Artículo 16 – Derecho a inviolabilidad de domicilio y a no ser molestado
Derecho humano consagrado:
Que nadie sea molestado en su vida o bienes sin una causa legal válida y justificada.
¿En qué consiste este derecho?
Nadie puede ser interrumpido en su vida, trabajo, familia o propiedad si no existe
una razón escrita por una autoridad oficial, con base legal clara y justificada.
El domicilio es un espacio protegido. Las autoridades no pueden entrar en él sin
una orden de un juez, salvo si hay una situación urgente como un delito en
proceso o un desastre.
Si la policía o alguna autoridad quiere detener a alguien o registrar un
lugar, necesita tener pruebas y permiso judicial.
Las llamadas telefónicas, correos o cualquier tipo de comunicación personal no
pueden ser revisados por el gobierno sin una autorización específica de un juez.
El artículo permite usar la ubicación de una persona en tiempo real como parte
de una investigación penal, pero sólo si un juez lo aprueba.
Nadie puede ser sancionado por una autoridad administrativa (como un inspector o policía) sin que antes se le dé la
oportunidad de defenderse, y todo debe estar previsto por ley.
Los datos personales de cada persona están protegidos. El Estado debe cuidar esta información, y quien la use debe
hacerlo con transparencia y respeto.
Artículo 17 – Derecho a una justicia accesible y sin demoras
Derecho humano consagrado:
A recibir justicia sin tener que recurrir a la violencia y con acceso a tribunales que actúen de forma imparcial,
pronta y gratuita.
¿En qué consiste este derecho?
Nadie puede hacer justicia por su propia mano; los problemas legales deben resolverse ante la autoridad
correspondiente.
Las leyes deben establecer procedimientos justos y permitir que cualquier persona pueda acudir a los tribunales si se
ve afectada.
Todas las personas tienen derecho a que su conflicto se resuelva en un tiempo
razonable, sin retrasos innecesarios.
No se puede condicionar el acceso a la justicia por cuestiones económicas. Los
juicios deben ser gratuitos.
El Estado tiene la obligación de contar con sistemas para resolver
conflictos de manera pacífica, como métodos de mediación o
conciliación.
También se garantiza que las sentencias deben cumplirse. Si alguien gana
un juicio, el resultado debe respetarse, y si no se cumple, el Estado debe
intervenir.
La ley debe establecer cómo serán las autoridades encargadas de impartir justicia, incluyendo su formación y
responsabilidad.
Artículo 18 – Derecho a una reinserción social justa para personas en prisión
Derecho humano consagrado:
Que las personas privadas de su libertad tengan condiciones dignas y oportunidades para reinsertarse a la sociedad.
¿En qué consiste este derecho?
Sólo se permite la prisión preventiva por delitos graves definidos en la ley. En otros casos, las personas pueden
enfrentar su proceso en libertad.
Las cárceles no son castigos eternos, sino espacios donde la persona debe tener la
posibilidad de cambiar y volver a integrarse a la sociedad.
El sistema penitenciario debe funcionar bajo principios como el respeto a los
derechos humanos, el trabajo, la capacitación y la educación.
Se busca que los internos desarrollen habilidades que les permitan llevar
una vida útil fuera de prisión.
Las mujeres y hombres deben ser recluidos en lugares separados y deben
respetarse sus condiciones particulares.
Los adolescentes que cometan delitos deben ser tratados bajo un sistema de
justicia especializado, con enfoque en su reintegración y no en el castigo.
En ningún caso se permite que las personas sean usadas como castigo
público ni que vivan en condiciones que atenten contra su dignidad.
Se debe asegurar que quienes ya cumplieron con las condiciones legales puedan obtener su libertad anticipada
cuando la ley lo permita.
Artículo 19 – Derecho a la protección frente a detenciones arbitrarias y abusos judiciales
Derecho humano consagrado:
A no permanecer detenido sin una justificación válida ni enfrentar un proceso penal sin garantías.
¿En qué consiste este derecho?
Cuando una persona es detenida por la autoridad, un juez tiene un máximo de 72 horas para revisar las pruebas y
decidir si se justifica la detención o debe ser liberada.
Si en ese tiempo no se presentan los elementos legales suficientes, la persona debe quedar en libertad de inmediato.
Si hay pruebas razonables, el juez dictará lo que se conoce como auto de
vinculación a proceso, es decir, una resolución para que el caso avance
legalmente.
Esta decisión judicial sólo puede tomarse si existen indicios claros de que se
cometió un delito y que la persona podría haber participado.
Durante el proceso, la autoridad debe respetar el debido proceso legal.
No puede usarse la prisión como forma de presión, castigo anticipado o
para dañar moralmente.
El artículo también protege a las personas contra el uso de la figura de
prisión preventiva como una medida rutinaria o automática.
Se establece que nadie puede estar en prisión por más tiempo del necesario si
no se ha dictado sentencia, y que se debe priorizar la presunción de
inocencia.
Artículo 20 – Derechos durante un proceso penal justo y equilibrado
Derecho humano consagrado:
A que todo procedimiento penal se desarrolle bajo un sistema acusatorio, con garantías para las personas imputadas
y para las víctimas.
¿En qué consiste este derecho?
Para la persona acusada de un delito:
Se presume su inocencia hasta que se demuestre lo contrario, y debe ser tratada como tal durante todo el proceso.
Tiene derecho a declarar o guardar silencio sin que eso le perjudique, así
como a tener un abogado desde el primer momento. La autoridad debe
informarle claramente por qué se le acusa y cuáles son sus derechos. Puede
contar con tiempo y recursos suficientes para preparar su defensa, y debe
tener acceso a todas las pruebas. Se prohíben las pruebas obtenidas
ilegalmente o bajo coacción. El juicio debe ser público, oral y resuelto en un
plazo razonable por un juez imparcial. Tiene derecho a un recurso para
impugnar las decisiones que se consideren injustas.
Para la víctima o persona ofendida:
Tiene derecho a recibir asesoría legal y a que se le garantice protección
durante todo el proceso. Debe ser informada del desarrollo del caso y
participar en él si así lo desea. Puede solicitar medidas de reparación del
daño, y a que el responsable sea sancionado conforme a la ley. También
puede aportar pruebas y recurrir decisiones que considere inadecuadas.
Artículo 21 – Funciones del Estado en la persecución y sanción de los delitos
Derecho humano consagrado:
A que sólo las autoridades legalmente facultadas investiguen y sancionen delitos, bajo principios de legalidad y
control judicial.
¿En qué consiste este derecho?
La investigación de los delitos está a cargo del Ministerio Público, el cual puede apoyarse en la policía. Las dos
autoridades deben trabajar juntas respetando los derechos de todas las personas involucradas.
El juez no puede investigar delitos ni ordenar castigos por iniciativa propia; su
papel es imparcial y sólo decide con base en lo que se le presenta.
Las sanciones como multas o arrestos por faltas administrativas pueden ser
impuestas por autoridades distintas a las judiciales, como jueces cívicos, pero
sólo si está previsto en la ley.
Ninguna persona puede recibir un castigo que no esté expresamente
previsto en la ley. No se pueden aplicar penas por analogía o
interpretación extensa de las normas penales.
Las instituciones policiales deben actuar con profesionalismo y legalidad,
sujetas a controles y evaluaciones de desempeño.
El uso de la fuerza pública debe estar regulado por normas que garanticen su uso racional, proporcional y
limitado a lo estrictamente necesario.
El Estado tiene la obligación de prevenir los delitos, pero también de respetar los derechos de las personas durante
cualquier acto de autoridad.
Artículo 22 – Prohibición de penas inhumanas y respeto a la dignidad
Derecho humano consagrado:
A no ser sometido a castigos crueles, desproporcionados o que violen la dignidad humana.
¿En qué consiste este derecho?
Se prohíbe tajantemente aplicar penas como la muerte, mutilaciones, azotes, tormentos físicos o
mentales, así como cualquier tipo de castigo degradante.
Tampoco se permite la confiscación de bienes sin sentencia judicial que así lo
determine. El Estado no puede simplemente quitar los bienes de una persona como
forma de castigo.
La extinción de dominio (cuando el Estado recupera bienes vinculados al crimen) sólo
puede aplicarse en los casos y procedimientos que establezca la ley, y debe
garantizarse el derecho de defensa.
Las penas deben ser proporcionales al delito cometido. No se pueden imponer
sanciones excesivas que no guarden relación con la gravedad del acto.
Este artículo protege especialmente a las personas contra abusos del poder punitivo
del Estado, exigiendo que toda pena cumpla con criterios de justicia y humanidad.
En resumen, ningún castigo puede ir en contra del respeto básico a la persona, por
muy grave que sea el delito cometido.
Artículo 23 – Derecho a un juicio penal con límites y sin duplicidad
Derecho humano consagrado:
A no ser juzgado más de una vez por el mismo delito y a que el proceso penal tenga un fin claro y definitivo.
¿En qué consiste este derecho?
En un juicio penal sólo puede haber tres instancias: el juicio original, una apelación y, en su caso, un recurso final.
Esto garantiza que el proceso no se extienda innecesariamente.
Ninguna persona puede ser juzgada dos veces por el mismo delito. Si ya se dictó sentencia
firme, el caso no puede volver a abrirse con el mismo fundamento.
Esta protección se conoce como non bis in ídem, que significa que nadie puede ser castigado dos
veces por la misma conducta.
Se garantiza que el sistema penal no se use para perseguir o acosar a alguien
repetidamente por un hecho ya resuelto.
También implica que el Estado debe procurar que los juicios sean eficaces y
definitivos, evitando abusos procesales o incertidumbre jurídica.
La finalidad de este derecho es darles certeza a las personas procesadas y evitar
decisiones contradictorias o uso político del sistema judicial.
Artículo 24 – Libertad de creencias y expresión religiosa
Derecho humano consagrado:
A pensar y creer libremente en lo espiritual o religioso, y a practicar esas creencias sin ser obligado o limitado
injustamente.
¿En qué consiste este derecho?
Toda persona tiene derecho a tener, cambiar o no tener creencias religiosas o espirituales, sin que nadie pueda
imponerle una forma de pensar.
Nadie puede ser obligado a participar en ceremonias, ritos o actos de culto si no lo desea.
La libertad religiosa incluye la posibilidad de practicar, individual o colectivamente, los actos
relacionados con una fe: como rezar, reunirse o vestirse de cierta forma.
Esta libertad debe ejercerse respetando el orden público y los derechos de los demás. No está
permitido usar la religión para justificar actos ilegales o discriminatorios.
El Estado mexicano es laico: no promueve ni favorece ninguna religión, pero protege el derecho
de cada persona a creer y vivir según sus convicciones.
También protege la libertad de conciencia, es decir, el derecho a actuar conforme a los
principios personales, incluso si no están ligados a una religión.
Artículo 25 – Participación del Estado y la sociedad en el desarrollo nacional
Derecho humano consagrado:
A que el desarrollo económico y social del país se lleve a cabo en beneficio de la población, con responsabilidad
compartida entre gobierno y particulares.
¿En qué consiste este derecho?
El Estado tiene la responsabilidad de conducir el desarrollo nacional, buscando que sea integral y sustentable, es
decir, que beneficie a todos y no comprometa el futuro.
Este desarrollo debe fortalecer la soberanía del país y mejorar la calidad de vida de la población.
La economía nacional debe promover el empleo pleno, la distribución justa de la riqueza y el crecimiento sostenido.
Tanto el sector público como el privado participan en esta tarea, cada uno dentro del
marco legal.
El Estado puede intervenir directamente en la economía para planificar, organizar y
regular actividades que considere estratégicas o prioritarias.
Las actividades productivas deben regirse por principios de competitividad,
legalidad, sostenibilidad, equidad y productividad.
Se reconoce que las empresas del Estado pueden tener un papel importante,
pero también se protege la libre competencia en el mercado, evitando abusos
como los monopolios.
En todo momento, se deben respetar los derechos de los trabajadores y
consumidores, y promover la inversión responsable.
Artículo 26 – Planeación democrática y evaluación del desarrollo nacional
Derecho humano consagrado:
A que el desarrollo del país se planifique de manera participativa, con transparencia, información confiable y
mecanismos de evaluación pública.
¿En qué consiste este derecho?
El desarrollo nacional debe ser integral y sustentable, y orientarse hacia el bienestar general, el respeto a la
soberanía y la consolidación de la democracia. El Estado está obligado a planificar este desarrollo con la
participación de los diferentes sectores sociales, mediante un sistema llamado Sistema Nacional de Planeación
Democrática.
Este sistema coordina las acciones del gobierno federal, los estados, municipios y ciudadanos
para definir objetivos y prioridades del país.
Las leyes deben establecer los procedimientos para que el Congreso de la Unión
intervenga en esta planeación y vigile su cumplimiento.
La información utilizada para diseñar políticas públicas debe provenir
de fuentes confiables, como el INEGI, que genera estadísticas y datos
geográficos de manera autónoma y técnica.
También se contempla la existencia de sistemas que evalúen el
desempeño de los programas públicos, a fin de corregir fallas y
mejorar resultados. Todo el proceso de planeación debe ser abierto,
claro y sujeto a rendición de cuentas, respetando los principios de
equidad, sustentabilidad y participación ciudadana.
Artículo 27 – Propiedad de la Nación sobre el territorio y recursos del país
Derecho humano consagrado:
A que los bienes del territorio nacional y sus recursos naturales pertenezcan originalmente a la Nación, con reglas
claras sobre propiedad privada, ejidal y comunal.
¿En qué consiste este derecho?
Todo el territorio de México, incluyendo tierra, agua, subsuelo y recursos naturales, pertenece originalmente a la
Nación, la cual puede transferir su dominio a particulares bajo ciertas condiciones.
La propiedad privada existe, pero debe cumplir una función social, es decir, debe
usarse de forma que beneficie al desarrollo del país y no genere desigualdad.
El Estado puede expropiar propiedades por causa de utilidad pública,
siempre que lo haga conforme a la ley y ofreciendo una
indemnización justa. Se protege la propiedad ejidal y comunal,
reconociendo los derechos históricos de pueblos y comunidades
sobre sus tierras, bosques y aguas.
La ley regula el uso de la tierra y prohíbe el latifundismo, es decir,
la acumulación excesiva de tierras en pocas manos. Los recursos
como petróleo, minerales, electricidad y agua son estratégicos y
no pueden ser propiedad privada; su explotación está sujeta a
control del Estado. El Estado puede establecer áreas de reserva o
zonas restringidas en defensa de la soberanía, especialmente en
zonas fronterizas o costeras.
Se reconoce el derecho de los pueblos indígenas y afromexicanos a conservar sus tierras, recursos y formas
tradicionales de organización.
Artículo 28 – Prohibición de monopolios y protección a la libre competencia
Derecho humano consagrado:
A participar en una economía sin prácticas de abuso como los monopolios, y a contar con mecanismos que regulen la
competencia de manera justa.
¿En qué consiste este derecho?
Se prohíben los monopolios, prácticas monopólicas y estancos (control exclusivo de una actividad), ya que afectan la
economía y los derechos de los consumidores.
También están prohibidas las condonaciones injustificadas de impuestos, los privilegios fiscales y otras formas de
trato preferencial que rompan la equidad entre los participantes del mercado.
Se exceptúan de esta prohibición ciertas áreas consideradas estratégicas para el Estado,
como la emisión de moneda, correos, telégrafos, energía nuclear y otros definidos por
la ley.
El Estado puede intervenir en la economía para evitar abusos, vigilar precios y
establecer reglas para proteger a los consumidores y a los pequeños productores.
Se reconoce la existencia de órganos autónomos, como la Comisión Federal de
Competencia Económica (COFECE) y el Instituto Federal de Telecomunicaciones
(IFT), que se encargan de vigilar que no haya concentraciones indebidas de
poder económico.
Estos órganos deben actuar con independencia, profesionalismo y responsabilidad,
y sus decisiones pueden ser revisadas sólo por jueces especializados.
Este artículo busca equilibrar la libertad económica con la justicia social, asegurando que el mercado funcione de
forma abierta, competitiva y sin trampas.
Artículo 29 – Restricción de derechos en casos de emergencia nacional
Derecho humano consagrado:
A que los derechos constitucionales sólo puedan ser suspendidos temporalmente en situaciones graves y bajo estrictos
controles legales.
¿En qué consiste este derecho?
En casos excepcionales como guerras, invasiones, disturbios graves o amenazas a la paz pública, el Presidente de la
República puede solicitar la suspensión temporal de ciertos derechos.
Esta suspensión no es automática. Debe ser autorizada por el Congreso de la Unión, y en casos urgentes, por la
Comisión Permanente, bajo criterios muy definidos.
No se pueden suspender todos los derechos. La ley prohíbe limitar los derechos
humanos considerados esenciales, como la vida, la integridad, la identidad y el
debido proceso. La suspensión sólo puede aplicarse en la medida necesaria y durante
el tiempo estrictamente indispensable para restablecer el orden.
Las autoridades deben informar a organismos internacionales de derechos
humanos cuando se activen estas medidas.
Este artículo garantiza que el poder público no actúe arbitrariamente ni
aproveche las crisis para eliminar libertades de manera permanente.
Las medidas de excepción deben estar sujetas a control judicial y a la vigilancia
ciudadana para evitar abusos.