Las Leyes de las Sociedades Mercantiles en México a Partir de 1904: Evolución y
Relevancia
Introducción
El derecho mercantil en México ha sido un pilar fundamental para normar las actividades
comerciales y fomentar el desarrollo económico. A partir de 1904, durante el Porfiriato, el marco
jurídico de las sociedades mercantiles se basó en el Código de Comercio de 1889, que dispuso
reglas claras para la constitución, administración y disolución de estas entidades. Este periodo
marcó una transformación hacia la modernización del comercio, influenciada por la apertura al
capital extranjero y el crecimiento económico. La promulgación de la Ley General de Sociedades
Mercantiles (LGSM) en 1934 refundió estas normas, ajustándolas a las necesidades
posrevolucionarias. Este ensayo analiza la evolución del derecho mercantil mexicano desde
1904, destacando los antecedentes, el impacto de la LGSM de 1934, sus críticas y su relevancia
en el contexto económico y jurídico mexicano.
El derecho mercantil mexicano tiene raíces en la legislación colonial española, como las
Ordenanzas de Bilbao (siglo XIII) y la Recopilación de Leyes de los Reinos de las Indias de
1680, que regulaban el comercio en las colonias. Sin embargo, fue en el México independiente
cuando se consolidaron las bases modernas del derecho mercantil. La reforma constitucional de
1883 otorgó al Poder Legislativo federal la facultad de legislar en materia mercantil, lo que llevó
a la promulgación del Código de Comercio de 1884, sustituido por el de 1889, vigente desde
1890. Este código reguló las sociedades mercantiles, definiendo tipos como la sociedad en
nombre colectivo, en comandita simple y anónima, y estableciendo requisitos para su
constitución, como la inscripción en el Registro Público de Comercio.
En 1904, México vivía un auge económico bajo el régimen de Porfirio Díaz,
caracterizado por la inversión extranjera y el desarrollo de infraestructura. El Código de
Comercio de 1889 era el marco principal para las sociedades mercantiles, adaptado a las
necesidades de un país que buscaba integrarse al comercio internacional. Las sociedades
anónimas (SA) ganaron relevancia por su flexibilidad para atraer capital, mientras que las
sociedades en comandita permitían la participación de socios con responsabilidad limitada. Sin
embargo, la falta de una legislación específica para las sociedades mercantiles limitaba la
claridad en ciertos aspectos, como la regulación de fusiones o disoluciones.
Evolución legislativa posterior a 1904
La Revolución Mexicana (1910-1920) generó inestabilidad política y económica,
retrasando las reformas legislativas. No obstante, en la década de 1920, la reconstrucción
económica impulsó la necesidad de un marco legal más robusto. En 1931, el Congreso otorgó al
Ejecutivo federal facultades extraordinarias para legislar en materia mercantil, lo que culminó en
la derogación del capítulo de sociedades mercantiles del Código de Comercio de 1889 y la
promulgación de la LGSM el 4 de agosto de 1934, durante el gobierno de Abelardo L.
Rodríguez.
La LGSM de 1934 marcó un hito al consolidar la regulación de siete tipos de sociedades
mercantiles: en nombre colectivo, en comandita simple, de responsabilidad limitada, anónima, en
comandita por acciones, cooperativa y, posteriormente, por acciones simplificada (añadida en
2016). Esta ley estableció normas claras para la constitución (ante notario público e inscripción
en el Registro Público de Comercio), administración, vigilancia, fusión, transformación, escisión,
disolución y liquidación de sociedades. Introdujo innovaciones como las sociedades de capital
variable, que ofrecían flexibilidad para aumentar o disminuir el capital social, y reconoció a las
sociedades como personas morales con capacidad jurídica propia.
La LGSM también abordó las particularidades de cada tipo de sociedad. Por ejemplo, la
sociedad anónima (SA) se convirtió en la forma preferida por los empresarios debido a la
responsabilidad limitada de los socios, mientras que la sociedad en comandita por acciones,
inspirada en modelos europeos, perdió atractivo por la complejidad en la cesión de acciones
nominativas. La ley reflejó una adaptación a las necesidades de un México posrevolucionario,
buscando fomentar la inversión y proteger los intereses comerciales.
Importancia y críticas
La LGSM de 1934 proporcionó un marco jurídico estable que impulsó el desarrollo
económico al garantizar seguridad a los inversionistas y regular las relaciones entre socios y
terceros. Al reconocer la personalidad jurídica de las sociedades, facilitó la creación de empresas
y la atracción de capital extranjero, esenciales para la industrialización de México. Además, la
obligatoriedad de inscribir las sociedades en el Registro Público de Comercio aseguró
transparencia y protección frente a terceros, promoviendo un ambiente de negocios justo.
Sin embargo, la legislación presentaba limitaciones. Los requisitos formales, como la
intervención de un notario y la inscripción registral, podían ser costosos y complejos, excluyendo
a pequeños empresarios y emprendedores con recursos limitados. Además, el enfoque en grandes
sociedades, como las anónimas, reflejaba un sesgo hacia los intereses de las élites económicas y
el capital extranjero, común en el Porfiriato y persistente en las primeras décadas del siglo XX.
Críticos han señalado que figuras como los bonos de fundador o las acciones de trabajo,
reguladas en la LGSM, eran poco prácticas y no se utilizaban en la realidad, lo que llevó a
propuestas de reforma para eliminarlas.
La evolución legislativa posterior, con reformas en 2014 y 2016, abordó algunas de estas
críticas. La introducción de la sociedad por acciones simplificada (SAS) en 2016 simplificó la
constitución de empresas, permitiendo la creación de sociedades en línea con menos requisitos
formales, lo que democratizó el acceso al emprendimiento. Estas reformas reflejan la adaptación
del derecho mercantil a un entorno globalizado y digital.
Conclusión
La evolución de las leyes de las sociedades mercantiles en México desde 1904 refleja los
esfuerzos por modernizar el derecho mercantil en un contexto de transformaciones económicas y
sociales. El Código de Comercio de 1889 sentó las bases para regular las sociedades mercantiles,
mientras que la LGSM de 1934 consolidó un marco jurídico integral que impulsó la inversión y
la industrialización. A pesar de sus logros, la legislación inicial presentaba barreras para
pequeños empresarios, un desafío que las reformas modernas han buscado superar. La LGSM
sigue siendo un pilar del derecho mercantil mexicano, adaptándose a las necesidades de un
mercado globalizado. Este análisis destaca la importancia de un marco legal dinámico para el
desarrollo económico, así como la necesidad de seguir ajustándolo para incluir a todos los
sectores de la sociedad.
Referencias
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