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Bloque C.3 Rousseau

Jean Jacques Rousseau, pensador clave de la Ilustración, critica la civilización y la cultura, argumentando que el estado natural del hombre es bueno y libre, en contraste con la degeneración provocada por la propiedad privada y las instituciones sociales. En sus obras, como 'El contrato social' y 'Emilio', Rousseau propone una educación que fomente la bondad natural y un nuevo contrato social basado en la voluntad general, donde la libertad individual se encuentra en la comunidad. Su pensamiento anticipa el Romanticismo y desafía las ideas de otros ilustrados como Hobbes y Locke sobre la naturaleza humana y la sociedad.

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Bloque C.3 Rousseau

Jean Jacques Rousseau, pensador clave de la Ilustración, critica la civilización y la cultura, argumentando que el estado natural del hombre es bueno y libre, en contraste con la degeneración provocada por la propiedad privada y las instituciones sociales. En sus obras, como 'El contrato social' y 'Emilio', Rousseau propone una educación que fomente la bondad natural y un nuevo contrato social basado en la voluntad general, donde la libertad individual se encuentra en la comunidad. Su pensamiento anticipa el Romanticismo y desafía las ideas de otros ilustrados como Hobbes y Locke sobre la naturaleza humana y la sociedad.

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J.J. ROUSSEAU.

Pese a que fue uno de los grandes ideólogos de la Revolución Francesa, el pensamiento de Jean
Jacques Rousseau (1712-1778) se separa en muchos puntos esenciales de los ideales mantenidos
por otros ilustrados franceses, como Voltaire, Diderot, D’Alambert o Montesquieu. Por su aguda
crítica a la civilización y la cultura, y su audaz desprecio a la idea de un progreso o mejora de la
humanidad fundamentado en el uso de la razón, Rousseau se convirtió en uno de los pensadores
más atípicos de la Ilustración, anticipándose a las tesis que mantuvo posteriormente el
Romanticismo. Frente a la fría racionalidad heredera del racionalismo, defenderá el sentimiento y la
pasión como valores intrínsecos y esenciales al ser humano; valores que habían sufrido un enorme
menoscabo y en cuyo desdén arraigaban los pilares de la cultura occidental.

Rousseau en 1750 con el ensayo Discurso sobre las ciencias y las artes mantenía una postura
pesimista y en él se oponía abiertamente al pensamiento de los filósofos ilustrados, defendiendo
que las artes y las ciencias, fuentes de perversión y esclavitud, contribuían esencialmente a la
degeneración y envilecimiento del hombre. Obra de gran polémica en su tiempo, el Discurso
arranca de una hipótesis contraria a la mantenida por Hobbes de un estado salvaje de
naturaleza en el que el hombre estaba en guerra contra el hombre, siendo cada uno enemigo del
otro y viviendo todos en el miedo, la desconfianza y el terror. Rousseau concibe que el estado
natural del hombre, antes de surgir la vida en sociedad, era bueno, feliz y libre. El buen salvaje
vivía independiente, guiado por el sano amor a sí mismo. Este estado natural es un estado que no
existe ya, que acaso no ha existido nunca, que probablemente no existirá jamás, y del que es
necesario tener conceptos adecuados para juzgar con justicia nuestro estado presente, es decir, se
trata de una hipótesis que permite valorar la realidad actual: el estado social, aquel en el que el
hombre se aparta de la naturaleza para vivir en comunidad, guiado por el egoísmo, el ansia de
riqueza (propiedad) y la injusticia1.

En 1754 publica una de sus grandes obras: Discurso sobre el origen y el fundamento de la
desigualdad entre los hombres, en la que lleva a cabo una dura crítica de las instituciones políticas y
sociales como grandes corruptoras de la inocencia y bondad naturales del hombre. Sin embargo, en
esta obra y en las siguientes, Rousseau analiza el tránsito del hipotético estado de naturaleza al
estado social como una degeneración (no un progreso) producto de las desigualdades sociales
que surgen con la propiedad privada, el derecho para protegerla, y la autoridad para que se
cumpla ese derecho. Las leyes establecidas en toda sociedad son siempre las leyes que
defienden al poderoso, al rico y a su poder frente a los no poseedores de propiedad, a los
pobres. La propiedad privada y el derecho han creado un abismo entre dos clases jerárquicamente
diferenciadas entre sí: la clase de los propietarios, de los poderosos y de los amos, frente a la clase de
los no propietarios, pobres y esclavos. Esta situación no es superable, según Rousseau, pero puede
ser mitigada a través de una sana vuelta a la naturaleza y una educación que fomente el
individualismo y la independencia del hombre.

En 1762 aparecerán dos de sus obras más importantes: El contrato social y Emilio o de la
educación. Ambas serán prohibidas inmediatamente por el parlamento de París (después en Ginebra,
en Holanda y en Berna), que ordena su detención, por lo que Rousseau se refugia en Neuchâtel,
dependiente de Prusia.

En el Emilio, Rousseau hace un análisis de la educación donde analiza los procesos mediante los
cuales el niño se socializa y pierde su bondad e inocencia natural. Frente a la fría cultura
racionalista y libresca, propone una educación que siga y fomente los procesos naturales
humanos sin alterarlos y que se base en los sentimientos naturales del amor a sí mismo y del
amor al prójimo. Criticando la pedagogía ilustrada, Emilio se educará a sí mismo para dar
lugar a una nueva sociedad, más libre y cercana a su estado natural.
1
Como se puede ver este párrafo es clave puesto que supone la posibilidad desde el principio de percibir
los diferentes planteamientos de los autores ya estudiados. Sobre todo, destacan la visión contraria
respecto a Hobbes sobre el estado de naturaleza (esencial una definición clara de buen salvaje,
contextualizada en el autor y no simplemente ventilada con que el hombre es bueno por naturaleza)
y el problema de la propiedad privada y su papel en la sociedad tal como se apuntó al hilo de Locke.
1
IES PRÍCIPE FELIPE.
DEPARTAMENTO DE FILOSOFÍA. CURSO 2024-25
En El contrato social, Rousseau manifiesta otra manera de paliar la degeneración a la que nos
vemos abocados en el estado social, degeneración que resume en su célebre frase el hombre nace
libre, pero en todas partes se encuentra encadenado. Las injusticias sociales y la fractura de clase
pueden mitigarse no sólo a través de la educación, sino transformando el orden social
endógenamente, es decir: desde el interior de la sociedad misma, y sin violencia. Los hombres
deben establecer un nuevo Contrato Social que los acerque a su estado natural2. Este contrato no
es un pacto o convenio entre individuos (Hobbes) ni un contrato bilateral (Locke). El nuevo
contrato social es un pacto de la comunidad con el individuo y del individuo con la comunidad,
desde el que se genera una voluntad general que es distinta a la suma de las voluntades
individuales o de la voluntad de la mayoría y que se constituye en fundamento de todo poder
político. La soberanía ha de emanar de la voluntad general, siendo indivisible (contra Locke y
Montesquieu, Rousseau no es partidario de la separación de poderes) e inalienable (la ley procede de
la Voluntad General y sus ejecutores son, por lo tanto, sustituibles). La libertad individual ha de
constituirse, a través de la Voluntad General, en libertad civil3 y en igualdad. El ser humano debe
entregarse de forma individual a la comunidad y la comunidad pasa a ser el lugar en el que el ser
humano se completa como tal. Es la idea del cuerpo político, lo que es bueno para el individuo es
bueno para el colectivo y a la inversa, tal como ocurre en un cuerpo. Lo que es bueno para una parte
del cuerpo, lo será para el conjunto y lo que es bueno para el conjunto del cuerpo, lo será para cada
una de las partes.

TEXTO

Supongamos que los hombres hayan llegado a un punto tal, que los obstáculos que impiden su
conservación en el estado natural superan a las fuerzas que cada individuo puede emplear para
mantenerse en este Estado. En un caso así, el Estado primitivo no puede durar más tiempo, y el
género humano perecería si no cambia su modo de existir.

Mas como los hombres no pueden crear por sí solos nuevas fuerzas, sino unir y dirigir las que ya
existen, sólo les queda un medio para conservarse, y consiste en formar por agregación una suma
de fuerzas capaz de vencer la resistencia, poner en movimiento estas fuerzas por medio de un sólo
móvil y hacerlas obrar convergentemente.

Esta suma de fuerzas sólo puede nacer del concurso de muchas separadas. Pero como la fuerza y la
libertad de cada individuo son los principales instrumentos de su conservación, ¿qué medio
encontrará para comprometerlos sin perjudicarse y sin olvidar los cuidados que se debe a sí
mismo? Esta dificultad, concretándola a mi objeto, puede expresase en estos términos: «Encontrar
una forma de asociación capaz de defender y proteger, con toda la fuerza común, la persona y los
bienes de cada uno de los asociados, pero de modo tal que cada uno de éstos, en unión con todos,

2
Aquí es donde se empieza a plantear la visión de Rousseau sobre la sociedad. Es al mismo tiempo el
problema que aparece en el texto y mucha atención a las preguntas que el autor se plantea sobre la
sociedad y la solución a sus problemas. Ojo con la noción de voluntad general que no debe
confundirse con la mayoría, no es que un número grande de individuos tenga poder de decisión,
sino que es una noción que implica una nueva definición de cómo el ser humano debe educarse, de ahí la
importancia del Emilio y de cómo debe manejarse en la esfera pública.
3
Aquí es particularmente importante definir bien este término de voluntad general como ese punto de
vista comunitario de tal forma que la sociedad se ve como un organismo, un cuerpo social. Por ello el
individuo como tal desaparece y pasa a dar sentido a su vida como parte ese cuerpo social. Por ello, la
libertad en sentido estricto sólo puede darse como miembro de la voluntad general. Este tema debe
coordinarse con la visión diferente de la sociedad y del individuo que defiende el liberalismo de Locke.
2
IES PRÍCIPE FELIPE.
DEPARTAMENTO DE FILOSOFÍA. CURSO 2024-25
sólo obedezca a sí mismo, y quede tan libre como antes 4.» Este es el problema fundamental, cuya
solución se encuentra en el Contrato Social.

Las cláusulas de este contrato están determinadas por la naturaleza del acto de tal suerte, que la
menor modificación las haría vanas y de ningún efecto, de modo que aun cuando quizás nunca han
sido expresadas formalmente, en todas partes son las mismas, en todas están tácitamente admitidas
y reconocidas, hasta que, por la violación del pacto social, cada cual recobra sus primitivos
derechos y su libertad natural, perdiendo la libertad convencional por la cual había renunciado a la
primera.

Todas estas cláusulas bien entendidas se reducen a una sola, a saber: la enajenación total de cada
asociado, con todos sus derechos, a favor de la comunidad; porque, en primer lugar, dándose
cada uno por entero, la condición es la misma para todos; y siendo la condición igual para todos,
nadie tiene interés en hacerla onerosa para los demás.

Además de esto, haciendo cada cual la enajenación sin reservas, la unión es tan perfecta como
puede serlo, sin que ningún asociado tenga nada que reclamar. Si quedasen algunos derechos a los
particulares, como no existiría ninguna instancia superior común que pudiese sentenciar entre ellos
y el público, al ser cada uno su propio juez en algún punto bien pronto pretendería serlo en todos
los puntos. Con lo cual subsistiría el Estado natural y la asociación llegaría necesariamente a ser, o
bien tiránica, o bien inútil.

En fin, dándose cada individuo a todos, cada uno no se da a nadie en particular; y como no hay
socio alguno sobre quien no se adquiera el mismo derecho que uno cede, se gana en este cambio el
equivalente de todo lo que se pierde, y una fuerza mayor para conservar lo que se tiene.

Si quitamos pues del pacto social lo que no es de su esencia, veremos que se reduce a estos
términos: Cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su poder bajo la suprema
dirección de la voluntad general; y cada miembro es considerado como parte indivisible del todo5.

Este mismo acto de asociación convierte al instante la persona particular de cada contratante en un
cuerpo moral y colectivo, compuesto de tantos miembros como voces tiene la asamblea; cuyo
cuerpo recibe del mismo acto su unidad, su ser común, su vida y su voluntad. Esta persona pública,
que se constituye como producto de la unión de todas las otras, recibía antiguamente el nombre de
Civitas , y ahora el de República o de Cuerpo Político, denominándosela Estado cuando es pasivo,
soberano cuando es activo, y potencia cuando es comparada con sus semejantes. En cuanto a los
asociados, éstos toman colectivamente el nombre de pueblo y en particular se llaman ciudadanos,
como partícipes de la autoridad soberana, y súbditos, por estar sometidos a las leyes del Estado.
Pero estos términos se confunden a menudo y se toma el uno por el otro. Basta que sepamos
distinguirlos cuando se usan en toda su precisión.

El contrato social. Capítulo VI Del pacto social

4
Esta es la pregunta que justifica la teoría política de Rousseau. El problema es cómo organizar la
sociedad de manera que perdiendo la libertad natural de hacer lo que cada individuo desea, acabe
siendo más libre que en ese estado. Para Rousseau la libertad racional dentro de la sociedad es de mayor
calidad porque cada individuo sabe por qué hace algo, no es una libertad animal, inconsciente. Esto sólo
es posible dentro de la voluntad general que sería como una especie de conciencia colectiva. En
definitiva, lo que es bueno para todos, debe serlo para el individuo.
5
Aquí pone de manifiesto lo ya explicado en la nota anterior. En esencia el pacto social implica tener
plena conciencia de que sólo tenemos sentido dentro de la comunidad. De ahí el interés de Rousseau en
el proceso de educación de ciudadano. No es una simple instrucción técnica, sino una conciencia superior
que ve la comunidad como su lugar natural donde se realiza plenamente. Por ello, cumplir las leyes que él
mismo se ha dado le hace ganar calidad como ser humano completo.
3
IES PRÍCIPE FELIPE.
DEPARTAMENTO DE FILOSOFÍA. CURSO 2024-25

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