNDO

1: Viernes.
2: 14 de octubre.

ANA: Hace cuatro meses que invadimos la fábrica abandonada.

3: Y se nota.

4: Aserrín.

1: Tablones.

2: Envolturas de pastelitos.

3: Latas de refresco.

4: Caca de perro.

ANA: ¡Sangre de perro!

1: Tenemos que limpiar este chiquero.

ANA: Fuimos poseídos por un espíritu ordenador casi obsesivo. Un piso impecable,
tablones acomodados como bancas y hasta una repisa para poner nuestras cosas.

2: Qué bonito.

ANA: Pero nada pudimos hacer con el olor.

3: Perro muerto.

4: Niño muerto.

1: Impecable peste a muerto.

PEDRO: Si lo piensan, un olor asqueroso es exactamente lo mismo que un buen olor.

ANA: Ese fue el discurso de Pedro a la mañana siguiente.

PEDRO: Cuando algo huele a podrido es que se está transformando en algo nuevo. No hay
diferencia entre algo que huele mal y algo que huele bien, todo es parte de un ciclo que no
termina.

ANA: Nadie le contestó nada. Una vez más, Pedro tenía razón.

2: La fábrica, por ejemplo.

ANA: Un olor insoportable a punto de convertirse en algo nuevo:

3: Significado.
XVI. QUÉ TANTO PUEDE DOLER QUE TE CORTEN UN DEDO

3: Guillotinar.

2: Qué bonita palabra.

ANA: A Ian le importaba poco si íbamos a cortarle el dedo en francés o en ruso. Él sólo
podía repetir una cosa:

IAN: ¡Mamá! ¡Mamá!

1: Patético.

ANA: Ian el más popular del salón.

3: El que sabe tocar en la guitarra las canciones de los Beatles.

2: Ian irreconocible.

3: Este no es el.

2: Este es miserable.

1: Patético.

ANA: Uno de los Ian se había transformado en otro.

2: Y a nosotros nos gustaba el primero.

3: ¿Cuántas personas caben en una sola?

1: Poderoso y miserable.

ANA: ¿Cuál era el Ian que vio Sofía esa tarde de su inocencia en la fábrica?

3: Valiente y pusilánime.

2: ¿Cuántas personas diferentes puede haber en una sola persona?

ANA: Tenaz y vulnerable.

1: Es la una de la tarde.

3: Miren, se está orinando del miedo.

JIMENA: ¡Ja!

IAN: ¡Socorro!

2: Quiere escaparse.
IAN: ¡Auxilio!

1: ¡Agárralo, Hans!

3: Ayúdenme a someterlo, está como loco.

IAN: ¡AHHH!

1: Si no quieres poner el dedo en la tabla, tendré que cortártelo en la posición que lo tienes.

IAN: ¡Piedad!

ANA: ¿Qué tanto puede doler que te corten un dedo?

3: Nadie se ha muerto de eso.

2: Y si no duele no significa nada.

ANA: El cuchillo serruchaba el dedo, no lo cortaba.

3: Ian chillando como un perro atropellado.

2: Esto no es Ian. Esto ni siquiera es una persona.

SOFIA: Uno. Dos. Tres. Cuatro.

ANA: Sofía serruchó cuatro veces.

2: Todo se cubrió de sangre.

ANA: Sofía se secó las manos en el pantalón.

SOFIA: Ya está.

2: Por fin.

4: Rojo.

3: Un dedo muerto.

ANA: Sangre. Muchísima sangre.

2: ¿Cómo puede salir tanta sangre de un dedo?

3: Todo pasó en cámara lenta y terminó de golpe.

1: Vendaje provisional.

2. Carretilla.
3: Ambulancia.

ANA: Ian no volvió a ser Ian. Su cara de chico-casi-muchacho desapareció y se convirtió


para siempre en el rostro de niño asustado y lleno de mocos.

2: Ian llamando a su mamá como un bebé.

ANA: Ian cubierto de sangre.

1: Ian y la mancha café en sus pantalones.

3: Ian a toda velocidad en la carretilla de Teo.

2: Hans empujando con todas sus fuerzas. A toda velocidad.

1: La sirena de la ambulancia.

ANA: Nada podía salir mal.

1: Un plan maestro.

3: ¿Qué tanto puede doler que te corten un dedo?

XVII. AQUELLO CON LO QUE NO CONTÁBAMOS

ANA: Hans llegó corriendo a la fábrica a los pocos minutos.

2: Lleno de sudor y con los ojos hundidos del susto.

ANA: El golpe de la terrible noticia no nos dió tiempo de ir por Pedro.

HANS: ¡El Ian nos acusó!

1: La policía.

ANA: Nuestros padres desencajados.

3: Entre el dolor y el desconcierto.

ANA: No había forma de escapar.

1: Un grupo de jóvenes de primaria fueron hallados en la vieja fábrica abandonada.

2: Junto a ellos una colección macabra de objetos de todo tipo.

3: Cuerpo y cabeza de perro decapitado.

4: El Cristo de la iglesia de la ciudad, víctima de vandalismo.


1: El ataúd de un niño pequeño, con posible contenido.

2: Unos mechones de pelo azul.

4: Y por supuesto, el dedo cercenado de uno de sus compañeros.

3: Y un largo etcétera.

TODOS: ¿¡Qué?!

1: ¡No!

ANA: Ningún etcétera.

2: ¡Es el significado!

ANA: Y unas sandalias verdes.

1: Encontramos el significado.

ANA: A pesar del estigma, nos paseamos por la escuela con la frente en alto.

2: Somos importantes.

3: No importa que nos castiguen.

4: No importa el arresto domiciliario.

2: Ni siquiera que Ahmed haya terminado de nuevo en urgencias.

1: Encontramos el significado.

2: Por eso lo hicimos y valió la pena.

1: ¡Nosotros encontramos el significado!

ANA: Una y otra vez nos preguntaron por qué.

3: Sólo tenemos una respuesta.

2: Y la repetimos una y otra vez.

1: El significado. El significado. El significado.

ANA: Se lo dijimos a nuestros papás.

2: Se lo dije al maestro de Ciencias.

3: Se lo dije a la policía.
4: Se lo dije a la reportera del periódico local

1: Y luego al periódico nacional.

ANA: Y también lo dijimos cuando empezó a llegar la prensa internacional.

2: Explosión viral.

3: ¡Pero cuando aparecieron los de la BBC! ¡Pasamos a las ligas mayores!

4: ¿Alguien habla francés? ¡Tengo aquí a un columnista de Le Monde!

1: ¡Acaba de mandarme un mail el El New York Times!

ANA: El alboroto era noticia internacional y las opiniones eran apasionadas desde dos
polos opuestos.

2: ¡Agitadores!

3: ¡Genios!

4: Anarquistas, blasfemos, herejes.

ANA: El giro que necesitaba el arte contemporáneo.

1: ¡Niños malcriados! ¡Todo esto es culpa de los videojuegos!

4: ¿Dónde estaban los padres de estos niños cuando hicieron todo esto?

3: Mi mamá ahogada en lágrimas:

1: ¿Por qué me hiciste esto?

4: ¿En qué fallamos?

2: ¡Por fin! Un discurso auténtico sobre el sentido de la vida.

3: ¡Enciérrenlos en la cárcel, estos psicópatas no tienen remedio!

4: ¡El acto simbólico más grande de nuestro tiempo! ¡El hallazgo filosófico de nuestro
siglo!

ANA: ¡A favor!

2: ¡En contra!

3: A favor.

4: En contra.
ANA: No entendíamos la intensidad de la furia ni las palabras rebuscadas que usaban para
describir nuestro montón de significado.

1: ¿Alguien sabe que quiere decir “posmoderno”?

ANA: Lo que sí entendíamos es que todo ese escándalo hacía crecer la importancia del
significado.

2: La policía está dejando entrar a la prensa a la vieja fábrica.

3: Y a los críticos de arte.

4: Esto está a un paso de convertirse en galería.

ANA: Y estábamos encantados. Lo teníamos. Era nuestro, todo el significado del mundo
era nuestro ¡Ven a ver, Pedro! ¡Encontramos el significado! ¡No tenías razón! ¡Las cosas sí
importan!

2: ¡Sí! Vas a ver ¡Te vas a callar la boca cuando lo veas! Es impresionante.

3: ¡A ver si se te vuelve a ocurrir subirte el ciruelo a decir idioteces!

ANA: Pero Pedro no quiso ir a conocer nuestra obra maestra.

4: Por favor, es que lo tienes que ver.

ANA: Lo intentamos una y otra vez.

1: ¡Salimos en la televisión Pedro! Eso es importante.

ANA: Pero a él eso le tenía sin cuidado.

2: ¡Te voy a bajar de las greñas de ese maldito ciruelo!

ANA: Su actitud le arrancaba a todo el significado. De nada servía que todo el mundo
estuviera interesado…

3: ¡Fascinado!

ANA: … fascinado con nuestro montón de significado. Para Pedro no importaba que los
líderes de opinión internacional hubieran llegado hasta nuestra ciudad-pueblo y nos
hubieran convertido ¡En algo!

4: El significado se volvió de dominio público.

1: ¡Es un patrimonio para la humanidad!

2: Todos están impresionados.


ANA: Y lo estaban. Todos, menos Pedro.

PEDRO: Todo esto ya ha pasado antes. Hoy es noticia y todo el mundo le pone atención.
El próximo mes, deja de ser tendencia y deja de ser relevante. Otra cosa loca pasará en otro
pueblo y toda la prensa se irá para allá y lo nuevo quedará en el olvido. Y así siempre. Una
y otra vez.

3: ¡Envidioso!

ANA: Claro que tiene envidia ¡Somos famosos!

4: Qué importa que no quiera ver el significado.

1: Y qué importa que alguna gente no lo entienda.

2: Hay muchísima gente que sí.

3: Y tanta gente no puede estar equivocada.

ANA: Que Pedro no quisiera bajarse del ciruelo a ver nuestro descubrimiento me hizo
pensar que el significado era relativo y por lo tanto, insignificante. Pero no dije nada. Me
seguí pavoneando como si estuviera segura de algo.

XVIII. EL VALOR DEL SIGNIFICADO

2: Llamada de Nueva York.

4: Fue un museo de la ciudad que nunca duerme el que hizo la oferta.

ANA: Su nombre estaba formado por abreviaturas indescifrables.

3: Y su logotipo es muy simple y elegante.

1: Simple y elegante como los dibujos que hacíamos en el kínder.

ANA: Pero la hoja membretada dio cierre a las opiniones.

1: Uno. Dos. Tres.

TODOS: ¿Tres millones de dólares?

3.¿QUÉ QUÉ?

4: Nos ofrecen tres millones de dólares por el montón del significado.

2: ¡Es una obra de arte!


3: Mi primo estudia derecho.

ANA: De pronto teníamos un abogado que nos representaba.

4: Ya no somos los niños sin futuro….

1: ¡Somos el futuro!

4: Acordamos que el precio de “nuestra pieza” era de tres millones cien mil dólares.

1: Nunca hay que vender más barato si se puede vender más caro.

3: Al final pedimos tres millones ciento veinte mil dólares.

4: Un extra para reponer el Cristo de la iglesia.

ANA: El museo aceptó.

3: Papeles y permisos.

1: Todos teníamos prisa.

2: Había ciertos elementos en “nuestra pieza” que apestaban a muerto.

4: Una. Dos. Tres. Cuatro.

ANA: En cuatro semanas vendrían a recoger el montón…

2: ¡Ejem!

ANA: ¡Nuestra pieza!

3: Los abogados cerraron sus portafolios.

1: Los fotógrafos guardaron su equipo.

4: Y los periodistas abandonaron la ciudad.

2: Todos al mismo tiempo.

ANA: Habíamos encontrado el significado y el sentido de la vida.

3: Todos los expertos habidos y por haber están de acuerdo: el montón de significado es
genial.

4: Un museo gringo paga millones por él.

1: Y aún así, parecía que cada vez causaba menos interés.

2: No entiendo. Todo el mundo se puso de acuerdo: tiene significado. No puede dejar de


tenerlo así nada más ¿O sí?

3: Saliendo de la escuela. Directo a la fábrica. Que vayan todos.

ANA: El montón de significado o “nuestra pieza” no había cambiado en nada.

4: ¿Por qué parece más… chiquito?

PEDRO: El significado es significado. Si de verdad lo hubieran encontrado, seguiría


teniéndolo. Y todo el mundo seguiría llegando a la ciudad para descubrir en qué consiste.
Pero ya se fueron todos. Lo que sea que hayan juntado en la fábrica abandonada, será
muchas cosas, pero no es significado.

ANA: Lo ignoramos. No había opción.

1: Seguíamos caminando con el pecho inflado como si supiéramos algo importante.

4: Re-leímos los artículos y vimos de nuevo las entrevistas.

2: Pero algo se iba apagando inevitablemente.

3: La duda se apoderó de nosotros, uno por uno.

ANA: Pero no dijimos nada. Era como traicionarnos.

2: Sólo se notaba porque empezamos a sonreír distinto.

4: Como los adultos.

ANA: Eso nos reveló, con más claridad de la que hubiéramos querido, que era posible que
las cosas no importaran nada.

3: Sofía era la única que se resistía.

2: Su rostro pálido y sus ojos encendidos

4: Las últimas hojas del otoño aún cubrían las calles de nuestra pequeña ciudad.

ANA: Como nuestro vano afán por cubrir la impermanencia.

2: Cada vez que levanto el brazo pienso en que va a bajar de nuevo y el gesto va a volverse
nada. Mira. Y ya. Ya no está. Ya no hay brazo. Es horrible.

3: Cada vez que me río pienso en cuántas veces más podré reírme, con mi boca, con mi
cuerpo que está vivo ahorita ¿Pero por cuánto tiempo? Y entonces me dejo de reír.

4: ¿Por qué siempre es ahorita?

1: Parece que sólo el movimiento de los planetas en el universo puede…


PEDRO: Después del Big Bang el universo empezó a comprimirse. O sea, se está
aplastando y reduciendo con nosotros y todos los planetas adentro. Todo va a quedar tan
apretado que de un momento a otro ¡Zaz! Nada de nuevo. El universo volverá a su nada
habitual.

1: Resistir.

3: Persistir.

4: Todas las cosas.

2: Ninguna.

3: Nada.

ANA: Andábamos por ahí como si no existiéramos.

4: Los días se parecen demasiado. El viernes es lo único que importa desde que empieza el
lunes.

3: Y el fin de semana siempre me decepciona.

2: Lunes de nuevo.

ANA: Eso era la vida. Y nada más.

4: Empezamos a entender a Pedro.

3: Y por qué los adultos tienen siempre esa expresión tan resignada.

ANA: En eso nos estábamos convirtiendo.

1: Aunque hubiéramos jurado llenos de euforia adolescente que no.

2: ¡Nunca vamos a ser como nuestros padres!

4: Y algunos de nosotros ni siquiera teníamos 14.

ANA: Naces. Creces. Cumples 14. Mueres.

2: Sofía era la única que resistía.

PEDRO: ¡Esto es el futuro!

SOFÍA: Nosotros nos vamos a convertir en el futuro.

PEDRO: Nada puede convertirse en algo porque nada importa.

SOFÍA: ¡Hay muchas cosas que importan! Ven a la fábrica y vas a ver las cosas que tienen
significado.

2: Sofía de verdad creía en lo que estaba diciendo.

3: Para ella el montón de significado era el significado.

ANA: O para ser más precisos, para ella significaba algo que para nosotros ya no.

PEDRO: Sus tiliches no significan nada. Si no, la prensa no se hubiera ido nunca y gente
de todo el mundo estaría viajando para contemplar el significado y llevarse la revelación a
casa.

SOFÍA: No quieres verlo porque no te atreves.

PEDRO: Sofi, si tu montón de porquería tuviera el más mínimo significado, de verdad que
no dudaría en reconocerlo. Pero no lo tiene. Porque si no, no lo hubieran vendido ¿no?

2: Silencio.

ANA: Por primera vez desde aquello de la inocencia vi lágrimas en los ojos de Sofía.

4: Nadie respondió.

3: Faltaba una semana para el 28 de noviembre.

ANA: Una semana para que el museo envolviera en plástico de burbujitas y se llevara
“nuestra pieza”.

4: Una semana para que Pedro tuviera razón para siempre.

2: Todos menos Sofía nos habíamos rendido. Ya, basta. Al menos seríamos millonarios en
nuestra efímera vida sin sentido.

3: Pensamos que iba a ser insoportable cuando Sofía lo dejara ir también.

1: Pero Sofía no lo dejó ir.

ANA: Sofía se volvió loca.

SOFÍA: ¡No pueden llevárselo! No es suyo, es nuestro significado.

2: Y entonces nos dimos cuenta que era la primera vez que decía algo en seis días.

SOFÍA: ¡Lo vendimos! El significado no se vende.

ANA: Y se lanzó a golpes sobre Hans.

SOFÍA: Lo vendimos ¡por eso ya no significa nada!


3: Ya, déjalo ir. Qué importa el significado. Seremos ricos.

SOFÍA: Entonces Pedro tiene razón, tuvo razón todo el tiempo ¡Nada importa! ¡Nada!

4: ¡Cállate, loca!

ANA: Pero la loca no se calló. Todo lo contrario.

SOFÍA: ¡Nada! ¡Nada! ¡Nada!

2: Sofía gritó y lloró. Tan fuerte y tan agudo que empezaron a dolernos los oídos.

3: Empezó a dolernos todo.

4: A rompernos todo.

ANA: Y todo empezó a desbaratarse.

1: Ahmed le aventó un puñetazo a Lucía.

2: Sofía le dio a Hans en la cabeza con una tabla.

3: Enrique se le colgó del cuello a Jimena.

4: Y sólo se soltó porque Elisa le encajó un palo en las costillas.

ANA: Jimena corrió hacia mí gritando como salvaje.

1: ¡Tú mataste a Oscarito!

ANA: ¡Ahhh!

2: Golpes.

3: Jalones.

4: Mordidas.

1: Todos rodando sobre el aserrín sangriento.

2: Ensuciándonos de insignificancia.

3: Parecía que íbamos a matarnos.

ANA: Y de pronto supe que tenía que ir a buscar a Pedro. Conseguí deshacerme de las
patadas de Jimena. Logré salirme arrastrando de la pelea y desaparecí corriendo por la
calle.

Corrí todo lo que puede. Corrí como nunca antes había corrido.
Me faltaba el aire y me dio una punzada en las costillas. Me dolía la garganta y las piernas,
me dolía todo. Pero seguí corriendo.

No tenía idea de qué iba decirle a Pedro para conseguir que me acompañara a la fábrica.
Sólo sabía que lo necesitábamos.

Alcancé a verlo a los lejos y corrí todavía más rápido.

Estaba sentado como siempre, en su rama del ciruelo viendo a la nada.

No paré de correr hasta llegar al árbol. Me detuve de golpe y me di cuenta que no podía
decir una palabra: jadeaba, tosía, escupía, vomitaba buscando el aire que se negaba a entrar
a mis pulmones.

PEDRO: ¿A qué debo el honor de tu visita, Ana?

ANA: ¡Sofía! Se… ¡Se volvió loca! Se están matando a golpes todos. Tienes que
acompañarme.

Iba a decir algo más para convencerlo. Pero Pedro ya se estaba bajando del ciruelo. Corrió
hacia su patio y regresó con su vieja bicicleta. Pedaleó tan fuerte que me dejó atrás en
segundos.

Cuando por fin llegué a la fábrica...Todos estaban empapados de sangre y aserrín. Pero no
fue eso lo que vi. Lo que vi fue odio.

1: Odio.

4: Más odio.

3: De todos contra todos.

PEDRO: Son unos idiotas. Si nada importa, tampoco hay nada por lo que valga la pena
enojarse. Y si enojarse no tiene ningún sentido ¡Mucho menos tiene sentido pelearse! ¿Qué
están haciendo? ¿Se están peleando por este montón de basura apestosa?

1: Pedro se acercó a ver el montón. Durante un rato se detuvo en el ataúd del bebé Emilio.

4: Luego pasó a la cabeza de la perra y su mirada se deslizó hasta lo que quedaba del Jesús
crucificado.

2: Luego las seis trenzas azules.

3: La bici amarilla sobre la alfombra de rezos.

1: Oscarito, que no había sobrevivido al frío nocturno y el dedo índice de Ian.

ANA: Entonces descubrió algo que no entendía...


PEDRO: ¿Por qué ese pañuelo?

SOFÍA: ¡Es significado! ¡Es significado!

PEDRO: Ah, claro ¡Significado! ¿Por eso lo vendieron? Si ese montón de porquería llegó a
significar algo alguna vez, dejó de hacerlo el día que lo vendieron. ¿Cuál es el precio de
Oscarito, Jimena? ¿Y la alfombra de rezos? ¿Cuál es el precio de tu fe, Ahmed?

ANA: Pedro nombró, una a una, todas las cosas del montón.

2: Y nosotros nos volvimos insignificantes uno tras otro.

PEDRO: Ian ¿Por qué no te dejaste cortar toda la mano si de todos modos ibas a vender tu
dedo al que ofreciera más? Y Sofía ¿Qué significado te queda después de venderte a ti
misma?

4: No respondimos.

3: Nos quedamos quietos, sin despegar los ojos del aserrín del piso.

PEDRO: Si esto realmente hubiera significado algo, nunca lo habrían vendido ¿verdad?

ANA: Pedro había ganado.

1: Pero, justo en ese momento, cometió un error…

ANA: Nos dio la espalda.

2: Sofía fue la primera que se le abalanzó.

3: Si los demás nos hubiéramos quedado quietos, Pedro se la hubiera quitado de encima.

4: Pero no lo hicimos. Todos la seguimos. No se si alguien primero o fuimos todos al


mismo tiempo.

1: No se si fue horrible o no.

ANA: Debió ser horrible, pero no lo recuerdo así.

2: Tenía sentido pegarle a Pedro.

1: Él nos había quitado el significado. Él tenía la culpa.

ANA: Tenía la culpa de que hubiéramos perdido las ganas de vivir.

3: Y tenía que pagar por eso.

4: No supimos qué aspecto tenía Pedro cuando salimos de la fábrica.


ANA: Recuerdo cómo se veía, pero no fue lo que le dije a la policía.

3: Desfigurado, con el cuello hacia atrás.

4: Azul.

2: Le salía sangre de la nariz y la boca.

1: Su codo izquierdo estaba doblado en sentido contrario.

ANA: Cuando nos fuimos no nos dijimos adiós.

2: Ni entre nosotros ni a Pedro.

ANA: La fábrica abandonada ardió toda la noche.

XIX. LO ÚNICO QUE TENEMOS

1: A la mañana siguiente el edificio se había vuelto escombro.

2: Y ceniza todo lo demás.

3: Nadie dijo nada.

4: La prensa mundial no apareció, pero tampoco hubiéramos dicho nada.

ANA: El cuerpo carbonizado de Pedro lo encontraron por la tarde.

1: Cerca de lo que una vez fue el montón de significado.

3: La policía elaboró la teoría de que Pedro había incendiado el montón de significado.

4: Su motivo: se negaba a aceptar que nosotros hubiéramos encontrado el sentido de la vida


y nos volviéramos famosos por eso.

ANA: Nadie los contradijo.

2: Qué triste que se haya quedado atrapado en el fuego.

1: Fuimos al funeral.

3: Lloramos porque todo era muy triste y muy bello.

4: Porque habíamos perdido algo y ganado otra cosa.

2: Aunque no pudiéramos explicarlo con palabras.

1: El ataúd blanco y brillante de Pedro descendiendo hacia la tierra.


ANA: Dijeron muchas cosas bonitas de un Pedro que nunca conocimos y después de eso
todos nos fuimos a la fábrica.

3: La capa de ceniza era más gruesa donde había estado el montón.

2: Hablamos lo menos posible.

4: Botellas vacías.

1: Vasos de plástico.

ANA: Cajas de cerillos para recoger toda la ceniza.

3: Esos recipientes llenos de ceniza era todo lo que quedaba del significado.

ANA: Lo necesitábamos. Necesitábamos más que nunca el significado. Pedro ya no estaba


en el ciruelo, pero era fácil volver a escuchar sus palabras cada vez que pasábamos por ahí .

PEDRO: Si es tan fácil morirse, es porque la muerte no es nada importante. Y si la muerte


no importa, tampoco puede ser importante la vida.

ANA: Cuando todo acabó nos dispersamos. Nos fuimos a escuelas más grandes. Y Sofía a
un internado donde se protege a gente como ella de ellos mismos.

2: Del impulso por saltar al vacío.

1: A la nada.

ANA: Han pasado años.

4: Sigo conservando la cajita de cerillos llena de ceniza.

2: A veces la aprieto muy fuerte entre mis manos y la abro para verla.

3: Y siempre que veo la ceniza que tiene adentro, tengo la misma sensación en el pecho.

4: No puedo explicar qué es, pero sé que tiene que significar algo.

ANA: Y sé que con el significado no se juega ¿O no es así, Pedro? ¿No es así?

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