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La interculturalidad en el sistema educativo | Seminario 2
UNIDAD TEMÁTICA 5
Interculturalidad y educación bilingüe
Introducción
Conviene recordar que la interculturalidad no puede ser reducida a una simple mezcla, fusión
o combinación híbrida de elementos, sino que representa procesos (no productos o fines)
dinámicos y de doble o múltiple dirección, los cuales pretenden desarrollar solidaridades y res-
ponsabilidades compartidas. Por otra parte, como se analizó en unidades temáticas anterio-
res, la interculturalidad habrá de tener un verdadero impacto en los alumnos y en la sociedad,
si parte de su propia experiencia la realidad sociocultural en que viven, se deben considerar los
conflictos internos, inter e intragrupales, así como los desequilibrios sociales y culturales que
ellos confrontan, y junto con ellos, desarrollar conocimientos y habilidades que permitan con-
ceptualizarla. Sin estos elementos, hay el peligro de que la interculturalidad quede sólo en el
nivel del discurso.
Esta cuestión ha representado un problema real en
América Latina. A pesar de políticas oficiales sobre
la interculturalidad en las reformas educativas de
varios países, no se logró un entendimiento compar-
tido sobre lo que la interculturalidad implica peda-
gógicamente, ni hasta qué punto se conjugan lo
cognitivo, las competencias y los valores o lo propio,
lo ajeno y lo social. Tampoco se logró la evidencia de
una aplicación integral y concreta de la intercultura-
lidad en la educación bilingüe intercultural.
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CTERA , la Argentina configura un marco legal que reconoce el derecho de las poblaciones
originarias, demanda exigida desde las mismas comunidades indígenas del país”.
Esto retrotrae a la cuestión que el discurso histórico, como cualquier otro, no es Neutro, ni
refleja la realidad de modo objetivo. Detrás de un discurso hay siempre un enunciador que se
sitúa en un lugar y un tiempo concreto y, desde allí, presenta su percepción sobre determinado
acontecimiento. En particular, el discurso sobre el pasado aborigen se desarrolló de forma
compleja a lo largo de la historia. La clase dirigente consolidó una visión particular del mundo
indígena que cuajó en la expresión del desierto y que subyace a los procesos de construcción
de la identidad nacional¹.
El estudio de las sociedades originarias no fue, ni es todavía, un terreno que, en general intere-
se en educación, y la temática sigue siendo ajena al grueso de los especialistas, que frecuente-
mente sólo se ocupan de ella de modo tangencial o, simplemente, la ignoran.
En suma, la elaboración de los discursos sobre el indio que el Estado logró plasmar fue tan
eficaz que atravesó más de un siglo y aún persiste en las representaciones sociales. El “desier-
to” era una configuración cultural constituida por un conjunto de comunidades en donde las
integraciones y las mezclas eran la regla. También había enfrentamientos entre tribus o fenó-
menos culturales, como el cautiverio, que formaban parte de toda esta situación, pero que no
dejaban de pertenecer a formas organizativas que básicamente incluían al otro.
La escuela, investida de autoridad civilizadora, impuso un arbitrario cultural para fundar el
Estado y utilizó diversos argumentos. De la mano de la historiografía hegemónica, se canaliza-
ron las siguientes cosmovisiones o ideas:
Los indios como cosas del pasado.
Los indios como salvajes y vagos.
La Argentina sin indios.
Los indios como buenos y los blancos como los malos.
Los indios como los pueblos originarios.
El discurso escolar no ha propiciado las múltiples miradas de los vínculos entre blancos y pue-
blos originarios. En este marco, no se requiere sólo cuestionar las concepciones que subyacen
la historiografía tradicional, sino constituir el punto de partida para desandar la historia y tam-
bién las percepciones erróneas, incluidas las visiones excesivamente morales.
El Relator Especial de Naciones Unidas, Sr. José Martínez Cobo, sostiene acerca de los pueblos
originarios:
“Las comunidades, pueblos y naciones indígenas son aquellos que, teniendo una continuidad histórica
con las sociedades previas a la invasión y colonización que se desarrollaron en sus territorios, se con-
sideran a sí mismos distintos de otros sectores de las sociedades que prevalecen actualmente en esos
territorios, o en partes de los mismos.
En la actualidad constituyen sectores no dominantes de la sociedad y están determinados a preservar,
desarrollar y traspasar a futuras generaciones sus territorios ancestrales y su identidad étnica, como
base de su continua existencia como pueblos, de acuerdo con sus propias pautas culturales, institucio-
nes sociales y sistemas legales".
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Los Estados han incorporado el autorreconocimiento como criterio fundamental para la defini-
ción de indígena, esto es: la conciencia de que los mismos tienen de su identidad. Estos cam-
bios han sido receptados por el Convenio 169 de OIT que en su artículo 1.2 establece: "La con-
ciencia de su identidad indígena o tribal deberá considerarse un criterio fundamental para
determinar los grupos a los que se aplican las disposiciones del presente convenio".
Es muy importante destacar que el rasgo distintivo de los pueblos indígenas es su aboriginali-
dad, esto es, la característica de ser los primeros habitantes de los territorios que habitan.
Las comunidades indígenas expresan día a día su voluntad de preservar la diferencia cultural
que los distingue de otros grupos sociales y se encuentran decididos a fortalecer sus institu-
ciones sociopolíticas para conseguirlo. Al mismo tiempo, aspiran a desarrollar, en el seno de
las sociedades nacionales de las que forman parte,
nuevas pautas de convivencia social en la diversidad.
Para tal fin reivindican una nueva normativa que dé
cabida a sus "derechos especiales" sin menoscabo de
los demás derechos del ciudadano. Por ser sociedades
aborígenes, los pueblos indígenas no sólo reivindican la
ocupación continua de tierras ancestrales o al menos
de parte de ellas, sino también la calidad del vínculo que
los une. Las tierras, el hábitat, el paisaje, el territorio, son
la condición indispensable para el mantenimiento de su
identidad como pueblo.
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permiten diferenciarlos de nosotros, sino también de sus vecinos, lo que se relaciona con su
identidad, que está ligada al reconocimiento de pertenencia a un determinado grupo, a una
determinada cultura que es diferente a la de los otros.
Recuérdese que la identidad es aquello que permite la afirmación de lo propio, al poder valorar
los rasgos que los hacen únicos. Sin embargo, la diferenciación no debe ser la base del conflic-
to sino más bien del respeto a la diversidad. Es necesario comprender que cada comunidad
pueda tener sus expresiones, producciones así como su relación con el entorno natural y su
cultura. Cada uno de nuestros pueblos originarios ha tenido producciones, expresiones y su
cultura propia. Tuvieron sus expectativas y temores, su pensamiento político y religioso y tam-
bién su manera de sentir la belleza. Estos deben ser preservados como rasgos permanentes de
la identidad, ya que conforman el sustento de la me-
moria de los pueblos y constituyen un legado para las
generaciones futuras.
El respeto por este gran patrimonio cultural propio
del territorio, es necesario que sea vivido desde la
multiculturalidad, lo que permite una mejor convi-
vencia dentro de una sociedad donde coexiste una
multitud de culturas diferentes, cada una de ellas con
diferentes tradiciones, y diferentes escalas de valores
y prioridades. En suma, la cultura solo puede ser pen-
sada y vivida en plural y, por consiguiente, solo existe
en relación y en reconocimiento de las otras y diversas culturas.
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tinuado produciendo desalojos pese a la expresa prohibición legal ante la pasividad de los
organismos del gobierno nacional.
Además del informe oficial de los Estados provinciales, el Comité también escuchó el “contra-
informe”, elaborado en este caso por el Centro de Estudios Legales y Sociales de Argentina
(CELS), por el Observatorio de Derechos Humanos de Pueblos Indígenas de Neuquén (ODHPI),
y por Abogados y Abogadas del Noroeste Argentino en Derechos Humanos y Estudios Sociales
(ANDHES). En nombre de estos organismos de Derechos Humanos, se habilitó un espacio de
reunión con los miembros del Comité en el que participaron el werken Jorge Nahuel, de la Con-
federación Mapuche de Neuquén y el abogado Mikel Berraondo, colaborador del ODHPI. En
dicha reunión Jorge Nahuel pudo explicar al Comité las problemáticas crecientes que existen
en el país con respecto a la aplicación en Argentina de la Convención Internacional sobre la
Eliminación de la Discriminación Racial, y pudo también exponer los vacíos y contradicciones
del informe oficial. El werken Nahuel expresó que:
“(…)pese a que transcurrieron cinco años desde las observaciones del Comité, la situación práctica-
mente no ha variado. Entre otras razones, porque el Estado Nacional no asume el rol central que le
asigna la Constitución Nacional en el artículo 75 inciso 17 como garante de los derechos de los pueblos
indígenas, pues no desarrolla los mecanismos de incidencia federal que permitan que estos pueblos
puedan ejercer efectivamente sus derechos en todo el territorio de la Nación. Por tal motivo, en la
actualidad, el goce de los derechos indígenas está librado a la voluntad discrecional de cada Estado
provincial y, en consecuencia, es dispar e inequitativo.”
Entre los fundamentos del “contrainforme” se remarca la obligación política del INAI de gene-
rar condiciones que permitan una real participación. También sostiene que:
“(…) tanto en el orden federal como en los órdenes provinciales no existen leyes que reglamenten el
derecho a la consulta. Además existen otras dificultades vinculadas con el ejercicio de los derechos a
la tierra y el territorio de los pueblos y comunidades indígenas. La respuesta estatal a los reclamos
territoriales indígenas continúa siendo el desalojo, la represión y la persecución penal de los miembros
de las comunidades.”
En este marco, se abre un panorama de gran complejidad, en
los procesos dentro de lo que se construye la reorganización
territorial. El proceso de globalización neoliberal en Latinoamé-
rica, vía políticas gubernamentales y estrategias empresaria-
les, produce cambios en el control y en los modos de uso de los
espacios geográficos y sociales, en síntesis, de los territorios.
En Argentina, puede observarse como perfil más dramático sin
ser el único del proceso mencionado, la creciente actividad de
grupos armados particulares que hostigan a las familias cam-
pesinas y a los pueblos originarios, y muchas veces participan
conjuntamente con fuerzas de seguridad gubernamentales en
el desalojo de las mismas. Por su parte, las organizaciones
campesinas y los pueblos originarios denuncian situaciones
en las cuales «empresarios» (mayormente productores de Distribución de los conflictos
soja) impiden a estas familias «hacer uso de los territorios regionales por el espacio.
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En el título II Estructura del sistema educativo provincial Capítulo XII Educación intercultural,
en su artículo 44 establece que:
“La Educación Intercultural es la modalidad responsable de impulsar una perspectiva pedagógica
intercultural en articulación con la Educación común, complementándola, enriqueciéndola, resaltando
y destacando aquellos derechos, contenidos y prácticas que distinguen los procesos interculturales,
las diferentes situaciones sociales y repertorios culturales como atributos positivos de nuestra socie-
dad, así como las relaciones que se establecen entre ellos, tanto temporal como permanentemente.”
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MIGRACIONES
Es el conjunto de desplazamientos de la población.
Quienes se movilizan son los:
INMIGRANTES EMIGRANTES
Personas que ingresan a un territorio Personas que salen de un territorio
para instalarse allí. para instalarse en otro.
Las causas por las que decide movilizarse cada persona o grupo son diferentes en cada caso,
pero casi todas comparten algunas de estas experiencias:
• Diversidad cultural: que enriquecen con su llegada.
• Adaptación: al nuevo lugar, sus costumbres, leyes y tradiciones.
• Apertura: necesaria para recibir y ser bien recibidos.
• Discriminación: por ser diferentes o desconocidos.
• Herencia cultural: que se cuida y conserva para no olvidar las raíces.
• Ilusiones: esperanza y desesperanza.
• Conflictos económicos y/o sociales: que muchas veces impulsan a cambiar de territorio
esperando progresar o vivir más seguros.
Es importante destacar que estos conceptos están construidos a partir de distintos contextos
políticos, sociales, económicos o culturales, que pueden variar ampliamente.
Existen variaciones reales en el significado social y económico del fenómeno de la inmigra-
ción. Por ejemplo, los conceptos pueden tener un punto de vista geográfico (“migración”), o un
punto de vista humano (“migrante”).
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La Convención tiene como meta proteger a los trabajadores migratorios; su existencia esta-
blece un estándar moral y sirve como guía y estímulo para la promoción de los derechos de los
migrantes en cada país. A su turno, el principal objetivo de la Convención es fomentar el respe-
to de los derechos humanos de los migrantes. Los migrantes no son solamente trabajadores,
son también seres humanos. La Convención no crea nuevos derechos para los migrantes sino
que busca garantizar el trato igualitario y las mismas condiciones laborales para migrantes y
nacionales. La Argentina ratificó la Convención internacional sobre la protección de los dere-
chos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares ante las Naciones Unidas en
febrero de 2007. También en nuestro país la “Ley de Migraciones” 25.871 del 2004, establece
los derechos de los inmigrantes. Esta ley busca facilitar la integración regional, proteger los
derechos humanos de los inmigrantes y acabar con las inequidades laborales y los distintos
delitos que los afectaban tanto a ellos como a los argentinos.
La ley de Migraciones reemplazó a una norma de la dictadura militar mediante la cual, por
ejemplo, el gobierno podía detener y expulsar del país a un inmigrante sin intervención de un
juez³.
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La persona que desee radicarse en la República Argentina deberá presentar ante la Dirección
Nacional de Migraciones, documentación de tipo personal y documentación para encuadre
migratorio. Esta última varía según el tipo de radicación solicitada (permanente o temporaria)
y en función de los motivos de la solicitud (familiar, laboral, estudio, refugiado, académico,
etc.). A los efectos operativos y de acuerdo con lo establecido en la legislación vigente, los
modos y requisitos para obtener una residencia –ya sea ésta temporaria o permanente– pre-
sentan diferencias, según el solicitante sea ciudadano nativo de los Países Miembros y Esta-
dos Asociados del MERCOSUR, o Extra–MERCOSUR.
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Con los siguientes videos pueden ampliar migraciones a fines del siglo XX
y en el siglo XXI:
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normal de la convivencia social y la base de toda identidad colectiva (que es, sobre todo, de
carácter relacional), pero el grado de otredad que se adjudica, de extrañeza, y, principalmente,
la carga afectiva y la actitud apreciativa con que se la relaciona es con la "otredad social" en
general y con determinados "otros” en particular, de acuerdo con la variación de la distancia
que los separa del otro5. El extraño es una construcción social generada desde el grupo de per-
tenencia. No puede haber sentido de “pertenencia” sin sentido de “exclusión”, y viceversa. El
“nosotros” y el “ellos”, como pertenencia y exclusión, se comprenden como dos actitudes
opuestas e inseparables, dos polos de una relación antagónica. No puede haber nosotros sin
ellos. El antagonismo y la existencia del grupo adversario hacen posible la unidad y coherencia
internas del grupo de referencia.
De acuerdo con Roberto Castell, la visión de la exclusión lleva a analizar la temática de la
pobreza, ya que suele decirse que genera exclusión. Pero aquí hay un doble error, hacia la
visión del excluido y a la visión del pobre. Es que si se desea conservar algo de especificidad
para el término, hablar de 'exclusión' refiere a la idea de una completa separación de la vida
social instituida, de un quiebre en la sociedad donde la línea demarcatoria se encuentra defini-
da de forma nítida, como en el caso de los guetos, o cuando un reglamento establece la exclu-
sión.
En este sentido, es interesante la propuesta de Robert Castel de reservar el término 'excluido'
para aquellas sociedades con una estructura dual, donde el excluido está separado de la
sociedad. Allí deben observarse procedimientos que instituyen legalmente la exclusión, una
localización geográfica precisa, o la aparición de una cultura alternativa o subcultura específi-
ca que, de alguna manera, permanece segregada, y la mayor parte de las veces, en todas estas
situaciones se observan componentes raciales (Castel, 1995, 1996).
En cuanto al conjunto de rasgos estructurales que caracterizan a la exclusión, bajo su hetero-
geneidad de prácticas, se desprenden tres subconjuntos principales:
5 Valiente (2014), p. 5.
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VISIONES DE LA EXCLUSIÓN
Más allá de las sutilezas, la cuestión de la exclusión deviene entonces en la "cuestión social"
por excelencia en los Estados y ciudades capitales modernas, donde muchos trabajadores
pasan a engrosar las filas de los excluidos, mientras aún desde sectores acomodados, por las
dependencias o las conductas marginales, las personas son segregadas. En este sentido, la
exclusión no es una noción analítica y no permite llevar a cabo investigaciones precisas de los
contenidos que pretende abarcar. Hablar en términos de exclusión es adjudicar una califica-
ción puramente negativa que nombra la falta sin decir en qué consiste, ni de dónde proviene.
Según Castell es justamente en el corazón de la condición salarial donde aparecen las fisuras
que son responsables de la exclusión. Y salvando la pluralidad y complejidad del término, Cas-
tell muestra que existe una transición y gradualidad entre aquellos que han entrado en la
lógica de la flexibilización laboral o han visto disminuido sus salarios por la lógica del neolibe-
ralismo económico, sobre la potestad de las empresas transnacionales sobre los Estados
Nación. Así, en este contexto, "el pescado empieza a pudrirse por la cabeza". En otras palabras,
la desestabilización de la condición salarial provoca una lenta migración de los trabajadores
hacia un área de inestabilidad social, vulnerabilidad y eventualmente marginalidad, más que
exclusión en sí. Y la vulnerabilidad de masas conduce, al fin y al cabo, a la "la exclusión".
Los sujetos integrados devienen vulnerables particularmente por la precarización de las rela-
ciones de trabajo, y los vulnerables caen todos los días en lo que se conoce como "la exclu-
sión", en particular los dependientes de drogas y que entran en el lumpenaje urbano. Pero hay
que ver en esto un efecto de los procesos que atraviesan el conjunto de la sociedad y se origi-
nan en el centro y no en la periferia de la vida social. Por ejemplo, en la decisión de la empresa
de jugar a fondo la carta de la flexibilidad, o en la elección del capital financiero de invertirse en
el exterior. Y sobre todo, en pensar que el Estado policial debe reemplazar al Estado de bienes-
tar, que los excluidos deben ser eliminados, no reencauzados a su situación anterior mediante
los programas de salud, vivienda, y, especialmente, educación. Es decir, ¿la educación debe
declararse una inversión o un gasto? ¿La escuela debe incluir o debe ser selectiva? ¿Debe
ahondarse la brecha digital o permitir el acceso igualitario al conocimiento?
6 Castell (2004)
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Las contracaras de la inclusión son, sin lugar a dudas, los "factores de exclusión": desigualdad
de la educación; diferenciación escolar; brecha digital; falta de redistribución del ingreso;
ausencia del Estado en la salud y la vivienda; flexibilización laboral extrema; precariedad labo-
ral y situaciones de marginalidad del empleo, y un largo etcétera.
El trabajo de la antropología y la sociología consiste precisamente en analizar estos "factores"
que preceden a la exclusión misma, para tornar la medida de los riesgos de fractura social. Así,
se evitan tanto la guetificación ulterior; el estallido de grupos subculturales extremos; la
expansión del lumpenaje y el pasaje de la marginalidad a la delincuencia.
El pensamiento de la exclusión y la "lucha contra la exclusión" corresponden así, finalmente, a
un tipo clásico de objetivo de la acción social: delimitar las zonas de intervención que pueden
dar lugar a actividades de reparación. Vale recordar que como señala Castell, “el pescado se
pudre por la cabeza”. Los incluidos y pertenecientes al circuito social de hoy en día, pueden
dejar de serlo en el futuro7.
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surgido el concepto de etnia o grupo étnico. Aparentemente, tanto grupos étnicos como igual-
mente sus identidades étnicas, emergen como parte de un proceso político y social.
En cuanto a la antigüedad de las etnias, resulta una cuestión difícil de establecer, porque las
partes blandas y superficiales del cuerpo no se conservan y las partes duras, que si se conser-
van, no son fiables como indicadores raciales porque coinciden en su mayor parte. Sin embar-
go, el proceso definido como etnicidad no tiene correlato biológico ni se centra en lo político y
social, ya que se refiere, generalmente, a un grupo caracterizado por un origen y una lengua
común, una historia compartida y diferencias culturales específicas, como las religiosas. Así,
el término etnia permite identificar a los grupos propiamente sobre la base de las creencias
compartidas además del territorio y otras categorías no necesariamente biológicas. Pero
queda claro que estas creencias compartidas son realmente construcciones sociales y no
tienen bases objetivas en el reino natural o supernatural.
Las características señaladas llevan a distinguir, tanto desde fuera, como dentro, a los grupos
étnicos. Los de fuera y los de dentro a menudo perciben de forma diferente a estos grupos: así,
en un país con un amplio grupo mayoritario, a menudo dicho grupo no se considera a sí mismo
como grupo étnico. Por el contrario, sus componentes consideran que sólo los grupos minori-
tarios son identidades étnicas, como en el caso de una comunidad japonesa viviendo en
Argentina. Por el contrario, los grupos minoritarios pueden tener también denominaciones, y
en este sentido, la denominación de un grupo establece relaciones entre él y los demás grupos
étnicos8. El concepto central es el de etnogénesis, es decir, el origen de las etnias, y su identifi-
cación con criterios culturales conspicuos. Se ha estudiado largamente en lo concerniente a la
identificación de los grupos germánicos e indoiranios (indoeuropeos en general), aunque con
resultados ambiguos. Por otra parte, el análisis lingüístico que busca establecer filogenias en
el origen de las lenguas, no parece concordar en muchos casos con las evidencias morfológi-
cas, o con otros rasgos culturales identificados, como las producciones materiales. Etnogéne-
sis (del griego: etnica (nación) + "génesis (nacimiento)) es el proceso mediante el cual un
grupo de seres humanos pasa a ser considerado como étnicamente distinto.
La etnogénesis también puede tener un origen en el crecimiento de la población, cuando algu-
nos territorios escasamente poblados fueron poblados en el Paleolítico.
Frecuentemente el tamaño de una comunidad crecía hasta el punto que la comunidad se divi-
día en dos y una parte de ella se trasladaba a unos kilómetros de la primera. Con el tiempo la
lengua y la cultura de ambas comunidades iban difiriendo
hasta configurar dos grupos étnicos diferentes con un origen
común. Este podría haber sido el principal proceso de etnogé-
nesis en muchas áreas del planeta como Nueva Guinea, que
actualmente es el área lingüísticamente más diversa del
planeta con 700 a 800 lenguas.
Por otra parte, y a pesar de la superioridad del concepto de
etnia sobre el de población o raza, "etnia" es un concepto que
se halla en la base de "etnocentrismo"9, de acuerdo con Mario
Margulis, y por esta razón ha sido objeto también de críticas
por su ambigüedad y fácil deslizamiento hacia nociones con-
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Se sugiere consultar el texto acerca de la etnicidad y desigualdad en Carol R. Ember et al. (2004)
en la sección cita textuales, al final de la unidad temática 5 del Seminario 2.
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¹0 KerbratOrecchioni (2008), p. 9.
¹¹ Véase Capítulo XI de la Ley 26.206
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les, la lengua, la cosmovisión e identidad étnica de los pueblos indígenas, con el fin de que
puedan desempeñarse activamente en el mundo multicultural, y con el fin de promover el
diálogo mutuamente enriquecedor entre los pueblos indígenas y las poblaciones étnicas,
lingüística y culturalmente diferentes, propiciando el reconocimiento y el respeto hacia las
diferencias. En la educación bilingüe, el uso del término intercultural se inició a principios de
los años ochenta. Más que “bicultural”, recalcaba la necesidad de establecer políticas nacio-
nales de plurilingüismo y multietnicidad orientadas a la oficialización de lenguas indígenas y
la necesidad de promover visiones correctas y no discriminatorias del conjunto social. En su
aplicación no fue asumida como deber de toda la sociedad, sino como reflejo de la condición
de marginalización lingüística y cultural.
Dos problemáticas arraigadas en la educación bilingüe se relacionan con la heteroglosia y la
disglosia. La disglosia es la presencia de dos lenguas practicadas por los hablantes, pero de
las cuales una es dominante o hegemónica, hasta el punto que se puede hablar de un imperia-
lismo lingüístico. A su turno, la heteroglosia describe la coexistencia de distintas variedades
dentro de un único "código lingüístico", es decir, la existencia de acentos, uso de términos y
modalidades dentro de una misma lengua, y que en general tienen que ver con la influencia de
la otra lengua, la nativa. El problema es que la heteroglosia
alude a la discriminación sustentada en el cuerpo, en la
clase, en la cultura, en la dicción, el uso de la lengua y la
extranjeridad. Una suerte de heteroglosia está presente
entonces en las manifestaciones racistas, y este concepto
sirve para intentar aproximarse a la complejidad con la
que, en diferentes lugares y tiempos, se presenta con
lamentable frecuencia e intensidad esta clase de proce-
sos. La neutralización de estas prácticas debe asentarse
claramente en el respeto por las diferencias y sustentarse
en la educación bilingüe equitativa.
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SINTESIS
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En primer lugar, el discurso escolar no ha propiciado las múltiples miradas de los vínculos
entre blancos y pueblos originarios. Pero cada uno de nuestros pueblos originarios ha tenido
producciones, expresiones y su cultura propia. Justamente, el respeto del gran patrimonio
cultural de un territorio resulta necesario que sea vivido desde la multiculturalidad.
Asimismo, la migración que (en general) se considera desplazamiento de personas de un lugar
a otro conlleva no sólo un cambio de residencia bien sea temporal o definitivo, sino un proce-
samiento diferencial desde la comunidad de recepción, se puede llegar en casos extremos a
definirse como la xenofobia, el odio y discriminación de los extranjeros si son migrantes débi-
les o excluidos, o el etnocidio, es decir, eliminación cultural. Pero directamente se ha producido
también el genocidio, cuando se aniquila a un pueblo originario por parte de los nuevos
migrantes, a la comunidad nativa originaria, por recién llegados más poderosos, tal como
sucedió durante la Conquista de América.
En este marco complejo, los migrantes y los pueblos rurales, incluidos los originarios, se hallan
extraterritorializados, ya que no pertenecen, o no son aceptados como miembros del nuevo
territorio del Estado Nación y son excluidos sistemáticamente. Como consecuencia de la
disminución de los flujos migratorios provenientes de otros países, la inmigración de los
países vecinos – Paraguay, Bolivia, Chile, Uruguay y Brasil, y más tarde Perú, Ecuador, Colom-
bia, Venezuela y otros del subcontinente –, comenzó a ocupar el papel de complementación de
la migraciones internas, se dirigió a llenar vacíos población en zonas fronterizas, que proveyó
los trabajadores rurales, y acompañó el proceso de crecimiento del área de influencia de la
ciudad de Buenos Aires, que concentró la industria manufacturera y los servicios. Con estas
tendencias, los encuentros entre personas, elementos o prácticas culturales, las inequidades
sociales, étnicas, económicas y políticas de la sociedad no desaparecen.
Si el concepto de raza es falaz desde la Antropología y la Biología, y el de población resulta am-
biguo, la noción de grupos e identidades étnicas no ha cambiado la matriz de discriminación y
desigualdades. El proceso definido como etnicidad no tiene correlato biológico ni se centra en
lo político y social, ya que se refiere, generalmente, a un grupo caracterizado por un origen y
una lengua comunes, una historia compartida y diferencias culturales específicas, como las
religiosas. El concepto central es el de etnogénesis, es decir, el origen de las etnias, y su identi-
ficación con criterios culturales conspicuos.
Al analizar la interacción entre pertenencia y alteridad, interesa tener en cuenta el lenguaje y la
lengua, como base de las tradiciones, cosmovisiones y, en general, parte de la legitimación de
primer orden que integra un pueblo o un grupo étnico. Es decir, la base de la etnicidad es la
lengua.
La coexistencia de dos o más lenguas en un territorio es una problemática ligada a la acultura-
ción y la asimilación cultural por parte de la cultura hegemónica. A esta tendencia se opone la
educación bilingüe en el marco de la interculturalidad. En tal educación bilingüe, el uso del
término intercultural se inició a principios de los años ochenta para recalcar la necesidad de
establecer políticas nacionales de plurilingüismo y multietnicidad orientadas a la oficializa-
ción de lenguas indígenas y la necesidad de promover visiones correctas y no discriminatorias
del conjunto social. Esto se da en el marco de la disglosia, la existencia de una lengua hege-
mónica sobre otra, y de la heteroglosia, la permeación de términos y modismos de una lengua
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AUTOEVALUACIÓN
1. Analice las razones que explican que la educación bilingüe en nuestro país obedece más a
una raíz bicultural que intercultural.
2. Analice la siguiente imagen y escriba un epígrafe donde se establezcan relaciones con la
temática de la educación bilingüe.
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Causas de la
inmigración
CITAS TEXTUALES
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minimice al máximo la comunicación entre las personas que pertenezcan a esa identidad
étnica. Los regímenes más democráticos pueden permitir una mayor expresión de diferencias
y celebrar diversidades étnicas. Sin embargo, la manipulación de la etnicidad no viene general-
mente desde lo más alto. También puede ser una ventaja para los grupos minoritarios unirse
para conseguir mejor tratamiento al pasar a tener mayor entidad, por ejemplo, al entrar a
formar parte del grupo de asiáticoamericanos, en vez de chinoamericanos, coreanoamerica-
nos, etc. Similarmente, aunque hay unos cuantos cientos de grupos de indios americanos, que
originalmente hablan diferentes lenguas, puede reportar ventajas políticas el que sean trata-
dos todos juntos como nativos americanos.
En muchas sociedades multiétnicas, la etnicidad y la diversidad con cosas para estar orgullo-
sos y celebrarlas. La conciencia de la identidad étnica hace, a menudo, a la gente sentirse
mejor cuando está con otros de su misma procedencia y les da un sentimiento de unidad. Pero
las diferencias étnicas en las sociedades multiétnicas todavía están asociadas generalmente
con las desigualdades de riqueza, poder y prestigio. En otras palabras, la etnicidad es parte del
sistema de estratificación social.
Aunque todavía hay personas que creen que las desigualdades son merecidas, el origen de los
estereotipos étnicos, los prejuicios y las discriminaciones sigue generalmente a una serie de
eventos políticos e históricos que han dado lugar al dominio de unos grupos sobre otros. Por
ejemplo, aunque hay muchos ejemplos en el siglo XVII de la ayuda prestada por los nativos
americanos a los colonos ingleses en los que actualmente se denomina Estados Unidos de
Norteamérica, los ingleses eran los invasores.
Posteriormente surgió una serie de estereotipos negativos sobre los nativos americanos, para
justificar la apropiación de las tierras de los indios por los colonos […]
[…] Similarmente, […] los esclavos africanos se adquirían inicialmente para abaratar el trabajo,
pero el tratamiento inhumano que se les infligió se justificó con la idea de inferioridad. Desgra-
ciadamente, los estereotipos pueden llegar a ser dogmas, especialmente para aquellos predis-
puestos a creerlos. Es fácil ver la forma en que esto puede ocurrir; si la creencia de que un
grupo es inferior está extendida y a ese grupo se le proporcionan peores colegios y pocas posi-
bilidades para acceder a los recursos o para tener un buen trabajo, sus miembros no podrán
tener una buena formación ni se esforzarán mucho. El resultado de todo esto, con frecuencia,
es un círculo vicioso.
Muchas veces el cambio se produce en forma dramática. La identidad étnica representada por
un grupo minoritario puede causar el activismo político, como el movimiento no violento de los
derechos civiles de los Estados Unidos en los años sesenta. Y este activismo, ayudado por
algunas personas de los grupos menos favorecidos, ayudó a romper muchas de las barreras
legales y prácticas segregacionistas que reforzaban las desigualdades.
En Estados Unidos, la mayoría de las barreras han desaparecidos en los últimos años, pero la
‘línea de color’ todavía no ha desaparecido: en todas las clases sociales se encuentran
afroamericanos, pero todavía están débilmente representados en las minorías más ricas y
demasiado presentes entre los grupos menos favorecidos. La discriminación puede haberse
suavizado, pero todavía no ha desaparecido […].¹²(p.385)
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AZUL
FORMACIÓN
SUPERIOR
La interculturalidad en el sistema educativo | Seminario 2
Juan José Rossi y Daniel Carbone. Historia, identidad y culturas originarias de la Argentina.
“Si proponemos a un grupo de personas – niños, jóvenes o adultos – que escriban y/o dibujen
acerca de las culturas nativas de Argentina, seguramente nos encontraremos con un patrón
común, lo cual nos indicaría, en principio, algunas características del núcleo figurativo de las
representaciones sociales que dicho grupo ha construido respeto de ellas.
Pero si les hacemos preguntas con relación a la vinculación históricocultural que pudiera exis-
tir entre tales culturas y nosotros, es muy probable que aparezcan respuestas encontradas,
indicándonos que estamos en presencia de lo que Perret Clermont dio en llamar ‘conflicto
sociocognitivo, que se produce en la medida en que dos o más sujetos interactúan entre sí y
argumentan de diferentes maneras sobre la misma situación o cuestión¹³.
Ante este tipo de conflicto surge la alternativa de tomar por la vía de la “discusión” o por la vía
del diálogo, términos que, si bien suelen usarse como sinónimos, refieren a prácticas diferen-
tes. A través de la discusión vamos ‘en contra’ de los argumentos de nuestro interlocutor, ‘gol-
peamos (cutire=golpear, pegar) sus palabras con la finalidad de quebrarlas, vencerlas; en la
discusión hay un vencedor y un vencido, y es muy probable que no queramos volver a hablar
con quien hayamos discutido o, al menos, no volver a hablar sobre el tema, perdiéndonos una
gran oportunidad.
En tanto que en la práctica del diálogo, la situaciones otra, la palabra (logos) circula a través de
(día) los hablantes una y otra vez enriqueciendo su sentido a medida que se incorporan los
significados que cada interlocutor propone y devuelve al otro para que haga lo propio. Aquí no
hay vencidos ni vencedores dado que no tiene como meta convencer a nadie y no enriquecer
las subjetividades de los que participan de él.
En tanto educadores, debemos propiciar la práctica del diálogo, especialmente ante los con-
flictos sociocognitivos, dado que su potencialidad favorece la toma de conciencia de nuestras
propias representaciones y nos brinda la oportunidad de construir una comunidad de aprendi-
zaje que reflexiona sobre la construcción de su propia subjetividad y del impacto que ésta
tiene en nuestro accionar cotidiano.¹4 (p.42)
BIBLIOGRAFÍA
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AZUL
FORMACIÓN
SUPERIOR
La interculturalidad en el sistema educativo | Seminario 2
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Las políticas de multiculturalidad se destinan a mejorar la convivencia entre diversas culturas reconociendo sus diferencias, tradiciones y valores . Sin embargo, en la práctica, hay falta de espacios intermedios de negociación y encuentro debido a una polaridad existente en el aprendizaje y enseñanza entre lo propio y lo nacional . Esto puede llevar a luchas por hegemonía cultural que entorpecen una interacción respetuosa y fecunda, fallando en superar las desigualdades sociales y políticas .
A pesar de la existencia de políticas como el reconocimiento constitucional de los derechos indígenas, en Argentina, el ejercicio de estos derechos es dispar e inequitativo, ya que depende de la discrecionalidad de cada Estado provincial . Asimismo, persisten dificultades relacionadas con la reglamentación del derecho a la consulta y la gestión de conflictos territoriales, donde a menudo la respuesta estatal ha sido el desalojo y la represión .
La noción de etnicidad es fundamental en la identificación de grupos étnicos basándose en creencias y características culturales compartidas, como el origen común y la lengua . En sociedades multiculturales, esta noción ayuda a distinguir tanto externamente como internamente a los grupos étnicos, enfrentándose también a percepciones de superioridad cultural y desencadenando etnocentrismo, afectando la integración y reconocimiento de las diversidades dentro de la sociedad .
Los pueblos originarios enfrentan desafíos significativos en cuanto a sus derechos territoriales debido a políticas gubernamentales y estrategias empresariales que promueven el control y reestructuración del uso del territorio . Estos retos incluyen el desalojo forzado y la represión, así como el hostigamiento por parte de grupos armados privados y empresariales interesados en la explotación de recursos naturales, superando la capacidad de defensa de estos pueblos .
La etnogénesis explica cómo un grupo humano llega a ser considerado étnicamente distinto a través de procesos de diferenciación cultural y social . Actualmente, este concepto ayuda a entender los continuos procesos de transformación y adaptación que experimentan las identidades étnicas en respuesta a cambios demográficos y culturales, planteando la necesidad de abordar la etnicidad y la diversidad cultural con una perspectiva inclusiva que realce su contribución al tejido social común .
Las narrativas nacionales en Argentina han contribuido a la exclusión de los pueblos originarios al promover una imagen de nación basada principalmente en raíces culturales homogéneas de origen europeo, lo que invisibiliza la diversidad cultural de los pueblos originarios . Esta construcción históricamente favoreció una historia nacional que excluye activamente a los pueblos indígenas, favoreciendo una asimetría de identidades y sobrevalorando culturas foráneas .
La preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas es fundamental para garantizar sus derechos ya que establece un fundamento histórico y cultural que les legitima en la demanda de reconocimiento de su identidad, posesión comunitaria de tierras y el derecho a una educación bilingüe intercultural . Este reconocimiento es crucial para asegurar su participación en la gestión de sus recursos y mantener su identidad cultural dentro de la sociedad argentina .
La identidad indígena es considerada un criterio fundamental en el Convenio 169 de la OIT porque refleja la pertenencia y el reconocimiento de los grupos indígenas, lo cual es crucial para la aplicación de las disposiciones de este convenio . La preservación cultural está íntimamente ligada a la identidad indígena porque las comunidades indígenas buscan mantener su diferencia cultural y fortalecer sus instituciones sociopolíticas, objetivo para el cual es vital su reconocimiento como pueblos con una identidad única .
La educación bilingüe en el marco de la interculturalidad enfrenta el desafío de no haberse traducido en espacios de negociación y encuentro entre culturas, sino en una enseñanza polarizada entre lo propio y lo nacional . Intenta cubrir la necesidad de oficialización de lenguas indígenas y de promover visiones correctas y no discriminatorias dentro del conjunto social, asegurando el reconocimiento de diversas identidades y lenguas .
La marginación económica y social en sociedades latinoamericanas está profundamente interrelacionada con la etnicidad, ya que los grupos indígenas y rurales a menudo enfrentan exclusión sistemática del nuevo territorio del Estado Nación, siendo vistos como externos . Esta dinámica perpetúa desigualdades étnicas, al dejar a estos grupos sin un reconocimiento integral en políticas nacionales, acentuando diferencias en oportunidades y bienestar .