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El neoliberalismo, surgido en los años 80, promueve el desarrollo del capitalismo sin intervención estatal, siendo impulsado por líderes como Thatcher y Reagan. Aunque ha traído ciertos beneficios iniciales a países en desarrollo, también ha generado pobreza y crisis, como la de 2008, evidenciando la necesidad de un rol activo del Estado en la economía. A pesar de declaraciones de fin del neoliberalismo en México, las políticas económicas actuales siguen reflejando su influencia, resultando en un sistema híbrido que no ha logrado un verdadero cambio hacia un modelo posneoliberal.

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El neoliberalismo, surgido en los años 80, promueve el desarrollo del capitalismo sin intervención estatal, siendo impulsado por líderes como Thatcher y Reagan. Aunque ha traído ciertos beneficios iniciales a países en desarrollo, también ha generado pobreza y crisis, como la de 2008, evidenciando la necesidad de un rol activo del Estado en la economía. A pesar de declaraciones de fin del neoliberalismo en México, las políticas económicas actuales siguen reflejando su influencia, resultando en un sistema híbrido que no ha logrado un verdadero cambio hacia un modelo posneoliberal.

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El neoliberalismo –modelo económico y político que ha buscado el desarrollo del

capitalismo con base en las leyes del mercado, sin la intervención del Estado y sin
interferencias regulatorias– surgió en los inicios de la década de los años 80 del
siglo XX, cuando la globalización se estaba consolidando como una respuesta a la
participación del Estado en la economía, la cual imperaba desde la posguerra, luego
de que John Maynard Keynes la había propuesto en su obra Teoría general del
empleo, el interés y el dinero(1936).
Los principales promotores del neoliberalismo –cuyo “recetario” incluye, entre otras
medidas, la apertura de las economías nacionales, la reducción del gasto público, la
privatización de las empresas estatales, la ampliación de la base fiscal pero sin
elevar los impuestos a los sectores con mayores ingresos y, sobre todo, un mayor
flujo de capitales– fueron Margaret Thatcher, primera ministra del Reino Unido de
1979 a 1990, y Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos de 1981 a 1989.

En el caso de los países en desarrollo, el neoliberalismo se empezó a aplicar como


una política de shock para que sus economías se abrieran y hubiera un mayor flujo
de capitales y de comercio, lo que resultaba muy conveniente para la política de
expansión de las grandes empresas transnacionales.

¿Ciertos beneficios?

A más de 40 años de su aparición, una pregunta flota en el aire: ¿el neoliberalismo


ha llegado a su fin?

“Se puede decir que no, pues sigue habiendo una gran cantidad de políticas de
apertura de mercado y no hay una regulación de la tasa de interés efectiva ni del
flujo de capitales, aunque ahora cada país va adecuando sus políticas neoliberales
como mejor puede”, dice Jorge Basave Kunhardt, investigador del Instituto de
Investigaciones Económicas.

De acuerdo con el investigador universitario, el neoliberalismo trajo, en un principio,


ciertos beneficios a los países cerrados, como un mayor flujo de capitales y la
integración de innumerables empresas al comercio exterior y a las grandes cadenas
productivas; sin embargo, al final de cuentas, muchos de esas naciones perdieron
en esta apertura y padecieron una mayor pobreza.

“Con todo, el neoliberalismo no es una confabulación de las grandes empresas y de


los gobiernos de los países ricos para robar a las naciones pobres. Si admitimos
esta interpretación que se ha divulgado recientemente en nuestro país, no
podremos entender a cabalidad este modelo económico y político ni encontrar los
caminos para modificarlo y superarlo. En México, el gasto público está en su mínima
expresión, una de las recetas del neoliberalismo, por lo que éste sigue formando
parte de nuestra economía. Además, no hay una reforma tributaria y hacendaria que
pueda recoger los recursos que nos hacen falta para crecer y desarrollarnos, no se
aplica una tasa impositiva creciente a los sectores de mayores ingresos, no se
impulsa la banca de desarrollo, que le serviría al gobierno para dar créditos a los
sectores empresariales que no cuentan con la posibilidad de conseguir dinero fuera,
y se carece de un proyecto económico definido que atraiga inversiones. Así pues,
no sólo con declarar que el neoliberalismo ha sido desterrado de nuestra nación se
cambia esta forma de producir y dirigir la economía”, agrega.

Después de la crisis financiera de 2008, que afectó al mundo entero, se demostró


que las recetas neoliberales, especialmente la desregulación del sistema financiero,
traían consecuencias muy negativas. No se debe olvidar que esta crisis comenzó en
Estados Unidos y en los países europeos que se hallaban más ligados entre sí
mediante todos sus sistemas financieros, pero sus efectos alcanzaron a todo el
mundo porque las vinculaciones comerciales y económicas internacionales estaban
en su máxima expresión.

“Entonces se vio que, como resultado de la aplicación profunda de las recetas


neoliberales en Estados Unidos desde la época de Reagan, ocurrió ese derrumbe
del sistema financiero, y también se vio que el Estado tiene un papel que
desempeñar. Prueba de ello es que intervino para rescatar el sistema de producción
y la economía estadunidenses. Bueno, ¿qué podemos decir ahora con la
pandemia? Es evidente que el Estado tiene un rol que jugar”, señala Basave
Kunhardt.

En el caso de México, los efectos nocivos de la crisis financiera de 2008 recayeron


sobre el grueso de la población. Por supuesto, el poder adquisitivo y la pobreza
aumentaron, y no pocas empresas de menor tamaño quedaron desligadas de la
producción y desaparecieron, entre ellas las relacionadas con las industrias del
vestido y el calzado.

Para el neoliberalismo tiene que haber mucho mercado y poco Estado, pues si se
permite que el gran capital y las empresas sean las que generen riqueza sin que
intervenga aquél, salvo para que no haya una inflación muy alta, por ejemplo, esa
riqueza se irá derramando poco a poco hacia el conjunto de los individuos de la
sociedad.

“Pero, en realidad, esto no ha sucedido. Es más, cuando ha habido crisis


económicas y financieras, la sociedad en su conjunto es la que las paga. El
neoliberalismo pudo haber sido una buena idea para los problemas que tenía la
economía mundial en la década de los años 80 del siglo pasado, pero desde hace
dos o tres décadas sabemos que no ha beneficiado a la mayoría de la gente. Ahí
está el fracaso y el problema del neoliberalismo. Ahora hay que sustituirlo de algún
modo, y aquí es donde puede entrar el Estado, pero no como un Estado que planee
todo, sino que vincule al sector privado y al sector científico, y que haga inversiones
que permitan crear oportunidades de trabajo y de participación en la economía para
los sectores más amplios, sin que estas inversiones se conviertan en grandes
monopolios, porque volveríamos a lo mismo”, indica Basave Kunhardt.

¿Vigente y con fuerza?

El neoliberalismo se instauró en México en 1982, con la llegada al poder de Miguel


de la Madrid Hurtado, y “reinó” plenamente durante los sexenios de Carlos Salinas
de Gortari (1988-1994), Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000), Vicente Fox
Quesada (2000-2006), Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012) y Enrique Peña Nieto
(2012-2018).

En marzo del 2019, en Palacio Nacional, el presidente Andrés Manuel López


Obrador declaró formalmente el fin del modelo neoliberal y de su política económica,
y planteó la puesta en marcha de un nuevo proyecto posneoliberal que implicaría un
cambio del régimen político y del modelo económico.

Sin embargo, a decir de José de Jesús Rodríguez Vargas, académico de la Facultad


de Economía, tres años después de ese anuncio, las políticas económicas de tipo
neoliberal y las relaciones económicas internacionales de nuestro país, en particular
con Estados Unidos, continúan igual que antes.

Las condiciones mundiales y nacionales, asegura el especialista, “muestran que el


neoliberalismo todavía se encuentra vigente y tiene fuerza. La diferencia es que
ahora predomina en nuestro país una retórica antineoliberal, antiempresarial,
progresista y populista. Otra diferencia –cuantitativa– con respecto al pasado
neoliberal es que el gasto federal programable en desarrollo social ha tenido un
aumento de seis puntos porcentuales a costa del gasto en desarrollo económico. O
sea, ha habido mucha política asistencialista de tipo clientelar, poca inversión
pública y una nula preocupación por la inversión privada y el crecimiento económico,
que constituyen la base del desarrollo social”, añade.

En opinión del académico universitario, el actual régimen político y económico


mexicano se ajusta muy bien a lo que el sociólogo Pablo González Casanova define
como “populismo neoliberal”.

“Es un sistema híbrido que no ha logrado desprenderse del pasado neoliberal ni


construir un régimen completa o mayoritariamente posneoliberal. El resultado de lo
anterior es, desde el punto de vista productivo, un desastre social e institucional. Así
son los proyectos de nación que, basados en la pequeña producción y con la mirada
puesta en el pasado idealizado del capitalismo atrasado, del capitalismo industrial y
del campo autosuficiente, buscan el desarrollo social. Estos proyectos pretenden ser
progresistas –lo son únicamente en el discurso–, pero no crean las condiciones
materiales de vida para lograr el crecimiento que, apoyado por un Estado
desarrollador, promotor, innovador y distribucionista, logre distinguirse del que
promueven los gobiernos neoliberales”, concluye.

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