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El documento aborda la acumulación de saberes científicos durante el Renacimiento y la Reforma protestante, destacando cómo estos fenómenos transformaron las mentalidades y fomentaron la observación y la experimentación. Se enfatiza la importancia de Galileo Galilei en la creación de una nueva concepción del universo, al demostrar que las leyes del movimiento son universales y pueden ser explicadas matemáticamente. Esta evolución del pensamiento marcó el inicio de la ciencia moderna, alejándose de las creencias aristotélicas y promoviendo un enfoque basado en la evidencia empírica.

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El documento aborda la acumulación de saberes científicos durante el Renacimiento y la Reforma protestante, destacando cómo estos fenómenos transformaron las mentalidades y fomentaron la observación y la experimentación. Se enfatiza la importancia de Galileo Galilei en la creación de una nueva concepción del universo, al demostrar que las leyes del movimiento son universales y pueden ser explicadas matemáticamente. Esta evolución del pensamiento marcó el inicio de la ciencia moderna, alejándose de las creencias aristotélicas y promoviendo un enfoque basado en la evidencia empírica.

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LA ACUMULACIÓN DE SABERES CIENTÍFICOS

Los nuevos saberes se filtraban desde todas las esferas de la vida social y cultural; por
ejemplo, los descubrimientos geográficos iniciados en el siglo XV crearon un interés por la
confección de mapas más precisos, y generaron también la necesidad de observar la
ubicación y el movimiento de los astros para guiar a los marinos en sus travesías. Las
continuas guerras entre los Estados europeos otorgaron gran importancia a la construcción
de fortificaciones y a la fabricación de armas más potentes y precisas. Asimismo, la guerra
inspiró a los estudiosos de la medicina para encontrar remedios destinados a curar las
heridas, al tiempo que la curiosidad y la necesidad los llevaba a utilizar fármacos
preparados químicamente para sanar las enfermedades.
Las exigencias prácticas de una sociedad que cambiaba rápidamente impulsaron muchos
otros inventos y descubrimientos.
Algunos en realidad eran pequeñas innovaciones que se introducían en los viejos métodos
de trabajar, otros quedaban como diseños formidables que no llegaban a materializarse. En
todo caso, la gran novedad de la época era la inclinación de la gente hacia la observación y
la explicación de los fenómenos, lo que impulsaba el afán de búsqueda y la
experimentación.

DOS ANTECEDENTES DEL


PENSAMIENTO CIENTÍFICO
Dentro de este marco de rápido cambio social y cultural, dos fenómenos fueron
particularmente importantes como antecedentes del pensamiento científico: el Renacimiento
y la Reforma protestante. En distintos momentos, ambos contribuyeron a crear el ambiente
propicio para la transformación de las mentalidades que están en la base del pensamiento
científico moderno.
El Renacimiento
Una expresión muy clara de los cambios que se estaban produciendo en la vida material y
en la conciencia de la gente es el Re-nacimiento. Este fenómeno cultural tuvo su origen en
Italia a fines del siglo XIV, y desde allí se expandió a las principales ciudades de Europa. Su
nombre proviene de la idea de renovación en todos los campos de la vida, desde la moral
hasta la política y el arte. Esta renovación se inspiró en el período que se consideraba la
mejor realización de la historia humana: la antigüedad clásica. Su importancia radica en
haber desplazado del centro de la atención a lo divino y el más allá, y haberlo sustituido con
lo humano y lo terrenal. Al hacerlo, colocó al hombre en el centro de las reflexiones y los
impulsos creativos.
El humanismo renacentista se caracteriza por el reconocimiento del valor del hombre en su
plenitud, como un ser formado de alma y de cuerpo. Reivindica la necesidad de entender al
ser humano en su mundo, que es el de la naturaleza y el de la historia. Como centro de ese
mundo, el ser humano está destinado a controlar la naturaleza y su propio destino. Por ello,
ningún ámbito del conocimiento debe ser ajeno a los intereses humanos: las letras, el
derecho, la medicina y el arte, deben ser campos abiertos a la exploración y la acción. Esta
forma de pensar y el resurgimiento del interés por la indagación directa de la naturaleza
fueron el preludio de la ciencia moderna.

La Reforma protestante
Un siglo más tarde (en el XVI), otro fenómeno social contribuyó a sacudir las conciencias de
Europa: la Reforma Protestante. Durante la Edad Media, la Iglesia romana había gozado de
un amplio predomino en toda Europa occidental; sin embargo, hacia el final de esta etapa
las prácticas de la Iglesia parecían alejarse de los verdaderos propósitos de la religión
cristiana. Los sacerdotes se enriquecían a costa de los creyentes y llevaban una vida que
no correspondía a la imagen de austeridad y recato que predicaba el cristianismo. Las
críticas fueron en aumento, y a lo largo del siglo XVI produjeron la ruptura en la "unidad de
la fe".

iniciado por un minis alemán, Mato LuEsto continuado por sacerdotes católicos de distintas
d. detero en otros paises. Quienes luchabaio por la reforma de là
Isines protestaban (y de ahí que las religiones que fundaron te
Iglesian "protestantes") contra la forma de vida de los sa-clamates católicos, pero también
contra algunas prácticas y con.
cepciones religiosas del catolicismo.
Acioque las propuestas de los líderes reformistas variaban una de otras, en general estaban
de acuerdo en algunos principios básicos. Uno de ellos era que cualquier hombre piadoso
tenia là tacultad de acercarse a las Escrituras e interpretarlas, de manera que esta autoridad
no debía reservarse a los sacerdotes o al papa Por lo mismo, los individuos podían
mantener un trato directo con Dios, sin necesidad de que los sacerdotes mediaran y
regularan esa relación. Esta idea tuvo consecuencias muy poderosas sobre la conciencia de
la gente. Significaba que el conocimiento no era un monopolio de unos cuantos, y que los
individuos de bían buscar por sí mismos el significado de la verdad.
Aunque la Iglesia católica se opuso por mucho tiempo a la Reforma, persiguiendo y
condenando a muchos de sus segui-dores, no pudo evitar que las nuevas Iglesias se
difundieran en Europa. Con la multiplicación de las Iglesias protestantes disminuyó el
predominio de la católica. Además, para muchos creyentes se abrió la posibilidad de
acceder directamente al conocimiento, de cuestionarse acerca de los dogmas más
sagra-dos, de utilizar la razón como un instrumento para llegar a la verdad. Ello contribuyó a
preparar las conciencias para la transformación que estaba por llegar.

LA NUEVA CONCEPCIÓN DEL UNIVERSO


La historia no terminó allí. Otros astrónomos, dedicados a la observación atenta de los
astros, fueron acumulando evidencia de que la hipótesis de Copérnico era correcta. A fi. nes
del siglo XVI, Johannes Kepler demostró que el movimiento de los planetas es elíptico, no
circular. Poco tiempo después, Galileo Galilei fue más lejos: desarrolló un instrumento para
la observación de los astros, el telescopio, y con él descubrió cráteres de la Luna, las cuatro
lunas de Júpiter, los anillos de Saturno y las fases de Venus. Todos estos hallazgos
aportaban evidencias cada vez más contundentes del verdade. ro funcionamiento del
Sistema Solar. Por ejemplo, la idea de que todos los objetos celestes giran alrededor de la
Tierra no podía sostenerse si había otro planeta con cuatro lunas dando vueltas a su
alrededor.
Esta vez el choque era inevitable. Galileo publicó sus escritos en italiano, no en latín como
lo hacían los sabios de la época, y ello les dio una amplia difusión entre el público culto de
Euro-pa. Sus trabajos mostraban a todos que la teoría aristotélica había sido refutada no
sólo por una hipótesis sugestiva, como la de Copérnico, sino por la demostración científica
basada en la observación y la evidencia empírica. Como sabemos, la Iglesia reaccionó
condenando a Galileo y obligándolo a retractarse, pero el daño estaba hecho.
El papel de Galileo en la creación de una nueva concepción del mundo fue todavía mayor.
La visión aristotélica que sostenia la Iglesia consideraba que los cuerpos tienen propiedades
(com-posición, calidad, color, olor y valor) que determinan su lugar y su movimiento en el
espacio, y que tanto el lugar como el movimiento de los cuerpos responden a una finalidad.
Contra esta interpretación cualitativa del mundo, Galileo propuso que sólo las propiedades
medibles de los objetos (tamaño, peso, velocidad o aceleración) son relevantes para
comprender las leyes del movi-miento. Además, afirmó que el movimiento de los cuerpos no
tiene finalidad alguna, sino que es puramente mecánico.
Lo que es aún más importante, de acuerdo con Galileo, las leyes mecánicas rigen tanto
para la Tierra como para el cielo. Todo el Universo físico responde a una misma lógica, la
del movimiento mecánico de la naturaleza, y este movimiento puede explicarse en términos
matemáticos. A esta imagen del mundo físico, regido por leyes expresadas
matemáticamente, se le denomina mecanicismo, y constituye la base de la ciencia
moderna.

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