BENDER – La “gran guerra” y la revolución estadounidense
Introducción
1776, la Declaración de Independencia por las 13 colonias fue la primera vez que
un pueblo reclamó formalmente y con éxito su derecho a independizarse del poder
imperial. Hasta el 1500, la historia se dirigía hacia la acumulación de territorios, el
mundo oceánico invitaba a las disputas globales por más territorio, comercio y
poder, esas luchas crearon las condiciones para el éxito de la audaz pretensión de
los norteamericanos británicos. En este capítulo, Bender quiere poner énfasis en la
guerra global entre las potencias europeas, que invita a extender la cronología y la
geografía del contexto explicativo.
La lucha entre Inglaterra y Francia por la hegemonía en Europa y la riqueza del
imperio se desarrolló en una escala global entre 1689 y 1815, ciclo conocido como
la “gran guerra”, las 13 colonias se mantuvieron al margen pero gracias a ella
cosecharon la independencia. Las disputas globales también trajeron dificultades:
los grandes imperios fijaron regulaciones al comercio, las cambiantes alianzas y
estrategias navales hicieron que el intercambio oceánico (principal fuente de
ingresos) se volviera peligroso. Los franceses se retiraron de Canadá luego de la
guerra de los Siete años (1756-1763), los norteamericanos se envalentonaron y los
ingleses comenzaron a preocuparse por la administración y el costo de un imperio
que se estaba extendiendo demasiado.
Asegurada su independencia mediante el Tratado de París (1783) Estado Unidos
contaba con una gran marina mercante y buscaron se reconocidas como una
potencia neutral. Las dificultades para proteger su comercio: primero, lucha contra
los estados bereberes (1801-1805) y luego contra Gran Bretaña (1812-1815). La
presencia continua de la rivalidad franco-británica en los asuntos locales y
extranjeros de la nueva nación restringía sus prácticas comerciales, influyendo
sobre su política y economía, amenazando su supervivencia.
Los contemporáneos de todas partes del mundo, les era claro que la revolución de
los Estados Unidos formaba parte de una secuencia más larga de guerras globales
entre Francia e Inglaterra. En 1778, Francia se alió con los rebeldes
norteamericanos y el conflicto entre los países alcanzo a todos los continentes
para 1783, los principales objetivos franceses estuvieron en otros sitios. Los
franceses querían recuperarse de la guerra de los Siete Años que había conferido
mucho poder a Gran Bretaña, su objetivo era reconquistar la influencia que habían
tenido en la India y en los centros del tráfico esclavos. España se aliaría con
Francia para recuperar Gibraltar. Ninguna de estas dos potencias cumplió sus
objetivos y Gran Bretaña salió más fuerte pero Estado Unidos logro su
independencia de ella. Lo destacable era la idea de que los conflictos de un
imperio no quedan circunscriptos a su región.
Los imperios globales
Bender 1
España y Francia eran dos potencias terrestres con grandes imperios territoriales.
Sin embargo, España a pesar de poseer más territorios, obtenía menos réditos que
Francia y para el siglo XVIII se había convertido en una potencia secundaria. Los
ejércitos franceses habían logrado convertirse en uno del os más poderosos del
continente, lenta en su proceso de expansión imperial pero para el XVIII tenía
posesiones claves que les eran muy redituables.
El la extensión del imperio colonial de los británicos era muy modesto incluso para
el XIX. El secreto de su éxito imperial y comercial residía en la Armada Real más
que los territorios que poseían. Quien domina el mar domina el comercio – Sir
Walter Raleigh. Este poderío naval se basaba en una combinación de puertos
fortificados en lugares clave y una buena cantidad de naves escolta que
protegiesen a los barcos mercantes con cargamento valioso. Luego de la Guerra
de Sucesión (1701-1713) puso en práctica un plan más ambicioso para asegurar
las rutas marítimas, lo cual exigió una inversión enorme y continua a la Armada
Real. Para solventarla aumento los impuestos la deuda y creó el Banco de
Inglaterra. Esto resulto de extraordinario éxito pero también una gran carga fiscal.
Los británicos intentaron trasladar a sus colonias algunos costos del nuevo estado
fiscal militar. Allí surgieron las tensiones. Los conflictos en la India y en el norte de
América amenazaron al imperio cuando parecía haber triunfado. También en
Francia y en España aumentaron las inversiones militares y se emprendió una
reforma de las burocracias imperiales. Estas medidas – que generaron deudas,
mayores impuestos y reorganizaciones administrativas- también propiciaron la
inestabilidad. Las tensiones internas y coloniales provocaron la revolución de 1789
en Francia y otra en Santo Domingo en 1791, mientras que las nuevas demandas
y regulaciones fiscales desencadenaron rebeliones e insurrecciones en la América
española y portuguesa.
De modo que esta creciente crisis fiscal fue global y fue provocada por los
progresivos aumentos de los gastos militares debidos a la mayor integración
mundial y a los desarrollos de la tecnología militar, los conflictos y los
implementos necesarios para afrontarlos se volvieron más costosos.
El aumento de tamaño, la riqueza y el poder del imperio británico preocupaba a
españoles y portugueses, lanzando importantes reformas como respuesta:
José de Gálvez, ministro de las Indias entre 1775 y 1787, acercó el imperio a
la metrópoli y acrecentó el comercio dentro de los territorios mediante su
política de libre comercio, que ofrecía estímulos económicos y un aumento
de la recaudación sin oponerse al statu quo político median- te el cobro de
tributos para la Corona.
o El Reglamento de libre comercio con América de 1778, fue promulgado por el rey
Carlos III de España el 12 de octubre de 1778 en el marco de las reformas
borbónicas, con el fin de flexibilizar el monopolio comercial español existente, y
para lo cual abrió al comercio 13 puertos de España con 27 de Indias. Como era
Bender 2
de esperarse, las reformas comerciales y administrativas causaron inestabilidad
en las colonias a lo largo de la década de 1780.
En Portugal, Sebastiño José de Carvalho, nombrado marqués de Pombal en
1769, era un administrador autoritario, había aplicado sus energías a
fortalecer el imperio portugués. También en este caso hubo rebeliones,
sobre todo en Pemambuco y Río de Janeiro, dos enclaves que se resistieron a
las reformas centralizadoras.
Las tensiones dentro de cada imperio evolucionaron casi naturalmente ha- cia la
rebelión, pues el sistema colonial dependía de la cooperación de elites locales que
a su vez esperaban alcanzar cierto grado de autonomía, antes con- suetudinario
que oficial, Los funcionarios locales de los imperios tendían a fexibilizar las reglas
imperiales y hacían ajustes pragmáticos que a menudo aumentaban más su poder
que el de la Corona. Con grandes variaciones entre losimperios y entre las
diferentes colonias de un mismo imperio, es justo decir que las poblaciones locales
contribuyeron a configurar los sistemas imperiales que las gobernaron.
Después de la guerra de los Siete Años, cuando las nuevas medidas
administrativas y fiscales desbarataron estos modelos establecidos y cómodos,
sobrevinieron las protestas y la rebelión. Pero en general hubo otras cuestiones
implicadas, además de las administrativas e impositivas. El crecimiento del
comercio mundial ejercía nuevas presiones sobre la vida social local, Los
mercaderes instalados en los nodos del comercio global se estaban enriqueciendo
extraordinariamente y esto ocasionaba un problema doble: las relaciones de poder
entre las elites locales cambiaban y los intentos de esas elites por afirmar su
autoridad dentro del imperio se correspondían con el nuevo estatus social
alcanzado. Hasta en la periferia de los imperios las personas empezaban a sentir
que sus comunidades tenían una identidad, tal vez hasta un sentimiento
protononacionalista, que a menudo las instaba a preservar sus tradiciones y
privilegios y a aflojar los lazos que las unían a la metrópoli.
Aunque no hay que exagerar la capacidad de acción o el poder de los colonizados,
deberíamos reconocer que el imperio dependía del consentimiento tácito y la
cooperación de las elites locales. El poder imperial británico se derrumbó en
Norteamérica cuando los colonos retiraron su cooperación.
Las cuestiones constitucionales que ocuparon la narrativa de la revolución
estadounidense, sobre el discurso de los derechos del hombre, no fue exclusiva.
Estos movimientos aparecieron en todos los continentes en la segunda mitad del
siglo XVIII a pesar que muchos historiadores han pasado el carácter global de este
fenómeno,
Podemos especular que tanto el comercio y la guerra globales como la movilidad
de personas e ideas fueron muy importantes, y quizás, los factores causales. Las
ideas de lustración viajaban, como asimismo lo hacían las noticias de las
rebeliones específicas contra la autoridad imperial. Y esta información circulaba
Bender 3
mucho más allá de la estrecha elites; sabemos que incluso los afroamericanos del
Caribe, esclavos y libres, estaban al tanto.
Una Guerra Continua, 1754-1783
La guerra que llevó a la independencia de las trece colonias comenzó con la
“Guerra Franco Indígena” o Guerra de los siete años, una serie de conflictos
internacionales acontecidos entre 1754 y 1763. Los dos principales oponentes
fueron Francia y Gran Bretaña, pero implicó a la gran mayoría de las grandes
potencias de la época, y se desarrolló en Europa, Norteamérica, Centroamérica, en
la costa occidental de África, la India y las Filipinas. Se la considera la primera
guerra a gran escala librada en varios continentes, Inglaterra y Prusia aliadas en
un bando, y en el contrario Francia, Austria y luego España.
Francia salió debilitada del conflicto, siendo expulsada de América del Norte. Gran
Bretaña había salido fortalecida con una posición dominante en América del Norte
como en las rutas oceánicas que sostenían el comercio mundial. Francia comenzó
un período de rearme y España, que estuvo a punto de perder Cuba y Filipinas,
estaba preparada para volver a aliarse con ella. El tratado de Parí que puso fin a la
guerra fue sólo una pausa en un conflicto continuo.
Según Bender, la guerra de los Siete años fue la primera experiencia militar de los
norteamericanos y difundió ente ellos un nuevo sentimiento de nacionalismo, más
conscientemente americanos. El gobierno británico decidió impartir una serie de
iniciativas dirigidas a sus colonias norteamericanas. No muy distintas de las
impuestas en la India aproximadamente en la misma época, apuntaban a reformar
la administración colonial y a aumentar los indispensables ingresos, las cuales
resultaron muy provocativas para los colonos.
La transferencia de territorio de Francia a Gran Bretaña en América del Norte fue
vasta. Los francófonos católicos de Quebec, tradicionales enemigos de los colonos
ingleses de las trece colonias, recibieron un trato respetuoso por parte de las
autoridades británicas, que se confirmó en 1774 cuando se dotó a Canadá de un
estatuto particular dentro de las colonias británicas en Norteamérica, llevándose
sus fronteras hasta la confluencia del Ohio y el Misisipi. Asimismo su población
conservó un derecho civil propio y la Iglesia católica fue reconocida. Todos estos
movimientos fueron mal aceptados por la población de las Trece colonias.
La causa inmediata del conflicto independentista fue el injusto trato que Gran
Bretaña infligía a los colonos, pues estos aportaban riquezas e impuestos a la
metrópoli pero no tenían los medios para decidir sobre dichos impuestos, por lo
que se sentían marginados y no representados. El estallido comenzaría cuando
llego el impuesto al té de 1773. En el motín de Boston (una de las ciudades más
golpeadas por estos impuestos), rebeldes abordaron un barco de as Compañía de
las Indias Orientales y lanzaron al agua trescientos cuarenta cajones de té.
Bender 4
La guerra de Independencia de los Estados Unidos fue un conflicto bélico que
enfrentó a las Trece Colonias británicas originales en América del Norte contra el
Reino de Gran Bretaña. Ocurrió entre 1775 y 1781, finalizando con la derrota
británica en la batalla de Yorktown y la firma del Tratado de París (1783).
Durante esta guerra, Francia ayudó a los revolucionarios estadounidenses con
tropas terrestres. España, por su parte, contribuyó inicialmente y de forma
clandestina con la revolución, desde la primavera y verano de 1776 de forma
abierta.
Las colonias británicas que se independizaron de Gran Bretaña edificaron el primer
sistema político liberal y democrático, alumbrando una nueva nación, los Estados
Unidos de América, incorporando las nuevas ideas revolucionarias que
propugnaban la igualdad y la libertad.
La era de las Revoluciones Atlánticas
Movimientos que podrían llamarse “revoluciones atlánticas incluyen, por supuesto,
las otras dos revoluciones triunfantes del siglo XVII, la de Francia y la de Haití, a
las cuales deberíamos agregar los numerosos movimientos independentistas de la
América hispana de comienzos siglo XIX.
La revolución norteamericana tuvo su impacto sobre el siglo XVIII: hasta los
sucesos de la Bastilla, el éxito de los estadounidenses representó la “ revolución”
a lo largo de todo el mundo atlántico y llevó ese término hacia su moderna
significación política. Antes del siglo XVII, la palabra “revolución” aludía a la
rotación de los planetas o a los grandes cambios del pasado provocados por
fuerzas impersonales que cumplían los designios de Dios.
La revolución de los Estados Unidos despertó particular interés en España y entre
los criollos de la América hispana. La retórica revolucionaria le planteaba una seria
dificultad ideológica. Además las demandas estadounidenses hechas a partir de
1783 para comerciar libremente se oponían a su sistema comercial y los costos de
la guerra estaban desequilibrando sus ingresos fiscales. La subsiguiente reforma
de las regulaciones al comercio y el sistema impositivo en España complicó
todavía más la tensa relación que mantenía con sus colonias.
Para los criollos, sin embargo, la mera existencia de la nueva república
estadounidense era importante. Los escritos de John Adams, George Washington y
Thomas Jefferson se difundieron por todas partes y de Inmediato se hicieron
traducciones de la Declaración de la Independencia y la Constitución. El sistema
presidencial de gobierno norteamericano fue “emulado, a la larga, en toda
América Latina y hasta nuestros días distingue a “os gobiernos del hemisferio
occidental de los de Europa. A las elites criollas de la América hispana les
inquietaba que el radicalismo la Revolución Francesa ofreciera más igualdad de la
que ellos querían tener “en sus propias sociedades, y cuanto más radical se
presentaba aquella, menos atraía.
Bender 5
Francisco de Miranda, un líder político venezolano que había estado en Nueva York
y en Filadelfia al final de la revolución norteamericana y en París en plena
revolución, observaba en 1799: “Tenemos ante nuestros ojos dos grandes
ejemplos, las revoluciones norteamericana y francesa. Imitemos prudentemente la
primera y rechacemos la segunda” La revolución norteamericana tenía la ventaja
de terminar con los privilegios monárquicos sin movilizar a las clases bajas (como
había ocurrido en Francia) ni provocar una rebelión de los esclavos (como en
Haití).
Para los europeos que adherían a las ideas de la ilustración, la revolución
estadounidense sugería un futuro probable. Parecía anunciar una nueva era de
libertad y confería autoridad a los críticos de las jerarquías autoritarias
tradicionales. Los revolucionarios norteamericanos eran un ejemplo de la
Ilustración en acción y creían que Europa estaba avanzando en la misma
dirección. Muchos pensaban que la crisis que los filósofos de la Ilustración
detectaron en Europa apuntaba al nacimiento de una nueva sociedad basada en la
libertad y la soberanía del ciudadano. Los nuevos Estados Unidos eran una
Importante prueba anticipada de esa esperada evolución.
Bender 6