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Sirio 789321

Sirio, o Sirius, es la estrella más brillante del cielo nocturno y se encuentra en la constelación Canis Maior. Es un sistema estelar binario compuesto por Sirio A, una estrella blanca de tipo A1V, y Sirio B, una enana blanca, con una posible tercera componente, Sirio C, aún no observada. Históricamente, ha tenido un gran significado cultural en diversas civilizaciones, incluyendo su relación con el calendario egipcio y su asociación con mitologías de diferentes culturas.
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Sirio 789321

Sirio, o Sirius, es la estrella más brillante del cielo nocturno y se encuentra en la constelación Canis Maior. Es un sistema estelar binario compuesto por Sirio A, una estrella blanca de tipo A1V, y Sirio B, una enana blanca, con una posible tercera componente, Sirio C, aún no observada. Históricamente, ha tenido un gran significado cultural en diversas civilizaciones, incluyendo su relación con el calendario egipcio y su asociación con mitologías de diferentes culturas.
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Sirio

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Para otros usos de este término, véase Sirio (desambiguación).

Sirio

Ubicación de Sirio en la constelación de Canis Maior.


Datos de observación
(Época J2000.0)
Constelación Canis Maior (CMa)
Ascensión recta (α) 06 h 45 min 08.9173 s[1][N.B. 1]
Declinación (δ) −16°42′58.017″[1]
Mag. aparente (V) −1.46 (A)[1] / 8.30 (B)[2]
Color Blanco azulado[3][4]
Características físicas
Clasificación estelar A1V (A)[1] / DA2 (B)[2]
2.02 (A)[5] /
Masa solar
0.978 (B)[5] M☉
Radio (1.711 (A)[5] / 0.0084 ± 3 % (B)[6] R☉)
0.01 (A)[1] / –0.03 (B)[2] (B-V)
Índice de color
–0.05 (A)[10] / –1.04 (B)[2] (U-B)
Magnitud absoluta 1.42 (A)[N.B. 2] / 11.18 (B)[2]
Gravedad superficial 4.33 (A)[7] / 8.57 (B)[6] (log g)
25.4 (A)[5] /
Luminosidad
0.026 (B)[N.B. 2] L☉
9940[7] (A) /
Temperatura superficial
25 200 (B)[5] K
Metalicidad [Fe/H] = 0.50 (A)[8]
Periodo de rotación 16 km/s (A)[9]
Edad Entre 2 × 108 y 3 × 108 [5]
Astrometría
Mov. propio en α –546.05 [1][N.B. 1] mas/año
Mov. propio en δ –1223.14 [1][N.B. 1] mas/año
Velocidad radial −7.6 [1] km/s
Distancia 8.6 ± 0.04 años luz (2.64 ± 0.01 pc)
Paralaje 379.21 ± 1.58 [1] mas
Sistema
N.º de componentes Sirio A y Sirio B
Referencias
ARICNS enlace
Otras designaciones

 Bayer: α Canis Majoris (α CMa)[11]


 Flamsteed: 9 Canis Majoris (9 CMa)[11]
 BD −16° 1591 [11]
 HD 48915 [11]
 HIP 32349 [11]
 HR 2491
 PPM 217626 [11]
 SAO 151881 [11]
 WDS 06451-1643A
 ADS 5423
 GL 244
 GC 8833 [11]
 FK5 257[11]
 LHS 219[11]
 NSV 17173
[editar datos en Wikidata]

Sirio, o Sirius en su denominación latina, es el nombre propio de la estrella Alfa


Canis Maioris (α CMa, también Alfa Canis Majoris), la más brillante de todo el
cielo nocturno vista desde la Tierra, situada en la constelación del hemisferio
celeste sur Canis Maior. Esta estrella tan notable, que es en realidad una estrella
binaria, es muy conocida desde la antigüedad; por ejemplo, en el Antiguo Egipto,
la salida heliaca de Sirio marcaba la época de las inundaciones del Nilo,[12] y ha
estado presente en civilizaciones tan dispares como la griega, la maya y
la polinesia. En ocasiones, y coloquialmente, Sirio es llamada «Estrella Perro» a
raíz de la constelación a la que pertenece.

La componente primaria de las dos estrellas que conforman el sistema, Sirio A,


es una estrella blanca de la secuencia principal de tipo espectral A1V que cuenta con
una temperatura superficial de 9726 °C (10 000 K) y que está alejada a unos
8.6 años luz del sistema solar, lo que la convierte en la séptima estrella más cercana
respecto al Sol. Su magnitud aparente en la banda B (azul) es –1.46, y en la banda V es –
1.47.[1] Friedrich Bessel, en 1844, dedujo la presencia de una compañera, un
objeto celeste muy tenue ahora llamado Sirio B o «el Cachorro», que fue
observado casualmente por primera vez en 1862 por el constructor
de objetivos astronómicos Alvan Graham Clark. Fue una de las primeras enanas
blancas en ser descubiertas, su magnitud en la banda V es 8.44, su tipo
espectral es DA2 y su temperatura superficial es de unos 25 200 K.[5]
Debido a ciertas irregularidades en la órbita del sistema Sirio formado por
ambas estrellas, se ha sugerido la presencia de una tercera estrella, Sirio C,
una presunta enana roja con un quinto de la masa del Sol y tipo espectral M5-9,
en una órbita elíptica de seis años alrededor de Sirio A. Este objeto aún no ha sido
observado y se discute su existencia real.

Etimología y nombres

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El nombre propio más común para esta estrella proviene del latín Sīriŭs, a su
vez del griego antiguo Σείριος (Seirios),[13] aunque la palabra helena podría haber
sido importada de otro lugar con anterioridad a la época arcaica de la Antigua Grecia,
[14] a lo que algunos sugieren una conexión con el dios egipcio Osiris.[15] El
primer uso documentado de este nombre data del siglo VII a. C., en la obra
poética Trabajos y días, de Hesíodo,[14] quien calificó a Sirio por su centelleo
diciendo, por ejemplo, ποίκιλος Σείριος: poíkilos Seirios, «Sirio, el que brilla en
muchos colores».[16] No obstante, Sirio cuenta con más de cincuenta
designaciones distintas.[17]

En árabe se conoce a la estrella como ‫( الِّش ْعَر ى‬transliterado: aš-ši‘rā o ash-shira;


el líder),[18] del que deriva el alternativo Aschere. En sánscrito se la
nombra Mrgavyadha, «cazador de ciervos», o Lubdhaka, «cazador». Bajo el
primero de estos dos nombres, Sirio representa a Rudra (Shiva).[19][20] Viajando
muy al norte, en Escandinavia la estrella era llamada Lokabrenna, algo así como
«la antorcha de Loki».[21][22] Durante la Edad Media, en la astrología Sirio era una
de las quince estrellas fijas behenias,[23] asociada concretamente con el berilo y
los juníperos, y cuyo símbolo astrológico fue listado por Agrippa de Nettesheim.[24]

Históricamente, muchas culturas han asignado una especial trascendencia a


Sirio, que en particular ha sido relacionada frecuentemente con los perros, de
ahí que coloquialmente sea conocida como la «Estrella Perro» (y todas sus
variantes idiomáticas: Dog Star, Stella del Cane, Hundsstern, Köpek-
yıldız, Hundstjärnan, etc.), lo cual tiene que ver en parte con que los nombres
de las constelaciones son ya antiguos y también con que sea la estrella más
brillante de su constelación, Canis Maior, el «Gran Can», que típicamente ha sido
identificado como el perro del gigante Orión, aunque esta no ha sido la única
opción. Incluso Homero, en su Ilíada, describió el acercamiento
de Aquiles a Troya haciendo referencia a Sirio como perro de Orión, como estrella
más brillante y como malvada.[25][N.B. 3]

En la astronomía china, es conocida como la estrella del «lobo celestial» (en chino y
en japonés: 天狼; pinyin: Tiānláng; rōmaji: Tenrō)[26] en la Mansión de Jǐng (井宿). Por
otro lado, en Norteamérica, muchos pueblos indígenas relacionaron de igual modo
Sirio con los cánidos; los seri y los tohono O'odham tomaron la estrella como un
perro que perseguía a ovejas de las montañas, mientras que los pies negros la
llamaron «Cara-perro». El pueblo cheroqui emparejó Sirio con Antares como pareja
de perros guardianes que custodiaban cada lado del «Camino de las almas»;
los pawnee de Nebraska realizaron varias asociaciones: la tribu Skidi la nombraba
«Estrella Lobo», pero otras usaban la variante «Estrella Coyote». En Alaska,
los inuit del estrecho de Bering conocían Sirio como «Perro Luna».[27]

Por el contrario, varias culturas han vinculado a Sirio con arcos y flechas. Los
antiguos chinos visualizaron un gran arco y una flecha formados por Puppis y
Canis Maior surcando el cielo sur, de manera que el extremo de la flecha
apunta al lobo Sirio. Una conexión similar se encuentra en el templo de
Hathor en Dendera, donde la diosa Satis dispara su saeta a Hathor —Sirio, que con
el nombre Tir era retratada como la flecha en sí en la cultura persa posterior—.[28]

Igualmente, se menciona a Sirio en el capítulo 53 del Corán, titulado An-Najm,


«La estrella», de la siguiente manera: ‫وأَّنُه ُهَو َر ُّب الِّش ْعَر ى‬, «Que Él es el Señor de
Sirio (la Poderosa Estrella)» (53:49).[29]

Si bien es cierto que Sirio es designada por muy diferentes nombres científicos,
la gran mayoría de ellos están constituidos por unas siglas y un número. La
clásica denominación de Bayer, del siglo XVII, basada en ordenar las estrellas de
cada constelación por brillo aparente mediante el alfabeto griego seguido del
nombre latino de la constelación en genitivo, asignaba a esta estrella el nombre
Alfa Canis Maioris o α Canis Maioris, abreviado como α CMa. El inconveniente
de este sistema radicaba en el hecho de que hay muchas más estrellas por
constelación que letras en el alfabeto, por ello John Flamsteed planteó un nuevo
método consistente en dar a cada estrella de una constelación un número y no
una letra, siguiendo la ascensión recta creciente en lugar del brillo. Así, y añadiendo
también el genitivo latino, Sirio quedaba como 9 Canis Maioris, abreviado a su
vez 9 CMa.[11] Posteriormente se han creado más catálogos estelares de mayor
envergadura y precisión. En el Bonner Durchmusterung, tras las correspondientes
siglas del catálogo (hay varias debido a sus ampliaciones) van la declinación de
la estrella y un número, Sirio es BD −16° 1591. En el de Henry Draper, que tiene
en cuenta el orden de ascensión recta para la época 1900.0 y que fue el primer
intento de clasificación por tipo espectral, a Sirio se le adjudicó HD 48915; pero en
el Bright Star Catalogue, que incluye aproximadamente las estrellas visibles a
simple vista, Sirio pasa a ser HR 2491. Otros muchos son PPM 217626,
del Positions and Proper Motions Catalogue, SAO 151881, del Smithsonian Astrophysical
Observatory, GC 8833, del Boss General Catalogue, WDS 06451-1643A, ADS 5423,
GL 244, FK5 257, LHS 219, NSV 17173 y el del reciente, preciso y
completo catálogo Hipparcos: HIP 32349.[11][30]

Observación histórica y cultural

[editar]

Dada su calidad de estrella excepcionalmente vistosa, Sirio se encuentra


presente desde tiempos prehistóricos en la mitología, las religiones y las
costumbres de numerosas culturas.

Jeroglífico
Sirio/Sopdet.

Sirio, estrella conocida en el Antiguo


Egipto como Sopdet, Sothis o Sethis (en griego: Σῶθις, Sothis),[31] aparece ya en
los primeros registros astronómicos, simbolizada ya por un perro, origen del
ulterior nombre del Can Mayor.[32] Durante la época del Imperio Medio de Egipto, el
pueblo egipcio basaba su calendario en el orto heliaco de Sirio, esto es, el primer
día en que se hace visible por occidente de madrugada justo antes de la salida
del Sol, después de haberse alejado suficientemente del brillo del Sol.[12] La
importancia de este hecho reside en que marcaba el inicio de la temporada
anual de crecida del río Nilo,[12] antes del solsticio estival,[33] después de una
ausencia de setenta días en los cielos nocturnos.[34] El jeroglífico de Sothis
muestra una estrella de cinco puntas y un triángulo. Sothis era identificado con
la gran diosa Isis, que formaba parte, junto a su esposo Osiris y su hijo Horus, de un
triteísmo, mientras que ese periodo de setenta días en los que Sirio no se veía
en el cielo simbolizaba el paso de Isis y Osiris por el duat, el inframundo egipcio.
[34] De un modo similar, para los chibchas de la actual Colombia la salida heliaca
de Sirio anunciaba el comienzo de la temporada de lluvias.[35]

La ineludible relación entre Sirio y el calendario egipcio ha ocasionado que, con


el tiempo, Sirio y el conocido como ciclo sotíaco (también sotiaco, sothiaco o
sótico) se hayan convertido también en un importante elemento que ayude a
determinar con mayor exactitud la cronología del Antiguo Egipto,[36][37] puesto que
los antiguos egipcios no utilizaron un único sistema para fechar. Por otra parte,
este método no está exento de inconvenientes y ello ha conllevado la aparición
de algunos detractores que prefieran recurrir a otros sistemas.[38] El ciclo
sotiaco es el periodo de 1461 años de 365 días exactos (del calendario egipcio, en
el juliano son 1460 años de 365.25 días) que tarda la salida heliaca de Sirio en
coincidir de nuevo con el comienzo del año nuevo, el primer día del mes Thoth,
[37] descoordinación que viene acarreada porque el año egipcio no coincidía
con el sidéreo. Gracias a la conservación de algunos restos arqueológicos que
hacen referencia al orto heliaco de Sirio y de los que se conoce a qué dinastía
pertenecen, como una tabla de marfil del faraón Dyer, se puede fijar una
referencia a partir de la cual datar los acontecimientos sucedidos en el Antiguo
Egipto.[39][40]

En Sumeria, alrededor del tercer milenio antes de Cristo, Sirio adoptó ya papeles
centrales en la religión sumeria. Como estrella de referencia para el calendario, y
bajo la denominación MULKAK.SI.SÁ, cumplía una importante función en el ciclo
agrícola; y con el nombre de MULKAK.TAG.GA (flecha del cielo) Sirio era
considerada como una divinidad principal pero subordinada a la «estrella
dominante de Dios sobre el resto de objetos celestes», Venus, que era adorada
como la diosa Inanna. Finalmente, en la procesión de Akitu —año nuevo— Sirio
recibía sus correspondientes ofrendas.[41] Más tarde, y prácticamente sin
cambios en lo que representaba, para los asirios y los babilonios Sirio suponía
además, según las tablas de arcilla MUL.APIN, la señal para especificar los años
bisiestos.

La civilización de la Antigua Grecia observó que la aparición de Sirio anunciaba


los cálidos y secos veranos mediterráneos, y por tanto temían que marchitara las
plantas, que debilitara a los hombres y que excitara a las mujeres.[42] Debido a
su brillo, la titilación de Sirio era más apreciable en las condiciones
atmosféricas variables de principios del verano, lo cual indicaba, para los
observadores griegos, ciertas emanaciones que provocaban su influencia
maligna. Las personas que sufrían sus efectos eran
denominadas αστροβόλητος (astrobólētos, «golpeadas por la estrella»). En la
literatura se califica a la estrella como «ardiente» o «llameante».[43] La
temporada posterior a la aparición de Sirio pasó a ser conocida como los «días
del perro».[44] Los habitantes de Ceos, isla del archipiélago de las Cícladas, en
el mar Egeo, ofrecían sacrificios a Sirio y a Zeus para que llevaran brisas frescas, y
esperarían la reaparición de la estrella en verano. Si se elevaba clara,
presagiaba buena fortuna, pero, por otro lado, si se alzaba brumosa o borrosa,
vaticinaba (o más bien emanaba) pestilencia. Algunas monedas del
siglo III a. C. recuperadas de la isla presentan perros o estrellas de los que
surgen rayos, lo que destaca la relevancia de Sirio.[43] También en Grecia, el
astrónomo y matemático Aristarco de Samos consideró a la estrella como un sol
debido a su brillo.[32]

Posteriormente, los romanos celebraban la puesta de Sirio el 25 de abril


sacrificando para la diosa Robigo un perro junto con incienso, vino y una oveja, con
objeto de proteger ese año las cosechas de enfermedades como
la roya del trigo a causa de las emanaciones malvadas de la estrella.[45]
Asimismo, los romanos denominaron «canicŭla» (canícula) a los «días del perro»
griegos, cultismo latino que se ha conservado en el idioma español y que retiene su
significado, el cual se refiere a los días de mayor calor, lo que en España sucede
hoy en día en el mes de agosto,[46] aunque esta época de altas temperaturas
antes tenía lugar tras el orto heliaco de Sirio;[46][32] este desplazamiento
temporal se debe a la precesión de los equinoccios.[32]

Claudio Ptolomeo, según un grabado medieval

Claudio Ptolomeo de Alejandría, en el siglo II, cartografió las estrellas en los libros
séptimo y octavo de su Almagesto, un tratado astronómico que contiene el
catálogo estelar más completo de la antigüedad. En él, Ptolomeo usó Sirio
como localización del meridiano central terrestre. Curiosamente, dibujó Sirio
como una de las seis estrellas rojas, algo que hoy se sabe que no es cierto,
pero que sin embargo fue un tema controvertido para los astrónomos durante
mucho tiempo.[3][N.B. 4] Las otras cinco estrellas rojas son de clase M y K, como
por ejemplo Arturo, en la constelación del Boyero, y Betelgeuse, en Orión.[47]

En otro lugar del mundo, Polinesia, las estrellas más brillantes eran importantes
para la navegación entre los miles de islas y atolones del océano Pacífico. Bajas, junto
al horizonte, servían de brújulas estelares que ayudaban a los marineros a trazar
su rumbo hacia su destino final. Adicionalmente, funcionaban como
marcadores de latitud; en el caso de Sirio, coincide con la latitud del archipiélago
de Fiyi, en 17° S, de manera que sobrepasaba las islas cada noche.[48] Para los
polinesios el mapa de los cielos nocturnos no era el mismo que el de romanos y
griegos. En su firmamento, Sirio pertenecía a una constelación llamada Manu, en
la que hacía las veces de cuerpo de un gran pájaro cuyas puntas de las alas no
eran otras que Canopus al sur y Proción al norte, otras dos estrellas notables, las
cuales dividían la noche polinesia en dos hemisferios.[48] De la misma forma en
que la aparición de Sirio antes de la aurora anunciaba el verano para los
griegos, para el pueblo maorí señalaba el comienzo del invierno, en su lengua
llamado Takurua, nombre que designaba tanto a la estación como a Sirio. Su
punto culminante en el solsticio invernal era día de fiesta en Hawái —archipiélago
que, sin embargo, ya se encuentra en el hemisferio norte terrestre, pero a baja
latitud—, donde era conocido como Ka'ulua, «Reina del cielo», aunque no es
este su único nombre a lo largo del Pacífico, pues recibía otros como Tau-ua en
las islas Marquesas, Rehua en Nueva Zelanda y Aa y Hoku-Kauopae en la propia
Hawái.[48]

En el siglo XVIII, el influyente filósofo prusiano Immanuel Kant reflexionó sobre Sirio
y, a causa del rutilante centelleo de la estrella en el cielo europeo, donde no
pueden verse rivales inmediatas en brillo como Canopus, Alfa Centauri o Achernar,
pensó que sería el centro de gravitación del universo alrededor del cual
rotarían el resto de objetos celestes.[32]

Existe un grupo étnico de Mali, los dogones, al que se le atribuye poseer


conocimientos tradicionales sobre Sirio que teóricamente serían imposibles de
adquirir sin la utilización de un telescopio. Según los libros Entretiens avec
Ogotemmêli y Le renard pâle, del antropólogo francés Marcel Griaule (1898-
1956), este pueblo no solo conocía el periodo orbital de cincuenta años de Sirio
y de su pequeño astro compañero antes que los astrónomos europeos y
estadounidenses, sino que también hacían referencia a una posible tercera
estrella en el sistema. Sirio A es conocida como Sigi tolo, Sirio B como Po tolo y
la tercera estrella como Emme ya tolo. El libro de Robert K. G. Temple de 1976 The
Sirius Mystery, en el que se asocia a los dogones con extraterrestres,[49] les
acredita además el conocimiento del sistema joviano descubierto por Galileo
Galilei de las cuatro mayores lunas de Júpiter y también el conocimiento de
los anillos de Saturno. Tales nociones astronómicas no pasaron desapercibidas y
generaron polémica y especulación. Partiendo de un artículo del año 1978 de la
publicación Skeptical Inquirer, es posible que este extraordinario entendimiento
del sistema Sirio fuera consecuencia de contaminación cultural,[50] algo de lo
que más recientemente se ha acusado a los propios etnógrafos,[51][52]
explicación que por el contrario parece demasiado simplista para otros.[53]
Noah Brosch, en su libro Sirius Matters, propuso que dicha transferencia
cultural astronómica al pueblo dogón tuvo lugar en 1893, cuando una
expedición francesa que pretendía contemplar un eclipse visitó su región.[54]
Otros posibles culpables de esa supuesta contaminación cultural podrían haber
sido misioneros en el año 1930,[55][56] antes de las primeras investigaciones de
Marcel Griaule con los dogones.[57]

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