Leonardo Güiza Suárez
Christoph Josef Kaufmann
editores académicos
JUSTICIA
AMBIENTAL Y
PERSONAS DEFENSORAS DEL
AMBIENTE EN AMÉRICA LATINA
Justicia ambiental y personas defensoras
del ambiente en América Latina
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Resumen
Hoy en día, Latinoamérica es considerada la región más peligrosa del mundo para la defensa
ambiental. Con el propósito de atender esta problemática, se han fortalecido los marcos
jurídicos para defender a las personas que protegen el medio ambiente. Sin embargo, este
trabajo pone en evidencia que los marcos normativos no son suficientes, debido, entre
otras razones, a las disputas en los territorios entre actores legales e ilegales por el uso y el
aprovechamiento económico de los recursos naturales. De acuerdo con estas realidades, el
propósito principal de esta obra radica en ofrecer un análisis crítico de los marcos legales
para la protección de las personas defensoras del medio ambiente en la región, así como
contribuir a una reflexión sobre los logros, los retos y las agendas pendientes para que tal
protección sea efectiva, en vista de las múltiples violencias que afectan tanto a los derechos
como a la integridad física de estas personas.
Palabras clave: derecho ambiental; justicia ambiental; derechos humanos; líderes cívicos;
personas defensoras; política ambiental.
Environmental justice and environmental defenders in Latin America
Abstract
Today, Latin America is considered the most dangerous region in the world for environmen-
tal defense. To address this problem, legal frameworks have been strengthened to defend
people who protect the environment. However, this work shows that normative frameworks
are insufficient due, among other reasons, to disputes in different territories between legal
and illegal actors about the use and economic exploitation of natural resources. In light of
these realities, the main purpose of this work is to offer a critical analysis of the existing
legal frameworks for the protection of environmental defenders in the region, as well as to
contribute to a reflection on the achievements, challenges, and pending agendas for such
protection to be effective, given multiple forms of violence that affect both the rights and
physical integrity of these people.
Keywords: environmental law; environmental justice; human rights; civic leaders; defend-
ers; environmental policy.
Citación sugerida / Suggested citation
Güiza Suárez, S., & Kaufmann, C. J. (Eds.). (2024). Justicia ambiental y personas defensoras
del ambiente en América Latina. Bogotá: Editorial Universidad del Rosario. [Link]
org/10.12804/urosario9789585003446
Justicia ambiental y personas
defensoras del ambiente
en América Latina
Leonardo Güiza Suárez
Christoph Josef Kaufmann
—Editores académicos—
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina / Leonardo Güiza Suárez y Christoph Josef
Kaufmann. Editores académicos -- Bogotá: Universidad del Rosario, 2024.
xvi, 379 páginas
1. Líderes cívicos – Personas defensoras – América Latina 2. Política ambiental – Justicia ambienta l – América Latina
I. Güiza Suárez, Leonardo. Editor II. Kaufmann, Christoph Josef. Editor III. Universidad del Rosario. IV. Título.
363.7 SCDD 20
Catalogación en la fuente -- Universidad del Rosario. CRAI
DAMV Abril 11 del 2024
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© Editorial Universidad del Rosario Primera edición: Bogotá D. C., 2024
© Universidad del Rosario
© Varios autores ISBN: 978-958-500-342-2 (impreso)
© Stephanie I. Villaronga, por el Prefacio ISBN: 978-958-500-343-9 (ePub)
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la Universidad del Rosario.
Contenido
Prefacio........................................................................................... xiii
Stephanie I. Villaronga
Introducción.................................................................................... 1
Leonardo Güiza Suárez
Christoph Josef Kaufmann
1. Tipología de conflictos ambientales............................................ 13
Christoph Josef Kaufmann
Enrique Prieto-Ríos
Introducción....................................................................................... 13
1.1. Metodología................................................................................. 19
1.2. Normativa.................................................................................... 23
1.3. Jurisprudencia.............................................................................. 32
1.4. Doctrina...................................................................................... 40
Conclusiones....................................................................................... 53
Bibliografía......................................................................................... 54
2. Patrones de violencia contra personas defensoras
del medio ambiente en Latinoamérica........................................ 65
Christoph Josef Kaufmann
Enrique Prieto-Ríos
Introducción....................................................................................... 65
2.1. Violencias estructurales................................................................ 69
2.2. Violencias jurídicas....................................................................... 72
2.3. Violencias culturales..................................................................... 75
vii
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
2.4. Violencias de género..................................................................... 80
Conclusiones....................................................................................... 84
Bibliografía......................................................................................... 85
3. A categoria de defensores e defensoras de direitos humanos
ambientais e a defesa da terra e do território:
o que diz a Corte Interamericana de Direitos Humanos?............. 93
Sílvia Maria da Silveira Loureiro
Isabella Benchaya da Silva
Mônica Beatriz Rodrigues Braga
Introdução.......................................................................................... 93
3.1. A jurisprudência da Corte Interamericana de Direitos
Humanos e o direito a defender direitos em matéria ambiental..... 95
3.2. O caso Sales Pimenta Vs. Brasil examinado sob o enfoque
do direito à defesa do direito à terra e do território....................... 99
3.3. Os casos Norín Catriman e outros (dirigentes, membros
e ativista do povoindígena Mapuche”) Vs. Chile e
comunidades quilombolas de Alcântara Vs. Brasil:
Reflexões sobre a defesa coletiva da terra, do território
e do meio ambiente...................................................................... 104
Considerações finais............................................................................ 107
Referências.......................................................................................... 108
4. El acceso y la materialización de la justicia ambiental
en América Latina..................................................................... 111
María Lucía Torres-Villarreal
Lina Muñoz-Ávila
Paola Marcela Iregui-Parra
Anamaría Sánchez-Quintero
Daniela Yepes-García
Paula Andrea Jiménez-Rojas
Graciela Victoria Curiel-Olarte
Introducción....................................................................................... 112
4.1. Concepto y marco normativo internacional del derecho
de acceso a la justicia.................................................................... 115
4.2. El derecho de acceso a la justicia ambiental.................................. 119
viii
Contenido
4.3. Estándares de acceso a la justicia en el Acuerdo de Escazú........... 121
4.4. Los deberes del Estado para garantizar el derecho de
acceso a la justicia bajo tres premisas: la garantía del debido
proceso, la particularidad de los asuntos ambientales y la
atención a la vulnerabilidad del contexto (numerales 1, 3, 4
y 5 del artículo 8.°)....................................................................... 121
4.5. Los Estados deben asegurar que todos los aspectos
de forma y de fondo se cumplan de manera adecuada
en los procesos ante instancias judiciales o administrativas,
desde el inicio hasta la decisión (numerales 2, 4, 6 y 7
del artículo 8.°)............................................................................. 123
4.6. Obstáculos para el acceso y la materialización de la justicia
ambiental: perspectivas académicas y de organizaciones
internacionales............................................................................. 127
4.7. Materialización del acceso a la justicia ambiental:
la experiencia de la sociedad civil................................................. 134
Conclusiones....................................................................................... 146
Bibliografía......................................................................................... 148
5. Las violaciones de derecho humanos a líderes ambientales
y su relación con algunos proyectos del sector extractivo,
desafíos para la paz.................................................................... 155
Vanessa Suelt Cock
Introducción....................................................................................... 155
5.1. Marco conceptual......................................................................... 159
5.2. Captura estatal............................................................................. 162
5.3. Derecho al territorio y paz territorial............................................ 165
5.4. Paz territorial............................................................................... 169
5.5. Caso colombiano de violaciones de los derechos humanos
por parte de las empresas del sector extractivo.............................. 171
5.6. Descripción de casos emblemáticos.............................................. 173
5.7. Análisis y extracción de elementos centrales................................. 181
A modo de conclusión: retos del Estado frente al derecho
al territorio y la paz...................................................................... 184
Bibliografía......................................................................................... 186
ix
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
6. Pelando el cobre: ¿Un caso de minería ilegal para salvar
al planeta?................................................................................. 193
Constanza Carvajal Vargas
Juan Antonio Samper
Introducción....................................................................................... 193
6.1. Derechos de la naturaleza, extractivismo y participación
ciudadana en Colombia................................................................ 199
6.2. La defensa de la Andinoamazonia desde el activismo
socioambiental en Mocoa............................................................. 206
Conclusiones....................................................................................... 216
Bibliografía......................................................................................... 218
7. Justicia ambiental en la Jurisdicción Especial para la Paz:
dando voz a las víctimas silenciosas del conflicto armado
colombiano en el marco de la justicia transicional....................... 225
María José García Prada
Alejandra Milena Oviedo Soto
Introducción....................................................................................... 225
7.1. El macrocaso 05: los daños ambientales causados
por los agentes del conflicto armado colombiano.......................... 229
7.2. El medio ambiente como víctima silenciosa del conflicto
armado colombiano...................................................................... 233
7.3. Justicia ambiental en la jep: la decisión de la srvr
para romper los silencios del olvido al medio ambiente................. 238
7.4. ¿Crímenes de guerra o conductas amnistiables?............................ 243
Conclusiones....................................................................................... 250
Bibliografía......................................................................................... 252
8. Avances y desafíos pendientes en la normatividad
para la protección de defensores ambientales en el Perú............... 255
Andrés Dulanto Tello
Ángela Esther Leiva Quispe
Angie Raquel Arenas Vásquez
Silvana Fabiola García Falconi
Introducción....................................................................................... 255
8.1. Definición de defensores ambientales y limitaciones
conceptuales en el Perú................................................................ 257
x
Contenido
8.2. Estatus de los derechos fundamentales de los defensores
ambientales en el Perú.................................................................. 263
8.3. ¿Cuál es la respuesta del Estado peruano
a nivel normativo para la protección de los defensores
ambientales?................................................................................. 268
8.4. Desafíos pendientes a nivel normativo para
la protección de defensores ambientales en el Perú:
¿es suficiente la regulación existente para garantizar
la plena vigencia de sus derechos?................................................. 278
Conclusiones y recomendaciones......................................................... 293
Bibliografía......................................................................................... 295
9. Las clínicas jurídicas ambientales y la protección
de personas defensoras ambientales: Análisis y acciones
desde la educación legal ambiental en el Perú.............................. 305
Andrea Mariana Dominguez Noriega
Alessandra Ximena Carranza Dominguez
Jenny Jazmín Aliaga Aliaga
Florangel Ximena Camargo Piñan
Milagros Elizabeth Sotelo Fiestas
Carlos Rodrigo Zúñiga Cuentas
Introducción....................................................................................... 306
9.1. Situación actual de las personas defensoras
ambientales en el Perú.................................................................. 307
9.2. Acercamiento conceptual a las obligaciones internacionales
de los Estados para la protección
del medio ambiente y las personas defensoras ambientales............ 314
9.3. Acciones del Estado peruano orientadas a la protección
de las personas defensoras ambientales: las respuestas
de las instituciones....................................................................... 319
9.4. Clínica jurídica ambiental pucp: trabajando en defensa
de las personsa defensoras ambientales......................................... 336
Conclusiones y recomendaciones......................................................... 340
Bibliografía......................................................................................... 342
xi
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
10. Acesso e repartição de benefícios da biodiversidade
no Brasil: uma reflexão em favor dos detentores
de conhecimento tradicional.................................................... 349
Fernanda Neves Ferreira
Lise Tupiassu
Jean-Raphaël Gros-Désormeaux
Introdução.......................................................................................... 350
10.1. Os caminhos da ampliação do conceito de diversidade
biológica..................................................................................... 352
10.2. O papel das pessoas defensoras do meio ambiente
para a conservação da biodiversidade.......................................... 357
10.3. O ARB em favor de direitos humanos de povos
e comunidades tradicionais......................................................... 360
Conclusão........................................................................................... 372
Referências.......................................................................................... 374
xii
Prefacio
La región amazónica de América Latina es un entorno enormemente
rico en biodiversidad que desempeña un papel vital en nuestro ecosistema
global. Los bosques, ríos y sabanas del Amazonas albergan más del 10 %
de las especies salvajes conocidas en el mundo. Muchos pueblos indígenas
de nueve países viven y han establecido comunidades en esta exuberante
región. Los recursos naturales de la Amazonia son fundamentales para
el desarrollo económico de Sudamérica. Por último, la selva amazónica
desempeña un papel esencial en la regulación de los ciclos mundiales
del oxígeno y el carbono y es un recurso indispensable para la medicina
tradicional y moderna. En pocas palabras, el futuro de estas comunidades
indígenas, de Sudamérica y del mundo entero depende de la sostenibi-
lidad de la región amazónica.
Lamentablemente, también es un lugar muy afectado por las indus-
trias extractivas y mineras, tanto legales como ilegales, cuyas actividades
han exacerbado directa e indirectamente la violencia contra las personas
que luchan por proteger sus tierras, sus comunidades y el futuro de la
región amazónica.
Las personas defensoras del medio ambiente (de ahora en adelante
pdma) son los primeras en responder y proteger la biodiversidad del
planeta y los medios de vida de millones de personas. Las Naciones
Unidas definen a este grupo como defensores de los derechos humanos
que incluyen a “personas y grupos que, a título personal o profesional
y de forma pacífica, se esfuerzan por proteger y promover los dere-
chos humanos relacionados con el medio ambiente, incluidos el agua,
el aire, la tierra, la flora y la fauna”. La dependencia mundial de las
xiii
CONTENIDO
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
materias primas extraídas, unida a la explotación de los recursos naturales
—mediante deficiencias en la gobernanza del Estado y la supervisión de
las empresas, la corrupción pública y las actividades ilegales de las redes
de delincuencia organizada— ha creado condiciones peligrosas para los
defensores del medio ambiente en la región amazónica.
De tal forma, en muchas partes del mundo, las pdma enfrentan ame-
nazas, intimidación, descrédito e incluso vulneraciones a su integridad
personal debido a su activismo, sin que haya medidas estatales adecuadas
y efectivas para defender sus derechos y sancionar a los responsables de
los ataques de los que son víctimas.
En el caso latinoamericano, las cifras no son alentadoras ya que las
principales amenazas contra las pdma en el 2022 se centraron en ata-
ques contra su integridad personal, como amenazas de muerte (17,1 %) y
agresiones físicas (15,1 %), seguidas de arrestos, vigilancia y otros tipos
de hostigamiento (Front Line Defenders, 2022). De la región, el país
con el mayor número de homicidios en el año 2022 en contra de perso-
nas defensoras del ambiente fue Colombia (con cerca de 58 homicidios),
seguido de lejos por Brasil con aproximadamente 26 homicidios (Pro-
grama Somos Defensores, 2023; Terra de Direitos, 2023).
Es necesario tomar medidas para reducir y evitar que se añadan más
nombres a estas estadísticas. En América Latina, el reconocimiento de
marcos jurídicos y leyes nacionales e internacionales para proteger a los
defensores del medio ambiente es un primer paso crucial, pero su apli-
cación es la verdadera prueba de nuestro compromiso para garantizar la
protección de los defensores, sus comunidades y la región amazónica.
En este contexto, la iniciativa de Estado de Derecho de la American
Bar Association (aba roli) viene implementando el programa Apoyo a
los Defensores Ambientales de América Latina. Su objetivo es contribuir
a reducir los niveles de violencia en contra de las defensoras, y defensores,
así como las organizaciones de la sociedad civil que apoyan su trabajo en
la región amazónica (de Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador, Venezuela
y Brasil), así como fortalecer las capacidades para exigir la rendición de
cuentas de los sectores públicos y privado y el cumplimiento de las leyes
ambientales y la aplicación de acuerdos regionales e internacionales en
la materia.
xiv
CONTENIDO
Prefacio
El programa tiene tres objetivos específicos:
• Objetivo 1: pretende reforzar las redes regionales de defensores del
medio ambiente (en adelante dma) y su capacidad para promover
y buscar la justicia en asuntos medioambientales, mediante el
intercambio de información y apoyo a redes de clínicas jurídicas
y de organizaciones de la sociedad civil.
• Objetivo 2: se enfoca en reforzar la capacidad de los dma para hacer
frente sobre el terreno a las amenazas y los retos específicos en
razón del género, mediante la formación de formadores en materia
de seguridad a los defensores ambientales con enfoque de género.
• Objetivo 3: busca reforzar regionalmente las medidas para prevenir
la violencia y aumentar la responsabilidad por la violencia contra
los dma y sus redes de organizaciones, mediante la realización de
labores de incidencia para la aplicación de los marcos normativos
existentes en materia de responsabilidad jurídica por los ataques
contra los defensores y el apoyo los esfuerzos locales de promoción
para ratificar o aplicar las normas regionales e internacionales
pertinentes.
Para la consecución de estos objetivos, el programa ha contado con
varios socios, entre ellos la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad
del Rosario, que ha estado enfocada en el apoyo al fortalecimiento de la
Alianza de Clínicas Jurídicas Ambientales de American Latina y el Cari-
be (mediante el fortalecimiento de las labores de documentación de casos,
difusión de contenidos dirigidos a las pdma y las acciones de la Alianza),
así como la identificación de posibles casos de vulneración de derechos
colectivos en la Amazonia colombiana. Igualmente, la Universidad ha
dirigido sus esfuerzos a la investigación y el análisis de los marcos legales
existentes, sus lagunas y desafíos, y su aplicación en Colombia, Perú y
Brasil, tres países con las tasas de asesinatos de defensores ambientales
más altas del mundo.
Todo ese trabajo sirve de insumo para este libro, Justicia ambiental y
personas defensoras del medio ambiente en América Latina, en el que se exa-
minan asuntos tan relevantes como la tipología de los conflictos ambien-
tales en Latinoamérica, las múltiples violencias que afectan la labor de
xv
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
las personas defensoras del medio ambiente, la categoría del defensor y
defensora de derechos humanos ambientales a la luz de la jurisprudencia
de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la reflexión sobre
el alcance y los obstáculos de implementación de justicia ambiental en el
contexto del Acuerdo de Escazú, y otras reflexiones que se espera sean
conocidas por diferentes audiencias.
Espero que su trabajo pueda servir de guía para las acciones que
pueden emprender las autoridades estatales, los profesionales del derecho
y los líderes comunitarios para proteger los medios de vida de los defen-
sores de un medio ambiente que es parte integral de un futuro sostenible
para nuestro mundo.
Stephanie I. Villaronga
Directora de País–Colombia
American Bar Association Centro de Programas Globales,
Iniciativa del Estado de Derecho
Bibliografía
Front Line Defenders. (2023). Global Analysis 2022. Front Line Defenders.
Somos Defensores. (2023). Interludio. Informe anual 2022. Programa Somos
Defensores.
Terra de Direitos. (2023). On the frontline. Violence against human rights de-
fenders in Brazil 2019-2022. Terra de Direitos: Justiça Global.
xvi
CONTENIDO
Introducción
Leonardo Güiza Suárez *
Christoph Josef Kaufmann**
La defensa del medio ambiente ocupa un lugar primordial en la cons-
trucción territorial de la democracia. Esto, debido a la observación de
que una dimensión importante de los conflictos ambientales son reclamos
por una mayor participación de las comunidades locales en la toma de
decisiones sobre la forma en que se aprovechan recursos naturales en sus
territorios. Sin embargo, Latinoamérica se considera la región del mundo
más peligrosa para personas defensoras del medio ambiente. Entre los
años 2012 y 2021, la ong británica Global Witness registró un total
de 1177 asesinatos de personas defensoras de la tierra y el ambiente en
Latinoamérica, lo que corresponde a un 68 % de los casos registrados por
esta entidad. A esto se suma una afectación particularmente alta de defen-
sores y defensoras del ecosistema amazónico y de los pueblos indígenas
que habitan territorios de interés para proyectos de desarrollo (Global
* Biólogo y abogado, M. Sc. en Derechos Humanos (Universidad de Alcalá) y M. Sc.
en Derecho Ambiental Industrial (Universidad de Poitiers). Profesor principal de la Facultad
de Jurisprudencia y director del Centro para la Innovación de la Minería y el Ambiente de
la Universidad del Rosario. [Link]@[Link]
** Geógrafo, M. Sc. en Geografías del Cambio Global, Universidad de Zúrich y Ph. D.
en Geografía Política de la misma universidad. Investigador principal del Centro de Inno-
vación de la Minería y el Ambiente de la Universidad del Rosario. [Link]@
[Link]
1
CONTENIDO
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Witness, 2022). De la mano con lo anterior, las personas que defienden
la naturaleza y los derechos humanos asociados se ven confrontadas con
múltiples formas de violencia —tanto física como estructural, jurídica,
cultural y de género— que deben ser encaradas urgentemente desde un
enfoque integral. Asimismo, es fundamental que se establezcan medidas
de atención especial a las personas defensoras del medio ambiente por
parte de las entidades gubernamentales y del poder jurisdiccional, con
el fin de contar con herramientas contundentes para su defensa jurídica,
la defensa de su integridad física, la de sus familias y la protección del
medio ambiente.
Ante las cifras escalofriantes de afectaciones a la labor de perso-
nas que defienden la naturaleza y los derechos humanos asociados, los
Estados de la región han ido fortaleciendo los marcos normativos para
fortalecer la protección de la labor de defensa ambiental. Junto a mar-
cos nacionales, se estableció en el año 2018 con el Acuerdo de Escazú
el primer convenio regional que incluye obligaciones específicas de los
Estados miembros ante defensores de derechos humanos ambientales.
Parte fundamental de este hito de concertación regional consiste en la
mejora de los derechos de participación y el acceso a la información
de las comunidades que habitan territorios que son de interés para la
implementación de proyectos económicos de gran envergadura; asimis-
mo, responsabilizar a los Estados miembros de garantizar la protección
de la labor de defensa de los derechos ambientales y humanos. A pesar
de este logro, sin embargo, la persistencia de violencias hacia personas
que defienden el ambiente demuestra claramente que existe una brecha
importante entre las responsabilidades legalmente reconocidas de los
Estados y las complejas realidades de los territorios donde se vulneran
los derechos de las comunidades locales.
Este libro es producto de un proyecto financiado por la American Bar
Association–Rule of Law Initiative con la Facultad de Jurisprudencia de
la Universidad del Rosario. Su propósito principal radica en cerrar esta
brecha, por medio de la producción y difusión de conocimiento sobre los
mecanismos que contribuyen a la emergencia de conflictos ambientales,
así como los logros, los retos y las agendas pendientes para la protección
efectiva de las personas defensoras del ambiente en Latinoamérica ante
las múltiples violencias que afectan su labor e integridad física. El libro
2
CONTENIDO
Introducción
se divide en dos partes, que consisten en, primero, brindar un panorama
general de conflictos ambientales, violencias y su abordaje jurídico a
escala regional; y, segundo, estudios de caso para los tres países que se
priorizaron en este proyecto, a saber: Colombia, Perú y Brasil. Mediante
contribuciones de académicos, defensoras ambientales y clínicas jurídicas
afiliadas a la Alianza de Clínicas Jurídicas Ambientales de Latinoamérica
y el Caribe, nos proponemos aportar a la disminución de la violencia
contra los defensores ambientales y las organizaciones de la sociedad
civil que trabajan en la región amazónica y fortalecer sus capacidades
para hacer responsables al sector privado y al Gobierno de la aplicación
de las leyes y los compromisos internacionales en temas ambientales.
Estructura del libro
El primer capítulo presenta una tipología de conflictos ambientales en
Latinoamérica, por medio de la revisión exhaustiva de la normativa,
la jurisprudencia y la doctrina que se han ido desarrollando alrededor
de esta temática. El análisis se concentró en Bolivia, Brasil, Colombia,
Ecuador, Perú y Venezuela, y se consultaron además las decisiones
principales de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre
asuntos relacionados con la defensa ambiental. Se constata que existen
marcos normativos sólidos para el reconocimiento y la protección de
los derechos fundamentales de personas y comunidades defensoras del
medio ambiente. Sin embargo, la implementación de estas normas suele
ser limitada. Asimismo, la jurisprudencia consultada da cuenta de que
los conflictos ambientales son una manifestación localizada de pujas
entre distintos actores con poder desigual sobre el acceso a recursos
naturales, el uso ‘adecuado’ de estos recursos, la distribución desigual de
los beneficios y los pasivos de proyectos económicos, y la participación
de las comunidades locales en la toma de decisiones sobre la agenda de
desarrollo en un territorio determinado. Los autores ejemplifican estas
dinámicas mediante cuatro tipos de conflictos ambientales en la región,
a saber: la minería, el uso y la protección del agua, el acceso a la tierra y
los esquemas de conservación ambiental, para lo cual destacan la impor-
tancia de considerar dinámicas territoriales y sistémicas. El capítulo
concluye que los conflictos ambientales son apenas una dimensión de
conflictos más amplios que se generan por un sistema económico que se
3
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
basa en, y reproduce, desigualdades estructurales, económicas, culturales
y de género. La movilización para proteger el medio ambiente se debe
entender entonces como una respuesta localizada a los efectos de estas
múltiples desigualdades.
El segundo capítulo trata sobre las múltiples violencias que afectan
la labor de las personas defensoras del medio ambiente, para lo cual se
basa en la tipología de conflictos ambientales desarrollada en el primer
capítulo. Los autores afirman que es imprescindible adoptar un “enfoque
multidimensional” para dar cuenta de las múltiples formas de violencia
que suelen ocurrir en conflictos ambientales (Navas et al., 2018). Asi-
mismo, describen cinco formas de violencia que afectan la labor de las
personas defensoras del ambiente: primero, la violencia directa que atenta
contra la integridad física de los y las defensores; segundo, la violencia
estructural que se basa y reproduce una posición marginal de grupos
poblacionales específicos ante el sistema estatal; tercero, la violencia
jurídica, en la cual las desigualdades estructurales influyen de manera
determinante en quién puede hacer valer sus reclamos ante el sistema
estatal. La violencia jurídica también se articula por medio de la crimi-
nalización de la protesta y el activismo ambiental; cuarto, la violencia
cultural, que se basa en la instrumentalización de discursos de progreso
y pacificación, para legitimar la implementación de los proyectos eco-
nómicos. Los conflictos ambientales también son una manifestación de
una desposesión material, cultural y simbólica de los sustentos de vida
de comunidades históricamente marginadas. Y, por último, los autores
señalan la violencia de género que se articula por medio de la violencia
sexual, la posición marginal de las mujeres en la toma de decisiones y
las afectaciones específicas relacionadas con la estratificación laboral de
género. Los autores concluyen que es primordial adoptar un enfoque
multidimensional para estudiar la violencia, para abordar tanto la trans-
versalidad como la particularidad de las manifestaciones de violencia que
afectan la labor de las personas que defienden la naturaleza.
El tercer capítulo se centra en la categoría de defensor y defensora
de derechos humanos ambientales, a la luz de la jurisprudencia de la
Corte Interamericana de Derechos Humanos. Poniendo el énfasis en los
desarrollos producidos en la sentencia del caso Baraona Bray vs. Chile,
fallado por la Corte el 24 de noviembre del 2022, las autoras rastrean los
4
CONTENIDO
Introducción
parámetros jurisprudenciales para determinar la actividad desarrollada
por una persona como propia de un defensor del medio ambiente y sobre
qué base normativa estableció la Corte tales parámetros. Asimismo, se
revisa brevemente cómo la Corte juzgó casos de ambientalistas en la
categoría genérica de defensor de derechos humanos. A partir de los
mismos parámetros de la reciente sentencia contra Chile, se caracteri-
za a los pueblos indígenas y a las comunidades tradicionales, como las
comunidades quilombolas en Brasil, como defensores colectivos del medio
ambiente, debido a su particular forma de vida en interdependencia con
la naturaleza y su lucha por la preservación de sus territorios. Las autoras,
utilizando fuentes bibliográficas y el método comparativo y deductivo,
describen cómo la lucha por el derecho a los territorios de las comunidades
indígenas y tribales las define como defensoras de los derechos humanos
ambientales. A modo de conclusión, se hacen recomendaciones sobre las
medidas que los Estados deben tomar para garantizar la territorialidad
y la protección judicial de estas comunidades.
El cuarto capítulo ofrece un análisis sobre los alcances y los desafíos
del acceso y la materialización de la justicia ambiental en América Latina.
Las autoras reflexionan sobre los cambios de la noción de acceso a la jus-
ticia, y demuestran cómo el alcance de este concepto se ha ido ampliando
con el establecimiento de nuevos marcos normativos. Con el Acuerdo de
Escazú tomado como ejemplo de este continuo debate sobre el acceso a la
justicia, se demuestra cómo el acceso a la información, la participación y
la justicia se entrelazan con los reclamos de lograr la democracia ambien-
tal. Asimismo, las autoras ofrecen un análisis de fondo de los aspectos
que se deben prever para lograr la garantía real y efectiva de los derechos
de quienes defienden la naturaleza. Además, mediante entrevistas con
actores de la sociedad civil del orden internacional, nacional y local, las
autoras reflexionan sobre las múltiples formas de concebir el acceso a
la justicia en asuntos ambientales. Esto se combina con un análisis de
las múltiples oportunidades y los retos que estas organizaciones deben
afrontar en su trabajo práctico de defensa ambiental.
Los siguientes tres capítulos se ocupan del caso colombiano. El
quinto capítulo proporciona un análisis sobre las interrelaciones entre
las violaciones de derechos humanos de líderes ambientales con algunos
proyectos del sector extractivo. La autora argumenta que existe una
5
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
confrontación entre las poblaciones, el Estado y las empresas de la indus-
tria extractiva por la explotación de los recursos naturales. A partir del
análisis de varios conflictos, se demuestra cómo los proyectos analizados
han conllevado el desplazamiento de la población, el despojo de la tierra
y afectaciones al medio ambiente que impiden el proyecto vital de sus
pobladores, con la complicidad de las políticas del Estado. Asimismo,
la autora resalta que la implementación de dichos proyectos se ha ido
haciendo en medio del conflicto armado interno. Es imprescindible,
entonces, reflexionar tanto sobre las relaciones de los grupos armados al
margen de la ley con las prácticas empresariales y estatales, como sobre
los retos del Estado frente al derecho al territorio y la paz.
En el sexto capítulo, los autores se centran en el conflicto ambiental
que se ha ido desarrollando alrededor la implementación de una mina
de cobre en el municipio de Mocoa en la región amazónica colombiana.
En abril del 2018, la Corte Suprema de Justicia profirió la Sentencia
4360 del 2018, mediante la cual declaró a la Amazonía como sujeto de
derechos. Desde entonces, una serie de normas locales han prohibido la
gran y mediana minería en la Andinoamazonía. Esto no ha impedido
que Libero Cobre, sucursal de la empresa canadiense Libero Copper &
Gold, cuya principal accionista es la gigante azerbaiyana Anglo Asian
Mining, lleve a cabo actividades de exploración en Mocoa para la even-
tual extracción a gran escala de cobre a costa de la integridad ecológica
de la Andinoamazonía. Con el fin de sacar provecho de los preceptos
legales, la empresa minera ha desplegado estrategias para operar de forma
irregular e influir en decisiones favorables tanto en el ámbito local como
en el nacional. Desde el activismo ambiental en defensa del territorio en
Mocoa, varias de estas estrategias se experimentan de primera mano,
y, en varias ocasiones, develarlas se convierte en el objetivo de dicho
activismo. En el capítulo en mención, con base en las experiencias de
activismo ambiental de la primera autora y de la investigación sobre
conflictos socioecológicos del segundo autor, se presentan las estrategias
utilizadas por este actor multinacional para llevar a cabo un proyecto de
extracción minera en la región amazónica, cuyo discurso se sustenta en
la transición energética y la lucha contra el cambio climático. El capítulo
concluye con una reflexión acerca de la relación entre el ordenamiento
jurídico colombiano y fenómenos sociales como el extractivismo y la
6
CONTENIDO
Introducción
conservación, así como la selectividad de aquel en términos de la eficacia
en la implementación de sus preceptos.
En el siguiente capítulo se profundiza en la reflexión sobre las rela-
ciones entre el contexto político y los derechos ambientales en el caso
colombiano. Las autoras describen cómo la Jurisdicción Especial para
la Paz (jep), que surgió en el contexto de los acuerdos de paz entre el
Gobierno y la guerrilla de las farc-ep, relaciona la justicia transicional
con conflictos ambientales. Asimismo, el capítulo parte del hecho de que
la Sala de Reconocimiento de la jep imputó crímenes de guerra y de lesa
humanidad a exmiembros de las farc por generar una afectación siste-
mática a la identidad cultural y al territorio de las comunidades indígenas
y afrocolombianas en el norte del Cauca y el sur del Valle del Cauca, en
el Macrocaso 05. En su acusación, la jep se refiere a la minería ilegal, la
destrucción de la biodiversidad y la producción de daños ambientales en
la región, a los que clasifica como crímenes de guerra, decisión que ha
resultado controversial. El objetivo de este estudio es analizar la forma
como se ha abordado la justicia ambiental en la jep, abarcando las herra-
mientas de la justicia transicional para determinar la responsabilidad
ambiental de los actores del conflicto armado en Colombia. Para lograrlo
se abordarán, en primer lugar, los daños ambientales causados por los
agentes del conflicto, seguido de un análisis de la concepción del medio
ambiente como víctima silenciosa. En segundo lugar, se expondrán los
vacíos que se presentan en la regulación internacional con respecto a la
responsabilidad ambiental y se examinarán las herramientas de la justicia
transicional como forma de sacar al medio ambiente del olvido, a la luz
de la decisión de la jep en el Macrocaso 05. Finalmente, se plantearán
algunas reflexiones sobre los retos y las implicaciones de dicha decisión,
ahondando en el enfoque restaurativo y de justicia prospectiva que ofrece
y cuestionando los interrogantes que deja abiertos.
Los siguientes dos capítulos tratan el caso peruano. El capítulo
octavo parte de la observación de que el Perú se ve profundamente afec-
tado por la violencia hacia personas que defienden el medio ambiente y
que es necesario, entonces, fortalecer las medidas de su protección. Si
bien el Perú cuenta con un marco normativo que brinda protección a los
defensores de derechos humanos, como el “Mecanismo Intersectorial
para la protección de las personas defensoras de derechos humanos”, el
7
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
cual provee herramientas para garantizar la prevención, la protección y
el acceso a la justicia de defensores de derechos humanos en situaciones
de riesgo que se presentan en el marco de sus actividades, persisten las
lagunas normativas en esta materia. Además de la necesaria ratificación
del Acuerdo de Escazú, está pendiente la aprobación de los lineamien-
tos de actuación del Sector Interior (Policía Nacional del Perú) para la
protección de los defensores ambientales, así como otras medidas para
el correcto funcionamiento del sistema de justicia y la plena vigencia de
sus derechos. En esa línea, el capítulo tiene como objetivo realizar un
análisis crítico del marco normativo peruano para la protección de los
defensores ambientales, identificando lagunas normativas y los princi-
pales desafíos del Estado peruano para la adecuada protección de los
defensores ambientales en el país.
El siguiente capítulo, profundizando esta temática, busca reflejar
la actual situación de las personas defensoras ambientales, los princi-
pales desafíos que afrontan, y los riesgos que ponen en peligro su vida
e integridad, así como las debilidades institucionales en torno al pro-
cedimiento de protección actualmente regulado en el Perú. Los autores
relacionan estas dinámicas con el trabajo de la clínica jurídica ambiental
de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y señalan las necesidades
de mejora normativa e institucional, así como las propuestas de regu-
lación y desarrollo a nivel de políticas públicas, que se han identificado
como fundamentales por adoptar para un verdadero acceso a la justicia
ambiental y la protección efectiva de las personas defensoras ambientales.
El décimo y último capítulo de este libro trata sobre los conflictos
ambientales que han surgido alrededor del aprovechamiento de los bene-
ficios de la biodiversidad en Brasil. Además de ser un recurso estratégico
para los mercados mundiales de cosméticos y los productos farmacéuticos,
la biodiversidad también desempeña un papel importante en la configu-
ración de las identidades y los sistemas de conocimiento de los pueblos
y las comunidades tradicionales. Sin embargo, los beneficios derivados
de la explotación económica de la biodiversidad se distribuyen, acceden
y experimentan de forma desigual entre las personas y las comunidades
de las regiones y las subregiones. En esta perspectiva, el capítulo tie-
ne como objetivo presentar el panorama del instrumento de Acceso y
Distribución de Beneficios de la Biodiversidad (arb), establecido por la
8
CONTENIDO
Introducción
Ley n. 13.123/2015, en beneficio de los poseedores de conocimientos
tradicionales en Brasil. A esto se suma el papel de las personas defensoras
del medio ambiente en este contexto. A través el análisis deductivo de
la literatura pertinente, los autores analizan el vínculo entre cultura-
naturaleza y el contexto en el que actúan las personas defensoras del
medio ambiente en relación con la protección de la biodiversidad. Esta
técnica también sirvió de apoyo al análisis del modelo brasileño de arb,
a partir de la investigación documental. Los autores argumentan que es
necesario ampliar el uso del concepto de biodiversidad, sin limitarlo al
inventario de los seres vivos, para favorecer la conservación de las rela-
ciones cultura-naturaleza que contribuyen a la diversificación biológica.
Esto permite debatir sobre los distintos factores que conducen a la pérdida
de diversidad biológica. Además, subrayan la necesidad de garantizar el
pleno ejercicio de las actividades profesionales de los y las defensoras de
derechos humanos para que puedan actuar en defensa de los derechos
de las comunidades tradicionales y sus conocimientos, especialmente
para garantizar el derecho al consentimiento previo e informado y a la
distribución de beneficios en la arb.
El conjunto de los capítulos de la presente publicación ofrece valio-
sas reflexiones sobre dos temáticas transversales: de un lado, la justicia
ambiental y, del otro, las políticas públicas que se han ido estableciendo
para proteger los derechos ambientales de las personas y las comunida-
des defensoras de derechos humanos en asuntos ambientales. La noción
de justica ambiental parte de la observación de que los efectos nocivos
del sistema capitalista (y extractivista) afecta desproporcionadamente a
comunidades históricamente marginadas (Holifield, 2015). La justicia
ambiental, que se desarrolla en la intersección entre activismo socioam-
biental y debates académicos, “busca no solo asegurar que todas las comu-
nidades tengan igual protección contra los riesgos medioambientales en
relación con cuestiones de salud y calidad de vida, sino también pretende
que todas las comunidades puedan disfrutar de su derecho a vivir en un
medio ambiente seguro, independientemente de su etnia, género, edad o
nivel de ingresos económicos” (Campos-Vargas et al., 2015, p. 60). Varios
capítulos de la presente publicación abordan los desafíos para lograr la
justicia ambiental en nuestra región. Los primeros dos capítulos ofrecen
una visión amplia de la tipología de conflictos ambientales y las múltiples
9
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
violencias que contribuyen a la violación de una justicia ambiental amplia
e incluyente, mientras que el quinto capítulo aborda los retos en el acceso
y la materialización de la justicia ambiental en América Latina. En la
segunda parte del libro, estos asuntos se abordan de manera más deta-
llada para los casos de injusticias ambientales que se presentan en países
como Colombia y Perú, en el contexto de los proyectos extractivos y
la justicia especial para la paz en Colombia, así como los desafíos y las
oportunidades para implementar mecanismos eficientes de protección de
los derechos de quienes luchan por la justicia ambiental en sus territorios.
Esta publicación parte asimismo de la íntima relación entre la justicia
ambiental y las políticas públicas para la protección de los derechos de las
personas defensoras de los derechos humanos en asuntos ambientales. El
análisis de estas políticas públicas es un eje fundamental que entrelaza
los distintos capítulos de esta obra. El cuarto capítulo ofrece una visión
regional sobre estos asuntos al analizar las políticas públicas que se han
ido fortaleciendo para garantizar el acceso y la materialización de la
justicia ambiental y, por consiguiente, la protección de los derechos de
las personas defensoras del ambiente. Este capítulo se enfoca en el Acuer-
do de Escazú. A su vez, la primera parte del segundo capítulo brinda
un análisis de los marcos normativos y jurisprudenciales nacionales de
países como Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela en
asuntos ambientales, así como de las principales decisiones de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos al respecto. La segunda parte
del libro provee estudios de caso de los mecanismos de protección y
reconocimiento de derechos ambientales que se han ido estableciendo
en Colombia, Perú y Brasil. Con la presente publicación se pretende,
entonces cerrar la brecha entre las responsabilidades legalmente recono-
cidas de los Estados y las complejas realidades de los territorios donde
se vulneran los derechos de las comunidades locales.
Bibliografía
Campos-Vargas, M., Toscana-Aparicio, A., & Campos Alanís, J. (2015).
Riesgos socionaturales: Vulnerabilidad socioeconómica, justicia am-
biental y justicia espacial. Cuadernos de Geografía: Revista Colombiana
de Geografía, 24(2), 53-69. [Link]
10
CONTENIDO
Introducción
Global Witness. (2022). Una década de resistencia. Diez años informando sobre
el activismo por la tierra y el medio ambiente alrededor del mundo. Global
Witness.
Holifield, R. (2015). Environmental Justice and Political Ecology. En T.
Perreault, G. Bridge, & J. McCarthy (eds.), The Routledge handbook of
political ecology (pp. 585-597). Routledge.
Navas, G., Mingorria, S., & Aguilar-González, B. (2018). Violence in
environmental conflicts: The need for a multidimensional approach.
Sustainability Science, 13(3), 649-660. [Link]
018-0551-8
11
1
Tipología de conf lictos ambientales
Christoph Josef Kaufmann*
Enrique Prieto-Ríos**
Introducción
En su acepción más amplia, un conflicto ambiental se ha definido como
un “conflicto social relacionado con el medio ambiente” (Le Billon, 2015,
p. 599). La revisión de la literatura arrojó que estos conflictos son particu-
larmente frecuentes cuando actores externos pretenden implementar pro-
yectos económicos con altos impactos locales. De particular importancia
ha sido el sector extractivo, ya que, además de tener múltiples impactos en
el ámbito local, la extracción y la mercantilización de los recursos natu-
rales ha desempeñado un papel primordial en las agendas de desarrollo
en países del Sur global geográfico, incluida la región latinoamericana.
Sin embargo, también se constatan conflictos ambientales en torno a
proyectos que pretenden ‘ecologizar’ la economía, entre ellos proyectos
de conservación y proyectos que mercantilizan servicios ambientales
* Geógrafo, M. Sc. en Geografías del Cambio Global, Universidad de Zúrich y Ph.
D. en Geografía Política de la misma universidad. Investigador principal del Centro de
Innovación de la Minería y el Ambiente de la Universidad del Rosario. [Link]-
mann@[Link]
** Profesor asociado de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario,
Ph. D. en Derecho Internacional Birkbeck University of London, MA en Derecho Inter-
nacional the London College uck, abogado de la Universidad del Rosario. [Link]@
[Link]
13
CONTENIDO
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
de ecosistemas intactos. En este sentido, las personas defensoras del
medio ambiente son todas aquellas que “a título personal o profesional
y de forma pacífica, se esfuerzan por proteger y promover los derechos
humanos relacionados con el medio ambiente, en particular el agua, el
aire, la tierra, la flora y la fauna” (onu, 2016, p. 6).
Con base en la revisión de la literatura de los conflictos ambienta-
les en Latinoamérica y el mundo, podemos afirmar que los conflictos
ambientales suelen emerger cuando varios grupos de actores con poder
desigual disputan el acceso y el control de recursos naturales, por dis-
tintos usos de estos, por la distribución desigual de los beneficios y
pasivos de proyectos económicos, por visiones encontradas de cómo se
deberían aprovechar los recursos naturales de un territorio específico, y
por disputas sobre quiénes deberían participar de qué manera en la toma
de decisiones en torno a la agenda de desarrollo (véase por ejemplo Le
Billon, 2015; Mesa Cuadros, 2018; Rodríguez, 2016). El análisis de los
conflictos ambientales requiere, entonces, considerar tanto las dimensio-
nes económicas y distributivas, como los discursos y las cosmovisiones
que entran en disputa en un espacio determinado.
Una primera aproximación a una tipología de conflictos ambientales
es a través de la consideración de los sectores económicos que son par-
ticularmente propicios a generar disputas. El repositorio más grande de
casos de conflictos ambientales en torno a proyectos de desarrollo es el
Atlas de Justicia Ambiental ([Link]), establecido en el año 2011. De
los 2743 casos documentados hasta el año 2020, la minería es la activi-
dad que genera con 573 casos, o el 20 %, el mayor número de conflictos.
A esta le sigue el sector energético (480 casos o 17 %), el uso de la de
tierra (422 casos o 15 %), el manejo del agua y el establecimiento de
represas (379 casos o 14 %), y proyectos de infraestructura (248 casos o
9 %) (Scheidel et al., 2020, p. 6; véase también figura 1.1). Esta tipolo-
gía se explica, en parte, porque estos proyectos suelen generar impactos
particularmente contenciosos en el ámbito local. Estos impactos concier-
nen, por ejemplo, el acaparamiento del control sobre el acceso a recursos
naturales por parte de actores empresariales o estatales que pretenden
implementar un proyecto económico; cambios en el manejo, la distribu-
ción y la calidad del agua y otros recursos naturales que se ven afectados
por dicho proyecto; limitada participación de las poblaciones locales en
14
CONTENIDO
Tipología de conf lictos ambientales
la toma de decisiones con respecto a las condiciones de implementación
de un proyecto determinado; y reproducción de desigualdades sistémicas
e interseccionales. Asimismo, las comunidades indígenas se ven particu-
larmente perjudicadas por conflictos ambientales. Esto se ve reflejado en
que el 35 % de los conflictos ambientales documentados mundialmente
han afectado a comunidades indígenas, aunque estas constituyen apenas
un 6,2 % de la población mundial (Global Witness, 2022; véase también
Owen et al., 2022; Scheidel et al., 2023).
Conservación
4% Turismo
2%
Energía nuclear
4%
Minería
21%
Manejo de desechos
6%
Industrias
8%
Energía (fósil) y clima
Infraestructuras 17%
9%
Manejo del agua Biomasa y uso de la tierra
14% 15%
Figura 1.1. Tipología de los conf lictos ambientales en el mundo por sectores
Fuente: adaptado de Scheidel et al. (2020).
El surgimiento de conflictos ambientales también se ve influido por
el papel de un sector específico en las agendas económicas y desarrollistas
estatales. Para aproximar esta dinámica, resulta interesante desagregar los
conflictos ambientales documentados por el Atlas de Justicia Ambiental
por el nivel de ingresos de los países donde ocurren estos conflictos. El
conjunto de datos demuestra que, en países con menores ingresos, apro-
ximadamente la mitad (52 % de los casos documentados) de los conflictos
ambientales surge por el uso de la tierra y el agua, seguido por el uso
de recursos naturales no renovables (31 % de los casos). En países con
ingresos bajos, el 37 % de los conflictos documentados se relaciona con el
15
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
uso de la tierra y el agua, y el 38 % con el uso de recursos no renovables.
En cambio, en los países más ricos, los conflictos relacionados con el uso
de la tierra y el agua solo representan un 19 % de los casos documenta-
dos, mientras que los conflictos relacionados con recursos no renovables
se mantienen en un 33 %, y los conflictos que surgen por el desarrollo
infraestructural e industrial representan un 48 % de los casos (Scheidel
et al., 2020, p. 7). De lo anterior se puede afirmar que los “conflictos
ambientales varían según los patrones de industrialización, urbanización
y uso de tecnología” (Scheidel et al., 2020, p. 5) y, por consiguiente, según
la posición que ocupa una región o un país en la división internacional
del trabajo (véase por ejemplo Galeano, 2004).
Especialmente en el Sur global geográfico, los conflictos ambientales
se han interpretado como una repercusión de una lógica extractivista que
se basa en la extracción y la mercantilización de la naturaleza (Gudy-
nas, 2014). La mercantilización de la naturaleza es fundamental para el
mantenimiento y la expansión del sistema capitalista y sus promesas de
bienestar y progreso, pero también de las desigualdades sociales, eco-
nómicas, culturales y ambientales que subyacen a este mismo sistema
extractivista (Glassman, 2006; véase Harvey, 2003). El papel del Sur
global geográfico como proveedor de materias primas con poco valor
agregado explica, entonces, en parte por qué en regiones como Latino-
américa los conflictos ambientales se concentran primordialmente en el
uso de la tierra, el agua y los recursos naturales no renovables.
Estos conflictos ambientales se han interpretado conceptualmente
en el marco de conflictos de distribución ecológica (ecological distribu-
tion conflicts-edc). Esta noción hace referencia a disputas por “la dis-
tribución desigual de los beneficios y costos ambientales de proyectos
tales como industrias extractivas, instalaciones de transporte o vertido
de desechos” (Tran et al., 2020, p. 1190). En este sentido, la causa sub-
yacente a estos conflictos es un intercambio ecológico desigual, en el cual
las poblaciones históricamente marginales se ven desproporcionadamente
afectadas por los impactos negativos de proyectos de gran envergadura,
mientras que los actores poderosos cosechan gran parte de sus beneficios.
Esta distribución desigual se ve influida y legitimada por los discursos
hegemónicos de progreso, modernidad y desarrollo (Betancourt, 2021;
Escobar, 2004); y más recientemente también de conservación, mitigación
16
CONTENIDO
Tipología de conf lictos ambientales
del cambio climático y ‘ecologización’ de la economía (Eskjær & Horsbøl,
2023; Vega Ruiz, 2020). Los discursos hegemónicos son usados para des-
legitimar y criminalizar la defensa territorial de las poblaciones locales,
alegando que obstaculiza la consecución de bienestar y progreso. Este
mecanismo discursivo también se ve reflejado en la participación limitada
de las comunidades en la toma de decisiones sobre el uso de los recur-
sos de sus territorios (Liboiron, 2021). En este sentido, los edc se basan
y reproducen vulnerabilidades interseccionales de comunidades locales.
En consecuencia, la normativa y la jurisprudencia sobre la protección
de los derechos humanos en asuntos ambientales que se han ido forta-
leciendo, se consideran mecanismos fundamentales para abordar estas
desigualdades sistémicas (Álvarez & Coolsaet, 2020; Holifield, 2015).
La caracterización de los conflictos ambientales requiere entonces
considerar el conjunto de los discursos que se movilizan para implementar
u oponer proyectos económicos con altos impactos ambientales, ya que
los proyectos requieren un cierto grado de aprobación para su implemen-
tación. En esta lectura, los conflictos ambientales surgen cuando varios
grupos de actores disputan la legitimidad de distintas formas de acceder,
aprovechar o proteger los recursos naturales. Estas disputas dan cuenta
de las múltiples y a menudo contradictorias formas de valorar los recur-
sos naturales. La movilización social que se opone a la implementación
de proyectos económicos de gran envergadura suele valorar los recursos
naturales “en términos de territorio indígena, como parte del sustento de
vida, en términos de biodiversidad, o como una combinación de éstos” y
otros factores. Sin embargo, “[e]stos significados a menudo chocan con
la valoración monetaria en la que se basan los proyectos extractivos (neo-
liberales)” (Rasch, 2017, p. 133). En este sentido, se puede afirmar que
los conflictos ambientales tienen una importante dimensión epistémica
que se manifiesta en un choque de distintas formas de conceptualizar
el medio ambiente.
Los conflictos ambientales se pueden interpretar, entonces, también
como disputas sobre el relacionamiento ‘adecuado’ con los territorios y
los recursos para avanzar con agendas políticas, económicas y cultu-
rales específicas. Asimismo, se constata que los conflictos ambientales
frecuentemente tienen un trasfondo ontológico que se manifiesta a tra-
vés de distintas conceptualizaciones de medio ambiente y territorio. En
17
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
comunidades indígenas o afro, por ejemplo, suele existir una ontología
relacional donde “humanos y no-humanos (lo orgánico, lo no-orgánico
y lo sobrenatural o espiritual) forman parte integral” del territorio “en
sus múltiples interrelaciones” (Escobar, 2015, p. 35). Con la implemen-
tación de proyectos de desarrollo en estos territorios relacionales, las
comunidades se ven enfrontadas a una concepción occidental que se
basa en una ontología dualista, en la cual el medio ambiente se reduce a
“una base material para la reproducción de la comunidad humana y sus
prácticas” (Cariño Trujillo, 2021, p. 213). Esta separación del mundo en
sujetos y objetos, que subyace a los proyectos económicos modernistas,
no solo amenaza el sustento de las comunidades locales, sino también
su forma de relacionarse y habitar el mundo (Escobar, 2015; Oslender,
2019; Quijano, 2007).
En efecto, este choque de distintas valoraciones de recursos naturales
y territorios también se ve reflejado en las mismas regulaciones estatales
que favorecen la implementación de agendas de desarrollo mediante
la mercantilización de la naturaleza, pero que estipulan simultánea-
mente la protección de los derechos de las comunidades históricamente
marginadas y racializadas (Bocarejo Suescún, 2015; Cárdenas, 2012;
Okamoto & Leifsen, 2012). La normativa estatal se puede considerar
entonces un recurso fundamental para la protección de los derechos de
las comunidades y los individuos que se han movilizado en torno a cues-
tiones ambientales. Sin embargo, esta “ juridificación de los conflictos
socioambientales” (Sieder et al., 2022) también se ha traducido en el uso
de mecanismos judiciales para deslegitimar, encarcelar y criminalizar a
las personas defensoras del medio ambiente (Le Billon & Lujala, 2020;
Scheidel et al., 2020). De hecho, en estas disputas sobre el uso ‘adecuado’
de los recursos y los territorios es primordial analizar tanto los discursos
que se movilizan como la posición social, económica y política de los
actores para poner en la agenda sus ideas de progreso y bienestar. Por
medio de la combinación de estos distintos factores se logra una con-
ceptualización interseccional de los efectos de los conflictos ambientales
en territorios específicos.
En este escrito se propone, entonces, elaborar una tipología de con-
flictos ambientales en Latinoamérica. Por medio de ejemplos de conflic
tos ambientales de distintos países, se demuestra cómo los conflictos
18
CONTENIDO
Tipología de conf lictos ambientales
ambientales se basan y reproducen desigualdades sistémicas que se
articulan mediante la marginación y la criminalización de quienes recla-
man el respeto de sus derechos en torno a la implementación, la toma
de decisiones o la mitigación de impactos de dichos proyectos económi-
cos. También se revisaron la normativa y la jurisprudencia que se han
ido consolidando a nivel nacional e internacional para la resolución de
conflictos ambientales, a fin de fortalecer los mecanismos de protección
de la naturaleza y sus defensores y defensoras, y en pro de establecer
mecanismos de participación comunitaria en la toma de decisiones sobre
el uso ‘adecuado’ de los recursos. Asimismo, este escrito da cuenta de
la importancia de combinar el análisis del contexto específico donde se
presente un conflicto con consideraciones sistémicas, para así identificar
algunos mecanismos que contribuyen a la aparición y la resolución de
conflictos ambientales.
El texto se divide en cuatro secciones. En la primera se describe
la metodología usada para la elaboración de este texto. En la segunda
sección presentamos la normativa que se ha ido consolidando en torno
a los conflictos ambientales. A esto sigue la presentación de la jurispru-
dencia para resolver conflictos ambientales. Tanto para la normativa
como para la jurisprudencia se tomaron en cuenta los marcos nacionales
de los países estudiados, como también los marcos regionales e inter-
nacionales. La cuarta y última sección de este escrito describe cuatro
tipos de conflictos que son particularmente frecuentes en la región de
estudio: primero, conflictos en torno a proyectos mineros a gran escala;
segundo, conflictos en torno al agua; tercero, conflictos en torno a la
tierra; y, cuarto, conflictos en torno a la conservación y la protección del
medio ambiente. Por medio de la descripción de esta tipología, damos
cuenta de los mecanismos principales que contribuyen a los conflictos
ambientales en los países estudiados.
1.1. Metodología
La metodología principal para llevar a cabo esta tipología consistió en
la consulta de fuentes académicas y oficiales para documentar los casos
de conflictos ambientales promovidos por personas defensoras del medio
ambiente en América Latina. De acuerdo con el ámbito geográfico de
19
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
la consultoría que dio origen a este escrito1, la búsqueda de información
se concentró en países como Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y
Venezuela. La investigación dio lugar al diligenciamiento de matrices que
recopilan la información más importante para tres categorías: primero,
normativa relevante; segundo, jurisprudencia relacionada con conflictos
ambientales; y, tercero, doctrina de los conflictos ambientales. Con el fin
de entender mejor las dinámicas de los conflictos ambientales, se consul-
taron además publicaciones académicas que abarcan aspectos adicionales
acerca de conflictos ambientales como, por ejemplo, estadísticas globales
(Le Billon & Lujala, 2020; Scheidel et al., 2020; Temper et al., 2015);
reflexiones conceptuales (Arsel et al., 2016; Gudynas, 2014; Pérez-
Rincón et al., 2019); o afectaciones a grupos poblacionales específicos
(Cárdenas, 2012; Hernández Reyes, 2019; Le Billon & Middeldorp,
2021; Scheidel et al., 2023).
En lo que corresponde a la normativa relacionada con conflictos
ambientales, se logró recopilar un total de 115 disposiciones normativas
(véase tabla 1.1). Estas normativas corresponden a constituciones, leyes,
decretos, resoluciones, directivas, ordenanzas o acuerdos que permiten
judicializar casos ambientales. Cabe anotar que el 63 % de la normativa
recopilada corresponde a leyes, mientras que un 19 % concierne a decretos
y un 9 % corresponde a disposiciones constitucionales. La normativa que
se recopiló para este escrito abarca cuatro temáticas principales: prime-
ro, participación ciudadana en torno a proyectos económicos; segundo,
derechos diferenciales de minorías étnicas; tercero, protección ambiental;
y, cuarto, defensa de los derechos humanos y el medio ambiente.
En lo que concierne a la jurisprudencia, se recopilaron 108 provi-
dencias judiciales de las jurisdicciones constitucionales, civiles, penales
y administrativas de los Estados seleccionados (véase tabla 1.2). Estos
pronunciamientos judiciales desarrollan casos ambientales promovidos
por personas defensoras del ambiente en América Latinas. Para cada uno
1
La consultoría se llevó a cabo para la American Bar Association (aba roli) en el
marco del proyecto “Apoyo a los Defensores Ambientales de América Latina”, cuyo obje-
tivo es contribuir a la reducción de la violencia que afecta la labor de personas defensoras
ambientales, fortalecer las redes regionales de personas defensoras y reforzar los mecanismos
de protección, y adelantar labores de incidencia para reforzar las medidas de prevención.
20
CONTENIDO
Tipología de conf lictos ambientales
Tabla 1.1. Normativa recopilada
Constitución Leyes Decreto Otros* Total
Bolivia 4 14 5 - 23
Brasil 1 17 5 - 23
Colombia 1 11 4 - 16
Ecuador 3 7 - 2 12
Perú - 7 6 8 21
Venezuela 1 17 2 - 20
115
* Resoluciones, acuerdos, reglamentos.
Fuente: elaboración propia.
Tabla 1.2. Jurisprudencia recopilada
Constitucional Administrativo Penal Otro* Total
Bolivia - - - 2 2
Brasil 20 - - - 20
Colombia 13 17 - - 30
Ecuador 19 - - 1 20
Perú 14 - - 2 16
Venezuela 16 - 1 3 20
108
* Acción civil pública (dos para Bolivia); decisión internacional (una para Ecuador y una para Perú);
jurisdicción agraria (tres para Venezuela).
de los pronunciamientos judiciales recopilados, se extrajo información
relacionada con el tipo de acción, la autoridad que emite la decisión, el
número y año de la decisión, la resolución de la sentencia, y un resumen
del caso y de las consideraciones de la Corte. El 77 % de las fuentes
jurisprudenciales recopiladas corresponde a la jurisdicción constitucio-
nal y el 16 % a la jurisdicción administrativa. También cabe anotar que
solo un caso corresponde a la jurisdicción penal. A nivel internacional,
se consultaron las decisiones principales de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos en torno a defensa ambiental.
21
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
La doctrina recopilada en el marco de este proyecto corresponde
a artículos de investigación, tesis, libros e informes que estudian casos
ambientales promovidos por personas defensoras del medio ambiente en
Latinoamérica. En total, se recopilaron 135 fuentes doctrinales para los
seis países anteriormente mencionados, de las cuales 75 corresponden a
artículos publicados en revistas académicas (véase tabla 1.3).
Tabla 1.3. Doctrina recopilada
Artículo Tesis Libro Informe Total
Bolivia 19 2 4 - 25
Brasil 10 - 3 - 13
Colombia 17 9 4 - 30
Ecuador 7 13 3 12 35
Perú 10 7 2 1 20
Venezuela 12 - - - 12
135
Fuente: elaboración propia.
Con el fin de hacer una tipología de los conflictos recopilados, se
extrajo, además de los datos técnicos de los escritos, la siguiente informa-
ción: recurso natural afectado, actores involucrados, definiciones relacio-
nadas con defensor/líder ambiental, y desarrollo de la defensa ambiental.
De ello sigue que los conflictos se han ido dando por los impactos de los
proyectos económicos a uno o varios recursos naturales. Entre estos se
destacan la preeminencia de conflictos alrededor la calidad, el acceso y la
distribución del agua (86 casos o el 63 % de los casos documentados) y en
relación con impactos al suelo o a la tierra (58 casos o el 43 %). La pre-
valencia de estos dos tipos de recursos afectados en los países estudiados
corresponde a una dinámica global de conflictos ambientales. El 81 % de
los conflictos ambientales registrados en el Atlas de Justicia Ambiental
se han presentado en relación con distintos impactos de las actividades
económicas en la calidad, la distribución y el acceso al agua; y el 63 %
de los casos registrados por esta misma plataforma relaciona conflictos
ambientales con impactos negativos en el suelo y la tierra ([Link]).
22
CONTENIDO
Tipología de conf lictos ambientales
Sin embargo, es importante aclarar que los proyectos económicos que
generan conflictos ambientales generalmente afectan a varios recursos a
la vez, ya que, por ejemplo, el deterioro de la calidad del agua por con-
taminación con sustancias tóxicas también afecta el suelo y la biodiver-
sidad. En este sentido, la preeminencia del agua como recurso afectado
da más bien cuenta de una estrategia política en la cual las comunidades
locales se han movilizado alrededor del asunto del agua para impugnar
los impactos socioambientales más amplios de dichos proyectos.
1.2. Normativa
La protección del medio ambiente ha cobrado un lugar cada vez más
importante en las normativas de los países estudiados, ya que un ambiente
sano es ampliamente considerado un derecho fundamental. Mediante
la revisión de la normativa relevante, se identificaron cuatro tipos de
normas que se han ido consolidando con el fin de prevenir conflictos
ambientales: primero, participación ciudadana en torno a proyectos eco-
nómicos; segundo, derechos diferenciales de minorías étnicas; tercero,
protección ambiental; y, cuarto, defensa de los derechos humanos y el
medio ambiente.
El primer tipo de normativa concierne a disposiciones sobre los
procedimientos de participación ciudadana. Esto se ve reflejado, por
ejemplo, en el artículo 135 de la constitución boliviana que define la
“acción popular” como una acción que procede en contra de las acciones
u omisiones de las autoridades, personas naturales o personas colecti-
vas, que “violen o amenacen con violar derechos e intereses colectivos,
relacionados con el patrimonio, el espacio, la seguridad y salubridad
pública, el medio ambiente y otros de similar naturaleza reconocidos por
esta Constitución”. En Brasil, la Constitución política también utiliza la
terminología de acción popular (ação popular) e incluye, específicamente,
actos lesivos al medio ambiente en su definición (Art. 73). En Colombia,
por su parte, existe la figura de la tutela, consagrada en el artículo 86 de
la Constitución de 1991. Esta figura otorga el derecho a toda persona de
“reclamar ante los jueces, en todo momento y lugar, mediante un procedi-
miento preferente y sumario, por sí misma o por quien actúe a su nombre,
la protección inmediata de sus derechos constitucionales fundamentales,
cuando quiera que éstos resulten vulnerados o amenazados por la acción
23
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
o la omisión de cualquier autoridad pública o de los particulares en los
casos que señale este Decreto” (Art. 1, Decreto-Ley 2591 de 1991). En
Ecuador, el derecho de petición es un derecho fundamental consagrado en
el artículo 66 numeral 23 de la Constitución de la República del Ecuador
(2008). Como garantía constitucional, su objetivo es el acceso directo
del ciudadano a las instituciones del Estado para presentar solicitudes
ante las autoridades de la administración pública o ante particulares y
obtener de ellos una pronta resolución sobre lo solicitado. Normativas
parecidas también existen para el caso de Perú (Artículo 200, inciso 5,
de la Constitución) y Venezuela (Artículo 26 de la Constitución).
El segundo tipo de normativa concierne a derechos diferenciales de
minorías étnicas. Todos los países que abarcamos en este estudio ratifica-
ron el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre
pueblos indígenas, lo que implica que deben “asumir la responsabilidad
de desarrollar, con la participación de los pueblos interesados, una acción
coordinada y sistemática con miras a proteger los derechos de esos pueblos
y a garantizar el respeto de su integridad”. Asimismo, los Estados tienen
el deber de “incluir medidas: (a) que aseguren a los miembros de dichos
pueblos gozar, en pie de igualdad, de los derechos y oportunidades que
la legislación nacional otorga a los demás miembros de la población; (b)
que promuevan la plena efectividad de los derechos sociales, económicos
y culturales de esos pueblos, respetando su identidad social y cultural,
sus costumbres y tradiciones, y sus instituciones; (c) que ayuden a los
miembros de los pueblos interesados a eliminar las diferencias socioe-
conómicas que puedan existir entre los miembros indígenas y los demás
miembros de la comunidad nacional, de una manera compatible con sus
aspiraciones y formas de vida” (OIT, 1989, Art. 2). La ratificación de este
convenio significa que los actores empresariales y estatales interesados
en implementar un proyecto económico en territorios indígenas deben
propiciar el consentimiento libre, previo e informado de las comunidades
que allí residen (Le Billon & Middeldorp, 2021).
El tercer tipo de normativa se relaciona más estrictamente con el
medio ambiente y su protección. Es común que la Constitución política
de los países estudiados contenga una provisión que consagra el derecho
a un ambiente sano como un derecho fundamental. Tal es el caso, por
ejemplo, de Venezuela, que consagra el capítulo IX de su Constitución
24
CONTENIDO
Tipología de conf lictos ambientales
específicamente a temas ambientales. Esto incluye que “[t]oda persona
tiene derecho individual y colectivamente a disfrutar de una vida y de
un ambiente seguro, sano y ecológicamente equilibrado”. Asimismo, se
considera que es “una obligación fundamental del Estado, con la activa
participación de la sociedad, garantizar que la población se desenvuelva
en un ambiente libre de contaminación, en donde el aire, el agua, los
suelos, las costas, el clima, la capa de ozono, las especies vivas, sean
especialmente protegidos, de conformidad con la ley” (Art. 127 de la
Constitución venezolana). En el caso de Brasil, la Ley 9605 de 1998
establece un marco legal para combatir específicamente “las conductas
y actividades que perjudican el medio ambiente (condutas e atividades
lesivas ao meio ambiente)”. Asimismo, el objetivo principal de esta ley es
sancionar tanto administrativa como penalmente a aquellos individuos
que cometan delitos ambientales y causen daño al entorno natural. Es
importante destacar que esta ley hace referencia al Código Penal de Bra-
sil en lo que respecta a los delitos ambientales. La definición de delitos
ambientales también se encuentra, en su capítulo XI, en el Código Penal
colombiano (Ley 599 del 2000). En este caso, se caracterizan delitos como
por ejemplo el ilícito aprovechamiento de recursos naturales renovables
(Art. 328) y de yacimientos mineros y de otros materiales (Art. 338),
daños en los recursos naturales (Art. 331), la contaminación ambiental
(Art. 332 y 333), la pesca y la caza ilegales (Art. 335 y 336) y la invasión
de áreas de especial importancia ecológica (Art. 337).
El cuarto tipo de normativa concierne a la labor de las personas
defensoras de derechos humanos y del medio ambiente. Es el caso de
Ecuador que, mediante la Resolución 077 de la Defensoría del Pueblo del
año 2019, establece medidas para la protección de defensores y defenso-
ras de derechos humanos y de la naturaleza. Asimismo, en el artículo 9
establece las medidas de protección, incluida la posibilidad de incorporar
a las personas defensoras en el sistema nacional de protección de víctimas
y testigos, garantías jurisdiccionales, acciones públicas y la activación de
mecanismos internacionales (Ley Orgánica de Garantías Jurisdiccionales
y Control Institucional, 2009). En Perú, se estableció un “mecanismo
intersectorial para la protección de las personas defensoras de derechos
humanos” en el año 2021, mediante el Decreto Supremo N.º 004-2021-
jus. La defensa de los derechos humanos se define como “toda actividad
25
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
de promoción, protección o defensa que, de manera pacífica, contribuye
con la realización de los derechos humanos y las libertades fundamen-
tales, sin recurrir al uso de la violencia, con arreglo al Derecho nacional
e internacional” (Decreto Supremo N.º 004-2021-jus, Art. 3.1). La
norma abarca específicamente la labor de defensores del medio ambien-
te, ya que en el inciso d de la definición de la defensa de los derechos
humanos incluye las “acciones orientadas a la conservación y protección
del ambiente, los territorios de los pueblos indígenas u originarios y los
recursos naturales” (Decreto Supremo N.º 004-2021-jus, Art. 3.1.d).
La protección de la naturaleza y sus defensores se da por medio de
normativas nacionales que abarcan, entre otros aspectos, la participación
ciudadana, el derecho fundamental a un ambiente sano y los derechos
diferenciales de minorías étnicas. La consolidación de estos marcos nor-
mativos nacionales también se debe entender meidante sus interacciones
con normativas internacionales. Esto se ve, por ejemplo, en la normativa
que emergió para dar cumplimiento al Convenio 169 de la oit sobre
comunidades indígenas y los tratados internacionales sobre derechos
humanos. En el siguiente apartado se pretende hacer, entonces, una breve
genealogía de la normativa internacional relevante para la labor de los
defensores y las defensoras de los derechos humanos y el medio ambiente.
1.2.1. Normativa internacional
El derecho internacional del medio ambiente es el resultado de una
serie de eventos e hitos que permitieron su desarrollo y fortalecimiento
y que han servido de marco al reconocimiento de la labor de las personas
defensoras del medio ambiente, aclarando asimismo las obligaciones
internacionales que tienen los Estados. Un primer hito fue la Cumbre
de Estocolmo de 1972, llamada “Conferencia de las Naciones Unidas
sobre el Medio Humano”. Esta fue “la primera conferencia mundial
en hacer del medio ambiente un tema importante” (Organización de
Naciones Unidas, 1972). El principio 8 de la declaración adoptada en
esta primera conferencia del medio ambiente, que mencionó que “[e]l
desarrollo económico y social es indispensable para asegurar al hombre
[sic.] un ambiente de vida y trabajo favorable y crear en la Tierra las
condiciones necesarias para mejorar la calidad de la vida” (Organización
de las Naciones Unidas, 1972), allanó el camino para que la comunidad
26
CONTENIDO
Tipología de conf lictos ambientales
internacional se comprometiera con la protección del medio ambiente
por su relación intrínseca con el goce del derecho a la vida.
El siguiente evento relevante en la genealogía del derecho interna-
cional del medio ambiente fue la Declaración de Río de 1992 (Río 92).
Los 27 principios de Río 92 reafirmaron lo acordado en la Cumbre de
Estocolmo de 1972 de una forma más precisa y sofisticada, incluyendo
principios como el “derecho a una vida saludable y productiva en armo-
nía con la naturaleza”, o la obligación de que “las actividades realizadas
dentro de su jurisdicción o bajo su control no causen daños al medio
ambiente de otros Estados o de zonas que estén fuera de los límites de
la jurisdicción nacional” (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el
Medio Ambiente y el Desarrollo, 1992). Río 92 serviría como marco para
la posterior negociación y ratificación de tratados encaminados a la pro-
tección del medio ambiente (Castro-Buitrago y Calderón Valencia, 2018).
A nivel de las Américas, un hito importante hacia la consolidación de
la protección efectiva del medio ambiente desde el derecho internacional
fue el Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos
Humanos en Materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales,
conocido como el Protocolo de San Salvador de 1988, que entró en vigor
en 1999 (Protocolo Adicional a la Convención Americana sobre Derechos
Humanos en Materia de Derechos Económicos, Sociales y Culturales,
1999). El artículo 11 de este protocolo, de manera expresa, incluye el
derecho a un ambiente sano, lo cual es novedoso, teniendo en cuenta
que la Convención Americana sobre Derechos Humanos no reconoce de
manera explícita la protección del medio ambiente. Ahora bien, el Pro-
tocolo de San Salvador no abrió la puerta a que se presentaran peticiones
individuales para la protección de un ambiente sano, establecido en el
artículo 11 del Protocolo. Por lo anterior, la justiciabilidad del derecho
a un ambiente sano fue tramitada en un primer momento ante la Corte
idh por su vínculo con el derecho a la vida, el derecho a la propiedad
privada, o el derecho de acceso a la información (Lima, 2020).
Otro hito importante a escala regional hacia la consolidación de
un derecho internacional latinoamericano fue el informe de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos (cidh) del año 1998. En este
informe, se destacó la importancia y relevancia de la labor realizada por
los y las defensoras de derechos humanos en la región, al sostenerse que
27
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
los Estados deben adoptar las medidas necesarias para su protección
(Borràs, 2015). A partir de estas recomendaciones de la cidh, la Asam-
blea General de la Organización de los Estados Americanos (oea) adoptó
la Resolución 1671, denominada “Defensores de Derechos Humanos
en las Américas”, en la cual se reconoció la labor de los defensores y las
defensoras de derechos humanos. En el año 2003, la Asamblea Gene-
ral de la oea aprobó una resolución sobre derechos humanos y medio
ambiente en la que se resalta el papel de la sociedad civil en la protección
del medio ambiente (Borràs, 2015).
En el año 2010, la cidh hizo una audiencia sobre la situación de los
defensores y las defensoras del medio ambiente en Mesoamérica (Borràs,
2015). En el contexto de esta audiencia, se denunció la amenaza y la
violación de los derechos humanos de los defensores y las defensoras
del medio ambiente en México, Guatemala, Honduras, El Salvador y
Panamá. Teniendo en cuenta la difícil situación de los defensores y las
defensoras de derechos humanos y del medio ambiente en la región, en
el año 2011 la cidh creó una relatoría sobre la situación de las defensoras
y los defensores de derechos humanos, lo cual también abarca los y las
defensoras del medio ambiente.
En el año 2017, la Corte Interamericana de Derechos Humanos
notificó la Opinión Consultiva OC-23/17 sobre ambiente y los dere-
chos humanos, la cual fue solicitada por Colombia, sobre los posibles
daños que pudiera causar un megaproyecto al ecosistema marítimo. La
interpretación de la Corte idh tuvo en cuenta el principio pro persona,
en el sentido de que la interpretación de la Convención Americana en
Derechos Humanos debe garantizar que no se limite “el goce y ejercicio
de cualquier derecho o libertad que pueda estar reconocido de acuerdo
con las leyes de cualquiera de los Estados Parte o de acuerdo con otra
convención en que sea parte uno de dichos Estados…”, estableciendo
así una interpretación evolutiva de la Convención (Opinión Consultiva
OC-23/17 2017).
De igual forma, en esta opinión consultiva la Corte recordó la rela-
ción intrínseca entre la protección del medio ambiente y la garantía y
la realización de otros derechos humanos, lo que se menciona de forma
expresa en el preámbulo del Protocolo de San Salvador y con el desa-
rrollo sostenible (Opinión Consultiva OC-23/17 2017). Para la Corte,
28
CONTENIDO
Tipología de conf lictos ambientales
la protección de los derechos humanos se encuentra garantizada por el
artículo 11 del Protocolo de San Salvador, así como en el artículo 26
de la Convención Americana de Derechos Humanos. En este sentido,
existe una indivisibilidad y una interdependencia entre derechos civiles
y políticos, así como los derechos económicos, sociales y culturales, que
tienen dimensiones colectivas e individuales. Adicionalmente, el derecho
al ambiente sano se encuentra reconocido y protegido en la legislación
de varios Estados de la región (Opinión Consultiva OC-23/17 2017).
Al respecto, la Corte señaló:
De esta manera, el derecho a un medio ambiente sano como
derecho autónomo es distinto al contenido ambiental que surge
de la protección de otros derechos, tales como el derecho a la vida
o el derecho a la integridad personal.
[…]
La Corte considera que, entre los derechos particularmente
vulnerables a afectaciones ambientales, se encuentran los dere-
chos a la vida, integridad personal, vida privada, salud, agua,
alimentación, vivienda, participación en la vida cultural, derecho
a la propiedad y el derecho a no ser desplazado forzadamente.
(Opinión Consultiva OC-23/17 2017)
La Corte afirmó que la protección al medio ambiente está vinculada
a los artículos 4 (derecho a la vida) y 5 (integridad personal) de la Con-
vención Interamericana sobre Derechos Humanos. En este contexto, los
Estados tienen la obligación de hacer evaluaciones de impacto ambiental
y tener planes de contingencia para enfrentar posibles desastres naturales.
También señaló que los Estados deben actuar de acuerdo con el principio
de precaución ambiental en las acciones y políticas que adopten.
Por último, este tribunal determinó la posibilidad de proteger el
medio ambiente cuando esto se encuentra vinculado bajo la sombrilla
del artículo 26 de la Convención, que corresponde al compromiso de los
Estados para promover un desarrollo progresivo de alcanzar derechos
económicos, sociales, científicos y culturales. Esta posición planteada
por la Corte manifiesta que el derecho a un ambiente saludable puede ser
29
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
litigado de manera autónoma ante la Corte Interamericana de Derechos
Humanos (Lima, 2020).
Con posterioridad a la notif icación de la Opinión Consultiva
OC-23/17, la Corte idh tuvo en cuenta lo allí señalado para resolver el
caso Comunidades indígenas miembros de la Asociación Lhaka Honhat
(Nuestra Tierra) vs. Argentina. En este caso, la Corte determinó que
Argentina era internacionalmente responsable por la violación de obli-
gaciones internacionales en materia de derechos humanos, entre otros,
el artículo 26 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos
sobre desarrollo progresivo (Comunidades indígenas miembros de la
Asociación Lhaka Honhat (Nuestra Tierra) vs. Argentina, 2020). En
este caso específico, la Corte señaló:
La Corte, ha afirmado su competencia para determinar violacio-
nes al artículo 26 de la Convención Americana 179 y ha señalado
que el mismo protege aquellos derechos económicos, sociales,
culturales y ambientales (desca) que se deriven de la Carta de
la Organización de Estados Americanos (en adelante “Carta de
la oea”, o “la Carta”), siendo pertinente para su entendimiento
las “[n]ormas de [i]nterpretación” establecidas en el artículo 29
de la Convención.
[…]
Así, este Tribunal ha explicado que “[p]ara identificar aque-
llos derechos que pueden ser derivados interpretativamente del
artículo 26, se debe considerar que este realiza una remisión
directa a las normas económicas, sociales y sobre educación,
ciencia y cultura contenidas en la Carta de la oea”
[…]
Este Tribunal ya ha manifestado que el derecho a un medio
ambiente sano “debe considerarse incluido entre los derechos […]
protegidos por el artículo 26 de la Convención Americana”, dada
la obligación de los Estados de alcanzar el “desarrollo integral”
de sus pueblos, que surge de los artículos 30, 31, 33 y 34 de la
Carta”. (Comunidades indígenas miembros de la Asociación
Lhaka Honhat (Nuestra Tierra) vs. Argentina, 2020)
30
CONTENIDO
Tipología de conf lictos ambientales
Otro hito relevante de mencionar en la consolidación de un corpus
iuris medioambiental en las Américas es el Acuerdo regional sobre el
acceso a la información, la participación pública y el acceso a la justicia en
asuntos ambientales en América Latina y el Caribe del año 2018, mejor
conocido como el Acuerdo de Escazú. En este acuerdo se garantiza el
derecho de todas las personas a vivir en un ambiente sano, se reconoce
y protege a los defensores del medio ambiente, y se garantiza el acceso
público a la información ambiental (Acuerdo regional sobre el acceso a
la información, la participación pública y el acceso a la justicia en asun-
tos ambientales en América Latina y el Caribe, 2018). Este acuerdo es
muy importante por ser el primer tratado en el mundo en incorporar
obligaciones claras en la protección de las personas defensoras de dere-
chos humanos en asuntos ambientales (Global Call to Action Against
Poverty, 2022). Cabe anotar que el Acuerdo regional sobre el acceso a la
información, la participación pública y el acceso a la justicia en asuntos
ambientales en América Latina y el Caribe entró en vigor el 22 de abril
del 2021. Este acuerdo fue firmado por 24 países y ratificado por 15 países
de la región. Los países estudiados en este trabajo que han ratificado el
acuerdo son Bolivia, Colombia y Ecuador, mientras que Brasil y Perú
lo han firmado. Venezuela, por su parte, no lo ha firmado ni ratificado
(Cepal, 2023; Ámbito Jurídico, 2022).
Como se puede evidenciar, el derecho internacional del medio
ambiente a nivel universal y a nivel americano, ha sido el desarrollo de
una serie de eventos encaminados a crear conciencia de la necesidad e
importancia de proteger el medio ambiente, materializado en compro-
misos vinculantes para los Estados. A pesar de estos avances normativos,
como se desarrolla con mayor detalle en la siguiente sección, la labor de
los y las defensoras del medio ambiente es arriesgada y no cuenta aún con
acciones claras y compromisos de los Estados para garantizar su labor
libre de presiones e interferencias. A pesar de esto, se han ido presentado
varios fallos jurisprudencias relacionados con el medio ambiente y la
protección de sus defensores y defensoras. En los siguientes apartados
se presenta un panorama de esta jurisprudencia, tanto a nivel nacional
de los países estudiados como en el ámbito interamericano.
31
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
1.3. Jurisprudencia
Como se especificó en los apartados de metodología, un 77 % de la
jurisprudencia relacionada con conflictos ambientales se ha dado en las
jurisdicciones constitucionales de los Estados estudiados. De tal mane-
ra, las decisiones judiciales se pueden interpretar como respuesta a los
reclamos de personas naturales o comunidades por la vulneración de sus
derechos constitucionales.
En Bolivia, por ejemplo, se han presentado varias acciones populares
para reclamar el respeto de derechos fundamentales de los accionantes. Es
el caso de una demanda presentada en relación con la afectación ambiental
en la cuenca del lago Poopó, Oruro2 . Los accionantes expusieron que la
actividad minera en la región ha generado efectos negativos en la salud de
la población local. Además, se argumentó que la falta de fiscalización por
parte de las autoridades competentes ha llevado a una disminución de la
calidad del agua y del suelo, lo cual afecta la biodiversidad y convierte a
la cuenca del Poopó en una zona de sacrificio ambiental. Los accionantes
argumentaron que la falta de fiscalización y el actuar de las empresas
mineras violan los derechos al agua, a la salud, a la alimentación, a vivir
en un medio ambiente sano y a la territorialidad de los pueblos indígenas.
En su consideración del caso, el Tribunal Constitucional Plurinacional
expuso que “[l]a conservación del medio ambiente y el aprovechamiento
racional de los recursos naturales constituyen constitucionalmente un
principio rector de la política […], un mandato de acción para los poderes
públicos, presupuestos de una digna e igual calidad de vida para todos
los ciudadanos”. De tal manera, el Tribunal dispuso la recolección de
datos sobre la calidad del agua y que, “en su caso, se asuman las acciones
pertinentes para rehabilitar el uso del recurso hídrico óptimo para su
aprovechamiento” (Sentencia Constitucional Plurinacional 1471/2022-
S3, 44443-2022-89-AP, 2022).
En Colombia, el reclamo por el respeto de los derechos fundamenta-
les se ve reflejado por ejemplo en la Sentencia SU 111 del 2020 de la Corte
Constitucional ante una tutela interpuesta por la Comisión Intereclesial
2
Sala Tercera de la Corte Constitucional, 14 de noviembre del 2022, Sentencia
Constitucional Plurinacional 1471/2022-s3, 44443-2022-89-ap.
32
CONTENIDO
Tipología de conf lictos ambientales
de Justicia y Paz, en representación de varios miembros de una comunidad
afrocolombiana del municipio de Riosucio en el departamento de Chocó.
Los accionantes presentaron la tutela porque consideraron vulnerados sus
derechos al medio ambiente sano, al territorio, a la propiedad colectiva y
a la consulta previa, entre otros. Según los accionantes, la adjudicación
de tierras baldías para la implementación de cultivos de plátano y un
sistema de drenaje ocasionaron daños ambientales y una violación al
derecho fundamental a la consulta previa. Además, mencionaron haber
recibido amenazas por oponerse a la implementación de proyectos agro-
industriales en su territorio ancestral. En su decisión, la Corte Cons-
titucional consideró que pudo existir un hecho superado, puesto que el
proyecto en cuestión ya se había ejecutado en ese momento. A pesar de
la carencia de objeto, sin embargo, la Corte Constitucional se pronunció
sobre el fondo de la tutela y estableció que sí hubo una vulneración de
los derechos fundamentales. Del mismo modo, evidenció que hay un
conflicto por usos de la tierra y que existe un problema de representación
del sujeto colectivo Consejo Comunitario de Pedeguito y Mancilla, de
donde son miembros los tutelantes (Sentencia SU111 de 2020, 2020).
Esto demuestra que la resolución de conflictos ambientales mediante
mecanismos jurisprudenciales requiere una estrategia interseccional que
permita considerar varios tipos de impactos, incluidos impactos ambien-
tales, culturales y políticos.
Una dinámica jurisprudencial más reciente es la declaración de los
ríos como sujetos de derecho para así garantizar una mejor protección.
Es el caso del río Aquepi en el noroeste de Ecuador3. En respuesta a una
acción de protección por parte de residentes de la zona ante la inminente
implementación de una infraestructura de riego que alteraría el caudal
del río, la Corte Constitucional ecuatoriana analizó hechos del caso rela-
cionados, entre otros, con los derechos de la naturaleza y del río Aquepi
(Sentencia N.º 1185-20-JP/21., 2021). La Corte considera que el recono-
cimiento de la naturaleza como sujeto de derechos en la Constitución, en
3
Otros ejemplos incluyen el río Atrato en Colombia, que fue declarado sujeto de
derecho por medio de la Sentencia T-266 del 2016; el río Vilcabamba en Ecuador (Sentencia
03-30 del 2011, Corte de Justicia Provincial de Loja); y el río Loa en Chile (Sentencia 118
del 2014, Tribunal de Apelación de Antofagasta) (Álvarez-Marín et al., 2021).
33
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
términos generales y abstractos, no requiere reconocimientos específicos
para promover y proteger a la naturaleza y cada uno de los elementos que
la conforman. Sin embargo, como sucede con los ríos, cada uno de estos
elementos cumple un rol en el ecosistema, de donde emana su valor inte-
gral e individual, sin desconocer su valor en conjunto. La jurisprudencia
de la Corte ha valorado la importancia de cada elemento de un ecosis-
tema por su importancia sistémica. Asimismo, la Corte Constitucional
consideró que la autoridad ambiental no protegió el caudal ecológico del
río Aquepi y tampoco garantizó “la conservación, recuperación y manejo
integral de los recursos hídricos y priorizar la sustentabilidad de los eco-
sistemas y el consumo humano” (Sentencia N.º 1185-20-JP/21, 2021).
Por ello, al vulnerar los caudales del río, se violaron los derechos del río
Aquepi a su estructura y funcionamiento que le permite cumplir con su
ciclo natural. Asimismo, se reconoce mediante esta sentencia que el río
Aquepi es sujeto y titular de los derechos reconocidos a la naturaleza y que
tiene, por ende, derecho a que se respete su estructura y funcionamiento.
A pesar de que es claro que en Latinoamérica los y las líderes, además
de las personas defensoras medioambientales, cumplen un papel clave
para fortalecer la democracia local y regional, los Estados, en la mayoría
de los casos, no han garantizado una investigación pronta e independiente
que logre concluir con la detención de los responsables de las acciones
criminales contra esta labor (Borràs, 2015). En este contexto, los Esta-
dos de la región han fallado en adoptar medidas claras y precisas en el
contexto de conflictos medioambientales, por lo cual los y las defensoras
son vulnerables a acciones de actores al margen de la ley, el abuso de
la fuerza pública y la criminalización de su labor y de sus actividades
(cidh, 2017). Como se desarrollará con más detalle en los siguientes
apartados, esto ha conducido a litigios de comunidades afectadas ante
la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
1.3.1. Jurisprudencia internacional
El Sistema Interamericano ha entrado a llenar el vacío institucional exis-
tente en Latinoamérica frente a la vulneración de los derechos humanos
de los líderes, las lideresas y las personas defensoras del medio ambiente
en la región (Borràs, 2015). La respuesta efectiva ha estado en cabeza de
la Corte Interamericana, que ha encontrado a los Estados responsables
34
CONTENIDO
Tipología de conf lictos ambientales
por la comisión de un hecho ilícito internacional, revindicando la labor
de los y las defensoras del medio ambiente. A continuación, se reseñan
algunos de los casos más relevantes analizados por la Corte idh relacio-
nados con la vulneración de derechos humanos de defensores y defensoras
del medio ambiente.
Caso Defensor de derechos humanos y otros vs.
Guatemala (28 de agosto del 2014)
Este caso se relaciona con la falta de adopción de medidas por parte del
Gobierno de Guatemala para proteger la vida de defensores y defensoras
de derechos humanos y para garantizar una investigación adecuada y
pronta por parte de las autoridades judiciales del país. Específicamente
en este caso, las personas afectadas fueron defensores y defensoras de
derechos humanos y “protección al ambiente frente al impacto de los
monocultivos” (Caso Defensor de Derechos Humanos y otros vs. Gua-
temala, 2014).
Guatemala experimentó un conflicto interno armado prolongado,
desde 1962 hasta 1996, que causó una gran pérdida de vidas humanas en
el país. En el marco de los acuerdos suscritos para alcanzar la paz entre
las partes, se suscribió el Acuerdo Global sobre Derechos Humanos,
mediante el cual las partes reconocieron “la importancia de las institu-
ciones y entidades nacionales de protección y promoción de los derechos
humanos, así como la conveniencia de fortalecerlas y consolidarlas” y
“coincid[ieron] en que todos los actos que puedan afectar las garantías
de aquellos individuos o entidades que trabajan en la promoción y tutela
de los derechos humanos, son condenables” (Caso Defensor de derechos
humanos y otros vs. Guatemala, 2014).
A pesar de este compromiso, los hostigamientos, las amenazas y los
asesinatos de personas defensoras de derechos humanos y medioambien-
tales continuaron. En este caso, la Corte idh señaló:
En diversas ocasiones, esta Corte ha destacado la labor realizada
por los defensores y defensoras de derechos humanos, conside-
rándola “fundamental para el fortalecimiento de la democracia
y el Estado de Derecho”. Además, la Organización de los Esta-
dos Americanos ha señalado que los Estados miembros deben
35
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
reconocer la “valiosa contribución [de las defensoras y los defen-
sores] para la promoción, protección y respeto de los derechos
humanos y libertades fundamentales…”. (Caso Defensor de
derechos humanos y otros vs. Guatemala, 2014)
La labor de defensa de derechos humanos y ambientales no se limita a
derechos civiles y políticos, sino también a derechos económicos, sociales
y culturales. En este contexto, el respeto y la garantía de los derechos
a la vida y a la integridad personal implican por parte de los Estados
no solamente obligaciones negativas de abstenerse, sino obligaciones
positivas de tomar todas las acciones necesarias para garantizar estos
derechos. Lo anterior implica, en palabras de la Corte idh:
adoptar medidas de carácter jurídico, político, administrativo y
cultural que promuevan la salvaguarda de los derechos humanos
y que aseguren que las eventuales violaciones a los mismos sean
efectivamente consideradas y tratadas como un hecho ilícito
que, como tal, es susceptible de acarrear sanciones para quien
las cometa, así como la obligación de indemnizar a las víctimas
por sus consecuencias perjudiciales. (Caso Defensor de derechos
humanos y otros vs. Guatemala, 2014)
En cuanto a las libertades de circulación y de residencia, estas
constituyen derechos indispensables para el libre desarrollo de la per-
sonalidad. Estos derechos incluyen la garantía de no ser desplazado por
razones de seguridad, y en caso de ser víctimas de desplazamiento, el
Estado es responsable no solo de garantizar los derechos de las personas
desplazadas, sino de garantizar su retorno a su lugar de origen antes de
que ocurriera el desplazamiento.
Luna López vs. Honduras (10 de octubre del 2013)
El líder y defensor del medio ambiente Carlos Antonio Luna López fue
asesinado en el año 1998. En este caso, el Estado hondureño conocía
de los riesgos que tenía Luna López, en cuanto que este hizo la res-
pectiva denuncia ante el Ministerio Público frente a una amenaza que
36
CONTENIDO
Tipología de conf lictos ambientales
recibió por sus labores como defensor del medio ambiente (Luna López
vs. Honduras, 2013). Al respecto, el Estado no hizo una investigación
pronta, seria y adecuada para determinar el origen de las amenazas, ni
tomó las medidas necesarias para garantizar la integridad y la vida de
Carlos Luna. En este caso, la Corte señaló:
Esta Corte recuerda que existe una relación innegable entre la
protección del medio ambiente y la realización de otros derechos
humanos y que el “reconocimiento del trabajo realizado por la
defensa del medio ambiente y su relación con los derechos huma-
nos cobra mayor vigencia en los países de la región, en los que se
observa un número creciente de denuncias de amenazas, actos de
violencia y asesinatos de ambientalistas con motivo de su labor.
(Luna López vs. Honduras, 2013)
En este contexto, la Corte idh reafirma la importancia y la necesidad
de que se preste una garantía adecuada por parte del Estado a los y las
defensoras del medio ambiente, teniendo en cuenta la importancia de
su labor, así como los riesgos a los que se encuentran constantemente
expuestos.
Caso Cabrera García y Montiel Flores vs.
México (26 de noviembre del 2010)
Este caso versa sobre “tratos crueles, inhumanos y degradantes, mien-
tras se encontraban detenidos y bajo custodia de miembros del Ejército
mexicano, por su falta de presentación sin demora ante un juez u otro
funcionario autorizado para ejercer funciones judiciales que controlara
la legalidad de la detención, y por las irregularidades acaecidas en el
proceso penal que se adelantó en su contra” (Caso Cabrera García y
Montiel Flores vs. México, 2010). Las personas objeto de la sentencia
eran defensores medioambientales activos.
En esta ocasión se hizo un uso indebido de las facultades militares
para detener e investigar, lo que afectó el derecho a la seguridad personal
y la integridad física. De igual forma, se hizo una detención injustificada,
sin que se remitiera oportunamente a los detenidos ante una autoridad
37
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
judicial que determinara la legalidad o ilegalidad de su captura. Al res-
pecto, la Corte idh señaló lo siguiente:
En este sentido, la Corte ha señalado que el control judicial
inmediato es una medida tendiente a evitar la arbitrariedad o
ilegalidad de las detenciones, tomando en cuenta que en un
Estado de Derecho corresponde al juzgador garantizar los dere-
chos del detenido, autorizar la adopción de medidas cautelares
o de coerción cuando sea estrictamente necesario y procurar, en
general, que se trate al inculpado de manera consecuente con la
presunción de inocencia. (Caso Cabrera García y Montiel Flores
vs. México, 2010)
La jurisdicción nacional no se ocupó de manera oportuna de los
alegatos sobre posibles actos de tortura en contra de los peticionarios,
truncando con ello la posibilidad de determinar las causas y los hechos
que rodearon la detención y tortura de los peticionarios.
Caso Kawas Fernández vs. Honduras (3 de abril del 2009)
Este caso consiste en el asesinato de la defensora del medio ambiente
y de los derechos humanos Blanca Jeannette Kawas Fernández, el 6 de
febrero de 1995. Kawas Fernández era presidenta de la Fundación para la
Protección de Lancetilla, Punta Sal, Punta Izopo y Texiguat (Prolansate).
El objeto de Prolansate era “promover la protección y conservación de las
áreas circundantes a la Bahía de Tela, en el Departamento de Atlántida,
Honduras, y mejorar la calidad de vida de los habitantes de la zona” (Caso
Kawas Fernández vs. Honduras, 2009). En esta oportunidad, el Estado
falló en evitar la muerte de Kawas Fernández y hacer una investigación
apropiada y diligente.
En el reporte de la cidh citado por la Corte, se señaló lo siguiente:
Capítulo 13. Los efectos causados por la impunidad del caso y la
falta de adopción de medidas que eviten la repetición de los hechos
ha alimentado un contexto de impunidad de los actos de violencia
cometidos en contra de las defensoras y defensores de derechos
38
CONTENIDO
Tipología de conf lictos ambientales
humanos y del medio ambiente y los recursos naturales en Hon-
duras. (Caso Kawas Fernández vs. Honduras, 2009)
Para la Corte, un asunto principal es determinar si los hechos y las
circunstancias que rodearon el caso de Blanco son sistemáticos en rela-
ción con las personas defensoras del medio ambiente en Honduras, como
también si en las amenazas y las acciones en contra de estos defensores
participa la fuerza pública. En este sentido, la Corte señaló:
Capítulo 14. Durante la década posterior a la muerte de Blanca
Jeannette Kawas Fernández se han reportado actos de agre-
sión, amenazas y ejecuciones de varias personas dedicadas a la
defensa del medio ambiente en Honduras. En 1996 fue ejecuta-
do Carlos Escaleras, líder popular del Valle del Aguán; en 1998,
Carlos Luna, activista ambiental; en el 2001, Carlos Flores,
líder comunal y activista ambientalista de Olancho, y en el año
2006, Heraldo Zúñiga y Roger Iván Cartagena, miembros del
Movimiento Ambientalista de Olancho (mao). De la informa-
ción aportada por el Estado, se desprende que existen personas
condenadas por estos hechos, aunque no todos los responsables
han sido capturados, ni tampoco se ha identificado a sus autores
intelectuales. (Caso Kawas Fernández vs. Honduras, 2009)
De igual forma, la Corte idh resaltó la importancia que tiene la
defensa del medio ambiente y de los derechos humanos. Al respecto
sostuvo:
Capítulo 15. El reconocimiento del trabajo realizado por la defen-
sa del medio ambiente y su relación con los derechos humanos
cobra mayor vigencia en los países de la región, en los que se
observa un número creciente de denuncias de amenazas, actos de
violencia y asesinatos de ambientalistas con motivo de su labor.
(Caso Kawas Fernández vs. Honduras, 2009)
En el 2007, Honduras creó el Grupo de Investigación para las
Muertes de los Ambientalistas. Sin embargo, esto no se materializó en
39
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
una política clara y precisa para evitar el hostigamiento y el asesinato
de personas defensoras ambientales. De igual forma, las autoridades no
llevaron a cabo una debida investigación, completa, seria y efectiva de los
hechos que rodearon este crimen. De tal forma, el Estado falló en prote-
ger los derechos a la vida, la integridad física y la libertad de asociación.
1.4. Doctrina
La expansión de la frontera extractiva ocupa un lugar primordial en los
sistemas económicos latinoamericanos y en las agendas de desarrollo de
los distintos países. El acceso inequitativo a recursos naturales es un factor
importante en la generación de conflictos ambientales, ya que la imple-
mentación de proyectos económicos de gran envergadura suele aumentar
aún más estas inequidades. Los conflictos ambientales en Latinoamérica
están entonces íntimamente ligados a modelos de desarrollo que “están
mayormente basados en el aprovechamiento de los recursos naturales” y
a la “elevada y creciente presión” que esto genera en el ámbito donde se
implementan dichos proyectos (Giles, 2018, p. 15). Estos impactos se ven
reflejados en daños al ecosistema, lo que perjudica a las comunidades que
habitan estos territorios, pero también en el mismo tejido social que se
puede ver afectado por los fuertes cambios que resultan de la implemen-
tación de un proyecto económico de gran envergadura. Este mecanismo
se evidencia, por ejemplo, en la forma como los actores promovedores de
los proyectos suelen irrespetar o tergiversar el derecho al consentimiento
libre, previo e informado de comunidades étnicas (Toledo Anonymous
Collective et al., 2022).
Es frecuente entonces que las comunidades sean desplazadas y sus
liderazgos amenazados o asesinados por su oposición a un proyecto de
desarrollo. Los mecanismos específicos dependen del contexto. Sin
embargo, es común que los proponentes de los proyectos empleen una
combinación de estrategias políticas, económicas y coercitivas para
expandir la frontera extractiva (Gamboa Balbín, 2022; Merino & Quispe
Dávila, 2021; Sarmiento Erazo, 2015). También existe una dinámica
concurrente donde se han ido fortaleciendo mecanismos de protección
ambiental, que incluyen la declaración de áreas protegidas donde se
pretende limitar o inhibir el aprovechamiento de recursos naturales y la
conservación de áreas biodiversas para la generación de ingresos mediante
40
CONTENIDO
Tipología de conf lictos ambientales
la monetización de servicios ecosistémicos. En los apartados que siguen,
se describen cuatro tipos de conflictos ambientales que ocupan un lugar
importante en la literatura consultada: primero, conflictos relacionados
con proyectos mineros; segundo, conflictos relacionados con el agua;
tercero, conflictos relacionados con el acceso a la tierra y el territorio; y,
cuarto, conflictos relacionados con la conservación.
1.4.1. Conf lictos ambientales en torno
a proyectos mineros a gran escala
La minería y el empuje casi generalizado hacia una extracción cada vez
mayor e industrializada de minerales generan un número importante
de conflictos ambientales en Latinoamérica. Las comunidades aledañas
a esas operaciones extractivas se suelen movilizar para denunciar los
“impactos socio-ambientales en la tierra, el agua y los sustentos de vida”
que estos proyectos pueden tener en el ámbito local (Conde, 2017, p. 81).
Los efectos negativos incluyen la contaminación de las fuentes hídricas, el
avasallamiento del acceso al (sub-) suelo por parte de empresas, la escasez
de sustentos de vida locales distintos a la minería, y la criminalización de
los y las opositores a los proyectos mineros (Avcı & Fernández-Salvador,
2016; Gudynas, 2014; Haslam & Ary Tanimoune, 2016). A esto se suma
que, en muchos casos, las comunidades locales reciben pocas oportuni-
dades de participación en la toma de decisiones sobre la implementación
de dichos proyectos. Esto reproduce inequidades sistémicas, ya que son
las comunidades locales las que se ven particularmente afectadas por los
posibles efectos nocivos de la minería industrial. Los conflictos ambienta-
les en torno a la minería industrial se pueden interpretar, entonces, como
reclamos de comunidades de sus derechos de decidir sobre qué tipo de
actividades económicas se desarrollan en el territorio, sobre quién tiene
el derecho de acceder a los recursos naturales, sobre cómo se deberían
distribuir de forma más equitativa los beneficios de las minas, y sobre
cómo se deberían mitigar los impactos socioambientales de proyectos
mineros. Esto reclamos son paradigmáticos de conflictos ambientales
en Latinoamérica y el mundo que se han ido desarrollando alrededor de
proyectos económicos con altos impactos locales.
Cabe precisar que las respuestas locales a proyectos mineros indus-
triales son diversas y que, incluso, se pueden presentar divisiones en las
41
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
mismas comunidades. Un análisis estadístico de los determinantes de
conflictos en territorios mineros demuestra que “incrementos en el nivel
de pobreza [tras la implementación de proyectos mineros], especialmente
en comunidades pobres con escasa presencia estatal, aumenta la probabi-
lidad de conflictos sociales” (Haslam & Ary Tanimoune, 2016, p. 408).
Las características de los conflictos ambientales suelen cambiar, además,
según la etapa de un proyecto minero determinado. En las etapas previas
a la extracción, “es más probable que las comunidades hagan frente y se
opongan al proyecto, pero si el proyecto minero ha estado operando por
un tiempo largo es más probable que la comunidad ponga el enfoque
en concesiones, compensación o la mitigación de impactos” (Conde,
2017, p. 83). Los paros mineros que se han ido realizando en el nordeste
antioqueño en Colombia, un territorio minero con una larga historia de
producción aurífera, dan cuenta de este mecanismo. Las comunidades
locales se han movilizado en varias ocasiones para reclamar el cumpli-
miento de los acuerdos con la empresa minera y las entidades públicas
que les prometían una participación más equitativa en la producción de
oro (Kaufmann, 2022). La presencia prolongada de la minería industrial
influye entonces en cómo las comunidades locales se relacionan con
esta actividad. En este caso, la salida de las empresas mineras tendría
efectos importantes en la economía y el mercado laboral que se han ido
desarrollando en relación con la minería industrial.
No obstante, también existe una dinámica concurrente donde los
incrementos graduales de impactos negativos —como la contaminación
ambiental por el uso de sustancias tóxicas o la falta de cumplimiento
de promesas por parte de actores empresariales y estatales— pueden
fomentar un incremento en la oposición hacia un proyecto minero. Es el
caso del conflicto ambiental que se ha ido desarrollando en la ciudad La
Oroya, en la sierra central del Perú. Esta región se caracteriza por una
larga historia de extracción minera, ya que cuenta con una gran canti-
dad de plomo y cobre. Sin embargo, con la actividad que desarrollaba la
empresa, las poblaciones aledañas notaron que se estaban contaminando
los pastizales, lo que afectaba la labor de varias comunidades campesinas
que se dedicaban a las actividades agrícolas en proximidades al complejo
minero. Estas comunidades se encontraban muy preocupadas porque
afirmaban que en tan solo dos años la empresa contaminó los principales
42
CONTENIDO
Tipología de conf lictos ambientales
recursos naturales, como lo son los ríos, y que esto obligó a varias personas
a trasladarse a otros territorios. Por lo anterior, las comunidades se unie-
ron y presentaron quejas ante el poder judicial y, por ende, el Gobierno
se vio obligado a intervenir mediante una comisión para estudiar todos
los impactos ambientales que había causado la minería en la población.
Dicha comisión concluyó que la empresa era la principal responsable de
la contaminación de los recursos naturales y les ordenó la indemnización
de algunos miembros de las comunidades locales (Burgos Cisneros, 2018;
véase también Perreault, 2012).
La tipología de los conflictos ambientales en torno la extracción
de minerales cambia fundamentalmente cuando una empresa minera
recién llega a un territorio. En algunos casos, las comunidades locales
desarrollan entonces “alternativas socioecológicas” que se articulan, por
ejemplo, con “filosofías indígenas centradas en la calidad de vida y en
la recuperación de una relación ética con la naturaleza” (Conde, 2017,
p. 83). Esto se legitima porque la propuesta de desarrollo mediante la
extracción de recursos minerales representa una amenaza no solo para el
sustento de vida, sino también para las cosmovisiones de las comunidades
locales. Los conflictos que se han ido desarrollando conciernen entonces a
resistencias hacia los impactos ambientales de los proyectos, pero también
el reclamo por la protección de las cosmovisiones y los sustentos de vida
de las comunidades afectadas. Asimismo, este tipo de conflictos se puede
interpretar como un reclamo hacia el Estado por el incumplimiento de
los derechos fundamentales de minorías étnicas consagrados tanto en las
constituciones de los distintos países, como en acuerdos internacionales
como el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (Le
Billon & Middeldorp, 2021; Restrepo, 2007).
Esto se ve, por ejemplo, en el caso del conflicto en torno al proyecto
minero Las Bambas en los Andes Sur del Perú. Confrontado con la
inminente incursión de actores empresariales externos, en el 2010 surgió
una nueva identidad étnica que reunía a varias decenas de comunidades
denominada “nación yanawara”. Yanawara “es el nombre de un grupo
étnico andino precolombino que sería originario de la región actual de
Apurímac y que también habría transitado por las actuales regiones
de Arequipa y Cusco como mitimae de los incas” (Hervé-Huamaní
& Yvinec, 2021, p. 191). Esta identidad autóctona emergente resurge
43
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
para poder visibilizarse, causar interés, respeto y reclamar sus derechos
mediante la expresión ciudadana frente al inconformismo con el proyecto
minero. Además, la comunidad al ver que no se estaban cumpliendo los
compromisos sociales firmados por la empresa, empezó a solicitar su
cumplimiento mediante llamados al diálogo entre el Estado y la empresa
minera. Por consiguiente, se iniciaron varios procesos judiciales en contra
del Estado y un paro indefinido en el cual se presentaron varios muertos
y heridos por la intervención del ejército y la policía. Por lo anterior, el
Estado se involucró más y decidió iniciar un proceso de diálogo con las
organizaciones civiles locales y las comunidades campesinas, con segui-
miento de instituciones públicas (Hervé-Huamaní & Yvinec, 2021). Se
constata entonces una voluntad —aunque sea reacia y lenta— por parte
de actores empresariales y estatales para mitigar los impactos negativos
de proyectos extractivos a gran escala.
Marcos normativos que han surgido para reconocer los derechos dife-
renciales de comunidades étnicas se han traducido en el fortalecimiento
de la participación social y popular en proyectos económicos que afectan
a la comunidad (Alayza, 2009). Además, se han ido haciendo consultas
populares ante posibles proyectos extractivos que han conocido mayor
popularidad en la región en los últimos años, pero cuyo carácter legal
sigue siendo debatido álgidamente (McNeish, 2017; Walter & Urkidi,
2017). Otras estrategias han surgido en el contexto de esquemas de
responsabilidad social corporativa y mayor conciencia de la importancia
de mitigar los impactos ambientales de proyectos extractivos que llevan
a prácticas de reforestación, mejor manejo de desperdicios o mejoras
en las técnicas de extracción (Scheidel et al., 2020). Sin embargo, las
estrategias de mitigación por medio de una mayor participación local
y mejoras técnicas han sido cuestionadas porque se siguen basando en
“políticas coloniales” (Toledo Anonymous Collective et al., 2022), ya que
las condiciones de dicha participación se formulan desde las mismas ins-
tituciones estatales y sus aliados empresariales (Le Billon & Middeldorp,
2021). Esto también significa que las múltiples formas de activismo no
se limitan a preocupaciones por la protección del medio ambiente de los
impactos negativos de la actividad extractiva empresarial, aunque estas
suelen usarse como un discurso para movilizar a las comunidades locales.
44
CONTENIDO
Tipología de conf lictos ambientales
1.4.2. Conf lictos ambientales en torno
al uso y la protección del agua
La protección del agua ha sido un eje particularmente importante en
conflictos ambientales en Latinoamérica. Esto porque el agua es un
recurso fundamental para el sustento de la vida de la humanidad, pero
también para muchas de las actividades empresariales de altos impactos
locales. Los conflictos en torno al agua se pueden entender, de un lado,
como conflictos entre distintos usos. Estos emergen entre “usos actuales
entre sí (riego, abastecimiento de agua potable, generación hidroeléc-
trica, minería, etc.), entre éstos y nuevos usos (modalidades extractivas
novedosas, aprovechamientos que implican un uso más intensivo, en el
sentido de mayor uso consuntivo o mayor impacto ambiental) y la posibi-
lidad de reservar una porción del recurso para aprovechamientos futuros
(trasvases entre cuencas, mantenimiento de caudales ecológicos, etc.)”.
Lo que influye en estos conflictos es que “los derechos o permisos de su
uso suelen no estar debidamente delimitados —aun menos en todos sus
atributos— ni protegidos como tampoco inscritos”, lo que contribuye a
conflictos entre distintos usos que se suelen desarrollar, entonces, más
allá de las normas vigentes (Martín & Justo, 2015, p. 13). El resultante
“desequilibrio de fuerzas” se ve también reflejado en las interdependen-
cias de los usuarios, ya que los usos del agua de los actores aguas arriba
impactan las posibilidades de uso de los que se encuentran aguas abajo
(Martín & Justo, 2015, pp. 12-13). Del otro lado, también emergen
conflictos por el agua entre distintos grupos de actores que desarrollan
actividades económicas incompatibles. Los conflictos por el uso del agua
entre actores privados, empresariales, armados y comunitarios se pueden
conceptualizar, entonces, como una dimensión de disputas más amplias
entre la legitimidad de distintas actividades económicas de ámbitos
tan diversos como son los sectores “industriales, agrícolas, domésticos,
turístico y recreativos” (Martín & Justo, 2015, p. 15). Esto da cuenta de
la importancia de mejorar los marcos normativos para avanzar con un
manejo más sostenible del agua que permita la coexistencia respetuosa
de múltiples usos y usuarios.
Sin embargo, existe una dinámica concurrente donde se ha optado
por la privatización del acceso al agua. Esta privatización responde a
la lógica de la creación de mercados para el mantenimiento del sistema
45
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
capitalista (Harvey, 2003). La privatización del agua contribuye al des-
pojo de los usos de agua que no corresponden a los derechos legalmente
otorgados a privados, lo que conlleva múltiples conflictos (Ávila-García,
2016). Esto sucede porque es recurrente que “[c]uando se analiza el
otorgamiento de derechos para riego, minería, generación de energía o
abastecimiento urbano, los usos consuetudinarios afectados no suelen
ser debidamente considerados al momento de evaluar los proyectos ni
mucho menos compensados. Muchos ordenamientos desconocen los
usos consuetudinarios no apropiativos —aun cuando ellos poseen un rol
central para la subsistencia de gran cantidad de grupos poblacionales—
lo cual deriva en su desplazamiento por otros usos que cuentan con una
consagración formal” (Martín & Justo, 2015, p. 17). En este sentido, la
gestión privatizada del agua se vuelve “una fuente de control y de ejerci-
cio de poder político y económico” que revela, reproduce y aumenta “las
asimetrías existentes entre sus usuarios” (Hatch Kuri & Costa Ribeiro,
2020, pp. 11-12). Por consiguiente, estas desigualdades políticas y eco-
nómicas entre los distintos actores tienen un fuerte impacto en conflic-
tividades en torno al acceso, la distribución y la apropiación del agua.
Un tercer tipo de conflictos relacionado con el agua tiene que ver con
afectaciones a la calidad de este recurso por distintos tipos de actividades
económicas. La literatura ha prestado especial atención a los efectos de
actividades industriales en la calidad del agua y los conflictos ambientales
que esto ha generado. Esta contaminación se puede presentar como una
acumulación gradual de residuos tóxicos en el recurso hídrico (Isch, 2011;
Perreault, 2012), o como resultado de un evento ‘extraordinario’, resultado
por ejemplo de un derrame de petróleo (Okamoto & Leifsen, 2012). Sin
embargo, también existen conflictos ambientales en torno a la calidad del
agua por las prácticas de actores que operan más allá de las actividades
legalmente reconocidas. En cuanto a la minería de oro, por ejemplo, el
uso de mercurio por parte de mineros que no cuentan con los permisos
estatales ha afectado fuertemente la calidad del agua. Estos actores que
extraen oro más allá de la legalidad incluyen mineros artesanales y en
pequeña escala legítimos en sus territorios, pero también grupos arma-
dos ilegales cuyas actividades extractivas tienen impactos ambientales
especialmente fuertes (García Arbeláez et al., 2017; Kaufmann, 2022;
Rubiano Galvis, 2020). El impacto del mercurio es particularmente grave
46
CONTENIDO
Tipología de conf lictos ambientales
en las comunidades que conviven con fuentes hídricas contaminadas, ya
que el mercurio se acumula en organismos acuáticos que suelen ser la
principal fuente de proteína para las comunidades ribereñas.
1.4.3. Conf lictos ambientales en torno al acceso a la tierra
Junto con la prevalencia de agendas desarrollistas basadas en la explo-
tación de los recursos naturales, Latinoamérica también se caracteriza
por ser la región más desigual en lo que concierne el acceso a la tierra
(Anseeuw & Baldinelli, 2020, p. 10). Esta situación aumenta la probabi-
lidad de conflictos ambientales de distribución ecológica (Pérez-Rincón
et al., 2019). Junto con las repercusiones de patrones de colonización
histórica, se constata “una creciente concentración corporativa de la
propiedad y el control en todo el sector agroalimentario, lo que influye
en la forma en que se utiliza la tierra. Además, el papel cada vez más
importante de los mercados y los agentes financieros hace que se considere
la tierra como una clase de activo y puede cambiar considerablemente la
forma en que se controla y se utiliza” (Anseeuw & Baldinelli, 2020,
p. 11). El control empresarial de la tierra se suele legitimar con discursos
que prometen la creación de ‘desarrollo’ por medio de proyectos agroin-
dustriales. Este acaparamiento de tierras4 también implica inversiones
(extranjeras) importantes que contribuirían a la economía nacional.
En los siguientes apartados damos cuenta de la conflictividad de este
mecanismo, por medio del caso de la expansión de la frontera de palma
de aceite en Colombia.
El aceite de palma se usa en una gran diversidad de productos ali-
menticios y cosméticos. Además, el bioetanol basado en aceite de palma
se ha convertido en una estrategia importante para mitigar los efectos
del cambio climático porque permite disminuir la dependencia de com-
bustibles fósiles (White & Dasgupta, 2010). Este panorama incentivó
al Gobierno colombiano a establecer marcos normativos favorables
para la implementación de las plantaciones, incluyendo subsidios a la
4
El acaparamiento de tierras se ha definido como “transacciones comerciales (trans-)
nacionales de tierras a gran escala” (Borras Jr. et al., 2011) que cambian fundamentalmente
el “poder de controlar tierra y otros recursos asociados como el agua para derivar beneficios
de este control” (Borras Jr. et al., 2012, p. 404).
47
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
exportación y la exención de impuestos a empresas palmeras (Thomson,
2011), y el requisito de que el diésel comercializado en Colombia debe
contener un porcentaje de biocombustible (Presidencia de la República,
2007, p. Art. 2). El control empresarial del acceso a la tierra y los recursos
asociados se suele representar como una respuesta a la “convergencia de
múltiples crisis” del mismo sistema capitalista (Borras Jr. et al., 2012,
pp. 404-405).
Colombia es el mayor productor de aceite de palma en Latinoamérica
y las 1,53 millones de toneladas métricas corresponden a un 2 % de la
producción mundial (N. McCarthy, 2020). El área sembrada con palma
vio un crecimiento vertiginoso en las últimas dos décadas, pasando de
150 400 ha en 1999 a 576 800 ha en el 2022 (Fedepalma, 2004, 2023).
Los que promueven este negocio, lo presentan como una estrategia
para diversificar y modernizar el sector agropecuario. En esta lógica,
las plantaciones de palma crearían oportunidades de empleo para las
poblaciones rurales, que ya no tendrían que rebuscar su vida mediante la
agricultura de subsistencia (Ballvé, 2020; véase también J. F. McCarthy
& Cramb, 2009).
El primer paso para implementar las plantaciones es establecer un
control sobre el acceso a la tierra. Este mecanismo implica típicamente
una combinación de narrativas desarrollistas y métodos coercitivos. La
implementación de las plantaciones y la comercialización de los pro-
ductos requiere la ‘legalización’ de la tenencia de la tierra. Los actores
involucrados han usado varias estrategias para obtener el reconocimiento
legal de su acceso a la tierra: han presionado a campesinos y campesinas
a vender sus tierras, han falsificado títulos de tierra y han cooptado a
entidades públicas para que les entreguen títulos (Grajales, 2020). Cabe
anotar que se han documentado varios casos donde este negocio ha sido
facilitado por el actuar de grupos paramilitares y su capital económico,
político y de violencia (Ballvé, 2020; Gómez et al., 2015; Verdad Abierta,
2017). En estos casos, la implementación de las plantaciones resultó de
una “convergencia de estrategias legales, coerción violenta y redes cri-
minales” (Grajales, 2015, p. 547). Estos mecanismos son importantes
porque no solo influyen en cómo se expande la frontera extractiva, sino
también en cómo las comunidades locales se organizan para reclamar el
respeto de sus derechos. En este sentido, el contexto específico influye
48
CONTENIDO
Tipología de conf lictos ambientales
sustancialmente en la generación y las características de los conflictos
ambientales.
La expansión de la palma de aceite en Colombia es un ejemplo de
conflictos ambientales que surgen cuando actores empresariales y comu-
nidades rurales compiten por el acceso a la tierra. En este sentido, las
plantaciones de la palma de aceite y otros monocultivos “están comple-
jizando e intensificando conflictos históricos por la tierra en Colombia,
mientras ponen en riesgo la producción alimentaria y la conservación
de la naturaleza” (Espinosa-Manrique & Cuvi, 2016, p. 95). Los con-
flictos ambientales han surgido, entre otras, porque las plantaciones de
palma de aceite limitan las posibilidades de las comunidades locales
de acceder la tierra. A esto se suman “problemas de acceso al agua para
el consumo y el riego de cultivos alimenticios; contaminación hídrica
por agrotóxicos y vertimiento de residuos; reducción de la disponibilidad
de alimentos y recursos pesqueros; rupturas del tejido social; pérdida de
autonomía alimentaria; y mayor dependencia de los mercados externos”
(Espinosa-Manrique & Cuvi, 2016, p. 86). Es importante resaltar que
estas pugnas también se articulan por medio de nociones divergentes
de desarrollo rural: de un lado, existen los intereses que relacionan
el desarrollo rural con altas inversiones y con la industrialización del
campo mediante el establecimiento de monocultivos. Del otro, estas
mismas iniciativas amenazan las culturas rurales, “así como […] sus
modos de reproducción social, soberanía territorial y derechos comu-
nitarios” (Espinosa-Manrique & Cuvi, 2016, p. 86). Esto contribuye a
conflictos ambientales y se han documentado varios casos en Montes de
María, el Magdalena Medio, el Urabá, los Llanos y la Orinoquía donde
la expansión palmera se ha traducido en el acaparamiento tanto de la
tierra como del agua por parte de actores empresariales (Ballvé, 2020;
Grajales, 2020; Ojeda et al., 2015).
Los conflictos ambientales que se han ido presentando ante la expan-
sión de la palma de aceite dan cuenta de la multiplicidad de impactos
locales que suelen generar proyectos económicos a gran escala, pero
también de las mismas contradicciones de agendas desarrollistas basadas
en la cosificación de la naturaleza. Estas contradicciones se visibilizan
cada vez más, ya que las comunidades rurales —ya sean campesinas, afros
o indígenas— han recibido importantes reconocimientos legales que se
49
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
han ido fortaleciendo para proteger su modo de vida de la incursión de
proyectos extractivos. Sin embargo, este reconocimiento se ve confron-
tado con intereses económicos de actores empresariales y estatales que
cosechan gran parte de los ingresos generados por la industrialización
de la agricultura.
1.4.4. Conf lictos ambientales en torno a esquemas de conservación
y al aprovechamiento ‘sostenible’ de recursos naturales
Latinoamérica se destaca por ser una de las regiones más biodiversas
del mundo, lo que ha transformado la protección y la conservación de la
biodiversidad en una prioridad. Las iniciativas de conservación que han
surgido al respecto, sin embargo, han contribuido a “nuevas tensiones,
nuevos conflictos y nuevos actores entrando en discursos ambientales”
(Eskjær & Horsbøl, 2023, p. 1). Estos conflictos en torno a la imple-
mentación de medidas de conservación surgen porque existen varias
concepciones de cómo se debería preservar el medio ambiente, cómo se
toman las decisiones al respeto, y cuáles son los costos ‘aceptables’ de
estas iniciativas de conservación (Warren et al., 2005). El establecimiento
de parques naturales da cuenta de esta complejidad, ya que en ciertos
casos la meta de preservar la biodiversidad ha significado la expulsión
de comunidades locales de estos espacios (Ybarra, 2018). Existe enton-
ces una multitud de valores que distintos actores les dan a los recursos
naturales, y esta es una dimensión fundamental para la tipología de los
conflictos ambientales.
Las conflictividades que emergen por distintas valoraciones de la
naturaleza y sus recursos se pueden entender mediante mecanismos para
controlar la caza y la comercialización de fauna silvestre. Para las comu-
nidades locales, “la carne de monte es consumida por los cazadores y sus
núcleos familiares con fines de subsistencia; por otra parte, su venta les
procura una fuente de ingresos complementarios para suplir otro tipo de
necesidades” (Sandrin et al., 2016, p. 1). Sin embargo, estas prácticas se
ven confrontadas con esfuerzos de conservación y protección de animales
silvestres por parte de entidades gubernamentales y organizaciones no
gubernamentales (ong). El choque de estas distintas valoraciones de la
fauna silvestre, en combinación con desigualdades sistémicas, contribuye
a la criminalización de prácticas de caza comunitaria. Lo que aporta a
50
CONTENIDO
Tipología de conf lictos ambientales
esta dinámica es el involucramiento de redes criminales que se lucran
de la comercialización ilegal de especies (Nellemann et al., 2016), acti-
vidades que se han usado para justificar la militarización de áreas de
conservación (Duffy et al., 2019).
Los conflictos ambientales en torno a la conservación se pueden
definir, entonces, como “situaciones que ocurren cuando dos o más partes
con firmes convicciones chocan por los objetivos de conservación y si se
considera que una parte hace valer sus intereses a costa de los intereses
de la otra parte” (Redpath et al., 2013, p. 100). Esto se articula en una
tensión entre los imperativos de conservación y mitigación de los efectos
del cambio climático y de la expansión de la lógica capitalista mediante
la creación de nuevos mercados ‘verdes’. Esta complejidad aumenta aún
más cuando comunidades que habitan territorios de interés para con-
servacionistas ven sus sustentos de vida amenazados por el propósito de
conservación. Asimismo, estas iniciativas arriesgan crear o reproducir
mecanismos de “exclusión, desposesión y marginalidad” de comunidades
locales (Camargo & Ojeda, 2017, p. 57). En este sentido, y a pesar de la
promesa de protección del entorno ecológico, estas iniciativas frecuen-
temente reproducen los mismos patrones problemáticos que también se
han observado en torno a proyectos extractivos y agroindustriales. A la
conflictividad en torno a la conservación se suma que las partes involucra-
das suelen darle valores específicos a los servicios del ecosistema (Lecu-
yer et al., 2022). Estas valoraciones divergentes se vuelven visibles, por
ejemplo, cuando se analiza la importancia sociocultural de un territorio
para las comunidades que lo habitan versus los ingresos económicos que
este territorio generaría si se conservara o se mercantilizara.
Un mecanismo que refleja este tipo de conflictos son los llamados
bonos de carbono, establecidos en el marco del programa redd+5. En
estos esquemas, actores empresariales financian la conservación de bos-
ques en otros países para así cumplir con sus metas de reducción de la
emisión de gases de efecto invernadero (UNCC, 2023). Para las comu-
nidades que habitan estos territorios, sin embargo, la valoración de los
5
redd+ es la sigla en inglés para el Programa de las Naciones Unidas para la reducción
de emisiones causadas por la deforestación y la degradación de los bosques además de la gestión
sostenible de los mismos y de la conservación y mejora de las reservas de carbono.
51
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
servicios del ecosistema no se puede reducir a su valor financiero, ya que
está íntimamente ligada a sus maneras específicas de relacionarse con el
territorio. Estas relaciones con el territorio son la base para el sustento
de sus vidas, sus culturas y sus actividades económicas (Halvorsen,
2019; López Sandoval et al., 2017). Mientras “los bosques generan una
nueva mercancía, las compensaciones de emisión, que son demandadas
por las industrias contaminantes”, entonces, las comunidades locales se
ven amenazadas por el acaparamiento del control por terceros que esto
implica (Vega Ruiz, 2020, p. 181). El establecimiento de medidas de
conservación sin la debida consulta de las comunidades que allí habitan
resulta en “la re-estructuración de reglas y autoridad sobre el acceso, el
uso y el manejo de los recursos, de las relaciones laborales asociadas, y
de las relaciones entre humanos y el medio ambiente” (Fairhead et al.,
2012, p. 237).
El caso del Sistema de Incentivos por Serviços Ambientais (sisa)
del estado de Acre en la Amazonía brasileña es un ejemplo interesante
para analizar las conflictividades y las oportunidades que emergen con
la mercantilización del carbono retenido en bosques intactos. El Sistema
de Incentivos genera ingresos importantes para el estado de Acre, ya que
le permite vender los créditos de carbono que se generan por la conser-
vación del bosque tropical. Estos ingresos se han usado para financiar
programas de redistribución. Establecido en el año 2010, los propósitos
de sisa incluyen la “retención de carbono, el mantenimiento de servicios
hídricos, la conservación de suelos, la conservación de la biodiversidad, y
la valoración de conocimiento tradicional” (Duchelle et al., 2014, p. 33).
Por ahora, la regulación del programa se ha enfocado en la retención
de carbono. El área del proyecto cubre la totalidad del estado de Acre
en la Amazonía brasileña, que se caracteriza por su alta biodiversidad y
riqueza hídrica (Duchelle et al., 2014, pp. 33-34). Este esquema se ha
implementado en un contexto en el cual el control sobre el acceso a la
tierra es complejo, ya que estos reclamos suelen ser “culturalmente espe-
cíficos, superpuestos y / o conflictivos” (Greenleaf, 2020, p. 292). Con el
propósito de contrarrestar los conflictos que suelen surgir en programas
de titulación de la tierra (véase, por ejemplo, Guerrero & Duarte, 2016;
Latorre, 2015), se optó por valorizar económicamente el trabajo de las
52
CONTENIDO
Tipología de conf lictos ambientales
comunidades locales protectoras del bosque y, por ende, de los bonos de
carbono que este genera.
Esto significa entonces que sisa ha creado una valoración de prác-
ticas económicas que se consideran propicias a la protección del bosque
(Greenleaf, 2020) y el discurso cambia de un crecimiento económico
mediante la explotación de recursos a la preservación de estos recursos
para suplir la demanda de un mercado de bonos de carbono. Críticos
del proyecto insisten, sin embargo, que sisa “ha sido impuesto al pueblo
de Acre, especialmente, a las comunidades indígenas, sin ningún tipo
de consulta” (Repam, 2019, p. 62). En esta concepción, el sistema de
protección que se estableció a través de sisa se considera un mecanismo
para “facilitar el acceso del capital a los territorios con el propósito de
continuar con el proceso de expoliación, mercantilización y financiari-
zación de la naturaleza y de los bienes comunes” (Repam, 2019, p. 68).
En este sentido, aunque innovador, la mercantilización del carbono y
de la labor de conservación sigue manteniendo a las comunidades en
una posición marginal a la hora de tomar decisiones. Los conflictos que
han ido emergiendo en torno a la conservación de áreas de importancia
ecológica dan cuenta, entonces, de las múltiples formas como se puede
justificar el acaparamiento del poder de decisión sobre el uso, el acceso,
el control y la preservación ‘adecuados’ de recursos naturales.
Conclusiones
Los ejemplos de conflictos ambientales expuestos en esta tipología dan
cuenta de la importancia de considerar el contexto específico donde se
desarrolla un conflicto ambiental, ya que las motivaciones de movilización
como los reclamos de las comunidades se ven fuertemente influidos por las
territorialidades específicas. En este sentido, en los conflictos ambientales
“convergen diversos actores y agendas de movilización como el ecologis-
mo, el respeto por la diversidad sociocultural de las comunidades étnicas,
las demandas por el derecho a participar y decidir de manera directa en la
planeación del desarrollo territorial local, entre otras” (Hincapié, 2020,
p. 78). Como se ha demostrado en esta sección, los conflictos ambienta-
les son apenas una dimensión de conflictos más amplios que se generan
por un sistema económico que se basa en, y reproduce, desigualdades
estructurales. La movilización para proteger el medio ambiente se debe
53
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
entender entonces como una respuesta localizada a los efectos de estas
desigualdades estructurales, económicas, culturales y de género.
Esta estrecha interacción entre la múltiples desigualdades y conflic-
tos ambientales también se ve reflejada en la normativa y jurisprudencia
en torno a la protección de la naturaleza y sus defensores y defensoras.
La normativa y la jurisprudencia descritas en esta tipología dan cuenta
de un dilema. De un lado, el sistema económico y desarrollista de los
países estudiados se basa en gran medida en la mercantilización de la
naturaleza, ya sea mediante la extracción o la conservación monetizada
de sus recursos. Del otro, se han ido fortaleciendo los marcos norma-
tivos que tienen por objetivo garantizar derechos fundamentales a un
ambiente sano, a la consulta previa y a la participación en la toma de
decisiones de comunidades locales. Esto significa que la normativa es un
recurso fundamental para la defensa del medio ambiente. Sin embargo,
el estudio de los conflictos ambientales también requiere considerar las
relaciones de poder entre los actores involucrados que se visibilizan por
un acceso inequitativo al sistema jurisprudencial y penal. En este sentido,
los conflictos ambientales son tan solo una manifestación de un debate
más amplio sobre el lugar que las comunidades históricas deberían ocupar
en las agendas económicas promovidas por instituciones estatales y sus
aliados empresariales.
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CONTENIDO
2
Patrones de violencia contra
personas defensoras del medio
ambiente en Latinoamérica
Christoph Josef Kaufmann*
Enrique Prieto-Ríos**
Introducción
América Latina y el Caribe es la región más afectada por los asesinatos de
defensores y defensoras del medio ambiente. Entre los años 2012 y 2021,
Global Witness registró el asesinato de 1733 personas defensoras del
medio ambiente. Los países con más asesinatos registrados fueron Brasil
(342 asesinatos), Colombia (322 asesinatos), Filipinas (270 asesinatos) y
México (154 asesinatos). En toda la región, se registró un total de 1177
asesinatos en este lapso (véase figura 2.1), lo que corresponde a un 68 %
de los casos registrados por esta ong (Global Witness, 2022, pp. 16-17).
Asimismo, más del 75 % de los doscientos asesinatos registrados por
* Geógrafo, MSc. en Geografías del Cambio Global, Universidad de Zúrich y Ph. D.
en Geografía Política de la misma universidad. Investigador principal del Centro de Inno-
vación de la Minería y el Ambiente de la Universidad del Rosario. [Link]@
[Link]
** Profesor asociado de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario,
Ph. D. en Derecho Internacional, Birkbeck University of London. MA en Derecho Inter-
nacional the London College uck, abogado de la Universidad del Rosario. [Link]@
[Link]
65
CONTENIDO
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Global Witness para el año 2021 tuvieron lugar en América Latina
(Global Witness, 2022, p. 10). Los tres países con los índices de asesina-
tos más elevados en el año 2021 fueron México con 54 casos, Colombia
con 33 y Brasil con 26 (Global Witness, 2022, p. 9). A esto se suma la
afectación particularmente alta de defensores y defensoras del ecosistema
amazónico, ya que “[e]n Brasil, Perú y Venezuela, el 78 % de los ataques
se produjeron en la Amazonía” (Global Witness, 2022, p. 9). Además,
se reportó una afectación especialmente alta de pueblos indígenas, “con
más del 40 % de todos los ataques fatales […] a pesar de que [los pueblos
indígenas] solo representan el 5 % de la población mundial” (Global
Witness, 2022, p. 11). Los datos de Global Witness arrojan, además, que
aproximadamente un 10 % de las personas asesinadas en el 2021 fueron
mujeres, y que la mayoría de ellas pertenecían a comunidades indígenas
350
300
250
200
150
100
50
0
Brasil
Colombia
México
Honduras
Guatemala
Nicaragua
Perú
Venezuela
Argentina
Chile
Panamá
Ecuador
Costa Rica
República Dominicana
Bolivia
Paraguay
Figura 2.1. Personas defensoras de la tierra y del medio ambiente
asesinadas en Latinoamérica y el Caribe, 2012-2021
Fuente: Datos de Global Witness (2022, p. 17).
66
CONTENIDO
Patrones de violencia contra personas defensoras del medio ambiente en Latinoamérica
(Global Witness, 2022). Los países con más feminicidios registrados en
torno a conflictos ambientales fueron Filipinas (19 asesinatos), Brasil
(7 asesinatos), Colombia (7 asesinatos) y México (6 asesinatos) (Tran &
Hanacek, 2022, p. 2).
Aunque en la mayoría de los casos (143 de 200 asesinatos) no se
pudieron confirmar los motivos detrás de los asesinatos, Global Witness
(2022) afirma que “[l]a tierra es un factor clave de los ataques contra
personas defensoras” (p. 9). Esto se explica por la importancia del control
sobre el acceso a la tierra para los actores que quieren impulsar proyectos
económicos de gran envergadura, pero también para las comunidades
locales que han construido sus sustentos de vida, cosmovisiones y tejido
social en estrecha relación con el territorio y la tierra. En este sentido,
la “violencia física directa da paso a formas indirectas de exterminación
por medio del debilitamiento de sustentos de vida territoriales, como
por ejemplo por la deforestación que causa inseguridad alimenticia, por
la contaminación que afecta la salud, o por desigualdades estructurales
que aumentan la vulnerabilidad, la violencia y consecuencias ecológicas”
de las personas y las comunidades que defienden sus territorios de pro-
yectos económicos de gran envergadura (Tran & Hanacek, 2022, p. 1).
Asimismo, los asesinatos son apenas la “punta del iceberg” de múltiples
formas de violencias, tanto directas como estructurales, jurídicas, cul-
turales y de género que afectan su labor (Butt et al., 2019, p. 742). Es
imprescindible, entonces, adoptar un “enfoque multidimensional” para
dar cuenta de las variadas formas de violencia que afectan la labor de
defensa ambiental (Navas et al., 2018).
Sobre la base de la revisión de la literatura de conflictos ambien-
tales en Latinoamérica y el mundo, podemos afirmar que estos suelen
emerger cuando varios grupos de actores con poder desigual disputan el
acceso y el control de recursos naturales, por distintos usos de estos, por
la distribución desigual de los beneficios y los pasivos de los proyectos
económicos, por visiones encontradas de cómo se debería aprovechar los
recursos naturales de un territorio específico, y por disputas sobre quiénes
deberían participar y de qué manera en la toma de decisiones en torno a la
agenda de desarrollo (véase también el capítulo 1, “Tipología de conflictos
ambientales”, en este libro). De igual manera, la caracterización de las
afectaciones de personas defensoras del medio ambiente también requiere
67
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
considerar los discursos que se movilizan para impulsar violentamente
proyectos económicos con altos impactos locales. Estos discursos son
importantes porque contribuyen y justifican “la profundización de una
lógica de desposesión” de las comunidades locales de sus sustentos de
vida (Svampa, 2019, p. 14).
Los actores que impulsan estos proyectos prometen típicamente la
generación de ‘desarrollo’ y ‘bienestar’ mediante la mercantilización de
la naturaleza. En esta lógica extractivista (Durante et al., 2021; Gudy-
nas, 2014), actores empresariales y estatales intentan “inculcar en las
personas una convicción moral” de que estos proyectos económicos son
el fundamento para el progreso y que oponerse a su implementación es
“moralmente falso” (Valladares & Boelens, 2019, p. 71). Esto indica que
las violencias contra las personas defensoras del medioambiente no surgen
por conflictos exclusivamente económicos, sino como parte integral de
la negociación sobre el uso ‘adecuado’ de los recursos, sobre los pasivos
socioambientales ‘aceptables’ de este uso, y sobre los derechos de parti-
cipación en la toma de decisiones en torno a las agendas de desarrollo en
un territorio determinado. A esto se suman las violencias interseccionales,
es decir, que una persona o comunidad sufre de violencias no solo por su
condición de defensa del medioambiente, sino también por la posición
marginal que ocupa dentro de las estructuras de poder (Carbado et al.,
2013; Crenshaw, 1991; Valentine, 2007).
A los discursos de desarrollo y progreso frecuentemente se suma un
discurso de ‘seguridad pública’ y, en casos de conflictos armados internos
y/o la presencia de grupos armados ilegales en espacios con potencial
extractivista, de ‘pacificación’ por medio de proyectos empresariales. Esto
se basa en la idea de un “principio de legalidad” y de funcionamiento
del estado de derecho donde los grupos armados ilegales y otras formas
de criminalidad organizada operan estrictamente por fuera del sistema
económico sancionado por el Estado (Sesay, 2021). En esta representa-
ción poderosa, la implementación de proyectos legalmente autorizados
se considera fundamental para quitarles ingresos financieros y control
territorial a grupos armados y para restablecer control estatal y empresa-
rial exclusivo sobre estos espacios (Bräuchler & Naucke, 2017; McNeish,
2017b). Esto también implica que, en ciertos casos, las personas defenso-
ras del medioambiente son estigmatizadas, criminalizadas y violentadas
68
CONTENIDO
Patrones de violencia contra personas defensoras del medio ambiente en Latinoamérica
porque se supone que actúan en concierto con grupos armados ilegales y
otras formas de criminalidad organizada. En este orden de ideas, ciertas
formas de violencia son consideradas ‘legítimas’ porque servirían para
la implementación de un control territorial exclusivo y excluyente que
contribuiría a la ‘paz’ y el ‘desarrollo’ de los territorios (Gutiérrez &
Ciro, 2022).
Metodológicamente, este documento se ha elaborado en conjunto con
la tipología de conflictos ambientales que se han presentado en Bolivia,
Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. Asimismo, la investigación
dio lugar al diligenciamiento de matrices que recopilan la información
para tres categorías: primero, normativa relevante con 115 fuentes;
segundo, jurisprudencia relacionada con conflictos ambientales con 108
fuentes; y, tercero, doctrina de conflictos ambientales con 135 fuentes1.
Uno de los resultados principales de este ejercicio es la observación
que los conflictos ambientales se dan por una combinación del contexto
específico y aspectos sistémicos que facilitan la vulneración sistemática de
los derechos fundamentales de las personas y comunidades que defienden
la naturaleza ante el actuar de actores empresariales, ilegales y estatales.
Estas dinámicas también tienen un impacto directo en las múltiples for-
mas de violencias que afectan la labor de los y las defensoras ambientales.
Asimismo, el propósito de este escrito consiste en consideraciones acerca
de cuatro tipos de violencia que, además de la violencia física anterior-
mente descrita, se presentan frecuentemente en conflictos ambientales:
primero, violencias estructurales; segundo, violencias jurídicas; tercero,
violencias culturales; y, cuarto, violencias de género.
2.1. Violencias estructurales
La violencia estructural se entiende como el resultado de “la distribución
desigual de poder y recursos” y se encuentra, entonces, “incorporada
en la estructura” política, económica, cultural e ideológica (Weigert,
2010, p. 126; véase también Galtung, 1969). Asimismo, violencia
estructural consiste en la “deficiencia evitable de necesidades humanas
1
Consideraciones metodológicas más detalladas se encuentran en el documento de
tipología de conflictos ambientales.
69
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
fundamentales” de grupos poblacionales específicos (Galtung, 1993, p.
106). Esto se debe a una “distribución desigual de precariedad que depen-
de de las normas dominantes respecto a cuáles vidas tienen derecho a ser
protegidas” (Butler, 2012, p. 148). La violencia estructural está entonces
íntimamente ligada a inequidades de poder porque se basa y reproduce la
marginalidad de ciertos grupos poblacionales. La violencia estructural se
ve, entonces, en distintos espacios, desde “los micro-espacios de la vida
cotidiana” (Ettlinger, 2007, p. 320), las instituciones estatales (Butler,
2009), hasta la economía global (Neilson, 2015). En lo que sigue, ana-
lizamos estos mecanismos al enfocarnos en las violencias estructurales
que afectan la labor de las personas defensoras del medioambiente en
Latinoamérica.
La violencia contra personas defensoras y la impunidad de los res-
ponsables (intelectuales) de estos flagelos están íntimamente ligados a un
acceso inequitativo al sistema de justicia y las relaciones de poder en los
contextos donde se producen, pero también a la falta de medios logísticos
y, en ciertos casos, de voluntad política. Le Billon y Lujala (2020, p. 6)
relacionan el alto índice de “anonimidad y/o impunidad” de agresores con
“el modus operandi de los asesinatos ([Link]. sicariatos), la participación o
complicidad y el encubrimiento por parte de las autoridades [estatales]
y élites locales de los asesinatos ([Link]. responsabilidad directa en los
asesinatos), la corrupción o presión al sistema de justicia ([Link]. coimas,
clientelismo), el temor a represalias contra posibles denunciantes, y la falta
de investigaciones ([Link]. la marginalidad social de los y las defensores, la
lejanía del lugar, medios limitados de la policía y la fiscalía)”. Asimismo,
se ha documentado un frecuente interés político y/o económico de actores
estatales de impulsar proyectos extractivos. Este interés se puede traducir
en apoyo legal y/o militar a actores empresariales para impulsar la imple-
mentación de estos proyectos y la desposesión de comunidades locales
de sus sustentos de vida (Ballvé, 2020; Vargas Reina, 2022). Esto indica
que las violencias directas contra personas defensoras del medioambiente
son una manifestación de sistemas políticos y económicos caracterizados
por la marginación de ciertas personas y sus sustentos de vida.
Junto con el desigual acceso a la justicia y protección estatal, las
relaciones de poder también influyen la decisión sobre qué marco legis-
lativo se implementa en cada caso. Esto es relevante porque conflictos
70
CONTENIDO
Patrones de violencia contra personas defensoras del medio ambiente en Latinoamérica
ambientales suelen desarrollarse en un contexto de “pluralismo jurídico”
(Reyntjens, 2016; von Benda-Beckmann et al., 2009) que se caracteriza
por “la fragmentación, imbricación y superposición de distintos órde-
nes normativos, entre ellos el derecho propio de los pueblos, el derecho
constitucional, el derecho civil, lex mercatoria y el derecho internacional
de los derechos humanos”. A esto se suma que, típicamente, los Estados
justifican la desposesión de las comunidades en torno a la implementación
de proyectos económicos a gran envergadura al afirmar “su soberanía
sobre los recursos […], otorgando concesiones sobre territorios y recursos”
a agentes empresariales (Sieder, 2022). La combinación de relaciones
inequitativas de poder y el uso de múltiples formas de violencias son
fundamentales en la negociación sobre qué tipo de control sobre recur-
sos naturales se reconoce legalmente. En este sentido, las violencias que
surgen en conflictos ambientales son una manifestación de una “com-
petición por autoridad [y] su consolidación, reconfiguración y erosión”
(Sikor & Lund, 2009, p. 3) que se desarrolla entre comunidades locales,
actores empresariales, instituciones estatales y, según el caso, grupos
armados ilegales.
En contextos de conflictos ambientales, la violencia estructural influ-
ye en las posibilidades de los distintos actores involucrados para hacer
valer y respetar sus reclamos ante instituciones estatales. A pesar de las
ventajas que suelen tener actores empresariales, también ha habido una
dinámica concurrente donde se han ido fortaleciendo y consolidando
normativas nacionales e internacionales para la protección del medio
ambiente y de sus defensores y defensoras, como bien lo indica el reciente
acuerdo de Escazú (Barrios Lino, 2020), la ratificación del convenio 169
de la oit sobre pueblos indígenas y la expansión de derechos diferenciales
a otras minorías étnicas (Hale, 2005; Le Billon & Middeldorp, 2021),
y la consagración del derecho a un ambiente sano en las constituciones
de los países de la región (Boyd, 2012). Estos importantes logros nor-
mativos les dan entonces más posibilidades a comunidades afectadas
por los efectos de proyectos económicos a usar mecanismos legales para
defender sus derechos. Por consiguiente, los conflictos ambientales no
solo se libran en los territorios afectados, pero también en las cortes. En
este sentido, los conflictos ambientales se suelen manifestar por medio
de una “combinación de legalidad y violencia” que pone “de manifiesto
71
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
las redes y solapamientos de actores estatales y privados” que facilitan la
vulneración sistémica de los derechos de las comunidades locales (Sie-
der, 2022). Esto significa que la violencia estructural influye de manera
determinante en el desarrollo y la posible resolución de los conflictos.
2.2. Violencias jurídicas
La implementación violenta de proyectos económicos a gran envergadura
no solo ha requerido de un capital considerable y una legislación favorable,
sino también de un discurso que se ha movilizado para justificarla. Este
discurso se adapta al contexto específico donde se pretende implemen-
tar un proyecto, desarrollándose típicamente alrededor de nociones de
‘desarrollo’, ‘progreso’ y ‘seguridad’ La promesa de generar un ‘bienestar’
por medio de los proyectos económicos a gran envergadura facilita la
deslegitimación, estigmatización y criminalización de personas defen-
soras del medioambiente:
La criminalización de la protesta social no solo consiste en la
penalización, a través de la judicialización de expresiones sociales
(como marchas, paros, huelgas, etc.) que se oponen a decisiones
estatales […] que violan derechos fundamentales, sino también,
en la represión de todo quien protesta, además de la mencionada
afectación del honor y la difamación de todo aquel que se muestra
disidente frente a las incorrectas decisiones gubernamentales.
(Barrios Lino, 2020, p. 120)
Lo anteriormente expuesto significa que los marcos normativos se han
vuelto cada vez más importantes en conflictos relacionados con recursos
naturales. Sin embargo, esta “ juridificación de conflictos socioambien-
tales” (Sieder et al., 2022) es un arma de doble fila. El litigio estratégico
de comunidades afectadas por proyectos extractivos se ha vuelto funda-
mental en la defensa de sus territorios. Al mismo tiempo, el acceso a la
justicia de comunidades históricamente marginadas se vuelve aún más
complejo con la frecuente práctica por parte de instituciones estatales de
“usar el derecho penal y legislación anti-terrorista para obstruir la movi-
lización social” y de “declarar un estado de emergencia para justificar la
detención de activistas” (Rasch, 2017, p. 134). Asimismo, la oposición
72
CONTENIDO
Patrones de violencia contra personas defensoras del medio ambiente en Latinoamérica
a proyectos económicos con altos impactos locales se suele difamar
como una oposición al ‘desarrollo’ y, por consiguiente, al bienestar de
la sociedad. La promesa de desarrollo contribuye entonces a la estabili-
zación de “inequidades existentes y al desigual acceso a la participación
o influencia política” (Fluri, 2022, p. 699) que son el fundamento de la
violencia estructural. A esto se suma la práctica recurrente de empresas
de usar acciones judiciales, penales y administrativas para impulsar sus
proyectos y así darle un tinte ‘legal’ a la desposesión de comunidades
locales (Gómez et al., 2015; Sieder, 2022).
Entender las violencias jurídicas en conflictos ambientales también
requiere analizar el papel de los marcos normativos como mecanismos de
exclusión. En contextos de conflictos socioambientales, esto se a rticula
por ejemplo, mediante la implementación de legislación que contri-
buye a mantener el statu quo, que se caracteriza por la concentración
del control sobre el acceso a los recursos naturales. A esto se añade la
“neoliberalización” de los marcos regulatorios y el subsiguiente empuje
hacia la implementación de proyectos extractivos industriales con capital
extranjero. El neoliberalismo se ha descrito como una “categoría resba-
ladiza, nebulosa y polémica” (Wacquant 2012, p. 68) porque el término
se utiliza “en una amplia variedad de formas en parte superpuestas y en
parte contradictorias” (Ferguson 2010, p. 166). El neoliberalismo es, en su
“sentido más estricto”, una “doctrina macroeconómica” que confía en el
“libre mercado” y en la iniciativa empresarial privada (Ferguson 2010,
p. 170). En este capítulo, entendemos el neoliberalismo con Wacquant
(2012, p. 72) como un proyecto fundamentalmente político que “desea
reformar y reorientar el Estado para fomentar y reforzar activamente el
mercado como creación política en curso”.
Las promesas del “libre mercado” y sus beneficios orientan, por tan-
to, la política estatal, y esto también influye en la renegociación de las
prácticas extractivas ‘legítimas’ y, por ende, en la violencia que tienen que
afrontar los y las defensoras de la naturaleza. Este mecanismo, a su vez, da
forma a las relaciones entre el Estado y los ciudadanos, ya que crea nuevas
formas de exclusión para aquellos sustentos de vida que se consideran
“improductivos” o un “obstáculo” para el funcionamiento de un mercado
“libre” idealizado, pero que nunca llega a existir (Ferguson, 2010). Ello
contribuye a la criminalización de ‘otras’ formas de relacionarse con los
73
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
recursos naturales, ya sea la agricultura campesina de subsistencia o las
cosmovisiones indígenas, donde los recursos naturales ocupan un lugar
primordial. Asimismo, el ideal de la mercantilización neoliberal de la
naturaleza es otra dimensión de los discursos que se han usado para
legitimar la violación sistemática de los derechos fundamentales de las
personas y las comunidades que se oponen a estos proyectos económicos.
Las reformas regulatorias neoliberales han sido acompañadas por
un esfuerzo de controlar el acceso a los recursos naturales mediante una
estrategia de formalizar los derechos a la tierra y al subsuelo (Latorre,
2015; Meagher, 2021; Siegel & Veiga, 2009), aportando así a una reduc-
ción cada vez mayor de la legitimidad a la legalidad. Esto es problemático
porque invisibiliza que no todos los actores tienen el mismo acceso al
reconocimiento legal de sus prácticas de acceso a los recursos naturales.
Invisibilizando estas dinámicas, las medidas de formalizar el acceso a
recursos se suelen legitimar con un discurso de incorporación de comu-
nidades históricamente marginadas, para así crear desarrollo, bienestar
social y paz 2 . Sin embargo, los mecanismos de formalización sostienen
inequidades porque son las instituciones estatales las que codifican
cuáles son las condiciones que hay que cumplir para ingresar al sistema
oficial. Esto implica que ‘otras’ formas de relacionarse con el espacio y
sus recursos quedan por fuera del reconocimiento estatal (Kaufmann &
Côte, 2021). Esta es una dimensión importante de la violencia jurídica
que también afecta profundamente la labor de defensa ambiental. La
reducción de la legitimidad a la legalidad conduce a un ciclo vicioso
en el cual las comunidades locales no tienen derecho a participar en la
negociación de las condiciones de su inclusión, manteniéndose así su
2
En su influyente obra The mystery of capital: why capitalism triumphs in the West and
fails everywhere else, publicada en el 2000, Hernando de Soto establece un vínculo causal
entre el establecimiento de derechos de propiedad y la prosperidad económica. Según de
Soto (2000, p. 19), “[l]os pobres […] tienen cosas, pero carecen del proceso para representar
su propiedad y crear capital. Tienen casas, pero no títulos; cosechas, pero no escrituras;
negocios, pero no estatutos de constitución. Es la indisponibilidad de estas representacio-
nes esenciales lo que explica por qué [ellos] […] no han sido capaces de producir suficiente
capital para hacer funcionar su capitalismo doméstico”. Este enfoque percibe la formalidad
entonces como la “columna vertebral del desarrollo económico” (Siegel y Veiga, 2009, p. 53)
y el principio fundamental de un sistema capitalista ‘exitoso’.
74
CONTENIDO
Patrones de violencia contra personas defensoras del medio ambiente en Latinoamérica
posición marginal, y donde el fracaso de las políticas de titulación se
instrumentaliza para legitimar la criminalización de sustentos de vida
que no acatan estos marcos normativos (Benites, 2022; Gutiérrez Sanín
& García Reyes, 2016). La invocación de marcos legales para legitimar
la criminalización de sustentos de vida y de activismo ambiental es
entonces una operacionalización de la “violencia sistémica de la ley”
(Prieto-Ríos, 2021) que se basa y reproduce la marginación histórica de
las comunidades rurales.
2.3. Violencias culturales
La violencia cultural se ha definido como “aquellos aspectos de la cultura,
el ámbito simbólico de nuestra existencia (materializado en religión e
ideología, lengua y arte, ciencias empíricas y ciencias formales —lógica,
matemáticas—), que puede utilizarse para justificar o legitimar violencia
directa o estructural” (Galtung, 2003, p. 7). Esta imposición de “valores
y sistemas de creencias que excluyen o violan la integridad física, moral
o cultural de ciertos grupos sociales al devaluar sus propios valores y
sistemas de creencias” se fundamenta en discursos e imaginarios especí-
ficos (I. Rodríguez & Inturias, 2018, p. 96). En el contexto de conflictos
ambientales, estos discursos incluyen nociones de ‘progreso’ y ‘desarrollo’
que se basan en la extracción y mercantilización de la naturaleza. Esta
apropiación de recursos naturales para crear ‘desarrollo’ se considera
violencia cultural cuando se articula “tanto a través de un asalto espiritual
como de un acto bruto de expropiación física” de las formas consuetudi-
narias de habitar el territorio de las poblaciones locales (Castree, 2004,
p. 161, cit. en Jackman et al., 2020, p. 8). En los conflictos ambientales,
la violencia cultural surge cuando un marco de interpretación del uso
‘adecuado’ de un territorio y sus recursos se impone sobre otras interpreta-
ciones. En contextos de conflictos ambientales, el imaginario extractivista
de la creación de desarrollo y bienestar mediante la mercantilización de
la naturaleza es de particular importancia. En este sentido, el “estudio
de la violencia cultural pone de relieve la forma en que se legitiman el
acto de violencia directa y el hecho de la violencia estructural y, por lo
tanto, resultan aceptables a la sociedad” (Galtung, 2003, p. 8). Existe
entonces una “relación circular” entre violencia cultural y estructural, en
75
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
la cual la “violencia cultural legitima violencia estructural” y la “violencia
estructural refuerza la cultura” (Fitzpatrick, 2021, p. 13).
Una forma específica de violencia cultural que es recurrente en los
conflictos ambientales en América Latina es la violencia hacia comuni-
dades indígenas y sus maneras ancestrales de habitar y relacionarse con el
mundo. Además de la violencia directa, las comunidades étnicas también
tienen que enfrentar impactos como “la pérdida de sus sustentos de vida
y la desposesión de la tierra, contaminación ambiental, amenazas a sus
sistemas de conocimiento, violencias raciales y de género, e intimidacio-
nes” en torno a la implementación violenta de proyectos económicos de
gran envergadura (Scheidel et al., 2023, p. 1). Asimismo, Global Wit-
ness (2022, p. 11) señala que “más del 40 % de todos los ataques fatales
[fueron] dirigidos a pueblos indígenas, a pesar de que solo representan el
5 % de la población mundial”. Los países particularmente afectados por
este flagelo son México, Colombia, Nicaragua, Perú y Filipinas (Glo-
bal Witness, 2022, p. 11). La desproporcionada afectación de pueblos
indígenas en conflictos ambientales también lo arroja el Atlas de Justicia
Ambiental, en el cual aproximadamente un tercio de los conflictos repor-
tados impacta a los pueblos indígenas (Scheidel et al., 2023, p. 2). Los
tres sectores que más contribuyen a conflictos en territorios indígenas a
escala mundial son el sector minero, con un 24,7 %, el sector de energías
fósiles con un 20,8 % y el sector agropecuario, forestal y pesquero con
un 17,5 % (Scheidel et al., 2023, p. 4). Estudios recientes revelan además
que estas afectaciones se siguen perpetuando en torno a la ‘ecologiza-
ción’ de la economía, ya sea por proyectos relacionados con la transición
energética (Owen et al., 2022) o la monetización de la conservación de
bosques (Greenleaf, 2020; Vega Ruiz, 2020). Con una combinación
de discursos de desarrollo e integración de estos espacios al proyecto
nación, la expansión de las fronteras capitalistas suplanta con violencia
los derechos constitucionalmente consagrados de los pueblos étnicos.
En este sentido, la implementación de estos proyectos frecuentemente se
puede interpretar como una manifestación de violencia cultural porque
consiste en un “proceso de despojo material y simbólico de los pueblos
indígenas” (Morales Hernadez, 2015, p. 699).
A escala internacional, la figura del consentimiento libre, previo
e informado (free prior informed consent o fpic) se ha ido consolidando
76
CONTENIDO
Patrones de violencia contra personas defensoras del medio ambiente en Latinoamérica
desde la década de 1980. A finales de dicho periodo, la Organización
Internacional de Trabajo (oit) negoció el Convenio 1969 “sobre pue-
blos indígenas y tribales”. Este convenio reconoce, por ejemplo, que
los “pueblos interesados deberán tener el derecho de decidir sus propias
prioridades en lo que atañe al proceso de desarrollo, en la medida en que
éste afecte a sus vidas, creencias, instituciones y bienestar espiritual y a
las tierras que ocupan o utilizan de alguna manera, y de controlar, en la
medida de lo posible, su propio desarrollo económico, social y cultural.
Además, dichos pueblos deberán participar en la formulación, aplicación
y evaluación de los planes y programas de desarrollo nacional y regional
susceptibles de afectarles directamente” (C169–Convenio sobre pue-
blos indígenas y tribales, 1989, p. Art. 7, apartado 1). Asimismo, para
garantizar este derecho, el Convenio 169 establece que “[l]os gobiernos
deberán velar por que, siempre que haya lugar, se efectúen estudios en
cooperación con los pueblos interesados, a fin de evaluar la incidencia
social, espiritual y cultural y sobre el medio ambiente que las actividades
de desarrollo previstas puedan tener sobre esos pueblos. Los resultados
de estos estudios deberán ser considerados como criterios fundamentales
para la ejecución de las actividades mencionadas” (C169–Convenio sobre
pueblos indígenas y tribales, 1989, p. Art. 7, apartado 3). En el cuarto
apartado de este mismo artículo, también se menciona la responsabilidad
de los actores involucrados de proteger el medio ambiente.
Este derecho al consentimiento libre, previo e informado también es
una dimensión importante de considera la Organización para la Coope-
ración y el Desarrollo Económicos (ocde) una “participación significa-
tiva” de los pueblos indígenas en la toma de decisiones sobre proyectos
económicos capitalistas en sus territorios. El anexo B de la Guía de la
ocde de debida diligencia en el sector extractivo señala que “determi-
nadas características de los pueblos indígenas requerirán de una especial
consideración, como: sus instituciones y prácticas de gobernanza y un
eventual derecho a la autodeterminación relacionado con estas; su rela-
ción con la tierra; su patrimonio espiritual y cultural; la discriminación
histórica que hayan sufrido; su posición única y en ocasiones vulnerable
en la sociedad; su reconocimiento conforme al derecho internacional;
y, a veces, su estatus jurídico especial de acuerdo con la legislación y la
política nacionales” (OCDE, 2018, p. 108). El conjunto de estas normas
77
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
y recomendaciones internacionales demuestra el reconocimiento de los
derechos diferenciales de pueblos indígenas y otras minorías étnicas, y
este reconocimiento también ha ido entrando en legislaciones y jurispru-
dencias nacionales. En Latinoamérica, varios países reconocieron cons-
titucionalmente derechos diferenciales a minorías étnicas. Sobre la base
de las provisiones del Convenio C-169 de la OIT (C169–Convenio sobre
pueblos indígenas y tribales, 1989), se destacan derechos a autonomías
territoriales mediante títulos colectivos y el derecho al consentimiento
libre, previo e informado.
El giro hacia el multiculturalismo en América Latina ha “reforzado
los derechos territoriales y a la tierra de indígenas y afrodescendientes
en los últimos 20 años, [pero] las mismas diferencias se emplean como
justificación para su desplazamiento” (Mollett, 2016, pp. 413-414). Esto
porque que las reivindicaciones territoriales étnicas conciernen “en gran
medida los mismos espacios representados en los imaginarios estata-
les y de las élites como ‘vacíos’, ‘deshabitados’ o simplemente lugares
donde la naturaleza ha sido descuidada por prácticas de uso de la tierra
‘inadecuadas’ (léase: nativas)”. Este mecanismo es sobre todo frecuente
en espacios que albergan potencial para la implementación de proyectos
económicos de gran envergadura (Porto-Gonçalves, 2010, pp. 171-172).
Estos proyectos suelen tener prioridad sobre los derechos de las minorías
étnicas porque se consideran más ‘beneficiosos’ para crear ‘desarrollo’
y ‘progreso’ que sirva a la nación. Asimismo, “el dilema de fondo que
complica la aplicación del consentimiento reside en el carácter soberano
del Estado en el manejo de los recursos naturales” (Alayza, 2009, p. 178),
donde se debaten violentamente las condiciones para la participación
de las comunidades étnicas en la toma de decisiones. Por consiguiente,
emergen conflictos entre los mecanismos de autodeterminación indígena
y los intereses desarrollistas del Estado (Sieder, 2022).
Por lo tanto, existe una brecha entre los derechos constituciona-
les de las comunidades étnicas a gobernar sus tierras ancestrales y las
posibilidades reales de hacerlo cuando estos territorios son de interés
para proyectos de ‘desarrollo’. Esta brecha se manifiesta por la falta de
“mecanismos diferenciados o culturalmente apropiados que les permitan
ejercer estos derechos” (Echavarría, 2014, p. 21). Sin embargo, la brecha
entre los derechos étnicos y la primicia del “imperativo extractivo” para la
78
CONTENIDO
Patrones de violencia contra personas defensoras del medio ambiente en Latinoamérica
creación de desarrollo (Arsel et al., 2016) también plantea la pregunta de
cómo se relacionan los pueblos étnicos con las entidades estatales y con
las nociones de ‘progreso’. Esto es relevante porque para ser considerados
‘indígenas’ o ‘afros’ con derechos a reconocimiento diferencial, las comu-
nidades deben cumplir con la codificación estatal de ‘indígena’ o ‘afro’
(Cárdenas, 2012). Esta codificación suele ser esencialista y atemporal, lo
que contribuye a mantener a pueblos étnicos en una posición marginal en
relación con el sistema estatal. La codificación esencialista de lo ‘indígena’
o ‘afro’ les niega una agencia a los pueblos étnicos en la construcción
del reconocimiento de su identidad más allá de la codificación estatal.
De la misma manera, el reconocimiento de los derechos diferenciales
a minorías étnicas ha conducido a una “regulación burocratizada de la
identidad” (Vélez-Torres, 2014, p. 71) que se ha utilizado como “parte
de la estrategia estatal para extender sus instituciones, normas, prácticas
jurídicas y autoridad a espacios hasta ahora fuera de su control” (Oslender,
2019, p. 1696). Este choque entre el reconocimiento de las autonomías
indígenas y la expansión del sistema extractivo capitalista en territorios
étnicos se combina más ampliamente con una deuda histórica estatal con
los pueblos indígenas y la población rural.
Los conflictos ambientales en los territorios étnicos y las violencias
asociadas están entonces íntimamente ligados a las contradicciones que
han ido emergiendo entre el reconocimiento de la autodeterminación de
los pueblos étnicos y la supremacía de los discursos y las prácticas extrac-
tivistas. Las violencias múltiples en los territorios étnicos son un ejemplo
de que las violencias estructurales y culturales sirven para legitimar la
expansión violenta del sistema extractivista que afecta profundamente
la labor de personas defensoras del ambiente, pero también las formas
ancestrales de relacionarse con el territorio. Esto implica que la respuesta
a “cómo se relacionan estos mundos diferentes que se pisan los unos a
los otros” (Oslender, 2019, p. 1694) en territorios étnicos con potencial
extractivista suele darse mediante múltiples violencias que se basan,
reproducen y aumentan la vulnerabilidad de los pueblos indígenas. Los
marcos legales que pretenden contribuir a la “protección” de las comu-
nidades étnicas de la incursión de los proyectos económicos, mediante el
reconocimiento de los derechos étnicos diferenciales, en gran medida se
siguen enfocando en las lógicas extractivistas preeminentes (Le Billon &
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Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Middeldorp, 2021). A pesar de ello, esta legislación es importante porque
les da más posibilidades a las comunidades marginadas de reclamar el
respeto de sus derechos diferenciales y, por consiguiente, de defender
sus territorios de la incursión de proyectos extractivos.
2.4. Violencias de género
El género ha sido definido como una construcción sociocultural, política
y económica que otorga funciones específicas a hombres y mujeres. Estas
funciones cambian según el contexto y son “inseparables de relaciones
de poder” (Fröhlich & Gioli, 2015, p. 137). La violencia de género en
contextos de conflictos ambientales ocurre porque las mujeres defensoras
ambientales luchan simultáneamente contra los múltiples impactos de
proyectos económicos de gran envergadura y contra la misoginia. Como
bien lo anotan Natalia Acevedo-Castillo et al. (2020, p. 68):
Las defensoras ambientales —a menudo mujeres pertenecientes
a pueblos originarios, residentes en áreas rurales— enfrentan un
tipo muy específico de persecución, que va desde la judicialización
o criminalización de su activismo, pasando por su estigmatización
como “brujas”, “enemigas del desarrollo” y ataques constitutivos
de violencia sexual experimentados tanto dentro como fuera de
sus comunidades hasta las formas más sutiles de hostigamiento
por parte de múltiples agentes.
Las múltiples violencias de género están entonces íntimamente liga-
das a “sistemas culturales violentos” (Tran, 2021a, p. 130) que se basan
y reproducen “patrones sistemáticos de violencia que afectan a mujeres
defensoras” (Tran & Hanacek, 2022, p. 1). La violencia de género está
“incorporado en sistemas socio-económicos más amplios” (Thompson,
2016, p. 1290), por lo que es fundamental considerar “la posición espe-
cífica [de la persona defensora] en las estructuras que distribuyen el
acceso a recursos, ingresos y el poder de decisión” (Fröhlich & Gioli,
2015, p. 137).
Se puede afirmar que la “violencia de género arraigada en la miso-
ginia y las normas de género discriminatorias se utiliza de manera des-
proporcionada contra las defensoras de derechos humanos y ambientales
80
CONTENIDO
Patrones de violencia contra personas defensoras del medio ambiente en Latinoamérica
para controlarlas y silenciarlas, y suprimir su poder y autoridad como
lideresas” (Global Witness, 2022, p. 11). Cabe anotar, sin embargo, que
existen pocos datos que analicen las dimensiones de género en conflictos
ambientales. Esto se ha explicado por el silenciamiento sistémico y siste-
mático de las voces de mujeres, además de los esfuerzos por parte de las
instituciones estatales y empresariales de encubrir los efectos violentos
de los conflictos ambientales (Tran et al., 2020). Esta observación misma
ya da cuenta de la marginación de las mujeres defensoras de derechos
humanos y ambientales. En los siguientes apartados se dará cuenta de
cuatro dimensiones de violencias de género relacionadas con conflictos
ambientales: primero, la violencia sexual; segundo, la deslegitimación de
la labor de mujeres en la defensa ambiental; tercero, la posición marginada
de las mujeres en la toma de decisiones y el acceso a recursos naturales;
y, cuarto, la dimensión de género en la afectación por contaminación.
Una primera dimensión de la violencia de género es que las mujeres
que ocupan cargos estratégicos en la defensa ambiental a menudo se
vuelven “el blanco principal y particularmente vulnerables a violencia,
prejuicio, exclusión y repudio, además de la violencia sexual” (Rodrigues
et al., 2022, p. 440). Como bien lo señala Global Witness (2021, p. 30),
las campañas de difamación de mujeres activistas “a menudo se centran
en sus vidas privadas, con contenido sexista o sexual explícito. La vio-
lencia sexual, gran parte de la cual no se denuncia, también se utiliza
como táctica para silenciar a las defensoras. Las mujeres que obtienen
puestos de liderazgo a menudo son estigmatizadas por oponerse a los
roles tradicionales de género”. A esto se suma que las actividades que
frecuentemente generan conflictos ambientales se han caracterizado
por una “cultura altamente masculinizada” (Perks & Schulz, 2020, p.
385). Esto significa que la violencia de género suele ser particularmente
alta en espacios extractivos, ya sea por violencia doméstica, violaciones
o prostitución. Además, puede existir un enlace entre las altas tasas de
violencia de género con problemas de seguridad pública. Ello demuestra
claramente que la violencia de género en conflictos ambientales se ha de
entender como una repercusión de violencias estructurales que se basan
y reproducen la marginalidad de las mujeres.
Otro aspecto de la violencia de género en conflictos ambientales
tiene que ver con la forma en la cual el trabajo y el liderazgo de la mujer
81
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
son deslegitimados. Asimismo, las mujeres suelen ser excluidas de la
toma de decisiones en torno a agendas de desarrollo que afectan sus
territorios (Tran, 2021b). Esta exclusión se explica, por un lado, por las
“responsabilidades reproductivas y sociales” de las mujeres, lo que hace
más compleja su participación en movilizaciones de defensa territorial
(Tran et al., 2020, p. 1191). En esta concepción esencialista, el actuar
de las mujeres se confina al hogar, a la familia y al cuidado, lo que las
excluye del activismo político (Fröhlich & Gioli, 2015). Esto significa
que “las mujeres suelen enfrentar un doble desafío: la lucha pública para
proteger su tierra, agua y nuestro planeta, y la lucha, a menudo invisible,
para defender su derecho a manifestarse dentro de sus comunidades y
familias” (Global Witness, 2021, p. 13). Esto implica que los mismos
roles de género socialmente construidos contribuyen significativamente
a la marginalidad de las mujeres en la toma de decisiones. A esto se
suma que los ingresos de la mercantilización de la naturaleza se suelen
distribuir de manera inequitativa (Helbert, 2021), lo que contribuye a la
marginación de las mujeres en la toma de decisiones.
Por otro lado, la “tenencia de recursos y el tipo de tenencia suele
reflejar relaciones de poder influenciados por el género” (Rocheleau et al.,
1996, p. 12). Es común en tal sentido que los títulos legalmente sancio-
nados se otorguen a los hombres, mientras que las mujeres suelen acceder
a los recursos de manera informal. Esto influye en las posibilidades de
participar en la toma de decisiones, ya que los actores empresariales y
estatales prefieren negociar con los dueños de títulos de tierras y no con
las personas que acceden a recursos naturales más allá de lo legalmente
reconocido. A esto se añade que los sustentos de vida informales, y por
ende sin reconocimiento estatal, suelen verse particularmente afecta-
dos en contextos en los que se disputa el acceso a recursos naturales
(Meagher, 2021). Las mujeres se ven entonces perjudicadas por tres
aspectos interrelacionados: primero, por su posición marginal en la toma
de decisiones; segundo, por la distribución inequitativa de los ingresos de
proyectos económicos; y, tercero, por sus formas precarias de acceder a
los recursos naturales.
Otro aspecto que contribuye a la violencia de género es que las muje-
res se ven “desproporcionadamente afectadas por los impactos ambienta-
les” de la extracción de recursos naturales. Esto se explica, en parte, por
82
CONTENIDO
Patrones de violencia contra personas defensoras del medio ambiente en Latinoamérica
sus “roles y responsabilidades relacionados con el género, incluyendo la
producción de comida y el trabajo del cuidado” (Boudewijn, 2022, p. 2).
Un ejemplo de estas afectaciones se documentó en el territorio wayúu en
el norte de Colombia, donde se encuentra el complejo de extracción de
carbón más grande del continente. Uno de los impactos de este complejo
minero es que cambió sustancialmente el acceso y la calidad del agua de
las comunidades locales. Esto significa que las mujeres, quienes utilizan
el agua para las tareas del hogar, del cuidado y los rituales espirituales,
ahora “tienen que viajar distancias más largas para conseguir nuevas fuen-
tes de agua” (Ulloa, 2020, p. 10). Los impactos negativos de proyectos
extractivos también tienen que ver con las repercusiones específicas de
la contaminación ambiental en las tareas de reproducción social de las
mujeres. Como bien lo anota Boudewijn para el caso de espacios mine-
ros en el Perú (2022, 3), “las mujeres a menudo son responsables para el
cuidado de los familiares cuya salud se ha deteriorado por la minería” y
otras actividades donde se usan químicos tóxicos.
Lo que aumenta aún más los impactos de los químicos tóxicos en
las mujeres es que a menudo se ven expuestas “a niveles de toxina más
elevados por sus responsabilidades e interacciones con agua y productos
agrícolas” contaminados (Boudewijn, 2022, p. 3). Esto se ve, por ejem-
plo, en comunidades que conviven con ríos altamente contaminados con
mercurio, una sustancia que se usa principalmente en la producción de
oro a pequeña escala (J. M. Álvarez, 2014; véase también Lahiri-Dutt
et al., 2021; UNEP, 2019), y en comunidades que se encuentran en
proximidad de la industria petrolera. Varios estudios sobre los impactos
de la extracción de petróleo en Ecuador revelaron, por ejemplo, que la
probabilidad de un aborto espontáneo es 2,34 veces mayor, aun cuando
se limita el uso de agua contaminada (Helbert, 2021, p. 30). A esto se
suma que los tóxicos se pueden filtrar a través de la barrera placentaria y
la leche materna, afectando asimismo la salud de los y las niñas (Helbert,
2021; Molina et al., 2017). La exposición a sustancias tóxicas tiene una
dimensión de género porque afecta a las mujeres de manera específica:
de un lado, tienen que lidiar con los efectos de estas sustancias en sus
propios cuerpos; del otro, tienen que lidiar con los efectos que las sus-
tancias tóxicas tienen en el trabajo de cuidado que se sigue delegando
en gran medida a las mujeres.
83
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Conclusiones
Las personas defensoras del medio ambiente se ven afectadas por una
multitud de violencias. Asimismo, las violencias contra defensores y
defensoras “responden a lógicas de abusos de poder y pueden adoptar
diversas formas, las cuales van desde sutiles formas de precarización de su
vida mediante insultos, actos de apartheid en la vida cotidiana, el fomento
de rumores hasta amenazas personales o contra miembros de su familia;
desde campañas de difamación hasta acciones aún más graves como las de
inteligencia ofensiva, amenazas de muerte, agresiones físicas y sexuales,
secuestros, acoso judicial, asesinatos u otras formas de hostigamientos e
intimidación policial” (Acevedo-Castillo et al., 2020, p. 71).
En este escrito hemos adoptado un enfoque multidimensional para
dar cuenta de cinco formas de violencia que son particularmente frecuen-
tes en conflictos ambientales. Primero, la violencia física, cuya mani-
festación más extrema es el asesinato de personas defensoras del medio
ambiente y de los derechos humanos. Segundo, violencias estructurales
que se basan y reproducen la posición marginal de grupos específicos
en relación con el sistema estatal. Tercero, violencias jurídicas donde se
usa la normativa estatal para violentar los derechos fundamentales de las
comunidades afectadas por proyectos con altos impactos locales, lo cual
facilita su criminalización y deslegitimación. Cuarto, violencias culturales
donde proyectos de gran envergadura se vuelven un eje fundamental en la
vulneración de los derechos constitucionalmente reconocidos de comuni-
dades étnicas. Y, quinto, violencias de género que se basan, reproducen y
aumentan la vulnerabilidad de mujeres en torno a los múltiples impactos
de proyectos económicos de gran envergadura.
Asimismo, las violencias que afectan la labor de los y las defensoras
ambientales dan cuenta de “diferentes modalidades de dominación” que
se articulan por medio de categorías específicas de diferencia (Viveros
Vigoya, 2016, p. 3). A modo de conclusión, cabe anotar que la manifes-
tación de violencias en conflictos ambientales se ve fuertemente influida
por la posición específica del o la defensora ambiental en relación con
los actores involucrados en el conflicto, con el sistema estatal, y con la
misma comunidad donde se desarrolla el conflicto. Asimismo, es pri-
mordial adoptar un enfoque multidimensional e interseccional de la
84
CONTENIDO
Patrones de violencia contra personas defensoras del medio ambiente en Latinoamérica
violencia que permita abordar la transversalidad y la particularidad de
las manifestaciones de violencia.
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CONTENIDO
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A categoria de defensores e defensoras
de direitos humanos ambientais e a defesa
da terra e do território: o que diz a Corte
Interamericana de Direitos Humanos? *
Sílvia Maria da Silveira Loureiro**
Isabella Benchaya da Silva***
Mônica Beatriz Rodrigues Braga****
Introdução
Em junho de 2022, noticiou-se o desaparecimento, e posteriormente
assassinato, do indigenista Bruno Pereira e do jornalista britânico Dom
Phillips. As vítimas atuavam em prol da defesa dos direitos das comuni-
dades indígenas do Vale do Javari (Amazonas–Brasil) por suas terras e a
preservação do meio ambiente, ao denunciar e fazer cobertura jornalística
de atividades ilegais dentro das terras–como pesca e caça ilegais. O caso
* La categoría de defensores y defensoras de los derechos humanos ambientales y
la defensa de la tierra y del territorio: ¿Que dice la Corte Interamericana de Derechos
Humanos?
** Doutora em Direito pela Pontifícia Universidade Católica do Rio de Janeiro–PUC-
Rio, Coordenadora da Clínica de Direitos Humanos e Direito Ambiental da Universidade
do Estado do Amazonas.
*** Graduanda em direito no 7° período pela Universidade do Estado do Amazonas,
participante da Clínica de Direitos Humanos e Direito Ambiental da Universidade do
Estado do Amazonas.
**** Graduanda em direito no 7° período pela Universidade do Estado do Amazonas.
93
CONTENIDO
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
tomou grandes proporções na mídia, seja pela brutalidade com a qual o
crime foi cometido, seja pelo momento político da época, marcado pelo
negacionismo e desprezo quanto às questões ambientais e indígenas.
Dessa forma, o caso trouxe à tona, mais uma vez, a insegurança
que defensores e defensoras de direitos humanos enfrentam durante seu
trabalho. Ademais, o destaque é para os defensores de direitos humanos
ambientais que, além de visarem a promoção dos direitos civis, políticos,
socioeconômicos e culturais, objetivam a garantia de um meio ambiente
saudável e equilibrado. Por isso, muitos defensores ambientais são lide-
ranças de povos indígenas e comunidades tradicionais que, na defesa
pelo direito de viver em seu próprio território exercendo seu modo de
vida distinto–com seus costumes, tradições e crenças-, sofrem constantes
ameaças em suas próprias terras tradicionais de invasões, desapropriações
forçadas e de ações estatais unilaterais e nocivas, que objetivam a explo-
ração degradante de seu território (ISHR, 2015). Como consequência
de suas atividades para a defesa de seus lares, sofrem constantes ataques
à sua integridade física e a de pessoas próximas.
É nesse contexto que se justifica a escrita do presente capítulo, no
qual, através do estudo de casos em julgamento e sentenciados pela Cor-
te Interamericana de Direitos Humanos (doravante Corte IDH), será
traçado como a Corte define a categoria de pessoa defensora de direitos
humanos e como, gradativamente, passou a referir-se às pessoas defen-
soras de direitos humanos em matéria ambiental, bem como propor a
ampliação desta categoria não só para pessoas individuais, mas também
para coletivos, tais como povos indígenas e comunidades tradicionais,
que atuam na defesa do meio ambiente ao reivindicar seus territórios
tradicionais e a preservação do seu particular modo de vida.
Com esse enfoque, o presente estudo divide-se em três partes prin-
cipais. Na primeira, serão apresentados os delineamentos jurídicos para
a compreensão da categoria de pessoas defensoras de direitos humanos
na jurisprudência do Tribunal Interamericano, catalogando as sentenças
sobre pessoas defensoras ambientais e os avanços trazidos pela sentença do
caso Baraona Bray vs. Chile, julgado em 24 de novembro de 2022. Nesta
seção inaugural, buscar-se-á traçar os parâmetros jurisprudenciais para
determinação da atividade desenvolvida por uma pessoa como sendo a
de defensora ambiental.
94
CONTENIDO
A categoria de defensores e defensoras de direitos humanos ambientais e a defesa da terra e do território
Na segunda seção, este estudo argumenta como a Corte IDH pode-
ria ter avançado sua jurisprudência no caso Sales Pimenta Vs. Brasil em
relação ao seu trabalho como advogado em defesa da terra em favor de
trabalhadores rurais, antecipando a utilização da terminologia defensor
de direitos humanos em matéria ambiental para qualificá-lo como defen-
sor da terra e de territórios.
Por fim, a terceira seção objetiva reconhecer, à luz dos parâmetros
jurisprudenciais da Corte IDH, os povos indígenas e comunidades
tradicionais, como os quilombolas no Brasil, a qualidade de defensores
ambientais coletivos em razão de seu particular modo de vida em interde-
pendência com a natureza e sua luta pela preservação de seus territórios.
Dessa forma, o estudo buscará aprofundar como a luta pelo direito
aos territórios das comunidades indígenas e tribais os define como defen-
sores dos direitos humanos ambientais, e, portanto, que as providências
que os Estados devem adotar para a garantia da territorialidade e proteção
judicial à essas comunidades são as mesmas para a proteção individual
das pessoas defensoras de direitos humanos.
3.1. A jurisprudência da Corte Interamericana de Direitos
Humanos e o direito a defender direitos em matéria ambiental
Ao longo de sua vasta jurisprudência, a Corte Interamericana de Direi-
tos Humanos se deparou inúmeras vezes com casos de graves violações
cometidas contra pessoas defensoras de direitos humanos em razão,
paradoxalmente, de seu trabalho para a proteção e garantia de direitos
humanos de pessoas e grupos vulnerabilizados ou em defesa de valores
democráticos.
A Corte IDH, no julgamento do Defensor de Derechos Humanos y
otros Vs. Guatemala (2014) trouxe os principais delineamentos para a
compreensão desta categoria de pessoas que precisam ser protegidas
para exercerem seu direito a proteger direitos. Em consonância com o
consenso internacional existente sobre o tema, a Corte IDH afirmou
neste o entendimento de que “a qualidade de um defensor dos direitos
humanos reside no trabalho que é feito, independentemente de a pessoa
que faz o trabalho ser um indivíduo privado ou um funcionário público”,
desempenhando atividades de controle, denúncia e educação, abrangendo
não só os direitos civis e políticos, mas também os direitos econômicos,
95
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
sociais e culturais, de acordo com os princípios da universalidade, indi-
visibilidade e interdependência. (Corte IDH, 2014, par. 129). Ademais,
este trabalho de proteção e promoção de direitos humanos deve ser feito
de forma pacífica. “e, portanto, os atos violentos ou que propagam a vio-
lência não estão incluídos neste conceito” (Corte IDH, 2014, par. 129).
Por fim, as atividades de promoção e proteção de direitos humanos podem
ser desempenhadas pelo defensor de forma intermitente ou ocasional, ou
ainda, permanente (Corte IDH, 2014, PAR. 129).
Note-se, todavia, que a Corte IDH, ao se referir aos bens jurídicos
protegidos pela atuação das pessoas defensoras de direitos humanos,
elenca os direitos civis, políticos, econômicos, sociais e culturais, mas não
menciona os direitos ambientais. Entendemos que essa lacuna se devia ao
fato de que a Corte IDH passou a se debruçar sobre a temática ambiental
de forma direta (e não reflexa) somente a partir da resolução da Opinião
Consultiva Nº 23/2017. Apenas em 2020, o direito ao meio ambiente
sadio foi declarado como violado em relação ao direito de participação na
vida cultural, no paradigmático caso das Comunidades Indígenas Miembros
de la Asociación Lhaka Honhat (Nuestra Tierra) Vs. Argentina.
Porém, isso não significa dizer que a Corte IDH não julgou casos
sobre defensores ambientais ao largo de sua jurisprudência. Podemos
listar sete casos emblemáticos que tiveram vítimas defensoras de direitos
humanos em matéria ambiental, a saber: Caso Claude Reyes y otros Vs.
Chile (2006); caso Kawas Fernández Vs. Honduras (2009); caso Cabrera
García y Montiel Flores Vs. México (2010); caso Luna López Vs. Honduras
(2013); caso Norín Catrimán y otros (Dirigentes, Miembros y Activistas del
Pueblo Indígena Mapuche) Vs. Chile (2014); caso Escaleras Mejía e outros
Vs. Honduras (2018) e caso Baraona Bray Vs. Chile (2022). A diferença é
que apenas no caso Baraona Bray Vs. Chile, mais recente, a Corte IDH
destacou os direitos humanos ambientais como bem jurídico próprio
do labor dos defensores de direitos humanos em matéria ambiental,
diferenciando-os, em certos aspectos, dos demais defensores de direitos
humanos (Corte IDH, 2022, par. 70), de acordo com a seguinte definição:
A definição da categoria de defensoras ou defensores de direitos
humanos é ampla e flexível devido à própria natureza desta ati-
vidade. Por isso, qualquer pessoa que realize uma atividade de
96
CONTENIDO
A categoria de defensores e defensoras de direitos humanos ambientais e a defesa da terra e do território
promoção e defesa de algum direito humano, e se autodenominar
como tal, ou tenha reconhecimento social da sua defesa, deverá
ser considerada como pessoa defensora. Nesta categoria estão
incluídos, é claro, os defensores ambientais, também chamados
defensores de direitos humanos ambientais ou defensores de direi-
tos humanos em assuntos ambientais. (Corte IDH, 2022, par. 71)
Nesse sentido, como leciona Borras Pentinat:
O conceito de defensor/a ambiental parece realmente inédito e não
está o suficientemente definido, embora compartilhe o conceito
e muitas das realidades dos defensores de direitos humanos. Em
todo caso, os defensores ambientais se definem, por uma parte,
por cumprir com uma transcendental função social e ambiental,
já que proteger o meio ambiente quer dizer também avançar na
proteção dos direitos humanos. E, por outra, por ser objeto de
injustiças. (2019, p. 55)
É bem verdade que nos Casos Kawas Fernández Vs. Honduras (Corte
IDH, 2009, pars. 148 e 149) e Luna López Vs. Honduras (Corte IDH,
2013, par. 123) já havia um entendimento expresso da Corte IDH no
sentido de que “existe uma relação inegável entre a proteção do ambien-
te e a realização de outros direitos humanos” e que o reconhecimento
do trabalho realizado em defesa do ambiente e da sua relação com os
direitos humanos é mais relevante nos países da região, onde é cada vez
maior o número de relatos de ameaças, atos de violência e assassinatos
de ambientalistas devido ao seu labor.
Entretanto, no caso Baraona Bray Vs. Chile o Tribunal Interameri-
cano faz menção expressa ao artigo 9 do Acordo Regional sobre Acesso
à Informação, Participação Pública e Acesso à Justiça em Assuntos
Ambientais na América Latina e no Caribe, adotado em 4 de março de
2018 em Escazú, na Costa Rica (Corte IDH, 2022, pars. 73 e 77). Este
acordo fora adotado no âmbito da Comissão Econômica para a América
Latina e Caribe (CEPAL), vinculada à Organização das Nações Unidas
(ONU) e decorre principalmente de um processo regional iniciado na Rio
+20. Este acordo, mais conhecido como Acordo de Escazú, é o primeiro
97
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
tratado que traz obrigações a respeito dos defensores de direitos humanos
em questões ambientais, nos termos seguintes:
Artigo 9.
Defensores dos direitos humanos em questões ambientais:
1. Cada parte garantirá um ambiente seguro e propício no
qual as pessoas, os grupos e as organizações que promovem e
defendem os direitos humanos em questões ambientais possam
atuar sem ameaças, restrições e insegurança.
2. Cada parte tomará as medidas adequadas e efetivas para
reconhecer, proteger e promover todos os direitos dos defensores
dos direitos humanos em questões ambientais, inclusive o direito
à vida, integridade pessoal, liberdade de opinião e expressão, o
direito de reunião e associação pacíficas e o direito a circular
livremente, bem como sua capacidade de exercer os direitos de
acesso, levando em conta as obrigações internacionais da parte
no âmbito dos direitos humanos, seus princípios constitucionais
e os elementos básicos de seu sistema jurídico.
3. Cada parte tomará medidas apropriadas, efetivas e opor-
tunas para prevenir, investigar e punir ataques, ameaças ou inti-
midações que os defensores dos direitos humanos em questões
ambientais possam sofrer no exercício dos direitos contemplados
no presente acordo.
Sendo assim, além dos denominados direitos de acesso (que abrangem
o direito de acesso à informação, à participação pública e o acesso à justiça
em matéria ambiental), a jurisprudência da Corte IDH reconhece em
sua jurisprudência, como direitos essenciais ao desempenho do trabalho
das pessoas defensoras de direitos humanos ambientais, os seus próprios
direitos à vida, ao meio ambiente sadio, à integridade pessoal, à liber-
dade pessoal, à liberdade de opinião e expressão, à reunião e associação
pacíficas, à proteção judicial e garantias judiciais contra a impunidade e
seu efeito amedrontador e silenciador sobre a sociedade.
Em última análise, no supracitado caso Defensor de Derechos Humanos
y otros Vs. Guatemala, o Tribunal Interamericano destacou, nos termos de
sua jurisprudência constante, que o trabalho efetuado pelos defensores
98
CONTENIDO
A categoria de defensores e defensoras de direitos humanos ambientais e a defesa da terra e do território
dos direitos humanos é “fundamental para o reforço da democracia e do
estado de direito (Corte IDH, 2014, par. 128). Já no caso Baraona Bray
Vs. Chile, o Tribunal Interamericano enfocou a importância do pleno
exercício dos direitos à liberdade de expressão e participação pública para
o fortalecimento da democracia ambiental (Corte IDH, 2022, pars. 98
e 100), sempre em articulação com os direitos de acesso à informação e
à justiça em temas de interesse ambiental.
3.2. O caso Sales Pimenta Vs. Brasil examinado sob o
enfoque do direito à defesa do direito à terra e do território
O caso Sales Pimenta vs. Brasil, julgado pela Corte Interamericana de
Direitos Humanos, aponta as falhas nos processos judiciais sobre a morte
violenta de Gabriel Sales Pimenta, advogado e defensor de trabalhadores
rurais no Pará, que garantiram a impunidade dos autores desse homicídio.
Devido ao seu trabalho de advogado de trabalhadores rurais possei-
ros, a vítima tinha recebido várias ameaças de morte e pedira proteção
estatal em várias ocasiões. Importante destacar que as ameaças contra
Gabriel Sales Pimenta tiveram início pelo menos em dezembro de 1981,
após o êxito em reverter o despejo dos trabalhadores rurais da região de
Pau Seco (Pará–Brasil). Apesar disso, Gabriel Sales Pimenta foi morto
em 18 de julho de 1982. Esse crime ocorreu em um contexto de violência
relacionada às demandas por terra e reforma agrária no Brasil.
Na sentença do caso, a Corte IDH reconheceu que o problema de
distribuição da terra não é um tema novo no Brasil, remetendo à distri-
buição desequilibrada da propriedade do período colonial. Para ilustrar
tal desequilíbrio, por exemplo, no ano de 1980, os estabelecimentos rurais
com uma extensão maior a 1.000 hectares (grandes estabelecimentos)
representavam 0,93% do total dos estabelecimentos rurais, e concentra-
vam 45,10% da área rural total do Brasil. Em contrapartida, os estabele-
cimentos com uma área inferior a 10 hectares representavam 50,35% do
total de estabelecimentos rurais com uma ocupação de 2,47% da área rural
total do Brasil. Cabe destacar que, de acordo com o relatório Terrenos
da Desigualdade, feito pela Oxfam Brasil em 2016, a concentração de
terras no Brasil se manteve (Oxfam, Brasil. Terrenos da Desigualdade:
Terra, agricultura e desigualdades no Brasil rural, supra, p. 6.) estável
desde 1980. Sob esse prisma, temos que os conflitos agrários existentes
99
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
nas diferentes regiões do Brasil são, ao menos parcialmente, resultado
dessa grande concentração de terras nas mãos de poucos proprietários.
De acordo com dados da Secretaria de Direitos Humanos da Presi-
dência da República, de 1961 a 1988, foram mortos 75 sindicalistas, 14
advogadas/os, 7 religiosos, 463 líderes de lutas coletivas, entre outros.
Conforme o relatório Camponeses mortos e desaparecidos: Excluídos
da justiça de transição, publicado pela Secretaria de Direitos Humanos
em 2013, “ser advogado de camponeses nos tempos da ditadura militar
era uma profissão de alto risco […], risco de morte” (Corte IDH, 2022,
par. 47)
O estado do Pará tem ganhado cada vez mais destaque na mídia por
violações a direitos humanos, visto que alguns organismos e organizações
internacionais ressaltam os conflitos constantes e violentos ocorridos
relacionados à luta por terra, que resultaram na morte de centenas de
trabalhadores rurais, líderes sindicais, advogados, defensores de direitos
humanos, entre outros. Na sentença da Corte IDH, no caso Sales Pimenta
vs. Brasil consta que:
“O estado do Pará, durante o período de 1961 a 1988, foi o líder
no ranking de mortes e desaparecimentos, 45, com 528 homicídios
entre 1980 e 1993 e 772 entre 1971 e 2004, dos quais, respec-
tivamente, 239 e 574 ocorreram no sul daquele estado” (Corte
IDH, 2022, par. 47)
Nesse contexto, é de vital relevância destacar os dados relativos à
resposta judicial em casos de trabalhadores rurais mortos entre os perí-
odos de 1964 a 2013 no estado do Pará. Nesse âmbito, de acordo com
o relatório especial sobre a missão ao Brasil, da relatora especial Asma
Jahangir sobre execuções extrajudiciais, sumárias ou arbitrárias, entre
1964 e 1998, dos 703 casos de trabalhadores rurais vítimas de homicídio,
5,26% foram julgados e apenas em 183 casos foi aberta uma investigação.
Entre 1985 e março de 2001, dos 1.207 casos informados, 85 pessoas
indiciadas tiveram uma sentença definitiva, resultando em uma média
de 95% “sem resposta judicial”. Por sua vez, no sul e sudeste do estado
do Pará, dos 340 trabalhadores rurais mortos no mesmo período entre
1985 e março de 2001, duas pessoas foram julgadas de forma definitiva,
100
CONTENIDO
A categoria de defensores e defensoras de direitos humanos ambientais e a defesa da terra e do território
resultando numa média de 99,4% do total de homicídios “sem nenhum
tipo de resposta judicial, seja de condenação ou absolvição no âmbito
criminal”, conforme extraído do relatório do relator especial Leandro
Despouy sobre a independência de juízes e advogados, de 2005. Por
outro lado, entre 1985 e 2013, ocorreram 428 casos, com um total de
644 homicídios relacionados aos conflitos no campo. Destes, 21 casos
foram levados a julgamento, resultando na condenação de 12 autores
intelectuais e 17 autores materiais, segundo o estudo Conflito no Cam-
po: Brasil 2013, realizado pela Comissão Pastoral da Terra. Quanto
ao município de Marabá, no estado do Pará, onde ocorreu a morte de
Gabriel Sales Pimenta, de acordo com dados levantados pelo relatório
Violação dos Direitos Humanos na Amazônia: Conflito e Violência na
Fronteira Paraense, realizado pela Comissão Pastoral da Terra et al, a
taxa de impunidade foi de 100% entre 1975 e 2005. (CORTE IDH,
2022, par. 51)
Assim, as graves falhas do Estado brasileiro nas investigações sobre
a morte de Gabriel Sales Pimenta analisadas na sentença da Corte
demonstraram o descumprimento do dever de devida diligência reforça-
da de investigar delitos cometidos contra pessoas defensoras de direitos
humanos, assim como a violação flagrante da garantia do prazo razoável.
A Corte IDH verificou que o caso se encontra em uma situação de abso-
luta impunidade até a atualidade, pois não foram sequer esclarecidas as
circunstâncias da morte de Gabriel Sales Pimenta, embora houvesse iden-
tificação de três suspeitos e da existência de duas testemunhas oculares
e outros meios de prova ao alcance das autoridades estatais responsáveis.
Devido à tamanha negligência, o Brasil não foi nem sequer capaz de
identificar o autor dos disparos contra a vítima Gabriel Sales Pimenta e
de punir todos os responsáveis.
Outrossim, a Corte IDH concluiu que este caso está inserido em
um contexto de impunidade estrutural ligado a ameaças, homicídios e
outras violações de direitos humanos contra os trabalhadores rurais e seus
defensores no estado do Pará. Ademais, concluiu que a grave negligência
dos operadores judiciais na tramitação do processo penal, que permitiu a
ocorrência da prescrição, foi o fator crucial para que o caso permanecesse
em uma situação de absoluta impunidade.
101
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Sendo assim, a Corte IDH decidiu que o Estado do Brasil violou os
direitos às garantias judiciais e à proteção judicial, previstos nos artigos
8.1 e 25 da Convenção Americana, em relação ao artigo 1.1 deste tratado,
em prejuízo da senhora Maria da Glória Sales Pimenta e dos senhores
Geraldo Gomes Pimenta, Sérgio Sales Pimenta, Marcos Sales Pimenta,
José Sales Pimenta, Rafael Sales Pimenta, André Sales Pimenta e Daniel
Sales Pimenta.
Além disso, o Tribunal concluiu que o Estado violou o direito à
verdade, em prejuízo dos familiares do senhor Sales Pimenta antes
identificados, com base na violação dos artigos 8.1 e 25.1 da Convenção
Americana sobre Direitos Humanos, em relação ao artigo 1.1.
Assim, do ponto de vista dos parâmetros estabelecidos pela Cor-
te Interamericana vistos na primeira seção deste estudo, o trabalho
desempenhado por Gabriel Sales Pimenta parece enquadrá-lo de forma
incontroversa, como um defensor de direitos humanos com uma impor-
tante atuação tanto no que diz respeito ao contexto de conflitos agrários
nos quais advogou, como também por sua contribuição no processo de
reconstrução da democracia ao fomentar a criação do MDB (Movimento
Democrático Brasileiro) que era o partido político que se opunha ao
regime militar.
No entanto, era necessário qualificar a atuação de Gabriel Sales
Pimenta como defensor de direitos humanos em matéria ambiental, por
ser defensor das terras de trabalhadores rurais pobres no sul do estado
do Pará.
Como leciona Borras Pentinat, com o objetivo de explicar a impor-
tância da figura do defensor de direitos humanos ambientais, aponta
os principais direitos humanos e ambientais diretamente afetados pela
degradação ambiental e que são o foco de luta dos defensores, dentre os
quais cita o direito à terra, relacionado com a atividade de Gabriel Sales
Pimenta, nos seguintes termos:
A vulneração deste direito à terra e ao território se agravou
especialmente pelo fenômeno do acaparamento de terras, o qual
não só reforça a necessidade de proteger o direito a terra e ao
território, mas também o direito a não ser deslocado pela força.
(Borras Pentinat, 2019, p. 70)
102
CONTENIDO
A categoria de defensores e defensoras de direitos humanos ambientais e a defesa da terra e do território
E prossegue a citada autora afirmando que a mesma proteção dada
pela jurisprudência da Corte IDH aos territórios de povos indígenas,
por sua estreita ligação com seu habitat, foi estendida aos povos tribais e
também é aplicada a comunidades locais que se encontram em situação
similar, pelo que a terra representa meio de subsistência:
Em relação a este direito à terra, além de ter uma dimensão
individual, a jurisprudência da Corte Interamericana de Direi-
tos Humanos confirmou a dimensão coletiva deste direito e sua
aplicabilidade às terras e territórios. Esta linha interpretativa foi
desenvolvida primeiro no âmbito dos direitos dos povos indígenas;
portanto, a construção jurisprudencial foi estendida até a situação
de povos tribais (não indígenas) que mantêm estreitos laços com
seu meio ambiente. À luz deste desenvolvimento jurídico, cabe
concluir que a proteção ao direito à terra e ao território também
se aplica a comunidades locais, como camponeses e outros grupos
que se encontram diretamente associados com seu meio ambien-
te como fonte de sustento e cultura. (Borras Pentinat, 2019, p.
70–g. n.)
Nesse contexto, sustentamos neste estudo que o conceito de defen-
sor ambiental também era aplicável a Gabriel Sales Pimenta pois, como
advogado, defendia o direito à terra dos trabalhadores rurais. Tais
trabalhadores, que desenvolviam suas atividades como extrativistas ou
agricultores familiares, possuíam vínculos com a terra e, por conseguinte,
perder sua posse para os grandes latifundiários, implicaria na derrubada
da floresta e sua utilização de vastas áreas para pastagem. Logo, a luta
de Sales Pimenta pelo direito à terra de posseiros e extrativistas também
era uma questão ambiental, embora não tenha sido vista sob este enfoque
na época de seu assassinato, diante do ambientalismo ser um tema em
nascimento no início da década de 1980 no Brasil.
Assim, a luta de Gabriel Sales Pimenta também tinha por objeto
garantir um meio ambiente ecologicamente equilibrado, o que é um direi-
to fundamental previsto na Constituição atual (artigo 225 da CF/1988).
No entanto, a Corte IDH reconheceu o trabalho de Gabriel Pimenta
somente como defensor de direitos humanos como fato não controvertido.
103
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
3.3. Os casos Norín Catriman e outros (dirigentes,
membros e ativista do povoindígena Mapuche”)
Vs. Chile e comunidades quilombolas de Alcântara
Vs. Brasil: Ref lexões sobre a defesa coletiva da
terra, do território e do meio ambiente
Na sentença da Corte Interamericana de Direitos Humanos no caso do
povo indígena Mapuche vs. Chile, nos quais as lideranças do povo foram
processadas e condenadas por crimes que a justiça chilena considerou
terrorismo, as práticas imputadas como crimes não envolveram a ameaça
de integridade física nem a vida de pessoa alguma, e sim relacionados
com as reivindicações que o povo Mapuche tinha em defesa de seus
territórios, conforme a sentença da Corte:
“A maior parte dos conflitos informados tem sua origem em
reclamações agrárias dos mapuche e, em termos gerais, podem
ser classificados em três tipos: a) Mobilizações sociais como
medidas de pressão por parte dos interessados que apresentaram
as demandas de ampliação ou restituição de terras que não foram
atendidas; b) Ocupação das terras demandadas como ações de
pressão direta e de propaganda; c) Ocupação de terras não vincu
ladas aos processos legais de reclamação em andamento, que
implicam ações de atos classificados como graves (incêndio de
plantações florestais e de instalações, destruição de equipamentos
e cercados, fechamento de vias de comunicação) e enfrentamentos
com a força pública”. (Corte IDH, 2014, p. 31)
À época dos fatos, o povo Mapuche vivia uma situação social de
protestos, manifestações e reivindicações pela sua permanência pacífica
e usufruto de suas terras ancestrais e recursos naturais, ameaçado pela
permissão do governo chileno de exploração de áreas ao redor e em suas
terras por empresas florestais, bem como a construção de projetos que
impactariam os territórios mapuches, limitando o usufruto da terra e seu
acesso a ela, como as florestas que são o seu principal meio de sustento
(Corte IDH, 2014, p. 29-30).
Já os fatos do caso das comunidades quilombolas de Alcântara–
pendente de sentença na Corte Interamericana de Direitos Humanos,
104
CONTENIDO
A categoria de defensores e defensoras de direitos humanos ambientais e a defesa da terra e do território
em uma breve contextualização, começa na década de 1980, quando o
governo brasileiro desapropria essas comunidades de suas terras ancestrais
para a construção da base espacial Centro de Lançamento de Alcântara.
Desde então, as terras nas quais as comunidades foram reassentadas se
mostraram inóspitas para seu autossustento, onde outrora não encontra-
vam dificuldades, bem como as restrições em perpetuar suas tradições
e celebrações culturais e religiosas, além da incerteza de que mais reas-
sentamentos ainda poderiam ocorrer, advindos de acordos do governo
brasileiro sem a prévia e devida consulta.
Entre as violações sofridas pelas comunidades, encontram-se a realo-
cação em terras de qualidade inferior às que antes habitavam, impossi-
bilitando-os de praticar a agricultura e colheita, acentuada pela escassez
recorrente de água, bem como restrições de acesso ao mar para pescar,
o que impactou profundamente em sua dieta. Além disso, as moradias
eram precárias e eles não podiam fazer modificações e principalmente,
quando a família aumentava, as moradias se tornavam impróprias para
habitar. Além disso, a construção do Centro de Lançamento de Alcân-
tara gerou degradações ao meio natural devido à derrubada de árvores,
desvio de cursos de rios e destruição de nascentes.
Dessa forma, o laudo antropológico produzido por Alfredo Wagner
Berno de Almeida considera que o projeto da base espacial provocou
danos substanciais ao projeto de vida das comunidades, impactando as
novas gerações que cresceram habitando nas agrovilas, impedindo-as de
se conectarem com sua identidade quilombola, visto que foram negados
seus direitos básicos, conforme reforçado pela Comissão Interamericana
de Direitos Humanos no Relatório N° 189/20:
O projeto também provocou o reassentamento de várias comu-
nidades em terras que, como já foi dito, são menores e de pior
qualidade que seu território tradicional, e que a indenização
feita não havia sido integral. A Comissão considera que essas
mudanças, que têm se mantido até a presente data, afetaram
drasticamente o pleno gozo dos seus direitos territoriais, às for-
mas de subsistência tradicionais, sua cultura e a forma em que
as comunidades se organizam e funcionam de acordo com seus
costumes ancestrais. Em acréscimo, a Comissão observa que as
105
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
tradições dos quilombolas de Alcântara foram impactadas nega-
tivamente pelas interferências estatais em seu território desde a
instalação do CLA [Centro de Lançamento de Alcântara] até os
dias atuais. (CIDH, 2020, p. 66)
Ademais, ainda conforme a Comissão IDH no supracitado relatório,
foram registradas diversas ameaças e assédios à moradores das comuni-
dades, ameaças de demolição de suas casas e novos deslocamentos pelos
próprios funcionários do CLA, militares e outros agentes estatais, pelo
fato de as comunidades reivindicarem seus direitos básicos, melhorias de
suas agrovilas e moradias, bem como a titulação de suas terras.
Diante disso, entendemos que, em virtude da resistência e luta das
comunidades quilombolas de Alcântara por seus territórios tradicio-
nais, e por seu modo de vida tradicional, elas deveriam ser consideradas
defensoras ambientais, mesmo que não se identifiquem como ativistas
(Borras, 2015), pois muitas das violações sofridas, contra as quais se
insurgiram, são derivadas da degradação ambiental das terras tradicionais
em que previamente habitavam, onde outrora viviam em uso comum e
utilizando-se de forma sustentável dos recursos naturais, atentando-se
para os ciclos da natureza e conhecimentos ancestrais da fauna e flora.
E, além do uso sustentável dos territórios, também desenvolviam
práticas culturais e religiosas fundamentais para sua identidade como
quilombolas, não só confinados às suas próprias famílias e comunida-
des, mas em constantes trocas entre os povoados de Alcântara e outras
cidades (CIDH, 2020). É diante disso que se propõe a categoria de
defensores coletivos, pois sua luta por direitos representa não só uma
pessoa, mas várias comunidades e ecossistemas, e, ao defender seus
territórios, garantem não só a manutenção daquele meio ambiente e dos
recursos naturais, mas também dos direitos socioculturais coletivos de
quem habita aquelas terras.
Nesse viés, entende-se que suas terras são lugares sagrados, que
guardam não somente conhecimentos passados pelos seus ancestrais, mas
também sua forma de sustento e onde praticam suas tradições, rituais e
mantêm viva sua história. O sistema ambiental também é cultural e é por
essa relação de interdependência das comunidades e seus territórios que
eles se tornam defensores coletivos, pois as comunidades quilombolas
106
CONTENIDO
A categoria de defensores e defensoras de direitos humanos ambientais e a defesa da terra e do território
reivindicam a defesa e manutenção desse território e dos recursos naturais
intrínsecos aos seus direitos de autonomia e identidade cultural.
Diante disso, percebe-se as semelhanças entre o caso Norín Catriman
e outros (dirigentes, membros e ativista do povo indígena Mapuche”)
Vs. Chile e o caso comunidades quilombolas de Alcântara, pois ainda,
conforme a Corte IDH, a relação que o povo Mapuche possui com seus
territórios e entre si é de um compartilhamento sociocultural, espiritual
e histórico, fundamental para a formação de sua identidade. Assim, os
protestos do povo Mapuche os classificam como defensores ambientais,
ao passo que lutam pelo uso tradicional de suas terras, violado pela
degradação ambiental de agentes externos.
Portanto, ambos os povos reivindicavam o direito de viver em seus
territórios com interdependência ao meio ambiente, e no caso das comu-
nidades quilombolas de Alcântara, espera-se que a Corte Interamericana,
em sua sentença, observe a relação das comunidades com seus territórios
tradicionais e desenvolva sua jurisprudência a fim de os classificar como
defensores ambientais, coletivamente, uma vez que lutam pela perma-
nência em suas terras ancestrais, a manutenção de sua identidade cultural
e a proteção do meio ambiente.
Considerações finais
A pauta da emergência climática se torna cada vez mais relevante, diante
das catástrofes naturais e as mudanças ambientais, mais perceptíveis nas
temperaturas extremas enfrentadas por todo o planeta. É nesse cenário
que as pessoas defensoras ambientais se tornam indispensáveis, pois elas
fazem de sua missão lutar pela proteção do meio ambiente bem como de
quem cuida e vive com a natureza.
No entanto, quando essas defensoras e defensores sofrem violências,
ou até mesmo perdem a vida, o Estado mantém-se inerte e negacionista
à essa problemática e, por vezes, até envolvidos nessas violações, mesmo
possuindo a obrigação de garantir a segurança dessas pessoas (Franco &
Schorr, 2022, p. 14). Nesse sentido, o efeito amedrontador se alastra pela
sociedade, tornando os que já sofrem violações ainda mais suscetíveis à
opressão sistêmica. É diante desse cenário que se reivindicam políticas
eficazes que garantam a proteção desses defensores, mas não no sentido
de apenas elaborar normas e sim de adotar as que já existem–como o
107
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Acordo de Escazú, que dispõe sobre os direitos de cobrar transparência
nas tomadas de decisões no âmbito ambiental e, nesse viés, efetivar o
dever do Estado de proteger as defensoras e os defensores ambientais.
Lembramos que está em vigor no Brasil–o programa de proteção aos
defensores de direitos humanos, que inclusive consta como medida de
reparação da sentença de Sales Pimenta, em que a Corte IDH afirma
que o Brasil deve rever o programa e transformá-lo em lei ordinária, a
fim de atingir efetivamente seu propósito e servir como um mecanismo
para garantir os direitos fundamentais de proteção, integridade física,
liberdade de expressão e reivindicação.
Além da garantia da proteção dos defensores dos direitos humanos
e ambientais, é urgente a proposta da categoria de defensores coletivos,
para abranger as comunidades tradicionais e povos indígenas que tam-
bém exercem esse papel de defensores, mesmo que não se identifiquem
com a categoria, pois são aqueles em situação de maior vulnerabilidade
mediante a degradação ambiental–pelo fato de dependerem diretamente
da natureza para o autossustento e celebração de suas tradições e práticas
culturais-, bem como de ataques contra sua integridade física.
Portanto, espera-se que as medidas tomadas por órgãos internacionais
e Estados também incluam os defensores coletivos, no sentido de garantir
o direito à permanência e titularidade de seus territórios tradicionais,
a liberdade de expressão e de crença, a devida diligência reforçada em
casos de investigação das violências porventura sofridas, bem como
o devido processo de consulta prévia, livre e informada. Assim, ao se
garantir esses direitos, também se garante a proteção do meio ambiente
ecologicamente equilibrado.
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Corte IDH. Caso Claude Reyes y otros Vs. Chile. Fundo, reparações e custos.
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Honhat (Nossa Terra) Vs. Argentina. Fundo, reparações e custos.
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Corte IDH. Caso Defensor de Derechos Humanos y otros Vs. Guatemala.
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Corte IDH. Caso Luna López Vs. Honduras. Fundo, reparações e custos.
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Corte IDH. Caso Kawas Fernández Vs. Honduras. Fundo, reparações e
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do povo indígena Mapuche) Vs. Chile. Fundo, reparações e custos.
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relación con el medio ambiente en el marco de la protección y garantía
109
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
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de 2005, par. 35.
110
CONTENIDO
4
El acceso y la materialización de la justicia
ambiental en América Latina
María Lucía Torres-Villarreal*
Lina Muñoz-Ávila**
Paola Marcela Iregui-Parra***
Anamaría Sánchez-Quintero****
Daniela Yepes-García*****
Paula Andrea Jiménez-Rojas******
Graciela Victoria Curiel-Olarte*******
* Abogada, doctora en Derecho, magíster en Derecho con énfasis en Derechos Huma-
nos. Profesora de carrera académica de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad
del Rosario, directora del programa de pregrado y directora de la Clínica Jurídica “Grupo
de Acciones Públicas” de la Facultad de Jurisprudencia de la misma universidad. maria.
torres@[Link]
** Abogada, doctora en Derecho, magíster en Derecho y Economía del Cambio Climá-
tico. Profesora de carrera académica de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del
Rosario. Directora de la Especialización y de la Maestría en Derecho y Gestión Ambiental
de la misma universidad y asesora de la clínica jurídica “Grupo de Acciones Públicas” de
la Facultad de Jurisprudencia de la misma universidad. [Link]@[Link]
*** Abogada con maestría en Derecho Administrativo y candidata a doctora en el
Programa de Doctorado en Derecho de la Universidad del Rosario. Profesora de carrera
académica y supervisora de la Clínica Jurídica “Grupo de Acciones Públicas” de la Facultad
de Jurisprudencia de la misma universidad. [Link]@[Link]
**** Abogada de la Universidad del Rosario con maestría en Derecho llm en Derechos
Humanos y Derecho Internacional Humanitario de American University Washington
College of Law. Directora general de la Fundación ProBono Colombia, supervisora de la
Clínica Jurídica “Grupo de Acciones Públicas” de la Universidad del Rosario. anamaria.
sanchez@[Link]
111
CONTENIDO
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Introducción
La forma de concebir el acceso a la justicia, a nivel global, ha venido cam-
biando. Cada vez es más evidente, y así mismo necesario, entender que
este va más allá del aparato judicial y el actuar de los operadores jurídicos;
ha ido cediendo a la concepción asociada a la noción de individualidad
para entender que la justicia existe también en un plano colectivo, en el
que hay unos derechos que deben ser atendidos en la misma forma en
que se ha hecho históricamente con las situaciones individuales y sus
implicaciones en términos de derechos. Esto ha conducido al análisis
del concepto de acceso a la justicia desde una perspectiva amplia, que va
atada a reflexiones de justicia social, acceso a la información, empode-
ramiento de las comunidades, validación del discurso de derechos, lucha
por la materialización de los principios de igualdad y equidad, es decir,
una democratización del acceso a la justicia.
El Acuerdo de Escazú es reflejo de esa tendencia, aunada a otro
movimiento de alta relevancia en las discusiones actuales del derecho:
la protección del medio ambiente como derecho humano. El Acuerdo
es un ejemplo de la necesidad de comprender el acceso a la justicia de la
forma más amplia posible, con una dimensión colectiva de derechos y
de la justicia misma, donde predomine el interés público. En esta visión,
el ambiente es entendido como un derecho colectivo, con especial rele-
vancia para los grupos cuyas condiciones de vulnerabilidad tienden a
[Viene de página anterior]
***** Abogada de la Universidad del Rosario y estudiante de la maestría en Derecho
de la misma universidad, con énfasis en Derecho Constitucional. Profesora auxiliar de
la asignatura de Acciones Constitucionales. Coordinadora de la Clínica Jurídica “Grupo
de Acciones Públicas” de la Universidad del Rosario y supervisora de este mismo. angie.
yepes@[Link]
****** Abogada y magíster en Derecho con énfasis en Derechos Humanos y Justicia
Transicional de la Universidad del Rosario. Investigadora de la Facultad de Jurisprudencia
en temas ambientales y derechos humanos de la misma universidad. [Link]@
[Link]
******* Profesional en Periodismo y Opinión Pública y abogada de la Universidad del
Rosario con experiencia proyectos de asesoría e investigación. Autora de artículos sobre
intercambios comunicacionales, derechos humanos y derecho electoral.
112
CONTENIDO
El acceso y la materialización de la justicia ambiental en América Latina
agravarse en virtud de la afectación al ambiente y los derechos conexos,
tanto colectivos como individuales.
En este punto, la noción de justicia ambiental cobra especial impor-
tancia. A partir de la idea de que los efectos de la contaminación y la
degradación ambiental, así como del cambio climático representan una
serie de cargas que son asumidas de manera desproporcionada por grupos
vulnerables, la justicia ambiental actúa como una respuesta que cataliza
mecanismos de prevención, mitigación, adaptación y restauración, orien-
tados a la reivindicación de derechos humanos amenazados o vulnerados
en el marco de la crisis ambiental (Mayorga & Vásquez, 2017). En este
entendido, la información, la participación y la justicia, como principios,
derechos y valores, se entrelazan en las discusiones contemporáneas rela-
cionadas con el ambiente, para consolidar un acceso a la justicia desde
la democracia ambiental1.
Este capítulo tiene por objeto recoger este recorrido conceptual,
para reflexionar sobre los aportes que el Acuerdo de Escazú representa
en materia de acceso a la justicia ambiental. En este sentido, se parte del
análisis del concepto y marco normativo internacional en torno al acceso
a la justicia, para luego conducir esa discusión al contexto del derecho
de acceso a la justicia ambiental y de esa manera revisar, a partir de unos
elementos críticos y conceptuales, el alcance del artículo 8.º de acceso a la
justicia ambiental y 9.° sobre protección a defensores del medio ambiente
del Acuerdo de Escazú, analizando los aspectos que se deben prever
para la garantía real y efectiva de los derechos colectivos e individuales
implicados en los asuntos ambientales y de quienes asumen la defensa,
desde el interés público, del ambiente y sus bienes y derechos conexos.
Ahora bien, después de la revisión del marco normativo que garantiza
el acceso a la justicia ambiental como un derecho humano complejo y
multifacético, se presenta un apartado en el cual se describen algunos
1
Este concepto, que será abordado más adelante, tiene su principal manifestación en
el Principio 10 de la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de 1992,
según la cual la mejor manera de abordar las cuestiones ambientales es con la participación
de las personas, de manera informada y con mecanismos de justicia preventiva o restaurativa
en los niveles locales, regionales, nacionales e internacionales (véase Muñoz Ávila & Senior
Serrano, 2021).
113
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
de los hallazgos de la academia y las organizaciones internacionales en
torno a la materialización del acceso a la justicia ambiental y los obs-
táculos a los cuales se enfrentan los y las lideresas ambientales. En el
último apartado de este escrito se presenta cómo la sociedad civil percibe
el derecho al acceso a la justicia ambiental, y se identifican los retos y las
oportunidades que implica su ejercicio práctico.
Para lo anterior, se estructuró una metodología mixta, dogmática y
práctica, en la que se hizo una revisión y un análisis de fuentes biblio-
gráficas generales relacionadas con la temática, como informes de orga-
nizaciones internacionales, para obtener unos insumos desde la teoría.
En las dos últimas partes, se busca aterrizar el estudio a la problemática
en la práctica del acceso a la justicia. Esto se complementó en la quinta
parte del capítulo con unas entrevistas que se hicieron a organizaciones
de la sociedad civil que trabajan temas relacionados con el acceso a la
justicia en asuntos ambientales en Latinoamérica, en las cuales se indagó
sobre su experiencia en la protección del medio ambiente y su trabajo en
el ejercicio del derecho al acceso a la justicia. En total se hicieron seis
entrevistas en un periodo de tres meses, aproximadamente, en reunio-
nes de cerca de dos horas. La selección correspondió a un proceso de
mapeo de organizaciones de orden internacional, nacional y local, que
dentro de las líneas de acción pública incluyeran la justicia climática.
Estas entrevistas se realizaron con una metodología semiestructurada
donde se formuló una guía de preguntas abiertas, que incluyó un primer
bloque orientado a conocer las líneas de acción de las organizaciones
relacionadas con la justicia ambiental y a conocer el contexto en el que
operan. En un segundo bloque, se abordaron preguntas generales enfo-
cadas en identificar qué percibe la sociedad civil por justicia ambiental, a
qué obstáculos se enfrentan para ejercer el derecho a la justicia ambiental,
y qué oportunidades de mejora encuentran para lograr la efectividad de
la justicia. Estas preguntas sirvieron para guiar el ejercicio, pero se per-
mitió una mayor flexibilidad con las personas entrevistadas para explorar
y profundizar en temas específicos, según las respuestas y el flujo de la
conversación. El capítulo cierra con una serie de reflexiones en torno a
los hallazgos de la investigación.
114
CONTENIDO
El acceso y la materialización de la justicia ambiental en América Latina
4.1. Concepto y marco normativo internacional
del derecho de acceso a la justicia
El concepto de acceso a la justicia es complejo y puede construirse en
diversos niveles o categorías, que solo al analizarse de manera conjunta
permiten comprender verdaderamente su dimensión. Se trata sin duda
de un derecho que de forma tradicional se había comprendido desde la
posibilidad de acudir ante las autoridades judiciales con el fin de obte-
ner una solución basada en un juicio, lo que se materializaba en tres
dimensiones: i) la libertad para acceder ante las instancias judiciales, ii)
la garantía de que estas actuaran de manera independiente y neutral, y
iii) la prestación jurisdiccional efectiva ante la vulneración de derechos
(Groterhorst, 2017). Esta visión puede ser entendida como el acceso a la
justicia en sentido estricto.
En contraste, posteriores desarrollos han señalado la necesidad de
comprender el derecho en un sentido amplio, que considere los contextos
de los Estados, sus problemáticas y los factores personales, sociales y
estructurales que influyen en la efectividad de aquellas garantías para las
personas destinatarias de estas. Esta concepción entiende el acceso a la
justicia como el conjunto de varios factores, no reducibles al acceso a las
instancias judiciales (Evans et al., 2017; Dorén, 2015) e incluyen, por
ejemplo, el conocimiento de los propios derechos y de los mecanismos
para defenderlos, la disposición de medidas para superar las barreras que
imponen las desigualdades, la disponibilidad de recursos extrajudiciales
para la resolución de conflictos, entre otros.
Este desarrollo se puede ilustrar a partir de una revisión del marco
normativo que desarrolla el acceso a la justicia a nivel internacional. Las
primeras referencias al derecho se encuentran en la Declaración Universal
de Derechos Humanos (dudh), en cuyo artículo 10 se dispone la necesi-
dad de desarrollar un juicio imparcial previo, con todos los elementos del
sistema judicial, antes de emitir un fallo, pero relacionado directamente
con los asuntos penales. Posteriormente, el Pacto Internacional sobre
Derechos Civiles y Políticos (pidcp) incluye también este derecho en su
artículo 14, y en el mismo esquema de la dudh, se refiere al derecho de
las personas a acudir ante las autoridades judiciales y, derivado de ello,
el derecho a ser escuchado y tratado con las debidas garantías procesales,
a contar con una defensa, imparcialidad e independencia.
115
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
En el mismo sentido, a nivel regional, en sus artículos 8 y 25, la
Convención Americana sobre Derechos Humanos (cadh) consagra el
derecho de acceso a la justicia. En el primero, bajo la misma fórmula del
pidcp, dispone el derecho a acceder libremente ante jueces y tribunales
para presentar causas individuales y una serie de garantías en torno a
cómo debe ser este acceso, en el sentido de contar con un juez compe-
tente, independiente e imparcial, a obtener una respuesta en un plazo
razonable, entre otros, así como una serie de garantías especiales para
los procesos penales, establecidas en el artículo 8.2. Por otra parte, en
el artículo 25 se dispone el derecho a contar con recursos judiciales que
garanticen la protección de derechos fundamentales y constitucionales,
mediante recursos judiciales idóneos y eficientes, incluido el deber de
garantizar el cumplimiento de las decisiones judiciales.
Los tres instrumentos precitados disponen entonces una concepción
del acceso a la justicia desde la posibilidad de llegar ante las instancias
judiciales competentes, especialmente para cuestiones civiles y penales,
y a una serie de garantías que deben darse en las actuaciones ante dichas
instancias, propias de su esencia judicial. Aunque por medio de jurispru-
dencia el Sistema Interamericano ha ampliado su concepción del derecho
de acceso a la justicia, lo cierto es que, en términos de instrumentos
internacionales vinculantes, el paradigma venía siendo dictado por una
visión estricta de este.
En este panorama, el Acuerdo de Escazú plantea —como se desa-
rrollará más adelante— un histórico aporte, al contemplar el derecho de
acceso a la justicia en el marco de un tratado internacional, pero desde
una perspectiva amplia. En el artículo 8.º, por ejemplo, se incluyen, entre
otros aspectos, el deber de difundir la existencia del derecho de acceso
a la justicia en asuntos ambientales y de los procedimientos para hacerla
efectiva, lo que se traduce igualmente en el deber de reducir las barreras
que impiden el acceso a la justicia, planteando elementos que van más allá
del contexto netamente judicial para hacer realidad el referido derecho
y su relación con otros derechos estructurales como la participación y
la información.
En ese sentido, la evolución del concepto de acceso a la justicia puede
ser también entendida desde el ámbito de causas que son cubiertas por
esta. Al pasar de una visión —expresada tanto por la dudh como por el
116
CONTENIDO
El acceso y la materialización de la justicia ambiental en América Latina
pidcp y la cadh— en la cual el acceso a la justicia era restringido a las
cuestiones penales y civiles, las temáticas por las que se aboga son cada
vez más amplias, hasta una en la cual los asuntos se piensan en clave
de colectividad, representada en la necesidad de concebir un acceso a la
justicia que supere la noción de individualidad y se acerque más hacia
la defensa del interés público y la protección de lo colectivo, como aquello
que compete a todas las personas (Rekosh, 2005).
Igualmente, el acceso a la justicia puede ser analizado desde la
acepción de un derecho con doble perspectiva: como causa-fin o causa-
propósito, esto es, como un fin en sí mismo o como un medio para la
satisfacción o acceso a otros derechos. En el primer sentido, el acceso a
la justicia tiene por objetivo el cumplimiento de una serie de garantías y
condiciones que se agotan en sí mismos y aseguran la efectividad de la
justicia como uno de los presupuestos del Estado social y democrático
de derecho. En consonancia con el segundo sentido, se entiende como
un derecho bisagra o puente, que garantiza la tutela efectiva y el acceso
a otros derechos y garantías sociales. Como señala la Organización de
los Estados Americanos (oea), “el acceso a la justicia, en tanto derecho
humano fundamental es, asimismo, el medio que permite restablecer el
ejercicio de aquellos derechos que hubiesen sido desconocidos o vulne-
rados” (Resolución 2801 del 2013). Adicionalmente, “ampliar el acceso
a justicia es fundamental para el pleno ejercicio de los Derechos Huma-
nos y la gobernabilidad democrática; asimismo, es indispensable en el
marco de estrategias exitosas de seguridad ciudadana, así como para la
eliminación de la pobreza y desigualdad” (Resolución 2703 del 2012).
Por otra parte, el acceso a la justicia puede comprenderse desde el
plano de análisis de su efectividad, a partir de un enfoque conceptual o
desde un nivel práctico. El acceso a la justicia puede entenderse desde un
nivel conceptual, en el sentido en que sea accesible a toda la ciudadanía
en igualdad de condiciones, lo que además es una materialización de
las obligaciones de los Estados en relación con el derecho a la igualdad.
Por otra parte, el derecho de acceso, en un nivel práctico, se considera la
necesidad de materializar dicho compromiso en la realidad, en la lógica
de que la falta de acceso a la justicia perpetúa la existencia de condicio-
nes de injusticia y desigualdad que afectan a la comunidad en general
(Bloch, 2008).
117
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
El análisis de este cumplimiento práctico requiere una consideración
adicional alrededor de las variables que el contexto social determina para
el respeto y la satisfacción de los derechos. Así, el acceso a la justicia es
afectado por las variables de desigualdad y vulnerabilidad que atraviesan
a las personas y las comunidades, que hacen que no solo la protección de
los derechos sea desigual, sino que el acceso a la justicia de los grupos
sociales más vulnerables —como derecho instrumental para la garantía
de otras prerrogativas— sea también desigual (Anderson, 2012). Esto
en cuanto los grupos históricamente vulnerados en sus derechos atravie-
san barreras desproporcionadas para su acceso a la justicia, lo que crea
un factor más de desigualdad social y ahonda la brecha en términos de
garantía de derechos humanos (Groterhorst, 2017).
A la luz de estas perspectivas, el acceso a la justicia desde una óptica
amplia comprende el conocimiento mismo de los derechos, la forma de
materializarlos, el acceso a la información, los espacios de participación
para el empoderamiento de las comunidades y la apropiación de los
derechos, hasta la defensa de estos, bien en sede administrativa, o bien
en sede judicial, lo que permite a la ciudadanía materializar sus derechos
constitucional y legalmente reconocidos. Relegar esta posibilidad solo a
quienes cuentan con capital económico o social para construir autónoma-
mente su entorno de protección de derechos o acudir a las vías judiciales,
es perpetuar la injusticia social y la desigualdad frente a quienes ya se
encuentran en una situación de vulnerabilidad social y económica previa
(Boueiri, 2006) y deviene en sistemas diseñados para el favorecimiento
de las élites legales (Van Rooji, 2012).
En dicha lógica, para lograr un verdadero acceso a la justicia, cada
Estado debe atender a las necesidades propias de su región y territorio
(Bloch, 2008) y considerar especialmente aquellas de los grupos vulne-
rables para ser atendidas con enfoque diferencial e interseccional (onu,
s.f.). Ese compromiso global no solo cobija a los Estados en su quehacer
diario por cumplir su rol como garantes de los derechos, sino que impli-
ca permitir el desarrollo de todas las acciones legalmente posibles para
contribuir al logro de acceso a la justicia por parte de las organizaciones
sociales, la academia y la ciudadanía misma (Boueiri, 2006).
118
CONTENIDO
El acceso y la materialización de la justicia ambiental en América Latina
4.2. El derecho de acceso a la justicia ambiental
El acceso a la justicia ambiental puede ser analizado como una categoría
dentro del concepto del derecho de acceso a la justicia, que busca mate-
rializar su contenido con respecto al área específica de la protección del
derecho al ambiente sano y de los derechos humanos vinculados a este,
como la vida, la salud, la alimentación, la cultura y la integridad física,
entre otros. Ha sido trabajado muy ampliamente por la doctrina y la juris-
prudencia internacional desde hace varias décadas, y en Hispanoamérica
se han planteado diversas definiciones jurídicas. El punto de partida
de muchas de ellas se encuentra en el análisis de la distribución de los
impactos adversos de la degradación ambiental sobre las personas y la
afectación de manera diferenciada, con respecto a quienes se encuentran
en situación de vulnerabilidad por razones socioeconómicas, culturales
o étnicas, entre otras (Park & Pellow, 2011).
Las primeras reflexiones sobre el concepto de justicia ambiental sur-
gieron a partir de la década de 1980, con base en un movimiento popular
que se originó en Estados Unidos. Este se dio como resultado de la lucha
por proteger el derecho a la salud y al ambiente sano en contra de la ins-
talación de un vertedero de sustancias tóxicas en la provincia de Warren,
Carolina del Norte, la cual era habitada en su mayoría por población
afroamericana (Valenzuela, 2018, p. 177; Bellver Capella, 1996). Dicha
situación mostró la gravedad de desarrollar actividades económicas que
generan riesgos para la vida y la salud de las comunidades. En este con-
texto se planteó que, por ejemplo, ciertos grupos poblacionales, como las
personas en situación de pobreza o de discapacidad cargaban de manera
desproporcionada las afectaciones negativas de la contaminación y veían
menoscabada de manera más profunda su dignidad humana.
De allí que autores como Gelobter hayan entendido que la justicia
ambiental está estrechamente relacionada con otros conceptos como la
discriminación ambiental, concebida como las acciones y las prácticas,
derivadas de ideologías y estructuras sociales, que preservan y refuerzan
los mecanismos de dominación de algunos grupos sobre el ambiente,
en detrimento de las condiciones de otros grupos subordinados (cit. en
Mayorga y Vásquez, 2017, p. 1248). Entonces, el concepto de justicia
ambiental aparece como una alternativa de lucha contra la discriminación
(Pulido, 2017, p. 530) y tiene dentro de sus objetivos la reivindicación de
119
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
derechos humanos amenazados o vulnerados por actividades, proyectos,
obras o decisiones públicas o privadas que agravan la crisis ambiental.
Para Sarokin y Schulkin, una de las expresiones más críticas de la
justicia ambiental se encuentra en el hecho de que ciertas poblaciones: 1)
están sometidas a mayor riesgo de contaminación ambiental que otras por
su ubicación espacial, 2) sufren más perjuicios ambientales pues tienen
menor capacidad económica para gestionarlos, y 3) están excluidas del
acceso a los procesos de formulación y toma de decisiones ambientales
(cit. en Moreno Jiménez, 2010).
Este último punto retoma la discusión de la relación entre la justicia y
la participación en asuntos ambientales que fue mencionada en la sección
anterior, ya que la ausencia de esta última desencadena la desprotección de
derechos humanos que posteriormente buscan ser garantizados mediante
la solicitud de respuesta de los órganos administrativos y judiciales. En
este sentido, Ramírez et. al. (2015) proponen que el derecho a la justicia
ambiental se entienda como un paradigma complejo, relacionado con
otros derechos humanos, “que tutela el uso sustentable de los recursos
naturales, vinculándolos a las políticas públicas, para que en éstas se
inserten aspectos de protección a los derechos fundamentales relacio-
nados, así como participación de los actores para incidir en el proceso
de toma de decisiones y que trascienda en la resolución de problemas
ambientales” (p. 244).
De esta forma, la posibilidad de que los intereses y las necesidades
de todas las personas se tengan en cuenta en la construcción de políticas,
planes, programas y normas puede generar una distribución equitativa
de las cargas y de los beneficios ambientales en las sociedades (Hervé
Espejo, 2010). Cuando sus opiniones y sus capacidades son debidamente
consideradas, el derecho a la participación opera como mecanismo de pre-
vención de la judicialización de los asuntos ambientales. Así, el derecho
de acceso a la justicia ambiental se manifiesta como un requisito para el
disfrute efectivo del derecho a un ambiente sano y asimismo es indis-
pensable para que todas las personas puedan contar con el mismo grado
de protección contra los riesgos ambientales y de salud (Nonna, 2020).
120
CONTENIDO
El acceso y la materialización de la justicia ambiental en América Latina
4.3. Estándares de acceso a la justicia
en el Acuerdo de Escazú
En respuesta a lo anterior, los artículos 8.° y 9.° del Acuerdo de Escazú
plantean los elementos esenciales para comprender el alcance del acceso
a la justicia en asuntos ambientales y, en consecuencia, los lineamientos
para su garantía real y efectiva, especialmente para quienes ejercen la
defensa del derecho a un medio ambiente sano y sus derechos conexos.
Con respecto al artículo 8.°, este se erige como la ruta de navega-
ción para que los Estados parte, las organizaciones y la sociedad civil
tengan claras las condiciones en las que debe entenderse y protegerse el
derecho de acceso a la justicia, sobre una base de claridad y publicidad,
garantizando que las personas realmente conozcan el derecho y cómo
debe materializarse. A partir de diferentes elementos que se exponen a
continuación, el artículo plantea algunos aspectos sin los cuales el derecho
de acceso a la justicia no podría ser visto con ese sentido integrador que
caracteriza al Acuerdo mismo, ni ser reflejo de la evolución del derecho
planteada en la parte inicial de este escrito. Podrían plantearse dos gran-
des segmentos que recogen el contenido de este artículo:
4.4. Los deberes del Estado para garantizar el derecho
de acceso a la justicia bajo tres premisas: la garantía
del debido proceso, la particularidad de los asuntos
ambientales y la atención a la vulnerabilidad del
contexto (numerales 1, 3, 4 y 5 del artículo 8.°)
Es importante partir de recordar que el debido proceso es un derecho
humano que, en términos de la Corte idh, implica el derecho a la adecua-
da defensa procesal para los asuntos bajo consideración judicial 2 . Se trata
de una garantía que debe estar presente en toda clase de procesos, no solo
en los penales, sino también en los civiles, administrativos o cualquier
otro. Busca que la ley se aplique de manera correcta, dentro de un marco
de respeto mínimo a la dignidad humana, evitando así la arbitrariedad
2
Véase Corte idh, Garantías judiciales en estados de emergencia (arts. 27.2, 25 y 8 de
la Convención Americana sobre Derechos Humanos), párr. 28; y Corte idh, Caso Urrutia
Laubreaux vs. Chile, excepciones preliminares, fondo, reparaciones y costas, sentencia del
27 de agosto de 2020, párr. 100.
121
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
e inseguridad que provocaría una carencia de reglas en la investigación
administrativa y/o judicial 3. Así, los principios en los cuales se sustenta
el debido proceso, son: la justicia (real, pronta y oportuna), la igualdad
entre las partes (garantías en el proceso) y la legalidad (respeto por las
normas y su cumplimiento), lo que incluye la garantía plena de ejercer el
derecho a la defensa y a la contradicción, en igualdad de condiciones, es
decir, mismas oportunidades para presentar y analizar pruebas, interpo-
ner recursos, dentro de plazos o términos iguales, entre otros elementos.
De tal manera, hacer realidad este discurso implica hacer lo necesario
para facilitar el acceso a la justicia, lo cual alude a la adopción de medidas
oportunas, idóneas y suficientes para reducir o eliminar las barreras de
acceso a la justicia. Se refiere, en este sentido, por un lado, por ejemplo,
en el marco de la virtualización de la justicia, a adoptar las medidas
necesarias para garantizar la conexidad en zonas alejadas, implementar
acciones de educación tecnológica, acceso a equipos tecnológicos, entre
otros aspectos. Así mismo, alude al diseño y la puesta en marcha de
medios para divulgar la existencia del derecho de acceso a la justicia y los
procedimientos para hacerlo efectivo. Por otro lado, alude a la necesidad
de implementar medidas con enfoque diferencial e interseccional para
garantizar un acceso a la justicia en sentido amplio, incluyendo los pro-
cedimientos ante autoridades judiciales o administrativas. Esto no solo
aporta elementos para que la ley sea aplicada en atención a las condiciones
de vulnerabilidad de quienes acuden a la justicia o a las instancias admi-
nistrativas (vgr. procesos de participación), sino que las decisiones que
se tomen y las medidas para su implementación adopten enfoques par-
ticulares sin los cuales se perpetuaría la vulnerabilidad, la desigualdad,
la inequidad, además de tornar aún más ajena la justicia.
Esa garantía de acceso implica la existencia de procedimientos i)
efectivos, que realmente conduzcan a un resultado; ii) oportunos, lo cual
está asociado a los tiempos, es decir, que sean cortos, justos, pertinentes;
iii) públicos, transparentes e imparciales, esto es, conocidos por todas las
personas, sin nada oculto y sin favorecimientos indebidos; y iv) gratuitos,
3
Véase Corte idh, Caso Granier y otros (Radio Caracas Televisión) vs. Venezuela, excep-
ciones preliminares, fondo, reparaciones y costas, párr. 252.
122
CONTENIDO
El acceso y la materialización de la justicia ambiental en América Latina
que no impliquen costos pues parte de la base de que acceder a la justicia
es gratis para todas las personas. De lo contrario, la materialización solo
se daría para ciertos sectores de la sociedad, ahondando así la brecha de
desigualdad en el acceso a la justicia y, en sentido amplio, en el acceso
a los derechos.
Esto igualmente supone la posibilidad de que cualquier persona
pueda actuar en defensa del medio ambiente, pues como se mencionó
líneas atrás, el ambiente es un derecho colectivo y su defensa representa
el interés público, mediante acciones administrativas y judiciales de
forma directa y que en el marco de éstas puedan de un lado, solicitar
medidas adecuadas para prevenir, frenar, atenuar o reparar los daños al
medio ambiente y, de otro lado, buscar que se adopten mecanismos para
lograr una adecuada reparación, lo cual puede versar sobre medidas de
restablecimiento o restauración, compensación o pago de una sanción
económica, indemnización de perjuicios u otras con matices de la repa-
ración integral, en términos de la Corte idh: satisfacción, garantías de
no repetición, atención a las personas afectadas.
Esto materializa uno de los grandes retos para los Estados, reflejado
en el deber de contar dentro de su andamiaje con instituciones y auto-
ridades con conocimientos especializados en materia ambiental, cuyas
acciones y decisiones estén sustentadas en premisas concretas y técnicas
que respondan de forma real a la problemática y sus implicaciones.
4.5. Los Estados deben asegurar que todos los aspectos
de forma y de fondo se cumplan de manera adecuada en los
procesos ante instancias judiciales o administrativas, desde el
inicio hasta la decisión (numerales 2, 4, 6 y 7 del artículo 8.°)
Dentro de los ordenamientos jurídicos deben contemplarse las medidas
necesarias para garantizar el derecho de todas las personas a acudir a las
autoridades judiciales (juzgados, tribunales, cortes) y administrativas
(instituciones del Estado), en el marco de procesos de participación para
la toma de decisiones ambientales, en aquellos en que esté de por medio
la afectación, real o latente, del medio ambiente, el incumplimiento o la
violación de normas relacionadas con el ambiente, o en los que se requiera
velar por el acceso a la información ambiental, derecho ampliamente
desarrollado en otros apartados del Acuerdo de Escazú.
123
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Uno de los grandes retos en materia ambiental es sin duda el tema
probatorio en el interior de procesos judiciales o administrativos, lo cual
implica dirigir la atención hacia la posibilidad de facilitar los aspectos
técnicos que suponen los asuntos ambientales, lo que se refiere, por
ejemplo, a que las pruebas técnicas puedan ser aportadas por un experto
(organización, entidad, empresa) o cualquiera que sea requerido por la
autoridad, pues difícilmente el ciudadano del común, en su legítima
facultad de activar la defensa del ambiente, conozca o entienda los ele-
mentos que prueben técnicamente la situación de amenaza o afectación.
Esto implica, correlativamente, el deber de las autoridades de dar
respuestas reales a los problemas de las personas, de donde se colige: un
abordaje de fondo del asunto, un procedimiento adecuado de las solicitu-
des presentadas, cumpliendo las normas, los tiempos y las etapas previs-
tas, y permitir a las personas oponerse a las decisiones tomadas y darles
igualmente una respuesta formal. Esto alude a la necesidad de incluir
una argumentación que permita inferir no solo la decisión final, sino los
motivos que condujeron a esta, en la medida de lo posible por escrito
y con los apoyos o ajustes requeridos para que la población a la que se
dirige tenga claridad sobre su contenido, lo que permite el conocimiento,
la transparencia y el empoderamiento en derechos. El conocimiento es
sin duda un factor de prevención de judicialización de la conflictividad
social, pues conforme las personas conocen sus derechos y las formas de
protegerlos, se activan espacios de participación y diálogo que pueden
reducir los escenarios de acción judicial.
De igual manera, es necesario que los Estados diseñen, adopten e
implementen mecanismos para sistematizar y difundir las decisiones
judiciales y administrativas, lo cual, entre otros aspectos, promueve la
transparencia en la gestión pública, genera un efecto ejemplarizante para
prevenir o corregir malas prácticas que pueden afectar el ambiente y forta-
lece las líneas jurisprudenciales de protección al ambiente. Es importante
precisar que los mecanismos no deberían centrarse solo en dar a conocer
la existencia de dichas decisiones, sino adoptar los medios necesarios
para hacer que su contenido sea entendido por todas las personas, pues
el excesivo tecnicismo jurídico que suele caracterizar estas decisiones
torna ajeno su alcance y contenido para el ciudadano del común. Ejem-
plo de ello son las órdenes de la jurisdicción constitucional orientadas
124
CONTENIDO
El acceso y la materialización de la justicia ambiental en América Latina
a la traducción de una decisión judicial a una lengua nativa4, que es un
derecho de las comunidades étnicas a veces ignorado o indebidamente
protegido. Esto, en últimas, es una forma de materializar el derecho de
acceso a la información.
Lo anterior implica, en consecuencia, el deber de adoptar mecanis-
mos para hacer cumplir las decisiones que surjan de esos procesos, de
manera adecuada, eficiente y oportuna, señalando que una de las mayores
dificultades en la región es el cumplimiento de decisiones judiciales,
muchas veces porque las órdenes judiciales implican actuaciones o eje-
cución de políticas públicas que acarrean gastos fiscales.
Esto va de la mano con el lineamiento 7 del referido Acuerdo, que
promueve el uso de los mecanismos alternativos de solución de controver-
sias (masc) en asuntos ambientales, como la mediación, la conciliación,
el arbitraje, la amigable composición. En ese sentido, no basta con la
incorporación en legislaciones, es necesario fortalecer dichos mecanis-
mos, fomentando su uso en contextos pedagógicos, para aprender sobre
estos y su efectividad, pero también disponiendo de los recursos físicos,
humanos y financieros idóneos y necesarios para aumentar la credibilidad
en estos y en lo que evitaría en términos de congestión judicial y manejo
de los conflictos sociales el hecho de saber de su existencia y sus efectos.
Por otra parte, el artículo 9.° del Acuerdo contiene uno de los elemen-
tos del instrumento que reafirman su carácter pionero, en el sentido de ser
el primer documento internacional vinculante que contiene obligaciones
específicas para la protección de las personas defensoras del ambiente
y la garantía de sus derechos humanos. La decisión de incluir normas
al respecto se relaciona con el reconocimiento de la grave situación
de inseguridad que viven estas personas en la región latinoamericana,
caracterizada como la más peligrosa para ejercer su labor de protección
ambiental (Global Witness, 2022). Lo dispuesto por el tratado busca
brindar un entorno seguro para trabajar en la defensa del ambiente, en el
4
A manera de ejemplo, véase Corte Constitucional de Colombia, Sentencia T-333
de 2022, magistrada ponente Cristina Pardo S., en la cual la Corte ordena una serie de
medidas para la protección de los derechos de la comunidad raizal del archipiélago de San
Andrés, Providencia y Santa Catalina y ordena la traducción del fallo a creole, lengua nativa
de dicha comunidad étnica.
125
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
sentido de garantizar a los defensores ambientales todos sus derechos y la
posibilidad de realizar su labor sin amenazas, hostigamientos o riesgos,
contra su vida e integridad personal o la de sus familias.
Una de las primeras inquietudes que surgen a la luz del artículo es
la definición de quién es una persona defensora de derechos humanos
en asuntos ambientales. Para el Relator Especial de Naciones Unidas
sobre defensores de derechos humanos, este tipo de defensores son las
personas, grupos o colectividades, que por medio de diversos medios y
actividades defienden y protegen los elementos del medio ambiente, como
la diversidad o la flora, así como otros derechos humanos conexos a este
(2016). Como se mencionó antes, ya que América Latina es la región
más violenta para la protección del ambiente debido a los asesinatos y la
criminalización, caracterizar a las personas defensoras, resaltar y exaltar
su rol, es una de las tareas principales de todos los actores sociales (Leyva
y Cerami, 2021). Los más afectados son “aquellos que se oponen a la
usurpación territorial, las industrias extractivas, el comercio industrial
de madera y los proyectos de desarrollo a gran escala” (Forst, 2016).
En particular, el Acuerdo contiene tres obligaciones para los Estados
en su protección: 1) garantizar un entorno seguro y propicio en el que
las personas, los grupos y las organizaciones que promueven y defien-
den los derechos humanos en asuntos ambientales puedan actuar sin
amenazas, restricciones e inseguridad; 2) tomar medidas adecuadas y
efectivas para reconocer, proteger y promover todos los derechos de las
personas defensoras de los derechos humanos en asuntos ambientales
y su capacidad para ejercer los derechos de acceso; y 3) tomar medidas
apropiadas, efectivas y oportunas para prevenir, investigar y sancionar
ataques, amenazas o intimidaciones que los defensores y defensoras de los
derechos humanos en asuntos ambientales puedan sufrir en el ejercicio
de los derechos contemplados de acceso que trae el tratado.
De cara a esta realidad, la protección de las personas defensoras y de
su rol pasa por dos esferas. Por un lado, una preventiva sobre la protec-
ción de las personas defensoras frente a los riesgos que i mplica su labor,
incluyendo la toma de medidas que fortalezcan los sistemas de protección
existentes; y otra restaurativa, que frente a la obligación de protección ase-
guren la eventual investigación, el juzgamiento y la sanción de los riesgos
que lleguen a materializarse. Por otra parte, su protección requiere la
126
CONTENIDO
El acceso y la materialización de la justicia ambiental en América Latina
garantía de un contexto propicio para el desarrollo de su trabajo, sin per-
juicio de la toma de medidas que de manera efectiva les permitan gozar
de derechos tan relevantes para su labor como la libertad de expresión
o la libre circulación y, por supuesto, los mismos derechos de acceso,
dispuestos en el resto del tratado, a la información, la participación y la
justicia ambiental.
4.6. Obstáculos para el acceso y la materialización
de la justicia ambiental: perspectivas académicas
y de organizaciones internacionales
Las exigencias del derecho al acceso a la justicia ambiental representan
un verdadero reto para los Estados, que de no afrontarse correctamente
conllevan numerosos y preocupantes obstáculos para su materialización.
Como señala Valencia (2013), estos pueden presentarse antes de acudir
a instancias judiciales o administrativas, durante los procesos surtidos
o posteriormente a ellos.
A continuación, se reseñan las principales barreras que encuentran
los y las líderes y personas defensoras del medio ambiente de cara a la
materialización del derecho al acceso a la justicia en sus territorios, sin
que esto implique desconocer que cada caso presenta sus propias limita-
ciones y niveles de dificultad, según el contexto particular.
4.6.1. Barreras económicas, culturales y sociales
El contexto que antecede el ejercicio del derecho tiende a involucrar cues-
tiones económicas, culturales y sociales que traducen vulnerabilidades y
limitaciones. En la mayoría de los casos estos aspectos representan una
afectación al derecho a la igualdad, toda vez que las particularidades y
las características de los actores y sus territorios implican una posición
de desventaja.
Para iniciar, puede señalarse que el derecho al acceso a la justicia
se ha visto afectado por la ausencia de recursos económicos desde dos
ámbitos: por un lado, el poder judicial para resolver los conflictos en el
menor tiempo posible; por otro lado, la población, que no logra acceder
a la justicia por falta de recursos económicos:
127
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
El costo de los litigios ambientales, ya sean en sede adminis-
trativa, judicial o de otro tipo, continúa siendo una limitante a
la hora de asegurar el derecho más amplio posible al acceso a la
justicia. (Cepal, 2018)
En cuanto a la falta de recursos de la población, se ha identificado
que el costo de profesionales del derecho que activen los procesos judi-
ciales o administrativos disuade a las comunidades, lo que restringe su
derecho al acceso a la justicia (Valencia, 2013). En el mismo sentido, los
altos costos de fianzas, costas, peritajes y pruebas dificultan el ejercicio
del derecho (Cepal, 2018).
Esta barrera se visibiliza especialmente si se tiene en cuenta que
para el año 2020, el 33 % de la población de la región se encontraba en
situación de pobreza y un 13,1 % en condiciones de pobreza extrema o
indigencia (Cepal, 2021), situación que afecta la capacidad para iniciar un
proceso. En este sentido, una consecuencia de la pobreza es la discrimi-
nación material que afecta directamente a quienes tienen pocos recursos
para acudir al sistema de justicia, pues, en efecto, estas personas no se
encuentran en capacidad de sostener o asumir los costos procesales, por
lo que se encuentran en una situación de desigualdad frente a quienes sí
pueden y tienen la maquinaria para hacerlo, como las grandes empresas.
Por otro lado, la diversidad cultural también traduce un obstáculo
en el acceso a la justicia ambiental. La Cepal (2018) advierte la f alta de
integración de comunidades indígenas en el modelo social, por ejemplo,
ante la ausencia de profesionales e instancias que manejan la lengua,
pese a que la población indígena suele estar involucrada en este tipo de
conflictos, lo que impone barreras culturales relacionadas con acceso
de justicia de esta población (Fundación Debido Proceso Legal & Ins-
tituto Defensa Legal, 2009). Igualmente, se identifica que otro desin-
centivo es el poco valor que se otorga a los conocimientos culturales del
territorio (Valencia, 2013).
Así, a pesar de que diferentes Estados de América Latina se auto-
denominan pluriculturales y existen avances importantes en el recono-
cimiento de la justicia indígena, las reglas de esta todavía no están claras
en su relación con la justicia ordinaria, lo que genera problemas como
128
CONTENIDO
El acceso y la materialización de la justicia ambiental en América Latina
la superposición de competencias (Fundación Debido Proceso Legal &
Instituto Defensa Legal, 2009).
En este punto es importante señalar que en América Latina y el
Caribe hay 54,8 millones de indígenas, lo que representa el 8,5 % de la
población, siendo la proporción más alta de todas las regiones del mundo
(OIT, 2020). Una característica de este grupo poblacional es su perte-
nencia a los estratos sociales y económicos más pobres, además, de ser
reconocidos como víctimas sistemáticas de violaciones de los derechos
humanos; de hecho, según la organización Global Witness (2022), el
39 % de los ataques registrados a personas defensoras del medio ambiente
entre el 2012 y el 2022 fue a personas indígenas.
Ahora bien, socialmente, deben destacarse factores que de igual
manera obstaculizan el acceso a la justicia ambiental. Por un lado, se evi-
dencia la normalización y la complicidad de ciertas comunidades con las
afectaciones ambientales, ante la falta de conocimiento/conciencia sobre
su relevancia y contradicción con el ordenamiento. Esto se evidencia,
por ejemplo, con el fenómeno del tráfico de especies silvestre, pues es
aceptado socialmente en ciertas áreas de la región, lo que a su vez genera
rechazo hacia la justicia ambiental y sus promotores.
De la mano con lo anterior, los conflictos ambientales suelen pre-
sentarse en áreas con presencia de grupos armados o grupos organiza-
dos que llevan a cabo acciones contra el medio ambiente y los recursos
naturales (Londoño, 2012). Estos grupos usualmente ejercen presión
sobre las poblaciones, al punto de instrumentalizarlas en sus actividades
ilícitas, o intimidarlas para que no activen el aparato estatal en ejercicio
del derecho al acceso a la justicia (Ginna, 2022). Igualmente, el ejerci-
cio de este derecho se ve obstaculizado por las constantes amenazas y
vulneraciones a los derechos humanos de quienes ejercen un liderazgo
en materia ambiental, con lo cual se atemoriza y coarta su accionar
(Bárcenas et al., 2021).
Por último, el imaginario social sobre la incapacidad institucional
de garantizar la justicia ambiental constituye una barrera para su acti-
vación, ya que las comunidades se abstienen de acudir a las autoridades
por desconfianza (Londoño, 2012). Ahora bien, no puede ignorarse que,
lastimosamente, en numerosos Estados esta situación no se limita a ser
un imaginario, sino una realidad, toda vez que las autoridades no cuentan
129
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
con las herramientas y el personal idóneo para garantizar el derecho,
situación a la que se suma el desinterés y la negligencia de algunos fun-
cionarios, la corrupción por intereses personales en proyectos con impacto
económico, la implementación de acciones violentas que vulneran los
derechos humanos y el desconocimiento de enfoques diferenciales.
4.6.2. Barreras en los procesos
En la presentación del Instituto de Defensa Legal (idl) de Perú y la Fun-
dación Debido Proceso Legal (dplf) ante el Honorable Comité Jurídico
Interamericano sobre las dificultades del acceso igualitario a la justicia
en América (2009), se resaltó que uno de los problemas más grandes y
comunes en los sistemas latinoamericanos es la burocratización de la
justicia, destacándose como un obstáculo la cantidad de procedimientos
y requisitos que se establecen en los procesos. La necesidad de conocer
el ordenamiento alcanza un nivel técnico y de difícil acceso.
Una barrera procesal, como señala Guzmán (2020), es la existencia de
una parte débil en el litigio ambiental y una parte fuerte: la débil suele ser
la demandante, que a su vez es una personal natural o jurídica que busca la
efectividad del derecho ambiental, la prevención o la reparación de un
daño ambiental. Esta parte suele carecer de experiencia en el desarrollo
de los casos en instancias judiciales, administrativas u otras no judicia-
les, lo cual repercute en la defensa y la recolección probatoria (Valencia,
2013); igualmente, la cuestión económica tiene un papel determinante
en este punto, toda vez que el costo de pruebas técnicas tiende a ser de
difícil acceso, así como el cubrimiento de gastos de abogados y equipos
técnicos que lleven el caso y los demás gastos judiciales, lo cual refuerza
la desigualdad de las partes.
Ahora bien, como señala el artículo 8.º del Acuerdo de Escazú, el
derecho al acceso a la justicia ambiental comprende contar con órganos
estatales con acceso a conocimientos especializados en materia ambiental.
Este punto representa un limitante en la materialización del derecho, toda
vez que las cuestiones ambientales resultan especialmente técnicas y que
por lo general involucran ciencias diversas, como la biología, la micro-
biología, la ingeniería ambiental o el saneamiento ambiental, entre otras.
En América Latina no es usual que las instancias cuenten con
personal suficiente e idóneo para responder a estos requerimientos, lo
130
CONTENIDO
El acceso y la materialización de la justicia ambiental en América Latina
cual atenta contra el derecho a la justicia ambiental al derivar decisiones
insuficientes o inapropiadas. La ausencia de fueros especiales desfavorece
el avance en criterios de interpretación y garantía de derechos (Valencia,
2013), por lo que resulta fundamental la existencia de autoridades con
conocimiento especializado que respondan efectivamente a las proble-
máticas que se plantean.
Igualmente, el artículo 8.º del Acuerdo de Escazú prevé como ele-
mento del derecho contar con procedimientos efectivos, oportunos, públi-
cos, transparentes, imparciales y sin costos prohibitivos. En tal sentido,
se cuestiona sobre todo el manejo de la evidencia, así como su aporte y
valoración por los jueces, ya que la carga de la prueba usualmente recae en
el demandante (que muchas veces carece de capacidad para allegar prue-
bas técnicas por cuestiones económicas, logísticas o desconocimiento), y
los jueces no cuentan con mayor preparación para valorar las pruebas por
su carácter técnico y necesidad de análisis en un contexto social, político,
económico, ambiental y colectivo (Valencia, 2013).
Ahora, si se piensa en la efectividad y la oportunidad de los proce-
dimientos, surge de manera inmediata la inquietud sobre su materializa-
ción. Las causas ambientales suelen requerir un accionar inmediato para
evitar la afectación, sin embargo, es constante ver que los pronuncia-
mientos tardan meses e incluso años, y la decisión tiene lugar cuando la
afectación se ha consumado o agravado, sin medidas cautelares efectivas.
Por último, es importante tener presente que la mayoría de los países
de América Latina y el Caribe tienen altos porcentajes de carga proce-
sal pendiente. En el caso de Colombia, el índice de congestión judicial
en el 2022 fue del 58,2 %, así que por cada 100 procesos judiciales que
entraron al sistema, 58 se quedaron sin evacuar (CEJ, 2023). Por su
lado, para el año 2013 se reveló que Bolivia, contaba con un 68,9 % de
causas pendientes (Fundación Nuevo Milenio, 2018). Además, según el
Boletín Estadístico Institucional de Perú (2022), a inicios del 2022 este
país presentaba 1 044 019 procesos pendientes.
Estos procesos se extienden en el tiempo por la incapacidad insti-
tucional, la ausencia de recursos técnicos, económicos y de personal, la
priorización de causas de naturaleza distinta a la ambiental, la compleji-
dad de los asuntos y de las regulaciones, y la diversidad de actores, entre
otros (Güiza-Suárez y Jiménez, 2022).
131
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
4.6.3. Ejecución de las decisiones
Así como antes y durante los procesos de acceso a la justicia se presentan
obstáculos, también es posible evidenciar barreras en la materialización
del derecho tras la adopción de decisiones por parte de las autoridades
competentes.
Guzmán (2020) expone con precisión que la principal barrera es la
falta de eficacia de las resoluciones administrativas y el cumplimiento de
las decisiones judiciales, bien sea por derivar gastos fiscales o por resultar
tan ambiciosas que su ejecución no logra darse en el tiempo planteado o
con los alcances esperados.
4.6.4. Barreras ocasionadas por la ausencia de implementación
de leyes y falta de seguridad ante la actividad de liderazgo
La falta de voluntad política para abordar los problemas ambientales y
promover la justicia ambiental se presenta como un obstáculo significativo
para el acceso a la justicia. Valencia (2013) advierte que los conflictos
normalmente se presentan entre comunidad y agente económico o Esta-
do, teniendo los segundos una capacidad de maniobra política amplia
que deja en desventaja a los ciudadanos; además, no solo el contradictor
representa una desventaja, sino también los interesados en el proceso que
pueden llegar ejercen influencia política y corrupta.
Además, en la mayoría de los países de América Latina no existe una
política estatal que fomente la inclusión de funcionarios de justicia que
conocen una lengua indígena o que tienen una lengua indígena como
lengua materna dentro del sistema (Fundación Debido Proceso Legal &
Instituto de Defensa Legal, 2009). Adicionalmente, se evidencia que, en
estos, existe una falta de implementación efectiva de leyes y regulaciones
ambientales que puede debilitar los esfuerzos de justicia ambiental y
perpetuar la impunidad. Un ejemplo de esta problemática se evidencia
en la falta de implementación o de regulación de la consulta previa a los
pueblos indígenas como medio de proteger sus derechos.
De la mano de lo anterior, las presiones políticas y la influencia
corporativa pueden afectar negativamente el acceso a la justicia ambien-
tal. Mientras se evidencian grandes riesgos y amenazas a la seguridad
de quienes defienden el medio ambiente. A pesar de que esta es una
problemática a nivel mundial, Global Witness (2022) registró que el
132
CONTENIDO
El acceso y la materialización de la justicia ambiental en América Latina
68 % de estas vulneraciones de derechos se dieron en América Latina.
En el 2021, de las doscientas personas que desempeñaban el papel de
defensoras del medio ambiente registradas como asesinadas, 54 fueron
en México, siendo así el país con mayor número de agresiones, seguido
por Colombia y Brasil (Global Witness, 2022). En este orden, se desta-
can como obstáculos para el acceso a la justicia y materialización de la
justicia ambiental:
1. Falta de conciencia y educación ambiental: la falta de compren-
sión sobre este tipo de problemas y su importancia dificulta la
movilización y el apoyo público.
2. Complejidad legal: el sistema legal en los países latinoamericanos
se caracteriza por ser complejo y confuso, lo que dificulta que
las personas comprendan sus derechos y los procesos judiciales
relacionados con cuestiones ambientales.
3. Limitaciones de tiempo: de la mano de lo anterior, los plazos para
la realización de acciones legales suelen ser estrictos y con largos
procedimientos, lo que se presenta como un obstáculo para quienes
buscan justicia ambiental, en especial para las comunidades con
recursos limitados.
4. Desafíos de prueba: además, la conexión causal entre las activida-
des contaminantes y los daños ambientales puede ser, en algunos
casos, un desafío, lo que dificulta la obtención de justicia.
5. Falta de coordinación entre jurisdicciones: como se ha explicado,
los problemas ambientales pueden abarcar múltiples jurisdiccio-
nes, lo que genera confusiones y obstáculos para buscar justicia
de manera efectiva.
6. Barreras de idioma y traducción: solo en Colombia se hablan 68
lenguas nativas. Ahora bien, en Latinoamérica se dimensionan
alrededor de 550 lenguas indígenas (Ministerio de Cultura, 2022).
Las barreras lingüísticas afectan el acceso a la justicia; la falta de
servicios de interpretación y traducción excluye a las personas de
habla no dominante.
7. Barreras económicas: otra barrera evidenciada son los costos
asociados con el acceso a la justicia, que pueden limitar la par-
ticipación de las comunidades afectadas y las organizaciones sin
133
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
fines de lucro en los procesos judiciales. Esto, de la mano de que
las comunidades y los grupos marginados suelen tener menos
recursos financieros, legales y técnicos para tocar los problemas
ambientales y buscar justicia.
8. Falta de iniciativa política: para abordar los problemas ambien-
tales y promover la justicia ambiental, evidenciada en el retraso
de implementaciones de leyes y regulación ambiental; lo que no
solo debilita los esfuerzos de justicia ambiental, sino que perpetúa
la impunidad.
9. Presión política y corporativa: dichas presiones y la influencia
corporativa suelen ser una causa de la falta de iniciativa política,
lo que afecta negativamente el acceso a la justicia ambiental,
al obstaculizarse los esfuerzos por abordar los problemas y las
responsabilidades.
10. Riesgos y amenazas a la seguridad: quienes buscan justicia am-
biental suelen enfrentar riesgos y amenazas a su seguridad, en
particular en contextos en los cuales los intereses económicos y
políticos están en juego.
4.7. Materialización del acceso a la justicia
ambiental: la experiencia de la sociedad civil
Una vez abordadas las dificultades para el acceso a la justicia, en este
apartado se concentran las entrevistas realizadas a organizaciones de
la sociedad civil y sus hallazgos, como se indicó en la introducción
de este escrito. A continuación, se hará una breve descripción de las
organizaciones entrevistadas, con el fin de conocer las distintas líneas
de acción desde las cuales cada una interactúa con el acceso a la justicia
ambiental, para posteriormente analizar cómo entienden este derecho
humano. Luego, se expondrán los distintos obstáculos que encuentran
estas organizaciones, a nivel regional, nacional y local, para acceder a
la justicia ambiental, así como las oportunidades que encuentran para
hacer frente a estas dificultades.
134
CONTENIDO
El acceso y la materialización de la justicia ambiental en América Latina
De un lado, se entrevistó a la Asociación Interamericana de Defensa
del Ambiente (aida)5, una organización jurídica y científica con pre-
sencia en varios países de América Latina, cuyo objetivo es promover
la protección del medio ambiente mediante el litigio estratégico, la
incidencia pública ante gobiernos, bancos multilaterales y organismos
internacionales y la participación en procesos de negociación de normas
nacionales e internacionales. Su trabajo está estrechamente relacionado
con el acceso a la justicia ambiental por medio del litigio estratégico
en temas como cambio climático, ecosistemas, agua dulce, derechos
humanos y ambiente. Además, trabajan en líneas transversales como
personas defensoras ambientales, comunidades indígenas, género y
energías limpias (Peña, 2023)6. El objetivo de incluir a esta organización
en el análisis académico de este artículo fue contar con una perspectiva
regional de la materialización del acceso a la justicia ambiental, teniendo
en cuenta la amplia cobertura que tiene esta organización en Latinoamé-
rica y considerando que trabajan en distintas jurisdicciones que tienen
ordenamientos jurídicos y políticas públicas diferentes que facilitan o
dificultan la materialización de este derecho humano.
De otro lado, se entrevistó a tres organizaciones cuyo trabajo tiene
alcance dentro de la jurisdicción en la cual se encuentra cada una, con el
fin de conocer el alcance de sus experiencias a nivel nacional, así como
para hacer un ejercicio de comparación de buenas prácticas y obstáculos
compartidos. En primer lugar, se entrevistó al Centro Sociojurídico para
la Defensa Territorial (Siembra)7, una ong que busca proteger el territorio
de comunidades afectadas por proyectos extractivos en Colombia. Su
objetivo principal es brindar acompañamiento integral a estas comuni-
dades, mediante asesoría jurídica, incidencia nacional e internacional,
fortalecimiento comunitario, investigación y comunicación. Esta organi-
zación tiene un enfoque en justicia ambiental centrado en analizar meca-
nismos de participación ambiental, legislación ambiental y protección
5
Para más información sobre esta organización visitar: [Link]
6
Para esta investigación se entrevistó a Rosa Peña, abogada del programa de Derechos
Humanos y Ambiente en aida, el día 17 de julio del 2023.
7
Para más información sobre esta organización visitar: [Link]
org/
135
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
de la naturaleza (Moreno, 2023)8. En segundo lugar, se entrevistó a la
Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (spda)9, una organización con
amplia experiencia en la promoción de políticas públicas de desarrollo
sostenible y derechos ambientales en Perú. Su trabajo está encaminado
a promover políticas de gobernanza ambiental, biodiversidad, bosques,
gobernanza marina y fortalecimiento de capacidades locales. Su relación
con el acceso a la justicia ambiental se basa en su labor como centro de
pensamiento jurídico y aplicando el derecho en territorios para defender
el ambiente y los derechos ambientales (Mora, 2023)10. En tercer lugar,
la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (farn)11, la cual se enfoca
en promover la participación pública en el diseño de la política ambien-
tal en Argentina. Su objetivo es fomentar el acceso a la información, la
efectividad de la participación y la justicia ambiental, para lo cual trabaja
en temas de conservación, cambio climático y transición energética y par-
ticipa en litigio estratégico mediante su clínica jurídica (Napoli, 2023)12 .
Finalmente, se entrevistó a dos organizaciones locales colombianas
conformadas principalmente por liderazgos comunitarios en Cundina-
marca (centro del país) y en el archipiélago de San Andrés y Providencia
(mar Caribe). Estas entrevistas se orientaban a comprender la perspectiva
comunitaria de acceso a la justicia ambiental y a conocer, de primera
mano, la experiencia que tienen la ciudadanía y las comunidades afec-
tadas a la hora de proteger sus territorios ante conflictos ambientales.
Así, se entrevistó a la Veeduría Suesca, una organización que surge como
una iniciativa de vigilancia y control sobre el río Bogotá, cuyo objetivo
es hacer seguimiento y compartir información con alcaldías y concejos
municipales para mejorar la gestión ambiental del mencionado río. Aun-
que la iniciativa de su creación fue institucional, en los últimos años ha
8
Para esta investigación se entrevistó a Sara Sofía Moreno, coordinadora de acom-
pañamientos de Cajamarca y Costa Pacífica en Siembra el día 7 de junio del 2023.
9
Para más información sobre esta organización visitar: [Link]
Para esta investigación se entrevistó a Carol Mora, directora de Política y Gobernanza
10
Ambiental en la spda, el día 13 de junio del 2023.
11
Para mayor información sobre esta organización visitar: [Link]
12
Para esta investigación se entrevistó a Andrés Napoli, director ejecutivo en farn,
el día 14 de junio del 2023.
136
CONTENIDO
El acceso y la materialización de la justicia ambiental en América Latina
involucrado más a la ciudadanía y busca acceder a la información para
ejercer un control efectivo sobre la gestión ambiental del río (Tobón,
2023)13. Igualmente, se entrevistó a la Fundación Providence14 , una
organización que trabaja desde el 2005 en el desarrollo sostenible de los
ecosistemas insulares del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa
Catalina. Su enfoque incluye la gestión del riesgo y el cambio climático,
así como la protección de ecosistemas marinos y costeros, y también
promueve la participación ciudadana y la concienciación mediante la
educación ambiental (Mow, 2023)15.
En las entrevistas realizadas se encontró que no existe una definición
única sobre lo que las organizaciones sociales conciben o entienden como
acceso a la justicia ambiental. Sin embargo, se resaltan unos elementos
comunes que coinciden con las temáticas desarrolladas en la primera
parte del capítulo. En primer lugar, se destaca que es un derecho humano
individual y colectivo, exigible y por el que se debe luchar para su defensa
desde todos los niveles y actores. Como elementos importantes de la
justicia ambiental se encontraron: i) la necesidad de la participación efec-
tiva de las comunidades en la toma de decisiones, incluida la capacidad
de incidir para modificar las decisiones que se tomen sobre el territorio
(Mow, 2023; Moreno, 2023); ii) el acceso transparente a la información
pública y que esa información sea comprensible para las personas del
común porque las organizaciones señalan que no es posible participar
sin que la información sea clara (Tobón, 2023); y iii) la existencia de
herramientas jurídicas tanto administrativas como jurisdiccionales para
proteger el ambiente.
Adicionalmente, las organizaciones hicieron alusión a otros aspectos
que a su juicio forman parte del acceso a la justicia ambiental y que pue-
den resultar pertinentes para una comprensión desde las dinámicas del
territorio. En los contextos de participación, se reconoce la importancia
13
Para esta investigación se entrevistó a Carolina Tobón, veedora en la Veeduría Suesca,
el día 29 de junio del 2023.
14
Para mayor información sobre esta organización visitar: [Link]
org/
15
Para esta investigación se entrevistó a June Marie Mow, directora ejecutiva en
Fundación Providence, el día 12 de julio del 2023.
137
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
de las instancias administrativas, para que no toda problemática termine
en actuaciones judiciales, sino que en los distintos escenarios se reconozca
la voz y el conocimiento que hay en las comunidades locales sobre el terri-
torio. Esto es posible mediante el empoderamiento comunitario (Napoli,
2023; Mow, 2023), que se inicia con un convencimiento de valorar lo
propio y brindar herramientas para defenderlo en distintos escenarios.
Hacer posible la protección del ambiente con una visión local, en la que
se valoren e incluyan los conocimientos ancestrales o los conocimientos
locales sobre los recursos hídricos, naturales, de fauna, de flora, respe-
tando la cotidianidad de las comunidades, hace una gran diferencia. De
esta forma, se deja de ver que una gestión de los recursos naturales con
una visión no exclusivamente externa, biológica o económica, sino que
se integran las dinámicas sociales, culturales y económicas comunitarias,
antes, durante y después de la intervención.
Esto último también aplica durante los procesos judiciales, en los que
se espera que se creen condiciones institucionales en las que se reconozcan
los saberes locales (Mow, 2023), por ejemplo, valorando dicho conoci-
miento como medio de prueba. También, que se disponga desde el inicio
un acceso sin barreras económicas, culturales o de conocimiento técnico
por parte de los afectados por el proyecto, para acortar la brecha existente
entre las empresas y las comunidades, en el momento de defender los
intereses en disputa. Adicionalmente, para el proceso en sí mismo, se
considera oportuno que los jueces que tramitan los casos se especialicen
en este tipo de casos, lo cual abre un debate sobre la necesidad de una
jurisdicción ambiental. Estos jueces también deben tener conocimientos
de las normas constitucionales generales y específicamente ambientales,
pero deben tener experiencia en gestión de conflictos socioambientales
(Mow, 2023). Además, resulta deseable que, tratándose de conflictos
ambientales en territorios étnicos, quienes estén a cargo de proveer
servicios de acceso a la justicia ambiental tomen en consideración los
conocimientos ancestrales y las cosmologías que existen sobre el territorio
y los recursos naturales a la hora de resolver dicho conflicto.
Un aspecto que se señaló en diversas oportunidades, como parte
esencial de la definición de acceso a la justicia, es que las decisiones que
se tomen en esas instancias judiciales sean cumplidas por el Estado, las
empresas y las comunidades. Algunas de las organizaciones entrevistadas
138
CONTENIDO
El acceso y la materialización de la justicia ambiental en América Latina
mencionan que en su ejercicio han tenido fallos favorables en términos
judiciales, pero que ha sido imposible su implementación en la práctica,
y que esto impide que haya justamente ese acceso a la justicia ambiental
en términos reales, que se resuelvan y atiendan las necesidades de las
comunidades. Por ejemplo, en Argentina, la emblemática causa Mendoza
o caso río Matanza-Riachuelo, en la cual la Corte Suprema de Justicia de
la Nación dio respuesta a una crisis ambiental causada por la contamina-
ción de la cuenca del río Matanza-Riachuelo. Esta decisión representó
un hito judicial en materia de acceso a la justicia ambiental, pues se
emitieron varias órdenes para que el Estado adoptara políticas públicas
encaminadas a recuperar el ambiente y prevenir la contaminación del
río. No obstante, según farn, la implementación de dichas órdenes ha
sido retadora, pues, entre otros factores, en la sentencia no se definieron
resultados ni acciones específicas sobre el saneamiento y la recomposición
del río, ni los costos o plazos en que dichas acciones debían llevarse a
cabo, lo que ha hecho que en la actualidad, a pesar de encontrarse en
ejecución este fallo, no se puede mostrar que haya mejorado la calidad
del agua y el aire de la cuenca del río (farn, 2020).
Por último, el concepto de acceso a la justicia ambiental debe también
incluir la prevención del conflicto socioambiental (Peña, 2023), lo cual es
posible si se lleva un conocimiento especializado a las comunidades, la
concienciación de las empresas sobre su responsabilidad en la búsqueda de
la sostenibilidad económica y social de sus proyectos, y el fortalecimiento
del Estado para acompañar a las comunidades, vigilar el cumplimiento
normativo y ejercer su poder sancionador.
Como se evidenció, las organizaciones entrevistadas tienen una defi-
nición de acceso a la justicia amplia e integral, en la cual, sin importar
el nivel en el que desarrollan su trabajo, reconocen unos atributos esen-
ciales en el concepto, lo cual se complementa con el creciente desarrollo
de los estándares internacionales que contienen garantías para el acceso
a la justicia ambiental. Sin embargo, la aplicación práctica del concepto
y las disposiciones normativas mencionadas en la solución de los con-
flictos ambientales aún se enfrenta a múltiples obstáculos. Al analizar
las entrevistas a las organizaciones civiles se encontraron experiencias
bastante similares en las organizaciones regionales, nacionales y locales
en la identificación de barreras que impiden acceder a la justicia.
139
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
En primer lugar, todas las organizaciones entrevistadas encontraron
que el limitado acceso a la información impide una materialización del
acceso a la justicia ambiental y dificulta la participación de las comu-
nidades en la toma de decisiones sobre proyectos que tengan impacto
ambiental. Las organizaciones de nivel nacional manifestaron que las
autoridades ambientales no cuentan con sistemas de gestión de informa-
ción públicos y comprensibles, lo que impide a las comunidades acceder
a la información sobre los impactos ambientales que tienen ciertos pro-
yectos (Moreno, 2023). Además, las organizaciones de los tres niveles
manifestaron que la información está centralizada y limitada, y a menudo
se requiere recurrir a acciones legales para obtenerla. Por último, algunas
organizaciones manifestaron que tanto autoridades como empresas reser-
van información clasificada, a pesar de que no sea legalmente información
sensible, lo que obstaculiza la participación efectiva (Moreno, 2023).
En segundo lugar, las organizaciones también encontraron la desar-
ticulación y la falta de coordinación institucional como un obstáculo para
acceder a la justicia ambiental. Se encontró que varias de las organizacio-
nes de la sociedad civil con alcance nacional destacan que hay una falta
de claridad en las competencias ambientales de las autoridades, lo que,
sumado a la desorganización institucional, dificulta la respuesta oportuna
a las denuncias y la protección del medio ambiente (Mora, 2023; Moreno,
2023). A manera de ejemplo, algunos conflictos ambientales relacionados
con ecosistemas específicos no pueden ser resueltos de manera efectiva
porque ninguna autoridad se adjudica la competencia sobre la protección
de dicho ecosistema, como ocurre en Perú con los páramos (Mora, 2023).
De la misma manera, esta falta de claridad de competencias se traduce en
una insuficiencia de financiamiento y asignación de recursos públicos para
ejercer funciones relacionadas con el acceso a la justicia ambiental, lo que
limita la capacidad de las autoridades para llevar a cabo investigaciones
y acciones efectivas (Peña, 2023). Por ejemplo, en las entrevistas a los
miembros de organizaciones que hacen litigio estratégico, fue claro que
algunas sentencias que resolvían conflictos ambientales incluían medidas
de reparación y mitigación ambiental muy costosas, lo cual dificulta su
ejecución por la falta de financiamiento público y reserva presupuestal de
las autoridades involucradas para fines de acceso a la justicia ambiental.
140
CONTENIDO
El acceso y la materialización de la justicia ambiental en América Latina
Otro de los obstáculos más comunes que se identificaron en las
entrevistas fue la falta de especialización de la justicia en los asuntos
ambientales, lo cual se traduce en una ausencia de conocimiento técnico
en materia ambiental por parte de los órganos judiciales y administrativos.
La falta de una jurisdicción ambiental específica genera dificultades para
cuantificar los daños ambientales y adoptar medidas adecuadas de repara-
ción y mitigación (Mora, 2023). Este obstáculo lleva a que los conflictos
ambientales en sede judicial sean resueltos por jueces administrativos,
que no cuentan con mayor conocimiento sobre derecho ambiental, y en
sus equipos no se cuenta con expertos técnicos que permitan medir los
impactos ambientales y formular órdenes con la capacidad de generar
reparaciones en el medio ambiente.
De manera similar, la investigación y la sanción de delitos ambien-
tales es resuelta por jueces penales que no cuentan con el conocimiento
técnico para determinar el nexo de atribución entre las conductas que
generan daños ambientales imputables y los responsables de dichos
delitos (Mora, 2023). Aún más, entender los conflictos ambientales se
ha limitado a un asunto de responsabilidad estatal, y se ignora que tam-
bién el sector privado y las empresas tienen responsabilidades legales de
debida diligencia en materia ambiental y de derechos humanos, por lo
que es importante entender que el acceso a la justicia ambiental supera la
jurisdicción administrativa y en ocasiones puede incluir asuntos civiles,
comerciales y constitucionales (Peña, 2023).
En las entrevistas se identificó como una de las causas de la falta de
especialización de la justicia ambiental, el que las facultades de derecho
no le dan la relevancia suficiente al derecho ambiental dentro de sus
programas, en contraste con otras ramas del derecho, lo que genera que
los abogados no cuenten con una formación integral que les permita
resolver conflictos de carácter ambiental (Peña, 2023).
Con relación al acceso a la justicia ambiental en sede judicial, también
fue recurrente que las organizaciones de la sociedad civil identificaran la
extensión en el tiempo de los procesos como un obstáculo para la mate-
rialización de este derecho humano. En este sentido, organizaciones de
distintos países identificaron que la duración temporal de las acciones
judiciales desincentiva el uso de estos mecanismos para proteger el medio
ambiente, pues mientras se resuelve la acción los efectos ambientales
141
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
son cada vez más graves (Moreno, 2023). Así mismo, la dilación de los
procesos judiciales también genera desincentivo para las comunidades,
pues se generan falsas expectativas frente a la posibilidad de obtener una
solución pronta y satisfactoria, capaz de frenar y remediar los impactos
ambientales (Moreno, 2023; Peña, 2023; Mora, 2023; Napoli, 2023).
Igualmente, se encontró de manera frecuente en las entrevistas a las
organizaciones de nivel local y nacional, la presencia de una barrera en la
falta de transparencia de las instituciones y la desconfianza de la ciudada-
nía en la justicia (Mow, 2023; Tobón, 2023). En ese sentido, se tocaron
experiencias que demuestran situaciones tales como la falta de claridad
en la información, la incoherencia de las posturas de las autoridades,
la falta de respuesta oportuna a las denuncias y la falta de rendición de
cuentas, lo que redunda en una percepción de desinterés y desconfianza
por parte de la población, lo cual dificulta su participación y el acceso
a la justicia ambiental (Mora, 2023). Esto tiende a agravarse cuando
los entes de control y de defensa pública no participan en los procesos
de acceso a la justicia ambiental, lo que genera que estas acciones sean
desequilibradas y que las comunidades tengan una sensación de ser las
únicas interesadas por denunciar los daños ambientales (Napoli, 2023).
Con referencia la participación de las comunidades en asuntos
ambientales como eje fundamental del acceso a la justicia ambiental,
se encontró que las organizaciones de la sociedad civil identifican una
subvaloración del conocimiento y la experiencia de las comunidades
locales en temas ambientales (Peña, 2023). Por ejemplo, en sede judicial,
las limitaciones en la carga de la prueba y la falta de reconocimiento y
valoración de pruebas basadas en el conocimiento tradicional y en la
epidemiología popular16 dificultan la defensa de los derechos ambientales
y la adopción de sentencias que se acomoden al contexto y las realidades
de las comunidades (Peña, 2023). Además, las organizaciones del orden
local encontraron que la existencia de espacios de participación limita-
dos, desequilibrados y paternalistas, donde la comunidad no se siente
16
La epidemiología popular es entendida como los conocimientos que las personas no
especializadas tienen sobre la distribución de las enfermedades. Esto incluye investigaciones
ciudadanas sobre enfermedades o efectos que tiene la contaminación ambiental en la salud
de la población. Véase más en: [Link]
142
CONTENIDO
El acceso y la materialización de la justicia ambiental en América Latina
escuchada ni tiene condiciones equitativas para participar, impide una
real incidencia en las decisiones de carácter ambiental y un efectivo goce
del derecho al acceso a la justicia ambiental (Mow, 2023; Moreno, 2023).
Incluso, algunas experiencias compartidas demuestran que la partici-
pación ambiental muchas veces es tomada por las autoridades como un
requisito formal, mas no como un verdadero espacio propositivo (Peña,
2023), lo que a su vez genera dinámicas perjudiciales para la construc-
ción de tejido social en las comunidades, pues genera desinterés en los
espacios, y se limitan a participar cuando hay un incentivo económico
(Mow, 2023).
Por último, cuando se indagó sobre la efectividad de la justicia
ambiental, se encontró de manera general que el acceso a esta justicia pre-
senta diversos desafíos que limitan su efectividad en la ejecución de medi-
das para prevenir, restablecer, reparar o mitigar los daños a mbientales.
Entre los obstáculos más frecuentes se reiteró que los actores involucrados
en la toma de decisiones no tienen suficiente conocimiento técnico en
asuntos ambientales, lo que puede afectar la calidad y la efectividad de
las medidas adoptadas, pues no responden a los requerimientos técnicos
y al contexto de cada ecosistema (Moreno, 2023; Mora, 2023). Por otro
lado, a pesar de que en algunos casos se emiten fallos favorables, estos
son efectivos generalmente cuando implican medidas de no hacer, como
la suspensión de licencias o permisos (Napoli, 2023), mientras que la
efectividad de medidas activas se obstaculiza, pues su implementación
está sujeta a la ejecución de recursos que no fueron incluidos en los pre-
supuestos de las autoridades; a la reducida capacidad institucional para
poder cumplir las órdenes; y a la ausencia de interés político para ejecutar
las sentencias (Moreno, 2023).
De igual manera, se identificó que la efectividad del acceso a la
justicia es mayor cuando se ordenan medidas políticamente más acota-
das y concretas, que tienen en cuenta los contextos particulares de las
comunidades, en oposición a sentencias poco efectivas que pretenden
abordar medidas demasiado ambiciosas que no responden a la realidad
de las capacidades institucionales y de las necesidades de las comunidades
(Peña, 2023). En este mismo sentido, las organizaciones locales entrevis-
tadas fueron enfáticas al manifestar que la justicia ambiental solo puede
ser efectiva si los tomadores de decisiones tienen en cuenta el contexto
143
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
social y el conocimiento comunitario sobre el medio ambiente, toda vez
que son las mismas comunidades las que se involucran en el cumplimiento
de las decisiones (Tobón, 2023; Mow, 2023). Finalmente, la efectividad
de los fallos se ve reducida por la dilación de los procesos, ya que los
daños ambientales requieren una acción mucho más preventiva que no
puede esperar todas las etapas extensas de un proceso judicial, por eso,
algunas organizaciones sugieren que la efectividad del acceso a la justi-
cia ambiental debe enfocarse en la prevención de los daños ambientales
(Mora, 2023; Peña, 2023).
En resumen, se observa que si bien existen esfuerzos legales y polí-
ticos para abordar la justicia ambiental en América Latina, también hay
importantes desafíos en el acceso efectivo a esta, que parten de las com-
plejidades del acceso a la información, la subvaloración de la participa-
ción, la dilación de los procesos y su complejidad probatoria y la ausencia
de medidas efectivas para proteger el medio ambiente. De tal manera, se
destaca que la sociedad civil considera, que para lograr un acceso efectivo
a la justicia ambiental es necesario promover la participación pública y
mejorar el conocimiento técnico de los tomadores de decisiones. Estos
desafíos resaltan la necesidad de mejorar las políticas de implementación
de los mecanismos legales que garantizan este derecho y de fortalecer la
participación ciudadana en la protección del medio ambiente.
De las entrevistas realizadas se recogen elementos que pueden
conformar estrategias que aporten a la superación de las barreras del
acceso a la justicia ambiental enunciadas, enfocadas principalmente en
fortalecer el acceso a la información, la participación y la justicia y otras
de carácter transversal o estructural. En primer lugar, en términos de
acceso a la información, se menciona que a pesar de que existen sistemas
de información estatal, su contenido es complejo y desactualizado, por lo
que se sugiere la creación de sistemas públicos que incluyan información
clara, comprensible y en lo posible en tiempo real con el estado actual
de los proyectos (Moreno, 2023). Por ende, se debe seguir fortaleciendo
a las comunidades para que tengan las herramientas para solicitar la
información y con conocimientos técnicos para que puedan entenderla.
En segundo lugar, para mejorar la participación se sugiere que
existan espacios de diálogo constante entre las comunidades, el Estado
y las empresas para que antes, durante y después de la ejecución de los
144
CONTENIDO
El acceso y la materialización de la justicia ambiental en América Latina
proyectos sea posible hacer seguimiento a los acuerdos pactados y tratar
de aterrizar las expectativas tanto de la comunidad como de las empresas.
Para esto se sugiere que se creen o se implementen mecanismos de ren-
dición de cuentas de las empresas a la comunidad y con garantía estatal.
En tercer lugar, para mejorar el acceso a la justicia formal se requiere
una estrategia estatal para la especialización de los jueces en materia
ambiental, que haga posible un abordaje integral de los asuntos ambien-
tales durante todo el proceso y no solo en la parte probatoria, lo cual
conlleva unas sentencias más conducentes (Napoli, 2023). Algunas
alternativas pueden ser capacitar a los jueces que hoy llevan este tipo
de procesos o crear la jurisdicción ambiental (Mora, 2023). También se
podría vincular a expertos técnicos como auxiliares de la justicia que
expliquen a los jueces y a la comunidad. Para fortalecer esto, se propone
aprovechar el conocimiento que tienen algunas organizaciones de la
sociedad civil y vincularlas como parte técnica a los procesos judiciales
(Moreno, 2023). Por último, es importante conseguir el compromiso del
Estado y las empresas para lograr el cumplimiento de las sentencias, para
lo cual es necesario un acompañamiento constante por parte del juez que
dictó el fallo y fortalecer su poder sancionador.
Otra alternativa para superar algunos obstáculos puede ser fortalecer
al Ministerio Público desde lo técnico y presupuestal. Así, esta entidad
podría prestar apoyo a las comunidades y a los jueces con expertos de
carrera en temas ambientales, a fin de acompañar diálogos sociales,
trámites administrativos, vigilancia en la ejecución de los proyectos y
posibles procesos judiciales.
Ahora bien, se logró identificar dos aspectos transversales que podrían
ayudar a superar las barreras de acceso a la justicia. El primero es que
desde las organizaciones sociales se exploren acciones diferentes a las
judiciales, por ejemplo, mecanismos de control interno de las empresas o
de los financiadores de los proyectos (Peña, 2023); estos recursos pueden
llegar a ser incluso más efectivos que los fallos judiciales. El segundo
es el papel de la educación para empoderar a las comunidades sobre sus
derechos y la forma de hacerlos exigibles, así como para promover una
cultura de participación en los asuntos locales y fortalecer los esfuer-
zos que se hacen en la base comunitaria, al igual que valorar judicial y
socialmente los conocimientos que allí se tienen (Mow, 2023). Todo esto
145
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
permite balancear la brecha de conocimiento y poder que existe entre las
personas, las organizaciones sociales, el Estado y las empresas.
Conclusiones
A pesar de que no existe una definición única sobre qué consideran las
organizaciones sociales que es el acceso a la justicia, este es un concepto
amplio e integral con unos elementos transversales. Se reconoce como
un derecho humano individual, colectivo y exigible, lo cual quiere decir
que deben existir instancias administrativas y judiciales para su defensa;
que se reconozca la voz y el conocimiento de las comunidades locales
o impactadas por los proyectos, y que las decisiones judiciales que se
tomen para la protección del ambiente se cumplan. También incluye la
participación efectiva de las comunidades en la toma de decisiones y el
acceso transparente a la información pública.
Podrían precisarse algunos aspectos como las condiciones básicas
del acceso a la justicia ambiental en el marco de procesos judiciales o
administrativos, que no solo sirven para entender el derecho, sino para
materializarlo en contextos con marcadas desigualdades como el que se
vive en América Latina y el Caribe. Dichas premisas se enuncian en los
siguientes párrafos.
Es necesario que las normas sean claras, públicas y accesibles a todas
las personas. Esto implica garantizar la posibilidad de acudir a asesorías
jurídicas y técnicas gratuitas que orienten a los ciudadanos en la forma de
defender el ambiente ante las instancias pertinentes, sin que el descono-
cimiento jurídico, el carácter técnico de los procesos y del lenguaje o los
costos de los servicios legales constituyan una barrera para su garantía.
El ambiente es un derecho colectivo, luego, la legitimación por activa
para su defensa debe ser amplia, y en ese sentido se debe permitir, facilitar
y apoyar las iniciativas ciudadanas para ello, pues no solo se trata de la
defensa de un derecho cuya titularidad es de todas las personas, sino del
ejercicio de una ciudadanía activa que fortalece los sistemas democráticos
participativos.
Aquellos procesos que versen sobre asuntos ambientales deben pro-
moverse en igualdad de condiciones con respecto a otros procesos, de
manera que sea notorio que los derechos colectivos tienen igual relevancia
que aquellos de carácter individual.
146
CONTENIDO
El acceso y la materialización de la justicia ambiental en América Latina
El acceso a las medidas necesarias para prevenir, mitigar y reparar
daños ambientales debe ser fácil y eficiente. Hoy en día, el desconoci-
miento sobre las medidas cautelares, así como del tecnicismo que suele
caracterizar a las causas ambientales, suponen dificultades tanto para su
solicitud como para su decreto.
Así mismo, es necesario que las autoridades judiciales y adminis-
trativas, en defensa del interés público y en garantía de la ética de lo
público, ideen, por medio de sus decisiones, mecanismos que permitan
una verdadera reparación y restitución de los derechos afectados, máxime
cuando los derechos que suelen afectarse de forma concomitante pueden
ser igualmente de naturaleza colectiva.
El cumplimiento de las obligaciones internacionales de los países
de América Latina en materia de derechos humanos y protección del
medio ambiente, no se satisface únicamente con la adopción de un marco
normativo y regulatorio que favorezca el acceso a la justicia ambiental,
sino que implica la adopción de políticas públicas que permitan que las
personas efectivamente pueden utilizar estos mecanismos para prevenir
o corregir impactos ambientales. La percepción de las organizaciones
sociales entrevistadas es que aún falta mucho por alcanzar este marco
normativo y esto significa que se necesitan esfuerzos institucionales para
lograr materializarlo.
El incumplimiento de estos presupuestos limita/vulnera el derecho
al acceso a la justicia, de modo que para su efectividad debe partirse
de la identificación de los principales obstáculos y el planteamiento de
recomendaciones para su mitigación y superación:
1. Fortalecer la articulación con instituciones académicas y entidades
públicas para el acompañamiento y la asistencia técnica y jurídica
en los procesos.
2. Crear fondos para la práctica de pruebas.
3. Fortalecer las clínicas jurídicas ambientales y las organizaciones
de la sociedad civil para que acompañen los procesos ambientales.
4. Implementar mecanismos que garanticen la diversidad y la igual-
dad en los procesos ambientales.
5. Formar y sensibilizar a los operadores jurídicos.
6. Especializar la jurisdicción en materia ambiental.
147
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
7. Decretar de medidas cautelares idóneas.
8. Invertir de la carga de la prueba.
9. Fortalecer el compromiso político con los asuntos ambientales.
10. Promover el derecho al acceso a la justicia ambiental.
Cada causa ambiental presenta sus propias limitaciones, así como
sus niveles de dificultad. En este sentido, los obstáculos concretos debe-
rán sortearlos los operadores judiciales para garantizar efectivamente
el derecho al acceso a la justicia ambiental, por lo que el activismo y la
creatividad tienen un papel fundamental.
Se debe comprender el derecho al ambiente como un derecho humano
en espacios de incidencia en los distintos niveles (internacional, nacional
y local), por ejemplo, en negociaciones de tratados internacionales, en
litigios estratégicos nacionales, en procesos individuales por proyectos
de impactos específicos, pero lo más importante es establecer un diálogo
permanente y abierto entre las entidades de los Estados, las comunida-
des, las empresas y la sociedad civil en el que se protejan derechos como
el acceso a la información y la participación. Llenar estos escenarios
con argumentos propios de las comunidades y decisiones técnicas con
aplicación práctica hará que se mejore el acceso a la justicia ambiental
en la región.
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153
5
Las violaciones de derecho humanos
a líderes ambientales y su relación
con algunos proyectos del sector
extractivo, desafíos para la paz
Vanessa Suelt Cock *
Introducción
La doctrina y la jurisprudencia internacional han señalado que un Estado
puede ser responsable internacionalmente por la violación de derechos
humanos cometida por personas jurídicas. Así, es deber estatal respetar
los derechos humanos y promover su garantía, de este modo ha sido
consagrado en la mayoría de las Constituciones liberales, al establecerse
mecanismos para su protección y garantía (Wieacker, 1990). A nivel
doméstico, existen diversas teorías que dan cuenta de la responsabilidad
del Estado por el deber de protección; es decir, si mediante desarrollos
normativos que no son claros o deficientes el Estado permite la vulne-
ración de derechos humanos por parte de empresas, la responsabilidad
será del Estado (Faúndez Ledesma, 2004).
La responsabilidad internacional de los Estados y los desarrollos
domésticos de responsabilidad civil desarrollados son la expresión nor-
mativa de la necesidad de que las empresas respondan jurídicamente
* Profesora asociada de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario
en Derecho Constitucional y Derecho Administrativo. [Link]@[Link]
155
CONTENIDO
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
por abusos de los derechos humanos. Estos abusos han incluido la com-
plicidad en regímenes autoritarios como, tras la Segunda Guerra Mun-
dial, la “responsabilidad penal corporativa a ciertas empresas alemanas,
como IG Farben, por su participación en crímenes internacionales”
(Jessberger, 2010, p. 783); la complicidad de empresas en la dictadura
argentina (Verbitsky & Bohoslavsky, 2019); la dictadura chilena como
killing agent (Bohoslavsky & Opgenhaffen, 2010); y la dictadura brasileña
(Bohoslavsky & Torelly, 2014). Asimismo, su participación en los con-
flictos armados de Angola, República Democrática del Congo y Sierra
Leona, en el comercio de diamantes (Cook, 2003). También, las fallas
industriales de las empresas multinacionales Union Carbide y Dow en
Bhopal en 1984 con el escape de un gas tóxico que ocasionó la muerte de
20 000 personas y más de un millón de personas envenenadas (Amnesty
International, 2024). En el sector extractivo, el caso de Ogoniland en
Nigeria que afectó a la población indígena (Amnesty International, 2009)
y el de Chevron en Ecuador que dañó parte de la selva amazónica, entre
otros (Shetty, 2015).
Estos casos muestran cómo las empresas han vulnerado derechos
humanos al ser cómplices con regímenes autoritarios; al participar en el
comercio de bienes que financiaban las armas en conflictos armados; y al
causar daños irreversibles al medio ambiente y la salud de los habitantes de
un territorio. Las denuncias en contra de dichas prácticas se han llevado
a cabo en todas las regiones por parte de víctimas, organizaciones de la
sociedad civil e incluso por autoridades gubernamentales. Estas recla-
maciones se han presentado tanto a nivel doméstico como ante órganos
internacionales. No obstante, el acceso a la justicia y la reparación por
parte de las víctimas de los abusos a los derechos humanos y el medio
ambiente sigue siendo escaso.
Con respecto a la industria extractiva, esta presenta un alto impacto
en América Latina, donde la explotación del petróleo y la minería han
llevado a violaciones de derechos humanos a líderes ambientales y en
las comunidades donde estas explotaciones tienen lugar. También se ha
afectado el territorio por los graves daños ambientales que se presentan.
Las violaciones a los derechos de las comunidades incluyen homicidios,
desplazamiento, torturas y desapariciones forzadas; contaminación del
agua, la tierra y el aire; afectación de los cursos de los ríos, y no consulta
156
CONTENIDO
Las violaciones de derecho humanos a líderes ambientales
previa étnica que afecta la forma de vida y las creencias de las comunida-
des indígenas. Lo que agrava el problema en la región es la dependencia
económica de la explotación de dichos recursos, así como las políticas
públicas que relacionan el desarrollo con base posibilidad de dicha explo-
tación. En este sentido, se genera una relación compleja entre las empresas
que explotan dichos recursos y el Estado, que la literatura en derechos
humanos y negocios ha denominado complicidad de las empresas1 en la
violación de derechos humanos (Ratner, 2001).
La población más afectada por la explotación de recursos naturales en
su territorio son los líderes ambientales y la población indígena y tribal.
Frente a ello, el relator sobre derechos de los pueblos indígenas James
Anaya señala que esta explotación no cuenta con la participación de las
comunidades o pueblos indígenas afectados, “siendo las empresas las que
tienen el control de la operación extractiva y las principales beneficiarias”.
Así, considera que se necesita un nuevo modelo que fomente más la libre
determinación de los pueblos indígenas (Anaya, 2010).
Los anteriores casos y pronunciamientos sobre los problemas de la
industria extractiva están generando, no solo en Colombia, una con-
frontación entre el Estado y las poblaciones y su derecho al territorio,
sino también un cuestionamiento sobre el Estado y su función, sobre las
políticas de desarrollo y el modo de llevarlas a cabo en países que como
Colombia tienen una alta concentración de recursos en algunas zonas del
país, presencia de población étnica y campesina en las zonas afectadas y
una alta dependencia económica de los recursos de la industria extractiva.
Este escrito se propone describir las tensiones de las violaciones de
los derechos humanos a líderes ambientales y al medio ambiente por parte
de las empresas extractivas, mediante la descripción de los resultados de
1
La Corporación Internacional de Juristas lo ha definido: “El término se utiliza con
frecuencia, no en el sentido jurídico que denota la complicidad criminal, sino más bien una
manera coloquial amplia que permite la comprensión de que alguien se ha visto envuelto
o implicado en algo que es negativo e inaceptable. Tal uso del término se ha convertido en
lugar común en el contexto del trabajo sobre empresas y derechos humanos y ha propor-
cionado una herramienta para capturar y explicar algunos términos simples, el hecho de
que las empresas pueden convertirse en implicados en violaciones de derechos humanos
de una manera en que incurre en responsabilidad y culpa” (International Commission of
Jurists, 2008).
157
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
la base de datos construida entre el 2016 y el 2017 y cómo ello implica
una violencia en el territorio, en la que se involucra el Estado al otorgar
licencias a empresas en lugares de conflicto armado, protegidos ambien-
talmente, y dónde habitan comunidades étnicas, así como por no realizar
una adecuada vigilancia e investigación y persecución de las denuncias
de las comunidades.
Esta situación evidencia lo que un sector de la literatura ha descrito
como la actuación de un Estado capturado, en el cual ciertos intereses pri-
vados son preponderantes e influyen en la regulación, la política pública y
las resoluciones judiciales2 , lo que difícilmente permite el funcionamiento
del Estado liberal clásico, base de los Estados contemporáneos, cuyo
deber principal es la protección de los derechos fundamentales3. Por ello,
se ha señalado que algunas de sus instituciones están al servicio de los
intereses de las empresas y los gremios (Rehman et. al, 2004). Esta forma
de actuación estatal hace que las instituciones estén siendo cuestionadas
porque no actúan en la defensa de los intereses de las comunidades.
La dependencia económica del Estado de las actividades extractivas
como motor económico, puede ser una de las explicaciones de la captura
estatal, lo que permite sostener que existe una relación compleja entre las
empresas y el Estado. Esta situación en el caso colombiano puede poner
en riesgo la paz en los territorios o paz territorial4.
El desafío para el Estado colombiano estaría en permitir que sean
las comunidades las que decidan sobre la explotación minera y de
2
Al respecto la literatura ha tratado la captura del Estado como un fenómeno de
corrupción en el cual prevalecen los intereses de las élites y de intereses privados (Hellman
et al., 2000a; Hellmann et al., 2000b).
3
Los tres pensadores utilitaristas Jeremy Bentham, James Mill y J.S. Mill concibieron
que la principal función del Estado era la de proteger los derechos democráticos y asegurarse
mediante la adopción de medidas que la democracia funcione adecuadamente y sea libre,
es decir, que en ella puedan competir todos los intereses sociales. Así, el individuo podrá
perseguir su propio interés. Este rasgo del Estado liberal prevalece con el paso del tiempo,
independientemente del adjetivo que lo acompañe, clásico, moderno o neoliberal, y permite
la consolidación de las democracias liberales (Held, 2006; véase también Kymlicka, 1991).
4
La literatura ha evidenciado la tensión que existe entre la existencia de recursos
naturales y guerras civiles, o la maldición de los recursos naturales y cómo la dependencia
económica de los Estados tiene efectos negativos en la construcción de paz (Ross, 2004;
Collier, 2004; Janus, 2012).
158
CONTENIDO
Las violaciones de derecho humanos a líderes ambientales
hidrocarburos en sus territorios, y revisar su política económica de base
extractivista para que conviva con otras formas de desarrollo gestadas
desde los territorios. Esto último está teniendo lugar con el actual Plan
de Desarrollo 2022-2026 “Colombia, potencia mundial de la vida”. Los
impactos del Plan de Desarrollo implicarían revisar la institucionalidad
local, las formas de planeación territorial y la participación de las orga-
nizaciones sociales y las comunidades en las decisiones de interés local,
regional y nacional.
Para desarrollar el argumento planteado describiré algunos aspec-
tos conceptuales para evidenciar cómo en el caso colombiano el Estado
es responsable por la violación de los derechos humanos y del medio
ambiente, por parte de empresas del sector extractivo, lo que evidencio
con la documentación de los casos. De esta presentación extraeré los
elementos centrales y, por último, frente a ello señalo algunos desafíos
del Estado colombiano para evitar la violencia contra líderes ambientales
y la paz en los territorios.
5.1. Marco conceptual
De acuerdo con los principios rectores para los negocios y los derechos
humanos de las Naciones Unidas (2011) (en adelante Principios Rectores),
los Estados deben proteger con debida diligencia las operaciones de las
empresas y crear fondos para la reparación de las víctimas y los daños
que las empresas pudieran causar (Ruggie, 2007). Los principios instan
a la responsabilidad en el cumplimiento de los derechos humanos, tanto
por parte del Estado como de las empresas, y el deber de reparación
por cualquier actividad que resulte dañina a cualquiera de los derechos
fundamentales, incluidos por lo menos aquellos reconocidos en la Carta
Internacional de los Derechos Humanos (es decir, la Declaración Uni-
versal de los Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales), además de algunas de las prerrogativas laborales
reconocidas en los convenios principales de la Organización Internacional
del Trabajo (oit) (Ruggie, 2007).
En el caso de América Latina, el informe de Comisión Interameri-
cana de Derechos Humanos (en adelante cidh) sobre “Pueblos indíge-
nas, comunidades afrodescendientes y recursos naturales” (cidh, 2015)
159
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
advierte que, de acuerdo con los instrumentos interamericanos de dere-
chos humanos, existen obligaciones ineludibles de respetar y garantizar
tales derechos en las actividades de extracción, explotación y desarrollo.
La comisión ha conocido de diversos casos en la región y ha señalado
que una serie de derechos humanos se están viendo afectados por estas
actividades, entre ellos, los derechos a la vida, a la integridad física, a
la salud, a la no discriminación, a la consulta, al consentimiento y a la
identidad cultural, a la información y a la participación.
Con referencia a los pueblos indígenas y tribales, la Comisión ha
tenido conocimiento sobre el impacto al derecho a la propiedad colec-
tiva y los recursos naturales de los pueblos indígenas y tribales y las
comunidades afrodescendientes, y cómo ello está afecta el “derecho a la
identidad cultural y libertad religiosa; a la vida; a la salud, integridad
personal y a un medio ambiente sano; a derechos económicos y sociales
vinculados con la alimentación, acceso al agua y derechos laborales; al
derecho a la libertad personal y la protesta social; y a la protección frente
al desplazamiento forzado” (cidh, 2015, p. 11). También ha conocido
sobre las afectaciones a defensores de derechos humanos y ambientales,
autoridades, líderes y lideresas indígenas; las mujeres; los niños y niñas;
adultos mayores; y personas con discapacidad.
El informe aborda un tema que no ha sido estudiado con anterio-
ridad en la región, y es el predominio de las compañías extranjeras que
operan en los Estados miembros, pero tienen su sede en otro Estado,
y que son acusadas de cometer violaciones de los derechos humanos en
los países donde operan. Al respecto, la cidh señala el riesgo de impu-
nidad en los países en los cuales dicha explotación tiene lugar, y por
ello la necesidad de que dichas empresas rindan cuentas en sus países
de origen por la violación de los derechos humanos en las Américas. El
informe señala que existen barreras de acceso a la justicia en los Estados
miembros, diferencias en legislación, como también diversos enfoques en
los tribunales en torno a la protección de los derechos humanos a nivel
nacional. A esto se suma la “débil supervisión y el escaso control de las
compañías extranjeras en los países en donde operan desde su inicio,
lo cual facilita violaciones a los derechos de los pueblos indígenas y las
poblaciones afrodescendientes” (cidh, 2015, p. 18). En vista de ello, la
cidh ha recibido información que muestra la gravedad de la situación de
160
CONTENIDO
Las violaciones de derecho humanos a líderes ambientales
los pueblos y las comunidades donde se llevan a cabo los proyectos, en
relación con la protesta social, debido al impacto desproporcionado de
estas actividades que implican la contaminación de los suelos y el agua y la
afectación de la salud. Asimismo, se ha conocido sobre la criminalización
de las protestas y su represión arbitraria con violencia (CIDH, 2015).
Con relación a las posibilidades de desarrollo económico, la cidh
señala que aun cuando las actividades extractivas pueden contribuir a
la disminución de la pobreza y la desigualdad, la generación de trabajo
e inversión, se han conocido reiteradamente los impactos negativos de
las actividades extractivas en materia ambiental, social y cultural, las
cuales se agravan por la extrema pobreza de los contextos en que dichas
actividades tienen lugar, lo que genera nuevas vulneraciones de derechos
humanos y precariza aún más a las comunidades.
En este sentido, ha señalado que desde la perspectiva del sistema
interamericano y teniendo en cuenta la interpretación de la Declaración
Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, así como la Con-
vención Americana sobre Derechos Humanos, las obligaciones estatales
giran en torno a seis ejes “(i) adoptar un marco normativo adecuado y
efectivo, (ii) prevenir las violaciones de derechos humanos, (iii) supervisar
y fiscalizar las actividades de extracción, explotación y desarrollo, (iv)
garantizar mecanismos de participación efectiva y acceso a la informa-
ción, (v) prevenir actividades ilegales y toda forma de violencia, y (vi)
garantizar el acceso a la justicia a través de la investigación, sanción y
acceso a la reparación adecuada de las violaciones de derechos humanos
cometidas en estos contextos” (CIDH, 2015, p. 40). Además, pone el
énfasis en la necesidad de cumplir estos deberes con respecto a los sujetos
especialmente protegidos, como los pueblos indígenas y tribales y las
comunidades afrodescendientes.
De acuerdo con lo anterior, la cidh recomienda, en relación con los
Principios Rectores y los instrumentos interamericanos, para evitar la
responsabilidad internacional de los Estados, contar con marcos nor-
mativos que protejan los derechos humanos y el medio ambiente, y que
permitan prevenir, investigar, castigar y reparar los abusos de derechos
humanos cometidos por la industria extractiva en los territorios. Así,
se hace necesario revisar los marcos normativos existentes y derogar
las disposiciones contrarias a los instrumentos interamericanos. Es
161
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
necesario además fortalecer los sistemas de supervisión y fiscalización,
para suspender los impactos negativos sobre los habitantes del territorio
en que dicha actividad tiene lugar. Esto implica un monitoreo periódico
y la imposición de sanciones o medidas de corrección ante su incumpli-
miento, así como tomar las medidas necesarias para garantizar el acceso
a la justicia de los potencialmente afectados por un proyecto o actividad
extractiva. El Estado, por tanto, debe emprender acciones de lucha con-
tra la impunidad en las violaciones de los derechos humanos cometidas
en el contexto de la industria extractiva. Con respecto a las víctimas,
debe tener en cuenta el deber de reparar tanto a nivel individual como
colectivo, de modo integral y culturalmente adecuado. Por último, insta
a que los Estados de origen de las empresas en las Américas adopten
mecanismos apropiados de supervisión y regulación de las actividades de
sus compañías y nacionales en el extranjero, en línea con los estándares
internacionales relevantes de los derechos humanos. También deben
abstenerse de brindar apoyo gubernamental a empresas involucradas en
violaciones de derechos humanos o iniciativas dirigidas a influir en la
adopción de normas o políticas públicas favorables a sus inversiones, en
detrimento de obligaciones de derechos humanos en los países receptores
(cidh, 2015, pp. 185-187).
5.2. Captura estatal
En el caso colombiano, a pesar de la adopción de los Principios Rec-
tores (Procuraduría General de la Nación, 2014), de la promoción de
las directrices de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo
Económico (ocde), por parte del Gobierno, así como la existencia de
un Plan Nacional de Acción en Derechos Humanos y Empresas (Con-
sejería Presidencial para los Derechos Humanos, 2017), en el contexto
del conflicto armado se ha presentado una vulneración de los derechos
humanos de líderes ambientales, por parte de empresas del sector extrac-
tivo, lo que ha tenido un impacto negativo en los territorios. Muchas
de las vulneraciones de los derechos humanos y del medio ambiente se
han denunciado, pero no se han judicializado y por ello tampoco se ha
podido reconocer a las víctimas justicia y reparación.
En este sentido, la pregunta que cabe formular es: ¿por qué el Estado
colombiano no actúa diligentemente para evitar las vulneraciones de los
162
CONTENIDO
Las violaciones de derecho humanos a líderes ambientales
derechos humanos a líderes ambientales en su territorio, en particular,
con relación al sector extractivo?
A lo anterior puede responderse desde lo que la literatura sobre
corrupción ha denominado captura estatal, que “se define como los inten-
tos de extraer beneficios del Estado a través de influencia corrupta en la
formulación de la política pública, las leyes y las regulaciones” (Hellman
et al., 2000, p. 4), y que se presenta en economías en transición.
En un Estado capturado, las empresas u otros actores sociales como
grupos, firmas del sector público o privado influyen en las reglas del
juego, en su diseño, de modo que logran obtener ventajas económicas5.
Esto se hace mediante pagos ilícitos a funcionarios públicos. Este tipo de
actuación permite que grupos con amplio poder manipulen la formulación
de estas regulaciones y de las políticas públicas para su implementación
(Hellman & Kaufmann, 2001).
En relación con lo anterior, se ha señalado que las políticas públicas
que han sido formuladas por intereses particulares no responden a las
demandas de la mayoría de los ciudadanos, lo que contribuye a excluir de
los beneficios del crecimiento a amplios sectores de la población, como
también a la pérdida de legitimidad del Estado (Iglesias, 2006).
En el caso de las actividades de extracción de recursos naturales, la
alta dependencia económica hacia estos recursos favorece la posibilidad
de la captura estatal: “el Estado no quiere ser muy intrusivo en una
actividad que reporta importantes beneficios económicos y le ahorra
costos políticos como cobrar impuestos” (Coronado Delgado & Barre-
ra Ramírez, 2016). Esto también puede corroborarse por la existencia
de una política minera “desordenada y que ha otorgado derechos de
concesión en territorios en disputa con incremento de la conflictividad
social y armada” (Coronado Delgado & Barrera Ramírez, 2016, p. 77).
De igual manera, lo pone en evidencia la expedición de licencias para
la explotación minera en zonas de protección ambiental como paramos
y nacimientos hídricos (Coronado Delgado & Barrera Ramírez, 2016,
p. 94). Frente a ello, como se mencionó, la cidh llama la atención en la
5
En Colombia, la literatura ha evidenciado la captura del Estado por parte del para-
militarismo. Véase al respecto (López, 2010; Gutiérrez Sanín, 2011).
163
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
región y señala la vinculación de estas empresas en la configuración de
política pública de base extractivista.
La captura del Estado se evidencia porque desde la expedición del
Código Minero en el 2001, la concesión de títulos mineros en Colombia
se ha desarrollado de forma masiva, y se han superpuesto los títulos en
áreas protegidas ambientalmente y donde hay presencia de comunidades
étnicas 6. El impulso de esta actividad económica como una actividad
estratégica para el desarrollo del país se hizo mediante los planes de desa-
rrollo de los últimos doce años7. La literatura lo ha denominado como el
modelo de desarrollo neoextractivista, que no coincide con el desarrollo
local y que genera una conflictividad entre las poblaciones afectadas y el
Estado, al desplazar a otras actividades económicas gestadas desde los
territorios (Coronado Delgado & Barrera Ramírez, 2016, p. 95).
El marco regulatorio de la minería ha procurado generar las condi-
ciones legales para incentivar la inversión transnacional y privilegiar los
intereses centrales sobre los intereses de las comunidades. En ese sentido,
la política nacional para el sector minero contenida en el Documento
Conpes 2898 “Estrategias para el Fortalecimiento del Sector Minero
Colombiano”, el Código Minero del 2001 y “Colombia País Minero–Plan
Nacional para el Desarrollo Minero Visión al año 2019”, promueven la
inversión privada y transnacional, sin tener en cuenta aspectos históricos
y culturales del territorio donde estos proyectos se desarrollarán, desco-
nociendo la minería tradicional. En esta política pública claramente se
promueven los intereses de la gran minería contra la tradicional que se ha
realizado históricamente en los territorios (Arias Hurtado, 2014). De esto
6
De esta forma lo denunció públicamente en una rueda de prensa en junio de 2010
Carlos Rodado, ministro de Minas y Energía: desde que se aprobó el Código de Minas en
el 2001, “hubo superposición de títulos mineros en áreas de parques nacionales y páramos,
juegos especulativos, expedición de títulos sin control y algunos de manera sospechosa,
violación de los derechos a las comunidades mineras indígenas y afrodescendientes y aca-
paramiento de títulos” (Ronderos, 2011).
7
La locomotora minera, como se le denominó a la actividad extractivista, estuvo presen-
te en los planes de desarrollo del expresidente Álvaro Uribe “Hacia un Estado comunitario”
(2002-2006) y “Estado comunitario desarrollo para todos” (2006-2010), lo que tuvo con-
tinuidad en los planes de desarrollo del presidente Juan Manuel Santos, “Prosperidad para
todos” (2010-2014) y “Todos por un nuevo país. Paz, equidad y educación” (2014-2018).
164
CONTENIDO
Las violaciones de derecho humanos a líderes ambientales
modo, se evidencia una regulación que beneficia a la inversión privada
y transnacional en el sector minero, en contravía de los intereses locales
y los desarrollos económicos endógenos. Se legitima de este modo una
visión de desarrollo de la gran minería, la cual se traduce en desarrollos
normativos y una política pública que representa solo a unos agentes de
la sociedad y los beneficia económicamente8.
Con referencia a lo señalado en el párrafo precedente, puede soste-
nerse que el neoextractivismo ha cambiado las relaciones de los poderes
públicos y de estos con las empresas, haciéndolas funcionales a la explo-
tación extractivista. En este sentido, se evidencia una captura del Estado,
en especial de los órganos reguladores, que conduce a que la función del
Estado pueda ser cuestionada como un aparato jurídico que puede limi-
tar el poder, reconocer derechos y proteger su realización en un marco
territorial, para respetar la libertad del individuo (Held, 2006, p. 56-92).
En el caso de las actividades extractivas, la libertad de los individuos en
los territorios se ve afectada por la imposición de un modelo productivo
y la afectación de su entorno vital.
5.3. Derecho al territorio y paz territorial
El concepto del territorio que se altera con el neoextractivismo no es
solo el espacio físico, sino el modo en que los habitantes se relacionan
con ese espacio físico y las diversas formas de establecerse en el territorio
(Delaney, 2008). De acuerdo con este concepto, puede comprenderse
que durante el conflicto armado en Colombia se evidencia una confron-
tación e imposición de las nociones de territorio de los actores armados,
pero también por parte de las empresas, que se diputaban el control por
los recursos naturales (Ulloa & Coronado, 2016). Estas imposiciones
de dominio territorial alteraron la economía, la cultura y la forma de
8
Esto contrasta con otras políticas que han operado en Colombia en relación con la
minería. A partir de la década de 1940, las minas de Marmato, un pequeño municipio en
Caldas, “fueron administradas por el Estado quien promovió la pequeña minería mediante
programas de legalización, así como un modelo de división territorial y cultural de Mar-
mato de la siguiente manera: Zona alta -donde se encuentra el centro histórico- para la
pequeña minería; y zona baja -donde se encuentra la vereda El Llano, actualmente ‘zona
de expansión urbana’- para la mediana minería” (Arias, 2013, p. 590).
165
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
gobierno, o se impusieron, en el caso de las empresas extractivas, otras
concepciones sobre el uso del suelo. La disputa por el territorio y sus
recursos condujo a su vez al desplazamiento, el despojo de las tierras y
la creación de otros subórdenes territoriales9. En lo que respecta a la
minería, esta atrajo a organizaciones multinacionales, al igual que a
organizaciones ilegales y violentas como los paramilitares y la guerrilla,
en la búsqueda de control territorial, población y rentas, configurándose
así espacios donde se instauraron unas nuevas relaciones de poder, en
competencia con el Estado local y nacional (Ulloa & Coronado, 2016).
Los enfrentamientos por el control de la explotación de los recursos
naturales contribuyeron a la violencia local, con la negación de la parti-
cipación de los habitantes locales, así como a la afectación de su territorio
y a la negación de la libertad de expresión y asociación.
La disputa por el territorio de los diversos actores ha afectado el
derecho al territorio, entendido para las poblaciones étnicas en el marco
del Convenio 169 de la oit como aquel derecho que tienen los pueblos
indígenas y tribales a la tierra en la que han vivido ancestralmente; el
derecho a la propiedad y la posesión de las tierras que ocupan tradicional-
mente y en las que realizan sus actividades tradicionales y de subsistencia.
Asimismo, la posibilidad de utilizar, administrar y conservar los recursos
naturales existentes, y en el caso de que los minerales o los recursos del
subsuelo sean propiedad del Estado, a ser consultados previamente con
miras a determinar si los pueblos serán perjudicados, antes de realizar
cualquier proyecto de explotación en su territorio10.
La Corte Constitucional ha sostenido, siguiendo a Coronado, que
el concepto de tierra se refiere al asentamiento físico humano, mientras
que el territorio tiene que ver con las relaciones espirituales, socia-
les, culturales, económicas, entre otras, que construyen las personas
y las comunidades alrededor de la tierra (Corte Constitucional, 2012;
2015). En este sentido, la jurisprudencia constitucional señaló que, en
el caso de los pueblos indígenas y tribales, el derecho al territorio como
9
Un ejemplo de este impacto en el territorio puede consultarse en los casos estudiados
por Sergio Coronado (2014) en el centro del Cesar y en la Guajira.
10
Convenio 169 oit, artículos 13, 14 y 15.
166
CONTENIDO
Las violaciones de derecho humanos a líderes ambientales
la posibilidad de poseer la tierra y tomar decisiones sobre ese espacio
físico es un derecho fundamental11. Sin embargo, tal vínculo con el
territorio existe también entre los campesinos y el espacio físico en el
cual desarrollan sus labores diarias. De acuerdo con el artículo 64 de la
Constitución, “el Estado debe garantizar no sólo el acceso a la tierra de
los campesinos sino también su derecho al territorio, así como proveer los
bienes y servicios complementarios para el mejoramiento de su calidad de
vida desde el punto de vista social, económico y cultural, entre otros”12 .
A lo anterior agrega que el territorio es fundamental porque se rela-
ciona con el derecho a la dignidad que trata de la “libertad de elección
de un plan de vida concreto en el marco de las condiciones sociales en
las que el individuo se desarrolle y con la posibilidad real y efectiva de
gozar de ciertos bienes y de ciertos servicios que le permiten a todo ser
humano funcionar en la sociedad según sus especiales condiciones y
calidades, bajo la lógica de la inclusión y de la posibilidad de desarrollar
un papel activo en la sociedad” (Corte Constitucional, 2002):
Respecto del artículo 64 de la Constitución Política colombiana
la Corte señala que este hace alusión al deber estatal de garantizar
ciertos bienes y servicios a la población rural en razón a su especial
condición de vulnerabilidad, con el fin de que puedan desarro-
llar su plan de vida. En esta medida, no sólo hace referencia a la
garantía de un lugar físico —acceso a la tierra— sino al deber
estatal de posibilitar que en el entorno a ese lugar geográfico se
desarrollen relaciones espirituales, sociales, económicas, cultura-
les, etc. Por otra parte, el artículo 64 está dirigido a la realización
de la dignidad humana porque su satisfacción se relaciona con
11
Al respecto, la Sentencia T-693 del 2011, con magistrado ponente José Ignacio Pre-
telt, protegió el derecho al territorio de una comunidad indígena, y reconoció su relación con
otros derechos como la identidad étnica y cultural, la autodeterminación, la propiedad
colectiva, la consulta previa, la alimentación adecuada, la vivienda digna, el ambiente sano,
el agua y la educación.
12
La Sentencia C-623 del 2015, con magistrado ponente Alberto Rojas Ríos, confirma
lo señalado por la Sentencia C-644 del 2012, magistrada ponente Adriana María Guillen
Arango.
167
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
la posibilidad de elegir un plan de vida y con el acceso a ciertos
bienes y servicios básicos. (Corte Constitucional, 2015)
Para la materialización del derecho al territorio, es necesario que se
cumpla el principio de autonomía territorial, que para el caso del Estado
colombiano implica que las entidades municipales cuenten con la posibi-
lidad de gestionar sus propios intereses, así como el derecho a gobernarse
por autoridades propias, a ejercer las competencia que les corresponda,
administrar los recursos, establecer los tributos y participar en las ren-
tas nacionales, por parte de las comunidades que integran una entidad
territorial, de acuerdo con el artículo 287 de la Constitución. La Corte
ha señalado que también la autonomía territorial debe realizarse en el
marco de la ley, y ello implica acatar otros principios que la conforman,
entre ellos principios de coordinación y concurrencia dispuestos en el
artículo 288 de la Constitución sobre el reparto de competencias entre
la Nación y, en este caso, los municipios y los distritos. En los procesos
de autorización de las actividades de exploración y explotación mine-
ra debe entenderse que dicha autorización, para que sea acorde con la
Constitución y el principio de autonomía, deberá dar la oportunidad de
participar activa y eficazmente a las entidades municipales o distritales
involucradas en dicho proceso, mediante acuerdos sobre la protección de
cuencas hídricas y la salubridad de la población, así como del desarrollo
económico, social y cultural de sus comunidades13. En este sentido, el
derecho al territorio en relación con la autonomía territorial debe ser
entendido como la capacidad de gestionar el espacio y los recursos, la
posibilidad de incidir en el gobierno del territorio y participar en las
decisiones sobre su destinación y el control de sus afectaciones14.
13
Corte Constitucional, Sentencia C-123 de 2014, magistrado ponente Alberto Rojas
Díaz. En esta sentencia la Corte Constitucional estudia la colisión de los principios de
la unidad y la autonomía territorial en un Estado unitario. En este sentido, en torno a la
posibilidad de conceder autorizaciones para la exploración y la explotación minera contem-
pladas en el artículo 37 de la Ley 685 del 2001 del Código de Minas, la Corte señala que
este artículo estará de acuerdo con la Constitución, siempre y cuando se dé una efectiva
oportunidad de participar a los afectados por la actividad.
14
La Corte Constitucional señaló en los primeros años de vigencia de la Constitución
que la autonomía “es un grado creciente de libertad de los entes territoriales para la definición
168
CONTENIDO
Las violaciones de derecho humanos a líderes ambientales
En este punto debe tenerse en cuenta que, de acuerdo con el Centro
de Investigación y Educación Popular (Cinep), en Colombia se presenta
un déficit estatal, o una ausencia institucional en algunos territorios, lo
que por sí solo no destruye el capital social. En los municipios estudiados
por este centro de investigación, se ha encontrado que existe un enorme
potencial democratizador, representado en organizaciones comunitarias
y sociales diversas que han contado con autonomía con respecto a los
grupos armados. El déficit del Estado, equivalente a una ausencia de
capital social, no puede sostenerse porque en Colombia existen otras
fuentes de regulación social distintas a las estatales (González et al.,
2017). De acuerdo con ello, desde el 2001 se observa la resistencia de las
comunidades a los proyectos extractivos en defensa de su derecho fun-
damental al territorio. De ahí la importancia de defender el derecho al
territorio desde la participación social y comunitaria en las decisiones
sobre proyectos extractivos.
5.4. Paz territorial
Otro de los conceptos que se ven afectados por la violación del Estado
de los derechos humanos de las comunidades donde alguna de las explo-
taciones extractivas tiene lugar, es la paz territorial. Este concepto fue
ideado en la mesa de negociaciones del Acuerdo para una paz estable
y control de sus propios intereses y el logro del bienestar general, [pero] siempre dentro
del marco del Estado unitario” (Corte Constitucional, Sentencia C-004/93, magistrado
ponente Ciro Angarita-Barón). A partir del año 2000, con el incremento de las tensiones
entre el principio de unidad y autonomía, señaló que “el principio de autonomía tiene unos
contenidos mínimos que comportan para los entes territoriales la facultad de gestionar sus
asuntos propios, es decir, aquellos que sólo a ellos atañen (Corte Constitucional Sentencia
C-579 del 2001, magistrado ponente Eduardo Montealegre Lynett). Para la Corte, “el
núcleo esencial de la autonomía está constituido en primer término, por aquellos elementos
indispensables a la propia configuración del concepto, y especialmente por los poderes de
acción de que gozan las entidades territoriales para poder satisfacer sus propios intereses.
En segundo lugar, encontramos, la inviolabilidad por parte del legislador, de la facultad de
las entidades territoriales de gobernarse por autoridades propias. Debe protegerse el derecho
de cada entidad territorial a autodirigirse en sus particularidades a través del respeto de la
facultad de dirección política que ostentan”. (Corte Constitucional, Sentencia C-535 de
1996, magistrado ponente Alejandro Martínez Caballero. Reiterado en la Sentencia C-149
del 2010, magistrado ponente Jorge Iván Palacio Palacio).
169
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
y duradera (Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia, 2012) e
implica desarrollar las instituciones en el territorio para garantizar el
acceso a los derechos de forma igualitaria y de acuerdo con un enfoque
territorial (Jaramillo, 2016). La paz territorial resalta la importancia de
la gobernanza y de la autonomía local para el desarrollo sostenible de los
territorios, que abandone las visiones centralistas del poder e implique
la integración regional. Se trata de construir en y con los territorios una
nueva institucionalidad que permita la implementación del Acuerdo de
Paz. Este concepto llena un vacío que tenían las otras negociaciones de
paz, y era el de consistir en un acuerdo nacional con el grupo al margen
de la ley, sin discutir las posibilidades de cambio en los ámbitos sociales,
económicos y políticos de los departamentos y municipios en el país.
Se trataba de una paz como cese al fuego, pero no una discusión de
los elementos que permitirían una transformación social que llevara a
mitigar los factores que habían dado lugar al conflicto y su permanencia
en el tiempo. La paz territorial se propone atender esas necesidades de
transformación en los territorios y que en la resolución de los conflictos
no se apele a la violencia.
En el caso colombiano, las actividades extractivas han interactuado
con el conflicto armado y agudizado el conflicto por la disputa territo-
rial entre las empresas, los actores armados y la población que habita el
territorio. Los actores armados han encontrado en los recursos mineros
una posibilidad de financiar la guerra, ya sea directamente explotando
los recursos, o extorsionando a las empresas (estos casos no fueron docu-
mentados por la base de datos) (Coronado Delgado & Barrera Ramírez,
2016)15. Esto implica una situación diversa de las actividades extractivas
en Colombia, la cual hace que el Estado deba abordar la problemática
dependiendo del impacto del conflicto armado en el territorio, el tipo de
recurso, el actor involucrado, las afectaciones al territorio y los sujetos
especialmente afectados. Con referencia a ello, se observa un Estado
monolítico sobre esta problemática, en parte por la alta dependencia
de estos recursos, que se refleja en un marco regulatorio que concede
15
En este ámbito los actores armados, por una parte, explotan recursos y mineros en
unos territorios y en otros extorsionan a las empresas para obtener financiación para sus
actividades delictivas.
170
CONTENIDO
Las violaciones de derecho humanos a líderes ambientales
amplias ventajas a la industria minera, donde por no hay competitividad
y se ha concentrado en el 1,15 % de titulares mineros el 56,5 % del área
total disponible para ello (Coronado Delgado & Barrera Ramírez, 2016).
5.5. Caso colombiano de violaciones de los derechos
humanos por parte de las empresas del sector extractivo
Para poder evidenciar las vulneraciones de derechos humanos por parte
de las empresas extractivas, se hace una descripción del marco metodoló-
gico de la investigación y de los resultados de la base de datos construida
entre el 2016 y el 2017, y describir cómo ello implica una violencia en el
territorio, en la que se involucra el Estado al otorgar licencias a empresas
en zonas de conflicto armado en lugares protegidos ambientalmente o
donde habitan comunidades étnicas, y por no realizar una adecuada vigi-
lancia e investigación y persecución de las denuncias de las comunidades.
En los casos recolectados se evidencia cómo las empresas16 han vulne-
rado el derecho al territorio porque se alteran las actividades productivas
y de sostenimiento de sus pobladores, pero también afecta la propiedad
ecológica protegida de los afrodescendientes y los lugares ancestrales de
las comunidades indígenas. Ello se ha facilitado en el contexto del con-
flicto armado en Colombia, lo que ha implicado la existencia relaciones
entre los actores armados y las empresas para mantener la continuidad
de la actividad extractivista.
En este sentido, la base de datos documenta casos a partir del relato
de denuncias de víctimas de vulneraciones de derechos humanos por par-
te de empresas, el tratamiento en la prensa local y la subsecuente respuesta
de estas a dichas denuncias, si hubo judicialización o no, y la correspon-
diente respuesta por parte de las empresas y las autoridades públicas al
respecto (por ejemplo, el inicio de procedimientos judiciales o administra-
tivos y los resultados en materia de justicia y reparaciones, si es del caso).
Los casos se documentan desde el 2001, año el cual se expidió el
Código Minero y se introdujo la política de explotación minera como un
16
Con referencia al término “empresas”, este se entiende de forma amplia, e incluye todo
tipo de sociedad comercial, compañía o negocio, y se define como un grupo de individuos
que legalmente llevan a cabo el comercio con ánimo de lucro. Estas empresas pueden ser
públicas, privadas o de capital mixto.
171
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
sector clave del desarrollo del país. Ahora bien, en medio del conflicto
armado los actores armados capturaron rentas por minería ilegal y los
efectos en los territorios han afectado gravemente a las comunidades. No
obstante, para relacionar la responsabilidad del Estado, la base de datos
solo documenta casos de actividades extractivas “legales”, mediante una
ficha de caso que incluye la licencia otorgada por el Estado, el año, el
lugar, el tipo de violación de los derechos humanos y del medio ambiente,
la biodiversidad, la vulneración a la consulta previa y los derechos labora-
les (entre otros), el posible victimario y la posible víctima. Los hechos y la
tipología de la violación se basan en relatos de las víctimas que permiten
comprender el desarrollo del fenómeno, el tipo de responsabilidad del
Estado y de las empresas por tendencias de victimarios, víctimas y tipos
de industria extractiva.
La base de datos contempla un amplio rango de acusaciones de abusos
de los derechos humanos: derechos relacionados con la integridad per-
sonal (homicidio, desaparición forzada, secuestro, detenciones ilegales o
arbitrarias o torturas, tratos crueles, inhumanos y degradantes) y graves
violaciones de derechos económicos, sociales y culturales (por ejemplo,
derechos y condiciones laborales, derechos sindicales, protección con
respecto a despidos arbitrarios, medio ambiente, salud y derechos de
las comunidades indígenas y étnicas), así como negación de la libertad
de expresión y de asociación. Con respecto a los derechos al territorio,
se tuvo en cuenta el despojo de tierras, los cambios del uso del suelo, la
imposición de medios de explotación de la tierra y la negación de la con-
sulta previa. La variable del territorio también implicó violaciones de los
derechos del medio ambiente como contaminación del agua, contamina-
ción de la tierra, destrucción de los usos del suelo, cambio de los cursos
del agua y atentados contra la biodiversidad.
Por último, se identifica el lugar geográfico de la violación, las fechas,
el tipo de comunidad afectada y las medidas tomadas para reparar la
violación o el abuso cometido por las empresas.
Las fuentes de información de la base de datos son el estudio de casos
informados mediante la documentación del Cinep en estudios particu-
lares; la base de datos creada por Environmental Justice Organisations,
Liabilities and Trade (ejolt), que documenta casos en el mundo por
afectación al medio ambiente; fallos judiciales del Consejo de Estado
172
CONTENIDO
Las violaciones de derecho humanos a líderes ambientales
(para conocer casos de responsabilidad del Estado por estas violaciones)
y de la Corte Constitucional (la tutela a derecho fundamentales vulne-
rados por la industria extractiva); la prensa local y nacional, así como
denuncias hechas por ong.
5.6. Descripción de casos emblemáticos
A continuación se describen los hallazgos de la base de datos con los
casos más emblemáticos, los cuales fueron seleccionados por la afectación
a los derechos fundamentales, individuales y colectivos, por los sujetos
de especial protección involucrados, las zonas geográficas en que dichas
vulneraciones tuvieron lugar en relación con el conflicto armado, así
como la afectación al derecho al territorio.
La base de datos documenta casos del sector extractivo, entendido de
manera amplia, es decir, como todas aquellas actividades económicas que
afecten, extraigan y exploten los recursos naturales. A su vez, permitió
evidenciar cómo se afecta a las comunidades y al territorio mediante
actividades como el cultivo de palma y soya, la tala de árboles, actividades
de construcción de infraestructura estatal, entre otras. La mayoría de los
casos se refieren a las tradicionales actividades extractivas de minería y
explotación de petróleo. Algunas de estas actividades y las de palma de
aceite serán las que se describirán en este aparte. En concreto, la actividad
de palma de aceite se identifica como extractiva por cómo su presencia en
el territorio lo reordena mediante el despojo y el desplazamiento forzado,
dejando sin posibilidades a sus habitantes para continuar con el proyecto
de vida en los territorios afectados y, en consecuencia, violando su derecho
al territorio17. A continuación, se presentan los casos ordenados por tipo
de actividad extractiva y tipo de derechos afectados.
17
De acuerdo con el Informe de la Comisión Interamericana de Derecho Humanos,
las actividades de palma de aceite, la soja y la caña de azúcar están teniendo efectos des-
proporcionados en las comunidades donde dichas actividades se realizan, desconociendo
con ello derechos humanos y el derecho a la tierra de las comunidades indígenas y afro-
descendientes. La cidh también ha sido informada sobre el impacto desproporcionado que
tendría la producción extensiva de cultivos como la palma africana y la caña de azúcar en
varios países de la región, entre ellos Colombia (Comisión Interamericana de Derechos
Humanos, 2015). Teniendo en cuenta la relación de casos más completa de conflictos
socioambientales del programa de investigación ejolt, Colombia es el primer país con
173
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
5.6.1. Actividad de cultivo de palma
Mediante las actividades de cultivo de palma de aceite se ha despojado
del territorio a población campesina y afrodescendiente. Las prácticas de
este despojo han implicado el desplazamiento forzado de la población,
mediante alianzas entre los paramilitares y las empresas que llevan a cabo
estas actividades, lo que ha generado un conflicto por la ocupación y la
titulación de la tierra. Esto se ha presentado en el Pacífico nariñense y
en el Choco. Con la población campesina, se trata de interrupción de la
titulación de la tierra por amenazas de los grupos paramilitares18. Este es
el caso de la empresa Urapalma, que se benefició de las actividades para-
militares en la zona para desplazar a la población afrodescendiente de su
territorio colectivo. En este caso, se denunciaron masacres, homicidios
selectivos, descuartizamientos, torturas, desapariciones, despojo y des-
plazamiento forzado de población que contaba con titulación colectiva19.
El fenómeno de la palma se ha incrementado a partir del año 2000.
Así, el monocultivo de la palma en el Meta ha causado diversos perjuicios
para el medio ambiente y la agricultura en la región. Por un lado, desplazó
a las demás actividades practicadas por los campesinos y forzó a estos a
convertirse en trabajadores de los cultivos de palma, muchas veces en
condiciones que vulneraban sus derechos laborales. Adicionalmente, el
conflictos socioambientales, con 89 casos registrados, de los cuales en el 54 % se encuen-
tran vinculadas corporaciones transnacionales. Del total de los casos, 34 corresponden a
conflictos por minería, veintidós a conflictos por combustibles fósiles —destacándose el
carbón con doce casos y el petróleo con nueve—, trece a conflictos por biomasa —desta-
cándose el cultivo de palma con seis casos—, diez a conflictos por generación eléctrica y
nueve por infraestructura. Esta base de datos también permite evidenciar la importancia
de la actividad de palma como actividad extractiva.
18
En los municipios de La Gloria, Pelaya y Talamaque, en 1989, los paramilitares han
intimidado a la población para que no continúen con el proceso de titulación de tierras. Los
procesos se habían iniciado en el Incoder, entidad que tenía la competencia de la definición
de la naturaleza jurídica de la tierra para poder realizar su titulación.
19
En este caso existe un fallo judicial por parte de la justicia penal colombiana por
concierto para delinquir, desplazamiento forzado e invasión de áreas de especial impor-
tancia ecológica. Con este fallo se condenó por la alianza de los empresarios palmicultores
con paramilitares para lograr el despojo de la tierra y el desplazamiento de la población
afrodescendiente que tiene titulación colectiva (véase [Link]
lucha-por-la-tierra/5543-a-la-carcel-16-empresarios-de-palma-de-choco. En este enlace
se puede descargar la sentencia completa de la juez quinta penal del circuito especializado).
174
CONTENIDO
Las violaciones de derecho humanos a líderes ambientales
uso del glifosato en los cultivos de palma ha causado daños a la salud de
los trabajadores, quienes se han asociado para oponerse a la utilización
de este químico y exigir condiciones laborales dignas. De esta forma, esta
actividad reordenó el territorio y determinó las actividades productivas
de sus habitantes, quienes se han visto obligados a desplazarse o volverse
trabajadores de dichas empresas20.
5.6.2. Actividad petrolera
La explotación petrolera se ha realizado mediante el otorgamiento de
licencias de exploración y explotación a la empresa estatal y a empresas
petroleras inglesas y multinacionales, lo cual ha afectado a comunidades
indígenas y campesinas. Los casos documentados incluyen explotacio-
nes en el territorio del pueblo indígena Motilón Barí, en los municipios
de Tibú y Tarra (Norte de Santander); también del pueblo Sikuani en
el Lipa (Arauca, Orinoquia), en parte del yacimiento de Caño Limón.
Con respecto a la población campesina, esta se ha visto afectada por
la construcción de oleoductos entre los años 1990 y 201521, que afectó
las tierras de 109 campesinos y ocasionó desertificación, por lo que la
producción agraria y ganadera se vio afectada. En este caso la petrolera
otorgó reparación a los campesinos de la zona 22 .
Otros casos documentaron las alianzas entre empresas internacio-
nales y actividades paramilitares. En el año 2005, en municipios del
departamento de Antioquia 23 se denunció que las actividades parami-
litares obstruían las actividades agrícolas y suprimían violentamente la
20
Casos de la empresa Urapalma en los municipios de Curvaradó y Jiguamiandó, y en
el Meta en la Orinoquia.
21
La construcción del oleoducto de Ocensa.
22
En la actualidad, hay un proceso en curso contra la petrolera Equinion Energía
(antes bp) por daños ambientales en un Tribunal de Londres, el cual fue iniciado por los
campesinos que resultaron afectados, y que busca una reparación de 28,6 millones de dólares.
Adicionalmente, en el año 2015 el líder sindical y activista Gilberto Torres también inició
un proceso en el que se ponía en conocimiento que la presunta participación de bp en el
secuestro, tortura, e inadecuadas condiciones laborales de trabajadores que intervinieron en
la obra de instalación de la estación de bombeo en el Casanare (véase Centro de Información
sobre Empresas y Derechos Humanos, 2013; Crowd Juistice, 2016; Carson et al., 2015).
23
Los municipios de Zaragoza y Cáceres.
175
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
oposición al oleoducto. En estos casos se instauraron demandas ante el
Tribunal de Londres contra la empresa que participó en dichas alian-
zas, así como por la contaminación en las fuentes hídricas, la erosión de
la tierra y secar los criaderos de peces24. Desde el 2010, la explotación
petrolera en los departamentos de Casanare y Huila continúa afectando
el derecho al territorio de las comunidades, por la contaminación de sus
fuentes hídricas y la intimidación a la población por oponerse la explo-
tación extractivista. En el Casanare se documentaron enfrentamientos
con la fuerza especial de la policía denominada Esmad 25, en el marco
de protestas realizadas de la población contra la explotación petrolera,
pues esta ocasiona daños excesivos en el territorio, en tanto que no ven
sus beneficios en inversión social 26.
Desde el 2011 la actividad petrolera de la empresa estatal colom-
biana también ha causado daños a fuentes hídricas27 y ha afectado con
ello el derecho de los campesinos al agua, debido a la contaminación de
pozos que tradicionalmente ha usado la comunidad para obtener agua,
los cuales han quedado inutilizables por culpa de la actividad extractiva.
Asimismo, importantes ríos presentan trazas de petróleo28.
Desde el 2013-2016, en la región del Alto Ariari 29 una empresa
transnacional contratada por la empresa estatal prepara el proyecto
“Área de perforación exploratoria Guarupayo”. Dicho proyecto afecta-
ría al río Ariari. Las comunidades se oponen al daño del río, del cual
24
En este caso también existe una demanda contra la British Petroleum Company
Explorations Colombia porque además de los vínculos con los paramilitares causó daños
ambientales en la zona.
25
El Escuadrón Móvil Antidisturbio es una unidad del grupo de seguridad ciudadana.
26
El caso se presenta en el departamento de Casanare, en los municipios de Trinidad,
San Luis de Palenque y Orocué. Otro caso es el que se presenta en Gigante y Garzón en el
Huila con la multinacional Emerald Energy, en el que las comunidades no están de acuerdo
con la actividad petrolera por el daño ambiental que estas generan. Adicionalmente, por una
falla geológica acelerada al parecer por causa de la actividad petrolera que está destruyendo
sus casas, la población del Encanto está desapareciendo (Licencia Ambiental: Resolución
336 del 22 de abril de 1998, Ministerio del Medio Ambiente [Emerald Energy]).
27
Especialmente la de las estaciones Castilla-Chichimene en el Meta.
28
Este es el caso de río Acacias.
29
Municipios de El Dorado, El Castillo y Cubarral (Meta, Orinoquia).
176
CONTENIDO
Las violaciones de derecho humanos a líderes ambientales
dependen para sus actividades de agricultura y alrededor del que han
incentivado el turismo. Aunque las empresas llevaron a cabo procesos
de socialización con las comunidades, estas denuncian irregularidades
en dichos procesos. Adicionalmente, el inicio de este proyecto estuvo
acompañado de una escalada paramilitar en la zona. La Resolución 239
del 2013 del Ministerio del Interior específica y reconoce que no existe
en la zona presencia de comunidades indígenas o étnicas. Con la expe-
dición de esta norma, la empresa estatal se encuentra cerca de iniciar la
fase de explotación de este proyecto. Según la prensa local, se aprobó
una consulta popular a las comunidades sobre si estaban de acuerdo con
este proyecto (Servindi, 2017).
5.6.3. Actividad minera
La base de datos permitió poner en evidencia que la actividad minera que
se ha realizado en el país desde mediados del siglo xx no ha sido aceptada
por los habitantes del territorio. Hay casos en los cuales las empresas
han cambiado de razón social y han trasladado sus operaciones a otro
municipio para poder continuar con la actividad 30. Dichas actividades se
realizan en contra de las comunidades que rechazan la actividad, como es
el caso de la explotación de carbón en La Guajira, en el Cerrejón desde
la década de 1980, que ha llevado a que se desvíen diecisiete fuentes
hídricas en una zona que se caracteriza por los escasez de agua y que ha
afectado a la población indígena wayúu (Coronado Delgado, 2014, p. 68).
A esta situación debe añadirse que la explotación del carbón se ha llevado
a cabo en medio de la guerra, y desde el año 2000 se ha producido una
masacre en Barrancas, municipio donde quedan las minas del Cerrejón,
y otros tipos de violaciones como ejecuciones extrajudiciales, desplaza-
miento forzado y amenazas en otros municipios donde hay presencia de
industrias extractivas (Coronado Delgado, 2014, p. 36).
30
La explotación se realizaba en la zona Cali-Yumbo, y se llenaba la atmósfera con
vapores sulfurosos y desagües en el río Cali que luego llegaban a contaminar el río Cauca. En
este caso se demostró la afectación a los trabajadores por problemas pulmonares ocasionados
por su labor en la compañía, lo que llevó a la paralización de la fábrica por disposición del
Ministerio de Salud. La compañía procedió a cambiar de razón social a Industria Química
Bastea y comenzó a operar en el municipio de Caloto.
177
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
En la década de 1990 se instaló la minería en el centro del depar-
tamento del Cesar, en cuatro de sus municipios. La extracción de la
empresa estadounidense en la zona en medio de la guerra ha conducido
al desplazamiento forzado y el despojo de tierras, violaciones que se rela-
cionan con la titulación minera en la década en mención y en el periodo
2006-2008 (Coronado Delgado, 2014, p. 24).
A pesar de que en Colombia la actividad minera se ha practicado
desde principios del siglo xx, y desde la década de 1980 en medio del con-
flicto armado, el incremento de dicha actividad a partir del 2002 ha con-
ducido a un severo impacto en el medio ambiente para las comunidades
por la contaminación del agua con cianuro, de la tierra, la afectación de la
vegetación, la erosión de los suelos y la desviación del cauce de los ríos31.
La minería que permite evidenciar una responsabilidad del Estado, y de
la cual se han beneficiado las empresas por falta de vigilancia, es la que
se practica en sitios protegidos ambientalmente, en particular en zonas
de alta montaña donde nacen ríos, denominadas paramos. Es el caso del
páramo El Almorzadero, donde se concedió a una empresa multinacional
la explotación del carbón, la cual debido a la movilización de la población
en su contra fue suspendida 32; el de Santurbán 33; el de Guacheneque
31
Este tipo de contaminación también se presenta por minería ilegal.
32
María Cecilia Roa García (2016) sostiene que una de las más importantes conquistas
de la comunidad fue la del 27 de agosto del 2010, cuando el Concejo Municipal de Cerrito
aprobó por unanimidad la iniciativa popular normativa presentada por la Comisión de
Defensa del Páramo del Almorzadero en cabildo abierto, con la cual se excluye la mine-
ría de los páramos. Cita además a Sandoval (2013) para señalar que las comunidades se
han tenido que enfrentar (verbalmente) tanto a la guerrilla como a los paramilitares, que
han llegado a la zona para convencerlas de la conveniencia de llevar a cabo la explotación
minera. El proyecto fue suspendido por la violación de un derecho a un medio ambiente
sano por contaminación del agua. Este es el caso del municipio de El Cerrito, en Norte
de Santander, en el páramo El Almorzadero, donde la constante explotación del carbón
generó graves daños en las fuentes hídricas que alimentan a la población y que son de vital
importancia tanto para colombianos como para venezolanos. De acuerdo con información
de [Link], las fuentes hídricas del páramo “alimentan las cuencas del río Servitá,
cuyas aguas van a desembocar al río Chicamocha, afluente del Magdalena; y a los ríos
Colorado, Taveta y Chachabrí, afluentes del río Arauca, en la Orinoquia”.
33
Este fue el caso de páramo de Santurbán. Al respecto hubo una importante p olémica
en el país debido a la resistencia ciudadana en contra del Proyecto de Angostura que
implicaba la explotación de 30 000 ha para extraer oro y plata a cielo abierto por parte de
178
CONTENIDO
Las violaciones de derecho humanos a líderes ambientales
desde el 2007 y el de Pisba en el 2009. Esta actividad es perjudicial para
el agua y el aire de la zona; acapara la tierra y afecta gravemente a los
campesinos de la región que tradicionalmente han subsistido de su labor
agrícola y ganadera. Los campesinos se han opuesto con vehemencia a
la explotación de carbón en estas zonas, y en el caso de Pisba mediante
la consulta popular han logrado revocar algunas de las licencias. No
obstante, la explotación continúa. Estas intervenciones en los páramos
han sido prohibidas por la Corte Constitucional a partir de la Sentencia
C-035 del 2016 (Corte Constitucional, 2016). Y luego de la Sentencia
SU 095 del 2018 ya no es posible mediante consulta popular frenar la
explotación minera por ser el subsuelo de la Nación y por ser la política
extractivista una política de desarrollo del nivel nacional.
Desde el 2003, la explotación de carbón y cobre afecta los nacimien-
tos de dos de los ríos más importantes de Colombia: el Cauca y el Magda-
lena, con lo que se compromete una de las zonas estratégicas ambientales
por su relevancia hídrica, denominada Macizo Colombiano. En el 2003
se encontraban aproximadamente 64 títulos mineros otorgados por el
Ministerio de Minas y Energía en esta zona 34. Según documentos de la
anm, además de la explotación de carbón y cobre, hay dos grandes mine-
ras que tienen intereses en el Macizo Colombiano y cuentan con títulos
para explotar oro y sus concentrados, una de 3625 ha y la segunda con
un título de 24 327 ha (Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, 2020).
En estos casos se denuncian muertes de líderes ambientalistas que se
oponen a la explotación minera en esta zona protegida.
5.6.4. Afectación a las comunidades étnicas por minería
La explotación minera ha afectado el territorio de comunidades indí-
genas y afrodescendientes. Es el caso desde el 2005 de daños al sitio
la compañía Greystar, y, que comprometía los recursos hídricos de la zona. La licencia
ambiental fue denegada en el 2010 por tratarse de explotación a cielo abierto. Posterior-
mente, la misma empresa, pero con la denominación EcoOro, volvió a solicitar el mismo
permiso, y la licencia le fue otorgada en el 2012. Tras el fallo de la Corte Constitucional,
mediante la Sentencia C-035 del 2016 que prohibió la realización de actividades extractivas
en los páramos, las licencias de explotación de esta empresa fueron revocadas.
34
En los departamentos de Cauca, Hula y Nariño, municipios de como Almaguer,
San Miguel, El Rosal, San Sebastián, Bolívar y Santa Rosa.
179
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
sagrado para la comunidad embera 35. En este sitio tradicional siempre
han existido diversos intereses de empresas extranjeras para realizar
exploraciones y explotaciones mineras. Este objetivo se cumplió al fin
en el año 2005 cuando se concedió a la estadounidense Muriel Mining
Company el derecho de explorar el cerro por treinta años, con la posibi-
lidad de prorrogar por otro lapso de igual duración. La adjudicación de
esta licencia ha afectado las costumbres ancestrales de esta comunidad
(Corte Constitucional, 2009).
En el 2007 en la región del Taraira, en el departamento del Vaupés,
se adjudicó a la multinacional canadiense Cosigo-Frontier una concesión
de explotación minera de alrededor de 10 000 ha. La comunidad indígena
de la región argumentó que la concesión se había otorgado sin consulta
previa, lo que trajo consigo la suspensión del proyecto. Lamentablemente,
en el año 2008 se levantó dicha suspensión y la explotación continuó, lo
que generó grandes daños a los indígenas (ANM, 2014).
5.6.5. Afectación a comunidades campesinas: disputa
entre tipos del desarrollo minero nacional versus local
Con respecto a la tensión existente entre la política de desarrollo minera
y la participación ciudadana, es decir, que por medio de mecanismos de
participación ciudadana se pueda impedir la explotación minera, el caso la
Colosa-Cajamarca (Tolima) ilustra esta tensión. Desde el 2008 su pobla-
ción se ha movilizado en contra de la explotación minera. El proyecto
de explotación se encontraría a 14 km del casco urbano de Cajamarca,
por esta razón, y la afectación al proyecto vital de los habitantes del
territorio por comprometer el agua, se llevó a cabo una consulta popu-
lar en los municipios afectados con el fin de identificar si la comunidad
estaba de acuerdo con que se iniciara este proyecto. El 27 de marzo del
2017 la mayoría de los consultados señaló que no estaba de acuerdo con
la intervención minera en su territorio (Guzmán Jiménez, 2018). No
obstante, no se conocen los efectos jurídicos de dicha intervención en el
territorio y si ello vinculará a las empresas multinacionales que contaban
con permisos de exploración en la zona.
35
En los municipios de Cerro Careperro, Murindó Haykatum, Antioquia.
180
CONTENIDO
Las violaciones de derecho humanos a líderes ambientales
Otro de los temas que han generado tensión en las comunidades,
por la visión que tiene el Estado de la explotación minera a gran escala
en concesión a multinacionales, con grandes perjuicios ambientales,
es la solicitud de traslado de pueblos hacia otros lugares para llevar a
cabo dicha explotación. Esto se presenta en el caso de Marmato en el
departamento de Caldas. Desde el 2005 se presenta un conflicto entre
la minería a gran escala y la artesanal, de la cual han derivado el sus-
tento históricamente poblaciones aledañas a las minas. Con relación a
este tema, la Corte Constitucional se pronunció en Sentencia SU-133
del 2017, protegiendo la minería artesanal y el derecho al mínimo vital
y móvil, es decir, a la posibilidad de desarrollos económicos desde los
territorios para lograr la sostenibilidad y la vida digna de la población
(Corte Constitucional, 2017).
En el cerro La Jacoba (Nariño) desde el 2012 el proyecto de extrac-
ción de oro (aún en fases de exploración) afecta el agua de una zona
tradicionalmente agrícola. La población al igual que en Cajamarca se
opone a la actividad porque, en primer lugar, contaminaría la zona,
destruiría la naturaleza y comprometería el acceso de la comunidad a los
recursos hídricos que necesita. En segundo lugar, considera que permitir
la explotación aumentaría la delincuencia, la prostitución y la pobreza.
5.7. Análisis y extracción de elementos centrales
La información y la documentación de casos en Colombia permite
entender que existe un conflicto entre los actores armados, el Estado y las
empresas del sector extractivo por los recursos naturales en el territorio.
La construcción de oleoductos y la minería legal ponen en evidencia la
responsabilidad del Estado por las violaciones a derechos como la pro-
testa, la consulta previa, el acceso al agua, la salud, entre otros, los cuales
en algunos casos, por el involucramiento de actores armados, generaron
desplazamiento forzado y despojo de tierras, en beneficio de las empresas
extractivas.
Esto se observa en la actividad de cultivo de palma, que ha reorde-
nado el territorio, debido a que determina las actividades productivas
de las comunidades, que se han visto obligadas a desplazarse o volverse
trabajadores de las empresas extractivas. También afecta el acceso a la
181
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
tierra de los campesinos, que son intimidados para que no continúen con
sus procesos de titulación.
En la actividad petrolera se observan afectaciones al territorio de
pueblos indígenas que han implicado la destrucción de lugares tradi-
cionales, afectaciones al medio ambiente como la contaminación y la
erosión de la tierra, así como contaminación de importantes recursos
hídricos como ríos y pozos y destrucción de bosques. También se registran
enfrentamientos entre la población campesina y las fuerzas especiales de
la policía por protestas en contra de estos proyectos petroleros, y escala-
das paramilitares para intimidar a las comunidades que se oponen a esta
actividad, además de irregularidades en los procesos de socialización de
los proyectos de exploración petrolera.
En la minería hay casos que la base de datos documenta por los
daños causados a las comunidades desde mediados del siglo xx, con un
alto impacto en lugares de conflicto armado desde la década de 1980
hasta la actualidad. En todos los casos se evidencia un conflicto entre
las visiones de desarrollo económico del Estado y las comunidades, y en
medio del conflicto una disputa territorial que conduce al desplazamiento
y el despojo territorial, debido a que la minería se considera de utilidad
pública y se impone sobre los proyectos productivos de las poblaciones.
Con estas intervenciones se ha vulnerado históricamente el derecho al
territorio y al medio ambiente sano, debido a la afectación a la tenencia
de la tierra, y por la contaminación de la tierra y el agua, así como la
ausencia de consulta previa a las comunidades. El incremento de esta
actividad a partir del 2001 ha implicado amplias concesiones a empresas
transnacionales en zonas de conflicto armado, y en ecosistemas prote-
gidos por su importancia hídrica como nacimientos de ríos, páramos,
zonas de parques nacionales y territorios de comunidades indígenas y
afrodescendientes. Se observa en los casos de La Guajira y Cesar que
la explotación de carbón a cielo abierto requiere grandes extensiones de
tierra y agua para realizarse. En la disputa por la tierra entre los actores
armados, las empresas mineras se han visto beneficiadas porque han
accedido a enormes extensiones para poder realizar la explotación.
La base de datos también permitió poner en evidencia el capital social
en los territorios, mediante la resistencia organizada de las comunidades
182
CONTENIDO
Las violaciones de derecho humanos a líderes ambientales
a la realización de proyectos petroleros y mineros por la afectación de
su territorio. Estas luchas sociales por la defensa de sus territorios han
llevado a que la Corte Constitucional colombiana ordene concertar con
los territorios para iniciar este tipo de proyectos, en reconocimiento de su
autonomía local, de acuerdo con la Sentencia SU-133 del 2017, y también
a la prohibición de llevar a cabo actividades extractivas en los páramos,
de acuerdo con la Sentencia C-035 del 2016.
De acuerdo con lo anterior, se puede señalar que el Estado colombia-
no ha incumplido sus obligaciones de acuerdo con el marco internacional,
los principios rectores y los instrumentos interamericanos, porque no
adoptó un marco normativo adecuado y efectivo en materia minera, sino
que en este hubo contradicciones que condujeron a que se otorgaran de
forma masiva títulos mineros en territorios indígenas, afrodescendientes
y zonas protegidas ambientalmente. Tampoco previno las violaciones de
derechos humanos en los casos de cultivo de palma y explotación petro-
lera, lo que llevó a que los paramilitares y la Fuerza Pública intimidaran
y atentaran contra la población, con el resultado del desplazamiento
forzado y que se facilitara el despojo de tierras. Los casos documentados
permiten advertir las irregularidades en la implementación de la política
pública de base extractivista, como también que una vez se realizan las
denuncias por la inconformidad de la población con la realización de
estos proyectos, el Estado no supervisa adecuadamente a las empresas
del sector extractivo. La participación de la población tampoco fue
adecuada, no se realizaron consultas previas y si se hicieron no fueron
realizadas correctamente.
También se encuentra que las licencias para la realización de estas
actividades no cuentan con estudios adecuados para establecer el impacto
ambiental de las intervenciones, lo cual implica que no se conoce con
claridad cómo se afectan los recursos hídricos y los suelos, ni tampoco
la afectación sobre territorios especialmente protegidos de indígenas y
tribales. Las diversas protestas u posiciones frente a estos proyectos son
contrarrestadas de forma arbitraria, tanto por el paramilitarismo como
por el Estado mediante sus fuerzas especiales, lo que deriva en que las
comunidades deban dejar su espacio vital.
183
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
A modo de conclusión: retos del Estado
frente al derecho al territorio y la paz
Debido a las dinámicas del conflicto armado en Colombia, las actividades
extractivas han tenido un impacto desproporcionado sobre la población,
por la afectación a sus derechos humanos que se relacionan con el derecho
al territorio. Las violaciones de derechos humanos cometidas por actores
legales e ilegales han tenido como fin intimidar a la población para lograr
la continuidad de la actividad extractiva y sobre esta base impedir pro-
cesos de titulación, generar desplazamiento forzado y despojo de tierras.
Esto ha implicado una reordenación del territorio y de las actividades
productivas, donde las actividades extractivas se imponen sobre las que
tradicionalmente realizaban las poblaciones, lo cual se convierte en un
elemento adicional del conflicto armado colombiano.
Los casos documentados dejan ver que, debido a las dinámicas del
conflicto armado, se generó una disputa por los recursos naturales en el
territorio, así como por la posibilidad de impulsar desarrollos económicos
alternos a los señalados por el Estado central, en lo que se involucran
actores legales e ilegales36. De este modo, la situación de vulnerabilidad
de los pobladores se agravó. Como lo ha señalado la literatura espe-
cializada, estas actividades no irradian por sí mismas beneficios y las
ventajas derivadas de los excedentes no se ven en inversión social (Ulloa
& Coronado, 2016). Tampoco potencian las capacidades de desarrollo
territorial ni los niveles de calidad de vida y bienestar de la población,
además de generar conflictos sociales y un alto impacto en el derecho al
medio ambiente (Coronado Delgado & Barrera Ramírez, 2016).
Mediante las actividades extractivas registradas en los casos docu-
mentados, se afectó el derecho al territorio como la posibilidad de la
tenencia de la tierra y de tomar decisiones sobre el espacio físico en
36
Esta situación se evidencia en que, según el Atlas de Justicia Ambiental, Colombia
es el primer país en Latinoamérica con mayores casos de conflictos ambientales documen-
tados (89), seguido por Brasil (58), Ecuador (48), Perú (31), Chile (30), México (19), Bolivia
(13), Panamá (7), Costa Rica (6) y Guatemala (6). En la clasificación mundial ocupa el
segundo lugar, después de India, que tiene 140 casos registrados (EJOLT, 2017), pero no
tiene ningún caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, como si lo tienen
Ecuador, Brasil y Argentina, entre otros.
184
CONTENIDO
Las violaciones de derecho humanos a líderes ambientales
que viven las comunidades, así como la continuidad de las relaciones
espirituales, sociales y culturales con ese espacio. También se afectó la
dimensión del derecho al territorio como autonomía local, es decir, la
capacidad de gestionar el espacio y los recursos; la posibilidad de incidir
en el gobierno del territorio y participar en las decisiones sobre su destino
y el control de sus afectaciones.
El número de casos y los derechos vulnerados también evidencian
una política pública que ha beneficiado a las actividades extractivas, por la
titulación masiva, y en zonas protegidas o de alta conflictividad armada.
Durante los periodos de 2002-2006 y 2006-2010 se flexibilizaron las
reglas para favorecer la inversión minera, lo que implicó riesgos para las
comunidades que dependen de los recursos hídricos y de la tierra para
hacer su vida en los territorios afectados.
En Colombia, el reto para el actual Plan de Desarrollo “Colombia,
Potencia Mundial de la Vida”,que se compone de las siguientes apues-
tas: derecho humano a la alimentación, ordenamiento del territorio
alrededor del agua, seguridad humana, economía productiva para la
vida y lucha contra el cambio climático y convergencia regional, es que
logre transformar la conflictividad territorial por visiones distintas del
desarrollo entre empresas, actores estatales, paramilitares y actores de la
Fuerza Pública. Las apuestas proponen políticas de desarrollo económico
diversas. Esta planeación del orden nacional deberá estar articulada y
coordinada con el nivel territorial para que desde otras comprensiones
del desarrollo territorial se pueda resolver la disputa por los recursos
naturales y la violencia que ello ha ocasionado en el marco del conflicto
armado. También es necesario fortalecer la capacidad del Estado para
proteger y supervisar el cumplimiento de los derechos humanos de sus
habitantes, especialmente cuando existe un interés por parte de las
empresas para operar en dichos territorios. Las autoridades competentes
del orden nacional y territorial en materia ambiental deben garantizar
articularse y coordinarse para la protección de ecosistemas estratégicos,
así como para la participación de los habitantes del territorio. También
deben generarse rutas de acceso a la justicia a los líderes, las lideresas
ambientales y las comunidades. En la judicialización de las violaciones
al ambiente podrán aplicarse mecanismos de justicia restaurativa para la
reparación a la naturaleza y a las víctimas en el territorio.
185
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
La información de la base de datos hace posible comprender que
parte del conflicto proviene de la lucha por los recursos naturales. Si el
Estado no mitiga los daños causados a las comunidades por la falta de
participación y el déficit en la garantía de los derechos ambientales, y
si no restaura los ecosistemas, la violencia será una de las opciones para
resolver dicha conflictividad. En este sentido, la política minera actual
debe ser revisada a la luz de la garantía de la participación comunitaria,
la posibilidad de la explotación artesanal minera y la prohibición de
explotación minera en los páramos. Con respecto a las empresas que ya
están operando con amplias concesiones, a pesar de su cuestionamiento
es necesario fortalecer la operación en el territorio para supervisar ade-
cuadamente mediante las autoridades locales y ambientales, las proble-
máticas relacionadas con la vulneración de los derechos humanos y el
medio ambiente, para mitigar su impacto.
El Estado debe evitar la afectación al derecho al territorio y para
ello es importante ampliar la participación política y la concertación
con los territorios cuando haya un plan o proyecto extractivo, según la
Sentencia SU 095 del 2018. Así, de acuerdo con el informe de la cidh,
el Estado evitará las violaciones a los derechos humanos en el territorio,
entre otras medidas, si ajusta los marcos regulatorios de la explotación
extractiva, además de generar mecanismos de coordinación y articulación
entre la política pública a nivel nacional y local para lograr el respeto de
los principios rectores y el marco internacional en derechos humanos y
del ambiente.
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Corte Constitucional (Colombia). (2015). Sentencia C-623/2015. Magistrado
ponente: Alberto Rojas Ríos.
190
CONTENIDO
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191
6
Pelando el cobre: ¿Un caso de minería
ilegal para salvar al planeta?
Constanza Carvajal Vargas*
Juan Antonio Samper **
Introducción
“Mocoa es Agua”, eran las palabras escritas en marcador azul sobre
un pliego de cartulina utilizada como pancarta durante una reunión
en Mocoa, Putumayo el 3 de marzo del 2023. Allí acudió la entonces
ministra de Minas y Energía de Colombia y los directores de la Agencia
Nacional de Minería y del Servicio Geológico Colombiano. La agenda de
la reunión acordada con dicho ministerio era escuchar a las comunidades
y a las organizaciones sociales en defensa del territorio de Mocoa acerca
del conflicto socioecológico suscitado por las actividades de la empresa
canadiense Libero Copper y las propuestas de aquellas organizaciones y
comunidades para el desarrollo alternativo a la explotación de minerales
a gran escala. Mocoa está ubicada estratégicamente entre el Macizo y la
Amazonía colombiana en el Piedemonte Andino-amazónico. Este muni-
cipio esta irrigado por trece quebradas y ocho ríos que fluyen hacia el río
Mocoa, cuyas orillas marcan el límite sur de la ciudad. Más adelante, a la
altura de Puerto Limón, donde las pendientes del Piedemonte comienzan
* Académica, activista socioambiental, defensora de derechos humanos, Colectivo
Hilos de Vida & Confluencia de organizaciones Guardianes de la Andinoamazonía.
** Centro de Estudios de Sostenibilidad de la Universidad de Lund (Lucsus).
193
CONTENIDO
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
a ceder ante la vasta planicie amazónica, el río Mocoa desemboca en el río
Caquetá, uno de los más extensos afluentes del majestuoso río Amazonas.
Entre 1978 y 1982 se realizó el estudio preliminar de factibilidad eco-
nómica para el depósito de cobre y molibdeno en las montañas de Mocoa
donde fluye la cuenca alta del río Mocoa. Los resultados de esa evaluación
de factibilidad económica fueron publicados en Bogotá en septiembre de
1982 en el Informe n.º 1891, realizado en conjunto por el Ministerio
de Minas y Energía, el Instituto Nacional de Investigaciones Geológico
Mineras (Ingeominas, hoy llamado Servicio Geológico Colombiano), la
Empresa Colombiana de Minas (Ecominas–hoy llamada Mineralco), y
las Naciones Unidas, con el apoyo de una empresa norteamericana lla-
mada Mineral Systems Inc. En ese documento las entidades concluyen,
entre otras cosas, que es viable la extracción de cobre y molibdeno en este
lugar. La Tabla 6.1 contiene un resumen de los resultados publicados en
el Informe n.º 1891 de 1982 (Buenaventura & Murillo, 1982).
Tabla 6.1. Hallazgos del reporte de Ingeominas en el Informe 1891 de 1982
Caso mas probable
Explotación Subterráneo
Cielo abierto Combinado
Variables (block caving)
Reservas (millones toneladas) 203,666 222,852 204,616
Cu 0,4319 0,3837 0,4045
Tenor % Mo 0,0621 0,0670 0,0700
Cu equivalente 1,0529 1,0627 1,1045
Periodos de producción minera (años) 20 22 20
Producción anual (millones toneladas) 10,500 10,500 10,500
Relación Esteríl/mena 3,00: 1,00 ----- 2,47: 1,00
Fuente: Buenaventura & Murillo (1982). Digitalización de la tabla realizada por los autores.
Este estudio preliminar marcó el inicio de lo que se conoce como el
Proyecto Mocoa. Este es un proceso de varias décadas que ha buscado
concretar aquello que en el 1982 se dictaminó viable sin la participación
de los habitantes de la región ni de las entidades del sector ambiental:
194
CONTENIDO
Pelando el cobre: ¿Un caso de minería ilegal para salvar al planeta?
continuar el proyecto extractivista de la nación en la frontera interna
del Putumayo (Uribe, 2022). El Proyecto Mocoa, cuyo nombre Libero
Cobre ha sabido mantener, en los últimos años ha venido generando un
conflicto socioecológico en el municipio, a raíz de las actividades de esta
empresa desde el 2018, como lo reporta el Observatorio de Conflictos
Ambientales de la Universidad Nacional de Colombia (OCA, 2023).
Durante el 2006 y el 2008 la nación reencauchó el entonces ador-
mecido Proyecto Mocoa al otorgar cinco títulos mineros en el área de las
montañas de Mocoa donde se hizo el estudio publicado en el Informe n.º
1891 de 1982. Los títulos FJT-141 del 2006, FJT-131 del 2007, FJT-132
del 2007, FJT-142 del 2007 y JAP-16141 del 2008 fueron otorgados a
la empresa Mocoa Ventures Ltda., sucursal colombiana de una empresa
con el mismo nombre domiciliada en las Islas Vírgenes Británicas, a
su vez controlada por Colombian Ventures Ltd., empresa domiciliada
en Bermuda, la cual la gigante minera B2Gold Corp. controlaría en su
totalidad. No obstante, desde 1984 las montañas de Mocoa han estado
protegidas por el Sistema Nacional Ambiental, de acuerdo con las reso-
luciones 014 y 224 de 1984 del Inderena.
Mocoa, así como otros ocho de los trece municipios del Putumayo,
fue cobijada como un municipio del Programa de Desarrollo con Enfoque
Territorial (pdet) en el 2016, tras el Acuerdo de Paz firmado entre el
Gobierno de Colombia y las farc-ep. Esto quiere decir que el desarrollo
de Mocoa debe prestar atención a las características y a las necesidades del
territorio, mediante lo que se denomina planeación participativa (ART,
2022). A pesar de no haber sufrido los rigores del conflicto armado que
otros municipios del Putumayo sí, Mocoa ha ocupado los primeros lugares
como receptora de población desplazada proveniente de territorios a los
cuales el dominio bélico de los diferentes grupos armados en conflicto
volvió prácticamente inhabitables (Buitrago Campos, 2021).
En marzo del 2017 Mocoa fue el escenario de una catástrofe. El
último día de dicho mes, casi a medianoche, tras varias horas de inten-
sas lluvias, pocos minutos después de un apagón eléctrico, una avenida
torrencial azotó a la ciudad. En tan sólo tres horas Mocoa vivió la muerte
en una ruidosa penumbra (Uribe, 2021). Docenas de desaparecidos,
cientos de muertos, miles de heridos, diecisiete barrios afectados, además
de los cinco barrios completamente arrasados fue lo que aquella avenida
195
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
torrencial se llevó. El primer sol de abril encontró a Mocoa desahuciada,
y seis años más tarde las víctimas de la avalancha, como se le nombra allí
a la catástrofe, siguen a la espera de una reparación por parte del Estado.
La versión oficial contenida en el Decreto 601 del 2017, mediante el cual
el Gobierno nacional declaró el estado de emergencia económica, social y
ecológica en Mocoa, señala que “suelos (arenosos y arcillosos), la geología
estructural (fallas geológicas) y topografía del terreno (pendientes entre
50 y 100 %), el cambio de uso del suelo (en algunos casos) y las precipita-
ciones extremas presentadas, desencadenaron movimientos en masa en las
parte alta y media de las microcuencas de los ríos Sangoyaco y Mulato y
las quebradas Taruca, Conejo, Almorzadero lo que posiblemente causó la
colmatación de los cauces principales de las fuentes hídricas en mención
generando una avenida torrencial con flujos de lodo”.
Con el llamado presidencial varios expertos de universidades como
los Andes, Externado de Colombia, Javeriana y Nacional de Colombia
sede Amazonas, entre otras, se pronunciaron sobre el caso. Entre las
muchas hipótesis apoyadas en lo científico también se comprobó lo
que el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático
e investigadores climáticos han pronosticado: que los impactos de la
alteración climática serán de mayor impacto en zonas frágiles, en este
caso Mocoa, por encontrarse en el abanico aluvial de la cuenca alta del
río Caquetá, que además pertenece a la cuenca del río Amazonas, lo
que la lleva a ser receptora de los ríos aéreos que se condensan desde el
Atlántico (Castellanos et al., 2022; Paredes-Trejo et al., 2021). Así, en
esta ciudad, en medio de la confusión y la búsqueda de explicaciones a
esta catástrofe, aprendimos algo más de este territorio; de los ríos aéreos
o voladores, de la fragilidad de las montañas, de la tierna formación de
las montañas, de recursos isotópicos, entre ellos los hídricos o las aguas
subterráneas, y las condiciones de indefensión en las que vidas humanas
y no humanas se hallan cuando la naturaleza manifiesta su creación
destructiva. La tragedia nos permitió sentipensar la agresividad de los
efectos del cambio climático (Escobar, 2014).
Mientras Mocoa se recuperaba de la catástrofe, una transacción entre
B2Gold y Libero Copper and Gold Ltd., una empresa minera domici-
liada en Canadá, se cerró en el 2018. El resultado de dicho negocio fue
registrado en la Cámara de Comercio de Medellín el 21 de junio del
196
CONTENIDO
Pelando el cobre: ¿Un caso de minería ilegal para salvar al planeta?
2019 cuando la sucursal colombiana Mocoa Ventures Ltd. cambió su
razón social a Libero Cobre Ltd. De acuerdo con información corpo-
rativa de Libero Copper and Gold Ltd. y el certificado de existencia y
representación legal de la sucursal colombiana, es posible establecer que
esta le pertenece a Libero Resources Ltd., una empresa domiciliada en
las Islas Vírgenes Británicas que, a su vez, es controlada por la minera
canadiense (GlobeNewswire, 2018; Libero Copper, 2023; Slater, 2018).
En mayo del mismo año hubo una reunión de la comunidad de Mocoa
en la vereda de Pueblo Viejo, localizada al norte de Mocoa, río arriba a
lo largo del río Mocoa. Dicha reunión fue convocada para coordinar las
estrategias de interlocución y movilización de una gran marcha por la
defensa del territorio y del agua planeada para el 23 de mayo, cuatro días
antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 2018. A la
reunión asistieron, además de los miembros de organizaciones sociales
y demás ciudadanos interesados, estudiantes, representantes de varias
juntas de acción comunal, autoridades locales y servidores públicos.
La Agencia Nacional de Minería (anm), Corpoamazonia, el Concejo
Municipal y la Asamblea Departamental adquirieron ciertos compro-
misos tras esa reunión. A cargo de la anm estaría un informe sobre la
intervención en el área de los títulos mineros por parte B2Gold, mientras
que Corpoamazonia se comprometió a cumplir con la ampliación de la
Reserva Forestal Protectora de la Cuenca Alta del Rio Mocoa (rfcarm)
y a presentar un informe sobre los impactos ambientales en la vereda
Montclar (hasta la fecha esto no se ha cumplido), y la Asamblea, por su
parte, convocaría a B2Gold para que presentara un informe sobre las
actividades llevadas a cabo en el área en relación con dichos títulos. El
mismo año, B2Gold vendería la empresa caparazón domiciliada en las
Islas Vírgenes Británicas, dueña de la sucursal colombiana hoy llamada
Libero Cobre Ltd. Aquella venta fue pagada con una emisión de acciones
a título de B2Gold, equivalentes al 19 % del capital de Libero Copper
& Gold (GlobeNewswire, 2018). B2Gold le respondería a la Asamblea
que los títulos ya no le pertenecían, a pesar de haberse convertido en
una gran accionista de la sociedad canadiense que se habría convertido
en la dueña de dichos títulos. Como respuesta a la movilización social,
el 6 de diciembre del 2018 el Concejo Municipal de Mocoa expidió el
197
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Acuerdo 020 del 2018, mediante el cual prohibió la minería a mediana
y gran escala en el municipio.
En este capítulo presentamos una investigación sociojurídica que
combina análisis jurisprudencial con el trabajo (auto)etnográfico y de
activismo socioambiental de los autores. El activismo socioambiental
que durante décadas ha ejercido la primera autora en Mocoa se presenta
en formato autoetnográfico, en primera persona, siguiendo una creciente
tendencia feminista decolonial latinoamericana que busca desestabilizar
las bases ontoepistemológicas de la investigación científica moderna,
mediante propuestas como la reclamación del escribir como componen-
te esencial de la investigación (auto)etnográfica (Calixto Rojas, 2022;
Cuero Montenegro, 2019; Satta, 2022). Ella relata su experiencia en
relación con el surgimiento del conflicto socioambiental suscitado por
las actividades de Libero Cobre desde el 2018 y su activismo en contra
del Proyecto Mocoa. El segundo autor complementa el artículo con un
análisis legal de jurisprudencia relevante para el caso en cuestión, infor-
mado a su vez por la investigación etnográfica sobre el presente conflicto
socioecológico que este ha realizado en Mocoa entre el 2021 y el 2023.
En conjunto, este capítulo contribuye a la comprensión de las relaciones
entre el ordenamiento jurídico y los fenómenos socioecológicos que aquel
pretende regular, así como la influencia que algunos fenómenos sociales
tienen en el devenir del ordenamiento legal.
En tal sentido, el capítulo está estructurado de la siguiente mane-
ra. En la siguiente sección, presentamos un análisis del ordenamiento
legal en materia ambiental y minera que resulta relevante para el pre-
sente caso, el cual no pretende ser un análisis exhaustivo en material de
derecho ambiental o minero colombiano. Allí resaltamos algunas de las
contradicciones y los problemas en materia de derechos de la naturaleza,
participación ciudadana, coordinación y concurrencia entre la nación
y las entidades territoriales, y legalidad de la minería que el ordena-
miento jurídico no logra resolver. Luego, en la sección 3 presentamos
un relato autoetnográfico de la primera autora basado en su activismo
socioambiental en defensa del Piedemonte amazónico y de Mocoa. Allí
cobra gran relevancia la experiencia de la primera autora como activista
socioambiental y en relación con las estrategias de la empresa minera
para llevar a cabo de forma irregular su emprender extractivista. En la
198
CONTENIDO
Pelando el cobre: ¿Un caso de minería ilegal para salvar al planeta?
última sección concluimos el artículo con unas notas finales en materia
de la relación entre la ley, la protección medioambiental y el extractivismo
en Colombia.
Este capítulo busca contribuir académicamente a los estudios sobre
extractivismo verde y activismo socioambiental tanto empírica como
teóricamente. En primer lugar, es el producto de ejercicios (auto)etno-
gráficos a los que contribuyen dos visiones empíricas y situadas en la
andinoamazonia sobre cómo el extractivismo verde, entre otros procesos
de muerte, ha venido surgiendo en Colombia y América Latina, recon-
figurando la vida cotidiana de territorios cuyos habitantes se ven en la
tarea de defender (Lyons, 2016; Osejo & Ungar, 2017; Pereira et al.,
2022; Ulloa, 2021). En segundo lugar, el capítulo contiene un análisis
sociolegal que permite vislumbrar algunas de las formas en las que el
ordenamiento jurídico se convierte en una herramienta que posibilita
el desarrollo de agendas políticas contradictorias, contribuyendo con
material empírico a una vieja discusión sobre derecho, ideología, poder
y resistencia que ha sido predominantemente teórica (Cerar, 2011; Hunt,
1985; Leiter, 2015).
6.1. Derechos de la naturaleza, extractivismo
y participación ciudadana en Colombia
El ordenamiento jurídico colombiano cuenta con un sistema de protección
medioambiental desde el nivel constitucional. El énfasis de la Asamblea
Nacional Constituyente en la protección ambiental paulatinamente ha
progresado con el desarrollo jurisprudencial de los derechos de la natu-
raleza, que parte de la base de que esta, por tener valor en sí misma, es
sujeta de derechos, y que expande, sino es que reta el carácter antropo-
centrista del ordenamiento jurídico colombiano con una perspectiva que
podría llamarse ecocentrista del derecho. La diferencia entre una y otra
atiende a la relación entre el derecho y la construcción del sujeto. En la
modernidad se asume que el ser humano es el único capaz de construir
una identidad y así constituirse en sujeto (Monteagudo & Huyhua
Muñoz, 2023). Dicha presunción, que es de orden ontológico, rechaza
de plano que cualquier ente no humano adquiera la categoría de sujeto
y, por ende, titular de ciertos derechos. En ese mismo acto se construye
la naturaleza y lo natural como categoría que describe lo no humano,
199
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
aquel objeto que el sujeto humano habrá de conocer de acuerdo con los
preceptos metodológicos de la ciencia moderna.
Sin embargo, basta recordar que hay características que los seres
humanos comparten con otros seres, como la vida, que para los huma-
nos es un derecho, para evidenciar que aquella presunción moderna es
limitada y, por lo tanto, limita también el alcance del derecho concebido
dentro de los límites de la modernidad. Esta limitación, a su vez, resalta
un componente normativo implícito, que surge desde nuestra perspectiva,
el cual consiste en el deber ser de que el derecho transite del h
umanismo
al posthumanismo (Lloredo Alix, 2023). En el caso de Colombia, el
ordenamiento jurídico cuenta con una gama relativamente amplia de
normas jurídicas destinadas a la protección del medio ambiente, entre
las que se destacan las leyes 99 de 1993 y 165 de 1994. Adicionalmente,
como consecuencia del activismo legal socioambiental que se enmarca
en un amplio proceso latinoamericano de activismo judicial en defensa
de territorios (Tigre et al., 2023), hay abundante jurisprudencia, en su
mayoría constitucional, que ha catalogado a ecosistemas y ríos como suje-
tos de derecho, como por ejemplo los ríos Atrato (Sentencia T-622/16),
Cauca (Sentencia 076 del 2019), Magdalena (Sentencia 017 del 2019),
Quindío (Sentencia 030-002-2019), Pance (Sentencia 31 del 2019), La
Plata (Sentencia del 19 de marzo del 2019) y Otún (Sentencia 036/2019),
la Vía Parque Isla de Salamanca (Sentencia STC3872-2020), el páramo
de Pisba (Sentencia 1989-2019), y la Amazonía colombiana (Sentencia
STC4360-2018).
Por otro lado, desde el mismo nivel constitucional emana otra serie
de normas por medio de las cuales se garantiza la prerrogativa de la
nación de explotar sus recursos naturales mediante actividades como
la extracción de combustibles fósiles o de minerales. A propósito de la
minería, esta se entiende legalmente como de utilidad pública e interés
social en todas sus ramas y fases, así como compatible y concurrente con
la protección del medio ambiente, como lo indican los artículos 13 y 194
del actual Código de Minas. Esta norma, no obstante, ha sido objeto en
varias ocasiones de desarrollo jurisprudencial. Un ejemplo relevante para
la relación medio ambiente-minería es el desarrollo del artículo 34 del
Código de Minas, declarado parcialmente exequible por la Corte Cons-
titucional, que reconoce la existencia de áreas excluidas de minería por
200
CONTENIDO
Pelando el cobre: ¿Un caso de minería ilegal para salvar al planeta?
ser de protección ambiental. Así, los ordenamientos ambiental y minero
presentan una serie de límites a las actividades de extracción de minerales.
Sin embargo, estos límites han sido susceptibles de maniobras jurídico-
políticas que, por lo general, en nombre de una visión reduccionista del
desarrollo, han promovido el extractivismo desaforado sin reparo en los
límites medioambientales, como lo demuestra el caso de la Ventanilla
Minera del Consejo de Estado, donde el Alto Tribunal recoge evidencia
acerca de cientos de títulos mineros otorgados en áreas ambientalmente
protegidas (Sentencia del 4 de agosto del 2022), sin que ello signifique que
no exista espacio para maniobras homólogas que, en nombre de visiones
más amplias, territorializadas o alternativas del desarrollo, promuevan
la protección ambiental y la defensa de territorios.
En el caso que nos ocupa, la relación entre el derecho minero y el
derecho ambiental es indispensable. De esta manera, revisamos con
atención una muestra de precedentes recientes que han sido desarrollados
por las altas cortes, los cuales consideramos relevantes por su aplicabi-
lidad al caso en estudio. El énfasis en la jurisprudencia proviene de que
ha sido de esas instancias que emanan normas de carácter novedoso, las
cuales retan el antropocentrismo del ordenamiento jurídico colombiano.
En lo atinente a los derechos de la naturaleza, resaltamos la Sentencia
STC4360-2018, de la Corte Suprema de Justicia, que reconoce a la
Amazonía colombiana como sujeto de derechos. En cuanto a la coordi-
nación institucional entre las entidades que componen los ordenamientos
minero y ambiental, repasamos lo decidido por la Sección Primera del
Consejo de Estado en la Sentencia del 4 de agosto del 2022, mediante
la cual le impone ciertas obligaciones al Estado en materia de coordi-
nación entre las actividades mineras y ambientales. En último lugar, en
relación con la participación ciudadana, estudiamos lo decidido por la
Corte Constitucional en las sentencias SU-095 del 2018 y SU-411 del
2020, mediante las cuales el alto tribunal constitucional paradójicamente
reconoció un déficit de protección constitucional en materia de mecanis-
mos de participación ciudadana en temas mineros, mientras que limitó
el uso del único mecanismo de participación que había sido efectivo para
las comunidades: la consulta popular.
La Corte Suprema de Justicia reconoció a la Amazonía como sujeto
de derechos, “titular de la protección, de la conservación, mantenimiento
201
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
y restauración a cargo del Estado y las entidades territoriales que la
integran” (Sentencia STC4360-2018, p. 45). Dentro del derecho que le
asiste a la Amazonía, de acuerdo con esta decisión, se encuentra la pre-
rrogativa de proteger su integridad ecológica. A propósito, dice la Corte
que “la reducción de las masas forestales amazónicas rompería la conec-
tividad ecosistémica de ésta con los Andes, causando probable extinción
o amenaza de la subsistencia de las especies habitantes de ese corredor,
generando daños en su integridad ecológica” (Sentencia STC4360-2018,
p. 36). Cabe destacar que el sujeto pasivo de esta obligación, así como
de todas las obligaciones que surgen en relación con los derechos de la
Amazonía, es el Estado y las entidades territoriales que lo componen.
No es capricho jurisprudencial ni mucho menos intuición que la
Corte Suprema mencionara la conectividad de la Amazonía con los Andes
en la Sentencia 4360 del 2018. Las conexiones entre la cordillera de los
Andes y el Amazonas son fundamentales para ambos ecosistemas, y su
fragmentación es una de las principales preocupaciones en las ciencias
ecológicas (Murillo-Sandoval et al., 2022). Los ríos que nacen en los
Andes y constituyen la cuenca del Amazonas, como es el caso de los ríos
que bajan por las montañas de Mocoa, proveen una gran cantidad de
sedimentación cuya ausencia generaría graves alteraciones en los eco-
sistemas y los flujos ribereños de la planicie amazónica (Anderson et al.,
2018). El corredor andinoamazónico también es fundamental para la
conservación de los ecosistemas terrestres, tanto de los Andes como del
Amazonas, mediante una compleja red de conexiones ecológicas cuya
protección, tanto en áreas legalmente protegidas como en las que no
gozan de tal protección, es fundamental para hacer efectivos los derechos
de la Amazonía (Clerici et al., 2019).
La Sección Primera del Consejo de Estado estudió un caso rela-
cionado con la coordinación de entidades públicas en materias mine-
roambientales y la laxitud histórica en relación con la participación,
el otorgamiento y el control de títulos mineros, lo que ha producido
casos de traslape entre áreas protegidas ambientalmente y de explo-
ración y explotación minera. Las consideraciones del alto tribunal de
lo contencioso-administrativo cuentan con un análisis sistemático del
ordenamiento ambiental y minero. Resalta la alta corte que las dispo-
siciones legales y reglamentarias de orden ambiental son de aplicación
202
CONTENIDO
Pelando el cobre: ¿Un caso de minería ilegal para salvar al planeta?
general e inmediata para todas las obras y labores mineras a las que les
sean aplicables, de conformidad con el artículo 196 del Código de Minas.
Esta disposición resulta vital para entender los efectos que el reconoci-
miento de la región amazónica como sujeto de derechos produce para
cualquier contrato de concesión minera cuyos títulos se encuentren en
esta región. Las implicaciones de dicha disposición en el devenir de un
contrato de concesión minera suponen un límite de carácter ambiental a
la regla general contenida en el mismo código con relación al efecto que
los cambios en el ordenamiento jurídico tengan en aquellos contratos ya
suscritos como, por ejemplo, la creación de áreas protegidas o el recono-
cer un ecosistema como sujeto de derechos. Lo anterior, sin embargo, es
consecuencia del desarrollo jurisprudencial que ha ampliado la esfera de
protección ambiental que el legislador optó en su momento por reducir
en el artículo 34 de dicho código, para fomentar el extractivismo como
política de Estado, como se ve a continuación.
El artículo 34 del Código de Minas enumera las siguientes áreas
protegidas:
• Áreas que integran el Sistema de Parques Nacionales Naturales
• Parques naturales de carácter regional
• Zonas de reserva forestal
Dicha lista es enunciativa, no taxativa, de acuerdo con la Corte
Constitucional (Sentencia C-339/02). A propósito, la misma corte sen-
tenció también que aquella determinación con respecto a la lista de áreas
excluidas de minería “hace parte de la ratio decidendi […] y si bien no
fue introducida como un condicionamiento en la parte resolutiva tiene
un carácter vinculante, pues fija el alcance actual” del inciso segundo del
artículo 34 del Código de Minas (Sentencia C-433/09). Además, la Corte
Constitucional también ha establecido que, además de las tres zonas
mencionadas en dicho artículo como de exclusión de minería, los eco-
sistemas integrados por vegetación original que no siempre forma parte
de parques naturales, como la selva amazónica, los bosques andinos y la
cuenca del río Amazonas (integrada por las cuencas de los ríos Vaupés,
Putumayo y Caquetá), también cuentan con protección constitucional
y por lo tanto pueden ser áreas de exclusión de minería. Esto significa,
203
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
según el Consejo de Estado, que “los contratos de concesión minera
incluyen de pleno derecho las restricciones vigentes y futuras señaladas
por el régimen jurídico ambiental para la defensa de los ecosistemas
estratégicos” (Sentencia del 4 de agosto del 2022). Adicionalmente, el
principio de precaución aplica en los casos de exclusión de minería, de
manera que “en caso de presentarse una falta de certeza científica absoluta
frente a la exploración o explotación minera de una zona determinada;
la decisión debe inclinarse necesariamente hacia la protección del medio
ambiente”, para prevenir la generación de daños potencialmente irrever-
sibles a la naturaleza (Sentencia C-339/02).
En el caso que nos ocupa, los títulos de Libero Cobre ya existen,
el contrato de concesión se encuentra en la etapa de exploración, y este
se superpone con territorios ambientalmente protegidos de diferentes
tipos, sin contar aún con licencia ambiental. Así, resulta clave el ordinal
tercero de la Sentencia del Consejo de Estado previamente mencionada
en lo relativo a las medidas temporales dirigidas a elaborar un inventario
de pasivos ambientales mineros y un plan preventivo y correctivo que
identifique acciones participativas y conjuntas orientadas a corregir las
problemáticas asociadas con:
• Los proyectos mineros cuyos títulos se superponen con territorios
ambientalmente protegidos;
• Los impactos ambientales negativos generados por los proyectos
mineros que no cuentan con licenciamiento ambiental en la fase
de exploración; y
• Los proyectos mineros que no están siendo controlados en la fase
de exploración.
Aunado a todo lo anterior, la Corte Constitucional dejó a las comu-
nidades desprotegidas, pues decidió limitar la consulta popular en asuntos
mineros y solicitó al Legislador que resuelva las incertidumbres en materia
de coordinación, concurrencia y subsidiariedad nación-territorio, a la
vez que reconoció que históricamente ha habido un déficit de protección
constitucional en los mecanismos de participación existentes. El alto
tribunal constitucional ha reiterado que: i) ni la nación ni las entida-
des territoriales tienen competencias absolutas en materia de minería,
204
CONTENIDO
Pelando el cobre: ¿Un caso de minería ilegal para salvar al planeta?
pues se traslapan las competencias territoriales de uso de suelos con las
nacionales de uso del subsuelo; ii) hay un déficit de protección constitu-
cional del derecho fundamental a la participación de las comunidades
afectadas por las actividades mineras; iii) le corresponde al Legislador
llenar dicho déficit de protección constitucional; iv) la consulta popular,
el mecanismo que muchas comunidades han tenido que utilizar, no es
idóneo; y v) se abstiene de ofrecer medidas transitorias distintas a evitar
que siga habiendo consultas populares mientras el Legislador cumple con
lo ordenado (Sentencia SU095/18; Sentencia SU411/20).
Ahora bien, el Consejo de Estado parece haber corregido parcial-
mente dicho desamparo constitucional, específicamente en lo relativo a
su decisión de ordenar la elaboración del plan preventivo y correctivo
de las problemáticas asociadas con los proyectos mineros cuyos títulos
se superponen con territorios ambientalmente protegidos, los impactos
ambientales negativos generados por los proyectos mineros que no cuen-
tan con licenciamiento ambiental en la fase de exploración, y los proyectos
mineros que no están siendo controlados en la fase de exploración.
La situación legal alrededor del caso del proyecto minero de Libero
Cobre en Mocoa se puede entonces resumir así:
• Mocoa, por estar en el piedemonte amazónico se encuentra ubicada
en un territorio sujeto de los derechos reconocidos por la Corte
Suprema de Justicia en la Sentencia STC4360-2018.
• Dicho reconocimiento opera de pleno derecho en cualquier con-
trato de concesión minera, independientemente de su etapa, como
lo es el contrato al que le subyacen los títulos mineros FJT-141 del
2006, FJT-131 del 2007, FJT-132 del 2007, FJT-142 del 2007 y
JAP-16141 del 2008.
• No hay mecanismos constitucionales de participación viables pues
la Corte Constitucional dejó claro que la consulta popular no es
idónea para decidir si se realiza la minería en un territorio o no,
a sabiendas de que era el único mecanismo efectivo y que ni la
nación ni las entidades territoriales tienen derecho de veto en esta
materia, y ante la falta de voluntad del Legislador de cumplir lo
ordenado por la Corte Constitucional desde el 2018.
205
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
• El Concejo Municipal de Mocoa expidió el Acuerdo 020 del
2018, tras una masiva manifestación social en mayo de ese año,
por medio del cual prohibió la minería de mediana y gran escala.
Dicha prohibición, al estar enfocada en la escala de la minería, y
no en la actividad minera en sí misma, no configura un derecho de
veto pues figuras mineras como las de subsistencia y de pequeña
escala siguen estando permitidas y, por lo tanto, no vulnera el
precedente proextractivismo de la Corte Constitucional.
6.2. La defensa de la Andinoamazonia
desde el activismo socioambiental en Mocoa
6.2.1. El surgimiento del Proyecto Mocoa en la vida cotidiana
No sabía que las labores que realizaba desde hace años se llamaban
activismo socioambiental, hasta que esto tomó fuerza precisamente por
las amenazas que están asociadas a la acción antropocéntrica sobre el
planeta, sus graves afectaciones como el cambio climático y otros. Según
los científicos del clima, hay regiones que son mayormente vulnerables
a estos fenómenos, y precisamente la ciudad de Mocoa, el 31 de marzo
para amanecer el 1.º de abril del año 2017, padeció las consecuencias de
la catástrofe que cobró la vida de más de 335 personas, al menos 398
heridos, 7852 familias afectadas, más de 53 desaparecidos, 48 barrios
afectados, cinco que desaparecieron completamente y hasta 1461 vivien-
das afectadas, según los reportes oficiales de la Unidad Nacional para la
Gestión de Riesgo y Desastres (UNGRD, 2021).
Las víctimas de esta tragedia, después de seis años, están esperando
la respuesta estatal. Esta condición ha contribuido a sentir mayor vul-
nerabilidad por parte de la población de Mocoa que, aun cuando no ha
padecido los rigores directos del conflicto armado, sí ha sido una ciudad
receptora de población víctima de los flagelos de la guerra, según los
registros de la Unidad Nacional para la Atención a Víctimas del Conflicto
Armado. Y fue en su mayor parte la población víctima de la violencia la
que padeció de manera desproporcionada la catástrofe, pues había cons-
truido sus casas y sus barrios en la periferia, a orilla de los ríos, como en
muchas ciudades de este país donde la planificación y el ordenamiento
territorial suelen ser letra muerta.
206
CONTENIDO
Pelando el cobre: ¿Un caso de minería ilegal para salvar al planeta?
Así las cosas y con las noticias que empezaron a circular, de que una
nueva multinacional quería explotar las montañas de Mocoa en el 2018,
tan solo a un año de la tragedia, la población se movilizó masivamente
en mayo de ese año contra dicho proyecto. Eran muy recientes las huellas
de la tragedia. Todavía lo son. Y las calles por donde se alzaron las voces
de protesta todavía olían al lodo que sepultó muchos proyectos de vida.
Dicha movilización fue apoyada inclusive por los habitantes de las veredas
Montclar y Pueblo Viejo (las dos comunidades veredales más cercanas
al área del proyecto), así como por sus juntas de acción comunal, por los
estudiantes, las víctimas de la tragedia y un sinnúmero de defensores y
defensoras del territorio y del medio ambiente, campesinos y campesinas,
y comunidades indígenas, entre muchos otros. Esta movilización fue la
respuesta popular al Proyecto Mocoa con el que por décadas el Estado
y el capital extranjero extractivista han buscado minar un área con con-
diciones ambientales especiales como lo es la rfpcarm y las montañas
que la rodean.
El Proyecto Mocoa se experimenta como un proyecto de largo plazo.
Las empresas y las entidades del Estado vienen y se van, en los documen-
tos aparecen con nombres que hoy en día no tienen, porque no existen o
los han cambiado. En el terreno, esto se ve como un modus operandi del
extractivismo. Los esquemas corporativos son confusos y una empresa
registrada en Medellín, como Libero Cobre, resulta estar controlada en
su totalidad desde el exterior por una empresa (Libero Copper & Gold)
que es, a su vez, controlada por una aún más grande (Anglo-Asian
Mining). Recuerdo cómo esa confusión se materializaba en los cafés
y en ciertas reuniones. Se oían susurros que decían que la empresa era
colombiana. Incluso se llegó a escuchar que el propio Gobierno nacional
era propietario. No tomó mucho tiempo comprender, sin lugar a dudas
ni a narrativas extrañas, que en efecto la empresa Libero Cobre es tan
extranjera como aquellas cuyos nombres no se olvidan: Mocoa Ventures,
B2Gold, entre otras.
Ese largo plazo se ha venido experimentando día a día de manera más
evidente, como si hubiera empezado un periodo de convergencia en las
actividades alrededor de los títulos mineros. A partir del 2019 se volvió
paulatinamente más notorio el logo rojo circular de Libero Cobre, el
uniforme gris, la indumentaria y demás ropa con los signos de la empresa,
207
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
pautas publicitarias en la radio promocionando el Proyecto Mocoa como
de transición energética justa, y el cierre de portones y rejas de propiedad
privada con la insignia de Libero Cobre. Las actividades de la empresa
se empiezan a sentir, así las verdaderas actividades sean invisibles en el
diario transcurrir de la vida en Mocoa. En las mañanas, a temprana hora
suben, o cerca del anochecer bajan las motos rugiendo, conducidas por
los trabajadores de la empresa que, durante el día, se encontrarán en las
montañas de Mocoa donde cualquier tipo de supervisión cívica o estatal
es prácticamente imposible.
6.2.2. Caminando en defensa de la Andino-Amazonía
En mi caminar acompañando a las organizaciones sociales del Bajo
Putumayo en su lucha contra las empresas extractivas del petróleo, a una
le llegan imágenes de la destrucción de humedales, la contaminación de
las fuentes hídricas, la afectación de los recursos naturales, el recrudeci-
miento de la violencia y el asesinato de amigos. El contexto de diferentes
violencias durante las últimas décadas es también motivo de temor para
emprender la defensa del territorio, pero ¿cómo no hacer algo? Levantar
la voz por este territorio que me ha dado tanto, al que le debo gratitud
porque me permite habitarlo. Así inicié, llamando a los amigos, dicién-
doles que debíamos reunirnos porque una empresa canadiense (B2Gold
en ese entonces) era dueña de los títulos y había iniciado fuertes labores.
En este caminar también visité al director de Pastoral Social, al p árroco
de la Iglesia católica la Inmaculada que asiste en el culto religioso a las
veredas del sector donde se ubican los títulos mineros. Conseguí per-
miso para hacer las reuniones en el salón de la parroquia. A ellas asistía
en ocasiones el director de la Pastoral Social o su delegada, unos pocos
amigos, y algunos contratistas de organizaciones que trabajan con fondos
para la protección de la naturaleza. También empezamos a documen-
tarnos, armar presentaciones, y conocer y procurar divulgar el Acuerdo
020 del 2018 una vez este fue publicado. Todos expresábamos nuestras
preocupaciones por el avance de la empresa, pero debido a que algunos
líderes sugirieron que se debía cambiar el espacio de reunión, allí nos
dispersamos.
El tema rondaba en corrillos. Se escuchaba que la empresa estaba
contratando profesionales que ya caminaban el territorio. Pero llegó la
208
CONTENIDO
Pelando el cobre: ¿Un caso de minería ilegal para salvar al planeta?
pandemia y, con ella, un cambio en la agenda política y un periodo de
descanso y recuperación de los ecosistemas. En el 2021 la canadiense
emprendió acciones con mayor fuerza. En los espacios comunitarios a
los que nos autoconvocamos, procuramos actuar en comisiones, pero
debido a que era un trabajo de voluntariado, no siempre se lograban los
resultados propuestos. Por ejemplo, la comisión de comunicación dise-
ñó piezas comunicativas y una página en internet, pero para sostenerla,
alimentarla y demás carecíamos de fondos.
Como hemos estado acompañados de organizaciones no guberna-
mentales (ong), en especial defensoras de derechos humanos, de manera
paulatina se logró conseguir solidaridades, y en este caminar, el director
de la Pastoral Social me presentó a la Red de Iglesias y Minería nodo
Colombia. Este espacio dinámico y de permanente formación permitió
que compartiéramos las problemáticas extractivistas de Putumayo, con
un interés especial en el caso del Proyecto Mocoa.
El hecho de haber caminado un poco las montañas de la cuenca alta
del río Mocoa me concedía la autoridad para decir que es un colchón
de agua y que la pretensión de explotación minera en estas montañas
repercutiría en impactos graves a la Amazonía. Como hacía parte de la
comisión pedagógica, realizamos socialización de este conflicto ambiental
en diferentes grupos rurales comunitarios del municipio. También fui
invitada a un espacio al comercio de la ciudad y participamos del foro
semestral que se realiza para estudiantes del convenio universitario de
la Pontificia Bolivariana de Medellín y el Instituto Misionero de Antro-
pología en Sibundoy y Puerto Asís.
De otro lado, como la empresa también estaba en la tarea de contar su
versión, consiguió espacio en las reuniones de las juntas de acción comu-
nal de algunas veredas de la zona de influencia. Nosotros, organizados
en lo que se llamaría Colectivo Guardianes de la Andino-Amazonía,
conformado por delegados de diferentes colectivos y mujeres indepen-
dientes, procuramos llegar a ellas antes que la empresa. Esos fueron
nuestros primeros espacios de disputa con los funcionarios de la empresa,
quienes decían que esta generaría trabajo y contrataría servicios y nos
acusaba de ser “solo discurso”.
Poco a poco, logramos encontrarnos con un mayor número de orga-
nizaciones y pensamos en la realización del primer Festival del Agua, La
209
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Montaña y la Vida. Iniciamos todo un trabajo de incidencia en el territo-
rio y el 19 de febrero del 2022 celebramos una importante asamblea a la
que acudió una gran delegación de autoridades y comunidades indígenas
del Valle de Sibundoy. Se contó también con la importante presencia de
cabildos del Pueblo Nasa de Mocoa y Puerto Guzmán, la Asociación
de Mujeres Indígenas de la Chagra de la Vida (Asomi), comuneros de los
cabildos de Condagua y Yunguillo (cuyos territorios están directamente
afectados por el Proyecto Mocoa), delegados de diferentes organizacio-
nes comunales y hasta algunos sacerdotes de la Iglesia católica. Fue un
espacio para compartir información y la metodología para el festival, el
cual pretendimos realizar en la vereda Montclar. Hablamos de una toma
cultural, acampada, caminata y carnaval.
Nuestro entusiasmo se vio opacado por una comunicación que cir-
culó pocos días después de esta reunión. Se trataba de un documento
que alertaba a las autoridades del departamento y de la policía para
que tomara medidas de seguridad ya que se anunciaba una “toma” por
parte de grupos que buscarían alterar el orden público, y solicitaba de
manera urgente brindar medidas y condiciones de seguridad. El festival
iba a coincidir con la conmemoración de los seis años de la tragedia de
Mocoa, pero optamos por correr la fecha y cambiar el sitio para no tener
inconvenientes ante estos señalamientos estigmatizantes y la falta de
respaldo institucional.
No contamos con mayores herramientas más que nuestro ímpetu
de defender este territorio, y eso no tiene precio. Iniciando el año 2022,
el coordinador del Nodo Colombia de la Red de Iglesias y Minería me
llama telefónicamente y me comparte que hay una invitación para hacer
parte de una delegación que realizaría lobby en Europa. Las condiciones
eran que fuera una mujer parte del nodo y que viviera en la Amazonía.
Recuerdo que le respondí al padre que iba a compartir la información
entre las organizaciones, y el padre me dijo yo era la persona postulada
por el nodo. Pedí tiempo para hablar con el director de Pastoral Social y
también para pensarlo tres días. Al siguiente día me llamaron de nuevo
pero a decirme que no tenía más tiempo para pensarlo. Ante esta presión
dije “Sí”, con el ánimo de que se conociera un poco mejor este conflicto
en Europa.
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CONTENIDO
Pelando el cobre: ¿Un caso de minería ilegal para salvar al planeta?
Así, hice parte de la primera delegación de la red que visitó cinco
países y llevó la socialización de la campaña al interior de la Iglesia
católica de evitar el uso de minerales como el oro y la plata, denominada
“caravana de desinversión minera”. Fue una caravana de muchos apren-
dizajes y solidaridades. Así, el tema de Mocoa llegó a otros espacios:
medios de comunicación, ong, partidos políticos, funcionarios de los
gobiernos de Austria, Bélgica, Alemania, España y del Vaticano. Hice
parte de las personas delegadas para hablar en la Universidad de Sala-
manca sobre la aprobación de la “debida diligencia”, asunto que también
llevamos al Parlamento Europeo.
Mientras tanto, en el territorio se llevaba a cabo la primera versión
del Festival del Agua, la Montaña y la Vida en la vereda Pueblo Viejo el
1, 2 y 3 de abril del 2022. Como producto de este espacio y la incidencia
de los colectivos de jóvenes, la Asamblea departamental convocó a una
audiencia para que las instituciones y la empresa presentaran informes
de las actividades mineras en las montañas de Mocoa. Así, a mi regre-
so de Europa el 2 de mayo, participé en la reunión de la Comisión de
Moralización a la que acudieron el Director Regional de la Fiscalía, la
Procuradora Regional y el Contralor del Departamento del Putumayo,
la directora territorial de Corpoamazonia, concejales de Mocoa, tres
diputados de la Asamblea del Putumayo, una gobernadora Nasa y cuatro
defensores del territorio a quienes nos admitieron para participar. Allí,
expusimos la problemática, solicitamos actuación frente a los delitos
de la deforestación y las afectaciones a los determinantes ambientales,
mencionamos que la autoridad ambiental no estaba cumpliendo cabal-
mente sus funciones y solicitamos que los entes de control asumieran su
papel. Los funcionarios se comprometieron a que, en un mes, darían un
informe, el cual seguimos esperando a la fecha.
En el 2023 organicé un intercambio de experiencia con una delega-
ción de Putumayo a Carmen de Atrato, donde hay una mina de cobre,
con el apoyo de la Red de Iglesias y Minería. Esta experiencia contó con
el apoyo y presencia de ong y a ella acudieron también líderes del suroeste
antioqueño que conocieron de primera mano los impactos de la minería
de cobre. Una parte de los delegados de esta visita tuvo la posibilidad de
participar en un evento al que acudió la entonces ministra de Minas
211
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
y Energía, a quien invitaron a Mocoa al evento que se realizó el 3 de
marzo del 2023.
En el ámbito académico, se logró la inclusión de este conflicto
ambiental en la base de datos del Observatorio de Conflictos Ambientales
del Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional de
Colombia. Con el apoyo de esta institución, participé en el conversatorio
“Explotación de cobre en la Amazonía ¿avances o retrocesos?”, junto
con delegados de los ministerios de Minas y Energía y de Ambiente y
Desarrollo Sostenible y un congresista de la República, en mi calidad de
lideresa socioambiental. Este conversatorio produjo una gran incidencia
pues logramos que el proceso de coordinación ordenado por el Conse-
jo de Estado fuese participativo (Sentencia del 4 de agosto de 2022).
Igualmente, un día después del conversatorio, la ministra de Ambiente
y Desarrollo Sostenible manifestó públicamente que la minería de cobre
en las montañas de Mocoa era ambientalmente inconveniente (Conexión
Putumayo, 2023).
6.2.3. Incidencia extractivista e incidencia activista
La presencia de la empresa no disminuyó luego de que la anm, mediante
la Resolución GSC000466 del 2021, concediera la suspensión de las
actividades de exploración a cargo de Libero Cobre. Dicha suspensión,
solicitada por la propia empresa, duró desde el 5 de agosto del 2021 hasta
el 29 de junio del 2022. Sin embargo, la empresa durante el periodo de
suspensión llevó a cabo labores que impactaron en el municipio. Incluso,
la autoridad ambiental, mediante un comunicado a la opinión pública
dio cuenta de que, pese a estar suspendido el contrato de concesión de
Libero Cobre, esta había informado expresamente el inicio de actividades
de exploración minera relacionadas con el Proyecto Mocoa en febrero
del 2022 (Corpoamazonia, 2022). El control y la vigilancia del contrato
de concesión le corresponde a la anm, pero dichas actividades no son
realizadas por la autoridad minera, a pesar de que la misma suspensión
sea solicitada por la empresa concesionaria sin otra intención que la de
evitar que la temporalidad, uno de los principios rectores de la concesión
minera, se convierta en un obstáculo para el proyecto extractivista. Esta
situación generó confusión, incertidumbre y ausencia de respuesta estatal
para las organizaciones sociales, las veedurías y las mismas entidades.
212
CONTENIDO
Pelando el cobre: ¿Un caso de minería ilegal para salvar al planeta?
Así las cosas, la administración municipal, ciudadanos de Mocoa y
finalmente Corpoamazonia han oficiado durante este tiempo a la anm
para que informe sobre las actividades realizadas por la empresa. Ante
tal interpelación, la anm ha dado respuesta en los siguientes t érminos:
“la empresa libero cobre ltd no podrá realizar, ninguna actividad
de exploración, construcción, montaje o explotación en las áreas de los
Contratos de Concesión, teniendo en cuenta que la totalidad de los con-
tratos se encuentran suspendidos hasta el mes de junio del año en
curso (con base a las Resoluciones gsc No. 000464 del 05 de agosto de
2021)”, tal como consta en los oficios de la ANM 20229080348011 y
20229080346901, ambos del 2022.
Sin embargo, durante el periodo de suspensión del contrato de con-
cesión, la empresa hizo despliegue de su estrategia de “buen vecino”,
con el objetivo de conseguir licencia social. Así, procuró inmiscuirse en
las reuniones de las veredas más cercanas al área del Proyecto Mocoa.
Los presidentes de las juntas de acción comunal recibieron constantes
mensajes y comunicaciones para socializar el proyecto. Debido a que la
organización que congrega a las juntas de acción comunal, Asojuntas,
expresó públicamente su rotundo rechazo al desarrollo del Proyecto
Mocoa, así como mediante una valla publicitaria fijada frente al parque
principal, la empresa también ha oficiado constantemente al presidente
de la asociación.
Otra de las estrategias de “buen vecino” es la aprobación publicitaria
por medio de la entrega de uniformes deportivos, mercados, anchetas,
regalos y demás artículos, que llevan el logo de la empresa. También
indispuso al clero católico de Putumayo, puesto que regaló tejas y arregló
el piso de infraestructuras comunitarias donde se ofician actos religiosos,
y por medio de esto presentó en las redes sociales la imagen de beneficiar a
las capillas católicas. Ante ello, el director de Pastoral Social de la Iglesia
católica y el señor obispo de la Diócesis Mocoa-Sibundoy expresaron su
inconformidad y rechazo ante estas acciones de la empresa.
Para los activistas de esta región, que ha padecido por más de
sesenta años las consecuencias del extractivismo colonial, resulta odiosa
la estrategia del “buen vecino”. El comportamiento dista mucho de lo
que estas palabras reclaman. Un vecino que llega a dividir y generar
conflictos socioambientales no resulta nada grato para las comunidades
213
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
andinoamazónicas. La empresa ha explotado la imagen de menores de
edad, grupos musicales, sitios de investigación y ciencias de la naturaleza,
y símbolos culturales de los pueblos étnicos como el Bëtsknaté, día gran-
de de los pueblos Kamëntsá e Inga, o fiesta del perdón, en sus anuncios
publicitarios. Incluso, se ha tomado la vocería de familias enteras para
movilizar intereses políticos como el interponer denuncias ante la Procu-
raduría General de la Nación contra servidores públicos que abiertamente
manifiestan la ilegalidad e inconveniencia del Proyecto Mocoa, como
aquella presentada en marzo del 2023 con radicado n.º E-2023-183595.
Fue razonable que en el 2022 resultara incomprensible para las
organizaciones y las comunidades andinoamazónicas en defensa de las
montañas de Mocoa que la empresa continuara sus labores. Por eso nos
convocamos para formarnos y compartir información sobre las comuni-
caciones dirigidas a las diferentes entidades. Y también nos organiza-
mos para realizar la movilización del 12 de octubre, espacio en el cual
participaron autoridades locales, concejales, diputados, el sindicato de
docentes, organizaciones sociales, ambientales, cabildos indígenas y la
comunidad en general. La movilización terminó en las oficinas de la
empresa para expresar el rechazo a su presencia.
Entre las personas que nos oponemos a que se altere la vida de Mocoa
y su privilegiado corredor biológico con las actividades de la empresa,
calificamos a Libero Cobre como una minera ilegal puesto que hay un
acuerdo municipal que prohíbe la gran y mediana minería, un plan de
desarrollo municipal denominado “Alma, Corazón y Vida 2020-2023”
que contiene una prohibición igual y es la carta de navegación de todo
municipio, que las empresas públicas y las privadas están en la obligación
de acoger. Además, los títulos pretenden afectar la rfpcarm, una reserva
de protección de orden nacional, amparada por el Código Nacional de
Recursos Naturales de 1974, la Sentencia stc4360-2018 que declaró a la
Amazonía colombiana como sujeto de derechos, y hasta el Código Penal
con la inclusión de los delitos ambientales en el 2021. Mocoa es agua,
es un territorio hídrico atravesado por más de veinte fallas geológicas
activas, según los estudios del equipo que formula el Plan de Manejo
Ambiental de la Cuenca del Río Mocoa. La rfpcarm tiene un alto nivel
de conservación de bosque, presenta solo una deforestación del 20 %,
además de la gran biodiversidad de especies entre plantas, mamíferos,
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CONTENIDO
Pelando el cobre: ¿Un caso de minería ilegal para salvar al planeta?
anfibios, aves y otros. Es muy preocupante una intervención extractivista
en esta región.
En este camino también ha habido algunos pequeños éxitos. La
empresa fue sancionada en el 2022 por Corpoamazonia. Ese proceso
sancionatorio fue motivado por las organizaciones sociales que, dentro
de las acciones de movilización programadas durante el Primer Festival
del Agua, la Montaña y la Vida, visitamos la montaña y evidenciamos
que la empresa, aun con sus títulos suspendidos, llevó a cabo la tala de
150 árboles, vertió aguas residuales y se aprovechó irregularmente de
fuentes hídricas sin contar con los permisos ambientales para ello. Este es
un mensaje claro de que la empresa no respeta el ordenamiento jurídico,
pues no tiene inconveniente con sacar ventaja de la laxitud en materia
de suspensión de obligaciones, de irrespetar los límites impuestos por
las normas ambientales, y de la ausencia de vigilancia y control de las
actividades mineras. El éxito es parcial, no obstante. Se ha probado el
poco reparo que tiene la empresa por el medio ambiente, sin importar
que en su discurso diga lo contrario. Los títulos aún están activos. Es
difícil comprender no solo cómo no hay sanciones mayores, sino cómo el
ordenamiento jurídico nacional está elaborado para asegurar el extrac-
tivismo descontrolado, a costa de las riquezas más grandes de la nación.
Quienes creemos que se debe ser grato con el territorio que se habita,
seguimos en la tarea de resaltar lo bonito que tiene. Así, programamos
conciertos a la madre tierra, tertulias sobre las bondades ambientales,
hacemos incidencia social y política, y procuramos participar en los
espacios mediáticos y académicos a los que somos convocados. Tam-
bién ahora resulta interesante la rama de los estudios de los conflictos
socioambientales. Al elevar el discurso se logró que la ministra de Minas
y Energía visitara esta región y se reuniera con las organizaciones sociales,
acompañada de funcionarios del alto gobierno, los directores de la anm
y del Servicio Geológico Colombiano, quienes reafirmaron su respal-
do al Acuerdo 020 del 2018. También se consiguió que la ministra de
Ambiente y Desarrollo Sostenible manifestara públicamente la incon-
veniencia ambiental de la minería de cobre en las montañas de Mocoa.
Esto demostró que hay esperanzas de continuar haciendo efectivos los
derechos de la madre tierra, de sus seres vivos, de lo inerte, de lo invisible,
215
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
porque allí donde se quiere minar a la andinoamazonia, también hay
fuentes de agua que son fuentes de vida.
Conclusiones
En la década de 1970 se creó un aparato de instituciones internacionales
que, junto con los Estados-nación de lugares ricos en recursos, inició
una campaña extractivista en nombre del desarrollo (Gudynas, 2021;
Sañudo et al., 2016). No resulta sorprendente que allí naciera el Proyecto
Mocoa que, si bien no se activó sino hasta décadas después, cuenta con
una historia tan larga como la del extractivismo neoliberal en América
Latina. Un entramado de esquemas corporativos, ventajas leguleyas y
discursos sin saliva conforman la estrategia del capital extractivista que
hipócritamente, sin el más mínimo reparo por el medio ambiente, lleva a
cabo actividades que degradan lugares como el Piedemonte Amazónico,
ecológicamente clave por su conectividad con la cordillera de los Andes,
supuestamente en nombre de salvar al planeta de una crisis ecológica
producida por el extractivismo desaforado.
El ordenamiento jurídico colombiano, al mismo tiempo enfrenta
unas contradicciones que reflejan los vaivenes políticos y las tensiones
históricas entre el desarrollo de un Estado capitalista y el imperativo de
combatir el cambio climático mediante la defensa de los territorios y la
diversidad ecológica y cultural que los habita. El ordenamiento minero
reconoce límites medioambientales a las actividades extractivistas, a la vez
mediante una laxitud institucional ha permitido la concesión de cientos
de títulos mineros en áreas ambientalmente protegidas (Sentencia del 4 de
agosto del 2022). Dicha laxitud está mezclada, además, con alternativas
“legales” que permiten que las mismas obligaciones que le correspon-
den a los concesionarios mineros se conviertan en cargas más livianas,
como el otorgamiento de suspensiones de las licencias con bajo control
y vigilancia de las labores extractivistas realizadas, como es el caso de
los títulos otorgados a Libero Cobre (Corpoamazonia, 2022). Al mismo
tiempo, dicho ordenamiento contiene rastros de tácticas legales, como
definir de manera reductiva las áreas de protección ambiental (artículo
34 del Código de Minas), transfiriéndole así la carga del control legal y
constitucional a la rama judicial y, como consecuencia, creando un velo
temporal de presunción de legalidad que cobija al extractivismo minero.
216
CONTENIDO
Pelando el cobre: ¿Un caso de minería ilegal para salvar al planeta?
De otro lado, el ordenamiento jurídico ambiental paulatinamente
se va convirtiendo en el más efectivo para proteger territorios y comu-
nidades que han sido históricamente afectadas por la expansión de pro-
yectos extractivistas. Sin embargo, sus limitaciones resultan evidentes
pues la implementación de dichos límites para reducir efectivamente
el extractivismo deja mucho que desear. Aun así, la jurisprudencia ha
avanzado mucho en esta materia, hasta el punto de que el Consejo de
Estado ordenó la coordinación de las agendas mineras y ambientales del
Gobierno dada la alarmante cantidad de concesiones mineras en territo-
rios ambientalmente protegidos a lo largo y ancho del territorio colom-
biano (Sentencia del 4 de agosto del 2022). Esos avances, sin embargo,
se han hecho a la vez que, por ejemplo, hay retrocesos como aquellos
dados por la jurisprudencia del alto tribunal constitucional en materia de
participación ciudadana que paradójicamente reconoció las deficiencias
en materia de participación, mientras que borró con el codo lo escrito
al mermar la capacidad de las comunidades de acceder a mecanismos
de participación que sí estaban funcionando como la consulta popular
(Sentencia SU095/18; Sentencia SU411/20).
Estas contradicciones legales tienen unos efectos muy particulares
en los territorios afectados por proyectos extractivistas que se mani-
fiestan de manera particular en la vida cotidiana de sus habitantes. La
defensa de los territorios se convierte en una de las pocas alternativas
que comunidades enteras tienen para enfrentar estos flagelos, a falta de
un ordenamiento claro y de entidades comprometidas con los impera-
tivos del Estado social de derecho. El derecho en sí mismo no puede
afectar la realidad de las personas. Sin embargo, resulta curioso que es
más efectivo aquel sector del ordenamiento jurídico que de cierta forma
depende de la laxitud institucional y la confusión legal para imponer
un modelo económico nacional basado en el extractivismo desaforado,
mientras que otros sectores del mismo ordenamiento, que dependen
de una capacidad institucional y una claridad legal mayores, no logran
materializar los preceptos que traen para evitar, precaver, o, en el peor
de los casos, compensar aquellos daños y perjuicios producidos por el
extractivismo. Mientras tanto, la vida cotidiana sigue llena de retos y de
incertidumbres que el derecho es incapaz de resolver.
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Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
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Justicia ambiental en la Jurisdicción Especial
para la Paz: dando voz a las víctimas
silenciosas del conf licto armado colombiano
en el marco de la justicia transicional
María José García Prada*
Alejandra Milena Oviedo Soto**
Introducción
En los últimos años, el creciente auge a nivel nacional e internacional
de las medidas orientadas a la protección de la naturaleza ha sentado las
bases para comenzar a indagar por las afectaciones medioambientales y
los impactos en los recursos naturales que se generan en el marco de los
conflictos armados. Así, se ha analizado la relación entre las víctimas y el
territorio para plantear en el debate académico el interrogante acerca del
rol que debería tener la justicia transicional en la integración de un enfo-
que que permita materializar la justicia ambiental, entendida como un
modelo de justicia distributiva que busca la implementación de medidas
* Estudiante del pregrado en Jurisprudencia de la Universidad del Rosario y miembro
activo del Semillero de Derecho Penal de la Universidad del Rosario, dirigido por María
Camila Correa Flórez, doctora en Derecho y profesora principal de carrera de la Facultad
de Jurisprudencia. Correo electrónico: [Link]@[Link]
** Estudiante del pregrado en Jurisprudencia de la Universidad del Rosario y miembro
activo del Semillero de Derecho Penal de la Universidad del Rosario. Correo electrónico:
[Link]@[Link]
225
CONTENIDO
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
que garanticen el igual derecho de todas las personas y las comunidades
a la protección medioambiental, reconociendo las formas en que algunas
prácticas generan afectaciones medioambientales diferenciales respecto
de ciertos grupos sociales (López, 2014). Así, la justicia ambiental cuenta
con dos premisas básicas:
[…] la primera, que todas las personas deberían tener el derecho
y la capacidad de vivir en un medio ambiente sano, con acceso
a los recursos medioambientales suficientes para desarrollar una
vida sana; y la segunda, que son las personas más pobres y con
menos poder las que primordialmente carecen de esas condiciones.
(López, 2014, p. 264)
A partir de lo anterior, se han tomado diferentes decisiones en el
marco de tribunales de justicia transicional que han abierto la puerta
para asumir la justicia ambiental como un compromiso internacional,
respaldado por políticas públicas de prevención a nivel interno para
lograr una protección efectiva del medio ambiente en tiempos de paz y
de guerra, mientras se reconocen las afectaciones diferenciales que se han
generado a ciertos grupos como las víctimas del conflicto armado con
la producción de daños a la naturaleza. Incluso, se ha cuestionado si el
derecho internacional debería crear nuevos instrumentos para proteger el
medio ambiente y castigar a los responsables de la producción de daños a
la naturaleza, o si deben buscarse medidas más “ecológicas” y restaurativas
con miras a aplicar una justicia prospectiva en la reparación de estos daños
(Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de
responsabilidad y de determinación de los hechos y conductas, 2023a).
En el caso de Colombia, la Jurisdicción Especial para la Paz (jep) es el
órgano jurisdiccional competente para conocer de los hechos y conductas
cometidas antes del 1.º de diciembre del 2016 por causa, con ocasión o en
relación directa o indirecta con el conflicto armado (Jurisdicción Especial
para la Paz, 2022). Este órgano se creó con el Acto Legislativo 01 del
2017, en el marco del Acuerdo Final de Paz suscrito entre el Gobierno
Nacional y las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
(farc-ep), grupo al margen de la ley que fue uno de los principales acto-
res en los más de cincuenta años de guerra que han azotado a Colombia
226
CONTENIDO
Justicia ambiental en la Jurisdicción Especial para la Paz
desde mitad del siglo xx. Dentro de las miles de víctimas identificadas
en el marco del conflicto armado se han acreditado actores de todo tipo:
mujeres, niños, personas de la comunidad lgbtiq, militares, guerrilleros
y paramilitares. Más recientemente, la Sala de Reconocimiento de Ver-
dad, de Responsabilidad y de Determinación de los Hechos y Conductas
(srvr) de la jep ha reconocido al medio ambiente como una víctima
autónoma de la guerra en Colombia.
Esta decisión ha significado un avance fundamental en el desarro-
llo de la justicia ambiental desde un enfoque ecocéntrico y biocéntrico
que permita una protección efectiva del medio ambiente, reconociendo
que “los efectos del conflicto armado van más allá de los derechos de
los humanos e incluyen otras formas no humanas de vida” (Jurisdicción
Especial para la Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de responsa-
bilidad y de determinación de los hechos y conductas, 2023a) y que los
elementos de la naturaleza constituyen sujetos de derechos y agentes
esenciales en el equilibrio de los ecosistemas, cuyo valor deriva de la
riqueza que por sí mismos representan, y no de la utilidad que ofrecen
al ser humano. De esta forma, la justicia transicional se ha convertido
en una herramienta significativa que ha sentado un precedente para
reconocer al medio ambiente como una víctima olvidada en el conflicto
armado colombiano, que ha sufrido silenciosamente las afectaciones a su
integridad y que ahora grita por el desarrollo de medidas restaurativas
que permitan protegerlo y reparar los daños que se le han causado.
A finales de noviembre del 2018, se dio apertura al Macrocaso 05, en
el que se imputaron crímenes de guerra y de lesa humanidad a exmiem-
bros de las farc por generar una afectación sistemática a la identidad
cultural y al territorio de las comunidades indígenas y afrocolombianas
en el norte del Cauca y en el sur del Valle del Cauca. En su acusación,
la Sala se refiere a la minería ilegal, la destrucción de la biodiversidad
y la producción de daños ambientales en la región causadas por las farc
en el desarrollo de sus actividades armadas, considerando que es una
obligación de la jep pronunciarse en torno a la degradación ambiental
producto del conflicto, en cuanto el Preámbulo del Acuerdo Final se
funda, entre otros principios, “en la protección del medio ambiente, en
el respeto a la naturaleza, sus recursos renovables y no renovables y su
biodiversidad” (Poder Legislativo, 2016). Al respecto, profundiza en los
227
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
daños graves, extensos y duraderos causados al medio ambiente “cuya
huella puede ser totalmente irreversible” (Jurisdicción Especial para la
Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de responsabilidad y de deter-
minación de los hechos y conductas, 2023c) y tras un extenso análisis
de la naturaleza jurídica de dichas conductas a la luz del derecho inter-
nacional y las distintas disposiciones aplicables a la jep, la Sala califica
las conductas que llevaron a la producción de la destrucción del medio
ambiente en el Macrocaso 05 como crímenes de guerra no amnistiables.
Así, es la primera vez en el país que, en el marco de la justicia tran-
sicional, se imputa responsabilidad a los actores armados por las afecta-
ciones ambientales, lo que representa un paso más hacia la protección de
la naturaleza, pues como la srvr ha señalado, “la justicia transicional es
también una justicia ambiental” (Jurisdicción Especial para la Paz, Sala
de reconocimiento de verdad, de responsabilidad y de determinación de
los hechos y conductas, 2023c). Sin embargo, dicha decisión ha resultado
controversial, por lo que se ha ubicado en el centro del debate nacional
y ha sembrado diversos interrogantes a la luz del papel de la justicia
ambiental en el marco de los conflictos armados, el derecho internacional
y la justicia transicional.
En virtud de lo anterior, el objetivo de este estudio es analizar el
tratamiento de la justicia ambiental en la jep, abarcando las herramientas
de la justicia transicional para determinar la responsabilidad ambiental de
los actores del conflicto armado en Colombia. Para lograrlo se aborda-
rá, en primer lugar, un estudio de los daños ambientales causados por
los agentes del conflicto y las denuncias de las comunidades afectadas,
seguido de un análisis de la concepción del medio ambiente como víctima
silenciosa de la guerra. En segundo lugar, se expondrán los vacíos que
se presentan en la regulación internacional en torno a la responsabilidad
ambiental y se examinarán las herramientas de la justicia transicional
como forma de sacar al ambiente del olvido, a la luz de la decisión toma-
da por la Sala de Reconocimiento de la jep. Finalmente, se plantearán
algunas reflexiones sobre los retos y las implicaciones de dicha decisión,
ahondando en el enfoque restaurativo y de justicia prospectiva que ofrece
y cuestionando los interrogantes que quedan abiertos.
228
CONTENIDO
Justicia ambiental en la Jurisdicción Especial para la Paz
7.1. El macrocaso 05: los daños ambientales causados
por los agentes del conf licto armado colombiano
En la actualidad, la jep analiza diez macrocasos priorizados en virtud
de criterios como la magnitud de los hechos, su gravedad y la condición
de vulnerabilidad de las víctimas afectadas, entre otros (Jurisdicción
Especial para la Paz, 2018). Estos se orientan a investigar, esclarecer y
sancionar a los máximos responsables de los hechos más graves cometidos
en el conflicto armado, por medio de un proceso en el que intervienen
las víctimas y los comparecientes para lograr los objetivos de justicia,
verdad, reparación y no repetición (Jurisdicción Especial para la Paz,
2017). Recientemente, uno de los macrocasos que han generado distin-
tas opiniones en la esfera del debate público ha sido el número 05, el
cual se centra en la situación territorial en la región del norte del Cauca
y el sur del Valle del Cauca, con relación a las violaciones de derechos
humanos y al derecho internacional humanitario que tuvieron lugar en
estos territorios (Jurisdicción Especial para la Paz, 2023b). Dicho caso
fue priorizado en virtud de las particulares variables que se presentan en
el departamento del Cauca, ya que “en él han confluido todos los actores
armados, los grupos sociales especialmente vulnerables (pueblos indíge-
nas, afrodescendientes y comunidades campesinas) y las violaciones más
representativas a los Derechos Humanos” (Jurisdicción Especial para la
Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de responsabilidad y de determi-
nación de los hechos y conductas, 2023a). Así, la apertura de este caso ha
resultado fundamental para generar una articulación interjurisdiccional
e interjusticial que ha permitido aplicar los “enfoques étnico, racial,
territorial y ambiental, con miras a que las perspectivas antropocéntricas
y ecocéntricas de la protección del medio ambiente se complementen,
en lugar de contradecirse” (Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de
reconocimiento de verdad, de responsabilidad y de determinación de los
hechos y conductas, 2023c).
Este caso ha llamado la atención puesto que el 1.º de febrero del 2023
la srvr emitió el auto que reconoció la responsabilidad del primer grupo
de comparecientes de las columnas móviles Jacobo Arenas y Gabriel
Galvis, describió las actividades de las farc en los territorios priorizados
y los impactos que tuvieron en las comunidades afectadas con los daños a
229
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
sus territorios (Jurisdicción Especial para la Paz, 2023a). Para las farc,
estas actividades resultaron claves como parte de su estrategia para lograr
el control político y territorial que ejercían sobre los municipios de las
regiones priorizadas. Entre todas las actividades que se desarrollaron en
el conflicto armado a escala nacional, las que se destacaron en el norte
del Cauca y el sur del Valle del Cauca fueron: los ataques y el confina-
miento que padecieron los municipios; los asesinatos, las ejecuciones,
las desapariciones y persecuciones dirigidas hacia la población civil; el
reclutamiento y el desplazamiento forzado que sufrieron las comunida-
des afrodescendientes, indígenas y campesinas de la zona; la utilización
de minas antipersonales, los cultivos ilícitos y la minería ilegal. Estas
últimas tres actividades fueron las que generaron una mayor afectación
medioambiental en los territorios de las zonas priorizadas, por lo que, a
continuación, se abordará cada una de ellas.
7.1.1. Utilización de minas antipersonales
En el marco de este caso, se han presentado en los municipios de Corinto,
Jambaló y Toribío solicitudes de acreditación de víctimas afectadas por el
ejercicio de esta actividad, una estrategia que para las farc representaba
un mecanismo para cumplir los objetivos de (i) detener el ingreso de
las tropas del ejército; (ii) funcionar como forma de ataque a la Fuerza
Pública; y (iii) asegurar las zonas donde se encontraban sus campamentos,
sus cultivos ilícitos y donde realizaban explotación minera (jep, Auto 01
del 1.º de febrero del 2023). De acuerdo con el estudio realizado por el
Programa Presidencial para la Acción Integral contra las Minas Antiper-
sonales (map) en el norte del Cauca y sur del Valle entre el 2000 y el 2013
se registran 341 víctimas por accidentes con map (Jurisdicción Especial
para la Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de responsabilidad y de
determinación de los hechos y conductas, 2023c).
Sin embargo, la población civil no fue la única víctima afectada
gravemente por el ejercicio de esta actividad, ya que el medio ambiente
también fue gravemente vulnerado, pues el uso de este tipo de artefactos
ocasionó la contaminación directa del suelo, lo que derivó en una afec-
tación tanto a la fauna como a la flora. Por un lado, las especies nativas,
como los frailejones, sufrieron un impacto negativo en los territorios
montañosos de las regiones priorizadas; y, por otro, las zonas priorizadas
230
CONTENIDO
Justicia ambiental en la Jurisdicción Especial para la Paz
vivieron la destrucción masiva que dejó la ocurrencia de episodios de
siembra de este tipo de minados, como fue el caso del páramo en torno
a la laguna San Rafael, que para la comunidad indígena kokonuko era
considerado un sitio sagrado (Bermúdez Liévano, 2023).
7.1.2. Cultivos ilícitos
La siembra de cultivos ilícitos fue un impulsor fundamental de los efectos
destructivos que sufrió el medio ambiente en los territorios priorizados.
No solamente con la tala de árboles para ubicar los cultivos, sino tam-
bién con la implementación de minas para proteger la zona en la que los
ocultaban, causando con ellos las afectaciones ambientales mencionadas
anteriormente. Además, al ser una de las actividades que incentivaban
el narcotráfico, “su desarrollo creó un círculo vicioso impulsado por la
ampliación de una frontera productiva para habilitar la tierra para este
tipo de producción” (jep, Auto 01 del 1.º de febrero del 2023). Es decir,
que al ser vista como un impulso para el fortalecimiento de una de las
fuentes de financiación de la actividad del grupo armado, se pretendía
lograr el mayor uso del territorio posible para desarrollar esta actividad.
Si bien es cierto que en la región del norte del Cauca y del sur del Valle
del Cauca ya existían cultivos ilícitos como la coca desde antes de la
llegada del grupo guerrillero a la zona, el ingreso de este grupo armado,
además de aumentar exponencialmente estos cultivos, trajo consigo “la
presencia de laboratorios, narcotraficantes y de una economía ilegal que
aún se mantiene como un legado de afectaciones del conflicto armado
contra la población civil” (Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de
reconocimiento de verdad, de responsabilidad y de determinación de los
hechos y conductas, 2023c).
Tras las declaraciones rendidas por los comparecientes escuchados
dentro del caso 05, se ha identificado que las farc- ep cobraban impuestos
en la zona a quienes compraban estos cultivos ilícitos y sus derivados, un
factor que contribuyó al aumento considerable de laboratorios en la zona,
ya que el Cauca era uno de los cinco departamentos que concentraban
el 81% del total de los cultivos de coca del país, la mitad de los cultivos
de marihuana y gran parte de los cultivos de amapola a escala nacional
(Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de
responsabilidad y de determinación de los hechos y conductas, 2023c).
231
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Esta actividad generó impactos medioambientales y sociales nega-
tivos. Por un lado, a nivel ambiental, la tala excesiva de árboles, la
contaminación por la construcción de los laboratorios y la invasión que
tuvieron que enfrentar los ecosistemas de la región, los cuales, junto con
los efectos de la implementación de minas antipersonales, contribuyeron
al detrimento ambiental en los territorios priorizados, la destrucción de
los páramos y el deterioro del suelo y las fuentes hídricas (Bermúdez
Liévano, 2023). Por otro lado, se afectó el vínculo de las comunidades
indígenas con plantas que ancestralmente eran usadas para fines medici-
nales, como los cultivos de coca, y que significó un daño en su cultura y
espiritualidad al ser entendida esta alteración como “una explotación de
plantas sagradas para el sostenimiento de la guerra” (Jurisdicción Especial
para la Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de responsabilidad y de
determinación de los hechos y conductas, 2023c).
7.1.3. Minería ilegal
En la zona priorizada existieron explotaciones mineras tanto de carácter
legal como ilícito, teniendo en cuenta que es un territorio rico en mine-
rales como el oro. Por lo tanto, los grupos armados tomaron ventaja de
esta situación para poder sacar el mayor provecho económico posible, para
lo cual implementaron dos estrategias: (i) el cobro de impuestos para las
empresas que circulaban en la zona; y (ii) la estructuración de empresas
propias que se dedicaran a la explotación de estos materiales. Los impac-
tos de esta actividad han sido exorbitantes en materia medioambiental,
pues sus efectos varían desde los daños causados a los bosques primarios
por el uso de retroexcavadoras, como es el caso de los municipios de
Buenos Aires, Santander de Quilichao y Suárez hasta el uso de mercurio
que terminó contaminando tanto el suelo como los cuerpos de agua de
la región. Al respecto, la srvr estableció lo siguiente:
La explotación ilegal de minerales en la zona priorizada también
ha sido duradera. A menudo la minería ilegal funciona a través
de la tala indiscriminada de árboles, destruyendo los bosques,
y el uso de mercurio, afectándose de manera duradera el suelo
y las fuentes hídricas cercanas, lo cual se extiende todavía por
todos los territorios en los cuales y luego de transcurridos más
232
CONTENIDO
Justicia ambiental en la Jurisdicción Especial para la Paz
de 2 décadas siguen existiendo cultivos ilícitos y minería ilegal
en todo el norte del Cauca y parte del sur del Valle del Cauca.
(Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconocimiento de
verdad, de responsabilidad y de determinación de los hechos y
conductas, 2023c)
Es decir, se concluye que la importancia de la determinación de tales
hechos y conductas radica en el reconocimiento de que estos suponen
una “huella imborrable que marcará por siempre el paso de la guerra”
(Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de
responsabilidad y de determinación de los hechos y conductas, 2023c) y,
por supuesto, que también ha marcado la vida de las comunidades que
fueron perjudicadas con el daño ambiental causado en estos territorios.
7.2. El medio ambiente como víctima silenciosa
del conf licto armado colombiano
El conflicto armado en Colombia ha dejado un gran número de perso-
nas afectadas que hoy son reconocidas como víctimas ante los ojos del
Estado, sus instituciones y la sociedad en general. Sin embargo, existe
un agente que, debido a varias de las actividades que han formado parte
de esta oscura historia del país, ha tenido que enfrentar las consecuencias
de manera silenciosa, pues su reconocimiento como “víctima” ha sido
reciente: el medio ambiente. En el marco de la Jurisdicción Especial para
la Paz se ha reconocido que:
No solo las personas fueron víctimas del conflicto armado. El
medio ambiente, como concepto amplio, pero también repre-
sentado por seres vivos o sintientes, presenció un ataque contra
su integridad impulsada por la avaricia de los actores armados.
(Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconocimiento de
verdad, de responsabilidad y de determinación de los hechos y
conductas, 2023c)
Históricamente, se ha pretendido alcanzar la protección del medio
ambiente teniendo como base dos factores principales: la relación de cone-
xidad del derecho a un ambiente sano con otros derechos fundamentales
233
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
y, a su vez, el principio de equidad intergeneracional que justificaba dicha
protección. En primer lugar, el derecho de las personas a gozar de un
medio ambiente sano se encuentra establecido en el capítulo III de la
Constitución Política de 1991, que lo clasifica como un derecho colec-
tivo, lo cual brinda la vía de protección constitucional por medio de
la acción popular. Sin embargo, la relación de este con otros derechos
fundamentales, como el derecho a la salud o el acceso a agua potable, ha
justificado la implementación de la acción de tutela como una vía mucho
más rápida para la protección del medio ambiente y la constitución del
giro biocéntrico en el país, es decir, “que el ordenamiento jurídico inclu-
ye a la naturaleza como una entidad no humana que merece simétrica
protección y reparación en caso de sufrir daños”. (Jurisdicción Especial
para la Paz, Unidad de Investigación y Acusación, 2022, p. 10). Así, es
esta relación que el medio ambiente mantiene con otros derechos la que
fundamenta la naturaleza pluriofensiva de las conductas que lo lesionan
o lo ponen en peligro como bien jurídico. Esta naturaleza hace referencia
a que con el desarrollo de actividades que resulten perjudiciales a nivel
medioambiental, también se termina perjudicando a las poblaciones que
se encuentren asentadas en la zona. Por esto, en el marco del conflicto
armado, las regiones más afectadas a nivel ambiental también han sido
lugares donde las comunidades indígenas, afrodescendientes y campe-
sinas sufrieron vulneraciones a sus derechos, ocasionadas puntualmente
por los perjuicios causados a su entorno, en especial sobre aquellas que
mantenían un estrecho vínculo con la naturaleza a raíz de su cultura.
Finalmente, toda esta situación creó la necesidad de fortalecer el para-
digma biocéntrico en el sistema ambiental del país, por lo que el Estado
colombiano optó por dos soluciones.
Por un lado, la subjetivización de la naturaleza, la cual consiste en
otorgarle a un elemento abiótico el estatus de entidad no humana titu-
lar de derechos, se volvió un nuevo camino para alcanzar un nivel de
protección superior con respecto a cada elemento de la naturaleza (Juris-
dicción Especial para la Paz, Unidad de Investigación y Acusación,
2022), y por otro lado, la creación de normas penales que sancionaran
el despliegue de estas conductas negativas —o, en su defecto, los daños
concretos que estas producían— aparecieron como el complemento
234
CONTENIDO
Justicia ambiental en la Jurisdicción Especial para la Paz
que ofrecía una vía sancionatoria como una forma más contundente de
alcanzar esta protección.
En segundo lugar, el principio de equidad intergeneracional también
ha sido clave para responder por qué es necesaria una protección integral
del medio ambiente, donde todas las instituciones del Estado orienten sus
esfuerzos a la creación —y efectiva aplicación— de medidas que puedan
advertir las posibles vulneraciones que puedan presentarse para el medio
ambiente en su triple dimensión: como derecho, como bien jurídico tute-
lado y como sujeto de derechos y de especial protección constitucional.
Este principio consiste en reconocer que el medio ambiente no solo debe
servir para la existencia —y supervivencia— de las personas que ahora
habitan el planeta, sino también para las generaciones futuras y toda
la humanidad en general. En este sentido, los derechos otorgados a la
naturaleza buscan corregir e instaurar estrategias institucionales para
garantizar, por un lado, la protección de la vida de las comunidades que
dependen de estos ecosistemas, y por otro lado, garantizar una vida digna
de las generaciones que están por venir (Jurisdicción Especial para la
Paz, Unidad de Investigación y Acusación, 2022).
Sin embargo, los argumentos anteriores tienen un alto tinte antropo-
céntrico, pues se basan en el beneficio que supone para el ser humano la
facultad de disponer del medio ambiente. No obstante, el giro de un enfo-
que antropocéntrico a una perspectiva ecocéntrica, donde se reconozca la
necesidad del cuidado del medio ambiente como un fin en sí mismo, en
lugar de un medio para un fin, es lo que ha permitido que el país avance
en materia de protección ambiental. Esto se evidencia en los pronuncia-
mientos de las altas cortes nacionales y de la Jurisdicción Especial para
la Paz, dos tipos de agentes que han sido totalmente determinantes en la
adopción de este proceso, gracias a que con la Constitución “ecológica”
de 1991 se dio paso a la toma de decisiones mucho más encaminadas
a alcanzar la protección constitucional para el medio ambiente. Esta
situación ha brindado el escenario para que la justicia ambiental tenga
un papel importante en este proceso, siendo una herramienta que, si bien
requiere el esfuerzo y la coordinación de todas las instituciones, es una
oportunidad para alcanzar el cuidado del ambiente.
Por un lado, la justicia ordinaria con la Sentencia T-622 de 2016 de la
Corte Constitucional comenzó a recorrer un camino conformado por una
235
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
serie de fallos y decisiones judiciales mucho más proteccionistas. Esta fue
la primera vez que se reconoció a un elemento del medio ambiente o de
un ecosistema como sujeto de derechos y que “le abrió paso a una nueva
línea jurisprudencial donde se declara al medio ambiente como titular de
derechos” (Jurisdicción Especial para la Paz, Unidad de Investigación y
Acusación, 2022), pues se reconoció “al río Atrato, su cuenca y afluen-
tes como una entidad sujeto de derechos a la protección, conservación,
mantenimiento y restauración a cargo del Estado y las comunidades
étnicas” (Corte Constitucional, 2016). Sin embargo, no ha sido la única
decisión importante en materia de protección ambiental, otros ejemplos
son los casos de: (i) la sentencia de tutela de primera instancia n.º 071
del Juzgado Primero Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento
de Neiva-Huila, en la cual se reconoce al río Magdalena, su cuenca y
afluentes como un sujeto de derechos; (ii) La Sentencia del Consejo de
Estado Sala de lo Contencioso Administrativo Sección Primera del 14
de septiembre del 2020, donde se reconoce a los ríos Coello, Combeima
y Cocora, sus cuencas y afluentes como entidades individuales y sujeto
de derechos; y (iii) la Sentencia ST-0047 del Juzgado Primero Civil de
Sogamoso, que reconoce que el lago de Tota y su cuenca hidrográfica
ostentan la calidad de sujeto de derechos (Jurisdicción Especial para la
Paz, Unidad de Investigación y Acusación, 2022).
Por otro lado, en el marco de la actividad de la Jurisdicción Espe-
cial para la Paz se han proferido varias providencias que plantean de
forma pionera en el mundo, el reconocimiento del territorio como una
de las víctimas del conflicto armado. Algunos de estos se dieron en los
casos de Cxhab Wala Kiwe, el Katsa Su y el Eperera Euja, los cuales son
territorios ancestrales de los pueblos indígenas nasa, awá y sia, respec-
tivamente, y sobre los cuales la srvr se ha pronunciado resaltando que
uno de los argumentos fundamentales para acreditar al medio ambiente
como un sujeto víctima del conflicto es la importancia que tiene para
las comunidades étnicas, ya que estas no solo habitan los territorios sino
que también le brindan a estos un valor simbólico, cultural y espiritual
especial (Jurisdicción Especial para la Paz, Unidad de Investigación y
Acusación, 2022).
El 11 de julio del 2023 se presentó un avance significativo para el
macrocaso 05, pues la srvr, por medio del Auto 226 acreditó al río Cauca
236
CONTENIDO
Justicia ambiental en la Jurisdicción Especial para la Paz
como una víctima del conflicto armado en las regiones priorizadas, para
lo cual se basó en el cumplimiento de dos requisitos. En primer lugar, el
sujeto víctima debe manifestar su voluntad de ser reconocido como tal,
lo cual en este caso se acredita por medio de la solicitud realizada por los
Consejos Comunitarios Cuenca del Río Cauca y Micro Cuenca de los
Ríos Teta y Mazamorrero y el Consejo Comunitario Cuenca Río Timba-
Marilópez, que realizaron en nombre del río Cauca. Y, en segundo lugar,
debe expresarse el relato de los hechos sucedidos junto a su respectiva
prueba sumaria, que también es acreditada por los agentes mencionados
al demostrar el uso que se le dio al río por parte de grupos paramilitares
como zona de comisión de delitos y, además, como herramienta para ocul-
tarlos, al utilizarlo como una fosa común. Los representantes y voceros
del río Cauca, quienes también fueron afectados por el estrecho vínculo
de sus comunidades con el río, a raíz del manejo perjudicial que se le
dio a este cuerpo de agua, acreditaron la existencia de alrededor de 1800
cuerpos que fueron arrojados al agua luego de que se les arrebatara la vida
(Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de
responsabilidad y de determinación de los hechos y conductas, 2023d).
Este es un avance significativo en el camino para alcanzar la restaura-
ción medioambiental de todos aquellos elementos de la naturaleza que
terminaron siendo perjudicados en el marco del conflicto, por lo que es
importante entender que esta acreditación del medio ambiente como un
sujeto víctima del conflicto armado implica una gran responsabilidad para
el Gobierno y se materializa en deberes concretos para las instituciones
estatales y la comunidad en general. Como se menciona en el Auto:
La tutela del medio ambiente y los recursos naturales afecta-
dos por el conflicto armado no solamente constituye una de las
finalidades de la Jurisdicción Especial para la Paz, sino que se
materializa en medidas muy concretas cuyo cumplimiento implica
pretensiones autónomas que deben ser reclamadas de manera
especial a las de otras víctimas. Al respecto, la Corte Constitu-
cional ha señalado que el Estado tiene obligaciones de protección
del medio ambiente materializadas en: (i) la prevención; (ii) la
mitigación; (iii) la indemnización o reparación; y, (iv) la puni-
ción. (Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconocimiento
237
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
de verdad, de responsabilidad y de determinación de los hechos
y conductas, 2023d)
7.3. Justicia ambiental en la jep: la decisión de la srvr
para romper los silencios del olvido al medio ambiente
La Sala de Reconocimiento de Verdad, de Responsabilidad y de Deter-
minación de los Hechos y Conductas reconoció en el Auto 01 del 2023
que las conductas cometidas por las farc en el marco del macrocaso
05, relacionadas con las afectaciones al medio ambiente, constituyeron
crímenes de guerra que, en virtud de su gravedad y su afectación a los
principios del derecho internacional y a los derechos fundamentales
reconocidos por este, no son amnistiables ni pueden quedar impunes.
Para llegar a esta decisión, la Sala utilizó distintas líneas argumentativas
que se expondrán a continuación.
En primer lugar, la srvr hace referencia a la protección del medio
ambiente en el derecho internacional humanitario (dih), trayendo a
colación la Norma 43 del dih consuetudinario, la cual establece que:
Los principios generales sobre la conducción de las hostilidades
se aplican al medio ambiente natural:
A. Ninguna parte del medio ambiente natural puede ser
atacada, a menos que sea un objetivo militar.
B. Queda prohibida la destrucción de cualquier parte del
medio ambiente natural, salvo que lo exija una necesidad militar
imperiosa.
C. Queda prohibido lanzar ataques contra objetivos militares
de los que quepa prever que causen daños incidentales al medio
ambiente natural que sean excesivos en relación con la ventaja
militar concreta y directa prevista. (Jurisdicción Especial para la
Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de responsabilidad y de
determinación de los hechos y conductas, 2023c)
A partir de lo anterior, la Sala señala que el Comité Internacional de
la Cruz Roja (cicr) ha reconocido que dicha disposición es aplicable a
conflictos armados internacionales y no internacionales, como lo es el caso
de Colombia. De esta forma, se desprenden tres criterios que permiten
238
CONTENIDO
Justicia ambiental en la Jurisdicción Especial para la Paz
determinar en qué situaciones las afectaciones al medio ambiente se
encuentran prohibidas por el dih, a saber: 1) cuando este no sea un obje-
tivo militar; 2) cuando no deriven de una necesidad militar imperiosa; y
3) cuando se generen daños incidentales al ambiente que sean excesivos
en relación con la ventaja militar concreta y directa prevista. Allí, la
Sala recuerda la importancia del análisis de los principios de necesidad y
proporcionalidad en las conductas desplegadas por los actores armados,
y siguiendo la línea utilizada en el estudio de la campaña de bombardeos
de la otan contra la República Federativa de Yugoslavia, establece que
cuando pueda suponerse razonablemente que un ataque causará graves
afectaciones al medio ambiente, la ventaja militar obtenida debe ser
muy significativa para ser legítima, so pena de ser desproporcionada y
violatoria del dih (Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconoci-
miento de verdad, de responsabilidad y de determinación de los hechos
y conductas, 2023c).
De igual forma, se citan los párrafos 8 y 9 de las Directrices para la
Protección del Medio Ambiente en Tiempo de Conflicto Armado, los
cuales establecen que:
8. La destrucción del medio ambiente no justificada por necesida-
des militares constituye una violación del derecho internacional
humanitario. En determinadas circunstancias, esa destrucción
es punible como una violación grave del derecho internacional
humanitario.
9. La prohibición general de destruir bienes de carácter civil,
a menos que dicha destrucción esté justificada por necesidades
militares, protege también al medio ambiente. (Jurisdicción Espe-
cial para la Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de respon-
sabilidad y de determinación de los hechos y conductas, 2023c)
En línea con lo anterior, se citan diversos instrumentos internaciona-
les que aumentan la conciencia ambiental y propenden por la protección
de la naturaleza, como la Declaración de Estocolmo y el Protocolo de
Montreal para la Protección del Medio Ambiente, entre otros. A su vez,
se resalta el artículo 35(3) del Protocolo Adicional I a los Convenios de
Ginebra de 1949, donde se establece “la prohibición de métodos o medios
239
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
de guerra que hayan sido concebidos para causar, o de los que quepa
prever que causen daños extensos, duraderos y graves al medio ambiente”
(Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de
responsabilidad y de determinación de los hechos y conductas, 2023c).
Adicionalmente, se argumenta la infracción al dih a partir del artículo
8(2)(b)(iv) del Estatuto de Roma (er), donde se establece como crimen
de guerra la conducta de:
iv) Lanzar un ataque intencionalmente, a sabiendas de que cau-
sará pérdidas incidentales de vidas, lesiones a civiles o daños a
bienes de carácter civil o daños extensos, duraderos y graves al medio
ambiente natural que serían manifiestamente excesivos en relación
con la ventaja militar concreta y directa de conjunto que se prevea.
(Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconocimiento de
verdad, de responsabilidad y de determinación de los hechos y
conductas, 2023c. Énfasis con cursiva añadido)
En segundo lugar, la Sala desarrolla su argumentación con base en
la consideración del medio ambiente como un bien civil protegido por
el dih. Así, cita la regla 50 de la costumbre del dih para recordar que
“queda prohibido destruir o confiscar los bienes de un adversario, a no
ser que lo exija una necesidad militar imperiosa” (Jurisdicción Especial
para la Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de responsabilidad y
de determinación de los hechos y conductas, 2023c). Al respecto, se
señala al medio ambiente como un bien de carácter civil de propiedad
pública en cabeza del Estado, al que los excombatientes de las farc-ep
han reconocido como su principal opositor en el marco del conflicto.
En lo referente al criterio de necesidad, la Sala cita el precedente de la
Corte Penal Internacional (Asamblea General de la onu, 1998) donde
se analiza que el autor no tenga a su alcance otra opción que la de des-
truir el bien. Por todo lo anterior, la srvr declara que al atacar el medio
ambiente, entendido como un bien civil en cabeza del Estado como su
adversario, en contravía del principio de necesidad, se incurre en el cri-
men de guerra señalado en el numeral 8(2)(e)(xii) del ER, de “destruir o
apoderarse de bienes de un adversario, a menos que las necesidades del
conflicto lo hagan imperativo” (Jurisdicción Especial para la Paz, Sala
240
CONTENIDO
Justicia ambiental en la Jurisdicción Especial para la Paz
de reconocimiento de verdad, de responsabilidad y de determinación de
los hechos y conductas, 2023c).
Como tercer argumento, se hace referencia a la relación intrínseca
que existe entre la garantía de un medio ambiente sano como presupuesto
para el ejercicio de otros derechos conexos, para determinar, a su vez, que
los daños ambientales conllevaron una afectación grave a los derechos
humanos (ddhh). En especial, la Sala reconoció la vulneración de los
derechos de comunidades étnicas, pueblos indígenas y tribales, en cuanto
se afectaron sus derechos territoriales a la propiedad colectiva, al acceso
a los recursos, a conservar sus tradiciones ancestrales y lugares sagrados
y, en general, a una vida digna.
Finalmente, como último argumento se hace referencia a la posi-
bilidad que otorga el derecho penal internacional (dpi) de catalogar un
delito tipificado en el nivel interno como un crimen de guerra, siguiendo
los requisitos fijados en la decisión del caso Tadić, a saber:
(i) la violación debe constituir una infracción de una regla de
derecho internacional humanitario; (ii) la regla debe existir en el
derecho consuetudinario o, si pertenece al derecho de los tratados,
deben cumplirse las condiciones requeridas; (iii) la violación debe
ser “grave”; es decir, debe constituir una infracción de una regla
que proteja valores importantes, y la infracción debe involucrar
consecuencias graves para la víctima; y, (iv) la violación debe
implicar, conforme al derecho consuetudinario o convencional,
responsabilidad penal individual de la persona que quebranta la
regla. (Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconocimiento
de verdad, de responsabilidad y de determinación de los hechos
y conductas, 2023c)
De esta forma, en el marco de los conflictos armados no internacio-
nales, la sala concluye que puede realizarse una interpretación sistemática
de las fuentes internacionales del dih para llegar a concluir que se da,
en primer lugar, una infracción al derecho internacional humanitario al
incumplir las normas 43, 44 y 45 del cicr, normas que se encuentran
incorporadas en el nivel doméstico en el Manual Básico para las Perso-
nerías y las Fuerzas Armadas de Colombia del Ministerio de Defensa
241
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Nacional de 1995. Además, se argumenta la gravedad de la conducta en
virtud de la violación al principio de distinción, al afectarse el medio
ambiente como un bien de carácter civil y al afectar los derechos humanos
de las comunidades étnicas del territorio. Por último, se trae a colación
el Código Penal colombiano como fuente doméstica de responsabilidad
penal individual, el cual incluye en su título II, Delitos contra personas y
bienes protegidos por el Derecho Internacional Humanitario, tipificación en
el artículo 164 del delito de destrucción del medio ambiente, como “el
que, con ocasión y en desarrollo de conflicto armado, emplee métodos
o medios concebidos para causar daños extensos, duraderos y graves al
medio ambiente natural” (Congreso de la República de Colombia, 2000).
Para determinar la existencia de un daño extenso, duradero y grave al
medio ambiente, la Sala tuvo en cuenta las siguientes consideraciones.
En primer lugar, se determinó que un daño extenso implica que este
no puede ser aislado o esporádico, y que debe extenderse por cientos
de kilómetros, como fue el caso de la minería ilegal como conducta
generalizada en la zona, la cual fue posible gracias al control territorial
y social ejercido por las farc. Con respecto a la calificación del daño
como “duradero” se pronunció la Sala exponiendo las afectaciones de la
explotación ilegal de minerales y los cultivos ilícitos que persisten en la
zona desde hace más de dos décadas. Finalmente, se reiteró la gravedad
del daño en cuanto “no solo desconoce principios fundamentales del dih
como el principio de distinción, proporcionalidad y precaución, sino que
además ha afectado la permanencia, supervivencia y desarrollo cultural
de las comunidades étnicas y no-étnicas que viven en el territorio prio-
rizado” (Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconocimiento de
verdad, de responsabilidad y de determinación de los hechos y conductas,
2023c). Así, la srvr utilizó la legislación penal interna como fuente de
la responsabilidad penal individual.
A partir de lo anterior, reconociendo el papel que asumieron las farc
como “autoridad ambiental de facto” en la zona, se determinó que los
actores armados incurrieron en graves omisiones al no tener una política
ambiental que propendiera por prevenir o mitigar los daños a la natura-
leza que generaron con los cultivos ilícitos y la minería ilegal, entre otras
acciones. Esto, como violación al principio de precaución y partiendo de
la norma 44 de la costumbre del dih, donde se establece que:
242
CONTENIDO
Justicia ambiental en la Jurisdicción Especial para la Paz
Los métodos y medios de hacer la guerra deben emplearse tenien-
do debidamente en cuenta la necesidad de proteger y preservar
el medio ambiente natural. En la conducción de las operaciones
militares, han de tomarse todas las precauciones que sean factibles
para no causar daños incidentales al medio ambiente o reducirlos,
al menos, todo lo posible. (Jurisdicción Especial para la Paz, Sala
de reconocimiento de verdad, de responsabilidad y de determi-
nación de los hechos y conductas, 2023c)
Con base en la argumentación presentada en este apartado, la Sala
concluye que con respecto al impacto ambiental generado se configura
el crimen de guerra de destrucción del medio ambiente. En virtud de
dicha calidad, la conducta adquiere un carácter no amnistiable, pues
no encuadra dentro de los delitos políticos o conexos y se limita con las
obligaciones de la llamada Constitución Ecológica de 1991, que eleva la
protección ambiental a un rango constitucional, y el mandato del artículo
5.º del Acto Legislativo 01 del 2017, donde se rechaza la impunidad en
este tipo de conductas y se impone la obligación a la jep de “investigar,
juzgar y sancionar las conductas consideradas graves infracciones al
Derecho Internacional Humanitario o graves violaciones de los Derechos
Humanos” (Congreso de la República de Colombia, 2017). Sin embargo,
debe señalarse que esta decisión ha resultado bastante controversial a nivel
nacional, por lo que en el siguiente apartado se tratarán a profundidad
las múltiples críticas que se han presentado ante esta decisión de la srvr,
donde se sigue planteando la pregunta de si los daños ambientales son
susceptibles de amnistía o si, por el contrario, constituyen un crimen
de guerra.
7.4. ¿Crímenes de guerra o conductas amnistiables?
La decisión del magistrado Raúl Sánchez de calificar como crímenes de
guerra las afectaciones ambientales causadas por las farc-ep en el Auto
01 del 2023 ha encontrado fuertes críticas que lo acusan de crear un tipo
penal en contravía de los principios de legalidad, de favorabilidad y de
otorgar la amnistía más amplia posible. De los siete magistrados que
conocieron del caso, se presentaron tres salvamentos de voto parciales
que cuestionaron la calificación jurídica de los daños ambientales como
243
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
crímenes de guerra en el marco del conflicto armado por parte de las
magistradas Catalina Díaz, Julieta Lemaitre y Lily Andrea Rueda, y
dos aclaraciones de voto adicionales que apoyaron la decisión y buscaron
proponer otras alternativas para imputar los crímenes descritos en el
Auto, por Óscar Parra y Belkis Izquierdo.
Las magistradas se separan parcialmente de la decisión mayoritaria
al considerar que se presentaban debilidades argumentativas en la for-
ma como el Auto “refuerza interpretativamente” el delito doméstico de
destrucción del medio ambiente como crimen de guerra y realiza una
adecuación típica desafortunada ya que, en estricto sentido, no existe
un crimen de guerra en el dpi que castigue la generación de daños
ambientales en conflictos armados no internacionales. Así, en el Auto
se acude al test Tadic, el cual permite utilizar adecuaciones típicas del
nivel doméstico en situaciones en las que los estatutos penales interna-
cionales resultan insuficientes para tutelar un bien jurídico protegido por
el derecho internacional. Para la aplicación de dicho precedente deben
cumplirse ciertos requisitos, entre los que se incluye la condición de que
la violación implique la responsabilidad penal individual de la persona
que quebranta la regla.
En este sentido, la magistrada Díaz argumenta que los avances jurí-
dicos a nivel internacional para proteger el medio ambiente que se citan
en el Auto no se traducen en una criminalización de la destrucción de
la naturaleza que implique la responsabilidad penal individual, puesto
que no existe en el dpi un crimen de esa naturaleza, sino una creciente
preocupación por los daños ambientales. La magistrada Julieta Lemaitre,
por su parte, considera que el Auto refleja la “voluntad antitécnica de
imputar un crimen que no existía en el derecho penal internacional al
momento de los hechos, en lugar de calificar los hechos, como era posi-
ble, dentro de las categorías de crímenes internacionales ya existentes”
(Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de
responsabilidad y de determinación de los hechos y conductas, 2023e).
Así, enfatiza en el objetivo de la Sala de no dejar impunes estos hechos
como una forma de convertir conductas que, en principio, serían amnis-
tiables en crímenes de guerra mediante creación jurisprudencial. A su
vez, la magistrada Lily Andrea Rueda recuerda que “la existencia de
una prohibición no es suficiente para derivar un crimen internacional”
244
CONTENIDO
Justicia ambiental en la Jurisdicción Especial para la Paz
(Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de
responsabilidad y de determinación de los hechos y conductas, 2023f),
en cuanto no acarrea responsabilidad penal individual. Además, en torno
a la aplicación del crimen de guerra de destrucción al medio ambiente
establecido en el artículo 8(2)(b)(iv) del Estatuto de Roma, Lemaitre
recuerda que este no es aplicable a los conflictos armados no internacio-
nales (cani), por lo que en el Auto se da una violación de los principios
de legalidad y de la amnistía más amplia posible, y considera que el
negar a los exguerrilleros la amnistía por hechos que no constituían un
crimen de guerra al momento de su comisión, constituye una violación
al principio de favorabilidad y de otorgar la amnistía más amplia posible
(Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de
responsabilidad y de determinación de los hechos y conductas, 2023e).
En relación con la responsabilidad penal individual, el magistrado
Óscar Parra señala que la calificación que se da a las farc como auto-
ridad ambiental de facto implica unos deberes especiales de precaución
y conservación a los bienes civiles, a partir del cual se puede deducir la
responsabilidad en cabeza de los dirigentes de las farc de respetar las
exigencias de protección al medio ambiente, en virtud de su posición de
poder y control en el territorio (Jurisdicción Especial para la Paz, Sala
de reconocimiento de verdad, de responsabilidad y de determinación de
los hechos y conductas, 2023a).
Por su parte, la magistrada Lily Andrea Rueda, si bien reconoce
el “espíritu restaurador” del Auto al generar avances significativos en
materia de justicia ambiental, se separa de la decisión mayoritaria al
considerar que “el Auto convierte la minería ilegal y los cultivos de uso
ilícito en medios o métodos de guerra para soportar la configuración de
un crimen de guerra, en contravía de la lógica jurídica y la fundamenta-
ción fáctica de este tipo de conductas” (Jurisdicción Especial para la Paz,
Sala de reconocimiento de verdad, de responsabilidad y de determina-
ción de los hechos y conductas, 2023f). A juicio de la magistrada, no se
hizo un análisis profundo para aclarar en qué sentido la minería ilegal
o los cultivos de uso ilícito podrían calificarse como medios o métodos
de guerra, incluso cuando estos delitos son amnistiables. Al respecto, la
magistrada Díaz también argumenta una falsa equivalencia en el Auto
al tratar de equiparar la política de obtención de rentas con un ataque
245
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
intencional que buscase producir daños extensos, graves y duraderos al
medio ambiente. Señala que “la resignificación de las extorsiones cobradas
por las farc-ep a mineros y cultivadores de coca como ataques contra la
naturaleza que configuran crímenes no amnistiables a la luz del derecho
aplicable por esta Jurisdicción es insostenible” (Jurisdicción Especial
para la Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de responsabilidad y de
determinación de los hechos y conductas, 2023g), pues de ningún modo
pueden equipararse extorsiones con ataques.
Además, Díaz aclara que en la descripción de los hechos, la Sala
enfatiza en los daños generados por la minería ilegal y la reconversión
agrícola impulsada por la expansión de los cultivos ilícitos, donde se le
atribuye a las farc la comisión de dichas conductas sin quedar suficiente-
mente probada su participación en ellas, pues la comisión de la conducta
se sostiene en la mera constatación de que el auge de dichas conductas
coincidió con la presencia de las farc en la zona. La magistrada men-
ciona que
Al ser daños producidos por economías complejas, que anteceden
a la llegada de las farc-ep a la región y les sobreviven, es imposi-
ble establecer el daño causado específicamente por las farc-ep a
partir de su contribución heterogénea a estas economías ilegales.
(Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconocimiento de
verdad, de responsabilidad y de determinación de los hechos y
conductas, 2023g)
Otro de los puntos más álgidos del debate se centra en la caracteri-
zación del medio ambiente como un bien civil del adversario, pues si bien
la Sala respaldó la decisión de acreditar al medio ambiente como víctima
autónoma del conflicto armado, su concepción como un bien en cabeza
del Estado parece resultar contradictoria. La magistrada Díaz señala que
al referirse al medio ambiente como un bien civil del adversario, no se
prueba suficientemente que los “ataques” contra la naturaleza buscaran
destruir un bien considerado fundamental para el adversario, pues ni los
comparecientes ni las víctimas se refieren al medio ambiente como un bien
estatal que se buscase atacar para disminuir la capacidad de combate del
adversario (Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconocimiento de
246
CONTENIDO
Justicia ambiental en la Jurisdicción Especial para la Paz
verdad, de responsabilidad y de determinación de los hechos y conductas,
2023g). Además, la calificación del medio ambiente como un bien del
adversario resulta incompatible con el reconocimiento de la naturaleza
como sujeto de derechos y como víctima acreditada autónomamente.
Como lo recuerda Lemaitre, el mismo Auto explica que el medio
ambiente es un derecho humano no susceptible de apropiación, en su
calidad de derecho colectivo y sujeto de derechos, no un bien del Estado.
En la misma línea, la magistrada Izquierdo recuerda que la naturaleza
deriva su protección de su calidad de bien civil, por lo que no requiere una
relación con el “adversario”, ya que esto desdibuja su noción de bien civil y
… desconoce que los Territorios étnicos dentro de los cuales
están los sitios sagrados son: (i) constitucionalmente de propiedad
colectiva con carácter inalienable, imprescriptible e inembargable;
(ii) una unidad indivisible con los Pueblos que lo habitan; y, (iii)
territorios de paz. ( Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de
reconocimiento de verdad, de responsabilidad y de determinación
de los hechos y conductas, 2023b)
En relación con lo anterior, la magistrada Belkis Izquierdo, quien
pertenece a la comunidad indígena arhuaca, considera que el Auto deja
de lado la cosmovisión de las comunidades étnicas y su inescindible
relación con la naturaleza, pues “no parece responder adecuadamente
a las visiones, vivencias y sentir de los Pueblos Étnicos presentes en
los municipios priorizados” (Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de
reconocimiento de verdad, de responsabilidad y de determinación de los
hechos y conductas, 2023b). Para la magistrada, la Sala debió aplicar el
principio de especialidad, teniendo en cuenta los derechos de las víctimas
desde un enfoque “ontológico relacional” que comprenda las cosmovi-
siones de los pueblos étnicos, pues de acuerdo con esta comprensión, los
daños a la naturaleza y a los territorios en lugares sagrados configuran el
crimen de guerra de destrucción de bienes culturales o lugares de culto
establecido en el artículo 8(2)(e)(iv) del er, descrito como la acción de
“dirigir intencionalmente ataques contra edificios dedicados a la religión,
la educación, las artes, las ciencias o la beneficencia, los monumentos
históricos, los hospitales y otros lugares en que se agrupa a enfermos y
247
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
heridos, a condición de que no sean objetivos militares” (Jurisdicción
Especial para la Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de responsabili-
dad y de determinación de los hechos y conductas, 2023b). Así, teniendo
en cuenta la relación de las comunidades indígenas con su territorio,
fundamental para su supervivencia física, cultural y espiritual, este se
convierte en un bien cultural y lugar de culto que adquiere una protec-
ción especial del dih. Por tanto, considerando que estos lugares no eran
objetivos militares, ni representaban una ventaja militar y mucho menos
una necesidad militar imperiosa, a juicio de la magistrada Izquierdo, se
debió imputar el crimen de guerra de destrucción de bienes sagrados o
de culto, ya que los actores armados convirtieron sus lugares sagrados en
campos de guerra (Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconoci-
miento de verdad, de responsabilidad y de determinación de los hechos
y conductas, 2023b).
Por su lado, el magistrado Óscar Parra presenta otra vía argumen-
tativa para encuadrar la destrucción ambiental en un crimen de guerra,
planteando la posibilidad de imputarles a los agentes de las farc el crimen
de guerra de apoderamiento de recursos, saqueo o pillaje, consagrado en
el artículo 8(2)(e)(v) del er, aplicable a los cani, referente a la conducta
de “saquear una ciudad o plaza, incluso cuando es tomada por asalto”
(Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de
responsabilidad y de determinación de los hechos y conductas, 2023a).
Para argumentar dicha posición, se cita la norma 40 de la costumbre del
dih que prohíbe “cualquier forma de robo, pillaje o apropiación indebida
de bienes que tengan gran importancia para el patrimonio cultural de
los pueblos, así como todo acto de vandalismo contra ellos” (Jurisdicción
Especial para la Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de responsabi-
lidad y de determinación de los hechos y conductas, 2023a) como una
forma de evitar el despojo o la destrucción de bienes de la población civil.
De igual forma, en las Guías para la protección de medio ambiente en
conflictos armados, el cicr ha señalado que “dado que componentes del
medio ambiente natural pueden ser sujetos de apropiación de forma tal
que pueden constituir propiedad […] la protección ante el pillaje también
aplica a partes del medio ambiente natural que constituyen propiedad”
(Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de
responsabilidad y de determinación de los hechos y conductas, 2023a).
248
CONTENIDO
Justicia ambiental en la Jurisdicción Especial para la Paz
Así, a raíz de las distintas posiciones relatadas en esta sección, surgen
múltiples preguntas que no parecen tener una única respuesta. Resulta
evidente que los cuestionamientos a la argumentación presentada en el
Auto son contundentes y, teniendo en cuenta las múltiples vías jurídicas
que se presentaron en las aclaraciones de voto, no se consolida un prece-
dente sólido que pueda sostenerse en próximas decisiones. Así, se genera
una inseguridad jurídica que deja al medio ambiente a la deriva de lo que
pueda suceder en próximas ocasiones donde podrían transitarse otras vías
jurídicas de decisión que puedan llevar a su desprotección o que, por el
contrario, resulten aún más beneficiosas. En este punto, resulta pertinente
preguntarse si el enfoque restaurativo en una justicia ambiental realmente
tiene futuro en el sistema jurídico colombiano.
De igual forma, debe reconocerse que las medidas del derecho inter-
nacional resultan insuficientes para proteger el medio ambiente, en cuanto
la ausencia de una criminalización expresa de los daños medioambientales
producidos en el marco de los cani siembra incertidumbre en torno al
tratamiento jurídico que deben recibir estas conductas. Esta situación ha
llevado a que se proponga la creación de un quinto crimen internacional
en el Estatuto de Roma, que penalice la generación de daños graves,
extensos y duraderos al medio ambiente. La propuesta de penalización
del ecocidio busca castigar la comisión de “cualquier acto ilícito o arbi-
trario perpetrado a sabiendas de que existen grandes probabilidades de
que cause daños graves que sean extensos o duraderos al medio ambiente”
(Quevedo, 2021). Esto, con el objetivo de crear una fuente expresa de
responsabilidad penal individual que tutele el medio ambiente como bien
jurídico protegido por el derecho internacional.
A su vez, el hecho de que no exista claridad ni consenso sobre la
calificación jurídica de las conductas descritas implica que no existe una
base sobre la cual pueda seguir construyéndose el desarrollo de una polí-
tica integral ambiental o un sistema jurídico con enfoque restaurativo y
prospectivo. Además, debe señalarse que el ejercicio de la Jurisdicción
Especial para la Paz, si bien es el escenario en el cual se han hecho gran-
des avances en el enfoque restaurativo y prospectivo para conductas que
vulneraron el medio ambiente, este órgano tiene una duración delimitada
a un máximo de veinte años (Congreso de la República de Colombia,
2019), por lo cual, si no se adoptan las herramientas creadas por este a
249
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
la justicia ordinaria y a las políticas públicas a nivel nacional, habremos
perdido todos los avances logrados. Así que, nuevamente surge otra duda:
luego de la finalización o el cierre de la actividad de la jep, ¿qué sigue en
materia de justicia ambiental?
Conclusiones
Tras haber presentado el análisis anterior, se plantearán algunas reflexio-
nes finales orientadas a reconocer los avances que se han hecho en el
marco de la jep en materia de justicia ambiental, los retos que aún no
logran resolverse y las oportunidades que supone el desarrollo de una
justicia restaurativa y prospectiva en el marco de la transicionalidad, que
integre la protección medioambiental desde un enfoque ecocéntrico. En
primer lugar, debe reconocerse que el abordaje que la jep ha hecho a las
afectaciones medioambientales en el Macrocaso 05, ha resultado ser el
primer paso hacia una comprensión ecocéntrica de nuestra relación con
la naturaleza. Así, reconociendo la gravedad de los daños medioambien-
tales generados con el conflicto armado, la jep atribuyó responsabilidad
a los actores que los produjeron, desde un enfoque que va más allá del
mero ejercicio punitivo y que permite encontrar salidas más restaura-
tivas orientadas a reparar los daños causados, reconstruir la verdad de
los hechos y abrir espacios de diálogo con las víctimas para trabajar en
medidas de justicia, reparación y no repetición. En ese orden de ideas,
[…] el reconocimiento que hizo la jep del territorio como víctima
estuvo fundamentado en la necesidad de otorgarle derechos a la
reparación, pues el paradigma orientador es la justicia restaurativa
por lo cual se debe sanear y armonizar la naturaleza como fuente
dinamizadora de vida para los sujetos individuales y colectivos
afectados por la guerra. (Jurisdicción Especial para la Paz, Unidad
de Investigación y Acusación, 2022)
Así, aunque en un primer momento la apertura del Macrocaso 05
no se haya hecho en virtud de la gravedad de la destrucción ambiental
producida en la zona desde el reconocimiento del valor intrínseco del
medio ambiente, sino como consecuencia de las afectaciones que dichos
daños representan para las comunidades indígenas, afrocolombianas
250
CONTENIDO
Justicia ambiental en la Jurisdicción Especial para la Paz
y campesinas que habitan el territorio, la srvr logra redireccionar el
estudio del caso hacia el reconocimiento de un enfoque biocéntrico y
ecocéntrico. De esta forma, se migra de una lectura antropocéntrica del
conflicto que reduce la naturaleza a un simple medio para lograr los fines
del hombre, para reivindicar la importancia de los elementos del medio
ambiente por su valor propio, reconociendo las múltiples dimensiones del
medio ambiente como un sujeto de derechos, un objeto de derechos, un
bien jurídico tutelado y, más recientemente, como una víctima autónoma
del conflicto.
Esto, a su vez, materializa la justicia prospectiva, en la medida en
que genera una conciencia ambiental que permite asegurar un mejor
futuro para las próximas generaciones, donde se propenda por garantizar
que todas las personas tengan acceso a un ambiente sano y sostenible en
condiciones de igualdad. Como se menciona en el informe El ambiente
como víctima silenciosa: un diagnóstico de las afectaciones en el posacuerdo de
paz (2017-2022), de la Unidad de Investigación y Acusación de la jep,
las siguientes son las cuatro razones para integrar el enfoque ecocéntrico
en la justicia transicional:
En primer lugar, porque la protección jurídica del entorno ecológi-
co garantiza por conexidad la satisfacción de derechos fundamen-
tales como la vida, el agua y la salud. En segundo lugar, porque
tutela los derechos de las generaciones venideras, pues son quienes
heredan los impactos negativos de la acción depredadora del ser
humano en el presente y el pasado. En tercer lugar, porque la
sostenibilidad de la vida misma en la tierra se compromete cuando
la visión meramente lucrativa se impone y la naturaleza es vista
como un instrumento permanente de saqueo y de producción de
riqueza económica. Y en cuarto lugar, porque el reconocimiento
jurídico de ciertos elementos abióticos como sujetos de derecho
permiten la restauración del daño causado y por esa vía se lograría
la satisfacción de las garantías de no repetición. (Unidad de Inves-
tigación y Acusación, Jurisdicción Especial para la Paz, 2022)
Finalmente, las ref lexiones derivadas del estudio de la justicia
ambiental en el marco de la jep deben orientarse a la creación de políticas
251
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
ambientales integrales que utilicen los insumos que la justicia transicional
aporta para la construcción y el fortalecimiento de medidas permanentes
que permitan una protección efectiva del medio ambiente y se apliquen
a la justicia ordinaria, tomando como base los principios de la justicia
restaurativa y de la justicia prospectiva. Para esto, se necesita un com-
promiso y un esfuerzo real por parte del Estado en todas sus posibles
manifestaciones: es indispensable un Congreso que legisle, un Gobier-
no que ejecute, y unos jueces que juzguen con un enfoque de carácter
restaurativo y prospectivo, más allá del marco de la transicionalidad,
buscando a su vez el desarrollo de medidas preventivas que eviten que
el medio ambiente se siga escondiendo tras las sombras de un silencio
ensordecedor que lo condene al olvido.
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Justicia ambiental en la Jurisdicción Especial para la Paz
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Aclaración de voto a auto de la Sala de Reconocimiento de Verdad, de
Responsabilidad y de Determinación de los Hechos y Conductas de 01 de
febrero de 2023 [Review of Aclaración de voto a auto de la Sala de Reco-
nocimiento de Verdad, de Responsabilidad y de Determinación de los Hechos
y Conductas de 01 de febrero de 2023, por Magistrada: Belkis Florentina
Izquierdo Torres].
Jurisdicción Especial para la Paz, Sala de reconocimiento de verdad, de res-
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253
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
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254
CONTENIDO
8
Avances y desafíos pendientes en la
normatividad para la protección de
defensores ambientales en el Perú
Andrés Dulanto Tello*
Ángela Esther Leiva Quispe**
Angie Raquel Arenas Vásquez ***
Silvana Fabiola García Falconi****
Introducción
La labor de los defensores ambientales en el mundo no solo es impor-
tante para detener proyectos perjudiciales para el ambiente, sino que su
mensaje y movilización también pueden contribuir a que se produzcan
cambios ecológicamente progresistas en la política y la opinión pública
* Decano de la Carrera de Derecho, director de la Clínica de Litigación Ambiental y
profesor a tiempo completo de la Universidad Científica del Sur. Miembro de la Comisión
Mundial de Derecho Ambiental de la iucn. Abogado y magíster en Derecho de la Empresa
por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Exdirector de Educación y Ciudadanía
Ambiental del Ministerio del Ambiente de Perú. adulanto@[Link], [Link]
org/0000-0003-2582-0905
** Alumna del 9.º ciclo de la Universidad Científica del Sur. Voluntaria de la Clínica de
Litigación Ambiental de la Universidad Científica del Sur. 100066245@[Link]
*** Alumna del 4.º ciclo de la Universidad Científica del Sur. Voluntaria de la Clínica de
Litigación Ambiental de la Universidad Científica del Sur. 100118804@[Link]
**** Alumna del 6.º ciclo de la Universidad Científica del Sur. Voluntaria de la Clínica de
Litigación Ambiental de la Universidad Científica del Sur. 100090483@[Link]
255
CONTENIDO
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
(Le Billon & Lujala, 2020, p. 1). Sin embargo, pese a la relevancia de su
labor en los últimos diez, años al menos 1733 personas defensoras de la tie-
rra y el medio ambiente han sido asesinadas a en el mundo, lo que implica
que tres personas por semana pierden la vida d efendiendo los ecosistemas
y la sostenibilidad, de acuerdo con el informe reciente de Global Witness,
organización que desde el 2012 documenta este tipo de violencia (2022).
El 68 % de estos ataques se ha registrado en p aíses de América Latina, y
las comunidades indígenas concentran el 39 % de los ataques registrados,
a pesar de que representan menos del 5 % de la población mundial. Perú
no es la excepción ya que registra 51 homicidios de defensores ambientales
entre el 2012 y el 2021, cifra que lo convierte en el séptimo país con más
fallecidos en Latinoamérica (Global Witness, 2022).
En el Perú es especialmente relevante el caso de los dirigentes ashá-
ninkas conocido como “caso Saweto”: en el año 2014, el dirigente Edwin
Chota y otros tres defensores ambientales que venían denunciando el
tráfico ilegal en la selva del departamento de Ucayali, fueron asesinados
luego de haber sido torturados. Lamentablemente, casi diez años después
de los sucesos el proceso penal no ha concluido y los responsables siguen
impunes y, solo dos de los once hijos identificados de las víctimas reciben
asistencia económica (Ojo Público, 2023). El caso Saweto es representa-
tivo de la situación de los derechos humanos y el acceso a la justicia por
parte de defensores ambientales en el país.
Pese a la existencia de casos tan graves como el reseñado, el Perú es
uno de los pocos países en la región latinomericana que no han ratificado
el Acuerdo de Escazú, a pesar de las implicancias positivas que supondría
en el ordenamiento jurídico nacional para los defensores ambientales,
los cuales requieren esta protección de manera urgente. Si bien el país
cuenta con un marco normativo que brinda protección a los defensores de
derechos humanos, como el “Mecanismo Intersectorial para la protección
de las personas defensoras de derechos humanos” (mippddh) aprobado
en el 2021, el cual establece herramientas para garantizar la prevención,
la protección y el acceso a la justicia de defensores de derechos huma-
nos frente a situaciones de riesgo que se presentan en el marco de sus
actividades, persisten las lagunas normativas para la protección de los
derechos humanos de los defensores ambientales. Además de la necesaria
ratificación del Acuerdo de Escazú, está pendiente la aprobación de los
256
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
lineamientos de actuación del sector Interior (Policía Nacional del Perú)
para la protección de las personas defensoras ambientales, así como otras
medidas para el correcto funcionamiento del sistema de justicia.
En esa línea, el presente capítulo tiene como objetivo revisar el
estatus de las personas defensoras de derechos humanos ambientales en
el Perú y analizar la normatividad para identificar oportunidades en la
normatividad peruana con respecto a la protección de derechos de defen-
sores ambientales. Así, se parte del análisis del concepto de personas
defensoras del ambiente desde la bibliografía especializada, la cual es
contrastada con las definiciones previstas en el marco jurídico nacional.
Posteriormente, se realiza una evaluación sobre la situación en el Perú
de las personas defensoras de derechos humanos ambientales, tomando
en consideración diversas variables previstas en informes relacionados
con esta materia: estatus de los derechos fundamentales de defensores
ambientales; marco jurídico e institucional; políticas y mecanismos de
protección eficaces que den atención particular a los grupos en riesgo
y apliquen un enfoque de género; el acceso a la justicia; una institución
nacional independiente y sólida de derechos humanos; entre otros (Forst,
2018). Para dicho propósito se tomará en cuenta la literatura académica
especializada sobre defensores ambientales, así como informes de enti-
dades supranacionales y sentencias de cortes nacionales e internacionales
en la materia, y a las investigaciones e informes jurídicos nacionales.
8.1. Definición de defensores ambientales
y limitaciones conceptuales en el Perú
8.1.1. Sobre el concepto de defensor ambiental
En el ámbito internacional se crea el concepto de defensores de derechos
humanos en la década de 1990, pero no se individualiza el concepto de
defensor ambiental, sino hasta mucho tiempo después1. A fines de aquel
1
La iucn señala que el concepto de defensor ambiental es inescindible del de d efensor
de derechos humanos: “Son a la vez defensores del medio ambiente y defensores de los dere-
chos humanos. A fin de cuentas, los derechos humanos fundamentales tales como el derecho
a la vida, el derecho a la salud, al agua, a la educación, al empleo y a la libertad religiosa,
solo pueden ejercerse en un medio ambiente sano y seguro” (2016, p. 5).
257
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
decenio, Naciones Unidas elaboró la “Declaración sobre el derecho y el
deber de los individuos, los grupos y las instituciones de promover y prote-
ger los derechos humanos y las libertades fundamentales universalmente
reconocidos”, también conocida como la Declaración de los defensores
de derechos humanos. Asimismo, la Oficina del Alto Comisionado de
las Naciones Unidas para los Derechos Humanos refiere que “los defen-
sores de derechos humanos medioambientales que están más expuestos a
insultos y represalias incluyen a las mujeres, los agricultores y los pueblos
indígenas quienes luchan contra la deforestación, las extracciones, o la
pérdida de su patrimonio o identidad culturales” (OHCHR, 2022). En
esa línea, la Secretaría General de las Naciones Unidas ha establecido
una importante definición a través del documento titulado “Situación
de los y las defensoras de derechos humanos”:
… son aquellas personas y grupos que, a título personal o profe-
sional y de forma pacífica, se esfuerzan por proteger y promover
los derechos humanos relacionados con el medio ambiente, en
particular en defensa de los recursos naturales, tales como el
agua, el aire, la tierra, la flora y la fauna, es importante mencionar
que los derechos ambientales y sobre el territorio están interre-
lacionados y a menudo son inseparables. Esta labor se realiza de
manera individual o colectiva como es el caso de las comunidades
campesinas y/o indígenas. (2016)
En esa misma línea, la Corte Interamericana de Derechos (Corte
idh) ha indicado que en el marco de la defensa del medio ambiente,
la tierra y el territorio, existen grupos como las mujeres y las personas
defensoras indígenas y aquellos expuestos a una situación de mayor ries-
go, como mujeres y personas defensoras indígenas y afrodescendientes.
Las condiciones de vulnerabilidad en las cuales estos grupos ejercen la
defensa del medio ambiente se agravan ante factores estructurales como
la discriminación étnica y racial, y los niveles de marginación, pobre-
za, desigualdad y exclusión social que históricamente les han afectado
(OEA, 2023). Asimismo, la Corte idh ha indicado sobre los defensores
ambientales lo siguiente:
258
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
Las personas defensoras de la tierra, el territorio y el medio
ambiente desempeñan un rol fundamental para el desarrollo de
políticas y estrategias de protección del medio ambiente a fin de
lograr un desarrollo sostenible. Por ello, los hechos de violencia
contra estos colectivos no solo afectan sus garantías como personas
individuales, sino también socavan el rol que juegan dentro de
las sociedades de los Estados del Norte de Centroamérica y de la
comunidad internacional. (OEA, 2023)
De igual forma, la Organización de los Estados Americanos (oea)
resaltó la importancia de la defensa del derecho a un medio ambiente sano
y equilibrado, por lo que emitió su primera resolución sobre “Derechos
Humanos y Medio Ambiente” en junio del año 2001, en la que reconoció
la necesidad de promover la protección del medio ambiente y el pleno
goce de todos los derechos humanos” (CIDH, 2023), y es por medio de
la resolución mencionada que la oea le da reconocimiento e importancia
a la labor constante del defensor ambiental.
A nivel internacional no existe un consenso sobre el origen del tér-
mino defensor ambiental. Algunos autores sitúan el origen del texto en
la década de 1970 en Estados Unidos, el cual hacía referencia a abogados
y ambientalistas que recurrían a cortes judiciales para la protección del
ambiente (Verweijen et al., 2021, p. 37). Por otra parte, autores como
Guha y Martínez-Alier introdujeron en la década de 1980 el concepto
de “ambientalista de los pobres” para describir a personas en situación de
pobreza que defendían recursos naturales y dependían de ellos para poder
vivir (cit. en Scheidel et al., 2020, p. 3). Este concepto comenzó a cambiar
a inicio de la década de 1990, cuando las plataformas de justicia ambiental
se empiezan a conectar con otros temas como el clasismo y el racismo.
Así, Bullard reseña que los movimientos como “not-in-my-backyard ” se
relacionaban con barrios pobres, de comunidades afrodescendientes de los
suburbios, que tenían que soportar casos de contaminación (2000, p. 4).
A nivel de la normativa internacional, el concepto de defensor ambiental
se recoge recién en el 2018 en documentos como “Promoting Greater
Protection for Environmental Defenders” del Programa de Naciones
Unidas para el Medio Ambiente y en el Acuerdo de Escazú.
259
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Susana Borrás ha indicado que el concepto de defensores ambien-
tales comprende individuos o grupos que son víctimas de violaciones de
derechos humanos en relación con la defensa del ambiente, especialmente
en relación con proyectos de sectores extractivos, de infraestructura y
de desarrollo; asimismo, abogan por los derechos de los pueblos y las
minorías indígenas y los derechos de las mujeres comunicadoras, abo-
gadas y académicas (2013, p. 292). De igual manera, Borrás ha indicado
que un elemento clave para entender el concepto de defensor ambiental
es entender la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran y la
constante criminalización por sus protestas (2013, p. 294). Sobre el tema
de la criminalización y las amenazas, en el III Congreso Latinoamericano
de Ecología Política se ha señalado que tanto las prácticas de racismo
estructural en los Estados, como las de violencia patriarcal hacia las
mujeres exacerban la violencia contra defensores ambientales en toda la
región (Menton & Le Billon, 2021, p. 3).
Así, los defensores ambientales son las personas que de manera indi-
vidual o colectiva realizan acciones pacíficas para promover, proteger o
defender los derechos humanos, como el derecho a vivir en un ambiente
sano, el cual implica la defensa de los recursos naturales, la biodiversidad,
las tierras indígenas, la lucha contra el cambio climático, entre otros
problemas actuales. A partir de los conceptos previstos en la normativa
internacional y atendiendo también a la doctrina, se puede señalar que los
defensores ambientales comparten estas características: i. Son personas o
grupos de defensoras de derechos humanos; ii. El objetivo de su defensa
está relacionado con la protección del derecho a vivir en un ambiente
sano y equilibrado, así como el respeto a una cosmovisión en la que la
naturaleza es igual de importante que el ser humano; iii. Su acción puede
ser ejercida de manera individual, sin embargo, suele estar asociada con
la defensa de colectivos como aquellos de los pueblos originarios.
Para culminar, es importante señalar que el concepto de defensor
ambiental no es pacífico en la doctrina, sino que está en constante evo-
lución. El concepto suele estar asociado al territorio, por eso en algunos
textos se referencia como “defensores ambientales y del territorio”, pero
en otros se referencian específicamente a defensores de la naturaleza,
ecosistema, animales o la biodiversidad. Esta conceptualización ha
sido materia de crítica porque supone una separación del ambiente con
260
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
respecto a la sociedad o el ser humano, lo que refleja una visión occi-
dental de la defensa del ambiente y no expresa la de muchos pueblos que
se involucran en la defensa del ambiente por tener un valor espiritual
o incluso porque se sienten parte de este (Verweijen et al, 2021, p. 37).
Sin perjuicio de lo señalado, a efectos del presente artículo se utilizará
el concepto de defensor ambiental, en cuanto es el más utilizado a nivel
internacional por organismos como el pnuma, así como por diversas
normas y políticas en el Perú.
8.1.2. El defensor de derechos humanos y el defensor ambiental en
el Perú: análisis sobre los alcances y las limitaciones del concepto
En el ordenamiento jurídico peruano, la primera definición sobre persona
defensora de derechos humanos se recoge en el Plan Nacional de Dere-
chos Humanos del año 2018. La definición adopta algunas características
que serán replicadas en la normatividad posterior: i. Se puede tratar de
un individuo o una colectividad; ii. El objetivo del defensor consiste en
exigir o promover derechos vulnerados; iii. El ejercicio de la defensa
de derechos humanos tiene que ser pacífico. Estas características serán
replicadas posteriormente en las definiciones provistas por el Mecanismo
intersectorial para la protección de las personas defensoras de derechos
humanos y el Protocolo Sectorial para la protección de las personas
defensoras ambientales, donde se aterriza el concepto específico para las
personas dedicadas a la defensa del derecho a vivir en un ambiente sano.
Tabla 8.1. Concepto de defensor de derechos humanos en el Perú
Norma o política Definición
“Las defensoras y los defensores de derechos humanos son personas que
en circunstancias generalmente críticas adoptan la decisión, individual
Decreto Supremo o colectiva, de llevar a cabo una actividad legítima, remunerada o no,
que aprueba el consistente en exigir y promover, dentro del marco de lo normativamente
Plan Nacional de permitido, de manera pacífica y no violenta, la efectividad de derechos
Derechos Huma- vulnerados. Su esfuerzo suele hacerse manifiesto públicamente a través de
nos 2018-2021 demandas y reivindicaciones planteadas por las vías procesales regulares,
conformes con el propio marco que consagra los derechos fundamentales”.
(MINJUS, 2018, p. 127)
Continúa
261
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Norma o política Definición
“Artículo 3.–Definiciones
Para los fines de la presente norma, se tendrán en cuenta las siguientes
Mecanismo inter-
definiciones:
sectorial
(…)
para la protección
3.2. Persona defensora de derechos humanos: Persona natural que actúa de
de las personas
forma individual o como integrante de un colectivo, grupo étnico-cultural,
defensoras de
organización, entidad pública o privada, así como personas jurídicas, grupos,
derechos
organizaciones o movimientos sociales, cuya finalidad es la promoción,
humanos (2021)
protección o defensa de los derechos humanos, individuales y/o colectivos
de manera pacífica, dentro del marco del Derecho nacional e internacional”.
“Artículo 5.- Persona Defensora Ambiental
Protocolo Sec-
La persona defensora ambiental es una persona natural que actúa de forma
torial para la
individual o como integrante de un colectivo, grupo étnico-cultural, orga-
protección de las
nización, entidad pública o privada, así como personas jurídicas, grupos,
personas defen-
organizaciones o movimientos sociales, cuya finalidad es la promoción,
soras ambientales
protección o defensa del derecho a un medio ambiente sano y sostenible, de
(2021)
manera pacífica, dentro del marco del Derecho nacional e internacional”.
Fuente: Elaboración propia.
Cabe señalar que el atributo de la defensa “de manera pacífica”
recogido en el marco normativo peruano, específicamente parece ser un
atributo que podría limitar a los individuos y a los grupos que podrían ser
considerados en el marco de protección estatal para defensores de derechos
humanos y defensores ambientales2 . Esto no sugiere en n ingún momen-
to que los autores del presente capítulo consideren que los d efensores
ambientales deban recurrir a la violencia para la defensa de sus intereses3,
sin embargo, la característica de “defensa pacífica” podría atentar contra
la recomendación de la Comisión del Relator Especial sobre la situación
2
Es preciso indicar que este es un atributo que se menciona en el Informe del Relator
Especial sobre la situación de los defensores de los derechos humanos. El mencionado
documento indica que los defensores de derechos humanos ambientales son “personas y los
grupos que, a título personal o profesional y de forma pacífica, se esfuerzan por proteger y
promover los derechos humanos relacionados con el medio ambiente, en particular el agua,
el aire, la tierra, la flora y la fauna”.
3
En el caso de accionar violento por parte de algún defensor ambiental, bastaría que
el Estado peruano active las acciones penales correspondientes, por lo cual la inclusión del
“accionar pacífico” no parece el más adecuado, ni acorde a las definiciones internacionales
sobre defensores ambientales.
262
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
de los defensores de derechos humanos con respecto al respeto de dere-
chos fundamentales como el derecho a la huelga o a la protesta pacífica4.
En contextos como el peruano, sirve recordar episodios como el
“Baguazo”. En el año 2009 murieron 33 personas (policías e indígenas),
debido a que la comunidad de indígenas que vivía en la zona conocida
como “Curva del Diablo” iba a ser desalojada por enfrentarse a una
empresa minera que pretendía realizar actividades de extracción en sus
territorios. En el marco de esta lucha por la titularidad de sus tierras
y la protección de los ecosistemas, los miembros de la comunidad bien
pudieran haber sido calificados como “defensores violentos”, pese a que
no todos realizaron acciones violentas; la consecuencia sería que fueran
excluidos de la protección estatal para defensores ambientales. En ese
sentido, la consideración como defensor ambiental no puede estar supedi-
tada a la constatación de determinado atributo por parte de la autoridad,
sino que debería estar enfocada en el ejercicio de acciones relacionadas
con la defensa del ambiente. En definitiva, si bien a una persona que ha
cometido un delito o defiende el ambiente de forma violenta no se le puede
considerar defensor ambiental, es importante también advertir que este
atributo podría servir para que las autoridades excluyan de la protección
estatal a defensores pacíficos que realizan acciones de protesta en conjunto
con otras personas que sí pudieran tener comportamientos violentos.
8.2. Estatus de los derechos fundamentales
de los defensores ambientales en el Perú
8.2.1. Violaciones a los derechos humanos
de defensores ambientales en el Perú
La situación de las personas defensoras ambientales en el Perú es pre-
caria y riesgosa: se ha constatado en diversos reportes nacionales e
4
El punto 102 del Informe del Relator Especial de defensores de los derechos huma-
nos señala que los Estados deben “asegurar un enfoque preventivo para la seguridad de los
defensores de los derechos humanos ambientales, garantizando su participación significativa
en la adopción de decisiones”. Se estaría privando a los defensores de la protección especial
que el Estado peruano brinda en el marco del mippddh, si es que un funcionario considera
que una persona o un grupo no cumple con el requisito de defensa pacífica.
263
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
internacionales diferentes violaciones a sus derechos fundamentales,
entre las cuales resaltan aquellas relacionadas con el derecho a la vida y
la integridad. De acuerdo con Forst, esta situación ocurre debido a que
las tierras de comunidades indígenas, así como minorías étnicas y raciales
(origen de muchos de los defensores ambientales), suelen tener recursos
naturales que tienen un valor en el mercado y su explotación causa interés
en agentes formales e informales (Forst, 2018). Estos factores generan
conflictos por el territorio y los recursos naturales, entre comunidades y
diversos actores: las empresas, que buscan retorno económico procedente
de la extracción de recursos naturales; y los Estados, que viven una cons-
tante tensión entre la protección de los derechos y el otorgamiento de
títulos habilitantes a las empresas (Leyva & Cerami, 2021, p. 134). En el
caso peruano, habría que agregar que los casos judicializados demuestran
que las economías y los actores ilegales tienen un rol preponderante en la
extracción de recursos naturales de la tierra de defensores ambientales.
El Ministerio de Justicia y Derechos Humanos (minjusdh) ha
reseñado las principales amenazas que enfrentan los y las defensoras
ambientales en el Perú: homicidios, violaciones a la seguridad perso-
nal, agresiones de organizaciones criminales, ataques contra el honor y
estigmatizaciones (2021, p. 8). Asimismo, el Ministerio de Justicia ha
reportado a la Defensoría del Pueblo que desde el año 2014 hasta diciem-
bre del 2021 se han registrado 56 situaciones de riesgo contra personas
defensoras indígenas y ambientales (2021, p. 8).
Conforme al reporte “Una década de resistencia” de Global Witness,
entre el 2012 y el 2021, 51 defensores ambientales han sido asesinados
en el Perú (2021), una cifra que se incrementa a 96 si consideramos el
periodo 2002-2020 (Ojo Público, 2021). De acuerdo con la Defensoría
del Pueblo de Perú, entre los años 2021 y 2022 se han registrado doce
asesinatos de personas defensoras de derechos humanos ambientales,
principalmente en las regiones de Amazonas, Huánuco, Junín, Lamba-
yeque, Madre de Dios, Pasco y Ucayali (2021). De acuerdo con el reporte
del Ministerio de Justicia, se constata que casi el 80 % de los defensores
ambientales que han sido asesinados pertenecen a departamentos de la
Amazonía peruana (Defensoría del Pueblo 2021, p. 8), la región peruana
con mayor índice de biodiversidad y recursos naturales, pero en la cual
el nivel de presencia estatal es bajo, por la amplitud del territorio y la
264
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
dificultad en el acceso. Se constata en diversos casos que los asesinatos se
han producido debido a que los defensores ambientales se han enfrentado
al narcotráfico, al tráfico de tierras, a la tala y a la minería ilegal que día a
día van incrementando en nuestro país, dejando a familias desamparadas
y en situación de pobreza.
La situación de violencia que viven los defensores de derechos huma-
nos en el Perú ha sido reseñada en el documento “Observaciones finales
sobre el quinto informe periódico del Perú”, presentado ante el Comité
de Derechos Humanos del Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos (Pidesc, aprobado por el Comité en su 107º periodo de sesio-
nes del 11 al 28 de marzo del 2013). El Comité de Derechos Humanos
recomienda de manera enfática al Estado peruano que “investigue efec-
tivamente las denuncias de ataques o actos de violencia cometidos contra
defensores de los derechos humanos y periodistas” (OHCHR, 2013).
Según la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos (cndh),
en los últimos años se han registrado aproximadamente mil casos de
criminalización de personas defensoras de derechos humanos, de los
cuales más del 70 % está relacionado con casos de personas defensoras
del medio ambiente (Sierra, 2022). Uno de los principales problemas
que viven los defensores ambientales es la judicialización de su labor,
impulsada por personas inmersas en las actividades ilegales o que llevan
a cabo actividades que se contraponen con la conservación de los recur-
sos naturales. Así, se constatan casos como el de la comunidad nativa
Emanuel Varadero de Tibilo, cuyos integrantes han sido denunciados
por productores agropecuarios que están invadiendo sus tierras.
De acuerdo con el proyecto Prevenir de usaid, los principales acto-
res involucrados en perpetrar violaciones de derechos humanos son los
relacionados con las actividades ilegales como tala y minería ilegales,
deforestación, narcotráfico, productores agrarios sin permisos, entre otros
(2022b). Así, de acuerdo con la Comisión Nacional para el Desarrollo
de Vida sin Drogas, del 2019 al 2020 en el Perú ha aumentado el culti-
vo de hoja de coca en casi 7000 ha en la Amazonía, lo cual impacta en
actividades de deforestación, a la cual se oponen defensores ambientales
y por las cuales han sido asesinados en regiones como Ucayali (USAID,
2022a, p. 6). En regiones como Madre de Dios, la tala y la minería ile-
gal van de la mano: entre el 2005 y el 2012 se han deforestado 25 000
265
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
hectáreas de bosque tropical, actividad a la cual se enfrentan diversos
actores locales (spda). En Madre de Dios resalta el caso de Roberto
Carlos Pacheco Villanueva, quien fue asesinado en septiembre del 2020
por invasores de terrenos vinculados a la minería ilegal, luego de haber
presentado hasta siete denuncias por deforestación y usurpación de tierras
ante la Fiscalía de Madre de Dios (USAID, 2022a, p. 6).
Por otra parte, en Perú existe una vulneración directa al derecho a
la salud de los pueblos indígenas y las personas defensoras ambientales,
ya que el Estado no brinda las condiciones necesarias para que puedan
ejercer este derecho. Al respecto, el Mecanismo de Expertos de las
Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (medpi)
dio a conocer las dificultades y las brechas de los pueblos indígenas para
acceder a servicios sanitarios ante la falta de infraestructura de calidad
y equipamientos necesarios en los establecimientos de salud (Defensoría
del Pueblo, 2020).
8.2.2. Acceso a la justicia y defensores ambientales en el Perú
El Perú cuenta con un sistema de justicia ineficiente, lo que representa
un desafío pendiente para el acceso a la justicia de personas defensoras
ambientales. El caso más insigne sobre acceso a la justicia ambiental es
el del defensor ambiental Edwin Chota, de la comunidad Alto Tamaya-
Saweto: desde el año 2008 hasta el 2014 el defensor ambiental acudió
a diversas entidades con competencias en fiscalización ambiental para
denunciar la extracción ilegal de los recursos forestales. Esta situación
era compleja, debido a que las actividades ilegales eran realizadas tanto
por peruanos como por brasileños. Luego de seis años de lucha para la
protección de los bosques, el 5 de septiembre del 2014 fue encontrado
sin vida el cuerpo de Edwin Chota, así como de otros dirigentes de su
comunidad.
La situación de acceso a la justicia también se evidencia en los
casos en que se busca esclarecer delitos contra la vida y la integridad de
defensores ambientales. En el caso de Edwin Chota y cuatro dirigentes
ambientales, la carpeta fiscal se abrió el 8 de septiembre del 2014, acto
con el cual se inició la investigación preliminar por el plazo de sesen-
ta días. En el 2023, luego de nueve años, el Poder Judicial condenó a
veintiocho años de prisión a los madereros Hugo Soria Flores, Euricio
266
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
Mapes Gomez, José Estrada Huayta y los hermanos Segundo y Josimar
Atachi Félix, quienes fueron declarados culpables del homicidio doloso
de cuatro líderes asháninkas de Ucayali (Actualidad Ambiental, 2022).
Pese a ello, la Primera Sala Penal de Apelaciones de Ucayali anuló la
sentencia por vicios procesales, lo cual implicó que el juicio oral tuviera
que retomarse hacia finales del 2023; a casi diez años del asesinato de
los defensores ambientales, sus asesinos siguen impunes y las viudas no
tienen justicia.
En el caso Saweto se evidencia la vulneración del derecho de acceso
a la justicia y la tutela jurisdiccional efectiva. El derecho de acceso a la
justicia ambiental está consagrado en la Constitución Política del Perú y
radica en obtener, por parte de autoridades judiciales y administrativas,
soluciones rápidas, sencillas y efectivas con respecto a conflictos que se
originan por la afectación del ambiente y sus componentes (Benavente,
2015, p. 14). Es evidente que en este caso este derecho fue violado, debido
a que Edwin Chota y la Comunidad Alto Tamaya-Saweto no encontraron
solución expedita y tuvieron que luchar seis años hasta la muerte de los
defensores ambientales. Por otra parte, la tutela jurisdiccional efectiva,
entendida como “el derecho de toda persona a que se haga justicia, a que
cuando pretenda algo de otra, su pretensión sea atendida por un órgano
jurisdiccional a través de un proceso con garantías mínimas” (Gonzales,
1984, p. 29), también ha sido violado en el proceso penal para deter-
minar la responsabilidad de los autores de las muertes de los líderes de
la comunidad. En esa línea, la falta de diligencia en la conducción de
la investigación por parte del Ministerio Público ha sido la principal
causa de la violación de las garantías de plazo razonable y de debido
proceso, dado que en repetidas oportunidades se realizaron pedidos de
prórroga de plazo para ampliar las investigaciones pese a que se contaba
con testigos protegidos y diverso material probatorio para avanzar con
la investigación.
Como se analizará con más detalle en los siguientes acápites, pese a
las graves amenazas que sufren los y las defensoras de derechos humanos
ambientales en el país, existe una agenda pendiente de trabajo para asegu-
rar la plena vigencia de sus derechos. En esa línea, si bien el Perú cuenta
con un marco normativo para la protección de defensores ambientales,
lamentablemente el país no ha ratificado el Acuerdo de Escazú, a pesar
267
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
de haber sido uno de sus signatarios. Al respecto, en marzo del 2022 la
ministra del Ambiente Albina Ruiz reiteró la importancia de ratificar
este acuerdo e hizo un llamado al Congreso para que reconsiderara su
votación.
8.3. ¿Cuál es la respuesta del Estado peruano a nivel
normativo para la protección de los defensores ambientales?
8.3.1. Marco jurídico internacional
La cuarta disposición final y transitoria de la Constitución Política del
Perú establece que las normas relativas a los derechos y las libertades
que se establecen en este cuerpo normativo deben interpretarse de con-
formidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y con
los tratados y acuerdos internacionales sobre dichas materias que hayan
sido ratificados por el Perú. Así, todas las normas internacionales que
establecen disposiciones sobre derechos fundamentales o disposiciones
que pudieran ser aplicadas a defensores ambientales, deben ser aplicadas
en el derecho interno peruano. Sin perjuicio de la extensa normativi-
dad internacional sobre derechos humanos que es aplicable al Perú, las
siguientes líneas se centrarán en aquellos instrumentos más específicos
y relacionados con la labor de los defensores ambientales.
La Declaración sobre los defensores y las defensoras de los derechos
humanos de 1999 es uno de los primeros instrumentos internacionales
aplicables al Perú en materia de defensores ambientales. Esta decla-
ración estipula la necesidad de proporcionar apoyo y protección a los
defensores en el contexto de su labor y resalta derechos reconocidos en
otros instrumentos internacionales que son especialmente relevantes
en el marco de las actividades que estos realizan. Asimismo, se establece
que los Estados deben proteger, promover y hacer efectivos los derechos
humanos, así como garantizar que todas personas que estén sometidas
a su jurisdicción puedan disfrutar sus derechos y libertades sociales,
económicas y políticas. Por último, se detallan las responsabilidades
de todas las personas de fomentar el respeto a los derechos humanos,
salvaguardando la democracia.
En el contexto americano, la Corte idh ha establecido en diversos
casos, obligaciones que deben cumplir Estados americanos como el Perú
268
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
en materia de defensores de derechos humanos. En la sentencia del 26 de
septiembre del 2018 del caso Escaleras Mejía y otros vs. Honduras, la Corte
idh ha establecido la relevancia del rol de los defensores de derechos
humanos en la sociedad, los cuales contribuyen de manera esencial a la
observancia de los derechos humanos y son actores que complementan
el rol de los Estados y del sistema interamericano en su conjunto. En
el numeral 60 de la mencionada sentencia, se ha establecido que en el
Sistema Interamericano de Derechos Humanos no se ha establecido un
único derecho que garantice la labor de promoción y protección de los
defensores ambientales, sino que se establece una multiplicidad, siendo
el principal el derecho a defender los derechos humanos y el deber corre-
lativo de los Estados de protegerlo5.
En la misma línea, la Comisión Interamericana de Derechos Huma-
nos (cidh) cuenta con una guía práctica sobre lineamientos y recomenda-
ciones para la elaboración de planes de mitigación de riesgos de personas
defensoras de derechos humanos. Este documento señala que los Estados
deben fomentar acciones que difundan el respecto de los derechos de
las personas defensoras, tales como: combatir los discursos de odio,
discriminación, hostilidad o violencia hacia ellas y su trabajo; evitar la
manipulación del sistema de justicia con el fin de hostigar y perjudicar
la labor de las personas defensoras; y no restringir, obstaculizar y/o
criminalizar su derecho de reunión y la protesta social pacífica (2020).
Del mismo modo, se establece la obligación de prevenir los riesgos a los
que se enfrentan las personas defensoras, así como la obligatoriedad de
contar con un marco legal y políticas de prevención que respondan a los
reclamos efectuados por las personas defensoras de derechos humanos.
Asimismo, esa guía establece que los estados deben conocer y contar
con un registro de información sobre las principales amenazas que los
5
Se menciona en la sentencia señalada diversas normas interamericanas promovida
por la oea: “Defensores de los derechos humanos en las Américas. Apoyo a las tareas que
desarrollan las personas, grupos y organizaciones de la sociedad civil para la promoción
y protección de los derechos humanos en las Américas”, AG/RES. 1671 (XXIX-O/99);
“Defensoras y los defensores de derechos humanos” AG/RES. 1711 (XXX-O/00), AG/
RES. 1818 (XXXI-O/01), AG/RES. 1842 (XXXII-O/02), AG/RES. 1920 (XXXIII-
O/03), AG/RES. 2036 (XXXIV-O/04), AG/RES. 2177 (XXXVIO/06), AG/RES. 2280
(XXXVII-O/07), AG/RES. 2412 (XXXVIII-O/08), y AG/RES. 2517 (XXXIX-O/09).
269
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
afectan para diseñar políticas de prevención. Finalmente, se indica que
los Estados deben capacitar y sensibilizar a los funcionarios públicos y a la
sociedad en general sobre la importancia de las labores de los defensores
y su reconocimiento público.
A nivel latinoamericano, el principal tratado que incluye en sus
disposiciones sobre los defensores ambientales es el Acuerdo Regional
sobre el Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso
a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y el Caribe,
también conocido como Acuerdo de Escazú. El artículo 9 del Acuerdo
se refiere a los defensores de derechos humanos en asuntos ambientales,
y se establecen disposiciones para garantizar que tendrán un entorno
seguro y propicio para que puedan actuar sin amenazas, restricciones e
inseguridades, que es lo que más viven. El mencionado artículo también
señala que los Estados parte deberán tomar medidas adecuadas y efec-
tivas para reconocer, proteger a cada uno de ellos, como también optar
por medidas apropiadas para sancionar los ataques, las amenazas o las
intimidaciones que puedan sufrir cumpliendo su rol como defensores
ambientales.
Infortunadamente, el Acuerdo de Escazú no es aplicable en el Perú,
en cuanto no ha sido ratificado. Existen tres momentos claves para enten-
der el estatus actual del acuerdo en el Perú: primero, la suscripción del
texto del acuerdo, el 27 de setiembre de 2018; segundo, el perfecciona-
miento del acuerdo al derecho nacional, para lo cual el Poder Ejecutivo
elabora un expediente técnico; y finalmente, el proceso de debates en la
Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso del Perú sobre la pro-
puesta de resolución legislativa que aprueba la ratificación del Acuerdo
de Escazú. Este proceso fue complejo para el Estado peruano por la
campaña impulsada por sectores conservadores que consideraban al tra-
tado como “peligroso para el país y sus recursos naturales”. Es así como
en agosto del 2021 la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso
de la República decidió archivar el proyecto legislativo, por una posible
afectación del principio de soberanía estatal sobre los recursos naturales.
8.3.2. Constitución Política del Perú de 1993
Si bien la Constitución Política de 1993 no tiene ningún artículo
directamente referido a defensores de derechos humanos o defensores
270
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
ambientales, cuenta con una gama de derechos fundamentales sobre la
base de los cuales se puede establecer su protección. Así, la Constitución
recoge la defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad (art. 1),
el derecho a la vida (art. 2.1), la identidad (art. 2.1), integridad moral,
psíquica y física (art. 2.1), a su libre desarrollo y bienestar (art. 2.1), a la
igualdad ante la ley (art. 2.2), a asociarse (art. 2.13), a la participación
en la vida política, económica, social y cultural de la Nación (art. 2.17),
a la legítima defensa (art. 2.23), a la libertad y a la seguridad personales
(art. 2.24), entre otros). Mención especial merece el artículo 2.22, el
cual establece que toda persona tiene derecho a gozar de un ambiente
equilibrado y adecuado al desarrollo de su vida, el cual inspira el artículo
I de la Ley 28622, Ley General del Ambiente, que dispone que toda
persona tiene el derecho irrenunciable a vivir en un ambiente saludable,
equilibrado y adecuado para el pleno desarrollo de la vida, y el deber de
contribuir a una efectiva gestión ambiental y de proteger el ambiente,
así como sus componentes, asegurando particularmente la salud de las
personas en forma individual y colectiva, la conservación de la diversidad
biológica, el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales y el
desarrollo sostenible del país.
De tal manera, la Constitución Política del Perú cuenta con disposi-
ciones en materia de recursos naturales y de sostenibilidad (artículos 66
a 69), apartado que ha sido denominado “Constitución ecológica” por el
Tribunal Constitucional del Perú en su jurisprudencia. El artículo 66,
que habla sobre los recursos naturales, indica que “Los recursos naturales,
renovables y no renovables, son patrimonio de la Nación. El Estado es
soberano en su aprovechamiento. Por ley orgánica se fijan las condiciones
de su utilización y de su otorgamiento a particulares. La concesión otorga
a su titular un derecho real, sujeto a dicha norma legal”. Este artículo
es de vital importancia para defensores ambientales, ya que al ser los
recursos naturales patrimonio de la Nación, los defensores ambientales
ayudan al Estado en su protección.
Asimismo, el artículo 67 establece que el Estado es el principal pro-
motor del uso sostenible de los recursos naturales, texto que sirve de base
y fundamento para la labor de los defensores ambientales sobre el uso
adecuado que se le debe dar a los recursos naturales. En la misma línea,
el artículo 68 menciona la obligación del Estado peruano de promover
271
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
la conservación de la diversidad biológica y de las áreas naturales prote-
gidas. Al respecto, el Tribunal Constitucional peruano ha señalado que,
en nuestro sistema constitucional, los derechos fundamentales vinculan
tanto al Estado como a los particulares, con lo cual se puede hablar de
la responsabilidad del Estado y de los particulares cuando realizan acti-
vidades que dañan o pueden dañar el medio ambiente. En este caso, el
artículo es base para el trabajo de defensores ambientales, porque varias
de sus luchas tienen una relación directa con la protección de la biodi-
versidad de nuestro país y muchos de ellos son líderes de comunidades
indígenas ubicadas dentro de áreas naturales protegidas.
Por último, el artículo 69 hace referencia al desarrollo de la Amazonía
peruana, y que señala que el Estado es el principal promotor para que
la Amazonía se desarrolle de acuerdo con una legislación adecuada para
esta. Se recuerda en este punto que la mayoría de los casos de agresiones
y asesinatos a defensores y defensoras ambientales en el Perú se relaciona
con esta región del país, por la gran riqueza de recursos naturales que
contiene, así como una de las muestras de biodiversidad más ricas del
planeta.
8.3.3. Normas con rango de ley
Lamentablemente, el Perú no cuenta con normas con rango de ley directa-
mente relacionadas con la protección de los defensores y las defensoras de
los derechos humanos y las personas defensoras ambientales. No obstante,
existen normas generales relacionadas con su labor, como la Ley General
del Ambiente, la cual establece disposiciones sobre las obligaciones y
deberes del Estado, así como de particulares, relativas a la conservación
y el uso sostenible de los componentes ambientales del Perú. Asimismo,
la Ley 28736 formula la protección de pueblos indígenas u originarios
en situación de aislamiento y en situación de contacto inicial (piaci), el
cual tiene como primer enfoque poder establecer un régimen especial
para la protección de los derechos de los pueblos indígenas; asimismo,
destaca que las personas de pueblos indígenas en situación de aislamiento
se encuentran en situación de vulnerabilidad y por eso deben recibir una
protección especial por parte del Estado peruano a través del Ministerio
de Cultura, como ente rector en temas de interculturalidad en el país, así
como de otras entidades competentes para asegurar su salud y seguridad,
272
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
además de otros aspectos de especial importancia para su supervivencia.
La relación de esta norma con las personas defensoras ambientales es
que en el Perú la gran mayoría de ellas pertenece a pueblos indígenas,
en especial a los piaci.
A inicios del año 2023, un grupo de parlamentarios peruanos propuso
una la iniciativa legislativa relacionada con defensores ambientales: el
proyecto 6762/2020-CR–“Proyecto de Ley que reconoce y protege a los
defensores de derechos ambientales”, el cual tuvo por objetivo estable-
cer un marco normativo para reconocer y proteger a los defensores, así
como establecer obligaciones y deberes para que las autoridades hagan
efectivos los mecanismos de protección y no se vulneren sus derechos en
el cumplimiento de sus labores. Lastimosamente, si bien el proyecto fue
evaluado por la Comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afrope-
ruanos, Ambiente y Ecología del Congreso, así como por la de Justicia
y Derechos Humanos, se envió el proyecto al archivo por Acuerdo del
Consejo Directivo N.° 19-2021-2022/consejo-cr, debido a que terminó
el periodo congresal y se cambiaron las autoridades.
8.3.4. Normas con rango reglamentario o infralegal
El Plan Nacional de Derechos Humanos del 2018 al 20216 (pndh) es una
de las primeras normas del Estado peruano que consideran a las perso-
nas defensoras de derechos humanos y ambientales como una población
vulnerable, por lo cual establece como su objetivo principal garantizar el
ejercicio seguro y la igualdad de condiciones en sus labores. Al respecto,
el pndh establece como acción estratégica el fomento de mecanismos
para garantizar el ejercicio seguro de la labor pacífica y no violenta,
retribuida o gratuita, de los defensores de derechos humanos en todo
el territorio nacional. En esa línea se establecen dos metas: i) Al 2019
se debía implementar un registro de situaciones de riesgo de defensores
6
En la actualidad, este es un instrumento cuya vigencia ha concluido. Se viene ela-
borando la Política Nacional Multisectorial de Derechos Humanos (pnmdh al 2030), con
base en la resolución ministerial 0063-2022-JUS. La pnmdh se formulará con un horizonte
temporal al 2030 y tendrá como propósito lograr la acción coordinada de las distintas ins-
tancias del Estado, a fin de atender la problemática de la desigualdad en el ejercicio de los
derechos humanos y la discriminación estructural.
273
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
de derechos humanos; ii) Al 2021 se debía establecer un mecanismo
implementado para la protección de defensoras y defensores de derechos
humanos. Ambas metas se han cumplido antes de concluir la vigencia
del pndh y siguen siendo implementadas con el liderazgo del Ministerio
de Justicia y Derechos Humanos. Mediante la Resolución Ministerial
0255-2020-JUS se estableció el “Registro sobre Situaciones de Riesgo
de personas defensoras de derechos humanos” y los “Lineamientos para
el funcionamiento del Registro sobre Situaciones de Riesgo de perso-
nas defensoras de derechos humanos”. Ambos dispositivos establecen
principios, enfoques, fuentes y criterios que regulan la estructura y el
funcionamiento del registro.
Por otra parte, mediante Decreto Supremo 004-2021, se crea el
“Mecanismo intersectorial para la protección de las personas defensoras
de derechos humanos” (mipddh), el cual busca establecer medidas para
garantizar la protección, la prevención y el acceso a la justicia de las
personas defensores en las situaciones de riesgo que se presenten como
consecuencia de sus actividades, así como los principios, las medidas
y los procedimientos que garanticen la prevención, la protección y el
acceso a la justicia de los defensores ante las situaciones de riesgo de sus
actividades. Son integrantes de este mecanismo: el Ministerio de Justi-
cia y Derechos Humanos, el Ministerio del Interior, el Ministerio del
Ambiente, el Ministerio de Cultura, el Ministerio de la Mujer y Pobla-
ciones Vulnerables, el Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ministerio
de Energía y Minas, y el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego.
Posteriormente, mediante Decreto Supremo 002-2022-jus, incorporan a
devida como parte de las entidades vinculadas al mipddh, en la medida
que sus funciones repercuten positivamente en la protección de personas
defensoras de derechos humanos; asimismo, se realizan precisiones sobre
las funciones de sus integrantes.
Uno de los hitos más importantes a nivel normativo para la pro-
tección de los y las defensoras ambientales es la Resolución Ministerial
134-2021-MINAM, la cual aprueba el “Protocolo Sectorial para la
protección de las personas defensoras ambientales, mediante el cual se
implementan medidas de prevención, reconocimiento y protección a
cargo del Sector Ambiente para así poder fortalecer las capacidades de
las personas defensoras ambientales e indígenas, como también poder
274
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
brindar una protección asegurada, reconocer las situaciones de riesgo y
eliminarlas para que los defensores puedan estar en una situación tran-
quila. En el protocolo se menciona a la Unidad Funcional de Delitos
Ambientales (Unida), a la que se le asignan funciones como el fortaleci-
miento de las capacidades de las personas defensoras indígenas y defen-
soras ambientales, encargarse de la coordinación para implementar el
middh, elaborar el informe sobre la situación de las personas defensoras
ambientales, entre otros.
A nivel sectorial, también el Ministerio del Interior ha aprobado nor-
mativa para la protección de defensores de derechos humanos: la Direc-
ción General de Gobierno Interior, del Ministerio del Interior, mediante
Resolución Directoral 054-2021-IN-VOI-DGIN, de 22 de junio del
2021, aprueba el Protocolo N.° 001-2021-IN-VOI-DGIN–“Protocolo de
Atención para el Procedimiento de otorgamiento de Garantías Persona-
les a las personas defensoras de los Derechos Humanos”. Por medio de
esta norma, se establece que los defensores ambientales tienen derecho
a recibir una atención de forma inmediata y oportuna frente a cualquier
acto de amenaza o cualquier actitud que afecte su integridad física, psi-
cológica o su tranquilidad, mediante la solicitud de garantías personales.
Asimismo, en la Resolución Directoral 319-2022-IN-VOI-DGIN se
establece el protocolo 001-2022-IN-VOI-DGIN, “Lineamientos para
al procedimiento a desarrollar ante incumplimiento de resoluciones de
garantías personales”, mediante el cual se establece el procedimiento para
señalar las consecuencias para las personas que incumplan las disposicio-
nes de las resoluciones de garantías personales, lo cual es especialmente
importante para la protección efectiva de defensores de derechos humanos
frente a amenazas.
Por otra parte, el Ministerio de Cultura cuenta con la Directiva 001-
2022-VMI/MC, “Directiva para la adopción de medidas de prevención
de situaciones que pongan en riesgo a las personas indígenas u originarias
y del pueblo afroperuano defensoras de sus derechos colectivos en el mar-
co del Decreto Supremo 004-2021-JUS y las competencias del Ministerio
de Cultura”, en la cual se identifica al Despacho Viceministerial de Inter-
culturalidad como responsable de monitorear la adopción de medidas
de prevención de situaciones que pongan en riesgo a las personas de
pueblos indígenas u originarios y del pueblo afroperuano defensoras de
275
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
sus derechos colectivos, y se establece que las direcciones desconcentra-
das de cultura ejecutan actividades enfocadas en este grupo poblacional.
Los organismos constitucionalmente autónomos como la Defensoría
del Pueblo también cuentan con normativa para la protección de defenso-
res de derechos humanos. La Resolución Administrativa No 029-2020/
DP-PAD aprueba los “Lineamientos de intervención defensorial frente
a casos de defensores de derechos humanos”, la cual tiene por objetivo
establecer criterios y las pautas de actuación que permitan una buena
intervención de la Defensoría del Pueblo en relación con quejas, peti-
torios y consultas en las oficinas frente a vulneración de derechos de los
defensores de derechos humanos, incluidos los defensores ambientales.
Por otra parte, el Ministerio Público ha aprobado la Resolución
439-2022-MP-FN que implementa el “Protocolo de Actuación Fiscal
para la Prevención e Investigación de los Delitos en agravio de Personas
Defensoras de Derechos Humanos”, el cual tiene por objetivo la preven-
ción y la investigación de los delitos en agravio de personas defensoras
de derechos humanos y establecer herramientas para los delitos come-
tidos hacia los defensores ambientales, para así garantizar una efectiva
actuación de la Fiscalía, de acuerdo con los estándares internacionales.
Este protocolo es especialmente relevante en la medida que establece una
identificación de diversos supuestos de defensores de derechos humanos y
proporciona una definición de personas defensoras del medio ambiente7,
además de identificar una serie de acciones que desarrollan las personas
defensoras de derechos humanos, lo cual permite una mejor comprensión
de la labor que realizan y tomar medidas adecuadas para la investiga-
ción de los delitos asociados.
En materia de justicia penal, en el año 2021 el Ministerio del
Ambiente (Minam) creó mediante Resolución de Secretaría General
028-2021-minam, la Unidad Funcional de Delitos Ambientales (Uni-
da), que tiene como fin fortalecer la articulación para la prevención y la
7
El artículo 5.1.6 del mencionado protocolo señala que las personas defensoras del
medio ambiente son personas, grupos u organizaciones que se esfuerzan, individual o
colectivamente, y de manera pacífica, en proteger y promover los derechos humanos rela-
cionados con el agua, el aire, la tierra, la flora y la fauna. El concepto lo establece con base
en la Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas A/71/281.
276
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
reducción de los delitos ambientales entre las entidades que conforman
el Sistema Nacional de Gestión Ambiental, a fin de colaborar con las
instituciones responsables de la administración de justicia, así como
promover el reconocimiento y la protección de las personas defensoras
ambientales, con énfasis en los delitos de tala ilegal, tráfico ilícito de
vida silvestre y minería ilegal en la Amazonía peruana (usaidb, 2022)
y tiene como objetivos principales: “i) Generar información, análisis y
propuestas para prevenir y reducir los delitos ambientales, ii) Colaborar
con las demás entidades competentes en la implementación de las medidas
de reconocimiento y protección de defensores y defensoras ambientales y
iii) Establecer un trabajo mucho más articulado entre las entidades que
conforman el Sistema Nacional de Gestión Ambiental y las Entidades
de Administración de Justicia” (Ministerio del Ambiente, 2021).
Desde la creación de la Unida, el Ministerio del Ambiente para
reducir la cifra de delitos ambientales y mejorar la justicia ambiental creó
el Programa de capacitación sobre mecanismos de protección a favor de
las personas defensoras ambientales y estrategias para prevenir los delitos
ambientales, el cual tiene como finalidad capacitar a los representantes
de la sociedad para que puedan conocer y aplicar el marco normativo de
protección de defensores y defensoras ambientales e informar sobre las
estrategias dadas para poder prevenir dichos delitos. En esta capacita-
ción se contó con la participación del Ministerio de Justicia y Derechos
Humanos, el Ministerio de Cultura, el Ministerio de la Producción, el
Organismo de Supervisión de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre
(Osinfor), la Defensoría del Pueblo, el Proyecto Prevenir, la Sociedad
Peruana de Derecho Ambiental (spda), la Asociación para la Conserva-
ción de la Cuenca Amazónica en calidad de ponentes; aproximadamente
doscientas personas de diversas regiones del Perú participaron (Minis-
terio del Ambiente, 2021).
También, se han creado mesas regionales para los y las defensoras de
los derechos humanos en departamentos de la Amazonía como Madre
de Dios, San Martín y Ucayali. Esta iniciativa busca ofrecer una mejor
protección para los defensores de derechos humanos ambientales, con
“el fin de concertar y fortalecer acciones intersectoriales y entre los dis-
tintos niveles de gobierno contra los peligros que afrontan estos actores,
especialmente quienes defienden los derechos de los pueblos indígenas y
277
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
los derechos ambientales” (Ministerio de Justicia y Derechos Humanos,
2022). En esa misma línea, se indicó que “el Poder Ejecutivo viene impul-
sando una estrategia de intervención multisectorial y con enfoque territo-
rial para adoptar medidas frente a los riesgos que afrontan estas personas,
quienes pese al importante rol que cumplen en nuestra sociedad, sufren
ataques, amenazas o cualquier otra acción que perturba el desarrollo de
sus actividades” (Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, 2022).
En conclusión, el Perú cuenta con un importante marco normativo
para la protección de los defensores de derechos humanos como la apro-
bación de los lineamientos para la implementación de las medidas de
protección o medidas urgentes de protección, conforme a lo dispuesto
en la segunda disposición complementaria final del Decreto Supremo
004-2021-jus, por parte del Ministerio del Interior. Asimismo, todavía
existen oportunidades de mejora en la legislación penal para prevenir
delitos contra los defensores ambientales, sobre todo los que atentan
contra su vida.
8.4. Desafíos pendientes a nivel normativo para
la protección de defensores ambientales en el
Perú: ¿es suficiente la regulación existente para
garantizar la plena vigencia de sus derechos?
8.4.1. Priorización de la ratificación e
implementación del Acuerdo de Escazú
El Acuerdo de Escazú es el primer instrumento jurídico a nivel regional
que establece de manera vinculante la protección de personas defensoras
ambientales y reconoce la obligación de los Estados de reconocer, prote-
ger y promover los derechos humanos en asuntos ambientales, así como
la obligación de tomar medidas apropiadas, efectivas y oportunas para
prevenir, investigar y sancionar ataques, amenazas o intimidaciones. Pese
a la importancia de estas disposiciones para defensores ambientales, el
camino para la ratificación del Acuerdo de Escazú en el Perú lamenta-
blemente no ha sido fructífero.
El origen del Acuerdo de Escazú se encuentra ligado al Principio 10
de la Declaración de Río, que fomenta un marco de democracia ambien-
tal, participación ciudadana, reconocimiento del derecho al acceso a la
278
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
información y a la justicia en materia ambiental. La Decisión de Santiago,
surgida en la reunión de Río +20, se considera el inicio del camino de la
etapa de negociación de los 19 países signatarios de América Latina y
el Caribe; a dicho efecto se constituye una mesa directiva presidida por
Chile y Costa Rica como copresidentes, y con Argentina, Perú, México,
San Vicente y las Granadinas y Trinidad y Tobago como miembros parte
(Clínica de Litigación Ambiental Científica 2020, p. 7).
El texto del Acuerdo de Escazú se consensuó el 4 de marzo del
2018 en la última reunión del Comité Negociador en Escazú, Costa
Rica. Al respecto, el Perú suscribió el Acuerdo el 27 de setiembre del
2018, mediante resolución suprema 183-2018-RE, y posteriormente el
Poder Ejecutivo elaboró el expediente técnico mediante la resolución
suprema 123-2019-RE, la cual remitió al Congreso de la República
para su ratificación8. Así, se estableció el proyecto de resolución legis-
lativa 4645/2019-PE, recibido el 5 de agosto del 2019. Es importante
entender que en dicho periodo el Ejecutivo y el Legislativo vivían una
confrontación constante que culminó con el cierre del Congreso el 30
de septiembre del 2019, mediante Decreto Supremo 165-2019-PCM, el
cual acuerda la convocatoria a nuevas elecciones legislativas.
El 20 de octubre del 2020, la Comisión de Relaciones Exteriores
del Congreso decidió el archivo del proyecto de resolución legislativa
con nueve votos de las bancadas de Fuerza Popular, Podemos, Acción
Popular, frepap y upp. En febrero del 2022, la Junta de Portavoces
decidió no exonerar de dictamen de comisión al proyecto de resolución
legislativa que proponía aprobar dicho tratado internacional mediante
un debate en el próximo pleno (Actualidad Ambiental, 2022). Los
fundamentos que se utilizaron para dictaminar el archivo del acuerdo
fueron: primero, la posible afectación al modelo de desarrollo sostenible
del Perú; y segundo, la posible afectación del principio de la soberanía
estatal sobre los recursos naturales. Durante dichas discusiones, entró
en vigor el Acuerdo de Escazú y el Perú quedó relegado en la región,
8
El Ejecutivo, dirigido por el presidente Martín Vizcarra, envió al Congreso un expe-
diente que recomendaba la ratificación del Acuerdo, donde incluía informes favorables de
la Defensoría del Pueblo, el Ministerio Público, el Poder Judicial y diez de los diecinueve
ministerios (Clínica de Litigación Ambiental Científica 2020, p. 11).
279
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
siendo uno de los pocos países en Latinoamérica que no han ratificado
este importante instrumento para la defensa de los derechos humanos
en materia ambiental.
El Acuerdo de Escazú es el primer tratado regional ambiental y de
derechos humanos ambientales en América Latina y el Caribe y el primer
instrumento legalmente vinculante en el mundo que incluye disposiciones
sobre personas defensoras ambientales. Este tratado desarrolla cuatro ejes
temáticos: el derecho de acceso a la información ambiental, el derecho
de acceso a la participación pública, el derecho de acceso a la justicia
ambiental y disposiciones sobre defensores y defensoras de los derechos
humanos en asuntos ambientales.
El Acuerdo de Escazú recoge al principio propersona que se encuen-
tra establecido en su artículo 3, el cual implica la realización de ajustes en
el sistema legislativo para elevar las condiciones y los niveles en materia
de derechos e institucionalidad ambiental, procurando que sean prote-
gidos los agentes que más lo necesitan, aquellos que son vulnerados en
el ejercicio de funciones específicas, como el caso de los y las defensoras
ambientales, que promueven un derecho esencial como el derecho a vivir
en un ambiente sano, recogido en diversos instrumentos internacionales
y la Constitución Política del Perú. El principio propersona busca la
aplicación e interpretación del ordenamiento más favorable a la persona
y se encuentra intrínsecamente relacionado con la dignidad humana,
prevista en el artículo 1 de la Constitución Política del Perú. La digni-
dad humana y el principio pro homine son principios fuente del derecho
constitucional y también del derecho internacional relacionado con los
derechos humanos, como lo han establecido múltiples documentos de
Naciones Unidas. La Constitución Política del Perú establece que la
dignidad humana abarca bienes jurídicos más allá de los que positiva-
mente se consagra en este cuerpo normativo y que la base de los dere-
chos fundamentales no debe estar al libre arbitrio de la interpretación
de los jueces, sino en concordancia con una interpretación indubio pro
homine correcta (Landa 2000, p. 15). En esa línea de ideas, es de suma
importancia la ratificación del Acuerdo de Escazú, debido a que al ser
un tratado de derechos humanos se ubicaría a nivel constitucional, de
acuerdo con lo previsto en la cuarta disposición complementaria y final
de la Constitución Política del Perú. Así, se genera mayor seguridad
280
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
jurídica para los derechos de acceso en materia ambiental de todas las
ciudadanas y ciudadanos peruanos, así como para defensores ambientales,
en la medida que se establecen obligaciones estatales de protección para
este grupo. Cabe añadir que el Acuerdo de Escazú busca la promoción
del libre acceso a la información pública en materia ambiental por parte
de la ciudadanía de los Estados parte, promueve disposiciones para una
mayor participación ciudadana en decisiones ambientales y fomenta el
acceso a la justicia en asuntos ambientales.
Es cierto que el Perú ya cuenta con un marco normativo en materia
de derechos de acceso, la ratificación del Acuerdo de Escazú brindaría
no solo mayor seguridad jurídica, al ubicarse estos derechos en el rango
constitucional, sino que permitiría especificar algunos compromisos y
alcances. En el caso del derecho de acceso a la información pública, por
ejemplo, si bien el Perú cuenta con una norma general sobre el acceso a
la información y algunas disposiciones en la Ley General del Ambiente
sobre esta materia, aún no cuenta con una ley específica de acceso a la
información ambiental. Sobre este punto se ha señalado que si bien
las normativas generales sobre el acceso a la información comparten
principios con las normativas sobre acceso a la información ambiental,
existe una diferencia de contenidos, que el Acuerdo de Escazú plantea y
amplía, incluyendo formas de registro de la información y riesgos sobre al
ambiente y la salud (Jiménez 2021, p. 46). Las especificaciones que aporta
el Acuerdo de Escazú sobre los derechos de acceso en materia ambiental
son convenientes para el desarrollo de los derechos fundamentales que
son instrumentales para el desarrollo de las actividades y la protección
de los defensores ambientales.
En el caso de las disposiciones relativas a defensores ambientales, el
acuerdo es especialmente importante dado que incorpora los artículos 4,
6 y 9, que constituyen las primeras normas internacionales con carácter
vinculante, y es resultado “del trabajo de las redes locales y regionales
de organizaciones de la sociedad civil que, en las últimas décadas, han
venido participando y realizando incidencia en dos foros internaciona-
les distintos de debate público: el desarrollo sostenible y los derechos
humanos” (Hurtado, 2020). El Acuerdo de Escazú es el primer tratado
internacional que recoge compromisos estatales en materia de perso-
nas defensoras de derechos ambientales, lo cual refuerza disposiciones
281
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
internacionales que previamente ya establecen compromisos generales
sobre derechos humanos o defensores de derechos humanos, sobre todo
aquellos relacionados con la defensa física del defensor, pero también de
su entorno familiar y laboral (Leyva & Cerami, 2021, p. 137).
8.4.2. Modificación del Código Penal para asegurar justicia
en los casos de homicidios y asesinatos de defensores ambientales
El Código Penal de 1991 es la principal norma sustantiva que tipifica
delitos en el Perú. Durante los últimos años, el Código Penal ha sufrido
modificaciones enfocadas en agregar tipos penales contra grupos vulne-
rables, con el objetivo de cumplir la finalidad de prevención general del
delito, en su variable positiva y negativa. Así, en el caso de defensores
ambientales, al ser un grupo vulnerable con amenazas para su vida y su
integridad, diversas voces han planteado una penalización especial para
los casos de homicidios y otros delitos contra su salud. En ese hilo de
ideas, el 6 de enero del 2022, la congresista Heidy Juárez Calle, integran-
te del Grupo Parlamentario Alianza Para el Progreso (app) presentó el
proyecto de Ley N.° 1106/2021–CR, el cual incorpora en el Código Penal
como agravante de los delitos de homicidio calificado y lesiones graves
cuando la víctima tenga la condición de guardaparque, líder y/o defensor
ambiental. Tal como se detalla en el artículo 1, el objeto de la presente
ley es modificar el Código Penal a efectos de incorporar en los delitos
de homicidio calificado y de lesiones graves, previstos en los artículos
108-A° y 121°, respectivamente, un agravante referido a la condición del
sujeto pasivo, cuando se trate de una persona que tenga la condición de
guardaparque, líder o de defensor ambiental. Se busca que se modifique
el artículo 108-A del Código Penal, incorporando al líder o defensor del
medio ambiente como sujeto pasivo o víctima, lo que agrava la sanción
del tipo penal, en los siguientes términos:
Artículo 108-A.- Homicidio Calificado por la Condición de la
víctima:
El que mata a uno de los altos funcionarios comprendidos en el
artículo 39 de la Constitución Política del Perú, a un miembro de
la Policía Nacional, de las Fuerzas Armadas, a un Magistrado del
282
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
Poder Judicial o del Ministerio Público o a un Miembro del Tri-
bunal Constitucional o a cualquier autoridad elegida por mandato
popular, en el ejercicio de sus funciones o como consecuencia de
ellas, será reprimido con pena privativa de libertad no menor de
25 años ni mayor de 35 años.
La misma pena se impondrá al que mata a quien tiene la
condición de guardaparque, líder y/o defensor ambiental, a con-
secuencia de sus acciones de defensa del medio ambiente.9
En cuanto al artículo 121 del Código Penal, se pretende que se agre-
gue el inciso 6, de modo que la pena privativa de libertad será no menor
de seis años ni mayor de doce años cuando concurra cualquiera de las
siguientes circunstancias agravantes: “6. La víctima cumple funciones
de guardaparque o tiene la condición de líder y/o defensor ambiental,
y es lesionada como consecuencia de sus acciones de defensa del medio
ambiente”. Dentro de la exposición de motivos, se justifican estos cambios
en cuanto se pretende proteger el bien jurídico en los delitos contra la
vida, el cuerpo y la salud en el marco de la política criminal del Estado.
El proyecto de ley tiene un enfoque en el delito de homicidio y en el de
lesiones, que constituyen, sin duda alguna, la vida, la integridad tanto
física como psíquica y, por supuesto, la salud, entendida como el estado
en el cual el ser humano desarrolla sus actividades y su proyecto de vida
de manera plena, sin ningún tipo de afectación.
Esta propuesta responde también a que uno de los deberes primordia-
les del Estado peruano es proteger a la población de las amenazas contra
su seguridad. En ese sentido, surge la responsabilidad estatal orientada
a proteger a la población con respecto a la actividad criminal, combatir
la delincuencia y establecer sanciones penales en función del grado de
reproche social de las conductas criminales; por estas consideraciones el
“[…] Estado no debe buscar solamente la resocialización del condenado,
sino que debe proteger a la población reprimiendo las conductas crimi-
nales […], ello en virtud de lo establecido en la sentencia recaída en el
Exp. N° 007-2018-PI/TC. Silvana Baldovino directora del Programa de
9
La negrita ha sido añadida por los autores para resaltar el cambio legislativo propuesto
283
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Biodiversidad y Pueblos Indígenas de la Sociedad Peruana de Derecho
Ambiental, señala que “es sumamente importante que se investiguen
adecuadamente los ataques y amenazas a personas defensoras y es fun-
damental que se castigue de forma ejemplar para detener la impunidad
con que actúan los perpetradores” (SPDA, 2020).
En la exposición de motivos del mencionado proyecto n ormativo se
recoge el pedido formulado por la cidh con respecto a que los Estados
deben actuar ante el incremento de atentados contras las p ersonas que
tienen el rol de defensor ambiental, quienes en su mayoría p ertenecen a
comunidades nativas o pueblos originarios. En este contexto de incremento
de la frecuencia de asesinatos y amenazas contra la integridad que sufren
los defensores ambientales, se ha generado la necesidad de incluirlos,
junto a los guardaparques, en los agravantes de los delitos de homicidio
calificado y lesiones graves, previstos en los artículos 108-A° y 121° del
Código Penal. Esta propuesta contribuiría a fortalecer el rol sanciona-
dor del Estado para responder adecuadamente a los ataques contra los
defensores ambientales, toda vez que el conocimiento del contexto social
y personal contribuiría a la investigación y a la resolución de las causas
en las que se encuentran inmersos este grupo de personas.
El Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, mediante Oficio
N.° 1660–2022–JUS/SG, considera que es viable este proyecto dada su
importancia. No obstante, con respecto a la inclusión de la condición
de líder ambiental, la exposición de motivos no ofrece una definición, la
cual tampoco se encuentra en los dispositivos legales antes reseñados. En
consecuencia, su incorporación no sería viable toda vez que se vulneraría
el principio de legalidad, al no poder ofrecer una definición precisa sobre
quién puede ser considerado un líder ambiental, las personas no podrán
interiorizar el reproche asociado al delito, razón por la cual no podría
aplicarse una sanción. En esa línea, sería sugerible mantener solo la
denominación de defensor ambiental, que sí está reconocida en Protocolo
sectorial para la protección de las personas defensoras ambientales y en
el Protocolo de actuación fiscal para la prevención e investigación de los
delitos en agravio de personas defensoras de derechos humanos.
El Poder Judicial, mediante Oficio N.° 000330–2022–SG-CS-PJ,
ha considerado que la propuesta legislativa contenida en el proyecto de
Ley 1106/2021–CR resulta viable, en parte, en la medida que busca
284
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
una protección reforzada para las personas que detentan la calidad de
guardaparques, líderes o defensores ambientales. Sin embargo, sugiere
que se modifique la fórmula legislativa, en cuanto la alocución “a conse-
cuencia de sus acciones de defensa del medio ambiente”, podría excluir el
supuesto en que la mera calidad de sujeto pasivo represente una suficiente
justificación para atentar contra este. En esa línea, es acertado el cam-
bio propuesto por el Poder Judicial, en la medida que en muchos casos
documentados, los asesinatos de defensores ambientales son cometidos,
no solo por su accionar, sino por el mero hecho de ostentar una posición
de prestigio en la comunidad por su calidad de defensores o defensoras
de derechos humanos.
La Fiscalía de la Nación, mediante el Oficio N.° 000507-2022
MP-FN-SEGFIN, manifiesta con respecto a las personas defensoras
ambientales que debido a la frecuencia y el peligro de las agresiones contra
dichos activistas que se dedican a la protección del ecosistema y la tierra,
surge la necesidad de otorgarles una específica protección por parte del
Estado, dada su evidente vulnerabilidad, en virtud del perfil violento de
los agentes contra los que se lucha. De tal manera, se les reconoce de
manera válida, en este caso, la condición especial de sujetos pasivos en
los delitos de homicidio calificado y lesiones graves, y se señala también
que esta propuesta está justificada en el cumplimiento de los principios de
legalidad, lesividad, igualdad ante la ley y proporcionalidad de las penas.
Finalmente, el Ministerio del Ambiente, mediante Oficio 00398-
2022 -MINAM/DM, también se ha sumado con una opinión favorable
sobre el proyecto de ley, por contribuir con una adecuada protección a
favor de las personas defensoras ambientales que se encuentran en per-
manente riesgo debido al avance de actividades ilegales como la minería
ilegal, la tala ilegal y el tráfico ilícito de vida silvestre en sus territorios.
8.4.3. Culminar la elaboración del Plan Nacional Multisectorial
de Derechos Humanos al 2030 y hacer efectiva la implementación
del Plan Nacional de Acción de Derechos Humanos y Empresas
El Plan Nacional de Derechos Humanos (PNDH 2018-2021) fue con-
cebido con la finalidad de garantizar el cumplimiento de los derechos
humanos en el Perú, mediante la acción coordinada entre las instituciones
del Estado peruano. Al aprobar el tercer pndh por el periodo 2018-2021,
285
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
se ratificó la voluntad de satisfacer valores fundamentales como la libertad
y la igualdad, que hacen posible la plena autonomía de las personas, ya
que en definitiva, el objetivo final es la vigencia de la dignidad humana.
El PNDH 2018-2021 contenía cinco lineamientos estratégicos, 150
acciones estratégicas y 281 indicadores con la finalidad de garantizar dere-
chos para todas las personas, reforzando con ello el enfoque de derechos
humanos en la gestión pública y promoviendo una cultura de derechos y
paz. Entre los lineamientos estratégicos se encuentra el 3, enfocado en
el “diseño y ejecución de políticas a favor de los grupos de especial pro-
tección”, que busca la implementación de políticas públicas y propuestas
normativas dirigidas a mejorar la situación de los derechos humanos de
trece grupos de especial protección, dentro de los cuales se encuentran
los defensores de derechos humanos. La inclusión de acciones enfocadas
en defensores de derechos humanos se basa en el Informe del Grupo de
Trabajo sobre las Desapariciones Forzadas o Involuntarias sobre su misión
al Perú A/HRC/33/51/Add.3, del 8 de julio del 2016, el cual llamó al
Estado peruano a “apoyar continuamente la labor de los defensores y las
defensoras de derechos humanos, reconociendo su labor demostrada des-
de hace décadas y la diversidad de sus expresiones de defensa y promoción
(periodistas, indígenas, trabajadores, entre otros actores)” (Ministerio de
Justicia y Derechos Humanos 2018, p. 127).
En la línea de trabajo de defensores de derechos humanos, en la
PNDH 2018-2021 se estableció el objetivo estratégico 1: “Garantizar el
ejercicio seguro y en igualdad de condiciones de las labores de los defen-
sores de derechos humanos”, con la meta de establecer un mecanismo
de protección de defensoras y defensores ambientales al 2021, año del
Bicentenario de la Independencia del Perú. Al respecto, se plantearon
dos metas10 con resultados concretos: la aprobación del Protocolo para
garantizar la protección de personas defensoras de derechos humanos,
mediante la R.M. N.° 159-2019-JUS y el Registro de situaciones de riesgo
de defensores de derechos humanos, lo cual se logró mediante la R. M.
N° 255-2020-jus. De igual manera, se aprobaron los “lineamientos para
10
Al 2019 se planteó la meta de implementar un registro de situaciones de riesgo de
defensores de derechos humanos, y al 2021 implementar un mecanismo para la protección
de defensoras y defensores de derechos humanos.
286
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
el funcionamiento del Registro sobre situaciones de Riesgo de personas
defensoras de derechos humanos”. En vista de la situación actual de los
defensores y teniendo en cuenta que hasta la fecha no hay cambios y se
requieren de nuevos protocolos, se recomienda la actualización del Plan
de Defensores de Derechos Humanos. Sin embargo, la vigencia del pndh
al 2021 ha concluido, con lo cual se hace urgente la aprobación de una
política nacional en materia de derechos humanos actualizada.
El 19 de marzo del 2022 se publicó en el diario El Peruano la Reso-
lución Ministerial 0063-2022-JUS, mediante la cual se formaliza el
inicio del proceso de elaboración de la Política Nacional Multisectorial
de Derechos Humanos, en la que se encarga a la Dirección de Políticas
y Gestión en Derechos Humanos, de la Dirección General de Derechos
Humanos del Minjus, la ejecución de las etapas de elaboración de la
Política Nacional Multisectorial de Derechos Humanos. Asimismo, se
crea un grupo de trabajo de naturaleza temporal y multisectorial con
representantes de los tres poderes del Estado peruano, la mayoría de
los ministerios y organismos constitucionalmente autónomos, así como
representantes de entidades privadas, organizaciones de la sociedad civil
y la academia. En la actualidad se cuenta con el primero de cuatro entre-
gables que se debe validar el Ceplan, tras veintiséis mesas de trabajo con
representantes de instituciones públicas, de organizaciones de la sociedad
civil y grupos de especial protección (Ministerio de Justicia y Derechos
Humanos 2022). Pese al avance, nos parece importante reseñar que el
proceso para la construcción de una política pública podría durar hasta
dos años adicionales, con lo cual entre los años 2022 y 2024 el Perú no
cuenta con una política nacional en esta materia; es menester que el
Ministerio de Justicia y Derechos Humanos apresure la conclusión de
los entregables.
Asimismo, se recomienda continuar con el trabajo de elaboración
del Plan Nacional de Acción sobre Empresas y Derechos Humanos para
fortalecer los sistemas de protección vigentes de defensa de derechos
humanos y garantizar la alineación de nuestras políticas nacionales a
dicho enfoque. El Plan Nacional de Acción sobre Empresas y Derechos
Humanos 2021-2025 (PNAEDDHH 2021-2025) es el resultado de un
proceso de dos años de diálogo entre 132 instituciones representativas del
Estado, sector empresarial, pueblos indígenas, sindicatos de trabajadores
287
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
y organizaciones de la sociedad civil, con el liderazgo del minjusdh. El
PNAEDDHH 2021-2025 se enfoca en diseñar e implementar políticas
públicas para promover y difundir, tanto en la sociedad como en el Esta-
do, una cultura de respeto de los derechos humanos en las actividades
empresariales, así como promover acciones de reglamentación y fortale-
cimiento de los sistemas judicial y extrajudicial para prevenir, investigar
y, de ser el caso, sancionar y reparar los abusos a los derechos humanos
en el ámbito empresarial.
Mediante el Decreto Supremo N.° 009-2021-JUS, se aprobó el
PNAEDDHH 2021-2025 con cinco lineamientos estratégicos11. A través
de estos lineamientos, el sector empresarial debe demostrar compromi-
so por el respeto hacia las personas defensoras de derechos humanos.
Asimismo, se han establecido diversas acciones como el fortalecimiento
de las capacidades de los defensores de derechos humanos en diver-
sos sectores y la implementación de iniciativas para su protección. En
el lineamiento estratégico 5, se ha establecido la acción denominada
“Difundir información relativa sobre cómo acceder al Mecanismo inter-
sectorial para la protección de las personas defensoras”, la cual contiene
dos metas concretas de interés para defensores ambientales: i) Para el
2021 el minjusdh, el mincul y el minam deberán publicar material
informativo de difusión con pertinencia cultural y lingüística que brinde
información sobre el mipddh, en lenguas originarias de los lugares donde
se identifican mayores situaciones de riesgo, y; ii) Al 2022 el minam
deberá preparar un informe sobre el estado situacional de los defensores
ambientales en el Perú.
11
Los cinco lineamientos estratégicos son: 1) Promoción y difusión de una cultura
de respeto a los derechos humanos en el ámbito empresarial, conforme al marco de los
estándares internacionales de los principios rectores y otros instrumentos internacionales;
2) Diseño de políticas públicas de protección para prevenir vulneraciones a los derechos
humanos en el ámbito empresarial; 3) Diseño de políticas públicas que promuevan el respeto
de las empresas a los derechos humanos, mediante la rendición de cuentas, la investigación
y la sanción por los impactos de sus actividades; 4) Promoción y diseño de procedimientos
de diligencia debida para asegurar el respeto de las empresas a los derechos humanos; 5)
Diseño y fortalecimiento de mecanismos para garantizar a los afectados por las vulnera-
ciones a derechos humanos por vías judiciales, administrativas, legislativas o de otro tipo
para que puedan acceder a una reparación.
288
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
Con respecto a la meta de difusión de información sobre el Meca-
nismo Intersectorial de Protección de las Personas Defensoras de ddhh,
luego de la investigación realizada se ha podido ubicar el “Manual para
la protección de las personas defensoras de derechos humanos (ddhh)”12 ,
de dieciséis páginas de fácil comprensión para cualquier ciudadano o
ciudadana, pero no se ha podido encontrar evidencia de dicha publicación
en otros idiomas13. Asimismo, con respecto al informe sobre el estado
situacional de los defensores ambientales en el Perú, hasta la fecha esta
publicación se encuentra pendiente por parte del minam.
8.4.4. Efectividad del Mecanismo intersectorial de personas
defensoras de derechos humanos y aprobación de los lineamientos
de actuación del Sector Interior para la implementación de las
medidas de protección o medidas urgentes de protección
El mipddh fue aprobado el 22 de abril del 2021 durante el periodo más
complejo de la pandemia. Hasta el momento han sido dos años de salir
de una situación que dejó en crisis económica al Perú y causó la muerte
de miles de personas, entre ellas defensores de derechos humanos y
ambientales y población indígena. Pese a que se cuenta con normatividad
complementaria e iniciativas sectoriales para facilitar la aplicación del
mipddh, la principal traba para su implementación es la falta de presu-
puesto: la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental recopiló información
del 2022 que verifica que solo tres sectores (justicia, ambiente y cultura)
contaban con un presupuesto —bastante reducido— para implementar
las acciones descritas en esta norma (Actualidad Ambiental, 2022).
Sin embargo, más allá del presupuesto para su implementación,
la actuación de las instituciones involucradas en el cumplimiento del
mipdh ha sido criticada. Para ilustrar la situación, se presenta el caso de
líderes de la Organización de Desarrollo de Comunidades de Frontera
12
Al respecto, la Defensoría del Pueblo publicó en el 2021 el documento denominado
“Mecanismos de protección para personas defensoras indígenas y ambientales de la Ama-
zonía”.
13
En esta línea, el minam también ha trabajado un documento denominado “Guía
práctica para la protección de personas defensoras ambientales”, una versión diagramada
del “Protocolo sectorial para la protección de las personas defensoras ambientales”.
289
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
(odecofroc) en el Cenepa, quienes luego de recibir amenazas de muerte
y diversos ataques por su postura contra la minería ilegal en su territo-
rio, solicitaron activar el mipddh, lo cual no solo tomó más tiempo del
previsto en la norma, sino que las amenazas y las violaciones de derechos
humanos continuaron (OXFAM, 2022). En julio del 2022 el presidente
de la organización denunció el secuestro y ataque por parte de mineros
ilegales, además del incendio de su residencia y la destrucción del motor
del barco de la odecofroc (Actualidad Ambiental, 2022)
La principal deuda pendiente del Estado peruano para culminar
la implementación del mipddh está relacionada con lo establecido en
la Segunda Disposición Complementaria Final del Decreto Supremo
N.° 004-2021-jus, modificado por el Decreto Supremo N.° 002-2022-
JUS, de fecha 13 de abril del 2022. Dicha disposición establece que el
Ministerio del Interior tiene la obligación de aprobar mediante resolución
ministerial, los “Lineamientos para la implementación de las medidas de
protección o medidas urgente de protección”, instrumento normativo que
debe incorporar el procedimiento y estrategias de financiamiento para
las acciones de la Policía Nacional del Perú, institución responsable de
proyectar y gestionar los recursos presupuestales para el cumplimiento
de la norma.
Así, con el propósito de construir la referida estrategia de finan-
ciamiento, es necesario contar con información actualizada sobre las
situaciones de riesgo, contexto, naturaleza de las amenazas o agresiones,
entre otras características o factores que permitan proyectar el presu-
puesto aplicable para la ejecución de medidas de protección o medidas
urgentes de protección a cargo de la Policía Nacional del Perú (Actualidad
Ambiental, 2022).
El 9 de julio del 2023, la Clínica de Litigación Ambiental Científica
realizó una solicitud de acceso a la información con respecto a docu-
mentación que evidencie el cumplimiento de la Segunda Disposición
Complementaria Final del Decreto Supremo N.° 004-2021-JUS, ante lo
cual el mininter respondió el día de julio señalando que la Dirección
General de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y Derechos
Humanos, de conformidad con el artículo 8 del Mecanismo, se encarga
de la implementación y gestión del “Registro sobre situaciones de riesgo
de personas defensoras de derechos humanos”, instrumento que acopia,
290
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
analiza y gestiona, de manera oficial, información sobre situaciones
de riesgo y patrones de agresión que enfrentan las personas defensoras
de derechos humanos por razón del ejercicio de su labor, a nivel local,
regional y nacional. Sin embargo, no se brindó evidencia alguna sobre
el lineamiento pendiente de elaboración y aprobación.
Producto de la presente investigación se ha tomado conocimiento
que con fecha 12 de julio del 2023 se realizó una reunión entre repre-
sentantes de la Dirección de Derechos Fundamentales del mininter y la
Dirección de Políticas y Gestión en Derechos Humanos del minjusdh, la
cual tuvo como objetivo principal conocer el estado actual del Registro,
con la finalidad de poder contar con información que permita elaborar la
estrategia presupuestal para la implementación de las acciones a cargo del
Sector Interior, establecidas en el Mecanismo Intersectorial. La Dirección
de Derechos Fundamentales ha considerado que resulta indispensable
para la construcción de la denominada “estrategia de financiamiento”,
contar con profesionales (economista y estadista) que puedan trabajar
sobre la información prevista en el Registro sobre situaciones de riesgo
de las personas defensoras de derechos humanos, a fin de establecer
proyecciones presupuestales y financieras que permitan ejecutar las
acciones policiales, asimismo, la elaboración de un diagnóstico sobre
los fenómenos criminológicos que amenazan la labor de defensa de las
personas defensoras de derechos humanos.
En ese sentido, dicha dirección ha venido coordinando con la Ofi-
cina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos
Humanos (oacnudh) en el Perú y, con el Proyecto Prevenir de la Agencia
de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (usaid, sigla en
inglés), con la finalidad de contar con asistencia técnica y financiamiento
para la propuesta sugerida por esta Dirección. Con base en lo señalado
se puede mencionar que para la implementación de los lineamientos las
entidades involucradas han venido trabajando, sin embargo, a la fecha
no existe un avance definitivo.
Es importante mencionar que los Lineamientos para la implemen-
tación de las medidas de protección o medidas urgente de protección
de defensores de derechos humanos deberían establecer mecanismos
fáciles, accesibles y culturalmente pertinentes para defensores, tomando
en cuenta:
291
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
1. Establecer un proceso fácil de tres etapas: la primera, referida
a determinar si el recurrente cumple las condiciones para ser
calificado como defensor14; la segunda, implica analizar si las
amenazas o ataques están asociados a su condición de defensor; la
tercera, verificar si el recurrente se encuentra inmerso en algunos
de los supuestos de inclusión.
2. Designar a un grupo conformado por el comisionado a cargo del
caso para llevar a cabo el proceso de identificación de la persona
que califica como defensor de derechos humanos.
3. Aplicar las medidas de protección pertinentes como las garantías
personales previstas por el Protocolo de atención para el proce-
dimiento de otorgamiento de garantías personales a las personas
defensoras de los derechos humanos, pero también una serie de
acciones adicionales como la protección efectiva de la Policía
Nacional y las instituciones involucradas en el bienestar integral
de los defensores.
Finalmente, también es importante resaltar que si bien el mipddh
ha resultado un avance importante para la protección de las personas
defensoras ambientales, cuenta también con oportunidades de mejora.
Los casos de violaciones a los derechos de las personas defensoras no
son investigados por el Estado: el caso de los defensores indígenas de la
Organización de Pueblos Indígenas de la Amazonía (opikafpe) y de la
Federación de Pueblos Indígenas Quechuas de Pastaza (fediquep), del
pueblo indígena amazónico kichwa en la frontera entre Perú y Ecuador,
quienes protestaron contra la contaminación causada por la empresa
Pluspetrol hace más de catorce años, fueron acusados de denunciar a la
policía y se les detuvo (OXFAM, 2022). En esa línea, sería importante
14
Durante la primera etapa se debe determinar si el recurrente cumple con cuatro
condiciones: i) tener liderazgo reconocido por terceros; ii) utilizar dicho liderazgo para
defender los derechos de otros; iii) el resultado de la defensa de los derechos tiene un impacto
colectivo; y que iv) los medios utilizados para la defensa sean pacíficos. La siguiente etapa
implica evaluar si la amenaza, la vulneración o las agresiones son producto de la labor que
realiza el defensor, para lo cual se debe verificar que el recurrente no se encuentre en ciertos
supuestos que lo excluyen.
292
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
establecer disposiciones para una investigación imparcial en el caso de
autoridades estatales involucradas en la violación de derechos de personas
defensoras de derechos humanos ambientales.
Conclusiones y recomendaciones
Las personas defensoras del ambiente del Perú tienen un rol fundamental
en la protección de los ecosistemas de uno de los países más biodiversos
del mundo, labor que tiene una conexión e interdependencia con el cum-
plimiento de los objetivos de desarrollo sostenible (Muñoz et al. 2021,
p. 160). Sin embargo, como se ha revisado en este escrito, instituciones
como la Defensoría del Pueblo y el Ministerio de Justicia han constatado
violaciones de derechos humanos hacia este grupo de personas, como
asesinatos y atentados a su integridad. El número de defensores ambien-
tales víctimas de organizaciones criminales dedicadas al narcotráfico, la
tala ilegal, el tráfico ilícito de fauna silvestre y la minería ilegal, entre
otras actividades, sigue creciendo a pesar de los esfuerzos estatales para
su defensa.
En el aspecto normativo, si bien el Perú cuenta con un marco para la
protección de personas defensoras de derechos humanos, todavía existen
retos relacionados con la aprobación de normas que garantizarían sus
derechos fundamentales. La principal deuda del Estado peruano es la
ratificación del Acuerdo de Escazú, tratado internacional en materia
de derechos humanos ambientales que se incorporaría al ordenamiento
jurídico nacional como una norma que complementaría las disposiciones
constitucionales en materia de derechos fundamentales15; sin embargo,
no se cuenta con el respaldo de las fuerzas políticas en el Congreso para
reabrir el debate y muy probablemente se tendría que esperar hasta las
nuevas elecciones del 2026 para pensar en una nueva votación.
Hasta que se logre la ratificación del Acuerdo de Escazú existe
una agenda pendiente en materia normativa para afianzar la protección
jurídica de los defensores ambientales. A nivel legal, sería importante
15
De acuerdo con la cuarta disposición complementaria de la Constitución Política
del Perú, las normas relativas a los derechos y a las libertades que la Constitución reconoce
se interpretan de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y con
los tratados y acuerdos internacionales sobre las mismas materias ratificados por el Perú.
293
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
contar con una norma que establezca el marco general para la protección
de personas defensoras de derechos humanos y que dé mayor seguri-
dad jurídica a los instrumentos que se han aprobado mediante normas
reglamentarias, los cuales no pueden vincular a otros poderes del Estado
peruano16 . Asimismo, sería importante la aprobación del proyecto de
ley que propone agravar las penas contra las personas que asesinan a
defensores ambientales y guardaparques, así como seguir reforzando las
disposiciones para mejorar la capacidad fiscalizadora de las entidades
ambientales17. A nivel infralegal, está pendiente la aprobación de una
resolución ministerial que apruebe los lineamientos para la implemen-
tación de las medidas de protección o medidas urgentes de protección,
de conformidad con lo establecido en la Segunda Disposición Comple-
mentaria Final del Decreto Supremo N.° 004-2021-JUS.
Por otra parte, existen otros aspectos de gestión que el Estado
peruano puede seguir mejorando para la adecuada protección de los
defensores ambientales. El principal reto está relacionado con la falta de
presupuesto para la implementación del mecanismo intersectorial para
la protección de las personas defensoras de derechos humanos: solo tres
sectores (justicia, ambiente y cultura) de los ocho involucrados en la
implementación contaban con presupuesto en el 2022 para implementar
las acciones previstas en el mecanismo (Actualidad Ambiental, 2023). En
esa línea, el Ministerio del Interior debería tener en agenda la emisión
de disposiciones para establecer el presupuesto para la efectiva protec-
ción de los defensores ambientales, sobre todo en la zona amazónica del
país, que es donde se registra el mayor número de muertes y amenazas
a defensores ambientales. Adicionalmente, va a ser importante avanzar
en la transparencia y acceso públicos sobre la gestión de la protección de
16
El Decreto Supremo es una norma del Poder Ejecutivo que tiene mandato sobre
ministerios y entidades adscritas a ellos y puede establecer disposiciones de coordinación
con otros poderes del Estado, pero no disposiciones vinculantes como si lo pudiera hacer
una ley.
17
Al respecto Borrás ha señalado que “el marco normativo ambiental también puede
contribuir a la protección de los defensores ambientales, fortaleciendo la capacidad fisca-
lizadora y sancionadora del Estado” y que “la mejora del marco normativo relativo a las
actividades industriales y su fiscalización permitiría que el Estado pueda garantizar el goce
efectivo de los derechos de las comunidades afectadas por su impacto” (2013, p. 322).
294
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
personas defensoras de derechos humanos: el minjudh, por ejemplo, no
cuenta con un registro público sobre situaciones de riesgo de personas
defensoras de derechos humanos, y los sectores no están visibilizando
el avance en el cumplimiento de las acciones previstas en el mecanismo
intersectorial y las normas complementarias.
Finalmente, cabe señalar que esta agenda de trabajo con los retos
pendientes para la protección de los defensores ambientales debiera ser
aterrizada rápidamente en el pnmdh, con lineamientos e indicadores
objetivos similares a los previstos en el PNDH 2018-2022, los cuales
se cumplieron para dicho periodo y hoy en día constituyen dos de los
pilares para garantizar sus derechos fundamentales: el registro de situa-
ciones de riesgo y el mecanismo intersectorial para su protección. En la
actualización del pnmdh al 2030 se deberían considerar acciones para:
i) fortalecer conocimientos y capacidades de autoridades nacionales para
implementar acciones previstas en el marco normativo; ii) identificar y
registrar a los defensores ambientales a nivel nacional, y; iii) reportar
continua y públicamente sobre el estatus de los defensores, así como sobre
las medidas estatales implementadas para su protección.
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301
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Intersectorial%20de%20protecci%C3%B3n,a%20consecuencia%20
de%20sus%20actividades
Proética (2022) Proética y el instituto de defensa legal presenta balance sobre el
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302
CONTENIDO
Avances y desafíos pendientes en la normatividad para la protección de defensores ambientales en el Perú
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303
9
Las clínicas jurídicas ambientales
y la protección de personas defensoras
ambientales: Análisis y acciones desde
la educación legal ambiental en el Perú *
Andrea Mariana Dominguez Noriega**
Alessandra Ximena Carranza Dominguez ***
Jenny Jazmín Aliaga Aliaga****
Florangel Ximena Camargo Piñan*****
Milagros Elizabeth Sotelo Fiestas******
Carlos Rodrigo Zúñiga Cuentas*******
* Cabe destacar la importante labor de Lucía Palao Málaga y Ciomar Lévano, miem-
bros del equipo de la Clínica Jurídica Ambiental pucp, que apoyaron como colaboradoras
en la primera versión del presente artículo.
** Abogada con título de Segunda Especialidad en Derecho Ambiental y Recursos
Naturales por la Pontificia Universidad Católica del Perú (pucp). Magíster en Análisis
Económico del Derecho y Políticas Públicas por la Universidad de Salamanca, España; y
cuenta con un Executive Program en Social Impact Strategies de la Universidad de Pensil-
vania, Estados Unidos. Docente de la Facultad de Derecho de la pucp del curso de Clínica
Jurídica Ambiental y Comunicación Jurídica Eficaz. Miembro del Comité externo de epic-
Network Latinoamérica y coordinadora de la Alianza de Clínicas Jurídicas Ambientales de
la región. Investigadora académica en el Instituto de Democracia y Derechos Humanos,
Pontificia Universidad Católica del Perú (idehpucp).
*** Abogada con título de Segunda Especialidad en Derecho Ambiental y Recursos
Naturales por la Pontificia Universidad Católica del Perú (pucp). Docente adjunta del curso
de Clínica Jurídica Ambiental de la Facultad de Derecho pucp.
**** Especialista legal de la Dirección de Consulta Previa del Ministerio de Cultura de
Perú. Exdocente adjunta de Clínica Jurídica Ambiental y Comunicación Jurídica Eficaz de
la Facultad de Derecho de la pucp.
305
CONTENIDO
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Introducción
La Clínica Jurídica Ambiental de la Facultad de Derecho de la Pontificia
Universidad Católica (en adelante, Clínica Jurídica Ambiental pucp)
fue fundada en el 2009, con el objetivo de fortalecer la educación legal
ambiental mediante el desarrollo de casos reales de interés público en
materia ambiental. La aproximación del curso es desarrollar conoci-
mientos y habilidades de los y las estudiantes para intervenir en casos
emblemáticos de acceso a la justicia ambiental, a fin de contribuir a la
mejora de la regulación y de la institucionalidad ambiental.
Asimismo, por medio de esta metodología, los y las estudiantes cum-
plen un rol de liderazgo, que los pone como protagonistas en el desarrollo
de las estrategias legales medioambientales. El curso integra un enfoque
interdisciplinario y fomenta el diálogo con ciudadanos y poblaciones
locales que pudieran verse afectadas por problemáticas relacionadas con
la protección del medio ambiente, así como expertos en la materia.
Desde el 2021, la Clínica Jurídica Ambiental pucp viene analizando
la problemática que afecta a las personas defensoras del medio ambiente
en el Perú, mediante la identificación de casos concretos, la elaboración
de propuestas normativas y la creación de espacios académicos con
defensores y defensoras ambientales.
En el 2023 la Clínica Jurídica Ambiental pucp busca continuar
aportando al desarrollo normativo y a la promoción de acciones para la
protección de los defensores y defensoras ambientales. En esa línea, a
partir de los aprendizajes previos, mediante este escrito buscamos reflejar
la actual situación de las personas defensoras ambientales, los principa-
les desafíos que afrontan y los riesgos que ponen en peligro su vida e
[Viene de página anterior]
***** Estudiante de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Subcoor-
dinadora General de rua. Practicante legal de Bosques y Servicios Ecosistémicos en la
spda. Miembro de Conexión Ambiental del Edera.
****** Bachillera en Derecho por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Exdirectora
del Área de Gestión del Equipo de Derecho Ambiental pucp (Edera).
****** Abogado con título de Segunda Especialidad en Derecho Ambiental y Recursos
Naturales por la Pontificia Universidad Católica del Perú (pucp). Docente adjunto del curso
de Clínica Jurídica Ambiental de la Facultad de Derecho pucp.
306
CONTENIDO
Las clínicas jurídicas ambientales y la protección de personas defensoras ambientales
integridad, así como las debilidades institucionales y la falta de un pre-
supuesto adecuado en torno al procedimiento de protección actualmente
regulado en el Perú. A partir de ello, se señalarán las necesidades de
mejora normativa y fortalecimiento institucional, así como las propuestas
de regulación y desarrollo a nivel de políticas públicas, que se han iden-
tificado como fundamentales de adoptar para una verdadera protección
efectiva a las personas defensoras ambientales. Las mejoras normativas
producto de esta publicación serán socializadas con las entidades y las
autoridades competentes del Perú, a efectos de que puedan considerarlas
e implementarlas en el caso que corresponda.
9.1. Situación actual de las personas
defensoras ambientales en el Perú
La labor de las personas defensoras ambientales se encuentra orientada
principalmente a la protección del derecho a un medio ambiente lim-
pio, saludable y sostenible, reconocido como derecho humano por la
Asamblea General de la onu (2022a). Al respecto, se señala como una
de las obligaciones de los Estados la de “proteger a los defensores de
los derechos humanos relacionados con el medio ambiente frente a la
intimidación, la criminalización y la violencia, e investigar, enjuiciar y
castigar con diligencia a los autores de esos delitos, así como abordar las
causas profundas de los conflictos socioambientales” (Asamblea General
de la onu, 2022b, p. 14).
La importancia de las personas defensoras ambientales radica preci-
samente en la labor diaria que realizan en resguardo del medio ambien-
te, oponiéndose a actividades que lo degradan y, consecuentemente,
protegiendo los derechos humanos que dependen de este. En efecto, la
Opinión Consultiva OC-23/17 de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos (2017) sobre el derecho a un medio ambiente sano indica que
hay dos aristas de este derecho: un derecho autónomo que “protege los
componentes del medio ambiente, tales como bosques, ríos, mares y
otros, como intereses jurídicos en sí mismos, aún en ausencia de certeza
o evidencia sobre el riesgo a las personas individuales” (párr. 62); y, a la
vez, un derecho que se interconecta con otros derechos humanos, tales
como la vida, la integridad personal, la salud, la propiedad, la libertad
de expresión y asociación, la información, entre otros (párr. 64).
307
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
El relator Michel Forst en su informe del 2016 ya señalaba a Amé-
rica Latina como uno de los lugares más peligrosos para los defensores
de derechos humanos ambientales (Naciones Unidas, 2016, párr. 34) e
indicaba que en América Latina se encontraban en mayor peligro aque-
llos que “promovían los derechos frente a las industrias extractivas y
mineras, el cultivo de aceite de palma y la deforestación resultaron estar
en situación de mayor riesgo” (párr. 34).
La situación no ha cambiado mucho y, en la actualidad, Latinoamé-
rica se ha convertido en uno de los lugares más peligrosos para las per-
sonas defensoras ambientales. Según Global Witness (2023), durante el
2022, cada dos días, se produjo en promedio un asesinato de una persona
defensora de la tierra y el medio ambiente a nivel global (p. 9), mientras
que, en el 2021, el promedio fue de cerca de cuatro asesinatos semanales
(Global Witness, 2022). Del total de muertes producidas desde el 2012,
el 70 % se registró en Latinoamérica, siendo Colombia, Brasil y México
los países con el mayor número de muertes (Global Witness, 2023).
En el Perú, las personas defensoras ambientales son víctimas de
constantes ataques contra su vida e integridad personal. De acuerdo con
información recopilada por el Programa de Naciones Unidas para el
Medio Ambiente en el Perú (en adelante, pnud Perú), entre el 2020 y el
2023 más de veinte personas defensoras ambientales han sido asesinadas
en nuestro país (2023). Ello se suma a los 96 casos reportados entre los
años 2002 y 2020 (Proyecto Prevenir USAID, 2022, p. 5).
En el 2020, Forst visitó al Perú del 21 de enero al 3 de febrero, a
fin de recoger información sobre la situación de las personas defenso-
ras de derechos humanos, entre las cuales se encuentran los defensores
ambientales. En su informe de relator especial, detalló la situación de
estos defensores, y llegó a la conclusión de que las personas defensoras de
derechos humanos en el Perú —particularmente las personas defensoras
de derechos ambientales, que velan por derechos sobre la tierra y dere-
chos de los pueblos indígenas— no están en un entorno seguro y propicio
para el desarrollo de sus acciones, y que justamente estos defensores se
encuentran expuestas a mayores riesgos y obstáculos cuando promueven
y defienden estos derechos (Naciones Unidas, Consejo de Derechos
Humanos [CDH], 2020).
308
CONTENIDO
Las clínicas jurídicas ambientales y la protección de personas defensoras ambientales
Es oportuno resaltar dos tendencias identificadas por el Relator
Especial en Perú para los defensores de derechos humanos, aplicables
especialmente para las personas defensoras ambientales: a) la estig-
matización y falta de reconocimiento, y b) la criminalización de los
defensores (CDH, 2020, p. 4). Con respecto a la primera tendencia, la
estigmatización de los defensores ambientales, de acuerdo con el informe
del Relator Especial, esta se encuentra relacionada con el rechazo a los
derechos que reivindican las personas defensoras, en el caso concreto nos
referimos a los derechos ambientales (CDH, 2020, p. 5). En lugar de
ser entendidas como cuestiones de respeto a estos derechos, se describe
públicamente a las personas defensoras como “‘opositores al desarrollo’ y
‘grupos radicales anti minería’” (CDH, 2020, p. 5) y obstruccionistas de
la explotación de recursos económicos. En cuanto a la falta de recono-
cimiento, se debe indicar que —en general, con respecto a las personas
defensoras de derechos humanos— las instituciones públicas, así como
los funcionarios del Estado, en los tres niveles de gobierno, no conocen la
definición de defensores de derechos humanos que se señala en el marco
normativo internacional, ni quiénes se reconocen como tal o sobre las
acciones que estas personas realizan (CDH, 2020, p. 4).
En relación con la segunda tendencia, sobre la criminalización de
las personas defensoras ambientales, el Relator Especial indica que en
el Perú la criminalización es frecuente, particularmente en el caso de
las personas defensoras ambientales (CDH, 2020, p. 6). En esta línea,
Pérez señala que “la criminalización es una de las principales formas de
agresión hacia las personas defensoras ambientales, a través de denuncias
e investigaciones” (Pérez, cit. en Sierra, 2022), manipulando el sistema
judicial a fin de estigmatizar las actividades que realizan (International
Service for Human Rights, 2015, p. 31). Esta es una realidad que no
solo afecta a nuestro país, sino que se observa a nivel mundial. Según
el informe de Front Line Defenders (2022), en el año 2022, el 34 % de
los ataques contra defensores de derechos humanos se realizó bajo esta
modalidad (p. 10).
La criminalización implica que las personas defensoras ambientales
hagan frente no solo a ataques por realizar su labor, sino que a esto se
suma además un enfrentamiento contra el “propio sistema jurídico que
309
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
debería protegerlas” (Global Witness, 2023, p. 44). Esto lleva a que
impere una sensación de desprotección por parte del Estado y una apa-
rente legitimación de la violencia, pues mientras sus denuncias ante las
amenazas y ataques no son escuchadas o demoran en ser atendidas, las
interpuestas por sus victimarios, a quienes denunciaron en primer lugar,
sí son atendidas con diligencia (Global Witness, 2023, p.44).
Desde el 2016 ya se mencionaba que gran parte de los asesinatos de
personas defensoras ambientales en Latinoamérica tenían en común el
hecho de que se había denunciado previamente intimidación y amenazas
en su contra, sin recibir el resguardo correspondiente; esto a pesar del
deber que tienen los Estados de “respetar, proteger y hacer efectivos los
derechos de los defensores, así como de llevar a cabo investigaciones
serias y efectivas de cualesquiera violaciones cometidas contra ellos, con
el objetivo de evitar la impunidad” (Naciones Unidas, 2016, párr. 34).
El caso Demetrio Pacheco es solo uno de los tantos que reflejan lo
antes mencionado. Su hijo, Roberto Pacheco fue asesinado en septiembre
del 2020 (Romo, 2020). Según investigaciones, los autores del delito
serían personas a las que Demetrio había denunciado previamente por
ingresar a su concesión forestal con la finalidad de realizar tala ilegal
(Valdivia, 2023). Este venía denunciando desde el año 2012 las amena-
zas recibidas (Lo, 2021) y a pesar de haber pedido garantías personales
ante las amenazadas de muerte, estas no le fueron brindadas de manera
oportuna y muy por el contrario, fue denunciado por delitos ambientales
en el 2016 y en el 2017 (Valdivia, 2023).
En palabras de Demetrio Pacheco:
Las autoridades apoyan a los que cometen el delito y no hacen
caso a las denuncias. Esta mafia sigue amenazando, invadiendo
y destruyendo todas las concesiones. Lo peor de todo es que
luego ellos me denuncian e, inmediatamente, ahí está la policía
y la fiscalía junto a los mafiosos. Nos denuncian como si noso-
tros estuviéramos cometiendo el delito. Han matado a mi hijo.
Sabemos quiénes son. Tienen las pruebas, las hemos visto, pero
ni así los cogen. Los detuvieron y a los días los dejaron ir. Siento
mucha impotencia. (Pacheco, cit. en Lo, 2021)
310
CONTENIDO
Las clínicas jurídicas ambientales y la protección de personas defensoras ambientales
La impotencia que siente Pacheco ante el actuar de la justicia perua-
na es reflejo de la impunidad en la que caen los crímenes contra las
personas defensoras ambientales en el Perú. A pesar de que “la lucha
contra la impunidad y el acceso a la justicia” se encuentra dentro de los
puntos vitales para asegurar un adecuado ambiente para los defensores
ambientales (Naciones Unidas, 2016, párr. 16), esta situación ha sido una
constante en el caso peruano. Al respecto, Michel Forst, en su informe
sobre la situación de los defensores de los derechos humanos reitera su
preocupación con respecto a la impunidad de las agresiones cometidas
en contra de las personas defensoras ambientales (Naciones Unidas,
2016, párr. 70) y manifiesta inquietud ante “la falta de investigaciones
independientes y diligentes sobre las agresiones cometidas contra los
defensores de los derechos humanos ambientales, hecho que suele estar
vinculado a la falta de recursos, la corrupción y la colusión entre los
autores” (Naciones Unidas, 2016, párr. 51).
A lo largo de las diversas intervenciones de las personas defensoras
de derechos humanos durante el Segundo Foro Anual 2023 sobre Defen-
soras y Defensores de los Derechos Humanos en Asuntos Ambientales
de América Latina y el Caribe, se pudo apreciar un sentimiento de falta
de protección por parte del Estado y de impunidad. Así, es posible men-
cionar la intervención, del representante de la Asociación Interétnica de
Desarrollo de la Selva Peruana, quien expresó su preocupación por la
no ratificación del Acuerdo de Escazú por parte del Estado peruano y la
falta de justicia ante los asesinatos de los líderes asesinados (Comisión
Económica para América Latina y el Caribe [Cepal], 2023a). También,
señala que “hay situaciones en las que no podemos confiar. Uno porque
hay mucha injusticia, corrupción. Se conoce de dónde viene el ataque,
pero finalmente no hay acción inmediata”. Asimismo, al referirse al
caso Saweto indicó que luego de siete años el avance ha retrocedido a
cero (Cepal, 2023a). Con respecto a este caso y en relación con casos
de impunidad y falta de acceso a la justicia, destaca la revocación de la
sentencia de veintiocho años de prisión a los acusados en el caso de
Edwin Chota, uno de los líderes indígenas asesinados en la comunidad
nativa Alto Tamaya-Saweto en el 2014 (spda, Actualidad Ambiental,
2023). La Sala Penal de Apelaciones de la Corte Superior de Justicia de
Ucayali anuló la condena impuesta a los madereros Hugo Soria Flores y
311
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
José Estrada Huayta, al brasileño Eurico Mapes Gómez y a los hermanos
Segundo y Josimar Atachi Félix, quienes fueron inicialmente condenados
por instigación al homicidio calificado.
Las viudas y familiares de las víctimas expresan la falta de respaldo
estatal, y señalan que no están amparadas por el programa de protec-
ción de víctimas y testigos. Las viudas, tras nueve años de búsqueda de
justicia, resaltan la carencia de apoyo y seguridad por parte del Estado
(Romo, 2023). A pesar de la sentencia inicial, las amenazas continúan, y
no han recibido respaldo efectivo, lo que ha obligado a algunas de ellas a
mudarse a otras zonas en condiciones precarias. La decisión de la Sala de
Apelaciones de Ucayali de anular la sentencia debido a la supuesta falta
de pruebas y errores en la resolución inicial implica que las viudas deben
reiniciar el proceso judicial desde el principio. En casos como este es pre-
ciso preguntarnos qué implican los ataques contra las personas defensoras
ambientales. Se debe tener presente que el daño no solo recae sobre las
víctimas directas, sino que se extiende a su entorno familiar y comunidad.
Al respecto, Carlos Jibaja (cit. en Morales, 2022) señala que “los juicios,
a largo plazo, reabren sus heridas y quiebran el equilibrio emocional, que
algunos han alcanzado en psicoterapia. Quien asume la búsqueda de la
justicia puede pasar años en un proceso de revictimización”.
Asimismo, no puede hablarse de la situación de las personas defen-
soras ambientales en Latinoamérica sin mencionar a la Amazonía, pues
dentro de la región solo el año 2022 el 22 % de los asesinatos se situaron
allí (Global Witness, 2023). Dicho ecosistema beneficia con servicios
ambientales y ecosistémicos a nuestro país y el planeta, pero, ante la
ausencia del Estado, se ha convertido en un lugar donde son frecuen-
tes las actividades ilícitas como la minería ilegal, el tráfico de tierras,
el narcotráfico, la tala ilegal y el tráfico ilícito de vida silvestre, lo que
pone en riesgo a las personas defensoras ambientales (SPDA, Actualidad
Ambiental, 2023; Proyecto Prevenir USAID, 2022, pp. 5-6). En esta
línea, Michel Forst explica que “‘la creciente presión sobre los recursos
naturales hace que los defensores y defensoras de derechos humanos
corran un gran riesgo de ser afectados por agentes no estatales, como
empresas y redes delictivas’” (cit. en Naciones Unidas, 2020).
De acuerdo con Amnistía Internacional (2022), la inacción del
Estado para combatir las actividades ilegales en departamentos de la
312
CONTENIDO
Las clínicas jurídicas ambientales y la protección de personas defensoras ambientales
Amazonía agrava el problema. Esto se debe a que la realización y el
aumento de las actividades ilícitas incrementan el nivel de vulnerabilidad
de las personas defensoras ambientales (Gamboa, 2022). En muchos
casos, estas viven o están aledañas a las zonas donde se desarrollan, lo
que implica una mayor exposición a ataques y represalias (International
Service for Human Rights, 2015), sumado al hecho de que muchas de
estas se encuentran vinculadas al crimen organizado.
Finalmente, se debe destacar el rol de las defensoras ambientales,
quienes son especialmente vulnerables debido a que se enfrentan a los
mismos riesgos que los defensores ambientales, pero a ello se le suma
la violencia de género, incluida la sexual (Proyecto Prevenir USAID,
2022). Como bien señala Ana Güezmes, directora de la División de
Asuntos de Género de la Comisión Económica para América Latina y
el Caribe (Cepal),
las defensoras ambientales constituyen uno de los grupos más
afectados en la región por la defensa de los derechos huma-
nos y la protección ambiental. Por ello, la protección de estas
defensoras y la del planeta es un tema urgente que nos convoca
a pensar, diseñar e implementar políticas públicas y estrategias
que reviertan la desigualdad y que prevengan las formas múltiples
e interrelacionadas de discriminación y violencia que enfrentan.
(Güezmes cit en Cepal, 2023c)
Como se ha podido apreciar a lo largo de este apartado, la labor
realizada por las personas defensoras ambientales es trascendental para
la protección del medio ambiente; no obstante, se torna ardua y peligrosa,
por la compleja dicotomía de lo que protegen y a lo que se ven expuestos,
que pone sus vidas, y las de su entorno, en riesgo.
A pesar de esta situación, las personas defensoras ambientales con-
tinúan con su labor, lo que asegura un futuro sostenible para las gene-
raciones presentes y futuras. Como señaló la Ex Alta Comisionada de
las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, la
protección del ambiente va de la mano de la protección de las personas
defensoras ambientales (Naciones Unidas, 2022).
313
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
En el marco de las acciones que viene realizando la Clínica Jurídica
Ambiental pucp, del 26 al 28 de octubre del 2023, se realizó un viaje
académico con la finalidad de entrevistar a defensores ambientales de la
región de Madre de Dios, cuyas identidades se mantendrán en anonimato
en aras de proteger su integridad. En función de ello, se evidenció que las
personas defensoras ambientales mantienen una percepción de insegu-
ridad con respecto a las autoridades, motivada por casos de corrupción.
Subrayan el significativo debilitamiento institucional debido a la falta de
eficacia de dichas entidades para responder a las denuncias relacionadas
con actividades económicas ilícitas, ya que realizan la recopilación de
medios probatorios de forma tardía, así como demandan evidencia sus-
tantiva en situaciones en las cuales no es factible documentar exhausti-
vamente cada incidencia. Asimismo, indican que no hay confidencialidad
al momento de formalizar acusaciones porque comparten la identidad
de los denunciantes con las organizaciones criminales.
En relación con la otorgación de las medidas de protección, se
tiene la percepción de que estas solo quedan en el papel y no se llegan
a materializar. Debido a que son otorgadas de forma tardía y se tiene
registro de contextos donde han tenido que ocurrir situaciones adversas
para su activación. Pese a que han sido convocados a mesa de diálogo,
consideran que sus observaciones con respecto a que estas medidas no
se brindan de acuerdo con su contexto, no son escuchadas o tomadas en
cuenta por parte del Estado. Adicionalmente, destacan que ha habido
avances significativos, gracias al respaldo tanto de entidades internacio-
nales como de organizaciones privadas. En virtud de este respaldo, han
logrado tener acceso a la justicia, establecer comunicación directa con las
autoridades nacionales y presentar propuestas elaboradas por los propios
defensores ambientales.
9.2. Acercamiento conceptual a las obligaciones
internacionales de los Estados para la protección del
medio ambiente y las personas defensoras ambientales
En el plano internacional, en el año 1998 se adoptó la Declaración sobre
el derecho y el deber de los individuos, los grupos y las instituciones de
promover y proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales
reconocidas (en adelante, la Declaración sobre Defensores), aprobada por
314
CONTENIDO
Las clínicas jurídicas ambientales y la protección de personas defensoras ambientales
la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (onu)
por Resolución A/RES/53/144, la cual señala en su artículo 1 que “toda
persona tiene derecho, individual o colectivamente, a promover y procu-
rar la protección y realización de los derechos humanos y las libertades
fundamentales en los planos nacional e internacional”.
Con base en dicho artículo, la Comisión Interamericana de Dere-
chos Humanos (en adelante, cidh) ha considerado por definición que la
defensora o defensor es “toda persona que de cualquier forma promueva
o procure la realización de los derechos humanos y las libertades funda-
mentales reconocidos a nivel nacional o internacional” (CIDH, 2011).
De igual forma, el Consejo de la Unión Europea ha definido y agrega
que las defensoras o defensores de derechos humanos se definen de la
siguiente manera:
Son aquellos individuos, grupos y organismos de la sociedad
que promueven y protegen los derechos humanos y las libertades
fundamentales universalmente reconocidos. Los defensores de los
derechos humanos persiguen la promoción y la protección de los
derechos civiles y políticos, así como la promoción, la protección
y la realización de los derechos económicos, sociales y culturales.
Los defensores de los derechos humanos promueven y protegen
asimismo los derechos de los miembros de grupos tales como las
comunidades indígenas. La definición no incluye a los individuos
o grupos que cometan actos violentos o propaguen la violencia.
(Textos aprobados–Directrices de la UE sobre defensores de los
derechos Humanos, 2014)
Por otro lado, la Organización Mundial Contra la Tortura ha sos-
tenido que los defensores de los derechos humanos se definen de la
siguiente manera:
Toda persona que corra el riesgo o que sea víctima de represalias,
de hostigamiento o de violación de sus derechos a causa de su
compromiso, de conformidad con los instrumentos internacio-
nales de protección de derechos humanos, individualmente o en
asociación con un tercero, a favor de la promoción y de la puesta
315
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
en marcha de derechos reconocidos por la Declaración Universal
de Derechos Humanos y garantizados por los diferentes instru-
mentos internacionales. (omct, 2019)1
Cabe destacar que algunas organizaciones no gubernamentales de
protección de derechos humanos como Amnistía Internacional han
indicado que se requiere un concepto más operativo en cuanto los defen-
sores y las defensoras de derechos son aquellas personas que “actúan
pacíficamente, sin recurrir a la violencia, para promover y proteger la
universalidad e indivisibilidad de los derechos de pueblos e individuos.
Pueden ser personas de muy diversa tipología. Pueden actuar por cuen-
ta propia o de forma asociativa; algunas actúan a título personal, otras
en el marco de su profesión; defendiendo los derechos humanos en sus
actividades cotidianas o tras una acción individual a favor de esa causa”
(Amnistía Internacional).
En este marco, se puede identificar a las defensoras o defensores de
derechos humanos como aquellos que cumplen funciones de promoción
y protección pacífica de los derechos humanos. Asimismo, dichas accio-
nes pueden llevarse a cabo de forma intermitente y ocasional, es decir,
no se considera como requisito que realice las acciones de promoción y
protección de manera permanente y sistemática (CIDH, 2014). En ese
sentido, la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos
Humanos ha interpretado que, además de las funciones de promoción y
protección de los defensores, deben considerarse las acciones realizadas
por la persona y no, por ejemplo, pagos lucrativos de por medio u otras
formas ajenas a las funciones (CIDH, 2011).
En efecto, la Organización de los Estados Americanos (en adelante,
oea) ha considerado que la labor de defensa de los derechos humanos no
solo atiende a aquellos civiles o políticos, sino que abarca los derechos
económicos, sociales, culturales y ambientales, de acuerdo con los prin-
cipios de universalidad, indivisibilidad e interdependencia. En esta línea,
la cidh destacó la labor de las defensoras y los defensores de derechos
1
Organización Mundial Contra la Tortura (2019). kThe Observatory for the protection
of human defenders ([Link]
protection-of-human-rights-defenders
316
CONTENIDO
Las clínicas jurídicas ambientales y la protección de personas defensoras ambientales
humanos, y al respecto ha señalado reiteradamente que promueven el
Estado de Derecho y la democracia (CIDH, 2017).
En línea con lo expuesto, se debe destacar el caso de las personas
defensoras del ambiente. Estas son quienes protegen y promueven los
derechos humanos con el enfoque de sostenibilidad ambiental. Así lo
expresó también Víctor Zambrano, presidente del Comité de Gestión de
la Reserva Nacional Tambopata, quien señaló que la mencionada reserva
se ve amenazada por el narcotráfico, la minería y la tala ilegal, actividades
que pretenden establecerse en esta área (Zambrano cit. en Cepal, 2023b).
Con respecto a las obligaciones internacionales ambientales, el Con-
sejo de Derechos Humanos (en adelante, cdh) de la Organización de las
Naciones Unidas (en adelante, onu), reconoce el “derecho humano a un
medio ambiente limpio, saludable y sostenible” (Naciones Unidas, 2021).
El medio ambiente es aquel entorno necesario para que las personas,
las poblaciones, las comunidades y las sociedades puedan desarrollarse
de manera armónica y sostenible con los recursos naturales y todo lo
que los rodea. Sin un medio ambiente adecuado, la concreción de otros
derechos humanos como la salud, la vida y la integridad pueden verse
limitados y afectados.
Las defensoras y los defensores de derechos humanos en materia de
protección y promoción de un medio ambiente sano han sido reconocidos
también en la Carta Mundial por la Naturaleza de 1982 por la Asamblea
General de la onu, la cual reconoce que toda persona “tendrá la oportu-
nidad de participar, individual o colectivamente en la preparación de las
decisiones que conciernen directamente a su medio ambiente, y cuando
este haya sido objeto de daño o deterioro, podrá ejercer los recursos
necesarios para obtener una indemnización” (Asamblea General de la
ONU, 1982)2 .
Asimismo, el Acuerdo Regional sobre el Acceso a la Información, la
Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales
en América Latina y el Caribe (en adelante, Acuerdo de Escazú), en
su artículo 9 señala que los Estados parte deben garantizar un entorno
2
Asamblea General de la onu. Resolución 37/7, Carta mundial de la naturaleza
([Link] 1982, principio 23.
317
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
seguro para las personas defensoras de los derechos humanos en asuntos
ambientales. De tal manera, se debería adoptar medidas que reconozcan,
protejan y promuevan sus derechos, así como tomar decisiones concretas
y efectivas para prevenir, investigar y sancionar cualquier amenaza que
ponga en riesgo sus vidas e integridad (Escazú, 2022).
En definitiva, cada vez se desarrolla una estrecha vinculación entre
los derechos humanos y el derecho a un medio ambiente saludable, inclu-
so para las defensoras y los defensores de derechos humanos en materia
ambiental, reconocido en el artículo 11 del Protocolo de San Salvador,
en el sentido de que toda persona tiene el derecho a “vivir un ambiente
sano y a contar con servicios públicos básicos”. Evidencia de ello es la
Opinión Consultiva OC-23/17 de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos, emitida el 15 de noviembre del 2017, la cual reconoció dicha
relación intrínseca entre derechos humanos y ambientales3. Asimismo,
la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha dicho que en el
marco de esa estrecha vinculación, es importante garantizar una tutela
3
En esta línea, en el caso peruano, de acuerdo con la jurisprudencia del Tribunal
Constitucional, el derecho a un ambiente sano y equilibrado integra (1) el derecho a gozar
de ese medio ambiente; y (2) el derecho a que ese medio ambiente se preserve. Esto quiere
decir que toda persona se encuentra facultada de disfrutar de un medio ambiente, sin que
la alteración del hombre suponga una afectación sustantiva, y se fundamenta en un disfrute
de un entorno adecuado para el desarrollo de la persona y de su dignidad. De lo contrario,
establece el Tribunal que su goce se vería frustrado y el derecho quedaría, así, carente de
contenido (Tribunal Constitucional, 2013).
En relación con el derecho a la preservación de un medio ambiente sano y equilibrado,
el Tribunal indica que este obliga al Estado de modo ineludible a mantener las condiciones
adecuadas del medio ambiente para el disfrute de las personas, pudiendo esta obligación
alcanzar también a los particulares que desarrollan actividades que afectan el entorno.
Dentro de las posibilidades de estas acciones, indica el Tribunal, está la de expedir dispo-
siciones normativas a fin de promover la conservación y prevención del ambiente (Tribunal
Constitucional, 2013). No queda duda de que el concepto de defensoras o defensores de
derechos humanos como aquellos que cumplen funciones de promoción y protección pacífica
de los derechos humanos, siendo extensiva a los defensores ambientales, tiene normativa que
cada vez más se desarrolla aunque resultan insuficientes a la hora de operarlas y ponerlas
en práctica en su efectiva protección y garantía.
318
CONTENIDO
Las clínicas jurídicas ambientales y la protección de personas defensoras ambientales
efectiva de los derechos de los defensores y las defensoras ambientales al
admitir peticiones4 y solicitudes de medidas cautelares5.
Por lo mencionado, la tendencia internacional sobre la relación
intrínseca entre derechos humanos y el derecho a un medio ambiente
saludable debe ser interiorizada en la normativa interna de cada país. Ello
se debe reflejar a su vez en una protección amplia a los defensores y las
defensoras de los derechos humanos que desarrollan funciones esenciales
de protección al medio ambiente.
9.3. Acciones del Estado peruano orientadas
a la protección de las personas defensoras
ambientales: las respuestas de las instituciones
La casuística descrita en el primer capítulo sobre situaciones de riesgo
asociadas con las personas defensoras ambientales muestra que estos
hechos ocurren en lugares remotos y donde precisamente la presencia
del Estado es menor o prácticamente inexistente. Las circunstancias de
informalidad y de ilegalidad en torno al aprovechamiento de los recursos
naturales, sumado a la lejanía de sus territorios y las limitaciones del
Estado para hacer respetar la legalidad ha llevado a que ciudadanos y
pueblos indígenas asuman la defensa del medio ambiente y consecuen-
temente la protección de sus derechos conexos.
La eliminación o mitigación de las situaciones de riesgo de los defen-
sores de los derechos humanos implica no solo que se adopten medidas
de protección para garantizar su derecho a la vida y a la integridad física,
sino también que se implementen políticas dirigidas a resolver los pro-
blemas estructurales que afectan la degradación del medio ambiente y
los recursos naturales, por ejemplo, las actividades ilícitas.
4
cidh. Informe número 11/04 (admisibilidad), Petición 735/01, Teodoro García
Cabrera y Rodolfo Montiel Flores, México, 27 de febrero de 2004; Demanda de la Comi-
sión Interamericana de Derechos Humanos, Teodoro Cabrera y Rodolfo Montiel Flores
vs. México, 24 de junio de 2009; Informe 67/05 (Admisibilidad), Petición 61/03 Blanca
Jeanette Kawas Fernández, Honduras, 13 de octubre de 2005.
5
Medida cautelar 240/09 – Mauricio Meza, Colombia; medida cautelar 239/09 –
Héctor Antonio García Berríos y otros, El Salvador; medida cautelar 196/09 – Ampliación
de Medidas Cautelares, Honduras – Andrés Tamayo.
319
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
A la fecha, el Estado peruano ha realizado una serie de acciones para
proteger a las personas defensoras de derechos humanos, con especial
énfasis en asuntos ambientales. Por un lado, ha creado instrumentos de
política pública en materia de derechos humanos que buscan dar protec-
ción a las/os defensoras/es ambientales; y, por el otro lado, ha promovido
políticas para atender los problemas de degradación del medio ambiente,
referidos a minería ilegal y delitos ambientales. Ambos cursos de acción
enfrentan desafíos normativos e institucionales. Antes de ahondar en
dichos desafíos conviene hacer una revisión rápida de estos.
9.3.1. Instrumentos de política pública
en materia de derechos humanos
En el Perú, el derecho fundamental a “gozar de un ambiente equilibra-
do y adecuado para el desarrollo de la vida” se encuentra en el artículo
2, inciso 22, de nuestra Constitución Política de 1993, la cual también
reconoce que la defensa de la persona humana y el respeto de su dig-
nidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado (artículo 1). Este
derecho ha sido desarrollado por el Tribunal Constitucional peruano, al
indicar que el Estado tiene derechos y deberes de carácter reaccional y
prestacional. Por un lado, en su faz reaccional, el Estado asume la obli-
gación de abstenerse de llevar a cabo cualquier tipo de actos que afecten
el medio ambiente. En relación con la faz prestacional, el Estado tiene
obligaciones destinadas a conservar el ambiente, pudiendo estas acciones
materializarse mediante el desarrollo normativo 6.
En esa línea, la Ley General del Ambiente7 desarrolla que toda
persona tiene el derecho irrenunciable a vivir en un ambiente saludable,
equilibrado y adecuado para el pleno desarrollo de la vida, pero, además,
el deber de contribuir a una efectiva gestión ambiental y de proteger el
ambiente, así como sus componentes, asegurando particularmente la
salud de las personas en forma individual y colectiva, la conservación
de la diversidad biológica, el aprovechamiento sostenible de los recursos
naturales y el desarrollo sostenible del país. Esta definición permite
6
Sentencia del Tribunal Constitucional N.º 00018-2001-AI/TC.
7
Artículo I de la Ley N° 28611, Ley General del Ambiente.
320
CONTENIDO
Las clínicas jurídicas ambientales y la protección de personas defensoras ambientales
cubrir de legalidad la actuación de las personas defensoras ambientales,
en cuanto cumplen con el deber de hacerlo.
El primer instrumento normativo vinculado a una política pública
en el Perú que reconoció a los defensores/as de derechos humanos como
grupos de especial protección fue el Plan Nacional de Derechos Humanos
2018-20218. Este documento definió a las personas defensoras como un
“colectivo de personas vinculadas por su situación de potencial o real
afectación a sus derechos, lo que puede conllevar su sometimiento a un
estado de vulnerabilidad temporal o permanente, una necesidad que
asegure su existencia o la preservación inmediata de su integridad física
y mental a través de medidas institucionales del Estado, o la sujeción a
condiciones de trato desigual o discriminatorio”. Este plan buscó que el
Poder Ejecutivo generara condiciones de equidad y justicia de especial
protección para que las/os defensoras/es ejerzan plenamente sus derechos
fundamentales9.
Posteriormente, el Ministerio de Justicia y de Derechos Humanos
(minjusdh) del Perú aprobó el “Protocolo para garantizar la protección
de personas defensoras de Derechos Humanos en el Perú”10, el cual fue
resultado de un diálogo entre el Gobierno, la sociedad civil y los gremios
empresariales.
Este protocolo establece por primera vez un procedimiento de alerta
temprana para que, luego de una evaluación de riesgo del minjusdh,
se determine qué acción de protección o acción urgente de protección
corresponde otorgar a la persona defensora y a los parientes o depen-
dientes, según corresponda, y se establece un plazo para ello. Asimismo,
dispone la creación del Registro sobre Situaciones de Riesgo de Personas
8
Aprobado por Decreto Supremo N.º 002-2018-MINJUS.
9
Específicamente, es en el tercer Lineamiento Estratégico del Plan Nacional de
Derechos Humanos del año 2018 “Diseño y ejecución de políticas a favor de los grupos
de especial protección”, que se dispuso como objetivo estratégico “garantizar el ejercicio
seguro y en igualdad de condiciones de las labores de las defensoras y los defensores de
derechos humanos”, y prevé como una de sus acciones estratégicas “fomentar mecanismos
para garantizar el ejercicio seguro de la labor pacífica y no violenta, retribuida y gratuita
de las defensoras y los defensores de derechos humanos en todo el territorio nacional”.
10
Mediante Resolución Ministerial Nº 159-2019-MINJUS.
321
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Defensoras de Derechos Humanos11, que es la primera herramienta apro-
bada en el Perú para recopilar, analizar y gestionar información sobre
situaciones de riesgo que enfrentan las personas defensoras de derechos
humanos a nivel nacional. En tal sentido, no busca ser un registro úni-
camente de personas, sino que está centrado en la adopción de medidas
oportunas para prevenir amenazas y garantizar su protección integral. No
obstante, las medidas que se podían plantear tenían un alcance estricta-
mente sectorial y no eran vinculantes a otros sectores. Ello no resultaba
eficaz ni eficiente, ya que, conforme a lo descrito en el primer capítulo, la
problemática asociada a las personas defensoras de los derechos humanos
involucra la participación de diversas entidades estatales12 . Esta falta
de regulación específica restaba eficacia a las acciones de protección y
acciones urgentes de protección que impulsaba el minjusdh, al no poder
encauzarlas con celeridad y la urgencia que demandan los riesgos que
afrontan las personas defensoras de derechos humanos.
Por su parte, en el 2020, la Defensoría del Pueblo en el Perú aprobó
los Lineamientos de Intervención Defensorial frente a casos de Defen-
sores y Defensoras de Derechos Humanos13. Este instrumento establece
criterios y pautas de actuación uniformes que permiten una adecuada
intervención de la Defensoría del Pueblo en relación con quejas, petitorios
y consultas que se presenten ante las oficinas y módulos defensoriales en
casos de defensores y defensoras de derechos humanos.
Así también, la Defensoría del Pueblo presta asistencia a las/os
defensoras/es de derechos humanos en situación de riesgo para obtener
garantías personales. En esa línea, la propia Defensoría del Pueblo
interviene ante la Fiscalía de Prevención del Delito peruana en casos de
criminalización de los defensores y defensoras de Derechos Humanos14.
11
Resolución Ministerial N.° 225-2020-JUS.
12
Por ello, el registro fue derogado por el Mecanismo Intersectorial para la protección
de las personas defensoras de derechos humanos, aprobado por Decreto Supremo N.º 004-
2021-JUS.
13
Resolución Administrativa N.º 029-2020/DP-PAD.
14
Así también, en diciembre del 2021, la Defensoría publicó la cartilla “Mecanismos
de protección para personas defensoras indígenas y ambientales de la Amazonía”.
322
CONTENIDO
Las clínicas jurídicas ambientales y la protección de personas defensoras ambientales
En el año 2021, el minjusdh creó el Mecanismo intersectorial para la
protección de las personas defensoras de derechos humanos15, modificado
en el 202316. Dicho mecanismo es la primera estrategia peruana inter-
sectorial para promover y proteger la defensa de los derechos humanos.
Hasta antes de su aprobación, el marco legal no vinculaba a un grupo de
sectores con funciones para involucrarse en la implementación de medi-
das relacionadas con la protección integral de una persona defensora en
riesgo y medidas para su prevención. El registro del 2020 se incorporó
a este mecanismo intersectorial, por lo cual constituye actualmente la
base instrumental a partir de la que se deben desarrollar y articular las
principales medidas gubernamentales para hacer frente a las amenazas,
los ataques y las situaciones de riesgo que afrontan los defensores de
derechos humanos en el caso peruano.
Este mecanismo incorpora a ocho ministerios en la responsabili-
dad de contribuir a la generación de condiciones apropiadas y seguras
para las personas defensoras de los derechos humanos (Ministerio de
Justicia y Derechos Humanos, Ministerio del Interior, Ministerio del
Ambiente, Ministerio de Cultura, Ministerio de la Mujer y Poblaciones
Vulnerables, Ministerio de Relaciones Exteriores, Ministerio de Energía
y Minas y Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego). El minjusdh es
el sector encargado de coordinar la implementación de las acciones del
Mecanismo Intersectorial, mediante la Dirección de Políticas y Gestión
en Derechos Humanos, para lo cual se articulará con el Poder Ejecutivo,
la Policía Nacional del Perú y también subprefectos, tenientes goberna-
dores, gobiernos regionales y locales.
Cabe destacar que el Mecanismo Intersectorial define a la persona
defensora de derechos humanos como la “persona natural que actúa de
forma individual o como integrante de un colectivo, grupo étnico-cultu-
ral, organización, entidad pública o privada, así como personas jurídicas,
grupos, organizaciones o movimientos sociales, cuya finalidad es la
promoción, protección o defensa de los derechos humanos, individuales
y/o colectivos de manera pacífica, dentro del marco del Derecho nacional
15
Decreto Supremo N.° 004-2021-JUS.
16
Decreto Supremo N.° 002-2022-JUS.
323
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
e internacional”. Esta adopción de un concepto amplio de defensor de
derechos humanos permite calificar como tal a actores no estatales, tanto
de manera individual como colectiva, y también permite reconocer dicha
condición a personas que integran una entidad pública.
Aparte del registro sobre situaciones de riesgo, el Mecanismo Inter-
sectorial establece los procedimientos para las medidas de protección
y medidas urgentes de protección frente a situaciones de riesgo, y las
medidas para promover el acceso a la justicia en situaciones de riesgo.
Asimismo, dispone la coordinación intergubernamental para la protec-
ción de las personas defensoras de derechos humanos, lo cual incluye
el brindar asistencia técnica a gobiernos regionales y gobiernos locales.
La norma de creación de este mecanismo dispone que la imple-
mentación de sus acciones se realiza de manera progresiva y se financia
con cargo al presupuesto institucional de las entidades involucradas,
sin demandar recursos adicionales al Tesoro Público. Esta es una gran
limitación para la eficiencia de esta herramienta. En efecto, ante una
solicitud de acceso a la información pública gestionada por la Clínica
Jurídica Ambiental pucp, el minjusdh, por medio de la Dirección de
Políticas y Gestión en Derechos Humanos, indicó que dicho ministerio
no cuenta con presupuesto institucional de apertura a inicios de año, para
implementar las acciones del Mecanismo Intersectorial, sino que solicita
periódicamente la asignación de recursos para su implementación. En el
2023, el presupuesto institucional modificado, a partir de la solicitud de
recursos, fue de S/ 174,080.00 soles peruanos. Esto significa en la práctica
que, al no contar con presupuesto los primeros meses del año, no podrá
ejercer sus acciones de protección de las/os defensoras/es.
Por último, en el Plan Nacional de Acción sobre Empresas y Dere-
chos Humanos 2021-202517, traducido al quechua y al aymara, se inclu-
yeron acciones relacionadas con las personas defensoras de derechos
humanos, tales como capacitaciones a organizaciones de la sociedad civil
o personas defensoras de derechos humanos sobre principios rectores de
las Naciones Unidas sobre Empresas y Derechos Humanos y sobre con-
ducta empresarial responsable, y elaborar instrumentos para la protección
17
Decreto Supremo N.° 009-2021-JUS.
324
CONTENIDO
Las clínicas jurídicas ambientales y la protección de personas defensoras ambientales
de personas defensoras de derechos humanos, para el fortalecimiento de
su labor18. A la fecha, no se tiene conocimiento de cuántas capacitaciones
se han realizado ni de cuántos instrumentos se han generado en el marco
de este plan nacional. Cabe señalar que el responsable es el minjusdh,
en coordinación con entidades competentes.
Asimismo, tiene una acción dirigida a “Evaluar el proceso de imple-
mentación del Mecanismo Intersectorial para la protección de personas
defensoras de derechos humanos, incorporando el enfoque de empresas y
derechos humanos”19, siendo la meta del 2022 tener un primer informe de
evaluación de implementación del mecanismo. Al año 2023, no se tiene
conocimiento de la emisión de este primer informe y la acción no dispone
que sea elaborado con la participación y los aportes de la sociedad civil,
sino que únicamente el minjusdh es responsable. Ello podría menguar la
objetividad del informe y dejar de lado información importante y puntos
de vista de defensoras/es y especialistas en la materia.
Además, es importante señalar que la última información publicada
en la página web del minjusdh con respecto al Mecanismo Intersecto-
rial es de junio del 202220. Sin perjuicio de ello, ante una solicitud de
información pública de la Clínica Jurídica Ambiental pucp, el minjusdh
18
Dichas acciones están incluidas en el objetivo N.° 2 del Plan: “La sociedad civil
organizada (integrantes de organizaciones de la sociedad civil, de sindicatos y de pueblos
indígenas u originarios) conoce y promueve la implementación de los principios rectores y
otros instrumentos internacionales vinculados, en sus actividades”... Específicamente, en
los indicadores de la acción N.º 8 de “Crear e implementar un programa permanente de
capacitación sobre pr-cer, basado en estándares internacionales sobre pr-cer, desde la
rectoría del Sector Justicia y Derechos Humanos, con especial énfasis en la atención de las
necesidades específicas de la sociedad civil organizada, los pueblos indígenas u originarios,
el pueblo afroperuano, los sindicatos, los grupos de especial protección, comunidades y
rondas campesinas y la ciudadanía en general”, que tiene por indicador el “Número de
capacitaciones a organizaciones de la sociedad civil y/o personas defensoras de derechos
humanos sobre pr-cer e instrumentos para la protección de personas defensoras de dere-
chos humanos, para el fortalecimiento de su labor”.
19
Se encuentra en el objetivo N.° 3 del Plan: Revisión, diseño y adopción de planes
y programas nacionales para garantizar los derechos humanos en el marco de actividades
empresariales, acción N.° 48.
20
Página web: [Link]
de-accion-sobre-empresas-y-derechos-humanos/
325
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
respondió que han atendido 181 situaciones de riesgo entre junio del 2019
y abril del 2023, que involucraron a 394 personas defensoras de derechos
humanos y/o familiares, en dieciséis departamentos del país. Es necesario
que la información esté sistematizada, sea pública y esté constantemente
actualizada, para poder evaluar la eficiencia del mecanismo. Por supuesto,
la información personal y sensible no debe ser expuesta.
Ahora bien, como entidades parte del Mecanismo Intersectorial,
el Ministerio del Ambiente, el Ministerio de Cultura, el Ministerio
del Interior y el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables han
elaborado normativas para la implementación de dicha herramienta.
Para implementar el Mecanismo Intersectorial, el Ministerio del
Ambiente (minam) aprobó el Protocolo Sectorial para la Protección
de las Personas Defensoras Ambientales 21. Dicho instrumento tiene
por objeto establecer los lineamientos generales para la coordinación,
la implementación y la evaluación de la aplicación de las medidas de
prevención, reconocimiento y protección a cargo del sector ambiental, a
efectos de garantizar los derechos de las personas defensoras ambientales,
en el marco del Sistema Nacional de Gestión Ambiental 22. En septiembre
del 2022, el Ministerio del Ambiente modificó dicho protocolo, a fin de
incrementar el nivel de apoyo en tiempos más cortos a las/os defensoras/
es ambientales, reduciendo la respuesta del Estado a un plazo no mayor
de 15 días.
Mediante una solicitud de acceso a información pública, el minam
informó que “no cuentan con una meta presupuestal específica para los
temas referidos a “defensores ambientales”, en cuanto su participación
en el mecanismo intersectorial se financia con cargo a su presupuesto
institucional, sin demandar recursos adicionales. Asimismo, indicó
que “con los recursos que se tiene se garantiza la participación de los
21
Resolución Ministerial N.° 134-2021-MINAM.
22
Este Protocolo Sectorial define a la persona defensora ambiental como aquella que
“actúa de forma individual o como integrante de un colectivo, grupo étnico-cultural, orga-
nización, entidad pública o privada, así como personas jurídicas, grupos, organizaciones
o movimientos sociales, cuya finalidad es la promoción, protección o defensa del derecho
a un medio ambiente sano y sostenible, de manera pacífica, dentro del marco del Derecho
nacional e internacional”.
326
CONTENIDO
Las clínicas jurídicas ambientales y la protección de personas defensoras ambientales
representantes del minam en los diferentes espacios, que contribuyan en
la protección de los defensores ambientales”.
A julio del 2023, el minam informó a la Clínica Jurídica Ambiental
pucp que había tomado medidas según el mecanismo intersectorial para
ocho casos con resolución viceministerial del minjusdh. Dichas medi-
das han consistido en “1. Realizar supervisiones ambientales y dictar
medidas administrativas, según corresponda, ante posibles situaciones
relacionadas con la afectación del ambiente y los recursos naturales que
constituyan fuente de riesgo y afectación de las personas defensoras
ambientales. 2. Interponer las acciones legales que correspondan ante la
posible comisión de delitos ambientales que constituyan fuente de riesgo
y afectación de los derechos de los defensores ambientales”. Los delitos
ambientales relacionados han sido tala ilegal, contaminación del aire,
minería ilegal y tráfico de tierras, y otros delitos relacionados han sido
narcotráfico y afectación por metales pesados tóxicos.
Finalmente, en el 2021 y en el 2022, el minam instaló tres mesas
regionales en los departamentos de Madre de Dios, Ucayali y San
Martín, involucrando a ocho sectores, que incluyen entidades públicas
como el Ministerio del Ambiente, minjusdh, el Ministerio de Cultura,
el Ministerio del Interior, el Ministerio de Defensa y el Programa devi-
da; se debe indicar que la inclusión de las precitadas entidades públicas
corresponde a que la atención de la protección de las personas defensoras
ambientales resulta un asunto transversal que involucra las competen-
cias de más de un sector. De acuerdo con lo informado por minam, en
respuesta a la solicitud de acceso a la información pública de la Clínica
Jurídica Ambiental pucp, la primera reunión de la mesa de Ucayali fue en
marzo del 2023 y la mesa de Madre de Dios no se reunió desde julio del
2022 hasta marzo del 2023. No se encuentran publicadas las actas de las
reuniones de dichas mesas, ni tampoco se ha desarrollado un mecanismo
de seguimiento de los avances con indicadores concretos.
El Ministerio de Cultura del Perú 23 aprobó la “Directiva para la
adopción de medidas de prevención de situaciones que pongan en riesgo
23
Según el artículo 4 de la Ley 29565 (2010), una de las “las áreas programáticas
de acción sobre las cuales el Ministerio de Cultura ejerce sus competencias, funciones y
327
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
a las personas indígenas u originarios y del pueblo afroperuano defen-
soras de sus derechos colectivos en el marco del Decreto Supremo N.°
004-2021-jus y las competencias del Ministerio de Cultura” 24. De igual
manera, en octubre del 2022 hubo una mesa de trabajo multisectorial en
el Ministerio de Cultura, con la participación de la Central Asháninka
del Río Ene (care), la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva
Peruana (Aidesep), Derecho, Ambiente y Recursos Naturales (dar),
líderes y lideresas asháninkas del Ene.
El Ministerio del Interior del Perú 25 estableció el Protocolo de aten-
ción para el procedimiento de otorgamiento de garantías personales26 , el
cual señala que todas las personas defensoras de los derechos humanos
que interpongan una petición de garantías personales ante la autoridad
competente tienen derecho a recibir atención en forma inmediata y opor-
tuna ante cualquier acto de amenaza, coacción, hostigamiento u otros que
atenten contra la integridad física o psicológica, la paz y su tranquilidad.
Dicho instrumento normativo fue impulsado por la Dirección General de
Gobierno Interior encargada de su aplicación. Por ello, resulta preocupan-
te que, ante la solicitud de acceso a la información pública de la Clínica
Jurídica Ambiental pucp, haya respondido que “no maneja presupuesto
ni información al respecto”. Igualmente, tampoco pudo informar sobre
atribuciones para el logro de los objetivos y metas del Estado” es la de “pluralidad étnica
y cultural de la Nación”.
24
Mediante Resolución Ministerial N.° 134-2022-DM-MC, del 11 de mayo del 2022,
se aprobó la Directiva N.° 001-2022-VMI/MC.
25
Según el artículo 4 del Decreto Legislativo N.° 1266 (2016), “el Ministerio del
Interior ejerce competencia exclusiva a nivel nacional en materia de orden interno y orden
público. Así también, ejerce competencia compartida en materia de seguridad ciudadana,
de acuerdo a Ley”. Sumado a esto, el artículo 5 señala como una de sus funciones rectoras
la de “garantizar, mantener y restablecer el orden interno, el orden público y la seguridad
ciudadana en el marco de sus competencias; prestar protección y ayuda a las personas y a
la comunidad” y como una de sus funciones específicas la de “diseñar, aprobar, ejecutar y
monitorear políticas y acciones concretas para la defensa de los derechos fundamentales de
la persona y la comunidad, [...], incorporando los enfoques de derechos humanos, género
e interculturalidad […]”.
26
Protocolo N.° 001-2021-IN-VOI-DGIN.
328
CONTENIDO
Las clínicas jurídicas ambientales y la protección de personas defensoras ambientales
el número de veces en que se activó dicho protocolo, en tanto señaló que
no la tiene en un informe27.
Por su parte, la Fiscalía de la Nación también creó en marzo del
2021 la Comisión de Acceso a la Justicia para las Personas Defensoras
de Derechos Humanos28. En noviembre del 2021 amplió las competen-
cias de las fiscalías que integran la Coordinación Nacional de la Fiscalía
Superior Penal Nacional y Fiscalías Penales Supraprovinciales para que
brinden atención especializada a todos aquellos delitos que se produzcan
en agravio de las personas defensoras de derechos humanos en razón
de su labor de defensa 29, conforme a lo establecido por el Mecanismo de
Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos del Ministerio
de Justicia. En efecto, las Fiscalías Especializadas en Derechos Humanos,
Interculturalidad y Delitos de Terrorismo atienden los casos de delitos
contra defensoras/es ambientales, en los que estarían aplicando estándares
internacionales (Ministerio Público, 2022).
Asimismo, la Fiscalía de la Nación publicó en marzo del 2022 el
protocolo para la “Actuación fiscal para la prevención e investigación de
los delitos en agravio de personas defensoras de derechos humanos” 30. El
objetivo de este protocolo es establecer herramientas para la prevención
e investigación de los delitos en agravio de las personas defensoras de
derechos humanos, que garanticen la efectividad de la actuación fiscal de
acuerdo con los estándares internacionales y la normativa sobre la materia.
Es importante destacar que en este protocolo se incluye el principio
de no criminalización de las personas defensoras de derechos humanos,
por el cual “los fiscales, en pleno ejercicio de su autonomía, realizan un
exhaustivo análisis ante denuncias en contra de personas defensoras de
derechos humanos. De esta manera, a fin de identificar si la denuncia fue
realizada como una herramienta para obstaculizar sus labores, se toma en
consideración el contexto en el que ocurrieron los hechos y la condición
27
Respuesta a la solicitud de información pública formulada en julio del 2023, a través
del Memorando N.° 000212-2023/IN/DGIN/DAEG.
28
Resolución N.° 461-2021-MP-FN.
29
Resolución N.° 1612-2021-MP-FN.
30
Resolución 439-2022-MP-FIN.
329
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
de la persona defensora de derechos humanos. Se deberá tomar especial
atención si es que la denuncia en contra de las personas defensoras de
derechos es realizada como consecuencia del ejercicio de su derecho a la
libertad de expresión y de protesta”.
De la misma manera, el protocolo de la Fiscalía señala que son per-
sonas defensoras del medio ambiente aquellas personas, grupos y orga-
nizaciones que se esfuerzan, individual o colectivamente, y de manera
pacífica por proteger y promover los derechos humanos relacionados con
el agua, el aire, la tierra, la flora y la fauna.
Por otra parte, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables
del Perú aprobó la directiva para la prevención, la atención, la protección
y el reconocimiento de las mujeres defensoras de derechos humanos en
junio del 202331, con el objetivo de generar condiciones seguras para el
desarrollo de las acciones de mujeres defensoras.
Finalmente, cabe resaltar que, pese a que el Ministerio de Relaciones
Exteriores32 del Perú es el encargado de otorgar las medidas de protec-
ción, de proveer de visas especiales o permisos de residencia por razones
31
Resolución Ministerial N° 223-2023-MIMP.
32
Según el artículo 5 de la Ley 29357 (2009), entre las funciones rectoras del Ministerio
de Relaciones Exteriores se encuentran las siguientes:
“1. Formular, ejecutar y evaluar la Política Exterior, de conformidad con las direc-
trices del Presidente de la República y la Política General del Estado.
2. Representar permanentemente al Estado en el ámbito internacional a través del
Servicio Exterior y del Servicio Diplomático de la República.
3. Conducir y normar la organización y funcionamiento del Servicio Exterior y del
Servicio Diplomático de la República.[…]
6. Negociar y suscribir tratados y demás instrumentos internacionales, así como
participar en las negociaciones de aquellos de naturaleza especializada en coordinación
con los sectores competentes.”
Asimismo, la mencionada ley señala en su artículo 6 como funciones específicas de
este ministerio:
“4. Formular, coordinar, ejecutar y evaluar la política de protección y asistencia a los
nacionales en el exterior.
5. Brindar servicios en el exterior en representación del Estado. […]
9. Normar, supervisar y legalizar documentos peruanos para que surtan efectos
jurídicos en el exterior, así como documentos extranjeros en el territorio nacional. […]
17. Proteger, cautelar y promover los intereses del Estado y sus nacionales en el
exterior. […]
330
CONTENIDO
Las clínicas jurídicas ambientales y la protección de personas defensoras ambientales
políticas o humanitarias a las personas defensoras extranjeras, así como
brindar apoyo consular a las personas defensoras de derechos humanos
que hayan sido forzados a huir a otro país debido a la situación de riesgo
que enfrentaban, no ha emitido ningún protocolo para ello. Lo mismo
ocurre con la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas
(devida)33, que tiene a su cargo brindar asistencia mediante la distribu-
ción de insumos y bienes que se requieran en las zonas afectadas por las
acciones de erradicación de cultivos ilegales de coca, donde las personas
defensoras de derechos humanos realizan sus labores. El contar con un
protocolo permite tener predictibilidad de la actuación de las entidades
en los casos de atención a defensores/as, lo cual coadyuva, por un lado,
a que la entidad pueda organizar, planificar y presupuestar sus acciones,
así como definir a los responsables; y, por otro, a las/os defensoras/es a
tener información sobre las acciones que realizará la entidad, los plazos
y los responsables, entre otros aspectos.
A la fecha aún no se aprueba el Protocolo de actuación para la
implementación de las medidas de protección o medidas urgentes de
protección, que son otorgadas mediante resolución viceministerial del
minjusdh, y que estarán a cargo de la Policía Nacional del Perú, que
debe realizarse en coordinación con el Ministerio del Interior. Dicho
protocolo debió haber sido aprobado luego de treinta días hábiles de
publicada la norma que crea el Mecanismo Intersectorial para la protec-
ción de las personas defensoras de derechos humanos34. Es indispensable
su aprobación pues debe contener las estrategias de financiamiento que
permitan la implementación de dicha norma y los lineamientos del plan
de actividades para lograr la oportuna ejecución de las medidas35.
25. Administrar, expedir y revalidar pasaportes diplomáticos y especiales, así como
los pasaportes comunes en el exterior; otorgar visas y calidades migratorias, documentos
de viaje y de identificación para extranjeros en el ámbito de su competencia”.
33
Organismo Público Ejecutor, adscrito al sector de la Presidencia del Consejo de
Ministros, encargado de conducir la Política Nacional Contra las Drogas al 2030 y cons-
tituirse en la contraparte nacional para todos los fondos de cooperación internacional
destinados a la lucha contra las drogas.
34
Decreto Supremo N.° 004-2021-MINJUS.
35
Según lo establecido en la Segunda Disposición Complementaria Final del Decreto
Supremo N.° 004-2021-JUS.
331
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Con relación al Congreso de la República del Perú, en junio del
2017 la Comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos,
Ambiente y Ecología (en adelante, cpaaaae) reconoció a más de cin-
cuenta defensoras/es ambientales de todo el país; y, en junio del 2023
dicha comisión aprobó el predictamen recaído en el Proyecto de ley
4686/2022-CR, que propone la ley de protección de los defensores de
derechos ambientales. Sin embargo, el pleno del Congreso no ratificó
el Acuerdo de Escazú. Las razones alegadas estuvieron fundadas en
argumentos como los riesgos, inexistentes, de pérdida de la soberanía
nacional con respecto al territorio peruano, pérdida de la jurisdicción para
resolver controversias ambientales, así como el impacto negativo sobre la
economía nacional y determinados sectores productivos. En tal sentido,
el Congreso no ha contribuido a la protección de las/os defensoras/es.
La ratificación del Acuerdo de Escazú no disminuye la soberanía
nacional peruana, ya que se sustenta en principios de soberanía perma-
nente sobre recursos naturales e igualdad soberana entre Estados (spda,
2020). Su implementación respeta la legislación nacional y se incorpora
al marco jurídico peruano. El acuerdo promueve la cooperación entre
Estados y favorece la negociación en situaciones de controversia, sin
menoscabar la soberanía estatal.
Políticas dirigidas a atender los problemas estructurales que degradan
el medio ambiente y los recursos naturales. Por otro lado, considerando
que los delitos ambientales en el Perú representan actualmente una de
las principales causas de riesgo para las personas defensores ambientales,
el minam también ha tomado medidas contra ello (Lazo, 2023). La nor-
mativa en el Perú referente a la prevención, la investigación y el castigo
de los peligros a los que se exponen los defensores ambientales incluye
la supervisión y la evaluación de las medidas de protección.
Así, el Poder Ejecutivo creó la Comisión de Alto Nivel para la
prevención y reducción de los delitos ambientales en el país36 , que tiene
como objeto proponer medidas para la prevención y la reducción de
los delitos ambientales, así como coadyuvar a mejorar la respuesta y la
36
Mediante Decreto Supremo N.° 011-2021-MINAM, publicado en junio de 2021.
332
CONTENIDO
Las clínicas jurídicas ambientales y la protección de personas defensoras ambientales
efectividad del Estado ante la comisión de ilícitos penales que afecten
el ambiente. Entre sus funciones destacan el formular propuestas para
contribuir a la mejora del acceso y la aplicación de la justicia ambiental
y elaborar propuestas de estrategias que coadyuven a las autoridades del
sistema nacional de administración de justicia y a las demás autoridades
competentes a prevenir y reducir la comisión de delitos ambientales. Cabe
resaltar que la precitada comisión es presidida por el minam e integra-
da por minjusdh, el Ministerio de Energía y Minas, el Ministerio de
Desarrollo Agrario y Riego, el Ministerio de Producción, el Ministerio
de Salud, la Presidencia del Consejo de Ministros, la Superintendencia
Nacional de Aduanas y Administración Tributaria, el Organismo de
Evaluación y Fiscalización Ambiental, el Organismo de Supervisión
de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre y el Servicio Nacional
Forestal y de Fauna Silvestre. También participan la Asamblea Nacional
de Gobiernos Regionales y la Red de Municipalidades Rurales del Perú.
Posteriormente, se creó la Unidad Funcional de Delitos Ambientales
(en adelante, Unida)37 dentro del Ministerio del Ambiente, una de cuyas
funciones es coadyuvar a la implementación de las medidas de recono-
cimiento y protección de los defensores ambientales. Unida tiene como
funciones la elaboración de reportes trimestrales, así como el monitoreo
periódico a la implementación de las medidas de protección y medidas
urgentes de protección a cargo del sector ambiente y la evaluación de sus
efectos. El último boletín de Unida es de febrero del 2022 y no se cuen-
ta con información pública de sus acciones desde entonces. La Clínica
Jurídica Ambiental pucp envió una solicitud de acceso a la información
a la Unida.
La respuesta nos la remitió el coordinador de Unida, Héctor Benites,
por medio del Informe N.° 00019-2023-MINAM/VMGA/UNID, en
el cual el minam menciona estar activamente involucrado en las mesas
regionales de Loreto, Ucayali, Madre de Dios y San Martín, destinadas
a la protección de personas defensoras de derechos humanos. Estas mesas
buscan prevenir, atender y hacer seguimiento a ataques y amenazas contra
37
Mediante Resolución de Secretaría General N.° 028-2021-MINAM.
333
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
defensores ambientales, así como abordar causas estructurales de riesgos
y salvaguardar sus derechos.
A su vez, si bien el minam nos informa que se comprometió a formu-
lar estrategias para identificar situaciones de riesgo y brindar capacitación
técnica, como en el Protocolo sectorial para la protección de personas
defensoras ambientales.
Consideramos que estas acciones deben materializarse con un enfo-
que de resultados que demuestre la eficiencia de la gestión pública, por
lo que hemos solicitado a la misma entidad que nos indique cuáles han
sido las acciones concretas realizadas que han aportado a la disminución
de los delitos en contra de los defensores ambientales, pues no solo se
requiere el compromiso con este, sino su cumplimiento. Sin perjuicio
de ello, es importante resaltar el rol clave de esta unidad porque repre-
senta un enfoque integral y coordinado para abordar el aumento de los
delitos ambientales en el Perú, buscando la prevención, la protección y la
colaboración efectiva entre las autoridades y las entidades involucradas.
Por otro lado, se aprobó el Plan Restauración de Lucha contra la
Minería Ilegal en Madre de Dios38, cuya finalidad es enfrentar la minería
ilegal en la región Madre de Dios y los distritos de Camanti y Ayapata,
en las regiones de Cusco y Puno, y promover el Desarrollo sostenible en
dichas localidades. Así también, se aprobaron los Instrumentos para el
monitoreo y evaluación del cumplimiento del Plan Integral Frente a la
Minería Ilegal–Plan Restauración y la Estrategia Nacional de Lucha con-
tra los Delitos Ambientales. A nivel de fortalecimiento normativo, estos
instrumentos resultan muy inspiradores; sin embargo, es fundamental que
puedan aterrizar en gestiones concretas. Dado que la minería informal
e ilegal ha escalado, se ha optado por su correcta regulación, por lo que
se requerirán medidas con respecto a la emisión de autorización para la
minería en artesanal y de gran escala, ello en relación con la fiscalización
posterior que tendrán que hacer la autoridades para corroborar que su
actividad no solo sea dentro de los marcos legales, sino que también lo
sea en la práctica (Osores, 2012).
38
Mediante Decreto Supremo N.° 017-2021-MINAM.
334
CONTENIDO
Las clínicas jurídicas ambientales y la protección de personas defensoras ambientales
También es importante resaltar que, para poder cuantificar los daños
ambientales generados por los delitos ambientales, el minam aprobó,
mediante su Resolución Ministerial N.° 074-2022-MINAM, la Guía de
valoración económica de daños por delitos ambientales de minería ilegal,
tala ilegal y tráfico ilegal de fauna silvestre, la cual tiene como objetivo
brindar orientación sobre el alcance y la aplicación de la valorización
económica de los daños ocasionados por delitos ambientales de minería
ilegal, tala ilegal y tráfico ilegal de fauna silvestre, lo que coadyuva a
la Procuraduría Especializada en Delitos Ambientales a cuantificar los
costos de la reparación e indemnización por el daño ambiental, con el
fin de que los delincuentes se responsabilicen plenamente de los daños
causados al ecosistema, y se les imponga el pago de los costos de res-
tauración de conformidad con los principios de gobernanza ambiental y
responsabilidad ambiental que dispone la Ley N.° 28611, Ley General
del Ambiente.
Por otro lado, a fin de garantizar los derechos a la tierra y al territo-
rio de las personas defensoras ambientales, y protegerlos de actividades
delictivas, es importante también revisar el marco legal para solucionar
la superposición de derechos en materia de recursos naturales y facilitar
la formalización. Cabe resaltar que en el caso peruano, la propia Ley
Orgánica de Aprovechamiento Sostenible de los Recursos Naturales39
establece que se deberán incorporar mecanismos de coordinación entre
los sectores a fin de evitar que el otorgamiento de derechos genere con-
flictos por superposición o incompatibilidad de los derechos otorgados o
degradación de los recursos naturales. Lo anterior, hasta el día de hoy, no
se ha visto materializado en una norma concreta, en su lugar el Estado es
el responsable muchas veces de estas superposiciones debido a los recursos
naturales. Recientemente, el Poder Ejecutivo, por medio del Oficio N.°
2732-2023-PR, envió el Proyecto de Ley N.° 5723/2023-PE, Proyecto
de Ley de Ordenamiento Territorial y creación del Sistema Nacional
de Ordenamiento Territorial, al Poder Legislativo para su evaluación
y aprobación, con la finalidad de integrar un sistema que busque lograr
territorios sostenibles y competitivos, con el respeto al derecho a vivir
39
Artículo 13 de la Ley N.° 26821.
335
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
en un ambiente equilibrado y el derecho de los pueblos indígenas. Se
espera que dicho proyecto de ley sea prontamente aprobado para atender
la problemática descrita.
Asimismo, la Fiscalía Especializada en Materia Ambiental (fema)40
del Ministerio Público desempeña un rol crucial para la protección de las
personas defensoras ambientales, pues en el marco de sus competencias
podría tomar acciones preventivas para evitar llegar a situaciones que
pongan en peligro los derechos de estas personas.
Por su parte, el Poder Judicial, como parte de los compromisos asu-
midos en el Pacto de Madre de Dios por la Justicia Ambiental, creó el
Observatorio de Justicia Ambiental41, como una plataforma virtual con
información pública sobre estadísticas de casos en materia ambiental, pro-
cesos judiciales, jurisprudencia y amicus curiae presentados. Este aplicativo
es público, no obstante, se debe verificar su constante actualización para
ser difundido a las entidades y a las personas defensoras ambientales42 .
Un ejemplo que muestra la clara brecha entre la norma y su apli-
cación en la práctica es que la Corte de Justicia de la región amazónica
de Madre de Dios en el Perú desde el 2018 a la fecha únicamente ha
dictado 243 condenas por delito de minería ilegal y 193 condenas por
trata de personas43.
9.4. Clínica jurídica ambiental pucp: trabajando
en defensa de las personsa defensoras ambientales
Sobre el trabajo de la Clínica Jurídica Ambiental pucp, se debe desta-
car que desde el 2021 se abordó el asunto de la situación actual de las
personas defensoras ambientales en el Perú. En dicho año el equipo de
40
Según el artículo 6 de la Resolución de la Fiscalía de la Nación 435-2020-MP-FN
(2020), Reglamento de las Fiscalías especializadas en materia ambiental, estas son com-
petentes “para conocer acciones de prevención e investigación de los delitos ambientales
tipificados en el Título XIII del Libro Segundo del Código Penal y los demás relacionados
en materia ambiental, en cualquiera de sus modalidades, incluyendo los cometidos por
organizaciones criminales”.
41
Mediante Resolución Administrativa N.° 335-2019-CE-PJ.
42
Acceso al Observatorio Ambiental: [Link]
43
Poder Judicial del Perú (2023). Comisión Nacional de Gestión Ambiental del Poder
Judicial. Boletín Ambiental. Año IV. N.° 9. Setiembre.
336
CONTENIDO
Las clínicas jurídicas ambientales y la protección de personas defensoras ambientales
alumnas y alumnos de la Clínica tuvieron entrevistas con funcionarios
públicos del minam y el minjusdh, así como con defensores ambientales
de diferentes zonas geográficas del país, con el fin evaluar las diferentes
realidades e identificar necesidades y oportunidades de mejora en la
implementación de la legislación vigente. El producto de dicho trabajo
resultó en la elaboración de un Proyecto de Ley para la protección legal
de las personas defensoras ambientales y su exposición de motivos.
Dicho trabajo fue expuesto ante la Relatoría Especial sobre los
Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales (Redesca), y
los propios estudiantes pudieron contribuir a la obra colectiva El derecho
constitucional común latinoamericano de los derechos económicos, sociales,
culturales y ambientales. La contribución de las clínicas jurídicas (Von et al.,
2023), con el artículo “¿Qué necesitamos para garantizar una protección
efectiva a nuestros defensores ambientales en el Perú?”. Asimismo, los
estudiantes organizaron un evento sobre “Carreteras secundarias en la
Amazonía y Defensores Ambientales”, con la participación de la Funda-
ción Gordon y Betty Moore, la Defensoría del Pueblo y diversos espe-
cialistas y defensores44. Adicionalmente, se debe indicar que el precitado
proyecto de ley, elaborado por el equipo de la Clínica Jurídica Ambiental,
fue compartido con el despacho del congresista Edward Málaga Trillo.
Además, durante el 2022 la Clínica Jurídica Ambiental complementó
su trabajo y sumó acciones para la ratificación del Acuerdo de Escazú.
En ese sentido, se elaboraron documentos informativos que recogieron
el conocimiento sobre procedimientos y precisiones legales para evaluar
las opciones legales disponibles en la defensa de las personas defensoras
ambientales. Asimismo, se llevó a cabo el evento “¿Por qué es impor-
tante ratificar el Acuerdo de Escazú? Un acercamiento a la protección
de las personas defensoras ambientales”, el cual tuvo la participación de
personas defensoras ambientales y especialistas en la temática45.
Durante el precitado año, se debe destacar también la participación
del equipo de la Clínica Jurídica Ambiental pucp en la Reunión Consul-
tiva de la Alianza de Clínicas Jurídicas Ambientales, previa al Foro sobre
44
[Link]
45
[Link]
337
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Personas Defensoras de los Derechos Humanos en Asuntos Ambien-
tales, organizada por la Alianza de Clínicas Jurídicas Ambientales de
Latinoamérica y el Caribe, el Programa de las Naciones Unidas para el
Medio Ambiente, Oficina Regional para América Latina y el Caribe y
la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
Durante el 2022 y el 2023, se ha continuado con el trabajo en torno
a la defensa de las personas defensoras ambientales, ahondando el trabajo
en campo en la Amazonía del Perú, específicamente en la región Ucayali
y Madre de Dios, en atención a la realidad fáctica de la situación de las
personas defensoras ambientales y las brechas en la implementación de
la normativa y las políticas existente en el país, que no se traduce en una
protección efectiva de las y los defensores. Esto ha llevado a que se hagan
entrevistas en persona con defensores ambientales, organizaciones de
sociedad civil y autoridades públicas, tanto de la región Ucayali como de
Madre de Dios, y entre las entrevistas destacadas se pueden resaltar las
realizadas al líder indígena Cecilio Soria, al director de la Asociación
para la Investigación y Desarrollo Integral (Aider), Pío Cárdenas, y a la
vicegobernadora regional de Ucayali, Jessica Navas.
Se debe resaltar que durante el 2023, el equipo de la Clínica Jurídica
Ambiental hizo un viaje académico a la región de Madre de Dios, gracias
al apoyo de la Fundación para la Conservación y Desarrollo Sostenible
(FCDS) y EPIC-Network46. El objetivo de dicho viaje fue entrevistar a
defensores ambientales y actores claves de instituciones públicas y de la
sociedad civil. Asimismo, durante el 2023 se elaboraron las solicitudes
de acceso a la información pública detalladas líneas arriba. Estas solici-
tudes estaban dirigidas a los ministerios competentes en la protección de
personas defensoras ambientales, de acuerdo con el marco institucional
peruano. Uno de los objetivos de dichas comunicaciones era tener mayor
claridad sobre cómo gestionan el presupuesto que vienen ejecutando
para garantizar la aplicación de las medidas de protección a defensores
ambientales, ello con la finalidad de verificar si estos son suficientes para
responder y cumplir con las medidas de protección que ofrece el Estado
a los defensores ambientales.
46
Education partnership for innovation communities ([Link]
338
CONTENIDO
Las clínicas jurídicas ambientales y la protección de personas defensoras ambientales
En esa línea, con dicha información, se viene elaborando una opi-
nión legal del Proyecto de Ley N.° 4686/2022-CR (en adelante PL) del
Congreso de la República del Perú, con el objetivo de reforzar propuestas
no solo de protección, sino de prevención que respondan a los contextos
que enfrentan los defensores ambientales, así como recomendar que se
incorpore un enfoque intercultural, donde se aterricen acciones concretas
de pertinencia cultural. Además, los aportes que está desarrollando la
Clínica Jurídica Ambiental buscan fortalecer las medidas de autoprotec-
ción que vienen implementando las personas defensoras ambientales con
la colaboración internacional y de actores privados. Asimismo, se busca
reflejar en esta opinión legal el establecimiento de competencias claras a
las entidades mencionadas en el PL, teniendo en cuenta la importancia
de contar con una norma de rango de ley, ya que al ser más específica
proporciona un marco legal más robusto y detallado para abordar los
desafíos específicos que enfrentan los defensores ambientales. Esto
puede incluir disposiciones claras sobre la prevención, la investigación y
la sanción de amenazas y violencia contra ellos. Además, una ley puede
establecer mecanismos concretos para la evaluación y el monitoreo de
las medidas de protección, garantizando así una respuesta más efectiva
a las situaciones de riesgo.
En la actualidad, no es suficiente con el marco institucional exis-
tente, esto se debe a que, si bien algunas instituciones pueden tener
directrices generales para la protección de defensores ambientales, estas
directrices pueden carecer de la especificidad y la fuerza legal necesarias
para abordar los desafíos particulares que enfrentan estos activistas.
Un marco institucional puede ser más genérico y susceptible a cambios
administrativos, mientras que una ley específica proporciona una base
legal más sólida y duradera.
En ese sentido, también se realizó el evento “Estudiantes en Acción
por la Justicia Ambiental”, por parte de la Clínica Jurídica Ambiental
de la Facultad de Derecho de la pucp, donde se contó con la ponen-
cia de las alumnas del curso y la especialista Katherine Sánchez de la
Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (spda), sobre las acciones con
respecto a defensores ambientales, con el principal objetivo de generar
conciencia pública al visibilizar el valioso trabajo y los desafíos enfren-
tados por aquellas personas dedicadas a la defensa ambiental, así como
339
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
los desafíos que enfrentan y abogar por políticas más sólidas47. En ese
sentido, a partir del evento reflexionamos sobre la necesidad de medidas
efectivas y oportunas que puedan hacer frente a los peligros que afrontan
los defensores ambientales, las cuales deben contar necesariamente con
un apoyo económico, logístico y de articulación de las autoridades con
competencias en la materia, así como la actual relevancia que han cobra-
do los mecanismos de autoprotección que han desarrollado los propios
defensores ambientales en su búsqueda de protección.
Finalmente, es importante señalar que, como resultado de la labor
realizada en los últimos dos años, la Clínica Jurídica Ambiental pucp
ha reforzado su participación y sus aportes a la propuesta normativa que
se discute en el Congreso de la República del Perú para garantizar la
protección efectiva de las personas defensoras ambientales, buscando que
esta se configure como un mecanismo legal integral, eficaz y adecuado.
Además, mediante las solicitudes de acceso a la información planteadas
se ha venido haciendo seguimiento a la implementación del “Meca-
nismo Intersectorial para la protección de las personas defensoras de
derechos humanos” por parte de las instituciones competentes, así como
corroborando el presupuesto destinado para dichas acciones, lo cual es
una clara muestra también de prioridades políticas. La Clínica Jurídica
Ambiental pucp se ha enfocado en investigar no solo desde gabinete, sino
también yendo a campo y conversando en torno a la problemática de las
personas defensores ambientales. También se han desarrollado espacios
de incidencia como eventos académicos, publicaciones y artículos, así
como acciones legales que involucran aportes a proyectos normativos
nacionales en el ámbito legislativo del país.
Conclusiones y recomendaciones
Si bien se evidencia que en el Perú se cuenta con un vasto desarrollo
normativo, la pregunta que se mantiene es qué se necesita a efectos de
hacer cumplir las normas de modo efectivo y eficiente, que respondan a
la urgencia para la protección de las personas defensoras del ambiente.
47
[Link]
340
CONTENIDO
Las clínicas jurídicas ambientales y la protección de personas defensoras ambientales
De acuerdo con lo señalado en el presente artículo, las personas
defensoras ambientales se ven envueltas en una dicotomía, pues a pesar
de la importante labor que realizan por la protección del medio ambien-
te y los derechos humanos que dependen de este, frecuentemente son
víctimas de estigmatización, criminalización, atentados contra su vida y
otras diversas formas de ataques que terminan afectando de forma directa
e indirecta a su familia y a su comunidad. No obstante, siguen en pie
de lucha, manteniendo sus ideales, asegurándonos un futuro sostenible,
por lo que esperan que sus denuncias sean atendidas y se les brinde una
adecuada protección.
Es importante resaltar que al analizar la problemática actual que
viven las personas defensoras ambientales en nuestro país, no debe
dejarse de lado la atención a las actividades ilícitas que estas denuncian,
pues tomar medidas para la eliminación de estas contribuirá a su labor
y a reducir las situaciones de riesgo a las que se enfrentan diariamente.
En esa línea, a continuación, se señalan algunas medidas que se
considera que deben impulsarse en el Perú:
• Continuar promoviendo en una nueva legislatura la ratificación
del Acuerdo de Escazú, que contiene elementos claves para el
fortalecimiento del marco jurídico internacional de protección
de las personas defensoras ambientales.
• Impulsar la creación de una norma con rango legal para la pro-
tección de las personas defensoras de los derechos humanos y
defensoras del ambiente, específicamente.
• Impulsar acciones legales de cumplimiento con respecto a normas
aún pendientes de aprobarse y que lo exige la normativa, así como
iniciar procesos en el marco de responsabilidades administrativas
y funcionales en las entidades públicas, con plazos específicos para
accionar; por ejemplo, los lineamientos pendientes de entidades
para aplicar el Mecanismo Intersectorial.
• Garantizar un presupuesto público para el desarrollo de acciones en
cada una de las entidades, a efectos de que las limitaciones presu-
puestarias y logísticas no puedan ser sinónimo de justificación para
la inacción de las autoridades. Ello implica otorgar recursos desde
el presupuesto institucional de apertura y un monto suficiente
341
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
para atender los casos y, adicionalmente, difundir la normativa y
fortalecer las capacidades de entidades y a personas defensoras.
• Con relación a las herramientas legales impulsadas desde el Mi-
nisterio de Justicia y de Derechos Humanos48, se debe hacer un
balance y seguimiento en su implementación, toda vez que es la
primera herramienta con un alcance intersectorial que recopila,
analiza y gestiona de manera oficial la información sobre patrones
de riesgos o agresiones contra personas defensoras, para lo cual
es necesario que el mismo sector plantee una estrategia de segui-
miento que garantice su debida implementación. La estrategia de
seguimiento deberá ser de acceso público y gratuito, que sin poner
en riesgo la identidad de la persona, ayude a visualizar la capacidad
de respuesta de las autoridades y de las instituciones públicas, así
como las responsabilidades funcionales. Se podrá considerar la
incorporación de la Contraloría General de la República y de la
Defensoría del Pueblo como observadores de esta. Lo anterior,
de la mano con la creación de un observatorio por parte de las
organizaciones involucradas de la sociedad civil.
• Con respecto al Plan Nacional de Acción sobre Empresas y De-
rechos Humanos 2021-2025, se recomienda que el Ministerio
de Justicia y de Derechos Humanos establezca mecanismos de
seguimiento del cumplimiento de los indicadores planteados, así
como espacios participativos para la entrega de dicha información,
con el objetivo de conocer y promover la implementación de los
principios rectores, así como verificar el alcance del programa
permanente de capacitación, para visibilizar los resultados.
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348
CONTENIDO
10
Acesso e repartição de benefícios
da biodiversidade no Brasil: uma
ref lexão em favor dos detentores
de conhecimento tradicional*
Fernanda Neves Ferreira**
Lise Tupiassu***
Jean-Raphaël Gros-Désormeaux****
* Financiamento: O presente trabalho foi realizado com apoio da CAPES (Coorde-
nação de Aperfeiçoamento de Pessoal de Nível Superior – Brasil), no âmbito do Programa
CAPES/COFECUB e da Agence Nationale de la Recherche Française (CEBA, réf. ANR-
10-LABX-25-01) no programa “Investissements d’Avenir”.
** Doutoranda do Programa de Pós-Graduação em Direito da Universidade Federal
do Pará. Mestra em Ciências Ambientais pela Universidade do Estado do Pará. Bacharela
em Direito pela Universidade da Amazônia. E-mail: nanda_fnf@[Link]
*** Doutora em Direito pela Université Toulouse 1–Capitole. Mestre em Direito
Tributário pela Université Paris I, Panthéon-Sorbonne. Mestre em Instituições jurídico-
políticas pela Universidade Federal do Pará. Mestre em Direito Público pela Université
de Toulouse I–Capitole. Professora da Universidade Federal do Pará–UFPA e do Centro
Universitário do Estado do Pará – CESUPA. E-mail: lise@[Link]
**** Doutor em Geograf ia pela Université des Antilles et de la Guyanne – uag.
Pesquisador do Centre National des Recherches Scientiques – CNRS e do Laboratoire
Caribéen de Sciences Sociales – LC2S. Professor da Université des Antilles. E-mail:
[Link]@[Link]
349
CONTENIDO
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Introdução
A biodiversidade é fundamental para a qualidade de vida das pessoas.
Ela desempenha um papel essencial para o provimento de alimentos,
água limpa, fármacos, regulação climática, dentre outros (CDB, 2018).
Ela também contribui para o fornecimento de importantes recursos
genéticos que abastecem os ricos mercados globais de setores industriais
como os de farmácia, cosméticos, biotecnologia, agricultura etc. (Laird
& Wynberg, 2012). Prip e Rosendal (2015) avaliam lucros no montante
de 640 bilhões de dólares pelo setor farmacêutico; 70 bilhões de dólares
pelo setor de biotecnologia; 30 bilhões de dólares, pelo setor de sementes
agrícolas; e 65 bilhões de dólares pelo setor de cuidados pessoais, produtos
alimentares e suplementos herbais.
Mas, para além de ser um importante insumo para essas cadeias
produtivas (Berger Filho & Silveira, 2020), a biodiversidade também
desempenha um papel fundamental na formação das identidades e dos
sistemas de conhecimento de povos e comunidades tradicionais. A lite-
ratura científica demonstra, em diversos estudos de caso, como a cultura
e a identidade de um povo estão intrinsecamente ligadas aos elementos
tangíveis e intangíveis da biodiversidade e dos serviços ecossistêmicos
(Diegues et al., 2000; Joly et al., 2019; Pereira & Diegues, 2010).
No entanto, os benefícios derivados da exploração econômica da
biodiversidade são distribuídos, acessados e experimentados de forma
desigual por pessoas e comunidades dentro das regiões e sub-regiões do
mundo (CDB, 2018). Assim, com o crescimento exponencial do interesse
pelos recursos genéticos na década de 1980, surgiu a necessidade de se
controlar a apropriação ilegítima de recursos genéticos e do conheci-
mento tradicional a ele associado por atores comerciais não-locais, da
qual não advinha nenhuma compensação ou reconhecimento aos países
de origem, muito menos aos povos indígenas ou à comunidade local.
Tratava-se de equalizar as problemáticas decorrentes da biopirataria
(Gomes & Sampaio, 2019).
Além disso, necessitava-se equacionar as problemáticas da bio-
prospecção relacionadas à descoberta e comercialização dos recursos
genéticos baseadas na exploração do conhecimento tradicional em que
os povos indígenas e a comunidade local não recebiam qualquer com-
pensação ou reconhecimento (Kumar, 2018). Assim, a Convenção da
350
CONTENIDO
Acesso e repartição de benefícios da biodiversidade no Brasil
Diversidade Biológica (CDB) foi erigida, em 1992, como primeiro acordo
internacional que previu a repartição justa e equitativa dos benefícios da
exploração da biodiversidade nos seus objetivos e provisões (FAO, 2019),
integrando os sistemas de conhecimento tradicionais à lógica de ARB
por reconhecê-los como uma fonte da qual se pode extrair conhecimen-
tos, inovações e práticas relevantes à conservação e ao uso sustentável da
diversidade biológica, segundo o artigo 8(j) (UN, 1992). A CDB soube
aliar a diversidade cultural à diversidade biológica, abrindo, assim, espaço
para certo reconhecimento das populações indígenas e locais no cenário
internacional (Kohler, 2011).
O Brasil, no entanto, encontra dificuldades em incorporar as premis-
sas da CDB quanto ao acesso e à repartição justa e equitativa (Moreira
& Conde, 2017). Além disso, os povos e comunidades tradicionais, que
são os principais defensores do meio ambiente e atores da justiça socio-
ambiental no Brasil, estão envolvidos em diversos cenários de disputas
sociais e ambientais (Moreira, 2017). Na maioria das vezes, os conflitos
em relação ao território estão atrelados a objetivos distintos pelo uso da
terra, em que há uma predominância pela utilização econômica frente ao
significado social do território para os povos e comunidades tradicionais
(Marés, 2003). Para lidar com os múltiplos fatores e valores envolvidos
no fenômeno de erosão das espécies, a literatura científica tem indicado
que o uso do conceito de biodiversidade seja expandido para além de uma
abordagem tradicionalmente biocenótica, que se limita a um inventário
dos seres vivos (Gros-Désormeaux, 2012; Pascual et al., 2021).
Diante deste cenário, este trabalho visa apresentar o panorama do
modelo brasileiro de ARB, instituído pela lei Nº 13.123/2015 (Brasil,
2015) e o Decreto n. 8.772/2016 (Brasil, 2016), para o beneficiamento
dos detentores de conhecimento tradicional no Brasil, investigando ain-
da o papel das pessoas defensoras do meio ambiente para a conservação
da biodiversidade. Partindo do método dedutivo (Prodanov & Freitas,
2013), realizou-se uma pesquisa bibliográfica para evidenciar o elo entre
cultura-natureza existente no entorno da biodiversidade, propondo a
ampliação da representação deste conceito a fim de englobar os diversos
valores e percepções que o circundam e que podem contribuir para a sua
conservação.
351
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Por meio de levantamento bibliográfico, buscou-se identificar a atu-
ação das pessoas defensoras do meio ambiente para a proteção daquelas
coletividades que possuem estreita relação cultural com a natureza, mas
que sofrem diversas injustiças ambientais, especialmente, no Estado do
Pará (Brasil). Esta técnica de pesquisa também embasou a análise do
modelo brasileiro de ARB, valendo-se ainda da pesquisa documental
para tanto.
Assim, este trabalho é desenvolvido em três subseções para além
desta introdução, da conclusão e das referências. Inicia-se a discussão
apresentando como a expressão “diversidade biológica”, iniciada pelos
biólogos, foi popularizada sob o neologismo “biodiversidade”, conferindo
ao termo uma dimensão muito mais ampla para lidar com os diversos
fatores associados a sua erosão. Em seguida, investiga-se o papel das pes-
soas defensoras do meio ambiente para a conservação da biodiversidade,
evidenciando casos de injustiça ambiental contra povos e comunidades
tradicionais, especialmente, no Estado do Pará (Brasil). Por fim, o modelo
brasileiro de ARB será descrito, evidenciando o tratamento do acesso ao
saber local e da repartição de benefícios, focando a análise no beneficia-
mento dos detentores de conhecimento tradicional dada a importante
contribuição destas coletividades para a conservação da biodiversidade.
10.1. Os caminhos da ampliação do conceito
de diversidade biológica
Em 1987, o Gabinete de Avaliação Tecnológica do Congresso dos Esta-
dos Unidos da América (EUA) postulou que a diversidade biológica se
referia à variabilidade e à variedade entre as diversas formas de vida e os
complexos ecológicos em que se encontram (OTA, 1987). McNeely et al.
(1990), no livro “Conservando a diversidade biológica do mundo”, fun-
damentou esta definição citando os grupos de seres vivos e os complexos
ecológicos, ou seja, o conjunto das espécies de plantas, de animais e de
microrganismos, bem como os ecossistemas e os processos ecológicos.
Assim, a diversidade biológica representaria o grau de variedade natu-
ral, incluindo tanto o número como a frequência dos ecossistemas, das
espécies e dos genes em um dado conjunto.
Sandlund e Schei (1993) complementaram o conceito acrescentando o
aspecto da variedade funcional das diversas formas de vida que povoam a
352
CONTENIDO
Acesso e repartição de benefícios da biodiversidade no Brasil
biosfera em níveis de organização e de complexidade crescentes: genética,
população, espécie, comunidade, ecossistemas. Blondel (1995), por sua
vez, abordou o aspecto prático da diversidade biológica, caracterizando-a
pela quantidade e a estrutura da informação contida nos sistemas vivos
hierarquicamente encadeados. Assim, permite-se falar de diversidade
genética inter e intra populações, de diversidade de espécies, de diver-
sidade dos conjuntos de espécies, de diversidade dos ecossistemas no
interior das paisagens e de diversidade no tempo de sistemas biológicos
em evolução constante. Teoricamente, a expressão diversidade biológica
indica, portanto, um conjunto de entidades de importância e complexi-
dade variáveis e crescentes (Ramade, 2002).
As propostas acima apresentadas sugerem que o conceito de diversi-
dade biológica seja utilizado para determinar o grau de variabilidade na
complexidade de sistemas biológicos estruturados nos quais cada elemen-
to é também caracterizado por funções. Estes sistemas são encadeados
hierarquicamente de acordo com os níveis de organização das escalas
bio-sistêmicas intracelular, celular e orgânica (Lacoste & Salanon, 2001).
Isto significa que o estudo da diversidade biológica pode ser abordado
em diferentes escalas de complexidade e de acordo com os critérios ele-
mentares, estruturais e funcionais.
Percebe-se, então, que essa abordagem biológica abrange, pois, a
diversidade biológica segundo três níveis de percepção: a diversidade
genética, a diversidade taxonômica e a diversidade ecossistêmica quali-
ficadas, respectivamente, de diversidade genética, orgânica e ecológica
(Blondel, 1995). Embora a abordagem genética tenha uma importância
fundamental no conhecimento das unidades elementares da diversidade
biológica, esta noção identifica-se mais frequentemente com as espécies.
A escala taxonômica e a diversidade biológica referem-se às atividades
relativas ao inventário e ao conhecimento do mundo vivo. Por último, a
diversidade dos ecossistemas, qualificada de eco diversidade (Blondel,
1995) ou de biocomplexidade (Lévêque & Mounolou, 2001), se compõe
das interações funcionais entre as entidades biológicas.
Note-se que as discussões acerca da perda e conservação de espécies
se fundavam no conceito de “diversidade biológica”. Até que, em 1980,
surgiu o neologismo biodiversidade, criado por Thomas Lovejoy, no
âmbito da União Internacional para a Conservação da Natureza, para
353
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
simplificar a expressão diversidade biológica durante a publicação do
primeiro relatório do fórum estadunidense sobre a diversidade biológica,
organizado, em 1986, pelo Conselho Científico Nacional (Gros-Désor-
meaux, 2012). Assim, o termo biodiversidade, na sua acepção original,
foi utilizado como sinônimo da expressão diversidade biológica.
Segundo Gros-Désormeaux (2012), com a publicação do livro de
Edgar O. Wilson (1988), BioDiversity, marca-se a biodiversidade como
um conceito. Esta obra trata de uma coletânea organizada resultante do
Fórum Nacional de Biodiversidade, realizado em 1986, cujo foco era a
preocupação com a destruição de habitats e a crise global de extinção
de espécies (Franco, 2013), marcando a tomada de consciência sobre o
impacto dos seres humanos nos meios naturais e nos recursos biológicos.
Embora muito abordadas pelas ciências naturais, estas problemá-
ticas passaram a ser consideravelmente estendidas às ciências humanas
e sociais a partir de 1992, na sequência da Conferência do Rio sobre o
Ambiente e o Desenvolvimento Sustentável, que precedeu a ratificação
da Convenção sobre a Diversidade Biológica em 1993 (Gros-Désorme-
aux, 2012). A Cúpula Mundial de Joanesburgo sobre o Desenvolvimento
Sustentável relançou mais do que nunca o debate em torno da proble-
mática mundial da extinção das espécies. Mais recentemente, a Cúpula
de Nagoya, em 29 de outubro de 2010, reforçou a atenção dedicada às
questões da biodiversidade.
Este interesse pela diversidade biológica–a preservação, o uso sus-
tentável, a repartição equitativa–foi objeto de numerosas reflexões que
abordam a biodiversidade a partir da biologia, da geografia, da sociologia,
da psicologia, da economia, do direito e da política, segundo Gros-Désor-
meaux (2021). A análise destas diferentes abordagens da biodiversidade
leva a distinguir a sua abordagem tradicionalmente biocenótica, em que
a ciência faz referência à diversidade do ser vivo, de uma percepção mais
inovadora na qual o conceito englobaria também a preservação, a pre-
conização dos usos sustentáveis e a repartição equitativa dos benefícios
que a biodiversidade oferta (Gros-Désormeaux, 2021).
As modalidades de utilização atual da palavra biodiversidade tendem
a conferir-lhe outras dimensões. O dicionário do meio ambiente, editado
por Yvette Veyret (2007), aborda a noção de biodiversidade se referindo
a sua tripla dimensão: biológica, política e jurídica. Com efeito, se para
354
CONTENIDO
Acesso e repartição de benefícios da biodiversidade no Brasil
alguns a biodiversidade é apenas uma maneira de abordar a complexidade
do ser vivo em todas as suas formas e em todas as suas escalas espaciais,
para outras disciplinas a sua difusão e a sua apropriação conferem-lhe um
significado mais amplo. Isso faz parte dos principais desafios do século
XXI (Pascual et al., 2021).
De fato, no espírito da Convenção sobre a Diversidade Biológica e
dos seus países signatários, a noção de biodiversidade não se limita apenas
a inventariar o ser vivo. Assim, o conceito de biodiversidade pode ser
utilizado para abordar questões relativas às interações entre o ser humano
e a natureza em uma perspectiva individual, mas também entre o social
e o ecossistema em uma apreensão coletiva e organizacional.
No estado da arte sobre a biodiversidade realizado por Gros-Dé-
sormeaux (2021), constatou-se que o conceito é aplicado a tudo o que
envolve a erosão do mundo vivo resultante das atividades humanas, como
também é empregado para quando se quer fazer referência às atividades
de proteção e de conservação, à criação de espaços naturais protegidos e
às modificações de comportamentos em matéria de desenvolvimento. O
autor constata que o conceito chega ao ponto de integrar a diversidade dos
saberes e dos conhecimentos agrícolas, culinários, estéticos, artísticos,
espirituais, recreativos e educativos, quer sejam tradicionais ou moder-
nos. Esta abordagem alargada do conceito de biodiversidade refere-se a
problemáticas como os modos de acesso à diversidade biológica, os usos
que dela fazem as sociedades, os saberes desenvolvidos para aceder a ela,
os benefícios que dela se retiram, a forma como esses benefícios devem
ser partilhados, a sua gestão e sustentabilidade.
Nesta percepção revisitada onde a relação do ser humano com a
natureza e, mais globalmente, das sociedades com a biosfera, é o elemen-
to fundador, a biodiversidade é utilizada para se referir a preocupações
variadas, segundo o ponto de vista sistemático em que ela é submetida,
por exemplo, o da economia, o do direito, o da sociologia, o da psicolo-
gia ou o da geografia (Gros-Désormeaux, 2021). O naturalista aborda
a biodiversidade como a diversidade de todas as formas do ser vivo. O
economista e o engenheiro dedicar-se-ão a tudo o que diz respeito à sua
exploração e valorização. O jurista e o cientista político privilegiarão a
elaboração, a discussão e o respeito dos textos destinados a institucio-
nalizar o conceito. Embora se baseiem em grades de análise disciplinar
355
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
diferentes, todas estas visões da biodiversidade têm o mesmo objetivo:
a conservação do ser vivo.
Assim, se a expressão diversidade biológica é utilizada para descrever
a variabilidade do ser vivo, a palavra biodiversidade refere-se ao con-
junto das interações entre o ser vivo, a sua diversidade biológica e o seu
ambiente. A utilização do neologismo sugere uma tomada de consciência
dos efeitos negativos da degradação da natureza sobre o bem-estar das
sociedades e a sobrevivência da espécie humana.
Para este trabalho, portanto, a biodiversidade precisa ser compreen-
dida para além de sua acepção tradicional, englobando o conjunto das
interações entre ser vivo, a sua diversidade biológica e o seu ambiente,
o que inclui as relações cultura-natureza. Isto porque a biodiversidade
também é uma construção cultural e social, pois, das relações entre as
coletividades, especialmente as sociedades tradicionais não-industriais,
com os seus territórios e os recursos naturais neles existentes emergem
práticas de acesso e uso relacionados aos seus modos de vida, que contri-
buem para a variabilidade entre os seres vivos e sua conservação (Diegues
et al., 2000).
Isso requer que o uso do conceito de biodiversidade seja expandido
para alcançar um engajamento com os múltiplos fatores que conduzem
a sua perda e com os múltiplos valores envolvidos (Pascual et al., 2021).
Para este trabalho, a biodiversidade é vista sob a perspectiva da erosão
da diversidade biológica, que também é um fator que induz à erosão dos
conhecimentos tradicionais. Isto porque a transmissão desses saberes
exige a manutenção de serviços socioculturais que, por sua vez, se sus-
tentam no conjunto de organismos biológicos ou ecossistemas presentes
nos territórios dos detentores de conhecimento tradicional (Cunha, 1999).
Tem-se, assim, a necessidade de se aplicar instrumentos de política
ambiental para limitar a decomposição dos conhecimentos tradicionais,
à semelhança dos instrumentos consagrados para limitar a erosão da
diversidade biológica. O ARB é precisamente um instrumento ao serviço
da conservação da diversidade biológica, que também procura limitar a
decomposição de conhecimentos tradicionais cuja transmissão depende
da conservação dos recursos naturais sobre os quais se assentam esses
saberes.
356
CONTENIDO
Acesso e repartição de benefícios da biodiversidade no Brasil
10.2. O papel das pessoas defensoras do meio
ambiente para a conservação da biodiversidade
Como dito na introdução deste trabalho, os povos e comunidades tradi-
cionais desempenham importantes contribuições para a conservação da
agro biodiversidade, tendo em vista a relação do seu modo de vida com
o território e com a preservação da natureza (Joly et al., 2019). Embora
sejam eles os principais defensores do meio ambiente e atores da justiça
socioambiental no Brasil, os povos e comunidades tradicionais estão
envolvidos em diversos cenários de disputas sociais e ambientais (Morei-
ra, 2017). Na maioria das vezes, os conflitos em relação ao território
estão atrelados a objetivos distintos pelo uso da terra, em que há uma
predominância pela utilização econômica perante o significado social
do território para os povos e comunidades tradicionais (Marés, 2003).
Ainda que os povos e comunidades tradicionais desempenhem um
papel importante na proteção e conservação ambiental no Brasil, estes
possuem um histórico de luta pelo seu território e pela manutenção dos
seus usos e costumes (Martins, 2002). No Brasil, o movimento de justiça
ambiental ganhou características próprias, indo além das questões de
racismo ambiental que fundara o movimento estadunidense, segundo
Acserald (2010). As lutas brasileiras de justiça ambiental têm caracte-
rísticas próprias, envolvendo:
... a defesa dos direitos a ambientes culturalmente específicos–
comunidades tradicionais situadas na fronteira da expansão das
atividades capitalistas e de mercado; a defesa dos direitos a uma
proteção ambiental equânime contra a segregação socioterritorial
e a desigualdade ambiental promovidas pelo mercado; a defesa
dos direitos de acesso equânime aos recursos ambientais, contra
a concentração das terras férteis, das águas e do solo seguro nas
mãos dos interesses econômicos fortes no mercado. (Acserald,
2010, p. 114)
Esta forte interconexão entre cultura e biodiversidade dificulta,
inclusive, a remoção dessas coletividades de seu território de origem.
Joly et al. (2019) cita diversos exemplos em que sociedades indígenas
foram levadas para outros espaços, mas insistiram em retornar, muitas
357
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
vezes a pé, para o território com que se identificavam, como é o caso
dos Pataxó, no Estado da Bahia, e os Potiguara, do Pernambuco. Estes
povos conseguiram a retomada de seus territórios ancestrais dos quais
tinham sido expulsos em decorrência da abertura e do plantio de roças.
Mas nem sempre as lutas são bem-sucedidas, como são os casos dos
povos Tuxá de Rodelas, na Bahia, e Gavião da Montanha, no Pará. Eles
foram deslocados de suas áreas de ocupação tradicional em razão da
construção de usinas hidrelétricas, sem receber compensação financeira,
nem uma realocação adequada aos seus “modos de vida e modos de ver”
(Tupiassu & Sales, 2019, p.193).
Dentro desse cenário, os defensores e defensoras de direitos humanos
exercem importante papel na defesa dos direitos daqueles atores sociais.
No entanto, as próprias pessoas defensoras de direitos humanos de povos
e comunidades tradicionais encontram-se vulneráveis a ameaças a sua
integridade e a sua vida, limitando o pleno desenvolvimento de suas ati-
vidades profissionais. Diante deste contexto, no Segundo Informe sobre
a situação dos defensores e defensoras de direitos humanos da CIDH
(CIDH, 2011), há mais de 26 recomendações específicas aos Estados
Americanos para contribuir para a proteção dos defensores e defensoras
de direitos humanos e assegurar um efetivo desenvolvimento de seus
trabalhos. Elas foram reunidas em 3 grupos: Promoção do trabalho dos
defensores dos direitos humanos e reconhecimento do seu papel nas
sociedades democráticas; Proteção da vida dos defensores dos direitos
humanos para evitar ataques contra sua vida e integridade; Remoção de
obstáculos e adoção de medidas para garantir o livre exercício da defesa
e promoção dos direitos humanos.
Em 2023, o Ministério Público do Estado do Pará lançou a Nota
Técnica n. 01/2023 sobre a sua adequação aos standards do Sistema
Interamericano de proteção de direitos humanos (MPPA, 2023). Neste
documento, informa-se que o Brasil já foi condenado em 11 (onze) casos
tramitados na Corte Interamericana de Direitos Humanos. Na maioria,
trata-se de questões sobre acesso à justiça. Três das onze condenações
que envolvem o Estado brasileiro na Corte Interamericana de Direitos
Humanos aconteceram no Pará, sendo eles: 1) Gabriel Sales Pimenta;
2) Trabalhadores da Fazenda Brasil Verde; 3) Gomes Lund (“Guerrilha
do Araguaia”).
358
CONTENIDO
Acesso e repartição de benefícios da biodiversidade no Brasil
Em relação à atuação dos defensores e defensoras de direitos humanos
de povos e comunidades tradicionais no Brasil, a Nota Técnica cita o caso
do povo indígena Xucuru e seus membros. Os fatos do caso referem-se
à violação ao direito à propriedade coletiva do Povo Indígena Xucuru e
de seus membros, em decorrência do atraso no processo de demarcação
de seu território ancestral e à ineficácia da proteção judicial destinada a
garantir o mencionado direito. Em sua sentença, a Corte Interamericana
reiterou normas sobre o direito à propriedade dos povos indígenas sobre
seus territórios tradicionais no momento de analisar se as ações emprega-
das pelo Estado brasileiro no caso concreto foram efetivas para garantir
o reconhecimento desses direitos e o possível impacto que o atraso das
decisões judiciais pode ter causado. A Corte Interamericana concluiu
que o processo administrativo aplicado foi parcialmente ineficaz para a
proteção desses direitos e que o atraso judicial afetou a segurança jurídica
do direito à propriedade do povo indígena Xucurú (MPPA, 2023).
Há ainda o caso das Comunidades Quilombolas de Alcântara vs.
Brasil retratado na Nota Técnica. Trata-se da responsabilização do Estado
brasileiro quanto à instalação do Centro de Lançamento de Alcântara
(CLA) pelo governo militar brasileiro, em meados da década de 70. A
construção desse projeto envolveu a remoção compulsória de mais de 300
famílias ao longo da década de 1980. Em agosto de 2001, a petição foi
apresentada à Comissão Interamericana de Direitos Humanos (CIDH)
por meio dos representantes das comunidades afetadas, bem como de
entidades como a Justiça Global, a Global Exchange e a Federação dos
Trabalhadores na Agricultura do Estado do Maranhão (FETAEMA),
dentre outras (MPPA, 2023).
No entanto, o envio do caso à Corte aconteceu apenas em janeiro de
2022, ou seja, após duas décadas de trâmite no Sistema Interamericano de
Direitos Humanos (SIDH). Em síntese, o Brasil está sendo processado
pela violação ao direito de propriedade e ao direito à terra dos quilom-
bolas de Alcântara. A expectativa é que o Estado seja condenado pelas
violações de direitos humanos e compelido a reparar as comunidades de
Alcântara (MPPA, 2023).
No trabalho de Albuquerque e Arruda (2022), destaca-se a atuação
de organizações não-governamentais em conjunto com órgãos estatais
na defesa dos direitos dos povos e comunidades tradicionais que atuam
359
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
como guardiões da natureza no Marajó. O Laboratório de Justiça Global
e Educação em Direitos Humanos na Amazônia (LAJUSA) em parceria
com a Corregedoria Geral do Ministério Público do Estado realizaram
uma escuta social com as comunidades quilombolas majaroaras a fim de
denunciar as arbitrariedades do programa Abrace o Marajó.
O diálogo ocorreu com docentes e gestores na Conferência Municipal
de Educação do município de Salvaterra. A escuta social foi desenvol-
vida a partir da metodologia de Investigação-Ação Participativa, a qual
implica a participação ativa do grupo de pessoas com quem se realiza a
pesquisa, buscando considerar suas necessidades e identificar em con-
junto a solução mais eficaz para a resolução dos entraves (Albuquerque
& Arruda, 2022).
Como resultado da escuta com o Ministério Público, foram diag-
nosticadas diversas situações de violações dos direitos humanos nas
comunidades quilombolas do município de Salvaterra, sendo relatadas
situações que perpassam por violações do direito à saúde, dos direitos das
crianças e dos adolescentes, violações do direito à propriedade coletiva e
às garantias territoriais. Neste cenário de violência, o trabalho das lide-
ranças das comunidades quilombolas, que são defensores e defensoras
de direitos humanos do município Salvaterra, se encontra prejudicado
em decorrência de ameaças e de violências verbais e psicológicas que
sofrem com o objetivo de impedir seu trabalho ou em retaliação as suas
atividades (Albuquerque & Arruda, 2022).
Essa atuação conjunta de ONG com órgãos estatais é uma importante
medida para apurar violações de direitos dos defensores e defensoras de
direitos humanos e que pode resultar na tomada de medidas judiciais e
extrajudiciais cabíveis por parte dos órgãos competentes, a exemplo da
denúncia das arbitrariedades do programa Abrace o Marajó (Albuquerque
& Arruda, 2022).
10.3. O ARB em favor de direitos humanos
de povos e comunidades tradicionais
Atualmente, a Lei Nº 13.123/2015 (Brasil, 2015) e o seu Decreto n.
8.772/2016 (Brasil, 2016) regulamentam o acesso e a repartição de
benefícios da biodiversidade no Brasil, substituindo a tão criticada
Medida Provisória nº. 2.186-16/2001 (Mendes et al., 2015). No entanto,
360
CONTENIDO
Acesso e repartição de benefícios da biodiversidade no Brasil
o primeiro caso que “inaugura a participação de detentores de conhe-
cimentos tradicionais nos chamados Contratos de Utilização do Patri-
mônio Genético e Repartição de Benefícios (CURB)” é resultante de
uma denúncia ao Ministério Público por parte das erveiras do mercado
Ver-O-Peso em Belém do Pará contra a empresa de cosméticos Natura
(Silva, 2012, p. 283).
Em 2006, as erveiras denunciaram o acesso ao “conhecimento tra-
dicional associado à manipulação dos recursos florestais não madeireiros
que contêm essências aromáticas, especificamente priprioca, breu branco
e cumaru” (Wandscheer, 2015, p. 64). Com o intermédio do Ministério
Público, a empresa se comprometeu a assinar um contrato de repartição
de benefícios, que seria o primeiro do Brasil (Junqueira Filho & Kleba,
2008). No acordo, a Natura se comprometeu a pagar uma indenização
monetária além de construir uma sede para a Associação Ver-As-Ervas,
custeando a sua manutenção por três anos, e de construir um laboratório
(Lima, 2008).
O fato de o primeiro caso a concretizar o direito à autodeterminação
de povos e comunidades tradicionais no mecanismo de ARB no Brasil
ocorrer somente após uma demanda judicial ilustra a dificuldade deste
instrumento em assegurar os direitos humanos dessas coletividades, espe-
cialmente, no que tange ao consentimento prévio informado e à obrigação
de repartir os benefícios, reforçando também a pouca valorização do
papel do conhecimento tradicional para a conservação da biodiversidade.
Relativamente a atividade de acesso pelo MLB, nota-se que não
houve uma preocupação com o controle da coleta de amostra do conhe-
cimento tradicional, muito menos do recurso genético. Isto porque,
para o MLB, o acesso é a “pesquisa ou desenvolvimento tecnológico
realizado sobre amostra do patrimônio genético” (artigo 2º, VIII) ou
sobre “conhecimento tradicional associado ao patrimônio genético que
possibilite ou facilite o acesso ao patrimônio genético” (artigo 2º, IX)
(Brasil, 2015). Ou seja, o acesso não é a simples coleta do recurso genético
ou do conhecimento tradicional associado. Um usuário pode coletar uma
amostra desses elementos sem realizar um acesso, ou seja, sem realizar
uma pesquisa que obtenha informações de origem genética.
O MLB visa primordialmente proteger as informações que estão
contidas em determinada amostra coletada e que somente serão acessadas
361
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
após a realização de uma pesquisa. Por isso, o MLB define tanto o recurso
genético quanto o conhecimento tradicional como uma “informação”,
segundo o artigo 2º, I e II, do MLB (Brasil, 2015). Percebe-se, então,
que o MLB não controla a coleta em si da amostra do conhecimento
tradicional, muito menos do recurso genético. O MLB se preocupa com
o acesso à informação genética de recursos biológicos, que, por vezes, é
facilitado por conhecimentos tradicionais.
Essa ênfase no acesso à informação genética é derivada da pressão
sobre esses recursos, oriunda do seu potencial para a exploração comercial
e/ou industrial (Berger Filho & Silveira, 2020). Tanto é que, na prática,
o controle do acesso somente surge a partir do momento em que o pes-
quisador tenta realizar remessa, ou requerer propriedade intelectual, ou
divulgar resultados da pesquisa, ou comercializar algum produto, dentre
outras situações que exigirão a realização de um cadastro (Moreira et al.,
2017). Perceber essa diferenciação entre acesso e coleta é importante,
porque, para fins de verificação da incidência da legislação, o que importa
é a data do acesso (Segundo et al., 2018). A mera coleta de amostra em
si não implica a obrigação de realizar os procedimentos exigidos pela
Lei Nº 13.123/2015.
Nos termos do artigo 11, as atividades sobre as quais recaem as
obrigações da lei Nº 1.123/2015 são as de acesso ao patrimônio genético
e/ou ao conhecimento tradicional associado; de remessa para o exterior
de amostras; e de exploração econômica de produto acabado ou mate-
rial reprodutivo oriundo desses acessos realizados após a vigência do
MLB (Brasil, 2015). Embora a legislação proíba o acesso ao patrimônio
genético ou ao conhecimento tradicional associado por pessoa natural
estrangeira, ela autorizou o acesso à pessoa jurídica estrangeira sempre
que estiver vinculada a uma instituição nacional de pesquisa.
Todo o controle dessas atividades e a coordenação dessa política con-
tinua a cargo do Conselho de Gestão do Patrimônio Genético (CGEN).
Mas foi-lhe previsto uma configuração diferenciada daquela estabelecida
quando da Medida Provisória de 2001. Atualmente, o CGEN possui a
característica de ser um órgão colegiado, deliberativo, normativo, consul-
tivo e recursal (Brasil, 2017). O órgão é formado por vinte conselheiros,
dentre representantes do governo federal, do setor empresarial e das
362
CONTENIDO
Acesso e repartição de benefícios da biodiversidade no Brasil
populações indígenas, comunidades tradicionais e agricultores tradicio-
nais. Note-se que Estados e Municípios foram excluídos da constituição
do CGEN, fragilizando a cooperação federativa (Bastos, 2017).
Muito embora a legislação objetive a proteção do uso e da exploração
de natureza ilícita do conhecimento tradicional associado, nos termos do
artigo 8º (Brasil, 2015), muitas críticas surgem em relação à noção de
conhecimento tradicional associado de origem não identificável. Algumas
delas são citadas na coletânea de Moreira et al. (2017). Por exemplo, a
definição do artigo 2º, III, da lei Nº 13.123/2015 pode promover diversas
interpretações, mas, sobretudo, ela é percebida como uma abertura para
o usuário se desobrigar da obtenção do consentimento prévio informado
(Moreira et al., 2017).
Outro detalhe da legislação em comento é que o conhecimento
tradicional associado à variedade tradicional local ou crioula, ou à raça
localmente adaptada ou crioula, sempre será considerado como sendo de
origem não identificável quando for utilizado para fins de atividade agrí-
cola. Para outras atividades, esse conhecimento poderá ser considerado
de origem identificável, caso seja possível vinculá-lo a uma comunidade
indígena ou tradicional. Nas modalidades de acesso ao conhecimento
tradicional de origem não identificável, o Estado age como um repre-
sentante popular, exercendo a sua soberania sobre os recursos naturais,
como provedor difuso (Baleixe, 2018).
Porém, diante de conhecimento tradicional associado de origem
identificável, o consentimento prévio informado é obrigatório, e o proce-
dimento consultivo deverá observar não somente a lei Nº 13.123/2015 e a
CDB, mas também a regulamentação dos processos consultivos previstos
pela Convenção 169 da Organização Internacional do Trabalho–OIT
(Maso, 2018). Ali, embora a legislação sugira diversos meios de compro-
vação do consentimento, alguns limites são apontados em relação a eles.
Provas documentais (como o registro audiovisual ou a assinatura
de um termo) não bastam para assegurar a sua obtenção através de um
processo de “boa-fé, transparência, ciência dos riscos e benefícios e amplo
fornecimento de informações” (Moreira & Conde, 2017, p. 175). Além
disso, a utilização do parecer oriundo do órgão oficial competente como
meio de prova da consulta não poderá ir além da mera atestação de sua
363
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
ocorrência, ou seja, jamais poderá substituir o consentimento sob pena de
macular o direito de autodeterminação dos detentores do conhecimento
tradicional (Moreira et al., 2017).
A legislação também criou uma situação de dissociação entre patri-
mônio genético e conhecimento tradicional ao prever a possibilidade de
acesso e uso apenas daquele. Com isso, alega-se que se desconsiderou
a existência do conhecimento tradicional intrínseco ao patrimônio
genético, ou seja, “aquele conhecimento decorrente da seleção, mane-
jo, tratamentos culturais e domesticação das espécies” (Moreira et al.,
2017, p. 280). Essa é mais uma hipótese em que se suprime a obrigação
de requerer o consentimento prévio informado. Nesse caso, o acesso ao
patrimônio genético é condicionado apenas ao simples cadastro no Sis-
tema Nacional de Gestão do Patrimônio Genético e do Conhecimento
Tradicional Associado (SISGEN). Nessa modalidade de acesso, o Estado
age como provedor difuso devido à ausência de personificação direta dos
provedores (Baleixe, 2018).
Independentemente do tipo de atividade a ser desenvolvida, o cadas-
tro no SISGEN será sempre exigido para obter acesso ao recurso genético
ou ao conhecimento tradicional associado. No entanto, a depender do
caso, outros procedimentos previstos no artigo 3º da lei Nº 13.123/2015
poderão ou não ser exigidos, como autorizações ou notificações e repar-
tições de benefícios.
As autorizações são exigidas quando estiverem envolvidas atividades
de acesso em áreas indispensáveis à segurança nacional ou em águas
jurisdicionais brasileiras, na plataforma continental e na zona econômica
exclusiva (artigo 12) (Brasil, 2015). A autorização também será exigida
quando se tratar de remessa de amostra do patrimônio genético para
o exterior (artigo 15) (Brasil, 2015). Essas autorizações serão exigidas
quando for realizado o cadastro, como ilustrado no fluxograma abaixo
(Figura 10.1). Por isso, antes de iniciá-lo, é prudente que o usuário
obtenha as autorizações. Caso se trate de acesso por uma pessoa jurídica
estrangeira, é exigida a comprovação da parceria estabelecida com uma
instituição de pesquisa brasileira.
364
CONTENIDO
Acesso e repartição de benefícios da biodiversidade no Brasil
ACESSO AO CONHECIMENTO TRADICIONAL ASSOCIADO
Origem identificável
Sim Não
Solicitar consentimiento
prévio junto ao provedor
Tipo de usuário?
Pessoa jurídica estrangeira Nacional
Parceria com instituição
de pesquisa brasileira
Área de acesso
Área de Segurança Águas jurídicas,
Nacional plataforma continental
Sim Não Sim
Autorização do Autorização da
conselho de segurança marinha
Cadastro
Figura 10.1. Fluxograma das fases prévias ao cadastro
de acesso ao conhecimento tradicional
Fonte: adaptado de CNI (2017).
Após a fase de cadastro, outros procedimentos administrativos que
porventura podem ser exigidos são a notificação e a repartição de bene-
fícios (Figura 10.2). Esses atos são exigidos para os acessos que tiverem
como finalidade a exploração econômica de produto acabado ou material
reprodutivo oriundo de acesso (artigo 16) (Brasil, 2015). A notificação
é um instrumento onde o usuário declara o cumprimento dos requisitos
legais e indica a modalidade de repartição de benefícios (monetária ou
não monetária) (artigo 2, XIX) (Brasil, 2015).
365
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
ACESSO AO CONHECIMIENTO TRADICIONAL ASSOCIADO
Cadastro
Desenvolvimento tecnológico Pesquisa científica
Producto acabado Producto intermediário Pesquisa científica
Notificação
Sim
ME, EPP, MEI,
Cooperativa de
agricultores?
Não Elemento principal de
agregação de valor?
Sim Não
CTA identificável Não
Sim
Repartião de beneficios Repartião de beneficios Repartião de beneficios
negociada ao FNRB ao FNRB
Figura 10.2. Fluxograma das fases posteriores ao cadastro
de acesso ao conhecimento tradicional
Fonte: adaptado de CNI (2017).
A notificação é obrigatória mesmo para os usuários isentos da obri-
gação de repartir, como é o caso das microempresas (ME), das empresas
de pequeno porte (EPP), do microempreendedor individual (MEI) e das
cooperativas de agricultores (artigo 54, §2º) (Brasil, 2016). A partir da
notificação, inicia-se o prazo de 365 dias para a apresentação do acordo
de repartição (artigo 16, §2º) (Brasil, 2015).
Para fins de esclarecimento de terminologia, a partir do momento em
que o detentor do conhecimento outorga acesso ao usuário, ele se torna
um provedor (Brasil, 2017). Os provedores do conhecimento tradicional
366
CONTENIDO
Acesso e repartição de benefícios da biodiversidade no Brasil
associado são a “população indígena, comunidade tradicional ou agri-
cultor tradicional que detém e fornece a informação sobre conhecimento
tradicional associado para o acesso”, nos termos do artigo 2º, inciso V,
da lei Nº 13.123/2015 (Brasil, 2015).
Considerando que a CDB preferiu não adotar uma definição uni-
versal para a expressão “povos indígenas e comunidades locais” (CBD,
2018), ficou a cargo de cada País a adoção de uma definição (Burelli,
2014). No Brasil, o artigo 2º, inciso IV, da lei Nº 13.123/2015 retomou
o conceito de “povos e comunidades tradicionais”, previsto no artigo 3º
do decreto 6.040/2007 (Brasil, 2007), sob a denominação de “comuni-
dades tradicionais”.
Em razão da conexão a características culturais específicas de certos
grupos sociais, os conhecimentos tradicionais acabam por integrar a “iden-
tidade, os valores, os significados e a razão de ser” dessas coletividades e,
consequentemente, os ditos saberes asseguram a sobrevivência do grupo e
possibilitam o desenvolvimento cultural (Brasil, 2017). Um dos elementos
para assegurar a resiliência do saber local é a manutenção dos recursos
naturais presentes em seus territórios (Cunha, 1999), pois é a partir do
contato direto com os recursos naturais que as comunidades perpetuam
a produção e circulação do saber (Oliveira et al., 2019).
Nessa perspectiva, o MLB garantiu às comunidades tradicionais o
direito de usar ou vender livremente produtos que contenham patrimônio
genético ou conhecimento tradicional associado, segundo o artigo 10, V,
da lei Nº 13.123/2015. Contudo, essa liberdade é apenas relativa, pois
a legislação condicionou o exercício desse direito à normatização por
parte da Agência Nacional de Vigilância Sanitária (ANVISA). Ou seja,
houve uma facilitação do acesso ao conhecimento tradicional em favor
dos usuários de recursos genéticos estimulando o avanço nas pesquisas,
enquanto as comunidades tradicionais seguem desfavorecidas em dizer
como e quando irão usar seus conhecimentos diante de tantas hipóteses
que desobrigam a consulta prévia e informada (Moreira et al., 2017).
Em se tratando da repartição dos benefícios, o MLB possui três casos
gerais (Quadro 10.2), que ocasionam diferentes tipos de consequências a
depender da modalidade de repartição e do valor a ser dividido.
367
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Quadro 10.2. Casos gerais de repartição de benefícios no contexto brasileiro
Modalidade de
Tipo de acesso Percentual a ser repartido
repartição
1% da receita líquida anual para o Fundo
Modalidade monetária
Nacional de Repartição de Benefícios
Acesso ao patrimônio
genético Acordo de repartição de benefícios com
Modalidade não
a União, cujo valor variará entre 0,75% e
monetária
1% da receita líquida
Acesso ao conhecimen-
1% da receita líquida anual para o fundo
to tradicional de origem Modalidade monetária
nacional de repartição de benefícios
não identificável
Modalidade monetária Acordo de Repartição de Benefícios com
Acesso ao conhecimento
o provedor, mais 0,5% da receita líquida
tradicional de origem Modalidade não para o Fundo Nacional de Repartição de
identificável monetária Benefícios
Fonte: Brasil (2017) com adaptações.
Note-se que haverá destinação de valores monetários para o fundo
nacional para repartição de benefícios (FNRB) quando se tratar de
acesso ao patrimônio genético na modalidade monetária, de acesso ao
conhecimento tradicional de origem não identificável e de acesso ao
conhecimento tradicional de origem identificável em quaisquer das moda-
lidades. Porém, quando o financiamento do FNRB envolver recursos
financeiros oriundos deste último tipo de acesso, os beneficiários serão,
exclusivamente, os detentores de conhecimentos tradicionais associados.
Trata-se de uma receita de vinculação compulsória (MMA, 2019).
Isto porque, nos termos da ordem jurídica internacional, tais provedores
são um sujeito coletivo. Logo, a repartição de benefícios favorece não
somente a comunidade com a qual o acordo fora realizado, mas também
beneficia indiretamente outros detentores de conhecimento tradicional
por meio do FNRB (Baleixe, 2018).
Nessa perspectiva, outros tipos de receitas também irão contribuir
para a promoção do FNRB conforme exemplificado no artigo 32 da
lei Nº 13.123/2015 e no artigo 96, §1º, do decreto nº. 8.772/2016. A
depender da fonte da receita que virá a fomentar o FNRB, ela poderá ser
classificada como orçamentária ou extraorçamentária, e isso implicará
destinações diferenciadas por cada tipo de receita, segundo a versão
368
CONTENIDO
Acesso e repartição de benefícios da biodiversidade no Brasil
preliminar do manual de operações do FNRB (MMA, 2019). Grosso
modo, as receitas orçamentárias se relacionam aos custos dos procedi-
mentos operacionais do FNRB e de capacitação, enquanto as receitas
extraorçamentárias são prioritariamente empregadas na implantação do
programa nacional de repartição de benefícios–PNRB.
Além disso, existem três hipóteses onde a receita possui vinculação
compulsória. A primeira hipótese acontece quando a origem do recurso
é decorrente do acesso a patrimônio genético advindo de coleções ex situ.
Nessa hipótese, uma parcela do valor arrecadado deverá beneficiá-las.
A segunda hipótese acontece quando de doações ou de origem externa
em decorrência de contratos, acordos ou convênios, nomeadamente
destinados para as finalidades do FNRB. Nessa hipótese, a aplicação
deverá observar as destinações específicas que forem determinadas
pelos contribuidores, caso essa especificação exista. A terceira hipótese
de vinculação compulsória acontece quando de recursos financeiros
oriundos da exploração econômica de produto acabado ou de material
reprodutivo decorrente de acesso a conhecimento tradicional associado.
Nessa hipótese, o beneficiamento deverá ser exclusivo das populações
indígenas, as comunidades tradicionais ou os agricultores tradicionais.
Quando destinados ao custeio do PNRB, os recursos do FNRB
financiarão ações, atividades e projetos alinhados com os fins de conser-
vação, recuperação, proteção, pesquisa, dentre outras previstas no artigo
33 da lei 13.123/2015. As ações, atividades, projetos e formalização de
parcerias através do PNRB poderão ser direcionadas em favor de um
amplo leque de beneficiários (Quadro 10.3). Percebe-se que a tentativa
foi englobar nas regras de repartição todos aqueles que são considerados
necessários à conservação da biodiversidade com o intuito de atingir os
objetivos da CDB.
Quadro 10.3. Possíveis beneficiários dos recursos do FNRB
Beneficiários Fundamento legal
Detentores de conhecimento tradicional associado: populações Art. 96 do decreto
indígenas, comunidades tradicionais e agricultores tradicionais Nº 8.772/2016.
Instituições nacionais mantenedoras de coleções ex situ com Art. 100 do decreto
credenciamento Nº 8.772/2016.
369
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Beneficiários Fundamento legal
Inciso VI do art. 98 e
Instituições nacionais de pesquisa e ensino inciso VI do art. 100 do
decreto Nº 8.772/2016
Instituições públicas ou privadas, sem fins lucrativos, nacionais
§ 2º do art. 100 do decreto
em geral, para o apoio de projetos e atividades relacionadas à
Nº 8.772/2016.
elaboração de protocolos comunitários
Órgãos e entidades federais de proteção dos direitos, de assis-
tência ou de promoção das atividades das populações indígenas, § 1º do art. 100 do decreto
comunidades tradicionais e agricultores tradicionais, para Nº 8.772/2016.
apoiar projetos e atividades de capacitação dos seus servidores
Instituição(ões) pública(s) ou privada(s), sem fim (ns)
Inciso I do parágrafo úni-
lucrativo(s), nacional(is) que realizem atividades de análise,
co do art. 101 do decreto
supervisão, gerenciamento e acompanhamento das ações, ativi-
Nº 8.772/2016.
dades e projetos apoiados pelo FNRB
Instituição financeira federal contratada, para a remuneração Inciso II do parágrafo úni-
e cobertura das despesas da instituição financeira relativas à co do art. 101 do decreto
administração do FNRB Nº 8.772/2016.
Art. 101, caput, do de-
Instituições públicas ou privadas, sem fins lucrativos, nacionais creto Nº 8.772/2016
em geral, para implementação do PNRB e § 3º do art. 32 da lei
Nº 13.123/2015
Fonte: Elaborado pelos autores com base em MMA (2019).
Para gerir os recursos monetários constantes no FNRB, previu-se
a instituição do comitê gestor do FNRB (CG-FNRB), conforme regu-
lamentado pelo artigo 97 e seguintes do decreto 8.772/2016. O cole-
giado do CG-FNRB envolve representantes das principais instituições
de governo envolvidas com a questão, bem como representantes dos
interesses indígenas. No entanto, verifica-se a ausência de uma repre-
sentatividade específica das comunidades quilombolas, por exemplo da
Fundação Palmares (Belas, 2017). Isso é indício de que as legislações
foram construídas mediante um processo legislativo que não oportunizou
uma participação ampla, muito menos permitiu um debate e consulta
prévia aos povos e comunidades tradicionais (Moreira et al., 2017). Ainda
analisando essa composição, os estados e municípios, que já foram afas-
tados da constituição do CGEN, também não foram levados em conta
na composição do recém-criado CG-FNRB (Bastos, 2017).
370
CONTENIDO
Acesso e repartição de benefícios da biodiversidade no Brasil
Apresentar essas discussões sobre a composição do CG-FNRB é
importante, vista a competência desse colegiado para deliberar sobre
diversos assuntos envolvendo recursos financeiros do FNRB, nos termos
do artigo 98, do decreto Nº 8.772/2016.
Conforme determinação do artigo 99, do decreto 8.772/2016, as dis-
ponibilidades do FNRB serão mantidas em instituição financeira federal.
Nesse aspecto, o Banco Nacional do Desenvolvimento (BNDES) foi a
instituição selecionada para gerir e administrar os recursos financeiros do
FNRB. O contrato entre o BNDES e o Ministério do Meio Ambiente
foi assinado em 26/11/2019 (Araújo, 2019).
Em consulta realizada pela plataforma integrada de ouvidoria e
acesso à informação, o BNDES informou que, até 31/12/2021, o total
das receitas destinadas ao FNRB foi de R$ 3.945.111,38 (três milhões,
novecentos e quarenta e cinco mil, cento e onze reais e trinta e oito cen-
tavos) (BNDES, 2022). Além disso, informou-se que o total arrecadado
foi pago por apenas 45 empresas. Isso é impressionante diante a existência
de mais de 50.000 atividades de acesso cadastradas no sistema nacional
de gestão do patrimônio genético–SISGEN (2021). Além disso, o SIS-
GEN informa a existência de cerca de 5.250 notificações dentre isenções
e repartições de benefícios SISGEN (2021). Isso evidencia que haverá
pouco retorno financeiro efetivo às comunidades tradicionais uma vez
que a quantidade de isenções (1.645) e de repartições na modalidade não
monetária (1.850) prevalecem sobre o quantitativo de notificações para
a repartição monetária (1.755).
Além do baixo quantitativo de possíveis financiadores do FNRB,
a legislação estipulou o reduzido percentual de 1% das receitas líquidas
auferidas com a exploração do patrimônio genético como limite máximo
para a repartição. Existe ainda a possibilidade de diminuição desse valor
para até 0,1% da receita líquida anual, nos termos dos artigos 20 e 21
da lei 13.123/2015. Esse condicionamento da repartição à exploração
econômica e à exclusão dos fabricantes intermediários e desenvolvedores
de processos da obrigação de partilhar podem ser assumidos como uma
afronta à repartição justa e equitativa promovida pelo conjunto de normas
internacionais referentes à temática, pois desvalorizam o “conhecimento
tradicional incorporado ao processo produtivo em face da cadeia anterior
ao resultado final” (Moreira et al., 2017, p. 86).
371
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
Diante do cenário desencorajante evidenciado nessa subseção, infe-
re-se que o beneficiamento dos detentores de conhecimento tradicional
via FNRB, muito provavelmente, necessitará contar com as outras
fontes de receitas previstas no rol exemplificativo do artigo 32 da lei
Nº 13.123/2015 e no artigo 96, §1º, do decreto Nº 8.772/2016, a fim de
dispor dos recursos financeiros suficientes para atingir o objetivo para
o qual foi criado.
Existe outro ponto que também limita a valorização do saber local
pela repartição de benefícios. Nem sempre aquele que desenvolve um
produto e o explora economicamente é o mesmo usuário que acessa o
conhecimento tradicional e/ou patrimônio genético (Brasil, 2017). Isso
é importante porque recai somente sobre os fabricantes do produto aca-
bado ou o produtor do material reprodutivo a obrigação de repartir os
benefícios, mas sempre que o componente do patrimônio genético ou o
conhecimento tradicional associado for um dos elementos de agregação
de valor, nos termos do artigo 17, da lei Nº 13.123/2015.
Estão isentos, portanto, dessa obrigação de repartir, os fabricantes
de produtos intermediários e aqueles que desenvolvem processos oriun-
dos de acesso ao patrimônio genético e/ou ao conhecimento tradicional
associado, ao longo da cadeia produtiva. Outra situação de limitação à
obrigação de repartir é a impossibilidade de cumulação dessa obrigação
para o cálculo da repartição “quando um produto acabado ou material
reprodutivo for resultado de vários acessos distintos” (Moreira et al.,
2017, p. 86). Percebe-se, nesse panorama geral, que o MLB distorce, em
certos momentos, os fundamentos da CDB e do Protocolo de Nagoya
que visam promover acordos livres com as comunidades locais e proteger
os conhecimentos ancestrais e identidades dos povos.
Conclusão
A fim de que o modelo brasileiro de ARB possa ampliar o seu potencial
de valorização da importante contribuição dos detentores de conheci-
mento tradicional para a conservação da biodiversidade, é necessário
levar em conta que a erosão da diversidade biológica também induz à
destruição dos saberes locais, pois a permanência e transmissão destes
saberes dependem dos organismos biológicos que norteiam a sua cons-
trução sociocultural. Mas, para tanto, é necessário que o uso do conceito
372
CONTENIDO
Acesso e repartição de benefícios da biodiversidade no Brasil
de biodiversidade seja expandido para alcançar um engajamento com os
múltiplos fatores que conduzem a sua perda e com os múltiplos valores
envolvidos. Isto porque conter a erosão dos conhecimentos tradicionais
perpassa por conter a erosão da diversidade biológica.
Porém, no modelo brasileiro de ARB, nota-se que houve uma faci-
litação do acesso ao conhecimento tradicional em favor dos usuários
de recursos genéticos estimulando o avanço nas pesquisas, enquanto as
comunidades tradicionais seguem desfavorecidas no que tange à decisão
relativa ao como e quando irão usar seus conhecimentos diante de tantas
hipóteses que desobrigam a consulta prévia e informada. Além disso, o
cenário da repartição dos benefícios decorrentes da exploração econômica
da biodiversidade é desencorajante em relação ao beneficiamento dos
detentores de conhecimento tradicional, principalmente, naquilo referido
àquelas comunidades tradicionais que não são diretamente beneficiadas
por meio de um acordo de repartição.
No espírito da CDB e do Protocolo de Nagoya, busca-se promover
acordos livres com as comunidades locais e proteger os conhecimentos
ancestrais e as identidades dos povos. Assim, visando privilegiar a con-
servação das relações cultura-natureza que contribuem à diversificação
biológica no modelo brasileiro de ARB, é necessário impulsionar a
valorização e a proteção dos conhecimentos tradicionais, com o respec-
tivo respeito aos direitos humanos de seus detentores, nomeadamente, o
direito ao consentimento prévio e informado e à repartição de benefícios.
Embora sejam os principais defensores do meio ambiente e atores
da justiça socioambiental no Brasil, os povos e comunidades tradicionais
estão envolvidos em diversos cenários de disputas sociais e ambientais,
o que demanda a atuação das pessoas defensoras de direitos humanos.
No entanto, os próprios defensores e defensoras de direitos humanos se
deparam com diversas ameaças a sua integridade e a sua vida, limitando
o pleno desenvolvimento de suas atividades profissionais, cabendo ao
Estado Brasil agir no sentido adotar providências de proteção em favor
desses importantes atores.
Existe uma interconexão entre as pessoas defensoras de direitos
humanos, os povos e comunidades tradicionais e o instrumento de ARB
no sentido de que é necessário garantir o pleno exercício das atividades
profissionais dos primeiros para que possam atuar em defesa dos direitos
373
Justicia ambiental y personas defensoras del ambiente en América Latina
dos detentores de conhecimento tradicionais, nomeadamente, para asse-
gurar o direito ao consentimento prévio e informado e à repartição de
benefícios no ARB.
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Hoy en día, Latinoamérica es considerada la región más peligrosa del
mundo para la defensa ambiental. Con el propósito de atender esta
problemática, se han fortalecido los marcos jurídicos para defender a las
personas que protegen el medio ambiente. Sin embargo, este trabajo pone
en evidencia que los marcos normativos no son suficientes, debido, entre
otras razones, a las disputas en los territorios entre actores legales e ilegales
por el uso y el aprovechamiento económico de los recursos naturales. De
acuerdo con estas realidades, el propósito principal de esta obra radica en
ofrecer un análisis crítico de los marcos legales para la protección de las
personas defensoras del medio ambiente en la región, así como contribuir
a una reflexión sobre los logros, los retos y las agendas pendientes para que
tal protección sea efectiva, en vista de las múltiples violencias que afectan
tanto a los derechos como a la integridad física de estas personas.