UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DEL PERÚ
Facultad de Derecho y Ciencias humanas
Carrera profesional de Psicología
Curso:
Neuropsicología
Trabajo:
Etiologia del daño cerebral: Una mirada desde la Neuropsicología
Docente:
Fanny Dianeth Carita Yanqui
Integrantes:
Apaza Mamani Brigithe Maricielo
Jimenez quispe Heidy Milena
Mamani Challco Mayra Fiorela
Rendon Motte Evangelina
Valdivia Villanueva Stephani F.
Introducción
El estudio del daño cerebral ha sido históricamente abordado desde un enfoque
médico biologicista, centrado principalmente en la localización anatómica de las
lesiones. Sin embargo, con el avance de las ciencias cognitivas y del desarrollo de
la neuropsicología, se ha reconocido la necesidad de una comprensión más amplia
que integre aspectos psicológicos, sociales y contextuales. El artículo “Etiología del
daño cerebral: un aporte neuropsicológico en su construcción teórica” propone una
reflexión crítica sobre la forma en que se ha concebido el origen del daño cerebral,
resaltando la importancia de una mirada transdisciplinaria y centrada en el sujeto.
En este ensayo, se presentará una síntesis de los principales aportes del texto,
destacando la relevancia del enfoque neuropsicológico en la construcción de una
etiología comprensiva del daño cerebral.
Desarrollo
1. TRAUMATISMOS CRANEOENCEFALICOS
Patología constituida por alteraciones cerebrales producto de una lesión en el
cráneo, se caracteriza por ser repentino o inesperado causando daños funcionales o
estructurales en el cerebro y que para determinar que hay posible TCE se debe de
presentar al menos uno de los siguientes fenómenos
● Alteración en el estado de conciencia
● Amnesia o problemas en la memoria posteriores al trauma
● Cambios neurológicos o neurofisiológicos
Fractura del cráneo o lesiones intracraneanas causadas por el trauma.
Es importante mencionar que los TCE son la principal causa de daño cerebral,
además de ser la primera causa de muerte y discapacidad en menores de 45 años,
ya que sus efectos impactan en las distintas áreas de desenvolvimiento humano.
Se sabe que más de 5 millones de muertes al año están vinculadas al TCE y se
proyecta que en los próximos años constituya un 20% de los problemas de salud a
nivel global. Para clasificar los TCE es importante tener en cuenta la escala de
coma de Glasgow que se encarga de evaluar el nivel de conciencia del paciente.
Secuelas neuropsicológicas:
Gracias a los avances tecnológicos cada vez son más los sobrevivientes al TCE se
debe de tener en cuenta que el daño provocado por esta afección puede ser de dos
tipos focal y difuso. El daño focal se caracteriza por producir contusiones
hematomas, aumento de presión intracraneana además son producto del contacto
directo con un objeto o sustancia que afecta al cráneo por otro lado las lesiones
difusas son aquellas que afectan globalmente al cerebro y el daño no suele ser
fácilmente identificable a través de técnicas de neuroimagen ya que el daño es
microscópico y en estos casos la neurobiología comprende hinchazón cerebral,
daño axonal difuso entre otros.
En la clínica se ha observado que el daño focal y difuso coexisten y que los
pacientes con TCE moderado y grave presentan daño generalizado. De igual
manera, los lóbulos frontales y temporales resultan más afectados; así, las
funciones neuropsicológicas más alteradas serán la atención, memoria, funciones
ejecutivas, emoción y conducta:
● Atención y velocidad de procesamiento: La atención resulta más afectada
cuando se trata de un TCE moderado a grave. En estos casos se afecta la
comunicación entre el Sistema Activador Reticular Ascendente (SARA) y el
lóbulo frontal.
● Aprendizaje y memoria: el malestar acerca de la memoria semántica y
episódica es la queja más común entre los pacientes ya que incluso años
después del trauma se puede producir incapacidad para adquirir nueva
información.
● Lenguaje y comunicación: la afección más común en esta área es la
anomia también se ha podido observar dificultades en fluencia verbal y
ciertos elementos del lenguaje oral y escrito
● Funciones frontales: Los pacientes con TCE comúnmente tienen problemas
en la planificación, resolución de problemas, pensamiento abstracto,
flexibilidad cognitiva, entre otros.
● Emoción y conducta: Podremos encontrar la exageración o anulación de las
emociones o su expresión; además, es común que el paciente sufra de
trastornos de ansiedad o depresivo, meses después del trauma
Escala de coma de glasgow:
Está es una herramienta utilizada para ayudar a medir el nivel de conciencia
abarcando tres aspectos, ocular, se encarga de evaluar la capacidad que tiene el
paciente de responder ante estímulos, motora, evalúa la capacidad de reacción en
cuanto al lo físico, verbal, comprende la coherencia y orientación del habla, los
puntajes finales de dicha herramienta está dividida en tres niveles, leve (14-15
puntos), moderado (9-13 puntos) y los graves menos de nueve.
Tumores del Sistema Nervioso Central (SNC)
Los tumores son masas de tejido anormal que se forman cuando las células crecen
sin control. Estas pueden ser benignas (no cancerosas) o malignas (cancerosas).
En el caso del sistema nervioso central, pueden aparecer en el encéfalo, las
meninges o el tronco cerebral, y representan un pequeño porcentaje del total de
neoplasias (aproximadamente entre el 2% y el 3%). En Ecuador, según datos de
SOLCA, este tipo de cáncer equivale al 1,5% – 2% de los casos registrados.
Factores que influyen en su aparición
Aunque cualquier zona del sistema nervioso central puede verse afectada, se ha
confirmado que la exposición a radiación ionizante (como rayos X o gamma) es el
único factor ambiental con evidencia sólida. Otras posibles influencias incluyen el
contacto prolongado con químicos agrícolas, textiles o combustibles, además del
consumo de tabaco y alimentos con compuestos N-nitrosos. Personas con VIH o
síndromes genéticos específicos también presentan mayor riesgo, aunque la
relación con el uso de dispositivos móviles no ha sido comprobada científicamente.
Clasificación y tipos más frecuentes
Los tumores del SNC se agrupan según diferentes criterios:
● Por origen:
○ Primarios: Se desarrollan directamente en el SNC y rara vez hacen
metástasis.
○ Secundarios: Son tumores metastásicos provenientes de otras áreas
como pulmones, mamas o sistema digestivo.
● Por comportamiento invasivo:
○ Infiltrantes: Avanzan sin límites claros y dañan tejido cerebral al crecer.
○ Encapsulados: Tienen bordes definidos, no invaden pero comprimen
estructuras.
● Por grado de malignidad (OMS):
○ Grado I: Tumores lentos, de bajo riesgo maligno.
○ Grado II: Crecimiento lento pero con riesgo de volverse malignos.
○ Grado III: Presentan células anormales y se multiplican más
rápidamente.
○ Grado IV: Son agresivos, de crecimiento rápido y con necrosis o
formación de nuevos vasos.
Entre los tumores más comunes están los gliomas (50-60% del total), los
meningiomas (20%), y los tumores hipofisarios (10%). También se incluyen
casos menos frecuentes como meduloblastomas, neurinomas, cordomas, entre
otros.
Impacto neurológico y psicológico
Estos tumores pueden afectar gravemente al cerebro por varias vías. Su crecimiento
eleva la presión dentro del cráneo, afectando funciones cognitivas generales.
Además, pueden provocar convulsiones, siendo este a veces el único signo inicial.
Conforme avanza, el tumor destruye áreas específicas del tejido cerebral y, si se
encuentra en la hipófisis o el hipotálamo, puede provocar alteraciones hormonales.
Los síntomas varían según su localización, pero comúnmente incluyen: dolor de
cabeza persistente, visión doble, crisis epilépticas, fatiga, alteraciones
motoras y sensoriales. A menudo, estos síntomas se confunden con el estrés o el
envejecimiento, lo que retrasa el diagnóstico y empeora el pronóstico.
Alteraciones neuropsicológicas según la región afectada
El impacto en las funciones cognitivas también depende del área cerebral
comprometida:
● Lóbulos frontales: Cambios en la personalidad, pérdida de iniciativa,
problemas de lenguaje (afasia), debilidad motora y alteraciones emocionales
si ambos hemisferios están afectados.
● Lóbulos parietales: Trastornos sensoriales (desde entumecimiento leve
hasta pérdida total de sensibilidad), negligencia espacial, dificultades visuales
y de atención.
Estudios centrados en pacientes con gliomas revelan que, sin importar el estadio
del tumor o el hemisferio afectado, hay una disminución notable en las pruebas
cognitivas, lo que puede deberse a la presión intracraneana que afecta el
funcionamiento general del cerebro.
EPILEPSIA
La epilepsia es un trastorno neurológico caracterizado por crisis convulsivas
recurrentes no provocadas. La Liga Internacional contra la Epilepsia establece
criterios diagnósticos basados en la cantidad de crisis y el riesgo de recurrencia.
Afecta a más de 50 millones de personas a nivel mundial, siendo más común en
países de bajos ingresos, especialmente en la infancia.
Las crisis epilépticas resultan de una actividad neuronal excesiva o anormal,
presentándose con alteraciones motoras, sensoriales, emocionales o de conciencia.
La epilepsia puede ser:
● Idiopática (genética) – 60% de los casos.
● Sintomática – causada por una afección cerebral conocida.
● Criptogénica – origen desconocido.
También se clasifica en epilepsia generalizada, focal, combinada y de origen
desconocido.
Efectos neuropsicológicos
Los efectos cognitivos varían según factores como:
● Edad de inicio (a menor edad, mayor deterioro).
● Frecuencia y duración de las crisis.
● Tipo de epilepsia.
Los déficits más comunes incluyen atención, memoria, funciones ejecutivas y
velocidad de procesamiento. El 42% de los pacientes reporta problemas de
memoria, aunque estos no siempre se reflejan objetivamente en pruebas. Muchas
veces, las quejas cognitivas se asocian a estados emocionales como ansiedad o
depresión.
Epilepsias focales
● Lóbulo temporal: problemas en memoria, atención, lenguaje, funciones
intelectuales y personalidad.
● Lóbulo frontal: afectan más el control emocional y ejecutivo, con menos
alteraciones motoras o de memoria.
Fármacos antiepilépticos
También pueden causar deterioro cognitivo, dependiendo del tipo, dosis,
combinación y duración del tratamiento.
Neurobiología del Maltrato Infantil
El maltrato infantil, definido por la OMS como cualquier forma de abuso o
negligencia hacia menores de 18 años que afecte su salud o dignidad, tiene graves
consecuencias a nivel neurobiológico. Este tipo de violencia incluye maltrato físico,
psicológico, abuso sexual, negligencia, explotación laboral y abandono. Estudios
muestran que el maltrato altera el desarrollo cerebral, generando deficiencias
cognitivas, conductuales y mayor vulnerabilidad a trastornos mentales como la
depresión y la ansiedad.
Latinoamérica presenta las tasas más altas de maltrato infantil en el mundo, con
más de 40 millones de menores afectados. Además, más del 50% de los adultos en
la región considera el castigo físico como una forma válida de disciplina, lo que
agrava la problemática.
Durante la infancia, el cerebro se encuentra en neurodesarrollo, lo que lo hace más
plástico, pero también más vulnerable. El maltrato puede interferir en procesos
esenciales como la sinaptogénesis, poda neuronal y mielinización. También provoca
la hiperactivación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, elevando la producción de
cortisol, lo cual se asocia con daño cerebral, apoptosis neuronal y neurotoxicidad,
especialmente en estructuras como el hipocampo, amígdala, cerebelo y cuerpo
calloso.
Los efectos del maltrato varían según la edad, el tipo y duración del abuso. El
abandono es especialmente perjudicial, ya que impide el adecuado desarrollo de
habilidades cognitivas. El maltrato físico y el abuso sexual también tienen impactos
severos en el rendimiento verbal, memoria y lenguaje.
Entre las consecuencias más comunes en la vida adulta se encuentran:
● Déficits de atención y memoria, especialmente en víctimas de abuso
sexual y psicológico.
● Alteraciones del lenguaje, debido a baja estimulación o mensajes
contradictorios en la infancia.
● Dificultades en la regulación emocional, relacionadas con la hiperactividad
del sistema límbico.
El maltrato infantil no solo deja huellas emocionales, sino también profundas
alteraciones en la estructura y funcionamiento del cerebro, lo que subraya la
necesidad de prevención, atención temprana y políticas públicas eficaces.
Conclusiones
El cerebro humano, como órgano rector de las funciones cognitivas, conductuales y
emocionales, es altamente vulnerable a diversas condiciones que pueden generar
un daño cerebral adquirido. A lo largo del presente análisis, se ha evidenciado
cómo distintos factores etiológicos —como el traumatismo craneoencefálico, los
tumores cerebrales, la epilepsia y el maltrato infantil— impactan significativamente
en la estructura y funcionamiento del sistema nervioso central, afectando el
desempeño diario de las personas que los padecen.
En primer lugar, el traumatismo craneoencefálico (TCE) destaca como la causa
más común y alarmante de disfunción cerebral en sociedades industrializadas, tanto
por su alta prevalencia como por sus consecuencias a largo plazo. Su impacto no
solo compromete las habilidades cognitivas y emocionales, sino que también genera
un importante costo económico y social debido a la pérdida de productividad y
necesidad de atención especializada.
Por otro lado, los tumores cerebrales, independientemente de su naturaleza
benigna o maligna, producen alteraciones neuropsicológicas profundas, siendo una
causa importante de discapacidad en adultos y una de las principales fuentes de
mortalidad en la infancia. La ubicación del tumor y la intervención quirúrgica pueden
modificar la evolución clínica y la recuperación del paciente.
Asimismo, la epilepsia, una condición crónica caracterizada por descargas
eléctricas anormales en el cerebro, presenta efectos que van más allá de las crisis
convulsivas. El deterioro cognitivo asociado a las crisis y a los efectos secundarios
de los medicamentos antiepilépticos compromete el rendimiento mental, afectando
el desarrollo, la autonomía y la calidad de vida de quienes la padecen.
Finalmente, el maltrato infantil se posiciona como un factor crítico de riesgo
neurológico. Las experiencias adversas durante las etapas sensibles del desarrollo
pueden generar alteraciones estructurales y funcionales en el cerebro en
crecimiento, limitando las capacidades cognitivas, emocionales y sociales del
menor. Esta forma de daño es especialmente alarmante por su carácter silencioso y
persistente, así como por sus consecuencias a largo plazo.
En conjunto, estos factores etiológicos comparten un denominador común: la
capacidad de alterar la arquitectura cerebral y comprometer las funciones mentales
superiores. Por tanto, resulta urgente fomentar estrategias integrales de
prevención, detección temprana, intervención clínica y apoyo psicosocial, que
permitan reducir el impacto de estos eventos en la vida de los pacientes y sus
familias.
Este análisis también subraya la necesidad de una mirada interdisciplinaria que
articule la neurología, la neuropsicología, la educación y las políticas públicas, con el
fin de atender de manera más efectiva a las personas con daño cerebral adquirido y
mejorar sus posibilidades de inclusión, rehabilitación y bienestar.