36 Democracia, populismo
y elitismo
Luis Daniel Vázquez Valencia
Luis Daniel Vázquez Valencia
Cuadernos de Divulgación de la Cultura Democrática
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Democracia, populismo
y elitismo
Luis Daniel Vázquez Valencia
Democracia, populismo
y elitismo
Luis Daniel Vázquez Valencia
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Instituto Nacional Electoral
Consejero Presidente
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Titular del Órgano Interno de Control
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Director Ejecutivo de Capacitación
Electoral y Educación Cívica
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Democracia, populismo y elitismo
Luis Daniel Vázquez Valencia
Primera edición, 2016
Primera edición en este formato, 2020
D.R. © 2020, Instituto Nacional Electoral
Viaducto Tlalpan núm. 100, esquina Periférico Sur
Col. Arenal Tepepan, 14610, México, Ciudad de México
ISBN obra completa impresa: 978-607-8772-11-7
ISBN volumen impreso: 978-607-8772-47-6
ISBN obra completa electrónica: 978-607-8772-90-2
ISBN volumen electrónico: 978-607-8790-13-5
El contenido es responsabilidad del autor y no
necesariamente representa el punto de vista del INE
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Distribución gratuita. Prohibida su venta
Contenido
7 Presentación
11 Introducción
15 De la democracia al elitismo
85 Del elitismo al populismo
107 Democracia, elitismo y populismo: unidos por una
misma historia en la democracia a la mexicana
117 Fuentes de información
141 Sobre el autor
Presentación
Fortalecer la democracia y consolidarla como un sistema
que aporte igualdad y bienestar a la sociedad constitu-
ye un desafío para los regímenes democráticos ante el
desencanto manifiesto de la población por no ver resul-
tados tangibles en la satisfacción de sus necesidades
básicas, por la pobreza, la desigualdad y la violencia, la
corrupción y la impunidad, entre otros aspectos que dan
cuenta del incumplimiento de los avances prometidos.
El desencanto es claramente producto de múltiples fac-
tores. Se espera que el ejercicio del poder obtenido de-
mocráticamente se ejerza de manera democrática, pero la
gente no percibe que esté funcionando para su bienestar.
El Dr. Luis Daniel Vázquez Valencia presenta en este
Cuaderno de Divulgación de la Cultura Democrática
un detallado análisis histórico y conceptual de elitis-
mo y populismo y su relación con la democracia, desde
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Luis Daniel Vázquez Valencia
diversos enfoques y perspectivas, con la convicción de
que la única forma de recuperar las democracias actuales,
y con ello la presencia del principio de soberanía popular,
es lograr que los gobiernos electos atiendan las demandas
sociales y que efectivamente rindan cuentas, además de
que el poder político tenga límites mediante mecanismos
de pesos y contrapesos.
El autor explica el paso de la democracia al elitismo, y
analiza diversas posturas sobre el populismo: quienes lo
consideran democrático, a partir de la inclusión radical de
los excluidos por vías simbólicas políticas o económicas, o
quienes ven al populismo profundamente antidemocrático
por la ruptura de los mecanismos de pesos y contrapesos,
la concentración del poder en un líder y la conformación
de una democracia plebiscitaria.
En opinión del doctor Vázquez, para entender la relación
entre el populismo y la democracia es necesario compa-
rar el populismo realmente existente con la democracia
realmente existente, y expone lo que considera sucede al
respecto en la democracia de nuestro país. A las limitaciones
generales de la transición a la democracia, afirma, hay que
sumar las problemáticas específicas de la forma de hacer
política en México: el clientelismo como forma alternativa
de intermediación política, la negación frente a la crítica,
la simulación, la corrupción y la impunidad.
8
Democracia, populismo y elitismo
Con la presente publicación, el Instituto Nacional Electoral
contribuye a la reflexión sobre los factores que inciden en
el funcionamiento de los regímenes democráticos.
Instituto Nacional Electoral
9
Introducción
¿Cuáles son las relaciones entre democracia, elitismo
y populismo? Ésta es la pregunta que guía el texto. El
ensayo está estructurado en tres partes. En la primera
explico el paso de la democracia al elitismo. Recupero
la formación del gobierno representativo que se llevó a
cabo en el Congreso Constituyente de Estados Unidos
en 1787. En ese momento, la democracia significaba la
participación de forma directa en la toma de decisiones
políticas por medio de asambleas. A partir de un ánimo
contramayoritario, el objetivo del gobierno representativo
fue desvincular a las personas de la toma de decisiones
y dotar de autonomía a los gobernantes para “desen-
tenderse de las pasiones momentáneas del pueblo”. El
pueblo ya no gobierna, en ningún sentido de las pala-
bras pueblo o gobernar, sino que elige a quienes serán
los gobernantes. Éste es el aspecto central del elitismo
en la democracia: la división política del trabajo entre
gobernantes y gobernados.
11
Luis Daniel Vázquez Valencia
Además de la formación elitista, el gobierno representativo
se integra por una serie de mecanismos de control sobre
el gobierno, todos ellos actualmente teorizados a partir de
la idea de accountability: vertical (premio o castigo en las
elecciones), horizontal (Estado de derecho o rendición
de cuentas) y social (pluralismo, movimientos sociales y
empresarios). En la medida que el gobierno logre auto-
nomizarse de los deseos momentáneos del pueblo, pero
al mismo tiempo sea controlado para evitar decisiones
políticas arbitrarias, la soberanía popular –entendida como
acción política a favor del pueblo– no desaparece del todo.
Sin embargo, ¿qué pasa si los mecanismos de account-
ability no funcionan? En esta primera parte también se
analiza cada uno de los tres mecanismos de accountability
mencionados: su andamiaje institucional, sus premisas
y sus fallas; las formas en que los gobiernos (ejemplifi-
cando con el caso mexicano) han logrado neutralizar a
estas formas de control. El principal problema que tiene
el gobierno representativo cuando los mecanismos de
accountability no funcionan, es que no sólo se trata de un
modelo elitista (división política del trabajo entre gober-
nantes y gobernados), sino abiertamente particularista.
Un gobierno que atiende sistemáticamente las demandas
de sólo una parte de la sociedad, convirtiéndose –pese a
ser electo– en un gobierno minoritario, un gobierno donde
los mismos pierden siempre.
12
Democracia, populismo y elitismo
En la segunda parte se analiza el paso del elitismo-par-
ticularista al populismo. Se explica qué es el populis-
mo y cuáles son las posibles relaciones entre éste y
la democracia. En un acápite se analizan las posturas
que miran en el populismo aspectos democratizantes
a partir de la inclusión radical de los excluidos, ya sea
por vías simbólicas, políticas o económicas. Asimismo,
se especifican las posturas que miran en el populismo
elementos contrarios a la democracia, por la ruptura de
los mecanismos de accountability, la concentración
del poder en un líder y la conformación de una demo-
cracia plebiscitaria.
En la tercera parte se realiza una conclusión sobre las
relaciones de estos tres conceptos: democracia, elitis-
mo y populismo, una tríada difícil de disolver. Para com-
prender el nacimiento del populismo contemporáneo
de América Latina se deben visualizar los procesos de
elitización-particularista del gobierno representativo.
Esto nos lleva a tres puntos: es necesario comparar a la
democracia elitista realmente existente con el populis-
mo; la concentración del poder que conlleva la ausen-
cia de controles en el populismo se encuentra también
presente en la democracia elitista realmente existente;
y el populismo será siempre un espectro de la demo-
cracia elitista, cuando ésta toma formas minoritarias y
abiertamente excluyentes.
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Luis Daniel Vázquez Valencia
Finalmente, me parece de especial relevancia dedicar
tiempo al estudio de los distintos mecanismos de account-
ability, prestando atención a las formas que los gobiernos
han encontrado para neutralizarlos. Si queremos recuperar
nuestras democracias, la única forma será logrando que los
gobiernos electos den cuenta de las demandas sociales.
No es raro pensar que el gobierno más representativo
será aquel que logre dar cuenta del mayor número de
demandas sociales. Esto supone reconstruir la capacidad
de la sociedad para que los gobiernos efectivamente rindan
cuentas, para que los gobiernos sean controlados. Sólo
así podrá tener algo de presencia la idea de soberanía
popular en las democracias actuales.
14
De la democracia
al elitismo
El ánimo contramayoritario: desplazando
a las personas de la política
¿La democracia y el gobierno representativo son sinóni-
mos? No. Al menos no en el inicio de la relación entre estos
dos conceptos, a finales del siglo XVIII y principios del XIX.
El nacimiento del gobierno representativo radica en Esta-
dos Unidos, en el Congreso Constituyente de 1787. Para
comprender lo que sucedió en este congreso es necesario
conocer algunos antecedentes. Explica Roberto Gargare-
lla (1995 y 1996) que desde comienzos de 1780 y hasta la
Convención Constituyente, los Estados Unidos sufrieron un
periodo de enorme agitación popular que generó un fuerte
ánimo contramayoritario en la ya de por sí oligarca clase
política y económica estadounidense de ese momento.1
1
Desde propuestas teóricas totalmente distintas como el elitismo de Wright Mills (1956)
o el pluralismo de Robert Dahl (1961), ambos autores coinciden en que la estructura
político social de Estados Unidos de finales del siglo XVIII y principios del XIX estaba
especialmente concentrada en unas pocas manos: la de los patricios. Se trataba de
una sociedad agrícola con una distribución acumulativa de los recursos políticos.
15
Luis Daniel Vázquez Valencia
No sólo no mejoraba la situación de la ciudadanía que
había participado de forma directa en la guerra de in-
dependencia, estaba cada vez peor. Los comerciantes
ingleses denegaban nuevos créditos a los Estados Unidos,
dificultaban a sus pares americanos el acceso a rutas
comerciales y exigían que pagaran sus obligaciones de
inmediato y en moneda dura (antes lo hacían en especie).
La falta de solvencia llevó a los grandes comerciantes
norteamericanos a presionar a sus propios deudores,
pequeños propietarios de su país que también vieron
decrecer sus posibilidades de desarrollo económico frente
a la crisis que enfrentaba el país (Gargarella, 1995 y 1996).
La primera reacción fue acudir a los congresos locales
a buscar condonaciones de deuda o a apresurar la emi-
sión de papel moneda. Sin embargo, esas legislaturas
(controladas por los terratenientes) se negaron sistemá-
ticamente a dar ayuda a los pequeños propietarios a la
par que los poderes judiciales procesaban, expropiaban
y, en el peor de los casos, encarcelaban a los deudores.
La consecuencia de esta situación generó una serie de
movimientos de deudores que no sólo se negaban a
pagar, sino que se resistían a presentarse ante la justicia
(Gargarella, 1995 y 1996).
Lo que más preocupó a los federalistas fue observar que
hubo varias legislaturas que finalmente cedieron a la
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Democracia, populismo y elitismo
presión de los ciudadanos. Pensilvania, Carolina del Norte,
Georgia, Nueva York y Nueva Jersey finalmente debieron
emitir más papel moneda para controlar las protestas. Más
aún, la legislatura de Rhode Island cayó sobre el control de
los pequeños propietarios liderados por Jonathan Hazard,
a la par que se volvió memorable la revuelta de Daniel
Shays en 1786 en Springfield-Massachusetts (Gargarella,
1995 y 1996). Este tipo de movimientos generó un fuerte
ánimo contramayoritario: ¿es buena idea que la gente
participe de forma directa en la toma de decisiones po-
líticas vinculantes? El sentimiento de que los ciudadanos
no debían inmiscuirse en política estaba muy difundido en
la clase dirigente norteamericana. Antes de ser llevada a
la práctica, la voluntad de la ciudadanía debía pasar por
el tamiz de un grupo elegido de ciudadanos (Gargarella,
1995 y 1996).
En este proceso –Congreso Constituyente de 1787– la idea
de democracia rememoraba siempre a la democracia
directa, a la participación en una asamblea popular y
a la toma de decisiones políticas mediante discusiones
y votación a mano alzada. En aquel entonces, cuando
se pensaba en democracia, se pensaba en este tipo de
democracia. Es por eso que en Estados Unidos, con este
ánimo contramayoritario y frente a este tipo de demo-
cracia, el gobierno representativo no es una segunda
mejor opción debido a algún tipo de imposibilidad de
17
Luis Daniel Vázquez Valencia
la democracia directa. 2 Por el contrario, el nacimiento
del gobierno representativo se presenta como lo mejor
frente a la democracia directa. El aspecto político que se
encuentra en el medio es que la ciudadanía es incapaz
para gobernar, aspecto que posteriormente será desa-
rrollado por el autor más influyente de la democracia
representativa: Schumpeter (1942).
Además de este ánimo contramayoritario, hay dos con-
ceptos que son relevantes para comprender la formación
del gobierno representativo: las facciones y la deliberación.
Ambos eran entendidos en ese lejano 1787 de forma muy
distinta a como los comprendemos hoy (Gargarella, 1995
y 1996). Las facciones eran concebidas como un grupo de
ciudadanos que se unían motivados por impulsos o pa-
siones comunes, o por intereses contrarios a los intereses
de otros ciudadanos. Sin embargo, no cualquier grupo era
facción (por ejemplo –sigue Gargarella–, los esclavistas
no eran considerados facción). La idea de facción no se
construía desde la lógica de que un grupo minoritario
dominara a un grupo mayoritario (como los esclavistas
2
Bobbio (2003) da por hecho que pasamos de la democracia directa al gobierno re-
presentativo debido a cambios históricos como el paso de las ciudades-Estado a los
Estados nacionales, o de la economía esclavista a la economía capitalista. Esto no es
del todo cierto, el gobierno representativo no nació como un “segundo mejor” frente
a la imposibilidad fáctica de la democracia directa. Más aún, propuestas de institucio-
nalización democrática directa, como la democracia piramidal de C.B. Macpherson,
diluyen esta idea de imposibilidad fáctica.
18
Democracia, populismo y elitismo
frente a los esclavos); por el contrario, las facciones que
le interesan a Madison son las facciones mayoritarias, el
riesgo de que las mayorías opriman a las minorías. De ahí
que cuando el principal objetivo del gobierno representa-
tivo en general –y del constitucionalismo en particular– es
controlar a las facciones, a lo que se refiere es a ponerle
límites a las mayorías.
Podríamos construir cierto acuerdo con el punto anterior:
hay que evitar que las mayorías se impongan sobre las
minorías, que homófobos restrinjan los derechos civiles y
sexuales de la comunidad lésbico-gay, por ejemplo. Pero
¿era la comunidad lésbico-gay la minoría en la que los
padres estadounidenses estaban pensando? ¿Quiénes
son las minorías? Se les identificaba como “the selected
few” o “the rich and well born”. En los mismos términos se
expresaba Madison cuando especificaba que el Senado
debía “proteger a la minoría de los opulentos en contra
de las mayorías” (Gargarella, 1995: 98).
Una segunda idea que imperaba es que cuando mayor
era el número de miembros de una asamblea, mayor era
la ascendencia de la pasión sobre la razón. Bajo esta
lógica, las asambleas estaban sujetas a impulsos como
la ira, la avaricia, el resentimiento o los celos (Gargarella,
1995 y 1996). Aspecto completamente distinto a la idea de
deliberación que existe hoy en día, donde ya sea desde
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Luis Daniel Vázquez Valencia
una lógica pluralista, o desde un modelo de democracia
deliberativo, se espera que el choque de poderes fácticos
mediante el ejercicio de sus recursos políticos usando
como arena el Estado, o la relación dialógica e intersub-
jetiva por medio de condiciones mínimas de igualdad,
generen ciertos equilibrios en los resultados sociales de
esas interacciones.
Así, hay varias ideas y conceptos que difieren de la forma
en que hoy se plantean:
a) Las minorías que los constituyentes de 1787 protegen
son muy distintas de las que se busca proteger con un
discurso de este tipo hoy en día.
b) Actualmente se piensa que cuando una decisión es
más discutida en un espacio colectivo (bajo ciertas
condiciones), es más imparcial. Bajo esta lógica, en
cuanto mayor sea el número de actores en la discu-
sión, más probable es que sus intereses no queden
desatendidos.
El gobierno representativo se asienta sobre una idea
principal: no es bueno que la ciudadanía se involu-
cre en la discusión de cuestiones públicas (Gargarella,
1995: 94; y 1996). El objetivo del gobierno representa-
tivo era desalentar la discusión colectiva y reforzar la
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Democracia, populismo y elitismo
independencia de los representantes electos; con estos
dos aspectos, las autoridades podrán cumplir con el
principal objetivo del gobierno representativo: “desa-
tender las pasiones momentáneas del pueblo” (Manin,
1995). En esta nueva forma de entender la democracia
–como bien menciona Schumpeter (1942)– el pueblo
no gobierna en ninguno de los sentidos de las palabras
pueblo y gobernar. Lo que hace el pueblo es elegir a
quien será el gobernante, pero no toma ninguna de-
cisión política.
Los mecanismos de control gubernamental.
¿Nos queda algo de soberanía popular?
Lo cierto es que en el Congreso Constituyente de 1787
no sólo imperó el ánimo contramayoritario, sino tam-
bién la necesidad de contar con mecanismos que limita-
ran las decisiones de los gobiernos. Llamaremos a esta
intención el aspecto liberal del gobierno representativo.
De esta forma, se buscó un equilibrio nada sencillo en-
tre la autonomía de los representantes con respecto
a las pasiones momentáneas de sus representados, y
límites a los mismos, sabiendo que no se trataba de
ángeles, sino de posibles demonios. Los mecanismos
de control son:
a) La celebración de elecciones periódicas (accountability
vertical).
21
Luis Daniel Vázquez Valencia
b) Límites a los gobiernos por medio de la idea de Estado de
derecho (pesos y contrapesos) que dotan a las personas
de seguridad y certidumbre (accountability horizontal).
c) Límites de las funciones de los gobiernos (Estado mínimo).
d) Dotación a las personas de ciertos derechos relacio-
nados con la propia democracia (derechos políticos
como votar, ser votado y participar en los asuntos
públicos; y derechos civiles de uso político como la
libertad de expresión, el derecho de asociación, de
reunión, etcétera.).
e) La conformación de una sociedad pluralista y fuerte. Este
elemento de restricción a las decisiones gubernamenta-
les posteriormente será desarrollado desde dos tenden-
cias: el derecho a la protesta y la accountability social.
A partir de la conjugación de estos dos elementos –ánimo
contramayoritario y liberalismo– se puede entender el tipo
de instituciones políticas que se instauraron en Estados
Unidos: elecciones periódicas, pero indirectas para que los
cuerpos intermedios tomaran decisiones “más juiciosas”
en torno a la elección final de los gobernantes. Para dar
mayor autonomía a los representantes se tomaron varias
medidas como largos periodos de gobierno (se discutía
el cambio anual, ganó el cuatrianual); no se establecieron
22
Democracia, populismo y elitismo
mandatos vinculantes a los representantes; tampoco
mecanismos de revocación del mandato. Para evitar los
procesos de deliberación, se canceló la opción de gobernar
por medio de asambleas mediante la creación de distritos
muy amplios; incluso frente a la posibilidad de generar
lógicas deliberativas a través de un triunvirato en el poder
ejecutivo, se optó por uno unipersonal. Asimismo, como
mecanismos de control gubernamental, se estableció
un congreso bicameral y una democracia constitucional
sustentada en una Suprema Corte de Justicia (Gargarella,
1995 y 1996).
Más allá de la relevancia histórica de lo sucedido en
Estados Unidos para entender el nacimiento del gobierno
representativo, uno podría válidamente preguntarse qué
importancia puede tener el diseño institucional de la
Constitución de 1787 de los Estados Unidos para pensar
actualmente a la democracia en, por ejemplo, América La-
tina. Justo este diseño constitucional –con esta ideología y
esta forma de pensar la articulación entre los ciudadanos
y el gobierno– fue utilizado como ejemplo para diseñar el
resto de las constituciones de América Latina, incluyendo,
obviamente, la de México (Gargarella, 2010 y 2012).
Si bien el gobierno representativo fue creado para opo-
nerse a lo que en el siglo XVIII se consideraba como
democracia, y tenía como principal objetivo desatender
23
Luis Daniel Vázquez Valencia
las pasiones momentáneas del pueblo, salvaguardar los
intereses de las minorías propietarias y limitar las deci-
siones gubernamentales; se podría pensar que este difícil
equilibrio, si se logra, puede ser socialmente benéfico. Se
tendrá un gobierno que debe rendir cuentas en las elec-
ciones periódicas y que estará limitado por otros poderes,
por lo que –en una sociedad plural–, los perdedores no
serán siempre los mismos, y tarde o temprano los intereses
de todas las facciones que integran la sociedad deberán
ser atendidos.
Por razones como ésta, para autores como Manin (1995),
el gobierno representativo sigue siendo una buena for-
ma de gobierno. En especial, para este autor, el beneficio
radica en el doble juicio (deliberación) que lo integra: el
primer juicio que se da al momento de celebrarse las
elecciones, durante el periodo que se discute el “pro-
yecto de nación” en juego; y el segundo, que se da en
los parlamentos y en la opinión pública, al momento de
tomar decisiones clave.
Éste es el principal papel de los tres mecanismos de
accountability (vertical, horizontal y social), generar
mecanismos específicos de control sobre las decisio-
nes políticas vinculantes de forma tal que el paso de
la democracia (directa) al gobierno representativo no
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Democracia, populismo y elitismo
desemboque en la ausencia absoluta de la idea central
de la democracia: la soberanía popular.3 La pregunta
entonces es: ¿funcionan los mecanismos de account-
ability? A eso dedicaremos las siguientes secciones.
Elecciones periódicas: la accountability vertical
El andamiaje de la accountability vertical, control
poliárquico-electoral, responsabilidad política
o control político proveniente del voto
El control poliárquico-electoral genera expectativas
sociales pese a tratarse de un modelo de democracia
sólo procedimental. La elección de un gobierno por el
voto mayoritario, aunado a la posibilidad de sancionarlo o
premiarlo en una segunda elección, simboliza la esperanza
3
Sobre el tema de los objetivos o sustancia de la democracia hay un largo debate. Lo
podemos resumir y ejemplificar rápidamente en dos posturas: quienes consideran
que lo único sustantivo en el gobierno representativo son los procedimientos, por lo
que un gobierno democrático está siempre abierto a cualquier elemento sustantivo
de justicia; y quienes consideran que la democracia tiene valores sociales inherentes
a su propia conceptualización. En el primer caso, los autores más reconocidos del
modelo procedimental de democracia son Schumpeter (1942), Downs (1957), Dahl
(1971) y Sartori (2001 y 2003). De forma interesante, desde una mirada comple-
tamente distinta, otra corriente que también consideraría a la democracia como
ausencia de valores sustantivos de justicia es la posfundacional a partir de la idea de
democracia como lugar vacío de Claude Leffort (2004). Por el contrario, la relación
entre la democracia y los principios específicos de justicia se observa claramente
en el clásico texto de Cornelius Castoriadis La democracia como procedimiento y
como régimen.
25
Luis Daniel Vázquez Valencia
de que dicho gobierno tome decisiones públicas que be-
neficien al mayor número a fin de conseguir el voto en la
siguiente elección. El mayor bien para el mayor número
es la expectativa que se formaliza como el control po-
liárquico-electoral de la democracia. El éxito del control
poliárquico-electoral tiene una importante consecuencia:
la primacía de la democracia representativa sobre la
democracia directa no degenera en nada al principio de
gobierno popular, cuyo elemento principal es la actuación
a favor de los votantes. Sin embargo, el éxito del control
poliárquico-electoral depende del cumplimiento de sus
presupuestos.
El principal modelo con el que se ha analizado el control
poliárquico-electoral es el modelo del mercado, donde
los votantes son los consumidores y los políticos son los
productores. Uno de los principales representantes de la
teoría económica de la democracia es Anthony Downs,
quien basa su modelo en dos hipótesis: 1) los partidos as-
piran a maximizar sus votos, y 2) los ciudadanos se com-
portan racionalmente en política (1957: 324). Hay cuatro
actores principales con fines específicos en el modelo:
1) el gobierno que trata de maximizar su base de apoyo
político para conseguir la reelección, ya del individuo, ya
del partido; 2) la oposición cuyo objetivo es conseguir el
26
Democracia, populismo y elitismo
poder político en la siguiente elección; 4 3) el votante que
busca maximizar su bienestar a través del voto; y 4) los
grupos de intereses que son líderes empeñados en que el
gobierno adopte alguna medida concreta que le benefi-
cia, haciendo ver que representan a los votantes.
Para que la accountability vertical funcione se requiere
que haya votantes que no tengan identidad partidista, es
decir, que puedan cambiar de partido de una elección a
otra o votar por diferentes partidos en una misma elección
para diferentes cargos. El hecho de que existan votantes
susceptibles de influencia implica que tanto el gobierno
como los partidos de oposición buscarán el cambio de
umbral de un tipo de votante a otro. Esto se logra a través
de la creación del ambiente contextual que, de entrada,
es incierto: los partidos presentan medios para arribar
a un fin más amplio, pero el votante no sabe a ciencia
cierta cuál de los medios que le presentan llegará al fin
que él pretende. Se posibilita el liderazgo entendido como
“la capacidad de mover a los votantes a adoptar ciertas
opiniones como propias” (Downs, 1957: 93).
4
La principal motivación, tanto del partido en el gobierno como de la oposición, para
buscar los puestos gubernamentales, se encuentra en la renta, la celebridad y el poder
que se desprenden de dichas posiciones y, por ende, los partidos buscan exclusivamente
la maximización de sus votos para arribar al poder. “El principal motivo impulsor de
los miembros de los partidos es el deseo de obtener las ventajas derivadas del poder;
su política constituye, pues, un medio de asegurarse el poder en lugar de ser éste el
medio para llevar a cabo programas previos a su consecución” (Downs, 1957: 319).
27
Luis Daniel Vázquez Valencia
Se han planteado dos modelos del control poliárquico-elec-
toral: el retrospectivo, control o accountability, y el pros-
pectivo, mandato o responsiveness. El primero supo-
ne que las elecciones sirven para hacer responsables
a los gobiernos de sus acciones pasadas y funciona
como medio de evaluación y control (Key, 1966; Fiori-
na, 1981; Dunn, 1999; Ferejohn, 1999; Laver y Shepsle,
1999; Przeworski, Manin y Stokes, 1999; Manzano, 2002,
y Fearon, 1999). En el segundo, las elecciones sirven
para escoger buenas políticas o políticos asociadas a
las mismas (Stimson, 1999; Fearon, 1999; Przeworski,
Manin y Stokes, 1999, y Manzano, 2002). Independiente-
mente de cualquiera de los dos mecanismos de control
poliárquico-electoral, para su éxito ambos requieren del
cumplimiento de tres premisas:
a) La existencia de dos o más opciones distintas para
elegir (no se puede premiar y castigar si todos los
partidos políticos ofrecen lo mismo).
b) Un votante racional informado.
c) La existencia de elecciones libres.
Los primeros dos supuestos son el talón de Aquiles de la
responsabilidad política.
28
Democracia, populismo y elitismo
El primer fallo del modelo: la existencia de
dos o más opciones programáticas
El primer gran problema que enfrenta la responsabilidad po-
lítica es la existencia de dos o más opciones programáticas
a fin de que el votante racional e informado se encuentre
en posibilidad de comparar y sancionar al partido que no
haya cumplido con sus expectativas. En materia de política
económica se observa una tendencia de los partidos políti-
cos a unificar sus ideologías en un claro corrimiento histórico
hacia la derecha, lo que pone en crisis la existencia de dos
o más opciones diferentes. Ahora bien, cuando me refiero
a un corrimiento histórico hacia la derecha pienso no en la
posibilidad de reforma de un modelo, sino en la existencia
de dos o más modelos económicos compitiendo:
Cuadro 1. Continuo ideológico
CAPITALISMO SOCIALISMO ANARQUISMO
NEOLIBERALISMO KEYNESIANISMO
SOCIAL SOCIALISMO
DEMOCRACIA REVOLUCIONARIO
TERCERA VÍA
COMUNIDAD
SOCIEDAD SOCIALISTA
ANARQUISTA
EQUILIBRIO ÓPTIMO DE PARETO
Fuente: elaboración propia.
29
Luis Daniel Vázquez Valencia
Lejos de tener dos o más opciones programáticas, el
actual debate ideológico se encuentra entre la tercera
vía y el neoliberalismo, dejando fuera hasta al keyne-
sianismo dentro del modelo de política económica ca-
pitalista. Así: 1) los gobiernos han realizado reformas
neoliberales aun cuando en campaña proponen o gene-
ran expectativas de políticas económicas alternativas;
2) se ha observado un corrimiento hacia la derecha del
espectro izquierda-derecha en los modelos económicos
que ha dejado fuera, incluso del debate, al socialismo y
al anarquismo y ha desplazado casi completamente al
keynesianismo; y 3) se observa una constante unifica-
ción ideológica en las opciones partidistas.5
La falta de opciones programáticas se debe a que “los
partidos políticos se han quedado sin discurso en tanto
interpretación global que permita ordenar la realidad en
un panorama inteligible y estructurar la diversidad de
intereses y opciones en torno a algunos ejes básicos.
Carecen no sólo de discurso ideológico, sino igualmente
de discurso programático en tanto propuesta de futuro”
(Lechner, 1996: 71), lo que provoca un vaciamiento de la
5
Aquí se centra la principal crítica de la tendencia posfundacionalista: el momento
efectivamente político es el momento constituyente. Posteriormente, la política será
siempre la administración de la política desde una lógica institucional, que no pone
en juego a lo constituido y que, por ende, no se puede considerar político.
30
Democracia, populismo y elitismo
política que ya no escenifica las grandes alternativas
acerca del desarrollo nacional; ahora las divergencias
se desmigajan en múltiples microdecisiones tomadas
ad hoc (Lechner, 1995, 1996 y 1996a, y Mouffe, 1993 y 1995).
La tendencia a la unificación ideológica y programática
de los partidos políticos tiene varias explicaciones que
no serán desarrolladas en el texto, pero se dan algunas
pistas a pie de página.6
El segundo fallo del modelo: la información imperfecta
Hay tres niveles de responsabilidad política: la indivi-
dualizada de cada representante, la del partido basada
en sus propias acciones, la del partido basada en las
condiciones económicas del votante: ¿qué necesitan
saber los votantes para responsabilizar políticamente
a los partidos?
6
Tres ejemplos: la teoría de los partidos cacha-todo de Otto Kirchheimer (1966); el
proceso de desideologización que Max Weber observa en La política como vocación,
provocado, de acuerdo con él, por la universalidad del voto, y el proceso histórico
seguido por la socialdemocracia para realizar mejoras parciales (Przeworski, 1980).
31
Luis Daniel Vázquez Valencia
Cuadro 2. Nivel de información necesario para que funcione el
control poliárquico-electoral
Responsabilidad Responsabilidad
Responsabilidad
por partido basado por partido basado en
individual
en acciones condición económica
1. Conocer el nombre 1. Conocer el partido 1. Saber si actualmente
de los representan- que gobierna y cuáles está mejor o peor
tes (diputado local, son las acciones que que en el gobierno
diputado federal, ha tomado. anterior.
senador, presidente, 2. Que existan y 2. Que existan y
integrantes del muni- distinguir las distinguir las
cipio, etc.) a partir del distintas opciones distintas opciones
sistema de gobierno programáticas. programáticas.
en específico. 3. Conocer cómo le afec- 3. Conocer el programa
2. Conocer el partido al tan o le benefician las o plataforma electoral
que pertenecen. decisiones tomadas. de los partidos que
3. Que existan y 4. Recordar el com- compiten.
distinguir las portamiento de los 4. Poder discernir cuál
distintas opciones partidos opositores de las plataformas
programáticas. en los periodos en electorales le bene-
4. Conocer las diversas que fueron gobierno ficiará más y cuál
decisiones que se o saber cómo se menos.
tomaron en el órgano comportan en las en-
en que participó su tidades locales donde
representante. sean gobierno en ese
5. Conocer el sentido momento.
del voto de su repre- 5. Conocer el programa
sentante en cada o plataforma electoral
decisión. del partido de
6. Saber cómo le per- gobierno y de los
judica y cómo le be- partidos de oposición.
neficia cada decisión
tomada en particular.
7. Conocer el nombre
de sus opciones en la
elección por venir.
8. Conocer las platafor-
mas partidistas de
cada una de las opcio-
nes mencionadas.
Fuente: elaboración propia.
32
Democracia, populismo y elitismo
Difícilmente puede lograrse con éxito el control poliárqui-
co-electoral cuando se necesita que cada votante tenga
estos niveles de información. Un problema al que se enfrenta
el éxito del control poliárquico-electoral es la existencia de
información incompleta. Downs observa que muchos de
los ciudadanos que votan carecen de suficiente informa-
ción ya que los sujetos racionales, por falta de incentivos,
adquieren únicamente una cantidad limitada de información
antes de efectuar sus elecciones, que preferentemente
es la información gratuita y sesgada. Tenemos, entonces,
una importante contradicción: “los ciudadanos racionales
desean que la democracia funcione bien para conseguir
sus beneficios y funciona de manera óptima cuando todos
están bien informados, pero a nivel individual es irracional
estar bien informado y lo más probable es que utilice úni-
camente el flujo de información gratuita que se recibe con
motivo de actividades no políticas” (1957: 264-265). Como
observa José Maravall (1999: 159) la información incomple-
ta produce distorsiones en información y monitoreo que
dificulta el establecimiento de conexiones causales entre
las acciones de los políticos y los cambios en su entorno.
Otro problema al que se enfrenta el éxito del control po-
liárquico-electoral es la información manipulada. Esto
sucede de dos formas. En la primera, la existencia de
información asimétrica produce distorsiones en informa-
ción y monitoreo que permiten a los políticos manipular sus
33
Luis Daniel Vázquez Valencia
ventajas informativas a partir de los accesos privilegiados
a vastas áreas de políticas sobre los votantes: los políticos
pueden influenciar la opinión pública y no sólo responder
a ella. Los políticos pueden manipular las preferencias
ciudadanas y obtener un margen de autonomía en la
administración pública, lo cual logra construirse a partir
de las mediaciones entre la formación del poder público
y la implementación de la toma de decisiones. En este
mismo sentido explica Chantal Mouffe que “El poder […]
no debería ser concebido como una relación externa que
tiene lugar entre dos identidades preconstituidas, sino que
es el poder el que constituye esas mismas identidades”
(1993: 191).7 La segunda forma de manipulación se debe a
que frente a los costos de obtener información los sujetos
7
La autonomía gubernamental con respecto a sus votantes se logra mediante diversas
estrategias para generar los discursos legitimadores que permitan manipular a la opi-
nión pública y actuar en contravención de sus plataformas electorales, sus promesas
de campaña o de las directrices constitucionales: 1) una estrategia es conciliar políticas
públicas determinando los contenidos de la agenda y opacando temas a través de
acciones o no-acciones. 2) Otra es transformar políticas impopulares en políticas acep-
tables mediante la presentación de la política impopular no como una trasgresión, sino
como una regla de excepción a los mandatos electorales, la cual se debe al cambio en
las condiciones; tratar de aparecer como responsable al aplicar políticas que conllevan
riesgos electorales; o contrarrestar la impopularidad con justificaciones y políticas
de compensación (Maravall, 1999: 177). 3) Otra estrategia consiste en generar la
idea de que la ejecución gubernamental no es únicamente atribuible al gobierno,
que éste hizo lo mejor que pudo y que otros cursos alternativos de acción hubieran
tenido un peor desenlace (vg “la herencia recibida” o la “promesa de la luz al final del
túnel”). 4) Una más es la popularidad del gobierno elegido frente a la impopularidad
de la oposición, donde el descrédito incrementa la autonomía del gobierno.
34
Democracia, populismo y elitismo
racionales adquieren únicamente una cantidad limitada
de información antes de efectuar sus elecciones, y de la
información obtenida toda es sesgada ya que el informador
ha de seleccionar para sus clientes únicamente algunos
datos disponibles (Downs, 1957: 223). Aunado a esto se
debe hacer notar que “los medios de comunicación se
hallan en muchas democracias en manos o dominados
más por los intereses de los grupos de renta elevada
que por los grupos de renta baja, los ciudadanos perte-
necientes a éstos son los que con mayor probabilidad
recibirán datos seleccionados de acuerdo con principios
discrepantes de los suyos” (Downs, 1957: 253). Así, en
principio, los medios de comunicación están dentro de
la lógica del capitalismo a la vez que las empresas no
comprarán espacios publicitarios en un medio que se
muestre renuente o directamente contrario al capitalismo o
a los factores reales de poder dominantes en un contexto
nacional determinado.8
Estos problemas de información impactan de forma des-
igual en distintos sectores poblacionales. Los ciudadanos
mejor informados “son aquéllos cuya renta es afectada
directamente por ella, es decir, aquéllos que obtienen
8
Una conclusión importante de la manipulación de la información es que no se puede
tomar a la formación de preferencias y a los votantes como variables exógenas para
analizar el cumplimiento con éxito del control poliárquico-electoral, necesariamente
deben analizarse como variables endógenas al modelo (Maravall, 1999).
35
Luis Daniel Vázquez Valencia
su renta del sector al que afecta la política en cuestión”
(Downs, 1957: 322). Los grupos de renta más elevada
tendrán mayores incentivos y recursos para informarse
y actuar de conformidad con sus propios intereses, así
como mejor acceso a los flujos informativos, y buscarán
influir en más decisiones políticas porque su actividad o
maximización de la utilidad depende de la toma de deci-
siones. Hay, pues, una desigualdad en la división social
del trabajo que conlleva una desigualdad en la informa-
ción que implica una desigualdad en la capacidad de
influencia y, finalmente, se concreta en una desigualdad
del poder político.
Por un lado, se da por hecho que tanto el partido en el
gobierno como los partidos de oposición buscan el voto
de los electores de manera directa, por lo que buscarán el
mayor bien para el mayor número; sin embargo, y a partir
de los conflictos de la información imperfecta, sabemos
que pueden buscar el apoyo electoral de forma indirecta
a partir de la función que se da a los poderes fácticos. En
efecto, Downs explica que “el gobierno sabe que quizá
perderá el voto de A si favorece a B, pero también sabe
que la colaboración de B maximizará su oportunidad de
conseguir el apoyo de los perplejos C y D. En consecuen-
cia, está dispuesto a tirar a A por la borda si con ello puede
contar con el apoyo de B” (Downs, 1957: 100), donde A
puede ser un elector cualquiera o un movimiento social,
36
Democracia, populismo y elitismo
B un grupo empresarial y C y D dos electores influencia-
bles. En otras palabras, el mercado político lo que hace es
registrar y responder únicamente a la demanda efectiva,
es decir, a aquella que cuenta con capacidad adquisitiva
suficiente para respaldarla. Si, como vemos, la capacidad
adquisitiva se encuentra en el manejo de medios, finan-
ciamiento de campañas y estabilidad económica y no en
el voto, difícilmente el proceso democrático será igualitario
tan pronto como haya una importante desigualdad de
riquezas y de oportunidades.9
De la irresponsabilidad política al clientelismo
Al fallar dos de los presupuestos del control poliárqui-
co-electoral (las dos o más opciones programáticas y
la información del votante), se hace improbable el fun-
cionamiento con éxito de dicha forma de control. La
responsabilidad política es un argumento con proposi-
ciones copulativas: premisa 1) hay individuos raciona-
les que tienen la información suficiente para someter a
responsabilidad política a los gobernantes; premisa 2)
9
A diferencia de este planteamiento, Douglas Arnold (1993) concluye que si bien
el control poliárquico-electoral exige un nivel de información que el grueso de los
votantes no tiene, por lo que su funcionamiento con éxito se vuelve improbable, el
hecho de que existan informadores y socializadores de la información permite ajustar
las imperfecciones de la información. En cambio, yo planteo que estas deficiencias de
información y la existencia de los cuerpos que Douglas menciona, lejos de perfeccionar
el control poliárquico-electoral lo que hacen es trasladar dicho recurso político de los
ciudadanos a los factores reales de poder.
37
Luis Daniel Vázquez Valencia
hay más de dos opciones para elegir; y premisa 3) hay
un sistema de elección por medio del voto que da una
distribución igualitaria a los ciudadanos; conclusión: hay
responsabilidad política (mayor beneficio para el mayor
número). Para que la conclusión sea verdadera, las tres
proposiciones deben ser verdaderas, al fallar dos de los
presupuestos se complica el funcionamiento con éxito
del control poliárquico-electoral.
Hasta aquí nada nuevo, ya varios autores habían con-
cluido que las elecciones no garantizan el control po-
liárquico-electoral, prospectivo o retrospectivo, por su
propia lógica interna (Przeworski, Manin y Stokes, 1999);
porque no se analiza al votante como variable endógena
del modelo (Maravall, 1999); porque los datos empíricos
en los análisis retrospectivos muestran fallas del control
(Warren y Stokes, 1963; Bernstein, 1989), y en este mismo
tipo de análisis los estudios de votantes con perfil eco-
nómico muestran irregularidades o no son concluyen-
tes (Przeworski, Stokes y Buendía, 1996, y Przeworski y
Cheibub, 1999); o porque los datos empíricos de los aná-
lisis prospectivos indican que los gobiernos no siempre
se ciñen al mandato (Stokes, 2001).
El problema no es sólo que los elementos constitutivos
del mecanismo del control poliárquico-electoral no se
38
Democracia, populismo y elitismo
cumplen, sino que además este mecanismo de control
puede ser desplazado por otros medios de intermediación
política, como el clientelismo. Con la llegada de las tran-
siciones democráticas se dio por hecho que el principal
mecanismo de intermediación y control gubernamental
(que no el único) sería el voto libre y secreto. Lejos de
ello, algo que se documenta cada vez más y mejor es
la generación de otros mecanismos de intermediación
(Isunza y Gurza, 2010; Olvera, 2010; Cameron, Hershberg
y Sharpe, 2012). El que me interesa resaltar es el cliente-
lismo. Lo ejemplificaré con México.
En México tenemos un nivel de abstención en las elec-
ciones del 40% en promedio (60 de cada 100 mexicanos
votan). Además, por el sistema de partidos que existe en
el país, el candidato que asegure el 30% del voto prácti-
camente tiene la victoria en el bolsillo, es decir, requiere
18 de cada 60 de esos votantes. La pregunta relevante,
aceptando que hoy mucho de la política es local, es:
¿tienen los gobernadores y presidentes municipales la
capacidad de tejer una red clientelar que pueda movi-
lizar el día de la elección para conseguir 18 de cada 100
de esos posibles votantes? Lamentablemente, pese al
cada vez mayor cúmulo de estudios sobre el clientelismo,
no tenemos una cifra sobre el tamaño de las redes clien-
telares capaces de movilizar el voto el día de la elección.
39
Luis Daniel Vázquez Valencia
Sin embargo, podemos fundamentar algunas intuiciones.
En México hay 86.8 millones de personas en condiciones
de pobreza o vulnerabilidad (cuadro 3), es decir, existe
tierra fértil para el clientelismo:
Cuadro 3. Indicadores de pobreza del CONEVAL
Indicadores de pobreza, 2014
Vulnerables por carencia social Población no
31.5 millones pobre y no
26.3% vulnerable
1.8 carencias promedio 24.6 millones
20.5%
Línea bienestar Urbano = $2,542.13 Rural =$1,614.65
económico Pobres moderados
Vulnerables
Urbano = $1,242.61 Rural =$868.25 43.9 millones
Línea bienestar por ingreso
Pobres extremos 36.6%
mínimo 8.5 millones
11.4 millones 1.9 carencias
9.5% 7.1%
3.6 carencias promedio
6 5 4 3 2 1 0 Pobreza
55.3 millones
Carencias 46.2%
Derechos sociales 2.3 carencias
Nota: Los valores de la línea de bienestar mínimo y de la línea de bienestar económico
corresponden a agosto de 2014.
Fuente: estimaciones del CONEVAL con base en el MCS-ENIGH 2014
El propio Consejo Nacional de Evaluación de la Política
de Desarrollo Social (CONEVAL), en sus evaluaciones
a la política social, explica que existen miles de progra-
mas sociales a nivel federal, local y municipal. A mayor
exactitud, durante 2011 hubo 273 programas federales y
40
Democracia, populismo y elitismo
2,391 programas locales (en ese año no se contabiliza-
ron los programas municipales) (CONEVAL, 2012). Para
2014, la cifra creció con 278 programas federales, 2,849
estatales (casi 500 más que el año anterior), y se revisó
por primera vez el nivel municipal, con 1,883 programas
(CONEVAL, 2015).
El problema no es sólo que, desde la lógica de la racio-
nalidad de las políticas públicas, tener más programas
es un error. El principal problema es, como lo señaló el
secretario ejecutivo del CONEVAL, que la política social
integrada por 5,010 programas es un caos: 1) es débil la
coordinación y la complementariedad (hay programas
cuyos objetivos se superponen); 2) a nivel local no hay
sistemas de evaluación, por lo que no se pueden saber
los resultados de los programas; y 3) muchos de ellos no
cuentan con reglas de operación y tampoco hay certeza
sobre su continuidad, son programas temporales. La
ausencia de reglas de operación (es decir, de criterios
técnicos de regulación) y de certeza sobre su continuidad
es lo que nos permite ver que muchos de esos programas
son para manejo clientelar: la caja chica.
Un punto más para fortalecer esta, todavía, intuición: ¿por
quién votan los más pobres? De acuerdo con Parametría10
10
[Link]
41
Luis Daniel Vázquez Valencia
(Redacción, 2/8/15; Abundis, 3/5/15), a partir de los datos
provenientes de las elecciones de 2015, el primer nicho de
votantes a favor del Partido Revolucionario Institucional
(PRI) está entre quienes tienen el menor nivel de esco-
laridad (49% sin instrucción formal, 42% con educación
primaria, 39% con educación secundaria). El segundo,
aquellos que tienen el menor nivel de ingresos: 48% de
las personas que ganan menos de $1,517 pesos al mes
prefieren a este partido.
Así, la combinación entre las condiciones extendidas
de pobreza y vulnerabilidad, la creación de redes clien-
telares como mecanismo de intermediación política y
la multiplicación de programas sociales municipales
y locales, sin reglas de operación y sin mecanismos de
control o rendición de cuentas son el caldo de cultivo
para intuir que se podrían obtener 18 de cada 100 votos
por este medio, por lo que las redes clientelares estarían
desplazando al voto como mecanismo de representación
política en México y haciendo inoperante la account-
ability vertical. Los partidos se dejan de interesar por
ampliar el voto entre ciudadanos “libres”, y ponen mucha
más atención en mantener sus redes clientelares.
42
Democracia, populismo y elitismo
El Estado de derecho, accountability horizontal
o rendición de cuentas. La negación, simulación,
corrupción e impunidad como formas de hacer política
El andamiaje institucional de la accountability horizontal
El segundo mecanismo relevante para controlar las deci-
siones gubernamentales es el Estado de derecho, account-
ability vertical o la rendición de cuentas. Hay muchos
debates en torno a la idea de Estado de derecho, por
ejemplo, si se trata de un concepto con criterios sus-
tantivos de justicia (Estado social y Estado democrático
de derecho), o si requiere simplemente reglas procedi-
mentales a las cuales se debe adecuar cualquier acto
de molestia o afectación sobre los gobernados (Estado
paleoliberal de derecho).11 Sin embargo, más que discutir
los elementos conceptuales de la idea de Estado de dere-
cho, en este texto quiero dar cuenta de la idea de Estado
de derecho “actuando” en el escenario, mirando cuáles
son los aspectos que integran el mecanismo del control
gubernamental. Al final, el aspecto principal de este me-
canismo de control es evitar que un gobierno pase de los
actos discrecionales (que todo gobierno puede realizar),
a los arbitrarios.
11
Para profundizar en este debate se pueden revisar: Raz, 2002; Summers, 2002; Díaz,
2002, y Vázquez, 2002.
43
Luis Daniel Vázquez Valencia
Uno de los principales desarrolladores de la idea de ac-
countability horizontal ha sido Guillermo O’Donnell, como
uno de los más importantes desafíos postransición en
América Latina. Lo que el autor encuentra en nuestra región
son democracias delegativas (1997) con muy poca capa-
cidad de rendición de cuentas (1997, 1997a, 1997b) y con
amplias zonas (marrones) donde el Estado parece no existir
(1997a, 1997b y 2004). Por ende, una de las principales
tareas pendientes es la consolidación de los mecanismos
de accountability.
O’Donnell define a la accountability horizontal como “… la
existencia de agencias estatales que tienen la autoridad
legal y están fácticamente dispuestas y capacitadas para
emprender acciones, que van desde el control rutinario
hasta sanciones legales o incluso impeachment, en rela-
ciones con actos u omisiones de otros agentes o agencias
del Estado que pueden, en principio o presuntamente,
ser calificados como ilícitos” (1998: 173). Algunos años
después, el autor identificará dos mecanismos (2004):
1) la accountability horizontal asignada: organismos
constituidos exclusivamente para ejercer una función de
control proactiva y permanente; y 2) la accountability
horizontal de balance: mecanismos de frenos y contra-
pesos entre los tres poderes del Estado, en los cuales la
función de control es reactiva e intermitente.
44
Democracia, populismo y elitismo
La accountability horizontal no supone dos agencias que
simplemente se controlan la una a la otra, sino que hay
una interpenetración parcial de poderes que complejiza
el mecanismo. Es decir, la accountability horizontal efec-
tiva no es producto de agencias aisladas, sino de redes
de agencias que incluyen en su cima un poder judicial
comprometido con esa accountability. Por ende, esto fun-
ciona dentro de una lógica de democracia constitucional.
En la medida que sólo en situaciones excepcionales los
gobiernos admitirán ser controlados –por ejemplo, cuan-
do consideren que el control tiene más beneficios que
costos (a menos que sean republicanos y deontólogos)–,
el tipo de relaciones que se generarán en su acción son
de tensión. Utilizando la terminología de O´Donnell, el
proceso de accountability horizontal “es una interacción
fundada y motivada legalmente entre agencias estatales
en vista de acciones y omisiones presuntamente ilegales
(transgresión, corrupción)” (O’Donnell, 2001: 26). Si esto
es así, el problema no es sólo jurídico o de diseño insti-
tucional, sino eminentemente político, ya que el órgano
controlador no sólo debe tener la competencia legal y la
capacidad institucional, sino incluso el poder político para
controlar. En esta medida, también parece claro que será
más sencillo controlar a las esferas políticas intermedias
o bajas, que a las más altas.
45
Luis Daniel Vázquez Valencia
Otro aspecto a considerar es si el organismo controlador
tiene capacidad de sanción y coacción o no. Ahí donde
se tiene capacidad de coacción y las decisiones son obli-
gatorias (como el poder judicial), el control puede tomar
un matiz represivo. En cambio, ahí donde las decisiones
del órgano controlador no son obligatorias (como las co-
misiones de derechos humanos), éste tendría que pensar
en cómo fomentar lógicas cooperativas (O’Donnell, 2001).
En la propuesta de O’Donnell hay otra discusión que se
encuentra como telón de fondo: el difícil equilibrio entre
tener un gobierno controlado que sea, al mismo tiempo,
eficaz. Es decir, cómo lograr un gobierno ágil sin que sea
autoritario; y un gobierno controlado, sin que se generen
parálisis decisorias (“deadlocked”).
Una propuesta diferente de accountability horizontal
es la desarrollada por Andreas Schedler (1999). Para
este autor, la accountability tiene dos connotaciones.
La primera conlleva la obligación de los servidores pú-
blicos de informar (dimensión informacional) y explicar
(dimensión argumentativa) qué es lo que están haciendo.
Aquí se incluyen elementos de monitoreo y vigilancia que
incorporan la necesidad, para el gobierno, de encontrar
hechos y presentar evidencia. La segunda connotación
implica la posibilidad de castigar o premiar al servidor
público tanto a través de la imposición de sanciones
46
Democracia, populismo y elitismo
(políticas, administrativas, laborales o penales) a los
agentes controlados que transgredan sus obligaciones
públicas, como por medio del establecimiento de incen-
tivos para el correcto desempeño de éstas.
La accountability establecida a través de mecanismos de
control –sigue Schedler– permite prevenir y limitar los
abusos del poder en tres diferentes formas: estableciendo
sanciones, transparentando el actuar del gobierno y obli-
gándolo a justificar sus actos. Tres son las dimensiones
de la accountability: información, justificación y castigo.
La realidad es que estas tres dimensiones no siempre
vienen juntas ni con la misma intensidad o énfasis. Es
posible que encontremos procesos que impliquen cas-
tigo pero que no tengan aparejados procedimientos de
información y justificación (sanciones penales, laborales
y administrativas). También es posible que haya procesos
de información y justificación que no tengan castigo (los
organismos autónomos de prevención: ombusdman)
(Schedler, 1999).
Finalmente debemos distinguir dos formas de irrumpir
la accountability horizontal, ya que tienen consecuencias
distintas: la transgresión que se da cuando una institución
invade ilegalmente la autoridad de otra; y la corrupción,
cuando un funcionario público obtiene ventajas ilícitas para
47
Luis Daniel Vázquez Valencia
él o para sus asociados. La primera termina por eliminar
a la democracia (elimina el Estado de derecho, la división
de poderes y genera un autoritarismo); la segunda sólo la
deteriora, pero no la elimina (O’Donnell, 2004).
No hay duda de que un gobierno controlado es mejor que
un gobierno sin controles; y que es preferible hacer más
transparente y argumentativo al gobierno a que éste sea
opaco y que no justifique sus decisiones. No está en duda
la relevancia de la accountability horizontal, en cambio,
lo que está en duda en México es si esta red de órganos
controladores: a) efectivamente está controlando a los
gobiernos, y si b) ese control está teniendo una repercusión
en una mejor calidad de vida de las personas.
Parece que en los últimos años en México se ha ins-
talado la lógica de la negación, simulación, corrupción
e impunidad como forma de hacer política. Los cuatro
elementos tienen como consecuencia la destrucción de
la rendición de cuentas. Veamos algunos ejemplos a partir
de lo que serían bienes primarios de todas las personas:
los derechos humanos.
La negación como acción política frente a la crítica
La negación se ha convertido en la acción política frente
a la crítica: niego las condiciones reales de pobreza (y
trato de que órganos como el CONEVAL modifiquen sus
48
Democracia, populismo y elitismo
formas de medirla). Niego el trastocamiento de los dis-
tintos órganos de gobierno por el crimen organizado, o la
corrupción generalizada (“la corrupción no es un pro-
blema de gobierno, es una condición humana”). Niego
las conclusiones de un relator de Naciones Unidas que
afirma que en México la tortura es generalizada. Niego las
conclusiones de un comité de Naciones Unidas que afirma
que en México la desaparición también es generalizada.
Niego las conclusiones de la Comisión Internacional de
Derechos Humanos (CIDH) y de la Oficina del Alto Comi-
sionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos
quienes, en visita a México, concluyen que en el país hay
una crisis de derechos humanos.
La negación tiene dos consecuencias: 1) genera diag-
nósticos equivocados, lo que conlleva acciones políticas
erróneas y deliberadamente desviadas; y 2) impide una
deliberación pública (si me critica, es mi enemigo).
La primera de las consecuencias se hace evidente en
aspectos como la “verdad histórica” elaborada por la Pro-
curaduría General de la República frente a los estudiantes
desaparecidos en Iguala en 2014. Algo que se hizo patente
en el informe presentado en septiembre de 2015 por el
Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes de
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (GIEI,
2015) no sólo fue que había serios errores en la elaboración
49
Luis Daniel Vázquez Valencia
de la investigación, sino que claramente la misma había
sido manipulada con el objetivo de esconder la relación
de autoridades y policías del orden municipal, estatal y
federal con el narcotráfico en Guerrero, lo que incluye
la existencia de autoridades de facto paralelas a las
institucionales.
Más allá de los múltiples aspectos sobresalientes del
informe del GIEI, como la ausencia de un sistema de
justicia en materia penal que permita investigaciones
diligentes y acordes al debido proceso, el aspecto que
me interesa enfocar es que la desviación política de
la investigación tuvo, entre otros, el objetivo de negar:
negar la realidad política de imbricación entre el crimen
organizado y el orden institucional que opera en zonas
de México.
La negación institucional tiene como consecuencia el no
reconocimiento de problemas que efectivamente existen
–entre ellos, las violaciones a derechos humanos– y, por
ende, la ausencia de soluciones, propuestas, análisis o
políticas públicas que los confronten de forma directa.
La simulación como quehacer político cotidiano
Junto a la negación de algunos de los problemas relaciona-
dos con violaciones estructurales a los derechos humanos,
50
Democracia, populismo y elitismo
tenemos a la simulación: la generación de acciones que
o no inciden directamente en el corazón de la proble-
mática que causa la violación a los derechos humanos,
o estando correctamente dirigidas, son implementadas
de tal forma que el objetivo final queda totalmente des-
virtuado. Lo que se observa son soluciones simuladas.
Veamos a la simulación con el nombramiento de leales
frente a diversos órganos. Este tipo de simulación en
especial es de los más graves ya que elimina cualquier
posibilidad de accountability horizontal.
Dentro de la administración pública centralizada el
órgano dedicado a analizar los actos de corrupción es
la Secretaría de la Función Pública. Probablemente el
caso actual más evidente de esta simulación ha sido
el nombramiento de Virgilio Andrade al frente de esta
Secretaría durante el gobierno de Enrique Peña Nieto,
con la tarea especial de investigar el caso de “la Casa
Blanca”.12 A nadie asombró que a finales de agosto de
2015 Virgilio Andrade, en una larga conferencia de pren-
sa, saliera a decir que sus amigos Enrique Peña Nieto, la
12
Un presunto acto de corrupción del propio presidente con uno de los grupos empre-
sariales que más se ha beneficiado durante lo que va de su sexenio: Grupo Higa. Este
caso no sólo involucró al presidente y a su esposa, sino también al importante grupo
de medios de comunicación Televisa, así como al secretario de Hacienda y aspirante
presidencial Luis Videgaray.
51
Luis Daniel Vázquez Valencia
primera dama y Luis Videgaray no habían incurrido en
ningún tipo de falta administrativa ni contraria a la ley.13
Este tipo de simulaciones en los nombramientos es de
esperarse en los órganos centralizados que, finalmen-
te, quedan en la esfera de control del Poder Ejecutivo.
Pero ¿pasa lo mismo con los órganos que debieran ser
autónomos? Hay ejemplos sobre esto: el nombramien-
to de Eduardo Medina Mora en la Suprema Corte de
Justicia de la Nación;14 el de Perla Gómez al frente de
la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal
13
Un punto a subrayar es que Virgilio Andrade también fungió como consejero del
Instituto Federal Electoral entre 2003 y 2010, órgano que tiene un diseño institucional
de autonomía; la ausencia de sanciones administrativas por corrupción no es aislada,
sino una práctica sistemática dentro del marco de impunidad que analizaremos líneas
abajo.
14
Más allá de la disputa que efectivamente existe al interior de los poderes judiciales
entre miembros pro derechos humanos y actores prosoberanía, el nombramiento
de Eduardo Medina Mora, anterior director del Centro de Investigación y Seguridad
Nacional (2000-2005), secretario de Seguridad Pública (2005), Procurador General de la
República (2006-2009) y embajador en Reino Unido y en Estados Unidos (2009-2015)
fue leído como el ingreso de un ministro que tenía como principal objeto aumentar
el peso de la mirada conservadora y anti derechos humanos que comenzaba a tener
la Suprema Corte. En especial, para mantener la impunidad de las violaciones a los
derechos humanos producto de la política de seguridad iniciada por Felipe Calderón
y seguida por Enrique Peña Nieto. Esto quedó claro tanto por su voto decisivo en
abril de 2015, cuando por seis votos contra cinco, la SCJN decidió que el arraigo es
constitucional; como por su voto –en solitario– en contra del derecho de las parejas
de personas del mismo sexo a adoptar niños, en agosto de 2015.
52
Democracia, populismo y elitismo
(CDHDF);15 e incluso el retiro de la candidatura de Miguel
Sarre del Comité contra la Tortura de Naciones Unidas,
con el objetivo de comenzar a colonizar también estos
órganos que han dado varios reveses recientemente al
gobierno mexicano.16
En la medida que los nombramientos tienen como princi-
pal fin controlar a los órganos autónomos de los cuales se
espera la generación de pesos y contrapesos propios de
la accountability horizontal, lo que se genera es la inope-
rancia de este mecanismo de control con el correspon-
diente impacto en la protección de los derechos humanos.
De ahí otro aspecto relevante: para que la accountability
horizontal funcione, no sólo se requiere competencia
15
Luego de varias presidencias que, aunque institucionales, habían sido tensas entre
CDHDF y la jefatura de gobierno de esta entidad, el jefe de gobierno Miguel Ángel
Mancera decidió que no era necesario mantener tal tensión con este órgano autónomo.
Así, el buen funcionamiento de un órgano de defensa de derechos humanos a cargo
de presidentes como Emilio Álvarez Icaza o de Luis González Placencia, se vio truncado
cuando frente a un posible segundo mandato a cargo del último de los mencionados,
se tomó la decisión de nombrar a una incondicional, perdiendo toda la presencia,
capacidad de convocatoria organizativa y legitimidad que había ganado la CDHDF
en la defensa de los derechos humanos. Vale la pena mencionar que, en este segundo
caso, la simulación fue realizada por el partido que gobierna la Ciudad de México: el
Partido de la Revolución Democrática (PRD). La crítica que construyo sobre las pautas
de la democracia en México se refiere a todos los actores que integran el sistema de
partidos actual.
16
El gobierno mexicano declaró que, de ahora en adelante, las propuestas para ocupar
ese tipo de cargos serían para el personal diplomático en retiro. Es importante subrayar
que el trabajo del personal diplomático es defender al gobierno, mas no a los derechos
humanos.
53
Luis Daniel Vázquez Valencia
legal, capacidad técnica y fortaleza política, sino también
el nombramiento de una persona abiertamente autónoma
de los políticos (o partidos) que se encuentran al frente de
los órganos que serán controlados.
La corrupción como acción política y las violaciones a los
derechos humanos
Definimos a la corrupción a partir del concepto elabora-
do por el Banco Mundial y retomado por Transparencia
Internacional: la corrupción es el abuso del poder enco-
mendado para el beneficio propio.17 La corrupción supone
la apropiación de lo público para fines privados, es decir, la
cooptación del gobierno, o la pérdida de “publicidad” del
gobierno. Mientras que existe un amplio desarrollo de la
economía de la corrupción,18 son menos los trabajos que
17
En un sentido muy parecido, Zalaquet entiende por corrupción una práctica o fenómeno
que supone el uso o abuso de poderes y funciones públicas para generar indebidamente
riqueza o beneficios privados (Zalaquet, 2007: 19).
18
Dentro del boom de los estudios de la corrupción en la década de los noventa, la
economía de la corrupción es la principal corriente. Este tipo de estudios pone atención
a los pagos realizados a servidores públicos que los llevan a ignorar los intereses de sus
representados y a favorecer los intereses privados (Rose-Ackerman, 2009). De hecho,
si hay algo que se puede llamar “corruptólogos”, este tipo de estudios son el tronco
y la principal tendencia, muy marcada por los estudios económicos. Hay tres buenos
recuentos de los estudios de economía de la corrupción: el coordinado por Abed,
G.T. y Davoodi, H.R. publicado con el título Governance, Corruption and Economic
Performance, por el Fondo Monetario Internacional; el International Handbook on
the Economics of Corruption que en 2006 editó Susan Rose-Ackerman, y el editado
por el Banco Interamericano de Desarrollo y coordinado por José Antonio Alonso y
Carlos Mulas-Granados con el título Corrupción, cohesión social y desarrollo. El caso
de Iberoamérica.
54
Democracia, populismo y elitismo
relacionan a la corrupción con los derechos humanos.19
Pese a lo anterior, podemos identificar violaciones a los
derechos humanos cometidos por medio de la corrupción
en los siguientes casos:
• La corrupción política distorsiona los procesos de diseño
de las políticas públicas (ICHRP, 2009) generando la
privatización de lo público.
• Los sobornos permiten acciones que debieran es-
tar prohibidas y que son abiertamente violatorias de
los derechos humanos (ICHRP, 2009). Por ejemplo,
transgredir medidas de seguridad laboral, como se
hizo evidente en el caso Pasta de Conchos, donde la
empresa minera, pese a violentar diversas medidas de
seguridad, unos días antes de la tragedia había recibido
la visita de un inspector laboral; o la realización de
megaproyectos ya sean turísticos, de presas, minería
o de energía eólica que muchas veces obtienen el
visto bueno de las evaluaciones de impacto a través
de sobornos (TPP, 2012).
• La solicitud de sobornos condiciona el acceso a los
derechos (ICHRP, 2009), lo que impacta esencialmente
al acceso a la justicia y a los servicios sociales.
19
Para un análisis del estado de la cuestión de los estudios sobre corrupción en general, y
sobre la relación entre corrupción y derechos humanos en particular, es útil Vázquez, 2016.
55
Luis Daniel Vázquez Valencia
• Los actos de corrupción que desvían recursos pú-
blicos generan la apropiación privada de recursos
públicos o, a través de sobornos, sobreprecios u otro
tipo de cargas en la calidad de los procesos de adqui-
sición de bienes o servicios y disminuyen los recursos
públicos (ICHRP, 2009). En esa medida, se tendrán
menos bienes y peores servicios, lo que abiertamente
transgrede las obligaciones de protección, garantía y
promoción de todos los derechos, así como las obli-
gaciones de progresividad, prohibición de regresión y
máximo uso de recursos disponibles.
• La opacidad (pensada como parte de la corrupción)
imposibilita el monitoreo de las obligaciones de pro-
gresividad, prohibición de regresión y máximo uso de
recursos disponibles (González y Nash, 2011: 30).
Las violaciones más graves a los derechos humanos pro-
venientes de la corrupción se dan cuando ésta es de corte
endémico-estructural. En términos de Zalaquet (2007),
la corrupción puede ser una práctica esporádica o un
fenómeno endémico. Este último puede ser focalizado
(por ejemplo, en la policía, la judicatura o el servicio de
aduanas) o generalizado (en el grueso de la lógica gu-
bernamental). Evidentemente, ahí donde estemos frente a
fenómenos endémicos de corrupción, ya sean focalizados
56
Democracia, populismo y elitismo
o generalizados, estaremos frente a problemas estructu-
rales, con dimensiones institucionales y también sociales
o culturales (Zalaquett, 2007: 19). A estas expresiones
de la corrupción también se les ha denominado como
corrupción estructural, una práctica que define el fun-
cionamiento de ciertas instituciones y que opera a través
de redes de poder, cuya principal función es proteger y
mantener en la impunidad la corrupción funcional a su
grupo (Nash, 2014: 70). El principal ejemplo que se suele
dar a este tipo de corrupción es la captura o cooptación
del Estado. En ésta, los intereses corruptos inciden en
la producción de las normas y políticas públicas de un
Estado, generando un marco normativo que legaliza la
exclusión y la obtención de beneficios ilegítimos.
En la medida que la corrupción se lleva a cabo de forma
oculta, lamentablemente no se tienen datos objetivos
sobre ésta. Los indicadores más reconocidos miden la
percepción de la corrupción, como sucede a los índices
generados por Transparencia Internacional, por el Banco
Mundial y el Country Risk. Pese a lo anterior, vale la pena
dar algunos datos. En la Encuesta Nacional de Seguridad
Pública se da cuenta de los niveles de percepción tanto de
corrupción como de violación a los derechos humanos
de las instituciones de seguridad:
57
Luis Daniel Vázquez Valencia
Cuadro 4. Percepción de corrupción y violaciones a
derechos humanos en México
Viola los
Institución Es corrupta derechos
humanos
Policía estatal (no en la CDMX) 70.2 59.2
Policía municipal (preventiva CDMX) 68.9 59.6
PGJ del estado o de la CDMX 68.6 52.3
PGR 66.7 56
Policía de investigación 60.2 47.9
Policía federal 60.2 48.7
Ejército 43.4 36.4
Marina 37.5 31.3
Fuente: Pulido, 2016.
La impunidad como acción política
y las violaciones a los derechos humanos
Para hablar de impunidad recuperaremos el concepto
elaborado por la Comisión de Derechos Humanos de
Naciones Unidas en el “Conjunto de principios para la
protección y promoción de los derechos humanos me-
diante la lucha contra la impunidad” elaborado en 1997
y que se mantiene en la revisión realizada en 2005: “Por
impunidad se entiende la inexistencia, de hecho o de
derecho, de responsabilidad penal por parte de los au-
tores de violaciones de los derechos humanos, así como
de responsabilidad civil, administrativa o disciplinaria,
porque escapan a toda investigación con miras a su
inculpación, detención, procesamiento y, en caso de ser
58
Democracia, populismo y elitismo
reconocidos culpables, condena a penas apropiadas,
incluso a la indemnización del daño causado a sus víc-
timas” (CDHNU, 1997: s/p).
La relación entre impunidad y violaciones a derechos
humanos proviene de la expectativa de que el procesa-
miento de los culpables los disuada de reincidir y, más
aún, deje claro ante otros que las violaciones a derechos
humanos no serán tolerados (Amnistía, 2001: 11 refiriéndose
en específico a la tortura). Andión (2012) propone algunas
pautas o categorías analíticas que podemos mirar para
pensar la impunidad que rodea las violaciones graves en
materia de derechos humanos cometidas en democracia.
Analizando la violencia contra las mujeres en México,
Andión identifica las siguientes categorías:
• Deficiencias y vacíos en el marco normativo.
• Deficiencias en la aplicación del marco normativo a
todos los niveles tanto del Poder Judicial como del
Ejecutivo.
• Fallas de las políticas, programas e instituciones exis-
tentes para prevenir, sancionar y erradicar la violencia
contra las mujeres.
59
Luis Daniel Vázquez Valencia
• Fallas del sistema de procuración e impartición de justicia.
• Falta de información apropiada y falta de acceso a la
información existente.
• Falta de acciones para atacar las causas estructurales
que generan la violencia contra la mujer.
Algunos datos generales sobre la impunidad provienen
de los índices creados por Naciones Unidas y por el Pro-
yecto de Justicia Mundial. En abril de 2015 México recibió
el segundo lugar –de 59 países analizados– en el primer
índice, sólo aventajado por Filipinas. En el informe se
señala que el problema de la impunidad en México es
funcional y estructural y no nació en esta administración.
Posteriormente, en junio, México se ubicó en el lugar 79
de 102 países analizados (14 de 19 en América Latina) en
el segundo índice.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y
Geografía (INEGI) (2015), durante 2014 se cometieron
poco más de 33 millones de delitos, de los cuales sólo
10.7% fue denunciado, es decir, la cifra negra en México
es de 92.8% en promedio (varía por entidad federativa).
Cuando le preguntaron a los encuestados por qué no
habían acudido a denunciar, 32.2% consideró que era
60
Democracia, populismo y elitismo
una pérdida de tiempo y que 16.8% definitivamente des-
confía de las autoridades. Es decir, que 49% de las víc-
timas de delitos considera que no tiene ningún sentido
acudir a denunciar (INEGI, 2015).
Podemos ver datos más específicos sobre impunidad en
torno a violaciones graves en derechos humanos. Por
ejemplo, en la comparecencia de México ante el Comité
contra la Desaparición Forzada de Naciones Unidas se
observó que, frente a 25,000 casos, a nivel federal sólo
habían sido consignadas 313 personas por el delito de
desaparición forzada, a la par que existen 13 sentencias
condenatorias y, recientemente, se condenó a un militar.
De acuerdo con el informe del relator Juan Méndez (2014),
entre 2005 y 2013 la Comisión Nacional de Derechos Hu-
manos (CNDH) recibió 11,254 quejas por tortura,20 emitió
223 recomendaciones y hasta la fecha no existe ninguna
sentencia penal al respecto. Más aún, el Consejo de la
Judicatura Federal sólo ha detectado siete sentencias por
tortura desde 1991 hasta 2013 (Díaz, 13/05/14), mientras
20
Desde diversas instancias se ha documentado que las fuerzas de seguridad aún utilizan
la tortura como mecanismo para obtener declaraciones autoinculpatorias. De hecho, el
grueso de los casos de tortura suceden entre la detención y la puesta a disposición, en
donde pueden pasar incluso más de 24 horas. Es por esta razón, por lo generalizado de
esta lógica, que en México, de acuerdo con el informe 2014 de Amnistía Internacional,
64% de las personas temen ser torturadas si son detenidas; sólo superado por Brasil
con 80% (Díaz, 13/5/14).
61
Luis Daniel Vázquez Valencia
que el INEGI detectó cinco sentencias por tortura en dos
entidades federativas entre 1965 y 2012 (Díaz, 13/05/14).
Finalmente, una combinación interesante es la que nos
permite mirar cómo los actos de corrupción se mantienen
en la impunidad. Por ejemplo, durante 2014 la Auditoría
Superior de la Federación (ASF), órgano encargado de
revisar las cuentas nacionales, dio a conocer que después
de 14 años de operación (1998-2012), de 457 procesos
penales iniciados sólo 19 procedieron con sanciones me-
nores contra mandos medios y bajos. Es decir, 96% de las
denuncias presentadas por la ASF no tuvieron ninguna
repercusión (Chávez, 24/02/14).
La corrupción e impunidad como marcos generalizados
de acción tienen como principal problemática la crea-
ción de violaciones sistemáticas y, por ello, reiteradas en
materia de derechos humanos, bajo el conocimiento de
que no habrá ninguna sanción. Por eso, no es raro que
violaciones graves se tornen estructurales y constantes.
Casos como Tlatlaya (Estado de México) y los 43 norma-
listas desaparecidos de Ayotzinapa (Guerrero) durante
2014, así como los casos de Apatzingan (Michoacán),
Villa Purificación (Jalisco) y Tanhuato (Michoacán) en
2015 involucran desapariciones forzadas, ejecuciones
extrajudiciales, tortura y violaciones al debido proceso.
62
Democracia, populismo y elitismo
Particularmente en Tlatlaya21 y en Ayotzinapa22 no era la
primera vez que sucedían este tipo de eventos.
La accountability social: movimientos sociales y
empresarios
Posteriormente al desarrollo de la idea de mecanismos de
accountability vertical y horizontal, Peruzzoti y Smulovitz
(2002) generaron la idea de accountability social. Si bien
el concepto es nuevo, la idea se remonta a la necesidad
21
En el caso de Tlatlaya, 23 civiles fueron asesinados en un mercado en 2008. El caso quedó
sin resolver. Peor aún, frente a la primera noticia que hablaba de un enfrentamiento
entre militares y grupos del crimen organizado con múltiples muertes en este lugar,
tanto la Procuraduría General de la República como la Procuraduría del Estado de
México ya habían hecho su investigación y avalado la versión inicial del enfrentamiento
realizada por el Ejército. No fue sino hasta después de que se tuvo el testimonio de uno
de los sobrevivientes que, en particular la PGR, reinició su investigación y se giraron
órdenes de aprehensión. ¿Cuál es la credibilidad que puede tener una investigación
en estas condiciones? ¿Cómo investigar objetivamente en una escena de los hechos
totalmente descuidada? ¿De qué manera se ha asegurado la cadena de custodia de las
evidencias que existen? ¿Cuáles han sido las hipótesis de investigación exploradas y
cómo se llegó a la que en su momento se dio por válida? ¿Qué responsabilidad tienen
los mandos superiores que deben realizar supervisión y control sobre la actuación de
los militares? ¿Qué hay de la responsabilidad de las autoridades civiles que debieron
investigar de inmediato esas ejecuciones extrajudiciales? Por eso, no es casualidad
que organizaciones como Amnistía Internacional exigieran una investigación pronta,
imparcial, independiente y exhaustiva, sin la participación de la PGR.
22
Sobre Ayotzinapa también se tienen antecedentes que marcan la impunidad y que
permiten la repetición de violaciones graves en materia de derechos humanos. En 2011,
en el marco de un bloqueo a la Autopista del Sol se generó un enfrentamiento que tuvo
como resultado tres personas ejecutadas extrajudicialmente, tres estudiantes más fueron
heridos de bala gravemente y se documentaron, al menos, 24 casos de detenciones
arbitrarias, un caso de tortura y otros siete más de tratos graves e inhumanos. Dos
policías fueron consignados por estos hechos y posteriormente quedaron en libertad.
63
Luis Daniel Vázquez Valencia
de tener una sociedad estructurada de forma pluralista
donde las distintas facciones que la integran tengan ca-
pacidad de generar incidencia en las decisiones políticas
vinculantes. Si bien es claro que esto no nos llevará a una
idea de “equilibrio social”, como suponían algunos trabajos
del pluralismo de principios del siglo XX (Bentley, 1908;
Truman, 1951), al menos lo que se intenta es un aspecto
central para la democracia: que los perdedores no sean
siempre los mismos; para ponerlo en términos de Robert
Dahl, que no haya un sistema acumulativo de distribución
de recursos políticos (Dahl, 1961, 1963 y 1982).
Esta puerta de entrada al análisis social supone que exis-
ten varios factores reales de poder23 (Eckstein, 1960; Key,
1960; Meynaud, 1960; Celis, 1963; Pasquino, 1986) que
buscan generar incidencia en la toma de decisiones po-
líticas vinculantes. La forma en que los poderes fácticos
participan en la toma de decisiones es mediante el ejer-
cicio, o amenaza del ejercicio, de sus recursos políticos.24
23
Identifico a los poderes fácticos o factores reales de poder como aquellas fuerzas so-
ciales organizadas que tienen la capacidad de influir en la toma de decisiones públicas
(Vázquez, 2004: 69).
24
Los recursos políticos son los mecanismos para influir en la toma de decisiones guberna-
mentales que implican una coacción al Estado (Vázquez, 2004: 69). Siguiendo a Robert
Dahl, los recursos políticos son “un medio mediante el cual una persona puede influir
en el comportamiento de otras personas; los recursos políticos incluyen, por lo tanto,
el dinero, la información, los alimentos, la amenaza de aplicar la fuerza, los trabajos, la
amistad, la categoría social, el derecho de legislar, de votar y una gran multitud de otras
cosas” (Dahl, 1963: 23).
64
Democracia, populismo y elitismo
En principio, el cabildeo se ha establecido como una
forma cotidiana de hacer llegar las demandas a los de-
cisores y de expresar, explicitar y clarificar las posturas
de los poderes fácticos. Sin embargo, las capacidades de
realizar un cabildeo fructífero dependen de los recursos
políticos que el poder fáctico en cuestión tenga para
amagar la negociación.
Peruzzoti y Smulovitz (2002) desarrollan la idea de ac-
countability social a partir de dos mecanismos: aquellas
organizaciones de la sociedad civil que están diseñadas
para activar la accountability horizontal (mediante litigios
estratégicos, presentación de propuestas de reforma de
leyes, denuncias, etc.) y vertical (incidir en la esfera pública
para dar a conocer acciones de los gobernantes y buscar
premiarlos o castigarlos en la elección); y los movimientos
sociales que utilizan el repertorio de la acción colectiva:
marchas, mítines, ocupaciones, etcétera. En la medida
que el primer tipo de organización ya fue analizado en
las páginas anteriores cuando vimos la lógica y falencias
de las accountabilities vertical y horizontal, dedicaremos
unas líneas a los segundos: los movimientos sociales.
La sociedad no sólo se compone de movimientos socia-
les, en ella hay otros poderes fácticos como el crimen
organizado que actúa a través de la violencia y el dine-
ro; guerrillas y paramilitares, a través de la violencia; los
65
Luis Daniel Vázquez Valencia
empresarios, por medio de la entrada, no entrada y sali-
da de capitales, por mencionar algunos. En las siguien-
tes páginas comentaremos también a los empresarios
como poder fáctico.
La accountability social desde los movimientos sociales
El estudio de los movimientos sociales y de la acción colec-
tiva es fecundo. Actualmente hay dos grandes paradigmas:
el de la identidad 25 y el de la movilización de recursos.26
Estas teorías difieren tanto de las sicológicas proveniente
de Tarde, Le Bon u Ortega y Gasset como del funcionalismo
de Herbert Blume o de Neil Smelser en cuanto existe un
nuevo contexto analítico donde los movimientos sociales
no tienen como origen de su formación el principio de
anomia, de disconformidad social o de irracionalidad, sino
el carácter de una asociación voluntaria y benéfica para el
desarrollo de una sociedad plural. Debido a que el análisis
es instrumental (capacidad de la acción colectiva para
influir en la toma de decisiones gubernamentales a partir
de los recursos políticos que poseen), daré prioridad a
la teoría de la movilización de recursos en su versión de
procesos políticos.
25
Desarrollado en Europa Occidental por Alberto Melucci y Alain Touraine, entre
muchos otros.
26
Desarrollado especialmente en Estados Unidos por Mancur Olson (visión economicista),
desde distintas visiones por John McCarthy y Mayer Zald (visión organizativo-empre-
sarial), y por Charles Tilly, Arthur Stinchcombe, Oberschall, Gamson, Klandermans y
Sidney Tarrow (visión de procesos políticos).
66
Democracia, populismo y elitismo
¿Cómo van a ser los movimientos sociales el elemento
dinámico que convierta en realidad los factores positivos de
la sociedad civil?, ¿cuál será su instrumento? Arato y Cohen
(1992) responden: la desobediencia civil. La desobediencia
civil se mueve entre los límites de la insurrección y de la
actividad política institucionalizada, aunque mantiene un
estatus extrainstitucional: “[…] es una acción colectiva
basada en principios que presuponen por lo menos una
institucionalización parcial de los derechos y de la demo-
cracia; es decir, presupone los derechos que establecen y
protegen a la sociedad civil, así como un sistema político
representativo que pretende legitimidad democrática y per-
mite por lo menos alguna participación política” (1992: 638).
Esta desobediencia civil para las fuerzas sociales que no
tienen recursos económicos ni cuentan con acceso al
Estado se manifiesta a través del desafío colectivo prove-
niente de diversas tácticas. El principal recurso político de
los movimientos sociales es la acción colectiva planteada
como desafío por medio de acciones directas de tipo dis-
ruptivo, que pueden o no ser violentas, pero que invaria-
blemente interrumpen, obstruyen o crean incertidumbre
en las actividades de otros. Con estos recursos políticos,
los movimientos sociales señalan que hay un problema,
o que hubo un proceso que generó daño, que concierne
a todos sus miembros o que aquello que la estructura
de poder presenta como solución al problema no es la
67
Luis Daniel Vázquez Valencia
única posible, e incluso oculta una serie de intereses o la
generación de una estructura de poder (Melucci, 1999: 126).
No sería extraño pensar que un gobierno más democrático,
más representativo, es aquel que logra incluir, articular el
mayor número de demandas sociales posible. También es
claro que el repertorio modular de la acción colectiva no
es un fin en sí mismo. El ejercicio del derecho a la protesta
siempre es un medio para hacer públicas determinadas
demandas que no han sido articuladas institucionalmente.
Se ha generado una serie de repertorios modernos de
acción –en la terminología de Charles Tilly– o de reper-
torios modulares –en los términos de Sidney Tarrow–.
Este último utiliza el concepto de repertorio modular para
referirse a “la capacidad de una forma de acción colectiva
para ser utilizada por una variedad de agentes sociales
contra una gama de objetivos, ya sea por sí misma o
en combinación con otras formas” (Tarrow, 1997: 69).
Se trata de rutinas de acción colectiva de tipo familiar
a quien los utiliza pero también a su adversario, por lo
que son acciones establecidas que actúan como pautas
esperadas entre qué se sabe hacer y qué se espera que
hagan los inconformes; en este sentido, el repertorio de
confrontación es a la vez habilidad de los manifestantes
y forma cultural de la población (1997: 51 y 66).
68
Democracia, populismo y elitismo
La lógica de los repertorios modulares a través de la acción
colectiva es afectar los intereses estatales o de la élite
mediante la creación de incertidumbre e incrementando
la solidaridad, en este sentido explica Sidney Tarrow que
[…] el poder de la acción colectiva procede de tres carac-
terísticas potenciales: desafío, incertidumbre y solidaridad.
Los desafíos a las autoridades amenazan con costes
desconocidos, y estallan adoptando formas dramáticas y
a menudo ingobernables. Su poder procede, en parte, de
la impredecibilidad de sus resultados y de la posibilidad
de que otros se sumen a ellos. La solidaridad interna
sustenta el desafío y sugiere la posibilidad de una ulterior
disrupción. Los oponentes, los aliados y los observadores
responden, no sólo en función de la agresividad del desafío
y la incertidumbre que evoca, sino de la solidaridad que
perciben en la protesta” (1997: 183). La incertidumbre y
potencialidad de la acción proviene de la desconocida
duración de la protesta, la indeterminación del coste de la
protesta y la posibilidad de extensión de la acción a otros.
La configuración de repertorios modulares conlleva al
establecimiento de repertorios convencionales, es decir,
pautas esperadas de acción social que, por ende, reducen
la incertidumbre aunque no necesariamente la potencia-
lidad de la acción colectiva. La mayor parte de las formas
69
Luis Daniel Vázquez Valencia
de protesta que vemos hoy en día son, precisamente,
convencionales. Hay por lo menos tres tendencias en la
acción colectiva: la violencia, la convención y la disrup-
ción; las tres mantienen –en mayor o menor grado– los
principios de desafío, incertidumbre y solidaridad.
Tres factores han menguado la capacidad de afectación
a los intereses gubernamentales por parte de las fuerzas
sociales que utilizan los recursos provenientes de la ac-
ción colectiva: 1) el nivel de incertidumbre es bajo en los
repertorios modulares-convencionales; 2) las acciones
colectivas son controladas a través de su institucionali-
zación, como en la huelga, o por medio de su represión,
como en la ocupación o la manifestación; y 3) la legiti-
mación política del Estado se ha tratado de ubicar en un
solo aspecto: el proceso de elección.
A partir del crecimiento del Estado y su desenvolvimiento
en distintas áreas se generó un cúmulo de poderosas
herramientas para la represión política popular, enten-
diendo por represión “cualquier acción por parte de
un grupo que eleva el costo de la acción colectiva del
contendiente” (Tarrow, 1997: 167), que incluye la repre-
sión policiaca o la criminalización del movimiento. La
convención y pérdida de incertidumbre del repertorio
se ha logrado por medio de la generación de una serie
70
Democracia, populismo y elitismo
de medios de contención de tipo legal y administrativo.27
Repertorios como la huelga, la reunión, las manifestacio-
nes, las ocupaciones y las sentadas se pueden encuadrar
en diversos tipos penales dependiendo de los sistemas
jurídicos en cuestión.28
27
Ejemplifiquemos con la huelga, que se ha convertido en una institución legalmente
reglamentada para la celebración de acuerdos colectivos. En específico la huelga tiene
objetivos determinados por la propia ley y es un órgano estatal quien califica los fines,
la existencia y la licitud de la misma. Así, la huelga está estrictamente relacionada con
el centro de trabajo, por lo que no se puede realizar una huelga, por lo menos no una
jurídicamente reconocida, contra la modificación legislativa a una prestación laboral
establecida en la ley o contra una política pública. Asimismo, la huelga ha quedado
restringida a los trabajadores excluyendo la posibilidad de la huelga estudiantil o de
cualquier otro acto de resistencia mediante la suspensión de actividades.
28 Como ejemplos de delitos en que los repertorios modulares de la acción colectiva pueden
incurrir en el sistema jurídico federal mexicano tenemos: 1) la sedición, que se refiere
a la resistencia o ataque tumultuario y sin armas para impedir el libre ejercicio de las
funciones de la autoridad (artículo 130 del Código Penal); 2) el motín, que se refiere a
la perturbación del orden público con empleo de la violencia en las personas o sobre las
cosas, o los actos de intimidación a la autoridad para exigir un derecho (artículo 131 del
Código Penal); 3) el terrorismo, que se configura mediante la realización de cualquier
acto violento que produzca alarma, temor o terror en la población o en un sector de
ella y que tenga por objeto perturbar la paz pública, menoscabar la autoridad estatal
u obligarla a tomar una determinación (articulo 139 del Código Penal); 4) el sabotaje,
que se actualiza por el entorpecimiento de vías de comunicación o servicios públicos
(artículo 140 del Código Penal); 5) la desobediencia y resistencia de particulares, que
se actualiza por la coacción hecha a la autoridad pública por medio de la violencia física
o moral para obligarla a que ejecute un acto oficial sin los requisitos legales o que no
sea parte de su competencia (artículo 181 del Código Penal); 6) el ejercicio indebido
del propio derecho, que se configura por el empleo de la violencia en el ejercicio del
mismo (artículo 226 del Código Penal); y 7) los daños en propiedad ajena a partir de la
ruptura de vidrios, las “pintas” en los inmuebles, el pegar propaganda, etcétera.
71
Luis Daniel Vázquez Valencia
Si bien en una democracia hay una mayor tendencia a
permitir los repertorios modulares, una manifestación
ya no necesariamente es reprimida (aunque puede
serlo), esto no quiere decir que la meta de la fuerza
social que haya ejercitado el recurso político sea alcan-
zada. Los gobiernos no necesariamente están abiertos
a escuchar y a actuar en torno a las peticiones de las
fuerzas sociales cuyos recursos políticos no afectan
directamente la acción estatal, lo que implica una baja
influencia de estos actores.
Frente al nacimiento exitoso de un movimiento social que
enarbole alguna demanda, llámese derecho a un salario
digno por los jornaleros rurales, la aparición con vida de los
familiares desaparecidos, el aumento del presupuesto a la
educación, el cambio de una política de seguridad, con el
largo etcétera, se puede generar alguna reacción por parte
del gobierno mexicano, pero ésta puede variar en los si-
guientes términos: 1) el permitir la acción colectiva pero no
establecer un diálogo directo con la fuerza social; 2) la
represión del repertorio modular; 3) abrir el diálogo por
medio del Poder Ejecutivo o del Legislativo o a través
de ambos sin llegar a acuerdos específicos, sino sólo a
pautas generales; 4) llegar a acuerdos específicos pero sin
establecer metas verificables en tiempos determinados;
5) establecer metas verificables en tiempos específicos
que podrán ser posteriormente violadas por el gobierno
72
Democracia, populismo y elitismo
aprovechando un importante nivel de desgaste y argu-
mentando la imposibilidad del cumplimiento de metas; y
6) la radicalización del movimiento y la renuncia del Poder
Ejecutivo en cuestión que implica la llegada de un nuevo
Poder Ejecutivo que tendrá las mismas limitaciones que
el anterior para cumplir las exigencias de la fuerza social
que ejercitó el repertorio modular.29
Lo que estas seis posibilidades nos permiten mirar es el
marco de la burocratización que hoy en día constituye
la simulación de los procesos de negociación entre los
gobiernos y los movimientos sociales. La simulación como
lógica política es también parte de la acción gubernamen-
tal ante los movimientos sociales. Impera la “administración
de la protesta” antes que el reconocimiento del movimiento
social para generar una relación dialógica e intersubjeti-
va: no existe un reconocimiento de la legitimidad de las
demandas e impera el autointerés.
Además, la acción colectiva se encuentra frente a tres
contradicciones lógicas. El desafío colectivo y el ejercicio
de los recursos políticos que lo integran es una acción
disruptiva y, por ello, “ruidosa”: su objetivo es generar
29
En realidad este punto se enmarca en una compleja discusión que intenta res-
ponder a las siguientes preguntas: ¿cuándo se puede considerar a un movimiento
social victorioso? y ¿cómo se puede determinar cuáles fueron los efectos de un
movimiento social?
73
Luis Daniel Vázquez Valencia
incertidumbre afectando intereses de terceros. Una pri-
mera contradicción lógica es que entre más radical sea
la protesta, mayores derechos de terceros serán vulne-
rados. La consecuencia inmediata es que una protesta
que, en principio, podría tener un importante nivel de
legitimidad por sus objetivos, irá bajando este nivel
de legitimidad por los recursos políticos empleados.
Peor aún, debido a que la situación de anormalidad se
evidencia a partir de la protesta, la identificación de di-
cha situación anómala se relaciona con la acción colec-
tiva misma y no con el daño que le antecede.30
Dos elementos están interrelacionados en la variación de
la intensidad de los repertorios modulares de la acción
colectiva: el objetivo que el movimiento se plantee y la
capacidad de resistencia gubernamental frente a ese
objetivo. Aquí la segunda contradicción lógica: cuando
el objetivo del movimiento sea directamente contrario (ya
sea por razones políticas o económicas) a los intereses
del bloque político-económico gobernante, los repertorios
30
Este es un hecho importante y sistemático. Por ejemplo, en la huelga estudiantil de
la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1999-2000, la anormalidad
se ubicaba en la huelga misma y no en el aumento de cuotas y modificaciones insti-
tucionales sin consulta previa a los estudiantes. De la misma forma, en el plantón en
la avenida Reforma de la Ciudad de México por las bases perredistas, la anormalidad
se ubicaba en el plantón mismo y no en el sentimiento de elecciones fraudulentas de
ese sector.
74
Democracia, populismo y elitismo
modulares deberán ser cada vez más “estridentes”, con
un mayor nivel de violencia, pero cuanto más violenta sea
la acción colectiva disruptiva, más fácilmente podrá ser
criminalizada por el gobierno. Esto abre las puertas a la
posibilidad de utilizar los recursos políticos del Estado que
pasan por la dispersión de los manifestantes al momento
de ejercitar la acción colectiva a partir de alguna violación
penal o reglamentaria, la identificación de delitos de dis-
tinto tipo y el establecimiento y la ejecución de órdenes
de aprehensión.
A esto se suma la estrategia que gobiernos recientes
han utilizado en la generación de autonomía frente a los
movimientos sociales. Los gobiernos tienden a alargar
el movimiento lo más posible a fin de intentar su “muerte
natural”, ya sea negándose al diálogo, haciéndolo infructí-
fero, o mediante las estrategias de reacción estatal antes
mencionadas. Sin embargo, el alargamiento del conflic-
to, en ciertos casos, puede tener como consecuencia la
radicalización del movimiento. Frente al incumplimiento
de sus objetivos, el movimiento social aumenta la apues-
ta disruptiva para generar mayor incertidumbre. Esto
nos lleva a la tercera contradicción lógica: el intento
gubernamental de terminar con el conflicto mediante su
alargamiento lo radicaliza, lo que nos lleva de vuelta a la
segunda contradicción lógica: en la radicalización por
75
Luis Daniel Vázquez Valencia
obtener el cumplimiento de los objetivos de la acción
disruptiva se facilita la criminalización de la acción.31
Finalmente, la conclusión de la movilización social me-
diante la aplicación de operativos policíacos tiene como
resultado la práctica desaparición del pliego petitorio
inicial a cambio de la seguridad e integridad física de los
integrantes del movimiento social.
Los controles democrático y del mercado:
dos caminos paralelos
Hasta aquí el análisis de las posibilidades y límites de la
accountability social a través de los movimientos socia-
les. Demos paso a la accountability social por medio del
ejercicio o amenaza de ejercicio de los recursos políticos
de los empresarios. Antes, para entender el poder de estos
actores, necesitamos comprender el contexto y tensiones
que se tejen entre la democracia y el mercado.
31
Pautas de acción semejantes, tanto del gobierno como de los movimientos sociales,
se observaron en los últimos cuatro desafíos colectivos de largo aliento en México: la
huelga estudiantil en la UNAM entre abril de 1999 y febrero de 2000; las movilizacio-
nes de los campesinos de San Salvador Atenco entre septiembre de 2001 y agosto de
2002; de los integrantes de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, de mayo a
diciembre de 2006; y las movilizaciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores
de la Educación (CNTE) en contra de la reforma laboral-educativa entre 2013 y 2016.
76
Democracia, populismo y elitismo
El hecho de que el régimen democrático cree expec-
tativas de representación (mayor bien para el mayor
número) bajo un régimen económico capitalista y par-
ticularmente neoliberal implica una constante tensión
entre el régimen político y el régimen económico: los
individuos son a la vez ciudadanos y agentes del mer-
cado (Przeworski, 1991: 192).
Esto funda un problema en torno a la asignación de
recursos, ya que la asignación preferida por el ciudadano
y la ocurrida por el mercado suelen no coincidir y ésta
no coincidencia es, en parte, la puerta que se abre a los
gobiernos neopopulistas. En palabras de Carlos de la
Torre (1996: 64): “El éxito de estos caudillos electorales
es […] el resultado de la tensión entre una economía
que margina y una política que necesita integrar”. En
efecto, las instituciones de la democracia procedimen-
tal muestran poca habilidad para generar el sentido de
participación y pertenencia de la comunidad política, en
contraste con la participación política y simbólica de las
prácticas populistas. Más aún, la erosión de las identida-
des colectivas como resultado de la política neoliberal ha
generado masas excluidas que necesitan ser integradas
al sistema político (Torre, 1998: 89).
77
Luis Daniel Vázquez Valencia
En la democracia, los ciudadanos expresan preferencias
acerca de asignaciones de recursos que no poseen. A
partir de un derecho de voto distribuido equitativamente,
la democracia ofrece a las personas económicamen-
te más desaventajadas la oportunidad de enmendar
esta situación a través del Estado: activar la acción
gubernamental para remendar las fallas del mercado
(Przeworski, 1990). Por otro lado, tenemos las reglas
de distribución generadas en el mercado donde los
agentes individuales depositan “recursos” para deter-
minar asignaciones a partir de los activos que poseen,
a la par que estos recursos son siempre distribuidos
desigualmente. En la democracia capitalista existe una
diferenciación institucional entre la propiedad y la auto-
ridad y, por ende, existen también dos mecanismos de
asignación: el mercado y el Estado. El mercado asigna
recursos productivos por medio de los propietarios, y la
distribución a los consumidores resulta de interacciones
descentralizadas; por su parte, el Estado también distri-
buye recursos productivos, no sólo mediante impues-
tos y transferencias, sino incluso regulando los costos
relativos y los beneficios asociados con las decisiones
privadas (Przeworski, 1990: 1). Esto genera una tensión
permanente entre la democracia y el capitalismo, entre
el mercado y el Estado.
78
Democracia, populismo y elitismo
Cuadro 5. Confrontación entre los controles poliárquico-electoral
y del mercado
MERCADO POLÍTICA
AGENTES CIUDADANOS
PROPIEDAD AUTORIDAD
DISTINTAS PAUTAS DE DISTRIBUCIÓN
Fuente: elaboración propia.
Estas tensiones han sido analizadas tanto en los proce-
sos de transición a la democracia de América Latina32
como en los procesos de reformas neoliberales dados
durante los años noventa.33 La tensión también puede
ser analizada en términos de una confrontación entre dos
32
En la transición, esta tensión se estudiaba a partir de la necesidad de que los primeros
gobiernos democráticos provinieran de una coalición de centro-derecha que no pu-
siera en peligro a la propia transición, dejando en segundo plano cualquier proceso
redistributivo (O´Donnell, 1979; Kaufman, 1986, y Przeworski, 1986).
33
En los análisis de la relación democracia-reformas neoliberales, la tensión se analizó
desde el institucionalismo a partir de las posibilidades de apoyo y crisis de los gobiernos
democráticos que impulsaran dichas reformas por sus consecuencias de distribución
regresiva en el corto plazo, y al parecer también a largo plazo (Hirschmann, 1973;
Boudon, 1986; Przeworski, 1991; Przeworski, Bresser y Maravall, 1993; Acuña y Smith,
1994; Navarro, 1995, y Przeworski, Stokes y Buendía, 1996).
79
Luis Daniel Vázquez Valencia
formas de control político sobre las decisiones públicas
tomadas por el gobierno: el control poliárquico-electoral
y el control político-económico inherente al mercado.
El punto sobresaliente es que se crean dos grupos de
conductores de la sociedad: los líderes políticos y los
líderes empresariales. Con respecto a los primeros existe
la democracia procedimental como mecanismo de control
ciudadano, el cual, como vimos, es imperfecto. Pero con
respecto a los segundos no hay ningún mecanismo de
control social institucionalizado. Más aún, se generan dos
canales de comunicación hacia el Estado: uno proveniente
de la responsabilidad política a través de las elecciones,
y otro proveniente del mercado a través de la entrada, no
entrada y salida de capitales. Estos dos mecanismos, al
ser paralelos, pueden conducir propuestas no sólo dis-
tintas sino incluso contradictorias entre sí y presentadas
al mismo tiempo al Estado.
El andamiaje institucional del control
proveniente del mercado
Uno de los elementos que diferencia a los poderes fácticos
son los distintos tipos de recursos políticos que ostentan.
Por ejemplo, los ciudadanos cuentan con el voto como
recurso político; los movimientos sociales, con la acción
colectiva. Los recursos políticos del mercado provienen
de la capacidad económica con la cual se persuade a
los gobiernos a través de la inversión y la omisión de
80
Democracia, populismo y elitismo
la inversión en determinados territorios nacionales, por
ende, los principales poseedores de este recurso político
son los grupos empresariales y, en especial, los grandes
inversionistas transnacionales sobre la micro, pequeña y
mediana industria. Las decisiones de producción y dis-
tribución en un sistema de mercado de inversión privada
son tomadas por los hombres de negocios, por lo que ellos
deciden la tecnología industrial nacional, los patrones de
organización, la localización industrial, la estructura del
mercado, la asignación de recursos y compensaciones
(Lindblom, 1977: 171).
Un elemento del capitalismo, que se exacerba en el es-
quema neoliberal, es la actividad del Estado para llevar
a cabo las modificaciones necesarias que generen un
“mayor atractivo” a la inversión, especialmente extranjera,
pero también nacional. El atractivo consiste en mantener
seguras, en principio, y mejorar al máximo las tasas de
utilidad de los inversionistas creando una serie de garantías
que constituyen a la competitividad.34 De esta forma, los
34
Como son el mantenimiento de la estabilidad macroeconómica; la estabilidad financiera
del Estado a través de sus ingresos fiscales y su manejo de deuda; el establecimiento
de medidas fiscales preferentes para los inversionistas, la flexibilización de la relación
laboral; la desregulación administrativa; el establecimiento de un régimen de propiedad
intelectual; el mejoramiento constante de la infraestructura; la apertura a nuevas áreas
de inversión que implican tasas de utilidad seguras y posibles monopolios u oligopolios
naturales como son la electricidad, la industria petrolera, el sistema bancario, los
medios de comunicación y vías satelitales, la industria carretera, etcétera.
81
Luis Daniel Vázquez Valencia
Estados compiten por el acceso a los capitales inversores
constituyendo a la entrada, no entrada y salida de capitales
como recurso político.
Un aspecto central para entender los recursos políti-
cos de los empresarios es su habilidad estructural; ésta
aparece cuando el capital puede ejercer influencia en
la toma de decisiones también a partir del uso o de la
amenaza del uso de sus recursos políticos, pero incluso
sin ejercer presión de forma directa a través del cabildeo.
Esta expresión se conoce como poder estructural: “la
posibilidad y habilidad del capital para conseguir sus
metas sin necesitar recursos de acción directos por
sus agentes” (Farnsworth, 2000: 101, traducción libre).
El capital puede determinar ciertas medidas para decidirse
a invertir, puede establecer ciertos requisitos para mantener
ese nivel de inversión amagando con reducirlo a cero y,
finalmente, los empresarios pueden utilizar como recurso
político la salida de capitales tanto productivos como finan-
cieros.35 De esta forma, en un régimen capitalista-neolibe-
ral los empresarios tienen un recurso político que afecta al
35
La quiebra de un país por salida masiva de capitales o por una negativa sistemática a la
inversión y al préstamo no es un acto merecedor de un apercibimiento administrativo
y mucho menos un acto criminal. Por el contrario, una de las actuales tendencias que
forman parte de la competitividad es la desregulación para dar mayor velocidad y
poner menos obstáculos a este tipo de recursos políticos.
82
Democracia, populismo y elitismo
Estado y a la sociedad en cuatro rubros diferentes: 1) desde
un ámbito simbólico en la construcción de una “buena” o
una “mala” política económica bajo la competitividad como
valor calificador; 2) la entrada y salida de capitales que
es el recurso político inmediato; 3) la dependencia estatal
al capital a partir tanto de sus niveles de deuda como de
recaudación fiscal; y 4) la dependencia social al capital a
partir de la estabilidad económica medida como índices de
empleo, salario, inflación y crecimiento económico. A partir
de las facultades que en un régimen capitalista quedan
en manos de los inversores privados, y por el peso que
las mismas tienen en la conducción y el desarrollo social,
todo gobierno, independientemente del partido del cual
proceda, necesita contar con el apoyo y “confianza” de los
grupos de industriales, de comerciantes y de inversionis-
tas extranjeros y nacionales para lograr cierta inversión
y crecimiento económico en su Estado, lo que hace que
esta posición privilegiada de los hombres de negocios no
sea compartida por ningún otro grupo36 (Lindblom, 1977).
36
Suponiendo que algunas de las metas de los hombres de negocios no hayan sido
cumplidas, los grupos empresariales tienen de su parte una serie de factores que
facilitan la formación de la acción, el mantenimiento de la misma a lo largo del tiempo
y, por ende, la presentación en segundas o terceras oportunidades de las demandas
enarboladas como son: a) el financiamiento; b) una organización previa de tipo em-
presarial; c) un mayor acceso a los medios tanto por su poder de convocatoria como
por la contratación de publicidad; d) un tamaño más accesible para llegar a acuerdos
entre diversos grupos empresariales; e) intereses comunes en lo fundamental (cuando
lo fundamental es el mantenimiento del orden capitalista); y f) un acceso especial al
sistema estatal desde distintas esferas (Lindblom, 1977).
83
Luis Daniel Vázquez Valencia
Incluso en la democracia procedimental, la posibilidad
de que los grupos empresariales tengan capacidades
de control sobre la toma de decisiones públicas es vista
como una conveniente forma de control político sobre el
Estado: el control proveniente del mercado se presenta
como una situación deseable para evitar los excesos de
un Estado autoritario.37
37
De la argumentación anterior podría desprenderse que los gobiernos no tienen
ninguna capacidad de acción autónoma y que los empresarios tienen “todos los hilos
sujetos”. No es así. La posibilidad de acción autónoma, o la capacidad de autonomía
relativa del Estado, dependerá de varios elementos. En principio, hay distintos tipos
de capitalismos y hay factores específicos como un mercado interno amplio, un bajo
nivel de endeudamiento, un importante poder de recaudación, el mantenimiento
de sectores estratégicos nacionalizados, y la existencia de una sociedad civil fuerte y
organizada que harán variar la capacidad de control de los recursos político-económicos
del mercado y la autonomía del Estado con respecto a ellos.
84
Del elitismo al populismo
Los límites de las accountabilities y la construcción
elitista-particularista
Líneas arriba analizamos el sentimiento contramayori-
tario con que nació el gobierno representativo. A partir
de él, lo que se observa es un desplazamiento de las
personas en la participación de la toma de decisiones
políticas vinculantes. El pueblo no gobierna en ningu-
no de los sentidos de las palabras pueblo y gobernar
(Schumpeter, 1942); las personas simplemente eligen
(sin mandato vinculante y sin capacidad revocatoria)
a quienes tomarán las decisiones. Esta desvinculación
entre los decisores y el pueblo es un resultado buscado
de este andamiaje institucional; el principal objetivo
es darle autonomía a los gobiernos para que puedan
desatender las “pasiones momentáneas del pueblo”.
El nacimiento del gobierno representativo llevó a varias
distinciones: la libertad positiva, o de los antiguos, y la
85
Luis Daniel Vázquez Valencia
negativa, o de los modernos (Constant, 1819; Berlin, 1974;
Vázquez, 2012), y la diferencia entre autogobierno (en la
esfera política) y autorrealización (en la esfera privada e ínti-
ma); pero especialmente nos permitió observar la distinción
entre grupo gobernante y grupo gobernado, la conforma-
ción de una clase política profesional que estaría dedicada
precisamente a gobernar. En términos específicamente
técnicos, la idea de élite en el ámbito político-democrático
es la división política del trabajo entre los gobernantes y
los gobernados.
Pese al abierto ánimo contramayoritario y la formación de
un gobierno representativo de corte elitista (como división
política del trabajo), esto no necesariamente conlleva la
desaparición de una idea mínima de soberanía popular.
Ahí donde los mecanismos de accountability (vertical,
horizontal y social, vía movimientos sociales) funcionen,
tendremos un gobierno incentivado institucionalmente
para responder a las demandas sociales del mayor nú-
mero. Sin embargo, ¿qué pasa cuando los mecanismos
de accountability no funcionan?, ¿qué sucede cuando
el gobierno es capaz de neutralizarlos? Peor aún, ¿en
qué tipo de régimen nos encontramos si un gobierno
sistemáticamente da prioridad a las demandas sociales
de un solo grupo social, es decir, los mismos pierden
siempre?
86
Democracia, populismo y elitismo
En la sección anterior vimos algunas de las falencias de
los distintos mecanismos de accountability:
• Accountability vertical.
― Los partidos tienen cada vez menos diferencias. No
hay más de una opción económico-programática.
― Hay fuertes problemas de información tanto por el
pluralismo limitado de la esfera pública cuando los
medios de comunicación están en manos de em-
presarios, como por la falta de incentivos para que
las personas inviertan más recursos en informarse.
― La construcción de redes clientelares se puede con-
vertir en un mecanismo de intermediación política
que desplace el premio y castigo a través del voto.
• Accountability horizontal.
― El control efectivo entre una red de organismos
supone no sólo tener la competencia legal y la ca-
pacidad institucional, sino también la fortaleza po-
lítica para llevar a cabo el control. Por ende, es más
fácil controlar a la media y baja burocracia que a la
clase política.
87
Luis Daniel Vázquez Valencia
― La negación como forma de hacer política impide
identificar los problemas estructurales, conlleva
malos diagnósticos y desvía la formulación de
soluciones.
― La simulación como forma de hacer política involucra
toda una serie de acciones gubernamentales que no
logran tener ningún impacto. La más grave para la
accountability horizontal se da en la designación de
personas leales en cargos de organismos de control
que suponen autonomía. Esto deja sin sentido cual-
quier competencia legal y buen diseño institucional.
― La corrupción y la impunidad se han convertido
en el cierre de pinza de la ausencia de account-
ability horizontal, donde ninguna acción arbitraria
(e incluso abiertamente ilegal) de gobierno tiene
consecuencia alguna.
― Los sistemas de procuración y administración de
justicia no tienen por objetivo final ni procurarla
ni administrarla; su objetivo es obtener ganancias
económicas para los jugadores internos de cada
sistema. Por ende, el sistema gira en torno a ese
objetivo: obtener ganancias económicas, en don-
de un resultado contingente será la procuración y
administración de justicia para algún caso concreto.
88
Democracia, populismo y elitismo
• Accountability social a través de los movimientos sociales.
― Los repertorios modulares son convencionales, con
baja capacidad disruptiva.
― Primera contradicción lógica: entre más radical sea
la protesta, mayores derechos de terceros serán
vulnerados, lo que generará una rápida pérdida de
legitimidad y centrará el conflicto en el ejercicio
mismo del repertorio, desplazando la centralidad
de la demanda social en juego.
― Segunda contradicción lógica: cuando el objetivo
del movimiento sea directamente contrario a los
intereses del bloque político-económico gobernante,
los repertorios modulares deberán ser cada vez más
disruptivos por lo que la protesta será más fácilmente
criminalizada.
― Tercera contradicción lógica: cuando el gobierno
use como estrategia el alargamiento del conflicto, el
repertorio modular tenderá a ser más disruptivo, por
lo que la protesta será más fácilmente criminalizada.
Es relevante identificar los medios con los cuales los go-
biernos neutralizan los distintos mecanismos de account-
ability, para lograr inferir en dónde están los principales
89
Luis Daniel Vázquez Valencia
problemas institucionales pendientes de resolver para
que el gobierno representativo recupere el principal matiz
de la democracia: la soberanía popular. Sin embargo, el
problema no es sólo la capacidad de neutralización que
muestran los gobiernos, sino que también hay elementos
inherentes al diseño institucional que permite que el con-
trol político proveniente del mercado sea más eficiente.
Vayamos a este punto.
La principal forma de control ciudadano en una demo-
cracia es el control poliárquico-electoral proveniente del
voto: la accountability vertical. Esta forma de control se
puede complementar con otras, como la accountability
horizontal, o la accountability social cuando toma la
forma de acción colectiva; o competir y entrar en tensión
con accountabilities como la social cuando toma la forma
de control político-económico proveniente del mercado.
Suponiendo que el andamiaje del control poliárquico-elec-
toral funcionara correctamente (sin fallos en la elabo-
ración del mandato, con suficientes opciones progra-
máticas, sin conflictos informativos y con un muy bajo
nivel de clientelismo), este mecanismo estaría constre-
ñido a sólo dos momentos de aplicación temporalmente
determinados por los propios órganos gubernativos y
multianualmente espaciados.
90
Democracia, populismo y elitismo
Cuadro 6. Momentos de aplicación de la accountability vertical
TOMA DE DECISIONES
T1 T2
ELECCIÓN Seis años de gobierno ELECCIÓN
Ejercicio Ejercicio
de control de control
democrático democrático
respecto al respecto al
gobierno gobierno
saliente saliente
Fuente: elaboración propia.
La aplicación del control poliárquico-electoral se da
después de todo un ejercicio de gobierno sin oportuni-
dad de ejercer el control antes de la siguiente elección.
Asimismo, se puede argumentar que las diversas elec-
ciones locales y las elecciones legislativas intermedias
son parte del control poliárquico-electoral.38 Sin embargo,
las lógicas de las elecciones locales no necesariamente
están sujetas al funcionamiento del gobierno federal y el
momento en el que se juzga por completo la actuación
38
Extrañamente existe una tendencia en ciertos politólogos a opinar a favor de la con-
centración de las elecciones locales y federales en fechas específicas para “permitir
al gobierno gobernar”. Pareciera que gobernar es sinónimo de tomar decisiones
contrarias a los intereses de los votantes, las cuales no se pueden tomar si hay diversas
elecciones en varios momentos. Si la principal función de la democracia es controlar
la toma de decisiones gubernamentales por medio de elecciones esta propuesta sería,
al menos, antidemocrática.
91
Luis Daniel Vázquez Valencia
del gobierno saliente es, precisamente, en la reelección
–por persona o por partido– de su cargo. De modo tal
que, institucionalmente, el mecanismo de control poliár-
quico-electoral se caracteriza por: 1) estar reducido a dos
momentos temporales; 2) establecidos por los propios
gobiernos sobre quienes se supone se ejerce el control;
3) se trata de momentos rígidos; y 4) el recurso se aplica
en el arribo al cargo mas no en el ejercicio del cargo.
En cambio, el mecanismo de control político proveniente
del mercado apunta a materias que son de vital impor-
tancia para cualquier gobierno: entrada, no entrada y
salida de capitales, que generan la dependencia estatal
(deuda y recaudación) y social (inflación, estabilidad,
empleos y salarios) al capital. Además, este mecanismo
de control afecta al gobierno en el ejercicio diario de
la toma de decisiones; su posibilidad de aplicación no
está determinada por la ley sino que puede darse en
cualquier momento a partir de la iniciativa de los propios
actores del mercado poseedores del recurso político por
lo que es bastante más flexible que el control poliárqui-
co-electoral.39
39
Esta afirmación no quiere decir que el control político-económico “siempre” se su-
perponga al resto de las formas de control sobre las decisiones en materia de política
económica. Se trata de tendencias. En materia de política económica, por la mejor
institucionalización de los recursos político-económicos del capital, éste tenderá a
lograr sus objetivos.
92
Democracia, populismo y elitismo
Cuadro 7. Control inherente al mercado
Salida de Aumento de Aumento de Salida de
capitales tasa de riesgo tasa de interés capitales
financieros en bonos productivos
Aumento del Disminución de la
Devaluación Agotamiento desempleo recaudación fiscal
de reservas
financieras Mayor Aumento del
endeudamiento déficit fiscal
Fuente: elaboración propia.
A diferencia del control poliárquico-electoral, el control
proveniente de la acción colectiva también tiene diversos
momentos en el tiempo que son flexibles y cuya aplica-
ción depende de los poseedores del recurso y no de los
gobiernos. Es decir, el control proveniente de la acción
colectiva es institucionalmente mucho más parecido al
control político-económico proveniente del mercado salvo
por un punto: la vital importancia de la materia. Mientras
que el control político-económico proveniente del mercado
opera materias de vital importancia para un gobierno en un
régimen capitalista (independientemente de que éste sea
neoliberal, tercerviista o keynesiano), como son la inversión,
no inversión y salida de capitales, el crecimiento económico,
la formación de empleo, la inflación, la distribución tecno-
lógica y salarial, etc.; el control político proveniente de la
acción colectiva juega en otro terreno: la ingobernabilidad y,
con ella, la afectación de los derechos de terceros que, como
hemos visto, los gobiernos han aprendido a “administrar”.
93
Luis Daniel Vázquez Valencia
Incluso en este último punto también el control poliár-
quico-electoral es superior al control político proveniente
de la acción colectiva debido a que determina un punto
trascendental para la clase política: el arribo al poder. Por
ende, una forma de perfeccionar la acción colectiva mejo-
rando las áreas a partir de las cuales se pretende realizar el
control de las decisiones gubernamentales sería vincularlo
a la revocación del mandato. Con esto, seguiría tratándose
de un medio de control con momentos múltiples y flexibles
en el tiempo, determinado por los poseedores del recurso,
se aplicaría durante el ejercicio de gobierno y, además,
afectaría un área primordial para los gobernantes.
Cuadro 8. Comparación de los mecanismos
de control gubernamental
Control del Accountability Poliárquico-
mercado social electoral
Momentos en
Múltiples Múltiples Dos
el tiempo
Tipo Flexibles Flexibles Rígidos
Quién los Los poseedo- Los poseedo-
El gobierno
determina res del recurso res del recurso
Durante el Durante el
Momento de En el arribo al
ejercicio de ejercicio de
control poder
gobierno gobierno
Economía Gobernabilidad Puestos de
Áreas
(vital) (secundaria) elección (vital)
Fuente: elaboración propia.
94
Democracia, populismo y elitismo
Regresemos a las preguntas que enfatizamos líneas arriba:
¿qué pasa cuando los mecanismos de accountability no
funcionan? ¿Qué sucede cuando el gobierno es capaz de
neutralizarlos? Peor aún, ¿en qué tipo de régimen nos
encontramos si un gobierno sistemáticamente da prio-
ridad a las demandas sociales de un solo grupo social,
es decir, los mismos pierden siempre? El problema no es
–o no sólo– que en el paso de la democracia al gobierno
representativo se desplaza a la persona de la toma de
decisiones políticas vinculantes y se genera una división
política del trabajo entre gobernantes y gobernados. El
verdadero problema comienza cuando los gobiernos son
capaces de neutralizar los mecanismos de accountability
que acompañan al gobierno representativo. Cuando esto
sucede, el gobierno ya no es sólo elitista, es particularista;
atiende de forma sistemática a las demandas de sólo una
parte de la sociedad. Un gobierno que fue electo mediante
el voto popular se convierte en un gobierno minoritario por
dos razones: porque en la medida en que no es el pueblo
quien gobierna, sino la clase política, ésta es en sí misma
una franca minoría. Y porque esta minoría puede tomar
–como lo ha hecho– decisiones políticas cuyos efectos
son abiertamente contrarios al bienestar o a los intereses
de las mayorías.
Ahí donde los gobiernos electos son abiertamente mino-
ritarios (elitistas-particularistas), las demandas sociales
95
Luis Daniel Vázquez Valencia
insatisfechas se multiplican, y se gesta un contexto para
generar lo que Ernesto Laclau (s/f; 2008; 2009; y Laclau
y Mouffe, 1987) ha denominado “cadenas equivalencia-
les”, es decir, un conjunto de demandas sociales que se
intersectan en una sola representación simbólica que los
constituye identitariamente. Ejemplos son el “que se vayan
todos”, de Argentina en 2001; el movimiento de indigna-
dos en España en 2011; “ocupa Wall Street” en Estados
Unidos en ese mismo año; o el matiz que tomaron las
protestas sobre Ayotzinapa en México, específicamente
entre septiembre y noviembre de 2014. Es en este marco
que puede aparecer el populismo, precisamente como un
espectro de la democracia liberal (Arditi, 2004), cuando
emerge su tendencia elitista-particularista, cuando se
vuelve más excluyente y minoritaria.
El populismo y su relación con la democracia
La relación entre la democracia y el populismo es mul-
tívoca, por decir lo menos. Seguramente esto se debe
a que ni la democracia ni el populismo tienen una con-
ceptualización específica. En efecto, entre democracia y
populismo este último es el concepto más cuestionado
en las ciencias sociales. El populismo tiene una menor
construcción teórica (comparado con la democracia) y una
mayor fuente de análisis empírica que lo ha caracterizado
con múltiples elementos sin existir consenso en cuáles de
96
Democracia, populismo y elitismo
ellos son accidentales y cuáles conforman la diferencia
específica que lo constituye.40
Comencemos con la ya trillada frase de que no hay acuer-
do en torno a la conceptualización del populismo. Sin
embargo, mi interés es analizar los fenómenos que ahora
se presentan como neopopulismo en América Latina, y
sólo un segmento de ellos. Luego de la vuelta a la de-
mocracia en lo que fue conocido como la tercera ola
democratizadora en América Latina durante la década
de los ochenta, llegaron al poder una serie de gobiernos
que realizaron reformas neoliberales en la estructura eco-
nómica con expectativas intertemporales de crecimiento
y distribución económica a través del mercado. Lue-
go de varios años, la intertemporalidad no ha llegado
a América Latina, que mantiene altos índices de pobreza
y es la región más desigual del mundo. Como conse-
cuencia, a partir de 1999 y durante la primera década
del siglo XX arribaron gobiernos críticos y reformistas del
neoliberalismo que fueron englobados en la categoría
de neopopulistas. Es el caso de Hugo Chávez en Ve-
nezuela, Néstor Kirchner en Argentina, Evo Morales en
Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Andrés Manuel López
40
Para analizar las distintas estrategias de conceptualización del populismo son útiles:
Álvarez, 1994; Torre, 1994; Knight, 1998; Lynch, 1999; Weyland, 2001; Santiso, 2001,
y Panizza, 2005.
97
Luis Daniel Vázquez Valencia
Obrador en el caso de la Ciudad de México y, en menor
medida, Lula da Silva en Brasil y Fernando Lugo en Pa-
raguay.41 Cuando menciono al populismo, neopopulismo
o gobiernos populistas en el cuerpo de este trabajo, me
refiero a este tipo de gobiernos que mantienen una fuerte
presencia personalista, un tipo de discurso confronta-
cionista al statu quo identificando actores que serán el
establishment y apelando al bienestar social o popular, y
al pueblo en general, pero que también tienen tendencias
reformistas para llevar a cabo una política económica que
intenta diferenciarse de la neoliberal.
Aquellos autores que caracterizan al populismo como
proceso democratizador lo observan desde los modelos
participativos y sustanciales de la democracia y no sólo
desde la democracia procedimental. De hecho, la con-
formación de una democracia procedimental no parece
estar entre las principales preocupaciones del movimiento
41
Debo mencionar que existe otro tipo de neopopulismo que fundamentalmente está
de acuerdo con los procesos de estructuración y distribución producidos por el mer-
cado. Algunos ejemplos son: Carlos Menem en Argentina, Carlos Salinas de Gortari
en México, Collor de Mello en Brasil, Hugo Banzer en Bolivia o Alberto Fujimori en
Perú. Estos tipos de neopopulismo se presentaban como críticos al mercado en las
campañas electorales, ganaban las elecciones y viraban en torno a la lógica del mercado
aprobando reformas de corte neoliberal (Prud’homme, 2001; Hermet, 2001, y Santiso,
2001). Estos gobiernos son denominados neopopulistas principalmente por su estilo
político que elevó el poder del Ejecutivo (constituyendo lo que Guillermo O’Donnell
denominó democracia delegativa), adoptando lógicas personalistas y arbitrarias y
generando políticas sociales clientelares (Knight, 1998: 244-245).
98
Democracia, populismo y elitismo
populista clásico ni de los intelectuales de ese momento.
Como explica Octavio Ianni (1972: 116-117), sólo una parte
muy restringida de las masas populistas se preocupó
por la democracia mientras que, para la mayoría, lo que
estaba en juego era la ascensión económica y social
que conformaban el desarrollismo nacional junto con la
remodelación de las estructuras de poder.42 En cambio,
el tema de la democracia recobra gran importancia du-
rante y después de los regímenes burocrático-autoritarios
o dictaduras que tuvo Latinoamérica durante los años
sesenta, setenta y parte de los ochenta, y se confronta
con los actuales gobiernos con tintes neopopulistas. La
democracia y el mercado se convirtieron en los dos nue-
vos referentes del discurso latinoamericano sustituyendo
a revolución y Estado (Braun, 2001: 215).
Quienes afirman que el populismo es democrático, lo pre-
sentan como la primera forma de integración de las masas
en tres campos: simbólico, político y económico (Lynch,
1999; Braun, 2001: 252, y Panizza, 2005: 11). Por ejemplo,
para Gino Germani (1965) –quien realiza un análisis de
los populismos clásicos desde un marco teórico construi-
do sobre la modernización– los países iberoamericanos
han pasado por seis estadios sucesivos (independencia,
anarquía, autocracia unificante, democracias limitadas,
42
Véase también Prud’homme, 2001: 43-49.
99
Luis Daniel Vázquez Valencia
democracias extensas y democracias totales o revoluciones
nacional-populares). En los primeros dos estadios no hubo
casi ningún cambio en la estructura social y ahora se está
presentando “de golpe” la instauración de democracias
limitadas, extensas e incluso totales, cuya principal ca-
racterística es la participación activa de amplios sectores
de la población que se habían mantenido al margen de
la vida política. Con esto se logra una integración en dos
sentidos: la que se efectúa dentro de los medios insti-
tucionales y del régimen político dominante, y la que es
comprendida y vivida como legítima por los grupos mo-
vilizados (Germani, 1965: p. 21).43 No obstante, hay quienes
consideran que en realidad este proceso democratizador
se ha exagerado, que la redistribución económica fue muy
limitada y la participación política de las masas siempre
fue restringida por el líder.
En el campo simbólico parece haber consenso en torno
a la aceptación del populismo como proceso integrador
de las masas. Bajo la lógica de la democracia participa-
tiva, Germani (1965: 33-35) afirma que la libertad e inte-
gración de las masas en el populismo se realizó a nivel
43
El gran problema –que posteriormente retomará Huntington– es que las instituciones
no están preparadas para este tipo de actividad política aunque –a diferencia de
Huntington– la solución no puede basarse en la disminución de los procesos de inte-
gración. El único régimen político capaz de enfrentar este problema es precisamente
el populismo (Germani, 1965: p. 25-26 y 29).
100
Democracia, populismo y elitismo
de experiencia personal. Se trata de consecuencias con-
cretas en la vida cotidiana de los individuos que pasan
de la acción tradicional a una posibilidad de toma de
decisiones en distintos espacios que se constituyen como
públicos: el taller en las juntas sindicales, la fábrica en
las negociaciones laborales con el patrón, las asambleas
barriales, los actos masivos, etcétera.44 El principal motor
del apoyo popular es esta experiencia de participación;
las estructuras organizativas populistas otorgaban un sen-
tido de pertenencia a un movimiento, lo que generaba
una identidad basada en aportes simbólicos: el principal
efecto del populismo fue el acceso a la dignidad simbó-
lica de ser alguien, de ser seres humanos en sociedades
excluyentes y racistas (Germani, 1965; De la Torre, 1994:
53, 58, y 1996: 68). Incluso los líderes populistas adoptan
elementos que son considerados como inferiores por
la cultura dominante y los transforman en símbolos de
dignidad, lo que es visto como una inversión de valores
(Panizza, 2005: 26-27).
En el campo político, muy cerca del espacio simbóli-
co y bajo la lógica tanto de la democracia participativa
como de la democracia procedimental, se afirma que el
44
Una consecuencia inmediata de este fenómeno es el ensanchamiento de la esfera
pública a aspectos de la vida que antes se consideraban dentro de la esfera privada.
También es interesante analizar las experiencias populistas observadas no desde la
élite, sino desde la masa; algunos intentos de esto son Auyero, 2001, y Torre, 1996.
101
Luis Daniel Vázquez Valencia
populismo había permitido la conquista de algunos de-
rechos cívicos como la expansión del voto (Prud’homme,
2001: 46, y Germani, 1965: 35). Incluso, afirma Álvarez
Junco (1994: 19-20) que los objetivos que guían al po-
pulismo son abiertamente políticos y esta protección
política es mucho más clara que la económica o asis-
tencial: lo que guía al populismo es la bandera de la re-
volución democrática, de la apropiación del poder por el
pueblo.45 Así, a través de la expansión del voto o de su
presencia en el ámbito público, en las plazas, el populismo
es democratizante (Torre, 1994: 58). Si bien por un lado
“las masas tienen que poder adquirir, por medio de los
movimientos políticos y de los regímenes que establecen,
un cierto grado de participación efectiva” (Germani, 1965:
32), por el otro, la participación política de las masas en
realidad se encuentra limitada por los intereses de los
líderes (Germani, 1965: 31; Vilas, 1994: 98; Torre, 1996: 68,
y Panizza, 2005: 24).
En lo que hace a la redistribución de la riqueza como
parte del proceso de integración y democratización en
América Latina, hay quien afirma que los populismos
45
De hecho para José Álvarez Junco (1994) el populismo se caracteriza por la movilización
y la organización de las masas además de sus peculiaridades retóricas y no por los
elementos económicos que pueden o no existir, a diferencia de Lynch (1999), para
quien el proceso democratizador e integrador económico y político es un elemento
definitorio del populismo.
102
Democracia, populismo y elitismo
jugaron un papel importante permitiendo la autonomía
nacional, el crecimiento y la redistribución del ingre-
so, lo que mejoró el poder adquisitivo de los salarios,
reformas agrarias y distribución de tierras, en algunos
casos, establecimiento de alquileres congelados, inver-
siones en salud pública, educación y otros aspectos que
contribuyeron a mejorar el nivel de vida (Winocur, 1983:
32; Lynch, 1999; Braun, 2001: 260, y Prud’homme, 2001:
46). Se puede observar la ampliación del espacio de
maniobra del dirigente político populista y un papel de
árbitro que conllevan una notoria ampliación del ámbito
de intervención estatal en la economía y en el conjunto
de la sociedad (Vilas, 1994: 54-55). En cambio, para José
Álvarez Junco (1994: 17-18), si bien los dirigentes populis-
tas amplían la oferta de la protección social, lo cierto es
que las reformas “suelen ser muy moderadas, cuando no
completamente etéreas” (en este mismo sentido véase
Weyland, 2003).46
Quienes afirman que el populismo es profundamente
antidemocrático lo hacen al compararlo con el ideal de
la democracia liberal-procedimental:
46
El aspecto de la integración económica se encuentra cuestionado de forma tal que
incluso para analizar el fenómeno del populismo clásico y el neopopulismo se propone
una definición que deje fuera a la política económica y analice únicamente al popu-
lismo como estilo político que implica un lazo cercano entre los líderes y los dirigidos
asociado con una rápida movilización y un periodo de crisis. Parte de este debate se
encuentra en: Knight, 1998; Lynch, 1999, y Weyland, 2003.
103
Luis Daniel Vázquez Valencia
1. La participación y los lazos que se generan en el popu-
lismo son personalizados y de carácter clientelar entre
el líder y las masas, por lo que sus principios de repre-
sentación son contrarios a la lógica de la democracia
liberal procedimental, ya que no se producen por medio
de derechos individuales de expresión, de organización
o del mero ejercicio del voto47 (Germani, 1965: p. 33;
Álvarez, 1994: 26-27; Torre, 1994: 58, y Panizza, 2005:
18). Más aún, los actos públicos y masivos así como
la aclamación del líder y la ocupación de espacios
públicos en nombre del líder son más importantes que
los derechos de ciudadanía inherentes a la democracia
liberal-procedimental (Torre, 1998: 87); además de que
en el populismo se generan relaciones clientelares a
partir de un fenómeno de ciudadanía abigarrada y no
de derechos sociales ciudadanos (Prud’homme, 2001:
58-59, y Torre, 1998: 93).
2. Su retórica discursiva implica una composición del
pueblo como totalidad donde quienes no lo constituyen
se convierten en el enemigo, y donde el enfrentamiento
47
Para quien considera las movilizaciones de las masas más cerca de la irracionalidad y el
apasionamiento, los principales aspectos que explican al populismo es el carisma y la
acción discursiva del líder, como observan Gino Germani o Kurt Weyland. En cambio,
quien cree que las masas actúan con racionalidad, pone mayor atención en el fenómeno
del clientelismo y en el aparato que sostiene las movilizaciones, como observa Carlos
de la Torre (1994: 52). En ambos casos se trata de formas de representación ajenas a
las propuestas por la democracia liberal-procedimental.
104
Democracia, populismo y elitismo
es total, sin posibilidades de compromiso o de diálogo.
Incluso se extrapola al populismo como una forma más
de totalitarismo. Así, el populismo rompe con uno de
los principios de la democracia liberal procedimental:
el reconocimiento e inclusión del otro (Torre, 1994: 44-
48, 58; 1996: 67-68; 1998: 90, y Panizza, 2005: 28-30).
3. Porque el liderazgo personalizado y el tipo de movi-
lización de masas puede generar lógicas de acción
autoritaria (Álvarez, 1994: 28): el populismo lo mismo
puede significar un asambleísmo tendiente a disol-
ver todas las instituciones estatales en organismos
populares de máxima transparencia y participación
que la instauración de una dictadura de un hombre o
una minoría con el objetivo de realizar una revolución
igualitaria (Álvarez, 1994: 14).48 Incluso los movimientos
populistas se han caracterizado por tener tendencias
autoritarias que limitan los derechos individuales –como
la libertad de expresión (Germani, 1965: 35)– y ponen
en riesgo el Estado de derecho (Panizza, 2005: 29).
48
Si bien el populismo puede conducir al fascismo, como sucedió en España, esto no
necesariamente debe ser así en otros casos. Cuando lo que se impone es el refor-
zamiento del Estado, existe la posibilidad de un radicalismo pequeño-burgués de
derecha que conduzca a un fascismo; pero cuando lo fundamental es la integración
del pueblo en el cuerpo político a través de la igualdad social, estaremos frente a la
construcción de un Estado de bienestar a partir de un radicalismo pequeño-burgués
de izquierda (Álvarez, 1994: 36) que puede desembocar en lo que Winocur (1983)
denomina régimen de nuevo tipo (democrático, antiimperialista y con reforma agraria).
105
Luis Daniel Vázquez Valencia
4. Simplemente porque “los verdaderos populistas […]
los más agresivos […] ambicionan minar del todo a
la democracia representativa con el fin de sustituirla
por una democracia plebiscitaria o por una dictadura
franca y abierta” (Hermet, 2001: 20).
106
Democracia, elitismo y
populismo: unidos por
una misma historia en la
democracia a la mexicana
Cuando se compara al populismo con la democracia,
para determinar su contenido democrático o autoritario,
se le compara específicamente con el modelo de demo-
cracia-liberal-procedimental-representativo. Más aún,
cuando se le compara con ese modelo, se confronta al
populismo realmente existente con un modelo ideal de
democracia y no con la democracia realmente existente
que reseñamos en la primera parte del texto. El ideal de
la democracia liberal procedimental dista de la realmen-
te existente, particularmente en un punto: la inclusión.
El supuesto de inclusión de todos los sectores socia-
les está lejos de ser verdad en la democracia realmen-
te existente que presenta diversas formas de exclusión
(simbólica, política o económica), las cuales generan la
crisis de representación que abre la puerta al populismo.
Así, la diferencia ubicada a nivel discursivo y simbólico
de la construcción del pueblo y el otro en el populismo,
que se presenta como profundamente antidemocrática,
107
Luis Daniel Vázquez Valencia
cuando se le confronta con la democracia realmente
existente, comienza a diluirse. En la sociedad moderna
global, el populismo genera preguntas no sólo a aque-
llos que se quieren apropiar de la totalidad del espacio
político del poder, sino también a quienes pretenden
subordinar dicho espacio a razones tecnocráticas y a los
dictados del mercado (Panizza, 2005: 30).
Podemos mirar a la democracia realmente existente a
través de un ejemplo: la democracia a la mexicana. Se
trata del proceso político constituido por diversos meca-
nismos, algunos propios de la tercera ola de transiciones
a la democracia, otros, inherentes a México. En el cuadro 9,
el círculo externo es el inherente a la tercera ola, el interno
corresponde a aspectos mexicanos.
Cuadro 9. La lógica de la democracia en México
Sólo se observa la política a nivel régimen y gobierno,
se invisibiliza el nivel estatal.
Clientelismo Negación
Ausencia Violaciones
de modelos Marco de estructurales e
alternativos violaciones individuales de
de desarrollo a derechos la libertad
económico humanos de expresión
Impunidad Simulación
Corrupción
Fuente: elaboración propia.
108
Democracia, populismo y elitismo
De los ocho elementos que integran la lógica de la demo-
cracia a la mexicana, tres provienen de la forma en que
se llevó a cabo la transición en la tercera ola, y cinco, a
las reglas formales e informales con que se gobierna en
México. En la medida que los inherentes a México han
quedado explicados a lo largo del texto, dediquemos
un par de líneas a los que son propios de las transiciones
de la tercera ola.
Un primer aspecto es que se dejó de pensar la política
a nivel de Estado y se puso más atención en el nivel
meso: las instituciones, en específico aquellas inhe-
rentes al régimen político. Si bien esto facilitó la tran-
sición, aspecto relevante para las personas que sufrían
en carne propia las dictaduras, ya que les prometía (y
en no pocos casos mejoraba la probabilidad) ejercer
derechos civiles básicos como los de la vida, libertad,
integridad, debido proceso e incluso mayores posibi-
lidades de ejercer la protesta social;49 oscureció los
análisis de la conformación de la coalición político-eco-
nómica gobernante que determina las reglas formales
e informales de reconocimiento político y distribución
49
Esto no quiere decir que hoy en América Latina no haya violaciones en torno a estos
derechos, sino que cambiaron los patrones de violación sobre ellos.
109
Luis Daniel Vázquez Valencia
económica,50 muchas de las cuales no fueron modifi-
cadas de forma estructural con las transiciones. Peor
aún, el problema no es sólo que la transición se centró
a nivel de régimen, sino que una vez establecidas las
reglas del juego para acceder al poder, el debate polí-
tico bajó un peldaño más, para estacionarse en el nivel
de gobierno, olvidándose por completo del nivel de
Estado. Pensar a la democracia a nivel estatal nos per-
mite formularnos preguntas como: ¿Quién integra hoy
la coalición político-económica gobernante en México?
¿Qué facciones son protagónicas y cuáles subordina-
das? ¿Cuáles son las decisiones políticas fundamen-
tales conformadas por ese conjunto de relaciones?
¿Qué tan abierto o cerrado se encuentra hoy el campo
político en México?
El segundo mecanismo propio de la tercera ola demo-
crática es que no se problematizan las precondiciones
para el correcto funcionamiento del control poliárqui-
co-electoral, en específico la institucionalización de la
libertad de expresión. Este punto sí fue analizado en
la revisión de la accountability vertical (Vázquez, 2007,
2008 y 2010). Simplemente hay que subrayar que la
50
Ninguna organización estatal y ninguna idea de Estado de derecho son neutrales.
Cuando se invisibilizan las relaciones que estructuran al Estado, se pierde de vista
también esta no neutralidad (Santos, 2009; Stammers, 2007 y 2009).
110
Democracia, populismo y elitismo
principal restricción para el correcto funcionamiento
de la accountability vertical proviene de las violaciones
estructurales de la institucionalización de la libertad
de expresión a través del mercado.51 El derecho a la
libertad de expresión no se agota en no ser censura-
do, sino que requiere los medios adecuados para que
todas las voces sean escuchadas.52 Éste es uno de los
principales debates que se dan hoy en América Latina:
¿cómo institucionalizar la libertad de expresión para
garantizar pluralidad? (Serrano y Vázquez, 2013). No
es sólo un problema de incapacidad de reproducción
de la pluralidad, sino un sesgo algunas veces político y
otras veces estructural.53
51
Sabemos que el mercado, por su propia lógica, no es el mecanismo adecuado para
ejercer un derecho: reacciona a la demanda efectiva y no a una lógica universal,
como se pretende con los derechos humanos, a la par que los actores que integran
el mercado mantienen una fuerte asimetría de poder económico y político. Así, lo que
se ha integrado en México es un mercado concentrado de medios de comunicación
que es incapaz de reproducir la pluralidad de voces que hoy integran la sociedad civil
(Mastrini y Becerra, 2006).
52
De hecho, precisamente en marzo de 2015 un conjunto de organizaciones de derechos
humanos especializadas en libertad de expresión en América Latina pidió una audiencia
a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el asunto: diversidad, pluralismo
y concentración en los medios de comunicación en América Latina (AAVV, 2015).
53
En la medida en que los dueños de los grandes medios de comunicación pertenecen a
alguna facción de la coalición gobernante, la pluralidad se agota en tantas facciones
como esa coalición gobernante tenga, pero los que siempre quedarán excluidos son
quienes no pertenezcan a dicha coalición. Más aún, en la medida en que se trata de
empresarios, lo que se anula por completo es la crítica al modelo capitalista en general,
y neoliberal en particular, que sea contraria a los intereses empresariales.
111
Luis Daniel Vázquez Valencia
Finalmente, el tercer mecanismo propio de la tercera ola
de transición a la democracia es la ausencia de modelos
alternativos al neoliberalismo (ya sea extractivista o maqui-
lador) de desarrollo (Cavarozzi, 1991; Costantino y Canta-
mutto, 2015). El “consenso” en torno al modelo capitalista
en general, y neoliberal en particular, limita la existencia de
dos o más propuestas programáticas, al menos en lo que al
modelo económico se refiere. Esta limitación proviene, en
buena medida, del hecho de que la transición a la demo-
cracia en la tercera ola se concentró en el régimen, por lo
que no se planteó el cambio de las reglas de distribución
del poder económico que conforman al Estado, a la par de
que se haya institucionalizado a la libertad de expresión
por medio del mercado.
A estas limitaciones generales de la transición a la demo-
cracia en la tercera ola hay que sumar las problemáticas
más específicas de la forma de hacer política en México:
el clientelismo como forma alternativa de intermediación
política; la negación, simulación, corrupción e impunidad
como forma de hacer política. Todos estos elementos
juntos (actuando de forma interactiva) conforman a la
democracia procedimental realmente existente, lo que
conlleva la neutralización de los mecanismos de ac-
countability y la conformación de una democracia no
sólo elitista, sino de un gobierno particularista, es decir,
minoritario y excluyente.
112
Democracia, populismo y elitismo
Cuadro 10. Las pautas de la democracia en México
Clientelismo Negación
Lógica de
Impunidad acción política Simulación
Corrupción
Fuente: elaboración propia.
La forma adecuada de entender la relación entre el po-
pulismo y la democracia proviene de la comparación
del populismo realmente existente con esta democracia
realmente existente, y viendo al populismo y a la demo-
cracia no como dos polos de un continuo, sino como
dos fronteras borrosas, debido a tres conceptos difu-
minados: populismo, democracia y soberanía popular.
Con estos elementos, la frontera entre lo democrático y
el populismo no es clara ni rígida. “El populismo articula
ingredientes democráticos y autoritarios: ampliación de
la ciudadanía, recurso a procedimientos electorales, pluri-
partidismo, extensión de la participación social y política,
junto con: control vertical de las organizaciones sociales,
reducción del espacio institucional para la oposición,
promoción de un sistema político ampliado y al mismo
tiempo excluyente” (Vilas, 1994: 97-99). La incorporación
de los sectores excluidos, ya mediante la expansión del
113
Luis Daniel Vázquez Valencia
voto o a través de la integración simbólica y política, era
un rasgo democratizante del populismo, aunque esta in-
corporación se dio a través de movimientos heterónomos
que se identifican acríticamente con líderes carismáticos
muchas veces autoritarios. En la medida que el régimen
oligárquico era ideológicamente liberal y excluyente, el
populismo era antiliberal, pero era también una fuerza
integradora y democratizadora fundamental al ampliar las
fronteras y formas de participación (De la Torre, 1994: 58;
1996: 63 y 1998: 87).
Así, la relación populismo-democracia puede ser vista como
una serie de encuentros y desencuentros. El populismo se
convierte en la contraparte de la democracia liberal-proce-
dimental a partir de la negación sistemática de los derechos
sociales básicos de la población y, en consecuencia, los
problemas de redistribución,54 que si bien este modelo
de democracia por sí solo no está institucionalizado para
solucionar, sí genera la expectativa de solución a partir de
los principios de soberanía popular y decisión mayoritaria.
El populismo hace de catalizador de ciertas necesidades,
malestares y descontentos sociales, ingresándolos en el
54
Este problema fue analizado por Torcuato Di Tella (1965: 39-45) bajo la aparición de
varios síndromes: el efecto demostración, la revolución de aspiraciones, la generación
de grupos incongruentes y la formación de coaliciones populistas.
114
Democracia, populismo y elitismo
campo político cuando los constituye en demandas. “El
público de los populistas modernos reúne a todos aquellos
que han perdido esta creencia en la que se basa la cláusula
central del contrato político; es decir, la que obliga a cual-
quier régimen a preservar la continuidad de la comunidad
colocada bajo su protección, así como el destino personal
de cada uno de sus miembros y de sus descendientes”
(Hermet, 2001: 31).55 El populismo es la reacción esperable
y espejo permanente de una democracia que no realiza
procesos de inclusión política, económica y simbólica, en
medio de tensiones constantes y de la neutralización de
los mecanismos de rendición de cuentas.
55
La idea del rompimiento social como fuente primigenia del populismo a partir de la
desigualdad y la incertidumbre en la vida cotidiana aparece en Hermet, 2001;
Prud’homme, 2001; Santiso, 2001, y Panizza, 2005.
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Sobre el autor
Luis Daniel Vázquez Valencia es doctor en Ciencias
Sociales con mención en Ciencia Política por la Facultad
Latinoamericana de Ciencias Sociales-México, donde
actualmente se desempeña como profesor-investiga-
dor. Tiene estudios en derecho, ciencia política y so-
ciología política, y es miembro del Sistema Nacional de
Investigadores.
Sus temas de investigación incluyen la teoría jurídica del
derecho internacional de los derechos humanos, los estu-
dios sobre democracia, derechos humanos y mercado, y la
relación entre corrupción, impunidad y derechos humanos.
Entre sus últimas publicaciones se cuentan Test de razo-
nabilidad y derechos humanos: instrucciones para armar
(2016) y Derechos humanos y restricciones. Los dilemas
de la justicia (2015); así como las coordinaciones de
los libros Los derechos humanos y la violencia: Estado,
141
Luis Daniel Vázquez Valencia
instituciones y sociedad civil (2015), Entre el pesimismo
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na (2015), De la democracia liberal a la soberanía popular
(2015) y Derechos humanos y transformación política en
contextos de violencia (2015).
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36
Democracia, populismo y elitismo
se terminó de imprimir en noviembre de
2020 en Litográfica Ingramex, S.A. de C.V.,
Centeno 195, col. Valle del Sur, Alcaldía
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Bristol de 240 gramos.
La edición consta de 1,000 ejemplares y
estuvo al cuidado de la Dirección Ejecutiva
de Capacitación Electoral y Educación
Cívica del Instituto Nacional Electoral.
Consulta las bases
de datos del INE
CUADERNOS DE DIVULGACIÓN DE LA CULTURA DEMOCRÁTICA
(TÍTULOS PUBLICADOS)
1. Principios y valores de la democracia, Luis Salazar y
José Woldenberg, 1993
2. La cultura política democrática, Jacqueline Peschard, 1994
3. La democracia como forma de gobierno, José F.
Fernández Santillán, 1995
4. La participación ciudadana en la democracia, Mauricio Merino, 1995
5. Elecciones y democracia, José Antonio Crespo, 1995
6. Gobernabilidad y democracia, Antonio Camou, 1995
7. Sistemas electorales y de partidos, Leonardo Valdés, 1995
8. Partidos políticos y democracia, Jaime F. Cárdenas Gracia, 1996
9. Esferas de la democracia, Jesús J. Silva-Herzog Márquez, 1996
10. Tolerancia y democracia, Isidro H. Cisneros, 1996
11. Oposición y democracia, Soledad Loaeza, 1996
12. Estado de derecho y democracia, Jesús Rodríguez Zepeda, 1996
13. Diálogo y democracia, Laura Baca Olamendi, 1996
14. Democratización y liberalización, César Cansino, 1997
15. Consulta popular y democracia directa, Jean-François
Prud’homme, 1997
16. Democracia y educación, Gilberto Guevara Niebla, 1998
17. Federalismo, gobiernos locales y democracia, Tonatiuh
Guillén López, 1999
18. Libertad y democracia, Víctor Alarcón Olguín, 1999
19. Gobiernos y democracia, Javier Hurtado, 1999
20. Sistemas parlamentario, presidencial y semipresidencial, Ricardo
Espinoza Toledo, 1999
21. Rendición de cuentas y democracia. El caso de México, Luis
Carlos Ugalde, 2002
22. Concepciones de la democracia y justicia electoral, José Ramón
Cossío D., 2002
23. Género y democracia, Estela Serret, 2004
24. Comunicación y democracia, Enrique E. Sánchez Ruiz, 2004
25. Democracia y (cultura de la) legalidad, Pedro Salazar Ugarte, 2006
26. Multiculturalismo y democracia, Lourdes Morales Canales, 2008
27. Ciudadanía y democracia, Alberto J. Olvera, 2008
28. Democracia y formación ciudadana, Teresa González
Luna Corvera, 2010
29. Sufragio extraterritorial y democracia, Víctor Alejandro
Espinoza Valle, 2011
30. Políticas públicas y democracia, David Arellano Gault y
Felipe Blanco, 2013
31. Derechos fundamentales y democracia, Miguel Carbonell, 2013
32. Formación ciudadana en México, Silvia L. Conde, 2014
33. Democracia y organismos internacionales, Alejandra Nuño, 2016
34. Democracia y medios en México: el papel del periodismo, Manuel
Alejandro Guerrero, 2016
35. Democracia y burocracia, Guillermo M. Cejudo, 2016
36. Democracia, populismo y elitismo, Luis Daniel Vázquez Valencia, 2016
37. Los derechos humanos y la democracia en el sistema
interamericano, Natalia Saltalamacchia y María José Urzúa, 2016
38. Mujeres y derechos políticos en México: una introducción
conceptual, Ricardo Ruiz Carbonell, 2017
39. Democracia y gobiernos municipales en México: de la política a las
políticas, Oliver D. Meza, 2017
40. Democracia y género. Historia del debate público en torno al sufragio
femenino en México, Gabriela Cano, 2018
41. Democracia, privacidad y protección de datos personales, María
Solange Maqueo Ramírez y Alessandra Barzizza Vignau, 2019
36 Democracia, populismo
y elitismo
Luis Daniel Vázquez Valencia
Luis Daniel Vázquez Valencia
Cuadernos de Divulgación de la Cultura Democrática
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