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DISCIPLINAS

El documento aborda la importancia de las disciplinas espirituales, destacando su papel en la transformación interna y espiritual del creyente. Se enfatiza que estas prácticas, como el estudio de la Biblia, son accesibles para todos y no deben ser vistas como castigos, sino como oportunidades para crecer en la fe. Además, se presentan pasos prácticos para preparar el estudio de la Palabra, incluyendo la lectura diaria, la participación en grupos y la memorización de las Escrituras.

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DISCIPLINAS

El documento aborda la importancia de las disciplinas espirituales, destacando su papel en la transformación interna y espiritual del creyente. Se enfatiza que estas prácticas, como el estudio de la Biblia, son accesibles para todos y no deben ser vistas como castigos, sino como oportunidades para crecer en la fe. Además, se presentan pasos prácticos para preparar el estudio de la Palabra, incluyendo la lectura diaria, la participación en grupos y la memorización de las Escrituras.

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DISCIPLINAS ESPIRITUALES, VIVIENDO COMO JESÚS.

Bosquejo 1: Introducción y Disciplina del Estudio.

Textos: 1 Timoteo 4:7; Salmo 42:1-2; Romanos 12:2; Filipenses 4:8; Marcos 12:24; Juan 5:39; 8:32;
Deuteronomio 11:18-21; Salmo 119:9, 11; 2 Timoteo 3:16-17

Hoy comenzamos esta serie de mensajes que tiene como propósito movernos de una espiritualidad
superficial a una espiritualidad profunda. La superficialidad es la maldición de nuestra era. La búsqueda
constante de una “satisfacción inmediata” es resultado de un problema espiritual. Cada vez se espera menos,
se soporta menos y se pretende disfrutar más.
Cada creyente, la iglesia del Señor y la sociedad entera necesitan desesperadamente de personas que
vivan una espiritualidad centrada en la persona de Cristo de tal modo que Él pueda transformarnos.

¿QUÉ SON LAS DISCIPLINAS ESPIRITUALES? ¿PARA QUÉ SIRVEN? ¿QUIÉNES PUEDEN PRACTICARLAS?

¿Qué son las disciplinas espirituales?


El evangelio tiene exigencias; orar, estudiar la Biblia, llevar una vida de adoración y devoción, ofrendar,
ayunar, ayudar a los necesitados. Nada de esto es un “castigo” de Dios ¡todo lo contrario! Esta es la disciplina a
la que debemos entrar y a la que Dios nos invita a participar.
Se llaman disciplinas porque requieren de nuestra participación voluntaria en ejercitarnos (1 Timoteo
4:7) y se llaman espirituales porque su efectividad depende de la obra de gracia del Espíritu de Dios.
Las disciplinas no pueden hacer nada por sí solas. Conocer la técnica no significa que las estemos
practicando, y aun cuando las pongamos en práctica, el propósito no es practicarlas sino la transformación
interna y espiritual que Dios produce en nosotros. El esfuerzo humano ES insuficiente y la justicia ES un regalo
de Dios

¿Para qué sirven?


Cada una de estas disciplinas nos libertará de antiguos hábitos superficiales y destructivos que nos han
distanciado de Dios, y nos abrirá la oportunidad a nuevos hábitos que predisponen nuestro ser para hacer la
voluntad de Dios, ser transformados a la imagen de Cristo y convertirnos en el pueblo que Dios quiere que
seamos para bendición nuestra y de quienes nos rodean.

¿Quiénes pueden practicarlas?


Un requisito fundamental es tener anhelo de Dios (Salmo 42:1-2). Algunos errores en los que no
debemos caer:

• Pensar que las disciplinas son para los gigantes espirituales: para los pastores, para quienes se dedican
solo al ministerio, para algunos pocos que son muy espirituales y tienen el tiempo para hacerlas.
• Pensar que las disciplinas son difíciles: es tanto el esfuerzo que demandan que nunca voy a alcanzar a
vivir así.
• Pensar que las disciplinas son un castigo: en nuestro contexto latino es muy común confundir la palabra
disciplina con castigo. Muchos la usan como sinónimo, y no lo son. El castigo mira hacia atrás, mira el
pasado: “Porque hiciste esto te doy esto”. Mientras que la disciplina mira hacia el futuro: “Haz esto y
alcanzarás aquello”.

¡Las disciplinas espirituales son para todos! Para el recién convertido y para el que ya lleva años en el evangelio.
LA DISCIPLINA DEL ESTUDIO (usa cuaderno y lápiz)

¿Cuál es la diferencia entre LEER un libro y ESTUDIAR un libro? El que estudia tiene un lápiz y un
cuaderno que le ayudan a investigar.
Muchos cristianos permanecen esclavos de sus temores y afanes. Pueden ser fieles en cuanto a asistir
a la iglesia y sinceros en cuanto a cumplir con sus deberes cristianos, pero aun así no han cambiado. ¿Por qué?
Porque nunca han tomado en serio uno de los métodos que Dios más usa para transformarnos: El ESTUDIO de
la PALABRA.

• “cambien su manera de pensar…” Romanos 12:2


• “en esto pensad...” Filipenses 4:8
• “el error de ustedes es que no conocen las Escrituras ni el poder de Dios” Marcos 12:24
• “Ustedes estudian las Escrituras a fondo porque piensan que ellas les dan vida eterna. ¡Pero las
Escrituras me señalan a mí!” Juan 5:39
• “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” Juan 8:32

Este principio del conocimiento de la verdad aplica a todos los aspectos de la conducta humana; en la
biología, en matemática, en el matrimonio y en todas las relaciones; también en la vida espiritual. Ni siquiera
los buenos sentimientos, las experiencias ni el hecho de estar fascinados con Jesús nos harán libres. Sin el
conocimiento de la verdad no seremos libres.
Las instrucciones en el Antiguo Testamento, como Deuteronomio 11:18-21 por ejemplo, tienen como
propósito dirigir la mente repetida y regularmente hacia cierto modo de pensamiento con respecto de Dios y
las relaciones humanas. Por supuesto, el Nuevo Testamento reemplaza las leyes escritas en los postes por leyes
escritas en los corazones y nos conducen a Jesús, nuestro Maestro (Juan 5:39)

¿Qué es el estudio?
El estudio es la experiencia en la cual, a través de una cuidadosa observación analítica, hacemos que
nuestro proceso de pensamiento se mueva de determinada manera.
Lo que estudiamos determinará la clase de hábitos que formaremos. Por esta razón Pablo insiste en que
concentremos nuestros pensamientos en todo lo verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo
lo amable y de buen nombre.
Estudiar no es una tarea sencilla. Requiere de esfuerzo, concentración, dedicación de tiempo, y llegar a
dominar un laberinto de detalles que no están a simple vista. Si aprender a leer nos ha demandado un largo
tiempo de nuestra vida, aprender a estudiar es una disciplina en la que debemos esforzarnos todos los días.

Dos clases de “libros” a estudiar: los escritos y los no escritos.


Los libros escritos constituyen la parte más obvia del material a estudiar (por supuesto, los audiolibros
están aquí incluidos). Los libros no escritos constituyen un amplio campo de estudio: la observación de la
realidad de las cosas, los eventos y las acciones. Podemos y debemos estudiar la naturaleza (“los cielos cuentan
la gloria de Dios…”; “mirad los lirios del campo…”); las relaciones entre los seres humanos, nosotros mismos,
las profesiones, instituciones, culturas, etc.
Estudiamos estos asuntos, no para convertirnos en sabios arrogantes, sino con un espíritu de humildad
y el reconocimiento de que necesitamos una gran dosis de gracia. El estudio envuelve cuatro pasos:

• La repetición afecta la mente con lo cual se cambia la conducta.


• La concentración enfoca y estimula la mente.
• La comprensión nos conduce al discernimiento.
• La reflexión define el significado.

¿CÓMO PUEDO PREPARARME PARA ESTUDIAR LA PALABRA?

1. Lea la Biblia cada día y tenga un plan de lecturas. El primer libro y el más importante que debemos
estudiar es la Biblia. No confundamos la acumulación de información con el conocimiento. Llegar al
paso de la reflexión nos lleva a ver las cosas desde el punto de vista de Dios.
2. Participe de un estudio bíblico en grupo. (2 Pedro 1:20-21) La Biblia no es un libro para ser solo leído
de manera privada, debemos además contrastar ideas y asumir el desafío de Dios para que vivamos de
acuerdo con ella.
3. Memorice y aplique las Escrituras. La meta es estudiar y aplicar la Palabra de Dios a las situaciones de
la vida que nos rodean (Salmo 119:9,11; 2 Timoteo 3:16-17).

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