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CDCD 34

El documento analiza la relación entre el periodismo y la democracia en México, destacando cómo la influencia de grupos de poder ha afectado la independencia de los medios. A lo largo del tiempo, se ha observado una transición de un modelo mediático controlado por el régimen a uno donde surgen nuevos tipos de periodismo, como el responsivo, a pesar de los desafíos actuales. La obra busca resaltar la importancia de los medios en la vida democrática y la necesidad de contar con un periodismo libre y crítico.

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El documento analiza la relación entre el periodismo y la democracia en México, destacando cómo la influencia de grupos de poder ha afectado la independencia de los medios. A lo largo del tiempo, se ha observado una transición de un modelo mediático controlado por el régimen a uno donde surgen nuevos tipos de periodismo, como el responsivo, a pesar de los desafíos actuales. La obra busca resaltar la importancia de los medios en la vida democrática y la necesidad de contar con un periodismo libre y crítico.

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34 Democracia

y medios en México:

Manuel Alejandro Guerrero


el papel del periodismo

Manuel Alejandro Guerrero

Cuadernos de Divulgación de la Cultura Democrática


34
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de publicaciones del INE

1
Democracia
y medios en México:
el papel del periodismo

Manuel Alejandro Guerrero


Democracia
y medios en México:
el papel del periodismo

Manuel Alejandro Guerrero

34
Instituto Nacional Electoral

Consejero Presidente
Dr. Lorenzo Córdova Vianello
Consejeras y Consejeros Electorales
Mtra. Norma Irene De la Cruz Magaña
Dr. Uuc-Kib Espadas Ancona
Dra. Adriana Margarita Favela Herrera
Mtro. José Martín Fernando Faz Mora
Dra. Carla Astrid Humphrey Jordan
Dr. Ciro Murayama Rendón
Mtra. Dania Paola Ravel Cuevas
Mtro. Jaime Rivera Velázquez
Dr. José Roberto Ruiz Saldaña
Mtra. Beatriz Claudia Zavala Pérez
Secretario Ejecutivo
Lic. Edmundo Jacobo Molina
Titular del Órgano Interno de Control
Lic. Jesús George Zamora
Director Ejecutivo de Capacitación
Electoral y Educación Cívica
Mtro. Roberto Heycher Cardiel Soto

Democracia y medios en México: el papel del periodismo


Manuel Alejandro Guerrero
Primera edición, 2016
Primera edición en este formato, 2020
D.R. © 2020, Instituto Nacional Electoral
Viaducto Tlalpan núm. 100, esquina Periférico Sur
Col. Arenal Tepepan, 14610, México, Ciudad de México
ISBN obra completa impresa: 978-607-8772-11-7
ISBN volumen impreso: 978-607-8772-45-2
ISBN obra completa electrónica: 978-607-8772-90-2
ISBN volumen electrónico: 978-607-8790-15-9
El contenido es responsabilidad del autor y no
necesariamente representan el punto de vista del INE
Impreso en México/Printed in Mexico
Distribución gratuita. Prohibida su venta
Contenido

7 Presentación
11 Resumen
13 Introducción
19 Los medios de comunicación y el régimen político: de
la censura ambiental al modelo liberal capturado y sus
consecuencias para el periodismo
69 Periodismo y democracia en la era de la revolución
digital en México
109 Consideraciones finales
117 Bibliografía
131 Sobre el autor
Presentación

Los medios de comunicación juegan un importante papel


en los regímenes democráticos, pues al ser el principal
medio a través del cual la población recibe información
sobre su entorno, tienen la responsabilidad de ofrecerle
elementos ciertos y suficientes para que oriente sus pos-
turas de manera autónoma y libre.

A lo largo de su desarrollo, los medios de comunicación


en el mundo se han vinculado a los grupos de poder, aun
tratándose de regímenes democráticos, de tal manera que
esta relación ha tenido consecuencias sobre el periodismo
y la libertad de información.

El doctor Manuel Alejandro Guerrero analiza en este Cua-


derno de Divulgación de la Cultura Democrática la relación
de los medios de comunicación y los regímenes políticos
en México desde la década de 1930 hasta nuestros días, a
través de una investigación ampliamente sustentada del

7
Manuel Alejandro Guerrero

quehacer periodístico y con una detallada descripción


de los medios tradicionales y de los nuevos espacios
digitales de información.

Para el doctor Guerrero la importancia de la actividad


periodística se refleja en su potencial para la conformación
de una vida pública abierta, pluralista y consciente, que
permita a la ciudadanía tomar decisiones en los diversos
campos que afectan su bienestar; la vida democrática
demanda la existencia de medios de comunicación in-
dependientes del poder político.

En el periodo posrevolucionario y hasta la década de 1970,


señala, el periodismo se caracterizó por la autocensura
que se manifestó en los medios tradicionales: prensa es-
crita, radio y televisión, con la inhibición del desarrollo de
actitudes críticas independientes y libres, pues los medios
trabajaban con lealtad al régimen, con el cual guardaban
una relación de dependencia mutua, en extremo conve-
niente para su supervivencia económica.

En su recuento histórico, el doctor Guerrero explica que


con las crisis que se sucedieron a partir de 1976 en los
ámbitos de la economía y la política, el país se transformó
al crearse nuevas formas de acceso al poder, y aunque el
ejercicio del poder tuvo pocos cambios, ante un ambiente
de pluralismo político la prensa escrita fue la primera en

8
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

abrir sus espacios a otras voces, mientras que la televisión


lo hizo hasta mediados de los años noventa.

Más tarde, la coincidencia entre la alternancia en el gobierno


federal (iniciada en el año 2000) y la revolución digital dio
paso a tres tendencias que en su opinión caracterizan la
labor periodística en México y que define como periodismo
colaborador, periodismo responsivo y periodismo acosado;
sin embargo, considera que a pesar del oscuro panorama
actual, en el que el periodismo profesional es la excepción
y no la regla, se ha venido abriendo un espacio innovador
en temas y enfoques para el quehacer periodístico, en el
llamado ciberespacio.

Con la publicación de Democracia y medios en México: el


papel del periodismo, el Instituto Nacional Electoral busca
contribuir a la divulgación de la importancia de los medios
de comunicación en la vida democrática de nuestro país.

Instituto Nacional Electoral

9
Resumen

Habría muchas razones para suponer una relación natural


entre el periodismo y la democracia, desde la difusión
de información y la socialización de debates relevantes
para el interés público, hasta la vigilancia contra el abuso
de poder. En México, sin embargo, el periodismo no ha
sido plenamente capaz de desarrollar estas funciones y
las razones tienen que ver, en gran parte, con la forma
en que se han desarrollado las relaciones entre los me-
dios –vehículos privilegiados por mucho tiempo para el
ejercicio periodístico– y el régimen político. Entre el siglo
XX y el XXI hemos transitado de un modelo mediático
caracterizado por el peso inhibidor del régimen sobre
la labor informativa a otro en el que, de formas distintas,
grupos políticos, económicos y del crimen organizado
ejercen presión sobre la independencia de esa labor
informativa. En este sentido, en la mayor parte de los
medios tradicionales tenemos un periodismo colaborador
que, en ciudades medianas y pequeñas de provincia se

11
Manuel Alejandro Guerrero

convierte más bien en uno acosado. La buena noticia es


que gracias en gran parte a la revolución tecnológica de
las últimas décadas, ha comenzado a surgir un periodismo
responsivo, distinto en sus temas, tratamiento y método,
que está soportado en los principales centros urbanos
por mercados publicitarios y públicos cada vez más
exigentes con los contenidos mediáticos que consumen.
Si bien el panorama sigue siendo de claroscuros, en
México ya hay –aunque sea de forma incipiente– una
serie de espacios en donde el periodismo tiene oportuni-
dad de desarrollar esas funciones, aun a contracorriente
del ambiente dominante.

12
Introducción

Habría muchas razones para suponer una alianza natural


entre el periodismo y la democracia. A través de funciones
sustanciales –como informar a la ciudadanía, ser portavoz
de preocupaciones sociales y vigilar contra los abusos
de poder– el periodismo tiene el potencial para apoyar
la conformación de una vida pública abierta, pluralista y
consciente, así como para alentar la rendición de cuentas.
En principio, la actividad periodística ha sido un aspecto
central en la confección y la distribución de información
sobre la vida pública que resulta indispensable para que
la ciudadanía –ideal, aunque relativamente, participativa
e interesada en ella– pueda tomar las decisiones que más
convienen a sus intereses en diversos campos. Por mucho
tiempo, una condición necesaria para poder llevar a cabo
esta actividad ha sido contar con medios de comunicación
plurales e independientes del poder político, los que, a su
vez, se han considerado requisitos mínimos indispensables
de una vida democrática saludable (Dahl, 1971).

13
Manuel Alejandro Guerrero

La revolución tecnológica que ha tenido lugar en los


últimos 25 años ha transformado tanto la estructu-
ra mediática tradicional, como las formas en que se
desempeña la labor periodística. Y aquí es pertinente
aclarar que medios y periodismo no son lo mismo –y
hoy menos que nunca–, aunque por mucho tiempo han
mantenido una relación simbiótica. En este sentido, si
por décadas los medios de comunicación tradicionales
(prensa, radio y televisión) eran las organizaciones a través
de las que el periodismo hacía y presentaba su labor, la
revolución tecnológica ha permitido la posibilidad de que
el periodismo exista también al margen de ellos gracias
a las nuevas plataformas mediáticas digitales. Para los
medios tradicionales, esta transformación ha significado
retos importantes en varios planos, por ejemplo, po-
der mantener su viabilidad económica, alcanzar nuevas
audiencias, competir por la oportunidad informativa y
operar sin la eficiencia de los antiguos filtros edito-
riales (gatekeepers). Para el periodismo, la revolución
digital ha sumado a las funciones históricas descritas
anteriormente la de promover el intercambio interactivo
con públicos más demandantes; la de ofrecer, mediante
contexto y análisis, la posibilidad de construir sentido y
relevancia sobre temas de interés general en medio de
un mar de mensajes, la mayor parte del tiempo sueltos,
inconexos y polisémicos; la de ofrecer canales de co-
municación alternativa entre ciudadanos y autoridades;

14
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

y, finalmente, la de incluir voces que no han tenido la


cobertura adecuada en los medios tradicionales.

En la segunda década del siglo XXI, a pesar de las al-


ternancias, las tecnologías digitales y la emergencia de
públicos más exigentes, al periodismo en México le cuesta
mucho trabajo asumir estas funciones. Y, en buena medi-
da, la razón de fondo se halla en la estructura mediática
y su relación con la política. El tipo de régimen que se
desarrolló en México a partir de los años treinta se caracte-
rizó por su talante autoritario que limitaba el pluralismo en
sus múltiples formas mediante estructuras corporativistas
y relaciones clientelistas, mecanismos muy importantes
para intermediar, controlar y limitar las demandas políticas,
sociales y económicas, pero también –y ello no puede
perderse de vista– para intercambiar beneficios por apoyo
político. Los medios de comunicación, primero la prensa y
luego la radio y la televisión, quedaron inscritos en estos
intercambios corporativos a través de los que estas organi-
zaciones recibieron distintos tipos de beneficios a cambio
de apoyar políticamente al régimen. A lo largo de buena
parte del siglo XX, el periodismo en México se desarro-
lló en un contexto que, en palabras de Granados Chapa
(1981), puede definirse de “censura ambiental” , donde
informadores y periodistas sabían perfectamente los lí-
mites de lo que era posible presentar y publicar. La serie
de crisis, inicialmente económicas (1976, 1981-1982, 1985,

15
Manuel Alejandro Guerrero

1994-1995), y luego políticas (1988, 1994-1995), erosionaron


buena parte de la capacidad del régimen para mantener
ese contexto, al tiempo que emergía el pluralismo político
y una incipiente participación ciudadana.

La alternancia en el gobierno federal en el año 2000


y la consolidación del pluralismo político coincidieron con
la revolución digital referida. Sin embargo, estos cambios
han ocurrido en un contexto político y económico particular,
cuyo resultado ha marcado tres tendencias distintas en el
quehacer periodístico en México. En primer lugar, la falta de
mecanismos efectivos y eficaces de rendición de cuentas
para una clase política que ha estado llegando al poder
mediante procesos electorales ha favorecido la reproducción
de algunas de las viejas prácticas –y la puesta en marcha
de otras nuevas– con medios y periodistas que han dado
como resultado lo que se define como un modelo mediático
liberal capturado (Guerrero, 2014). Este modelo, predomi-
nante en los medios tradicionales, se define, sobre todo, por
favorecer condiciones de injerencia comercial y política que
terminan, entre otras cosas, por inhibir la independencia,
la autonomía y la crítica de la función informativa. Así, en
muchos medios tradicionales impera lo que aquí definimos
como un periodismo colaborador.

Una segunda tendencia tiene que ver con que en algunos


medios tradicionales, pero de manera más visible en las

16
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

nuevas plataformas digitales y portales informativos, han


ido surgiendo nuevas prácticas periodísticas sustentadas
en las posibilidades de interactividad que ofrece la tec-
nología digital: nuevos formatos de difusión y un número
creciente de lectores y audiencias cada vez más exigentes
con la calidad de los contenidos que consumen. Se trata
de un periodismo responsivo cuyo ejercicio descansa
cada vez más en el rigor de su método, en los temas que
presenta y en la novedad de las perspectivas que ofrece en
su tratamiento, y que es posible gracias a los grandes es-
pacios urbanos, modernos y conectados en los que existen
tanto audiencias exigentes como mercados publicitarios lo
suficientemente robustos para sostener estos proyectos.

La tercera tendencia, sobre todo en las ciudades medianas


y pequeñas, es visible en la complejidad de las condiciones
en las que se desempeñan trabajadores de los medios,
periodistas y, ahora también, blogueros, pues ante la
debilidad de públicos y mercados, distintos tipos de in-
tereses terminan por inhibir su independencia y capacidad
de vigilancia. En este escenario, la precariedad de con-
diciones laborales, la dependencia del gasto publicitario
oficial, la debilidad e ineficiencia del entramado legal e
institucional para ofrecerles garantías de seguridad física,
facilita la injerencia en su desempeño, tanto de grupos
políticos como del crimen organizado, gestando así un
periodismo acosado.

17
Manuel Alejandro Guerrero

Este trabajo se divide en dos grandes apartados. El pri-


mero comienza con la descripción de la forma en que se
gestó la relación entre los medios y el régimen político en
México, así como la manera en que afectó el desarrollo
del periodismo en un contexto general de censura am-
biental. Luego analiza los cambios generados por el largo
proceso de liberalización política y su efecto en el sistema
mediático tradicional que ha gestado un modelo mediático
liberal capturado donde las prácticas, en gran medida, son
las de un periodismo colaborador. El segundo apartado
discute, de inicio, las condiciones que han favorecido el
surgimiento de un periodismo responsivo que trata temas
novedosos desde perspectivas innovadoras y se basa en
el rigor profesional. Posteriormente plantea los principales
retos y obstáculos que enfrenta en lo cotidiano el perio-
dismo acosado y las consecuencias que derivan de ello.
El trabajo concluye con una reflexión general sobre el
estado que guarda hoy en día la relación entre los medios,
el periodismo y la democracia en México.

18
Los medios de comunicación
y el régimen político:
de la censura ambiental al
modelo liberal capturado y
sus consecuencias para
el periodismo
Este apartado describe la forma en que se desarrolló la
relación entre los medios y el régimen político en México a
partir del periodo posrevolucionario y hasta nuestros días.
Primero se analizan los fundamentos de esa relación hasta
mediados de los noventa y, posteriormente, en un contexto
de mayor pluralidad política y de alternancia gubernamental
en lo que ha sido el inicio del siglo XXI. En cada caso se
incluyen reflexiones acerca de las consecuencias para el
periodismo en México.

Las bases de la relación entre los medios


y el régimen político
Al hablar de medios de comunicación se suelen pasar por
alto, de forma un tanto arbitraria, diferencias –a veces muy
notables– entre la prensa escrita, la radio y la televisión.
No obstante, hay ciertos rasgos comunes que compar-
tieron en su relación con el régimen y que han afectado el
desempeño periodístico. Desde los años cuarenta los

19
Manuel Alejandro Guerrero

términos de esta relación se mantuvieron casi inalterados


hasta la década de los ochenta, basados en un intercambio
de tipo corporativo de beneficios económicos hacia los
medios –desde exenciones fiscales hasta compensaciones
salariales directas– por apoyo político y lealtad hacia el régi-
men. Los párrafos siguientes describen esta relación, primero
en el caso de la prensa escrita y luego de la radiodifusión.

La prensa y el régimen
En México, como en casi todos lados, los grandes periódi-
cos se han concentrado en las ciudades más importantes,
aunque la que se conoce como “prensa nacional” se ha
editado en la Ciudad de México. Este centralismo se
reflejaba a inicios de los setenta: de los 202 periódicos
del país, los 21 editados en la capital alcanzaban un ti-
raje aproximado de dos millones de ejemplares diarios,
lo que equivalía a 40% de toda la circulación nacional
(Granados Chapa, 1981). Estos números son notables
al considerar que, por ejemplo, en 1990 había sólo seis
periódicos en Nueva York, mientras que en París, menos
de 10. Lo curioso es que en México, al iniciar los noventa,
cerca de la mitad del tiraje diario no lograba venderse;
tiraje que, en el caso de la prensa “seria” o informativa,
apenas rondaba los 400 mil ejemplares al día (Trejo De-
larbre, 1991: 28). Aunque no es sencillo conocer la cifra
exacta de lectores de periódicos en este país, es posible
suponer que ha sido baja en relación con la población

20
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

total. Por ejemplo, a fines de los setenta, la Secretaría


de Planeación y Presupuesto estimaba que los periódicos
alcanzaban a 13% de la población (unos 9.1 millones de
entonces), cifra un poco mayor que la calculada por la
investigadora Karin Bohmann, quien sugería 8.4 millones
de lectores en 1980 (Bohmann, 1997: 122-132). Como
sea, para inicios de los noventa, una encuesta mostraba
que sólo 15% de los participantes se informaba por los
periódicos, mientras que 80% lo hacía a través de la TV
(Sánchez Ruiz, 1994).

Así, el gran número de periódicos con baja circulación y


escasos lectores ha sido una de las características más
permanentes de la prensa en México (Guerrero, 2010).
No obstante, su importancia ha radicado precisamente
en que esos lectores se han concentrado entre las élites
políticas y económicas, así como en los sectores con ma-
yores niveles educativos. Esta condición refleja cómo la
prensa mexicana, más que un canal informativo, ha sido
una intermediaria de intereses de importantes grupos
políticos y económicos (Fernández Christlieb, 1996).

Como en todo el mundo –democracias incluidas–, en


México los medios se han vinculado a estructuras de
poder, con afinidades y simpatías por diferentes grupos
políticos y económicos. El problema aquí es el grado
de compenetración del propio régimen político con la

21
Manuel Alejandro Guerrero

estructura mediática y las consecuencias para el periodis-


mo y la libertad de información. A partir de los años treinta,
el régimen posrevolucionario poco a poco cooptó a la pren-
sa mexicana mediante relaciones de tipo corporativista que,
si bien servían como mecanismos de control, eran sobre
todo canales para intercambiar beneficios económicos
por apoyo político. De este modo, la prensa se desarrolló
al amparo del régimen, en una relación de dependen-
cia altamente conveniente para la supervivencia de los
periódicos como negocio (Segovia, 1981).

Lo anterior explica que, en su mayoría, la información en


este tipo de medios entre los años treinta y setenta se
caracterizara, sobre todo, por la lealtad al régimen y su
relativa falta de crítica hacia los fines marcados por el
Estado. Con todo, no predominó en México una censura
abierta contra la libertad de expresión. Afirmarlo sería una
apreciación errónea de la complejidad de las relaciones
entre los medios y el régimen. En términos estrictamente
formales, los artículos 6º y 7º de la Constitución consa-
graban la libertad de expresión y de prensa;1 sin embargo,
la prensa mostraba pocos incentivos para transformar el

1
Entre 1917 y 1977, el artículo 6º decía: “La manifestación de las ideas no será
objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que
ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros, provoque algún delito,
o perturbe el orden público”. El 7º señalaba: “Es inviolable la libertad de escribir y
publicar material impreso sobre cualquier tema. Ninguna ley ni autoridad puede

22
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

statu quo. “Más que un control sobre la prensa –dice Gra-


nados Chapa (1981) en relación con el contexto–, la verdad
es que hay autocontrol, un tipo de censura ambiental. Los
periódicos saben hasta dónde pueden llegar, o saben al
menos hasta dónde quieren llegar. Los eventuales mecanis-
mos de control no se utilizan, pues son innecesarios” (p. 6).

Desde los años treinta, esta “censura ambiental” se gestó a


través de diversos instrumentos directos e indirectos me-
diante los cuales la prensa (desde dueños hasta periodistas,
pasando por editores) era susceptible de recibir beneficios
(desde exclusivas hasta subsidios y remuneraciones eco-
nómicas) a cambio de apoyo político y de no traspasar
ciertas líneas, más allá de las cuales los instrumentos
de intercambio se podían trocar en medios de control. La
crítica siempre fue posible mientras se dirigiera a progra-
mas o políticas públicas concretas y mientras no estuviera
dirigida al presidente en turno o a la legitimidad del propio

establecer la previa censura, ni coartar la libertad de prensa, que no tiene más límites
que el respeto a la vida privada, el ataque a la moral o a la paz pública. En ningún
caso podrán secuestrarse los bienes utilizados para la difusión de información, opi-
niones e ideas, como instrumento del delito”. En realidad, si bien los términos paz y
orden públicos podrían servir para presionar a los medios en relación con su política
informativa, ningún periódico nacional de importancia sufrió esta interpretación
desventajosa de la ley. El artículo 6º ha sido reformado en 1977, 2007, 2013, 2014 y
2016, básicamente para añadir el tema del derecho a la información, la transparencia
y los cambios en radiodifusión y telecomunicaciones. El artículo 7º fue reformado en
2013 para complementar la libertad de prensa con la de difusión.

23
Manuel Alejandro Guerrero

régimen, tal y como muestra un estudio comparativo sobre


temas críticos en seis diarios de la prensa nacional entre
1951 y 1980 (Montgomery, 1985). La censura ambiental –y la
complicidad que generaba– inhibió el desarrollo de actitudes
críticas independientes y libres en la prensa y en el periodis-
mo e hizo de la autocensura, más que el control, la norma.

Entre 1915 y 1930 apareció una gran cantidad de periódicos


por todo el país, sobre todo en el norte. La mayor parte de
ellos se limitaba a dar información local y no sobrevivió por
mucho tiempo. No obstante, algunos otros, entre ellos los
más importantes, quedaron poco a poco bajo la esfera de
control de los caudillos y hombres fuertes locales que se
volvieron parte de la nueva élite política posrevolucionaria.2
Para 1925, el consulado de Estados Unidos en México infor-
maba que, “sin excepción, estas publicaciones [los periódicos
locales] reciben fuertes subsidios de parte de políticos locales

2
Por ejemplo, con base en la información reportada por la embajada de Estados Unidos
en México al Departamento de Estado, para 1922 el periódico La Voz de Chihuahua
recibía fuertes donaciones por parte del secretario de Hacienda, Adolfo de la Huerta,
mientras que el secretario de Gobernación, Plutarco Elías Calles, subsidiaba a El Diario.
Embajada de Estados Unidos en México, “Adolfo de la Huerta subsidises Chihuahua,
September 1922”, en Records of the Department of State Relating to Internal Affairs
of Mexico, 1910-29, National Archives and Record Administration, Washington, D.C.,
1959, documento número 812.911/139, rollo 241. Otro ejemplo es el del periódico El
Demócrata que al pasar a manos de Plutarco Elías Calles en 1923, mejor decidió cerrarlo
(Embajada de Estados Unidos en México, “Problems in El Demócrata, December 11th
1923”, ibid., documento número 812.911/145, rollo 241).

24
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

y federales”.  3 Se puede decir que entre las décadas de los


veinte y los treinta la mayor parte de la prensa local surgió
para apoyar intereses de caudillos y políticos importantes,
y la que no, poco a poco cayó bajo su control. Desde luego
que siempre hubo excepciones y algunos periódicos locales
mantuvieron ciertos márgenes de crítica y autonomía frente
al régimen gracias al apoyo de grupos económicos locales
fuertes, como en Nuevo León o en Yucatán.

En el caso de la prensa nacional, el proceso de cooptación


fue un tanto distinto, más sutil, pero igualmente pernicioso
para el desarrollo del periodismo profesional. Este proce-
so fue consecuencia directa de la consolidación del régi-
men posrevolucionario y su creciente control sobre casi
toda forma alternativa de organización y de poder al que
la prensa, desde luego, no podía escapar. Se impusieron
mecanismos corporativos a diversos actores económicos
y sociales como forma privilegiada de organizar la repre-
sentación de intereses. Los orígenes revolucionarios del
régimen le permitieron situarse por encima de la socie-
dad y establecer una política económica dirigista hacia el
desarrollo y la justicia social mediante una fuerte presencia del
Estado. Dice Segovia que “para avanzar el interés nacional, el Es-
tado debía imponerse como el árbitro supremo y sobre-
poner sus decisiones incluso contra la propia ley” (Segovia,
3
Información con base en: The American General Consulate, “Situation of Piedras
Negras, June 1925”, ibid., rollo 233.

25
Manuel Alejandro Guerrero

1977: 47-48). La unidad social y política era indispensable


para el proyecto y en ello la prensa jugaba un papel crucial.

La relación corporativa entre el régimen y la prensa operaba


mediante una serie de mecanismos que, en su conjunto,
generaron la censura ambiental. En otro lugar (Guerrero,
2010) se han detallado estos mecanismos, por lo que aquí
sólo se puntualizan brevemente:

1. Las relaciones estrechas entre la clase política y los


dueños y editores. Algunos periódicos los fundaron
empresarios cercanos a grupos políticos, entre mu-
chos otros, son los casos de la Cadena García Valseca,
creada por un socio de Maximino Ávila Camacho; y de
El Heraldo de México, fundado en 1965 por la familia
Alarcón de Puebla, cercana al presidente Gustavo Díaz
Ordaz (1964-1970). En los años setenta, las deudas de la
Cadena García Valseca, con más de 34 periódicos en
distintas ciudades, se sanearon al ser adquirida por
Mario Vázquez Raña, amigo del presidente Luis Eche-
verría (1970-1976), quien la transformó en la Organiza-
ción Editorial Mexicana. Otros periódicos terminaron en
manos de grupos empresariales con vínculos políticos
importantes; por ejemplo, Novedades pasó de la fami-
lia Herrerías al empresario Rómulo O’Farrill, socio del
presidente Miguel Alemán (1946-1952). Dice Granados
Chapa (1972), “en cada sexenio aparecía uno o dos

26
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

periódicos bajo la influencia del presidente en turno, o


de sus más cercanos colaboradores, del mismo modo
en que desaparece uno o dos diarios fundados en
administraciones anteriores” (p. 49).

2. La centralización de la información. Sin una regulación


que obligara a las dependencias públicas a transparen-
tar la información o a guardar sus registros, en muchas
ocasiones la información que diariamente entregaban
a medios y reporteros las oficinas de comunicación
social en forma de boletines era la única disponible
acerca de las actividades de estos organismos.4 En no
pocas ocasiones los periodistas que recibían el boletín
lo publicaban íntegramente, como nota informativa que
publicaba el periódico. Además de esta información
boletinada, la otra fuente informativa eran las decla-
raciones de los funcionarios, lo que daba una notable
uniformidad a la prensa mexicana (Bohmann, 1997).

3. El control sobre el papel imprenta. Creada por decreto


presidencial en 1935 a solicitud de los propios periódicos
para surtir al mercado mexicano con papel imprenta

4
Durante el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940) se crearon los depar-
tamentos autónomos de prensa y publicidad en las dependencias gubernamentales
con las tareas de centralizar la información generada y distribuirla a los medios me-
diante comunicados y boletines. Estos departamentos cambiarían su nombre a oficinas
de comunicación social con el presidente José López Portillo (1976-1982).

27
Manuel Alejandro Guerrero

a precios bajos, la Productora e Importadora de Papel,


S.A. (PIPSA) ha servido de ejemplo del control último del
régimen sobre la libertad de prensa.5 Si bien a dos revistas
–¿Por Qué? y Política– se les suspendió la venta de papel
por razones políticas, estas acciones fueron siempre la
excepción y no la regla. En la gran mayoría de los casos,
PIPSA dotaba de papel a los periódicos otorgándoles
líneas de crédito muy indulgentes que en ocasiones ni
siquiera se llegaban a cobrar, lo que desde luego ayudaba
a la supervivencia de medios con escasos lectores. De
aquí que a fines de los sesenta –cumplidos los 30 años de
la empresa– la gran mayoría de los periódicos protestara
por el cierre de PIPSA, que terminó prorrogándose por
otros 30 años más. Representaba PIPSA, antes que un
mecanismo exclusivo de control, una forma de subsidio
directo a la labor informativa y periodística.

4. El papel de la publicidad oficial. Desde el inicio el


tema de la publicidad formó parte de la relación entre
el régimen y los medios como elemento clave para
mantener la censura ambiental. John Spicer Nichols
(1979) calculaba para la década de los setenta que

5
A pesar de que PIPSA se encargaría de monopolizar la importación y producción de
papel, siempre fue posible comprar papel en el extranjero e importarlo, pagando los
aranceles. El periódico El Norte de Monterrey, por ejemplo, se distinguió precisamente
por no utilizar el papel de PIPSA y comprar en Estados Unidos.

28
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

los montos de la publicidad oficial representaban, al


menos, tres veces más que los ingresos provenientes
de los anuncios comerciales. Karin Bohmann (1997)
muestra que en los periódicos El Día, Excélsior, El
Heraldo, Novedades, El Sol de México y El Universal,
la plana completa de un anuncio comercial en página
par costaba, a precios de 1982, 99,750 pesos, y en
página non, 107,660 pesos, mientras que para anun-
cios oficiales el precio era 157,500 pesos, sin importar
la página (Bohmann, 1997: 157). La dependencia de
esa publicidad servía para disuadir la crítica y para
presionar contra contenidos inconvenientes. El caso
de la restricción publicitaria oficial en el semanario Pro-
ceso durante el sexenio del presidente López Portillo
(1976-1982) ejemplifica su empleo como mecanismo
de presión.6 Otro tipo distinto de ingreso publicitario
para los periódicos han sido las “gacetillas”, inserciones
pagadas de propaganda oficial que se publican en
las páginas de los diarios y revistas como si fueran
notas informativas. Cole (1975) indica que la enorme
mayoría de las publicaciones destinaba espacio a
la inserción de estas gacetillas. Lo más perjudicial
de esta práctica para el periodismo es que permitía

6
En mayo de 1982, Proceso detalló la manera en que, a su juicio, estaba operando este
“boicot publicitario” en una nota firmada por la redacción, “Proceso ante el boicot
publicitario”. Esta nota puede consultarse en línea en: [Link]
mx/133554/proceso-ante-el-boicot-publicitario

29
Manuel Alejandro Guerrero

a editores y periodistas recibir un porcentaje de las


inserciones que consiguieran, por lo que para muchos
se volvía más importante la búsqueda de clientes que
la propia labor informativa.

5. Compensaciones salariales a periodistas. Ante una


estructura salarial pobre e inestable para periodistas,
otra forma de promover la autocensura era mediante
las compensaciones salariales (popularmente: “cha-
yote”), que se distribuían comúnmente a través de la
nómina de las propias dependencias públicas, de
la que formaban parte los periodistas “de la fuente” bajo
los rubros de “pago extraordinario” o “asesoría” (Scherer,
1990). Así, un periodista destinado por su periódico a
cubrir, digamos una secretaría, en poco tiempo quedaba
incorporado a su nómina y cobraba quincenalmente. Riva
Palacio (1992) señala que la mayor parte de las veces
estas compensaciones eran superiores a los sueldos que
percibían de sus medios. Al parecer, la institucionaliza-
ción de esta práctica data del gobierno del presidente
Alemán (Alcaraz, 1966), lo cual resulta paradójico si se
considera que fue este mismo quien estableció el “Día
de la Libertad de Prensa” (7 de junio) a partir de 1952.

6. El control sobre la distribución y venta de periódicos


y revistas. En 1944, los vendedores de periódicos, lla-
mados “voceadores”, se organizaron en la Unión de

30
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

Voceadores y Expendedores de Periódicos de México,


afiliada al Partido Revolucionario Institucional (PRI)
a través de su sector obrero. Aunque no fue la única
organización que controlaba la distribución, sí era la
más grande e importante, pues la gran mayoría de los
quioscos callejeros le pertenecían. Si cualquiera de
los otros mecanismos descritos fallaba y se logra-
ba filtrar alguna publicación que incomodara a los
principales actores políticos, los voceadores podían
“embodegarla”, ya fuera deteniendo su distribución
o esperando a que algún empleado gubernamental
llegara a comprar todo el tiraje (Bohmann, 1997: 295).
En el periodo aquí analizado, revistas de crítica mar-
ginal como Filo Rojo, y otras de mucho mayor impacto
como Proceso, quedaron detenidas de esta manera.

La radiodifusión, la regulación y los noticieros


La radio tuvo un inicio temprano en México: para 1921 ya
había cuatro estaciones (Mejía Barquera, 1999a) y una lista
de empresarios deseosos de obtener concesiones. Enton-
ces, lo común era que las estaciones tuvieran una parti-
cipación accionaria de empresas extranjeras, sobre todo
estadounidenses, como General Electric, Marconi o la Radio
Corporation of America (RCA). Esto explica la temprana
orientación hacia el modelo comercial estadounidense de la
radiodifusión en México: financiada a partir de publicidad y
con contenidos orientados al entretenimiento (Arriaga, 1980).

31
Manuel Alejandro Guerrero

La estación que marcaría la historia de la radiodifusión en


México, la XEW, comenzó a operar en 1930, y para 1938 había
logrado afiliar a otras catorce estaciones a sus contenidos.
Su director general, Emilio Azcárraga Vidaurreta, inauguró
ese año otra estación emblemática, la XEQ, y muy pronto
sus dos estaciones se convirtieron en las más importantes
del país, pues encabezaron “cadenas radiofónicas” a través
de las que otras estaciones retransmitían sus contenidos.
Desde luego que había otras estaciones radiofónicas en
México, pero sin duda, el modelo de Azcárraga era el más
exitoso. En palabras de Zarur Osorio (1996):

La radio le daba [a Azcárraga Vidaurreta] la posibilidad de


integrar sus negocios: producía radio y vendía los aparatos,
popularizaba cantantes, grababa sus discos y los vendía
junto con los gramófonos en los que se tocaban. Esta
estrategia de integración vertical y horizontal de sus ne-
gocios sería una constante en las futuras empresas de la
familia Azcárraga […] El modelo de la radio mexicana, del
que la XEW era el pilar indisputable, siguió básicamente
los patrones impuestos por la radio norteamericana basada
en la explotación privada del medio con fines totalmente
comerciales (pp. 17-18).

Durante el cardenismo se perfiló lo que pudo haber sido


un sistema de radio pública que consideraba a la radio un
medio formativo, empleado para difundir contenidos

32
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

sobre agricultura, higiene básica, legislación laboral,


política nacional (claro, desde la visión oficial), reseñas
de libros, música y otros temas de cultura (Esparza Oteo,
1981). Llegó a haber 14 estaciones en 1940, incluyen-
do la de la Universidad Nacional, la XEXX; pero a par-
tir del gobierno del presidente Alemán el proyecto de
radio pública se canceló y se impulsó con fuerza a la
radiodifusión comercial, cuyo medio más novedoso, la
televisión, estaba a punto de funcionar en México. Al
respecto, Zarur Osorio (1996) señala que “la decisión de
adoptar el modelo norteamericano, con sus diferencias
funcionales, quedó condicionada por el esquema desa-
rrollado por la radio durante 20 años de historia, basado
tanto en la explotación comercial del medio, como en
las relaciones existentes entre empresarios y algunos
políticos importantes” (pp. 32-33). No sorprende que la
primera concesión la obtuviera Rómulo O’Farrill, amigo
personal del presidente, ni que la segunda se otorgara a
Azcárraga Vidaurreta, para la XEW-TV. Rápidamente, tanto
O’Farrill como Azcárraga obtuvieron otras concesiones en
provincia, pero el incremento en la competencia por los
mercados publicitarios los llevó a plantear una alianza en
1955 que incluyó a la XEW-TV (Canal 2), la XHTV (Canal
4) y la XHGC (Canal 5); esta última concesión estaba en
manos de González Camarena, aunque era operada desde
la XEW de avenida Chapultepec de la Ciudad de México.

33
Manuel Alejandro Guerrero

En palabras de Azcárraga Vidaurreta, presidente de la


nueva empresa, Telesistema Mexicano, ésta había nacido

[…] como mecanismo de defensa de tres empresas que


estaban perdiendo millones de pesos. De ahora en ade-
lante, toda la programación se originará en Televicentro,
que será la gran central televisiva. Dentro de un año la
televisión será la principal industria de entretenimiento y
publicidad del país; e incluso se volverá más importante
que la industria cinematográfica (CIR, 1955).

Un nuevo impulso de la empresa tuvo lugar a inicios de


los setenta cuando Telesistema Mexicano se alió con
Televisión Independiente de México, empresa del Grupo
Monterrey concesionaria de la XHTM (Canal 8), para
formar lo que, a partir de enero de 1973, se conocería
como Televisa. En gran medida, una vez más el origen
de la fusión de empresas fue evitar la competencia, que
a fines de los sesenta se había incrementado con el
otorgamiento de concesiones a otros grupos, como la
Corporación Mexicana de Radio y Televisión (Canal 13) o
Telecadena Mexicana, que operaba canales de televisión
en provincia. La creación de Televisa respondía tanto
a la lógica de incrementar sus intereses económicos
disminuyendo el riesgo, como a la intención de renovar
su alianza con el régimen. El resultado fue que en poco

34
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

tiempo esta empresa se convirtió en la principal cadena


de habla hispana del mundo.

El desarrollo exitoso en México del modelo comercial


en radio y televisión se explica en gran medida por las
facilidades que le dio el régimen, al que los empresarios
retribuían con apoyo y lealtad, buscando convencer a la
clase política de que no había necesidad de contar con sis-
temas de radiodifusión públicos pues ellos servían de mejor
forma a los intereses del régimen (Mejía Barquera, 1985). A
pesar de esta buena voluntad de los radiodifusores, desde
el inicio también el régimen se valió de la regulación y los
decretos para asegurar, en última instancia, el cumplimiento
de este apoyo.

Por ejemplo, la Ley de Comunicaciones Eléctricas (LCE)


de 1923, primera regulación del sector, que definía a la
radiodifusión como “servicio público” , en su artículo 12
restringía la libertad de expresión al prohibir

[…] la transmisión de noticias y mensajes cuyo contenido


atente contra la seguridad del Estado, la paz y el orden
públicos, las buenas costumbres, las leyes del país, el uso
apropiado del lenguaje, o que pueda causar escándalo
o ataque de cualquier forma al gobierno constituido,7 que

7
Cursivas del autor.

35
Manuel Alejandro Guerrero

dañe la vida privada, el honor de las personas, o que ma-


nifiestamente provoque la comisión de actos ilegales o
que obstruya la justicia”.

Más allá iba el artículo 78 del Reglamento de Vías Gene-


rales de Comunicación (RVGC) de 1933, pues prohibía la
transmisión “en forma, abierta o velada, de cualquier tipo
de asuntos personales, políticos o religiosos” , así como la
transmisión de “información falsa” . Es verdad que estas
prohibiciones, si bien estrictas, al final eran, sobre todo,
advertencias y no interferían con las intenciones de los
radiodifusores para transmitir, principalmente, contenidos
orientados al entretenimiento.

Con el tiempo, los radiodifusores agrupados, primero en


la Asociación Mexicana de Radiodifusores Comerciales
(AMERC) y luego en la Cámara Nacional de la Industria
de la Radio y la Televisión (CIRT),8 se organizaron cada
vez mejor para promover sus intereses ante aspectos
regulatorios que limitaran, no la libertad de expresión,
sino el desarrollo de sus negocios. Así, el camino que
seguía toda regulación en el sector era el siguiente: pri-
mero el régimen proponía nuevas normas que contenían

8
Desde 1922 los empresarios se organizaron en diferentes “ligas” radiofónicas hasta
que en 1937 se creó la AMERC, que en 1941 cambió su nombre a Cámara Nacional de
la Industria de la Radiodifusión, CIR, hasta que en 1970 separó la radio de la televisión
en sus siglas, CIRT.

36
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

tanto términos que se prestaban al control político, como


aspectos que podrían limitar la rentabilidad económica.
Entonces, los concesionarios reaccionaban y comenzaba
la negociación que, por lo general, moderaba o, de plano,
eliminaba las limitantes económicas de la legislación
aprobada al tiempo que respetaba las de control político.
Esto sucedió durante la negociación de la reforma a la
Ley General de Vías de Comunicación en 1939, durante
el proceso de aprobación de la Ley Federal de Radio y
Televisión (LFRT) de 1960, en el decreto presidencial de
1969 y previamente a la publicación del Reglamento de
la Ley Federal de Radio y Televisión (RLFRT) de 1973.
Como ejemplo, el caso de la LFRT resulta ilustrativo.

La propuesta de ley incluía, entre otros, tres aspectos contra


los que protestaban los radiodifusores: primero, el artículo 4
mantenía la definición de la radio y la televisión como “servi-
cios públicos”, algo que los empresarios buscaron cambiar
por “actividades de interés público”, debido a que la primera
redacción resultaba incompatible con su visión comercial.
Segundo, el artículo 59 establecía un “tiempo de Estado” en
el que las estaciones cederían gratuitamente una hora diaria
para la transmisión de contenidos educativos, culturales y
de orientación social, lo que resultaba inadmisible para los
radiodifusores, debido a que restringiría sus tiempos de
comercialización. Tercero, el artículo 67 limitaba el tiempo
máximo de comercialización a 20 minutos por cada hora de

37
Manuel Alejandro Guerrero

transmisión, lo que, según los concesionarios, pondría en


peligro la viabilidad económica de las estaciones.

Al final, luego de negociaciones, se aprobó una ley cuyo


artículo 4 definía al sector como una actividad de interés
público; se limitó el “tiempo del Estado” a sólo 30 minutos
diarios de transmisión no acumulable; y en el artículo 67
se reemplazó la limitante de 20 minutos por hora con la
frase: “En toda transmisión deberá existir un equilibrio
prudente entre la propaganda comercial y el resto de la
programación”. Así, los aspectos menos favorables para la
rentabilidad económica del sector quedaron eliminados.
No obstante, se mantuvieron controles políticos últimos
sobre la operación de las estaciones y el contenido de las
transmisiones. Algunos ejemplos: el artículo 19 otorgaba
a la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas la
facultad de otorgar concesiones “a su libre juicio”. El artículo
101, párrafo IV, sancionaba “cualquier alteración substancial
a los textos, boletines y material provisto por el gobierno
para transmisión”, lo que limitaba la editorialización. Así,
el régimen podía aceptar las demandas económicas de
los radiodifusores, pero no estaba dispuesto a negociar los
controles políticos últimos sobre la radiodifusión.

Era claro el acuerdo básico entre el régimen y los radiodi-


fusores: el gobierno respaldaría el desarrollo económico
de la industria a cambio de lealtad política, que, si por

38
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

alguna razón no cumplían los empresarios, había formas


legales de asegurarla en última instancia. Sin duda la
manera más evidente de este apoyo se atestiguaba en
la información que presentaban los noticieros, progra-
mas que daban una imagen positiva del régimen, tanto
como evitaban discutir y analizar asuntos políticos que
pudieran causar controversia. Con el tiempo, los noti-
cieros –sobre todo los televisivos– adquirieron un tercer
propósito: promover su visión corporativa.

En su estudio sobre la televisión estadounidense, Iyengar


y Kinder (1987) concluyeron que toda información pre-
sentada está invariablemente encuadrada en los valores
dominantes, así como delineada por las élites del poder, lo
que conduce a cuestionar la pretensión de objetividad. Sin
embargo, lo importante es que, en principio, en una demo-
cracia la tendencia de los contenidos mediáticos hacia los
valores dominantes no derive de un arreglo explícito entre
élites políticas y mediáticas (aunque pueda haber ciertos
acuerdos sobre la forma de tratar temas específicos, por
ejemplo), sino de compartir esos valores y creencias de una
forma más o menos inconsciente.9 Por tanto, la diferencia
en qué tan evidentes y explícitos son estos acuerdos podría
distinguir entre democracias y autoritarismos.

9
Para una discusión sobre que la “objetividad política” no significa “neutralidad
política” en las noticias, véase: Herbert J. Gans, Deciding What’s News, Nueva York,
Pantheon, 1979.

39
Manuel Alejandro Guerrero

Desde un inicio y hasta fines de los sesenta las estaciones


vendían espacios a patrocinadores –como General Motors
y empresas semejantes– que producían los noticieros con
información de los principales periódicos, por lo que en
buena medida eran una extensión hablada de la prensa,
previo al videotape, incluso las imágenes eran las fotos de los
periódicos (Gutiérrez Espíndola, 1985). Como señala Mejía
Barquera (1999b), “cuando comenzó la televisión comercial
en 1950, no había leyes o disposiciones sobre cómo operar
los noticieros […] Sin embargo, los empresarios a cargo de los
primeros canales y las agencias publicitarias a cargo de
la producción, o los periódicos que entonces patrocinaban
la información, todos hallaron muy natural que este nuevo
medio mantuviera la misma actitud que la radio en relación
a los contenidos políticos de los programas” (pp. 24-25).

El primer noticiero regular en TV, Leyendo Novedades,


comenzó el 5 de diciembre de 1950 por Canal 4, conducido
por Gonzalo Castellot. Su duración era de 15 minutos
a partir de las 10:00 de la noche. Enseguida apareció
por Canal 2 el noticiero de las 7:45, que precedió al más
famoso Noticiero General Motors, producido por El Uni-
versal, bajo la conducción de Guillermo Vela y Pedro
Ferriz Santacruz como anunciante comercial (Miró, 1997).
Otros noticieros de la época eran el Noticiario Pemex y el
Noticiario Día a Día, patrocinado por Mercedes Benz con
información de Excélsior. En todos los casos se trataba de

40
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

la lectura plana de las principales noticias de los perió-


dicos. Si las declaraciones y los boletines componían la
principal información en los periódicos, al haber muy poca
editorialización y menos espacio aún para la discusión
de temas con mayor profundidad, resulta difícil imaginar
que estos noticieros aportaran mucho a la participación
y el involucramiento cívico.

Para la segunda mitad de los años sesenta, Telesistema


Mexicano comenzó a transformar sus espacios noticiosos.
Gracias en parte a los avances tecnológicos –por ejemplo,
la entrada del videotape permitió presentar grabaciones–, y
en parte a los sucesos del 68, la empresa decidió producir
sus propios contenidos informativos, por lo que cesaron
los convenios con los periódicos. Ésta sería la nueva ten-
dencia: la producción propia de noticieros en la televisión.
En 1969 se creó una Dirección General de Noticieros en
Telesistema, y en 1970 se inició un nuevo programa noticio-
so que marcaría la agenda nacional durante más de dos
décadas: 24 Horas, conducido por Jacobo Zabludovsky,
referencia indispensable para conocer el punto de vista
oficial sobre la realidad nacional (Arredondo Ramírez, 1991).
Cada noche, este programa destinaba al inicio 10 minutos
o más exclusivamente a resaltar la agenda del presidente
en turno: dónde estuvo, con quiénes estuvo, qué inauguró
y lo más importante de sus discursos. Luego venía el
resto de la información: un mosaico de acontecimientos

41
Manuel Alejandro Guerrero

presentados de forma discontinua, sin contexto y con poco


análisis. De esta manera 24 Horas se convirtió en el espacio
que materializaba el acuerdo entre Televisa y el régimen
y marcaría la tendencia en la creación de informativos.

Para concluir este primer apartado es posible afirmar que,


entre los años treinta y los ochenta, dos características de-
finieron la relación entre el régimen y los medios en México.
Por un lado, el proceso de consolidación del régimen pos-
revolucionario exigió la cooptación –y el control– dirigista
de la vida económica y social y de sus principales actores,
entre ellos los medios de comunicación. Por el otro, este
mismo proceso, en el caso de los medios –como en el de
otros actores relevantes– se gestó mediante mecanismos
corporativos de intercambio de beneficios, en múltiples
frentes y niveles, por apoyo político al régimen. El resultado
fue un sistema conveniente para los medios y el régimen,
en el que los primeros aseguraban las condiciones para
prosperar como negocios rentables a cambio de aceptar y
reconocer los límites políticos de lo informativo. El resultado
fue un contexto más favorable para un periodismo dócil de-
dicado a publicar boletines y declaraciones, y no a desafiar
todos los mecanismos de la censura ambiental en favor de
mayor independencia, autonomía y crítica.

42
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

De la censura ambiental al modelo liberal capturado


Esta sección analiza, primero, el largo proceso de liberalización
política en México que sentó las bases de la alternancia en
los gobiernos y de la pluralidad en los congresos, trans-
formando el contexto político, pero manteniendo muchos
de los marcos operativos de los viejos modos de hacer
política. Se plantea que, como resultado de la distorsión de
ese proceso, ha quedado truncada la consolidación de la
democracia en este país, pues se ha enfatizado la creación
de nuevas reglas e instituciones relativas a las formas de
acceso al poder, pero muy poco se han transformado las
formas del ejercicio del poder, a pesar de que el contexto ha
cambiado. Para propósitos de este trabajo una de las con-
secuencias más negativas de esta insuficiencia democrática
es que, al no haber incentivos políticos e institucionales que
den como resultado una efectiva rendición de cuentas de la
clase política, en el caso de los medios tradicionales se han
gestado condiciones favorables para un modelo mediático
liberal capturado (Guerrero, 2014), que implica no sólo
mantener colusiones entre medios y grupos políticos,
sino interferir constantemente en el desempeño perio-
dístico profesional independiente, autónomo y vigilante.

El inicio de la liberalización política


Resultado del desarrollo económico, para los años sesenta
la composición social del país se había vuelto más compleja
con nuevos sectores urbanos dentro de la diversidad de

43
Manuel Alejandro Guerrero

las clases medias. Estos cambios provocaron las primeras


tensiones políticas y sociales que derivaron en los distintos
fenómenos de protesta, cuya expresión más visible fue el
movimiento estudiantil del 68. Como resultado de estas
manifestaciones, en la siguiente década tuvo lugar el inicio
de un lento proceso de liberalización política que duraría
prácticamente hasta la alternancia electoral del periodo
1997-2000. Liberalizar un régimen implica cambios impor-
tantes, como mayor apertura, reconocimiento y extensión
de derechos, así como más participación autónoma de la
sociedad, y “puede ser el indicio de un proceso más amplio
de transición” (O’Donnell y Schmitter, 1986). En México,
la liberalización fue la alternativa para un régimen que
optó por canalizar las demandas políticas básicamente
mediante las vías electorales, a partir de una larga serie
de reformas políticas desde los años setenta hasta 1994.
La reforma política de 1977 definió por primera vez a los
partidos políticos como “entidades de interés público” , ga-
rantizándoles financiamiento público; hizo más flexibles los
criterios para el registro de partidos políticos nuevos; creó
la Comisión Federal Electoral encabezada por el secretario
de Gobernación, para organizar las elecciones; asignó 100
curules nuevas a la oposición mediante la figura de diputado
plurinominal; y, para propósitos de este trabajo, otorgó a los
partidos políticos tiempo en radio y televisión de manera
permanente a lo largo del año y ya no sólo durante los
periodos electorales, como sucedía hasta entonces.

44
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

Dos razones condujeron a liberalizar la vida política a través


de la arena electoral. Primero, para los años setenta, la
oposición era muy débil y el sistema de partidos contaba
con una sola alternativa real, el Partido Acción Nacional
(PAN), con poca presencia fuera de ciertos espacios ur-
banos, y dos partidos más, el Popular Socialista (PPS) y
el Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), ambos
subsidiados por el propio régimen. Por tanto, la apertura
electoral, sobre todo en una época de bonanza petrolera
como la segunda mitad de los setenta, no se consideraba
un riesgo para la posición del partido oficial: el PRI. Se-
gundo, se creía en ese momento que el descontento frente
al régimen se concentraba en ciertos sectores urbanos
minoritarios de clases medias, pues los sectores populares
estaban vinculados –y controlados– mediante estructuras
corporativas y los sectores empresariales gozaban de los
beneficios del crecimiento económico (entonces de 6%
anual) y del proteccionismo del Estado. La apertura electoral
era entonces una respuesta estratégica a las presiones de
ciertos sectores de clases medias, sobre todo después del
68. Los resultados de las elecciones federales de 1979, con
otros tres nuevos partidos políticos (dos de izquierda y uno
de derecha) y en un contexto de auge petrolero no supuso
ninguna preocupación para el régimen. Sin embargo, las
cosas estaban a punto de cambiar.

45
Manuel Alejandro Guerrero

En gran medida, el aspecto que explica la efectiva


canalización del descontento hacia lo electoral son las crisis
económicas, comenzando con la de 1981-1982: el desplome
de los precios del petróleo que dejó un país en bancarrota,
una deuda externa enorme, una moneda debilitada, una
constante fuga de capitales y una espiral inflacionaria
que no se controló sino hasta finales de la década. Aquí
hay que recordar que, si bien en México ninguna elección
federal se interrumpió desde los años veinte, las eleccio-
nes hasta entonces no eran los espacios para decidir quiénes
asumirían el poder, aunque sería inexacto afirmar que esta
situación agraviaba a la mayor parte de la sociedad. Durante
las décadas de crecimiento económico hubo en general
pocas presiones políticas tan intensas a favor de la apertura
como las que se desataron a partir de las crisis económicas
de los ochenta (Levy, 1989), por lo que no fue sino hasta
fines de esa década cuando comenzó a desarrollarse un
incipiente sistema de partidos más competitivo. Gracias a
las crisis, el voto se convirtió en un mecanismo de protesta
muy poderoso, si bien inicialmente empleado más como
“voto de castigo” por parte de sectores medios que per-
cibieron en la incertidumbre un serio riesgo a su bienestar
(Loaeza, 1987). Nuevas reformas políticas –en 1985-1986,
1991 y 1994– trataron de seguir canalizando la participación
política, así como cualquier manifestación de inconformidad,
hacia la arena electoral, al tiempo que el régimen intentó
preservar los controles últimos sobre su organización bajo

46
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

el supuesto de que al abrir ciertos espacios controlados


a la participación se desactivarían presiones y se obten-
dría estabilidad sin modificar necesariamente la estructu-
ra de poder. Todos estos cambios también alteraron las
condiciones de la relación entre los medios y el régi-
men político, aunque con notables diferencias en cada
tipo de medio.

La liberalización política, los medios y la información


La prensa escrita fue la primera en abrir sus espacios a otras
voces. A inicios de la década de 1980, la supervivencia de
Proceso ante la suspensión de publicidad gubernamental
dio pie para intentar nuevas formas de periodismo. Nue-
vos periódicos aparecieron –Unomásuno, La Jornada y El
Financiero– interesados en presentar otros ángulos sobre
la realidad del país, discutir con mayor detenimiento los
temas sociales y proveer información analizada sobre la
agenda económica. En los noventa, una segunda ola de
impulso a la prensa trajo nuevos periódicos –como Reforma
y Milenio, proyectos derivados de periódicos de tradición
en Monterrey– y terminó por reestructurar a los más añe-
jos, como El Universal y Excélsior, que, en el caso de este
último terminó por venderse al Grupo Empresarial Ángeles
a través de su filial Imagen Multimedia. Así,

El crecimiento de una oposición política con verdaderas po-


sibilidades de competir, sobre todo en las ciudades del norte

47
Manuel Alejandro Guerrero

del país, y una crisis económica que dejaba al régimen con


menos recursos para alimentar adecuadamente su amplia
gama de relaciones corporativas en un contexto de mer-
cado más competitivo, favorecieron la aparición de nuevos
medios impresos que, dadas las condiciones, debían ser más
autónomos e independientes del régimen para sobrevivir.
El denominador común de esta prensa independiente fue
tratar ciertos temas que antes se habían considerado tabú:
narcotráfico, corrupción de funcionarios, pobreza y des-
igualdad, el fraude electoral, las protestas de la oposición,
la represión, los derechos humanos y el ejército (Guerrero,
2010: 253).

En la radio, las crisis de los ochenta, al combinarse con


cambios tecnológicos, trajeron consecuencias no inten-
cionadas favorables al creciente pluralismo político. En
los años cincuenta se inauguró en México la frecuencia
modulada (FM) para transmitir, en principio, con pro-
pósitos comerciales entre los 88 y los 108 megahertz.
Desde el inicio, la frecuencia más popular había sido la
amplitud modulada (AM) y para mediados de los sesenta
había apenas 27 estaciones de FM por más de 450 de
AM (SCT, 1970). Una década más tarde, un grupo de
empresarios radiofónicos encabezados por Francisco
Sánchez Campuzano (Estéreo Mil), Joaquín Vargas (Ste-
reo Rey) y Salvador Arreguín (Radio Imagen) comenzaron
a promover esta nueva frecuencia argumentando que

48
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

la transmisión estereofónica daba mayor calidad y cla-


ridad a las transmisiones. Esta estrategia coincidió con
un cambio en la tecnología que introdujo los aparatos
de radio de dos bandas en los automóviles y redujo
los costos de los aparatos de radio caseros y portátiles
con dos bandas. Muy pronto, las audiencias comenzaron
a preferir la transmisión musical –hasta entonces el fuerte
de las estaciones de AM– en las estaciones de FM (INRA,
1985). Ante el riesgo de perder radioescuchas y, sobre
todo, anunciantes, las estaciones de AM comenzaron a
adoptar formatos de radio hablada (talk radio) que no
requerían de una alta calidad para su transmisión. Así
comenzaron a abrirse espacios de comentarios para los
radioescuchas en programas hablados sobre una enorme
variedad de temas, desde vida familiar hasta cocina, al
tiempo que –en gran parte debido al terremoto de 1985
en la Ciudad de México (Esteinou, 1989)– los programas
de noticias adquirieron formatos más largos.

Éste fue el contexto en que los efectos de las crisis


económicas de los ochenta terminaron por favorecer una
incipiente apertura en este medio, pues redujeron los mer-
cados publicitarios (AMAP, 1990), al tiempo que también
disminuía la proporción publicitaria en la radio, de 15%
en 1981 a 12% en 1987 (Guerrero, 2009). Esta contracción
ocurría en un momento en que, sin consideración de este
cuadro económico, se siguieron otorgando concesiones

49
Manuel Alejandro Guerrero

que incrementaron el número de estaciones de 848 en


1980 a 1,045 en 1990 (Mejía Barquera, 1999a). Así, los
concesionarios, en aras de mantener la rentabilidad y
sobrevivir, comenzaron a probar nuevos formatos en los
espacios radiofónicos en los que para fines de los ochenta
se reflejaba un poco más el pluralismo político. Lo que
había sido la lectura simple de notas de los noticieros de
AM se complementó con reportajes especiales, entrevistas
con personajes políticos y mayor editorialización (Guerre-
ro, 2010). Estas prácticas se extendieron con el tiempo a
los nuevos noticieros inaugurados en FM entre fines de los
ochenta e inicios de los noventa, consolidando la tenden-
cia hacia una mayor apertura. Con todo, todavía durante
el proceso electoral de 1988, los noticieros radiofónicos
dedicaron casi 60% de su cobertura al candidato del PRI,
Carlos Salinas de Gortari, por casi 25% del tiempo para
los otros dos candidatos (Sosa Plata y Esquivel, 1997).
En cambio, para las elecciones presidenciales de 1994, el
monitoreo del Instituto Federal Electoral (IFE) reportaba
mayor equilibrio en la cobertura radiofónica para los tres
principales partidos contendientes: 36% del tiempo para
el PRI, 26.1% para el Partido de la Revolución Democrá-
tica (PRD) y 21.7% para el PAN (IFE, 1994). A partir de
entonces, los principales espacios radiofónicos naciona-
les comenzaron a reflejar, en mayor o menor medida, el
pluralismo político, aunque de un modo muy funcional:

50
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

ahora los principales actores políticos de la oposición


compartían espacios con los del PRI.

En el caso de la televisión durante los años ochenta,


al no haber realmente competencia comercial, Televisa
no tuvo las presiones de la radio y, como se apuntó ya,
se consolidó como la televisora más importante de habla
hispana en el mundo, en gran parte gracias al modelo
de intercambio con el régimen. La política informativa
de la televisora evidenciaba con claridad este acuerdo.
Por ejemplo, en enero de 1988 en una de las pocas en-
trevistas que concedió, el presidente de Televisa, Emi-
lio Azcárraga Milmo, enfatizaba el apoyo decidido de
Televisa al candidato del PRI para el proceso electo-
ral de ese año: “nosotros estamos con el PRI, somos
miembros del PRI, y siempre hemos estado con el PRI,
no creemos en ninguna otra fórmula. Y como miembros
del partido haremos todo lo posible por hacer ganar a
nuestro candidato” (La Jornada, 1988). Así, durante el
proceso electoral más de 80% del tiempo de cobertura
se dedicó al candidato presidencial del PRI (Arredondo
Ramírez, 1991). Este apoyo decidido de Televisa a Carlos
Salinas de Gortari se mantuvo vigente a lo largo de su
presidencia (1988-1994), con la que además había ya
una coincidencia ideológica a partir del impulso a las
privatizaciones, el nuevo papel de la iniciativa privada
como motor del desarrollo y la sustitución del discurso

51
Manuel Alejandro Guerrero

nacionalista y proteccionista por uno de competitividad,


apertura, liberalización económica y modernización.

De este modo, a lo largo de una década y media, cada


tipo de medio reaccionó de forma diferente al nuevo am-
biente de creciente pluralismo político: la prensa escrita
respondió relativamente rápido mediante nuevas publi-
caciones que trataban de reflejar distintas voces; la radio,
como consecuencia de las crisis económicas que implicaron
la reducción de su porcentaje publicitario en un contexto
de nuevas tecnologías y de incremento en el número de
estaciones, también comenzó –aunque de forma intermi-
tente– en algunas estaciones a probar los límites de lo que
era posible decir al aire; y la televisión privada, en cambio,
reforzó su alianza con el régimen en un entorno en el que
prácticamente no había competencia comercial.

La reforma política de 1996


y la democratización incompleta
El año de 1994 ha sido uno de los más intensos en la historia
política reciente de México. El 1o de enero el movimiento
zapatista hacía su aparición pública mediante la ocupa-
ción de algunos municipios del estado de Chiapas y la
declaración de guerra contra el Estado mexicano. Frente
a una narrativa que había imperado durante buena parte
del sexenio del presidente Salinas de Gortari, definida por
su énfasis en la apertura comercial, la modernización

52
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

del país y la negociación de un acuerdo de libre comercio


con América del Norte, el movimiento zapatista revelaba la
enorme desigualdad que seguía marcando la vida en Méxi-
co y particularmente apuntaba a la condición de margina-
ción en la que subsistían las comunidades indígenas. Un par
de meses más tarde, en marzo, el candidato presidencial del
PRI, Luis Donaldo Colosio, era asesinado en Tijuana durante
un evento proselitista, lo que desató una crisis interna sin
precedente en la cúpula política. Las enormes presiones
llevaron al secretario de Gobernación, Jorge Carpizo, a
presentar públicamente su renuncia, que no fue aceptada
por el presidente Salinas, pero que sacudió a los mercados
financieros. En las elecciones presidenciales de agosto, si
bien el nuevo candidato del PRI, Ernesto Zedillo, obtuvo la
victoria –quizá más por la promoción de lo que entonces se
llamó el “voto del miedo” mediante campañas que propo-
nían que la alternativa al PRI era el caos–, la inestabilidad
política no se detuvo. En septiembre asesinaron al secretario
general del PRI, Francisco Ruiz Massieu, a la salida de un
club en plena avenida Reforma de la Ciudad de México. Como
cabe suponer, la inestabilidad política tuvo consecuencias
muy graves en lo económico: fuertes presiones sobre el
equilibrio y la confianza financiera que no sólo detuvo los
flujos de inversión, sino que terminó por vaciar las reservas
internacionales y generar las condiciones que devaluaron
la moneda mexicana en diciembre de 1994, lo que desató

53
Manuel Alejandro Guerrero

el “efecto tequila” en los mercados internacionales.10


Las consecuencias sociales fueron devastadoras. Con
base en datos de la Encuesta Nacional de Empleo Urbano
(ENEU), Julio Boltvinik (2000) estima que entre 1994 y 1999
el número de pobres aumentó de 11.04 a 13.26 millones,
mientras que el de pobres extremos se incrementó de 8.26
a 16.68 millones. De acuerdo al Reporte Económico Anual
del Banco de México, la producción industrial decreció
29.1% en términos reales durante 1995 (Banxico, 1996).
Según algunos estudios, la caída del producto interno bruto
(PIB), estimada en -5.3% en 1995, fue incluso peor que la
de 1983, calculada en -4.5% (Huerta, 1997).

10
Para algunos expertos, como Mauricio González, incluso antes de las convulsiones
de 1994 ya había signos que vaticinaban una posible crisis económica a partir de
tres factores: primero, la forma en que se manejaba la política monetaria (liquidez,
tasa de interés y política cambiaria); segundo, el tamaño del déficit en cuenta
corriente (que reflejaba una gran disparidad entre exportaciones e importaciones
desde antes de 1994); y tercero, la forma en que se estaba operando el proceso de
liberalización comercial. El déficit en cuenta corriente se financiaba con base en
créditos externos e inversión extranjera, pero luego de 1994 la entrada de capital
cesó y las reservas comenzaron a disminuir rápidamente debido a la presión sobre
el peso y al manejo de la política monetaria (que incrementaba el crédito del
banco central al resto de la economía a una mayor tasa que aquella consistente
con la estabilización económica y que buscaba evitar una crisis de liquidez). Estas
medidas de corto plazo lograron controlar por un tiempo las tasas de interés, pero
luego del asesinato del secretario general del PRI en septiembre ya no fue posible
mantener esta política. Se hacía indispensable devaluar la moneda, medida que
se pospuso hasta diciembre y provocó una caída abrupta del tipo de cambio, de
3.75 pesos por dólar a más de cinco pesos (González, 1998: 45-54).

54
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

Sin duda, la combinación de la inestabilidad política y la


económica resultó catastrófica para el régimen, cuyas
estructuras –basadas en las redes corporativas de in-
tercambio y en la penetración social del PRI– se habían
estado debilitando desde las crisis de los ochenta. Apelar
a los orígenes revolucionarios, a la inclusión del partido
oficial al papel del Estado como repartidor de beneficios,
carecía ya de sentido. Además, las soluciones económicas
que contemplaba el equipo del presidente Ernesto Zedillo
(1994-2000) implicaban políticas económicas aún más
restrictivas (sobre todo en la política social), mayor control
del gasto público y una estrategia centrada en controlar
la inflación a partir de una política monetaria estricta. En
este escenario, el descontento social difícilmente iba a
disminuir, por lo que la alternativa del gobierno fue plan-
tear una nueva reforma política, mucho más amplia que
las anteriores, que creara condiciones realmente equita-
tivas de competencia partidista. Para el régimen esta vía
significaba renunciar por completo a su capacidad última
para interceder en los resultados electorales.

La reforma política de 1996, al hacer del Instituto Fede-


ral Electoral un organismo público autónomo e in-
dependiente, conformado por consejeros provenientes
de la sociedad civil, significó un paso definitivo en la
conformación de reglas de acceso al poder realmente
competitivas. Las primeras pruebas de este nuevo arreglo

55
Manuel Alejandro Guerrero

electoral ocurrieron en los procesos de 1997 cuando


el PRD ganó las primeras elecciones al gobierno de la
Ciudad de México y, por primera vez en su historia, el
PRI perdió la mayoría simple en la Cámara de Diputados;
así como en las elecciones de 2000, cuando tuvo lugar
la primera alternancia en el gobierno federal a cargo del
PAN. A partir de entonces otras reformas electorales
han buscado precisar, con mayor o menor efectividad,
aspectos específicos de la competencia electoral, para
hacerla, en principio, más equitativa. Así, la reforma elec-
toral de 2003 definió con mayor claridad los requisitos
para integrar un partido político o una agrupación política
nacional (APN); la de 2005 otorgó el voto a los mexicanos
en el extranjero; la de 2007-2008 reforzó facultades del
IFE en materia de fiscalización, redujo los tiempos de
campaña, centralizó la contratación de tiempos en radio y
televisión, y limitó la participación de terceros durante las
campañas electorales, y la reforma de 2014, cuya inten-
ción ha sido limitar la injerencia indebida de autoridades
locales en los procesos electorales. En consecuencia el
pluralismo que ha caracterizado la vida política del país
en las últimas décadas se refleja en la construcción de
entramados legales e institucionales que han definido las
formas de acceder al poder. Ello ha permitido construir
un régimen democrático que en lo electoral ha resultado
relativamente eficaz, pero que sigue inacabado en otros
aspectos importantes.

56
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

El politólogo argentino Sebastián Mazzuca (2002) sostiene


que las formas de acceder al poder y las formas de ejercer
el poder son atributos básicos para definir a un régimen
político. A partir de esta distinción, la democratización
queda ubicada como una serie de procesos dentro del
ámbito del régimen político. Sin embargo, al contrario de
Mazzuca, quien considera que la democracia es sólo
una forma de acceso al poder –en la clásica idea de la
democracia electoral o procedimental–, se propone con-
siderarla, más bien, como un tipo de régimen político que
supone formas específicas de cómo acceder al poder y
también de cómo ejercerlo (Guerrero, 2004).

El acceso al poder se refiere a las formas en las que di-


ferentes individuos y grupos organizados compiten por
alcanzarlo a partir de los mecanismos y reglas, formales
e informales, que especifican quiénes pueden participar,
cómo se compite, cuánto se dura en los cargos, cómo se
obtiene financiamiento, entre otros aspectos. En un régi-
men democrático esto tiene que ver con una competencia
abierta y relativamente equitativa, con la participación po-
pular (mínimamente mediante el voto) y con condiciones
que aseguran la aceptación de los resultados y la eventual
alternancia en el poder en función de ellos. Robert Dahl
(1971), al definir a las poliarquías, en gran medida fija los
criterios necesarios para establecer formas de acceso al
poder competitivas, libres y equitativas.

57
Manuel Alejandro Guerrero

Ahora bien, el ejercicio del poder se refiere a dos dimen-


siones vinculadas en la realidad, pero que es importante
distinguir para propósitos analíticos: las formas en las que
el poder político se extiende en una sociedad y las formas
en las que dicho poder se contrapesa entre las diferentes
instituciones y los actores políticos (Guerrero, 2004). En
un régimen democrático moderno la extensión del poder
público en una sociedad está limitado, es decir, éste no
se ejerce de forma discrecional. Los límites los marca el
compromiso con un Estado de derecho fundamentado en
el constitucionalismo liberal y en los derechos humanos,
que implica no sólo la mera existencia de un tipo particular
de legalidad, sino también la obligación de cumplirla y
aplicarla conforme a los propios criterios legales. En cuanto
a la segunda dimensión, los contrapesos, se refiere a las
formas en que el poder público se equilibra, se distribuye
y se comparte entre diferentes instituciones, organizacio-
nes y actores con el objetivo de lograr responsabilidad y
vigilancia institucional. En un régimen democrático los
contrapesos del poder tienen la función, a fin de cuentas,
de generar mecanismos de rendición de cuentas efectivos,
es decir, que especifiquen la responsabilidad de explicar
y justificar acciones y decisiones, así como de sancionar
las desviaciones (Schedler, 2005).

En el caso de México, el pluralismo político canalizó la cons-


trucción democrática básicamente hacia la configuración

58
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

de reglas para definir las formas de acceder al poder


mediante las múltiples reformas electorales, pero una vez
que nuevos actores políticos agrupados en los partidos
de oposición comenzaron a conseguirlo –y a disfrutarlo al
ejercerlo mediante muchas de las viejas reglas– han de-
sarrollado muy pocos incentivos para transformar, ahora,
las reglas de su ejercicio mediante compromisos serios
para hacer funcionar un auténtico Estado de derecho
(que nadie esté por encima de la ley y que ésta no se
aplique discrecionalmente, por ejemplo), así como los
mecanismos efectivos de la rendición de cuentas. Esto
se ha llamado la paradoja de la democracia mexicana
(Guerrero, 2004): nuevas élites políticas que arriban al
poder mediante la competencia electoral, dispuestas
a beneficiarse de viejas prácticas clientelistas, del uso
patrimonial del empleo público, del impulso a negocios
privados con recursos públicos, y generando un acuer-
do implícito de impunidad tolerante de la corrupción.
Y es justamente la supervivencia de estas prácticas lo
que favorece las condiciones para conformar un modelo
mediático liberal capturado, sobre todo en el caso de
los medios de comunicación tradicionales (y del perio-
dismo vinculado a ellos).

El modelo mediático liberal capturado


Las crisis de los años ochenta –y posteriormente el cambio
de paradigma del intervencionismo estatal por el de la

59
Manuel Alejandro Guerrero

privatización y la apertura comercial– comenzaron a minar


muchas de las condiciones que por décadas mantuvieron
la censura ambiental. En este nuevo escenario, PIPSA, la
empresa que monopolizaba la fabricación y venta de papel
imprenta, se volvió incosteable y, aunque el término legal
de su existencia era 1995, desde 1993 comenzó a cerrar
bodegas y a despedir empleados. Siguió la quiebra del
monopolio de la distribución de periódicos por parte de
la Unión de Voceadores cuando a fines de 1994, como
consecuencia de la negativa de este sindicato a vender
impresos en la calle en los días feriados, el recientemente
creado periódico Reforma decidió promover la figura de
“microempresarios” (hombres y mujeres que quisieran
vender el periódico en la calle todos los días de 8:00 a
10:00 de la mañana).11 Al mismo tiempo, como ya se ha
dicho, poco a poco comenzaron a acceder al poder nuevos
grupos de políticos surgidos de las oposiciones mediante
procesos electorales cada vez más competitivos y abier-
tos. Su arribo comenzó a vincularlos con los dueños de
medios y sus editores.

Asimismo, la llegada de estos nuevos actores políticos


tuvo lugar en un contexto internacional en el que, como
resultado, en parte, del fin de la Guerra Fría y, en parte,

11
Previamente, a inicios de noviembre, varias de las plumas que escribían editoria-
les se habían puesto a vender el diario en la calle, bajo el nombre de “soldados
de la libertad”, que les dio el dueño del periódico, Alejandro Junco de la Vega.

60
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

del nuevo boom de la televisión –recuérdese, por ejem-


plo, su papel en las transmisiones en directo durante el
intento de golpe de Estado en Moscú en agosto de 1991
o durante la primera Guerra del Golfo Pérsico en 1992–,
ciertas técnicas comenzaron a tener gran demanda para
la promoción de la democracia. Encuestas, mercadotec-
nia, manejo y diseño de imagen y otras herramientas de
la comunicación política ya usuales en las campañas
estadounidenses, comenzaron a popularizarse en las
nuevas arenas electorales competitivas de América Latina
y de Europa del Este. En principio, dos tipos de medios
se volvieron cruciales para el diseño y el manejo de estas
campañas: la radio y, sobre todo, la televisión.

Precisamente la competencia electoral por la que llegaron


nuevos actores al poder luego de la reforma política de
1996, los hizo conscientes de la importancia de la televisión
como el medio privilegiado para difundir sus mensajes en
entornos cada vez más dominados por la mercadotecnia.
Este periodo también coincidió, como se ha visto, con un
nuevo discurso que orientaba el desarrollo a partir de la
liberalización de mercados y que, en principio, representaba
mejores beneficios para consumidores en términos de
calidad, precio, servicio y variedad. En los medios, como en
otros sectores, la competencia económica en un contexto
de mayor pluralismo político también permitía suponer ma-
yor independencia editorial y profesionalismo periodístico.

61
Manuel Alejandro Guerrero

Ya se analizó cómo la prensa y luego la radio respondieron


al nuevo contexto abriendo espacios para otras voces, pero
la televisión no lo hizo sino hasta mediados de los años
noventa debido a tres razones principales (Guerrero, 2009).
Primero, como resultado de la privatización del Instituto
Mexicano de Televisión (IMEVISIÓN) en 1992, surgió una
nueva alternativa comercial, Televisión Azteca (TV Azteca),
que para 1996 incrementó el número de estaciones de sus
canales 13 y 7, inauguró un sistema de noticias –Fuerza
Informativa Azteca– y comenzó a producir telenovelas
originales con argumentos más novedosos y personajes
más complejos que los que presentaba Televisa. La cre-
ciente competencia por publicidad y audiencias sacudió
a un mercado hasta entonces dominado casi exclusiva-
mente por esta empresa y comenzó a forzar la innovación.
En segundo lugar, la aprobación de la reforma política de
1996 otorgaba una cantidad sin precedente de recursos
públicos a los partidos políticos para organizar sus cam-
pañas, de los que ninguna televisora quiso prescindir. Por
último, en abril de 1997 murió Emilio Azcárraga Milmo, y
su hijo, Emilio Azcárraga Jean, al sustituirlo al frente de
la empresa, comenzó a reestructurar su organización y
sus finanzas, que en un contexto de mayor competencia
comercial y pluralismo político terminó por modificar
también su relación con el régimen. El 19 de enero de
1998 se transmitió por última vez 24 Horas, con lo que
terminaba el espacio más explícito de la alianza entre la

62
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

televisora y el régimen. Azcárraga Jean lo decía entonces:


“La relación entre gobierno y medios ha terminado […]
La vieja relación obedeció a la estructura gubernamental
anterior […] pero ahora hay oposición y competencia en
la televisión, cuyo resultado es la cada vez más débil ma-
nipulación de la información” (Reforma, 1998). Así, como
ya sucedía en la radio, en las pantallas comenzaron a
desfilar políticos de diversos partidos y a transmitirse sus
anuncios, más como resultado del dinero y de estrategias
político-mercadotécnicas de partidos y candidatos, que
de un auténtico convencimiento democrático. Y tam-
bién, como en la radio, los presentadores de noticias se
convirtieron en estrellas y sus opiniones en las nuevas
referencias sobre la realidad nacional.

Desde mediados de los años noventa, el pluralismo po-


lítico se ha traducido en una presencia constante de
actores de todos los partidos en los espacios noticiosos
básicamente a través de sus entrevistas, así como en la
construcción de noticias a partir de sus declaraciones.
La información política de los asuntos nacionales ha re-
flejado, con más o menos precisión, el mosaico de voces
que caracteriza la política mexicana desde entonces.
Sin embargo, el periodismo que se ejerce en la mayor
parte de los medios tradicionales no se ha volcado hacia
la investigación de datos, la evaluación de las políticas
públicas, la corroboración de resultados de programas

63
Manuel Alejandro Guerrero

y rubros del gasto, ni tampoco ha intentado construir una


agenda pública distinta a la de los discursos y conflictos
de la élite política.

La explicación reside en gran parte en que, en los medios


tradicionales, las condiciones de la censura ambiental, si
bien han dejado de operar en su mayoría, no se han sus-
tituido por otras de compromiso informativo,12 mayor rigor
en el proceso periodístico13 y, sobre todo, garantías jurídicas
a su desempeño profesional. Lo que ha surgido, en su lu-
gar, es un modelo de relación entre la mayor parte de los
medios tradicionales (reflejada en su política informativa)
con los nuevos grupos políticos que se define como liberal
capturado (Guerrero, 2014).

El acceso al poder de nuevos grupos políticos no supuso,


como ya se dijo, un cambio sustancial en las reglas de su

12
Aquí el término significa asumir la responsabilidad y el compromiso de con-
formarse como auténticos espacios de creación y difusión de información útil,
pertinente y relevante en términos del interés público frente a la sociedad en
su conjunto, principalmente por parte de dueños y editores de medios.
13
Aquí significa dos cosas. Primero, la existencia de los apoyos adecuados
y suficientes por parte de las organizaciones mediáticas en términos ma-
teriales, de tiempo y capacitación, para que sus periodistas desempeñen
su labor de forma profesional. Al mismo tiempo, significa también que los
periodistas tengan interiorizados los valores deontológicos y cuenten con
las habilidades necesarias para un desempeño profesional fundamentado en
principios básicos, como verificar fuentes, contrastar versiones, investigar y
corroborar datos, explicar contexto, por mencionar algunos.

64
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

ejercicio, sino por el contrario, el acomodo de estos gru-


pos a viejas prácticas, que no han fortalecido al Estado
de derecho ni han generado una auténtica rendición de
cuentas. En un contexto donde coinciden, por un lado,
las tendencias al clientelismo como forma de relación
de los políticos con sectores económicos y sociales, y
por el otro, la creciente importancia mercadotécnica de
los medios electrónicos –sobre todo, la televisión–, ha
resultado más fácil y conveniente establecer acuerdos
entre las nuevas élites políticas y las tradicionales élites
mediáticas (dueños de medios, editores y “estrellas” del
periodismo) sobre la base de los viejos intercambios de
beneficios por apoyo político.

Al mismo tiempo, muchos otros medios impresos –sobre


todo, pero no únicamente, en los estados– han buscado
seguir respaldando en su línea editorial a los gobiernos
en turno a cambio de publicidad oficial, sin la cual difícil-
mente podrían sostenerse. Así, la diferencia con el periodo
anterior es que ya no es el régimen quien concentra esta
relación de intercambio con los medios, sino una gran
variedad de actores de diferentes partidos políticos en
distintos cargos y puestos en todo el país, siempre que
tengan disponibilidad presupuestaria, pues la publici-
dad oficial sigue siendo un rubro de gasto discrecio-
nal y siguen siendo bienvenidas las compensaciones
salariales a periodistas.

65
Manuel Alejandro Guerrero

Esta nueva relación, si bien no garantiza un tratamiento


siempre favorable a los políticos en los medios (aunque
paguen), sí termina por distorsionar e inhibir el papel de
vigilante (watchdog) que se esperaría del periodismo
informativo de los medios en un contexto democrático.
Márquez Ramírez (2015) habla de una cultura periodística
posautoritaria en México favorecida, entre otros aspectos,
por “la configuración histórica de un modelo ambiguo
de prensa y periodismo que no termina de establecer ni
defender su rol social en tanto agente independiente de
contrapeso del poder […]” y una actitud profesional “pasiva
que se manifiesta en una libertad de expresión y crítica
condicionada o usada como moneda de cambio, una
autonomía profesional limitada, y una cultura de reporteo
muy ligada a las fuentes oficiales” (p. 17). El resultado es
que los espacios para el periodismo autónomo y riguroso
con sus datos y fuentes es más la excepción que la regla
en la mayor parte de los medios tradicionales en México,
se trata de un periodismo colaborador.

Sin embargo, en la segunda década del siglo XXI, es posible


afirmar que hay, al menos, otros dos periodismos que se
perfilan y de los que trata la siguiente sección: uno, alojado
en nuevas plataformas derivadas de la tecnología digital,
enfatiza el rigor de su quehacer en una creciente variedad
de temas respondiendo a públicos cada vez más exigentes
con la calidad de contenidos en los grandes centros urbanos.

66
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

Dada su sensibilidad hacia estos nuevos públicos, se podría


llamar periodismo responsivo. El otro, que se desarrolla
tanto en algunos medios tradicionales como en proyectos
digitales, sobre todo en ciudades medianas y pequeñas de
provincia, animado por el redescubrimiento de la vocación
por relatar la descomposición institucional que refleja, entre
otras, las violencias en lo regional y local, hace patente la falta
de garantías jurídicas al desempeño profesional y padece en
carne propia el hostigamiento del crimen organizado y de la
clase política. Se trata de un periodismo acosado.

67
Periodismo y democracia
en la era de la revolución
digital en México

La revolución tecnológica es seguramente la transformación


más importante que ha marcado el desempeño del perio-
dismo al iniciar el siglo XXI. Por un lado, ha permitido una
explosión de plataformas distintas –y complementarias– a
las de los medios tradicionales en las que se transmiten
hoy contenidos multimedia cuya interactividad permite
la participación de públicos más exigentes. Por el otro,
estas nuevas plataformas y redes digitales han abierto
espacios para el ejercicio de un periodismo que entiende
–nuevamente citando las palabras de Márquez (2015)– “su
rol social en tanto agente independiente de contrapeso del
poder” y que, por tanto, es consciente de que su prestigio
y viabilidad dependen en gran medida de su credibilidad.

Estos cambios, para el caso de México, han tenido lugar


en un contexto en el que si bien la mayoría de los me-
dios tradicionales sigue operando bajo la lógica de un
modelo liberal capturado, también ha significado para

69
Manuel Alejandro Guerrero

algunos periodistas la posibilidad de crear y colaborar


en espacios en los que la investigación, la verificación y el
análisis definen su quehacer profesional, que cuenta ya con
públicos demandantes –si bien incipientes– con capacidad
de interactividad. Al mismo tiempo, sin embargo, la emer-
gencia de un periodismo mucho más autónomo, crítico e
independiente está enfrentando una serie de presiones
adversas tanto de parte de actores políticos como del
crimen organizado, ante la incapacidad de las instituciones
para ofrecer garantías y salvaguardar la integridad de
los periodistas.

La primera sección de este apartado plantea las nuevas


posibilidades que abre esta revolución digital para el
periodismo responsivo en México, a partir tanto del po-
tencial tecnológico, como de la emergencia de públicos,
interactivos y participativos, que buscan mayor calidad en
la información que consumen. La segunda sección analiza
las condiciones adversas para el desarrollo pleno del pe-
riodismo –el periodismo acosado– en México, a partir de
los datos que presentan reportes importantes, como los
de Artículo 19, la UNESCO, la Fundación Knight y otros.

Revolución digital: nuevas posibilidades


para el periodismo en México
En los últimos 20 años la expansión de internet y, re-
cientemente, de las redes sociales, ha transformado los

70
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

procesos de crear y transmitir la información como se


conocieron. La idea de que el ciclo informativo precisaba
de un emisor, un medio de transmisión y un receptor hace
tiempo que quedó obsoleta debido a que la tecnología
ha promovido nuevas plataformas de transmisión en las
que los individuos –alguna vez en el extremo final de la
recepción– cuentan ya con nuevas capacidades de in-
teractividad con los contenidos. Estas transformaciones
han creado oportunidades para un tipo de periodismo que
busca generar espacios de diálogo e intercambio con sus
audiencias. Dice Ruth Harper (2010) que

[…] hacer que la información se encuentre disponible no es


suficiente para los públicos de nuestros días. Las audien-
cias hoy esperan poder seleccionar lo que leen, y muchos
creen en el deber de contribuir con sus propias opiniones
y contenidos. Este cambio, definido con frecuencia como
revolución de los medios digitales (social media revolution),
no significa la muerte del periodismo tal y como se ha
conocido –sobre todo en Estados Unidos–; es, más bien,
el nacimiento de un movimiento democrático que enfatiza
algunos de los aspectos clave del periodismo: transparen-
cia, honestidad y voz para grupos que no la han tenido.

En México, la penetración y el alcance de internet y de las


redes sociales han crecido de una manera muy importante
en los últimos años. En 2015, de acuerdo con datos del

71
Manuel Alejandro Guerrero

INEGI (2016), 57.4% de la población –62.4 millones– utilizaba


regularmente internet. De esta población usuaria, 70.5%
eran menores de 35 años y, no sorprende, la intensidad del
uso iba de la mano con el nivel de escolaridad. Ese año,
con base en la misma fuente, aunque 39.2% de los hogares
del país contaba ya con conexión a internet, en realidad la
conectividad ocurría cada vez más a través de los teléfonos
inteligentes (smartphones), pues de los 77.7 millones de
usuarios de celulares, dos de cada tres tenían un teléfono
de ese tipo que empleaban para navegar en el ciberespacio.

En cuanto al uso de redes sociales, México es uno de


los países con más rápida penetración en el mundo al
ser el quinto con más cuentas de Facebook y el octavo
en cuanto al uso de Twitter (Statista, 2016a y 2016b); por lo
que respecta a YouTube, el país ocupa el 11o sitio (Country
Ranker, 2015); en todos los casos, sólo detrás de Brasil en
América Latina. En una entrevista, el director general de
Facebook en México aseguraba contar con más de 61 mi-
llones de usuarios, de los que más de 40 millones revisan
su cuenta todos los días, sobre todo a través de dispositi-
vos móviles (Maldonado, 2016). Twitter es la segunda red
social luego de Facebook, de acuerdo con un estudio de
la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI, 2015), en la
que se calculan cerca de 9.6 millones de cuentas activas
(Statista, 2016b). Es posible suponer que el mayor uso de
estas redes se dedica al entretenimiento –crecientemente

72
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

para consumir, subir y compartir videos–; no obstante, el


uso combinado de aplicaciones, como Periscope (que
permite compartir videos en tiempo real), ha permitido a
los individuos utilizar de modos más variados estas tec-
nologías y ha potenciado, incluso, su empleo con el fin de
promover denuncias civiles y conductas presuntamente
ilegales tanto de ciudadanos como de autoridades.

Todas estas plataformas tecnológicas han “empoderado” a los


individuos como nunca antes al otorgarles posibilidades de
comunicación, creación, intercambio, búsqueda, acceso y dis-
tribución de información de forma instantánea y con barreras
cada vez menores. Desde luego que ello no significa que todo
mundo esté ya conectado: en muchas partes los problemas
siguen siendo de acceso, precio y también de alfabetización
multimedia. Sin embargo, para algunos observadores de lo
que ocurre en el ciberespacio, como Manuel Castells (2014),
estas transformaciones están generando nuevas interco-
nexiones positivas en las personas, así como nuevas formas
de sociabilidad que, lejos de aislar a los individuos, los acerca
mediante nuevos tipos de vínculos que no sólo permanecen
en la “virtualidad”, sino que pueden tener claras repercu-
siones en el mundo físico. En sus palabras:

Nuestra “sociedad red” de hoy es producto de la revolución


digital, así como de otros grandes cambios socioculturales.
Uno de ellos es el surgimiento de la “sociedad para-mí”

73
Manuel Alejandro Guerrero

(Me-centered society), marcada por una atención mayor


en el crecimiento individual y un declive de la comunidad,
entendida en términos de espacio, trabajo, familia y ads-
cripción general. Esta mayor individualidad no significa, sin
embargo, aislamiento, o el fin de la comunidad. De hecho,
las relaciones sociales se están reconstruyendo sobre la
base de los intereses, valores y proyectos individuales.
La comunidad se está formando a través de individuos
que comparten ideas en un proceso que combina la inte-
racción on-line y off-line, el ciberespacio y el espacio local.
A escala global, el tiempo dedicado a las redes digitales
sobrepasaron el tiempo dedicado al correo electrónico en
noviembre de 2007, y el número de usuarios de las redes
rebasó al de usuarios de correo electrónico desde julio de
2009. Hoy las redes sociales son las plataformas preferi-
das para toda clase de actividades, tanto en los negocios
como en lo personal, y la sociabilidad se ha incrementado
dramáticamente, pero es un nuevo tipo de sociabilidad.
La mayoría de los usuarios de Facebook visitan el sitio
diariamente y se conectan en múltiples dimensiones, pero
solo en aquellas que los mismos usuarios eligen. La vida
virtual se está volviendo más social que la vida física, pero
es menos una realidad virtual que una virtualidad real, que
facilita el mundo laboral y la vida urbana […] Quizá una
de las expresiones más elocuentes de esta nueva libertad
es la transformación de las prácticas sociopolíticas. Los
mensajes ya no fluyen, como antes, solo de los pocos

74
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

a los muchos con baja interactividad. Ahora lo hacen de los


muchos a los muchos de forma multimodal e interactiva.
Al desintermediar el control gubernamental y corporativo
de la comunicación, las redes horizontales han creado un
nuevo panorama de cambio político y social (Castells, 2014).

Esta visión, bastante optimista habría que decir, adquiere


cierto fundamento incluso en países como México donde, si
bien aún hay sectores de la población sin acceso adecuado,
la conectividad crece rápidamente. Frente a los mayores
usos de internet y de las redes sociales –entretenimiento y
consumo– comienza a haber evidencia en México de que
también los usuarios discuten e intercambian cada vez más
sobre asuntos de su vida profesional y de interés público. Se
trata ya no sólo de conexiones horizontales, sino de otras
que corren de abajo hacia arriba, de sujetos en su gran
mayoría jóvenes, urbanos y educados hacia autoridades y
personajes públicos y que, por tanto, demandan respuesta
de arriba hacia abajo. En un trabajo reciente, Guerrero (2015)
señala que ese perfil de usuarios en el área metropolitana de
la Ciudad de México se conecta –más allá de interacciones
meramente lúdicas y mercantiles– con asuntos de interés
público a través de diferentes formas deliberativas en su
uso cotidiano de las redes sociales. Entre estos sectores
se comienza a perfilar una tendencia: a pesar de dificul-
tades estructurales de acceso y conectividad hay indicios
de un incipiente espacio digital deliberativo mediante el

75
Manuel Alejandro Guerrero

cual están planteando sus exigencias frente a asuntos de


la vida pública, que van mucho más allá del mercado. Se
trata de consumidores/ciudadanos que exigen información
de mayor calidad tanto en relación con los productos y
servicios del mercado de consumo, como con los temas
de la vida pública.14

En Estados Unidos, una investigación del Pew Research


Center (Gottfried y Shearer, 2016) muestra que entre la
población adulta de ese país se ha incrementado nota-
blemente el consumo noticioso en redes sociales. Si bien

14
Es importante señalar que la revolución tecnológica no sólo ha favorecido cambios
que impactan de manera positiva en la vida pública, como se deriva del enfoque que
plantea Castells en la cita anterior, y que en efecto permite entender mejor a un nuevo
tipo de sujeto interactuante, exigente y activo en relación con sus semejantes, con los
mercados y con los temas de interés público. La misma revolución digital, basada en la
despersonalización, desterritorialización, descentralización y desincorporación, entre
otras tendencias, también ha favorecido algunas consecuencias que deben analizarse
con mayor cuidado. Por ejemplo, en lo cultural, ha complicado el tema de derechos
de autor y creado condiciones que facilitan el plagio y la falsificación; en lo económico
ha permitido nuevos procesos de concentración de la riqueza, de transformación y
precarización del empleo, y de vulnerabilidad en la seguridad financiera; y, en lo político,
la aparición de nuevos tipos de amenazas, desde posibilidades de mayor vigilancia
a las libertades, hasta el surgimiento de nuevos tipos de amenazas derivadas a partir
de propósitos ideológicos comunes que no requieren de organizaciones físicas estables
ni permanentes, como la que supone el Estado Islámico (ISIS). Cabría recordar aquí
la advertencia que ya desde 1996 hacía Raúl Trejo Delarbre (1996) en relación con
que si bien el ciberespacio puede contribuir a la libertad y la democracia, no se
puede perder de vista que sus promotores –gobiernos y empresas– no siempre
tienen objetivos tan nobles.

76
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

los mayores usuarios de Facebook, Instagram y YouTube


señalan que se informan “por casualidad” al encontrarse
noticias mientras hacen otras cosas en esas redes, los usua-
rios de Twitter, Reddit y LinkedIn dicen buscar activamente
las noticias. En México, de acuerdo con datos de AMIPCI
(2015), 78% de los entrevistados dijeron conectarse para
buscar información, lo que representa la segunda actividad
online más frecuente, sólo detrás de conectarse a redes so-
ciales (85%). Este perfil de individuo –más urbano, educado
y participativo– forma parte de un nuevo círculo informativo
que ha comenzado a sostener un periodismo que hoy ya
responde a sus exigencias y expectativas. Y éste es quizá
uno de los principales cambios que se viven hoy en México.

Durante mucho tiempo, la lógica detrás de la existen-


cia de los medios de comunicación tradicionales era su
capacidad para controlar los procesos y flujos de informa-
ción en un contexto en el que ésta era un bien relativamente
escaso. La revolución digital supone precisamente la quiebra
de ese modelo en que los medios tenían el control informa-
tivo y donde el individuo –consumidor/ciudadano– era un
receptor pasivo. El individuo (consumidor/ciudadano) tiene
ahora la capacidad de intervenir en el propio proceso de
construcción de contenidos.

Para el periodismo, según se establece en un reporte del


Centro Knight (KC, 2009), la revolución digital ha supuesto

77
Manuel Alejandro Guerrero

transformaciones en tres frentes: en la demanda de nuevas


habilidades que requiere el periodista para el desempeño
profesional; en la dinámica propia de la generación de no-
ticias e información; y en la relación del periodista con los
medios tradicionales. El reporte citado indica que, en gran
parte, la mayor necesidad de capacitación tiene que ver con
el aprendizaje de habilidades que permitan a los periodistas
contar sus historias de forma multimedia, enfatizando el ma-
nejo de técnicas para producir y editar video. Este aspecto
se vuelve hoy un reto en las escuelas y universidades que
imparten las carreras de periodismo y comunicación: la
formación de profesionales que sepan traducir sus historias,
crónicas, notas y reportajes en una diversidad de formatos
para poder transmitirse en distintas plataformas.

En cuanto a la dinámica de la producción noticiosa e in-


formativa, la tecnología ha perfilado un panorama en que
la oportunidad informativa ya no está en las plataformas
de los medios tradicionales, sino en las redes digitales. La
difusión de las noticias de última hora (breaking news) hace
tiempo que ocurre a través de las redes sociales debido
a su inagotable capacidad para la instantaneidad. Esta
situación, a pesar de temores que flotan en el ambiente,
no pone en riesgo la viabilidad del periodismo. De hecho,
a pesar de que la oportunidad informativa ya no pase
necesariamente por las plataformas mediáticas tradicio-
nales (radio, TV e impresos), sigue siendo consultada en

78
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

sitios digitales que toman la información o conducen a


las páginas de sitios noticiosos que a veces pertenecen
a esos medios, por ejemplo El Universal Online, Reforma.
com o Noticieros [Link] Lo que está creciendo,
sin embargo, es la consulta de información en sitios que
existen sólo en el ciberespacio y que han apostado por
los nuevos públicos: SDP Noticias, Animal Político, Sin
embargo o Aristegui Noticias (Alexa, 2016). Lo que parece
claro es que sin importar de dónde provenga la nueva
oportunidad informativa, en esta época el periodismo tiene
un papel clave que jugar: la posibilidad de ofrecer análisis
y explicación de los eventos. Por tanto, más que poner en
riesgo o amenazar al periodismo, lo que la revolución digital
ha relativizado es la importancia de las organizaciones
mediáticas tradicionales como los espacios exclusivos para
desarrollar periodismo profesional. Ante la instantaneidad,
la velocidad y la cantidad de informaciones que circundan
a los individuos en los espacios urbanos, modernos y co-
nectados, el periodismo –sin importar en qué plataforma
o medio se sitúe– cobra la mayor importancia como el
ancla explicativa frente a la marea de datos e información.

Esta misma capacidad es la clave de su supervivencia


ante otro fenómeno facilitado por la revolución digital:
el llamado “periodismo ciudadano”. Joyce (2007) define
este nuevo tipo de actividad a partir del papel activo y
cotidiano que tienen los ciudadanos comunes y corrientes

79
Manuel Alejandro Guerrero

que colaboran en sitios digitales de forma usualmente gra-


tuita mediante el empleo de la Web 2.0 (interactividad) para
contar historias originales sobre temas y desde ángulos
que normalmente no se cubren en los medios tradiciona-
les y que pueden ser comentadas por otros lectores, sean
ciudadanos o incluso profesionales. Rosen (2008) señala
que el periodismo ciudadano ocurre cuando las audien-
cias hacen uso de la tecnología digital con la intención de
informarse unos a otros, sobre todo en temas que suce-
den en sus comunidades y carecen de cobertura adecuada
en otros medios. Pero ¿qué implican estas prácticas para
el periodista profesional? ¿Importa quiénes escriban o firmen
una nota o un reportaje?

Gabriel Frankel (2012) en su blog del Huffington Post


comenta al respecto lo siguiente:

Una historia es una historia. ¿Acaso importa el autor?


Cuando se trata de información en la que depositamos
nuestra confianza, sí importa. Cuando quien escribe es
desconocido para el editor, ¿cómo saber cuál puede ser el
sesgo de la historia? ¿Cómo estar seguros de que el repor-
tero realmente acudió a todas las fuentes disponibles para
confirmar los hechos que presenta? Estos aspectos pueden
hacer toda la diferencia entre una historia honesta y bien
contada y otra que es mero sensacionalismo cuestionable.

80
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

En realidad hay todo un debate acerca de la pertinencia


de este tipo de actividad informativa que, si bien refleja las
capacidades de interactividad que hoy ofrece la tecnolo-
gía, empodera a los individuos y puede llegar a favorecer
el debate de una arena pública abierta y democrática, no
significa que ya se pueda prescindir del papel del periodista
profesional. Es verdad que hoy en día cualquier persona con
la tecnología adecuada (usualmente un teléfono inteligente)
puede ser capaz de generar información de interés público
en el ciberespacio, pero lo que agrega el periodismo pro-
fesional es un método para buscar e investigar los datos,
ordenarlos, verificarlos, contrastarlos y presentarlos, a partir
del cual se puede analizar, comprender y entender mejor
un evento o un tema. Así, el papel del periodista hoy, lejos
de ponerse en riesgo debido a las nuevas posibilidades
para “reportear” de las que hoy goza un buen número
de personas con aparatos inteligentes, adquiere mayor
importancia pues a fin de cuentas aún no es posible el
verdadero periodismo sin periodistas.

Por tanto, si bien la formación del periodista requiere hoy


muchas más capacidades y habilidades de manejo tecnoló-
gico, al periodismo como profesión no lo ha condenado ni
que las plataformas tradicionales de los medios ya no ten-
gan el control sobre la oportunidad informativa –o la crisis
económica de muchos medios tradicionales–, ni tampoco
el surgimiento del periodismo ciudadano. El periodismo

81
Manuel Alejandro Guerrero

profesional sigue siendo indispensable para construir sen-


tido, para explicar aspectos de la realidad, para discriminar
adecuadamente entre las toneladas de datos que abruman
diariamente a los individuos “conectados” a los espacios
digitales. Y, como ya se ha dicho, este tipo de periodismo
ha encontrado eco en nuevos públicos exigentes con la
calidad de su consumo mediático.

En México, en la última década han surgido espacios di-


gitales de información –portales informativos– que han
apostado por el ejercicio de este nuevo tipo de periodismo
que responde a las nuevas audiencias y que se han conver-
tido en alternativas interesantes frente a un panorama de
enorme concentración en los medios tradicionales. Sitios
como Animal Político, Sin Embargo, La Silla Rota, SDP No-
ticias, Aristegui Noticias o Reporte Índigo (caso curioso,
este último, de un portal informativo que decidió también
extenderse hacia lo impreso) han adquirido prestigio, y
cada vez más lectores por lo mismo, debido tanto a las
historias que han decidido contar, como a los ángulos
y perspectivas que han propuesto en sus narrativas. De
forma paralela, también se han conformado grupos y co-
lectivos de periodistas que, aunque laboren en ciertos
medios o trabajen de forma independiente (freelance),
comparten una misma visión ética y de compromiso ha-
cia los temas de interés público. Es por ejemplo, el caso
de Periodistas de a Pie, organización fundada en 2007

82
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

y que desde entonces ha sido puntal en temas relativos a la


libertad de expresión, el derecho a la información y su com-
promiso con la protección de periodistas (sobre todo, pero
no únicamente, en zonas de riesgo). Desde 2014, Periodistas
de a Pie forma parte de la asociación internacional Global
Investigative Journalism Network, que agrupa a más de 130
organizaciones de periodistas sin fines de lucro en 62 países
que promueven el trabajo de investigación. Es también el
caso del colectivo que publica en el portal Cuadernos Doble
Raya ([Link]), enfocado al periodismo
narrativo y de investigación de la más alta calidad.

Así, aunque en gran medida la agenda pública sigue de-


pendiendo en mucho de las actividades de los principales
personajes políticos y de sus declaraciones, estos medios
digitales y los nuevos colectivos de periodistas han in-
troducido en el debate, con base en la investigación, en
el análisis y en el manejo de datos, temas sobre políticas
públicas, conflicto de intereses, derecho a la información,
evaluación de programas, efectividad del gasto públi-
co y conflictos sociales. Temas, en fin, que los medios
tradicionales no suelen tratar en sus espacios con el debido
detenimiento y cuya discusión ha ensanchado, sin duda,
los márgenes de la deliberación abierta. Es verdad que ni
todo el periodismo de los medios tradicionales reproduce
declaraciones, ni todo el de los nuevos medios digita-
les es esclarecedor en temas y análisis. Por ejemplo, es

83
Manuel Alejandro Guerrero

necesario reconocer que algunos medios –sobre todo de


origen impreso– han sabido moverse hacia esa tendencia
de cobertura, como [Link], Proceso, o El Universal
Online, por citar sólo tres casos. A pesar de ello, en térmi-
nos generales sí es posible identificar un trazo distintivo
del quehacer periodístico responsivo que se practica en
los más prestigiados espacios digitales y por parte de
algunos de estos colectivos de periodistas frente al que
usualmente predomina en los medios tradicionales: el in-
terés por utilizar datos verificables en los temas que cubren
y por sostener un diálogo interactivo con sus públicos. Y
ello ha contribuido, en un panorama mediático dominado
sobre todo por el ruido, el sensacionalismo y la falta de
método periodístico, a un debate mejor informado que
abona, aunque sea a paso lento, a la rendición de cuentas
tan urgente en la democracia mexicana.

Condiciones adversas al desempeño


periodístico en México
En el documento elaborado por la UNESCO World Trends
in Freedom of Expression and Media Development: Re-
gional Overview of Latin America and the Caribbean (2014),
esta organización define que la libertad de prensa “es un
corolario del derecho general a la libertad de expresión
[y que entiende] la libertad de prensa en relación con las
condiciones de libertad en los medios, de pluralismo e
independencia, así como de seguridad de los periodistas”

84
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

(p. 5). Es precisamente la precariedad de estas condiciones,


sobre todo en el caso del periodismo en las ciudades me-
dianas y pequeñas de México, la que permite hablar de un
periodismo acosado que, a pesar de las transformaciones
de la revolución digital, no consigue desempeñarse en
condiciones de estabilidad y seguridad, tanto en términos
laborales, como físicos y personales. La fragilidad de las
condiciones, que señala la UNESCO como fundamenta-
les para la libertad de prensa, determina un periodismo
acosado por dos razones. Por un lado, debido al contexto
institucional y de mercado en donde se desempeña el
periodismo en lo regional y en lo local. Por el otro, a la
falta de garantías básicas para poder ejercer un trabajo
periodístico profesional y autónomo.

Contexto institucional y de mercado


Es inevitable considerar, para empezar, aspectos como
el papel de la publicidad oficial, los pagos salariales
compensatorios a reporteros y periodistas, la preca-
riedad laboral y, sobre todo, la fragilidad de mercados
publicitarios y de públicos que den viabilidad a proyectos
mediáticos y periodísticos. Se ha señalado ya que las
crisis económicas, el cambio de proyecto de desarrollo
y la consolidación del pluralismo político permitieron
transitar de un modelo de censura ambiental a otro de
tipo liberal capturado en gran parte de los medios tradi-
cionales. Muchas de las condiciones del primer modelo

85
Manuel Alejandro Guerrero

fueron desapareciendo, en un primer momento, desde


PIPSA hasta el control de distribución de impresos; y
posteriormente, con la Ley Federal de Transparencia
de 2002 y la creación del Instituto Federal de Acceso
a la Información Pública (IFAI) un año después, también
mucha de la opacidad en la centralización de la informa-
ción pública. No obstante, otras han logrado sobrevivir
y sustentar parte del modelo liberal capturado, como la
discrecionalidad en el gasto publicitario oficial y los pa-
gos compensatorios (ya no necesariamente vía salario)
a periodistas. El peso de estos aspectos para impedir la
consolidación de un periodismo más profesional, autónomo
e independiente varía, desde luego, por tipo de medio, de
región en región. Con todo, hay ciertos rasgos comunes
que deben resaltarse.

En un sistema en el que la clase política tuviera mayor compro-


miso con la transparencia y la rendición de cuentas, la publi-
cidad oficial debería hallarse debidamente reglamentada. Es
más, la propia lógica de la competencia política debería crear,
entre otras cosas, mecanismos de vigilancia sobre el gasto
oficial en publicidad. En México, la paradoja de su democracia
ha gestado gobiernos emanados de elecciones relativamente
libres y competitivas, de las que surgen, empero, grupos y
camarillas muy poco dispuestas a adecuar las reglas del
ejercicio del poder a criterios de responsabilidad política

86
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

y de rendición de cuentas. El reporte Libertad de expresión


en venta (Artículo 19 y Fundar, 2015) dice al respecto:

El origen de la falta de rendición de cuentas en el manejo


de la publicidad oficial es sin duda multifactorial. A nivel
conceptual, la publicidad oficial debería ser un mecanismo
de acercamiento entre ciudadanos y gobierno a través
de la difusión paraestatal de información relevante y útil.
Esto ayudaría al conocimiento, ponderación del desem-
peño de los gobiernos, retroalimentación ciudadana y
autocontención como una forma de evitar los excesos,
entre muchas otras cosas. Lo que vemos, en cambio, es
un mecanismo de promoción, diseñado a modo desde
las direcciones de comunicación social de los distintos
gobiernos, que funge a la vez como oficina de propaganda
y control de la información que aparece en los medios
de comunicación […] A pesar de los notables avances
en materia de transparencia y acceso a la informa-
ción, en particular los que se refieren específicamente
a publicidad oficial de contenidos en las obligaciones
comunes de transparencia de la reciente Ley General
de Transparencia y Acceso a la Información (2015), la
evidencia muestra que la cultura del secreto y la falta de
contrapesos operan como incentivos para darle la vuelta
a la ley y evitar que cierta información sea colocada en
la vitrina pública (p. 7).

87
Manuel Alejandro Guerrero

Uno de los efectos más nocivos de este empleo de la


publicidad oficial es mantener condiciones que previenen
la independencia, la autonomía y la crítica del periodismo,
pues de manera discrecional se recompensa la fidelidad
de plumas y voces afines al régimen en sus espacios.
Dice el reporte citado:

En general, no existe, ni en la federación, ni en las entida-


des, la intención o voluntad política suficiente para que el
tema se convierta en una prioridad para los legislativos
[…] Preservar el statu quo permite el control sobre las
líneas editoriales de los medios, lo que es más rentable
políticamente que avanzar hacia la construcción de un
entorno que favorezca el libre flujo de información (p. 9).

Aquí cabe precisar que en el Legislativo federal hay, al


menos, seis iniciativas de ley de diferentes partidos para
reglamentar la publicidad oficial sin que haya habido,
hasta el momento de este escrito, discusión parlamenta-
ria fuera de las comisiones donde se encuentran. Asimis-
mo, a pesar de que la fracción XXIII del artículo 70 de la
Ley General de Transparencia y Acceso a la Información
Pública establece la obligación de todos los sujetos
obligados de transparentar la información en materia
de publicidad oficial y comunicación, el avance real ha
sido muy poco. De hecho, si se compara el primer año de
gasto en publicidad oficial de los últimos tres gobiernos

88
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

federales, es posible apreciar con claridad un notable


incremento en cada sexenio en pesos constantes de
2013 (Artículo 19 y Fundar, 2015): en 2001, el gobierno del
presidente Fox gastó 3,736 millones de pesos; en 2007,
el del presidente Felipe Calderón, 5,624 millones; y en
2013, el del presidente Enrique Peña Nieto, 7,611 millones,
lo que equivale a 35% más que su antecesor y 104%
más que en el gobierno del presidente Fox. De manera
paradójica, ha sido el presidente Peña Nieto quien, recién
electo en 2012, se comprometió a crear un organismo
autónomo que regulara este tipo de publicidad, sin que
hasta ahora se vislumbre nada concreto al respecto. Más
aún, el mismo reporte señala que en su primer año, el
gobierno del presidente Peña gastó 48% más de lo que
presupuestó, práctica frecuente en gobiernos estatales
y locales que aprovechan la falta de sanciones efec-
tivas y de mecanismos de vigilancia.

Aunque en los llamados medios nacionales la publici-


dad gubernamental puede tener un papel importante
en los ingresos, su incidencia es más perniciosa en
los medios de provincia, sobre todo los de ciudades
medianas y pequeñas, por el porcentaje que puede
representar frente al mercado publicitario local. Al es-
tablecer conclusiones comparando el comportamiento
de la información sobre el gasto en publicidad oficial
en las 32 entidades federativas, el reporte de Artículo

89
Manuel Alejandro Guerrero

19 y Fundar (2015) señala entre otras cosas que, en


general, esta información:

• Se caracteriza por la opacidad.


• Se reserva de forma ilegal e indebida.
• Se niega su entrega al referir con frecuencia que es
inexistente.
• Se incrementa notablemente durante los periodos
electorales.
• Se define por su falta de planeación y control del gasto.

En un estudio reciente titulado Libertad de prensa y expresión


en México (INAI, Parametría, Freedom House y Universidad
Iberoamericana, 2016), se presentan datos reveladores al
respecto con base en una encuesta realizada a periodistas
de distintos tipos de medios en todo el país. Por ejemplo, 87%
de los encuestados indica que la publicidad oficial es –en
mucho, 62% y en algo, 25%– una limitante al ejercicio de la
libertad de expresión. Al mismo tiempo, hay que decir que
no existe en México un índice preciso sobre el número de
medios impresos. Por ejemplo, la Secretaría de Gobernación
publica el Padrón Nacional de Medios Impresos (SEGOB,
2016), pero para estas organizaciones no es obligatorio
proveer información detallada de su tiraje, de su distribución
o de sus dueños y accionistas, lo que significa que no se
cuenta con información precisa sobre propiedad cruzada, ni
se puede saber si hay intereses políticos detrás de alguno.

90
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

Además, durante los procesos electorales –aunque cada


vez más comienza a ocurrir también en periodos normales
de gobierno– no sólo aparecen nuevas publicaciones, sobre
todo en estados y municipios, que duran uno o dos números
para luego dejar de editarse, en los que alaban las prome-
sas de campaña de algún candidato o los logros de algún
gobernante. Relacionado con ello se encuentra la “compra
de portadas”, en las que foto y cabeza principal favorecen
a candidatos y gobernantes en publicaciones regulares,
donde se les define como “estadistas”, “negociadores”, “vi-
sionarios” y adjetivos elogiosos similares. Políticos de todos
los partidos recurren a estas acciones sin que exista efectiva
transparencia y rendición de cuentas.

Relacionado con esto, también se han mantenido los pa-


gos compensatorios a periodistas, aunque la práctica se
ha sofisticado frente a lo que era el “chayote” tradicional
de la época de la censura ambiental. En los principales
medios nacionales, los pagos compensatorios directos
se han vuelto excepcionales para la mayor parte de la
planta de reporteros, mientras que se siguen canalizando
importantes sumas de dinero para algunos columnistas
y periodistas con fuerte presencia pública. Como ya se
discutió, gracias a la tecnología digital, varios columnistas
y periodistas han creado sus propias páginas y sitios en
internet en los que publican sus investigaciones, opiniones
o bien simplemente suben información. En un trabajo

91
Manuel Alejandro Guerrero

novedoso en relación con este tema, Maldonado, Hernández


y Cárdenas (2015) muestran un fenómeno interesante con
base en datos del informe de la Ejecución de los progra-
mas y las campañas de comunicación social del gobierno
federal-ejercicio fiscal 2013:15 algunos de los columnistas
y periodistas, cuyas líneas editoriales en medios tradicio-
nales favorecen frecuentemente al régimen, tienen sitios
y páginas web llenos de anuncios y publicidad oficial.
Así, los antiguos pagos salariales directos quedan hoy
incluidos en nuevas modalidades de publicidad oficial,
al menos para cierto tipo de columnistas y periodistas.
No obstante, ésta no es necesariamente la situación en
los medios y en el periodismo de muchas regiones en
México, en donde gobiernos estatales y municipios con
suficientes recursos siguen teniendo en sus nóminas a
periodistas locales.

Habría muchas razones que explican esta distorsión


en la concepción y las prácticas del periodismo en
México, desde una falta de conciencia profesional, la
ambición de políticos y periodistas, la ausencia de me-
canismos efectivos de vigilancia y rendición de cuentas
en los gastos de comunicación y publicidad oficial, la

15
Este informe se publica cada año, desde 2009, por parte de la Dirección General de Norma-
tividad de Comunicación, de la Secretaría de Gobernación, cuyos objetivos son la planeación,
autorización, coordinación, supervisión y evaluación de acciones, campañas, programas y
estrategias de comunicación de las dependencias y entidades del gobierno federal.

92
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

complicidad de dueños y editores de medios y, desde


luego, la inestabilidad y precariedad de las condiciones
laborales de un gran número de periodistas sobre todo
–pero no solamente– en provincia.

Con base en el estudio Libertad de prensa (INAI, Parametría,


Freedom House y Universidad Iberoamericana, 2016),
la tabla 1 muestra que el mayor porcentaje de periodis-
tas (64%) gana menos de 13,151 pesos mensuales por
su trabajo, mientras que 26% gana arriba de esa cifra y
menos de 30,687 pesos. ¿Es mucho o poco? Para poner
las cifras en perspectiva, la página “Estudia en México”
(Study in Mexico) de la Secretaría de Educación Pública
(SEP, 2016) indica un costo promedio de renta mensual
en México que oscila entre 3,500 y 15,000 pesos, si a ello
se suma comida, vestido y transporte para una persona,
se añadirían entre 2,500 y 6,000 pesos más, sin incluir a
otros miembros de su familia que vivan con el o la perio-
dista y que puedan depender de su ingreso. Estos datos
nos dan así una mejor perspectiva.

De acuerdo con el reporte de la UNESCO citado anterior-


mente (UNESCO, 2014), en términos generales predominan
los salarios bajos entre los periodistas no sólo en México, sino
en América Latina, donde además tienden a empeorar cuan-
do se trata de reporteras. Esto se combina, de acuerdo con
este reporte, por una parte, con muy escasas posibilidades

93
Manuel Alejandro Guerrero

de que los medios para los que trabajan los periodistas in-
viertan en capacitarlos. Por la otra, con la tendencia de los
medios a reducir las prestaciones laborales a periodistas
–incluso recortando puestos– y a ofrecer, en cambio, contratos
temporales o espacios como freelance sin vínculos laborales
formales con las organizaciones mediáticas. La incertidum-
bre laboral se traduce, en no pocas ocasiones, en jorna-
das laborales más largas, o bien en una búsqueda constante
de compensaciones a los ingresos. En algunos casos a nivel
local, los periodistas han llegado a combinar su trabajo
con medios tiempos en oficinas de comunicación social
gubernamentales, lo que evidentemente termina por afectar
su independencia.

Tabla 1. Aproximadamente, ¿cuánto gana al mes por su trabajo?

Rango salarial (en pesos) Porcentaje de respuestas

Menos de $1,095 9%
Entre $1,096 y $4,383 11%
Entre $4,384 y $8,767 22%
Entre $8,768 y $13,151 22%
Entre $13,152 y $17,535 10%
Entre $17,536 y $21,919 5%
Entre $21,920 y $26,303 6%
Entre $26,304 y $30,687 5%
Más de $30,688 11%

Fuente: INAI, Parametría, Freedom House y Universidad Iberoamericana, 2016.

94
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

Otro dato interesante del estudio Libertad de prensa (INAI,


Parametría, Freedom House y Universidad Iberoamericana,
2016) es que ante la pregunta: “En su opinión, ¿cree que
hoy existe suficiente pluralidad de medios en los que us-
ted trabaja para la difusión de información periodística?”,
48% considera que no, por 49% que sí, lo que da una idea
clara acerca del panorama mediático en México como
espacio para desarrollarse profesionalmente con libertad.
Relacionado con ello, también el estudio muestra que
76% de los encuestados respondió que existen prácticas
monopólicas y anticompetitivas en el sector (de medios) y
la región en la que trabaja y, para rematar, 56% afirma que
“algunas veces los valores (límites) éticos no se respetan
en su medio debido a presiones comerciales”.

Esta injerencia de intereses extraperiodísticos, o al me-


nos su intento, en el trato informativo es una constante
en gran parte de los medios en México, que se acentúa en
los medios de las ciudades medianas y pequeñas. Nue-
vamente el estudio Libertad de prensa y expresión en
México ofrece datos al respecto: para 49% de los encues-
tados, los dueños y propietarios “siempre” intervienen
activamente en las decisiones editoriales, mientras que
para 36% lo hacen “a veces” y “ocasionalmente” , y sólo
para 14% eso no ocurre “nunca”. Más aún, para 19%, el
medio “siempre” suaviza o de plano no publica información
que pueda perjudicar a ciertos grupos, mientras que esta

95
Manuel Alejandro Guerrero

práctica ocurre “a veces” y “ocasionalmente” para 65%.


Con base en estos datos es posible reconocer una fuerte
tendencia a la intervención de criterios extraperiodísticos
en la política informativa y editorial de los medios. Quizá
el dato más revelador en este sentido es que, en una
pregunta cuyas respuestas no se marcaron como exclu-
yentes unas de otras, 93% considera que la censura “es una
práctica ejercida –en mucho 43% y en algo 50%– desde
el interior de los medios”, mientras que para 92% se trata
también de una práctica ejercida (57%, mucho y 35%,
algo) por agentes externos a los medios. Lo que muestran
estos datos es el reconocimiento de que, de facto, existe
censura en los medios frente a cierto tipo de información,
que puede provenir tanto desde el interior de los propios
medios, como desde factores externos.

Otro aspecto clave de este contexto institucional y de


mercado en donde se desempeña el periodismo en pro-
vincia tiene que ver con la falta de públicos y audiencias
locales lo suficientemente comprometidas tanto en térmi-
nos cívicos –interesados, participativos, exigentes de sus
autoridades y con alto sentido de eficacia política–, como
en términos comerciales que sean capaces de sostener
por venta publicitaria, suscripción, contribución o donati-
vo proyectos periodísticos locales independientes. En la
última Encuesta Nacional de Cultura Política y Prácticas
Ciudadanas, ENCUP, de 2012 (SEGOB, 2012), a la pregunta

96
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

de “¿qué tan complicada es para usted la política?”, 48.57%


considera que es “muy complicada” y sólo 14.21% que
es “nada complicada”. Asimismo, el Informe País sobre la
calidad de la ciudadanía en México (INE, 2015), al analizar
la participación política más allá del voto, indica que la
actividad más frecuente –“hablar sobre política”, que no
implica mayor esfuerzo– sólo incluye a cuatro de cada 10
mexicanos, mientras que la que le sigue –“asistir a reuniones
de cabildo o municipio”– incluye a 12%, o sea poco más de
uno de cada 10 (p. 72). Esto, desde luego, se vincula con
los bajos grados de confianza en instituciones: diputados
y partidos políticos no alcanzan ni 20% de confianza, la
policía tiene 22% y los jueces 24% de confianza, mientras
que los gobiernos estatales y municipales logran apenas
30% de confianza (p. 130). Contar con una ciudadanía activa
se traduce en mayor demanda de información confiable,
útil, oportuna e independiente que exige de los medios
y del periodismo mayor rigor y calidad. En cambio, una
sociedad poco interesada y participativa más allá de lo
estrictamente electoral, difícilmente será exigente con la
calidad de la información que se le ofrece.

Ahora bien, por lo que toca a la capacidad de los públi-


cos para sostener comercialmente los proyectos perio-
dísticos independientes, no se cuenta con datos sobre
el volumen de las audiencias por plazas y regiones. Sin
embargo, se puede estimar la distancia que existe entre

97
Manuel Alejandro Guerrero

los tres principales mercados comerciales y publicitarios


en México –la Ciudad de México, Guadalajara y Mon-
terrey– frente al resto del país. De los 148 mil millones
de pesos que significó todo el mercado publicitario en
México en 2015 (que incluye promociones, mercadotec-
nia, publicidad, puntos de venta, investigación y relacio-
nes públicas), el componente de inversión publicitaria en
medios fue de 71,784 millones de pesos (González, 2015).
Si de esta cifra se calcula que cerca de 60% de esa inver-
sión se coloca en la Ciudad de México y cerca de 35%
en Guadalajara y Monterrey, el resto del país recibe sólo
el 5%, lo que equivale a una cifra alrededor de los 3,600
millones de pesos.16 Otra forma de estimarlo es por tipo de
medio. Con base en la proyección de la inversión publicitaria
en medios en México para 2015, 50% se habría hecho en
TV abierta (sobre todo en Televisa y TV Azteca), 14% en
internet y redes, 10% en TV de paga, 9% en radio, 7%
en impresos y el resto en otros medios (Signum, 2014). Al
tomar estos datos es posible suponer que los mercados
publicitarios comerciales de las ciudades medianas y pe-
queñas no son suficientemente fuertes como para sostener
proyectos periodísticos independientes, como existen en los
grandes centros urbanos, en los que además, suele haber
mayores grados de activismo y conciencia cívica.

16
Entrevista con Jordi Oliva, director de Starcom MediaVest Group México (5 de septiembre
de 2016, en la Universidad Iberoamericana).

98
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

Falta de garantías en el desempeño profesional


La violencia contra periodistas ha estado presente, aunque
no de forma permanente y uniforme, a lo largo de la historia
moderna de México. En su estudio sobre la violencia con-
tra periodistas en México, Avendaño (2014), al tomar como
base el trabajo de Moncada (1991), reporta que entre 1946
y 2000 hubo cerca de 46 periodistas asesinados, cuyos
crímenes se relacionan con el poder político y el crimen
organizado. Por sexenio, las cifras que ofrece son las siguien-
tes: un asesinato durante el periodo del presidente Miguel
Alemán; tres, bajo el presidente Ruiz Cortines; cuatro, con
el presidente López Mateos; tres, con el presidente Díaz
Ordaz; dos, con el presidente Luis Echeverría; nueve, con
el presidente López Portillo; 14, con el presidente De la
Madrid; tres, con el presidente Salinas de Gortari; y sie-
te, durante el gobierno del presidente Zedillo (pp. 26-29).
Si ahora se divide entre asesinatos cometidos en la Ciudad
de México y en el resto del país, las cifras muestran que 10
de ellos se cometieron en la capital, mientras que los otros
36 ocurrieron en el resto del país. Ello no sorprende, debido a
la mayor vulnerabilidad en las condiciones generales en que
se desempeñan periodistas en muchos lugares de provincia.

La alternancia en el Poder Ejecutivo federal que tuvo lugar


en el año 2000 con la llegada de Vicente Fox, candidato
del PAN a la presidencia, generó grandes expectativas
en relación con la posibilidad de consolidar una serie

99
Manuel Alejandro Guerrero

de cambios que apuntalaran una transformación demo-


crática. Muy pronto, como se ha analizado en la primera
parte de este trabajo, la esperanza de transitar hacia un
ejercicio del poder más responsable y con mayor rendición
de cuentas cedió al desencanto por la falta de soluciones
y respuestas a los añejos problemas del país, así como
por la pérdida de efectividad y eficacia de las instituciones
centrales en un contexto en el que gobiernos estatales y
municipales redescubrían las ventajas de un federalismo
que, en los hechos, parecía “feudalizar” el poder. En el caso
del periodismo, dice Avendaño (2014):

La alternancia política que se vivió cuando arribó a la pre-


sidencia Vicente Fox Quesada (2000-2006) y su sucesor
Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012), ambos militantes
del Partido Acción Nacional, por un lado inauguró una
época de mayor apertura en la prensa y, por el otro, abrió
el frente a una de las peores crisis de violencia que han
sufrido las y los periodistas y el país en general. Si bien
la prensa gozó de una libertad que no conocía antes, el
clima de violencia aunado a los escasos protocolos de
seguridad en las empresas de medios, la nula eficiencia
en el sistema de administración de justicia y una cruel
batalla contra el crimen organizado, colocaron al gremio
periodístico en el peor escenario posible: se volvieron
blanco del silencio forzado (p. 30).

100
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

En efecto, de acuerdo con datos de Artículo 19 (2015), du-


rante esos dos sexenios se cometieron 66 asesinatos de
periodistas y se cuentan cerca de 13 de ellos desaparecidos.
En buena medida, el incremento de la violencia contra pe-
riodistas tiene su origen en la “guerra contra el narcotráfico”
que llevó a cabo el presidente Felipe Calderón como su
principal proyecto político. En esas circunstancias, perio-
distas, fotógrafos y editores para quienes, de pronto, sus
localidades quedaron en la línea del frente de esa “guerra”,
se descubrieron no sólo sin la debida protección institucio-
nal (lo que en sí mismo debía ser ya un escándalo), sino
además sin la capacitación ni el entrenamiento profesional
adecuados para cubrir la violencia y cuidarse ellos mismos.

El regreso del PRI al gobierno federal con el presidente


Enrique Peña Nieto supuso, en un inicio, la reinstalación de
una clase política que, con la experiencia de décadas, sabría
cómo reducir efectivamente la violencia en el país. En este
sentido, lo que sí cambió inmediatamente en comparación
con el sexenio del presidente Calderón fue que los princi-
pales medios tradicionales en casi todo el país dejaron de
reportar sobre la violencia y los crímenes cotidianos. Dado
que el tema quedó fuera de la agenda discursiva del presi-
dente Peña, la gran mayoría de los medios, acostumbrados
a reportar declaraciones, dejaron de cubrir un tema que, de
todas formas, se había estado reportando sin explicaciones,
contexto, análisis y seguimiento adecuados. Por ejemplo,

101
Manuel Alejandro Guerrero

el periódico Milenio Diario, suspendió la publicación diaria


de la cifra de “muertos” que popularizó en el sexenio del
presidente Calderón. Al dejar de hablar de la violencia los
principales actores políticos y, por consiguiente, dejar fuera
su cobertura en los principales medios tradicionales, se
pretendía generar la sensación de que la violencia estaba
ya bajo control. No obstante, las cifras del sexenio del pre-
sidente Peña muestran que la violencia ha ido en aumento,
pues de acuerdo con Artículo 19 (2016), mientras que en
el sexenio anterior un comunicador recibía una agresión
cada 48.1 horas, ahora la recibe cada 26 horas.

El asesinato, desde luego, es la forma más agresiva de


atentar contra la libertad de información (incluyendo
aquí tanto la libertad de expresión y de prensa, como el
derecho a la información), pero no ha sido la única. La
violencia extendida contra periodistas, empleados de los
medios, las propias organizaciones mediáticas y, desde
hace unos años, contra blogueros y otros difusores de
información en las redes sociales, se manifiesta de diver-
sas formas, desde la intimidación y las amenazas hasta,
claro está, el asesinato y la desaparición. Nuevamente
de acuerdo con datos de Artículo 19 (2016), existen 1,832
casos documentados de agresiones contra la prensa
de 2009 a 2015 en México, siendo este último el año
más violento con 397 agresiones (cuadro 1). Ahora bien,
¿dónde han ocurrido los ataques más frecuentes? La

102
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

tabla 2 presenta datos sobre los estados que han tenido


la mayor incidencia de ataques contra la prensa en 2015.
Veracruz y la Ciudad de México destacan en primer lu-
gar, seguidos por Guerrero, Puebla, Oaxaca y Quintana
Roo. Con todo, los ataques que ha sufrido la prensa en
la Ciudad de México (17% del total), parecen tener una
naturaleza distinta a los del resto de los estados de la
República (83% del total), según este informe, en donde
los gobiernos locales y grupos de la violencia organizada
son las principales fuentes de agresión al libre ejerci-
cio del periodismo. En cambio, en la Ciudad de México,
aunque el número de ataques no es menor, la mayoría
ocurre durante la cobertura de conflictos sociales, como
las marchas que han protagonizado maestros y activistas.

Cuadro 1. Ataques documentados contra la prensa en México,


2009-2015

500
397
400
330
300
238 326

200
207
162 172
100

0
2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015

Fuente: Artículo 19, 2016.

103
Manuel Alejandro Guerrero

Tabla 2. Estados con mayor incidencia de ataques a la prensa, 2015

67 67
56
38 35
18

ruz éxico Guerrero Puebla


a Roo
Verac d de M Oaxac Quintana
Ciuda

Fuente: Artículo 19, 2016.

Con base en estos datos no sorprende la fuerte percepción


de que la violencia contra periodistas se origina tanto en
el crimen organizado como en las autoridades locales. En
este sentido, como respuesta a la pregunta “¿En qué grado
son limitantes para el ejercicio de la libertad de prensa?”,
el estudio Libertad de prensa (INAI, Parametría, Freedom
House y Universidad Iberoamericana, 2016) indica que
71% de los periodistas encuestados considera que lo son,
en mucho, la violencia y la amenaza desde el crimen or-
ganizado, y 67% piensa que lo son, también mucho, la
violencia y la amenaza desde los poderes locales. Según
datos de esta misma encuesta, 61% reporta que ha sido
víctima de algún tipo de agresión física, psicológica, jurídi-
ca, digital o de otro tipo en el desempeño de su profesión.
Y de quién sospechan quienes han sufrido estas agresiones
que pudiera ser el perpetrador, 77% señala a “funcionarios

104
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

públicos o miembros de su equipo”, 40% a “fuerzas del


orden (ejército o policía)” y 24% al “crimen organizado”.
Como señaló el periodista Francisco Garfias en el Senado
de la República, al serle otorgado un reconocimiento junto
a otros periodistas más, en octubre de 2015: “los comuni-
cadores que trabajan en los estados son los que están más
expuestos [a la violencia]” (La Razón, 2-X-2015).

La presión tanto de ONG, académicos, acciones colecti-


vas de periodistas y, sobre todo, la derivada de la crítica
internacional, tuvieron como resultado la creación de
una Fiscalía Especial para la Atención de Delitos contra
la Libertad de Expresión, FEADLE, en 2010, dependiente
de la Procuraduría General de la República. En principio,
la FEADLE tiene como objetivos atender a las víctimas
de crímenes, organizar la información de las averigua-
ciones previas, promover la cultura de la prevención, el
respeto y promover los derechos relativos a la libertad
de expresión y el derecho a la información y proteger a
los trabajadores de los medios que lo necesiten. Artículo
19 (2015), al hacer un seguimiento de la trayectoria de
esta Fiscalía en sus primeros años, reporta que ha teni-
do resultados muy deficientes y que ha sido incapaz de
cumplir sus objetivos.

Al final del gobierno del presidente Calderón y, en parte


como resultado de la ineficiencia evidente de la FEADLE,

105
Manuel Alejandro Guerrero

se instauró el Mecanismo para la Protección de Personas


Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, dentro
de la estructura de la Secretaría de Gobernación. Este Me-
canismo se integra por una junta de gobierno compuesta
por nueve miembros con voz y voto (un representante
de la Secretaría de Gobernación, uno de la Procuraduría
General de la República, uno de la Secretaría de Relacio-
nes Exteriores, uno de la de Seguridad Pública, uno de la
Comisión Nacional de los Derechos Humanos y cuatro
representantes del Consejo Consultivo: dos periodistas
y dos defensores de derechos humanos), otros nueve
con voz pero sin voto, un Consejo Consultivo de nue-
ve miembros de la sociedad civil, una Coordinación Eje-
cutiva Nacional y tres unidades auxiliares.

El Mecanismo, igual que la Fiscalía, se ha extraviado en su


propia burocracia y no ha dado los resultados esperados,
al presentar dificultades de operación, problemas para
registrar los casos de amenaza, ineficiencia en garan-
tizar adecuadamente medidas de protección y falta de
coordinación entre sus propias áreas (Artículo 19, 2015).
Como resultado, no es casual que exista una enorme
desconfianza entre los propios periodistas para recurrir
a estas instancias al enfrentar amenazas derivadas de
su desempeño. De acuerdo con el estudio Libertad de
prensa (INAI, Parametría, Freedom House y Universi-
dad Iberoamericana, 2016), de los periodistas que han

106
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

vivido situaciones de peligro, 74% ha buscado apoyo en


amigos, familiares y colegas y 73% ha tomado medidas
personales, mientras que 71% menciona no haber busca-
do ayuda ni en la CNDH ni en comisiones locales y 77%
tampoco lo ha hecho en el Mecanismo o la FEADLE.
Más aún, 80% considera que no existe confianza en las
instituciones y los procedimientos gubernamentales que
deberían proteger y salvaguardar el trabajo periodístico.

Esta sección concluye que, si bien ha habido una innegable


transformación en el quehacer periodístico a partir de las
nuevas oportunidades que ofrece la tecnología y, como
consecuencia, de la emergencia de nuevas audiencias
y públicos más exigentes con la calidad informativa (y
de contenidos en general), resulta evidente que esas
oportunidades no se presentan por igual, ni a lo largo del
territorio ni en todos los tipos de medios y plataformas
informativas. Los más beneficiados han sido periodistas
que, en lo individual y colectivo, han sabido adaptarse
y responder a la dinámica de las exigencias en los es-
pacios urbanos más modernos del país, sobre todo la
Ciudad de México, innovando en temas y en perspectivas
de tratamiento informativo con base en la investigación
y la práctica más profesional del ejercicio periodístico.
Este periodismo responsivo está logrando instaurar un
método de hacer las cosas que ha resultado ser efectivo
sólo en la medida en que existen públicos que consumen

107
Manuel Alejandro Guerrero

esa información y mercados que puedan sostener estos


proyectos. Al mismo tiempo, empero, los trabajadores de
los medios, periodistas y ahora blogueros, en muchas ciu-
dades medianas y pequeñas enfrentan una realidad muy
distinta, pues ante la debilidad de públicos y mercados,
predominan intereses extraperiodísticos –corporativos y
políticos– cuya injerencia constante afecta el contenido
informativo coartando sus aspectos más independientes y
su capacidad de vigilancia. Como se ha visto, el problema
es que estas debilidades, sumadas a la precariedad de
los mercados laborales, no sólo facilitan el papel inhibidor
de la publicidad oficial y de otros intereses de dueños
y políticos, sino que dejan a los informadores a merced
de sus propios recursos, tanto profesionales como per-
sonales, para enfrentar los riesgos de su profesión. Si a
ello se añade la falta de efectividad y de eficiencia de fis-
calías, procuradurías y de otras instancias pensadas para
su protección, el periodista se convierte de inmediato en
el blanco más fácil de apuntar por parte de sectores de
la clase política y del crimen organizado. Así, en muchos
lugares de provincia, se tiene un periodismo acosado que,
en el corto plazo, no parece tener demasiadas alternativas
para desempeñarse de forma libre e independiente y vivir
decorosamente y con seguridad de la profesión.

108
Consideraciones finales

Una manera de aprovechar estos últimos párrafos es ofrecer


argumentos para responder a las preguntas: ¿pueden los
medios y el periodismo ayudar a fortalecer la democracia?
y ¿pueden hacerlo en México? Al citar las ideas centrales
de una conferencia impartida por Jay Blumler, prestigiado
académico de la comunicación política, Coleman, Moss y
Parry (2015) indican que, para el profesor, la

[…] democracia hoy en día debe aspirar a realizar “el


ideal de la autodeterminación colectiva” y, para que eso
suceda, los medios de comunicación deben adherirse a
cuatro propósitos de la comunicación cívica. El primero
es alimentar la necesidad ciudadana de vigilancia sobre
los ámbitos del entorno político que le son de interés. El
segundo es para defender la posibilidad de poder elegir
“sobre las cuestiones y los problemas que, en última instan-
cia, determinan la forma en que vivimos con los demás”. El
tercero es la “inclusión: que todas las partes de la sociedad

109
Manuel Alejandro Guerrero

susceptibles de ser afectadas por –o que tengan visiones


alternativas acerca de– las políticas públicas tenga voz en
ellos”. Cuarto, que los medios provean de marcos explicati-
vos “para comprender los intercambios entre ciudadanos
y tomadores de decisiones, permitiendo a los primeros
verdaderas oportunidades de influir en los segundos y
a estos, a su vez, conocer mejor a la ciudadanía” (p. 7).

Lo que implica Blumler con estos cuatro aspectos es una


transformación profunda de la estructura mediática que, en
sus aspectos organizacionales y empresariales, parece muy
difícil –si no, de plano, imposible– poder realizar hoy en día,
al menos en las grandes organizaciones mediáticas. Para
empezar, los intereses de los grandes grupos mediáticos
hace tiempo que dejaron de responder únicamente a inte-
reses estrictamente mediáticos, menos aún, periodísticos.

En 1983, Ben Bagdikian publicó un texto en que advertía


sobre los riesgos de la concentración mediática en Oc-
cidente (con un enfoque particular en Estados Unidos)
para mantener un espacio público abierto a diferentes
ideas, a la manifestación del disenso y a la posibilidad de
preservar mecanismos útiles a la ciudadanía para vigilar y
exigir rendición de cuentas de sus élites. Bagdikian (1983)
señalaba entonces que cerca de 50 grandes corporaciones
controlaban los mercados de diseño, producción y distri-
bución de contenidos, informativos y de entretenimiento,

110
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

en el mundo occidental (y casi todas eran corporaciones


estadounidenses). Dos décadas más tarde, Bagdikian
(2004) revisó su texto y concluyó, esta vez, que la ten-
dencia a la concentración se ha acelerado a tal grado
que muchos de los procesos principales en los merca-
dos mediáticos globales están en manos de poco más
de cinco gigantescas corporaciones. La cuestión es que
no se trata únicamente de organizaciones multimedia,
lo que ya de suyo implicaría un serio problema, sino que
estas empresas forman parte de gigantescos corporati-
vos –cuyo tamaño y extensión ha sido facilitado por los
profundos procesos de desregulación y de liberalización
económica de los años ochenta y noventa– en los que el
componente mediático, con frecuencia fungiendo ya como
ventanas de comercialización corporativa, es uno más de
entre muchas otras actividades y extensos intereses, por
lo general, vinculados con e interesados en preservar, el
statu quo (Croteau y Hoynes, 2014).

Por tanto, en términos organizacionales, la esperanza


de que estos grandes medios cumplan los propósitos a los
que se refiere Blumler, no parece muy plausible. En este
sentido, los medios tradicionales netamente informativos
(aun con sus extensiones hacia los espacios digitales)
enfrentan hoy duras crisis para comercializarse de forma
que puedan preservar su independencia y su rigor sin
sacrificar el número de páginas. Esta crisis incluye hoy

111
Manuel Alejandro Guerrero

a medios de tanto prestigio como The New York Times,


The Washington Post, Frankfurter Allgemeine, The Guardian
o Le Monde, cuyas redacciones se han estado empe-
queñeciendo y cuyos reportajes se firman por un creciente
número de colaboradores freelance. Desde luego que en
medios más modestos y en mercados más pequeños
que los de Londres, Nueva York, Washington, París o
la parte financiera de Alemania, estas tendencias son
aún más evidentes. En este sentido, la función informa-
tiva de los medios está en riesgo de quedar absorbida
por contenidos más rentables y atractivos comercial-
mente, como ya ocurre en muchos medios que están
optando por adoptar lo que se conoce como “infoentrete-
nimiento” (infotainment) (Anderson, 2004) o “polientre-
tenimiento” (politainment) (Dörner, 2001). Al respecto,
hay autores que señalan que la adopción de formatos
atractivos del entretenimiento para programas de corte
informativo puede atraer mayores audiencias o lectores
debido a que hace a estos contenidos más casuales y
estimulantes (Schicha, 2003). No obstante, si bien en
términos de formato puede haber lecciones importantes
que aprender para quienes generan contenido informativo,
un grave error es sustituir o combinar este contenido con
mero entretenimiento.

Entonces, ¿a dónde mirar con la esperanza de ver cum-


plirse los propósitos que señala Blumler? Ante la crítica

112
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

situación de la función informativa de los medios, es im-


portante considerar el potencial del periodismo en esta
tarea. Es verdad que no se trata de una profesión que
no haya estado enfrentando serios retos en las últimas
décadas: desde la “flexibilización” laboral –como gustan
llamar en ciertos círculos a la pérdida de garantías en las
condiciones de trabajo– en mercados que a cambio exigen
mayores conocimientos y habilidades tecnológicas, hasta
la competencia que le hace hoy el periodismo ciudada-
no. Con todo, hoy el periodismo ya puede desarrollarse y
crecer por fuera de los canales mediáticos tradicionales,
algo impensable hace un par de décadas. Asimismo, la
tecnología ha permitido la posibilidad de lograr mayor
interactividad, diálogo e intercambio con sus públicos
mediante una creciente cantidad de plataformas. Como
se ha dicho, ante la abrumadora cantidad de contenidos
que nos rodean, el papel del periodismo –del buen perio-
dismo– se vuelve hoy más necesario en términos de
acercarnos contexto, sentido, explicación y seguimiento
basados en rigor y método. Mientras la democracia siga
siendo la aspiración fundamental hacia la cual encaminar
los esfuerzos de la vida pública, su componente participati-
vo –independientemente de sus formas y alcances– reque-
rirá de información útil, relevante, oportuna, independiente
y veraz, y ello es la razón de fondo por la que el periodismo
profesional seguirá siendo necesario.

113
Manuel Alejandro Guerrero

En el caso de México es menester insistir en que, ade-


más de los retos ya descritos, el periodismo enfrenta
riesgos particulares que lo colocan en una posición de
extrema fragilidad y, por tanto, también a la calidad de
la deliberación pública. Las crisis económicas y políti-
cas que tuvieron como consecuencia la alternancia en
el año 2000, liberalizaron los espacios al pluralismo y
deterioraron las condiciones para poder mantener las
antiguas variables de la censura ambiental. Sin embargo,
lejos de haber gestado una tendencia uniforme hacia
un periodismo más independiente, en la gran mayoría
de los medios tradicionales los nuevos acuerdos con
los grupos políticos que ascendieron por la vía elec-
toral sustituyeron a los viejos arreglos con el régimen
y mantuvieron algunas de las prácticas inhibitorias
de un periodismo más profesional y ofrecieron, a cambio,
uno colaborador.

En las ciudades medianas y pequeñas, las condiciones


son más bien las de un periodismo acosado, en donde
a los retos y los riesgos descritos hay que añadir los
embates directos por parte tanto de grupos políticos –y
no pocas veces de funcionarios gubernamentales de
todo nivel– como del crimen organizado. La fragilidad
de las condiciones en las que este periodismo se de-
sempeña obedece principalmente, como se ha dicho,
a la debilidad de mercados publicitarios robustos, a la

114
Democracia y medios en México: el papel del periodismo

ausencia de públicos con mayor capacidad y exigencia


cívica para sostenerlos, al desinterés e incompeten-
cia de las instituciones para dar las garantías mínimas
de seguridad personal a periodistas, a la colusión y la
ambición de políticos y dueños, y a la falta de apoyos
para capacitación de los periodistas.

A pesar de este panorama un tanto oscuro, en donde el


periodismo profesional es excepción y no regla, en las
últimas décadas se ha ido abriendo espacio a contra-
corriente un nuevo tipo de quehacer periodístico inno-
vador en temas y enfoques, alojado sobre todo –pero no
exclusivamente– en el ciberespacio. Este periodismo,
que tampoco está libre de los retos mencionados, ni
enteramente de los riesgos también señalados, ha
podido existir no sólo gracias a la revolución digital,
sino también a las posibilidades que, con todo, ofrecen
sus anclajes en mercados publicitarios y comerciales
más fuertes en los grandes centros urbanos y al sur-
gimiento de nuevos públicos más exigentes con la
calidad de los contenidos que consumen. Es en estas
prácticas periodísticas –aún minoritarias, circunscritas
a ciertos espacios en las grandes urbes mexicanas y
con audiencias pequeñas, aunque cualitativamente
importantes– en donde es posible cifrar la esperanza,
ya no digamos de poder cumplir los propósitos que
menciona Blumler, sino de poder establecer una agenda

115
Manuel Alejandro Guerrero

pública de transformación política (hacia la consolida-


ción democrática, en un lenguaje más usual) a partir
de la identificación compartida de rutas críticas para
atender los grandes problemas nacionales.

116
Bibliografía

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Sobre el autor

Manuel Alejandro Guerrero es doctor en Ciencia Política


con especialidad en Comunicación Política por el Instituto
Europeo Universitario de Florencia, Italia. Realizó estudios
de maestría en Estudios Latinoamericanos en la Universidad
de Cambridge, Inglaterra, y de licenciatura en Relaciones
Internacionales en El Colegio de México. Es director del
Departamento de Comunicación de la Universidad Ibero-
americana y titular de la Cátedra UNESCO en Comuni-
cación y Sociedad.

Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del


Consejo de Administración de la Red Mundial de Cátedras
UNESCO en Comunicación y de varios comités editoriales
internacionales. Ha sido asesor en la Cámara de Diputados
y el Senado de la República.

Entre sus publicaciones más recientes se encuentran


Datos abiertos: Ciudadanos, sociedad y medios; Conexión

131
Manuel Alejandro Guerrero

pública. Consumo mediático y construcción cívica en la


vida cotidiana; “Comunities: The Mexican Movement
#YoSoy132 as an Example of Prodiences’ Civic Engage-
ment”, en Moses Shumov (ed.), Mediated Comunities, Civic
voices, Empowerment and Beloging in the Digital Era.

132
34
Democracia y medios en México:
el papel del periodismo

se terminó de imprimir en noviembre de


2020 en Litográfica Ingramex, S.A. de C.V.,
Centeno 195, col. Valle del Sur, Alcaldía
Iztapalapa, C.P. 09819, Ciudad de México.

Se utilizaron las familias tipográficas Acumin


Pro y Slate Pro; papel Bond ahuesado
cultural de 90 gramos y forros en cartulina
Bristol de 240 gramos.

La edición consta de 1,000 ejemplares y


estuvo al cuidado de la Dirección Ejecutiva
de Capacitación Electoral y Educación
Cívica del Instituto Nacional Electoral.
Consulta las bases
de datos del INE
CUADERNOS DE DIVULGACIÓN DE LA CULTURA DEMOCRÁTICA
(TÍTULOS PUBLICADOS)

1. Principios y valores de la democracia, Luis Salazar y


José Woldenberg, 1993
2. La cultura política democrática, Jacqueline Peschard, 1994
3. La democracia como forma de gobierno, José F.
Fernández Santillán, 1995
4. La participación ciudadana en la democracia, Mauricio Merino, 1995
5. Elecciones y democracia, José Antonio Crespo, 1995
6. Gobernabilidad y democracia, Antonio Camou, 1995
7. Sistemas electorales y de partidos, Leonardo Valdés, 1995
8. Partidos políticos y democracia, Jaime F. Cárdenas Gracia, 1996
9. Esferas de la democracia, Jesús J. Silva-Herzog Márquez, 1996
10. Tolerancia y democracia, Isidro H. Cisneros, 1996
11. Oposición y democracia, Soledad Loaeza, 1996
12. Estado de derecho y democracia, Jesús Rodríguez Zepeda, 1996
13. Diálogo y democracia, Laura Baca Olamendi, 1996
14. Democratización y liberalización, César Cansino, 1997
15. Consulta popular y democracia directa, Jean-François
Prud’homme, 1997
16. Democracia y educación, Gilberto Guevara Niebla, 1998
17. Federalismo, gobiernos locales y democracia, Tonatiuh
Guillén López, 1999
18. Libertad y democracia, Víctor Alarcón Olguín, 1999
19. Gobiernos y democracia, Javier Hurtado, 1999
20. Sistemas parlamentario, presidencial y semipresidencial, Ricardo
Espinoza Toledo, 1999
21. Rendición de cuentas y democracia. El caso de México, Luis
Carlos Ugalde, 2002
22. Concepciones de la democracia y justicia electoral, José Ramón
Cossío D., 2002
23. Género y democracia, Estela Serret, 2004
24. Comunicación y democracia, Enrique E. Sánchez Ruiz, 2004
25. Democracia y (cultura de la) legalidad, Pedro Salazar Ugarte, 2006
26. Multiculturalismo y democracia, Lourdes Morales Canales, 2008
27. Ciudadanía y democracia, Alberto J. Olvera, 2008
28. Democracia y formación ciudadana, Teresa González
Luna Corvera, 2010
29. Sufragio extraterritorial y democracia, Víctor Alejandro
Espinoza Valle, 2011
30. Políticas públicas y democracia, David Arellano Gault y
Felipe Blanco, 2013
31. Derechos fundamentales y democracia, Miguel Carbonell, 2013
32. Formación ciudadana en México, Silvia L. Conde, 2014
33. Democracia y organismos internacionales, Alejandra Nuño, 2016
34. Democracia y medios en México: el papel del periodismo, Manuel
Alejandro Guerrero, 2016
35. Democracia y burocracia, Guillermo M. Cejudo, 2016
36. Democracia, populismo y elitismo, Luis Daniel Vázquez Valencia, 2016
37. Los derechos humanos y la democracia en el sistema
interamericano, Natalia Saltalamacchia y María José Urzúa, 2016
38. Mujeres y derechos políticos en México: una introducción
conceptual, Ricardo Ruiz Carbonell, 2017
39. Democracia y gobiernos municipales en México: de la política a las
políticas, Oliver D. Meza, 2017
40. Democracia y género. Historia del debate público en torno al sufragio
femenino en México, Gabriela Cano, 2018
41. Democracia, privacidad y protección de datos personales, María
Solange Maqueo Ramírez y Alessandra Barzizza Vignau, 2019
34 Democracia
y medios en México:

Manuel Alejandro Guerrero


el papel del periodismo

Manuel Alejandro Guerrero

Cuadernos de Divulgación de la Cultura Democrática


34
Consulta el catálogo
de publicaciones del INE

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